DESCARTES:
1. Contexto filosófico cultural (1596-1650).
1.1. Contexto socio-cultural.
En el siglo XVII, las sociedades se encuentran en una encrucijada respecto a sus valores fundamentales. Por
un lado, el Renacimiento había colocado al ser humano en el centro de la creación, lo que entra en conflicto
con las antiguas estructuras medievales centradas en Dios, dando paso a las bases de las sociedades
modernas. Las monarquías absolutas, una vez establecidas y tras debilitar el poder feudal de los señoríos,
encuentran su legitimidad en las mismas fuentes de derecho que sustentaban las sociedades estamentales
medievales, lo que provoca tensiones con los nuevos valores emergentes.
Las sociedades barrocas reaccionan ante las nuevas ideas y valores propios de la modernidad, como el
individualismo, la utilidad y el beneficio, radicalizando así los valores del honor y la honra propios de las
sociedades del privilegio. El espíritu reformista, inicialmente religioso, se expande también a los ámbitos
culturales y filosóficos, dando paso a reformas y cambios estructurales que promueven los valores modernos.
La encrucijada del siglo XVII se refleja también en la emergencia de la novela moderna y el destacado teatro
del "siglo de oro", como se ve en la obra de Miguel de Cervantes, "El Quijote", donde se parodian los valores
caballerescos frente a los nuevos valores.
En arquitectura y pintura, el barroco refleja las características antropológicas del hombre de la época,
caracterizado por su introspección. La arquitectura barroca se cierra al exterior, mostrando preferencia por
los detalles interiores, mientras que en las iglesias se destaca la ostentación y la representación teatral en
los altares, combinando música, pintura y danza. La pintura, a su vez, actúa como propaganda del poder real y
la Iglesia católica.
1.2. Contexto filosófico y científico.
La obra de Descartes exhibe elementos claramente modernos que no se habían visto en épocas anteriores. Si
consideramos que la modernidad se caracteriza por el surgimiento del individualismo, un claro ejemplo de
esta modernidad es la aparición y centralización del Yo en la obra de Descartes, que constituye la base de la
subjetividad moderna. Descartes emplea la primera persona del singular en sus escritos, lo que evidencia la
presencia del Yo. Desde este Yo, articula toda su filosofía, aunque también se oculta detrás de la obra,
esforzándose por comunicarse con los lectores y responder a ellos, en un afán similar al de Apel.
En el ámbito filosófico, Descartes se ve influenciado por el espíritu de reforma que aplica a aspectos
epistemológicos y gnoseológicos. Se nutre de dos fuentes: por un lado, la escolástica, de la que hereda su
tradición sistemática y teleológica, con influencias de San Agustín y Santo Tomás de Aquino; por otro lado,
avanza hacia una postura de autonomía de la razón, buscando conciliar los saberes bajo la dirección de reglas
que conduzcan al espíritu humano hacia la verdad, siguiendo los pasos de San Isidoro de Sevilla, Ramon Llull
o Francis Bacon. La construcción del método se basa en la necesidad de racionalización, lo que lo convierte
en un padre de la filosofía moderna y del racionalismo, más que en el último gran escolástico.
Por esto, su influencia fue enorme, siendo el precursor de una corriente cuyas principales figuras posteriores
serán Spinoza y Leibniz.
Desde una perspectiva del pensamiento, la ciencia y la filosofía, el siglo XVII puede considerarse el triunfo del
copernicanismo y la revolución científica, gestada desde el siglo XVI con la publicación de la obra de
Copérnico, que anticipa el nuevo paradigma científico culminado en el siglo XVIII con la mecánica clásica de
Newton.
El ambiente científico y filosófico del siglo XVII se caracteriza por la concepción científica heredada de la
teología cristiana, que adoptó el sistema cosmológico y físico de Aristóteles y Ptolomeo. Aunque Kepler inicia
la aplicación de sistemas geométricos a la descripción de los movimientos celestes y Galileo proporciona un
marco teórico con su teoría de la inercia o relatividad galileana, será hasta que Galileo no proporcione un
marco teórico suficiente con su teoría que se superarán los problemas del movimiento de la Tierra y su
desplazamiento del centro.
En este contexto científico, la obra cosmológica de Descartes acepta el copernicanismo, adaptándolo a una
mecánica de fluidos, aunque su enfoque introspectivo hizo que desconociera las obras de algunos de sus
contemporáneos. Los requisitos de racionalización de la modernidad son consecuencia de la matematización
y cuantificación impulsadas por figuras como Galileo, Kepler y Descartes.
La doctrina filosófica que inicia Descartes, el racionalismo, conlleva una concepción determinista y
mecanicista del orden natural. Se caracteriza por intentar sustentar el conocimiento humano en elementos
racionales, colocando a la razón como el juez último de la verdad, en contraposición a la fe que predominaba
en el saber medieval y la subordinación del conocimiento a la teología.
Por otro lado, todas las ciencias hasta ese momento, excepto las matemáticas, se habían perdido en debates
infructuosos. Por lo tanto, para avanzar en la ciencia, es necesario aplicar el método matemático a otros
campos del saber. La importancia de la cuantificación se vuelve esencial para el conocimiento y la ciencia,
marcando el paso de modelos cualitativos a modelos cuantitativos, permitiendo así alcanzar un
conocimiento seguro.
En cuanto a los fundamentos del conocimiento, estos se basan en ideas a priori proporcionadas por la razón,
excluyendo la experiencia sensorial. Estas ideas son consideradas naturales o innatas.
