Sistema Sexo-Género y Roles de Género
Sistema Sexo-Género y Roles de Género
BIBLIOGRAFÍA ........................................................................................................ 27
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UNIDAD 1: CONCEPTOS DE SEXO Y GÉNERO
1. ¿Qué es el Género?
El surgimiento del concepto género se remonta a las décadas de 1950 y 1960 con los
estudios de los investigadores John Money y Robert Stoller. Quien primero utiliza el
término es John Money en 1955 en el marco de sus estudios sobre disfunciones
sexuales, señalando que la identidad de género de una persona dependía más de cómo
había sido educado de niño o niña, y que podía resultar distinto del sexo biológico.
Luego, Robert Stoller en 1968 recoge los planteamientos de Money señalando que el
vocablo género no tiene un significado biológico, sino psicológico y cultural, así los
términos que mejor corresponden al sexo son macho y hembra, mientras que los que
mejor califican al género son masculino y femenino, y éstos pueden llegar a ser
independientes del sexo biológico. Posteriormente, el concepto se introduce en otros
ámbitos de estudio para referirse al sistema de jerarquías sociales basado en las
diferencias sexuales en el marco de los estudios de la mujer desarrollados dentro de las
ciencias sociales.
SEXO GÉNERO
Diferencias y características biológicas, Conjunto de ideas, creencias y atribuciones
anatómicas, fisiológicas y cromosómicas de los sociales, construidas en cada cultura y
seres humanos que los definen como hombres momento histórico, tomando como base la
o mujeres. diferencia sexual; a partir de ello se construyen
los conceptos de “masculinidad” y “feminidad”,
los cuales determinan el comportamiento, las
funciones, oportunidades, valoración y las
relaciones entre hombres y mujeres.
Características biológicas presentes en un ser Red de rasgos de personalidad, actitudes,
vivo que determinan su función en la sentimientos, valores, conductas y actividades
reproducción de la especie, en base a la cual se que, a través de un proceso de construcción
le define como macho o hembra. En los seres social, diferencia a los hombres de las mujeres.
humanos, el macho es denominado hombre, y
la hembra, mujer.
Se nace con esas características, son Son construcciones socioculturales que pueden
universales e inmodificables. modificarse, dado que han sido aprendidas.
Fuente: INAMU México (2007) y Guerrero et al (2004)
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intersexualidad como “todas aquellas situaciones en las que el cuerpo sexuado de un
individuo varía respecto al standard de corporalidad femenina o masculina
culturalmente vigente” (CIDH, 2012). La intersexualidad puede presentarse en
diferentes grados, siendo por ejemplo una cantidad menor o mayor a la esperada de
las hormonas sexuales correspondiente al sexo asignado al nacer, hasta la presencia
de órganos sexuales de ambos sexos.
Pero más allá de las diferentes corrientes y definiciones en torno al sexo y al género, lo
cierto es que las sociedades, incluida la nuestra, han construido diferencias sociales y
culturales a partir de las diferencias biológicas, y que estas diferencias han devenido
como desigualdades.
De este modo, el problema no está en las diferencias biológicas que existen entre
hombres y mujeres, el problema está en que estas diferencias han sido organizadas
social y culturalmente de forma injusta y desigual, dando una mayor valoración a lo
que se asocia con lo masculino y una menor valoración a lo que se asocia con lo
femenino.
2. El sistema sexo-género
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✓ Es interseccional, es decir está atravesado por otras variables sociales tales como
la clase social, el pertenecer o no a un pueblo originario, el estar o no en situación
de discapacidad, etc.
