Educación Intercultural en el Aula
Educación Intercultural en el Aula
FORMACIÓN
SUPERIOR
La escuela intercultural | Seminario 2
UNIDAD TEMÁTICA 3
Curriculum, políticas y programas
Introducción
Una vez comprendidos los modelos que existen para abordar la diversidad desde la educación,
es importante reflexionar acerca de lo provechoso que puede resultar la implementación de la
educación intercultural en el ámbito educativo. Dicha
reflexión no puede permanecer sólo en el campo de las
ideas, sino que es de suma relevancia su aplicación prác-
tica en la cotidianidad del aula. Desde ese lugar, se propo-
ne el contenido de esta unidad.
Obviamente, el desarrollo de estas comprensiones, habili-
dades y actitudes interculturales necesita empezar con
los niños desde los primeros años de la escuela y seguir
en forma continua durante la experiencia educativa, no
como materia especial, sino como elemento integral y transversal a todo proceso de aprendi-
zaje-enseñanza de todos los alumnos.
Eso lleva a plantear algunos interrogantes centrales sobre la interculturalidad en el contexto
nacional y actual:
• ¿Cómo construir la identidad personal sobre valores que ayuden a ser auténticos, res-
ponsables y solidarios con los otros y con el mundo?
• ¿Cómo llegar a desarrollar capacidades para el diálogo y la negociación hábil y respe-
tuosa?
• ¿Cómo institucionalizar el principio de la interculturalidad y promover acciones y acti-
vidades que animen su desarrollo?
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son interculturales.
La Educación Intercultural supone un cambio en la concepción de escuela y la idea que se
puede conocer al otro, las otras culturas, las otras concepciones del mundo y de la vida. Es un
proceso de enseñanza y aprendizaje basado en el pluralismo democrático, la tolerancia y la
aceptación de la diferencia, a través del cual se intenta promover el desarrollo y la madurez
personal de todos los alumnos.
La educación intercultural constituye la respuesta a las necesidades y problemas de las socie-
dades multiculturales, ya que su fin prioritario es el fomento del respeto por la diversidad, la
convivencia entre los ciudadanos del Estado y, sobre todo, la superación del etnocentrismo,
con la finalidad de personas abiertas y críticas que puedan participar de la riqueza de la diver-
sidad cultural.
Este tipo de educación no debe pensarse como “el tipo de educación”, ni debe identificarse con
la educación de niños pertenecientes a minorías étnicas, sino con la educación de todos los
niños para convivir y colaborar dentro de una sociedad pluricultural. Supone una re- concep-
tualización del valor de la diversidad hacia los principios de igualdad, justicia y libertad y de
todo ello para establecer un compromiso permanente con las culturas minoritarias. Parte del
respeto y la valoración de la diversidad cultural, busca la reforma de la escuela como totalidad
para incrementar la equidad educativa, superar el racismo/discriminación/exclusión, favore-
cer la comunicación y competencia interculturales, y apoyar el cambio social según principios
de justicia social.
La educación intercultural, debe enmarcarse en un clima donde se tenga en cuenta el punto de
vista del otro, en un ambiente de cooperación y colaboración donde sea posible desarrollar
competencias comunicativas, relaciones positivas con las familias, la escuela y la comunidad.
Pensar en una educación intercultural, no implica pensar en una educación focalizada hacia
las minorías. Es necesario entenderla como una acción educativa, donde todos son partícipes
de dinámicas orientadas a fomentar el diálogo y la creación de un clima que favorezca el res-
peto y la convivencia, creando dinámicas donde todo el alumnado esté implicado en la organi-
zación del aula, además de ser responsables de la autogestión y resolución de conflictos, la
participación en el seguimiento y la evaluación del proceso de enseñanza y aprendizaje, sólo
así será posible hablar de educación intercultural. Para llevar a cabo esta concepción de edu-
cación habrá que definir cuestiones tanto en el ámbito institucional, administrativo, curricular
y de recursos humanos.
El profesorado ante la educación intercultural tiene un papel protagónico, tiene que poseer una
sensibilidad y un compromiso con este modelo; para esto es necesaria una formación del do-
cente donde se reflexione sobre la práctica y donde se contraste la teoría con la práctica.
Una educación intercultural de calidad implica el abordaje de las siguientes líneas de trabajo:
aspectos afectivos, éticos y de valores; pedagógicos, didácticos y organizativos; y curricula-
res. Algunas ideas respecto a la concreción de la educación intercultural son:
- Tener en cuenta que la educación intercultural es para todos, no sólo para los inmi-
grantes o las minorías étnicas.
- Tomar conciencia del bagaje cultural propio y de las otras culturas, se parte de las
experiencias vitales y conocimientos previos de los sujetos y se toman en cuenta sus
expectativas.
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El encuentro entre personas de culturas distintas es una oportunidad única para el enriqueci-
miento mutuo y la convivencia debe facilitar dinámicas interactivas positivas que permitan el
reconocimiento y crítica de todas las diferencias culturales. Todo esto supone tener en cuenta
el trabajo en contextos, en algunos casos, de gran heterogeneidad. Esto implica aprovechar la
diversidad, articular espacios, tiempos y estrategias para incorporar las particularidades.
