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Kant 2022

Kant fue un filósofo de la Ilustración alemana que desarrolló una teoría del conocimiento conocida como idealismo trascendental. Según Kant, el conocimiento humano se limita a los fenómenos que pueden ser experimentados, mientras que las "cosas en sí mismas" son incognoscibles. Kant argumentó que aunque la razón está limitada por la experiencia, es posible tener un conocimiento universal y necesario sobre la realidad gracias a las estructuras innatas del conocimiento como el espacio y el tiempo. Sin embargo, consideró que la

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Kant 2022

Kant fue un filósofo de la Ilustración alemana que desarrolló una teoría del conocimiento conocida como idealismo trascendental. Según Kant, el conocimiento humano se limita a los fenómenos que pueden ser experimentados, mientras que las "cosas en sí mismas" son incognoscibles. Kant argumentó que aunque la razón está limitada por la experiencia, es posible tener un conocimiento universal y necesario sobre la realidad gracias a las estructuras innatas del conocimiento como el espacio y el tiempo. Sin embargo, consideró que la

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INMANUEL KANT

(1724-1804)

Los conceptos (pensamientos) sin contenido están vacíos,

las intuiciones (percepciones) sin concepto, están ciegas.

Teoría del conocimiento: ¿Qué puedo conocer?

Hacia un idealismo trascendental

Crítica de la Razón pura

Kant es el representante de la Ilustración alemana, cuya pretensión fue hacer que sus
compatriotas fueran “mayores de edad” haciendo uso de la razón. Su lema fue el Sapere aude,
“atrévete a pensar” por sin recurrir a las tutelas de otros. La obra de Kant, tal y como señala al
final de Crítica de la razón pura (obra que trata sobre las condiciones de la posibilidad de lo
científico) estará atravesada por cuatro preguntas: ¿qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer?
¿Qué puedo esperar? ¿Qué es el hombre?

Kant utilizará para hacer filosofía un método crítico; el cual consiste en hacer un
análisis de la razón haciendo ver cuáles son sus usos y sus límites. Según Kant, la razón sirve
para conocer el mundo y sus primeros principios (uso teórico) y, además, guía y dirige
nuestras acciones (uso práctico). Kant se preguntará en la obra Crítica de la Razón pura si la
metafísica es una Ciencia, es decir, si es un verdadero conocimiento. Si lo es, la razón no
tendrá límites a la hora de conocer. Si no lo es, la razón no puede conocerlo todo, tal como
también señala en Prolegómenos a toda metafísica futura que quiera presentarse como
Ciencia.

Hay por parte de Kant, una lectura sistemática de toda la Historia de la Filosofía hasta
el momento. Por un lado, se declara seguidor del empirismo sin rechazar las teorías
racionalistas. ¿Es acaso posible esta síntesis? El Racionalismo parte de ideas y principios
innatos con los que defienden que se puede conocer lo que está más allá de la experiencia y,
por tanto, considera a la metafísica un verdadero conocimiento. El Empirismo, por su parte,
cree que la Razón tiene como límite la experiencia, no pudiendo tener un conocimiento
universal y necesario sobre el mundo ni por supuesto de lo que está más allá de la experiencia,
lo metafísico. En cambio, Kant defenderá el Idealismo transcendental el cual argumenta que
aunque, la Razón está limitada por la experiencia y, por tanto, la metafísica no es un
verdadero conocimiento, si es posible tener un conocimiento universal y necesario sobre la

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realidad gracias alas estructuras a priori del conocimiento. Kant superará así el escepticismo
de Hume afirmando que “le despertó del sueño dogmático” racionalista.

La obra de Kant se divide en una serie de capítulos en los que va exponiendo su teoría
del conocimiento a la vez que trata de contestar a la pregunta de si la metafísica es una
Ciencia. Para ello, comienza la obra viendo qué características tendría que tener un
conocimiento para ser científico y, por tanto, cierto, verdadero, universal y necesario. Kant
indica que las ciencias están formadas por una serie de juicios que amplían el conocimiento
acerca del mundo y además son universales y necesarios. Los juicios que reúnen estas
condiciones son aquellos que son sintéticos (el predicado no está contenido en el concepto de
sujeto) y a priori (son independientes de la experiencia). Por tanto, si la Metafísica fuera una
ciencia sus juicios deberían ser juicios sintéticos a priori. La pregunta será, ¿son los juicios de
la metafísica juicios sintéticos a priori?