✓ Es jerárquico porque la diferencia que establece entre hombres y mujeres ni es
neutra, implica valoraciones que atribuyen mayor importancia y valía a las
características y actividades asociadas con el hombre.
a) Enfoque de interseccionalidad
Para Rashida Manjoo, ex Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas
y consecuencias, este enfoque es importante porque (en Informe de la ONU del 2011):
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✓ La multiplicidad de formas de violencia contra la mujer, así como el hecho de que
a menudo esta violencia se produce en la intersección de diferentes tipos de
discriminación, hace necesario adoptar una estrategia múltiple.
b) Enfoque de interculturalidad
Un poco más adelante, se mencionó que el sistema sexo-género era “situado”, situado
geográfica, histórica y culturalmente. La forma en que las mujeres indígenas o
afrodescendientes viven las desigualdades de género son distintas en intensidad y en
forma, por eso los análisis y las intervenciones estatales deben incorporar un enfoque
de género culturalmente situado.
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mientras que entre las jóvenes afrodescendientes sin rezago el rango se situaba entre
el 4% y el 11% respectivamente (UNFPA/CEPAL, 2011).
• En Panamá, mientras los niños indígenas con rezago educativo superan en un 12%
a sus pares no indígenas, en el caso de las niñas esta diferencia es casi el doble (20%)
(CEPAL/UNICEF, 2012).
• Para el 2007, la población afrodescendiente representaba el 1% del total de curules
de la región. Las mujeres afrodescendientes, por su parte, alcanzaban apenas el 0,3%.
Ellas ocupaban un 1% de los escaños en la Cámara de Diputados en Brasil y ninguno
en la Cámara de Representantes de Colombia, a pesar de que constituyen el 25% y el
6% de la población total de sus países respectivamente (Htun, 2012).
• En el Estado de Paraná en Brasil se reporta que las madres “pretas” tienen más del
triple de riesgo de morir que las “brancas” (Oyarce y otros, 2010)
• En México, por ejemplo, de los 500 escaños de la Cámara Alta del Congreso de la
Unión, 6 de ellos fueron ocupados por indígenas y de éstos sólo uno era ocupado por
una mujer. En la Cámara baja, por su parte, de los 128 escaños sólo 1 de ellos
correspondía a una mujer indígena (Chunji, 2011).
(PNUD, 2013)
En este escenario, se vuelve imprescindible que cualquier análisis o acción estatal que
esté orientada a mejorar las condiciones de las mujeres y/o a combatir las desigualdades
de género, consideren como un elemento de suma importancia la diversidad cultural, lo
cual es posible a través de la incorporación del enfoque de la interculturalidad.
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UNIDAD 2: ¿CÓMO SE CONSTRUYE EL GÉNERO?
MUJER HOMBRES
Debe cuidar el hogar e hijas/os Debe proveer al hogar
ROL DE GÉNERO Debe ser sensible y emotiva Debe ser racional
Debe ser delicada Debe ser fuerte
Todas las mujeres son emocionales, Todos los hombres son proveedores,
ESTEREOTIPO DE
débiles y deben estar al cuidado del racionales y fuertes.
GÉNERO
hogar e hijos/as
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El sistema sexo-género vigente impone una determinada manera de ser hombre y de
ser mujer, la cual se ajusta a los roles de género socialmente asignados. A estos modelos
impuestos de cómo ser hombre y cómo ser mujer, se les llama “masculinidad
hegemónica” y “feminidad hegemónica”. Estos modelos hegemónicos son
internalizados por las personas a través de los mandatos de género.
Los mandatos de género son mensajes explícitos e implícitos, respecto a qué se espera
de hombres y mujeres y que significa ser hombre o ser mujer. Estos mandatos van
configurando la identidad de las personas a lo largo de toda la vida, y determinan las
formas de entender y enfrentar el mundo, y a nosotros/as mismos/as.
Los costos sociales se relacionan en general con prácticas violentas que generan
problemas en la convivencia social, como por ejemplo pandillas que cometen delitos
violentos, riñas, peleas callejeras, etc. Así como también prácticas arriesgadas o
imprudentes, por ejemplo, mientras conducen un vehículo.
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Los costos para las mujeres y las niñas refieren a la gran prevalencia de las distintas
formas de violencia y discriminación hacia las mujeres, las cuales se revisarán al final de
este módulo.
