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Lectio Divina Corpus Christi

El documento presenta una guía para realizar la lectio divina, que incluye invocación al Espíritu Santo, lectura del texto bíblico, meditación sobre el significado y contexto del texto, oración personal sobre lo que el texto enseña, y contemplación sobre cómo vivir estas enseñanzas. El texto bíblico analizado es la multiplicación de los panes y los peces, y se explican las similitudes y diferencias con la Última Cena y la Eucaristía.

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Lectio Divina Corpus Christi

El documento presenta una guía para realizar la lectio divina, que incluye invocación al Espíritu Santo, lectura del texto bíblico, meditación sobre el significado y contexto del texto, oración personal sobre lo que el texto enseña, y contemplación sobre cómo vivir estas enseñanzas. El texto bíblico analizado es la multiplicación de los panes y los peces, y se explican las similitudes y diferencias con la Última Cena y la Eucaristía.

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LECTIO DIVINA

Invocación al Espíritu Santo


En ambiente de silencio y oración se recita la siguiente oración pidiendo la
asistencia del Espíritu Santo:
¡Oh Dios! Tú eres nuestro Padre y nosotros somos tus hijos: abre nuestras
mentes a la escucha y comprensión de tu Palabra y danos un corazón dócil a
cuanto hoy nos dirá tu Santo Espíritu.

Lectio

El primer momento de la Lectio consiste en seleccionar el texto y leerlo varias


veces hasta el punto de memorizarlo.
9«11Pero las multitudes dándose cuenta, lo siguieron; los acogió y les habló
sobre el Reino de Dios y a los que tenían necesidad de curación, curaba. 12El
día comenzaba a declinar; acercándose los Doce le dijeron: “Permite que la
multitud se vaya a las aldeas del contorno y pueblos para que se alojen y
encuentren provisiones”. 13Dijo a ellos: “vosotros dadles de comer”. Pero ellos
dijeron: “no tenemos más que cinco panes y dos peces, a menos que vayamos
14
a comprar, para toda esta multitud, provisiones”. Pues eran,
aproximadamente, cinco mil hombres. Dice a sus discípulos: “haced que se
sienten en grupos de unos cincuenta” 15e hicieron esto y se sentaron todos. 16Y
tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los
bendijo, los partió y dio a los discípulos para entregar a la multitud.
17
Comieron y fueron saciados todos y fueron recogidas doce cestas con los
pedazos de sus sobras1».

1
La traducción es personal. El texto griego está tomado de la edición crítica de E. NESTLE y
K. ALAND, Novum Testamentum Graece, Stuttgart 201228.
Meditatio

En el segundo momento de la Lectio el orante, ayudado con los elementos


propios de la exégesis bíblica, trata de comprender «qué dice el texto».
Contexto inmediato

La multiplicación de los panes y los peces es narrada por los cuatro


evangelistas, esto quiere decir que fue uno de los milagros de Jesús que más
causó admiración y que quedó en la memoria de la Iglesia primitiva. Con el
trascurrir de los años y con la madurez que fue adquiriendo la predicación
apostólica este relato se asoció a la celebración eucarística.

El texto hace parte del capítulo 9. Jesús envía a los Doce «con poder y
autoridad» (v.1) a la misión. En el v.10, los Doce le cuentan, al Señor, sobre el
éxito de la misión. Lo mismo que ha hecho Jesús de predicar, expulsar
demonios y curar enfermos, ahora lo hacen los Doce, porque han recibido
«poder y autoridad». Pero viene algo nuevo que no han visto los apóstoles ni
la gente: «la multiplicación de los alimentos».

La multiplicación de los alimentos y la Eucaristía

Entre el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y la Eucaristía


hay semejanzas y diferencias:

Semejanzas

«El día comenzaba a declinar»; así también la Última Cena se celebró


«Cuando llegó la hora» (22,14), es decir, al atardecer.
«Vosotros dadles de comer» es la orden que Jesús da a sus discípulos así,
también, Jesús ordena a sus discípulos: «Id y preparadnos la Pascua para que
la comamos» (22,8).

