Ella
Ella
H. Rider Haggard
INTRODUCCIÓN Central, de mucho más maravilloso carácter que las descriptas en su
Al publicar esta narración, que, aun considerada como una mera libro, y tanto, que no me animo a someterlas a su consideración, por
novela, contiene las más misteriosas y peregrinas aventuras acaecidas temor de que usted no me crea. Pero dejando ese escrúpulo, van
a seres mortales, créome obligado a explicar cuál es la verdadera contenidas en ese manuscrito que yo, o mejor dicho, nosotros,
relación que con ella tengo. Hago constar, desde luego, que no soy el habíamos determinado que no se publicaría durante nuestras vidas.
autor sino el editor de tan extraordinaria historia, y paso ahora a decir Habría sido así. Si no fuera por una circunstancia recientemente
cómo llegó a mis manos. surgida. Nosotros, por las razones que podrá juzgar después de leer el
Algunos años hace, estaba yo, el editor, parado en la habitación que manuscrito, nos vamos a marchar de nuevo, al Asia Central esta vez,
un amigo tenía en una de las universidades de Inglaterra, -Cambridge, que es donde debe encontrarse la sabiduría, en caso de encontrarse en
por ejemplo-, cuando andando cierta vez por las calles de la ciudad alguna parte sobre la tierra, y calculamos que nuestra ausencia será
llamóme la atención el aspecto de dos caballeros que vi pasar, muy larga... quizá para siempre.
tomados del brazo. "Y con esa alternativa, nos hemos preguntado si estaremos
Uno de ellos, sin duda el más joven, era muy alto y ancho de autorizados para ocultarle al mundo la noticia de un fenómeno
espaldas, muy vigoroso al parecer, y la gracia natural de su porte me singularísimo, meramente porque en él está interesada nuestra
recordaba la del ciervo montés. personal existencia, o por temor al ridículo y la duda que nuestras
Además, su rostro era irreprochable, tan bello como bondadoso; y afirmaciones inspiren. Yo tengo una opinión sobre el asunto y Leo
al descubrirse para saludar a una señora que pasaba, vi que tenía tiene otra, y finalmente, tras largas discusiones, hemos decidido
ensortijados los rubios cabellos. remitirle a usted la historia, dándole amplia facultad para publicarla, si
- ¿Has visto a ese hombre? - pregunté a mi amigo, que paseaba lo cree conveniente, con la única condición de que desfigure nuestros
conmigo -. Parece una estatua de Apolo ambulante... ¡Qué buen mozo! verdaderos nombres y cuanto se refiere a nuestra identidad personal,
-Tienes razón; es el hombre más hermoso de la Universidad, y sin detrimento substancial de nuestra narración.
también uno de los más amables. Le dicen el dios griego. Pero, mira al "¿Qué más le diré? No sé. & no ser que le repita que chanto se
otro; es el tutor de Vincey que así se llama el buen mozo; le han describe en el manuscrito citado pasó exacta mente como en él se
puesto por apodo "Caronte", y tiene reputación de ser persona muy refiere. En cuanto a ELLA, nada puedo añadir. Lamentamos más cada
instruida. día el no habernos aprovechado mejor de las oportunidades que
Efectivamente, vi que el otro, de edad más madura, era tan tuvimos para enterarnos de quién fuese esa mujer maravillosa...
interesante, a su manera, como el espléndido ejemplar de la ¿Quién era ELLA?.. ¿Cómo llegó por primera vez a las cavernas de
humanidad a quien iba acompañando. Parecía tener unos cuarenta Kor, y cuál era su verdadera religión?.. Nunca pudimos cerciorarnos
años, y era tan feo como hermoso el otro. de ello, y ya no habremos, ¡ay!, de saberlo... Al menos no ha llegado
De estatura menos que mediana, de piernas combadas, sumido el aún el tiempo de que lo sepamos. Estos y otros problemas surgen en
pecho y los brazos de una largura desmesurada. Tenía los ojos mi mente; mas ¿de qué serviría el plantearlos ahora? ¿Se encargará
pequeños y el pelo le crecía desde muy abajo, dejándolo casi sin usted de la tarea que le encomendamos?.. Le damos la más completa
frente. Como las espesas patillas, cortadas rectamente, se le unían al libertad para ello, y en recompensa obtendrá usted, sin duda, el
pelo, apenas si le quedaba despejada una escasa parte de las facciones. crédito de haber dado al mundo la historia -más extraordinaria que se
Parecía un gorila, y sin embargo, su mirada me pareció tan simpática y conoce. Lea el manuscrito que he copiado, con letra clarísima, en su
genial que recuerdo que le confesé a mi amigo el deseo de conocerlo. obsequio, y contésteme.
-Nada más fácil; conozco a Vincey y te presentaré. "Quedo Afmo. de usted.-L. Horacio Holly".
Así lo hizo y conversamos con ellos durante un rato. Acababa de "P. D. - Por supuesto que el beneficio que resulte de la venta de la
regresar yo de Cabo de Buena Esperanza, y nuestra conversación giró obra será para usted, que podrá disponer de él como le parezca, y en el
sobre los zulúes. En esto se nos acercaron una señora gruesa y una caso de que el negocio diera pérdida, ya están enterados los señores
linda jovencita rubia, muy conocidas, al parecer, de Vincey el que se Geoffrey y Jordán, mis apoderados, de que deben resarcirlo a usted.
despidió de nosotros y se marchó acompañándolas. Recuerdo que me Confiamos el escarabajo, el vaso y el pergamino a su custodia hasta el
hizo sonreír el cambio de expresión que noté en el caballero de más día en que le roguemos su devolución. Vale".
edad, cuyo nombre supe que era Holly, cuando reparó que esas Esta carta, como es natural, me sorprendió sobremanera; pero
señoras se nos acercaban. Dejó súbitamente de hablar, lanzó una cuando pude librarme de, otros urgentes trabajos, y al cabo de unos
mirada como de censura a su compañero y haciéndome una rápida quince días examiné el manuscrito, mi asombro creció de punto, como
inclinación de cabeza, nos volvió la espalda y se fue. espero les pasará a los lectores, y desde luego resolví dedicarme a él.
Dijéronme después que se le atribuía generalmente a Mr. Holly Escribí con ese objeto a Holly, pero a la semana recibí otra carta de los
tanto terror al bello sexo como el que le tenía la mayoría de las gentes apoderados de éste caballero, en la que devolvían la mía
a los perros rabiosos, y que esto explicaba la precipitación de aquella informándome que su cliente y el señor Leo Vincey habían ya salido
fuga. En cuanto a Vincey puedo asegurar que en aquel momento no le del país en dirección al Tibet, y que por el momento no sabían su
demostró aversión al sexo femenino. Me acuerdo que, riendo, le hice a dirección.
mi amigo la observación de que Vincey no pertenecía precisamente a Y ya no tengo nada más que decir por mi parte. Dé la historia que
esa clase de hombres que uno no tiene, reparo en que sean amigos de sigue juzgará el lector por sí mismo. Se la ofrezco con poquísimas
su novia, ya que sería muy probable que el conocimiento terminase alteraciones del texto que recibí, hechas únicamente con el objeto de
por una transferencia de afectos. ocultar al público la identidad de los protagonistas. He tenido muy
La verdad es que era demasiado buen mozo, y lo que es más, no se buen cuidado de suprimir los comentarios.
notaba en él esa presunción que tienen generalmente los buenos Inclinábame yo al principio a pensar que esta historia de una mujer
mozos, y que con razón les enajena la simpatía de los demás. embozada en la majestad de sus casi interminables años, sobre la cual
Aquella misma noche me separé de mi amigo, y mucho tiempo caía la eternidad misma como si fuese la sombra del ala obscura de la
pasó luego sin que supiera más de "Caronte" ni del dios griego. Lo noche, era una gigantesca alegoría cuya significación no podía
cierto es que desde ese día hasta la fecha no los he vuelto a ver, y que comprender.
probablemente no los volveré a ver jamás. Pero hace como un mes Me figuré después que sería una audaz tentativa para pintar los
que recibí una carta y dos bultos, uno de los cuales era un manuscrito. resultados posibles de la inmortalidad infundida en la substancia de un
Al abrir la primera vi que estaba firmada por L. Horacio Holly, mortal que continúa nutriéndose de la tierra y en cuyo humano pecho
nombre que en el primer momento no reconocí. La carta estaba siguieran las pasiones surgiendo y abatiéndose, siempre palpitando,
concebida en estos términos: como en el imperecedero mundo que la rodea, se alzan, decrecen y
"Universidad de Cambridge, Colegio de..., 19 de mayo de 18... palpitan los vientos y las mareas incesantemente. Más conforme iba
"Muy señor mío: Le sorprenderá, atendido lo cortas que han sido leyendo, abandoné también esta idea. Paréceme que está impreso
nuestras relaciones, que yo le escriba esta carta... La verdad es que me evidentemente en el relato el sello de la veracidad. Quede su
parece conveniente empezar por recordarle que hará hoy unos cinco explicación para otros, y con este ligero prólogo, que las
años que nos conocimos, siendo presentados a usted mi pupilo Leo circunstancias hacían indispensable, presento el mundo de Ayesha y
Vincey y yo, en una calle de Cambridge. Más paso al asunto que me las Cavernas de Kor. - El editor.
hace escribirle, y le prometo que seré breve. He leído con mucho P. D. - Debo también considerar otro punto que me ha
interés el libro que acaba usted de publicar sobre un viaje al África impresionado mucho después de un repaso de esta historia, y quiero
Central. Supongo que esta obra será veraz en alguna parte y en otra un llamar sobre él la atención del lector. Se observará que nada existe en
esfuerzo de la imaginación. Sea lo que fuere, me ha hecho concebir el carácter de Leo Vincey por los datos que sobre él se nos ofrecen,
una idea. El caso es que - y el cómo de ello lo sabrá usted por el que haya podido atraer hacia él, según la opinión de la mayoría, una
manuscrito que le acompaño, que el portador le entregará con el inteligencia tan superior como la de Ayesha. Ahora, a mis ojos al
escarabajo auténtico y el vaso original - mi pupilo, o más bien mi hijo menos, ni aun siquiera es particularmente interesante: más natural
adoptivo y yo, acabamos de pasar verdaderas aventuras en el África aparecería que Mr. Holly se le hubiera adelantado en su favor... ¿Será
que, como los extremos se tocan, el mismo exceso y esplendor de su
inteligencia la condujo, merced a alguna peregrina reacción física, a
adorar ante el altar de la materia?... ¿No era aquel antiguo Kalikrates
más que un hermoso animal, adorado por su belleza helena? ¿O será la
explicación, según lo creo, esta obra a saber: que Ayesha, capaz de ver
más allá que nosotros, percibió oculta en el alma de su amado el
germen, la vacilante chispa de la grandeza, y sabía bien que bajo la
influencia del don vital que ella podía darle, que ella regaría con su
ciencia y calentaría con el resplandor de su presencia, podría abrirse el
germen como una flor y tornarse la chispa en astro para' llenar al
mundo de fragancias y claridades?... Tampoco a esto soy capaz de
contestar, y debo dejar que el lector forme su propio juicio sobre las
cosas que se 1e presentan.
CAPITULO I -Déjate de tonterías - exclamé -. Espera un poco que voy a buscar el
RECIBO UNA VISITA... médico.
GRÁBANSE algunos acontecimientos en la memoria, con sus aras Detúvome con vivo e imperioso ademán, y dijo:
mínimos detalles y circunstancias, de tal mudo, que no podemos -Tu consejo es prudente, pero no quiero médicos. He estudiado
olvidarnos jamás de ellos, por más que hagamos. Esto es lo que me medicina y sé bien lo que me pasa. Los médicos no pueden salvarme;
pasó con la escena que voy a referir, y que ante mi mente surge ahora ya ha llegado mi hora... Hace un año que estoy viviendo de milagro...
con tanta claridad como si ayer mismo se hubiera verificado. Escúchame ahora, como no has escuchado a nadie, porque no podrás
Hace como unos veinte años que, en este mismo mes precisamente, hacer que repisa mis palabras... Durante dos años. hemos sido buenos
yo, Ludovico Horacio Holly, me encontraba sentado en mis amigos... Holly, vamos a ver... ¿qué sabes tú de mí?
habitaciones de Cambridge, batallando con ciertos problemas de -Sé que eres rico y que has tenido el capricho de venir a la
matemáticas, pues iba a presentarme dentro de una semana a concurso Universidad mucho después de haber cumplido la edad en que la
para un internado, y varias personas y compañeros tenían grandes mayoría la deja... Sé también que has estado casado y que ahora eres
esperanzas en que yo me distinguiría. Cansado al fin del trabajo, tiré viudo..., y finalmente, que eres el mejor, el único amigo, quizá, que
mi libro, levánteme, fui a la chimenea, tomé una pipa de encima de tengo...
ella y la llené. Sobre la repisa había una vela encendida, y detrás un - ¿Sabias que tengo un hijo?
espejo largo y estrecho que reflejaba nítidamente mi fisonomía. -No.
Mientras prendía la pipa, me miraba en el espejo y me quedé -Pues ahora lo sabes. Tiene cinco años de edad. Le costó la vida a
reflexionando. El fósforo ardió hasta quemarme los dedos; lo tiré y su madre, y por eso no he podido todavía cobrarle gran cariño... Holly,
seguí mirándome y reflexionando, hasta que al fin exclamé en alta si quieres acepar el cargo, te dejaré como tutor del niño.
voz: Di un salto en la silla y exclamé:
-Bueno... Comprendo que mis amigos esperen que haga yo algo con - ¿A mí?
lo de adentro de mi cabeza, porque con lo de afuera estoy seguro de -A ti, sí; no te he estudiado en vano durante dos años. Hace tiempo
que no haré nada jamás... que yo sabía que concluiría pronto, y desde que me convencí de ello,
Esta exclamación parecerá sin duda rara a cualquiera que la lea, he estado buscando a quien confiar el niño, y esa otra cosa - agregó
pero hay que saber que yo aludía con ella a mis deficiencias físicas. La dando un golpe con la mano en el arca de hierro-. Por fin, me he fijado
mayoría de los hombres, a los veintidós años de edad, se ven más o en ti, Holly, porque, como los árboles rugosos, tienes fuerte el
menos favorecidos por las gracias de la juventud; mas esto a mí me corazón. Escucha: el niño es el vástago de una de las familias más
fue negado. Pequeño, trabado de estructura, mal puestas, casi antiguas de la tierra, en todo cuanto la antigüedad de una estirpe puede
deformadas las costillas, con los brazos larguísimos, duras las asegurarse. Te reirás ahora quizá al oírme, pero algún día tendrás la
facciones, los ojos pardos, hundidos, allá dentro, bajo una frente prueba de que el fundador de mi raza, mi 650 ó 660 antepasado, fue
estrecha casi tapada por un pelo negro y recio, que parecía un un sacerdote egipcio de Iris, aunque era oriundo de Grecia, que se
estropajo, una frente que era como un trole abandonado que las llamaba Kalikrates, o sea, El Hermoso y Fuerte, o para ser más exacto
hierbas van cubriendo de nuevo; tal era mi aspecto hace un cuarto de aún, el Hermoso en su fuerza. Su padre según creo, uno de los
siglo, y tal es actualmente, con muy poca diferencia. Como Caín, mercenarios griegos empleados por Hakor faraón mendesiano de la
sentíame marcado por la naturaleza con el estigma de una fealdad XXIX dinastía. Por el año 330 antes de Cristo, precisamente, cuando
anormal, mas dotado también por ella con una singular fuerza física y se realizó la decisiva caída de los faraones, este Kalikrates quebrantó
grandes potencias intelectuales: Tan feo era yo, que los jóvenes sus votos de celibato y huyó del Egipto en compañía de una princesa
elegantes de la Universidad, aunque citaban con orgullo mis hazañas de real estirpe que se había enamorado de él, y sufrió un naufragio en
de fuerza y resistencia corporal, ponían ciertos reparos en salir a la costa de África, por el punto, según creo, donde queda hoy la Bahía
pasear conmigo. Natural era, pues, que fuese algo misántropo, y hasta de Delagoa, o más al norte, quizá ella se salvó con su mujer, aunque
huraño; que viviera y trabajase solo, y que no tuviera amigos todos los demás murieron. Ya en tierra, sufrieron grandes penalidades,
íntimos..., exceptuando uno, quizá la naturaleza me había construido pero al fin fueron recibidos por la poderosa soberana de un pueblo
distinto a los demás, para que viviera aislado y no tuviera más salvaje, que era una mujer blanca, de singularísima belleza, y la que,
consuelos que los que su propio seno me ofrecía. Las mujeres se en circunstancias que yo no puedo precisar ahora, pero, que tú
horrorizaban al verme. Hacía una semana que me había llamado conocerás algún día, si es que vives, acalló por asesinar a mi
monstruo una- muchacha, y añadió que mi aspecto la había convertido antepasado Kalikrates. Pudo escapar, sin embargo, su mujer, y llegó,
a la teoría darwiniana... Verdad es que en cierta ocasión una mujer me no sé cómo, a Atenas, donde dió a luz un hijo, al que puso por nombre
demostró algún interés, y que yo derroché en honor; suyo todo el Tisísthenes, que quiere decir El Poderoso Vengador.
nativo afecto que por largo tiempo había estado ahorrando; pero una "Quinientos años o más, después de esto, la familia emigró a Roma
cantidad de dinero que debía haber venido a mis manos M a parar a en condiciones que ignoro, porque no quedan rastros, y allí
otra parte, y ella entonces me abandonó. Le regué y le supliqué que no probablemente con la idea de alentar el espíritu de venganza que
me dejara, como no le he rogado a ninguna otra persona viva en el empezó a infundirse a la prole desde Tisísthenes, asumió regularmente
mundo, porque estaba enamorado de su linda cara, porque la quería de el cognomen de Vindex, o sea, El Vengador. En Roma vivió la familia
veras; mas cha se levantó de súbito me tomó de la mano y me llevó durante otros quinientos años hasta por los años de 770, después de
frente a un espejo, y señalando a las dos imágenes, se dijo: Cristo, cuando Carlomagno invadió la Lombardía, donde estaba
-Responda, amigo mío: ¿le parece que con una cara corno la suya establecida. Parece que entonces el jefe de ella se agregó al séquito del
pueda quererlo de balde una que la tenga como yo?.. gran emperador y que, payando los Alpes en su retirada, se estableció
Maldijera y huí. Entonces tenía yo veinte años nadar más... por último en Bretaña. Seis generaciones después, su descendiente
Y parado ahora de nuevo ante el espejo de mi chimenea, me directo pasó a Inglaterra, en el reinado de Eduardo el Confesor, y
contemplaba, y sentía una especie de amarga satisfacción en alcanzó, en tiempo de Guillermo el Conquistador, grandes honores y
encontrarme tan solitario, sin padre, madre ni hermanos, cuando de preeminencias.
pronto oí que llamaban a mi puerta. "Desde este tiempo hasta la fecha puedo trazar mi descendencia con
Antes de abrirla me detuve un rato. Era cerca ya de la medianoche, absoluta seguridad. Los Vincey que así se corrompió el nombre latino
y no me encontraba dispuesto a recibir a nadie tan tarde. No tenía más de Vindex al establecerse en Inglaterra la familia, no se han
que un amigo en toda la Universidad, quizá en todo el mundo. Sería… distinguido históricamente; nunca se preocuparon de ello. Algunos
él tosió, entonces la persona que afuera esperaba, y corrí a abrir fueron soldados, otros comerciantes, pero siempre conservaron la
porque reconocí la tos. mayor respetabilidad en su medianía. Desde el tiempo de Carlos II,
Un hombre de unos treinta años de edad, que parecía haber sido hasta principios del siglo actual, fueron comerciantes. Por el año 1790,
muy buen mozo, entró precipitadamente, aunque con el andar mi abuelo hizo una gran fortuna fabricando cerveza y se retiró de los
vacilante por el peso de un arca de hierro que traía sujeta por una negocios; murió en 1821 y mi padre le sucedió, disipando casi toda su
agarradera, con la mano derecha. Al colocar el arca sobre la mesa, herencia, hasta hace diez años que murió, dejándome una entrada libre
vióse acometido de un violento acceso de tos. Tosió y tosió hasta que como de dos mil libras al año.
la cara se puso purpúrea y se echó luego en un sillón, escupiendo "Entonces fue cuando yo emprendí una expedición relacionada con
sangre. Puse un poco de whisky en un vaso y se lo di a beber, con lo eso - dijo señalando la caja -, que terminó desastrosamente. Al volver,
que se sintió mejor, aunque su aspecto continuaba dando pena. viajando por el mediodía de Europa, llegué a Atenas, donde conocí a
- ¿Por qué me has tenido esperando afuera, al frío, tanto tiempo? - mi adorada esposa, hermosa mujer. Caséme allí, y ella murió al año".
me dijo-. Bien sabes que las corrientes de aire me matan... Paró un momento de hablar, descansando la frente sobre la mano, y
-No sabía quién llamaba - contesté -; eres un visitante rezagado... luego continuó.
-Cierto; pero te aseguro que ésta será mi última visita -me dijo -Mi matrimonio me había distraído de un proyecto que no puedo
tratando de sonreír-. Ya estoy roto, ¡Holly, roto del todo! Paréceme explicarte ahora... No tengo tiempo para tanto, ¡ay, Holly!, no tengo
que no veré el día de mañana... tiempo... Si aceptas mi encargo, lo sabrás todo algún día. Cuando
murió mi esposa volví a ocuparme de él. Mas primero era preciso, así Al verme al fin solo, dejéme caer en un sillón, preguntándome o
lo creí al menos, que aprendiese perfectamente los dialectos de la había soñado. hasta suposición desde luego, era impertinente y la
lengua árabe. Por eso vine aquí a facilitar mis estudios. Muy en breve, abandoné, para pensar si el pobre Vincey habría estado bebiendo
sin embargo, se desarrolló mi enfermedad, ésta que acaba conmigo. aquella tarde. Sabía que él estaba bastante enfermo desde hacia
Y como para darle mayor fuerza a sus palabras, sintióse acometido tiempo, pero era imposible que tuviese la convicción de que esa
de otro terrible ataque de tos. Dile un poco más de whisky, y prosiguió misma noche moriría.
de este modo: A estar tan próxima su muerte, no hubiera podido caminar, y menos
-No he vuelto a ver a mi hijo Leo desde que era un tierno niño. cargando un cofre de hierro tan pesado. Reflexionando más aún,
Nunca tuve fuerzas para mirarlo bien, pero siempre me han dicho que llegué a la conclusión de que toda esa historia era absolutamente
es un niño muy vivo y lindo. Bajo este sobre - y sacó del bolsillo una increíble. Por entonces, no había vivido yo lo bastante aún para saber,
carta en cuyo sobrescrito estaba mi nombre - he anotado la dirección como luego he sabido, que en este mundo suceden muchas cosas,
que deseo que se dé a la educación de mi hijo. Es algo peculiar, quizá. rechazadas coma inverosímiles desde luego por el sentido común de
Por esto no podría tal vez confiársela a un extraño... Y por última vez, los hombres adocenados. Esta convicción la he adquirido desde hace
Holly, ¿quieres encargarte de esa misión? muy poco. Entonces yo pensaba así: ¿Es probable que un hombre
-Antes debo saber de qué he de encargarme.- contesté. tenga un hijo de cinco años de edad, al que no haya visto más que una
-Has de encargarte de cuidar a mi hijo, de tenerlo a tu lado hasta sola vez cuando acabó de nacer? No. ¿Es probable que pueda trazar su
que cumpla los veinticinco años. Entonces terminará tu tutoría y con genealogía desde tres siglos antes de la era cristiana, y que así, tan de
estas llaves que te doy ahora - y las colocó sobre la mesa - abrirás ese repente, confíe la tutoría de su hijo con la mitad de su gran fortuna a
arca y le harás ver y leer el contenido, y que luego diga si quiere o no un camarada de la Universidad?... Seguro que no. ¿Es probable,
llevar a cabo la investigación que le confío. No es que yo lo ponga en además, que pueda nadie predecir el momento de su muerte con tanta
ninguna obligación. He aquí ahora las condiciones. Mí renta actual es certeza?... Tampoco. Vincey esto era claro, había bebido o se había
de dos mil doscientas libras al año. La mitad de esa renta te la aseguro vuelto loco... ¿Pero después de todo qué pensar de cierto?..., qué
en mi testamento como usufructo vitalicio si te encargas de la tutela contendría aquella misteriosa arca de hierro.
del niño; es decir, una remuneración de mil libras y rió, porque tendrás Me sentía confuso y desorientado. Al fin no pude aguantar más y
que dedicar a ello tu vida, y cien mas para la manutención del niño. Lo decidí consultarlo con la almohada. Tomé las llaves y la carta que me
demás quedará acumulándose hasta que Leo cumpla los veinticinco había dejado Vincey sobre la mesa y lo guardé todo en mi escritorio
años, para que pueda entonces disponer de una cantidad suficiente en portátil; el cofre lo metí en una valija, y yo me deslicé entre las
caso de emprender las investigaciones a que me he referido. sábanas quedándome dormido en el acto.
- ¿Y suponiendo que yo muriese?... - pregunté. Cuando me despertaron, parecíame que no había dormido más que
-Entonces el niño caerá bajo la tutela de la Cancillería, y será de él unos cuantos minutos. lncorporéme en la cama, me restregué los ojos;
lo que Dios quiera. Ten únicamente cuidado de que en tu testamento era día ya bien claro, las ocho de la mañana, quizás...
pase a él el arca de hierro... Pero, Holly, ¡no te rehúses!... Créeme, tu -Y bien, John, ¿qué se le ofrece a usted? - preguntéle al sirviente
interés está en ello... Tú no sirves para mezclarte en el mundo, que no que nos servía a Vincey y a mí-. Tiene usted la cara de quien ha visto
haría más que amargarte la existencia. Dentro de algunas semanas un muerto...
serás profesor aquí y la renta que por ello obtendrás, unida a lo que yo -Pues sí, señor, lo he visto - respondió el muchacho-. He ido como
te dejo, te permitirá llevar una vida cómoda dedicada al estudio y de costumbre a llamar a Mr. Vincey y allí está él en su cama, tieso y
alternada con los deportes viriles a que eres tan aficionado... ¿Ves que .muerto!...
te conviene?
Detúvose mirándome con ansiedad... Yo vacilaba aún. ¡Me parecía
tan raro el compromiso!...
- ¡Hazlo por mí, Holly!... Hemos sido buenos amigos, y ya no tengo
tiempo para arreglar, las cosas de otro modo...
-Pues bien - dije -, haré lo que deseas, con tal de que en este papel
no haya nada que me obligue a cambiar de determinación - dije
poniendo la mano sobre la carta que había puesto en la mesa, junto a
las llaves.
- ¡Gracias, Holly, gracias! Nada hay en el papel que te pueda hacer
variar. Júrame por Dios que serás un padre para el niño, y que
cumplirás fielmente mis encargos.
- ¡Lo juro!... - contesté solemnemente.
- ¡Bien está!... Recuerda que quizá algún día te pediré cuenta de tus
juramentos, porque aunque yo muera y sea olvidado, seguiré
existiendo... ¡La muerte!... ¡Ay, Holly!, no hay tal cosa... No se
verifica en nosotros por ella más que un cambio, como lo verás algún
día probablemente... Y aun creo que ese cambio pudiera posponerse
indefinidamente en ciertas condiciones...
Viose de nuevo interrumpido por un acceso de tos. Cuando se
calmó, continuó diciendo:
-Debo marcharme ya. Tienes en tu poder el arca, y entre mis
papeles se encontrará mi testamento, en cuya virtud te entregarán el
niño. La remuneración es buena, Holly, y yo sé que eres hombre
honrado... Mas, ¡por el cielo!, que si faltas a tu palabra, yo te pediré
cuenta de ello...
No contesté nada; sentíame demasiado confuso para ello. El se
levantó, tomó el candelero y se miró en el espejo. Su cara habría sido
antes de hermosos rasgos, pero la enfermedad lo demacraba mucho...
- ¡Pasto para los gusanos! - exclamó -. Es curioso pensar que dentro
de algunas horas yaceré tieso y helado..., rendida mi jornada, y mi
pequeño drama concluido... ¡Ay de mi, Holly! La vida humana no
vale la pena, si no se ama... Esta es mi experiencia, al menos. ¡Pero la
vida de mi hijo valdrá más que la mía, si es que él tiene fe!... ¡Adiós,
amigo mío! - y en un súbito rapto de ternura me abrazó y me besó en
la frente, y se dispuso a salir.
-Atiende, Vincey - le dije -, si te sientes mal deberías dejar que
fuese a buscar al médico.
- ¡No, no! - replicó con energía -, ¡prométeme que no irás por él!...
Voy a morir, y quiero que sea solitariamente; como una rata
envenenada, Holly.
-No pasará nada de eso, amigo mío.
Sonrióse, y se marchó murmurando:
- ¡Recuerda, recuerda!...
CAPITULO II Para ello había decidido que no fuese una mujer, evitando de este
PASA EL TIEMPO modo que me robasen su afecto. El muchacho tenía ya bastante edad
CANSÓ, por supuesto, una gran perturbación en nuestro colegio la para no necesitar de la asistencia femenina. Solicité, pues, un ayudante
muerte repentina del pobre Vincey pero como ya se sabía que estaba varón, y afortunadamente pude ocupar a un joven de cara redonda y
muy enfermo, y como allí era cosa fácil dar una certificación muy respetable apariencia, que había estado empleado en un coto de
facultativa, la justicia nada tuvo que hacer en el asunto. En aquella caza, pero que por pertenecer, según decía, a una familia de diecisiete
época no se preocupaba la gente tanto como hoy de las informaciones hermanos, estaba hecho a andar con niños y muy dispuesto a
judiciales en esos casos; no gustaban mucho, a la verdad, por el encargarse del joven Leo, apenas llegase a Cambridge.
escándalo que siempre producen. Y yo por mi parte, como no tenía Llevé después el arca de hierro a la ciudad y con mis propias manos
ningún interés tampoco en presentarme ofreciendo un testimonio, que la deposité en casa de mi banquero; compré algunos libros que
no me pedían, sobre nuestra última entrevista, no dije sino que había trataban de la salud de los niños y del modo de criarlos, leílos yo
estado a verme aquella noche en mis habitaciones, como hacía a primero para mi propio gobierno y luego en alta voz a Job, que así se
menudo. El día del entierro vino de Londres un abogado que llamaba mi joven asistente, y esperé tranquilo los acontecimientos.
acompañó al sepulcro los restos de mi pobre amigo, y que se marchó Hízose muy en breve el niño el favorito del colegio, porque, como
otra vez llevándose sus papeles y efectos, exceptuando naturalmente el lo esperaba, conseguí la plaza de interno; en él andaba siempre el
arca de hierro que bajo mi custodia había quedado. Pasé luego una chiquillo entrando y saliendo, a pesar de todas las órdenes y
semana entregado en absoluto ala preparación del concurso, por lo que reglamentos en contrario; era una especie de intruso privilegiado en
tampoco había podido ir al entierro y conocer al abogado. Pero salí cuyo favor toda reglamentación se quebrantaba. Eran innumerables
por fin de mis exámenes, y al volver a mis habitaciones, echéme en un los exvotos consagrados a sus aras, y por él tuve una grave disidencia
sillón con la satisfacción de haberlos aprobado. de opiniones con un viejo profesor, residente del colegio, que tenía la
A poco, sin -embargo, mi pensamiento, libre ya de la única reputación de ser el hombre más majadero de la Universidad, y que se
obligación a que había estado sometido durante los últimos días, horrorizaba hasta de ver un chico. Descubrí, sin embargo, gracias a la
volvió a fijarse en los hechos ocurridos la noche de la muerte de mi exquisita vigilancia de Job, despertada por ciertas perturbaciones de la
amigo, y de nuevo me pregunté cloro debía explicármelos; si recibiría salud de Leo, que este anciano, violando todos sus principios sobre la
más noticias del asunto, y en caso de no recibirlas, qué me aconsejaba materia, tenía la deplorable costumbre de atraer al chiquillo a sus
mi deber que hiciera con el arca de hierro que en mi poder tenía. A habitaciones para hartarlo allí de dulce después de exigirle la promesa
fuerza de meditar esas cosas entróme cierta inquietud. La misteriosa del más absoluto silencio. Echóle Job en cara su fea conducta.
visita, la profecía de la muerte de Vincey tan exactamente cumplida; - ¡Debiera usted avergonzarse de sí mismo! - le dijo-. ¡Qué
el solemne juramento que había prestado, de que me anunció que me necesidad tiene usted de enfermar al muchacho, cuando podría usted,
pediría estrecha cuenta en un mundo distinto a éste, eran bastante para a su edad, ser abuelo, si hubiera hecho lo que Dios manda!
intranquilizar a cualquiera. ¿Se habría suicidado Vincey, Así Job quiso decirle con esto que debió haberse casado su tiempo.
parecía?... ¿Y qué investigación tan importante sería esa de que había Esto, por supuesto, produjo cierto movimiento en la casa.
hablado? Por más que no fuera yo un hombre nervioso ni propenso a El niño se hizo muchacho, y el muchacho hombre, conforme fueron
alarmarme de lo que tuviera visos de sobrenatural, lo cierto es que volando los implacables años, y según crecía y se desarrollaba su
esos hechos eran tan peregrinos que me inquietaron algo, y empecé a cuerpo, aumentaba también su hermosura, la bondad de sus
lamentar el verme mezclado en el asunto... Y ahora, después de veinte sentimientos y su inteligencia. Cuando llegó a los quince años,
años, lo lamento todavía... llamáronle la Bella en el colegio, y a mí la Bestia. Teníamos la
Estaba, pues, en mi habitación meditando, cuando sentí que costumbre diaria de salir juntos a pasear, y el contraste de nuestras.
llamaron y me trajeron una carta en un gran sobre azul. Vi que era una figuras confirmaba la oportunidad de los apodos. Pero una vez Leo
carta de un estudio de abogados, y el instinto me advirtió que la carta atacó al fornido mozo de una carnicería, dos veces más grande que él,
se relacionaba con mí juramento a Vincey. Aun tengo en mi poder esa que nos gritó estos motes y le dió urea buena zurra. Yo seguí andando,
comunicación, que decía así: haciéndome el desentendido, hasta que, arreciando demasiado el
"Muy señor nuestro. El señor Leo Vincey nuestro cliente, que combate, volví atrás, pero sólo para aplaudir la victoria de mi
falleció el 9 del corriente mes en el colegio de..., de la Universidad de muchacho. Era en aquella época Leo lo más malo que en el colegio
Cambridge, ha dejado un testamento cuya copla verá usted adjunta, y había, pero yo no podía remediarlo. Cuando creció un poco más, los
cuyos ejecutores somos nosotros. Por su lectura se enterará de cómo le compañeros nos pusieron nuevos apodos: a mí me llamaron Caronte y
corresponde a usted una mitad casi de la renta de la propiedad de a Leo el Dios Griego. Diré sobre mi apodo que no fui nunca hermoso
dicho caballero, invertida hoy en títulos consolidados de la deuda y que tampoco con los años mejoraba mi fisonomía, pero del de Leo
inglesa, si acepta usted la tutoría de su único hijo Leo Vincey que es diré que le convenía perfectamente. Cuando cumplió los veintiún
actualmente un niño de cinco años de edad. Si nosotros mismos no ayos, podía haberse ofrecido de modelo para una estatua de Apolo.
hubiéramos redactado el documento, en obediencia a las instrucciones Ninguno conocí que se le comparase en hermosura o que no se
claras y terminantes del finado Mr. Vincey tanto escritas como admirase al contemplarlo. Diré, en cuanto a su inteligencia, que era
verbales, y si no nos hubiera él asegurado que tenía muy buenas perspicaz y brillante, aunque no fuera la de un humanista profundo.
razones para obrar de este modo, por lo desusado de sus disposiciones, En su educación seguíamos bastante estrictamente las instrucciones de
se lo confesamos lo hubiéramos elevado al conocimiento del Tribunal su padre, y el resultado, sobre todo en las lenguas griega y árabe, fue
de la Cancillería para que dispusiese lo que a bien tuviera, ya muy satisfactorio. Yo aprendí esta última lengua para ayudara
contestando la capacidad del testador, o ya otra providencia, referente enseñársela, pero a los cinco años de su estudio la sabía tan bien como
a la salvaguardia de los intereses del heredero. Pero coma nos consta yo, y casi tanto como nuestro común profesor. Siempre he sido un
que el testador era persona de inteligencia superior y de mucha gran "sportman", es mi única pasión, y todos los otoños salíamos por
penetración, y que no tenía ningún pariente ni deudo vivos a quienes ahí de caza o pesca, unas veces a Escocia, otras a .Noruega, y en una
confiar la tutela del niño, no nos sentimos autorizados a tomar esa ocasión llegamos hasta Rusia. Soy un buen tirador de armas de fuego,
determinación. pero él hasta en esto me ha vencido.
"Aguardando, pues, las instrucciones que usted se servirá Cuando cumplió los dieciocho años, volví a ocupar mis
mandarnos en lo que se refiere a la entrega del niño, y al pago de su habitaciones en el colegio, en donde le hice ingresar a él también. A
cuota correspondiente de los dividendos que se le adeudan, quedamos los veinte tomó su grado, un grado bastante respetable, aunque no
de usted, atentos y seguros servidores, Geoffrey y Jordán". muy elevado. Entonces fue cuando le conté algo de su propia historia,
Como esta carta no me informaba de nada nuevo, ni tampoco, a la y del misterio futuro que ante sí tenía, y por supuesto que su
verdad, me ofrecía ninguna excusa racional a la aceptación del cargo curiosidad fue mucha, y que yo tuve que convencerle de que por
que le había ofrecido a mi querido amigo, hice lo único que en esta entonces era imposible de satisfacer. Aconséjele, para distraerse, que
situación me era ciado: contestarle a los señores Geoffrey y Jordán se matriculase en la Facultad de Derecho, lo que hizo, estudiando en
expresándoles mi voluntad de aceptar la tutela del niño, para hacerme Cambridge y yendo a practicar a Londres.
cargo del cual les pedí un plazo de diez días. Y así transcurrió el tiempo hasta que por fin cumplió los veinticinco
Hecho esto, me dirigí a las autoridades universitarias, y años, día en que. tiene verdadero principio esta historia extraña y
habiéndoles comunicado lo que creí conveniente de esta historia, que tremebunda.
no era mucho por cierto, conseguí, des pues de algún trabajo, que en el
caso de obtener mi plaza de interno, lo que no. dudaba, que me
permitiesen tener conmigo al niño. Aceptaron, pero con la condición
de que desocupara mis habitaciones del colegio, y me alojase fuera de
él. Así lo hice, v con alguna dificultad encontré y alquilé una casa
muy y buena junto a la entrada de mí colegio. Echéme después a
buscar quien manejase al niño.
CAPITULO III Traducción de la escritura uncial griega del vaso... Puse el
EL VASO DE AMENARTAS. pergamino junto a la carta, sobre la mesa. Después encontramos otro
EL día antes de cumplir Leo los veinticinco años de su edad, fuimos robo de pergamino antiguo, que con la edad se había tornado
a Londres, y sacamos el arca de hierro del Banco en que veinte años amarillento y rugoso, y también lo desenrollé. Era otra traducción del
atrás la había yo depositado. Recuerdo que nos la trajo el mismo mismo original griego, pero hecha en latín y escrita en caracteres
empleado que la había recibido. El se acordaba perfectamente de anglogóticos, que, según me pareció por su estilo, debían ser del final
cuando la recibió, y a no ser por esto, nos confesó el trabajo que le del siglo XV, o quizá de mediados del XVI. Inmediatamente debajo
habría costado encontrarla, tan cubierta como estaba toda de telarañas. de este rollo había algo duro y pesado, envuelto en tela amarilla, y que
Por la tarde, volvimos a Cambridge con nuestra preciosa carga, y descansaba sobre otra capa del material fibroso. Lenta y
me parece que si nosotros dos hubiéramos decidido pasarnos sin cuidadosamente desenvolvimos la tela amarilla y descubrimos un gran
dormir la noche aquélla, no habríamos velado mejora. Al romper el fragmento de indubitable y vaso de barro cocido, de una antigüedad de
alba aparecióse Leo en mi habitación, pretendiendo que desde luego un sucio color amarillento. Ese fragmento, a mi ver, debió haber
procediéramos a la operación de abrir el arca; pero me negué por que formado parte de un ánfora ordinaria de mediano tamaño. Medía unas
eso demostraría una vergonzosa curiosidad. once pulgadas de largo por diez de ancho, y tenía el espesor de un
-Este cofre ha esperado veinte años para ser abierto -díjele -bien cuarto de pulgada. Por la parte convexa, que yacía contra el fondo del
puede esperar ahora a luego que desayunemos. cofrecillo, estaba densamente cubierto de una escritura del carácter
Alas nueve, pues, nueve horas bien adelantadas por cierto, griego uncial, borrada a trechos, pero perfectamente legible en su
desayunamos, y tan preocupado me hallaba yo también, que siento mayor parte. Se conocía que esta escritura había sido hecha con el
decir que puse un poco de manteca en el té de Leo figurándome que mayor cuidado y por medio de una pluma de junco, muy usada entre
era un terrón de azúcar. Job, asimismo, a quien habíamos contagiado los antiguos. No debo dejar de apuntar también que en algún tiempo
nuestra nerviosidad, llegó hasta quebrar el asa de mi taza de porcelana, muy remoto, este fragmento curioso debió haber sido roto en dos
de quien me aseguraron al comprarla que era aquella en que Marat partes, y luego unido de nuevo con alguna mezcla pegadiza y con
habia bebido, poco antes de ser apuñalado en su baño. ocho largos remaches. También por la parte interior o cóncava del
Levantáronse por fin los manteles del desayuno y Job, por orden fragmento había muchas inscripciones, pero todas de formas distintas,
mía, trajo el arca y la puso sobre la mesa con cierta expresión de irregularmente puestas, como si se hubiesen trazado por manos
desconfianza. Iba a marcharse de la habitación, pero yo exclamé: diferentes y en varias épocas. De éstas, hablaremos luego.
-Espera un momento, Job... Si míster Leo no se opone, desearía yo - ¿No hay más nada? -preguntó Leo en voz baja y emocionada.
que el acto fuese presenciado por un testigo desinteresado en el asunto Tanteando un poco entre el material picado del fondo, encontré
y que sepa callarse sobre lo que vea mientras no se le permita que alguna cosilla rará, metida en un saquito de tela. Abrí éste y de él
hable. sacamos primero una bella miniatura pintada sobre marfil, y después
-Me parece muy bien, tío Horacio, contestó Leo. uno de esos escarabajos pequeños, de color chocolate, marcado con un
Tío me llamaba él porque yo se lo había rogado; pero a veces no sol sobre un cisne y luego una pluma en jeroglíficos egipcios.
quería, y me llamaba viejo, faltándome al respeto, o bien: pariente Símbolo que, según luego nos confirmaron, significan "Suten Se
evuncular... Ra"; lo que, descifrado, vale tanto como Real Hijo de Ra, o del Sol. La
Job se tocó la cabeza por no tener puesto el sombrero. miniatura era la de una dama griega, madre de Leo, una hermosa
Obedeció, y yo saqué del escritorio portátil las llaves que el pobre mujer de ojos negros. Detrás de ella estaban escritas estas palabras con
padre de Vincey me había dado la noche de su muerte. Eran tres: la la letra del pobre Vincey: "Mi adorada mujer. Murió en mayo de
mayor era un llavín relativamente moderno; la segunda, 1856".
exclusivamente antigua, y la tercera, un objeto que a todo se parecía -Ya no hay nada más -dije.
menos a una llave; parecía estar Formada por una hojuela de plata - ¡Bueno! - contestó Leo, dejando sobre la mesa la miniatura que
maciza llena de recortes, con aria barreta cruzada como para había estado contemplando cariñosamente -; leamos ahora la carta.
manejarla. Sería quizá un modelo de las llaves de los ferrocarriles Rompió el sello con viveza, y leyó en alta voz lo que sigue:
antediluvianos. "Leo, hijo mío: Cuando abras ésta, si es que vives hasta que puedas
- ¡Vamos! ¿Ya están ustedes listos? -pregunté como si se tratara de hacerlo, habrás alcanzado ya la edad viril y hará mucho tiempo que yo
volar una mina. habré muerto para que ya me hayan olvidado absolutamente casi todos
Nadie contestó. Tomé entonces la más grande de las llaves, los que me conocieron. Recuerda, empero, al leerla, que yo he
restregué un poco de aceite de almendras en la guarda, y después de existido, y que por estas mismas letras, por algo que sabrás que aun
dos o tres tentativas, porque mi mano temblaba un poco, conseguí existe, te estrecho tu mano con la mía a través del Abismo de la
colocarla bien y hacer que cediese la cerradura. Leo se inclinó, y muerte, y mi voz te habla desde el inefable silencio del sepulcro.
agarrando la macera rapa con las dos manos, haciendo un esfuerzo Aunque yo haya muerto y no quede ninguna memoria mía en tu
muscular, porque los goznes estaban oxidados, la levantó. Dentro mente, yo estoy contigo, en este momento en que me estás leyendo.
había otra caja cubierta de tierra. La sacamos sin dificultad y le Desde que naciste hasta la fecha, apenas si te he visto la cara.
quitamos con un cepillo la basura que sobre. ella habían acumulado Perdóname ese despego. Tu vida costó la suya a quien yo amaba
los años. Era o parecía ser de ébano, o de otra madera de color y grano mucho más de lo que a las mujeres se las ama, y la amargura de esa
parecido, y estaba toda reforzada por fajas de hierro que se cruzaban. pérdida la siento todavía. Si yo hubiera podido vivir más,
Mucha debía ser su antigüedad porque la madera, tan dura y pesada, probablemente habría llegado a vencer ese necio sentimiento; pero no
comenzaba ya en algunas partes a deshacerse en polvo. estoy destinado a vivir. Mis persares físicas y mentales son mayores
-A esta ahora - dije, colocando la segunda llave. de lo que puedo aguantar, y cuando haya acabado de disponer lo que
Job y Leo se inclinaron sobre ella sin respirar casi la llave giró. parezca propio para tu futuro bienestar, pondré término a mis dolores.
Alcé rápidamente la tapa, y todos lanzamos una exclamación de Si hago mal, ¡que Dios me perdone! Por lo demás, y aun en las
asombro al ver un magnífico cofrecillo de plata como de doce mejores condiciones, yo no puedo vivir un año más"...
pulgadas de ancho y largo, por ocho de altura. Parecía labor egipcia: - ¡De modo que se mató por su mano!... - exclamé -. Ya me lo
las cuatro patas estaban formadas por esfinges, y la combada tapa figuraba...
tenía otra encima, y aunque el metal estuviese muy abollado en parte y Sin contestar mi observación, Leo siguió leyendo tranquilamente.
deslustrado por los años, por lo demás se conservaba perfectamente. "Ya he hablado bastante de mí mismo. Lo que por decir me resta te
Saqué el cofrecillo y lo coloqué sobre la mesa, y en medio del más pertenece a ti, que vives; no a mí, que estoy tan olvidado como si no
completo silencio introduje la rarísima tercera llave. Después de hubiera existido nunca. Mi amigo Holly, a quien es mi intención
hacerla jugar un poco para todos lados, cedió, y abierto. quedó arete confiarte, si quiere aceptar el cargo, te habrá dicho algo ya sobre. la
nosotros el último cofrecillo, lleno estaba hasta los bordes de un antigüedad de tu estirpe. Bastantes pruebas de ello encontrarás en los
material obscuro y picado, que más bien que de papel parecía contenidos del cofrecillo. La extraña leyenda que verás inscrita por tu
componerse de alguna substancia vegetal, pero la verdadera naturaleza remota antepasada en el fragmento de ánfora, me lo comunicó mí
no he podido averiguar nunca. Quitándolo, vi que ocupaba- hasta una padre en su lecho de muerte, y me quedó profundamente impresa en la
profundidad como de tres pulgadas, y que debajo había una carta imaginación. Cuando no tenía más que diecinueve años, determiné -
metida en un sobre moderno de los corrientes, cuya dirección; escrita de igual modo que hizo, para desgracia suya, uno de nuestros abuelos
de mano de mi difunto amigo Vincey, decía: del tiempo de la reina Isabel de Inglaterra -investigar lo que de cierto
Para mi hijo Leo. hubiera en ello. No puedo describirte todo cuanto me pasó. Mas sí te
Paséle la carta al joven, que la examinó bien, y colocándola sobre la diré lo que vi con mis propios ojos. En la costa de África, en una
mesa me hizo la señal de que continuase. región hasta hoy inexplorada, a cierta distancia al norte de la
Había después un pergamino cuidadosamente enrrollado. desembocadura del Zambezi, existe un cabo en cada extremo se alza
Desenrollelo, vi que también estaba escrito de la mano de Vincey, y un picacho que tiene la forma de la cabeza de un negro, parecido a lo
que tenía este título: que se dice en la escritura. Allí desembarqué, y supe de boca de un
indígena errante, que había sido desterrado de su pueblo por un el cielo, y al cabo de diez jornadas llegamos a una montaña hueca
crimen, que allá, muy tierra adentro, había grandes montañas de forma donde había existido; y estaba ahora en ruinas, una gran ciudad, y
de tazas, con cavernas, en medio de pantanos inmensos. También supe donde hay cuevas cuyos fondos el hombre no vio nunca, y nos
que el pueblo que allí habita habla un dialecto arábigo y está condujeron ante la reina que coloca vasijas sobre la cabeza de los
gobernado por una hermosa mujer blanca, que rara vez contemplan extranjeros, y que es una maga que posee el conocimiento de las cosas
sus ojos y que dicen que tiene autoridad sobre todas las casas vivas y todas, y cuya existencia y belleza ,son imperecederas. Y ella puso
muertas. Dos días después de comunicarme esto, murió el indígena de miradas de amor sobre tu padre Kalikrates, y me habría matado
la fiebre que le había dado al cruzar los pantanos, y yo me vi obligado, tomándolo por esposo; mas él me amaba a mí y ella le temía, y no
por falta de provisiones y por los síntomas que se me presentaron de la consintió en ello. Entonces ella nos tomó, nos condujo por tremendas
enfermedad, que después me venció, a refugiarme de nuevo en mi vías, por arte de magia, hacia donde el gran pozo se encuentra, junto a
barco. cuyo brocal yace muerto el filósofo antiguo, y nos mostró el Pilar de
"No tengo necesidad de contarte las aventuras que corrí después de la Existencia, que gira y que no muere, y cuya voz es como la de un
esto. Naufragué en la costa de Madagascar y me salvó un barco inglés trueno, y se colocó en medio de las llamas, y de ellas salió sin hacerse
que me llevó a Adén, de donde salí para Inglaterra con la intención de 1 Nectanebo II, el último faraón nativo de Egipto, huyó a Etiopía en el año 342
emprender otra vez la investigación malograda, tan pronto como (A. de J. C.)
pudiera prepararme para ella. Detúveme en Grecia de pasada, y allí, daño y más hermosa aun. juró entonces que haría a tu padre inmortal,
omnia vincit Amor, conocí a la que después fue tu madre, que tanto como lo es ella, si él consentía en matarme a mí y entregarse a ella;
adoré; allí me casé, naciste tú y murió ella. Entonces me sentí pues que ella misma no podía matarme por la magia que de mi propia
recrudecido de mi postrera enfermedad, y volví a Inglaterra a morir. patria yo poseo, y que hasta ese momento me había salvado de ella.
Más aun, en contra de la esperanza, yo esperaba, y púseme a estudiar Entonces él tapóse los ojos por no ver su gran hermosura y a todo se
el árabe con la intención, en caso de que pudiera volver a la costa de negó. Entonces en despecho, ella lo hirió con su magia, y él cayó
África, de resolver el misterio cuya tradición se ha conservado en muerto; mas ella lloró sobre su cadáver, y se lo llevó de allí entre
nuestra familia durante tantos siglos... Mi salud no mejoró, y la lamentos, y muy temerosa, envióme a la desembocadura del gran río a
historia, en lo que a mí concierne, ha terminado. donde los barcos llegan, y uno de éstos me llevó lejos, donde yo te di
"Mas, para ti, hijo mío, debe comenzar ahora, y yo te entrego los a luz, y luego, después de mucho vagar, a Atenas, donde estoy. Y
resultados de mis trabajos junto con las pruebas hereditarias de tu ahora, Tisísthenes, yo te digo, hijo mío: busca a esa mujer y aprende el
origen. Cuido de que no te sean conocidas hasta que no estés en edad secreto de la existencia, y si tú puedes ver la manera de buscarla, hazlo
de juzgar por ti mismo si debes o no investigar ese arcano, que si por tu padre Kalikrates; teas si temes, o no tienes suerte en ello, esto
resulta cierto serás el más grande del mundo, y si no, se verá que no es mismo les diré a todos los que de ti nazcan, hasta que por fin salga de
más que una necia fábula inventada por el cerebro trastornado de una tu descendencia un hombre valeroso que se bañe en el fuego, y tome
pobre mujer. asiento en el trono de los faraones. De cosas hablo que, si no son de
"Yo no creo, sin embargo, que sea una fábula. Creo que existe - y creerse, yo las vi, empero, porque yo no miento".
que no hay más que descubrirlo - un lugar en donde se manifiestan ¡Que Dios la haya perdonado! - murmuró Job, que habla oído la
visiblemente las potencias vitales del mundo. Si la vida existe, ¿por lectura de la traducción con el mayor azoramiento.
qué no han de existir, también los medios de conservarla Yo no dije nada. Mi primera idea fue que todo era producto de la
indefiniblemente? Mas no quiero preocupar tu mente en el asunto, demente imaginación de mi pobre amigo, por más que era improbable
Leo, y juzga por tu propia cuenta. Si, al contrario, estás convencido de que nadie pudiese inventar historia semejante. Era demasiado original.
que todo ello es una locura, destruye en seguida, te lo suplico, el vaso Para salir de dudas tomé el tiesto y comencé a leer los estrechos
y todas esas escrituras, para que tales causas de perturbación caracteres unciales, y era, a la verdad, demasiado pura y bella la
desaparezcan para siempre, y no sean una obsesión para nuestra redacción griega para que fuese de una egipcia. Después pude
descendencia. Quizá fuera esto lo más prudente. Lo desconocido se convencerme de que la traducción inglesa era tan exacta como
concibe generalmente como algo terrible, y esto no es debido a la elegante:
inherente superstición humana, débese a que en verdad es terrible. Además de la escritura uncial de la parte convexa, veíase también
Quien pretende alternar con las inmensas y arcanas potencias que en ella, pintado de rojo obscuro, hacia la parte superior del vaso, en lo
animan al mundo, puede muy bien caer víctima de ellas. ¿Y si por que había sido el reborde del ánfora el mismo castouche2 que ya
último se alcanza la victoria?..., si tú salieras al fin de la prueba 2 En castellano, "cartela, es el óvalo elíptico que se encuentra en los antiguos
conquistando la perpetua juventud y hermosura, retando al mal y al monumentos
tiempo, superior a la decadencia natural de la carne y del intelecto, egipcios y en los papiros, y contiene grupos de caracteres que expresan los
podrá, aun entonces, decirse que fue para tu dicha tan tremebunda nombres o
variación.. . ¡Hijo mío, escoge!... y que la Potencia que regula todas títulos de los reyes o faraones. El nombre fue dado por Champolión
las cosas, y que dice: De aquí no usarás Nada más que esto sabrás, mencionamos al hablar del escarabajo que sacamos del cofrecillo. Sin
dirija tu elección de modo que redunde en tu propia dicha y en la del embargo, los caracteres estaban invertidos, como si se hubieran
mundo, que regirás ciertamente, si la victoria obtienes, por la pura sacado en cera del mismo escarabajo para imprimirse luego en el vaso.
fuerza de la acumulada experiencia... ¡Adiós! ". No sé si este cartouche pertenecía a Kalikrates, o a algún príncipe o
Así, bruscamente, concluía esta carta, sin fecha ni firma. faraón de quien descendiese su mujer Amenartas, ni tampoco puedo
Leo había estado, y estaba, excitado evidentemente: boquiabierto, decir si fue grabado sobre el tiesto cuando se escribió la inscripción
como quien respira con dificultad, me preguntó por fin: uncial, o si esto se hizo en época posterior por algún miembro de la
- ¿Y que piensas tú de esto, tío Holly?... Hemos estado deseando un familia.
misterio y me parece que acabamos de hallar uno muy notable... Más esto no era todo. Al pie del escrito, y pintado del mismo color
- ¿Que qué es lo que pienso?... ¡Pues que tu pobre padre estaba mal rojo obscuro, había una esfinge, dibujo bastante rudo por cierto, que
de la cabeza!... Me figuré esto mismo aquella noche, hace veinte años, aparecía adornada con dos plumas, símbolo de majestad; estas plumas
al verlo entrar en mi cuarto... son comunes en las efigies de los dioses y toros sagrados, pero era ésta
-Así es la verdad, señor -agregó Job solemnemente. la primera vez que yo las veía sobre una esfinge.
Job era el ejemplar más práctico de una especie social que es muy Sobre esta misma superficie, y del lado derecho, pintado
práctica. oblicuamente de un vivo color encarnado, aprovechando un espacio
-Bien está - replicó Leo -, pero de todos modos veamos lo que dice que no ocupaba la inscripción inicial y firmada con letras de tinta azul,
el vaso. - Tomó la traducción escrita con letra de su padre y leyó lo leíase la siguiente rara inscripción, en caracteres ingleses del
que sigue: - "Yo, Amenartas, de la real casa de Hakor, faraón de Renacimiento:
Egipto, esposa de Kalikrates - el Fuerte y Hermoso, o El Hermoso, o "En la tierra, el cielo y mas
el Hermoso en su Fuerza - sacerdote de Isis, a quien los Dioses aman cosas raras se suelen dar.
y los Demonios obedecen; encontrándome próxima a la muerte: A mi Hoc fecit: Dorotea Vincey".
hijito Tisísthenes, El Poderoso vengador. Yo huí con tu padre del Completamente asombrado volví el vaso del otro lado Estaba
Egipto en los días de Nekhtnebf1, obligándolo a que por mi amor cubierto de arriba abajo con firmas griegas, latinas e inglesas. La
quebrantara los votos que había hecho. Huimos en dirección al sur, a primera, uncial griega, era de Tisísthenes, el hijo, a quien la
través de las aguas y anduvimos errantes durante dos veces doce inscripción se dirigía. Decía así: No puedo ir. A ti, Kalikrates, hijo
lunas, en la costa de Libia, que mira hacia el sol naciente, por donde, mío".
cerca de un río, existe una gran peña labrada como la cabeza de un Este otro Kalikrates, llamado así probablemente por la costumbre
etíope. Cuatro días navegamos, y a la boca de un gran río griega de que los nietos llevasen el nombre del abuelo, hizo sin duda
naufragamos; algunos de los nuestros se ahogaron, y otros murieron alguna tentativa para cumplir el mandato de Amenartas, porque su
de enfermedad. Pero unos salvajes nos llevaron cruzando pantanos y escrito, en caracteres unciales muy borrosos, decía: "Salí a buscar, los
desiertos, por donde las aves marinas cubren con sus bandadas a veces Dioses me fueron contrarios. A ti, hijo mío".
Entre estas dos antiquísimas inscripciones, la segunda de las cuales dos partes, y las uní del modo que aparece, en este día lunes siguiente
estaba escrita en sentido inverso a la otra, y que a no haber sido por la a la fiesta de la Santa Virgen María, en el año de gracia de 1445".
trascripción de ellas hecha por Vincey no hubiera podido yo leer, La otra anotación que seguía en el tiesto, y que era la penúltima,
porque estaba situada en la parte del vaso que servía mejor para pertenecía a la época de Isabel de Inglaterra, y estaba fechada en 1564.
sostenerlo con las manos, habiéndola casi borrado el roce de éstas, Decía así:
veíase la firme y moderna rúbrica de un "LioneI Vincey, aetate suo "Rarísima historia es ésta, que le costó a mi padre la vida porque
z7", hecha, según creo, por el abuelo de Leo. A la derecha de ésta buscando el lugar indicado en la costa Este de África, fue echado a
estaban estas iniciales: "J. B. V.", y debajo había una variedad de pique su barco por una galera portuguesa, cerca de Lorenzo Márquez,
firmas griegas, caracteres ya unciales, ya cursivos, y que parecían ser donde pereció. Vincey".
la repetición de la frase: "A ti, hijo mío", probándose de este modo Seguía inmediatamente la última nota, hecha, a juzgar por su
que la reliquia había ido pasando de generación en generación. escritura, como a mediados del siglo dieciocho3 para alguno de la
La otra leyenda, más clara, que había después de las firmas griegas, familia. Constaba de la siguiente cita, tan manoseada del Hamlet:
era esta palabra "ROMPE A. V. C.", que demostraba la emigración de "Más cosas existen en el cielo y la tierra, de las que has soñado en tu
la familia de Roma. Más, por desgracia, la fecha de su establecimiento filosofía, ¡Horacio! -Pues bien - dije después de leer lo que era legible
en Italia se ha perdido para siempre, porque precisamente donde y de examinarlo bien todo -, ya estamos bastante enterados, Leo, y
estaba, se había descascarado el fragmento de vaso. puedes formar una opinión. La mía está hecha ya.
Seguían después como una docena de firmas latinas, salteadas, - ¿Cuál es ella? - preguntóme con su viveza ordinaria.
conforme había habido espacio libre para ponerlas. Casi todas estas -Esta: creo que el vaso es perfectamente auténtico y que por
firmas concluían invariablemente con la palabra Vindex, o sea, El maravilloso que parezca, ha sido conservado en tu familia desde el
Vengador; que parece el cognomen adoptado por la familia cuando siglo cuarto antes de Jesucristo. Las diversas anotaciones que tiene
pasó a Roma como equivalente del nombre griego Tisísthenes, que son prueba harto suficiente, de ello, y por tanto, aunque no parezca
significaba lo mismo. Últimamente el Vindex se tornaba en el de probable, hay que aceptarlo así... Pero aquí me detengo. No tengo
Vindex, y por fin, en el moderno Vincey. Era curioso en verdad ninguna duda de que la princesa egipcia, la remota antepasada, o algún
observar cómo la aspiración vengativa, creada por una egipcia en escriba, por orden. suya, escribió lo que hemos leído en el vaso; mas
tiempos precristíanos, hallábase, como si dijéramos, cristalizada en un tampoco dudo de que la muerte de su esposo y sus propias penalidades
apellido de gente inglesa. le trastornaron la cabeza y que su juicio no estaba sano cuando
Más tarde he podido averiguar que algunos de los nombres latinos escribió todo eso.
inscritos en el vaso se encuentran mencionados en la historia y en - ¿Y cómo te explicas lo que mi propio padre vio y oyó en los
otras antiquísimas memorias. Eran, si 'no recuerdo mal, los de lugares mismos?