Y los costos personales, dicen relación con la mayor exposición a ser víctimas de
homicidios y lesiones (al asumir mayores riesgos y por las relaciones agresivas entre
pares), el ser privados de una parte de su sensibilidad, lo que limita su desarrollo
afectivo, la imposición y carga de ser los responsables principales del sustento familiar,
no tener prácticamente derechos laborales asociados al ejercicio de la paternidad, etc.
En Argentina un 33% de los accidentes de tránsito son provocados por mujeres en tanto que el
67% restante tiene como protagonistas a varones.
En argentina se pierden 170.000 años de vida potencial y 87.000 años de vida activa potencial a
causa de las muertes ocasionadas por el tránsito. Esto supone, además, un costo directo anual de
más de 6 millones de dólares y, considerando los años de vida perdidos por discapacidad, un costo
indirecto de más de 175 millones de dólares anuales.
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ALGUNOS DATOS RESPECTO A LOS COSTOS DE LA MASCULINIDAD HEGEMÓNICA
Costos Sociales Costos para las mujeres Costos para los varones
El modelo de masculinidad La principal consecuencia del las prácticas, asociadas al
vigente entiende la violencia modelo de masculinidad modelo de masculinidad
con un elemento constitutivo de hegemónica para las mujeres y hegemónica, conducen a los
la identidad masculina. Esto se las niñas son las diversas formas propios varones a situaciones
expresa en la alta presencia de de violencia a la cual se ven de riesgo social y personal, y en
prácticas violentas en espacios enfrentadas de manera casos extremos empujan a
de socialización masculina permanente y a lo largo de toda determinados “hombres” a la
(como las pandillas), y en que la vida. exclusión.
todos los delitos violentos son La desvalorización y Existen costos individuales para
más cometidos por hombres. menosprecio hacia lo femenino acceder y mantenerse en la
como forma de demostrar y categoría de “hombre de
Cerca de 95% de los homicidas reafirmar la masculinidad, y la verdad”.
a nivel global son hombres, un normalización/legitimación de la
porcentaje más o menos violencia masculina y la A nivel mundial 79% de las
constante de país a país y entre pasividad femenina, víctimas de homicidio son
regiones, independientemente fundamenta, legitima y hombres.
de la tipología de homicidio o el reproduce la Violencia Contra las Hay una tendencia regional y
arma empleada Mujeres (VCM). de género hacia las
(Informe Mundial de víctimas masculinas en
Homicidios, 2013). Se estima que el 35% de las homicidios vinculados a la
mujeres de todo el mundo ha delincuencia organizada y las
sufrido violencia física y/o pandillas.
sexual en algún momento de su (Informe Mundial de
vida Homicidios, 2013).
(ONU Mujeres, 2015).
Se estima que en todo el mundo
el 75% de toda la violencia
contra las mujeres es
perpetrada por su pareja o
ex pareja íntima masculina
(Fleming et al., 2015), que un
38% de los asesinatos de
mujeres es cometido por su
pareja o ex pareja (WHO, 2013).
Fuente: Elaboración propia
Es importante señalar que, si bien a nivel general siguen predominando los rasgos del
modelo de masculinidad hegemónica, en la actualidad existen hombres que, tanto de
manera grupal como individual, apuestan por transformar este modelo avanzando hacia
otro más igualitario. A esta corriente se le ha denominado “Nuevas Masculinidades”,
“Masculinidades Alternativas”, entre otras. Así como también existen grupos o prácticas
individuales vinculadas a una paternidad más activa e involucrada, abriendo espacios
para la demostración de afecto y cuidados por parte de los hombres.
El modelo de masculinidad hegemónica dicta que las mujeres deben ser: afectivas,
cariñosas, sensibles, dependientes, cuidar de los/as hijos/as, de la pareja y de los/as
personas dependientes (adultos/as mayores, enfermos/as, personas en situación de
discapacidad), y ser las responsables de los quehaceres del hogar.
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Los mandatos para el género femenino mandatan a las mujeres a olvidarse de sí mismas,
lo que en el sentido de la autoestima está en directa relación con que la valoración de
las fortalezas, capacidades, habilidades y valor que las mujeres tienen como personas se
definen en función del desarrollo de acciones orientadas hacia el bienestar de los/as
demás en desmedro del propio.
