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Eje V: La Parodia Del Género Policial en Argentina: Lengua y Literatura

El documento describe la evolución del género policial en la literatura argentina. Explica que fue introducido a fines del siglo XIX pero se popularizó en la década de 1940 gracias a Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Ellos no solo escribieron cuentos policiales sino también tradujeron y promovieron autores extranjeros. Esto llevó a que el detective pudiera ser argentino y las historias estar escritas en español. El documento también analiza las características del policial clásico versus la

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Eje V: La Parodia Del Género Policial en Argentina: Lengua y Literatura

El documento describe la evolución del género policial en la literatura argentina. Explica que fue introducido a fines del siglo XIX pero se popularizó en la década de 1940 gracias a Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Ellos no solo escribieron cuentos policiales sino también tradujeron y promovieron autores extranjeros. Esto llevó a que el detective pudiera ser argentino y las historias estar escritas en español. El documento también analiza las características del policial clásico versus la

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EJE V: LA PARODIA DEL GÉNERO

POLICIAL EN ARGENTINA Lengua


Profesora Dora Moreno y
Literatura

p. 01
Al igual que la ciencia ficción, a principios del siglo XX la literatura detectivesca aparece
Policial argentino: asociada a un lector “pasatista” y poco cultivado que lee revistas, historietas y la llamada
literatura Pulp (literatura de entretenimiento impresa en papel barato).
la parodia de un género La operación que realizan Borges y Bioy es justamente la de romper esta distinción entre alta
literatura y literatura de masas y trabajar de manera crítica sobre un material popular,
La introducción del género policía en la Argentina se puede remontar hasta la publicación del indagando qué posibilidades no visitadas por los autores clásicos todavía podían ser exploradas.
cuento “La pesquisa” del escritor franco – argentino Paul Groussac, director de la Biblioteca A partir de este trabajo, el panorama de la literatura argentina cambia y, en parte, gracias a ella
Nacional a fines del siglo XIX y habitué de las novedades de la literatura europea de entonces. contamos con una literatura que instala y discute géneros (el policial, el fantástico y, en los
El relato – publicado en 1884 con otro título y, luego, en 1889 en la revista La Biblioteca – últimos tiempos, el terror).
plantea un crimen alrededor de una pequeña fortuna. Un investigador deberá resolver el caso a
partir de deducciones lógicas y de su ingenio. Más allá de ese precursor y de otros textos
aislados, no podemos hablar de un desembarco definitivo del género hasta la década de 1940.
Gracias a las numerosas intervenciones de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, el género Variantes y características del policial
policial se convirtió en un componente central de la literatura argentina. Los autores detrás de
Bustos Domecq, no solo se encargaron de escribir cuentos policiales, sino que, además, tradujeron Según el crítico literario Germán Cáceres, respecto de la literatura policial, puede decirse que en
autores extranjeros y reseñaron a compañeros generacionales como Manuel Peyrou. A partir de nuestro país esta literatura participa de las dos grandes vertientes en que se suele dividir: una,
esta intervención, se empieza a considerar que el detective puede ser argentino y que el relato la de enigma o problema, y la otra, la llamada “novela negra”, clasificación que se repite en
policial puede estar escrito en una lengua propia. mayor o menor medida en el resto del mundo. La de enigma es la ficción clásica —suele
denominarse también whodunit (“who’s done it”)—, es decir aquella en la cual el lector intenta
Durante la década del 40, Borges y Bioy integraban un grupo de descubrir quién es el culpable. Se da, así, primacía al rompecabezas propuesto por el escritor.
intelectuales congregados alrededor de Victoria Ocampo, escritora y También describe una sociedad que funciona a la perfección, salvo por los actos de algunos
editora de la revista Sur. El proyecto de Sur consistía en la delincuentes, que deben ser apresados y condenados para que el orden social vuelva a sus
construcción de una cultura argentina en un sentido cosmopolita, en cauces normales. Por el contrario, en la novela negra o hard-boiled ya no importa averiguar la
diálogo con las ideas europeas y enmarcada en la literatura
identidad del malhechor porque se señala que la sociedad está dominada por la corrupción, la
universal. El policial inglés fue uno de los principales intereses de
la publicación. También durante esos años, Borges y Bioy Casares
violencia y el gangsterismo: el delito es, pues, una consecuencia de este desorden. El bien y el
dirigieron la colección El Séptimo círculo en la que se tradujeron y mal no están tajantemente separados, y algunos políticos, jueces y policías forman parte del
difundieron célebres títulos de la literatura policial. hampa. Más aún, el mismo detective a veces llega a ser un cómplice. De allí que haya surgido la
crook story, en la cual la narración se hace a partir del maleante, que se erige en su protagonista.
En este sentido, cabe afirmar, de acuerdo a la postura Miryam Gover de Nasatsky, que "la
narrativa policial percibe la realidad, descifrando signos que se transforman en indicios" (2017,
p. 13), que sirven para resolver un enigrma fue incorporando otras disciplinas como la
psicología, la historia, la antropología, la política, la ética y el derecho, etc.
La relación entre el género policial y la literatura es problemática en la Argentina y en el mundo. Si En muchos casos, algunas obras de la narrativa contemporánea contienen componentes
bien sus orígenes se pueden rastrear en autores consagrados como Edgar Allan Poe y Arthur referidos a las fuerzas del orden. Por este solo hecho no se las puede catalogar dentro del
Conan Doyle, se trata de un género que rápidamente se vuelve parte de la literatura de masas. género. Este tiene algunas características propias.

p. 02
Como explica Raymond Chandler (2003), debe ser realista, verosímil, con una estructura Como a través del tiempo se fueron debilitando las barreras entre la ficción detectivesca y otros
simple y explicaciones dosificadas que se alternan con la acción. La solución tiene que enfoques, surgen transformaciones en el género convencional muy difíciles de catalogar. Hasta
parecer inevitable y castigar de alguna manera al criminal. 1930 la trama es más rigurosa y el enigma debe ser aclarado en forma deductiva. Después cobra
Según Todorov (1974), el relato policial clásico superpone dos series temporales: el tiempo de importancia la explicación psicológica de los hechos. En los últimos años, el relato policial es
la investigación que comienza después del crimen y el del drama que conduce a él. Esto ocurre más realista y violento, con armas sofisticadas y recursos tecnológicos.
porque la novela-enigma contiene dos historias: la del hecho nefasto y la dilucidación del Como hemos mencionado anteriormente, el género policial en nuestro país se ha caracterizado
mismo desde el efecto a la causa. La primera, que cuenta lo que ocurrió, termina cuando por la originalidad. Sus aportes más valiosos son: la inclusión del humor, la sustitución del
empieza la segunda, que la da a conocer al lector. El narrador no puede ser omnisciente. Trata el tradicional detective por un comisario o inspector que indaga valiéndose de su sentido común y
delito como un problema matemático que debe solucionar. Todo se resuelve a partir de una del conocimiento del medio en el que debe actuar, y la elección de personajes rurales junto a los
hipótesis y deducciones. Triunfa la razón y deja en evidencia la seguridad del mundo. urbanos.
La novela negra, que surge después de la Segunda Guerra Mundial, fusiona ambas historias ya A lo largo del siglo XX, la narrativa de Latinoamérica incursiona por la ficción policial a partir de
que el relato coincide con la acción. dos modelos. O bien sigue el modelo inglés, o bien adopta los relatos negros de tradición
El detective arriesga su vida. Algunos elementos constantes son la violencia, el crimen y la norteamericana. Entre los autores se destacan: Manuel Peyrou, Horacio Quiroga, Filisberto
amoralidad. Todo está corrupto. Los primeros autores de la serie negra (los thriller en [Link].) Hernández, Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Marco Denevi, Mario
son Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Predomina el diálogo y la acción rápida. Pone más Levrero, Ricardo Piglia, Juan Martini, José Pablo Feinmann, Mempo Giardinelli, Osvaldo
énfasis en la vida del delincuente y en los problemas socioculturales. Denuncia la corrupción. Soriano, entre otros.
La narrativa policial argentina, si bien se ha nutrido de las dos vertientes señaladas, ha sido Podríamos marcar entonces, algunas características del policial argentino, que puede
renovadora y ha adquirido características propias. abordarse desde tres rasgos:
Hasta 1930, tal narrativa se valía de una trama rigurosa que desarrollaba en forma deductiva.
Durante las dos décadas siguientes aparece gran cantidad de relatos. Poco a poco, fue o Rasgos temáticos: se trata del relato de una investigación. El crimen, la ley, la verdad, la
incorporando explicaciones psicológicas, violencia, sexo, espionaje y la inseguridad en la vida justicia son temas frecuentes de un relato policial; sin embargo, un cuento o novela es “policial”
cotidiana. cuando su tema principal es la investigación. El policial argentino ha hecho especial hincapié en
En las producciones de los últimos años es evidente la mezcla con otros géneros y con la el aspecto racional de esa investigación, a tal punto que muchos detectives no van a la escena
política, como ocurre con Rodolfo Walsh. Lo importante es que se trate del desarrollo de una del crimen.
investigación. El relato policial moderno se vale de instrumentos letales refinados,
dispositivos tecnológicos de comunicación y sofisticadas técnicas de criminalística. La o Rasgos estructurales: cualquier relato policial contiene una doble narración. Por un lado, la
utilización de parodias, reformulaciones y desvíos con respecto a los modelos canónicos narración de la investigación que lleva a cabo el narrador de la historia. Por el otro, la
constituyen nuevas estrategias que fueron generando un espacio discursivo más amplio y narración del crimen que el detective podrá formular al final. A lo largo de la narración,
más complejo. En este aspecto, Jorge Luis Borges marca el inicio de una modalidad además, iremos accediendo a indicios que nos guiarán hacia la resolución y a otros que serán
diferente. descartados como “pistas falsas”. Si bien el detective es el personaje principal, normalmente
Respecto del corpus de relatos que presentamos a continuación, se destacan las dos grandes asumimos un punto de vista testigo, encarnado por un ayudante. El policial argentino, además,
corrientes: ha introducido una serie de detectives menos ortodoxos: presos, periodistas, lingüistas, entre
El policial de enigma, que aplica el método deductivo para alcanzar la verdad por la razón; otros.
y el policial negro, que ofrece una visión desencantada del mundo social. Desde el último
punto de vista, el razonamiento es insuficiente para captar la lógica del crimen.

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o Rasgos retóricos: el relato policial clásico se caracteriza por la preeminencia de la razón por En las producciones de autores nacionales encontramos numerosos detectives que desafían el
encima de la acción física. Además, los crímenes no suelen presentar escenas violentas, de ahí lugar convencional del investigador privado o el aficionado. Si bien en las formulaciones
la preferencia por el uso de armas blancas, venenos y otros homicidios más rebuscados. El clásicas.
policial argentino suele plantear escenarios particularmente extravagantes y exacerbar la también podemos encontrar algunas figuras extravagantes (como el Padre Brown, el cura
importancia de la razón por sobre la experiencia. detective de las historias de Chesterton), en el policial argentino encontramos figuras singulares
como L. Vane, personaje de Manuel Peyrou que soluciona casos por correo; Don Frutos, el
curioso personaje de Velmiro Ayala Gauna, un comisario rural campechano que investiga con
los métodos de un gaucho baqueano; Daniel Hernández, uno de los protagonistas de los
cuentos de Rodolfo Walsh, corrector que asiste a la policía con su ingenio y capacidad de
observación y Emilio Renzi, quien en “La loca y el relato del crimen”, de Ricardo Piglia, resuelve
El personaje central de todo relato policial es el detective. Aquellos que han analizado el sentido un crimen por sus conocimientos de lingüística.
del género policial en las sociedades modernas han señalado que el detective funciona como
un garante del orden que se encuentra en una relación de mediación entre la ley y el crimen. Un lenguaje y un estilo local
Las fuerzas policiales representan al Estado y su necesidad de castigar la transgresión de la ley,
pero en las historias de detectives observamos sistemáticamente cómo el trabajo de la policía Quizás uno de los principales aportes del policial argentino al género haya sido su característico
no es tan efectivo y falla en la búsqueda de los culpables. El crimen, según la perspectiva del tono paródico y humorístico. No es que todos los relatos policiales tengan esta particularidad,
policial clásico, es percibido como una anomalía que tiene lugar en el tejido social y que genera pero sin dudas el estilo de Borges y Bioy Casares con su Honorio Bustos Domecq ha dejado una
una desarmonía insoportable. Como los sistemas policiales y judiciales no pueden solucionar huella que muchos han seguido con empeño. La búsqueda de un lenguaje propio, de un
un enigma, un individuo se hace presente para indagar sobre aquello que el orden público no cuento policial que tuviera sabor verdaderamente argentino, llevó a los autores a embarcarse en
puede resolver. Al respecto se han conformado dos posiciones: una búsqueda por algunas costumbres criollas arraigadas en la picardía.
El género policial, ha sido concebido, sobre todo por los autores ingleses, como un juego de
o Para algunos, la figura del detective ha sido objeto de crítica por su perfil conservador, ya ingenio que propone una suerte de pacto especial entre el autor y el lector. Según esta
que provee una salida tranquilizadora para la sociedad tal y como se encuentra establecida. concepción, un lector de policiales busca superar en astucia al detective para resolver el enigma
Aquello que el sistema no puede desanudar, puede ser reordenado por un individuo capaz de antes que él. Al trasladar esta lógica al ámbito local, la narración policial apela necesariamente a
hacerlo. una formación discursiva que se ha bautizado como “viveza criolla”. El estilo cómplice y risueño
de las narraciones de Seis problemas para don Isidro Parodi proviene de la voluntad de
o Otra mirada confronta con este análisis y propone que, en realidad, el detective es el que concretar la unión entre autor y lector, algo que aparece cuando Parodi le muestra el truco de
viene a señalar las fisuras de un sistema que no puede hacerse cargo del problema del crimen. cartas a Molinari. A pesar de que, en el fondo, la historia trata sobre un asesinato, el texto tiene
un tono humorístico marcado.
Más allá de cualquiera de estas dos posiciones, el lugar exclusivo del detective frente a la ley y al El aspecto lúdico del policial también se transforma en parodia cuando se incluyen escenas
crimen parece no admitir objeciones. Incluso cuando los detectives de un relato policial son exageradas, que parecen diseñadas con el único objetivo de burlarse del lector de policiales.
miembros de la policía, normalmente se ven forzados a actuar fuera de la ley. Se trata siempre Recordemos que la parodia es una imitación en tono burlesco. En el caso de la obra de Borges y
de un personaje excepcional, con características que sobresalen del resto de los hombres, por lo Bioy Casares, la burla se orienta hacia un género: el policial. En “Las doce figuras del mundo”, la
general vinculadas con su capacidad para llegar mucho más allá que los demás mediante sus construcción del rito iniciático como un juego infantil de vueltas alrededor de una ronda tiene
razonamientos. como fin mostrar la extravagancia de las historias policiales que violentan un tanto la
verosimilitud para presentar enigmas interesantes.
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Propuesta de escritura reflexiva
Representaciones de ley, Estado y justicia en un prólogo
ELuego de su desembarco en la década del 40, el policial se vuelve un género central en la A lo largo de este eje revisamos nuestros conocimientos de la literatura policial con sus
literatura argentina y podemos decir que así se mantiene hasta nuestros días. Sin embargo; no diferentes variantes y el abordaje que realizaron diferentes escritores de nuestro territorio de
podríamos sostener que durante todos estos años el género se haya mantenido igual; al este género tan diverso. Por esta la razón, la tarea que cierra esta unidad consiste en la creación
contrario, para permanecer interesante y productivo ha atravesado varias transformaciones. de un prólogo grupal sobre uno de los cuentos de esta antología en el que deberán analizar las
Durante las décadas de 1970 y 1980, el notable influjo de la novela negra – de la mano de continuidades y rupturas y el recurso del humor en el cuento elegido.
autores estadounidenses que modificaron la forma del policial como Raymond Chandler y
Dashiel Hammett – le dio un aire renovado al género, que se ocupó de cuestiones más ¿Qué es un prólogo?
vinculadas a la política y a la violencia dentro del tejido social. Con frecuencia, los autores de
estas obras se opusieron a ideas más lúdicas y a las reglas del período anterior. Es un escrito que antecede al cuerpo de una obra. Su función es anticipar algo acerca de lo que
Sin embargo, a mediados de los años 90, una nueva mirada sobre los orígenes del policial de prosigue y hacerlo interesante para el lector. Básicamente intenta mostrar de qué va esto o con
enigma devolvió al centro de la escena a varios de los postulados más clásicos del género, por lo qué se va a encontrar el lector sin develar aspectos importantes de la lectura. Implica exponer
que se rompió con la dicotomía del policial clásico vs. Policial negro. un argumento de autoridad, pero desde la creatividad. Generalmente, podríamos decir que
El panorama actual de la literatura policial en el país está marcado por el desborde del género. tiene la finalidad de:
Nos encontramos con obras que asumen la forma del policial para derivarlas hacia otros
terrenos literarios. - Dar cuenta acerca de aspectos de la trayectoria literaria del autor de manera muy breve.
En general, el policial argentino ha desafiado el concepto de verosimilitud propio de los
-Enmarcar la obra en un género. Explicar el contexto de creación de la obra y su recepción en los
policiales extranjeros. Por un lado, se busca respetar problemáticas de público conocimiento,
lectores en un determinado espacio geográfico – en este caso, Argentina -.
escenarios y contextos reconocibles (años, temas polémicos actuales), y las referencias a un
discurso científico validador. Pero por otro, se entrecruzan géneros, es decir, la trama policial a
- Mostrar un punto de vista personal de esa lectura. Es decir, referir a la experiencia que me ha
veces sucede en un mundo con componentes fantástico o de ciencia ficción.
generado a mí como el lector el contacto con ese texto.
Tras la lupa de la parodia, el uso y reescritura de las reglas del policial se modificaron. El
detective ya no trabaja a cuarto cerrado y su perfil no es el de uno tradicional, los enigmas no
En cuanto a sus características, se destacan:
siempre se resuelven.
Además, muchas veces, los personajes de las obras policiales argentinas son víctimas de las
- La unidad: ya que da cuenta de una mirada personal y organiza el hilo narrativo. Puede
inexactitudes de la ley.
centrarse en la trama, en un personaje determinado, un punto de vista extraliterario.
Esto desencadena crímenes como modo de venganza individual contra injusticias sociales,
la perspectiva de la narración enfocada en el criminal y la ausencia del detective y de la
- La brevedad: los prólogos suelen ser breves pero muy consistentes ya que su función es
ley estatal.
provocar el deseo de leer. Sin embargo, el lector debe comprender lo que se encuentra en él.

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Helen, pero el mejor índice de su creciente desintegración lo da el hecho
de que, en 1848, mientras por una parte mantiene correspondencia
Prólogo de Julio Cortázar en “Edgar Allan Poe:
amorosa con Mrs. Whitman, que aún hoy conmueve a los entusiastas del
cuentos completos” género, por otra parte conoce a Mrs. Annie Richmond, cuyos ojos le
causan profunda impresión (uno piensa en los dientes de Berenice), y
Con motivo del bicentenario de Edgar Allan Poe (1809-1849), la casa editorial Páginas de deinmediato la visita, gana la confianza de su esposo, de toda la familia,
Espuma publicó el volumen Edgar Allan Poe: cuentos completos, edición comentada, con la llama “hermana Annie” y descansa en su amistad, encuentra ese alivio
traducción y prólogo de Julio Cortázar. A continuación, un fragmento del mismo: espiritual que requería siempre de las mujeres y que una sola era ya
incapaz de darle.
Los movimientos de Edgar en estos últimos tiempos son complicados,
Al principio fue el miedo. Se sabe que Edgar temía la oscuridad, que no fluctuantes, a veces desconocidos. Dio alguna conferencia. Volvió a “su”
podía dormir, que “Muddie” debía quedarse horas a su lado, teniéndole Richmond, donde bebió terriblemente y recitó largos pasajes de
la mano. Cuando se apartaba al fin de su lado, él abría los ojos. “Todavía “Eureka” en los bares, para estupefacción de honestos ciudadanos. Pero
no, Muddie, todavía no…” Pero de día se puede pensar con ayuda de la también en Richmond, cuando recobró la normalidad, pudo vivir sus
luz, y Edgar es todavía capaz de asombrosas concentraciones últimos días felices porque tenía allí viejos y leales amigos, familias que
intelectuales. De ellas va a nacer “Eureka”, así como del fondo de la lo recibían con afecto mezclado de tristeza, y quedan crónicas de
noche, del balbuceo mismo del terror, rezumará la maravilla de paseos, bromas y juegos en los que “Eddie” se divertía como un chico.
“Ulalume”. Asoma entonces (parece que en una de sus conferencias) la imagen de
El año 1847 mostró a Poe luchando contra los fantasmas, recayendo en Elmira, su novia de juventud, que había quedado viuda y no olvidaba al
el opio y el alcohol, aferrándose a una adoración por completo espiritual hombre de quien la apartara una conjura familiar. Edgar debió de verla y
de Marie Louse Shew, que había ganado su afecto durante la agonía de pensar en ella. Pero Helen lo atraía mágicamente y volvió al Norte con
Virginia. Ella contó más tarde que “Las campanas” nacieron de un expresa intención de proponerle matrimonio. Helen era incapaz de
diálogo entre ambos. Contó también los delirios diurnos de Poe, sus resistir la fascinación de Poe, pero no se sentía muy dispuesta a casarse
imaginarios relatos de viajes a España y a Francia, sus duelos, sus de nuevo. Prometió reflexionar y decidirse. Edgar se fue a esperar su
aventuras. Mrs. Shew admiraba el genio de Edgar y tenía una profunda decisión a casa de Annie Richmond, lo cual es perfectamente
estima por el hombre. Cuando sospechó que la presencia incesante del característico.
poeta iba a comprometerla, se alejó apenada, como lo había hecho El resto se vuelve cada vez más brumoso. Poe recibe una carta indecisa
Frances Osgood. Y entonces entra en escena la etérea Sarah Helen de Helen y, entretanto, su afecto por Annie parece haber aumentado
Whitman, poetisa mediocre pero mujer llena de inmaterial encanto, tanto que, al separarse de ella, le arrancó la promesa de que acudiría a
como las heroínas de los mejores sueños vividos o imaginados por su lecho de muerte. Desgarrado por un conflicto entre imaginario y real,
Edgar, y que además se llama Helen, como él había llamado a su primer Edgar partió dispuesto a visitar a Helen, sin llegar a su destino. “No me
amor de adolescencia. Mrs. Whitman había quedado tempranamente acuerdo de nada de lo sucedido”, diría luego en una carta. Pero él mismo
viuda, pertenecía a los literati y cultivaba el espiritismo, como la narra su tentativa de suicidio. Compró láudano y bebió la mitad del
mayoría de aquellos. Poe descubrió de inmediato sus afinidades con frasco en Boston. Antes de tener tiempo de tomar la otra mitad (que lo

