CUADERNOS DE ICONOGRAFÍA
LA FEMINEIDAD BÍBLICA
Representación
iconográfica de la vida de
María Virgen
Juana C. Bernal Navarro
Mayo, 2020
Para referenciar esta publicación utilice la siguiente cita:
BERNAL NAVARRO, Juana C. (2021). Representación iconográfica de la vida de María Virgen.
Valencia: Editorial Universitat Politècnica de València.
Colección
Cuadernos de iconografía. La femineidad bíblica; nº 1
Autoría
Juana C. Bernal Navarro
Imagen de portada
Anunciación. Talla. Catedral de Cuenca. Fotografía de Juana C. Bernal Navarro
Editorial Universitat Politècnica de València, 2021
Venta: [Link] / Ref.: 0406_03_01_01
Imprime: Byprint Percom, sl
Diseño y maquetación: Enrique Mateo, Triskelion Diseño Editorial
ISBN: 978-84-9048-915-4
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Representación iconográfica de la vida de María Virgen / Editorial Universitat Politècnica de València.
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Prólogo
La imagen de María Virgen; una iconografía de género
Las artes del pasado son una importante ribera de los
recuerdos de la humanidad, y ojalá lo sigan siendo mucho
tiempo. Los santuarios, monumentos e imágenes permanecen
a la vista de todos cuando los libros están olvidados y los
documentos están sepultados en los archivos. Grandes sabios,
como Huizinga y Ernst Robert Curtius, se han dado cuenta
del dominio que tienen los testimonios visuales sobre la
imaginación, y ese dominio ha de aumentar con la difusión del
viajero y de los medios visuales en la educación.
E. H. Gombrich, “Arte y saber histórico”, lección
inaugural en el University College de Londres, 1957i
i
Gombrich, E.H. “Arte y saber histórico”, lección inaugural en el University College de Londres, 1957. En:
Meditaciones sobre un caballo de juguete y otros ensayos sobre la teoría del arte. Madrid: Debate, 1998.
p. 108.
iv | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
El concepto de sesgo en ciencia describe la aparición de un
error de forma sistemática y no aleatoria, es decir, es un factor previo,
un prejuicio, en su sentido literal, que está presente antes del comien-
zo del análisis o del experimento, y no por azar sino por un supuesto
preconcebido que nada tiene que ver con la arbitrariedad, más bien
con la predeterminación de una certeza que no se cuestiona porque
ni siquiera es visible y por lo tanto no ha lugar su corrección. Decía
Baudelaire, que la mayor de las artimañas del diablo es persuadiros
de que no existeii, y desde su punto de vista, el del diablo, es la mejor
treta, ya que, al no existir, nada debe temer, pero si existiera, sería
trágico, ya que sus actos y sus objetivos tendrían vía libre porque no
se combatirían.
Durante siglos ha existido ese sesgo en lo que se refiere a la
asignación de roles de género a las mujeres y a la invisibilidad de su
figura, de su trabajo, de sus expectativas y hasta en la estandariza-
ción en el arte, siempre interpretada y representada desde la mirada
masculina. Como decía la escritora Sheila Rowbotham: Nos conocemos
a nosotras mismas a través de imágenes de mujeres hechas por hombresiii.
Durante siglos las mujeres han participado en lo social como sujetos
dependientes del hombre que, de alguna manera, representaba la ac-
ción y la iniciativa, siendo el rol de ellas, la pasividad, la delicadeza
y la espera. Esta condición de alteridad está presente en la organiza-
ción social, en la política y también en la representación artística. Por
poner algún ejemplo, no por sabido, menos necesario recordar, en
España las mujeres tuvieron prohibido el acceso a la carrera judicial
hasta 1966, tampoco podían abrir una cuenta bancaria ni tramitar un
pasaporte y a día de hoy, a pesar de que el 53% de magistrados son
juezas, no tienen ese porcentaje de representación en los órganos de
gobierno de los jueces ya que su presencia no llega al 22 %.
Esta mirada sesgada no ha sido solo limitante en lo políti-
co, sino que está presente en la medicina y en la prioridad de sus
ii
Baudelaire, Ch. “El jugador generoso”. En: Pequeños poemas en prosa. Nº 29. Madrid: Cátedra, 1986.
p. 104.
iii
Citado en Mayayo, P. Historias de mujeres, historias del arte. Madrid: Cátedra, 2003. p. 165.
Prólogo | v
investigaciones, también el cuerpo ha sido un arquetipo impuesto des-
de la visión masculina. Tan es así que la Organización Panamericana
de la Salud, afiliada a la Organización Mundial de la Salud, publicó
en 2001 un documento en el que afirmaba que: durante decenios, en la
investigación y los ensayos clínicos de tratamientos y medicamentos receta-
dos a los hombres y las mujeres participaron sólo hombres. Sin embargo, es
un error suponer que las mujeres y los hombres perciben la enfermedad y
reaccionan a los medicamentos de la misma manera. Un estudio de 2014
consideraba que en España las mujeres siguen infrarrepresentadas en los
estudios clínicos.
Si todavía en 2014 el prejuicio de género influía en cuestiones
sobre los estudios médicos y la prioridad de los análisis en hombres
para considerar los efectos de los medicamentos con las consecuen-
cias que eso conlleva en los diagnósticos y tratamientos a mujeres,
es fácil suponer que en cuestiones artísticas y en la historia de Arte
sigue presente la asociación de determinadas imágenes asociadas a lo
femenino y a un modelo cultural de exclusión y de falta de diagnostico
del cambio.
En 1971, la historiadora Linda Nochlin, publicó un ensayo que
lanzaba una interrogante y que ha resultado histórica y pionera de los
estudios feministas; ¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres?
Sus análisis pusieron el foco en la exclusión de las mujeres artistas en
occidente, las dificultades de aprendizaje y progreso en los círculos
académicos y también en cuanto a la representación estereotipada de
su cuerpo por la mirada masculina. Tuvo la capacidad de alertar sobre
algo que parecía natural y no despertaba el interés de la historia del
arte, era un claro sesgo de investigación asentado en la cultura y la
ideología de una época.
La Historia como disciplina de las ciencias sociales, ajusta
cuentas con el pasado y revisa, de manera crítica, sus conclusiones
acerca de los hechos y de sus interpretaciones. Le corresponde esta
responsabilidad en tanto que ciencia social adecuando sus estudios
al modelo científico, es decir, a un saber colegiado y sometido a la re-
visión colectiva y dinámica con atención rigurosa a las fuentes y a su
veracidad. Esa es su responsabilidad moral y deontológica. De ahí que
vi | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
trabajos como este de Juana Bernal que tengo el placer de prologar,
sean tan necesarios y den sentido a la investigación y a su aportación
a la cultura, al conocimiento y la mejora de vida.
Es un lugar común recetar para todos los problemas más edu-
cación y más cultura. No hay conflicto frente al cual no se diagnos-
tique más y mejor educación y también, al hilo de este dictamen, se
requiera que deba ser en la escuela, y desde los primeros años, donde
se actúe y se enseñe lo esencial para propiciar los fundamentos y las
virtudes con las que poder comprender el mundo y saber gestionar la
vida, la personal y la colectiva. Pero lamentablemente, es un lugar co-
mún que no se materializa en planes estables, consensuados y adap-
tados al contexto histórico, mejores recursos y mayor consideración
de la enseñanza y de los docentes. No está lejos en el tiempo aquella
escuela en la que las asignaturas se ordenaban jerárquicamente en
atención a su dificultad y su importancia, se pensaba que las ciencias,
las matemáticas o la geografía eran más arduas y después se ordena-
ban en otra escala las correspondientes a las llamadas todavía huma-
nidades, el lenguaje, la historia la filosofía o la literatura. Ese era (y en
gran medida, sigue siendo) el núcleo del currículo elemental y luego
quedaban las denominadas popularmente, “las marías”; música, gim-
nasia, plástica y religión. Supongo que esa identificación con María
venía dada por la bondad de esas materias y no tanto por la poca im-
portancia que se les daba. Eran como el relleno, un complemento que
estaba en el programa y que había que impartir pero que no requería
de un buen docente y casi cualquiera podía encargarse de poner unos
ejercicios, hacer unas preguntas y evaluar estas “actividades”. Y no
traigo esto ahora por la denominación de “marías” y el tema de este
estudio, si no más bien, por el déficit que arrastramos en cuanto al
valor del arte para entender el mundo y su representación y a la his-
toria(s) de la religión(es) como un relato central del ADN cultural del
pasado de la humanidad.
Nadie discute ya el valor del arte y de la experiencia plástica
como parte del proceso de aprendizaje. Su aporte de creatividad es
cada vez más valorado por todas las instituciones académicas y tam-
bién por las empresas. Saben que es una competencia que mejora
la compresión de la experiencia física, la capacidad innovadora y
Prólogo | vii
la imaginación para suponer alternativas a encrucijadas canónicas.
