1988 - Estudio - DSI - Form - Sacerdotal
1988 - Estudio - DSI - Form - Sacerdotal
Contenido
INTRODUCCIÓN ............................................................................................................. 2
I.- NATURALEZA DE LA DOCTRINA SOCIAL ...........................................................4
II.- DIMENSIÓN HISTÓRICA DE LA DOCTRINA SOCIAL. .....................................11
III.- PRINCIPIOS Y VALORES PERMANENTES ........................................................23
IV.- CRITERIOS DE JUICIO ......................................................................................... 31
V.- ORIENTACIONES PARA LA ACCIÓN SOCIAL ..................................................34
VI.- LA FORMACIÓN .................................................................................................... 41
APÉNDICE I .................................................................................................................... 46
ÍNDICE DE TEMAS QUE SE PUEDEN TRATAR OPORTUNAMENTE EN LA
ENSEÑANZA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA EN LOS
SEMINARIOS ................................................................................................................. 46
APÉNDICE 11 ................................................................................................................. 51
TEXTOS DEL MAGISTERIO SOCIAL DE LA IGLESIA CORRESPONDIENTES
A ALGUNAS DE LAS NOTAS MÁS SIGNIFICATIVAS DE LAS
"ORIENTACIONES"
51
1
INTRODUCCIÓN
Se observará ante todo que en ellos se usan indistintamente los términos "doctrina
social" y "enseñanza social" de la Iglesia. No se ignoran los maticen que cada uno de
ellos encierra. "Doctrina", en efecto, subraya el aspecto teórico del problema:
"enseñanza", en cambio, el histórico y el práctico; sin embargo, ambos expresan la
misma realidad. El uso indistinto de ambos términos en el Magisterio social de la
Iglesia, tanto en el solemne, como en el ordinario pontificio y episcopal, sirven para
indicar la equivalencia recíproca de los mismos.
Cf. Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis (6-I-1970; nueva edición: 19-III-1985); Carta circular sobre La enseñanza de
1
la filosofía en los seminarios (20-1-1972); Orientaciones para la educación en el celibato sacerdotal ( l l -IV- 1974 ); Carta
circular sobre La Enseñanza del Derecho Canónico para los aspirantes al sacerdocio (2-IV-1975); Documento sobre La
formación teológica de los futuros sacerdotes (22-II-1976); Instrucción sobre La formación litúrgica en los seminarios (3-IV-
1979); Carta circular sobre Algunas aspectos más urgentes de la formación espiritual en los seminarios (6-1-1980);
Orientaciones sobre La formación de los futuros sacerdotes para el uso de los instrumentos de la comunicación social (19-III-
1986).
JUAN PABLO II, Carta Ene. Sollicitudo rei socialis (30-XII-1987) 41: A.A.S. 80 (1988) 571.
2
2
épocas de la historia. Es un patrimonio que debe conservarse con fidelidad y
desarrollarse progresivamente, respondiendo a las nuevas necesidades de la
convivencia humana a medida que se presentan.
2. Hoy, la doctrina social está llamada, cada vez con mayor urgencia, a aportar su propio
servicio específico a la evangelización al diálogo con el mundo, a la interpretación
cristiana de la realidad y a las orientaciones de la acción pastoral, para iluminar las
diversas iniciativas en el plano temporal, para iluminar las diversas iniciativas en el
plano temporal con principios rectos. En efecto, las estructuras económicas, sociales,
políticas y culturales están experimentando profundas y rápidas transformaciones, que
ponen en juego el futuro de la sociedad humana y necesitan, por consiguiente, una
segura orientación. Se trata de promover un verdadero progreso social, el cual, para
garantizar efectivamente el bien común de todos los hombres, requiere una
organización justa de tales estructuras; si no se hiciese así, se produciría una vuelta de
grandes multitudes a aquella situación de "yugo casi servil" de la que hablaba León
XIII en la Rerum novarum3.
Es, por consiguiente, evidente que el "grave drama" del mundo contemporáneo,
provocado por las múltiples amenazas que a menudo acompañan el progreso humano,
"no puede dejar indiferente a nadie"4. Se hace, por lo tanto, más urgente y decisiva la
irrenunciable presencia evangelizadora de la Iglesia en el complejo mundo de las
realidades temporales que condicionan el destino de la humanidad.
Sin embargo la Iglesia, al entrar en este campo, conoce sus propios límites. No
pretende dar una solución a todos los problemas presentes en la situación dramática
del mundo contemporáneo, tanto más que existen grandes diferencias de desarrollo
entre las naciones y son muy diferentes las situaciones en las que se encuentran
comprometidos los cristianos5. En cambio puede y debe dar, a la "luz del Evangelio" 6,
los principios y las orientaciones indispensables para la organización justa de la vida
social, para la dignidad de la persona humana y para el bien común. De hecho el
Magisterio ha intervenido e interviene con frecuencia en este campo con una doctrina
que todos los fieles están llamados a conocer, enseñar y aplicar. Por esta razón es
preciso garantizar un puesto especial, en armonía con los estudios filosóficos y
teológicos, a la enseñanza de esta doctrina en la formación de los futuros sacerdotes,
como lo dijo claramente Juan XXIII 7 y como se desea reafirmar nuevamente con las
presentes "Orientaciones", estudiadas en colaboración con la Pontificia Comisión
"Justicia y Paz" y aprobada por la Asamblea Plenaria de la Congregación para la
Educación Católica.
3 ,
LEON XIII, Carta Ene. Rerum novarum (15-V-1981): Acta Leonis XIII 11 (1981) 99.
JUAN PABLO II, Carta Ene. Redemptor hominis (4-III-1979) 16: A.A.S. 71 (1979) 293.
4
PABLO VI, Carta Apost. Octagesima adveniens (14-V-1971) 3-4: A.A.S. 63 (1971) 402ss. 6
5
3
indicaciones para garantizar a los candidatos al Sacerdocio una adecuada formación en
materia de doctrina social.
Las dudas difundidas todavía en varias partes acerca del uso del término "doctrina
social" de la Iglesia e incluso acerca de la naturaleza misma, exigen una aclaración del
problema epistemológico que está en la raíz de tales equívocos. Aunque en este
documento no se pretenda tratar "ex profeso" ni resolver sin más las cuestiones
epistemológicas relativas a la doctrina social, sin embargo es de esperar que una
reflexión profunda sobre los elementos constitutivos que expresan su naturaleza,
ayude a comprender mejor los términos en que se plantea el problema. De todas
formas será bueno tener presente que lo que aquí se pretende es precisar dichos
elementos constitutivos tal como se deducen directamente de los pronunciamientos del
Magisterio, y no como se encuentran formulados por algunos estudiosos. En efecto, es
necesario distinguir siempre la doctrina social oficial de la Iglesia y las diversas
posiciones de las escuelas que han explicado, desarrollado y ordenado
sistemáticamente el pensamiento social contenido en los documentos pontificios".
PÍO XII, Alocución Animus noster al Senado Académico y a los alumnos de la Universidad Pontificia Gregoriana de
8
4
4. Autonomía de la doctrina social
Aunque esta doctrina social haya ido formándose durante el siglo XIX como
complemento del tratado moral sobre la virtud de la justicia, bien pronto conquistó una
notable autonomía debida al continuo desarrollo orgánico y sistemático de la reflexión
moral de la Iglesia sobre nuevos y complejos problemas sociales. Y así se puede
afirmar que la doctrina social posee una identidad propia, con perfil teológico bien
definido.
Para tener una idea completa de la doctrina social es preciso referirse a sus fuentes, a
su fundamento y objeto, al sujeto y al contenido, a la finalidad y al método: elementos
todos que la constituyen como una disciplina particular y autónomo, teórica y práctica
a un tiempo, en el campo amplio y complejo de la ciencia de la teología moral, en
relación estrecha con la moral socia]"
Las fuentes de la doctrina social son la Sagrada Escritura y las enseñanzas de los
Padres y de los grandes teólogos de la Iglesia y del mismo Magisterio. Su fundamento
y objeto es la dignidad de la persona humana con sus derechos inalienables, que
forman el núcleo de la "verdad sobre el hombre". EI sujeto es toda la comunidad
cristiana, en unión y bajo la guía de sus legítimos pastores, en la que también los
laicos, con su experiencia cristiana, son activos colaboradores. El contenido,
compendiando la visión del hombre, de la humanidad y de la sociedad', refleja al
hombre completo, al hombre social, como sujeto y realidad fundamental de la
antropología.
5. Naturaleza teológica
" JUAN PABLO II, Carta Enc. Laborem exercens (14-1X-1981) 3: A.A.S. 73 (1981); Carta Enc. Sollicitud rei socialis (30-
XII-1987) 41: A.A.S. 80 (1988) 571.
''1d., Alocución Esta hora a la III Conferencia general del Episcopado Latinoamericano en Puebla (28-1-1979), parte I, n. 9:
A.A.S. 71 (1979) 195.
"- PABLO VI, Carta Enc. Populorum progressio (26-1II-1967) 13: A.A.S. (1961) 453. 13
JUAN XXIII, Carta Ene. Mater et Magistra (15-VI-1961): A.A.S. (1961) 453.
" PABLO VI, Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi (8-XII-1975) 29, 31: A.A.S. 68 (1976) 25. 26. "
1id., 31: A.A.S. 68 (1976) 26.
5
hombres. Es el recto conocimiento del hombre real y de su destino" lo que la Iglesia
puede ofrecer como aportación suya a la solución de los problemas humanos. Se puede
decir que en cada época y en cualquier situación la Iglesia recorre este camino
cumpliendo en la sociedad un triple deber: anuncio de la verdad acerca de la dignidad
del hombre y de sus derechos, denuncia de las situaciones injustas, y cooperación a los
cambios positivos de la sociedad y al verdadero progreso del hombre''.
La doctrina social comporta una triple dimensión, a saber: teórica, histórica y práctica.
Estas dimensiones configuran su estructura esencial, y están relacionadas entre sí y son
inseparables.
El ver es percepción y estudio de los problemas reales y de sus causas, cuyo análisis
corresponde a las ciencias humanas y sociales.
El Magisterio, al invitar a los fieles a hacer una elección concreta y a obrar según
los principios y los criterios expresados en su doctrina social, les ofrece el fruto de
muchas reflexiones y experiencias pastorales maduradas bajo la asistencia especial
prometida por Cristo a su Iglesia. Corresponde al cristiano verdadero seguir dicha
doctrina y ponerla "como base de su prudencia y de su experiencia para traducirla
concretamente en categorías de acción, de participación y de compromiso"
PABLO VI, Carta Enc. Populorum progressio (26-III-1967) 13: A.A.S. 59 (1967) 264.
Id., Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi (8-XII-1975) 38: A.A.S. 68 (1976) 29ss.; CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen
22
gentium, 25.
"° CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 4.
" JUAN PABLO II, Carta Enc. Laborem exercens (14-LX-1981) 1: A.A.S. 73 (1981) 580.
" 1a., Mensaje A vous tous para la Jornada Mundial de la Paz 1980 (8-XII-1979): A.A.S. 71 (1979) 1572ss.: PABLO VI,
Carta Apost. Oetogesima adveniens (14-V-1971) 4: A.A.S. (1971) 403.
7
situarse en una actitud de fidelidad no sólo a las fuentes evangélicas, sino también al
Magisterio de la Iglesia y a sus legítimos pastores.
9. Teología y filos.fía
1 O. Ciencias positivas
La doctrina social se sirve asimismo de los datos que aportan las ciencias positivas y,
particularmente, las sociales, que constituyen un instrumento importante, aunque no el
único, para la comprensión de la realidad. El recurso a esta ciencia exige un cuidadoso
discernimiento, con una oportuna mediación filosófica, pues se puede correr el riesgo
de someterlas a la influencia de determinadas ideologías contrarias a la recta razón, a
la fe cristiana y, en definitiva, a los datos mismos de la experiencia histórica y de la
investigación científica. De todos modos, un "diálogo
" JUAN PABLO II, Carta Enc. Sollicitudo rei socialis (30-XII-1987) 8: A.A.S. 80 (1988) 520.
-' 1d., Alocución Esta hora a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla (28-1-1979), parte I, n. 9:
A.A.S. 71 (1979) 195. 196.
" ONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 63.
8
provechoso" entre ética social crstana (teológica y filosdfica) y las ciencias humanas
es no sólo posible sino también necesario para la comprensión de la realidad social. La
neta distinción entre la competencia de la Iglesia, por una parte, y la de las ciencias
positivas, por otra, no constituye obstáculo alguno para el diálogo, antes al contrario,
lo facilita. Por esto, está en la línea de la doctrina social de la Iglesia acoger y
armonizar adecuadamente entre ellos los datos ofrecidos por fuentes, anteriormente
mencionadas, y los suministrados por las ciencias positivas. Es evidente que ella
tendrá como punto principal de referencia la palabra y el ejemplo de Cristo y la
tradición cristiana, considerados en función de la misión evangelizadora de la Iglesia.
