1.
La Predicación Bíblica – Haddon Robinson
“La predicación narrativa, sin embargo, no repite meramente los detalles de
una historia como contando un chiste gastado y sin propósito. A través del
relato, el predicador comunica ideas. En un sermón narrativo, como en
cualquier otro, la idea principal continúa siendo sostenida por otras ideas, pero
el contenido que sostiene a esos puntos se extrae directamente de los
incidentes en la historia. En otras palabras, los detalles de la historia se
entretejen para construir un punto, y todos los puntos desarrollan la idea
central del sermón. Las narraciones parecen más eficientes cuando la
audiencia oye la historia y llega a la idea del orador sin que este la exprese
directamente.”
“Los pasajes narrativos de la Biblia ofrecen dificultades especiales. En adición
a las preguntas que normalmente surgen, deberíamos preguntar: ¿Se cuenta
esta historia como ejemplo o como una advertencia? ¿De qué manera
exactamente? ¿Es este incidente una norma o una excepción? ¿Qué
limitaciones deberían ponerse?”
2. La Predicación Narrativa
[Link]
La Predicación Narrativa es un tipo nuevo de homilética al que le debemos
prestar atención. Comencemos por definir: ¿Qué es la narrativa? Narrativa
significa contar historias. A diferencia de la predicación argumentativa
tradicional de puntos, la predicación narrativa utiliza la historia y la cuenta tal
como sucedió, teniendo en cuenta los mínimos detalles sin que estos nos desvíen
del tema principal. Los detalles adornan la historia y nos ayudan a mantener la
atención de la Iglesia. Es de observar que se pueden incluir otras historias o
historias paralelas dentro de la predicación pero siempre volviendo al tema
principal. Manejar varias historias dentro de la predicación requiere de mayor
destreza y manejo de este tipo de homiletica. Para narrar la historia podemos
hacerlo en primera o tercera persona. La primera persona, requiere de la
realización de un monologo en donde el predicador haga la caracterización del
personaje principal de la historia y la cuente como si él fuera el protagonista. En
tercera persona es, cuando nosotros contamos la historia conociendo los
elementos íntimos de la misma. Aquí hay que tener en cuenta, la parte
hermenéutica. Debe hacerse previamente un muy buen trabajo de interpretación
del texto bíblico y en los puntos clave de la Historia realizar las aplicaciones del
caso. Un ejemplo de narración en primera persona puede ser el siguiente: “Hola
yo soy Jacob y mi historia es la siguiente, me tocó trabajar 14 años por dos
mujeres y fui engañado por mi suegro, en todo este proceso………”. Es como
predicar autobiográficamente.
Para este tipo de predicación hay que utilizar la imaginación de lo que podría
haber tenido en sus pensamientos el personaje cuando actuó así. Hay que prestar
mucha atención a todas las dinámicas entre los personajes en el texto bíblico.
La Predicación Narrativa no utiliza puntos como primero, segundo y tercero.
Sólo fluye con las historias dejando la audiencia a participar para hacer sus
propias aplicaciones (Aunque es conveniente que el predicador las haga). La
Predicación Narrativa deja abierta la puerta para la conclusión y aplicación a la
Iglesia.
La predicación narrativa parece como la novela o el drama o la película. El
desarrollo es un comienzo como tesis, la explicación de los problemas y entonces
viene la crisis. Los problemas se conviertan en conflictos y crisis como la peor
antítesis, luego la Iglesia ha de encontrar una solución como la síntesis,
basándose en el texto bíblico narrado.
Jesús fue un narrador en la mayor parte de los evangelios.
Lo más importante para la predicación narrativa es crear una crisis o conflicto
para encontrar la solución, empezando por los problemas o necesidades.
Las historias tienen una ventaja dentro de la predicación narrativa y es que el
oyente se involucra en ella así no haya vivido nada parecido. ¿Por qué?. Porque
aunque no haya vivido la experiencia del personaje seguramente la ha visto.
Precisamente el elemento que hace la diferencia en la predicación narrativa es la
dosis de realidad que se le imprime a la predicación contando la historia. La
inclusión de los sentimientos más hondos que pueden reflejar algunas acciones
concretas y simples, casi inadvertidas, las emociones, reacciones y actitudes del
personaje bíblico atrapan al oyente durante el mensaje debido a que se identifica
y se siente parte de su realidad. En todo esto no hay que olvidar que el mensaje
debe tener un contenido bíblico impecable. El mensaje de la Palabra de Dios
debe estar inmerso y presente en toda la narración de tal manera que a la Iglesia
le quede claro lo que el predicador ha querido comunicar.
En la predicación narrativa proclamamos una historia compartida donde se
entrelazan la historia bíblica, la historia de la Iglesia, la historia personal de quien
predica y la historia personal de cada oyente.
Consejos para realizar un sermón narrativo
El sermón narrativo es un tipo de predicación muy sencilla que apela a todos.
Tanto grandes como chicos se involucran en la historia, prestándole más atención
al sermón. Sin embargo, el diseño de sermones narrativos puede ser muy difícil,
especialmente para aquellas personas que no están acostumbradas a prepararlos.
A continuación presentamos doce consejos prácticos que podrán ayudarle a
diseñar este tipo de sermones.
1. Apréndase bien la historia: El primer paso para predicar un sermón
narrativo en forma efectiva es aprender la historia que vamos a narrar. Para
lograr este objetivo podemos seguir el siguiente método. Primero, lea la
historia varias veces. Segundo, encuentre las secciones principales de la
historia (marco escénico, trama, punto culminante y desenlace) e
identifique sus episodios más importantes. Tercero, identifique cada
sección por medio de una palabra clave. Cuarto, haga un corto bosquejo
siguiendo las palabras claves. Finalmente, memorice el bosquejo.
2. Identifique a los personajes de la narración: Recuerde que una historia
puede tener hasta tres tipos de personajes. Las «sombras» son los
personajes que apenas se mencionan en la historia. Estos, más que
personajes, son parte del trasfondo de la historia. Los «tipos» son los
personajes que representan a una clase de persona o a un grupo social. Es
común que los «tipos» carezcan de nombre, por lo cual se les denomina
por sus profesiones (un fariseo, un sacerdote, etc.). Muchos personajes
secundarios pertenecen a esta clasificación. Los «caracteres» son aquellos
personajes que se desarrollan a plenitud. En unión a la profesión que
puedan tener, también tienen características personales que les distinguen.
La mayor parte de los personajes principales de las historias son
«caracteres».
3. Estudie el contexto social, político e histórico del texto bíblico: El
conocimiento del contexto de la Biblia no sólo puede darle más vida a la
historia sino que puede ayudarle a relacionar la narración con la vida diaria
de su congregación. Por ejemplo, en Israel las mujeres no podían hablar en
público con hombre alguno, ni siquiera con sus esposos. También estaba
prohibido el contacto físico en lugares públicos entre personas de sexos
opuestos. Estos detalles le ayudarán a comprender cómo la conducta de
Jesús–quien hablaba públicamente con mujeres y hasta permitía que le
tocaran los pies o le ungieran la cabeza–era escandalizante para el
liderazgo religioso de la época. Del mismo modo, estos detalles le
permitirán recalcar en sus sermones la actitud inclusiva y liberadora de
Jesús hacia las mujeres de ayer y de hoy.
4. Considere el contexto literario de la historia: Quien predica un sermón
narrativo debe tener presente los eventos que han ocurrido antes del pasaje
bíblico que desea exponer. De otro modo, podrá cometer errores graves.
Como un estudiante que, predicando un sermón de práctica sobre Lucas
5.1-11, recalcó varias veces que ésta era la primera vez que Simón (Pedro)
veía o escuchaba a Jesús. Este novel predicador no había leído el capítulo
anterior, donde Lucas 4.38-39 narra cómo Jesús sanó a la suegra de
Simón.
5. No añada detalles a la historia: En ocasiones, debido a la brevedad de las
historias bíblicas, algunos predicadores se sienten tentados a alargar las
narraciones inventando episodios que no aparecen en el texto. Este es una
práctica que debemos evitar pues tiende a confundir a los oyentes y a
fomentar interpretaciones bíblicas equivocadas. Recuerdo con tristeza
cuando un día mi abuela quiso enseñarme el pasaje bíblico que había
servido de base al hermoso sermón que su pastor había predicado aquella
mañana. Después de una larga búsqueda, encontramos el texto por medio
de la concordancia. Pero al leer el pasaje nos dimos cuenta que, basado en
la poca información que ofrecía el pasaje bíblico, su pastor había creado
una versión ampliada de la historia.