Kant comenzará analizando lo que él si cree que es una ciencia y comprobando qué
tipos de juicios posee, mientras, expone su teoría del conocimiento. Comenzará analizando las
matemáticas en la primera parte de Crítica a la razón pura titulada Estética Transcendental,
mostrando el primer paso en el proceso del conocimiento, el cual lo realiza la facultad de la
sensibilidad. La sensibilidad es la capacidad de recibir las intuiciones sensibles o
conocimiento inmediato de los objetos. Este conocimiento sensible se puede subdividir en
materia y forma; la materia del conocimiento es “lo dado” a posteriori, la información
empírica que nos da los sentidos, y la forma es “lo puesto” a priori por el sujeto para poder
conocer los datos empíricos. Kant señala que estas estructuras mentales que permiten y dan
forma al conocimiento sensible son el espacio (forma de la exterioridad) y el tiempo
(forma de la interioridad), las formas a priori de la sensibilidad o intuiciones puras que
posee todo sujeto cognoscente como formas subjetivas de la experiencia sensible del sujeto.
Por eso, todo lo que conocemos está dentro de unas coordenadas espacio-temporales
concretas. Además, estas intuiciones puras permiten hacer Matemáticas; gracias a la intuición
del espacio se puede realizar geometría y la previa intuición del tiempo permite hacer
aritmética. Por tanto, los juicios de las matemáticas son juicios sintéticos y a priori, lo que
viene a significar que para Kant las Matemáticas han alcanzado desde hace mucho tiempo el
camino seguro de la ciencia.

En ese mismo sentido, Kant señala que esto supone un “Giro copernicano” con
respecto a las teorías del conocimiento anteriores que se basaban en el objeto. Según Kant,
para que un objeto pueda ser conocido debe adaptarse a las estructuras a priori
transcendentales del sujeto, en este caso el espacio y el tiempo, y no al revés, lo que supone
una auténtica revolución epistemológica. Kant defiende, por tanto, el Idealismo
Transcendental al indicar que no se conoce la realidad en sí misma sino una realidad
idealizada o mediada por el sujeto cognoscente. Sólo conocemos fenómenos (conjunto de
sensaciones estructuradas en el espacio y en el tiempo) y no las cosas en sí (noúmenos o
ideas). Es decir, afirma que sólo puede conocerse aquello que tiene una condiciones anteriores
y previas (a priori) a la experiencia que nos hacen posible percibir –a lo que llama
trascendental-: “Llamo trascendental a todo conocimiento que se ocupa, no tanto de los
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objetos, sino de nuestro modo de conocerlos, en la medida en que ha de ser posible a priori”.
De esta forma Kant señala que lo que pretende ir más allá de los límites de la experiencia es
un conocimiento ilegítimo desde el uso teórico de la razón ya que trasciende las condiciones
de la experiencia. Lo trascendente –que no es lo mismo que lo trascendental sino que es
aquello que trasciende la experiencia humana más allá de lo sensible y de los límites
experienciales-, es ilusorio y por tanto, no científico. ¿Por qué la metafísica no ha alcanzado
el camino seguro de la ciencia? ¿Es, acaso, imposible?

Para responder a estas preguntas aún nos queda por analizar una parte más de la
Critica de la razón pura. Una vez la sensibilidad ha generado los fenómenos, estos pasarán
al entendimiento para poder ser conocidos. En la Analítica Transcendental Kant hablará sobre
el entendimiento humano a la vez que analizará qué condiciones tiene la Física para ser una
ciencia universal, verdadera y necesaria. El entendimiento es la facultad con la que el sujeto
unifica los fenómenos bajo conceptos pudiendo así realizar juicios. Además el entendimiento
también es capaz de encadenar estos juicios generando razonamientos. Para poder pensar los
fenómenos, el entendimiento les da forma a través de sus conceptos puros o categorías. Kant
defiende doce categorías o formas a priori del entendimiento, las cuales se clasifican en
cuatro tipos: de cantidad, cualidad, relación y modalidad. Las experiencias que son múltiples,
variadas y contingentes se convierten en un conocimiento universal y necesario al
categorizarlas o aplicarles los conceptos puros del entendimiento como si fueran “moldes”
que nos permite pensar los fenómenos. Estas categorías no son más que predicados
universales de las cosas sensibles que se dan en las formas de la intuición pura. Por esta razón
las leyes de la Física, que hablan acerca del mundo, son universales y necesarias dado que en
ellas se aplican las categorías, por ejemplo la de la causalidad.