"° pABLO VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14-V-1971) 40: A.A.S. 63 (1971) 429. "
1a., Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi (8-XII-1987) 29: A.A.S. 68 (1976) 25.
1d., Carta Enc. Populorum Progressio (26-1II-1967) 3: A.A.S. 59 (1967) 258; JUAN PABLO, Carta Enc. Laborem
exereens (14-IX-1981) 2: A.A.S. 73 (1981) 582; Carta Ene. Sollieitudo rei soeialis (30-XII-1987) 9: A.A.S. 80 (1988)
520-523.
9
a los "parados" que eran el centro de la atención de Pío XI en su encíclica
Quadragesimo anno. Hoy su número es muchísimo más amplio y de él forman parte
todos aquellos que en la sociedad del bienestar, están excluidos del disfrute de los
bienes de la tierra con libertad, dignidad y seguridad. El problema es tanto más grave,
cuanto que en algunas partes de la tierra y, especialmente en el Tercer Mundo, ha
llegado a ser sistemático y casi institucionalizado.
Además el problema no se refiere ya tan sólo a las diferencias injustas entre las clases
sociales, sino también a los fuertes desequilibrios entre naciones ricas y naciones
pobres.
Fiel a su misión espiritual la Iglesia afronta tales problemas desde el punto de vista
moral y pastoral que le es propio. En la encíclica Sollicitudo rei socialis Juan Pablo II
alude explícitamente a tales aspectos con referencia a los problemas del desarrollo,
afirmando que ello entra por lo tanto con pleno derecho en la misión de la Iglesia. Por
lo que "no puede ser acusada de sobrepasar su campo específico de competencia y,
mucho menos, el mandato recibido del Señor"
La misión de Jesús y el ejemplo de su vida han dejado claro que la verdadera dignidad
del hombre se encuentra en un espíritu liberado del mal y renovado por la gracia
redentora de Cristo. Pero el Evangelio muestra también con abundancia de testigos que
Jesús no fue indiferente ni extraño al problema de la dignidad y de los
1975) 38: A.A.S. 68 (1976) 30; CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 63. 76.
" JUAN PABLO II, Carta Enc. Laborem exercens (14-1X-1981) 3: A.A.S. 73 (1981) 583; CONGR. PARA LA DOCTRINA
DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-III-1986) 44-51:
A.A.S. 79 (1987) 571-575.
11
derechos de la persona humana, ni a las necesidades de los más débiles, de los más
necesitados y de las víctimas de la injusticia. En todo momento Él ha revelado una
solidaridad real con los más pobres y desdichados"; ha luchado contra la injusticia, la
hipocresía, los abusos de poder, el afán de lucro de los ricos, indiferentes a los
sufrimientos de los pobres, haciendo una enérgica llamada al rendimiento de cuentas
final, cuando volverá con gloria para juzgar a vivos y muertos.
12
oprimidos, sino también como promotores de instituciones asistenciales (hospitales,
orfanatos, hospederías para peregrinos y forasteros), y de concepciones socioculturales
que han inaugurado la era de un nuevo humanismo radicado en Cristo. Se trata la
mayor parte de las veces de obras supletorias, determinadas por la insuficiencia y por
las lagunas en la organización de la sociedad civil, que demuestran de cuántos
sacrificios y de cuánta creatividad son capaces las almas penetradas de los ideales del
Evangelio. Gracias a los esfuerzos de la Iglesia ha sido reconocida la inviolabilidad de
la vida humana, la santidad e indisolubilidad del matrimonio, la dignidad de la mujer,
el valor del trabajo humano y de cada persona, contribuyendo de esta forma a la
abolición de la esclavitud que formaba parte normal del sistema económico y social
del mundo antiguo. El progresivo desarrollo de la actividad teológica, primero en los
monasterios y después en las Universidades, ha hecho posible la elaboración científica
de los principios básicos que regulan la ordenada convivencia humana. A tal respecto
permanece como valor perenne el pensamiento de Sto. Tomás de Aquino, de Francisco
Suárez, de Francisco de Vitoria y de otros. Ellos, junto con varios insignes filósofos y
canonistas, han preparado los presupuestos y los instrumentos necesarios para la
elaboración de una verdadera y propia doctrina social, tal como fue iniciada bajo el
Sumo Pontífice León XIII y continuada por sus sucesores.
La afirmación de esta dimensión social del cristiano se hace cada día más urgente por
los cambios constantemente más amplios y profundos que se producen en la sociedad".
Ante los problemas sociales, siempre presentes en las diversas épocas de la historia,
pero que en nuestro tiempo se hacen mucho más complejos y se extienden a escala
mundial, la Iglesia no puede abandonar su reflexión ética y pastoral -en su propio
camino- para iluminar y orientar con su enseñanza social los esfuerzos y las
esperanzas de los pueblos, haciendo desde luego que los cambios, incluso radicales,
exigidos por las situaciones de miseria y de injusticia, se realicen de tal manera que
favorezcan el verdadero bien de los hombres".
En toda época la doctrina social, con sus principios de reflexión, sus criterios de juicio
y sus normas de acción no ha tenido, ni hubiera podido tener otra finalidad que la de
iluminar especialmente, partiendo de la fe y de la tradición de la Iglesia, la situación
real de la sociedad, sobre todo cuando en ella se ofende la dignidad humana.
PABLO VI, Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi (8-XII-1975) 14: A.A.S. 68 (1976) 13.
44
ONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la
liberación (22-III-1986) 72: A.A.S. 79 (1987) 586.
13
mensaje evangélico, que requiere una transformación profunda de la persona y de los
grupos para obtener una liberación auténtica e integral".
León XIII, preocupado por la "cuestión obrera", esto es, por los problemas derivados
de la deplorable situación en que se encontraba el proletariado industrial, interviene
con la encíclica Rerum novarum (1891), un texto valiente y clarividente, que preparó
el desarrollo de la doctrina social llevado a cabo por el Magisterio en documentos
posteriores. En la encíclica el Pontífice expone los principios doctrinales que pueden
servir para remediar el "mal social" latente en la "situación de los obreros"" .
Después de haber enumerado los errores que han llevado a "inmerecida miseria" del
proletariado y después de excluir expresamente al socialismo como solución de la
"cuestión obrera", la Rerum novarum precisa y actualiza la doctrina social sobre el
trabajo, sobre el derecho de propiedad, sobre el principio de colaboración
14
contrapuesto a la lucha de clases como medio fundamental para el cambio social,
sobre el derecho de los débiles, sobre la dignidad de los pobres y sobre las
obligaciones de los ricos, sobre el perfeccionamiento de la justicia por la caridad,
sobre el derecho a tener asociaciones profesionales.
21. Pio XI
22. PI XII
En su largo pontificado, Pío XII no escribió ninguna encíclica social. Pero en total
continuidad con la doctrina de sus predecesores intervino con autoridad, en los
problemas sociales de su tiempo con numerosos discursos. Entre éstos son
especialmente importantes los radiomensajes en los que precisó, formuló y reivindicó
los principios ético-sociales orientados a promover la reconstrucción tras las ruinas de
la segunda guerra mundial. Por su sensibilidad e inteligencia para captar los "signos de
los tiempos", Pío XII puede ser considerado como el precursor inmediato del Concilio
Vaticano II y de la enseñanza social de los Papas que le han sucedido. Los puntos de la
doctrina social que mejor concretó y los problemas de su tiempo a los que mejor
aplicó dicha doctrina fueron los siguientes: el destino universal y el uso de los bienes;
los derechos y deberes de los trabajadores y de los empresarios; la función del Estado
en las actividades económicas; la necesidad de la colaboración internacional para
llevar a cabo una mayor justicia y asegurar la paz; el restablecimiento del derecho
como regla de las relaciones entre las clases y entre los pueblos; el salario mínimo
familiar".
48 '
PIO XI, Carta Ene. Quadragesimo anno (15-V-1931): A.A.S. 23 (1931) 191.
" 1id.: A.A.S. 23 (1931) 209ss.
° pío XII, Discurso La solennita della Pentecoste en el 50° aniversario de la Enc. "Rerum novarum" (1-VI-1941)
195ss.; Radiomensajes navideños: sobre la paz y el orden internacional de los años 1939, 1940, 1950, 1951, 1954; sobre
la 15
En los años de la guerra y de la posguerra el Magisterio social de Pío XII representó
para muchos pueblos de todos los continentes y para millones de creyentes y no
creyentes la voz de la conciencia universal interpretada y proclamada en íntima
conexión con la palabra de Dios. Con su autoridad moral y su prestigio, Pío XII llevó
la luz de la sabiduría cristiana a un número incontable de hombres de toda categoría y
nivel social, a gobernantes, hombres de la cultura, profesionales, empresarios,
dirigentes, técnicos y obreros. Con el deseo de ratificar la tradición y de la Rerum
Novarum51 trabajó por la formación de una conciencia ética y social que inspirase la
actuación de los pueblos y de los Estados. A través de él pasó sobre la Iglesia aquel
soplo del Espíritu regenerador que, como él mismo decía a propósito de la Rerum
novarum, no ha cesado de derramarse benéficamente sobre la humanidad entera".
Después de la segunda guerra mundial la Iglesia se encontró ante una situación nueva
bajo muchos aspectos: la "cuestión social" restringida inicialmente a la clase obrera,
sufrió un proceso de universalización que implicó a todas las clases sociales, a todos
los Países y a la misma sociedad internacional, en la que afloraba cada vez más el
drama del Tercer Mundo. El "problema de la época moderna" llega a ser objeto de la
reflexión y acción pastoral de la Iglesia y de su Magisterio social. En efecto, la nueva
encíclica Mater et Magistra (1961) del Papa Juan XXIII trata de actualizar
documentos ya conocidos y dar un nuevo paso adelante en el proceso de compromiso
de toda la comunidad53. El nuevo documento, al afrontar los aspectos más importantes
y actuales de la "cuestión social" 54, resalta las desigualdades existentes sea entre los
distintos sectores económicos, sea entre los Países y regiones, y denuncia el fenómeno
de la superpoblación y subdesarrollo que, a causa de la falta de entendimiento y de
solidaridad entre las naciones, origina situaciones insoportables especialmente en el
Tercer Mundo.
El mismo Juan XXIII, ante el peligro de una nueva guerra nuclear, después de haber
intervenido con un memorable mensaje a los pueblos y a los jefes de Estado, publicó
la encíclica Pacem in terris (1963) que es un llamamiento urgente a construir la paz
basada en el respeto de las exigencias éticas que deben regir las relaciones entre los
hombres y entre los Estados.
El estilo y el lenguaje de las encíclicas del Papa Juan XXIII confieren a la doctrina
social una nueva capacidad de aproximación y de incidencia en las nuevas situaciones,
sin romper por ello la continuidad con la tradición precedente. No se puede, pues
hablar de "cambio epistemológico". Es cierto que aflora la tendencia a valorar lo
empírico y lo sociológico, pero al mismo tiempo se acentúa la motivación
democracia en 1944; Discursos: sobre los peligros de la concepción tecnológica de la vida social y sobre la empresa y el
orden económico del 3-VI-1950 y del 9-IX-1956.
' Id., Discurso La solennitá della Pentecoste en el 50° aniversario de la Enc. "Rerum novarum" (1-VI-1941): A.A.S.
33 (1941) 204.
1id.: A.A.S. 33 (1941) 197.
° JUAN XXIII, Carta Enc. Mater et Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 412-
413. " 1id.: A.A.S. 53 (1961) 431-451.
16
teológica de la doctrina social. Esto es tanto más evidente si se confronta con los
documentos anteriores, en los que predomina la reflexión filosófica y la
argumentación basadas sobre principios del derecho natural. A dar origen a las
encíclicas sociales de Juan XXIII han influido sin duda alguna los cambios radicales
tanto dentro de los Estados como en sus relaciones recíprocas, sea en el "campo
científico, técnico y económico", sea en el "social y político"55.
Tras este período, otros grandes fenómenos comienzan a acosar amenazadores. Entre
ellos están, sobre todo, los efectos del desarrollo subsiguiente a la reconstrucción
después de la guerra. El optimismo que ello generó impidió advertir inmediatamente
las contradicciones de un sistema basado en el desarrollo desigual de los distintos
Países del mundo. Además, ya al finalizar aquel decenio, mientras se consolida cada
vez más el proceso de descolonización de muchos Países del Tercer Mundo, se
observa que al colonialismo político vigente hasta entonces le sucede otro tipo de
dominio colonial de carácter económico. Este hecho es determinante para una toma de
conciencia y para un movimiento de insurrección, especialmente en América Latina,
donde para combatir los desequilibrios del desarrollo y la situación de nueva
dependencia, estalla en varios modos y formas un fermento de liberación. Ello
seguidamente originará las diversas corrientes de la "teología de la liberación" sobre
las que la Santa Sede ha dado a conocer su posición"".
"° CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis nuntius sobre algunos aspectos de la "Teología de la liberación" (6-VIII-1984): A.A.S. 76 (1984) 876-909; Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad
cristiana y la liberación (22-III-1986) 44-51: A.A.S. 79 (1987) 554-599.
17
social a nivel mundial supuso un giro fundamental en el proceso evolutivo de la
doctrina social: ella no se deja dominar por las implicaciones socio-económicas de los
dos principales sistemas, capitalismo y socialismo, sino que se abre a una nueva
concepción, aquélla de la doble dimensión o alcance del desarrollo. Tal concepción
mira, en efecto, a promover el bien de todo el hombre, "integralmente considerado,
teniendo en cuenta sus necesidades de orden material y sus exigencias por la vida
intelectual, moral, espiritual y religiosa" superando así las tradicionales
contraposiciones entre productor y consumidor, y las discriminaciones que ofenden la
dignidad de la gran familia humana57.
25. Pablo VI
Algunos años después del Concilio, la Iglesia ofreció a la humanidad una nueva e
importante reflexión en materia social con la encíclica Populorum progressio (1967)
de Pablo VI. Se la puede considerar como una ampliación del capítulo sobre la vida
económico-social de la Gaudium et spes, aunque introduciendo algunas novedades
significativas.
Diez años después (1981), Juan Pablo II interviene con la gran encíclica Laborem
exercens. El decenio transcurrido había dejado una impronta en la historia del mundo
y de la Iglesia. En el pensamiento del Papa no es difícil descubrir el flujo de los
nuevos cambios que se habían producido. Si los años setenta habían comenzado con el
acentuarse de la conciencia del subdesarrollo y de las injusticias que de él se
derivaban, a mediados del mismo decenio se manifestaron los primeros síntomas de
una crisis más profunda producida por las contradicciones que encubría el sistema
monetario y económico internacional, y caracterizada sobre todo por la enorme alza de
los precios del petróleo. En esta situación el Tercer Mundo, frente al conjunto de
Países desarrollados de Occidente y a los del bloque oriental colectivista, reclamaba
nuevas estructuras monetarias y comerciales que respetaran los derechos de los
pueblos pobres no menos que la justicia en las relaciones económicas. Mientras crecía
el malestar en el Tercer Mundo, algunos Países, haciéndose eco de este
" PABLO VI, Carta Enc. Populorum progressio (26-III-1967) 9: A.A.S. 59 (1967) 261.
1id., 1: A.A.S. 59 (1967) 257.
"" 1id., 20-21: A.A.S. 59 (1967) 267-268.
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sufrimiento, reivindican mayor justicia en la distribución de la renta mundial. Todo el
sistema de la distribución interna del trabajo y de la estructuración de la economía
mundial entraba en profunda crisis; y como consecuencia, se exigía una revisión
radical de las mismas estructuras que habían llevado a un desarrollo económico tan
desigual.
Ante estos numerosos y nuevos problemas, Juan Pablo II escribe la encíclica Laborem
exercens en el nonagésimo aniversario de la Rerum novarum, en continuidad con el
Magisterio precedente, pero con una originalidad propia" tanto por el método y el
estilo como por no pocos aspectos de la enseñanza, tratados en relación con las
condiciones de la época, pero siguiendo las principales intuiciones de Pablo VI. El
documento se desarrolla en forma de exhortación dirigida a todos los cristianos, a fin
de comprometerlos en la transformación de los sistemas socioeconómicos vigentes, y
da orientaciones precisas, acordes con la preocupación fundamental por el bien
integral del hombre. Así se amplía el "patrimonio tradicional" de la doctrina social de
la Iglesia, poniendo en claro que, la "clave central" de toda la "cuestión social" se
encuentra en el "trabajo humano", punto de referencia el más adecuado para analizar
todos los problemas sociales. Partiendo del trabajo como dimensión fundamental de la
existencia humana, se tratan en la encíclica todos los otros aspectos de la vida socio-
económica, sin olvidar los aspectos cultural y tecnológico"°.
La Laborem exercens propone, por tanto, una revisión profunda del sentido del
trabajo, que supone una distribución más equitativa no sólo de la renta y de la riqueza,
sino también del trabajo mismo, con el fin de lograr que haya ocupación para todos. A
este fin se debería ayudar a la sociedad a redescubrir la necesidad de la moderación en
el consumo, a reconquistar las virtudes de la sobriedad y de la solidaridad e incluso a
hacer verdaderos sacrificios para salir de la crisis actual. Es una gran propuesta
reafirmada recientemente por la Congregación para la Doctrina de la fe° . Y ésta sirve
no sólo para cada uno de los pueblos en particular, sino también para las relaciones
entre las naciones.
La situación mundial exige respecto a los principios y a los valores fundamentales que
deben ser considerados insustituibles; en efecto, sin una reafirmación de la dignidad
del hombre y de sus derechos, como también sin la solidaridad entre los pueblos, la
justicia social y el nuevo sentido del trabajo, ni habrá un verdadero desarrollo humano,
ni un nuevo orden de convivencia social.
" JUAN PABLO II, Carta Enc. Laborem exercens (14-LX-1981) 3: A.A.S. 73 (1981) 583. 1id., 3: A.A.S. (1981)
584.
1id., 4: A.A.S. 73 (1981) 584.
ONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-III-1986) 81-91: A.A.S. 79 (1987) 591-595.
20
el fin de actualizar y de profundizar más aún la noción de desarrollo, para que el
mismo responsa a las necesidades urgentes del momento histórico presente y esté
verdaderamente a la altura de hombre.
Dos son los temas fundamentales de la Sollicitud rei socialis: el primero, la situación
dramática del mundo contemporáneo, desde el punto de vista del desarrollo fallido del
Tercer Mundo, y el segundo, el sentido, las condiciones y las exigencias de un
desarrollo digno del hombre.
Entre las causas del fallido desarrollo se señalan la diferencia persistente, y, a menudo,
incluso acrecentada, entre Norte y Sur: la oposición entre los bloques oriental y
occidental con la consiguiente carrera de armamentos; el comercio de armas y diversos
obstáculos de carácter político que se entrecruzan con las decisiones de cooperación y
solidaridad entre las naciones. Tampoco puede olvidarse, en este contexto, la cuestión
demográfica. Pero, por otra parte, se reconocen algunos progresos realizados en el
campo del desarrollo, aun siendo inciertos, limitados e insuficientes en relación con las
necesidades reales.
Al final del documento se indican también otros medios específicos para hacer frente a
la actual situación, subrayando, sobre todo, la importancia de la doctrina social de la
Iglesia, de su enseñanza y de su difusión en el momento presente.
27. Este breve panorama histórico de la doctrina social de la Iglesia ayuda a comprender su
complejidad, su riqueza, su dinamismo, así como sus límites. Todo documento supone
un nuevo paso adelante en el esfuerzo de la Iglesia por responder a los problemas de la
sociedad en los distintos momentos de la historia. En cada uno de ellos es preciso
adivinar sobre todo la preocupación pastoral por proponer a la comunidad cristiana y a
todos los hombres de buena voluntad los principios
21
fundamentales, los criterios universales y las orientaciones capaces de sugerir las
opciones de fondo y la praxis coherente para cada situación concreta. Dicha
enseñanza, por tanto "no es una tercera vía entre capitalismo liberal y colectivismo
marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos contrapuestas
radicalmente"65, sino un servicio desinteresado que la Iglesia ofrece según las
necesidades de los lugares y de los tiempos. El realce de esta dimensión histórica
muestra que la doctrina social de la Iglesia, expresada con claridad y coherencia en sus
principios esenciales, no es un sistema abstracto, cerrado y definido una vez por todas,
sino concreto, dinámico y abierto. En efecto, la atención a la realidad y a la inspiración
evangélica coloca a la Iglesia en condición de responder a los continuos cambios a que
están sometidos los procesos económicos, sociales, políticos, tecnológicos y
culturales. Se trata de una obra en continua construcción, abierta a los interrogantes de
las nuevas realidades y de los nuevos problemas que surgen en estos sectores.
Los cambios señalados requieren una visión ética de los nuevos problemas y una
respuesta cada vez más clara, actualizada y profunda. Así ha sucedido, por ejemplo,
con las cuestiones de la propiedad privada, de la socialización, de la cogestión, del
subdesarrollo del Tercer Mundo, del creciente desnivel entre los Países pobres y los
ricos, del desarrollo socio-económico, del sentido del trabajo, de la deuda
internacional, del problema de los sin-techo, de la situación actual de la familia, de la
dignidad de la mujer, del respeto a la vida humana que nace y de la procreación. Los
documentos más recientes de la Iglesia hacen resaltar su profunda sensibilidad
evangélica frente a los nuevos problemas sociales66.
€ JUAN PABLO II, Carta Enc. Sollicitud rei socialis (30-XII-1987) 41: A.A.S. 80 (1988) 571.
CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación
(22-III-1986): A.A.S. 79 (1987) 544-599; COMISIÓN PONTIFICIA "JUSTICIA Y PAZ", documento Al servicio de la
comunidad humana: un primer planteamiento ético sobre la deuda internacional (27-XII-1986):
L'Osservatore Romano (28-I-1987 Ed. Esp. l-II-1987); Documento ¿Qué has hecho de tu hermano sin techo? La Iglesia
ante la carencia de vivienda (27-XII-1987): L'Osservatore Romano (3-II-1988 Ed. Esp. 7-II-1988); JUAN PABLO II,
Exhort. Apost. Familiaris consortio (22-XI-1981): A.A.S. 74 (1982) 81-191; CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA
FE, Instrucción Il dono della vita sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación (22-III-
1986): L'Osservatore Romano (l l-III-1987 Ed. Esp. 15-III-1987); JUAN PABLO II, Carta Apost. Mulieris dignitatem
(15-VIII-1988): L'Osservatore Romano (1-X-1988 Ed. Esp. 2-X-1988).
7
CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes,
91. " 1id., Proemio, nota L.
22
En este largo recorrido, la Iglesia continuará concretando las enseñanzas y los valores
de su doctrina social, proponiendo principios de reflexión y valores permanentes,
criterios de juicio y normas de acción".
29. En este capítulo se habla brevemente de los "principios permanentes" y de los valores
fundamentales que no deben faltar nunca en la enseñanza de la doctrina social de la
Iglesia. En el apéndice se ofrece un bosquejo del programa de los cursos, susceptible
de ser adaptado a las necesidades concretas de cada Iglesia particular.
30. Premisa
Es obvio que el presente documento no es, ni lo quiere ser, una nueva síntesis ni un
manual de tales principios, sino un conjunto de sencillas orientaciones que han
parecido oportunas para la enseñanza.
Cf. JUAN XXIII, Carta Enc. Mater et Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 454; PABLO VI, Carta Apost. Octogesima
adveniens (14-V-1971) 4: A.A.S. 63 (1971) 403; JUAN PABLO II, Alocución Esta hora a la III Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano en Puebla (28-1-1979), parte III, n. 7: A.A.S. 71 (1979) 203; CONGR. PARA LA DOCTRINA
DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-III-1986) 72:
A.A.S. 70 (1987) 586.
" JUAN XXIII, Carta Enc. Mater et Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 453. "
CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 17.
23
todos ellos"". Es un principio que en su alcance antropológico constituye la fuente de
los otros principios que forman parte del cuerpo de la doctrina social. El hombre-
persona es el sujeto y el centro de la sociedad, la que con sus estructuras,
organizaciones y funciones tiene por fin la creación y la continua adecuación de las
condiciones económicas y culturales que permitan al mayor número posible de
personas el desarrollo de sus facultades y la satisfacción de sus legítimas aspiraciones
de perfección y felicidad. Por esta razón, la Iglesia no se cansará nunca de insistir
sobre la dignidad de la persona humana, contra todas las esclavitudes, explotaciones y
manipulaciones perpetradas en perjuicio de los hombres no sólo en el campo político y
económico, sino también en el cultural, ideológico y médico".
Los derechos humanos derivan, por una lógica intrínseca, de la misma dignidad de la
persona humana. La Iglesia ha tomado conciencia de la urgencia de tutelar y defender
estos derechos, considerando esto como parte de si misma misión salvífica, a ejemplo
de Jesús que se manifestó siempre atento a las necesidades de los hombres,
particularmente de los más pobres.
La afirmación de los derechos humanos nace en la Iglesia, más que como un sistema
histórico, orgánico y completo, como un servicio concreto a la humanidad.
Reflexionando sobre ellos la Iglesia ha reconocido siempre sus fundamentos
filosóficos y teológicos, y las implicaciones jurídicas sociales, políticas y éticas como
aparece en los documentos de su enseñanza social. Lo ha hecho no en el contexto de
una oposición revolucionaria de los derechos de la persona humana contra las
autoridades tradicionales, sino en la perspectiva del Derecho escrito por el Creador en
la naturaleza humana.