Para las mujeres, los mandatos de género habitualmente operan como sentimientos
de culpa, uno de los principales guardianes del deber ser femenino definido
socialmente. Y externamente las consecuencias explícitas a su desobediencia al
modelo hegemónico de feminidad operan como sanciones sociales; por ejemplo,
cuando las mujeres no cumplen el deber ser asociado a la maternidad se les asocia
como personas egoístas o desnaturalizadas respecto de su función reproductiva.
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Para Sonia Montecino, el ícono mariano tiene vital importancia en América Latina para
la reproducción de ciertos valores ligados a lo femenino, el marianismo es un símbolo
cultural universal que adquiere particularidades en el ethos mestizo latinoamericano,
pues su perfil, en este territorio, es sincrético, siendo así un soporte clave del
imaginario mestizo latinoamericano.
La hipótesis de la autora es que la alegoría mariana se ha erigido como relato fundante
de nuestro continente, pues resuelve nuestro problema de origen (ser hijos de una
madre india y de un padre español) y nos entrega una identidad inequívoca en una
madre común. La gestación de la imagen de la Mater Común ha ocurrido paralela a la
negación de nuestro ser mestizo, a la constitución de una identidad aparentemente
no problemática. “El marianismo sería un elemento central para el encubrimiento de
nuestros orígenes históricos, al proponer una génesis trascendente, un nacimiento
colectivo desde el vientre de la diosa-madre” (Montecino S., 1993, p. 31).
Este culto a María ha significado en la práctica que la visión de la Mujer en
Latinoamérica se asocie directamente a la imagen de madre, lo cual la limita al ámbito
de lo privado y de lo doméstico, al cuidado del hogar y de la familia, así como también
le niega su condición de sujeta sexuada, dando a su cuerpo la misión de procrear,
nutrir y cuidar. Además, la mujer-madre es amable, sumisa y siempre dispuesta a
postergarse por el bienestar de los demás, sobre todo si son su familia.
Todas estas características del modelo de feminidad hegemónico, van dejando a las
mujeres en un lugar de dependencia y de subordinación, circunscrita al espacio privado,
a lo doméstico, donde la maternidad podría traer prestigio, pero no necesariamente
autonomía.
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3. Distinciones conceptuales entre identidad de género, expresión de género y
orientación sexual
o La Identidad de Género, refiere a “la vivencia interna e individual del género tal
como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no
con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal
del cuerpo (que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función
corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que
la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la
vestimenta, el modo de hablar y los modales” (CIDH, 2012). Dentro de la
categoría de identidad de género se incluye la categoría trans.
Puesto que la identidad de género puede ser o no congruente con el sexo asignado al nacer,
se han acuñado los siguientes conceptos:
- Persona Cisgénero: Su identidad de género es congruente con su sexo asignado
- Persona Transgénero: Su identidad de género es Incongruente con su sexo asignado
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a la capacidad mantener relaciones íntimas y sexuales con estas personas” (CIDH,
2012). Cuando hablamos de orientación sexual nos referimos a la
heterosexualidad (atracción por personas de sexo diferente al propio), la
homosexualidad (atracción por personas del mismo sexo) y la bisexualidad
(atracción por personas de ambos sexos).
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1. División sexual del trabajo
Esta distinción entre los ámbitos de la vida social que le corresponden a mujeres y
hombres, se expresa en las labores que se espera que desempeñe cada uno/a, lo cual
ha sido denominada División Sexual del Trabajo, distinguiendo entre trabajo
productivo, (mercantil o remunerado) y reproductivo (doméstico o no remunerado).
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2. Consecuencias de la división sexual del trabajo
Cuando las mujeres entran al sistema laboral tienen que enfrentarse a una estructura
masculina, que privilegia el trabajo productivo y dificulta su compatibilidad con las otras
esferas de la vida como el trabajo reproductivo, el ocio y la participación política. Por su
parte los hombres, encuentran dificultades para vivir una vida no reducida a lo laboral y
participar en condiciones equitativas en el trabajo reproductivo (SURT).