Aunque la escuela sea un entorno privilegiado para la educación intercultural, no es el único en
el que las personas se educan a lo largo de su vida. Sin embargo, ofrece diversas posibilidades
respecto de los entornos no formales. La escuela brinda modelos de relación estables y orga-
nizados a través de iniciativas, experiencias, con materiales específicos, etc. Pero lo que más
llega a los niños y niñas y sus familias son las actitudes y comportamientos de cada centro es-
colar concreto, para con todos ellos y ellas y particularmente llega con la transmisión no ver-
bal.
La educación intercultural tiene como objetivo desarrollar capacidades, actitudes y aptitudes
para funcionar adecuadamente en nuestras sociedades multiculturales y multilingües, capaci-
dades para enraizarse en la propia comunidad, para conocer otras perspectivas culturales,
para criticar constructivamente aspectos negativos de las culturas, para enriquecerse con ele-
mentos culturales positivos, en definitiva: para convivir con los otros en calidad de personas.
A modo de síntesis, se puede precisar que la Educación inter-
cultural es un enfoque educativo holístico que tiene un carác-
ter inclusivo, donde se parte del respeto y la valoración de la
diversidad cultural. Es indispensable para lograr una educa-
ción integral, busca erradicar elementos que dificulten la con-
vivencia entre culturas como: la discriminación, la exclusión, el
racismo. Este tipo de educación alude a una tendencia refor-
madora en la praxis educativa, que trata de responder a la
diversidad cultural de las sociedades actuales.
Algunos de los principios por los cuales se formula la educa-
ción intercultural son: la promoción del respeto entre culturas
coexistentes, la aceptación de culturas en contacto, la percep-
ción de la diversidad como un valor y no como una deficiencia, el incremento de la equidad
educativa, y el desarrollo de formas de comunicación y convivencia, adecuadas con los princi-
pios sustentados por el modelo.
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Se pueden establecer algunas diferencias entre integración e inclusión, como bien señalan Ar-
naiz (2003) y Moriña (2002).
ESCUELA INTEGRADORA
Centrada en el diagnóstico.
Dirigida a la: Educación especial (alumnos con necesidades educativas especiales).
Basada en principios de igualdad y competición.
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1
Lobato (2001), p. 5.
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dizaje en las escuelas con el alumnado más desfavorecido, porque la mayoría de las veces
sólo pueden acceder a dichos recursos en la escuela.
Estas grandes metas son las que se deben promover en los centros educativos pues, en una
sociedad en la que conviven numerosas culturas, resulta importante incorporar lo positivo de
cada una de ellas, de manera que se adopte una forma de relación basada en el respeto y valo-
ración de todas las culturas dentro de un marco de convivencia democrático.
Sin embargo, la educación intercultural no es un simple ideal pedagógico humanista, que luego
no tiene ninguna trascendencia a la hora de la práctica escolar diaria. No debe limitarse a inte-
grar o añadir contenidos en algunas áreas curriculares o a programar actividades para días es-
peciales, no consiste en la mera introducción ocasional y anecdótica de algunas lecciones
sobre lo exótico y extraño de otras culturas, sino en la presencia constante de las diversas cul-
turas en las actividades escolares para facilitar el intercambio entre dichas culturas, en un es-
píritu de pluralismo, de tolerancia, de respeto y de colaboración.
Los planteamientos interculturales no van dirigidos exclusivamente a los alumnos inmigrantes
y extranjeros, sino a todo el alumnado. No puede ser solo una cuestión de la inmigración y de
la inserción de estos niños y niñas en la escuela. Tampoco puede limitarse a una sola área cu-
rricular, porque ningún área es neutra desde la perspectiva intercultural. Sus principios educa-
tivos demandan que sea tratada como una constante en la práctica educativa, ya que todo el
currículum debe estar impregnado y abierto a la diversidad.
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Chiodi y Bahamonde (2001), p. 37.
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entren en juego para transformar, paulatinamente, las formas de circulación y los saberes en
la escuela, de modo que ayuden a los niños a poder expresarse desde sus propias creencias,
visiones, etapas de la vida, géneros, entendiendo la diversidad y aceptando el carácter cons-
tructivo de los intercambios.
En las prácticas educativas se intenta que los niños se relacionen entre sí, que se convoquen
a las familias y las comunidades, se busca que eso suceda no sólo en los momentos de fiestas,
actos escolares o proyectos específicos, sino en toda la vida de la escuela. Para ello es funda-
mental que se comprenda la pertenencia de los niños a diferentes grupos, se promueva la
vivencia en la diversidad sociocultural. Lo que será una realidad, si se sostiene en el plano
curricular y de los proyectos educativos, la inclusión de saberes culturales diversos, referen-
ciados en múltiples repertorios culturales y reconocidos en condiciones de igualdad.
En relación a las aulas, es necesario que se transformen en espacios de diálogo que den lugar
a la palabra, a la expresión de los saberes, valores y formas de vida de diversos grupos: de
chicos de diferentes etnias, con diferencias socioculturales. Con respecto al trabajo áulico,
requiere de actividades que incorporen experiencias interculturales con variados formatos
educativos que incluyan juegos, canciones, dramatizaciones, el abordaje de diferentes formas
artísticas. En el plano de los contenidos; la diversidad de historias, de costumbres de los pue-
blos originarios, de las mujeres y de todos los grupos sociales que, lejos de ser minoritarios, se
expresan en nuestras escuelas.
Debido a que la sociedad es cambiante y compleja, las intervenciones docentes necesitan ser
cada vez más creativas. La búsqueda incesante de estrategias variadas, significativas y perti-
nentes permite reconocer que no alcanza con saber aquellos conocimientos a transmitir sino
que es preciso, además, el compromiso ético de presencia y confianza en las posibilidades de
todos para aprender.