La insistencia con que ella, especialmente en nuestros días, se hace promotora del
respeto y de la defensa de los derechos del hombre, sean personales o sociales, se
explica no sólo por el hecho de que su intervención, hoy como ayer, está dictada por el
Evangelio", sino porque de la reflexión sobre los mismos surge una nueva sabiduría
teológica y moral para afrontar los problemas del mundo contemporáneo"". En
particular, el derecho a la libertad religiosa, en cuanto que alcanza el ámbito más
íntimo del espíritu, "se revela punto de referencia y en cierto modo, llega a ser
parámetro de los demás derechos fundamentales"". Hoy, esto lo afirman y defienden
diversas Organizaciones públicas y privadas, nacionales e internacionales. Por su parte
la Iglesia se muestra solidaria con cuantos son discriminados o perseguidos a causa de
la fe, y trabaja con tesón y constancia porque tales situaciones injustas sean superadas.
Ibid., 12. Esta afirmación de la Gaudium et spes viene entendida teniendo en cuenta que la ordenación de la tierra en relación con el hombre,
72
según la fe cristiana, vale tan sólo en el supuesto de la subordinación del hombre a Dios; por consiguiente, el hombre edifica la tierra cuando
obedece las normas de Dios y no la destruye en nombre de su egoísmo.
" CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la
liberación (22-II-1986) 44-51: A.A.S. 79 (1987) 586.
" ONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 41.
" 16id., 26. 73. 76.
" JUAN PABLO II, Mensaje para la XXI Jornada de la Paz (8-XII-1987) 1: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, X, 3 (1987) 1334.
24
33. Las aportaciones del Magisterio pontJicio a los derechos humanos
A su vez Pablo VI, en la encíclica Populorum progressio, sin separar los derechos
humanos del campo de la razón, procediendo sobre todo en la línea seguida por el
Concilio Vaticano II, pone en evidencia su fundamento cristiano y muestra cómo la fe
transforma su misma dinámica interna. Se debe igualmente observar que si la Pacem
in terris es la carta de los derechos del hombre, la Populorum progressio constituye la
carta de los derechos de los pueblos pobres al desarrollo. Más tarde, Juan Pablo II,
profundizando en esta reflexión, fundamenta los derechos humanos simultáneamente
en las tres dimensiones de la verdad íntegra sobre el hombre: en la dignidad del
hombre en cuanto tal, en el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, y en el
hombre insertado en el misterio de Cristo. En esta dignidad del hombre, vista a la luz
de la obra redentora de Cristo, se basa la misión salvífica de la Iglesia. Por esto no
puede callar cuando se lesionan o están en peligro los derechos inviolables del hombre
y de los pueblos. Desde el punto de vista cristiano, en efecto, las naciones y las patrias
son una realidad humana de valor positivo e irrenunciable, que fundamenta los
derechos inviolables en los diversos pueblos, y en particular, el derecho de los pueblos
a la propia identidad y al propio desarrollo''.
La persona humana es un ser social por naturaleza: o sea, por su innata indigencia y
por su natural tendencia a comunicar con los demás. Esta sociabilidad humana es el
fundamento de toda forma de sociedad y de las exigencias éticas inscritas en ella. El
hombre no puede bastarse a sí mismo para alcanzar su desarrollo completo, sino que
necesita para ello de los demás y de la sociedad.
JUAN PABLO II, Carta Ene. Redemptor hominis (4-III-1979) 17: A.A.S. (1979) 295ss.; Mensaje L'Eglise catholique a las
77
Autoridades signatarias del acuerdo de Helsinki (1975) sobre la libertad de conciencia y de religión (l-X-1980):
A.A.S. 72 (1980) 1252ss.; JUAN PABLO II, Alocución I desire a los Representantes de las Naciones Unidas (2-X-1979) 6:
A.A.S. 71 (1979) 1146-1147; Alocución Urna cordialíssima saudacao a los indios de la Amazonia (10-VII-1980):
A.A.S. 72 (1980) 960ss.
25
Este principio de la interdependencia persona-sociedad, vinculado esencialmente al de
la dignidad de la persona humana, se refiere al complejo entramado de la vida social
del hombre que se regula según leyes propias y adecuadas, perfeccionadas mediante la
reflexión cristiana". La comprensión de los distintos aspectos de la vida social no es
siempre fácil hoy en día, vistos los rápidos y profundos cambios que se verifican en
todos los campos gracias a la inteligencia y a la actividad creadora del hombre. Los
cambios provocan, por su parte, crisis que se reflejan sea en los desequilibrios internos
del hombre, que aumenta cada vez más su poder sin lograr siempre orientarlo a fines
justos; sea en las relaciones sociales, en cuanto no siempre se llega a una justa
aplicación de las leyes que regulan la vida social79.
35. La sociedad es, por tanto objeto de la enseñanza social de la Iglesia desde el momento que
ella no se encuentra ni fuera ni sobre los hombres socialmente unidos, sino que existe
exclusivamente por ellos y, por consiguiente, para ellos. La Iglesia insiste sobre la
"naturaleza intrínsecamente social" de los seres humanos. Pero se advierte que aquí lo
"social" no coincide con lo "colectivo", para el que la persona es solamente un mero
producto. La fuerza y el dinamismo de esta condición social de la persona se
desarrollan plenamente en sociedad, que ve, por consiguiente, acrecentarse las
relaciones de convivencia tanto a nivel nacional como internacional'.
Al hablar de las leyes de los principios que rigen la vida social, es preciso tener
presente, en primer lugar "el bien común". Este, si bien en sus "aspectos esenciales y
más profundos no puede ser concebido en términos doctrinales y menos aún
determinado en sus contenidos históricos", sin embargo, puede ser definido como "el
conjunto de condiciones sociales que consienten y favorecen en los seres humanos el
desarrollo íntegro de su persona". ÉI, pues, aun siendo superior al interés privado, es
inseparable del bien de la persona humana, comprometiendo a los poderes públicos a
reconocer, respetar, acomodar, tutelar y promover los derechos humanos, y a hacer
más fácil el cumplimiento de las respectivas obligaciones. Por consiguiente, la
realización del bien común puede considerarse la razón misma de ser de los poderes
públicos, los que están obligados a llevarlo a cabo en provecho de todos los
ciudadanos y de todo hombre -considerado en su
" CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 25. "
1oia., 4.
" JUAN XXIII, Carta Enc. Mater et Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 453.
1id.: A.A.S. 53 (1961) 415ss.
"? JUAN XXIII, Carta Enc. Pacem in terris (11-IV-1963): A.A.S. 55 (1963) 272.
1d., Carta Ene. Mater et Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 417; ef. PÍO XII, Radiomensaje navideño Con sempre nuova
(24-XII-1942): A.A.S. 35 (1943) 13.
26
dimensión terrena-temporal y trascendente- respetando una justa jerarquía de valores,
y los postulados de las circunstancias históricas
La solidaridad y la "subsidiariedad" son otros dos principios que regulan la vida social.
Según el principio de solidaridad toda persona, como miembro de la sociedad, está
indisolublemente ligada al destino de la misma y, en virtud del Evangelio, al destino
de salvación de todos los hombres. En la reciente encíclica Sollicitudo rei social is, el
Papa ha subrayado particularmente la importancia de este principio, calificándolo
como una virtud humana y cristiana"". Las exigencias éticas de la solidaridad
requieren que todos los hombres, los grupos y las comunidades locales, las
asociaciones y organizaciones, las naciones y los continentes participen en la gestión
de todas las actividades de la vida económica, política y cultural, superando toda
concepción puramente individualista"".
JUAN XXIII, Carta Enc. Pacem in terris (11-IV-1963): A.A.S. 55 (1963) 272.
JUAN PABLO II, Carta Enc. Sollicitudo rei socialis (30-XII-1987) 39-40: A.A.S. 80 (1980) 566-569.
" CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 30-32; CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis
conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-III-1986) 73: A.A.S. 79 (1987) 586; JUAN PABLO II, Discurso Je
désire a la 68a. Sesión de la Conferencia Internacional del Trabajo (15-VII-1982): A.A.S. 74 (1982) 992ss.
"" pío XI Carta Enc. Quadragesimo anno (15-V-1931) 203; JUAN XXIII, Carta Enc. Pacem in terris (11-IV-1963) 294; JUAN
PABLO II, Carta Ene. Laborem exercens (14-IX-1981): A.A.S. 73 (1981) 616. CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE,
Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-III-1986) 73: A.A.S. 79 (1987) 586.
27
asociaciones profesionales, de las regiones y de los Estados, a los organismos
supranacionales y a la sociedad universal de todos los pueblos y naciones.
40. Participación
88
PIO XI, Carta Ene. Quadragesimo armo (15-V-1931): A.A.S. 23 (1931) 203; JUAN XXIII, Carta Ene. Mater et
Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 409. 410-443; PABLO VI, Carta Ene. Populorum progressio (26-III-1967) 33:
A.A.S. 59 (1967) 273-274; Carta Apost. Octogesima adveniens (14-V-1971) 46-47: A.A.S. 63 (1971) 433-437; CONC. VAT.
II, Const. Past. Gaudium et spes, 30-31.
JUAN XXIII, Carta Ene. Pacem in terris (l l-IV-1963): A.A.S. 55 (1963) 278; CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes,
89
9. 68; JUAN PABLO II, Carta Ene. Sollicitudo rei socialis (30-XII-1987) 44: A.A.S. 80 (1988) 576-577.
P JUAN XXIII, Carta Enc. Mater et Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 423; PABLO VI, Carta Apost. Octogesima
adveniens (14-V-1981) 15: A.A.S. 73 (1981) 617; CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis
conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-III-1986) 86: A.A.S. 79 (1987) 593.
?' pío XII, Radiomensaje navideño Levate capita vestra (24-XII-1952): A.A.S. 45 (1953) 37.
JUAN XXIII, Carta Ene. Mater et Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 416.
92
° JUAN PABLO II, Carta Enc. Laborem exercens (14-LX-1981) 14: A.A.S. 73 (1981) 612ss.
28
La realización de estos principios que regulan la vida social a distintos niveles de la
organización social y en los diversos sectores de la actividad humana, permite superar
toda tensión entre socialización y personalización. El actual fenómeno de la
multiplicación de las relaciones y de las estructuras sociales a todos los niveles,
derivadas de libres decisiones y encaminadas a mejorar la calidad de la vida humana,
no puede ser acogido sino positivamente, dado que permite lograr la realización de la
solidaridad humana y favorece la ampliación del marco de las actividades materiales y
espirituales de la persona.
Con este "principio típico de la doctrina social de la Iglesia" se afirma que los bienes
de la tierra están destinados al uso de todos los hombres para satisfacer su derecho a
una vida conforme con la dignidad de la persona y a las exigencias de la familia. En
efecto, "Dios ha destinado la tierra y en cuanto ella contiene para uso de todos los
hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma
equitativa, bajo la guía de la justicia y de la caridad"". De lo que se deriva el derecho a
la propiedad privada, en sí legítimo y necesario, debe ser circunscrito dentro de los
límites impuestos por su función social. Como se expresa a tal propósito el Magisterio
en la encíclica Laborem exercens "la tradición cristiana no ha sostenido nunca este
derecho como algo absoluto e intocable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el
contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes""6
2.- Valores
segura
La importancia vital de estos principios explica por qué la Iglesia los ha propuesto
siempre con tanta insistencia como verdaderos fundamentos de una nueva sociedad
más digna del hombre. Aun reconociendo la autonomía de las realidades temporales"
1a., Enc.laSollicitud
Iglesia rei
sabe, no (30-XII-1987)
socialis obstante, que42:las leyes
A.A.S. descubiertas y aplicadas por
80 (1988)
Los valores, sin embargo, entran frecuentemente en conflicto con las situaciones en las
que son negados directa o indirectamente. En tales casos, el hombre se encuentra en la
dificultad de acatarlos todos de modo coherente y simultáneo. Por esta razón es
todavía más necesario el discernimiento cristiano en las decisiones que han de tomarse
en las diversas circunstancias a la luz de los valores fundamentales del cristianismo.
Este es el modo de practicar la auténtica "sabiduría" que la Iglesia pide a los cristianos
y a todos los hombres de buena voluntad en el compromiso socia]"
Por esto, no será posible poner las bases del auténtico desarrollo humano, pedido por
la Iglesia en su Magisterio social más reciente, sin una reafirmación permanente de la
dignidad humana y de sus exigencias éticas di
trascendentes; sin una ética de
11
responsabilidad y solidaridad entre los pueblos y de justicia social; sin una revisión
del sentido del trabajo", que conlleva una redistribución más equitativa del mismo.
P8 JUAN XXIII, Carta Enc. Pacem in terris (19-1V-1963) A.A.S. 55 (1963) 259.
? JUAN PABLO II, Carta Ene. Redemptor hominis (4-III-1979) 16: A.A.S. 71 (1979) 290ss.
