MINISTERIO DE DEFENSA
MINISTERIO DE DEFENSA
NUESTRA CUBIERTA:
Composición sobre retrato Ramón y Cajal en Cuba, del pintor Francisco Santana
Carbonell y cuadro Rif 1909, obra de Augusto Ferrer-Dalmau.
Diseño:
Laura Mantecón Alonso
Cabo del Ejército de Tierra (AGR)
I N S T I T U T O D E H I S T O R I A
Y C U L T U R A M I L I T A R
Año LXVII 2023 Núm. Extraordinario II
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Catálogo de Publicaciones de Defensa
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Catálogo de Publicaciones de la Administración General del Estado
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Edita:
Paseo de la Castellana 109, 28046 Madrid
© Autores y editor, 2023
NIPO 083-15-111-0 (edición impresa) NIPO 083-15-112-6 (edición en línea)
ISSN 0482-5748 (edición impresa) ISSN 2530-1950 (edición en línea)
Depósito legal M 7667-1958
Publicación semestral: segundo semestre de 2023
Fecha de edición: febrero de 2024
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de 26 de junio).
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Sumario
Páginas
PRESENTACIÓN........................................................................... 11
Artículos
− Médicos militares ilustres del Renacimiento, por don Ramón
SOTO MÉNDEZ, doctor en Filosofía, profesor de Historia de
la Medicina y por don Fernando J. PONTE HERNANDO,
Académico Numerario de la Real Academia de Medicina de
Galicia, Embajador de Marca Ejército, doctor en Medicina,
Historia de la Ciencia y Veterinaria y capitán (RH) del Cuerpo
de Sanidad del Ejército.............................................................. 17
− Rogelio Vigil de Quiñones Alfaro. El médico de Baler. Héroe
y gloria de la sanidad militar, por don Miguel LEIVA
RAMÍREZ, teniente especialista en situación de Reserva....... 55
− Los veterinarios militares en la guerra del Rif, por don Juan
Alberto GALÁN TORRES, coronel veterinario (retirado),
doctor en Veterinaria.................................................................. 101
− 1921 año del «desastre». Sanidad militar en el desastre
de Annual, por don Manuel José GUIOTE LINARES, gene-
ral de brigada médico (retirado), Académico correspondiente
de la Real Academia de Medicina de Galicia y de la Real Aca-
demia de Medicina de Andalucía Oriental................................. 143
− La organización de los servicios sanitarios para la opera-
ción de desembarco en Alhucemas en 1925. «El proyecto
Gómez Ulla», por don Ramón DÍEZ RIOJA, doctor en His-
toria Contemporánea y por doña Olga MARTÍN OLALLA,
graduada en Enfermería............................................................. 167
− La Medicina Militar española en la Guerra de Ifni y Sahara
(1957-1958), por don Ricardo NAVARRO SUAY, teniente
coronel médico (en activo), doctor en Medicina y doctor en
Historia Contemporánea. Académico Correspondiente de la
Real Academia de Medicina de Canarias.................................. 205
− La sanidad militar española en la campaña de Rusia, por
don Carlos CABALLERO JURADO, profesor de Historia,
escritor....................................................................................... 249
− Sanidad militar como agente de la política exterior española:
Misión sanitaria en Vietnam 1966-1971, por don Manuel José
GUIOTE LINARES, general de brigada médico (retirado),
Académico Correspondiente de la Real Academia de Medici-
na de Galicia y de la Real Academia de Medicina de Andalucía
Oriental...................................................................................... 285
− Avances de la sanidad militar española durante la guerra de
Afganistán, por don Ricardo NAVARRO SUAY, teniente
coronel médico (en activo), doctor en Medicina y doctor en
Historia Contemporánea. Académico Correspondiente de la
Real Academia de Medicina de Canarias.................................. 321
− El icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona
del Cuerpo Militar de Sanidad. Una perspectiva invertida,
por don José Manuel MARTÍNEZ ALBIACH, coronel
médico (retirado), doctor en Medicina. especialista en
Neumología................................................................................ 367
Normas para la publicación de originales........................................ 385
Solicitud de impresión bajo demanda de publicaciones.................. 389
Boletín de suscripción...................................................................... 390
Summary
Pages
PREFACE....................................................................................... 11
Articles
− Illustrious military doctors of the Renaissance, by Mr. Ramón
SOTO MÉNDEZ, doctor of Philosophy, professor of History
of Medicine and by Mr. Fernando J. PONTE HERNANDO,
Numerary Academician of the Royal Academy of Medicine
of Galicia, Army Brand Ambassador, Doctor of Medicine,
History of Science and Veterinary Medicine and captain (RH)
of the Army Medical Corps....................................................... 17
− Rogelio Vigil de Quiñones Alfaro. Baler’s Doctor. Hero
and glory of the Medical Corps, by Mr. Miguel LEIVA
RAMÍREZ, Lieutenant specialist in Reserve situation............ 55
− The military veterinarians in the Rif war, by Mr. Juan Alberto
GALÁN TORRES, veterinary colonel (retired), doctor in Ve-
terinary Medicine....................................................................... 101
− 1921, the “disaster year”. Military medicine in the Annual
disaster, by Mr. Manuel José GUIOTE LINARES, brigadier
(Medical Service), corresponding Academician of the Royal
Academy of Medicine of Galicia and the Royal Academy
of Medicine of Eastern Andalusia.............................................. 143
− The organization of medical services for the landing opera-
tion in Al Hoceima in 1925. “The Gómez Ulla project”, by
Mr. Ramón DÍEZ RIOJA, doctor in Contemporary History
and by Mrs. Olga MARTÍN OLALLA, Nursing graduate...... 167
− Spanish Military Medicine in the Ifni and Sahara War (1957-
1958), by Mr. Ricardo NAVARRO SUAY, active medical
lieutenant colonel, doctor in Medicine and in Contemporary
History. Corresponding Academicist of the Royal Academy
of Medicine of the Canary Islands............................................. 205
− Spanish military medicine in the Russian campaign,
by Don Carlos CABALLERO JURADO, History professor,
writer.......................................................................................... 249
− Military Medical Service as an agent of Spanish foreign po-
licy: Medical mission in Vietnam 1966-1971, by Mr. Manuel
José GUIOTE LINARES, brigadier (Medical Service), co-
rresponding Academician of the Royal Academy of Medici-
ne of Galicia and the Royal Academy of Medicine of Eastern
Andalusia................................................................................... 285
− Advances in Spanish military medicine during the Afghanis-
tan War, by Mr. Ricardo NAVARRO SUAY, active medical
lieutant colonel, doctor in Medicine and in Contemporary
History. Corresponding Academicist of the Royal Academy
of Medicine of the Canary Islands............................................. 321
− The icon of Our Lady of the Perpetual Succor, saint patron
of the Medical Corps. An inverted perspective, by Mr. José
Manuel MARTÍNEZ ALBIACH, colonel (retired), Medici-
ne doctor, specialist in Pulmonology......................................... 367
Norms for publishing originals........................................................ 385
On demand printing of publications................................................ 389
Subscription Bulletin....................................................................... 390
PRESENTACIÓN
En la Historia de la humanidad siempre ha habido personas y
estructuras sanitarias vinculadas a los Ejércitos. Lógico, pues la moral y la
eficacia de las tropas dependen de su estado de salud en gran medida.
Incluso en la antigua Roma, que no destacó por la calidad de sus
médicos, hasta los Emperadores tuvieron que valerse de los servicios de
sanadores griegos, como el mismísimo Galeno, sí que prestaban gran
atención a la asistencia sanitaria de sus tropas en los hospitales militares;
los Valetudinarium. Pero no confiaban en griegos y esclavos para médicos
de sus Legiones y en tiempos de Augusto se crea una escuela de medicina
militar. Para captar ciudadanos romanos les conceden los mismos empleos
y privilegios que al resto de los militares pudiendo llegar al máximo empleo
profesional «Tribuno Militar». Además, tenían dentro de su estructura militar
«soldados Sanitarios» los Capsay que disponían de medios propios para
atender y recoger a los heridos en el mismo campo de batalla, Se pueden ver
imágenes en la Columna de Trajano. Surgen así profesionales destacados
como el gran Pedacio Dioscórides Anazarbeo, médico militar romano del
siglo I, cuyo tratado de materia médica, hoy farmacología y terapéutica,
perduró durante siglos, y al que se fueron incorporando posteriormente las
nuevas medicinas árabes. Después, el formidable crecimiento del arsenal
curativo, a base de sustancias de origen vegetal, animal y, en menor medida,
mineral, que supuso el descubrimiento de América, propició la puesta al
día del «Dioscórides», dándole nueva vida, por el gran científico español
Andrés Laguna (1510-1559), médico personal del Emperador Carlos I de
España y V de Alemania.
Con la Edad Moderna y coincidiendo en España con el reinado de
los Reyes Católicos aparecen los Ejércitos estables pagados por la corona,
a la vez nace como parte de esos ejércitos una Sanidad Militar que, de una
manera u otra, y, con una organización u otra, se mantiene hasta nuestros
días. Su necesidad surge del cambio que se produce en la sociedad que hace
que se considere la vida un derecho y que además en caso de los ejércitos es
un factor determinante en el mantenimiento de la moral del combatiente y de
su capacidad de luchar atendiendo y recuperando al elemento fundamental
de los ejércitos que es el hombre.
La reina crea una organización sanitaria que dota de medios materiales
y humanos con un sistema de mando que garantizaba la calidad del personal
y el buen funcionamiento de la estructura. Regula el acceso a los títulos
creando el Tribunal del Protomedicato.
En la guerra de Granada aparecen reseñados históricamente, Crónicas
de Hernando Pérez del Pulgar, los «Hospitales de Campaña» siendo el
primero, del que se tiene constancia, el de Alora-Setenil en la Campaña de
la toma de Málaga (1489). Lo seguirán dos, en la Campaña de la toma de
Granada, ambos con el mismo nombre «Hospital de la Reina» uno fijo en
Alhama de Granada y otro sobre tiendas, móvil en el Real Sitio de Santa Fe.
Sobre este Hospital principal, se deshace en halagos Pedro Mártir
de Anglería, en carta desde el cerco de Baza, a su amigo el Cardenal
Arcimboldo, Arzobispo de Milán, en la que le comenta que no tiene en su
ciudad, hospital que pueda parangonarse al de la reina católica.
A este respecto dice Hernán Pérez del Pulgar refiriendo los sucesos de
la campaña de Granada en 1484:
É para curar los feridos é los dolientes, la reina enviaba siempre a los
reales seis tiendas grandes e las camas, e ropa necesaria para los feridos y
enfermos, y enviaba físicos y cirujanos é medicinas, e homes que les sirviesen,
é mandaba que no llevasen precio alguno, porque ella lo mandaba pagar; y
estas tiendas, con todo este aparejo, se llamaba en los reales el hospital de
la reina1.
En resumen, acabando el siglo XV, nuestras tropas tenían asistencia
gratuita y completa, médica y quirúrgica, para heridos y enfermos, en camas
con sábanas, en pleno campo, y criados atendiéndolos. Compárese esto
con el caos y la miseria, la suciedad, gangrena y putrefacción con que se
encontró Florence Nightingale a su llegada al escenario de las enfermerías
militares inglesas de la guerra de Crimea, a mediados del s. XIX.
De Granada podemos pasar a Lepanto, donde estuvo el gran Dionisio
Daza Chacón, como médico y cirujano jefe, a los Tercios de Flandes, las
guerras de África, Cuba, Filipinas y un largo rosario, hasta nuestros días.
Allí ha estado la sanidad militar española en sus diversas formas,
en cada época. Los nombres de Fernández de Losada; Estrada Catoyra,
Gómez Ulla, Fidel Pagés, Gómez Durán, Bastos Ansart, Vigil de Quiñones,
encabezan una lista interminable, coronada por los numerosos y heroicos
laureados del cuerpo de Sanidad Militar, muchos de ellos muertos en
combate.
Y ¡qué decir del formidable despegue militar y científico de la cirugía
ilustrada de la mano de los Reales Colegios de Cirugía de la Armada de
Cádiz y del Ejército de Tierra de Barcelona! que son, sin lugar a dudas,
los centros de excelencia, precedente directo de la moderna titulación de
1 HERNÁNDEZ MOREJÓN, A. (1842): Historia Bibliográfica de la Medicina Española.
Tomo I, pp. 256-257.
Licenciado en Medicina y Cirugía, por la elevación científica y social que
confirieron a la profesión quirúrgica, y cuyos miembros llenaron nuestras
naves y unidades a todo lo largo y ancho del territorio de la Monarquía
Hispánica. Balmis, Virgili, Gimbernat, Salvany, Lacomba, Lacaba, Bonells
y toda la muy larga relación de titulados en los Reales Colegios expandida
por los territorios de ultramar, son exponentes excelsos de nuestra cirugía
del XVIII y XIX.
Bailén 1808. El precio de la victoria, obra de Augusto Ferrer-Dalmau
Ya más recientemente, conmemoramos este año los 150 años de su
ingreso en Sanidad Militar, han pasado por los ejércitos, sabios inmortales
como Cajal; eminencias como Abdón Sánchez Herrero; José Rodríguez
Carracido, farmacéutico, rector de la Universidad Central, Académico de
Medicina y Presidente de la Real Academia de Ciencias y una interminable
colección de sabios que, en ocasiones, han dominado, durante décadas,
una especialidad a nivel nacional. Tal es el caso, por ejemplo, de los
Preventivistas del XX: dos generales y un coronel, todos catedráticos de la
Complutense y académicos numerarios de la Real Academia Nacional de
Medicina: Profesores doctores: Palanca y Martínez Fortún; Piédrola Gil y
Domínguez Carmona.
En este sentido hemos procurado, en el número extraordinario que
hoy ve la luz, y que he tenido el honor de coordinar, centrarnos más en
la operativa de la sanidad militar, en la labor de conjunto, de las diversas
épocas, que en el manido género biográfico. Los protagonistas aparecen, no
puede ser de otra manera, pero como actores, entrando «en eficacia», como
se dice en el argot militar, en el relato, en la dinámica de las operaciones
sanitarias que les tocó vivir. La guerra del Rif, el desembarco de Alhucemas,
la Campaña de Rusia, la guerra de Ifni o las misiones de Vietnam y
Afganistán, nos dan una visión mucho más global y ágil, que el centrarnos
en figuras ilustres y su obra.
Quedan, claro está, en el tintero, numerosos temas: instituciones,
acciones bélicas y de paz, laboratorios, hospitales, y personas; importantes y
necesarios. Ahora bien, hay que comprender que un número extraordinario,
por amplio que sea, y este lo es, es un muestrario, más o menos acertado y
necesariamente reducido, de ejemplos del tema que se quiere tratar.
Agradezco enormemente la colaboración a todos los autores y la confianza
depositada en mí, por parte de los mandos del Instituto de Historia y Cultura
Militar, así como la extraordinaria dedicación y competencia del personal
que compone el equipo de redacción, que ha hecho que esta tarea fuese
mucho más grata y sencilla de lo esperado.
Fernando J. Ponte Hernando
Capitán Médico (RH)
Embajador de Marca Ejército
Profesor de Historia de la Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela
Académico numerario de Historia de la Medicina de la RAMG
ARTÍCULOS
Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 17-54
ISSN: 0482-5748
RHM.01
[Link]
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES
DEL RENACIMIENTO
Ramón SOTO MÉNDEZ1
Fernando J. PONTE HERNANDO2
RESUMEN
En el Renacimiento español han destacado de forma particular dos
ilustres cirujanos–médicos militares, Dionisio Daza Chacón y Cristóbal Pé-
rez de Herrera. El doctor Daza Chacón, aunque tenía formación médica, se
consideraba por encima de todo un cirujano. Estuvo al servicio del empe-
rador Carlos V, acompañando a los Tercios de Flandes en distintas acciones
bélicas, en las que, a pesar de su juventud, tuvo que curar a un elevado
número de heridos de guerra, e incluso a soldados afectados por la peste.
También actuó como cirujano militar, al mando de don Juan de Austria,
en la batalla de Lepanto. Después de treinta y siete años de servicio como
cirujano militar, su experiencia la plasmó en un compendio que escribió
en castellano, para facilitar el aprendizaje de la cirugía. El doctor Pérez de
1 octor en Filosofía. Profesor de Historia de la Medicina en IV Ciclo de la Universidad
D
de Santiago de Compostela. [Link]@[Link]
2 Académico Numerario del sillón Historia de la Medicina de la Real Academia de Medi-
cina de Galicia, Embajador de Marca Ejército. Doctor en Medicina, Historia de la Cien-
cia y Veterinaria. Profesor de Hª de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad de
Santiago de Compostela. Capitán (RH) del Cuerpo de Sanidad del Ejército.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 17-54. ISSN: 0482-5748
18 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Herrera, descendiente de una familia de militares, fue otro eminente médico
militar, que no sólo manifestó su profesionalidad en la cura de enfermos y
heridos de guerra, sino que incluso empuñó las armas y demostró ser un
buen estratega, cuando las condiciones lo requirieron. Al finalizar su for-
mación médica fue elegido examinador del Protomedicato, institución que
examinaba y daba licencia para ejercer la profesión médica. Posteriormente,
fue nombrado por el rey Felipe II Protomédico de las galeras de España, in-
terviniendo en múltiples expediciones, entre las que se incluye su participa-
ción en la expedición, dirigida por D. Álvaro de Bazán, para la conquista de
las Islas Azores. Tras su azarosa vida militar, afloró en él un gran interés por
el amparo de los pobres, la creación de albergues para su cuidado, y también
por la protección de los militares, que tras luchar y ser heridos en los campos
de batalla, luego eran abandonados a su suerte.
PALABRAS CLAVE: Renacimiento Español. Cirujanos-Médicos Mi-
litares. Daza Chacón. Pérez de Herrera. Tercios de Flandes. Batalla de Le-
panto. Conquista de las Islas Azores. Amparo de Pobres y Militares.
ABSTRACT
In the Spanish Renaissance, two illustrious military surgeons-doctors
stood out, Dionisio Daza Chacón and Cristóbal Pérez de Herrera. Dr. Daza
Chacón, although he had a medical training, he considered himself above all
a surgeon. He was at the service of Emperor Charles V, accompanying the
Flanders tercios in different war actions, in which, despite his youth, he had
to heal many wars wounded, and even soldiers suffering plague. He also act-
ed as a military surgeon in the battle of Lepanto, under the command of Don
Juan of Austria. After thirty-seven years of service as a military surgeon,
his experience was captured in a compendium that he wrote in Spanish to
facilitate learning surgery. Dr. Pérez de Herrera, descendant of a military
family, was another eminent military doctor, who not only manifested his
professionalism in the care of the sick and wounded in war, but also took
up arms, and proved to be a good strategist, when conditions required it. At
the end of his medical training, he was chosen as an examiner for the Pro-
tomedicato, an exam necessary to practice the medical profession. Later, he
was appointed by King Philip II Protomedic of the galleys of Spain, partic-
ipating in multiple expeditions, including his participation in the expedition
led by D. Álvaro de Bazán for the conquest of the Azores Islands. After his
eventful military life, a great interest arose in him for the protection of poor
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 18-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 19
people, the creation of shelters for their care, and for the protection of mili-
tary, who after fighting and being wounded on battlefields were abandoned
to their fate.
KEY WORDS: Spanish Renaissance. Physician-and-Surgeon Mili-
tary. Daza Chacón. Pérez de Herrera. Flanders tercios. Battle of Lepanto.
Conquest of the Azores Islands. Protection of Poor people and Military.
*****
DIONISIO DAZA CHACÓN:
CIRUJANO MILITAR Y MAESTRO DE CIRUJANOS
D
ionisio Daza Chacón nació en Valladolid en el año 1503, si bien
no hay total seguridad acerca del año exacto de su nacimiento, ha-
biéndose sugerido también como posible el de 15133. Era hijo de
médico y nieto de Dioniso Chacón, médico de cámara del rey Felipe El Her-
moso. Comenzó su formación universitaria estudiando humanidades en la
Universidad de Valladolid, donde cursó Filosofía y Gramática. Es indudable
que esos estudios le facilitaron la redacción del prefacio de su conocida obra
Pratica y Theorica de Cirugia en Romance y Latin, en la que hace una de-
tallada historia crítica acerca de los orígenes de la medicina y de la cirugía,
con una destacada referencia a las principales figuras y doctrinas médico-fi-
losóficas de la época grecorromana y posteriores. Prueba de esto es el hecho
de que en su obra cita un total de 214 autores. Fue un firme defensor de la
cirugía frente a la medicina, lo que le llevaría a decir al comienzo de su obra:
«…muy poco me deleitan los médicos, que demasiadamente se entretie-
nen en la Filosofía natural y no llegan al remedio de los remedios de la en-
fermedad. Acaéceles a estos, lo que a las higueras locas que convidan con
su verdor y frescura a cualquiera que las mira, y llegados a ellas, por su
esterilidad las maldicen»4.
3 ugerencia hecha por Antonio Población y Fernández en base a que, si el año de su na-
S
cimiento fuese 1503 cuando intervino en el sitio de Landressi tendría 41 años, lo que no
concuerda con las palabras del propio Daza, cuando dice que en aquella época era «harto
mozo». Vid. POBLACIÓN Y FERNÁNDEZ, Antonio: Historia de la Medicina Militar
Española. Primera parte. San Sebastián, 1877, pág. 250.
4 DAZA CHACÓN, Dionisio: Pratica y Theorica de Cirugia en Romance y Latin.
Ed. Bernardino de S. Domingo. Valladolid, 1584, epístola nuncupatoria al lector.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 19-54. ISSN: 0482-5748
20 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Sin embargo, su defensa de la cirugía tampoco va en menosprecio
de la medicina, sino que la considera una parte importante de la formación
quirúrgica. En este sentido, escribió:
«No penséis que, porque uno sea cirujano, no esté obligado a saber die-
tar, sangrar y purgar al enfermo… Estas tres partes de la medicina, tienen en-
tre si gran amistad y parentesco, pero la cirugía, tiene grandísima necesidad
de las otras dos partes… de tal manera estas tres partes de la medicina están
revueltas, y conexas entre sí, que es imposible poder apartar, sin que se siga
grandísimo detrimento, y esto se entiende, de que la cirugía, sin la dieta y la
farmacia, no vale nada, ni éstas sin la otra. Porque no solamente se ayudan
unas a otras, sino que se perfeccionan»5.
Figura 1. Imagen de Dioniso Daza Chacón sacada de la obra Pratica y Theorica
de Cirugia en Romance y Latin. Imprenta Bernardino de S. Domingo, Valladolid, 1584
5 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1584, pág. 27.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 20-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 21
En particular, resulta notable para su época el valor que otorga a los
conocimientos de anatomía para el ejercicio de la cirugía:
«...todas las artes que consisten en práctica contienen en si tres cosas ne-
cesarias, las cuales ha de saber el que las quiere ejercitar. La primera, tener
conocimiento de todas las partes de su sujeto. La segunda, el fin que ha de
tener en aquel sujeto. La tercera, instrumentos convenientes para ejercitarla;
y el buen cirujano está obligado a saber, y considerar todas estas tres cosas,
porque todas están encadenadas, que a faltar cualquiera de ellas en el buen
cirujano, no lo podríais llamar bueno: y así entenderéis que lo primero que ha
de tener es que sea buen anatomista., y así el que viene a aprender esta arte,
lo primero que ha de hacer es lo que manda Galeno, que se allegue a donde
se hacen las anatomías,…»6.
Figura 2. Imagen de la portada de la obra Pratica y Theorica de Cirugia en Romance
y Latin. Imprenta Bernardino de S. Domingo, Valladolid, 1584
6 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1584, pág. 32.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 21-54. ISSN: 0482-5748
22 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Aparte de su extraordinaria capacidad didáctica para describir con
todo detalle los tratamientos quirúrgicos por él utilizados, su obra también
rezuma un destacado humanismo. Y así lo ponen de manifiesto sus palabras
para resaltar las cualidades que ha de tener el cirujano:
«…una de las cosas más importantes es, que el cirujano sea hombre de
bien, virtuoso y apartado de susurración… no sea soberbio, sino a los pobres
cure como a los ricos, a los esclavos como a los libres, que la cirugía una
misma cosa es acerca de todos… Sea moderado, humano y alegre… porque
la aspereza a los sanos y enfermos ahuyenta y enfada, pero con esto guarde la
gravedad que es obligado tener al decoro de su persona»7.
En la Universidad de Valladolid fue en donde inició su formación
médica. Se dice que estando en esta universidad tuvo como maestros a dos
destacados cirujanos, el licenciado Arias y el bachiller Torres. Estos apare-
cen como miembros del colegio de cirujanos de Valladolid en un documento
del año 15598. Sin embargo, la primera cátedra de cirugía en Valladolid se
crea en 1593 por una Real Cédula de Felipe II, siendo por tanto probable
que estos cirujanos, aun no existiendo dicha cátedra, impartieran clase, tal
como venía ocurriendo en Valencia desde comienzos del siglo XVI9. Más
tarde, tal como relata Daza en su libro, conocería en el Hospital de la Corte
de Valladolid al licenciado Herrera, un eminente cirujano, con el que conti-
nuaría el aprendizaje de la cirugía. Posteriormente, cursaría medicina en la
Universidad de Salamanca, lo que le permitiría seguir avanzando en el es-
tudio y práctica de la cirugía. A ello hace referencia en uno de los capítulos
de su libro, escribiendo:
«Estando yo en Salamanca estudiando la Medicina, y practicando la Ci-
rugía con Ponte el chico, vi que curó de una aneurisma…»10.
Tras esta primera etapa formativa, y después de haber ejercido la ci-
rugía en distintos hospitales y provincias españolas, en el año 1543 partió
para Flandes, embarcándose en Laredo con don Pedro de Guzmán, que iba
de Maese de Campo11 al mando de tres mil hombres. Desembarcaron en el
7 AZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1584, pp. 43-44.
D
8 ROJO VEGA, Anastasio: «El cirujano de Catalina de Aragón: Luis de Herrera», en Re-
vista Española de Investigaciones Quirúrgicas, vol. XII, 2009, pp. 179-183.
9 BELTRÁN DE HEREDIA Y DE ONÍS, José María: Dionisio Daza Chacón, cirujano del
Renacimiento: su aportación al tratamiento de las heridas, lección inaugural del curso
1971-1972, Universidad de Valladolid, 1971, pág. 11.
10 DAZA CHACÓN, Dionisio: op cit., 1584, pág. 221.
11 Rango militar creado por Carlos I, cuyo nombramiento hacía el propio monarca en
Consejo de Estado, y tenía mando sobre un tercio. N. de los A.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 22-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 23
puerto de La Esclusa, y se fueron a sitiar Landressi, para lo que se le suma-
ron seis mil flecheros ingleses, que vinieron al servicio del emperador Car-
los I. Al poco tiempo, también se les unió el duque de Ariscot con un ejército
de quince mil hombres, quien en aquel momento era general de Flandes.
En su obra afirma que, a pesar de su juventud, tuvo que curar a multitud de
heridos de guerra, por no haber muchos a los que se pudiera echar mano. Así
lo relata en su obra:
«…y yo aunque harto mozo, curaba lo principal que en este ejército se
ofrecía, porque no había muchos de los que echar mano»12.
Tras mes y medio de sitio, se unió a ellos el emperador, que venía de
tomar Dura, permaneciendo allí hasta que, pasado un cierto tiempo, se retiró
con sus tropas a Valenciennes. Carlos I ordenó a Daza quedarse en aquella
posición, ejerciendo la cirugía en un hospital en el que se recogió a todos los
heridos del campo de batalla.
Después de tres meses, estando el emperador en Bruselas, éste le con-
cedió el título de cirujano, con el salario ordinario, y por el tiempo que
durase la guerra.
Al año siguiente, Carlos I asistió a la Dieta de Espira13, y una vez
finalizada ésta, formó un ejército de cien mil hombres, con el que se fue a
sitiar la plaza francesa de Sandesier14, en donde se produjo una impetuosa
arremetida de las tropas españolas contra las baterías enemigas en la que
en menos de un cuarto de hora murieron o resultaron heridos alrededor de
1.400 hombres. Después de la toma de esta plaza, tras más de un mes de
duros combates, el emperador se fue con su ejército, dejando a Daza a cargo
de quinientos heridos, junto con ocho cirujanos, a los que éste distribuyó por
cuarteles. Su labor sanitaria se mantuvo durante cuatro meses, al final de los
cuales, y a pesar de las dificultades habidas por falta de agua y suministros,
consiguieron curar a más de trescientos hombres.
Fue durante este asedio a Sandesier cuando se presentó en el campo
de batalla un prestigioso cirujano italiano, llamado Micer Bartolomé, del
que aprendió una nueva forma de curar las heridas de guerra:
12 AZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1584, epístola nuncupatoria al lector.
D
13 Esta fue la Cuarta Dieta de Espira o Dieta de 1544, en la que Carlos V quería lograr el
apoyo de los príncipes luteranos para declarar la guerra a Francia, lo que consiguió a
cambio de no tomar ninguna acción contra los luteranos, algo que molestó al papa Paulo
III por no haber contado en esta reunión con el representante de Roma para tomar una
decisión de tipo religioso. N. de los A.
14 Se trata de la actual ciudad francesa de Saint-Dizier, situada en el norte del Alto Marne,
que fue tomada por Carlos V tras un asedio que duró del 10 de julio al 17 de agosto de
1544. N. de los A.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 23-54. ISSN: 0482-5748
24 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
«…estando luego adelante la Majestad Católica con su ejército sobre
Sandesier, vino al campo un cirujano italiano que se llamaba Micer Bartholo-
me, muy docto y de mucha experiencia, y comenzó a curar estas heridas muy
de otra manera a como nosotros las curábamos, que era como si curara una
herida contusa, …. que como no martirizaba los heridos, como nosotros lo
hacíamos con los cauterios, todo sucedía bien, y curaba en brevísimo tiempo,
con respecto a lo que a nosotros duraban las curas. Visto, y entendido el nego-
cio (por los buenos sucesos) determinamos seguir su parecer, y con el tuvimos
muchos y buenos sucesos, …»15.
En 1545, Daza y el doctor del Águila tuvieron que desplazarse desde
Bruselas a Madrid, cruzando toda Francia, para curar a Juan Vázquez de
Molina, que por aquellas fechas ejercía como primer secretario del empe-
rador.
En el año 1547, viajó desde Valladolid hasta Augusta16, no sin poco
trabajo y grandes peligros, tal como dejó escrito en su obra. En dicha ciudad
se encontraba el emperador Carlos I, tras haber vencido al Duque de Sajo-
nia17, así como todos los príncipes electores y señores del imperio. Fue en
estas circunstancias cuando en la ciudad surgió un brote de peste, por lo cual
el emperador ordenó que todos los españoles afectados se recogiesen en una
casa a las afueras de la ciudad, junto con un cirujano de los suyos, para que
los curase. Ante el peligro que esto suponía, nadie se ofreció para el cargo,
por lo que Carlos I se lo encomendó a Daza, aceptándolo éste de buena vo-
luntad, tal como relata en su libro18. Allí permaneció encerrado durante tres
meses y medio con 82 enfermos de peste, de los que solamente dos corrieron
peligro. El duque de Alba, que en aquel momento era mayordomo mayor
del emperador y capitán general del ejército, informó cumplidamente de
estos hechos a Carlos I. Al año siguiente, 1548, el emperador ordenó a Daza
regresar a Valladolid al servicio de Maximiliano, que vino a casarse con la
infanta María y ejerció el cargo de gobernador regente de España desde ese
año hasta 1551, periodo durante el cual Daza estuvo al servicio de la infanta.
Cuando ésta se trasladó con su esposo a Alemania, Daza quedó al servicio
de la infanta Juana.
15 AZA CHACÓN, Dionisio: Segunda Parte de la Pratica y Teorica de Cirugia en Ro-
D
mance y en Latin. Viuda de Alonso Martin. Madrid, 1626, pág. 345.
16 Se trata de la actual ciudad alemana Tréveris, fundada en el siglo I a.C. por el emperador
romano Augusto, con el nombre de Augusta Treverorum. Muchos de sus monumentos
has sido declarados en 1986 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. N. de los A.
17 Se supone que se refiere al príncipe Juan Federico I de Sajonia, derrotado en la Batalla
de Mühlberg, al que, tras ser condenado a muerte por su acción, Carlos V perdonó la
vida. N. de los A.
18 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1584, Prólogo al lector.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 24-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 25
En el año 1557, al quedar vacante el puesto de Cirujano del Hospital
Real de la Corte por el fallecimiento del licenciado Herrera, la infanta Juana,
como gobernadora de España, le otorgó el puesto vacante. Este hecho moti-
vó el descontento de muchos diputados, por haberse otorgado el puesto sin
haber consultado con ellos, y alegando que Daza no reunía las condiciones
requeridas para dicho puesto. Ante tal situación, Su Majestad remitió las
quejas al Consejo Real, el cual envió edictos a toda España, ofreciendo el
puesto a quien reuniese las mejores condiciones, con un salario de sesen-
ta mil maravedíes y una ayuda complementaria para su sostenimiento en
la Corte de más de veinte mil maravedíes. Aunque a la llamada acudieron
quince opositores, viendo éstos que Daza se postulaba para el puesto, la ma-
yor parte desistieron, a excepción del doctor Vitoria y del doctor Francisco
Díez, ambos graduados por la Universidad de Alcalá, así como el licenciado
Torres, graduado por la Universidad de Madrid. El Consejo Real nombró
seis jueces para adjudicar la plaza, que fueron: el doctor Abarca, médico de
cámara de Su Majestad; los doctores Santacara y Vega, médicos de cámara
del príncipe Carlos; el bachiller Torres, que participó con Daza en la cura de
la herida en la cabeza que sufrió el príncipe Carlos; y el licenciado Guada-
lupe, cirujano del Emperador.
Resulta ilustrativo y de interés conocer cómo se llevó a cabo dicha
oposición, sobre todo teniendo en cuenta que estos hechos ocurrieron a me-
diados del siglo XVI. Tal como relata Daza en su libro, la primera parte
del examen consistió en la lectura pública de un texto elegido por el tribu-
nal, que el opositor debía leer, y los demás opositores debían argüir. Como
público asistieron, no sólo todos los médicos y cirujanos del emperador,
sino también todos los médicos vallisoletanos, alcaldes de Corte19, algunos
miembros del Real Consejo, así como muchos señores con título y caba-
lleros. Tras esta prueba, se realizó a cada uno de los opositores un examen
secreto muy riguroso, que consistió en formular la cura de los casos graves
que en aquel momento había en el Hospital Real de la Corte, y que eran más
de veinte. En dicho examen preguntaban por los síntomas que mostraba
cada caso, por cuál de ellos había que abordar la cura, y qué medicamento
había que utilizar. Finalizadas las pruebas, los jueces votaron con juramento
ante el Consejo Real, obteniendo Daza cuatro votos de los seis disponibles.
19 os alcaldes de Corte constituían una institución para la administración de justicia, que
L
databa del siglo XIII, y que se ubicaba en la capital del Reino, por cuyo motivo fue itine-
rante hasta que Felipe II estableció la capitalidad del Reino en Madrid. Vid. GUARDIA
HERRERO, Carmen de la: «La Sala de alcaldes de Casa y Corte: un estudio social», en
Investigaciones históricas: época moderna y contemporánea (Universidad de Vallado-
lid), vol. 14, 1994, pp. 35-64.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 25-54. ISSN: 0482-5748
26 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Este resultado fue muy bien recibido por Sus Altezas, ya que representaba
un gran respaldo a la elección previa, frente a las alegaciones hechas por los
diputados. Daza permanecería en dicho puesto durante seis años, dejándolo
por el exceso de trabajo que representaba, al pedirle el príncipe Carlos que
entrase al servicio en su Real Cámara.
En el año 1569, el rey Felipe II ordenó a Daza ponerse al servicio de
su hermano don Juan de Austria, embarcándose con él en Cartagena, para
recorrer toda la costa berberisca20 y proveer fuerzas para la defensa de dis-
tintas plazas españolas. Tras este periplo, volvió a Madrid. En 1571, el rey
le pidió de nuevo ponerse al servicio de don Juan de Austria, que en aquel
momento se hallaba involucrado en la lucha contra los turcos. Tras despla-
zarse por este motivo a Levante, se embarcó en Cartagena, para desde allí
dirigirse a Barcelona, Génova, Nápoles, Sicilia y Corfú21, hasta encontrarse
con don Juan de Austria, sirviéndole de este modo como cirujano militar en
la batalla de Lepanto. Algunos autores han destacado que es muy probable
que Daza tratase a Miguel de Cervantes de las heridas que éste sufrió en la
batalla de Lepanto22, a raíz de lo cual perdió el uso de su mano izquierda.
No obstante, es necesario precisar que no hay pruebas de este hecho23, ni
mención alguna, en el libro del que fue autor, a esta supuesta actuación. Tras
la batalla de Lepanto, Daza regresó a España, sufriendo muchos y grandes
trabajos en su viaje, tal como él relata en su libro. Desembarcó en Peñíscola
(Valencia), y de allí se trasladó a Madrid, quedando al servicio de Felipe II.
En el año 1580, viendo el monarca los muchos años de servicio de
Daza como cirujano militar, y su constante peregrinar de un lado para otro,
que según el propio Daza fueron 37 años de servicio, el rey decidió conce-
derle la jubilación, gozando de su salario allá donde quisiera residir. Daza
se lamenta diciendo que esto lo hizo el rey ocho días antes del inicio de
la guerra con Portugal24, precisamente cuando más necesidad había de sus
servicios.
Su trayectoria profesional pone de manifiesto que Daza fue ante todo
un cirujano militar, curtido en los campos de batalla, lo que hace indudable
20 érmino usado en aquel momento para designar las costas del norte de África. N. del A.
T
21 Isla griega situada en el mar Jónico, separada de la parte continental de Grecia por el
estrecho de Corfú, cuya principal ciudad se llama también Corfú, y que en el año 2007
fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. N. de los A.
22 PALMA, José-Alberto y PALMA, Fermín: Neurology and Don Quixote, en European
Neurology, vol. 68, 2012, pp. 247-257.
23 BELTRÁN DE HEREDIA Y DE ONÍS, José María: op. cit., 1971, pág. 10.
24 Tras la muerte del rey Sebastián I de Portugal (1578), y la de su sucesor Enrique I (1580),
Felipe II decidió invadir Portugal, derrotando, en la batalla de Alcántara (1580), a las
escasa tropas de Antonio, prior de Crato, que se había autoproclamado rey. N. de los A.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 26-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 27
su experiencia práctica en el tratamiento de las heridas de guerra, tanto por
armas blancas como por armas de fuego. Se ha comparado a Daza con el ci-
rujano francés Ambroise Paré, que vivió en la misma época, y también muy
experimentado en los campos de batalla. Sin embargo, la diferencia entre
uno y otro radica en que Daza poseía una sólida formación médica y huma-
nística, mientras que Paré pertenecía al gremio de los cirujanos-barberos,
otorgándosele al final un doctorado en medicina por la Universidad de París
por su experiencia práctica y sus valiosas aportaciones en el tratamiento de
las heridas de guerra.
Su contribución a la cirugía
Todo su saber y experiencia han quedado plasmados en su libro Prac-
tica y Theorica de Cirugia en Romance y en Latin. A pesar de su título, la
obra está escrita en la lengua castellana de la época, utilizando únicamen-
te el latín para las anotaciones de carácter bibliográfico contenidas en los
márgenes. En su prólogo al lector, Daza deja muy claro el motivo de su
redacción en lengua castellana, que no es otro que su afán pedagógico, ya
que su deseo era trasmitir a los futuros cirujanos toda su larga experiencia
itinerante, que iba desde los veinte años hasta los setenta, ejercitando el arte
de la cirugía, no sólo en hospitales, sino particularmente en múltiples cam-
pos de batalla, tratando, como él destaca en su obra, toda una gran variedad
de heridas de guerra, tanto por armas blancas como por armas de fuego, e
incluso luchando contra la peste. Daza comenta en su libro que, tras pasar
doce años en la Corte examinando a cirujanos candidatos, por mandato y
en presencia de los doctores de Cámara de Su Majestad, del Águila y Juan
Gutiérrez de Santander, observó que la mayoría de los aspirantes, a pesar
de poseer buenas habilidades, desconocían todo lo bueno que los antiguos
y modernos dijeron acerca de esta materia, por no disponer de libros en su
lengua. A la vista de esto, lamenta de forma específica la diferencia que
observó entre nuestros cirujanos y los italianos, ya que estos últimos dispo-
nían de multitud de traducciones al italiano de infinidad de libros latinos y
griegos, lo que evitaba que estos tuviesen las mencionadas carencias. Esta
era precisamente la gran ventaja de Daza, de poseer una formación médica
universitaria, e incluso una formación universitaria previa en humanidades.
Por los motivos expuestos, la obra de Daza tuvo un éxito y repercu-
sión inmediatas, como lo prueba el número de ediciones que se hicieron de
su obra en un espacio de tiempo relativamente corto. Así, la primera edición
apareció en Valladolid en el año 1580, a la que siguió otra edición, publicada
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 27-54. ISSN: 0482-5748
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en Valladolid por Bernardino de S. Domingo en 1584. En el año 1595 se
hizo otra reimpresión en Valladolid. En 1609 se publicó en Madrid el primer
tomo de la obra, a la que en 1619 siguió el segundo tomo. En 1626 se publi-
caron en Madrid, por la Viuda de Alonso Martín, los dos tomos en una única
obra. En Valencia también se publicaron dos nuevas ediciones de la obra en
1650 y 1673 por Francisco Ciprés. Por último, en 1678 surgió una nueva
edición en Madrid por Lucas Antonio de Bedmar y Valdivia, que contenía la
primera y segunda parte. Estos hechos ponen de manifiesto que el objetivo
que se propuso Daza se cumplió, ejerciendo así de maestro de cirujanos en
general, y de maestro de cirujanos militares en particular.
Su obra está dividida en dos partes. La primera parte se inicia con
un extenso prefacio en nueve capítulos, en los que define lo que considera
qué es la cirugía, hace un desarrollo histórico de la cirugía y su relación
con la medicina, del orden en que se ha de aprender la cirugía, de sus he-
rramientas y de las cualidades que se han de exigir a un buen cirujano. A
continuación, desarrolla el contenido de esta primera parte en tres secciones
o libros, dedicadas a: 1) los apostemas en general, en la que una buena parte
está orientada a los tumores, así como al tratamiento del dolor; 2) el flemón,
en la que, entre otras muchas cosas, también hace referencia al tratamiento
del carbunco, de los aneurismas, de la erisipela, de los herpes, del edema,
de los ateromas y del cancro; y 3) los apostemas que vienen de miembros
particulares, en la que trata del tumor de cabeza llamado hidrocéfalo, de los
tumores de los párpados, de la oftalmia, de los apostemas de los oídos, de las
parótidas, de los pólipos, del dolor de dientes, del bocio, del apostema de los
riñones, de la inflamación de la vejiga, de las almorranas, etc.
La segunda parte de su obra también está dividida en tres secciones
o libros, cuyo contenido es: 1) de las heridas en general, lo que, entre otras
muchas cosas, incluye su clasificación y pronóstico, de cómo se han de sacar
elementos extraños de las heridas, de cómo se ha de conservar la sutura, de
las ligaduras, lechinos, mechas y sobrepaños, de cómo se ha de administrar
la comida y la bebida a los heridos, de los accidentes del alma, de la calentu-
ra que viene a los heridos, del comezón que viene a las heridas, del espasmo
y su cura, de las causas y cura del delirio, del flujo de sangre y su cura; 2) de
las heridas de la cabeza en general y en particular, en la que se trata de las
heridas simples, de las heridas con contusión, de las fracturas, de las heridas
penetrantes, de las heridas en las que conviene penetrar el cráneo, de las
medicinas que hay que aplicar después de la perforación, de los efectos que
suelen venir a la duramadre estando descubierta y cómo se ha de curar, y de
la herida de cabeza del príncipe Carlos; y 3) de las heridas en particular de
todos los miembros, lo que incluye las heridas de rostro, ojos, nariz, orejas,
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MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 29
labios, lengua, cuello, cerviz, venas yugulares y arterias carótidas; de pecho
penetrantes; simples y penetrantes de vientre; de intestinos vulnerados; de
estómago; de hígado; de bazo; de riñones; de vejiga; de testículos; de las
heridas de arcabuz, de si estas heridas son venenosas o no, y de su curación.
Figura 3. Imagen de la portada de la obra Segunda Parte de la Pratica y Teorica
de Cirugia en Romance y Latin. Imprenta Viuda de Alonso Martín, Madrid, 1626
Entre sus principales aportaciones a la cirugía está la descripción de
una nueva técnica personal para el tratamiento de los aneurismas, cuya más
destacada innovación consiste en la ligadura del vaso en la parte anterior al
aneurisma:
«…yo … hallada el arteria por el tacto, …, tomando una aguja curvada,
la metería por debajo de arteria, y daría un punto que apretase muy bien la
arteria, y pondría mi cabezalejo, para que el punto no hiciese daño y com-
primiese más la arteria, y después me iría a hacer la sección que manda la
aplicatura del brazo, y cortaría allí (después de quitados los grumos) toda la
arteria… Concluyamos este capítulo con que cuando echáis atadura al arte-
ria, nunca la habéis de quitar, hasta tanto que en la llaga se engendre carne,
que hincha la vacuidad que allí hubiere,…»25.
25 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1584, pág. 221.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 29-54. ISSN: 0482-5748
30 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Asimismo, describió el uso de la ligadura para contener el flujo de
sangre de venas o arterias grandes que surge a consecuencia de una herida,
técnica que también descubriría Ambroise Paré en Francia. El relato que
hace Daza es el siguiente:
«…hallada ésta …, habéis de tomar el aguja de apuntar curvada, que
lleve su hilo doblado, y encerado, y meterla por debajo de dicha vena, en
la parte donde la comprimisteis primero. Y antes de que deis el nudo, poned
debajo un cabezalejo pequeñito de tres, o cuatro dobles de paño, y dar dos
nudos encima, como se manda dar en las heridas, y apretar hasta tanto que
cese el flujo. Y hecho esto, curar la herida de la misma manera, y con los
mismos medicamentos que arriba hemos puesto. Y de esta manera he tomado
muchos flujos de sangre en brazos, y en piernas, y en las partes yugulares
alguna vez»26.
También resultó innovadora su técnica para cubrir el muñón que que-
da tras las amputaciones, lo que realizó mediante estiramiento del colgajo
cutáneo resultante. En su libro, después de una detallada descripción de la
forma utilizada para llevar a cabo la amputación, cauterizar la zona y evitar
el dolor, dice lo siguiente:
«Concluyamos este capítulo, con que recuerdes que cuando tratamos la
tercera manera de cortar los miembros, y nuestra, avisamos que antes que se
atase la ligadura, se tirase hacia la parte sana el cuero fuertemente, cuanto
fuese posible, y más te avisamos, que cuando cauterices, no tocases el cuero
de la circunferencia. La razón de todo es, porque después que has acabado
del todo la obra, y quitas la cinta que ataste, como tiraste el cuero hacia
arriba, volvieses a tirar hacia abajo todo lo que fuere posible, porque no solo
todas las cabezas de la venas, y arterias que alcanza a cubrir, estarán seguras
de echar sangre, la cicatriz quedará mucho menos fea, y vendrá a cubrir todo
el hueso…»27.
Otra destacable contribución fue su razonada negación de la natura-
leza venenosa y combusta que se atribuía a las heridas por arma de fuego
(arcabuz). Su razonamiento al respecto es extenso y detallado, por lo que a
continuación sólo se destacarán los fragmentos más representativos de su
exposición:
«…veamos de que cosas se hace la pólvora, y veremos si alguna de ellas
tiene veneno, o si de la mezcla de todos ellas puede resultar algún veneno…
26 AZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1626, pág. 111.
D
27 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1584, pág. 214.
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MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 31
De tres cosas se hace la pólvora, de una parte de azufre, y otra de carbón de
sauce, y diez partes de salitre, y algunas veces echan aguardiente… De la pie-
dra de azufre, dice Dioscórides, que bebida con vino, o tomada en un huevo,
aprovecha a los que tienen asma, y a los que tienen tos antigua… El salitre
que sea, o no sea el de los antiguos, que no se acaba de averiguar, mirad que
tanto veneno tiene pues en muchas partes donde hay penuria de sal, en lugar
de esta usan de aquel muy de ordinario… Pues el carbón mirad si es veneno-
so, pues muchas preñadas por antojo lo comen, y aun otras muchas sin estarlo
de pura damería lo comen, de las cuales no he visto una, sino muchas, y algu-
nos niños que lo comían, y no por eso se murieron… Y menos el aguardiente
(que algunas veces se echa por humedecer la composición) es venenosa, pues
en todos los lugares principales a las mañanas la pregonan por las calles, y
la beben los oficiales ordinariamente… ¿Pues si esto es así, por qué lo ha de
ser ella? ... Los soldados alemanes heridos de arcabuz, tienen por costumbre,
como lo vi muchísimas veces, beber de una vez, y con gran regocijo una drac-
ma28, y más de pólvora mezclada con vino, y con ello piensan librarse de los
accidentes de estas heridas; aunque yo no sabría dar la razón»29.
Es admirable la pormenorizada y valiosa descripción que hace en la
segunda parte de su obra con respecto al tema de la retirada de objetos extra-
ños de las heridas de guerra, insistiendo mucho en la consideración, previa a
la actuación, de los distintos factores que condicionan la forma de intervenir.
Entre estos factores menciona si la penetración ha sido superficial o profun-
da, la forma de la punta del objeto que ha penetrado (aguda, ancha, redonda,
triangular, en forma de arado), la naturaleza del material (hierro, estaño, plo-
mo, cuerno, hueso, pedernal, madera, piedra), la parte del cuerpo en la que
se ha alojado (pecho, cerebro, abdomen o miembro interno como hígado o
pulmón), etc. En este punto, también es de destacar la actitud conservadora
de Daza frente a la aceptación de audacias intervencionistas30:
«…Aunque si el sacar estas cosas extrañas amenaza algún gran acciden-
te, como algún terrible dolor, o algún flujo de sangre, u otra cosa semejante,
en tal caso antes aconsejo dejarlos estar, y lo encomienden a la naturaleza,
que no aventurar con la violencia que se hace, la vida del enfermo, cuanto
más que la naturaleza es de tal condición, que poco a poco sabe echar de sí
lo que no le da gusto, como muchas veces se ha visto…»31.
28 robablemente se trate de una unidad de peso que se utilizaba en medicina antigua y
P
equivalía a 3,6 gr. N. de los A.
29 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1626, pp. 340-341.
30 GRANJEL, Luis S.: La medicina española renacentista. Ed. Universidad de Salamanca.
Salamanca, 1980, pág. 229.
31 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1626, pág. 30.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 31-54. ISSN: 0482-5748
32 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Desde el punto de vista de la cirugía militar de la época, es de resaltar
la defensa que hace del cierre de heridas torácicas, lo que significó un indu-
dable avance, particularmente porque la actitud predominante en aquellos
tiempos era otra:
«Otros tienen otra opinión, como son Guillermo de Salicero y Lanfranco,
y otros, los cuales dicen, que las heridas penetrantes del pecho por ninguna
vía ni manera se han de coser, ni aglutinar, sino que siempre han de estar
abiertas, y que si no es bastante el orificio de la herida para evacuar la sangre
que se han de ampliar. Y dan su razón, diciendo, que si se cierra el orificio,
que la sangre extravenada, que no solo hará gran ofensa a los miembros
principales, pero hará accidentes de muerte. … mandareis echar sobre el lado
de la herida, y le haréis toser, para que con más facilidad salga la sangre
extravenada, y sacada la que más pudiereis, cosed la herida dando los puntos
necesarios, y advertid, que ninguna manera de orificio habéis de dejar, sino
que toda ha de quedar cerrada, de manera que ningún género de respiradero
le quede. Luego pondréis sobre la sutura un paño de trementina de bete32, y
encima unas claras de huevo batidas con polvos restrictivos, y encima unos
paños de agua, y vinagre, y su ligadura retentiva…»33.
Por último, y también por la importancia que tenía el tema en los cam-
pos de batalla del siglo XVI, destaca la minuciosidad con la que clasifica y
describe el tratamiento que se ha de dar a las diferentes heridas que afectan
a los intestinos. Una muestra de los cuales la constituyen los fragmentos que
a continuación se transcriben:
«…y una de las cosas más necesarias, y que más ha de advertir el cirujano,
es saber en que parte de la tripa está la herida … porque según donde estuviere,
tiene más o menos peligro … De todas las heridas de los intestinos, las más pe-
ligrosas son las del intestino yeyuno … La razón porque las heridas del yeyuno
son tan peligrosas e incurables son cuatro. La primera, porque es exangüe. La
segunda, por la multitud de vasos que tiene tan grandes. La tercera, porque la
túnica de que se compone es delgadísima y nervosa. La cuarta, porque le baja
alguna porción de colera de la hiel, y junto con esto está más cerca del hígado,
que otro ningún intestino. Finalmente las heridas en los intestinos gráciles son
tan peligrosas, que muchos las tienen por incurables, y que no hay ninguna
buena esperanza en ellas … Las heridas de los intestinos crasos más seguras
son. Lo uno, porque son más carnosos, y porque aplicándole los medicamentos
por abajo tienen lugar de estar más tiempo aplicados, y así muchos sanan…»34.
32 e refiere a trementina de abeto. En la Edad Media y épocas posteriores, se utilizaba
S
mucho la madera de abeto para elaborar trementina. N. de los A.
33 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1626, pág. 296.
34 DAZA CHACÓN, Dionisio: op. cit., 1626, pág. 324.
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MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 33
Ante su biografía y obra, no se puede menos que concluir que el doc-
tor Daza fue uno de los más destacados cirujanos del Renacimiento espa-
ñol, con una sólida formación humanística y médica, y que dedicó la mayor
parte de su vida al ejercicio de la cirugía militar, lo que le convirtió en un
destacado especialista en dicha disciplina, tal como lo pone de manifiesto la
obra de su vida, Pratica y Theorica de Cirugia en Romance y Latin (primera
y segunda parte), que fue una obra referente para el estudio de la cirugía
en España, y que si no fue conocida a nivel internacional fue por haberla
escrito en nuestra propia lengua, cumpliendo su objetivo, que no era otro
que conseguir que los aprendices de cirujano españoles dispusiesen de una
obra escrita en su lengua, cuando, como afirma él en su libro, le hubiera sido
mucho más fácil redactarla en latín.
CRISTÓBAL PÉREZ DE HERRERA:
AMPARO DE POBRES Y MILITARES
Cristóbal Pérez de Herrera nació en Salamanca, muy probablemente
en 1556, aunque no hay total seguridad acerca del año de su nacimiento.
En un relato que hace en su libro
Proverbios morales, destaca la as-
cendencia militar de su familia, re-
saltando que su abuelo Gonzalo de
Herrera, natural de Miengo, Santan-
der, sirvió a los Reyes Católicos en
la conquista de Granada; dos her-
manos de su padre, García y Fran-
cisco fueron soldados del emperador
Carlos V en Alemania, África e Ita-
lia; y dos hermanos suyos, Alonso y
Francisco, murieron luchando, uno
en Perú y el otro en Puerto Rico35.
Figura 4. Imagen de Cristóbal Pérez
de Herrera a sus 42 años, sacada de la obra
Discurso del Amparo de los Legítimos Pobres
y Reducción de los Fingidos.
Imprenta Luis Sánchez, Madrid, 1598
35 ÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: Proverbios Morales y Consejos Cristianos muy Pro-
P
vechosos. Imprenta Luis Sánchez. Madrid, 1618, pág. 181.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 33-54. ISSN: 0482-5748
34 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Aunque es muy probable que iniciase sus estudios en Salamanca, la
mayor parte de los historiadores coinciden en que se graduó en la Universi-
dad de Alcalá, doctorándose posteriormente, si bien, no está claro si lo hizo
en Alcalá o en Salamanca36,37. Asimismo, se dice que, durante sus estudios
de medicina en Alcalá fue discípulo del eminente doctor Francisco Vallés38,
lo que es asumible, dado que éste ocupó la cátedra de Prima de Medicina
de 1557 a 1572. Aparte de estos hechos, están las palabras del propio Pérez
de Herrera que, en una de sus obras se refiere al doctor Francisco Vallés
como su mejor protector39. A lo que también pueden contribuir otros datos,
tales como la relación que mantuvo con algunos miembros de la familia
del doctor Vallés40. También hay constancia de que, tras finalizar medicina
en la Universidad de Alcalá, se trasladó a Salamanca, donde opositó a una
cátedra de esa universidad, algo de lo que él mismo dejó constancia en una
de sus obras41.
En el año 1577, el doctor Diego de Olivares, médico de cámara de
Felipe II, que conocía al doctor Pérez de Herrera, por los conocimientos y
habilidades que había demostrado en el examen que realizó ante él, le pidió
que se desplazase de Salamanca a Madrid, para ayudarle en los exámenes
de Protomedicato, ocupación en la que estuvo involucrado durante tres años
(1577-1580). Durante este tiempo también se dedicó a curar a los sirvientes
de la Casa real que lo necesitaban, lo que hizo de modo altruista y sin cobrar
salario alguno, tal como el propio doctor Pérez de Herrera relató42.
Finalizado el periodo anterior, en 1580 fue nombrado por el rey Feli-
pe II Protomédico de las galeras de España, siendo por este motivo llamado
por el monarca desde Lisboa, a donde se había desplazado para tomar pose-
sión como Rey de Portugal, y fue allí mismo donde le entregó el despacho
del mencionado cargo. Este cargo era muy codiciado por su alto rango, ya
36 ERNÁNDEZ MOREJÓN, Antonio: Historia Bibliográfica de la Medicina Española,
H
vol. IV, Imprenta Viuda de Jordán e Hijos. Madrid, 1846, pág. 119.
37 GRANJEL, Luis S.: Vida y obra del doctor Cristóbal Pérez de Herrera, Tomo 1, n.º 1. Uni-
versidad de Salamanca, Ediciones del Seminario de Historia de la Medicina, 1959, pág. 6.
38 También conocido como Divino Vallés, el doctor Francisco Vallés de Covarrubias
(1524-1592) fue otro destacado representante de la medicina renacentista española, que
en 1572 fue nombrado médico de Cámara de Felipe II, quién le puso el apodo de “El
Divino” tras curarle de un ataque de gota, y Protomédico General de los Reinos y Seño-
ríos de Castilla. N. de los A.
39 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: Compendium totius medicinae ad tyrones. Imprenta
Luis Sánchez. Madrid, 1614, Prólogo al lector. En dicha obra escribió «…celeberrusimi-
lle Doctor inter Medicos Regios primus meus & vere Mecenas, Francious Vallésius...».
40 CAVILLAC, Michel: «Mendigos y vagabundos en 1596-1597: la carta del Lº Francisco
Vallés a Cristóbal Pérez de Herrera», en Bulletin Hispanique, vol. 101, 1999, pp. 387-414.
41 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1618, pp. 167-168.
42 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1618, pp. 167-168.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 34-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 35
que su misión era la inspección de los servicios médicos de las naves que
componían una escuadra, así como otros menesteres que se le pudieran so-
licitar, si la situación lo requería. En este destino estuvo doce años, durante
los que participó en múltiples expediciones, particularmente dirigidas por
D. Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, en las que realizó meritorios
trabajos, tanto desde el punto de vista médico-militar como en el ejercicio
de las armas. Así, en el año 1582 participó en la expedición a las Azores,
acompañando a D. Álvaro de Bazán en la conquista de esas islas43. El propio
Pérez de Herrera narró algunos episodios de esta guerra en una exposición
que hizo de sus servicios a la corona, dirigida al rey Felipe III, e incluida
en su obra Proverbios Morales. Muestra de lo cual son los tres fragmentos
que siguen:
«Particularmente entre otras muchas jornadas, en que sirvió, fue una en
la de las Islas de las Azores, año de ochenta y dos, en la batalla naval, en que
fue vencido y muerto Felipe Estroci44, donde fuera del gran riesgo que corrió
su vida el día della, hallándose con las armas en la mano, fundó un hospital
de heridos y enfermos en la Isla de San Miguel, en la ciudad de Puntadelgada,
en que hizo particulares servicios a nuestro señor, y a V.M. en compañía del
doctor Fonseca, Deán de Granada, Administrador general del hospital de
aquella feliz armada, que murió Obispo de Guadix»45.
«Y el año de ochenta y dos, el segundo que comenzó a servir al Rey nues-
tro señor en las galeras, por usar una muy gallarda estratagema, libró una
urca (en que se embarcó el dicho Doctor) que iba cargada de gran cantidad de
municiones, y otras cosas de mucha importancia, desde la ciudad de Lisboa
a la de Cádiz, de adonde se entendió saliera el Marqués de Santa Cruz con
la armada, con que aquel mismo año (como está referido) venció la francesa
que llevaba a su cargo Felipe Estroci, que murió en la batalla naval junto a la
43 n el año 1580, Antonio, prior de Crato, se autoproclamó Rey de Portugal, pero, tras su
E
derrota por las tropas de Felipe II en la batalla de Alcántara, huyó al archipiélago de las
Azores, desde donde intentó seguir gobernando. Este fue el motivo por el que Felipe II
inició la conquista de estas islas, lo que consiguió entre 1582-1583, con tropas coman-
dadas por D. Álvaro de Bazán. Por su valor estratégico para las rutas comerciales trasat-
lánticas, debido a la necesidad de realizar escala en ellas y a la consecuente presencia de
piratas y corsarios, tuvo que luchar también contra franceses e ingleses, que apoyaban la
causa del prior de Crato por intereses estratégicos y comerciales. N. de los A.
44 Se refiere a Felipe Strozzi, un mercenario italiano que comandaba la escuadra francesa
que combatió en la batalla de la isla Tercera, en la que se enfrentó a la escuadra que
mandaba el Marqués de Santa Cruz, y en la que murió Felipe Strozzi. A pesar de estar
al servicio de la reina regente de Francia, Catalina de Médici, ésta no quiso reconocerlo,
se cree que con el fin de evitar una guerra abierta contra Felipe II. Por este motivo, los
prisioneros de esta batalla fueron tratados como piratas. N. de los A.
45 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1618, pp. 168-169.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 35-54. ISSN: 0482-5748
36 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
isla de San Miguel, que para este fin iba cargada la urca de lo referido, y en
ella los ministriles y trompetas de la galera Real, para mudarse a la Capitana
de la armada, y dándole viento contrario en el cabo de San Vicente, dos na-
víos de piratas rocheleses la iban siguiendo con ánimo de envestirla, y corría
gran riesgo, por no llevar treinta personas de pelea, que eran pasajeros, sin
arcabuces, con solas sus espadas, porque la artillería que llevaba, que era
mucha, no estaba puesta a punto, sino desencabalgada por lastre, para pro-
veer a la armada con ella, y los contrarios llevaban sus navíos muy artillados,
y con más de doscientas personas de pelea. Viendo el dicho Doctor el punto
en que todos estaban de ser perdidos, y la falta que hicieran a la armada los
pertrechos y municiones que llevaban en ella, y que parecía aguardaban se
pusiese el Sol para envestirlas, hizo a la tarde subir sobre cubierta las chi-
rimías, y que tañesen muy despacio, y luego las trompetas, y tocar dos cajas
con sus pífanos, y poner dos banderas de infantería en la popa, que todo iba
de munición, y subir sobre cubierta los marineros, proeles, y otra chusma, que
pasaban en la urca para ir en la armada, puestos de forma que haciendo bulto
pareciese gente de defensa, con que los dos navíos se atemorizaron, y dejaron
de envestir pensando que iba allí algún gran personaje, o Capitán general,
pues llevaba música, y tanto aparato: y mudándose el viento de media noche
abajo, navegó la urca en popa hacia Cádiz: y habiendo los navíos de los pi-
ratas aquella noche envestido con otros dos, los tomaron, y echaron a la mar
mucha gente de ellos cosidos en veles, y dos o tres que se escaparon a nado
en el cabo de San Vicente, donde sucedió, contaron en Cádiz al dicho Doctor,
y a otros (alabando la estratagema y el buen suceso de ella) el pesar que los
piratas tenían de no haber envestido, por el temor de la gran defensa, que a
su parecer llevaba…»46.
«Asimismo, el año siguiente, que se entró y ganó la isla Tercera, sirviendo
de Protomédico general de la armada, y ejército, fue herido en la del Fayal
de un arcabuzazo, que le pasó el cuerpo, del que estuvo a punto de muerte,
por retirar ciertos heridos a las galeras, por orden de don Pedro de Toledo,
Marqués de Villafranca, Capitán general que ha sido de las galeras de Espa-
ña… a donde le fue forzoso con la espada en la mano y gran valor, defender
los dichos heridos de una manga de arcabuceros franceses, que los querían
matar…»47.
46 ÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1618, pp. 171-172.
P
47 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1618, pág. 168.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 36-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 37
Figura 5. Imagen de la portada de la obra Discurso del Amparo de los Legítimos Pobres
y Reducción de los Fingidos. Imprenta Luis Sánchez, Madrid, 1598
El meritorio trabajo realizado por Pérez de Herrera en la guerra de
las Azores, tanto como médico, como en el uso de las armas, fue justamente
elogiado por el prestigioso capitán de navío y miembro de la Real Academia
de la Historia, Cesáreo Fernández Duro, en su libro La Conquista de las
Azores en 1583, del que transcribimos las siguientes palabras:
«Hizo cosas señaladas por su persona en los combates; fue más de una
vez el primero que entró al abordaje en navíos enemigos, ganando por su
mano dos banderas a los turcos, dos a los holandeses y una a un corsario de
la Rochela, cuyas siete banderas, con la regia autorización, puso por adorno
del escudo de sus armas, con el mote Non armis obstant littera.»48.
48 as armas no estorban a las letras. T. de los A. Este es el lema actual de la Escuela Mi-
L
litar de Sanidad (EMISAN).
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 37-54. ISSN: 0482-5748
38 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
«Demostrando el valor a toda prueba y la sagacidad para vencer con
gloria cualquier género de peligros, acompañó a D. Álvaro de Bazán en la
primera jornada de las Azores y batalla con la armada francesa; improvisó
en la isla de San Miguel un hospital donde curó los heridos; procedió en la
jornada segunda como queda referido en el texto, asistiendo a la vuelta, en el
hospital de Cádiz, a más de tres mil enfermos del ejército y de la armada»49.
Tampoco son desdeñables las palabras que dedica a este insigne mé-
dico-militar, D. Antonio Hernández Morejón, médico de la Real Cámara,
examinador en el Protomedicato, consultor de la Suprema Junta de Sanidad
del Reino, Inspector de Medicina del Cuerpo de Sanidad Militar y vicepre-
sidente de la Academia de Medicina, que en su obra Historia Bibliográfica
de la Medicina Española, inicia su apartado dedicado a Pérez de Herrera
diciendo:
«Este célebre médico, no solo tienen un justo derecho a ser considerado
como un práctico excelente, sino que deben también prodigársele los honoro-
sos títulos de esforzado capitán, consumado político y buen poeta. Sabio estu-
dioso durante la paz, consagraba las horas del día al bien de sus semejantes,
con un desinterés que no podemos presentar otro que le exceda: valiente,
esforzado y político en la guerra, sacrificó sus bienes de fortuna, y derramó
su sangre en holocausto de su patria. Cristóbal Pérez de Herrera es uno de
los héroes cuya vida y hazañas no debiera ignorar ningún español amante de
su país, y cuya memoria merece conservarse perpetuamente en los bronces y
en los mármoles»50.
En 1592, Pérez de Herrera abandona las galeras, al ser llamado a la
Corte para servir a Su Majestad como médico de la Casa Real. Según el pro-
pio Pérez de Herrera, fue el propio doctor Vallés quien le llamó para ocupar
el mencionado puesto:
«…hasta el de noventa y dos, que le ordenó se vienese a Madrid el doctor
Francisco Vallés Protomédico del Rey nuestro señor, insigne varón en nuestra
facultad51, para servir a su Majestad de Médico de su casa...»52.
Este favor se ha querido atribuir a la mediación de Francisco Vallés53,
prior de Santa María de Sar en el Reino de Galicia, e hijo del recién fallecido
49 ERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: La conquista de las Azores en 1583. Imprenta Suceso-
F
res de Rivadeneyra. Madrid, 1886, pp.160-161.
50 HERNÁNDEZ MOREJÓN, Antonio: op. cit., 1846, pp. 117-118.
51 Parece oportuno destacar aquí, que, en la referida obra, el término «facultad» también se
atribuye al área de conocimiento que se profesa, en este caso, la medicina. N. de los A.
52 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1618, pág. 168.
53 CAVILLAC, Michel: op. cit., 1999.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 38-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 39
Divino Vallés. Esta atribución resulta factible, dada la relación que parecía
tener el doctor Pérez de Herrera con dicha familia.
A partir de 1592, se acaba la azarosa vida del doctor Pérez de Herrera
con la milicia combatiente, y empieza una vida más tranquila, en la que,
observando su entorno, ve que a una gran mayoría les tocaba sufrir las con-
secuencias de la pobreza, mientras que otros se dedicaban a fingir que eran
pobres para poder vivir sin trabajar. Tal como reconoce Carreño Rivero54,
esta última década del siglo XVI se caracterizó por un visible deterioro eco-
nómico y social, a lo que también contribuyó el desánimo generado por la
derrota de la mal llamada Armada Invencible55. Dado su carácter beligeran-
te, esto le llevaría a iniciar un nuevo tipo de lucha, con el objetivo expreso
de conseguir sacar de la miseria a los pobres, y al mismo tiempo desenmas-
carar a los que no lo eran, para devolver a estos últimos a la sociedad pro-
ductiva, siempre que ello fuese posible. Evidentemente, en esta nueva etapa
nunca dejará de lado su profesión, abordando siempre estos problemas con
una visión médica.
Su obra cumbre: Discurso del Amparo de los Legítimos Pobres
y Reducción de los Fingidos
Su obra más destacable y difundida de esta nueva etapa de su vida
fue Discurso del Amparo de los Legítimos Pobres y Reducción de los Fin-
gidos, en la que invirtió seis años. Al comienzo de su libro, en la carta que
el autor dirige al lector del libro, empieza agradeciendo al rey Felipe III la
aceptación de lo que expone en este libro, así como el haber comenzado ya
la ejecución de sus propuestas. A continuación, destaca la grandiosidad y la
necesidad de sus planteamientos:
«…grande, por tocar a los Grandes, y privados de la Corte Celestial, que
son los pobres verdaderos, y no por menos auténtico privilegio que dado por
la boca del mismo Dios (pobres digo, necesitados de bienes temporales, salud
54 ARREÑO RIVERO, Miryam: «Pobres vagabundas en el Proyecto de recogimiento
C
de pobres y reforma social de Cristóbal Pérez de Herrera» en Revista Complutense de
Educación. Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid, vol.
8, 1997, pp. 19-42.
55 A pesar del desastre que sufrió la Armada Invencible en 1588, por lo que no se consiguió
ni el control seguro de la ruta del Canal con Flandes ni la erradicación de las interven-
ciones británicas sobre el tráfico transatlántico, la realidad es que el poder naval español
siguió siendo hegemónico en las rutas fundamentales. Vid. CASADO SOTO, José Luis:
«La construcción naval atlántica española del siglo XVI y la Armada de 1588», en Cua-
dernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval, n.º 3, 1989, pp. 51-85.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 39-54. ISSN: 0482-5748
40 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
y fuerzas para ganar lo que han menester, con que sustentar la vida), necesa-
rio, por dar a estos tales el remedio y sustento espiritual, y corporal, que han
menester, y quitar de España los fingidos, falsos, engañosos, y vagabundos,
usurpadores de la limosna de los otros, transgresores de las buenas leyes y
costumbres de los reinos (cosa que probamos en el nuestro con lástima, y
queja general de todos), provocadores con sus pecados y excesos de la ira de
Dios contra todo el pueblo, y causa de los contagios y enfermedades perni-
ciosas dél, y aun en cierta forma ladrones de la caridad y limosna cristiana,
pues con sus desórdenes y mal ejemplo de vida la entibian y amortiguan;
dificultoso por hacerse por elección de medios justos, blandos y suaves, y
suficientes para extirpar tantos daños, y para mí mucho más dificultoso, por
la desproporción que hay entre su grandeza y mis flacas fuerzas...»56.
Seguidamente, en su «Discurso primero» hace un análisis pormenori-
zado de los inconvenientes y daños que provocan con su actividad delictiva,
muchos, que, sin ser pobres, tratan de parecerlo para lograr el sustento, e
incluso para acumular riquezas. Los dos fragmentos que se transcriben a
continuación son una prueba representativa del contenido de esta sección:
«Lo cuarto, y no de los menores inconvenientes, es, haber muchos, que con
poco temor de Dios, movidos desta ociosa y mala vida, pudiendo trabajar en
otras cosas, se hacen llagas fingidas, y comen cosas que les hacen daño a la
salud, para andar descoloridos, y mover a piedad, fingiendo otras mil inven-
ciones para este efeto, y haciéndose mudos y ciegos no lo siendo; y algunos, y
muchos, que se ha sabido, que a sus hijos e hijas en naciendo les tuercen los
pies o manos; y aun se dice que los ciegan algunas veces, para que quedando
de aquella suerte, usen el oficio que ellos han tenido, y les ayuden a juntar di-
nero. Y esto es tanta verdad, que, entre otros casos que han sucedido, me contó
el padre fray Pablo de Mendoza, persona muy docta y de mucho crédito, de la
Orden de San Bernardo, que en esta Corte le pidió con muchas lágrimas una
mujer, que rogase a su marido, que no le cegase un niño recién nacido, que-
jándose que con un hierro ardiendo, pasándoselo por junto a los ojos, había
cegado otros dos, y lo mismo quería hacer a éste; y dice que le habló, reprendió
y atemorizó de tal suerte que atajó aquel daño y maldad; y que vio que aquel
hombre tenía su casa muy bien adornada y aderezada con la granjería de la
limosna que juntaba con dos niños cieguecitos, que los traía de casa en casa,
que eran hermosos, y movían a mucha compasión, y todos le daban limosna»57.
56 ÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: Discurso del Amparo de los Legítimos Pobres y Re-
P
ducción de los Fingidos. Imprenta Luis Sánchez. Madrid, 1598, Carta del Doctor Pérez
de Herrera al Lector.
57 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op, cit., 1598, pp. 6-7.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 40-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 41
«Y ha llegado el negocio desta gente a tanta malicia e invención, causada
de su ociosidad, que me contó el doctor Francisco González de Sepúlveda,
médico de la general Inquisición, persona de verdad y crédito, que le sucedió
a un médico amigo suyo, que se llama el licenciado Segovia, que también
me lo ha contado a mí, informándome dél para este efeto, que pasando un
día por la puerta de Nuestra Señora de Loreto desta Corte, vio mucha gente
junta, y un hombre echado en el suelo, al cual le socorrían con un bizcocho en
vino y otras conservas, algunas personas caritativas, y le estaban ayudando a
bien morir con palabras devotas, habiéndole traído una bula de limosna para
absolverle por ella; y al tiempo que él llegó, oyó decir a todos los presentes:
«Ya murió, Dios le perdone», teniéndole una candela encendida en la mano.
Y el médico le tomó el pulso, por ver si había expirado, y se lo halló concer-
tado y muy igual y grande, y se quedó espantado de ver tal novedad, porque
estaba traspillado y como si estuviera muerto, deteniendo el resuello para
mejor fingirlo (de que pudiera quedar burlado, muriéndose verdaderamen-
te, como cuenta Galeno le aconteció a un esclavo bárbaro); y a este tiempo
llegó un hermano del Hospital de Antón Martín, y como vio tanta gente, se
metió entre ella, reconociendo al que decían que estaba muerto, que ya le
sabía sus mañas, y apartando la gente, se acercó a él y le dio una puñada, y
tirándole del brazo para levantarle, le dijo: «¿Tantas veces os hacéis muerto,
embustero?», dándole de cordonazos. «Ya sé yo vuestros embelecos. ¿Pensáis
engañarnos como otras veces?» Y él comenzó a decir a voces: «No quiero
levantarme»; y unos compañeros que tenía, que habían comenzado a pedir
limosna para enterrarle, y él, se fueron huyendo, echando de ver que habían
caído en la cuenta, porque no los prendiesen; y les tomaron el plato, con todo
lo que habían juntado, dándolo para alumbrar a Nuestra Señora de Loreto
los que estaban presentes, quedando espantados de ver tan gran maldad. Y
dijo el hermano que descubrió el juego, que desta manera había oído decir
que habían juntado mucho dinero, y engañándole a el mismo otra vez con esta
propia maraña»58.
En su «Discurso segundo» trata de aportar ideas para albergar a los
verdaderos pobres, así como de sacar de dichos albergues a los que necesi-
ten ser curados, para evitar que contagien a los sanos, y que, tras ser curados
puedan incorporarse a la sociedad, o bien retornar al albergue, dependiendo
del estado en que hayan quedado. Esto es lo que evidencian los dos frag-
mentos que se reproducen a continuación:
58 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pp. 8-9.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 41-54. ISSN: 0482-5748
42 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
«El remedio más apacible y conveniente, sin escándalo, que yo he podido
pensar con mi corto ingenio, diré, que se ha de procurar remediar esto con
grandísima caridad y celo cristiano, e intención de no hacer mal a nadie,
perdonándoles lo pasado y presente, poniéndoles algunas penas para lo por
venir, haciéndose sin ruido y alboroto, de suerte que no se escandalicen las
gentes; porque por haberse hecho otras veces sin esta consideración, ni con
remedios fáciles de ejecutarse, pienso que no ha venido hasta ahora a ponerse
esto en efeto; pues la principal intención, y a que se ha de atender, ha de ser
que esta gente sirva a Dios, y remediar lo por venir, y moderar lo presente,
desarraigando destos reinos la decendencia y sucesión de los que por este
camino viven con los inconvenientes dichos, y que los verdaderos pobres sean
amparados, y todos los sucesores déstos tengan ocupaciones y oficios; …
Lo primero es que se haga en cada lugar grande o mediano, respecto
de su grandeza, una casa, que se llame el albergue y casa de los pobres,
que en muchos lugares ya las hay, que podrán servir dello, que son donde se
albergan peregrinos pobres; y en algunos grandes también las hay a propó-
sito fabricadas, que pueden aprovechar para este ministerio, congregando y
juntando en una las camas y rentas que me dicen que hay en algunos lugares
grandes; …»59.
«Y entre los que realmente acudieren a las dichas casas, y se aprobaren
por pobres inútiles y verdaderos la primera vez, habrá muchos que se podrán
curar de las enfermedades y llagas que tuvieren, enviando los leprosos a las
casas del Señor San Lázaro, y los incurables, y de males contagiosos, y llagas
y humores, a los hospitales adonde se curan las bubas; y a los de otras enfer-
medades, a los hospitales generales, adonde es bien y conviene enviar siem-
pre los pobres que enfermaren en estas casas de albergue. Porque entre otras
razones por que no pasó adelante esto, y se conservó cuando se intentó otra
vez, la principal fue mezclar y juntar sanos con enfermos; porque es bien que
estas casas siempre sirvan de sólo administración de sacramentos y oír misa,
y dormitorio de gente inútil, sin enfermedades que tengan necesidad de curar-
se de presente; porque el curar los que enfermaren dentro dellas, desbarata-
ría con el tiempo este instituto, fuera de que se contaminarían unos con otros;
y después de sanos en los hospitales ya dichos, o se irán a trabajar, o los
acomodarán las justicias de V. M. en los oficios que pareciere convenientes, y
supieren; o ellos buscarán manera de vivir para no ser castigados por vaga-
bundos. Y aun de los que quedaren, o volvieren de los hospitales por inútiles
aprobados, que serán muchos menos de los que se piensa, se podrán entresa-
car los más sanos y menos impedidos, para algunos ministerios, ganando sus
59 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pág. 20.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 42-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 43
jornales, trabajando por la manera que sus inutilidades les permitieren; que
los que no tienen pies, sabiendo coser, pueden ejercer su oficio,…»60.
En esta sección, también se detallan las características que han de
tener estos albergues, sobre todo, pensando en la variedad de pobres que
puede albergar, dependiendo de si son hombres, mujeres, niños, niñas,
matrimonios, etc. Asimismo, también se refiere en ella al amparo de los
pobres vergonzantes, presos, cautivos y huérfanas pobres.
En su «Discurso tercero» se ocupa específicamente de cómo ha de
ser el modo de pedir limosna, sin que esta necesidad sea abolida, así como
de la forma en que se han de acomodar los pobres fingidos reformados, los
niños pobres y los huérfanos desamparados. Para comprender el objetivo
de este discurso, basta destacar el siguiente fragmento de texto:
«Y porque cumplidamente todo género de pobres sea socorrido, parece
ser justo, dar traza para que ningún necesitado deje de tenerla; y así, si
alguien quisiere pedir limosna para alguna necesidad, porque no se cierre
la puerta a la caridad, sino que se haga con justificación, dando noticia al
administrador o rector de los albergues, con su reconocimiento y examen,
y licencia del ordinario, lo pueda hacer, y no de otra manera; que la inten-
ción destos discursos es, que todos los que pidieren limosna por las puertas,
tengan quien los examine y a quien reconozcan por superiores y cabeza, y
vean si es cosa justa y digna de socorro. Y lo mismo hagan los que hubieren
de pedir para algunas ermitas y casas de devoción, que es bien se examinen
con mucho cuidado, adonde no hubiere religiosos, que en tal caso bastará
tenerlas de sus superiores, pues se entiende mirarán a quién dan las deman-
das, y cómo se da buena cuenta de lo que se pidiere y juntare, pues importa
tanto se mire con mucho cuidado.
Para que en estos reinos conozcamos y distingamos cierta y verdade-
ramente quién es verdadero pobre, y que sepamos que pide con necesidad,
si V. M. es servido, parece a propósito mandar, que si algún extranjero qui-
siere entrar en ellos en romería a la casa del Señor Santiago o Nuestra
Señora de Guadalupe, Monserrat, u otras casas que hay de devoción, haya
de entrar en hábito de peregrino, habiendo de pedir limosna, y no de otra
manera, pues, como está dicho, no pueden pedir, si no es señalados y pú-
blicos de aquí adelante, y que se registren en el primer puerto destos reinos
por donde entraren por mar y tierra, adonde tomen testimonio del admi-
nistrador y diputados del albergue de aquel lugar, o el más cercano de más
consideración, con autoridad de la justicia y del ordinario, señalándoles
60 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pp. 24-25.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 43-54. ISSN: 0482-5748
44 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
en él el tiempo que hubieren menester, algo más para acabar su romería
por su camino derecho, que si se apartare dél, no sea distancia de cuatro
o seis leguas por alguna causa urgente, o porque no vayan todos por unas
mismas posadas, ordenando a las justicias, que manden a los mesoneros,
avisen a los tales peregrinos desta pragmática, porque no sean castigados,
por no saber la costumbre desto. Y si acaso enfermare en el camino, tome
testimonio del tiempo que gastó en la enfermedad y en curarse, y que este
testimonio que trajere diga las señales de la persona, edad, nación, y día, y
mes, y año que se registró, para que sepa V. M. el que entra en sus reinos,
sin tener negocio particular en ellos, quién es, de dónde viene, y adónde
va; pues se tiene por cierto que con este hábito de peregrino, y achaque de
romería, entran en ellos las más de las espías; y se sepa que pide limosna
por devoción, y no por andar ocioso y vagabundo;…»61.
Su «Discurso cuarto» se centra en la forma de reclusión y castigo de
las mujeres vagabundas y delincuentes, y el modo de ocuparse de ellas, lo
que expresa de la siguiente forma:
«…El remedio y traza es que, pues hay caminos para ocupar por formas
diferentes en estos reinos de V. M. a los vagabundos, castigándolos a ellos, y
a los delincuentes por los delitos que cometen, escondiéndolos y ausentán-
dolos de las repúblicas, para que no hagan más perjuicio en ellas, haciendo
que escarmienten y paguen lo que han hecho, y que otros con el ejemplo no
se atrevan a cometer delitos semejantes, poniéndolos a todos en aprieto y
concierto, sirviendo a Dios y a V. M. en sus galeras, o minas de azogue; pa-
rece que también es razón y justo, mandar V. M. que haya en ellos algunas
reclusiones, y castigo moderado, para las mujeres vagabundas, perdidas y
delincuentes, conforme a su flaqueza, que corresponda a esto»62.
«…Para remedio de lo cual parece buen orden y traza, siendo V. M.
servido, que en esta Corte, Valladolid, Granada y Sevilla, y en otras algu-
nas ciudades grandes, que pareciere ser necesario, se hagan, o compren de
limosna, o gastos de justicia, o de lo que más a propósito fuere, aplicándose
de aquí adelante la cuarta, o quinta parte dello en estos reinos para este
efeto, por ley y pragmática de V. M., en cada parte de las dichas una casa
capaz, y a propósito, que se llame y nombre del trabajo y labor, adonde
condenen de hoy más las justicias de V. M. (repartido por sus distritos) a
las vagabundas ociosas, o delincuentes de hurtos, hechicerías, o embustes,
61 ÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pp. 46-48.
P
62 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pág. 63.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 44-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 45
o de otros delitos, por uno, dos, tres, o más años, y aun por diez, conforme
a sus culpas, y de por vida, a la que mereciere casi pena de muerte; …»63.
«En la cual casa las podrían vestir de jerga, o herbaje, que es sayal del-
gado, y quitarles el cabello algo bajo, porque estén con más limpieza y menos
ocasionadas a mesarse en pendencias, y porque teman más el dar ocasiones
de que las condenen a esta reclusión, por estimar tanto todas el tenerlos;
dándoles allí una comida moderada, de poca costa; y proveerlas de camas
pobres, con algún jergón de paja o heno; señalándoles tareas de muchos ofi-
cios diferentes, como son: hilar algodón, lino, estopa, y estambre al torno,
torcer hilo, hacer pleitas, tejer en telarejos bajos tranzaderas, pasamanos,
y otras diferentes cosas en otros, y hacer medias de lana y seda, y botones
de toda suerte; y al fin ejercitarse han en oficios y labores de mujeres, aco-
modadas para allí, imponiéndolas en algunos fáciles de aprender a las que
no los supieren, de suerte que ganen bastantemente lo necesario para pasar
su vida, y aun les sobre muy bien, pues la comida se podrá moderar y tasar
en medio real cada una, y muchas dellas ganarán uno, y aun real y medio, y
otras más, y ninguna menos del medio que gasta, para que con lo que sobrare
desto se suplan los días de fiestas y domingos, que no trabajan, y haya con qué
curarlas, y reparar las casas, y para pagar los salarios del alcaide y guardas
dellas, ayudando a todo esto los gastos dichos, y algunas limosnas con que
serán socorridas por mano de las cofradías que se dirán adelante, …»64.
La siguiente parte de su obra lleva por título «Apología y Discurso
quinto», y en ella Pérez de Herrera da respuesta a un total de once objecio-
nes que se han interpuesto a sus discursos previos. En su «Discurso sexto»
se centra en la forma en la que se ha de fundamentar la creación de los al-
bergues, y otros detalles relacionados con su conservación y perpetuidad.
En el «Discurso séptimo y epílogo» hace diez proposiciones, seguidas de
diez advertencias, con lo que pretende destacar y aclarar la intencionalidad
de sus discursos. Su «Discurso octavo» contiene algunos relatos, instruc-
ciones y cartas de confirmación y aprobación de los discursos incluidos,
en las que participaron, según relata en esta sección, insignes teólogos,
oradores en Cortes, y catedráticos en propiedad de las Universidades espa-
ñolas. En este discurso da la ubicación y características que eligió para el
albergue que el rey don Felipe le autorizó construir en la villa de Madrid,
destacando particularmente la descripción de las características que exige
a dicho establecimiento, que ponen de manifiesto su formación y expe-
riencia médica.
63 ÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pág. 65.
P
64 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pp. 66-67.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 45-54. ISSN: 0482-5748
46 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Figura 6. Imagen de Cristóbal Pérez de Herrera a sus 56 años, sacada de la obra
Compendium totius medicinae. Imprenta Luis Sánchez, Madrid, 1614
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 46-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 47
Por último, aparece su «Discurso noveno», dedicado íntegramente al
ejercicio y amparo de la milicia. En su condición de militar, no podía fal-
tar este capítulo en su obra, como buen conocedor de las necesidades que
sufrían los militares, una vez finalizado su servicio de armas, tal y como el
propio Pérez de Herrera soportó en la etapa final de su vida, en la que, inclu-
so se vio obligado a solicitar ayuda a la Corona para poder publicar alguna
de sus obras. Él lo expresó muy bien en este libro, como lo prueban los dos
fragmentos seleccionados:
«Después de haber escrito a V. M. los discursos precedentes en la materia
del amparo y reducción de los pobres mendigantes, y todos los demás destos
reinos, me pareció no salir fuera del propósito e intento a que voy endereza-
do, recopilar en éste lo que en el discurso tercero se trata, y la forma y traza
que se da, para que en estos reinos se conserve la industria, de donde nace la
riqueza, fortaleza, y defensa de las provincias y poblaciones dellos. Y también
para que se eche de ver cuán a propósito y conveniente es que, de la mano
real y liberalísima de V. M., salga el remedio de otros verdaderos pobres, que
por ser de los más honrados que hay en el mundo, es santa cosa, y muy justa
que no queden sin remedio, pues todos de la clemencia de V. M. le alcanzan.
Éstos son, Señor, los soldados, que, profesando la milicia, y defendiéndonos
con valor y virtud, sirviendo a V. M. pusieron, y ponen de ordinario a riesgo
sus vidas, y dellos, los que quedaron con ellas están de suerte que, por las
heridas que en sus cuerpos recibieron y trabajos que han padecido, los vemos
estropeados e inútiles, o tan cargados de la edad, que, por no estar para ser-
vir, obliga a darles el remedio que merecen sus obras. Y porque los demás mis
pensamientos y conceptos se han visto en el Consejo de conciencia y justicia,
adonde ha sido Dios servido se ha descubierto el celo y deseo con que he
procurado acudir a los demás pobres, me pareció en éste hacer memoria de
lo que toca a gente de guerra, que tiene necesidad de socorro para sustento
de su vida, para que en el de Estado y Consejo della se trate de su remedio;
y si algo en lo que dijere y diere escrito se hallare a propósito, se elija, pues
podría ser que en este discurso haya algunas cosas fáciles de ejecución…»65
«Esto es, Señor, lo que se me ofrece acerca del ejercicio de la milicia, por
la ocasión que se ha movido de tratar de gente de guerra; y volviendo al punto
e intento que llevo, que es del aumento de la caridad, para que una profesión
tan honrada como es ésta, sea por muchas vías favorecida y amparada de V.
M., y todos se inclinen a seguir este camino, que tan bien afortunado ha sido
en la nación española, pues es temida y estimada en todo el mundo; y de tanta
importancia para extenderse nuestra santa fe católica, y engrandecerse los
65 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pp. 161-162.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 47-54. ISSN: 0482-5748
48 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
reinos de V. M., y así, para conservación y aumento desta profesión, podría
ser V. M. servido que en esta Corte hubiese una congregación de caballeros
de caridad, calidad y hacienda, soldados viejos, hasta en número de seis u
ocho, o los que pareciere a V. M., que siendo ricos servirán estos oficios sin
salario, por solo buen celo y servicio de nuestro Señor, que yo sé que hay
muchos que holgarían emplearse en esto con mucha voluntad y caridad, y
que por ellos se eligiese un protector general de la milicia cada año dellos
mismos, y dos diputados, los cuales tengan cuidado de solicitar y favorecer
en el Consejo de guerra de V. M. el buen despacho de los capitanes, soldados,
y otros oficiales, que vinieren a pretender a esta Corte, para que sean pre-
miados y acrecentados, y para que se les pague lo que se les debiere de sus
sueldos que no han podido cobrar»66.
En este mismo «Discurso noveno», el doctor Pérez de Herrera dedica
varias subsecciones a tratar de forma específica sobre el amparo de: solda-
dos ordinarios; capitanes, alféreces, sargentos y otros soldados hidalgos y
de calidad; así como a todas las personas que sirven en la guerra. Resulta
muy loable y de justicia su esfuerzo encaminado a conseguir amparo para la
gente que expuso o sacrificó su vida por la patria. En esto también Pérez de
Herrera ha sido pionero, y merece ser reconocido por ello.