La formación en el enfoque intercultural requiere conocer y construir la biografía escolar de
cada educador, a partir de su formación inicial y el proceso de educación continua que se pro-
duce diariamente en el territorio de la escuela con sus pares y colegas. El saber docente, sos-
tenido y acompañado por el Estado que garantiza el derecho a enseñar y a aprender, demanda
generar los espacios de producción de saberes para ubicarlo en el centro del escenario peda-
gógico, como parte de una comunidad profesional que destituya la aparente soledad de su
acción y renueve cotidianamente su compromiso con la escuela.
En relación con la función del maestro en la escuela, Sagastizabal et. al. (2006) reconoce que
el docente hoy no está preparado para situarse en una escuela entendida como un sistema
abierto, que significa que forma parte de otros sistemas en un contexto, tal como puede ser
definido según el modelo ecológico y el paradigma de la complejidad. Esto sucede porque los
docentes han sido formados a la manera de un sistema cerrado, el cual establece un claro
límite entre el adentro y el afuera. Su formación posiblemente haya estado focalizada en un
proceso educativo universal y en un aula ideal, donde se considera al diferente como un error
a ser corregido.
En este marco, todavía parece necesario que el docente pueda cambiar su formación teórica y
su práctica áulica y que considere a la diversidad como una de las características centrales de
su práctica y no como un obstáculo. Para ello, es necesario primeramente que pueda lograr
comprender y aceptar la diversidad, lo que implica poder interrogar en el interior del pensa-
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miento qué es, lo que el otro diferente le produce, si en esta interpelación aparece el rechazo se
constituye entonces la negación del otro. Aceptar otro mundo desconocido como válido signi-
fica por el contrario poder reconocerlo. A partir de esta premisa es que se considera como
alternativa el aprendizaje colectivo, porque es el encuentro con el otro el que dará lugar al inter-
cambio y al enriquecimiento subjetivo, social y cultural.
En ese sentido se insiste en que la escuela constituye naturalmente un espacio para el encuen-
tro con el otro y es a través del aprendizaje colectivo que
el proceso de construcción y reconstrucción de las sub-
jetividades puede ser posible.
Paulo Freire (1997), sostiene que existen algunos sabe-
res indispensables para la práctica docente de educado-
res/as críticos y progresistas y que son también inheren-
tes a los interculturales. El pensador resalta algunos
principios importantes que se pueden aplicar en la edu-
cación intercultural:
1. Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos.
2. Enseñar exige riesgo, asunción de lo nuevo y rechazo de cualquier forma de discriminación.
3. Enseñar exige reflexión crítica sobre la práctica: la práctica docente crítica implica el pensar
acertadamente, encierra el movimiento dinámico, dialéctico, entre el hacer y el pensar sobre el
hacer: pensando críticamente la práctica de hoy o de ayer es como se puede mejorar la próxi-
ma.
4. Enseñar exige el respeto y la asunción de la identidad cultural.
5. Enseñar exige saber escuchar. Sólo quien escucha paciente y críticamente al otro, habla con
él, aun cuando en ciertas ocasiones, necesite hablarle a él.
6. Enseñar exige respeto a la autonomía del educando: el respeto a la autonomía y a la digni-
dad de cada uno, es un imperativo ético y no un favor que se concede o no, a unos u otros.
Cualquier discriminación es inmoral y luchar contra ella es un deber por más que se reconozca
la fuerza de los condicionamientos que hay que enfrentar3.
3
Freire (1997), p. 24.
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CONSTRUCCION DE
LA IDENTIDAD
IDENTIDAD PROYECTUAL
IDENTIDAD LEGITIMANTE Construye una identidad IDENTIDAD RESISTENCIAL
nueva que redefine su
Está a cargo de las posición en la sociedad y Es producida por los
instituciones hegemónicas por esto mismo se porpone actores que se encuentran
de la sociedad. transformar el conjunto estigmatizados por la lógica
de la estructura social. dominante.
En este marco complejo, la crisis de la identidad surge de la tensión entre el profesor ideal y el
profesor real, entre lo que se espera que sea y realice y lo que efectivamente es y puede hacer.
Es necesario pasar:4
4
Labaké (2007), p. 12.
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Uno de los procesos comunes a todas las áreas, es la participación en el trabajo colectivo por-
que además de la distribución y complementariedad de tareas, el intercambio permite consti-
tuir una memoria de lo trabajado, recapitular, comparar los conocimientos anteriores con los
nuevos, tomar conciencia de las progresivas y sucesivas reorganizaciones del conocimiento.
En los procesos de enseñanza y aprendizaje, no sólo se intercambian conocimientos, también
se produce la construcción y reconstrucción de prácticas sociales, normas, y lenguajes que
sólo se aprenden en relación con otros. Para que ello sea posible, conviene entender la ense-
ñanza como la práctica social de transmisión cultural para favorecer la inserción creativa de
los sujetos en las culturas.
De acuerdo con las ideas de Quiroga (2008), el sujeto se configura en una praxis, que significa
que se construye gradualmente en una relación activa con lo real, en la que se modifica y en la
que modifica al mundo, es parte y está mediado por el orden social. Desde esta perspectiva, el
sujeto es un emergente de una compleja trama de vínculos y relaciones sociales que determi-
nan esos vínculos y se constituye en un devenir histórico. Todo esto significa que el sujeto que
tiene una base biológica, se configura por obra de los diversos marcos culturales en los que
vive. Dentro de ellos se encuentran implicados la organización familiar, la organización social,
el sistema educativo, las creencias y tradiciones, los valores éticos y estéticos, etc.
