UNIDAD 4.
CRISIS DE LA CRISTIANDAD: NOMINALISMO, FIDEISMO,
RACIONALISMO
1. La ruptura de la tradición occidental; voluntarismo, escepticismo y nominalismo.
La crisis de la cristiandad en la Europa medieval del siglo XIV fue un periodo de agitación
y desafíos para la Iglesia Católica y la sociedad en su conjunto. Esta crisis se manifestó en
múltiples aspectos y estuvo influenciada por una serie de factores históricos, sociales y
políticos.
Uno de los eventos más significativos que contribuyeron a esta crisis fue la devastadora
pandemia de la Peste Negra, que asoló Europa en el siglo XIV. Esta epidemia provocó una
enorme mortalidad entre la población, causando un profundo impacto social y económico.
La Iglesia, como institución central en la vida medieval, enfrentó dificultades para hacer
frente a las necesidades espirituales y materiales de la gente, lo que socavó su autoridad
moral y generó descontento entre los fieles.
Además, la Iglesia estaba dividida por conflictos internos y políticos, como el Gran Cisma
de Occidente, que llevó a la existencia de dos o incluso tres papas rivales, cada uno
reclamando ser el legítimo líder de la Iglesia Católica. Esta división minó la cohesión y la
autoridad de la Iglesia, generando confusión y desconfianza entre los fieles.
La crisis de la cristiandad también se manifestó en la esfera teológica y espiritual, con un
aumento del escepticismo y la búsqueda de una fe más personal y auténtica. Los filósofos y
teólogos de la época, como Guillermo de Ockham, cuestionaron las doctrinas y prácticas
tradicionales de la Iglesia, abriendo debates sobre temas como la naturaleza de Dios, la
autoridad papal y la relación entre la fe y la razón.
La ruptura de la tradición occidental durante la crisis de la cristiandad en la Europa
medieval del siglo XIV marcó un cambio fundamental en la forma en que se entendían y se
vivían las estructuras sociales, políticas, religiosas y filosóficas. Este proceso de ruptura
estuvo influenciado por una serie de factores y dio lugar a importantes cambios en la
mentalidad y la cultura europea.
Uno de los aspectos más significativos de esta ruptura fue el cuestionamiento de las
autoridades establecidas, tanto en la esfera religiosa como en la política. La crisis de la
cristiandad y los conflictos internos de la Iglesia Católica minaron la autoridad moral y
espiritual de la institución, lo que llevó a una mayor secularización de la sociedad y al
surgimiento de formas alternativas de autoridad y legitimidad.
Además, la ruptura de la tradición occidental se manifestó en el ámbito intelectual y
filosófico, con un aumento del escepticismo y la búsqueda de nuevas formas de comprender
el mundo y la realidad. Los filósofos y pensadores de la época, influenciados por corrientes
como el nominalismo y el voluntarismo, desafiaron las concepciones tradicionales de la
metafísica y la epistemología, abriendo nuevas perspectivas sobre la naturaleza del
conocimiento y la verdad.
Esta ruptura también se reflejó en el arte, la literatura y la cultura en general, con un cambio
en las formas de expresión y representación. El Renacimiento, que surgió en este contexto
de cambio y transformación, marcó el inicio de una nueva era de creatividad y
experimentación en todas las áreas del conocimiento y la expresión humana.
En el contexto de esta ruptura de la tradición, surgieron varias corrientes filosóficas y
teológicas que contribuyeron a remodelar la forma en que se entendían la fe, la razón y la
autoridad. Entre estas corrientes se destacan el voluntarismo, el escepticismo, el
nominalismo y el fideísmo, cada uno con su enfoque único que desafiaba las ideas y
creencias establecidas.
El voluntarismo, en particular, enfatizaba la primacía de la voluntad divina sobre la razón
humana. Esta corriente sostiene que la voluntad de Dios es la fuente última de la moralidad
y la ley, lo que lleva a una comprensión más subjetiva de la ética y la autoridad. En el
contexto de la crisis de la cristiandad, el voluntarismo desafiaba la idea de una ley natural
objetiva y universal, lo que permitía una mayor centralización del poder político en manos
de los monarcas absolutos, quienes afirmaban su autoridad como un mandato divino.
El escepticismo, por otro lado, planteaba dudas y cuestionamientos sobre las creencias y
enseñanzas tradicionales. En un momento de agitación y cambio como la crisis de la
cristiandad, el escepticismo ofrecía un enfoque crítico y reflexivo que invitaba a
reconsiderar las verdades aceptadas. Esto se reflejó en la filosofía de la época, con
pensadores como Guillermo de Ockham desafiando las doctrinas establecidas y abriendo
nuevas vías de exploración intelectual.
El nominalismo, asociado principalmente con Guillermo de Ockham, rechazaba la idea de
universales y esencias objetivas, argumentando que solo existen individuos concretos. Esta
corriente filosófica tuvo profundas implicaciones para la metafísica y la epistemología,
socavando las concepciones tradicionales de la realidad y el conocimiento. En el contexto
de la crisis de la cristiandad, el nominalismo contribuyó a una mayor fragmentación y
diversidad de perspectivas, estimulando un clima de exploración intelectual y debate.