JUAN XXIII, Carta Ene. Pacem in terris ( l l-IV-1963): A.A.S. 55 ( 1963) 265ss.; JUAN PABLO II, Carta Ene. Dives in
100
misericordia (30-XI-1980) 12: A.A.S. 72 (1980) 1215; CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis
conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-III-1986) 3. 4. 26. 57: A.A.S. 79 (1987) 556ss. 564ss. 578.
l CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-
10
III-1986) 89-91: A.A.S. 70 (1987) 594-595. COMISIÓN PONTIFICIA "JUSTICIA Y PAZ". Documento Al servicio de la
comunidad humana: una consideración ética a la deuda internacional (27-XII-1986): L'Osservatore Romano (28-I-1987 Ed.
Esp. l-II-1987).
"O JUAN PABLO II, Carta Enc. Laborem exercens (14-1X-1981) 3. 6. 12. 14: A.A.S. 73 (1981) 583. 589ss. 605ss. 612ss.;
CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-
III-1986) 81-87: A.A.S. 79 (1987) 591-593.
30
IV.- CRITERIOS DE JUICIO
La doctrina social de la Iglesia tiene por fin comunicar un saber no sólo teórico sino
también práctico y orientador de la acción pastoral. He aquí por qué ella, además de
los principios permanentes de reflexión, ofrece también criterios de juicio sobre las
situaciones, las estructuras y las instituciones que rigen la vida económica, social,
política, cultural, tecnológica, y sobre los mismos sistemas sociales". A este propósito,
no hay duda de que el pronunciarse acerca de las condiciones más o menos humanas
de las personas, acerca del valor ético de las estructuras y de los sistemas sociales,
económicos, políticos y culturales, en relación con las exigencias de la justicia social,
forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia.
Para poder emitir su juicio de modo correcto en estos casos, la Iglesia necesita conocer
las situaciones históricas locales, nacionales e internacionales, y la identidad cultural
de toda comunidad y pueblo. Aunque se avale con todos los medios proporcionados
por las ciencias, es cierto que el mejor modo de aproximación a las realidades sociales,
son siempre los valores fundamentales indicados más arriba, que dan "normas de
juicio" bien precisas para el discernimiento cristiano. Estas que, según las
declaraciones oficiales, se encuentran incluidas en la doctrina social, son
irrenunciables y, por tanto, deben hacerse conocer y apreciar en la enseñanza impartida
en los Seminarios y en las Facultades teológicas.
? CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Liberatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-
10
Para conseguir un diálogo más realista con los hombres, una justa apertura a las
diferentes circunstancias de la convivencia social y un conocimiento objetivo de las
situaciones, de las estructuras y de los sistemas, la Iglesia, cuando emite un juicio
puede aprovecharse de todas "las ayudas que pueden ofrecer las ciencias"", por
ejemplo los datos empíricos garantizados críticamente, sabiendo bien, sin embargo,
que no es su cometido analizar científicamente la realidad y las posibles consecuencias
de los cambios sociales 111. Esto es válido tanto para la Iglesia universal como para las
Iglesias particulares.
Un criterio importante para el uso de los medios que ofrecen las ciencias sociales es
recordar que el análisis sociológico no siempre ofrece una elaboración objetiva de los
datos y de los hechos, en cuanto que ya, en el punto de partida, puede encontrarse
sujeto a una determinada visión ideológica o a una estrategia política bien precisa,
como ocurre en el análisis marxista. Como es notorio, el Magisterio no ha cesado de
pronunciarse oficialmente sobre el peligro que este tipo de análisis puede suponer para
la fe cristiana y para la vida de la Iglesia''.
105 '
PIO XI, Carta Ene. Quadragesimo armo (15-V-1931): A.A.S. 23 (1931) 219ss.
°
l0 ONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 8.
PABLO VI, Carta Ene. Populorum progressio (26-III-1967) 48-49: A.A.S. 59 (1967) 281. "0
107
JUAN PABLO II, Carta Ene. Laborem exercens (14-IX-1981) 8: A.A.S. 73 (1981) 596. 109 Id.,
Carta Ene. Sollicitudo rei socialis (30-XII-1987) 21: A.A.S. 80 (1988) 537-539. llONC. VAT.
II, Decreto Optatam totius, 20.
II' JUAN PABLO II, Carta Ene. Laborem exercens (14-IX-1981) 1: A.A.S. 73 (1981) 580.
? PABLO VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14-V-1971) 34: A.A.S. 63 (1971) 424ss.; CONGR. PARA LA
1
DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Libertatis nuntius sobre algunos aspectos de la "Teología de la liberación" (6-VIII- 1984)
parte VII, 6: A.A.S. 76 (1984) 890ss. 571-575.
32
están frecuentemente sometidos, por prineip1o, a una vas1on individualista de la
relación económico-social, en contraste con la concepción cristiana'.
No se puede encerrar ciertamente el destino del hombre entre estos dos proyectos
históricos contrapuestos, pues sería contrario a la libertad y a la creatividad del
hombre. Y, en efecto, la historia de los hombres, de los pueblos y de las comunidades
aparece siempre rica y articulada, y los proyectos de modelos de sociedad han sido, en
las diversas épocas, siempre múltiples. A este respecto, es importante precisar que
muchas variaciones del principio del liberalismo económico, como son expuestas por
los partidos cristiano-demócratas o socialdemócratas, pueden ser consideradas no ya
como expresiones de "liberalismo" en sentido estricto, sino como alternativas nuevas
de organización social.
El diálogo de la Iglesia con los movimientos históricos que tratan de superar el dilema
agudo existente entre capitalismo y socialismo, merece especial atención. Sin
embargo, la Iglesia, con su enseñanza social, no pretende alentar un sistema socio-
económico y político alternativo, ni formular un proyecto suyo bien definido de
sociedad, por cuanto esta tarea corresponde a los grupos y a las comunidades que
tienen fines sociales y políticos. De todos modos los cristianos son llamados a efectuar
en ellos un discernimiento permanente. Además, el diálogo y el compromiso eventual
de los que, por otra parte, son distintos de ellas, deberán desarrollarse siempre con la
atención y el discernimiento crítico debidos, y siempre con la atención y el
discernimiento crítico debidos, y siempre con referencia al juicio moral pronunciado
por el Magisterio de la Iglesia'"",
La misión salvífica de la Iglesia que tiene su origen en las enseñanzas, en los ejemplos
y en la vida misma de Cristo, el Salvador, supone dos opciones ineludibles: una por el
hombre según el Evangelio y, la otra, por la imagen evangélica de la sociedad. Sin
entrar en la hipótesis de una "tercera vía" 115 frente a la "utopía liberal" y a la "utopía
socialista", los creyentes deben optar siempre por un modelo humanizado de las
relaciones socio-económicas que sea conforme con la escala de valores mencionada
más arriba. En esta perspectiva, los pilares de todo modelo verdaderamente humano,
esto es, conforme con la dignidad de la persona, son la verdad, la libertad, la justicia, el
amor, la responsabilidad, la solidaridad y la paz. La puesta en práctica de estos valores
en la sociedad comporta la primacía del hombre sobre las cosas, la prioridad del
trabajo sobre el capital, la superación de la antinomia trabajo-capital'"". Estas
opciones, en sí mismas, no son políticas pero rozan la esfera política y,
particularmente, la relación Iglesia-política; ni siquiera son socio-económicas, pero
tocan también este aspecto en la relación hombresociedad e Iglesia-sociedad. Por lo
que está claro que no se puede prescindir del juicio ético de la Iglesia sobre los
fundamentos del sistema social que se quiere
ll? pABLO VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14-V-1971) 26: A.A.S. 63 (1971) 420.
lH JUAN XXIII, Carta Enc. Pacem in terris (11-IV-1963): A.A.S. 55 (1963) 300; Documento de Puebla, 554-557. 'l°
JUAN PABLO II, Carta Enc. Sollicitudo rei socialis (30-XII-1987) 41; A.A.S. 80 (1988) 571.
ll1a., Carta Enc. Laborem exercens (14-LX-1981) 12. 14ss.: A.A.S. 63 (1971) 425.
33
construir, y sobre los proyectos y programas concretos de la convivencia, en los que
deben confluir la imagen de hombre y sociedad propuesta por el Evangelio.
ll7 pABLO VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14-V-1971) 36: A.A.S. 63 (1971) 425. Il
JUAN XXIII, Carta Enc. Mater et Magistra (15-V-1961): A.A.S. 53 (1961) 455ss.
ll? CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Libertatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación
(22-III-1986) 76: A.A.S. 79 (1987) 558ss.
34
tanto, todos los crst1anos deberán situarse ante las nuevas situaciones con una
conciencia bien formada según las exigencias éticas del Evangelio y con una
sensibilidad social verdaderamente cristiana, madurada a través del estudio atento de
las diversas declaraciones del Magisterio.
Dada la primacía del hombre sobre las cosas, un primer criterio o norma no sólo de
juicio, sino también de acción es la dignidad de la persona humana que lleva consigo
el respeto y la promoción de todos los derechos personales y sociales inherentes a su
naturaleza.
En la situación del mundo actual los cambios profundos en todos los campos de la
actividad humana, económica, cultural, científica y técnica han hecho surgir nuevos
problemas que exigen el compromiso de todos los hombres de buena voluntad. Entre
estos problemas sobresalen el hambre, la violencia, el terrorismo nacional e
internacional, el desarme y la paz, la deuda externa y el subdesarrollo de los Países del
Tercer Mundo, las manipulaciones genéticas, la droga, el deterioro del medio
ambiente, etc.
35
57. Lucha por la justicia y la solidaridad sociales
El mundo de hoy se caracteriza además por "otras zonas de miseria"""" y por "otras
formas de injusticia mucho más amplias"' que las de las épocas procedentes, como el
hambre, el desempleo, la marginación social, las desigualdades que separan a los ricos
-países, regiones, grupos, personas- de los pobres. Por tanto, un tercer criterio de
acción es "la lucha noble y razonada en favor de la justicia y de la solidaridad
sociales"??
Lo más importante es que Pastores y fieles estén y se sientan unidos al participar cada
uno según sus propias capacidades, preparación y funciones, en la diversidad de dones
y ministerios, en la única misión salvífica de la Iglesia. En esta visión eclesiológica, el
deber de animar cristianamente las realidades temporales, no es delegado a los laicos
por la Jerarquía, sino que es connatural con su condición de bautizados y confirmados.
En nuestro tiempo se tiene una conciencia cada vez más viva de la necesidad de la
colaboración de los laicos en la misión evangelizadora de la Iglesia. La Lumen
gentium afirma que en ciertos lugares y en determinadas circunstancias, la Iglesia, sin
ellos, no puede ser sal de la tierra y luz del mundo125.
JUAN PABLO II, Carta Ene. Redemptor hominis (4-III-1979) 16: A.A.S. 71 (1979) 292-
?
293. l?' 1d., Carta Ene. Laborem exercens (14-1X-1981) 8: A.A.S. 73 (1981) 596.
CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Libertatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación
122
(22-III-1986) 77: A.A.S. 79 (1987) 589: JUAN PABLO II, Carta Ene. Laborem exercens (14-IX-1981) 20:
A.A.S. 73 (1983) 629ss.
?? ONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 43; Decreto Apostolicam actuositatem, 13; CONGR. PARA LA
1
DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Libertatis conscientia sobre la libertad cristiana y la liberación (22-III-1986) 80:
A.A.S. 79 (1987) 590ss.; Instrucción Libertatis nuntius sobre algunos aspectos de la "Teología de la liberación" (6-VIII-
1984) 12: A.A.S. 76 (1984) 906ss.
"? CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 43; CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción
Libertatis nuntius sobre algunos aspectos de la "Teología de la liberación" (6-VIII-1984) 14: A.A.S. 76 (1984) 906ss.
l2 ° ONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 33.
36
funda en el conocimiento de las realidades naturales históricas y culturales de este
mundo, y la que proviene de su interpretación a la luz del Evangelio. Ellas no son
intercambiables: la una no puede sustituir a la otra, pero ambas encuentran la unidad
en su primer fundamento, que es la Palabra de Dios, el Verbo, mediante el cual todo
ha sido hecho, y en su último fin, que es el reino de Dios. Por tanto, un quinto criterio
tocante al aspecto metodológico de la acción es el uso de la doble experiencia: la de
las realidades temporales y la de la fe cristiana.
Como ya se ha dicho, la Iglesia no ofrece su propio modelo de vida social; más bien
permanece abierta a una especia de pluralismo de proyectos y de hipótesis para la
acción según los carismas y dones que el Espíritu concede a los laicos para el
cumplimiento de su misión en el ámbito de la familia, del trabajo, de la economía, de
la política, de la cultura, de la técnica, de la ecología, etc. De ello se deduce que las
normas de acción tenidas en la doctrina social de la Iglesia adquieren un significado
particular según las características específicas de la actividad a desarrollar en cada uno
de estos campos. De aquí un sexto criterio de acción: la apertura a los carismas y a los
dones del Espíritu Santo en el compromiso y en las opciones cristianas en la vida
social.
Los testimonios de esta conciencia pastoral son innumerables en los Papas, maestros
de doctrina social. En sus documentos exhortan a mejorar las condiciones de los
"? JUAN PABLO II, Carta Apost. Salvifici doloris (11-II-1984): A.A.S. 76 (1984) 201ss.