La familia, primera institución fundante, tiene influencia en la modalidad de aprendizaje que
instaura una matriz primaria que constituye la subjetividad. En este marco, representa el pri-
mer escenario inmediato de las experiencias, de los protoaprendizajes, que fundan los modos
de aprender en la socialización primaria. La organización familiar porta sobre el sujeto un
orden social capaz de trasmitirle rasgos universales o compartidos, con otros pertenecientes
al mismo orden social porque la familia está sostenida en un orden social e histórico que la de-
termina e influye en ella desde distintas relaciones como las ideológicas, las culturales, las
económicas, las políticas, etc.; relaciones que confluyen en una trama particular que otorgan
al sujeto procesos únicos, irrepetibles y particulares.
En ese sentido, los diferentes estilos familiares quedan definidos por Minuchin (1979)5 como el
producto de la trama relacional particular que pueden variar desde un estilo aglutinado a un
estilo desligado. Se entiende al primero como la primacía de la cohesión y al segundo como la
primacía de la diferenciación; construyen una modalidad de aprendizaje particular que va a de-
pender de los modos de vínculo; de las funciones nutricia y normativa. La primera se vincula
con la afectividad, el apego, con el principio de placer, con la ausencia de frustraciones, con la
relación diádica.
Mientras que la segunda con el principio de realidad, con las normas, reglas, límites, con la
frustración, se funda en una relación terciarizada por la inclusión de la ley vehiculizada a través
de la palabra, que rompe con la relación diádica; de los procesos de cohesión y diferenciación,
entendidos como la tendencia a la unión familiar y como el espacio personal que se logra a tra-
vés de la participación en los diferentes subsistemas familiares y a través de la intervención en
contextos extrafamiliares respectivamente; las jerarquías y los límites de los subsistemas, que
implica los roles y las pautas acordadas o no entre los padres y trasmitidas a sus hijos; del es-
tilo comunicacional que implica la comunicación intrafamiliar y la circulación de la misma en
función de la capacidad de escucha capaz de promover o no el respeto por el otro; de los recur-
5
Minuchín (1979), p. 22.
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sos y estrategias que utilicen los miembros de la familia ante los problemas asumiendo o no
una actitud resiliente; de la capacidad de aceptar los errores y tolerar la frustración; de la capa-
cidad de manejar y superar las crisis y cambios características de cada etapa del ciclo vital y
los producidos por el intercambio con el afuera y del modo de significación de los comporta-
mientos y de las demandas.
La familia se convierte entonces en la primer instancia de socialización que le aporta al sujeto
un rol social, una historia, una función. Pero no es la única que configura la subjetividad, como
se decía, hay múltiples factores intervinientes que hacen que el sujeto pueda significarse a sí
mismo y al mundo. En el proceso de socialización, que comienza en la familia, intervienen dife-
rentes ámbitos e instituciones que operan como forma de conciencia social, entre las cuales
se pueden de destacar los modelos de producción, porque son os que condicionan el proceso
de la vida social, política e intelectual, lo socialmente aceptado, lo válido, lo esperable. Esto
significa que en la matriz de aprendizaje, con la que el niño llega a la escuela, no solamente
existen aspectos vinculados con lo familiar sino que se han interiorizado aspectos vinculados
con la sociedad, cultura, la economía, etc. en la cual ha estado o está inmersa la familia.
En este sentido y de acuerdo con la perspectiva de Fernández (1994)6 el concepto de institu-
ción es entendido como aquel objeto cultural caracterizado por expresar poder social y capaz
de regular el comportamiento individual a partir de lo grupal o colectivo. Las instituciones se
van internalizando y las normas sociales que imponen se hacen propias, es por eso que la au-
tora afirma que cuando el poder regulador de las instituciones que se internaliza fracasa, se
ejercen mecanismos de poder de vigilancia y castigo como una forma de proteger lo instituido
y establecido.
Mientras que Quiroga sostiene que, las instituciones son las que reproducen las formas de
relaciones sociales y son el escenario de las experiencias. De todas las existentes focaliza la
mirada en la educación, representada por la escuela y en particular por el maestro y en relación
específicamente con las matrices y modalidades de aprendizaje. Cuando el sujeto ingresa a la
institución escolar primaria se encuentra con una discontinuidad de sus modelos de aprendi-
zajes previos, específicamente con el aprender a aprender que ha desarrollado en el contexto
familiar.
El sujeto en condición de aprendiente ingresa a la escuela y se incluye en un mundo que des-
conoce, no conoce sus leyes, allí no sabe aprender, ingresa en un mundo en el que sus referen-
tes previos son puestos en suspenso. Esta ruptura puede significar una crisis que en muchos
casos queda silenciada o más aun naturalizada. Si frente a esa crisis no se ofrece una conten-
ción pueden instalarse obstáculos en el proceso de aprendizaje, oposiciones entre el sujeto y
el objeto de conocimiento.
6
Fernández (1994), p. 8.
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7
Tomasic (2014), p. 115.
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Hay que tener en cuenta que los docentes se deben preocupar por apoyar el aprendizaje y la
participación de todos los estudiantes.
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En los diferentes niveles educativos los diseños curriculares son prescriptivos, en ellos se sos-
tiene el derecho universal a la educación, se reconoce y valora desde una perspectiva intercul-
tural, la diversidad que caracteriza a los sujetos y a los grupos sociales.