6. No elimine detalles: La mayor parte de las historias bíblicas son tan breves
que, si se salta un episodio, se pierde el sentido de la historia. Hasta en
historias bien conocidas, como la parábola del Hijo Pródigo (Lc. 15.11-
32), es común omitir detalles. La inmensa mayoría de las personas que
predican esta historia afirman que el hijo menor cae en una situación
deplorable a consecuencia de haber despilfarrado su dinero. Pero pocos
recuerdan que la región donde vivía este joven fue afectada por una crisis
económica que dejó al pueblo hambriento (v. 14). Esto explica por qué el
muchacho no pudo conseguir un trabajo honesto y tuvo que dedicarse a
una profesión inmunda, como lo era la crianza de cerdos para el pueblo
judío.
7. Evite los anacronismos: El anacronismo ocurre cuando se dice que un
evento ocurrió en una fecha que resulta ser equivocada. ¡Como el
predicador aquel que, exponiendo la historia de Ruth, afirmó que la
situación de las viudas en la Biblia no era tan desesperada porque «el
gobierno ayuda a las viudas y a los envejecientes»! Ahora bien, los
anacronismos más comunes en los sermones surgen del desconocimiento
de la cronología bíblica. Por ejemplo, quien no conoce el orden de los
eventos bíblicos puede afirmar equivocadamente que Salomón escuchó las
profecías de Jeremías o que el apóstol Pablo estuvo presente en la «Última
Cena».
8. Mantenga el orden de la historia: Más adelante encontrará un método
sencillo que le ayudará a memorizar las narraciones bíblicas. Si por alguna
razón se salta un episodio o cambia el orden de la historia, detenga su
sermón para explicar cuál es el orden correcto de la historia. De otro
modo, la congregación podrá salir de la iglesia pensando que su versión
equivocada de los hechos es la correcta.
9. Apele a los sentidos de sus oyentes: Hábleles del olor del campo, del
rumor del arroyo y de la suavidad de la brisa. De primera intención, este
consejo parece contradecir la regla de que no debemos añadir elementos a
la historia. Pero esto no es así. Lo que estamos recomendando es describir
en forma vívida los detalles que pueda contener el pasaje bíblico. En este
sentido, si el texto indica que Jesús estaba con los discípulos en una barca
es enteramente correcto hablar de la humedad en el viento o del ruido que
hace el agua al chocar contra la madera de la embarcación.
[Link] gramática activa: Déle más importancia al verbo que al adjetivo: El
exceso de adjetivos y adverbios recarga los sermones, restándole agilidad
a la expresión. Por el contrario, los verbos le dan movimiento a la
narración. Digamos que deseamos caracterizar a Judas Iscariote. Quienes
dependen de adjetivos dirán: «Judas Iscariote era un hombre deshonesto,
infiel, pusilánime y traicionero». Por el contrario, quienes prefieren el
verbo se expresarán de la siguiente manera: «Judas Iscariote traicionó a
Jesús. Lo delató a cambio de un poco de plata. Y usó un beso, signo de
compañerismo y amistad, para identificarle ante la policía del templo.»
Como ven, La segunda descripción es mucho más amplia y ágil que la
primera.
[Link] sabor contemporáneo a la historia: Salpique la narración con
alusiones a elementos comunes en la vida de su audiencia. Hay dos
maneras de incluir estos elementos. La primera es comparando la situación
del mundo antiguo con la actual: «En Israel los leprosos eran echados de
sus comunidades cuando se enfermaban, pues la gente temía contagiarse
con una enfermedad incurable. Era una actitud muy parecida a la de
quienes hoy rechazan a las personas enfermas de SIDA.» La segunda es
usando el anacronismo en forma responsable, es decir, presentando al
personaje bíblico como si viviera en nuestro barrio: «Los soldados se
acercaron a Jesús con sus ametralladoras y sus bayonetas.» Aunque esta
segunda técnica puede ser muy impactante, debemos usarla en forma
limitada. Ya explicamos anteriormente las consecuencias desastrosas que
puede tener el mal uso del anacronismo en la predicación.
[Link] importancia a los encuentros: Las narrativas que narran encuentros,
sobre todo los encuentros con Jesús en los relatos evangélicos, son
excelentes fuentes para la predicación. Considere hacer una serie de
sermones sobre este tipo de historias. Por ejemplo, puede predicar dos
sermones sobre encuentros con Dios en el Antiguo Testamento; o cuatro
sobre confrontaciones entre los profetas de Israel y la corte real; o tres
sobre las mujeres que tuvieron encuentros transformadores con Jesús.
Estructura de una predicación narrativa
Para estructurar de manera sencilla una predicación narrativa, podemos seguir la
secuencia de un cuento corto así:
i. Marco Escénico: En esta parte se puede hacer una introducción al tema,
describiendo a los personajes y el problema o cuestión que da lugar al
mensaje o historia.
ii. Trama: Aquí encontramos el desarrollo de la historia. La tensión va en
aumento a medida que avanza la narración.
iii. Punto Culminante: Es el momento donde la tensión narrativa llega a su
punto más alto. Desde ese momento comenzamos a vislumbrar el
desenlace de la situación.
iv. Desenlace: En este punto la tensión narrativa se disipa y la situación
problemática comienza a resolverse.
v. Otra estructura sencilla seria presentando o describiendo un problema así:
a) Identifique el problema.
b) Explique el problema.
c) Ofrezca una nueva perspectiva acerca del problema.
d) Solucione el problema.
Lo que hay que tener en cuenta en ambas estructuras es que el texto bíblico se
preste. No debemos forzar el texto para qué encaje en la estructura, es mejor que
el texto se preste para desarrollarla. Por último seguir el orden en que se produce
la narración en el texto bíblico es lo ideal.
3. LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA -David Helm-
Una narrativa es una historia, y las historias tienden a seguir una estructura
bastante distintiva. Así, mientras La exégesis centrarse en la gramática puede
ser útil para una epístola, son las escenas, la trama y los personajes los que
ayudarán al predicador a ver la estructura y el énfasis de una narrativa.
Identificar diferentes escenas —donde la actividad en el texto cambia de
ubicación, por ejemplo— será probablemente el mejor punto de partida. Si
tomas pasajes narrativos más largos para el texto de tu sermón, los cambios de
escena revelarán un principio organizativo. En esas escenas —y en ocasiones
a lo largo de escenas— tendrás que buscar las tramas. Las tramas suelen tener
cinco partes:
• El escenario: El escenario incluirá normalmente el lugar, la época
y una introducción a los personajes.
• El conflicto: El conflicto es la parte de la historia que proporciona
tensión dramática y una sensación de que algo debe resolverse.
Puede ser muy claro —como una amenaza violenta —, o puede
ser muy sutil (como una confusión emocional).
• El clímax: El clímax es el punto de inflexión, donde se rompe la
tensión dramática.
• La resolución: La resolución es el resultado del clímax, cómo se
resuelve el conflicto.
• El nuevo escenario: El nuevo escenario es el regreso a un nuevo
tipo de normalidad desde la cual surgirá el siguiente arco
argumental.
Al tratar de identificar estas partes de la trama, las preguntas importantes que
hay que hacerse son: ¿Cuál es el conflicto aquí? ¿Qué es lo que está
proporcionando la tensión dramática? ¿Cuál es el punto de inflexión? ¿Cómo
se resuelve la tensión? Yo diría que el énfasis se encuentra en alguna
combinación del clímax y partes del conflicto y la resolución.
Por supuesto, entender cómo el autor retrata a los personajes —la gente de la
historia— también es importante. Observa qué protagonistas presenta el autor
y cuándo. Fíjate en cómo cambian. Presta atención a cómo el autor pasa del
uno al otro. Si tienes un buen entendimiento de la trama y de los personajes,
tendrás una buena comprensión de la forma y el énfasis de la narrativa.
4. PREDICACIÓN EXPOSITIVA - Un enfoque narrativo
[Link]
La predicación narrativa es una de las últimas atractivas y vanguardistas
tendencias en la predicación de hoy. La predicación narrativa está de moda y
la predicación proposicional está desfasada, dicen. “Sé un buen contador de
historias”.