MVSSIVS, VINDEX -Como meras coincidencias... En las costas de África hay, sin duda,
Seg. VARIVS, MARVLLVS. muchos promontorios cuyas formas afectan a cabezas humanas. y
C. FVDFIDVIS, C. F. VINDEX. también, por supuesto, muchos pueblos que hablan árabe. Paréceme
LABERIA POMPENIANA, CONIUX. asimismo que habrá muchos -pantanos... Mas debo decirte otra cosa,
MACRINI, VINDICIS. Leo, y es que no creo tampoco que tu padre estuviese muy sano
que fue, por supuesto, una dama romana. mentalmente, cuando te escribía esta carta. Mucho había sufrido.
Después de los nombres romanos, había evidentemente una laguna Dejó, además, que esos cuentos hicieran demasiado presa de su
de muchos siglos. Nadie sabrá jamás cuál fue la historia de esta 3 Otra razón que me hace fijar los mediados del siglo dieciocho como fecha
reliquia durante esa Edad Media tan obscura, ni cómo pudo haberse de esta
conservado en la familia. Recuérdese que mi pobre amigo Vincey me anotación, es que tengo un ejemplar de Hamlet hecho hacia 1740, en el que
había dicho que sus antepasados romanos se habían establecido en estos versos
Lombardía, y que cuando la invadió Carlomagno, ellos cruzaron con están mal transcriptos en esa misma forma, y sin duda, el Vincey que los
él los Alpes en su retirada y se fijaron en Bretaña, de donde pasaron a escribió en el vaso
Inglaterra en tiempos de Eduardo el Confesor. No me consta cómo lo los puso como se decían en su tiempo. El vocativo "¡Horacio!" debe estar
supo, porque ninguna referencia hace el vaso a Carlomagno ni a correctamente
Lombardía, aunque sí a Bretaña, como ahora se verá. puesto, al final del primer verso y no del segundo. El autor.
A continuación seguía, después de una gran mancha de sangre o de imaginación, y era hombre que tenía mucha... Sea lo que fuese, en fin,
alguna otra substancia colorante parecida, un dibujo, que consistía en te afirmo que toda esa historia es una mera fábula... Bien sé yo qué en
dos cruces de color rojizo, que representaban, quizá, espadas de la naturaleza existen cosas peregrinas, potencias extraordinarias, con
cruzados, y un monograma casi borrado formado por las letras D. V., las que no nos topamos a menudo y que no sabemos comprender
en azul escarlata, hecho quizá. por la misma Dorotea que escribió el cuando las vemos... Pero si yo no lo veo con mis ojos, lo que no
chabacano dístico. sucederá por cierto, jamás creeré, que pueda evitarse la muerte por
Venía después una de las cosas más curiosas que había en esta ningún medio, ni siquiera por algún tiempo, y tampoco creeré que en
reliquia del pasado. Era un escrito en gótica inglesa antigua, sobre el seno de una ciénaga de África viva ahora, ni haya vivido nunca, una
cruces o espadas de cruzados, y tenía la fecha de 1445. Como lo mejor maga blanca. Esos son cuentos, hijo mío, puros cuentos... ¿Y tú, qué
es que hable él mismo, transcribiré el original latino, sin las dices, Job?
abreviaturas, por supuesto; con lo que se verá que el latinista que la -Yo digo, señor, que todo eso es una mentira, y que si es verdad,
pergeño era bastante bueno para su tiempo. Mr. Leo no se ocupará jamás de cosas que nada bueno pueden ser.
VERSION AMPLIADA DE LA INSCRIPCIÓN DE LETRAS -Quizás tengan razón ustedes - dijo entonces Leo con reposada voz
GOTICOINGLESAS DEL TIESTO DE AMENARTAS. -. Yo no quiero expresar opinión alguna. Pero sí digo que voy a tratar
"Ista reliquia est valde misticum et myrificum opus, quod -tajares de aclarar una vez y para siempre este misterio, y que, si ustedes no
me¡ ex Armorica, scilicet Brittannia Minore, secum convehebant; et quieren acompañarme, iré solo.
quidam sanctus crelicus semper patri meo in mano ferebat quod A 'los tres meses de esto, nos hallábamos en el mar, rumbo a
penitus illus destrueret, affirmans guod esseet ab ipso Sathana Zanzíbar.
conflatum presti giosa et dyabolica arte, guarro pater me us con f regir
illud in duas partes, goas quidem ego Johannes de Vinceto sal vas
servavi et adaptavi. sicut apparet dio fono proximo post festum beato
María Virginis annie gratie. MCDXLV".
Lo más curioso es que también descubrimos una versión
modernizada de esta inscripción latina, hecha en inglés antiguo y
escrito en caracteres gótico ingleses antiguos, en el segundo de los
pergaminos que sacamos del cofrecillo; era, al parecer, de fecha más
antigua que aquel en que estaba la traducción en latín y letra gótica de
la inscripción uncial griega.
Versión inglesa de la inscripción latina escrita en carácter
góticoinglés.
"Esta reliquia es una verdadera obra mística y maravillosa que mis
antepasados trajeron consigo de la Armórica a este país antepasados
Bretaña la Menor, y cierto santo clérigo siempre estaba persiguiendo a
mi padre para que la destruyera del todo, afirmando que estaba hecha
por Satanás, con su arte mágico y diabólico, por lo que mi padre la
tomó y la quebró en dos pedazos; pero yo, Juan de Vincey, salvé las
CAPITULO IV concordaban perfectamente con la descripción del vaso y de la carta
LA BORRASCA del padre de Leo, y que cuando a ella llegáramos no podría,
¡CUÁN diferente es la escena que voy a describir ahora, de las que probablemente, acercársele por razón de las rompientes y bajíos. Así
ya van contadas! ¡Cuán distantes están los olmos de Inglaterra que el es que habíamos empleado una calma como de tres horas que al
viento mece, sus cornejas graztiadoras, las habitaciones tranquilas de amanecer tuvimos, en transbordar al ballenero la mayor parte de
la Universidad y los familiares volúmenes que ocupan sus anaqueles! nuestro equipaje, colocándolo en los compartimientos, también
En vez de todo esto, tenemos delante el espectáculo del inmenso especialmente dispuestos, para que, apenas divisáramos el famoso
océano lleno de calma, sobre el cual cabrillean los rayos plateados de peñasco, pudiéramos bajar a él y dirigirnos a tierra. Otra razón que nos
la luna de África. La suave brisa comba la vela enorme de nuestro indujo a tomar esta precaución fue que los bes, ya por descuido o por
arábigo dhow, y nos impulsa, dulcemente sobre las aguas, que se incapacidad de hacer bien sus observaciones, suelen a menudo pasarse
dividen acariciando sus costados con olillas musicales. Duermen a del teto a donde pretenden llegar, y como ya lo saben los marinos, es
proa casi todos los marineros, porque es cerca de medianoche, y un casi imposible para un dhow árabe ir en contra del monzón; no está
árabe atezado y robusto, llamado Mahomet, está al timón guardando el hecho sino para dejarse llevar por él.
tumbó y guiándose por las estrellas. -Me parece prudente lo que dice, Job - le contesté -. Allí hay
Vease a estribor, a unas tres o cuatro millas de distancia, una línea mantas suficientes en el bote; hatájese usted de la luz de la luna, no
baja y confusa. Hacia el sur corremos, delante del monzón del vaya a quedarse loco o ciego.
nordeste, entre los arrecifes que, por centenares de millas, bordean - ¡Ay, señor!, no se perdería mucho.... Aunque yo creo que ya he
aquella peligrosa costa. La noche es muy tranquila: una palabra perdido el juicio viendo las porquerías que hacen esos negrazos, con
pronunciada a proa en voz baja se oye muy bien a popa, y de la su cara de ladrones... Dicen, señor, que no sirven más que para
distante tierra llega hasta nosotros, rodando sobre el mar, un zumbarte abono... Y aun como abono, qué mal huelen...
y crujiente rumor... Job, como se ve, no era muy aficionado que digamos a los usos y
El árabe que está al timón, alza la mano y dice esta sola palabra: costumbres- de nuestros prójimos los mahometanos de color. En
- ¡Simba!... (El león) conformidad de lo acordado, atamos el ballenero por el cabo de
Todos nos incorporamos y nos pusimos a escuchar. Resuena el remolque hasta que quedó precisamente debajo de la popa del dhow, y
rumor del trueno lento y majestuoso, poniéndonos fríos hasta la entonces Job se dejó caer en él con toda la gracia de que puede ser
medula de los huesos. capaz un saco de papas.
-Mañana, hacia las diez - digo yo entonces – estaremos a la altura Leo y yo volvimos a sentarnos sobre cubierta, hablando muy poco
de ese misterioso promontorio. que tiene la forma de una cabeza y fumando bastante. Estaba la noche tan hermosa, tan excitado por
humana. Digo, si no se equivoca este patrón, lo que me parece muy varias razones teníamos el cerebro, que no queríamos bajar a
probable... Comenzaremos entonces nuestra caza. encerrarnos en el camarote. Así pasó como una hora, hasta que
-Y nuestra exploración en busca de la ciudad arruinada y del fuego empezamos a dormitar. Por lo menos, creo que entre sueños fue como
de la vida - agregó Leo sonriendo después de quitarse la pipa de la oí. a Leo explicarme, medio dormido también, que la cabeza no era
boca. mal punto para herir de muerte al búfalo, si se le daba exactamente
- ¡Bah! repliqué -. ¿Qué te ha dicho el timonel, con quien has entre los dos cuernos, o algún otro disparate como éste.
estado practicando árabe toda la tarde? Ese hombre ha andado Y no recuerdo más sino que, de súbito, un espantoso rugido de
traficando esclavos, quizá, durante la iniquidad de su vida por estas viento, los clamores de la chusma que aterrada se despertaba, y el
latitudes... ¿Aun dice que desembarcó en una ocasión junto a esa agua que nos azotaba el rostro como con látigo, nos hicieron poner en
"peña del hombre"... y nunca ha oído hablar de la ciudad en ruinas ni pie. Corrieron algunos hombres a las drizas a bajar la vela, pero las
de las cavernas? cargaderas se enredaron y la verga no vino. Colguéme entonces
-No; según dice él, toda esa costa se compone de ciénagas llenas de instintivamente de un cabo. Negro como alquitrán estaba el cielo por
culebras en que también hay mucha caza, e inhabitadas por seres detrás nuestro; más por delante aun alumbraba la luna, haciendo
humanos... Pero todo el mundo sabe que existe una gran faja de aparecer al nublado más obscuro todavía. A su luz entonces vi alzarse
pantanos a todo lo largo de la costa oriental de África, y eso no quiere una enorme ola de blanca cresta, como de veinte pies de altura, que
decir nada, por lo tanto. venia corriendo hacia nosotros... Venia..., reververaba su espuma al
-Sí, señor: ¡eso quiere decir que ahí se agarran fiebres!... Ya vez resplandor de la luna..., corría impulsada por la borrasca espantosa
qué opinión tienen del país esas gentes, errando ninguno quiere venir bajo el cielo, negro como la tinta. De repente vi la forma del ballenero
con nosotros. Nos creen locos... ¡y a fe que me parece que tienen levantada en lo alto por la ola; sentí luego el tremendo choque del
razón!... ¡Dichoso he de ser si vuelvo de nuevo a ver la vieja agua, un brutal asalto de espuma hirviente... y me encontré agarrado a
Inglaterra! Por mí, a la verdad, no lo siento, sino por ustedes dos, Leo un obenque y batido horizontalmente como una bandera por la
y Job... ¡Muchacho, muchacho somos unos Juan Lanas metidos en tempestad.
esta empresa! Pasó la ola. Parecióme que había estado bajo el agua minutos,
- ¡Bravo, tío Horacio, bien dicho!... Pero estoy decidido a correr la aunque no fueron más que breves segundos. Miré hacia adelante. La
suerte... Ustedes harán lo que les plazca... ¿Mas qué nube es ésa?... racha se había llevado consigo la vela mayor, y vilo allá, por
¡mira! sotavento, aleteando como si fuera un grandísimo pájaro herido...
Y señaló una mancha obscura que se había formado sobre el Hubo un instante de relativa calma, y oí la voz de Job gritando:
estrellado cielo a unas cuantas millas por detrás de nosotros. - ¡Vengan al bote!
-Ve y pregúntaselo al del timón. Azorado, medio ahogado como estaba, tuve, sin embargo, la
Levantóse Leo, desperezóse abriendo sus grandes brazos y se suficiente presencia de ánimo para correr en esa dirección. Sentí que
acercó al árabe. En seguida volvió diciendo; bajo mis pies el dhow se hundía: estaba lleno de agua... El ballenero
-Es un chubasco que pasará lejos..., por ese lado presentóse cabeceaba furiosamente contra su borda, y Mahomet, el árabe que
entonces el grueso Job sobre cubierta. Con su trate de caza, de franela había estado al timón, saltaba en él... Dile al cabo un tirón desesperado
obscura, tenía el aire más inglés que puede darse, y en su redonda para acercarlo bien, y a ciegas casi, me arrojé; Job me agarró por el
fisonomía estaba impresa, desde que andábamos por estas aguas, brazo y caí rodando en el fondo. Mahomet cortó con su cuchillo corvo
cierta expresión de indecisa desconfianza. el cabo de la amarra y nos vimos corriendo ante el grano sobre el lugar
-Señor, con permiso - dijo, tocándose el casco blanco de verano que mismo ocupado un segundo antes por el dhow, que se había hundido
llevaba echado hacia atrás de cómica manera -; paréceme que sería en una pieza...
muy conveniente que me fuera a dormir al ballenero que va a - ¡Dios mío! - exclamé -. ¿Dónde está Leo?... ¡Leo!... ¡Leo!...
remolque... Allí están las armas, los pertrechos y todas nuestras cosas, - ¡Que Dios lo ampare, señor!... ¡Ha desaparecido!... - gritóme Job;
sin contar las provisiones de boca... -Y agregó bajando la voz-: ¡No mas era tanta la furia del viento, que su clamor me pareció un
me gustan mucho las caras de estos señores negros!... Preocúpame un murmullo.
poco cierto aire que tienen, así como de ladrones... Figúrese usted que Retorcíame los brazos lleno de angustia. Leo se había ahogado, y
durante la noche se deslizaran algunos en bote y cortando el cabo se yo vivía para lamentar su muerte.
largaran con él... ¡Bonita figura haríamos luego! - ¡He aquí otra! - gritó Job.
Debo decir ahora que nosotros habíamos mandado fabricar ese Volvíme. En efecto, otra ola inmensa nos alcanzaba y parecía que
ballenero en el norte de Inglaterra, en Dundec, y que habíamos traído iba a devorarnos. Con fascinación curiosa páseme a observar su
hasta aquí por saber que esa costa era un verdadero laberinto de rías y llegada. ¡La luna estaba ahora casi oculta por jirones de nube!
marismas, entre las cuales nos sería muy útil para navegar. Era un flotantes, pero un leve resplandor alumbraba aún la cresta de la líquida
hermoso bote de treinta pies de largo, con su tabla central movediza montaña.
para ir a la vela, todo forrado de cobre para evitar la podredumbre y Sobre ella había algo obscuro; una reliquia del naufragio, quizá...
lleno de compartimientos a prueba de rumbos. El patrón del dhow nos Cayó sobre nosotras aquella inmensidad, y el bote casi se llenó. Pero,
había dicho que él conocía "la peña de la cabeza"; las señas que daba como he dicho, estaría construido con compartimientos a prueba de
agua... - ¡Dios bendiga a quien lo inventó! -, y a pesar de la carga reflexión me iba a asaltar después una porción de veces más.
funesta, surgió de la ola, flotando como un cisne. Entre, el hervor del Corríamos de nuevo contra los otros escollos, aunque con menos
mar y la espuma, vi la cosa negra que antes me había impresionado velocidad que antes, porque el viento había amainado, y sólo la
sobre la ola, que hacia mí venía. Saqué mi brazo derecho para evitar la corriente, o la marea - después vimos que era ésta - nos arrastraba.
colisión, y entonces sentí otro brazo... Cerré mis dedos sobre su Pasó un momento más... ¡Henos en ellos ya!... Mahomet invocó a Alá,
muñeca, y la apreté como si fuera con tenazas. Con la otra mano me yo a Jesús y Job lanzó una exclamación que nada de piadosa tenía, y
agarraba al bote; pero, aunque soy muy vigoroso, mi brazo por poco vimos repetirse toda la escena anterior, mas no con tanta violencia,
se disloca con el peso del cuerpo flotante y la resistencia del oleaje. Si hasta que por fin escapamos. Los compartimientos y el hábil timonear
la corriente de éste dura dos segundos más, hubiera tenido que soltar del árabe nos salvaron la vida. En cinco minutos habíamos atravesado
mi presa o dejarme arrastrar por ella; pero cedió, hice un esfuerzo supremo la línea de escollos, y ya, dejándonos ir con el mar, porque estábamos
y embarqué a un cuerpo humano. El bote estaba ya demasiado demasiado agotados para hacer otra cosa más que mantener derecho al
lleno. ballenero, bordeamos con asombrosa rapidez el promontorio de que
- ¡Achiquemos! - gritó Job, uniendo el ejemplo a la palabra. hablé hace poco.
Mas yo no podía hacerlo, porque antes de ocultarse la luna había Vímonos, al fin, a sotavento suyo, y disminuyó la rapidez con que
dejado caer un débil y fugitivo rayo de luz sobre el rostro del hombre corríamos, hasta que por último nos encontramos en aguas muertas.
que yo había salvado y que yacía medio tendido y medio flotando en La tempestad había pasado por completo, dejando tras sí un cielo claro
el hueco del ballenero... ¡Era Leo! ¡Era Leo que, vivo o muerto, el mar y limpio. El promontorio nos defendía del mar grueso levantado por la
nos lo había devuelto!... borrasca, y la marea, que con tanta fuerza subía contra el río, porque
- ¡Achiquemos, achiquemos, o nos vamos a pique! repetía Job. nos hallábamos en la boca de uno pequeño, se calmaba en aquel lugar.
Eché mano entonces a una cacerola con mango que estaba fija Así es que flotábamos dulcemente, y antes de que se pusiera del todo
debajo de un asiento y me puse a achicar, también, como para salvar la la luna, conseguimos achicar el agua del bote, y darle alguna
rara existencia. Seguía flotando en torno nuestro la terrible tempestad, condición de barco manejable. Leo dormía profundamente, y me
sacudiendo como si fuera un corcho al ballenero, cegándonos con sus pareció que no debía despertarlo de ningún modo. Verdad es que tenía
nieblas, su lluvia y su espuma; más nosotros trabajábamos con la toda la ropa mojada, pero la noche era tan cálida, que Job y yo
embriaguez de la desesperación, pues también embriaga a veces la creímos que esto no podría perjudicar a un hombre de constitución tan
desesperación... ¡Uno!... ¡dos!..., ¡tres minutos! El bote se aligeraba... vigorosa como la suya. Además, no teníamos otra ropa seca a mano.
Ninguna otra ola cayó sobre nosotros..., cinco minutos más y ya la Llegaba la luna a su ocaso; flotábamos sobre el mar, que ahora
embarcación estaba libre de agua..., mas ¡ay!... palpitaba como si fuera un inmenso seno de mujer dormida, y
Entonces oímos por encima de los silbidos del -huracán y de los tranquilo ya, púseme a considerar cuánto, en tan poco espacio,
choques del agua, un rumor más hondo, más tremendo aún... ¡Santo habíamos sufrido, y cuán milagrosamente nos habíamos salvado. Job
cielo! ¡La voz de los escollos! se colocó a proa, guardó Mahomet su puesto en el timón, y yo me
En este momento la luna salió de nuevo por detrás del nublado del senté en el medio del bote, junto a donde Leo estaba echado.
chubasco, iluminando un gran espacio del seno desgarrado del mar; Púsose al fin la luna llena y dulcemente, retiróse como casta novia
allí, a media milla delante de nosotros, vimos una blanca línea de que penetra en su alcoba nupcial, y larguísimas sombras se
espuma, luego un espacio negro de mar, y luego otra línea blanca... descolgaron del firmamento, cual si fueran velos, entre los cuales se
Parecía una fauce abierta, enorme; con su dentadura descomunal... asomaron algunas estrellas que lucían como ojillos maliciosos. En
Eran los arrecifes, y sus rugidos crecían conforme nos acercábamos, y breve, sin embargo, empezaron a palidecer ante el gran resplandor que
a ellos íbamos con vuelo de golondrina... ¡Ya estábamos sobre ellos, brotó del Este, y entonces, rápidamente, vimos adelantarse los
bajo sus nevados chorros de agua espumante, que se chocaban, que vibrantes pasos del alba sobre el azul de la altura, de nuevo evocado
rechinaban como si fueran los dientes de la boca del infierno!... para desalojar de sus puestos a las estrellas. Más y más se
- ¡Orza, Mahomet!... ¡Orza por tu vida! - grité. Era un hábil tranquilizaba el mar, y también los suaves vapores que nutren en su
timonel, y práctico en esta peligrosísima costa. Agarró la caña e seno, como para encubrir sus inquietudes, como hacen las ilusas
inclinó hacia adelante su gran busto, contemplando a los escollos formas del ensueño sobre una mente dolorida para que olvide sus
espantosos con unos ojos tan absortos que parecía que iban a angustias. De Oriente a Occidente volaban los ángeles de la aurora de
saltárseles de la cara. -La corriente echaba al bote hacia estribor. Si mar a mar, derramando sus resplandores con ambas manos. De la
llegábamos a la línea de las rompientes fuera de una obra de cincuenta sombra surgían perfectos, gloriosos, como el alma de los justos de la
yardas, nos desbaratábamos... Llegamos... Era un espacio de olas sepultura, para cernirse sobre el mar tranquilizado, sobre la línea baja
retorcidas, desenfrenadas... Mahomet plantó su pie sobre el asiento de la costa, y los pantanos detrás de ella, y los montones más lejanos
delantero, y vi cómo sus negros dedos se le abrieron, cual si fuesen los aún; sobre los que dormían en paz, y sobre los que despertaban a sufrir
de la mano, al echarles encima todo el peso de su cuerpo para cargarse de nuevo, sobre lo malo y lo bueno; sobre los vivos y los muertos;
sobre la caña... Orzó el bote un poco, mas no lo bastante... Gritéle a sobre el anchísimo mundo y sobre todo lo que vive o ha vivido en él.
Job que contrarremase, mientras que con mi remo trabajaba yo... El Era un espectáculo extraordinariamente hermoso, y sin embargo,
boté obedeció... ¡Era hora!... Luego siguieron un par de minutos de tal triste, quizás por el mismo exceso de su hermosura. ¡La salida del sol,
excitación, de tal paralización del corazón, que no podré describir. la puesta del sol!... Tipo y símbolo de la humanidad que nace y que
Sólo recuerdo el furioso mar, estridente, de olas mil que surgían a la muere; tipo y símbolo de las obras que ella alza y que se
vez por todas partes, como si fueran vengativos difuntos- que brotaban desmoronan... ¡sí, y también de la tierra, de su principio y de su fin!...
de su marino sepulcro. Un momento viramos por entero, y no sé si por Aquella mañana, el espectáculo me impresionó más que nunca. ¡El sol
la fortuna nuestra, o por la habilidad de Mahomet, el bote se enderezó que para nosotros se alzaba ahora, hablase puesto ayer por última vez
otra vez antes de que una ola nos cayera encima... Otra nos amenazó para dieciocho hombres que como nosotros viajaban para dieciocho
luego; era monstruosa, y la pasamos también, no sé si por encima o seres humanos que nosotros conocimos!
por debajo; por debajo me parece, y entonces, con un salvaje grito de ¡El dhow se había hundido, arrastrándolos consigo, y ahora sus
alegría del árabe, nos encontramos en las aguas, comparativamente cadáveres estarían chocándose contra las rocas y enredándose en las
sosegadas, de la lengua de mar que había entre las dos dentadas filas plantas marinas, reliquias abandonadas en el gran océano de la
de las devorantes olas. muerte!... ¡Y nosotros cuatro nos habíamos salvado!... Pero la salida
Pero otra vez habíamos embarcado una gran cantidad de agua y a del sol se efectuará algún día cuando nosotros nos encontremos entre
poco más de media milla por delante teníamos la segunda línea de los que se hayan perdido, y apenarán en medio de tanta gloria al
escollos. Otra vez nos pusimos, pues, a achicar, trabajando con meditar sobre la muerte en la plena explosión de la vida que está
verdadero furor. Afortunadamente la borrasca había pasado por surgiendo.
completo y la luna alumbraba con brillantez, dejándonos ver un Porque éste es el sino del hombre.
prominente cabo de la costa que avanzaba mar adentro como media
milla y del que parecían ser una continuación los arrecifes de esa
segunda línea. De cualquier suerte que fuera, hervía el mar en torno
suyo.
Cuando acabamos de pasar los primeros escollos, Leo, para mi gran
satisfacción, abrió los ojos y barbotó en su casi letargo que las sábanas
se le habían caido al suelo, y que ya era hora de ir a la capilla...
- ¡A dormir! - gritéle cual si fuera un niño - ¡y estése usted muy
quieto!... - y me obedeció sin darse cuenta de nuestra situación. Pero
la referencia que en su delirio había hecho de la capilla, me hizo
pensar con amarguísima nostalgia en mis confortables habitaciones de
la Universidad. ¿Por qué fui tan mentecato que las abandoné?... Esta
CAPITULO V estuario en que nos hallábamos tendría como una milla de ancho, que
LA CABEZA DEL ETÍOPE sus márgenes eran muy bajas y cenagosas, y que estaban
AL fin los heraldos y correos precursores de la majestad solar materialmente llenas de cocodrilos que yacían tendidos sobre los
habían cumplido su diligencia persiguiendo y ahuyentando a las montones de lodo. A una media milla más arriba en el puerto,
sombras. Entonces, gloriosamente, surgió el astro de su lecho del veíamos, sin embargo, avanzarse una estrecha faja que parecía tierra
océano, e inundó a la tierra de luz y de colores. Sentado en el bote, firme y a ella nos dirigimos. Tardamos un cuarto de hora en
contemplaba yo su salida, oyendo el dulce murmullo del agua que lo alcanzarla, y desembarcamos después de amarrar el bote a un hermoso
batía, y sin notar cómo ella, en su suave arrastre, nos iba llevando. Por árbol que se inclinaba sobre el mar, parecido a las magnolias por sus
fin vino a interceptarme el espectáculo la interposición de aquel hojas anchas y lustrosas y por sus flores, aunque éstas eran rosadas 4en
picacho de rara forma de la extremidad del cabo, que continuaba con vez de ser blancas Incontinente nos bañamos bien, poniendo al sol
la vista fija en ese peñasco, hasta verlo todo franjeado por la intensa nuestra ropa a secar y todos los contenidos del ballenero.
luz que por detrás venía... Cobijados por algunos árboles, almorzamos luego alegremente una
De súbito salté entonces en mi asiento, porque vi en la cima, como lata de lenguas Paysandú, de las que en gran cantidad habíamos traído
a ochenta pies de altura sobre la base, y ancha como unos ciento 4 Esta clase de magnolias de flores rosadas existe: es indígena de Sikkin y se
cincuenta, labrada, la cabeza de un negro, cuya expresión era de una llama M.
malignidad notable. No había duda: allí se veian los belfos, los Campbellii.
gruesos carrillos y la aplastada nariz, destacados con asombrosa con nosotros de los almacenes proveedores del ejército y la armada, y
claridad y fijeza sobre el fondo de llamas. Veiase también el redondo bien que nos congratulamos de la idea que tuvimos de cargar el bote
cráneo, cuya forma quizá habían perfeccionado los vientos y las aquella mañana antes de la noche tempestuosa, ya que por ella nos era
tempestades durante miles de años, y para completar el parecido, permitido gozar, tan sano alimento. Al acabar de comer nos pusimos
sobre él crecía una escasa mata de vegetación, hierbas malas o de nuevo nuestra ropa, seca ya, sintiéndonos con ello más animosos y
líquenes; que a cualquiera le asemejarían, alumbrados como entonces fuertes. Lo cierto es que, aparte de algún rasguño o contusión, muy
estaban, la lana de la cabeza colosal de piedra. Era tan rara la poco sufrimos en el naufragio, donde tantos habían perdido la
apariencia aquélla, que aun creo que no podía ser un mero capricho de existencia. Leo, únicamente, casi se ahoga, más qué era esto para un
la naturaleza sino un gigantesco monumento, labrado, como la atleta como él, de veinticinco años.
conocida esfinge egipcia, por un pueblo ignorado, en un peñasco cuya Empezamos entonces a explorar nuestra posición. Nos
forma en bruto se prestaba al contorno de la figura, y quizá con el encontrábamos sobre una faja de tierra seca como de doscientas
objeto de advertir o retar a cualquier enemigo que a su puerto se yardas de ancho por quinientas de largo, que por un lado confinaba
aproximase. Nosotros no pudimos, por desgracia, asegurarnos de la con el río y por los otros lados con pantanos desolados, interminables,
naturaleza verdadera de aquella forma, porque el peñasco era de que se perdían de vista. Esta faja de tierra se alzaba como unos
dificilísimo acceso, tanto por la parte de tierra como por la del mar, y veinticinco pies sobre el nivel del río, y por ciertos detalles parecía
teníamos, además, que atender a cosas más urgentes. Yo, por mi parte, una obra humana.
creo, teniendo en cuenta todo lo que vi después, y que sabrán los que -Esto ha sido un muelle antiguamente - dijo Leo con énfasis.
esto lean, que el peñasco había sido labrado por la mano del hombre. - ¡Vamos, hombre!..., ¿Quién hubiera sido el tonto que construyese
Pero, en fin, como quiera que sea, allí se encuentra siempre mirando muelles en medio de estos pantanos espantosos, en una comarca
con fiereza al cambiante océano, tal como se concentraba hace más de poblada por salvajes, si es que está poblada?
dos mil años, cuando Amenartas, la princesa egipcia, esposa de -Y ¿por qué ha de haber sido pantanoso siempre y salvajes los
Kalikrates, el remoto antepasado de Leo, contempló su diabólico habitantes?... - murmuraba Leo examinando el borde cortado a pico
rostro, y tal como se encontrará, sin duda, después que haya pasado el sobre el río -. Holly, ven conmigo y mira esto - y echó a andar hacia
mismo número de siglos y nosotros hayamos sido olvidados del todo. una magnolia que había sido desarraigada por la anterior borrasca. Al
- ¿Qué piensas de eso, Job? - preguntéle a nuestro sirviente, caer al agua, el árbol, que había crecido sobre el filo mismo del
señalándole la demoníaca y flamígera cabeza. Job estaba sentado muelle, arrastró consigo una gran cantidad de tierra -. Mira - dijo -; si
sobre la borda, con su eterno aire de disgusto, tratando de tomar toda esto no es obra de albañilería, lo parece mucho en verdad.
la cantidad de sol posible. Levantó los ojos y exclamó: -- ¡Vamos, vamos, chico!... -repetí de nuevo, metiéndome con él
- ¡Dios mío, míster Holly!... Ese es el mismísimo retrato del entre las raíces del árbol caído.
caballero Nick. - ¿Y bien? - preguntó.
Largué una carcajada, y a su ruido despertó Leo. Esta vez no le contesté. Púseme a silbar. Allí, ante mi vista, tenía yo
- ¡Hola! - exclamó -. ¿Qué demonios tengo yo en el cuerpo?... Me indudablemente un frente de sillería muy regular, con su argamasa tan
siento tieso... ¿Dónde está el dhow? dura que no podía arrancarla, ni rayarla siquiera, con mi cuchillo de
-Agrádesele a Dios, muchacho, el no estar más tieso aun - le monte. Y no fue esto todo: notando que algo sobresalía en la parte
contesté -. El dhow se ha ido a pique, y todos los que estaban a su inferior del trozo de pared que había quedado descubierta por el
bordo se han ahogado, menos nos otros cuatro..., y tú mismo no te has derrumbe, aparté con las manos un poco de tierra suelta, y puse al
salvado sino por un grandísimo milagro... descubierto una argolla de piedra, de un poco más de un pie de
Y mientras Job buscaba en un compartimiento la botella de brandy, diámetro por tres pulgadas dé grueso. Quedéme, a la verdad,
contéle rápidamente cuanto había pasado. hondamente impresionado.
- ¡Cielos! - murmuró al fin, con cierto desmayo -. ¡Ay, Holly! - ¿Qué hay? Tío Horacio, ¿no se parece esto a un muelle al que han
Pienso en que por algo, después de todo, se nos ha dejado la vida. atracado barcos de buen tamaño?...
Encontróse el brandy, y todos tomamos de él un buen trago. El sol Traté de decirle "¡Vamos, hombre!" otra vez, pero se me atragantó
empezaba ya a calentarnos los huesos, calados como los teníamos la frase. La argolla de piedra gritaba sola. Allí, sin duda, en épocas
después de una mojadura de más de cinco horas. pasadas, habían atracado barcos, y esta muralla de piedra pertenecía a
-He aquí, al fin, la peña de que habla la inscripción dijo Leo un muelle sólidamente construido, y quizá, la ciudad a, que pertenecía
suspirando -. La roca que tiene esculpida la cabeza de un etíope. yacía hundida en ese pantano del otro lado.
-Sí.- contesté-; ahí está. - ¡Pues parece que la historia no es del todo falsa, tío Horacio! -
- ¡Entonces lo demás debe ser cierto también!... exclamó el muchacho, regocijado.
-No veo la lógica de tu consecuencia. Probablemente no sea esta la No le contesté, porque estaba pensando en la cabeza del negro,
cabeza de que habla el texto antiguo, y ¿qué puede probar en caso de además de estar mirando el muelle.
que lo sea? -En un país como África - dije al fin - han de encontrarse, es
Sonrió Leo con cierto aire de superioridad, y dijo: natural, reliquias de antiquísimas y olvidadas civilizaciones. Nadie
- ¡Tío Horacio, creo que eres un incrédulo!... ¡Viviremos para ver! conoce bien la edad de Egipto, y es racional pensar que esa nación
-Exactamente, y ahora mismo notarás que estamos arribando sobre tuviera colonias. También hay que contar con los babilonios, los
un banco de arena hacia la boca de un río. Agarra un remo, Job, y fenicios y los persas, y con otras clases de gentes más o menos
vamos adelante a ver cómo hallamos dónde desembarcar. adelantadas, sin que mentemos a los judíos, que hoy día son tan
No parecía muy ancha la boca del río en que entrábamos, por lo que solicitados por todo el mundo. Es posible que algunos de estos
era posible ver entre las grandes brumas que aun colgaban sobre sus pueblos tuvieran aquí una colonia, o establecimiento mercantil.
márgenes. Como casi todos los ríos Áfricanos, tenía una gran barra Recuerda esas ciudades persas que nos enseñó el cónsul de Kilva5.
que ningún bote, por poco que calase, habría podido cruzar soplando 5 Cerca de Kilva, en la costa oriental de África, como a unas 400 millas al sur
viento de tierra y bajando la marea, pero a la sazón, la pasamos muy de
bien. En veinte minutos nos hallamos del otro lado, bastante adentro Zanzíbar, existe una costa acantilada que fue barrida por el mar
en el puerto, con pequeñísimo esfuerzo nuestro, gracias a una brisa recientemente. Sobre ella
fuerte, aunque intermitente. Ya el sol que empezaba a quemar un poco había unas tumbas persas de siete siglos de antigüedad por lo menos, según
más de lo justo, había barrido las neblinas, y pudimos ver que el las fechas
inscriptas en ellas. Debajo de estas tumbas háyanse las ruinas de una ciudad. dominado por la cruel alegría que en ese supremo instante surge del
Mucho más pecho del deportista mejor educado.
abajo están los restos de una segunda ciudad, y más abajo aun otra capa de - ¡Maldito seas! -rugió él-. Mas al punto corrió por su hermoso "so
escombros la sonrisa que a menudo lo iluminaba como si fuera un. resplandor y
acusan la existencia de otra ciudad de ignota y enorme antigüedad. Debajo, en añadió:
la ciudad - ¡Ah, viejo!, dispérsame la maldición. ¡Te felicito sinceramente
inferior, se encuentran algunos ejemplares de vasijas de barro que se parecen a por el soberbio tiro!... ¡Los míos fueron ridículos!
las Salimos del ballenero y corrimos hacia la presa, que tenía roto el
actualmente en uso en ese país, y que hoy están en poder de sir John Kirk. espinazo y estaba ya muerta. Tardamos como un cuarto de hora en
-Todo eso es verdad, pero antes no decías esas cosas. desollarlo y en cortarle la mejor carne, y aun tuvimos claridad bastante
-Bueno, ¿qué vamos a hacer ahora? - dije cambiando de para remar a través de la especie de laguna que formaba el río por una
conversación. depresión del pantano. Fondeamos, al caer la noche, como a unas
Nadie contestó. Nos dirigimos hacia la orilla del pantano y nos cincuenta yardas de las dos orillas. No nos atrevimos a atracar por
pusimos a contemplarlo. Era aparentemente interminable, y grandes temor de no encontrar tierra seca para vivaquear, y para no soportar
bandadas de aves marinas de todas clases lo atravesaban, cubriendo el las exhalaciones venenosas dé la ciénaga, que esperábamos se
cielo a veces. atenuarían algo en medio del agua. Encendimos, pues, una linterna y
Ahora que el sol había subido bastante, empezaron a levantarse abrimos oca lata de lengua. Luego nos preparamos para dormir, pero
delgadas nubes de envenenados vapores de la superficie de la marisma en breve comprendimos que no podríamos conseguirlo. No sé si
y de los turbios charcos de agua estancada. Entristecidos atraídos por la luz o por el olor de hombres blancos, que habrían quizá
contemplábamos este espectáculo hasta que al fin les dije a mis estado esperando algunos mil años mas o menos, lo cierto es que
compañeros: fuimos atacados por millones de los más sanguinarios, pertinaces y
-Tenemos que tomar una determinación... Creo que no podemos enormes mosquitos que he visto en mi vida, o de cuya existencia haya
hacer ninguna de estas dos cosas: ni cruzar eso - dije señalando el leído u oído hablar. Cargaban contra nosotros en nubes cerradas, y
pantano - ni quedarnos aquí, so pena de morir de fiebre. zumbaban y nos mordían hasta volvernos locos. El humo del tabaco
-Eso se ve tan bien como una parva de pasto - murmuró Job. parecía tornarlos más activos aun, y tuvimos que cubrirnos con las
-Y creo también que tenemos que hacer cualquiera de estas dos: o mantas hasta la cabeza y permanecer sentados sin destaparnos,
volvernos al ballenero y lanzarnos al mar de nuevo en busca de echando pestes, sudando y rascándonos.
cualquier puerto, lo cual es muy aventurado, o subir por este río a vela En tan molesta situación estábamos cuando oímos tronar, en el
o remando, a ver a dónde vamos a parar. silencio de la noche, el rugido de un león; luego el de otros y hasta las
-Lo que ustedes harán no lo sé - dijo Leo -, pero sí sé que yo voy a oímos moverse entre los juncos de la orilla, a cincuenta yardas de
remontar ese río. nosotros.
Job puso los ojos en blanco y lanzó un gemido, y el árabe murmuró - ¿Verdad, deudo avuncular - me dijo Leo, que gustaba usar
"¡Alá!", y gimió también. Yo pensé que nos hallábamos entre el mar y conmigo ciertos términos irreverentes, sacando la cabeza de debajo de
el infierno, y que lo mismo daba que fuéramos a uno que a otro lado; la manta -, verdad que hemos hecho bien en no desembarcar esta
mas tenía, a la verdad, cierto deseo de seguir a Leo. La colosal cabeza noche?... ¡Que me parta un rayo!... ¡Me acaban de apuñalear la nariz! -
de negro y el muelle de piedra habían excitado mi curiosidad de tal y su cabeza desapareció de nuevo.
modo, que aunque en el fondo me hallaba avergonzado, estaba Pronto salió la luna, y, a pesar de la variedad de tonos en los
dispuesto a satisfacerla a cualquier precio. En consecuencia, nos rugidos de los leones que nos venían de las orillas, creyéndonos
embarcamos. Arbolamos el mástil con mucho cuidado, compusimos seguros en donde estábamos, empezamos poco a poco a quedarnos
bien el interior del bote; sacamos nuestros rifles y desatracamos. El dormidos... Y no sé qué me hizo sacar la cabeza de debajo de la
viento afortunadamente, soplaba del mar y pudimos izar la vela. manta; quizá fue porque sentí que me picaban a través de ella, pero lo
Después supimos que generalmente soplaba así desde la madrugada cierto es que al tiempo que lo hacía, oí a Job que decía con voz
por algunas horas, y luego, por tierra, otra vez hasta la puesta del sol; angustiada:
la explicación que yo propongo de esto es que, al refrescarse la tierra - ¡Dios mío! Vean ustedes, señores, lo que viene allí.
con el rocío de la noche, levantase el aire caliente, por lo que el aire He aquí lo que vimos al resplandor de la luna. Cerca de la orilla
fresco se precipita del mar hasta que el sol lo haya podido calentar habianse formado dos círculos en el agua, que se iban ampliando cada
también. Esto, por lo menos, es lo que en aquel punto sucedía. vez más, y en cuyo exacto centro veían dos bultos obscuros que se
Aprovechando aquel viento propicio, navegamos río arriba movían.
alegremente durante tres o cuatro horas. El sol, hacia mediodía se - ¿Qué es eso? - pregunté.
puso atrozmente fuerte, y el olor que salía de los pantanos por los - ¡Son esos malditos leones, señor! - contestó Job, y el tono
esteros que volcaban sus aguas en el río, era en ocasiones tan grande rarísimo de su voz expresó al mismo tiempo una sensación de dolor
que determinamos tomar algunas dosis preventivas de quinina. personal, de respeto inveterado hacia mí y de evidente temor-. Vienen
Poco después decayó la brisa por completo, y como no había que nadando para jugárnosla, señor... - y recalcó nerviosamente la jota de
pensar en servirnos de los remos con aquellos calores, en bote tan jugárnosla.
pesado, nos dimos por muy satisfechos de encontrar unos grandes Miré atentamente... No había duda: atraídas por el olor de la carne
árboles, especies de sauces, que crecían junto al agua, cuya sombra del gamo o por la nuestra propia, las sanguinarias fieras venían a
aprovechamos para dormir, hasta que la proximidad de la puesta de atacarnos en nuestras últimas trincheras.
sol puso término a nuestra sofocación. Por delante teníamos un Leo ya había empuñado su rifle. Gritéle que aguardara a que se
ensanchamiento del río, y decidimos remar hasta allí para pasar en él acercasen más, y preparé también mi arma con cuidado. A unos
la noche. quince pies de donde estaba fondeado el ballenero alzábase el fondo
Pero, precisamente cuando íbamos a zafar el bote, apareció en la de la laguna, formando un banco de sólo quince pulgadas de agua; el
oca orilla del río un hermoso gamo, de alta cornamenta inclinada hacia que venía más adelantado de los dos animales, la hembra, lo alcanzó y
adelante, y con una faja blanca sobre los muslos traseros. Escondidos se paró sobre él, y rugió. En el mismo instante disparó
como estábamos tras de los sauces, la pieza no podía vernos. Leo la Leo y le metió la bala por la boca atravesándole el cuello; la fiera
descubrió antes que nadie, y se quedó estirado, anhelante, como perro cayó muerta chapoteando en la laguna. El segundo león, que era un
de presa. Era un ardiente deportista, sediento de la sangre de la caza macho bien grande, venía nadando como a dos pasos por detrás, y al
mayor, con la que por meses había estado soñando. Viendo de lo que momento de poner las dos patas delanteras sobre el bajío, notamos una
se cataba al fin, alárguele su rifle y preparé el mío. cosa extraña. Sintióse bajo el agua como un choque y un movimiento,
- ¡Cuidado, no le yerres! - murmuré a su oído. como lo que se nota en los lagos de Inglaterra cuando un solio se
- ¡Aunque quisiera errarle no podría! -me dijo con desdén, arroja sobre un pez pequeño y lo devora, pero muchísimo más fuerte,
apretados los dientes y echándose el arma a la cara. y entonces el león, de súbito, dio el más estridente rugido y saltó sobre
El gamo ruano, después de beber a su gusto, alzó la cabeza y se el banco arrastrando consigo alguna cosa negra y grande.
puso a mirar hacia el frente. Estaba precisamente parado ante el sol - ¡Ay Alá! - exclamó Mahomet -. ¡Un caimán lo tiene sujeto por la
poniente sobre un camellón de tierra que se perdía dentro de la pata!
ciénaga, que era sin duda el paso favorito de las bestias monteses. ¡Y bien que lo tenía!... Veíamos el largo hocico con sus lucientes
Bello, a la verdad, lucía ante los ojos del cazador... filas de dientes, y más atrás el enorme cuerpo del reptil.
¡Fuego!... Echóse a huir la pieza después de dar un gran salto. ¡Leo Después siguió una escena imposible de describirse. El león
le había errado!... ¡Fuego otra vez!... El tiro fue bajo... Volaba como si consiguió mantenerse sobre el banco, con la pata siempre presa.
fuera una flecha, y se hallaba ya a cien yardas... Disparé, sin embargo, Rugió, y sus rugidos hacían vibrar todo el aire. En eso volvió la
¡y acerté! cabeza y dió un zarpazo en el pescuezo al cocodrilo. Este soltó su
-Master Leo, creo que te limpié los ojos ahora... le dije a pesar mío, presa, pero lo prendió entonces por el cuello, y así se estuvieron
ambos, sacudiendo y retorciéndose espantosamente a flor de agua. No
era posible que siguiéramos bien sus movimientos, pero al cabo de un
momento vimos que cambiaba la situación. El cocodrilo parecía ya
una masa de lodo sangriento; había mordido al león por el medio del
cuerpo, y junto a las ancas, y con sus mandíbulas de hierro lo sacudía
de un lado para otro. El león, por su parte, tan cruelmente torturado,
rugiendo de agonía, clavaba las garras, y al azar, mordía la cabeza de
su antagonista, y hecho un arco, con las garras traseras hundidas en el
pescuezo, comparativamente más blando del escamoso saurio, se lo
desflecaba como haríamos nosotros con un guante.
Entonces, en un momento, concluyó el combate. Cayó la cabeza del
león sobre el cuerpo del cocodrilo, y murió dando un atroz gemido. El
cocodrilo, después de estarse quieto un rato cayó también sobre un
costado con las quijadas fijas aun en el cuerpo del león, que después
vimos que estaba casi cortado en dos partes. Este duelo a muerte fue
un espectáculo terrible y maravilloso, que muy pocos hombres quizás
habrán contemplado. Cuando concluyó, dejamos a Mahomet de
guardia, preparándonos para pasar el resto de la noche del mejor modo
posible.
CAPITULO VI se espesaron luego las hierbas, que no nos lo permitían, y tuvimos que
UNA ANTIGUA CEREMONIA CRISTIANA adoptar el más primitivo y fatigante recurso de tirar de nuestro bote.
A la mañana siguiente nos levantamos al primer resplandor del Durante dos horas más trabajamos, Mahomet, Job y yo, que valía
alba. Hicimos las abluciones posibles en aquellas circunstancias, y en tanto como ellos dos juntos por mis fuerzas, y Leo, sentado en la proa,
breve estuvimos dispuestos para seguir navegando. Había luz iba cortando las hierbas que estorbaban el paso, con el sable de
suficiente para vernos mutuamente las caras, y yo me eché a reír al Mahomet. Al obscurecer hicimos alto para descansar y darles gusto a
contemplar las de mis compañeros. El rostro tranquilo y redondo de los mosquitos, pero al salir la luna continuamos nuestra marcha,
Job había aumentado al doble de su tamaño, y la condición del de Leo aprovechándonos de la relativa frescura de la noche. A la madrugada
no era mucho mejor. De los tres, el más respetado había sido yo, descansamos unas tres horas, y luego trabajamos otra vez como hasta
debido, probablemente, a lo recio de mi piel morena y al hecho de que las diez, cuando nos asaltó una tempestad de truenos acompañada de
la mayor parte de mi cara estaba cubierta de barbas, pues desde que un diluvio, y nos pasamos seis horas largas materialmente hechos una
salí de Inglaterra las había dejado crecer a su gusto. Los otros dos se sopa.
afeitaban siempre, y esto ofreció a los mosquitos mejor campo de No creo que haya necesidad de que describa detalle por detalle el
operaciones. Mahomet fue respetado: reconociendo por el sabor que viaje de cuatro días más que hicimos de este modo. Baste decir que
era un verdadero creyente, no quisieron tocarlo a ningún precio... fueron los más tristes que he pasado en mi vida, y que comprenden
¡Cuántas veces, en las dos semanas siguientes, no deseamos tener en una monótona sucesión de recia labor, de sofocantes calores, de
la sangre su sabor árabe! depresión de ánimo, y de mosquitos. Continuábamos atravesando la
Cuando hubimos acabado de reír todo lo que los hinchados labias región de interminables pantanos, y yo sólo atribuyo nuestra
nos permitieron, ya era de día claro y empezaba a soplar la brisa indemnidad contra la fiebre y la muerte a las constantes dosis de
marina, rasando las densas neblinas de la ciénaga y haciéndolas rodar quinina y otros antídotos, así como al trabajo corporal, que estábamos
de uno a otro lado, cual si fueran pelotas inmensas de vaporosa lana obligados a hacer.
blanca. Al tercer día de nuestro viaje por el canal, habíamos divisado
Izamos; pues, nuestra vela, y echando la última mirada sobre los lejanamente una loma redondeada que se alzaba sobre los vapores de
leones y el cocodrilo muertos, cuyas pieles teníamos que abandonar la ciénaga, y en la tarde de la cuarta noche, cuando nos detuvimos a
por no poseer los medios de curtirlas, levamos ancla, y echamos a descansar, la distancia aparente a que de ella nos hallábamos seria
navegar por la laguna entrando en el río del otro lado de arriba. como de veinticinco a treinta millas. Ya nos encontrábamos
Cuando paró la brisa, al mediodía, tuvimos la fortuna de encontrar un absolutamente exhaustos, y nos parecía que las llagadas manos no
buen desembarcadero de tierra seca, en el que acampamos. podían tirar más del bote ni una sola yarda, y que la mejor cosa que
Encendimos fuego y cocimos algunos patos silvestres y parte de la nos quedaba por hacer era tendernos allí a morir en medio de aquellos
carne del gamo, no de muy sapiente modo quizá, pero que no nos supo terribles y cenagosos desiertos.
del todo mal. El resto del gamo lo cortamos en tiras y lo colgamos al Tristísima era nuestra situación, en la que yo creo que no ha de verse
sol para hacer biltong, que es como me parece que los boers de jamás ningún otro hombre blanco, y al tendernos en el bote a dormir el
Sudáfrica llaman a esta especie de tasajo, y luego, en este pedazo sueño de la más absoluta fatiga, maldije amargamente mi locura de
providencial de tierra enjuta, pasamos la noche sin otra novedad que la entrar en esta disparatada empresa que sólo podía terminar con nuestra
guerra con los mosquitos. muerte en tan inclemente lugar. Recuerdo que al caer lentamente en el
Ya, nos hallábamos al cuarto día de nuestro viaje, y habíamos sueño, púseme a pensar en lo que parecerían nuestro bote y su mísera
andado, según mis cálculos, unas ciento treinta y cinco a ciento dotación después de que hubiéramos pasado tres meses. Allí yacería el
cuarenta millas al oeste de río adentro, cuando nos ocurrió el primero ballenero entreabierta la tablazón, casi lleno de agua corrompida que
de sus más importantes acontecimientos. Aquella mañana la brisa bañaría, al ser removida por el neblinoso viento, nuestros huesos. Así
amainó como a las once, y después de bogar un poco nos vimos habrían de concluir la navecilla y los tontos que en ella salieron en pos
obligados a detenernos, más o menos fatigados, en un lugar en que de mitos y de los arcanos de la naturaleza.
parecía confluir la corriente que seguíamos en otra de su misma Ya me parecía oír el agua batiendo las peladas osamentas y
anchura. Algunos árboles había por allí, los únicos de esta comarca; entrechocándolas, rozando mi calavera con la de Mahomet, hasta que
crecían a la orilla del río, y a su sombra descansamos. Después, la de éste, irguiéndose sobre sus vértebras y mirándome con los vacíos
estando el terreno por allí bastante seco echamos a andar por la alvéolos de sus ojos, me maldice con sus contraídas quijadas, porque
margen para explorar los alrededores y ver cómo matábamos algunas yo, perro cristiano, había perturbado el sueño póstumo de un creyente.
aves de la ciénaga. Antes de que hubiéramos andado unas cincuenta Abrí los ojos estremecido por tan atroz pesadilla, para estremecerme
yardas, nos percatamos de que debíamos abandonar toda esperanza de otra vez al ver algo que ya no era en sueños.
seguir subiendo el río con nuestro ballenero, porque de allí en adelante Dos ojos fulguraban en la brumosa oscuridad. Traté de incorporarme,
tornábase en una serie de bancos fangosos y bajíos de no más de seis y en mi terror grité para despertar a los demás. Saltaron todos, medio
pulgadas de agua. Era un verdadero callejón fluvial sin salida. borrachos del sueño y llenos de espanto. Vi entonces el rápido reflejo
Volviendo sobre nuestros pasos, recorrimos la margen del otro río, de una hoja de acero, y sentí contra mi garganta apoyada la punta de
y por varios indicios dedujimos que aquello no era tal río, sino un una lanza.
canal antiguo, parecido al que está más arriba del Mombasa, en la - ¡Haya paz!- dijo una voz en árabe, o en un dialecto del árabe -.
costa de Zanzíbar, y que une el río Tana con el Uzi, permitiendo que ¿Quiénes sois vosotros que venís nadando sobre el agua? ¡Responded,
los barcos que por él bajan, pasen a éste y lleguen por él al mar, o sois muertos!... -Y sentí apoyarse con mas fuerza el agudo acero en
evitando así la peligrosísima barra que cierra la boca del Tana. mi cuello, haciéndome correr un gran escalofrío por las venas.
El canal que teníamos delante debió haber sido construido en -Viajeros somos y hemos llegado aquí por acaso contesté con mi
remotísima edad, y aun se conservaban a ambos lados las elevaciones mejor árabe, que pareció ser comprendido, porque el que me tenía
de la tierra excavada, que sin duda hicieron en un tiempo el oficio de cautivo tornó la cabeza volviéndose a una alta sombra que en el fondo
caminos de sirga. Exceptuando en algunos puntos en que se habían le preguntó:
hundido, las márgenes de argamasa caliza Se conservaban a distancia - ¿Le herimos, padre?
uniforme, y la profundidad del canal parecía también ser siempre -¿Cual es su color? -contestó preguntando a su vez una voz profunda.
igual. La corriente era inapreciable, casi no existía; y a consecuencia -Blanco.
de esto la superficie del agua estaba cuajada de vegetación, cortada -Pues no los hieras... Cuatro soles hace que recibí la orden de Quien
por estrechos pasos de agua libre, hechos quizás por las aves de la debe ser obedecido: "Vienen hombres blancos; cuando lleguen no los
ciénaga, iguanas y demás alimañas. mates". Llevémoslos a ELLA. Traed a esos hombres: traed también las
Ahora bien, era evidente que teníamos que abandonar la empresa de cosas que consigo llevan.
seguir río arriba, y que debíamos escoger entre subir y bajar por el -Ven - me dijo mi captor, y medio guiándome, medio arrastrándome,
canal o volver a la costa por donde habíamos venido. No podíamos me sacó del bote. Vi que los demás hombres hacían lo mismo con mis
quedarnos donde estábamos para que el sol nos achicharrara, nos compañeros.
devorasen los mosquitos, y que las fiebres de aquellos funestos Sobre el andén de sirga estaba reunida una compañía como de
pantanos acabasen con nosotros. cincuenta hombres. Todo cuanto pude ver es que estaban armados de
- ¡Sigamos el canal arriba! - exclamé por fin. enormes lanzas, que eran altos y vigorosos, al parecer, de no muy
Los demás asintieron cada cual a su manera. Leo, como si se tratara obscuro color relativamente y que estarían desnudos si no fuese por
de una partida de placer; Job, con disgusto respetuoso, y Mahomet, una piel de leopardo que les colgaba de la cintura. A Job y a Leo los
con una invocación a Alá, que contenía implícita una maldición contra pusieron a mi lado.
los incrédulos ingleses y sus raros modos de pensar y de viajar. - ¿Se han escapado los demonios del infierno, tío Holly? -
Así, pues, apenas empezó a declinar el sol, no teniendo que esperar preguntaba Leo, restregándose los ojos.
ya la brisa favorable, rompimos la marcha. Durante la primera hora, - ¡Dios mío, míster Holly, ésta es una huelga de borrachos! -
más o menos, conseguimos remar, aunque con gran trabajo; pero tanto murmuraba Job.
Presentóse una dificultad entonces: Mahomet, dando traspiés, se era corva, y sobre ella brillaban un par de ojos tan penetrantes como
lanzó sobre nosotros, perseguido por una sombra con la lanza en alto. los de las serpientes; toda su fisonomía, en fin, tenía tal expresión de
- ¡Alá! ¡Alá! ¡Protégeme! - clamaba el árabe como si no esperase sabiduría y de sardónica penetración, que renuncio a describir.
nada de los hombres. - ¿Estás despierto, extranjero? -preguntó con su voz de bajo
- ¡Es un negro, padre! ¿Qué dice a este respecto Quien debe ser profundo.
obedecida? -Sin duda, padre mío - contesté con mucha cortesía, porque el
-Nada dijo; mas no lo mates. Ven acá, hijo mío. instinto me advirtió que debería tratar de conciliarme con este viejo
El hombre se acercó a la sombra de alta estatura que se inclinó a su dios de la injusticia.
oído y le habló bajo. Atusóse la bella barba blanca y se sonrió.
- ¡Sí, sí, padre! - contestó el otro con cierta voz de extraña alegría -De cualquier tierra que vengas - dijo - se conoce que enseñan en ella
que me enfrió la sangre. a los hombres la cortesía, y también, por lo visto, algo de nuestra
- ¿Están ahí los tres hombres blancos? lengua. Dime ahora, extranjero, hijo mío, ¿para qué has venido a este
-Sí, aquí están. país que apenas si ha sido hollado por ningún pie extraño en todo lo
- ¡Traed entonces lo que les está preparado! ¡Y que los demás que recuerdan los hombres? ¿Estáis acaso cansados de vivir tú y tus
conduzcan cuanto puedan llevar de lo que está en esa cosa que flota! compañeros?
Había apenas acabado de hablar cuando acudieron varios hombres -Hemos venido a ver cosas nuevas - contesté con audacia -.
llevando nada menos que unas especies de palanquines. Para cada Estábamos cansados de las viejas que conocíamos, y hemos venido
palanquín había seis hombres, cuatro cargadores y dos como de aquí por el mar a ver lo que conocíamos... Pertenecemos, padre mío, a
repuesto. Entonces se nos ordenó que nos acomodásemos en ellos. una valerosa raza que no teme la muerte, con tal, sobre todo, de que sé
-No está malo eso de que nos carguen ahora, después de habernos le den algunas noticias antes de morir.
cargado tanto nosotros mismos - dijo Leo, que siempre tomaba las - ¡Ejem! ¡Ejem!... Quizá sea verdad lo que dices, es muy duro
cosas por su aspecto más alegre. contradecir a alguno... Pero si no fuera por esto, te diría que estás
Cuando vi que los demás se habían instalado en sus asientos, no mintiendo, hijo mío... Me atrevo, sin embargo, a decirte que Quien
habiendo otro remedio, metíme en el mío, y a la verdad, que lo debe ser obedecida te dará gusto en lo que deseas.
encontré muy confortable. La silla hamaca-palanquín parecía forrada - ¿Y quién es Quien debe ser obedecida? - pregunté curiosamente.
en su interior de un tejido de fibras vegetales que cedía a todos los Miró el viejo a los conductores y luego me dijo con cierto retintín
movimientos del cuerpo, y estando colgada por arriba y por abajo por que me oprimió el alma:
la barra de suspensión, dejaba que se apoyaran cómodamente la -Ya lo sabrás, hijo mío, demasiado pronto; si es que a ELLA se le
cabeza y el cuello. antoja mirarte en la carne.
Apenas me hube acomodado, emprendieron los cargadores un - ¿En la carne?... ¿Qué quiere decir, mi padre?...
trotecillo rítmico que producía en mi colgante litera un suave Rióse un poco el viejo, pero no me respondió.
balanceo, y guardaron el paso acompasándose de un canto raro y - ¿Qué nombre tienen los compatriotas de mi padre?
monótono. Durante más o menos media hora estuve reflexionando -El nombre de mi abuelo es el de Amajáguer6
sobre las peregrinas cosas que nos pasaban, y me preguntaba si las - ¿Y puede preguntar padre?
creerían mis colegas eminentemente respetables, aunque fósiles, de - Mi nombre es Billali.