Nadie, o casi nadie, discute que ese “hacer” es muy formativo e intro-
duce un gusto por el arte y por su práctica, pero temo que no tanto
por su historia o su memoria, por sus obras y los diversos contextos
en los que se produce desde tiempo inmemorial, desde nuestros pri-
meros balbuceos como sapiens y nuestras pulsiones más atávicas y
biológicas. La Historia del Arte es a las Facultades de BBAA lo que la
plástica o la religión eran en la escuela, hay que programar esas mate-
rias, pero no entusiasman, no aparecen a los ojos de los estudiantes,
con urgencias febriles por “crear”, como necesarias y útiles a sus obje-
tivos e imprescindibles para comprender la complejidad del arte y su
presencia en las sociedades, las que nos preceden y la actual, tan di-
námica e imprevisible. Cada sociedad tiene su arte y su cosmogónica,
sus códigos y lenguajes y es este conglomerado el que determina sus
imágenes y sus ritos. De ahí que conocer cómo se producen y como se
articula esta cultura colectiva sea imprescindible parea comprender
su idiosincrasia y su modo de vida. Tuve un buen profesor de filoso-
fía que solía alertarnos, “tienen ustedes mucha prisa por cambiar el
mundo, pero deberían dedicar un momento a ver cómo es”, y en lo
que se refiere al arte, es muy difícil de entender cómo es y de dónde
viene sin una atención a su historia, a la reciente y a la más remota.
El Romanticismo nos hizo confiar en un presente intenso y eterno e
involucró a los artistas en una necesidad de sentir y expresar como
primer objetivo de su arte, pero eso no basta, es necesario el anclaje
con lo que somos y la pertenecía a un mismo tronco y a un patrimonio
común de memoria y sentido.
En 1957 E. H. Gombrich pronunció la lección inaugural en el
University College de Londres que tituló “Arte y saber histórico” en la
que alertaba de la relación del artista con la historia y se preguntaba,
¿Por qué el artista debería preocuparse por los gajes del erudito y por el
pasado? Mi breve respuesta me temo que suene muy moralista. Porque la
verdad es mejor que la mentira. Y si hay alguien que necesite recuerdos sin
deformar, es el artista de nuestro mundo. Los necesita y hace uso de ellos, lo
mismo si quiere continuar la tradición o enfrentarse a ella. Su obra es como
un motivo en una sinfonía, que aumenta de significación y emoción con lo
que ha pasado antes y lo que venga luego. Y se puede afirmar muy bien que
viii | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
los recuerdos falsos, un pasado hechizado, han creado tantas neurosis en el
arte como en la vida, tanto si es el mito académico de que los griegos tenían
un pasaporte especial para la belleza como si es el cuento de hadas románi-
co de que los grandes artistas siempre fueron ridiculizados y tachados por
sus contemporáneosiv.
Es apropiado asociar las neurosis que cita Gombrich al sesgo
del que hablábamos al principio y a los peores y más nocivos prejui-
cios, los tópicos que se asientan y se establecen como verdades que
no se cuestionan, se dan por supuestas, y es sabido que, en ciencia, es
mucho más grave que lo que aún no conocemos que aquello que cree-
mos saber, pero es falso. En palabras de Gombrich: Personalmente, no
me gustaría mucho vivir en un mundo, ni aun trabajar en una institución,
en que se hubieran borrado todos los recuerdos del pasado. Pero no es ésa
la alternativa. La elección no está entre el conocimiento del pasado y su
interés por el porvenir; si así fuera, sería una dura alternativa. Está entre
la búsqueda de la verdad y la aceptación de la falsedadv.
El estudio de Juana Bernal sobre la figura de María Virgen anali-
za el concepto de femineidad bíblica de las representaciones marianas
incluyendo una perspectiva de género que nos permite preguntarnos
sobre algunos de los sesgos asociados a lo femenino. Y lo hace con una
perspectiva global e integradora, extremando el rigor y la atención a
fuentes de toda naturaleza y aportando un corpus de enorme valor para
el estudio y la investigación. En esas imágenes y sus interpretaciones
históricas se prioriza el arquetipo ejemplarizante de virtud y sacrificio,
ambos claramente asociados a su figura y su destino. En frente, la repre-
sentación del arquetipo masculino alude al valor, a la fuerza y a la inicia-
tiva, a la acción y a las gestas. Como si hubiera razones biológicas que
determinaran esos caracteres asociados a lo masculino convertidos en
héroes y orillando los episodios de las Heroínas Veterotestamentarias y
la Magnas Mujeres del Nuevo Testamento. De nuevo el sesgo de la mi-
rada masculina como centro y el olvido de otras fuentes donde sí se
narran y describen las hazañas de aquellas.
iv
Gombrich, E.H. Op. cit., p. 108.
v
Ibídem.
Prólogo | ix
Está siendo muy citado en los medios, en el contexto de la pan-
demia del COVID, la mejor gestión que están haciendo algunos países
con gobiernos presididos por mujeres y se cita especialmente la figura
de la presidenta de Nueva Zelanda, Jacinta Ardem, que usa en sus dis-
cursos y en su gestión la idea de ser y comportarse, “fuerte y amable”.
Este binomio desbarata los arquetipos y propone una manera firme
y cuidadosa de liderazgo que no es propia del arquetipo masculino, y
que trae una manera diferente de entender la política y la responsabi-
lidad pública y colectiva.
La falta de cultura religiosa hace muy difícil comprender una
gran parte de las imágenes del arte del pasado, y no solo del occiden-
tal. De ahí que la iconografía sea imprescindible para analizar el signi-
ficado y los ingredientes simbólicos y alegóricos de las imágenes y sus
escenografías. La dramaturgia de sus escenas y los atrezos, forman
parte de un vocabulario que se ha ido enriqueciendo como el propio
lenguaje. González de Zárate ha definido la Iconografía como la cien-
cia que estudia y describe las imágenes conforme a los temas que desean
representar, identificándolas y clasificándolas en el espacio-tiempo, preci-
sando el origen de las mismas y su evoluciónvi. Se trata de una especie de
diccionario de ideas y elementos, formas y gestos que, como cuentas
de abalorios, tejen un idioma y el guión de una función sobre la re-
presentación de la historia. Ya sea desde la fe o desde el laicismo, des-
granar estas imágenes y sus significados es imprescindible para saber
qué movió al artista a pergeñar sus relatos y cuáles eran los símbolos
y las ideas que pretendía ordenar y trasladar al espectador.
Igual que en el habla, la clave de la comunicación entre emi-
sor y receptor parte de una complicidad sobre lo que se cuenta y el
vehículo de su narración. Pero el déficit de cultura religiosa, o si se
prefiere, sobre la historia de la religión, hace muy difícil que siquiera
se pueda hacer una aproximación a gran parte de las imágenes (tam-
bién esculturas) de los museos porque no se identifican ni los sucesos
que se representan ni los elementos que allí se organizan en torno a
vi
González de Zárate, J.M.: Método iconográfico. Vitoria Gasteiz: Instituto Municipal de Estudios
Iconográficos Ephialte, 1991.
x | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
un relato, que obviamente tiene una función aleccionadora y ejem-
plarizante y que busca el deslumbramiento del espectador de la época
y una interpretación un tanto alienada de la que, por suerte, ahora
podemos desprendernos para disfrutar de sus misterios con distancia
pero con asombro y placer.