Diversos estudios realizados sobre el tema del empleo muestran que, a pesar de que las
mujeres en los últimos años han aumentado notablemente su presencia en el mundo
laboral, sus recorridos laborales son diferentes a los de sus colegas hombres y la
discriminación que sufren afecta sus carreras laborales, además de condicionar sus
opciones en la vida privada.
La segregación sexual del trabajo implica un acceso diferencial entre hombres y mujeres
a ocupaciones y puestos de trabajo, ramas y categorías ocupacionales. Constituye un
factor determinante de la calidad del empleo femenino y de su evolución, al mismo
tiempo que afecta la relación con el trabajo reproductivo, el ocio y la participación
ciudadana (SURT).
Son variadas las formas de segregación que las mujeres encuentran en su vida laboral,
entre ellas se habla principalmente de la segregación horizontal y segregación vertical.
La segregación vertical se refiere a las dificultades que tienen especialmente las mujeres
para poder desarrollarse profesionalmente. Son conocidas las desigualdades que limitan
que la mujer ocupe puestos con poder decisorio, o los así como las condiciones laborales
que las afectan: son las que trabajan más a tiempo parcial o en formas laborales de
flexibilidad o jornada continuada y el salario femenino, para el mismo cargo y las mismas
funciones, es frecuentemente más bajo que el salario masculino.
Nos encontramos ante el denominado techo de cristal, expresión que se utiliza desde
hace décadas para explicar las dificultades que tienen las mujeres para acceder a los
puestos de poder y responsabilidad. Cuanto más poder y responsabilidad tenga el
puesto, peor, más dificultades para llegar. Su carácter de invisibilidad viene dado por el
hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles
que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido sobre la base
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de otros rasgos que por su invisibilidad son difíciles de detectar (arraigados en la
cultura).
Las cifras demuestran que el techo de cristal no se ha roto y desmienten esa falsa imagen
de centenares de mujeres copando cargos de responsabilidad.
Uno de los indicadores clave en este sentido son los consejos de administración de las
grandes empresas. Sus miembros gozan de poder para definir el curso económico del
mundo. En la mayor parte de los casos, la composición de los consejos de administración
es desproporcionadamente masculina. La razón es simple: la mayoría de los consejeros
provienen de los altos ejecutivos de las grandes empresas y muy pocas mujeres han
alcanzado estos puestos.
De acuerdo con un estudio del año 2015 elaborado por la organización Corporación
Internacional de Mujeres Directivas (CWDI, por su sigla en inglés), las mujeres sólo
ocupan el 6,4% de los consejos de administración de las 100 mayores empresas de
Latinoamérica
Entre los países latinoamericanos, Colombia lidera con el 13,4% el número de los cargos
de dirección de grandes empresas ocupados por mujeres, una cifra que representa más
del doble de la media de la región. Brasil, con 42 compañías en la lista de las cien
mayores empresas de Latinoamérica, posee una media de 6,3% de presencia femenina,
mientras que Chile tiene un 3,2%, lo que representa el porcentaje más bajo de la región.
Todas las formas de segregación por género en el mercado laboral están ligadas a
normas sociales y pautas culturales profundamente arraigadas en la sociedad que
relacionan a las mujeres con las tareas históricamente consideradas femeninas. Lo
mismo sucede con la división de tareas al interior de los hogares que conduce a una
sobrecarga de las mujeres, ya que son éstas quienes con mayor frecuencia se ocupan de
las tareas domésticas y de cuidados de terceros, no remuneradas.
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segmento que es el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que se realiza en
los hogares, para proveer servicios a los miembros de la familia y la comunidad.
Si bien durante las últimas décadas hubo una gran incorporación de mujeres al mercado
del trabajo y se incrementó considerablemente la tasa de actividad femenina, este
proceso no fue acompañado por una igual inserción masculina en las tareas domésticas
y de cuidado. Como consecuencia, esta situación genera una precaria inserción
femenina en el mercado laboral y la persistencia de la doble jornada de trabajo para las
mujeres.