Proverbios Morales y Consejos Cristianos muy Provechosos
De su otra destacada obra, Proverbios Morales y Consejos Cristianos
muy Provechosos, aparte del interés humanístico que puede tener su conte-
nido, cabe resaltar la importancia que para nosotros tuvo el contenido de la
sección «Relación de los muchos y particulares servicios, que por espacio
de cuarenta y un años el doctor Cristóbal Pérez de Herrera, protomédico
de las galeras de España, médico del rey N.S. y del reino, protector y pro-
curador general de los pobres y albergues dél, ha hecho a la majestad del
rey Don Felipe II que está en el cielo, y a la de D. Felipe III N.S. que Dios
guarde mucho y felicísimos años»67, de la cual se ha extraído la mayor parte
de la información bibliográfica sobre el doctor Pérez de Herrera, dada la
escasez de información contemporánea sobre su persona.
66 ÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1598, pág. 165.
P
67 PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: op. cit., 1618, pp. 166-183.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 48-54. ISSN: 0482-5748
MÉDICOS MILITARES ILUSTRES DEL RENACIMIENTO 49
Sus obras médicas
Aparte de las referidas obras, por las que es más conocido el doctor
Pérez de Herrera, también publicó algunas de carácter exclusivamente mé-
dico, si bien éstas las escribió en latín. Entre estas obras, destacan particu-
larmente las tres siguientes68:
− Clypeus puerorum, sive de corum curatione inmutanda, nec
non valetudine tuenda animadversiones aliquot, Imprenta Luis
Sánchez, Valladolid, 1604. Esta obra también salió impresa en
castellano (Defensa de las criaturas de tierna edad, con algunas
dudas y advertencias acerca de la curación y conservación de su
salud, Imprenta Luis Sánchez, Valladolid, 1604).
− Compendium totius medicinae ad tyrones, eis magna distinctio-
ne, et claritate modus discendi, et provectioribus reminiscendi
insinuans, in tres libros divisum, ex veterum ac neotericorum
authoritatibus, et monumentis, prout compendiosa et brevis ma-
teria exposcit, acutissime elaboratum. Imprenta Luis Sánchez,
Madrid, 1614. Tal como destaca Hernández Morejón en su li-
bro, este compendio «es de lo más selecto que se escribió en su
tiempo, es conciso, y dispuesto con un orden y método admi-
rables». En esta obra, Pérez de Herrera empieza haciendo una
descripción de lo que es la medicina y de sus objetivos, para lue-
go disertar de los métodos que emplea, y finalmente hacer una
exposición de cómo debe asistirse a los enfermos, pensando en
la elección del mejor tratamiento para las diversas enfermedades
(de cabeza, pecho, vientre, hernias o partos).
− Brevis et compendiosus tractatus de essentia, causis, notis,
praesagio, curatione et precuatione faucium et guthuris angino-
sorum ulcerum morbi soffocantis garrotillo hispane appellati:
cum quibusdam conclusionibus maximi momento ex ipstus cu-
rationis mee dulla decerptis, circa exactiorem cognitionem et
medalam hujus periculosissimi affectus. Imprenta Luis Sánchez,
Madrid, 1615. Una obra, eminentemente práctica, dedicada al
garrotillo, la difteria, en la que, tras definir esta enfermedad
como un proceso inflamatorio, con úlceras de carácter cancero-
so, maligno, pestilente, epidémico y contagioso, describe distin-
tos tipos de tratamiento, tanto de tipo preventivo como curativo,
si bien en la mayor parte de los casos el desenlace es fatal.
68 HERNÁNDEZ MOREJÓN, Antonio: op. cit., 1846, pp.155-165.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 49-54. ISSN: 0482-5748
50 RAMÓN SOTO MÉNDEZ Y FERNANDO J. PONTE HERNANDO
Muerte de Pérez de Herrera
Acerca de su muerte, se suele decir que ocurrió en Madrid en el año
1620, sin embargo, no hay total seguridad del año exacto de su fallecimien-
to, por lo que parece más prudente decir que sucedió después de 161869,
o bien, en el primer tercio del siglo XVII70.
Como conclusión de esta biografía se puede afirmar que el doctor
Cristóbal Pérez de Herrera fue un abnegado médico militar, siempre al ser-
vicio de los reyes Felipe II y Felipe III, que ejerció con profesionalidad y
valentía su oficio de médico, y que cuando fue necesario hacer uso de las
armas en el campo de batalla, tampoco dudo en hacerlo. Y esto no fue todo,
sino que, al final también afloró en él su lado humano, dedicando mucho
tiempo a la defensa de los necesitados, dando soluciones para su protección
y amparo, dentro de los que se incluye la creación de albergues para sacarlos
de las calles. Y, sobre todo, fue también pionero en pedir amparo para los
hombres que formaron parte del ejército, que después de servir y luchar en
los campos de batalla, una vez finalizado su servicio, se veían desamparados
y abandonados a su suerte. Por todo ello, su nombre y su obra merecen ser
siempre recordados. Como se ha dicho, su obra final constituye un prece-
dente de la previsión y asistencia social71.
69 RANJEL, Luis S.: op. cit., 1959, pág. 5.
G
70 HERNÁNDEZ MOREJÓN, Antonio: op. cit., 1846, pp.155-165.
71 GONZÁLEZ DE SAN SEGUNDO, Miguel Ángel: «Un precedente del estado asisten-
cial. El “Amparo de la Milicia” en la obra del doctor Cristóbal Pérez de Herrera» en
Revista de Estudios Políticos, n.º 49, 1986, pp. 243-257.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 50-54. ISSN: 0482-5748
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Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 55-100
ISSN: 0482-5748
RHM.02
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO.
EL MÉDICO DE BALER.
HÉROE Y GLORIA DE LA SANIDAD MILITAR
Miguel LEIVA RAMÍREZ1
RESUMEN
El presente trabajo es un relato del Sitio de Baler orientado a la labor
desarrollada por Rogelio Vigil de Quiñones. Comenzando con sus antece-
dentes familiares y su etapa en el Valle de Lecrín, citamos a continuación
algunos aspectos importantes que incidieron en la salud de los sitiados y la
actuación de Vigil desde las dos facetas que aunaba en su condición de mé-
dico militar, concluyendo con un análisis de su figura histórica.
PALABRAS CLAVE: Sitio de Baler. Beriberi. Médico militar. Filipinas.
ABSTRACT
This work is an account of the Site of Baler aimed at the work deve-
loped by Rogelio Vigil de Quiñones. Beginning with his family background
1 Teniente Especialista en situación de Reserva. mleiram@[Link]
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 55-100. ISSN: 0482-5748
56 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
and his time in the Lecrin Valley, we cite below some important aspects that
affected the health of the besieged and the performance of Vigil from the
two facets that he combined in his condition as a military doctor, concluding
with an analysis of his historical figure.
KEY WORDS: Siege of Baler, beriberi, military doctor, Philippines.
*****
NACIMIENTO, FAMILIA Y ESTUDIOS EN LA UNIVERSIDAD
DE GRANADA
R
ogelio Vigil de Quiñones y Alfaro nació el uno de enero de 1862 en
Marbella (Málaga), fruto del matrimonio que formaban Francisco
Vigil de Quiñones Díez de Oñate y Josefa Alfaro Vicente, ambos
naturales de la misma localidad.
Los antecedentes familiares de Rogelio son de larga tradición militar
y están íntimamente ligados a la historia de Marbella desde la época de la
Reconquista, contándose varios de ellos entre los regidores de la ciudad. Sus
ascendientes más directos, bisabuelo, abuelo y padre, fueron todos militares
y marbelleros.
Su padre, Francisco Vigil de Quiñones y Diez de Oñate, ingresó como
soldado voluntario en el Batallón Provincial n.º 2 de Málaga, desarrollando
su carrera militar en numerosas campañas, hasta que, en octubre de 1875,
después de 37 años de servicio pasó a retiro con el empleo de comandante
debido a una lesión sufrida durante la batalla del Puente de Alcolea que
afectó gravemente a la visión de su ojo derecho. En 1857, se casó con Josefa
Alfaro Vicente, natural de Marbella. El 18 de enero de 1858 nació en Valen-
cia su primer hijo, Francisco. Cuatro años después, estando destinado en el
Regimiento Fijo de Ceuta con el empleo de capitán, nacería en Marbella el
segundo, Rogelio.
Rogelio, pasaría su infancia entre Marbella y Ronda, ciudad esta úl-
tima en la que nacieron sus dos siguientes hermanos, Ildefonso en 1863 y
María Dolores en 1867. El quinto, Carlos, lo haría en Granada en 1870, ciu-
dad donde su hermano Francisco comenzó la carrera de Medicina en 1873.
Será por esas fechas, cuando toda la familia se traslade a la ciudad Nazarí,
estableciéndose en la calle Campanas de Santo Domingo.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 56-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 57
En 1875, inició la enseñanza secundaria en el Instituto Provincial de
Granada, destacando como brillante estudiante2. En 1879 al finalizar el ba-
chillerato, y siguiendo los pasos de su hermano Francisco3, comenzó los
estudios de Medicina en la Facultad de Granada. Obtuvo la licenciatura de
Medicina y Cirugía en 1886, después de consolidar una sólida base formati-
va para el posterior desarrollo de su actividad facultativa.
En diciembre de ese año, Rogelio se convirtió en el primer médico
titular de las localidades de Chite y Talará, situadas en el Valle de Lecrín
(Granada).
Médico rural en el Valle de Lecrín
Los once años de su desempeño profesional en estas tierras, serán un
aprendizaje perfecto para el momento que marcará su vida, el sitio de Baler.
Por la hemeroteca de esos años conocemos algunos aspectos del traba-
jo que allí realizó. Las reyertas eran algo cotidiano en las numerosas ventas
que existían en la carretera de Granada a Motril, provocando heridas de fue-
go o arma blanca, e igualmente sucedían con frecuencia accidentes o caídas,
ocasionando fracturas en brazos y piernas, mordeduras de animales, etc.
Tifus, viruela, difteria, eran enfermedades infecciosas que aparecían
cíclicamente, propagándose con rapidez a causa de la miseria y la falta de
aseo e higiene. En 1891 en Chite, hubo varios casos de viruela, aunque en
Murchas4 la situación fue alarmante, con 60 de los 300 habitantes infectados.
Su estancia en el valle de Lecrín, le sirvió para integrarse a fondo en
las costumbres de aquellos pueblos, participando siempre que la ocasión lo
requería en las actividades que se organizaban. Tenía un carácter afable y le
gustaba acudir a las fiestas, especialmente las de Talará y Murchas. En estas
celebraciones podía cumplir con sus profundas convicciones católicas, una
2 btuvo unas calificaciones extraordinarias con sobresaliente en todas las asignaturas y
O
premios en Latín, Castellano, Historia de España, Psicología, Lógica, Ética, Aritmética,
Álgebra y Física y Química.
3 Francisco realizó la carrera entre 1873/1878, en 1879 ingresó por oposición como oficial
médico alumno en la Academia del Cuerpo de Sanidad Militar, ascendiendo en julio
de 1880 a médico segundo. Después de pasar por el Hospital Militar de Granada y el
Regimiento de Infantería de las Antillas, en 1882 fue destinado a la Fábrica de Pólvora
de Granada y en 1885 le correspondió destino por sorteo al Hospital Militar de la Ha-
bana (Cuba), adonde se dirigió acompañado de su esposa, la granadina María Francisca
Anguita, que falleció un año después a causa de la fiebre amarilla. De esta misma enfer-
medad fallecería también Francisco el 16 de agosto de 1892 en el Hospital de la Habana.
4 Además de Chite y Talará, atendía las localidades cercanas de Murchas, Mondujar y
Acequias.
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58 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
de sus señas de identidad, y a la vez disfrutar de dos de sus aficiones como
eran la música y el baile. Organizaba veladas nocturnas a las que asistía lo
más escogido de la sociedad, e incluso, en alguna se atrevió con el teatro,
otra de sus aficiones.
Durante estos primeros once años de su actividad como médico, el
contacto directo con la gente, especialmente la más humilde y sin recursos,
le hizo asumir un compromiso de generosidad y altruismo que dejaba a un
lado sus propios intereses. Talante que debemos resaltar como otra de las
características de su personalidad, pues siempre demostró con su manera de
afrontar la vida que el bien común estaba por encima de cualquier preten-
sión personal.
En las visitas era propenso a no cobrar, «a fin de no aumentar las mi-
serias del prójimo» –escribiría su hijo-, lo que hacía que sus ingresos fueran
escasos a pesar del mucho tiempo que dedicaba a sus pacientes.
Con estos mimbres vivió Rogelio en el Valle de Lecrín, hasta que los
acontecimientos dentro y fuera de España cambiaron su vida.
En febrero de 1897 tomará la que sería una de las decisiones más im-
portantes de su vida, solicitó una plaza de médico provisional5 con destino
a Filipinas. Petición que fue aceptada el 3 de octubre por una real orden
publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra n.º 221 de 1897.
El porqué de esta decisión obedece a varias razones. La primera de
ellas, la tradición militar, muy arraigada en su familia y con los antecedentes
más recientes de su padre y su hermano Francisco, que falleció en La Habana
siendo médico primero de Sanidad Militar. En segundo lugar, la economía
familiar, al igual que Francisco le ayudó económicamente durante la carrera,
él asumió la de Carlos en la facultad de Derecho, junto a los gastos ocasiona-
dos por su madre que estaba ingresada en un sanatorio granadino. Se apunta
también un posible desengaño amoroso. Al parecer, se enamoró de la hija de
uno de los terratenientes de la zona, quien, al enterarse, prohibió a su hija la
relación alegando que un médico de pueblo era poca cosa para ella.
El caso es que Rogelio decidió dar un nuevo rumbo a su vida convirtién-
dose en médico provisional de Sanidad Militar y embarcó en Barcelona el 4
de diciembre rumbo al puerto de Manila a bordo del vapor Isla de Mindanao.
5 sta figura fue ya utilizada entre 1833 y 1878 (de la Primera Guerra Carlista al final de la
E
Guerra de los Diez años) y se retomó debido a la demanda de personal sanitario durante la
Guerra de Cuba en 1895. Inicialmente solo cubrían las vacantes que dejaban en España los
médicos militares enviados a Cuba, pero cuando los conflictos se extendieron a Filipinas,
hubieron de enviarse también médicos provisionales a Ultramar, disponiéndose a su vez,
que estos pudieran ser médicos civiles. Una vez nombrados, quedaban sujetos a la jurisdic-
ción militar, asimilados al empleo de segundo teniente, con un sueldo anual de 1200 pesos
y adquirían ventajas como optar a condecoraciones, caso de hacerse acreedores a ellas.
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 59
Breve apunte de la Sanidad Militar en Filipinas a su llegada
En general, los aspectos relacionados con la sanidad jugaron un im-
portantísimo papel en todas nuestras posesiones ultramarinas. Las dificulta-
des para adaptarse al clima, una dieta en ocasiones inapropiada y el efecto
de un conjunto de enfermedades tropicales de las que se desconocía su etio-
logía y como combatirlas eficazmente, se cobraban entre las tropas más ba-
jas que el propio fuego enemigo.
En Filipinas, la morbilidad y la tasa de mortalidad de los europeos
eran muy superiores a las observadas en nuestras posesiones caribeñas. De
hecho, la tasa de mortalidad en los europeos triplicaba la de los naturales
filipinos. Según el Dr. J.M. Massons6, el paludismo, por ejemplo, era cinco
veces más mortífero allí que en Cuba y su morbilidad el doble.
Aunque la mayoría de las patologías eran idénticas en ambas zonas,
cabe resaltar la inexistencia de fiebre amarilla en el territorio filipino, donde
las enfermedades más frecuentes eran: la anemia tropical, los catarros intes-
tinales, el beriberi, la disentería, el cólera, la hepatitis de los trópicos y el
paludismo, este último, con especial incidencia en la isla de Luzón. Y si la
aclimatación de los europeos era complicada, los soldados durante los rigo-
res de la campaña a duras penas la alcanzaban, como demuestra el hecho de
que el 90 % de las bajas lo fueran como consecuencia de las enfermedades
tropicales y no en acciones de combate.
La Brigada Sanitaria de Filipinas, se subdividía en dos secciones, una
para la isla de Luzón y otra en Mindanao, y cada sección en tantas escuadras
como hospitales o enfermerías había en cada una de estas islas. En cuanto al
personal, a la llegada de Vigil la plantilla era de 131médicos militares, 51 de
ellos como él, médicos provisionales. Una particularidad importante de esta
Brigada Sanitaria era que, salvo los mandos, la casi totalidad de la tropa era
indígena y, además, no había médicos naturales del país.
Estancia en Manila
Cuando el dos de enero de 1899 llegó a la capital, era uno de los 9597
militares (5004 europeos y 4593 indígenas) que componían la fuerza en
revista de la guarnición de Manila.
6 ASSONS, José María. Historia de la sanidad militar española. Barcelona. Pomares-
M
Corredor, 1994. 4 v.
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60 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
Después de dos semanas de adaptación y trámites administrativos, el
18 de enero, fue nombrado para el servicio de guardias del Hospital Militar
de Malate7, desempeñado por los oficiales médicos destinados expresamen-
te al efecto.
Durante el mes de su llegada se contabilizaron en el citado hospital
1985 entradas y 70 fallecidos8. Grosso modo, la mitad de estas cifras co-
rresponden al periodo que Rogelio estuvo en el servicio de guardias, hasta
el 3 de febrero, fecha de su designación como director de la enfermería que
habría de establecerse en Baler9.
Rumbo a Baler
Baler era la capital del distrito del Príncipe, situado a unos 250 km al
noreste de Manila y bajo la jurisdicción de un capitán con el cargo de coman-
dante político militar auxiliado por un cabo y varios números de la Guardia
Civil. Su aislamiento natural y poco interés estratégico, contribuyeron a que
la insurrección no tomase protagonismo allí hasta el verano de 1897, cuando
se decidió el envío de 50 hombres del Batallón de Cazadores Expedicionario
n.º 2 al mando del primer teniente José Motta Hidalgo para guarnecer la zona.
A partir de entonces, las tropas allí destacadas sufrieron dos asedios en la igle-
sia del pueblo, único edificio de mampostería que ofrecía protección. Primero
fue el destacamento del teniente Motta en octubre de 1897, y después el del
capitán Jesús Roldán Maizonada en enero de 1898. Pacificado el distrito por
una columna al mando del comandante Génova Iturbe, el capitán general,
ordenó el relevo de estas fuerzas con una nueva guarnición compuesta por
un nuevo destacamento de 50 hombres del 2 de cazadores expedicionarios
al mando de los tenientes Juan Alonso Zayas y Saturnino Martín Cerezo que
llegaron a bordo del vapor Compañía de Filipinas el 13 de febrero a Baler. En
7 as 400 camas del Hospital de Manila, se quedaron escasas durante la campaña, aparte
L
de que sus instalaciones no reunían las mínimas condiciones los enfermos comenzaron
a hacinarse en tal número, que hubo de utilizarse el hospital civil de San Juan de Dios y
habilitar como clínicas varios edificios y cuarteles adyacentes, al igual que los pabellones
del cuartel de Malate, que se convirtieron en un nuevo hospital permanente. AYCART,
Lorenzo. La Campaña de Filipinas. Recuerdos e impresiones de un médico militar. Ma-
drid. Imprenta del Cuerpo de Administración Militar. 1900.
8 AYCART, Lorenzo. Op. cit.
9 Las instalaciones sanitarias de Luzón, se dividían por su importancia en hospitales y
enfermerías. Entre los primeros, los fijos de Manila y Malate junto a los provisionales de
Bailuang, Batangas, Calamba, Cavite, Indang y Naic. Las enfermerías estaban situadas
en San Miguel de Mayumo, San Isidro, Cabanatúan y la prevista en Baler que no llegaría
a constituirse. AYCART, Lorenzo. Op. cit.
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 61
el mismo barco lo hicieron también, el recién nombrado comandante político
militar del distrito, capitán de Infantería Enrique de las Morenas y Fossi, el di-
rector de la enfermería que debía allí establecerse, teniente médico provisional
Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro con tres sanitarios (dos indígenas y uno
peninsular) y el franciscano fray Cándido Gómez Carreño que regresaba a su
parroquia. En total 57 militares y un religioso que llegaban en la nueva etapa
que se abría después del pacto de Biak-na-Bató con el que, de momento, se
había puesto fin a la insurrección.
En este periodo, el 21 de abril de 1898, los Estados Unidos entraron
en guerra con España, el 1 de mayo, el almirante Dewey, hundió nuestra
flota en Cavite, bloqueando después por mar la capital, Manila. A partir de
entonces y con la reactivación de la rebelión filipina apoyada por los ameri-
canos, nuestros destacamentos del resto de Luzón, fueron cayendo uno tras
otro, sin posibilidad de recibir ningún tipo de apoyos debido a la perdida del
control marítimo.
Aislados y desconocedores de la situación10, los españoles destacados
en Baler se hicieron fuertes en la iglesia el 30 de junio de 1898.
El momento más trascendental en la vida de Rogelio Vigil de Quiño-
nes es el sitio de Baler. Si algo caracteriza este brillante, singular e irrepe-
tible episodio de nuestra historia militar, es que fue un logro colectivo, una
gesta en la que todos y cada uno de sus protagonistas dieron lo mejor de si
mismos, ofreciendo al mundo una lección de superación, determinación y
resistencia bajo unas circunstancias épicas. Negándose a la rendición que le
exigían los sitiadores por una cuestión de honor: habían llegado allí con una
misión que cumplir, defender la soberanía española de aquel territorio y es-
taban decididos a cumplirla, aunque para ello tuvieran que dejarse la vida en
el empeño. Y a fe que lo hicieron. De hecho, fueron los únicos 33 militares
españoles11 que no conocieron la derrota en el Desastre del 98.
10 on el último correo recibido a mediados de mayo, quedaron informados en parte de
C
lo que estaba sucediendo. Tan solo conocieron la declaración de guerra americana y el
hundimiento de nuestra flota en la bahía de Manila. A partir de entonces, los esfuerzos
por comunicarse con la capital y recibir noticias fueron infructuosos porque la provincia
limítrofe de Nueva Écija, por donde iba y venía la estafeta, ya estaba en manos de los
filipinos. Desde mediados de mayo no tendrán noticias fidedignas de nada de lo que
vaya sucediendo hasta junio de 1899.
11 Los supervivientes del asedio fueron 35, los 33 militares y dos religiosos franciscanos,
fray Juan López Guillén y fray Felix Minaya Rojo. Ambos entraron en la iglesia el
20 de agosto de 1898 como parlamentarios y ya no salieron, decidieron quedarse con
los sitiados compartiendo sus mismas penalidades hasta el día de la capitulación. Otro
franciscano, fray Cándido Gómez Carreño que estuvo en la iglesia desde el inicio, fue la
primera víctima del beriberi, falleciendo el 25 de septiembre de 1898. Sirvan estas pa-
labras como homenaje y reconocimiento a esos tres héroes olvidados del sitio de Baler.
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62 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
Nos centraremos principalmente en la actuación de Vigil de Quiñones
en sus dos facetas, la facultativa y la militar. Aunque antes veremos algunos
aspectos que de una u otra manera afectaron la salud de los sitiados durante
la defensa.
Sin duda echamos en falta la crónica que el propio Vigil pudiera haber
hecho de sus vivencias durante el sitio, pero lamentablemente carecemos de
ella porque nunca escribió nada sobre su experiencia en Baler, ni tampoco,
en relación a cualquier etapa de su vida. Era un hombre reservado y mo-
desto, al que no le gustaba hablar del sitio, decía que lo único que hizo fue
cumplir con su deber.
Particularidades del recinto. Factores de higiene y sanitarios
que incidieron en la guarnición de Baler
La iglesia de Baler era un edificio de solida construcción, con muros
de metro y medio de espesor hechos de una mezcla de piedras, arena y cal,
con dos dependencias anexas. El convento –la casa del párroco– tenía dos
plantas, la inferior, fabricada de los mismos materiales que la iglesia y la
superior toda ella hecha de madera, mismo material empleado para levantar
la otra estancia contigua a la iglesia, la sacristía.
Iglesia de Baler
Durante los primeros días, los sitiados, dirigidos por el teniente Alon-
so Zayas, se dedicaron a los trabajos de fortificación, para lo que se comenzó
derribando la planta alta del convento con objeto de aprovechar su madera,
una parte fue utilizada para reforzar el edificio y el resto se reservó para des-
tinarla como combustible. De esta manera, los muros desnudos del conven-
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to, de dos metros de altura, terminaron formando un corral de seis metros y
medio de lado, y el pasillo que unía la entrada del convento con la sacristía,
un patio de nueve por tres metros y medio. Las seis ventanas del corral
quedaron tapadas y aspilleradas para poder mantener fuego desde ellas. En
el centro, el teniente Martín Cerezo y cinco soldados consiguieron cavar un
pozo, asegurando algo tan importante y decisivo como era el suministro de
agua potable12, para protegerlo de posibles asaltos, abrieron tres troneras en
el muro situado entre el patio y el corral.
La puerta de paso desde la sacristía al pasillo se parapetó con un muro
de sacos de manera que se entraba y salía con bastante dificultad y solo si era
de uno en uno. La sacristía igualmente se fortificó con un muro interior he-
cho con cajas llenas de arena y se abrieron seis troneras para su protección.
En el interior de la iglesia, todas las puertas y ventanas quedaron aspi-
lleradas con sacos de arena13, mantas y cajas, dejando solamente el espacio
por donde vigilar y poder hacer fuego. En el baptisterio –apéndice semicir-
cular que sobresalía casi un metro del muro este de la iglesia– se hicieron
tres aspilleras para cubrir los flancos norte y este.
El perímetro exterior quedaba asegurado por dos trincheras, la princi-
pal desde la puerta sur hasta la este, mientras la otra resguardaba por el oeste
el muro de la sacristía.
Curando en la trinchera. Diorama de Diego Fernández
En el patio, estaba la cocina y el horno para cocer el pan, fabricados
con losas del pavimento de la iglesia. En el hueco que dejó la escalera por la
que se accedía a la planta alta del convento se hizo un espacio para el aseo
12 otable, pero como apunta el padre Félix Minaya, cargada de salitre y en ocasiones de
P
otras sustancias poco higiénicas.
13 La arena empleada para la fortificación se extrajo de un agujero hecho a tal fin en el
centro de la nave de la iglesia.
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personal. El corral tuvo un uso variado en el tiempo según las circunstancias
del asedio, lugar de esparcimiento, lavado de ropa, pilar el arroz, etc. y tam-
bién para cumplir con las necesidades fisiológicas.
La fortificación suponía un factor decisivo para la defensa, era in-
franqueable, pero a su vez, adolecía de grandes inconvenientes: mantenía el
interior de la iglesia en una penumbra constante, impedía la correcta ventila-
ción de la nave, dejando en su interior un aire viciado, denso y casi irrespira-
ble, a lo que se sumaba una humedad del 85 %, la alta temperatura media del
clima tropical –no inferior a 27 grados– y el suelo convertido en un barrizal
debido al agua de lluvia que entraba a través de los numerosos agujeros que
los disparos del enemigo provocaban en la techumbre.
Además, el poco espacio disponible se veía mermado por el que ocu-
paban los víveres, las municiones y el resto de impedimenta, incluso los
instrumentos de la banda del pueblo. Unos víveres la mayoría de ellos ave-
riados por la humedad y que desprendían un olor nauseabundo, acompaña-
dos de una fauna de moscas, gusanos parásitos, etc.
Aunque durante los primeros meses pudieron salir esporádicamente
al corral, el aire que allí respiraban tampoco era mucho mejor. Al menos
hasta mediados de octubre no se horadó un orificio en la pared oeste para
su uso como urinario hacia el exterior. Letrina y pozo ciego no se hicieron
hasta después del 14 de diciembre. Es decir, que antes de esas fechas los de-
sechos quedaban en el suelo del corral hasta que ocasionalmente podían ser
arrojados fuera. No parece agradable imaginar en qué condiciones estaría la
tierra del corral bajo los efectos del agua de lluvia mezclada con los restos
orgánicos y excrementos que se iban acumulando, ni tampoco las moscas
e insectos que revoloteaban y pasaban de aquella hedionda superficie a po-
sarse en las partes desnudas de quienes estaban en sus inmediaciones. Cabe
decir que la mayoría de los sitiados permanecieron casi descalzos y semi-
desnudos durante gran parte del asedio.
En la iglesia comenzaron el sitio 54 individuos, sobreviviendo final-
mente 35 de ellos, en una nave rectangular cuyo interior medía 21metros de
largo por 8,5 de ancho lo que equivale a compartir una superficie inferior a
180 metros cuadrados, en unas condiciones verdaderamente infrahumanas.
La enfermería. Material sanitario y personal auxiliar
La paz de Biak-na-Bató marcó un paréntesis en la guerra de Filipinas,
abriendo una etapa de relativa calma, momento que las autoridades españo-
las aprovecharon para introducir, entre otras, algunas medidas orientadas a
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 65
mejorar su despliegue de fuerzas. Dentro de la planificación de la Inspec-
ción de Sanidad del Archipiélago, a principios de 1898 se decidió la insta-
lación de una enfermería de nueva creación en Baler con capacidad para 10
camas, destinando como director de la misma a Rogelio Vigil de Quiñones.
Esto, coincidió en el tiempo con el relevo de las fuerzas de Infantería allí
destacadas, si bien, la enfermería estaba prevista para el envío y recupera-
ción de enfermos y convalecientes de otras regiones, al igual que ya se había
hecho con buenos resultados en Cebú y Zamboanga14, es decir, Vigil no era
el médico del destacamento.
Desconocemos las instrucciones que recibió respecto a la programa-
ción para ponerla en funcionamiento, pero el reglamento para el régimen
y servicio de las enfermerías militares vigente desde 1893, nos da algunas
pistas. De inicio, los requisitos para establecer una enfermería en un lugar
determinado eran, disponer en ese punto de una guarnición permanente no
inferior a cien hombres15, la no existencia de hospital militar o civil en las
inmediaciones y disponer de un local con las condiciones higiénicas y admi-
nistrativas convenientes para su uso.
La búsqueda de ese local y su acondicionamiento debió ser la tarea
inicial de Vigil. La falta de fondos, imposibilitó que pudiese acondicionarse
y equiparse con las debidas exigencias alguno de los ya existentes en el
pueblo, o bien, en su caso, afrontar la construcción de uno nuevo. El respon-
sable de proporcionarlos era el comandante político-militar, capitán De las
Morenas, a través de la recaudación de impuestos. Sin embargo, esta alcan-
zó unas 10.000 pesetas que solo llegaron para pagar los sueldos, del párroco,
oficiales del destacamento, teniente médico, la tropa y los sanitarios.
De todas formas, en algún sitio hubo de establecerse Vigil con los
sanitarios. Por él mismo conocemos que por orden del capitán se trasladó
«juntamente con el botiquín adonde estaba la fuerza». La cuestión es, ¿des-
de dónde se trasladó? Según el sanitario desertor Paladio16 la enfermería se
encontraba en una casa cerca de la comandancia, y aunque esa afirmación
ofrece dudas por el contexto en que se realizó, parece plausible, pues en
14 sí lo indica el dictamen del expediente de Manila. AGMS. Caja 3351/26628. Expe-
A
diente instruido en averiguación de la conducta observada por el destacamento de Ba-
ler durante el sitio que sufrió desde el 27 de junio del año 1898 hasta el día 2 de junio
de 1899 en que capituló. Manila, 1899.
15 De aquí podemos inferir que dentro de los planes de futuro se incluía el despliegue per-
manente de una unidad de más entidad en Baler.
16 Paladio se presentó en Manila (diciembre 1898) para hacer creer a las autoridades es-
pañolas que el destacamento de Baler se había rendido y estaba prisionero. Luego se
descubrió que fue una estratagema para frustrar la comisión española que se estaba
preparando para evacuar a los sitiados.
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66 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
esa zona estaban las principales edificaciones. Gracias a una carta del pa-
dre Gómez Carreño a sus superiores en Manila, conocemos que como a su
llegada el convento estaba destrozado, tenía «habilitada una casa enfrente
de la iglesia bastante espaciosa». Ya que fray Cándido, al menos en junio,
ya estaba viviendo en el convento, en esa casa, u otra cercana, bien podría
haber estado después Vigil con el botiquín y los sanitarios.
Los planes siguientes, de haberse dispuesto de un local en condicio-
nes, según el reglamento citado, eran que, una vez visado y aprobado por
la Inspección de Sanidad, se concediese una remesa de diez camas con el
material sanitario, de farmacia y administrativo correspondiente para su fun-
cionamiento. A partir de ese momento el gobernador, o el comandante polí-
tico militar en el caso de Baler, sería el jefe nato de esa nueva dependencia,
y quien resolviese las incidencias de orden interior. El médico quedaría a
cargo del personal sanitario y la dirección de la enfermería.
No obstante, Vigil llegó con algún material que resulta confuso deter-
minar. En el telegrama que anunciaba su llegada a Baler, leemos «la enfer-
mería de diez camas que ha de establecerse y cuyo material va a bordo» ¿A
qué material de la enfermería se refiere?
El teniente Martín Cerezo al relatar la llegada, cita el desembarco de
provisiones y munición, sin especificar más. Aunque sabemos que, en marzo
de 1899, como jefe de la defensa, facilitó a la tropa algunas prendas de la en-
fermería que estaban a cargo del destacamento y que no se habían entregado
a la misma porque esta no llegó a establecerse.
Vigil manifestó finalizado el asedio: «me trasladé a la iglesia junto
con el botiquín». Por aquellas fechas, un botiquín respondía a dos cajas
de madera con cantoneras metálicas cerradas con correas y que al abrirlas
giraban sobre dos bisagras formando una mesilla, con su interior comparti-
mentado en diferentes divisiones y cajones conteniendo material quirúrgico,
farmacéutico y utensilios.
Hay otras dos menciones que corroboran que existía un botiquín den-
tro de la iglesia. Una, de manera explícita, la cita Minaya en su manus-
crito, cuando él y el padre López entraron en la iglesia en agosto de 1898
como parlamentarios, el capitán De las Morenas les conminó a quedarse con
ellos, «Uds. queridos padres ya no salen de aquí, se quedan con nosotros», y
para convencerlos añadió «Tenemos médico y botiquín». La otra, de forma
figurada, es la clausula segunda de la capitulación, dando a entender que
finalmente se lo quedaron los filipinos: «Los sitiados deponen las armas,
haciendo entrega de ellas al jefe de la columna sitiadora, como también los
equipos de guerra y demás efectos pertenecientes al Gobierno Español».
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Además del botiquín, debió llevar lo ordenado en el artículo 153 del
reglamento del Cuerpo de Sanidad Militar: «Los Oficiales de sanidad desti-
nados a los Cuerpos del Ejército deberán tener y conservar siempre en estado
de buen uso una caja completa de instrumentos de amputación, resección,
trépano, ligadura de vasos y cateterismo, y la bolsa de los portátiles que
presentarán al Jefe del Cuerpo, al tiempo de tomar posesión de su destino.».
Que Vigil estuvo con la suya en Baler, viene a confirmarlo la reclamación
de «dos pagas en concepto de resarcimiento por perdida de ropas, efectos
y material científico de su propiedad en la última campaña de Filipinas»17.
Entre las cosas que perdió con su equipaje en el robo de Bongabón junto con
la documentación, se encontraban unos libros de botánica, ciencia de la que
era muy aficionado y gran conocedor.
En cuanto a los medicamentos, hay testimonios evidentes de su uso,
incluyendo el aceite de oliva que se reservó para la enfermería. De una ma-
nera vaga, pues solo se indica el precio de estos, tenemos constancia de
que, al menos parte de esos fármacos, viajaron con él en el Compañía de
Filipinas el 5 de febrero, como indica el anverso de su pasaje a Baler, donde
figuran entre otros conceptos: medicinas 49 reales, con la anotación Alma-
cén Militar General San Juan de Dios, Santa Potenciana, que suponemos era
la procedencia de la mayoría de los artículos relacionados.
La ubicación del espacio concreto que se utilizó dentro de la iglesia
como enfermería, tampoco se cita expresamente, aunque sí su existencia. En
ese lugar, estarían el botiquín, los medicamentos, etc. y en sus proximidades
las camas tanto de Vigil como del sanitario Bernardino Sánchez Caínzos.
También, al menos una camilla donde se atendiera inicialmente al herido/
enfermo cuando las circunstancias lo permitiesen y que los heridos graves
se trasladasen a esa zona para estar vigilados más de cerca. En el resto de
casos, como por ejemplo durante la epidemia de beriberi, es muy posible
que los enfermos permanecieran en sus camas respectivas.
El sitio más indicado para la enfermería era junto a la pared de la sa-
cristía. Así parece por el testimonio del cabo García Quijano «el que declara
estaba en cama en la sacristía como consecuencia de su herida». Y por el del
teniente Martín refiriéndose a los presos: «fue necesario sacarlos a la iglesia
en cuyo centro se les dispusieron unas camas», se entiende en el centro y
en las proximidades de la sacristía, pues Alcaide se fugó saltando por una
ventana frente a esa ubicación.
Vigil de Quiñones llegó a Baler con tres auxiliares para montar la
enfermería, un cabo y un sanitario filipinos y un sanitario peninsular. Los
17 Diario oficial del ministerio de la Guerra n.º 50 del viernes 4 marzo de 1904.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 67-100. ISSN: 0482-5748
68 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
dos filipinos desertaron el día 27 de junio de 1898 y en consecuencia Vigil,
afrontó el asedio disponiendo únicamente del europeo como auxiliar y la
ayuda puntual de los dos franciscanos, padre López y Minaya. Del sanita-
rio Sánchez Caínzos apenas encontramos una mención y es en el diario de
operaciones, citándole como uno de los mejores soldados del destacamento
debido a ser uno de los más destacados tiradores y por sus buenas cualidades
y subordinación. De igual manera cumplió de manera brillante su trabajo de
sanitario siendo un gran apoyo para Vigil.
Víveres disponibles. La alimentación
Un aspecto fundamental para la salud y que resultó determinante du-
rante el sitio fue el relativo a la alimentación. Las carencias nutricionales
y las malas condiciones de los víveres, fueron las causas que motivaron la
epidemia de beriberi que sufrió el destacamento y, además, la escasez de
los mismos según avanzaba el asedio, en la causa que obligó a los sitiados a
poner fin a la defensa.
Aunque desconocemos la cantidad exacta de víveres disponibles al
inicio, sabemos que en el vapor que transportó a las tropas a Baler, llegaron
raciones para cuatro meses18 y que después, ya no recibieron ninguna más.
Es decir, con las iniciales aguantaron cuatro meses y medio hasta el 30 de
junio que quedaron sitiados, y después, otros tantos hasta el 18 de octubre,
fecha en que ya conocemos las existencias: 34 sacos de harina (765 kg) más
50 sacos (1125 kg) de los dados de baja en abril del 98 por estar en mal
estado, 4 sacos de garbanzos (100 kg) más 10 sacos (250 kg) de los dados
de baja en abril del 98 por estar en mal estado, 15,5 sacos de habichuelas
(387,5 kg), 5 sacos de arroz (125 kg), 6 sacos de mongo –judías pequeñas–
(150 kg), 4 latas de café una en mal estado (60 kg), 7 latas de azúcar (161 kg),
16 latas de aceite (37,5 litros). A estas cantidades han de sumarse 60 cavanes
(3540 kg) de palay –arroz sin descascarillar– que el padre Carreño había
comprado días antes de comenzar el sitio. Una vez pilados pudieron aprove-
charse de ellos 21 cavanes (1239 kg).
No obstante, todos estos artículos se encontraban en paupérrimas
condiciones. Como indica Martín Cerezo en su libro: la harina estaba fer-
mentada y formando mazacotes, algunos sacos de garbanzos contenían solo
polvo de ellos y gorgojos, la mayoría del tocino estaba lleno de gusanos y
18 a guarnición estaba compuesta por cincuenta y siete hombres: el comandante político
L
militar, los 52 militares del destacamento y los 4 de la enfermería, siendo 120 los días,
el calculo nos lleva a 6840 raciones.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 68-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 69
con un sabor repugnante, muchas latas de sardinas averiadas, la manteca
rancia, las habichuelas incomestibles.
Resumiendo, racionando los víveres que llegaron con ellos en febre-
ro de 1898 –desde esa fecha ya no recibirían nada– consiguieron aguantar
hasta la capitulación el 2 de junio de 1899, contando además con 60 cavanes
de arroz del padre Carreño y una cantidad de raciones, remanente de los
destacamentos anteriores que, a pesar de haberse dado de baja debido a su
mal estado, estaban guardados en el depósito.
No debemos cerrar este capítulo sin mencionar otros alimentos que
fueron decisivos para la supervivencia de los sitiados. A partir del 14 de
diciembre, cuando ya fue posible salir por los alrededores de la iglesia, aña-
dieron al rancho diario una serie de plantas, frutos, frutas (naranjas), hojas,
tallos etc., e incluso a nivel individual, comieron ratas, serpientes, cuervos,
caracoles y otros animales que cazaban en las inmediaciones. Incluso logra-
ron matar tres carabaos –finales de febrero principios de marzo de 1899–
con los que se dieron un festín de carne durante diez días.
La alimentación de los sitiados pasó por tres etapas, la primera in-
cluye los seis primeros meses del asedio, marcada por la aparición de la
epidemia de beriberi. La segunda, desde mediados de diciembre hasta abril,
es cuando lograron vencer al beriberi añadiendo plantas y tallos al rancho.
En la tercera desde abril a la fecha de capitulación, se agudizó la escasez de
víveres y el hambre hizo acto de presencia de una manera alarmante y cruel.
El cansancio acumulado. El estrés
Sin entrar en las muchas situaciones de peligro inmediato que se vi-
vieron durante el asedio, la actividad rutinaria de los sitiados fue ya de por sí
muy dura y exigente. Las guardias tuvieron desde inicio a fin del sitio entre
12 y 14 puestos que cubrir – de dos horas y en ocasiones de hasta seis-, de
día y de noche. A las seis de la tarde, la mitad de los que estaban libres entra-
ban de cuarto y a la una, la otra mitad. Es decir que prácticamente estuvieron
24 horas en vigilia permanente durante 337 días seguidos, uno detrás de
otro. Todo ello además bajo un fuego casi constante, recluidos en un edificio
sin apenas movilidad, mucho tiempo en penumbra, sin apenas ventilación,
con una humedad y calor asfixiantes, en pésimas condiciones higiénicas, in-
certidumbre a todas horas, viendo morir a sus compañeros, luchando contra
el desánimo, la enfermedad, el cansancio y el hambre que cada día iba a más
como a menos la ínfima calidad y cantidad de los víveres disponibles.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 69-100. ISSN: 0482-5748
70 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
En definitiva, los héroes de Baler soportaron una situación prolonga-
da de estrés físico y sicológico como pocas veces se ha dado en la historia
y, que, sin duda, además de mermar su salud, merecería un estudio más
profundo.
Vicisitudes de la enfermería. Vigil de Quiñones, el médico de Baler
Podríamos introducir abundantes argumentos para resaltar la enorme
importancia de la labor y el papel fundamental que juega el médico militar
especialmente en campaña, sin embargo, nos parecen más elocuentes las
palabras que el teniente Martín escribió refiriéndose a las penalidades del
asedio previo sufrido por el capitán Roldan en la misma iglesia de Baler
durante el mes de enero de 1898:
«…a la escasez y mala condición de los víveres, fuego incesante, reclu-
sión obligada tras de los muros de la iglesia y un servicio penoso, habían
agregado el de faltarles todo elemento sanitario; careciendo, pues, de medi-
camentos y de médico, habían tenido que presenciar el amargo espectáculo
de ver a sus enfermos y heridos poco menos que abandonados; inútil es ha-
blar de lo mucho que desalienta este abandono».
La guarnición de Baler tuvo que luchar contra los filipinos, el fuego
de cañón y fusil, el hambre y la enfermedad, no cabe duda de que en to-
das estas luchas participó Rogelió Vigil de Quiñones, pero contra la última,
contra la enfermedad y el cuidado incondicional de los heridos fue donde
sostuvo su pelea más tenaz y elogiable.
El 30 de junio de 1898 entraba en la iglesia, con el pie izquierdo des-
trozado y ayudado por sus compañeros, el cabo Jesús García Quijano. Al ce-
rrarse las puertas del templo en ese momento, comenzó el sitio de Baler y la
actuación de Vigil de Quiñones, quien procedió a efectuar la cura –ayudado
por el sanitario Sánchez Caínzos-, de una herida penetrante por impacto de
bala que afectó gravemente los huesos de la zona tarsiana del pie izquierdo
del cabo con fractura de los mismos19.
Poco después, el 18 de julio en medio de un terrible ataque, uno de los
centinelas de la torre, Julián Galbete Iturmendi resultó herido por una bala
que, tras rebotar en el cañón de su fusil, le penetró por el pectoral derecho
19 l cabo Quijano, padeció los efectos de esta herida durante todo el asedio. Eso no impi-
E
dió que apoyado en unas muletas participara en algunas ocasiones con sus compañeros
en la defensa. A su vuelta a España fue intervenido en el hospital militar de Barcelona, si
bien, ya no volvería a recobrar con normalidad la movilidad de su pie izquierdo.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 70-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 71
cruzando al costado izquierdo para quedar finalmente alojada por debajo
del costillar. Aún tuvo arrestos el valiente cazador para bajar y avisar a sus
compañeros. Cuando Vigil se acercó al soldado consiguió reducir la hemo-
rragia de la herida que calificó de carácter «gravísimo». Durante catorce
días Galbete recibió los cuidados del médico, que poco pudo hacer ante la
gravedad de los daños ocasionados por el proyectil. El 31 de julio, Galvete
se convirtió en la primera baja del destacamento y la iglesia, a sus varias
funcionalidades, añadió la triste de convertirse en improvisado cementerio.
Todos lloraron la perdida de un compañero, pero poniéndonos en el lado del
médico, siempre es una experiencia muy dura saber que alguien se muere
y no puedes hacer nada por salvar su vida, tan solo mitigar su dolor y darle
ánimos. Esta triste experiencia se repitió otras dieciséis veces más durante
el sitio, juntos verían morir a sus compañeros y juntos rezarían mientras los
enterraban en una sencilla ceremonia.
El 15 de agosto curó al soldado Pedro Planas, de una herida contusa
de arma de fuego en la parte media de la región frontal y el 22 a otros dos
soldados de sendas heridas contusas del mismo origen, a José Sanz Vera-
mendi en la parte media de la región occipital y a Francisco Real Yuste en el
lóbulo de la nariz. Todos de carácter leve.
La llegada del mes de septiembre aparentemente no traía grandes
novedades con respecto a los dos anteriores, el fuego diario de fusilería y
cañón ya entraba en lo cotidiano y durante esos días Vigil, que se turnaba
por las noches en la guardia con el teniente Martín, atendió a varios heridos.
Concretamente, el 12 realizó la cura de una herida contusa leve por arma de
fuego en la cara posterior del antebrazo derecho del soldado Juan Chamizo,
y el 16, la de una herida igualmente leve contusa de bala que afectó las re-
giones parietal y escapular izquierda de su compañero Ramón Mir.
Aproximadamente, hacia la tercera semana, algunos soldados comen-
zaron a sentir las piernas cansadas, entumecidas y algo hinchadas, a notarse
con menos fuerza y a sentir palpitaciones ocasionales, aunque no le dieron
mucha importancia, después de dos meses y medio encerrados a nadie le
resultó extraño. Además, como el rancho se había comenzado a reducir en
previsión de que el sitio se alargara, era normal esa sensación después de
apenas dormir por las noches y descansar muy poco durante el día, ninguno
por el momento, prestó atención a esas circunstancias.
Vigil de Quiñones, sí que empezó a observar algo extraño, aunque en
esos momentos le preocupaba especialmente la situación de dos enfermos,
el soldado Rovira Mompó y el padre Carreño. El primero arrastraba una di-
sentería aguda desde mediados del mes de agosto y el franciscano, hombre
de salud delicada, ya precisó su atención en los primeros días del sitio, según
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 71-100. ISSN: 0482-5748
72 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
relata Minaya por «unas malignas calenturas que le pusieron a la puerta del
sepulcro» – Carreño pudo ser uno de los sitiados que padeció paludismo20–
logrando recuperar la salud, continúa Minaya «debido tal vez a los servicios
atentos y con prodigalidad propinados del médico señor Vigil». Poco des-
pués, fray Cándido volvió a padecer un catarro intestinal, y a continuación
fue cuando Vigil observó que mostraba con claridad los síntomas del beri-
beri, enfermedad de la que el 25 de septiembre fue el primero en fallecer, y
que se convertiría en el azote de los sitiados.
El beriberi
El beriberi21 es una enfermedad carencial causada por el déficit se-
vero de vitamina B1 o tiamina, una vitamina hidrosoluble necesaria para
el metabolismo de los carbohidratos, principales moléculas destinadas a la
conservación y aporte de la energía en nuestro organismo.
En la actualidad los casos de beriberi son escasos, sin embargo, entre
el último tercio del siglo XIX y principios del XX tuvo una alta prevalencia
en algunos países asiáticos, especialmente entre la población reclusa y la
tripulación de algunos barcos, desconociéndose la causa que lo provocaba y
por consiguiente su tratamiento.
Probablemente, si Vigil de Quiñones hubiese escrito sobre la epide-
mia que asoló a la guarnición de Baler y de cómo consiguieron vencerla, su
estudio habría resultado muy importante para el conocimiento del origen
de la enfermedad y hoy hablaríamos de él como uno de los precursores en
establecer la relación entre dieta y beriberi.
No obstante, hizo un diagnóstico impecable de las causas de la en-
fermedad, pues coincidió con las que constituían consenso entre los espe-
cialistas de la época. La humedad constante del sueldo, mala calidad de las
sustancias alimenticias, hacinamiento y mala ventilación, además de falta
de higiene.
Como hoy sabemos, la tiamina, se incorpora al organismo a través de
la dieta. Alimentos ricos en vitamina B1 son, por ejemplo, los cereales, car-
ne, fruta, vegetales de hoja verde y vísceras como el hígado, corazón o riño-
nes. En datos aproximados, el aporte adecuado de tiamina en varones es de
20 egún declaraciones de Vigil en Manila, las tres enfermedades que sufrieron los sitiados
S
fueron, beriberi, disentería y paludismo.
21 Su nombre procede del cingalés, beri significa débil, como en este idioma el superlativo
se forma repitiendo la palabra, beriberi se traduciría como debilísimo o muy débil.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 72-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 73
1,2 mg al día, y nuestra capacidad de almacenamiento de ella son 25 mg22.
Es decir, que la escasa ingesta de vitamina B1 asociada a su gasto excesivo
durante un periodo continuado, conllevó a una carencia severa de la misma
en la mayoría de individuos, provocando en unos antes y en otros después
la aparición de beriberi. A esto se suma el hecho de que si los alimentos,
como fue el caso en Baler, son atacados por bacterias, insectos u hongos, su
contenido en tiamina se ve muy disminuido.
El último día de septiembre falleció el soldado Francisco Rovira
Mompó víctima de la disentería que ya venía padeciendo y que se agravó
–coincidiendo con la aparición de los primeros síntomas de beriberi– hasta
causarle la muerte.
Los siguientes tres meses van a ser terribles y van a poner a prueba la
resistencia, la abnegación, la fuerza moral, la entrega de los sitiados en un
grado tal, que a veces desbordará los límites de lo humanamente soportable.
Será aquí cuando el trabajo del médico Vigil de Quiñones adquiera una im-
portancia decisiva y cuando su intuición para vencer la epidemia colabore
de manera determinante al mantenimiento de la posición.
Meses de octubre y noviembre. La épica y el sufrimiento
en el sitio de Baler
Comenzaba el mes de octubre y, mientras dentro de la iglesia la en-
fermedad se extendía de manera alarmante, los filipinos atacaban cada día
con más fiereza.
El 9 de octubre a las once de la noche, el beriberi acabó con la vida
del cabo José Chaves Martín y en la madrugada del 10 con la del soldado
Ramón Donat Pastor. Enterrar a dos compañeros a la vez fue si cabe mucho
más triste y alarmante, coincidiendo con que ese día, varios soldados, afec-
tados de beriberi, ya no podían mantenerse de pie y se vieron obligados a
guardar cama.
En el semblante de todos, comenzaban a aparecer los primeros sínto-
mas de desesperanza, la muerte se convirtió en una amenaza cada vez más
cierta a medida que el número de enfermos aumentaba. La evolución de la
enfermedad seguía un curso desolador y quien caía en ella podía comprobar
los padecimientos que le esperaban viendo a los compañeros que ya sufrían
los síntomas en las diferentes etapas por las que transcurría el afectado de
beriberi hasta acabar, en los casos más agudos, con su fallecimiento.
22 [Link]
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 73-100. ISSN: 0482-5748
74 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
El primer indicio era la aparición de una hinchazón, principalmen-
te en las extremidades inferiores, después llegaba la perdida progresiva de
movilidad hasta que el cuerpo quedaba finalmente paralizado dejando al
individuo postrado en el catre aguardando la muerte23. Tras cada óbito Vigil
emitía un certificado indicando la hora, fecha y causas del fallecimiento,
dejando así constancia oficial del suceso.
El día 13, como consecuencia del nutrido fuego de cañón y fusilería
durante toda la jornada hubo varios heridos. El teniente Martín sufrió una
contusión leve en el pómulo derecho, el soldado Ramón Mir, herido por
segunda vez, una herida leve en la cuarta costilla izquierda. También resultó
herido el teniente médico Vigil de Quiñones, a causa de la esquirla de un
proyectil que impactó en la parte superior de la región lumbar de su costado
derecho causándole una herida de carácter grave mientras se encontraba con
el resto de la fuerza rezando el rosario. Cada día, al caer la tarde y avisados
por el sonido de una campanilla, los que estaban libres de servicio acudían
frente a una pequeña imagen de María Inmaculada para rezar el rosario. Esta
costumbre fue una propuesta del padre Carreño nada más iniciarse el asedio
que enseguida aprobó el capitán De las Morenas convirtiéndolo en rutina
diaria. Eran momentos de recogimiento personal en los que se respiraba una
atmósfera especial y por los que Vigil sentía verdadera devoción. El destino
quiso que fuera en ese momento cuando los filipinos lanzaron uno de sus
peores ataques contra la iglesia y él cayese gravemente herido. De la magni-
tud de la herida que sufrió, habla el testimonio de su nieta, quien asegura que
la cicatriz que la herida dejó en el costado de su abuelo era como un «hueco»
del tamaño de su puño.
Tardó dos semanas en restablecerse, curándose con la ayuda de un
espejo y auxiliado por el sanitario. A pesar de su estado, no quiso en ningún
momento dejar de atender a los enfermos, haciéndose trasladar sobre una
silla al lado de cada uno de ellos.
Uno de los enfermos, a quien Rogelio venía cuidando desde primeros
de este mes y siguió cuidando ahora sobre una silla, era el jefe del destaca-
23 os soldados, llegaron a crear unas listas que llamaron sarcásticamente «expediciones
L
al otro mundo», según Martín Cerezo, o «expediciones para la otra vida», Minaya. En
ellas estaban relacionados todos los sitiados según la fase de la enfermedad en que se
encontraban, ocupando las primeras posiciones aquellos en más grave estado, cuyo des-
tino sería la primera expedición y así, sucesivamente, se iban colocando los candidatos a
ocupar plaza en la segunda, tercera, etc., hasta llegar a los que aún no presentaban sínto-
mas, situados en los últimos lugares con la observación «en expectación de embarque».
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 74-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 75
mento, teniente Juan Alonso Zayas, que falleció el 18 de octubre24. A partir
de ese momento, su compañero Martín tomó el mando del destacamento.
Lo estrenó haciendo varios cambios en la fortificación que permitie-
ron una mejor circulación de aire y renovar el ambiente viciado que se res-
piraba en el interior. También se hizo un agujero en la pared del corral con
un canalillo hacia el exterior a modo de urinario. Estas medidas, tomadas
con la mejor intención, aunque mejoraron en algo la higiene general, poco
pudieron hacer para detener la epidemia de beriberi que cada vez castigaba
con mayor crueldad a los sitiados.
A las dos de la tarde del 22, el soldado José Lafarga Abad moría a cau-
sa de la disentería aguda que arrastraba. Ese mismo día, los disparos desde
las trincheras echaron abajo la tronera de una de las ventanas de la fachada
principal, apercibidos del daño que podrían causar por el agujero abierto,
mantuvieron el fuego toda la noche hacia ese punto. A las seis de la mañana
del día siguiente el soldado Miguel Pérez Leal fue herido en su mano dere-
cha por una bala que le impactó después de entrar por la aspillera derribada.
Los trabajos de reparación no pudieron acometerse durante unos días debido
al estado de agotamiento al que habían llegado los sitiados. Tal era la situa-
ción que el capitán aumentó la cantidad de tocino en el rancho y permitió la
venta de víveres a los más enfermos para facilitar su recuperación.
Pérez Leal fue atendido inmediatamente por Vigil. El soldado, una
vez realizada la primera cura, –para cortar la hemorragia, Vigil utilizó tela-
rañas, agua fresca y algunas hierbas-, pidió regresar a su puesto, hasta que a
causa de los dolores que sufría fue obligado a retirarse. Este episodio es re-
velador de la grandeza de aquellos héroes, Pérez Leal, no quiso ser relevado
viendo a sus compañeros agotados y enfermos, y solo a la fuerza consintió
hacerlo. También, es otro testimonio de la dedicación del médico de Baler
que aún sin estar del todo recuperado, bajo ninguna circunstancia dejó de
atender a sus heridos y enfermos.
La herida de Pérez Leal estaba situada en la cara dorsal del segundo
metacarpiano de la mano derecha y resultó de carácter grave. La curación en
los días posteriores se complicó con caries y cicatrizó con estiramiento de la
piel y retracción del extensor de los dedos causándole dificultad permanente
para la completa flexión de la mano. Permaneció en la enfermería hasta el
final del asedio y, lamentablemente, quedó inútil de la mano derecha para el
resto de sus días.
24 ra uno de los tres que llegó con problemas de salud, se estaba recuperando de una
E
dolencia de corazón cuando fue enviado a Baler, otro era el padre Carreño y el tercero
el capitán que sufrió unas neuralgias en el viaje de ida.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 75-100. ISSN: 0482-5748
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El 25, Vigil certificaba como los terribles efectos del beriberi se co-
braban la vida del soldado Román López Lozano. A estas alturas del sitio, el
análisis de la situación era estremecedor. Ha pasado un mes desde la muerte
del padre Carreño, primera víctima del beriberi y en este corto espacio de
tiempo se han sumado a la lista de fallecidos cuatro más por beriberi y dos
por disentería, lo que nos lleva a un promedio de un muerto cada cinco
días. El número de enfermos no para de crecer y los individuos útiles para
el servicio no llegan a la veintena, viéndose obligados en ocasiones a supri-
mir algunos puestos de centinela. Pronto, los enfermos comenzaron a entrar
también de servicio, apenas sin excepciones, aunque Vigil tuvo que obligar
a más de uno a quedarse en cama porque su estado era ya casi agónico. Dado
que apenas podían ponerse de pie, eran llevados en brazos hasta el puesto de
centinela y allí, sentados en una silla aguantaban seis horas –normalmente
eran dos, pero hubo que aumentarlas para economizar los relevos– vigilando
con el fúsil preparado, hasta que, finalizada la guardia, de la misma mane-
ra eran devueltos a la cama. Por la entereza, valentía y entrega con la que
aquellos hombres afrontaron estos durísimos momentos, se ganaron quedar
inscritos en las páginas de la historia como los héroes de Baler.
Mes de noviembre
Con la llegada del mes de noviembre, el curso del beriberi continua
inexorable llevándose en las dos primeras semanas a otros cuatro soldados.
Después de terribles agonías, el 8 encontraba la muerte Juan Fuentes Damiá.
Ese mismo día era curado en la enfermería Ramón Ripollés Cardona a causa
de una leve contusión en la mejilla izquierda. Al día siguiente fallecieron
también de beriberi Baldomero Larrode Paracuellos, que no pudo confe-
sarse porque se le había paralizado la lengua y Manuel Navarro León. Tres
muertos en 24 horas. El 14, igualmente con terribles padecimientos falleció
de beriberi Pedro Izquierdo Arnaiz. Apenas doce hombres del destacamento
no presentaban síntoma alguno de enfermedad.
Alarmado por la progresión que tomaba la epidemia, Vigil buscaba
la manera de invertir sus efectos y vencerla. Ante una enfermedad de la que
se desconocían las causas y un tratamiento adecuado, él intentaba poner en
práctica un remedio que diera resultados, un día una cataplasma a modo de
emoliente para bajar la hinchazón, otro unos baños de vapor. En ocasiones
aparecía en algún enfermo cierta mejoría después de estos intentos, pero
pronto la esperanza se desvanecía y había que empezar de nuevo, aun así,
nunca se resignaba o desistía, siendo consciente, y así lo testimoniaron mu-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 76-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 77
chos de aquellos enfermos que lograron sobrevivir, de que era el único que
con su presencia consolaba e infundía ánimo y confianza entre tanta des-
gracia. Viendo que sus esfuerzos eran inútiles, estaba convencido de que, si
no cambiaba algo en aquella dinámica, todos, a no pasar mucho tiempo se
verían abocados a la muerte.
El 22 de noviembre a media tarde, el capitán De las Morenas se con-
virtió en la décima víctima del beriberi y décimo tercera del total de fa-
llecidos desde que comenzó el sitio. Los primeros indicios de que sufría
la enfermedad comenzaron a finales de octubre y por los datos que sobre
su estado aportan Martín Cerezo y el padre Minaya pensamos que su caso
muestra evidencias de haber padecido el síndrome de Wernicke-Korsakoff,
presente en los casos más extremos del beriberi seco25. Este síndrome con-
siste en dos etapas, durante la primera la encefalopatía de Wernicke causa
daños en el tálamo y el hipotálamo, y a continuación, aparece el síndrome
de Korsakoff que implica pérdida de memoria y estado mental confuso. Su
agonía fue horrible, sufría parálisis en las piernas, no aceptaba la comida y
vomitaba constantemente, perdiendo totalmente la noción del sitio donde
se encontraba y sufriendo delirios y alucinaciones en las que creía estar en
compañía de los suyos. Para todo el destacamento, la muerte del capitán fue
muy sentida, obviamente también para Vigil, quien sentía una gran admira-
ción por él. A partir de este día y hasta el final del sitio, el teniente Martín
asumirá el mando de la defensa.
Mes de diciembre
Entre finales de noviembre y principio de este mes, Vigil de Qui-
ñones, ya totalmente recuperado de la grave herida que sufrió, comenzó a
mostrar los primeros síntomas de beriberi. Por las noches, a escondidas, él
y Martín Cerezo salían por el agujero que daba acceso a la trinchera de la
sacristía y comían hierbas y plantas en las inmediaciones. Y es que la parte
noroccidental era una de las zonas más expuestas a los disparos de uno y
otro bando, circunstancia que posibilitó que nadie pisara ese terreno y que
la vegetación creciera a su libre albedrío avivada por la estación de lluvias.
25 xisten dos tipos de beriberi, denominados seco y húmedo, los cuales presentan dife-
E
rente sintomatología. El húmedo afecta al sistema cardiovascular y sus síntomas prin-
cipales son inflamación en la parte inferior de las piernas, taquicardia, congestión pul-
monar y reducción del volumen de la orina. El seco, más común en personas que hacen
poco ejercicio físico, afecta al sistema nervioso, presentando pérdida de sensibilidad
en manos y pies, parálisis de las extremidades inferiores, daños cerebrales, confusión,
dificultades en el habla, movimientos oculares involuntarios y vómitos. [Link]
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 77-100. ISSN: 0482-5748
78 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
Vigil empezó a notar entonces una mejoría en la evolución del beri-
beri. En una de esas noches, fueron sorprendidos por los filipinos y solo la
suerte impidió que fueran alcanzados por un disparo de cañón. El incidente
cortó de manera radical las salidas, volviendo Vigil a recaer en la enferme-
dad. De esta manera, Rogelio estableció una relación entre la ingesta de ve-
getales y la mejora en su estado. Algo que será muy importante y definitivo
para superar la epidemia de beriberi.
El 8 de diciembre, día de la Inmaculada, patrona del Arma de Infante-
ría, falleció de beriberi el soldado Rafael Alonso Medero.
Las condiciones dentro de la iglesia estaban ya al límite y puestos a
morir sufriendo con la enfermedad se plantearon hacer una salida a la deses-
perada con dos fines, capturar algún prisionero y conocer lo que estaba pa-
sando, y quemar el pueblo para alejar la línea de trincheras que les rodeaba.
El teniente Martín se fijo una fecha para efectuarla, sería la víspera de
nochebuena. Sin embargo, las circunstancias le obligaron a adelantarla. Vi-
gil había empeorado de forma alarmante y llamó a su compañero «Martín yo
ya me muero; estoy muy malo. Si pudie-
sen traer algo verde de fuera quizá me-
joraría, y, como yo, estos otros
enfermos». Martín le contestó, que,
aunque tenía proyectada una salida para
el 23, ahora ya no podía esperar, quema-
rían el pueblo al día siguiente. Vigil
viendo que apresurar los planes podría
suponer una catástrofe le dijo que su
vida importaba poco, «pero yo, que le
veía decaer por momentos, a pesar de
sus vigorosas energías, le respondí: «No
hay más remedio que quemar el pueblo,
y se hará mañana mismo, suceda lo que
suceda, porque si no lo hacemos, aquí
nos devora seguramente la epidemia».
En esos momentos quedaban en
la iglesia 41 hombres, de los cuales 15
estaban atacados por la enfermedad, 2
sufrían calenturas, 3 enfermos de disen-
tería y 2 heridos, si restamos a los dos
religiosos y al teniente, solamente 16
individuos podrían afrontar la difícil sa-
lida. Finalmente, aprovechando un mo- Reloj de Vigil de Quiñones
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 78-100. ISSN: 0482-5748
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mento en el que el campo filipino estaba en calma, salieron diez hombres
mandados por el cabo José Olivares. En una rápida maniobra y ayudados
por el fuerte viento lograron quemar todas las casas que rodeaban la iglesia,
dejando un terreno despejado de unos 200 metros.
Una vez dentro de la iglesia los protagonistas, Vigil de Quiñones, muy
emocionado y llorando, abrazó al cabo Olivares, y como premio a la haza-
ña que habían realizado le entregó el reloj que llevaba diciéndole «Tome
mi reloj, para que tenga un recuerdo mío». En esos momentos Rogelio fue
consciente de que aquella salida además de haberle salvado la vida, podía
salvar a todo el destacamento de morir a causa del beriberi26.
La salida del 14 de diciembre, efectuada el día 167 del asedio –curio-
samente en el ecuador de los 337 que duró-, es, sin duda, un hecho determi-
nante que marca un antes y un después en el Sitio de Baler, por la suma de
varios factores que fortalecieron la moral y las esperanzas de unos hombres
que aún estando al límite de lo soportable, consiguieron alejar a un enemigo
que prácticamente los había llevado al borde de la extenuación.
Es el momento a partir del cual, gracias a la aportación de tiamina
que proporcionaban las hojas de calabacera, plataneras y otras hierbas,
los sitiados comenzaron a vencer la epidemia de beriberi, tal como Vigil
de Quiñones, había intuido al asociar la toma de hierbas con su propia
mejoría.
Y es que la quema del pueblo y la destrucción de una parte de la trin-
chera filipina alejó la línea de hostigamiento de los sitiadores concediendo
un buen balón de oxígeno a los sitiados. Por primera vez en seis meses
pudo abrirse la puerta sur, mejorando la ventilación del interior y sobre todo
dando paso libre a la luz. Pudieron limpiar el corral de los restos fecales,
deshechos y basura que se habían ido acumulando durante esos seis meses
y abrir un pozo negro en el exterior a unos metros de la tapia al que a partir
de entonces por una zanja evacuaron los residuos de todo tipo. Además, los
materiales que se recogieron tanto por los alrededores de la iglesia como en
el interior de la comandancia: una escalera, vigas, tablas, clavos etc., sirvie-
ron para arreglar el techo y hacer otras reparaciones.
Con el enemigo a distancia podían sumar las naranjas de la plaza a las
diferentes hojas y hierbas que ahora podían recolectarse a diario. Igualmente
construyeron un huerto cerca de la puerta este y la trinchera.
26 l reloj fue devuelto por el cabo Olivares al hijo de Vigil de Quiñones y hoy lo conserva
E
la familia como si fuera un tesoro. Dicen que fue el reloj que marcó las últimas horas
de nuestro Imperio.
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80 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
Plano de la iglesia de Baler con leyenda
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 80-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 81
Comienza 1899. Han transcurrido 185 días de sitio
Con el primer día de aquel 1899, Rogelio cumplía 37 años27. Vencida
la epidemia de beriberi, la principal preocupación de los sitiados al comen-
zar 1899 era la escasez de víveres. Después de seis meses de asedio, los
efectos de la enfermedad, el cansancio acumulado y en definitiva todas las
penalidades que habían sufrido hasta entonces, se iban acumulando a la vez
que iban mermando las reservas de alimentos disponibles.
A pesar de que la trinchera enemiga se había distanciado, los ataques
seguían sucediéndose. El 13 de enero resultó herido el soldado Marcos José
Petana, una bala perdida, tras recorrer toda la iglesia rebotó causándole una
herida contusa en la región parietal izquierda. Fue atendido por Vigil, que la
pronosticó como de carácter leve.
Entró febrero sin otras novedades que los continuados tiroteos y la
creciente penuria de alimentos. El día 13 Vigil comprobó con tristeza como
el beriberi cobró su última víctima en el soldado José Sanz Veramendi. Era
uno de los que estaban enfermos el 14 de diciembre, encabezando como
uno de los más graves la lista para la siguiente expedición al otro mundo.
Durante dos meses Vigil intentó por todos los medios su restablecimiento,
sin poder impedir que el bravo soldado se convirtiera en el duodécimo y
postrero fallecimiento causado por el beriberi.
Enfermería de Baler. Diorama de Diego Fernández
27 espués del capitán que falleció a los 43 y Pedro Vila que contaba 39, Vigil con 37 era
D
el tercero en edad.
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82 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
Durante los tres primeros meses de 1899, no encontramos en los re-
latos de Martín Cerezo o Minaya ninguna referencia expresa de Vigil de
Quiñones. No cabe duda que continuó cumpliendo como uno más cuando
era necesario y por supuesto con su función facultativa. En la enfermería,
desde el primer día del sitio estuvo el cabo García Quijano, más tarde en
octubre, se sumó Pérez Leal y en diciembre entre otros Veramendi, al que
estuvo atendiendo dos meses.
El 28 de abril en una descarga de fusilería, sufrió una herida contusa
leve el soldado Pedro Planas por segunda vez, en esta ocasión, en la muñeca
derecha y región tenar del mismo lado.
El 7 de mayo, bajo un fuego intenso, el soldado Salvador Santamaría
Aparisi, que estaba de centinela en la ventana del coro, orientada hacía el
oeste, resultó herido por una bala que, entrando por la ventana opuesta y
tras rebotar en la pared, le hirió en el costado derecho. Al escuchar los gritos
subieron sus compañeros comprobando que yacía en el suelo inmóvil y san-
grando. Vigil de Quiñones, nada más llegar, se dio cuenta de la gravedad de
la herida, pues la bala tras entrar por el costillar derecho quedó incrustada
en la médula espinal dejando paralizados sus miembros por completo, fue
bajado y puesto en la cama bajo sus cuidados.
Un día después, una granada de cañón impactó sobre el baptisterio
y derribó parte de la pared exterior, dejando un enorme agujero y a los tres
presos que estaban en su interior, heridos y medio enterrados bajo los es-
combros. Vigil propuso al teniente Martín sacarlos para poder curarlos en
el interior de la nave mientras se reparaban los daños. Aunque el teniente se
mostró al principio reticente, acabó accediendo y los presos fueron colocados
en sus camas para ser atendidos en el centro de la iglesia. Vigil pudo precisar
entonces el alcance de las lesiones, el cabo González Toca presentaba una he-
rida de bala en la cara posterior y tercio medio del brazo derecho, el soldado
Alcaide una herida contusa de bala en la región subclavia izquierda y Mena-
che contusiones y erosiones en ambas mejillas. Después de la cura, quedaron
encadenados con grilletes a sus camas respectivas. Recordemos que en esos
momentos Santamaría estaba herido y bajo los cuidados de Vigil.
Mientras se procedía en el patio al reparto del rancho, Alcaide consi-
guió romper los grilletes bajo la cubierta de su cama y huir por una ventana
cercana que daba al muro este hasta alcanzar las trincheras filipinas.
El día 9 curó a dos soldados que resultaron heridos por contusiones,
Pedro Vila Garganté por metralla en la región epigástrica y Francisco Real
Yuste igualmente en ambas piernas.
El día 12 a la hora del rancho, Santamaría pidió a los curas que lo
confesaran, pero López y Minaya, al igual que Vigil, pensando que su muerte
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 82-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 83
no sería tan inminente, esperaron hasta cuando terminasen de comer. Al poco
llegó el sanitario Sánchez Caínzos diciendo que Santamaría estaba muriéndo-
se, los frailes, ahora sí, acudieron rápidamente pero no llegaron a tiempo de
darle la extremaunción porque Santamaría Aparisi murió instantáneamente.
Una semana más tarde, el 19 falleció por disentería el soldado Marcos
José Petana. Esta sería la última incidencia de la que tenemos constancia
antes de los fusilamientos.
Concluyendo, Martín Cerezo, reflejó en el diario de operaciones que
hubo 18 fallecidos (sin contar al padre Carreño), dos fusilados, dos por he-
ridas de bala, tres por disentería y once de beriberi. Heridos resultaron 20,
algunos varias veces. Si tenemos en consideración que los enfermos de be-
riberi o disentería se veían afectados por la enfermedad una media de 10-15
días (30 en el caso del capitán), que muchos enfermaron sin llegar a morir
(uno de ellos Vigil) y que el número oficial de heridos fue inferior al real
–a veces se cita herido fulano entre otros, que no se especifican– podemos
hacernos una idea de la frenética actividad de la enfermería, que en aque-
llas dramáticas circunstancias hubieron de afrontar tanto Vigil de Quiñones
como el sanitario Bernardino Sánchez.
No se dio importancia en su tiempo – porque se desconocía el efecto
que tuvo para vencer la epidemia de beriberi – a la aportación de vitaminas
(hecho científico que se conoce en 1926) que fue fundamental. La referida
epidemia, hubiese acabado con la resistencia del destacamento, puesto que,
de haber continuado con la misma escasa e inapropiada alimentación, irre-
mediablemente la totalidad del destacamento hubiese terminado falleciendo.
Un último apunte es que Vigil de Quiñones, que sepamos, fue el único
de los supervivientes que resultó herido de gravedad y que además enfermó
de beriberi.
La Defensa de Baler. Actuación militar de Vigil de Quiñones
Al comienzo del sitio, Vigil se trasladó a la iglesia con el botiquín
estableciendo el servicio para prestar allí la asistencia facultativa a la guar-
nición sitiada. Esta labor la compaginó participando activamente como uno
más en los combates desde el primer al último día que duró el asedio. El
teniente Martín así lo refleja en el diario de operaciones, distinguiéndolo
como uno de los más destacados:
«No he de concluir Excmo. Sr. sin antes recomendar a V.E. para que a su
vez lo haga al Gobierno de S.M. al Médico Provisional Don Rogelio Vigil y
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Quiñones que con gran abnegación y a pesar de estar herido grave no dejó de
asistir un momento a los enfermos y curar a los heridos, acudiendo también a
las aspilleras cuando su misión se lo permitía.»
También alternó en el turno de guardia por las noches. Hasta el mes de
octubre, una noche la hacían el Capitán De las Morenas y el teniente Alonso
y a la siguiente el teniente Martín y él «que a todo se prestaba y a todas partes
acudía voluntario, dando ejemplo de abnegación y resistencia». Al fallecer
el teniente Alonso, uno de los tres oficiales, De las Morenas, Martín o Vigil,
permanecían alerta sustituyéndose cuando podían, aunque la herida grave de
Vigil en octubre y la muerte del capitán en noviembre obligaron a Martín a
llevar el peso de las guardias en solitario durante algún tiempo. Recuperado
Vigil, suponemos, porque nada dice Martín al respecto, que hasta el final del
asedio fueron ellos dos los que cubrieron de alguna manera la alerta nocturna.
La hazaña de Vigil
El hecho de armas más importante de Rogelio Vigil de Quiñones tuvo
lugar la noche del 20 de abril. El centinela de la sacristía observó como algo
se acercaba en la oscuridad y disparó, al principio pensó que por el tamaño
podría tratarse de un carabao pequeño y que debía estar herido porque de
vez en cuando la hierba en ese lugar se movía. Poco después el centinela de
la ventana de la izquierda del altar avisó al teniente Martín que debajo de la
ventana sonaban latas delatando la presencia de varios hombres arrimados a
la pared. Desde la sacristía también resultaba evidente que había gente de-
bajo de esa ventana. El problema era que desde ninguna parte podía batirse
ese lugar porque lo impedían la propia esquina y la estrecha apertura de la
aspillera que no permitía al fusil apuntar con el ángulo de disparo necesario.
Ya se preparaban para efectuar una salida, sin duda peligrosa, cuando Vigil,
cogió su revolver y sacando el brazo por la ventana del altar comenzó a
disparar hacia los filipinos que estaban allí agazapados, sin importarle que
el enemigo pudiera habérselo cortado de un machetazo. Ante los disparos,
los asaltantes huyeron de ese lugar poniéndose a descubierto y a tiro de los
soldados que estaban apostados en la sacristía: «Aquel arranque, hijo es-
pontáneo de la desesperación y del heroísmo, pudo costarle caro a nuestro
compañero, porque la ventana estaba muy baja; pero a él debimos nuestra
salvación aquella noche», escribió Martín.
No fue eso lo único que consiguió Vigil con su acción, pues al día
siguiente, al inspeccionar el lugar encontraron varios haces de leña sobre la
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 85
pared de la sacristía y algunos palos, materiales con los que evidentemente
pretendía prenderle fuego. Ante la falta de combustible que tenían para pre-
parar la comida, esta leña fue un verdadero regalo.
De entre los 54 hombres que se encerraron el 30 de junio de 1898 en
la iglesia, tan solo 4 de ellos realizaron acciones individuales y uno de ellos,
como acabamos de ver, fue Rogelio Vigil de Quiñones. Creo que es justo
reseñarlo porque este detalle ha pasado desapercibido y honra más si cabe la
heroica actuación del médico de Baler durante el asedio.
Vigil de Quiñones, teniente
Los otros tres fueron, Gregorio Catalán Valero y Manuel Navarro
León, quienes, en septiembre, hicieron sendas salidas para quemar varias
casas del pueblo, gesta que Juan Chamizo por su parte realizó un mes más
tarde. No vamos a incluir a Alcaide Bayona en este apartado, pues, aunque
efectuó en octubre la salida junto a Chamizo, la consideración que hubiera
podido merecer por ello, quedó borrada después de haber traicionado a sus
compañeros.
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86 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
También fueron muy importantes otras dos acciones realizadas esta
vez en grupo. La salida y quema del pueblo, el 14 de diciembre de 1898 en
la que participaron el cabo José Olivares Conejero y los soldados Marcelo
Adrián, Antonio Bauzá, Ramón Buades, Gregorio Catalán, José Chamizo,
Santos González, Marcos José, Marcos Mateo, Miguel Méndez y Ramón
Mir. Y la operación de cegado de los agujeros que abrieron los filipinos en
el muro exterior del corral el 29 de mayo de 1899 impidiendo así que el
enemigo se hiciera con el control del pozo, cuyos protagonistas fueron, el
teniente Martín Cerezo y los soldados Miguel Pérez, Juan Chamizo, Eus-
taquio Gopar, José María Hernández y Luis Cervantes. Obsérvese que el
otro malagueño del grupo, Juan Chamizo, participó en todas las referidas
acciones, tanto a modo individual como en grupo.
La capitulación y los fusilamientos de Toca y Menache
Como hemos indicado, la falta de víveres acabó siendo la causa que
obligó a los sitiados plantearse la finalización del sitio intentando romper el
cerco filipino y salir al bosque. El 24 de abril se terminaron las habichuelas
y el café, limitándose a partir de entonces el rancho a unas hojas de naranjo
hervidas para el desayuno y en las comidas 5 kg. de arroz a repartir entre
toda la fuerza y dos latas de sardina por individuo. A estas alturas habían
acabado con los tallos y plantas de los alrededores y resultaba difícil encon-
trar algún pájaro, reptil o roedor que echarse a la boca. Fue entonces, cuando
el teniente Martín decidió que llegado el momento en que solo tuvieran
víveres para dos o tres días saldrían a la desesperada intentando llegar a
Manila. Nunca los defensores de Baler se plantearon la rendición, preferían
morir peleando en un combate cuerpo a cuerpo que caer prisioneros.
El 28 de mayo se acabó el arroz y solo quedaban 4 latas de sardi-
nas. Al día siguiente llegó el teniente coronel Cristóbal Aguilar a bordo del
vapor Uranus con órdenes del general Ríos para evacuar la guarnición y
transportarlos a Manila28, pero el teniente Martín, aunque con ciertas dudas,
lo tomó por un desertor y el jefe de las tropas sitiadoras. Aguilar, el 30 de
mayo, al finalizar sin éxito el parlamento con el teniente se marchó dejando
28 os intentos de evacuación de los sitiados por parte de las autoridades españolas fueron
L
dos, el capitán Miguel Olmedo Calvo en el mes de febrero de 1899 y el teniente coronel
Cristóbal Aguilar y Castañeda a finales del mes de mayo. Ninguno pudo cumplir con
su misión porque los sitiados no creyeron que fueran en verdad emisarios del general
Ríos y los tomaron por desertores negándose a seguir sus órdenes. Hubo un intento
estadounidense a través del cañonero USS Yorktown, que igualmente acabó en fracaso.
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 87
unos periódicos sobre la trinchera para que los leyeran. Por la noche, los dos
frailes y los oficiales estuvieron ojeando los periódicos. Aparecían noticias
de la repatriación de soldados de Cuba y Filipinas y otras relacionadas con la
campaña, tanto Vigil como los religiosos creyeron que eran auténticos, pero
Martín opinaba que eran vulgares falsificaciones.
El teniente fijó la noche del 1 de junio como fecha para la salida, sus
planes eran adentrarse en el bosque y buscar después un sitio apropiado en
la costa para esperar el paso de un buque, y si no llegaba, continuar hasta
Morong y desde allí a Manila. Para este fin, comenzó con los preparativos
la mañana de ese día.
Sin embargo, antes debía solucionar un serio problema ¿qué hacer
con los dos presos que tenía en el calabozo?
En febrero a raíz del intento de deserción del soldado Antonio Me-
nache, el teniente abrió una sumaria –en la que precisamente Vigil fue uno
de los que dieron testimonio-, por medio de la cual se descubrió que el cabo
González Toca y el soldado Alcaide también pretendían pasarse al enemigo
y que además soliviantaban a sus compañeros para que se negaran a comer y
también desertaran. En vista de la gravedad de los hechos el teniente decidió
encerrarlos en el baptisterio, dependencia que hacía de calabozo. Podría ha-
berlos fusilado en aquel momento, pero pensando en que tarde o temprano
llegarían tropas españolas a socorrerlos, tomó la decisión de esperar hasta
entonces y entregarlos a las autoridades.
Alcaide consiguió fugarse el 8 de mayo, pero los otros dos, perma-
necían encerrados en el baptisterio. El teniente intentó hablar con ellos y
convencerlos para que marcharan con el resto del destacamento, pero ante
el rechazo y las amenazas de los presos, no encontrando otra solución, tomó
la decisión de fusilarlos.
Esta es una de las cuestiones más controvertidas de todo el sitio. La
forma en que se realizó podemos conocerla por la declaración del teniente
Martín en Manila:
«Que como ya dice en su parte, no practicó formalidad alguna […] Lla-
mó a dos soldados y dispuso que por los barrotes de que estaba compuesta
la parte superior de la puerta se les hiciera fuego, quedando muertos en el
acto, después, una vez reconocidos por el médico ordenó se les enterrara en
una esquina de la iglesia […] Que los dos soldados se llaman Ramón Mir
Brils y Ramón Buades Tormo que fueron los primeros que encontró, que no
presenció el acto ninguna otra persona, y que no recuerda se hallara presente
individuo alguno cuando fue al calabozo porque todos estaban preparándose
para la marcha.»
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88 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
Esto sucedió entre las once y doce de la mañana mientras los presos
dormían en sus camas.
El teniente Vigil escuchó los disparos desde el patio, al momento,
Martín lo llamó para que verificase las muertes, entró a la iglesia y recono-
ció los dos cuerpos, comprobando que presentaban impacto de bala en la
cabeza y signos evidentes de muerte.
El tema de los fusilamientos fue tratado en varias ocasiones, inicial-
mente en Manila dentro del expediente instruido en averiguación de la con-
ducta observada por el destacamento de Baler durante el sitio, después en
1900 durante el juicio contradictorio para la Laureada y finalmente, en ese
mismo año, llegó a abrirse una causa con motivo del fusilamiento del cabo
Vicente González y soldado Antonio Menache en el destacamento de Baler
(Filipinas) por el jefe del mismo hoy capitán de la E.R. D. Saturnino Martín
Cerezo que tras su instrucción, finalizó en noviembre de 1902 zanjando el
asunto con el sobreseimiento definitivo de la causa y su archivo, sin hallarse
responsabilidades.
Por las declaraciones de Vigil de Quiñones tanto en Manila en 1899,
como en Madrid en 1900 y Santa Cruz de Tenerife en 1902, conocemos su
parecer en relación con los fusilamientos. No entendió porqué su compa-
ñero tomó una decisión tan grave sin habérselo antes comunicado, también
lamentó que los soldados no hubieran tenido el último consuelo espiritual y,
sobre la manera en que se efectuó, pensaba que debiera haberse adaptado al
procedimiento legal establecido, convencido de que nadie se hubiera opues-
to a la medida. Efectivamente, creía que recaían sobre los presos responsa-
bilidad criminal y estaba de acuerdo con la resolución que con ellos se tomó.
Siguiendo con el relato del día 1, cuando llegó la noche, se dispusieron
para la salida, pero como esta se presentó muy clara y cualquier movimiento
hubiera sido fácilmente detectado, la pospusieron para el día siguiente.
En la mañana del 2, el teniente Martín volvió a ojear los periódicos.
Una noticia breve llamó su atención, decía que el segundo teniente de la Es-
cala de Reserva de Infantería D. Francisco Díaz Navarro, pasaba destinado
a Málaga. No podía creer lo que estaba leyendo, Díaz era amigo suyo, ha-
bían sido compañeros en el Regimiento Borbón de esa ciudad, ascendieron
juntos a teniente antes de ser destinados a Ultramar y conocía que los planes
de este eran regresar a Málaga al finalizar la guerra ¿cómo iban a inventarse
eso los filipinos? Efectivamente, los periódicos eran auténticos y las noticias
que contenían fidedignas. Convencido de que era verdad todo lo que decían
los emisarios y que España había perdido las Filipinas, desechó los planes
de salida y optó por la capitulación como solución más conveniente.
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Reunió a la tropa y les comunicó su decisión por los motivos ya cita-
dos. Vigil, al igual que la mayoría de los soldados, era firme partidario de la
salida, a pesar de las dificultades que encontrarían, no dudaba que se las in-
geniarían para sobrevivir en el bosque, prefería morir intentándolo antes que
recibir malos tratos al caer prisionero de los insurrectos «defendió su pare-
cer con calor, animación y energía», dice Minaya. El teniente Martín intentó
convencer a todos diciéndoles que creía que el teniente coronel Aguilar era
el jefe de las fuerzas sitiadoras y que, siendo así, no permitiría ningún mal-
trato. Redactó una nota con las condiciones de capitulación que presentaría
a los sitiadores, quedando claro que, en el caso de que no fueran completa-
mente aceptadas por estos, entonces, saldrían a vida o muerte. Finalmente,
después de algunas deliberaciones y leídas las clausulas, todos estuvieron de
acuerdo en esos términos y las aceptaron por unanimidad.
Este es el acta de capitulación que se redactó y firmaron ambas partes:
«En Baler, a los dos días del mes de junio de mil ochocientos noventa y
nueve, el 2° Teniente Comandante del Destacamento Español, D. Saturnino
Martín Cerezo, ordenó al corneta que tocase atención y llamada, izando ban-
dera blanca en señal de Capitulación, siendo contestado acto seguido por
el corneta de la columna sitiadora y reunidos los Jefes y Oficiales de ambas
fuerzas transigieron en las condiciones siguientes:
PRIMERA. Desde esta fecha quedan suspendidas las hostilidades por
ambas partes beligerantes.
SEGUNDA. Los sitiados deponen las armas, haciendo entrega de ellas
al jefe de la columna sitiadora, como también los equipos de guerra y
demás efectos pertenecientes al Gobierno Español.
TERCERA. La fuerza sitiada no queda como prisionera de guerra, siendo
acompañada29 por las fuerzas republicanas adonde se encuentren fuerzas
españolas o lugar seguro para poderse incorporar a ellas.
CUARTA. Respetar los intereses particulares sin causar ofensa a las per-
sonas.
Y para los fines a que haya lugar, se levanta la presente acta por du-
plicado, firmándola los señores siguientes: El Teniente Coronel Jefe de la
columna sitiadora, Simón Tecson. El Comandante, Nemesio Bartolomé. Capi-
tán, Francisco T. Ponce. Segundo Teniente Comandante de la fuerza sitiada,
Saturnino Martín. El Oficial Médico, Rogelio Vigil».
29 sta clausula fue rectificada después, quedando redactada de la siguiente manera: Que
E
en consideración a que la soberanía de España en estas islas ha dejado de existir, no
queda como prisionera de guerra la fuerza sitiada, siendo conducida por las fuerzas
republicanas adonde se encuentren fuerzas españolas o lugar seguro para poderse in-
corporar a ellas.
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90 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
Vigil de Quiñones, capitán
De vuelta al interior de la iglesia, el teniente Martín para evitar que
los que habían sido sus sitiadores, y además los desertores, conocieran que
los presos habían sido fusilados, ordenó a Vigil que redactase y firmase sen-
dos certificados de defunción, correspondientes a González Toca y Menache
Sánchez, indicando en la causa de la muerte que ambos lo habían sido por
disentería, aunque en fechas diferentes. Ordenando así mismo a los solda-
dos que dieran estas razones hasta que estuvieran a cargo de las autoridades
españolas. Vigil se mostró reticente a firmar un certificado falso, pero enten-
diendo que convenía a los intereses del destacamento, accedió. En cuanto
llegaron a Manila, se dio parte del fusilamiento y los certificados fueron
declarados nulos.
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Desde Baler a Manila
En el camino desde Baler a Manila, sucedieron algunas incidencias
reseñables. Salieron el 7 de julio, llegando después de una penosa marcha
a Pantabangán el 9 por la mañana. El grueso de la tropa quedó alojado en
la iglesia, mientras que Martín Cerezo y Vigil, junto a varios soldados, lo
hicieron en una casa del pueblo. A medianoche esta casa fue asaltada, el
teniente Martín y los soldados lograron saltar por una ventana, dislocándose
el teniente un pie. Lo más probable es que Vigil no tuviera tiempo de saltar
o no se apercibiera de lo que pasaba, el caso es que lo encontraron inmovili-
zado y maniatado, no sabemos con qué fines, y acompañado por uno de los
asaltantes que fue atrapado y luego escapó. Sea como fuere, la suerte salvó
aquella noche al médico de Baler y a los otros que estaban en la casa.