José Luis Cueto Lominchar
Índice
Prólogo: La imagen de María Virgen; una iconografía de género....... iii
Introducción............................................................................................. 1
Capítulo 1. Fuentes escritas mariológicas ............................................ 5
1.1. Evangelios canónicos......................................................................... 6
1.2. Evangelios apócrifos marianos........................................................ 13
1.2.1. Apócrifos de la Natividad....................................................... 16
1.2.2. Apócrifos de la Infancia de Jesucristo................................... 18
1.2.3. Apócrifos Asuncionistas.......................................................... 20
1.3. Textos hagiográficos......................................................................... 22
1.3.1. La Leyenda Dorada o Legenda aurea, 1280........................... 23
1.3.2. Vidas y Flos sanctorum............................................................ 31
1.4. Literatura mística y visionaria.......................................................... 45
1.5. Tratados de Arte............................................................................... 53
1.5.1. Vicente Carducho.................................................................... 55
1.5.2. Francisco Pacheco.................................................................. 55
1.5.3. Antonio Palomino................................................................... 57
1.5.4. Fray Juan Interián de Ayala.................................................... 60
xii | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
Capítulo 2. Ascendencia e infancia de María ....................................... 65
2.1. Anuncio a San Joaquín.................................................................... 68
2.2. Anuncio a Santa Ana........................................................................ 72
2.3. El abrazo ante la Puerta Dorada...................................................... 75
2.4. Natividad de la Virgen...................................................................... 81
2.5. Presentación de la Virgen María en el Templo................................ 85
Capítulo 3. María Virgen, la Elegida...................................................... 91
3.1. La elección de José.......................................................................... 92
3.2. Esponsales de la Virgen.................................................................... 94
3.3. La Anunciación�������������������������������������������������������������������������������� 94
3.4. Visitación de la Virgen a santa Isabel............................................. 108
Capítulo 4. La maternidad cristológica de María Virgen................... 117
4.1. Ciclo de la Natividad...................................................................... 118
4.1.1. Preliminares natalicios, episodios anteriores
al Nacimiento........................................................................ 118
[Link]. El Sueño de José...................................................... 119
[Link]. El empadronamiento o el censo.............................. 121
4.1.2. Nacimiento de Cristo............................................................ 124
[Link]. Lugar del Acontecimiento: Cueva, gruta,
cobertizo o establo.................................................. 128
[Link]. La mula y el buey...................................................... 131
[Link]. Las parteras.............................................................. 134
[Link]. Estrella...................................................................... 139
4.1.3. Adoración de los Pastores.................................................... 140
4.1.4. Circuncisión e imposición del nombre de Jesús................. 145
Índice | xiii
4.1.5. Purificación de la Virgen y la Presentación en
el Templo de Jesús............................................................... 153
4.1.6. Adoración de los Reyes o Adoración de los Magos.............. 156
4.1.7. La ira de Herodes.................................................................. 178
[Link]. La Matanza de los Inocentes.................................... 179
[Link]. La Huida a Egipto..................................................... 184
4.1.8. Jesús entre los Doctores....................................................... 196
Capítulo 5. La Madre de Cristo, María durante la Predicación ........ 203
5.1. Bodas de Caná................................................................................ 203
5.2. Cristo se despide de su Madre....................................................... 205
Capítulo 6. María durante la Pasión de Cristo, Planctus Mariae ...... 209
6.1. María en el Monte Calvario............................................................. 215
6.1.1. Calvario o Stabat Mater........................................................ 216
6.1.2. Descendimiento de la Cruz................................................... 219
6.1.3. Lamentación sobre Cristo muerto....................................... 229
[Link]. La Piedad.................................................................. 231
[Link]. Advocación de La Dolorosa..................................... 233
6.2. Aparición de Cristo resucitado a su Madre.................................... 246
6.3. María en Pentecostés..................................................................... 256
Capítulo 7. María Virgen post-Pentecostés........................................ 259
7.1. Tránsito de la Virgen....................................................................... 263
7.1.1. L ibro de san Juan Evangelista (el teólogo). Tratado
de san Juan el Teólogo sobre la Dormición de la
Santa Madre de Dios������������������������������������������������������������� 264
7.1.2. L ibro de Juan, arzobispo de Tesalónica,
Dormición de Nuestra Señora, Madre de Dios y
siempre Virgen María������������������������������������������������������������ 270
xiv | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
arración del Pseudo José de Arimatea, Tránsito de la
7.1.3. N
Bienaventurada Virgen María���������������������������������������������� 281
7.2. Asunción de la Virgen..................................................................... 289
7.3. Entrega del cíngulo al apóstol Tomás........................................... 290
7.4. Coronación de la Virgen................................................................. 294
7.4.1. Coronándola su Hijo............................................................. 302
7.4.2. Coronándola la Santísima Trinidad..................................... 304
7.4.3. Coronándola ángeles y/o coros angélicos........................... 304
Bibliografía........................................................................................... 309
Fuentes.................................................................................................. 309
Referencias bibliográficas..................................................................... 314
Introducción
L a idea de llevar a cabo una colección sobre iconografía de la femi-
neidad bíblica, desde una perspectiva de género, dedicada al pa-
pel preponderante y ejemplarizante que han tenido las mujeres en la
historia del Cristianismo, surge por la necesidad de poner en valor sus
hazañas que, aunque recogidas y reconocidas textualmente no mani-
fiestan la importancia y hegemonía que han jugado a lo largo del de-
sarrollo y creación de sus arquetipos, tanto de forma narrativa como
artística, en contraposición con sus homólogos masculinos. También
se ha considerado aunar en distintos volúmenes temas específicos so-
bre la repercusión de las fuentes escritas donde se desarrolla la vida
de estas heroínas que surgirán a lo largo de la historia del arte provo-
cando unos tipos propios de representación icónica. Hasta la fecha los
estudios realizados, que son muchos y variados, se han recogido de
forma individual sin abarcar una visión de conjunto. En primer lugar
y por su papel hegemónico como madre de Jesucristo, Madre de Dios,
se dedica el primer volumen a María Virgen. Posteriormente, se abar-
cará unos monográficos dedicados a las Heroínas Veterotestamentarias,
y a las Magnas Mujeres del Nuevo Testamento.
2 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
El hilo conductor de estas publicaciones para manifestar el ca-
rácter excepcional de estas féminas y sus diferentes tipos de repre-
sentación artística está basado en la realización de una metodología
iconográfica donde el conocimiento de las fuentes escritas primarias
y del contexto histórico en el que fueron creadas, es fundamental
para poder abordar un estudio icónico en su integridad de forma co-
rrecta, pudiendo desgranar la forma y el contenido de las imágenes
objeto de un estudio para su conveniente lectura. En estos estudios,
caracterizados por el desarrollo de un análisis crítico de las fuen-
tes primigenias, cabe señalar el marcado carácter interdisciplinar y
transversal necesario para llevarlos a cabo, contando con diferentes
disciplinas y áreas de conocimiento como la filología, la teología, las
ciencias bíblicas (exégesis, hermenéutica), la historia, la arqueolo-
gía, la historia del arte, y la conservación y restauración de obras de
arte, ésta última para poder llevar a cabo un correcto proceso de in-
tervención y/o conservación.
En este primer volumen dedicado a la Theotokos que preten-
de, humildemente, proporcionar mayor comprensión a la imagen
encarnada de María desde los inicios del pensamiento cristiano, se
compilan los tipos de representación de la Virgen María derivados
de los episodios más importantes de su vida. Tema que, aunque am-
pliamente desarrollado e investigado tanto a nivel teológico, litera-
rio y artístico a través de prestigiosas y eruditas monografías y artí-
culos, no se había contemplado desde un punto de vista global que
aglutinara información para poder facilitar y desarrollar un análisis
iconográfico dirigido a un público interesado en los orígenes de este
tema. Por este motivo, en esta publicación se ha procurado dar la
importancia merecida a las fuentes escritas y también, a las fuentes
grabadas, recogiéndose toda la información en las referencias biblio-
gráficas para facilitar su consulta y estudio. Debe señalarse que, en
algunos epígrafes de este texto, para proporcionar mayor comodidad
al lector se han transcrito párrafos completos relativos al tema espe-
cífico abordado en ese contexto, concretamente en los contenidos
relacionados directamente con los textos apócrifos marianos.
Introducción | 3
La importancia de esta figura femenina, ya profetizada en los
textos veterotestamentarios como la Nueva Eva, no tendrá el pro-
tagonismo merecido en los textos canónicos, los aceptados tras los
cónclaves ecuménicos, de ahí que a partir del siglo II d. C. los textos
legendarios y/o apócrifos recojan la información que había sido me-
nospreciada y soterrada sobre su ascendencia, su vida como Madre
del Redentor, su muerte y posterior Ascensión. Estos textos, aunque
considerados por la ortodoxia como imaginarios y fabulosos serán los
protoescritos de la vida de María, y los desencadenantes en un futuro
de su difusión a nivel plástico e iconográfico, provenientes de la pie-
dad popular y de la tradición oral, por lo tanto, concediendo a esta
imagen femínea el protagonismo sobresaliente que merece.
El desarrollo pormenorizado de los principales acontecimien-
tos protagonizados por María Virgen a lo largo de los documentos
escritos establecerá auténticos ciclos narrativos e iconográficos com-
pletos, no serán meras escenas individualizadas, constituyen parte de
una fase descriptiva general y contextualizada, aunque a nivel icono-
gráfico esas imágenes posean sus características y atributos indivi-
duales, confiriéndoles una personalidad propia.
Por último, hay que destacar el necesario y fundamental apoyo
de las imágenes utilizadas ilustrando los textos para su mayor com-
prensión en esta publicación, de forma ineludible debo resaltar mi
agradecimiento a la Biblioteca Nacional de España, puesto que ha
permitido el uso comercial gratuito de sus imágenes digitalizadas de
las obras en dominio público. En este estudio se han utilizado varias
obras digitalizadas pertenecientes a los fondos de la Biblioteca Digital
Hispánica, concretamente los iluminados Libros de Horas, estampas
y grabados de los siglos XVI y XVII, y frontispicios de obras hagiográ-
ficas. También debe mencionarse y agradecer la labor a las páginas
web especializadas del uso de imágenes y textos con acceso abier-
to a sus bases de datos de dominio público. Cabe citar, [Link],
Biblioteca Digital Europea EUROPEANA, Biblioteca Digital Mundial,
el proyecto Wikimedia Commons, varios Museos y Fundaciones de
cultura artística nacionales, todos ellos en pro de acercar el conoci-
miento a la sociedad y la cultura de forma gratuita.
Fuentes escritas mariológicas | 5
1
capítulo
Fuentes escritas
mariológicas
L a imagen de la Virgen María, la Madre de Dios, calificada como
Theotokos en la iglesia oriental, o Mater Dei en la iglesia occiden-
tal, será ampliamente representada a lo largo de la historia del cris-
tianismo, a medida que esta nueva ideología vaya adquiriendo más
adeptos tras la crisis y posterior caída del Imperio Romano, convir-
tiéndose en religión oficial, en el siglo IV, tras varias épocas de per-
secuciones y desterrando definitivamente el paganismo politeísta im-
perante. Aunque su culto y difusión serán muy distintos en Oriente
de Occidente, especialmente tras el Cisma del siglo X que disgregará
definitivamente la iglesia primigenia cristiana.
Conocer las fuentes escritas donde se narra la vida de María
Virgen es fundamental para distinguir las formas de representación
iconográficas, en las cuales se plasman los momentos más identifi-
cativos de su vida sacra, y posteriormente de la creación de los ar-
quetipos marianos que surgirán como escenas anacrónicas de su
devenir histórico-religioso e ideológico. Este estudio de textos pri-
migenios forma parte fundamental en el proceso de realización
6 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
del método iconográfico como desarrollo previo a la identifica-
ción, caracterización, clasificación, atribución y evolución del signi-
ficado de la imagen.