En un día tipo, las mujeres destinan en promedio a nivel nacional 5,89 horas al trabajo no
remunerado, mientras que los hombres destinan 2,74 horas. Estas diferencias se presentan
también en los días de semana y fin de semana, donde los hombres a nivel nacional destinan
en un día de semana 2,74 horas en promedio al trabajo no remunerado y las mujeres 6,07
horas en promedio. En día de fin de semana el tiempo destinado al trabajo no remunerado
se incrementa, ya que los hombres destinan 3,50 horas en promedio y las mujeres 6,12
horas.
Fuente: Informe de Resultados, Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) INE, 2016.
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en términos de autonomía de las mujeres, pueden tener las políticas públicas
implementadas para atender esta cuestión (Rodríguez, 2015).
“A las ocho horas promedio de trabajo remunerado en Chile, se le suman las horas de
trabajo doméstico. La jornada de trabajo de las mujeres duplica a la de los hombres.
Por esta razón, se han introducido una serie de metodologías orientadas a medir el
tiempo total de trabajo así como también los estudios sobre uso del tiempo, que
permiten conocer más a fondo la interrelación entre trabajo remunerado y no
remunerado y los efectos sobre la vida de las mujeres” (Carrasco, 2006).
La revitalización de este debate dentro del campo económico dio lugar a la promoción
del concepto de economía del cuidado (Rodríguez, 2015). Existen diversas definiciones
de la economía del cuidado. Salvador (2007) explica que ésta es el espacio donde la
fuerza de trabajo se reproduce y mantiene, incluyendo todas aquellas actividades que
involucran las tareas de cocina y limpieza, el mantenimiento general del hogar y el
cuidado de los niños y las niñas, enfermos y personas con discapacidad. Considera que
una gran parte de esta economía está a cargo de las familias y, en su interior, de las
mujeres que han sido históricamente quienes se han encargado de desarrollar estas
tareas en forma no remunerada.
Hay que tener presente que el mundo del trabajo (mundo mercantil) sólo puede
funcionar de la manera que lo hace porque descansa, se apoya y depende del trabajo
familiar, fundamentalmente femenino.
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o Muchas mujeres buscan trabajos más flexibles, aunque sean más precarios y
peor pagados, para poder compatibilizar el trabajo productivo con el
reproductivo.
o La dependencia económica hace que muchas mujeres se mantengan en
relaciones abusivas y violentas, por no sentirse capaces de sostener
económicamente su hogar.
o Al estar dedicadas al trabajo que se realiza en el espacio privado, las mujeres han
estado históricamente excluidas de las esferas de poder político y social.
•
3. Desigualdades de genero
Como se señaló anteriormente, la división sexual del trabajo, al igual que el sistema
sexo-género no es neutral, y al circunscribir a las mujeres al espacio privado y al hacerlas
responsables del trabajo reproductivo, les genera situaciones de desventaja y mayor
vulnerabilidad en comparación a los hombres. A continuación, se revisarán tres aspectos
en los cuales se expresa esta discriminación estructural.
En nuestro país, y respecto de los derechos políticos las mujeres ejercen su derecho a
elegir, pero siguen sin poder ejercer en forma plena el derecho a ser electas.
Actualmente, Chile posee uno de los porcentajes más bajos de la región en
representación femenina en el Poder Legislativo, y la situación en el ámbito local no es
mucho mejor (el 15,8% de las parlamentarias son mujeres y solo el 12% de los alcaldes).
Distribución de cargos
Mujeres en las directivas de los partidos políticos
Cargo Porcentaje
Presidentas 23%
Secretarias generales 19%
Tesoreras 48%
Fuente: Unidad de Igualdad y Diversidad, Universidad de Valparaíso en base a datos de
SERVEL [Link]
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Cuadro Resumen “Ser Política en Chile”
Cargo Porcentaje
Alcaldesas 11,8% (Elecciones Municipales 2016)
Concejalas 24,6%
Consejeras regionales 19%
Ministras 34%
Subsecretarias 36%
Altos niveles jerárquicos de la administración 20%
pública
Presencia total de mujeres en la 58%
administración pública
Fuente: Unidad de Igualdad y Diversidad, Universidad de Valparaíso, en base a datos
obtenidos de SERVEL en 2016, y el sitio web del Congreso Nacional [Link]
¿Cuáles son las principales barreras para que las mujeres no participen con mayor
presencia en la vida pública en general, y política en particular?