El fideísmo, por su parte, afirmaba la primacía de la fe sobre la razón y sostenía que las
verdades religiosas solo pueden ser conocidas a través de la revelación divina. En un
momento de incertidumbre y agitación como la crisis de la cristiandad, el fideísmo ofrecía
un refugio en la fe como fuente de certeza y consuelo. Sin embargo, también planteaba
desafíos a la autoridad de la Iglesia y la razón humana, generando tensiones dentro de la
comunidad religiosa.
2. Guillermo de Ockam. Nominalismo. La noción del derecho subjetivo.
Guillermo de Ockam, también conocido como Guillermo de Occam, fue un filósofo y
teólogo inglés nacido en el siglo XIV (1300-1350) durante un período histórico marcado
por conflictos político-eclesiásticos y una atmósfera de batallas tanto en Inglaterra como en
Europa. Ockam ingresó a la orden franciscana y se convirtió en un monje franciscano, lo
que influyó en gran medida en su pensamiento y enfoque filosófico.
Durante los siglos XIV y XV, Ockam ejerció una gran influencia, especialmente en las
universidades de la época, lo que indica que sus doctrinas resonaban con el espíritu de la
época y ganaron una amplia aceptación. Se le atribuye haber sembrado la semilla de la
reforma protestante y haber contribuido al desarrollo del empirismo y del positivismo en la
filosofía.
Una de las contribuciones más destacadas de Ockam fue su enfoque en el método de
conocimiento. Estudió en la Universidad de Oxford, donde se inició en un movimiento
científico interesado únicamente en la realidad experimental. Sostenía que toda ciencia para
ser considerada verdadera debía ser demostrada experimentalmente, y reconocía solo una
forma de demostración: aquella basada en la evidencia sensible, la cual se captura a través
de los sentidos. Ockam negaba la existencia real de lo universal y afirmaba que el único
conocimiento cierto era el sensible, es decir, aquel que se adquiere a través de la
experiencia directa de las cosas concretas.
En el ámbito religioso, Ockam sostenía una concepción pesimista del hombre y de la vida
social, argumentando que la razón humana estaba corrompida por el pecado original y que
solo la fe podía proporcionar un camino claro para distinguir entre el bien y el mal. Para
Ockam, la autoridad de Dios era suprema, y todas las acciones debían estar en consonancia
con la voluntad divina.
En cuanto a su relación con la Iglesia, Ockam cuestionaba el poder del Papa en asuntos
temporales y defendía el derecho de los ciudadanos y los príncipes temporales a resistir al
Papa si consideraban que su gobierno era injusto. Además, abogaba por una forma de
constitución eclesiástica aristocrática, en la que los papas nacionales tendrían más
autonomía y poder.
Ockam también se vio envuelto en polémicas internas dentro de su orden, especialmente en
relación con la pobreza evangélica. Surgieron discrepancias entre la regla de pobreza de
San Francisco y la práctica real de los franciscanos, lo que llevó a conflictos con el Papado.
Ockam defendió la supuesta pobreza extrema de ciertos grupos de franciscanos,
argumentando que tenían derecho al uso de los bienes materiales según el derecho divino,
aunque renunciaban al derecho positivo humano de dominio.
El nominalismo surge como una reacción contra las tendencias realistas de la filosofía
medieval, especialmente el realismo aristotélico de Santo Tomás de Aquino. Este enfoque
nominalista, desarrollado en el siglo XIV, cuestionaba la existencia de universales y
defendía una visión radicalmente diferente del conocimiento y la realidad.
En el corazón del nominalismo se encuentra la idea de que no existen entidades universales
o esencias comunes que subyacen a las cosas individuales. En otras palabras, los
universales, como la humanidad o la justicia, son meras abstracciones mentales o términos
lingüísticos sin correspondencia en la realidad objetiva. Esta posición se opone al realismo,
que postula la existencia real de universales que existen independientemente de las cosas
individuales.
Guillermo de Ockam argumentaba que el único conocimiento cierto era el sensible, es
decir, aquel que se adquiere a través de la experiencia directa de las cosas concretas. Niega
la existencia real de lo universal y sostiene que el único objeto de la ciencia son los entes
particulares, aquellos que pueden ser constatados experimentalmente. Para Ockam, los
conceptos universales son simplemente palabras o términos arbitrarios que utilizamos para
designar cosas individuales similares, pero no tienen una existencia real más allá de nuestra
mente.
El nominalismo de Ockam tuvo importantes implicaciones en varios ámbitos del
pensamiento, incluyendo la epistemología, la metafísica, la ética y la teología. Por ejemplo,
en epistemología, el nominalismo llevó a un enfoque radicalmente empirista del
conocimiento, donde solo lo que puede ser verificado por la experiencia directa se
considera verdadero y cierto. En metafísica, el nominalismo rechaza la idea de una realidad
universal y postula que solo existen cosas individuales concretas.
En ética, el nominalismo plantea problemas sobre la naturaleza de la moralidad y la justicia,
ya que niega la existencia de valores universales y objetivos. En cambio, la ética
nominalista tiende a ser subjetivista, basada en la voluntad divina o en las convenciones
sociales en lugar de en principios absolutos.