Obviamente la figura y protagonismo de María, como Madre de
Dios, como Corredentora de la Humanidad, junto a su Hijo, no tiene
la importancia ni la magnitud que debiera en las narraciones de los
evangelios canónicos, de ahí que adquirirá relevancia, gracias a las
fuentes paralelas apócrifas y hagiográficas que narrarán los episodios
de su vida más importantes y, en consecuencia, podrán ser represen-
tados a nivel plástico a lo largo de la historia. Varios tipos de textos
(legendarios, proféticos, patrísticos, teológicos, dogmáticos, místicos,
poéticos, literarios, …) son los que ofrecen la narración de su memo-
ria histórica, en primer lugar, los textos apócrifos marianos (apócri-
fos de la Natividad y los relatos asuncionistas). Seguidos de los textos
canónicos (los evangelios neotestamentarios). También aportarán in-
formación relevante tanto los escritos patrísticos, como los influyen-
tes textos hagiográficos medievales, y ulteriormente, los argumentos
devocionales recogidos en la literatura mística y visionaria. A partir
de la Contrarreforma los tratados de arte contribuirán a ensalzar la
figura de la Madre de Dios y a dictaminar las formas de su represen-
tación artística.
1.1. Evangelios canónicos
Los textos canónicos reciben esta denominación por parte de la
Iglesia occidental romana por ser escritos de carácter sagrado, por
haber sido inspirados a través del Espíritu Santo, y son aceptados ofi-
cialmente por la Iglesia católica en su canon1 por ser fuente de reve-
lación divina.
Será en el III Concilio de Cartago, año 397, donde se ratifi-
que y apruebe el canon bíblico del Antiguo Testamento y del Nuevo
1
Conjunto de todos los escritos que componen la Biblia aceptados por la Iglesia católica.
Fuentes escritas mariológicas | 7
Testamento establecido, previamente, en el Concilio de Hipona2.
En este concilio se mantuvieron dentro del canon bíblico, cuarenta
y seis libros del Antiguo Testamento, y veintisiete libros del Nuevo
Testamento. Estos textos serán recogidos en la obra La Vulgata, la
Biblia en latín, a petición del Papa Dámaso I, y elaborada por san
Jerónimo de Estridón. Su datación aproximada gira en torno al año
405 d. C., el título Vulgata se refiere a la locución latina “vulgata edi-
tio”, edición divulgada, edición para el pueblo. San Jerónimo tradujo
el Antiguo Testamento directamente del hebreo, pero no está demos-
trado científicamente si tradujo los textos del Nuevo Testamento di-
rectamente del griego y arameo o si revisó antiguas versiones latinas.
Prácticamente, un milenio más tarde, durante la celebración
del extenso y conflictivo Concilio de Trento (1545-1563), será cuando
se vuelva a revisar y a aceptar el antiguo canon bíblico a través del
Decreto de la sesión IV, de fecha 8 de abril de 1546, confirmando que:
«El Santo Concilio recibe y venera todos los libros tanto del
Antiguo como del Nuevo Testamento con el mismo sentimiento
de piedad y de respeto, porque Dios es el autor de ambos.
Y para que nadie pueda dudar cuáles son los que recibe este
Concilio, ha juzgado conveniente insertar en este decreto la
lista de los Libros Sagrados.
Si alguno no recibiese como sagrados y canónicos estos
mismos libros en su integridad, con todas sus partes (libris
ipsos integros cum omnibus suis partibus) ... sea anatema».3
2
En el Sínodo de Laodicea, año 363, se propone la lista oficial; dos décadas más tarde el Papa Dámaso
I convoca el Concilio de Roma, año 382, confirmándose la lista por los prelados asistentes. Y será en
el Concilio de Hipona, año 393, cuando, finalmente se decidió el canon o lista oficial de los libros que
integran la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento).
Konings, Johan. La Biblia, su historia y su lectura. Una introducción. Estella (Navarra): Editorial Verbo
Divino, 2015.
3
El Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento, traducido al idioma castellano por Ignacio López de Ayala.
Con el texto latino corregido según la edición auténtica de Roma publicada en 1564. Nueva edición
aumentada con el Sumario de la historia del Concilio de Trento. Escrito por Mariano Latre. Barcelona:
Imprenta de D. Ramon Martin Indár, 1847. pp. 28-31.
8 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
Por lo tanto, la Biblia tal y como se estableció, definitivamente,
en el Concilio de Trento, quedó definida en: setenta y tres libros, cua-
renta y seis escritos antes de la era de Cristo (Antiguo Testamento) y
veintisiete después de la era de Cristo (Nuevo Testamento) (Tabla 1).
Por último, en el Concilio Vaticano I (Roma, 1869) según la en-
cíclica Providentissimus Deus4, de nuevo se vuelve a confirmar, sin nin-
gún tipo de cambio, el canon establecido en el siglo V, señalando que:
«Los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, completos y
enteros con todas sus partes, enumerados en el Decreto del
mismo Concilio de Trento y en la antigua Vulgata Latina han de
considerarse como sagrados y canónicos. Son los compuestos
por la Biblia en el Antiguo Testamento, y Nuevo Testamento».
Respecto a la consideración de la aparición de episodios de la vida
de María Virgen en los textos del Nuevo Testamento, hay que señalar que
su protagonismo es exiguo, escaso, insuficiente para el protagonismo de
la mujer que fue destinada a ser la Madre del Salvador y corredentora de
la humanidad que tanta devoción ha adquirido desde los primeros tiem-
pos de la expansión del cristianismo. De los cuatro evangelistas, apare-
cerá brevemente en dos de los evangelios sinópticos5, en el Evangelio de
Mateo y en el Evangelio de Lucas, referenciando parcamente los oríge-
nes y la infancia de Jesús. Y en el Evangelio de Juan, aunque aparezca es-
casamente en dos ocasiones, su participación tiene una carga simbólica
y protagonista para la Virgen (Tabla 2).
El Evangelio de Mateo inicia su texto exponiendo la genealogía de
Cristo desarrollando su linaje desde los antiguos patriarcas hebreos que
esperaban al elegido libertador del pueblo judío como el Mesías.
«El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham
hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro
en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en
Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones». Mateo 1, 17.
4
En línea: [Link]
[Link]
5
Los formados por los Evangelistas Mateo, Lucas y Marcos.
Fuentes escritas mariológicas | 9
Prosiguiendo con el capítulo primero, en los versículos del 18 al
24 narra, escuetamente la concepción inmaculada (La Anunciación),
y el nacimiento del Mesías. En el capítulo segundo, relata la visita de
los magos de Oriente y su entrevista con Herodes el Magno solicitán-
doles el lugar del nacimiento de Jesús. Tras adorar al Niño, los magos
regresan sin avisar al tetrarca; este hecho propiciará la escena de la
Matanza de los Inocentes, y la Huida a Egipto tras avisar el ángel a
san José de los futuros acontecimientos. El Evangelio de Mateo ya no
vuelve a citar a María Virgen, ni siquiera en algún momento del ciclo
de la Pasión de Cristo, ni en su Resurrección.
En el Evangelio de Marcos la presencia de la Virgen es absolu-
tamente inexistente, no se redacta ningún acontecimiento de la vida
de Cristo en el que aparezca o se relacione su figura. Marcos inicia el
texto neotestamentario directamente con la vida pública de san Juan
Bautista y de Cristo, ningún referente a su ascendencia o infancia.
El Evangelio de Lucas emprende el capítulo primero con el na-
cimiento de Juan el Bautista e inmediatamente menciona el anuncio
del nacimiento de Jesús y la visita de la Virgen a santa Isabel, será en
el capítulo segundo donde explicite de forma más desarrollada que
Mateo el nacimiento de Jesús, incluyendo el censo solicitado por el
emperador Augusto. Narra el propio momento del Nacimiento, pero
de forma demasiado escueta. El texto lucano es el único que infor-
ma sobre la visita de los pastores para honrar al Niño recién nacido,
pero en cambio, no relata la visita de los Magos de Oriente. Lucas tam-
bién será el que facilite unas breves pinceladas sobre la infancia del
Mesías, narrando el episodio de su circuncisión, la presentación de
Jesús en el templo, y finalmente, la escena de Jesús entre los doctores
de la ley judaica.
En el Evangelio de san Juan Apóstol y Evangelista, la aparición de
la figura mariana emerge en dos episodios altamente representativos
en el Nuevo Testamento: las bodas de Caná y la Crucifixión. En “Las
bodas de Caná”, la importancia de este episodio radica en que será el
primer milagro de Jesús durante su ciclo público predicatorio, y que
este pasaje representará el símbolo anunciatorio del sacramento de
la Eucaristía al convertir el agua en vino, como se convertirá después
10 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
su sangre en vino. Respecto a María Virgen, el evangelista también le
confiere importancia al ser ella la artífice y mediadora para que ocu-
rra este hecho milagroso y premonitorio.
«Tres días después se celebraron unas bodas en Caná
de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue
invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de
Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le respondió: Mujer, ¿qué
tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía. Pero
su madre dijo a los sirvientes: Hagan todo lo que él les diga».
Juan 2, 2-5.
San Juan confiere transcendencia a María Virgen en un mo-
mento culmen de la Pasión de Cristo, especificado en el capítulo 19,
cuando Cristo ya crucificado y en los últimos momentos agónicos de
su vida terrenal, encomienda a su discípulo amado (san Juan apóstol),
el cuidado de su madre. Juan, también, de forma metafórica mostrará
la imagen mariana en el libro neotestamentario del Apocalipsis.
«Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de
su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver
a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús
le dijo: Mujer, aquí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Aquí
tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió
en su casa». Juan 19, 25-27.