Los discípulos organizan a la gente para la comida en común: «Haced que se


sienten en grupos de unos cincuenta e hicieron esto y se sentaron todos»; antes
de la Última Cena, Jesús les encarga organizar todo para la Pascua: «Fueron y
lo encontraron tal como les había dicho y prepararon la Pascua» (22,13).

El momento más importante del milagro son los gestos que se describen así:
«Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los
bendijo, los partió y dio a los discípulos para entregar a la multitud»; en la
Última Cena los gestos son los mismos: «Tomó pan, dio gracias, lo partió y se
lo dio» (Lc 2219).

Diferencias:

La multiplicación de los alimentos sucede en Betsaida (9,10), mientras que la


última Cena se realiza en la «sala grande», identificada con el «Cenáculo».
Una comida, la de la multiplicación de los alimentos en lugar abierto, la
Última Cena, en lugar cerrado.

En la multiplicación de los alimentos, los panes y los peces son alimentos


comunes y hacen parte de la alimentación diaria de la gente del tiempo del
primer siglo. Mientras que los alientos de la Última Cena debían cumplir con
unas exigencias propias de la fiesta de la pascua.

En la multiplicación de los alimentos Jesús, toma los panes y los peces, hace
la oración de acción de gracias, los parte y se los da a sus discípulos para que
éstos se los den a la gente y puedan comerlos. La intención es que la gente
calme el hambre, mientras que en la Última Cena Jesús, después de hacer la
oración de acción de gracias (y en el caso del pan, lo parte) lo da a sus
discípulos y las palabras que pronuncia están en relación con su muerte (para
el pan dice que «será entregado» y para la copa dice que «será derramada»);
un alimento (panes y peces) es para saciar el estómago, el otro alimento (pan y
vino) es el alimento sacramental.

Otra diferencia es que en la multiplicación de los alimentos sobra mucho:


«doce canastos». En la Última Cena no se dice nada, al respecto. Hay quienes
interpretan las «sobras de los panes y los peces» como una invitación a la
caridad: en el mundo hay alimento para todos, simplemente hay que saberlo
distribuir y así, se puede saciar el hambre, especialmente de los más pobres.

¿En qué momento se multiplicaron los panes?2

El versículo 16 tiene tres verbos en pasado: «los bendijo», «los partió» y


«dio». Los dos primeros (bendijo y partió) están conjugados en un tiempo
pasado, que en la gramática griega se llama «aoristo», este es un tiempo verbal
que indica una acción realizada en el pasado de forma puntual, concreta. El
tercer verbo «dio» es también un pasado, como los otros dos, pero está
conjugado en otro tiempo, que se llama «imperfecto» y una de las
características de este tiempo verbal es que la acción pertenece al pasado
(porque ya sucedió) pero sus efectos siguen teniendo influencia en el
momento presente, de allí que en el caso del milagro de la multiplicación de
los panes y los peces la multiplicación se realizó en las manos de Jesús, al

2
Max Zerwick, El griego del Nuevo Testamento, Estella (Navarra) 2006, n.271.
entregar los panes a los discípulos, los cuales iban a llevar los alimentos a la
gente y volvían a Jesús por más alimento.

Oratio

Después de saber «qué dice el texto», la Palabra de Dios comienza a iluminar


algunas realidades de la propia vida. Entonces surge la pregunta ¿qué me dice
el texto?
Propongo la reflexión de Silvano Fausti donde hace una relación entre la
multiplicación de los panes y los peces con la experiencia del pueblo de Israel
en el desierto (Moisés y el Maná) y la Eucaristía3.