Entonces, ¿qué hacemos con la predicación narrativa?
CONTRAS
Tengo una serie de problemas con la predicación narrativa. En primer lugar,
tal predicación no emana ni de las iglesias, ni de los seminarios, ni de los
teólogos que sostienen la doctrina de la infalibilidad y que tienen un alto
concepto de la predicación y de la enseñanza. Más bien, tiende a proceder de
las iglesias más liberales, y fundamentalmente, de iglesias con una baja visión
de la Biblia y de Jesús.
En segundo lugar, la convocatoria a la predicación narrativa puede indicar un
alejamiento de la verdad proposicional en favor del relativismo y del
perspectivismo, como si la transformación fuese posible sin la información.
La tendencia actual está lejos de la verdad proposicional: “No necesitamos la
verdad proposicional. Necesitamos la verdad narrativa y la verdad encarnada”.
En realidad, si vamos a ser personas de perspectiva múltiple, necesitamos todo
eso.
La verdad proposicional me dice quién es Dios, quién soy yo, por qué estoy
aquí, cómo he caído, quién es Jesús, y lo que él ha hecho. No puedo tener una
cristología buena con solo una pincelada. Tienes que decirme algo. Alguien
podría decir: “He leído a Wittgenstein, y dijo que hay límites en el lenguaje y
en las palabras”. Entendido, pero Dios ha escogido hablar a través de su
Palabra y el mismo Espíritu Santo que inspiró las palabras que fueron escritas,
ilumina la comprensión de los hijos de Dios. No estamos atrapados en el
callejón sin salida de Wittgenstein. El Espíritu Santo es la gran variable que
hace que la Palabra de Dios sea conocida por el pueblo de Dios. Creemos en
los milagros. No somos solo un pueblo natural que depende de un cerebro
caído para clarificar la revelación. También tenemos a Dios que nos ama. Y
como dijo Juan Calvino, Dios está dispuesto a agacharse y a hablar como un
niño, de modo que podamos entender quién es él y lo que está tratando de
decir.
Eso no quiere decir que seamos modernistas puros que creamos que todo está
claro como el agua. Pablo dice que podemos ver en parte y en parte
conocemos. Deuteronomio dice que las cosas secretas pertenecen al Señor.
Isaías dice que los pensamientos de Dios son más altos que nuestros
pensamientos. La cuestión no es que no sepamos, la cuestión es que no
sabemos aparte de la fe. Esa es nuestra epistemología. No somos modernos o
postmodernos, ¡somos cristianos! Creemos que Dios revela, el Espíritu Santo
ilumina, y por fe nosotros creemos. Esto es una epistemología cristiana.
Aquellos que creen en una epistemología moderna o postmoderna le hacen
mucho daño a la Biblia. Los modernistas asumen únicamente la verdad
proposicional y no la verdad encarnada ni la verdad narrativa. Los
postmodernistas tienden a ser exclusivamente comunitarios, participativos,
narrativos, y de diálogo, pero no abordan la naturaleza de la verdad
proposicional. Pero si quieres una verdad de perspectiva múltiple, podemos
decir que necesitas de todo. Esto quiere decir que tu teología conduce a tu
doxología, que se traduce en tu biografía. Lo que tú crees (teología) permite tu
adoración (doxología), y a través de la adoración, te conviertes en lo que
adoras (biografía). Se va de la proposición, a la adoración, y de ahí a la
transformación. Tú tienes la oportunidad de saber quién es Dios. Le adoras.
Entonces llegas a ser como aquello que amas.
En tercer lugar, una de las esencias de la postmodernidad es que no hay una
historia general que gobierne sobre todos los tiempos, culturas, historias y
personas. Todo depende de la cultura y la perspectiva. Así que la predicación
narrativa de la Biblia puede convertirse en otra serie de historias. Estará en
algún lugar entre las fábulas de Esopo y los mitos de Joseph Campbell.
Pero los cristianos no creemos eso. Creemos que la Biblia es la metanarrativa.
Es la historia general en virtud de la cual toda la historia ha de ser entendida e
interpretada. Rechazamos la reducción de la Biblia a otra buena historia. Es la
historia de quién es Dios, de lo que Dios ha hecho, de lo que hemos hecho, y
de lo que Dios ha hecho para salvarnos. Rechazamos el rechazo de cualquier
narración autoritativa.
En cuarto lugar, la predicación narrativa es reduccionista. Dice que todo en la
Biblia es una historia y debe ser enseñado como una historia. Pero hay libros
que son en gran medida proposicionales. Desafío a cualquiera a predicar
Proverbios narrativamente. ¡Buena suerte! Hay narraciones intercaladas en
Proverbios, pero el libro no es una narración. ¿Dónde está el héroe? ¿Dónde
está el antagonista? ¿Dónde están el conflicto y la resolución? Libros como
Romanos, también, son en gran medida proposicionales. Aquellos que dicen
que la predicación debe ser narrativa están esencialmente diciendo: «Impón a
la Biblia una forma que la Biblia misma no posee». Yo creo que cuando
vamos a la Biblia no andamos buscando pruebas de la verdad de las
declaraciones del texto, pero debemos respetar el género de la literatura, si se
trata de un libro profético, una carta, o una narración. No solo son las palabras
y los conceptos inspirados, sino que la forma literaria es inspirada también. El
medio es a veces el mensaje, y si no haces caso del medio, deformarás el
mensaje. Así Cantar de los Cantares es bello, es una poética historia de amor,
es una gran narrativa. Pero Romanos no lo es. Y la manera de enseñar estos
dos libros es diferente.
A FAVOR
Sin embargo, hay algunas cosas que creo que es bueno tener en cuenta con
respecto a la predicación narrativa. Esto puede significar —en el mejor sentido
— que la propia Biblia es una historia, y que todos los sermones que
predicamos deben conectarse a esa gran historia. Si eso es lo que queremos
decir con predicación narrativa, pues estoy totalmente de acuerdo. Estamos en
peligro cada vez que nos lanzamos a una porción de la Biblia y no la
conectamos con la historia de toda la Biblia.
Entonces la pregunta es: “¿cómo encaja el texto del sermón en la historia del
Creador, la creación, el pecado, la maldición, el anhelo por el Mesías en la
comunidad del pacto de Israel, la venida de Jesús y su muerte y resurrección?”
De esta forma, cuando llegamos a las epístolas y a las instrucciones de Pablo
sobre unir a la iglesia en 1ª Timoteo, la iglesia entiende que lo que Pablo dice
es parte de una gran historia. Dios ha estado trabajando durante muchos años
para llegar al punto donde los ancianos serán los pastores de las personas que
han sido salvadas por el Señor Jesucristo.
La predicación narrativa también puede significar que el sermón no es tan
predecible. Al oyente no se le pone frente a la tesis y se sigue luego con su
defensa. Más bien, el oyente toma un viaje por la historia del texto a través del
conflicto, la tensión y la eventual resolución. Esto suele ser más emocionante
y memorable.
En su mejor sentido, la predicación narrativa significa que se está siguiendo la
tradición de la buena teología bíblica reformada. Sé que la teología bíblica —
como la predicación narrativa— sale de los cuarteles más liberales que no
quiero apoyar de ninguna manera. Pero hay una corriente de la teología bíblica
que da prioridad a la infalibilidad y es fuertemente reformada. Buenos
ejemplos de esto son Geerhardus Vos, Graeme Goldsworthy, Clowney
Edmund y Bryan Chapell. Un predicador debe informar a su pueblo de cómo
la Biblia se complementa y debe hacerlo de una manera centrada en Cristo.
Si predicamos cada sermón de un modo que explica nuestro texto en términos
de dónde encaja en la historia de la creación, de la maldición, del pacto, de
Cristo, de la Iglesia, y de la consumación, si predicamos la Biblia como la
historia metanarrativa que se mueve desde la creación hasta la nueva creación,
entonces, ¿quién es el héroe de esa historia? Es una pregunta obvia, pero
permíteme sostener que en la predicación muchas veces esto se pierde. En la
predicación, Jesús debe ser el héroe, no solo de toda la historia, sino de cada
capítulo, versículo y palabra, de todas las otras historias que forman parte de
la gran historia. Debemos predicar a Jesús como el héroe y el Salvador. Sé que
esto suena simple, pero muy a menudo la predicación se reduce a simple
moralismo, y se nos llama a fortalecernos y a ser como él. Jesús se convierte
en nada más que un buen ejemplo de lo que, mediante la determinación, la
voluntad y el esfuerzo, podemos ser. Esto no es predicar el evangelio.