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B. Matemática
Los contenidos en este diseño curricular, están formados tanto por esos títulos fácilmente
reconocibles (los números, las operaciones, etc.), como por las formas en que son producidos
y las prácticas por medio de las cuales se elaboran. ¿Por qué ambas cuestiones pueden ser
consideradas parte de los contenidos?. La intención es acercar a los alumnos a una porción de
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la cultura matemática identificada no sólo por las relaciones establecidas (propiedades, defi-
niciones, formas de representación, etc.), sino también por las características del trabajo ma-
temático.
Por lo tanto, las prácticas, también forman parte de los contenidos a enseñar y se encuentran
íntimamente vinculadas al sentido que estos contenidos adquieren al ser aprendidos. En las
interacciones que se propicien en el aula, a raíz de la resolución y análisis de diferentes proble-
mas, se promoverá que los alumnos expliciten las ideas que se elaboran (las respuestas que
encuentren, las relaciones que establezcan, etc.) aun cuando no sea claro para ellos, desde el
principio, si son del todo ciertas. Estas ideas y las respuestas provisorias que producen los
niños son conjeturas o hipótesis que demandarán más conocimientos para que dejen de serlo.
El quehacer matemático involucra también determinar la validez de las conjeturas producidas,
es decir recurrir a los conocimientos matemáticos para decidir si una afirmación, una relación,
un resultado son o no válidos y bajo qué condiciones. Es necesario entonces que los alumnos
puedan por sus propios medios -y usando diferentes tipos de conocimientos matemáticos-
dar cuenta de la verdad o falsedad de los resultados que se encuentran y de las relaciones que
se establecen.
La enseñanza pondrá en juego diferentes estrategias para poner a disposición de los alumnos,
conjuntos de información cada vez más amplios presentados en soportes diversos y multipli-
cará las oportunidades de analizarlos y ponerlos en discusión.
En función de la concepción de trabajo matemático descripto anteriormente, se hace necesa-
rio que los alumnos se enfrenten a nuevos problemas que favorezcan procesos constructivos
a partir de poner en juego sus conocimientos y producir nuevos. Este proceso exige elabora-
ciones y reelaboraciones sucesivas por parte de los alumnos que deberán promoverse desde
la enseñanza. La escuela es responsable de promover interacciones con los problemas a partir
de los conocimientos más intuitivos de los alumnos, extraescolares o aprendidos en otros mo-
mentos.
En función de la concepción de trabajo matemático descripto anteriormente, se adopta la idea
que es necesario que los alumnos se enfrenten a nuevos problemas que favorezcan procesos
constructivos, a partir de poner en juego sus conocimientos y producir nuevos. Este proceso
exige elaboraciones y reelaboraciones sucesivas por parte de los alumnos que deberán pro-
moverse desde la enseñanza.
C. Ciencias Sociales
La escuela debe brindar oportunidades para entrar directamente en contacto con distintas
situaciones de la vida social, mediante salidas, visitas y la relación directa con diferentes acto-
res sociales, se propicia la indagación sobre situaciones cotidianas que probablemente estén
naturalizadas. Es desde esta perspectiva, que las Ciencias Sociales aportan un sentido forma-
tivo para los sujetos.
En la búsqueda por multiplicar las oportunidades de los alumnos para ampliar sus representa-
ciones acerca del mundo social, los temas de estudio deben ser abordados a partir de situa-
ciones que traigan a la clase la posibilidad de reconocer la diversidad como parte constitutiva
de la sociedad. El propio lugar y las propias experiencias constituyen una referencia invalora-
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ble. Pero será posible construir una mirada más rica sobre ellas, en tanto se pongan en rela-
ción con otros modos de vida y perspectivas. La idea es incorporar a las clases, tantas veces
como sea posible, ejemplos y situaciones que den cuenta de la vida de personas en contextos
culturales y espaciales diversos.
Lo interesante es poner en juego las diferencias, incluir dentro de la experiencia escolar los
recorridos y las biografías de los niños y sus familias, habilitar puntos de vista y expresiones
disímiles, tanto como encontrar todo aquello que los hace semejantes en tanto sociedades
humanas. Se trata de promover el encuentro, la convivencia, el reconocimiento y valoración de
las diferencias y las semejanzas. El trabajo en las clases con casos, historias de vida y relatos
que traigan la voz de diferentes personas y grupos, invita a recorrer ese camino.
Las comparaciones entre diferentes sociedades del pasado, el reconocimiento de cambios y
continuidades, las relaciones pasado-presentes, son propuestas que se renuevan en forma
permanente. Invitan a la contrastación, a la valoración fundamentada de distintos aspectos de
la vida social y a poner en discusión prejuicios y estereotipos. Favorecen un acercamiento a
las complejidades del tiempo histórico al reconocer que en las sociedades no todo cambia al
mismo tiempo.
La evocación de acontecimientos relevantes para la localidad, la provincia o la nación, se pien-
san como oportunidades para producir momentos de reflexión y no de consagración de una
fecha o discurso. Todo ejercicio de memoria es un hecho del presente y, en tanto tal, constituye
un espacio para poner en diálogo perspectivas diversas, en el marco de la consideración de
derechos innegociables para el conjunto.