En este sentido, el empirismo británico y el escepticismo de los "círculos pirrónicos", que enfatizan la
experiencia sensible y niegan la existencia de ideas innatas, representan doctrinas contrarias al racionalismo
de Descartes, siendo el empirismo su principal oponente, encabezado por Hobbes y continuado por Locke y
Hume.
2. Identificación del contenido e ideas contenidas.
El texto propuesto consta de dos partes, la parte II y IV, aunque la temática principal es única para todo el
Discurso del método, debemos particularizar para cada parte e identificar si se trata por el tema tratado de
uno u otra parte.
SEGUNDA PARTE:
Se trata de exponer y justificar la necesidad de un método o regla que nos conduzca a utilizar nuestro
entendimiento de tal manera que obtengamos unos resultados ciertos y seguros conduciéndonos a la
verdad.
2.1. Justificación.
Todo método implica un procedimiento heurístico, es decir, un camino o conjunto de pautas que seguimos
para buscar algo. En el caso de Descartes, se trata de alcanzar una verdad incontrovertible e incuestionable,
sobre la cual se erige todo el edificio del conocimiento, fundamentado en bases seguras y estables.
Estamos en un momento crucial donde el problema de los criterios del conocimiento cobra gran relevancia.
Hasta ahora, prevalecen más dudas que certezas, por lo que es necesario liberar al conocimiento de estas
incertidumbres, depurar todo error y edificar el conocimiento sobre verdades firmes.
Descartes, luego de un extenso periodo de preparación y estudio en diversas materias, observa que el
conocimiento humano carece de unidad. Lo compara con ciudades construidas en diferentes épocas y por
distintas manos, cuyas calles son irregulares y tortuosas, sin un rumbo claro. En contraste, donde una
únicamente trazó el diseño inspirado por un único propósito, las ciudades son más regulares y ordenadas. De
manera similar, Descartes busca reformar el conocimiento desde su interior, utilizando el método que
considera óptimo para unificar las ciencias bajo una única y magnífica metodología aplicable a todas las áreas
del saber.
Hasta el momento, pocas ciencias y artes han producido resultados tan sólidos y seguros como las
matemáticas, especialmente la geometría, donde cada razonamiento se deriva necesariamente del anterior.
Por ello, es necesario dirigir nuestro interés hacia ellas y proceder con un método que combine la precisión
aritmética y el rigor geométrico.
El ideal matemático en cuanto a su método es el deductivo, que consiste en construir un sistema partiendo
de definiciones intuitivas, claras y distintas, y avanzar hacia abajo, es decir, hacia las demostraciones de casos
particulares.
El proceso se desarrolla de la siguiente manera:
1. Intuición: aquel objeto que se presenta ante mi razón de modo claro y distinto.
2. Análisis o descomposición: dividir cada dificultad en tantos elementos como sea posible.
3. Síntesis o composición: consiste en establecer un orden partiendo de los elementos propios del
análisis, este orden nos conducirá de lo simple a lo complejo.
4. Enumeraciones: recuentos amplios y completos que no omitan nada.
CUARTA PARTE:
Se trata de buscar los principios del conocimiento y asentándolo sobre las razones que permitan establecer
la existencia de Dios y del alma humana, que constituyen los fundamentos de la metafísica. Siendo fiel a los
requisitos del método planteados en la segunda parte, aquí buscamos un fundamento sobre el que no recaiga
ningún tipo de duda. Cualquier sombra de duda, debe ser motivo suficiente para que allí no busquemos ese
fundamento.
2.2. Justificación.
Las dudas surgen en relación con la realidad, los sentidos y la propia naturaleza del entendimiento. La
posibilidad de discernir entre lo real y lo irreal se cuestiona, considerando la dificultad de distinguir entre la
vigilia y el sueño, así como la ocasional decepción de los sentidos. Además, se plantea la hipótesis de que la
naturaleza del entendimiento pueda inducir constantemente al error, incluso en aspectos aparentemente
evidentes como las verdades geométricas.
A pesar de la duda, se aclara que esta es metodológica y no escéptica, pues busca una verdad. Se llega al
principio fundamental de que, al dudar, se confirma la existencia del pensamiento y, por ende, de la propia
entidad pensante. Este principio, expresado en el célebre "Cogito ergo sum", establece la certeza de la
existencia del Yo como ser pensante, aunque no garantiza la referencia del pensamiento más allá de la propia
subjetividad.
Este solipsismo inicial del Yo cartesiano, donde la existencia del mundo exterior no está asegurada, lleva a la
necesidad de establecer un puente entre el Yo y la realidad. Para ello, se recurre a argumentaciones
escolásticas sobre la existencia de Dios. La existencia divina se presenta como garante de la posibilidad de
superar la duda y establecer la conexión entre el Yo y las representaciones externas, es decir, el mundo o la
realidad.
Se argumenta a favor de la existencia de Dios utilizando diversos razonamientos, entre ellos el argumento
ontológico, que muestra una correlación necesaria entre la esencia y la existencia de Dios, así como el
concepto de participación. También se recurre a las pruebas tomistas de la negación y a la analogía entre el
creador y las criaturas.
Una vez establecida la existencia de Dios como garantía, se postula que Dios es la única sustancia de la cual
dependen tanto el alma pensante como el mundo extenso. Dios, como esencia y existencia misma, no puede
permitir que la entidad pensante se equivoque constantemente en sus reflexiones.