El 12 continuaron la marcha hasta Bongabón, siendo en este camino
donde sucedió el robo de los equipajes y toda la documentación generada
durante el asedio. De Bongabón salieron para Cabanatuan el 14. En esta lo-
calidad funcionaba un hospital para prisioneros españoles en el que fue aten-
dido Martín de su pie derecho, allí quedó junto a Vigil de Quiñones. El día
29 Emilio Aguinaldo remitió un telegrama ordenando que inmediatamente
se dirigieran a Tarlak, ya que allí se encontraba la comisión española que
había ido a gestionar la libertad de los prisioneros, y sus planes eran que se
dirigieran con ella a Manila. Martín contestó que no estaba en condiciones
de emprender la marcha, pero que sí podían hacerlo la tropa y Vigil, y así
lo hicieron. Aquí se dio una circunstancia singular y única. Durante los 20
kilómetros que separan Cabanatuan de Aliaga, y hasta el día siguiente, pode-
mos decir que Rogelio Vigil de Quiñones estuvo al mando de la tropa por ser
el más caracterizado de todos. En cuanto Aguinaldo conoció que Martín se
había quedado en Cabanatuan, ordenó que sin dilación se pusiera en camino
para acompañar a la tropa hasta Manila. Antes de mediodía del 30, llegó a
Aliaga encontrándose con el resto que lo estaban esperando. Continuaron
viaje hasta Zaragoza, Paz y Tarlak donde se reunieron con la comisión espa-
ñola que les estaba esperando. Por fin, el 6 de julio por la noche llegaron a
Manila. El 29 de julio y a bordo del Alicante salieron para España, adonde
llegaron el 1 de septiembre. Fueron recibidos por el capitán general y esa
noche la guarnición de Barcelona ofreció un banquete en su honor, después
de los brindis correspondió a Vigil de Quiñones pronunciar unas palabras
de agradecimiento en nombre de todos, finalizando con vivas a España y
al Rey, estos fueron los últimos que gritaron al unísono aquellos hombres,
porque la mañana del 2 de septiembre con el licenciamiento de la tropa, el
heroico destacamento de Baler quedaría disuelto.
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92 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
El juicio contradictorio para la Cruz de San Fernando, la Laureada.
Una injusticia
Durante muchos años, todo lo que se conocía del sitio de Baler se
reducía al libro que escribió Saturnino Martín Cerezo, reeditado varias ve-
ces desde 1904, y a la película los Últimos de Filipinas estrenada en 1945.
Muchos personajes de esta historia parecían invisibles, de muchos, apenas
si se sabía nada. No fue hasta fechas cercanas al centenario del 98 cuando se
fueron conociendo nuevas fuentes que han cambiado, o al menos deberían
hacerlo, la figura de alguno de sus protagonistas como la de Rogelio Vigil
de Quiñones.
Vigil de Quiñones, teniente
Por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, la película
de 1945 nos dejó en la memoria colectiva, por décadas, un Vigil caricaturi-
zado como un hombre medio despistado, al cuidado de sus plantas y poco
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 92-100. ISSN: 0482-5748
ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 93
enérgico. Nada más alejado de la realidad, Vigil era una persona modesta
y agradable en el trato, pero a la vez un hombre de honor y de palabra, con
carácter, arrojo y valor cuando era preciso, muy comprometido con su pro-
fesión y el servicio a España y a los demás, y también, persona de una sólida
educación y formación para el estándar de la época.
Si no podemos cambiar los hechos, al menos pongámoslos en su con-
texto para valorarlos con imparcialidad. Efectivamente, la historia no ha
sido justa con Rogelio Vigil de Quiñones y sirva como ejemplo, el juicio
contradictorio instruido para depurar el derecho a la Cruz de San Fernando
de los oficiales y soldados de Baler.
El 3 de octubre de 1899 dieron comienzo las actuaciones nombrándo-
se juez instructor al coronel José María de Olaguer Feliú. Fueron llamados
a declarar solamente 14 de los 33 supervivientes, el ya capitán Saturnino
Martín Cerezo, el cabo José Olivares Conejero y los soldados Luís Cervan-
tes Dato, Emilio Fabregat Fabregat, Loreto Gallego García, Marcos Mateo
Conesa, Miguel Méndez Santos, Manuel Menor Ortega, Ramón Mir Brils,
Miguel Pérez Leal, Pedro Planas Basagaña, Francisco Real Yuste, Ramón
Ripollés Cardona y Pedro Vila Garganté. En otras palabras, más de la mitad
de los que participaron en la defensa de Baler no fueron llamados a declarar,
entre ellos Vigil de Quiñones que junto a Martín Cerezo fueron los únicos
en solicitar la apertura de juicio mediante instancia.
Las cuestiones que interesaron al juez instructor con respecto a Vigil
fueron aspectos como, con qué motivo fue a Baler, si llevó a cabo su misión,
si acometió algún hecho distinguido o heroico, si resultó herido en combate,
saliendo con la fuerza o estando a la defensiva, la importancia de la herida
que sufrió, dónde se la produjo y cuánto tiempo tardó en su curación.
De ellas nos interesa conocer los testimonios que se realizaron por
los declarantes con relación a si Vigil acometió algún hecho distinguido o
heroico durante el sitio.
El capitán Martín Cerezo, lo consideró «comprendido en el apartado
71 del art. 25 de la Ley de 18 de mayo de 1862, por hallarse en muchas
ocasiones curando a los heridos en lo más recio del combate llegando su ab-
negación hasta el punto de prestar los auxilios de la ciencia, estando grave-
mente herido y acudiendo a las aspilleras cuando su misión se lo permitía».
Además relató como repelió al enemigo el 20 de abril de 1899.
De la tropa destacamos estas afirmaciones: cabo Olivares, que «de-
mostró tanto en su asistencia como en valor condiciones inestimables,
siendo a la vez que jefe un padre cariñoso para todos los individuos del
destacamento, teniendo que asistir en muchas temporadas a más de dos ter-
ceras partes de individuos que lo formábamos». Ramón Mir estaba «muy
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94 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
agradecido al dicho doctor que le curó seis heridas, creyéndole hombre de
mucha ciencia y dispuesto al sacrificio de su vida en bien de los enfermos».
Miguel Méndez «que le vio siempre asistiendo a los enfermos y heridos,
consolándolos en el destacamento con la asiduidad, medios y elementos de
que podía disponer animando a los sanos y medio extenuados consolando e
infundiendo valor, en todo en unión del teniente Martín Cerezo». Emilio Fa-
bregat «le comprende a su juicio el caso 69 de los señalados como distingui-
dos en el reglamento de la orden de San Fernando por haber estado durante
la defensa en los atrincheramientos sobre el lugar de la acción atendiendo
a los heridos. Francisco Real «Que conoce al médico Don Rogelio Vigil de
Quiñones, que tiene varios hechos heroicos y que le haya comprendido en
el mismo caso y artículo que el capitán en la segunda pregunta». Marcos
Mateo «Que sí conoce al médico don Rogelio Vigil y los hechos distingui-
dos que acometió fueron los mismo que los demás individuos anteriormente
enunciados y además prestando, hallándose herido, la asistencia facultativa
a los demás individuos enfermos, como venía haciéndolo antes y después
de hallarse herido, que ignora el caso y artículo en el que considera com-
prendido a dicho médico por no tener la ley a la vista. Luis Cervantes «no
sabe acometiese hecho alguno heroico ni distinguido, sino que cumplió con
su deber como todos y que constantemente atendía a los heridos.». Manuel
Menor «que conoce al médico Señor Vigil y que fue uno de los defensores
del fuerte, ignorando hiciera más que los demás, si bien, aunque era médico
alternaba en las horas de servicio con el teniente y acudía cuando era nece-
sario a ayudar a los defensores o asistir a los heridos y enfermos, creyéndolo
por lo tanto comprendido en el caso 69, 70 y 71 de la citada ley. Pedro Vila
«que no sabe cometiera ningún hecho distinguido ni heroico, que en lo que
sí continuamente se empleaba en curar los heridos con los pocos elementos
químicos que le quedaban».
Queda claro que Vigil se ganó el cariño, la admiración y el respeto de
todos los defensores de Baler.
El 30 de diciembre de 1900, se dio el juicio por terminado con el
siguiente dictamen del juez instructor: «El médico, D. Rogelio Vigil de Qui-
ñones, cumplió elogiosamente su misión facultativa; y no es de dudar que
con su consejo y con su ejemplo, contribuyó no poco al éxito de la empresa,
siendo herido de gravedad, cualquiera que fuese el momento, en acto colec-
tivo realizado con la fuerza, resultando por ello comprendido en el caso 69
del artículo 25 de la indicada ley.
En consecuencia, el general Antonio Moltó y Díaz-Berrio, capitán
general de Castilla la Nueva, remitió su dictamen al Consejo Superior de
Guerra y Marina:
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 95
Por lo que se deduce de este expediente y de conformidad con el
parecer del juez instructor entiendo que los hechos relacionados con la de-
fensa del destacamento de Baler […] por el capitán de la escala de reserva
D. Saturnino Martín Cerezo y el médico D. Rogelio Vigil de Quiñones son
de los comprendidos para el primero en los casos 33 del artículo 27, y 55 del
25, y para el segundo en el caso 69 del artículo 25 de la ley de 18 de Mayo
de 1862 y por consiguiente los considero acreedores al ingreso en la Real y
Militar Orden de San Fernando, no encontrando respecto a la tropa hechos
individuales comprendidos en dicha ley.
Es decir, que a Rogelio Vigil de Quiñones se le concedió en primera
instancia la Laureada.
Aunque, finalmente, la resolución de la Asamblea de San Fernando
cambió este criterio:
«Cuanto al Médico Provisional, D. Rogelio Vigil de Quiñones, cumplió
celosamente con su misión facultativa, pero no se vislumbra que acometiese
hecho distinguido que pueda ser instruido en la Ley de San Fernando. El ex-
presado Capitán General conforme con el Instructor, cree que dicho Médico
puede ser comprendido en el caso 69 del artículo 25 de la aludida ley, según
el que para el Cuerpo de Sanidad es hecho distinguido «Ser heridos o hechos
prisioneros por asistir a los heridos en los puestos de mayor riesgo» más este
caso no puede ser aplicado al interesado pues que fue herido por un fragmen-
to de bala, no mientras curaba heridos, sino en ocasión en que con la fuerza
franca de servicio, se halla rezando el Rosario en el convento.»
La Ley de 1862 reservaba los casos 69, 70 y 71 para el Cuerpo de
Sanidad Militar, en el caso 69, exigía «ser heridos o hechos prisioneros por
asistir a los heridos en los puestos de mayor riesgo», en el 70, «hallarse
voluntariamente en los grandes combates, en los puntos de más peligro,
prestando los auxilios de su ciencia» y en el 71, «Estar en los momentos de
ataque o defensa de un retrincheramiento, batería u obra exterior de plaza,
sobre el lugar de la acción, asistiendo a los heridos».
Efectivamente, la literalidad del caso 69 exige que la herida se pro-
duzca en el momento de estar asistiendo a un herido, pero en un sentido
lato, no es menos cierto que, si Vigil resultó herido cuando realizaba una ac-
tividad al margen del combate, solo fue fruto de la casualidad, podría haber
sucedido en cualquiera de los momentos que arriesgó su vida en lo más duro
de los combates mientras atendía a los heridos, –porque el fuego era cons-
tante– algo que no dejó de hacer en ningún momento, incluso cuando él mis-
mo se encontraba gravemente herido. El caso 71 «estar en los momentos de
ataque o defensa de un atrincheramiento sobre el lugar de acción, asistiendo
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96 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
a los heridos», fue el que Martín, jefe de la defensa, estimamos que con muy
buen criterio, contempló de aplicación para Vigil, no puede entenderse por
qué no derivaron su dictamen a este caso 71, –habiéndolo expuesto el propio
jefe de la defensa– ni el juez instructor, ni el capitán general, ni tampoco la
Asamblea de San Fernando. Eso fue una injusticia.
En Melilla
Después del Sitio de Baler
A su vuelta a España quiso seguir la carrera militar y después de con-
cedérsele dispensa por edad –tenía 37 años al regresar– en 1900 ingresó por
oposición en la III Promoción de la Academia Médico-Militar, ascendiendo
en 1901 a médico segundo. Estuvo destinado en Sevilla, Santa Cruz de Te-
nerife y Pamplona, donde ascendió en 1906 a médico primero. Ese año mar-
cha destinado a Barcelona y en julio de 1909 embarcará con su batallón para
Melilla. En la Campaña del Rif volverá a dejar por segunda vez muestras de
su heroísmo y competencia profesional como reflejan las dos Cruces al Me-
rito Militar con distintivo Rojo con las que fue distinguido, una por los mé-
ritos en la Segunda Caseta, Atalayón, Sidi-Alí e Hipodromo y otra por la
conducción de convoyes y servicios prestados en las posiciones. De vuelta a
su destino en Barcelona, en 1910 se casó con Purificación Alonso Ruiz con
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 97
quien tuvo seis hijos (Rogelio, Fran-
cisco, José María, Ana María, María
Teresa y Purificación). En 1912 pasó
al Primer Depósito de Caballos Se-
mentales de Jerez de la Frontera
(Cádiz) y un año después al Regi-
miento de Cazadores de Alfonso
XIII 21 de Caballería en Sevilla. En
junio de 1913, embarcará hacia La-
rache y por tercera vez defenderá la
bandera de España en otra campaña,
en principio por poco tiempo porque
en agosto es repatriado al hospital
militar de Cádiz enfermo de paludis-
mo. Recuperado, en enero de 1914
regresará a Larache siendo destaca-
do al campamento de Ras-Ramel,
donde permanece hasta fin de ese
año, participando en convoyes, reconocimientos y la toma de varias posicio-
nes. En Sevilla asciende a comandante en 1918, obteniendo destino en el
hospital militar, desde donde a finales de 1919 marchará al Grupo de Hospi-
tales de Melilla. Por cuarta vez dejará sus señas de identidad exponiendo su
vida al servicio de España. Su labor en Melilla está marcada por la modestia
y la eficacia, siempre atento a las condiciones de vida de sus enfermos y la
salud del soldado, por ello será felicitado en varias ocasiones. En 1921 se
hace cargo del hospital de Dar Drius y tiene una brillante actuación en la
atención prestada a los evacuados de la posición de Monte Abarrán. Cuando
el hospital Docker se vio desbordado por la avalancha de heridos de julio y
septiembre de ese año, Vigil de Quiñones es comisionado junto con otro
compañero para que, en condiciones muy difíciles, organicen un hospital
provisional en el cuartel de Santiago con capacidad para 1000 camas. En
1923, es nombrado Jefe de la Clínica de Medicina del hospital Alfonso XIII
hasta su pase a la reserva en 1924. Ese año fija su residencia en San Fernan-
do (Cádiz) y en 1926 se traslada a Cádiz con su familia. En la Tacita de
Plata, jugando al tresillo con sus amigos en el casino militar, rodeado de su
mujer, sus hijos y sus recuerdos, vivirá sus últimos años. Falleció en el n.º 13
de la gaditana calle Bendición de Dios el 7 de febrero de 1934. Sus restos
fueron trasladados desde Cádiz el 21 de junio de 1945 al cementerio de la
Almudena de Madrid y en el Panteón de los Héroes de las Campañas de
Cuba y Filipinas descansan en la actualidad.
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Los méritos de Vigil durante su vida militar merecieron las siguientes
condecoraciones: por los hechos del Sitio de Baler, dos cruces de primera
clase de María Cristina, Cruz de Oro de la Asamblea de la Cruz Roja y
nombramiento de consultor médico del distrito del Congreso como tributo
de admiración concedido por la misma institución. Dos cruces rojas por la
campaña del Rif, medalla conmemorativa del 1er centenario de los sitios de
Gerona, Medalla de Melilla con los pesadores 1º. 4.º y 5.º con adición pos-
terior del pasador de Larache y la Cruz de San Hermenegildo.
Sala de consulta en Melilla
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ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES ALFARO. EL MÉDICO DE BALER… 99
En 1956, se le concedió a su viuda Purificación Alonso Ruiz, una pen-
sión de 10.000 pesetas en reconocimiento a los méritos de su marido durante
el sitio, ¡solo habían pasado 22 años desde su muerte!
Un bonito parque y una calle llevan su nombre en Marbella, su ciudad
natal. También tiene calles en Lecrín y Sevilla, donde el Hospital Militar
llevó su nombre.
Del diario La Información de Cádiz correspondiente al viernes 9 de
febrero de 1934, queremos extraer estas letras escritas días después de su
muerte a modo de despedida:
«Ayer desfiló por las calles de Cádiz un entierro modesto, pasó desaper-
cibido para la mayoría. El cadáver era el de don Rogelio Vigil de Quiñones,
comandante médico de Sanidad Militar. Héroe de Baler. Solo con esto ya
hemos dicho bastante: dejamos a un lado sus condecoraciones, los dos home-
najes nacionales y su título de Benemérito de la Patria. Fue uno de aquellos
españoles que en Baler, aislados en absoluto, siguieron defendiendo su ban-
dera durante más de un año. Aquellos que en las intimaciones de rendición
contestaban con descargas, aquellos que dijeron muchos días ¡España no se
rinde! Ayer tarde desfiló modestamente uno de aquellos, la Ordenanza no le
rindió honores, pues no los tenía. Nosotros quisimos ver a unos millares de
soldados presentar armas y un general que, vibrante decía: Soldados ¡Este
cadáver es el de un español de los de Baler! Soldados: ¡Viva España! Un
comandante Médico (R)»
Vivió fiel a sus dos pasiones: la medicina y la milicia, entregado a sus
heridos, sus enfermos y a España. ¡Honor y Gloria al médico de Baler!
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100 MIGUEL LEIVA RAMÍREZ
BIBLIOGRAFÍA
AYCART, Lorenzo. La Campaña de Filipinas. Recuerdos e impresiones de
un médico militar. Madrid. Imprenta del Cuerpo de Administración Mi-
litar. 1900.
LÓPEZ DE LA ASUNCIÓN, Miguel Ángel y LEIVA RAMÍREZ, Miguel:
El Sitio de Baler. La heroica gesta de Los Últimos de Filipinas. Actas,
San Sebastián de los Reyes, 2022.
MARTÍN CEREZO, Saturnino: El Sitio de Baler, Notas y recuerdos. Pri-
mera Edición, Taller tipográfico del Colegio de Huérfanos. Guadalajara,
1904.
MASSONS, José María. Historia de la sanidad militar española. Pomares-
Corredor. Barcelona, 1994. 4 v.
MINAYA ROJO, Fray Félix: Defensa de Baler, sucesos ocurridos en el pue-
blo de Baler durante la insurrección en Filipinas y prisión de los padres
franciscanos. Manuscrito, AFIO. Archivo Franciscano Ibero-Oriental,
sin fecha.
ARCHIVOS
AGMS. Caja 3523/28068. Causa instruida con motivo del fusilamiento del
cabo Vicente González y soldado Antonio Menache en el destacamento
de Baler (Filipinas) por el jefe del mismo, hoy capitán de la E.R., D.
Saturnino Martín Cerezo.
AGMS. Caja 3351/26628. Expediente instruido en averiguación de la con-
ducta observada por el destacamento de Baler durante el sitio que su-
frió desde el 27 de junio del año 1898 hasta el día 2 de junio de 1899 en
que capituló. Manila, 1899.
AGMS. Caja 3522/28066. Juicio contradictorio Instruido por Real Orden
de 4 de septiembre del año actual para depurar el derecho que puedan
tener a la Cruz de San Fernando los oficiales y soldados que constituye-
ron el destacamento de Baler (Filipinas) por su heroico comportamien-
to en la defensa del mismo.
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Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 101-142
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RHM.03
[Link]
LOS VETERINARIOS MILITARES
EN LA GUERRA DEL RIF
Juan Alberto GALÁN TORRES1
RESUMEN
El conocido como Desastre de Annual, es un apelativo certero para
señalar una gran derrota sufrida por el Ejército español, ocurrida en 1921, y
una dolorosa tragedia para todo el país, que había enviado a sus hijos a una
tierra agreste, inhóspita y hostil, donde ya habían ocurrido hechos dramáti-
cos unos años antes, de los cuales, sin embargo, no se obtuvo lección alguna.
El propósito de este artículo, más allá de sus connotaciones puramente
políticas o tácticas, es recordar a unos jóvenes oficiales veterinarios, enton-
ces no integrados en el Cuerpo de Sanidad Militar, que murieron con honor,
dando muestras de valor y heroísmo, que sobrepasó lo que se les podía exigir.
Me he ceñido principalmente a dos posiciones destacadas en aquel
desafortunado despliegue: Zeluán y Monte Arruit. En ambos escenarios es-
tuvieron nuestros veterinarios, compartiendo protagonismo y luchando codo
con codo con sus defensores.
PALABRAS CLAVE: Desastre de Annual. Veterinarios militares. Ze-
luán. Monte Arruit.
1 Coronel veterinario (retirado).
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 101-142. ISSN: 0482-5748
102 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
ABSTRACT
Known as the Annual Disaster, it is an accurate name to point out a
great defeat suffered by the Spanish Army, which occurred in 1921, and a
painful tragedy for the entire country, which sent its children to a wild, in-
hospitable and hostile land, where there had already been dramatic events a
few years before, from which, however, no selection was obtained.
The purpose of this article, beyond its purely political or tactical con-
notations, is to remember some young veterinary officers, then not part of
the Military Medical Corps, who died with honor, showing courage and
heroism, which surpassed what they could be required.
I have confined myself mainly to two prominent positions in that
unfortunate deployment: Zeluán and Monte Arruit. Our veterinarians were
present in these places, sharing the limelight and fighting side by side with
their defenders.
KEY WORDS: Annual disaster. Military vets. Zeluan. Mount Arruit.
*****
INTRODUCCIÓN
E
l avance de las tropas españolas en el norte de África se apoyaba en
una precariedad manifiesta y peligrosa.
El general Manuel Fernández Silvestre tomó posesión como coman-
dante general de Melilla el 12 de febrero de 1920. El 1 de junio de 1921 se
produjo la caída de Abarrán, donde la posición española fue masacrada. Des-
pués vendrían, como las fichas de un macabro dominó, Sidi Dris, Afrau, Igue-
riben, Dar Quebdani, Ben-Tieb, Dar Drius, El Batel, numerosos blocaos…, y
el desastre y la matanza no pararían hasta alcanzar las puertas de Melilla.
El diario melillense El Telegrama del Rif del viernes 31 de diciembre
de 1920, publicaba una nota, fechada el día 29 en Madrid, en la que informa
que «tendrá lugar, el último día del año, un banquete en honor del Alto Co-
misario de España en Marruecos, general Berenguer. El acto tendrá lugar en
el salón principal del Ministerio de Estado».
A pesar de la conquista y pérdida de Abarrán, y el asedio a Sidi Dris
el día siguiente, nada parecía hacer sospechar la tragedia que se avecinaba.
El general Berenguer dio la situación por restablecida y fijó su atención en
la parte occidental del Protectorado, es decir, en Yebala (Ceuta).
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LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 103
Ricardo Fernández de Tamarit luchó en la isla de Cuba, fue preceptor
de Alfonso XIII y amigo personal de Silvestre. En septiembre de 1920 man-
dó el tercer batallón del Regimiento de África; en 1922 ascendió a coronel
y fue destinado a Mallorca. En una carta particular dirigida a Silvestre se
expresaba así:
Has edificado sobre arena; no están sometidas, como no lo estarán ja-
más. Burra-Hail [célebre caudillo de Metalsa] ha engañado a Morales y a ti.
Te has instalado prematuramente en Sidi Dris, Afrau y Annual. Las comunica-
ciones son dificilísimas, las posiciones deplorables, y no responden más que a
eso que se llama la política y que es simplemente la negación de ella; son los
jefes moros los que indican los emplazamientos, todos sin aguada ni recursos
y fáciles de aislar […]. Vivimos sobre un volcán».
En abril de 1921, en un acto celebrado en Valladolid con presencia del
Rey, al que acudió Fernández Silvestre y el ministro de la Guerra vizconde
de Eza, el teniente coronel Primo de Rivera condenó la inmoralidad que
reinaba en el Protectorado de África y la entrega al juego de muchos de los
jefes y oficiales.
El capitán general Valeriano Weyler, Jefe del Estado Mayor, mantenía
que los moros sumisos, aliados de España, a quienes se les había cedido los
fusiles Remington «nos tiroteaban sólo de noche, dedicando el día a vacilar
con el personal y a vendernos toda clase de baratijas. […]La única manera
seria de pacificar el Protectorado sería concentrando a los sumisos, fusilar-
los, y luego hacer una guerra normal y sin política contra el resto».
Dentro del breve intervalo de tiempo que transcurre desde el combate
de Abarrán (30 de mayo y 1 de junio de 1921) y la rendición de Monte Arruit
el 9 de agosto, me ceñiré a dos hechos especialmente duros y representati-
vos de lo que fue aquella tragedia, en la que jóvenes oficiales veterinarios
supieron estar a la altura de las tremendas circunstancias que les tocó vivir.
Pagaron con su vida aquel gran descalabro para España en tierra africana.
Se dieron no pocos comportamientos heroicos, pero también muestras de
incompetencia y cobardía, en un caldo de cultivo marcado por la falta de me-
dios adecuados, la inexperiencia, la fatiga, la sed, la desesperación y el terror.
La situación del Servicio Veterinario en aquellos años
El veterinario primero Clemente Martínez Herrera, del Grupo de Re-
gulares Indígenas de Melilla, en su memoria Organización del Servicio Vete-
rinario Regimental, estadística de los años 1924 y 1925, escribía lo siguiente:
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 103-142. ISSN: 0482-5748
104 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
«…Es evidente que, por motivos diversos, los veterinarios militares tro-
piezan con grandes inconvenientes, el mayor de todos la falta de una legis-
lación protectora, para establecer un servicio regimental en forma […]. Por
la categoría de mi empleo, carecí durante nueve años de la responsabilidad y
dirección del servicio veterinario de los Cuerpos donde fui destinado.
Si la Veterinaria Militar no rinde al Ejército la utilidad que por su ciencia
debería exigírsele, es a causa de su arcaica organización [...]. La organización
de hospitales y enfermerías, que hace tantos años que se viene pidiendo…
En noviembre del año veinte –y al mismo tiempo que los tabores de in-
fantería se alojaban en la nueva residencia de Nador – , dispuso el primer
jefe teniente coronel Sr. Núñez de Prado (Medalla Militar Individual por su
labor al mando de tropas en el territorio de Melilla, y especialmente por el
intento de abastecimiento a Igueriben realizado el 19 de julio de 1921), la
organización de la Enfermería Regimental, bajo la dirección del veterinario
1º, un sargento encargado de la tropa y documentación, un herrador de pri-
mera, y tantos soldados enfermeros como exigiera la proporción de uno por
tres mulos. Los caballos de los oficiales ingresarán siempre acompañados del
soldado ordenanza encargado de su limpieza.
La independencia de la Enfermería, y con la única dirección y responsa-
bilidad del veterinario primero ante el primer jefe, demostró su buen resultado
[...]. Reconociéndolo así el primer jefe, pensó en organizar otra enfermería
para los escuadrones destacados en Zeluán, donde el gran efectivo de ganado
lo exigía, pero los sucesos del veintiuno lo impidieron.
Fue siempre nuestra pesadilla abastecer de agua al ganado enfermo. El
pozo primitivo, no muy lejano de la Enfermería, se secó, y se adquirió una
carricuba para la traída de agua del depósito de Tahuima, a dos kilómetros de
distancia. A 22 metros de profundidad, perforando en roca 18, encontramos el
precioso líquido, que, sino excelente, reúne las condiciones apropiadas para
el consumo de tropa y ganado […].
Pequeña autoridad y escaso prestigio posee el servicio veterinario. Si el
veterinario de Cuerpo cumpliera en la práctica la letra de los reglamentos,
se vería de continuo inmovilizado en sus funciones […]. El excelente criterio
de jefes y oficialidad siempre nos ha permitido desarrollar nuestra acción
profesional en la medida que la organización reglamentaria consintiera. Más
la gracia concedida y no el derecho reconocido, mortifica siempre la dignidad
del hombre culto, temeroso a perpetuidad de verse preterido por acciones mal
interpretadas y siempre ejecutadas por amor al servicio».
Unos años antes, en 1919, la Revista Veterinaria Militar publicó unas
notas sobre la linfangitis epizoótica y la profilaxis antimuermosa, en un
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 104-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 105
extenso estudio del veterinario francés Henri Velu, a la sazón director del
Servicio de Estudios Veterinarios de Casablanca, del Protectorado francés,
de gran utilidad para los servicios de veterinaria de África para diferenciar
aquella enfermedad del muermo, una grave zoonosis incurable.
Los veterinarios militares tenían formación en Higiene, incorporán-
dose decididamente a los nuevos conocimientos sobre microbiología y téc-
nicas de diagnóstico. En 1916, el muermo –grave enfermedad zoonótica
producida por la bacteria Burkholderia mallei– quitó la vida al veterinario
primero (capitán) Juan Igual Hernández, cuando realizaba nuevos experi-
mentos y observaciones en la enfermería de ganado de la guarnición de
Melilla y cuyas muestras biológicas remitía periódicamente al Instituto de
Higiene Militar. El capitán Igual se había consagrado al estudio de esa en-
fermedad; fruto de sus trabajos publicó sus observaciones en un excelente li-
bro: Del Muermo. Estudio clínico y experimental de esta enfermedad. Valor
diagnóstico de los distintos métodos de maleinización conocidos hasta el
día de hoy. En el periódico ABC del miércoles 4 de abril de 1917, se publicó:
«Concediendo la cruz del Mérito Militar, pensionada, al veterinario primero
D. Juan Igual Hernández, recientemente fallecido, en recompensa por una
obra de que fue autor».
Las circunstancias que dieron lugar al Desastre se venían incubando
desde bastante tiempo atrás. De nada sirvió, al parecer, las experiencias su-
fridas con anterioridad, como la emboscada rifeña en el Barranco del Lobo,
las advertencias de algunos mandos en las que reseñaban repetidamente lo
arriesgado del despliegue de las tropas españolas en aquellos agrestes y yer-
mos territorios. El no disponer de agua en las fortificaciones y asentamien-
tos, teniendo que realizar las llamadas “aguadas” a considerables distancias,
batidas por las cabilas enemigas. Para tratar de evitar bajas de soldados de
reemplazo y mal adiestrados, se confió en tropas indígenas y se armó a las
cabilas consideradas amigas. Pero no es este el propósito del artículo, si no
únicamente ofrecer unas pinceladas referidas a un grupo de oficiales vete-
rinarios, todos muy jóvenes, que se sacrificaron en medio de terribles pena-
lidades y dieron su vida por su país, víctimas del salvajismo y la traición.
El año anterior, en La Semana Veterinaria, del lunes 11 y 18 de octu-
bre de 1920, núm. 41 y 42, se hacía referencia al comportamiento en com-
bate de un veterinario:
«Conducta ejemplar: Cuando el fuego era más intenso –escribe el Heraldo
de Melilla–recorrió varias veces las guerrillas, auxiliando a los heridos, retiran-
do a hombros a los que no podían hacerlo por su pie, entre ellos algunos policías
indígenas que recibieron graves lesiones durante el combate, no fueron rema-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 105-142. ISSN: 0482-5748
106 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
tados por el enemigo merced a la diligencia del veterinario D. Manuel Ulierte
Torres, segundo de las tropas de Policía Indígena de Melilla, en retirarlos de
la avanzada. No solo recibió la felicitación de su coronel, sino también la del
comandante general». Ulierte había nacido en 1892 y ascendió a veterinario
segundo (teniente) en 1917, siendo destinado a la Comandancia de Artillería.
En el anuario militar de 1921, figuran 279 veterinarios, de ellos 22
destinados en Melilla, de los cuales 5 murieron en combate. El Regimiento
de Alcántara 14 contaba con 858 cabezas de ganado, de un total de 5.338
adscritas a la Comandancia Militar de Melilla. En julio de 1921, era jefe de
Veterinaria Militar de la plaza el veterinario mayor (comandante) D. Balta-
sar Pérez Velasco, de 47 años de edad.
El alférez de complemento Juan Maroto y Pérez del Pulgar (transcrip-
ción del día 23 de julio de 1921 hasta la caída de Zeluán, correspondiente al
día 31 de julio), escribió:
«Con gemelos podíamos apreciar concentraciones enemigas, con bas-
tante caballería, en el Zoco de Aben-Ranhail, así como la construcción de
trincheras en las lomas de Buguein-Zein, y cómo durante el día un valiente
oficial de la alcazaba, seguido de varios soldados, y a la bayoneta, desalojaba
de enemigo el cementerio, mientras hacían la aguada. En el cautiverio pude
enterarme que ese heroico oficial era un veterinario [López Sánchez]».
Y continúa más adelante:
«Los cadáveres insepultos de los oficiales y tropa que perecieron en el
trayecto del aeródromo y la alcazaba para intentar traernos víveres, y los ca-
ballos, que a medida que morían los echaban fuera de la alcazaba, despedían
un olor nauseabundo, y por la noche resplandecían los fuegos fatuos».
Ya capitán, Maroto prestaría declaración en el juicio contradictorio
para la concesión de la Laureada al Regimiento de Caballería Alcántara 14.
El entonces alférez Maroto llegó de Melilla el 25 de junio de 1921; a
las siete de la mañana cogió el tren que le llevaría a Nador, y haciendo trans-
bordo llega hasta Tistutin, donde finalizaba el ferrocarril en aquella época.
Para llegar a Dar Drius la única posibilidad era desplazarse en vehículo (ca-
mioneta). La primera impresión que tuvo este oficial de la posición de Dar
Drius no pudo ser más negativa ya que al calor asfixiante se le unía un fuerte
viento que levantaba columnas de polvo. El campamento estaba sucio y con
casi todas las tiendas rasgadas. El mando de la posición corría a cargo del
teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz, del Regimiento San Fernando 11 de
Infantería. Maroto también se presentó al alférez Sousa, que se convertiría
en su compañero de fatigas desde entonces.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 106-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 107
Exhorto al capitán Juan Maroto para prestar declaración en el juicio contradictorio
sobre la concesión de la Laureada al Regimiento de Caballería Alcántara 14
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 107-142. ISSN: 0482-5748
108 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Cada escuadrón poseía una tienda cónica para sus oficiales y para el
veterinario, pero la del 2.º escuadrón solo estaba ocupada por el veterinario
Vidal Platón Bueno y por Pérez de Guzmán, ya que Sousa había decidido
dormir en el de ametralladoras. En África era costumbre, entre los miembros
del arma de Caballería, que se reuniesen para comer cuando estaban juntos
en un campamento. Aquello se llamaba, de manera popular, «República»
y se organizaba para comer mejor y barato. Los oficiales no comían del
rancho. Los comensales en aquella ocasión fueron Triana, Manterola, Ga-
lindo, Sousa, Vidal Platón y los oficiales médicos Víctor y Modesto García
Martínez.
Los caballos del escuadrón no alcanzaban el nivel deseable… «El
ganado estaba sometido a duros cambios de temperatura, el sol abrasador
durante el día y al continuo viento, tierra y polvo. Por estas causas y porque
ingería mucha tierra con el pienso y el agua la bebían con dificultad, por
venir casi siempre muy revuelta la del río Kert […]. Dar Drius se había ocu-
pado hacía varios meses […]. Se construían cobertizos para la tropa y para
el ganado, con pesebres de adobe adecuados, con el fin de que no vivan a la
intemperie» (Diario del alférez Maroto, pág. 5).
Este oficial de caballería se mueve para solventar los problemas que
ha visto en la unidad. Un amigo de intendencia le proporcionó veinte pe-
tacas de gasolina que sus soldados transformaron en cubos de agua para
conseguir que los animales bebiesen una mayor cantidad de líquido, y más
limpio, disminuyendo notablemente los cólicos que padecía el ganado. (Mo-
rir en África, págs. 147-8).
Cuenta Maroto que cuando se presentó al jefe interino del escuadrón,
el teniente Pérez de Guzmán «lo encontré en cama, cubierto de muchos
metros de gasa para preservarse de las moscas y mosquitos que allí abun-
daban».
Eduardo Pérez Ortiz, de tendencia republicana y algo desaliñado se-
gún las fotografías disponibles, en unión del general Navarro, el coronel
Silverio Araujo, de infausta memoria, el teniente coronel López Gómez, el
comandante Gómez Zaragoza y otros oficiales –que serían rescatados des-
pués de año y medio de reclusión en Axdir, tras el pago, por parte del go-
bierno, de una importante cantidad de dinero para aquellos años– sobrevivió
a la dantesca masacre de Monte Arruit. Unos días antes, el teniente coronel
Primo de Rivera ̶ al mando del Regimiento Alcántara tras la muerte del co-
ronel Manella en la retirada de la posición de Annual ̶ murió de gangrena
tras haberle sido amputado un brazo destrozado por la metralla, después de
su ejemplar comportamiento en la defensa de la posición y de la gloriosa
actuación de su unidad cubriendo la retirada, habiendo sacrificado en tal
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 108-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 109
empeño más del ochenta por ciento de sus efectivos. Sin embargo, durante
las declaraciones del juicio contradictorio para la concesión de la Laurea-
da a ese regimiento, Pérez Ortiz, sería el único declarante, tal como puede
comprobarse en los documentos, que se mostraría contrario a tan alta dis-
tinción –la Corbata Laureada– a esa heroica unidad, y en sus declaraciones
manifestó que «solo habían cumplido con su deber».
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 109-142. ISSN: 0482-5748
110 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 110-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 111
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 111-142. ISSN: 0482-5748
112 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Libro de sesiones del Ayuntamiento de Barco de Ávila en la que se da cuenta
de una circular del gobernador civil de la provincia, solicitando la suscripción
para la adquisición de un aeroplano para la campaña de Marruecos,
24 de septiembre de 1921. (Cortesía del Ayuntamiento de El Barco de Ávila)
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 112-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 113
En El Telegrama del Rif, del día 27 de agosto de 1921, se publicó una
interesante información acerca de cómo halló la muerte el cadete de Infan-
tería de Toledo Julio Llompart, que había llegado a Melilla en unión de un
hermano suyo para ver a su padre; de allí tuvo que marchar a Zeluán donde
ambos fallecieron. En el Diario de Cuenca, del viernes 2 de septiembre de
1921, y en el diario La Época, Madrid, del lunes 29 de agosto de 1921,
se hace referencia a la familia Llompart –ascendientes por vía materna de
quien escribe estas líneas-, de la cual ciento dos integrantes habían muerto
en las guerras de Melilla a manos de los moros.
La historiadora republicana francófila M. R. de Madariaga, sería una
furibunda defensora de las cabilas del Rif durante la guerra de Marruecos.
Declarada comunista, en sus escritos dejó de un lado las salvajes matanzas
de aquellos infortunados soldados, mal adiestrados y pertrechados, que su-
frieron el martirio por la estulticia, incapacidad y fatuidad de muchos man-
dos.
Por entonces, eran frecuentes las suscripciones populares para ayudar
a los soldados destinados en Marruecos. Así, se establecían donativos, co-
rridas de toros, recogidas de tabaco, o incluso contribuciones para adquirir
un aeroplano.
Como se ha señalado más arriba, en aquellos días estaban destinados
en Melilla 22 oficiales veterinarios, de estos 5 murieron en combate.
Eduardo Ángel Caballero Morales, nació en Bedmar (Jaén), el 5 de
agosto de 1895, en la calle de la Cárcel
(denominación que mantuvo hasta 1918).
Sus padres fueron Juan Caballero
Ruíz, veterinario titular del ayunta-
miento de la localidad, y Ángeles
Morales Loxa, natural de Arjona
(Jaén) de origen hidalgo, que
conformarían una familia de
diez hijos, de los que solo tres
alcanzarían la edad adulta (Juan
de Dios, Ángela y Eduardo).
Fue bautizado en la iglesia pa-
rroquial de Nuestra Señora de la
Asunción de esa villa. Realizó sus
estudios primarios en la Escuela de
Niños, que se había instalado en la
antigua ermita desamortizada de San
Marcos de la localidad.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 113-142. ISSN: 0482-5748
114 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
En 1910 se trasladó a Madrid para continuar los estudios de Segunda
Enseñanza, aprobando el examen de ingreso en el Instituto General y Técni-
co de San Isidro, en régimen de enseñanza libre, donde estuvo matriculado
hasta 1912. Buen estudiante, sobresalió en geografía y latín. Durante esos
años vivió en la calle Alfonso VI, 1– 4.º 3, de Madrid, junto a su hermano
Juan de Dios, estudiante de Farmacia.
En agosto de 1917 ingresó en el Ejército en la Caja de Reclutamiento
de Jaén, donde permaneció hasta enero del año siguiente. A partir de esa
fecha, en la que ya es soldado activo, pasa al Regimiento de Infantería León
38, con sede en Madrid, y jura bandera el 17 de marzo de 1918. Es veterina-
rio auxiliar desde mayo de 1918 hasta marzo de 1919, realizando prácticas
en la Escuela Central de Tiro del Ejército, en Madrid.
Ingresó en el Cuerpo definitivamente por R.O. núm. 73, de 29 de
marzo de 1919, quedando séptimo en los ejercicios de acceso y es destinado
al Regimiento de Cazadores de Lusitania núm. 12 de Caballería, con base
en Granada.
Tras una breve estancia de prácticas en la Academia de Sanidad Mi-
litar de Madrid, permanece en este Regimiento hasta diciembre de 1919, en
que por Real Orden del 29 de diciembre de ese año, es destinado al Regi-
miento Alcántara 14 de Caballería, una unidad considerada de élite.
Entre enero y junio de 1920 participa en diversas operaciones de
abastecimiento y control de las rutas de suministros que ya se extienden
hasta Annual. Hay que tener en cuenta que en aquellos terrenos empinados y
rocosos, con hondonadas y cortados producidos por la erosión, el empleo de
vehículos a motor era mínimo, quedando la mayor parte de las operaciones
de transporte de suministros a cargo de mulos, que resultaban imprescindi-
bles para mantener conectada y abastecida la línea del frente.
En mayo de 1920, parte para Buxada para incorporarse a la columna
del teniente coronel Fernando Primo de Rivera, y acompaña el avance de
las tropas sobre el territorio del Rif oriental, que dieron como resultado la
ocupación de las posiciones de Haman y Tamasousit norte, regresando el 16
de ese mes a Kandussi, plaza situada entre Dar el Quebdani y Segangan, en
la que permaneció hasta mediados de junio.
Con su regimiento opera desde la base de Kandussi, y bajo las órde-
nes del coronel Rafael Pérez Herrera y su 2.º el teniente coronel Fernando
Primo de Rivera y Orbaneja participa en la toma de diversos enclaves como
Tafersit, Midar y, el 24 de junio, Chaif y Albadda; regresando a Buxada,
donde permanecieron hasta el día 30, en que volvieron a Kandussi.
Entre los días 7 al 12 de agosto formó parte de la columna mandada
por el coronel Pérez Herrera. Una vez concluida la operación regresó nue-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 114-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 115
vamente a Kandussi, donde permaneció hasta noviembre, cuando recibió
la orden de marchar a Segangan, permaneciendo allí hasta final de año. En
marzo de 1921, estando destacado en Segangán, alcanza por antigüedad el
grado de veterinario 2º.
El 21 de julio de 1921, formando parte de la columna a las órdenes
del teniente coronel Primo de Rivera, salió para Annual desde Dar Drius,
estando presente en el intento efectuado en dicho día de aprovisionar la
asediada posición de Igueriben, sin conseguirlo, regresando nuevamente a
su base. Al día siguiente, integrado en la misma columna, salió de nuevo
para Annual, asistiendo, en las inmediaciones de Izumar, a la retirada de las
tropas de aquella posición, operación en la que su regimiento contribuyó
decisivamente al contener al enemigo, facilitando así la retirada de las tro-
pas hasta Dar Drius. También contribuyeron a la retirada y repliegue de las
tropas del general Navarro desde aquella posición al Batel, Tistutin y Monte
Arruit, entre el 23 y 29 de julio de 1921.
El día 23 de ese mes, Caballero Morales tomó parte en las brillantes
cargas de caballería al mando de Primo de Rivera, acontecidas en el cruce
del río Igan, para desalojar al enemigo que se había parapetado en el cauce
seco impidiendo el paso de los camiones de heridos. Tras las enormes bajas
sufridas por el regimiento ̶ al final de la contienda habría desaparecido como
unidad ̶, la última carga se hizo a pie. Solo 67 hombres lograron alcanzar
la posición de El Batel, donde se reorganizaron y replegaron a Tistutin y,
posteriormente, a Monte Arruit.
Morales fue condecorado con la Cruz de plata con distintivo rojo, el
2 de junio de 1920. Por R.O. de 6 de junio de 1921, es condecorado nueva-
mente con la Medalla militar de Marruecos con el pasador «Melilla». Cruz
al mérito militar con distintivo rojo, a título póstumo, en 1925.
Se desconoce las circunstancias de la muerte del valiente veterinario,
y si ésta se produjo antes o durante la defensa de la plaza, o fue vilmente
asesinado tras la rendición de aquel enclave.
En 1935, se le dedicó una placa conmemorativa en la fachada de su
casa natal de Bedmar, eliminada al parecer en los años 70, que tenía la si-
guiente leyenda: «En esta casa nació D. Eduardo Caballero Morales, Te-
niente de Veterinaria Militar, que desapareció trágicamente en los Sucesos
de Annual el 21 de julio de 1921. R.I.P.»
Tras mantener contacto con los últimos alcaldes del municipio de
Bedmar, estos ediles no se han mostrado dispuestos a facilitar ningún tipo
de información al respecto.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 115-142. ISSN: 0482-5748
116 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Vidal Platón Bueno, veterinario terce-
ro, había salido de la Academia en sep-
tiembre de 1920 y había sustituido en
el regimiento Alcántara 14 de Caba-
llería al veterinario Luis Doménech
Lafuente, que solo cuatro meses
antes del Desastre había ascendido
a veterinario segundo. En el pe-
riódico ABC, del miércoles 29 de
septiembre de 1920, edición de la
tarde; pág. 19, bajo el epígrafe In-
formación militar. Nuevos veterina-
rios. Aparece la relación de ingreso
de nuevos veterinarios en el Cuerpo
de Veterinaria Militar, entre ellos Vidal
Platón, que habían sido nombrados vete-
rinarios terceros, son 14. El 4 de octubre se
incorporó a la Academia de Sanidad Militar para
efectuar las prácticas correspondientes, tal como se señalaba en la propia
orden de ingreso. Prestó juramento de fidelidad a la Bandera el 1 de noviem-
bre de 1920.
Años después, el ya veterinario primero Doménech, de la Sección
Móvil de Evacuación Veterinaria de la segunda brigada de Montaña, pasaría
al Establecimiento de Cría Caballar del Protectorado (V), por Orden Circu-
lar del Ministerio de la Guerra de 23 de mayo de 1932 (D.O. núm. 126). De
ello se hace eco La Semana Veterinaria, boletín profesional de la Revista de
Higiene y Sanidad Pecuarias, en su núm. 806; de 5 de junio de 1932.
Vidal Platón nació en Pinto (Madrid), el 3 de noviembre de 1898.
Hijo de Sixto Platón Nieto y de Paula Bueno Tostado, prestó juramento
de fidelidad a la Bandera el 1 de noviembre de 1920. Alcanzó el empleo
de veterinario 3.º por oposición: 28 de septiembre de 1920 (D.O. núm.
219). Según consta oficialmente, residía en Madrid en la calle Cava Alta,
5. Brevemente pasó por los siguientes destinos: Regimiento de Infantería
Covadonga, n.º 40, en octubre de 1920, Regimiento de Cazadores Almansa,
n.º 13 de Caballería, el 17 de enero de 1921 (D.O. núm. 13), y el 23 de mar-
zo de 1921 (D.O. núm. 66) se incorporó al que sería el mítico regimiento de
Cazadores Alcántara n.º 14 de Caballería, encuadrado en la P.M.M. Según
su hoja de servicios la especialidad en que se distinguía era la Técnica ge-
neral Bacteriológica.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 116-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 117
He realizado algunas pesquisas en el Ayuntamiento de Pinto, pero
lamentablemente en el Archivo Municipal no se encuentra documentación
de aquellas fechas, ya que se corresponden con la de los archivos que se
destruyeron en la Guerra Civil, y «nuestro fondo empieza en 1937», me
comunicó Dña. María Isabel Elvira Nacar, que amablemente me atendió y
que realizó algunas indagaciones en el Archivo Parroquial, principalmente
en los libros de bautismos, encontrando que faltaban los correspondientes al
periodo comprendido desde 1831 a 1903.
Refiere Maroto en su diario, con fecha 8 de julio de 1921:
«…Asistí a una comida mora. Terminado mi servicio en el escuadrón, mi
comandante me autorizó para que fuera con el alférez Sousa y el veterinario
Vidal Platón a dicha fiesta. Fuimos a la casa de la policía a recoger al teniente
Urenda. A las dos de la tarde, los nombrados y el alférez moro Sidi Mohamed-
Bufragi emprendimos la marcha a la zagüia de Sidi Mohamed-Ben-Al-La.
Estaban esperándonos éste último, dos o tres moros, D. Julio Fortea, capitán
de la Policía Indígena, y el teniente médico que no recuerdo su nombre».
Se da por cierto que falleció en Monte Arruit el 9 de agosto de 1921.
Valor acreditado. Fue enterrado el 26 de octubre de 1921. Sus restos se en-
cuentran en el Panteón de Héroes del cementerio de Melilla, fila 4, nicho 12.
Sin embargo, tal como queda reseñado en el documento adjunto, en el
que se establece una relación nominal de las bajas ocurridas al Regimiento
de Cazadores Alcántara 14, de Caballería, entre los días 17 de julio a 1 de
agosto de 1921, figuran los nombres de los veterinarios Eduardo Caballero
Morales y Vidal Platón, así como el del capellán D. José Campoy Irigoyen.
Se concedió a la madre de Vidal Platón una pensión anual de 3.500
pesetas (D.O. núm. 229, de 16 de octubre de 1923).
Ambos oficiales veterinarios participaron con arrojo en la defensa de
la posición, en el frente comprendido entre la puerta principal y los hornos
de intendencia. El teniente médico del Regimiento de Cazadores de Alcán-
tara 14 de Caballería D. Modesto García Martínez había desaparecido antes
de llegar a Arruit, seguramente durante la retirada de Tistutin; los veterina-
rios D. Eduardo Ángel Caballero Morales y D. Vidal Platón Bueno desapa-
recieron durante la evacuación de Monte Arruit, en aquel infame y salvaje
acto perpetrado por las turbas moras el 9 de agosto de 1921, (en el archivo
del cementerio de Melilla, en la hoja referente a Vidal Platón, asiento 1.358,
figura la fecha del 7 de agosto y hay un error en la transcripción de su segun-
do apellido), así como el capellán D. José María Campoy Irigoyen, natural
de Jaca, que con suprema dedicación atendió a tantos moribundos en sus
últimos momentos, entre ellos al laureado Tcol. Primo de Rivera.
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LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 119
Relación de bajas habidas en el Regimiento Alcántara 14
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120 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Tal como consta en el archivo del cementerio de Melilla, el 12 de abril de 1929,
los restos del veterinario 3.º Vidal Platón pasaron a ocupar el nicho n.º 12, fila 4,
del Panteón de Héroes (al pie de la inscripción aparece la firma del capellán
D. Francisco Ontiveros). Fotografía del autor.
D. Luis del Valle Cuevas, había nacido el 21 de junio de 1890 e ingre-
sado en el Ejército el 12 de octubre de 1917. Dos años después, el 12 de
octubre de 1919, ascendió a veterinario 2.º y pasó al Regimiento Mixto de
Artillería, encuadrado en el 2.º Grupo de Montaña, desplegado en Annual e
Izumar, junto con otro veterinario 3.º D. Federico López Gutiérrez.
Encuadrado en la 6.ª batería de monta-
ña del Regimiento Mixto de Artillería, que
acompañaba a la columna del Regimiento
de Infantería Melilla” n.º 59, llegó a la
posición de Kandussi y, posteriormente,
a Dar Quebdani. Se sabe que después
de combatir como un valiente y de ha-
ber sucumbido en la lucha todos los
individuos del grupo del que formaba
parte, Luis del Valle no creyó digno
rendirse al despiadado enemigo, y con
la última bala de su pistola se suicidó,
evitando caer preso de las hordas mo-
ras. Este hecho fue presenciado por los
soldados de artillería, que así lo declararon
posteriormente.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 120-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 121
En enero de 1923, su padre, D. Bernardo del Valle, recibiría de la
Sociedad de Socorros Mutuos, la cantidad de 1.582,50 pesetas. Uno de los
fundadores de esta Sociedad fue Vicente Sobreviela, quien sería el primer
oficial veterinario en alcanzar el generalato.
D. Tomás López Sánchez nació
el 31 de enero de 1890 en Vitigudino
(Salamanca), en la calle Pedro Velas-
co, 14. Ingresó en el Ejército el 30 de
septiembre de 1913. Fue ascendido a
veterinario 2.º dos años después, y se
encontraba destinado en la Coman-
dancia de Intendencia de Melilla.
En la noche del 23 de julio se
despidió de su esposa. Ella tenía a su
hija Anita de apenas un año en sus
brazos, mientras él llevaba de la mano
a Juan Antonio y Carmen, de cinco y
cuatro años. Les subió al último tren
que salió de Monte Arruit con destino
a Melilla.
A la mañana siguiente, el ca-
pitán jefe de la posición, Sr. López
Vicente, comisionó a López Sánchez
para ir a Zeluán en demanda de muni-
ciones, orden que este último cumplimentó de inmediato, partiendo a caba-
llo. Ya no podría regresar, al ser sitiado Monte Arruit.
Desde el día anterior a su llegada a Zeluán, habían comenzado a pasar
soldados aislados o en grupo por delante de la posición, algunos de ellos
heridos, sin armas, otros con los cerrojos de los fusiles en la mano, tam-
bién mulos sueltos, algunos embastados, y todos ellos sin oficial al mando,
sin organización alguna, presas del pánico muchos y diciendo lo que había
ocurrido en el frente. El reguero de soldados continuó hasta el día 24, de
manera que cundió el pánico entre la población civil, un gran número de la
cual evacuó el poblado a mediodía en dirección a Melilla, quedando el resto
refugiado en la alcazaba.
López Sánchez era un tirador de primera. En la fortaleza se apostaba
en el parapeto que daba frente a la estación, que se hallaba muy batido por
el fuego rifeño, y desde allí causaba cuantiosas bajas a los harqueños. Los
lienzos de la alcazaba, de unos 180-200 metros, estaban reforzados con ocho
torreones en cada lado con las correspondientes puertas de acceso interiores.
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122 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Pronto se cortó el agua que llegaba al recinto fortificado a través de
una cañería. Con el paso de las horas la situación empeoró ya que iban
llegando más enemigos a Zeluán. Hubo que retrasar las aguadas, para no
perder hombres cuando salían para buscar el precioso líquido, en algún pozo
ubicado fuera de los muros.
Decía La Voz Valenciana:
«El bizarro oficial de Veterinaria D. Tomás López Sánchez, asesinado
por los moros, prestaba sus servicios profesionales en Monte Arruit y Zeluán,
donde vivía, en unión de su esposa y sus tres hijos de corta edad. Al sorpren-
derle los sucesos, y en el último tren que salió de Monte Arruit, envió a Melilla
a sus seres queridos, y en la noche de aquel día recibió orden de marchar
a Zeluán en demanda de munición, que cumplió, pero sin poder regresar a
Arruit por impedírselo el enemigo. En la alcazaba se ofreció voluntario para
hacer la tan necesaria aguada, y en compañía de otros veinte se enfrentó al
enemigo parapetado en el cementerio, logrando desalojarlo. El día 30 de
julio repitió la salida y volvió a desalojar al enemigo, recogiendo diversos
útiles, zapapicos y palas, y deteniendo a un “moro amigo” a quien sorprendió
de noche arrojando desde la muralla municiones a los sitiadores.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 122-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 123
En los catorce días que duró el asedio, no descansó ni un momento, siem-
pre en los lugares de mayor peligro. Al evacuarse Zeluán no se sabe que fue
de López Sánchez, se supone que fue asesinado en venganza por su heroico
comportamiento, conocido por las hordas moras, como acaeció con el capi-
tán de la Policía Indígena Sr. Carrasco (sic), a quien se le oyó decir en los
últimos momentos de su vida comentando la conducta y arrojo de López Sán-
chez: “¡Cien laureadas pediría yo para él!”».
Escribiría el alférez Maroto en su diario:
«Con los gemelos podíamos apreciar [desde el aeródromo] cómo durante
el día un valiente oficial salía de la alcazaba, seguido de varios soldados, y a
la bayoneta desalojaba de enemigos el cementerio, mientras hacía la aguada.
En el cautiverio pude enterarme que este heroico oficial era un veterinario».
El día 26 de julio, al frente de 30 soldados del Regimiento de Caba-
llería de Alcántara, salió López Sánchez de la alcazaba. Su objetivo era el
desalojo de los moros que ocupaban el cementerio, los cuales hacían fuego
muy eficaz sobre las tropas españolas que llevaban a cabo el servicio de
agua. Se entabló una lucha feroz cuerpo a cuerpo, breve pero intensa, y los
rifeños fueron vencidos. Hacia las 16:00, una vez cumplida la misión, se
retiraron hacia la fortaleza. «Mientras yo viva las mujeres y los niños no
pasarán sed», solía decir el bravo oficial. En la fortaleza se encontraban
unas cincuenta mujeres indígenas con sus hijos, familiares de los policías
indígenas de la guarnición.
El poblado de Zeluán, cuyas casas se veían desde el aeródromo, ha-
bía sido desalojado y se trajo al interior de la alcazaba una considerable
cantidad de víveres, cerdos, borregos, cabras, y también harina. (Diario de
Maroto del 23 de julio). Sin embargo, la falta de orden y control de las sub-
sistencias motivó que se acabasen los alimentos demasiado pronto.
A media tarde, el enemigo prendió fuego al poblado en medio de un
gran jolgorio, tocando por la noche la campana de la estación y gritándonos
«Paisas, ya venir machina para ir a Melilla», añadiendo palabras soeces e
insultos, y con grandes alaridos mostraban su júbilo.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 123-142. ISSN: 0482-5748
124 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Vista aérea en la que se puede apreciar la alcazaba en el centro, el cementerio al fondo,
hacia el lado izquierdo de la fortificación, y el poblado de Zeluán en el lado derecho.
(Fotografía cortesía del Archivo Histórico del Ejército del Aire)
Vista aérea de la Alcazaba de Zeluán. Al fondo el poblado, la estación de tren y,
más arriba, el aeródromo. En el lado derecho se puede ver un carromato
y unos mulos a la entrada del pozo. En el borde inferior, el riachuelo.
(Fotografía cortesía del Archivo Histórico del Ejército del Aire)
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LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 125
López Sánchez demostró un gran arrojo y entusiasmo en la defensa
de su posición. Apostado en su parapeto que daba frente a la estación del
ferrocarril español de las Minas del Rif, que estaba muy batido por el ene-
migo, le causó numerosas bajas con su fusil ya que era un magnífico tirador.
En el paño oriental de la muralla del recinto fortificado del siglo XVII, se
encontraba el pozo, que estaba batido por el fuego procedente algunas trin-
cheras practicadas por los moros.
Su comportamiento el día 26 de julio de 1921 fue heroico; al frente de
veinte soldados de Alcántara [cuyos escuadrones se encontraban muy repar-
tidos en socorro de las tropas en retirada], salió de la alcazaba para desalojar
del cementerio a un grupo de moros que hacía fuego eficaz sobre el servicio
de aguada. El teniente López Sánchez avanzó rápidamente con la guerrilla,
apoyados por el fuego desde la muralla. En pocos minutos llagaron frente al
cementerio, relampaguearon los cuchillos al armar las carabinas y a la carre-
ra penetraron en el recinto. La lucha cuerpo a cuerpo fue breve pero intensa;
los españoles quedaron dueños del cementerio y mantuvieron la ocupación
hasta las seis de la tarde en que se replegaron a la posición. La hazaña se
repetiría días después, el día 30. El cementerio ya había sido fortificado por
el enemigo y el asalto resultó muy duro, pero de nuevo se logró desalojarlo
durante varias horas.
Decía El Telegrama del Rif:
«Los supervivientes de Zeluán hacen grandes elogios del valeroso proce-
der del veterinario 2.º don Tomás López Sánchez, que prestaba sus servicios
en la Comandancia de Intendencia, durante el asedio de la alcazaba». José
Ortega Munilla, padre de Ortega y Gasset, escribiría en ABC: «El jefe de Ca-
ballería D. Francisco Bravo relata los hechos: “cuando se rindió la alcazaba,
de cuya defensa había sido el alma, le vi por última vez [a López Sánchez], y
no se la suerte que correría. Seguro que el valiente ́arrumí́́ permaneció duran-
te mucho tiempo en la memoria de los indígenas”».
Se solicitó para Ló-
pez Sánchez la Laureada
de San Fernando por su
familia y todo el pueblo de
Vitigudino; sin embargo,
no pudo obtener a título
póstumo tan justo galar-
dón.
Lápida colocada en la fachada
de su casa en Vitigudino
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 125-142. ISSN: 0482-5748
126 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Las manifestaciones de los testigos que pudieron sobrevivir a aquellos
sangrientos días de finales de julio y principios de agosto, del caluroso vera-
no de 1921, relataron lo siguiente, según dio a conocer El Telegrama del Rif
del jueves 20 de octubre de 1921, bajo el título El heroico veterinario militar
López Sánchez: «Los supervivientes de Zeluán hacen grandes elogios del
valeroso proceder del veterinario segundo don Tomás López Sánchez, que
prestaba sus servicios en la Comandancia de Intendencia de Monte Arruit».
Una noche observó que varios indígenas de los que habían quedado
en la alcazaba, aprovechándose de las tinieblas y natural confusión, arroja-
ban al exterior armas y municiones. Con gran exposición de su vida, pro-
cedió a la detención de los traidores, encerrándolos en un calabozo. Hecho
esto dio cuenta a sus compañeros de lo sucedido.
Otra vez, abandonó durante la madrugada la alcazaba, dirigiéndose
a un lugar cercano, donde los rebeldes abrían trincheras, para hacer más
eficaz y con menos exposición sus ataques. Destrozó gran parte de los tra-
bajos y regresó al campamento llevando sobre sus hombros varios picos y
palas que los rebeldes utilizaban en sus faenas. En todo momento dio prueba
de su entusiasmo y elevado espíritu. Un día, bajo una verdadera lluvia de
balas, salió por enésima vez para hacer la indispensable aguada. Su marcha
fue presenciada por todos con admiración y temor. Transcurrió el día, y el
veterinario López Sánchez, esperado con gran ansiedad, no regresó. Desde
entonces, nada volvieron a saber los defensores de la alcazaba de su valero-
so compañero. Menos afortunado que otras veces, debió encontrar la muerte
en su temeraria empresa.
D. Enrique Ortiz de Landázuri Ro-
dríguez, veterinario 2.º, estaba destinado en
Annual y sufrió las pavorosas consecuen-
cias del desastre desde el principio. «Ortiz
ha sido el sufrido y resignado mártir que an-
duvo todo el calvario», decía en La Semana
Veterinaria D. Clemente Martínez Herrera,
uno de los veterinarios que salvaron la vida.
Enrique Ortiz nació en Madrid el 9 de
marzo de 1897. Cursó la carrera de Veterina-
ria en la Escuela Superior de Madrid, donde
su padre era profesor titular. En octubre de
1917 finaliza sus estudios en la Academia
de Sanidad con el empleo de veterinario 3.º
(alférez). Tras una breve estancia en Vito-
ria, pasó destinado al Grupo de Regulares
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 126-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 127
Indígenas 2, en agosto de 1919, ascendiendo poco después a veterinario 2º.
Destacado en Annual con los escuadrones del grupo, Ortiz asistió a los du-
ros combates que se produjeron hasta el día 22, fecha de la trágica retirada
a Dar Drius (posiblemente, el posterior repliegue desde aquella constituyera
un grave error del mando, dado que la posición estaba fortificada y disponía
de agua próxima). Su comportamiento fue muy destacado y valiente; de
día ayudando al oficial médico curando heridos y haciendo fuego con un
fusil en primera línea, y de noche en el parapeto, siempre de manera llana
y digna. En el combate del día 19, el más duro de cuantos se produjeron en
Annual, la caballería de Regulares llegó a mezclarse con el enemigo, y Ortiz
agotó la munición de su pistola, siéndole ésta arrebatada por los rifeños.
Continuó defendiéndose briosamente y en unión de un exiguo grupo, con-
siguió llegar a Zeluán, quedando en esta plaza con los oficiales del grupo, y
acompañado de López Sánchez, que de Monte Arruit se había replegado a
la alcazaba el día 24.
Participó en toda la campaña y en los principales hechos de armas en
los que intervino su grupo: combates de la Loma de los Árboles y convoyes
a Igueriben. El 23 de julio, junto al tabor de caballería, llegó a Zeluán, sien-
do uno de los oficiales designados para la defensa del poblado. Se distinguió
durante la defensa de la alcazaba.
Así narraba la prensa, en un artículo publicado el 23 de octubre de
1921, el heroico combate que el veterinario segundo Enrique Ortiz mantuvo
contra los rifeños en posición de primera línea: «Don Enrique Ortiz, desta-
cado con fuerzas indígenas en la primera línea de posiciones, luchó denoda-
do en una retirada épica, Se vio acorralado por un núcleo de enemigos, que
le arrebataron su pistola. Continuó defendiéndose briosamente, y consiguió
llegar con un reducido resto de la fracción de que formaba parte a Zeluán».
La puerta principal de la alcazaba, la del noroeste se hallaba batida desde el
poblado, la estación y el cementerio. La escasez de agua era muy acuciante:
«sangre por agua». El pozo del que se abastecía estaba fuera de los muros.
El servicio de aguada se convirtió en un acto heroico.
El joven veterinario de Regulares participaba como voluntario en es-
tas fuerzas de choque. Su comportamiento fue heroico en la línea de fuego
ayudando al oficial médico a curar a los heridos. Contribuyó eficazmente a
la defensa de Zeluán, y en el combate se le confió una sección y a su frente
supo luchar y morir bravamente, ya que una vez rendida la posición fue
vilmente asesinado.
En el aeródromo las balas moras perforaron los depósitos de gasolina
y las maderas de las ventanas del comedor y varios tabiques, alcanzando el
cuarto destinado a la fotografía. Se produjeron algunos aguaceros fuertes
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 127-142. ISSN: 0482-5748
128 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
pero muy breves. Había plagas de mosquitos y otros insectos que atormen-
taban a los sitiados durante la noche. Se intentó abandonar los pabellones
exteriores y entrar en el hangar.
Cuenta Juan Maroto que recibió la orden de llevar una caja de muni-
ción al aeródromo (3.200 cartuchos), con treinta soldados. Se llevaron fusi-
les nuevos y varios de repuesto. Había un camión Hispano con un mecánico
y el sargento Francisco Fernández Zarzuela, del Regimiento Melilla 59 de
Infantería, «y nos trasladamos todos al aeródromo. En aquella instalación
había tres pabellones laterales y la defensa principal la constituía la azo-
tea encima del hangar, que tenía un parapeto de unos 65 cm de altura. La
construcción era endeble, con tabique de panderete y puertas y ventanas de
madera. El aeródromo estaba batido por las lomas de Buguen Zein y por el
poblado, que se hallaba en poder de los harqueños. El depósito de bombas
estaba fuera del hangar y para protegerlo se acondicionó un parapeto hecho
con bidones vacios que eran atravesados por las balas moras. Un soldado re-
cibió un balazo en mitad del pecho que le hizo caer exclamando únicamente
«¡Ay mi madre!». Sacar agua del aljibe costó dos bajas más».
Los rifeños prendieron fuego a unos almiares de paja cercanos al ae-
ródromo, con intención de que estallase el depósito de bombas que estaba
situado fuera del hangar, pero la providencia quiso que cambiase el viento y
no se realizara su cruel intento. Para evitar que el enemigo pudiera acercarse
al depósito durante la noche, se abrieron unas aspilleras a raíz del suelo en
el dormitorio de la tropa.
Por la disposición que tenían los pabellones exteriores que circunda-
ban el aeródromo, no permitían comunicarse fácilmente entre ellos en tal
situación, por estar el callejón que los separaba del hangar completamente
batido por las balas enemigas. «Al amanecer cesó un poco el fuego, dedi-
cándose el enemigo a llevarse el botín cogido en el poblado, conduciéndolo
a lo largo de la vía, que por estar en alto, les protegía del fuego que pudiéra-
mos hacerle desde el aeródromo. Tan solo dejábamos disparar a los buenos
tiradores que realmente hacían bajas. Intentamos sacar agua del aljibe, que
estaba batido desde el poblado. Como la defensa se colocó en la azotea, y
allí teníamos que efectuar todas nuestras necesidades, todo esto iba a parar
al aljibe».
El día 30 salió por la puerta principal de la alcazaba un grupo de seis o
siete jinetes con dirección al aeródromo, solo tres lograron llegar, quedando
en el hangar donde mataron un caballo que venía herido, para ser comido.
El día 31, desde el aeródromo enviaron un camión cuba que, casi
milagrosamente, pudo llegar a la alcazaba aprovechando la distracción del
enemigo; sus defensores se propusieron devolver el favor a sus compañeros,
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 128-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 129
y sin esperar mejor ocasión, en una infortunada decisión, los recién llegados
cargaron una caja de munición y algunos sacos con víveres, de los cuales
también empezaban a escasear en el fuerte. Los harqueños ya estaban pre-
venidos y nada más el camión alcanzó el terraplén ferroviario, se pudo oír
una fuerte descarga, que acabó con la vida del conductor y su acompañante,
apoderándose el enemigo de toda la carga.
Escribe el alférez Maroto en su diario, refiriéndose a la situación en
el aeródromo de Zeluán:
«Día 31 de julio. Un soldado preparó la carne de un caballo. Aquellos
días para disimular el hambre tomábamos cartón, papel, cera, almidón que
había en el cuarto de fotografía, y fumábamos madera y toda clase de por-
querías; y para calmar la sed todo lo que fuera líquido, se bebió tinta, agua
de colonia, listerina, se sacó agua sucia de los radiadores[…].Uno de los días
que no teníamos nada que comer, se guisó un perro y un aguilucho, que era
la mascota del aeródromo, el perro si mal no recuerdo, era de Fernández de
Castro, presidente de la Compañía Colonizadora».
Pronto se agotaron los víveres, el agua y las municiones. Los pocos
aviones disponibles en Melilla se vieron obligados a lanzar pan, galletas,
munición, e incluso barras de hielo, desde una altura de mil metros, que-
dando destrozadas y la munición inservible al golpear contra el suelo sin
ningún tipo de protección; además, en no pocas ocasiones caían fuera de
la posición. Posteriormente se utilizaron algunos rudimentarios paracaídas.
Incomprensiblemente no se arrojaron bombas sobre las posiciones rebeldes.
La defensa del aeródromo era realmente difícil, ya que no era más
que una explanada en la que había pocos lugares para cubrirse, salvo alguna
que otra construcción aislada. El día 2 agosto de 1921 los defensores del
aeródromo, ante la imposibilidad de seguir resistiendo, incendiaron las ins-
talaciones y los aparatos (cuyos embalajes de madera en los que habían sido
transportados se transformaron durante meses en barracones para la tropa).
Al día siguiente, agotada cualquier posibilidad de mantener la alca-
zaba, se llegó a un dudoso acuerdo con el jefe harqueño Ben Chel-lal de la
cábila de Benu bu Ifrur, siguiendo las instrucciones procedentes de Melilla.
A la caída de la tarde llegó el momento de parlamentar, y los encargados de
ello fueron un trabajador de la empresa La Colonizadora llamado Jiménez
Pacheco, y su intérprete. Ninguno de los dos regresó a la fortaleza. La ten-
sión aumentó cuando el caid rifeño señaló a voz en grito ante la muralla que
«o los soldados deponían las armas en la jornada siguiente o serían pasados
a cuchillo». Aseguró en contrapartida que no les atacarían hasta llegar a Me-
lilla si dejaban libre la fortaleza, y sus gentes no asesinarían a ninguno de los
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 129-142. ISSN: 0482-5748
130 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
civiles que se encontraban allí. El capitán Carrasco de la Policía Indígena,
jefe de la posición, envió al teniente Dalias, de Regulares, a parlamentar con
Ben Chel-lal aceptando un principio de acuerdo.
Como se ha señalado anteriormente, la noche antes de la rendición,
el oficial veterinario López Sánchez, estando de servicio en el parapeto,
observó que uno de los quince policías indígenas que habían quedado en la
alcazaba tiraba los cartuchos fuera para que el enemigo recogiese las muni-
ciones. Inmediatamente dio conocimiento del hecho al capitán Carrasco y
al teniente Fernández. Con cautela los oficiales se reunieron en la caseta de
teléfonos y, uno a uno, fueron llamados los moros, desarmados y detenidos.
El traidor que arrojó los cartuchos fue fusilado. Una cierta y momentánea
tranquilidad se apoderó de todos, ya que los moros refugiados en la alcaza-
ba eran aún más peligrosos que los de fuera, en las huertas de Zeluán, en
los barrancos vecinos, en la carretera, en las casas del poblado, aguardaban
impacientes el asalto o la rendición para caer como sanguinarios chacales
sobre la posición.
Sobre las once de la mañana del día siguiente, 3 de agosto, viendo el
capitán Carrasco que no regresaba el teniente Dalias, que había sido envia-
do a Monte Arruit, de acuerdo con el jefe moro, para solicitar autorización
al general Navarro para la capitulación, y ante la presencia en la puerta de
un contingente importante de rifeños dispuestos al asalto, y las extremas
condiciones en que se encontraban, decidió entregar las armas, y las fuerzas
españolas comenzaron a salir de la alcazaba. Los defensores fueron despoja-
dos de sus ropas, correajes, dinero y todo lo que pudiera ser considerado de
valor. Sometidos a insultos, vejaciones y amenazas constantes, al detenerse
los hombres en el arroyo para beber, se produjeron continuadas descargas
de fusil, abatiendo indiscriminadamente a los defensores, ensañándose las
turbas rebeldes con los rendidos y moribundos. La enfermería del recinto
fue incendiada pereciendo carbonizados todos los enfermos y heridos, in-
cluyendo el médico y el capellán. Muchos fueron conducidos al llamado
Patio Moreno de La Ina, una casa de campo próxima donde serían torturados
y asesinados de la manera más cruel, convirtiéndose en un matadero de es-
pañoles. Solo tres o cuatro lograron sobrevivir y fueron hechos prisioneros.
La prensa local, siendo fiel a su línea editorial, autocomplaciente y
triunfalista, tendía a minimizar los hechos adversos que se producían en el
frente.
«El enemigo se apoderó ayer de Zeluán, después de tenaz resistencia por
parte de sus bravos defensores. Parece que los rebeldes faltaron a los ofreci-
mientos que hicieron a aquella guarnición». Y bajo el epígrafe «Los servicios
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 130-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 131
de aviación», puede leerse: «Como los días anteriores realizaron vuelos dos
aparatos […] que observaron las posiciones […]. Las severas órdenes dadas,
impiden conocer las observaciones que hicieron en los territorios reconoci-
dos desde las alturas».
El teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz declararía:
«Bendita patria que les lanza migajas y los abandona en vez de soltar
bombas contra el enemigo para darles a ellos una oportunidad. No entiendo
cómo no se les puede socorrer estando a solo 25 km de Melilla».
El día 22 de julio, a Zeluán empezaron a llegar una ingente cantidad
de heridos. Todos ellos contando horribles historias. El calor sofocante…
Uno que arribó a la posición fue el veterinario Enrique Ortiz, destinado en
Annual. El periódico ABC narró su heroico combate contra los rifeños en
primera línea de aquel desierto, en un artículo publicado el 23 de octubre de
1921. Según el relato del jefe de caballería Francisco Bravo (presente en el
asedio), «luchó denodadamente en una retirada épica. Se vio acorralado por
un núcleo de enemigos, que le arrebataron su pistola. Continuó defendién-
dose briosamente y consiguió llegar, con un resto exiguo de la fracción de
que formaba parte, a Zeluán». También llegaron dos columnas de soldados
españoles; la primera, de heridos, la segunda perteneciente al 6.º Escuadrón
del Regimiento de Caballería Alcántara. Cerraron con sacos terreros las cua-
tro entradas al lugar.
Pero aún quedaba por caer Monte Arruit. Según la detallada declara-
ción del herrador de 3.ª D. Macario Pavón Herrera, efectuada en Melilla el
15 de diciembre de 1921:
«[…] permanecimos durante cinco días en Tistutin hasta el día veinti-
nueve que a las tres de la mañana y después de haber organizado durante
toda la noche anterior el convoy de heridos para trasladarlos en camillas
y el resto en cuantos caballos útiles tenía la columna, salimos para Monte
Arruit, á donde llegamos sin novedad hasta un kilómetro antes, donde de un
macizo grande de chumberas próximo a la vía férrea empezaron a hacernos
fuego y a pesar de tener puestas banderas blancas; la mía de policía indígena
que iba en vanguardia se unió al enemigo […] echándose encima los moros
que se apoderaron de los tres cañones que nos quedaban, remataron á los
heridos que conducíamos y cada cual, como pudo, se metió en la posición a
la que hacían fuego desde las casas del poblado de La Colonizadora y de las
del Poblado Antiguo. Dentro de la posición había una columna compuesta de
individuos de todos los Cuerpos, muchos heridos, sumando entre todos como
unos mil hombres, de nosotros llegamos con el general Navarro como unos
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 131-142. ISSN: 0482-5748
132 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
dos mil […] del regimiento quedamos de cincuenta a sesenta hombres, estan-
do los oficiales siguientes; el Teniente Coronel D. Fernando Primo de Rivera
y Orbaneja, Comandantes D. Tomás Berrocoso y D. José Gómez Zaragoza,
Capitán D. Julián Triana y Tenientes D. José de Manterola, D. Francisco
Climent, D. Victoriano Rua, D. José Arcos Cuadra, D. Ramón León Font de
Mora, D. Gerardo García Castaños, Capellán D. José Campoy y Veterinarios
Terceros D. Vidal Platón y D. Eduardo Caballero…». Transcripción literal de
unas páginas del Expediente Annual (Melilla 11).
Se estima que estos oficiales veterinarios fallecieron el 9 de agosto de
1921. Nunca sabremos con certeza si Eduardo Caballero Morales, así como
Vidal Platón Bueno, murieron defendiendo la plaza o vilmente asesinados
tras la rendición; solo el cadáver del segundo sería recuperado, y sus restos
depositados en el Panteón de Héroes del cementerio de Melilla. En cadáver
de Morales nunca fue encontrado o reconocido. Años después sería dado de
baja en el Ejército como desaparecido. En aquellas fechas había cumplido
26 años.
Vista aérea de la posición de Monte Arruit tras la masacre, se pueden apreciar
los cadáveres diseminados en sus proximidades
El general Navarro ordenó el repliegue de las tropas desde Tistutin a
Monte Arruit, cuyo trayecto era de unos 16 kilómetros, que se realizó la no-
che del 29 de julio. A los supervivientes de la terrible y agónica retirada de
Annual a Dar Drius del día 22, se habían unido diversas fuerzas procedentes
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 132-142. ISSN: 0482-5748
LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 133
de otras posiciones. Ya se habían producido las heroicas cargas del Alcánta-
ra junto al cauce seco del río Igan para proteger los flancos de la columna,
lugar donde el Regimiento había sufrido enormes bajas. Cuando la van-
guardia divisa Monte Arruit son recibidos con nutrido fuego enemigo y su
acoso lleva a la confusión y el pánico. El enemigo también se concentra en
la retaguardia. La Policía indígena, que marchaba a la cabeza de la colum-
na, se replegó a los costados en ademán de combatir, escapando finalmente
en dirección al enemigo. Se producen de nuevo situaciones de desbandada
entre la tropa, que los oficiales intentan controlar, siendo algunos de estos
abatidos.
La columna penetra en Monte Arruit desordenadamente, el general
Navarro se ha quedado solo. Pronto varios oficiales se organizan para de-
fenderle, Sánchez-Monje, Gilabert y Primo de Rivera entre ellos. La harka
está muy encima y empieza a mezclarse con los soldados y se establece un
combate casi cuerpo a cuerpo. Un rifeño apunta a Navarro a corta distancia,
mientras Primo de Rivera detiene un caballo abandonado para que monte el
general, en ese preciso momento suena un disparo que destrozó el cráneo del
moro, cuya sangre salpica a ambos militares. El asistente del capitán de la
Lama, del África, le ha salvado la vida. Las fuerzas que llegaban no recibie-
ron el apoyo de los defensores que el general esperaba, salvo una guerrilla
que se estableció a doscientos metros de la entrada con poco resultado.
En Melilla se extiende el convencimiento de que, al menos de mo-
mento, no se va a mover un solo soldado hacia el frente.
Los soldados recogían los sacos de pan que eran lanzados por los
aviones y no los de munición, que resultaban inservibles.
No han pasado ni tres horas desde la entrada de los hombres del gene-
ral Navarro en Monte Arruit cuando, a las dos de la tarde, aproximadamente,
el enemigo inicia el fuego de artillería, con piezas emplazadas en el frente
este sobre una colina de chumberas, a unos dos kilómetros de la posición.
Al amanecer del día 30 de julio, el calor es extremo en Monte Arruit.
El teniente coronel Primo de Rivera está en los alrededores de la puerta prin-
cipal. Su gesto sonriente y su carácter generoso, optimista y sereno infunde
ánimo a todos, y se hace querer de cuantos le rodean. El sábado 6 de agosto
muere como consecuencia de la gangrena, después de que una granada le
hubiera destrozado el brazo derecho.
En la tarde del 2 de agosto, una comitiva de rifeños con banderas
blancas intenta entrar en la posición, pero son repelidos. La sed es insopor-
table y la búsqueda del agua cuesta sangre. Algunos soldados desertan ante
las promesas de los rifeños; cuando salen son disparados a quema ropa por
los moros.
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134 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
En El Telegrama del Rif del 5 de agosto de 1921, bajo el epígrafe
«Comunicando con general Navarro», se puede leer:
«Al desembarcar ayer las fuerzas en la Restinga, establecieron comu-
nicación heliográfica con Monte Arruit, contestando las fuerzas que allí se
hayan, a las órdenes del heroico general Navarro, que seguían resistiéndose.
Parece que en los alrededores del reducto de Monte Arruit hay numerosos
cadáveres indígenas».
El periódico ABC publicaría una crónica en la que, bajo el título «Me-
jora la situación en Marruecos», puede leerse:
«Un saludo del general Navarro al Rey… El general Navarro no quiere
rendirse. Se le ha autorizado, se le ha dicho que se rinda, y el general Nava-
rro se niega a rendirse […]. En el parte de ayer decía: “Tengo que añadir a
las novedades del día la muerte de Primo de Rivera y de Simeoni” […]. El
general Navarro conserva de tal manera el espíritu de los que están con él,
que deja marchar a todo el que quiere, a todo el que vacila, a todo el que
desea probar fortuna y ver si llega a la plaza [Melilla]. Cada día se mata un
caballo, y por los que llegan se sabe que cuando han comido todos, el último
que come es el general. Se trata de reservar en lo posible la muy escasa mu-
nición…».
Se prepara la salida de Monte Arruit, los tratos con los jefes de la
harka los ha iniciado el comandante Villar, superviviente de Abarrán. Salió
el ocho de agosto y vuelve a la posición pasado el mediodía del nueve; los
de Arruit llevan cercados desde el veintinueve de julio. Se desconoce qué
fue lo que pactó Villar con los rifeños, pero Navarro se entrevista con él y
da por terminada la resistencia, es la una menos cuarto de aquel tórrido día
nueve de agosto de 1921. A la una en punto la tropa deja el armamento, las
harcas apartan a los oficiales, algunos quieren compartir el destino con sus
hombres y se niegan a ir con el grupo del general Navarro a la estación de
tren de Arruit. En un principio parece que la salida se realizará más organi-
zadamente de lo que cabía esperar; pero, en ese momento en el poblado, que
parecía despejado de chusma, empieza a oírse un gran vocerío. Desde los
campamentos de la harca numerosos grupos corren o galopan hacia Monte
Arruit. Unos tres mil moros aúllan mientras avanzan hacia la posición. Unos
turbantes son lanzados en molinete al aire y los rifeños se abalanzan sobre
la desarmada tropa, que aturdida trata de apiñarse y defenderse. Se produce
una tremenda carnicería. Tres mil hombres perecieron dentro y en los alre-
dedores de aquella desdichada posición.
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LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 135
El viernes 12 de agosto, el diario de Melilla publicó una escueta nota
según la cual se habrían salvado setecientos hombres de la heroica columna
del general Navarro.
El domingo 14, publicó en El Telegrama del Rif:
«La tarde del 9 presenció el fin de la homérica resistencia de la heroica
columna Navarro. Los sangrientos sucesos desarrollados los primeros mo-
mentos, costaron la vida a varios de los nuestros (sic), pero también los re-
beldes sufrieron bajas. El general Navarro salió el último, con varios jefes y
oficiales. Iba a caballo…».
El ABC del 11/08/1921:
«Llegan vapores con refuerzos al puerto. Mientras, en Melilla, se desem-
barca el material de artillería llegado recientemente, y se disponen lancho-
nes que transportan soldados para la Restinga». «Se espera que hoy llegue
a Melilla el general Navarro con parte de su columna […] La cesación de
hostilidades en Monte Arruit y la evidencia de que se desarrollan gestiones
desde Melilla por conducto de Ab-el– Kader hacían esperar un desenlace
llevadero».
Sin embargo, el domingo 14 de agosto, la evidencia de los hechos
comienza a ser abrumadora, dice ABC:
«Parece comprobarse que la evacuación de Monte Arruit se desarrolló
de modo distinto a como ha venido asegurándose […]. En todo el frente de la
Plaza se han instalado potentes reflectores que durante la noche escudriñan
el Gurugú».
Ese mismo, día dimitía el ministro de la Guerra Luis de Marichalar y
Monreal, vizconde de Eza.
El total de las fuerzas reunidas en Arruit ascendía, el 29 de julio de
1921, a 3.017 hombres; reunidos en un perímetro inferior al que tiene la
Puerta del Sol de Madrid. La defensa de Monte Arruit se prolongó hasta el
9 de agosto. En aquella agonía faltaba el agua, la comida, las municiones
(5 cartuchos por individuo) y los medicamentos. Tres cañones descargaban
continuamente sobre la posición, que recibió 114 disparos el primer día, que
se concentraban sobre todo desde el mediodía hasta la puesta de sol. Unas de
las salidas para la aguada, fue catastrófica, no quedando prácticamente nadie
de los 200 que salieron en guerrilla. Durante los 12 días que allí estuvieron,
solo comían una vez al día garbanzos y arroz con carne de caballo.
La gangrena campó a sus anchas.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 135-142. ISSN: 0482-5748
136 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Declararía el general Navarro tras su liberación, después de permane-
cer cautivo un año y medio en duras condiciones:
«Tras haber recibido varios heliogramas autorizándome el Alto Mando
para pactar con el enemigo. Cuando empezaba a darse cumplimiento de lo
acordado ̶ sobre las 13,30 del día 9 de agosto comenzó la evacuación ̶ la
chusma que rodeaba el campamento en número de unos cuatro mil hombres,
asesinaron a la ya indefensa guarnición».
El valiente general moriría vilmente asesinado, junto a su hijo, en
noviembre de 1936, en las matanzas de Paracuellos de Jarama.
Es de justicia recordar aquí al veterinario segundo D. Manuel Ulierte
Torres, de la Comandancia de Artillería, nacido el 3 de abril de 1892 e ingre-
sado en el Ejército el 27 de noviembre de 1915 y dos años después ascendió
a ese empleo. Destinado en la Policía Indígena de Melilla, contrajo sobra-
dos méritos durante las operaciones seguidas para dominar los poblados de
Tafersit, asistiendo a soldados en la línea de fuego, retirándoles a hombros
hasta ponerlos a salvo y volviendo a las posiciones de riesgo.
El alférez veterinario Montero declararía que Ulierte se ofreció vo-
luntariamente al coronel Manella, jefe de la circunscripción de Annual y del
Regimiento Alcántara 14, para encauzar la evacuación de esa posición ante
el monumental desorden que se había producido, y junto con un sargento de
sanidad, y pistola en mano, lograron contener a los fugitivos y agregarlos a
las unidades que pasaban reunidas.
El Zoco el-Telatza, asignado al regimiento de Infantería África 68,
estaba situado al sur de la circunscripción de Melilla y próximo a la zona
francesa del Protectorado. En la defensa de Telatza se destacó el veterinario
tercero José Montero Montero que asistía al
ganado de la guarnición. El repliegue, tras
inutilizar las piezas y munición de artille-
ría, fue cubierto por la compañía del capitán
Prats, algunos soldados de infantería, diez
policías leales con su jefe el capitán Alon-
so y el oficial veterinario Montero, que se
unió voluntariamente a ellos. La extrema
retaguardia la constituyó una sección de Al-
cántara que quedó reducida a nueve jinetes,
de ellos siete heridos. En esta retirada fue
muerto el herrador de tercera Domingo Ro-
mán. (Declaración del alférez Montero en
Melilla, el 21 de septiembre de 1921).
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LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 137
A las tres de la mañana del 25 de julio la columna se repliega a zona
francesa; la noche, y una oportuna y densa niebla, hacen de excelentes alia-
dos. En cuanto clarea el día, la niebla comienza a levantarse, y la retirada es
descubierta. La posición de Tazurut Uzai también les observa, esta posición
es la situada más al sur, y aunque han recibido la orden de abandonarla y
escapar a zona francesa, no la cumplen. Son 120, van a morir todos, menos
7, en la noche del 25 de julio. Aunque las cifras varían según las fuentes,
en la retirada murieron unos 700 hombres de los 1.200 que componían la
columna, alcanzando las líneas francesas, que impasibles observaban lo
sucedido.
Por Orden Circular del Ministerio de la Guerra de 23 de mayo de
1932 (D.O. núm. 126), D. José Montero Montero, ascendido, del Regimien-
to de Cazadores de Caballería núm. 8, queda disponible en la segunda divi-
sión orgánica. Así aparece citado en La Semana Veterinaria, núm. 806; de 5
de junio de 1932.
A la pérdida de los oficiales veterinarios hay que sumar la de once
herradores de los catorce que prestaban servicio en el Regimiento Alcántara,
cuyo estandarte luce, en la actualidad, la corbata laureada, finalmente con-
cedida, e impuesta por SM el Rey el 1 de noviembre de 2012, en el Palacio
Real de Madrid.
Bajo un calor agobiante, el 14 de octubre de 1921, las tropas espa-
ñolas reconquistaban la Alcazaba de Zeluán. Desde aquel macabro lugar, el
general Miguel Cabanellas escribió una carta, que sería publicada por los
periódicos, a las Juntas de Defensa en estos términos:
«Acabamos de ocupar Zeluán, donde hemos enterrado quinientos cadá-
veres de oficiales y soldados. Estos y los de Monte Arruit se defendieron lo
bastante para ser salvados. El no tener el país unos millares de soldados
organizados les hizo sucumbir. Ante estos cuadros de horror no puedo por me-
nos que enviar a ustedes mis más duras censuras. Creo a ustedes los primeros
responsables […] Han vivido ustedes gracias a la cobardía de ciertas clases
que jamás compartí. Que la historia y los deudos de estos mártires hagan con
ustedes la justicia que merecen…».
Esto le valió al general Cabanellas una instrucción sumaria, por decir
públicamente lo que ya era casi de dominio público, que estas Juntas «solo
se ocupaban de cominerías, de desprestigiar al mando y asaltar el presupues-
to, sin ocuparse del material y por no aumentar la eficacia de las unidades».