Según Kant sólo podemos conocer los fenómenos a los cuales les aplicamos las
categorías, todo aquello que no sea fenómeno no puede ser conocido. Pero la Razón
humana siempre ha querido ir más allá de la experiencia, siempre ha buscado las
explicaciones últimas de la realidad. En la Dialéctica Transcendental Kant hablará de la
facultad de la razón y a la vez que trata de saber si la metafísica es una ciencia. La razón es
la facultad con la establecemos relaciones y deducciones de los juicios aportados por el
entendimiento. Es propio de la razón humana buscar siempre los conceptos más abstractos,
los principios últimos con los que sintetizar todos los juicios. La metafísica es aquel saber
racional que ha pretendido llegar a establecer estos primeros principios o aquello
“incondicionado” con los cuales explicar toda la realidad, es decir, aquello que no cumple con
las condiciones de posibilidad de lo que Kant llama “lo científico”. Por un lado, está el alma,
la idea con la que explicamos todo fenómeno psíquico o interno. Por otro lado, está el
mundo, la idea con la que explicamos todo fenómeno externo y por último, tenemos la idea
de Dios con la que se unifica tanto los fenómenos internos como externos. Pero estas tres
ideas de la razón son meras ilusiones transcendentales y no un verdadero conocimiento. El
ser humano no puede conocer aquello que está más allá de la experiencia, pero la razón
humana tiende a ello “por su propia naturaleza”. Todos los que se han dedicado hacer
metafísica han caído en el error de aplicar las categorías del entendimiento a lo que no son
fenómenos y, por tanto, han hecho un uso ilegítimo de las categorías cayendo en
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contradicciones y falacias. No se puede argumentar de forma racional que el alma, el mundo
y Dios existan pero son ideas de la razón que indican el límite de nuestro conocimiento y el
ideal a perseguir. Así Kant, en la Antitética de la razón pura demuestra cómo de estas ideas se
puede afirmar la verdad y su contrario, incurriendo en la problemática del principio
aristotélico de no contradicción y del tercero excluso. Así también lo hace en la Antinomia de
la razón pura.

Aunque la metafísica no sea un verdadero conocimiento, sus conceptos (Dios, el alma


y el mundo) desempeñarán un papel importante en el ámbito moral según Kant, estos
sustentarán la fe racional y la conducta moral del ser humano.

La ética kantiana: ¿Qué debo hacer?

Crítica de la razón práctica

Tuve que abandonar el saber para dejar sitio a la fe.

Kant tratará de contestar a esta pregunta a través de dos obras: Fundamentos de la


metafísica de las costumbres de 1785 y La crítica de la razón práctica de 1788. En ellas
expondrá su pensamiento ético a través de lo que llamará el imperativo categórico y los
postulados de la razón práctica. Kant quiere hacer de la ética un código legal inquebrantable
bajo cualquier supuesto.

Para comenzar, todas las éticas anteriores a Kant podían ser catalogadas como
éticas materiales ya que todas comenzaban proponiendo un bien supremo a perseguir: la
felicidad, el placer,… y las normas de conducta que debías seguir si querías obtener este bien
o fin último del ser humano. Este bien supremo y las normas mismas se consideraban la
materia de la ética. Kant criticará todas estas éticas por diferentes razones. En primer lugar,
por creer que no son universales, ya que se basan en experiencias empíricas de hombres en
particular y sus mandatos son hipotéticos o condicionales (“ Si quieres ser feliz debes…”),
si alguien no aspira alcanzar aquello que se propone como bien supremo (por ejemplo la
felicidad) el mandato dejará de tener valor para él. También crítica que estas éticas sean
heterónomas y no autónoma dado que la razón práctica recibe indicaciones por una instancia
externa a ella misma, impidiendo así la autonomía moral.

En cambio, Kant defenderá una ética no material sino formal, la cual carecerá de
contenido ya que no existe ningún bien supremo que perseguir ni unas normas heterónomas
que cumplir. Kant propone una ética formal, universal, racional, autónoma y
deontológica.