En el ámbito teológico, el nominalismo plantea desafíos para la comprensión de la relación
entre la fe y la razón, así como para la interpretación de las enseñanzas religiosas. Al negar
la existencia de universales y enfatizar la supremacía de la fe sobre la razón, el
nominalismo influyó en la forma en que se entendían cuestiones teológicas como la
naturaleza de Dios, el libre albedrío y la salvación.
La noción del derecho subjetivo representa un cambio significativo en la concepción del
derecho y su relación con la moral y la autoridad. Ockam introdujo una nueva
interpretación del concepto de derecho, desviándose de la noción tradicional de "cosa justa"
hacia una comprensión más centrada en el poder de la voluntad individual.
Según Ockam, el derecho subjetivo no es simplemente la expresión de la justicia objetiva,
sino más bien el poder o la facultad que una persona tiene sobre una cosa o situación
particular. Esta concepción implica que el derecho no es una realidad objetiva y universal,
sino más bien una creación del sujeto que lo posee. En otras palabras, el derecho subjetivo
es entendido como un poder que se deriva de la voluntad humana o divina, y no
necesariamente está vinculado a consideraciones de justicia moral.
Ockam también distingue entre diferentes tipos de derechos, como el derecho al uso (ius
utendi) y el derecho de propiedad (ius poli y ius fori). El derecho al uso se refiere al
permiso o la facultad de hacer uso de una cosa, mientras que el derecho de propiedad
implica un poder más completo sobre la cosa, incluyendo el derecho de disposición y el
derecho a ejercer control sobre ella. Ockam argumenta que estos derechos están
determinados por la ley humana y divina, y pueden variar según las circunstancias y las
normas establecidas por la autoridad competente.
En el contexto específico de los franciscanos y su controversia sobre la pobreza evangélica,
Ockam aplicó su noción de derecho subjetivo para argumentar a favor de la legitimidad del
uso de los bienes materiales por parte de la orden. Aunque los franciscanos renunciaban al
derecho de propiedad según el derecho positivo humano, mantenían el derecho al uso de los
bienes según el derecho divino. Esta distinción entre el uso y la propiedad permitió a
Ockam justificar la supuesta pobreza extrema de los franciscanos mientras mantenían el
control y el disfrute de los recursos materiales necesarios para su vida y misión.
3. La reforma protestante. Lutero, su doctrina e influencia jurídica; su concepción del
derecho natural. Maquiavelo y la razón de Estado: separación de ética y política.
Lutero
Martín Lutero fue un teólogo, reformador y figura clave en la historia del cristianismo.
Nacido en Alemania en 1483, Lutero se convirtió en una figura central durante el siglo XVI
debido a su papel en la Reforma Protestante, un movimiento que buscaba reformar la
Iglesia Católica Romana y que eventualmente condujo a la creación de diversas
denominaciones protestantes.
Su famosa protesta contra las prácticas de venta de indulgencias de la Iglesia, expresada en
sus 95 tesis, marcó el inicio de su desafío al poder eclesiástico y sentó las bases de la
Reforma Protestante. Lutero enfatizaba la salvación por la fe sola, en contraposición a la
doctrina católica de la salvación a través de obras. Creía que la Biblia era la única autoridad
religiosa y abogaba por la traducción de la misma al alemán para que todos pudieran
acceder a ella.
Su doctrina de la "sola fide" (solo por la fe) y la "sola scriptura" (solo la escritura) fueron
fundamentales en su enseñanza. Creía que la gracia de Dios se obtiene solo a través de la fe
en Jesucristo y su sacrificio en la cruz, y no a través de obras o méritos humanos. Esta idea
revolucionó la comprensión tradicional del cristianismo medieval y tuvo un impacto
duradero en la teología y la práctica religiosa en toda Europa.
Además de sus contribuciones teológicas, Lutero también tuvo un impacto significativo en
la sociedad y la política de su tiempo. Su apoyo a la educación universal y su énfasis en la
responsabilidad individual ante Dios contribuyeron al desarrollo de la democracia y la
libertad religiosa en Europa. Aunque su legado es complejo y su influencia ha sido objeto
de debate, no se puede negar su profundo impacto en la historia religiosa y cultural de
Occidente.
La Reforma Protestante fue un movimiento religioso del siglo XVI que tuvo un profundo
impacto en la historia de Europa y el cristianismo en general. Surgió como una respuesta a
diversas prácticas y doctrinas de la Iglesia Católica Romana, que muchos consideraban
corruptas o contrarias a la enseñanza bíblica. La figura más destacada de este movimiento
fue Martín Lutero, cuya protesta contra las indulgencias en 1517 suele considerarse el
inicio de la Reforma.
La Reforma Protestante se caracterizó por varios principios fundamentales, entre los que se
incluyen:
1. Sola fide (solo por la fe): La creencia de que la salvación es un regalo de Dios que se
recibe solo por fe en Jesucristo, y no por obras o méritos humanos.
2. Sola scriptura (solo la escritura): La enseñanza de que la Biblia es la única autoridad
religiosa y la fuente suprema de doctrina, por encima de la tradición de la iglesia o la
autoridad papal.