D. Ciencias Naturales
La época actual se caracteriza por la trascendencia y avance continuo del conocimiento cien-
tífico-tecnológico y de sus implicancias y múltiples aplicaciones a la vida cotidiana de las per-
sonas. A pesar de ello, la escuela no incorpora dichos conocimientos de manera sistémica en
su enseñanza.
Por otro lado, existen alumnos muy interesados a estos avances tecnológicos, que desde eda-
des muy tempranas muestran marcado entusiasmo hacia estos saberes. La búsqueda de res-
puestas a esos conocimientos, así como las actividades cotidianas los conduce a la construc-
ción de saberes sobre diversos fenómenos naturales, que el alumno trae a la escuela de ante-
mano.
Estas primeras interpretaciones intuitivas sobre el entorno distan mucho de los saberes siste-
máticos que se propone enseñar la escuela, pero se constituirán en el punto de partida en las
clases de ciencias y es responsabilidad de los educadores promover variadas situaciones de
enseñanza que conduzcan a enriquecer, relativizar, ampliar el conocimiento inicial de los
alumnos, aproximándolos a un conocimiento socialmente significativo.
Reafirmar la importancia de enseñar ciencias naturales a los niños es valorizar su condición
de sujeto social: un sujeto infantil al que se le reconocen rasgos propios, ya sean singulares o
estructurales de la edad, y derechos específicos, entre ellos el derecho a acceder a la cultura.
Esta cuestión, compromete a los docentes fortalecer su posición particular en la sociedad
como unos de los principales transmisores del legado cultural del que son herederos los niños.
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Ese legado cultural incluye el corpus del saber científico y la escuela tiene la responsabilidad
de acercar a los niños a una mirada actualizada sobre el mundo natural.
Finalmente, el conocimiento científico y tecnológico impacta de manera directa en la vida.
Desde el Diseño Curricular se concibe a la ciencia como actividad humana, construida colecti-
vamente, sometida a debate, donde se puede dudar, avanzar y volver sobre los propios pasos.
Por lo tanto, la ciencia es un producto cultural, propio de una sociedad y que se ajusta o modi-
fica conforme a los cambios que la sociedad experimenta.
La construcción del conocimiento científico escolar supone tener en cuenta las ideas que los
alumnos han construido en su vida cotidiana. Los niños y jóvenes poseen sus propias explica-
ciones sobre ciertos fenómenos naturales y desde la escuela se procura revisitarlos y cons-
truir nuevas interpretaciones.
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que sea su medio social, su cultura de origen, su ideología, el sexo, la etnia o situaciones per-
sonales derivadas de una discapacidad física, intelectual, sensorial o de la sobredotación inte-
lectual.
En suma, la meta de la interculturalidad es ésa: construir procesos que contribuyan a formar
sociedades plurales, justas y verdaderamente democráticas, procesos que requieren una ciu-
dadanía activa, segura consigo misma, respetuosa y comprensiva de las múltiples manifesta-
ciones de las diferencias culturales, crítica de las desigualdades, la marginalización, discrimi-
nación y exclusión, conscientes de la problemática y la potencialidad de conflictos culturales,
y capaces de comunicarse, interrelacionarse, cooperar y actuar con “otros” para construir uni-
dad en la diversidad, para aprender a vivir juntos, en la escuela y en la sociedad.
Pero es necesario que se generalice entre los docentes la comprensión y aceptación de la
diversidad, lo que implica poder interrogar en el interior del pensamiento qué es lo que el otro
diferente le produce, si en esta interpelación aparece el rechazo se constituye entonces la ne-
gación del otro.
El aprendizaje, tanto colectivo como individual, es un proceso que tiende a promover una rees-
tructuración en el sujeto, pero es a través de las negociaciones de significados en el encuentro
con el otro, que se logra una verdadera reestructuración social. Tal proceso implica necesaria-
mente la relevancia de la comunicación como forma de construcción y reconstrucción de la
identidad y la del otro. Por ello es responsabilidad de la escuela lograr procesos inclusivos y no
discriminatorios.
Estas características deben contribuir a la configuración de la identidad docente, referida a los
factores de satisfacción e insatisfacción de la actividad docente, en un papel construido tanto
por la experiencia personal como el reconocimiento social.
La Educación intercultural es un enfoque educativo holístico que tiene un carácter inclusivo,
donde se parte del respeto y la valoración de la diversidad cultural. Es indispensable para
lograr una educación integral, buscar erradicar elementos que dificulten la convivencia entre
culturas como: la discriminación, la exclusión, el racismo. Este tipo de educación alude a una
tendencia reformadora en la praxis educativa que trata de responder a la diversidad cultural de
las sociedades actuales.
Algunos de los principios por los cuales se formula la educación intercultural son: la promo-
ción del respeto entre culturas coexistentes, la aceptación de culturas en contacto, la percep-
ción de la diversidad como un valor y no como una deficiencia, el incremento de la equidad
educativa.
Por lo general, se desarrolla de forma interdisciplinar y transversal. Entre los objetivos de la
educación intercultural se pueden mencionar:
• Incrementar la equidad educativa.
• Superar el racismo, la discriminación y la exclusión.
• Favorecer la comunicación y competencia interculturales.
• Apoyar el cambio social según principios de justicia social.
• Preparar a todos los alumnos y alumnas, mayoritarios y minoritarios, a comprender, adaptar-
se y funcionar adecuadamente, tanto en la macrocultura como en la(s) microcultura(s). Esto
implica desarrollar en los diversos alumnos conocimientos, habilidades y actitudes que les
permitan la integración más adecuada y plausible en función a las características de los gru-
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AUTOEVALUACIÓN
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curriculum?