En los Hechos de los Apóstoles únicamente aparece nombrada
en el capítulo primero, situándola junto a los Apóstoles, aunque se
soslaya su nombre a lo largo del texto. Pero de forma transversal su
intervención en el episodio de Pentecostés será fundamental, y muy
representado artísticamente.
«Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama
del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de
reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban
Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé,
Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano
de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y
ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con
sus hermanos». Hechos 1, 12-14.
Fuentes escritas mariológicas | 11
Obviamente, tal y como se infiere en los textos evangélicos, la
figura y protagonismo de María Virgen, como Madre Dios, no adquie-
re la importancia apropiada y su manifestación es exigua, de ahí que
las fuentes paralelas apócrifas y los escritos hagiográficos se encar-
guen de narrar los episodios de su vida más importantes, y, en conse-
cuencia, serán representados a nivel plástico a lo largo de la historia.
Tabla 1. División de los libros en La Biblia Católica.
LA BIBLIA CATÓLICA
Textos veterotestamentarios (46 Libros)
Pentateuco (5) Génesis Números
Éxodo Deuteronomio
Levítico
Históricos (16) Josué Esdras
Jueces Nehemías
Ruth Tobías
1ª de Samuel Judit
2ª de Samuel Ester
1ª de Reyes 1ª Macabeos
2ª de Reyes 2ª Macabeos
1ª de Crónicas
2ª de Crónicas
Poéticos y Job Sabiduría
Sapienciales (7) Salmos Eclesiastés
Proverbios El Cantar de los Cantares
Qohelet
Proféticos (18) Profetas Mayores (6) Profetas Menores (12)
Isaías Oseas
Jeremías Joel
Lamentaciones de Jeremías Amós
Baruc Abdías
Ezequiel Jonás
Daniel Miqueas
Nahúm
Habacuc
Sofonías
Ageo
Zacarías
Malaquías
(Tabla 1, continúa en la página siguiente)
12 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
(Tabla 1, continúa de la página anterior)
LA BIBLIA CATÓLICA
Textos neotestamentarios (27)
Evangelios (4) Evangelio según San Mateo Evangelio según San Lucas
Evangelio según San Marcos Evangelio según San Juan
Hechos de los Apóstoles (1)
Cartas de A los Romanos 1a a los Tesalonicenses
San Pablo (14) 1a a los Corintios 2a a los Tesalonicenses
2a los Corintios 1a a Timoteo
A los Gálatas 2a Timoteo
A los Efesios A Tito
A los Filipenses A Filemón
A los Colosenses A los Hebreos
Epístola de Santiago (1)
Epístolas de Epístola 1a de San Pedro
San Pedro (2) Epístola 2a de San Pedro
Epístolas de Epístola 1a de San Juan
San Juan (3) Epístola 2a de San Juan
Epístola 3a de San Juan
Epístola de San Judas (1)
Apocalipsis (1)
Tabla 2. La exigua representación de María en los textos neotestamentarios.
MENCIÓN DE LA VIRGEN EN EL NUEVO TESTAMENTO
Evangelio Capítulo Escena
Mateo Cap. 1, 18-24 La Anunciación
Cap. 2, 1-12 Adoración de los Magos
Cap. 2, 13-18 Huida a Egipto
Cap. 2, 19-23 Regreso a Nazaret (Judea)
Marcos - -
Lucas Cap. 1, 26-38 La Anunciación
Cap. 1, 39-56 Visita de la Virgen a Sta. Isabel
Cap. 2, 1-7 Empadronamiento en Belén (Judea)
Cap. 2, 8-20 Adoración de los Pastores
(Tabla 2, continúa en la página siguiente)
Fuentes escritas mariológicas | 13
(Tabla 2, continúa de la página anterior)
MENCIÓN DE LA VIRGEN EN EL NUEVO TESTAMENTO
Evangelio Capítulo Escena
Lucas Cap. 2, 8 Circuncisión de Jesús
(indirectamente)
Cap. 2, 22-38 Presentación de Jesús en el Templo
(indirectamente)
Cap. 2, 41-50 Jesús ante los Doctores
Juan Cap. 2, 1-12 Bodas de Caná
Cap. 19, 25-27 Crucifixión
Hechos de los Cap. 1, 14 Elección de Matías (Indirectamente)
Apóstoles Cap. 2, 1 Pentecostés (Indirectamente)
1.2. Evangelios apócrifos marianos
En las postrimerías del siglo IV el canon de las Sagradas Escrituras
queda fijado, en sus líneas fundamentales, tras su aceptación en los
primeros concilios ecuménicos cristianos. La mayoría de los escritos
apócrifos neotestamentarios datan de los siglos II al IV, en estos pri-
meros siglos del incipiente cristianismo aparecerán un gran número
de textos apócrifos6, también denominados pseudoepigráficos7, que
pretenden dar una respuesta a historias no relatadas y satisfacer a las
preguntas e incógnitas acaecidas por los vacíos narrativos evangéli-
cos, es decir, a referir los hechos no explicitados en los Evangelios
canónicos. La simbiosis de lo oral con lo escrito conduce a que a
finales del siglo I y en el II, surgiera una gran cantidad de escritos
6
Apócrifo. Etimológicamente procede del latín, apocry̆phus, y del griego, ἀπόκρυφος, que significa
oculto. Según la R.A.E (En: [Link] En su primera acepción significa: Fabuloso, supuesto
o fingido (adjetivo). En su segunda acepción: Dicho de una obra, especialmente literaria: De dudosa
autenticidad en cuanto al contenido o a la atribución. Y en su última acepción especifica: Dicho de un
libro atribuido a un autor sagrado. Que no está, sin embargo, incluido en el canon de la Biblia. En el
campo de la iconografía cristiana nos acogemos a esta tercera acepción.
7
Falsa atribución a un autor de una obra.
Grau-Dieckmann, Patricia. Textos apócrifos determinantes de repertorios plásticos cristianos. En:
Acta Scientiarum. Education. Vol. 33, nº 2, 2011. pp. 165-174. ISSN 2178-5198, e-ISSN 2178-5201.
14 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
recopilatorios de la vida y predicación de Cristo, y en consecuencia
de la Virgen María, algunos de los cuales llegaron a adoptar la forma
de evangelios, pero al no ser incluidos en el canon de la Biblia, fueron
llamados “extracanónicos” o “apócrifos” ya que no estaban inspirados
por el Espíritu Santo.
Aurelio de Santos Otero8 los describe como aquellos libros que
no fueron reconocidos por las iglesias cristianas de los primeros si-
glos como parte de la Sagrada Escritura. Estos textos se presentan con
nombres o características que pretenden imitar a los textos canónicos,
en los apócrifos abundan el relato fabuloso y fantástico y los hechos
extraordinarios, anecdóticos y prodigiosos. Los autores de estos textos
paralelos pretenden fijar tradiciones referidas a un pasado célebre, y,
por tanto, sus textos eran atribuidos a profetas, Apóstoles y discípulos
directos de Cristo para dar a sus obras la autoridad moral y religiosa
de la que tenían necesidad. Las características primordiales de estos
textos son: su acanonicidad, por no ser «inspirados», y su pretensión de
equipararse a los escritos canónicos. Será durante el siglo decimonóni-
co9 cuando surge el auge hacia los estudios bíblicos por investigadores
de varias disciplinas, será gracias a este reconocimiento cuando se co-
menzó a reconocer el valor de los apócrifos como fuentes históricas.
Respecto a los textos apócrifos en general, y marianos en parti-
cular, cabe señalar que debido a la complejidad interdisciplinar (filolo-
gía-teología-arqueología-paleografía-historia-iconografía) para llevar a
cabo el estudio de este tema, se destaca que a partir de los siglos XVIII y
XIX varios son los investigadores y eruditos lingüistas, paleógrafos, teó-
logos, historiadores, que van a dedicar su investigación de forma cien-
tífica a catalogar, esclarecer y compilar la profusa cantidad de textos y
escritos que desde los primeros siglos del cristianismo hasta la época
del medioevo estaban sin revisar de una forma crítica y analítica.
8
De Santos Otero, Aurelio. Los Evangelios Apócrifos. Edición crítica y bilingüe. Madrid: Biblioteca de
Autores Cristianos, 2003. Todas las citas textuales referidas a los Evangelios Apócrifos presentes en este
manual pertenecen a este reconocido y admirado autor.
9
Cabe citar la obra de Konstantin von Tischendorf. Evangelia apocrypha: adhibitis plurimis codicibus
Graecis et Latinis maximam partem nunc primum consultis atque indeditorum copia insignibus. Lipsiae,
1853.
Fuentes escritas mariológicas | 15
Se cree conveniente, para su mejor discernimiento, destacar de
forma muy breve, los antecedentes históricos de estas investigacio-
nes subrayando varios de los principales estudiosos y expertos con
sus obras más reseñables, por la aportación de sus investigaciones al
método histórico científico en el campo que nos ocupa. El italiano,
Ludovico Antonio Muratori (1672-1750), Fragmento de Muratori, tam-
bién llamado Canon Muratoriano, el alemán Johann Albert Fabricius
(1668-1736), Codex Apocryphus, Bibliotheca Latina. El francés Jacques
Paul Migne (1800 -) extensas colecciones de escritos de los Padres
de la Iglesia, la Patrologia Latina y (PL) la Patrologia Graeca (PG). Y el
belga, Konstantin von Tischendorf (1815-1874). Evangelia apocrypha:
adhibitis plurimis codicibus Graecis et Latinis, Edición crítica del Nuevo
Testamento y, Codex Amiatinus.