Cambridge, en caso de contárselas yo de sobremesa en el refectorio de - ¿Adónde vamos, padre mío?
nuestro colegio. No pretendo restar mérito a tan respetables caballeros -Ya lo verás.
llamándoles fósiles, sino que me refiero decir que, hasta en una Hízoles entonces una señal a sus conductores, los cuales echaron a
universidad, pueden petrificarse las inteligencias que no salgan de las correr hasta que alcanzaron la litera en que iba Job echado con una
mismas costumbres cotidianas. lo mismo me estaba fosilizando; pero pierna colgando de fuera; pero no pudo sacarle mucho, sin duda,
de algún tiempo a esta parte estoy aumentando mucho mi fondo de porque vi que dio orden de seguir corriendo hacia la otra donde iba
ideas. En fin, meditando iba en mi colgante litera sobre todas estas Leo.
cosas, y me preguntaba en qué vendrían a parar, hasta que, sin saber Después, viendo que nada de nuevo ocurría que me llamara la
cómo, me quedé dormido. atención, abandonéme al suave balanceo del palanquín y me quedé
Supongo que dormiría de siete a ocho horas, descansando de veras dormido otra vez. Cuando desperté vi que pasábamos por una
por primera vez desde la noche en que se fue a pique el dhow, porque garganta de montes entre paredones escarpadísimos de formación
vi al despertar que el sol estaba ya muy alto. Aun viajábamos a razón volcánica, pero cubiertos de matas en flor y de hermosos árboles. De
de cuatro millas por hora. Mirando a través de las espesas cortinillas pronto hizo un recodo el camino, y mi vista abarcó un bellísimo
de mi litera, que colgaban de la barra de suspensión, noté con panorama.
grandísimo placer que habíamos salido de la región pantanosa, y que Era un profundo valle de cuatro o cinco millas de extensión que tenía
íbamos subiendo por una llanura en plano, inclinada hacia una la forma de un anfiteatro romano. Los lados de esta especie de gran
eminencia. Si era o no la misma loma que desde el canal habíamos 6 El pueblo de las rocas”.
divisado, no lo sé, ni tampoco pude saberlo después, porque, como taza eran riscosos y estaban cubiertos de malezas, pero el centro era
tuvimos ocasión de verlo, estas gentes no son muy amigas de dar una hermosa pradera en la que se levantaban árboles solitarios de
informes de nada. magnífica fronda, y que regaban serpenteadores arroyuelos. Pastaban
Después me puse a observar a los hombres que me conducían. en ese rico valle manadas de cabras y de reses mayores, pero no vi
Tenían arrogantes formas, ninguno bajaba de los seis pies de estatura, ovejas. Así, de pronto, no pude calcular lo que sería geológicamente
y era amarillo el color de su piel. Parecíanse a los somalíes del África este lugar; mas luego me vino la idea de que quizá fuera el cráter de
oriental, mas no tenían lanudo el cabello, sino que éste les caía en un volcán apagado, en donde después se habría formado un lago,
gruesos mechones sobre los hombros. Su nariz era aguileña; las agotado de un modo inexplicable. Debo añadir ahora que no andaba
facciones de la mayor parte eran realmente hermosas, y los dientes, en yo equivocado en mis apreciaciones, pues éstas se robustecieron con
especial, eran muy iguales y blancos. Mas, a pesar de su belleza lo que luego vi allí, y, en otros lugares parecidos que se describirán a
general, diré que desde luego me chocó la expresión maligna que en el su tiempo. Sin embargo, yo extrañaba mucho no ver en este valle
rostro de todos ellos tenían impresa; era de una crueldad tan grande e señales de habitaciones humanas, aunque veía muchas personas
implacable, que parecía hasta inconcebible por lo excesiva en algunos cuidando las manadas.
casos, eso me repugnó sobremanera. Llamóme también la atención el Me preguntaba dónde viviría esa gente.
no verlos sonreír siquiera durante todo el viaje. Cantaban a veces la Mi curiosidad había de satisfacerse en breve. Doblando hacia la
monótona canción de que antes hablé, o si no, callábanse en absoluto izquierda, la fila de literas siguió los riscosos costados del cráter por
con su torva contracción de rostro. ¿De qué raza podrían ser estas espacio como de una media milla, o quizá menos, y se detuvo. Viendo
gentes? Por más que hablasen un árabe corrompido, no eran árabes; que mi padre adoptivo, el viejo Billali, salía de la suya, hice lo mismo
estaba seguro yo de esto por lo pronto eran demasiado oscuros, es yo, así como Leo y Job. Entonces vi que nuestro mísero compañero, el
decir, demasiado amarillos. Lo cierto es que, sin saber por qué, su árabe Mahomet yacía exhausto de fuerzas, tirado en el suelo. Lo
presencia me infundía cierto terror enfermizo de que me avergonzaba. habían obligado a caminar todo el viaje, y como ya estaba literalmente
Mientras así reflexionaba, vi que otra litera se adelantó hasta ponerse postrado cuando nos sorprendieron en el canal, su condición ahora era
junto a la mía. Las cortinillas estaban suspendidas, y pude ver que la en verdad lastimosa.
ocupaba un anciano vestido de largo traje blanco, hecho al parecer de Observando en torno a nosotros vimos que el lugar donde nos
un grosero tejido de hilo, que le colgaba del cuello en anchos pliegues. habíamos detenido era una especie de plataforma colocada antela boca
Comprendí, desde luego, que ésta era la sombra de alta estatura a que de una gran caverna, y que sobre ella, amontonados, se encontraban
los demás llamaban Padre, como oí en la orilla del canal, cuando nos todos los contenidos del ballenero: el mástil, la vela y los remos
sorprendieron. Era un anciano de admirable presencia; su barba blanca inclusive. También agrupados allí vimos a los hombres de nuestro
era tan larga que flotaba por ambos lados fuera del palanquín, su nariz séquito y otros muchos parecidos a ellos. Todos eran altos y bien
formados, aunque muy variable el color de su piel, pues algunos eran
tan claros como los chinos, y otros tan oscuros como Mahomet. No
-tenían más traje que la piel de leopardo ceñida a la cintura, ni más
armas que unas enormes lanzas.
Las mujeres que allí había usaban, en vez de piel de leopardo, una de
gamuza, bermeja, así como la del oribé, pero más oscura. Eran de muy
agradable presencia en general; tenían grandes ojos negros, facciones
muy correctas y una espesísima mata de cabellos oscuros, no de lanas
como los negros, sino flotantes y suaves; y de todos los matices
intermedios entre el negro y el castaño. Algunas, muy pocas por
cierto, llevaban un vestido amarillento de lino, parecido al de Billali,
pero más que como un vestido propiamente dicho, llevábanlo como
distintivo de su rango social. No tenían, por lo demás, el aspecto
adusto de los varones, pues a veces, no muy a menudo, sonreían.
Apenas pusimos el pie en tierra, ellas nos rodearon examinándonos
con curiosidad, pero sin demostrar precipitación. La estatura y
atléticas formas de Leo, y su hermoso perfil griego, les llamó
evidentemente la atención, y cuando él con mucha cortesía se quitó el
casco para saludarlas, descubriendo el rizado cabello de oro, corrió
entre ellas un murmullo de admiración.
No paró en esto la cosa, pues una de ellas, la más hermosa de las
jóvenes, sin duda, que llevaba traje y tenía el cabello castaño, púsose a
examinarlo bien desde los pies a la cabeza, y luego, adelantándose de
un modo que hubiera sido muy agradable a no ser tan determinado, le
echó tranquilamente el brazo en torno al cuello y le besó en los labios.
Di un gran suspiro esperando ver a Leo lanceado en el acto, y Job
exclamó:
- ¡Descocada!... ¡Vamos, no lo entiendo!...
Aunque de pronto Leo parecía un poco asombrado, observando
luego que habíamos llegado a un país en que se seguían las
costumbres de los primitivos cristianos, devolvió muy
deliberadamente su beso y abrazó a la muchacha.
Suspiré otra vez presintiendo una tragedia, pero para mi gran
asombro, aunque algunas de las jóvenes dieron señales de disgusto, las
mujeres de más edad y los hombres, sólo sonrieron un poco. Cuando
pude enterarme después de las costumbres de este pueblo
extraordinario, quedó explicado el misterio. Resulta que, en directa
oposición con las costumbres de todos los demás pueblos salvajes de
la tierra, las mujeres de los amajáguers, no sólo se hallan en el pie de
la más perfecta igualdad con los hombres, sino que tampoco están a
ellos sujetas por lazo ninguno. La descendencia se computa
únicamente por la línea materna, y mientras que las personas se
enorgullecen de una larga y superior ascendencia femenina, no se
cuidan, como nosotros en Europa, de reconocer por padre a ningún
hombre, aun cuando el parentesco masculino sea inevitable. En cada
tribu, que ellos llaman "hogar", no existe más que un solo hombre a
quien ellos llaman padre, y es éste su jefe inmediato. Por ejemplo, el
viejo Billali era el padre de esta tribu, que consistía en unos siete mil
individuos, y nadie más que él tenía allí ese título. Cuando una mujer
se encaprichaba con un hombre, demostrábale públicamente su
simpatía con un paso hacia adelante y dándole un beso, tal como esta
hermosa y vivaracha muchacha, llamada Ustane, había hecho con Leo.
Si el hombre devolvía el beso, era señal de que la aceptaba por
compañera, y el compromiso mutuo duraba hasta que cualquiera de
los dos se aburriera del otro.
CAPITULO VII la inscripción del vaso y la carta de su padre, en prueba de lo cual
EL CANTO DE USTANE repetía lo dicho por Billali, acerca de su edad y poderío. No estaba yo,
TERMINADAS las ceremonias osculatorias -y, de paso, diré que tan agobiado por las circunstancias, en disposición de contradecir
ninguna de las jóvenes quiso besarme a mí aunque sí a Job, en torno proposiciones tan absurdas, y convidé a todos a que saliéramos a
de quien vi dando vueltas a una mujer, lo que causó cierta alarma en darnos un baño de que muy necesitados estábamos.
este hombre tan mesurado -, acercósenos el anciano Billali, y con Indicárnosle nuestro deseo a un hombre de mediana edad y de aire
finos ademanes nos hizo entrar en la caverna. Así lo hicimos, seguidos grave, aun entre tan graves gentes, que había quedado para atendernos,
por Ustane, que se nos pegaba como una sombra, a pesar de mis al parecer, en la ausencia del Padre, y luego salimos afuera de la
indirectas de que a nosotros nos gustaba mucho andar solos. caverna, después de encender nuestras pipas. Encontramos en el
Apenas di algunos pasos dentro de la caverna, comprendí qué ésta no exterior reunida en la plataforma a una verdadera multitud de personas
era obra de la naturaleza sino del hombre. Tendría unos cien pies de que evidentemente esperaban nuestra salida para observarnos. Pero al
profundidad por cincuenta de ancho y su gran elevación de puntal me vernos fumar empezaron a escurrirse hacia todos lados diciendo que
hizo recordar las catedrales. A los lados, a cada doce o quince pasos, éramos brujos. Nada, en verdad, les llamaba tanto la atención, como el
había unos Pasadizos que según calculé conducían a cuevas o vernos fumar, ni aun nuestras armas de fuego. Condujéronnos a un
habitaciones menores. Como a unos cincuenta pies de la entrada, arroyo y allí nos bañamos en paz, aunque algunas mujeres, y entre
precisamente donde el interior comenzaba a obscurecer, ardía una ellas Ustane, demostraban su deseo de seguirnos hasta allí.
hoguera que lanzaba grandes sombras sobre las obscuras paredes. Acabando de darnos el deliciosísimo baño, vimos que el sol se ponía,
Ante ella se detuvo Billali, y nos rogó que tomáramos asiento, y ya estaba todo obscuro cuando volvimos a entrar en la gran caverna.
diciendo que nos iban a traer alimentos; nosotros nos sentamos a Encontrárnosla llena de gente, reunida en torno de grandes fuegos
esperarlos sobre unas pieles que nos echaron en el suelo. diseminados por todas partes, despachando su comida vespertina a la
Inmediatamente vinieron unas muchachas, trayéndonos en platos y cárdena luz de las hogueras y de varias lámparas colgantes de las
vasijas de barro cocido la colación, que consistió en cabra asada y paredes. Estas lámparas eran de barro cocido, de hechura bastante
leche, y mazorcas de maíz cocidas. Casi muertos estábamos de grosera y de muchas formas, algunas no faltas de gracia. Las mayores
hambre, y paréceme que nunca comí con más apetito que aquella vez; eran grandes vasijas de barro encarnado llenas de sebo fundido y
efectivamente, devoramos cuanto nos pusieron por delante. clarificado; en él se hundía por mecha un junco que pasaba por un
Cuando hubimos concluido la buena refacción, nuestro grave agujero abierto en la tapa de madera. Esto, por supuesto, era
huésped Billali, que nos había estado observando en silencio, se fastidiosísimo, ya que había que cuidar que la mecha al quemarse no
levantó y nos dirigió la palabra. Díjonos que lo que sucedía era una se hundiera, pues que no había medio de sacarla. Las lámparas
cosa muy rara; que nadie había oído hablar nunca de que extranjeros portátiles más pequeñas tenían la mecha fabricada de medula o
blancos hubiesen venido en ningún tiempo al país habitado por el corazón de palmera, o del tallo de una bellísima variedad de helecho.
Pueblo de las Rocas; que algunas veces, muy pocas, sí, habían venido Esta mecha sobresalía de un agujero redondo en la extremidad de la
negros, saliéndose por ellos que existían hombres de piel más clara lámpara, al que se adaptaba un agudo pedazo de madera que servía
que la suya, que andaban sobre el mar navegando en barcos, mas no para pincharla y sacarla más a medida que se iba consumiendo.
había memoria de que hubiesen llegado nunca hasta allí; que se nos Estuvimos contemplando a estas gentes tan hurañas mientras comían,
había visto tirando del bote en el canal, y francamente nos confesó que hasta que al fin nos aburrimos de ello, por lo que le pregunté a nuestro
había dado órdenes para destruirnos, sabiendo que no era permitido guardián si no sería conveniente que nos dijera dónde debíamos
que ningún extranjero penetrase en el país; pero que en esto había acostarnos para dormir.
llegado un mandato de Quien debe ser obedecida, disponiendo que no Levantóse sin decir palabra y tomándome gentilmente de la mano,
se atentase contra nuestras vidas y que se nos trajera al lugar donde adelantóse con una lámpara portátil en la otra, por uno de los
estábamos. pasadizos estrechos que ya noté antes, y que se abría a los lados. Este
-Perdóname, padre mío que te interrumpa; pero, ¿cómo pudo Quien pasadizo tendría como cinco pasos de profundidad, al cabo de los
debe ser obedecida saber nuestra llegada, si vive lejos de aquí? cuales se ensanchaba de golpe formando una pequeña cueva o
Miró en torno suyo Billali, y viendo que estábamos solos, porque la habitación como de ocho pies cúbicos, labrada en la peña viva a un
damisela Ustane se había marchado en cuanto él empezó a hablar, me lado de la habitación había una lose de piedra, como a, tres pies del
contestó con cierta sorna: suelo y de todo el largo de la pieza, como las literas de un barco; allí
- ¿En tu país no hay nadie que pueda ver sin ojos y oír sin orejas?... me dijo el hombre que habría yo de dormir.
No me hagas más preguntas... ELLA lo supo. Aquella cuevecita cúbica no tenía ventana ni respiradero ninguna
Encogíme de hombros con esto, y él siguió diciendo que no se más que el pasadizo, ni ningún mueble, y observándola con atención,
habían recibido más instrucciones sobre nuestra suerte, y por eso iba a me figuré que debía haber servido de sepulcro para los muertos antes
ir a preguntárselas a Quien debe ser obedecida, a quien también que de dormitorio para los vivos, en lo que no me equivoqué tampoco,
llamaba, en obsequio a la brevedad, HIYA o ELLA, que era la reina, y como se verá más adelante. La losa aquélla estaba dispuesta para
mucho más aun, de los amajáguers. recibir un cadáver. Confieso que el descubrimiento me hizo
Preguntéle por cuánto tiempo estaría ausente, y él me contestó que, si estremecer a pesar mío; pero habiéndome hecho el cargo de que tenía
viajaba constantemente las noches y los días, estaría de vuelta a los que dormir en alguna parte, dominé mi emoción como pude, y volví
cinco, ya que había muchas millas de pantano entre el lugar donde de nuevo a la caverna principal a buscar mi manta y las demás cosas
estábamos nosotros y en el que se hallaba ELLA. Nos aseguró, sin que necesitaba, y que estaba allí con todo lo demás que nos habían
embargo, que todo se arreglaría para que lo pasáramos bien durante su sacado del bote.
ausencia, y que como le habíamos sido simpáticos a él personalmente, Allí encontré a Job, que había sido llevado a un cuarto parecido al
se alegraría de que la respuesta de ELLA fuese favorable para la mío, y que se había negado absolutamente a dormir en él. Decía que
continuación de nuestra existencia, por más que no quería ocultarnos prefería estar muerto de veras y enterrado en la bóveda de ladrillos de
que lo dudaba mucho, porque todos los extranjeros que habían llegado su abuelo, a quedarse solo por la noche. Suplicóme que lo dejara
a este país durante la vida de su abuela y de su madre, y de la suya dormir conmigo, si no tenía inconveniente; a lo que accedí con mucho
propia, habían sido ejecutados sin piedad y de tal modo, que él no nos gusto.
lo diría para no aterrarnos, y que siempre había sido de orden de Pasóse, sin embargo, la noche de un modo bastante confortable,
ELLA, si no estaba equivocado. ELLA, al menos, nunca dijo que no se aunque tuve la pesadilla de que me entercaban vivo. Por la madrugada
matase a alguno. nos despertaron grandes trompetazos, producidos, según me informé
-Mas, ¿cómo puede ser eso? - exclamé -. Eres, padre mío, un hombre luego, por un joven, Amajáguer que soplaba en el colmillo de un
anciano, y del tiempo de que hablas ocupa a tres generaciones por lo elefante, colocado a ese efecto en un agujero del muro de su cuarto.
menos... ¿Cómo, pues, pudo ELLA haber ordenado la muerte de nadie Obedeciendo a la llamada, nos levantamos y fuimos a lavarnos al
al comenzar la vida de tu abuela, cuando no es posible que aun arroyo, después de lo cual nos sirvieron el desayuno. Durante éste, una
hubiera nacido?... mujer algo jamona ya, se adelantó y abrazó y besó a Job
Sonrióse otra vez con su peculiar modo, e inclinándose públicamente. Como impulsado por un resorte, púsose él de pie y le
profundamente, se marchó, sin contestarnos nada más; y en efecto, dio un empujón a la mujer, alegre comadre de más de treinta años,
durante los cinco días siguientes no lo volvimos a ver. apartándola lejos de sí.
Cuando se despidió el Padre, pusímonos entonces nosotros a - ¡Ah, no!... ¡jamás, jamás!... -exclamó él- Mas ella volvió y lo besó
considerar nuestra situación y a discutirla. No estaba yo muy de nuevo.
tranquilo, a fe. No me gustaban mucho esos cuentos sobre Quien debe - ¡Fuera de aquí!... ¡Lárguese usted de aquí, majá pécora!... - voceaba
ser obedecida, o sobre ELLA, para ser más breve, que tan él esgrimiendo la cuchara de palo con que comía, y metiéndosela por
implacablemente ordenaba el sacrificio de los extranjeros. Leo, los ojos a la mujer... -. ¡Ustedes me dispensarán, caballeros!...
aunque estaba tan inquieto como yo, se consolaba sosteniendo, con ¡Ustedes son testigos de que yo no le he dado alas para tanto!... ¡Dios
aire triunfante, que esa ELLA era sin duda la persona a quien se refería mío, ahí vuelve otra vez!... ¡Sujétela usted, míster Holly!... ¡Yo no
puedo sufrir esto, en verdad!... ¡Señores, esto no me ha sucedido verdad que nos dieron bastante en qué pensar. Todo aquello era
nunca!... ¡Repugna a mi carácter!... - Y con esto arrancó a correr con excesivamente notable, casi increíble y lo más raro del caso es que
toda la fuerza de que era capaz por la caverna, y por primera ved vi correspondía más o menos a la antigua inscripción del fragmento de
reír con ganas a los amajáguers. vaso. Así, pues, resultaba cierto que existía una reina a quien el rumor
Mas la mujer no reía, por cierto. Allí se quedó ella, rechinando los público concedía atributos maravillosos y tremebundos, y que era
dientes y estremecida por la cólera. Viéndola ahora, me lamenté de impersonalmente nombrada por el título de ELLA, que nada concreto
que los escrúpulos de Job fueran tantos; maliciosamente pensé que su significaba para mi inteligencia. Yo no podía dar ninguna explicación
admirable conducta era una amenaza para nuestro pescuezo. Y el que sobre este punto, ni Leo tampoco; aunque él estaba muy satisfecho de
siga leyendo verá que no había pensado mal. verme vencido a mí, que tanto me había burlado de las sugestiones de
Habiéndose retirado la enamorada, volvió Job a sentarse en un gran sus antepasados, mientras que él en el fondo siempre las había creído.
estado de nerviosidad, fijando una vaga mirada sobre todas las En cuanto a Job, no decía nada, hacía ya tiempo que había
mujeres que se acercaban. Púseme entonces a explicarles a mis abandonado la pretensión de servirse de su juicio, y dejaba flotar su
huéspedes que Job era un hombre casado, cuya doméstica experiencia razón a la merced del mar de las circunstancias. Y Mahomet, que era
había sido muy mala, lo que explicaba su presencia allí mismo y el tratado con sumo desprecio por los amajáguers, aunque con mucha
terror que les tenía a las mujeres en general; pero mis explicaciones cortesía, estaba poseído de un grandísimo espanto, cuya causa yo no
fueron recibidas con un silencio de mal agüero. Era evidente que se podía averiguar. Pasábase todo el día sentado en un rincón de la
consideraba la conducta de nuestro empleado como desdeñosa hacia cueva, rogándole a Alá y a su Profeta que lo protegiese. Instéle a que
toda la tribu, por más que las mujeres, a usanza de sus civilizadas me contase lo que le pasaba, y entonces me confesó que su terror
hermanas, se divertían con el desprecio sufrido por su compañera. provenía de que aquellas gentes no eran tales hombres y mujeres, sino
Muy perplejos estábamos al principio sobre cuál sería el origen y la demonios, y que el país codo era tierra encantada, y a fe que yo,
organización social de esas extraordinarias gentes, pues ellas eran en después de esto, estuve varias veces tentado de creer que tenía mucha
estos puntos singularmente poco comunicativas. Pero al cabo de razón el grueso árabe.
cuatro días, que pasaron sin que ocurriera nada de particular, algo Así pasaba el tiempo hasta que llegó la noche del cuarto día, desde la
supimos por la amiga de Leo, Ustane, que no se separaba de él ni un partida de Billali, cuando se efectuó un incidente que merece contarse.
momento. En cuanto al origen de los amajáguers, ella nada sabía. Nos Estábamos sentados los tres con Ustane, en torno a una hoguera,
informó, sin embargo, que existían terraplenes y obras de cantería en poco antes de irnos a acostar, cuando de repente la joven, que había
el lugar donde ELLA habitaba, y que a este punto le decían Kor; allí, estado muy silenciosa y pensativa, se puso de pie, y colocando las
según los sabios, había habido casas en un tiempo muy remoto, manos sobre los cabellos rubios de Leo, comenzó a cantar. Aun ahora
habitaciones de los hombres de quienes los amajáguers descendían. puedo evocar aquel cuadro de su bella y altiva figura, iluminada en
Nadie, sin embargo, se atrevía a acercarse a estas, ruinas porque parte por los vacilantes y rojizos reflejos de las llamas, y cubierta en
estaban llenas de duendes, y sólo se contemplaban desde lejos. parte de sombras densas, que de pie se alzaba en medio de la más
También en otras partes del país se veían más ruinas por el estilo de fantástica escena que he presenciado en mi vida. Con su canto, que era
esas de Kor, en los puntos en que las montañas se elevaban sobre el una especie de recitado melódico, la muchacha parecía descargarse del
nivel de los pantanos. Probablemente las cavernas fueran obra peso de sus zozobras y tristes pensamientos. Ella cantaba poco más o
asimismo de los que fabricaron las ciudades destruidas. En cuanto a menos lo que sigue:
leyes escritas, no las conocía el Pueblo de las Rocas; su derecho era "¡Tú eres mi elegido!... ¡Esperándote estuve desde que era niña!
del todo consuetudinario, pero los obligaba tanto como si fuera ¡Eres muy hermoso!... ¿Quién viene como tu, cabellos de oro, ni la
expreso. Si alguien faltaba contra estas costumbres se le condenaba a piel tan blanca?... ¿Quién tan vigoroso el brazo, ni quién es tan viril?...
muerte y se le ejecutaba por orden del padre de la tribu. Preguntéle El color, del cielo tienen tus ojos, que brillan como las estrellas...
que cómo se llevaba a cabo la sentencia: la muchacha sonrió y dijo ¡Eres perfecto!... Tu dulce fisonomía hizo tornarse a ti mi corazón...
que quizá lo vería algún día. ¡Ay! Cuando sobre ti cayó mi mirada, te deseé al punto..., y te tomé,
Pero los amajáguers tenían una reina. Esta era ELLA. No se le podía amado mío; y te abrazo ahora estrechamente para que no te resulte
ver sino muy raramente una sola vez quizá cada dos o tres años, mal ninguno...
cuando salía a sentenciar a los criminales. Presentábase entonces ¡Ay!, con mis cabellos he cubierto tu cabeza para que no la hiera el
embozada en una gran capa, de modo que no se le veía ni la cara. Los sol... toda he sido tuya, y tú fuiste mío todo también... Mas sí fue por
servidores que tenía eran sordomudos; nada por tanto podían contar de corto espacio, hasta que el Tiempo engendró un Día aciago, y
ELLA; pero se decía que era más hermosa que ninguna otra mujer. entonces..., ¿qué pasó?... ¡Ay! ¡Amado mío, no lo sé!... .Después no te
Decíase también que era inmortal y que su poder se extendía sobre vi más... ¡Quedé hundida en la tiniebla!... ¡La que es más poderosa, te
todas las cosas, mas ella no podía asegurar nada sobre esto. Lo que tomó para si! ¡Ay! ¡ ELLA es más hermosa que Ustane!... ¡Y empero,
ella creía era que la reina de tiempo en tiempo elegía un esposo, y que tú te volviste y me llamaste!... Más ELLA, con todo, prevaleció por su
cuando tenia de él una niña, condenaba a muerte al esposo, que belleza y te condujo por lugares horribles... Y entonces... ¡ay!,
desaparecía. La niña crecería luego ocupando el lugar de la reina entonces, amado mío..."
cuando ésta moría y su cadáver sería oculto en las grandes cavernas. Interrumpióse de pronto esta rara mujer en su discurso o cántico, que
Mas sobre estas cosas nadie podía asegurar nada, sino que ELLA era para nosotros no era sino ininteligible armonía, pues que no podíamos
obedecida por toda la tierra aquélla, y que la discusión de sus órdenes comprender cuál fuese su objeto, y quedóse inmóvil, con las pupilas
era la muerte segura. ELLA tenía su guardia, más no ejército. fijas en un punto del espacio, como si penetrase con los ojos en la
Pedíle noticias luego sobre el país y sobre el número de sus obscura profundidad del futuro. Luego se le tornó vaga la mirada,
habitantes. expresando el espanto y cual si quisiera examinar algo indeciso pero
Contestóme que sólo conocía unas diez tribus como la suya, horrible, retiró la mano de la cabeza de Leo y tendiendo el brazo
incluyendo en este número la de la reina. Que todas las tribus vivían señaló a un lugar en la sombra. Miramos allí todos y no vimos nada...
en cavernas hechas en montes parecidos a aquél, que sobresalían de un Mas ella sí veía, o se figuraba ver algo que tanto afectó a sus férreos
inmenso pantano, el cual no podía atravesarse sino por sendas nervios, que de súbito cayó, sin decir una palabra más, sin sentido a
secretas. A veces las tribus se hacían la guerra entre sí, hasta que ELLA nuestros pies.
daba la orden de que cesase, lo que inmediatamente se realizaba. Estas Leo, que se iba aficionando de veras a esta joven, se alarmó mucho,
guerras y la fiebre que se contraía al cruzar los pantanos eran la causa y yo, ¿por qué no he de ser franco?, sentí algo así como un terror
de que no aumentase demasiado la población de las tribus. Los supersticioso. La escena me había impresionado en efecto.
amajáguers no teñían relaciones con ningún otro pueblo ni había a la Muy pronto, sin embargo, la muchacha se repuso.
verdad ningún otro pueblo que pudiera llamarse limítrofe ni que fuese -Qué quisiste decirnos, Ustane? - Le preguntó Leo, que gracias a sus
capaz de cruzar aquella ilimitada ciénaga. Una vez un ejército que largos años de aprendizaje hablaba el árabe con mucha- facilidad.
vino del "gran río" (el Zambezi, probablemente), trató de -Nada, amado mío - contestó ella con forzada sonrisa -. No he hecho
conquistarlos; pero se extravió en los pantanos, y viendo por la noche más que cantarte a la manera de mi país. Nada quise decir, es claro.
las grandes bolas de fuego que por ellos se mueven, creyéndose que ¿Cómo iba yo a hablar de lo que no ha pasado aún?...
eran del campamento enemigo, trataron de acercarse a ellas, y con esto -Pero dígame lo que ha visto, Ustane - insistí yo, mirándola de hito
perecieron en gran número. El resto del ejército murió de fiebre y en hito.
hambre, no recibieron ni un solo golpe. Nos aseguró que los pantanos - ¡No, no he visto nada! -replicó de nuevo-. No me pregunten más lo
aquellos eran absolutamente intransitables para todos los que no que he visto... ¿Por qué habría de asustarlos?...
conociesen sus sendas, y añadió que nosotros no habríamos llegado Tatuó entonces con sus manos la cabeza de Leo, y mirándola con una
nunca al lugar adonde estábamos a no haber sido conducidos, lo que expresión de ternura que no he visto igualmente reflejada en otro
ninguna dificultad tuve en creerle. rostro de mujer ninguna, salvaje ni civilizada, lo besó en la frente
Estas y otras cosas supimos por Ustane en los cuatro días que como una madre, y le dijo:
pasaron antes de que comenzasen nuestras verdaderas aventuras, y a la -Cuando ya no esté contigo, amado mío, cuando durante la noche
extiendas la mano y no me encuentres a tu lado, piensa en mí algunas
veces, porque yo te amo mucho, aunque sólo sea digna de lavar tus
pies. ¡Y ahora, amémonos!... Gocemos del momento presente y
seamos dichosos; porque en el sepulcro no hay amor, ni calores, ni
besos... No hay nada quizá, o nada sino la amargura de lo que hemos
visto. ¿Esta noche las horas nos pertenecen; qué sabemos nosotros a
quién pertenecerán mañana?
CAPITULO VIII las antiguas vasijas que yo he visto, y algunos de estos dibujos
EL FESTIN representan escenas de amor con una sencillez tan pueril y tanta
AL día siguiente de este notable episodio, propio para impresionar a libertad de expresión como los que representaban danzas de
cualquiera, más por lo qué sugería o advertía que por lo que realmente muchachas y episodios de caza; el vaso en que en aquella ocasión
revelaba, se nos comunicó que aquella misma noche se verificaría un bebíamos tenía, por un lado, un dibujo que representaba, con bastante
festín para honrarnos. Hice lo posible para que nos dispensaran la viveza, varios hombres, aparentemente de raza blanca, atacando a un
asistencia, expresando que éramos gentes modestas, enemigas de que elefante con lanzas, y del otro lado, no tan bien realizado, un cazador
nos agasajasen, mas como noté que mis disculpas eran acogidas con disparándole flechas a un antílope en fuga, para tan crítico momento
silencioso disgusto, creí prudente sellar los labios. como aquél, ésta es una digresión; pero no tan larga como puede
Así, pues, poco antes de ponerse el sol, vinieron a avisarme que todo creerse, porque una hora entera se pasaron los concurrentes sin hacer
estaba ya dispuesto. Acompañado de Job entré en la caverna, y allí nos nada más que echarle combustible a la hoguera de cuando en cuando,
encontramos a Leo, seguido, como siempre, de Ustane. Acababan de y pasarse la vasija que contenía la bebida. Nadie hablaba una palabra,
volver de un paseo, y entonces fue que se enteraron de lo que se estábanse allí sentados en absoluto silencio, mirando el fulgor de las
trataba. Cuando Ustane se lo dijimos, pintóse una expresión de horror llamas y las grandes sombras que producían las lámparas de barro que,
en las hermosas facciones. Volvióse, y sujetando por el brazo a un entre paréntesis, no eran como la vasija de fabricación antigua. En el
hombre que pasaba, le preguntó algo, que no oí, con imperioso tono. espacio abierto que se hallaba entre el hogar y nosotros, encontrábase,
La contestación pareció tranquilizarla un poco, mas era evidente que colocada una gran artesa de madera con cuatro pequeñas asas,
no la satisfizo. Trató luego como de hacerle alguna reconvención al exactamente igual a la de nuestros carniceros, mas sin ahuecar, Y al
hombre, que tenía entre ellos cierta autoridad, pero él le contestó con lado suyo había unas enormes pinzas de hierro y oras semejantes del
ira y se desasió de ella, y después, como sí hubiera cambiado de idea, otro lado del hogar. No sé por qué, pero no me daba buena espina la
llevóla de la mano, y sentándola ante el fuego, entre él y otro hombre, presencia de la artesa y de tos pinzas. Meditaba yo, mirando esos
discutieron un poco, y noté cómo ella, por alguna razón poderosa, se objetos y el círculo silencioso de aquellos hombres de expresión tan
sometía a lo que le decían. fiera y dura, en que el espectáculo que ofrecían tenía bastante de
El fuego de la caverna era aquella noche mayor que las otras y en terrible y que nos hallábamos en poder y a merced de tan inquietantes
torno suyo se habían reunido como treinta y cinco hombres y dos gentes; que para mí, al menos, lo eran, tanto más cuanto que
mujeres. Ustane y aquella que había hecho a Job desempeñar el papel desconocía por completo su verdadero carácter. Podían ser mejores de
de bíblico José. Los hombres, como de costumbre, guardaban un lo que yo me figuraba, y también, quizá, peores. Pero me inclinaba a
absoluto silencio, y todos ellos tenían detrás de sí grandes lanzas, creer lo último; y no me equivoqué... ¿Más qué raro festín era aquél en
clavadas derechas por el cabo en unos agujeros abiertos en el suelo. que no había nada de comer?
Uno o dos de ellos solamente estaban vestidos del traje amarillento de Al fin, y precisamente cuando empezaba ya a sentirme como medio
lino de que ya he hablado; los restantes nada tenían puesto más que hipnotizado, se notó un movimiento en la extraña reunión. De pronto
sus pieles de leopardo alrededor de la cintura. un hombre que se hallaba del otro lado del fuego gritó en voz alta
- ¿Qué tramarán ahora? - preguntó Job con desconfianza -. Ahí está - ¿Adónde está la carne que comeremos?...
otra vez esa mujer... ¡Que Dios nos asista! Seguro que no será por mí Todos los que estaban allí extendieron entonces el brazo derecho
por quien viene, pues no le he dado alas... La verdad es que cada vez hacia el fuego y contestaron a la vez con un tono lento y profundo:
que miro bien a esta gente se me pone la carne de gallina... ¡Cómo! -La carne llegará.
También convidan a Mahomet... ¡Véanlo!... ¡Y con qué cortesía y - ¿Es una cabra? - preguntó el mismo hombre.
finura lo trata mi señora de marras!... ¡Bueno! después de todo me -Es una cabra sin cuernos, aun más que una cabra, que nosotros
alegro de que no se haya dirigido, a mí. mataremos - contestaron del mismo modo simultáneamente,
Efectivamente, vimos cómo la mujer sacaba de su rincón al mísero volviéndose un poco y poniendo la mano sobre las picas que detrás
Mahomet, que presintiendo fuertemente sin duda algún horror tenían.
próximo, venía todo estremecido e invocando por lo bajo a Alá. - ¿Es buey? -exclamó de nuevo el corifeo.
Parecía resistirse a venir con la mujer, aunque no fuese más que -Es un buey sin cuernos, y más que un buey que nos otros mataremos
porque se consideraba demasiado honrado, ya que hasta entonces se le - e hicieron la misma pantomima que antes, volviéndose, agarrando y
había llevado siempre la comida a su rincón. De todos modos, notaba soltando las lanzas.
yo que debía estar acometido de un gran terror, porque las trémulas Hubo entonces una pausa, y luego noté con horror que la mujer
piernas apenas si podían sostenerle el corpachón, y creo que se sentada junto a Mahomet empezó a acariciarlo dándole palmaditas en
resolvió a ir donde querían, irás que solicitado por las gracias de la los carrillos y llamándole con dulces nombres cariñosos, mientras que
dama que lo conducía, por los recursos del barbarismo personificado con ojos feroces recorría todo su cuerpo. No sé por qué la escena me
tras él por un enorme Amajáguer portador de una lanza de espantaba tanto, pero a todos nos sucedió lo mismo; a Leo sobre todo.
proporcionada enormidad. ¡Eran tan raras aquellas caricias, que evidentemente formaban parte de
-Pues, señores - díjeles a mis compañeros -, no me gustó ni un algún ritual funesto que se estaba verificando7!... Veía al mísero
poquito la manera de presentarse las cosas. ¿Traen ustedes consigo los Mahomet ponerse lívido bajo su tez obscura, lívido de terror.
revólveres? Examínenlos a ver si están corrientes. - ¿Está ya la carne preparada para asar? - preguntó la voz, con más
-Yo traigo el mío, señor-dijo Job tanteándose el Colt - pero míster rapidez.
Leo no lleva más que su cuchillo de monte, aunque bastante grande - ¡Ya lo está! ¡Ya lo está!
por cierto. - ¿Está la vasija caliente? -añadió chillando de un modo tan atroz que
Comprendiendo que no había lugar para ir a buscar el arma que los ecos de la caverna lo devolvieron como adoloridos.
faltaba, nos adelantamos valientemente y nos colocamos en fila, - ¡Caliente está! ¡Caliente está!
sentándonos con las espaldas apoyadas en la pared. - ¡Cielo santo! -exclamó Leo-. Recuerda la inscripción: "¡El pueblo
Apenas nos vieron sentados empezaron a hacer pasar a la redonda que coloca vasijas sobre la cabeza de los extranjeros!".
una gran jarra que contenía un líquido fermentado, que a la verdad no Y, al decir Leo estas palabras, aun antes de que pudiéramos
tenía muy mal sabor, aunque en ocasiones descomponía el estómago, movernos, de que siquiera nos hiciéramos cargo de lo que
que fabrican machucando un grano pequeño y obscuro que crece en significaban, dos de aquellos grandes desalmados saltaron de sus
mazorca sobre la espiga, muy parecido a lo que en el África del Sur se puestos y apoderándose de las pinzas las hundieron en el fuego, y la
conoce con el nombre de maíz kafir. El vaso en que este líquido se mujer qué acariciaba a Mahomet sacó de súbito de su cinturón una
servía era muy curioso, y como se parecía a casi todos los que están en soga anudada en lazo corredizo y echósela por los brazos, mientras
uso entre los amajáguers, trataré de describirlo. Son de antiquísima que los hombres que junto a él estaban lo sujetaban por las piernas.
factura y de diversos tamaños, y deben haber sido hechos hace Los dos de las pinzas dieron una sacudida, y desparramando las brasas
cientos, mejor dicho, miles de años. Sé encuentran en los sepulcros de sobre el suelo rocoso, sacaron de entre ellas una gran vasija de barro
las cavernas, que describiré en su ocasión debida, y yo era de opinión calentada al rojo blanco. De un salto llegaron a donde Mahomet se
que, conforme a la costumbre de los egipcios, con los que debieron estaba debatiendo, luchando como un demonio, gritando en el
estar relacionados los habitantes anteriores de este país, sirvieron para abandono de su desesperación y a pesar del lazo que lo ligaba y de los
colocar en ellos las vísceras de los muertos. Leo, sin embargo, decía esfuerzos de los que le sujetaban las piernas, los infames que llegaron
que eran puestos en los sepulcros, como las ánforas etruscas, no podían cumplir su propósito, que por horrible, por increíble que
meramente para el uso espiritual de los difuntos. parezca, era nada menos que colocarle la abrasadora vasija sobre la
Por lo común, estas vasijas tienen dos asas, y como ya dijimos, las cabeza.
hay de cerca de tres pies de alto hasta de tres pulgadas. Su forma varía Salté dando un grito de horror y sacando el revólver disparé llevado
mucho, pero siempre es bella y graciosa; y el grano del barro, aunque por el instinto sobre la diabólica mujer que había estado acariciando a
un poco áspero, es muy negro y fino. Sobre este fondo negro se notan, Mahomet y que ahora trataba de sujetarlo entre sus brazos. Hirióla el
grabadas, figuras de mucha más verdad y gracia que en la mayoría de
7 Después de enterarme de que el objeto de estas caricias hechas a la víctima con tal vigor a uno de ellos con mi cuchillo en el cráneo que el agudo
era el de filo del acero le hendió el hueso hasta los ojos, mas quedóse presa la
hacerle creer que se le quería mucho, para que muriese en mejor disposición de hoja y al caer de súbito el hombre sobre un costado, fuéseme el arma
animo y de la mano.
más contenta... (L. H. H.) Otros dos saltaron sobre mí. Observélos bien, y echándole un brazo a
proyectil en la espalda y la mató; y aun hoy me alegro de ello porque, cada uno de ellos por la cintura, caímos los tres de la plataforma sobre
poco después supe, ella fue la causa de todo aquello, pues el suelo de la cueva batallando ferozmente. Eran los dos hombres
aprovechándose de las costumbres antropofágicas de las amajáguers, fuertes; pero y a estaba rabioso, poseído de una tremenda sed de
así lo había organizado su malició para vengarse del desprecio que le matanza que se halla en medio de las refriegas en que la muerte y la
hiciera Job. Cayó muerta, pues, y con gran asombro y terror mío, vida no se cuentan para nada. Ceñían mis brazos a los dos grandes
Mahomet dió al mismo tiempo un salto formidable, soltándose de sus demonios aquéllos, apretándolos tanto que sentí sus costillas crujir y
verdugos, para caer moribundo también sobre el cuerpo de la mujer. hundirse a mi presión. Retorcíanse y doblábanse como sierpes, y me
La gruesa bala de mi Colt había atravesado ambos cuerpos, hiriendo .a herían con las uñas y me golpeaban con los puños; pero yo seguí
la matadora y evitándole a la víctima otra muerte cien veces más cruel, apretando. Hallábame tendido boca arriba, de modo que sus cuerpos
fue aquel un accidente tan atroz como piadoso. me defendían de los lanzazos de los otros; y mientras que lentamente
Reinó por un momento un silencio de asombro. Aquella gente nunca los mataba, ¡rara ocurrencia!, pensando estaba en lo que dirían mis
había oído la detonación de un arma de fuego, y sus efectos los colegas de la Universidad de Cambridge, si por maravillosa
sorprendieron. Más bien a prisa recobraron el dominio de sus sentidos, clarividencia me pudieran contemplar enfrascado en tan sangriento
y uno que estaba más próximo a nosotros echó mano a su lanza y la empeño. Mis antagonistas ya no luchaban, no alentaban tampoco,
blandió como para herir a Leo. 8 El opossum (Didelphis virginiana) es un animal propio de Norteamérica,
- ¡Corramos, amigos! - exclamé yo entonces -. Y dando el ejemplo poco mis
me dirigí hacia el fondo de la cueva con la velocidad de que mis grande que una rata, peludo, de piel apestosa, pero de carne buena para
piernas eran capaces. Habríame lanzado en dirección contraria, si comer. Se finge
hubiera sido posible; mas había mucha gente en el camino, y observé muerto cuando los cazadores van a tomarlo; de ahí la expresión: "playing
también que sobre el fondo del cielo, en la entrada del subterráneo, se opossum".
destacaban las formas de una multitud. Cueva adentro, pues, corría y estaban moribundos, pero no quise soltarlos aún porque morían muy
tras mí los camaradas, y después, cual un trueno, todo el montón de despacio. Podían revivir si los soltaba. Los demás salvajes
los caníbales enfurecidos por la muerte de la mujer. Salté sobre el probablemente creerían que los tres estábamos muertos; nos
cuerpo del infeliz Mahomet, sintiendo al pasar, en las piernas, el calor encontrábamos en la obscuridad de un ángulo, y no se ocuparon más
de la vasija enrojecida que yacía junto a él en el suelo, y al fulgor suyo de mí.
pude ver que las manos del árabe se estremecían todavía débilmente. Di vuelta entonces como pude la cabeza y vi que ya Leo no estaba
En el fondo de la cueva había una pequeña plataforma de piedra como sobre la meseta. De pie se hallaba aún, mas en el centro de una
de tres pies de alto por ocho de fondo, sobre la cual se colocaban dos revuelta masa de hombres que furiosamente pugnaban por vencerlo.
lámparas durante las noches. No sé, por lo menos entonces no lo Su pálida frente, coro nada de rizos de oro, surgía sobre todos mide
sabía, si esta plataforma se había dejado así como un asiento para los seis pies y dos pulgadas - y reparé que combatía con una resignación
que labraron la caverna, o si era simplemente un pedazo que no habían tan bella y tan enérgica a la vez que daba horror verlo. Hundidle el
tenido tiempo de concluir; pero nosotros lo asaltamos, de todos cuchillo a un hombre; estaban todos tan pegados y, revueltos que no
modos, dispuestos a defendernos desde allí y a vender muy caras podían usar sus grandes lanzas y los salvajes no tenían armas cortas.
nuestras vidas. Por algunos instantes la turba que nos perseguía se El herido cayó y no sé cómo le arrancaron a Leo su cuchillo del puño;
detuvo, indecisa al ver que le hacíamos frente. - Job estaba a un lado dejándolo indefenso, creí que ya todo concluiría. Pero no; con un
de la meseta, a la izquierda. Leo en el medio y yo a la derecha. Detrás súbito esfuerzo desprendióse de todos, agarró el cadáver del hombre
de nosotros quedaban las lámparas. Leo se inclinó un poco hacia que acababa de matar, y levantándole bien en alto lo lanzó al grueso
adelante, como para contemplar aquel largo tubo subterráneo y de sus atacadores, tumbando con el peso del muerto a cuatro o cinco
sombrío que terminaba en la hoguera, y en el cual se movían con de ellos al suelo. Pero se levantaron a prisa todos, menos uno que se
cierta lentitud las negras formas de nuestros feroces enemigos, en fracturó el cráneo, y se le echaron encima de nuevo, y así, lentamente,
cuyas lanzas se reflejaban las luces, y que hasta en su furor eran bregando con infinita labor, aquellos lobos consiguieron dominar a un
callados como los bulldogs. También podíamos divisar desde allí el león. Resurgió, sin embargo, un momento Leo, y derribó a otro de un
siniestro fulgor de la vasija destacándose en la negrura del suelo. Una puñetazo, mas ya era demasiado hacer para un hombre solo contra
luz rara brotaba de las pupilas de Leo y su hermoso rostro parecía de tantos, y al fin cayó sobre el suelo de piedra, como cae un roble con
mármol. Empuñado en la derecha tenía su cuchillo de monte. Subióse todas sus ramas, arrastrando con sigo a cuantos en torno se le colaban.
un poco en la muñeca la correa del mango, y echándome luego el Sujetáronle entonces por los brazos y las piernas desembarazando el
brazo al hombro me dio un gran apretón. cuerpo.
-- ¡Viejo mío, adiós! - me dijo -, ¡más que padre! ¡No hay recurso - ¡Trae una lanza! - gritó uno -. Una lanza para abrirle el cuello, y
contra esta canallada! En breve acabarán con nosotros y nos comerán una vasija para recoger la sangre.
luego, según creo. ¡Adiós!, yo he sido quien te metió en esto. Cerré los ojos porque vi que un hombre se, acercaba con la lanza, y
¡Perdóname! ¡Adiós también, Job! porque me sentía que iba debilitándome tanto que no me podía mover,
- ¡Hágase la voluntad de Dios! - exclamé yo, disponiéndome a morir. y que los dos hombres que tenía encima no habían muerto del todo
Job, en ese instante, dió un grito y disparó su revólver, hiriendo a un aun.
hombre... pero no al que había apuntado, porque nadie estaba más Entonces oí un rumor. Abrí los ojos otra vez a pesar mío y miré. Vi
seguro que aquel a quien Job dirija la bala de su arma. que la muchacha Ustane se había lanzado sobre la postrada forma de
Y la turba vino contra nosotros como un turbión, y yo disparé con la Leo cubriendo el cuerpo con el suyo y abrazándose a su cuello. Los
rapidez que pude, y los contuve un tanto. Entre Job y yo herimos salvajes trataban de arrancarla de allí, pero ella enredó sus piernas con
mortalmente y matamos, antes de vaciar nuestras pistolas, como a las de su amante, apretándolo como la enredadera al árbol. Trataron de
cinco hombres, sin contar la mujer. Pero no tuvimos tiempo para hundirle la pica en el costado, pero ella pudo escudarlo de modo que
cargarlas de nuevo, porque otra vez nos asaltaron con una furia que sólo consiguieron herirle.
era espléndida en verdad, si se considera que ellos no sabían si Pero al fin perdieron la paciencia.
nosotros podíamos seguir disparando indefinidamente. - ¡Atravesadlos juntos con la lanza! - gritó la voz misma que había
Un mocetón saltó a la plataforma y Leo lo mató de una puñalada hecho las preguntas durante la fiesta, a las que contestaba el coro -.
atroz. Lo mismo hice yo con otro; pero Job erró su golpe y lo vi ¡Así quedarán casados de verdad!...
arrebatado de su puesto entonces por un musculoso Amajáguer que lo Vi entonces prepararse a hacerlo al hombre que tenía la pica..., vi la
abrazó por el medio del cuerpo. punta de acero helado brillar en lo alto, y otra vez cerré los ojos.
Cayósele de la mano en esto el cuchillo, que no estaba sujeto por una Pero al cerrarlos... resonó como un trueno, repetida por los ecos del
correa, pero afortunadamente para Job, cayó el mango primero sobre antro, la voz imperiosa de un hombre:
el borde de la plataforma, a tiempo que el, salvaje se apoyaba en ella, - ¡Deteneos!...
y se le clavó la punta en el costado. No sé luego qué le resultaría a Desmayéme en ese mismo instante, pasándome por la mente al
Job, pero me figuro que se quedó tranquilo, haciéndose el muerto, obscurecerse ella que me sumía en el postrer olvido de la muerte.
sobre el cadáver de su antagonista, haciéndose el opossum8 como
dicen los americanos. Yo, en tanto, vime enredado en una terrible
lucha cuerpo a cuerpo con dos salvajes, que para fortuna mía no tenían
lanzas, y la gran fuerza física que me donó la naturaleza me sirvió
entonces por vez primera en mi vida de. una eficacísima manera. Dile
CAPITULO IX costumbre no era la de tomar venganza a sangre fría, sino que
UN PIECECITO abandonábamos el castigo a la ley, y a un poder superior de que él no
CUANDO volví en mí del desmayo, encontréme tendido sobre una podía hacerse cargo, quedóse grandemente asombrado. Sin embargo,
piel, no lejos del fuego en cuyo torno se nos había reunido para la le prometí que cuando me encontrase mejor de salud iríamos de caza,
abominable fiesta. Junto a mí yacía Leo, sin sentido aun al parecer, y y mataría entonces cuantos animales quisiera, y con esta promesa
se inclinaba sobre él Ustane lavándole una herida de lanza que tenía quedóse tan contento como el niño a quien le ofrecen un nuevo
en el costado, antes de vendársela con una faja de lienzo. Por detrás de juguete.
ella, y reclinado contra la pared de la caverna vi a Job, que no estaba A la sazón abría Leo los ojos, estimulado por un trago de brandy, del
herido, por lo visto, aunque sí contuso y trémulo todavía. Al otro lado que aun teníamos un poco, y que Job le derramó en la garganta, y
del fuego, arrojados en desorden como si ellos mismos se hubieran nuestra conversación terminó.
echado a dormir de cualquier modo en un momento de absoluta Después pudimos llevar a Leo, que se encontraba muy mal por
extenuación, vi los cuerpos de los que habíamos matado en nuestra cierto, y casi sin sentido, a su propia cama, sostenido por Job y por
espantosa lucha por la existencia. Los conté: eran doce; además; la aquella valerosa Ustane, a quien hubiera yo besado, con su
mujer, causa de todo, y el pobre Mahomet, con la vasija manchada por consentimiento, por supuesto, por su heroica conducta que salvó la
el fuego al lado, estaban colocados al extremo de aquella fúnebre fila. vida de mi querido hijo. Pero Ustane no era de esas con quien puede
Hacia la izquierda, cierto número de hombres estaban ocupados uno tomarse ciertas libertades impunemente, así es que dominé mis
atando a los caníbales supervivientes codo con codo y por pares, a sentimientos. Entonces yo, aunque todo máltrecho, extendíme sobre
cuya operación los bellacos se sometían con desdeñosa indiferencia, mi losa sepulcral, experimentando una sensación de seguridad
que mal se avenía al burlado furor que lucían en sus feroces ojos. En personal que hacía tiempo había estado ausente de mi pecho, y no sin
frente a estos hombres, y como dirigiendo la maniobra, hallábase nada darle antes rendidas gracias a Dios de que la losa aquélla no fuese de
menos que nuestro amigo Billali. Parecía más fatigado que otra cosa, veras mi sepulcro, como efectivamente lo hubiera sido a no mediar
pero tan patriarcal como nunca con su flotante barba, y tan frío y cierta combinación de circunstancias que no sé atribuir más que a la
despreocupado como si sólo asistiera a un espectáculo vulgar. Providencia. Pocos hombres han escapado de tan segura muerte que la
Volvió hacia nosotros la cara, y al notar que yo me movía, se dirigió que nos amenazó aquel horrible día.
a mí, y con la mayor cortesía me preguntó si estaba mejor. Yo le Los sueños que tuve durante aquella noche, cuando al fin pude
contesté que apenas si sabía cómo me hallaba, pero que me dolía todo quedarme dormido, no fueron muy agradables, por cierto. La
el cuerpo. Inclinóse entonces a examinar la herida de Leo, y luego tristísima visión del pobre Mahomet luchando por librarse de la
dijo: ardiente vasija los ocupaba constantemente, y luego, en el fondo
-Es una fea cuchillada, mas no ha interesado las entrañas. Curará de indeciso de la somnolencia, erguíase una figura cubierta de largo velo,
ella. que a trechos se lo levantaba dejando ver ya las formas de una mujer
- ¡Gracias a tu llegada tan oportuna, padre mío! - le contesté -. Si no bellísima, ya la lívida osamenta de un esqueleto, -y que repetía
hubiera sido por ella, con otro minuto más todos estaríamos ya fuera murmurando estas frases misteriosas, aparentemente sin sentido:
de cura, porque esos diablos hijos tuyos nos habrían matado como a -Todo lo que existe, la muerte ha conocido; lo que ha muerto, morir
nuestro criado - y señalé a Mahomet. , no puede empero; en el cielo la espiritual existencia, nada es la vida y
El anciano rechinó sus dientes y vi que sus ojos lanzaron un la muerte es nada. ¡Sí, las cosas todas perennemente existen, aunque
relámpago de ira. duerman a veces en el olvido!
-No temas - respondió con retintín de malignidad indefinible - que Amaneció por fin, y al tratar de levantarme sentíme tan tieso y tan
se le vengará de un modo tal, que el contarlo solamente haría dolorido que no pude hacerlo. Hacia las siete se me presentó Job,
retorcerse la carne de los huesos. A ELLA serán presentados, y el cojeando de atroz manera, con la cara del color de una manzana
castigo será digno de su grandeza. Este hombre - dijo señalando a podrida, y me dijo que Leo había dormido bien, pero que se
Mahomet habría sufrido con la vasija una muerte piadosa, comparada encontraba muy débil. Dos horas más tarde vino también Billali (a
con la que tendrán esos otros hombres-hienas. Mas, cuéntame, te lo quien Job le había puesto por apodo el chivo Billy, en razón de su
ruego, cómo pasó todo. barba de macho cabrío.) Traía una lámpara en la mano, y su cabeza
En pocas palabras le dije lo que había sucedido. casi rozaba el techo de la pequeña cámara, tan alto era. Tuve el
-Ya ves, hijo mío, que aquí hay la costumbre de que los extranjeros capricho de hacerme el dormido y contemplé disimuladamente su
perezcan "por la vasija", para ser comidos luego. rostro anciano, tan hermoso y tan sardónico. Mirábame de hito en hito
-Es una hospitalidad al revés - contesté débilmente-. En nuestro país mientras se atusaba el largo y blanco piloso apéndice. Cien libras al
se festejan y se les da de comer a los viajeros; en cambio ustedes se año hubiera pagado de seguro cualquier barbero londinense, porque se
los comen y se festejan a sí mismos. parase de anuncio vivo a la puerta de la tienda. Púsose a barbotar -
-Cuestión de costumbres- contestó encogiéndose de hombros -. Yo esta era costumbre suya - y oí que decía:
creo que la nuestra es mala... Por lo demás -añadió después de un - ¡Caramba, qué feo es!... Tan feo como hermoso el otro... Es un
rato-, a mí no me gusta el sabor de los extranjeros, sobre todo después babuino, en verdad. ¡Le viene perfectamente el apodo!... Pero me
de que han andado mucho tiempo por los pantanos alimentándose de gusta este hombre; cosa rara, por cierto, que a mi edad me guste un
aves silvestres... Cuando Quien debe ser obedecida envió la orden de hombre... ¿Qué dice el refrán? "Desconfía de todos los hombres, y
que no se les matara a ustedes, no dijo nada del negro; así es que estos mata a aquel de quien desconfíes demasiado, y en cuanto a las
hombres, siendo hienas, ansiaban su carne, y la mujer que tan bien mujeres, húyeles que son el mal mismo, y a la larga te aniquilarán"...
hiciste en matar, los convenció de que debían envasijarlo. Ya se les ¡Buen refrán!... ¡Sobre todo su final!... Yo creo que debe haber sido
premiará por ello. Más valiera que nunca hubieran visto la luz... ¡Más inventado por los antiguos... Pero, a pesar de todo, me gusta este
valiera que arrostrar la ira de ELLA! Ira tremenda... ¡Dichosos son los babuino, que no sé dónde habrá aprendido sus habilidades... Veremos
que por vuestra mano han muerto!... ¡Y sabes también - continuó - que si ELLA no me lo embruja... ¡Pobre Babuino! Debe estar bien cansado
has reñido con tus compañeros un hermoso combate! ¡Sabes que tú, después de su pelea... Me voy para no despertarlo.
Babuino de largos brazos, has aplastado las costillas de esos dos que Esperé a que se volviese, y cuando ya estaba junto a la puerta,
están allí tendidos, como si fueran cáscaras de huevos!... ¡Y ese mozo, andando de puntillas, exclamé:
El León!... I-Iermosa pelea que hizo él solo contra tantos; a tres mató - ¿Padre mío, Vieres tú?
en el acto; aquel otro -y señaló a un cuerpo que aun se estremecía un -Hijo mío, sí; pero no quiero incomodarte. No vine más que a ver
poco - no durará mucho, pues tiene bien rota la cabeza, y varios de cómo te hallabas, y para decirte que todos los que quisieron asesinarte,
esos que están atados también tienen heridas, fue brillante la camino van ya a donde ELLA. También ELLA mandó que
contienda, por cierto, y tú y tus amigos han ganado por ella mi inmediatamente se os condujera allá a todos vosotros, mas me temo
amistad, que nada hay que me guste más que una riña bien sostenida. que no podáis por ahora...
Mas, dime ahora, Babuino, hijo mío, y mirándote bien la peluda cara -No - contesté -, hasta que hayamos convalecido un tanto. Pero te
que tienes pareces un mono efectivamente, ¿cómo hiciste para matar a ruego que me hagas llevar afuera, padre mío; no me gusta este lugar.
esos que tienen un agujero en el cuerpo? Dicen que hacías un ruido y -Tienes razón, es muy triste... Recuerdo que aquí fue donde, cuando
que ellos caían de cara al suelo... muchacho, descubrí el cadáver de la bella mujer; sí, precisamente
Yo expliqué como pude, con poquísimas palabras, porque me donde estás acostado. Tan bella era que a menudo me arrastraba yo
encontraba atrozmente fatigado y hablaba, en verdad, únicamente para hasta aquí con una lámpara para poderla contemplar. Sino hubiera
no ofender a tan poderoso señor con mi silencio, las propiedades de la tenido las manos tan heladas, habríame parecido que dormía para
pólvora. Al punto él me propuso que prácticamente sé las mostrara despertar algún día; tan bella y tranquila estaba con su traje blanco...
operando en la persona de cualquiera de los presos. Hízome ver que Blanca también era ella, y amarillo tenía el cabello que le llegaba
no se notaría la falta de uno de ellos, y que no sólo le enseñaría a él hasta los pies. Muchas como ésta aun hay en los sepulcros del lugar
cómo se mataba con la pólvora sino que yo tendría el gusto de tomar donde ELLA habita, pues los que allí las colocaron poseían no sé qué
en cuenta esta parte de venganza. Cuando le dije que nuestra secreto para evitar que la muerte disolviera a los que amaban... Todos
los días venía yo a contemplarla, hasta que al fin, ¡no te rías de mí, misteriosa ELLA) aunque yo no dejaba de tener cierta inquietud por el
extranjero, porque entonces no era yo más que un necio niño!, llegué a daño que en la herida de Leo pudiera hacer el movimiento del viaje.
amar a aquella muerta, a aquella envoltura que un día encerró un La verdad es que, a no haber sido por la ansiedad que de partir
espíritu que había volado... Arrastrábame hasta ella de rodillas y le demostrara Billali, lo que nos hacía pensar que algo podría resultarnos
besaba el rostro frío, pensando en cuántos hombres no habrían vivido de malo si no nos apresurábamos, no hubiera consentido en emprender
y muerto mientras que así tendida estaba, y en los que la habrían tan pronto el viaje.
amado y abrazado en días de que ya no hay memoria... Y yo creo,
Babuino, que aprendí muchas cosas sabias con aquella muerta, porque
en verdad que me enseñó la pequeñez de la existencia y la inmensidad
de la muerte, y cómo todas las cosas que hay bajo el sol se van
marchando con paso uniforme y son luego olvidadas enteramente...
Estas meditaciones tenía, y me figuraba que el saber venía a mí de la
muerta, hasta que una vez mi madre, que era una mujer vigilante,
aunque demasiado viva de genio, viéndome tan cambiado, me siguió,
y descubrió a la hermosa, por lo que se figuró que yo estaba
hechizado, lo que así era. Y medio airada entonces y medio temerosa,
puso a la muerta contra ese mero y prendióle fuego al pelo con su
lámpara. Ardió el cuerpo atrozmente, hasta los pies; porque los que
están conservados de esta manera son excelente combustible. Y mira,
hijo mío, ahí está aún en el techo la señal de la llamarada.
Miré arriba con cierta duda, y efectivamente, vi en el sitio que me
señalaba una marca peculiar; como de hollín untuoso, una faja como
de tres pies de ancho. Con los años, sin duda, habríase borrado algo la
parte que estaba sobre la pared del cubículo; pero permanecía
claramente en el techo, y no podía haber confusión ninguna sobre su
origen. Billali continuó hablando así con aire meditabundo:
-Cuando pude llegar hasta aquí sólo quedaban de mi amada ambos
pies. Los tomé, corté el hueso quemado de ellos y los escondí bajo ese
mismo banco de piedra, envueltos en un pedazo de lienzo, Me acuerdo
de esto como si hubiera sido ayer. Quizá estén ahí aun, si es que nadie
se los ha llevado. Lo cierto es que desde ese día no he vuelto a entrar
en este lugar. Aguarda, voy a ver... -Y arrodillándose ante mí, púsose
a tantear con su brazo en el espacio de debajo de la losa. Iluminóse de
pronto su cara, y lanzando una exclamación, sacó un bulto sucio de
tierra que empezó a desenvolver hasta que, ante mis asombrados ojos,
puso un pie de mujer, casi blanco, bellamente formado y tan fresco y
firme como si hubiera sido cortado recientemente.
-Ya ves, Babuino, hijo mío _ dijo con triste inflexión de la voz-, te
decía la verdad, pues aun queda uno de ellos. Tómalo, hijo mío, y
contémplalo.
Tomé en mis manos aquel frío despojo humano, y lo contemplé a la
luz de la lámpara, dominado por mezcladas emociones indefinidas, de
fascinaciones, de asombro y de temor. Pesaba poco, mucho menos,
diré, que lo que debiera pesar en vivo, y su carne era, al parecer, carne
aún, percibiéndose en ella un débil olor aromático. No tenía una sola
arruga o cuarteadura, ni era repugnante en parte alguna o negro como
las carnes de las momias egipcias, sino blanco y elástico, menos en el
lugar donde se había chamuscado un poco, tan perfecto como en el
momento de la muerte; ¡prodigioso triunfo del arte de embalsamar!...
¡Ah, pobre piececito! Coloquélo sobre el banco de piedra que lo
había sostenido durante tantos miles de años, y me quedé meditando
quién sería la beidad que habría sostenido y conducido entre las
pomposas fiestas de una civilización ignota... ¡Primero, cuando fue
niña; cuando fue doncella ruborosa, luego al fin, cuando fue mujer
completa!... ¡A través de qué salas llenas de vida, despertando sus
ecos con el suavísimo paso, y después con qué firmeza por las
polvorientas sendas de la muerte!... ¿Hacia qué lugar se había
deslizado en el silencio de la noche, cuando el eunuco negro dormía
sobre el marmóreo piso, y cuyo era el oído que estaba aguardando
oírlo?...