Kant nos indica que no hay que actuar para lograr un fin sino que hay que actuar
únicamente por deber (ética deontológica). Lo que determina que una acción sea una buena

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acción, o que una voluntad humana sea una buena voluntad, es el modo en que se realiza la
acción y no el contenido de esta. Lo importante, según Kant, son las intenciones de la
voluntad al realizar la acción. Si una acción está hecha por deber será una buena acción pero
si se actúa contra el deber o conforme al deber no se actúa moralmente. Un individuo actúa
contrario al deber cuando conoce su obligación moral y no realiza lo que se le prescribe, es
una actuación inmoral. Un individuo actúa conforme al deber cuando el motivo por el que
sigue la obligación moral es ajeno al propio deber. En cambio, un individuo actúa por deber
cuando conoce su obligación moral y la cumple simplemente porque esa es su obligación.

Actuar por deber es actuar según una ley moral que nos hemos dado a nosotros
mismos (ética autónoma) la cual tiene forma de imperativo categórico (ética formal y
universal). Kant realiza varías formulaciones del imperativo categórico una de ellas es la
siguiente: “Obra según una máxima que puedas querer, al mismo, que se convierta en ley
universal”. Kant indica así la universalidad de las leyes morales autónomas, cada individuo
debe darse sus propias normas morales y al hacerlo hay que plantearse si podía ser una ley
válida para cualquier individuo. Kant no indica el contenido de estas normas sino únicamente
su forma. Otra de las formulaciones del imperativo categórico dice así: “Obra de tal modo
que te relacione con la humanidad, tanto en tu persona como en cualquier otro, siempre como
un fin y nunca sólo como un medio”. En esta otra formulación Kant resalta que hay que tratar
a las personas con dignidad ya que son fines en sí mismos y no medios, no objetos que puedan
utilizarse para los intereses propios. Finalmente tiene una última formulación del imperativo
categórico que tiene un fin más político que ético y que se denomina como el imperativo de
“el reino de los fines”. Este “reino de los fines” es el conjunto de la humanidad cumpliendo
las máximas del imperativo categórico desde la buena voluntad universalmente –es decir, para
todos- legisladora.

Además, Kant defiende que para que este comportamiento moral se pueda llevar a
cabo es necesario que se den los postulados de la razón práctica. Para que la vida moral sea
posible es necesario afirmar aquellas realidades metafísicas que desde el punto de vista de la
razón teórica se les había negado la posibilidad del conocimiento. La Razón teórica o
especulativa había concluido que no se puede llegar a conocer el mundo en su totalidad,
el alma y a Dios porque no son fenómenos pero estos serán, según Kant, los postulados
de la razón práctica:

● La libertad humana: Para que exista una acción moral la voluntad debe actuar de forma
autónoma, dándose así misma las leyes morales que guíen sus acciones. Kant afirma que para
la razón teórica, que conoce el mundo mediante las leyes de la física, defiende que no hay
libertad en el mundo pero la razón práctica afirma que existe la libertad para que se dé la
moralidad .

● La inmortalidad del alma. Los actos morales tienen una transcendencia que traspasa la
propia vida humana. Para alcanzar la perfección moral, para tener una voluntad santa,
necesitamos una vida eterna. Debemos, según Kant, perseguir esta perfección moral y actuar
siempre por deber pero en muchos casos no lo conseguiremos.
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● La existencia de Dios. Dios es el único ser en el que el deber ser y el ser coinciden, Dios es el
modelo moral a seguir. Además, Kant defiende que el ser humano siente un deseo natural de
felicidad. Esta sólo se logra cumpliendo el deber moral y siendo recompensados por Dios al
haber alcanzado la virtud. La existencia de Dios garantiza que el hombre puede lograr en
algún momento la felicidad eterna.

Kant había afirmado en la Crítica de la razón pura que: “y tuve que abandonar la
razón para dar paso a la fe racional”. Aquello que no puede ser conocido, según Kant, si se
puede creer que existe, estableciendo así una fe racional.

Para concluir, ¿los postulados de la razón amplían nuestro conocimiento? Sin


duda, contestará Kant pero sólo en sentido práctico. El problema último consistirá en decir
cuál de las dos modalidades de la razón es más primordial (teórica o práctica). Kant no tiene
dudas, la primacía de la razón pertenece a la razón práctica: “el interés mismo de la razón
especulativa es condicionado y sólo en el uso práctico está completo”. Se trata de hacer la
ciencia moral paralelamente a la ciencia natural. Termina así su segunda crítica, Crítica de la
razón práctica: “dos cosas llenan el ánimo de admiración y respecto, siempre nuevos y
crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación ocupa en ellas la reflexión: el cielo
estrellado sobre mí (la física) y la ley moral (la libertad) en mí”.

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