Todos ellos deudores de la inmensa obra realizada por el padre
jesuita Johannes Bollandus (1596-1629) que a lo largo de su vida había
recopilado material y manuscritos para elaborar un plan de publica-
ción que compilara las vidas de santos, desde un punto de vista de exa-
men crítico de las fuentes. La importancia de su obra cobrará valor
cuando, tras su muerte dos colaboradores suyos, Godfried Henskens
y Daniel Paperbroch, publican en 1643 los dos primeros volúmenes
de su magna obra, Acta Sanctorum, donde clasifica vidas de santos
mártires siguiendo el orden cronológico de su conmemoración en el
martirologio romano, y otro tipo de fuentes escritas. A partir de aquí y
tras la muerte de Bolland se forma el grupo denominado bolandistas.
En 1882, se crea la revista Analecta Bollandiana. Gracias a esta labor se
asientan las bases de la ciencia hagiográfica moderna.
Ya en el siglo XX y en la actualidad, se debe citar la aportación
de sus trabajos, como exegetas, lingüistas, filólogos (griego, latín, ara-
meo, copto, sirio, árabe…) especializados en textos apócrifos, a fray
Fr. Martin Jugie, A.A. (1878-1954), el padre José María Bover (Castellón
1877-1954), el sacerdote francés Père Edouard Cothenet (Bourges,
1924), al teólogo Aurelio de Santos Otero (Segovia, 1924), y al catedrá-
tico Antonio Piñero Saenz (Chipiona 1941).
En el tema que nos ocupa serán los apócrifos relacionados con
la vida de María Virgen, recogidos en varios textos compilados en los
16 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
denominados apócrifos de la Natividad y los apócrifos asuncionistas,
los que aporten información detallada de episodios fundamentales
en el devenir de la Virgen. En ellos se relata su ascendencia, quie-
nes fueron sus progenitores, san Joaquín y santa Ana; cómo se desa-
rrolló su infancia y su educación; cómo fue desposada con san José;
qué papel desempeña como Virgen y Madre de El Mesías, detallando
pormenores acaecidos durante el Nacimiento de Cristo; qué conducta
adopta durante la infancia de Jesús; cómo vive los acontecimientos
de la Pasión de Cristo, Virgo Patiens; qué ocurrió tras la muerte y resu-
rrección de su Hijo; cómo se desarrolla su propia muerte, Dormición,
y cómo ascendió a los cielos, la Asunción. Todos estos interrogantes no
hubieran tenido respuesta y, por tanto, representaciones artísticas, si
no dispusiéramos de estos textos paralelos a los evangelios canónicos,
temas derivados de tradiciones orales de los seguidores de la Iglesia
primitiva, y devocionales que conceden un carácter más humano a la
figura de María como Madre de Cristo.
En consecuencia, estos escritos apócrifos constituyen un mo-
tivo fundamental de inspiración artística para la iconografía sacra.
Numerosas escenas evangélicas a las que visualmente estamos acos-
tumbrados proceden de estos textos paralelos, como ejemplo, cabe
citar estos arquetipos icónicos: El padre de la Virgen, san Joaquín;
la madre de la Virgen, santa Ana; El abrazo ante la Puerta Dorada de
los padres de la Virgen; las parteras que asisten a María Virgen en
el Nacimiento; la mula y el buey que acompañan a la Virgen en la
Natividad; el nombre de los tres Reyes Magos, la Muerte o Dormición
de la Virgen, su Asunción y Coronación, y un largo etcétera que se
tratará a lo largo de este manual.
1.2.1. Apócrifos de la Natividad
Según Santos Otero10, estos textos surgidos a partir de la segunda mi-
tad del siglo II d.C. tienen una finalidad teológica que era defender el
honor de María, a través de los temas de su concepción y parto inma-
10
De Santos Otero, Aurelio. Op. cit. pp. 118-123.
Fuentes escritas mariológicas | 17
culados; y completar los grandes vacíos textuales que habían cometi-
do los evangelios aceptados en el Canon. Estos escritos relatan minu-
ciosamente y de forma detallada temas tan curiosos, excepcionales
y al mismo tiempo devocionales para la sociedad creyente del mo-
mento como conocer: el origen y la ascendencia familiar de la Virgen,
su infancia, la elección de su esposo, los desposorios con san José, el
Anuncio del Ángel, los pormenores del nacimiento de Jesús, la visita
de los Magos, la cólera de Herodes, la Matanza de los Inocentes, la
Huida y Regreso de Egipto
Los libros que conforman estos apócrifos, con sus títulos y sub-
títulos por orden de jerarquía cronológica, son:
· Protoevangelio de Santiago. Tratado histórico acerca de la Natividad
de la Madre Santísima de Dios y siempre Virgen María.
· Evangelio del Pseudo Mateo. Comienza el libro que trata del naci-
miento de la bienaventurada María y de la infancia del Salvador, es-
crito en hebreo por el bienaventurado evangelista Mateo y traducido
al latín por el bienaventurado sacerdote Jerónimo11.
· Libro sobre la Natividad de María. De Nativitate Mariae.
· Liber de infantia Salvatoris.
El Protoevangelio de Santiago12,13, datado como el de mayor anti-
güedad, Santos Otero14 afirma que: «la obra tal y como ha llegado has-
ta nosotros, no es posterior al siglo IV y que los capítulos 1-21 fueron
escritos en el transcurso del siglo II», este escrito ejerció su máxima
influencia en la iglesia oriental bizantina, y fue el que mayor influjo
suscitó en las narraciones extracanónicas.
El Evangelio del Pseudo Mateo se atribuye su origen a mediados
del siglo VI, es una reelaboración-revisión occidental más tardía del
11
Título que aporta el investigador C. Tischendorf.
12
Amann, Emile. Le Protévangile de Jacques et ses remaniements latins. Paris: Letouzey et Ané, 1910.
13
Proto. Prefijo de origen griego que significa el primero.
Su título es atribuido al apóstol Santiago el Menor dándole el autor con esta disposición mayor autori-
dad al texto.
14
De Santos Otero, Aurelio. Op. cit. pp. 120-12.
18 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
Protoevangelio, concretamente la primera parte de la narración, con-
teniendo la segunda parte elementos heterogéneos y tomando para
algunos episodios información y formas narrativas de otros apócrifos.
De Nativitate Mariae es una refundición abreviada de Pseudo
Mateo, fechado en torno al siglo IX. Se incluyó íntegramente en el
texto hagiográfico de Santiago de la Vorágine, extendiéndose por las
capas más humildes de la sociedad y siendo portadores y conservado-
res de la tradición popular reflejándose en la iconografía, llegando su
influjo hasta la inserción en la liturgia romana tras la aceptación de la
conmemoración de ciertas fiestas marianas, valgan como ejemplos,
la Presentación o Consagración de la Virgen en el templo, el 21 de no-
viembre; o los nombres asignados a los padres de la Virgen, Joaquín y
Ana, abuelos de Jesús, según el santoral la celebración se conmemora
el 26 de julio15.
Al Liber de infantia Salvatoris, se le asigna una datación del si-
glo IX por un erudito compilador carolingio recopilando otros textos,
pero redactándolo de forma más personal16.
Tanto efecto y consecuencia adquirieron estos textos paralelos
que un milenio más tarde fue recogida esta tradición por Santiago de
la Vorágine en su célebre compilación La Leyenda áurea, también por
el fraile dominico Vicente de Beauvais17 en Speculum historiale y otros
escritores medievales que, a su vez también recogerán los textos ha-
giográficos de la época renacentista y barroca.
1.2.2. Apócrifos de la Infancia de Jesucristo
Si los apócrifos de la Natividad buscaban cubrir las lagunas del naci-
miento de Cristo y la ascendencia de su Madre, la infancia de Jesús
por su abandono absoluto en los textos aceptados también dará lugar
15
Ibídem, p. 9.
16
Ibídem, p. 253.
17
Speculum majus, magna obra enciclopédica del siglo XIII dividida en tres partes: Speculum naturale
(Espejo natural), Speculum doctrinale (Espejo doctrinal), y la obra más divulgada, Speculum historiale
(Espejo histórico).
Fuentes escritas mariológicas | 19
a todo un género apócrifo de la infancia. Cabe citar las siguientes
obras que narran hechos heterogéneos solapándose muchos de sus
relatos con escritos apócrifos sobre la Natividad.
· Evangelio de la infancia del Pseudo Tomás.
· Evangelio árabe de la Infancia.
· Historia de José el Carpintero.
· Evangelio armenio de la Infancia.
El Evangelio de la infancia del Pseudo Tomás inicia su narración
describiendo un niño Jesús de cinco años; en su relato desarrolla las
peripecias, travesuras y milagros realizados por un Niño Dios, un in-
fante casi adolescente, dotado de poderes que utiliza en algunas oca-
siones de forma caprichosa e improcedente, en algunos casos. Hay
que destacar de este escrito que en el capítulo XIX, y último, se des-
cribe el episodio de “Jesús entre los Doctores”, refiriendo como a la
edad de doce años junto a María y san José, la Sagrada Familia forma
parte de la comitiva de una caravana que se dirige a Jerusalén para
celebrar las fiestas de la Pascua judía. Siendo este el único apartado
que interesa en este estudio. La datación del texto original se infiere
para finales del siglo II.
En el Evangelio árabe de la Infancia18 se recogen los episodios au-
nados en los textos apócrifos de la Natividad hasta el relato de “Jesús
entre los Doctores”, pero con la singularidad de añadir ciertos capítu-
los extravagantes referentes a la infancia de Cristo.