¡Bello piececito!... ¡Bien puedes haberte posado sobre el cuello del
conquistador, inclinado al fin ante la hermosura femenil, y bien
pueden haber oprimido tu blancura, realzada por las joyas, los nobles
labios de algún rey!...
Envolví esta reliquia del pasado en los restos del antiguo trapo de
lino, que probablemente habría formado parte del sudario de su dueña,
pues que también estaba algo quemado, y púselo con cuidado en mi
valija de viaje.
-¡Extraño sitio de reposo!... - pensé luego, con la ayuda de Billali,
dirigíme claudicante a visitar a Leo, encontrélo magullado, mucho
peor que yo, debido quizá a la excesiva blancura de su piel, y muy
débil por la pérdida de sangre de la herida del costado, aunque tan
alegre como un grillo del campo y pidiendo que le dieran de comer.
Job y Ustane lo colocaron en una litera, y lo llevaron a la sombra, a la
entrada de la cueva, de donde, entre paréntesis, se habían quitado ya
todos los rastros de la matanza de la noche anterior; desayunamos,
pasando allí todo ese día y la mayor parte de los siguientes.
A la tercera mañana, Job y yo nos levantamos completamente
repuestos, hallándose Leo en tan buen estado, que cedí a las repetidas
instancias de Billali para que emprendiéramos en seguida el viaje a
Kor (que así nos dijeron que se llamaba el lugar donde habitaba la
CAPITULO X ave que al de la agachadiza de Inglaterra. También en los charcos
ESPECULACIONES había una especie de caimán pequeño o iguana grande, no puedo decir
A la hora de haber tomado la determinación de partir, cinco literas se qué cosa era, que se alimentaba, según me dijo Billali, de las aves
presentaron a la entrada de la caverna, cada una con sus cuatro acuáticas, y también una horrible culebra negra, cuya mordedura es
cargadores y dos de relevo, y también una tropa de cincuenta muy dañina, aunque no tanto como la de la cobra; los sapos eran
amajáguers armados, para escoltarnos y llevar nuestro equipaje. Tres enormes y su voz proporcionada al tamaño, y en cuanto a los
de estas literas, por supuesto, eran para nosotros, otra para Billali, y mosquitos eran más sanguinarios aun que los que habíamos conocido
supuse que la quinta sería para Ustane. en el río. Pero lo más malo que en el pantano había era el hedor atroz
- ¿La señora parte con nosotros, padre mío? - pregunté al anciano de vegetaciones podridas, y que, a ratos, era sofocante, junto con los
que estaba disponiendo las cosas para la marcha. El me contestó efluvios o bochornos malarios que traía y que no teníamos mas
encogiéndose de hombros: remedio que respirar. En él metidos, pues, anduvimos hasta que por
-Ella vendrá si quiere. En este país las mujeres hacen lo que les da la fin se puso el sol con tristes esplendores, en el momento en que
gana. Nosotros las adoramos y las dejamos siempre salirse con la llegábamos a un lugar como de dos acres de extensión, donde se
suya, pues sin ellas el mundo no podría continuar. Ellas son la fuente alzaba el terreno, y que era como un pequeño oasis en medio de aquel
de la existencia. cenagoso desierto; allí dijo Billali que debíamos acampar. Cosa,
- ¡Ah!... - exclamé, porque la verdad era que desde este punto de sencilla fue esto, pues no tuvimos que hacer más que salir de las
vista no se me había presentado nunca la cuestión. Billali continuó: literas y sentarnos en el suelo alrededor de una pobre hoguera hecha
-Las adoramos, pero, por supuesto, hasta cierto punto, mientras no se de cañas secas y de alguna leña que con nosotros habíamos traído.
hacen insufribles; lo que sucede cada dos generaciones, quizá. Nos arreglamos como mejor pudimos, y comimos con todo el gusto
- ¿Y qué hacen ustedes entonces? -preguntéle con mucha curiosidad. compatible con el olor de la ciénaga y el calor sofocante, propio de
-Entonces nos rebelamos - dijo sonriendo -; nos rebelamos y estos lugares, cortado a veces por soplos de helada humedad que nos
matamos a las más viejas para escarmiento de las jóvenes, y para enfriaba hasta la medula de los huesos. Por mucho calor que
probarles que los más fuertes somos los hombres. Mi pobre esposa tuviéramos, preferíamos mantenernos junto al fuego, porque los
murió de este modo hará unos tres años, fue lastimoso el hecho; pero mosquitos, a los cuales no les gusta el humo, nos incomodaban allí
si he de ser franco contigo, hijo mío, debo confesarte que mi vida menos. Envolvímonos luego en nuestras mantas y tratamos de dormir;
desde entonces ha sido mucho más dichosa, porque mi edad, me ha aunque yo no pude conciliar el sueño con la gritería de las ranas y de
protegido de las jóvenes... los millares de agachadizas que volaban por encima de nuestras
-Finalmente - dije entonces repitiendo las palabras de un gran cabezas, sin contar otras incomodidades. Junto a mí estaba echado
hombre desconocido todavía para los amajáguers, has notado que tu Leo, y se me ocurrió mirarle: dormitaba; pero tenía como
situación es de mayor libertad y de menos responsabilidad. congestionado el rostro, lo que no me gustó. A la luz vacilante de la
El no comprendió la idea, desde luego, por su demasiada vaguedad, hoguera vi que Ustane, que estaba acostada al otro lado, se
aunque yo creo que mi traducción la expresaba bien, pero al fin cayó incorporaba de vez en cuando a mirarlo con mucha inquietud.
en ello y exclamó: Nada podía, sin embargo, hacer por él; habíamos tomado ya todos,
- ¡Bien, bien; Babuino! ¡Ahora lo comprendo!... Mas todas las previamente, una buena dosis de quinina. Echéme, pues, boca arriba y
responsabilidades han muerto ya, y por eso es que hay tan pocas viejas me puse a contemplar las estrellas qué, a millares, iban brotando hasta
en el día. Pero ellas mismas se lo buscaron. En cuanto a esta que la inmensa bóveda del cielo se puso resplandeciente, sellada de
muchacha - dijo con más grave tono - ¡es valerosa, y ama de veras a mundos. ¡Vista gloriosa es ésta que se le sirve al hombre para medir
León! ¿Viste cómo se abrazó a él, salvándole la vida? Y según su pequeñez!... Pero traté de dejar esas meditaciones, porque la mente
nuestras costumbres, ella es su mujer; tiene el derecho de acompañarle se debilita cuando se trata de sondear lo infinito, o de deducir la
a donde vaya... A no ser - agregó de un modo extraño - que. ELLA le intención arcana del Todopoderoso observando sus huellas que van de
ordene lo contrario, porque las órdenes de ELLA están por encima de Orbe a Orbe.
todo. Cosas tales no son para que nosotros las sepamos. Muy potente es la
-Y si ELLA le ordenara que abandonara a Leo y la muchacha sabiduría y muy débiles nosotros. Demasiado saber cegaría nuestra
rehusara, ¿qué sucedería?... vista imperfecta; demasiada potencia nos embriagaría, abrumando
-Cuando el huracán manda al árbol que se doble y el árbol no quiere, nuestra razón, hasta hacernos caer y hundirnos en las profundidades
¿qué sucede?... - Y sin decir más, fuése para su litera. A los diez de nuestra propia vanidad.
minutos estábamos en viaje. ¿Cuál es el primer resultado del saber acrecentado del hombre por
Como una hora y media tardamos en atravesar la taza volcánica del medio de la interpretación del libro de la naturaleza, gracias al
valle y otra media hora se empleó en subir la cuesta del otro lado, persistente esfuerzo de su miope observación?... ¿No es casi siempre
desde cuya cima pudimos ver un hermoso panorama. Ante nosotros se el hacerle discutir sobre la existencia de su Hacedor, más aun, sobre la
extendía el gran plano inclinado de una llanura, donde a trechos existencia de todo propósito inteligente que no sea el suyo propio?
surgían grupos de árboles, principalmente de familias espinosas, y allá Velada está la verdad porque nosotros no podemos contemplar su
abajo, a unas ocho o nueve millas de distancia, se divisaba brillantez, así como no podemos mirar airadamente al sol: su, fulgor
confusamente el mar cenagoso con sus turbios y flotantes vapores. nos enceguecería. La sabiduría entera no es para el hombre, tal como
Fácil tarea para los cargadores fue la de bajar la cuesta, y como al aquí abajo se encuentra hecho; para sus capacidades, que son exiguas,
mediodía llegamos al pie de la falda, junto al pantano tristísimo, por más que él se las figure tan grandes.
donde hicimos alto para comer. Cólmase a prisa el vaso, y si entonces, una milésima parte de la
Después nos hundimos en la húmeda espesura por tortuosas sendas, sabiduría inefable y silenciosa que rige los vuelos de las esferas
que cada vez se hacían más indistintas a nuestra inexperta vista, rutilantes y a la fuerza que volar las obliga, cayera en él, estallaría
incapaz de reconocerlas entre las huellas del paso abierto por las haciéndose pedazos.
bestias y aves acuáticas. Aun hoy es para mí un misterio el arte de que En otro lugar y tiempo quizá sea otra cosa... ¿Quién lo sabe? Pero
aquellos nativos se valían para atravesar sus pantanos. Iban por aquí el sino del hombre nacido de la carne no es sino vivir entre
delante dos hombres con larguísimas varas que, de cuando en cuando, trabajos y tribulaciones, y perseguir las vanas pompas que los hados
hundían en el fango ante sus pies; aquel suelo movedizo cambiaba aventan, a las que él llama placeres, y alegrarse de que pueda tenerlas
constantemente por causas que ignoro, de modo que un paso que había en la mano un instante antes de que se deshagan; y luego, cuando su
sido seguro el mes anterior sepultaría seguramente ahora al andante tragedia se haya representado, y la hora de morir haya sonado,
desprevenido. En mi vida veré un lugar más triste y fúnebre que ése. penetrar humildemente en donde él no sabe...
La ciénaga se extendía millas y millas. En medio de ella había escasos Mientras de encima fulguraban los mundos eternales, a mis pies
trechos de tierra relativamente alta, cubierta de hierba de un verde rodaban de aquí para allá las bolas de fuego, prole diabólica del
clarísimo, y un número infinito de charcos profundos bordeados de pantano, juguetes de los vapores, incapaces de reposar sobre la tierra:
juncos muy altos entre los cuales zumbaba el bitor y las ranas tipos de lo que es el hombre, imagen de lo que será quizá algún día, si
cantaban; millas y más millas se seguían del mismo modo, y sin más la fuerza viviente que a ambos formó así lo hubiese de ordenar
variación que la de su neblina productora de fiebre. No habitaban más también. ¡Ah! ¡Si pudiéramos; año tras año, conservarnos a esa gran
seres en aquella ciénaga que las aves acuáticas y los animales que las altura del semiento que a veces, por fugaz momento, alcanzamos!...
hacen su presa, y de ellos estaba materialmente llena. Las ocas y ¡Si pudiéramos desprendernos los grilletes que aprisionan nuestra
cigüeñas, patos, zarceras, negreras, agachadizas y frailecillos nos alma y elevarnos a la excelsa cima, desde la cual, como el viajero que
rodeaban por todas partes en variedad que veía por vez primera, y tan observa la naturaleza desde la cúspide de los montes de Darien,
mansas todas que con un palo podría haber matado las que hubiera pudiéramos contemplar con los espirituales ojos de los nobles
querido. Entre estos pájaros llamóme la atención una bellísima pensamientos las profundidades de lo infinito!
variedad pintada, del género scolopax (agachadiza), casi del tamaño ¡Ah, si nos fuera dado desprendernos de esta terrena vestidura, y
de la perdiz inglesa, y cuyo vuelo era más parecido al de esta última acabar de una vez con estas mundanales ideas y míseras aspiraciones y
dejar de ser, como esas cadavéricas lumbres, echados de aquí para allá pude: darle a ambos una dosis de diez gramos de quinina, y tomarme
por fuerzas extrañas a nuestra comprensión; que si comprenderlas yo otra menor por vía de precaución. Luego busqué a Billali y le conté
podemos, aun estamos obligados a obedecer por las exigencias de lo que pasaba, preguntándole qué deberíamos hacer. El fue entonces
nuestra infeliz naturaleza! conmigo a ver a Leo y a Job, a quien él llamaba el Puerco, por razón
¡Sí!... Que pudiéramos desecharlas, y vernos arrancados también de de su gordura, de su rosco redondo y sus ojos pequeños.
los lugares contaminados, de los zarzales de la tierra, y como esos -Ambos tienen fiebre -me dijo cuando nos apartamos-. El León está
brillantes puntos de la altura nos encontrásemos colocados allá arriba, grave, pero es joven y puede salvarse; el Puerco no está tan mal, tiene
por siempre rodeados de la lumbre de nuestro mismo ser mejorado, la fiebre chica que comienza con dolores de espalda, y que se
que aun ahora, dentro de nosotros, arde como el débil fuego de esas consumirá con su propia grasa.
espectrales bolas palúdicas, y que pudiéramos depositar nuestra - ¿Y podrán seguir el viaje, padre mío?
pequeñez en esa amplia gloria de nuestros ensueños, en ese mundo -Deben continuarlo, hijo mío. Si permanecen aquí, ambos morirán
que invisible nos rodea y de donde toda la verdad, toda la belleza seguramente, y además, mejor estarán en las literas que en el suelo.
emana... Hacia esta noche, si no se presenta ninguna novedad, habremos salido
Estos y parecidos pensamientos cruzaron por mi mente aquella del pantano y respiraremos aires más puros. Vamos, coloquémolos en
noche. A atormentarnos vienen a cada rato. A atormentarmos digo, sus literas y partamos, es muy malo estarse quieto en esta niebla de la
porque, ¡ay!, el pensar sólo sirve para que conozcamos la incapacidad madrugada. Desayunaremos andando.
del pensamiento... ¿Para qué sirven nuestros débiles sollozos en medio Hízose todo como él dijo, y continuamos con un peso en el corazón
de los tremebundos silencios de los espacios? ¿Podrá nuestra nuestro viaje. Durante como tres horas no hubo novedad, pero
inteligencia descifrar los arcanos de ese firmamento tachonado por los entonces ocurrió un accidente que por poco nos priva de la compañía
rutilantes mundos? ¿Qué contestación da el firmamento a nuestras agradable de nuestro anciano amigo Billali, cuya litera era la que abría
preguntas?... ¡Ninguna! ¡Ninguna!... ¡Nada más que ecos nos envía, y la marcha. Cruzábamos precisamente a la sazón un tramo peligroso de
fantásticas visiones!... Y creemos, sin embargo, que una contestación ciénaga, en la que a veces se hundían los cargadores hasta las rodillas;
existe, y que alguna vez lucirá una aurora que alumbrará los senos de y a la verdad, no me explico aún cómo podían aquellos hombres
la noche laguísima que nos ha envuelto. ¡Y así lo creemos porque aun avanzar tan cargados, siquiera dos pasos.
hoy sentimos sobre el corazón el reflejo que su hermosura nos envía De súbito, mientras así íbamos dando tumbos, oyóse un chillido
desde más allá del horizonte del sepulcro, reflejo que llamamos la agrio, luego una tempestad de interjecciones, y últimamente, el
Esperanza! Sin la esperanza sufriríamos la muerte moral, y con ella choque de un gran cuerpo contra el agua. La caravana se detuvo.
podemos escalar hasta el cielo... ¡Y si no fuese ella tampoco más que Salté de mi litera y corrí hacia adelante. Como a unas veinte yardas
un piadoso espejismo, formado a fin de que no desesperemos, así y hallábase un recodo del gran charco sucio y sombrío, por cuya margen
todo servirá siquiera para que nos hundamos dulcemente, al menos, en alta y resbaladiza empezaba a entrar la fila de literas; horrorizado, vi
el abismo del eterno sueño!... que la de Billali flotaba en él, sin que se pudieran encontrar trazas del
Púseme a pensar luego en la empresa en que estábamos empeñados... cuerpo del viejo. Para que se comprenda bien la situación, contaré lo
¡Qué loca era! ¡Y, sin embargo, qué bien concordaba con la que había pasado.
inscripción trazada desde tantos siglos atrás en el vaso de cerámica!... Uno de los cargadores de la litera de Billali había pisado
¿Quién era esa mujer extraordinaria, reina de un pueblo tan singular infortunadamente una culebra que se calentaba al sol, y ésta le mordió
como ella, y que vivía en medio de los vestigios de tina civilización la pierna. El hombre, como es natural, solo la vara, y al ver que
perdida?... ¿Y. qué podría significar esa historia del fuego que resbalaba hacia el agua, agarróse de la litera para salvarse. El resultado
producía la existencia imperecedera?... ¿Sería posible que hubiera era de esperarse, la litera se inclinó demasiado, la gravedad la llevó
alguna esencia o flúido para fortificar de tal modo estos muros de la hacia el vacío, los cargadores la soltaron, y se fue al agua con Billali
carne, que los haga resistentes a las minas y proyectiles del tiempo? dentro y con el hombre mordido por la serpiente. Cuando acudí al
Era posible quizá; pero no probable. Después de todo, la continuación lugar, no se veía a ninguno de los dos hombres, y al desgraciado
de la sida no sería cosa tan maravillosa, ni con mucho, como la cargador no se le vio nunca más tampoco; quedaría preso en el fango,
producción de la vida y su resistencia temporal... Suponiendo que se habría dada con él cráneo en alguna cosa, o la mordedura lo habría
fuera verdad, ¿qué resultaría entonces? La persona que descubriese la paralizado; el hecho es que no se le vio más. Pero, aunque no se veía
manera de ser inmortal, dominaría al mundo. Podría acumular todas entonces a Billali sabía adónde estaba por la agitación de la flotante
las riquezas de la tierra, todo el poder, y todo el saber, que es poder. litera y de sus paños, en los que estaba enredado.
Para aprender cada arte o cada ciencia, podría dedicar todo el espacio - ¡Ahí está, ahí está nuestro padre! -exclamó uno de los hombres;
de una existencia ordinaria. Pues bien, siendo esto así, y que esa ELLA pero ninguno de ellos se movía para salvarle ni un solo dedo. Allí se
fuese realmente inmortal (lo que yo no podía creer ni por un estaban parados mirando el agua.
momento), ¿cómo es que con todas estas ventajas a su disposición - ¡Fuera del camino, brutos! -grité yo en inglés entonces; y
prefería vivir en una cueva, en medio de una sociedad de caníbales?... quitándome el sombrero tomé algún impulso y me lancé a aquel
Por supuesto que esta última consideración bastaba para aclarar el charco fangoso y horrible. En dos brazadas estuve junto a la litera.
asunto. Toda la historia era pura necedad, digna solamente de los Desenredélo de los paños, no sé cómo, y su venerable cabeza, toda
supersticiosos días en que fue escrita. Y de cualquier modo que fuese, cubierta de verdoso fango, parecida a la de un Baco anciano y
estaba segurísimo yo, por mi parte, que no trataría de conseguir la amarillo, coronado de yedra, surgió de la superficie del agua.
inmortalidad de mi propia existencia. Había sufrido muchas Lo demás fue fácil, porque Billali, que era un hombre
mortificaciones y desengaños y amarguras secretas, durante los eminentemente práctico, tuvo bastante presencia de ánimo para no
cuarenta y pico de años que ya había vivido, para desear que este agarrarme, como hacen generalmente los que se ahogan; sostúvelo por
estado de cosas continuara indefinidamente. Y eso que me parece que un brazo y lo remolqué a la orilla, de cuyo fango nos extrajeron con
mi vida ha sido, relativamente hablando, bastante dichosa. bastante trabajo. No veré jamás de nuevo a gente de más sucio aspecto
Mas, pensando luego en que nuestras propias vidas en aquellos que el de nosotros dos en ese momento; y quizá dé una idea de la casi
momentos tenían más trazas de ser cortadas violentamente que de sobrehumana apariencia de dignidad que Billali tenía, siendo que aun
prolongarse fuera de lo debido, fuíme al fin quedando dormido, de lo parecía venerable e imponente así como estaba, tosiendo, medio
que probablemente se alegrarán los que lean esta historia, si es que la ahogado, cubierto de lodo y hierbas, y con la larga barba blanca toda
lee alguien... Cuando desperté, estaba amaneciendo, y los hombres del mojada y acabada en punta como la recién engrasada mecha caudal
séquito se movían por el campamento pareciendo sombras entre la pilosa de un hijo del celeste imperio.
densa niebla matutina. La hoguera se había apagado por completo, y - ¡Ah, perros! - díjoles a sus conductores, apenas recobró el habla-.
yo me desperté temblando, con los miembros fríos por la humedad de ¡Me dejabais ahogar a mí que soy vuestro padre! ¡Si no hubiera sido
la madrugada. Entonces pensé en Leo. Allí estaba junto a mí, sentado por este extranjero, por mi hijo el Babuino, me ahogo de seguro!...
en el suelo, sosteniéndose la cabeza con las manos. Tenía el rostro ¡Bueno está; no he de olvidarlo!... - agregó fijándoles la mirada
encendido y brillante los ojos, con un cerco amarillo en torno a las brillante, aunque un tanto húmeda aun, de modo que, a pesar de la
pupilas. fingida y terca indiferencia de aquellos hombres, vi que los inquietaba.
_ ¿Qué tal, Leo? - le pregunté -. ¿Cómo te encuentras? -Y tú, hijo mío - continuó dirigiéndose a mí y tomándome la mano -,
-Como si me fuera a morir... - contestó roncamente. - Parece que me ten la seguridad de que seré tu amigo en todo trance, cualquiera que
va a estallar la cabeza; todo el cuerpo me tiembla... ¡Holly, estoy mal, sea. Me has salvado la vida; ¡quizá pueda yo salvártela algún día!...
y tanto, que me siento como un gato apaleado! Nos limpiamos del mejor modo que pudimos, pescamos la litera y
Púseme a silbar... o si no silbé, tuve la intención de hacerlo. Leo proseguimos el viaje. No sé si atribuirlo al carácter nacional, de
sufría de un feroz ataque febril. Pedí quinina a Job, droga de la que temperamento egoísta y despreocupado, o a que el desaparecido fuese
teníamos aún bastante cantidad. Job no estaba mejor que Leo; hombre impopular, lo cierto es que no noté que se lamentasen poco ni
quejábase de grandes dolores en la espalda, y de vértigos, y de que no mucho de la pérdida del ahogado, a no ser aquellos que tenían que
podía moverse casi. Hice entonces lo que en aquellas circunstancias trabajar más, cargando por su ausencia.
CAPITULO XI -Así debe ser - repuse - ¿mas, cómo es que, el lago no vuelve a
LA LLANURA DE KOR llenarse con las lluvias?
COMO una hora antes del anochecer salimos, por dicha nuestra, de - ¡Ah!, porque aquel pueblo no era tonto y conservó un desagüe
aquella inmensa ciénaga, y nos encontramos en una comarca que, permanente. ¿Ves aquel río allí, a la derecha? y me señaló uno de buen
formando grandes ondulaciones, subía en ascenso continuo. Nos tamaño que serpenteaba por el llano a unas cuatro millas de nosotros.
detuvimos para pasar la noche del lado de acá de la cresta de la Pues ése es el desagüe, y atraviesa la montaña por donde pasa el canal,
primera loma que encontramos. Mi primer acto al salir de la litera fue que al principio sin duda conducía el agua, pero que luego los
ir a ver al pobre Leo. Me pareció más grave, quizá, que por la mañana, hombres aquellos dejaron libre para utilizarlo como un camino.
y se le presentó entonces el pésimo síntoma de los vómitos, que le - ¿Y no se puede entrar en la gran montaña por ninguna otra parte
duraron toda la noche. No pude dormir ni un momento, pues hasta que más que por donde sale el canal? - pregunté.
amaneció estuve velando a él y a Job con Ustane, que era una de las -Otro paso existe para la gente a pie y para el ganado, aunque es muy
más cariñosas e incansables enfermeras que he conocido. El ambiente expuesto, pero es un paso secreto que pudieras estar buscando sin
en aquel lugar era agradable y no había mosquitos. Nos encontrarlo por espacio de un año. No se utiliza más que una vez al
encontrábamos también sobre el nivel de la niebla pantanosa, que se año para dar entrada al ganado que come en las faldas de la montaña y
extendía por debajo de nosotros como el parpadeo sombrío de humo en esta llanura.
de una ciudad manufacturera inglesa, a trechos cruzada por las - ¿Y ELLA habita siempre ahí, o sale algunas veces?
fugitivas lenguas lívidas de los fuegos fatuos. Nos hallábamos, pues, -No, hijo mío; ELLA está siempre donde está... -fue la respuesta.
cómodos, relativamente hablando. Nos encontrábamos ya en plena llanura y yo examinaba encantado la
Al amanecer, Leo había perdido por completo el sentido, y se variada hermosura de sus árboles y flores casi tropicales; aquéllos
figuraba que lo habían partido en dos. Yo estaba desesperado, y crecían aislados o, a lo más, en grupos de tres o cuatro, siendo algunos
empecé a pensar, aterrorizado, en cómo concluiría el acceso... de muy gran tamaño, aparentemente de una variedad de roble de hojas
¡Bastantes veces me habían dicho cómo concluyen por lo general!... perennes. También había palmeras, algunas de más de cien pies de
Billali llegó en esto, y me dijo que debíamos seguir andando porque altura, y los helechos arborescentes más bellos que hasta entonces
creía que si Leo no podía llegar a algún punto donde estuviera bien había visto, alrededor de las cuales revoloteaban muchísimos pájaros,
cuidado y tranquilo durante las doce horas siguientes, por lo menos, moscas de reflejos metálicos y mariposas de grandes alas y mil
no duraría ni dos días. En eso estuve de acuerdo; lo colocamos en su calores. Vagando entre los árboles, o tendidos sobre la alta y suave
litera, y, rompimos la marcha, caminando Ustane a su lado para hierba, se notaba toda clase de caza, desde el rinoceronte en escala
espantarle las moscas y para que en su delirio no se tirara al suelo. descendente. Vi una gran manada de búfalos, y ciervos (orear canta)
A la media hora después de salir el sol llegamos a la cima de la loma cuagas y antílopes, y la más bella variedad de gamos, sin contar otra
de que antes hablé, y nos encontramos ante un hermoso espectáculo. caza menor, y tres avestruces que huyeron veloces al vernos, como
Extendíase ante nosotros un bello paisaje. Al fondo, a una distancia de una polvareda ante el viento. Tanto abundaba la caza que no pude
dieciocho millas, más o menos, de donde estábamos, surgía contenerme por más tiempo. Llevaba conmigo en la litera un
abruptamente en la llanura una elevadísima y rara montaña. Su base Winchester de un solo cañón, porque el express era muy pesado, y
parecía consistir en una suave e inmensa pendiente cubierta de viendo que un hermoso orcas canoras se restregaba contra un árbol,
hierbas, pero de ella se elevaba de súbito, a una altura de quinientos salté de mi litera y arrastrándome, acerquéme cuando pude a él. Me
pies, como pude saber luego, sobre el nivel de la llanura, un paredón dejé aproximar como a una distancia de ochenta yardas, cuando volvió
absolutamente cortado a pico, de peña viva, de unos mil doscientos o la cabeza y se puso a mirarme antes de emprender la carrera. Echéme
mil quinientos pies. La forma de esta montaña, de origen volcánico, á la cara el rifle, y apuntándole a la mitad de la paleta, porque me
sin duda, era redonda, y como desde donde estábamos no era visible presentaba el costado, disparé. En mi vida había hecho mejor tiro.
más que un segmento de su círculo, no pude estimar exactamente su El gran gamo dio un salto en el aire y cayó muerto. Los cargadores,
tamaño, que era enorme. Más tarde supe que no ocupaba su asiento que habían hecho alto para contemplar la escena, prorrumpieron en un
menos de cincuenta cuadras de terreno. Creo que no existe en parte murmullo de asombro, lo que de parte de esas grandes reservas, que
algún espectáculo más imponente por su grandeza que el que ofrecía no parecen sorprenderse por ni de nada, era de considerarse como un
aquella torre natural, destacándose solitariamente sobre el llano. Esta gran aplauso, y una parte de la escolta corrió a descuartizar la pieza.
soledad suya la hacía más majestuosa, y sus excelsas almenas parecían Yo entonces, por, más que estuviera ardiendo en deseos de verla,
tocar al cielo, y a la verdad que casi siempre estaban envueltas en las volvíme a meter dignamente en mi litera, como si me hubiera pasado
nubes cuyas masas de vellón parecían como colgadas de ellas. la vida matando orcas canna, comprendiendo que había ganado una
Incorporéme en la litera para contemplar tan magnífico espectáculo, porción de grados en la estimación de los amajáguers, que parecían
y Billali parece que lo notó porque hizo aparear la suya con la mía. achacar a alguna grandísima brujería.
Ahí tienes la morada de Quien debe ser obedecida... ¿Tuvo alguna Billali me acogió con mucho entusiasmo.
reina un trono como éste?... -Maravilloso es lo que hiciste, ¡Babuino, hijo mío! ¡Maravilloso!
-Es cosa maravillosa, padre mío - respondí --. Más, ¿cómo se entra ¡Eres, aunque feísimo, un gran hombre! Si no lo hubiera visto, no lo
ahí? Esos muros parecen muy inaccesibles. hubiera creído. ¿Y dices que me vas a enseñar a matar de ese modo?
-Ya lo sabrás, Babuino. Contempla ahora la llanura que está a Ciertamente, padre mío -le repliqué, alegremente cosa muy sencilla -
nuestros pies... ¿Qué crees tú que es eso?... Tú, que eres hombre sabio, Pero in petto me proponía ponerme detrás de un árbol, o echarme en
vamos, dímelo. tierra cuando el viejo Billali comenzase sus lecciones de caza.
Considerándolo estuve un rato y me llamó principalmente la atención Nada ocurrió después de este pequeño incidente hasta una hora y
la calzada, toda cubierta de hierba, que en línea recta conducía hasta la media antes de la puesta del sol, que fue cuando llegamos bajo la
base misma de la montaña. Tenía a ambos lados altos terraplenes sombra de la elevadísima masa volcánica que y a he descrito. Tarea
como banquetas, continuos, aunque con algunas brechas, y cuya casi imposible es para mí describir su severa grandiosidad, que yo
utilidad no pude explicarme. ¡Parecíame tan raro un camino con admiraba mientras mis pacientes cargadores avanzaban por el antiguo
malecones! lecho del canal hacia el lugar en que el murallón obscuro arrancaba
--Figúrome, padre mío, que eso es un camino, aunque tienes trazas del suelo superponiendo sus precipicios hasta hundir en las nubes su
de haber sido en otro tiempo el cauce de un río o de un canal, más corona.
bien - añadí al observar la gran rectitud de su dirección. Lo único que puedo decir es que me abrumaba con la intensidad de
Billali, que entre paréntesis sea dicho, no parecía perjudicado por su su grandeza solemne y solitaria. Subiendo, avanzábamos por la cuesta
baño forzado de la víspera, inclinó lentamente la cabeza y dijo: brillantemente asoleada, hasta que la sombra de arriba llegó a apagar
-Razón tienes, hijo mío. Es un canal, labrado por los que antes que su brillantez, y a poco empezamos a andar por una excavación labrada
nosotros ocuparon este país, para desviar las aguas, estoy seguro de en la roca viva. Hundíase más y más esta obra maravillosa, que debió
ello, porque ese círculo cerrado por rocas de agua fue una vez un gran haber ocupado a miles y miles de hombres durante muchos años, y a
lago. Pero esos hombres anteriores a nosotros, de que te he hablado, la verdad que no he podido comprender cómo pudo haberse hecho sin
valiéndose de medios que desconozco, abrieron un paso a las aguas el auxilio de la pólvora de minas y de la dinamita. Este es uno de los
por entre las montañas hasta el lago mismo. indescifrables misterios que presenta esa tierra salvaje. Únicamente
Pero primero hicieron ese canal que ahí ves a través de la llanura. Y puedo suponer que esas galerías y grandes cavernas labradas en la
así, las aguas se precipitaron por él y fueron a inundar las tierras bajas montaña fueron las empresas públicas del pueblo de Kor, que habitó
que están detrás de estas lomas, formando quizá el pantano por donde este país en la época crepuscular de la historia; tal como los
hemos venido. Entonces, ya seco el lago del monte, ese pueblo fabricó monumentos egipcios que fueron ejecutados por la labor forzada de
una gran ciudad en su lecho, de la que hoy no existen más que las millones de cautivas durante muchos siglos... Más ¿qué pueblo era
ruinas y el nombre de Kor, conservado por milagro; luego, en las ése?
edades sucesivas, labró las cavernas y galerías de esa montaña que Llegamos al fin al mismo frente del paredón o precipicio, y nos
verás en breve. encontramos en la entrada de un oscuro túnel que me recordó,
naturalmente, los que han construido nuestros ingenieros yo no pude oír, y habiéndole contestado nuestro anciano amigo, toda
contemporáneos para las vías férreas del siglo diecinueve. Surgía de la tropa dió vuelta, marchando a la vera del paredón; nuestra caravana
este mismo túnel una gran corriente de agua clara. Debo decir que siguió sus huellas. Así anduvimos como media milla y nos detuvimos
hacía tato que veníamos siguiendo la orilla del río, producido por esta entonces a la entrada de una cueva gigantesca, que tenía como
corriente subterránea, y que corría por la misma excavación por donde cincuenta pies de alto por ochenta de ancho. Billali bajo aquí y nos
entramos: parte de la excavación era un canal, y parte un camino invitó a imitarle a Job y a mí. Leo estaba demasiado enfermo para
alzado como unos ocho pies quizá de su nivel; pero al comenzar la hacer lo mismo.
excavación, el río se separaba siguiendo su lecho propio, que Entramos en la cueva, alumbrada entonces en gran trecho por el sol
serpenteaba, como dije antes, por el llano. A la boca del túnel hicimos poniente, mientras que después del punto a que llegaba esta claridad,
alto, y mientras algunos hombres encendían lámparas de barro que veíase débilmente iluminada una profundidad inmensa, por una doble
traían consigo, Billali, bajando de su litera, me comunicó cortésmente, fila de lámparas, que me hicieron recordar las luces de gas de una
aunque con mucha firmeza, que las órdenes de ELLA eran que nos calle larga y vacía de Londres. También pude observar que los muros
vendasen los ojos para que no pudiéramos descubrir el secreto de los de los costados estaban adornados por bajorrelieves del mismo tipo
pasajes de las entrañas del monte. Sometíme a ello de buena voluntad; que había visto en las vasijas: escenas de amor principalmente,
pero a Job, que ya estaba mucho mejor de su fiebre, a pesar del viaje, episodios de caza, ejecución de criminales, la tortura de la vasija
no le gustó nada la proposición, pues se paso preliminar del suplicio caliente, al rojo blanco, quizá, puesta sobre la cabeza, que demostraba
de la vasija. Se consoló un tanto cuando le hice ver que no había por de dónde nuestros huéspedes habían sacado tan amable costumbre.
allí ninguna vasija caliente a mano, ni tampoco fuego con qué Pocas presentaciones había de batallas, aunque sí bastantes de duelos,
calentarla. En cuanto al pobre Leo, después de estarse dando vueltas o de hombres que luchaban o que corrían, y de esto deduje que este
inquietas en su litera durante algunas horas, se había sumido no sé si pueblo, por el aislamiento en que vivía o por su mucha fuerza, no
en un sueño o estupor profundo, y no había necesidad de vendarlo. estaba sujeto a los ataques de enemigos exteriores. Había también
Las vendas con que nos ataron fuertemente los ojos consistían en unas columnas de piedra entre los bajorrelieves de un carácter
tiras de ese lienzo amarillenta con que se hacen el traje los amajáguers absolutamente original; por lo menos no eran griegas, ni egipcias, ni
que deciden vestirse. Después he sabido que ese lienzo se obtenía en asirias, ni hebreas; puedo jurarlo. Más parecían chinescas que otra
las tumbas; no era de manufactura nativa, como creí al principio. Las cosa. Junto a la entrada de la caverna, tanto las inscripciones como los
puntas de las tiras que hacían de vendas nos fueron vueltas a atar hacia dibujos estaban borrosos, pero más adentro algunos se hallaban en
adelante, debajo de la barba. También a Ustane la vendaron, quizá por perfecto estado.
temor de que nos revelara el secreto de los pasadizos. Echamos a El regimiento de guardias se quedó en la entrada de la caverna donde
andar de nuevo, después de esta operación, y al punto comprendí, por formó para que pasáramos nosotros. Saliónos entonces al encuentro un
el sonido retumbante de los pasos y el más intenso que hacía la hombre vestido de blanco, que se inclinó humildemente sin decir una
corriente de agua, que penetrábamos en el seno mismo de la gran palabra; lo que no tenía nada de extraño porque, según luego supe, era
montaña. Esto de ser llevado con una venda en los ojos por un un sordomudo.
subterráneo en el seno de un monte se me figuraba, según creo, que Hacia unos veinte pies de la entrada, cruzaba a ambos lados una
era el saber adonde me producía una sensación de raro espanto; pero galería, también labrada en la roca, en ángulos rectos con la caverna
ya estaba hecho a estas sensaciones y bastante preparado a cualquier principal. Llegamos a una habitación, en cuya entrada colgaba una
otra. Quieto, pues, me estuve en la litera, oyendo el monótono y sordo cortina hecha de material herbáceo, parecido al de las esteras de
retumbar de los pasos y el del agua precipitada, tratando de figurarme Zanzíbar; alzóla el mudo haciendo una nueva reverencia y nos guió a
que me encantaba la situación. Empezaron entonces los cargadores a un cuarto de muy buen tamaño, para mi delicia, por medio de un
cantar aquella melancólica canturria que oí la noche que nos tragaluz que daba al principio. En este cuarto habia una cama de
capturaron en el ballenero; el efecto producido entonces por sus voces piedra, vasijas para lavarse, llenas de agua, y pieles de leopardo,
es del todo indescriptible. El ambiente se había ido poniendo admirablemente curtidas, que servían de mantas.
gradualmente pesado y espeso, hasta que al fin parecía que me iba a Aquí dejamos a Leo, que dormía pesadamente, y con él se quedó
ahogar; pero en esto dió la litera una rápida vuelta, y luego otra, y otra Ustane. Noté que el mudo la miró de un modo muy raro, como
después, y cesé de oír el rumor del agua. Sentí entonces purificarse diciendo: "¿quién eres tú y por qué vienes aquí?, pero luego nos
poco a poco el aire y advertí que las vueltas eran tan continuas, que condujo a otra habitación igual, que tomó Job para sí, y luego a otras
vendado y todo como estaba, me mareaba. dos donde nos acomodamos, respectivamente, Billali y yo.
Traté de formarme de ellas una representación mental, para el caso
de que tuviéramos que escapar algún día por esos pasadizos, pero no
es necesario que diga que me fue imposible. Así se pasó como una
media hora, cuando de pronto tuve la conciencia de que de nuevo nos
hallábamos al aire libre. A través de mi venda veía la claridad, y sobre
el rostro sentía la frescura del ambiente. La caravana hizo alto al cabo
de algunos minutos, y entonces oí que Billali mandaba a Ustane que
se quitase la venda y que nos la quitara a nosotros. No quise esperarla,
y soltando yo mismo sus nudos me la saqué, y miré.
Como me lo figuraba, habíamos atravesado el monte de parte a parte,
y nos hallábamos ahora del lado opuesto, inmediatamente al pie de su
rugosa frente. Lo primero que noté fue que su altura por este lado no
era tanta como por el otro; había una diferencia como de quinientos
pies, lo que probaba que el lecho del lago, o más bien, del vasto y
antiguo cráter en que nos hallábamos, era mucho más elevado que la
llanura que lo rodeaba. Nos encontrábamos, por lo demás, en una
inmensa taza cercada de rocas parecidas a la del lugar en que
habíamos estado durante algunos días, pero diez veces más grande. A
la verdad, apenas y se distinguía la recia línea de los peñascos del lado
opuesto. Una gran parte de aquel llano así encerrado por la naturaleza,
estaba cultivada y dividida en tramos por cercos donde había ganado y
cabras encerrados para que no perjudicaran las huertas. Alzábanse acá
y allá lomas de pasto y a algunas millas de distancia, hacen el centro
de la taza, pude vislumbrar el contorno de colosales ruinas. No pude
observar más en aquel momento porque al punto nos vimos rodeados
de una multitud de amajáguers, parecidos en todo a los que ya
conocíamos, y que se agolpaban silenciosos sobre las literas para
mirarnos. De pronto, un gran número de gente armada, bien
regimentada, en compañías mandadas por oficiales, que llevaban una
varilla de marfil, se adelantó corriendo hacia nosotros. Aquella tropa
había brotado del paredón mismo, como las hormigas de sus
montículos. Además de la piel de leopardo ceñida a la cintura, llevaba
un traje de lienzo. Era la guardia de ELLA.
Su jefe se acercó a Billali y le hizo un saludo tocándose la frente
transversalmente con su ebúrnea varilla. Preguntóle después algo que
CAPITULO XII una losa como la que me había servido de cama en la cueva de Billali.
" ELLA " Una lámpara ardía a sus pies y otra junto a la cabeza, y todo en torno
LO primero que hicimos Job y yo, después de ver a Leo, fue lavarnos tenía colocadas varias de las bellas vasijas que describí en otra parte, y
bien y ponernos ropa limpia, pues no habíamos cambiado las que que supongo que estarían colmadas de provisiones.
usábamos desde la pérdida del dhow. Afortunadamente, como ya creo La pequeña cueva estaba llena de dolientes y de músicos que sacaban
haberlo dicho, la mayor parte de nuestro equipaje personal había sido en una especie de liras, mientras que a los pies del muerto estaba un
transbordado al ballenero, por lo que pudimos salvarlo, y luego nos hombre con una sábana, en disposición de echársela encima.
fue traído adonde estábamos por los hombres de Billali; pero se Desde el punto de vista artístico meramente, estas esculturas eran tan
habían ido a pique todas las mercancías que traíamos para negociar notables que no tengo necesidad de disculparme por haberlas descrito
con los naturales del país y para regalarlas. Casi toda nuestra ropa con tanta extensión. Pero para mí valían más que como obras de arte,
estaba hecha de una franela gris muy fuerte y compacta, que resultó por representar con tanta claridad los postreros ritos de los muertos
excelente para viajar por estos lugares, pues aunque una blusa de conforme los practicaba un pueblo extinguido en absoluto, y aun me
Norfolk, la camisa y los pantalones no pesan juntos más que cuatro figuro ahora la envidia con que oirían dar cuenta de ellos algunos
libras, lo que tiene mucha importancia para el que la lleva, ofrecía la colegas míos anticuarios de Cambridge, si se presenta alguna vez la
necesaria resistencia a los rayos del sol, y más que nada, nos abrigaba oportunidad de hacerlo. Dirían probablemente que yo exageraba; por
contra los resfríos, que son tan desagradables y nacen de los cambios más que cada página de esta historia ha de tener tan hondamente
bruscos de temperatura. No me olvidaré jamás del placer que entonces impreso el sello de la veracidad, que excluya toda sospecha de que
experimenté, al lavarme, fregarme y ponerme la ropa limpia. Lo único invento lo que digo. Se notará que no es posible.
que eché de menos para completar mi dicha fue el jabón, que no Siguiendo con mi relato, diré que apenas hube examinado
teníamos. Descubrí luego que los amajáguers, que no cuentan el rápidamente estas esculturas, que creo haber omitido decir qué estaban
desaseo entre sus muchos defectos, usan una especie de tierra hechas en bajorrelieve, nos sentamos ante una expelente colación de
quemada para lavarse, la cual, aunque al principio es muy cabra cocida, leche fresca y galletas de harina, de maíz, todo servido
desagradable al tacto, substituye al jabón cuando uno se ha en pulcras bandejas de madera.
acostumbrado a ella. Después de comer volvimos a ver cómo seguía el pobre Leo, y
Después que me hube vestido y arreglado la negra barba, cuya Billali nos dijo que iba a ponerse a las órdenes de ELLA. Encontramos
anterior condición desgreñada justificaba el apodo de babuino que me a Leo muy mal. El pobre muchacho se había despertado de su letargo
había dado el viejo amigo, empecé a sentir un hambre atroz. Así es y estaba delirando; hablaba de una regata en el Cam, y se tornaba
que no me disgustó por cierto cuando, sin anuncio previo ni rumor de agresivo; cuando entramos en su cuarto, Ustane le estaba sujetando en
ninguna especie, la cortina de mi habitación se alzó, y presentándose a la cama. Mi voz pareció tranquilizarlo un poco, porque se quedó
la entrada una muchacha muda me anunció por inequívocas señas, quieto por un rato y se le pudo dar una dosis de quinina.
esto es, abriendo la boca y apuntándosela particularmente con los Hacía una hora que estaba sentado junto a él, y ya había obscurecido
dedos unidos, que se trataba de comer alguna cosa. tanto que sólo podía distinguir su cabeza como un reflejo de oro sobre
Seguíla, pues, a la habitación siguiente, y en ella me encontré a Job, la almohada, que habíamos hecho de un saco forrado col una manta,
que también había sido conducido allí por otra linda joven muda, para cuando de pronto se apareció Billali, y con un gran aire de
gran confusión suya. Job no se había recobrado aún de las emociones importancia me informó de que ELLA misma se había dignado
de la declaración amorosa que le había hecho la jamona de marras, y expresar su deseo de verme, honor, agregó, que no concede a todo el
sospechaba de todas las mujeres que se le acercaban. mundo. Paréceme que el buen viejo se horrorizó al ver la calma con
-Tienen estas mozas una manera de mirar a las gentes - solía decir que yo recibía el anuncio de tanto honor, pero la verdad es que no me
para sincerarse-, que no me atrevo a calificar de decente, míster sentía abrumado de gratitud con la esperanza de contemplar a alguna
Holly... reina prieta, por absoluta y misteriosa que fuese, y sobre todo
Esta nueva habitación era de doble tamaño que las que servían de entonces, preocupado como estaba por el queridísimo Leo, que
dormitorio, y desde luego vi que había sido destinada a refectorio por empezaba a inquietarme por su gravedad.
los que la labraron, y también de taller de embalsamamiento, porque Levánteme, empero, para ir con Billali, cuando vi algo que brillaba
debo decir, o repetir, que estas cavernas artificiales no eran ni más ni en el suelo de la piedra, y fui a recogerlo. Recordará, quizá, el lector,
menos que inmensas catacumbas, en las que se habian conservado por que en el cofrecillo de plata habíamos encontrado, con los pergaminos
miles de años los restos mortales de la gran raza extinta, cuyos y el fragmento de ánfora, un escarabajo grabado con una redonda, un
monumentos y reliquias nos rodeaban por todas partes, y con arte tal gran pájaro y otros jeroglíficos, y que el significado de esos caracteres
que no ha sido jamás igualado. A ambos lados de esta habitación era Stun se Ra, o sea: "Real Hijo del Sol". Pues bien, Leo había hecho
rocosa había, dos grandes mesas, labradas en la peña viva, como de colocar este escarabajo, que era muy pequeño, en un sortijón de oro
tres pies y seis pulgadas de altura, y a la extremidad de cada una había macizo, como los que se usan para sellar con lacre, y ésta era
una claraboya para la admisión de la luz y el aire. Pero las mesas no precisamente la cosa que brillaba en el suelo y que yo recogí. Se la
eran precisamente iguales: una de ellas, la de la izquierda, según se había arrancado quizá del dedo en un paroxismo febril y lanzadora
entraba, evidentemente no había sido hecha para comer, sino para contra el suelo; para que no se perdiera me la puse yo mismo en el
embalsamar sobre ella los cadáveres. No habla duda sobre esta, meñique y dejando a Job y Ustane en el cuarto con Leo, seguí a
porque lo indicaban cinco leves depresiones de la losa, todas Billali.
conformadas imitando la figura humana, con un lugar señalado para Anduvimos por la galería de nuestras habitaciones; atravesamos la
que descansara la cabeza y como una especie de puente para sostener gran nave central de la cueva y pasamos a la parte opuesta donde
la nuca; cada depresión de la piedra era de diferente tamaño como continuaba la galería, y a cuya entrada estaban parados dos centinelas
para acomodar cuerpos de distinta estatura, desde la de un adulto hasta como dos estatuas. Al pasar nosotros inclinaron la cabeza, y
la de un niño pequeño, y todas tenían agujeros a trechos para que levantando luego las enormes lanzas se las colocaron transversalmente
corrieran los líquidos. Pero no había más que mirar los muros para en la frente, como habían hecho los oficiales de las tropas con sus
convencerse de la aplicación a que la sala se había destinado. varillas de marfil para recibir a Billali. Encontréme entonces en una
Esculpida allí, todo alrededor de ella, y luciendo tan fresca como el galería exactamente igual a la en que en nuestros cuartos estaban del
día en que se había acabado de hacer, veíase la representación plástica lado opuesto, con la única diferencia de que ésta se hallaba mucho
de la defunción, embalsamamiento y funeral de un viejo de larga mejor iluminada. A los pocos pasos hallamos cuatro mudos, dos
barba, un rey quizá, o un elevado personaje del país. hombres y dos mujeres, que se inclinaron y se pusieron a andar con
El primer cuadro presentaba su muerte. Yacía sobre un lecho de nosotros, las mujeres adelante y los hombres detrás; de este modo
cuatro cantones de palo curvo, terminados por unas bolas como las continuamos nuestra procesión, pasando por ante muchas puertas que
notas escritas de la música. Era el momento en que expiraba, sin duda. tenían colgaduras parecidas a las de nuestras habitaciones, y que,
Veíanse en torno al lecho mujeres y niños que lloraban, las primeras según supe después, eran las de los mudos servidores de la reina. Al
con el pelo suelto sobre la espalda. La segunda escena representaba el fin llegamos al fondo de la galería y nos encontramos delante de un
embalsamamiento del cuerpo, que yacía desnudo sobre una mesa con marco a cuyos lados había de centinelas dos guardias más, que eran de
depresiones parecidas a las de la que adelante teníamos; quizá fuera la color amarillo, casi blancos, y estaban vestidos; los cuales se
reproducción de la misma mesa. Tres hombres estaban ocupados en la inclinaron también para saludarnos, y levantando los pesados
tarea; uno la dirigía, el otro sostenía un largo y fino embudo, cuya cortinajes que cerraban el paso, nos introdujeron en una gran
extremidad más estrecha estaba inserta en una incisión hecha en el antecámara como de cuarenta pies cuadrados, en la que se hallaban
pecho, la gran arteria pectoral, sin duda, y el tercero, en cuclillas, al unas ocho o diez mujeres, jóvenes y bellas en su mayoría, y de claros
lado del cadáver, sostenía un jarro en alto y derramaba de él un líquido cabellos, sentadas en almohadones y trabajando con agujas de marfil
humeante que caía en el embudo. en una trama puesta sobre bastidores de madera.
El tercer relieve representaba el funeral del mismo difunto. Allí También eran todas sordomudas. Al fondo de esta antecámara había
estaba tieso y helado, envuelto en un traje de lienzo y tendido sobre otra gran puerta cerrada por colgaduras pesadas que tenían un aspecto
oriental, y muy distintas por cierto de las que pendían ante las puertas asombrado de ver a cualquiera de las tres clases de mujeres que he
de nuestras habitaciones. Junto a la puerta, de pie, se hallaban dos mentado. Ya había pasado yo de los límites del asombro. Agitóse un
muchachas de singular hermosura, con la cabeza inclinada sobre el poco la colgadura, y surgió de entre sus pliegues una mano bellísima y
pecho y cruzados los brazos en actitud de la mayor sumisión. blanca, blanca como la nieve, de afilados y largos dedos, rematados en
Levantaron las manos simultáneamente e hicieron correr las róseas uñas. La mano sujetó un borde de la colgadura y la corrió a un
colgaduras. Entonces Billali hizo una cosa curiosa. Aquel caballero de lado, y al mismo tiempo escuché la voz más suave y argentina que en
tan venerable aspecto, porque Billali era un caballero en el fondo, se mi vida oí, que me recordaba el murmullo de un arroyuelo, y que me
dejó caer sobre sus rodillas y sus manos en el suelo, y en esta indigna dijo en un árabe purísimo, clásico, bien distinto al dialecto de los
postura, con la barba barriendo el piso, empezó a gatear en dirección amajáguers:
al siguiente aposento. Yo le seguía andando por mis pies como de - ¿Por qué, extranjero, te embarga tanto el temor?...
costumbre. Mirando sobre su hombro él lo notó y me dijo angustiado Quedéme bastante sorprendido al oír esta Pregunta, yo que, a pesar
en voz baja: de mis terrores internos, me figuraba haberlos disimulado
- Prostérnate, hijo mío..., ¡prostérnate, Babuino!... ¡Entramos a la conservando la impasibilidad del rostro. Antes de que hubiera podido
presencia de ELLA, y si no te humillas te va a fulminar ahí mismo!... pensar mi respuesta, corrióse del todo la cortina, y contemplé ante mí
Yo me detuve un poco, grandemente impresionado de súbito, y a la una alta figura. Y digo una figura, porque no sólo el cuerpo, sino
verdad que sentí que mis rodillas se doblaban por sí solas. Poco también la cara y la cabeza estaban envueltas en un género blanco y
después vino la reflexión en mi auxilio... Yo era inglés, ¿y por qué, me suave como una fuerte gasa, y de tal modo, que a primera vista me
interrogué a mí mismo, habría de arrastrarme ante una mujer salvaje hizo recordar un cadáver cubierto por el sudario. No sé, a la verdad,
cual si fuera un mono de hecho como de nombre?... No quería ni por qué pudo ocurrírseme esta aproximación de ideas, pues que los
podía hacerlo, mientras que no dependiese de ello absolutamente mi pliegues de su vestidura eran tan tenues que a su través vislumbraba el
existencia. color rosado de la carne que ceñían.
Si una vez me arrastraba sobre las rodillas, tendría siempre que Supongo que la sugestión se debió a la manera en que estaba
hacerlo, y esto sería una señal manifiesta y voluntaria de inferioridad. embozada en sus ropas, ya por casualidad o quizá de intento. Ice todos
Y así fue que, sostenido por una preocupación insular en contra del modos, sentíme más asustado que nunca ante esta aparición tan
kotoage9, preocupación que, como otras tantas de los ingleses, está fantástica, y comenzó a erizárseme el cabello al empezar a
fundada en una gran cantidad de sentido práctico y común, comprender que me hallaba en presencia de algo que no era normal.
arrogantemente tieso seguí detrás del humillado Billali. Pasamos a La figura envuelta como una momia que ante mí tenia era la de una
otro salón mucho menor que la antecámara, y cuyos muros estaban alta y adorable mujer; Llena, penetrada, mejor dicho, absolutamente
cubiertos por tapices tan brillantes como los de la entrada, que según de la belleza, y dotada también de cierta gracia serpentina que no
supe más tarde eran obra de las mudas que trabajaban en los había yo antes conocido nunca. Cuando movía un pie o la mano, toda
bastidores. En aquel lugar vi una porción de asientos hechos de una su forma ondulaba, y no se doblaba su cuello sino que se curvaba.
hermosa madera negra de la especie del ébano, incrustados de marfil, - ¿Por qué te asustas tanto, extranjero? - preguntó de nuevo su
9 Koto, ceremonia china que consiste en postrarse en el suelo en señal de dulcísima voz, que parecía arrobarme el corazón en el pecho, como el
reverencia. son de una música muy suave.
y todo el piso estaba también cubierto de alfombras, o más bien de ¿Hay algo en mí que pueda infundir espanto a un hombre?...
paños felpudos. Al fondo de esta habitación había una especie de ¡Entonces los hombres han cambiado!... - Y se volvió un poco, con
camarín todo cubierto también de tapices, en el cual lucían ciertos cierta gracia maliciosa, y alzó un brazo como para mostrar todo el
resplandores. Estábamos completamente solos. encanto de su cuerpo, y su riquísima cabellera, negra como las alas del
Lenta y trabajosamente avanzaba Billali arrastrándose por aquella cuervo, que en suaves rizos bajaba sobre la nevada vestidura casi hasta
habitación, y yo le seguía tratando de asumir la más digna postura de sus pies, calzados de sandalias.
que era capaz. Mas comprendí desde luego que me malograba la - ¡Tu belleza, ¡oh reina!, es lo que me asusta!... respondí entonces
pretensión, y ante todo ¿dígaseme si es posible aparecer digno cuando humildemente, casi sin saber lo que decía, y paréceme que al mismo
hay que ir por detrás de un viejo que va arrastrándose sobre el vientre tiempo oí a Billali, tendido boca abajo a mis pies:
como una culebra, y cuando para moverse uno con la lentitud debida - ¡Bien, Babuino mío, bien!
ha de mantener a cada paso la pierna suspendida en el aire por algunos -Noto que los hombres aun saben deslumbrarnos a nosotras las
segundos, o he de avanzar con enfáticas paradas, como hace en el mujeres con palabras falsas... ¡Ay, extranjero! - exclamó con una risa
teatro María Estuardo al dirigirse al cadalso?... Billali no era un gran que me pareció resonar como distantes campanillas de plata -. Estabas
Bateador, sus años quizá se lo impedían, y tardábamos demasiado en atemorizado porque mis ojos te escudriñaban el corazón...; por eso
nuestra marcha por el cuarto. Inmediatamente detrás de él iba yo, y estabas asustado. Más soy mujer y te perdono la mentira porque la
varias veces me acometieron irresistibles deseos de ayudarlo a pronunciaste cortésmente... Dime, ahora, por qué has venido a esta
moverse con un buen puntapié. Era tan absurda la idea de adelantarse tierra de los que habitan en cavernas..., tierra de pantanos y cosas
uno a la presencia de una salvaje majestad en la guisa de un irlandés malas, y de sombras tristísimas de los difuntos. ¿Qué has venido a
que lleva un puerco al mercado, porque en realidad eso parecíamos, y buscar? ¿Cómo es que tan poco apreciáis la vida, que venís los tres a
al ocurrírseme esta idea, casi suelto allí mismo la carcajada. Tuve que colocarla en el hueco de la mano de Hiya, en la mano de Quien debe
dominar mi peligrosa tendencia a la burla inoportuna, apelando al ser obedecida?... Dime también, ¿cómo has llegado a aprender la
vulgar procedimiento de sonarme la nariz; lo que llenó de horror al lengua que yo hablo?...
viejo, que mirándome por encima de su hombro con aspecto aterrado, Es una lengua antigua; ¿dura aún en el mundo?... Ya ves que habito
murmuró: en las cavernas entre los muertos, y que nada sé de las cosas de los
- ¡Ay!... ¡Mísero Babuino! hombres, ni tampoco he procurado saberlas... He vivido, ¡oh,
Llegamos por fin a las cortinas del camarín. Billali se aplastó extranjero!, con mis memorias, y mis memorias están enterradas en un
entonces del todo, extendiendo los brazos hacia adelante como si sepulcro que mis propias manos han labrado; porque se ha dicho con
estuviera muerto, y yo, sin saber qué hacer, me puse a mirar todo verdad que el hijo del hijo del hombre es el que torna malo su propio
alrededor Mas entonces sentí que alguien me estaba mirando por camino.
detrás de la colgadura. Yo no podía ver quién fuese, pero sentía Quedó vibrando su voz en una nota tan suave como la de un ave
evidentemente la mirada, y más aún, sentía que me producía en los cantora del bosque.
nervios un efecto rarísimo. Estaba asustado sin saber por qué. El lugar Al bajar la vista vio la figura de Billali extendida en el suelo, y
aquél era bien raro, en efecto, a pesar de su rica tapicería y del suave pareció recordarse de él.
resplandor de las lámparas, y a la verdad que estos accesorios parecían - ¿Estás aún ahí, buen viejo?... Di, ¿cómo es que se ha desordenado
aumentar su soledad, por la misma razón que una calle alumbrada tu hogar?... ¡Hola! ¿Conque parece que éstos, mis huéspedes, fueron
durante la noche parece más solitaria que otra que está a obscuras. atacados?... Sí, y que uno estuvo a punto de morir por la vasija
Profundo silencio reinaba. Billali no se movía en su postura delante de ardiente para ser devorado por esas bestias, hijos tuyos, y que si los
las cortinas cerradas, de entre las cuales brotaban como ondas de un demás no se baten valerosamente también hubieran sido muertos, y ni
perfume extraño, que parecían subir a perderse en la obscuridad de la siquiera yo habría podido devolverles la vida arrancada de sus
bóveda de arriba. Pasaban los minutos y la cortina no se movía, ni se cuerpos... ¿Qué significa esto, anciano?... ¿Qué tienes tú que decir
oían otros rumores de vida; pero en tanto sentía yo que me atravesaba, para que no te entregue a los que ejecutan mis venganzas?...
la mirada fija de un ser desconocido, llenándome de un terror Su voz se había alzado por la cólera, y resonaba clara y fría entre
profundo y condensándome el sudor en gotas sobre la frente. aquellos muros. También me parecía ver los rayos que sus ojos
Al fin noté algún movimiento en las colgaduras... ¿Quién se hallaría despedían tras de las gasas que los cubrían y vi que el pobre Billali,
detrás de ella?... ¿Alguna reina salvaje desnuda?... ¿Alguna beldad que me había parecido siempre un hombre muy valeroso, estaba
oriental y lánguida?... ¿0 alguna joven señora civilizada tomando té?... estremeciéndose de terror al oír sus palabras.
No tenía la más pequeña idea de quién pudiera ser, y no me hubiera - ¡Oh, Hiya! - dijo, sin alzar del suelo su cabeza blanca-. ¡Oh ELLA!,
sé tan piadosa: como eres grande; ¡porque ahora como siempre no soy
más que esclavo que obedece!... No fue por causa o por descuido
mío... ¡ah, ELLA! Fue la culpa de esos malvados que se llaman hijos
míos... Azuzados por una mujer que tu huésped el Puerco había
desdeñado, quisieron seguir la antigua costumbre de la tierra y
comerse al gordo extranjero negro que vino con éstos tus huéspedes,
el Babuino que está presente y el León que está enfermo, sabiendo que
di no habrías dicho nada respecto al negro. Pero cuando el Babuino y
el León vieron lo que querían hacer, mataron a la mujer, y también a
su criado, para salvarlo del tormento de la vasija. Entonces aquellos
malvados, sí, los hijos de El Malvado que habita aquella caverna, se
arrastraron con la sed de la sangre, y saltaron a las gargantas del León,
del Babuino y del Puerco. Mas ellos se defendieron bizarramente...
¡Oh, Hiya!, se batieron como verdaderos hombres, matando a muchos,
sosteniéndose hasta que yo acudí y los salvé, y a los malvados los he
hecho conducir aquí para que los juzgue tu grandeza ¡oh, ELLA!, y
aquí están...
-Sí, anciano, lo sé; y mañana asistiré a la gran sala para juzgarlos;
pierde cuidado: A ti te perdono, aunque con trabajo. Cuida mejor de tu
hogar en lo sucesivo... ¡Vete!
