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Narración y Testimonio en la Historia

Este documento discute el valor del testimonio de las víctimas sobrevivientes para comprender crímenes de terrorismo de estado y construir memorias colectivas. Argumenta que los relatos testimoniales aportan una perspectiva irremplazable y no deberían ser depurados por la historia, sino admitidos como elementos iluminadores. Luego analiza el concepto de "narrador" en Walter Benjamin y cómo los relatos testimoniales cumplen una función narrativa al intentar transmitir experiencias traumáticas.

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Narración y Testimonio en la Historia

Este documento discute el valor del testimonio de las víctimas sobrevivientes para comprender crímenes de terrorismo de estado y construir memorias colectivas. Argumenta que los relatos testimoniales aportan una perspectiva irremplazable y no deberían ser depurados por la historia, sino admitidos como elementos iluminadores. Luego analiza el concepto de "narrador" en Walter Benjamin y cómo los relatos testimoniales cumplen una función narrativa al intentar transmitir experiencias traumáticas.

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El testigo narrador

Tanto en la investigación de los crímenes del terrorismo de Estado, como en la construcción de m emorias

colectivas acerca de lo sucedido, el relato de las víctimas sobrevivientes resulta fundamental. Sin embargo,

desde la historia, se pretende d e p u r a re s o s relatos para acogerlos com o insum es su discurso.¿N o podría

pensarse en hacer una historia que no clasifique, califique y com pita con esas narraciones, sino que las admita

como elementos iluminadores, que aportan algo propio e irreductible a la m era información que ninguna otra

fuente puede aportar?

Por Pilar Calveiro Debemos permitir q u e [as imágenes


atroces nos persigan.
Ilustraciones G ianbattista Piranesi Ante el dolor de los demás, Susan S ontag

E
n Dirección única, Walter Benjamín describía irónica- dado Enzo Traverso en Historia y memoria). Y esta pérdi-
mente la técnica del crítico como una actividad con- da no está referida al carácter atroz de lo vivido, sino a la
sistente en destruir y se podría agregar aunque s ea extraordinaria modificación del mundo del que proviene y
con el ánimo de rescatar) un libro citando unas cuantas de en donde debería inscribirse, lo que impide su significación.
sus frases. T rataré de tomar en cuenta la advertencia del au- En efecto, en la primera posguerra todo había cambiado. Se-
tor para hacer una lectura posible de El narrador sin destruir- gú n Benjamín, la imagen de l mundo exterior com o la del éti-
lo. Con este objeto, intentaré adentrarm e un poco en su idea co sufrieron, de la noche a la mañana, transformaciones qu e
del empobrecimiento de la experiencia y de la narración -co- jamás se hubieran considerado posibles, que implicaban un
mo transmisión de la misma - y en la f o rm a en que esta enorme desarrollo de la técnica y la sofocante riqueza de
afirmación se ha retomado recientemente de manera enga- la s ideas. Como reverso inseparable de ello, Benjamín ad-
ñosa, como argumento para desechar la importancia de la vertía la retirada d e la facultad de intercam biar experiencias.
experiencia y, sobre todo, de su comunicabilidad en la com- Es decir, mucha técnica, muchas ideas y una pobreza de ex-
prensión de los hechos traumáticos de la historia reciente. periencia que no ha y que entenderla como si lo s hombres
Ya en un texto previo, Experiencia y pobreza de 1933, añorasen una experiencia nueva. N o; añoran liberarse de las
Benjamín afirmaba que en la Primera Guerra, las personas experiencias... No siempre son ignorantes o inexpertos. Con
habían tenido una de las experiencias más atroces de la his- frecuencia es posible decir todo lo contrarío: lo han devo-
toria universal... Sin embargo volvían mudas del campo de rado todo la cultura y el hombre y están sobresaturados
batalla,.. Más pobres en cuanto a experiencia comunicable. y cansados... Al cansancio le sigue el sueño. Pero, mientras
Indefensos en un paisaje en el que todo menos las nubes están somnolientos, la crisis económica está a las puertas
había cambiado. O sea, no desaparecía la experiencia, que y tras ella, como un a sombra, la guerra inminente.
era atroz, pero se hacía incomunicable; la exp eriencia vivi- As í Benjamín parece advertir el intento de los hombres
da no se transformaba en experiencia transmitida en las so- por liberarse de la atroz experiencia de la guerra, a causa
ciedades individualistas de la modernidad Esto lo ha abor- de un cansancio que los adormece y les impide comuní-