Y eso, junto con la falta de mandos a la altura de las circunstancias, la es-
casez de material y víveres, con unos largos despliegues por territorios in-
hóspitos, sin cubrir la retaguardia, soldados de reemplazo y mal adiestrados,
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138 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
situando las posiciones que señalaban las cabilas, sin agua disponible, ar-
mando a los rifeños que se consideraban leales, permitiendo que los mandos
permanecieran en la plaza de Melilla y todo ello para defender una región
árida y muy difícil de mantener, cediendo a las exigencias de Francia que se
reservó la zona sur del territorio, mucho más extensa y fértil, que se adjudicó
tras el convenio hispano-francés de 1904, por el que se repartían la zonas
de influencia en Marruecos, y cuya hegemonía gala se vio refrendada en
marzo de 1912 mediante el Tratado de Fez, por el cual el sultán de Marrue-
cos cedía la soberanía a Francia, convirtiéndose en un protectorado francés,
unos meses después; el 27 de noviembre de 1912, se creaba el Protectorado
español de Marruecos. En el tablero africano de influencias de aquellos días,
también se hallaba presente, por supuesto, Inglaterra. Alemania ya había
conseguido lo que anhelaba.
En el diario del soldado Matez y en El Telegrama del Rif (noticia
impresa el 10 de agosto de 1921) se da cuenta de cómo fue evacuada la
posición de Zoco de Telatza. Este campamento se hallaba dividido en dos,
distante uno de otro unos 600 metros. El primero estaba guarnecido por
tropas europeas, al mando del teniente coronel García. El segundo servía
de acuartelamiento a las fuerzas de la Policía Indígena, a las órdenes del
capitán Francisco Alonso. «Cuando la situación se hizo insostenible, tras la
insurrección de las tropas indígenas del día 24 de julio, se decidió, a las tres
de la madrugada, evacuar el campamento e internarse en la zona francesa».
Hubo más de quinientas bajas, y se abandonó abundante material. En Hassi
Huenza, donde la columna internada permaneció dos días, los españoles
fueron bien recibidos y atendidos. De allí la columna pasó al puesto francés
de Camp. Berteaux, tras vadear el río Muluya (que desemboca a la altura de
las Chafarinas). Después montaron en un tren que les conduciría a Uxda y
luego a Orán.
«En Orán esperaban a los de la columna quince mil almas, en su mayoría
españoles. El cónsul de España en aquella ciudad se esforzó por atender a los
refugiados. Allí permanecieron desde el atardecer del sábado hasta la tarde
del lunes, que embarcaron en el Bellver para Melilla».
El jefe de caballeríaD. Francisco Bravo –uno de los salvados en esta
tragedia– escribe:
«El enemigo nos hostilizaba constantemente desde el cementerio, donde
se había atrincherado, imposibilitándonos la aguada. El capitán Carrasco
de la Policía, jefe de la posición, pidió voluntarios para una salida, con el
propósito de desalojar a los harqueños de sus defensas;
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LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 139
Como señaló en su informe el general de división Juan Picasso en 1922:
«La mayor debilidad [de las posiciones] era su alejamiento y la dificultad
de la aguada», a esto se unía malos mandos, largas líneas de aprovisiona-
miento, escasez de material, soldados mal adiestrados…».
Tras la toma de Zeluán, se procedió a la retirada de cadáveres y sa-
neamiento de la alcazaba y sus alrededores por fuerzas del regimiento de
Zapadores bajo la dirección de la comisión de Higiene. Se comprobó que
la enfermería había sido incendiada por los rifeños, pereciendo abrasados el
médico, el capellán y algunos heridos y enfermos graves que no pudieron
abandonarla. También se procedió a los trabajos de reparación, construcción
de pozos y conducción de aguas. Los regimientos Wad-Ras y Borbón acam-
paron en el interior de la fortificación. Por esos días, elementos indígenas
hostigaban a las tropas españolas, efectuando disparos hacia las posiciones
próximas a Segangan.
En la alcazaba, el olor a muerte y descomposición lo invadía todo.
Un profundo horror se manifestó ante los que habían liberado Zeluán. En el
llamado patio Moreno de la casa Fino La Ina, se encontraban un centenar y
medio de cuerpos que manifestaban gran sufrimiento y desesperación: cuer-
pos mutilados, castrados, quemados, crucificados, algunos maniatados con
sus propios intestinos…ahora unido a la ansiedad de los que buscaban a sus
seres queridos. Allí se encontraba el teniente Rafael Carrasco, hijo del bravo
capitán y el alférez de navío que tuvo que identificar lo que quedaba de su
hermano, el teniente médico Fernando González Gamonal.
Figura alegórica que podría representar la sed, la barbarie y el calor abrasador
que martirizó a tantos militares españoles en el Rif. Sillería del coro de la Catedral
de Ciudad Rodrigo. (Fotografía del autor)
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140 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
Apéndice
Mandos de Veterinaria Militar en 1921:
− Subinspector veterinario de 1ª, coronel: 3 en anuario, ninguno
en Melilla.
− Subinspector veterinario de 2ª, teniente coronel, 11 en anuario,
ninguno en Melilla.
En la Comandancia Militar de Melilla, en julio de 1921,
figuraban los siguientes veterinarios:
− Veterinarios mayores, comandantes: 27 en anuario, 1 en Melilla.
Se trataba de Baltasar Pérez Velasco, que era el Jefe de Veterina-
ria Militar de Melilla, había nacido en enero de 1874.
− En el anuario figuraban 111 veterinarios 1.º (capitanes), de los
cuales 8 estaban destinados en Melilla: Ladislao Coderque Gó-
mez, Agustín Elvira Sadava, Bonifacio Llevot Guillén, Candelo
Corbín Ondarza, Gonzalo Espejo del Pozo, Luis Plaza García,
Teófilo de la Ossa Alcázar y Clemente Martínez Herrera.
− Veterinarios 2.º (tenientes): 83 en anuario, 7 en Melilla: Alfredo
Jiménez Jiménez, Eusebio López Maestre y Barcena, Tomás Ló-
pez Sánchez, Manuel Ulierte Torres, Francisco Acin Martínez,
Luis Del Valle Cuevas y Enrique Ortiz De Landazuri Rodríguez.
− Veterinarios 3.º (alféreces): 44 en anuario, 6 en Melilla: Eladio
Gómez Díaz, Luis Doménech Lafuente, Eduardo Caballero Mo-
rales, José Montero Montero, Antonio Morado Gómez, Federico
López Gutiérrez.
− En el anuario militar de 1921 no aparece el veterinario 3.º Vidal
Platón Bueno. Sustituyó en el Alcántara a Doménech Lafuente.
− Total de veterinarios en Anuario de 1921: 279, de ellos 22 des-
tinados en Melilla. De estos, 5 muertos en combate: Eduardo
Caballero Morales y Vidal Platón Bueno pertenecían al Regi-
miento de Cazadores de Alcántara núm. 14 de Caballería. Tomás
López Sánchez a la Comandancia de Intendencia, Luis Del Valle
Cuevas al Regimiento Mixto de Artillería, y Enrique Ortiz De
Landazuri Rodríguez al Grupo de Regulares Indígenas.
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LOS VETERINARIOS MILITARES EN LA GUERRA DEL RIF 141
Herradores:
El Regimiento de Cazadores de Alcántara núm. 14 de Caballería con-
taba con 14 herradores (de 1ª, 2.ª y 3ª) de los 31 adscritos a la Comandancia
Militar de Melilla, de los cuales 11 murieron en combate.
Educandos de banda:
También murieron 13 de los 14 educandos de banda (cornetas) del
Regimiento, adolescentes casi niños, que acompañaron a su Unidad hasta
el final.
Cabezas de ganado:
Se distribuían en seis regimientos (San Fernando 11 de Infantería,
Ceriñola 42 de Infantería, Melilla 59 de Infantería, África 68 de Infante-
ría, Alcántara 14 de Caballería y Mixto de Artillería), la Comandancia de
Artillería, la Brigada disciplinaria, La Comandancia de Ingenieros, la Co-
mandancia de Intendencia, la Compañía Mixta de Sanidad, el Grupo de Re-
gulares Indígenas y la Policía Indígena.
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142 JUAN ALBERTO GALÁN TORRES
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El Telegrama del Rif. 30-XII-1920; 31-XII-1920; 5-VIII-1921; 12-VIII-
1921; 14-VIII-1921.
Expedientes del Juicio contradictorio para la concesión de la Laureada co-
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FERNÁNDEZ-CAPARRÓS, L.M.; GALÁN TORRES, J.A. e IGLESIAS
OLMEDA, J.L.: Homenaje a los veterinarios militares caídos en Ma-
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MOLLINEDO GÓMEZ-ZORRILLA. J.A. y MARÍN GARRIDO, A.:
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Madrid, 1924.
VILLAZÁN GARCÍA, J.: Juez instructor del juicio contradictorio. Resu-
men de Informe, 7 págs. Archivo Histórico Militar. Melilla.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 142-142. ISSN: 0482-5748
Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 143-166
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RHM.04
[Link]
1921 AÑO DEL «DESASTRE».
SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE DE ANNUAL
Manuel José GUIOTE LINARES1
RESUMEN
El artículo hace un relato empezando por los antecedentes a la pre-
sencia española en Marruecos hasta los Sucesos de Melilla de 1921 desde
el punto de vista de la actuación de Sanidad Militar. Su organización, des-
pliegue y medios.
Refiere pinceladas de la biografía de algunos personajes destacados y
sus actuaciones. Su sufrimiento entrega y heroísmo y muerte en muchos casos.
Se hace referencia a la improvisación y la falta de previsión como
causas más importantes del Desastre, reflexiona para terminar, sobre si la
situación, desde el punto de vista del apoyo sanitario podría repetirse.
PALABRAS CLAVE: Sanidad Militar. Desastre. Melilla. Protectorado.
ABSTRACT
The article makes a story starting with the background to the Spanish
presence in Morocco until the Melilla Events of 1921 from the point of view
of the actions of Military Health. Its organization, implementation and means.
1 General.
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144 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
It refers brushstrokes of the biography of some outstanding characters
and their performances. His suffering delivery and heroism and death in
many cases.
Reference is made to improvisation and lack of foresight as the most
important causes of the Disaster, he reflects to conclude, on whether the sit-
uation, from the point of view of health support, could repeat itself.
KEY WORDS: Medical Corps. Disaster. Melilla. Protectorate.
*****
ANTECEDENTES
D
esde Fernando III el Santo y Alfonso X el sabio y más a partir de
los Reyes Católicos, se siente la necesidad de impedir que los mo-
riscos reciban apoyos desde el norte de África y de salvaguardar la
costa mediterránea española. Esto lleva a realizar una serie de acciones que
empieza por la toma de Melilla (1496) sigue con el Peñón de Vélez de la
Gomera para posteriormente y en sucesivos reinados y campañas conquistar
Túnez, Oran, Bizerta y la Goleta, islas próximas a Alhucemas y se impide la
toma por parte de los ingleses de Perejil a solo 11 km de Ceuta.
Frontera de Ceuta
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 144-166. ISSN: 0482-5748
1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 145
Si esto ocurre en un pasado remoto ya en el siglo XIX y aprove-
chando la debilidad del sultanato marroquí intervienen esta zona geográfica:
Francia, Inglaterra y España.
Una agresión a Ceuta, años atrás a Melilla, y la muerte de un funcio-
nario consular son el detonante para el comienzo de una guerra de cierta
importancia entre España y el Sultanato. Primera guerra de Marruecos que
entre un claro ambiente patriótico tiene por objeto poner a España en la
primera línea de las Potencias europeas. Esto en realidad no se conseguirá.
Se pierden unos 7.000 soldados, dos terceras partes por enfermedad.
No se arreglan los problemas internos, y salvo aumentar los territorios de
Ceuta y Melilla, se disminuye así la presión de las Cabilas, consolidar la
soberanía sobre los peñones e islas, recibir una pequeña indemnización por
daños de guerra y fundir los cañones enemigos para realizar los Leones que
hoy presiden la entrada al Congreso, este conflicto solo conducirá a España
a participar en una serie de episodios bélicos que no terminan hasta 1927
con la pacificación del Protectorado.
Si vemos los datos, cerca de 5.000 de los 7.000 soldados muertos lo
son por enfermedad no por acción del enemigo, estos datos son una cons-
tante en los conflictos armados y puede que no hagan ganar la guerra, pero
si hacen que se pierda.
Es oportuno recordar la frase del general británico Sir Rupert Anthony
Smith, comandante supremo adjunto del mando aliado en Europa:
«El único resultado seguro del plan es la producción de bajas… …del
enemigo, si es un buen plan, propias, si no lo es. En cualquier caso, entre los
planes de apoyo, el primero debe ser el plan sanitario.»
Testigo y cronista de esta primera guerra es Pedro Antonio de Alarcón
que interviene como soldado voluntario y recibe la «Laureada» por desalo-
jar una posición enemiga a la bayoneta. Hay muchas más figuras destacadas,
en este episodio de nuestra historia, pero desde el punto de vista de sanidad
militar quiero destacar a D. Nicasio Landa Álvarez del Carballo, capitán
médico, luego coronel y que tendría un papel destacado en la fundación de
la Cruz Roja Internacional y determinante en la española, En el discurso
fundacional, de esta, hace referencia a que el verdadero valor se demuestra
cuando los gritos de los heridos acallan el sonar de los tambores. Se distin-
guió en los combates, escribió sobre la Campaña, ideo medios de evacua-
ción de heridos, lucho contra el cólera y fue sin duda, el principal artífice de
la creación de La Cruz Roja Española.
Muchos oficiales médicos destacaron en esta Campaña como lo de-
muestran las Laureadas que lucieron en el uniforme.
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146 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Heridos en Castillejos
En esta guerra se da un importante paso para conseguir una mayor
eficacia en el apoyo de sanidad, es la creación por R.O. de 11 de septiem-
bre de 1859 de las «Compañías Sanitarias» y vista su gran eficacia, fueron
reorganizadas con fecha de primeros de enero de 1860, dotándolas de una
plantilla más amplia: un Médico mayor Jefe; un Primer ayudante y dos se-
gundos ayudantes, un sargento primero, practicante mayor; treinta y cuatro
practicantes de medicina y farmacia; trece clases de tropa para aparatistas
y cabos de sala y setenta sanitarios. En base a estas compañías, se creará
la primera Brigada de Sanidad en 1868 que será considerada como Cuerpo
Armado del Ejercito por R.O. en 1873.
El interés europeo en África es creciente y es en la conferencia de
Berlín 1884-85 donde se reparte el Continente africano favoreciendo cla-
ramente a Reino Unido y Francia, quedando para España territorios difí-
ciles, escasos y de poco interés. La situación en el interior es difícil y no
hay mucho interés en la penetración en África. En esta época destacan, el
Padre Franciscano Lerchundi y el médico militar Felipe Ovilo, que realizan
una gran labor en todos los campos sociales, científicos y culturales en la
zona marroquí de influencia española, destacando: la Escuela de Medicina,
el Dispensario de Tánger, el Hospital Español, además de realizar Ovilo una
gran labor diplomática.
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1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 147
Felipe Práxedes Ovilo Canales nació en Segovia en 1850, en el seno
de una familia noble, y murió en Madrid en 1909 fue coronel médico y des-
taco en muchas facetas entre otras:
En la vertiente científica, fue un gran higienista militar y fundo Labo-
ratorio Histológico del Hospital Militar de Madrid luego llamado Instituto
Anatomopatológico de Sanidad Militar, institución de gran relevancia a ni-
vel nacional e internacional.
En su faceta militar participo en varios conflictos bélicos como la
Guerra de los Diez Años y la Guerra de la Independencia Cubana, fue en
Cuba donde contrajo la malaria enfermedad que estuvo a punto de costarle
la vida.
En la parte diplomática destaco en Marruecos donde realizo una labor
importantísima. Fue destinado como agregado militar a la Legación de Es-
paña en Tánger siendo además el director de la Escuela de Medicina de esa
ciudad. En Marruecos desempeñó múltiples labores diplomáticas, entre las
que destacaron su participación en las embajadas de José Diosdado y Cas-
tillo a Rabat (1888) y del general Arsenio Martínez Campos a Marrakech
(1894), ambas durante el reinado del sultán.
Fue un claro defensor del Regeneracionismo al cual, dedico varias de
sus obras escritas.
Tras esta campaña del siglo XIX, nace en España un movimiento afri-
canista que aboga por la penetración pacífica, y que alcanza su máximo ni-
vel en1909 con la creación de la Compañía Trasatlántica que unía Barcelona
con los puertos del norte de Marruecos, Tánger, Larache y Ceuta y se crea el
Centro Comercial Español en Tánger.
En 1902 se fija el reparto entre España y Francia de las zonas de
influencia en Marruecos, quedando para la primera las regiones del Rif, Ye-
bala y Gomera y se reduce en unos 20.000 km2 el territorio asignado por el
tratado de 1902. Es un terreno muy pobre, con habitantes de carácter inde-
pendiente, belicosos y muy buenos combatientes. A esta zona se le llamó,
«Marruecos no útil». El norte de Marruecos es una continuación de la pe-
nínsula Ibérica, este territorio llamado el Rif, que según su origen significa
país en guerra.
La zona del Rif es el escenario de los combates más duros y de la
mayor derrota, en Annual, que cambiara la política seguida en la zona.
En 1906, por el tratado de Algeciras, se legitima la protección euro-
pea de Marruecos. Empieza un Régimen, el Protectorado, poco conocido
por todos los estamentos de la sociedad española incluido el ejército, y se
rechaza la idea de conquista.
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148 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
En el periodo que va de finales del siglo XIX hasta 1927 y por distin-
tas causas y excusas, ocurren distintos enfrentamientos bélicos en los que se
ve involucrada España: 1.ª Guerra del Rif o de Margallo, 1893, donde 6.000
cabileños atacan a 400 españoles al borde de Melilla o la guerra de 1909
donde participa de manera destacada el héroe de Baler y entonces Cap. Me-
dico D. Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro, determinante y desde mi punto
de vista fue el elemento crítico que hizo posible la resistencia y la Gesta.
MELILLA. SITUACIÓN EN 1921
La corrupción se había convertido en parte de la vida cotidiana, im-
plicando a todos los sectores sociales, también al ejército que estaba sin
suministros ni dinero. Los almacenes estaban vacíos. Los oficiales pasaban
mucho tiempo lejos de sus tropas y entre los oficiales de la Policía Indígena,
muchos, hacían negocios particulares con dinero y material público.
La mayoría de las Bases estaban sin medios ni equipos, con más de 150
blocaos alrededor de Melilla, puestos de cualquier manera, de los que muy po-
cos tenían sanidad y equipamiento médico. Los soldados con una uniformidad
inadecuada y mala comida. En definitiva, la vida, para ellos, era un infierno.
Buenos soldados, mal preparados, mal vestidos y mal comidos, y para colmo,
en muchos casos mandados por jefes desmotivados y a veces corruptos.
Todo esto unido a los graves errores del General Silvestre lleva, a que
se produzca la mayor derrota militar sufrida por un ejército europeo a manos
de una «fuerza no regular». El teniente coronel Ricardo Fernández Tamariz,
en 1920, jefe de la posición de Zoco de Telatza de Bu-Baker, avisa al Ge-
neral en un largo informe de la situación en el Rif. El tono es respetuoso y
duro, en este escrito nos da idea de: la personalidad de Silvestre: «pese a tu
apariencia de hombre enérgico eres el niño grande de siempre…, y de las
condiciones que se daban en el territorio: «Hay en la policía indígena ex-
celentes oficiales…pero los hay otros…que contribuyen a que la policía no
haga nada…que hay en la policía elementos cuyas conductas y depredacio-
nes han levantado contra nosotros una tempestad de odios que se traducirá
en un levantamiento general el día menos pensado… y no comprendo cómo
no estas enterado tú, que dispones de los medios de información», y es de-
moledor cuando le dice: «has edificado sobre arena no están sometidos…
Las comunicaciones son dificilísimas, las posiciones deplorables. Son los
jefes moros los que indican los emplazamientos; todos sin aguada ni recur-
sos y fáciles de aislar. No se escucha la opinión de los ingenieros ni de los
artilleros» …
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1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 149
Asistencia en Posición defensiva
En este contexto y con gran descontento en la población indígena,
acentuado por una tremenda sequía, Abd el Krim declara la Yihad ante un
auditorio convencido:
«Oh, musulmanes, nosotros hemos deseado hacer la paz con España,
pero España no quiere. Solo desea ocupar nuestras tierras para…no pode-
mos esperar nada bueno de España…El Corán dice el que muere en la guerra
santa va hacia la gloria».
Y se desencadena el ataque. Las posiciones españolas caen como fi-
chas de dominó, llegando el enemigo hasta Melilla, ciudad que no toman
por ser «paisanos en armas» que llevan mucho tiempo combatiendo y frenan
el avance para volverse a atender sus casas y tierras.
Al conocer la noticia de Annual, el mariscal Lyautey comandante fran-
cés y veterano de campañas coloniales comento: «El soldado español, que es
tan valiente como sufrido podrá conocer mejores épocas con otros mandos».
SANIDAD MILITAR
Hasta el verano de 1921 no habían muerto tantos oficiales médicos en
acción de guerra y en tan pocos días. A pesar que la voluntad del Mando fue no
dejar sin asistencia a ningún herido, muchos fueron los que murieron durante
el ataque y desconcierto de la retirada, sin haber recibido atención médica.
Geoffrey Parker apunta que la muerte sin asistencia de 167 soldados
por gangrena debido a la inexistencia de apoyo sanitario en Monte Arruit,
donde se había detenido e intentaba defenderse el General Navarro, es res-
ponsable del pánico y en definitiva de la rendición.
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150 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
En estas fechas, estaba vigente el Reglamento del Servicio Sanitario
de Campaña de 1 de julio de 1896 que organizaba el servicio en base a una
Jefatura de Sanidad y varios escalones de apoyo.
El reglamento era bueno, pero como casi siempre, mal ejecutado. Las
Unidades con pocos medios, los establecimientos obsoletos y mal mante-
nidos pendientes de unas mejoras que nunca llegarían. Berenguer reconoce
que los servicios sanitarios eran deplorables y los hospitales inmundos por
lo que las bajas por enfermedad eran muchísimas y señala que una de las
causas de la bajísima moral, era la casi total ausencia de apoyo sanitario en
las unidades.
El jefe de sanidad era el coronel médico D. Francisco Triviño Valdi-
via, nacido (Canjayar, Almería en julio de 1851) ingreso en sanidad militar
en 1887 era, además, periodista, escritor, y gran conocedor de del Protec-
torado y sus costumbres y sus gentes por estar la mayor parte de su vida
militar destinado en él. Autor de gran cantidad de libros que tratan de diver-
sos temas relacionados con dicho territorio. El 14 de diciembre de 1821 es
cesado en el mando de la Jefatura de sanidad y relevado por el coronel Puig
Cristian. Ascendió a general en 1925, dos años antes de pasar a la reserva
tras quedar absuelto en el consejo de guerra que juzgo su actuación en los
sucesos de 1921. El coronel Treviño en juicio contradictorio para depurar
responsabilidades en los sucesos acaecidos, declaró que los medios con que
contaba la Jefatura resultaban insuficientes; «había deficiencias y falta de
recursos a todos los niveles…». Faltaban recursos en las enfermerías de
campaña, hospitales, parque de sanidad, transportes y material de campaña.
Había que hacer obras en el hospital Docker y ampliar el hospital indígena,
con un coste aproximado de medio millón de pesetas. Los proyectos de me-
jora se presentaron en 1920 al ministro de la Guerra y nunca se aprobaron.
Algún ejemplo: en Annual era necesario un hospital dada la impor-
tancia de la Base y la lejanía. La enfermería en esta base instalada sobre
tiendas con disponibilidad de 20 camas, con escasos medios y sin protec-
ción, podía ser batida de todos lados, en relación al transporte, el coronel
consideraba necesario duplicar el número de ambulancias, de cuatro a ocho,
y pensaba que ni con ese número podía garantizarse el Servicio, y solicito
que se aumentara la disponibilidad de camionetas Ford, mucho más baratas
y muy útiles para la evacuación de las bajas que pudieran ir sentadas, nada
consiguió. Su informe Triviño lo termina con esta profética frase: «estamos
confiando en lo que la suerte quiera depararnos».
Componían la Jefatura tres grandes bloques de asistencia para el apo-
yo a los soldados en campaña. En primer término, estaban los oficiales mé-
dicos destinados en los cuerpos, primer auxilio que recibían las tropas. En
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 150-166. ISSN: 0482-5748
1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 151
segundo lugar, los hospitales y enfermerías de campaña, donde eran atendi-
dos los heridos y enfermos con el objetivo de ser evacuados en las mejores
condiciones y con la mayor celeridad posible. Finalmente, los hospitales de
Melilla donde eran tratados hasta su total curación. Alrededor de los hospi-
tales se agrupaba: la Sección de Farmacia, el Laboratorio y el Parque de
Sanidad. Una Compañía Mixta de Sanidad, Militar apoyaba y hacia posible
el funcionamiento del sistema. También disponía de tres oficiales médicos,
en este caso capitanes, para atender las eventualidades de Melilla. De estos,
dos eran pilotos de avión, uno de los pioneros de la aviación militar españo-
la D. Antonio Pérez Núñez, el otro D. Luis Marina Aguirre. Los dos después
de los sucesos de 1921 pasaron al Arma de Aviación, uno como piloto, el
otro como médico.
PRIMER ESCALÓN
La Sanidad en los Cuerpos
Los oficiales médicos, destinados
en los cuerpos, constituían la primera lí-
nea de asistencia que recibían los solda-
dos en campaña. Según el Reglamento,
dos por Bon. de infantería, actuando el
más moderno en la línea de fuego y el
más antiguo en el puesto de socorro,
esta situación no se dio casi nunca, ya
que no había suficiente número, la ex-
cepción es el 68 de línea que disponía
de 4. Normalmente su «trabajo» lo ha-
cían bajo el fuego, acompañados del
botiquín de campaña, y del «máuser»,
el primero para atender a los heridos, el
segundo para defenderlos y defender la
posición junto al resto de los oficiales.
El teniente Vázquez Bernabéu recibe
la «Laureada» por atender a los heri-
dos asumiendo el máximo riesgo y por
evitar a culatazos la retirada de sus po-
siciones a los miembros de su Mia, en
el combate de «Loma de los Árboles». Antonio Vázquez Bernabéu
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 151-166. ISSN: 0482-5748
152 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Cayo prisionero al ser abandonado por las fuerzas indígenas y fue internado
en Axdir, localidad de nacimiento de Abd el Krim, de donde consiguió fu-
garse llegando a nado a Melilla.
Asistencia bajo el fuego
Como curiosidad y muestra de lo imprevisible del devenir, hacer re-
ferencia a dos personajes que se encuentran en el Zoco de Telatza donde,
en las fechas que nos ocupan, acampaba la columna móvil del Regimiento
de África con casi mil hombres. Allí había una enfermería que dirigía el
teniente D. Juan Pereiro Courtier, que era ayudado ocasionalmente por el
teniente de la 9.º Mia D. Miguel Palacios Martínez. Al producirse la retirada
a zona francesa, los dos tenientes médicos llegan al puesto francés de Hassi
Uenzga y luego son repatriados a Melilla. A partir de aquí siguen carreras
similares hasta el inicio de la Guerra Civil que los sitúa en bandos opuestos.
Palacios, destinado en Madrid se sitúa como jefe de la 39 Brigada Mixta de
la 5.ª División y llego a Mandar el XVI Cuerpo de Ejército de Levante, se le
concedió la Medalla al Valor y se exilió al terminar la guerra. Pereiro, por su
parte, estaba destinado en el 4.º Grupo de Sanidad de la 1.ª Comandancia, se
alzó en armas y fue enviado al Frente de Asturias. Al frente de su compañía
participo en la toma de Oviedo, acción por la cual se le concede la Medalla
Militar individual.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 152-166. ISSN: 0482-5748
1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 153
Un total de 35 tenientes y capitanes médicos servían en los Cuerpos,
de ellos 22 en el frente de los que 9 murieron en combate, 42 %, uno de ellos
el teniente Modesto García, que según el capitán García Gutiérrez, muere
el día 23 de julio combatiendo en vanguardia en una de las cargas del regi-
miento Alcántara. En las condiciones que estaban era imposible su actua-
ción como médico y dada la situación en que se encontraba el Regimiento
y la situación de las Fuerzas españolas, combate y muere como «soldado».
El Regimiento San Fernando fue el único que no perdió ninguno de
sus oficiales médicos.
«Vos Sancho iréis vestido parte de letrado y parte de Capitán, porque en
la ínsula que os doy tanto son menester las armas como las letras».
Miguel de Cervantes Saavedra
Capítulo XLII del Ingenioso Hidalgo
Dibujo original de Joaquín Parrón
SEGUNDO ESCALÓN
Las enfermerías de Campaña
Todas, excepto la del Zoco de Telatza, se establecieron durante el
periodo de Mando del coronel Triviño. Las formaban tiendas-hospital cua-
drilongas o cónicas. Algunas estaban pendientes de importantes mejoras.
Normalmente disponían de sala de curación, algunas de un pequeño quiró-
fano «limpio», botiquín fijo y algunas camas.
Había un total de ocho en: Zoco de Telatza, Afso, Tistutin, Dar Drius,
Ben Tieb, Izumar, Annual y Alfrau.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 153-166. ISSN: 0482-5748
154 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Los consultorios indígenas y enfermerías militares fijas
Los consultorios indígenas no dependían de la Jefatura de Sanidad,
sino de la Delegación de asuntos Indígenas. Todos tenían médicos y otro
personal en plantilla, no como en las enfermerías de campaña en que este era
eventual y disponían, normalmente de 12 c1mas, botiquín, cuarto de curas y
sala de intervenciones. Los consultorios más antiguos datan de 1909 y su ac-
tuación dura hasta 1957, dependientes, desde 1939, de una gran estructura;
la Dirección de Sanidad e Higiene Publica. Como complemento existían los
puestos sanitarios atendidos por practicantes. En 1921 existían enfermerías
o consultorios fijos en: Nador, Zeluan, Zoco de Arbaa, Zaio, Hasi BerKan,
Zoco el Had, Sammar, Monte Arruit y Kandussi.
El médico se convertiría en el mejor elemento para permitir la paci-
ficación, ya que era el que mantenía un contacto continuo con la población.
La Compañía Mixta de Sanidad
Constaba de 450 efectivos, 410 de tropa y el resto Mandos. Mandada
por un capitán médico y con cinco tenientes médicos, cuatro jefes de cada
una de las secciones que la componían. De los 450 efectivos de fuerza en
revista el 22 de julio solo 326 figuraban presentes. La compañía tenía: un
oficial de permiso, otro en el hospital y 87 sargentos y soldados no dispo-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 154-166. ISSN: 0482-5748
1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 155
nibles y eso para apoyar una fuerza de unos 24.000 hombres. De la fuerza
presente, 166 estaban en la Plaza, 114 en columnas y 44 en destacamentos.
Entre estos, los muertos ascendieron a 78 hombres, el 49,3 %. Sus secciones
se encargaban de diferentes servicios: refuerzo junto a los oficiales médicos,
asistencia en posiciones sin facultativos, y transporte de heridos en autoam-
bulancia, artolas o tren hospital. De las secciones dos, eran de montaña y
estaban en el frente de forma permanente.
Ni siquiera las ambulancias se salvaron del ataque de los rifeños
Cuando se produce el ataque, toda esta organización desaparece y
la desorganización y el pánico lo controlan todo. Las bajas son tantas que
hacen imposible su atención, más si tenemos en cuenta que los medios eran
muy escasos antes de empezar, que la mayoría de los oficiales médicos ha-
bían muerto o eran prisioneros y la tropa de sanidad estaba devastada.
El teniente medico Felipe Peña, único superviviente de los cinco Ofi-
ciales médicos que se encontraban en la posición, Monte Arruit, en el folio
785 y siguientes del Informe Picasso, enaltece la conducta de las fuerzas de
San Fernando, Artillería e Ingenieros durante la defensa, y hace constar que
«…en la enfermería, que estaba enfilada por la puerta y muy combatida,
fueron muertos casi todos los sanitarios y la situación se complicó con los
400 o 500 heridos que había, de los que muchos murieron por falta absoluta
de medios terapéuticos». En estas circunstancias se amputó el brazo, «a lo
vivo» por no disponer de cloroformo al teniente coronel Primo de Rivera.
El jefe de Sanidad de Annual era el capitán Juan Gracia Gutiérrez de
la promoción de 1916, ya de teniente había prestado servicio en el territorio
y lo conocía bien el 20 de julio asumió el Mando el comandante medico Car-
los Gómez-Moreno Martínez que había llegado el día anterior de Drius don-
de estaba en visita de inspección y al conocer las noticias se dirige de forma
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 155-166. ISSN: 0482-5748
156 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
voluntaria a la posición. Realiza un informe en el que manifiesta la falta
de seguridad en las tiendas de la enfermería que por la falta de parapetos
estaban expuestas al fuego directo de los rifeños dado lo cual tras lada a los
heridos a otras más protegidas como las de estado mayor y otras unidades.
Decidida la retirada empiezan los preparativos para la evacuación de los
heridos, con los escasos medios de que disponía los planes del comandante
Gómez-Moreno. Fueron concisos: Se emplearían dos camionetas Ford para
tras lado de los heridos europeos mas graves, vientre, cabeza y pecho, de
estos heridos se encargó el capitán García Gutiérrez y del resto el teniente
López Galacho que utilizaría las 40 artolas disponibles y los 65 mulos que
tenía la en su estadillo de fuerza la Compañía Mixta de Sanidad en Annual.
Para organizar conducir el convoy de artolas cuenta con 2 sargentos, un
tercero estaba herido, y 68 sanitarios de dicha compañía. El teniente sale en
retaguardia después de la última Artola. Durante la marcha tuvieron que res-
ponder al fuego rifeño y parar en múltiples ocasiones para asistir a heridos
que encontraban en la marcha.
Asistencia sobre la marcha
Tras múltiples vicisitudes llega a Dar Drius tras perder un número in-
determinado de hombres y material. Preparando una expedición a Tistuntin
donde espera un tren hospital, recibe la orden del general Navarro de que
todas las Fuerzas que llegaran desorganizadas a Drius continuaran a Melilla
y como pudo continúo, consiguiendo llegar a Melilla. En su declaración el
teniente López– Guilacho no aporta que número de heridos consiguió llegar.
Son solo ejemplo de las múltiples situaciones como las referidas se
dieron esto días de julio de 1921 en los sucesos de Melilla.
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1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 157
«…Vosotros valientes generales, oficiales y soldados que podéis presen-
tar anchas y gloriosas cicatrices procedentes de graves heridas adquiridas
en defensa de la patria y de la reina, hablad de mi y decid, ¿a quién debéis la
vida, a quien la conservación de los miembros…?»
Enfermería de Monte Arruit
Ante esta situación y sin ningún tratamiento ni control empiezan a
aparecer heridos en Melilla en tal número que colapsan el sistema. Los hos-
pitales no dan abasto.
TERCER ESCALÓN
Los hospitales de Melilla
Las bajas eran tan numerosas que fue necesario habilitar cuarteles
y colegios como hospitales. Se crean cuatro grupos y se organizan cuatro
equipos quirúrgicos al mando de un comandante cirujano, con dos oficiales
y dos practicantes.
− Primer Grupo: Cuartel de Alfonso XIII y Pabellón mixto de ar-
tillería, Hospital Central, antiguo hospital civil de Melilla, Hos-
pital de Infecciosos sólo para enfermos.
− Segundo Grupo: Centro Hispano Marroquí y Casino Militar,
Hospital Docker, pendiente de mejoras y que contaba con una
clínica especializada en traumatismos tanto de accidentes como
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 157-166. ISSN: 0482-5748
158 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
de guerra, que fue muy eficaz por su gran experiencia, ante los
sucesos de julio se reforzó con más personal y aumentó su es-
pacio. Aquí vuelve a aparecer, como comandante, una figura
destacada de nuestra historia, D. Rogelio Vigil de Quiñones y
Alfaro. Héroe de Baler. Hay que mencionar que Vigil se destacó
en las Campañas de Marruecos estando destinado en el territorio
en dos ocasiones y recibiendo dos Cruces al Mérito Militar con
distintivo Rojo.
− Tercer Grupo: Cuartel de Santiago. Cruz Roja y Grupo Escolar.
− Cuarto Grupo: Hospital López Jordana. Hospital Central y En-
fermería Indígena.
En total habría unas 2.500-3.000 camas disponibles, sin duda insufi-
cientes.
Además de los hospitales militares, carentes de casi todo, estaba
el Hospital de la Cruz Roja «todo un lujo» de medios materiales y hu-
manos, gestionado de manera eficacísima por la Duquesa de la Victoria,
M.ª Carmen Angoloti y Mesa, ayudada por «sus» Enfermeras Voluntarias,
cinco o seis entre ellas una hija de Jacinto Benavente, el Premio Nobel de
literatura, que ante los graves acontecimientos y por deseo de la Reina,
se trasladan a Melilla para «hacer lo que puedan», y lo hacen tan bien
que todos los soldados querían ser ingresados en «su hospital». Curan a
algunos, mejoran a otros, consuelan a todos, amortajan y clavan ataúdes.
Acuden a Melilla cuando casi todos querían abandonarla, incluso algunos
mandos militares.
María del Carmen Angoloti y Mesa, fue una aristócrata española
(nace y muere en Madrid 1875-1959) duquesa de la Victoria y condesa de
Luchana por su matrimonio con Pablo Montesinos Espartero, III duque de
la Victoria. Fue dama de la reina Victoria Eugenia de Battenberg desde el
2 de enero de 1911 y dama noble de la Orden de María Luisa. Organizó la
actividad de la Cruz Roja española durante la guerra del Rif, fue inspectora
general de los hospitales del Marruecos español entre los años 1924 y 1927
y presidenta de los hospitales de la Cruz Roja en España desde 1939.
En 1922 la nación las homenajea por su actuación, acto al que con-
tribuye el diputado socialista Indalecio Prieto que deja una crónica impre-
sionante:
«He regresado en el Alicante, el barco del dolor, entre enfermos y heridos
de guerra…He venido con la duquesa de la Victoria, única heroína de esta
guerra, mujer admirable…»
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 158-166. ISSN: 0482-5748
1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 159
Y ese mismo mes en el parlamento diría:
«…conozco en esta guerra un heroísmo ante el cual me hincaría de ro-
dillas, y es el de unas damas, que sea cual fuere su alcurnia, una conciencia
honrada como la mía no puede pasar en silencio…»
En 1921 se encontraba en Melilla, destinado a causa del Desastre el
capitán medico Fidel Pages Miravet, editor fundador de la Revista Española
de Cirugía en donde publicara en ese año un artículo llamado Anestesia
metamérica, al mismo tiempo que en la Revista de Sanidad Militar. En el
describía la anestesia epidural, sin duda uno de los descubrimientos médicos
de mas trascendencia para el control del dolor traumático de manera eficaz,
sencilla y segura. Esta técnica anestésica ha contribuido desde el punto de
vista militar al tratamiento de las heridas de guerra, evitando el dolor y man-
teniendo la moral ya que como decía Julio Cesar «no hay nada que desmo-
ralice más a un legionario que, los gritos de un legionario herido».
Gracias a este descubrimiento, el capitán Pages ha hecho mucho más
por las armas españolas que muchos otros famosos héroes militares. Desde
el punto de vista civil la aplicación de esta técnica totalmente vigente en la
actualidad y que es ampliamente empleada en multitud tipos de intervencio-
nes quirúrgicas además hace mala la maldición bíblica de «parirás a tus hijos
con dolor» hoy la mayoría de los partos son sin dolor gracias a la aplicación
de esta técnica anestésica.
Desgraciadamente ya como comandante Pages muere joven, en 1923
a causa de un accidente de tráfico.
Hospitales de retaguardia
Independientes de la Jefatura de Sanidad, ubicados en la Península,
los había para heridos y para enfermos.
Ante la gran cantidad de bajas, el Estado Mayor Central planea una
gran reorganización para su evacuación y tratamiento.
Evacuación de las bajas
Las bajas eran evacuadas en el buque Alicante, que transportó a Espa-
ña a los últimos de Filipinas, y fue adaptado para este cometido. La respon-
sabilidad de los heridos recaía en un comandante médico auxiliado por un
capitán médico, un farmacéutico, dos intendentes y otro personal. Realizó
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 159-166. ISSN: 0482-5748
160 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
su primera evacuación, 223 hombres, cuando aún se resistía en Monte Arruit
y hasta la pacificación hizo innumerables viajes a Cádiz y Málaga donde se
desembarcaba y partían los «trenes hospital».
«Vapor Alicante», buque hospital
El tratamiento se realizaba en distintas ciudades, según fueran heridos
o enfermos. Los heridos de la zona de operaciones de Melilla eran tratados
en Málaga, Sevilla y Madrid.
El Mando estaba en Málaga, El jefe médico, un teniente coronel, esta-
ba a las órdenes del Gobernador Militar, y mantenía comunicación constante
con el Alto Comisario y el Ministerio.
COROLARIO
Los oficiales médicos, tenían que hacer dos períodos de tres años de
servicio en Marruecos, situación que no se daba en ningún otro Cuerpo.
Solo hay un caso constatado de cobardía al frente de enemigo entre el
personal de Sanidad Militar, omito el nombre del oficial, pero los hechos se
describen en los folios 885R – 889R del informe Picasso.
Nunca antes, se habían producido tantas muertes de oficiales médicos
en tan poco tiempo y en acción de guerra. El deseo de no dejar a ningún
herido sin asistencia resultó una quimera.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 160-166. ISSN: 0482-5748
1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 161
Ante la grave situación que se planteó, la mayoría de las bajas sanita-
rias quedaron sin atención, muchas torturadas y rematadas sobre el terreno.
Se dieron casos de obligar a los heridos a abandonar los medios de evacua-
ción y usarlos, «personal propio» para huir más rápidamente.
Los oficiales médicos de los Cuerpos y los Consultorios fueron un
elemento fundamental en la pacificación del territorio y en la transforma-
ción, en menos de 50 años, de la medicina mágica de la zona en una medi-
cina científica.
Oficiales médicos destinados en la zona de Melilla 1921: 1 coronel,
2 tenientes coroneles, 12 comandantes, 26 capitanes, 34 tenientes. Total 75.
Muertos en acción de guerra:
− CAPITANES: Teófilo Rebollar Rodríguez, Víctor García Martí-
nez, José Espina Rull.
− TENIENTES: Modesto García Martínez, José Rober Mota, En-
rique Videgain Aguilar, Juan Bernal Esteban, Fernando Serrano
Flores, Primitivo Jiménez Urtuzun, Fernando González Gamo-
nal, Luis Hermida Pérez, Juan Pereira Coutier. Miguel Fernán-
dez Andrade, Wenceslao Perdomo Benítez.
− FARMACÉUTICO DE 2ª: Manuel Miranda Román.
− COMPAÑÍA MIXTA DE SANIDAD: Los muertos ascendieron
a 78, un 49,3 % de los que estaban fuera de la plaza. Siento no
poder nombrar a los Practicantes y Soldados sanitarios, no sé
sus nombres, pero sin duda auténticos HÉROES, junto con los
demás.
REFLEXIÓN
Se discute sobre el número de muertos, 10.000, 12.000, 15.000, en
cualquier caso, una barbaridad, y aunque solo hubiera sido uno lo seria, si
no se había previsto que podía pasar. En caso de guerra sería fácil pensar
que va a haber heridos y muertos y se hay que poner todos los medios y
tomar todas las disposiciones, si no para evitarlo que es imposible, si para
minimizar el número de muertos y las secuelas de las heridas. En caso de
no haberlo hecho es un claro caso de negligencia punible y eso debería ser
causa, aparte, de responsabilidades penales, de la vergüenza pública y de
la «demanda de la Patria por haber llevado a sus hombres a la muerte sin
remedio privándoles de la posibilidad de la victoria» un mal planeamiento
sanitario es un acto de traición.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 161-166. ISSN: 0482-5748
162 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
No he querido opinar, pero hay que reflexionar sobre el DESASTRE
ocurrido hace ahora algo más de 100 años, más que nada para que conocien-
do el, ¿por qué?, podamos comparar y analizar si hoy, tal como hacemos las
cosas podría pasar algo parecido. Desde mi punto de vista y analizando la
situación de Sanidad Militar que solo es una parte y un reflejo del resto de
las [Link]. creo que sí.
Mientras se confunda el medio con el fin, que es el apoyo sanitario de
combate, mientras no sepamos que al frente del enemigo están el teniente y
el capitán médico, enfermeros y soldados sanitarios asumiendo un gran ries-
go, mientras no tengamos un apoyo sanitario verdaderamente dimensionado
dentro del conjunto, mientras que el encuadramiento sea malo, mientras se
encargue la responsabilidad del planeamiento, conducción y la ejecución del
apoyo a aficionados, mal vamos.
En mi trabajo, el confiar en la suerte, confiar en aficionados, pensar
en que «nunca pasa nada» y en el que «venga detrás que arree», es transitar
por un camino seguro al fracaso y al DESASTRE.
¿Era inevitable el Desastre? Creo que sí.
Les dejo con las palabras del antes mencionado teniente coronel,
D. Ricardo Fernández Tamarit, extraídas de su declaración en el Informe
Picasso.
«…hemos sido como de costumbre, víctimas de nuestra falta de prepa-
ración, de nuestro afán de improvisarlo todo y de no prever nada, de nuestro
exceso de confianza, y todo aquello constituye una grave responsabilidad…»
(Desastre de Annual. Informe Picasso)
Dibujo original de Joaquín Parrón
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 162-166. ISSN: 0482-5748
1921 AÑO DEL «DESASTRE». SANIDAD MILITAR EN EL DESASTRE… 163
En 1923 se procede a la exhumación de cadáveres de Monte Arruit.
Participaron en esta penosa tarea: El Grupo Expedicionario del 1.º Regi-
miento de Zapadores Minadores, el 1.º Regimiento de Sanidad Militar y al
Grupo Expedicionario del Regimiento Treviño 26 de Caballería. Por esta
difícil Misión se concedió a estas Unidades la Gran Cruz de la Orden de la
Beneficencia a las mencionadas Unidades con distintivo morado y blanco.
Esta condecoración era de gran importancia y conocida como «Laureada
Civil».
La Orden Civil de Beneficencia fue una distinción civil española
que tenía por objeto recompensar actuaciones o servicios considerados ex-
traordinarios realizados en el transcurso de calamidades públicas, fue creada
el 17 de mayo de 1856, reinando Isabel II. Fue sustituida por la Orden Civil
de la Solidaridad Social el 17 de abril de 1989.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 163-166. ISSN: 0482-5748
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Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 165-166. ISSN: 0482-5748
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Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 166-166. ISSN: 0482-5748
Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 167-204
ISSN: 0482-5748
RHM.05
[Link]
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS
SANITARIOS PARA LA OPERACIÓN
DE DESEMBARCO EN ALHUCEMAS EN 1925.
«EL PROYECTO GÓMEZ ULLA»
Ramón DÍEZ RIOJA1
Olga MARTÍN OLALLA2
RESUMEN
El presente artículo pretende dar a conocer el proyecto de organiza-
ción de los servicios sanitarios que diseñó el médico militar Mariano Gómez
Ulla para la operación de desembarco en Alhucemas en 1925. A partir de
documentos de archivo y fuentes primarias se aborda con detalle el conte-
nido de la planificación y se analiza su posterior puesta en práctica, dejando
entrever que se trató de un programa meticuloso en su elaboración y eficaz
en su ejecución. También se arroja luz sobre el papel que desempeñaron en
aquel acontecimiento, decisivo en la historia de España, las «Damas enfer-
meras» de la Cruz Roja quienes, con la duquesa de la Victoria a la cabeza,
estuvieron presentes tanto en los hospitales de campaña, como en el Hos-
pital de la Cruz Roja en Melilla y en los barcos hospital que se habilitaron
1 amón Díez Rioja. Doctor en Historia Contemporánea. Coordinador Programa de Enri-
R
quecimiento para alumnos con Altas Capacidades de la Comunidad de Madrid. Conseje-
ría de Educación, Ciencia y Portavocía. Profesor-Tutor UNED.
2 Olga Martín Olalla. Graduada en Enfermería y Experto de enfermería de Urgencias y
Emergencias. Enfermera de urgencias extrahospitalarias SUMMA 112.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 167-204. ISSN: 0482-5748
168 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
para asistir a los heridos. Del mismo modo, se presentan los avances más
significativos que introdujo Gómez Ulla en la Sanidad Militar española, así
como la implicación de la enfermería en los progresos de la ciencia sanita-
ria. Por último, se ofrecen los datos más relevantes del resultado que tuvo en
su aplicación aquel minucioso y moderno planeamiento.
PALABRAS CLAVE: Desembarco. Alhucemas. Proyecto Gómez Ulla.
Tarjeta de Diagnóstico. Sobre Sanitario. Damas Enfermeras. Duquesa de la
Victoria.
ABSTRACT
This article aims to provide information on the project for the or-
ganisation of the health services designed by the military doctor Mariano
Gómez Ulla for the landing operation in Al Hoceima in 1925. Based on
archive documents and primary sources, the content of the plan is examined
in detail and its subsequent implementation is analysed, revealing that the
programme was meticulous in its preparation and effective in its execution.
It also sheds light on the role played in that decisive event in the history
of Spain by the “Lady Nurses” of the Red Cross who, with the Duchess of
Victoria at their head, were present both in the field hospitals and in the Red
Cross Hospital in Melilla and on the hospital ships, which were set up to
care for the wounded. The most significant advances introduced by Gómez
Ulla in Spanish military health care are also presented, as well as the in-
volvement of nursing in the progress of health science. Finally, it offers the
most relevant data on the results of the application of this meticulous and
modern planning.
KEY WORDS: Landing, Al Hoceima, Gómez Ulla Project, Lady
Nurses, Diagnostic Card, Health Envelope, Duchess of Victory.
*****
INTRODUCCIÓN
E
l 8 de septiembre de 1925 las tropas españolas llevaron a cabo en el
entorno de Alhucemas una gran ofensiva militar, propia de la «guerra
moderna». Una operación en la que participaron, además de la Divi-
sión de Desembarco del ejército español en África, las fuerzas navales espa-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 168-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 169
ñolas del norte de África, la escuadra de instrucción de las fuerzas navales
españolas, 9 buques de guerra de la armada francesa, la aeronáutica naval
y la aviación militar. El proyecto de desembarco elaborado por el general
Francisco Gómez-Jordana Sousa y ultimado en sus detalles por Primo de
Rivera junto con su cuartel general, permitió al Gobierno de España vislum-
brar el fin de la «rebeldía» de Abd el-Krim y someter definitivamente, veinte
meses después, el conjunto del territorio de Marruecos asignado a España
en el tratado de Protectorado firmado con el Gobierno francés en noviembre
de 19123. El planeamiento de la operación y los preparativos requirieron la
intervención de un elevado número de técnicos militares quienes, a lo largo
de intensas jornadas de trabajo, pergeñaron un proyecto serio, coordinado
y perfectamente viable. Además de los medios materiales y humanos que
intervendrían en la operación, se urdió un plan sanitario para atender a los
heridos, teniendo en cuenta que las primeras bajas se producirían nada más
desplegarse las plataformas de proa de las barcazas «K», que aproximaban
a las unidades a la playa; instante en que los soldados se convertirían en
potenciales blancos frente a las ametralladoras enemigas.
Antes de adentrarnos en el análisis del proyecto es preciso reparar
en algunos datos tales como el volumen y la organización de las fuerzas de
desembarco, para entender en su magnitud el plan del comandante médico y
cirujano Mariano Gómez Ulla4; ya que, en base a esa distribución y teniendo
en cuenta los medios que disponía, concibió el programa como un jefe u ofi-
cial de Estado Mayor pergeña la estrategia de una operación militar. Primo
3 especto al desembarco en Alhucemas de 1925 y proyectos anteriores que no se llevaron
R
adelante véase DÍEZ RIOJA, Ramón: El desembarco de Alhucemas. La intrahistoria de
una operación concluyente (1911-1925), Ministerio de Defensa, 2023. El libro explora
los diferentes proyectos que estuvieron sobre la mesa desde 1911, coincidiendo con la
campaña del Kert. La investigación aborda con detalle el desembarco llevado a término
en septiembre de 1925 desde la perspectiva de la historia académica generalista, es decir,
no solo desde un enfoque militar, sino que se inserta en un contexto de historia política,
económica, social, cultural y de relaciones internacionales.
4 En relación con la figura del médico y cirujano Mariano Gómez Ulla contamos con
varios trabajos, que aportan datos sobre su carrera desde diferente perspectiva: PON-
TE HERNANDO, F. J., GONZÁLEZ CASTROAGUDÍN S., PASCUAL BUENO, J y
GONZÁLEZ CASTROAGUDÍN, R: «Contribución a la Ciencia del General Médico
D. Mariano Gómez Ulla (1877-1945)», Sanidad mil 2018;74 (1); MARTÍNEZ AN-
TONIO, Francisco Javier: «Entre la diplomacia médica y la política sanitaria: médicos
militares en el Protectorado español en Marruecos (1906-1927)», Revista de Historia
Militar, núm. Extraordinario 2, 2012, pp. 201-241; GÓMEZ ULLA y LEA, José María:
un hombre, un cirujano, un militar, Editorial Madrid, Madrid, 1981; BELAÚSTEGUI,
Alejandro: Sanitarios militares en la guerra de África, 1909-1927. La lucha contra el
olvido VI, Ministerio de Defensa, Madrid, 2011, pp.159-192; SÁNCHEZ ANDRADE,
Agustín: «Militares ilustres. Hechos más importantes de la vida y obra del doctor Gómez
Ulla (cincuenta aniversario de su muerte)», Revista de Historia Militar, n.º 80, 1996,
pp. 212-242.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 169-204. ISSN: 0482-5748
170 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
de Rivera, general en jefe y alto comisario de España en Marruecos desde
el mes de octubre de 1924 por cese en el cargo del general Luis Aizpuru,
organizó la División de Desembarco en dos brigadas: una bajo el mando del
general Leopoldo Saro Marín, con base en Ceuta y otra dirigida por el gene-
ral Emilio Fernández Pérez, con base en Melilla5. Ambas brigadas se divi-
dían en columnas; la de Melilla en dos: una dirigida por el coronel de Estado
Mayor Manuel Goded Llopis6, jefe de Intervenciones y Fuerzas Jalifianas de
Melilla y otra al mando del coronel del Regimiento Infantería África n.º 68,
Félix Vera Valdés. Por su parte, la Brigada de Ceuta se organizó en tres
columnas: la primera al mando del coronel de la Legión Francisco Franco
Bahamonde, la segunda dirigida por el coronel Benito Martín González y al
frente de la tercera se dispuso al teniente coronel Miguel Campins.
El conjunto de la división de desembarco lo componían 18.441 sol-
dados, de los cuales un amplio porcentaje correspondió a unidades de tro-
pas coloniales: Regulares, Harcas, Mehalas y Legión; las tropas europeas
constituyeron un tercio de la fuerza de desembarco7. Además, el ejército
español contó, por primera vez en la historia de un desembarco anfibio, con
una compañía de carros de asalto, que no pudo desembarcar en la primera
oleada como estaba previsto porque las barcazas «K» que los transportaban
quedaron varadas a 50 metros de la playa. Su papel, en general, fue discreto,
principalmente porque la orografía no permitió que se utilizaran en el apoyo
a las unidades de Infantería, que era la idea original8.
5 rchivo General de la Administración (en citas sucesivas AGA), África, caja M 7/ 81-
A
09985. Exp. 2. «Proyecto General de Desembarco presentado por el general Francisco
Gómez-Jordana Sousa y aprobado por el Directorio en 1925»; RAMIRO DE LA MATA,
Javier: [Link] [En línea, 1 de enero
de 2022]; [Link].: Gómez Ulla, Hospital Militar Central: cien años de historia, 1896-
1996, Madrid, Ministerio de Defensa, 1996.
6 Manuel Goded Llopis dejó testimonio de su participación en la operación en la obra:
Marruecos. Las etapas de la pacificación. Málaga, Platea, 2021, pp. 147-248.
7 AGA, África, caja M 7/ 81-09985. Exp. 3. Ejecución de las operaciones. El Archivo
General Militar de Madrid (en citas sucesivas AGMM) custodia ingente información
relacionada con el desembarco: preparativos, ejecución y posterior desarrollo hasta fi-
nales del año 1925. Una gran parte de los documentos se encuentran microfilmados,
concretamente en el rollo 131, legajo 65 «Desembarco de Alhucemas»; rollo 605 «Ope-
raciones bahía de Alhucemas. Minutas de puño y letra del marqués de Estella», legajo
428, carpeta 1; rollo 606 «Memoria de la Comandancia de Ingenieros de Melilla relativa
al desembarco de Alhucemas», carpetas 2 y 9; rollo 631 «Concentración en Melilla de la
columna Fernández Pérez»; rollo 632 «Columna de desembarco del general Saro» legajo
449; rollo 633 «Operaciones-preparación del desembarco», legajo 449, carpeta 9; rollo
634 «Antecedentes y pormenores del desembarco», legajo 451, carpeta 4. Al margen de
esta documentación hay más información dispersa en diferentes cajas.
8 Con relación a los carros de asalto y su participación en la operación contamos con el
diario de Juan Urzaiz Durán, donde relata las vicisitudes de la unidad en la maniobra de
desembarco y días posteriores. El diario se puede leer en la obra: MIGUEL FRANCIS-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 170-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 171
Las fuerzas navales
Los buques de guerra dispuestos para la operación se distribuyeron en
tres escuadras, cada una de ellas con una misión. La escuadra francesa debía
convoyar y proteger la flota de transporte de la Brigada de Melilla. Esta es-
cuadra estuvo bajo el mando del almirante francés Hallier.
ESCUADRA FRANCESA (ALMIRANTE HALLIER)9
Acorazado París
Cruceros Metz y Strasburg
Destructores Touareg, Bambara, Annamite
Cañoneros Diligent y Tapageuse
Portaglobos Ibomar
TOTAL 9 buques de guerra
Cuadro n.º 1. Detalle de la escuadra francesa en el desembarco de Alhucemas.
Elaboración propia
La segunda la componían los buques de guerra de las fuerzas navales
españolas del norte de África, cuyo mando estaba asignado al contraalmi-
rante Eduardo Guerra Goyena y su cometido era convoyar la flota que trans-
portaba a las tropas y pertrechos de la Brigada de Ceuta10.
FUERZAS NAVALES ESPAÑOLAS DEL NORTE DE ÁFRICA
(CONTRAALMIRANTE GUERRA GOYENA)
Cruceros Victoria Eugenia y Extremadura
Cañoneros Canalejas, Cánovas, Dato, Recalde, Bonifaz y Laya.
Guardacostas Muluya, Ras, Lucus, Larache, Alcázar, Tetuán, Targa, Martín,
tipo UAD Xauen, Arcila y Kert
Garciolo, Jarama, Zaragoza, Gante, Macías, Castillo
Guardapescas
y Hernández
Remolcadores Cíclope, Ferrolano, Gaditano y Cartagenero
Barcos aljibes: África (300 toneladas) y Número 2 (100 toneladas)
Barcazas tipo K 26 barcazas numeradas del 1 al 26
Torpederos 6
TOTAL 65 barcos
Cuadro n.º 2. Detalle de las fuerzas navales españolas del norte de África.
Elaboración propia
CO, Luis: 1925. Nuestro día en Alhucemas. La unidad de carros de asalto en el desem-
barco de Alhucemas, Valladolid, Galland Books, 2008.
9 AGA, África, caja M7 81/9985. Exp. n.º 3.
10 Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán (en citas sucesivas AGMAB), Cuerpo
General, legajo. 620/527.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 171-204. ISSN: 0482-5748
172 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
Por último, la escuadra de instrucción de las fuerzas navales españo-
las quedó en reserva a disposición del alto mando. La dirección de la escua-
dra se encomendó a Francisco Yolif Morgado, vicealmirante de la Armada y
comandante en jefe de la escuadra de operaciones en aguas de Marruecos11.
ESCUADRA DE INSTRUCCIÓN DE LAS FUERZAS NAVALES
ESPAÑOLAS (VICEALMIRANTE YOLIF)
Acorazados Alfonso XIII y Jaime I
Cruceros Méndez Núñez y Blas de Lezo
Destructores Alsedo, Velasco y Lazaga
Dédalo. Perteneciente a la aeronáutica naval con doce
Portahidroaviones aparatos: seis hidroaviones supermarine de bombardeo
ligero y seis hidroaviones de reconocimiento12.
TOTAL 9 barcos de guerra
En conjunto, la escuadra combinada hispano-francesa movilizó 83
naves de guerra, incluido un porta-hidroaviones con capacidad para trans-
portar doce aeronaves; sin duda un enorme despliegue de tecnología al ser-
vicio de la guerra contra Abd el-Krim y el recién creado Estado del Rif.
Los barcos de transporte de la Compañía Transmediterránea
La flota encargada del transporte de tropas y pertrechos se dividió en
seis flotillas, tres para cada una de las dos brigadas. La mayor parte de los
barcos que componían la expedición pertenecían a la Compañía Transme-
diterránea13, que fueron requeridos por el Gobierno para llevar a cabo el
desembarco. La Compañía, a través del artículo 73 del contrato suscrito con
el Estado el 11 de abril de 1921, se había comprometido a prestar «los ser-
vicios extraordinarios auxiliares que la marina de guerra requiriese»14. La
Transmediterránea se constituyó el 25 de noviembre de 1916 a partir de la
fusión de varias navieras españolas: Compañía Valenciana de Vapores Co-
rreos de África, Sociedad Líneas de Vapores Tintoré, Ferrer Peset Hermanos
y Sociedad Anónima Navegación e Industria. Más adelante se unirían otras
compañías. La mayoría de los barcos que la Transmediterránea cedió habían
sido construidos en Gran Bretaña durante el último cuarto del siglo XIX.
11 Ibídem, leg. 620/1295.
12 NDRÉS VÁZQUEZ, Ernesto: «Hace ya 25 años. El desembarco de Alhucemas»,
A
Ejército, n.º 130, 1950, pp. 3-10.
13 FONT BETANZOS, Francisco: «La Compañía Transmediterránea en el desembarco de
Alhucemas», Revista de Historia Naval, 107, 2009, pp. 57-74.
14 Ibídem, p. 57.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 172-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 173
Ambas brigadas se distribuyeron en veinticinco vapores. A continua-
ción, se muestra el detalle de los barcos de transporte que asistieron a cada
una de ellas.
FLOTA DE TRANSPORTE DE LA BRIGADA DE MELILLA
Flotilla n.º 1. Capacidad Lázaro (1.000 hombres), Aragón (800 hombres),
de transporte: 3200 efectivos. Navarra (800 hombres) y Sagunto (600 hombres).
Alhambra (1.100 hombres), Menorca (800 hom-
Flotilla n.º 2. Capacidad
bres), Jorge Juan (800 hombres) y Florinda (600
de transporte: 3300 efectivos.
hombres).
Romeu 1.500 hombres; Roger de Flor (400 hom-
Flotilla n.º 3. Capacidad bres), Villarreal (barco hospital para 330 heridos),
de transporte: 1900 efectivos. Cullera (transporte de reservas) y un barco aljibe
de 100 toneladas15.
La flota asignada a las dos columnas que partie-
TOTAL ron de Melilla tenía capacidad para transportar
8400 soldados.
Cuadro n.º 4. Detalle de la flota de transporte de la Brigada de Melilla. Elaboración propia
FLOTA DE TRANSPORTE DE LA BRIGADA DE CEUTA
Castilla (100 hombres), Cabañal (1000 hombres),
Flotilla n.º 4. Capacidad de
A. Cola (800 hombres) y Hespérides (600 hom-
transporte: 2500 efectivos.
bres).
Segarra (1.000 hombres), Vicente de la Roda
Flotilla n.º 5. Capacidad de
(700 hombres), Vicente Ferrer (700 hombres)
transporte: 3000 efectivos.
y Menorquín (600 hombres).
Escolano (1000 hombres), Amorós (400 cabezas
Flotilla n.º 6. Capacidad de de ganado); Barceló (barco-hospital para 300
transporte: 1000 efectivos. heridos), Jaime II (transporte de reservas)
y un barco aljibe de 300 toneladas16.
La flota asignada a las tres columnas que partie-
TOTAL ron de Ceuta tenía capacidad para transportar
a 6500 soldados.
Cuadro n.º 5. Detalle de la flota de transporte de la Brigada de Ceuta. Elaboración propia.
15 UINTANA MARTÍNEZ, Eduardo: La marina de guerra en África: la tragedia del
Q
Concha (1913). El desastre y la reconquista (1921-1924), el desembarco de Alhucemas
(1925), campañas de 1926 y 1927 (la pacificación). Madrid, Compañía Íbero-Americana
de publicaciones, 1928, p. 258. Una descripción de la Marina en el desembarco de Al-
hucemas puede verse en: MESA GUTIÉRREZ, José Luis de y DOMÍNGUEZ LLOSA,
Santiago Luis: Alhucemas 1925. Las imágenes del desembarco, Madrid, Almena, 2011.
16 Los detalles y la actuación de la marina mercante pueden verse en: «Actuación de la
marina mercante en la ocupación de Alhucemas», Revista de Tropas Coloniales, no-
viembre de 1925.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 173-204. ISSN: 0482-5748
174 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
Si a los 83 barcos y barcazas de guerra se añaden los 25 barcos de
transporte, el número total asciende a 108 buques. Sin duda, la envergadura
de la empresa requería un enorme despliegue de medios, suficientes para
transportar a los casi 20 000 soldados y el extraordinario volumen de ma-
terial necesario, tal y como habían establecido los diferentes estados mayo-
res implicados en la operación, incluyendo los elementos sanitarios, objeto
principal de la presente investigación.
Mariano Gómez Ulla. Jefe de los servicios de cirugía y autor del proyecto
El 5 de septiembre embarcaba el médico militar Mariano Gómez Ulla
en el puerto de Ceuta a bordo del barco hospital Barceló; buque de la Com-
pañía Transmediterránea que había sido habilitado como tal el 17 de enero
de 1922, en plena campaña de «desquite» o «reconquista», tras el derrumbe
de la Comandancia General de Melilla, a partir de los hechos de Anual en
el verano de 1921.
La operación se ponía en marcha y todos los pormenores estaban
atendidos, gracias al concienzudo trabajo que durante meses llevaban rea-
lizando todos aquellos militares involucrados en la operación. Anejo a las
instrucciones generales se diseñó un proyecto de atención sanitaria, igual-
mente meditado y descrito con minuciosidad, con el fin de atender a los
heridos con prontitud y salvar el mayor número de vidas. Para conseguir el
objetivo, el general en jefe y presidente del Directorio Militar, Miguel Primo
de Rivera, telegrafió al médico-cirujano Mariano Gómez Ulla, entonces des-
tinado en el Hospital Militar de Carabanchel, en Madrid, para que diseñara
un plan de atención temprana que incluyese líneas y medios de evacuación,
además de referir una relación de los recursos humanos y materiales que
a su juicio requería la maniobra. Gómez Ulla, quien conocía los elemen-
tos de guerra con que contaban los defensores: fusiles (Level, Remington,
Mauser), ametralladoras, morteros, granadas de mano, y artillería, elaboró
el proyecto teniendo en cuenta que a muchos heridos leves en principio, si
no se les prestaba una atención rápida, podían morir de gangrena gaseosa;
una infección causada por la bacteria «clostridium perfringens» que produce
toxinas que libera gases, provocando la muerte del tejido. La experiencia
del cirujano en las campañas de Marruecos desde 1909 y en los campos de
batalla europeos le hacía acreedor de un gran respeto, no solo entre los fa-
cultativos –militares y civiles– sino que también era admirado por muchos
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 174-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 175
jefes y oficiales en África, quienes habían oído hablar maravillas de él y
confiaban plenamente en su labor17.
Con todo, Gómez Ulla elaboró el proyecto consciente de que solo
mediante una perfecta coordinación entre los elementos sanitarios de pri-
mera línea y los subsiguientes escalones, podía procurar resultados posi-
tivos. La elección del médico-cirujano al frente del operativo sanitario en
Alhucemas no fue arbitraria. El prestigio y la consideración que alcanzó en
Marruecos se debían a su especialización en cirugía de guerra, forjada en
el Protectorado español de Marruecos y también en los teatros de operacio-
nes de la Gran Guerra, principalmente en los frentes franceses. Allí practi-
có las técnicas más avanzadas aplicadas en los hospitales por los mejores
cirujanos, especializados en heridas de guerra18. El plan de Gómez Ulla
fue secundado por los facultativos destinados en los diferentes servicios
implicados en la operación: en los barcos hospital, en las barcazas «K» de
desembarco, en los hospitales móviles de campaña, y en los hospitales fijos
de Melilla, Málaga y Madrid, además del personal que prestó servicio en
los trenes hospital.
Junto a los médicos militares, trabajando codo con codo, actuaron las
damas enfermeras de la Cruz Roja, las Hermanas de la Caridad, los practi-
cantes profesionales, los camilleros afectos a las unidades de desembarco y
el personal de los botes motores de la escuadra, en los que prestaban servicio
los oficiales médicos de la Armada. Durante el desarrollo de la investigación
se analiza el papel que todos ellos desempeñaron, destacando las figuras
más sobresalientes de cada uno de los cuerpos sanitarios.
17 na descripción de los efectos que provocaba la explosión de las granadas en los
U
pulmones de los soldados en la Primera Guerra Mundial se puede leer en «Los ser-
vicios sanitarios en el frente occidental durante la retirada de Mons», La guerra y su
preparación, mayo de 1916, n. º 1, p. 63. Véase también un extracto de la conferencia
pronunciada por Mariano Gómez Ulla en el Ateneo militar el día 27 de noviembre
de 1916 que reproduce la Revista de Sanidad Militar con el título: «Los servicios
sanitarios en la guerra actual: impresiones de una visita al frente francés», 1 de enero
de 1917, pp. 5-9. Contamos también con las aportaciones, igualmente interesantes,
de otros facultativos militares con experiencia durante la Primera Guerra Mundial, en
los regimientos de Sanidad Militar como agregados o comisionados españoles: AR-
GUELLES, Agapito: «Organización de los servicios sanitarios en el ejército francés»,
Revista de Sanidad Militar, n.º 9, mayo de 1921, p. 263-271; VALDERRAMA, José:
«Los servicios sanitarios en la Gran Guerra», Revista de Sanidad Militar, n.º 9, mayo
de 1925, pp. 229-232.
18 «Homenaje a Gómez Ulla», Revista de Sanidad Militar, n.º 28, 1 de julio de 1922,
pp. 369 – 371.
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176 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
Planificación de los servicios sanitarios19
El extenso plan contemplaba varios apartados. Tras unas prevencio-
nes iniciales de carácter general, el facultativo describía los servicios nece-
sarios de primera línea y enumeraba la dotación sanitaria que debían llevar
las barcazas de desembarco. En su detallado informe establecía y organizaba
los puestos de curación y operatorios y refería la relación de hidroaviones y
barcos hospital que eran necesarios. De igual modo, determinaba cómo rea-
lizar el transporte y evacuación de los heridos y justificaba la necesidad de
conformar un número determinado de compañías extra de camilleros. Otro
aspecto al que prestaba atención era la relación y ubicación de los hospitales
móviles de campaña, definiendo su número, así como el equipamiento de los
equipos quirúrgicos. También hacia hincapié en la organización de los ser-
vicios de segunda línea y de retaguardia y, por último, explicaba con detalle
los centros de evacuación donde trasladar a los heridos y enfermos de las
diferentes unidades que iban a desembarcar.
El plan de Gómez Ulla se llevó a cabo tal y como lo proyectó, tenien-
do en cuenta que, durante el transcurso de la maniobra de desembarco hubo
de modificarse alguna actuación y buscar alternativas sobre la marcha, pues
como en cualquier planeamiento de estrategia militar, las instrucciones ini-
ciales deben ajustarse a las circunstancias de todo tipo que afectan al curso
del combate; entre ellas la estrategia que el enemigo diseña. Aparte de esta,
entraron en juego otras contingencias derivadas, por ejemplo, del relieve
que presenta el terreno o de la meteorología: el primero se desconocía; en
cuanto a la predicción del tiempo, en España dicha ciencia apenas se había
iniciado, tratándose, por tanto «de un arte nigromántico»20.
a. Prevenciones generales
Al frente de cada columna se nombró un jefe de Sanidad con empleo
de comandante (recordemos que Ignacio Despujols, jefe de Estado Mayor
del ejército español en África, organizó 5 columnas distribuidas de la si-
guiente manera: dos en la Brigada que partió de Melilla y tres en la Brigada
que zarpó desde el puerto de Ceuta). En la Brigada del general Saro, la co-
lumna de Francisco Franco Bahamonde estuvo representada por el coman-
dante médico Francisco Gómez Arroyo; la columna de Miguel Campins, por
Ovidio Fernández Rodríguez y la columna de Benito Martín por Juan Arana
19 a documentación relacionada con el proyecto de Sanidad Militar para la operación
L
se halla en el AGMM, África, rollo 633, legajo 449, carpeta 9 y rollo 635, legajo 451,
carpeta 4. Este último rollo contiene amplia documentación.
20 Aérea. Revista ilustrada de aeronáutica, n.º 25, 1925.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 176-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 177
Ciriza. Por su parte, en la Brigada de Emilio Fernández Pérez, la columna
de Félix Vera dicho cargo lo ostentó Enrique Fernández Lozano, y en la
columna de Manuel Goded el médico adjunto fue Pedro Bothelier Saldaña.
Al lado de cada de uno de los generales que mandaba las brigadas se asignó
a un jefe encargado de los servicios sanitarios, con el objeto de asesorar al
mando en todo momento. Gómez Ulla propuso que estos fueran los jefes
de Sanidad Militar de Ceuta y de Melilla: coroneles Francisco Fernández
Victorio y Eduardo Coll Sellarés, respectivamente.
Los jefes de Sanidad de las columnas, antes de embarcar las unidades
en los transportes, comprobaron que todos: jefes, oficiales y tropa llevaban
su correspondiente «paquete de cura individual», dando instrucciones pre-
cisas para su uso y conservación, y advirtiendo que cuidaran no perderlo,
pues este sería el único material que dispondrían en los primeros momen-
tos. El «botiquín» contenía vendas y yodo, además de un palo tortor para
cortar la hemorragia. Como medida de apoyo a los sanitarios, se ordenó a
los oficiales médicos de las unidades que instruyeran convenientemente a
un practicante (persona legalmente capacitada para realizar operaciones de
cirugía menor, hacer curas, poner inyecciones o administrar medicinas) por
cada 200 hombres en el manejo del tortor (palo corto o barra de hierro con
que se aprieta, dándole vueltas, una cuerda atada por sus dos cabos) y en la
aplicación de la cura individual, a la cual ya se ha hecho referencia.
Asimismo, antes de zarpar los comandantes médicos pasaron revista
al material sanitario de los cuerpos, con objeto de asegurar que este fuera
al completo con todos sus elementos. Aparte de los oficiales médicos, ca-
milleros y material adscrito a cada unidad, en ambas brigadas se organizó
un barco que transportaba los elementos y las unidades de Sanidad Militar:
camilleros, sección de higiene y personal afecto al hospital móvil y a la
ambulancia de montaña; en el caso de la Brigada de Melilla el barco fue el
Sagunto y en la Brigada de Ceuta el Escolano.
b. Servicios de primera línea
Los servicios de primera línea comenzaron a prestarse en las barcazas
de desembarco. Tanto la recogida de heridos y los primeros auxilios debían
realizarse y ser prestados por los elementos sanitarios a bordo de las «K».
Dicho personal tenía doble naturaleza: los que normalmente acompañaban a
las tropas y que con ellas debían quedar en tierra y los de la dotación sanita-
ria asignada a cada barcaza. Este último elemento prestó un eficiente servi-
cio durante las dos primeras oleadas de desembarco, las correspondientes a
las columnas de Francisco Franco y de Martín.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 177-204. ISSN: 0482-5748
178 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
Con el primer contigente en tierra, y ocupadas las alturas próximas a
la playa, el peligro durante las ulteriores maniobras de desembarco dismi-
nuyó notablemente. El equipo con que se dotó cada barcaza se organizó con
el fin de no utilizar los elementos sanitarios de las tropas, pues una vez en
tierra se consideraban imprescindibles, además de las dificultades que en los
primeros momentos o incluso días supondría reponer dicho personal. Cada
barcaza contaba, pues, con una pequeña dotación de material y de personal
fijo para la atención a los heridos. En cuanto al personal, se nombró un equi-
po de 6 hombres por cada «K», que fue seleccionado entre los practicantes
de carrera de unidades que no habían sido designadas para acompañar a
las tropas durante las maniobras de desembarco y el subsiguiente estableci-
miento de una cabeza de playa suficientemente segura para desembarcar el
conjunto de material.
Con relación al material, cada barcaza llevaba la siguiente dotación:
50 paquetes de cura individual, 50 paquetes de compresas, 100 vendas surti-
das, 300 gramos de pintura de yodo, 1 litro de alcohol de 90 grados y 6 tubos
de goma para hemostasia (detención de la hemorragia).
c. Puestos de curación y operatorios
La necesidad obligó a que estos puestos cubrieran ambos cometidos.
Con la información que nos aportan los documentos de archivo podemos
adelantar que los sanitarios destinados en estos puntos trabajaron en con-
diciones precarias. A continuación, se justifica esta hipótesis. En concreto,
se dispusieron cuatro puntos de atención: uno fijo en el Peñón y los tres
restantes en barcos. Respecto a los barcos hospital, Mariano Gómez Ulla
elevó una queja al general en jefe lamentándose de que estos no reunían las
condiciones necesarias: «según mis noticias, los dos últimos barcos elegi-
dos tienen malísimas condiciones para dicho fin, por su poca capacidad y
disposición. El Barceló es muy malo y estos son infinitamente peores [se
refiere al Villarreal y al Andalucía]. Considero es mi deber hacerlo notar»21.
De este modo, alertaba al alto mando de que los buques hospital no reunían
los requisitos para atender a los heridos. En cada uno de los tres barcos se
instaló un puesto quirúrgico, cuyas funciones se limitaron simplemente a
curar y poner en condiciones de transporte a los heridos que recibieron,
practicando únicamente las intervenciones de imprescindible urgencia. Para
la buena marcha de los servicios, dentro de cada barco se instaló en cubierta
una tienda cuadrada del servicio de sanidad con objeto de diagnosticar y
21 GMM, África, rollo 633, «Operaciones-preparación del desembarco. Proyecto Gómez
A
Ulla», legajo 449, carpeta 9.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 178-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 179
clasificar a los heridos. Es decir, un puesto de triaje, una práctica con más
de 100 años de existencia, pues sabemos que se comenzó a realizar en las
guerras napoleónicas22.
Por lo que respecta al Hospital del Peñón, y en base a la información
recibida desde Melilla, el jefe de los servicios sanitarios de la operación
envió un informe en el que proponía los cambios que en su opinión debían
llevarse a cabo para acondicionar el citado hospital a las necesidades que
requería la inminente maniobra. Consideraba que la sala dedicada a opera-
ciones no estaba ubicada en un lugar apropiado, pues su localización, justo
debajo del emplazamiento de una pieza de artillería, constituía un inconve-
niente serio por el desprendimiento de polvo a que daba lugar la trepidación
en el momento de realizarse los disparos. Así mismo, los locales destinados
a sala de enfermería, con una capacidad de treinta camas, habían sido des-
truidos por los bombardeos del enemigo, quedando reducidos a unas diez
o quince camas su capacidad de alojamiento en ese momento (finales de
agosto de 1925). Gómez Ulla hacía hincapié en la importancia de la insta-
lación de dicho puesto quirúrgico para intervenir a los heridos graves, pues
los barcos hospital no reunían –como se ha dicho– condiciones, «ni aún el
mismo Barceló». Todo ello aparte de la influencia del mareo sobre los ciru-
janos, que podía incluso llegar a inutilizarlos23.
Con todo, el autor del proyecto elaboró un documento en el que des-
cribía las condiciones mínimas de higiene que precisaban las salas, además
de otros aspectos que debían ofrecer las instalaciones. Gómez Ulla proponía
habilitar un local que sirviera de sala de cirugía lo suficientemente amplia
como para instalar dos mesas de operación24. No consideraba una condición
sine quanon que la habitación careciera de luz natural si contaba con luz
eléctrica. Solicitaba además un segundo local para instalar al menos cuaren-
ta camas y repuesto de agua en abundancia para cubrir todas las necesida-
des. Reconocía indispensable la instalación de una grúa, que debía instalarse
en el punto más conveniente de la isla, para subir a los heridos desde los
botes de transporte. Estas eran las condiciones que exigía. Sin embargo, el
médico cirujano era consciente de la premura de las operaciones, por ello,
en el informe anotaba que, si las mejoras que proponía fueran imposibles de
materializarse –como así fue finalmente– podría pensarse como alternativa
montar el puesto operatorio a bordo de unos de los acorazados tipo «Al-
22 ARGARET MACMILLAN: La guerra. Cómo nos han marcado los conflictos, Ma-
M
drid, Turner, 2021, p. 47.
23 AGMM, África, rollo 633, «Operaciones-preparación del desembarco. Proyecto Gómez
Ulla», legajo 449, carpeta 9.
24 Ibídem
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 179-204. ISSN: 0482-5748
180 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
fonso», refiriéndose al Alfonso XIII o al Jaime I, por ser más estables, aun
cuando ese tipo de barco no reunía tampoco grandes condiciones. Cerraba
el escrito puntualizando que, desde todos los puntos de vista era preferible
establecer el puesto en el Peñón. Finalmente, el Hospital del Peñón no se
acondicionó porque no hubo tiempo material y la sala de operaciones tal y
como solicitaba el doctor no pudo utilizarse como principal puesto quirúr-
gico de urgencias. Tampoco se cedieron los dos acorazados de la escuadra
para tareas sanitarias.
No obstante, el gran esfuerzo que se realizó por contar con un punto
en tierra firme para operar de urgencia a los heridos de gravedad, las condi-
ciones tanto del Peñón como de los barcos hospital eran precarias, por las
razones ya apuntadas. Si a esta circunstancia se añade el elevado volumen
de heridos que se preveía (que luego no fue tan alto), Gómez Ulla planteó
la opción de habilitar entre dos y cuatro hidroaviones destinados al trans-
porte de heridos graves. «Debe ser sencillo ponerlos en condiciones para
que lleven uno o dos heridos acostados»25. Explicaba que las evacuaciones
se harían a Málaga o a Melilla y no a Mar Chica para evitar el transporte
posterior en ambulancia. A esta idea, el sanitario le concedía gran importan-
cia, «pues resolvería el problema de locales sin aumentar la capacidad de
hospitalización del Peñón»26. El alto mando debió de entenderlo así, ya que
cedió a la petición del médico militar y ordenó que se adaptaran dos hidros
Dornier para el transporte de heridos, y dispuso que se fondearan próximos
a la playa. Además de los Dornier, la Cruz Roja colaboró con dos Junkers
F-1327. La compra de estos dos últimos aviones la costeó Alfonso XIII. Se
trataba de aviones modernos, de ala baja, con un motor de 280 c.v. y una
velocidad de 170 km por hora. Tenían capacidad para transportar cuatro he-
ridos: dos tumbados y dos sentados28. Fueron, por tanto, cuatro los aparatos
de vuelo que se dedicaron a trasladar heridos a Málaga y a Melilla. A pesar
de las recomendaciones de Gómez Ulla de amerizar en el puerto de Melilla
y evitar la base del Atalayón, fueron varios los servicios que se realizaron en
este punto. Si atendemos al estudio del médico civil González Canomanuel,
los hidros no amerizaron en Melilla hasta el 16 de octubre de 1925 por falta
de permiso, cuyas razones desconocemos. Según el autor se realizaron 28
25 I bídem
26 Ibídem
27 SÁNCHEZ MENDEZ, José y KINDELAN CAMP, Alfredo: «La aviación militar española
en la campaña de Marruecos (1909– 1927)», Aeroplano. Especial. n.º 29, 2011, p. 94.
28 GONZÁLEZ CANOMANUEL, MÁ: «Los primeros heridos y enfermos evacuados por
vía aérea en España por la Aeronáutica Militar (1923-1927). 95.º aniversario del co-
mienzo de la aviación sanitaria española», Sanidad mil. 2018; (74) 3, p. 193.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 180-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 181
traslados desde el entorno de Alhucemas hasta la base de hidroaviones del
Atalayón, en la Mar Chica o hasta Melilla29.
A Gómez Ulla le preocupaba que a muchos de los heridos había que
rasgarles los uniformes para curarles, o que llegaran con ellos muy mancha-
dos de sangre, por lo que estimaba conveniente que en los barcos hospital se
instalara un depósito de pijamas o prendas de uniforme, con el fin de evitar,
en el momento de bajarse del barco, especialmente de aquellos enviados a
la Península, el desagradable efecto de un herido desnudo o con vestidos
empapados en sangre.
d. Transporte y evacuación de bajas
Desde el punto de vista sanitario constituye la fase más importante en
una operación de guerra de esta naturaleza. De su organización y rapidez de-
pende la vida de los heridos, debiendo por lo tanto dedicarse a este servicio
la mayor suma de elementos. Desconocemos cuántos soldados murieron por
no ser atendidos de forma inmediata, con toda probabilidad no lo sabremos
nunca; sin embargo, lo que sí sabemos es que se realizó un extraordinario
esfuerzo por parte de los servicios sanitarios, incluidos farmacéuticos, prac-
ticantes, camilleros, enfermeras, y resto de personal que estuvo al lado de
los enfermos y heridos, y que contribuyó a salvar un elevado número de
vidas, en la que fue la mayor operación que el ejército español llevó a cabo
en Marruecos.
El 8 de septiembre de 1925 al amanecer, el convoy se encontraba muy
disperso del mismo modo que el día anterior; sin embargo, tras la orden de
forzar la marcha, todos los barcos de la flota que transportaban a las tropas
de la Brigada Saro lograron concentrarse en el punto acordado en torno a las
10:00 h.30. La mañana se presentaba meteorológicamente con «viento flojo
del N.E., marejadilla del mismo, cielo cubierto, cariz de Levante»31. A las
11:00 horas se dio la orden para que las barcazas se lanzaran sobre la pla-
ya, impulsadas ya por sus propios motores «bajo un ruido ensordecedor»32.
Mientras tanto, los buques de la escuadra de instrucción y la división naval
29 I bídem, p. 196.
30 Un análisis detallado de la operación puede verse en DÍEZ RIOJA, Ramón: El des-
embarco de Alhucemas. La intrahistoria de una operación concluyente (1911-1925),
Ministerio de Defensa, 2023.
31 AGA, África, caja M7 81/9985. Exp. núm. 3. Preparación y ejecución de las operacio-
nes de desembarco y ocupación de la bahía de Alhucemas. Telegrama oficial del coman-
dante de la Marina al general encargado de Despacho del cuartel general del alto mando.
32 «Alhucemas. Diario del coronel Franco», Revista de Tropas Coloniales n.º 10, octubre
de 1925, p. 3. Véase el testimonio del coronel Franco ampliado en FRANCO BAHA-
MONDE, Francisco: «Diario de Alhucemas» en Papeles de la guerra de Marruecos,
Madrid, Fundación Nacional Francisco Franco, 1986, pp. 203-223.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 181-204. ISSN: 0482-5748
182 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
de África comenzaron a batir la costa intentando destruir la artillería rife-
ña. A la vez, desde el aire, varias escuadrillas de aviones: la 1.ª escuadrilla
de Fokker C. IV bajo el mando de González Gallarza, la 2.ª escuadrilla de
Bristol F.2B dirigida por Álvarez Buylla, y los Dornier Wal de Ortiz Muñoz,
apoyaban a las unidades de desembarco, bombardeando los nidos de batería
y de ametralladora enemigos. Las primeras tropas arribaron a la playa de
Ixdain, a poniente de la Cebadilla. Cuando las plataformas de proa de las
«K» comenzaron a desplegarse, aproximadamente a 50 m. de la playa, los
soldados, unos 300 por barcaza, saltaron al agua para alcanzar la costa, y fue
en ese momento, cuando se produjeron las primeras bajas, víctimas de los
impactos de fusilería y ametralladora rifeños. El traslado de esos primeros
heridos, así como los caídos en la misma playa se realizó por las mismas
«K» que condujeron a las tropas hacia la costa.
Gómez Ulla consideró aquel momento el más delicado por la vulne-
rabilidad de los soldados, expuestos como dianas a la enfilada que repre-
sentaban para los defensores que, parapetados en las elevaciones próximas
a la playa, podían ocasionar un alto número de heridos. Para atender a los
heridos organizó un plan basado en la división en tres grupos, teniendo cada
uno de estos un destino diferente:
1. Heridos de vientre, de cráneo graves y necesitados de intervención
inmediata. Estos eran operados de urgencia en uno los tres barcos
hospital, y posteriormente se les trasladaba a Melilla para ser in-
gresados en el Hospital Militar de Melilla o en el Hospital de la
Cruz Roja.
2. Heridos de tórax, de cráneo leves y con fracturas óseas pertene-
cientes a tropas indígenas y banderas del Tercio, en los buques
hospital Villarreal y Andalucía para ser evacuados a Melilla.
3. Heridos de tórax, de cráneo leves y con fracturas óseas de unida-
des peninsulares al Barceló para ser evacuados a Málaga.
Del mismo modo, el comandante médico había previsto que el barco
hospital Barceló se situará en el centro, detrás de los buques de guerra y a
una distancia prudente de seguridad. Mientras tanto el Villarreal, afecto a la
Brigada de Melilla y el Andalucía en reserva, quedaron más alejados de la
zona de desembarco, pero igualmente preparados para recibir los primeros
heridos.
El transporte de los heridos desde las «K» hasta los puestos quirúrgi-
cos, es decir, a los barcos hospital, se hizo por medio de los botes de motor
de la Armada, para no distraer de sus funciones a las barcazas de desembar-
co. Por cada dos «K» se asignó un bote de motor, en el que viajaba un practi-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 182-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 183
cante de carrera y cuatro soldados ayudantes del cuerpo de Sanidad Militar;
en el bote, de igual forma que en las barcazas, se disponía de material sani-
tario para llevar a cabo los primeros auxilios. Los botes, que se agruparon
en grupos de cuatro, llevaban a proa una bandera de la Cruz Roja; y a uno de
ellos, dotado de un mástil lo suficientemente alto para que portara la misma
enseña de la Cruz Roja, se le asignó un cometido especial: el transporte de
los heridos necesitados de urgente intervención. Los tres principales ciru-
janos que prestaron servicio en los barcos hospital durante aquellos días de
septiembre tan intensos fueron el capitán médico Agustín López Múñiz, el
comandante médico Gregorio Fernández Lozano y el comandante Enrique
Ostalé González; junto a ellos, Mariano Gómez Ulla, en principio a bordo
del Barceló, aunque también supervisó y ayudó a sus otros tres compañeros
en los otros dos barcos hospital al servicio de la operación33.
Las instrucciones que se distribuyeron (comunes para barcazas y bo-
tes de motor) desgranaban el procedimiento detallado del transporte de los
heridos. Dichos botes debían seguir a sus respectivas «K» procurando ale-
jarse de la zona batida por los fuegos enemigos – medida que no evitó que
varios de ellos volcaran a causa del oleaje provocado por los impactos de la
artillería enemiga– y al regresar aquellas para recoger nuevas tropas, estos
debían acercarse en ruta a las barcazas con heridos, previa señal con una
bandera blanca, procurando hacer el transbordo en marcha, con objeto de
que las «K» no perdieran tiempo en el traslado de las unidades a la costa.
Mientras, los botes de motor especiales, o sea, los encargados del transporte
de heridos de vientre y otros necesitados de urgente intervención, situados a
retaguardia, a medio camino entre los botes de transporte general y el barco
hospital que tenían asignado, debían esperar la señal de aquellos que adver-
tía que llevaban a bordo heridos de gravedad; entonces estos debían aproxi-
marse y transbordar a los heridos, trasladándolos inmediatamente al barco
hospital o directamente a los hidros para ser evacuados a Málaga o a Melilla.