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Ahubiera matado) sobrevino la reacción de un organismo ya habituado morir juntos. Inútil tratar de convencerme: de morir…” Sus desolados
al opio, y Edgar vomitó el exceso de láudano. Cuando más tarde llegó a amigos reunieron algún dinero y lo embarcaron rumbo a Richmond;
casa de Helen tuvo lugar una escena desgarradora, hasta que ella durante el viaje, sintiéndose mejor, escribió otra carta a “Muddie”
consintió en el matrimonio si Edgar le prometía abstenerse para reclamando su presencia. Lejos de ella, lejos de alguien que lo
siempre de toda droga o estimulante. Poe lo prometió, volviendo al acompañara y cuidara, Edgar estaba siempre perdido. El más solitario de
cottage de Fordham, donde Mrs. Clemm lo esperaba angustiada por su los hombres no sabía estar solo. Apenas llegado a Richmond escribió
larga ausencia y los rumores que llegaban sobre las locuras de “Eddie” otra vez (…)
(…). Pero los amigos de Richmond le proporcionaron sus últimos días
Quizá este mismo infierno le ayudó a levantarse una vez más, la última, tranquilos. Bien atendido, respirando la atmósfera viriginiana que,
Asqueado por los rumores, la maledicencia, la sociedad de los literati y después de todo, era la única verdaderamente suya, Edgar nadó una vez
sus mezquinas querellas, se encerró en el cottage con Mrs. Clemm y más contra la corriente negra, como había nadado de niño para
luchó con los restos de su energía para salir adelante, editar, por fin, su asombro de sus camaradas. Se le vio de nuevo paseando
nunca olvidada revista y reanudar el trabajo creador. De enero a junio de reposadamente por las calles de Richmond, visitando las casas de los
1849 pareció agazaparse, esperar. Pero hay un poema, “Para Annie”, en amigos, asistiendo a las tertulias y a las veladas, donde, claro está, lo
el que Poe se describe a sí mismo muerto, feliz y abandonadamente asediaban cordialmente para que recitara “El cuervo”, que en su boca se
muerto, por fin y definitivamente muerto. Era demasiado lúcido para convertía en “el poema inolvidable” (…)
engañarse sobre la verdad, y cuando iba a Nueva York se entregaba al A las cuatro de la madrugada del 27 de septiembre de 1849, Edgar se
láudano con desesperada avidez (…) embarcó rumbo a Baltimore. Como siempre en esas circunstancias,
En julio de 1849, Poe abandonó Nueva York para volver a su ciudad de estaba deprimido y lleno de presentimientos. Su partida a hora tan
Richmond. No se sabe por qué lo hizo, como no fuera movido por un temprana (o tan tardía, pues había pasado la noche en un restaurante
oscuro instinto de refugio, de protección. Lleno de presentimientos, se con sus amigos) parece haber obedecido a un repentino capricho suyo. Y
despidió de la pobre “Muddie”, que no volvería a verlo. De una amiga se desde ese instante todo es niebla, que se desgarra aquí y allá para dejar
separó diciéndole que estaba seguro de no regresar; lloraba al decirlo. entrever el final (…)
Era un hombre con los nervios a flor de piel, que temblaba a cada El 29 de septiembre el barco atracó en Baltimore; Poe debía tomar allí el
palabra. No se sabe cómo llegó a Filadelfia, interrumpiendo su viaje al tren para Filadelfia, pero se hacía necesario esperar varias horas. En una
Sur, hasta que a mediados de julio, probablemente después de muchos de estas horas se selló su destino. Se sabe que cuando visitó a un amigo
días de intoxicación continua, Edgar entró corriendo en la redacción de ya estaba ebrio. Lo que pasó después es sólo materia de conjetura. Se
una revista donde tenía amigos y reclamo desesperadamente abre un paréntesis de cinco días, al final de los cuales un médico,
protección. La manía persecutoria estallaba en toda su fuerza. Estaba conocido de Poe, recibió un mensaje presurosamente escrito a lápiz,
convencido de que “Muddie” había muerto; probablemente quiso informándolo de que un caballero “más bien mal vestido” necesitaba
matarse a su vez, pero el “fantasma” de Virginia lo había detenido (…) La urgentemente su ayuda. La nota procedía de un tipógrafo que acaba de
alucinante teoría duró semanas enteras hasta que Edgar empezó a reconocer a Edgar Poe en un borracho semiinconsciente, metido en una
reaccionar. Entonces pudo escribir a Mrs. Clemm, pero el párrafo central taberna y rodeado por la peor ralea de Baltimore. Eran días de
de su carta decía: “Apenas recibas esta ven inmediatamente… Hemos de elecciones, y los partidos en pugna hacian votar repetidas veces a po-

p. 07
-bres diablos, a quienes emborrachaban previamente para llevarlos de
un comicio a otro. Sin que exista prueba concreta, lo más probable es
que Poe fuera utilizado como votante y abandonado finalmente en la
taberna donde acababan de identificarlo. La descripción que más
adelante haría el médico muestra que estaba ya perdido para el mundo,
a solas en su particular infierno en vida, entregado definitivamente a
sus visiones. El resto de sus fuerzas (vivió cinco días más en un hospital Elaborar un prólogo de entre tres y cuatro carillas en grupo – de a dos o tres integrantes –
de Baltimore) se quemó en terribles alucinaciones, en luchar con las sobre uno de los cuentos de esta antología. Pueden utilizar como marco de trabajo, el apunte
enfermeras que lo sujetaban, en llamar desesperadamente a Reynolds, teórico que hace referencia al género policial. Se evaluará la creatividad del punto de vista
el explorador polar que había influido en la composición de Gordon Pym planteado, la ortografía, la coherencia y la cohesión, el sustento argumental del escrito.
y que misteriosamente se convertía en el símbolo final de esas tierras
del más allá que Edgar parecía estar viendo, así como Pym había
entrevisto la gigantesca imagen de hielo en el último instante de la
novela. Ni “Muddie”, ni Annie, ni Elmira estuvieron juntos a él, pues lo
ignoraban todo. En un intervalo de lucidez, parece haber preguntado si
quedaba alguna esperanza. Como le dijeran que estaba muy grave, Realizar un video de YouTube donde se exponga ese prólogo. Pueden utilizar herramientas de
rectificó: “No quiero decir eso. Quiero saber si hay esperanza para un edición si lo consideran conveniente. La idea es que sea un video dinámico, donde participen
miserable como yo”. Murió a las tres de la madrugada del 7 de octubre de todos los integrantes del grupo. Se evaluará la gestualidad, la oralidad – no pueden
1849. “Que Dios ayude a mi pobre alma”, fueron sus últimas palabras. simplemente leer el prólogo -, la apelación al lector de manera creativa.
Más tarde, biógrafos entusiastas le harían decir otras cosas. La leyenda
empezó casi en seguida, y a Edgar le hubiera divertido estar allí para
ayudar, para inventar cosas nuevas, confundir a las gentes, poner su
impagable imaginación al servicio de una biografía mítica.e

Una vez coordinada la fecha de entrega, enviarán por correo a profedoramoreno1@[Link]


el escrito (con permiso de edición) y el enlace de YouTube del video. Recuerden que es
obligatorio que en el prólogo se analicen las continuidades y rupturas y el recurso del
humor en el cuento elegido.

p. 08
Después, sin darse vuelta, dobló hacia el Norte, siguió el paredón de la Penitenciaría, entró en
los jardines; creía proceder con tranquilidad, pero, antes de llegar al puesto de guardia, arrojó un
"LAS DOCE FIGURAS DEL MUNDO" (1941) cigarrillo que había encendido poco antes. Tuvo un diálogo nada memorable con un empleado
en mangas de camisa. Un guardiacárceles lo acompañó hasta la celda 273.
Honorio Bustos Domecq [1] Hace catorce años, el carnicero Agustín R. Bonorino, que había asistido al corso de Belgrano
disfrazado de cocoliche [5], recibió un mortal botellazo en la sien. Nadie ignoraba que la botella
de Bilz [6] que lo derribó había sido esgrimida por uno de los muchachos de la barra de Pata
Condenado a prisión por un crimen que no cometió, don Isidro Parodi recibe en su celda a todas las personas que precisan
Santa [7]. Pero como Pata Santa era un precioso elemento electoral [8], la policía resolvió que el
resolver crímenes. A pesar de que no puede salir a inspeccionar la escena del crimen, su razonamiento superior le permite
deducir la verdad a partir de los relatos que le cuentan sus visitantes. culpable era Isidro Parodi, de quien algunos afirmaban que era ácrata [9], queriendo decir que
era espiritista.
EL CAPRICORNIO, EL ACUARIO, LOS PECES, EL CARNERO, EL TORO, PENSABA AQUILES En realidad, Isidro Parodi no era ninguna de las dos cosas: era dueño de una barbería en el
MOLINARI, DORMIDO. DESPUÉS, TUVO UN MOMENTO DE INCERTIDUMBRE. VIO LA barrio Sur y había cometido la imprudencia de alquilar una pieza a un escribiente de la
BALANZA, EL ESCORPIÓN. comisaría 8, que ya le debía de un año. Esa conjunción de circunstancias adversas selló la suerte
de Parodi: las declaraciones de los testigos (que pertenecían a la barra de Pata Santa) fueron
Comprendió que se había equivocado; se despertó temblando. unánimes: el juez lo condenó a veintiún años de reclusión. La vida sedentaria había influido en
El sol le había calentado la cara. En la mesa de luz, encima del Almanaque Bristol [2] y de el homicida de 1919: hoy era un hombre cuarentón, sentencioso, obeso, con la cabeza afeitada y
algunos números de La Fija [3], el reloj despertador Tic Tac [4] marcaba las diez menos veinte. ojos singularmente sabios. Esos ojos, ahora, miraban al joven Molinari.
Siempre repitiendo los signos, Molinari se levantó. Miró por la ventana. En la esquina estaba el
desconocido. —¿Qué se le ofrece, amigo?
Sonrió astutamente. Se fue a los fondos; volvió con la máquina de afeitar, la brocha, los restos
del jabón amarillo y una taza de agua hirviendo. Abrió de par en par la ventana, con enfática Su voz no era excesivamente cordial, pero Molinari sabía que las visitas no le desagradaban.
serenidad miró al desconocido y lentamente se afeitó, silbando el tango Naipe Marcado. Además, la posible reacción de Parodi le importaba menos que la necesidad de encontrar un
Diez minutos después estaba en la calle, con el traje marrón cuyas últimas dos mensualidades confidente y un consejero. Lento y eficaz, el viejo Parodi cebaba un mate en un jarrito celeste.
aún las debía a las Grandes Sastrerías Inglesas Rabuffi. Fue hasta la esquina; el desconocido Se lo ofreció a Molinari. Éste, aunque muy impaciente por explicar la aventura irrevocable que
bruscamente se interesó en un extracto de la lotería. Molinari, habituado ya a esos monótonos había trastornado su vida, sabía que era inútil querer apresurar a Isidro Parodi; con una
disimulos, se dirigió a la esquina de Humberto I. El ómnibus llegó enseguida; Molinari subió. tranquilidad que lo asombró, inició un diálogo trivial sobre las carreras, que son pura trampa y
Para facilitar el trabajo a su perseguidor, ocupó uno de los asientos de adelante. A las dos o tres nadie sabe quién va a ganar.
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cuadras se dio vuelta; el desconocido, fácilmente reconocible por sus anteojos negros, leía el
[5] De una mezcla extraña de cosas. En lenguaje, refiere a una mezcla de idiomas, por ejemplo, español e italiano.
diario. Antes de llegar al Centro, el ómnibus estaba completo; Molinari hubiera podido bajar sin
[6] Antigua botella de gaseosa.
que el desconocido lo notara, pero su plan era mejor. Siguió hasta la Cervecería Palermo. [7] “La barra de Pata Santa”: se da el nombre de ‘barra’ a un grupo duradero de amigos que comparten su tiempo
_______________________________________________________________________________________________ libre frecuentando los mismos lugares. En la obra de Bustos, varios personajes forman parte de alguna ‘barra’, que se
[1] Escritor de relatos policiales creado por Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. Es necesario destacar el año en identifica o bien por el nombre del cabecilla, como la de Pata Santa (apodo burlesco que suele aplicarse al individuo
que escribieron este relato, sobre todo por las referencias al contexto de la época: inmigración, el tango, entre otros. que cojea).
[2] En referencia a un famoso calendario que se realiza de una empresa estadounidense para promocionar perfumes [8] En tiempos en que el fraude electoral era la regla, los caudillos políticos tenían a su servicio a matones
y jabones. encargados de forzar a favor de su partido el resultado de las elecciones. Pata Santa era uno de esos personajes, a los
[3] Agencia de quiniela de la época. que se identificaba como “elemento electoral” de algún caudillo barrial.
[4] Antigua marca de reloj despertador. [9] Anarquista, que niega la necesidad de la existencia de cualquier tipo de autoridad.
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Don Isidro no le hizo caso; volvió a su rencor predilecto: se despachó contra los italianos, que se que despejar la incógnita. Mire, los faquires y los yoguis [13], con sus ejercicios respiratorios y
habían metido en todas partes, no respetando tan siquiera la Penitenciaría Nacional. sus macanas, saben una porción de cosas. Yo, como católico, renuncié al centro espiritista
Honor y Patria, pero he comprendido que los drusos forman una colectividad progresista y
—Ahora está llena de extranjeros de antecedentes de lo más dudosos y nadie sabe de dónde están más cerca del misterio que muchos que van a misa todos los domingos. Por lo pronto, el
vienen. doctor Abenjaldún tenía una quinta papal en Villa Mazzini [14], con una biblioteca fenómeno.
Lo conocí en Radio Fénix, el Día del Árbol. Pronunció un discurso muy conceptuoso[15], y le
Molinari, fácilmente nacionalista, colaboró en esas quejas y dijo que él ya estaba harto de gustó un sueltito que yo hice y que alguien le mandó[16]. Me llevó a su casa, me prestó libros
italianos y drusos [10], sin contar los capitalistas ingleses que habían llenado el país de serios y me invitó a la fiesta que daba en la quinta; falta elemento femenino, pero son torneos
ferrocarriles y frigoríficos. Ayer nomás entró en la Gran Pizzería Los Hinchas y lo primero que de cultura, yo le prometo. Algunos dicen que creen en ídolos, pero en la sala de actos hay un
vio fue un italiano. toro de metal que vale más que un tramway [17]. Todos los viernes se reúnen alrededor del toro
los akils, que son, como quien dice, los iniciados[ 18]. Hace tiempo que el doctor Abenjaldún
—¿Es un italiano o una italiana lo que lo tiene mal? quería que me iniciaran; yo no podía negarme, me convenía estar bien con el viejo y no sólo de
pan vive el hombre. Los drusos son gente muy cerrada y algunos no creían que un occidental
—Ni un italiano ni una italiana —dijo sencillamente Molinari—. Don Isidro, he matado a un fuera digno de entrar en la cofradía [19]. Sin ir más lejos, Abul Hasán, el dueño de la flota de
hombre. camiones para carne en tránsito, había recordado que el número de electos es fijo y que es ilícito
hacer conversos; también se opuso el tesorero Izedín; pero es un infeliz que se pasa el día
—Dicen que yo también maté a uno, y sin embargo aquí me tiene. No se ponga nervioso; el escribiendo, y el doctor Abenjaldún se reía de él y de sus libritos. Sin embargo, esos
asunto ese de los drusos es complicado, pero, si no lo tiene entre ojos algún escribiente de la 8, reaccionarios, con sus anticuados prejuicios, siguieron el trabajo de zapa [20] y no trepido [21]
tal vez pueda salvar el cuero. en afirmar que, indirectamente, ellos tienen la culpa de todo.
»El 11 de agosto recibí una carta de Abenjaldún, anunciándome que el 14 me someterían a una
Molinari lo miró atónito. Luego recordó que su nombre había sido vinculado al misterio de la prueba un poco difícil, para la cual tenía que prepararme.
quinta de Abenjaldún, por un diario inescrupuloso —muy distinto, por cierto, del dinámico
diario de Cordone [11], donde él hacía los deportes elegantes y el football—. Recordó que Parodi —¿Y cómo tenía que prepararse? —inquirió Parodi.
mantenía su agilidad espiritual y, gracias a su viveza y a la generosa distracción del
subcomisario Grondona, sometía a lúcido examen los diarios de la tarde. —Y, como usted sabe, tres días a té solo, aprendiendo los signos del zodíaco, en orden, como
En efecto, don Isidro no ignoraba la reciente desaparición de Abenjaldún; sin embargo, le pidió a están en el Almanaque Bristol. Di parte de enfermo a las Obras Sanitarias, donde trabajo por la
Molinari que le contara los hechos, pero que no hablara tan rápido, porque él ya estaba medio
duro de oído. Molinari, casi tranquilo, narró la historia: _______________________________________________________________________________________________
[13] Monjes de la India que realizan ritos espirituales.
[14] Hoy, barrio de Belgrano en Buenos Aires.
—Créame, yo soy un muchacho moderno, un hombre de mi época; he vivido, pero también me
[15 ]Lleno de conceptos, sentencioso.
gusta meditar. Comprendo que ya hemos superado la etapa del materialismo [12]; las
[16] Se refiere a un cigarrillo armado.
comuniones y la aglomeración de gente del Congreso Eucarístico me han dejado un rastro [17] Un tranvía, tipo de vehículo o transporte.
imborrable. Como usted decía vez pasada, y, créame, la sentencia no ha caído en saco roto, hay [18] Grupo religioso que comparte el conocimiento de algo reservado.
_______________________________________________________________________________________________ [19] Grupo cerrado que persigue determinado fin.
[10] Miembros de una minoría religiosa proveniente de Siria, Líbano, Jordania y Israel. [20] Zanjar algo, convencerlo.
[11] Se refiere al suplemento de Olé. [21] Tiemblo.
[12] Considerar solo la materia desde lo filosófico y no lo espiritual de la humanidad.
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—Es una pieza grande. Hay un escritorio de roble, donde está la Olivetti, unos sillones
mañana. Al principio, me asombró que la ceremonia se efectuara un domingo y no un viernes,
comodísimos, en los que usted se hunde hasta el cogote, una pipa turca medio podrida, que vale
pero la carta explicaba que para un examen tan importante convenía más el día del Señor. Yo
un dineral, una araña de caireles [23], una alfombra persa, futurista, un busto de Napoleón, una
tenía que presentarme en la quinta, antes de medianoche. El viernes y el sábado los pasé de lo
biblioteca de libros serios: la Historia Universal de César Cantú, Las Maravillas del Mundo y del
más tranquilo, pero el domingo amanecí nervioso. Mire, don Isidro, ahora que pienso, estoy
Hombre, la Biblioteca Internacional de Obras Famosas, el Anuario de «La Razón», El Jardinero
seguro que ya presentía lo que iba a suceder. Pero no aflojé, estuve todo el día con el libro. Era
Ilustrado de Peluffo, El Tesoro de la Juventud, La Donna Delinquente de Lombroso, y qué sé yo.
cómico, miraba cada cinco minutos el reloj a ver si ya podía tomar otro vaso de té; no sé para
»Izedín estaba nervioso. Yo descubrí enseguida el porqué: había vuelto a la carga con su
qué miraba, de todos modos tenía que tomarlo: la garganta estaba reseca y pedía líquido. Tanto
literatura. En la mesa había un enorme paquete de libros. El doctor, preocupado con mi examen,
esperar la hora del examen y sin embargo llegué tarde a Retiro y tuve que tomar el tren carreta
quería zafarse de Izedín, y le dijo:
[22] de las veintitrés y dieciocho en vez del anterior.

»—Pierda cuidado. Esta noche leeré sus libros.


»Aunque estaba preparadísimo, seguí estudiando el almanaque en el tren. Me tenían fastidiado
unos imbéciles que discutían el triunfo de los Millonarios versus Chacarita Juniors y, créame, no
»Ignoro si el otro le creyó; fue a ponerse la túnica para entrar en la sala de actos; ni siquiera me
sabían ni medio de football. Bajé en Belgrano R. La quinta viene a quedar a trece cuadras de la
echó una mirada.
estación. Yo pensé que la caminata iba a refrescarme, pero me dejó medio muerto.
»En cuanto nos quedamos solos, el doctor Abenjaldún me dijo:
Cumpliendo las instrucciones de Abenjaldún, lo llamé por teléfono desde el almacén de la calle
Rosetti.
»—¿Has ayunado con fidelidad, has aprendido las doce figuras del mundo?
»Frente a la quinta había una fila de coches; la casa tenía más luces que un velorio y desde lejos
se oía el rumorear de la gente. Abenjaldún estaba esperándome en el portón. Lo noté
»Le aseguré que desde el jueves a las diez (esa noche, en compañía de algunos tigres de la
envejecido. Yo lo había visto muchas veces de día; recién esa noche me di cuenta que se parecía
nueva sensibilidad, había cenado una buseca [25] liviana y un pesceto al horno, en el Mercado
un poco a Repetto, pero con barba. Ironías de la suerte, como quien dice: esa noche, que me
de Abasto) estaba a té solo.
tenía loco el examen, voy y me fijo en ese disparate. Fuimos por el camino de ladrillos que rodea
»Después Abenjaldún me pidió que le recitara los nombres de las doce figuras. Los recité sin un
la casa, y entramos por los fondos. En la secretaría estaba Izedín, del lado del archivo.
solo error; me hizo repetir esa lista cinco o seis veces. Al fin me dijo:
—Hace catorce años que estoy archivado —observó dulcemente don Isidro—. Pero ese archivo
»—Veo que has acatado las instrucciones. De nada te valdrían, sin embargo, si no fueras
no lo conozco. Descríbame un poco el lugar.
aplicado y valiente. Me consta que lo eres; he resuelto desoír a los que niegan tu capacidad: te
someteré a una sola prueba, la más desamparada y la más difícil. Hace treinta años, en las
—Mire, es muy sencillo. La secretaría está en el piso alto: una escalera baja directamente a la
cumbres del Líbano, yo la ejecuté con felicidad; pero antes los maestros me concedieron otras
sala de actos. Ahí estaban los drusos, unos ciento cincuenta, todos velados [23] y con túnicas
pruebas más fáciles: yo descubrí una moneda en el fondo del mar, una selva hecha de aire, un
blancas, alrededor del toro de metal. El archivo es una piecita pegada a la secretaría: es un
cáliz en el centro de la Tierra, un alfanje [26] condenado al Infierno. Tú no buscarás cuatro
cuarto interior. Yo siempre digo que un recinto sin una ventana como la gente, a la larga resulta
objetos mágicos; buscarás a los cuatro maestros que forman el velado tetrágono [27] de la
insalubre. ¿Usted no comparte mi criterio?
Divinidad. Ahora, entregados a piadosas tareas, rodean el toro de metal; rezan con sus
hermanos, los akils, velados como ellos; ningún indicio los distingue, pero tu corazón los recono
—No me hable. Desde que me establecí en el Norte me tienen cansado los recintos. Descríbame _______________________________________________________________________________________________
la secretaría. [23] Araña de techo hecha con adornos de cristal.
[25] Guiso.
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[26] Sable.
[23] Cubiertos con telas.
[27] Polígono de cuatro ángulos y cuatro lados.
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reconocerá. Yo te ordenaré que traigas a Yusuf; tú bajarás a la sala de actos, imaginando en su de un brazo a Jalil y se lo trajo para arriba. Ya le dije que el archivo no tiene más puerta que la
orden preciso las figuras del cielo; cuando llegues a la última figura, la de los Peces, volverás a la que da a la secretaría. Por esa puerta entró Abenjaldún con Jalil; enseguida salió con los cuatro
primera, que es Aries, y así, continuamente; darás tres vueltas alrededor de los akils y tus pasos drusos velados; me hizo la señal de la cruz, porque son gente muy devota; después les dijo en
te llevarán a Yusuf, si no has alterado el orden de las figuras. Le dirás: “Abenjaldún te llama” y lo criollo que se quitaran los velos; usted dirá que es pura fábula, pero ahí estaban Izedín, con su
traerás aquí. Después te ordenaré que traigas al segundo maestro; luego al tercero, luego al cara de extranjero, y Jalil, el subgerente de La Formal, y Yusuf, el cuñado del que es gangoso, e
cuarto. Ibrahim, pálido como un muerto y barbudo, el socio de Abenjaldún, usted sabe. ¡Ciento
»Felizmente, de tanto leer y releer el Almanaque Bristol, las doce figuras se me habían quedado cincuenta drusos iguales y ahí estaban los cuatro maestros!
grabadas; pero basta que a uno le digan que no se equivoque, para que tema equivocarse. No me »El doctor Abenjaldún casi me abrazó; pero los otros, que son personas refractarias a la
acobardé, le aseguro, pero tuve un presentimiento. Abenjaldún me estrechó la mano, me dijo evidencia, y llenas de supersticiones y agüerías [28], no dieron su brazo a torcer y se le enojaron
que sus plegarias me acompañarían, y bajé la escalera que da a la sala de actos. Yo estaba muy en druso. El pobre Abenjaldún quiso convencerlos, pero al fin tuvo que ceder. Dijo que me
atareado con las figuras; además esas espaldas blancas, esas cabezas agachadas, esas máscaras sometería a otra prueba, dificilísima, pero que en esa prueba se jugaría la vida de todos ellos y
lisas y ese toro sagrado que yo no había visto nunca de cerca me tenían inquieto. Sin embargo, tal vez la suerte del mundo. Continuó:
di mis tres vueltas como la gente, y me encontré detrás de un ensabanado, que me pareció igual
a todos los otros; pero, como estaba imaginando las figuras del zodiaco, no tuve tiempo de »—Te vendaremos los ojos con este velo, pondremos en tu mano derecha esta larga caña, y cada
pensar, y le dije: “Abenjaldún lo llama”. El hombre me siguió; siempre imaginándome las uno de nosotros se ocultará en algún rincón de la casa o de los jardines. Esperarás aquí hasta
figuras, subimos la escalera, y entramos en la secretaría. Abenjaldún estaba rezando; lo hizo que el reloj dé las doce; después nos encontrarás sucesivamente, guiado por las figuras. Esas
entrar a Yusuf al archivo, y casi enseguida volvió y me dijo: “Trae ahora a Ibrahim”. Volví a la figuras rigen el mundo; mientras dure el examen, te confiamos el curso de las figuras: el cosmos
sala de actos, di mis tres vueltas, me paré detrás de otro ensabanado y le dije: “Abenjaldún lo estará en tu poder. Si no alteras el orden del zodíaco, nuestros destinos y el destino del mundo
llama”. Con él volví a la secretaría. seguirán el curso prefijado; si tu imaginación se equivoca, si después de la Balanza imaginas el
—Pare el carro, amigo —dijo Parodi—. ¿Está seguro de que mientras usted daba sus vueltas nadie León y no el Escorpión, el maestro a quien buscas perecerá y el mundo conocerá la amenaza del
salió de la secretaría? aire, del agua y del fuego.