7. ¿Cómo se puede abordar desde las prácticas del lenguaje, la matemática, las ciencias so-
ciales y naturales?
8
Barragán et al. (2009), pp. 3-6.
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En cada una de estas unidades se plantean objetivos y un conjunto de actividades que se caracterizan
por propiciar procesos de reflexión conscientes y autónomos sobre las culturas en general y, en parti-
cular, sobre cuestiones que afectan al género.
La primera de estas unidades persigue un reconocimiento explícito en el currículo de la diversidad cul-
tural existente en cada centro. Analizando los conflictos entre culturas y la respuesta ante ellos, inclu-
yendo el rechazo, la marginación y, especialmente, el análisis de la violencia simbólica en los libros de
texto y materiales curriculares.
La segunda, se plantea derribar estereotipos y falacias en torno a la inmigración que generan racismo
y discriminación. Se analiza el concepto de cultura, extranjero versus inmigración, conocimiento de las
diferentes culturas que conviven en los centros educativos, construir el concepto de cultura, y la repro-
ducción y el cambio en las culturas.”
CITAS TEXTUALES
Rolando Poblete Melis. “Educación Intercultural en la Escuela de Hoy: reformas y desafíos para
su implementación”.
“La educación intercultural genera un creciente interés en círculos académicos, pedagógicos e
incluso políticos. También se sostiene que es la modalidad educativa más indicada para pro-
mover procesos de integración al interior de las escuelas que confluyan en relaciones demo-
cráticas y solidarias. Sin embargo, tales afirmaciones sólo tienen sentido si es que de antema-
no aceptamos que tanto la sociedad como las escuelas son un espacio de encuentro para gru-
pos humanos diversos que, además, están en permanente transformación.
En ese marco, uno de los cambios más significativos que ha experimentado la sociedad hoy en
día es la irrupción de identidades que tradicionalmente estuvieron subsumidas bajo los dis-
cursos dominantes, de nuevas formas de expresar un estatuto de ciudadanía que ya no admite
segundos planos: mujeres, indígenas, minorías sexuales, tribus urbanas e inmigrantes son
parte constitutiva del nuevo panorama social y cultural al cual nos enfrentamos en todos los
niveles. Sin embargo, esta constatación por sí sola no expresa a cabalidad lo que ocurre en
nuestras calles, en el espacio público, donde los grupos de diversos se relacionan entre sí, a
veces desde la aceptación y otras desde el conflicto. Tampoco nos dirá lo que ocurre en las es-
cuelas, en su cotidianeidad y en la forma en que tanto docentes como estudiantes se hacen
cargo de esta realidad para superar situaciones de discriminación, exclusión o racismo.
Por eso, uno de los desafíos que enfrenta la reflexión educativa es reconocer los contextos en
los cuales a los y las educadoras les corresponde ejercer su labor formadora. De ahí que pen-
sar sobre las características de las sociedades actuales es una exigencia no sólo para la nece-
saria renovación del currículum, sino sobre todo para responder a las demandas de una socie-
dad y de estudiantes que cambian.
La tradicional idea de homogeneidad que acompañó el desarrollo educativo y el ejercicio curri-
cular no calza con la realidad, con las manifestaciones diversas que dan cuenta de una hetero-
geneidad que ni la sociedad ni la escuela pueden obviar y que la era de la información y conoci-
miento ayuda a visibilizar.
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La educación, por tanto, no puede estar al margen de tales exigencias en la medida que los
temas que subyacen en ese desafío están directamente vinculados con la construcción de ciu-
dadanía, el binomio inclusión-exclusión social y la valoración y aceptación del otro distinto.
Entonces hablar de educación intercultural no es un ejercicio realizado en vano. Desde mi
perspectiva es una necesidad para hacernos cargo de una realidad negada en nuestra socie-
dad y nuestras escuelas, dejada de lado frente al imperativo de la construcción de una identi-
dad nacional excluyente y cerrada9. […].
[…].En el entendido que existe un tema común a la mayoría de las sociedades actuales, cual es
cómo enfrentar la diversidad de expresiones culturales que las caracterizan, es que el trabajo
educativo intercultural se enfoca a la generación de un nuevo sentido de comunidad que por
sobre todo demuestre a las y los educandos que la frontera entre los grupos étnicos es ante
todo una frontera social trazada y mantenida por medio de elementos culturales (García y
Sáez, 1998). Si es posible lograr tal objetivo en el proceso formativo de alumnos y alumnas
diversas, es también posible que éste se extrapole al resto de la sociedad dada la función de
reformulación valórica que la escuela ejerce en la comunidad.
Concretamente, la acción de la escuela puede ser aprovechada para lograr la valoración de las
manifestaciones culturales propias de sociedades multiculturales como las nuestras y “puede
jugar un papel significativo en la erradicación del racismo y otras formas de enfrentamiento
interhumano (esto es, la mentalidad del “nosotros versus ellos”), haciendo un esfuerzo cons-
ciente para exponer las bases de los mitos que rodean y justifican la superioridad de unos gru-
pos humanos sobre otros. En ese sentido, la educación intercultural plantea un nuevo desafío
a la escuela: dejar de lado la tendencia homogeneizadora del currículum asumiendo la diversi-
dad, logrando un “repensamiento global de la educación, de una nueva concepción del cono-
cer, de las formas de pensar y de hacer escuela, de renovación y búsqueda de nuevas prácticas
pedagógicas, de análisis y reflexión del quehacer educativo con el fin de lograr la creatividad y
la efectividad de los aprendizajes”10.