37
obreros y promueven experiencias de este sentido''; recomiendan practicar la caridad,
armonizándola con la justicia"; extienden la acción a todo el ámbito temporal'; exigen
que la declaración de los principios, la declaración de las intenciones y la denuncia de
las injusticias vayan acompañadas de una acción efectiva y responsable'; recuerdan
que una prueba de la constante atención de la Iglesia a la cuestión social son, no sólo
los documentos del Magisterio -conciliar, pontificio, episcopal- sino también las
actividades de los diversos centros de pensamiento y de acción, y las iniciativas
concretas de apostolado social en las Iglesias particulares y en el campo internacional
131
; invitan al clero, a los religiosos y a los laicos a comprometerse en los "diversos
sectores, obras y servicios" de la "pastoral socia]" pe esta conciencia social nace un
último criterio de acción que debe estar presente en todos los citados anteriormente: la
práctica del mandamiento del amor y de la misericordia en todo aquello que, según el
espíritu del Evangelio, concede la prioridad a los pobres'. Tal prioridad, atestiguada
por toda la tradición de la Iglesia ha sido recalcada con fuerza por la Sollicitudo rei
socialis. En el documento pontificio se lee, en efecto, que "hoy, vista la dimensión que
ha adquirido la cuestión social, este amor preferencial, con las decisiones que nos
inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos,
mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro
mejor: no se puede olvidar la existencia de estas realidades. Ignorarlas significaría
parecemos al "rico epulón" que fingía no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su
puerta (cf. Le 16, 19-31/3
JUAN PABLO II, Carta Ene. Laborem exercens (14-IX-1981) 2: A.A.S. 73 (1981) 581.
Id., Alocución Cést la deuxiéme a los Delegados de "Caritas Internacional" (30-V-1983): Insegnamenti di Giovanni Paolo II,
132
III-1986) 66-70: A.A.S. 79 (1987) 582-585; JUAN PABLO II, Carta Ene. Sollicitudo rei socialis (30-XII- 1987) 21: A.A.S. 80
(1988) 572
3 JUAN PABLO II, Carta Ene. Sollicitudo rei socialis (30-XII-1987) 42: A.A.S. 80 (1988) 573.
38
63. Rflexiones en el campo político
El hecho de que la Iglesia ni posea ni ofrezca un modelo particular de vida social, ni
esté comprometida con ningún sistema político como una "vía" propia suya a elegir
entre otros sistemas', no quiere decir que no deba formar y animar a sus fieles -
especialmente a los laicos- a que tomen conciencia de su responsabilidad en la
comunidad politica', y opten a favor de soluciones y, a favor de un modelo, si lo
hubiere, en el que la inspiración de la fe pueda llegar a ser praxis cristiana. Las
orientaciones de la doctrina social de la Iglesia para la acción de los laicos son válidas
tanto en materia política como en los otros campos de las realidades temporales en los
que la Iglesia debe estar presente en virtud de su misión evangelizadora.
Para comprender esta presencia de la Iglesia, es bueno distinguir los "dos conceptos:
política y compromiso político"". En lo que se refiere al primer concepto, la Iglesia
puede y debe juzgar los comportamientos políticos no sólo cuando rozan la esfera
religiosa, sino también en todo lo que mira a la dignidad y a los derechos
fundamentales del hombre, al bien común y a la justicia social: problemas todos que
tienen una dimensión ética considerada y valorada por la Iglesia a la luz del Evangelio,
en virtud de su misión de "evangelizar el orden político" y, por esto mismo, de
humanizarlo enteramente. Se trata de una política entendida en su más alto valor
sapiencial, que es deber de toda la Iglesia. En cambio, el compromiso político, en el
sentido de tomar decisiones concretas, de establecer programas, de dirigir campañas,
de ostentar representaciones populares, de ejercer el poder, es un deber que compete a
los laicos, según las leyes justas y las instituciones de la sociedad terrena de la que
forman parte. Lo que la Iglesia pide y trata de procurar a estos hijos suyos es una
conciencia recta conforme a las exigencias del propio Evangelio para obrar justa y
responsablemente al servicio de la comunidad'
Los Pastores y los demás ministros de la Iglesia, para conservar mejor su libertad en la
evangelización de la realidad política, se mantendrán al margen de los diversos
partidos o grupos que pudieran crear divisiones o comprometer la eficacia del
CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 76; JUAN PABLO II, Carta Enc. Sollicitudo rei socialis (30-XII-1987) 41:
135
39
apostolado, y menos aún, les darán apoyos preferentes, a no ser que en "circunstancias
concretas" lo exija el bien de la comunidad"".
Por esta razón de ser, la doctrina social, aun siendo difícil de definir en términos
estrictamente escolásticos, en los párrafos anteriores, se perfila, al menos en sus líneas
esenciales, con suficiente claridad, presentándose primeramente como "parte
integrante del concepto cristiano de la vida" 141. En efecto, se ha visto que su incidencia
en el mundo no es marginal, sino decisiva, en cuanto acción de la Iglesia, "fermento",
"sal de la tierra", "semilla" y "luz" de la humanidad".
40
VI.- LA FORMACIÓN
Las orientaciones dadas en la exposición precedente están destinadas a los que tienen
el deber y la responsabilidad de la formación de los candidatos al sacerdocio y de los
estudiantes de los diversos Institutos teológicos. Están preparadas con el fin de facilitar
y estimular la labor formativa en el campo de la doctrina social; por lo tanto, no cabe
ninguna duda que los profesores sabrán aprovecharse de ellas para un buen
planteamiento de los contenidos y de los métodos de enseñanza. La finalidad del
documento es, en efecto, hacer evidentes los puntos que son fundamentales en el
estudio de esta disciplina y, por consiguiente, indispensables para una sólida
formación teológica y pastoral de los futuros sacerdotes.
Por esto, los obispos y los superiores de los Centros de formación eclesiásticos tienen
la grave responsabilidad de enviar algún alumno, capaz o interesado, a la Facultad de
Ciencias Sociales o a otros Institutos superiores afines, aprobados por la autoridad
eclesiástica, para poder disponer así de profesores dotados de una formación científica
adecuada. La Iglesia desea que tales profesores, a los que se confía la formación del
clero, sean elegidos entre los mejores y posean una doctrina sólida y una conveniente
experiencia pastoral, unidas a una buena formación espiritual y pedagógica ".
Además, se debe tener presente, que para enseñar la doctrina social no es suficiente el
sólo conocimiento de los respectivos documentos del Magisterio. Es preciso que los
profesores posean una amplia y profunda formación teológica, sean competentes en
moral social y conozcan al menos los elementos fundamentales de las ciencias sociales
modernas. Igualmente es menester promover su estrecha colaboración con los
profesores de moral, de dogmática y de pastoral para garantizar la coherencia, la
unidad y la solidez de la enseñanza, a fin de permitir a los alumnos tener una visión
sintética de la teología y de la pastoral. Es preciso conseguir, también, que la
41
formación doctrinal y la formación pastoral vayan estrechamente unidas a la
•• ¡44
esp1r1tua .
Las ciencias humanas, en efecto, son instrumento importante para evaluar las
situaciones que cambian, y establecer un diálogo con el mundo y con los hombres de
cualquier opinión". Ellas ofrecen a la enseñanza social el contexto empírico en el que
los principios fundamentales pueden y deben aplicarse; ponen a disposición abundante
material para el análisis, para la valoración y para el juicio de las situaciones y de las
estructuras sociales; ayudan a orientarse en las opciones prácticas concretas. Sin duda,
en el estudio y en el interés por las ciencias sociales se deberá evitar el peligro de caer
en las trampas de las ideologías que manipulan la interpretación de los datos, o en el
positivismo que supervalora los datos empíricos en perjuicio de la comprensión global
del hombre y del mundo.
Es un hecho evidente que la realidad social y las ciencias que la interpretan están
sujetas a continuos y rápidos cambios. Por esta razón es particularmente necesaria la
formación permanente de los profesores que garantice su continua actualización. La
falta de un contacto estrecho con los nuevos problemas y los nuevos rumbos a nivel
nacional, internacional y mundial, así como con los nuevos desarrollos de la doctrina
social de la Iglesia, puede privar a su enseñanza de interés y de capacidad formativa.
Para que los profesores puedan enseñar la doctrina social no como una teoría abstracta
sino como una doctrina dirigida a la acción concreta, les será utilísima la experiencia
pastoral directa. Será una experiencia distinta según los lugares, las situaciones, las
posibilidades y las preferencias de cada uno, pero elegida y
"" 1id., 8.
1
° pABLO VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14-V-1971) 34: A.A.S. 63 (1971) 431. l
CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 62; Decreto Optatam totius, 20.
l"7 CONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 43; Decreto Optatam totius, 19.
42
planteada siempre de manera tal, que favorezca la concreción, la validez y el interés de
la enseñanza.
A este propósito se debe recordar que aun siendo verdad que toda la formación tiene
una finalidad pastoral, sin embargo es necesario prever para todos una formación
específicamente pastoral' que tenga en cuenta también la doctrina social de la Iglesia.
72. En el ámbito de esta formación, que sin duda pide e incluye, como se ha dicho, una
preparación teológica adecuada para el anuncio de la Palabra según las exigencias de
las personas, de los lugares y de los tiempos, y para el diálogo de la Iglesia con el
mundo, es menester despertar en los alumnos el interés y la sensibilidad por la
doctrina y la pastoral sociales de la Iglesia. En este sentido el Código habla de
"diálogo con las personas", y de sensibilizarlos para con "los deberes sociales" que
corresponden a la Iglesia"
Cuál sea el momento más oportuno para este estudio, depende de la programación
escolar de los diversos Centros e Institutos de formación. Tal vez puede ser útil situar
los cursos a lo largo de toda la formación de los alumnos. Esta solución aseguraría la
continuidad necesaria y la adquisición gradual de los conocimientos, y permitiría
comprender mejor las nociones de filosofía social y de teología presentes en los
diversos documentos. En todo caso, es indispensable que durante la formación se
garantice el conocimiento de las grandes encíclicas sociales.
Éstas deben ser materia de cursos especiales y figurar como lectura obligatoria para
los estudiantes. Su estudio deberá tener en cuenta el contexto cultural en que fueron
escritas, los principios teológicos y filosóficos en que se basan, su relación con las
ciencias sociales y su sentido en las circunstancias actuales. Además, en conexión
"C.L.C., can.
1
Pero por encima de todo, tal formación requiere que los laicos y los aspirantes al
sacerdocio tomen conciencia de deber dar con su actuación testimonio de Cristo en
medio del mundo. En particular, los obispos y los sacerdotes están llamados a predicar
el mensaje de Cristo de tal modo, que toda la actividad temporal de los hombres
permanezca impregnada de la luz del Evangelio '. Ciertamente, la aportación esencial
de la Iglesia en el campo social es siempre el anuncio íntegro del Evangelio; anuncio
que por otra parte presta gran atención a los problemas sociales.
La interpretación y aplicación del Evangelio a la realidad del hombre de hoy es, pues,
esencial en la formación teológica e interdisciplinar de los alumnos y tiene un valor
determinante para la eficacia de la pastoral. En esta formación el testimonio de vida, la
predicación y la acción no se pueden separar, ya que están unidos en la persona misma
de Jesús, en el Evangelio y en la tradición de la Iglesia.
5
1
ONC. VAT. II, Const. Past. Gaudium et spes, 43.
44
Iglesia universal y de las Iglesias particulares. Son muy aconsejables las visitas y el
diálogo de los estudiantes, acompañados de sus profesores, con el mundo del trabajo -
empresarios, obreros, sindicatos-, con las organizaciones sociales y con los sectores
marginados.
78. Conclusión
Il 1id., 43.
4
5
APÉNDICE I
ÍNDICE DE TEMAS EN QU SE PUEDEN TRATAR LA OPORTUNAMENT
LA ENSEÑANZA EN E DOCTRINA SOCIAL E DE LA IGLESIA
LOS SEMINARIOS DE
Las presentes "Orientaciones" tienen la finalidad de resaltar los puntos que en el estudio
de la doctrina social de la Iglesia se considera indispensable conocer. La Congregación para la
educación Católica desea ofrecer a los profesores de esta materia un esbozo de programa con
el fin de ayudarles a proponer un buen planteamiento de contenidos en la enseñanza. Dada la
gran variedad de situaciones locales, se trata, evidentemente, tan sólo de una propuesta que
deja al profesor todo el espacio necesario para organizar las lecciones y las prácticas
pastorales conformes con las necesidades concretas de la diócesis, según las orientaciones de
las Conferencias Episcopales y de los Obispos diocesanos. Se es, en efecto, consciente de que
una sólida y provechosa enseñanza de la doctrina social de la Iglesia, aunque permaneciendo
ligada a un núcleo esencial de verdades y principios imprescindibles y comunes para todos
(ver n. 52), no puede prescindir de las problemáticas locales peculiares y de la necesidad de
oportunas adaptaciones, para insertar el mensaje evangélico en lo concreto de la vida.