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caria, intercambiar experiencias, mientras los am enaza otra Toma muchos acontecimientos dispersos, en los cuales
guerra inminente. El hom bre, con su minúsculo y quebra- se señalan acciones justas o personajes justos que suelen
dizo cuerpo humano, rodeado por corrientes devastadoras ser seres sencillos de los que ninguno encarna a l justo p or
y explosiones había enmudecido por una experiencia que antonomasia. En este sentido, enseña la pos ibilidad del ser
no no sabía o no quería nombrar.
podía, humano de oponerse. Estos rasgos hacen qu e conserve una
Y sin embargo, después de estos textos de 1933 y 1936, capacidad germinativa de largo p lazo. Buena parte de estos
e incluso desp ués de las atrocidades repetidas por el ad- rasgos aparecen género particular relato
periencias, e n especial las traum áticas, com o es la serie tes-
¿Por qué remitir un texto narrativo a lo informativo? timonial, que recogen los trabajos de la memoria social.
¿Qué proporciona cada uno de ellos para el saber En ellos se puede identificar el relato de historias mem ora-
académico y cuáles son los peligros que el material bles a partir de experiencias propias o transmitidas; la vo-
testimonial comportaría? luntad de c ontarlas p ara conservarlas, en actos q u e invo-
lucran la palabra, el ojo, la mano y, sobre todo el alma; la
venimiento de esa guerra inminente qu e multiplicó las ex - gran precisión detallista en búsqueda de lo ejemplar, pero
periencias atroces de las qu e los seres hu m anos querían li- con cierta perplejidad y escasa intención explicativa; la dis-
berarse, esos mismos seres humanos realizaron extraordi- persión de acontecim ientos y personajes y, sobre todo, la
narios esfuerzos por narrar y hacer com unicables incluso las posibilidad del ser hum ano de oponerse a las fuerzas de l
m ás dolorosas y limítrofes de esas exp eriencias. A mi mo- poder que se pretende inexorable y que los mismos testi-
do de ver, no se pueden entender de otra manera las monios se encargan de desmentir.
obras de Prim o Levy o de Jean Améry, p or ejemplo. N o creo No se trata aquí de intentar una correspondencia punto
que su palabra pu eda asociarsea la marea de libros de gue- p or punto entre las figuras del testigo y el narrador, impo-
rra ajenos a la transmisión de boca en boca q u e rechazaba sible, pero sobre todo estéril. Se trata más bien de interro-
Benjamín. Propongo, en cambio, que ese tipo de material, garnos p or qué, si el testimonio y su recup eración en los tra-
memorioso y fuertemente testimonial, funciona en relación bajos de la m em oria tienen estos pu ntos de contacto con la
con las experiencias traum áticas com o narración, es decir, narración, son sin embargo cuestionados, desde cierto de-
como intento de recuperación d éstas, con m iras a su trans- bate académico, e n particular historiografía), p or criterios
misión o pasaje, qu e recrea a la vez qu e conserva los sen- de validez prop ios de una construc ción diferente, la infor-
tidos de la experiencia vivida. m ativa, cu yas c aracterísticas principales serían la transmisión
suscinta del asunto en sí, la pronta verificabilidad, lo nove-
os rasgos de la n arración doso de la aportación y su potencial explicativo. ¿Por qué
Benjamín presenta la narración como el relato de histo- remitir u n texto narrativo a lo informativo? ¿Qué propor-
rias memorables, que se construyen a partir de la experien- ciona cada uno de ellos para el saber académico y cuáles son
ci a propia o transmitida. Recup eran lo inolvidable de lo vi- los peligros que el material testimonial comportaría?
vido y también lo sabido de oídas, para transmitirlo de
boca en boca, en una interacc ión qu e comprende la palabra Historias
pero involucra también el ojo, la mano y el alma de los in- Como no podía ser de otra m anera, los esfuerzos de trans-
volucrados: uno que cuenta y otros que escuchan y me- m isió n y pasaje de las experiencias traum áticas del siglo XX
morizan para s er capaces, a su vez, de contar y conservar -su narración en el sentido benjaminiano- h an discurrido
la historia dejando su propia marca. En c a d a relato, la principalm ente por los senderos de la m em oria en general,
huella del narrador queda adherida a la narración previa, y del testimonio com o su h erram ienta privilegiada. P oco a
formando u na serie de capas traslúcidas de las múltiples ver- poco, han ¡do c onstruyendo u na memoria colectiva c on
siones sucesivas. Es decir, el narrador de Benjamín no pien- reconstruc ciones e interpretaciones del p asado que tocan
sa desde afuera de su exp eriencia sino que la hace jugar, la los bordes del relato propiamente historiográfico. Aunque
acopla con otras, dejando abierta la posibilidad de nuevas estructurados de otra manera, van construyendo verdades
e interminables superposiciones y recreaciones. históricas independientes de la vigilancia epistemológica de
La narración incluye lo extraordinario o prodigioso c on las disciplinas.
gran precisión y, al m ism o tiem po, tiene una orientación ha- Algunos historiadores ven con preocupación la posición
cia lo práctico, hacia lo ejemplar, aunque sin buscar lo di- marginal de los especialistas (no hay que olvidar la voca-
rectamente explicativo. ción de relato oficial que subyace en la historia), frente al

