Clase 1
¿Qué es la discapacidad?
El modelo social de la Discapacidad plantea que la discapacidad surge en la interacción de las
personas con otras personas o con las cosas, en donde la interacción con los entornos puede generar
diversas barreras. Existen barreras actitudinales, comunicacionales, físicas y sociales. La
Organización Mundial de la Salud (OMS) describe las barreras como “factores en el entorno de una
persona que, cuando están ausentes o presentes, limitan el funcionamiento y crean discapacidad”.
Evolución de la concepción de la discapacidad
A lo largo del tiempo, el concepto de discapacidad fue modificándose al igual que los contextos
sociales en cada momento histórico. Es por esto que antes se entendía a la discapacidad de una
forma y hoy podemos definirla de otra, ya que la historia y los avances en la sociedad así lo
permitieron.
Podemos encontrar cuatro formas de pensar el concepto de discapacidad:
Modelo de exclusión:
En este modelo existe la idea de que hay personas “normales” y otras que no lo son. En
consecuencia, las personas con discapacidad quedan por fuera de la sociedad ya que no se las
considera “normales”. No se piensa en la posibilidad de que formen parte de ella.
Desde esta forma de pensar se habla de impedido, discapacitado, inválido y todas las palabras
que implican que tener una discapacidad implica ser considerado inferior, perder derechos
básicos y no ser considerado parte de la sociedad.
Modelo de segregación:
En este modelo todas las personas que no son consideradas “normales” pasan a ser sujetos de
cuidado. Para ello se crean instituciones especiales que cumplen la función de atender las
necesidades de estos sujetos considerados “especiales”.
Desde esta forma de pensar también se habla de impedido, discapacitado e inválido, todas
palabras que implican que tener una discapacidad implica considerarlo inferior, la pérdida de
derechos básicos y no ser considerado parte de la sociedad.
Modelo Médico Rehabilitador o Integración:
En este modelo se sostiene la idea de “normalidad”, pero se considera que las personas que
logren rehabilitarse serán consideradas parte de la sociedad. Es decir, la persona se encontrará
cada vez más integrada cuanto más rehabilitada y “normal” sea.
En este modelo se habla de personas con capacidades diferentes, o necesidades especiales, dos
formas de no decir que tiene una discapacidad, y que refuerza la idea de la discapacidad del
otro como diferente, ya que no es “normal”. En realidad, todos tenemos diferentes capacidades.
Las personas con discapacidad no tienen capacidades diferentes, no vuelan ni tienen visión de
rayos láser, son personas con potencialidades y competencias que, como cualquier persona con
o sin apoyo, pueden desarrollar, tampoco tienen necesidades
especiales ya que no hay nada de especial en necesitar un tipo de apoyo para poder suplir alguna
función, todos siempre necesitamos alguna forma de apoyo y eso no debería condicionar
nuestra identidad.
Modelo social o de la Inclusión:
En este modelo se piensa que la sociedad es la debe dar iguales oportunidades a todas las
personas. De esta manera se explica que es responsabilidad de toda la sociedad que todas
las personas puedan vivir y desarrollarse con igualdad de posibilidades.
En este modelo se demuestra que la discapacidad está determinada por la interacción con
entornos que pueden funcionar como barrera. Si la misma sociedad promueve entornos
inclusivos, las barreras no existen y todas las personas se encuentran incluidas, ya que
cuentan con iguales oportunidades para formar parte y desarrollarse en la sociedad.
La tecnología como medio equiparador de oportunidades
El desarrollo pleno de una persona se encuentra definido entre otros factores por el contexto y la
posibilidad de desenvolverse socialmente e interactuar con otros. En la actualidad, el avance de la
tecnología y el desarrollo de productos de apoyo posibilitan la creación de nuevas herramientas que
permiten favorecer la accesibilidad, la comunicación y la autonomía.
En ese sentido, todas aquellas herramientas que permitan disminuir las barreras de acceso, faciliten
la comunicación y permitan desarrollar nuevas habilidades interpersonales se convertirán en una
ayuda para el desarrollo pleno y autónomo de una persona
No todos necesitamos lo mismo
Si pensamos en lo que una persona necesita para poder desarrollarse con plenitud, nos
encontraremos con diferentes necesidades en función de los intereses de la persona, su realidad
socioeconómica y el contexto donde se desarrolle. Es por esto que no hablaremos de igualar
oportunidades a través del uso de la tecnología sino de equiparar, ya que cada persona requerirá
diferentes apoyos para poder desarrollar su potencial. Nuestro objetivo es que la tecnología se
adapte a las necesidades de la persona y no que la persona se adapte a lo que puede costear.
Así los productos de apoyo permitirán que una persona con discapacidad pueda acceder a la
información, a la educación, al trabajo y al ocio Cada persona tendrá una necesidad diferente y es
por ello que los productos de apoyo buscan ser un facilitador, comprendiendo que poseen un
alcance o limitación y no siempre podrán atender en forma plena a todas las necesidades.