46
2. Aportación de los Santos Padres, de los Doctores y de los grandes teólogos
(Santo Tomás de Aquino) hasta los tiempos modernos.
4. Período pre-conciliar de la doctrina social: desde León XIII hasta Pío XII -
Contexto socio-cultural de la "Rerum novarum" y de la "Quadragesimo
anno" - Finalidad y contenidos de estas encíclicas y de los mensajes
sociales de Pío XII.
III. Principios y orientaciones de la Iglesia en los dferentes campos de la vida social (f. Orientaciones, 30-52)
47
4. La interdependencia persona - sociedad: Sociabilidad o dimensión social del
hombre - Dimensión conflictiva de la existencia personal - Importancia de una
formación para comprender la naturaleza de los conflictos - Sentido de la
sociedad y de la comunidad - Dinámica de los grupos y asociaciones en la vida
social - Grupos sociales intermedios - Manifestaciones de la sociabilidad en la
familia y en la comunidad política - El equilibrio social.
IV. Realización de los principios y valores en los distintos niveles y sectores de la vida
social (f. Orientaciones, 53-63)
48
3. En la economía: Autonomía legítima de las realidades temporales al servicio
del hombre - La vida económica en sus aspectos y problemas contemporáneos
- Características de los sistemas actuales de producción - Crisis de los sistemas
económicos: capitalismo y colectivismo - Fenómenos de la crisis de la
economía actual: desempleo, inflación, crisis monetaria, problemática de la
deuda exterior -Necesidades, leyes y exigencias éticas del progreso económico
- Papel de la economía en la vida del hombre - Criterio de la sociabilidad -
Camino de la justicia social - Economía social - Libertad y control social de la
economía - Necesidad y función social del capital - Justicia social en el
comercio y en las finanzas - Justicia social en el comercio internacional -
Equilibrio de los precios en las relaciones entre países ricos y países pobres -
Política de las inversiones y criterio del bien común - Política monetaria al
servicio del bien común y de los más pobres - Regulación social de los tipos
de interés - Ilicitud de las operaciones en las que el cambio de la moneda
perjudica a las clases, a las regiones y a las naciones más pobres - Nuevo
orden económico-social. - La propiedad privada: Fin universal de los bienes
materiales - Acceso de todos a los bienes de la tierra - Derecho de propiedad,
uso y transformaciones de la tierra - Aprovechamiento de los recursos
naturales - Uso y propiedad de los bienes - Razones y límites de la propiedad
privada - Subordinación de la propiedad privada a la vida - Instancia del
socialismo - La colectivización inconcebible con el humanismo cristiano - Las
leyes del equilibrio y de la armonía sociales - Criterio de la sociabilidad -
Atención al mundo agrícola - Reforma agraria: división y distribución de las
tierras no cultivadas.
- El trabjo: Crisis y problemática actuales del trabajo - Conflicto del trabajo:
países industrializados y no industrializados - La crisis del trabajo en el Tercer
Mundo - El problema del hambre - Marginación social - Contexto del trabajo
en la doctrina social - Valor y dignidad del trabajo: fundamentos filosóficos,
teológicos y espirituales del trabajo humano - Dimensión objetiva y social del
trabajo - Condiciones injustas del trabajo - Superioridad del trabajo sobre el
capital - Derechos y deberes de los trabajadores - Organización del trabajo -
Intervención de los poderes públicos - Función subsidiaria del Estado - El
problema de la retribución justa del trabajo: salario justo, legal, familiar,
suficiente - Trabajo y familia social del trabajador - Derechos del trabajo:
superación del carácter mercantil, superación de la alienación del hombre en el
trabajo, recuperación del sentido del trabajo - Hacia una nueva distribución del
trabajo - El desempleo.
La empresa como comunidad de trabajo: cogestión - La asociación en el
mundo del trabajo - Movimiento obrero y lucha de clases - Sindicatos,
empresa y sociedad - Contribución de los trabajadores al bien común -
Solidaridad de los trabajadores en el bien común - Solidaridad de los
trabajadores y con los trabajadores - Contratos individual y colectivo de
trabajo - Naturaleza de la huelga: condiciones de licitud - Abusos en la huelga.
49
4. En la política: Fenomenología política contemporánea - las grandes
corrientes ideológicas y socio-políticas - Naturaleza de la sociedad y del poder
- Sociedad política y Estado - Formas modernas de gobierno: Estado
totalitario, Estado despótico y Estado democrático - Elementos de un recto
orden democrático - Democracia social - Exigencias morales de la democracia
social - Democracia económica - Democracia participativa - Ideología y praxis
en el comunismo - El liberalismo y la absolutización de la libertad -
Autonomía del Estado y su función de servicio al bien común, de respeto de
los derechos del hombre, de renovación de las estructuras para el ejercicio de
la libertad y del sano pluralismo - Dependencia y participación en la
comunidad política - La Iglesia y la política - Libertad de la Iglesia y del
Estado - Compromiso socio-político del cristiano: derechos, deberes y
responsabilidades de los católicos.
50
8. En la ecología: Crisis ecológica - Política ecológica para la protección del
ambiente en favor de la salud de todos - Pensamiento de Pablo VI y de Juan
Pablo II - Fenómeno de la concentración urbana - Ética ecológica.
VI. Competencia y deber de los Obispos, de los sacerdotes, de los religiosos y de los
laicos en la elaboración de la doctrina social, y el compromiso en la acción social de la
Iglesia - La acción social de la Iglesia local como respuesta a los problemas locales.
APÉNDICE 11
TEXTOS DEL MAGISTERIO SOCIAL DE LA IGLESIA CORRESPONDIENTES A
ALGUNAS DE LAS NOTAS MÁS SIGNIFICATIVAS DE LAS "ORIENTACIONES"
(7) "Aunque sabemos que en algunos centros de este género se está dando dicha enseñanza
acertadamente desde hace tiempo, exhortamos, en primer lugar, a que se enseñe como
disciplina obligatoria en los colegios católicos de todo grado y principalmente en los
seminarios" (Mater et Magistra, 232).
(1 O) "La doctrina social de la Iglesia no es, pues, una "tercera vía" entre el capitalismo liberal
y el colectivismo marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos
contrapuestas radicalmente, sino que tiene una categoría propia. No es tampoco una ideología,
sino la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas
realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe
y de la tradición eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su
conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación
terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana. Por tanto,
no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología
moral" (Sollicitudo rei socialis, 41).
51
hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas
sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la
creación del plan de la Redención que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a las
que hay que combatir y de justicia que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente
evangélico como es el de la caridad; en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin
promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre?"
(Evangelii nuntiandi, 29. 31 ).
(18) "La Iglesia católica enseña y proclama una doctrina de la sociedad y de la convivencia
humana que posee indudablemente una perenne eficacia. El principio capital, sin duda alguna,
de esta doctrina afirma que el hombre es necesariamente fundamento, causa y fin de todas las
instituciones sociales; el hombre, repetimos, en cuanto es sociable por naturaleza y ha sido
elevado a un orden sobrenatural. De este trascendental principio, que afirma y defiende la
sagrada dignidad de la persona, la santa Iglesia con la colaboración de sacerdotes y seglares
competentes, ha deducido, principalmente en este siglo, una luminosa doctrina social para
ordenar las mutuas relaciones humanas de acuerdo con los criterios generales, que responden
tanto a las exigencias de la naturaleza y a las distintas condiciones de la convivencia humana
como al carácter específico de la época actual, criterios que precisamente por esto pueden ser
aceptados por todos" (Mater et Magistra, 227-229).
(19) " ... hay que establecer lo que ya hace tiempo confirmó claramente León XIII: que Nos
tenemos el derecho y el deber de juzgar con autoridad suprema sobre estas materias sociales y
económicas. Cierto que no se le impuso a la Iglesia la obligación de dirigir a los hombres a la
felicidad exclusivamente caduca y temporal sino a la eterna; más aún, la Iglesia considera
impropio inmiscuirse sin razón en estos asuntos terrenos. Pero no puede en modo alguno
renunciar al cometido, a ella confiado por Dios, de interponer su autoridad, no ciertamente en
materias técnicas, para las cuales no cuenta con los medios adecuados, ni es su cometido, sino
en todas aquellas que se refieren a la moral. En lo que atañe a estas cosas, el depósito de la
verdad, a Nos confiado por Dios, y el gravísimo deber de divulgar, de interpretar y aun de
urgir la oportuna e importunamente toda la ley moral, somete y sujeta a nuestro supremo
juicio tanto el orden de las cosas sociales cuanto el de las mismas cosas económicas"
(Quadragesimo anno, 41).
(23) "Para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de
la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada
generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el
sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es
necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus
aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza" (Gaudium et spes, 4).
(57) "La finalidad fundamental de esta producción no es el mero incremento de los productos
ni el beneficio, ni el poder, sino el servicio del hombre integral, teniendo en cuenta sus
necesidades materiales y sus exigencias intelectuales, morales, espirituales y religiosas; de
todo hombre decimos, de todo grupo de hombres, sin distinción de raza o continente. De esta
forma, la actividad económica debe ejercerse siguiendo sus métodos y leyes propias, dentro
del ámbito del orden moral, para que se cumplan así los designios de Dios sobre el hombre"
(Gaudium et spes, 64).
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(58) "Al mismo tiempo, los conflictos se han ampliado hasta tomar las dimensiones del
mundo. La viva inquietud que se ha apoderado de las clases pobres de los países que se van
industrializando, se apodera ahora de aquellas en que la economía es casi exclusivamente
agraria: los campesinos adquieren ellos también la conciencia de su miseria no merecida. A
esto se añade el escándalo de las disparidades hirientes, no solamente en el goce de los bienes,
sino todavía más en el ejercicio del poder" (Pcpulorum progressio, 9).
(59) "El desarrollo de los pueblos, y muy especialmente el de aquellos que se esfuerzan por
escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia; que
buscan una más amplia participación en los frutos de la civilización, una valoración más
activa de sus cualidades humanas; que se orientan con decisión hacia el pleno desarrollo, es
observado por la Iglesia con atención. Apenas terminado el Concilio Vaticano II una renovada
toma de conciencia de las exigencias del mensaje evangélico obliga a la Iglesia a ponerse al
servicio de los hombres para ayudarles a captar todas las dimensiones de este grave problema
y convencerles de la urgencia de una acción solidaria en este cambio decisivo de la historia de
la humanidad" (Pcpulorum progressio, 1).
(60) "Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan técnicos, cada vez en mayor número, para
este mismo desarrollo se exige más todavía pensadores de reflexión profunda que busquen un
humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo, asumiendo los
valores del amor, de la amistad de la oración y de la contemplación. Así podrá realizar, en
toda su plenitud, el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de
condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas" (Populorum progressio,
20).
"Menos humanas: las carencias materiales de los que están privados del mínimum vital y las
carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo. Menos humanas las estructuras
opresoras, que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de la explotación de los
trabajadores o de la injusticia de las transacciones. Más humanas: el remontarse de la miseria
a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los
conocimientos, la adquisición de la cultura. Más humanas también: el aumento en la
consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la
cooperación en el bien común, la voluntad de paz. Más humanas todavía: el reconocimiento,
por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin.
Más humanas, por fin y especialmente: la fe, son de Dios acogido por la buena voluntad de los
hombres, y la unidad en la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos,
en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres" (Populorum progressio, 21).
(62) "Si en el presente documento volvemos de nuevo sobre este problema ( del trabajo
humano) ... , no es tanto para recoger y repetir lo que ya se encuentra en las enseñanzas de la
Iglesia, sino, más bien, para poner de relieve ... que el trabajo humano es una clave, quizá la
clave esencial, de toda la cuestión social, si tratamos de verla verdaderamente desde el punto
de vista del bien del hombre" (Laborem exercens, 3).
(63) "La Iglesia está convencida de que el trabajo constituye una dimensión fundamental de la
existencia del hombre en la tierra. Ella se confirma en esta convicción considerando también
todo el patrimonio de las diversas ciencias dedicadas al estudio del hombre: la
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antropología, la paleontología, la historia, la sociología, la sicología, etc.; todas parecen
testimoniar de manera irrefutable esta realidad. La Iglesia, sin embargo, saca esta convicción,
sobre todo, de la fuente de la Palabra de Dios revelada, y por ello lo que es una convicción de
inteligencia, adquiere, a la vez, el carácter de una convicción de fe. El motivo es que la Iglesia
-vale la pena observarlo desde ahora- cree en el hombre; ella piensa en el hombre, y se dirige
a él no sólo a la luz de la experiencia histórica, no sólo con la ayuda de los múltiples métodos
del conocimiento científico, sino, ante todo, a la luz de la palabra revelada del Dios vivo"
(Laborem exercens, 4).