3. Sacerdocio universal de todos los creyentes: La idea de que todos los cristianos tienen
acceso directo a Dios y pueden interpretar la Biblia por sí mismos, sin necesidad de
intermediarios clericales.
4. Rechazo de ciertas prácticas católicas: La oposición a prácticas como la venta de
indulgencias, el culto a los santos y la veneración de reliquias, que se consideraban
contrarias a la enseñanza bíblica o explotadoras de los fieles.
La Reforma Protestante condujo a la creación de diversas denominaciones cristianas no
católicas, como luteranos, calvinistas, anglicanos y muchas otras. Estas denominaciones se
basaron en diferentes interpretaciones de la Biblia y diferían en cuestiones teológicas,
litúrgicas y eclesiásticas. La Reforma también desencadenó conflictos políticos y sociales
en toda Europa, incluidas guerras religiosas y cambios en la estructura de la sociedad y el
gobierno.
A pesar de los desafíos y divisiones que causó, la Reforma Protestante tuvo un impacto
duradero en la historia religiosa y cultural de Occidente, contribuyendo al surgimiento del
protestantismo como una de las ramas principales del cristianismo y al fortalecimiento de
los principios de libertad religiosa y libertad de conciencia.
La doctrina de Lutero y su influencia en el ámbito jurídico fueron significativas durante la
Reforma Protestante y tuvieron repercusiones en la evolución del derecho y la sociedad en
Europa.
Lutero abordó cuestiones morales y legales desde una perspectiva teológica. Su énfasis en
la Sola Scriptura (la autoridad exclusiva de la Biblia) y la Sola Fide (la salvación solo por la
fe) tuvo implicaciones en cómo se entendía la ley y la moral en la sociedad de su tiempo.
Uno de los aspectos más destacados fue su enfoque sobre la culpabilidad y el pecado.
Lutero sostenía que el ser humano es inherentemente pecador y que la Ley de Dios (como
se encuentra en la Biblia) revela la magnitud de ese pecado. Esta visión influyó en cómo se
entendía la ley en la sociedad. Lutero argumentaba que la ley civil tenía un papel en
reprimir el pecado, pero no en justificar a las personas ante Dios. Esto llevó a una
separación entre el ámbito espiritual y el secular en el entendimiento de la ley.
Además, Lutero promovió la idea de que el individuo no podía ganar la salvación a través
de buenas obras, sino solo a través de la fe en Dios. Esta doctrina tuvo implicaciones en la
forma en que se entendía la responsabilidad individual ante la ley. Si bien Lutero no
abogaba por la anarquía, su énfasis en la fe sobre las obras llevó a una visión diferente de la
responsabilidad moral y legal del individuo.
La influencia jurídica de Lutero también se puede ver en su perspectiva sobre la autoridad
secular y la iglesia. Argumentaba que los príncipes y gobernantes tenían un papel divino en
mantener la paz y el orden en la sociedad. Esta visión del gobierno civil como instituido por
Dios tuvo implicaciones en la forma en que se entendía el derecho y la autoridad política en
la Europa de la época.
La concepción del derecho natural para Lutero se enmarca en su visión teológica de la ley y
la moral. Aunque Lutero no desarrolló una teoría sistemática del derecho natural en el
sentido filosófico clásico, su pensamiento influyó en cómo se entendía la ley natural y su
relación con la ley divina.
Para Lutero, la ley natural estaba intrínsecamente ligada a la ley divina revelada en las
Escrituras. Creía que la ley moral, que incluía principios como no matar, no robar y no
cometer adulterio, estaba arraigada en la naturaleza misma de Dios y, por lo tanto, era
universal y aplicable a todas las personas. Esta ley natural era una expresión de la voluntad
divina y servía como estándar para la conducta humana.
Sin embargo, Lutero enfatizaba que la ley natural no podía salvar a las personas.
Argumentaba que, debido al pecado original, la humanidad estaba corrompida y no podía
cumplir plenamente la ley moral. En lugar de confiar en la observancia de la ley natural
para alcanzar la salvación, Lutero enseñaba que la fe en Cristo era el único medio de
redención.
Por lo tanto, aunque Lutero reconocía la existencia y la importancia de la ley natural como
un reflejo de la voluntad divina, su énfasis estaba en la fe y la gracia como medios de
justificación y salvación. Esta perspectiva influiría en la manera en que se entendía la
relación entre la ley divina, la ley natural y el derecho civil en la Europa de la Reforma,
contribuyendo así al desarrollo del pensamiento jurídico y teológico en la época.
Maquiavelo
Maquiavelo, cuyo nombre completo era Nicolás Maquiavelo, fue un importante pensador
político, diplomático y escritor italiano del Renacimiento. Nació en Florencia, Italia, en
1469 y falleció en 1527. Es conocido principalmente por su obra "El Príncipe" (Il Principe),
aunque también escribió otros trabajos como "Discursos sobre la primera década de Tito
Livio" (Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio).
Uno de los aspectos más destacados de Maquiavelo es su enfoque pragmático y realista
sobre la política. Su obra "El Príncipe" es considerada una de las primeras obras modernas
sobre política, ya que rompe con la tradición medieval y presenta una visión secular y
basada en la observación empírica de la realidad política de su tiempo. En lugar de abordar
la política desde un punto de vista moral o ético, Maquiavelo la considera como un arte,
enfocándose en la adquisición, conservación y aumento del poder.