La OSCE1, así como el PNUD y CEPAL, entre otras instituciones, han revisado la
experiencia internacional y han concluido que existe evidencia fundada para mostrar
que la estrategia más efectiva para promover el aumento de mujeres en cargos electos
y en cargos de decisión son las medidas de acción afirmativa como las cuotas electorales
o la paridad.
Las cuotas, ejemplo de medidas de acciones positivas, buscan corregir esta desigualdad
estructural. Es decir, su necesidad se justifica toda vez que contribuye a compensar una
situación de injusticia.
1
Organization for Security and Cooperation in Europe.
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Desde esta óptica las cuotas electorales, son uno de los medios constitucionalmente
admisibles para revertir la actual situación desmejorada de la mujer en la vida pública y
contribuirá a profundizar la democracia como aquel espacio público de deliberación
verdaderamente representativo (Zúñiga, 2007).
“La historia del acceso de las mujeres a los puestos de poder no queda bien descrita
usando categorías en blanco o negro. No se trata de que las mujeres estén
completamente excluidas del ejercicio del poder, ni que las que acceden al él lo
hagan plena y definitivamente. En el acceso a las decisiones las mujeres
experimentan un trayecto largo, difícil y escarpado. Aquello que ha sido llamado el
‘techo de cristal’, es decir, ese límite invisible pero real a su ascenso en el poder, se
parece más bien a un laberinto. Él es perfectamente visible y consciente para
aquellos que participan en los espacios de las elites. El laberinto tiene ideas y vueltas,
desvíos, zonas nebulosas, oscuridades y silencios.
Todo ello oculto tras declaraciones políticamente correctas. Las mujeres deben
sortear permanentemente toda suerte de obstáculos tanto en sus trayectorias
públicas como en sus esferas domésticas, familiares y afectivas para acceder a tomar
las decisiones que las afectan.” (PNUD, 2010)
En relación con los derechos económicos, en Chile las mujeres aún presentan una baja
participación laboral en comparación con los hombres y el resto de los países de la
región. El Instituto Nacional de Estadística (INE) de Chile, en los resultados de la Encuesta
Nacional de Empleo para el año 2016, muestra que la tasa de participación laboral de
las mujeres alcanzó el año 2016 al 48% y se ha mantenido en torno a la misma cifra, con
una disminución de 0,2% en las últimas tres mediciones y además de ello el promedio
de participación laboral para América Latina y el Caribe, de acuerdo con la CEPAL (2016)
se ha estancado durante los últimos años en torno al 53%.
Además, sigue habiendo una brecha significativa en términos de ingreso, pues las
mujeres perciben en promedio remuneraciones un 30% más bajas que sus pares
hombres. Junto con ello, a pesar del aumento en los niveles de escolaridad, las mujeres
acceden escasamente a cargos gerenciales y de decisión dentro de las empresas.
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que fue promulgada el año 2009, pero que a la fecha no ha sido implementada debido
a limitaciones de recursos y capacidades para hacerlo (PNUD, 2014).
De acuerdo a los datos analizados por el INE (2015) el trabajo femenino tiende a
concentrarse en determinadas actividades. Además, ellos y ellas acceden a ocupaciones
que se caracterizan por contar con diferentes condiciones laborales. La segregación
horizontal del mercado laboral contribuye a perpetuar los estereotipos de género
relacionados con los roles apropiados para las mujeres: orientadas a los temas sociales,
de cuidado y reproducción. El hecho de que el sector de Trabajo Doméstico esté
ocupado de forma mayoritaria por mujeres ejemplifica de forma más clara cómo la
división sexual del trabajo contribuye a su vez a moldear los espacios laborales. El sector
primario es el tercero en importancia porcentual de la ocupación femenina, tras el
sector terciario (85,3%) y el sector secundario (9,8%). Es importante relevar que la
distribución porcentual de la ocupación masculina es más equitativa que la de las
mujeres: ellos se ubican en los sectores terciario, secundario y primario con un 54,7%,
27,5% y 17,8%, respectivamente.