(75) "La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su
propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio personal y
social del hombre ... Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes
predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los
hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden
político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las
almas, utilizando todos y solos aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de
todos según la diversidad de tiempos y de situación" (Gaudium et spes, 76).
(78) "La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el
crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. Porque el principio, el
sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por
su misma naturaleza tiene absoluta necesidad de la vida social" (Gaudium et spes, 25).
(87) " ... sigue, no obstante, en pie y firme en la filosofía social aquel gravísimo principio
inamovible e inmutable: como no se puede quitar a los individuos y darlo a la comunidad lo
que ellos puedan realizar con su propio esfuerzo e industria, así tampoco es justo,
constituyendo un grave perjuicio y perturbación del recto orden, quitar a las comunidades
menores e inferiores lo que ellas puedan hacer y proporcionar y dárselo a una sociedad mayor
y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, por su propia fuerza y naturaleza, debe
prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos"
(Quadragesimo anno, 80).
(90) "Al mismo tiempo que el progreso científico y técnico continúa transformando el marco
territorial del hombre, sus modos de conocimientos, de trabajo, de consumo y de relaciones, se
manifiesta siempre en estos contextos nuevos una doble aspiración más viva a medida que se
desarrolla su información y su educación: aspiración a la igualdad, aspiración a la
participación, formas ambas de la dignidad del hombre y de su libertad" (Octogesima
adveniens, 22).
(93) "Se puede hablar de socialización únicamente cuando quede asegurada la subjetividad de
la sociedad; es decir, cuando toda persona, basándose en su propio trabajo, tenga pleno título a
considerarse, al mismo tiempo, "copropietario" de esa especie de gran taller de trabajo en el
que se compromete con todos. Un camino para conseguir esa meta podría ser la de asociar, en
cuanto sea posible, el trabajo a la propiedad del capital y dar vida a una rica gama de cuerpos
intermedios con finalidades económicas, sociales, culturales; cuerpos que gocen de una
autonomía efectiva respecto a los poderes públicos, que persigan sus objetivos específicos
manteniendo relaciones de colaboración leal y mutua, con subordinación a las exigencias del
bien común, y que ofrezcan forma y naturaleza de
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comunidades vivas; es decir, que los miembros respectivos sean considerados y tratados como
personas y sean estimulados a tomar parte activa en la vida de dichas comunidades" (Laborem
exercens, 14).
(100) "La convivencia humana ... tiene que ser considerada, sobre todo, como una realidad
espiritual:... como anhelo de una mutua y siempre más rica asimilación de valores espirituales.
Valores en los que encuentren su perenne vivificación y su orientación de fondo las
manifestaciones culturales, el mundo de la economía, las instituciones sociales, los
movimientos y las teorías políticas, los ordenamientos jurídicos y todos los demás elementos
exteriores en los que se articula y se expresa la convivencia en su incesante desenvolvimiento"
(Pacem in terris, 16).
"No es difícil constatar que el sentido de la justicia se ha despertado a gran escala en el mundo
contemporáneo... La Iglesia comparte con los hombres de nuestro tiempo este profundo y
ardiente deseo de una vida justa bajo todos los aspectos y no se abstiene ni siquiera de someter
a reflexión los diversos aspectos de la justicia, tal como lo exige la vida de los hombres y de
las sociedades. Prueba de ello es el campo de la doctrina social católica ampliamente
desarrollada en el arco del último siglo ... No obstante, sería difícil no darse cuenta de que no
raras veces los programas que parten de la idea de justicia y que deben servir a ponerla en
práctica en la convivencia de los hombres, de los grupos y de las sociedades humanas, en la
práctica sufren deformaciones. Por más que sucesivamente recurran a la misma idea de
justicia, sin embargo la experiencia demuestra que otras fuerzas negativas, como son el rencor,
el odio e incluso la crueldad han tomado la delantera a la justicia. En tal caso el ansia de
aniquilar al enemigo, de limitar su libertad y hasta de imponerle una dependencia total, se
convierte en motivo fundamental de la acción; esto contrasta con la esencia de la justicia la
cual tiende por naturaleza a establecer la igualdad y la equiparación entre las partes en
conflicto... La experiencia del pasado y de nuestros tiempos demuestra que la justicia por sí
sola no es suficiente y que, más aún, puede conducir a la negación y al aniquilamiento de sí
misma, si no se le permite a esa forma más prcfunda que es el amor plasmar la vida en sus
diversas dimensiones" (Dives in misericordia, 12).
(101) "La solidaridad es una exigencia directa de la fraternidad humana y sobrenatural. Los
graves problemas socio-económicos que hoy se plantean, no pueden ser resueltos si no se
crean nuevos frentes de solidaridad: solidaridad de los pobres entre ellos, solidaridad con los
pobres, a la que los ricos son llamados, y solidaridad de los trabajadores entre sí"
(CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción sobre la Libertad
cristiana y liberación, 89).
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(102) "De este modo, la solución para la mayor parte de los gravísimos problemas de la
miseria se encuentra en la promoción de una verdadera civilización del trabajo. En cierta
manera, el trabajo es la clave de toda la cuestión social. .. Si el sistema de relaciones de
trabajo, llevado a la práctica por los protagonistas directos -trabajadores y empleados, con el
apoyo indispensable de los poderes públicos- logra instaurar una civilización del trabajo, se
producirá entonces en la manera de ver de los pueblos e incluso en las bases institucionales y
políticas, una renovación pacífica en profundidad" (CONGREGACIÓN PARA LA
DOCTRINA DE LA FE, Instrucción sobre Libertad cristiana y liberación, 83).
(104) " ... Añádase a esto que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones
comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que
un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el
yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios" (Rerum novarum, 1 ).
(106) " ... Todo ello alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las
desgracias, de los que el hombre es a la vez causa y víctima" (Gaudium et spes, 8).
(107) "El deber de solidaridad de las personas es también el de los pueblos: "Los pueblos ya
desarrollados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vía de desarrollo" ...
Cada pueblo debe producir más y mejor, a la vez para dar a sus súbditos un nivel de vida
verdaderamente más humano y para contribuir también al desarrollo solidario de la
humanidad. Ante la creciente indigencia de los países subdesarrollados, se debe considerar
como normal el que un país desarrollado consagre una parte de su producción a satisfacer las
necesidades de aquéllos; igualmente normal que forme educadores, ingenieros, técnicos,
sabios, que pongan su ciencia y su competencia al servicio de ellos" (Populorum progressio,
48).
(108) " ... al mismo tiempo, sistemas ideológicos o de poder, así como nuevas relaciones
surgidas a distintos niveles de la convivencia humana, han dejado perdurar ir.justicias
flagrantes o han provocado otras nuevas" (Laborem exercens, 8).
(112) "En el caso del marxismo, tal como se intenta utilizar, la crítica se impone tanto más
cuanto que el pensamiento de Marx constituye una concepción totalizante del mundo en el
cual numerosos datos de observación y de análisis descriptivo son integrados en una estructura
filosófico-ideológica, que impone la significación y la importancia relativa que se les
reconoce. Los a priori ideológicos son presupuestos para la lectura de la realidad social"
(CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción sobre algunos aspectos
de la Teología de la liberación, VII, 6).
" ... es sin duda ilusorio y peligroso... aceptar los elementos del análisis marxista sin reconocer
sus relaciones con la ideología, al entrar en la práctica de la lucha de clases y de su
interpretación marxista, omitiendo el percibir el tipo de sociedad totalitaria y violenta a la que
conduce este proceso" (Octogesima adveniens, 34).
(113) "El cristiano que quiere vivir su fe en una acción política concebida como servicio, no
puede adherirse, sin contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen,
radicalmente o en puntos esenciales, a su fe y a su concepción del hombre: ni a la ideología
marxista..., ni a la ideología liberal" (Octogesima adveniens, 26).
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(117) "En este encuentro con las diversas ideologías renovadas, el cristiano debe sacar de las
fuentes de su fe y de las enseñanzas de la Iglesia los principios y las normas oportunas para
evitar el dejarse seducir y después quedar encerrado en un sistema cuyos límites y
totalitarismo corren el riesgo de aparecer ante él demasiado tarde si no los percibe en sus
raíces. Por encima de todo sistema, sin omitir por ello el compromiso concreto al servicio de
sus hermanos, afirmará en el seno mismo de sus opciones, lo específico de la aportación
cristiana para una transformación positiva de la sociedad" (Octogesima adveniens, 36).
(118) "Pero una doctrina social no debe ser materia de mera exposición. Ha de ser, además,
objeto de aplicación práctica. Esta norma tiene validez sobre todo cuanto se trata de la
doctrina social de la Iglesia, cuya luz es la verdad, cuyo fin es la justicia y cuyo impulso
primordial es el amor" (Mater et Magistra, 226).
"E] apostolado en el medio social, es decir, el afán por llenar de espíritu cr1stano el
pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que uno vive, es
hasta tal punto deber y carga de los seglares, que nunca podrá realizarse convenientemente por
los demás" (Apostolicam actuositatem, 13).
(127) "Son dignos de encomio, ciertamente, muchos de los nuestros que, examinando
concienzudamente lo que piden los tiempos, experimentan y ensayan los medios de mejorar a
los obreros con oficios honestos. Tomando a pechos el patrocinio de los mismos, se afanan en
aumentar su prosperidad tanto familiar como individual; de moderar igualmente, con la
justicia, las relaciones entre obreros y patronos; de formar y robustecer en unos y otros la
conciencia del deber y la observancia de los preceptos evangélicos" (Rerum novarum, 38).
(130) "No basta recordar principios generales, manifestar propósitos, condenar las injusticias
graves, proferir denuncias con cierta audacia profética, todo ello no tendrá peso real si no va
acompañado en cada hombre por una toma de conciencia más vivida de su propia
responsabilidad y de una acción efectiva" ( Octogesima adveniens, 48).
(131) "En el espacio de los años que nos separan de la publicación de la encíclica Rerum
novarum, la cuestión social no ha dejado de ocupar la atención de la Iglesia ... Prueba,
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asimismo, de ello son las declaraciones de los Episcopados o la actividad de los diversos
centros de pensamiento y de iniciativas concretas de apostolado, tanto a escala internacional
como a escala de Iglesias locales" (Laborem exercens, 2).
(135) "La Iglesia, que por razón de su misión y de su competencia no se confunde en modo
alguno con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno, es a la vez signo y
salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana ... Es de justicia que pueda la
Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su
doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral,
incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos
fundamentales de la persona o la salvación de las almas" (Gaudium et spes, 76).
(139) "Los fieles laicos tienen derecho a que se les reconozca en los asuntos terrenos aquella
libertad que compete a todos los ciudadanos; sin embargo, al usar de esa libertad, han de
cuidar de que sus acciones estén inspiradas por el espíritu evangélico, y han de prestar
atención a la doctrina propuesta por el magisterio de la Iglesia, evitando a la vez presentar
como doctrina de la Iglesia su propio criterio, en materias opinables" ( Código de Derecho
Canónico, can. 227).
(140) "l. Fomenten los clérigos, siempre lo más posible, que se conserve entre los hombres la
paz y la concordia fundada en la justicia.
(145) "La enseñanza social de la Iglesia acompaña con todo su dinamismo a los hombres en
esta búsqueda. Si bien no interviene para confirmar con su autoridad una determinada
estructura establecida o prefabricada, no se limita, sin embargo, simplemente a recordar unos
principios generales. Se desarrolla por medio de la reflexión madurada al contacto de
situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio como fuente de
renovación, desde el momento en que su mensaje es aceptado en la plenitud de sus
exigencias" (Octogesima adveniens, 42).
(146) "Hay que reconocer y emplear suficientemente en el trabajo pastoral no sólo los
principios teológicos, sino también los descubrimientos de las ciencias profanas, sobre todo en
sicología y en sociología" ( Gaudium et spes, 62).
"Enséñeseles también a utilizar los medios que pueden ofrecer las ciencias pedagógicas,
sicológicas o sociológicas, de acuerdo con los métodos correctos y con las normas de la
autoridad eclesiástica" (Cptatam totius, 20).
(148) "Aunque toda la formación de los alumnos en el seminario tenga una finalidad pastoral,
debe darse en el mismo una instrucción específicamente pastoral, con la que, atendiendo
también a las necesidades del lugar y del tiempo, aprendan los alumnos los principios y
métodos propios del ministerio de enseñar, santificar y gobernar al pueblo de Dios" (Código
de Derecho Canónico, can. 255.).
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(149) "Los obispos que han recibido la misión de gobernar a la Iglesia de Dios, prediquen,
juntamente con sus sacerdotes, el mensaje de Cristo, de tal manera que toda la actividad
temporal de los fieles quede como inundada por la luz del Evangelio" (Gaudium et spes, 43).
(151) "Recuerden todos los pastores, además, que son ellos los que con su trato y trabajo
pastoral diario exponen al mundo el rostro de la Iglesia, que es el que sirve a los hombres para
juzgar la verdadera eficacia del mensaje cristiano" (Gaudium et spes, 43).
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