Ten en cuenta algunas de las cosas que Jesús dijo a los maestros de la Biblia:
“Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la
vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn. 5:39). Algunos de
los fariseos a los que él estaba hablando habían aprendido de memoria,
probablemente, el Pentateuco. Sin embargo, les dijo a estos chicos que ¡no
conocían sus biblias! Puedes memorizar libros enteros de la Biblia, pero si no
estás con Jesús, no eres bíblico.
Yo les enseño esto a mis hijos pequeños. Después de que Jesús se levanta de
los muertos en el evangelio de Lucas, hay dos partes de la Biblia en las que él
explica cómo todo en el Antiguo Testamento era acerca de él:
“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les
declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lc. 24:27).
“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que
era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de
Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento,
para que comprendiesen las Escrituras” (Lc. 24:44-45).
Predicador, permíteme decirte esto: se supone que tus sermones son acerca de
Jesús. Cuando predicas acerca de la victoria, lo que se predica, ¿es sobre la
victoria de Jesús o la de la congregación? Uno de los plantadores de iglesias
de nuestro grupo Acts 29, hace poco visitó una iglesia muy grande y se sentó a
escuchar el sermón. Quería darle el beneficio de la duda al predicador. Sin
embargo, en un sermón de 25 minutos, el predicador ni una sola vez dijo el
nombre de Jesús, y nunca dijo nada que estuviese cerca del evangelio. Y al
final, el predicador dijo: “Si quieres ir al cielo y tener una vida mejor, acércate
ahora”. No les dijo nada acerca del pecado, de Jesús, de la cruz y ni de la
resurrección. Solo les pidió que pasaran adelante y luego les dijo que todos
eran cristianos. Esta predicación no es bíblica.
¿Has encontrado una manera de conectar todos los sermones con Jesús? ¿Lo
vas a presentar como el Salvador? La predicación bíblica es enseñar a la gente
que Jesús es el héroe, y que ellos no tienen que serlo.
Mark Driscoll es el pastor fundador de Mars Hill Church en Seattle,
Washington, y el autor de Radical Reformission y Confessions of a
Reformission Rev.
5. SERMÓN NARRATIVO - (Seminario Bíblico de las Américas)
En el sermón Narrativo nos referimos a la narración de una parábola o a la
narración de alguna historia, "Un hombre tuvo dos hijos..." (parábola del hijo
pródigo). En la narración de la historia, se debe de encontrar un punto
principal y desarrollar su sermón alrededor de ello. Puede también incluir
suspenso en la narración. Se sigue el hilo de la historia Bíblica (parábola o
historia narrada) así como aparece en el texto. El predicador elaborará, y
ampliará donde vea conveniente para una mejor claridad, mientras avanza en
la narración de la historia.
UN SERMÓN NARRATIVO
1. TEMA: "Los negocios celestiales, en mano de hombres terrenales"
2. TEXTO: Mateo 25:13-30
3. INTRODUCCIÓN: Se largó, es la carrera olímpica femenina de los 500
metros, en Atenas, todo el mundo observa y espera que su representante
se lleve el oro. Suena la señal de largada, y para sorpresa de todo el
mundo, la candidata favorita, a llevarse la medalla, quedó paralizada, en
su lugar de salida. Preparó toda una vida... para finalmente quedar
descalificada.
4. DESARROLLO:
a. El Reino de los Cielos, "Porque el Reino de los cielos es como un
hombre que yéndose lejos..." (v. 14a).
b. Los comisionados, "llamó a sus siervos y les entregó sus bienes"
(v. 14b).
Repartición de los talentos:
× a uno dio cinco talentos.
× a otro dos.
× y a otro uno.
× "...a cada uno conforme a su capacidad..." (v. 15a).
c. La ausencia del amo, "Y luego se fue lejos" (v. 15b).
- La responsabilidad de los dos primeros, (vs. 16-17).
- La irresponsabilidad del tercero, (v. 18).
d. El regreso del amo, "Después de mucho tiempo vino el Señor de
aquellos siervos" (v. 19a).
e. El motivo de su regreso.
- "...y arregló cuentas con ellos" (v. 19b).
- Los siervos responsables, recibieron su recompensa (vs. 21, 23).
- El siervo irresponsable, recibió su justo castigo (vs. 28-30).
i. Le quitaron el talento.
ii. Lo arrojaron a las tinieblas.
5. CONCLUSIÓN: Cada hombre natural, tiene una responsabilidad en los
negocios celestiales. ¿Oiré con mis propios oídos al Amo decirme
"bien, buen siervo y fiel, entra en el gozo de tu Señor?
6. APLICACIÓN: Si hoy fuera el día de regreso del Amo, ¿recibirías tu
recompensa o estarías descalificado?
7. Cómo usar ilustraciones para PREDICAR CON PODER
Por Bryan Chapell
Editorial PORTAVOZ
CUÉNTAME UNA HISTORIA
Había una vez un predicador que viajaba visitando muchas iglesias a través de
su país con mensajes sobre Jesús y su Palabra. La gente de ese país apreciaba
muchísimo al predicador cuando hablaba en sus iglesias. Ellos decían:
"Entendemos las cosas que dice. No solo conoce la Biblia, parece saber
verdaderamente las cosas que nos ocurren cada día y cómo aplicar las
Escrituras a nuestras vidas". Así como el aprecio de la gente, crecía también
su reputación. Esto por supuesto, llevó a otros predicadores (algunos con
motivos buenos y otros con diferentes motivos), a querer averiguar qué es lo
que hacía a este hombre tan eficaz. Los pastores invitaron al predicador
itinerante a una conferencia para que les enseñara su "técnica". El predicador
vino a la conferencia pero en vez de enseñanza, habló a los pastores sobre el
método de Jesús, enseñado las verdades bíblicas con parábolas. Con una
historia o dos propias, el predicador animó a otros pastores a que hablaran
para que pudieran ser oídos y entendidos, en vez de esforzarse por una gran
oratoria en su predicación. "Es mejor que el mensaje sea entendido que el
predicador sea adorado", dijo él.
En el período de preguntas y respuestas después del seminario, un pastor se
puso de pie para hacer una pregunta. Con una perplejidad genuina dijo: "Yo
fui al seminario contigo. Y sé que conoces unas verdades profundas que yo
desconozco. Pero a mi parecer, no estás siendo justo con tus dones cuando
pones tanto énfasis en la ilustración. Siempre predicas con historias. ¿Por qué
no simplemente expones lo que las Escrituras enseñan? ¿No debemos
presentar solo la verdad como la verdad?"
El predicador pensó por un momento antes de responder y luego sonrió.
"Para responder", dijo: "Déjame que te cuente una historia". Comenzó. "Un
día La Pura Verdad vino caminando al pueblo. Lo que tenía que decir era muy
importante pero su aspecto era muy intimidante con músculos abultados y
nudillos duros. Algunos recordaban como les había hecho daño anteriormente
y como resultado, casi toda la gente entró en sus casas y esperó hasta que La
Pura Verdad terminara con sus asuntos. Solo los más fuertes del pueblo no le
daban importancia a las visitas de La Pura Verdad.
"Al día siguiente La Parábola vino al pueblo. Su aspecto era como los demás
del pueblo y vestía con ropa ordinaria pero les decía de todos los lugares que
había estado y todo lo que había visto. Toda la gente estaba encantada con la
visita de La Parábola. Salieron a encontrarse con ella, saludándola e
invitándola a sus hogares: 'Venid y tomad una taza de café y un trozo de
pastel', muchos le ofrecían.
"La Pura Verdad estaba molesta de que a la Parábola le dieran una recepción
muy diferente de la suya. Se dirigió al visitante del pueblo y le dijo: 'Dígame
Parábola, ¿cómo es que la gente le recibe tan calurosamente cuando yo soy La
Pura Verdad a quien ellos deben escuchar?'