Es decir, las mujeres tienen una muy baja participación porcentual en los sectores de
extracción de materias primas y en el sector industrial de la economía chilena. La
segmentación laboral y la segregación sexual del mercado, que combina factores de
mercado con atribuciones culturales, reflejan la existencia de sectores económicos
feminizados.
Las brechas salariales que existen entre ambos sexos, por su parte, son de gran
relevancia en tanto existen en todos los sectores económicos y ocupaciones, siendo
negativas para las mujeres. Los datos demostraron que las mujeres en Chile presentan
mayor capital humano que los hombres, al menos en lo que se refiere a la educación
formal, pues las encuestas analizadas no permiten conocer de forma directa las
capacitaciones que trabajadores y trabajadoras reciben a lo largo de su desempeño
profesional. Así, aun cuando ellas poseen un capital humano mayor que el de los
hombres, en promedio sus remuneraciones son más bajas, situación producida en parte
porque acceden en menor medida a posiciones de poder dentro de las organizaciones
donde se desempeñan. El enfoque del capital humano es de gran relevancia para ser
utilizado en el análisis de brechas, pues, si bien es evidente que a mayor capital humano
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mayor remuneración, en el caso de las mujeres a igual o superior capital humano que
sus pares varones, en promedio, reciben salarios menores. Esta situación reflejaría
problemas de subutilización de capital humano y sus consecuencias negativas sobre la
productividad del país (INE, 2015).
De acuerdo a ONU Mujeres, el 35% de las mujeres en el mundo ha sufrido violencia física
o sexual en algún momento de su vida (OMS, 2013). Nos referimos a diversas formas de
violencia, tales como:
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Y hay más. Son diversos los informes que señalan que esta violencia no ha hecho sino
aumentar (Cepal, 2016; ONU, 2016; Femenías y Soza, 2009), de tal modo que la violencia
contra las mujeres se “presentaría en la actualidad como una auténtica pandemia
mundial al compás de la globalización” (Femenías y Soza, 2009: 58).
A nivel nacional, hay datos que se replican. Así, por ejemplo, la última Encuesta Nacional
de Victimización por Violencia Intrafamiliar y Delitos Sexuales, llevada a cabo en 2013
por el Ministerio del Interior y Seguridad Pública, dio cuenta que el 31,9% de las mujeres
ha sido víctima, alguna vez en su vida, de violencia perpetrada por sus familiares, su
pareja o expareja (Proyecto de Ley Boletín 11.077-07, 2016). En relación a la forma más
extrema de violencia contra las mujeres ―el femicidio―, las estadísticas para 2016 del
Sernameg y la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, registran 34 y 52
femicidios, respectivamente.
Fuente: Elaboración propia en base a información obtenida por la Red Chilena contra la Violencia
hacia las Mujeres y el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género
En 1994 se promulgó la primera ley de violencia intrafamiliar, la que fue sustituida diez
años después por la Ley 20.066 del año 2005, con el objeto de mejorar el manejo y
judicialización de los casos de violencia intrafamiliar. También se ha reconocido el
femicidio como una de las manifestaciones más graves de la violencia contra las
mujeres, y se tipificó la muerte violenta de una mujer por el abuso del poder de género
que se produce en el seno de una relación de pareja, actual o pasada, como un delito
distinto a otros tipos de asesinatos (Ley 20.480, sobre femicidio, del año 2010).
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No obstante, el impulso de un marco legal más amplio que considere no solo la violencia
en la familia, sino también otros tipos de violencia contra las mujeres es un desafío
pendiente (PNUD, 2014).
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