Billali se alzó sobre sus rodillas con grandísima alegría, dobló tres
veces la cabeza barriendo el suelo con la barba, y a gatas atravesó
retrocediendo la habitación hasta que lo escondieren las cortinas,
dejándome solo, y bien alarmado por cierto, con aquella persona tan
terrible, pero también tan fascinante.
CAPITULO XIII tantos días, y paréceme que tu acento no cae en las palabras como lo
AYESHA SE DESCUBRE ponen los romanos... Pero ¿quién ha escrito eso?... No conocía la
-YA se ha marchado el necio de la blanca barba... ¡Ah! ¡Cuán poca frase; pero se ajusta bien a ese gran pueblo. Parece que he topado con
sabiduría adquiere un hombre durante su vida!... La recoge como el un hombre instruido..., cuya mano ha sabido mantener en su palma
agua, pero así también se le escurre entre los dedos, y cuando tiene las ahuecada el agua de la sabiduría mundana... ¿Hablas también el
manos húmedas cual de rocío, las generaciones de tontos claman: griego?
¡Ved, es un sabio!... ¿No es así? ¿Mas, cómo te llamas?... Babuino te -Conozco el griego, ¡oh, reina!, y también el hebreo;
dice él -y se rió-. Así acostumbran esos salvajes que carecen de -mas no lo bastante para hablaros. Esas son hoy día lenguas muertas.
imaginación, y acuden a las bestias, a que se asemejan, para dar un Batió ELLA sus manos con infantil placer.
nombre. ¿En tu propia tierra cómo te llaman, extranjero? -En verdad que tú eres un árbol feo, pero que produce frutos de
-Holly me llaman, ¡oh reina! sapiencia, ¡oh, Holly! -exclamó -.Pero háblame de esos judíos a
- ¿Holly?... -repitió ELLA pronunciando con dificultad la palabra, quienes yo aborrecía porque me llamaban "gentil" cuando quise
aunque con delicioso acento -. ¿Qué quiere decir Holly? enseñarles la filosofía. ¿Vino su Mesías?... ¿Reina en el mundo?
-Holly es un árbol espinoso. -Su Mesías vino -contesté con veneración-; mas vino pobre y
- ¡Muy bien!... Tienes un aspecto espinoso y de árbol, en verdad. humildemente, y ellos no quisieron reconocerle a El... Azotáronle, y lo
Eres fuerte y feo; mas si no me engaña mi saber, eres honrado hasta la crucificaron después sobre un leño; pero aun duran sus palabras, y el
medula, un cayado de confianza para apoyarse... También eres alguien ejemplo de sus obras; y en verdad que hay reina El sobre la mitad del
que piensa... Más, ¡ay, Holly! ¡Que estás ahí de pie!... Entra conmigo mundo, mas no con mundanal imperio...
y siéntate a mi lado. No quisiera verte arrastrándote ante mí, como - ¡Ah, lobos judíos de feroz corazón! - exclamó ELLA
esos esclavos. Fastidiada estoy de su adoración y de su terror. A Adoradores de los sentidos, y de muchos dioses..., codiciosos de
veces, cuando me estorban un poco, anonadaría a la mitad de ellos por ganancias, desgarrados por las facciones internos... ¡Paréceme ver aún
puro gusto de ver a los demás palidecer espantados en el alma... sus rostros atezados!... ¿Conque crucificaron a su Mesías?... ¡Lo
Y ELLA entonces alzó la cortina un poco con su mano de marfil para comprendo fácilmente!... ¿Qué les importaba a ellos que fuese un hijo
dejarme pasar. del Espíritu Viviente?..., si es que lo era, y de esto luego hablaremos.
Estremeciéndome, entré. Era demasiado terrible esa mujer. El ¡Ellos, pueblo escogido, vasija de aquél a quien llamaban Jehová, sí, y
camarín, colgado en parte de tapicerías, era un ensanche de mina también vasija de Baal, y vasija de Astoreth y de los dioses de Egipto!
cuadrado, de doce pies de largo, en el que había un canapé y una Gente irascible, violenta; ansiosa de cuanto les pudiese dar riqueza y
mesa, sobre la cual vi frutas y agua clara. También vi allí, en un poderío... ¿Conque crucificaron a su Mesías porque se presentó
ángulo, un vaso de piedra labrada, como una pila, lleno asimismo de humildemente, y se hallan ahora dispersos por la tierra?... Pues bien, si
agua pura. El sitio estaba iluminado por lámparas formadas de las mal no recuerdo, así se lo predijo uno de sus profetas que les
bellas vasijas de que he hablado, y el ambiente y los tapices resultaría… ¡Me alegro de su suerte!... ¡Partiéronme el corazón eso
impregnados de un sutil aroma, que también parecía emanar de la judíos me hicieron que mirara al mundo con torvos ojos!... ¡Ay, sí!...,
hermosa cabellera, de las albas y ceñidas vestiduras y de ELLA mismo. ellos me arrojaron al desierto este de un pueblo que existía antes que
Al entrar, me paré indeciso. ellos... Me lapidaron cuando quise enseñarles la sapiencia en
-Siéntate -dijo señalándome el canapé-. No tienes por ahora motivos Jerusalén..., ¡sí, a las puertas mismas del templo, aquellos hipócritas
para temerme. Si los tuvieras, no me temerías largo espacio, porque te de blanca barba y los rabinos azuzaban al pueblo para que me
mataría... Tranquiliza tu corazón, a Árbol o arbusto del género Ilex (I, lapidasen!... - Y, con súbito ademán, alzando la envoltura de gasa de
aquifobum, acebo.) su torneado brazo marcóme una pequeña cicatriz rojiza que se
Sentéme entonces en el extremo del canapé que estaba junto ala pila, destacaba sobre la blancura de leche del miembro bellísimo.
y ELLA se dejó caer suavemente del otro lado; apoyándose contra sus Hice un movimiento de horror.
cojines. - ¡Perdóname, oh, reina! le dije-, mas tú me deslumbras. Cerca de
-Ahora, Holly, dime cómo llegaste a hablar el árabe. Es mi propia dos mil años han pasado sobre la tierra desde que el Mesías hebreo fue
adorada lengua, porque árabe soy yo de nacimiento. No lo hablas, clavado sobre su cruz en el Gólgota, ¿y cómo, pues, pudiste enseñarles
empero, cual nosotros solíamos. Algunas palabras parecen cambiadas, tú filosofía a los judíos antes de que El naciera?... Mujer tú eres, que
como hacen esos hombres, los amajáguers, que han degradado y no espíritu. ¿Cómo puede una mujer vivir más de dos edades? ¿Por
corrompido su pureza hasta el punto de que para hablarles he de usar qué de mí te burlas? ¡Oh, reina!...
otro idioma. ELLA se inclinó entonces más en el canapé y otra vez sentí que sus
-Estudié la lengua durante muchos años - respondí -, y se habla aún ocultos ojos se fijaban en mí y me escudriñaban el alma.
en Egipto y en otras partes. - ¡Hombre! - me dijo al fin hablando lentamente - parece que en la
- ¡Conque aun se habla, y existe el Egipto!... ¿Y qué faraón ocupa su tierra hay cosas que tú aun ignoras... ¿Tú crees aún que todas las cosas
trono?... ¿Algún descendiente del persa Ochus?... ¿O es que ya los perecen, como creían aquellos judíos...Yo te digo que nada muere
Aqueménidas no existen?... realmente; tal cosa como es la muerte, no existe. Mira - dijo
- ¡Hará cerca de dos mil años que los persas salieron del Egipto, y mostrándome algunas esculturas del muro -: tres veces dos mil años
desde entonces los Ptolomeo, los romanos y otros muchos han han pasado desde que los últimos de la gran raza que esculpió esas
florecido y dominado sobre el Nilo y han caído cuando les llegó su figuras cayeron ante el soplo de la peste que los destruyó, y no han
hora! - exclamé espantado -. Qué puedes tú saber del persa muerto, sin embargo... ¡Aun existen ellos!... , quizás sus espíritus nos
Artajerjes?... están contemplando ahora mismo... ¡Algunas veces paréceme que mis
Rióse sin contestarme y por mi cuerpo corrió un escalofrío. ojos los ven!
- ¿Grecia? - continuó -. ¿Existe aún una Grecia?... ¡Ah! ¡Yo amaba a - ¡Sí; pero para el mundo han muerto!
los griegos!... ¡Eran hermosos como el sol e inteligentes, pero --Cierto, mas sólo por algún tiempo..., y aun renacen para el mundo,
orgullosos y tercos!... y vuelven a renacer... Yo misma, extranjero, yo, Ayesha..., porque este
-Sí, la Grecia existe aún, y ahora precisamente acaba de constituirse es mi nombre..., te digo que estoy aguardando que vuelva a nacer uno
de nuevo como nación. Pero los griegos de hogaño no son como los de a quien yo amaba..., y aquí he de aguardar hasta que él vuelva, porque
antes, y la misma Grecia de hoy no es más que un remedo irrisorio de sé que volverá, y que aquí, aquí únicamente, se alegrará de verme...
la antigua. ¿Pues por qué suponías que yo, siendo todopoderosa, más bella que
- ¡Conque así es!... ¿Y los hebreos?... ¿Ocupan aún a Jerusalén?... Helena la griega, tanto cantada, y más sabia, sí, diez veces más sabia
¿Mantiénese aún el templo que edificó el sabio rey?... ¿Aquel su que Salomón el sabio, que conozco los secretos de la tierra y los
Mesías, de que tanto hablaban, vino ya, y reina quizá en la tierra?... tesoros que guarda, y que sé utilizar todas las cosas, yo que por un rato
- Los judíos fueron desbaratados, su nación desapareció, y los he podido hacerme superior al cambio que vosotros llamáis la
fragmentos de ella se encuentran dispersos por el mundo, y ya muerte..., ¿por qué, dime, extranjero, pensaste tú que podría habitar yo
Jerusalén no existe... En cuanto al templa que erigió Herodes... aquí entre bárbaros inferiores aun a las bestias?...
-Herodes?... ¡No le conozco! Mas, no importa, continúa. -No lo sé - respondí con humildad.
-Los romanos lo incendiaron, y las águilas latinas volaron sobre sus -Pues es porque yo espero al que amo... Mi vida, quizá, ha sido mala;
ruinas. no lo sé... ¿Quién podría saber lo que es bueno y lo que es malo?... Así
- ¡Conque así fue, así!... ¡Gran pueblo fue ése de Roma, que iba es que temo morir, si morir pudiera, que no puedo, para ir en su busca,
derecho a su objeto!... Sí, hacia su fin volaba como la fatalidad; cual en cualquier sitio que esté, pues que entre nosotros dos podría haber
sobre su presa abatíanse sus propias águilas... Más sembraban la paz un muro que no sabría salvar quizá...; al menos, eso temo... Muy fácil
en pos de sí. sería de-seguro extraviarse en esos grandes espacios por los que los
- ¡Solitudinem faciunt, pacen apellant! - dije entonces, a pesar mío. soles giran perdurablemente... Mas ha de llegar un día, quizá cuando
- ¡Ah, conque también puedes hablar tú la lengua latina! - exclamó hayan pasado otros diez mil años, fundidos y desaparecidos en los
sorprendida -. De peregrino modo suena hoy en mis oídos después de silos del Tiempo, como las nubecillas se disuelven en la tiniebla
nocturna, en que él renazca, y entonces, esclavo de una ley que es más muy hermosa de este país, que se adelantó a besarlo apenas lo vio, y
fuerte aun que todo propósito del hombre, vendrá a buscarme aquí y que no se ha apartado de él desde entonces, conforme a la costumbre
su corazón se ablandará por mí, por más que contra él yo haya pecado; de tu pueblo, ¡oh, reina!...
¡ah, sí!, por más que él no me reconozca, ¡tendrá que amarme, aunque - ¡Mi pueblo!... No me hables más de mi pueblo me dijo vivamente -.
mas no fuera que por mi belleza!... ¡Esos esclavos no son mi pueblo!, no son más que perros que me
Me quedé abrumado, mudo de asombro; las nociones que me sugería obedecen hasta que llegue el día de mi redención, y en cuanto a sus
eran demasiado potentes para que las prendiese mi intelecto. costumbres; nada me importan... Tampoco me llames reina; hastiada
-Mas, ¡oh, reina!, aunque así sea - dije al fin -, si han de renacer y estoy de títulos y de lisonjas; llámame Ayesha; este nombre me
renacer los hombres, tú no estás sujeta a esta ley siendo cierto lo que resuena dulcemente en el oído; es un eco del pasado... A esa Ustane
dices..., verdad... - Penetróme otra vez su mirada oculta- Puesto que tú no la conozco... Será la que mi clarividencia me advirtió para que me
no has muerto nunca -dije concluyendo rápidamente la expresión de guardase de ella, y que yo también amenacé... ¡Aguarda, voy a ver!... -
mi duda. e inclinándose, pasó la mano por la pila de agua y observó con
-Así es - contestó -, porque yo, tanto por mi saber como por atención... -Mira tú -me dijo entonces tranquilamente-. ¿Es ésa
casualidad, he descubierto uno de los grandes secretos del mundo. Ustane?...
Dime, extranjero, si la vida existe, ¿por qué no ha de ser prolongada - ¡Es ella!... - murmuré, porque el asombro ante aquel hecho
por cierto tiempo?... ¿Qué son diez, veinte o cincuenta mil años?..., inusitado me embargaba de nuevo -. Está contemplando a Leo, que
¿qué son, si en diez mil años apenas sirven la lluvia y las tempestades duerme.
para disminuir de una cuarta la altura de la cima de un monte? En dos - ¡Leo!... - dijo ELLA como hablándose a sí misma-. Esta palabra
mil años estas cavernas no han variado nada; nada ha variado más que quiere decir león en lengua latina. El viejo acertó bien una vez... ¡Es
las bestias y el hombre, que es como las bestias. Si pudieras cosa rara!... Será que..., ¡pero no es posible! Y con un gesto
comprenderlo, verías que esto nada tiene de particular. Cosa impaciente pasó de nuevo la mano sobre el agua, que se obscureció,
asombrosa es la vida, cierto; mas no lo es que pueda prolongarse disipándose de ella la imagen con tanto misterio y silencio como
algún tanto. La naturaleza tiene su espíritu anímico, como el hombre, cuando se formó, y las luces de las lámparas únicamente se reflejaron
que es su hijo; y el que descubrir pueda ese espíritu y se deje alentar en la superficie de aquel líquido y animado espejo.
por él, vivirá la vida de ella. No vivirá eternamente, porque la - ¿No tienes nada que pedirme antes de marcharte, Holly? -
naturaleza no es eterna, y también ella morirá, así como ha muerto la Preguntóme después de meditar un rato -. Mala vida habrás de pasar
naturaleza de la luna. También la de la tierra morirá, o mejor dicho, aquí, porque estas gentes son salvajes y no conocen las necesidades de
variará, para dormir en tanto que le llegue de nuevo el turno del los hombres cultos. No es que yo viva muy, mal, porque, he ahí mi
renacimiento. ¿Mas cuándo morirá?... Calculo que no ha de ser aún, y alimento, añadió señalando la fruta de encima de la mesita -; nada más
mientras viva, con ella vivirá también el que posea todo su secreto. que frutas y un poco de agua tocan mis labios. He ordenado a mis
Todo el secreto no lo poseo yo; empero alguna parte conozco, más muchachas que te sirvan. Son mudas, ya lo has visto, y las mejores
que ninguno de los que me precedieron. No dudo que para ti estas sirvientes, por tanto, para los que puedan leer en sus caras y sus
cosas sean un gran misterio, y por tanto, no te abrumaré con su signos. Así las hice yo, y me ha costado esto algunos siglos y bastante
grandeza ahora. Otra vez te diré más sobre ese asunto. ¿Te admiras de trabajo, mas he tenido buen resultado al fin. Antes lo había obtenido
que yo supiera que ibais a venir y que pudiera salvar vuestras cabezas también, pero la raza era muy fea y concluí con ella; ya has visto que
de la vasija calentada al rojo? no lo son ahora. En otra ocasión también creé una raza de gigantes;
- ¡Oh, reina, sí! pero la naturaleza, tras algún rato, no quiso sufrirla más y se
-Pues contempla esa agua -. Señalóme la pila, e inclinándose extinguió... ¿Quieres pedirme algo?
entonces sobre ella, puso por encima su mano. - ¡Ah... sí, Ayesha, una sola cosa!... - repliqué audazmente, aunque
Me levanté y miré. El agua se enturbió de repente, aclaróse luego, y no sintiera tanto valor en mis adentros como quise fingirlo...-. Quisiera
vi, tan claro como lo más claro que en mi vida he visto; vi, digo, contemplarte el ¡rostro! Soltó ella entonces una argentina risa.
nuestro ballenero en el horrible canal; a Leo acostado en el fondo con - ¡Piensa en lo que dices, Holly, piensa en lo que dices!... Di, tú que
un abrigo echado por encima para cubrirse de los mosquitos, de tal pareces enterado de los antiguos mitos de los dioses griegos: no fue un
modo que no se le veía la cara, y a Job, a Mahomet y a, mí mismo, tal Acteón el que mísero pereció por contemplar una beldad inefable
tirando del bote sobre el camino de sirga. Si yo te muestro mi cara quizá perezcas también de tan lastimosa
Salté hacia atrás lleno de asombro, clamando que aquello era manera...; quizá te devoren el corazón los impotentes deseos; porque
mágico, porque reconocí la escena, tal como realmente había ocurrido. has de saber que yo no soy para ti; no soy para ningún hombre,
-No, oh, Holly - respondióme ella -; no es hazaña mágica ni hay excepto uno... Uno que existió y que no existe aún...
talcosa; la magia no es más que una ficción de la ignorancia. Basta - ¡Como quieras, Ayesha! Más no temo tu belleza... He apartado ya
conocer los arcanos de la naturaleza. Mi espejo es este; en el veo lo mi corazón de esa vanidad de la femenil hermosura, que se marchita
que pasa cuando quiero evocar la representación, lo que no hago a como las flores.
menudo. En esa agua puedo mostrarte lo que tú quieras, de lo pasado - ¡Ah, no! Te equivocas... La belleza no se marchita. La mía perdura
si se refiere a este país, o a algo que he conocido, o cualquier cosa que como perduro yo. Ya que lo deseas, hombre terco, hágase tu
tú quieras. Piensa en una cara, en el que te parezca, y lo verás voluntad... Mas no me culpes luego si la pasión cabalga sobre tu
reflejado de tu mente en el cristal del agua. No conozco aun ese juicio, como sobre los potros el domador egipcio, y te conduce adonde
secreto por entero, no puedo saber nada de lo porvenir; mas es viejo, y tú no lo desees... Jamás podrá el hombre que haya contemplado mi
yo no lo he descubierto. Los magos de Egipto y de Arabia belleza desnuda apartarla después de su mente... Así es que yo ando
conociéronlo hace siglos. Así fue que un día se me ocurrió pensaren velada aun entre esos salvajes, para que no me estorben y tenga luego
este antiguo canal, por el que pasé hace unos veinte siglos, y quise que matarlos... Di, ¿quieres verme?
verlo de nuevo. Y miré, ahí, y vi el bote y tres hombres que andaban - ¡Sí, quiero! - exclamé dominado por la curiosidad.
tirándolo, y uno, cuyo rostro no pude ver, pero que era un joven de Alzó entonces sus brazos tan blancos, nunca había concebido brazos,
hermosas formas, que yacía durmiendo dentro. Entonces di una orden como aquéllos, y lenta, muy lentamente, desató algunos nudos de su
y os salvé. Y ahora adiós... Más no, aguarda... Cuéntame de ese rebozo bajo la cabellera, por la nuca... y de súbito cayeron las largas
joven..., del León, como le llama el viejo. Quisiera verlo, pero está bandas de la sepulcral vestidura que la envolvía, y la mirada mía se
enfermo, me han dicho... Tiene la fiebre del pantano y está, además, puso a recorrer de abajo arriba sus formas traslúcidas ya de una
herido de resultas de la riña. estrecha veste albísima, lo que realzaba su perfecto contorno; todo su
-Está muy enfermo - respondí entristecido -. ¡Tú que tanto sabes!, cuerpo animado por algo que era más que vida, dotado de una gracia
¡oh, reina!, ¿no querrás curarlo?... infinita, como de sierpe ondulante, que era gracia sobrehumana.
-Es claro que puedo... ¿Más por qué hablas con tanta pena? ¿Amas Ceñían sus piececillos sandalias encarnadas sujetas con botones
mucho a ese joven? ¿Es tu hijo quizá?... dobles de oro; sus talones eran más perfectos aun que todos los que
-Es mi hijo adoptivo, ¡oh, reina!... ¿Debo traértelo a tu presencia? han soñado los escultores. Sobre su talle, la blanca y breve túnica se
-No... ¿Cuánto hace que tiene fiebre? sostenía por una sierpe de oro macizo de dos cabezas, y las dulcísimas
-Tres días. formas se ampliaban encima de ese cinto con puras y adorables líneas
-Bueno deja pasar otro día. Quizá pueda librarse él mismo de ella por hasta el punto en que la túnica concluía sobre la nevada plata de su
su propio vigor. Más vale esto que mi cura, mi medicina es de tal seno, por encima del cual doblábanse sus brazos...
suerte que conmueve la vida dentro de su propia ciudadela. Sin Miré entonces su rostro, y... ¡juro, por Dios que no exagero!..., salté
embargo, si mañana en la noche, a la hora misma en que la fiebre lo atrás, cegado, lleno de asombro. Hasta aquel día había oído hablar de
atacó por primera vez, no empezase su mejoría, entonces yo iré a verlo la beldad divina; ¡mas entonces la vi!... Sólo que esta beldad, con toda
y lo curaré.... Aguarda, ¿quién lo asiste? su inmensa pureza y gracia, era tremebunda y de mal... Hirióme a mí,
-Nuestro servidor blanco, el que Billali llama el Puerco, y también al menos, como un mal entonces.
-agregué titubeando un poco una mujer la amada Ustane, una mujer ¡Cómo la describiré!... No puedo... De una vez diré que no puedo
describirla. No existe el hombre cuya pluma pueda hacer concebir la
idea de lo que yo vi. Podría hablar de los grandes ojos profundamente
negros, dulcísimos, cambiantes; de la tez animada, de la frente amplia,
noble, por donde eran los cabellos cortos; de las demás facciones
rectas y delicadas. Más por bellas, por excesivamente bellas que
fueran, el encanto que irradiaban no residía en ellas mismas. Más bien
se hallaba, si es posible decir que residía en parte alguna determinada,
en una majestad visible, en una imperiosa gracia, en una impresión
divina de atenuado poderío que emanaba de aquella fisonomía
radiante para formarle como un nimbo viviente.
Hasta aquel momento no había podido concebir nunca cómo podría
ser la belleza irreal y viéndola allí, empero, comprendía que era
sombríamente sublime; gloria que no era celeste; por más que yo veía
que era el de una mujer joven muy sana, en la primera explosión de su
florecimiento; había en ello la expresión de una experiencia inefable,
de una honda intimidad con -las pasiones y el dolor. Ni aun la
adorable sonrisa que se deslizaba de los hoyuelos de su boca, podía
disimular esa sombra del pecado y de la tristeza. Hasta en la lumbre
flotaba de los ojos fulgurantes, y palpitaba en la majestad de su
aspecto, y parecían decir: - "Contémplame, más adorable que mujer
ninguna ni viva ni muerta ya, inmortal, casi divina. Mas la memoria
me persigue a través de las edades, y la pasión me lleva de la mano.
En el crimen incurrí, y con la tristeza he sido íntima en los siglos que
he vivido, y seguiré haciendo el mal y conociendo la tristeza en los
tiempos futuros hasta que se verifique mi redención".
Atraída por no sé qué magnética potencia que no pude contrarrestar,
fijóse mi mirada en sus ojos, y sentí que de ellos brotaba una corriente
que casi me deslumbró y me cegó.
Rióse..., ¡ay!, y cuán musicalmente..., y movió su cabecita con
sublime coquetería, digna de Venus Victrix.
- ¡Hombre terco! -dijo-. Como Acteón obtuviste lo que deseabas,
pero cuida ahora de que, como él, no perezcas lastimosamente
destrozado por la rabiosa jauría de tus pasiones. Yo también, ¡oh,
Holly!, soy una deidad virgen y nadie habrá de conmoverme, más que
uno solo... y ése no eres tú. Responde, ¿me has contemplado ya?...,
- ¡Contemplé a la Belleza y me cegó! - exclamé roncamente, y me
cubrí los ojos con la mano.
- ¡Así es!, yo te lo dije... La belleza es como el rayo, adorable, más
destructora..., para los árboles, sobre todo, Holly...
Calló de pronto, y entre mis dedos vi hacerse un tremendo cambio en
sus facciones. Clavábanse sus grandes ojos en mi mano con una
expresión de horror que parecía batallar con cierta esperanza atroz que
brotaba de la profundidad de su alma sombría. Rígida tornóse la
bellísima cara, así como su cuerpo ondulante lleno de gracia, que se
había inclinado antes como un sauce. Echó hacia atrás la cabeza como
la sierpe al herir, y me dijo, con voz que parecía un silbido, muy bajo:
- ¡Extranjero! ¿Dónde obtuviste ese escarabajo que luces en tu dedo?
Habla pronto, ¡hombre! ¡O por el mismo Espíritu de la Vida que voy a
fulminarte ahí donde estás parado!...
Y dió un pequeño paso hacia mí, y de sus ojos salieron unos
espantosos resplandores, que me parecieron llamas... Caí desplomado
en el suelo ante ella, balbuciendo en mi terror confusamente palabras
bárbaras sin sentido.
-He ahí, Holly, que te he asustado... -dijo entonces cambiando
súbitamente de ademán y hablando con su suave voz de antes-.
Perdóname por ello... Mas, a veces, ¡oh, Holly!, la mente casi infinita
se desespera de la lentitud de lo que es tan finito, y de pura
mortificación, tentada me encuentro a utilizar mi poderío. A punto de
morir estuviste; pero volví en mí misma... ¡Pero ese escarabajo!...,
dime, ¿dónde lo obtuviste?...
-Yo lo recogí del suelo... -murmuré barbotando débilmente,
conforme me ponía de pie otra vez, y tan perturbada tenía la
inteligencia que juro que en aquel instante no sabía del sortijón de Leo
otra cosa, sino queso había recogido del suelo al salir de su cuarto.
- ¡Es cosa extraña!, pero una vez yo conocí un escarabajo como ése...
¡Colgaba del cuello de uno a quien yo bien amaba!... -Estalló en un
sollozo, y luego la vi acometida de una agitación como histérica, bien
impropia, a la verdad, de una mujer tan tremebunda como ella.
Aunque tan vieja no era, después de todo, sino como las demás...
-Debe ser uno parecido a aquél-continuó, hablando como si estuviese
[Link] el antiguo Egipto había muchos que se llamaban Reales Hijos
de Ra... El escarabajo que yo conocí no estaba como ése, engarzado en
un anillo-. Y me dijo luego-: Holly, vete, y olvida, si puedes, que has
visto la belleza de Ayesha...
Volvióme la espalda y se arrojó en el canapé, hundiendo el rostro en
los almohadones.
Salí dando traspiés, y encontréme al punto, sin saber cómo, en mi
propia cueva.
CAPITULO XIV en ángulos rectos al que yo seguía, y entonces me sucedió una cosa
ALMA ATORMENTADA atroz: la fuerte corriente del aire que tiraba aquel corredor apagó mi
ERA ya cerca de las diez de la noche cuando me eché en la cama y lámpara, y me quedé en la más completa oscuridad en las entrañas
comencé a arreglar mis perturbadas ideas, reflexionando sobre lo que misteriosas del mundo. Di dos grandes trancos hacia adelante al
había visto y oído. Pero cuanto más meditaba, menos entendía. quedarme a oscuras, para cruzar el pasaje transversal, aterrado al
¿Estaba yo loco o borracho, o soñando, o era víctima quizá de la más pensar de pronto en que podría doblar por él sin darme cuenta de ello
gigantesca y complicada broma? ¿Cómo era posible que yo, hombre y sumirme qué sé yo adónde en las tinieblas. Detúveme a pensar qué
de razón, que no desconocía los hechos científicos más notables de haría entonces.
nuestra historia, incrédulo hasta entonces en absoluto de todos esos No tenía fósforos y me espanté al intentar volver sobre mis pasos en
artificios y añagazas que en Europa se conocen con el nombre de aquella negrura absoluta. Sin embargo, no iba a pasarme allí la
sobrenaturalismo, pudiese convenir en que acababa de estar noche..., ¿y de qué me serviría esto, si en las minas donde me
conversando por un rato con una mujer que tenía dos mil años y pico encontraba, lo mismo era el mediodía que la medianoche?... Miré
de edad? Esto era contrario a la experiencia de la naturaleza humana y hacia atrás, sobre mi hombro: nada, ni una luz ni un sonido. Miré
un absurdo imposible... ¿Y cierta emoción?... ¡Esa no era, como todo, hacia adelante, tratando de penetrar la obscuridad con mis ojos... ¡Ah!,
más que un gran disparate!... ELLA me lo había prevenido bien, y yo allá, lejos, vislumbré un suave resplandor. Quizá habría por allí alguna
rehusé atender a su aviso... ¡Maldita sea la fatal curiosidad que cueva donde encontraría un poco de luz... De cualquier modo valía la
perennemente obliga al hombre a escrutar a la mujer, y malditos pena de que fuese a ver lo que era. Lenta y dolorosamente me adelanté
también los naturales impulsos que la crean!... ¡Caer yo a mis años por el túnel, sin separar la mano del muro y tanteando con el pie antes
víctima de esta moderna Circe!... Aunque a la verdad, ELLA no era de dar los pasos, por temor de caer en algún pozo. Di treinta pasos...
moderna, así lo dijo, al menos era tan vieja casi como la Circe Era una luz suave, vacilante, que pasaba al través de una cortina... A
original. los veinte pasos más, vime cerca de la luz; di diez más...
Meséme los pelos y salté de mi lecho, comprendiendo que si no Había llegado junto a las cortinas, y como no estaban cerradas del
hacía alguna cosa material, llegaría a ponerme delirante como Leo. todo, pude ver dentro la cueva que cubrían, y que tenía todas las
¿Qué dijo ELLA también sobre el escarabajo?... Era el, de Leo, el que apariencias de un sepulcro. Ardía en el centro de ella, brotando del
había salido de la vetusta caja que Vincey había dejado en mi cuarto piso, una llama blanquecina que no daba humo. A la izquierda había
hacía cerca de veintiún años. ¿Resultaría verdadera, después de todo, una losa con un pequeño reborde como de tres pulgadas, y sobre la
la historia de marras y la escritura del fragmento de vaso no era una losa un cadáver, al menos así me pareció, con un paño blanco echado
falsedad, no era la invención de una infeliz de floja cabeza? Y en este por encima. A la derecha vi otra losa parecida, y sobre ella algunas
caso, ¿podría ser Leo el hombre que ELLA estaba esperando..., el ropas bordadas. Inclinada sobre la llama estaba una mujer sentada, de
muerto que había de renacer?... cara al cadáver y presentándome un costado, embozada en un manto
¡Imposible, vamos! ¡Monserga! Quién oyó nunca que un hombre oscuro que la tapaba toda como la capa de una monja. Tenía clavada
volviera a nacer... la vista sobre la llama.
Después se me ocurrió que no había ido a ver cómo seguía Leo. De súbito y mientras estaba yo pensando en lo que haría, púsose de
Quitéme los zapatos, tomé una de las lámparas que ardían junto a la pie la mujer, y con un movimiento convulsivo desprendióse de su
cama, y salí a la galería dirigiéndome a su cueva. El aire nocturno manto oscuro.
movía suavemente la cortina de la entrada, como si manos de ¡Era ELLA misma!
invisibles espíritus la estuvieran corriendo y descorriendo. Me deslicé Vestida estaba como la vi la víspera cuando se descubrió a mis ojos,
en el abovedado recinto, y miré. Leo estaba echado, agitándose muy con una blanca túnica estrecha, escotada en el pecho y ceñida al talle
inquieto en su fiebre, pero dormido. Ustane, casi tendida en el suelo y por la bárbara sierpe de oro de la doble cabeza; suelta sobre la espalda
apoyada en el lecho de piedra, estaba allí. Estrechaba en la suya una la negrísima cofia de su ondeada cabellera. Mas su rostro era lo que
de las manos de Leo; también dormitaba, y ambos formaban un me impresionaba y me tenía el corazón como metido en una prensa, y
interesante, mejor dicho, un patético cuadro. ¡Pobre Leo! Sus no ya por la potencia de su hermosura, sino por la de un fascinante
enrojecidas mejillas ardían, tenía grandes ojeras y respiraba con gran terror. Bella era aún, en verdad, pero en aquellas palpitantes facciones,
dificultad. Malo, muy malo estaba, y de nuevo me asaltó el temor en la adolorida mirada de los ojos vueltos hacia arriba, había tanta
atroz de que pudiera morir dejándome solo en el mundo. pasión feroz, tanta agonía, tanto ensañamiento vengativo, que mi
Y, sin embargo, si vivía quizá fuera mi rival para con Ayesha, pluma es incapaz de describir.
aunque no fuese él a quien ELLA aguardaba, y entonces, ¿qué Estúvose quieta por un momento con las manos levantadas sobre la
esperanza podría yo abrigar, hombre maduro y horroroso, compitiendo cabeza; en eso, la blanca túnica se deslizó cayendo sobre el cinto de
con tan brillante y hermoso joven?... ¡Pero, gracias a Dios, mi noción oro, y dejó desnuda la deslumbrante belleza de su torso... Con los
moral no había muerto!... ELLA no la había matado aún, y allí mismo dedos entrelazados, arqueada hacia atrás un poco, tenía la expresión
rogué desde lo más profundo de mi alma al Todopoderoso, que ese de una inmensa malignidad que se condensaba fulminante sobre su
muchacho, ése que era más que mi hijo, viviera, aunque fuera rostro.
ciertamente el hombre aguardado por la hechicera. Desplomáronse al fin las crispadas manos, y volviéronse a elevar, y
Volvíme entonces a mi cuarto tan callado como había venido; por mi vida y por mi honor afirmo que la llama subía y bajaba con
tampoco pude dormir, porque la imagen de Leo, tan gravemente ellas arrojando cada vez que subía un lívido y atroz resplandor sobre
enfermo, sólo había servido para echar combustible a la hoguera de mi ELLA, sobre la figura humana tendida en la losa y cubierta por un paño
inquietud. Mi cuerpo fatigado y mi sobreexcitada mente había puesto blanco, y sobre todos los detalles de los esculpidos muros del recinto.
a la imaginación en actividad exageradísima. Evocaba ideas, visiones, Abatiéronse de nuevo los brazos ebúrneos y al hacerlo empezó a
inspiraciones casi, con extraordinaria claridad. Muchas eran bastante hablar en arábigo, o a silbar más bien; y con tal acento que me cuajó la
grotescas, otras lúgubres, y otras la representación de pensamientos y sangre en las venas y paralizó por un instante el corazón.
sensaciones que años hacía estaban, hundidas entre los escombros de - ¡Maldita sea!... ¡Perennemente maldita!...
mi pasada existencia. Pero detrás, y encima de todas flotaba la forma Bajaron los brazos y la llama bajó. Subieron, y la amplia lengua
de la mujer tremebunda, y la memoria de su arrebatante hermosura las ígnea se empinó con ellos. Cayeron otra vez.
penetraba y obscurecía con sus destellos. Y yo medía con mis pasos - ¡Maldita sea su memoria!... ¡Maldita sea la memoria de la
como un loco mi habitación, y no me cansaba dé andar... egipcia!...
De súbito noté lo que acotes no había visto: una estrecha abertura en Subieron y bajaron luego.
el pétreo muro. Tomé, una lámpara y la examiné, era un pasadizo. - ¡Maldita sea la hermosa hija del Nilo, por razón de su hermosura!...
Aun tenía el juicio suficiente para pensar que, en una situación como ¡Maldita, porque su magia prevaleció contra mí!... ¡Maldita, porque
la nuestra, no era cosa agradable tener pasadizos abocados en el cuarto me robó al que adoraba!...
de dormir sin saber de dónde salían. Por ellos pueden venir las gentes, Y al caer por último la llama, cubrióse los ojos con las manos.
venir cuando uno duerme... Así es que, en parte por curiosidad, y en - ¡Es inútil!... ¡Inútil!... - clamó sollozando -. ¿Quién podrá nunca
parte por la necesidad en que yo me veía de estar haciendo alguna herir a los que duermen?... ¡Ah, no! ¡Ni aun alcanzarlos puedo!
cosa, metíme por el corredor. Encontré una escalera y la bajé; seguí Mas luego continuó en su perversa ceremonia:
por otro corredor, túnel más bien, labrado también en la peña viva, - ¡Maldita sea al nacer de nueva!... ¡Que maldita renazca!... ¡Que
que iba corriendo, a mi juicio, exactamente por debajo de la galería en maldita sea desde la hora en que renazca hasta que se duerma otra
que abrían nuestras habitaciones, y a través de la gran nave central. vez!... ¡Sí, maldita entonces sea, para que pueda alcanzarla mi
Continué andando por él. Estaba silencioso como una tumba; sin venganza y pueda en absoluto destruirla!...
embargo, solicitado por una emoción o atracción que no puedo Subía y bajaba la llama reflejándose en sus mortecinos ojos; el
describir, seguí andando, y mis pies calzados con las medias silbante sonido de sus terribles maldiciones, que mis palabras no
solamente, no hacían ruido al pisar aquel suelo, pulido y duro. Cuando pueden explicar en todo su horror, se extendía por el subterráneo
hube andado unas cincuenta yardas, encontré otro pasaje que cruzaba deshaciéndose en pequeñas repercusiones, mientras que las
alternativas de luz lívida y de sombra oscura se sucedían sobre la
blanca y tremenda forma tendida en su lecho fúnebre de piedra.
Al fin pareció cansarse y cesó. Sentóse en el rocoso suelo y
echándose con un movimiento desesperado de la cabeza la cabellera
oscura sobre la cara y el seno, qué quedaron eclipsados como bajo una
densa nube, empezó a sollozar con inmenso dolor que partía el alma.
- ¡Amor mío, amor mío!... ¿Por qué te ha despertado ayer así ese
extranjero? Hace quinientos años que no penaba tanto... ¡Ay!, si
contra ti pequé, ¿ya no lavé mi pecado?... ¿Cuándo a mí volverás? ¿A
mí que lo tengo todo y que sin ti no tengo nada?... ¿Qué es lo que yo
puedo hacer?... ¡Ay! ¿Qué haré? ¿Qué haré? Y quizá, ¡ay!, quizá la
egipcia viva allí donde tú estás, y se burle de mi memoria... ¡Ay! ¿Por
qué si te maté no morí contigo?... ¡Ay, morir no puedo!... ¡Ay!
Y se arrojó contra el suelo boca abajo, y sollozó y lloró de un modo
que me parecía que el pecho le iba a estallar.
Cuntúvose de pronto, alzóse sobre sus pies, y echando hacia atrás
violentamente la enorme cabellera, dirigióse rápida hacia la forma
yacente sobre la losa.
- ¡Ay, Kalikrates! - exclamó, y al oír este nombre me estremecí -. ¡Te
contemplaré de nuevo el rostro, aunque esté destrozada mi alma!
¡Hace una generación que no te he mirado, víctima de mi propia
mano!... -Y con ella, temblorosísima, tomó la franja del sudario que
cubría el cadáver, mas quedó inmóvil. Luego empezó a hablar de
nuevo en voz muy baja, como espantada en sus propias ideas.
- ¿Te levantaré? - murmuraba como dirigiéndose al muerto -. ¿Te
levantaré para que te alces ahí, frente a mis ojos como antaño?...
¡Puedo hacerlo!... -y extendió sus manos sobre el cadáver
poniéndosele todo rígido el cuerpo, y la mirada vaga y fija. Retrocedí
horrorizado detrás de mi cortina, erizándoseme el cabello porque, no
sé si fue o no mi imaginación, pero creo que vi que algo se movía
debajo del sudario, y que se alzaba y bajaba como siguiendo el
movimiento de la respiración de un hombre dormido. Mas de repente
recogió los brazos.
- ¡Ay!... , ¿y con qué objeto?- dijo roncamente-.
¿Para qué reproducir la semejanza de la vida, si no puedo retrotraer
el espíritu?... Aun cuando ante mí te levantaras, no habrías de
reconocerme, y no harías sino lo que yo quisiera... La vida que dentro
de ti habría, la mía propia sería, y no la tuya, ¡ay, Kalikrates!...
Calló por un momento, y luego se dejó caer sobre las rodillas ante el
cadáver; y empezó a besarlo a través del sudario y a llorar. Había algo
tan horrible en el espectáculo de esa mujer tremenda desahogando su
pasión con un muerto..., mucho más horrible aun que todo lo que
había precedido a ese mismo acto, que yo no pude contemplarlo por
más tiempo, y temblando me aparté de allí, y me marché hundido en
la sombra profundísima del pasadizo, con la convicción de que había
presenciado la infernal tortura de un alma condenada.
Anduve no sé cómo.
Me caí dos veces; doblé en el pasadizo transversal mas conocí mi
error a tiempo de corregirlo con fortuna; veinte u más minutos
vagando estuve hasta que se me presentó la idea de que había donde
antes bajé... pasado sin notarlo la escalerilla por Exhausto de fuerzas y
casi muerto de terror, caí entonces sin sentido sobre el durisimo suelo.
Cuando volví en mí, noté un débil rayo de luz en el pasadizo detrás
de mí. Arrastréme en esa dirección y descubrí que era la escalerilla por
donde bajaba el resplandor de la madrugada, tan débil en aquellas
cavernas. Subí por allí y entré por fin en mi cuarto. Arrojéme en mi
lecho y al punto me acometió un sueño, mejor dicho, un estupor
profundo.
CAPITULO XV quien desespera.
LA JUSTICIA DE HIYA -Morirá a la noche - dijo.
CUANDO abrí los ojos vi a Job, curado ya completamente de su - ¡Padre mío, que Dios no lo permita! - contesté, y me marché de allí
paludismo, que estaba parado ante el tragaluz abierto sobre el exterior. con el corazón oprimido.
No tenía cepillos para limpiar la ropa, así es que la sacudía, la doblaba -Quien debe ser obedecida reclama tu presencia, Babuino - me dijo
cuidadosamente y luego la colgaba a los pies de mi cama de piedra. el anciano, al llegar a la cortina de la entrada -, pero ten más cuidado,
Después de esto sacó mi nécessaire de mi valija y lo abrió hijo mío. Ayer creí que ELLA te fulminaría al no verte humillado en su
preparándolo para mi uso. Lo colocó también sobre los pies de mi presencia. ELLA está ahora en sesión en la gran sala para juzgar a los
cama, pero temiendo sin duda que yo lo tirase al moverme, púsolo en que quisieron macarte a ti y a tus compañeros. Vamos, hijo mío,
el suelo, sobre una piel de leopardo, y retrocedió dos o tres pasos para vamos a prisa.
ver el efecto que hacía. No le pareció satisfactorio, sin duda, porque se Seguíle por la galería, y al llegar a la gran nave vi que una multitud
fue a la valija, la cerró, la sostuvo sobre uno de sus cantos apoyada de amajáguers, ya vestidos con la túnica, o simplemente cubiertos con
contra el pie de mi cama, y colocó encima el nécessaire. Examinó el taparrabos, pasaba por ella apresuradamente. Nos mezclamos con
después los cántaros de agua que constituían nuestra instalación de esa multitud y empezamos a subir por la caverna, que era casi
baño, y murmuró: interminable. Los muros, por ambos lados, estaban profusamente
- ¡Ah, no hay agua caliente en este lugar de bestias!... ¡Paréceme que esculpidos, y a cada veinte pasos, o cosa así, abríanse galerías
estos desgraciados no la usan sino para hervirse los unos a los otros! - transversales en ángulos rectos que conducían, según Billali me dijo, a
Y suspiró profundamente. las tumbas labradas en la peña por "el pueblo anterior". Nadie visitaba
- ¿Qué te pasa, Job? - le pregunté. ahora esas tumbas - agregó ---, y confieso que me regocijé entonces
-Dispénseme usted, señor - contestó tocándose el pelo -. Me figuré pensando en las oportunidades de investigación anticuaria que se me
que usted dormía, y la verdad es que tiene usted cara de necesitarlo... ofrecían.
¿Ha pasado usted mala noche sin duda? Llegamos al fin al fondo de la nave, donde había una especie de
Di un gemido por contestación. Mala noche había pasado en efecto, meseta rocosa, exactamente igual a aquella en que fuimos atacados
y tanto, que no me parece que pasaré otra igual mientras viva. con tanta ferocidad en la otra caverna, lo que me sugirió la idea de que
- ¿Cómo sigue míster Leo, Job? debieran haber servido de altares, en la época remota en que se
-Lo mismo, señor. Si no se mejora pronto, concluirá y no hay más abrieron las cuevas, para la celebración de ceremonias religiosas y
que hablar. Aunque debo decir que esa salvaje de Ustane se porta con quizá especialmente para los ritos fúnebres. A ambos lados de la
él casi como si fuera una cristiana bien bautizada. Siempre le está meseta abocaban pasadizos de mina, que conducían a otras cavernas
encima, o dando vuelta por todos lados para ver lo que necesita, y llenas de muertos también, porque toda la montaña casi estaba llena de
cuando yo intervengo para cualquier cosa, es de ver cómo se pone; se -ellas, y según me dijo Billali en el mejor estado de conservación.
le paran los pelos y jura y protesta en su lengua pagana... Al menos así Frente a la meseta estaba reunida una gran multitud de personas de
me lo parece por la cara que pone. ambos sexos, que se mantenían silenciosas, inmóviles y con su
- ¿Y qué haces tú, entonces? expresión sombría tan peculiar, que hubiera entristecido al mismísimo
-Yo le hago un cortés saludo y le digo: "Joven, su posición de usted Mark Tapley10 con sólo mirarla cinco minutos. Sobre la plataforma
es un tanto irregular y no puedo reconocer a usted ningún derecho; había una silla de madera negra, rudamente hecha, incrustada de
permítame usted que le advierta cómo tengo yo deberes que cumplir marfil con asiento de fibra vegetal, y agregado a sus patas delanteras
para con mi amo, que está incapacitado por la enfermedad, y que los un ancho taburete. Oyéronse de pronto estos clamores:
cumpliré en tanto que yo mismo no me incapacite... Pero ella ni se - ¡Hiya! ¡Hiya! ¡ ELLA! ¡ ELLA!
preocupa, ¡bah!... , sigue jurando y maldiciendo en su lengua, con más Inmediatamente, la muchedumbre se precipitó al suelo, como si
vehemencia... ¿Sabe usted qué se le ocurrió hacer anoche? Pues meter todos hubieran sido heridos de muerte y solamente yo fuese el
la mano debajo de esa ciase de camisón que lleva por traje, y sacar un superviviente de tan enorme matanza. En esto empezó a brotar del
cuchillo con una hoja ondeada; yo saqué mi revólver, y nos pusimos a pasadizo de la izquierda una larga fila de tropa, que se ordenó a ambos
dar vueltas alrededor de todo el cuarto, hasta que al fin ella largó la lados de la meseta; después de la tropa salieron unos veinte mudos y
carcajada. No es muy decente que digamos el que tenga un cristiano otras tantas mudas, con lámparas en las manos, y finalmente apareció
que habérselas con una mujer, aunque sea salvaje, y tan bonita; pero una alta figura blanca, embozada de los pies a la cabeza... ¡Era ELLA!
es natural que suceda esto y mucho mas cuando es tan tonto, (y 10 Personaje de la novela "Martín Chuzzlewit", de Dickens; un criado que no
recalcó con gran énfasis la palabra tonto) como para venir a buscar a era capaz de
lugares como éste cosas que ninguno podrá encontrar jamás. Esta es, contener las explosiones de su natural alegría, ni aun cuando sucedían las
señor, mi triste opinión..., mi propio juicio; aunque todavía no he cosas mas graves.
acabado de comprender bien lo que nos está pasando, pero me parece F s una personificación de carácter, que se ha hecho proverbial en Inglaterra.
que antes de acabar de comprenderlo, ya habrán acabado con nosotros Subió la plataforma y se sentó en la silla. Luego me dijo en griego,
aquí, metidos como estamos en estas cuevas de aparecidos y quizá para que nadie más que yo entendiera:
cadáveres, sin que vea cómo podríamos salir de ellas. Pero me voy, -Ven acá, Holly, siéntate a mis pies, verás cómo juzgo a los que
señor, a ver cómo anda el caldo de míster Leo, si es que me lo permite quisieron matarte. Dispénsame si mi lenguaje griego vacila como un
ese gato montés de la señorita Ustane, y quizá querrá usted levantarse hombre cojo. Mi lengua está entorpecida para ese idioma que tanto
porque ya son más de las nueve. tiempo hace que no usaba...
Las observaciones de Job no eran precisamente consoladoras para un Inclinéme con respeto y subiendo a la plataforma me senté a sus pies.
hombre que había pasado la noche que yo pasé, apoyadas como - ¿Cómo dormiste, Holly mío? - preguntóme.
estaban en la realidad de los mismos hechos. Teniéndolos en cuenta, - ¡Mal, oh, Ayesha!... - respondí con toda sinceridad, con el íntimo
parecíame imposible que pudiéramos escaparnos del lugar en donde temor de que sabría quizá cómo había empleado la noche.
estábamos. Suponiendo que Leo curase, y suponiendo también que - ¡Así es! - dijo riendo un poco-. Tampoco yo pude dormir bien.
ELLA nos permitiera marcharnos, y que no nos fulminase en uno de Tuve sueños anoche y reconozco que tú fuiste su causa, Holly.
sus raptos de cólera, o que no nos envasijasen los amajáguers, todavía - ¿Y qué soñaste, Ayesha? - pregunté con indiferencia. -Soñé - dijo
sería imposible que pudiéramos encontrar nuestro camino a través de rápidamente - con alguien que odio y con alguien que amo...
las ciénagas, que extendiéndose por millas y millas, formaban una -Cambiando de lengua entonces díjole en árabe al jefe de su guardia:
defensa natural mayor y más inviolable en torno de los diversos retiros - ¡Conduce a esos hombres ante mí!
del pueblo de entre las rocas, que cualesquiera otras que hubieran Inclinóse profundamente el jefe, porque éste y su guardia habían
concebido o ejecutado los hombres. No, no había más remedio que permanecido de pie, y se marchó luego con sus subordinados por el
afrontar la situación, y por mi parte afirmo que tanto me interesaba mi pasadizo de la derecha.
situación misteriosa, a pesar del triste estado de mis nervios, que yo no Siguió luego un momento de silencio. ELLA reposó su velada cabeza
podía sino seguir en ella, aunque tuviera que pagar con la vida la sobre una mano, pareciendo sumida en sus pensamientos, mientras
satisfacción de mi curiosidad. que delante estaba la multitud tendida sobre sus vientres, meneando
Después que me lavé y vestí, pasé al cuarto de comer, o de un tantito las cabezas para contemplarnos un poco con un ojo solo.
embalsamar, más bien, donde conseguí refaccionarme un tanto con lo Parecía que, como su reina se presentaba tan pocas veces en público,
que me sirvieron las muchachas mudas. Fui luego a ver al pobre Leo, estaban dispuestos a sufrir. estos inconvenientes, y aun a arrostrar más
que estaba delirando, y no me conoció. Cuando pregunté a Ustane su graves peligros, para tener la ocasión de verla, o de ver más bien sus
opinión sobre el estado del enfermo, ella movió la cabeza un poco y se ropas; que ninguno de los que allí estaban, menos yo, le había visto
echó a llorar. Pocas esperanzas abrigaba ya, y entonces resolví ver si nunca la cara. Notáronse al fin ciertos reflejos de luz y se oyó el paso
era posible hablar a ELLA, para rogarla que viniera a curarlo. ELLA de los hombres por el pasadizo, hasta que desembocaron en la gran
podía curarle si quería; así me lo había dicho al menos. En esto entró nave los guardias con los presos, que serían unos veinte o más, y en
Billali en el cuarto, y al ver a Leo también movió la cabeza como cuyas fisonomías luchaba la natural expresión de feroz indiferencia
con la gran inquietud que abrigaban en su salvaje corazón. Dispuestos entenderla, sobre todo por razón de la prosodia. Ayesha, es claro,
fueron en una fila frente a la plataforma, e iban a arrojarse al suelo ponía el acento a la usanza de sus contemporáneos, y nosotros no
cómo los demás espectadores, cuando ELLA se lo impidió. tenemos más que la pronunciación moderna y una tradición
- ¡No! - dijo con su voz dulcísima -; quedad de pie, os ruego. Quizá insuficiente para guiarnos en cuanto a la articulación. He aquí lo que
pronto estaréis aburridos de yacer echados. -y se rió melódicamente. contestó a mis ruegos:
Vi correr una ondulación de terror por la fila de los míseros -Holly mío, no puede ser lo que pides. Si yo fuese misericordiosa
condenados, y por malvados que fuesen, los compadecí. Algunos con estos lobos, vuestra vida no estaría segura entre ellos ni un solo
minutos pasaron, quizá dos o tres, sin que nada nuevo ocurriera, y día. Tú no los conoces. Son tigres lamedores de sangre, y aun ahora,
decante cuyo tiempo ELLA parecía que los iba examinando despacio y sedientos están de vuestras vidas. ¿Cómo crees tú que yo rijo a este
curiosamente uno por uno, a juzgar por el movimiento de su cabeza, pueblo? No tengo más que un regimiento de guardias para llevar a
pues sus ojos no se podían ver, por supuesto; después se dirigió a mi, cabo mis órdenes; de modo que no es por la fuerza que me impongo,
hablándome con tono tranquilo y formal: sino por el terror. No, los hombres ésos morirán, y morirán como he
-0h, tu, huésped mío, -conocido en tu propio país por el nombre de dicho - y volviéndose de súbito al jefe de la guardia, dijo en árabe y en
Espinoso Árbol, ¿reconoces a esos hombres? voz alta:
- ¡Sí, oh, reina! Los reconozco a casi todos. -Yo he pronunciado mi sentencia..., ¡que se cumpla!
Los reos me lanzaron una mirada furiosa.
-Pues relata ahora aquí la historia que ya conozco.
Precisado a ello, hice entonces, tan brevemente como pude, la
narración de la fiesta antropófaga y de la frustrada tortura de nuestro
infeliz criado, que fue recibida en silencio por los espectadores, por
los acusados y por ELLA. Cuando hube acabado, ELLA llamó por su
nombre a Billali para que confirmara mi relato, lo que el anciano hizo
sin levantarse del suelo. Y no se recibieron más pruebas.
Entonces ELLA habló con una fría y clara entonación, muy distinta
de la que le era usual, y por cierto que una de las cosas más notables
de esta criatura extraordinaria era la maravillosa facultad que tenía de
adaptar su entonación de voz a la necesidad de los momentos, y dijo:
-Ya lo habéis oído, hijos rebeldes. ¿Qué tenéis ahora que alegar para
que mi venganza no caiga sobre vosotros?
Por un instante hubo silencio; pero rompiólo al fin uno de los reos,
un individuo de amplio y hermoso pecho, de edad mediana y bien
marcadas facciones, con mirada de gavilán. Dijo que las órdenes
recibidas se redujeron a que no se tocase a los hombres blancos, sin
que se mentase al criado negro, y que, a ella instigados por una mujer
que había muerto en la refriega, trataron de envasijarlo, conforme a la
antigua y honorable costumbre del país, con el fin de comérselo a su
tiempo. En cuanto al ataque que nos habían hecho, dijo que fue un
rapto de repentina furia, y que se arrepentían hondamente de ello. Y
concluyó suplicando con humildad que se les hiciera misericordia o
que se les desterrase a los pantanos para que en ellos muriesen o
viviesen según su fortuna; pero en la cara se le conocía que no tenía
esperanza ninguna de perdón.
Hubo otra pausa luego, y reinó el más profundo silencio en el vasto
antro que, iluminado como estaba por las chisporroteantes lámparas
que producían intervalos de claridad en la constante sombra, ofrecía el
más fantástico aspecto, aun en un país tan fantástico. Allí, sentada en
su bárbaro trono, y yo a sus pies, estaba la velada mujer blanca cuyo
poderío tremebundo la circundaba como un halo. Y jamás vi lucir su
apariencia. embozada tan terrible como en aquellos momentos en que
estaba meditando un ejemplar castigo.
Este cayó, por fin.
Empezó a hablar en voz baja, que se fue robusteciendo por grados
hasta que todo el espacio vibró por su sonoridad.
-Perros y sierpes - dijo -, comedores de carne humana, dos crímenes
habéis cometido: el primero, haber atacado a estos extranjeros, que
eran hombres blancos, y quisisteis matar a su criado; y por esto sólo
merecéis la muerte. Pero eso no es todo. Osasteis desobedecerme. ¿No
os envié mis órdenes por Billali, mi criado y vuestro padre? ¿No se os
había enseñado desde la infancia que la ley de Hiya es una ley eterna,
y que perece el que la quebrante en lo más mínimo? ¿Y no sabes que
es ley mi palabra más insignificante? ¿No os han enseñado eso
vuestros padres, desde antes de que supieseis hablar?... ¡Bien que la
sabéis vosotros, malvados! Pero sois perversos todos, perversos hasta
la medula, y la maldad burbuja en vosotros como el aire de las fuentes
en la primavera. Y ahora, pues que hicisteis esto, porque habéis
tratado dé matar a esos hombres que eran mis huéspedes, y más aun
porque habéis osado desobedecer mi orden, os condeno a este castigo:
Que seáis conducidos a la caverna de la tortura, y entregados a los
torturadores para que desahoguen en vosotros su capricho, y que al
caer el sol de mañana, los que entre vosotros existáis aún, seáis
muertos por la vasija, como quisisteis matar vosotros al criado de éste
mi huésped.
Cesó de hablar y un ligero murmullo de horror circuló por la
inmensa y poblada nave. Las víctimas, apenas se hicieron cargo del
gran horror de la sentencia, perdieron su nativo estoicismo y se
arrojaron al suelo llorando e implorando misericordia de un modo que
espantaba el verlo. Yo me volví a Ayesha y le supliqué que los
perdonara, o al menos, que atenuara su terrible pena. Pero ella era de
dureza diamantina.
Hablóme en griego otra vez, y en verdad que, aunque siempre fui
reputado como bastante buen helenista, tenía cierta dificultad de
CAPITULO XVI no dominará al mundo, ni sus barcos saldrán a comerciar por toda la
LAS TUMBAS DE KOR tierra ¡Kor ha caído! Y sus obras gigantescas, y todas sus ciudades, y
HIZO Ayesha un movimiento con la mano después que se llevaron todos los puertos que hizo, y los canales que trazó, serán abandonados
los prisioneros, y la multitud se volvió y empezó a moverse a rastras al lobo, al búho, al silvestre cisne y a los bárbaros que vengan.
como una dispersa manada de ovejas. Cuando estuvieron a una buena Veinticinco lunas hace que una nube cernióse sobre Kor y sus cien
distancia de la plataforma, todos se pusieron de pie; y se marcharon, ciudades, y de la nube brotó una pestilencia que mató al pueblo,
dejándonos solos a la reina y a mí, con los mudos de ambos sexos y ancianos y jóvenes, y no perdonó a nadie... Unos y otros se
unos cuantos guardias, porque la mayor parte de éstos se habían ido ennegrecían y morían luego; los jóvenes y los viejos, los ricos y los
con los míseros condenados. pobres, los hombres y las mujeres, el príncipe y el esclavo. El
Pareciéndome buena esta oportunidad, le supliqué a ELLA que contagio mató, y mató incesantemente, de día y de noche, y los que se
viniera a ver a Leo, informándole de su gravedad; mas no quiso, salvaron de él perecían de hambre. Y ya no se pudieron conservar los,
diciendo que de seguro no moriría sino a la noche, porque los atacados cuerpos de los hijos de Kor, conforme a los antiguos ritos, por el gran
de esa fiebre no acaban generalmente sino al anochecer o al amanecer. número de los muertos; por lo tanto, éstos fueron arrojados a la gran
Y también me dijo que era conveniente dejar que la fiebre se sima que se halla bajo la nave. Entonces, y al fin, el resto de este gran
consumiese por sí propia, antes de que ella interviniese en la cura. pueblo, lumbrera del mundo, fuése a la costa, embarcóse y navegó al
Disponíame, yo a irme también, cuando me dijo que la siguiera norte, y ahora yo, el sacerdote Junis, soy quien esto escribe, último
porque quería hablarme y mostrarme las maravillas de la caverna. superviviente de esta gran ciudad de hombres, aunque no sé si hay aún
Demasiado prendido estaba uno en las redes de su fatal fascinación quien esté vivo en las demás ciudades. Esto lo escribo destrozado el
para negarme a lo que me ordenase, aun cuando hubiera querido corazón, porque Kor, la imperial, ya no existe, y porque no hay. quien
hacerlo, que no quería. Levantóse, pues, ELLA de su asiento, y en su templo adore, y porque sus palacios todos están vacíos, y sus
haciéndole algunas señas a los mudos, bajó de la meseta. Cuatro de las príncipes, y mercaderes, y hermosas mujeres han desaparecido de la
muchachas tomaron unas lámparas y se colocaron dos delante y dos faz de la tierra".
detrás de nosotros; todos los demás se marcharon. - Di un profundo suspiro de asombro. La desolación absoluta que se
-Verás ahora, Holly, algunas cosas peregrinas de estos lugares -me expresaba en la patética escritura era abrumadora. ¡Era terrible esta
dijo-. Contempla esta gran caverna. ¿Viste nunca algo igual? Fue concepción del solitario superviviente de un pueblo poderoso que
hecha, sin embargo, y muchas otras. parecidas, por la mano de la raza contaba su suerte, antes de hundirse él también en las tinieblas! ¡Cuál
extinta que habitó en una época la ciudad cuyas ruinas viste en la no sería la emoción de aquel anciano, cuando en lúgubre y terrífica
llanura. Debió haber sido un gran pueblo ese de Kor, pero como los soledad, a la luz de una lámpara que apenas alumbraría corto trecho de
egipcios, pensaba mucho más en los muertos que en los vivos... la negrura, en pocas líneas desordenadas trazaba la historia de la
¿Cuántos hombres te parecen que se necesitarían, trabajando durante muerte de su nación sobre el muro de la caverna! ¡Qué asunto
cuántos años para abrir esta caverna y todas las galerías que contiene? interesante para el muralista, para el pintor, para cualquiera que lo
-- ¡Miles de miles! medite!...