"En vez de responderle, La Parábola se quitó su sombrero y chaqueta y se
las puso a La Pura Verdad. La Verdad quedó transformada. No era menos
fuerte. No era menos Verdad. Pero la gente la vio de una manera muy
diferente. Cuando se vistió con la ropa de la Parábola, la Verdad demostró que
ella de verdad se preocupaba que la gente le escuchara. Cuando la gente se dio
cuenta
de que la Verdad si se preocupaba lo suficientemente por ellos para conocer
sus necesidades para que ellos le escucharan, entonces escucharon muy
atentos. Esa misma gente que antes invitaba a la Parábola para café y dulces
ahora invitaba a la Pura Verdad.
"Hasta este día, cuando la Verdad viene al pueblo para asuntos de negocios,
se pone la ropa de la Parábola para que la gente la escuche y tenga trato con
ella".
LOS LÍMITES DE LA NARRACIÓN
Después de vivir varios años procurando persuadir a los predicadores
evangélicos del significado y capacidad que la narrativa puede añadir a sus
predicaciones a través del uso de ilustraciones, solo debe ser justo que ahora
se me pida definir los límites de la narrativa. Presento esta discusión no con la
intención de retractar sino más bien definir lo que percibo como límites de la
teórica narrativa para que sus detractores sean menos temerosos de traspasar
barreras históricas y para que sus protagonistas sean más cuidadosos de no de
ignorar un precedente homilético.
Quizás lo mejor sea comenzar con lo más obvio. Las narrativas no
necesariamente cumplen su propósito cuando lo que se necesita es un análisis
minucioso de los temas técnicos. Si uno está haciendo un trabajo exegético de
la justificación por la fe o describe las ecuaciones necesarias para calcular el
consumo de combustible para una nave espacial, la necesidad de una
declaración proposicional y un análisis lógica se afirman rápidamente. Al
hacer estas declaraciones no es mi intención degradar la importancia de la
narrativa, sino decir respetuosamente que las Escrituras que proclamamos
contienen una gama de géneros literarios congruentes con los diferentes
propósitos de los profetas y apóstoles. Las narrativas de los Evangelios, las
visiones proféticas, las máximas proverbiales y las epístolas didácticas, cada
una de ellas juega un papel en las Escrituras, aunque varían en su densidad
narrativa.
Las Narrativas han demostrado ser menos útiles cuando es necesaria que
declaraciones concretas de verdades proposicionales sean suplidas por el
orador en vez de ser derivadas por el oyente. La necesidad de direcciones de
salida cuando un edificio se está quemando proveerá algún sentido común en
la corroboración de esta conclusión. En tal caso, los oyentes no necesitan a
alguien que les cuente una historia que les permite vicaria mente experimentar
un camino que les ponga a salvo para conocer la realidad en su propia
conciencia.3 Necesitan que alguien les grite: "Baja al primer nivel y a la
derecha para salir". Por lo que se refiere a una declaración sobre escapar del
infierno, también tiene su lugar en la predicación (cp. Lc. 12:5).
Por supuesto, uno puede discutir que el idioma de las ecuaciones de la nave
espacial o las instrucciones de las salidas de emergencias es metafórico en
origen, así es la naturaleza es narrativa. Sin embargo, tal argumento usado
para establecer la presencia dominante de la narrativa, simultáneamente
desaparece del caso de los teóricos de la narrativa que afirman que los nuevos
métodos traen a la predicación una dinámica que no está presente en los
modos tradicionales del habla proposicional. Uno no puede argumentar que la
predicación narrativa tiene cualidades únicas y también sostener que todo lo
que
le precede es esencialmente narrativo.
Los teóricos narrativos están, de hecho, resaltando una dinámica
subdesarrollada de la predicación. Un sermón narrativo formula su mensaje de
forma diferente a como lo haría uno tradicional, proposicional, homilético.
Deberíamos estar agradecidos por esta variación, no simplemente porque los
teóricos narrativos han fortalecido la predicación contemporánea con métodos
nuevos, sino porque los métodos proporcionan a los predicadores las
herramientas adicionales para preparar mensajes cuyos entornos se ajusten
más fielmente al tono y la estructura de algunos textos.
Ya que las Escrituras por sí mismas se comunican a través de las formas
narrativas, debemos recibir bien un método que use esa forma de
comunicación y debemos reconocer que dicho método tiene esa aprobación
divina. Al mismo tiempo, debemos reconocer que no todas las Escrituras
comunican en formatos narrativos, así que deberíamos cuestionar si la
predicación narrativa tiene los derechos exclusivos al pul pito moderno.
8. EL CAMINO HACÍA LA PREDICACIÓN NARRATIVA
Aunque los viajes hacía la predicación narrativa desde las últimas dos décadas
han recibido considerable discusión, la evaluación de los límites de la
narrativa quedan incompletos sin la exploración de ese camino que la ha
llevado a la canonización de experiencias vicarias como la forma primaria de
la comunicación homilética. Tal exploración inevitablemente la conducirá a
los origines hermenéuticos y la discusión de la homilética contemporánea así
que esto les indicará porqué este camino fue seguido mientras que otros fueron
ignorados. Sin ser consciente de porqué estos caminos no fueron tomados, los
predicadores pueden innecesariamente limitar su viaje homilética mientras que
vistas antiguas y nuevas nos atraen para observar su belleza y poder.
Influencias del Siglo de las Luces
Innovaciones homiléticas a finales del siglo veinte fue la culminación de una
búsqueda de autoridad de propósito con origen en la iluminación. Esa era dio a
luz a gemelos, el cientificismo y el subjetivismo que ha llevada al
pensamiento occidental a su actual desesperación de localizar el sentido más
allá de los límites de su propio experiencia personal. El racionalismo incrédulo
de Locke, Spinoza y Voltaire situaron la religión en desacuerdo con la
autoridad de razón y la ciencia empírica. Sin embargo, una vez que el
pensamiento ha sido librado de las cadenas de la metafísica religiosa, la
ciencia misma queda bajo los ataques del subjetivismo de Descartes. Para
Descartes el ser está establecido en la mente y de ese modo, relegó su
significado a estructuras de pensamiento en vez de llevarlo a una realidad
empírica.
Los herederos románticos e impresionistas determinaron no dejarse limitar
por una ciencia ciega ante sus propias limitaciones de perspectiva mientras
que propiamente dicho los filósofos y artistas se deleitaban en la libertad de la
imposición religiosa que el descubrimiento científico prometía invalidar.
Mientras que el matrimonio sin control del cientificismo y subjetivismo
daba saltos a través del desarrollo del pensamiento occidental, los filósofos
religiosos se acomodaron, profesando una fe privada que buscaba evitar
alinear a ninguno de los dos grupos. Cuando Kant argumentaba que las
percepciones de uno sobre el mundo forman el mundo que uno puede conocer,
estableció la estructura para una fe no objetiva que Kierkegaard diría que solo
se podría saber a través de una experiencia con Dios. De esta creencia de
cómo el encuentro personal articula la fe que puede ser conocida por el
individuo surge la religión existencial de este siglo en las varias
manifestaciones de Heidegger, Bultmann, Barth, et al.
Efectos hermenéuticos
Un número de influencias paralelas se orientan con los desarrollos
filosóficos/religiosos que, a la postre, hacen al individuo el centro del
significado para las corrientes de pensamiento que proliferan en este siglo.
Esas influencias refuerzan los factores hermenéuticos que impulsan a los
predicadores hacia las formas narrativas que buscan proporcionar una
experiencia individual como la base para la comprensión, mediante la erosión
de la autoridad del significado en otras fuentes.
La hermenéutica tradicional reconoce que el significado se transfiere a
través de la interacción del autor de un texto, el texto en sí mismo, del lector y
el universo en el cual los tres existen. Varias escuelas de pensamiento se han
levantado para abogar a favor de una o más de esas características del proceso
hermenéutico (o alguna proporción, tensión, o desfase entre las características)
como mantener la autoridad para establecer el significado de un texto. La
ortodoxia histórica tiende a centrar el significado en la intencionalidad del
autor y exégesis textual. La tendencia moderna mueve el lugar del significado
más hacia el lector y a la dinámica universal. A través de esas identificaciones
no deseo estereotipar movimientos, ni insinuar que ninguna escuela ignore
totalmente algún eje del paradigma hermenéutico, sino más bien proveer una
estructura para el entendimiento de cómo este siglo ha dado un paso
decididamente hacia las formas narrativas a través de suposiciones
hermenéuticas que los predicadores evangélicos tal vez no han considerado
adecuadamente.