Maquiavelo tenía una visión pesimista de la naturaleza humana, considerando que los
individuos son inherentemente egoístas y que el orden político surge de la necesidad de
supervivencia. Esta visión pesimista lo lleva a argumentar que en política, el fin justifica los
medios, lo que ha llevado a la famosa expresión "el fin justifica los medios", aunque esta
frase no aparece explícitamente en sus obras.
Además, Maquiavelo enfatiza la importancia de la fortuna y la virtud en la política. La
fortuna se refiere a los eventos impredecibles que pueden influir en el curso de los
acontecimientos políticos, mientras que la virtud se refiere a la capacidad del líder político
para aprovechar las circunstancias y ejercer el poder de manera efectiva.
A lo largo de su obra, Maquiavelo aborda temas como la naturaleza del Estado, la
moralidad en política, la relación entre el gobernante y el pueblo, y la importancia de la
estabilidad política para el bienestar del Estado. Su enfoque práctico y desmitificador de la
política ha generado debate y controversia a lo largo de los siglos, pero su influencia en el
pensamiento político moderno es innegable.
La noción de la "razón de Estado" es un concepto fundamental en la obra de Maquiavelo y
en el pensamiento político en general. Se refiere a la idea de que, en política, los
gobernantes deben tomar decisiones basadas en lo que sea más beneficioso para el Estado
en su conjunto, incluso si esas decisiones van en contra de consideraciones éticas o morales
tradicionales.
Para Maquiavelo, la razón de Estado implica que el gobernante debe priorizar el bienestar y
la estabilidad del Estado sobre cualquiera otra consideración, como la moralidad personal o
las normas éticas. Esto significa que el gobernante puede tomar decisiones que podrían ser
consideradas injustas o inmorales si se consideran desde un punto de vista ético
convencional, siempre y cuando esas decisiones sean necesarias para mantener el poder y la
estabilidad del Estado.
La razón de Estado se basa en la idea de que la política es un juego de poder en el que los
gobernantes deben ser pragmáticos y realistas, tomando decisiones basadas en la situación
política y en lo que sea más beneficioso para mantener el orden y la seguridad del Estado.
Esto puede implicar acciones como la manipulación, el engaño o incluso la violencia si se
considera necesario para lograr los objetivos políticos del Estado.
Obras: El Príncipe
"El Príncipe" es una obra fundamental en el pensamiento político escrita por Nicolás
Maquiavelo durante el Renacimiento italiano. Publicada por primera vez en 1532, después
de la muerte de Maquiavelo, la obra ha tenido una gran influencia en la teoría política
occidental y sigue siendo objeto de debate y análisis en la actualidad.
El objetivo principal de "El Príncipe" es proporcionar consejos prácticos para los
gobernantes sobre cómo mantener y consolidar su poder. Maquiavelo escribió esta obra con
la esperanza de ganarse el favor de los gobernantes de su época, especialmente los Medici,
quienes habían recobrado el control de Florencia, la ciudad natal de Maquiavelo.
Aunque "El Príncipe" se centra en la adquisición y el ejercicio del poder político, su
enfoque no es moral ni ético en el sentido convencional. En lugar de ello, Maquiavelo
presenta una visión pragmática y realista de la política, argumentando que los gobernantes
deben estar dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para mantener su autoridad y
asegurar la estabilidad del Estado.
Consejos de Maquiavelo al Principe:
1. La naturaleza del poder: Maquiavelo argumenta que el poder político es
fundamentalmente pragmático y que el fin justifica los medios. Esto significa que un
príncipe debe estar dispuesto a tomar medidas drásticas, incluso si son crueles o injustas, si
eso es necesario para mantener su posición y asegurar la estabilidad del estado. Para
Maquiavelo, el objetivo principal de un príncipe debe ser preservar el orden y la seguridad,
aunque esto signifique actuar en contra de las normas éticas tradicionales.
2. Ser temido vs. ser amado: Maquiavelo sostiene que es mejor para un príncipe ser
temido que ser amado, ya que el miedo es más confiable y menos volátil que el amor. El
miedo a las consecuencias de desafiar al príncipe mantiene a los súbditos en línea y asegura
su obediencia. Sin embargo, Maquiavelo también advierte que un príncipe debe evitar ser
odiado, ya que el odio puede llevar a la rebelión. Por lo tanto, el príncipe debe mantener un
equilibrio entre inspirar temor y evitar el odio del pueblo.
3. La importancia de la astucia: Maquiavelo enfatiza la importancia de la astucia y el
engaño en la política. Un príncipe debe ser capaz de engañar a sus enemigos y manipular a
sus súbditos para mantener el poder. Esto puede implicar el uso de la propaganda, la
manipulación de la información y la adopción de una postura estratégica en las relaciones
internacionales. La astucia política es una herramienta vital para sobrevivir y prosperar en
un mundo político competitivo y hostil.