—Mire, le aseguro que no. Yo estaba muy atento a las figuras y todo lo que quiera, pero no soy »Todos dijeron que sí, menos Izedín, que había ingerido tanto salame que ya se le cerraban los
tan sonso. No le quitaba el ojo a esa puerta. Pierda cuidado: nadie entró ni salió. ojos y que estaba tan distraído que al irse nos dio la mano a todos, uno por uno, cosa que no
hace nunca.
»Abenjaldún tomó del brazo a Ibrahim y lo llevó al archivo; después me dijo: “Trae ahora a »Me dieron una caña de bambú, me pusieron la venda y se fueron. Me quedé solo. Qué ansiedad
Izedín”. Cosa rara, don Isidro, las dos primeras veces había tenido confianza en mí; esta vuelta la mía: imaginarme las figuras, sin alterar el orden; esperar las campanadas que no sonaban
estaba acobardado. Bajé, caminé tres veces alrededor de los drusos y volví con Izedín. Yo estaba nunca; el miedo que sonaran y echar a andar por esa casa, que de golpe me pareció interminable
cansadísimo: en la escalera se me nubló la vista, cosas del riñón; todo me pareció distinto, hasta y desconocida. Sin querer pensé en la escalera, en los descansos, en los muebles que habría en
mi compañero. El mismo Abenjaldún, que ya me tenía tanta fe que en lugar de rezar se había mi camino, en los sótanos, en el patio, en las claraboyas [29], qué sé yo. Empecé a oír de todo:
puesto a jugar al solitario, se lo llevó a Izedín al archivo, y me dijo, hablándome como un padre: las ramas de los árboles del jardín, unos pasos arriba, los drusos que se iban de la quinta, el
arranque del viejo Issota de Abd-el-Melek: usted sabe, el que se ganó la rifa del aceite Raggio. En
»—Este ejercicio te ha rendido. Yo buscaré al cuarto iniciado, que es Jalil. fin, todos se iban y yo me quedaba solo en el caserón, con esos drusos escondidos quién sabe
dónde. Ahí tiene, cuando sonó el reloj me llevé un susto. Salí con mi cañita, yo, un
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»La fatiga es el enemigo de la atención, pero en cuanto salió Abenjaldún me prendí a los
[28] Presagios, señales de un acontecimiento predestinado.
barrotes de la galería y me puse a espiarlo. El hombre dio sus tres vueltas lo más chato, agarró
[29] Tragaluces, pequeñas ventanas.

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muchacho joven, pletórico [30] de vida, caminando como inválido, como un ciego, si usted me revelación en salto en alto. De un saque salvé la tapia, que tiene casi dos metros; cuando estaba
interpreta; agarré enseguida para la izquierda, porque el cuñado del gangoso tiene mucho savoir levantándome de la zanja y sacándome una porción de cascos de botella [35] que se me habían
faire [31] y yo pensé que iba a encontrarlo bajo la mesa; todo el tiempo veía patente la Balanza, incrustado por todos lados, empecé a toser con el humo. De la quinta salía un humo negro y
el Escorpión, el Sagitario y todas esas ilustraciones; me olvidé del primer descanso de la escalera espeso como lana de colchón. Aunque no estaba entrenado, corrí como en mis buenos tiempos;
y seguí bajando en falso; después me entré en el jardín de invierno. De golpe me perdí. No al llegar a Rosetti me di vuelta: había una luz como de 25 de Mayo en el cielo, la casa estaba
encontraba ni la puerta ni las paredes. También hay que ver: tres días a puro té solo y el gran ardiendo. ¡Ahí tiene lo que puede significar un cambio en las figuras! De pensarlo, la boca se me
desgaste mental que yo me exigía. Dominé, con todo, la situación, y agarré por el lado del puso más seca que lengua de loro. Divisé un agente en la esquina, y di marcha atrás; después
montaplatos [32]; yo malicié [33] que alguno se habría introducido en la carbonera [34]; pero me metí en unos andurriales [36] que es una vergüenza que haya todavía en la Capital; yo sufría
esos drusos, por instruidos que sean, no tienen nuestra viveza criolla. Entonces me volví para la como argentino, le aseguro, y me tenían mareado unos perros, que bastó que uno solo ladrara
sala. Tropecé con una mesita de tres patas, que usan algunos drusos que todavía creen en el para que todos se pusieran a ensordecerme desde muy cerca, y en esos barriales del oeste no
espiritismo, como si estuvieran en la Edad Media. Me pareció que me miraban todos los ojos de hay seguridad para el peatón ni vigilancia de ninguna especie. De pronto me tranquilicé, porque
los cuadros al óleo (usted se reirá, tal vez; mi hermanita siempre dice que tengo algo de loco y de vi que estaba en la calle Charlone; unos infelices que estaban de patota en un almacén se
poeta). Pero no me dormí y enseguida lo descubrí a Abenjaldún: estiré el brazo y ahí estaba. Sin pusieron a decir “el Carnero, el Toro” y a hacer ruidos que están mal en una boca; pero yo no les
mayor dificultad, encontramos la escalera, que estaba mucho más cerca de lo que yo imaginaba, llevé el apunte y pasé de largo. ¿Quiere creer que sólo al rato me di cuenta que yo había estado
y ganamos la secretaría. En el trayecto no dijimos ni una sola palabra. Yo estaba ocupado con repitiendo las figuras, en voz alta? Volví a perderme. Usted sabe que en esos barrios ignoran los
las figuras. Lo dejé y salí a buscar otro druso. En eso oí como una risa ahogada. Por primera vez rudimentos [37] del urbanismo y las calles están perdidas en un laberinto. Ni se me pasó por la
tuve una duda: llegué a pensar que se reían de mí. Enseguida oí un grito. Yo juraría que no me cabeza tomar algún vehículo: llegué a casa con el calzado hecho una miseria, a la hora en que
equivoqué en las imágenes; pero, primero con la rabia y después con la sorpresa, tal vez me salen los basureros. Yo estaba enfermo de cansancio esa madrugada. Creo que hasta tenía
haya confundido. Yo nunca niego la evidencia. Me di vuelta y tanteando con la caña entré en la temperatura. Me tiré en la cama, pero resolví no dormir, para no distraerme de las figuras.
secretaría. Tropecé con algo en el suelo. Me agaché. Toqué el pelo con la mano. Toqué una nariz, »A las doce del día mandé parte de enfermo a la redacción y a las Obras Sanitarias. En eso entró
unos ojos. Sin darme cuenta de lo que hacía, me arranqué la venda. mi vecino, el viajante de la Brancato, y se hizo firme y me llevó a su pieza a tomar una
»Abenjaldún estaba tirado en la alfombra, tenía la boca toda babosa y con sangre; lo palpé; tallarinada. Le hablo con el corazón en la mano: al principio me sentí un poco mejor. Mi amigo
estaba calentito todavía, pero ya era cadáver. En el cuarto no había nadie. Vi la caña, que se me tiene mucho mundo y destapó un moscato del país [38]. Pero yo no estaba para diálogos finos
había caído de la mano: tenía sangre en la punta. Recién entonces comprendí que yo lo había y, aprovechando que el tuco me había caído como un plomo, me fui a mi pieza. No salí en todo
matado. Sin duda, cuando oí la risa y el grito, me confundí un momento y cambié el orden de las el día. Sin embargo, como no soy un ermitaño y me tenía preocupado lo de la víspera, le pedí a
figuras: esa confusión había costado la vida de un hombre. Tal vez la de los cuatro maestros… la patrona que me trajera las Noticias. Sin tan siquiera examinar la página de los deportes, me
Me asomé a la galería y los llamé. Nadie me contestó. Aterrado, hui por los fondos, repitiendo en engolfé [39] en la crónica policial y vi la fotografía del siniestro: a las cero veintitrés de la
voz baja el Carnero, el Toro, los Gemelos, para que el mundo no se viniera abajo. Enseguida madrugada había estallado un incendio de vastas proporciones en la casa-quinta del doctor
llegué a la tapia y eso que la quinta tiene tres cuartos de manzana; siempre el Tullido Ferrarotti Abenjaldún, sita en Villa Mazzini. A pesar de la encomiable [40] intervención de la Seccional de
me sabía decir que mi porvenir estaba en las carreras de medio fondo. Pero esa noche fui una Bomberos, el inmueble fue pasto de las llamas, habiendo perecido en la combustión su propieta
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[30] Lleno. [35] Botellas de vidrio que se colocan en fragmentos sobre las tapias para proteger las propiedades de ladrones.
[31] Astucia, se les decía así a quienes tenían trabajos que requerían mucha destreza física. [36] Sitios baldíos.
[32] Se estilaba en las casas de la época tener pequeños elevadores a poleas que cruzaban la casa para enviar los [37 ]Instrucciones o elementos.
platos llenos o vacíos de comida de una habitación a la cocina o viceversa. [38 ]Vino de ese tipo de uva.
[33] Sospeché. [39] Enfrasqué.
[34] Hotno. [40] Loable.
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rio, el distinguido miembro de la colectividad siriolibanesa, doctor Abenjaldún, uno de los —¿Que cambie el orden? Usted no me ha entendido, don Isidro, eso no se puede…
grandes pioneros de la importación de sustitutos del linóleum. Quedé horrorizado. Baudizzone,
que siempre descuida su página, había cometido algunos errores: por ejemplo, no había —¿No? Decí la primera, la última y la penúltima.
mencionado para nada la ceremonia religiosa, y decía que esa noche se habían reunido para leer
la Memoria y renovar autoridades. Poco antes del siniestro habían abandonado la quinta los Molinari, aterrado, obedeció. Después miró a su alrededor.
señores Jalil, Yusuf e Ibrahim. Éstos declararon que hasta las 24 estuvieron departiendo —Bueno, ahora que te has sacado de la cabeza esas fantasías, te vas para el diario. No te hagás
amigablemente con el extinto, que, lejos de presentir la tragedia que pondría un punto final a mala sangre.
sus días y convertiría en cenizas una residencia tradicional de la zona del oeste, hizo gala de su
habitual copita de alcohol. El origen de la magna conflagración [41] quedaba por aclarar. Mudo, redimido, aturdido, Molinari salió de la cárcel. Afuera, estaba esperándolo el otro.
»A mí no me asusta el trabajo, pero desde entonces no he vuelto al diario ni a las Obras, y ando
con el ánimo por el suelo. A los dos días me vino a visitar un señor muy afable, que me II
interrogó sobre mi participación en la compra de escobillones y trapos de rejilla para la cantina A LA SEMANA, MOLINARI ADMITIÓ QUE NO PODÍA POSTERGAR UNA SEGUNDA VISITA
del personal del corralón de la calle Bucarelli; después cambió de tema y habló de las A LA PENITENCIARÍA. SIN EMBARGO, LE MOLESTABA ENCARARSE CON PARODI, QUE
colectividades extranjeras y se interesó especialmente en la siriolibanesa. Prometió, sin mayor HABÍA PENETRADO SU PRESUNCIÓN Y SU MISERABLE CREDULIDAD. ¡UN HOMBRE
seguridad, repetir la visita. Pero no volvió. En cambio, un desconocido se instaló en la esquina y MODERNO, COMO ÉL, HABERSE DEJADO EMBAUCAR POR UNOS EXTRANJEROS
me sigue con sumo disimulo por todos lados. Yo sé que usted no es hombre de dejarse enredar FANÁTICOS! LAS APARICIONES DEL SEÑOR AFABLE SE HICIERON MÁS FRECUENTES Y
por la policía ni por nadie. Sálveme, don Isidro, ¡estoy desesperado! MÁS SINIESTRAS: NO SÓLO HABLABA DE LOS SIRIOLIBANESES, SINO DE LOS DRUSOS
DEL LÍBANO; SU DIÁLOGO SE HABÍA ENRIQUECIDO DE TEMAS NUEVOS; POR EJEMPLO,
—Yo no soy brujo ni ayunador para andar resolviendo adivinanzas. Pero no te voy a negar una LA ABOLICIÓN DE LA TORTURA EN 1813, LAS VENTAJAS DE UNA PICANA ELÉCTRICA
manito. Eso sí, con una condición. Prométeme que me vas a hacer caso en todo. RECIÉN IMPORTADA DE BREMEN POR LA SECCIÓN INVESTIGACIONES, ETC.

—Como usted diga, don Isidro. Una mañana de lluvia, Molinari tomó el ómnibus en la esquina de Humberto I. Cuando bajó en
Palermo, bajó también el desconocido, que había pasado de los anteojos a la barba rubia…
—Muy bien. Vamos a empezar enseguida. Decí en orden las figuras del almanaque. Parodi, como siempre, lo recibió con cierta sequedad; tuvo el tino de no aludir al misterio de
Villa Mazzini: habló, tema habitual en él, de lo que puede hacer el hombre que tiene un sólido
—El Carnero, el Toro, los Gemelos, el Cangrejo, el León, la Virgen, la Balanza, el Escorpión, el conocimiento de la baraja. Evocó la memoria tutelar [43] del Lince Rivarola, que recibió un
Sagitario, el Capricornio, el Acuario, los Peces. sillazo en el momento mismo de extraer un segundo as de espadas de un dispositivo especial
que tenía en la manga. Para complementar esa anécdota, extrajo de un cajón un mazo
—Muy bien. Ahora decilos al revés. grasiento, lo hizo barajar por Molinari y le pidió que extendiera los naipes sobre la mesa, con las
figuras para abajo. Le dijo:
Molinari, pálido, balbuceó:
—El Ronecar, el Roto… —Amiguito, usted que es brujo, le va a dar a este pobre anciano el cuatro de copas.

—Salí de ahí con esas compadradas [42]. Te digo que cambies el orden, que digas de cualquier Molinari balbuceó:
modo las figuras. —Yo nunca he pretendido ser brujo, señor… Usted sabe que yo he cortado toda relación con esos
_______________________________________________________________________________________________ fanáticos.
[41] Conflicto. _______________________________________________________________________________________________
[42] Canchereada, hablar de más haciendo alarde de algo. [43] Protectora.
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—Has cortado y has barajado; dame enseguidita el cuatro de copas. No tengas miedo; es la quemó la casa, para que nadie viera los libros. Se despidió de ustedes, les dio la mano (cosa que
primera carta que vas a agarrar. no hacía nunca), para que dieran por sentado que se había ido. Se escondió por ahí cerca, esperó
Trémulo [44], Molinari extendió la mano, tomó una carta cualquiera y se la dio a Parodi. que se fueran los otros, que ya estaban hartos de la broma, y cuando vos, con la caña y la venda,
Éste la miró y dijo: estabas buscándolo a Abenjaldún, volvió a la secretaría. Cuando volviste con el viejo, los dos se
rieron de verte caminando como un cieguito. Saliste a buscar un segundo druso; Abenjaldún te
—Sos un tigre. Ahora me vas a dar la sota de espadas. siguió para que volvieras a encontrarlo y te hicieras cuatro viajes a puro golpe, trayendo siempre
la misma persona. El tesorero, entonces, le dio una puñalada en la espalda: vos oíste su grito.
Molinari sacó otra carta y se la entregó. Mientras volvías a la pieza, tanteando, Izedín huyó, prendió fuego a los libros. Luego, para
—Ahora el siete de bastos. justificar que hubieran desaparecido los libros, prendió fuego a la casa.

Molinari le dio una carta.


—El ejercicio te ha cansado. Yo sacaré por vos la última carta, que es el rey de copas.

Tomó, casi con negligencia, una carta y la agregó a las tres anteriores. Después le dijo a Molinari
"EL ASESINO INTACHABLE" (1997)
que las diera vuelta. Eran el rey de copas, el siete de bastos, la sota de espadas y el cuatro de Abelardo Castillo
copas.