INFORMACIÓN OBJETIVA
El método gramatical/histórico de interpretación (conocido como aristotélico o
clásico en el ámbito secular) afirma que la autoridad del significado radica
principalmente en la relación entre el autor y el texto que el lector pueda
discernir objetivamente. Este enfoque clásico recibió un reto inicial en este
siglo de lo que inicialmente parecía ser un aliado. La escuela psicológica de la
interpretación que surgió en el siglo anterior en lucha con el cientificismo y el
subjetivismo también defendía que el significado reside en la relación entre el
autor y el texto. Sin embargo, esta última escuela vio el texto no como un
producto totalmente consciente de la intención del autor que puede ser
conocido mediante una exégesis objetiva sino como una combinación de
factores subconscientes y conscientes no discernibles por el autor. El texto no
es solo un producto de la intención del autor, sino un síntoma del psique del
autor y la situación de que solo podía ser conocido por un análisis externo
científico y objetivo por el autor. Así que aunque el centro del significado
todavía era orientado hacia el autor, no lo era necesariamente hacia la
intención del autor.
Los errores propios de tal análisis psicológico pronto afloraron. Si el autor
no puede discernir factores subconscientes que determinan el significado,
¿cómo puede el analista saber que esos factores subconscientes no estaban
influyendo en su supuesta interpretación "objetiva?"
INVESTIGACIÓN SUBJETIVA
El fracaso de la esperanza de la investigación objetiva, obligó a los intérpretes
a mirar más allá de los autores. Varias escuelas críticas entraron en acción
para defender que los significados de los textos expuestos en el universo
socio-político del origen de los textos (e.g., interpretaciones marxistas,
capitalistas, feministas). Ya que las suposiciones modernas dictaban que el
autor no podía ser verdaderamente conocido y el intérprete no podía ser
verdaderamente objetivo, otras escuelas de interpretación rescataron lo que
pudieron del método científico y del análisis literario para enfocarlo en el
mismo texto.8 La esperanza de las escuelas arquetípicas, formalistas y
estructuralistas es enfocar el análisis científico lo más rigurosamente posible
en el texto mismo para que los prejuicios de investigación (incluso los
perjuicios del autor) sean minimizados.
La esperanza de los estructuralistas no era determinar qué es lo que los
autores querían decir (ese significado quedó para siempre oscurecido por la
sedimentación cultural y prejuicios personales), sino más bien lo que querían
decir sus palabras (la forma de sus expresiones). Al identificar la presentación
de la estructura de varios textos los estructuralistas creían que ellos podían
discernir científicamente los "códigos convencionales" o los "procesos
controlados" que eran típicos de la comunicación humana. Puesto que la
verdad (significado) detrás de la comunicación era subjetiva tanto para el
autor como el lector, el único significado que puede ser extraído de un texto
expuesto es su estructura. Esta perspectiva fácilmente reconoce que los textos
solo tienen significado relativo para autores y lectores pero mantiene que las
expresiones por sí mismas caen en formatos paradigmáticos que son
analizables objetivamente.
El análisis científico de textos, asume tener un significativo relativo, nacido
en el campo semiótico. Esta ciencia lingüística estudia el idioma como un
sistema de signos por lo cual el significado personal es procesado por el
conocimiento de un signo (Sn), la cosa que realmente sea significativo (Sd) y
un significador (Sr) usado para traer esa cosa a la conciencia. Ferdinand de
Saussure caracterizó este proceso por una fórmula matemática (Sn=SrISd) Y
El creía que esa fórmula concretaba el proceso del idioma mientras reconocía
que el significado permanecía subjetivo, ya que la relación entre un
significador y un significado era relativo para diferentes individuos y
situaciones (e.g., el significador "gallina" puede significar un ave de corral
para algunos aunque para otros significa un amigo cobarde y juguetón). De
igual manera, lo que fue imaginado por el autor mediante el uso de un término
específico no tiene necesariamente importancia a lo que seguidamente se
manifiesta en la mente del lector. De modo que para Saussure el idioma puede
ser objetivamente analizado aun cuando el significado compartido de un
concepto encapsulado en los términos que se usan no puede ser garantizado.
INVESTIGACIÓN DE LA COMUNIDAD
El significado compartido se convirtió en la pasión de los fenomenólogos
quienes admitían la relatividad del significado pero se daban cuenta de que
comunidades y comunicación necesitan algún tipo de perspectiva mutua. Al
igual que Saussure, los fenomenólogos buscaban un medio objetivo para la
estudiar comunicación pero el enfoque estaba en caracterizar las "posturas
conscientes de la interrelación de la experiencia" que permite a personas
pensar y actuar en común. Escritores como Edmund Husserl, Alfred Schutz y
Maurice Meleau-Ponty procuraban definir el entendimiento que las personas
comparten por medio de una reducción fenomenológica en que la experiencia
es enmarcada mediante la percepción, descriptivamente definida e interpretada
para uso compartido. Para los fenomenólogos estas experiencias compartidas
rescatan la comunicación de un existencialismo radical en el que solo las
expresiones tienen un significado definido para aquel que las usa.
Precisamente en este punto de la odisea hermenéutica de este siglo, la teoría
narrativa entra en esta fase con mucha fanfarria. ¿Y qué, después de todo, la
narrativa es tan solo una experiencia humana enmarcada por un comienzo y un
final y una cuenta llena de caracteres descriptivas y acontecimientos que son
arregladas para involucrar el pensamiento e emociones de un oyente para que
ambos, el orador y oyente comparten (al menos vicariamente) una
experiencia? En resumen, una narrativa es por su naturaleza un
fenomenológico reducido "en conectar un enfoque de experiencia" para el
oyente y orador para que el significado pueda ser compartido. Esta dinámica
explica el poder de experiencias narradas y, a la luz de la hermenéutica
cenagosa en que la teoría comunicativa se ha ahogado consigo misma en el
siglo veinte, explica la atractiva de la narrativa para esta generación de
homiléticas. Sin embargo antes de darle un manto mesiánico a la teoría
narrativa, es importante recordar las suposiciones que no solo engendró la
teoría pero ahora también circunscribió su potencialidad.
LAS SUPOSICIONES DE LA PREDICACIÓN NARRATIVA
Los adelantos de la hermenéutica que promovieron la narrativa a su nivel
actual en la predicación la que le llevó, a la postre, a abogar por la hipótesis de
que la experiencia personal es el fundamento del significado. Esta premisa
propone que individuos se comunican mejor solamente de acuerdo con la
experiencia compartida. En la medida en que sus experiencias coinciden, el
significado puede ser transferido entre individuos. Así que la narrativa
compartida se convierte en "la metáfora maestra" para la comunicación
moderna. En ese medio, los individuos se conectan pero sus narrativas
siempre se limitan porque las experiencias son diferentes para cada individuo.
De esta manera no hay meta-narrativa para establecer una verdad
trascendente, solo argumentos múltiples. Cada verdad del individuo
permanece atrapada dentro de la circunferencia de su propia experiencia y
comparte el significado de otros (o del texto bíblico) hasta el punto de que sus
experiencias en alguna media se cruzan. Los predicadores que ignoran esta
herencia hermenéutica aunque usen las ventajas pragmáticas de nuevas formas
narrativas para avivar el interés del oyente, ingenuamente han cedido a las
presiones filosóficas que nunca pretendieron avalar.
La relatividad de la verdad
El descubrimiento del subconsciente, combinado con el descrédito de una
opinión imparcial a la larga revela al cientificismo en su propia ceguera, no
solo ha socavado el pensamiento empírico sino también ha cerrado la mente
moderna a la consideración de la verdad objetiva. El "círculo hermenéutico”
de Friedrich Schleiermacher (el cual revela que el entendimiento está siempre
basado en una hipótesis que presupone las verdades que se persiguen) revela
que el significado reside en la predisposición del individuo y es, por
consiguiente, rigurosamente subjetivo. No solo niega a este círculo la
posibilidad de cualquier verdadera ciencia del descubrimiento sino que
también le impide una verdad trascendente. El significado que resulta
totalmente de suposiciones personales no puede ser absoluto. Sin esa "genuina
verdad" (para usar palabras de Francis Schaeffer) los individuos se quedan sin
anclas proposicionales y se ven obligados a descubrir sus propios significados
personales en las narrativas experimentales.