Dada la importancia de las primeras horas e incluso días, pues las tro-
pas de la Brigada de Melilla no comenzaron a desembarcar hasta el día 11 de
septiembre, Gómez Ulla estableció que los jefes de Sanidad de las columnas
tuvieran a su disposición un pequeño bote de motor, con el fin de vigilar
directamente, no solo el transporte de bajas sino también el funcionamiento
de los «puestos de curación y operatorios», que por ser de primera línea,
formaban parte de su jurisdicción, y así poder inspeccionar el cumplimiento
de las órdenes transmitidas a los oficiales médicos de las unidades.
33 LOCKER, Enrique: «Los servicios sanitarios en Alhucemas», Revista de Sanidad Mi-
S
litar, n.º 16, 15 de diciembre de 1925, p. 476.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 183-204. ISSN: 0482-5748
184 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
e. Compañías de camilleros34
Una vez establecida la cabeza de playa, y en el avance de las tropas a
ocupar los objetivos, se tornaba fundamental el papel de los camilleros que
acompañaban a aquellas en su marcha para recoger a los heridos. En 1925
no existía en el ejército español una columna de camilleros divisionaria,
considerada de gran utilidad en los frentes de combate de la Gran Guerra.
Para la operación de Alhucemas se creó una compañía de 150 hombres con
cuarenta camillas, mandadas por un suboficial y las clases necesarias que,
a las inmediatas órdenes del jefe de Sanidad de cada columna, pudiera em-
plearlas dónde y en el momento que mejor conviniera. Estas compañías se
formaron con soldados peninsulares. Independiente de ellas, y solo para el
momento del desembarco, se asignaron a las «K» ocho camilleros.
f. Hospitales móviles de campaña
Durante la Primera Guerra Mundial la atención médico-quirúrgica de
los heridos tuvo un gran desarrollo y entre los avances más significativos se
idearon «hospitales móviles y hospitales de campaña próximos al frente»35.
La cirugía (de heridas traumáticas o para reconstruir rostros destrozados)
avanzó extraordinariamente durante las guerras del siglo XX36.
Asegurada la zona de desembarco, el proyecto contemplaba la instala-
ción inmediata de un hospital móvil de campaña por cada brigada. Así, todo el
material necesario para levantar las instalaciones de los dos puestos de aten-
ción se cargó en uno de los barcos afectos a la flota de cada brigada. Además
de la dotación de material, en dichos barcos se hallaba el personal vinculado
a ambos hospitales. Para entender cómo eran estos hospitales y qué servicios
prestaban, es necesario ampliar la mirada al conjunto de centros sanitarios que
existían entonces en el Protectorado, y también en la Península.
Los hospitales militares podían ser móviles y fijos, auxiliares y per-
manentes. Los móviles se dividían en «hospitales de campaña y hospitales
de evacuación»37. Esta división de los hospitales móviles de campaña, des-
34 n 1926, posterior al desembarco, se publicó un libro de instrucciones para los cami-
E
lleros: Reglamento para la instrucción de camilleros, Madrid, Talleres del Depósito de
la Guerra, 1926.
35 NAVARRO SUAY, R. y PLAZA TORRES, J.F.: «1925: cuando volvimos a ser grandes…
el apoyo sanitario en el desembarco de Alhucemas», Sanid. Mil. 2012; 68 (4): 247-256.
36 MARGARET MACMILLAN: La guerra. Cómo nos han marcado los conflictos…op.
cit., p. 48.
37 FARRERAS SEMPERE, Pedro: «Servicio sanitario en los Hospitales Militares en paz
y en guerra. Personal y material asignado a este servicio. Hospitales móviles y fijos,
auxiliares y permanentes», Revista de Sanidad Militar, n.º 15, 15 de noviembre de 1925,
pp. 437 – 444.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 184-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 185
crita por el doctor Farreras en 1925, difiere de la interpretación que hacen
Navarro y Plaza, quienes diferencian entre «hospitales móviles y hospitales
de campaña»38. Los hospitales móviles de campaña tenían como objetivo
la hospitalización de los heridos que no podían ser trasladados y debían
ser asistidos en la proximidad del frente. Estos hospitales proliferaron en
las cercanías de los teatros de operaciones a partir de la guerra de Crimea,
en la que resultó desastroso el transporte sistemático de los heridos39. El
reglamento vigente en España para el servicio sanitario de campaña, en el
artículo 97 disponía que no se transportara a los heridos de cabeza, tórax o
abdomen ni tampoco a los heridos con fracturas de fémur, pelvis, rodilla,
pie y fracturas costales. Debían, por tanto, ser asistidos en los hospitales
móviles o ambulantes, es decir en las ambulancias o en los hospitales de
campaña.
Una variedad interesante del hospital de campaña en Marruecos, a
partir de 1921, fue el «Hospital a lomo Gómez Ulla». Este hospital, ideado
por Mariano Gómez Ulla, constaba de una barraca-quirófano (que se podía
instalar en cualquier sitio del campo y quedaba completamente horizontal,
aunque no lo estuviera el terreno) en la que se colocaban dos mesas de ope-
raciones, con el instrumental necesario para practicar intervenciones qui-
rúrgicas urgentes, y dos autoclaves de 21 cm para esterilizar el instrumental
y vendajes; también contaba con 100 camillas especiales (con colchoneta,
cabezal, sábanas y mantas), cada dos de las cuales podían colocarse sobre
soportes que las elevaban 60 cm del suelo. Para el alojamiento de los heri-
dos, el hospital disponía de cinco tiendas de campaña (con 20 camas cada
una), embaladas en fardos, ninguno de los cuales con un peso superior a
150 kg. El resto del material (apósitos y vendajes, ropa, utensilios de coci-
na, etc.) se transportaba en cestones de mimbre, forrados de cuero. Todo el
material se organizaba en 53 cargas y se dotaba al convoy sanitario con 7
mulos de repuesto40.
Bien por la meteorología o por el fuego de artillería rifeña, hasta el 15
de septiembre no pudo descargarse el material del hospital a lomo «Gómez
Ulla». Durante ese tiempo tampoco se dispuso de ambulancias de montaña,
38 AVARRO SUAY, R. y PLAZA TORRES, J.F.: «1925: cuando volvimos a ser gran-
N
des… el apoyo sanitario en el desembarco de Alhucemas», Sanid. Mil… op. cit., p.438.
39 Ibídem, p. 438.
40 FARRERAS SEMPERE, Pedro: «Servicio sanitario en los Hospitales Militares en paz
y en guerra. Personal y material asignado a este servicio. Hospitales móviles y fijos,
auxiliares y permanentes», Revista de Sanidad Militar, n.º 15, 15 de noviembre de 1925,
pp. 437 – 444. José María Gómez Ulla los denomina «Hospitales Quirúrgicos de Mon-
taña». Se puede leer en GÓMEZ ULLA Y LEA, José María: Mariano Gómez Ulla, un
hombre, un cirujano, un militar… op. cit., pp. 35-37.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 185-204. ISSN: 0482-5748
186 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
ni siquiera de mulos, carruajes ni de otros elementos más eficaces para el
transporte; de manera que, la evacuación de los heridos a los hospitales mó-
viles de campaña la realizaron las secciones de camilleros –tanto las asigna-
das a las unidades como las que se crearon ad hoc para el desembarco—, las
cuales portaban varias vasijas de agua para atender las necesidades de los
heridos durante el transporte41.
El primer hospital móvil de campaña se levantó el día 12 de septiem-
bre en la playa de la Cebadilla con una dotación de 200 camas-camillas
y 175 camillas ordinarias, quirófano y farmacia, con una plantilla de 175
soldados sanitarios. En doce horas el hospital quedó montado e inmediata-
mente entró en funcionamiento, clasificando a los heridos, supervisando y
rectificando las primeras curas que habían recibido en la línea del frente42.
Ese mismo día incluso se practicaron varias operaciones por parte de los
equipos quirúrgicos, quedando algunos heridos ingresados. Desde los pri-
meros momentos trabajaron en el hospital, en «penosas condiciones» en
una instalación batida por la artillería enemiga, los comandantes médicos
Eduardo Sánchez Vega y Florencio Herrer Menguijón43. Junto a los ciru-
janos, prestando también su apoyo, actuaron un «ayudante de manos» y un
anestesista, que asistían a los facultativos en la sala de operaciones44. Por
su parte, el hospital móvil de campaña afecto a la Brigada de Melilla no
pudo levantarse hasta el día 19 de septiembre, y se instaló en la Cala Bonita,
entre los Morros Nuevo y Viejo45. Entre el 12 de septiembre y el 1 de octu-
bre Gómez Ulla desembarcó varias veces en la playa de la Cebadilla y en
la Cala Bonita, con el objeto de inspeccionar ambos hospitales móviles de
campaña, siendo acompañado por la duquesa de la Victoria, que coordinaba
los servicios de enfermería46.
Los hospitales de evacuación –segunda variedad de los hospitales de
campaña– se pensaron para recibir a los heridos y enfermos transportables,
41 GMM, África, rollo 633 «Operaciones-preparación del desembarco. Plan de evacua-
A
ción de heridos en los primeros momentos que propone el comandante médico Gregorio
Fernández Lozano, jefe de sanidad de la columna de Emilio Fernández Pérez.», legajo
449, carpeta 10.
42 SLOCKER, Enrique: «Los servicios sanitarios en Alhucemas», Revista de Sanidad Mi-
litar, n.º 16, 15 de diciembre de 1925, pp. 469-476.
43 AGMM, África, rollo 633 «Operaciones-preparación del desembarco. Proyecto Gómez
Ulla», legajo 449, carpeta 9.
44 SLOCKER, Enrique: «Los servicios sanitarios en Alhucemas», Revista de Sanidad Mi-
litar… op. cit., p. 474.
45 AGMM, África, rollo 633 «Desembarco de alhucemas. Brigada de Melilla. 2.ª columna.
Diario de operaciones de la columna desde su organización hasta el 9 de octubre de
1925, fecha de su desaparición», legajo 449, carpeta 10.
46 AGMM, África, rollo 633 «Operaciones-preparación del desembarco. Proyecto Gómez
Ulla», legajo 449, carpeta 9.
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LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 187
y asistirles hasta que pudieran ser dados de alta o evacuados a un hospi-
tal fijo. Estos hospitales, durante la Gran Guerra, se improvisaban más a
retaguardia, en tiendas, barracones o edificios requisados. Se procuraban
establecer cerca de grandes vías y no lejos del frente, para que los heridos y
enfermos curados pudieran regresar al frente tan pronto como fuera posible.
Con relación a los hospitales fijos, estos podían ser provisionales o
permanentes. Los primeros se improvisaban durante los periodos de com-
bate, como los de evacuación, en barracones desmontables, cuadras, teatros,
casonas, etc. Los hospitales fijos en 1925 eran los hospitales castrenses pro-
piamente dichos y los considerados auxiliares, como los de la Cruz Roja47.
g. Servicios de segunda línea y retaguardia. Los centros de evacuación
El servicio de retaguardia comenzó en el momento en que los barcos
hospital emprendían la marcha hacia las bases hospitalarias fijas. Los heri-
dos durante la travesía llevaban aneja una tarjeta de diagnóstico, y única-
mente iban provistos de sobres de evacuación y gráfico clínico aquellos que
habían sido intervenidos.
Respecto a los centros de evacuación, se habilitaron cuatro: tres en
la Península y uno en Melilla, y se les dotó de la mayor capacidad de hos-
pitalización posible. Gómez Ulla y otros oficiales médicos pensaron que
crear grandes bases o centros quirúrgicos ofrecía ventajas considerables,
pues economizaba material y personal. Argumentaban que con el mismo
material quirúrgico y de esterilización y un ligero aumento de personal se
podía atender a 200 heridos de igual manera que se asistía a 50. Aparte, en
el proyecto se esgrimía otra motivación para limitar dichos centros y era la
poca velocidad de los barcos destinados a hospitales.
Por razones hospitalarias, así como también por la situación y condi-
ciones que presentaban los hospitales, se estimó que los puertos de desem-
barco fueran Melilla (para tropas indígenas y del Tercio), Cádiz con su filial
en Sevilla, y Málaga con su filial en Madrid (para las tropas peninsulares).
La capacidad de los hospitales de Melilla, en septiembre de 1925, era de 800
camas distribuidas en tres centros: el Docker, que era el Hospital Militar; el
hospital de «Indígenas» y el hospital de la Cruz Roja. Pocos días antes de
ponerse en marcha la operación, se ordenó desalojar los hospitales con el
objeto de estar preparados para recibir y atender exclusivamente a los heri-
dos procedentes de Alhucemas. Los enfermos que había en los hospitales se
47 ARRERAS SEMPERE, Pedro: «Servicio sanitario en los Hospitales Militares en paz
F
y en guerra. Personal y material asignado a este servicio. Hospitales móviles y fijos,
auxiliares y permanentes», Revista de Sanidad Militar, n.º 15, 15 de noviembre de 1925,
pp. 437 – 444.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 187-204. ISSN: 0482-5748
188 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
enviaron a las Chafarinas y a Ceuta. Por si hubiera dificultades en Melilla
para atender un volumen de heridos superior al número de camas disponi-
ble, se propuso Ceuta como puerto alternativo, siendo entonces dos los puer-
tos de evacuación en África. Aunque finalmente el Hospital Militar de Ceuta
apenas recibió heridos, Gómez Ulla pensó en dicha posibilidad y dispuso
que tuvieran camas disponibles por si en última instancia fueran necesarias.
El Hospital de Cádiz disponía de 400 camas y en Sevilla (su filial) se
contaba con el Hospital Militar y el Hospital de la Cruz Roja, que entre los
dos sumaban casi 400 camas, igual que en Cádiz. En caso de necesidad, en
Sevilla había una tercera opción: el palacio de San Telmo, que ya se había
utilizado en 1921. Simultáneamente, en Cádiz se dispuso que, de manera
permanente, hubiera un tren hospital para hacer el recorrido hasta Sevilla.
En Málaga se «requisó» un hospital civil y en el Hospital de la Cruz
Roja se instalaron, como en 1921, 100 camas adicionales. En Madrid (filial
de Málaga) se dispusieron 700 camas: 600 en el Hospital Militar de Cara-
banchel y 100 en el hospital de la Cruz Roja. Del mismo modo que en Cádiz
se habilitó un tren hospital para trasladar, en caso de necesidad, heridos des-
de Málaga hasta Madrid. Con relación a los trenes hospital, estos en opinión
de Gómez Ulla, eran «improvisados y con escasa capacidad». En suma, el
número de camas disponibles para asistir a los «heridos de Alhucemas», en-
tre Melilla, Cádiz, Sevilla, Málaga y Madrid, fue de 2900. Esto significa que
había disponible una cama por cada 6 soldados. El dato abunda en la idea de
la implicación de los Estados al servicio de la guerra moderna.
Continuando con los preparativos, también se llevó a cabo el traslado
de enfermos, que entonces estaban ingresados en los hospitales de Madrid
a otros hospitales cercanos, entre ellos a Segovia, Guadalajara, Alcalá de
Henares, Valladolid y Burgos. Como no había trenes hospital, pues los dos
únicos se utilizaron para el transporte de heridos desde Málaga a Madrid y
desde Cádiz a Sevilla, se propuso que los traslados se realizaran agregando a
los trenes ordinarios un vagón para enfermos, acompañados por el personal
sanitario imprescindible.
Resumiendo, las líneas de evacuación que se habilitaron fueron tres,
si bien es cierto que la tercera apenas se utilizó:
1. Alhucemas-Melilla.
2. Alhucemas-Málaga.
3. Alhucemas-Cádiz.
Del mismo modo que hemos destacado el papel de algunos de los
cirujanos y facultativos más relevantes que sirvieron en primera línea, me-
recen igualmente nuestro reconocimiento, por la excelente labor que desem-
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LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 189
peñaron secundando y rectificando el trabajo de primera línea, los médicos y
cirujanos que asistieron a los heridos en los hospitales de retaguardia. Entre
ellos sobresalieron los jefes de equipo Atilano Cerezo Abad y Virgilio Gar-
cía Peñaranda, además del teniente coronel médico José del Buey, destina-
dos en el Docker de Melilla y Federico Illana Sánchez en el Hospital Militar
Málaga. En el Hospital de la Cruz Roja de Melilla debemos resaltar la labor
del cirujano Clemente Arranz, por su importante trabajo en el quirófano.
A continuación, se adjunta un croquis elaborado por Mariano Gómez
Ulla, donde se describen las líneas de evacuación de enfermos y heridos.
Imagen n.º 1. Línea de evacuación de heridos para la operación de desembarco
en Alhucemas. AGMM, África, rollo 633 «Operaciones-preparación del desembarco»,
legajo 449, carpeta 9
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RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
Mapa n.º 1. Bahía de Alhucemas. El desembarco se llevó a cabo fuera de la bahía, en la costa oeste, en las playas de Ixdain
y la Cebadilla, en territorio de la cabila de Bocoya. Elaboración propia a partir de los mapas y planos
del Centro Geográfico del Ejército
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 191
h. La tarjeta de diagnóstico y el sobre sanitario
Dos de los avances más importantes en el contexto de la Sanidad Mi-
litar, que se pusieron en marcha en el Protectorado español en Marruecos,
fueron la «tarjeta de diagnóstico» y el «sobre sanitario». Por indicación del
comandante médico Mariano Gómez Ulla se repartieron entre los médicos
militares las instrucciones respecto al modo de emplear la tarjeta de diag-
nóstico y el sobre sanitario, procedimientos empleados en Marruecos a raíz
de los hechos de Annual. Ambos métodos constituyeron un gran progreso en
la medicina de guerra, y posteriormente en la sanidad civil, cuyos beneficios
debemos a Gómez Ulla, quien, junto al apoyo de otros médicos militares,
importó de los frentes de batalla de la Gran Guerra48.
El objetivo de la tarjeta de diagnóstico era determinar el pronóstico
que presentaba el herido. A partir del «desastre» de Annual en el verano de
1921 todos los heridos o enfermos procedentes de las primeras líneas debían
ser evacuados portando la correspondiente tarjeta de diagnóstico. En caso de
herida leve se ordenaba separar la banda roja que indicaba gravedad. Por el
contrario, si la herida era grave debía aparecer la banda roja en diagonal, y
además los médicos tenían que indicar la parte del cuerpo donde se hallaba
la lesión. La tarjeta incluía cuatro semicírculos rojos que representaban las
cuatro partes principales del cuerpo. Este procedimiento de actuación era útil
cuando se producían aglomeraciones de heridos, permitiendo rápidamente
observar el tipo de lesiones que predominaban. Servía igualmente para indi-
car la existencia de lesiones múltiples, que no podían consignarse por escrito
por falta de espacio, o cuando el diagnóstico no era legible, por estar mal
escrito o porque se hubiera borrado. Las instrucciones contemplaban que en
aquellos casos de apuro en que el médico no tuviera tiempo, los practicantes
podían rellenar la tarjeta y enviar a los heridos a retaguardia. La tarjeta se
convirtió en una herramienta indispensable en los campos de batalla.
En el caso de Alhucemas, la tarjeta diagnóstica una vez cumplimenta-
da se introducía en el sobre sanitario con el resto de información del herido,
permitiendo reunir una colección de datos de gran interés para el médico
que acompañaba al herido durante el traslado, en los barcos hospital o en los
hidros. Se trataba, pues, del historial clínico del paciente. Dicha información
evitaba al herido exploraciones inútiles, indicaba al cirujano los tratamien-
tos que se le habían aplicado, así como los resultados obtenidos. Sin objeto
de duda, la tarjeta de diagnóstico economizaba tiempo y dinero.
El empleo de la tarjeta diagnóstica se iniciaba en las ambulancias y
continuaba en los hospitales móviles de campaña y los hospitales móviles de
48 REDONDO, F.: «Los observadores militares españoles en la Primera Guerra
Mundial», en Revista de historia militar, 1985, 59, pp. 197-208.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 191-204. ISSN: 0482-5748
192 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
evacuación, en los cuales el herido o el enfermo permanecía algún tiempo y
había sido sometido a algún tratamiento. En el momento de la evacuación a
un hospital de retaguardia (Melilla, Málaga o Cádiz) se debía consignar el
diagnóstico y el pronóstico con las iniciales L (leve) o G (grave), indicando
además todos los datos relativos a regímenes especiales, inyecciones, cal-
mantes, fecha de cambio de los apósitos etc. El sobre sanitario se cerraba
mediante dos tiras con papel engomado y el médico estampaba la firma o
en su defecto, como ya se ha apuntado, el practicante. Durante el transporte
el sobre se fijaba mediante dos cabos a una prenda de vestir, generalmente
a la guerrera, y se explicaba a los heridos la importancia del sobre y de su
contenido. Al ingresar el herido en un hospital de retaguardia, el médico o
el cirujano comprobaba los datos de identidad correspondientes y a partir
de ahí, todos los datos referentes a las pruebas que se le practicaban se iban
introduciendo en el sobre sanitario: análisis, radiografías, gráficos de tempe-
ratura, etc. Y en la hoja clínica que se acompañaba, se describían con detalle
las lesiones y la intervención o intervenciones quirúrgicas realizadas, con-
signando las fechas en que se habían practicado, así como los tratamientos
especiales, en el caso de que los hubiera.
i. Instrucciones para los médicos
El proyecto del cirujano Gómez Ulla incluía, por último, una serie de
recomendaciones, anejas al plan de actuación de los servicios sanitarios, que
se enviaron al conjunto de hospitales donde estaba previsto recibir heridos
y enfermos (Melilla, Málaga, Cádiz, Sevilla y Madrid), así como a las Co-
mandancias Generales de Melilla, Ceuta y Larache, para que se distribuyera
entre el personal sanitario implicado49. Aconsejaba a todos los médicos y
cirujanos comprometidos en la operación, usar como principal líquido de la-
vado de heridas el suero fisiológico, y en caso de carecer del citado elemen-
to, sugería utilizar una solución de cloruro de magnesio o agua esterilizada.
Otra práctica que recomendó fue lavar la zona próxima a las heridas con
éter, con alcohol o con otras soluciones alcohólicas con jabón.
Advertía el comandante médico que el suero antitetánico solo debía
administrarse en aquellos casos de heridas producidas por arma blanca o por
instrumento contundente. También proponía su inoculación en heridas pro-
vocadas por balas explosivas y todas aquellas causadas por cascos de metra-
lla. No aconsejaba su empleo en heridas producidas con bala simple. Pero
apuntaba que, en caso de duda y sobre todo en centros sanitarios donde se hu-
biera registrado algún caso de tétanos, su empleo estaba igualmente indicado.
49 GMM, África, rollo 633 «Operaciones-preparación del desembarco. Proyecto Gómez
A
Ulla», legajo 449, carpeta 9.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 192-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 193
Con relación a las heridas causadas por contusión, las producidas
por cascos de metralla y las de balas explosivas, sucias, pero no infecta-
das, recomendaba tratarse por medio de la resección de todos los tejidos
necrosados, seguidas o no de sutura inmediata y apósito aséptico. Si la he-
rida estaba infectada, sugería el desbridamiento de los tejidos con el fin de
evitar la gangrena. Además, advertía que, si el herido presentaba heridas
abdominales (en este caso se trataba de una instrucción para los hospitales
móviles de campaña o de evacuación) debía procederse a una evacuación
rápida. Respecto a las heridas de cráneo, indicaba igualmente una evacua-
ción urgente. Todas estas observaciones, respecto a los diferentes modos de
proceder, eran influencia de lo aprendido en los quirófanos de los hospitales
franceses, durante la Gran Guerra, aparte de la experiencia que había adqui-
rido previamente en los campos de batalla del Rif, en 1909 y 1911. Aunque
los franceses eran nuestros vecinos de Protectorado no fue en ese espacio
donde adquirieron los comisionados sanitarios españoles nuevas técnicas
quirúrgicas, sino que fue sobre todo en los campos de batalla de Francia
entre 1914 y 1918, por ser esta una guerra total donde la ciencia desarrolló
extraordinarios progresos en la cirugía de guerra.
El servicio de enfermería en la operación de desembarco50
Las enfermeras que trabajaron en la asistencia de los heridos, en el mar-
co del «proyecto Gómez Ulla» durante la operación de desembarco en alhu-
cemas en 1925, pertenecían al cuerpo de «Damas enfermeras» y al cuerpo de
enfermeras profesionales, ambos creados con el objeto de auxiliar a la Sanidad
50 as principales fuentes utilizadas relacionadas con la participación de la enfermería pro-
L
fesional en el desembarco de Alhucemas son las siguientes: Memoria del Hospital de la
Cruz Roja de Melilla. Años 1924, 1925, 1926 y 1927, Madrid, 1927, pp. 29-37; OSSO-
RIO DE GIL, Fernanda: Memorias de una dama enfermera. Recuerdos e impresiones
del servicio en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla, Burgos, Tip. del Monte Carmelo,
1923; SÁNCHEZ SUÁREZ, M.ª Ángeles: Mujeres en Melilla, Granada, Grupo Edi-
torial Universitario, 2004; ANGOLOTI DE CÁRDENAS, Ignacio: La Duquesa de la
Victoria, Madrid, Talleres gráficos Altamira, 1958. MIRALLES-SANGRO, M.ª Teresa
y DURÁN ESCRIBANO, Marta: «La enfermera en el monumento madrileño (1908-
1936)». Index Enferm, Vol. 14, no. 51, Granada, mar. 2005; LÓPEZ VALLECILLO,
María: Presencia social e imagen pública de las enfermeras en el siglo XX (1915-1940),
2016, Universidad de Valladolid; LÓPEZ VALLECILLO, María: «Las Damas Enfer-
meras de Cruz Roja en la Campaña de Marruecos (1921-1927)» en Poder e influencia
de las enfermeras en la historia: XVI Congreso Nacional y XI Internacional de Historia
de la Enfermería, Palma de Mallorca, 29-31 de octubre de 2018; PEREIRA PINILLA,
M.ª Jesús: «Implicación de la enfermería en las Campañas de Marruecos», Híades, Re-
vista de historia de la enfermería, n.º 11, 2015, pp. 657– 666; PEREIRA PINILLA, M.ª
Jesús: La sanidad militar española en las campañas de Marruecos (1859-1927). El
desembarco de Alhucemas, Tesis Doctoral, Universidad d Zaragoza, 2016.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 193-204. ISSN: 0482-5748
194 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
Militar y a los médicos de la Cruz Roja. Un claro ejemplo de la imbricación
entre la guerra y la sociedad, cada vez más presente en los Estados-nación con-
temporáneos. En Europa, la enfermería profesional apareció para atender a los
soldados británicos en la guerra de Crimea, a mediados del siglo XIX. En aque-
lla ocasión Florence Nightingale destacó en el cuidado de los heridos, lavando
sus heridas, manteniéndolas asépticas y evitando de ese modo la gangrena y
finalmente la muerte, tan común en los frentes de batalla, a causa de la infec-
ción: principal factor de mortandad en los campos de batalla decimonónicos.
De vuelta a España, convencidos de la necesidad de contar con un
cuerpo de enfermería, la Cruz Roja inauguró en Madrid en 1918 la «Escuela
de Enfermeras en el Hospital de San José y Santa Adela»51. El plan de for-
mación contemplaba clases teóricas y prácticas en hospitales y dispensarios
de la Cruz Roja. La temporalidad de la formación fue variando, pero se esta-
bleció desde el inicio la necesidad de superar un examen para lograr el título
de «Dama Enfermera», que solo era válido para trabajar en hospitales de la
Cruz Roja52. A la vez que se inauguraba el plan de formación se elaboró un
reglamento que, entre otros preceptos, establecía dos categorías profesiona-
les: primera y segunda. Esta última se adquiría superando el plan de forma-
ción descrito líneas arriba. Para llegar a ser dama enfermera de primera, las
aspirantes debían cursar de nuevo clases teóricas durante un año y aprobar
el preceptivo examen, además debían acreditar haber realizado prácticas en
hospitales durante seis meses53. Las damas enfermeras no recibían ningún
tipo de remuneración, por lo que los servicios que prestaban eran totalmente
altruistas; si bien podían permitírselo, ya que gran parte de ellas procedían
de una acomodada posición económica y también social.
Para cubrir las necesidades del servicio de enfermería en el Protecto-
rado, en un contexto permanente de guerra desde 1909 hasta 1927, con bata-
llas propias de la guerra moderna, donde se utilizaron elementos de combate
similares a los de la Gran Guerra, como fue el caso del desembarco en Alhu-
cemas, se hizo necesario ampliar la plantilla de profesionales, surgiendo de
ese modo la categoría de enfermeras profesionales, vinculadas igualmente
a la Cruz Roja que, a diferencia de las damas enfermeras, sí que percibían
un salario por su trabajo. Ambas categorías eran incompatibles e implicaba
que, o se era dama enfermera o se era enfermera profesional54.
El 5 de septiembre de 1925, la presidenta en funciones de la Junta de
Señoras de la Cruz Roja de Melilla, Esperanza Mas de Coll, escribía al co-
51 ÓPEZ VALLECILLO, María: Presencia social e imagen pública de las enfermeras en
L
el siglo XX (1915-1940) …op. cit., p. 46.
52 Ibídem, p. 47.
53 Ibídem, p. 49.
54 Ibídem, p. 52.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 194-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 195
mandante general de Melilla, José Sanjurjo Sacanell, con objeto de solicitar
la participación de las damas enfermeras en los servicios sanitarios, a bordo
del buque hospital Villarreal, agregado a la Brigada de Melilla:
«Mi distinguido general: el Sr. Jefe de Sanidad me comunica que pueden
ir Damas Enfermeras en el barco hospital preparado para las próximas ope-
raciones militares y me indica que le ponga en conocimiento para que nos de
su conformidad. Mucho le agradecería me dijera cuando y en qué forma han
de ir las Damas que se nombren para dicho servicio para que pueda comuni-
cárselo a las interesadas»55.
El 6 de septiembre la presidenta recibió la orden para que las damas
enfermeras se incorporaran al barco hospital. En la Memoria del Hospital de
la Cruz Roja de Melilla correspondiente a 1925 se describe el alboroto que
en el puerto de Melilla se vivía dicho día al amanecer:
Inusitada concurrencia de barcos en la rada, abarrotados de tropas y
pertrechos de guerra y provisiones y el apiñonamiento del pueblo que se des-
bordaba en el espigón en emocionante despedida a sus soldados. Ambiente
formado por la convicción unánime de que el resultado de aquella ansiada y
meditadísima empresa marcaría una obra decisiva en el porvenir de «Nuestra
amada España en África y en el mundo»56.
A las 8 de la mañana abandonaba la flota las aguas de Melilla con
rumbo a Alhucemas, escoltada por la escuadra francesa. A bordo del Villa-
rreal viajaban tres damas enfermeras: Irene Iribarren de Ostáriz, Paz Sancho
Miñano y Velázquez y Luisa Sancho Miñano y Velázquez57.
Pocas horas antes, desde Ceuta, el 5 de septiembre había partido la
Brigada mandada por Leopoldo Saro, a la que se incorporó la duquesa de
la Victoria58. Carmen Angoloti y Mesa que estaba veraneando en Santander,
se trasladó hasta Ceuta para embarcar en el barco hospital Barceló junto a
Gómez Ulla. Durante toda la mañana, los jefes y oficiales de esta brigada,
concentrada en su totalidad en la plaza de Ceuta, se dedicaron a embarcar
su personal en los transportes previamente reunidos en un punto de la citada
plaza. A las 16:00 horas los buques de transporte comenzaron a levar anclas,
saliendo de la rada de Ceuta en unión de la escuadra del almirante Guerra Go-
yena y protegidos por ella con dirección a Uad Lau. Desde el primer instante,
55 GMM, África, rollo 631 «Concentración en Melilla de la columna Fernández Pérez».
A
56 «Toma de Alhucemas. Parte que en los servicios tomaron las Damas enfermeras. Pre-
parativos en el hospital», Memoria del Hospital de la Cruz Roja de Melilla. Años 1924,
1925, 1926 y 1927, Madrid, 1927, pp. 29-37.
57 AGMM, África, rollo 631, «Concentración en Melilla de la columna Fernández Pérez».
58 AGMM, África, rollo 632, «Columna de desembarco del general Saro» legajo 449.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 195-204. ISSN: 0482-5748
196 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
la duquesa asumió la dirección del servicio, organizándolo de manera que en
ningún buque hospital faltaran representantes de la Cruz Roja. Quien se ha
acercado a su figura coincide en destacar a Carmen Angoloti como una perso-
na «inteligente, tenaz y enérgica, intrépida, aventurera, discreta y modesta»,59
cualidades similares a las que la historiografía destaca sobre Nightingale.
Ya en el entorno de la bahía y una vez que el Barceló completó de he-
ridos la dotación de camas del barco, un total de 330, la duquesa se trasladó
al Villarreal, donde se reunió con las damas enfermeras y las Hermanas de
la Caridad. El servicio en los barcos hospital se prestó hasta mediados de
octubre de 192560. Durante ese mes la duquesa desembarcó varias veces en
la playa de la Cebadilla para supervisar la labor de enfermería en el hospital
móvil de campaña. Del mismo modo, visitó el hospital de campaña ubicado
en Cala Bonita, posición donde se levantó en 1926, con el mismo nombre,
un hospital fijo de la Cruz Roja61. La labor que desarrolló la duquesa en el
Protectorado español en Marruecos, no solo en 1925 en Alhucemas, sino du-
rante años, recibió el reconocimiento de la sociedad española y de la sede de
la Cruz Roja en Ginebra. En este sentido, el 22 de noviembre de 1921 se le
concedió la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia con distinto blanco
por su labor en la atención de los heridos y enfermos a consecuencia de los
hechos de Annual; fue nombrada hija predilecta de Madrid el 2 de diciembre
de 1921 por los servicios prestados en África; en Melilla se le honró con su
nombre en una calle; en 1923 le concedieron la Real Orden de la Reina María
Luisa; en 1925 el Comité Internacional de la Cruz Roja en Ginebra le conce-
dió la Medalla Nightingale; también en 1925, recibió en Sevilla la gran cruz
del Mérito militar con distintivo rojo; primera que se concedía a una mujer62.
Sin duda una amplia panoplia de reconocimientos y consideraciones.
En el contexto en el que centra la presente investigación, junto a la
duquesa de la Victoria, trabajó un numeroso equipo de damas enfermeras,
59 ÓPEZ VALLECILLO, María: Presencia social e imagen pública de las enfermeras en
L
el siglo XX (1915-1940…op. cit., pp. 85-90.
60 «Toma de Alhucemas. Parte que en los servicios tomaron las Damas enfermeras. Pre-
parativos en el hospital», Memoria del Hospital de la Cruz Roja de Melilla. Años 1924,
1925, 1926 y 1927, Madrid, 1927, pp. 29-37.
61 Para conocer la figura de la duquesa de la Victoria véase la obra de M.ª Ángeles Sán-
chez Suárez titulada Mujeres en Melilla…op. cit. pp. 34-38 y también ANGOLOTI DE
CÁRDENAS, Ignacio: La Duquesa de la Victoria… op. cit. El centro de documentación
de Cruz Roja Española cuanta con un archivo digital de la duquesa de la Victoria. La
dirección es la siguiente:
[Link] [en línea, 28 de diciembre de
2021]. En relación con el Hospital de Cala Bonita véase: Memoria del Hospital de la
Cruz Roja en Cala-Bonita (Villa-Sanjurjo) 1926-1929, Madrid, Blass Tipográfica, s/f.
62 LÓPEZ VALLECILLO, María: Presencia social e imagen pública de las enfermeras en
el siglo XX (1915-1940…op. cit., p. 88.
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presentes además de en los barcos hospital en los hospitales de campaña de
la Cebadilla y de Cala Bonita, en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla y
en diferentes dispensarios, asistiendo a heridos y enfermos durante largas y
agotadoras jornadas de trabajo. El Hospital de Melilla, que a diario estaba
organizado para atender a 250 personas, llegó a tener ingresados hasta 330
heridos63. Las tareas asignadas a las damas enfermeras eran variadas: en la
sala de operaciones, preparando las compresas, los algodones, esterilizando
el instrumental y auxiliando al cirujano; en la sala de curas, limpiando y
curando heridas y esterilizando el instrumental una vez finalizadas las curas;
en la sala de oficiales o en la sección de medicina de tropa… Sin riesgo de
equivocarnos y con los datos en la mano, podemos asegurar que, la enfer-
mería durante la operación de desembarco y la posterior batalla por Axdir
prestó un gran servicio, contribuyendo junto a cirujanos y médicos, a salvar
la vida de un gran número de heridos y enfermos64.
A lo largo de las páginas anteriores han ido apareciendo nombres de
cirujanos y de médicos con un papel destacado durante la operación; sin
duda, hubo bastantes más, que desempeñaron igualmente un papel sobresa-
liente y que merecen nuestro recuerdo. Por encima del conjunto destacó el
cirujano Mariano Gómez Ulla, por ser él quien diseñó el proyecto sanitario
de atención a las unidades de desembarco. En el ámbito de la enfermería se
ha dedicado especial atención a la duquesa de la Victoria, por su papel al
frente de la coordinación en el servicio que prestaron las damas enfermeras.
En los diarios de la época se elogiaba la «actuación de señoras y señoritas que
prestan servicios de enfermería», «…todas ellas eficaces colaboradoras de
la duquesa de la Victoria y del equipo quirúrgico del doctor Gómez Ulla»65
Puesto que contamos con la relación de enfermeras que trabajaron
en aquel contexto, a continuación, se ofrece una lista nominal de las damas
enfermeras que prestaron servicio en el hospital de la Cruz Roja de Melilla y
en los barcos hospital, entre septiembre y diciembre de 1925. La relación es
la siguiente: Juana Azorín de Pérez Núñez, Consuelo Otero, viuda de Rodrí-
guez, Rosa Fernández de Loigorry, Irene Iribarren de Ostariz, Josefa Palen-
zuela de Blanco, Concepción Pérez de Herranz, María López, María Deleito,
Blanca Roldán y Cotta de Andrade, Clotilde Ventray de Díaz, Esperanza Mas
de Coll, Ángela Martínez de Sala, Teresa J. Ortoneda de Fortea, Celia Redon-
63 « Toma de Alhucemas. Parte que en los servicios tomaron las Damas enfermeras. Prepa-
rativos en el hospital», Memoria del Hospital de la Cruz Roja de Melilla…op. cit., p. 36.
64 OSSORIO DE GIL, Fernanda: Memorias de una dama enfermera. Recuerdos e impre-
siones del servicio en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla… op. cit., p. 11.
65 La Época, 3 de octubre de 1925.
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198 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
do de Álvarez Coque, Paz y Luisa Sancho Miñano Velázquez, Pilar y Carmen
Viqueira Fullos, Margarita Delgado y de Orozco y María Figueras66.
Cuerpo de practicantes militares del Ejército
A lo largo de la investigación hemos tenido ocasión de comprobar la
importancia del papel que desempeñaron los profesionales pertenecientes al
Cuerpo de practicantes militares del Ejército. De hecho, estuvieron en todos
los lugares dispuestos por Mariano Gómez Ulla en el operativo sanitario
para la operación de desembarco. Su presencia se constata en las barca-
zas de desembarco, junto a sus unidades, desembarcando en Ixdain y en la
Cebadilla, practicando las primeras curas a los soldados heridos durante la
maniobra e inmediata ocupación de las estribaciones montañosas próximas
a las playas. Formaron parte del dispositivo de acompañamiento y atención
a los heridos que desde las lanchas de motor trasladaban a los heridos has-
ta los barcos hospital. Del mismo modo, actuaron como auxiliares de los
médicos-cirujanos en los citados buques. Hubo incluso practicantes en los
hidroaviones que trasladaban a los heridos a Melilla y por supuesto en los
hospitales de la misma ciudad, así como en el resto de los hospitales auxi-
liares dispuestos en la Península para el operativo. Sin duda, prestaron una
gran labor, trabajando al lado de cirujanos y enfermeras.
Sin embargo, la creación del Cuerpo de practicantes militares costó
un gran esfuerzo por parte de la Sanidad Militar, y fue un proceso largo.
La propuesta estuvo sobre la mesa de diferentes ministros de la Guerra e
incluso de varios presidentes del Consejo de Ministros desde 191067. La
necesidad de crear el Cuerpo se tornó en una cuestión urgente tras com-
probar que en los campos de batalla de Marruecos se sucedían acciones de
guerra que arrojaban un número de heridos muy elevado. La prensa diaria
informaba de doscientos, trescientos heridos en los enfrentamientos. Este
volumen hacía imposible que los médicos militares pudieran atender a to-
dos. En primer lugar, ofrecían ayuda a los más graves, por ejemplo, a los
soldados que presentan heridas en el vientre, los cuales requerían cirugías
rápidas a las que se dedicaba una hora o más, dependiendo de la herida. El
resto de los heridos no recibían asistencia facultativa porque no había quien
se la prestara. Por esta razón, se consideraba que, si sobre el campo de ba-
talla había un Cuerpo de practicantes militares, éstos podrían realizar curas
66 emoria del Hospital de la Cruz Roja de Melilla. Años 1924, 1925, 1926 y 1927…op.
M
cit., p. 61.
67 La Época, 8 de noviembre de 1910. Se está gestionando por la Junta Central de Practican-
tes de Medicina y Cirugía la creación de un cuerpo facultativo de practicantes militares.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 198-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 199
provisionales para después proceder a la evacuación en ambulancias o a los
hospitales más cercanos.
Más de dos lustros se tardó en dar los primeros pasos para la forma-
ción del Cuerpo, y fue después de la tragedia en vidas que supuso el desastre
de Annual, cuando el ministro de la Guerra, Juan de la Cierva, con objeto de
atender las necesidades sanitarias de la masa de heridos y enfermos que había
en Melilla, convocó mediante concurso-oposición cien plazas para practi-
cantes profesionales68. Estos primeros practicantes constituyeron la base del
Cuerpo auxiliar de Sanidad Militar69. Desde entonces y hasta 1925, cuando
se llevó adelante la operación de desembarco, los practicantes, afectos a los
diferentes regimientos y unidades, acompañaron siempre a los soldados en
las operaciones militares que se llevaron a cabo en el contexto del Protecto-
rado español en Marruecos durante la fase de pacificación. Con su esfuerzo
contribuyeron a mejorar las condiciones de los soldados en los diferentes
teatros de operaciones, prestando los primeros auxilios a los heridos.
Balance y datos
El número total de bajas en el ejército español (entre los días 8 de
septiembre y 2 de octubre) fue de 1607, de las cuales 1090 fueron muertos70.
Reparando en las bajas, observamos que el 95 por ciento fue ocasio-
nado por proyectiles de artillería, de mortero y de granadas de mano71. ¿Qué
significa este dato desde el punto de vista sanitario? Si establecemos una
comparación entre la campaña del desembarco en Alhucemas y cualquiera
de las campañas anteriores, donde los rifeños no contaban con grandes ele-
mentos de combate, los datos arrojan los siguientes resultados: en combates
precedentes se alcanzó el 55 por ciento del éxito en las intervenciones ab-
dominales con traumatismos de guerra, mientras que en Alhucemas estas no
llegaron al 30 por ciento. Los cirujanos jamás se habían visto ante semejante
coyuntura, en muchos casos insólita, teniendo que intervenir a heridos que
presentaban desgarros abdominales provocados por la metralla. Sin embar-
68 OE, Gaceta de Madrid, N.º 248. 5 de septiembre de 1921. Real Orden Circular del
B
Ministerio de la Guerra.
69 Un estudio sobre el origen y desarrollo de la enfermería militar en GONZÁLEZ YA-
NES, Jerónimo: Cien años de enfermería militar en el Ejército de Tierra, 1921-2021,
Ministerio de Defensa, 2022.
70 AGA, África, caja M7 81/9985. Exp. núm. 3. Preparación y ejecución de las operacio-
nes de desembarco y ocupación de la bahía de Alhucemas. Bajas en las operaciones de
Alhucemas.
71 SLOCKER, Enrique: «Los servicios sanitarios en Alhucemas», Revista de Sanidad Mi-
litar… op. cit., p. 476.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 199-204. ISSN: 0482-5748
200 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
go, la cirugía de cráneo dio mejores resultados, contribuyendo en ello la
rapidez en las intervenciones.
Del total de heridos, solo hubo en Melilla doce casos graves por in-
fección de tipo gaseoso, de los cuales no fallecieron nada más que dos, a
consecuencia de una infección de tétanos y gangrena, a pesar de haber sido
tratados previamente con suero antitetánico72. Teniendo en cuenta la mor-
tandad que provocó durante la Gran Guerra la bacteria «clostridium per-
fringens», causante de las infecciones provocadas por la metralla, debemos
señalar que en Alhucemas sin duda se lograron resultados positivos, gracias
al equipo de cirujanos y de enfermeras que asistió a los heridos.
Conclusiones
La implicación de la sociedad en la guerra a partir de la creación de
los Estados nación en Europa en el siglo XIX y sobre todo en el siglo XX,
supuso en general un avance importante para la Sanidad Militar. España no
fue ajena a dichos progresos.
Margaret Macmillan señala que existe una verdad sobre la guerra que
resulta incómoda, y es que además de acarrear destrucción, impulsa la crea-
ción. Gran parte de los avances que en materia sanitaria disfruta hoy la socie-
dad aparecieron en contextos de guerra. La necesidad de mejorar la atención
a los heridos y enfermos, con el fin de devolverlos a los frentes lo antes posi-
ble supuso extraordinarios desarrollos científicos. La penicilina, por ejemplo,
se descubrió en 1928, aunque la financiación para su desarrollo no se logró
hasta la Segunda Guerra Mundial, y como sabemos, contribuyó a salvar in-
numerables vidas. Las transfusiones de sangre se realizaron por vez primera
en la Guerra Civil española de la mano del doctor canadiense Norman Bethu-
ne. Durante la Gran Guerra los médicos franceses priorizaron la atención a
los heridos que tenían opciones de salvarse, si se les prestaba auxilio rápido,
respecto a quienes consideraban desahuciados o aquellos cuyas lesiones no
entrañaban gravedad y podían esperar. En ese mismo contexto, la cirugía
experimentó un gran desarrollo. En España, Gómez Ulla, inspirándose en los
métodos franceses llevados a cabo durante la Gran Guerra, ideó el Hospital
Quirúrgico de Montaña a lomo, acercando de ese modo la cirugía al frente de
combate, lo cual aumentó las posibilidades de sobrevivir del herido.
La enfermería, como la medicina, evidenció profundos cambios a par-
tir de 1854 cuando en los campos de batalla de Crimea Florence Nightingale
aplicó novedosos métodos de trabajo, basados en la asistencia temprana al
72 Idem.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 200-204. ISSN: 0482-5748
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS… 201
soldado, cuyas heridas lavaba y limpiaba creando un campo aséptico, impi-
diendo o retrasando la aparición de infecciones, causantes de la mayoría de
las muertes entre los heridos. En España, la profesionalización de la enfer-
mería, gracias a la iniciativa de la Cruz Roja, significó una mejora sustancial
en la asistencia a los heridos en las campañas de Marruecos, auxiliados en
los mismos frentes de combate.
Centrándonos en los resultados del proyecto de Gómez Ulla podemos
afirmar, con la seguridad de no equivocarnos, que aquel plan arrojó excelentes
resultados, hasta el punto de ser objeto de estudio por parte de los agregados
americanos e ingleses, que fueron testigos de la puesta en práctica, mostrando
su sorpresa por lo práctico y bien ideada que estuvo la planificación.
En los barcos hospital se practicaron intervenciones quirúrgicas, si
bien no fueron numerosas, por haber sido relativamente baja la cifra de heri-
dos cuyas heridas precisaron una urgente operación. En los hospitales afec-
tos a las tropas de desembarco se amplió su capacidad de atención en 330
camas, llegando a 1700, incluidas las habilitadas en los barcos hospital.
Los oficiales y soldados peninsulares, cuyo estado lo permitía, se tras-
ladaron a la Península, a través de las dos principales líneas de evacuación:
la principal Melilla-Málaga, utilizada durante los primeros días, por ser la
más corta y por dejar los barcos libres en disposición de regresar a Alhuce-
mas; y otra, Melilla-Cádiz, que fue poco empleada. En previsión de un ma-
yor número de bajas, se contaba en los hospitales de España con unas 4000
camas, enlazadas por medio de trenes hospital, que ya habían sido utilizados
durante la campaña de 1921.
Se cierra aquí el artículo, señalando en primer lugar que los resultados
ofrecidos no son definitivos, pues en la historia las investigaciones siempre
permanecen sujetas a la aparición de nuevas fuentes. Lo que queda asentado
tras esta investigación es que la organización del servicio de cirugía y la
coordinación de los servicios sanitarios que se encomendó a Gómez Ulla
dio extraordinarios frutos. Gracias a la profesionalidad y la experiencia del
cirujano, el ejército español en Alhucemas dispuso de un gran proyecto sa-
nitario con avances tan importantes como la tarjeta de diagnóstico y el sobre
sanitario (dos procedimientos novedosos que puso en marcha tras el de-
rrumbamiento de la Comandancia General de Melilla en el verano de 1921),
del mismo modo que durante la Gran Guerra organizó la Sanidad Militar de
los ejércitos beligerantes, principalmente el francés.
Queda, pues, razonada en términos históricos la contribución de Ma-
riano Gómez Ulla a la modernización de la sanidad militar en el ejército
español en la segunda década del siglo XX. En dicho proceso de moderniza-
ción cabe incluir la enfermería como profesión emergente, con un gran desa-
rrollo durante la fase de pacificación del colonialismo español en Marruecos.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 201-204. ISSN: 0482-5748
202 RAMÓN DÍEZ RIOJA Y OLGA MARTÍN OLALLA
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ISSN: 0482-5748
RHM.06
[Link]
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA
DE IFNI Y SAHARA (1957-1958)
Ricardo NAVARRO SUAY1
RESUMEN
La guerra de Ifni-Sahara (23 de noviembre de 1957-30 de junio de
1958), está considerada como el último conflicto en el que España participa
como fuerza beligerante.
Se trata de describir la logística sanitaria española y analizar las bajas
médicas durante este conflicto.
Para la disciplina de historia y de historiografía, determinamos tres
fases: búsqueda, exploración y relación de fuentes (personales, bibliográfi-
cas, documentales y multimedia), estudio crítico de las fuentes y narración
de los hechos históricos. Para la disciplina de medicina se realizó un estudio
transversal, descriptivo, retrospectivo de los pacientes atendidos en el Hos-
pital Militar de Las Palmas de Gran Canaria.
Se atendió a 2.179 pacientes. De ellos, 73 % fueron bajas no de com-
bate y 27 % de combate. El 80 % tenían entre los 20 y 25 años y pertenecían
al Ejército de Tierra. Las bajas por herida de arma de fuego fueron las más
prevalentes y el área anatómica más afectada fueron los miembros inferiores.
1 eniente coronel médico, destinado en el Hospital Central de la Defensa «Gómez
T
Ulla» de Madrid. Doctor en Medicina. Doctor en Historia Contemporánea. Académico
Correspondiente de la Real Academia de Medicina de Canarias. Correo electrónico:
rnavsua@[Link]
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 205-248. ISSN: 0482-5748
206 RICARDO NAVARRO SUAY
En conclusión, los primeros momentos de saturación de las capacida-
des sanitarias dieron paso a una fase caracterizada por un refuerzo urgente
de personal y material permitiendo una aceptable atención médica acorde a
los medios de esa época. Los principales motivos de evacuación no estaban
relacionados directamente con el combate. Los primeros saltos paracaidistas
en combate realizados por médicos y practicantes militares, la evacuación
precoz con aeronaves (por primera vez se emplea un helicóptero militar),
el tratamiento continuado de la baja de combate, la cirugía del control del
daño en las tres cavidades, la comunicación sanitaria encriptada, el abaste-
cimiento de medios sanitarios, una impecable documentación clínica y las
misiones de carácter médico son algunas de las peculiaridades que definen
la atención sanitaria en este conflicto.
PALABRAS CLAVE: Medicina militar. Guerra de Ifni-Sahara. Eva-
cuación. Baja.
ABSTRACT
Ifni-Sahara War (November 23, 1957 – June 30, 1958) is considered
the last conflict in which Spain participates as a belligerent force.
Objective: Describe Spanish health logistics and analyze casualties
during this conflict.
Material and methods: For the discipline of history and historiog-
raphy, we determine three phases: search, exploration and relationship of
sources (personal, bibliographic, documentary and multimedia), critical
study of the sources and narration of historical facts. For medicine disci-
pline, a cross-sectional, descriptive, retrospective study of the patients treat-
ed at the Las Palmas de Gran Canaria Military Hospital was carried out.
Results: 2179 patients were treated. Of these, 73 % were non-combat
casualties and 27 % combat casualties, 80 % were between 20 and 25 years
old and joined the Army. Casualties with gunshot wounds were the most
prevalent and the most affected anatomical area were the lower limbs.
Conclusion: The first moments of saturation of medical capacities
gave way to a phase characterized by an urgent personnel and material rein-
forcement allowing an acceptable medical attention according to that time.
The main reasons for evacuation were not directly related to combat. The
first paratrooper jumps in combat by physicians and military nurses, early
aerial evacuation (a military helicopter is used for the first time in the Span-
ish war history), the continued treatment of combat casualty, damage con-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 206-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 207
trol surgery in the three cavities, encrypted health communication, medical
facilities provision, great clinical documentation and medical missions are
some of the peculiarities that define Spanish health care in this conflict.
KEY WORDS: Military medicine. Ifni-Sahara war. Evacuation.
Casualty.
*****
INTRODUCCIÓN
L
a presencia española en la costa noroccidental de África se remonta
a 1476, cuando Diego Herrera funda Santa Cruz de la Mar Pequeña,
cerca de las Islas Canarias. Tras la guerra de África (1859-1860), el
Sultán de Marruecos reconoció los derechos españoles sobre este territorio.
Años más tarde, a finales del siglo XIX en Villacisneros, se implantaron
diversas factorías con personal y capital español. Pero no es hasta 1934,
cuando se procede a la ocupación de Ifni y se incrementa la presencia en
el Sahara. A mediados del siglo XX, el África Occidental Española (AOE)
administrativamente se componía de los territorios de Ifni (capital Sidi Ifni),
Cabo Juby (capital Villabens), Saguia el Hamra (capital El Aaiún) y Río de
Oro (capital Villacisneros). La extensión del territorio era de 270.000 km2 y
la población ascendía aproximadamente a 53.000 habitantes, la mayor parte
naturales de la zona.
Recientemente se ha cumplido el 60 aniversario de la guerra de Ifni-
Sahara (23 de noviembre de 1957-30 de junio de 1958), considerado como
el último conflicto en el que España participa como país beligerante. Tras
finalizar la independencia del Protectorado Norte de Marruecos, fuerzas in-
dependentistas atacaron los territorios españoles de Ifni, Cabo Juby, Saguia
el Hamra y Río de Oro, provocando la respuesta militar en aras de defender
nuestra soberanía nacional. Fue un conflicto de corte colonial, acontecido en
un terreno árido y montañoso (Ifni) y desértico (Sahara). Las guarniciones
destacadas en la zona tuvieron que ser rápidamente reforzadas con unidades
procedentes de Canarias, Ceuta, Melilla y la península. Con este apoyo se
pudo recuperar la iniciativa táctica y realizar operaciones ofensivas, algunas
de ellas con apoyo francés. El resultado final de la contienda fue que nuestro
país mantuvo la ciudad de Sidi Ifni y la provincia del Sahara, cediendo a
Marruecos Villa Bens y la mayor parte de la provincia de Ifni.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 207-248. ISSN: 0482-5748
208 RICARDO NAVARRO SUAY
En todo conflicto armado el papel de la Sanidad Militar es primor-
dial y la guerra de Ifni-Sahara no fue una excepción. El apoyo sanitario en
zona de operaciones fue escalonado y secuencial. Comenzaba en la línea del
frente, continuaba en los hospitales civiles del AOE, las bajas más graves
eran evacuadas hasta el Hospital Militar de Las Palmas y finalmente, si era
necesario, la evacuación terminaba en la península. Se realizaron los proce-
dimientos de reanimación del control del daño de forma protocolizada, se
empleó tratamiento antibiótico en las bajas de combate y se consiguió trans-
fundir sangre completa y plasma a los heridos. Nunca se había empleado en
nuestro país el helicóptero como medio sanitario de aeroevacuación militar,
fue la primera ocasión en la que un oficial médico español realizó un salto
paracaidista de combate y en la que se utilizaron medios encriptados para
transmitir información clínica en zona de operaciones. Estos son algunos
de los factores inéditos que se describirán en este trabajo de investigación.
El objetivo del estudio es describir la logística sanitaria española y
analizar las bajas médicas durante el conflicto de Ifni-Sahara de 1957-1958.
MATERIAL Y MÉTODO
El método empleado en el presente trabajo es el fruto de la práctica de
tres disciplinas: la historia, la historiografía y la medicina2.
Siguiendo la guía metodológica de Granjel L.S. para la disciplina de
historia y de historiografía preferentemente sanitaria, determinamos tres fa-
ses consecutivas del proceso de investigación3:
− Fase 1: Búsqueda, exploración y relación de fuentes. Estable-
cemos cuatro tipos de fuentes: personales, bibliográficas, docu-
mentales y multimedia4.
2 l propósito de la historia es el estudio de hechos humanos pasados, el de la historiogra-
E
fía es redactarlos de forma inteligible, ordenada y objetiva, mientras que el de la medici-
na es aportar el conocimiento científico en aras de mejorar el diagnóstico y tratamiento
de los pacientes basándose en datos epidemiológicos.
3 Granjel LS. Estudio histórico de la medicina, lecciones de metodología aplicadas a la
historia de la medicina española. Salamanca, 1961.
4 Fuentes personales: tras firmar un consentimiento informado, se procedió a realizar en-
trevistas semiestructuradas a militares españoles que combatieron en el conflicto. La
mayoría de ellas fueron grabadas en audio y en video. Esta información se complementó
con la realización de fotografías de cada uno de los entrevistados. En algunos casos nos
facilitaron sus diarios personales e imágenes de lo que allí aconteció. El objetivo de la
filmación y grabación de dichas entrevistas es documentar los testimonios de forma que
perduren en el tiempo cuando los protagonistas (la mayoría octogenarios) hayan falleci-
do. Para completar el enfoque biopsicosocial también se entrevistaron a algunas esposas
e hijos de militares que sufrieron en retaguardia los avatares de la guerra. En total se
entrevistaron a 121 veteranos y familiares.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 208-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 209
− Fase 2: Estudio crítico de las fuentes.
− Fase 3: Narración de los hechos históricos.
Para la disciplina de medicina se realizó un estudio transversal, des-
criptivo, retrospectivo realizado desde el 23 de noviembre de 1957 hasta el
30 de junio de 1958. La población a estudio fue el personal civil y militar
atendido en el hospital militar de Las Palmas (por ser considerado a nivel
táctico como centro hospitalario sobre el que se evacuaban las bajas de zona
de operaciones) durante el citado periodo de estudio5.
Para poder realizar el presente estudio se consiguieron las siguientes
seis autorizaciones:
− Comité Ético de Investigación Clínica (CEIC) de la Defensa:
código 38/17.
− Comité de Investigación del Hospital Central de la Defensa: có-
digo 23/17.
Fuentes bibliográficas: libros, artículos, novelas, actas de congreso e informes consul-
tados. Igualmente se analizaron fuentes francesas, británicas, estadounidenses y portu-
guesas (anexo 1).
Fuentes documentales: documentos originales de la época objeto de la investigación
y los archivos donde se encuentran ubicados. Asimismo, se estudió la documentación
audiovisual de ese momento (adquiriendo los derechos de reproducción a la filmoteca
española –número de factura 3/2019–) y las noticias publicadas en prensa de la época.
Fuentes multimedia: páginas web consultadas. Se hizo hincapié en los diferentes foros
informáticos de veteranos que estuvieron desplegados en zona de operaciones durante
este conflicto (anexo 1).
5 Los criterios de inclusión empleados fueron pacientes, que hubieran recibido atención
médica en el hospital militar de Las Palmas durante el desarrollo del conflicto. Se eligió
como criterio de exclusión la información incompleta o ilegible en la historia clínica,
considerándose como incompleta aquella que no nos permitiera cumplimentar las va-
riables a estudio y como ilegible aquella que no pudiera ser entendida por los investiga-
dores.
Las variables a estudio fueron de control y sociodemográficas: sexo, empleo militar,
edad, ejército de pertenencia Las variables principales fueron: especialidad médica res-
ponsable de la atención, lugar desde donde fue evacuado el paciente, lugar al que es
evacuado, alta en el hospital militar de Las Palmas, hospital militar de destino, medio
de evacuación empleado hasta el hospital militar de Las Palmas, medio de evacuación
empleado tras el hospital militar de Las Palmas, agente lesional, intervención quirúrgica
y éxitus. Para clasificar las enfermedades y lesiones se empleó el código CIE-10 (Cla-
sificación Internacional de Enfermedades, versión 10) y el código EpiNATO.2 (según
AmedP 4.1 de enero de 2017). Por último, de forma complementaria se analizan (em-
pleando las mismas variables anteriores) las bajas en combate atendidas en el hospital
de Sidi Ifni.
Para la estadística descriptiva se emplearon índices de tendencia central y de dispersión
para variables cuantitativas. Se utilizarán la media aritmética, desviación estándar, la
mediana y el rango intercuartílico dependiendo de la asunción o no, respectivamente,
del supuesto de normalidad de las mismas con el test de Kolmogorof-Smirnof (K-S).
Para variables categóricas: frecuencias absolutas y relativas en tanto por ciento (%). La
aplicación estadística empleada fue el paquete SPSS versión 15.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 209-248. ISSN: 0482-5748
210 RICARDO NAVARRO SUAY
− Instituto Mixto de Investigación Biosanitaria de la Defensa: es-
crito del 21/09/17.
− Inspección General de Sanidad de la Defensa: S-17-008725 de
02/06/2017 y D-OC-SB-40400000-S-19-002770 de 19/02/2019.
− Jefatura de Sanidad Militar Operativa del Hospital Central de la
Defensa: escrito del 14/02/18.
− Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESE-
DEN) / Instituto Español de Estudios (IEEE) / Cátedra Almiran-
te Don Juan de Borbón-Universidad Complutense de Madrid:
escrito del 1/07/2019.
Por último, el autor opina que no sería adecuado investigar sobre la
sanidad militar durante aquella contienda sin inspeccionar por tierra, mar y
aire la zona de operaciones donde se combatió, considerando indispensable
analizar el enfrentamiento en estos tres medios. Para ello se informó por
conducto reglamentario del viaje con un objetivo de investigación histórica
a los territorios pertenecientes a la antigua AOE. Se consiguió la aproba-
ción por escrito de la Agregaduría Militar española en Rabat (Marruecos).
Asimismo, se solicitó a Jefatura de Movimiento Aéreos la posibilidad de
volar hasta la Base Aérea de Gando en un avión del 45 Grupo del Ejército
del Aire, autorización aceptada en 19 octubre 2019. Se visitaron a juicio
del investigador, las principales ciudades, pueblos o comarcas de interés
histórico del conflicto: El Aaiún, Edchera, Villabens, Tan Tan, Gulimin, Sidi
Ifni, Telata, Tiluin, Erkun y Agadir, empleando cartografía militar del Cen-
tro Geográfico del Ejército de 1957. Por su marcado interés sanitario militar,
se visitó en tres ocasiones más Gran Canaria, por ser esta isla la que sirvió
de centro logístico sanitario durante el conflicto.
Por último, en 2019, el autor navegó a bordo del Buque Escuela Juan
Sebastián de Elcano de la armada española, por aguas del Océano Atlántico
del litoral de la antigua AOE, durante el XCII Crucero de Instrucción de
guardiamarinas.
APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL CONFLICTO DESDE UN PUNTO
DE VISTA SANITARIO MILITAR
Las Fuerzas Armadas españolas en la década de 1950
Al terminar la Guerra Civil, las Fuerzas Armadas españolas tenían
una función eminentemente territorial, con una capacidad expedicionaria
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 210-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 211
muy limitada. Estaban sobredimensionadas y su estructura según algunos
autores era macrocefálica.
En 1945, entre jefes, oficiales y suboficiales se contaba con 50.000
efectivos. Progresivamente se fue reduciendo este número. A principios de
la década de 1960, la cifra de miembros de las Fuerzas Armadas había dis-
minuido aproximadamente a 220.000 (Generales, Jefes y Oficiales –12 %–,
suboficiales –10 %– y tropa, incluyendo militares de reemplazo –75 %–).
Las tropas españolas en el Protectorado Norte eran muy numerosas.
Concretamente, se contaba con cuatro Divisiones de Infantería, una Brigada
de Caballería, un Regimiento de Carros y tres de Artillería. En total, 66.800
hombres, de los que 44.200 estaban desplegados en territorio del Protecto-
rado y los 22.600 restantes en Ceuta y Melilla.
Desde un punto de vista militar, dos factores son de interés en esta
década. En primer lugar, el nacimiento en nuestro país de unidades paracai-
distas en el seno del Ejército del Aire y de Tierra. Este hecho respondía a una
necesidad táctica y operacional. Además, estas tropas habían sido amplia-
mente utilizadas durante la segunda guerra mundial por ambos bandos y tras
su empleo, se habían identificado lecciones en varios teatros de operaciones.
Con estos efectivos voluntarios, se incrementaba la capacidad profesional
prestada fundamentalmente por La Legión.
El segundo factor es el apoyo militar prestado por Estados Unidos a
principios de los años cincuenta, que rompía el bloqueo internacional al que
se había visto sometida España tras la última contienda mundial. Con esta
medida, se mejoraba parcialmente el obsoleto material del que disponían las
Fuerzas Armadas españolas en ese momento.
La Sanidad Militar española en la década de 1950
A mediados de los años cincuenta del siglo pasado, las sanidades mi-
litares integradas en el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire
estaban inmersas en un proceso de recuperación tras la contienda civil. Su
función primordial era prestar apoyo sanitario a los militares profesionales,
tropa de reemplazo, personal civil adscrito al ámbito militar, guardia civil,
policía y familias vinculadas al estamento castrense.
La estructura hospitalaria militar estaba compuesta por 91 centros sa-
nitarios y abarcaba toda la geografía nacional. Concretamente, el Ejército
de Tierra contaba con 17.969 camas, la Armada con 1.376 y el Ejército del
Aire con 921. Sin duda, estas 20.266 camas formaban la estructura sanitaria
más potente de la nación, hasta el nacimiento de la Seguridad Social, una
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 211-248. ISSN: 0482-5748
212 RICARDO NAVARRO SUAY
década más tarde. Los establecimientos sanitarios militares se dividían en
hospitales (de primera, de segunda y de tercera), clínicas, enfermerías, sana-
torios (de primera, de segunda y de tercera –tres de ellos antituberculosos–)
y por último clínicas psiquiátricas, alguna con gran importancia durante el
conflicto.
Tanto en estas instalaciones sanitarias, como en las Inspecciones, en
los diversos botiquines de los acuartelamientos, así como en las enferme-
rías de los arsenales y bases aéreas, se encontraban destinados médicos,
farmacéuticos, veterinarios, practicantes, sanitarios, camilleros, religiosas
y personal auxiliar. Los primeros estaban encuadrados en diferentes escalas
(activa, complementaria facultativa, de Sanidad Militar, complementaria de
Sanidad Militar, auxiliar del Cuerpo de Sanidad, de complemento, de com-
plemento de Infantería y asimilados). En total formando parte de los tres
Cuerpos, la lista de revista era de 2 Generales Inspectores, 9 Generales de
Brigada Médicos, 63 Coroneles Médicos, 172 Tenientes Coroneles Médi-
cos, 371 Comandantes Médicos, 455 Capitanes Médicos y 170 Tenientes
Médicos, apoyados por 166 oficiales médicos de complemento y 151 médi-
cos civiles asimilados6, 7, 8 y 9.
En los anuarios de los tres Ministerios, encontramos que el intervalo
de edad de la mayor parte de los pacientes que ingresaban en los centros
militares comprendía desde los 25 a los 60 años, siendo los motivos más
frecuentes de ingreso, los traumatismos y los procesos infecciosos10.
En términos generales, la importante estructura hospitalaria ante-
riormente comentada, la seguridad de contar con un empleo y un salario,
la probabilidad de obtener ascensos militares, el pertenecer a la única ins-
titución que permitía una formación reglada en las diferentes especialida-
des médicas, el poder ejercer la medicina también en el ámbito privado, el
prestigio de la Sanidad Militar y el patriotismo inherente a la vida militar,
eran las principales razones esgrimidas por los licenciados en medicina de
aquella época, entrevistados por el autor, para ingresar en nuestras Fuerzas
Armadas11,12 y 13.
6 scalilla del Cuerpo de Sanidad Militar. Ministerio del Ejército. Dirección General de
E
Reclutamiento y Personal. 1.º de enero de 1957.
7 Escalafón del Cuerpo de Oficiales de la Armada. Ministerio de Marina. Año 1957.
8 Escalafón del Cuerpo de Suboficiales de la Armada. Ministerio de Marina.
9 Escalafón de Aviación Militar. Año 1957.
10 Anuario Estadístico Militar. Alto Estado Mayor. Servicio de Estadística Militar. Año 1957.
11 Entrevista al General Médico Anastasio Del Campo, realizada Madrid el 12 de abril de 2018.
12 Entrevista al Coronel Médico Ricardo Lliso realizada en Valencia el 6 de diciembre de
2017.
13 Entrevista al Dr. Jorge Petit (hijo del Teniente Coronel Médico Jorge Petit) realizada en
Las Palmas el 25 de abril de 2019.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 212-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 213
Desde un punto de vista sanitario, los territorios del AOE (Ifni, Cabo
Juby –Villabens–, Saguía el Hamra –El Aaiún– y Río de Oro –Villacisne-
ros–) tenían una serie de particularidades que diferían de la península. Cada
territorio contaba con un hospital de mayor o menor entidad. Ninguno de
ellos era estrictamente militar, ya que eran centros sanitarios civiles, que
dependían del Gobernador del AOE y por tanto de Presidencia de Gobierno.
Su presupuesto estaba a cargo de ésta última y la dirección recaía en facul-
tativos civiles. En la plantilla se contaba con varios médicos (algunos de
ellos militares en situación de excedencia), oficiales médicos, practicantes
(en ocasiones indígenas), personal auxiliar y monjas pertenecientes a varias
órdenes religiosas. En estos centros se atendía a la población civil europea
e indígena y a aquellos militares y sus familias que requerían atención hos-
pitalaria14 y 15 (ver fig. 1).
Figura 1. Hospitales en zona de operaciones.
Esquina superior izquierda: Hospital de Ifni
(fotograma del NODO –derechos de reproducción adquiridos por el autor–).
Esquina superior derecha: Hospital de El Aaiún
(fotografía cedida por Joan Marimon al autor).
Esquina inferior izquierda: Hospital de Villacisneros
(fotograma del NODO –derechos de reproducción adquiridos por el autor–).
Esquina inferior derecha: Hospital de Villabens (fotografía del autor)
14 ntrevista realizada al Comandante Médico José Rodríguez (Granada) el 23 de mayo
E
de 2019.
15 Entrevista realizada al Cabo Primero sanitario Hans Grungald realizada en Alcalá de
Henares (Madrid) el 13 de noviembre de 2017.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 213-248. ISSN: 0482-5748
214 RICARDO NAVARRO SUAY
En las poblaciones del interior del territorio la asistencia sanitaria era
prestada por médicos y practicantes civiles. La presencia de uno u otro, de-
pendía de la población de cada pueblo. Junto con algún funcionario de un
ministerio diferente, formaban parte del escaso personal civil que convivía en
esas posiciones con los miembros de la policía o del ejército. Incluso, en al-
gunos casos, vivían junto con su familia en aquellos destacamentos aislados.
El apoyo sanitario a las unidades militares desplegadas en aquel terri-
torio africano recaía en oficiales médicos, practicantes militares, sanitarios
y camilleros destinados en las mismas. El material médico era espartano,
austero y en ocasiones limitado. Además, se contaba con una Compañía de
Sanidad Militar que prestaba apoyo a las diferentes unidades (por ejemplo,
facilitando ambulancias o sanitarios). El servicio de guardia hospitalaria de
Sidi Ifni recaía en médicos del hospital y en médicos militares destinados en
unidades ubicadas en la misma ciudad (ver fig. 2).
Figura 2. Esquema de la distribución de médicos en zona de operaciones.
Realización por el autor
Si las capacidades de los hospitales eran insuficientes para atender a
los enfermos, se procedía a evacuarlos por vía aérea, gracias a aeronaves del
Ejército del Aire, hasta la Base Aérea de Gando (Gran Canaria) y desde allí
en ambulancia, hasta el Hospital Militar de Las Palmas.
El Hospital Central del África Occidental Española, situado en la ciu-
dad de Sidi Ifni, puede servirnos de ejemplo de esta situación. Entre los años
1949-1954 contaba con noventa camas distribuidas en salas de hombres y
mujeres nativos, peninsulares e insulares y habitaciones para jefes, oficiales,
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 214-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 215
suboficiales y funcionarios civiles correspondientes a dichas categorías, así
como pabellones de maternidad y de infecciosos. Disponía de servicios de
medicina general, cirugía, un quirófano, tocoginecología, radiología, esto-
matología y análisis clínicos, atendidos cada uno de ellos por su corres-
pondiente facultativo. Durante esos seis años, se atendieron 8.681 enfermos
(64 % militares). Las enfermedades infecciosas y parasitarias ocasionaron la
primera causa de atención (29 % –en orden decreciente: gripe, tuberculosis
pulmonar, gonococia y sífilis–), seguida de cirugía (13 %) y traumatología
(11 %). Fallecieron en el hospital 189 enfermos (entre otras causas, 69 por
tuberculosis pulmonar y 26 por motivos cardiológicos). La casi totalidad de
los 408 evacuados al Hospital Militar de Las Palmas, eran militares pen-
dientes de Tribunal Médico Militar, enfermos de tuberculosis y heridos con
lesiones en huesos y articulaciones. Nacieron 345 niños, se realizaron 8.368
análisis clínicos y 13.105 radiografías16.
Estos datos nos orientan a que la sanidad en estos territorios africanos
era, en principio, la adecuada para atender a una población eminentemen-
te militar y funcionarial, bastante aislada del exterior, sometida a un clima
hostil y con importantes cuadros infectocontagiosos endémicos como la tu-
berculosis y las enfermedades venéreas (hoy denominadas de transmisión
sexual). El contexto «colonial» obligaba a una necesaria simbiosis entre la
sanidad civil y la militar. En general, la confianza generada por los médicos
entre la población era considerable. Sin embargo, conforme se acercaba el
inicio del conflicto, se pudieron haber implementado varias medidas sanita-
rias para prepararse ante la llegada masiva de bajas de combate.
Las Fuerzas Armadas españolas en el conflicto
En noviembre de 1957, las guarniciones españolas en los territorios
del África Occidental Española eran escasas. En Ifni, ascendían a 3.391 efec-
tivos (2.754 en la capital y 614 en los puestos de interior). La mayoría esta-
ban encuadrados en el Ejército de Tierra (3.255), y las fuerzas de la Armada
y Ejército del Aire eran prácticamente testimoniales (90 y 46 respectivamen-
te). A esto se añade que 705 hombres eran indígenas integrados en nuestras
unidades militares. En el Sahara, la situación era similar con 3.620 hombres,
estando las tropas desplegadas en las principales poblaciones costeras.
16 esumen estadístico del África Occidental Española (1958). Dirección General de Pla-
R
zas y Provincias Africanas e Instituto de Estudios Africanos. Madrid, 1959.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 215-248. ISSN: 0482-5748
216 RICARDO NAVARRO SUAY
Las fuerzas se sustentaban principalmente en 4 Tabores de Tiradores
de Ifni, 4 Grupos (entidad Batallón) de Policía Territorial, 3 Banderas de la
Legión, 2 Banderas Paracaidistas y Grupos de Zapadores, Artillería, Inten-
dencia y Automovilismo.
Por la localización y el tipo de enfrentamiento, el Ejército de Tierra
llevó el peso del combate. A lo largo de los meses que duró la guerra, se
establecieron tres etapas tácticas consecutivas.
En un primer momento se resistió al ataque inicial del enemigo, man-
teniendo las principales ciudades y se intentó liberar los puestos del interior
que se encontraban cercados. Posteriormente llegaron unidades militares de
refuerzo procedentes de las Islas Canarias, norte de África y de la península.
Por último, las Fuerzas Armadas españolas de una forma conjunta y com-
binada (con apoyo militar francés en el Sahara) pasaron a la ofensiva de-
rrotando al enemigo en la provincia sahariana y estableciendo un perímetro
defensivo a unos cuatro kilómetros de la ciudad de Sidi Ifni.
Las Operaciones Netol, Gento, Pañuelo, Diana, Teide… han pasado
a formar parte de la historia militar del conflicto. No es objeto de este artí-
culo analizar en profundidad dichas operaciones, pero sí describir su apoyo
sanitario.
Las unidades navales desplegadas en la Zona de Operaciones se en-
cuadraron en dos Agrupaciones (A y B). Cada una de ellas estaba constitui-
da por dos Cruceros y tres o cuatro Destructores. Como buques de apoyo se
contó con una Fragata, dos Corbetas, cuatro Minadores y dos Remolcado-
res. El apoyo logístico que realizó la Armada en la contienda fue callado y
esforzado. Gracias al empleo de sus buques se pudieron transportar efecti-
vos, material y armamento a zona de operaciones.
Algunos investigadores consideran que el papel del Ejército del Aire
en este conflicto fue esencial, a pesar de que el enemigo no disponía de me-
dios aéreos. Esta afirmación se basa en que la aviación española bombardeó
posiciones, transportó tropas y material, fue protagonista en los saltos para-
caidistas y estableció un importante puente aéreo entre las ciudades africa-
nas y Las Palmas de Gran Canaria.
Operaciones de combate
En la madrugada del 23 de noviembre de 1957, fuerzas insurgentes
atacaron la ciudad de Sidi Ifni, el enlace telegráfico con los puestos del in-
terior de la provincia de Ifni fue cortado y comenzó el asedio a diferentes
destacamentos militares de dicho territorio. La guerra había comenzado.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 216-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 217
El servicio de inteligencia español desplegado en la zona había aler-
tado del inminente ataque enemigo, pero gracias a un confidente, nuestras
fuerzas conocían que el asalto se iba a producir esa noche. A pesar de en-
contrarse todos los efectivos en alerta, con munición y con el equipo de
combate alistado, la acción ofensiva del enemigo puso a prueba la defensa
española. Las primeras bajas españolas ascendieron a 2 muertos, 3 heridos
y 10 desaparecidos, que incrementaron el número de militares enfermos a
consecuencia de una epidemia de gripe que afectaba a parte de las fuerzas
desplegadas en esta ciudad durante aquel día.
Aunque el ataque a la capital Sidi Ifni fue repelido por nuestros efec-
tivos, en el resto de la provincia ifneña no ocurrió lo mismo. Los puestos
militares en el interior estaban en una situación crítica, al encontrarse cerca-
dos por el enemigo.
El Estado Mayor decidió asegurar la capital y enviar columnas de
socorro hacia el resto de posiciones. Una de ellas era Telata, localizada a 35
km de la capital. En este destacamento había varias bajas graves que debían
ser evacuadas y sufrían escasez de medicinas. La tarde del 23 de noviembre
se ordenó a una sección de la 7.ª Compañía de la II Bandera Paracaidista, al
mando del Teniente Ortiz de Zárate, que escoltara al Capitán Médico José
Freixas Otto, al Brigada Practicante Manrique y a una ambulancia. El obje-
tivo era atender a los heridos, evacuar la posición de Telata y regresar a Sidi
Ifni. A mitad de trayecto, el enemigo atacó al convoy sanitario forzando la
detención de la columna y obligó al Teniente, a ocupar una cota cercana para
repeler el hostigamiento, teniendo que abandonar los vehículos (incluyendo
la ambulancia), que quedaron inservibles. La sección permaneció asediada
en esta posición durante ocho días, hasta que efectivos del Grupo de Tira-
dores n.º 1 procedentes de la capital, rompieron el cerco. Finalmente, las
fuerzas españolas lograron llegar a Telata y liberar el puesto. El 5 de diciem-
bre se abandonó la posición destruyendo todo aquello que pudiera servir al
enemigo, evacuándose los heridos hasta Sidi Ifni. El coste fue de 5 muertos
(incluyendo al Teniente Ortiz de Zárate)17 y 14 heridos, uno de ellos fue el
17 n entrevista personal realizada con superviviente de esta acción se comentó al autor
E
que existió la posibilidad de que el mando de la Sección recayese en el Capitán Médico
una vez que el Teniente de Infantería falleció durante la acción. El entrevistado refirió
que el Capitán Médico declinó la sucesión del mando en un suboficial paracaidista pen-
sando que éste último estaba más instruido para dirigir la defensa de la posición. Este
dato queda también reflejado en fuentes secundarias. Asimismo, se anota que cuando
el médico es herido en la cara estaba rezando el rosario. Este sucesivo también se rela-
ciona en José Antonio Sainz de la Peña. Sahara-Ifni Recuerdos de un tirador, Editorial:
Mountainsoft-Caminos y Cumbres SL. Madrid, 2016. Página 90.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 217-248. ISSN: 0482-5748
218 RICARDO NAVARRO SUAY
Capitán Médico Freixas que recibió impactos de metralla en la cara, siendo
condecorado por este hecho18.
Mientras la columna del Teniente Ortiz de Zárate estaba rodeada en
las proximidades de Telata, se redactó la orden de operaciones P-119 me-
diante la cual, se pretendía liberar al resto de puestos que permanecían ro-
deados por fuerzas insurgentes.
Tiluin, ubicado al sur, cerca de la frontera con Marruecos, fue la si-
guiente posición que se pretendía auxiliar. El 29 de noviembre comenzaba la
Operación Pañuelo. Dos secciones de la 7.ª Compañía de la II Bandera Pa-
racaidista embarcaron en aviones Junkers Ju-52. Tras realizar los bombar-
deros Heinkel 111, fuego de apoyo aéreo en las cercanías de Tiluin, los 75
paracaidistas20 realizaron el primer salto de guerra de la historia de España.
Tres de ellos sufrieron lesiones en los tobillos. Este refuerzo de efectivos,
permitió incrementar la defensa de la posición y el apoyo médico (ya que
el destacamento únicamente contaba con un practicante y un sanitario21),
hasta que el 3 de diciembre la IV Bandera de la Legión y dos Compañías
del Batallón expedicionario «Soria 9» consiguieron liberar el cerco. Al día
siguiente se abandonó el fuerte, concluyéndose la misión, al llegar todo el
contingente a pie hasta Sidi Ifni el día 6 de diciembre. Uno de los heridos
en el salto paracaidista fue el Brigada Practicante Jurado Ortiz. El empleo
del avión de transporte Junker Ju-52 fue primordial porque desde él se lanzó
material sanitario y evacuó a 11 heridos y a los civiles más débiles.
Veinticuatro horas después del inicio de la Operación Pañuelo, co-
menzó la Operación Netol22, cuyo objetivo era liberar por tierra los asedios
de Telata, Tiluin y el Mesti. Esta misión se encomendó a la VI Bandera de
la Legión, la I y II Bandera Paracaidista, IV Tabor de Tiradores de Ifni y
2 Compañías del Regimiento Soria nº9. Como hemos visto anteriormente,
Telata y Tiluin son rescatadas. El Mesti fue liberado por efectivos de la
I Bandera Paracaidista. Sin embargo, el coste humano de la Operación Netol
fue elevado: 4 muertos y 14 heridos.
18 oja de Servicio José Freixas Otto. Archivo General Militar de Segovia, Caja 263, Ex-
H
pediente 25. N: 123236G.
19 Archivo General Militar de Ávila, Caja 32723.1.3.
20 Archivo General Militar de Ávila, Caja 32723.1.3. Integrados en el contingente había
un suboficial practicante y un sanitario. A cada paracaidista se le entregó un paquete de
cura individual.
21 Conferencia videograbada a D. Francisco Mérida Maldonado, practicante civil. Mesa orga-
nizada por el Aula de Estudios Sociedad-Ejército “General Pérez Galdós” de la Universidad
de las Palmas de Gran Canaria. 10 de abril 2013. Disponible en el [Link]ó[Link]
22 Archivo General Militar de Ávila, Caja 32723,1.4. Se contaba con 1 ambulancia y Sa-
nidad con los medios propios de cada unidad.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 218-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 219
El día 5 de diciembre arrancó la Operación Gento23. La misión era
liberar los últimos puestos sitiados de Tiugsa y Tenin Amelú. Fuerzas pa-
racaidistas partieron desde Sidi Ifni a pie junto con mulos para llevar los
pertrechos. Durante el camino, sufrieron varios ataques ocasionando múlti-
ples bajas, por lo que se decidió el envío de un camión desde la capital para
evacuar tanto a los heridos como a los muertos. Cuarenta y ocho horas más
tarde se alcanzaron ambas posiciones, dinamitaron las fortificaciones al día
siguiente y se replegó toda la fuerza hasta la capital. A pesar de ser concebi-
da como una maniobra de rápida ejecución y con una estimación de pocas
bajas, desgraciadamente no fue así. El número de muertos ascendió a 29,
hubo 84 heridos y 8 desaparecidos.
En ocasiones, durante el asedio, los practicantes destinados en los des-
tacamentos, emplearon comunicaciones telegráficas cifradas para solicitar
instrucciones del oficial médico. Utilizando este medio se consiguió tratar a
los heridos y enfermos. Concretamente, se especificaba el tipo de fármaco, la
dosis y su vía de administración24 y 25. Este hallazgo es un punto de inflexión
en cuanto a las comunicaciones sanitarias militares se refiere, puesto que pue-
de considerarse la primera teleconsulta táctica realizada en nuestro país.
En los primeros días de noviembre, los puestos más importantes del
interior del Sahara fueron evacuados. Concretamente Tan Tan el 3 de no-
viembre por medio de aviones y Smara cuatro días más tarde, dejando en el
destacamento únicamente a algunos efectivos.
El 19 de noviembre, se estableció el plan de operaciones PM-4, que
debía garantizar que las posiciones defensivas españolas resistiesen el ata-
que del enemigo. Para ello, se establecieron 3 núcleos defensivos: Agrupa-
ción A (Centro), Agrupación B (Norte), Agrupación C (Sur).
El 30 de noviembre, se comprobó que la luz del faro de Cabo Bojador
estaba apagada y el 3 de diciembre de 1957 desde la Corbeta Descubierta,
protegiendo la acción por un avión Heinkel He-111, se desembarcó un pelotón
de Infantería de Marina, encontrando indicios de que 2 soldados de Transmi-
siones y 5 civiles habían sido hechos prisioneros por el Ejército de Liberación.
El 22 de diciembre, se realizó un reconocimiento ofensivo por la Saguia
el Hamra con 2 Compañías de Infantería, un pelotón de morteros y una sección
de ametralladoras, consiguiendo que las fuerzas enemigas iniciaran su retirada.
23 rchivo General Militar de Ávila, Caja 32723,1.5. El apoyo sanitario se realizó con los
A
elementos propios de cada unidad.
24 Entrevista al Coronel Adolfo Meléndez realizada en Valdetorres del Jarama (Madrid) el
1 de octubre de 2018.
25 En la entrevista realizada en Madrid el 11 de septiembre de 2018 a Emilio López Bricio,
soldado de Transmisiones durante el conflicto se nos relata el sistema de comunicación
dentro de un centro sanitario ya que él participó en su instalación.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 219-248. ISSN: 0482-5748
220 RICARDO NAVARRO SUAY
En esta fase de la guerra comenzaron nuevas operaciones en Ifni, de-
nominadas Diana (18 de enero de 1958), Siroco (6 de febrero) y Pegaso (16
de febrero). Las tres tenían como objetivo, conquistar una serie de cotas al-
rededor de la ciudad de Sidi Ifni para mejorar la defensa de la capital frente
a un posible contraataque del enemigo.
Para la Operación Diana26 se formaron dos Agrupaciones Tácticas. La
norte, formada por la I Bandera Paracaidista, por el IV Tabor de Tiradores de
Ifni y un pelotón de cañones sin retroceso y la sur, compuesta por los siguien-
tes efectivos: II Bandera Paracaidista, Batallones Expedicionarios del Soria n.º
9 y del Belchite n.º 57 y la VI Bandera de la Legión. Aunque el planeamien-
to recomendaba un salto paracaidista, finalmente fue suspendido por razones
meteorológicas, realizando todas las unidades el movimiento por tierra. En un
principio, las posiciones fueron tomadas por las fuerzas españolas, pero los
días 3, 4, 7, 12 y 14 de febrero se sufrieron ataques del enemigo. No obstante,
las posiciones resistieron y se pudo incrementar el perímetro de seguridad de
la capital. El coste humano fue muy elevado: 8 muertos y 47 heridos.
Ante el éxito de la Operación Diana, en poco tiempo se empezó a
planear un nuevo movimiento de efectivos. La Operación Siroco27 tenía
por objetivo realizar una demostración de fuerza frente a los insurgentes y
demostrar que a pesar de que se estuviera en defensiva, se tenía la capacidad
de actuar en el interior del territorio de una forma rápida y contundente.
Con este fin, se planeó un reconocimiento de combate sobre el poblado de
El Mesti. La operación fue llevada a cabo el 10 de febrero por la I Bandera
Paracaidista y el Batallón Expedicionario del Regimiento Soria n.º 9, con
apoyo de una batería de artillería 105/11 del I grupo de Artillería y de cuatro
aviones Heinkel-111. La operación permitió ocupar el zoco del poblado,
replegándose las fuerzas españolas ese mismo día. Con este movimiento
táctico, se consiguió disminuir las acciones del enemigo sobre las posicio-
nes defensivas de Sidi Ifni. Hubo 7 heridos.
La Operación Pegaso28, nace con la pretensión de destruir un pues-
to de mando y de abastecimiento del enemigo ubicado en Erkunt, al norte
26 rchivo General Militar de Ávila, Caja 1, 1 y 10. Se detalla que la Compañía de Sanidad
A
cederá 1 artola sencilla, 1 artola ligera y 5 camillas a la I Bandera Paracaidista y al IV Ta-
bor de Tiradores de Ifni; a la VI Bandera de la Legión y al Batallón Soria 9 1 artola sencilla
y 2 camillas. Se montaron dos puestos de carga de ambulancia. El primero en “Casa de
Bentaqui” con una ambulancia de Tiradores de Ifni y un oficial médico de la Compañía de
Sanidad con su correspondiente botiquín de socorro. El segundo se instalará en Bingua,
con una ambulancia de la Bandera Paracaidista y un oficial médico con botiquín.
27 Archivo General Militar de Ávila. Caja 32723,1,11
28 Archivo General Militar de Ávila. Caja 327231,14. Se establece un puesto de carga de
ambulancias con una ambulancia y una pick up; un órgano de evacuaciones con una
ambulancia y camiones y un puesto de clasificación.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 220-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 221
de Ifni. Para ello, se quería realizar un salto paracaidista sobre esa misma
población, a la vez que se avanzaba por tierra. En este caso, se contaba con
apoyo aéreo y de fuegos que proporcionaba los buques de la Armada. Se
establecieron dos Agrupaciones. La Agrupación Táctica C, contaba con la
I Bandera Paracaidista, una Sección de Ametralladoras, una Compañía de
Fusiles, un Pelotón de Morteros del 81, un núcleo de Zapadores y un des-
tacamento de Policía Indígena. Mientras, la Agrupación Táctica M, estaba
constituida por la II Bandera Paracaidista, la VI Bandera de la Legión, una
Sección de Zapadores y una Sección de Morteros pesados. A pesar de una
fuerte resistencia por parte del enemigo, la operación fue un éxito ya que las
fuerzas insurgentes fueron atacadas por dos flancos provocando su retirada.
Finalmente, los efectivos españoles replegaron sobre la capital Sidi Ifni. El
coste de la operación fue de 8 muertos y 10 heridos.
En el Sahara la situación táctica se mantenía inestable. Al amanecer
del 10 de enero de 1958, la XIII Bandera de la Legión partió de El Aaiún
en una misión ofensiva contra las bandas del Ejército de Liberación, con
la esperanza de eliminar la amenaza contra la capital del Sahara español.