—No abrás tanto los ojos —dijo Parodi—. Entre todos esos naipes iguales hay uno marcado; el
Como perfecto, era perfecto. Yo no tengo la culpa si la filosofía es un bumerang que acaba
primero que te pedí pero no el primero que me diste. Te pedí el cuatro de copas, me diste la sota
desnucando a sus fieles y esa vieja cretina se enamoró de mí, o si un estólido [45] inspector de
de espadas; te pedí la sota de espadas, me diste el siete de bastos; te pedí el siete de bastos y me
Policía, partiendo de un error, se cae sentado sobre la verdad. Es para morirse de risa. Y si las
diste el rey de copas; dije que estabas cansado y que yo mismo iba a sacar el cuarto naipe, el rey
cosas estuvieran para chistes, me reiría hasta reventar. Qué vieja mal nacida, realmente. Y
de copas. Saqué el cuatro de copas, que tiene estas pintitas negras.
pensar que antes del planchazo yo no la odiaba, al contrario, hasta le había tomado una especie
»Abenjaldún hizo lo mismo. Te dijo que buscaras el druso número 1, vos le trajiste el número 2;
de cariño.
te dijo que trajeras el 2, vos le trajiste el 3; te dijo que trajeras el 3, vos le trajiste el 4; te dijo que
Vea, Castillo, yo no soy peor ni mejor que el resto de los seres humanos. Estoy empleado en la
iba a buscar el 4 y trajo el 1. El 1 era Ibrahim, su amigo íntimo. Abenjaldún podía reconocerlo
Biblioteca Mariano Boedo, no me emborracho, vivo en una pensión, soy honrado. O era
entre muchos… Esto les pasa a los que se meten con extranjeros. Vos mismo me dijiste que los
honrado. Porque para ser absolutamente honrado es imprescindible ser pobre, y ahora ya no
drusos son una gente muy cerrada. Decías bien, y el más cerrado de todos era Abenjaldún, el
soy pobre. No vaya a creer que maté a la vieja por plata, no. El mío era un crimen puro, la plata
decano[1] de la colectividad. A los otros les bastaba desairar a un criollo; él quiso tomarlo para
vino sola. Y entonces comprendí que Dios me castigaba. Porque a nadie le pagan por algo que
risa. Te dijo que fueras un domingo y vos mismo me dijiste que el viernes era el día de sus
está bien hecho. Tío Obdulio decía: «Desconfiá hasta de los que se sacan la lotería, los
misas; para que estuvieras nervioso, te hizo tres días a puro té y Almanaque Bristol; encima te
ciudadanos honestos ni siquiera ganan en las rifas; por otra parte, tampoco las compran». Y
hizo caminar no sé cuántas cuadras; te largó a una función de drusos ensabanados y, como si el
agregaba: «Y si a pesar de ser honestos pudieran sacarse la lotería, a la semana dejarían de
miedo fuera poco para confundirte, inventó el asunto de las figuras del almanaque. El hombre
serlo». No sé si está mal que yo lo diga, pero tío Obdulio era un tipo extraordinario, un pensador.
estaba de bromas; todavía no había revisado (ni revisaría nunca) los libros de contabilidad de
Yo no. Ya le he dicho, yo soy igual a casi todo el mundo, y hasta poseo una cualidad ordinaria y
Izedín; de esos libros hablaban cuando vos entraste; vos creíste que hablaban de novelitas y de
esencialmente humana que, bien aplicada, es la que hace avanzar a las civilizaciones: pienso
versos. Quién sabe qué manejos había hecho el tesorero; lo cierto es que mató a Abenjaldún y
_______________________________________________________________________________________________ poco. Pero cuando una idea se me mete entre ceja y ceja, no paró hasta verla realizada.
_______________________________________________________________________________________________
[44] Tembloroso. [45] Incapaz, que no comprende.
[45] Jefe. p. 15
Y una tarde se me ocurrió matar a la vieja. Pero, no. Antes se me ocurrió algo más abstracto, —Era un primo, tenía una carta del descuartizado en una lata.
más (digamos) metafísico. Cometer el crimen perfecto. En esto también me parezco a todo el
mundo. No quise oír más. Era lógico. Todos los crímenes se descubren por lo mismo: el nexo. Mientras
Porque es cierto, yo quisiera saber quién, y no hablo de pistoleros profesionales, maridos subía la escalera escuché la voz de la viuda, juro que apesadumbrada.
adúlteros o herederos impacientes, sino de tipos
comunes, buenos padres, filatelistas [46] de puntual intestino, viejitos que tocan el violoncello —Al final, siempre caen.
en la Filarmónica Municipal, quién no ha soñado alguna vez su crimen perfecto. No es necesario
ser un afligido lector de novelas policiales (yo no lo soy, yo he leído a Epicteto [47] en mi mesita Ya en mi pieza comencé a meditar en las últimas palabras de la portera. Mejor dicho, comencé a
de la Biblioteca Mariano Boedo, he leído a Pascal [48] ), matar con impunidad, simplemente se meditar cuando al ir a buscar un martillo debajo del ropero (ahora no recuerdo para qué quería
piensa. En general, la gente piensa muchas más cosas de las que se atreve a realizar, e infinitas el martillo ni por qué estaba debajo del ropero) encontré la llave. Era una llave antigua,
más de las que acepta confesarse. Sin ir más lejos, mi portera. Es una gorda buenaza, demócrata, herrumbrada. Tal vez fue una premonición; el hecho es que empecé a pensar.
viuda, tiene un San Cayetano con una espiguita de trigo envuelta en celofán, clavado con una Pensaba que, en general, lo que entendemos por crímenes perfectos son asesinatos
chinche en su puerta. Y, sin embargo (lo escribo no para calumniarla, sino por estar complicadísimos, raros, intelectuales. Es notable que la sagacidad del asesino sea superada en
estrechamente vinculado con mi tragedia), escucha los informativos de las radios uruguayas, todos los casos por la mediocre inteligencia policial (tío Obdulio afirmaba que ningún policía
lee, con fervor, las noticias policiales de Crónica . No quiero postular con esto que el género puede ser inteligente, ya que los hombres inteligentes no entran en la Policía), y yo atribuía esta
humano sea inapelablemente sádico, pero me atrevería a afirmar que posee un substratum eficacia al número de vigilantes, a la dactiloscopia [50] , a las torturas y al método. Pero descubrí
demoníaco, un sedimento maligno que, en condiciones favorables, da por resultado actividades que había algo más importante. El nexo. Era elemental, pero todos los descubrimientos son
como el fascismo, la Sociedad de Beneficencia [49] o los gobiernos. elementales.
Lo que quiero decir es que, en mí, lo humano tomó formas de asesinato. La portera tuvo mucho Si uno pudiese imaginar un asesino sin relación alguna con la víctima, habría imaginado el
que ver con esto. Sin proponérselo, me sugirió la idea. crimen perfecto. Por otra parte, yo conozco crímenes insolubles. En general son oscuros,
Un jueves, alrededor de las ocho de la noche, hora en que sé volver de la Biblioteca (me acuerdo brutales, no tienen ningún ingrediente bello en su factura [51] atropellada; asesinatos guarangos
de que fue un jueves, porque los jueves cortan la luz en Boedo de las siete a las ocho), la viuda [52], puñaladas a la marchanta [53] que se olvidan al cabo de los años, linyeras mutilados junto
me para en portería. ¿Se enteró?, me dice, apuntándome la barriga con la [Link] edición de Crónica a una vía o en un zanjón. No es lo mismo, ya sé, pero sirve para no tomarse muy en serio la
. Y ahí no más me relata todos los detalles de un descuartizamiento espectacular. infalibilidad de la Justicia.
El misterio aparente del asunto me fascinó. Durante esa semana, la viuda y yo seguimos con He hablado de la llave; ahora voy a decir por qué.
toda perversidad la espantosa relación del periodista. Una noche, al pasar por la portería y La casa en que vivo, la pensión en que viví hasta anoche, no fue proyectada precisamente por
preguntarle qué tal andaba la cosa, ella, más bien abatida, me contestó: Le Corbusier [54]. Tiene dos pisos; en cada piso, tres alas. En cada ala, hay dos departamentos. O
mejor, un solo y gran departamento de dos piezas que el dueño alquila por separado y que se
—Agarraron al asesino: declaró. Lo habrán torturado. comunican entre sí por una puerta. Esto ocurre en muchas pensiones. En todos los casos, contra
la puerta divisoria se apoya un mueble (un ropero inevitable), y, en todos los casos, la llave de
—Claro —dije—. Pero ¿cómo lo descubrieron? esa puerta se ha perdido.
_______________________________________________________________________________________________ Yo encontré esa llave. Y la guardé, porque sí. No podía saber que iba a desempeñar un rol impor
[46] Un aficionado por coleccionar y clasificar sellos, sobres y otros documentos postales, así como estudiar la _______________________________________________________________________________________________
historia postal [50] Sistema de identificación mediante la comparación de las huellas digitales.
[47] Filósofo griego, de la escuela estoica [51] En su forma.
[48] Matemático francés. [52] Maleducados.
[49] La Sociedad de la Beneficencia (también conocida como Sociedad de Damas de Beneficencia) fue una [53] Sin preparación, desprolija.
institución creada por Bernardino Rivadavia en 1823. Este organismo se encargaba de la atención a los pobres. [54] Gran exponente de la arquitectura moderna. Nacido en Suiza.
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tantísimo en mi vida. No podía saberlo porque la vieja todavía no vivía en la pieza de al lado. reducido por los jíbaros [58] — hubiera sido un asesinato útil a la humanidad, incómodo
Ella llegó hace apenas tres meses. Era una mujer encantadora, chiquita, muy simpática y más moralismo que complica al crimen con la caridad cristiana, lo contamina. Y yo he leído a
bien estrafalaria [55]. Tenía (lo sé por Crónica ) setenta y tres años. Usaba diminutos sombreros Flaubert [59], Castillo. Yo soy partidario de la santa inutilidad de la belleza.
con florcitas. Su aspecto era, exactamente, el de una vieja señorita humilde y digna y algo Entonces llegó la vieja.
mamarracho. Desde su llegada, y durante los tres meses que precedieron al planchazo, fuimos Nuestro primer encuentro, naturalmente, se produjo en la escalera. Ella, al verme, quedó como
los mejores amigos del mundo. petrificada de asombro. Oh, dijo.
Para esa época, Castillo, yo ya había decidido cometer un crimen. Sólo me hacía falta algo que La miré perplejo y la mujer se explicó: yo me parecía tanto a alguien. Después supe que le
consideraba y aún considero secundario: la víctima. Al principio calculé que cualquier recordaba a un remoto y único amor de hacía cuarenta años.
desconocido, cualquier solitario Trasnochador que recorriera cualquier arbolado barrio de Sí, ya sé. Mentes más tenebrosas que la mía estarán sospechando que la vieja era mi anciana
Buenos Aires, podía servirme. Lo principal era que yo no tuviese ningún motivo para matarlo. madre, que yo me volví loco después del matricidio. No. Lo siento en el alma, pero no fue así. El
La cosa era cometer un asesinato tan absurdo como para ser igualmente sospechoso que el parecido, como todo lo demás, para mi desdicha, resultó pura contingencia, una casualidad, o
resto de los cuatro mil millones de habitantes del planeta. como quiera que se llame esta especie de martillo de Dios que cayó sobre mi cabeza. Como
Una sola idea me repugnaba: no conocer, apriori , al finado. Confieso que me complacía comentario al margen, diré que siempre he ejercido una rara atracción sobre las viejas señoritas.
bastante imaginar la sorpresa póstuma del desprevenido compatriota al que le preguntaría, Algo en mi cara les despierta vagas nostalgias maternales. Y a lo mejor nomás la vieja se
supongamos: enamoró de mí; tal vez, tuvo la culpa el parecido. No sé.
En fin, confieso que desde la primera semana pensé en matarla. Era una víctima perfecta.
—Perdón, ¿usted no es el cuñado del martillero Pascuzzo? Estando, como estaba, tan a mano, me eximía [60] de una nocturna recorrida suburbana,
siempre siniestra y peligrosa. Y lo que era mejor: yo, relativamente, la conocía. Quiero decir que
—No, don. Está confundido. sus hábitos, las chucherías [61] con que a veces se adornaba en mi homenaje —unas piedras de
color tan desmesuradas que no podían tener más valor que esos vidrios a los que el vulgo [62]
—No importa, es lo mismo. llama culo de sifón—, su misma dignidad, me demostraban de lejos que no tenía dónde caerse
muerta (es una metáfora), y descartaban toda posibilidad de que yo, conociéndola, la matase
Sorpresa, digo, o histeria. O quizá locura. Porque no es insensato suponer que un hombre, en para robarle. En definitiva: no tenía motivos.
tales circunstancias, antes de morir se vuelve loco. Pero atención. Esto no era suficiente. Yo debía actuar como si los tuviera, fingir un asesino
Ya he dicho, sin embargo, que esto no resultaba de mi gusto. (La ética puede valerse de lo plausible [63]: eliminar toda posibilidad en mi contra. Porque algo se presentaba muy claro a mi
casual; desconocer totalmente al muerto, implica un riesgo: que el hombre, de algún modo, espíritu: si ninguno de los habitantes del planeta tenía razones para matarla, también se sigue
merezca ser asesinado). Pensé también pegarle un tiro al dueño de la pensión, siempre he sido que cualquiera pudo haberlo hecho. Y no era cosa que ese cualquiera fuese yo.
algo romántico; pero el nexo era demasiado explícito. Los diez o doce desdichados que Por lo general, los pistoleros —o su consecuencia deplorable, los novelistas policiales— se
ocupamos el feudo [56] de este miserable gallego teníamos excelentes razones para hacer lo devanan los sesos tratando de prever, con maniática minuciosidad, todos los problemas que aca
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mismo. Y yo no podía limitar a un número tan ridículo el número de sospechosos. Por otra [58] Tribu de la selva amazónica que tenían fama por un ritual consistía en reducir las cabezas humanas hasta que
parte, acaso lamás importante, ajusticiar al gallego —una especie de Carlos el Hechizado [57] re alcanzaran el tamaño aproximado de una naranja. Posteriormente se momificaban y eran conservadas como trofeos
_______________________________________________________________________________________________ de guerra o talismanes en poder de los líderes tribales. Deben su nombre a los conquistadores españoles
[55] Que llama la atención por su extraña apariencia o extravagante forma de pensar y actuar.. [59] Escritor francés, quien consideraba que la belleza estaba hecha de cosas insignificantes que solo servían para la
[56] Territorio. felicidad del espíritu.
[57] Se refiere al rey Carlos II de España, que se desempeño en ese país entre 1665 y 1700. Logró mantener intacto el [60] Liberarse de algo.
imperio frente al poderío francés de Luis XIV, consiguió una de las mayores deflaciones de la historia, el aumento del [61] Cosa de poca importancia, pero pulida y delicada.
poder adquisitivo en sus reinos, la recuperación de las arcas públicas, el fin del hambre y la paz. Por este motivo se le [62] Gente común y corriente.
dio el apodo de "el hechizado". [63] Que es digno de ser aplaudido o elogiado.
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acarrea un buen homicidio. Yo también lo hice. Pensaba, por ejemplo, de qué manera entrar en Inmediatamente me enteré de que había acabado de morir no sé cuál concuñada de Lanús, que
el cuarto de la viejita, asesinarla, y, a pesar del previsible zafarrancho [64], salir y hacer de Dora la modista se había ido aquella mañana a Berazategui y que, por eso, me estaba esperando
cuenta que jamás estuve allí. ¿Por la mañana? Imposible. Nada en el mundo, ni el crimen, es para que yo la acompañara al velorio. Soy tímido, no sé negarme. Dije:
capaz de sacarme de la cama antes del mediodía. ¿Por la tarde? Inverosímil. Hubiera tenido que
faltar a la Biblioteca (justamente el día que se comete un asesinato en mi casa), o retirarme —Espéreme un minuto; subo a buscar el impermeable y vamos.
antes de hora, pero a menos que regresara por el baldío del fondo y trepara, en plena siesta, por
la ventana, nunca escaparía a la estricta vigilancia de la modista o de la viuda, apostada una tras En mitad de la escalera me quedé tieso. «Espéreme un minuto». ¡Un minuto! Y entonces tuve la
la persiana de su pieza, y, la otra, tejiendo en portería o conversando con el frutero en la puerta repentina inspiración que precede a las obras del genio. Me dije: es ahora. Y enfilé directamente
de calle. ¿Matarla de noche? Parecía más razonable, pero cómo evitar la suspicacia de un hacia el cuarto de la vieja.
polizonte [65] que preguntara con ferocidad:
—Buenas noches, hijo.
—Entre la una y las dos de la madrugada, ¿no oyó ningún ruido sospechoso en su piso?
—Buenas noches, doña Eulalia. ¿Puedo pasar?
Entonces recordé una frase histórica. En mitad de la noche, como una revelación, me vino a la
memoria: «Ni un minuto antes, ni un minuto después» [66] . Entiendo, sí, más de uno podrá Creo que le pedí una aspirina. Ella, antes de ir a buscármela, ocultó con cierto apremio unas
preguntarse por qué evoco justamente un gobierno de facto, habiendo presidentes ropas con puntillas que estaba planchando. Es curioso, yo nunca había pensado que las viejitas
constitucionales que han dicho cosas mucho más bonitas o incluso sospecharán que recibo usaran ropa interior; quiero decir, me las imaginaba con especies de grandes calzoncillos, no
instrucciones, Dios sabe de dónde, para deslizar alegorías castrenses [67] complicándolas con sé, y de cualquier modo no hace a la cuestión. Ella sonrió. Me dio la espalda y se puso a
meros homicidios vecinales. Pero ¿qué puedo hacer si lo pensé? Siempre me ha asombrado, hurguetear en una cajita. Yo levanté la plancha [69]. Pero de inmediato volví a dejarla en su
dicho sea al pasar, la velocidad con que en nuestras democracias occidentales se relaciona a sitio: se me había ocurrido una idea desagradable.
Moscú con todo. «Ni un minuto antes, ni un minuto después» significaba: en el momento
exacto. O, lo que para mí era lo mismo, en cualquier momento. Soy autodidacto, Castillo: tengo —¿Sabe lo del velorio? —pregunté.
mis lagunas, pero también tengo mis lecturas. Heidegger (y antes Shakespeare, en Macbeth , y
antes los filósofos presocráticos, sin mencionar lo que opina Dios sobre este tópico), Heidegger —No —dijo—. Qué velorio.
sostuvo que hay que estar preparado para morir así, de golpe.
Bueno, si este consejo es aplicable a la propia muerte, ¿por qué no aplicarlo a la de los demás? —Quiero decir, si esta tarde habló para algo con la portera. O con alguien —mi voz debió de ser
Ése fue mi segundo descubrimiento. Y esperé. El azar se encargaría de calcular por mí. rara, porque ella se dio vuelta y me miró.
El jueves 21 tronaba espantosamente. Salí de la Biblioteca a las siete de la tarde, como de
costumbre. Los jueves, ya lo he dicho, cortan la luz en la zona que corresponde a Boedo, por eso —No, con nadie. Pero a usted le brillan los ojos, hijo, usted lo que tiene es fiebre.
me demoré en el Café de los Japoneses hasta las ocho. Cinco minutos después, vestida de
riguroso luto y cubierta con un abominable capelo [68], la portera, llorosa y trémula, me detuvo No recuerdo qué dije. Lo único que me faltaba averiguar ya estaba. Nadie podría jurar que la
en la puerta de la pensión. vieja no había muerto, por ejemplo, una hora antes de mi subida. Porque hubiera sido
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desastroso, pongamos, que la viuda comentara: «Pero, si un momentito antes de salir yo estuve
[64] Destrozo, lío.
con ella». Entonces dije oía, y me tapé la boca con la punta de los dedos:
[65] Agente de policía.
[66] Frase atribuida al general Aramburu mientras planeaba el golpe que derrocó a Perón en 1955.
[67] Imágenes simbólicas que representan cosas militares. —Fíjese, vea lo que tiene esta plancha.
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[68] Sombrero. [69] Se refiere a la plancha para la ropa, que en esos momentos eran elementos pesados.
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La vieja bajó la cabeza. que por lo menos diez japoneses podrían jurar sobre el Evangelio de Budha [73] que yo estaba
Con su Yale [70] cerré la puerta por fuera y entré en mi pieza. La viuda y su sombrero me tomando un express [74].
esperaban al pie de la escalera. Yo bajaba con el impermeable puesto. Habrían pasado tres Por fin en mi pieza, cerré con llave la puerta intermedia, corrí el ropero, me acosté y comencé a
minutos. soñar que Edgar Poe me hacía un sitio en el Hall of Fame [75].
En seguida, empezó a llover. A la mañana siguiente tiré el collar en la trituradora de una obra en construcción. El relojito
Esa madrugada, al regresar, yo estaba triste. Recuerdo haber llorado mucho en el velorio de la dorado y la llave se hundieron fétidamente en la prestigiosa asquerosidad del Riachuelo.
concuñada de Lanús; recuerdo que alguien preguntó: ¿Debo contar el espectáculo que presencié esa noche, cuando volví a la pensión? La viuda gemía
perseguida por la Muerte, gritaba que ayer su comadre, que hoy doña Eulalia, se preguntaba qué
—¿Pariente de la finadita? Le dijeron que no. sería de nosotros. La modista, sutilmente, proponía a unas peripuestas [76] amistades de la
extinta no sé qué precios módicos para vestidos de luto. Y entonces reparé en que eran
—Debe ser un muchacho impresionable. demasiadas amistades. Y demasiado peripuestas.

Ya en mi cuarto, corrí el ropero con todo sigilo. Estaba mirando la antigua cerradura cuando se BÁRBARO ASESINATO DE UNA
me paralizó el corazón: yo nunca había probado si la llave era realmente de esa puerta. Pero no MULTIMILLONARIA EXCÉNTRICA
agreguemos falsos suspensos; la llave funcionaba perfectamente. De modo que abrí. Es claro
que yo no podía entrar por la puerta del pasillo, pues, al salir, me hubiese vuelto a quedar con la Ése era el título que, en tipografía de catástrofe, traía Crónica en su [Link] edición. Estaba leyendo
Yale de la vieja. Y lo que yo quería era un asesino que entrara y saliera por la ventana. Otra de que el asesino había sustraído un collar valuado en ochenta y cinco millones, cuando me
las cosas que quería era que el canalla hubiese estado mucho tiempo allí. desmayé.
Comencé a revolver cajones. Guardaba en los bolsillos todas aquellas pavadas que pudieran Un hombre muy feo, de nariz chata y descomunales y pesadísimos puños, eso, fue lo primero
tener algún valor, el antedicho collar de grandes piedras, unos pesos, un relojito dorado. En el que vi al despertar. Pero lo de los puños es una experiencia posterior. El simio se presentó:
más absoluto silencio, desparramé por todas partes sillas, misales, sombreritos. Quizá tardé
horas. Consideré de bastante buen efecto aquel desbarajuste y recordé a tío Obdulio. «El —Soy el inspector Debussy.
artista», decía, «crea con el atropellado corazón de Dionisos, pero su cabeza corrige con la
serena frialdad de Apolo» [65]. Perfeccioné algún detalle. El cuarto quedó como si hubiese —Tanto gusto.
galopado dentro la sombra de Gengis Kan [71].
Dejé la Yale en el tambor de la puerta, abrí la ventana y, no sin echar una última mirada de —Anoche usted subió a buscar un piloto a las ocho y cinco, más o menos, ¿verdad?.
conmiseración [72] al cadáver, volví a mi habitación. Había puesto en su lugar el ropero, cuando
casi grito. —Verdad.
El reloj eléctrico. _______________________________________________________________________________________________
También dormitaba Homero, qué verdad. Con el envión del planchazo, no sólo se habría [73] La influencia del budismo en Japón se ve reflejada en muchos aspectos de su sociedad a lo largo de la historia;
desenchufado la plancha sino el triple con todo lo que tuviese conectado. Y, lógicamente, el desde su cultura, arte y arquitectura, pasando por su sistema de valores, su filosofía y su espiritualidad llegando a
forjar su carácter.
reloj estaría detenido a la hora exacta del crimen. Volví y lo atrasé cuarenta minutos, hora en
_______________________________________________________________________________________________ [74] Se refiere al café expreso, una forma de preparación de café originada en Italia.​Debe su término a la obtención
[70] Marca de una llave que se utiliza para un mecanismo de cerradura especial. de esta bebida a través de una cafetera expreso.​Se caracteriza por su rápida preparación a una alta presión y por un
[71] Dos dioses de la mitologría griega que representan polos opuestos en relación con el modelo de vida que nos sabor y textura más concentrados.
proponen. Dioniso simboliza lo irracional y terrenal, mientras que Apolo lo racional y la divinidad. [75] Salón de la fama en español. Lugares dedicados a celebridades famosas en distintos rubros. Aquí se refiere a
[72] Guerrero y conquistador mongol conocido por su habilidad como jinete. Poe, el padre del género policial.
[76] Demasiado bien vestidas para la ocasión.
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—¿No oyó ningún ruido extraño en el cuarto de al lado? me permite el tropos [79]. Murió a las ocho y cinco, y basta. Ya había corriente: la mujer estaba
por planchar o planchando, y nadie hace caminar una plancha eléctrica sin corriente. Je, je.
—No.
—Pero ¿y por qué tenía que ser a las ocho y cinco, y no a las ocho y diez, o y cuarto? —dije yo—.
—¿No? ¿Eh? Por qué, vamos a ver.

—No. —Porque si hubiera sido después de las ocho y cinco, el asesino nunca habría podido entrar por
la ventana, como parecen demostrarlo los hechos.
—Curioso. Porque justamente a las ocho y cinco estaban matando escandalosamente a su
vecina. —No lo sigo —dije, con una especie de pavor premonitorio.

Era demasiado. Una trituradora había pulverizado ochenta y cincomillones de pesos y un —A las ocho y diez empezó a llover. Si la mujer hubiera estado viva después de las ocho y cinco,
policía, con unos puños que amenazaban pulverizarme a mí, demostraba, a pesar de tío ¿no habría cerrado la ventana? Sin embargo, no la cerró. No podía cerrarla. Los muertos no
Obdulio, ser inteligente. andan por ahí, cerrando ventanas.
Él agregó:
Fantástico: el protohombre había deducido matemáticamente la hora exacta partiendo de un
—El asesino pensó despistarnos atrasando el reloj. Je, je. Pero el asesino —Debussy recalcaba hecho que nunca ocurrió, porque nadie había entrado jamás por esa ventana. Casi se lo digo.
esta palabra y me miraba con brillantes ojitos maniáticos— olvidó un detalle.
—¿Y entonces? —pregunté.
—No me diga.
Se inclinó hacia mí con una mano sobre el corazón.
—Le digo. Olvidó que el reloj eléctrico no podía estar parado a las siete y veinticinco.
—Ah, no sé —confesó, bajando la voz—. La verdad, no entiendo nada.
—¿No?
Tío Obdulio tenía razón. El hombre (es un decir) no se explicaba la ausencia de ruidos, pero
Puse mi cara más imbécil, pero el antropoide [77] tenía razón. mucho menos podía explicarse que, si yo había asesinado a la vieja cuando subí a buscar el
piloto, hubiese podido entrar y salir por dos ventanas, caminar ida y vuelta por una cornisa,
—No. Porque a esa hora la luz estaba cortada. Así que el crimen no pudo ocurrir sino después de hacer todo ese escándalo de muebles volcados y sillas por el piso, y volver a bajar con el
las ocho, o antes de las siete. Pero, de cinco a siete, el equipo infantil los Tigres de Boedo estuvo impermeable puesto, todo en menos de cinco minutos.
practicando fútbol en el campito del fondo. Edad promedio, ocho años. Interrogamos a todo el
equipo, nadie la mató. Por otra parte, a las siete menos cuarto, uno de los Tigres desvió un Dije con lógica:
fuerte shot, el esférico entró por la ventana de la víctima, y ella le devolvió la pelota de goma al
golquiper [78] Pancita Belpoliti, aunque amenazándolo con una percha, gesto que demuestra —Lo del reloj demuestra que el asesino no es del barrio. De lo contrario, sabría que los jueves
cierra ambigüedad de carácter pero que no puede realizarse desde el Reino de las Sombras, si se cortan la luz hasta las ocho.
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[77] Dicho de un animal, y especialmente de un mono antropomorfo que se asemeja físicamente a un ser humano. [79] Tropos es sentido figurado. El Reino de las Sombras sería un lugar oscuro como el infierno.
[78] Arquero. Shot es un pelotazo.
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El entierro fue imponente: daba gusto. Ahora, al saber que la vieja había sido multimillonaria,
no tenía tantos remordimientos. Sin embargo, la sola evocación del collar me hacía sentir "JAQUE MATE EN DOS JUGADAS" (1994)
enfermo.
Tal vez fue por eso que el martes pasado, cuando la portera me dijo un viscoso buenas tardes,
Isaac Aisemberg
señor, en vez del cotidiano cómo va eso, don Cacho, no sospeché nada. Y tal vez por eso, cuando
agregó lo que agregó, volví a desmayarme.
Al despertar, esta vez en el Departamento de Policía, el inspector estaba repitiendo, pero en otro Yo lo envenené. En dos horas quedaba liberado. Dejé a mi tío Néstor a las veintidós. Lo hice con
tono, las fatídicas [80] palabras de mi portera. alegría. Me ardían las mejillas. Me quemaban los labios. Luego me serené y eché a caminar
tranquilamente por la avenida en dirección al puerto.
—Así que multimillonario, ¿no? Heredero universal, ¿no? Lo felicito, mi amigo. Me imagino que Me sentía contento. Liberado. Hasta Guillermo resultaba socio beneficiario en el asunto. ¡Pobre
ya lo sabía, je, je. Guillermo! ¡Tan tímido, tan mojigato! [81] Era evidente que yo debía pensar y obrar por ambos.
Siempre sucedió a sí. Desde el día en que nuestro tío nos llevó a su casa. Nos encontramos
Dije que sí y de pronto me sentí mortalmente cansado. Ya lo sabía. perdidos en el palacio. Era un lugar seco, sin amor. Únicamente el sonido metálico de las
monedas.
—Lógico que lo sabía —con dificultad silbó entre dientes, de una manera que debía parecerle
muy astuta pero que le daba un aire horrible, parecía el chimpancé del circo en la prueba más —Tenéis que acostumbraros al ahorro, a no malgastar. ¡Al fin y al cabo, algún día será vuestro! —
difícil de la noche—. Por eso la mató. bramaba. Y nos acostumbramos a esperarlo.