«El pasaje hace alusión a la celebración eucarística en todo su valor histórico-


escatológico. Ella coloca al que la celebra en el corazón del misterio de Dios,
en la memoria de su pasión por nosotros, en el anticipo de su resurrección y en
la espera de su retorno. Los Doce (v.12) –que se vuelven inadvertidamente los
discípulos (v.16) que continuarán su acción– son los siervos de este banquete.
Convocan, acogen, reciben y distribuyen a todos el pan partido y entregado
como un don por el Señor. Lo sobrante no se guarda, como el contenido de un
gomor de maná (Ex 16,32ss.), sino que es lo que los discípulos tienen
siempre reservado para darlo a todos y siempre. Además este pan se puede y
se debe conservar (Jn 6,12). A diferencia del maná que perece (Ex 16,17-21),
éste no perece nunca (Jn 6,27). Aún más: tiene el poder de preservar de la
muerte al que come de él (Jn 6,32-36.48-51). En él el Señor quiere y puede
finalmente revelar su misterio de amor hacia el Padre y hacia nosotros
(10,21s.). Este pan nos coloca en el centro de la Trinidad, como hijos en el
Hijo y nos hace como Él oyentes de la palabra del Padre que transfigura el
3
Silvano Fausti, Una comunidad lee el Evangelio de Lucas, Bogotá 2009, 290.
rostro (cf.v.35). En el centro de este este pasaje está el versículo 16, que repite
las palabras de la última cena. Ahora la presencia de Dios que en el Éxodo
sacia a su pueblo es sustituida por Cristo que parte el pan: es el Señor
glorificado, que la comunidad experimenta en la cena del Señor».

Contemplatio

La Palabra de Dios impulsa a la acción. ¿Cómo puedo vivir esta Palabra en mi


vida?
Propongo tres prácticas para hacer vida el Evangelio:

Asistir a la Misa de Corpus Christi y a la procesión el jueves o domingo,


según las circunstancias del lugar.

Hacer una obra de caridad con una familia pobre atendiendo a la petición de
Jesús: «Vosotros dadles de comer».

Hacer una visita al Santísimo (Reserva Eucarística) y recitar el himno de


Santo Tomás de Aquino «Lauda, Sion»:

Alaba, alma mía, a tu Salvador; alaba a tu guía y pastor con himnos y cánticos.

Pregona su gloria cuanto puedas, porque él está sobre toda alabanza, y jamás
podrás alabarle lo bastante.

El tema especial de nuestros loores es hoy pan vivo y que da vida.

El cual se dio en la mesa de la sagrada cena al grupo de los doce apóstoles sin
género de duda.

Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre, sea pura la alabanza de nuestra alma.

Pues celebramos el solemne día en que fue instituido este divino banquete.
En esta mesa del nuevo rey, la pascua nueva de la nueva ley pone fin a la
pascua antigua.

Lo viejo cede ante lo nuevo, la sombra ante la realidad, y la luz ahuyenta la


noche.

Lo que Jesucristo hizo en la cena, mandó que se haga en memoria suya.

Instruidos con sus santos mandatos, consagramos el pan y el vino, en


sacrificio de salvación.

Es dogna que se da a los cristianos, que el pan se convierte en carne, y el vino


en sangre.

Lo que no comprendes y no ves, una fe viva lo atestigua, fuera de todo el


orden de la naturaleza.

Bajo diversas especies, que son accidentes y no sustancia, están ocultos los
dones más preciados.

Su carne es alimento y su sangre bebida; más Cristo está todo entero bajo cada
especie.

Quien lo recibe no lo rompe, no lo quebranta ni lo desmembra; recíbase todo


entero.

Recíbelo uno, recíbelo mil; y aquel lo toma tanto como éstos, pues no se
consume al ser tomado.

Recíbenlo buenos y malos; más con suerte desigual de vida o de muerte.

Es muerte para los malos, y vida para los buenos; mira cómo un mismo
alimento produce efectos tan diversos.
Cuando se divida el Sacramento, no vaciles, sino recuerda que Jesucristo tan
entero está en cada parte como antes en el todo.

No se parte la sustancia, se rompe sólo la señal; ni el ser ni el tamaño se


reducen de Cristo presente.

He aquí el pan de los ángeles, hecho viático nuestro; verdadero pan de los
hijos, no lo echemos a los perros.

Figuras lo representaron: Isaac fue crucificado; el cordero pascual, inmolado;


el maná nutrió a nuestros padres.

Buen Pastor, pan verdadero, ¡oh Jesús!, ten piedad. Apaciéntanos y


protégenos; haz que veamos los bienes en la tierra de los vivientes.

Tú, que todo lo sabes y puedes, que nos apacientas aquí siendo aún mortales,
haznos allí tus comensales, coherederos y compañeros de los santos
ciudadanos.

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