-Así es, ¡oh, Holly! Este pueblo era ya antiguo antes de que los Seguí entonces a Ayesha, que penetró por un pasadizo lateral, y
egipcios existieran. Algo puedo leer de sus, inscripciones, porque al bajamos por una larga escalera metida dentro de un pozo de mina,
fin he descubierto la clave... y mira, ésta es una de las últimas ventilado por extraños taladros que iban a dar no sé adónde, y nos
cavernas que construyeron. -Volvióse hacia el mudo que estaba detrás detuvimos a una profundidad que no sería menos de sesenta pies bajo
de ella, haciéndole señal a las mudas para que levantaran sus el piso de la nave. Terminó de pronto el pasadizo de la escalera. ELLA
lámparas. Esculpida sobre la meseta veiase la imagen de un anciano se detuvo haciendo una seña a las mudas para que levantasen las
sentado en una silla, con una varita de marfil en la mano. Pude notar lámparas, y contemplé entonces un cuadro que no es probable que
que sus facciones se parecían muchísimo a las de la momia que yacía vuelva a ver en mi vida. Nos encontrábamos colocados en una enorme
en la sala donde comíamos. Bajo la silla - que, diré de pasada. tenía la cavidad, o más bien, en el borde de la cavidad, porque el fondo
misma forma que la ocupada por Ayesha para distribuir justicia- se quedaba a nuestros pies, no sé a qué profundidad, parados en una
veis una corta inscripción en, los caracteres a que ya he hecho como cornisa o balcón del muro. Según mis cálculos, ese seno o
referencia, pero los que no recuerdo suficientemente como para cavidad subterránea sería de un tamaño como el espacio cubierto por
reproducirlos gráficamente. Parecíanse mucho a los chinos. Ayesha la cúpula de la catedral de San Pablo, en Londres.
empezó a traducirlos con cierta dificultad y vacilación. Decían los Cuando las mujeres levantaron las lámparas, vi que me hallaba nada
trazos así: menos que ante un osario o fosa inmensa, literalmente llena de miles
"En el año cuatro mil doscientos cincuenta y nueve de la fundación de esqueletos humanos amontonados en una sola gigantesca pirámide,
de la imperial ciudad de Kor, fue concluida esta caverna (o lugar de formada por el deslizamiento de los cuerpos desde el vértice,
descanso) por Tisno, rey de Kor, habiendo trabajado en ella el pueblo conforme iban cayendo de la bóveda. No puede concebirse nada más
y sus esclavos durante tres generaciones, para que fuese el sepulcro de aterrador que esta masa confusa de los restos de todo un pueblo; hacía
los ciudadanos distinguidos que nazcan luego. Que la bendición del más espantoso aun el espectáculo el hecho de que, en ese .ambiente
cielo que está sobre el cielo descanse en su obra, y haga profundo y tan seco, muchos cuerpos se habían secado conservando la piel, y
dichoso el sueño de Tisno, cuyas facciones están grabadas arriba, ahora, fijados en todas las posiciones imaginables, lo miraban a uno
hasta el día del despertar11, así copio el sueño de sus servidores, y el de entre los montones de blancos huesos, con su horrible aspecto de
de todos los de su raza que, surgiendo después de él, deban doblar grotescas caricaturas de humanidad.
también sus cabezas". Lancé, al descubrir esto, una exclamación de asombro, y retumbando
-Ya ves, Holly, cómo este pueblo fundó la ciudad, cuyas ruinas los ecos de mi voz en el abovedado recinto, conmovieron una
ocupan la llanura cercana, cuatro mil años antes de que se concluyan calavera, que había estado milagrosamente en equilibrio cerca del
estas cavernas. Y, sin embargo, cuando yo las vi por vez primera, hace vértice de la pila durante miles de años..., y se fue abajo rodando,
dos mil años, las encontré exactamente como están hoy. ¡Juzga, pues, rebotando alegremente hacia donde estábamos, trayendo detrás, por
cuán antigua no será! Sígueme ahora y te enseñaré de qué modo cayó supuesto; una avalancha de huesos, hasta que al fin todo el espacio se
la gran ciudad cuando le llegó su hora. colmó con su movimiento de un castañeteo lúgubre, como si los
11 La frase es notable, pues indica creencia de un estado futuro. esqueletos se estuvieran alzando para recibirnos.
ELLA caminó hasta el centro de la nave, deteniéndose en un lugar en -Vámonos -exclamé-; ¡ya he visto bastante!... Estos son los
que se veía una piedra redunda colocada en un agujero del piso, como cadáveres de los que murieron de la gran epidemia, supongo -
de dos pies de diámetro, para cerrarlo por completo, y que me recordó pregunté cuando nos retirábamos.
placas abovedadas de hierro con que en las aceras londinenses se -Sí, porque en tiempos normales, los hijos de Kor embalsamaban
tapan los huecos hechos para el carbón. siempre a sus muertos, como los egipcios, aunque su arte era más
- ¿Qué es esto? - me preguntó-. ¿Qué te figuras tú que es eso? perfecto. Los egipcios extraían el cerebro y las vísceras, mientras que
-No sé - contesté -; no puedo saberlo. los de Kor procedían inyectando cierto flúido en las arterias, con lo
Dirigióse ELLA entonces hacia el lado izquierdo de la nave, según se que alcanzaban a todo el cuerpo. Mas aguarda, ya lo verás ahora
miraba a la entrada, e hizo señal otra vez a las mudas de levantar las -exclamó, deteniéndose a la ventura ante una de las pequeñas entradas
lámparas. que se abrían sobre el pasadizo por el que íbamos, en tanto que hacía
En la pared vi, pintada de rojo, una inscripción en caracteres una seña a las mudas para que alumbrasen.
parecidos a los que estaban tallados bajo la figura de Tisno, rey de Penetramos en un ensanche de mina parecido al que me sirvió de
Kor. La inscripción se conservaba bastante bien hasta poderse leer, y dormitorio en la caverna de Billali, sólo que había dos lechos o losas
así la descifró Ayesha: en él. En ellas yacían unos cuerpos cubiertos con sábanas de lino
"Yo, JUNIS, sacerdote del Gran Templo de Kor, escribo esto sobre amarillento12, sobre las cuales se había posado en el curso de los siglos
la peña, en el año cuatro mil ochocientos tres de la fundación de Kor. 12 Toda la tela que usaban las amajáguers procedía de estas tumbas, lo que
¡Kor ha caído! Ya no habrá más grandiosas fiestas en sus palacios; ya explicaba su
color amarillento. Sin embargo, si se blanqueaba y lavaba como es debido volvía
a adquirir
su primitiva blancura de nieve y era el tejido más suave y mejor que he
conocido.
un polvo finísimo e impalpable, pero no en la cantidad que uno podría
figurarse, porque en estas cavernas, socavadas tan adentro en la roca
durísima, no había material ninguno que pudiera hacerse polvo.
Alrededor de los cuerpos, sobre las losas y en el suelo, había varias
vasijas pintadas; -pero vi pocas ornamentaciones talladas en los
ensanches esos.
-Levanta el paño, Holly - me dijo ELLA. Puse en el lienzo la mano,
pero la retiré al punto. Parecióme que iba a cometer un acto sacrílego.
Sentíame, a la verdad, abrumado por lo solemne del recinto y por la
apariencia de la muerte que ante mí tenía. Rióse ELLA un poco de mis
temores, y levantó el paño con su propia mano, dejando ver otro paño
más fino debajo que cubría el cuerpo yacente sobre el banco de piedra.
También levantó este segundo paño, y entonces, después de miles de
años pudieron contemplar de nuevo ojos humanos las facciones de
aquellos cadáveres.
Una mujer como de treinta años de edad, o quizá un poco menos, y
que era hermosa, fue lo que vimos, sosteniendo contra su pecho a un
niñito. Asombraba la conservación de sus tranquilas facciones, tan
bien formadas, y contrastaba la negrura de sus cejas delicadas y largas
pestañas con la ebúrnea blancura de la cara. Allí tendida, con su traje
blanco, sobre el cual se derramaba la larga mata de su cabellera tan
oscura que daba azulados reflejos a la luz de las lámparas, estaba la
dama de Kor durmiendo con su hijo su último y largísimo sueño. Tan
dulce y tan tremendo al mismo tiempo era el espectáculo que, lo
confieso sin avergonzarme, se me saltaron las lágrimas. Vime
transportado, a través del oscuro abismo del tiempo, al tranquilo hogar
de Kor, la Imperial, donde esta señora reinaba llena de alegría y de
hermosura, y donde murió, llevándose consigo al morir a su hijo
recién nacido..., y allí las veía, yacentes, a esas blancas reliquias de
una olvidada historia humana, hablándome al alma más
elocuentemente que ninguna narración escrita por habilísima pluma.
Con mano reverente, volví a colocar los sudarios-alzados, suspirando
al pensar en el designio eterno, que había hecho abrirse esas bellas
flores sólo para que fuesen depositadas en un sepulcro, y me dirigí al
lecho opuesto y lo descubrí con piadosa mano. Era el cadáver de un
hombre ya maduro, de larga -barba gris, también vestido de blanco,
probablemente el esposo de la dama que, después de sobrevivirla
durante largos años, vino a dormir al fin, una vez más, y para siempre,
a su lado.
Salimos dé esta tumba y entramos en otras. Llevaría muchas páginas
la descripción de lo que en ellas vi. Todas estaban ocupadas, porque
los quinientos y pico de años transcurridos entre la conclusión de estas
catacumbas y la destrucción del pueblo; habían bastado evidentemente
para ello, por grandes e innumerables que fuesen los sepulcros; y
todos parecían intactos desde el día en que recibieron a sus muertos.
- ¿Ya has visto bastante, extranjero, huésped mío? - me dijo al fin
Ayesha - ¿o quieres ver más maravillas de estas tumbas que son las
alas de mi palacio?... Si quieres, te llevaré adonde está tendido el
poderoso Tisno, el mejor de los reyes de Kor, en cuyos días
terminaron las obras de esta mina, yacente con una pompa que parece
burlar a la nada. y obligar a las vanas sombras de lo pasado a rendir
homenaje ante su esculpida vanidad.
- ¡Bastante he visto!, ¡oh, reina! -respondí-. Mi débil pecho está
abrumado por la presión de esta muerte que contemplo. ¡Floja es la
mortalidad, y se quebranta a prisa por el sentimiento de la compañía
que en su fin le espera!... ¡Sácame de estos lugares, oh, Ayesha!
CAPITULO XVII ti?... No amo más que a uno, y ése no eres tú. Con todo tu saber,
LA BALANZA SE INCLINA... Holly, y en cierto sentido te tengo por sabio, no eres mas que un necio
EN pocos minutos, siguiendo las lámparas de las mudas que, por que pretende ser loco... Quisiste mirar mis ojos... Pues bien, si te gusta
llevarlas separadas del cuerpo como si fueran vasijas llenas de agua, mirarlos, ¡mira!... - Y se inclinó hacía mí clavando en las mías sus
parecían en la obscuridad de los pasadizos flotar solas en el aire, pupilas negras y aterradoras... -Bésame también, si lo deseas, porque
llegamos a una escalera por la que subimos, entrando al fin en la gracias al plan que tienen las cosas, los besos no dejan señales en el
antecámara que Billali había cruzado la víspera en cuatro pies. Allí corazón. ¡Pero si me besas, te lo advierto, el amor te devorará el alma
quise despedirme de la reina, mas ella no lo permitió. y morirás!... Y se inclinó más aun hacia mí hasta que su suave cabello
-No -me dijo-; entra conmigo, Holly, porque me place tu me rozó la frente y su aliento bañó mi rostro dejándome desmayado y
conversación. Recuerdo que hace dos mil años que no he hablado más flojo... Entonces, cuando yo extendía los brazos para abrazarla, se
que con siervos y con mis mismos pensamientos, y aunque de tanto enderezó de súbito, y un rápido cambio se verificó en su aspecto.
pensar gran saber he obtenido y muchos arcanos he descubierto, ya Extendió la mano y la puso sobre mi cabeza, y me pareció que de ella
estoy, sin embargo, harta de mis propias ideas, y he llegado a emanaba algo que me enfriaba la sangre y me devolvía el sentido
aborrecer mi propia sociedad. Y aunque sean tan frescos mis común que había perdido, la noción de la decencia y de las domésticas
pensamientos, como convienen a mi juventud, tengo un cerebro muy virtudes...
caviloso, y tú me haces recordar a ciertos filósofos de otro tiempo, con - ¡Basta -de caprichoso alarde!... -dijo con acento severo-. ¡Holly,
quienes discutir solía en Atenas y en Arabia, porque tienes el mismo escucha! Tú eres un hombre bueno y honrado y no quiero dañarte...,
aspecto ceñudo y polvoriento de quien pasó la vida descifrando el mal ¡mas, ay, es tan difícil para la mujer tener esa piedad!... Te dije ya que
trazado griego de los sucios manuscritos. Conque, corre la cortina y no soy para ti; deja pasar por lo tanto sobre mí tus ideas como un aire
siéntate a mi lado, y comamos frutas mientras hablamos de cosas vano, y que se hunda toda la polvareda de tu imaginación en la
agradables. Mira, me descubriré de nuevo ante ti. ¡Tú mismo lo has profundidad... sea... de tu desesperación, si así lo quieres... Tú no me
querido, Holly!... Yo, te advertí francamente el peligro que en ello conoces, Holly. Si me hubieras visto hace diez horas tan sólo, cuando
había. Ahora vas a llamarme hermosa, tal como lo hacían aquellos la pasión me atacó, habrías huido de mi lleno de espanto. Yo soy una
filósofos antiguos…, ¡ah, qué vergüenza!..., ¡olvidándose de su mujer de muy variable humor; como el agua de esa pila, reflejo
filosofía! muchas cosas; mas pasan luego, pasan y las olvido... Porque el agua es
Y sin más ni más, púsose de pie y se libró de sus .blancos pliegues de siempre agua, y o soy yo siempre también; lo que me ha hecho me
tela... Surgió de entre ellos espléndida, luciente, como una rutilante hizo, y mi esencia no se puede alterar. No te preocupes, pues, de lo
sierpe que se despoja de su piel, y clavando en mí sus asombrosas que parezco, ya que no puedes tú saber quién soy. Si me incomodas de
pupilas, más mortales, ¡ay!, que las del basilisco, me atravesaba todo nuevo me cubriré la cara y no me verás más.
mi ser, penetrándome de su belleza, mientras que lanzaba a1 espacio Me levanté del suelo y me dejé caer en el sofá, a su lado. Ya la
su risa dulcísima cual repiqueteo de argentinas campanillas. pasión insana no me incendiaba todo el ser, pero aun estaba
En un nuevo humor estaba ahora que parecía cambiar hasta el color conmovido, como el ramaje de un árbol después que pasa la racha que
mismo de su alma... Ya no se mostraba desgarrada por martirios de lo agita. No me atreví, por supuesto, a decirle que la había sorprendido
amor y odio, como cuando la sorprendí maldiciendo a su rival muerta durante la noche anterior en el rapto de su humor infernal
cerca de la llama que daba saltos; ni helada y terrible como en la sala pronunciando maldiciones junto a la llama del sepulcro.
de justicia; ni sombría, y brillante, y lujosa cual paño de Tiro, como en -Y ahora -continuó ella- come alguna fruta; créeme, la fruta es el
la morada de los muertos. No. Su humor actual-era el de la Afrodita verdadero alimento humano... ¡Oh!, cuéntame ahora de la filosofía del
triunfante... La vida rebosante, estática, asombrosa, parecía brotar de Mesías Hebreo, que vino después de mí, y que dices que rige ahora a
su ser y rodearla como una atmósfera. Reía dulcemente y suspiraba, Roma, Grecia, Egipto y a los bárbaros del Norte y el Oeste. ¡Peregrina
echándome rápidas miradas. Moviendo la cabeza, sacudió la poderosa filosofía debió ser la que enseñó, porque en mis días el pueblo no
cabellera y el ambiente se llenó de aromas; golpeó el suelo con su quería saber nada de la nuestra! La orgía, la lujuria, la sangre y el uso
pequeño y hermoso pie calzado con sandalia, y murmuró como un del frío hierro; el choque de los hombres en el campo de batalla, éstos
zumbido el trozo de algún antiguo epitalamio griego. Toda su eran los cánones de sus credos.
majestad había volado o sólo dormitaba, o débilmente lucía en su Había recobrado yo un poco el juicio y sintiéndome abochornado de
alegre mirar como los relámpagos que se sorprenden en pleno la debilidad en que había sido sorprendido, hice cuanto pude para
mediodía. Habíase despojado de la pasión de aquella movible lumbre, explicarle las doctrinas del cristianismo, a las que, sin embargo, vi que
de la fría impasibilidad del juicio, que a la sazón misma se estaba ponía poca atención, excepto en lo que se refería a nuestra noción del
sancionando, y de la prudente reserva de la exploración de los cielo y el infierno; todo su interés se fijaba en el "hombre" que las
sepulcros; habiase despojado de todo esto, así como del sudario que había enseñado.
vestía, y depuéstolo tras de sí, para ostentarse únicamente como la - ¡Ah! - exclamó al fin -; ya comprendo lo que ha sido: una nueva
encarnación de la feminidad más perfecta, más espiritualizada aún que religión... ¡Tantas he conocido! Y, sin duda, habrá habido algunas más
la de las mujeres mortales... desde que me hallo en estas cavernas de Kor. Siempre la humanidad le
-Ahí, Holly mío, siéntate; ahí donde puedas verme bien. Recuerda está pidiendo a los cielos una visión de lo que ellos descubren. El
que tú mismo lo quisiste; te lo repito: no me culpes si luego gastas lo terror a la muerte y una especie de sutilizado egoísmo, esto es lo que
que te queda de tu corto plazo vital sufriendo tanto del corazón que arrean. las religiones. Repara, Holly mío, que todas las religiones
más te valiera haber muerto antes de que tus ojos se fijasen en mí... reclaman lo futuro para sus adeptos, al menos para los buenos adeptos.
Ahí, está bien; siéntate así, y dime, inclinada estoy a oír lisonjas..., El mal es para los ciegos que no quieren mirar y que ven, sin embargo,
dime, ¿soy muy bella?... ¡Espera, no cuentes tan aprisa!... Medita bien de indeciso modo, la luz adorada por los verdaderos creyentes, así
el punto; estudia mis facciones una por una, examina mi forma entera como con peces ven las estrellas. Las religiones se forman y pasan
y en detalle: mis manos, y mis pies, y mis cabellos, la blancura de mi luego, así como las civilizaciones, y no persiste nada más que el
piel, y sinceramente responde luego... ¿Has conocido nunca a ninguna mundo y la naturaleza del hombre. ¡Ah!, si el hombre quisiera
mujer que en cualquiera, sí, en alguna porción, por mínima que fuere comprender que la esperanza viene de adentro y no de afuera..., que él
de su belleza, aunque fuese en la curva de una pestaña, en un rasgo del mismo ha de labrar su propia salvación helo así, al hombre: contiene
encaracolamiento de la oreja, pueda compararse ni por un instante a el aliento vital y la noción del bien y del mal, conforme el mal y el
mi perfección y belleza? bien se presentan a él. ¡Que obre, pues, y que se mantenga derecho, en
Yo no pude contenerme por más tiempo. Allí mismo entonces caí de vez de inclinarse ante la imagen de algún dios ignoto, modelado a su
rodillas ante ELLA, y le dije, en una atroz mezcla de árabe, griego e semejanza, mas con mayor cerebro para pensar en el mal, y brazo más
inglés, porque en tales momentos las ideas se desordenan, que yo la largo y fuerte para llevarlo a cabo!
adoraba cual no fue nunca adorada mujer alguna, y qué estaba Sin pensaba yo para mí -lo que demuestra cuán antiguo es el
dispuesto a vender mi alma inmortal por casarme con ella... y todo razonamiento, que no es a la verdad sino a una de las cantidades
cuanto, en fin, podría decir cualquier hombre en esas condiciones y periódicas de la discusión teológica- que sus argumentos se parecían
que la hubiera visto así, o toda la humanidad concretada en un hombre mucho a algunos que yo había oído en este siglo diecinueve en otros
solo... ELLA pareció un poco sorprendida, y luego se echó a reír con lugares, que por cierto no eran las cavernas de Kor, y con los que, diré
toda franqueza y a palmotear llena de alegría. de paso, no estoy conforme; mas no quise discutir con mi
-Tan pronto, Holly, tan pronto? : . . ¡Y yo que me preguntaba cuántos interlocutora, por muchas razones. La primera, porque tenía
minutos tardaría en hacerte caer de rodillas!... ¡Ah, hacía tanto tiempo demasiada fatigada la inteligencia por las emociones que había
que no veía a ningún hombre arrodillarse ante mis plantas! Y créeme, sufrido, y después, porque estaba convencido de salir mal en la
es tan dulce este espectáculo para un corazón de mujer... ¡Ah!, la controversia.
sabiduría ni los siglos pueden atenuar nada ese placer, que es un Cosa dura es tener que discutir con un materialista vulgar que nos
derecho de nuestro sexo únicamente... ¿Qué quieres, di, qué quieres?... lanza a la cabeza tantos datos de estadística y tantos otros tomados de
¿No sabes acaso lo que haces?... ¿No te he dicho ya que no soy para las geológicas capas; cuando uno no puede pagarle más que con las
propias deducciones e instintos, y con los nevados copos de la fe; que, moribundo esposo!... ¡No, no me iré, mi señor Babuino!...
¡ay!, tan fácilmente se funden en las ardientes brasas de nuestras - ¿Por qué no se marcha esa mujer, Holly? -preguntó Ayesha desde
diarias dificultades, y cuanto más duro no sería discutir con quien el otro extremo de la habitación, en donde con aire distraído
tenía un cerebro sobrenaturalmente perfeccionado, además de dos mil examinaba algunas esculturas del muro.
años de experiencia, y a su disposición también el conocimiento de -No quisiera separarse de Leo -contesté, sin saber qué decir-. Ayesha
casi todos los secretos de la naturaleza! Comprendiendo que era más se volvió, y señalando con el dedo a Ustane, pronunció una palabra,
posible que ELLA me convirtiera a mí, en vez de convertirla yo a ella, una sola, pero fue lo bastante; el tono con que fue dicha sugería
me pareció que menor sería dejar las cosas como estaban y volúmenes llenos de amenazas.
permanecer callado. Más de una vez, después lo he sentido - ¡Vete! -dijo.
amargamente, porque así perdí la única oportunidad que, según mal no Y Ustane, arrastrándose sobre sus manos y rodillas, pasó ante ELLA
recuerdo, se me presentó de saber lo que Ayesha en verdad creía. y salió del lugar.
-Vaya, Holly mío, que ya te has fastidiado de mí, puesto que estás - ¿Ves tú, Holly mío? -dijo sonriendo-. Ya era tiempo de que le diese
tan silencioso - dijo ELLA, entonces, bostezando ligeramente -. a esta gente una lección de obediencia. Esta muchacha casi pretendió
¡Hombre sin consistencia ni fe! ¡Y no hace aún media hora que desobedecerme, pero ella no vio esta mañana cómo castigo yo a los
estabas ante mí de rodillas!... ¡No te sienta la postura, Holly!... desobedientes. ¡Vaya, se marchó al fin! Déjame ver al joven ahora.
Jurándome que me amabas... ¿Y qué haremos ahora?... ¡Ah, ya lo sé! Deslizóse hacia el lecho en que Leo yacía, con la cabeza en la
Iré a ver a ese joven, el León, como le dice Billali, que vino contigo y sombra y vuelta la cara hacia el muro.
que tan enfermo está... La fiebre por ahora debe haber seguido ya su -Noble cuerpo tiene - dijo al inclinarse para verle la cara.
curso y si está a punto de morir, yo lo salvaré. No temas, Holly, que Entonces vi de súbito su elevada figura de sauce retroceder
no usaré magia alguna. ¿No te he dicho ya que tal cosa no existe?... Lo tambaleándose como si hubiera recibido un balazo; retroceder
único que hay es que sé conocer y aplicar las fuerzas que se tambaleándose hasta chocar contra la pared opuesta, brotando allí de
encuentran en la naturaleza... Vete ahora, pues en cuanto tenga la sus labios el grito más espantoso; más sobrehumano que he oído en mi
medicina, iré a verle13. vida.
Marchéme entonces a mi alojamiento y me encontré a Job y a Ustane - ¡Oh, Dios! ¿Qué ha sido, Ayesha?... ¿Ha muerto?... - exclamé.
sumidos en una gran pena; decían que Leo estaba en la agonía de la Volvióse a mí de un salto, acometiéndome como un tigre.
muerte, y que me habían estado buscando por todas partes. Corrí junto - ¡Perro mísero! murmuró con un silbido de sierpe, ¿Por qué me lo
al lecho: Leo estaba moribundo. Hallábase, sin sentido, respiraba con ocultabas? -y extendió su brazo como para matarme.
dificultad, y un leve temblor movía sus labios; de tiempo en tiempo - ¿Qué ha sido? ¿Qué? - dije poseído del mayor espanto.
13 Ayesha era una gran química, y parece que la química era su único empeño -Quizá lo ignorabas... - dijo recomponiéndose -. ¡Ah!
y diversión Oye. Holly mío: ahí yace..., ahí yace mi perdido Kalikrates...
Tenía una de las cuevas destinada a laboratorio, y aunque sus aparatos fuesen ¡Kalikrates, que al fin ha vuelto a mí, como lo esperaba..., como yo lo
necesariamente groseros, los resultados que obtenía eran, como se verá sabía!... -y rompió a sollozar y a reír... como todas las mujeres en
siguiendo esta casos semejantes, murmurando: "¡Kalikrates..., Kalikrates!"...
narración, bastantes sorprendentes.- L. H. H. - ¡Vaya un disparate! -exclamé para mis adentros, pero no me atreví
estremecíase todo su cuerpo. Yo sabía bastante de medicina para a repetirlo en voz alta. Yo entonces no pensaba sino en la gravísima
comprender que dentro de una hora, o quizá menos, estaría fuera del condición del pobre Leo, y todo 1o demás me era indiferente. Lo que
alcance de todo terrenal auxilio... ¡Cómo maldije mi egoísmo, y él yo temía ahora era que el muchacho muriese mientras ELLA se
necio sentimiento que me había mantenido junto a Ayesha tanto abandonaba a su femenina emoción.
tiempo, mientras mi pobre niño se moría! ¡Ay, cuán fácilmente el -Ayesha, si no lo remedias -le dije por vía recordativa-, tu Kalikrates
mejor de todos nosotros es precipitado al mal por el brillo de unos estará en breve fuera de tu alcance... Repara que se está muriendo...
ojos de mujer!... ¡Cuán mísero y malvado era yo! Durante la última - ¡Es verdad! -exclamó, y continuó angustiada-: ¿Por qué no vine
media hora, apenas si me había acordado de Leo, y eso que durante antes? ¡No tengo fuerzas! ¡A¡ ¡mano tiembla!... ¡NI¡ misma mano!
veinte años él había sido mi único compañero amantísimo y el mayor ¡Pero es natural!... Ah!, tú, Holly, toma este frasco. - Y me dió una
interés de mi existencia... ¡Y ahora, oh,. ¡Dios, quizá fuera tarde para vasija delgada y pequeña de barro cocido que sacó de los pliegues de
todo!... su ropa-. ¡Toma! Derrama el contenido en su boca. Si no ha muerto
Retorcíame las manos en mi gran congoja, y miré a mi alrededor. aún, lo curará... ¡Pronto, pronto, que se muere!
Ustane estaba sentada sobre la cama, y en sus ojos ardía la triste luz de Lancé al enfermo una mirada; era cierto. Leo se hallaba en agonía.
la desesperación. Job sollozaba ruidosamente en un rincón. Al notar Vi que su rostro se puso amarillento, y oí el rumor que hacía su
que yo lo miraba con fijeza, salió a la galería a desahogar su pena. respiración en la garganta. El frasco estaba tapado con una espiga de
Toda esperanza, sin duda, se cifraba en Ayesha. ELLA únicamente madera. Lo destapé con los dientes, y me cayó en la lengua una gota
podía salvarle ya, si no era una impostora, lo que no podía creer. Iría a del líquido. Tenía un saborcito dulce, y por un segundo me produjo
buscarla y le imploraría que viniese. Al determinarme a ir, entró Job vértigos y me cruzó una neblina por los ojos, pero afortunadamente el
corriendo en la habitación, con las facciones descompuestas y el pelo fenómeno pasó tan pronto como se produjo.
literalmente erizado sobre la cabeza. Al llegar junto a Leo, éste expiraba realmente. Su dorada cabeza se
- ¡Oh, señor! ¡Que' Dios nos ampare! - murmuró lleno de espanto-. movía lentamente de un lado para otro, y tenía la boca entreabierta.
¡Un muerto viene hacia aquí, deslizándose por la galería!.... Llamé a Ayesha para que le sostuviera la cabeza y consiguió hacerlo,
No le entendí inmediatamente, pero luego caí en que debió haber aunque le temblaba todo el cuerpo como una hoja de- álamo trémulo o
visto a Ayesha embozada, y sus blancos lienzos sepulcrales y la como .un potro espantado. Forzándole un poco las mandíbulas
extraordinaria y, suave ondulación de su andar le alucinarían hasta el derramé en la boca del pobre Leo el líquido, que producía un
punto de tomarla por un fantasma. Efectivamente, en seguida me lo vaporcillo como el del ácido nítrico cuando se agita, lo que no
expliqué todo, porque Ayesha misma entró en la habitación. Al verla, aumentó mi confianza, bastante débil ya, en la eficacia del
Job corrió hacia un rincón y pegó la cara contra la pared gritando: tratamiento.
- ¡Ahí está, ahí está! Pero era evidente una cosa, las ansias mortales habían cesado... De
Y Ustane, figurándose quién podría ser aquella temida figura, pronto creí que era porque ya había pasado por ellas, porque había
prosternóse de cara contra el suelo. cruzado el tremebundo río... El rostro se le puso lívido, los débiles
-A tiempo vienes, Ayesha –exclamé-. ¡El pobre muchacho se está latidos del corazón parecieron cesar, los párpados, únicamente, se
muriendo! estremecían un poco. En mi duda, alcé los ojos a Ayesha, cuyo rebozo
-Bien -dijo con voz dulce-; no importa, si no ha muerto aún, porque había caído al retroceder llena de excitación por el cuarto, y la vi
puedo volverlo a la vida, Holly mío. ¿Es ese hombre tu criado? sosteniendo aún la cabeza, y mirándola con el rostro tan lívido como
¿Reciben así a las visitas los criados de tu país? , el del moribundo, y con tal expresión de ansiosa agonía, que aun en
-Es que tu traje le espanta... Te toma por un muerto ambulante. aquel momento me asombró. Era evidente que ella misma no sabía si
Rióse y continuó: se salvaría o no el joven.
- ¿Y esa muchacha?... ¡Ah!, es la de quien me has hablado. Bien está. Cinco minutos pasaron y me pareció que la esperanza también a
Diles a ambos que se marchen, y veremos a tu León enfermo. No me ELLA abandonaba. El bello óvalo de su rostro se alargaba
gusta que los subalternos presencien mi saber. visiblemente, como bajo la presión de su congoja mental, cuyo pincel
Dije entonces a Ustane en arábigo, y a Job en inglés, que saliesen de trazaba obscuras manchas en las ojeras; apagóse el coral de sus labios,
la habitación; el último se apresuró a hacerlo porque no podía que se pusieron tan blancos como los dé Leo, y tan palpitantes estaban
dominar-su terror; pero no así Ustane, que no se resolvía a irse. que daba pena verlos. Era lastimoso mirarla, y aun yo mismo la
- ¿Qué quiere ELLA? - murmuró la pobre, batallando entre el terror compadecía.
que le inspiraba su tremenda reina y su deseo de no separarse de Leo -¿Era muy tarde ya? -murmuré:
-. ¡Una mujer tiene sin duda el derecho de permanecer junto a su No me contestó. Hundióse la cara entre las manos, y yo me volví un
poco... Mas al hacerlo, escuché un alentar profundísimo, y mirando a
Leo vi que le subía por el rostro un imperceptible matiz, que fue
aumentando hasta que... ¡oh, maravilla de las maravillas!, el hombre
que creíamos muerto se movió él solo, echándose sobre un costado.
-¿Has visto? -pregunté murmurando.
-¡He visto! -contestó roncamente-: Ya está salvado. Me pareció que
habíamos llegado tarde... Otro momento más, un pequeño instante... y
se habría ido... -Y su llanto y sus sollozos estallaron al punto que
parecían partirle el corazón; mas luego observé que hacía un esfuerzo
para contenerse y parecer más bella, lo que consiguió.
-Perdóname, Holly, perdona mis debilidades -dijo entonces-. Ya
ves, después de todo, no soy más que una mujer... Pero medita, medita
en ello... Hace un rato me hablabas del lugar de tormento inventado
por esa religión tuya, el infierno, como lo llamaste; un lugar donde
continúa viviendo la esencia vital, que retiene la memoria del
individuo, y donde todos los yerros y faltas del vicio, las pasiones no
satisfechas y los vanos terrores de la mente que alguna vez se tuvieron
acuden en tropel a perseguir, burlar, mortificar y retorcer el alma por
los siglos y los siglos, con la visión de su propia desesperanza. Pues
así, asimismo, he vivido yo durante dos mil años, durante sesenta
generaciones, según vuestras medidas del tiempo, atormentada por la
memoria de un crimen, atormentada día y noche por un, ansia no
satisfecha, sin compañía, sin consuelo, sin muerte y solamente
conducida en mi tristísima jornada por los fuegos fatuos de la
esperanza, que a veces chisporroteaban y se apagaban, y a veces
revivían, cuando mi saber me aseguraba que a la larga vendría mi
libertador... Piensa, piensa bien en ello, Holly; porque jamás oirás
nada como esto, jamás verás escena igual, no, aunque te concediera
diez mil años de existencia, que te concederé si en premio me lo pides;
piensa en que si al fin ha vuelto ese libertador, al que he estado
aguardando con ansia durante tantas generaciones; que ha vuelto a
buscarme a la hora señalada, como sabía yo que volvería, porque mi
saber no podía equivocarse, aunque no supiera cómo ni cuándo
volvería... Ves cuán ignorante era, sin embargo? ¿Cuán reducida es mi
ciencia, y cuán débil mi fuerza?... Durante largas horas ha estado aquí
enfermo, a las puertas de la muerte, y yo no lo sospechaba... ¡Yo, que
lo esperaba hacía dos mil años, no lo sabía!... Y cuando al fin lo
contemplo, mi suerte apenas si ha pendido de un cabello, aun antes de
concebirla bien, porque estaba casi hundido en las fauces de la muerte,
de donde ningún esfuerzo mío podría arrancarlo... Y si de nuevo
llegase a morir, tendría que haberme sumido en el infierno de que tú
hablas, de nuevo tendría que aguantar los inacabables siglos, y esperar
el cumplimiento del tiempo en que habría, de regresar mi amado...
Cuando tú le diste la medicina, y se detuvieron arrastrando esos
inmensos cinco minutos en que yo no sabía si moriría o viviría,
¡Holly, Holly, yo te digo que las sesenta generaciones transcurridas
antes no me parecieron tan largas como ese lapso!... Pero al fin pasó,
sin que él diese señales de revivir, y yo sabía que si en ese intervalo la
droga no producía efecto, no lo produciría jamás..., ¡yo lo sabía!
Entonces volvía a creer que había muerto, y todos los tormentos de
todos los años se concentraron en la punta de una sola lanza
emponzoñada que me atravesó veinte veces, porque otra vez perdía a
Kalikrates... Y entonces, cuando todo había concluido... ¡ay!, él
suspiró, ¡sí!, revivió, y supe que viviría, porque nadie a quien la droga
hace efecto muere... Piensa en ello, Holly... ¡Piensa en lo tremendo de
mi caso!... ¡El dormirá durante doce horas, y al despertar estará
curado!...
Cesó entonces de hablar Ayesha, y puso la mano sobre la dorada
cabeza de mi amigo. Inclinóse sobre él luego y le besó la frente con
tan casto abandono y ternura, que hubiera sido adorable para mí a no
sentirme extrañamente herido en el alma, pues... ¡sentía celos!
CAPITULO XVIII -Ese hombre es mi esposo --contestó Ustane en voz muy baja.
¡VETE! - ¿Quién te lo dió por esposo?
SIGUIÓSE a esto un momento de silencio, en el que ELLA parecía, a -Tómelo por tal, ¡oh, Hiya!, en virtud de la costumbre.
juzgar por la angelical expresión de su rostro, encontrarse en un -Pues mal hiciste en ello, porque es un extranjero. No es un hombre
éxtasis de dicha. De pronto, se le cambió en la expresión más de tu raza, y la costumbre no vale en este caso... Escucha... Quizá por
absolutamente contraria, como si la hubiera asaltado un recuerdo, y ignorancia lo hiciste, mujer, y por ello te perdono; si no, hubieras
murmuró con la voz conmovida por una ira que en vano. Pretendía muerto... ¡Escucha otras vez! Vete de aquí a tu propio lugar y no
disimular: vuelvas a penar ni a hablar más de este hombre; no es para ti... ¡Y
¡Casi la había olvidado! ¿Y esa mujer, esa Ustane?... ¿Qué es ella escucha por tercera vez! Si violas mi mandato, morirás era ese mismo
para Kalikrates? ¿Su criada, o su...? instante... ¡Vete!
Encogíme de hombros y contesté: Más Ustane no se movió.
-Entiendo que es su mujer, conforme a la costumbre de tu propio - ¡Mujer, vete!
pueblo; pero no sé hasta qué punto... Alzó entonces la cabeza Ustane, y vi que tenía el rostro todo
El rostro de ELLA se obscureció, como el cielo azul cubierto por un descompuesto de dolorosa ira.
nimbus tempestuoso. En los años que había vivido, Ayesha no había - ¡No! dijo con la voz ahogada-. ¡No, Hiya, no me iré! ¡Este
logrado dominar el sentimiento de los ce los... hombre es mi esposo y yo lo amo!... ¡Yo lo amo y no me separaré de
- ¡Pues eso ha de concluir!... Esa mujer morirá ahora mismo. él!... ¿Qué derecho tienes para obligarme a dejarlo?
- ¡Ah, no, no! -exclamé-. Sería un crimen atroz, y el crimen no Sorprendí un estremecimiento en la figura de Ayesha, y también me
produce sino .males... ¡Por ti misma te conjuro que no lo hagas!... estremecí pensando en lo peor.
- ¿Es un crimen, hombre necio, destruir lo que se nos coloca al paso - ¡Sé piadosa, oh, Hiya! -díjele en griego-. La naturaleza es la que
para realizar nuestra voluntad?... Nuestra vida, entonces, Holly, no es obra...
más que un largo crimen, porque diariamente estamos matando y -Soy, bien piadosa - me contestó fríamente-. ¿No existe ella aún?...
destruyendo a otros para poder vivir, ya que en este mundo sólo el -Y luego, dirigiéndose a Ustane- Mujer, te he dicho que te vayas de
más fuerte sobrevive. aquí; si no me obedeces, te destruiré ahí mismo donde estás...
Pero yo estaba determinado a salvar a Ustane de la suerte atroz que - ¡No me iré, no me iré!... ¡Ese hombre es mío! exclamó la infeliz
la amenazaba bajo el poder de su todopoderosa rival; yo la quería y Ustane con angustia -. ¡Yo lo tomé y le salvé la vida! ¡Mátame si
apreciaba sinceramente, y tuve valor para seguir defendiéndola. puedes...; no te cederé mi esposo!... ¡Jamás, jamás!...
- ¡Ayesha!, déjala; tú eres demasiado superior a mí para que mi Un veloz ademán hizo Ayesha entonces; tan veloz que no pude
inteligencia pueda comprenderte; mas tú misma me has dicho que seguirlo con los ojos, pero me pareció que había tocado ligeramente
cada uno debe formarse su propia ley y seguir sin vacilar los dictados con una mano a Ustane en la cabeza. Miré a ésta y di hacia atrás un
del corazón. ¿No abriga el tuyo lástima ninguna para aquella cuyo paso, horrorizado, porque en el pelo castaño, sobre la frente de la
puesto deseas ocupar? Piensa en que, como tú dices, aunque el hecho muchacha, vi tres marcas blancas como la nieve. Ustane estaba como
para mí es, ininteligible, ha vuelto al fin tras largos años aquel a quien deslumbrada y se había llevado las manos a los ojos.
aguardabas, y a quien has arrancado de las garras de la muerte... ¿Y - ¡Cielos! -exclamé, abrumado ante esa manifestación espantosa de
vas ahora a celebrar su regreso matando a quien mucho lo amaba, y a sobrehumana potencia.
quien él ama quizá; a quien te salvó heroicamente la vida del que amas ELLA rió levemente y dijo
cuando las lanzas de tus esclavos iban a herirle?.. . ¿No has dicho tú - ¿Creíste, pobre necia, que yo no tenía potencia para matarte?...
también que en otros días dañaste cruelmente a ese hombre, y que lo Aguarda, ahí hay un espejo - y señaló el nécessaire de Leo que Job
mataste con tu propia mano porque amaba a la egipcia Amenartas? había preparado con otros objetos, sobre un tocador improvisado -;
- ¿Cómo sabes eso, extranjero? ¿Cómo conoces tú ese nombre que dáselo a esa mujer, Holly, que vea las marcas que le he hecho, y sepa
yo no te he dicho? -gritó agarrándome por el brazo. si puedo o no fulminarla en el acto.
- ¡Lo habré soñado, quizá! - contesté-. Sueños muy raros acuden al Tomé el espejo y lo sostuve ante los ojos de la infeliz. Miróse,
lecho en estas cavernas de Kor... ¡Mas parece que el sueño era imagen tocóse el pelo, miróse de nuevo, y cayó luego en tierra, lanzando una
de la verdad!... ¿Y qué sacaste de tu insano crimen? ¿No tuviste que especie de sollozo o gemido.
aguardar por él dos mil años? ¿Quieres ahora que se repita la - ¿Te irás ahora - agregó Ayesha con acento burlón -, o quieres que
historia?... Di lo que quieras; yo te afirmaré, sin embargo, que grandes te hiera de nuevo?... Mira, te grabé mi sello, y por él te conoceré hasta
males nacerán de él; porque nadie recoge más que el fruto de sus que todo tu cabello se ponga tan blanco como él. Si de nuevo te veo
obras: del bien nace el bien, del mal, el mal; aunque en los días aquí, no tardarán en quedar tus huesos tan blancos como esa marca.
venideros del rural salga el bien. ¡El daño tiene siempre que resultar, ¡Vete!
¡ay!, empero, de quien lo provoca!... Así dijo el Mesías de quien yo te La desventurada muchacha, espantada y herida en el alma de tan
hablé, y lo que dijo es verdad. ¡Si tú matas a. esas mujer inocente, te atroz manera, se alzó como pudo y pasó arrastrándose ante ELLA, y
digo que por ello serás maldita, y que no cosecharás la fruta de tu gimiendo salió a la galería...
antiguo árbol del amor!... Y dime, ¿cómo crees tú que ese hombre te Pasé la noche junto a Leo, que durmió perfectamente sin moverse.
tomará con las; manos enrojecidas por la sangre de quien tanto lo amó También dormí yo un poco, que bastante lo necesitaba, pero con
y cuidó?... sueño agitado, lleno de los horrores de que había sido testigo.
-En cuanto a eso, bien lo sabes tú. El me habría de amar aunque te Principalmente me asaltaba aquella hazaña diabólica de Ayesha al
hubiera matado a ti y a ella, porque él no podría evitarlo; así como tú dejar la huella de sus dedos sobre las cabellos de su rival. Tan terrible
no podrías evitar lar muerte, si yo quisiera matarte, Holly. Empero, había sido el movimiento, tan rápido y serpentino, y tan instantáneo el
yace, la verdad en tus palabras, porque yen cierto modo pesara sobre blanqueamiento de la triple raya, que dudo, a la verdad, que me
mi mente. Sea, perdonaré a esa mujer... ¿No te he dicho que no soy hubiera impresionado menos verla morir a Ustane. Aun en la
cruel por el gusto de serla? No me gusta ver sufrir ni hacer sufrir... actualidad, de vez en cuando, se me presenta en sueños tan horrenda
Llámala, pues... Mas llámala en seguida antes de que mi humor actual escena, y contemplo a la infeliz mujer sollozando espantada, con una
varíe...- Y así diciendo, cubrióse rápidamente la cara con las gasas. señal sobre la frente, como Caín, y lanzando, al salir de la habitación,
Satisfecho por haber obtenido este resultado siquiera en favor de arrastrándose ante su reina, su postrer mirada de inefable angustiosa
Ustane, salí a la galería en su busca. Vi su traje blanco destacarse en la despedida a su amante dormido.
sombra, a unas cuantas yardas de distancia, junto a una lámpara y la Tuve también otra pesadilla. Figúreme que la inmensa pirámide de
llamé. Vino corriendo. esqueletos se conmovía, y que de ella empezaron a brotar andando,
- ¿Ha muerto ya mi señor?...¡Ah, no digas que murió! - exclamó por cientos, miles y miles, en batallones, regimientos y ejércitos,
llorando. aquellos esqueletos, a través de cuyos costillares lucía el resplandor
Miraba yo compadecido su hermoso y noble rostro, todo bañado en solar, y que precipitándose por la llanura hacia Kor, su gran ciudad,
lágrimas, contraído por el dolor, y sus ojos suplicantes aguardaban una hacían que se bajase a su llegada el puente levadizo, abrirse de par en
tristísima respuesta. par la puerta mural .y resonar sus huesos al rozar con las broncíneas
-No, no ha muerto. ELLA le ha salvado - contesté -. Ven, entra hojas, desparramándose luego por las calles espléndidas y las plazas
conmigo. anta soberbias fuentes y bellos palacios y templos de grandeza
Suspiró profundamente, entró y se dejó caer sobre sus manos y indescriptible. Pero no había ningún hombre para recibirlos, ni a las
rodillas ante la terrible reina, conforme a la costumbre de: su pueblo. ventanas se asomaba ninguna cabeza de mujer, y solamente se
-Ponte de pie - dijo ELLA con su voz más fría - y acércate. escuchaba de tiempo en tiempo un gran pregón, flotando invisible en
Ustane obedeció, y con la cabeza inclinada sobre el pecho, se el aire, que clamaba: "¡Kor, la imperial!, ¡cayó!... ¡Cayó!... ¡Cayó!..."
colocó delante. Hubo una pausa. Y esas falanges de blancura luciente iban marchando por la ciudad, y
- ¿Quién es ese hombre? - dijo por fin ELLA señalando a Leo el rumor de sus pasos era repetido por Ios ecos del espacio, conforme
dormido. el tropel pasaba tristísimamente... Subiéronse luego a las murallas, y
marcharon por la gran calzada que sobre ella corría, hasta que al fin propósito de Ustane, de cuyo afecto y heroísmo siempre me estaba
llegaron al puente levadizo... Y entonces volvieron a su sepulcro, y el hablando con profunda emoción, no dudo que hubiese caído en las
sol poniente, que los atravesaba con sus rayos cárdenos, lanzaba las redes que ELLA le tendía, y que la hubiera amada con anticipación.
gigantescas sombras de sus huesos, que se extendían sobre la llanura Pero si no estaba enamorado ya, dominábalo una gran curiosidad, y
moviendo larguísimas piernas de araña, hasta que llegaron a la se sentía asombrado ante ELLA como yo mismo, pues aunque nada se
caverna, donde penetraron arrojándose en inacabable fila por el le había dicho sobre su edad extraordinaria, él la identificaba
agujero para formar de nuevo la pila de la profunda sima subterránea... naturalmente con la mujer de que se hablaba en el fragmento de vaso.
Desperté entonces y vi á. Hiya que se habla mantenido durante todo Y al fin, viéndome rendido ante su continuado interrogar, díjele que
mi sueño entre el lecho de Leo y la piel donde estaba yo tendido, fuese donde la misma Ayesha en busca de informes sobre Ustane,
deslizándose como una sombra para salir de la habitación. cuyo paradero desconocía yo verdaderamente y sobre todo cuanto
Dormíme de nuevo al poco rato, pero con sueño más profundo y quisiera saber más. Así lo hizo, y después de un buen almuerzo, nos
tranquilo, y cuando al fin desperté me encontré más fuerte y presentamos a Hiya sin más ceremonias, dejándonos pasar los mudos
satisfecho. Cuando se acercó la hora prevista por Ayesha para que Leo gracias a las expresas órdenes de su reina.
despertara, ELLA apareció de nuevo en el cuarto, velada como de Estaba sentada, como de costumbre, en la que nosotros
costumbre. llamábamos, a falta de mejor nombre, su boudoir. Al descorrerse las
-Ya verás, Holly -me dijo-, cómo ahora se despierta en su sentido y cortinas se levantó, y con manos extendidas vino a recibirnos, o más
sin fiebre. bien, a recibir a Leo, porque ya a mil me había relegado a segundo
Apenas había acabado de hablar, Leo se movió, estiró los brazos, término. Pero fue, a la verdad, un bonito aspecto el que presentó su
bostezó, y observando una forma femenina que se inclinaba sobre él, blanca velada forma deslizándose hacia el vigoroso joven inglés,
la enlazó con los brazos y la besó, tomándola por Ustane, y diciéndole vestido con su traje de franela gris, pues, aunque por su sangre Leo
en arábigo: tenía algo de griego, pocos habrá que tengan, excepto en sus cabellos,
- ¡Hola, Ustane! ¿Por qué te has envuelto así la cabeza? ¿Tienes más aire británico que el suyo. No tenía esa suave figura y blandas
dolor de muelas? - y agregó en inglés -. ¡Tengo un hambre atroz!... maneras propias; del griego moderno, aunque sí mucha de aquella
¡Tú, Job, vieja prole de un cañón! ¿Qué tenemos ahora por hacer, eh? personal hermosura heredada de su madre, a juzgar por el retrato. Mas
- ¡Ah, míster Leo, ojalá lo supiera yo!... - contestó Job, pasando con aunque era tan alto y tan voluminoso de tórax, no era pesado su
muchos reparos junto a Ayesha, a la que aun miraba con gran miedo, donaire, como el de muchos hombrones, y tenía de tal arrogante y
porque no, estaba muy seguro todavía dé que no era una resucitada. firme modo plantada la cabeza, que bien merecía el nombre de León
Pero usted no debe hablar, míster Leo, pues ha estado gravísimo y nos que le dieran los amajáguers.
ha dado mucho cuidado... Y si esta señora - agregó mirando a Ayesha - ¡Salud, mi joven señor extranjero! - díjole ELLA dulcísimamente -.
-, no tiene inconveniente en apartarse un poco, le traeré su sopa. Alegre estoy, en verdad, de verte sobre tus pies... Créeme, que si no
Leo entonces se fijó en la señora, que tan silenciosa estaba, y intervengo yo en el supremo instante, ellos no te habrían sostenido
exclamó: más... Pero ya pasó el peligro, y a mí me toca ahora... (y puso un
- ¡Hola! ¿Conque no es Ustane?... ¿Dónde esta ellas? mundo de promesas en su acento) Hacer que no se vuelva a presentar
Ayesha entonces le habló por vez primera y sus primeras palabras jamás para ti.
fueron mentirosas. Leo se inclinó cortésmente, y en su mejor árabe le agradeció su
-Salió de visita - dijo -; pero mira, aquí estoy yo que soy tú criada. bondad hacia un extranjero desconocido.
La voz Argentina de Ayesha pareció confundir su intelecto; pero no -No, no - replicó ELLA -. ¿Cómo podría dejar morir a un hombre
dijo nada, sino que se puso a tornar so caldo con bastante apetito; así?... ¡La belleza es muy rara sobre la tierra!... ¡No me agradezcas
después se volvió a acostar y se durmió casi en seguida para no nada, que la dicha es mía porque has venido!
despertar hasta la tarde. Entonces s me vio a mí y se puso a - ¡Hola, viejo! - exclamó en inglés el travieso muchacho -. La
interrogante sobre lo que había pasado; pero yo le contesté señora es política de veras... Parece que hemos caído sobre flores...
evasivamente y le obligué a dormir de nuevo, lo que hizo ¡Eh! tú no habrás, desperdiciado tus ocasiones... ¡Y, por Júpiter, qué
tranquilamente hasta la mañana, en que se despertó admirablemente par de brazos tiene!
mejorado. Pude contarle algo entonces de su enfermedad y de lo que Dile -un pellizco para que se portara como es debido, porque
me había pasado a mí pero como Ayesha restaba presente, no fue, a la sorprendí la mirada de los velados ojos de Ayesha que me
verdad, mucho lo que le dije: que ELLA era la reina del país y que nos interrogaban curiosamente.
mostraba muy buena voluntad, aunque era gusto suyo el andar -Espero - continuó ELLA - que mis criadas te han atendido bien,
embozada. Aunque yo hablaba en inglés, por supuesto, tenía gran porque si alguna comodidad existe en este pobre lugar, seguro debes
temor de que nos entendiese ELLA por la expresión de nuestros de estar de que te pertenece...Di, ¿qué más puedo hacer por ti?...
rostros, y además, no olvidaba las advertencias que me había hecho. - ¡Oh, sí, Hiya! - contestó Leo con viveza. -. Quisiera saber dónde
Al día siguiente Leo se levantó casi restablecido. La herida del ha ido la señora que me asistía
costado se había cicatrizado y su vigorosa constitución se había - ¿Ah, si..., la muchacha?... Pues ya la he visto. Es decir, dónde está
recobrado de la pérdida de fuerzas ocasionada por su terrible fiebre, no lo sé. Dijo que quería marcharse y se fue... Quizá vuelva, y quizá
con una rapidez que no puedo atribuir más que a la maravillosa no... Es cosa pesada asistir a los enfermos, y estos salvajes son muy
medicina que se le había administrado, y también al hecho de que su inconstantes.
enfermedad había sido, aunque violenta muy breve. Más con la salud Leo, al oírla, quedó un tanto disgustado y triste.
le volvía el recuerdo de todas sus aventuras, hasta el punto en que -Raro es esto, en verdad - díjome en inglés; y agregó dirigiéndose
perdió los sentidos en medio del pantano, y también, por supuesto, el en arábigo a ELLA - No puedo entender cómo ha sido esto, porque esa
recuerdo de Ustane, a quien vi entonces que había tomado un gran joven y yo..., bien sabrá usted, en fin..., teníamos ciertos
cariño. Y a la verdad que me abrumó a preguntas sobre la pobre compromisos...
muchacha, qué yo no podía contestarle, porque Ayesha me había Ayesha se rió un poco musicalmente, y cambió de conversación.
llamado después que despertó Leo la primera vez y advirtióme,
solemnemente, que no le dijera nada sobre el punto, sugiriéndome,
con ,la mayor delicadeza, que me costaría caro desobedecerla.
También me advirtió que le dijera lo menos posible sobre ella misma,
porque se reservaba el derecho de hacerlo a su debido tiempo.
Su conducta, a la verdad, había variado mucho. Yo esperaba, por lo
que había visto, que ELLA se aprovecharía de la primera oportunidad
para apoderarse de quien creía que era su amante del mundo antiguo,
pero por algún motivo íntimo que ignoro; no procedió así. No hacía
más que atenderlo dulcemente, con una humildad que contrastaba de
un modo notable con sus imperiosas actitudes anteriores, hablándole
en un tono casi respetuoso y quedándose a su lado la mayor parte del
tiempo.
Es natural pensar que la curiosidad de Leo a propósito de ELLA
fuese tan grande como había sido antes la mía -y que tuviese grandes
deseos de verle el rostro, que yo le había manifestado, sin entrar en
detalles, que era bellísimo, tanto, como sus formas y su voz. Esto era
suficiente para excitar la curiosidad de cualquier joven en alto grado, y
si no hubiera sido porque aun no se había librado por completo de los
efectos de su enfermedad, y que tenía el ánimo muy preocupado a
CAPITULO XIX arrastrarse, mejor dicho, lo que hizo con su torpeza acostumbrada, y
"¡QUIERO UN MACHO CABRÍO!" anunció que el baile estaba ya dispuesto, y que comenzaría cuando la
Y continuó luego tan variable nuestra conversación que, a la reina y los extranjeros lo quisieran.
verdad, ni recuerdo de qué tratamos. Ayesha no hablaba con su Levantámonos todos; Ayesha sé echó encima un manto negro, el
habitual franqueza, quizá para no revelar sus verdaderos sentimientos, mismo, diré entre paréntesis, que tenía puesto cuando la sorprendí
o por otra razón que desconozco. Al fin le dijo a Leo que, para maldiciendo en el sepulcro de Kalikrates, y salimos
divertirnos, había dispuesto a realizar un baile para aquella noche. El baile se iba a verificar al aire libre, en la explanada de piedra que
Me asombré: al oír esto, pues me había figurado que los amajáguers estaba a la entrada de la caverna y hacia allí nos dirigimos. Como a
eran gentes demasiado sombrías para permitirse frivolidades unos quinientos pasos del arco de la entrada vimos tres sillas, en las
semejantes; pero, como luego se verá, resultó que e un baile que nos sentamos a esperar, puesto que no se veía allí a ningún
amajáguers en nada se parecía a las festividades que en los demás bailarín. La noche era bastante oscura, pues la luna aun no había
países, salvajes o civilizados, se conocen con ese nombre. Cuando salido, así es que nos preguntábamos cómo podríamos ver la fiesta.
estábamos a punto de retirarnos, ELLA propuso a Leo visitar las Leo le hizo o la observación a Ayesha.
maravillas de las tumbas, a lo que él asintió gustoso, y a ello fuimos -Ya lo sabrán - dijo ELLA riendo.
en compañía de Billali y Job. Efectivamente, lo comprendimos Apenas había hablado cuándo de
No la describo porque sería la mera repetición de lo que ya he dicho todas partes vimos surgir formas oscuras llevando lo que al principio
a propósito de ellas, por más que las tumbas en que entramos fueran tomamos por enormes antorchas encendidas, y que ardían tan
otras, ya que, como he dicho, la montaña estaba toda tan llena de ellas, furiosamente que las llamas tenían más de una yarda de longitud,
que parecía un panal14, perno los contenidos eran casi siempre dirigidas hacia atrás de los qué las llevaban. Estos se nos acercaron en
semejantes. Visité de nuevo la pirámide de huesos que en sueños se número de más de cincuenta, asemejándose a infernales demonios, tan
me había representado la noche anterior, y de ahí fuimos por un: largo negros y con su ígnea carga. Leo exclamó entonces:
pasadizo a una de las grandes excavaciones ocupadas por los - ¡Cielos, son cadáveres las antorchas!...
cadáveres de los ciudadanos pobres de Kor. Estos no estaban Tenía razón. Las luces que habían de alumbrarnos la fiesta eran las
conservados tan bien como los demás y se hallaban colocados en momias de las cavernas.
grupos de quinientos a mil, amontonados unos sobre otros como las Precipitáronse todos los portadores de tan fúnebres luminarias hacia
pilas de muertos después de las grandes batallas. un lugar dado, y arrojaron en él los cadáveres, con lo que se formó una
Después de las visitas a las tumbas volvimos a comer, porque ya gran hoguera. ¡Cómo ardía aquello, cielo santo, y cómo surgía!
eran más de las cuatro de la tarde y necesitábamos todos, y Ningún barril de brea hubiera ardido mejor que aquellas momias;
14 Durante algún tiempo me preguntaba qué podía saberse hecho con la ¡pero esto no fue todo! De pronto vi que un Amajáguer grandote
enorme cantidad de agarró un brazo ardiente que se había desprendido de su cuerpo
piedra que se había sacado para la excavación de las inmensas catacumbas, principal, y salió corriendo por la oscuridad. Detúvose al fin, y un alto
pero luego supe rastro de fuego brotó derecho en el aire, iluminando la negrura y
que la mayor parte se e había empleado en la creación de la ciudad de Kor, de también la lámpara que lo producía. La lámpara era una momia de
sus edificios, mujer atada a una gruesa estaca clavada en un agujero hecho en el
murallas, desagües y depósitos de agua. suelo rocoso, y el salvaje la había encendido prendiéndole los
especialmente Leo, alimento y descanso. A las seis fuimos de nuevo a cabellos: Anduvo unos cuantos pasos más y prendió otra, y luego otra,
presentarnos a Ayesha, que se divirtió aterrando á nuestro pobre y otras, hasta que al fin nos vimos rodeados por un gran círculo de
criado con las imágenes evocadas; en el agua clara de la pila. cuerpos humanos ardiendo furiosamente, porque la substancia con que
Por mí supo ELLA que Job pertenecía a una familia de diecisiete habían sido embalsamados era tan inflamable que de las orejas y la
hermanos, y le ordenó que pensase en todos ellos, o en la mayor parte boca de los muertos brotaban ígneas lengüetas de más de un pie de
de los que pudiera acordarse, y que los concibiese reunidos en la pieza largo.
principal de la paterna casa rústica. Díjole luego que mirase el agua, y Nerón iluminaba sus jardines con cristianos vivos untados en brea,
allí, reflejada sobre la tranquila superficie, contemplamos una escena y a nosotros se nos festejaba de un modo parecido, probablemente por
transcurrida años atrás, tal como. se representaba en el cerebro del primera vez desde el tiempo del romano emperador, aunque
asombradísimo fámulo. Algunos de los rostros aparecían muy claros, afortunadamente las antorchas no eran seres con vida.
mas otros eran meros borrones o manchas difusas con alguna que otra Pero aunque nos faltase este elemento de horror, gracias a Dios, era
facción desmesuradamente exagerada; hecho que se atribuyó a que tan espantoso y horrible el espectáculo que se nos presentaba, que
Job era incapaz de recordar con exactitud la cara de los individuos, o apenas si me atrevo a describir la impresión que nos causó. Para
que sólo tenía presente alguna de sus peculiaridades, y el agua empezar, diré que hería nuestra sensibilidad moral tanto como la
únicamente reflejaba lo que su mente evocaba. física. Algo había de muy terrible, aunque también de muy fascinador,
Porque ha de tenerse presente que la potencia de ELLA estaba en el empleo de los muertos antiquísimos para iluminar las orgías de
limitada estrictamente en este caso; podía, al parecer, fotografiar sobre los vivos; la cosa en sí misma era una sátira amarga para ambos: vivos
el agua lo que realmente pasaba por la mente de alguna persona que y muertos, y para la humanidad. Las cenizas de César o de Alejandro
allí estuviese, mas únicamente por la voluntad de esa persona. Pero si Magno, podrían servir o no de tarugo al agujero de un barril, como
ELLA conocía realmente alguna localidad, como en el caso nuestro del dijo Hamblet, mas la función de estos otros césares de lo pasado era
ballenero sobre el canal, podía arrojar su reflexión sobre el agua, así alumbrar una diversión de salvajes.
como la de cualquier cosa que se verificase en la localidad. Sin A tales bajos usos somos destinados, tan poco aprecio nos reservan
embargo, este poder suyo no se extendía a la mente ajena; por esas codiciosas multitudes de descendientes que creamos, muchas de
ejemplo: podía enseñarme el interior de la capilla de mi colegio de las cuales, en vez de venerar nuestra memoria, viven sólo para
Cambridge, tal como yo lo recordaba, pero no como estuviera en el maldecirnos por haberlos puesto en un mundo tan cargado de penas...
instante mismo de la reflexión, pues con. respecto a otras personas, su Además, teníamos el lado físico del espectáculo, que era bien
arte se limitaba a los hechos o memorias presentes en su conciencia en fantástico y espléndido por cierto. Estos antiguos ciudadanos de Kor
el momento dado. Y tanto era así, que cuando queríamos representarle ardían como habían vivido-, si juzgamos por sus inscripciones,
edificios célebres como la capilla de San Pablo o el palacio del demasiado a prisa y con mayor liberalidad. Y lo que es más, había una
Parlamento en Londres, el resultado era muy imperfecto, porque aun gran abundancia de ellos. Apenas ardía una momia hasta los tobillos,
cuando nosotros tuviéramos una buena idea general de su conjunto, no para lo que bastaban sólo veinte minutos, arrojábanla lejos y se
podíamos tener presente la multitud de los detalles arquitectónicos, y prendía otra nueva en su lugar. La hoguera se mantenía activa con el
faltaban, por ende, todas las minuciosidades necesarias para su mismo generoso despilfarro, y sus llamas subían silbando y crujiendo
reproducción perfecta. a una altura de veinte o treinta pies, iluminando el ambiente con
Pero Job era incapaz de comprender esto, y muy lejos de aceptar la grandes resplandores por los que atravesaban los amajáguers como
explicación natural del fenómeno – que después de todo o no era, demonios que alimentasen los infernales fuegos...
aunque peregrino, más que un ejemplo brillante de la telepatía Fascinados contemplábamos el espectáculo, esperando ver aparecer
perfeccionada -, sostenía que era la manifestación diabólica de la más de un momento a otro los espíritus de aquellos cuerpos que así ardían,
negra magia. No olvidaré el aullido de terror que lanzó al ver los a tomar venganza de sus profanadores...
retratos más o menos claros de sus amigos y hermanos ausentes -Te prometí un espectáculo extraño, Holly -díjome riendo Ayesha,
reproducidos en el agua, ni la alegre carcajada con que Ayesha acogió cuyos nervios no parecían afectados- y ya ves que no te he engañado.
su consternación. Tampoco a Leo le gustó mucho; Pasóse los dedos además, esta escena contiene una enseñanza. No confíes, me dijo, en
entre los dorados rizos y dijo que le daban escalofríos esos misterios. lo futuro, quién sabe lo que el futuro nos reserva. Vive, pues, al día;
Después de una hora que pasamos distraídos, de una manera que no no trates de evitar el polvo, que es el fin del hombre.
fue diversión para Job por cierto, los mudos le advirtieron a su reina, Qué crees tú que hubieran sentido esos nobles y esas señoras, hace
por señas, que Billali esperaba audiencia. Mandósele pasar, tanto tiempo olvidados, si hubieran sabido que habían de servir algún
día, para cocer la comida o alumbrar la danza de los salvajes... Pero espectáculo, cuando llamó nuestra atención uno de los bailarines, un
mira, ya llegan los bailarines,... Alegre la comparsa, ¿verdad?... ¡El leopardo, muy activo por cierto, que se había separado del cuerpo de
escenario está ya iluminado! ¡Que empiece la comedia! Vimos baile, y que daba vueltas en torno nuestro, pero dirigiéndose hacia
entonces dos filas de amajáguers, una de mujeres y otra de hombres, donde la oscuridad era mayor, a un lugar equidistante entre dos
en número como de cien, adelantarse vestidos únicamente con sus llameantes momias.
taparrabos de piel de leopardo. Colocáronse en perfecto silencio tas La curiosidad nos hizo seguirlo y entonces, enderezándose, el
dos filas frente a frente. Es casi imposible describirlo, pero aunque leopardo penetró en las sombras del fondo, aun más profundas,
hubo elevación de piernas y cambio de puestos en dosis sobrada, diciéndonos muy bajito:
aquello más que un baile nos pareció una pantomima de argumento - ¡Seguidme! ,
horrible, cual convenía a gentes con la mentalidad influenciada por la Conocí la voz de Ustane. Leo, sin mirarme siquiera, corrió tras ella;
convivencia con los sepulcros, y cuyas diversiones y chanzas se yo, con el corazón tocado por las aprensiones de un peligro próximo,
obtenían del inagotable repositorio de la mortalidad conservada en el los seguí. El leopardo Ustane - anduvo unos cincuenta pasos más,
sitio que debían habitar. Yo entendí que se representaba primero un distancia suficiente a la que no llegaba la luz de las antorchas, pero sí
asesinato frustrada y después la tentativa de enterrar viva a la víctima, la de la hoguera, y allí esperó a Leo, que al fin la alcanzó.
y la desesperada resistencia de ésta, siendo cada episodio del drama - ¡Ah, esposo mío!... -la oí decir, mientras lo abrazaba
abominable, desempeñado en silencio constante, seguido de la danza estrechamente-. ¡Al fin te vea y te abrazo!... Mi vida está amenazada
furiosa y repugnante en torno de quien hacía el papel de víctima, que por Quien debe ser obedecida. El Babuino de seguro te habrá contado
se retorcía en el suelo al resplandor sangriento de las hogueras. cómo ELLA me apartó de ti. ¡Yo te amo, esposo mío, y tú me
Interrumpióse de pronto el desenfrenadlo baile, y entonces una perteneces conforme a las costumbres del país! ¡Yo te salvé, además,
mujerona de vigoroso aspecto, -que me había llamado la atención por la vida! Leo mío, ¿vas a echarme de tu lado, ahora?
su ardor diabólico para saltar y gesticular, salió de las filas de los - ¡Por supuesto que no! - exclamó Leo -. Asombrado, estaba de no
danzarines, y como enloquecida por la excitación salvaje, vino ¡hacia verte. Vamos a ver a la reina para poner en claro este asunto.
nosotros tambaleándose y saltando como furiosa! - ¡Ah, no, no!... ¡Nos mataría!... Tú no conoces su poder No hay
Frente y junto a nosotros ya, lanzóse al suelo como acometida por más que un recurso: si quieres quedarte conmigo, tienes que huir
un ataque epiléptico y gritando: siguiéndome por los pantanos desde ahora mismo; sólo así
- ¡Yo quiero un macho cabrío negro! ¡Lo necesito!... ¡Que me lo escaparemos de ELLA quizá... - ¡Por el amor del cielo, Leo! - dije yo
traigan!... entonces-. Escucha...