4. Evitar la neutralidad: Maquiavelo advierte que un príncipe nunca debe permanecer
neutral en los asuntos políticos, ya que esto puede hacer que sea visto como débil o
indeciso. En su lugar, debe tomar una posición clara y estar dispuesto a tomar medidas
decisivas para proteger sus intereses. La neutralidad puede ser interpretada como indecisión
o debilidad, lo que puede llevar a que otros estados o facciones aprovechen la situación
para su propio beneficio a expensas del príncipe.
5. La importancia de los consejeros: Maquiavelo aconseja a los príncipes rodearse de
consejeros sabios y capaces, pero también les advierte que no confíen demasiado en ellos,
ya que pueden tener sus propios intereses y agendas. Los consejeros pueden proporcionar
información valiosa y diferentes perspectivas sobre los problemas políticos, pero el príncipe
debe mantenerse vigilante y tomar decisiones basadas en su propio juicio y conocimiento
de la situación.
6. La necesidad de adaptarse: Maquiavelo argumenta que un príncipe debe ser flexible
y capaz de adaptarse a las circunstancias cambiantes. Debe estar dispuesto a cambiar de
táctica según sea necesario para mantener el poder y proteger sus intereses. La política es
inherentemente volátil y las condiciones pueden cambiar rápidamente, por lo que el
príncipe debe ser capaz de ajustarse y responder de manera efectiva a nuevas situaciones y
desafíos. La rigidez y la inflexibilidad pueden llevar a la ruina política.
4. Descartes y el racionalismo: los antecedentes del normativismo legalista. Escuelas
iusnaturalistas modernas (siglos XVII y XVIII). Hugo Grocio y Samuel Pufendorf. El
derecho iusnaturalista racionalista.
René Descartes, nacido en 1596 en La Haye en Touraine (actualmente Descartes, Francia) y
fallecido en 1650 en Estocolmo, Suecia, es reconocido como uno de los filósofos más
influyentes de la era moderna y un pionero del racionalismo. Sus contribuciones a la
filosofía, las matemáticas y la ciencia marcaron un punto de inflexión en el pensamiento
occidental.
Descartes fue un personaje polifacético. A pesar de haber nacido en una familia de la baja
nobleza, René recibió una educación variada y completa. Estudió en la Universidad de
Poitiers, donde se familiarizó con las matemáticas y la física, y más tarde en la Universidad
de París, donde se sumergió en la filosofía y la lógica aristotélicas. Sin embargo, su
educación formal no estaba exenta de crítica, ya que Descartes se mostraba insatisfecho con
el estado del conocimiento de su época y anhelaba un método que pudiera conducirlo hacia
una verdad indudable y sólida.
Descartes es conocido por su método filosófico, que expuso en su obra más famosa,
"Discurso del Método" (1637). En este texto, propone un método sistemático para alcanzar
la verdad a través de la duda metódica, es decir, cuestionando todas las creencias previas
hasta encontrar una verdad indiscutible. La célebre frase "Pienso, luego existo" resume su
conclusión fundamental: la existencia del pensamiento es la única certeza que no puede ser
puesta en duda.
El método cartesiano, además de ser un enfoque epistemológico, influyó en todas las áreas
del conocimiento, desde la filosofía hasta las matemáticas y las ciencias naturales.
Descartes creía que la realidad podía ser comprendida y explicada matemáticamente, y por
lo tanto, su método no solo se aplicaba a la búsqueda de la verdad filosófica, sino también
al estudio de la naturaleza. Este enfoque racionalista sentó las bases para el desarrollo de la
ciencia moderna y la revolución científica que siguió en los siglos XVII y XVIII.
Además de su método, Descartes es conocido por sus contribuciones a la geometría
analítica, en particular por la introducción de las coordenadas cartesianas, que
revolucionaron la forma en que se conceptualiza el espacio y las formas geométricas.
También formuló leyes del movimiento y contribuyó al desarrollo de la óptica.
En cuanto a su posición filosófica, Descartes fue un dualista que distinguía entre el cuerpo
(res extensa) y la mente (res cogitans). Para él, el cuerpo era una entidad física sujeta a las
leyes naturales, mientras que la mente era una entidad no física, inmaterial y consciente.
Esta dualidad le llevó a plantear la teoría de la unión mente-cuerpo, en la que la mente
influía en el cuerpo a través de la glándula pineal.
A pesar de sus contribuciones significativas, Descartes no estuvo exento de críticas y
controversias. Su énfasis en la razón y la matemática como la única fuente confiable de
conocimiento fue objeto de críticas por parte de filósofos empiristas como John Locke y
David Hume, quienes defendían la importancia de la experiencia sensorial en la adquisición
del conocimiento.
Racionalismo
El racionalismo de René Descartes representa una ruptura radical con la tradición filosófica
anterior y marca el inicio de una nueva era en el pensamiento occidental. Fundamentado en
la razón como fuente primordial de conocimiento, el racionalismo cartesiano propone un
método sistemático para alcanzar verdades irrefutables y construir un sistema filosófico
sólido y coherente.
