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La Sucia Leyenda Urbana

Un joven se encuentra con una mujer misteriosa junto a un río después de visitar a su novia. Al acercarse y hablarle, la mujer voltea revelando un rostro espantoso que deja escapar un alarido terrorífico. El joven huye y les cuenta a los aldeanos sobre su encuentro con "La Sucia", una mujer fantasmal que se dice que busca hombres infieles en el río.

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La Sucia Leyenda Urbana

Un joven se encuentra con una mujer misteriosa junto a un río después de visitar a su novia. Al acercarse y hablarle, la mujer voltea revelando un rostro espantoso que deja escapar un alarido terrorífico. El joven huye y les cuenta a los aldeanos sobre su encuentro con "La Sucia", una mujer fantasmal que se dice que busca hombres infieles en el río.

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LA SUCIA LEYENDA URBANA

Según cuenta la leyenda, esta historia tiene su origen en Santa Bárbara, cuando en una
noche como cualquier otra, salía un joven de su casa en busca de su amor, de la chica
que lo tenía enamorado por el momento.

Al llegar el joven con la mujer que deseaba, pasó con ella algunas horas, hasta que
llegaron las 9:00 de la noche y era momento de regresar a casa. Despidiéndose de su
chica, el joven salió en la oscuridad y soledad de las calles de aquel pueblo, cuando de
repente al pasar por un riachuelo camino a su casa, ve a lo lejos de espaldas a una mujer.

Al ver su largo vestido sumergido en el agua y su largo cabello, el joven se acercó a la


mujer misteriosa, ya que su misterio le produjo una atracción y a pesar de venir de
donde su novia, el muchacho estaba dispuesto a conquistarla.

El joven le habló con palabras seductoras a la mujer, pero no obtuvo ninguna respuesta.
Lleno de enojo y arrogancia el hombre le quiso dar vuelta para poder ver su rostro,
cuando en ese momento la mujer lo vio con una mirada despiadada y se escuchó un
alarido de terror que despertó a todo el pueblo.

El hombre corrió lo más rápido que pudo y le contó a los que salieron por el ruido, que
vio a una mujer con un rostro espantoso y un aliento a podredumbre. A lo lejos aún se le
veía a La Sucia, en el río lavando su ropa, en busca de aquellos hombres mujeriegos.

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