El subjetivismo de la comunicación
Las conjeturas modernas que conducen a la conclusión de que el significado
es subjetivo para las personas también exige el corolario de que la
comunicación está limitada por las interpretaciones personales gobernadas por
las percepciones del individuo. En el centro de ese subjetivismo no solo hay
un prejuicio en contra de la verdad proposicional sino también la suposición
del carácter intransferible de las proposiciones. Varias corrientes de la teoría
moderna de la comunicación convergen para reforzar esa suposición:
1) la identificación del "laberinto lingüístico", que demuestra que cualquier
vocablo o frase tiene significados múltiples (gobernados por reglas
gramaticales, diferentes definiciones, estructuras sintácticas y el uso personal)
que hace que el encontrar un significado concreto sea una tarea infinitamente
compleja para codificar y descodificar los mensajes;
2) enfocado en las limitaciones de la perspectiva19 que sugiere que no hay
dos individuos que perciban los términos proposicionales idénticamente
porque las personas siempre contextualizarán esos términos de manera
diferente;
3) la comprensión de que las expresiones usadas en las proposiciones actúan
como "un filtro verbal" escondiendo simultáneamente ciertos significados al
mismo tiempo que revelan otros (e.g., al describir la crisis de una nación
extranjera como "otro Vietnam" u "otro holocausto", los oradores pueden
representar hechos idéntico para extraer conclusiones sorprendentemente
diferentes tocante a si se requiere una intervención militar, los vocablos
escogidos para representar una verdad dirigen lo que la mente tanto del orador
como la del oyente puede percibir en vez de describir todo lo que se podía
percibir).
Las limitaciones del lenguaje que conducen a socavar la confianza en el
significado proposicional alcanzan su expresión última en el reciente
movimiento desconstruccionista. Los desconstruccionistas han usado el
intento de Saussure para proveer un análisis objetivo del lenguaje (Sn=Sr/Sd)
para abrir las expresiones lingüísticas a significados radicalmente arbitrarios.
En la creencia de que las diferencias entre individuos privan a las
proposiciones de su significado universal, los descontruccionistas reconocen
que el lector (u oyente) se convierte en el árbitro final de cualquier significado
que se tome de la expresión de otro. Además, el significador escogido por el
oyente o por el orador nunca puede captar por completo la importancia de lo
que se ha expresado (Le., los significadores traen a la mente solo
características selectas de lo que se ha expresado, nunca su esencia completa).
Para los descontruccionistas las diferencias de perspectiva de las partes en
cualquier comunicación junto con lo inadecuado de los significadores para
captar el ambiente completo y el significado de lo que se comunica conduce a
una "ruptura" entre el significador (Sr) y lo que se significa (Sd) que decide
que cualquiera señal (Sn) es de significado "indeterminado". Como
consecuencia, el significado final es perpetuamente "aplazado" y las
definiciones desaparecen
en el retroceso infinito de los significadores que buscan un nexo con lo que se
significa [comunica] que debe ser en sí mismo identificado por otro
significador en conciencia. El resultado no es simplemente que el significado
de los términos se vuelve relativo por las diferencias de los individuos (el
aislamiento existencial del modernismo), sino más bien que los significados
son arbitrarios e incomunicables (el solipsismo radical y la desesperación final
de un mundo posmodernista caracterizado por la anarquía de ideas).
La primacía de la experiencia
El pesimismo hacía la transferencia de proposiciones significativas ha llevado
el pensamiento del siglo veinte a depender de la experiencia como la fuente
más elevada (y quizá la única) del entendimiento personal. La escuela
dominante de la predicación narrativa refleja ese pensamiento al emplear y
elevar la dinámica de la narración que produce experiencias vicarias como el
instrumento principal de la comunicación. De modo que, al alejarse de la
predicación proposicional para captar la ola de la teoría narrativa que inunda a
las iglesias, los predicadores (deliberada o ingenuamente) se preocupan más
por la capacidad de concentración que por el pragmatismo de la
comunicación.
Los campos de la hermenéutica y la homilética han buscado refugio y
propósito continuo en el pensamiento de Hans~Georg Gadamer, quien procuró
romper las restricciones del círculo hermenéutico con distintivos
experimentales. Gadamer argumentaba que debido a que el entendimiento del
texto está gobernado por la compresión previa que se tenga (Le., el trasfondo
personal) que funciona como un horizonte limitador para el conocimiento del
individuo, entonces los textos solo pueden entenderse hasta el punto en que
haya una "fusión" de los horizontes del texto con el del individuo. El
horizonte de significado del texto (Le., la definición) es establecido tanto por
lo que no es como por lo que es. De modo que la manera como un individuo
conoce lo que el texto significa es mediante la influencia experimental tanto
de lo que el texto es como de lo que no es. Esa influencia nunca es completa
puesto que el texto tiene su propio concepto especial, temporal de origen,
transmisión y uso pero podría haber puntos de contacto cargados de
significado entre el texto y el intérprete.
Puesto que, para Gadamer y sus seguidores, la transferencia de significado
requiere un cruce de los horizontes del texto y del lector, luego el texto y el
lector codeterminan el significado. Hasta el punto en que sus horizontes
pueden hacerse corresponder más estrechamente al adaptar la experiencia del
lector a la del entorno del texto, existe la esperanza de una transferencia
parcial pero real del significado aun cuando no se puede hacer una sola lectura
correcta del texto, debido a la singularidad de la precomprensión de los
individuos. Los teóricos de la narrativa se valen de esa idea para amonestar a
los predicadores a moldear sus sermones en armonía con las estructuras
narrativas del texto, de modo que los horizontes del texto y de los oyentes se
fusionen lo más íntimamente posible para que se obtenga la mayor
transferencia posible de significado. La meta es fundir la experiencia del
lector con la expresión del texto como un mecanismo para conseguir un
entendimiento que es reconocida mente limitado por la idoneidad de la
narrativa para generar las reacciones apropiadas del oyente. De modo que
aunque las narrativas que suplen una experiencia vicaria como medio de
comunicación satisfacen bien el paladar posmodernista con su desagrado de
las proposiciones, esas formas de historia permanecen limitadas por su
habilidad para comunicar verdades universales, absolutas y autoritativas.
LOS PROBLEMAS DE LA PREDICACIÓN NARRATIVA
La limitación impuesta por los presupuestos de la predicación narrativa sobre
su potencialidad comunicativa obliga a preguntar si la misma teoría que
defiende una predicación en conformidad con el entorno de las Escrituras en
realidad armoniza con los principios establecidos. Aunque la Biblia contiene
una cantidad importante de narrativas, sigue siendo rica en contenido
proposicional. En realidad, la capacidad de las Escrituras en cuanto a la
transferencia de significado es que une las formas narrativas y las
proposicionales para encerrar los significados a lo largo del tiempo, los
individuos y las diferencias culturales.22 En la Biblia, las narrativas
proporcionan referencia experimental para el significado de las proposiciones,
tal como las proposiciones proporcionan trasfondos conceptuales y
lingüísticos para las narrativas que le dan su forma y su significado. Las
narrativas no tendrían ningún significado personalmente trascendente sin las
proposiciones y estas no tendrían personalmente ningún significado
transferible sin los relatos experimentales que proporcionan interacción vicaria
con las verdades de las Escrituras. Al proporcionar narrativas junto con las
proposiciones la Biblia establece el valor de ambos y hace sospechoso
cualquier sistema de comunicación que niegue el valor de cualquiera de las
dos.
La estructura y el contenido de la Biblia hacen mucho para confirmar el
valor de la historia y respaldar la importancia del significado experimental que
los teóricos de las narrativas defienden. Lo que la Biblia no avalará son las
limitaciones de la transferencia de significado asumida por el pensamiento
moderno que socava la comunicabilidad de la verdad específica a través de las
proposiciones o las narrativas. No existe razón bíblica para asumir, por
ejemplo, que los diferentes contextos personales de los individuos crean un
entendimiento previo radicalmente diferente del que la transferencia
congruente del significado del texto es excluido o que el significado es tan
individualizado hasta el punto de que llegue a ser el producto singular de cada
persona. Asumir que la intransferencia de la verdad proposicional desafía al
sentido común (e.g., la mayoría de las personas sale corriendo de un teatro
cuando alguien grita ¡fuego!) y también va contrariamente al principio básico
de las Escrituras.