Yo me callé. Sí, comprendo: pude responder que no, que al decir «ya lo sabía» sólo quise Pero ese famoso y deseado día se postergaba, pese a que tío sufría del corazón. Y si de pequeños
significar que esta misma tarde acababa de enterarme. Pero, para qué. Cómo luchar contra nos tiranizó [82], cuando crecimos colmó la medida.
gente que descubre a un criminal y acierta la hora exacta de un asesinato en virtud de un
testamento que no tiene ninguna vinculación con el crimen, y de una ventana por la que no Guillermo se enamoró un buen día. A nuestro tío no le agradó la muchacha. No era lo que
entró nadie. Por otra parte, de inmediato comenzaron a funcionar los sobrenaturales puños del ambicionaba para su sobrino.
investigador. Y confesé. Quede constancia escrita de que fui torturado.
Lo merezco: ahora soy rico. Y tanta razón tenía tío Obdulio acerca de la deshonestidad de los —Le falta cuna..., le falta roce... ¡puaf! Es una ordinaria...—sentenció.
pudientes que estoy a punto de poner un abogado que proteste por apremios ilegales, pruebe
que yo ignoraba lo del testamento, soborne a alguien, y alegue locura temporaria y todo eso. Inútil fue que Guillermo se prodigara [83] en encontrarle méritos. El viejo era terco y
caprichoso.

Conmigo tenía otra suerte de problemas. Era un carácter contra otro. Se empeñó en doctorarme
en bioquímica. ¿Resultado? Un perito [84] en póquer y en carreras de caballos. Mi tío para esos
vicios no me daba ni un centavo. Debí exprimir la inventiva para birlarle [85] algún peso.
_______________________________________________________________________________________________
[81] Que se escandaliza con facilidad o muestra una moralidad exagerada.
[82] Abusó de su poder.
[83] Buscar generosamente méritos.
_______________________________________________________________________________________________
[84] Título en algo.
[80] Desgraciadas.
[85] Quitarle.
p. 21
Uno de los recursos era aguantarle sus interminables partidas de ajedrez; entonces cedía cuando El veneno surtía un efecto lento, a la hora, o más, según el sujeto. Hasta seis u ocho horas.
le aventajaba para darle ínfulas [86], pero él, en cambio, cuando estaba en posición favorable Justamente durante el sueño. El resultado: la apariencia de un pacífico ataque cardíaco, sin
alargaba el final, anotando las jugadas con displicencia [87], sabiendo de mi prisa por disparar al huellas comprometedoras. Lo que yo necesitaba. ¿Y quién sospecharía? El doctor Vega no
club. Gozaba con mi infortunio saboreando su coñac. tendría inconveniente en suscribir el certificado de defunción. No en balde [93] era el médico de
Un día me dijo con aire de perdonavidas [88]: cabecera. ¿Y si me descubrían? Imposible. Nadie me había visto entrar al gabinete de química.
Había comenzado con general beneplácito [94] a asistir a la Facultad desde varios meses atrás,
—Observo que te aplicas en el ajedrez. Eso me demuestra dos cosas: que eres inteligente y un con ese deliberado propósito. De verificarse el veneno faltante, jamás lo asociarían con la
perfecto holgazán [89]. Sin embargo, tu dedicación tendrá su premio. Soy justo. Pero eso sí, a muerte de Néstor Álvarez, fallecido de un síncope cardíaco [95]. ¡Encontrar unos miligramos de
falta de diplomas, de hoy en adelante tendré de ti bonitas anotaciones de las partidas. Sí, veneno en setenta y cinco kilos, imposible!
muchacho, llevaremos sendas libretas con las jugadas para cotejarlas [90]. ¿Qué te parece? Pero, ¿y Guillermo? Sí. Guillermo era un problema. Lo hallé en el hall después de preparar la
Aquello podría resultar un par de cientos de pesos, y acepté. Desde entonces, todas las noches, “encomienda” para el infierno. Descendía la escalera, preocupado.
la estadística. Estaba tan arraigada la manía en él, que en mi ausencia comentaba las partidas
con Julio, el mayordomo. —¿Qué te pasa? —le pregunté jovial, y le hubiera agregado de mil amores: “¡Si supieras, hombre!”.
Ahora todo había concluido. Cuando uno se encuentra en un callejón sin salida, el cerebro
trabaja, busca, rebusca, escarba. Y encuentra. Siempre hay salida para todo. No siempre es —¡Estoy harto! —me replicó.
buena. Pero es salida.
Llegaba a la Costanera. Era una noche húmeda. En el cielo nublado, alguna chispa eléctrica. El —¡Vamos! —le palmoteé la espalda—. Siempre estás dispuesto a la tragedia...
calorcillo mojaba las manos, resecaba la boca. En la esquina, un policía me encabritó [91] el
corazón. —Es que el viejo me enloquece. Últimamente, desde que volviste a la Facultad y le llevas la
El veneno, ¿cómo se llamaba? Aconitina [92]. Varias gotitas en el coñac mientras corriente en el ajedrez, se la toma conmigo. Y Matilde...
conversábamos. Mi tío esa noche estaba encantador. Me perdonó la partida.
—¿Qué sucede con Matilde?
—Haré un solitario—dijo—. Despaché a los sirvientes. ¡Hum! Quiero estar tranquilo. Después
leeré un buen libro. Algo que los jóvenes no entienden... Puedes irte. —Matilde me lanzó un ultimátum: o ella, o tío.

—Gracias, tío. Hoy realmente es... sábado. —Opta por ella. Es fácil elegir. Es lo que yo haría...

—Comprendo. —¿Y lo otro?

¡Demonios! El hombre comprendía. La clarividencia del condenado. Me miró desesperado. Con brillo demoníaco en las pupilas; pero el pobre tonto jamás buscaría el
_______________________________________________________________________________________________ medio de resolver su problema.
[86] Vanidad u orgullo que muestra una persona acerca de sus propios bienes, actos o cualidades.
[87] Actitud indiferente y de desagrado hacia algo o alguien.
[88] Fanfarrón, vanidoso. _______________________________________________________________________________________________
[89] Que no le gusta el esfuerzo. [93] En vano, que tiene una causa.
[90] Compararlas. [94] Aprobación o permiso.
[91] Provocó agitación. [95] Desmayo por insuficiencia en el funcionamiento del corazón.
[92] Sustancia tóxica y venenosa que se extrae de una planta denominada atónita.
p. 22
—Yo lo haría —siguió entre dientes— ; pero, ¿con qué viviríamos? Ya sabes cómoes el viejo... ya sería asesino.
Duro, implacable. ¡Me cortaría los víveres! Por primera vez pensé en el adjetivo sustantivándolo. Yo, sujeto, ¡asesino! Las rodillas me
flaquearon. Un rubor me azotó el cuello, subió a las mejillas, me quemó las orejas, martilló mis
—Tal vez las cosas se arreglen de otra manera... —insinué bromeando— ¡Quién te dice...! sienes. Las manos traspiraban. El frasquito de aconitina en el bolsillo llegó a pesarme una
tonelada. Busqué en los bolsillos rabiosamente hasta dar con él. Era un insignificante
—¡Bah!... —sus labios se curvaron con una mueca amarga—. No hay escapatoria. Pero yo hablaré cuentagotas y contenía la muerte; lo arrojé lejos.
con el viejo sátiro. ¿Dónde está ahora? Avenida de Mayo. Choqué con varios transeúntes. Pensarían en un beodo. Pero en lugar de
alcohol, sangre.
Me asusté. Si el veneno resultaba rápido... Al notar los primeros síntomas podría ser auxiliado Yo, asesino. Esto sería un secreto entre mi tío Néstor y mi conciencia. Un escozor dentro,
y... punzante. Recordé la descripción del tratadista [98]: “En la lengua, sensación de hormigueo y
embotamiento, que se inicia en el punto de contacto para extenderse a toda la lengua, a la cara y
—Está en la biblioteca —exclamé—, pero déjalo en paz. Acaba de jugar la partida de ajedrez, y a todo el cuerpo”.
despachó a la servidumbre. ¡El lobo quiere estar solo en la madriguera! Consuélate en un cine o Entré en un bar. Un tocadiscos atronaba con un viejo rag-time [99]. Un recuerdo que se
en un bar. despierta, vive un instante y muere como una falena. “En el esófago y en el estómago,
sensación de ardor intenso”. Millones. Billetes de mil, de quinientos, de cien.
Se encogió de hombros. Póquer. Carreras. Viajes... “Sensación de angustia, de muerte próxima, enfriamiento profundo
generalizado, trastornos sensoriales, debilidad muscular, contracturas, impotencia de los
—El lobo en la madriguera... —repitió. Pensó unos segundos y agregó, aliviado—: Lo veré en otro músculos”.
momento. Habría quedado solo. En el palacio. Con sus escaleras de mármol. Frente al tablero de ajedrez.
Allí el rey, y la dama, y la torre negra. Jaque mate.
—Después de todo...no te animarías, ¿verdad? —gruñí salvajemente. El mozo se aproximó. Debió sorprender mi mueca de extravío, mis músculos en tensión, listos
para saltar.
Me clavó la mirada. Por un momento centelleó [96], pero fue un relámpago. Miré el reloj: las
once y diez de la noche. —¿Señor?
Ya comenzaría a surtir efecto. Primero un leve malestar, nada más. Después un dolorcillo
agudo, pero nunca demasiado alarmante. Mi tío refunfuñaba una maldición para la cocinera. El —Un coñac...
pescado indigesto. ¡Qué poca cosa es todo! Debía de estar leyendo los diarios de la noche, los
últimos. Y después, el libro, como gran epílogo [97]. Sentía frío. —Un coñac...—repitió el mozo—. Bien, señor— y se alejó.
Las baldosas se estiraban en rombos. El río era una mancha sucia cerca del paredón. A lo lejos
luces verdes, rojas, blancas. Los automóviles se deslizaban chapoteando en el asfalto. Por la vidriera la caravana que pasa, la misma de siempre. El tictac del reloj cubría todos los
Decidí regresar, por temor a llamar la atención. Nuevamente por la avenida hacia Leandro N. rumores. Hasta los de mi corazón. La una. Bebí el coñac de un trago.
Alem. Por allí a Plaza de Mayo. El reloj me volvió a la realidad. Las once y treinta y seis. Si el “Como fenómeno circulatorio, hay alteración del pulso e hipotensión que se derivan de la acción
veneno era eficaz, ya estaría todo listo. Ya sería dueño de millones. Ya sería libre... Ya sería... sobre el órgano central, llegando, en su estado más avanzado, al síncope cardíaco...”. Eso es. El
_______________________________________________________________________________________________ síncope cardíaco. La válvula de escape.
[96] Despedir miradas intensas como centellas o rayos.
_______________________________________________________________________________________________
[97] Parte final de un discurso u obra. [98] Autor que escribe tratados. En este caso, describió los síntomas del enveneamiento.
[99] Melodía perteneciente a un género estadounidense precursor del jazz.
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A las dos y treinta de la mañana regresé a casa. Al principio no lo advertí. Hasta que me cerró el —Como usted disponga —accedí azorado [102].
paso. Era un agente de policía. Me asusté.
Lo seguí a la biblioteca vecina. Tras él se deslizaron suavemente dos acólitos [103].
—¿El señor Claudio Álvarez? El inspector Villegas me indicó un sillón y me sentó en otro. Encendió con parsimonia un
cigarrillo y con evidente grosería no me ofreció ninguno.
—Sí, señor... — respondí humildemente.
—Usted es el sobrino... Claudio —pareció que repetía una lección aprendida de memoria.
—Pase usted... —indicó, franqueándome la entrada.
—Sí, señor.
—¿Qué hace usted aquí? —me animé a farfullar [100].
—Pues bien: explíquenos qué hizo esta noche.
—Dentro tendrá la explicación —fue la respuesta, seca, torpona [101].
Yo también repetí una letanía [104].
En el hall, cerca de la escalera, varios individuos de uniforme se habían adueñado del palacio.
¿Guillermo? Guillermo no estaba presente. —Cenamos los tres, juntos como siempre. Guillermo se retiró a su habitación. Quedamos mi tío
Julio, el mayordomo, amarillo, espectral, trató de hablarme. Uno de los uniformados, canoso, y yo charlando un rato; pasamos a la biblioteca. Después jugamos nuestra habitual partida de
adusto, el jefe del grupo por lo visto, le selló los labios con un gesto. Avanzó hacia mí, y me ajedrez; me despedí de mi tío y salí. En el vestíbulo me topé con Guillermo que descendía por
inspeeccionó como a un cobayo. las escaleras rumbo a la calle. Cambiamos unas palabras y me fui.

—Usted es el mayor de los sobrinos, ¿verdad? —Y ahora regresa...

—Sí, señor...—murmuré. —Sí...

—Lamento decírselo, señor. Su tío ha muerto... asesinado— anunció mi interlocutor. La voz era —¿Y los criados?
calma, grave —. Yo soy el inspector Villegas, y estoy a cargo de la investigación. ¿Quiere
acompañarme a la otra sala? —Mi tío deseaba quedarse solo. Los despachó después de cenar. A veces le acometían estas y
otras manías.
—¡Dios mío! —articulé anonadado—. ¡Es inaudito!
—Lo que usted manifiesta concuerda en gran parte con la declaración del mayordomo. Cuando
Las palabras sonaron a huecas, hipócritas. (¡Ese dichoso veneno dejaba huellas! ¿Pero cómo... éste regresó, hizo un recorrido por el edificio. Notó la puerta de la biblioteca entornada y luz
cómo?) adentro. Entró. Allí halló a su tío frente a un tablero de ajedrez, muerto. La partida
interrumpida... De manera que jugaron la partidita, ¿eh?
—¿Puedo... puedo verlo? –pregunté.
Algo dentro de mí comenzó a botar como una pelota contra las paredes del frontón. Una sensa
—Por el momento, no. Además, quiero que me conteste algunas preguntas. _______________________________________________________________________________________________
_______________________________________________________________________________________________ [102] Atemorizado.
[100] Decir de manera apresurada. [103] Ayudantes.
[101] Un poco torpe. [104[ Lista o enumeración larga y monótona.
p. 24
ción de zozobra [104], de angustia, me recorría con la velocidad de un buscapiés [105]. En —¿Y? —repitió—. Usted fue el último que lo vio con vida. Y, además, muerto. El señor Álvarez no
cualquier momento estallaría la pólvora. ¡Los consabidos solitarios de mi tío! hizo anotación alguna esta vez, señor mío.

—Sí, señor...—admití. No sé por qué me puse de pie. Tieso. Elevé mis brazos, los estiré. Me estrujé las manos,
clavándome las uñas, y al final chillé con voz que no era la mía:
No podía desdecirme. Eso también se lo había dicho a Guillermo. Y probablemente Guillermo al
inspector Villegas. Porque mi hermano debía de estar en alguna parte. El sistema de la policía: —¡Basta! Si lo saben, ¿para qué lo preguntan? ¡Yo lo maté! ¡Yo lo maté! ¿Y qué hay? ¡Lo odiaba
aislarnos, dejarnos solos, inertes, indefensos, para pillarnos. con toda mi alma! ¡Estaba cansado de su despotismo! ¡Lo maté! ¡Lo maté!

—Tengo entendido que ustedes llevaban un registro de las jugadas. Para establecer los detalles El inspector no lo tomó tan a la tremenda.
en su orden, ¿quiere mostrarme su libretita de apuntes, señor Álvarez?
—¡Cielos! —dijo— . Se produjo más pronto de lo que yo esperaba. Ya que se le soltó la lengua,
Me hundía en el cieno [106]. ¿dónde está el revólver?

—¿Apuntes? —¿Qué revólver?

—Sí, hombre —el policía era implacable—, deseo verla como es de imaginar. Debo verificarlo El inspector Villegas no se inmutó. Respondió imperturbable:
todo, amigo; lo dicho y lo hecho por usted. Si jugaron como siempre...
—¡Vamos, no se haga el tonto ahora! ¡El revólver! ¿O ha olvidado que lo liquidó de un tiro? ¡Un
Comencé a tartamudear. tiro en la mitad del frontal, compañero! ¡Qué puntería!

—Es que... —Y después, de un tirón—: ¡Claro que jugamos como siempre!

Las lágrimas comenzaron a quemarme los ojos. Miedo. Un miedo espantoso. Como debió
sentirlo tío Néstor cuando aquella “sensación de angustia... de muerte próxima..., enfriamiento
profundo, genera lizado...”. Algo me taladraba el cráneo. Me empujaban. El silencio era absoluto,
pétreo [107]. Los otros también estaban callados. Dos ojos, seis ojos, ocho ojos, mil ojos. ¡Oh, qué
angustia!
Me tenían..., me tenían... Jugaban con mi desesperación... Se divertían con mi culpa...
De pronto, el inspector gruñó:

—¿Y?

Una sola letra, ¡pero tanto!


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[104] Inquietud.
[105] Cohete sin varilla que, encendido, corre por el suelo entre los pies de la gente.
[106] Lodo, barro.
[107] Que tiene dureza. p. 25
—Anoche me dio un mordisco por querer alimentarse afanosamente [115].
"EL BOTÓN DEL CALZONCILLO" (1918)
—Soñaría con que se lo daba a Ugarte en el cogote, sabiéndome distanciado del partido
Eustaquio Pellicer conservador. No te quepa duda de que el nene reúne todas las condiciones necesarias para
figurar entre los conspicuos [116].

Polidoro era un joven pálido, de ojos soñadores y labio caído, lo que no impedía exteriorizar un Polidoro fue creciendo bajo los mejores auspicios para la vanidad paterna, que todo lo
espíritu risueño, pues amaba el tango con corte [108], hacía juegos de palabras, tocaba el interpretaba en favor del purrete [117]. ¿Agarraba este un tintero o el tacho del engrudo para
acordeón (definido por todos los autores como el menos filosófico y enternecedor de los beber su contenido? Pues denunciaba sed de escribir o de pegar. ¿Metía su dedito por un ojo del
instrumentos) y prefería los periódicos festivos al Kempis y al Diario de Sesiones [109]. gato? Pues era para explorar su encéfalo con fines psicológicos. ¿Clavaba las tijeras en la pulpa
Sus padres, pobres, pero tucumanos, habían predicho, desde que vio la primera luz −que por del aya [118[? Pues no pretendía hacerla brincar de dolor, sino someterla a una prueba de
cierto fue la de una lámpara de kerosene, pues nació en la madrugada de un 8 de abril− que inmutabilidad estoica [119] para mejor calcular la fuerza de sus facultades volitivas [120]. Solo
Polidoro no venía al mundo para ser una simple expresión demográfica, sino para algo más un día flaqueó en su fe el papá de Polidoro, y fue aquel en que el maestro de primeras letras le
honroso, elevado y digno de la especie. dijo:

— ¿Te has fijado en el gesto que pone cuando le aplican la esponja del agua fría en la región —Señor, su nene, si no estoy muy equivocado, va a ser una mulita y perdone la comparación.
glútea? — observaba don Hildebrando, padre del recién nacido, a doña Efigenia, su consorte.
[110]. — ¿Qué dice usted? —repuso airadamente el progenitor del presunto irracional. —Lo que oye.
Llevo ya muy cerca de tres meses tratando de embutirle el abecedario, y aún estoy en la jota, de
— Sí — contestaba esta —, pero todos los niños se estremecen igual. la que no puedo hacerle pasar ni a cañonazos.