En el corazón del racionalismo de Descartes se encuentra su método de duda metódica,
presentado en su obra "Discurso del Método". Este método implica someter todas las
creencias y opiniones previas a una rigurosa duda, cuestionando su veracidad hasta
encontrar una verdad indubitable. Este proceso de duda radical culmina en la célebre
afirmación "Pienso, luego existo", que establece la existencia del pensamiento como la
única certeza inquebrantable.
El racionalismo cartesiano se caracteriza por su confianza en la capacidad de la razón
humana para alcanzar el conocimiento verdadero y universal. Descartes cree que la razón es
la facultad más confiable para discernir la verdad, ya que es clara y distinta en su
naturaleza. En contraste con el empirismo, que confía en la experiencia sensorial, el
racionalismo de Descartes sostiene que la razón es superior a los sentidos y puede
proporcionar un conocimiento más seguro y fundamental sobre la realidad.
Una vez establecida la existencia del pensamiento como fundamento del conocimiento,
Descartes procede a reconstruir el edificio del saber sobre esta base firme. Utilizando su
método de análisis, divide el conocimiento en sus componentes más simples y evidentes,
buscando construir un sistema de creencias coherente y libre de toda duda. Este enfoque
racionalista lleva a Descartes a desarrollar una cosmovisión dualista, que distingue entre el
dominio de la mente (res cogitans) y el dominio de la materia (res extensa).
El racionalismo de Descartes también se manifiesta en su concepción de Dios como garante
de la verdad y la certeza. Descartes sostiene que la existencia de Dios es una verdad innata
que está grabada en la mente humana, y que la naturaleza divina garantiza la veracidad de
nuestras percepciones y juicios. Esta visión teísta refuerza la confianza en la razón como
instrumento para alcanzar el conocimiento objetivo y universal.
Escuelas Iusnaturalistas:
Las Escuelas iusnaturalistas modernas surgieron durante los siglos XVII y XVIII como un
movimiento dentro de la filosofía del derecho que se centraba en la idea del derecho natural
como base fundamental para la organización de la sociedad y la formulación del derecho
positivo.
Estas escuelas se desarrollaron en respuesta a los cambios sociales, políticos y filosóficos
de la época, incluyendo la Reforma Protestante, la Revolución Científica y el surgimiento
de los estados nacionales modernos. Los iusnaturalistas modernos argumentaban que el
derecho no debía basarse únicamente en la autoridad del Estado o la tradición, sino que
también debía tener en cuenta principios universales y racionales que se consideraban
inherentes a la naturaleza humana.
1. Escuela del Derecho Natural racionalista: Esta escuela, influida por filósofos como
Hugo Grocio, Samuel Pufendorf y John Locke, sostenía que el derecho natural podía
descubrirse mediante la razón y la observación de la naturaleza humana. Argumentaban que
los individuos tenían ciertos derechos fundamentales, como la vida, la libertad y la
propiedad, que debían ser protegidos por el gobierno.
2. Escuela del Derecho Natural teológico: Esta escuela, influenciada por la teología
cristiana, sostenía que el derecho natural emanaba de la voluntad divina y estaba en
consonancia con los mandamientos de Dios. Filósofos como Tomás de Aquino
desarrollaron esta idea, argumentando que existían leyes morales universales que debían
seguirse independientemente de las leyes humanas.
3. Escuela del Derecho Natural escocesa: Esta escuela, liderada por pensadores como
Francis Hutcheson y Adam Smith, enfatizaba la importancia de los sentimientos morales y
la simpatía natural en la determinación del derecho natural. Argumentaban que los seres
humanos tenían una inclinación innata hacia la benevolencia y la justicia, lo que influía en
la formulación de normas jurídicas justas.
Estas escuelas iusnaturalistas modernas influyeron en el desarrollo del derecho y la filosofía
política en Europa y América, contribuyendo a la formulación de conceptos como los
derechos humanos, la igualdad ante la ley y la separación de poderes. Aunque las ideas
iusnaturalistas han sido objeto de críticas y revisiones a lo largo del tiempo, su legado sigue
siendo relevante en el pensamiento jurídico contemporáneo.
Grocio
Hugo Grocio, también conocido como Hugo de Groot, fue una figura destacada en el
desarrollo del derecho natural racionalista. Nacido en 1583 en Delft, Holanda, Grocio es
reconocido como uno de los fundadores de la nueva escuela de derecho natural. Su obra
más influyente, "De Jure Belli ac Pacis" (Sobre el Derecho de la Guerra y la Paz),
publicada en 1625, estableció los fundamentos del derecho internacional moderno y del
derecho natural racionalista.
Uno de los principales aportes de Grocio al derecho natural racionalista fue su enfoque en
la razón humana como la fuente primaria de la ley moral y legal. En lugar de basarse
únicamente en la autoridad divina o en la tradición, Grocio argumentaba que los principios
morales y legales podían ser descubiertos y comprendidos a través de la razón humana.
Esta perspectiva racionalista permitió a Grocio elaborar una teoría del derecho natural que
trascendía las fronteras religiosas y culturales, proporcionando un marco común para la
convivencia pacífica entre las naciones.