Minimizar la Imago Dei [Imagen de Dios]
Aunque las Escrituras reconocen y respetan las diferencias básicas en las
personas, también afirma una continuidad de la condición de ser persona que
rechaza las conclusiones solipsísticas del pensamiento moderno. El hecho de
cada uno de nosotros ha sido creado a la imagen de Dios (Gn 1:26-27)
significa que existe una coincidencia de "horizontes" individuales que
trascienden las diferencias tanto personales como de la comunidad. La
conclusión lógica de los
descontruccionistas de que son el fin necesario e irracional de esos hilos
principales de la filosofía moderna no puede explicar por qué los individuos
continúan funcionando dentro de las comunidades y con entendimiento, dado
el hecho de que sus diferencias prerreflectivas debían impedir una
comunicación humana significativa. Lo que los secularistas ignoran y los
fieles debían poner cuidado en no obscurecer, es que el principio bíblico de
que todos somos creados a la imagen de Dios proporciona el fundamento
común de todo el ser y el pensamiento que permite una interacción humana
significativa.
Limitar al Espíritu Santo
Aún el religioso podía argumentar lo absurdo del significado trascendental
sobre la base de que nuestra condición caída ha empañado tanto la imagen de
Dios en nosotros que la comprensión común de la verdad espiritual está fuera
del alcance de la habilidad humana. Eso es, por supuesto, verdad. La Biblia
afirma muy bien que la verdad trascendente está más allá del alcance humano.
La Biblia dice: "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del
Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se
han de discernir espiritualmente" (1 Co. 2:14). La imagen de Dios en nosotros
está tan seriamente empañada debido a nuestra condición caída que nuestro
entendimiento por sí solo no puede adherirse a Aquel quien de la manera más
perfecta representa la inmaculada imagen de Dios. La Biblia enseña que: "... el
dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les
resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de
Dios" (2 Co. 4:4). En esa condición cada persona está obligada a encontrar y
desarrollar su propia verdad (Jud 19), como el pensamiento moderno
correctamente concluye. Sin embargo, la Biblia no limita el entendimiento
humano a esos medios humanos. Las Escritura enseñan que el Espíritu Santo
renueva nuestras mentes y remedia la distorsión de la imagen de Dios en
nosotros para que seamos librados de juicios personales y tengamos la mente
de Cristo (l Co. 2:15-16). En términos modernos eso significa que cuando
percibimos los significadores en las Escrituras que representan la verdad que
Dios quiere comunicarnos, el mismo Espíritu de Dios ordena nuestro
entendimiento prerreflexivo y reflexivo para que seamos capaces de concebir
su mensaje. La fidelidad de nuestro entendimiento a la intención de las
Escrituras, por lo tanto, no está limitada por nuestras capacidades humanas
sino más bien es asegurada por el hecho de que el mismo Espíritu que inspiró
la Palabra es el que la ilumina dentro de nuestro consciente (l Co. 2:10-14; 2
P.l:20-21; Ro. 5:5). Sin el Espíritu Santo los filósofos modernos correctamente
concluyen que el entendimiento trascendente está limitado por la experiencia
humana pero la presencia del Espíritu libera la mente y el corazón de las
cadenas del subjetivismo humano.
Debido a las resultantes influencias de la vieja naturaleza, la mente
regenerada no puede procesar perfecta ni completamente todo lo que la
Palabra de Dios dice pero eso no convierte la verdad espiritualmente revelada
en algo subjetivo. El hecho de que nuestro entendimiento esté limitado no
exige la conclusión de que nuestras concepciones sean erróneas, indefinidas o
individualmente proyectadas. En realidad, las Escrituras requieren que
confesemos las limitaciones de nuestra comprensión humana mientras que
simultáneamente confirman la autoridad divina con la que la Palabra de Dios
puede ser proclamada (vea Ro.l1:13; lIs. [Link] y Tit. 2:15) Desde la perspectiva
de las Escrituras el área de significado dentro de los horizontes de la Biblia y
el campo de entendimiento dentro de los horizontes de la mente regenerada no
solo se fusionan sino que coinciden. El campo del horizonte humano puede
contener áreas oscuras debido a nuestra condición caída pero eso no significa
que todo el texto es opaco. En cambio, las Escrituras nos animan a ver los
resultados de la influencia del Espíritu tal como le es dada generalmente a los
creyentes con extraordinaria claridad y certero conocimiento de la verdad de
Dios (Sal. 119:130).
LA EXTENSIÓN DE LA PREDICACIÓN NARRATIVA
Las narrativas comunican a un nivel de compresión que va más allá de la
reflexión abstracta. Ese es tanto su potencialidad como su poder. Sin embargo,
cuando las narrativas se convierten en la gran metáfora de expresión basadas
en la premisa de que las proposiciones no comunican, entonces la experiencia
personal se convierte en el gran intérprete y, a la postre, en el controlador de
las del entendimiento. Ese uso de las narrativas limita el significado de las
Escrituras al horizonte del lector (u oyente) y de ese modo, no es suficiente el
comunicar una verdad objetiva de naturaleza trascendental. Descubrir las
maneras en las que nuestras experiencias particulares y personales se cruzan
con la doctrina de la Palabra de Dios es el trabajo esencial del predicador pero
los apóstoles y profetas pretendían que sus palabras hablasen a las
experiencias del pueblo de Dios y no que las experiencias del pueblo
constituyesen la Palabra de Dios (Dt. 28:45).
Cuando la experiencia personal domina la interpretación, el significado
trascendente desaparece. Una revista de pensamiento teológico recientemente
publicó una historia sin comentario tocante a un muchacho y un árbol que
crecieron y envejecieron juntos. Cuando el editor posteriormente pidió a los
lectores que dijesen el significado de la historia, los intérpretes de forma
diferente describieron a los protagonistas como que representaban "partes de
la misma persona", "un chico que se había desviado", "un cuadro hermoso de
Dios y su Hijo, Jesucristo", "una representación borrosa del amor entre un
padre y un hijo", "la gracia de Dios y el amor paternal", "un cuadro
inadecuado de la manera como el amor debe expresarse entre las personas", y
"declaraciones poéticas del amor cristiano sacrificado e idealizado". Una
narrativa sin una interpretación proposicional produjo confusión y significados
dispares en las mentes de los lectores. Esa evidencia anecdótica apoya lo que
primeramente es sentido común y luego, una conclusión bíblica, es decir, la
comunicación que depende de una experiencia personal solamente no tiene un
significado confiable.
En contraste con las filosofías que relegan el significado a una experiencia
personal, el argumento de la Biblia es que ella nos libra de vaguedades
personales y ofrece una verdad autoritativa y comunicable (Sa1.19; Col. 2:2-
4). La verdad de las Escrituras viene envuelta tanto en proposiciones como en
narrativas, lo que sugiere que una teoría que minimiza la importancia de
ambas es insuficiente para comunicar el mensaje de la Biblia. La teoría que
más se aproxima al ambiente de la Biblia no exige que se elija entre narrativas
y proposiciones, sino que más bien reconoce el valor de cada una de ellas para
cumplir los diferentes propósitos en el proceso de la comunicación.
Como punto de partida para reflexiones futuras, sugiero que la metáfora
maestra que se corresponde más intensamente con la expresión de las
Escrituras no es la narrativa sino el término del que toma su nombre la
disciplina de la predicación, o sea, homílétíkos; i.e., conversación. En una
conversación, la interacción y la proporción de las narrativas y las
proposiciones asume una posición flexible apropiada para el contenido de la
conversación y los propósitos del orador. Las proposiciones estructuran,
organizan y generalizan (o particularizan) principios mientras que las
narrativas aclaran, estimulan reacciones y personalizan (o generalizan)
significados. Cada forma de expresión sirve a la otra al suplir la dinámica de
la comunicación que la otra no posee en la misma medida. El contenido, la
personalidad y la situación pueden ser individualmente considerados para
determinar la proporción adecuada de narrativa (o ilustración) y la proposición
en una conversación sin predeterminar lo que uno no comunicará. Esa
observación indica que la narrativa no es suficiente cuando es la única
herramienta de comunicación que los predicadores llevan a la homilética. En
combinación con las proposiciones, sin embargo, los elementos narrativos en
los sermones poderosamente refuerzan y expresan las verdades de las
Escrituras.