—No lo creas; los niños vulgares lloran, encogen las piernas y se revuelven en guarangas —Su abuelo fue aragonés y no tiene nada de particular que esa letra en que se ha empacado le
contorsiones, revelando un natural chúcaro [111] y una grosería ingénita [112]. El nuestro es abstraiga y ensimisme por ineluctables tendencias líricas y coreográficas [121].
sobrio en la protesta, moderado en el vagido y temperante [113] en el pataleo, lo que acusa un
sentido de la circunspección y de la urbanidad [114] que solo puede atribuirse a su precoz —Puede que sea así, pero es que además hace bolitas de papel con las hojas del silabario [122],
discernimiento. Obsérvale cuando mama: primero examina el recipiente lácteo, como si le dice cosas feas de mi señora madre, imita con la boca ruidos que no corresponden a esa parte
interesara conocer el mecanismo que encierra; después aplica los labios, suave y del cuerpo, y se come la tiza de los pizarrones.
parsimoniosamente, a la vivificadora canilla, y una vez en la tarea de la succión, el ritmo
pausado con que traga deja ver claramente que la angurria no se asocia a su instinto de —Todo eso es propio de los niños prescientes. La travesura infantil denota imaginación vivaz, rá
conservación, porque la considera como una falla del bebé correcto. _______________________________________________________________________________________________
_______________________________________________________________________________________________ [115] Con mucho esfuerzo.
[108] Corte es un momento clásico del baile de tango en el que se interrumpe la caminata para realizar alguna figura [116] Prestigiosos.
[109] El primero es un libro mitad del siglo XV que expone movimientos religiosos. El segundo, es la publicación [117] Niño de corta edad, término proveniente del lunfardo.
periódica de la oficial de la Honorable Cámara parlamentaria de la nación. [118] Fruta parecida a la granadina.
[110] Esposa. [119] De la fortaleza para no alterarse.
[111] Que es arisco, salvaje. [120] De su determinación y voluntad.
[112] Que es un comportamiento reflejo o genético. [121] Inevitable tendencia a ser movedizo y charlatán.
[113] En el llanto y moderado para patalear. [122] Texto destinado a la enseñanza inicial de la lectura.
[114] Con seriedad y buenos modales. [123] Adelantado al resto. p. 26
pido entendimiento y energías vitales de que carecen todos los retardados física y moralmente. neficio de un viudo al que atropelló una motocicleta cuando volvía de enterrar a su mujer,
sacándole de quicio una porción de huesos indispensables.
—Opino, señor, todo lo contrario, y tan firme es mi convicción de que estoy trabajando “al “Pero el éxito de la noche −se decía en dicho suelto− lo constituyó el joven Polidoro Mojarrita, a
cuete”, que desde ahora renuncio a insistir en que avance una sola letra de la jota, aunque me dé cuyo cargo estuvo el solo de acordeón que figuraba en el programa. Principalmente en las
usted mil pesos por cada una más que aprenda. piezas Manggia que t’escucho, A mí, con la piolita y Sácame l’alpargata, sácame, demostró una
sensibilidad tan melódica, puso tal riqueza de matices, desarrolló una técnica tan vigorosa y
Le preocupó mucho a don Hildebrando esta actitud resuelta del educador, evidentemente persuasiva, supo penetrar tan en lo hondo el corazón de la concurrencia, que algunos del
aterrado ante la perspectiva de desasnar [124] a Polidoro; pero no tardó en reaccionar y de auditorio, presas de una emoción irreprimible, prorrumpieron [135] en aclamaciones y vítores al
nuevo engreído con las extraordinarias dotes de su vástago [125], se transportaba a un futuro en artista, a sus papás y parientes más cercanos y a don Victorino de la Plaza [136], de quien se
que le veía ocupando la silla presidencial, ciñendo a sus sienes la mitra del arzobispo [126], sabe que es el principal estimulador de las singulares disposiciones musicales de Polidoro, pues
inventando una máquina para extraer aluminio del alcaucil, emulando a Salomón [127] o al serle presentado el novel concertista para que le tocase algo, tuvo ocasión de apreciar su
reduciendo a poroto a Hindenburg, Moreira [128] y demás peleadores famosos de la clase civil y extraordinaria soltura, tanto en el manejo de la tecla como en el del fuelle captador del aire, en
militar. que hincha y deshincha con ímpetus ora enérgicos, ora suaves, según que la sonoridad deba
Polidoro, no obstante, conjugaba a los doce años hacido por hecho, piensado por pensado y reproducir la imprecación [137] o el sollozo, el dulce lamento de la melancolía o el detonante
cuezco por cuezo, pero en cambio imitaba a la maravilla el gruñido del chancho, fumaba arrebato de la iracundia [138].”
expeliendo el humo por las narices y corría en cuatro pies con la agilidad de un “Botafogo” [129], —Este chicuelo −afírmase que declaró el ex vice en ejercicio− lo expresa todo neumáticamente
haciendo pensar a la gente que ya había encontrado la carrera más acomodada a sus aptitudes. [139], y en el primer acuerdo que celebre para tratar de asuntos notables o en que intervengan
No fue, sin embargo, la hípica [130] su verdadera vocación, pues cierto martes..., pero no notas, propondré que se le otorgue una beca para que siga estudiando el acordeón en cualquier
precipitemos los acontecimientos. academia poliacústica de Bulgaria o en el Murgatorio Imperial de Petrogrado. Cada vez más
Dos o tres años después de producirse fonéticamente como un digno sucedáneo [131] del cerdo, chocho con su hijo, don Hildebrando no veía en todas las paredes de la casa espacio bastante
Polidoro leía de corrido los títulos de los diarios, sumaba de memoria hasta diez, distinguía los para las coronas que los triunfos de Polidoro hacían inminentes, y había que oírle en el club, en
barómetros [132] de los relojes, se ondulaba el cabello con arte singular y sin otro auxilio que el la calle o en la botica [140] que frecuentaba por la noche para jugar al truco con el idóneo, el jefe
de una lapicera, hacía sus prístinos [133] balbuceos en el acordeón, con tan notorio dominio del del correo, un dentista de la localidad y algunas veces el juez de menores. —No me hablen de
armonioso artefacto, que al poco tiempo expresaba con él lo que quería, y aún repite su padre de Hileret —decía cuando se suscitaba alguna discusión sobre los adelantos de la industria
memoria el suelto que publicó El Susurro Social [134] con motivo del concierto organizado a be azucarera—. El más grande ingenio de esta provincia es el de mi Polidoro. Y si la conversación
_______________________________________________________________________________________________ recaía sobre el esprit, la agudeza o la chistosa elocución, tenía para su hijo frases como esta:
[124] Educar a una persona para que pierda su rudeza o tosquedad.
[125] Hijo. —Donde está Polidoro, boca abajo todo el mundo, aunque sea de Alta Gracia. Yo, cuando tengo
[126] Sombrero que es una insignia específica de los obispos para su uso dentro de los actos litúrgicos. el labio partido, tengo que huir del pebete [142], porque no puedo contener la carcajada y se me
[127] Salomón fue el tercer y último rey del antiguo Reino Unido de Israel. abre todo.
[128] Militar alemán y gaucho argentino destacados por sus destrezas en la milicia. _______________________________________________________________________________________________
[129] Botafogo (caballo) un purasangre de carreras, nacido en Argentina. [135] Pronunciar halagos.
[130] Que tiene relación con el deporte en el que se practica a caballo. [136] Ex vicepresidente de la Nación Argentina.
[131] Que tiene propiedades parecidas. [137] Insultos.
[132] Instrumentos que miden la presión atmosférica. [138] Propenso a la ira.
[133] Que se mantiene inalterado, puro, tal como era en su forma primera u original. [139] Que funciona con aire, como el fuelle del acordeón.
[134] Breves artículos de opinión, no firmados, en los que el periódico opina sobre temas que carecen de la [140] Farmacia en la que se juega de manera oculta a las apuestas.
trascendencia suficiente para dedicarles un editorial principal. [141] Lunfardo. Significa ingenio.
[142] Pibe, muchacho. p. 27
.
Cumplía los diecinueve años un martes del mes de abril (y aquí viene el acontecimiento que no quien a partir del instante en que terminó la última página de aquella afortunada obra con que
queríamos precipitar) cuando la caprichosa suerte, el irónico acaso, la burlona casualidad se estrenase como lector de libros, se entregó furiosamente a las crónicas policiales de los
quisieron poner en manos de Polidoro un libro, y que este fuera de Conan Doyle y que se diarios, sección informativa por la que nunca había demostrado el más pequeño interés, y que, a
titulara Aventuras de Sherlock Holmes. decir verdad, más bien aborrecía desde que por ella supo que en una cervecería frecuentada por
Por ese tiempo ya había logrado Polidoro leer bastante aprisa, porque renunciaba a toda alemanes fue seriamente lastimado en el apéndice nasal un joven catamarqueño, por el simple
puntuación que implicase soluciones de continuidad retardatarias, aunque ello atentase contra motivo de haber tocado La Marsellesa [150] en el acordeón, no explicándose Polidoro que, ni por
la buena construcción gramatical y el sentido de las oraciones. Así es que, en poco más de una razones de patriotismo, pudiera ser nadie acordeonófobo [151].
semana, ya se había embuchado íntegra la obra, verdaderamente revolucionaria para su
espíritu, porque determinó un cambio radical en todas sus modalidades. Dejó de tocar el —¿Ha venido El Orden? ¿Trajeron La Gaceta? [152] —preguntaba desde que las primeras
acordeón; contrajo el ceño en sombríos arrobos [143]; empezó a ver con displicencia [144] el claridades del astro naciente disipaban las negruras de la noche.
zapallo, su manjar favorito; se mostraba inquieto a todas horas, principalmente en las
nocturnas, y fue abandonando su cabello hasta el punto de no ondulárselo con artificio [145]. Y azorado, nervioso, intranquilo, caminaba del balcón a la puerta de calle y de esta al balcón, sin
Sus padres, muy especialmente don Hildebrando, se sintieron invadidos por la aprensión y la dar punto de reposo a sus remos inferiores [153], hasta que el repartidor venía con la anhelada
zozobra [146], no sabiendo a qué atribuir aquella súbita transformación de las aficiones, hoja.
costumbres y manera de ser de Polidoro. Nadie podía interrumpirle durante la lectura sin desafiar los más graves riesgos, lo que
determinaba una quietud y un silencio de tumba en toda la casa.
—Puede que sean los desequilibrios sintomáticos del genio —observaba don Hildebrando para A cada atracón de sucesos policiales sucedía un letargo [154] parecido al de las serpientes ahíta
mitigar la alarma y congoja de su mujer—. Dios sabe lo que estará maquinando ese cerebro asaz s [155] de alimento, durante el cual se le veía a Polidoro recogido en sí, con los ojos entornados,
[147] llameante y hervoroso. tironeándose del belfo [156], las piernas estiradas y la cabeza caída para atrás. De pronto se
incorporaba como impelido [157] por un resorte, extraía un lápiz del bolsillo del chaleco y una
—¿Estás seguro de que habrá comprendido bien todo lo que leyó en ese librote? —interrogaba la libreta del interior del saco, y, con los diarios ante los ojos, hacía anotaciones y algunas figuras
recelosa madre, más pesimista que su esposo en cuanto a las entendederas [148] del chico. geométricas, después de lo cual se entregaba a extraños menesteres [158] que ponían en
movimiento a todo el mundo. —¡A ver dónde hay una lupa! ¡Necesito un poco de cera! ¡Que me
—¡Cómo no voy a estarlo! No ha de ser más incomprensible que aquel manifiesto publicado traigan un compás! ¡Me urge un bigote postizo! ¡Búsquenme goma de borrar y una piel de
recientemente por el comité autonomista, y ya viste la facilidad con que descubrió que se conejo!
trataba de producir una escisión con los del grupo que sigue al doctor Lisandro de la Torre [149]. Aquella boca no cesaba de pedir cosas raras, mientras lo restante del cuerpo se movía en
Con el ensimismamiento, el desaliño, el desasosiego y la inapetencia, coincidió otra vertiginosas ambulaciones [159] revolviendo estantes, trasegando [160] ropas y abriendo
anormalidad que no pudo pasar desapercibida para los que observaban atentamente a Polidoro, cajones.
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[143] Placeres. [150] Himno de Francia.
[144] Descontento. [151] Que tiene fobia al acordeón.
[145] Con arte y habilidad. [152] Diarios de la época en la que venían por entregas, relatos policiales.
[146] Con temor e inquietud. [153] Sus piernas.
[147] Muy. [154] Adormecimiento.
[148] Entendimiento. [155] Que están llenas o saciadas de alimento.
[149] Fue un dirigente político, abogado y escritor argentino quien tenía una alianza con el Partido Autonomista de [156] Labio inferior.
Carbó. Enfrentó en soledad la corrupción y los negociados de la década infame, por lo que víctima de un atentado en [157] Impulsado.
plena sesión del Senado, donde el ministro Duhau lo amenazó públicamente. Minutos después, hubo disparos que [158] Ocupaciones o tareas importantes.
dieron de pleno en el senador Enzo Bordabehere, compañero de De la Torre. [159] Movimientos al caminar.
p. 28
[160] Revolver.
—Hildebrando, nuestro hijo ha perdido la chaveta [161] definitivamente —musitaba misia [162] No necesitó más Polidoro para orientar definitivamente su acción y sus aptitudes. Nada de
Efigenia, medio atorada por la aflicción. música con o sin fuelle. Él había nacido para detective como Sherlock Holmes, al que de fijo
eclipsaría en cuanto se lo propusiera, disponiendo de la perspicacia, astucia, sagacidad e
—No macanees [163], mujer. Cuando pide todo eso y aun busca algo más, será porque lo intrepidez que le dio Natura. —Esta es la mejor oportunidad para hacer mi debut —se dijo en
necesita. Bien agitada estuviste vos el otro día, yendo de aquí para allá y haciendo mil cuanto leyó el primer relato del suceso delictuoso [174], y, por su exclusiva cuenta y con
preguntas, incomprensibles para mí, y sin embargo no te supuse alienada sino urgida de algo, olímpico desdén por los trabajos policiales, se lanzó a la búsqueda del raspa [175].
que luego resultó ser el tarrito del ungüento contra los bichos colorados. La tarea se le presentó erizada [176] de dificultades, y el plan a seguir debía ser objeto de gran
Un lamentable acontecimiento social vino a constituir el tema de todos los comentarios y a meditación para que el olvido de un solo detalle no malograra el éxito de la pesquisa [177]... Lo
monopolizar el celo inquisitivo de los repórteres policiales, para quienes la tinta existente en primero que se procuró fue un plano de la casa en que se había efectuado el robo, con la exacta
Tucumán era poca si habían de escribir con la extensión reclamada por un suceso tan ubicación de los muebles en sus respectivas habitaciones, lo que es de suponer el ímprobo [178]
subyugante [164]... trabajo que le exigió y los disgustos que le acarrearía, pues las personas que le encontraban en el
Se trataba del robo de una pulsera que le había sido regalada a una señorita con motivo de su momento de aplicar la cinta métrica a un muro del zaguán, a una puerta o a una persiana,
enlace, habiéndose notado la substracción durante la fiesta con que se celebraba el casamiento trepado a las balaustres [179] del balcón, le creían llevado de malos fines, y hubo un lechero
en la casa de la novia, consistente en un baile amenizado con masas, sandwichs, refrescos y vasco que le agarró por las piernas y le hizo bajar a tirones, creyendo que trataba de apoderarse
licores finos. de unas cortinas.
La joya desaparecida, tasada en mil trescientos cincuenta y siete pesos por uno de los Considerándolo elemental, obtuvo una lista de los regalos hechos a los novios, que podían
circunstantes [165], se exhibía junto a los demás regalos, valiosos también algunos de ellos, dividirse en dos categorías: suntuosos [180] y prácticos. Entre los primeros figuraban, con la rica
sobre una consola [166] colocada en lugar preferente, ante la cual se habían oído muchas frases pulsera que se hizo humo, un anillo de oro representando una lagartija enroscada en sí misma
de admiración igualmente gratas para los obsequiantes que para los obsequiados. como para echarse a rodar; un par de aros de oro y brillantes de segunda agua, pero muy nitrada
La policía, como medida previa, había detenido a los sirvientes y a un caballero de [181]; un collar de ojos de merluza asiática engarzados en cobre, y un prendedor de platino en
pronunciación extranjera y bastante cargado de espaldas, que se hizo notar por sus reiteradas forma de un corazón hipertrofiado con perlas. Y entre los de segunda categoría: un bastón con
visitas a la consola y sus frecuentes acometidas a los sandwichs de anchoa y a las botellas de puño de fémur de ternera; una pieza de género de algodón con mezcla de hilo y otra del mismo
guindado [167]. Dijo ser viajante de una fábrica de escofinas [168] para las durezas de la género, pero sin hilo, sistema Marconi [182]; una cigarrera de piel de carancho; kilo y medio de
epidermis y haberle invitado a la recepción un canónigo [169] amigo del párroco que bendijo la papas en estuche, envase que justifica el alto precio a que hoy se vende este tubérculo; un
coyunda, con quien había hecho relación en Cacheuta [171] cuando estuvo en aquel frasco de Colonia pura, es decir, sin ruleta [182]; un molde para budines; un limpiatubos de
establecimiento termal para curarse de unos dolores agudos que empezó a sentir en la rabadilla carey; una imagen de San Francisco de Sales; un frasco también de sales; una letra a la vista por
[172] desde que se cayó de una escalera de mano al colgar un mosquitero.
_______________________________________________________________________________________________ la suma de $125,50 contra una casa de negocio de Tafí Viejo, y un reloj para mesa de luz, que da
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[161] Lunfardo. Perdió la razón. La chaveta es un clavo.
[173] La naturaleza. Se escribe con mayúscula porque refiere a Mater Natura en latín, que significa Madre Naturaleza.
[162] Triste.
[174] Delictivo, que quebranta la ley.
[163] Lunfardo. Mentir.
[175] Lunfardo. Ladrón o ratero.
[164] Que dominó la escena.
[176] Llena de espinas o dificultades.
[165] Que estaban alrededor.
[177] Averiguación o indagación.
[166] Mesa que se arriba a la pared.
[178] Intenso.
[167] Licor hecho a base de guindas.
[179] Columnas pequeñas que forman la barandilla del balcón.
[168] Limas para durezas de la piel.
[180] Costosos.
[169] Un cura amigo.
[181] Que pasaron por un proceso de pulido importante con nitrato de potasio, pero que no llegan a ser preciosas.
[170] La unión en matrimonio.
[182] Tipo de costura.
[171] Localidad en Mendoza donde hay aguas termales.
[183] Sin mezcla de otra cosa. p. 29
[172] En el trasero.
las horas, despierta con La Marianina [184], hace el café, corta el pan en rebanadas y lo manteca pales, escoba en ristre [195], varios canes nocherniegos [196] olfateadores de tachos con
después de tostarlo, lía y enciende un cigarrillo y lustra los botines. Esta lista de regalos fue basuras, y los vigilantes que, estratégicamente distribuidos, velaban por el orden y la seguridad
complementada con la de sus donantes, especificando profesiones, edades, estado civil y del vecindario. Era Polidoro el único ser humano que se mostraba con galerita a los más
económico, rango social, antecedentes de familia y cuanto pudiera convenir al más rápido y madrugadores.
seguro esclarecimiento del robo. Doblando a la derecha por la primera esquina, caminó tres cuadras, volviendo a doblar por otra
De tales elementos provisto, restábale a Polidoro examinar minuciosamente el terreno en que de las vías transversales, en la que le esperaba un episodio ingrato por todos conceptos, pues
operó el punguista [185], por si había dejado algún rastro, aunque solo fuera por llevar la había recorrido unas quince o veinte varas apenas, cuando un pichicho de los que husmeaban
contraria al conde de Luxburg, enemigo declarado de toda señal o vestigio que revele algún residuos comestibles, creyendo tendenciosa la rapidez de la marcha de Polidoro, porque no era
hecho execrable [186]. Pero, ¿cómo introducirse en aquel hogar tan desdichadamente el primer puntapié que había recibido de los que iban hacia él con igual paso, salió a su
inaugurado? Era, sin duda, la mayor de las dificultades que Polidoro necesitaba vencer, y a ello encuentro mostrándole los colmillos, y como viera que el bípedo transeúnte, lejos de aceptar la
consagró por entero su inventiva. provocación, abandonaba prudentemente la vereda, para esquivar el encuentro con su
Toda una noche se pasó exprimiendo el meollo [187] y mordiéndose el labio con que, a guisa adversario, no vaciló en írsele a las gambas y hacer presa en una de sus pantorrillas. Sin más
[188] de válvula de escape, acostumbraba desahogar sus impaciencias y nerviosidades, a lo que armas con qué defenderse que la lupa, la pinza y la caja de bombones, optó por dirigirse al
se debía que le tuviese gordo como el de un hotentote [189] y extraordinariamente caído. recipiente en que momentos antes metiera su hocico el animal, y extrayendo de él una costilla
Serían próximamente las 4.30 de la madrugada, cuando una sonrisa de satisfacción vino a de vacuno impúber [197], la arrojó contra la cabeza del pendenciero [198], con tan exacta
iluminar su rostro, anticipándose a Febo [190]. ¿Había encontrado la solución que perseguía? puntería, que el animalito, seriamente lesionado en la tapadera de los sesos, metió el rabo entre
Algo de eso debió ocurrir, porque raudo [191], como en todas las manifestaciones dinámicas de las piernas y disparó como lanzado por una catapulta.
su naturaleza impulsiva, se dirigió a una cómoda, sacó del primero de sus cajones una lente de No triunfó “de arriba”, sin embargo, el joven Polidoro, pues un ligero examen de la zona atacada
aumento con manija de jacarandá [192], un pañuelo de la nariz, una pinza, una linterna eléctrica comprobó una rasgadura en el pantalón y un desperfecto de carácter erosivo en la molla pernil
de bolsillo y una caja de bombones de chocolate, sujeta por una cinta con los colores de la [199].
bandera nacional. Después se encaminó al vestíbulo, tomó del perchero una galerita algo El término de la gira lo señaló un edificio de altos y de construcción moderna que se levantaba
longeva, pero a la que ningún Berisso [193] había roto las alas, y se precipitó por la escalera, entre otros dos más antiguos y de una sola planta. Correspondía al número 251 de la calle, que
llegando en tres brincos a la calle. por sumar ocho presagiaba los más felices resultados para su empresa, porque ocho era el día de
Empezaba a amanecer y eran fáciles de contar los transeúntes que circulaban a esas horas por su nacimiento, ocho los años que tenía cuando logró salir de la jota, ocho la fecha en que tocó
“El jardín de la República” [194]: algunos vendedores ambulantes, unos cuantos peones munici- para el viudo desencuadernado [200] por la motocicleta, ocho los pesos que le había costado el
_______________________________________________________________________________________________ acordeón (de segunda mano), y ocho las letras de este, las de su propio nombre, las de la madre
[184] Canción de la zona. y las de don Hipólito Yrigoyen [201].
[185] Ladrón. La puerta de calle permanecía cerrada aún, y se puso a pasear por la vereda sin perder de vista a
[186] Que genere odio. El conde de Luxburg era un extranjero que coleccionaba muchas obras de arte. Detestaba el ninguno de los perros que pasaban. El sonido de una llave y la apertura de dos macizas [202]
crimen.
hojas de cedro, anunciaron la presentación de una mujer morocha, de cabello abundante y ne-
[187] Fondo de la cuestión, el problema. _______________________________________________________________________________________________
[188] A la manera de... Quiere decir que resoplaba y sus labios emitían un ruido como de caño de escape. [195] Escoba realizada con un manojo de tallos secos o paja atada.
[189] Al estilo de una tribu que utiliza como lenguaje, chasquidos con la lengua. [196] Que andan de noche.
[190] El sol. [197] Ternero.
[191] Rápido, precipitado. [198] Atacante o peleador.
[192] Madera de un árbol. [199] Carne de la pierna.
[193] Uso había podido romper sus bordes. [200] Arrollado.
[194] Tucumán. Se le llama así por su belleza. [201] Ex presidente de la Nación Argentina. Fundador del partido político llamado Unión Cívica Radical.
[202] Sólidas. p. 30
gro como la conciencia del fisco [203], nariz ligeramente arqueada y húmeda en su parte —Creo que no, porque la señora sigue desesperada y dice que todos son unos “ineztos” [207].
inferior, ojos oblicuos, pero fulgurantes, boca más bien chica, estatura regular y menguadas
carnes, salvo algún sitio del tórax en que se habían acumulado para curvar la línea en —Pienso del mismo modo, y si a mí me facilitasen los medios de intervenir en la pesquisa...
pronunciada convexidad [204]. La acción del tiempo no acusaba estragos que permitieran
atribuir más de veinticinco primaveras a la poseedora de aquel físico, y por su indumentaria —¿Entiende usted de buscar ladrones?
modesta y la canasta que pendía de su brazo colegíanse [205] las funciones de sirvienta que
desempeñaba. Conocíala Polidoro por haberla visto en la hojalatería [206] donde varias veces le —He estudiado mucho sobre ese particular, y por lo que sé de la actuación que hasta hoy ha
compusieron el acordeón, y fue verla a tiro de saludo y decirle dulce y cariñosamente: tenido la policía, yo le garanto que el robo quedará “impugne” [208].

—¡Buen día, Ramona! — ¡Sería un escándalo!

—Buen día, niño. —Pues téngalo por seguro, y si usted desea evitarlo y que su patrona recupere la alhaja, hágala
—Al mercado, ¿eh? saber que estoy dispuesto a seguir las averiguaciones independientemente de la policía y con
—Sí, señor. Es el primer día que voy desde hace una semana, porque ya sabrá usted, que me grandes esperanzas de esclarecer en breve plazo este asunto tenebroso.
tuvieron detenida.
—Cuente usted con que la señora aceptará sus servicios, porque no ve el momento de juntarse
—Lo sé, y bien injustamente por cierto, pues nadie puede creerla capaz de una acción tan mala. con su pulsera. En cuanto vuelva del mercado voy a decírselo.

—El comisario tampoco lo creía, pero como precisaba detener a alguno... —¿Cuándo y cómo podré saber la contestación?

—Ayer supe que la habían puesto en libertad, y para demostrarle que me alegro mucho he —Yo misma iré a llevársela.
venido a traerle estos bombones de chocolate, que son los preferidos de usted, según me dijo el
hojalatero. —¿Sabe mi domicilio?

—Muchas gracias. ¿Por qué se ha molestado? —Sí, junto a lo de Pengüín, frente por frente de la zapatería “El zueco dorado”.