9
Poblete Melis (2009), p. 182.
10
Poblete Melis (2009), p. 189.
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que dependen tanto de los condicionamientos del contexto (profesorado, alumnado, entorno
físico, recursos disponibles, etc.) como de sus propios ingredientes. El currículo, pues, en sen-
tido laxo, sería el conjunto de aprendizajes adquiridos por el alumnado en el marco escolar,
pero también el camino seguido para lograrlos, es decir, el conjunto de actividades desarrolla-
das por alumnado y profesorado en el proceso de enseñanza y aprendizaje. En un sentido más
restringido, pero sin duda el más habitual, el currículo podría ser definido como la selección de
cultura, política y socialmente condicionada, que informa toda la actividad escolar y que se
hace realidad dentro de las condiciones concretas de cada centro educativo (Gimeno, 1988).
Por otra parte, podríamos definir la competencia intercultural como el conjunto de habilidades
cognitivas, afectivas y prácticas necesarias para vivir y actuar con autonomía y eficacia en un
contexto social multicultural como el que se da en la mayor parte de nuestras ciudades y pue-
blos (Álvarez et al., 2005). Las habilidades cognitivas se refieren a la comprensión reflexiva y
crítica de las propias prácticas culturales y del pluralismo cultural existente en el propio medio
social y en el mundo (el valor y la funcionalidad de todas las producciones culturales; la impo-
sibilidad de establecer fronteras fijas entre religiones, lenguas, costumbres, etc.; la conciencia
de la diversidad interna inherente a cualquier grupo social […]. Las habilidades afectivas remi-
ten a la autoestima, a la capacidad para regular el propio comportamiento, a la escucha activa,
a la apertura mental… Mientras que las habilidades prácticas serían, en su sentido más amplio,
las habilidades comunicativas y sociales necesarias para vivir y convivir. Desde esta óptica,
parece suficientemente claro que la competencia intercultural es necesaria para todo el alum-
nado, porque todos ellos deben aprender a vivir juntos en una sociedad plural desde muchos
puntos de vista, compleja, conflictiva, democrática y libre.
Al yuxtaponer ambos conceptos, currículo y competencia intercultural, parece más que una
evidencia la necesidad de introducir la perspectiva intercultural en el sistema educativo, de
interculturalizar el currículo escolar. En realidad este es un proceso que podría empezar de
inmediato, pues son todos los elementos del proceso de enseñanza y aprendizaje los que son
susceptibles de pasar por el filtro intercultural; no es imprescindible esperar a la aprobación de
un proyecto perfectamente elaborado, discutido y asumido, ni contar con un profesorado debi-
damente formado para iniciar el camino. Mientras una cosa y otra se va resolviendo, sería
francamente decepcionante e irresponsable permanecer con los bazos cruzados mientras las
necesidades de la población, los nuevos desafíos, y las aspiraciones y expectativas sociales
fijan su atención y su esperanza en la escuela: sería imperdonable dejar de hacer a nivel perso-
nal, de centro y de ciudad aquello que, legítimamente, exigimos que se haga a nivel de sistema.
[… ]Al poner manos a la obra se abrirían tres caminos complementarios, tres puntos de partida
posibles, tres énfasis distintos, para interculturalizar el currículo escolar.
El primero de ellos se fija en el currículo en sentido estricto, es decir en los objetivos y conteni-
dos de las distintas áreas y, más específicamente todavía, en los contenidos de tipo concep-
tual y procedimental. Se trataría de revisarlos a fondo para introducir en ellos la perspectiva
intercultural y mejorar así su cientificidad y su funcionalidad, de modo que el alumnado pudie-
ra comprender mejor la realidad. Esta revisión debería alcanzar también, por supuesto, a los
materiales y recursos didácticos, e implica un cierto proceso de toma de conciencia, de intros-
pección y de formación del propio profesorado para despojarse del sesgo occidentalocéntrico
que impregna toda la cultura escolar y científica, y que ha condicionado todo su itinerario for-
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mativo.
El segundo aplica la perspectiva intercultural a los aspectos que podríamos considerar más
plenamente pedagógicos: las cuestiones organizativas, las metodologías, las técnicas y las
estrategias didácticas, las formas y usos de la evaluación… La atención debería fijarse, en este
caso, en la elaboración y puesta en práctica de los documentos institucionales (el proyecto
educativo, el reglamento de régimen interior, el plan de acogida, el plan de convivencia, la pro-
gramación anual, etc.); en la acción tutorial; en la evaluación del alumnado y del propio centro;
en la organización de los tiempos, de los espacios, de los grupos de alumnos; en los procesos
de enseñanza y aprendizaje; etc.
Finalmente, el tercer camino pone el acento en la educación en valores, en la dimensión ética
de la enseñanza. Partiendo de las demandas insistentes que la sociedad hace a la escuela y
del relativo fracaso de los esfuerzos realizados hasta el momento en este ámbito, esta vía
quiere remarcar la importancia de los planteamientos éticos de fondo en el trabajo educativo y
sugiere la necesidad de plantear una verdadera educación antirracista. Para ello será impres-
cindible un esfuerzo de sistematización y de rigor por parte del profesorado y un abordaje ins-
titucional de la educación en valores11.”
11
Besalú (2009), pp. 7-9.
12
Delors (1996), p. 35.
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