Otro aspecto importante de los aportes de Grocio al derecho natural racionalista fue su
énfasis en la idea de que las leyes naturales eran universales e inmutables. Según Grocio,
estas leyes eran aplicables a todas las personas, independientemente de su origen o
afiliación religiosa, y no podían ser modificadas ni por los gobernantes ni por las
autoridades religiosas. Esta visión de un orden jurídico universal y objetivo sentó las bases
para el desarrollo del derecho internacional y la protección de los derechos humanos.
Además, Grocio contribuyó a la concepción moderna de la justicia y los derechos humanos
al argumentar que la ley natural implicaba la igualdad inherente y los derechos inalienables
de todos los seres humanos. Su defensa de la libertad de conciencia y su rechazo a la
intolerancia religiosa reflejaban su compromiso con los principios de la razón y la justicia.
Pufendorf
Samuel von Pufendorf, un destacado filósofo y jurista del siglo XVII, hizo contribuciones
significativas al desarrollo del derecho natural racionalista. Nacido en 1632 en Sajonia,
Alemania, Pufendorf es conocido por su obra principal, "De Jure Naturae et Gentium" (Del
Derecho de la Naturaleza y de las Gentes), publicada en 1672. En esta obra, Pufendorf
expandió y refinó las ideas de sus predecesores, como Grocio, sobre la naturaleza y los
fundamentos del derecho natural.
Uno de los aportes más destacados de Pufendorf al derecho natural racionalista fue su
enfoque en la razón humana como la fuente fundamental de las normas morales y legales.
Siguiendo la tradición racionalista, Pufendorf argumentaba que los principios del derecho
natural podían ser descubiertos y comprendidos a través de la razón, sin depender
exclusivamente de la revelación divina o la autoridad religiosa. Esta perspectiva racional
permitió a Pufendorf elaborar un sistema legal que era accesible y aplicable a todas las
personas, independientemente de su afiliación religiosa o cultural.
Otro aspecto importante de los aportes de Pufendorf al derecho natural fue su énfasis en la
idea de que las leyes naturales eran universales y aplicables a todos los seres humanos.
Pufendorf sostuvo que existían principios morales y legales que eran inherentes a la
naturaleza humana y que no podían ser ignorados o violados sin consecuencias. Esta
concepción de un orden jurídico universal sentó las bases para el desarrollo del derecho
internacional y la protección de los derechos humanos en el ámbito global.
Además, Pufendorf contribuyó a la concepción moderna de los derechos humanos al
argumentar que el respeto por la libertad y la propiedad eran fundamentales para una
sociedad justa y ordenada. En su obra, defendió la igualdad de todos los individuos ante la
ley y abogó por la tolerancia religiosa y la libertad de conciencia como derechos
fundamentales. Estas ideas influyeron en la posterior elaboración de las declaraciones de
derechos y constituciones democráticas en todo el mundo.
Iusnaturalismo Positivista
El derecho iusnaturalista racionalista es una corriente filosófica y jurídica que se desarrolló
principalmente durante la Ilustración, aunque tiene sus raíces en pensadores anteriores
como Hugo Grocio y Samuel von Pufendorf. Esta corriente se caracteriza por sostener que
existen principios fundamentales de justicia y moralidad que son inherentes a la naturaleza
humana y que pueden ser descubiertos y comprendidos a través de la razón.
En contraposición a las teorías del derecho basadas en la autoridad divina o en la
costumbre, el iusnaturalismo racionalista postula que el derecho se deriva de la razón
humana y de la naturaleza misma del ser humano. Esto implica que ciertos principios
legales y morales son universales y aplicables a todas las personas, independientemente de
su origen cultural, religioso o geográfico.
Entre los principales principios del derecho iusnaturalista racionalista se encuentran:
1. **La razón como fuente del derecho:** Según esta corriente, la razón humana es la
herramienta fundamental para descubrir y comprender los principios del derecho natural. A
través del ejercicio racional, los seres humanos pueden discernir lo justo de lo injusto y
establecer normas morales y legales que promuevan la convivencia pacífica y la justicia.
2. **La universalidad de los principios:** El derecho iusnaturalista racionalista sostiene
que los principios del derecho natural son universales y aplicables a todas las personas, sin
importar su contexto cultural o histórico. Estos principios se consideran inherentes a la
condición humana y no están sujetos a la voluntad arbitraria de individuos o sociedades.
3. **La igualdad y la libertad:** Se considera que la igualdad y la libertad son valores
fundamentales que deben ser protegidos y promovidos por el derecho. Esto implica que
todas las personas deben ser tratadas con igual consideración y respeto ante la ley, y que
deben gozar de libertad para desarrollar sus capacidades y perseguir sus intereses dentro de
los límites del respeto mutuo y el bien común.
4. **Los derechos naturales:** El derecho iusnaturalista racionalista reconoce la existencia
de derechos naturales, es decir, derechos inherentes a la condición humana y derivados de
la naturaleza misma del ser humano. Estos derechos incluyen, entre otros, el derecho a la
vida, la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad, y se consideran inalienables e
irrenunciables.
El derecho iusnaturalista racionalista es una corriente que postula que el derecho se deriva
de la razón humana y de principios universales de justicia y moralidad. Esta perspectiva ha
influido en la concepción moderna de los derechos humanos, el derecho internacional y las
teorías contemporáneas sobre la justicia y el Estado de derecho.