En la Historia de José el Carpintero se narra la ancianidad, enfer-
medad y muerte de san José, pero hasta el capítulo décimo se aporta
en el texto los relatos concernientes a la Natividad. La redacción de
la obra se inicia con las palabras de Jesucristo, como narrador prota-
gonista, informando a sus Apóstoles, desde el monte de los Olivos, el
relato de la vida de su padre putativo. La datación del texto original
copto se puede fechar a los siglos IV-V. Cabe destacar la devoción y
18
De Santos Otero, Aurelio. Op. cit. p. 301. Según los últimos estudios contrastados debería denominarse,
tras haber identificado su redacción siríaca, como Evangelio siro-árabe de la Infancia.
20 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
culto a san José en las primeras comunidades cristianas egipcias. A ni-
vel iconográfico este escrito resulta muy interesante para analizar las
representaciones, escasas por otro lado, sobre la muerte de san José.
El Evangelio armenio de la Infancia es una refundición y parafra-
seo del Evangelio árabe de la Infancia, del Protoevangelio de Santiago y
del Pseudo Mateo.
1.2.3. Apócrifos Asuncionistas
Estas fuentes escritas apócrifas describen y detallan las escenas de la
Dormición o Tránsito19 de la Virgen María y relatan prolijamente y de
forma fabulosa como la acompañaran, en esos últimos momentos de
su vida terrenal, los Apóstoles llegados de distintas partes del mundo,
donde estaban predicando el Evangelio. Inmediatamente al hecho de
su Dormición la escena relatada se basará en su Asunción20 al cielo
donde está la Santísima Trinidad esperando el sagrado encuentro.
Acto que dará lugar a otra escena, la Coronación de la Virgen; tras
la Asunción, María Virgen fue inmediatamente llevada hasta “el tro-
no de Dios” coronándola, representando este tema como solemne
ceremonia.
La falta de información histórica y la rígida lista de libros acep-
tados por la incipiente y ortodoxa iglesia cristiana donde no se repara
en la última etapa de la vida de la Virgen María, muerte, asunción y
coronación, proporcionará el incremento de textos y leyendas sobre
esta etapa de María en la iglesia oriental, que irá extendiéndose en el
tiempo y espacio hasta el cristianismo occidental.
Entre los copiosos apócrifos asuncionistas21, claramente re-
feridos a la defunción y la asunción de María, podemos destacar la
19
No se utiliza la palabra muerte de la Virgen, ésta fue un tránsito, una traslación del mundo terrenal al
celestial.
20
No debe confundirse con la Ascensión de Cristo tras su Resurrección.
21
Véase el artículo de José María Salvador González, La Puerta Preciosa de la catedral de Pamplona.
Interpretación iconográfica fundada en fuentes apócrifas. Eikón / Imago, Vol. 1, Nº. 2 (2), 2012, pp. 1-48.
e-ISSN 2254-8718.
Fuentes escritas mariológicas | 21
investigación documental asuncionista que realiza el prestigioso eru-
dito, sacerdote jesuita, José María Bover22. En orden cronológico se
transcriben de su obra los siguientes títulos de fragmentos apócrifos.
Véanse las notas al pie donde se notifica las referencias aportadas en
la obra de Bover:
· El apócrifo siríaco Exequias de la Virgen23.
· Pseudo Melitón24 [Transitus Mariae o Transitus B], siglo IV
· Transitus W25 [(Transitus seu Narratio mortis et assumptionis Beatae
Mariae Virginis)]
· Antigua versión latina del Pseudo Juan26 [el Teólogo], siglo IV o
anterior.
· Pseudo Cirilo27
· Discurso del patriarca alejandrino Teodosio28
· Instrucción de Evodio29
· Apócrifo copto30 parcialmente publicado por Zoega
· Libro del Pseudo José de Arimatea31
· Dormición de Nuestra Señora, Madre de Dios y siempre Virgen
María, Juan, arzobispo de Tesalónica (inicios del s. VII).
Viendo la abundancia y profusión de textos y estudios realiza-
dos de estos apócrifos tanto originales como sus correspondientes
reinterpretaciones a lo largo de la historia, así como la complejidad
22
Bover, José María. La Asunción de María. Estudio teológico histórico sobre la Asunción corporal de la
Virgen a los cielos. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1947. pp. 301-321.
23
En: W. Wright. Contributions to the aprocrypal literatura of the N.T. London, 1865.
24
En: Orígenes. MG 5, 1231-1239.
25
En: André Wilmart. L’ancien récit de l’Assomtion. Studi e Testi, nº 59. pp. 343-357.
26
En: André Wilmart. L’ancien récit de l’Assomtion. Studi e Testi, nº 59. pp. 358-362.
27
En: Forbes Robinson. Coptic apocryphal Gospels. Text and Studies, 4, 2. pp. 29-41.
28
En: Forbes Robinson. Coptic apocryphal Gospels. Text and Studies, 4, 2. pp. 90-127.
29
En: Forbes Robinson. Coptic apocryphal Gospels. Text and Studies, 4, 2. pp. 44-67.
30
En: G. Zoega. Catalogus codicum copticorum manu scriptorum qui in Museo Borgiano Velitris adservantu.
Roma, 1810. pp. 223-224.
31
Tischendorf, C. En: Apocalypses apocryphae. Leipzig, 1866.
22 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
del tema, en este manual se va a tratar la recopilación realizada por
Santos Otero32, comentando los tres apócrifos que van a ser desarro-
llados ampliamente en el capítulo 6 de este manual.
· Libro de san Juan Evangelista. Tratado de san Juan el Teólogo sobre
la Dormición de la Santa Madre de Dios.
· Libro de Juan arzobispo de Tesalónica. Dormición de Nuestra
Señora, Madre de Dios y siempre Virgen María, escrita por Juan,
arzobispo de Tesalónica.
· Narración del Pseudo José de Arimatea. Tránsito de la bienaventu-
rada Virgen María.
Por último, debe indicarse que iconográficamente las des-
cripciones literarias y las narraciones hiperbólicas de estos textos
paralelos y extracanónicos serán trasferidas de forma literal a las
representaciones plásticas dando lugar a atributos muy concretos
de los episodios relatados, formando un auténtico ciclo asuncionista
mariano.
1.3. Textos hagiográficos
Etimológicamente la palabra hagiografía procede de los vocablos grie-
gos ἅγιος (santo) y γραφή (escribir). La disciplina hagiográfica estudia
las biografías de los santos, y es considerada como un subgénero lite-
rario; estos escritos recopilan la vida de figuras importantes sacras del
cristianismo revelando y manifestando la santidad del protagonista.
A partir del reconocimiento del cristianismo en el siglo IV33,
se desarrolla una literatura dedicada a la narración de la vida de
32
De Santos Otero, Aurelio. Op. cit. pp. 569-653.
33
Se establece la libertad de religión en el Imperio romano, pudiendo de esta forma convivir el cristianis-
mo con el resto de las religiones politeístas del Imperio, y poniendo fin a las persecuciones cristianas
sufridas durante tres siglos. Gracias al emperador Constantino I el Grande, cuando promulga en el año
313, el Edicto de Milán, que tolera la nueva creencia religiosa cristiana. Y será en el año 380 cuando se
decrete al cristianismo como la religión oficial del Imperio romano a través del Edicto de Tesalónica a
expensas del emperador romano Teodosio I.
Orlandis Rovira, José. Historia de la Iglesia I: La Iglesia antigua y medieval. Madrid: Ediciones Palabra,
2012. pp. 79-83.
Fuentes escritas mariológicas | 23
los mártires y santos, Actas Martyrum34, Pasio Martyrum, martirolo-
gios. Este tipo de escritos recogían registros e informes oficiales de
los interrogatorios (acta, gesta), como, por ejemplo, el Acta Marcelli.
Realmente eran archivos no oficiales realizados por testigos presen-
ciales, o al menos coetáneos que anotaban el testimonio del marti-
rio recibido por su pensamiento cristiano, tales como el Martyrium S.
Polycarpi, Acta SS. Perpetuæ et Felicitatis. Otros Acta Martyrum no están
provistos de valor histórico, pero se han preservado en la tradición
popular o literaria, son romances o escritos elaborados alrededor de
unos escuetos hechos reales de tradición oral.
La plenitud de estos martirologios tendrá lugar en la época
medieval, s. XIII, con la realización de la obra La Leyenda Dorada por
Santiago de la Voragine. El desarrollo de estos escritos está condicio-
nado hacia el tipo de sociedad a la que van dirigidos, y de esta forma
se determina su forma y contenido. Sus elementos literarios estimu-
lan la imaginación y la conciencia cristiana, en definitiva, se pretende
que sean ejemplos de vida pía a seguir por el pueblo creyente. Las re-
copilaciones de las vidas de los santos o las vidas individuales de cada
santo, vitae, se aglutinan en un tipo de literatura hagiográfica.
Por su repercusión en el campo de la iconografía caben citar
estos principales ejemplos, porque al margen de recoger un elenco
bastante importante de santos y santas cristianas se disponen siguien-
do el calendario litúrgico católico con lo cual también se presentan
los más importantes episodios de la vida de Cristo y de María Virgen.