En vanguardia, se encontraba la 2.ª Compañía, para proteger el flanco iba
la 3.ª Compañía y se contaba como reserva con la 1.ª Compañía. El Jefe de
la Bandera iba con la Plana Mayor junto con la 5.ª Compañía de Armas de
Apoyo y le acompañaba una Sección de Transmisiones. Cerca de Edchera
(aproximadamente a 30 km de El Aaiún), el enemigo aprovechando el te-
rreno, atacó a las fuerzas españolas durante 12 horas provocando el mayor
número de bajas españolas durante el conflicto: 41 muertos y 55 heridos. A
esta acción se la conoce como «la batalla de Edchera»29, 30 y 31.
Siguiendo lo establecido en la Directiva TMA de la Capitanía General
de Canarias y de la Jefatura de Fuerzas del Sahara, se preparó la Operación
29 rchivo General Militar de Ávila. “Efectivos españoles en el Sahara en enero de 1958”.
A
En El Aaiún se encontraba el PM de Compañía de Sanidad Motorizada, una Sección de
Sanidad motorizada, un Equipo quirúrgico y 4 ambulancias. En Villacisneros, una Sec-
ción de Sanidad motorizada y dos ambulancias y en Villabens, una Sección de Sanidad
motorizada y dos ambulancias.
30 En escrito del 17 de enero de 1958, el Gobernador General del Sahara en radio nº3 de
las 10:30h del día 16 ruega el envío urgente de 2 equipos quirúrgicos más a El Aaiún. En
escrito del 20 de enero de 1958, en radio, referencia 003 de las 13:00h del día 18 refiere
que el día 17 salieron con destino al A.O.E un equipo de Farmacia con su correspondien-
te material y el 21 de enero de 1958, en radio 721/859 de 14:20h del día 20 solicite que
se envíe un jefe de Sanidad de la Jefatura de Servicios. En diversas fuentes secundarias
se detalla que tras el combate de Edchera el puesto quirúrgico de El Aaiún agotó toda la
reserva de hemocomponentes a excepción de dos unidades de plasma.
31 Según la Directiva General Número 1 (TMA) 2.ª parte, se establecen depósitos de me-
dicamentos en la plaza de El Aaiún, Villabens y Villacisneros.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 221-248. ISSN: 0482-5748
222 RICARDO NAVARRO SUAY
Teide («Ecouvillon»/«Ouragan» del ejército francés)32. Fue una acción con-
junto-combinada entre los Ejércitos de Tierra y del Aire español y francés.
En una primera fase, las fuerzas españolas partirían de El Aaiún y las fran-
cesas de Fort Trinquet, con el objetivo de lograr la destrucción del Ejército
de liberación en la zona de Saguia El Hamra. En la segunda fase, se garanti-
zaría la eliminación de cualquier núcleo enemigo en esta zona.
Por problemas logísticos, las fuerzas españolas iniciaron el movimien-
to el 10 de febrero, entrando en contacto con el enemigo en varias ocasiones.
Es destacable el salto paracaidista en Smara de fuerzas francesas y del Es-
cuadrón Paracaidista del Ejército del Aire. Ocho días más tarde, se finalizó
la operación en el segmento norte y centro del Sahara. El día 19 se inició el
movimiento en el segmento sur con fuerzas procedentes de Villacisneros y
de El Aaiún. Por parte francesa, sus unidades partieron de Fort Trinquet y
Fort Gourand. Se produjeron de nuevo importantes enfrentamientos con el
enemigo, finalizando el día 25 de febrero de 1958 la operación que ocasionó
en las fuerzas españolas 10 muertos y 67 heridos. Esta fue la última opera-
ción hasta que concluyese la guerra el 30 de junio de 1958.
Sanidad del Ejército de Tierra en el conflicto
Según se establecía en las normas de Sanidad Militar del momento,
en cada Batallón, Bandera o Tabor compuesto aproximadamente por 500
efectivos, se encontraba destinado un oficial médico, varios suboficiales
practicantes, sanitarios y camilleros. El facultativo contaba con dos arcones
y dos cestones de medicamentos, instrumental quirúrgico y material sani-
tario (anexo 2). El suboficial disponía de una mochila, el sanitario de una
cartera y el resto de combatientes (al menos teóricamente) de un paquete de
cura individual.
Aunque en ocasiones habían recibido clases de primeros auxilios, la
atención inicial al herido se sustentaba en la colocación de un torniquete (re-
glamentario o de circunstancias) y aplicación de un vendaje sobre la lesión.
Si se carecía de este material, se intentaba cohibir la hemorragia con pólvora
32 rchivo General Militar de Ávila. Caja 32723,1,15. Por escrito de la Capitanía General
A
de Santa Cruz de Tenerife con fecha 28 de enero de 1958, a las Unidades se les sumi-
nistrará elementos para la purificación del agua, el personal irá provisto de paquetes de
cura individual, las evacuaciones se harán en ambulancia o helicóptero o avión y cada
escalón llevará sus elementos sanitarios. Se establecieron equipos quirúrgicos en El
Aaiún y Villabens. Los depósitos de farmacia también se desplegaron en ambas loca-
lidades. En caso necesario, la evacuación progresará hasta los hospitales militares del
archipiélago canario.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 222-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 223
o arena, e incluso se utilizaba orina para la desinfección de la herida, según
los testimonios de algunos veteranos entrevistados.
A continuación, tras rellenar la tarjeta de evacuación, se trasladaba la
baja por sus propios medios o en camilla al nido de heridos o al puesto de
clasificación, donde era tratada por un oficial médico.
Desde allí se evacuaba al herido en ambulancia, jeep, camión o in-
cluso con acémilas hasta los hospitales de la costa. Como se comentará más
adelante, en ocasiones se emplearon aeronaves para este traslado.
En los centros hospitalarios se continuaba la atención con los medios
disponibles, poniéndose las bajas en estado de evacuación, hasta que vola-
ban hasta el Hospital Militar de Las Palmas (ver figs. 3 y 4).
Figura 3. Secuencia de atención a bajas de combate durante el conflicto.
Esquina superior izquierda: transporte de un herido en camilla por los sanitarios
(imagen obtenida en [Link]).
Esquina superior derecha: extracción de una baja desde la ambulancia militar
(fotografía cedida por Joan Marimon al autor).
Esquina inferior izquierda: transporte de bajas en un camión
(fotograma del NODO –derechos de reproducción adquiridos por el autor–).
Esquina inferior derecha: embarque de un herido en un avión.
(fotograma del NODO –derechos de reproducción adquiridos por el autor–).
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 223-248. ISSN: 0482-5748
224 RICARDO NAVARRO SUAY
Figura 4. Rutas de evacuación terrestres, marítimas y aéreas en zona de operaciones
durante el conflicto. Modificado por el autor
Este tratamiento escalonado queda definido someramente en el apar-
tado de logística de las órdenes de operaciones.
Muchas de las tropas desplegadas en el terreno sufrieron picaduras
por pulgas, piojos, chinches y parásitos. La falta de higiene, una mala ali-
mentación, la escasez de agua, un vestuario y calzado inadecuado generaron
frecuentemente problemas sanitarios33.
33 rchivo General Militar de Ávila. Escrito del Oficial Médico de la VI Bandera de la
A
Legión en enero de 1958. “la mayoría del personal está completamente parasitado por el
pedículo de la vestimenta. Es necesario desinfección e instalación de duchas”.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 224-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 225
Como apoyo llegaron unidades expedicionarias de diversas Armas y
también de Sanidad.
La tropa de sanidad era exigua para el abultado número de bajas,
por lo que desde Ceuta embarcó una compañía expedicionaria de Sanidad
de la Agrupación de Sanidad Militar de la Comandancia General de Ceuta
(anexo 2). El 26 de diciembre de 1957, una orden del Estado Mayor Central
del Ejército llegaba a la Comandancia General de Ceuta para que la Agru-
pación de Sanidad organizase una compañía expedicionaria compuesta por
125 hombres (1 Capitán Médico, 3 Tenientes Médicos, 1 Alférez Médico,
brigadas practicantes y aproximadamente 110 sanitarios) material quirúrgi-
co, medicinas, ambulancias y mulos para llegar lo más rápido posible a Ifni.
Antes de partir, los mandos de la compañía les impartieron las normas teó-
ricas y prácticas de cómo atender a los heridos. El mando recayó en el Ca-
pitán Médico José Castañón Hernández. El embarque en el puerto de Ceuta
se realizó en el buque «Ciudad de Alcira». El 29 de diciembre de 1957, el
buque atracaba en el puerto de la Luz (Las Palmas) y de allí el contingente
sanitario se desplazó hasta el acuartelamiento del Regimiento de Infantería
Canarias 50. Posteriormente, desde la cercana Base Aérea de Gando, en
aviones Junkers del Ala 46, partió dicha compañía para llegar el 1 de enero
al continente vecino.
La recepción, según algunos veteranos, no pudo ser más dramática.
En las lomas próximas sonaban las ráfagas de ametralladoras, explosiones
de granadas de mano y por encima de sus cabezas silbaban los proyectiles
disparados por los buques de la Armada Española. Los sanitarios una vez
aposentados, con los conocimientos que los oficiales médicos les habían
enseñado, se trasladaron a la línea de fuego para recoger a los heridos y
muertos en acción. Otros se especializaron en desinsectar de parásitos a las
tropas desplegadas y realizar medidas preventivas diversas34, 35 y 36.
En 1957 se creó el Equipo Quirúrgico Militar de Ceuta, formado por
el Capitán Ricardo Miralles de los Santos (traumatólogo), el Teniente Justo
Ostalé Gómez (urólogo) y el practicante Luis San José que permanecerán
desde noviembre de 1957 a abril de 1958 en El Aaiún. Los dos primeros,
fueron felicitados por el propio ministro del Ejército en 1960 por su inter-
vención en la campaña. Los tres recibieron la medalla de Ifni.
34 rchivo General Militar de Ávila. Caja 3035, Carpeta 4. Por escrito n.º 4395-B de 30
A
de mayo de 1958 se solicitan 40 soldados más para la Compañía Expedicionaria de la
Agrupación de Sanidad Militar con objetivo de rellenar la plantilla.
35 La compañía de sanidad de Ceuta Antonio Herrero Andreu El Faro de Ceuta. Entrevista
realizada a Antonio Herrero. Tenerife
36 Entrevista realizada al Soldado Antonio Navarro Pérez (Zaragoza) el 22 de enero de
2018.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 225-248. ISSN: 0482-5748
226 RICARDO NAVARRO SUAY
Una vez que se había reforzado el frente con una primera unidad de
sanidad militar procedente del norte de África, desde la península se cons-
tituyó una segunda agrupación expedicionaria de Sanidad Militar. Desde
las distintas Regiones Militares, se enviaron tropas de las respectivas Agru-
paciones de Sanidad. A modo de ejemplo, de la 4.ª Agrupación de Sanidad
Militar localizada en Villafranca del Penedés (Barcelona) y perteneciente
al IV Cuerpo de Ejército de la Región Militar de Cataluña se escogieron a
27 miembros (1 sargento, 4 Cabos Segunda y 22 Soldados). Los contingen-
tes procedentes de las citadas Agrupaciones, se fusionaron en el Acuartela-
miento de El Goloso (Madrid) a partir del 18 de enero de 1958. Once días
más tarde, se dio la orden de partir hacia Sevilla en tren. El 31 de enero las
tropas embarcaron en el buque «Plus Ultra», que se encontraba atracado
en el muelle del puerto de Sevilla. Desde allí, a través del río Guadalquivir,
llegaron a Cádiz y finalmente el 4 de febrero arribaron a Las Palmas. En esta
ciudad, permanecieron acuartelados en el Regimiento de Artillería n.º 94. El
11 de febrero fueron desplegados por vía aérea en El Aaiún y en Villacisne-
ros. Desde allí, atendieron a las bajas evacuadas del frente, desinsectaron las
instalaciones y apoyaron los reconocimientos médicos diarios37 y 38.
En cierta medida, también desde Madrid se establecieron apoyos pun-
tuales a zona de operaciones.
El Coronel Médico D. Manuel Gómez-Durán Martínez, veterano de
la guerra de África, de la Guerra Civil y jefe de Cirugía del Hospital Militar
Central «Gómez Ulla», tras estallar el conflicto en Ifni y Sahara, es comisio-
nado entre el 4 y 9 de diciembre de 1957 al África Occidental Española para
supervisar los servicios sanitarios de las guarniciones. Es de suponer que este
Coronel, discípulo del General Médico Mariano Gómez Ulla y cuyo mérito
principal fue publicar su experiencia en cirugía de guerra, aconsejó a los mé-
dicos desplegados en el territorio sobre la atención a bajas en combate.
Todos los médicos militares de la promoción de 1958, tras entregarles
el Despacho de Teniente Médico varias semanas antes de lo habitual por la
instauración del conflicto, fueron destinados al frente39.
Asimismo, en el Hospital Militar Central «Gómez Ulla» (centro don-
de eran evacuadas la mayoría de las bajas con lesiones más críticas), el Ca-
37 ntrevista al General Médico Alejandro Domingo Gutiérrez realizada en Madrid el 11
E
de enero de 2019.
38 Entrevista realizada al Cabo de Sanidad Militar Joan Marimon en Villanova (Barcelona)
el 26 de enero de 1958.
39 Entrevista al General Médico Alejandro Domingo Gutiérrez realizada en Madrid el 11
de enero de 2019.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 226-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 227
pitán Médico Rafael Merchán impartió el 12 de febrero de 1958 una sesión
clínica hospitalaria sobre los heridos procedentes de la guerra de Sidi Ifni40.
Sanidad de la Armada en el conflicto
Prácticamente la totalidad de los buques en zona de operaciones con-
taban con personal de sanidad. El número y empleo de los mismos dependía
del tipo de unidad, tonelaje y capacidad sanitaria del mismo. Como norma
general, en los Cruceros había al menos un oficial médico, tres suboficiales
sanitarios y varios cabos sanitarios; en la Fragata y Minadores un oficial mé-
dico, un suboficial sanitario y un cabo sanitario y por último el apoyo sanita-
rio en las Corbetas y Remolcadores recaía tan solo en un suboficial sanitario.
En el medio naval, la asistencia médica comenzaba con la atención
prestada a bordo por el oficial médico o, en ausencia de éste, por el subofi-
cial sanitario. Si la gravedad del enfermo o herido superaba las capacidades
médicas del buque, se procedía a evacuarle por vía marítima hasta un barco
de guerra con una dotación médica superior, que perteneciese a la misma
agrupación naval. Una vez embarcado en este último, se reevaluaba a la
baja, se le trataba con los medios disponibles a bordo y si fuese necesario
se evacuaba hasta un hospital militar, casi siempre el de Las Palmas, prio-
rizando en la mayor parte de los casos la misión táctica sobre la médica.
Únicamente en el caso de que el buque con el enfermo navegase muy cerca
de tierra, se podía evacuar a la baja directamente a un hospital.
Solo en un par de ocasiones se evacuaron a heridos por vía marítima
desde la Zona de Operaciones del Sahara hasta el Hospital Militar de Las
Palmas41 y 42.
Durante los traslados logísticos ocurrieron eventos médicos de inte-
rés. Como hemos comentado con anterioridad, la mayoría de las unidades
sanitarias y pertrechos quirúrgicos fueron embarcados en los buques. La
labor asistencial a bordo siempre estuvo presente. A lo largo del embarque
40 nales del Hospital Militar Central “Gómez Ulla”. Madrid. Tomo IX. Año 1958. Pági-
A
na 274. Capítulo Secciones Científicas dadas durante el año 1958. Doce de febrero de
1958. Capitán Médico D. Rafael Merchán Vázquez. “Algunas consideraciones sobre los
heridos procedentes de Sidi Ifni”.
41 En la entrevista personal realizada a Ricardo Viñas Satué en Madrid el día 29 de agosto
de 2019, por entonces Cabo Segunda Escribiente del Crucero Méndez Núñez se nos
asegura que 3 soldados del Ejército de Tierra que se encontraban enfermos fueron eva-
cuados en su barco desde Zona de Operaciones hasta el Arsenal de Las Palmas para que
fueran ingresados en el Hospital Militar de Las Palmas.
42 Archivo General Militar de Ávila. Caja 32723,1,12. Durante la Operación Pegaso, el Cru-
cero Galicia a petición de la Agrupación C, colaboraría en la evacuación de bajas propias.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 227-248. ISSN: 0482-5748
228 RICARDO NAVARRO SUAY
en Melilla de los miembros del Batallón Cabrerizas en los Cruceros Miguel
de Cervantes y Almirante Cervera, se produjo el caso de un paciente afecto
de abdomen agudo. El enfermo fue evacuado en lancha hasta el Crucero Mi-
guel de Cervantes, donde fue intervenido quirúrgicamente en el quirófano
por los dos oficiales médicos destinados a bordo. Durante el momento de la
cirugía, el Crucero aminoró la velocidad (ralentizando al resto del convoy)
con la intención de facilitar la intervención. El paciente fue diagnosticado
de apendicitis aguda perforada y principio de peritonitis aguda, lo que obli-
gó a la colocación de un drenaje abdominal, ingresó en enfermería durante
unos días y posteriormente se evacuó al hospital cuando la situación táctica
lo permitió. Al final del conflicto en esta zona de operaciones, Zafra relata
cómo el oficial médico del Crucero Valdés de la Armada española intervino
quirúrgicamente y anestesió a un marinero civil, miembro de la tripulación
de un barco alemán, diagnosticado de apendicitis aguda. La llamada de so-
corro fue atendida por radio, fue evacuado en una lancha del buque de gue-
rra hasta el crucero y tras la intervención a bordo, fue trasladado hasta el
hospital de marina de Cádiz43. Estos casos son interesantes ya que demues-
tran la existencia de capacidad quirúrgica y anestésica en algunos buques de
la escuadra española y resume la asistencia médica en el medio naval.
La necesidad de transporte de tropas y la carencia de este tipo de
barcos en la Armada provocó que el Ministerio de Marina requisase bu-
ques civiles para poder realizar este cometido. En al menos uno de ellos
(Motonave Ciudad de Alicante) embarcó un equipo médico de la Armada
compuesto por un Teniente Médico, un suboficial sanitario de segunda, un
cabo primero sanitario y un cabo segundo sanitario. Muchos de estos bar-
cos requisados, también fueron empleados para evacuar enfermos y heridos
desde el Hospital Militar de Las Palmas a algunos Hospitales Militares de
la península.
Durante la campaña, uno de los puntos clave en la costa de la pro-
vincia del Sahara fue la playa de El Aaiún. Esta zona fue atacada por las
bandas insurgentes el 25 de noviembre de 1957, el tiroteo duró 5 horas y
hubo bajas por ambas partes. El peligro de que el enemigo pudiera dañar
los depósitos de material, hizo que el 19 de enero de 1958, una compañía
de Infantería de Marina se estableciese para proteger la zona y defender
a una sección de marinería (procedente del Crucero Canarias) encargada
principalmente de las faenas de desembarco de personal, vehículos y carga
general. Los infantes de marina rechazaron durante la noche del 9 al 10 de
43 anuel Espinosa de la Garza. Toda una vida en la Armada. Madrid. BuBok Publishing
M
2021. Pp. 317-330.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 228-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 229
febrero un ataque del enemigo. Integrado en este contingente, se encontra-
ba el Teniente Médico Carlos Tello Fernández, acompañado por un subo-
ficial sanitario de segunda y dos cabos primeros sanitarios. Su misión no
estuvo exenta de riesgo y le permitió desempeñar sus cometidos sanitarios,
tanto entre el personal de Armada destacado en la cabeza de playa, como
entre los indígenas de la zona.
Concretamente entre el 4 y el 9 de febrero de 1958 se atendieron
a 28 infantes de marina (21 por heridas –3 de ellos por metralla– y 7 por
quemaduras), dos de los cuales tuvieron que ser evacuados al hospital de El
Aaiún44.
La Armada en Sidi Ifni fue trascendental por dos motivos: permitió
el desembarco de personal y material en la playa y colaboró en la defensa
perimetral de la ciudad. Desde el 23 de noviembre de 1957 al 9 de marzo de
1958, 38 marineros y 12 infantes de marina sufrieron lesiones (27 con heri-
das –25 en pies y 2 en tórax–, 22 con contusiones –todas en los pies–) y un
marinero casi se ahogó en la mar hasta que fue rescatado. Es de destacar que
dos infantes de marina sufrieron lesiones en tórax al manipular un proyectil
de mortero45.
Sanidad del Ejército del Aire en el conflicto
Sin lugar a dudas, la aeroevacuación puede ser considerada la faceta
más importante del Ejército del Aire, desde un punto de vista sanitario mi-
litar. Cuando estalla el conflicto, los médicos de aviación en Zona de Ope-
raciones estaban encuadrados en la Base Aérea de Gando (2 Comandantes
Médicos y 2 Capitanes Médicos), en el Aeropuerto de Sidi Ifni (1 Capitán
Médico) y en el Primer Escuadrón Paracaidista (1 Teniente Médico). En esta
unidad paracaidista además había destinado un sargento enfermero auxiliar
del Cuerpo de Sanidad y tropa sanitaria de aviación.
Las bajas atendidas en los hospitales de Sidi Ifni, El Aaiún, Villabens
y Villacisneros eran evacuadas hasta el Hospital Militar de Las Palmas por
vía aérea. La norma de evacuación dictaba que los heridos no debían per-
44 elación nominal de personal lesionado y herido dependientes de la Jurisdicción de
R
la Base Naval de Canarias a consecuencia de faenas, trabajos o misiones relacionados
con operaciones para el África Occidental Española. Archivo del Museo Naval de
Madrid.
45 Relación nominal del personal herido y accidentado por Operaciones en la playa de
Ifni, con expresión de las lesiones sufridas, fecha de las mimas. Sidi Ifni, 8 de marzo
de 1958. Capitán de Fragata Comandante Militar de Marina del A. O. E. José López
Aparicio García.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 229-248. ISSN: 0482-5748
230 RICARDO NAVARRO SUAY
manecer ingresados en aquellos hospitales más de 3 días, con el objetivo de
no colapsar los centros hospitalarios y permitir el ingreso de nuevas bajas
procedentes del frente. Esta consideración táctica provocaba que, tras la
llegada por vía aérea de personal y pertrechos desde Las Palmas, se em-
please el viaje de regreso de los aviones (sobretodo Junker 52 y Douglas
C47) hacia la Base Aérea de Gando para evacuar a las bajas de la línea de
combate.
Dependiendo de la gravedad de las mismas, se les transportaba sen-
tadas o en camilla y podían embarcar en la aeronave junto a un médico
militar, un suboficial practicante o un sanitario. Antes de despegar, se infor-
maba por radio sobre el número y la gravedad de los heridos, para que a pie
de pista de la base de Gando esperase un número adecuado de ambulancias
militares. El tiempo de vuelo para el Junker 52, en condiciones climáticas
favorables, era aproximadamente de 2 h:45 min (Sidi Ifni-Gando), 1 h:20
min (Aaiún-Gando), 1 h:40 min (Villabens-Gando) y 3 h:15 min (Villacis-
neros-Gando).
No debemos olvidar el empleo de aeronaves con fines sanitarios, in-
cluso más a vanguardia. Además de los Junker 52, se desplegaron Dornier
Do-27 para evacuar bajas desde las posiciones de interior hasta los hospitales
de la costa. Además, por primera vez en la historia de España se emplearon
en combate helicópteros Sikorsky H19 también para este fin, aprovechando
su versatilidad, la facilidad para la toma y el despegue en el terreno desérti-
co, así como su rapidez a la hora de evacuar a la baja (ver fig. 5)46 y 47.
46 e ha comprobado la realización de evacuaciones en helicóptero militar en zona de
S
operaciones gracias a los manifiestos de vuelo de aeronaves del Ejército del Aire, a la
entrevista del Cabo Primero del Ejército del Aire Joaquín Ramos Lozano, en Madrid el
20 de diciembre de 2017 que era mecánico de estas aeronaves y a la entrevista con el
Cabo Sanitario Joan Marimon en Villafranca del Penedés (Barcelona) el 4 de agosto de
2018, que incluso regaló sus fotografías personales donde se constatan las aeroevacua-
ciones de heridos hasta el hospital. Boletín de Información Nº79 del Ministerio del Aire
con noticias correspondientes al día 10 de febrero de 1958, página 2: “Un helicóptero
Z-1 evacuó bajas de la Agrupación del Ejército de Tierra”, ídem 11 de febrero, página
3 “dos helicópteros evacuaron bajas”, ídem 12 de febrero, página 2 “los helicópteros
realizaron 3 salidas con el fin de abastecer de munición y medicamentos a las columnas
propias, evacuando al regreso varias bajas. Ídem 13 de febrero, página 2 “un helicópte-
ro Z-1 realizó una misión de transporte urgente para evacuar dos heridos”. Ídem 16 de
febrero, página 2 “Un helicóptero Z-1 evacua un herido del convoy de El Aaiún” “Un
helicóptero Z-1 evacuo 3 heridos de una agrupación”. Los helicópteros volaron 10 horas
y 27 minutos.
47 Archivo General Militar de Ávila, Directiva General Número 1 (TMA) 2.ª parte del
Estado Mayor de la Capitanía General de Canarias. Sección 4d) Sanidad. “la evacuación
se hará en ambulancia o helicóptero, en este último caso a los hospitales de El Aaiún,
Villabens o Villacisneros. Esta evacuación será por orden del General del Sector.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 230-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 231
Figura 5. Fotografía inédita de un helicóptero del Ejército del Aire evacuando bajas
en el conflicto de Ifni-Sahara de 1957-58.
Imagen regalada por el Cabo Sanitario Joan Marimon Vives al autor
Otro aspecto de notable interés fue el apoyo sanitario prestado a los
393 efectivos del Escuadrón Paracaidista del Ejército del Aire. Durante los
230 saltos de combate realizados por los miembros del Escuadrón, hubo 12
heridos (5,2 %). Además, en este conflicto y por primera vez en la historia
militar de nuestro país, un oficial médico (Capitán Médico Emilio Villa Gil)
realizó un salto paracaidista de combate en la Hagunia48.
Así mismo, se lanzaron por vía aérea arcones sanitarios a las posicio-
nes cercadas y parte del material quirúrgico hacia los distintos hospitales
fue transportado gracias al empleo de aeronaves del Ejército del Aire49. Por
ejemplo, el 9 de febrero de 1958 un avión T-3 despegó de Gando con direc-
ción al El Aaiún con 1.700 kg. de material sanitario y un día más tarde un
avión T-2 voló con 1.477 kg. de medicinas y pertrechos médicos hacia la
ciudad de Sidi Ifni.
48 ato anotado en su hoja de servicios, facilitada por Archivo del Ejército del Aire. Expe-
D
diente personal de Emilio Villa Gil, número 884342, página 19 y 20.
49 Diario de Operaciones del Ejército del Aire, campaña Ifni-Sahara. Página 6, día 1 de
diciembre: “2 aviones T-2 trasladaron un equipo quirúrgico desde Tenerife a Ifni”.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 231-248. ISSN: 0482-5748
232 RICARDO NAVARRO SUAY
El Hospital Militar de Las Palmas como escalón sanitario en el conflicto
El Hospital Militar de Las Palmas se convirtió en el referente de la
Sanidad Militar desplegada en Zona de Operaciones. Contaba con una capa-
cidad asistencial notable.
Allí se realizaron intervenciones quirúrgicas del control del daño y en
ocasiones de las tres cavidades (cráneo, tórax y abdomen). Se empleó tanto
la anestesia general como la regional. En caso de hemorragia exanguinante
se utilizó sangre completa y plasma50.
Tras el análisis realizado por el autor de las historias clínicas perte-
necientes a heridos ingresados en este hospital desde el 23 de noviembre de
1957 al 30 de junio de 1958, podemos afirmar que las bajas fueron tratadas
siguiendo un procedimiento totalmente protocolizado: limpieza y curetaje
de las heridas, administración de la vacuna antitetánica, empleo de anti-
bióticos y colocación de vendaje. Posteriormente el paciente se intervenía
quirúrgicamente y pasaba a una unidad de recuperación.
El cirujano jefe era el Comandante Médico Jorge Petit, y fue ayudado
en quirófano por el Teniente Médico Alfredo Santana51. Además de un so-
bresaliente trabajo quirúrgico, los historiales médicos a juicio del autor son
excelentes.
Tras su ingreso en este centro, las bajas no recuperables para el com-
bate eran evacuadas, normalmente en barco52 y solo los más críticos en
avión, hacia el hospital militar más cercano a su domicilio.
Constatamos que los enfermos diagnosticados de tuberculosis se eva-
cuaban hasta los sanatorios de tuberculosos, mientras que los enfermos psi-
quiátricos eran trasladados en su mayoría a la Clínica Militar psiquiátrica de
Málaga acompañados por un sanitario.
Por último, desde el hospital que había «recepcionado» la baja, se
notificaba por escrito al Hospital Militar de Las Palmas, el estado del herido
(o enfermo) al llegar a su hospital de destino, quedando este oficio en la
historia clínica del paciente.
50 rchivo General Militar de Ávila. Escrito del 20 de octubre de 1958. Según comunica el
A
Capitán Médico, Jefe de la 2.ª Compañía Expedicionaria del Grupo de Sanidad Militar
de la Comandancia General de Ceuta, 9 soldados donaron sangre (volumen 1950 ml en
total).
51 Entrevista al Coronel Médico Alfredo Santana realizada en Las Palmas el 25 de abril
de 2019.
52 Recorte de prensa (ABC), del 26 de diciembre de 1957, página 41: “Llegaron a Sevilla
veintiséis heridos de Ifni” en el barco “Ciudad de Palma, precedentes de Las Palmas.
Recorte de prensa del 31 de diciembre de 1957: “Veinticuatro heridos en los combates
de Ifni llegan a Málaga a bordo del vapor Ernesto Anastasio”. Disponible en: Asocia-
ción de Veteranos de Ifni del levante español.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 232-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 233
ANÁLISIS DE LAS BAJAS EVACUADAS DESDE ZONA
DE OPERACIONES HASTA EL HOSPITAL MILITAR DE LAS PALMAS
Cuantificar el número
de bajas en un conflicto siem-
pre resulta controvertido. La
guerra de Ifni-Sahara no es una
excepción. Los motivos para
esta afirmación son varios. En
primer lugar, las fechas de ini-
cio y final de la contienda son
variables. En ocasiones, las
fuentes primarias no coinciden
con el número exacto de fallecidos, heridos y des-
aparecidos. Finalmente hemos encontrado errores
en los listados definitivos de bajas.
Desde el punto de vista del autor, el trabajo
más completo que aborda este tema ha sido estu-
diado por Pastrana, que detalla las siguientes bajas
españolas: 205 muertos, 573 heridos y 166 desa-
parecidos.
Es adecuado destacar que en el listado ge-
neral de bajas se encuentran 3 oficiales médicos
(1 muerto y dos heridos) y un soldado de sanidad
militar herido53. Las bajas en el ejército francés
fueron 19 muertos, 30 heridos y 3 desaparecidos.
Finalmente, según el mismo autor el ejército de
liberación tuvo las siguientes bajas: 451 bajas, 76
heridos y 261 prisioneros.
Figura 6. Análisis de los 2179 historiales clínicos
del Hospital Militar de Las Palmas comprendidos
entre el 23 de noviembre de 1957 a 30 de junio de 1958.
(*) Se incluyen también los historiales clínicos del Hospital
de Sidi Ifni y de El Aaiún del 23 de noviembre de 1957
al 18 de marzo de 1958. ETS: Enfermedad de transmisión
sexual (anteriormente denominada enfermedad venérea)
53 os oficiales médicos eran: Francisco Amor Bouzas, José Freixas Otto y Emilio Villa
L
Gil (por tanto, el 10 % de las bajas de oficiales durante el conflicto corresponden a mé-
dicos militares). El soldado de sanidad militar Mariano Asencio García fue herido el 5
de diciembre de 1957.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 233-248. ISSN: 0482-5748
234 RICARDO NAVARRO SUAY
Tras el estudio de los historiales clínicos del hospital de Sidi Ifni, el
hospital de El Aaiún y del Hospital Militar de Las Palmas comprendidos
desde el 23 de noviembre de 1957 al 30 de junio de 1958, afirmamos que se
atendieron a 2.179 pacientes54 (ver fig. 6).
El 95,91 % fueron varones, mientras que el 4,09 % restante eran mu-
jeres. El 80 % tenían una edad comprendida entre los 20 y 25 años. La ma-
yoría pertenecían al Ejército de Tierra, seguidos de la Armada, el Ejército
del Aire, Policía y Guardia Civil (ver fig. 7). Además, fueron tratados en el
Hospital Militar de las Palmas 128 familiares de militares y personal civil
relacionado con el estamento castrense.
Figura 7. Distribución por ejército de procedencia de los pacientes atendidos
en el Hospital Militar de Las Palmas, hospital de Sidi-Ifni y hospital de El Aaiún,
comprendidos entre el 23 de noviembre de 1957 a 30 de junio de 1958
El 73 % de los atendidos fueron por causa no de combate, mientras
que el 27 % sí que estaban relacionados con los enfrentamientos contra el
enemigo. El agente lesivo más prevalente en estas bajas de combate fue el
arma de fuego, seguido de los explosivos. (ver fig. 8). En orden decrecien-
te las áreas anatómicas más afectadas fueron: miembros inferiores (41 %),
miembros superiores (27 %), cabeza (15 %), tórax (14 %) y abdomen (3 %)
(ver fig. 9).
54 rchivo de la Inspección General de Sanidad en Madrid, desde Caja 157, 1957 ABV
A
hasta Caja 175, 1958 STUZ.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 234-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 235
Figura 8. Análisis de las bajas de combate por agente lesional
Figura 9. Análisis de las bajas de combate por zona anatómica lesionada
Por último, las bajas no de combate fueron diagnosticados de: ciru-
gía (16,03 %), digestivo (14,97 %), traumatología (14,28 %), respiratorio
(11,40 %), otorrinolaringología (7,95 %), oftalmología (6 %), dermatolo-
gía (4,13 %), urología (4,01 %), psiquiatría (3,8 %), infectología (3,57 %),
reumatología (3,44 %), ginecología (2,88 %), cardiología (1,56 %), enfer-
medad de transmisión sexual (1,38 %), estomatología (1,3 %) y acciden-
tes (0,06 %) (ver fig. 10). Según la codificación EpiNATO-2 (AMedP-4.1)
January 2017, podemos identificar las siguientes categorías como las más
frecuentes: 22-Lesiones producidas por guerra/operaciones (27 %), 11-En-
fermedades del aparato digestivo (13 %), 3-Otras enfermedades infecciosas
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 235-248. ISSN: 0482-5748
236 RICARDO NAVARRO SUAY
(11 %), 20-Lesiones durante el entrenamiento (10 %), 18-Otras enfermeda-
des y síntomas no clasificados en otras categorías (7 %) y 8-Enfermedades
del tracto respiratorio inferior (6 %) (ver fig. 11). Si seguimos la codifica-
ción CIE-10 las categorías más destacadas son: V+Y-Causas externas de
morbilidad y mortalidad (29 %), K-Enfermedades del aparato digestivo
(14 %) y A+B-Ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias (12 %), H-
Enfermedades del ojo y sus anexos y enfermedades del oído y de la apófi-
sis mastoides (10 %), S+T-Traumatismos, envenenamientos y algunas otras
consecuencias de causa externa (8 %) y J-Enfermedades del aparato respi-
ratorio (7 %). La codificación de las enfermedades según CIE-10 de nuestro
estudio quedan reflejadas en la figura 12.
Figura 10: Análisis de las bajas no de combate por especialidad involucrada
Figura 11. Análisis de bajas totales según el código EpiNATO-2 (AMedP-4.1)
January 2017
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 236-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 237
Figura 12: Análisis de bajas totales según el código CIE-10
Desgraciadamente, el autor no ha podido recuperar los historiales clí-
nicos de los militares atendidos en los hospitales de Sidi Ifni, Villabens, El
Aaiún y Villacisneros a pesar de revisar el Archivo de Alcalá de Henares de
administraciones públicas.
Posiblemente, al tratarse de información médica, la documentación
clínica fue destruida, se le entregó en mano a los pacientes o se perdió du-
rante la retrocesión de los territorios. Al menos la documentación de algunos
de ellos (heridos y enfermos evacuados hasta el Hospital Militar de Las
Palmas) no se ha extraviado.
No obstante, existe un legado de la Capitanía General de Canarias
que recopila las bajas en combate atendidas en el Hospital de Sidi Ifni y de
El Aaiún desde el 23 de noviembre de 1957 hasta el 18 de marzo de 1958.
Aunque la información clínica es menor que la encontrada en el Hospital
Militar de Las Palmas, consideramos que los datos recogidos también son
interesantes. Este listado recoge 182 bajas de combate. Ciento veintidós mi-
litares ingresaron en el hospital de la ciudad de Sidi Ifni, de ellas 39 fueron
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 237-248. ISSN: 0482-5748
238 RICARDO NAVARRO SUAY
evacuados al Hospital Militar de Las Palmas. De este hecho se deduce que
83 bajas permanecieron en el hospital de Sidi Ifni sin ser evacuados a un
segundo hospital. También se refleja que 9 bajas ingresaron en el hospital de
El Aaiún y 16 directamente en Las Palmas (sin estar reflejado el hospital de
procedencia). De las 182 bajas fallecieron 56 (35 en Ifni y 21 en El Aaiún/
Las Palmas) (ver figs. 13 a 16).
Figura 13. Traslado de un herido hasta el hospital. Nótese el empleo del tipo
de camilla para esta maniobra. Fotografía de J. Marimón cedida al autor
Figura 14. Diversos modelos de ambulancias empleadas por el Ejército de Tierra
español durante el conflicto de Ifni-Sahara de 1957-58. Las dos imágenes
de la izquierda pertenecen a la colección del autor, mientras que los fotogramas
de la derecha son de filmoteca nacional (el autor está autorizado a su publicación
por adquirir los derechos de autor)
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 238-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 239
Figura 15. Intervención de una baja de combate en el hospital de Ifni durante
el conflicto. Se aprecia a dos cirujanos, un anestesista, un enfermero instrumentista
y dos religiosas. Es un fotograma de la filmoteca nacional (el autor está autorizados
a su publicación por adquirir los derechos de autor)
Figura 16. Detalle de la transfusión de hemocomponentes de una baja de combate
en el hospital de Ifni durante el conflicto. Se aprecia a una religiosa tomando el pulso
y al anestesista en la cabecera del enfermo. Es un fotograma de la filmoteca nacional
(el autor está autorizados a su publicación por adquirir los derechos)
De las 2.179 historias clínicas analizadas, 163 casos fueron pacien-
tes de la plaza de las Palmas (civiles y militares residentes en las Palmas).
Podemos estimar entonces que los 2.016 casos restantes fueron militares
evacuados desde el África Occidental Española.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 239-248. ISSN: 0482-5748
240 RICARDO NAVARRO SUAY
LOS PRISIONEROS Y LA SANIDAD MILITAR
Las guerras no terminan cuando se firma la paz, sino cuando todos los
participantes están a salvo en sus hogares. Cuarenta compatriotas (incluidos
una mujer y dos niños) fueron hechos prisioneros por el enemigo. Sus testi-
monios revelan crueldad y una ausencia total de asistencia médica durante
los dos años que duró su cautiverio55 56. Las Fuerzas Armadas españolas
también apresaron a combatientes enemigos. Fueron recluidos en dos cam-
pos de concentración localizados en Las Palmas y Fuerteventura. En este
caso y siguiendo la normativa vigente, los prisioneros sí que se sometieron a
reconocimientos realizados por médicos militares españoles y se les propor-
cionaron medidas higiénicas y sanitarias en una tienda destinada para ello.
LECCIONES IDENTIFICADAS DEL CONFLICTO POR LA SANIDAD
MILITAR
La Sanidad Militar identificó los errores cometidos en la guerra. En
los informes finales del conflicto se detalla la necesidad de mejorar el apro-
visionamiento sanitario y se destaca la importancia de que los soldados con-
tasen con los medios y conocimientos necesarios para prestar la primera
asistencia sanitaria al combatiente.
Una correcta alimentación, una hidratación abundante, un vestuario
y calzado adecuado fueron factores primordiales con repercusión médica.
Además, se consideró absolutamente recomendable contar con capa-
cidad quirúrgica en vanguardia, coordinada con una rápida evacuación hacia
posiciones más a retaguardia.
Estas medidas fueron parcial o totalmente implementadas en años
posteriores creándose doctrina española para el apoyo sanitario en terreno
desértico.
En el plano político-estratégico, el General Médico Leandro Martín
Santos abogó al terminar el conflicto por la necesidad de fusionar la Sanidad
Militar en un único Cuerpo, objetivo que finalmente se cumplió varias dé-
cadas después y se fusionó el petitorio farmacológico de las tres sanidades
militares57.
55 rchivo General Militar de Ávila, Caja 32732, 1,1 y 2. Relación nominal del personal
A
detenido o hecho prisionero antes del 10 de febrero de 1958.
56 Archivo General Militar de Ávila, Caja 32723,2,1, Carpeta 15. Cruz Roja en el conflicto.
57 Orden de 29 de octubre de 1962 sobre implantación de nuevo Petitorio de Farmacia para
las Fuerzas Armadas, publicado en B.O núm 151 de 18 de diciembre de 1962, página
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 240-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 241
A nivel operacional, se dotó a las aeronaves de botiquín de vuelo, a
las unidades paracaidistas de elementos sanitarios, se modificaron las ambu-
lancias a jeep58, se solicitaron aeronaves con fines sanitarios para el África
Occidental Española59 y se incrementaron las camas hospitalarias en zona
de operaciones.
Finalmente, hemos comprobado en persona como medio siglo más
tarde muchas de estas lecciones identificadas han seguido vigentes durante
el conflicto de Afganistán.
Además, el autor considera que este aprendizaje también puede ser ne-
cesario en un probable despliegue quirúrgico en el Sahel, área geográfica per-
teneciente a la misma zona de operaciones donde ocurrió el conflicto descrito.
Han tenido que transcurrir más de 60 años para que, el Gobierno de
España, según el Real Decreto 325/2021 de 13 de mayo de 2021, compense
económicamente a los militares que allí combatieron. Nos congratulamos de
esta ayuda60 y esperamos que se siga apoyando de forma transversal y mul-
tidisciplinar a todos nuestros veteranos de diferentes conflictos tal y como
ocurre en otras naciones occidentales.
Por último, este estudio pretende rendir homenaje a todos los milita-
res que lucharon en este conflicto, algunos perdieron allí su vida, otros su
salud, pero todos ellos combatieron en Ifni y Sahara por España.
CONCLUSIONES
La guerra de Ifni-Sahara de 1957-58, a pesar de ser considerada un
conflicto de baja intensidad, supuso un reto para la sanidad militar española.
Los primeros momentos de saturación de las capacidades sanitarias dieron
paso a una fase caracterizada por un refuerzo urgente de personal y material
permitiendo una aceptable atención médica acorde a los medios de esa época.
Los primeros saltos paracaidistas en combate realizados por médicos
y practicantes militares, la evacuación precoz con aeronaves (por prime-
ra vez se emplea un helicóptero militar), el tratamiento continuado de la
1422-1433.
58 Archivo General Militar de Ávila 30354, Carpeta 17. Escrito 18 de febrero de 1959 y
Archivo General Militar de Ávila 30357, Carpeta 15
59 Director General de Plazas y Provincias Africanas, Secd. De AOE, Exp. 51-1-B, Regis-
tro de salida n.º 3192, escrito del 9 de abril de 1958.
60 Boletín Oficial de Defensa del jueves 13 de mayo de 2021, RD 325/2021 de 11 de mayo,
por el que se regula la concesión directa de ayudas a participantes en la campaña mili-
tar de 1957-1959 en el territorio de Ifni-Sahara y se aprueba la convocatoria de dichas
ayudas.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 241-248. ISSN: 0482-5748
242 RICARDO NAVARRO SUAY
baja de combate, la cirugía del control del daño en las tres cavidades, la
comunicación sanitaria encriptada, el abastecimiento de medios sanitarios,
una impecable documentación clínica y las misiones de carácter médico son
algunas de las peculiaridades que definen la atención sanitaria en este con-
flicto.
Los principales motivos de evacuación de las bajas desde el África
Occidental Española hasta el Hospital Militar de Las Palmas no estaban
relacionados directamente con el combate. El 26 % sí que estaban vincula-
dos con los enfrentamientos contra el enemigo, siendo el arma de fuego el
agente lesivo más prevalente y los miembros inferiores la zona anatómica
más frecuentemente afectada.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 242-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 243
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244 RICARDO NAVARRO SUAY
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LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 245
Anexo 1: Principales fuentes bibliográficas, documentales y multimedia
consultadas para realizar este estudio. No se han podido incluir el resto
por exigencias de extensión de este documento.
Fuentes bibliográficas (principales)
Pastrana Piñero, J. Arde el desierto, 1957: La guerra de Ifni-Sahara y la lucha por el
poder en Marruecos, Madrid, Nowtilus, 2017;
Ramiro Santamaría. Ifni-Sahara la guerra ignorada. Ediciones Dyrsa. 1984. Madrid;
José Belles Gasulla. Cabo Jubi-58. Memorias de un Teniente de Infantería en la Cam-
paña Ifni-Sahara. Editorial San Martín. 1991;
Rafael Casas de la Vega. La última guerra de África (Campaña de Ifni-Sahara).
Colección ADALID. Ministerio de Defensa 2008.
Alfredo Bosque Coma. Guerra de Ifni. Las Banderas Paracaidistas. 1957-1958.
Ediciones Almena. Madrid. 1998.
Fuentes documentales (principales)
Archivo General Militar de Ávila: C.37540; C.30354,7; C.30357,14; C.30357,16;
C.30430,27; C.30557,22; C.30583,10
Archivo del Museo Naval en Madrid: Carpeta Guerra-Ifni Sahara.
Archivo del Ejército del Aire de Villaviciosa de Odón (Madrid): Boletín de Informa-
ción n.º 79 a n.º 87. Diario de Operaciones de Ifni-Sahara 1957-8; N1613; N1614;
N1615; N1616; N1617; N1618; N1619; N1620; N1623, A7741-3
Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares (Madrid): 53/44.101-
46.106; ES.28005/AGA/[Link].1.16
Archivo de la Inspección General de Sanidad de la Defensa (Madrid): Caja 157, 1957
ABV hasta Caja 175, 1958 STUZ.
Centro de Documentación, Oficina Central, Cruz Roja Española (Madrid): Libros de
Memorias 1953-1959.
Archivo histórico de Filmoteca Española, Paracaidistas en Ifni 1957-1958.
Minuto 33-37.
Anuario Estadístico Militar. Alto Estado Mayor. Servicio de Estadística Militar.
Año 1957.
Escalilla del Cuerpo de Sanidad Militar. Ministerio del Ejército. Dirección General de
Reclutamiento y Personal. 1.º de enero de 1957.
Escalafón del Cuerpo de Oficiales de la Armada. Ministerio de Marina. Año 1957.
Escalafón de Aviación Militar. Ministerio de Aviación. Año 1957.
ORTIZ DE RIVERO, M., «Resumen estadístico-sanitario del Hospital Central del
África Occidental Española, en Sidi Ifni Años 1949-1954, Madrid, Instituto de Estu-
dios Africanos, 1955, pp. 3-55.
Fuentes multimedia (principales)
[Link] [Link] [Link]
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 245-248. ISSN: 0482-5748
246 RICARDO NAVARRO SUAY
Anexo 2: Primera compañía expedicionaria de Sanidad Militar
(Archivo General Militar de Ávila. Caja 3035, Carpeta 4.)
Capitán: 1
Tenientes: 3
Brigadas: 1
Sargentos: 5
1.– Personal:
Cabos Primeros: 2
TOTAL: 143
Cabos: 19
Soldados de Primera: 8
Corneta: 1
Soldados: 103
2.– Ganado: Caballos: 1
TOTAL: 18 Mulos: 17
Fusiles 7,92 mm: 133
Machetes: 133
Correajes: 133
3. –Armamento
Subfusiles: 4
y munición
Pistolas 9 mm largo: 4
Cartuchos 7,92 mm: 12.800
Cartuchos 9 mm largo: 1.500
Ambulancias: 4
4.– Vehículos Estufa automóvil: 1
Camiones: 3
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 246-248. ISSN: 0482-5748
LA MEDICINA MILITAR ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE IFNI Y SAHARA… 247
Cuadro de duchas portátil, completo: 1
Formógenos: 2
Pulverizadores de mochila: 2
Lanza polvos de fuelle: 3
Lanza polvos de émbolo «Telle» con juego de boquillas: 5
Palas: 6
Picos: 6
Regadera: 1
Bolsas de lona: 4
5.– Material
Pares guantes de goma: 4
de Higiene
Pares botas de goma: 4
Insecticida «cuchol»: 100 Kg
Insecticida emulsión Condor: 12 litros
Litros de alcohol: 4
Litros de Formol: 16
Raticida «Tomorín»: 5 Kg
Pastillas esterilizante de aguas (Hidrosteril) del nº1: 50.000
Pastillas esterilizante de aguas (Hidrosteril) del nº2: 50.000
Rollos de papel engomado para calafateo: 2
Cargas artolas sencillas: 6
Cargas artolas literas: 3
Bastes universales: 5
Bidones: 14
Collares: 18
6.– Material Mantas: 18
de montaña Cinchuelos: 18
Botiquín de campaña completo (2 cajas): 1
Repuesto de botiquín de campaña completo (2 cajas): 1
Morrales de pienso: 12
Bolsa de herraje completa: 1
Montura completa: 1
7.-Material Camillas completas: 24
de evacuación Porta camillas: 48
a mano Bolsa de socorro: 3
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 247-248. ISSN: 0482-5748
248 RICARDO NAVARRO SUAY
Mantas: 153
Sábanas: 40
8.– Material
Fundas de cabezal: 20
de acuartelamiento
Colchonetas: 10
Cabezales: 10
Bidones con grifo de 200 litros: 2
Barreño de 200 plazas con tapa: 1
Perola de 300 plazas: 1
Perola de 200 plazas: 1
Bareño de 300 plazas: 1
Molinillo de café: 1
Hachas: 2
Romana: 1
Embudos: 2
Colador: 1
Sartenes grandes: 2
Sartén pequeña: 1
Ollas: 2
Cazuela: 1
Cafetera: 1
9.– Menaje Colador de café: 1
de cocina Besugueras: 2
Batidor: 1
Cacillos: 4
Espumaderas grandes: 4
Bandeja de prueba: 1
Tronzador: 1
Lima:1
Alicate de tronchar: 1
Cubos: 3
Mazos: 2
Cuñas: 2
Cazo grande: 1
Caja con cuatro cuchillos de cocina y una barra de acero de afilar: 1
Platos grandes de Duralex: 3
Plato pequeño de Duralex: 1
Vaso de loza: 1
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 248-248. ISSN: 0482-5748
Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 249-284
ISSN: 0482-5748
RHM.07
[Link]
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA
EN LA CAMPAÑA DE RUSIA
Carlos CABALLERO JURADO1
RESUMEN
El presente artículo pretende evaluar el estado de la cuestión en el es-
tudio del papel desarrollado por la Sanidad Militar española en la campaña
librada por la División Azul en el frente de Rusia. Y, a la vez, también desea
aportar, de manera preferente, los testimonios de personal sanitario, subofi-
ciales y soldados, que no eran médicos titulados, pero que llevaron sobre sus
hombros gran parte del peso en la atención sanitaria, muchos menos conoci-
dos que los de los oficiales médicos; así como mostrar las opiniones de los
«usuarios»: los integrantes de la División Azul que recibieron los cuidados
de nuestras tropas sanitarias en aquella durísima Campaña de Rusia, en la
que participaron entre 1941 y 1943.
PALABRAS CLAVE: División Azul. Historia de la Sanidad Militar es-
pañola. Campaña de Rusia en la II Guerra Mundial.
1 acido en Ciudad Real, en 1957. Profesor de Historia en Enseñanza Secundaria, ya
N
jubilado. Autor de numerosos libros y artículos dedicados a la historia militar, una buena
parte de ellos centrados en la División Azul. Su última aportación en este tema, un en-
sayo de más de 800 páginas, se cita en la bibliografía. Realizó su servicio militar como
sargento de la Escala de Complemento y, posteriormente, formó parte de la Reserva
Voluntaria como alférez.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 249-284. ISSN: 0482-5748
250 CARLOS CABALLERO JURADO
ABSTRACT
This article aims to evaluate the state of the art in the study of the role
played by the Spanish Military Medical Corps in the campaign waged by
the Blue Division at the Russian front. And, at the same time, it also wishes
to contribute, preferably, the testimonies of non-commissioned officers and
soldiers, who were not qualified doctors, but who carried a large part of
the weight of medical care on their shoulders, much less known than the of
medical officers; as well as show the opinions of the «users», the members
of the Blue Division who received the care of our medical troops in that
very difficult Russian Campaign, in which they participated between 1941
and 1943.
KEY WORDS: Blue Division. History of Spanish Military Medical
Corps. Russian Campaign in World War II.
*****
UNA BIBLIOGRAFÍA Y HEMEROGRAFÍA ABUNDANTE Y VALIOSA
T
omás Salvador fue un soldado de la División Azul que, a su vuelta a
España, se convertiría en un prolífico autor literario. Escribió, entre
muchas otras, una obra dedicada a la unidad con la que había servido
en la campaña rusa, División 250ª, un clásico, profusamente reeditado. Tam-
bién fue durante mucho tiempo el editor de una publicación, Hermandad,
que aspiraba a ser la portavoz de los veteranos de la División Azul, agrupa-
dos en las Hermandades de la División Azul, que llegaron a existir en todas
las provincias españolas. Este hombre –reverenciado por quienes habían
sido sus camaradas– dejó escrita su opinión de que la historia de la División
Azul, División Española de Voluntarios, o División 250, ya que estos son los
tres nombres que se usaron para ella2, no estaría escrita hasta que no existie-
se una monografía dedicada a cada uno de sus batallones. Ha pasado mucho
tiempo desde entonces, y el objetivo no se ha alcanzado, ni remotamente, y
eso que –desde hace algunos años– la bibliografía consagrada a la División
2 e usa en el presente artículo el de División Azul por ser, y con diferencia, el más usado.
S
Las obras sobre la unidad escritas por quienes fueron su segundo comandante en jefe, el
general Emilio Esteba-Infantes (La División Azul) y uno de sus jefes de Estado Mayor,
José Díaz de Villegas (La División Azul en línea) lo demuestran.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 250-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 251
Azul crece exponencialmente, tanto en cantidad como –con las inevitables
excepciones– en calidad.
Y, sin embargo, para el capítulo de la presencia de la Sanidad Militar
española en la Campaña de Rusia, el panorama es realmente satisfactorio.
En buena medida, esta situación de privilegio se debe a la labor del doctor en
Medicina e historiador Juan Manuel Poyato Galán, autor de una monografía
sobre el tema difícilmente superable (y afortunadamente recién reeditada) y
de un importante número de artículos de difusión, obras todas ellas citadas
en los apartados de bibliografía y hemerografía, amén de haber pronunciado
sobre el tema varias conferencias, siempre muy amenas y con el mayor éxito
entre el público.
Pero nada surge de la nada, y el doctor Poyato se supo beneficiar de
una serie de artículos publicados por oficiales médicos veteranos de la Cam-
paña de Rusia que, a su regreso a España, dieron a conocer sus experiencias
en la División Azul a través de la revista Ejército. Primer hecho digno de
ser reseñado, en relación a su número en el conjunto de la oficialidad de la
División, fueron los médicos militares los que con mayor entusiasmo usaron
ese canal para trasmitir lo que habían aprendido en Rusia, proporcional-
mente bastante más que los infantes o artilleros. Los textos que firmaron los
comandantes Servando Casas Fernández y Juan Jiménez Torres, el capitán
Pedro Melendo Abad y el teniente Vicente Jabonero Sánchez (las graduacio-
nes citadas son las que ostentaron durante su periodo de servicio en la Divi-
sión Azul) eran realmente interesantes. Otros textos aparecieron en Revista
Española de Medicina y Cirugía de guerra, firmados por el comandante
Luis Torres Marty, el capitán Fernando Lorente Sanz, y también por Alfonso
Ribera Sánchis, integrado inicialmente en la División Azul como soldado
voluntario al que –con excelente criterio– se le sacó de las trincheras para
que ejerciera como odontólogo, su especialidad, siéndole reconocido el gra-
do de brigada provisional. Todos estos textos aparecen en la hemerografía.
El de Ribera no fue el único caso de voluntario de la División Azul
que llegó al frente decidido a batirse como infante, y que sin embargo acabó
siendo debidamente identificado por la Jefatura de Sanidad, que sacó mucho
mejor partido a su cualificación al asignarle tareas sanitarias. El caso más
notable es, sin duda, el de Armando Muñoz Calero, que ya era un cirujano
de prestigio cuando se alistó y que, cuando se le convenció para que aban-
donara la infantería, logró organizar un eficacísimo equipo quirúrgico junto
a otros voluntarios de su mismo perfil, de los mejores que actuaron en Rusia.
La amplia experiencia obtenida en la campaña le permitió, ya de regreso en
España, publicar una obra profesional sobre el tema de las congelaciones,
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 251-284. ISSN: 0482-5748
252 CARLOS CABALLERO JURADO
tema este no demasiado frecuente en la literatura profesional médica espa-
ñola, libro referenciado en la bibliografía.
Y ya que estamos con publicaciones coetáneas a la experiencia, o
casi, también es oportuno señalar que en Hoja de Campaña, el semanario
que en Rusia editaba la División Azul para sus hombres, aparecieron varios
artículos dignos de ser reseñados, explicando de forma muy correcta aunque
con la censura correspondiente a tiempos de guerra, algunos aspectos de la
organización sanitaria de la unidad, como los firmados por dos miembros de
su Grupo de Sanidad 250º3, el cabo Antonio Alcaraz y el sargento Enrique
Casamayor.
Otro hecho que vino en ayuda del afán investigador del doctor Poyato
es que los médicos divisionarios también fueron dados a escribir sobre la
experiencia. Uno de los primeros libros publicados sobre la campaña fue
el firmado por un médico valenciano de una vasta cultura y que a la vez
pertenecía a la Escala de Complemento de Sanidad Militar como teniente,
y marchó voluntario a Rusia, Enrique Errando Vilar (aparecido en 1943).
Muchos años después, en 1960, el teniente profesional Juan Pablo d’Ors
publicó otro, menos interesante pero entrañable (era hijo del gran escritor
Eugenio d’Ors y se notaba la herencia), mientras que en 1985, uno de los
civiles llegado como soldado y «repescado» para ejercer de médico, José
Cogollos Vicens, editó sus memorias como médico en la Guerra Civil y la
División Azul. El doctor Poyato también usó textos que permanecían in-
éditos de médicos divisionarios, como el de José Luis Cáceres García de
Viedma, despertando el suficiente interés sobre esa obra como para que no
mucho después viera la luz como libro. Tanto Cogollos como Cáceres, lle-
gados como soldados, acabaron su presencia en la campaña asimilados a
alféreces. El eco provocado por el libro de Poyato ha puesto «de moda»
el tema de los médicos españoles en Rusia, por lo que la bibliografía se ha
enriquecido recientemente con la edición a cargo de su hijo, el también doc-
tor Pérez de Oteyza, del diario del capitán Antonio Pérez Gila. Estos textos
aparecen referenciados en la bibliografía.
Y –siempre en la estela abierta por Poyato– en forma de entregas
seriadas aparecidas en el boletín de la Hermandad de la División Azul de
Alicante, han sido dados a conocer otros dos textos más debidos a oficiales
médicos. Uno de ellos, de un oficial médico de las Escuadrillas Azules, con-
tó con una cuidada anotación a cargo del médico e historiador Jesús Rueda
Cuenca. Aunque con este formato resultan menos accesibles que como li-
3 ejando de lado el caso de sus tres Regimientos de Infantería (que ostentaron los núme-
D
ros 262º, 263.º y 269º), el resto de las unidades de la División Azul usaron el número 250
en su denominación.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 252-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 253
bros, el hecho es que las memorias de la campaña de los oficiales médicos
José Luis Álvarez-Sala Moris y Juan Laá Infante han salido del olvido (se
citan sus obras en la hemerografía). Estamos hablando, por tanto de sie-
te testimonios de oficiales médicos, que a algunos les puede parecer poca
cosa, pero que son muchos más que los que podemos encontrar de oficiales
artilleros, por ejemplo, y es evidente que estos fueron notablemente más
numerosos.
Ya he mencionado que el tesón investigador del doctor Poyato le lle-
vó hasta el testimonio entonces aún inédito de Cáceres. No fue el único texto
inédito que consultó, pues lo mismo hizo con el impresionante aunque no
demasiado extenso diario del capitán José Manuel de Cárdenas Rodríguez,
unas pequeñas memorias del teniente José María García-Bravo Ferrer y la
extensísima y rica en datos memoria que presentó al regresar a España el
teniente coronel Ramón Pellicer Taboada (todas estas obras, se referencian
en el apartado de fuentes inéditas). Es una pena que el diario del capitán
De Cárdenas, uno de los mejores cirujanos de la División Azul, no se haya
publicado, aunque Poyato dio a conocer extensos fragmentos de él. Mucho
más sorprendente es lo que ocurre con el libro registro de su equipo quirúrgi-
co y aún más con la memoria del teniente coronel Pellicer, que se conservan
en archivos privados (el que creó el antes citado oficial médico provisional
José Cogollos y su familia mantiene con esmero), y hay que agradecerlo,
porque de otro modo muy posiblemente se hubieran perdido. A su regreso
a España, todos los oficiales con mando de regimiento, de batallón o grupo,
y unidades y dependencias autónomas, debían rendir un informe en forma
de memoria sobre lo aprendido en su servicio que pudiera ser de utilidad a
nuestro Ejército. Debieron redactarse docenas de esas memorias, que sin
embargo parecen haberse perdido en su casi totalidad. Si esta del teniente
coronel Pellicer se ha salvado del olvido se debe a la pasión por conservar
documentos del alférez médico Cogollos –también poseía un impresionante
archivo fotográfico– a quien, de alguna manera, le llegó una copia; y que
también se esforzó por preservar el libro registro del equipo quirúrgico de
De Cárdenas, único de estos libros localizado a día de hoy cuando es eviden-
te que debieron cumplimentarse muchos más.
Gracias al cuidado en custodiar esos documentos, el doctor Cogollos
pudo publicar en la prensa que editaban los veteranos de la División Azul
un gran número de artículos donde quedaba reflejada la actividad de los
médicos divisionarios, en los boletines Hermandad (de Barcelona) o Blau
División (de Alicante). Gran parte de esos artículos los volcó en su libro. Lo
aparecido en otros de esos boletines es solo de importancia muy marginal,
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 253-284. ISSN: 0482-5748
254 CARLOS CABALLERO JURADO
como pueda ser el artículo que firmo el capitán Camilo Pintos Castro en el
boletín Spansky Jarasho (de Coruña).
Pese a lo que pueda sugerir lo antes comentado sobre el aparente ex-
travío de documentos oficiales, como la memoria del teniente coronel Pe-
llicer, no debemos caer en el alarmismo. Una de las personas a las que el
destino puso en el camino del doctor Poyato fue César Ibáñez Cagna, ve-
terano de la División Azul y que, en su jubilación, se convirtió en el mejor
documentalista sobre la unidad. Y la gran noticia que pudo darle Ibáñez, y
la correspondiente orientación, era sobre cuáles y dónde se conservaban los
documentos sobre los servicios sanitarios de la División Azul. Gracias a
Dios, una gran parte de ellos se ha conservado y este agradecimiento no es
un recurso literario, ya que no son pocas las unidades y dependencias cuyos
documentos parecen haberse perdido. En efecto, depositada inicialmente en
el llamado Servicio Histórico Militar, en Madrid, y en la actualidad en el
Archivo General Militar de Ávila, existe una amplia documentación al al-
cance de los investigadores que deseen profundizar sobre la actuación de la
Sanidad Militar española en el frente del Este. Diarios de Operaciones del
Grupo de Sanidad y de sus Compañías, órdenes e instrucciones del Grupo de
Sanidad, informes mensuales de los hospitales establecidos en retaguardia,
normas sobre el encuadramiento de enfermeras, etc. Materiales de archivo
cuya explotación ya realizó en parte el doctor Poyato, pero que pueden ser
objeto de análisis más exhaustivos.
Otra masa de información que espera un análisis pormenorizado son
las historias clínicas que se archivaban en los expedientes de los divisio-
narios que eran hospitalizados. Unos documentos que puede llegar a ser
exhaustivos y nos informan de cada paso que se daba en el tratamiento de
heridos y enfermos. Eso sí, acceder a esas historias clínicas es mucho más
complejo, ya que están archivadas en los expedientes personales, y habría
que consultar una infinidad de ellos.
Y no puedo terminar este apartado sin citar la suerte que tuvo el doc-
tor Poyato de poder consultar algún estudio previo sobre el tema que él
había decidido analizar más en profundidad. En 1995, el oficial médico e
historiador Jesús Bescós Torres había publicado un excelente artículo: Mi-
siones de la Sanidad Militar española en el extranjero: la Sanidad Militar
en la División Azul, que inevitablemente llamaba la atención. Gracias de
nuevo a César Ibáñez, el doctor Poyato pudo localizar en el Archivo de la
Fundación División Azul un manuscrito mucho más extenso de este mismo
autor sobre el tema, de fecha anterior. Por desgracia este ensayo había que-
dado inédito, aunque desde luego el doctor Poyato reconoció explícitamente
su deuda para con estos textos (referenciados en hemerografía y fuentes
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 254-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 255
inéditas respectivamente). En resumen, y para concluir, el doctor Poyato
encontró sólidos cimientos sobre los que construir su investigación; el resto
hasta lograr el brillante resultado final que fue su monografía era cuestión de
voluntad, paciencia, y echar horas.
Cabe suponer que su libro ha despertado otros intereses en relación
con la Sanidad Militar. Por ejemplo, recientemente se ha publicado una obra
con los testimonios de dos sanitarios, un sargento –Blas Martín Jaume– y
un soldado –José González Gras-, que sirvieron en una de las Compañías
de Sanidad de la División. Desde siempre, los libros con memorias de vete-
ranos de la División Azul que salían al mercado eran de infantes, artilleros,
zapadores. Ahora, gracias a esta obra, los camilleros, que tan presentes están
en los campos de batalla, ya están presentes también en los anaqueles. Y
aunque no hayan encontrado aún forma de trascender al público, se siguen
localizando textos de estos sanitarios, como el diario del sargento sanitario
Gonzalo Pérez Vidaurreta, un testimonio del mayor valor, que quizá algún
día vea la luz. O el del teniente médico Félix Leiro Nogueira. Que aparezcan
nuevos testimonios inéditos no solo es posible, sino bastante probable en
realidad.
También me consta que el ejemplo de Bajo el Fuego y sobre el Hielo.
La sanidad en la campaña de la División Azul, la obra de Poyato, sirvió
de estímulo a otro gran investigador, Ángel Carralero Daffos a consagrar
su tesis doctoral a un tema sorprendente: los servicios de farmacia en la
División Azul, que además ha encontrado su camino hasta el público al ser
editada como libro. En algún artículo, Carralero ha vuelto a demostrar su
capacidad para abordar temas en apariencia minúsculos, pero en realidad
muy interesantes a efectos sanitarios, como mostró en texto consagrado a las
medidas preventivas contra ataques de gases. De sus trabajos se da cuenta en
la bibliografía y hemerografía.
La Sanidad Militar fue el único elemento divisionario que contó con
mujeres, enfermeras en los hospitales de retaguardia. Varios divisionarios
habían escrito –en la prensa que editaban los veteranos– artículos para ho-
menajearlas, siendo de destacar los de los ya citados José Cogollos y César
Ibáñez, y también el de Ángel Eustaquio Gil Martín. Un historiador espe-
cializado en los suboficiales de nuestras fuerzas armadas, Miguel Parrilla,
trazó la biografía de una de esas enfermeras, en una publicación dedicada
a los sargentos provisionales (tenían esa asimilación), y hasta se editó en
forma de libro, pero con una circulación limitadísima, el diario de una de
ellas, Monserrat Romeu Fernández. Y, sin embargo, ahora, como otro signo
de los buenos tiempos que corren para el estudio del componente sanitario
de la experiencia divisionaria, disponemos de un exhaustivo estudio sobre
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 255-284. ISSN: 0482-5748
256 CARLOS CABALLERO JURADO
estas enfermeras debido a otro riguroso investigador, Miguel García Díaz.
Como último apunte en este estudios sobre fuentes, señalar que en el estu-
pendo estudio sobre nuestra Veterinaria Militar que debemos a Luis Moreno
Fernández-Caparros y Heliodoro Alonso Fermoso, el tema de los servicios
veterinarios de la División Azul es tratado de manera exhaustiva, y no solo
en relación con el cuidado de los caballos, sino también en su atención a la
sanidad humana, pues no en vano eran veterinarios los mandos que estaban
al frente de la Compañía de Carnización de la División, para asegurar que
la carne que se ofrecía para su consumo a los divisionarios tuviera todas las
garantías.
Unas notas sobre organización
Más allá de que ambas compartían una estructura ternaria, no eran
demasiadas las similitudes entre una división de infantería española y una
alemana, tema que analicé exhaustivamente en un libro que consagré a la
estructura de la División Azul como fuerza de combate (ver en bibliografía).
Resumiendo mucho, diría que una división de infantería germana tenía el
doble de efectivos –en hombres– y el triple o más en potencia de fuego.
Como lógica derivación de este hecho, las unidades sanitarias de una divi-
sión alemana eran mucho mas potentes en efectivos y medios que las de una
división española. Como la creación de la División Azul se hizo por trámite
de urgencia, las plantillas alemanas que se usaron habían quedado desfasa-
das. El contingente que salió inicialmente se componía de dos compañías
sanitarias, para operar en el frente, una sección sanitaria (para una unidad de
depósito avanzada) y otra sección, para una unidad de depósito que se es-
peraba dejar en Alemania. Poco de esto sirvió, pues la estructura finalmente
adoptada durante el proceso de reorganización e instrucción en Alemania
era la siguiente:
− Una compañía de Hospital de Campaña (Feldlazarett en la ter-
minología alemana): Compañía de Hospital de Campaña 250º.
− Dos compañías de sanidad: Compañía de Sanidad 1.ª/250º y
Compañía de Sanidad 2.ª/250º.
− Dos secciones motorizadas de ambulancias: Sección de Ambu-
lancias Automóviles 1.ª/250º; Sección de Ambulancias Automó-
viles 2.ª/250º.
Si la compañía de hospital ejercía como formación sanitaria de trata-
miento, y las secciones de ambulancias como formaciones de evacuación,
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 256-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 257
las compañías de sanidad ejercían los dos papeles, pues contaban con seccio-
nes de ambulancias hipomóviles y camilleros, con funciones de evacuación,
pero también disponían del personal y los medios para montar unos muy
bien dotados Puestos de Socorro (Hauptverbandplatz, en la terminología
alemana) con capacidad quirúrgica incluida, para funciones de tratamiento.
A los sanitarios españoles estos Puestos de Socorro les parecieron auténticos
hospitales de campaña. Las plantillas alemanas preveían además el contar
con dentistas, oculistas y farmacéuticos en cantidades más numerosas de lo
habitual en España.
También era más abundante el personal médico asignado a las uni-
dades, pues mientras que en España lo normal era que cada regimiento de
infantería contara con un capitán y dos oficiales subalternos, en los regi-
mientos alemanes –mas fuertes en efectivos– se contaba con dos médicos
por batallón. También había dos médicos en cada Grupo de Artillería y en
los Batallones o Grupos de Zapadores, Transmisiones, etc. En resumen, lle-
gar a Alemania y tener que pedir a España el envío de más médicos para
cubrir todas las plazas fue todo uno.
Y finalmente, en cuanto se puso en marcha el proyecto divisionario se
cayó en la cuenta que habría que crear hospitales militares españoles a reta-
guardia, sobre los que volcar cuanto antes las bajas acogidas en el hospital
de campaña, que debería ser mantenido siempre con el mayor número de
camas libres. Eso originó el envío de una expedición adicional de médicos y
personal sanitario con el que dotar estos hospitales, que por vez primera in-
cluyo elementos femeninos, las enfermeras, provenientes unas de Cuerpo de
Enfermeras del que se había dotado Falange Española Tradicionalista, FET,
el partido único; y otras del Cuerpo de Damas de Sanidad Militar. En su tra-
bajo, estas enfermeras españolas se vieron complementadas por enfermeras
alemanas, pero también letonas, polacas y rusas. Si inicialmente se había
previsto un hospital en la retaguardia de la División Azul, pero en el territo-
rio ocupado (Hospital de Evacuación) y otro en territorio alemán (Hospital
de Convalecientes), finalmente la División estuvo dotada de dos Hospitales
de Evacuación (Riga y Vilna) y tres Hospitales de Convalecientes (Königs-
berg4, Berlín y Hof). Este conjunto de dependencias podían asimilarse a lo
que en la orgánica sanitaria española se conocía como Grupo de Hospita-
les, pero como estas cinco dependencias quedaron encuadradas en distintas
estructuras alemanas, se optó por dirigirlas desde la llamada Inspección de
Hospitales de la División.
4 ctualmente, Kaliningrado, al haberse repartido la Prusia Oriental entre Polonia y Rusia
A
al acabar la II Guerra Mundial.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 257-284. ISSN: 0482-5748
258 CARLOS CABALLERO JURADO
Estas tres «patas», los médicos de las unidades, el Grupo de Sanidad
y el Grupo (o Inspección) de Hospitales dependían de una Jefatura de Sani-
dad, puesto normalmente desempeñado por un teniente coronel. El Grupo
de Sanidad 250º, y los hospitales de Riga, Vilna y Königsberg, estaban bajo
el mando de sendos comandantes. Los dos hospitales restantes, el Hospital
de Campaña y las dos Compañías de Sanidad tenían a su frente a sendos ca-
pitanes, y las secciones de ambulancias motorizadas, a oficiales subalternos.
Aunque los españoles acabaron introduciendo cambios en las plan-
tillas de personal, resulta evidente que mantener tan abultado número de
médicos militares en la División Azul era un problema, así que se recurrió
desde muy pronto a «reclutar» para tareas médicas a muchos voluntarios
falangistas que habían terminado la carrera (incluso alguno ya tenía cierta
reputación en el ejercicio profesional) o estaban a punto de acabarla. Con el
paso del tiempo pasaban de soldado médico al rango de suboficial médico
asimilado y, finalmente, al de oficial médico asimilado. Hubo, sin embargo,
soldados que eran médicos que se negaron a salir de sus unidades y pasar a
esta nueva tarea, más de acorde con su formación. Fervientemente antico-
munistas, querían combatir con las armas en la mano –o sirviendo una pieza
artillera– y así lo hicieron.
Fue muy normal que existiera una «rotación», y el personal médico
que había prestado ya un cierto número de meses de servicio en el frente, pa-
saba a hacerlo en los hospitales de retaguardia. O a la inversa. Estas prácti-
cas de rotación fueron más comunes entre el personal del Grupo de Sanidad
y el Grupo de Hospitales y se daba más raramente entre los médicos de las
unidades de combate y el de los hospitales.
Las formaciones sanitarias de la División Azul mantenían una estre-
cha relación con las formaciones sanitarias alemanas. Con las de las uni-
dades vecinas, por supuesto, pero también con las que desplegaban más a
retaguardia, y que entre sus subunidades disponían de laboratorios de análi-
sis y parques de material sanitario. Estas tropas sanitarias eran de tres tipos:
los Grupos de Sanidad para Ejército (Armee Sanitätsabteilungen) los Gru-
pos de Hospitales de Evacuación (Kriegslazarett Abteilungen) y los Grupos
de Transporte de Heridos (Krankentransport Abteilungen). Los primeros,
unidades mixtas, contaban con compañías sanitarias, hospitales y unidades
de evacuación. Los segundos agrupaban solo hospitales. Y los terceros esta-
ban especializados en evacuación, aunque en los puntos donde concentraban
las bajas disponían de los llamados Krankensammelstelle, donde las bajas
en espera de una nueva fase de evacuación podían ser atendidos en sus ne-
cesidades sanitarias. Todas estas unidades apoyaban a las fuerzas de primera
línea y por ello en varios de estos hospitales alemanes, o en alguna Kranken-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 258-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 259
sammelstelle fue muy habitual que atendieran bajas españolas. Cuando esto
era frecuente, se acudió a crear en ellas una «Sección Española», donde
médicos de la División Azul estaban destacados de manera permanente para
atender a nuestros voluntarios. Por pura economía del lenguaje se habla a
veces de «hospitales españoles» en Soltsy, Luga, Nikoslkoye o Gatschina
(por entonces bautizada como Krasnogardeisk), cuando no eran tales, sino
secciones españolas de dependencias germanas en esas localidades.
Cuando las bajas debían ser evacuadas hasta territorio alemán, en-
traban en la red de los Hospitales de Convalecientes (Reservelazarett). El
establecido inicialmente en Berlín para atender a los españoles quedó pronto
superado en su capacidad. Se empezó a evacuar sobre hospitales alemanes
de esta categoría, quedando las bajas muy dispersas, y con el inconveniente
de que estas instituciones no contaban con personal español; después se
crearon secciones españolas en hospitales de esta categoría; y finalmente se
establecieron más hospitales españoles, hasta tres, como ya se señaló.
Una de las características del frente del Este en la II Guerra Mundial
fue la extraordinaria letalidad. Creo que basta con señalar que el 80 % de las
bajas humanas de la Wehrfmacht se produjeron en ese escenario. En mi obra
Atlas Ilustrado de la División Azul publiqué un detallado balance de ba-
jas elaborado por la primera sección del Estado Mayor de la División Azul
que cubría toda su existencia. Creo que es bastante estremecedor, porque
nos muestra que cada mes de presencia en primera línea las bajas sumaban,
como mínimo, el equivalente a un batallón, pero podían ser más elevadas.
Un mes muy tranquilo, como julio de 1943, se registraron 456 bajas, pero
en el febrero anterior fueron 2.870. Un promedio estadístico de los 24 meses
de presencia en primera línea nos da la cifra de 981 bajas por mes. Por mu-
cho que parte de estas bajas pudieran ser cubiertas con la llegada de nuevo
personal en los batallones en marcha que salían desde España hacia Rusia
(cuyo fin era más bien proceder a relevos de personal), es evidente que, si
la División Azul no hubiese dispuesto de unos eficacísimos servicios sanita-
rios, capaces de recuperar a la mayor parte de estas bajas, habría desapare-
cido como tal en muy pocos meses.
De Alemania al frente
En lo que resta de este artículo, no pretendo hacer un resumen de la
obra del doctor Poyato, cuya lectura recomiendo calurosamente. Y tampoco
haré uso de los textos referenciados en la bibliografía y hemerografia, que en
definitiva ya están a disposición del lector. Mi propósito es basarme en las
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 259-284. ISSN: 0482-5748
260 CARLOS CABALLERO JURADO
fuentes inéditas o bien en textos que no están consagrados específicamente
a las formaciones sanitarias de la División Azul. Espero con ello contribuir
a ampliar el conocimiento de su papel.
El desembarco en Alemania estuvo lleno de sorpresas. La primera,
la estructura real de la Sanidad Militar en la División Azul, más potente de
lo que se había imaginado. La segunda, la soberbia dotación de medios. El
capellán Francisco Prado Lerena era un veterano del Ejército, y como los
capellanes militares siempre han actuado muy próximos al personal sani-
tario, sabía de lo que hablaba cuando, estando aún en el campamento de
Grafenwöhr, escribió en su diario (inédito)5:
9 agosto 1941. El Grupo de Sanidad lleva una organización y dotación
admirables, establecimientos completos de Rayos X, microscopios, medica-
mentos en cantidad fantástica. El material, abundantísimo, es de moderna
fabricación. Mucho lleva la etiqueta de «junio de 1941».
Fue muy decepcionante, en cambio, saber que el Grupo de Sanidad
en su conjunto sería una unidad hipomóvil, pero esa era la realidad de las
divisiones de infantería alemanas, que dependían para su movilidad de ca-
ballos y no de camiones. Por otra parte, en Grafenwöhr el ritmo de trabajo
fue vertiginoso, entre otras razones porque el proceso de organización de
una división de infantería que normalmente el Ejército alemán realizaba en
tres meses, en el caso de la División Azul se resumió en uno solo. El teniente
médico Félix Leiro Nogueira se había unido a la fuerza expedicionaria des-
de uno de los regimientos de la guarnición de Valencia, y servía en la Plana
Mayor del Batallón I/263º. Su diario6 refleja el ritmo de trabajo de aquellos
días:
22 julio 1941. A las 11’30 nos hacemos cargo de la enfermería, donde
ingresamos a un cabo. A las 3 de la tarde, primera bronca del comandante
[Servando] Casas [Fernández], jefe de Sanidad, porque la enfermería «no
funcionaba», «no había sábanas», etc. No hice ningún caso de las voces de
aquel señor, porque sabía que la bronca no era para nosotros, era para los
que habían llegado hace tres días. A las 7 de la nos llegaban las sábanas y
mantas que habíamos pedido por la mañana en la Kommandantur.
29 julio. Pasamos verdaderas montañas de revistas sanitarias, hacemos
miles de relaciones, para esto, para aquello, para lo de más allá. Trabajamos
muchísimo, sin utilidad práctica.
5 RADO LERENA, Francisco, De España a Rusia, diario de campaña, 1941-1942, Tex-
P
to Inédito, consultado en el archivo de Pablo Sagarra.
6 Referenciado en las fuentes inéditas, al final de este texto.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 260-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 261
No es de extrañar que, días después, cuando su unidad embarcaba en
tren con destino al teatro de operaciones, el teniente Leiro escribiera: «Me
he gastado en el campamento más medias suelas que en Valencia en dos años
y pico».
Pero para sorpresa, la que se llevaron los voluntarios cuando, tras
desembarcar de los convoyes ferroviarios que los situaron en los confines
de Polonia con Lituania fueron conscientes de que debían realizar una lar-
guísima marcha a pie hasta el frente. Nada extraño, en realidad, ya que era
lo que les ocurría a todas las divisiones alemanas. Aunque los voluntarios
españoles contemplaron el hecho como una auténtica proeza, pues equivalía
a atravesar España de punta a punta, una experiencia inédita para nuestros
soldados. En una de las secciones de ambulancias motorizadas servía Fe-
derico Izquierdo Luque, uno de los periodistas falangistas más famosos de
aquel momento, quien –ya de regreso en España– relataba con admiración7
lo vivido al público español:
Las etapas normales eran de unos cuarenta kilómetros. La noche era solo
un segundo de sueño. El esfuerzo físico llegó a ser agotador. Los pies, des-
trozados por los kilómetros, se cubrían de llagas. Y se montó el hospital de
campaña. A él llegaban las ambulancias, después de recorrer las inmensas
filas en busca de «aspeados». Descansaban nuestros hombres tres o cuatro
días en el hospitalillo y, cuando sus pies se encontraban dispuestos, se les
conducía hasta su unidad en camino. Presenciamos ejemplos maravillosos.
Hubo quien, con los pies lastimados, de llagas ungidos, se negó a abandonar
su compañía y continuó su ascético silencio hasta el último día de la peregri-
nación terrible.
El teniente coronel Luis Zanón Aldalur tenía al respecto la autorizada
visión que le daba su puesto de Jefe del Estado Mayor divisionario, y en su
informe oficial8, rendido al regresar a España, no dudó en escribir:
Durante la marcha, hubo enseñanzas de importancia que conviene ano-
tar. La primera, que a pesar de la falta de preparación de nuestra gente,
mantuvieron durante más de un mes que duró el recorrido un porcentaje de
aspeados verdaderamente reducido, pues el mayor número que hubo de ellos
7 I ZQUIERDO LUQUE, Federico: «Mil doscientos kilómetros en marcha», Si. Suplemen-
to semanal de Arriba, n.º 18, 3 mayo 1942.
8 Esta memoria, titulada «Campaña de Rusia. Impresiones sobre la primera División Es-
pañola de Voluntarios» es una de las pocas memorias oficiales a las que se aludió que
han sido localizadas y, afortunadamente está editada en un libro, junto al diario de uno de
los oficiales del Estado Mayor. La obra que la incluye es: SOLER FUENSANTA, José
Ramón, (Editor): Desde el Cuartel General, Vicente Sanjuán Ediciones, Alicante, 2019.
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262 CARLOS CABALLERO JURADO
en los peores días no llegó al millar en total, y por tanto al 5 % del efectivo.
Los aspeados eran recuperados rápidamente, pues a los 3 o 4 días de des-
canso se incorporaban de nuevo a sus Unidades para continuar su marcha.
En Alemania es de fácil resolución el problema que presentan estas bajas,
pues son todos ingresados en el Hospital Militar más próximo, causando baja
definitiva en las Unidades a que pertenecen, y tan pronto son dados de alta
son enviados a Unidades de Depósito, que los envían a otras, para cubrir
bajas de su propia Arma.
El caso de la División Española era distinto. Se organizó para evitarlo
un sistema de descanso para los aspeados que permitiese darles el tiempo
suficiente para recuperarse sin que para ello fuese preciso separarse de la
División, y así el Hospital de Campaña se dividió en dos formaciones, una de
las cuales marchaba con sus autoambulancias por delante de la División, 3
o 4 jornadas, llevando aspeados consigo; la otra formación iba recogiendo
los nuevos enfermos, hasta ser alcanzada la primera; entonces era esta sus-
tituida por la segunda, que volvía a alejarse el mismo número de jornadas.
De tal modo se logró al llegar a Vitebsk que todos los aspeados hubiesen sido
recuperados o devueltos a sus unidades; solamente una docena de hombres
fue preciso hospitalizar al embarque por ferrocarril.
La llegada al sector del frente de combate asignado, en torno a la
ciudad de Nóvgorod, la cuna histórica de Rusia, a orillas del Lago Ilmen, se
produjo el 12 de octubre de 1941, que es la fecha que hemos adoptado como
inicio de las operaciones militares de la División Azul (aunque hubo unida-
des que llegaron antes y otras después). Iba a coincidir con dos hechos deci-
sivos: la llegada de la época de frío, con un otoño que ya tuvo los rigores de
un duro invierno, y un cambio de tendencia en el curso de las operaciones,
pues el Ejército Rojo empezó a ofrecer una resistencia fortísima, mucho ma-
yor a la esperada por los alemanes y españoles. No solo costaba arrancarle
cada metro cuadrado, sino que muy pronto se lanzó a la contraofensiva ge-
neral. El resultado fue que las cifras de bajas crecieron insospechadamente y
los servicios de Sanidad Militar de la División llegaron a verse por completo
desbordados. El funcionamiento del Feldlazarett divisionario, ubicado en
Grigorovo (a muy corta distancia del frente) y el Kriegslazarett español que
tuvo como primer emplazamiento Porjov provocó las más duras críticas, y
ambos fueron tildados como «chekas» por bastantes divisionarios.
Un buen ejemplo lo tenemos en lo escrito –en un texto inédito– por
Raúl Comendador9, que en enero de 1942 fue ingresado en Grigorovo, don-
9 OMENDADOR BUSTAMANTE, Raúl, Apuntes de guerra, Texto Inédito, s/f, s/l, con-
C
sultado en el archivo de Pablo Segarra.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 262-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 263
de había tal acumulación de hospitalizados que, para empezar, ni siquiera
parecía que los integrantes del personal sanitario fueran a darle el alta hos-
pitalaria:
Los heridos no hacen más que dar quejidos, que nos crispan los nervios.
Pero, ¿qué tiene que hacer esta gente?, ¿es que no se acuerdan de nosotros?
Por fin, a nuestras voces, nos llaman para que pasemos a donde hay otro sa-
nitario. Nuevas preguntas, que son anotadas en la historia [clínica] de cada
uno. Nombre del padre, de la madre, día en que fue herido. Después de mu-
chas preguntas me dicen que por hoy tendré que dormir en el suelo, porque el
hospital está abarrotado y no hay sitio. No le doy importancia a esto y digo
que es igual. Pronto me doy cuenta de que no era solo eso. Al entrar en la
sala, lo primero que se advierte es un olor a carne podrida que espanta, por
las congelaciones. Las camas, mejor dicho, las tablas en que se encuentran
los más afortunados se encuentran unos juntos a otros, con la justa separa-
ción para el cuerpo de un hombre, y este hueco a su vez está ocupado por
otro enfermo, con una manta en el suelo (hay algunos que sin mantas). Entre
las filas de camas de la derecha y las de la izquierda queda un pasillo, que
a su vez ocupan otros enfermos, metiendo la cabeza debajo del camastro de
sus compañeros, así que en resumidas cuentas queda libre un pasillo de no
más de dos pies de ancho, por donde constantemente pasan enfermos con el
objeto de orinar en la calle, que es el sitio donde les indican, y que justifica
la peligrosa entrada al barracón y que, como es natural, orinan en la puerta,
formándose una verdadera costra de hielo. Cuando yo vi aquello, el alma se
me cayó a los pies, de buena gana hubiese vuelto a mi chabola, allí al menos
sabía que tenía amigos.
La descripción no es inexacta, lo erróneo es el análisis de este soldado
de la sección de asalto del Regimiento 263º, recién salido de las trincheras,
y lleno de odio contra los «enchufados de la retaguardia», que creía que
la situación se debía a la negligencia del personal sanitario e ignoraba por
completo que si se llegaba a esos niveles de colapso se debía a que los ale-
manes no estaban en condiciones de realizar las necesarias evacuaciones a
retaguardia.
Cuando el terrible invierno de 1941-1942 se dirigía a su fin, y las
condiciones del Hospital de Campaña de Grigorovo había mejorado relati-
vamente, Tomás Fernández, soldado del Batallón I/269.º ingresado por con-
gelaciones, aún escribía en su diario, que permanece inédito10:
10 ERNÁNDEZ LÓPEZ, Tomás, Mi diario en el Frente del Este, o un año en poder de
F
los Sargentos, 1941-1942, Texto Inédito, consultado en el archivo de Javier Fernández.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 263-284. ISSN: 0482-5748
264 CARLOS CABALLERO JURADO
7 febrero 1942. Me animan para que lo lleve con paciencia, pues el des-
ánimo y mal humor que tengo es grande y me dicen, cosa que no dudo un
momento, que me encuentro en la «cheka de Grigorovo» pues este el nombre
que le han dado al Hospital y que no cabe duda que se lo merece pues la
pinta de la sala en todos los aspectos es la misma que una «cheka» y la de los
muchachos también la misma, todos claman por su liberación, que está en la
evacuación a Riga, cosa que la mayoría no logran.
Y es que en el otoño e invierno de 1941-1942, cuando las bajas debidas
a los inesperadamente duros combates y al terrible frío superaron en mucho
a las previsibles, ocurrió además que toda la estructura logística germana en
Rusia estuvo al borde del colapso, y –por ejemplo– los trenes hospital que
debían haber comparecido con regularidad en la estación de Grigorovo para
permitir evacuaciones desde el Hospital de Campaña 250º a escalones más
retrasados, no llegaban, o cuando lo hacían venían tan cargados de bajas
alemanas que no podían acomodar más que a pocos españoles. Pero los
soldados ingresados no conocían nada de esto y solo hacían responsables
a los sanitarios españoles. Las críticas se extendían también al Hospital de
Evacuación de Porjov. La realidad es que sus instalaciones eran deficientes,
pero eso no era por culpa de los mandos españoles, que se habían limitado
a ocupar las que se les asignaron. Así lo registraba en su diario11 el coman-
dante de Estado Mayor Jaime Homar:
17 octubre 1941. En Dno. Vienen a comer conmigo el director del hos-
pital que se va a instalar en Porjov, comandante médico [Julián Martín] Re-
nedo, el comandante médico [Alejandro Gómez] Durán, un capitán y cuatro
enfermeras, con objeto de ver unos edificios que les he buscado en Dno para
hospital, mucho mejores que los de Porjov. Les gustan mucho, pero el Jefe
de Sanidad del 16.º Ejército no autoriza su instalación en Dno. Salen, para
Porjov, después de comer.12
Y por eso este hospital no ha dejado precisamente un buen recuerdo
en la memoria de los divisionarios. Enrique Borrego Hernández, del Bata-
llón III/262º, en el diario que escribía para que algún día lo leyera su novia,
11 OMAR SERVERA, Jaime: «Diario de campaña de un comandante de Estado Mayor
H
en Rusia». La obra en la que aparece este diario es: SOLER FUENSANTA, José Ra-
món, (Editor): Desde el Cuartel General, Op. Cit.