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predominio de relatos interpretativos, de fuerte resonancia
social y política que, aunque autónomos del c a m p o discipli-
nar, encuentran un a fuerte validación social. no es ra-
ro que así haya ocurrido. Como los historiadores más tra-
dicionales reclaman un camp o disciplinar c u y o objeto de es-
tudio es el p asado, cuando éste es dem asiado cercano no
conforma el objeto frío necesario para construir las inter-
pretaciones relevantes que presupone esa visión de la his-
toria. Por lo mismo, historiadores tradicionales e incluso
otros que no lo son tanto, se resisten a la falta de sistema-
ticidad del relato memorioso, carente de fuentes documen-
tales suficientem ente convalidadas, de dispositivos de con-
trol y crítica adecuados y tratan de resolver este problema
con un enfoque disciplinar que los proteja de las limitacio-
nes de la memoria.
S in duda, toda forma de reflexión sobre pasados traum á-
ticos com partidos pu ede contribu ir a su comprensión y a su
narración -entendida como transmisión de la capacidad
social de experiencia-; pero lo que llama la atención de al-
gunas m iradas históricas es su énfasis en diferenciarse de la
memoria y el testimonio, señalando las limitaciones de és-
tos y pretendiendo subsanarlos desde la disciplina.
Por ejemp lo, sorprende qu e Enzo T raverso -cu ya p roduc -
ción resulta ineludible para com prender fenómenos com o el sorprende el señalam iento de las limitaciones del testim o-
nazismo y otras violencias del siglo XX- convoque a la his- nio, sino la suposición de que la historia vendría a subsa-
toria, para existir como campo del saber, a emanciparse narlos con una supuesta capacidad de demostración ca-
de la memoria, n o recha zándola sino poniéndola a distan- rente de puntos ciegos).
cia Para ello debería pasarla por el tamiz de una verifica- Más frecu ente aún es la afirmación de que tras hab erse es-
ción objetiva(¡ ), empírica, docum ental y fáctica, señalan- tablecido la verdad jurídica a partir de los testimonios se
do si es necesario, su s contradicciones y sus trampas. En ha consagrado la legitimidad de la palabra de las víctimas
Historia y memoria p ropone qu e e l historiador e s deudor de y la verdad histórica sin las objeciones de dicha palabra.
la mem oria pero actúa a su vez sobre ella, porque contri- En esa línea de validación del testimonio como verdad jurí-
buye a formarla y a orientarla. dica, pero de dudosa legitimidad para la explicación o la re-
¿ En qué sentido el saber del entrevistado podría consti- construcción historiográfica se encu entra la argum entación
tuir un problema? Es ndudable que el entrevistado sabe al- de Beatriz Sarlo en Tiempo pasado, quien -desde un ámbi-
go que nosotros desconocemos; si no fuera así, no nos in- to diferente del conocimiento pero posicionándose supues-
teresaría entrevistarlo. Pero ese saber no c ancela los otros tamente en la perspectiva histórica- critica la existencia de
y sólo p uede constituirse en problema si el académ ico no una narración memoríalística que compite con la historia. S in
reconoce más que un lugar del saber (por lo regular el su- embargo, de lo recogido hasta aquí p arecería ocurrir exac-
yo), que se traduc e en una relación de poder. Parece en cam- tamente lo inverso: se constituyen primero una serie de re-
bio evidente que entrevistador y entrevistado saben, pero latos desde la memoria que no compiten con nada sino que
saben cosas distintas que se reclaman m utuamente. llenan u n vacío, relatos de alta densidad política en tanto
Asimismo, otros autores señalan que esimprescindible in- comprenden determinada mirada histórica. Escierto discur-
sistir en que estos ejercicios de memoria, por sugerentes so académico el que afirma que tales relatos deben poner-
q ue resulten, no nos autorizan a desconocer el punto ciego, se a distancia, formarse y orientarse por parte de un saber
que constituye esa zona siempre difusa y lábil que separa m ás estructurado, sistemático y confiable. Enpalabras de El¡-
la experiencia vivida de lo que recordam os y podemos na- zabeth Jelin, la memoria -a la que reconoce su creatividad y
rrar de ella. P or eso, el testimonio no podría bastarse a s í productividad- sería un objeto de disputa y objeto de estu-
m ism o dada su imposibilidad de demostración donde no dio, inclusive de la propia disciplina de la historia.