Retorciase en el suelo mientras gritaba, echando espuma por la -No le hagas caso, Leo mío - exclamó ella interrumpiéndome- Ven,
boca, contraídas las facciones y ofreciendo, en fin, el más horrible ven a prisa; la muerte está en el aire que respiramos. Aun ahora, quizá,
aspecto que pueda imaginarse. ELLA nos esté escuchando... -Y forzó sus argumentos echándose de
Entonces acudió una gran parte de tos bailadores formándole corro, nuevo en los brazos de su amante.
aunque los demás continuaban sus brincos, allá en el fondo. Al hacerlo deslizósele de los cabellos la cabeza de leopardo que la
- ¡Tiene el diablo adentro! -dijo cantando un amajáguer-. Vayan a disfrazaba, y en ellos vi la triple marca blanca de los dedos de su
buscarle un macho cabrío negro... reina, débilmente luciendo a la luz de las estrellas.
¡Diablo! ¡Diablo, estate quieto! Ahora tendrás el macho cabrío… Comprendiendo la gravedad de la situación iba de nuevo a
Han ido por él, ¡diablo! intervenir, pues yo sabía que Leo no era muy firme cuando de cosas
La horrible mujer, que echando espuma se retorcía en el suelo, femeninas se trataba, cuando..., ¡ay!, ¡qué horror!..., oí detrás de mí
chilló de nuevo. una pequeña risa argentina. Volvíme, y me encontré a la misma Hiya,
- ¡Yo quiero un macho cabrío negro! Billali y dos de sus mudos.
- ¡Bien, diablo!.... ¡Ahora lo tendrás! ¡Quédate quieta! Aspiré anhelosamente el aire y casi caigo en, tierra, porque sentí
Así continuaron hasta que al fin trajeron, arrastrándolo por los que aquella situación habría de culminar trágicamente, y que yo,
cuernos, de un corral cercano, el macho cabrío negro. que daba quizá, sería la primera víctima. Ustane se, separó de Leo y se cubrió
lastimosos balidos. los ojos con las manos, mientras su amante, que conocía la gravedad
- ¿Es negro el macho?... ¿Negro? ¿Negro? - chilló la posesa. del caso, se ruborizó un poco y se quedó en la necia actitud en que se
- ¡Sí, sí! ¡Diablo! ¡Es negro como la noche! -clamó cantando el quedan los hombres generalmente cuando son sorprendidos en esas
interlocutor, y luego como aparte, en tono más bajo-: Ocúltenlo bien, trampas.
tiene una mancha blanca en la rabadilla, y otra en la barriga. ¡Que no
las vea el diablo!...-Y luego, alzando el tuno-: Ahora te lo fiaran,
diablo... ¡Aguarda un poco!... -Luego más bajo ¡Degolladlo! ¿Dónde
está la vasija?
- ¡El macho, el macho, el macho!... ¡Dadme la sangre del macho
negro! ¿No veis que la necesito?... ¡Dádmela!... ¡Dádmela!....
En este momento un ¡bee! prolongado y agudo anunció el sacrificio
del macho cabrío, y una mujer vino corriendo con una taza llena de su
sangre. La posesa, que entonces se encontraba en el paroxismo de su
ataque, la tomó y la bebió de un trago e inmediatamente se tranquilizó,
sin que le repitieran las convulsiones, ataques, o lo que fuese la
espantosas dolencia de que sufría. Extendió los brazos, sonrió un
poco, y lentamente fue a reunirse con los demás bailarines, que se
volvieron a colocar en una doble fila como las que formaron al llegar,
y despejaron el campo dejando vacío todo el espacio que se
encontraba entré la hoguera y nuestros asientos.
Figúreme que la extraña diversión habría terminado, y sintiéndome
un tanto malhumorado, estaba a punto de preguntarle a ELLA si nos
podíamos levantar, cuando se presentó un mono, al parecer, saltando
en torno del fuego. Al punto se le reunió un león, o mejor dicho, un
hombre vestido con una piel de león, y luego otro con la piel de un
toro, alzados los cuernos de la manera más cómica del mundo. A éste
siguió un impala, un koodoo, y otros ejemplares de la fauna de aquella
localidad Áfricana, una muchacha inclusive, cosida en la escamosa
piel luciente de una boa constrictor, cuya cola le arrastraba muchas
yardas por detrás en el suelo.
Cuando todos esos animales se hubieron congregado, comenzaron a
bailar de un modo pesado, anormal, imitando los bailarines las voces
de las bestias que personificaban, hasta que todo el espacio se llenó de
rugidos, mugidos, balidos y silbidos de serpientes.
Eso continuó por un rato, hasta que, cargado ya de la pantomima, le
pedí permiso a Ayesha para ir con Leo a examinar las antorchas
humanas, y salimos los dos' empezando a andar por la izquierda.
Después que contemplamos a dos o tres de las ardientes momias,
íbamos a volvernos, harto disgustados por lo grotesco y fantástico del
CAPITULO XX Ayesha se incorporó un poco en su canapé al oír esto, pero se
EL TRIUNFO reclinó de nuevo.
SIGUIÓ entonces el momento de silencio más penoso que yo haya -Yo no dispongo de magia ninguna -continuó Ustane, alzando su
pasado en mi vida. Ayesha al fin lo rompió dirigiéndose a Leo: hermosa voz resonante-; yo no soy reina ni inmortal; pero el corazón
- ¿Por qué, mi señor y huésped -le dijo con su voz más dulce, que de una mujer, oh, reina, tarda muchos en hundirse en las aguas por
resonaba, sin embargo, con vibración de acero-, por qué te ruborizas profundas. que sean, y también ven los ojos de una mujer, ¡oh, reina!,
tanto? El espectáculo era bonito por cierto: ¡el león abrazado al aun a través de tu velo... Escucha; yo lo sé: ¡tú amas también a este
leopardo! hombre y por eso quieres quitarme de tu paso!... Yo moriré, sí, moriré,
- ¡Oh, concluye de una vez! - exclamó Leo en inglés. y no sé lo que ha de ser de mí... Mas dentro de mi pecho resplandece
- ¿Y tú, Ustane? - continuó ELLA -; por cierto que hubiera pasado una luz, y con ella veo, como si fuera una lámpara alumbrada, la
junto a ti sin conocerte, a no haber caído en resplandor sobre esas verdad del por venir que yo no gozaré; pero que ante mí se desarrolla
marcas de tus cabellos... ¡Bueno, bueno! Ya se concluyó la fiesta. como una imagen... Cuando por primera vez vi a mi esposo, supe
Mirad, las candelas se han consumido; todo ha venido a parar en también que la muerte sería su regalo de bodas, pero no retrocedí,
ceniza y tinieblas. Así habías creído llegado el tiempo propicio para el porque estaba dispuesta a pagar por él hasta ese precio... Aquí estaba
amor, Ustane, sirviente mía; y yo, no soñando en que podría ser ahora mi muerte; la siento, la veo. Pero ahora también te digo, parada
desobedecida, que te creía tan lejos... en los umbrales de la fatalidad, que tú no gozarás de los provechos de
-No te diviertas conmigo, Hiya...- gimió la infeliz muchacha -. tu crimen. Mi esposo me pertenece, y aunque tu hermosura
Mátame ya, ¡concluye de una vez! resplandezca como el sol ante las estrellas, él no será para ti, será
- ¡No! ¿Por qué?... ¡No es bueno pasar tan bruscamente de los siempre mío... Nunca jamás sobre la tierra te mirará en los ojos y te
ardientes transportes del amor ala helada boca del sepulcro!... llamará esposa... ¡Tú también estás condenada, yo lo veo, lo veo!...
Hizo entonces una señal a sus mudos, que inmediatamente se ¡Ah!
adelantaron sujetando a la muchacha cada uno por un brazo. Lanzó Oímos entonces un grito de rabia y de terror... Volvimos la cabeza.
una exclamación Leo, y saltando sobre uno de ellos, lo tiró al suelo de Ayesha se había levantado y tenía tendido un brazo recto hacia
un puñetazo manteniéndolo preso con la izquierda y el otro puño Ustane, que dejó de hablar de pronto. Miré a la muchacha y vile
dispuesto a un segundo golpe. pintada en la cara la misma expresión de espanto que tenía cuando su
Rióse Ayesha de nuevo. rapto en la caverna de Billali, la noche de su raro canto. Abriéronse
-Bien lo hiciste, huésped mío. ¡Vigoroso brazo para un más aún sus ojos, dilatáronse las ventanas de su nariz y sus labios se
convaleciente! Pero te ruego ahora que dejes vivo a ese hombre para blanquearon.
que me obedezca. No le hará ningún daño a la muchacha; el aire de la Ayesha no decía nada, guardaba un silencio aterrador, pero seguía
noche se hace ya desapacible y quiero recibirla en mis propias con el brazo tendido, mirando fijamente a Ustane, mientras toda su
habitaciones. Seguro es que yo sabré atender bien a quien tú tanto figura vibraba. La desventurada muchacha llevó entonces sus dos
atiendes... manos a la cabeza, dió un grito horrible y cayó de espaldas, como
Timé entonces a Leo del brazo y lo saqué de encima del mudo herida por un rayo, cuan larga era, en el suelo. Leo y yo nos
postrado en tierra. Medio enajenado, el muchacho obedeció a mi precipitamos a ella. Estaba muerta, ¡absolutamente muerta!... Herida
presión, y todos echamos a andar hacia la caverna a través de la plaza, por alguna misteriosa fuerza eléctrica, o por incontrastable potencia de
en la que sólo quedaba un gran montón de cenizas humanas de la voluntad de que la tremebunda: Hiya podía disponer a su antojo.
hoguera que había alumbrado el baile; los bailadores habían Pasó un rato en el que Leo no se daba cuenta de lo que había
desaparecido. sucedido; pero cuando lo comprendió, se le descompuso el rostro de
Y llegamos al boudoir de Ayesha, demasiado a prisa en mi sentir, un modo atroz. Con un boto salvaje se levantó de junto al cadáver y
pues tenía tristes presagios de lo que había de suceder. volviéndose saltó ligeramente contra Ayesha. Mas ELLA estaba en
Ayesha se sentó en su canapé, y habiendo despedido a Job y a guardia, y al verlo extendió de nuevo el brazo, y él retrocedió dando
Billali, hizo señas a los mudos de que dejasen las lámparas y se tumbo, y hubiera caído en tierra si yo no le sostengo. Contóme
retirasen todos, menos una muchacha, que era su criada preferida. después que había sentido como un gran golpe en el pecho, y más aún,
Nosotros tres nos quedamos de pie; la mísera Ustane a la izquierda que se encontró tan desfalleciente como si le hubieran arrancado toda
nuestra. vitalidad de golpe. Ayesha habló entonces.
-Ahora, oh, Holly, ¿cómo es que tú, que oíste mis palabras -Huésped mío - le dijo suavemente-, perdóname si te hiero con mi
mandando a esta mal aconsejada - y señaló a Ustane -, que de aquí se justicia:
marchase; tú, por cuyo ruego, le perdoné la vida, has sido cómplice - ¡Perdonarte, monstruo maligno! - gritó el pobre Leo retorciéndose
del hecho que he visto? Responde, y ya sabes que espero la verdad; las manos de rabia e impotencia...- ¡Perdonarte, asesina!... ¡Por el
que no estoy dispuesta a tolerar mentiras en este asunto. cielo, que si pudiera, te mataría!
-Ha sido casualmente, oh, reina -contesté -. Nada sabía de ello... - ¡No, no! -contestó ELLA con la misma voz dulce-, no lo harías...
-Holly, te creo -replicó ella fríamente-. Alégrate de que te crea. No comprendes aún; pero ya es hora de que aprendas... Tú eres mi
(Entonces cae sobre ella la culpa toda... amor, mi Kalikrates... Mi hermoso, mi fuerte Kalikrates... Durante dos
-No veo o en ello crimen alguno -interrumpió Leo-. Ella no es mil años te he aguardado, y ahora, al fin, que a mí volvías, esa mujer
mujer de nadie, y al contrario, parece que se ha casado conmigo, se interponía entre los dos; ¡y yo la he aparcado, Kalikrates!...
según la costumbre de este país atroz... Y de todos modos, señora - ¡Mientes, mientes! -gritó Leo interrumpiéndola-. No me llamo
-continuó-, lo que ella hizo, también lo he, hecho yo, y si ha de ser Kalikrates: mi nombre es Leo Vincey, mi antepasado fue Kalikrates...,
castigada, yo también pido que se me castigue; pero desde ahora te y de eso sólo Dios está seguro.
digo exclamó exaltándose que si mandas a alguno de tus mudos que - ¡Ah, tú lo has dicho!... ¡tú, tú mismo lo eres también! ¡Kalikrates,
la, toque, lo he de hacer pedazos con mis manos... -Y su aspecto mi amante que vuelve a mí!
indicó que a ello estaba dispuesto realmente. - ¡No soy Kalikrates ni tu amante! Antes quisiera serlo de un
Ayesha le escuchó con helado silencio, y no le contestó. Cuando demonio del infierno que no tuyo; que siempre sería más piadoso que
hubo acabado de hablar, dijo, dirigiéndose a Ustane: tú...
- ¿Tienes tú algo que decir, mujer? ¡Necia que eres, que pensaste - ¿Así dices, Kalikrates, así dices?... Mas ha tantos años que no me
satisfacer tu pasioncilla flotando como una pluma; como una paja, has visto, Soy tan bella, Kalikrates!...
ante el huracán de mi voluntad!... Dime, tengo curiosidad de saberlo, - ¡Pues yo te odio, asesina, y no quiero verte!... ¿Qué me importa tu
¿por qué me desobedeciste? belleza?... ¡Te odio, óyelo bien, te odio!
Entonces contemplé lo que me parece ser el más asombroso alarde -Dentro de poco te arrastrarás a mis pies, jurándome que me amas
de intrepidez moral que es posible concebir: la pobre muchacha, -dijo Ayesha, con burlona risa-. Y para ello ¿qué instante mejor que el
condenada de antemano, sabiendo lo que tenía que esperar de su actual?... ¡Aquí, delante del cadáver de esa muchacha que te amaba,
terrible reina, sabiendo por tremenda experiencia propia a cuánto ven, resiste a la prueba!... ¡Kalikrates, mírame! -exclamó, y con un
alcanzaba su poderío, tuvo fuerzas para desafiarla desde el fondo de su rápido movimiento se despojó de sus ropas de gasa y se presentó en su
misma desesperación. Irguiéndose en toda su bella estatura y leve túnica en todo el esplendor de su radiante belleza y gracia
despojándose con un movimiento de la piel de leopardo, le respondió sobrehumana, como si fuese Venus surgida de las aguas, o Galatea de
así: la piedra, o un espíritu beatificado, de la tumba. Adelantó un paso y
-Te desobedecí, oh, reina, porque mi amores más grande que mi fijó su mirada profunda y brillante en la de Leo, cuyos puños se
temor a la muerte. Porque mi vida sin este hombre, que escogió mi abrieron y cuyas facciones contraídas se calmaron al momento. Vi
corazón, no sería sino la muerte también. Por eso arriesgué la vida, y cómo su asombro se tornaba en admiración primero y en fascinación
aun ahora que dependo de tu ira, me alegro de haberla arriesgado... después, y que cuanto más luchaba por librarse de la influencia, más y
Contenta te la entrego, porque él me abrazó una vez más, y porque me más el poderío de aquella tremenda belleza lo apresaba cautivando sus
dijo que me amaba. sentidos, narcotizándolos, y destrozándole el corazón. ¿No conocía yo
el procedimiento por experiencia? Yo, que le, doblaba la edad, ¿no
había sucumbido también a sus encantos? Y aun entonces, ¿no
experimentaba yo su influjo, aunque no fuese para mí su dulce y
apasionado mirar?... ¡Sí! ¡Sí que lo so sentía!...Y debo confesar que a
la sazón tenía roto el pecho por insanos y furiosos celos. - ¡Me hubiera
arrojado a, a la garganta de mi hijo, como un lobo!... ¡Oh, vergüenza!
Aquella mujer había perturbado y destruido mi sentido moral, como lo
haría con todos a quienes dejase contemplar su belleza sobrehumana.
Mas, no sé cómo, pude dominar mis instintos y hacerme cargo del
clima de la tragedia.
- ¡Oh, cielos! -exclamó Leo-; ¿eres mujer acaso?
- ¡Mujer, mujer, sí, amigo mío, y tu esposa además, Kalikrates!
-contestó ELLA extendiéndole los redondeados brazos ebúrneos, y
sonriendo, ¡ay, con qué dulzura!
El la contemplaba, la contemplaba, y vi que poca a poco se le iba
cercando. Más, de pronto, miró al cadáver de Ustane, y se estremeció,
y se detuvo.
- ¡No, Dios mío! No podría... Eres su asesina... ¡Ella me amaba!
Nótese que él ya estaba olvidando que también la había amado.
- ¿Qué importa? - murmuró ELLA con una voz tan dulce como el
son del aura nocturna qué pasa por las frondas -. ¡Qué importa!... Si
pequé, mi hermosura. lavará mi pecado... Fue por tu amor. ¡Olvida mi
crimen!... - Y extendió de nuevo sus brazos y siguió hablando con
voces que parecían suspiros ¡Ven, ven, ven!...
Vi que Leo luchaba; que hasta se volvió como para huir; pero los
ojos de ELLA lo apresaban como garfios. de hierro, y la magia de su
belleza, de su pasión y de su voluntad reconcentradas lo penetraban y
abrumaban, y allí mismo, en presencia del cadáver de la otra mujer
que por su amor había sacrificado la vida hacía un instante, cayó en
sus brazos. Parecerá horrible esto, grandemente malvado el acto; más
¿quién podría tacharlo por ello?... Su pecado sería absuelto. La
fascinadora que lo lanzó al mal era más que humana, y su belleza era
mucho mayor que la de las hijas de los hombres.
-No creerás mis palabras quizá, ¡oh, Kalikrates!, y te figurarás que
trato de engañarte; que yo no he vivido durante tantos años y que no
has renacido para mí de nuevo. Pues he de enseñarte ahora, y a ti
también, oh, Holly, que estás ahí parado como si realmente hubieras
echado raíces en la peña, las pruebas de ello. Toma una lámpara, y
toma otra tú, y venid ambos detrás de mí.
Sin detenerme a pensar - porque en cuanto a lo que me respecta,
había abandonado esa función de lo maravilloso - tomé una lámpara,
como ya lo había hecho Leo, y la seguimos.
Dirigióse ELLA hacia el fondo del bandear, alzó una cortina, y
vimos una escalerilla por el estilo de las que tanto abundaban en estas
sombrías cavernas de Kor. Noté que los peldaños estaban gastados en
el medio, hasta el punto de que muchos habían disminuido como tres
pulgadas y media de las siete- que tendrían en su altura original. Y
como todas las escaleras que yo había visto en las cavernas estaban
casi intactas, lo que era natural, porque nadie más que los depositantes
de los cadáveres habían cruzado por ellas, este hecho del desgaste de
la escalerilla del boudoir de Ayesha me llamaba la atención
sobremanera, con esa curiosa pertinacia y atracción que tienen los
accidentes baladres cuando nuestras mentes están perturbadas por
intensas sensaciones, como el mar por la tempestad, de modo que
cualquier pequeño detalle de la superficie parece una montaña. Al
llegar al fin de la escalerilla, detúveme a pesar mío a mirar otra vez los
escalones, y Ayesha me sorprendió.
- ¿Qué pies crees tú que pueden haber gastado la roca, Holly? -
exclamó-; pues los míos, ¡los míos con ser tan ligeros! Aun recuerdo
cuando la escalerilla era nueva y sus peldaños derechos, mas durante
dos mil años, día por día, los he subido y los he bajado, y he aquí
cómo mis sandalias han gastado las duras peñas.
No contesté, pero me figuro que nada de lo que había visto u oído
trajo a mi comprensión limitada una noción tan clara de la abrumadora
antigüedad de aquel ser, como esos escalones de roca ahuecados por la
huella de sus delicados pies tan pequeños y tan blancos. ¿Cuántos
millones de veces no habría ELLA transitado por aquella escalera para
producir ese resultado?
Desembocaba la escalera en un túnel. Habíamos dado pocos pasos
en éste, cuando encontramos una de las entradas o bocas, comunes en
aquellas cuevas, encubierta por una cortina; de una mirada reconocí
que era la misma a través de la cual presencié yo la terrible escena de
la llama que saltaba. La reconocí por los dibujos del tejido, y al verla,
representóseme vivamente en la imaginación, con todos sus detalles,
aquel horrible episodio, haciéndome temblar su recuerdo. Ayesha
entró en el sepulcro, porque el local lo era, y nosotros con ella... Y en
el fondo me alegré de que se despejase el misterio del lugar, aunque a
la alegría se mezclaba cierto terror de afrontarlo.
CAPITULO XXI - ¡No, aguarda! -replicó Ayesha, que, manteniéndose con la
EL VIVO Y EL MUERTO lámpara en alto para iluminar al muerto, alumbraba también su propia
-HE aquí el lugar en donde he dormido durante estos dos mil años - asombrosa belleza, y más que mujer parecía una sibila inspirada
dijo Ayesha tomando la lámpara de manos de Leo y sosteniéndola en conforme iba pronunciando las palabras con una majestad de
alto sobre su cabeza. alocución que soy incapaz de transcribir, aguarda, voy a mostrarte
A su luz encontré él pequeño agujero del suelo de donde yo había algo más, para que ni un detalle de mi crimen te quede oculto. Holly,
visto brotar la llama peregrina, ausente a la sazón. Y también vimos la abre el traje del muerto por el pecho, porque quizá mi dueño temía
blanca forma humana extendida bajo su sudario, bajo la tallada losa. hacerlo él mismo.
Ayesha puso la mano encima de el opuesto lado y continuó hablando Obedecila con temblorosas manos Parecíame un sacrilegio tocar la
así: imagen cadavérica del hombre; que estaba vivo a mi lado. Le desnudé
-He dormido aquí noche tras noche durante tantas generaciones con el pecho, y exactamente sobre el corazón contemplamos una herida
sólo una capa para cubrirme... No me parecía bien reposar sobre hecha al parecer por una lanza.
blanduras cuando mi esposo y señaló al muerto allí; rígido yacía... -Ya lo has visto, Kalikrates, yo misma te herí... En el lugar de la
Noche tras noche he dormido en su helada compañía, hasta que al fin, Vida yo te di muerte. Te la di por causa de la egipcia Amenartas, a
como puedes ver, esta gruesa losa, como los peldaños que acabamos quien amabas; porque con sus artes te enajenó el corazón, y a ella no
de bajar, se ha desgastado por el roce de mi cuerpo... ¡Tan fiel te he pude matarla, como acabo de matar a la otra, pues era demasiado para
sido, Kalikrates, durante tan largo sueño!... Y ahora, amor mío, has de mí. Cegada de ira te maté en un rapto, y durante todos estos días lo he
ver una cosa admirable: vivo te contemplarás muerto..., que bien de ti estado lamentando y esperando tu retorno. Ya que llegaste, nadie se
cuidé en todo ese tiempo... Kalikrates, ¿quieres verte?... Nada pondrá entre nosotros, y en verdad que por aquella muerte te daré la
contestamos, aterrados, en tan solemne, tan atroz situación. Ayesha se vida; no la vida eterna, que nadie puede darla, pero sí la vida y
adelantó, tomó un borde del sudario, y dijo: juventud que durarán miles y miles de años, y con ellas el lujo, el
-No tengáis espanto aunque el hecho os parezca poder y la gloria, y las cosas todas que son buenas y verdaderas, como
tremebundo...Todos los que ahora vivimos, ya hemos existido antes... ningún hombre antes que tú ha tenido, ni tendrá ningún otro que nazca
Ni aun la forma misma que nos mantiene es nueva ante el sol... después... Mira este cuerpo que fue el tuyo. Mi compañero ha sido
Empero, lo ignoramos, porque la memoria no conserva sus registros, y durante siglos y mi consuelo, mas ya no lo necesito, pues que te tengo
porque la tierra recobra la tierra que nos presta; que nadie nunca pudo a ti viviente, y no serraría sino para despertar recuerdos que olvidar
eximir su gloria de la sepultura... Mas yo, por mis artes y por la de quiero. Que vuelva, pues, al polvo de que yo Irá apartaba... Mira ahora
esos muertos de Kor, que aprendí, te he retenido del polvo común, cómo estaba prevenida para esta hora tan dichosa.
¡oh, mi Kalikrates!, para que la deleznable belleza de tu rostro se Dirigiéndose entonces hacia la otra losa donde dijo que había
conservara siempre ante mis ojos... Porque era una máscara que podía dormido tantísimas noches, tomó de sobre ella un gran vaso de doble
animar mi memoria para que surgiese tu presencia del pasado, y así asa, de vitrificada apariencia, y cuya boca estaba cubierta con un
robustecida vagara por las salas de mi mente como vital parodia que pergamino. Inclinóse luego sobre el cadáver, y besóle la blanca frente;
saciase mi hambre de amor con visiones de transcurridos días... descubrió el vaso y derramó lentamente su contenido por el cuerpo del
Después de un momento de pausa, continuó: muerto, con mucho cuidado, para que ni sobre ella ni nosotros cayeran
"¡Y ved! Ahora el muerto y el vivo se encuentran... gotas del líquido, la mayor parte del cual echó sobre el pecho y la
¡A través del abismo del tiempo, son siempre uno mismo!... ¡El cabeza. Instantáneamente le surgió un denso vapor, y el recinto se
tiempo no vence la identidad, aunque un largo sueño misericordioso llenó de humo que nos ahogaba y que no nos dejaba ver la obra del
borre lo escrito en las tablillas de nuestra mente, y selle con el olvido ácido sobre el cadáver, pues supongo que la preparación tremenda
las tristezas que, si así no fuete, nos perseguirían de existencia a sería de esa clase. Oímos un sonido rápido chirriante y silbante, que
existencia, colmándonos el cerebro de miserias para que al fin estallase cesó aun antes de disiparse los vapores. Estos también al fin se
en un frenesí de desesperación!... Son siempre uno mismo, desvanecieron, menos una especie de nubecilla que quedó ondulante
porque las nubes del ensueño a la postre desaparecen, como las de la sobre el cadáver. A los dos minutos también desapareció ésta, y, por
atmósfera que el viento arrastra... extraño que parezca, no vimos más, sobre el banco que durante tantos
¡Las voces del pasado se deshelarán al cabo tornándose armonioso siglos había sostenido los mortales restos de Kalikrates, que unos
corro, como se deshielan tornándose torrentes las nieves de lis cimas puñados de humeantes polvos blancos. El ácido había destruido el
al calor del sol; y el lloro y las carcajadas de los. días que ya habían cadáver por completo, y aun en muchos puntos, corroído la piedra
volado resonarán de nuevo para que los repitan más dulcemente los Ayesha se inclinó y tomando un puñado de ese polvo en la mano, lo
ecos de los desiertos del tiempo inconmensurable!... ¡Ah!... ¡El sueño esparció por el aire, diciendo al mismo tiempo con solemne gravedad:
desaparecerá y las voces se oirán cuando esté por fin completa la - ¡Vuelva el polvo al polvo, lo pasado a lo pasado, el muerto a los
cadena cuyos eslabones son nuestras propias existencias, cundo por muertos; Kalikrates ha muerto y renacido!
ella corra el relámpago del espíritu para cumplir el propósito de Flotaron las cenizas un momento y cayeron luego silenciosamente
nuestro ser, apresurando y fundiendo centre sí esos días separados de sobre el rocoso suelo. Nosotros nos manteníamos callados, demasiado
la vía, dándoles la forma de un báculo en que tranquilos nos impresionados para hablar.
apoyaremos para marchar hacia nuestro final destino!... Nada temas -Dejadme ahora -dijo- id a dormir si podéis. Yo tengo que velar y
por ende, ¡ay!, ¡Kalikrates! al contemplarte, vivo y nacido meditar, porque mañana saldremos de aquí, y hace mucho que no
recientemente, en forma de muerto que respiró y falleció ha tanto hago el camino por donde deberemos ir.
tiempo... Yo no hago más que volver hacia atrás una hoja del libro de Nos inclinamos ante ELLA en silencio, y nos fuimos
tu ser, para enseñarte, lo que en ella estaba escrito... ¡Mira! Al dirigirnos -a nuestras habitaciones eché una mirada en la de Job
Rápidamente quitó el sudario y acercó la lámpara... Miré y para ver qué tal seguía, pues él nos había dejado, precisamente antes
retrocedí, horrorizado. Por más que ELLA nos hubiera preparado, el del momento en que Ustane fue asesinada, bastante azorado con los
espectáculo era demasiado incomprensible. Sus explicaciones no terrores de la fiesta de los amajáguers. Estaba dormido
habían podido hacer presa en nuestras mentes finitas. Su sapiencia profundamente, como muchacho honrado que era, y yo me alegré
esotérica, despojada de las nieblas de su vaguedad y puesta en pensando que sus nervios, débiles como son los de casi todas las
contraste con el hecho horroroso, helado, no podía atenuar la tremenda personas poco educadas, no hubieran sufrido la experiencia de las
maravilla... terribles cosas que después sucedieron. Entramos luego en nuestra
¡Allí, extendido sobre la losa, vestido de blanco, perfectamente habitación, y aquí el pobre Leo, que desde que había contemplado la
conservado, estaba el cadáver de Leo Vincey! imagen yerta de sí mismo se encontraba en un estado como de
Yo contemplaba a Leo de pie a mi lado, respirando; y. contemplaba embrutecimiento, estalló al fin en un acceso de doloroso llanto. Ahora,
también a Leo acostado y muerto... Y no había ninguna diferencia que no se encontraba en presencia de Hiya, su sentido de la atrocidad
entre los dos, aunque quizá el muerto parecía tener un poco más edad. de cuanto había pasado, y más especialmente del crimen cometido en
Facción por facción comparé, y eran exactamente iguales todas; hasta Ustane, désatóse como una tormenta y lo desgarró con terrores y
los mismos rizos cortos de oro distintivas de la singular hermosura de remordimientos tan profundos que daba lástima verlo.
mi amado pupilo. Aun creí encontrar en la cara del muerto la Maldecía; maldecía la hora en que por primera vez leímos la
expresión de la de Leo cuando dormía profundamente. Resumiré inscripción del fragmento de vaso, cuya veracidad había comprobado
diciendo que no he encontrado nunca dos gemelos que se pareciesen de modo tan misterioso, y maldijo más amargamente aún su propia
más de los que se parecían aquel muerto y aquel vivo. debilidad. No se atrevía a maldecir a Ayesha, ¡quién osaría hacerlo!,
Me di vuelta para ver el efecto que en Leo había producido verse pues era posible que su conciencia nos vigilase en ese instante mismo.
muerto, y encontré que había sido el de una casi estupefacción. - ¿Qué haré, qué haré, mi viejo amigo? -murmuraba entre gemidos,
Durante dos o tres minutos; estuvo mirando silencioso, y al fin con la cabeza puesta sobre mi pecho, en medio del acceso de su
exclamó: dolor-. Yo dejé que la matase, aun aunque ¿cómo lo hubiera
- ¡Cubridlo y sacadme de aquí! impedido?... ¡A los cinco minutos pesaba yo a su asesina casi pisando
su propio cadáver! ; . . ¡Soy una bestia, un ser degradado! ¿Pero cómo
hubiera podido resistirle? -dijo bajando la voz-. ¡Maga odiosa!
¡Mañana haré lo mismo! ¡Yo sé que ya le pertenezco para siempre!...
Aunque no vuelva a verla, no pensaré más que en ella durante toda mi
vida... Tengo que seguirla como una aguja al imán; aun ahora mismo
no me apartaría de ella si pudiera; mis pies se negarían: mas mi mente
aun está clara, y con la mente la odio... Así lo creo, al menos... ¡Cuán
horrible fue el crimen, sin embargo!... ¡Y aquel otro cadáver!...
¿Cómo podría explicarlo Estoy entregado a su cautiverio, amigo mío;
estoy consagrado a ella, y tomaré mi alma para rescatar la suya
entonces yo, por vez primera, le dije que casi me encontraba en su
misma situación, y estoy obligado a decir que, a pesar de su gran
arrobamientos tuvo la bondad de simpatizar conmigo. Quizá no creyó
que valía la pena celarme, pues en lo que a la dama concernía no había
que temer nada. Luego sugerí que debíamos tratar de escaparnos, pero
al punto abandonamos por necia la idea, y para ser veraz, paréceme
que ninguno habría abandonado a Ayesha aunque por una potencia
mágica se nos hubiera ofrecido la posibilidad de volvernos a
Cambridge inmediatamente. No podríamos apartarnos de ELLA, así
como la mariposa no puede apartarse de la luz que va a consumirla.
Éramos como los fumadores de opio desahuciados, que
comprendíamos en los momentos lúcidos lo mortal de nuestro
empeño, mas no queríamos dejar de gozar de sus terribles delicias.
ELLA, sin duda, era una perversa criatura, y había asesinado a la
mísera Ustane que se colocó en su camino; pero también era muy fiel
y constante, y el hombre, por ley natural, se inclina a disimular
siempre las faltas de las mujeres, sobre todo si la mujer es bella y si
comete la falta por amor del que pretende ser su juez.
Y luego, ¿cuándo a ningún hombre vivo se le había presentado una
ocasión como aquella que a Leo se le presentaba?... ciertamente que al
unirse a mujer tan terrible colocaba su vida en las manos de una
persona misteriosa, de malvadas tendencias; mas eso podía resultarle
en cualquier matrimonio vulgar que contrajese. Y por otra parte,
ningún matrimonio del mundo podría darle esa belleza de Hiya tan
tremenda, porque esta es únicamente la palabra que puede describirla,
ni tan divino amor, ni tanta sabiduría y conocimientos de los secretos
de la naturaleza, y la jerarquía y poderío que con ellos pueden
conseguirse, y finalmente la corona imperial de la eterna juventud, si
era verdad que ELLA podía donarla. No, no; aunque Leo estuviese
entonces sumido en amarga vergüenza y dolor profundo, como
cualquier otro hombre de sus prendas en iguales circunstancias, no
estaba dispuesto a seguir pensando en huir de su propia y
extraordinaria fortuna.
CAPITULO XXII Por el exterior, hecho, según decía, para aclararse las ideas. Alégrele
PRESENTIMIENTO DE JOB al ver al amigo y a los platos, porque interrumpieron mis sombríos
JOB, a quien todavía duraba su azoramiento, vino a las nueve de la pensamientos. Después del desayuno, volvimos a salir de la cueva, y
mañana del siguiente día a llamarme, sintiéndose dichoso al nos entretuvimos viendo algunas amajáguers que sembraban en un
encontrarnos aún vivos, lo que no esperaba. Cuando le conté el paño de tierra el grano con que fabrican su cerveza. Esta operación la
espantoso fin que había tenido la pobre Ustane, más se regocijó aún de hacían a la usanza bíblica: un hombre con un saco anchó de piel de
que no hubiésemos sido nosotros la víctima. cabra atado a la cintura y con por delante, subía y bajaba por el
-No quiero decir nada que sea desagradable -dijo al fin Job, después labrantío y esparcía la semilla conforme andaba. Satisfacía, en verdad,
que oyó mi relato, que salpicó de exclamaciones-, pero, señor, mi vera algunas de estas gentes terribles ocupadas en cosa tan pacífica y
opinión es que esa ELLA es el mismo "caballero viejo", o su mujer casera como el sembrado de un campo, y quizá satisfacía por que éste
quizá, si es que está casado, lo que parece que así es, porque no puede era un acto, el único quizá, que los ligaba al resto de la humanidad.
ser posible que él mismo, aunque sea El enemigo, sea tan malévolo... Cuando volvíamos, encontramos a Billali, que nos informó que
La bruja de Endor, míster Holly, era una niña de pecho en ELLA había expresado su voluntad de que fuéramos a su presencia, lo
comparación. ¡Dios me lo perdone!... ¡Este es un país maldito, y ELLA que hicimos, y no sin alguna inquietud, por cierto. Su trato podía
es el ama de todos los diablos, y mucho será que podamos salir de despertar, y despertaba en efecto, la pasión, el asombro y el horror,
aquí algún día, lo que dudo!... No sé cómo podríamos hacerlo. ¿Cómo más no el desdén, en verdad.
va esa bruja a soltar un joven caballero tan buen mozo como míster Precediéronnos a su camarín los mudos, como de costumbre, y
Leo? cuando éstos se retiraron, Ayesha se desembozó y rogó a Leo que la
-Pero de todos modos, Job, ELLA le salvó la vida. abrazara, lo que el joven hizo, a pesar de su examen de conciencia de
-Sí, míster Holly, pero para cobrarse el servicio le tomará el alma. la noche pasada, con más ardor de lo que la estricta cortesía
Yo digo que es pecado entrar en tratos con esta gente. Anoche, señor, aconsejaba.
me quedé despierto y me puse a leer en la pequeña Biblia que me dió ELLA puso la blanquísima mano sobre su cabeza y le miró de hito
mi pobre vieja, sobre lo que le pasará a las brujas y toda gente por el en hito, amorosamente.
estilo, hasta que el pelo se me erizó... - ¿Te preguntarás asombrado, Kalikrates mío -le dijo-, que cuándo
¡Santo Dios! ¡Qué diría mi pobre madre si viese dónde se encuentra me llamarás tú toda tuya, y cuándo en verdad estaremos unidos ambos
su Job! y para siempre? Pues he de explicártelo ahora. Primero has de ser tú
-Sí, Job, este es un país muy raro, y la gente es muy rara también; como soy yo, no inmortal, porque no lo soy, más sí tan encastillado y
tienes razón -así le contesté suspirando, pues, aunque yo no soy, defendido en contra de los asaltos del tiempo, que sus dardos se
supersticioso como él, experimento cierto natural estremecimiento que reflejen sobre la armadura de tu vida vigorosa como los rayos del sol
no resiste al análisis al encontrarme con cosas sobrenaturales de que sobre el espejo de las aguas. Aun todavía yo no puedo unirme a ti,
abunda el país. porque tu y yo somos diferentes, y la misma brillantez de mi esencia
-Tiene usted razón, señor, y yo desearía, con su permiso decirle una te haría arder y quizá te mataría. Ni tampoco debieras mirarme mucho
cosa, ahora que míster Leo no está presente. tiempo, para que los ojos no te duelan y tus sentidos no se aneguen en
Leo, en efecto, se había levantado temprano y había salido a pasear. el vértigo, y por ende -dijo, haciendo un mohín coquetón-, me velaré
-Me he figurado -continuó Job- que este es el último país que veré de nuevo -lo que no hizo-. Y aguarda, no sufrirás mucho, porque esta
yo en este mundo. Anoche soñé que veía a mi viejo padre vestido con misma tarde, una hora antes de ponerse el sol, saldremos de este lugar,
una especie de camisón de dormir, por el estilo del que estas gentes y en la noche de mañana, si todo resulta conforme a mis deseos, y si
gastan cuando se ponen de etiqueta, llevando en la mano un puñado de no he olvidado el camino, lo que ojalá no suceda, nos colocaremos en
esa hierva que parece pluma, que tanto abunda aquí en la entrada de el Lugar de la Vida, y tú serás bañado por el fuego saliendo de él
esta infame caverna. Y mi padre me dijo con voz muy profunda, glorificado cual ningún hombre lo fue antes que tú, y entonces,
aunque con cierta satisfacción, como un pastor metodista que trueca Kalikrates, me llamarás tu esposa y yo te llamaré mía.
en la feria su caballo lisiado por otro que está bueno, y aun saca veinte Leo, en respuesta a tan asombroso discurso, murmuró algunas
libras por el negocio: Job, ya era hora de que te hallara; mas nunca me palabras. qué sé yo cuáles, y ELLA, riéndose un poco de su confusión,
figuré que vendría a visitarte por estos lugares. ¡Vaya que he tenido continuó:
que hacer para encontrarte, y que has hecho que tu padre hiciera un -Sobre ti también, oh, Holly, conferiré esa bendición, y así serás en
buen viaje, sin contar con que te encuentro en buena sociedad en estas verdad un árbol siempre vivo, y esto lo aré porque..., porque así lo
comarcas de Kor, hijo!... deseo, pues tú me has gestado y no eres tonto del todo, como la
-Vamos, vamos, Job -le dije, seriamente-. Ya sabes que todas esas mayoría de los hijos de los hombres, y porque tu filosofía, aunque tan
apariciones no pueden ser reales. No debes dejarte entrar esas ideas en llena de necedades como la de los antiguos tiempos, no te ha impedido
la cabeza. Cierto es que hemos visto cosas raras, y que quizá las hacer lindas frases a propósito de unos ojos de mujer...
sigamos viendo... - ¡Hola!, viejo amigo -me dijo Leo en voz baja, volviendo a su
-No, señor -exclamó Job interrumpiéndome, y en un tono de natural temperamento alegre-; ¡conque también le hiciste la corte! No
convicción que me causó malestar-; no son cosas vanas. Yo soy un lo habría pensado de ti.
hombre condenado, y lo siento; lo siento, señor, y es cosa muy - ¡Gracias te doy, oh, Ayesha! -repliqué con toda la dignidad que a
desagradable, por cierto. Y no sé cómo puedo resistirlo. ¡Si come mi alcance estaba-. ¡Gracias!... Mas, si tal lugar existe como el que
usted, piensa en venenos; si anda usted por esos agujeros de conejos, dices, y si en ese lugar arcano se encuentra una ígnea virtud que puede
piensa usted en cuchillos, y tiene uno cada escalofrío!... No es que yo rechazar a la muerte cuando venga a tomarnos de la mano, yo, sin
sea difícil de contentar; con tal de que me despachen a prisa como a embargo, no quiero ese beneficio.
esa pobre muchacha... y ahora, señor, siento haberle dicho aquellas -No, Holly, no: allí sólo se encuentra el amor; el amor que
cosas; aunque no estoy conforme con su conducta; porque esa manera embellece todas las cosas, y que inspira la divinidad hasta en el propio
de casarse es demasiado viva para que sea decente... Sin embargo -y polvo que hollamos. Con amor la vida pasa gloriosa por los años de
el pobre Job palideció al decirlo-, ¡no quiera caer en ese juego de la los años, como pasa el son de alguna gran armonía que suspende el
vasija!... corazón de quien la escuchó, con aquilinas alas, por encima de la vil
-Vamos, vamos; déjate de tonterías -díjele, haciéndome el locura y vergüenza de la tierra.
incomodado. -Así será -repliqué-. Mas si el objeto amado se torna en una vara
-Bueno bueno, señor; yo no debo ni puedo tener o ni distinta a la de quebrada que nos traspasa; o si lo amado es amado en vano... ¿qué
usted; pero si usted va a mar ese a alguna parte, lléveme consigo, aguardar entonces? ¿Habrá de grabar un hombre su dolor sobre la
míster Holly, porque quisiera tener siempre una cara amiga para piedra, cuando mejor fuera que lo escribiese sobre el agua pasajera?...
consuelo si llega el lance... Y ahora me marcho a ver ese desayuno. ¡No, oh, Hiya! ¡Prefiero vivir mis días solamente, envejecer en mi
Y fue dejándome en bastante triste disposición de ánimo. Sentíame generación, morir cuando mi hora suene y ser pronto olvidado! Porque
muy apegado al buen Job, que era uno de los hombres más honrados yo espero gozar después de una inmortalidad mayor que la que
que había conocido en toda mi vida; lo quería mas como amigo que conferirme puedas, que no es más larga que el dedo comparado con el
como a criado, y la sola idea de que le pudiera pasar algo me hacía un ámbito del mundo; y escucha, esa inmortalidad a que yo aspiro, y que
nudo en la garganta. mi fe me promete, libre será de los lazos que ahora atan mi espíritu a
Comprendía que su inculto y vulgar lenguaje expresaba hondo este suelo... Puesto que mientras dura la carne, dura también el dolor y
presentimiento de males futuros, y por más que esta clase de el mal, y será. herida por los escorpiones del pecado; risas cuando la
presentimientos, muy justificados a la verdad en tan luctuosos lugares carne cae, entonces surge el espíritu vestido del esplendor del bien
como los que habitábamos, se tornan Por lo general en agua de eterno, respirando por propia atmósfera tan raro éter de nobilísimas
borrajas, sin embargo, no de impresionarme, más a menos como ideas que la más sublime aspiración de nuestra humanidad, el más
impresionan tocas las creencias sinceras, por absurdas que sean. puro incienso de la plegaria de una virgen, no podrían flotar en él por
Llegó en esto el desayuno, y también Leo, que volvía de su paseo ser demasiado terrenales cuerpos.
-Arrogante estás -contestóme Ayesha, riendo-; y tus palabras Kor...
suenan como toques de clarín, seguro de sí mismo. Paréceme aún que Explicámosle entonces que era el carácter de los reyes lo que había
acabas de mentar "lo desconocido" que nos encubren oscurísimos cambiado, y que la soberana que nos regía era amada y venerada en
velos. Quizá lo contemples con los ojos de tu fe, y te deslumbre su todos sus vastos dominios por todas las gentes de buen juicio.
resplandor a través del cristal de color de tu imaginación. ¡Peregrinas Dijímosle también que el poder se encontraba en nuestro país
figuras hacen los hombres de lo venidero, con ese pincel de la fe y con realmente en manos del pueblo, y que a la verdad nuestras leyes se
esos colores de la fantasía! Tan peregrinas, que nunca hay, dos que se originaban en los votos de los elementos inferiores y menos educados
parezcan... Podría probártelo; ¿mas, para qué?... ¿A qué quitarle a un de la comunidad.
loco los juguetes que le encantan?... Mas cuando pase tu ceguera, oh, - ¡Ah! -exclamó-, entonces habrá allí sin duda algún tirano, pues
Holly, y sientas lentamente cómo la vejez te va helando y la senil hace tiempo he notado yo que las democracias, no teniendo un claro
confusión perturbándote el cerebro, ojalá que no lamentes concepto de lo que desean, a la postre elevan algún tirano sobre un
amargamente el desprecio que has hecho de la bendición inefable que trono y lo adoran.
he querido darte... ¡Así ha sido siempre! No se conforma jamás el -Sí -le contesté-, tenemos nuestros tiranos.
hombre con lo que está al alcance de su mano. Si tiene junto a sí una -Pues bien -dijo entonces como habiéndose resignado-,
lámpara para alumbrarle las tinieblas, la rompe -porque no es una destruiremos a esos tiranos, y Kalikrates dominará el imperio.
estrella... La felicidad se agita a un paso delante de sus ojos, como los Al punto le expliqué cómo en Inglaterra el procedimiento de la
fuegos fatuos del pantano y se empeña en agarrar el fuego, en sujetar fulminación no era tan fácil de plantearse impunemente, pues
la estrella. La belleza no le importa, porque cree que hay labios más cualquiera tentativa para el efecto caería bajo la jurisdicción de la ley,
dulces aún; y nada tampoco cuida de la riqueza, porque piensa en que y probablemente sería premiada con la horca.
otros poseen más siclos; ni de la fama, porque se acuerda que hubo - ¡La ley! -dijo, riéndose de sarcástico modo-; ¿no comprendes,
otros más famosos todavía. Tú mismo lo has dicho, oh, Holly, y te Holly, que yo estaré por encima de esa ley, y también mi Kalikrates?
vuelvo contra ti tus propias palabras... Bien, tú piensas que tomarás la Todas las leyes humanas serán para nosotros como el bóreas para los
estrella; pues yo no lo creo, y te tengo por tonto ya que rompes la montes. ¿Dobla el viento a los montes, o son los montes los que al
lámpara. viento doblan?... Y dejadme ahora, os lo ruego, porque he de
No contesté, porque no podía. y menos delante de Leo. ¿Cómo le disponerme para el viaje al que me acompañaréis con vuestro criado.
diría que desde que había contemplado su rostro, siempre lo tendría Más no traigáis muchas cosas con vosotros, porque no estaremos
ante mis ojos, y que no deseaba prolongar mi existencia, pues había de ausentes más de tres días. Volveremos aquí luego, y ya pensaremos
estar siempre torturada por su memoria, amargada por el no saciado cómo, para siempre, nos despediremos de estos sepulcros de Kor...
amor?... Pero así era, sin embargo, y así es todavía... ¡Ah, sí, bien puedes besar mi mano Kalikrates!
-Y ahora -continuó ELLA, cambiando de tono y de conversación-,
dime, Kalikrates mío, pues no lo sé todavía, ¿cómo es que viniste aquí
a buscarme?...Anoche dijiste que Kalikrates, aquel que tú viste, era tu
antepasado. ¿Cómo es ello?... Dímelo, que eres bien parco en
palabras.
Así obligado, Leo le refirió el cuento maravilloso del cofrecillo y
del fragmento de ánfora que, escrito por su antepasada, la egipcia
Amenartas, había sido nuestra advertencia. Ayesha escuchaba con
atención, y cuando concluyó de hablar, me dijo:
-No te dije una vez, oh, Holly, cuando hablábamos del bien y del
mal, mientras tan grave estaba mi adorado, que del bien salía el mal, y
del mal el bien; que los que sembraban no sabían cómo resultaría la
cosecha, ni el que hería a dónde su golpe mortal había de caer... Pues
he ahora cómo esa egipcia Amenartas, esa hija del Nilo que me odiaba
tanto, que en cierto modo me venció una vez, cómo hizo ella misma
para echar a su propio amante en mis brazos. Por ella fue que yo lo
herí de muerte, y ahora, mira, por ella él ha vuelto a mí. Ella quiso
hacerme mal, y sembró sus semillas' para que yo cosechase espinas, y
me concedió, empero, más de lo que todo el mundo darme podría...
¡la, la!... Mira, ahí tienes un cuadrado peregrino, Holly, para que en él
encajes tu círculo del bien y del mal.
Tras alguna pausa continuó:
-Ordenóle a su hijo que me matase si podía, porque yo maté a su
padre... Y tú, Kalikrates mío, tú mismo eres el padre y también el hijo
en cierto sentido, y dime, ¿quieres vengarte ahora, y vengar a la
antiquísima madre tuya, sobre mí, oh, Kalikrates? Mira -dijo, cayendo
de rodillas y descubriendo todo el ebúrneo seno-, mira, aquí late mi
corazón, y ahí al lado tuyo tienes una cuchilla larga, cortante y pesada,
buena para herir a una pecadora... ¡Tómala ya, y véngate!.. ¡Hiere,
hiere, Kalikrates, y vete luego feliz durante la vida después de lavar tu
ultraje, de obedecer el mandato de lo pasado!
Miróla él inefablemente, y extendiendo la mano la hizo levantar.
- ¡Alzate, Ayesha! - díjole tristemente -. ¡Bien sabes tú que yo no
puedo herirte, ni aun para vengar a la infeliz que mataste anoche
mismo! ¡Yo estoy en tu poder, no soy más que tu esclavo!... ¿Cómo te
mataría?... ¡Antes me mataría yo a mí mismo!
-Casi comienzas a amarme, Kalikrates -replicó ELLA, sonriendo-.
Pues bien, cuéntame ahora de tu país. ¿Es un gran pueblo el tuyo,
verdad? Con un imperio como la antigua Roma..., Es seguro que
querrás volverte a él, y razón tienes, pues no pretendo guardarte en
estas cavernas de Kor... ¡Ah, no! Y cuando seas como yo, de aquí
partiremos, ya verás de qué modo, e iremos a esa Inglaterra tuya a
vivir cual nos conviene. Dos mil años hace que espero el día en que
pudiera salir de estas sombrías cuevas y de entre esta sombría gente, y
al fin ya lo alcanzo y mi corazón salta en el pecho como el de un niño
al llegar el día de una fiesta ¡Porque tú reinarás en Inglaterra!
- ¡Pero tenemos una reina! -exclamó Leo, apresuradamente.
- ¡No importa, no importa! Será destronada.
Al oírla, rompimos ambos en una exclamación de asombro, y le
dijimos que antes pensaríamos en destruirnos nosotros mismos.
- ¡He aquí una cosa rara! -dijo Ayesha-. ¡Una reina amada por sus
súbditos! El mundo de seguro ha cambiado desde que yo vivo en
CAPITULO XXIII mantenían derechas, gracias a la fortaleza del sistema de fabricación y
EL TEMPLO DE LA VERDAD a la dureza extrema del material empleado15.