1.3.1. La Leyenda Dorada o Legenda aurea, 1280
Esta trascendental obra fue elaborada y escrita por fray Jacopo de
Varazze (Imagen 1), más conocido como beato35 Santiago de la Vorágine
34
Desde los albores del cristianismo, los nuevos creyentes, los fieles adoptaron la costumbre de celebrar
el aniversario de la muerte de los mártires, cuyos nombres cada iglesia registraba. Posteriormente, se
fue añadiendo a la memoria del mártir un resumen de su vida o pasión. De estos hechos surgen este
tipo de textos tan interesantes para el estudio. Caben citar: Martirologio siríaco (400), Martyrologium de
Cartago (505), Martyrologium hieronimiani (s. IV-V), Martirologios de Beda, Ado, Usuardo (s. VII- VIII).
35
Beatificado durante el Papado de Pío VII, en el año 1816.
24 | Representación iconográfica de la vida de María Virgen
(Varazze 1.228/9-Génova 1.298). Su biografía no ha sido excesivamen-
te estudiada comparada con los estudios e investigaciones realizados
sobre su significativa gran obra. Ante la importancia en los estudios
iconográficos que tendrá esta fuente literaria, se refiere en este epí-
grafe varias fuentes biográficas dedicadas al beato dominico, entre
otras, las realizadas por los estudiosos Ludovico Antonio Muratori36,
Filippo Anfossi37 (Imagen 2) y Giovanni Battista Spotorno38.
Fray Santiago de la Vorágine, muy probablemente, nació en
Varazze39 o en Génova. Con tan sólo dieciséis años, ingresa en la
Orden de los Predicadores –Ordo Praedicatorum40– del convento de
Génova. Como recoge su biografía era conocido por sus frailes como
Jacopo el Teólogo, por su condición de profesor de teología que impar-
tía a los novicios –magister theologiae– y por acercar los evangelios a
las capas sociales más modestas. Su vida transcurría de la escuela
a la iglesia, de la cátedra al púlpito, con una personalidad caracte-
rizada por la facilidad de transmitir tanto una enseñanza teológica
complicada a sus alumnos como de facilitar el entendimiento del
evangelio cristiano a los feligreses, con una instrucción catequética
simple y fácil.
36
Muratori, Ludovio Antonio. Jacobi en Varagine archiepiscopi Genuensis Chronicon Genuense ab origine
urbis ad annum MCCXCVII. En: Rerum Italicarum Scriptores: Ab anno aerae Christianae..., Volumen 9.
Milán: Societatis Palatinae in Regia Curia, 1726. pp. 3-56.
37
Anfossi, Filippo. Memorie istoriche appartenenti alla vita del Beato Jacopo da Varagine dell’ordine de’
predicatori, arcives-covo di Genova. Genova: G. Bonaudo stampatore Arcivescovile, 1816.
38
Spotorno, Giovanni Battista. Notizie storico-critiche del b. Giacomo da Varazze arcivescovo di Genova.
Génova: Tipografia Asciv di Luca Carniglia, 1823.
39
La localidad de Varazze se encuentra a unos 40 km. de la ciudad de Génova, en la región italiana de
Liguria.
40
Ordo Praedicatorum O.P., fundador de la orden Santo Domingo de Guzmán, en 1216 establece la orden
en Toulouse, siendo aprobada por el Papa Honorio III.
Santos y beatos de la orden notables por su trascendencia a nivel teologal y artístico. San Pedro de
Verona ó Mártir, San Alberto Magno, Sto. Tomás de Aquino, San Luis Beltrán, Sta. Catalina de Siena, San
Vicente Ferrer, Sta. Rosa de Lima, fray Giovanni da Fiesole más conocido fra Angélico o beato Angélico.
El hábito que los caracteriza es bicolor, blanco y negro (referencia a la pureza y a la austeridad), en el
interior se compone de túnica, escapulario y esclavina con capuchón de color blanco. Y las prendas
exteriores: cogulla de color negro (capa ancha y larga con capuchón de color negro).
Fuentes escritas mariológicas | 25
Como identifica a la orden dominica fue un hábil predicador,
visitó las principales ciudades italianas catequizando a los fieles y
destacando como elocuente orador, puesto que para la Orden de los
Predicadores el estudio y el conocimiento es la fuente de una buena
predicación. Esta condición le llevará a ocupar el priorato de su con-
vento y posteriormente, a la dirección del Capítulo Provincial de la
Lombardía, en 1266, cargo que ocupó durante una década. Años des-
pués fue, de nuevo, nombrado prior de la provincia de Lombardía,
en el capítulo provincial de Bolonia en el año1281, cargo que ocupó
durante otros cinco años. Y, finalmente, por su formación e implica-
ción político-social llegó a ser arzobispo de Génova desde 1292 hasta
su fallecimiento en 1298, siendo enterrados sus restos en la Iglesia
del convento de su Orden.
Como gran erudito e ilustrado de su época, al margen del co-
nocido compendio de los santos llevó a cabo otras obras literarias41
como por ejemplo, la Crónica de Génova42, varios sermones, textos
hagiográficos de personajes sacros de Génova, y por el tema que nos
ocupa, los Sermones aurei de Maria virgine Dei matri43 –Sermones áu-
reos de la Virgen María Madre de Dios– (Imagen 3), según Casagrande44
no es un sermón al uso, es una obra en honor a la Virgen, donde
enumera en una lista, dispuesta en orden alfabético, las virtudes,
dignidades y características que tradicionalmente se le asignan a la
Virgen María, tal y como el mismo Santiago de la Vorágine indica en
el prólogo.
41
Kaeppeli, Thomas. Scriptores Ordinis Praedicatorum Medii Aevi. Vol. II: G-I. Roma: Tipys polyglottis
Vaticanis, 1975. pp.348-369. En línea: [Link] [consulta: 10 junio 2019]
[Link]/24987256/Käppeli_Scriptores_Ordinis_Praedicatorum_Medii_Aevi_-_II_G-I_1975.
Monleone, Giovanni. Iacopo da Varagine e la sua cronaca di Genova. Roma: Tipografia del Senato, 1941.
[Link]
42
De La Vorágine, Santiago. Chronica civitatis Ianuensis ab origine urbis usque ad annum MCCXCII. Archivio
della latinità italiana del medioevo. En: [Link]
43
De La Vorágine, Santiago. Sermones aurei de Maria Virgine Dei Matre, omni doctrina & magnis Sacre
Scripture sensibus referti, concionatoribus Verbi diuini, parochis, ac etiam viris pijs & doctis, apprime
necessarij. Auctore R. P. Iacobo Voragine instituti dominicani, archiepiscopo Ianuensi. Venecia: Signum
Concordiae,1590. En: [Link]
44
Casagrande C., Iacopo da Varazze. En: Dizionario biografico degli italiani, vol. 62. Istituto dell’Enciclopedia
Italiana Giovanni Treccani, Roma, 2004, p. 92.
Imagen 1. Santiago de la Vorágine. Estampa de Cayetano de Vargas Machuca.
En: Compendio histórico de Las vidas de los Santos. (E 37). Madrid: Imprenta de D.
Eusebio Aguado, 1829.
En: ©Biblioteca Nacional de España.
Imagen 2. Filippo Anfossi. Frontispicio de Memorie istoriche appartenenti alla vita del
Beato Jacopo da Varagine. Genova: G. Bonaudo Arcivescovile, 1816.
En: [Link]
Imagen 3. Santiago de la Vorágine. Frontispicio de Sermones aurei de Maria Virgine Dei
Matre. Edición veneciana de 1590.
En: [Link]
Fuentes escritas mariológicas | 29
En la ciudad de Asti, inicia la compilación de la Leggende dei
Santi, futura redacción de La Leyenda Dorada (Imagen 4), la celebé-
rrima magna obra que compila alrededor del año 1280, tiene las si-
guientes características literarias, el texto original, redactado en latín,
recoge leyendas sobre la vida de unos ciento ochenta santos cristianos
y desarrolla la vida de la Virgen y Cristo, a partir de fuentes escritas
apócrifas y una breve revisión de textos patrísticos y teológicos como
los realizados por san Agustín de Hipona, Eusebio de Cesárea, Isidoro
de León…
La obra original está compuesta por ciento ochenta y dos capí-
tulos, y está dividida en cinco apartados de acuerdo con el año litúrgi-
co. De la Vorágine depura, muy ligeramente, en la colección de vidas
de santos los elementos fantásticos e imaginarios, porque su inten-
ción será doctrinal, catequética y ejemplificadora para los lectores.
Su objetivo principal no fue traducir o redactar biografías fidedignas
o escribir tratados históricos eclesiásticos rigurosos para eruditos,
sino realizar libros de devoción que se adaptaran a las sencillas cos-
tumbres y creencias de la gente común, con una intención didáctica
y pedagógica.
Estas narraciones legendarias y próximas a la devoción popular
crearán un imaginario colectivo que será ampliamente difundido a
nivel representativo y plástico siendo una obra capital para los estu-
dios iconográficos, porque ninguna obra conseguirá la repercusión
devocional y artística que tuvo este tratado.
Desde estas letras se recomienda para su lectura la edición de
Alianza Editorial, con la traducción del latín realizada por fray José
Manuel Macías45, donde recoge un total de doscientos cuarenta y tres
capítulos al insertar un suplemento de setenta y un capítulos, ya que
estos fueron incorporados a la obra original por antiguos copistas, e
integrados en la obra que en 1845, publica Johann George Theodor
45
La Leyenda Dorada. Jacobo de Vorágine. Traducción del latín Fray José Manuel Macías. 2 vol. Madrid:
Alianza Editorial, 1982. ISBN 978-84-206-7998-3.
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