12 He optado por dar los nombres completos de todas las personas que aparecen citadas en
los textos que uso aquí, por entender que esto ayudará al lector de este artículo.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 264-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 265
y que finalmente ha dado a conocer su nieta13, contaba así uno de sus días
en Porjov:
31 octubre 1941. Paso todo el día en cama, pues sigo sin ropa y comple-
tamente helado. El espectáculo que ofrecemos es gracioso, dentro de lo triste
de las circunstancias. Imagínatelo: estamos en un cine. El patio de butacas
está repleto de hileras de camas y yo estoy arriba, en el escenario, con otros
20 como yo, todos en cueros y metidos en la cama. Para asistirnos a todos hay
tres enfermeras, tres rusas y un ruso. Los medios de que dispone el hospital
para el servicio a los pacientes son pésimos. Para orinar tenemos que utilizar
botes. La comida se reparte en cubos. Todo esto que te cuento lo contemplo
con pesar, en un ambiente de pena interior y de frio exterior que hiela al más
curtido. De las enfermeras españolas no hay ninguna queja. Son buenas, pero
continuamente tropiezan con la necesidad de realizar sus cometidos con la
absoluta carencia de todo lo más básico y esencial en un hospital.
Las evacuaciones a retaguardia fueron, por si mismas, un infierno en
aquel durísimo invierno. El teniente de zapadores Ricardo Samaniego, he-
rido a mitad de noviembre de 1941, anotaba en su diario –inédito14– al res-
pecto de su evacuación por tren desde Grigorovo a Porjov: «21 noviembre
1941. Hemos recorrido unos cien kilómetros en un viaje que ha durado 25
horas, lo que representa una velocidad horaria de carreta, muy poco propia
para un tren hospital de urgencia». Como. por suerte para él, le tocó el ser
evacuado más a retaguardia aún, hasta Riga, pudo comprobar que confor-
me se alejaba del frente las condiciones de estas evacuaciones eran menos
precarias:
27 a 29 de noviembre 1941. El tren hospital ya tiene otro aspecto, aunque
los coches continúan siendo vagones de carga, pero están mejor acondiciona-
dos; cada uno de ellos lleva ocho literas con somier de muelles y una estufa
instalada que da demasiado calor y hay veces que me siento asfixiar, porque
yo vivo en el piso «bajo». El tren es todo corrido con puertas que han abierto
en los fondos. Un Oficial médico nos hace dos visitas diarias y en este trans-
porte, bien atendido, transcurren los días 28 y 29 caminando en dirección a
Riga.
Las evacuaciones sanitarias hacia la profunda retaguardia eran tan
ingentes que no bastaban los trenes sanitarios debidamente homologados y
13 ORREGO GONZÁLEZ, María José: En un desierto de nieve. Diario de un soldado de
B
infantería de la División Azul, Ediciones Alymar, Madrid, 2021
14 SAMANIEGO BONILLA, Ricardo: Notas sobre mi expedición a Rusia, 1941-1942.
Texto Inédito, consultado en el archivo de Javier Lázaro.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 265-284. ISSN: 0482-5748
266 CARLOS CABALLERO JURADO
hubo que convertir a ese fin muchos vagones de carga, someramente trans-
formados. Además, los trenes sanitarios, más o menos precarios, debían
atender a toda la zona del frente donde operaba la División Azul, y no era
raro que para cuando llegasen al sector español ya estuviesen saturados. De-
bían enfrentarse a trazados tan saturados de nieve que era imposible avan-
zar, y a los ataques de partisanos. Con todo, cuando se supo que se estaban
estableciendo nuevos hospitales españoles en Vilna y Riga, las expectativas
de los hospitalizados en Grigorovo y Porjov cambiaron. Al antes citado To-
más Fernández le aseguraron que sería evacuado a Riga el 12 de febrero, lo
que no ocurrió. Y llegó a pensar que nunca pisaría la capital letona:
22 febrero 1942. A las dos aproximadamente traen las listas de evacuados
para Riga. Yo como es de suponer no tengo esperanzas por ningún concepto
de que me evacuen, como así ocurrió, que no venía en la lista de evacuados.
A las 3 cuando ya marchaban los evacuados, hombres felices, el practicante
trae una lista con 3 nombres para evacuar, yo no hago ni caso, pero cual no
sería mi asombro al ver que el tercer nombre es el mío. Pegué un salto de
encima de lo que llamaban cama y tuve que ver la papeleta de evacuación
para creérmelo, pues me parecía una broma. En dos segundos me visto y me
uno a la expedición.15
Como ejemplo de las maledicencias que uno puede encontrar en dia-
rios, señalaré que cuando algunos médicos españoles partieron hacia Riga
y a Vilna para buscar lugares donde establecer los nuevos hospitales espa-
ñoles, no faltó quien les acusara de cobardía por estar alejándose del frente,
y no han faltado historiadores que –con tan endebles «pruebas»– acusan al
personal médico de desatender a las bajas y hacer turismo por retaguardia.
Si que es cierto que, en una situación tan compleja, se produjo una cierta
crisis de liderazgo. La figura de Jefe del Grupo de Sanidad y Jefe de Sani-
dad divisionario, encarnada en una misma persona durante cierto tiempo, no
daba abasto, y cuando un teniente coronel llegado desde España asumió la
segunda, consideró en un primer momento que debía establecer su jefatura
en Berlín, para hacerse cargo especialmente de los servicios en retaguar-
dia. Hizo falta la gira de inspección del mismísimo general Mariano Gómez
Ulla, llegado a tal fin desde España, para organizar debidamente toda la
red hospitalaria de retaguardia, poniendo el debido orden en una estructura
que en realidad estaba naciendo. Su informe es referenciado en las fuentes
inéditas de este artículo. Superada esa «crisis de crecimiento» el sistema
empezó a funcionar con gran eficacia y no dejaría de mejorar. El hospital de
15 FERNÁNDEZ LÓPEZ, Tomás, Op. Cit.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 266-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 267
Porjov desapareció, y en su lugar se establecieron los de Riga y Vilna, y la
red hospitalaria en la misma Alemania se empezó a ampliar hasta constar fi-
nalmente con las tres instalaciones ya citadas. En la numerosa literatura que
debemos a los divisionarios, diarios y memorias, al hablar de esta nueva red
hospitalaria desaparecen por completo las expresiones despectivas cuando
se trata de personal que estuvo ingresado en ellos, y el tono es marcadamen-
te positivo.
Los primeros escalones sanitarios
Con los problemas inherentes a tener que enfrentarse a unos escena-
rios no solo no previstos, sino impensables, la realidad es que la asistencia
sanitaria funcionó más que aceptablemente en estos primeros y duros me-
ses, y a eso no es ajeno la entrega del personal sanitario de las compañías y
los batallones. En cada compañía existía un soldado sanitario, apoyado por
cuatro camilleros, que integraban el pequeño botiquín de la unidad16. En el
contingente inicial de la División Azul no era raro que esas plazas fueran
ocupadas por médicos, alumnos de los últimos cursos de medicina y profe-
sionales civiles de la enfermería que se habían alistado en la División Azul
como soldados.
El voluntario Arturo Vallín Villar, que trabajaba en una clínica de Za-
mora, se alistó en la Jefatura de Milicias de su provincia y sirvió como
sanitario en la Compañía 9ª/262º. En un artículo aparecido en una publica-
ción de veteranos de la División Azul17, evocaba las terribles circunstancias
en las que se desarrollaba en muchas ocasiones la tarea de estos hombres,
poniendo el ejemplo de cuando le tocó asistir a un soldado andaluz de su
compañía, José Luis Escuin Derqui:
Estuve de sanitario, y entre los muchos casos en que tuve que intervenir,
recuerdo el de José Luis Escuin, un chaval. Nos estaba hostigando una tarde
la artillería. Me encontraba ordenando el botiquín. José Luis estaba fuera,
partiendo leña, cuando, ¡zas!, llegó el pepinazo. El techo de la isba se con-
virtió en polvo, y al oír los gritos de socorro de José Luis salí corriendo, con
alguno más que estaba conmigo. Al ver brotar la sangre de aquella manera,
no me dio tiempo más que a echar mano de la venda compresora y hacerle
16 ste pequeño elemento sanitario formaba parte de los trenes de combate de las compa-
E
ñías.
17 VALLÍN VILLAR, Arturo, «Carta abierta a Pablo Castelo», en Boletín Blau División,
N.º 311, 1985.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 267-284. ISSN: 0482-5748
268 CARLOS CABALLERO JURADO
un torniquete por el fémur para cortarle la hemorragia. Luego lo bajamos a
la trinchera junto a la chabola del teniente, y allí empecé la faena, sin más
ayuda que la de alguien que estaba cerca, hasta que se mareó, y también la
del sargento [Álvaro] Soneira [Díaz]. Empecé cortándole el pantalón poco
más debajo de la ingle y aprecié que tenía destrozada la pierna derecha por
debajo de la rodilla, cortados totalmente tibia y peroné, con pérdida de parte
de los músculos. En la pierna izquierda, no sé si el mismo casco de metralla
se la había traspasado, interesando los huesos citados, pero sin destrozos. Lo
hice lo mejor que pude, sin más ayuda que unas tijeras, bisturí, pinzas, suero
antitetánico y morfina. Todo limpio y desinfectado, le saqué las esquirlas suel-
tas, la carne que colgaba, dejando la herida lo más lisa que pude, y le inyecté
morfina ante los dolores que se avecinaban. Mientras tanto, este chaval, todo
un valiente, no dejó de hablar conmigo durante el tiempo que duró la cura, y
me decía: «¿me moriré de esta?»; «¡Ni hablar!», le decía yo. «Bueno, si me
muero, quiero que le digas a mi madre que he muerto por España» y «cuando
termines, me entierras la pierna con todos los honores». Así se hizo, aquella
pierna quedó enterrada a orillas del Vóljov (Vallín, 1985).
Por cierto, frente a las irritadas maledicencias de algunos ingresados
en Grigorovo y Porjov, que quedaron escritas en diarios y memorias, el cita-
do José Luis Escuín Derqui, en su libro de memorias (Pinceladas18) recor-
daba emocionado la calidad humana y profesional del trato recibido, citando
expresamente a un soldado, el estudiante madrileño alistado en Milicias de
Falange Miguel Pallarés Vidal, y al teniente médico Emiliano Aragón Trece-
ño, ambos destinados en el Hospital de Campaña 250º, donde se le tuvo que
amputar su otra pierna, la que no había quedado enterrada junto al Vóljov:
Miguel Pallarés, mi hermano de sangre, era soldado sanitario en el hos-
pitalillo de Grigorovo. Éramos ya amigos de Madrid, de antes de marchar a
Rusia. Allí, en el hospitalillo, me salvó la vida dos veces. La primera, dándo-
me una transfusión como para dejar exangüe a un toro bravo. Solo un hom-
brón tan grande y fuerte como él hubiera podido desprenderse de tal cantidad
de sangre sin verse seriamente afectado por ello. Yo, que había perdido abso-
lutamente toda, sobreviví gracias a la que él me dio. La segunda vez me salvó
a fuerza de cariño, de infundirme ánimo, como un verdadero hermano lo hu-
biera hecho. Sus palabras de aliento, sus chistes, las tonterías que decía para
verme sonreír, me hicieron mucho bien. Me alimentaba con su mano, como
a un niño, bocado a bocado, cuando tiritando con 40 grados de fiebre me
resistía a comer aquellos repugnantes trozos sanguinolentos de hígado crudo
18 SCUÍN DERQUI, José Luis: Pinceladas, Edición privada del autor, Puerto de Santa
E
María, 1999.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 268-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 269
de caballo. El cirujano que me operó era un joven teniente llamado Aragón.
Un día, cuando estuve mejor, me dijo: «Bueno, ya has pasado lo peor. Ahora
todo depende de ti. ¿Quieres volver a España?». «Si, mi teniente», le contesté.
«Pues lucha, por vivir. Ten voluntad de vivir. Y cómete el hígado, todo lo que
puedas. Si lo haces, y si no nos vuela a todos alguna maldita bomba, volverás
a España. Te lo prometo», me dijo.
Pero volvamos a los sanitarios de las compañías de primera línea que,
de manera repetida, se ganaron la admiración de sus camaradas. El sargento
José Meliá Vila registró, por ejemplo, un caso revelador. Tras muchos meses
desplegado a las riberas del Vóljov, en la primavera de 1942 su batallón,
el I/263º, fue enviado a cubrir un sector de la línea frente a la cabeza de
puente que habían establecido los soviéticos al Oeste del Vóljov a principios
de 1942. Había que reconocer el nuevo sector y, el 1 de mayo de 1942, su
Compañía, la 3ª/263º, realizó una exploración a vanguardia, en una zona
de densa vegetación. El sargento Meliá lo contaba así19: «Recorridos unos
doscientos metros del punto de partida, el grupo es descubierto y sorpren-
dido por un grupo enemigo, que hace uso de sus ametralladoras. Disparan a
una distancia de unos cincuenta metros». Hubo un buen número de muertos
y heridos, pero lo que a Meliá le impresionó fue la rápida reacción de sus
camaradas sanitarios: «Rápidamente los sanitarios de la compañía saltan
las alambradas, arriesgando sus vidas, para empezar a salvar a los heridos,
y al mismo tiempo tienen que ver la forma de no ser volados por las minas
que están esparcidas fuera de las alambradas». Su ejemplo arrastró al resto
del personal de la compañía, y varios soldados más siguieron a sus sanita-
rios hacia la peligrosa tierra de nadie. Por ello, los mandos de la compañía
reconocieron especialmente a «José Hernández Fernández y Enrique Ci-
ranqui Díez, practicante y camillero respectivamente, que demostraron un
gran arrojo y un magnífico espíritu», según escribía el sargento Meliá. Un
gran número de divisionarios podrían testificar del mismo modo sobre los
sanitarios y camilleros de sus compañías.
Si, en un primer momento. hubo tal cantidad de médicos y estudian-
tes de medicina en la División Azul que se pudieron cubrir con voluntarios
de ese perfil los puestos de ese tipo en las unidades de primera línea, más
adelante no fue fácil encontrar tantos hombres con una formación sanita-
ria sofisticada, pero no faltaron nunca personas adecuadas para la tarea, a
las que su capacidad intelectual les permitía aprender rápidamente. Manuel
Sánchez Lozano era perito comercial, pero ocupó una de estas plazas de
19 ELIÁ VILA, José: Bajo seis banderas con la muerte en los talones. Año 1936 a di-
M
ciembre de 1943, Edición privada del autor, Valencia, 2004.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 269-284. ISSN: 0482-5748
270 CARLOS CABALLERO JURADO
sanitario de compañía. Como un amigo suyo, que sí lo era, dijo de Sánchez
que era estudiante de Medicina (con la esperanza de que los destinaran jun-
tos), los mandos del 11.º Batallón en Marcha con el que se incorporó a la DA
ya lo seleccionaron como sanitario, siendo asignado primero a la Compañía
8ª/263.º y finalmente a la Compañía 5ª/262º. Muy pronto –mientras servía
en la primera unidad citada– evidenció que se daba buena maña, tal como el
mismo nos narró20:
Pasados unos días, tuve mi bautismo de fuego en mi profesión de practi-
cante ya que, en sus prácticas, el emplazamiento de un mortero de 81 mm fue
localizado y un impacto en el mismo causó unas seis bajas, faltándome manos
para atender a tantos heridos. Lo resolví con gran tranquilidad y a partir de
aquel día noté la gran estima que hacia mí había.
Lo peor estaba por venir. Los sanitarios de compañía seguían en todo
el destino de sus compañeros de las trincheras, algo que les diferenciaba
netamente del resto del personal sanitario. Ya encuadrado en la Compañía
5ª/262º, Manuel Sánchez tuvo que vivir la dramática experiencia de la bata-
lla de Krasny Bor, con su compañía bajo el mando del mítico capitán Teodo-
ro Palacios Cueto, combate que para su unidad se saldó con un elevadísimo
número de muertos. Estos son algunos de los recuerdos que Sánchez escri-
bió sobre aquel combate y su papel en él:
Le llamaban «El Peque», un gran chaval, la primera persona a la que
atendí ese día, pero mi asistencia fue en vano. Un proyectil le había atra-
vesado la cabeza y lo había matado. Me impresionó mucho. Le había visto
manejar aquel fusil ametrallador, lo desmontaba y lo montaba con los ojos
cerrados. Una persona callada y de mucha simpatía que se daba a todos.
Teníamos la primera víctima de aquella mañana horrenda. El cabo [Alfredo]
Carreño [Sánchez] tuvo que emplazar su fusil ametrallador y hacer fuego
hacia nuestra retaguardia por donde los mismos rusos nos estaban hostigan-
do, ya que habían rebasado la línea y trataban de envolvernos. Nos encon-
trábamos cercados. Por dos veces tuve que atenderle, ya que su visión se
vio afectada por las explosiones. Nuestra gente se encontraba en muy mala
situación y yo, además de atender a los heridos, tenía que llenar las cintas de
su munición para que el fusil ametrallador siguiera disparando.
20 anuel Sánchez Lozano fue capturado por los soviéticos en la batalla de Krasny Bor,
M
y sus memorias de la campaña rusa y del cautiverio, tituladas «Y sonrió la primavera».
Se integraron, junto a las de otros prisioneros en el volumen de GARCÍA DÍAZ, Miguel
(Editor): Españoles en el Gulag de Stalin, Vicente Sanjuán Ediciones, Alicante, 2017.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 270-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 271
Manuel Sánchez Lozano, el improvisado pero bravo «practicante»,
cayó finalmente prisionero y compartió con sus camaradas de la 5ª/262.º un
duro cautiverio, que se alargó hasta 1954.
Normalmente, dada su ubicación en el despliegue, estos sanitarios
de compañía no tenían relación con población civil rusa, pero cuando por
alguna razón sí que la tenían, ellos, como todo el personal sanitario de la
División Azul, no dudaban en asistirla. Uno de estos sanitarios de compañía
que iba a hacerse famoso en el microcosmos de la División Azul era Agustín
Payno Mendicoagüe, miembro de la Vieja Guardia de la Falange madrileña,
que se alistó «para pegar tiros» y al que –contra su voluntad– le hicieron
ocuparse de la sanidad de su compañía, ya que le faltaba un único curso
para acabar Medicina. Encuadrado en la Compañía Antitanque 1ª/250º, le
tocó asumir su durísimo trabajo entre sus camaradas durante los combates
de Nikitkino, en la Cabeza de Puente que los españoles llegaron a establecer
al Este del Vóljov. Sin embargo, su unidad fue posteriormente desplegada
en la ribera del Lago Ilmen, una zona donde nunca hubo grandes combates,
aunque si muchas escaramuzas, lo que le dejaba bastante tiempo libre, que
él empleó en atender a la población civil rusa de la zona. Su camarada Jacin-
to Santamaría era para esas fechas su auxiliar en el botiquín de la compañía
y lo recordaba así21:
La casa botiquín del «Doktor Payno» tenía consulta especial para la po-
blación rusa. Los alemanes tenían esto prohibido y mucho más la entrega de
medicinas a la población civil, prohibición que Payno se saltó siempre a la to-
rera. El «doktor Payno» se hizo famoso en una amplia comarca y acudían a su
isba docenas de rusos, viejos y viejas, niños y niñas (allí no había población
joven, naturalmente) para recibir el diagnóstico y la dosis de medicamentos.
Y, como en cualquier aldea de España, Payno recibía gallinas, huevos y leche,
que aquellos pobres familiares guardaban con cariño y llevaban escondidas
en sus harapos para entregárselos al «doktor». Quien esto cuenta era el co-
cinero del botiquín, que siempre ponía amplia mesa para españoles y rusos,
por orden del doctor.
Los batallones de infantería disponían de medios para montar unos
bien dotados puestos de socorro, que unos llamaban hospitalillos, otros de-
nominaban enfermerías, y otros bautizaban como botiquín. En todo caso es-
taban a una distancia prudente del frente y, dada su finalidad, instalados en la
mejor ubicación posible en la zona (algún edificio de ladrillo, por ejemplo,
bien caldeados, razonablemente limpios). En ellos estaban destinados los
21 ANTAMARÍA DÍEZ, Jacinto: «Anecdotario del Doctor Payno», en Boletín Blau Di-
S
visión, N.º 187, 1975.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 271-284. ISSN: 0482-5748
272 CARLOS CABALLERO JURADO
médicos asignados a los batallones, y como disponemos de los testimonios
de dos de los oficiales que ocuparon plaza de ese tipo – los de José Luis
Cáceres García de Viedma y Antonio Pérez Gila-, publicados como libros
y ya citados más arriba, no analizaré el papel de los médicos en ese escalón
sanitario. Sí que me gustaría detenerme en el personal que les auxiliaba.
Ser destinado a uno de ellos parecía un excelente enchufe, creían muchos.
Pío Zarco Martínez, un cabo riojano llegado al frente con el 13.º Batallón
en Marcha, y asignado como sanitario al puesto de socorro del Batallón
III/269.º creyó que era un hombre con suerte, hasta que empezó sus tareas,
que recordaba así22:
Me quedé «enchufado» como practicante en un botiquín de primera lí-
nea y, ¡Santo Dios!, vaya un debut. La primera noche, doce heridos, dos de
ellos me los entregaron cadáveres. Y así continuamente, durante unos cuantos
días, que al finalizar en el libro tenía apuntados 112. Unos días de tranquili-
dad y vuelta al ruedo. No descansé, pues el teléfono no me dejaba tranquilo.
Con dos camilleros y el teniente páter, allá vamos, uno aquí y otro allá, y
al regreso, vuelta atrás otra vez; llegar al bunker y ya había más noticias
de que teníamos que ir a la tercera Compañía [la 11ª/269º], o a la segunda
[10ª/269º], o a la sección de asalto, o a la primera [9ª/269º]. Un verdadero
caos, pero, en fin, como se dice que después de la tempestad viene la calma,
así pasó y en estos doce días de verdadera tranquilidad, al capitán médico,
don Justo Salvador de Vicente, al que recuerdo con cariño, se le ocurre nada
menos que mandarme a desinfectar todas las chabolas y colchonetas de los
guripas, y nada menos que con Cuprex, que olía a rayos y no había quien
parase a cien metros. Pues nada, a desinfectar. Pero ¡qué dice usted desin-
fectar! Si no interviene el oficial que me acompañaba, cualquiera le echaba
polvitos de aquellos a los guripas. Allí me sacaron una canción debido a los
polvitos dichosos que me abstengo de ponerla. Por fin, di término a la labor
encomendada que, ¡vaya labor!, era mejor luchar contra los de enfrente que
con los polvitos.
Una ayuda más sofisticada cabía esperar de los suboficiales especia-
listas sanitarios profesionales, que prestaban servicio en este escalón y en los
hospitales. Formalmente denominados «Practicantes de Medicina», estaban
integrados en el Cuerpo de Auxiliares Subalternos Especialistas (CASE) y
no eran numerosos, sino más bien todo lo contrario. A partir de 1942, la
presencia de jóvenes universitarios con la carrera de medicina acabada o
a punto de terminar que se incorporaban voluntarios a la DA disminuyó, y
22 ARCO MARTÍNEZ, Pio: «Mi llegada a Rusia», Boletín Hermandad, n.º 8 (2.ª Época),
Z
1959.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 272-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 273
para cubrir las plazas de «practicante» en los batallones solo se podía recu-
rrir a profesionales de la milicia. A finales de 1942, por ejemplo, se le pidió
al sargento sanitario navarro Gonzalo Pérez Vidaurreta –que era miembro
de la Vieja Guardia de Falange y en ese momento tenía un cómodo destino
en el Hospital Militar de Bilbao– que marchara a Rusia. «Como me piden
mi conformidad por escrito, contesto con otro oficio con mi conformidad»,
Registró meticulosamente su experiencia en su inédito Diario de Rusia23.
Al llegar al frente fue asignado como suboficial sanitario a la Plana Mayor
del Batallón III/262º. Para fines de enero de 1943 Pérez Vidaurreta ya estaba
integrado en la citada Plana Mayor y se familiarizaba con su nuevo destino.
Su testimonio nos recuerda hasta qué punto la guerra es, también ella, una
cuestión de papeleo: de mucho papeleo podríamos decir. En la entrada del
29 de enero de 1943 leemos:
Viene el capitán médico y comenzamos a preparar el papeleo del pedido
de medicamentos, de los partes que hay que dar cada 15 días al Jefe de Sani-
dad y al Estado Mayor, así como de las fichas que debemos entregar a cada
herido o enfermo que mandamos al hospital. Todo lo encuentro un poquito
complicado por ser muy distinto a lo que se hace en España
Muy poco después de esta fecha, al casi recién llegado sargento le
tocó pasar por la terrible experiencia de la batalla de Krasny Bor. Por fortuna
para él, su unidad no sufrió tanto en aquella jornada como los demás bata-
llones del sector. Aún así, al llegar la noche de aquel día 10 de febrero, dejó
anotada en su diario la explicación de por qué hubo tanta confusión sobre
las bajas de aquel aciago día:
Por la noche me reúno con el médico y coincidimos en el trabajo y en
haber mandado a todos al hospital sin ningún papel ni ficha, por no haber
tiempo para ello, por lo que no es posible saber el número de muertos, heridos
y desaparecidos, que no dudamos que tiene que ser grande.
Entre el frente del río Vóljov, donde desplegó inicialmente la Divi-
sión Azul, y el de Leningrado, donde lo hizo después y que fue donde sir-
vió Gonzalo Pérez Vidaurreta había diferencias notables. En este último la
proximidad del enemigo era realmente agobiante. Así se refleja en la entrada
del 9 de marzo de 1943 del diario del último de los citados:
Se marchan los camilleros con los heridos que teníamos y me quedo solo
en el botiquín. El hospital está a unos 6 kilómetros y la carretera está a un
23 ÉREZ VIDAURRETA, Gonzalo: Diario de Rusia, 1942-1943, Texto Inédito. Consul-
P
tado en el archivo de Pablo Sagarra.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 273-284. ISSN: 0482-5748
274 CARLOS CABALLERO JURADO
kilómetro del botiquín, por entre las trincheras, pero como el terreno es llano,
todo está muy batido, por lo que no se puede andar más que una vez ha oscu-
recido ya que de día el peligro es grandísimo.
La entrada del siguiente día, el 10 de marzo, nos revela otros aspectos
–alguno macabro– de esta existencia en primera línea:
A las 10 de la mañana vamos con el capitán médico a la primera línea y
pasamos la revista sanitaria. Después presenciamos un espectáculo macabro,
muy espeluznante. Vimos en una pequeña explanada entre las dos líneas unos
50 cadáveres de «ruskis», con el camuflaje blanco, los cuales fueron muertos
en el mes de noviembre, en un golpe de mano, los cuales fueron cubiertos por
la nieve y el hielo, por lo que no pudieron retirarlos. Regresamos a las 2, en-
contrando el bunker con mucha agua, sacamos más de cien cubos.
En otros casos, el diario de Pérez Vidaurreta ofrece información no
presente en otras fuentes, como la actividad de las unidades alemanas de
desinfección sanitaria que a él, como profesional sanitario, le llamaron po-
derosamente la atención, sobre todo por el hecho de que actuaran tan en
vanguardia. Con motivo del cambio de sector de su batallón, pudieron dis-
frutar de sus servicios, ya que el Grupo de Sanidad español no disponía de
ninguna unidad especializada en la tarea24. Así lo vemos en la entrada del
12 de abril de 1943:
A las 7 están formadas la plana mayor y dos compañías y me voy con
todos a las cámaras de desinfección. Los encargados de su funcionamiento
son alemanes y los que reconocen son médicos alemanes también. Yo soy el
encargado de las listas, pasando por el aro todo el mundo, la oficialidad igual
que todos. Las cámaras están en una vaguada y son cuatro pabellones unidos
entre sí; en el primero se desnuda la gente y entrega la ropa y las mantas, las
cuales, extendidas en un carrito con carriles, pasan automáticamente a la
cámara de desinfección, para salir por otra puerta una vez desinfectadas. El
personal pasa a otra habitación una vez desnudado, en la cual toma una bue-
na ducha caliente, después pasa a otra habitación en la que están los médicos
para reconocer a todos y mirarles con lupa todo el cuerpo, en particular las
zonas donde hay pelos. Además, con unos pulverizadores pulverizan el cuerpo
con un poderoso desinfectante, después se pasa a otra habitación en donde
ya se tiene la ropa y las mantas completamente limpias y desinfectadas. Por
24 e trataba de las llamadas Entlausungskompanien (Compañías de Despiojamiento) a
S
disposición directa de los Grupos de Ejército. El del Norte contó con cinco de ellas.
La que vio actuar Pérez Vidaurreta con total seguridad era la Entlausungskompanie 72,
acantonada por aquellas fechas en Gatchina (Krasnogardeisk por entonces).
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 274-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 275
la tarde vuelvo con otra tanda para lo mismo. Cada tanda tarda unas tres
horas. Todo el mundo queda encantado y limpio por completo de piojos y de
la suciedad de las trincheras.
Si estando en la primera línea no era posible atender a civiles rusos (no
los había allí), eso no significa que Gonzalo Pérez –como el resto del perso-
nal sanitario español– no se interesara por ellos. El 7 de mayo de 1943, en el
curso de una visita a un colega de la retaguardia que vivía en una casa rusa,
Pérez Vidaurreta se enteró que –pese a los cuidados de su compañero– una
joven de la familia seguía sufriendo las consecuencias de una herida recibida
por el bombardeo soviético del 10 de febrero en Krasny Bor, el día del gran
ataque contra la División Azul. Los sanitarios alemanes que la atendieron
tras la batalla, le habían hecho una cura superficial y mandado a su casa a
continuación. Él estaba convencido de la necesidad de extraer del cuerpo de
la joven la metralla que –estaba seguro– seguía allí; y actuó en consecuencia.
En la entrada del 8 de mayo del diario de Gonzalo Pérez leemos:
Comemos y a las 3 marcho a casa de la «pañenca»25 y delante de la
familia la opero con anestesia local, y después de mucho trabajar y hacerle
una buena incisión de 6 cm paralela a las costillas y de 5 cm de profundidad,
le saco el trozo de metralla que tenía alojado debajo de la octava costilla del
lado derecho. Al ver el trozo de metralla fuera quedamos todos sorprendidos
por sus dimensiones y peso (138 gramos). La familia no podía creer esto, ya
que los alemanes le habían dado el alta por decir que estaba completamente
curada. Después, no sabían cómo agradecérmelo.
El prestar tanto apoyo sanitario a la población civil como fuera posi-
ble era la norma de los españoles, y en este diario vemos como las campa-
ñas de vacunación se extendían también a los rusos. El día 5 de julio Pérez
Vidaurreta escribía: «En este día empiezo otra vacunación, la anticolérica,
comenzando por los militares y luego con los civiles». Y el 6 añadía: «Vacu-
no a la población civil, sin novedad»26.
Para ir concluyendo
Si me lanzara al análisis de los demás escalones sanitarios, las Com-
pañías de Sanidad, el Hospital de Campaña, los Hospitales de Evacuación
25 n el argot divisionario, esta palabra de origen polaco se usaba para denominar a las
E
chicas jóvenes.
26 Esta y todas las citas precedentes, en PÉREZ VIDAURRETA, Gonzalo: Diario de Ru-
sia, Op. Cit.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 275-284. ISSN: 0482-5748
276 CARLOS CABALLERO JURADO
y los Hospitales de Convalecientes, me temo que no podría hacer nada me-
jor que parafrasear estudios como los del doctor Juan Manuel Poyato, del
también doctor Ángel Carralero y el de Miguel García Díaz o el contenido
de los libros citados en la Bibliografía y los artículos referenciados en la
Hemerografía, un empeño redundante.
Más interesante que entretenerse con mis divagaciones, es leer en di-
recto los textos de los médicos José Luis Álvarez-Sala, José Luis Cáceres,
Servando Casas, José Cogollos, Enrique Errando, Vicente Jabonero, Juan
Jiménez, Juan Laá, Fernando Lorente, Pedro Melendo, Armando Muñoz,
Juan Pablo d’Ors, Antonio Pérez, Camilo Pintos, Alfonso Ribera y Luis To-
rres, todos ellos ya publicados. Sin olvidar tampoco a esos «protagonistas
ausentes» que son los soldados y suboficiales sanitarios, como los testimo-
nios de Blas Martín y José González recién publicados.
Querría ir concluyendo con pequeñas apostillas.
La primera lección que aprendió la Sanidad Militar española en Ru-
sia, fue que el principio en que se basaba la logística sanitar alemana era
muy correcto: adelantar cuanto fuera posible la atención a los heridos en
el campo de batalla, situando casi en sus inmediaciones los Hauptverband-
platz que montaban las Compañías de Sanidad y el Hospital de Campaña y,
después, llevar a las bajas cuanto más a retaguardia mejor, y no dejar salir a
estas de los hospitales de evacuación y de convalecientes hasta verificar una
absoluta recuperación. Muchos médicos comprendieron que en España los
hospitales de campaña desplegaban demasiado retrasados, y que además se
incurría en el error de enviar a las bajas, apenas levemente recuperadas, de
vuelta a primera línea.
Otra importante enseñanza fue la de ampliar la asistencia sanitaria
a aspectos que apenas contemplaba nuestra Sanidad Militar, como la of-
talmología y la odontología. Alfonso Ribera Sanchís señaló en el artículo
que aparece en la Hemerografía nuestros déficits muy claramente. En el
Ejército alemán cada división contaba con tres odontólogos distribuidos en
las distintas subunidades del Grupo de Sanidad. Como él mismo señalaba,
en la División Azul inicialmente solo se pudo contar con dos, y ambos eran
voluntarios falangistas procedentes de la recluta de civiles. Uno era el mis-
mo. El otro era José María Barrios García-Liébana. En el artículo citado,
Ribera alababa tanto la disponibilidad de medios al alcance de los dentistas
militares germanos (que describió con sumo detalle en su artículo), como el
hecho de que los protocolos de actuación odontológicos de la Wehrmacht
descartaran siempre que era posible la extracción, enfatizando en la necesi-
dad de conservar las piezas dentales, algo muy distinto a lo que ocurría en
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 276-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 277
España con tremenda frecuencia, donde solo se iba al dentista cuando había
que «arrancar». Para Ribera, y por comparación con la Wehrmacht,
Son pavorosas las condiciones bucales de nuestros soldados. Difícil es
emplear en ellos la orientación conservadora, unas veces por el estado de las
piezas, otras –es bien triste– por la aversión a los manejos del odontólogo,
demostrando aún el atavismo de prevención hacia el sacamuelas. Creen que
todo sigue igual que hace seis u ocho lustros; nada hemos aprendido desde
entonces; de nada –aparte la extracción– les podemos servir.
Dejando de lado las consideraciones puramente profesionales del artí-
culo de Ribera, en su muy sesudo y científico texto encontramos otros datos
reveladores, al analizar las gráficas que lo acompañan, ya que estas incluyen
los datos relativos a la asistencia odontológica a los rusos, no distinguiendo
en ellos entre los prisioneros de guerra y los civiles. Sorprendentemente, en
algún mes hay tantas intervenciones de nuestros odontólogos entre el perso-
nal militar de la División Azul como las realizadas en favor de rusos, civiles
o prisioneros de guerra.
La asistencia médica en primera línea incluía servicios de oculista,
que evocó en un artículo el capitán Camilo Pintos, citado en la Hemero-
grafía, quien tuvo ocasión de colaborar con el albaceteño José Belmonte
González, que también se había alistado en la División Azul como soldado,
sirviendo en la Batería 3ª/250º. Pero, una vez en el frente, a José Belmonte
se le retiró de la primera línea y se le puso a servir como el oftalmólogo que
era. Tras su regreso, Belmonte se estableció en Alicante donde convirtió en
un reputado oculista de prestigio nacional. El ya citado Muñoz Calero, entre
las fuentes usadas para su libro sobre congelaciones, cita un informe oficial
sobre su servicio en la División Azul del doctor Belmonte, que por desgracia
no se ha podido localizar y que, como ocurre con tantos de estos documen-
tos, es posible que se haya perdido irremediablemente.
Como hacían siempre los médicos españoles, la población civil rusa
se beneficiaba también de estos servicios. El capitán Pintos, que fue uno de
los impulsores de la Hermandad de la División Azul en Coruña, narró estos
hechos en el boletín que editaba esa institución:
Por lo que respecta a nuestra misión de oculista, ayudado por un buen
amigo y colega de la especialidad, actualmente ejerciendo en Alicante [José
Belmonte González], organizamos un servicio oftalmológico de vanguardia,
en el que asistimos numerosos casos desagradables, tanto de un bando como
de otro, pues la misión del médico es atender a todos, sin mirar a quien. Re-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 277-284. ISSN: 0482-5748
278 CARLOS CABALLERO JURADO
cuerdo a una anciana rusa con un glaucoma, que una vez operada me regaló
un icono precioso, santiguándose y haciéndome santiguar ante el mismo.
En nuestras filas, los casos fueron más desgraciados, ya que desdichada-
mente han existido muchos casos de pérdida completa de la visión, a más de
otras mutilaciones. Al lado de estos casos desdichadamente malos, existieron
otros muchos coronados por el éxito, tales como la curación de cegueras
momentáneas, y a veces duraderas, ocasionadas unas por la nieve, otras por
la avitaminosis, que respondían francamente bien al tratamiento. Y aún otros
casos de etiología psicógena, que fueron curados totalmente y de manera
espectacular por sugestión, después de simular una intervención quirúrgica.
De la misma manera que ninguna división española había contado
antes con un Grupo de Sanidad tan potente en medios y personal como el
de la División Azul, se puede asegurar que nunca antes una división espa-
ñola había dispuesto de su propio Grupo de Hospitales, que llegó a sumar
2000 camas. Entre los oficiales que ocuparon su mando estaba el teniente
coronel médico Pellicer, que a su regreso a España entregó un extenso y
meticuloso informe, Memoria sobre organización de los Hospitales de la
División Española de Voluntarios de Rusia ya citado antes y que aparece
en el apartado de Fuentes Inéditas, sobre la actividad de estas instituciones
sanitarias, acompañado de un análisis del funcionamiento de los servicios
sanitarios alemanes. Informe modélico, riquísimo en datos, analiza los más
variados aspectos (desde la alimentación a las prácticas de fisioterapia, muy
desarrolladas en los hospitales de Alemania y que sugirió extender en Es-
paña, pasando por abundantes estadísticas e incluyendo, claro, descripcio-
nes detalladas de cada hospital y sus medios). Es imposible escribir sobre
la actividad sanitaria de la División Azul sin estudiarlo a fondo. Hay que
desear que algún día se publique (así como que aparezcan otras memorias
análogas). En el citado también sale a relucir su orgullo español al valorar
las cualidades de nuestros soldados:
Como colofón de este estudio sobre el consumo de vitaminas, señalaré
que en Alemania se dice que España es la reserva de vitaminas de Europa.
En efecto, en nuestra tierra hay frutas en extremadas cantidades, algunas de
ellas como las naranjas de fácil exportación y conservación. También abun-
dan los tomates, limones, etc. Siendo España la reserva de vitaminas, según
se dice en Alemania, como queda señalado, no se ha dicho todavía sin em-
bargo que España posee también la gran reserva espiritual de Europa. Nues-
tra espiritualidad es tan importante como las vitaminas. Podrá una potencia
estar organizada, podrá tener lo necesario para ser fuerte, pero como un
cuerpo robusto, bien alimentado, necesita la vitamina, así también el Estado
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 278-284. ISSN: 0482-5748
LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA EN LA CAMPAÑA DE RUSIA 279
no puede prescindir de un poco de espiritualidad. En nuestras vitaminas es-
pirituales tienen puesta también su fe estos valientes de la División Azul, bajo
el mando de sus prestigiosos generales, Muñoz Grandes y Esteban Infantes,
todo dinamismo y espiritualidad, que han sabido inculcar a nuestros heroicos
compatriotas dosis en alto grado de esta vitamina, conduciendo a la victoria
constante a estas fuerzas españolas que luchan en Rusia, que son admiradas
por el ejército más potente del mundo.
Uno de los mejores oficiales médicos que pasaron por las filas de
la División Azul, y que ha sido evocado aquí, fue el capitán José Manuel
de Cárdenas Rodríguez. Como afamado cirujano que era, su presencia en
el Grupo de Sanidad 250º despertó celos profesionales en alguno de sus
superiores. Por otra parte, como casi todos los oficiales médicos de cierto
rango, prestó servicio tanto en el frente como en los hospitales de retaguar-
dia. Era un hombre no solo de una amplia cultura, sino también de una fina
sensibilidad. El diario que llevó durante la campaña (no cubre todo su perio-
do de servicio) es una pequeña joya de la memorialística divisionaria, que
merecería una edición completa. Aunque no tenía empacho en reconocer en
su diario las situaciones de auténtico miedo que sufrió al verse expuesto al
fuego enemigo, cuando le tocó abandonar el hospital de campaña para pasar
con su equipo quirúrgico a uno de los de retaguardia, escribió27:
Yo vuelvo a retaguardia. Me da pena. Me cuesta dominar mi emoción.
Ahora van a comenzar las operaciones. He cogido un gran cariño a mi Divi-
sión y en ella he pasado ratos amargos y muchos momentos felices. Yo creo
que lo solamente amargo o lo solamente alegre no deja residuo alguno de
nuestro corazón. En mis cuatro meses y medio de Grigorovo hubo de todo.
Amargos, como los que me proporcionó, llenándome de vergüenza, la con-
ducta indigna de [comandante Servando] Casas [Fernández], su lenguaje,
sus actitudes, sus intenciones. Tristezas, las mayores de mi vida, cuando se
me morían mis heridos y cuando los veía sufrir y mis conocimientos no bas-
taban a atajar su dolor. No pueden olvidarse las noches en claro en la sala
de operaciones. El volver agotado de trabajar, tras las horas sobre la mesa
de operaciones y el oír, al ir a meterme en la cama, la llegada de la nueva
ambulancia, con más heridos.
Cuántas veces el insomnio vencía a mi cansancio, espoleado por la pre-
ocupación por la evolución de mis operados; la angustia de los incurables,
la inquietud ante los heridos de vientre, la impaciencia por el hemorrágico,
la sensación de impotencia y de ignorancia ante el que había que operar ma-
27 Referenciado en las fuentes inéditas, al final de este texto.
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280 CARLOS CABALLERO JURADO
ñana… y si esto fuese poco, las noches en la trinchera, con el barro hasta las
rodillas y la murga molesta de los mosquitos, mientras la aviación nos daba
pasada tras pasada, la artillería retumbando al amanecer…
Y al lado de esto, lo bueno, el campo hermoso, los buenos amigos, el
agradecimiento de mis operados, las operaciones que salían bien… No sé…
quiero recordar, me parece que el día más feliz fue aquel en que suturé una
artería que había sido interrumpida por un tiro. Los dos cabos, sangrantes,
distaban uno del otro cerca de dos centímetros; la empresa era difícil, pero
me decidí, y logré hacer el nuevo empalme y suturar la arteria interrumpida;
luego la emoción de soltar el tubo compresor y ver reanudarse, de nuevo, el
pulso de la muñeca.
Mil cosas más, mil impresiones distintas se me agolpan ahora en el re-
cuerdo. Todo no se puede escribir, pero, desde luego, creo que toda mi vida
quedarán estos meses de Grigorovo como algo verdaderamente inolvidable.
La campaña en Rusia fue durísima. También para los sanitarios espa-
ñoles. Pero para la mayoría de ellos, como para De Cárdenas, fue una expe-
riencia que no quisieron olvidar. Creo que los actuales sanitarios militares
españoles deben seguir estudiando esta campaña, por remota que parezca.
La aparición de los artículos de A. Lisbona, por una parte, y del firmado
por el equipo compuesto por J. M. Tamburri, J. M. García, R. Navarro y R.
García –referenciados en la Hemerografía– sugiere que nuestros sanitarios
militares siguen interesados en el tema, y yo confío en que así sea.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 280-284. ISSN: 0482-5748
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284 CARLOS CABALLERO JURADO
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Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 285-320
ISSN: 0482-5748
RHM.08
[Link]
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE
DE LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA:
MISIÓN SANITARIA EN VIETNAM 1966-1971
Manuel José GUIOTE LINARES1
RESUMEN
Casi nunca el relato se parece mucho a la realidad, sobre todo a la
realidad percibida que siempre esta trufada de, copia de errores anteriores
antes reflejados y de nuevo recogidos de forma interesada o no, del descono-
cimiento, a veces, de la falta de rigor en otras o el interés en dar una versión
de los hechos acorde a intereses varios.
En este trabajo, no exento de subjetividad, producto de las apreciacio-
nes de la mente de un adolescente, con la idea idílica de su tío, su héroe, que
con el paso del tiempo creo que lo fue, intento ser lo más objetivo posible,
tirando de mis recuerdos, pero sobre todo basándome en documentos que
obran en el fondo familiar y que, a través de ellos, se puede seguir el tras-
curso de la Operación Militar Española en Vietnam, que no fue la primera.
Las anécdotas que narro son oídas de primera mano y los comentarios lógi-
camente basados en deducciones más o menos coherentes.
1 General.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 285-320. ISSN: 0482-5748
286 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
El hilo conductor será la participación del Coronel médico D. José
Linares Fernández en esta Misión, en aquel tiempo Capitán y, enseguida,
Comandante. Estuvo en el inicio, en el repliegue, y, salvo cortos periodos
de tiempo en Territorio nacional, permaneció en ella durante todo el tiempo
que la Misión estuvo activa. Siendo el jefe de la misma desde su ascenso a
Comandante. Fue merecedor de distintas condecoraciones por su actuación,
algunas tan importantes como: dos Cruces al Mérito Militar con distintivo
Rojo, La Estrella de Bronce y la Army Commendation Medal, Medalla de
Honor de 1.ª Clase de la República de Vietnam del Sur, máxima condecora-
ción de aquel país.
Voy a aportar pruebas documentales que se contraponen a la versión
reflejada en muchos medios y a la contada por algunos protagonistas con no
sé qué interés.
PALABRAS CLAVE: Ayuda mundo libre. Misión sanitaria española.
Sanidad militar. Ejército americano. Vietnam.
ABSTRACT
The story almost never resembles reality very much, especially the
perceived reality that is always filled with copies of previous errors previ-
ously reflected and again collected whether interested or not, due to the lack
of knowledge, sometimes, or to the lack of rigor in others or to the interest
in providing a version of the facts according to various interests.
In this work, not exempt from subjectivity, the product of the appre-
ciations of the mind of an adolescent, with the idyllic idea of his uncle, his
hero, who with the passage of time I think he was, I try to be as objective as
possible, drawing on my memories, but above all based on documents that
exist in the family archives and through which the course of the Spanish
Military Operation in Vietnam, which was not the first one, can be followed.
The anecdotes I narrate are heard first-hand and the comments are
logically based on more or less coherent deductions.
The common thread will be the participation of the medical Colonel
Mr. José Linares Fernández in this Mission, at that time Captain and, soon,
Major. He was present at the beginning, in the withdrawal, and, except for
short periods of time in national territory, he remained there throughout the
entire time that the Mission was active. He was head of the Mission since
his promotion to Major. He was awarded various decorations for his actions,
some as important as: two Crosses of Military Merit with a Red badge, the
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 286-320. ISSN: 0482-5748
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 287
Bronze Star and the Army Commendation Medal, 1st Class Medal of Honor
of the Republic of South Vietnam, highest decoration of that country.
I am going to provide documentary evidence that contradicts the ver-
sion reflected in many media and the one told by some protagonists, follow-
ing I don´t know which interest.
KEY WORDS: Help to the free world. Spanish Medical mission. Mil-
itary Medical Service. U.S. Army. Vietnam.
*****
ANTECEDENTES
N
o es la primera expedición española a tierras de Vietnam.
Tras la muerte del Obispo Díaz Sanjurjo, asesinado en las entonces
tierras llamadas Cochinchina se organiza una expedición punitiva
franco-española.
El comandante Carlos Palanca Gutiérrez recibe la orden, el 25 de di-
ciembre de 1857, mismo año de la muerte del Obispo, del Capitán General,
de preparar una fuerza de 1000 efectivos, de los cuales de sanidad serán 100
hombres, contando ambulancias (1) de apoyo a las operaciones y un hospital
de 200 camas. En agosto de 1858, el Almirante Rigault llega a Manila em-
barcando la fuerza española que tomará Saigón, al asalto, el 17 de febrero
de 1859, en cuyo cementerio aún se pueden ver las tumbas de los soldados
españoles caídos en la acción.
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288 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Entre los sanitarios se distinguen: Augusto Lacayo que se hace acree-
dor de la Legión de Honor y Rufino Pascual Torrejón que recibe la Laureada
y la Legión de Honor.
Francisco de Arce, en 1864, comenta sobre esta Operación:
Preciso es confesar que los franceses nos han cogido completamente de
“primos” en esta ocasión, explotando nuestros sentimientos religiosos para
fundar con nuestros propios recursos un magnífico establecimiento que no
podían llegar a ver realizado por si solos …
…no supuso gloria de ningún tipo para los soldados que participaron en
ella. En su lugar, cayeron en el olvido y fueron abandonados por el Gobierno
Sobran comentarios, España como tantas veces se comporta como una ma-
drastra.
Los franceses permanecerían en la zona hasta 1954 que fueron derro-
tados en Dien Bien Phu.
Indochina, en el periodo galo, era una federación de Protectorados,
parte de Imperio Francés, y deja de serlo tras la primera guerra de Indochina
1947-1954. La segunda guerra de Indochina trascurre entre los años 1955-
1975 los norteamericanos intervienen en esta guerra, en principio como ase-
sores y luego abiertamente mediante una denominada, Ayuda Militar del
Mundo Libre entre 1961 y 1973 cuando se empieza la retirada y se pone fin
a la guerra con los Acuerdos de París.
SEGUNDA PARTICIPACIÓN ESPAÑOLA EN VIETNAM.
CUANDO ÉRAMOS SOLDADOS
Según la versión más extendida, en 1966, el presidente americano
Lindon B. Johnson, en una carta dirigida al General Franco, Jefe del Estado
Español, le solicita la participación de España en el conflicto vietnamita
mediante el envió de una Fuerza militar, a lo que Franco contesta, con una
negativa velada, basada en la imposibilidad o dificultad de ganar la guerra
por el sistema de guerra de guerrillas empleada por los norvietnamitas por lo
que decide mandar una Misión Sanitaria de carácter humanitario.
Para mi este relato es difícil de creer. No veo al presidente norteame-
ricano pidiéndole ayuda a Franco, menos en esa época, en la que Franco y
España no estaban demasiado bien vistos por el “bloque occidental” lo que
se suma a las no muy buenas condiciones de nuestro ejército en esa época.
Yo más bien creo que España tiene en esos momentos la necesidad
de abrirse al mundo y hacer ver que puede ser un aliado fiable del “Imperio
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 289
americano”; sería nuestra Diplomacia la que rogaría a los americanos para
que, de alguna manera, nos tuvieran en cuenta. Esto generaría la carta, si es
que existe, y Franco consciente de su limitación, en cuanto a fuerza militar y
estado del Ejercito, decide decir sí, nunca hubiera dicho no al “Emperador”
y menos en contra de los intereses de España y manda lo más “aseadito” que
tiene. Aunque pobre, está bien formada y cuenta con personal con experien-
cia, tanto en el Campo como en los Quirófanos, envía una Misión militar
sanitaria, una gota de agua, integrada en la Operación Ayuda Militar del
Mundo Libre.
Una vez más Sanidad Militar es empleada como agente de nuestra po-
lítica exterior, como representante de nuestras [Link] y hay que considerar
esta proyección de personal militar la primera que España realiza, encuadra-
da en un contingente extranjero, actuando fuera de nuestras fronteras desde
la IIGM.
ALISTAMIENTO DEL CONTINGENTE. 1.ª ROTACIÓN
En 1966 se cursa la orden a las distintas Capitanías Generales de
aportar personal de sanidad para una Misión en Vietnam, deben tener expe-
riencia y ser voluntarios.
En ese momento, el Capitán Linares, recién llegado a Granada del
Sáhara, después de casi dos años en el territorio, tiene: cinco años, nueve
meses y nueve días de tiempo de servicio prestado en África.
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290 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Desfilando con su Compañía en Ceuta
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 291
Es requerido por el Capitán General, no quiero pensar qué pasaría por
su cabeza, y este le informa de la Misión que se está preparando y le comu-
nica que ha pensado en él como voluntario, por su experiencia y por estar
soltero. Lógicamente, era voluntario.
De una forma o de otra y diferente en cada caso, se conforma el perso-
nal de la 1.ª Rotación, trece componentes: un Comandante Médico jefe de la
Misión, tres Capitanes Médicos, un capitán de Intendencia, para funciones
propias y su buen nivel de inglés, aptitud poco frecuente en la época y siete
practicantes de distintos empleos. Ver cuadro
Cte. médico D. Argimiro García Granados
Cap. médico D. José Linares Fernández
Cap. médico D. Luciano Rodríguez Cruz
Cap. médico D. Francisco Faundez Rodríguez
Cap. Inten. D. Manuel Vázquez Labourdette
Tte. Pract. D. Manuel García Matías
Stte Pract. D. José Bravo López Baños
Stte. Pract. D. Francisco Pérez Pérez
Stte. Pract. D. Ramón Gutiérrez de Teherán
Brigada Pract. D. Juan Pérez Gómez
Brigada Pract. D. Juan Autón Barrachina
Brigada Pract. D. Joaquín Baz Sánchez
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292 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Órdenes de activación
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 293
En contra de lo que manifiesta la prensa actual y alguno de los prota-
gonistas, como se ve en la imagen, la Misión no es secreta, es lógicamente,
confidencial, como todas, para no comprometer su desarrollo y asegurar la
seguridad de la Fuerza.
Tras recibir las órdenes oportunas y ser informados de las condiciones
y características de la Misión; el día 6 de septiembre de 1966, a las 16:00
horas, parten desde Barajas en vuelo civil, con pasaporte de Exteriores, vía
Roma hacia Saigón, pasando por Beirut. No podía ser vuelo militar, y, ló-
gicamente, visten de paisano. España no tenía posibilidades de enviarlos de
otro modo.
Llegan a Saigón el día ocho del mismo mes.
Condiciones. llegada y ambiente
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 293-320. ISSN: 0482-5748
294 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
He leído en algunos artículos que se hace referencia al desconoci-
miento del personal sobre la Misión y condiciones de la misma. Nada más
lejos de la realidad. Estaban informados de uniformidad, duración, deven-
gos, etc. como vemos en el documento adjunto, no se entiende el motivo de
desvirtuar la realidad, cuando no se escondía nada. Como parece lógico, al
régimen le interesaba que se conociera que España era considerada como un
aliado fiable por [Link]. además, desde el principio apareció en la prensa,
como veremos a lo largo de este trabajo.
Antes de salir, reciben instrucciones escritas, se marca la uniformi-
dad que será uniforme español de paseo en verano y que en su destino se
facilitará la de otro tipo que precisen, se describen las ventajas de servicio:
“el tiempo de servicio se computará, a todos los efectos, como servicios
realizados en primera línea”, las ventajas económicas: “percibo de la asig-
nación de residencia en el extranjero, en la siguiente cuantía: Jefes 1600
Ptas. diarias. Oficiales 1400 Ptas. diarias Suboficiales 900 Ptas. diarias.”
La duración de la Misión seria de un año con un mes de permiso. Las
siguientes rotaciones, de seis meses, con quince días de permiso, en zona,
igual que las fuerzas americanas.
Tipo de pasaporte, duración de la misión, carácter de confidencial, etc.
Como he referido llegan a Saigón el día ocho de septiembre a media
mañana local.
Los recibe un calor y una humedad sofocantes y un Oficial americano
de apellido Hernández que habla español a la perfección y está extrañado de
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 295
ver allí españoles y estos por ser llevados en una furgoneta con rejilla en las
ventanas, en España no se veía ese artilugio en los vehículos y preguntan el
motivo a lo cual el oficial responde que es para que no entren las granadas
de mano por las ventanillas. Él también pregunta sobre quienes son, cuantos
son y qué tiempo van a permanecer en el país y ante la respuesta de que eran
españoles, trece y que permanecerían un año su comentario fue; volverán
seis. Gracias a Dios no era un buen futurólogo.
Son recibidos en el Palacio Presidencial, imágenes que emite TVE, y
son ampliamente vistas en España, no había otro canal de televisión, y entre
los televidentes estaba un amigo de mi abuelo que le comentó que había
visto a su hijo en Vietnam a lo que mi abuelo respondió que era imposible,
que su hijo estaba haciendo un Curso en Madrid. No sé cuándo, realmente,
se enteraron mis abuelos, téngase en cuenta que el modo de relación eran las
cartas y mi tío las mandaba a una dirección en Madrid y, de allí, quitando
un primer sobre, enviaban un segundo por correo franqueado en España. Yo
creo lo supieron pronto y disimularon bien.
Carné de conducir
Al poco de la llegada ocurre el primer problema a cuenta de la Uni-
formidad. En las normas de uniformidad se decía que vestirían uniforme
de paseo español de verano, y el resto les sería suministrado al llegar. El
uniforme de campaña que les dieron, como parece lógico, era el del ejérci-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 295-320. ISSN: 0482-5748
296 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
to de [Link]. lo que no pareció bien a los nuestro
que querían vestir el español, al final se llegó
al consenso que vestirían uniforme america-
no con distintivos y divisas españolas y con
la enseña nacional en el parche de Unidad.
Algo parecido a lo que se había hecho en
la División Azul.
Se ha comentado, y parece cierto,
que lo primero que aprendieron a decir en
la lengua local fue “no somos americanos”.
En ese tiempo y en ese lugar el enemigo, a
todo el que veían con la “nariz larga” lo aso-
ciaba a americano y primero le disparaban y
luego preguntaban de donde era.
Pasados los primeros trámites y actos
protocolarios, se les explican las medidas
de coordinación, reciben información de la Parche de la misión
situación y el equipo militar correspondiente: Uniformidad de Campaña.
Chaleco antibalas. Fusil M-16. Pistola. A partir de entonces y hasta en qui-
rófano, permanecerán armados. Terminada esta fase, son trasladados a la
ciudad de Go-Cong, capital de la provincia del mismo nombre, a unos 50
kilómetros al sur de Saigón.
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 297
Se encuentran en el delta del Mekong y entre otras tienen la misión de
atender un pequeño hospital en el que se desarrollará, como veremos, gran
actividad asistencial, tanto hacia la población civil, combatientes survietna-
mitas, como prisioneros de guerra. Los americanos en principio no, fieles a
los preceptos de su Doctrina “todo herido americano, en Operaciones, será
atendido por la sanidad militar americana” aunque también posiblemente lo
hicieran por desconfianza, pues con el paso del tiempo y el conocimiento
también recibieron atención médica del personal español.
Vivían en una casa cercana al hospital, con pocas comodidades, José
María Ansón refleja, en sus reportajes para ABC, lo siguiente: “No nos que-
jamos de esta casa sin aire acondicionado, ni del calor, ni del peligro, pues
el pueblo está cercado por el Vietcong y las carreteras cortadas,”
En los primeros días tras su llegada y, para hacernos una idea de
la situación, se encontraba el Capitán Linares hablando con un sanitario
vietnamita y volvían los americanos de una operación de castigo contra el
Vietcong, a los que habían causado catorce o quince muertos, que deposi-
taron en la plaza del mercado, para que sirvieran de escarmiento. Al con-
templarlos, se dio cuenta que uno de ellos seguía con vida, al referírselo al
sanitario este se limitó a contestar “mañana estará muerto”.
Hospital
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298 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Casa
Las condiciones de trabajo, con los americanos, no dejaban de ser
chocantes para los nuestros, al igual que eran chocantes ambas sociedades
fundamentalmente por la mentalidad y los condicionamientos derivados de
la pobreza a que se veía obligado a hacer frente nuestro ejército.
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 299
Mi tío era cirujano plástico, entonces todos los cirujanos de cualquier
especialidad tenían formación en cirugía general lo que le permitió asumir la
función de cirujano y que se le permitiera repetir Misión, Una de las herra-
mientas de su especialidad es el dermatomo usado para sacar láminas delga-
das de piel. Este instrumento tiene una cuchilla que debe estar muy afilada y,
necesitando repuesto, solicitó una nueva, esperaba una pero lo que recibió,
con gran sorpresa, fue un dermatomo eléctrico nuevo. Otro ejemplo, de la di-
ferencia de mentalidad derivada de las grandes diferencias económicas y, por
tanto, de medios materiales en nuestro ejército que en aquel momento estaba
escaso de todo. Tanto es así, que incluso disponer de un coche para hacer un
servicio era complicado. Un día, necesitando un medio de trasporte para ha-
cer un traslado, solicitaron un vehículo terrestre. Recibió la petición un cabo
que, tras interrogarlos por el motivo de la necesidad, ante la respuesta dada
por los nuestros, sin precisar autorización, les facilitó un helicóptero.
Helicópteros
Vida de relación
Como no podía ser de otra forma, nuestro contingente mantenía rela-
ciones a distintos niveles y con diversos estamentos:
− Con las fuerzas americanas de las cuales tenían dependencia
orgánica y de ellos dependían para todos los asuntos de servi-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 299-320. ISSN: 0482-5748
300 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
cio y de logística. Con este personal militar americano y aliado
se relacionaban por motivos de trabajo, sociales y personales y
fueron, generalmente, cordiales. Había actividades de tipo insti-
tucional y lúdicas.
− Con la población civil siempre buenas, debido al carácter abier-
to de los españoles, y es un denominador común de todas las
Misiones realizadas por españoles en el exterior, la capacidad de
acercamiento a la población autóctona, lo que les facilita la vida
y evita problemas. José María Gironella, en su libro En Asia se
muere bajo las estrellas refleja una situación que da idea de la
entrega y carácter español. Es la aplicación de una técnica, la
“transfusión directa”, que se ha usado a lo largo de la historia de
la cirugía. Consiste en el trasvase de sangre directo del cirujano
al paciente durante el trascurso de la intervención, lógicamente.
siempre que el grupo sanguíneo sea compatible. Se abandonó,
como cualquiera puede imaginar, por peligrosa. Pero en una si-
tuación extrema, el cirujano español que estaba operando una
niña al no disponer de sangre optó por la “transfusión directa”
consiguiendo terminar con éxito, sin sufrir daño y salvando la
vida de la niña. Esta acción les valió ganarse el cariño y respeto
de sus “temporales vecinos”.
− Con la escasa colonia española residente en la capital, lógica-
mente, las relaciones eran esperadas y deseadas. Ocurrió que
fueron invitados a la celebración del 18 de Julio, entonces Fiesta
Nacional, acudieron en comisión un oficial y un suboficial. Lle-
gada una hora prudente de retirarse para llegar de día a su base,
a la decisión prudente de irse se sobrepuso la irreflexiva de “es
que no hay…” y tomaron la peor decisión, quedarse, saliendo de
noche y siendo cogidos por el Vietcong que los retuvo toda la
noche. La desgracia la evitó el haber aprendido a decir en vietna-
mita “no somos americanos” y que les dieran tiempo a decirlo.
− Con los prisioneros heridos del enemigo, eran respetuosas y
acordes a las Leyes y Usos de la Guerra y a la tarea humanitaria
que desarrollaban y ellos no entendían. Refiere Gironella en su
libro, ya citado, que tenían un herido del Vietcong al que esta-
ban tratando de una herida de guerra que al principio era reacio
a tratar con los españoles y respondía de manera agresiva y era
porque tenía un miedo cerval, pues estaba convencido, de que en
cualquier momento con una inyección lo iban a matar.
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 301
Mención aparte y la más importante eran las relaciones interpersona-
les, que con los problemas de convivencia normales y que se dan hasta en
“las mejores familias” fueron buenas o muy buenas, estableciéndose lazos
que duraron de por vida. Solo me consta un problema grave que terminó
con la repatriación de un subteniente y un capitán y de la cual se derivó un
Consejo de Guerra en España que se sustanció sin repercusiones penales.
Un exceso de confianza entre los dos militares, permitiéndose el tuteo en
público, hizo que el subordinado afeara al capitán que llegara un poco tar-
de a una recepción americana y este, entonces jefe accidental, por estar el
comandante Linares de permiso, lo corrigió procediendo a arrestarle, reclu-
yéndolo en la habitación de un hotel.
Actividades
La razón de ser era, la actividad asistencial que se mantuvo muy alta
durante toda la misión y comprendía la atención a todo tipo de problemas mé-
dicos. Unos derivados de la actividad bélica, quemaduras, heridas penetrantes,
heridas por metralla, amputaciones traumáticas, etc., y ¡como no! procesos
médicos y quirúrgicos comunes. Una de estas contingencias comunes y muy
frecuente, que al principio despistó a los nuestros, eran unos cuadros de íleo
paralítico, parálisis intestinal, en niños y que era difícil de tratar; entre otras
cosas por no saber la causa, el motivo, al fin descubierto, era que las diarreas
infantiles las trataban, los locales, con lo que llamaban “medicina china” que
era un preparado a bases de opio y que produce esos cuadros clínicos.
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302 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Como ejemplo, la actividad asistencial, en abril de 1967, se contem-
pló la realización de 685 intervenciones quirúrgicas de la cuales 301 fueron
de guerra y de ellas, de extremas urgencia el 4 % y el 9 % de primera ur-
gencia, segunda urgencia el 28 % y el resto leves. Se atendieron 939 casos
médicos y 173 de maternidad, El número de hospitalizados fue de 1624,
vistos en consultas externas, 7021, en salidas fuera del hospital, 3201 rea-
lizándose 2756 vacunaciones, parece que no se aburrían. MI GENERAL
ESTO ESTÁ UN POCO CONFUSO.
Pero había tiempo para todo, como para las actividades de recono-
cimiento de tipo militar y realizar posterior de la “asistencia al distritos”
de tipo médico y que se hacía en barcazas y a lo largo del río y en distintos
asentamientos, realizando también tareas de salud como campañas de vacu-
nación. Como vemos eran actividades realizadas fuera del hospital y todas
ellas, que entrañaban gran riesgo por la constante presencia de los guerrille-
ros del Vietcong.
También había tiempo para actividades lúdicas, culturales de turismo
y confraternización con la población local, lo cual les evitó muchos proble-
mas al facilitarles información anticipada sobre las actividades bélicas, y
con los aliados que servían para “engrasar” los mecanismos de relación, es
decir facilitaban la vida.
No podía faltar la “paella” realizada muchas veces con productos de
circunstancias pero que siempre hace que mejore el ambiente, posiblemente
por la añoranza de la Patria y que se “conquiste” a los extranjeros por el
estómago, convirtiendo a los aliados en amigos.
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 303
Y actividades derivadas de la vida cotidiana,
Además de la actividad asistencial derivada de la situación bélica y de
la patología común, una actividad, rara de alguna manera, fue la corrección
de una malformación poco frecuente en España y mucho en esa zona, “el
labio Leporino y hendidura del paladar” alteración congénita del cierre del
labio superior y paladar y que según el grado puede tener consecuencias
muy serias. Gracias a la especialidad de dermatología y cirugía plástica del
Comandante Linares muchos niños vieron corregido su defecto.
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304 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Visitas de periodistas y escritores
Luis María Ansón (1935-), importante periodista, visitó la zona,
como corresponsal del periódico ABC, y publicó en el mismo una serie de
reportajes. Entre ellos uno el 9 de febrero de 1967 con el título “Los médicos
españoles en Vietnam necesitan ayuda” que no sentó demasiado bien, en
los niveles oficiales españoles, ya que daba a entender que estaban un poco
dejados de la mano de Dios, que España no prestaba la debida atención y
apoyo a nuestros compatriotas allí destacados y que cumplían una Misión
en beneficio de España. Es la misma impresión que refleja José María Giro-
nella en su libro “En Asia se muere bajo las estrellas” y que había viajado a
la zona para documentarse.
Los dos reflejan las necesidades que tienen los nuestros de discos,
periódicos, libros, productos alimenticios típicos para comer algún día,
información de la Patria, etc. en definitiva de calor humano. Siendo cierto
lo expuesto hay que tener en cuenta que España no tenía representación
diplomática en Vietnam que la colonia española era pequeña y las comu-
nicaciones oficiales eran a través de Tailandia donde sí teníamos embaja-
da, no obstante, a partir de entonces, la situación de apoyo, aunque fuera
más moral que necesario, ya que los americanos los abastecían de todo,
mejoró.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 304-320. ISSN: 0482-5748
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 305
A partir de los artículos y reseñas, empezaron a recibir, productos ali-
menticios españoles, discos de música, revistas y prensa nacional. Incluso el
Jefe del Estado, General Franco, envió un regalo personal, y les mandó dos
botellas de brandy y una caja de puros personalizadas.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 305-320. ISSN: 0482-5748
306 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Situación general en la zona y ataques a la residencia
La situación general en la Zona era bastante complicada. Un ejército
regular, el americano, tremendamente superior al norvietnamita, pero con
una fuerza de guerrillas local que mantenía la tensión, tenía apoyo de la
población y por la noche controlaban el territorio. No era una situación de
fuerzas militares enfrentándose en campo abierto. Era lo que luego se deno-
minó, “Combate Asimétrico”.
Las fuerzas americanas, llegarían a controlar incluso esta situación,
pero ya habían perdido y no en el terreno militar, en la prensa como veremos.
La tensión era permanente y he encontrado una publicación, en español y
para España, pues el precio está en peseta,s donde se narran las vivencias y
experiencias de uno de los participantes directos en la guerra.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 306-320. ISSN: 0482-5748
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 307
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 307-320. ISSN: 0482-5748
308 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Un médico americano en su año de servicio en Vietnam, sus manifes-
taciones, para mí justificadas y que no se puede juzgar desde fuera, pueden
ser chocantes para personas que crean que la guerra es un juego de caballe-
ros y el médico el hombre bueno que está por encima del mal, que su papel
en el conflicto es tangencial ajeno de los intereses de su país y no colabora a
la consecución del objetivo marcado. El médico trata heridos, no al enemigo
y este lo es mientras esté de pie armado y enfrente, una vez neutralizado,
deja de serlo.
Esa situación de tensión era la que, lógicamente, percibían los nues-
tros más cuando la residencia de la misión era frecuentemente atacada por
la noche y una vez fue asaltado el hospital para liberar a un prisionero. A
pesar de los ataques a la residencia, de las peligrosas salidas por motivos de
servicio a territorio no controlado y a los avatares y peligros propios de la
vida y de la guerra solo hubo dos heridos propios y un sanitario vietnamita
muerto. Como siempre la Virgen de Perpetuo Socorro, Patrona del Cuerpo,
hizo bien su trabajo.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 308-320. ISSN: 0482-5748
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 309
“Certifico: que: empleo militar D. nombre
Que durante este tiempo presto sus servicios en…la cual, como todo el
Vietnam, está considerado como zona de guerra, con las incidencias propias
de la misma, siendo las más importantes, la de los bombardeos particular-
mente con morteros… que demuestran la presencia más o menos constante
del enemigo.
Y para que conste a petición del interesado y a efectos de conceptuación
de “VALOR ACREDITADO” en su hoja de servicios, expido el presente…”
La vuelta a casa. Navidad 1971
El tiempo va pasando, el ejército americano, tras la ofensiva del Año
Nuevo Vietnamita, Ofensiva del Tet, en dos semanas pasa de estar en de-
fensiva a desbastar al ejército regular de Vietnam del Norte, consiguiendo
que deserten más de 3000 efectivos. Han ganado, desde el punto de vista
militar, pero la guerra la han perdido en la Prensa. Varias imágenes, entre
otras cosas, como la de la niña corriendo afectada por el Napalm o las de
la ejecución, en plena calle, de un guerrillero del vietcong, hacen que la
opinión pública mundial y en especial la norteamericana que no entendía la
razón de la guerra, rechazasen abiertamente la participación en ella. Es el
principio del fin.
España piensa que no hay salida y se ordena la retirada estamos en
1971. Atrás queda el trabajo y la satisfacción del deber cumplido y, tras un
periodo de actos públicos y privados, de agradecimiento por parte de las
fuerzas americanas y las autoridades vietnamitas, regresan para la Navidad
de ese año.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 309-320. ISSN: 0482-5748
310 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
En España no hay actos oficiales y públicos, su llegada se mantiene
en un perfil bajo y se realiza de la manera más discreta, todo motivado por
que en ese tiempo se estaban iniciando las negociaciones para establecer
relaciones diplomáticas con la entonces Unión Soviética y, en ese momento,
no interesaba dar a entender que España había participado directamente en
la guerra de Vietnam apoyando a los americanos.
España, en esa época, ya ha cambiado y va convergiendo hacia las
naciones de su entorno. La economía va bien, el régimen se ha abierto al
exterior, la mejora de las condiciones de trabajo en el campo y la incorpora-
ción de maquinaria, hacen que aumente la producción, la gran mejora de las
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 310-320. ISSN: 0482-5748
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 311
infraestructuras, entre otras las comunicaciones, hacen que se produzca la
gran “invasión turística” el desarrollo industrial con la emigración del cam-
po a la ciudad y disminución de las salidas a trabajar al extranjero y, sobre
todo la formación profesional, de excelencia en las llamadas Universidades
laborales, y la lucha contra el analfabetismo, hacen que España sea un país
próspero que quiere asomarse al mundo.
En ese contexto y, como he dicho, estando en el inicio de estableci-
miento de relaciones diplomáticas con los países del Este, hacen que, desde
el poder, no se vea conveniente un acto público y lógicamente no se hace,
aunque sí son recibidos a todos los niveles sobre todo militar.
La embajada americana presiona, sin éxito, para que se realice un
acto público de importancia ya que uno de los miembros del contingente el
comandante Linares, había sido acreedor de dos importantes condecoracio-
nes de su país: la Army Commendation Medal, que se impone por acciones
concretas y en el momento, (2) y la Estrella de Bronce que se concede por
actos de heroísmo o acciones meritorias. El acto público no se autoriza,
pero se realiza uno dentro de la embajada en el cual será impuesta La Es-
trella de Bronce por el Ministro Consejero y con presencia de las más altas
autoridades militares del momento. En ese acto, el condecorado pronuncia
un discurso, que se conserva, muestro la foto del documento y transcribo en
su totalidad.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 311-320. ISSN: 0482-5748
312 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
xcmo. Sr. MINISTRO CONSEJERO DE LA EMBAJADA DE ESTADOS
E
UNIDOS
EXCMOS: Sres. TENIENTE GENERAL JEFE DEL E.M.C. DEL EJÉR-
CITO y CAPITÁN GENERAL DE LA 1.ª REGIÓN
EXCELENTÍSIMOS. Sres.:
Hoy para mi es un día que nunca olvidaré por las grandes emociones
unidas que experimento. A la alegría de encontrarme en mi Patria, más aún,
creo con la íntima satisfacción del deber cumplido, se une el orgullo de poder
lucir sobre mi uniforme esta medalla del BRONZE STAR del Ejército de los
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 312-320. ISSN: 0482-5748
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 313
[Link]. Distinción de la que sabré hacer gala, en todo momento, y llevar con
el máximo respeto y consideración.
Al pender esta medalla en mi pecho viene a mi memoria el recuerdo afec-
tuoso hacia todo el personal español de la Misión, el personal americano de
GO-CONG que ha hecho posible desarrollar nuestras actividades humanita-
rias con el pueblo vietnamita, con el que he convivido durante casi 5 años,
haciendo y dando lo mejor que podía y tenía en ayuda de aquel sufrido país.
Quiero hacer presente mi agradecimiento al Gobierno de los [Link]. en
la persona de su MINISTRO CONSEJERO al serme concedida esta preciada
condecoración en reconocimiento a mi humilde labor en pro de los fines del
mundo libre.
También es el momento de rendir homenaje a Fuerzas de Ayuda Militar
del mundo libre en Vietnam por su colaboración y confraternidad hacia mí y
hacia la Misión Española, entre los que he dejado amistades imperecederas.
Pido a Dios que la tranquilidad, yo creo poder decir paz, conseguida en
Vietnam (comparando con los días de mi llegada en 1966) continúe, y ya solo
me resta elevar mi voz, para hacer votos por la prosperidad de los [Link].
con su presidente y de España con nuestro Caudillo.
Gracias.
Como ven es un discurso fundamentalmente de agradecimiento y re-
conocimiento al país que le concede la condecoración y a las fuerzas arma-
das de ayuda militar del mundo libre con las que han trabajado en Vietnam,
también se darán cuenta de que era tan buen futurólogo como el oficial ame-
ricano que los recibió en el aeropuerto a su llegada.
La «Misión» en la prensa
Casi siempre se lee que la participación española en Vietnam fue es-
condida, el “régimen” no quería darle publicidad y se dice que prensa no
reflejo nada, he llegado a leer “…por supuesto vestidos de paisano. Salimos
como delincuentes y volvimos como delincuentes. Como si aquello no se
tuviese que conocer”. Ya he comentado que posiblemente los más interesa-
dos en difundir la noticia serían las propias autoridades para demostrar que
España salía del aislamiento internacional.
Lo cierto es que, desde el principio, desde antes de la salida incluso, la
prensa española escrita y audiovisual, con mayor o menor fortuna y acierto,
se hace eco de participación tanto con noticias, como con crónicas y repor-
tajes, en prensa local y en los medios más importantes de la época como
ABC que aparte de las noticias, publica las crónicas de José Luis Ansón, re-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 313-320. ISSN: 0482-5748
314 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
mitidas desde Vietnam o la revista La Actualidad Española, importantísima
entonces, que publicó un amplio reportaje bajo el título “Doce hombres con
piedad”. La repercusión no podía ser la misma que tendría hoy lógicamente,
los medios de comunicación de la época y la capacidad de llegar al público
de los mismos no tenían nada que ver con los medios actuales.
Pero estos medios que, con su gran capacidad para trasmitir y llegar,
descubren que España estuvo en Vietnam, pero, desde mi punto de vista, hacen
un mal tratamiento de información. Lo primero es que, como ellos se enteran
en un momento determinado, piensan que es porque nadie lo ha contado antes
y eso ha ocurrido porque se ha querido ocultar. Luego publican la versión que
creen que va a ser más vendible, la que opinan que quiere leer la gente y no la
más parecida a la realidad. Entrevistan a los protagonistas, si están vivos o a
personas cercanas si no lo están, y publican las entrevistas más escandalosas y
las que dan mejores titulares, piden artículos que igualmente son selecciona-
dos para publicar los más cercanos, a su visión, a la visión oficial del momento
o a lo políticamente correcto siendo la verdad lo que menos importa.
Veremos lo publicado en la actualidad:
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 314-320. ISSN: 0482-5748
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 315
Como han visto, en el trabajo se demuestra lo contrario. En ningún
momento se ocultó, lógicamente era confidencial la actividad, como medida
de precaución, para no comprometer el curso y cumplimiento de la Misión
y proteger la seguridad del personal. Igualmente, desde el principio sabían
dónde y con que condiciones iban, que devengos tendrían y que luego se
vieron aumentados; ya que, además del sueldo militar y las dietas corres-
pondientes a su empleo que hemos visto definidas, recibieron el sueldo que
correspondía a su empleo militar del ejército de EEUU. Estaban informados
de la uniformidad, duración, condiciones a la vuelta, derecho preferente de
guarnición y estar considerado el tiempo que estuvieran desplegados como
de “servicios en primera línea”. A lo largo de mi vida militar he salido en
varias ocasiones a cumplir una misión con mucha menos información.
Tampoco responde a la realidad que se quejaran y mandaran una nota
a ABC, como comprenderán hubiera sido una actitud “impropia de un mili-
tar”, en caso de tener alguna reclamación o alguna queja la hubieran cursado
por los canales establecidos, situación que nunca se produjo. Quien publica
en ABC sobre que echan de menos algunas cosas que les hagan sentir más
cercanía a España es Luis María Ansón y posiblemente en su visita y en el
tiempo que estuvieron con él alguno de los miembros del personal pudo ha-
cer algún comentario o bien solo fue la apreciación del periodista.
Pero la hemeroteca es consultable y demoledora, solo hay que moles-
tarse en buscar para encontrar que se publicaba en la época sobre el tema de
nuestra participación en el conflicto de Vietnam. La prensa hizo un segui-
miento de la guerra como no podía ser de otra manera, y sobre la partición
española da las noticias de interés.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 315-320. ISSN: 0482-5748
316 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Desde la salida a noticias relevantes y otras tranquilizadoras, como
las publicadas con motivo de la Ofensiva del Tet en la que se comentaba que
los nuestros se encontraban bien o que la bandera española ondeaba en Viet-
nam y hablaba de nuestra participación en el conflicto que no parece que se
quisiera ocultar. Se escribieron libros, reportajes etc., Puede que hoy hubiera
tenido más repercusión, no sé, lo que sé, es que no se ocultó, que no fue algo
que se considerara deshonroso, que los protagonistas lo comentaban abierta-
mente, orgullosos de su actuación y recibían admiración y respeto.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 316-320. ISSN: 0482-5748
SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 317
Ya en España como es, lógico, cada uno reanuda sus actividades y su
vida cotidiana, unos continúan en sus destinos otros cambian, quedan los re-
cuerdos y «la íntima satisfacción del deber cumplido”, han prestado un gran
servicio a España, con su determinación y valentía han sido un valioso agen-
te de la política exterior española, en unos tiempos muy difíciles. ¿Qué han
conseguido?; experiencia, algo de dinero y sobre todo admiración, respeto y
prestigio. Las Cruces Rojas, en el uniforme y el Valor Acreditado en la Hoja
de Servicios, hacen que sean focos de atención en sus destinos y en actos de
carácter militar, así como en tertulias y reuniones sociales donde según su
carácter, contaban anécdotas y aventuras cada uno desde su enfoque personal.
La gesta fue tremendamente importante, dar el paso de salir de España
a un país en guerra, al otro lado del mundo, integrados en un contingente ex-
tranjero, con limitaciones de idioma con los miembros de la Fuerza actuante
y desconocimiento total de las costumbres e idioma autóctono, la situación
idiomática se paliaba ya que todavía había gente que hablaba francés por el
periodo de ocupación francesa aun reciente y los nuestros conocían mas o
menos el francés ya que era el que, muy mayoritariamente, se estudiaba en
bachillerato. A pesar de todo, el trabajo realizado fue importantísimo para
la mejora de la salud de la zona, la atención y tratamiento de los heridos,
incluso los del enemigo y ganarse la confianza de los americanos a los que
terminaron tratando desde el punto de vista médico. A título personal a todos
les mereció la pena, ¿sirvió para España? Creo que mucho, demostraron al
mundo que, aun pobres éramos trabajadores, cumplidores, buenos profesio-
nales y magníficos soldados, dando una buena imagen de España y abriendo
una ventana al exterior que también permitía mirar dentro y ver que éramos
un país fiable y homologable.
El comandante Linares, pidió destino en Madrid donde la habían
ofrecido la jefatura del servicio de quemados de la Cruz Roja, entonces no
existían las incompatibilidades, puesto que, al final rechazó, por no poder
compaginarlo, sin detrimento de la dedicación necesaria en su actividad mi-
litar y optando por esta. Continuó su carrera en Madrid salvo en su último
empleo de Coronel que pidió destino a Granada.
La primera vez fue a Vietnam por “soltero”, creo que hubiera ido
de todas formas y tras un breve periodo en España para realizar el Curso
de Ascenso a Jefe y dos o tres meses destinado en Tenerife le pidieron que
volviera por su experiencia y condición de cirujano y volvió, como Jefe de
la Misión en la que permaneció hasta la retirada del contingente. Hubiera
vuelto de todas formas se encontraba realizado con su trabajo en Vietnam.
Todos dejaron: buen recuerdo, amistad, esperanza y vida, a costa del
riesgo de las suyas.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 317-320. ISSN: 0482-5748
318 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
Tras los acuerdos de París 1973 y con una situación insostenible la
mayoría de las Fuerzas americanas abandonan Vietnam del Sur, dejando la
responsabilidad de la defensa a los survietnamitas. En 1975 todo el conti-
nente americano está fuera del país que, en poco tiempo, estará en manos del
régimen comunista de Vietnam del Norte.
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SANIDAD MILITAR COMO AGENTE DE LA POLÍTICA EXTERIOR… 319
Mucha gente, sobre todo los más relacionados con la Coalición, in-
tenta huir, pocos lo consiguen, produciéndose escenas dramáticas. Algunos
de los que consiguen salir, aunque pocos, llegan a España donde con la
ayuda de los miembros del contingente español, que son a las personas que
conocen, consiguen estabilizarse y rehacer sus vidas, yo he conocido a algu-
no en concreto una familia que consiguió poner un negocio de neumáticos
de automóviles en Madrid y a la que mi tío visitaba frecuentemente. Los que
se quedaron tuvieron que pasar un proceso de reeducación y, tras múltiples
penalidades, siguieron viviendo, algunos gracias a las ayudas mandadas de
España por la iniciativa propia del personal español que los conoció y con
los que trabajaron.
Epílogo
En 2017 yendo de viaje a Granada sonó el teléfono, era un periodista
español que acababa de volver de hacer unos reportajes en Vietnam y había
conocido a un viejo sanitario vietnamita que la había preguntado si conocía
al comandante Linares que tenía interés en localizarlo, saber cómo estaba y
agradécele su ayuda después de la guerra. Le dijo que no lo conocía pero que
intentaría localizarlo. Por casualidad tras una conferencia que di y buscando
en internet me localizó, no fue difícil, me contó el motivo de su llamada y
me pregunto si mi tío estaba vivo, a la respondí que no, había muerto hacia
años por las complicaciones de una intervención de un cáncer de pulmón.
Tenía 70 años y una vida de esfuerzo, trabajo bien hecho, servicio y
“aventuras” no buscadas. Nunca pidió ni rehusó.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 319-320. ISSN: 0482-5748
320 MANUEL JOSÉ GUIOTE LINARES
(1). Ambulancia: Galicismo con el que designaba a las unidades de Sa-
nidad Militar móviles que actuaban en beneficio directo de la Fuer-
za desplegada sobre en campo de batalla. A partir de 1860 Guerra
de Marruecos se denominan Compañías.
(2). La Medalla de Encomio del Ejército se otorga a cualquier miem-
bro de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, excepto los
oficiales generales, que, mientras sirvió en cualquier puesto en el
Ejército de los [Link]. después del 6 de diciembre de 1941, se dis-
tinguió por su heroísmo, logros meritorios o servicio meritorio. La
medalla puede otorgarse a un miembro de otra rama de las Fuerzas
Armadas de los EE. UU. o de una nación extranjera amiga que,
después del 1 de junio de 1962, se distinga por un acto de heroís-
mo, logro extraordinario o servicio meritorio significativo que haya
sido de beneficio mutuo. beneficio para la nación amiga y para los
Estados Unidos.[7]
(3). La Estrella de Bronce en (inglés: Bronze Star Medal) es una conde-
coración de los Estados Unidos, que se otorga a quien se distingue
por su heroísmo o éxito meritorio en el servicio. Ocupa el cuarto
lugar en el escalafón de las condecoraciones por valor, inmediata-
mente después de la Estrella de Plata.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 320-320. ISSN: 0482-5748
Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 321-366
ISSN: 0482-5748
RHM.09
[Link]
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA
DURANTE LA GUERRA DE AFGANISTÁN
Ricardo NAVARRO SUAY1
RESUMEN
La Sanidad Militar española ha desplegado numerosos efectivos y
múltiples instalaciones sanitarias (Role 1, Role 2 LM y Role 2E) en la zona
de operaciones de Afganistán integrada en la Operación ISAF de la OTAN.
Durante este periodo de tiempo se han atendido cerca de 30.000 pacientes
y se han llevado a cabo 69.000 actos médicos, 1.000 intervenciones qui-
rúrgicas y 1.547 estancias en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Ade-
más, fueron realizadas más de 500 aeroevacuaciones médicas transportando
aproximadamente a unos 1.000 heridos. A pesar de la gran labor médica
allí desarrollada, desgraciadamente 104 militares españoles fallecieron y 87
fueron heridos en esa zona de operaciones.
El objetivo del presente artículo es describir los diez cambios sani-
tarios más importantes (botiquín individual del combatiente, ambulancias
blindadas, aeroevacuación táctica y avanzada, instalaciones sanitarias, in-
vestigación sanitaria, gestión de datos clínicos, trabajo en equipo, reanima-
ción del control del daño, control de hemorragia y evacuación estratégica
1 eniente Coronel Médico, destinado en el Hospital Central de la Defensa «Gómez Ulla»
T
de Madrid. Doctor en Medicina. Doctor en Historia Contemporánea. Académico Corres-
pondiente de la Real Academia de Medicina de Canarias. Correo electrónico: rnavsua@
[Link]
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 321-366. ISSN: 0482-5748
322 RICARDO NAVARRO SUAY
al cuarto escalón sanitario) implementados por la Sanidad Militar española
desplegada en la Operación ISAF (Afganistán). Además, se detalla la acti-
vidad investigadora llevada a cabo por los oficiales del Cuerpo Militar de
Sanidad con información procedente de esa zona de operaciones.
La Sanidad Militar española ha implementado numerosos cambios
durante el despliegue de efectivos en la Operación ISAF en Afganistán. Es-
tos avances han sido similares a los realizados por países aliados con fuerzas
en el terreno y son necesarios para mejorar la asistencia a la baja en futuros
despliegues.
PALABRAS CLAVE: ISAF. Avances médicos. Sanidad militar española.
ABSTRACT
Spanish Medical Corps has deployed numerous troops and multiple
medical treatment facility (Roles 1, Role 2 LM and Role 2E) in the Afghan
Operations Area during NATO ISAF operation. During this period of time
about 30,000 patients were treated and 69,000 medical acts, 1,000 surgical
interventions and 1.547 intensive care stays have been conducted in Spanish
Role 2 in Herat (Afghanistan). In addition, were carried out more than 500
medical evacuations missions transporting about 1,000 casualties. Despite
the great medical work there developed, unfortunately 104 Spanish soldiers
were killed and 87 were wounded in that operations area.
The aim of this paper is to describe the ten most important medical
changes (individual first aid kit, armored ambulances, tactical and forward
medical evacuations, medical treatment facilities, health research clinical,
data management, teamwork, damage control resuscitation, bleeding con-
trol and strategic evacuation to the fourth medical echelon) implemented
by the Spanish Medical Corps deployed in ISAF Operation (Afghanistan).
Spanish Medical research by military officers is detailed.
Spanish Medical Corps has implemented numerous changes during
the deployment of troops in the ISAF operation in Afghanistan. These ad-
vances have been similar to those carried out by countries allied with forces
on the ground and are needed to improve the attendance to casualties in
future deployments.
KEY WORDS: ISAF. Medical advances. Spanish Medical Corps.
*****
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 322-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 323
INTRODUCCIÓN
Por Acuerdo del Consejo de Ministros de 27 de diciembre de 2001, el
Gobierno de España autorizó la participación de unidades militares españo-
las en la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (International
Security Assistance Force –ISAF–), en apoyo del Gobierno interino afgano.
Desde esa fecha y hasta la retirada en verano de 2021 de las fuerzas occiden-
tales, aproximadamente 26.000 militares españoles han sido desplegados en
esa zona de operaciones2.
Durante dos décadas, las fuerzas armadas españolas (FAS) allí des-
plegadas han sufrido la amenaza de más de 500 ataques de la insurgencia
mediante el fuego de armas ligeras y lanzagranadas portátiles y de 1.500
artefactos explosivos desactivados. Las FAS realizaron más de 25.000 pa-
trullas terrestres3 y 13.000 horas de vuelo en la zona de operaciones de
Afganistán4.
La Sanidad Militar española desplegó efectivos e instalaciones sani-
tarias (Role 1, Role 2 LM y Role 2E) a lo largo de este periodo de tiempo.