—No hay tal molestia. Hay que recompensar de algún modo la virtud cuando triunfa de la —Allí mismo. Probablemente me encontrará usted esperándola en la puerta.
malevolente sospecha.
—Pues hasta después, que no quiero demorar su encargo.
—Es usted muy bueno y generoso.
—Adiós, Ramona.
—¿Y no sabe usted si la policía adelantó algo en la investigación?
_______________________________________________________________________________________________ —Y muchas gracias otra vez por los bombones.
[203] Conjunto de los organismos públicos que se ocupan de la recaudación de impuestos.
[204] Curvada hacia afuera. —De nada, mi prenda [209].
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[205] Se reunían.
[207] No sabe pronunciar "ineptos", que significa "inútiles".
[206] Tienda donde se venden piezas de hojalata y se arreglan ciertos instrumentos..
[208] Se equivoca al pronunciar el "impune".
[209] Manera cariñosa de dirigirse a alguien, es como decir "tesoro". p. 31
Retornó a su hogar Polidoro tan embriagado por el contento que varias veces tuvo que pedir —Sobre esta consola y una mesita que tuvimos que adosar [221] a ella, estaban los regalos que
disculpas por sus ciegas embestidas a la gente que encontró en el trayecto, en una de las cuales nos hicieron —expuso la señora.
derribó a una vieja, en otra a un atáxico [210] y en la última la parihuela [211] de baratijas que
transportaban dos turcos, cuya cólera abortó en simples denuestos [212[ gracias a los nueve —¿Qué sitio ocupaba la pulsera? —inquirió [222] Polidoro.
puntos que el atolondrado joven dio a sus tabas [213], ganoso de poner toda la tierra posible
entre sus mejillas tiernas y los acerados puños de aquellas dos furias otomanas [214]. Y —El centro, por ser la alhaja mejor y más vistosa.
convengamos en que el paroxismo jubiloso no era para menos ante la probabilidad de
conseguir que se le allanara un camino tan áspero y duro como el que se disponía a recorrer con Polidoro sacó la cinta métrica y midió la distancia que había entre el centro de la consola y los
su oficiosa [215] gestión detectivesca. bordes de la misma, entre estos y la puerta, entre la puerta y uno de los balcones, entre el balcón
Dos horas y pico permaneció apostado en el dintel [216] de la puerta de su casa, y quien posea y el taburete del piano, y entre dicho asiento y el que ocupó la mayor parte de la noche un señor,
nervios un poco reacios a la calma reflexiva y una vehemencia como la que Polidoro ponía en representante de una casa inglesa exportadora de polvos para matar cucarachas, a quien la
todo lo que lo apasionaba, no creerá exagerado que este considerase su plantón, a la espera de policía había querido detener en los primeros momentos juntamente con el de las escofinas.
Ramona, tortura equivalente a la de haber tenido que escuchar durante ese tiempo un discurso Hecho lo cual, con las correspondientes anotaciones en la cartera, Polidoro siguió interrogando:
parlamentario sobre finanzas, en sus relaciones más directas con el presupuesto. Pero todo llega
en el mundo, menos el fallo del interventor federal que ahora ejerce el mando en aquella —¿A qué hora dejó de verse la pulsera?
provincia, y Ramona llegó también, agitada, aunque sonriente, porque era portadora de una
buena noticia para Polidoro. La señora había accedido a confiarle la pesquisa a condición de que —Serían las nueve y media aproximadamente.
lo ignorase su esposo, algo pariente del comisario, e invitaba al discípulo de Sherlock Holmes
para que la visitase sin pérdida de tiempo, a fin de aprovechar la ausencia de Serafín, el dueño —¿No lo sabe con exactitud?
de casa, que entre 12 y 12.30 volvía del escritorio en que trabajaba como tenedor de libros para
un constructor de tranqueras, tacos de billar y embudos. —Con exactitud no, señor; pero recuerdo que a las 9 en punto llegaron las de Corvejón y se
Polidoro casi no escuchó las últimas palabras de la maritornes [217], pues con rapidez meteórica pusieron a tomar enseguida un helado de zanahoria con crema de vainilla que nos enseñó a
se encaminó al domicilio de la recién casada, al que llegó jadeante, con la corbata torcida, los preparar un escribano amigo nuestro, y con la última cucharada se fueron a ver los regalos y ya
charoles [218] polvorientos y la faz demudada [219]. Recibido por la señora sin el menor reato no estaba la pulsera. ¿No cree usted que estoy acertada al calcular en 30 minutos el tiempo que
protocolar, pues ni siquiera se cuidó de recogerse el cabello ni de cambiar las chancletas que pasó desde que vinieron hasta que acabaron de tomar el helado?
llevaba por un calzado más distinguido, no tardó Polidoro en verse dentro de su campo
experimental, cual era la propia sala en que el ladrón de la pulsera habíala arrebatado al —Según lo frío que estuviera.
embeleso [220] de su propietaria.
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[210] A alguien que caminaba torpemente. —Al señor se le pasaban los dientes.
[211] Puesto de feria.
[212] Insultos. —¿Han barrido ustedes la casa alguna vez desde el día del casamiento?
[213] Talones.
[214] Naturales de Turquía. —Todos los días. ¿La encuentra usted muy sucia acaso?
[215] Eficaz para ese fin.
[216] Techo de la puerta de entrada.
—Precisamente me disgusta verla limpia, porque la escoba ha debido borrar importantes
[217] Moza de servicios.
[218] Zapatos de charol (de aspecto lustroso).
huellas. ¿Tenía bolsillos exteriores su traje de novia?
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[219] De aspecto alterado. [221] Añadir.
[220] Con admiración [222] Preguntó. p. 32
—¡Qué esperanza! No se llevan. dos indicios, Polidoro llegó hasta la pieza más angosta, oscura y de ambiente más peculiar que
tenía la casa.
—Fue su papá el obsequiante de la pulsera, ¿no es cierto? Ansioso de impresiones digitales, en ningún otro sitio podía reunir más copioso material de
observación y análisis científico como en este a que lo llevara su fino olfato de investigador.
—Sí, señor. ¡Qué nitidez la de las huellas que presentaba el revoque de las paredes laterales! Si a simple
vista se apreciaba el trazo del índice al deslizarse fugaz por la superficie enjalbegada [227], con
—¿Cómo se llama? el auxilio de la lupa se veían con notable relieve todas las circunvoluciones supercutáneas
[228], permitiendo determinar no tan solo el calibre de la tercera falange, sino la persona a quien
—Apolinario Mondonguete, para servirle. pertenecía, el grado de su pulcritud y una porción de circunstancias concomitantes [229] de
suma utilidad para la identificación.
—¿Sabe dónde compró la joya? Daba Polidoro por terminado con esta pieza el reconocimiento de la casa, cuando la señora le
dijo que aún quedaba la de los baúles, pero que creía innecesario inspeccionar, porque nadie
—No nos lo ha dicho. entró en ella extraño al servicio.

—¿Juega al póker el esposo de usted? —No lo crea usted —replicó Polidoro—. Es cabalmente la que mejor pudo aprovechar el que
necesitara ocultarse. Permítame que la vea.
—No, señor. De naipes no conoce más que el tute de en medio [223].
La señora le condujo a un altillo en que, efectivamente, se guardaban tres baúles grandes, una
—¿Abandonó la casa algún invitado a la hora del robo? valija, un catre de lona, varias sombrereras [230], una jaula de loro y algunos cachivaches más.
Ayudado de Ramona, cuyo auxilio requirió para remover el baúl más grande y pesado, pues
—Ninguno enteramente. El único que salió unos momentos fue papá, temeroso de que cerrasen contenía libros y papeles, trabajó como una bestia, pero no sin fruto, porque instantes después
la botica donde compra el remedio que sabe tomar para el flato ardiente [224], al que es muy de levantar en vilo aquella especie de Piedra del Tandil [231] con figura de cofre, Polidoro lanzó
propenso. un grito salvaje, que hizo pensar a la señora en la rotura de una tripa a consecuencia del
esfuerzo.
Y como la gentil e ingenua dama le observase que eran más de las once y que su marido no
tardaría en llegar, Polidoro dio punto a su inconmensurable interrogatorio para entrar en lo —¡Un botón de calzoncillo! —vociferó estentóreamente [232[.
técnico de su labor, y con la venia [225] de la señora, que le autorizaba a escudriñarlo todo,
“peló” el lente y, empezando por la habitación en que se hallaba, no dejó suelo, muebles, ropa ni —Pues de Serafín no es, porque los que lleva en la ropa interior son de nácar [233] y este es de
objeto alguno que no sometiera a un examen minucioso a través del vidrio de aumento. En hueso y de los más ordinarios —alegó la señora apenas hubo acercado a sus ojos el botón
decúbito ventral [226] unas veces, para reconocer el piso con la lupa, gateando otras por debajo encontrado.
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de las camas y con el mismo fin, y subido sobre armarios y aparadores en busca de insospecha- [227] Blanqueada con yeso.
_______________________________________________________________________________________________ [228] Relieves de múltiples formas producidos por la piel.
[223] Juego de naipes de baraja española más populares. Su origen es italiano (la baraja italiana es muy similar a la [229] Que aparecen conjuntamente.
española). El Tute es el juego que da nombre a toda una familia de juegos en los que se trata de ir consiguiendo un [230] Caja para guardar sombreros.
palo dominante o palo de triunfo. A su vez el juego tiene múltiples variantes. [231] La Piedra Movediza de Tandil ha sido un fenómeno mundialmente reconocido por su singularidad, una mole de
[224] Dolor abdominal. granito de más de 300 toneladas de peso que extrañamente se mantenía en delicado equilibrio al borde del cerro.
[225] Permiso. [232] Gritó ruidosamente.
[226] Boca abajo. [233] El nácar o madreperla, es una sustancia dura, blanca y con reflejos irisados que se usa para hacer botones,
p. 33
entre otras cosas.
—Eso proyecta más luz sobre su procedencia. ¿Está usted segura de que en la casa nadie usa Con un Dios aparte sin duda, Polidoro experimentó la inmensa dicha de ver salir al temible
botones como este? compañero de toilette, sin que se le antojase buscar nada en el ropero.
Hasta más de la una permaneció en su escondrijo [239], y cuando la señora dio con él, después
—Segurísima, porque los de Ramona son de pasta, y el muchacho que viene a lavar la escalera y de haberle buscado por todos los rincones desde que se fue Serafín, lo encontró rígido como una
hacer los mandados no gasta calzoncillos, según asegura Ramona. momia y hasta algo comatoso [240].

Sujetándolo con las pinzas y ayudado por la lente, Polidoro reconoció por todos sus lados la —¡Váyase pronto, por la Virgen, no sea que se le ocurra volver!— díjole la señora golpeándole
vulgar pieza, cuya cara exterior o anverso, moldeada en forma de presentar la periferia más suavemente en la boca del estómago para comprobar que aún vivía. Polidoro lanzó un suspiro
prominente que la parte central, donde tenía los agujeros para el cosido, difería solo en esto de apamperado [241] con el que hubiera podido apagar doscientas bujías a la vez, y sacando una
la otra cara o reverso, que era completamente lisa. pierna y al rato la otra, abandonó el ropero mirando recelosamente a todas partes, no muy
Envuelto el botón en un papel, con el mismo cuidado que hubiera exigido una reliquia del seguro de estar a solas con la dueña de la alhaja desaparecida. Y, una vez en la calle, se creyó
Apóstol San Pedro, la guardó Polidoro en el bolsillo, dirigió a la señora algunas otras preguntas resucitado, lo que le habilitaba para seguir su pesquisa con el mismo ardimiento [242] que la
relacionadas con los invitados al ágape [234[ nupcial, principalmente las de Corvejón, y empezó.
expresado que hubo su reconocimiento por las atenciones recibidas en su misión investigadora,
se disponía a partir, cuando los pasos de una persona, que subía la escalera denunciaron la —Este insignificante disco de hueso —decía contemplando el botón— va a ser el venero [243] de
llegada de Serafín, el jefe de la casa. mi fama y de mi fortuna.