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Lo s testimonios y los ejercicios de la memoria se con-
vierten así en insumos de la investigación histórica q ue rea-
lizará la verificación objetiva contrastará los testimo-
nios, señalará s us contradicciones y sus trampas, cubrirá
su s puntos ciegos para construir argumentos demostrables,
con grados aceptables de verificación; es decir conv ertirá
la narración en informac ión (novedosa, verificable y expli-
cativa). Pero entonces, ¿cuál es el objeto de disputa?: la
validez social de una y otra en la construc ción de la me-
m oria colectiva que hay q ue formar y orientar mediante el
relato histórico. Obviamente, con sus imp licaciones políti-
cas. Desde otro pu nto de vista, se podría pensar en hacer
una historia q ue no clasifiqu e, califiqu e y com pita con las
memorias, sino que las acoja en tanto narraciones, como
elemento iluminador para descubrir algunas de las claves
de sentido de los actores, en particular las qu e refieren a
la resistencia.

Se apiada del dolor de los demás


La voluntad de la historia p or construir el relato social y,
por lo regular, oficialmente aceptado, es p aralela a su desa-
rrollo como disciplina. En este sentido, no es extraño su celo
por disputar ese lugar a los relatos q ue arm a la m emoria.
Pero h ay algo m ás en este debate, q ue concierne no tan-
to a la del de los a
nuestro propio presente. Hay algo m ás en esta p reocupación
por procesar la narración para convertirla en informac ión ve-
rificable a distancia de la mem oria, que fue construida para establecer la verdad jurídica, y se lo c uestione com o ins-
desde la legitimidad de la palabra de las víctimas. trumento para la construcción de la verdad histórica.
¿Qué es lo que aparece en la palabra de las víctimas que Pero, ¿por qué deberíamos acercarnos a ese sufrimiento,
no pu ede objetarse? Antes qu e cualquier pretensión de ve r- obligarnos a contem plarlo, ab rir nuestro ojos y oídos a él?
dad última, que sería fácilmente refutable, hay sin embargo Una vez m ás Sontag puede ay udarnos: Las narraciones pue-
en esa palabra una verdad inobjetable y es la experiencia del de n hacemos comprender. Y tienen m ayor cap acidad para
sufrimiento y el dolor, q u e sólo podemos atestiguar, como movilizarnos que la imagen. Es decir, exp onernos a ese re-
algo qu e nos deja im potentes: testigos de un dolor que ex- lato qu e no necesariam ente ofrece explicación, qu e nos vu l-
cede nu estra propia experiencia y nos arrebata la posibilidad nera y enm udece -si se lo permitim os-, puede precisamente
de hacer algo con eso. En Ante el dolor de los demás, Susan movilizarnos en el sentido de la acción o en el sentido de la
Sontag señala q u e la sensibilidad mode rna ...) tiene al su- transmisión -inseparable de la com prensión-, com o otra for-
frimiento por un error, un accidente o un crimen. Algo qu e m a de acción. Ahora bien, si la historia p retende ser un m e-
debe repararse. Algo que debe rechazarse. Algo que nos canismo de c omp rensión y transmisión de los procesos co-
hace sentir indefensos ...) Es al parecer normal que las per- lectivos debería revisar con mucho cuidado el papel qu e le
sonas eviten pensar en las tribulaciones de los otros, incluso asigna al material testimonial y a las reconstrucciones desde
de lo s otros co n quienes sería fácil identificarse. la m em oria. Debería pensarlas no sólo com o fuentes o insu-
En el caso del testim onio político, el sufrim iento no se re- mos a procesar sino m ás bien c om o narraciones capaces de
fiere a un error ni a un acc idente sino a un crimen. En conse- facilitar la comprensión y transmisión de sentidos múltiples,
cu encia, la reparació n ocu rre a través del derech o, tras lo cual generalmente escurridizos para la investigación fría.
sólo cabría rech azarlo , p recisamente porque nos hace sentir Así com o la h istoria tradicional suele reclamar cierto dis-
indefensos. Tal vez esto aclare el hecho de que, simultánea- tanciamiento temporal de los hechos p ara poder abordarlos,
mente, se valide el testim onio com o h erram ienta del derech o, aunque con p lazos m enores, la m em oria suele recurrir a m e-