Se realizaron más de 500 aeroevacuaciones médicas transportando casi a
un millar heridos, se atendieron 32.145 pacientes (923 bajas de combate),
69.000 actos médicos, 1.000 intervenciones quirúrgicas y 1547 estancias
en la unidad de cuidados intensivos (UCI). A pesar de la gran labor médica
allí desarrollada, desgraciadamente 104 militares españoles fallecieron y 87
fueron heridos en esa zona de operaciones5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12.
Los objetivos del presente artículo son dos. En primer lugar, descri-
bir a juicio del autor, los diez cambios sanitarios más importantes, imple-
2 inisterio de Defensa. Misión Afganistán. Ed. Ministerio de Defensa. Publicaciones de
M
Defensa. Madrid, 2012.
3 Ministerio de Defensa. 14 años de presencia del Ejército de Tierra en Afganistán. Ed.
Ministerio de Defensa. Madrid: Publicaciones de Defensa; 2016.
4 Pérez R. Punto y final a 12 años de la misión del ejército del Aire español en Afganistán.
ABC [Internet]. 2014 [citado 23 Feb 2017]. Disponible en: [Link]
5 García, Rafael, Ricardo Navarro, Carlos Rodríguez, Diana Crego, Javier Arias. «A com-
parative study between two combat injury severity scores», en Mil Med 187, n.º 9/10
(2022):1136-42.
6 Marín B. Cruces rojas, historia de los soldados españoles condecorados en Afganistán.
Editorial Galland Books. Valladolid: Galland Book; 2016.
7 Nota de prensa: El hospital militar español en Herat atiende al paciente 30.000.
20/08/2014. Disponible en: [Link]
8 Expósito JL. Sanitarios de combate. Revista Española de Defensa 2013; 12: 42-5.
9 Expósito JL. Urgencias de campaña en el Oeste afgano. Revista Española de Defensa
2014;1: 20-3.
10 SFV. Los sanitarios españoles son excelentes. Revista Española de Defensa 2014;12:26-7.
11 [Link] %A1n
12 [Link]
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 323-366. ISSN: 0482-5748
324 RICARDO NAVARRO SUAY
mentados por la Sanidad Militar española desplegada en la Operación ISAF
(Afganistán). Además, se pretende recopilar toda la actividad científica allí
generada por oficiales del Cuerpo Militar de Sanidad español, con la inten-
ción de establecer un legado del conocimiento que permita que estas leccio-
nes sanitarias identificadas no caigan en el olvido y puedan emplearse en
conflictos futuros.
BOTIQUÍN INDIVIDUAL DE COMBATE
Uno de los principales avances obtenidos en los recientes conflictos
de Irak y Afganistán ha sido implementar una adecuada formación para el
personal que va a actuar como primer interviniente en la asistencia a la baja
en el lugar del ataque. Complementando este hecho, también se mejoró el
material sanitario para permitir instaurar un tratamiento basado en el control
de la hemorragia (C-A-B-C) siguiendo el procedimiento Tactical Casualty
Combat Care (TCCC)13 y 14.
Analizando el agente lesional predominante y las zonas anatómicas
más dañadas en las bajas producidas en Afganistán, se modificó notable-
mente el botiquín individual de cada militar español. La prioridad máxima
fue el control de la hemorragia exanguinante y por este motivo se dotó de
nuevos dispositivos de torniquete, venda impregnada con agente hemostáti-
co Celox®, aplicador con material hemostático Celox® y vendaje de emer-
gencia15 16 17. El empleo del nuevo torniquete ha sido satisfactorio a nivel
experimental y en el medio táctico. Usero18 comparó mediante eco-doppler
la interrupción del flujo sanguíneo arterial distal al torniquete del antiguo
dispositivo con el nuevo aplicados en las extremidades superiores e infe-
riores de 5 voluntarios sanos siendo superior el segundo sobre el primero.
13 abry RL, DeLorenzo R. Challenges to improving Combat Casualty Survival on the
M
Battlefield. Mil Med 2014; 179(5):477-82.
14 Sauer SW, Robinson JB, Smith MP, Kotwal RS, Mabry RL, Butler FK, etal. Saving lives
on the Battlefield. Journal of Special Operation Medicine 2015; 15(2): 26-42.
15 Elena Tarriente. Los diez minutos de platino. Revista Española de Defensa, 2012;7:44-45.
16 Plaza J. El BIC, un botiquín para el combatiente. Boletín de Infantería de Marina. 19:
12-6.
17 Antonio Martín-Bilbatúa Gómez. Conferencia: Botiquín Individual de Combate.
Madrid, 18 de junio de 2010.
18 Usero-Pérez, MC, Pérez-Escobar J, González-Alonso V, Pérez-Piqueras Gómez A,
Ramírez-López C, Sánchez-García JC. Torniquete pruebas comparativas entre dos mo-
delos de dotación del Ejército de Tierra. 7.º Congreso de Enfermería de la Defensa,
Cádiz 2010.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 324-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 325
Por su parte, Munayco19 describe como el resultado de su utilización por las
tropas españolas ha sido óptimo (ver fig. 1).
Figura 1. Izquierda: Botiquín individual del combatiente anterior.
Está compuesto por: paracetamol, ibuprofeno, complejo salino, depurador de agua,
torniquete, crema fotoprotectora, imperdibles, mascarilla facial para RCP, povidona
yodada, protector labial, tira de apósito adhesivo y un vendaje doble.
Derecha: Botiquín individual del combatiente actual: Está compuesto por: guantes
anticortes y antipinchazos, fichas con guías de actuación, venda con agente
hemostático, vendaje de emergencia, tijeras de punta roma, gel antiquemaduras,
manta isotérmica, spray autoprotector a fluidos orgánicos, parche torácico,
torniquete, protector para maniobras de RCP, aplicador con agente hemostático
Los oficiales médicos, oficiales enfermeros y sanitarios que forman
un equipo de estabilización (Role 1), además de contar con el botiquín indi-
vidual del combatiente, disponen de la cartera de camillero. Este elemento
ha supuesto un incremento en la capacidad asistencial inicial a la baja mu-
cho más ágil y ligero que las bolsas de soporte vital avanzado circulatorio y
respiratorio, que en la actualidad se prefieren alojar en los vehículos ambu-
lancia y minimizar su empleo fuera del vehículo20.
AMBULANCIAS BLINDADAS
La protección balística ha sido uno de los factores no «estrictamente
médicos» que ha logrado una supervivencia mayor en el conflicto de Afga-
nistán respecto a anteriores guerras. La utilización de artefactos explosivos
19 unayco-Sánchez AJ, Castro-Díaz A, Mora-Castaño MR. Aplicación del torniquete.
M
Experiencia en Afganistán. Zona TES 2012;1: 18-20.
20 Navarro-Suay R, Tamburri-Bariain R, López-Soberón E, Aceituno Jordán P, Ramos-
Herrera A. RG-31 Ambulancia. Descripción y lecciones aprendidas del nuevo vehículo
blindado sanitario en Afganistán. Sanid mil 2013;69 (2):116-24.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 325-366. ISSN: 0482-5748
326 RICARDO NAVARRO SUAY
improvisados por parte de los insurgentes provocó un debilitamiento de las
fuerzas occidentales, una disminución en la capacidad de reacción de forma
rápida y flexible, pudo afectar a la moral de los militares y permitió a los
insurgentes actuar a distancia para minimizar sus bajas. Esta clase de ataque
impulsó el diseño de un nuevo tipo de vehículo blindado con suelo en forma
de «V» para dispersar la energía originada en la explosión (tercera genera-
ción), con una cabina más resistente y unos ejes más elevados del terreno
(cuarta generación)21.
En febrero de 2007 una ambulancia blindada española (BMR 600)
sufrió un ataque por IED originando la muerte de la conductora, impor-
tantes lesiones al oficial enfermero (traumatismo abdominal contuso sub-
sidiario de laparotomía) y un traumatismo menor a la oficial médico de
abordo22. Siete meses más tarde se produjo un accidente con vuelco de
este vehículo ambulancia que provocó 3 heridos (traumatismo costal,
traumatismo craneoencefálico y traumatismo en mano)23, y adelantó la
compra prevista de vehículos de cuarta generación (RG-31 Nyala) para
incrementar la protección a las tripulaciones y a los pacientes. A lo largo
del periodo de tiempo analizado se han empleado multitud de ambulancias
no blindadas y blindadas, tanto para dentro como para fuera de las bases
militares (ver fig. 2)24, 25, 26, 27, 28 y 29. Aunque cada vehículo presenta unas
fortalezas y debilidades, el autor considera que el RG-31 proporciona una
altas cualidades tácticas y sanitarias mostrándose una ambulancia más se-
gura para la atención a las bajas sobre el terreno que el BMR 600, que se
encuentra al final de su vida operativa.
21 amasamy A, Hill AM, Hepper AE, Bull AMJ, Clasper JC. Blast mines: physics, injury
R
mechanisms and vehicle protection. J R Army Med Corp. 2009; 155(4):258-64.
22 R.N. Esclarecido el atentado en el que murió Idoia Rodríguez. Revista Española de
Defensa 2007;4: 13.
23 Nota de prensa: «Tres de los cuatro militares heridos en el accidente del BMR son tras-
ladados al Hospital Gómez Ulla». Disponible en: [Link]
24 Relanzón López J. Ambulancias acorazadas B.M.R. 6x6. Med. Mil. 1987;43(5):492-3.
25 Quílez JA. Los equipos de estabilización del EMAT en Bosnia. Med mil 1994;50(3):332-7.
26 Rodríguez J, L Palacios y Sánchez MF. El Escalón Médico Avanzado del Ejército de
Tierra en las misiones de paz y de asistencia humanitaria realizadas por las Fuerzas
Armadas. Madrid. 2009.
27 Navarro Suay R, Plaza Torres JF, Mota Ortega JM, Gutiérrez Manzanedo F, Jiménez
Moreno R, Redondo Castán LC. Medios de evacuación en la Infantería de Marina es-
pañola. Lecciones sanitarias aprendidas de Bosnia Hercegovina, Irak, Haití y Líbano.
Sanid. mil. 2008;64(1):31-40.
28 Maimir F, Hernández A. Metodología y Material en el Transporte Sanitario militar en
Zona de Operaciones. Med. mil. 2006;62(1):32-8.
29 Crego Vita DM, Vinué Jiménez C, Alvarez Suarez F. Transporte Oruga de Montaña
¿Vehículo de transporte sanitario? Sanid. mil. 2007; 63 (2):146-9.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 326-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 327
Figura 2. Izquierda (ambulancias del Ejército de Tierra español en Afganistán
–visión externa/visión interna –) Iveco, TOM, VAMTAC, BMR 600, Lince, RG-31.
Derecha (ambulancias del Ejército del Aire español en Afganistán –visión externa/
visión interna –) Mercedes Sprinter, Nissan Patrol, VAMTAC, Mercedes, Iveco,
camión para bajas masivas
AEROEVACUACIÓN MÉDICA INTRATEATRO DE OPERACIONES
Varios estudios han demostrado que el empleo precoz de aeronaves
de evacuación médica junto con tripulaciones sanitarias adecuadas puede
mejorar la supervivencia de las bajas de combate en zona de operaciones30
30 otwal RS, Howard JT, Orman JA, Tarpey BW, Bailey JA, Champion HR, et al. The ef-
K
fect of a golden hour policy on the morbidity and mortality of combat casualties. JAMA
Surgery 2016;151(1): 15-24.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 327-366. ISSN: 0482-5748
328 RICARDO NAVARRO SUAY
y [Link] han descrito varios tipos de asistencia sanitaria prestada en el heli-
cóptero. El modelo estadounidense (PEDRO) estaba basado en la atención
por paramédicos embarcados en helicóptero UH-60 BlackHawk, mientras
que la versión británica (MERT) utilizaba un médico, un enfermero y varios
sanitarios a bordo de un CH-47 Chinook32, 33 y 34.
El modelo español de aeroevacuación médica fue más parecido en
cuanto al componente humano al británico, ya que el equipo estaba com-
puesto por un médico de vuelo, un enfermero de vuelo y un sanitario. Sin
embargo, la aeronave (AS-332 Super Puma en un principio del Ejército de
Tierra y posteriormente del Ejército del Aire español) tiene mayor simili-
tud con el helicóptero estadounidense que con el británico. Este equipo era
activado con el mensaje «9 líneas» teniendo capacidad para evacuar a 2
bajas críticas y 5 bajas ambulatorias. Durante diez años de misiones de ae-
roevacuaciones ininterrumpidas, se perdieron 2 helicópteros MEDEVAC en
misiones nocturnas y se recibieron impactos de armas ligeras en al menos 5
ocasiones35, 36, 37, 38 y 39.
En un estudio retrospectivo que describe las bajas atendidas en el
Role 2 español de Herat entre 2005 y 2008, se muestra que 176 bajas (74 %)
fueron evacuadas por el equipo de aeroevacuación médica español, siendo
los artefactos explosivos improvisados (IED) el principal agente lesivo40.
Un estudio posterior realizado entre 2011 y 2013 analiza 108 y 353 ba-
jas evacuadas por el equipo español y estadounidense respectivamente. El
31 abry RL, A Apodaca, J Penrod, JA Orman, RT Gerhardt, WC Dorlac. «Impact of criti-
M
cal care-trained flight paramedics on casualty survival during helicopter evacuation in
the current war in Afghanistan». J Trauma Acute Care Surg 73, n.º 2(2012):S32-S37.
32 Clarke JE, PR Davis PR. «Medical evacuation and triage of combat casualties in Helmand
Province, Afghanistan: October 2010-April 2011». Mil Med. 177, n.º 11(2012):1261-
1266.
33 Morrison JJ, J Oh, JJ DuBose. «En-route care capability from point of injury impacts
mortality after severe wartime injury». Ann Surg 257, n.º 2(2013):330-334.
34 Apodaca A, CM Olson CM, J Bailey, F Butler, BJ Eastridge, E Kuncir. «Performance
improvement evaluation of forward aeromedical evacuation platforms in Operation En-
during Freedom». J Trauma Acute Care Surg. 75, n.º 2(2013): S157-S163.
35 Expósito JL. «Silencio de rotores en Afganistan». Revista Española de Defensa
301(2013): 30-1.
36 Peralba, Ignacio. «La participación de la UMAER». Revista de Aeronaútica y Astronáu-
tica 842(2015): 320-1.
37 Laguardia Juan Carlos, V. Pérez Ribelles V. C-130 Hércules, empleo sanitario. Med. mil.
43, n.º 5(1987):492-3.
38 Pérez V, Juan Carlos Laguardia. «Aviocar C 212, empleo sanitario». Med Mil 43,
n.º 6(1987): 621-5.
39 López C, Ignacio Peralba, Vicente Navarro. «The Spanish AireEvac Unit (UMAER)».
MCIF 2 (2011): 10-2.
40 Munayco, Armando José, Ricardo Navarro, Marco Antonio De Nicolás. «Modelo espa-
ñol de Medevac. Experiencia en Afganistán» Sanid Mil 68, n.º 3 (2012):182-84.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 328-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 329
75,6 % de las aeroevacuaciones fueron diurnas, 29,4 % fueron categorizadas
como Alfa, 38,2 % como Bravo, 29 % Charlie y 1,3 % éxitus. El principal
motivo de evacuación fue el ataque por IED41. En total, durante los ocho
años en los que equipos de aeroevacuación médica españoles estuvieron
desplegados en Herat, se volaron 5.910 horas, con casi 1.900 salidas y eva-
cuando a 1030 pacientes de diversas consideraciones y nacionalidades42 y 43
(ver fig. 3).
Figura 3: Izquierda: Helicóptero Cougar del Ejército de Tierra español en versión
ambulancia. Derecha: Helicóptero Super Puma del Ejército del Aire español
en versión ambulancia. Imagen A-D: Evolución de la configuración interna
de los aparatos de ala rotatoria españoles
41 racia MR, MP Gracia, JC Sánchez. «Estudio descriptivo de MEDEVACS al hospital
G
español Role 2E de Herat (Afganistán)». Sanid mil 70(2014): 4-5.
42 Munayco, Armando J, Miguel Cuesta, Jorge Olivera. «Manejo del paciente crítico
en operaciones de MEDEVAC. Aeroevacuación avanzada en Afganistán». Sanid Mil
70(2014):11-12.
43 Aguirre, J.: «Un domingo cualquiera», en Revista de Aeronáutica y Astronáutica 860
(2017):98-103.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 329-366. ISSN: 0482-5748
330 RICARDO NAVARRO SUAY
Además de las evacuaciones realizadas por aeronaves de ala rotatoria, el
ejército del aire español tenía desplegados medios de ala fija (C-130 Hercules
y C-295 Nurtanio) para poder realizar evacuaciones intrateatro de operaciones.
González44 contabiliza 33 aeroevacuaciones tácticas ente enero de 2002 hasta
octubre de 2015. La aeronave más utilizada fue el C-130 Hércules (30 ocasio-
nes), en 28 ocasiones las misiones tuvieron su origen en Manas (Kirziguistan),
3 desde Dusambé y 2 desde Kuwait. El 57 % de las bajas fueron por patología
quirúrgica o traumática, siendo el agente lesional predominante accidente, acti-
vidad deportiva y con menor frecuencia acciones de combate.
INSTALACIONES SANITARIAS
El terreno y clima de Afganistán fueron factores determinantes en las
instalaciones sanitarias desplegadas. La coordinación entre los ingenieros mili-
tares y el equipo sanitario fue necesaria y primordial para permitir la construc-
ción de hospitales que apoyasen a la fuerza desplegada de forma adecuada45.
España desplegó 3 segundos escalones sanitarios en Afganistán. El
primero de ellos en Bagram (febrero a septiembre de 2002), el segundo en
Kabul (diciembre 2004 a marzo de 2005) y el tercero en Herat (mayo 2005
a octubre 2015).
El Role 2 español se instaló en la FSB (Forward Support Base) de
Herat a primeros de mayo de 2005 empleando materiales procedentes de la
Unidad Médica de Apoyo al Despliegue Aéreo de Zaragoza y Madrid. Tras
una semana de montaje estuvo operativo. Este Role 2 estaba formado por
tiendas de campaña y un contenedor de 20 pies utilizado para radiología,
con una superficie de 415 m². Contaba con 150 equipos de electromedici-
na en área de triaje, zona de estabilización, unidad de cuidados intensivos,
laboratorio, radiología, dos quirófanos, gabinete de psicología, hospitali-
zación, farmacia, unidad de veterinaria, servicio de odontología y unidad
de aeroevacuación. Posteriormente, el servicio de odontología se terminó
ubicando en un contenedor, al igual que la jefatura médica y la zona de ad-
ministración. También se mejoró el almacenamiento de material termolábil
gracias a un contenedor frigorífico. A los 5 meses de despliegue se realizó
una revisión técnica de los dispositivos sanitarios encontrando averías en
35 equipos (20 %), la mayoría por condiciones climáticas y ambientales. A
44 onzález, Cristina, Francisco Cantalejo, J Couceiro, G Sánchez, Raquel Seguido, Igna-
G
cio Martínez, etal. «Aeroevacuación médica táctica y estratégica de la fuerza desplegada
en Afganistán». Sanid mil 72, n.º 3(2016):227-232.
45 Bricknell MCM, D McArthur. Deployed Hospital Care. J R army Med Corp. 157,
n.º 4(2011): S 453-6.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 330-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 331
raíz de esta situación y teniendo en cuenta que la presencia española en esta
base podría durar años, se propuso reinstalar el Role 2 en una estructura más
sólida que fuera capaz de garantizar una mejor protección de los equipos y
procurara una mayor comodidad a los pacientes y al personal sanitario46 y 47.
Las nuevas instalaciones del Role 2 español en Herat, ocuparon una
superficie de más de 1.000 m², con 900 m² construidos. Se optó por emplear
contenedores expandibles prefabricados de 20´´ junto con contenedores de
20´´ tipo flat pack. La construcción se acometió en dos fases, la primera de 41
y la segunda de 21 contenedores. El traslado desde las tiendas de campaña a
esta nueva instalación sanitaria terminó en febrero de 2007. A partir de este
momento, se fueron incrementando progresivamente las capacidades materia-
les del Role 2 terminando con 110 contenedores, una superficie construida de
1617 m², ocupando un área de 2000 m², 300 equipos de electromedicina, un
TAC, un ortopantomógrafo y un sistema de telemedicina. El abastecimiento
se mantuvo en unos niveles muy satisfactorios siendo capaz de suministrar al
Role 2E la casi totalidad del material pedido con un margen de tan solo diez
días desde su solicitud. En octubre de 2015 se produjo el repliegue de las
tropas españolas de esta base y de parte del material del Role 2E. Desde ese
momento, Italia lideró la capacidad sanitaria en Herat y finalmente se cedió al
gobierno afgano las instalaciones sanitarias48 (ver fig. 4).
Figura 4.
Superior: Role 2LM español en Herat (2005).
Derecha: Role 2E español en Herat (2015)
46 aguardia-Chueca JC. «Role 2 de Herat: Despliegue Aéreo de una instalación hospita-
L
laria». Med Aeroesp Ambient 5(2005): 247-8.
47 Juste, Fernando. «La presencia de la sanidad expedicionaria del Ejército del Aire trece
años de vértigo en Afganistán». Revista de Aeronáutica y Astronáutica 852(2016): 324-9.
48 Juste, Fernando. «Lecciones aprendidas en despliegues de larga duración. Afganistán
2005-2015». Sanid mil 72, n.º Extraordinario (2016): 23.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 331-366. ISSN: 0482-5748
332 RICARDO NAVARRO SUAY
A su vez, el Ejército de Tierra español desplegó instalaciones sanita-
rias en la provincia de Bagdhis, al norte de la región oeste de Afganistán con
capacidad Role 1. La base más importante en esta provincia fue Qal i Now.
Desde allí se establecieron posiciones avanzadas en Sangatesh, Moqur, Lu-
dina y Darre-i-Bum. En un principio se emplearon tiendas para los primeros
escalones sanitarios, excepto en Qal i Now (Base General Urrutia con 5
contenedores 20x20´´ y posteriormente desde enero de 2011 en la Base Ruy
González de Clavijo se construyeron 44 contenedores con sala de triaje,
consultas, farmacia, veterinaria, psicología, telemedicina y 16 más para el
área de vida)49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59 y 60.
INVESTIGACIÓN: TELEMEDICINA, TELECIRUGÍA, SIMULACIÓN…
A lo largo de la historia las guerras han promovido multitud de avan-
ces tecnológicos, entre ellos los médicos. La investigación en sanidad mili-
tar ha aumentado notablemente en los últimos años y sus hallazgos se están
49 avarro, Ricardo, Enrique Bartolomé, Ignacio Jara, Ana Oreja, Gema González. «Ca-
N
pacidades y asistencia sanitaria realizada por el Role-2 español en la FSB de Herat
(Afganistán) desde febrero a julio de 2007». Sanid mil 64, n.º 2(2008):98-104.
50 Almunia-Cuesta A. «La sanidad militar en Afganistán 2004». Revista Hospitalaria
1(2007): 30-4.
51 Ejército del Aire. Unidad Médica en Afganistán. Operación «Libertad Duradera». Ed.
Ministerio de Defensa, Madrid, 2002.
52 Sánchez, Zacarías Galo. «UMAAD, segundas partes sí que pueden ser buenas». Med.
Mil 58, n.º 3(2002): 48-9.
53 Borobia, Luis. «Bagram (Afganistán) 2002. Bautismo de fuego de la UMAD». Revista
aeronáutica y astronáutica 798(2010): 954-9.
54 Conde, Agustín. «Unidades médicas aéreas de apoyo al despliegue». Revista de Aero-
náutica y Astronáutica 798(2010):960-7.
55 Lázaro-Álvarez J. «Adquisición de recursos sanitarios en el Ejército del Aire». Revista
de Aeronáutica y Astronáutica 798(2010): 968-9.
56 Bodega, Ignacio, Ricardo Navarro, TAMBURRI, Rafael; Luis Sáenz, Fernando Fernán-
dez, Oscar Marqueta, etal. «Apoyo quirúrgico en zona de operaciones. Escalonamiento
de la Sanidad Militar Española en Afganistán». Cir. Esp 92(2014): 234.
57 SFV. «Misiones internacionales, Teniente Coronel Médico Ana Betegón, jefa del Role
2E de Herat. Los sanitarios españoles son excelentes: 30.000 pacientes en diez años».
Revista Española de Defensa 12(2014): 27.
58 Navarro, Ricardo, Carlos Rodrigo, TAMBURRI, Rafael; Edurne López, Concepción
Pantojo, Pedro Acituno. «Despliegue y capacidades sanitarias en la región oeste de
Afganistán (provincia de Badghis y Herat) de agosto a noviembre 2012». Sanid mil 69,
n.º 1(2013):48-60.
59 Navarro, Ricardo, TAMBURRI, Rafael; Ignacio Bodega, Sergio Castillejo, Edurne Ló-
pez, Alberto Hernández-Abadía. «Anaesthesia in Combat Support Hospital. Spanish/
US experience in Herat (Afghanistan)». Eur J Anesthesiol 32, n.º S53(2015):383.
60 Tarilonte E. «Etapa final en la Base de Herat». Revista Española de Defensa 315(2015):
12-5.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 332-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 333
empezando a utilizar tanto en la comunidad científica militar como en la
civil 61, 62 y 63.
La Sanidad Militar española ha sido consciente de este hecho desde
el inicio del conflicto. Por este motivo se implementaron distintas medidas
a nivel de la formación, simulación, investigación básica y aplicada y trans-
ferencia del conocimiento.
En la fase previa al despliegue se instauraron cursos de soporte vital
avanzado en combate impartidos en la Escuela Militar de Sanidad (Madrid,
España) de una semana de duración, se desarrolló un curso experimental
de cirugía de control del daño para los miembros del equipo quirúrgico de
4 días de duración y se mejoró el adiestramiento en telemedicina a parte de
los efectivos. Asimismo, en aras de mejorar la asistencia a las bajas y tras
comprobar la importancia de la simulación, se inauguró un Centro de Simu-
lación en la Escuela Militar de Sanidad.
Se aprovechó la experiencia en el terreno de batalla para certificar
materiales y dispositivos sanitarios. El acceso intraóseo se validó como una
adecuada alternativa al acceso venoso periférico estándar (éxito del 75 %
durante el vuelo y del 100 % en el Role 2)64, se empleó de forma satisfac-
toria el monitor de oximetría cerebral transcutánea (Invos®) en la baja de
combate65, se modificó la posición del sensor de hipnosis cerebral (BIS®)
para adecuarlo al ambiente táctico y a la anestesia regional66 y el monitor de
hemoglobina (Massimo Radical®) se ha utilizado con resultados positivos67.
61 orgman MA, EA Elster, C Murray, J Forsbert, AL Kellermann, S Jones. «Military
B
graduate medical education research: Challenges and Opportunities». Mil Med 181,
n.º 5(2016): 7-10.
62 Noirdmann G, T Woolley, H Doughty, JD Lucca, S Hutchings, E Kirtman. «Deployed
research». J R Army Med Corp. 160, n.º 2(2014):92-8.
63 Balazs GC, JF Dickens, AM Brelin, JA Wolfe, JP Rue, BK Potter. «Analysis of ortho-
paedic research produced during the war in Irak and Afghanistan». Clin Orthop Realt
Res 473 n.º 9(2015): 2777-84.
64 Navarro, Ricardo, Enrique Bartolomé, Alberto Hernández-Abadía, TAMBURRI, Ra-
fael; Carlos Rodríguez, Jorge Olivera. «El acceso intraóseo para fluidoterapia en situa-
ción de combate. Experiencia de la sanidad militar española en Afganistán». Rev Esp
Anestesiol Reanim 58(2011): 85-90.
65 Navarro, Ricardo, Armando Munayco, Jorge Olivera, José Ramón Rey-Frediani. «Po-
sibilidades de empleo de la oximetría cerebral transcutánea en zona de combate». Rev
Esp Anestesiol 61 n.º 1(2014):51-2.
66 Puente José Alberto, Ricardo Navarro, Carlos Gutiérrez, Fernando Gilsanz. «Empleo
del índice biespectral para monitorización de la hipnosis en sedación durante anes-
tesia regional, experiencia en tres pacientes militares». Sanid mil 72, n.º 3(2016):
193-6.
67 Navarro, Ricardo, TAMBURRI, Rafael; Ignacio Bodega, Sergio Castillejo, Edurne Ló-
pez, Alberto Hernández-Abadía. «Anaesthesia in Combat Support Hospital. Spanish/
US experience in Herat (Afghanistan)». Eur J Anesthesiol 32, n.º S53(2015):383.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 333-366. ISSN: 0482-5748
334 RICARDO NAVARRO SUAY
La ecografía se ha consolidado como un método diagnóstico preferente en
el medio militar68. La telemedicina ha sido un pilar fundamental durante
estos años. Según datos facilitados por este servicio, se realizaron 441
videoconferencias, 119 teleconsultas telefónicas y 186 correos electróni-
cos entre el Role 2E y el servicio de telemedicina del Role 4. También se
conectó por este medio los Role 1 y el Role 2, se comprobó la posibilidad
de realizar bloqueos anestésicos de plexos nerviosos mediante ecografía
a distancia69, la utilización teletutorizada de un videolaringoscopio70, el
apoyo al equipo quirúrgico mediante telecirugía71, 72 y 73 y la capacidad de
telecardiología74.
La transferencia del conocimiento es fundamental para exportar las
lecciones obtenidas en el frente. Oficiales del Cuerpo Militar de Sanidad han
participado en congresos de sus respectivas sociedades científicas compar-
tiendo las experiencias en Afganistán, se han organizado congresos especí-
ficos de Sanidad Militar y de transfusión en ambiente militar. Se escribieron
manuales sobre el soporte vital avanzado en combate, telemedicina, o he-
moterapia y se han expuesto revisiones y casos clínicos en revistas científi-
cas. La Revista de Sanidad de las Fuerzas Armadas de España ha servido de
medio para la publicación de muchos de estos trabajos y la línea de inves-
tigación sobre la baja de combate fue la más activa del Instituto Mixto de
Investigación Biosanitaria de la Defensa (Madrid, España) habiendo gene-
rando cuatro tesis doctorales. Gracias a este esfuerzo España se colocó en el
primer tercio de citaciones de artículos médicos relacionados con la guerra
de Afganistán. (ver tablas 1, 2, 3 y 4).
68 ozza M, F Lunardi, Ricardo Navarro, M Pflipsen, T Abbattista. «The ultrasound por-
P
table machine in the Afghanistan: an international experience». Ultraschall in Med
34(2013): 2-9.
69 Navarro, Ricardo, Sergio Castillejo, José Ramón Campillo, Alberto Hernández-Abadía.
«Análisis de la sonoanatomía de los plexos nerviosos mediante telemedicina desde una
zona de combate». Rev Esp Anestesiol 62, n.º 2(2015):111-2.
70 Hernández Abadía, Alberto, TA Nicholas, Antonio Del Real, D Boedeker, MA Bern-
hagen, L Hillan, etal. «Virtual Simulation Training using the Storz C-HUB to support
distance airway training for the Spanish Medical Corps and NATO partners». Global
Telehealth 1(2012): 1-8.
71 Hernández Abadía, Alberto, Juan Luis Trigueros, R Melgarejo, A Moreno. «Protocolo
de teleconsultas en las Fuerzas Armadas». En: Asistencia inicial a la baja de combate,
editado por el Ministerio de Defensa, 197-200. Madrid 2009.
72 Rodríguez-Soler A. «TM-64: El sistema de telemedicina empleado por el contingente
español en Afganistán». Revista de Aeronáutica y Astronáutica 732 (2004): 314-9.
73 Nota de prensa Ministerio de Defensa: Militares españoles en Afganistán disponen de
equipos de telemedicina. 27 Nov 2011. Disponible en: [Link]
74 Abadía de Barbará, Alberto, ES Bellod. «Spanish Military Telecardiology». En: Remote
cardiology consultations using advanced medical technology. Editado por IOS Press,
1-4. Zagreb, 2006.
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AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 335
ANÁLISIS DE DATOS: ESCANEOS, PROGRAMA GESCLIN
Para Gawande75, uno de los principales motivos por los que la mor-
talidad de las bajas en combate durante la guerra de Afganistán haya sido
la menor de la historia, ha sido por el esfuerzo en la recopilación de gran
número de datos médicos de los heridos. Este hecho ha permitido mejorar
las recomendaciones de actuación médica frente a este tipo de baja.
Aunque todas las historias clínicas de las asistencias realizadas en el
Role 2E de Herat (Afganistán) están manuscritas, desde el año 2012 se ins-
tauró un programa de gestión clínica para facilitar la recopilación de datos
médicos. Asimismo, se escaneó toda la información médica de los pacientes
siguiendo la Ley española de Protección de Datos y en la actualidad están
custodiados en la Dirección de Sanidad del Ejército del Aire. Por último, las
estadísticas diarias (MEDSITREP), informe de las Enfermedades de Decla-
ración Obligatoria (EDO´s) y semanales de las atenciones realizadas (Plan-
tilla Semanal de Patologías) en los diferentes escalones sanitarios se han ido
enviando regularmente en formato OTAN hasta la Sección de Sanidad (J4B)
del Mando de Operaciones en Madrid (España).
TRABAJO EN EQUIPO Y FACTOR HUMANO
El componente humano, el trabajo en equipo, las habilidades no téc-
nicas, la transversalidad en el ámbito sanitario y el liderazgo han sido pie-
zas claves en la atención a la baja de combate a partir de los conflictos
del siglo XXI76, 77 y 78.
A lo largo del despliegue, personal sanitario de Bulgaria, Estados Unidos,
Emiratos Árabes Unidos, Italia y España han trabajado estrechamente el Role 2
español de Herat79, 80 y 81. Se han formado equipos multidisciplinares con miem-
75 Gawande Atul. El mejor. Editorial Antonio Boch. Barcelona, 2009.
76 Mercer SJ, C Whittle, B Siggers, RS Frazer. «Simulation, human factors and defence
anaesthesia». J R Army Med Corp. 156, n.º 4 (2010): S365-9.
77 Oakley P, R Dawes, GO Rhys. «The consultant in trauma resuscitation and anaesthe-
sia». BJA 113, n.º 2 (2014):207-10.
78 Mercer SJ, CL Whittle, PF Mahoney. «Lessons from the battlefield: human factors in
defence anesthesia». BJA 105, n.º 1(2010): 9-20.
79 Nota de prensa: Atenea Digital. Domingo 18 de noviembre de 2012. «España envía
un equipo de cirugía al Hospital Role 2 de Herat (Afganistán)». Disponible en: http://
[Link]
80 Davis P, JJ Stewart, NG Hoover, BJ Matthews, DW Pahl, JA Bojescul. «Use a CT-arthrog-
raphy and ultrasound in ACL surgery during Operation Enduring Freedom in Afghanistan:
a case report and practice recommendations». Mil Med 179, n.º 2(2014):240-4.
81 Nota de prensa: Ministerio de Defensa «España y Emiratos Arabes Unidos firman un
memorando de entendimiento.» 02/02/2013. Disponible en: [Link]
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 335-366. ISSN: 0482-5748
336 RICARDO NAVARRO SUAY
bros de distintas nacionalidades y diferentes culturas consiguiendo un objetivo
común: una atención médica similar a la prestada en sus países de origen.
Desde el punto de vista del autor, el paradigma de esta colaboración
transversal ha sido el equipo inicial de atención al politraumatizado. Estu-
vo compuesto por un médico anestesiólogo, dos enfermeros, dos sanitarios,
un escribiente y un trauma leader (médico intensivista). En caso de bajas
masivas, esta capacidad se complementaba por otros oficiales médicos del
contingente. La experiencia obtenida fue sido la base para otros despliegues
sanitarios en diferentes áreas de operaciones82, 83 y 84.
REANIMACIÓN Y CIRUGÍA DEL CONTROL DEL DAÑO
Si algún término puede englobar a la atención a la baja de combate
durante el conflicto afgano, este es el de reanimación del control del daño.
La importancia de este tratamiento (control de la acidosis, coagulopatía, hi-
potermia e hipocalcemia con cirugías abreviadas y repetitivas para minimi-
zar la hemorragia e infección con mejora en la supervivencia) se evidencia
en su tendencia ascendente de citaciones según la base de datos MEDLINE
y vuelve a constituir un pilar básico de la medicina militar. Algunos de los
procedimientos quirúrgicos realizados en este tratamiento del control del
daño son la laparotomía abreviada, empaquetamiento hepático, colocación
de shunts vasculares temporales, cierre de asas ciegas, colocación de tubo
de tórax, craneotomía descompresiva, la fijación externa de las fracturas de
pelvis y huesos largos, la amputación reglada de miembros catastróficos,
la realización de fasciotomías descompresivas en miembros y el uso de la
terapia VACâ (Vacuum Assisted Closure)85 y 86.
82 avarro Ricardo, TAMBURRI, Rafael; Juan Plaza, Sergio Castillejo, Edurne López,
N
Javier Galindo. «Escalón quirúrgico embarcado, experiencia en el buque de Asalto An-
fibio L-51 «Galicia» en la Operación Atalanta (Julio-Octubre de 2015)». Rev Sanid Mil
72, n.º 3 (2016):217-26.
83 Pérez-Alé Manuel, José Ignacio Sánchez, Ricardo Navarro, Pilar Borrego, David Fuen-
tes, Esperanza Molero. «Abordaje inicial del paciente politraumatizado grave en el role
2E Herat». Comunicación presentada en el I congreso de sanidad militar. Granada,
22-25 octubre de 2014.
84 Bodega Ignacio, Juan Peraza, P Tejedro, Oscar Marqueta, Angel Serrano. «Tratamien-
to de bajas en la sala de trauma del Role 2E Herat (Afganistán)». Cir Esp 90; n.º SC
(2012): 340.
85 Cancio LC, TE Rasmussen, JW Cannon, MA Dubick. «The vital civilian-military
link in combat casualty care research: Impact of attendance at scientific conferences».
J Trauma Acute Care Surg 79 n.º 4(2015): 221-6.
86 Roberts DJ, CG Balla, DV Feliciano, EE Moore, RR Ivatury, CE Lucas, etal. «History
of the Innovation of Damage Control for Management of Trauma Patients: 1902-2016».
Ann Sur 265, n.º 5 (2017): 1034-1044.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 336-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 337
El análisis fisiopatológico de la reanimación del control del daño
constituye la base fundamental en donde se sustenta la mayor parte del trata-
miento de la baja de combate tanto en zona de operaciones como en territo-
rio nacional87. Estos principios han permitido mejorar el pronóstico en bajas
de combate por artefacto explosivo o por proyectiles de arma de fuego88, 89,
90, 91 y 92 (ver fig. 5).
Figura 5: Capacidades del Role 2E español de Herat (Afganistán):
Triaje, TAC, Unidad de Cuidados Intensivos y Quirófano
87 Jiménez José María, JM Pérez-Valdivieso, Ricardo Navarro, M Gómez-Garrido, JA
Monsalve, Ramón Peyró. «Reanimación del control de daños en el paciente adulto con
trauma grave». Rev Esp Anestesiol reanim 59, n.º 1 (2012):31-42.
88 Tamburri Rafael, Ricardo Navarro, Luis Sáenz, Ignacio Bodega. «Ortopedia del control
del daño infantil en zona de operaciones». Sanid Mil 71, n.º 2 (2015): 95-7.
89 Navarro, Ricardo. «Traumatismo en ambiente militar». En: Manual del paciente poli-
traumatizado. Albacete 2017.
90 Tamburri Rafael, Ricardo Navarro, José Luis Bernácer, Alberto Hernández, Roberto
Trapote. «Politraumatismo tras artefacto explosivo improvisado». Rev Esp Cir Ortop
Traumatol 56, S1 (2012): 460.
91 Tamburri Rafael, Ricardo Navarro, Marcos Fernández-Gayol, Alberto Hernández-Aba-
día, Roberto Trapote. «Cirugía de control de daños en herido por mina antipersonal».
Rev Esp Cir Ortop Traumatol 56, S1 (2012): 460.
92 Bartolomé Enrique, Ricardo Navarro. «Traumatismo craneoencefálico abierto por im-
pacto directo de arma de fusilería ligera atendido en el Role 2 español de Herat (Afga-
nistán). Sanid Mil 63 n.º 4 (2007): 305-8.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 337-366. ISSN: 0482-5748
338 RICARDO NAVARRO SUAY
A juicio del autor, mención especial merece el tratamiento del control
del daño en bajas con traumatismo craneoencefálico93. En un estudio rea-
lizado entre 2006 y 2014 se analizan 211 bajas de combate diagnosticadas
de traumatismo craneoencefálico en el Role 2 español de Herat. De ellas,
la mayoría fueron originadas por artefactos explosivos improvisados. El
control del daño en estas bajas debía comenzar desde el momento del ata-
que, continuar durante la evacuación y mantenerse mientras el paciente sea
atendido en un escalón quirúrgico, priorizando el control de la hemorragia
exsanguinante sobre otros órganos del herido.
TRATAMIENTO DE LA HEMORRAGIA MASIVA
El shock hipovolémico hemorrágico continúa siendo la principal
causa de muerte prevenible en la baja de combate. Su importancia es tan
relevante que constituye el primer objetivo en ambiente militar. Además, la
disponibilidad de hemocomponentes en zona de operaciones supone un reto
logístico debido a la caducidad de estos productos94, 95 y 96.
El Cuerpo Militar de Sanidad español ha pretendido desarrollar im-
portantes avances en el área de la medicina transfusional en el campo de
batalla. Al igual que otras sanidades militares aliadas, propuso un protocolo
de hemorragia masiva intrahospitalario con terapia [Link] (unidad de concen-
trado de hematíes: unidad de plasma fresco congelado: unidad de plaquetas
congeladas), empleo de tromboelastometría, administración precoz de ácido
tranexámico, fibrinógeno y cloruro de calcio97.
Como tratamientos de segundo escalón se recomendó el empleo de
complejo protrombínico y Factor VII recombinante con el objetivo de al-
93 avarro, Ricardo, Sergio Castillejo, Javier de las Heras, Rafael Tamburri. «Replica a
N
Comentarios al artículo de tratamiento anestesiológico de la fractura en pelvis en libro
abierto secundario a explosión». Rev Anestesiol Reanim 62, n.º 10(2015): 598-9.
94 Kemp PM, JD Yonge, MA Schreiber. «Update on the Massive Transfusion Guidelines
on Hemorrhagic shock: after the wars». Curr Surg Rep 4, n.º 16 (2016):1-9.
95 Eastridge BJ, RL Mabry, P Seguin, J Cantrell, T Tops, P Uribe P, etal. «Death on the
battlefield (2001-2011): Implications for the future of combat casualty care». J Trauma
Acute Care Surg 73 (2012): 431-7.
96 Rentas F, D Lincoln, A Harding, P Maas, J Giglio, R Fryar, etal. «The Armed Services
Blood Program: Blood support to combat casualty care 2001 to 2011». J Trauma Acute
Care Surg 73, n.º 6, (2012): 472-8.
97 Navarro Ricardo, Antonio Pérez, José María Jiménez. «Control de la hemorragia en el
ámbito militar». Rev Esp Anestesiol reanim 59, n.º 10 (2012):562-72.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 338-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 339
canzar unos objetivos fisiológicos, hematológicos y bioquímicos98, 99 y 100.
Esta terapia ha sido satisfactoriamente empleada en bajas con hemorragia
masiva101.
Además, se impulsó una mejora logística que permitió el envío de
plasma fresco congelado y plaquetas congeladas a zona de operaciones.
Asimismo, se diseñó un paquete de coagulación (ácido tranexámico, fibri-
nógeno, complejo protrombínico y cloruro de calcio) para facilitar la admi-
nistración precoz de estos componentes sanguíneos (ver figs. 6 y 7).
Figura 6.
Arriba: Fármacos (complejo
protrombínico, fibrinógeno,
cloruro de calcio, ácido
tranexámico, factor VII activado),
hemocomponentes (unidad
de concentrado de hematíes,
unidad de plasma fresco congelado
y unidad de plaquetas congeladas),
dispositivos empleados (calentador
de fluidos, infusor rápido de fluidos)
para el control de la hemorragia
disponibles en el Role 2E español
de Herat (Afganistán).
Abajo: Consumo de fármacos
y hemocomponentes tras una baja
con hemorragia masiva atendida
en el Role 2E español de Herat
(Afganistán)
98 ernández Fernando, Ricardo Navarro, Jesús Baquedano, Miguel Cuesta, Ignacio Bode-
F
ga, Miguel Ángel Sierra, etal. «Tratamiento actual del a hemorragia en ambiente militar.
Lecciones aprendidas». Cir Esp 92 (Especial Congreso) 2014: 230.
99 Povo, Javier. Manual de hemoterapia en Zona de Operaciones. Madrid: Inspección
General de Sanidad, 2013.
100 Navarro Ricardo, Javier Povo, Juan Manuel De Prádena, Alberto Hernández-Abadía,
uis Sáenz, Pedro Álvarez. «Empleo de componentes sanguíneos, fármacos y procedi-
mientos para el tratamiento de la hemorragia en ambiente militar». Sanid mil 69, n.º 2
(2013): 87-93.
101 Navarro Ricardo, TAMBURRI, Rafael; Ignacio Vírseda, Antonio Pérez. «Empleo de
plaquetas congeladas en trauma masivo de extremidades». Rev Esp Anestesiol reanim
62, n.º 4 (2015): 233-4.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 339-366. ISSN: 0482-5748
340 RICARDO NAVARRO SUAY
Figura 7. Dos bajas en combate intervenidas quirúrgicamente en el Role 2E español
de Herat (Afganistán) por oficiales médicos españoles y estadounidenses
La trazabilidad de los hemocomponentes en zona de operaciones es
transcendental. En un estudio se analizó el empleo de hemoderivados envia-
dos a Afganistán desde 2008 a 2014. El 15,7 %, el 66,1 % y el 31 % de las
unidades de concentrados de hematíes, plasma fresco congelado y plaquetas
congeladas respectivamente fueron empleados en el Role 2 español de Herat
(Afganistán), mientras que el resto fue destruido102. Durante este periodo
de tiempo no se ha descubierto ninguna reacción transfusional según datos
del Centro de Transfusión de las Fuerzas Armadas (CTFAS). Asimismo, se
ha auditado el empleo del ácido tranexámico en bajas atendidas en la citada
instalación sanitaria, encontrando una administración en el 100 % de los
casos antes de las 3 horas103. También se ha evaluado la eficacia in vitro de
tromboelastometría de las plaquetas congeladas104 y de las plaquetas con-
102 avarro Ricardo, P Ávila, Sergio Castillejo, Ignacio Vírseda, Juan Manuel De Prádena,
N
Javier Povo. «Hemocomponent trazability in battlefield, retrospective analysis from
2008 to 2014. Spanish Medical Corps Experience in Afghanistan War», en Eur J Anes-
thesiol 32, S53 (2015): 382-3.
103 Martínez Daniel, Rafael García, Ricardo Navarro, Montserrat Martínez, Ricardo Ba-
ños, Rafael Tamburri. «Use of tranexamic acid in combat casualties. Experience of
the Spanish medical corps. Clinical series and literature review». Rev Esp Cir Ortopo
Traumatol 60, n.º 3 (2016):200-5.
104 Pérez Antonio, Ricardo Navarro, Aurora Viejo, MJ Alcaide, Jesús de Vicente, N Butta,
et al. «In vitro thromboelastometric evaluation of the efficacy of Frozen platelet trans-
fusion». Thromb Res 136, n.º 2 (2015):348-53.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 340-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 341
geladas con criopreservación diluida105. Por último, se valoró el empleo de
unidades de concentrado de hematíes congelados para futuros despliegues
en zona de operaciones106.
EVACUACIONES A TERRITORIO NACIONAL Y ROLE 4
El empleo de aeronaves de ala fija junto con equipos de aeroevacua-
ción especializados han permitido mantener el tratamiento de forma conti-
nua desde los primeros escalones sanitarios desplegados hasta el territorio
nacional. Esta capacidad ha incrementado la supervivencia de las bajas en
los países occidentales107.
En un estudio realizado entre 2008 y 2013, se analizan los pacientes
evacuados desde todas las zonas de operaciones en donde había tropas es-
pañolas hasta el cuarto escalón sanitario ubicado en territorio nacional. De
un total de 232 evacuados, 110 (47.4 %) procedían de Afganistán, siendo
esta zona de operaciones la que más evacuaciones originó108. Dos artículos
describen las evacuaciones de militares españoles desde Afganistán. El pri-
mero detalla las repatriaciones por causas médicas durante los años 2009 y
2012. De los 139 evacuados, 48 (35 %) lo fueron por causas no de combate,
41 (29,4 %) por lesiones y 18 (12,9 %) por enfermedad psiquiátrica109. El
segundo estudio muestra como la aeronave más empleada fue Boeing 707
(57 %) y seguido del Falcon 900 (14 %). De todas las misiones, un 63,5 %
fueron para realizadas para evacuar a una baja, mientras que el 36,5 % res-
tante fueron para bajas múltiples110. Tres unidades hospitalarias del Role
105 avarro Ricardo, Antonio Pérez, A Rodríguez, Alberto Hernández-Abadía, José Man-
N
uel De Prádena, Javier Povo. «In vitro thromboelastographic evaluation of the efficacy
of fresh platelets, frozen platelets and frozen platelets with diluted cryopreservation».
Eur J Anesthesiol 32 n.º 53 (2015): 24-5.
106 De Prádena José Manuel. «¿Hematíes congelados, es la solución en ZO?» Sanid Mil 70
n.º Extraordinario (2014): 8.
107 Galvagno SM, JJ Dubose, TE Grisso, R Fang, R Smith, VS Bebara. «The epidemiology
of critical care air transport team operations in contemporary warfare». Mil Med 179
(2014): 512-8.
108 Navarro Ricardo, TAMBURRI, Rafael; Carlos Gutiérrez, Alberto Hernández-Abadía,
Edurne López, Carlos Rodríguez. «Analysis of Evacuations from Areas of Operation to
the Spanish Role 4 Medical Treatment Facility (2008-2013)». Mil Med 179 (2014): 71-5.
109 Torres Juan, María Jesús Sánchez, Javier F Membrillo, María Navarro. «Análisis de las
repatriaciones por causas médicas en el contingente español de ISAF durante los años
2009-2012 y de los fallecimientos ocurridos en Afganistán desde el inicio de la misión
hasta diciembre de 2012». Sanid mil 69, n.º 3 (2013): 154-63.
110 González Cristina, Francisco Cantalejo, J Couceiro, G Sánchez, Raquel Seguido, Igan-
cio Martínez, etal. «Aeroevacuación médica táctica y estratégica de la fuerza desplega-
da en Afganistán». Sanid mil 72, n.º 3 (2016) 227-32.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 341-366. ISSN: 0482-5748
342 RICARDO NAVARRO SUAY
4 español (Hospital Central de la Defensa «Gómez Ulla») han liderado la
atención de estos evacuados procedentes de Afganistán. García-Cañas111
describe la actividad del servicio de cirugía ortopédica y traumatología y
destaca que los procedimientos se realizaron fundamentalmente en las
extremidades inferiores (62 %), seguidas de las extremidades superiores
(34 %) y de la columna y pelvis (2 %) siendo la cirugía en tejidos blandos
la más prevalente (47 %). Por su parte, Borrego112, analiza los evacuados
que ingresaron en la Unidad de Cuidados Intensivos desde 2005 a 2014. El
66,7 % fueron bajas de combate por agente explosivo, 11,1 % por arma de
fuego y 11,1 % por accidente de tráfico. En el 2011 se atendieron el 40 %
de las bajas ingresadas en la unidad. Por último, Fernández113 analiza las
bajas quirúrgicas evacuadas sobre el Role 4 durante 3 años. Se evacuaron 65
bajas, 76 % no de combate y 24 de combate. La media de evacuaciones al
año fue de 2,66 por cada 100 individuos desplegados. Las principales causas
son traumatológicas, seguidas por abdominales (colecistitis, apendicitis) y
enfermedades ginecológicas.
En el cuarto escalón sanitario se implementó un procedimiento para
la atención transversal de la baja militar que engloba: médicos militares es-
pecialistas, enfermeros militares, psicólogos militares, asistencia religiosa,
miembros de su unidad militar, médico militar de su unidad y unidad de
apoyo a heridos en combate114.
A consecuencia del deterioro de la situación en el país afgano en agos-
to del año 2021, se generó la necesidad de evacuar al contingente militar
occidental allí desplegado y al personal civil que había colaborado con las
Fuerzas Armadas españolas. Por ese motivo desde el aeropuerto de Kabul
se estableció un puente aéreo en la que participaron 14 oficiales del Cuerpo
Militar de Sanidad (siete médicos y siete enfermeros) procedentes de diver-
111 arcía Rafael, Ricardo Navarro, TAMBURRI, Rafael; Javier Areta. «Descriptive
G
analysis of combat casualties evacuated from Afghanistan (ISAF) to the Department
of Orthopaedic Surery and Traumatology of the Spanish Role 4», en ICMM 90, n.º 1
(2017): 5-14.
112 Borrego, Pilar, Bartolomé Enrique, Navarro Ricardo, Molero Esperanza, Sánchez José
Ignacio, Fuentes David. «Aeroevacuaciones desde Role 2E Herat (Afganistán), nueve
años trasladando bajas al Servicio de Medicina Intensiva del Cuarto Escalón Sanita-
rio». Comunicación presentada en el I congreso de sanidad militar. Granada, 22-25
octubre de 2014.
113 Fernández, Fernando, Miguel Ángel Sierra, Ignacio Bodega, Oscar Marqueta, María
Isabel Sánchez, Jesús Baquedano. «Análisis de las evacuaciones por motivos quirúr-
gicos de los militares españoles en Afganistán durante 2009-2012». Cir Esp 92 (Espec
Congr) (2014): 235.
114 Fuentes David, Ricardo Navarro, César Mestre C, Juana Fernández, Maikal Villena.
«Tratamiento multidisciplinar del traumatismo cervical con fractura de apófisis odon-
toides en militar. A propósito de un caso». Sanid mil 70, n.º .4 (2014): 274-8.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 342-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 343
sas unidades del Ejército del Aire y el Órgano Central. En 17 rotaciones de
vuelos de T 23, se evacuaron 1891 afganos, ocho militares de otras naciones
y 19 miembros de la embajada de España en Kabul115. Una vez finalizada
la operación de evacuación desde el aeropuerto de Kabul, en el año 2022
las Fuerzas Armadas españolas realizaron sendas misiones de evacuación
de personal civil desde Pakistán. Se denominaron Operación Irbis I y II.
En la primera se logró evacuar 250 civiles y en la segunda 265 antiguos
colaboradores y sus familias. Parte del éxito de las misiones fue desplegar
un equipo con capacidad Role 1 y medicalizar algunos de los aviones que
se emplearos116.
CONCLUSIONES
La Sanidad Militar española ha implementado numerosos cambios
durante el despliegue en la Operación ISAF en Afganistán. Todo ello ha
permitido una mejora sustancial en el tratamiento de las bajas de combate en
la atención inicial en el lugar del ataque, en las evacuaciones médicas avan-
zadas y estratégicas, en los procedimientos de control de daño realizados
intrateatro y en los tratamientos definitivos llevados a cabo en Territorio Na-
cional. Estos avances han sido similares a los realizados por países aliados
que han desplegado en Irak o Afganistán. El autor recomienda aprovechar
las lecciones identificadas obtenidas en Afganistán para futuras misiones en
otras zonas de operaciones.
115 irección de Sanidad. «Aspectos sanitarios del apoyo a la evacuación del personal de
D
Afganistan». Revista Aeronáutica y Astronáutica. 907 (2021): 920-22.
116 Guilló E. Operación «Irbis» II. Boina Negra 301 (2022): 20-21.
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358 RICARDO NAVARRO SUAY
Tabla 1: Serie de casos atendidos en instalaciones sanitarias
españolas desplegados en Afganistán publicados en revistas
científicas. Citas en la parte inferior por normativa Vancouver.
Autor Fecha Instalación Datos principales del estudio
Total de asistencias: 1197;
odontología: 52; Psicología: 18;
May- Role 2
Laguardia-Chue- Aeroevacuación médica: 20;
Ago Herat
ca1 cirugía: 3; traumatología: 1;
2005 (Afganistán)
hospitalización: 82; Radiografías: 85;
ecografía: 12; analíticas 33.
Hospitalizaciones: 155;
ingresos en UCI: 32;
Feb- Role 2 intervenciones quirúrgicas: 41;
Navarro-Suay2 Jul Herat radiografías 1451; ecografías: 38;
2007 (Afganistán) analíticas de sangre: 199;
aeroevacuaciones 31;
bajas en combate: 52.
Bajas de combate: 256;
Role 2
2005- Explosivo: 183; Arma de fuego: 73;
Navarro-Suay3 Herat
2008 Cirugía: 141;
(Afganistán)
Evacuación a Role 3: 32.
Ingresos en UCI: 86;
Role 2
50 por explosivo;
2005- Herat
Navarro-Suay4 30 por arma de fuego; Cirugía: 51;
2008 (Afganistán),
Estancia media 2,8 días;
UCI
Mortalidad 10 %
Asistencia a 106 pacientes con gripe
Jul- Role 2 A H1N1; Síntomas más frecuentes
Maimir-Jané5 Ago Herat tos seca y malestar general.
2009 (Afganistán) Bronquitis fue la complicación
más frecuente.
Atenciones: 53; Explosivo: 50,9 %;
Role 2
Arma de fuego 24,5 %;
Abr- Herat
Bodega- Accidente de Tráfico: 24,5 %.
Jun (Afganistán),
Quiroga6 TCE: 62,3 %; Traumatismo
2011 Triaje
en miembros inferiores: 47,2 %;
y politrauma
Cirugía: 48 %.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 358-366. ISSN: 0482-5748
AVANCES DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA… 359
Autor Fecha Instalación Datos principales del estudio
Atenciones: 56;
Role 2
Herida por arma de fuego: 82,14 %.
Herat
Lesión en miembros superiores e
Popivanov7 2012? y Role 3
inferiores: 42,8 %.
Kandahar
Lesiones penetrantes
(Afganistán)
toracoabdominales en 8,9 %.
Role 1 (x3) Atenciones: 1911;
Ago-
y Role 2 Bajas en combate: 25; Explosivo 21;
Navarro-Suay8 Nov
Herat Arma de fuego 4; Cirugía 14;
2012
(Afganistán) Mortalidad 28 %.
Atenciones: 876;
May- Role 1 patología digestiva: 31,9 %,
Tomé-Rodriguez9 Jul Qal i Now trastornos musculoesqueléticos 17,1 %,
2013 (Afganistán) infecciones de vías respiratorias
11,8 %.
Atenciones por gastroenteritis: 135.
May- Role 1 Prevalencia global 15,34 %
Planas-Mirallas10 Jul Qal i Now en varones y 28,57 % en mujeres.
2013 (Afganistán) Riesgo relativo 1,99
y Odds Ratio 2,38.
Mar- Role 2 Atenciones: 745;
Navarro-Suay11 May Herat (Afga- Bajas en combate: 10; Cirugía: 14;
2014 nistán) Ingresos en UCI: 12
Atenciones de bajas con traumatismo
craneoencefálico: 211.
Role 2
2006- Mecanismo lesional principal:
Navarro-Suay12 Herat (Afga-
2014 traumatismo contuso.
nistán)
Agente lesional principal:
artefacto explosivo
Role 2 Atenciones de bajas de combate: 911.
2005-
García-Cañas13 Herat (Afga- Agente lesional: explosivos 64,7 %
2014
nistán) y arma de fuego 34,3 %.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 359-366. ISSN: 0482-5748
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366 RICARDO NAVARRO SUAY
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Revista de Historia Militar
II extraordinario de 2023, pp. 367-384
ISSN: 0482-5748
RHM.10
[Link]
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO
SOCORRO, PATRONA DEL CUERPO MILITAR DE
SANIDAD.
UNA PERSPECTIVA INVERTIDA
José Manuel MARTÍNEZ ALBIACH1
RESUMEN
El Cuerpo Militar de Sanidad tiene el privilegio de venerar como Pa-
trona a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro reflejada en un Icono bizanti-
no, que nos brinda una perspectiva invertida. No se mira como un cuadro,
sino que es el Icono quien nos mira y nos interroga.
Describimos en este artículo el origen del patronazgo. Cómo y porqué
se propuso esta imagen, en 1923, como Patrona del Sanidad del Ejército de
Tierra y cómo se consiguió en 1999 que fuese Patrona del creado nuevo
Cuerpo Militar de Sanidad, tras la fusión de las sanidades del Ejército de
Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire.
Se describe el mensaje que emite el Icono a través de los símbolos,
colores, figuras y gestos que explican el sentido de protección y modelo para
nuestro Cuerpo de Sanidad. Se destaca una versión de la forma en que se
nos presentan los pies de Jesús inspirada en la imagen de la Sabana Santa.
PALABRAS CLAVE: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Patrona
del Cuerpo de [Link] Invertida. Pies de Jesús.
1 Coronel médico (retirado). Doctor en Neumología.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 367-384. ISSN: 0482-5748
368 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
ABSTRACT
The Military Health Corps has the privilege of venerating Our Lady
of Perpetual Help as its Patroness, reflected in a Byzantine Icon, which gives
us an inverted perspective. We do not look at it as a painting, but it is the
Icon that looks at us and questions us.
In this article we describe the origin of patronage. How and why this
image was proposed in 1923 as Patron Saint of the Army Health Service and
how it was made Patron Saint of the newly created Military Health Corps in
199, following the merger of the health services of the Army, the Navy and
the Air Force.
The message emitted by the Icon is described through the symbols,
colours, figures and gestures that explain the sense of protection and model
for our Health Corps. It highlights a version of the way in which the feet of
Jesus are presented to us, inspired by the image of the Holy Shroud.
KEY WORDS: Our Lady of the Perpetual Succor. Patron of the Med-
ical Corps. Inverted perspective. Jesus´ feet.
*****
INTRODUCCIÓN
N
uestro Cuerpo Militar de Sa-
nidad tiene como Patrona a
la mismísima Madre de Dios,
bajo la advocación de Nuestra Señora
del Perpetuo Socorro, como protecto-
ra y modelo del auxilio o socorro, que
nosotros debemos dar siempre a los
que servimos.
Desde antiguo, las Fuerzas Ar-
madas españolas han sentido la conve-
niencia y necesidad de contar con un
Patrón específico de protección, ayu-
da, modelo y que, además, sirviese de
elemento aglutinador y generador de
un espíritu de fraternidad y de cuerpo. Imagen 1. Capitán Blasco Salas
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 368-384. ISSN: 0482-5748
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO,… 369
Los médicos militares celebraban las Patronas por separado. Los mé-
dicos de la Armada lo hacían con los compañeros de la Armada el día de la
Virgen del Carmen y los médicos del Ejército del Aire junto con los compa-
ñeros del Aire celebraban a la Virgen de Loreto.
El Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército de Tierra compartía Patrona,
la Inmaculada Concepción, con el Arma de Infantería y los Cuerpos de Inter-
vención, Jurídico, Carabineros y Estado Mayor. Por ello, en 1924 el Capitán
médico D. Enrique Blasco Salas (ver imagen 1) se lamenta en un artículo de
la Revista de Sanidad Militar de no tener una Patrona propia (ver imagen 2).
«No comprendo por qué hemos de ser una lamentable excepción, y dejar
pasar un día tan señalado sin recordar que nuestro Cuerpo tiene una excelsa
Patrona a quien festejar … y crear un espíritu de fraternidad y convivencia
entre los médicos militares».
Imagen 2. Revista de Sanidad Militar, del 15/09/1924
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 369-384. ISSN: 0482-5748
370 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
Y pide al Cuerpo de Sanidad Militar advoque como Patrona a Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro cuya fiesta se celebra el 27 de junio por tener
cierto simbolismo con nuestra profesión:
«por las milagrosas curaciones obtenidas y el
perpetuo socorro que ella concede, espejo del que
damos al soldado también constante y perpetuo y
para que sea un día de compañerismo reuniéndonos
con el pretexto de fraternal banquete».
En 1.926, el Capitán médico D. Pompeyo
de Cáceres Gordo (ver imagen 3) en una carta
abierta, desde la Revista de Sanidad (ver imagen
4), se adhiere a la petición y pide que se realice
una encuesta. Imagen 3.
Capitán Pompeyo de Cáceres
Imagen 4. Revista de Sanidad Militar, 15/04/1026
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 370-384. ISSN: 0482-5748
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO,… 371
El Capitán General de la 1.ª Región propone organizar un plebiscito
con el apoyo del Inspector Médico de 2.ª D. Juan Valdavia y Sisay.
Lo inician: el Comandante Médico D. Federico Ramos de Molins,
ayudante del Inspector Semprún, el Coronel Alemany, el Capitán D. Luis
Alonso, los Capitanes Blasco y Cáceres, y con el apoyo de más de 800
miembros de los 982 que formaban el Cuerpo de Sanidad Militar.
El Inspector Médico de 2.ª D. Pedro Prieto de la Cal con el Padre Cá-
mara se entrevistan con el Vicario General Castrense, D. Francisco Muñoz
Izquierdo, quién realiza las gestiones con el ministro de la Guerra, consi-
guiendo el Patronazgo el 26 de Julio de 1926 (Diario Oficial del Ministerio
de la Guerra de 28 de Julio, de 1926, número 165, en Real Orden circular).
Y la Santa Sede, por un documento pontificio del Papa Juan XXIII del 13 de
diciembre de 1961, se constituye y autoriza canónicamente este patronazgo.
Este hecho espolea a los médicos civiles y en 1941 el Consejo Ge-
neral de Colegios Médicos la nombra Patrona de los médicos españoles,
haciendo que sea un día festivo también para la sanidad pública. También
autorizada canónicamente en 1962.
En 1991, tras la unificación de las tres sanidades (Sanidad del Ejército
de Tierra, Sanidad de la Armada y Sanidad del Ejército del Aire) se crea el
nuevo cuerpo bajo el nombre de Cuerpo Militar de Sanidad (CMS).
Entonces se sintió la necesidad de celebrar conjuntamente una pa-
trona. A instancias del Ilmo. Coronel médico del CMS D. Juan Manuel
Montero Vázquez, en 1996, siendo el que suscribe teniente Coronel del
CMS, en un artículo publicado en la Revista Medicina Militar (Med Mil
Esp. 1996,52(3): 305-309), pide al recientemente creado Cuerpo advoque a
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro como Patrona.
Petición que recoge el Excmo. Señor General de División Médico del
CMS D. Jesús González Lobo, Inspector General de Sanidad (ver imágenes
5, 6 y 7) y consigue en 1999 que sea declarada oficialmente Patrona del
Cuerpo Militar de Sanidad y de la especialidad fundamental del Ejercito de
Tierra de Apoyo Sanitario.
Imágenes 5, 6 y 7. Promotores del actual patronazgo. De izquierda a derecha:
Col. Martínez Albiach (autor de este artículo), Gral. Montero Vázquez
y Gral. González Lobo
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 371-384. ISSN: 0482-5748
372 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
HISTORIA DE NUESTRO ICONO
Esa forma de pintar la imagen de la Virgen María abrazando y ten-
diendo la mano a Jesús, y unos ángeles mostrando los instrumentos de la
pasión, tradicionalmente se atribuye al Evangelista San Lucas que, sabe-
mos, era médico, de hecho San Pablo, en Colosenses 4, 14 le llama: Mi
querido Médico. A mayor abundamiento, es hoy patrono de las Facultades
de Medicina.
Este icono en concreto era venerado en Jerusalén, posteriormente en
Antioquía y en el 439 en Constantinopla hasta el año 1453 en que desapa-
rece.
Según una tradición, un mercader de la isla de Creta robó una imagen
milagrosa de una de las iglesias de la isla, en 1495. Decide llevarla a Italia,
y durante su travesía la imagen les salva de una tempestad. La confía antes
de morir a su amigo con la promesa de colocarla en una iglesia diciendo:
Algún día el mundo entero le rendirá homenaje.
Su mujer se encariñó de la imagen, y no quiso entregarla. Por tres ve-
ces se aparece la Virgen al amigo y tras su muerte, la viuda sigue sin querer
entregarla hasta que la Virgen se aparece a su hija de 6 años indicándole que:
Quiere ser venerada entre Sta. María la Mayor y S. Juan de Letrán con el
título de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Por fin el 27 de marzo 1499
es trasladada a la Iglesia de S. Mateo de los Agustinos, donde es venerada
durante 300 años y donde realizó incontables milagros y curaciones.
En 1799 las tropas napoleónicas destruyen la iglesia y el Icono es
llevado a la Iglesia de S. Eusebio. En 1824, cuando los monjes agustinos se
trasladaron a Sta. María in Posterula, el Icono fue colocado en una capilla
para uso privado.
En 1853 los Redentoristas adquieren un solar en Vía Merulana y le-
vantan un templo dedicado al Redentor y a S. Alfonso María de Ligorio. El
cronista de la Orden comenta que, en ese lugar se había perdido una imagen
milagrosa con el nombre de «Perpetuo Socorro». Fray Michel Merchi re-
cordó que, cuando era pequeño y cantaba en el coro, el hermano lego Fray
Agostino Orsetti les enseñaba la imagen milagrosa. Pidieron al Papa Pío IX
les concediera el icono. Éste llamó al Superior de Santa María en Posterula,
expresándole el deseo que la imagen sea nuevamente colocada entre San
Juan y Santa María Mayor, y que los Agustinos la reemplazaran con otra
imagen adecuada y el 26 de abril de 1866 es colocado en el altar mayor. Ese
día durante el traslado prodigó sorprendentes curaciones.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 372-384. ISSN: 0482-5748
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO,… 373
HUBO QUE RESTAURAR EL ICONO
Había que proceder a la limpieza y restauración del icono (ver ima-
gen 8) por las múltiples agresiones que tuvo que soportar (degradación de
la pintura, carcoma, humos de las velas, incluso se llegaron a clavar clavos
para colgar exvotos). Dicha restauración la llevó a cabo el polaco Leopoldo
Nowotny quien se permitió la licencia de añadir una estrella cruciforme so-
bre el manto de la Virgen, al parecer, para tapar un defecto de la tabla antes
de reinstalarse el culto público (ver imagen 9).
Imagen 8. Icono antes de la restauración. Imagen 9: Primera restauración
A ello, hay que añadir el hecho de que uno de los ritos litúrgicos cató-
licos incorporados a la liturgia romana en el siglo XIX, usados para resaltar
la devoción a la advocación mariana, consistía en imponer coronas a las Vír-
genes, tanto en esculturas como en los iconos. El origen proviene de cuando
los hermanos capuchinos al culminar sus misiones evangelizadoras recogían
joyas, como símbolo de conversión y desprendimiento, que fundían para
confeccionar coronas y joyas para la Virgen (ver imagen 10).
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 373-384. ISSN: 0482-5748
374 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
Imagen 10. Coronación, 1867. Imagen 11. Obra restaurada, 1994
Y así fueron coronados la Virgen y el Niño en 1867. Dicha imagen,
con las coronas, las joyas y la nueva estrella, es la que hemos admirado hasta
la actual restauración de 1994. Ahora podemos admirar el icono en todo su
esplendor primitivo sin los añadidos (ver imagen 11).
UNA PERSPECTIVA INVERTIDA
Tenemos el privilegio de tener la imagen de nuestra patrona en forma
de «icono». Es una pintura sobre una tabla de madera, pero no es un cuadro
para mirar, es una pintura que nos mira a nosotros y nos interroga, es lo que
se llama una perspectiva invertida, como analizaremos.
El iconógrafo, o hacedor de iconos, es un escritor, un místico y un
asceta con profundo conocimiento teológico. Primero se pasa tres días en
ayuno y oración mientas limpia la casa, se cambia de ropa, prepara la tabla
de madera, los colores, los pinceles y entra en profunda meditación antes,
durante y después de terminar su obra.
Va a narrar una historia religiosa, que nos servirá de catequesis per-
manente. Una Teología en imagen para nosotros, por lo que se le conoce
como la Biblia del pueblo. Nos quiere trasmitir una vivencia interior, la
imagen solo sirve de soporte o medio, pero quiere elevarnos a lo espiritual,
a lo trascendente.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 374-384. ISSN: 0482-5748
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO,… 375
El icono es una ventana no es una obra ornamental, a diferencia de un
cuadro. Ponerse ante un icono es como mirar por una ventana hacia el mis-
terio insondable del más allá, a la Eternidad por eso el fondo de los iconos
es de color oro, símbolo de la luz gloriosa y sobrenatural. El oro es símbolo
de Dios. A un icono no se le pone un marco para embellecer la pintura, así
como tampoco a una ventana se le pone un marco para mejorar las vistas que
se puedan ver a través de ella.
El autor huye de dar a sus figuras demasiado parecido material. Da
rasgos que invitan a una visión espiritual, desmaterializa las figuras, y las
reviste de gran hieratismo y majestad, con planos sin profundidad, ya que el
representado y el observador están en el mismo plano.
Son personajes estáticos con mirada profunda, penetrante, sobrecoge-
dora con ojos grandes capaces de trasmitir inquietud, siempre serenidad, ter-
nura, comprensión, esperanza y amor. Todo ello conjugado con elementos
cargados de símbolos, siglas explicativas y un colorido peculiar.
¿CÓMO ADENTRARNOS EN ESA PERSPECTIVA INVERTIDA?
1.º El oro nos invade, nos asomamos al reino de los cielos
Estamos ante un icono, es decir, ante una ventana que nos va a per-
mitir asomarnos, por unos instantes, al reino de los cielos representado con
el color «Oro» del fondo. Está en dos dimensiones porque es una perspec-
tiva espiritual. La primera es la luz eterna y rasgando esa luz aparecen en
otra dimensión: Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos y dos ángeles
que se asoman dejándose ver solo dos tercios de su cuerpo, mostrando los
atributos de la Pasión. Son los que definen y explicitan el icono; por ello
se le conoce también como el icono de la Virgen de la Pasión. El «Oro»
bordea a la Virgen y al Niño, ribetea las túnicas e ilumina las alas de los
ángeles. Lo invade todo. Nos invade a nosotros que lo estamos contem-
plando (ver imagen 11).
2.º ¿Qué personajes se nos presentan?
EL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Las letras más pequeñas en griego identifican a los ángeles. «Ángel»
significa mensajero, transmisor de un mensaje divino. El de la izquierda
es el Arcángel San Miguel descrito con las letras griegas (OAM) «O Ar-
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 375-384. ISSN: 0482-5748
376 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
janguelos Mijael «significa «¿Quién como
Dios?». Sostiene con las manos cubiertas
con un paño verde, en señal de santidad,
al igual que un sacerdote cubre sus ma-
nos para sostener «La Custodia», un vaso
conteniendo una caña con una esponja
empapada en vinagre y una lanza. Repre-
sentan los momentos cumbre de la Pasión:
«En mi sed me dieron a beber vinagre» y
«Una lanza le traspasó el costado saliendo
al instante sangre y agua» (Jn 19) son los
símbolos de la Eucaristía y el Bautismo
(ver imagen 12).
Imagen 12. Arcángel Miguel
EL ARCÁNGEL SAN GABRIEL
El ángel de la derecha es identificado como el Arcángel Gabriel con
las letras (OAG)» O Arjanguelos Gabriel» que quiere decir «Fuerza de
Dios» sostiene, con un paño rojo en señal de santidad, los atributos propios
de la Pasión: la cruz y los clavos. Gabriel une en un todo la presencia de
María en la Anunciación y la Crucifixión, momentos claves de la salvación
como corredentora (ver imagen 13)
Imagen 13. Arcángel Gabriel
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 376-384. ISSN: 0482-5748
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO,… 377
MARÍA
Las letras grandes en griego nos definen a María. Arriba a la izquier-
da las letras «MP» abreviatura de METER, nos dice que es MADRE y a la
derecha las letras griegas ΘY significa THEOU es decir DE DIOS. Estamos
contemplando a la Madre de Dios (ver imagen 14).
Imagen 14. Composición del significado de las letras griegas
Además, por el hecho de vestir una túnica roja, color con el que se
vestían las vírgenes en los tiempos de Cristo, nos dice que es «Virgen»,
condición que recalca la estrella que aparece sobre la cabeza de María santí-
sima; indica su virginidad incluso durante el parto. Por el manto azul, color
que llevaban las madres de Palestina, simboliza que además es «Madre». Y
el verde azulado del forro del manto es símbolo de que es un ser espiritual.
Y esta combinación de los tres colores (azul, rojo y verde) es privilegio de
la realeza. Por tanto, a María nos la presenta como Madre de Dios, Virgen
y Reina.
JESÚS
Las iniciales al lado del Niño Jesús (IC XC) significan «Jesucristo»
«Jesús el Ungido» «Jesús el Mesías» y en su aureola, apenas perceptible,
aparecen las letras (OWU) que significa «El que es». Palabra con la que se
define Dios a Moisés en la zarza «Yo soy el que soy», «Yahvé».
El Niño Jesús descansa sobre los brazos de María y agarra con sus
dos manitas la mano derecha y el pulgar de su Madre, buscando protección.
Viste una túnica «verde» con ceñidor «rojo». Solo los emperadores llevaban
túnica verde con cinturón rojo, ello nos quiere decir que Jesús es «Empe-
rador» «Rey de Reyes». Y su manto Rojizo-marrón (color de la tierra) es
signo de su humanidad junto a una profusión de pliegues dorados, símbolo
del reino de los cielos.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 377-384. ISSN: 0482-5748
378 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
En resumen, Jesús es Dios, Rey de Reyes y Hombre verdadero.
El rostro de Jesús corresponde más al de un adulto, sugiriéndonos la
inmutabilidad en el tiempo de Dios. El autor huye de dar un parecido dema-
siado material, quiere dar unos rasgos que inviten a la meditación espiritual.
Frente amplia, fuente de sabiduría, con la mirada hacia algo que no podemos
ver y que le asusta y le hace pedir ayuda a su madre (ver imagen 15).
Imagen 15. Rostro de Jesús
Sus manitas con las palmas hacia
abajo confieren a su Madre la facultad de
ofrecer las gracias de la redención.
Un detalle que ha sido objeto de
múltiples explicaciones es el de los pies
del Niño Jesús.
Jesús, que descansa sobre los bra-
zos de María, deja colgando sus piececi-
llos con la peculiaridad de que la sandalia
del pie derecho se separa del pie (ver ima-
gen 16).
Imagen 16. Detalle de los pies de Jesús
El pie izquierdo está rotado hacia dentro en forma de «tobillo o pie
varo» también conocido como «pie zambo» (defecto de nacimiento que di-
ficulta el poder caminar). Dicho detalle aparece en los iconos que llamamos
de la Pasión, entre los que está el nuestro de Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro, porque los Ángeles muestran a Jesús los instrumentos de la Pasión
(la cruz, los clavos, la lanza y la caña con esponja empapada con vinagre),
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 378-384. ISSN: 0482-5748
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO,… 379
lo que podría explicar el miedo y la precipitación con la que el Niño acude
a los brazos de María, y en dicho movimiento se le podría haber caído la
sandalia. Sin embargo, este detalle, de la sandalia colgando, aparece en otros
tipos de iconos en los que no aparecen los ángeles; como en los iconos perte-
necientes al grupo de María Odiguitria (Odiguitria significa ternura), como
se puede apreciar en el icono de la Virgen de la Ternura de Vladimir. Jesús
abraza a su madre y ésta inclina su cabeza, dejándose querer, es decir, con
ternura (ver imágenes 17,18 y 19).
Composición comparativa.
Imagen 17: Nuestro icono del Perpetuo Socorro
con las imágenes de los ángeles mostrando los instrumentos de la Pasión.
Imagen 18: Icono del Perpetuo Socorro
sin las imágenes de los ángeles y sin una zapatilla.
Imagen 19: Icono de La Virgen de la Ternura de Vladimir con el pie izquierdo descalzo.
Se tiene noticia que en el siglo VI todos los viernes se exponía, para
su veneración, la Sábana Santa que envolvió el cuerpo de Cristo, en la Igle-
sia de Santa María de Blanquernae, en Constantinopla. Este hecho, en opi-
nión de ciertos investigadores como el P. Vignon, E. Wünschel, M. Green
y I. Wilson, influyó en los artistas que pintaban los iconos. Hasta entonces
representaban a Cristo como un joven barbilampiño y de cabellera corta
(ver imagen 20) y a partir de ese siglo la imagen de Cristo la representan
con una barba partida en dos, con la ceja derecha más arqueada, una especie
de «V» en el puente de la nariz, el orificio nasal izquierdo más dilatado, dos
mechones de pelo cayendo sobre lo alto de la frente y una raya a lo largo de
la garganta.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 379-384. ISSN: 0482-5748
380 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
Imagen 20. Evolución de las imágenes de Cristo a través de los siglos
Llamó mucho la atención a los ar-
tistas del siglo VI, el que, en dicha Saba-
na Santa, se ve una pierna era más corta
que la otra, eso hizo pensar entonces que
Jesús era cojo. Y así los misioneros San
Cirilo y San Metodio (creadores de la
escritura cirílica) tras visitar en Constan-
tinopla la Sábana Santa fueron a evange-
lizar Rusia, difundieron dicha idea.
Imagen 21. Icono de la Crucifixión
con el tercer travesaño oblicuo
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 380-384. ISSN: 0482-5748
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO,… 381
Desde entonces plasmaron en los iconos un tercer travesaño oblicuo
de la cruz, con la idea de poder apoyar Cristo los dos pies. Como podemos
admirar en algunos iconos de la crucifixión (ver imagen 21) y que todavía
persisten en las cruces rusas del Kremlin (ver imagen 22).
Imagen 22. Cruces sobre el Kremlin
Hoy en día se sabe que la apa-
rente desigualdad de las dos piernas de
Jesús era debida a la rigidez cadavérica,
que mantuvo la pierna izquierda encogi-
da en la misma posición que tenía en la
cruz al clavarle los dos pies juntos (ver
imagen 23).
Imagen 23. Fotografía de la reconstrucción
antropológica del cuerpo de Jesús en la
Exposición del Hombre de la Sabana Santa.
En ella que se aprecia el pie derecho acortado
por la rigidez cadavérica post mortem
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 381-384. ISSN: 0482-5748
382 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
Esta influencia se mantuvo en algunos iconos de la Madre de Dios
que sustenta en sus brazos a un Niño Jesús cojo, con el piececillo derecho
arqueado (pie cavo) y con la zapatilla cayendo.
3º. La mirada de María. La perspectiva invertida
María ofrece su mano derecha, y el Niño se agarra fuertemente al
dedo pulgar. Ésta es la imagen central que da nombre al icono del Perpetuo
Socorro. María socorre al necesitado.
Y es ahora, la Virgen
María quien nos mira a no-
sotros. Ese es el detalle más
importante. Esa es la perspec-
tiva invertida que la diferen-
cia de un cuadro. María nos
mira y nos interroga. Pero esa
mirada de María es de dolor
compasivo hacia nosotros. Es
dulzura y como rezamos en la
Salve, María es vida, dulzura
y esperanza nuestra. Sus ojos
son grandes para dar cabida
a todos nuestros problemas y
su boca de María es pequeña
para significar un recogimien-
to silencioso. Ella habla poco
y espera nuestra respuesta (ver
imagen 24).
El icono es una sínte-
sis de la vida de María, que
nos va a acercar a Jesús en la
doble corriente de Jesús a los
hombres y de los hombres a
Jesús.
Imagen 24. Detalle de la mirada
de María. La perspectiva invertida
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 382-384. ISSN: 0482-5748
EL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO,… 383
A MODO DE CONCLUSIÓN
Nosotros, sanitarios del Cuerpo Militar de Sanidad: médicos, enfer-
meros, veterinarios, farmacéuticos, psicólogos o personal de apoyo sanita-
rio, nos fijamos en su mirada interpelante y en los gestos de las manos de
María y de Jesús.
Las manitas del Niño piden socorro. Pueden ser reflejo de nuestras
manos pidiéndole ayuda. ¡Socórreme Madre!
La virgen ofrece sus manos y nos mira esperando nuestra respuesta.
Por eso María es nuestro MODELO sanitario de socorrer y ayudar, y a la vez
nuestra PATRONA PROTECTORA en esa doble corriente de socorrernos
para socorrer. Me acojo a tus manos y tiendo las mías a quien las precise.
Como la rezamos en la Salve: «Reina y Madre de misericordia, vida, dul-
zura y esperanza nuestra», nosotros, los sanitarios queremos ser agentes de
vida y esperanza perpetuamente, como ostenta el cartel de nuestro Hospital
Central de la Defensa «Centro de vida y esperanza».
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 383-384. ISSN: 0482-5748
384 JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ ALBIACH
FUENTES CONSULTADAS
CARREÑO, J.L.: El último reportero. Ed. Don Bosco. Pamplona, 1975.
DE NICOLÁS ARRANZ, J.: Santa María del Perpetuo Socorro. Ed. El
Adelantado. Segovia, 1989.
DONADEO, M.: Iconos de la Madre de Dios. Ed. Paulinas, Madrid, 1991.
GARCÍA PAZ, A.M.: Santa María del Perpetuo Socorro. Historia e inter-
pretación del Icono. Ed. PS. Madrid, 1986.
GARCÍA PAZ, A.M.: Santa María del Perpetuo Socorro II. Geografía y
sentido de la Advocación: Ed. PS, 1986.
MARTÍN JIMÉNEZ, J.A.: Iniciación a la lectura de los Iconos. Ed. Ama-
car, 1990.
PASSARELLI, K.: El Icono de la Madre de Dios. Publicaciones Claretia-
nas. Madrid, 1992.
STEVENSON, K.E. y HABERMAS, G.R.: Dictamen sobre la Sábana de
Cristo. Ed. Planeta. Barcelona, 1982.
WILSON, I.: The Shroud of Turin. Ed. Doubleday. Nueva York, 1979.
WUNSCHEL, E.A.: Self-Portrait of Christ: The Holy Shroud of Turin. Ed.
Esopus. Nueva York, 1954.
Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2023, pp. 384-384. ISSN: 0482-5748
NORMAS PARA LA PUBLICACIÓN
DE ORIGINALES
La Revista de Historia Militar es una publicación del Instituto de
Historia y Cultura Militar. Su periodicidad es semestral.
Puede colaborar en ella todo escritor, militar o civil, español o extran-
jero, que se interese por los temas históricos relacionados con la institución
militar y la profesión de las armas.
En sus páginas encontrarán acogida los trabajos que versen sobre el
pensamiento militar a lo largo de la historia, deontología y orgánica militar,
instituciones, acontecimientos bélicos, personalidades militares destacadas
y usos y costumbres del pasado, particularmente si contienen enseñanzas o
antecedentes provechosos para el militar de hoy, el estudioso de la historia
y jóvenes investigadores.
Los trabajos han de realizarse en idioma español, ser inéditos y deberán
precisar las fuentes documentales y bibliográficas utilizadas. No se aceptará
ningún trabajo que haya sido publicado en otra revista o vaya a serlo.
Los originales deberán remitirse en soporte papel y digital a: Instituto
de Historia y Cultura Militar. Revista de Historia Militar. Paseo de Moret,
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trónico, a la siguiente dirección: rhmet@[Link].
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del autor, teléfono, correo electrónico y, en su caso, vinculación institucional,
además de un breve currículum. En el caso de los militares, en el supuesto
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forma completa, sin el uso de abreviaturas.
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letra Times New Roman, el tamaño de la fuente 11 y el interlineado sencillo.
Los artículos deberán tener una extensión comprendida entre 10.000
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En su forma el artículo deberá tener una estructura que integre las siguien-
tes partes:
− Título: representativo del contenido.
− Autor: identificado a través de una nota a pie de página donde apa-
rezcan: nombre y apellidos y filiación institucional con la dirección
completa de la misma, así como dirección de correo electrónico, si
dispone de ella.
− Resumen en español: breve resumen con las partes esenciales del
contenido.
− Palabras clave en español: palabras representativas del contenido
del artículo que permitan la rápida localización del mismo en una
búsqueda indexada.
− Resumen en inglés.
− Palabras clave en inglés.
− Texto principal con sus notas a pie de página.
− Bibliografía: al final del trabajo, en página aparte y sobre todo
la relevante para el desarrollo del texto. Se presentará por orden
alfabético de los autores y en la misma forma que las notas pero
sin citar páginas.
− Ilustraciones: deben ir numeradas secuencialmente citando el ori-
gen de los datos que contienen. Deberán ir colocadas o, al menos,
indicadas en el texto.
Notas a pie de página.
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a) Libros: apellidos seguidos de coma y nombre seguido de dos pun-
tos. Título completo del libro en cursiva seguido de punto. Editorial, lugar y
año de edición, tomo o volumen y página de donde procede la cita (indicada
con la abreviatura pág., o pp. si son varias). Por ejemplo:
Palencia, Alonso de: Crónica de Enrique IV. Ed. BAE, Madrid, 1975,
vol. I, pp. 67-69.
b) Artículos en publicaciones: apellidos y nombre del autor del modo
citado anteriormente. Título entrecomillado seguido de la preposición en,
nombre de la publicación en cursiva, número de volumen o tomo, año y
página de la que proceda la cita. Por ejemplo:
Castillo Cáceres, Fernando: «La Segunda Guerra Mundial en Siria y
Líbano», en Revista de Historia Militar, nº 90, 2001, pág. 231.
c) Una vez citado un libro o artículo, puede emplearse en posteriores
citas la forma abreviada que incluye solamente los apellidos del autor y
nombre seguido de dos puntos, [Link]., número de volumen (si procede) y
página o páginas de la cita. Por ejemplo:
Castillo Cáceres, Fernando: [Link]., vol. II, pág. 122.
d) Cuando la nota siguiente hace referencia al mismo autor y libro
puede emplearse ibídem, seguido de tomo o volumen y página (si procede).
Por ejemplo:
Ibídem, pág. 66.
e) Las fuentes documentales deben ser citadas de la siguiente manera:
archivo, organismo o institución donde se encuentra el documento, sección,
legajo o manuscrito, título del documento entrecomillado y fecha. Por ejem-
plo: A.H.N., Estado, leg. 4381. «Carta del Conde de Aranda a Grimaldi» de
fecha 12 de diciembre de 1774.
Se deberá hacer un uso moderado de las notas y principalmente para
contener texto adicional. Normalmente las citas, si son breves se incluirán
en el texto y si son de más de dos líneas en una cita a pie de página.
Recomendaciones de estilo.
− Evitar la utilización de la letra en negrita en el texto.
− Utilizar letra cursiva para indicar que se hace referencia a una
marca comercial, por ejemplo fusil CETME, o el nombre de un
buque o aeronave fragata, Cristóbal Colón. También para las pa-
labras escritas en cualquier idioma distinto al castellano y para los
títulos de libros y publicaciones periódicas.
− Los cargos y títulos van siempre en minúscula, por ejemplo rey, mar-
qués, ministro, etc., excepto en el caso del rey reinante en cuyo caso
será S.M. el Rey D. Felipe VI. Los organismos e instituciones van
con mayuscula inicial: Monarquía, Ministerio, Región Militar, etc.
− De la misma manera, se escriben con mayúscula todas las palabras
significativas que componen la denominación completa de enti-
dades, instituciones, etc.
− Los términos «fuerzas armadas» y «ejército» se escribirán con
minúscula cuando se haga referencia genérica a ellos. Si se habla de
«Ejército» o «Fuerzas Armadas» como institución debe emplearse
la mayúscula inicial. Otro tanto viene a ocurrir con las especiali-
dades fundamentales, las antiguas Armas y Cuerpos de los Ejércitos
y con las Unidades Militares; por ejemplo tropas de infantería y
Especialidad Fundamental, Arma de Infantería, un regimiento y el
Regimiento Alcántara.
− Las siglas y acrónimos más conocidos se escriben sin intercalar
puntos y conviene relacionarlos entre paréntesis inmediatamente
después de utilizarlos por primera vez, Centro Superior de Estu-
dios de la Defensa Nacional (CESEDEN).
− Se utilizarán siglas para referirse a archivos y publicaciones
periódicas que vayan a aparecer con frecuencia en el texto, Archivo
General Militar de Madrid (AGMM).
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Para su publicación los trabajos serán evaluados por, al menos, cuatro
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