Al pensar en las áreas de desarrollo de esa persona, podemos segmentar los productos de apoyo en
cuatro grandes áreas: accesibilidad, comunicación, estimulación y autonomía. No se trata de
compartimentos estancos sino de áreas vinculadas que resulta difícil separar.
Veremos que los productos de apoyo ayudarán a que una persona con discapacidad o un adulto
mayor pueda ver favorecido su acceso a la información, a la educación, al trabajo y al ocio.
Si pensamos en las barreras de acceso, encontramos diferentes productos de apoyo que facilitan la
vida cotidiana. Por ejemplo, encontramos ayudas de baja tecnología para vestirnos, comer,
bañarnos, etc., hoy en día con una gran potencialidad de personalización gracias al uso de
impresoras 3D.
A su vez también encontramos ayudas de alta tecnología para el acceso a una computadora,
celulares o tablets. Respecto a estos dispositivos, existen formas alternativas o complementarias de
acceso a través del uso de un switch o pulsador adaptado, o de un mouse o teclado adaptados. Estos
productos poseen diferentes formatos, tamaños y colores en función de la necesidad que proponen
resolver.
En el caso de un switch, este puede ser utilizado con la mano, el pie, la boca, el hombro, la cabeza y
hasta con la mirada (seguimiento ocular) o el pensamiento (interfaz cerebro-computadora),
permitiendo así hacer uso de herramientas que faciliten el acceso y la comunicación.
Siempre debemos recordar que la tecnología resulta un apoyo más y será en función del interés del
usuario y sus necesidades que se deberá adecuar su uso.
El proceso de diseño
El diseño de una solución debe involucrar dos conceptos: usabilidad y accesibilidad. A través de su
comprensión y correcta implementación podremos lograr que nuestra aplicación sea simple y útil,
satisfaciendo así las expectativas del usuario y permitiendo su uso independientemente de las
limitaciones funcionales de la persona.
Cuando nos referimos a usabilidad, hablamos de la forma y condiciones de uso por parte de los
usuarios, es decir, es una medida de la calidad de la solución [Nielsen, 2012]. Este concepto debe
ser entendido con relación a usuarios específicos en contextos específicos.
Al tratar el concepto de accesibilidad, se trata de eliminar barreras y que nuestro diseño sea pensado
para la diversidad y heterogeneidad de necesidades.
El desarrollo de soluciones open-source permite que ellas puedan ser modificadas, actualizadas y
mejoradas por un grupo de personas que no fueron inicialmente los creadores. Este concepto debe
utilizarse en los sistemas que tengan como objetivo la creación de herramientas que busquen la
inclusión social.
Muchas veces para que un diseño sea accesible se requiere de la incorporación de ayudas técnicas,
productos de apoyo o tecnología asistiva. Se trata de elementos como un teclado o mouse
alternativos (teclas más grandes, con colores contrastantes, etc.), como así también diferentes
formas de realizar la acción de selección, es decir, el clic izquierdo (activación por tacto, soplido, pie,
pera), veremos estos temas en las próximas clases.
El diseño centrado en el usuario
El diseño centrado en el usuario (DCU) [Norman, 1986] es una filosofía de diseño que persigue la
satisfacción de las necesidades de los usuarios con el mínimo esfuerzo de su parte. El DCU nos invita
a preguntarnos acerca de quiénes serán los usuarios, cuáles son sus objetivos o metas, qué
herramientas y qué información necesitan para satisfacer sus objetivos.
Olga Carreras Montoto nos plantea en su trabajo “La usabilidad como metodología para el
desarrollo de una aplicación”, la existencia de cuatro etapas: plan, análisis, diseño y evaluación, que
permitirán llevar adelante una metodología de trabajo para lograr los objetivos planteados.
Yusef Hassan Montero y Sergio Ortega Santamaría, en el “Informe APEI sobre Usabilidad”, describen
tres conceptos asociados al DCU: el modelo conceptual (es el que realiza el diseñador del software),
la interfaz (imagen que se le presenta al usuario a través del sistema) y el modelo mental (creado
por el usuario a través de esa imagen).
Podemos ver al diseño centrado en el usuario como un sistema realimentado que tomará
información a través de la participación del usuario y su observación (salida). Dicha información se
inyectará en el equipo de trabajo (entrada), el cual tomará decisiones acerca de las mejoras a
efectuar. El DCU es un proceso repetitivo que permitirá obtener una mayor satisfacción por parte
de los usuarios, a partir de contar con mayor cantidad de opiniones que posibiliten un diseño más
inclusivo.
El diseño centrado en el usuario aplicado al desarrollo de productos de apoyo se encuentra apoyado
en tres ejes: la necesidad de la persona, el equipo de trabajo de profesionales (terapista
ocupacional, fonoaudióloga, estimuladora visual, maestra integradora, etc.) y el diseñador
tecnológico (ingenieros, diseñador industrial, desarrollador de software, etc.).