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to sobre lasatrocidades del presente, desconociendo su po-
tencial narrativo, es decir, su intento de transm isión de sen-
tido de las experiencias atroces de esfe tiemp o y de las for-
m as actuales de l poder global.
En este rango entra el y a v asto m aterial testim onial de so-
brevivientes de Gu antánam o y la red de prisiones clandes-
tinas, su pu estam ente antiterroristas, sostenida por la CÍA y
los países de Eu ropa Occidental. Incluso recientemente se
produjo u na película, Camino a Cuantánamo, con el relato
de tres sobrevivientes de esa red desaparecedora que está
operando ahora mismo.
S in em bargo, h oy c o m o ayer, ese se y
se procesa como información a la que, en tanto tal, se le
reclama una verificabilidad imposible, una potencialidad
e x p l i c a t i v a de la que sus protagonistas carecen y una
novedad que lo hace rápidamente desechable. De esta m a-
nera cerramos la puerta al dolor de los dem ás, neu trali-
z a m o s su potencial narrativo, es decir su capacidad d e
transm itir exp eriencias vitales únicas, de asignació n de
sentido no sólo de los hechos relatados sino de ciertas
coordenadas del poder político imperante en el mundo ac-
tual, que nos c o m p e t en en términos humanos, políticos
y académicos.
Con frecuencia, se cierra el oído social que p odría reco-
ger, conservar y transmitir, dejando su propia huella; se cie-
rra la puerta que, en cam bio, podría abrir la comprensión
de que nu estra cotidianeidad, más o m enos confortable, com -
carlismos sem ejantes. Tam bién a nosotros, com o personas y parte ese espacio del horror, se sup erpone con él y p uede
como sociedad, nos ha [levado un tiemp o hacer mem oria. eventualmente alimentarlo. Como lo señalara Benjamín en
E s m ás fácil ob servar los dolores pasados que los que los años 30, es una form a tal vez desesperada de liberarnos
ocurren contem poráneamente a nosotros. Y esto es así por- de las experiencias en lugar de com unicar unas c on otras,
qu e su confinam iento en otro tiem po -pero sobre todo en de intercambiarlas en múltiples narraciones que, abriéndo-
otras circunstancias- no nos confrontan con la necesidad de se al dolor de los demás, no sólo al propio, intenten com -
actuar o con nuestra impotencia. Hoy podemos hablar de prender lo que nos está ocurriendo.
las atrocidades de la S egunda G uerra -pero no dem asiado
de Hiroshima, Nagasaki y la am enaza nuclear- e incluso de
las Gu erras Su cias de los años '70 '8o en Am érica Latina
-aunque no demasiado de las responsabilidades de secto- Pilar Calveiro
res civiles o políticos involucrados entonces y actualmen- estudió Ciencias Políticas en México. Allí se exilió cuando la liberaron tras

te poderosos-. Esto no se debe tanto a la cantidad de ser secuestrada el 7 de mayo de 1977 y pasar com o detenida-desapare-
años transcurridos, sino m ás bien a los procesos relativa- cida por el centro de detención Mansión Seré, a cargo de la Fuerza Aé-

mente c errados, cu ya observación e incluso condena no nos rea, la comisaría de Castelar, utilizada para torturar por el Servicio de In-

confrontan con la impotencia y tienen u na densidad políti- formaciones Navales, y la Escuela de Mecánica de la Armada. Su libro Po-

ca menor porque no refieren a relaciones de poder vigen- der y desaparición. Lo s campos de concentración en Argentina 2001) es
tes, en sentido estricto. un hito en la bibliografía consagrada a desentrañar los cómo y los por

Por eso, al m ismo tiemp o q ue se registra cierta explosión qué del poder desaparecedor. Inquietante no sólo por las rupturas socia-
de las prácticas de la memoria y el archivo de material les de las que da cuenta, sino por no desdeñar los antecedentes del au-

testimonial, es escasa o casi nula la atención que se presta todenominado Proceso de Reorganización Nacional ni sus continuidades

a los testimonios que se producen en este mismo momen- en la sociedad actual.

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