—¡Ahí está mi esposo! —exclamó aterrada la señora—. ¡Por Dios, que no le vea! Para averiguar la procedencia del botón, tuvo Polidoro la benedictina [244] paciencia de
interrogar una por una a todas las lavanderas de Tucumán y a los sirvientes de todas las
Y empujando a Polidoro hacia un corredor, salió al encuentro de su marido, no tanto por familias que habían visitado la casa de los novios el día de la boda. Y no contento con esa
halagarle con tal recibimiento, como por dar al joven detective el tiempo necesario para investigación, efectuada por barruntar [245] que entre los sirvientes y las lavanderas pudiera
esconderse bien. haber alguno a quien conviniese ocultar el nombre de la persona que tenía botones iguales al
Polidoro se introdujo en el primer cuarto que encontró abierto —y que resultó ser el que la encontrado en la pieza de los baúles, resolvió comprobarlo por sí mismo, haciendo uso del
señora empleaba como cabinet de toilette [235]−, y en el que había un ropero con vestidos, muy coraje y la “caradurez” que siempre aplicaba con éxito a sus audaces empresas.
a propósito para servir de refugio en tan críticos momentos. En él se metió, cubriéndose con una El primero a que abordó fue don Abundio, un profesor de volapuk [246], de sesenta y tres años
amplia salida de teatro [236], suspendida en una percha de colgar junto a otras prendas de edad y lo menos ciento cuarenta kilos de peso del que decía un chacotón [247] amigo suyo
femeninas. que era un gerundio metido en una barrica de chinchulines.
Quiso el demonio que a Serafín se le ocurriera entrar en el toilette en busca de un polissoir [237] Polidoro fue a visitarlo con el pretexto de averiguar lo que cobraba por sus lecciones, y a las pri-
para lustrarse las uñas, y a Polidoro se le paralizó completamente la sangre, poniéndole en los _______________________________________________________________________________________________
[239] Escondite.
bordes del síncope. Nunca sintió más necesidad de toser y de estornudar; nunca le crujieron
[240] Relativo al estado de coma, muy quieto.
tanto las rótulas al menor movimiento, y nunca, como en ese instante, había deplorado [238] no
[241] Atropellado y ruidoso.
aceptar la invitación que le hiciera un amigo francés, naturalizado aquí, para que le acompañase [242] Valor o coraje.
a_______________________________________________________________________________________________
luchar en las trincheras contra los teutones. [243] Principio.
[234] Cena o banquete de bodas. [244] Relativo a la paciencia de un Santo como Benedicto.
[235] Guardarropa de baño. [245] Presentir.
[236] Especie de chalina o bata muy adornada. [246] El volapük es una lengua artificial creada por el sacerdote alemán Johann Martin Schleyer en 1879, con la
[237] Pulidor. intención de facilitar la comprensión entre personas de distintas culturas.
[238] Lamentado no haberse ido a la 1º Guerra Mundial. Prefiere la guerra antes que estar allí. [247] Bromista. p. 34
meras de cambio se le fue a la panza con la diestra [248], y asegurando haber visto una araña ina a creer que se había trepado al balcón de don Serafín con algún rapaz [256] intento, que muy
que se le metía por debajo del chaleco, le desabrochó este y luego la pretina del pantalón para bien pudo haber sido el de quedarse con las cortinas. Hay que detenerle sin demora antes de
dejar al descubierto la de los calzoncillos, cuyos botones resultaron no ser como los que que se esfume.
Polidoro necesitaba que fueran para declarar presunto caco [249] al voluminoso profesor de
volapuk. Y al atardecer de un domingo 7 (bastaba que no fuese 8 para ser aciago [257]) don Hildebrando
Recurriendo a otro expediente, logró ver en calzoncillos a don Sofanor, otro de los invitados a la entraba en la habitación de su hijo, que en ese momento contemplaba una fotografía de las
epitalámica [250] fiesta. Don Sofanor es perito agrónomo casi de nacimiento, pues su padre, su impresiones digitales encontradas en las paredes de aquel pequeño recinto examinado en la
abuelo y el autor de este ejercieron la misma profesión. Alegando necesitar con urgencia la casa de Serafín.
mensura [251] de un patio que iba a destinar al cultivo de la berenjena, se presentó Polidoro en
su casa, al despuntar el día, para sorprenderle en la cama. La mensura de un patio y en hora tan —Ahí está un caballero que desea verte —le dijo.
temprana tenía que sobrecoger a cualquiera, por muy perito que fuese, y prueba que nuestro
hombre se sobrecogió también el hecho de haber abandonado la cama “in continenti” [252] y —¿Quién es?
acudido a la presencia de Polidoro sin otro atavío [253] que la carpeta del comedor sobre las
ropas menores. —No me ha dado su nombre.
Percatado de la patraña con que su intempestivo visitante interrumpió lo más dulce de su
sueño, hubo de matarle con el trípode de un teodolito [254] que halló a mano, pero especialista —¿Qué ropa usa?
en fugas desde que las practicó en el acordeón, en el caso de los turcos y después de su
cautividad en el ropero, Polidoro se puso a buen recaudo del agrimensor, aunque no sin verle —Como hay poca luz no lo he visto bien, pero me parece que lleva un jaquet color tórtola y una
todo lo que quiso. corbata café con leche, pero menos leche que café, atravesada por un alfiler que representa un
La policía mientras tanto no cejaba [255] en su empeño de encontrar la pista del ladrón, y gallo con chispas.
aprovechando la presencia en Tucumán de un agente de investigaciones de la metrópoli, que se
había trasladado a aquella provincia para visitar a un tío residente en Agua Dulce, le había —¿Con chispas?
solicitado una “manito” en la pesquisa, obteniendo la promesa de una desinteresada
cooperación. —Sí, con chispas de brillantes.
Y puesto en campaña el aludido funcionario, averiguó por Ramona que se había encontrado un
botón de hueso, extraño a los calzones y calzoncillos de la casa, y que ese botón se lo había —Dile que entre.
llevado Polidoro.
Y entró el caballero del jaquet y del gallo, y después de saludar a Polidoro, ver la lupa, la
—Este joven debe ser un pájaro de cuenta —pensó el perspicaz agente— porque ya he sabido por fotografía, los planos y todo el arsenal “investigológico” de que estaba provisto y afirmarse en la
varios conductos que anda en pasos muy sospechosos. Lo que me contó el lechero vasco, incli- creencia de que se hallaba ante el propio ladrón de la joya, le pidió cortésmente que le
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[248] Mano derecha.
acompañara para una breve diligencia [259], y, una vez en la calle, le aseguró la mano izquierda
[249] Ladrón. con una esposa y se lo llevó al Departamento de Policía, donde fue registrado, encontrándosele,
[250] Composición lírica escrita en honor de una boda. entre otras cosas, el botón del calzoncillo, envuelto en el mismo papel que había sido guardado.
[251] Medida. Enseguida lo metieron en un calabozo, donde quedó rigurosamente incomunicado.
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[252] Al instante. [256] Intento de robar.
[253] Mantel de adorno como única vestimenta. [257] Desgraciado o infeliz.
[254] Instrumento parecido a un microscopio que sirve para tomar medidas y ángulos. [258] Chaqueta blanca.
[255] Retrocedía. [259] Trámite o asunto administrativo. p. 35
Cuando los diarios hicieron conocer al público la sensacional detención, los padres de Polidoro —Solo una vez por un gran apuro económico, tuve que empeñarla en lo de don Apolinario; pero
se conmovieron al punto de sufrir don Hildebrando un semiataque de hemiplejía [260] que le fue rescatada la víspera de su vencimiento, pagando lo que me prestó por ella, más los intereses.
dejó duro el dedo gordo del pie y casi sin movimiento el ojo del mismo lado. En cuanto a sus Por cierto que lo hice bien entrada la noche, porque debía partir en las primeras horas del día
relaciones y amistades, se manifestaron llenas de estupor, no faltando quien propusiera enviar siguiente para Ranchillos y no quería exponerme a perder la alhaja por caducidad de la póliza
colectivamente un telegrama al presidente de la República, al internuncio [261] apostólico y a [263]. Le mandé decir a don Apolinario que si por el casamiento de su hija, efectuado esa misma
Wilson, protestando contra la arbitraria disposición policial y pidiendo la inmediata liberación noche, le era incómodo que yo me presentase en su casa para la operación del rescate, me
del detenido. enviara la pulsera a la mía con persona que a su vez recibiese el dinero, y, no teniendo, por lo
Pero aún le esperaban otras sorpresas de más formidable efecto y la primera fue la de visto, ninguna de su confianza en ese momento, vino él mismo a traerme la pulsera, y aquí la
descubrirse que el botón encontrado era del mismísimo Polidoro. Un minucioso registro tiene usted desde esa noche, pues yo cuando viajo no me la quito ni para dormir.
practicado en la casa del preso permitió comprobar que Polidoro tenía un par de calzoncillos a Por estos y los demás informes se puso completamente en claro lo ocurrido, que no fue robo,
los que les faltaba un botón, y que el encontrado era exactamente de la misma forma, aunque sí acción punible ante el Divino Tribunal [264]. Don Apolinario, prestamista por
substancia, tamaño y color que los otros dos botones que aún le quedaban a la prenda. convicción y por utilidad, tenía como axiomático [265] que las joyas de alto valor no rescatadas
Solo faltaba ya encontrar la pulsera, pues en cuanto a que Polidoro fuese el raspa, no había la en las horas hábiles de la víspera del vencimiento eran abandonadas por el prestatario
menor duda. irremisiblemente. La pulsera la consideró perdida y, como lo que había prestado por ella era
Obtenido lo más difícil de la pesquisa, gracias a la habilidad del agente metropolitano, no tuvo menos de la mitad de su valor, quiso que fuese el regalo que necesitaba hacer a su hija.
este por qué retrasar más tiempo su visita al tío de Agua Dulce, y hacia aquel punto rumbeó en Sorprendido por la reclamación de la prenda pignorada [266], no se atrevió a afrontar las
el primer tren que Dios y los huelguistas quisieron proporcionarle. Si hay en el mundo personas consecuencias de una negativa injustificada y se decidió a tomar de la consola la pulsera,
suertudas, este pesquisante de la gran urbe argentina merece el primer puesto, porque todo lo aprovechando una momentánea ausencia de los invitados al comedor, y llevársela a la
que se diga es poco de lo que le favorece el hado benévolo. ¿Quieren ustedes creer que en su empeñante, a reserva de compensar a su hija con otra alhaja de valor equivalente o con su
viaje a Agua Dulce encontró la pulsera buscada? Tal como lo oyen. En el mismo importe en efectivo. Advertida la desaparición y lanzada al aire la palabra robo, dejó que la bola
compartimiento que él, viajaba una señora que lucía la alhaja perteneciente a la esposa de corriera, pensando que a nadie podía perjudicar sino a él, como único autor, pues la hija
Serafín. Y conocía de la joya tantos detalles el agente, que no vaciló un segundo para decir a la recuperaría lo perdido en plata o en objeto...
pasajera: Queda explicada la salida que hizo, pretextando [267] ir a la farmacia, y en cuanto al botón de
los calzoncillos de Polidoro, no hay que ser muy lince [268] para suponer que saltó de la tela en
—Señora, esa pulsera ha sido robada. uno de los esfuerzos que hizo para levantar con Ramona el baúl de los libros y papeles. Esos
calzoncillos hubo de mudárselos rápidamente al llegar a su casa por razones que ignoramos,
—¿Robada? Usted me confunde, caballero. pero que son de colegir [269] después de haberle visto con la batata que sacó del ropero, y es
muy natural que en el apuro de cambiarse los calzoncillos no se fijara en la pérdida del botón de
—¿En cuánto se la vendió Polidoro? los que llevaba puestos.
Obvio es decir, en honor de la justicia tucumana, que lo pusieron en libertad con los
—A mí no me la ha vendido ningún Polidoro. La heredé de mi finada mamá, que en paz pronunciamientos más favorables; pero ha jurado por Dios y por Bascary [270], no volver a me-
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descanse. [263] Que se venza el seguro que pagó por empeñar la joya.
[264] Que lo juzgará el cielo.
—¿Nunca se desprendió usted de ella? [265] Incontrovertible, evidente.
_______________________________________________________________________________________________ [266] Empeñada como garantía del cumplimiento de un compromiso o de la devolución de un préstamo.
[260] Parálisis de la mitad del cuerpo. [267] Poniendo excusas o pretextos.
[261] Persona que habla en nombre de otra.. [268] Felino muy veloz.
[262] Thomas Woodrow Wilson, presidente estadounidense contemporáneo al presidente argentino Victorino Plaza [269] Concluir.
en ese momento. [270] Ex gobernador de Tucumán. p. 36
terse en andanzas sherloholmescas, y lo primero que hizo al restituirse al hogar de sus conocía “una lechera, un relojito, una reina amarilla [275].”. El regocijo máximo era ver, sin que
atribulados [271] padres fue reemplazar una pequeña bobina, incorporada a los servicios el bicho lo advirtiera, alguna lagartija o liebre que, despreciando el pellejo, se hubiera cruzado
sanitarios de la casa, con la obra de Conan Doyle, lo que reconocemos una herejía [272]. desde el otro lado de la ruta, donde solo había campos interminables.
Nos han dicho que ahora trabaja Polidoro con un herrador de caballos, pero que aprovecha sus De pronto salía de la abstracción y se apartaba del alambre, con movimientos mínimos, que sin
ocios tocando el acordeón, ventoso utensilio al que sin duda debe sus desgracias todo el que lo embargo concentraban una tensión desmedida a su alrededor, tan inmóvil había estado hasta
emplea, porque es sabido que quien siembra vientos... entonces.
Un par de niños acostumbraba jugar en el campito donde circulaban las mariposas: cuando
veían estos movimientos comentaban que ahí estaba despertándose don Lope. A veces se
acercaban al alambre y el viejo, sin moverse, los invitaba a comer algún pedazo de carne
"ESTRATEGIA" (1918) sobrante, o a tomar mate.
Luego de salir de su inmovilidad se acercaba a la parrilla, pasaba de largo, entraba a la pieza y
Elvio Gandolfo sacaba del cajón de madera un paquete de yerba y un mate en forma de cuerno. Volvía a pasar
junto a la parrilla y entraba al baño, donde estaba la única canilla de la casa. Allí lavaba
parsimoniosamente [276] el interior del cuerno, a veces haciendo visajes frente al pequeño
Los días feriados o los domingos salía a la vereda y se entretenía con la corriente de
espejo, o mirándose los dientes y las encías. Si hacía mucho calor se sacaba la camisa y se
automóviles nuevos y brillantes que desfilaba por la avenida. Cabeceaba, saludando, y a veces
refrescaba un poco el cuerpo con agua. Levantaba la pava, recogía de paso el banco de madera
de una de las ventanillas se asomaba una cabeza y gritaba: “Adiós, don Lope”.
en el que se había sentado a comer, y abría la puerta que daba a la avenida. Entrecerrando los
A mediodía entraba a almorzar, haciendo un intervalo de media hora, que coincidía con una
ojos ante el resplandor del Sol, se sentaba con el cuerno en una mano y la pava junto a la
falta casi total de coches sobre la avenida.
alpargata, y se reclinaba contra la pared (volvió a dormirse don Lope, decían los niños si
Por lo general asaba unos pedazos de carne sobre una pequeña parrilla de alambres retorcidos
llegaban a verlo).
que él mismo había construido el verano anterior.
Cuando oía pasar dos o tres autos seguidos y veía que la sombra de la pared se había alargado,
Mientras masticaba pausadamente, deteniéndose a veces para tomar un trago de vino, se
llegando casi hasta el borde de la calle, entraba, se ponía nuevamente la camisa, dejaba adentro
entretenía imaginando las clases de comida que estarían tragando en el resto del pueblo, las
el mate, la pava y el banquito y volvía a salir. Se apoyaba en el mismo lugar, cabeceando a los
maneras de mascar de cada uno de los que lo saludaban por la mañana. Le hacía gracia sobre
conocidos.
todo imaginar al hijo del intendente, con aquel tic incontrolable que le sacudía la mandíbula,
Uno de sus entretenimientos era imaginar un gran choque, en el que el auto que pasaba en ese
desparramando a intervalos regulares una nube de migas o arroz o pastas sobre la mesa
momento, por alguna causa indefinida (un defecto en la dirección, un reventón, o simplemente
inmaculada. Se reía solo en el patio, rodeado por las tres paredes de adobe, y a veces, aún
una explosión devastadora en el motor: no entendía mucho de mecánica), se atravesaba en la
riéndose, perdía la mirada en el paisaje que enmarcaba el rectángulo del fondo, abierto al campo
ruta y el resto, sin verlo, iba incrustándose lentamente, a la misma velocidad con que pasaban
en el que se veían cada vez más construcciones y en el ángulo izquierdo, los autos o camiones
en el montón de hierro, formando poco a poco una gran masa retorcida frente a su casa. No
lejanos que se deslizaban sobre la ruta, en el invierno nítidos y brillantes como pequeños
había odio en la idea, era como un chiste: se reía hacia adentro mientras seguía cabeceando.
escarabajos y en el verano un poco borroneados por la emanación titilante del alquitrán.
Cuando anochecía entraba y salía poco después con el saco puesto, caminando con un lento
Cuando terminaba, entraba a la piecita que hacía de cocina y dormitorio y sacaba la pava de un
balanceo, que le hacía demorar diez minutos para llegar al bar “Las dos estrellas”. Allí era
gran cajón de madera que había junto a la cama. Salía al patio y la ponía sobre la parrilla.
saludado por los parroquianos, y el dueño le servía una copita de anís, que engrosaba una
Mientras esperaba que el agua se calentara, caminaba hasta el alambrado, se apoyaba en uno de
cuenta religiosamente pagada a fin de cada mes. Se quedaba un rato, jugando una partida por
los postes, y se hundía en la contemplación de los autos y los camiones y los ómnibus, o, si era
garbanzos, o dinero si era principio de mes, y volvía a caminar con el mismo balanceo las cua-
verano, en las trayectorias epilépticas [274] de las mariposas, murmurando a medida que las re-
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[275] Nombres populares con los que se conoce a tipos de mariposas.
[272] Apenados.
[276] Meticulosamente, lentamente.
[273] Idea o conjunto de ideas religiosas contrarias a los dogmas de una doctrina religiosa.
[277] Incontrovertible, evidente. p. 37
[274] Se refiere al aleteo de las mariposas que es repentino.
dras de tierra hasta la casa. Entraba al dormitorio y acomodaba el saco en una silla antigua que se le hubiera ocurrido: desde que había muerto su mujer, y sus hijos se habían ido a vivir en las
había junto a la cama. Salía al patio y colgaba la parrilla de un clavo. Alzaba la chapa con las ciudades, prefería comer acompañado por dos o tres personas, casi siempre las mismas. Como
cenizas grasientas e iba hasta el fondo, desparramándolas parejamente sobre las lechugas. Si la fonda era uno de los dos únicos lugares donde se podía almorzar en el pueblo, a menudo se
era verano, se apoyaba en el poste del alambrado y se entretenía en mirar las luces de los agregaba algún corredor o viajante, cuya conversación le resultaba tan entretenida como leer las
coches, los camiones y los ómnibus sobre la ruta. A veces miraba el cielo durante cinco o diez revistas antes de dormirse. Cuando terminaba el postre se sentaba en uno de los sillones del
minutos, fijamente. vestíbulo y dormitaba una siesta corta. Cuando salía, empuñaba el carrito y se dirigía
Cuando se aburría, alzaba la chapa y volvía al patio. La ponía bajo la parrilla y entraba al nuevamente a la municipalidad. Allí descargaba la basura recogida en un depósito de chapa que
dormitorio. Se desvestía lentamente, colocando el pantalón y la camisa sobre la silla en la que vaciaban una vez por semana. Luego se dedicaba a barrer, hasta cerca de las cinco de la tarde,
ya descansaba el saco. Luego iba hasta el roperito que había a la derecha de la cama y lo abría. las calles del barrio tras las vías. Allí las casas eran viejas, y la gente más amable. Solían pararse
Estaba repleto de revistas. Pilas desparejas que llegaban del piso al techo. Dudaba un momento a conversar con él, sobre temas tan neutros y repetidos como el tiempo y las enfermedades. Al
y al fin sacaba algún Patoruzú [278], o algún Mundo Deportivo [279], de veinte años atrás. Se fin volvía al pulcro edificio de tejas, abandonaba el carrito, los implementos y el uniforme en la
acostaba y los hojeaba cuidadosamente, deteniéndose a veces en algún chiste que le gustaba casilla de madera, y repetía el trayecto del amanecer con su lento balanceo.
particularmente, o en alguna foto de Osvaldo Suárez, o Zatopek, o cualquier otro atleta de su A la mañana pasaba con el carrito frente a las puertas del banco. Era un edifico nuevo,
época, cuando vivía su mujer y todos sus hijos estaban en la casa, coleccionando el Patoruzú, El construido por rigurosa necesidad, ya que el anterior, embestido por un ciclón, se había partido
Gráfico o el Mundo Deportivo. de arriba abajo, volviéndose inhabitable. En verano su recorrido coincidía con la hora en que el
Cuando terminaba de leerla, o se cansaba, apagaba la luz y se dormía. camión blindado descargaba las bolsas de dinero. A veces se detenía a mirar a los dos o tres
Como en verano dejaba la puerta abierta y en invierno la luz pasaba a través de los vidrios sin uniformados y a uno de los cajeros del banco, que controlaba con una planilla, parado en
postigos, se despertaba temprano, casi siempre antes de que el Sol asomase en el rectángulo del mangas de camisa junto a la gruesa puerta blindada. Luego de saludarlos seguía barriendo,
fondo. doblando hacia la plaza al llegar a la esquina.
Recogía la revista que había dejado caer al dormirse y la ubicaba en las pilas del ropero, bien Casi siempre seguía pensando en las bolsas de dinero durante dos o tres cuadras. Y su
abajo, cosa de volver a leerla mucho después, cuando ya hubiera olvidado los chistes y las fotos. imaginación repetía siempre los mismos pasos: trataba de pensar fríamente que dentro de
Luego se ponía la camisa y el pantalón. Sacaba del cajón de madera un pequeño calentador de aquellas cinco o seis bolsas enormes había nada más que billetes, y luego trataba de calcular
alcohol y cebaba unos mates antes de irse. una suma, fijando distintos valores. “Si fueran billetes de mil, por ejemplo”, comenzaba. Pero
Caminaba con el lento balanceo las siete cuadras de avenida, hasta llegar al paredón que la siempre terminaba abandonando la cuenta, confundido. Y a veces relacionaba las bolsas de
cerraba. Allí doblaba hasta llegar a la plaza. La cruzaba saludando todas las mañanas a las billetes con las pilas de revistas viejas que llenaban el ropero. Luego se olvidaba por completo
mismas dos o tres personas: el guardián, que en ese momento comenzaba a regar los canteros, y del asunto, y seguía, rumbo a la fonda de las hermanas.
uno o dos tipos encorvados y hoscos aún por el sueño, que sonreían al verlo y le decían adiós. De vez en cuando lo visitaba alguno de sus dos hijos. Uno de ellos prefería dormir en el hotel del
Al llegar a la municipalidad, rodeaba el pulcro edificio de tejas hasta llegar a los fondos. Abría la centro. Cuando venía el otro corrían el ropero y sacaban de atrás un catre tijera medio apolillado
pequeña casilla de madera que se recostaba contra el alambrado y sacaba un uniforme azul que ubicaban junto a la cama o si hacía mucho calor en el patio.
desteñido y una gorra de tela con visera negra. Lo hacía con calma, dejando correr la vista sobre Al que vivía en el hotel la vida de don Lope le parecía aburrida, y algunas de las cosas que hacía
los árboles cercanos y el cielo, límpido a esa hora. Luego sacaba el carrito de mano, que ya tenía absurdas. Le proponía que se fuera a vivir con él a la ciudad, allí él y su mujer lo atenderían bien.
adentro el escobillón y la pala. También le sugería que se decidiera a quemar las revistas del ropero, en vez de poner la ropa
Desde allí, la misma vereda de la municipalidad, comenzaba a barrer el pueblo, sin olvidar una sobre una silla y lo demás en el cajón de madera. Acostumbraba quedarse poco.
sola calle. Al mediodía paraba un par de horas en la fonda [280] “Las hermanas”. Dejaba El otro estudiaba y todavía no se había casado. Se había ido hacía más de diez años, pero aún
estacionado el carrito junto al cordón y entraba a almorzar. Podía hacerlo en su casa, pero nunca seguía a media carrera. Tanto él como el padre acostumbraban hablar del estudio como de algo
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[278] Historieta conocida de la época.
[279] Diario deportivo de la época.
[280] Posada, especie de paraje para quedarse a pasar pocas noches o comer y seguir viaje. p. 38
eterno; algunos se dedicaban a pintar o a escribir toda la vida, él estudiaba. A la noche, una vez se le hubiera ocurrido: desde que había muerto su mujer, y sus hijos se habían ido a vivir en las
que comían un asado o volvían de la fonda, se quedaban horas conversando en voz baja, tanto ciudades, prefería comer acompañado por dos o tres personas, casi siempre las mismas. Como
que a veces don Lope casi unía el fin de la conversación con la salida hacia el municipio. la fonda era uno de los dos únicos lugares donde se podía almorzar en el pueblo, a menudo se
Cuando volvía encontraba al hijo hojeando alguna de las revistas del ropero o parado en la agregaba algún corredor o viajante, cuya conversación le resultaba tan entretenida como leer las
puerta, esperándolo con el mate de cuerno en la mano, cruzado de brazos. Cuando más solía revistas antes de dormirse. Cuando terminaba el postre se sentaba en uno de los sillones del
venir era en verano, a veces a quedarse una o dos semanas. vestíbulo y dormitaba una siesta corta. Cuando salía, empuñaba el carrito y se dirigía
Su hijo partió a la madrugada, prometiéndole volver pronto. El viejo le había preparado un par nuevamente a la municipalidad. Allí descargaba la basura recogida en un depósito de chapa que
de sándwiches. El viaje hasta la ciudad era largo. Se dieron un abrazo corto mientras el ómnibus vaciaban una vez por semana. Luego se dedicaba a barrer, hasta cerca de las cinco de la tarde,
frenaba. Don Lope vio cómo tomaba la curva para entrar en la ruta. Después comenzó a las calles del barrio tras las vías. Allí las casas eran viejas, y la gente más amable. Solían pararse
caminar por la avenida. a conversar con él, sobre temas tan neutros y repetidos como el tiempo y las enfermedades. Al
Estuvo barriendo las calles prolijamente. Cuando llegó al banco, estaban descargando las bolsas. fin volvía al pulcro edificio de tejas, abandonaba el carrito, los implementos y el uniforme en la
Mientras se iba acercando, los tres uniformados y el cajero entraron en la fresca penumbra del casilla de madera, y repetía el trayecto del amanecer con su lento balanceo.
banco. El camión blindado parecía abandonado sobre la vereda, con la puerta abierta y tres o A la mañana pasaba con el carrito frente a las puertas del banco. Era un edifico nuevo,
cuatro bolsas apoyadas contra el cordón. La cuadra estaba perfectamente limpia y decidió construido por rigurosa necesidad, ya que el anterior, embestido por un ciclón, se había partido
seguir sin barrerla. Cuando pasó junto al camión alzó una de las bolsas y la metió en el carrito. de arriba abajo, volviéndose inhabitable. En verano su recorrido coincidía con la hora en que el
Siguió caminando con lentitud. Cuando dobló hacia la plaza los uniformados y el cajero aún no camión blindado descargaba las bolsas de dinero. A veces se detenía a mirar a los dos o tres
habían salido. Ahora no se ocupó en imaginar cuánto tendrían las bolsas. Se concentró en la que uniformados y a uno de los cajeros del banco, que controlaba con una planilla, parado en
había en el carrito. No sabía por qué lo había hecho, pero lo divertía. Se iba riendo para adentro, mangas de camisa junto a la gruesa puerta blindada. Luego de saludarlos seguía barriendo,
hasta que llegó a la fonda. Antes de entrar removió un poco la basura con la pala, para que doblando hacia la plaza al llegar a la esquina.
tapara la bolsa. Casi siempre seguía pensando en las bolsas de dinero durante dos o tres cuadras. Y su
Mientras dormitaba en uno de los sillones, acunado por la voz grave y solemne de un viajante imaginación repetía siempre los mismos pasos: trataba de pensar fríamente que dentro de
de comercio que conversaba con una de las hermanas, entró el comisario. Lo despertó y le aquellas cinco o seis bolsas enormes había nada más que billetes, y luego trataba de calcular
preguntó si había visto algo raro al pasar por el banco a mediodía, si había alguien además de una suma, fijando distintos valores. “Si fueran billetes de mil, por ejemplo”, comenzaba. Pero
los uniformados y el cajero. Le contestó que no, que ni ellos estaban, que eso le había extrañado, siempre terminaba abandonando la cuenta, confundido. Y a veces relacionaba las bolsas de
porque era un peligro dejar toda esa plata en la calle. El comisario estuvo de acuerdo. Después lo billetes con las pilas de revistas viejas que llenaban el ropero. Luego se olvidaba por completo
miró fijo, lo saludó y se fue. del asunto, y seguía, rumbo a la fonda de las hermanas.
Antes de descargar la basura en el depósito de chapa, paró el carrito junto a la casilla de madera De vez en cuando lo visitaba alguno de sus dos hijos. Uno de ellos prefería dormir en el hotel del
y metió la bolsa adentro, entre los picos y las palas. Barrió las calles del barrio viejo hasta las centro. Cuando venía el otro corrían el ropero y sacaban de atrás un catre tijera medio apolillado
cinco. que ubicaban junto a la cama o si hacía mucho calor en el patio.
Al otro día se vino con el bolso viejo y grande, con el que acostumbraba comprar carne y Al que vivía en el hotel la vida de don Lope le parecía aburrida, y algunas de las cosas que hacía
verduras. Barrió calles hasta el mediodía, descargó la basura, y a la tarde volvió a la casa con el absurdas. Le proponía que se fuera a vivir con él a la ciudad, allí él y su mujer lo atenderían bien.
bolso. Se hizo un asadito, desparramó las cenizas sobre las lechugas y leyó un Mundo Deportivo También le sugería que se decidiera a quemar las revistas del ropero, en vez de poner la ropa
antes de apagar la luz. sobre una silla y lo demás en el cajón de madera. Acostumbraba quedarse poco.
Un mes más tarde caminó balanceándose hasta el bar “Las dos estrellas”, con el bolso a cuestas. El otro estudiaba y todavía no se había casado. Se había ido hacía más de diez años, pero aún
El comisario había venido a la casa dos o tres veces a hacerle una cantidad interminable de pre- seguía a media carrera. Tanto él como el padre acostumbraban hablar del estudio como de algo

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guntas acerca del día en que había pasado por el banco y no había ni uniformados ni cajero al De alguna manera la idea de todo ese dinero desperdiciado le hacía gracia. Se reía para adentro
lado del camión blindado. Don Lope le cebaba un mate tras otro en el cuerno, mientras mientras hacía visajes frente al espejo del baño, lavando el cuerno para prepararse unos mates.
entrecerraba los ojos, como recordando, y volvía a repetir exactamente lo que había visto.
En el bar jugó dos partidas por doscientos pesos y ganó. Luego de tomar la copita de anís se
levantó y saludó a los parroquianos. Algunos bromearon sobre el tamaño del bolso, como
siempre que lo llevaba al bar.
Al salir tomó por el rumbo contrario al de la casa. Cortó camino por dos baldíos y al fin llegó a la
laguna. Era chica, pero decían que sin fondo. Uno sólo podía bañarse en los bordes. Más que
bañarse revolcarse en el barro, con el riesgo de clavarse un vidrio o una lata, porque la gente de
los alrededores descargaba basura en las orillas, confiando en la falta de fondo.
No había Luna y el silencio era total. Don Lope sacó la bolsa, dejando el bolso vacío a un lado. La
revoleó dos o tres veces sobre la cabeza y la soltó. El bulto describió un círculo y cayó en el
centro de la laguna, levantando una pequeña columna de agua negra.
Cuando entró a la pieza estaba demasiado cansado como para leer. Apagó la luz sin abrir la
puerta del ropero.
A las dos semanas vino el comisario. Don Lope lo notó nervioso. Además, sabía que afuera
estaba Lucio, un agente delgado y morocho, que siempre lo saludaba cuando pasaba barriendo
frente a la comisaría. Cuando el comisario, devolviéndole el cuerno, empezó a tartamudear y dar
vueltas, le dijo que si había venido a revisar él no tenía ningún problema; es más, la policía
nunca le había registrado la casa: iba a ser algo interesante para contarle al hijo, cuando viniera,
en la semana entrante. Hizo algunas bromas más, hasta que el comisario se sintió totalmente
aliviado. Llamó a Lucio y dieron un vistazo general. Abrieron el ropero, intercambiando
comentarios acerca de las revistas con don Lope. Todo les llevó menos de diez minutos, porque
lo que había en la pieza era la cama, un par de sillas, el ropero, el cajón de madera y el catre tijera
atrás del ropero. Después se asomaron al baño y dieron una vuelta por la quinta. Se movían con
rapidez, sin ganas. Al fin le dijeron que estaba bien, era una simple formalidad para añadir al
expediente. Don Lope comprendía perfectamente. Tomaron unos mates más y se fueron.
El domingo a la mañana se apoyó en la pared, cabeceando a los conocidos que se asomaban por
las ventanillas de los coches y lo saludaban. Imaginó el choque y se rió para adentro. Al
mediodía preparó la parrilla y se refrescó la cara. No hacía demasiado calor. El verano estaba
terminando y sólo había una que otra mariposa volando en el campo encuadrado por el alambre
del fondo. Los niños pasaron a unos veinte metros y lo saludaron con las manos en alto,
mostrándole dos ranas gigantescas que habían cazado y que brillaban al Sol.
Se entretuvo imaginando la bolsa cayendo en el agua negra, y en cómo se habrían podrido los
billetes después, lentamente, quizá mordisqueados por los peces. A lo mejor la laguna era
realmente sin fondo, y la bolsa seguía cayendo, o iba a parar al mar, por más lejos que estuviera.

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Referencias Criterios de evaluación

Delgado, Myriam (2016). La aventura del lector 6. Editorial Comunicarte. Córdoba Capital.

Giardinelli, Mempo (2003). El género negro. Orígenes y evolución de la literatura policial y su o Uso adecuado de las normativas ortográficas, coherencia, cohesión, ductilidad, fluidez y
influencia en Latinoamérica. Capital Intelectual. Buenos Aires. adecuación en la producción oral y expresión escrita en situaciones comunicativas y soportes
diversos.
Gover de Nasatsky M., Ardissone, E. et. al (2017) Narrativa policial argentina: aporte para una
bibliografía. Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Buenos Aires. Ciudad o Precisión y pertinencia en el manejo de lenguaje específico propio de la materia y dominio
Autónoma de Buenos Aires. conceptual de los contenidos, dando cuenta de la apropiación de una reflexión crítica cada vez
más compleja e inferencias profundas.
Vasallo, Isabel…(et. al.). (2012). Una literatura argentina, americana y universal. Editorial
Kapelusz. o Adquisición progresiva de autonomía de aprendizaje considerando el error como parte
fundamental del proceso de enseñanza y aprendizaje que posibilita la flexibilidad de los
procesos metacognitivos, la autorregulación, la exploración y, finalmente, la adquisición de
capacidades fundamentales.
Modo de evaluación y formato
o Demostración de responsabilidad y compromiso en el cumplimiento de tareas solicitadas en
el tiempo acordado con la docente y participación activa en instancias que requieren del trabajo
individual y colaborativo, tanto de manera creativa como pautada, de temas literarios y no
literarios.
Delgado, Myriam (2016). La aventura del lector 6. Editorial Comunicarte. Córdoba Capital.
o Participación atenta en conversaciones acerca de experiencias personales, textos leídos y
Giardinelli, Mempo (2003). El género negro. Orígenes y evolución de la literatura policial y su escuchados, respetando pautas de intercambio requeridas en cada situación comunicativa,
influencia en Latinoamérica. Capital Intelectual. Buenos Aires. sosteniendo el tópico de la conversación con adecuación al tono y propósito (reflexivo, para
convencer o informar) e incluyendo un vocabulario acorde al contenido tratado.
Vasallo, Isabel…(et. al.). (2012). Una literatura argentina, americana y universal. Editorial
Kapelusz.

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