NUESTROS preparativos de viaje no nos ocuparon mucho tiempo, Dirigímonos entonces hacia una pila enorme de materiales, que
por cierto. Metimos en mi valija una muda de ropa y calzado de reputamos fueran los de un templo, y que por lo menos cubrían unos
repuesto, y cuantas balas pudimos, y cargando cada cual con su cuantos acres de terreno, y que estaban dispuestos formando una serie
revólver y su rifle de precisión; a los que debimos, como se verá de cuadrados o patios, sucesivamente interiores, como ciertas cajas
luego, la conservación de nuestras vidas varias veces. Todo lo demás chinescas que se meten las unas en las otras, y apartados entre sí por
lo abandonamos. hileras de enormes columnas. Diré ahora que esas columnas no
Unos pocos minutos antes de la hora fijada nos encontramos en el afectaban una forma común, pues tenían una especie de espiga central,
boudoir de Ayesha, a la que también hallamos dispuesta y con la capa ampliándose por las partes extremas de arriba y abajo. Al principio
negra echada sobre sus blancas envolturas. 15 Recuérdese, además, para explicar ese extraordinario estado de
- ¿Estáis ya preparados para la gran, aventura? -preguntó. conservación de las
-Estamos -contesté-, aunque yo por mi parte no pongo en ella gran ruinas de Kor, después de tan largo espacio de tiempo (seis mil años, quizá),
fe. que la ciudad
- ¡Ah, Holly, Holly! Te pareces, en verdad, a aquellos antiguos no había sido destruida por un incendia o desbaratada por ejércitos enemigos
judíos, cuya memoria tanto daño me hace, incrédulos y tardíos en o por
creer lo que no tocaban. Mas tú verás..., porque, si mi espejo no terremotos, sino que había sido abandonada por sus habitantes a
miente -y señaló a la pila de agua límpida-, abierto está el camino consecuencia de una
como en la época de antaño. Y marchemos ahora hacia la nueva vida terrible epidemia. Así fue que las casas quedaron intactas. Téngase también
que habrá de terminar... ¡quién sabe dónde! presente que el
- ¡Ah! ¡Quién sabe dónde!... - repetí yo como un eco. clima de esa llanura es extremadamente seco, y que llueve muy poco en ese
Y salimos por la gran nave central hacia el exterior. Allí nos lugar, de moda
encontramos con una sola litera con seis cargadores, todos mudos, que las ruinas no han tenido que sufrir más que la acción del tiempo, que
aguardando; y con ellos tuve el gusto de ver al viejo Billali, por quien degrada muy
había llegado a concebir cierto afecto. Parecía que, por razones lentamente a tan macizas obras de cantería.
innecesarias de contar, Ayesha había querido que todos, menos ella, nos creímos que esta forma era una imitación simbólica o sugestiva de
hicieran a pie el viaje; lo que no nos parecía mal después del largo la figura corporal de la mujer, costumbre bastante común entre los
encierro en tumbas que, por convenientes que fueran para sarcófagos, arquitectos religiosos de la antigüedad. Mas al día siguiente conforme
nombre impropio, por cierto, para esos sepulcros que no consumían subíamos por las faldas del lado opuesto de la montaña, descubrimos
los cuerpos que se les confiaban, eran, para mortales vivos como una gran cantidad de palmeras majestuosísimas, cuyos troncos tenían
nosotros, las habitaciones más desagradables que concebirse puede. exactamente la forma de las columnas, y ya no dudé de que el primero
Ya fuera casualmente, ya por orden expresa de Hiya, desierto estaba el que las diseñó se había inspirado en las graciosas curvas de esas
espacio delantero a la entrada de la caverna, donde había tenido lugar mismas palmas, o más bien, en sus antecesoras, que unos ocho o diez
el baile atroz de marras; no vimos alma viviente allí, y por lo tanto, mil años hantes embellecían las faldas del monte que formaban la
creo que nuestra partida sería ignorada de todos, menos de los mudos, costa del volcánico lago, ausente en la actualidad.
que tenían la costumbre, como es natural, de callar lo que veían. Ante la fachada de este inmenso templo, que, según creo, es tan
Al momento, pues, nos vimos andando con cierta prisa a través de grande como el de Karnak, en Luxor, y cuyas, columnas tenían como
la gran llanura cultivada o lecho de lago, encerrada como una inmensa sesenta pies de alto por dieciocho de diámetro en la base, hizo alto
esmeralda en su engarce de rígidas peñas, y tuvimos una nueva nuestra pequeña caravana. Ayesha bajó de su litera.
ocasión de admirar la extraordinaria naturaleza del sitio elegido por el -Había un lugar aquí, mi Kalikrates -dijo, dirigiéndose a Leo, que
antiguo pueblo de Kor para colocar su capital, y de la incalculable había corrido a ayudarla a bajar-, donde se podía dormir. Dos mil años
suma de trabajo y ciencia de ingeniería que debió emplearse por los hace que tú, yo y esa egipcíaca sierpe descansamos en él, pero desde
fundadores de la ciudad para agotar tan inmenso caudal. de agua y entonces no he vuelto a poner aquí los pies, ni nadie tampoco, y quizá
mantenerlo libre de subsiguientes acumulaciones. Este, en verdad, es ya no exista.
un caso sin igual, porque, en mi opinión, obras tales como el canal de Y seguida de todos nosotros subió por una amplia escalinata de
Suez o el túnel de Monte Cenis no se aproximan en magnitud a piedras, penetró en el primer patio y miró a su alrededor. Pareció que
aquella empresa tan antiquísima. recordaba entonces, y andando algunos pasos hacia la izquierda, al ras
Cuando hubimos caminado como media hora, aprovechándonos de la pared, se detuvo y dijo:
grandemente de la frescura que en esa hora del día baja sobre la gran -Aquí es.
llanura de Kor, y que substituía en cierto modo la falta de toda brisa Hízoles una señal a los dos mudos que llevaban las provisiones y el
marina o auras terrestres, empezamos a tener una y más clara de lo escaso equipaje, para que se adelantaran. Uno de ellos sacó una
que Billali nos había dicho que eran las ruinas de la gran ciudad. Y lámpara y la prendió en su braserillo. Los amajáguers cuando iban de
aun desde la distancia a que nos encontrábamos podíamos apreciar su viaje llevaban siempre un braserillo encendido para procurarse fuego.
grandeza, que nos sorprendía más a cada paso que dábamos. La yesca del braserillo se componía de fragmentos de momia
No era muy grande la ciudad, si se la compara a Babilonia o Tebas, prendidos y humedecidos cuidadosamente, y que conservaban fuego
o a alguna de las otras ciudades de aquella remota antigüedad; quizá durante muchas horas seguidas, si se manejaban con cierta habilidad.
su muralla externa comprendería unas doce millas cuadradas, o poco Apenas se encendió la lámpara penetramos con Ayesha en el lugar
más. Ni tampoco habrían sido muy altas sus murallas, según juzgar ante cuya entrada se había ella detenido, y que resultó ser una
pudimos al acercarnos, pues que probablemente no pasarían de unos habitación formada en el hueco de la maciza pared. Dentro vimos
cuarenta pies de altura en los lugares en que no estaba en el suelo ya como una mesa de piedra maciza, y me figuro que aquel recinto
por hundimiento del terreno o por otras causas parecidas. Esto se serviría de alojamiento al portero del gran templo.
explica quizá atendiendo a que Kor, protegida como estaba de Limpióse aquel lugar del mejor modo posible, arreglándolo como
agresión externa por baluartes naturales superiores a cuantos el lo permitieron las circunstancias y la oscuridad que reinaba, y nos
hombre concebir podría, necesitaba sólo esos muros para casos de pusimos a comer un poco de carne fiambre, al menos Leo, Job y yo,
civil discordia o meramente por aparato. Pero, en cambio, eran tan porque ya he dicho que Ayesha no tomaba nunca nada más que frutas
anchos como altos, y todos de labrados sillares, sacados sin duda de y agua. Mientras comíamos, la luna, que era llena, surgió de encima
las cavernas, y rodeados por un profundo foso como de sesenta pies de de la montaña e inundó el espacio con su resplandor de plata.
ancho y que a trechos estaban aún llenos de agua. - ¿Sabes, oh, Holly, por qué te he traído aquí esta noche? -dijo
A este foso llegamos unos diez minutos antes de ponerse el sol, y entonces Ayesha, descansando su frente en la mano y mirando al astro
lo atravesamos caminando por encima de grandes piedras que parecían que subía como una reina celeste sobre las pilastras solemnes del
ser los restos de un puente, dispuesto para el caso; con alguna templo. Pues te traje... y has de saber, Kalikrates, que estás sentado
dificultad trepamos en el lado opuesto del zanjón por la pendiente de ahora en el lugar mismo donde yo te puse muerto hace tantos años, al
la muralla hasta llegar a su cima. volver a las cavernas... La escena torna ahora a mi memoria... La veo
Ojalá fuera capaz mi pluma de dar alguna idea de la: grandeza del claramente, y... ¡ay!, cuán horrible es...
espectáculo que entonces se presentó a nuestras miradas. Allí, bañado ELLA calló y se estremeció visiblemente. Leo, afectado, se levantó
por los rojizos reflejos del sol poniente, miramos un espacio de y cambió de puesto. La reminiscencia de Ayesha no le había gustado
muchas millas cubierto de ruinas... Columnatas, templos, altares y del todo.
palacios regios, apartados entre sí por trechos de verde maleza. Por -Pues os traje - continuó Ayesha - para que contempléis la más
supuesto que las techumbres de esas moradas tiempo hacía que se admirable vista que pueden recibir humanos ojos: la luna llena
habían desplomado y desaparecido convertidas en polvo, pero la alumbrando las ruinas de Kor. Cuando hayáis acabado vuestra
mayor parte de las paredes medianeras y las grandes columnas se colación..., y ojalá, Kalikrates, que no comieras nada más que frutas,
pero ya lo harás en adelante después de purificado por el fuego, que amplios patios iluminados por la luna, llegamos al nicho de donde
yo también en un tiempo devoraba la carne como una bestia... Cuando habíamos partido.
hayáis concluido, repito, os enseñaré este gran templo y os mostraré el Después no he vuelto a ver a la estatua aquélla, y lo siento, tanto
dios que en él se adoraba un día. más cuanto que sobre la gran esfera que representaba al mundo y que
Al oírla, por supuesto que nos levantamos de súbito. Salimos todos. de pedestal servía, quizá hubiéramos descubierto, con un poco más de
Y aquí la pluma es impotente en mis manos. Fastidioso fuera que, luz, un mapa del universo conforme lo conocieron los habitantes de
aunque pudiese, hiciera constar aquí las dimensiones y detalles de los Kor. Sugerente es, sin embargo, el alcance de su saber científico, que
diversos patios, y no sé, sin embargo, de qué modo describiré lo que esos adoradores de la verdad estuvieran seguros del hecho de la
vi; tan magnífico era, e incapaz de concebirse, aunque estaba en esfericidad del mundo.
ruinas. Los grandes patios e hileras de gigantescas columnas, algunas
esculpidas desde el plinto al capitel, y los recintos vacíos, hablaban
más elocuentemente a la imaginación que si estuvieren colmados de
muebles y de pueblo. Y por encima de todo, cerníase el silencio de la
muerte, el sentimiento de la soledad más absoluta y el espíritu
incubador de los siglos transcurridos... ¡Cuán hermoso era aquello, y
cuán desolado, empero! No nos atrevíamos a hablar. La misma
Ayesha estaba abrumada en la presencia de una antigüedad ante la
cual la suya nada era; sólo murmurábamos, y nuestros murmullos
corrían por las columnatas hasta perderse en el sosegadísimo
ambiente. Brillante caía la luz de la luna sobre las pilastras, los patios
y los hendidos muros, ocultando todas las manchas y grietas de sus
fulgentes reflejos y revistiendo su venerada majestad con los
peculiares encantos de la noche. Asombroso en verdad era contemplar
el sagrario de Kor en ruinas alumbrado por la luna. Asombroso en
verdad era pensar en los miles de años que así se habrían estado
contemplando mutuamente el astro cadáver del cielo y la ciudad
muerta de la tierra, contándose en la absoluta soledad del espacio las
historias de sus existencias perdidas y de sus glorias olvidadas. Caía
en paz la luz fantástica, y poco a poco las sombras se movían por los
herbosos patios, cual si fueran los espíritus de los antiguos sacerdotes
que se deslizaban en los recintos donde antes habían celebrado sus
ritos; caía la luz fantástica, y fueron creciendo las sombras hasta que la
belleza solemne de la escena pareció penetrarnos el alma misma con el
concepto mudo, sin atenuantes, de la muerte, clamando en ella con
más estridente sonido que el de cien trompetas juntas; que el sepulcro
es una sima, sima que devora todas las pompas, todas las famas y
hasta sus mismas memorias...
-Vamos ahora - dijo Ayesha después que hubimos estado
admirando en éxtasis la escena qué sé yo cuánto tiempo-; vamos
ahora, que he de mostraros la Flor de Piedra de la Hermosura, y la
mismísima Corona del Asombroso, si es que aun se mantiene aquí
burlando el tiempo con su belleza para colmar el corazón humano del
ansia de saber lo que está detrás del velo de los misterios.
Y sin esperar nuestra respuesta, guiónos a través de dos patios más,
hasta el más céntrico del antiquísimo sagrario.
Y allí en el medio de aquel espacio, que tendría unos cincuenta pies
cuadrados, o poco más, nos hallamos frente a frente con lo que creo
que es quizá la obra de arte alegórica más grandiosa que el genio de
sus hijos ha dado al mundo. Exactamente en el centro del patio,
colocada sobre un zócalo cuadrado de piedra, estaba una enorme bola
de roca negra de cuarenta pies de diámetro, y sobre la bola alzábase
una colosal figura, tan encantadora y divina, que al verla yo,
iluminada cual se hallaba por la suave luz de la luna, quedéme sin
aliento y el corazón cesó de palpitar.
Estaba la estatua labrada en un mármol tan puro y tan blanco que,
aun entonces, tras tantísimos siglos, resplandecía al reflejo de los
rayos lunares, y su altura sería quizá de veinte pies. Representaba la
alada figura de una mujer de tan maravillosa belleza y tan delicada
gracia, que el tamaño parecía aumentar antes bien que estorbar su
belleza tan humana, pero aun más que humana, espiritual. Inclinada
estaba hacia adelante, como suspensa de sus alas tendidas a medias, y
no sobre su pie. Sus brazos abiertos estaban en la actitud de los de una
mujer que va a abrazar a su novio muy adorado, y toda su postura
parecía la de quien tiernísimamente implora. Su forma perfecta estaba
desnuda, y esto es lo más extraordinario, menos el rostro, que tenía
cubierto de un velo muy fino, de modo que se pudiera adivinar la
huella de sus facciones. Le envolvía el velo la cabeza toda, y de sus
puntas sueltas, una le caía sobre el seno izquierdo, y la otra, rota en
parte a la sazón, volaba libre en el aire por detrás suyo.
- ¿Y qué personifica? - pregunté cuando pude apartar de la estatua
la mirada.
- ¡No puedes figurártelo, oh, Holly!... ¿Adónde entonces tienes la
imaginación? - Respondióme Ayesha-. Es la verdad posada sobre el
mundo, e implorando a sus hijos para que le descubran la cara.
Y dando entonces la última y larga mirada a, aquella belleza
espiritualizada envuelta 'en un velo, tan perfecta y tan pura que casi
soñaba yo que un alma viva resplandecía a través de la prisión de
mármol del contorno, para elevarme a sublimes pensamientos;
inefablemente asombrado ante ese sueño de poeta helado en una
piedra, que jamás olvidaré, aunque tan incapaz me hallo al tratar de
describirlo, deslumbrados nos volvimos con tristeza, y atravesando los
CAPITULO XXIV Volvióse Ayesha, y se puso a examinar la montaña.
¡SOBRE EL ABISMO!... - ¡Válgame Dios, Leo! - murmuré -. ¡No creo que vayamos a trepar
AL día siguiente, antes del alba, nos despertaron los mudos, y por ahí!...
después de desperezarnos bien y darnos un rápido baño en una fuente, Leo se encogió de hombros. Estaba como fascinado y dispuesto a
que aun manaba en los restos de un pilón de mármol que se hallaba en todo.
el centro del cuadrángulo norte del vasto atrio, fuimos donde se Ayesha de súbito empezó a ascender por el acantilado y nosotros la
hallaba ELLA, y la vimos junto a su litera, dispuesta a la partida, seguimos. Maravillaba ver la facilidad y gracia con que saltaba de
mientras Billali y los mudos recogían apresuradamente el equipaje. peñasco en peñasco y se deslizaba por los rebordes del murallón.
Ayesha estaba velada como de costumbre, como el monumento de la La subida no era a la verdad tan difícil como parecía al principio,
verdad que habiamos visto la noche anterior, y, entre paréntesis, me aunque en dos ocasiones de nada nos sirvió mirar hacia atrás; pero el
pregunté si esa escultura no le habría inspirado .la idea de cubrirse hecho es que la montaña tenía cerca de su base cierta inclinación que
como lo hacía. más arriba no existía.
Noté entonces que la hallaba algo preocupada, y que no tenía ese Llegamos de este modo a unos cincuenta pies sobre el lugar de
aire altivo y arrogante que la caracterizaba, que la hubiera señalado al donde habíamos partido, siendo lo único verdaderamente pesado el
momento entre mil mujeres de su propia estatura, aunque todas se manejo de la tabla de Job.
encontrasen vestidas y veladas como ella. Alzó la cabeza para Notamos entonces un reborde en la escarpada, bastante estrecho al
mirarnos al ver que nos acercábamos, pues la tenía doblada sobre el principio, pero que se fue ensanchando e inclinando hacia adentro
pecho, y nos dió los buenos días. Leo le preguntó que tal había pasado como el pétalo de una flor, de modo que gradualmente nos
la noche. encontramos en un repliegue o carril cada vez más profundo, hasta
-Mal, Kalikrates mío, muy mal -contestó-. Raros y atroces sueños parecerse a un callejón de Devonshire, pero hecho en piedra y que nos
he tenido esta noche, y no sé qué puede significar. Vamos, echemos a escondía de las miradas del que pudiera estar abajo, si es que hubiera,
andar, que lejos hemos de ir, y antes de que nazca otro día en ese habido alguno.
oriente azul, hallar debemos el Lugar de la Vida. Este callejón, que parecía ser de formación natural, tendría unos
A los cinco minutos andábamos ya de nuevo a través de la inmensa cincuenta o sesenta pasos de largo, y terminaba de repente en una
ciudad en ruinas, que nos parecía acrecentada a la indecisa luz cueva abierta en ángulo con respecto a él. Natural era ésta también y
crepuscular. Y precisamente llegábamos a la puerta del lado opuesto no labrada por humanas artes, lo que deduje de su forma y desarrollo
por donde habíamos entrado cuando el primer rayo de sol surgió como irregular, que causaba una formidable erupción de gas en la dirección
una flecha de oro atravesando aquel recinto colmado de legendaria de la menor resistencia rocosa. Las cuevas, todas labradas por los
desolación, y lanzando una postrera mirada a las venerandas y antiguos habitantes de Kor, se distinguían por su perfecta regularidad
majestuosas columnas, suspiramos todos, menos Job, que no se y simetría.
encantaba con ninguna ruina, por no poder examinarlas más despacio. Detúvose Ayesha a la entrada de esta cueva y nos dijo que
Vadeamos el foso y nos hallamos luego otra vez en la llanura. encendiéramos las dos lámparas, lo que hice. ELLA tomó una y yo la
Detuvimonos luego un momento para el almuerzo y emprendimos seguí con la otra. Adelantándose entonces nos guió cueva adentro,
la marcha en seguida, y tan de prisa, que a las dos, más o menos, de la marchando con mucho cuidado, pues el suelo estaba lleno de cantos
tarde, habíamos alcanzado la montaña que formaba el borde del cráter, como el lecho de una corriente, y a trechos tenía hondos agujeros en
y que en aquel punto alzábase perpendicularmente a unos mil donde podría uno romperse una pierna con la mayor facilidad.
quinientos o dos mil pies sobre nuestras cabezas. Hicimos alto y no Así seguimos durante veinte o más minutos, y calculo, aunque esto
me sorprendió esto a la verdad, porque yo no veis cómo era posible era cosa bien difícil por las vueltas y revueltas que dábamos, que
que pudiéramos dar un paso más hacia adelante. habíamos andado un cuarto de milla.
Ayesha bajó entonces de su litera, y nos dijo: -Al fin hicimos alto en este punto y en tanto que yo trataba de
-Ahora sólo comenzarán nuestros trabajos, pues aquí dejaremos a penetrar con la mirada la densísima tiniebla del lugar, sopló de súbito
esos hombres y habremos de ayudarnos nosotros mismos. una gran racha de viento que apagó ambas, lámparas.
Dirigiéndose luego a Billali, le dijo Llamónos Ayesha, y arrastrándonos casi, nos acercamos a ella.
-Aguardarás aquí, con estos esclavos, nuestra vuelta. Mañana a Entonces contemplamos un espectáculo que nos sobrecogió por lo
mediodía volveremos, y si no, sigue esperando. terrorífico y grandioso. Teníamos delante una tremenda grieta del
Inclinóse humildemente Billali, y dijo que obedecerían su augusto negro monte, conmovido y dislocado por alguna inmensa perturbación
mandato aunque tuvieran que aguardarla hasta la muerte. natural en remota edad, en la que había sido como azotado repetidas
-Y este hombre, ¡oh, Holly! -dijo ELLA señalando a Job-, más veces por el rayo. Esta grieta, que era un precipicio enorme cuyas
valiera que también quedase aquí; porque si no tiene grande el corazón dimensiones no pude apreciar, pero cuya anchura no debía ser mucho,
y el valor muy seguro, quizá algún daño padezca... Tampoco son los por lo mismo que era tan obscura, encontrábase apenas alumbrada por
secretos del lugar a donde vamos propios para que los conozcan ojos una luz dudosa que con dificultad bajaba hasta donde estábamos de la
de gente vulgar. superficie superior del monte, que se hallaría por lo menos a unos dos
Tradújele esto a Job, que entonces me rogó, casi con lágrimas, que mil pies de altura.
no lo abandonase. Díjome que estaba seguro de que no podría ver La boca de la caverna de donde acabábamos de salir daba a una
nada peor de lo que ya había visto, y que le espantaba la sola idea de curiosísima prolongación rocosa, figurada como un espolón
quedarse con esa gente muda, que, sin duda, aprovecharía la sobresaliente en el abismo en medio del vacío, por espacio como de
oportunidad para envasijarlo. cincuenta yardas, terminando en una aguda espuela de gallo. La
Se lo dije a Ayesha. ELLA se encogió de hombros y replicó: gigantesca púa se desprendía del paredón del precipicio, exactamente
-Bien, que venga... ¡Poco me importa! Cáigale el mal sobre su como la defensa córnea de la pata del gallináceo; su base era enorme,
cabeza, ya que lo quiere... Servirá para sostener la lámpara, y eso... -y y no se sostenía en ninguna parte.
señaló una tabla estrecha, como de dieciséis pies de largo, que estaba - ¡Por ahí pasaremos! -dijo Ayesha-. Y cuidad de que el vértigo no
atada sobre la larga vara de la litera. os acometa, o que el viento no os eche al abismo, que a la verdad no
Yo había creído hasta entonces que esa tabla servía para que las tiene fondo.
cortinillas quedasen más anchas; pero ahora me enteraba dé que se Y sin darnos tiempo siquiera para sentir miedo, echó a andar por el
destinaba a algún propósito que desconocía, y necesario en nuestra espolón, dejándonos que la siguiéramos como mejor pudiésemos. Yo
extraordinaria empresa. iba en pos de ella; tras de mí, Job arrastrando penosamente su tabla, y
Así fue que Job se echó a cuestas la tabla, que era bastante ligera Leo a la retaguardia de todos.
aunque rudamente labrada, y cargó con una lámpara. Otra lámpara me Unos veinte pasos habríamos avanzado por ese puente peregrino,
eché yo a la espalda, así como un jarro de aceite de repuesto, y Leo que se estrechaba cada vez más, cuando de súbito por la grieta bajó
llevó las provisiones y el agua en un odre de piel de cabrito. rugiendo una gran racha de viento. Vi que Ayesha se inclinó ante ella,
Entonces ELLA ordenó a Billali y a los seis mudos que se retiraran pero el viento le arrancó de los hombros la capa obscura, y
detrás de un grupo de magnolias floridas que estaba cómo a unas cien sacudiéndola se la llevó por el abismo. Seguíla espantado con la vista
yardas de distancia, y se mantuvieran allí bajo pena de muerte hasta hasta que la devoró la tiniebla. Echéme a tierra y me aferré con las
que hubiéramos desaparecido. Inclináronse humildemente y se manos al peñasco, que vibraba dando un zumbido como un ser
marcharon, mas antes el viejo Billali me dió con disimulo un apretón viviente.
de manos y murmuró a mi oído que se alegraba de que fuese yo y no Nuestra situación era tan terrible, tan contraria a la experiencia
él quien acompañase a Quien debe ser obedecida en tan misteriosa terrena, que yo creo que por eso mismo nuestro terror se aplacaba;
expedición, y por mi palabra que casi estuve dispuesto en convenir en mas ahora cada vez que sueño con ella me despiertos con todo el
que tenía razón. Al punto desaparecieron, y entonces Ayesha nos cuerpo lleno de sudor frío
preguntó brevemente si estábamos dispuestos. -Adelante, adelante -exclamó la blanca figura que nos guiaba; pues
-Sí, -contestamos. ahora, sin capa, ELLA parecía, más que mujer, una hada flotando sobre
la tempestad. - ¡No tendrás miedo de seguro! -exclamó la extraña criatura aquélla
- ¡Adelante o caeréis para ser deshechos en mil pedazos! ¡No en una parada del viento, desde el lugar en que estaba posada como un
apartéis los ojos ni las manos del peñasco! ave en la parte más elevada de la moviente piedra-. ¡Si lo tienes, deja
Obedecímosla, y nos arrastramos trabajosamente por el vibrante pasar a Kalikrates!
espolón, contra el cual se desgarraba gimiendo el viento, haciéndolo Esto me decidió. Más vale caer en un precipicio y morir, que ser
resonar como un enorme diapasón. Seguimos y seguimos, no sé objeto de la burla de una mujer como aquélla. Apreté los dientes y me
durante cuánto tiempo, sin atrevernos a mirar en torno sino cuando era lancé sobre la horrible, estrecha tabla, que se doblaba bajo mis pies, al
absolutamente necesario, hasta que al fin nos hallamos en la punta espacio insondable.
misma de la espuela, que era una losa no más grande que una mesa Tocóle entonces el turno a Leo, y aunque el muchacho tenía cierta
común, y que palpitaba y rebotaba corno la cubierta de un barco de expresión rara en la cara, pasó por la tabla como un saltimbanqui por
vapor cuyas calderas se hallaran a gran presión. la cuerda. Ayesha extendió la mano para recibirlo exclamando:
Allí, apretados contra el suelo y boca abajo, nos quedamos mirando - ¡Valeroso, valeroso eres, amor mío! ¡Aun te anima el antiguo
a nuestro alrededor mientras que Ayesha se mantenía de pie, doblada espíritu heleno!...
contra el viento, flotante la cabellera larguísima, y despreocupada en Sólo el pobre. Job quedaba del otro lado de la sima, Arrastróse
absoluto del espantoso abismo abierto a sus pies. hacia la tabla gritando:
Extendió la mano y señaló hacia adelante. - ¡No puedo hacerlo, señor! ¡Voy a hundirme en ese atroz agujero!
Entonces comprendí para qué se había preparado la larga y estrecha -Dejemos a ese hombre que pase o que perezca ahí -dijo Ayesha-.
tabla que Job y yo con tanto trabajo habíamos llevado hasta allí. Ved: ya la luz se va; dentro de un minuto estaremos en la obscuridad.
Teníamos por delante el espacio; mas algo había en él a cierta Tenía razón. El sol bajaba quizá del nivel del agujero o grieta por
distancia, aunque no podíamos discernir qué, debido a que la sombra donde el rayo penetraba.
del murallón del lado opuesto obscurecía todo el ambiente. -Si te quedas, Job le grité-, morirás ahí solo. La luz se está yendo.
-Debemos esperar un momento, pues muy pronto tendremos luz. - ¡Vamos, sé hombre! -le gritó Leo-. Es cosa fácil.
No pude comprenderla, en verdad. ¿Qué otra luz de la que entonces Animado de ese modo, el mísero Job dió el grito más desesperado
había en aquel lugar tremebundo podría venir a iluminarlo? Mientras que en mi vida oí, y se arrojó de cara contra la tabla... No trataba de
en ello pensaba, de súbito, una espada flamígera atravesó la tiniebla andar, dicho sea sin ofensa, sino que comenzó a arrastrarse abrazado a
estigiana, rozando la punta rocosa en que nos hallábamos, e ella, dándose torpes impulsos con sus tristes piernas colgantes a
iluminando la forma adorable de Ayesha con un resplandor celeste. ambos lados sobre el vacío.
¡Ah, si describir pudiera la fantástica, peregrina belleza de aquella Los violentos empujones que le daba a la tabla hacía que la losa
espada de fuego suspendida en las tinieblas, atravesando los jirones de balanceada como estaba en un filo de pocas pulgadas, oscilase de una
neblina que surgían del abismo!... manera atroz, y para agravar el caso, precisamente al hallarse él a
Cómo se produjo, no lo sé aún, pero supongo que había algún medio camino, el rayo fugitivo de la luz espectral desapareció, como
agujero que horadaba el murallón del frente, la dirección precisa del una lámpara que de súbito se apaga, dejándonos en medio de una
punto en que el sol se ponía en aquel instante. Pero aseguro que el desolación de tiniebla.
efecto que hacía era de lo más asombroso que pueda concebirse. - ¡Por el amor de Dios, Job! -gritéle con la mayor agonía-. ¡Ven a
Hundida en el seno mismo de la tiniebla estaba aquella espada ígnea; prisa!
por donde ella cruzaba, la luz era tan viva que podía verse hasta el Porque la piedra sobre que estábamos, aumentando su oscilación a
grano de la piedra, mientras que fuera del rastro de luz, a distancia de cada impulso de la tabla, se balanceaba tanto que apenas podíamos
unas cuantas pulgadas solamente de su filo sutil, nada distinguía, a no sostenernos. La situación era terrible.
ser las amontonadas sombras. - ¡Que Dios me ampare! -gritó Job en la obscuridad...
Y entonces, gracias a ese rayo de luz que ELLA había estado - ¡La tabla se desliza!
esperando, y para encontrar el cual había calculado nuestra llegada; Oí un rumor siniestro y me pareció que había caído.
sabiendo que esta estación del año, durante siglos y siglos había caído Pero al mismo instante su mano extendida, azotando crispada el
siempre en esa dirección, pudimos nosotros ver lo que por delante aire a obscuras, topó con la mía... Agarréle y tiré..., tiré con la fuerza
teníamos. que tan generosamente me dotó la Providencia, y Job se encontró
A cierta distancia de la punta del trozo de roca, parecida a una jadeante a nuestros pies.
lengua, en que estábamos, alzábase, probablemente del insondable ¿Pero la tabla? Sentí el ruido que hizo al deslizarse y chocar contra
fondo de la misma, un granítico cono, como un pan de azúcar, cuyo una piedra, y nada más luego. La habíamos perdido.
vértice estaba exactamente frente a nosotros. - ¡Cielos! -exclamé-, ¿cómo volveremos?...
De nada nos hubiera servido este vértice solo, que era circular y - ¡Qué sé yo! -me contestó la voz de Leo en la sombra. Bastante
ahuecado, pues venía a quedar de nosotros a una distancia de cuarenta mal hemos tenido por hoy..., ya veremos luego. Pero me alegro de
pies por lo menos. Mas encima del borde de la cúspide descansaba estar aquí.
una losa gigantesca y chata, algo así como el canto de un glacier (lo Ayesha entonces me tomó de la mano y me dijo:
que muy bien podría ser) y el filo de la losa se nos aproximaba a unos - ¡Ven!
doce pies más o menos.
Ese enorme bloque no era más que una piedra basculada sobre el
borde del cono o cráter en miniatura, como una moneda en el de una
copa de mesa, pues a la ingente luz que la alumbraba, veíamosla
oscilante a los embates del viento.
-A prisa -exclamó Ayesha-; poned la tabla; hemos de pasar
mientras haya luz, que será por poco tiempo.
- ¡Señor y Dios mío! No querrá ELLA que pasemos por ahí sobre
esto -gimió Job mientras, obedeciéndome, me empujó la tabla.
-Pues eso mismo haremos, Job -le grité... Y la idea del peligro atroz
que íbamos a arrostrar me ponía en el ánimo fatídica alegría.
Dile dificultosamente la tabla a Ayesha, quien, rápida, la colocó
con mucha limpieza a través de la sima, de modo que uno de sus
extremos descansaba sobre la moviente losa y el otro en la punta de
nuestro vibrante espolón: Entonces colocó sobre ella un pie para que
el viento no la arrastrase, y volviéndose a mí, me dijo:
-Desde que aquí estuve la última vez, oh, Holly, el sostén de la
vacilante piedra ha disminuido un tanto, y no sé si resistirá nuestro
peso, si caerá o no. Cruzaré la primera, pues nada puede resultarme.
Y echó a andar, leve aunque seguramente, por el frágil puente, y en
un segundo se encontró parada y en salvo sobre la suspendida piedra.
- ¡Está segura! -exclamó entonces-. Sostén tú la tabla. Yo me
pondré del otro lado de la piedra para que no se desequilibre con
vuestro peso mayor. ¡Vamos, vamos, Holly, que nos va a faltar la
luz!...
Temblé sobre mis rodillas, y si alguna vez me he sentido mal, en
aquella ocasión fue. No me avergüenzo al confesar que vacilé un
poco, y que aun pensé retroceder.
CAPITULO XXV y me contó sus arcanos; mas no permitió que en él me hundiese, lo,
EL ESPÍRITU DE LA VIDA que por temor de que me matara no lo hice, pero pensé que como el
OBEDECILA, y me aterré al sentir que me conducía sobre el borde hombre era muy anciano pronto moriría. Y partí de aquí habiendo
del cráter. Extendí las piernas a los lados y no sentí nada. aprendido cuanto él sabía del maravilloso Espíritu del Mundo, que era
-Voy a caer - murmuré. muchísimo; porque el hombre era muy sabio y muy anciano, y por su
-No, déjate conducir y confía en mí -contestó Ayesha. pureza de costumbres y abstinencia, y por la contemplación de su
Ahora bien; si se concibe la situación, se comprenderá fácilmente mente inocente, habia conseguido adelgazar el velo que cuelga entre
que esto era pedirle a mi confianza mucho más de lo que justificaba el nosotros, y conocer las grandes verdades invisibles, cuyo suave batir,
conocimiento que yo tenía del carácter de Ayesha. Quizá en aquel de alas algunas veces escuchamos cuando pasan a través del grosero
mismo instante estaría a punto de entregarme a un horrible sino. Mas ambiente del mundo. Sucedía esto poco antes de que yo te viera,
tenemos algunas veces que poner nuestra fe sobre peregrinas aras, y Kalikrates, de que llegases aquí, peregrino, con la egipcia Amenartas;
esto fue lo que entonces hice. de que yo aprendiese a amar por vez primera y eterna. Y al verte pensé
- ¡Déjate conducir! -gritó; y como no podía escoger otra cosa, así en venir aquí contigo, y que ambos participásemos del don de la vida.
hice. Y así fue que yo te traje aquí; mas la egipcia nos siguió y no hubo
Sentíme deslizar como uno o dos pasos por la superficie oblicua de modo de apartarla, y al llegar encontramos que el anciano Noot
la peña y caer luego en medio del aire, y pasóme como un relámpago acababa de morir. Ahí yacía, y su blanca barba le cubría como una
en la mente la idea de que estaba ya perdido... ¡Más no! Sentí que mis vestidura; ahí junto adonde estás sentado, Holly, pero largo tiempo
pies chocaron contra la peña dura, que estaba parado sobre algo sólido hará que su polvo lo disipó el viento.
y fuera del alcance del viento, cuyo rumor seguía oyendo sobre mi Maquinalmente entonces pasé la mano por el polvo del suelo y mis
cabeza. Y mientras le daba gracias a mi estrella por estos pequeños dedos tocaron alguna cosa dura. Examinéla y vi que era una muela
servicios, sentí como un deslizamiento o roce, un choque y luego la humana, muy amarilla, pero muy sana. Se la mostré a Ayesha, que al
voz de Leo que, alegremente, gritaba: verla rió un poco.
- ¡Hola, viejo! ¿Estás aquí? ¿Verdad que esto se va poniendo -Sí, es suya, sin duda... Ved lo que queda de Noot y de su gran
interesante? sabiduría... Una muela... ¡Y aquel hombre, sin embargo, tenía a su
Y en este instante, sentimos caer a Job, dando un tremendo chillido, alcance la vida eterna, y no la quiso por respeto a su conciencia!...
sobre nosotros, arrojándonos por tierra. Cuando acabábamos de Pues bien, ahí yacía, a la sazón muerto recientemente, y bajamos todos
levantarnos, oímos la voz de Ayesha mandándonos encender las al lugar donde ahora he de conduciros, y yo, reuniendo todo el valor
lámparas, que afortunada mente estaban intactas, así como el jarro de que pude, arriesgándome hasta la muerte para conquistar quizá la
aceite de repuesto. corona de la vida, adelantéme a las llamas... Surgió entonces un vigor
Saqué mi caja de fósforos, que prendieron tan alegremente en aquel vital en mí que no podéis concebir hasta que no lo sintáis vosotros
lugar atroz como en un gabinete de Londres, y en un par de minutos mismos. De ellas salí imperecedera y bella, inefable,
teníamos encendidas las dos lámparas. inconcebiblemente. A ti tendí los brazos entonces, Kalikrates,
A su luz vimos un curioso espectáculo. Estábamos amontonados en instándote a que tomaras a tu inmortal desposada, y tú al oírme,
un ensanche rocoso como de doce pies cuadrados, y en nuestros deslumbrado por mi belleza, volviste la mirada y rodeaste con tus
rostros se pintaba el azoramiento. Ayesha estaba de pie, tranquila, en brazos el cuello de Amenartas. Acometióme gran furor, enloquecí, y
un ángulo, con los brazos cruzados, esperando que acabáramos de apoderándome de la corta lanza que llevabas, te herí en el pecho; de
encender. modo que ahí, en el recinto de la vida gemiste y moriste... Entonces no
Aquel recinto en que nos hallábamos parecía ser en parte natural y sabía que podía matar con la mirada y la voluntad, y por eso, insana,
en parte labrado por la mano del hombre, y se hallaba en la cúspide te maté con una lanza... Y cuando te vi muerto, ¡a y!... , lloré, lloré al
misma del cono. El techo de la parte natural estaba formado por la ver que habías muerto y que yo era inmortal. Lloré ahí en el Lugar de
piedra moviente, y el fondo del lUgar, que tenía una pendiente hacia el la Vida, y tanto, que si hubiera sido mortal, el corazón me habría
interior, estaba labrado en la peña viva. Por lo demás, allí no había ni estallado... Y ella, la obscura egipcia, me maldijo por sus dioses...
humedad ni frío, y era un perfecto puerto de paz comparado con la Maldíjome en nombre de Osiris y de Isis; de Nephithys y de Hekt; y
cima de arriba, azotada por los torbellinos, y a la vibrante espuela que de Sekhet de cabeza de león, y de Set, llamando sobre mí los males y
a su alcance sobresalía en pleno abismo. la desolación... ¡Ah!, aun me parece ver su obscuro rostro
-Al fin hemos llegado sanos y salvos -dijo Ayesha-, aunque por amenazándome como una tempestad, mas no podía dañarme, y... yo,
momentos me pareció que la losa desequilibrada se precipitaba con ¡yo no sabía que podía herirla! Y no traté de hacerlo; ni entonces ya
ustedes en los abismos sin fondo, pues creo que esa grieta llega hasta me importaba hacerlo. Entre las dos te sacamos de aquí. Y después, la
la misma entraña del mundo... La peña afilada sobre donde despedí... Ordené que la guiasen a través de los pantanos..., y parece
descansaba la losa se ha ido desgastando con la fricción del balanceo. que vivió para dar a luz un hijo, y para escribir la historia que había de
Y ahora que este hombre, a quien con razón llaman el Puerco, porque traerte a ti, su esposo, junto a mí, su rival y tu matadora...
es estúpido como esa bestia, ha dejado caer la tabla, no será cosa fácil Paró de hablar un momento, y luego continuó:
volver a pasar el abismo, y tengo que pensar un medio para ello. -Tal es la historia, amor mío, y ya llegó la hora del término que la
Job no se daba cuenta de que lo aludían. Sentado estaba en el suelo corone... Como las cosas todas del mundo, compónese de mal y de
y pasándose por la frente, con el aire muy fatigado, un pañuelo rojo de bien, -más de mal, quizá, que escrita está con letras de sangre... Tal es
algodón. Ayesha siguió hablando. la verdad, nada te he ocultado, Kalikrates... Mas, escucha ahora una
-Contemplad este lugar. ¿Qué crees tú que es, Holly? cosa antes del momento final de tu prueba. Vamos a ir ante la
-No sé - repliqué. presencia de la Muerte, pues que la Vida y la Muerte se hallan muy
- ¿Creerás que un hombre escogió por habitación suya en su tiempo juntas, y quién sabe... ¡ah!, si quedaremos apartados por otro espacio
este aéreo nido, y que vivió durante muchos años, saliendo de él tan largo... No soy más que mujer, y no profetisa; no sé leer en el
solamente cada diez días a buscar el alimento, el agua y el aceite que futuro... Más sí sé una cosa, que aprendí de los labios del sabio Noot:
el pueblo le ponía en mayor cantidad de la que necesitaba y como una que mi vida se ha prolongado y que se ha tornado más intensa y
ofrenda, a la entrada del túnel por donde hemos venido hasta aquí? brillante, aunque no podré vivir eternamente... Así que, Kalikrates,
Admirados la oímos, y ELLA prosiguió: tómame por la mano y alza mi velo sin más temor que si yo fuese
-Y, sin embargo, así fue. Hubo un hombre; Noot se llamaba, que, alguna muchacha campesina, y no la más sabia y bella mujer de esta
aunque vivió en tiempos posteriores, tenía el saber de los hijos de Kor. tierra, y mírame a los ojos y dime que me perdonas de todo corazón, y
Era un ermitaño y gran filósofo, y conocedor de los secretos de la que dé todo corazón me adoras.
naturaleza. El fue quien descubrió el fuego que voy a mostraros, que Dejó de hablar otra vez por un momento y la rara ternura de su voz
es la sangre y la vida de la naturaleza, y también que los que en él se nos acariciaba aún el oído, en el silencio. Su acento me conmovía más
bañaran y lo aspiraran habrían de vivir mientras la naturaleza existiera. aún que sus palabras; ¡tan humano era, tan femenino! Leo también
Mas, como tú, oh, Holly, ese hombre, Noot, no quiso aprovecharse de estaba muy afectado. Hasta aquel instante había sido fascinado, a
su saber. "Mala es la vida para el hombre -decía-, pues que el hombre pesar de los dictados de su razón, así como se supone que la serpiente
nació para morir." Así es que a nadie confió su secreto, y aquí se vino fascina al pajarito; mas a la sazón supongo que la fascinación había
a vivir para atravesarse en el camino del que en busca de la vida pasado, y que realmente amaba a esa peregrina y bellísima criatura, tal
viniera, y los amajáguers de su tiempo lo adoraban como a un santo. Y como yo... , ¡ay!... , también la amaba. Como quiera que fuese, vi que
cuando yo vine por primera vez a este país... - mas tú no sabes cómo se le llenaron de lágrimas los ojos, que se dirigió apresuradamente
vine, Kalikrates, y otra vez te lo diré...; es una historia extraña -, oí hacia ella, le soltó los nudos de su velo y, tomándola por la mano y
hablar de este filósofo, le aguardé a que viniese por sus provisiones y clavando la mirada en sus pupilas profundísimas, le dijo en voz alta:
vine con él hasta aquí, aun que temí mucho pasar el abismo. - ¡Ayesha, te amo de todo corazón... y te perdono, en cuanto es
Deslumbrélo con mi hermosura y mi talento, y le lisonjeé con mis posible lo absoluto del perdón, la muerte de Ustane!... En cuanto a lo
palabras, de tal modo que me condujo allá abajo y me mostró el Fuego demás, es cosa que corresponde a tu Creador y a ti, y nada tengo que
ver en ello... estaba cubierto de blanca arena finísima y todos los costados pulidos
-Ahora -replicó Ayesha con altiva humildad-, cuando mi señor por la acción de no sé qué desconocido agente. No era aquella caverna
habla tan generosamente y tanto dona con su mano real, no me toca obscura, como las demás, sino que la inundaba una luz rosácea muy
quedarme atrás y esperar a que me rueguen mis favores... Escucha... agradable a la vista.
Y tomándole de la mano se la puso sobre la adorable cabeza, y se Al principio no vimos reflejo ninguno, ni oímos rumor de trueno;
inclinó de modo que por un instante rozó con el suelo la rodilla. mas de pronto, mientras maravillados mirábamos en torno, calculando
-En señal de sumisión, me inclino ante mi dueño. la fuente de la radiación rosada, se verificó un fenómeno tremebundo
Luego lo besó en la boca: aunque bellísimo.
-En señal de mi amor de esposa, te beso los labios. Del fondo más lejano de la caverna, con un rumor atroz y crujiente
Le puso mano en el corazón: (tan espantoso que todos temblamos y Job cayó de rodillas), surgió un
- ¡Por los pecados que he cometido, por los largos siglos solitarios pilar de fuego arremolinado, diverso en colores como el arco iris y
que esperándote pasé y que lavaron mi crimen, por mi inmenso amor deslumbrante como el relámpago.
y por el Espíritu..., el Arcano Eterno que produce toda la vida, de Durante un rato como de cuarenta segundos vimos la llamarada
donde surge y a la cual retorna, yo juro... juro, en esta primera y misteriosa resonando y girando sobre sí misma lentamente, hasta que
sacratísima hora de mi femineidad perfeccionada, juro que abandonaré por grados cesó el ruido y desapareció con el fuego, no sé cómo, ni
el Mal y adoraré el Bien! ¡Juro que siempre me dejaré guiar por su voz por dónde, dejando tras de sí el resplandor suave y rosado que al
en el recto camino del Deber! principio vimos.
¡Juro que odiaré la Ambición, y que por el espacio todo de mis días - ¡Acercaos, acercaos! -exclamó Ayesha con la voz vibrante de
casi sin término, elevaré la Sabiduría ante mis ojos para que sea la intensa emoción-. ¡Contemplad la fuente y el Corazón de la Vida tal
estrella polar que me conduzca hacia la Verdad y al conocimiento de como late en el seno del inmenso mundo!... ¡Contemplad la substancia
la justicia! ¡Juro también que te honraré y te amaré, Kalikrates, a de que las cosas todas toman su energía, al radiante Espíritu del
quien la ola del tiempo echó de nuevo en mis brazos, hasta nuestro fin, Globo, sin el cual su existencia sería imposible, y se tornaría helado,
próximo o remoto, como sea!... ¡Y como dote de bodas te aporto la exánime como la cadavérica Luna!... Acercaos, lavaos en las vivientes
coraza de mi belleza y mi misma vida casi imperecedera, y mi saber llamas y colmad vuestras flojas estructuras de su virtud en toda su
sin medida, y riquezas que nadie puede calcular!... ¡Escucha!... Los virginal potencia... ¡Y no cual ahora, que solamente irradia en vuestros
grandes de la tierra se arrastrarán a tus pies, y sus bellas mujeres se senos, derramada en ellos a través de los filtros finísimos de miles de
taparán los ojos con las manos, deslumbradas por la hermosura de tu existencias intermedias, sino cual aquí se halla en su propia fuente y
rostro, y los sabios te reputarán cual su maestro. ¡Leerás en los asiento del Ser Vital!...
corazones humanos como en un libro abierto, y los conducirás aquí, Seguímosla entre el rosáceo resplandor al fondo de la caverna,
allá, adonde plazca a tu albedrío!... ¡Como la vetusta esfinge egipcia, hasta que al fin nos encontramos ante el lugar mismo en que el
echado te mantendrás durante las edades, y las estirpes de hombres te grandioso pulso latía, en que surgía la sublime columna.
rogarán llorando que les resuelvas el secreto de tu grandeza Allí nos miramos los unos a los otros al resplandor anímico, y
inmarcesible, y siempre, siempre las burlará tu silencio!... Y ya que reímos con risa sonora -hasta el mismo Job rió después de tanto
está resuelto..., ¡luzca el sol, o ruja la borrasca, en mal o en bien, en tiempo que no lo hacía-, por lo ligero que sentíamos el corazón en
vida o en muerte lo hecho queda y no se deshará!... ¡Porque en verdad medio de la divina ebriedad de nuestros cerebros...
que lo que es, es, y una vez hecho, para siempre queda hecho, y Yo, por mi parte, diré que me sentí entonces como en posesión de
deshacerse no puede jamás!... ¡Y ya lo he dicho!... Vamos allá, pues, y todos los varios genios de que es capaz el intelecto humano... ¡Podría
que todo se cumpla a su tiempo. haber hablado en versos libres de belleza shakesperiana; de toda suerte
Y tomando una de las lámparas, adelantóse hacia el fondo del de grandes ideas cruzaban relampagueando por mi mente; parecíame
recinto que estaba cubierto por la peña moviente, donde se detuvo. que se habían aflojado las tablas carnales y que mi espíritu libre se
Seguírnosla, y vimos que en la pared del cono había una escalera, o cernía por el empíreo de sus prístinos dominios!...
para hablar con más propiedad, que algunas prominencias del muro ¡Inefables sensaciones me embargaban!... Parecíame que vivía más
habían sido esculpidas groseramente como para formar una escalera. sutilmente, que alcanzaba una alegría superior, que a sorbos bebía de
Por ella empezó Ayesha a bajar saltando como una cervatilla. un vaso de pensamientos más depurados de cuantos hasta entonces
Nosotros, con mucha menos gracia, íbamos detrás. había tenido... Era otro yo mismo, glorificado, y todas las vías de la
Cuando hubimos descendido unos quince escalones, vimos que Posibilidad me parecían abiertas para recibir las huellas de la
seguía una senda rocosa, en plano inclinado, que corría hacia afuera y Realidad. Súbitamente, entonces, mientras yo me regocijaba en este
luego hacia adentro como el declive de un cono invertido o embudo. espléndido vigor de una nueva esencia personal exaltada, de lejos, de
Aunque muy empinada era la senda, a trechos casi vertical, siempre muy lejos, vino un rumoroso son que creció, creció, tornándose
era practicable, y por ello íbamos sin saber a dónde, hacia el seno trueno, combinando cuanto es terrible y magnifico en las capacidades
mismo del volcán muerto. del sonido.
Largo tiempo bajamos así; como media hora, me parece, hasta que, Acercóse más y más aún, hasta que estuvo junto a nosotros,
al hallarnos a una profundidad de muchos cientos de pies del punto de rodando como todas las ruedas de la artillería del cielo arrebatadas por
partida, noté que llegábamos al vértice del cono invertido. los corceles del rayo... Y surgió afuera, y con él la gloriosa cegadora
En este mismo punto se abría un pasadizo estrecho y tan bajo que columna de llamaradas de colores varios, que estuvo girando ante
tuvimos que ir en fila india, uno detrás de otro, inclinando el cuerpo nosotros un momento lentamente, y luego, llevándose en pos de sí la
para no dar contra la roca. pompa del sonido, desapareció no sé cómo... Tan tremebundo fue el
A unas cincuenta yardas ensanchóse el pasadizo y nos hallamos en espectáculo, que todos a una, menos ELLA, que se adelantó un hacia la
una caverna tan enorme que no pude ver ni sus muros ni su bóveda. llamarada, caímos abrumados, hundiendo nuestros rostros en la arena.
Sólo sabía que era una caverna por el eco que despertaban nuestros Al desaparecer la ígnea columna, Ayesha habló:
pasos y por la pesadez y tranquilidad del aire ambiente. - ¡Ahora, Kalikrates -dijo-, el momento tremebundo se presenta!...
Varios minutos anduvimos así en medio del más absoluto silencio, Cuando la gran llamarada vuelva, debes bañarte en ella. Despójate
que nos oprimía el corazón, como almas perdidas en lo hondo del antes de tus ropas, porque las quemaría aunque a ti mismo no te
Tártaro, siguiendo la blanca y fantástica figura de Ayesha hasta que la dañe... Estar debes en la llamarada mientras que resistirla puedan tus
caverna se transformó de nuevo en pasadizo, que volvió a ensancharse sentidos, y cuando te abrase absórbela hasta el mismo corazón y déjala
en una nueva caverna mucho más pequeña que la primera. Y al fin que lama las partes todas de tu cuerpo, y que por ellas retoce, para que
entramos en otro pasadizo por el que pasaba un débil resplandor. no pierdas átomo alguno de su virtud. ¿Me escuchas, Kalikrates?
Oí entonces que Ayesha daba un suspiro corno de satisfacción. - ¡Ayesha, te escuché!... ¡Mas aunque en verdad no soy cobarde,
-Bien está -murmuró-; preparaos a penetrar en la misma matriz del me impone el efecto del fuego!¿Cómo sabré yo que no me consumirá
mundo. ¡Donde la tierra concibe la vida que veis brotar en los .por entero y, perdiéndome yo mismo, no te pierda a ti también?
hombres y las bestias... y en los árboles!... Empero, me hundiré en la llama si lo quieres.
Rápidamente avanzó entonces, y dando traspiés, como pudimos, Meditó Ayesha un momento y dijo luego:
fuimos detrás, con los corazones como si fuesen vasos rebosantes de - ¡Nada de extraño tienen tus dudas! Pero dime, Kalikrates ¿si 'tú
una mezcla de terror y curiosidad ¿que íbamos a ver?... me ves entrar en ella y salir después intacta, entrarás también?
Conforme adelantábamos por el túnel, el lejano resplandor - ¡Sí, entraré en ella aunque me consuma! He dicho ya que entraré
aumentaba y nos lanzaba reflejos periódicos como un faro, que de de todos modos.
trecho en .trecho alumbra las tinieblas del mar. Y no era esto todo, - ¡Y yo entraré también! - exclamé.
porque con los resplandores venía rodando un rumor como de trueno, - ¡Cómo, Holly! -dijo ELLA riéndose abiertamente-. ¿No dijiste que
y el de árboles que caen y se desgajan, que nos agitaba el alma. te repugnaba alargar tu vida? ¿Por qué has variado tu pensamiento?
Llegamos al fin del túnel y nos encontramos en una tercera caverna, -No lo sé -exclamé-, mas algo dentro de mí me impulsa a probar la
de unos cincuenta pies de largo y otros tantos de, altura. El suelo llama y la inmortalidad.
-Está bien, Holly mío, aunque no té habrás perdido por entero en tu
locura. Pues bien, por la segunda vez me bañaré en este baño de vida.
Con gusto aumentaré mi belleza y mis días, si eso es posible. Y si no
lo es, no creo que pueda dañarme.
Después de una corta pausa, continuó: paso extendiendo las manos
abrumados, hundiendo pues También existe una razón más grave para
que yo me lave de nuevo en ese fuego. Cuando probé su virtud, por
primera vez colmado, tenía el corazón de odio contra la egipcia
Amenartas, y así ha sido que por más que he hecho por librarme de él,
el odio desde entonces se ha arraigado en mi alma. Pero ahora es otra
cosa. ¡Ahora mi humor es feliz y mis pensamientos son purísimos, y
como ahora, siempre quisiera ser!... Por lo tanto, Kalikrates, me he de
lavar de nuevo, para depurarme y hacerme más digna de ti. Así
también, cuando a tu vez penetres en el fuego, vacía todo el mal de tu
corazón, y que un dulce contentamiento reine en tu mente. Despliega
las alas de tu espíritu y colócate en el mismo borde de la
contemplación sagrada; piensa en los besos de tu madre, y vuélvete
hacia la imagen del mayor bien que hayas visto sobre sus argentinas
alas pasar por el silencio de tus ensueños... Pues el germen que
contenga el alma en tan tremendo instante será el fruto de su futuro e
incalculable tiempo.., ¡Y disponte ahora, disponte como si fuere para
tu última hora; cual si fueses a penetrar en el seno de las sombras, y no
por las puertas de una existencia más gloriosa!... ¡Disponte, digo!...
CAPITULO XXVI ¡Por cierto! Tengo aún tan vivo el recuerdo de aquel prodigio, que
LO QUE VIMOS estoy abrumado y no sé ni cómo escribo. ¡Se estaba arrugando toda!...
HUBO entonces una pausa de algunos momentos, durante la cual La sierpe de oro que había ceñido su gracioso talle, escurrióse por sus
parecía que Ayesha estaba reuniendo todas sus fuerzas para la prueba caderas y muslos y cayó en la arena. Empequeñecíase... Su piel
suprema, y nosotros nos agrupamos esperándola en absoluto silencio y cambiaba de color, y en vez de su blancura de apretada nieve lustrosa,
Por fin, desde lejos, desde muy lejos, vino el primer murmullo del tornábase de un moreno amarillento y sucio, como un pedazo de viejo
sonido, que creció y creció, hasta que empezó a crujir y mugir en la pergamino casi podrido. Tocóse la cabeza; la mano delicada era una
distancia. Al oído, Ayesha desprendió el broche de su cinto de sierpe garra ahora, un talón simiano, como el mal conservado pie de una
de oro y envolviéndose con movimientos de la cabeza y de las manos momia egipcia... Entonces fue cuando ELLA pareció comprender lo
en su cabellera, cual si fuese una vestidura, hizo, bajo de ella, que le sucedía y chilló... ¡Ah! ¡Qué chillido dió!... Tiróse al suelo y
deslizarse al suelo la túnica, y encima de los cabellos se apretó de empezó a revolcarse gritando salvajemente.
nuevo el cinto. Empequeñecióse más y más, hasta ponerse del tamaño de una
Quedó entonces como debió quedar Eva ante Adán, vestida sólo de hembra de cinocéfalo. Púsosele la piel contraída en millones de
sus copiosos rizos, sostenidos en torno del talle por la metálica faja... arrugas, y sobre el informe rostro marcábase la huella de una
Mis palabras son incapaces de explicar lo dulce, lo divino de su ancianidad indefinible... Nada he visto parecido; nadie ha visto ni
aspecto. quizá concebido nada igual a la expresión de espantosa vejez grabada
Más y más se aproximaron las rudas tonantes del fuego, y ELLA en aquella cara, no mayor que la de un niño de dos meses, aunque el
entonces sacó, de entre las masas obscuras de sus crenchas cráneo se conservaba del mismo tamaño o como así. ¡Ruéguenle a
prodigiosas, un brazo de marfil con el que rodeó el cuello de Leo. Dios todos que no se les presente jamás un rostro parecido si quieren
- ¡Amor mío, amor mío! ¡Si supieras cuánto te amo!... conservar la razón!... Quedóse luego ELLA en tierra moviéndose
Y lo besó en la frente. Luego lo dejó, adelantándose hasta ponerse apenas... ELLA, que dos minutos antes habíamos admirado como la
en el paso mismo de la Llama de la Vida. más bella, la más noble y espléndida mujer que la tierra hubiera
Conmovióme, extrañamente su beso sobre la frente y su acento. El contemplado sobre su faz, yacía ahora a nuestros pies, junto a la masa
beso me pareció tan puro como el de una madre y tan solemne como enorme de su propia cabellera negra, reducida al tamaño de una mona
una bendición extrema. grande, y tare horrible, tan horrible de ver, que la palabra es impotente
Adelantóse el crujiente, retumbante sonido, tan inmenso que para expresarlo... Y, sin embargo, piénsese en esto, como pensé yo: ¡la
parecía como si extraordinaria tempestad abatiese una selva entera y la mujer era la misma!
arremolinase toda echándola a rodar revuelta por las faldas pedregosas Muriéndose estaba, lo veíamos, y por ello a Dios dimos gracias...,
de los Alpes. Más se aproximó, más; relámpagos brotaron en, el aire porque viviendo habría de sentir... ¡y qué sentir, oh; cielos!
rosado, precursores del girante pilar, como dardos, y surgió por fin su Incorporóse sobre sus huesosas garras, y mirando como una ciega
ígneo capitel. Volvióse a él Ayesha extendiendo los brazos para en torno suyo, movió despacio la cabeza como una tortuga... No podía
recibirlo. Lentamente brotaba envolviéndola de llamas. Vi que el ver, porque sus ojos estaban cubiertos por una película córnea...
fuego le subía por sus formas. Vi que ELLA lo alzaba con las manos ¡Espectáculo horrible a la vez que patético!... Más pudo hablar aún, y
como si fuera agua, derramándolo luego sobre la cabeza. Y aun vi que dijo con ronca y semblante voz:
abría la boca y que por ella se lo introducía en los pulmones... ¡Oh, - ¡No me olvides, Kalikrates!... Compadece mi vergüenza... Yo
cuán tremenda y maravillosa visión! volveré bella... ¡Lo juro!... ¡Ah!.. .
Quedóse inmóvil entonces con los brazos extendidos, iluminado el Y cayó al suelo de cara, quedándose inmóvil.
rostro por divina sonrisa, como si fuese el espíritu mismo de la Llama. Abrumados, por la insuperable exacerbación dé lo horroroso,
El misterioso fuego retozaba sobre ELLA; sobre los cabellos, ambos caímos también sin sentido sobre el arenoso suelo del tremendo
retorciéndose por sus guedejas como hilo de enfaje dorado; relucía recinto.
sobre sus hombros y senos ebúrneos; por la columna de su cuello y .........................................................................................................
por las delicadas facciones, y parecía hallar su propia mirada en las No sé cuánto tiempo estuvimos desmayados. Supongo que muchas
pupilas gloriosas que destellaban resplandores más vivos aún que la horas. Cuando al fin abrí los ojos, los otros estaban aún tendidos en la
esencia espiritual. arena. La luz rosada lucía como un alba celestial, y las ruedas tonantes
¡Oh! ¡Cuán bella aparecía allí en medio de las llamas! ¡Ningún del Espíritu de la Vida aun giraban por su acostumbrado curso, porque
ángel del cielo podría serlo más!... el ígneo pilar se desvanecía cuando yo desperté. También allí estaba
Aun ahora desmayase mi corazón a su recuerdo... ELLA nos miraba yacente la figura atroz de la mona cubierta con el resquebrajado y
sonriente, y yo daría la mitad del tiempo que por vivir me queda por rugosísimo pergamino amarillento que había sido antes el cutis divino
contemplarla como entonces otra vez. de la deslumbrante Ayesha.
Pero de pronto, mas pronto aún de lo que expresarlo puedo, ¡Aymé! ¡No era, no, una pesadilla lo pasado; era un hecho
verificóse un cambio en su rostro, cambio que no sé cómo describir; tremendo y sin precedentes!
fue un cambio muy raro. Desapareció su sonrisa, y en su lugar vimos ¿Qué había sido lo que produjo la atroz variación?... ¿Había
una expresión fría y dura. El óvalo del rostro se alargó, como si una cambiado la naturaleza del fuego vital?... ¿Quizá de tiempo en tiempo
gran ansiedad mental lo oprimiese. Y también los ojos, los bellísimos arrojaba de sí la esencia de la muerte en vez de toda la vida?... o quizá
ojos, perdieron su resplandor, y hasta la forma del cuerpo, su que el organismo saturado una vez de su virtud maravillosa no podía
perfección y derechura. resistir de nuevo su influencia; de modo que la repetición del proceso,
Restreguéme los ojos creyendo que era víctima de alguna cualquiera que fuese el intervalo, era mortal, pues se neutralizarían
alucinación, o que la refracción de la intensa luz me producía alguna, mutuamente las impregnaciones, dejando al cuerpo que tocaban tal
ilusión óptica, y mientras tanto que esto hacía, el flamígero pilar giró como era antes de su primer contacto con la Esencia de la Vida. Esto
lentamente por vez postrera, y retronando Hundióse en las entrañas de último, esto solo podía explicar el súbito y terrible envejecimiento, al
la tierra, dejando a Ayesha parada en el lugar donde se había caerle encima de golpe los dos mil años de su existencia. No tenía ya
inflamado: la menor duda de que la horrible forma que ante mí yacía era
Apenas hubo desaparecido, adelantóse ELLA hacia Leo... Parecióme precisamente la que cuadraba a una mujer que por extraordinarios
que había perdido la elasticidad de sus pasos, y extendió una mano medios hubiera prolongado sus días durante veintidós centurias.
para ponérsela en el hombro. Miré su brazo. ¿Adónde estaba su ¿Pero quién podrá decir lo que había pasado?... El hecho era lo que
redondez maravillosa y su hermosura?... Ibase adelgazando y se palpaba. A menudo, después de aquella hora espantosa, he pensado
poniéndose anguloso. Y su rostro… ¡cielos! ¡Su rostro envejecía en que no había necesidad de hacer gran esfuerzo de imaginación para
mientras la miraba! Supongo que Leo lo notó también, porque ver el dedo de la Providencia en todo ello. Ayesha encerrada viva en
retrocedió dos o tres pasos. su sepulcro, aguardando siglo tras siglo el advenimiento de su amante,
- ¿Qué es eso, Kalikrates? -dijo, y... ¡oh! ¿Qué notas eran aquéllas poca variación hacía en el orden del mundo. Mas Ayesha potente y
tan huecas y agudas?... ¡La voz era cascada y chillona! mortal y de belleza divina, del saber acumulado durante las edades,
-Qué es ello ¿qué es ello?.. . -repitió confusamente-. Me siento hubiera revolucionado la sociedad, quizá habría también variado los
deslumbrada... ¡Seguro que la calidad de la llama no ha variado!... destinos de la humanidad. ¡Oponíase eso a los designios de la ley
¿Puede alterarse el principio vital?... ¿Dime, Kalikrates, qué tengo eterna y fue por ello, con toda su potencia, barrida a su
ante mis ojos?... ¡No veo claro! - Y se puso la mano sobre la cabeza aniquilamiento, barrida en lastimosa, tremenda irrisión!
para tocarse el cabello, y... ¡oh, horror de los horrores!... ¡El pelo cayó Algunos minutos estuve revolviendo estos terrores en mi mente,
todo a tierra y la dejó absolutamente calva! hasta que por fin sentí que me volvían las fuerzas físicas en aquella
- ¡Mirad, mirad, mirad! -chilló Job entonces con agudísimo falsete vivificante atmósfera; pensé en los demás y todo vacilante púseme en
de terror, los ojos brotados de sus órbitas y espumarajosa la boca-. ¡Se pie, con intención de socorrerlos. Pero primero tomé la túnica de
está arrugando toda! ¡Se está volviendo mona! Ayesha y la banda le gasa con que solía ocultar su belleza
Y el pobre muchacho cayó al suelo presa de un ataque epiléptico. deslumbrante, y volviendo el rostro para no ver más aquella reliquia
horrible, la tapé .tan bien como Pude y rápidamente, para que Leo no aquella terrible reliquia. Pero fuimos al montón de cabellos rizados
la viese si volvía en sí. que había caído de su cabeza en la agonia de su cambio espantoso,
Y pasando por encima de la perfumada misa de cabellos negros que peor que mil muertes naturales, y tomamos cada uno de nosotros una
yacía en la arena, inclinéme sobre Job, fue estaba echado boca abajo, y madeja luciente de ellos..., madejas que aun conservamos, como único
lo di vuelta. Al hacerlo, un brazo cayó de modo que no me gustó, y recuerdo de la Ayesha que conocimos en el apogeo de su gloriosa
sintiendo un escalofrío lo miré atentamente. Al punto comprendí que gracia. Leo oprimió con sus labios la madeja negra.
nuestro antiguo y fiel servidor había muerto. Sus nervios, -ya -Pidióme que no la olvidara -murmuró roncamente - y juró que nos
desorganizados por todo lo que había visto y sufrido, habían reuniríamos de nuevo. Por ello, juro que no la olvidaré jamás,
finalmente estallado ante el íntimo espectáculo, y había muerto de ¡jamás!... Aquí mismo, juro también si salgo vivo de este lugar, jamás
puro terror. No había más que contemplar la contracción de su rostro en mis días, mi lengua tendrá palabras de amor para mujer alguna, y
para comprenderlo. que adonde quiera que vaya la esperaré tan fielmente como ELLA me
Este era un nuevo golpe; quizá sirva para que algunas personas esperó a mí.
comprendan lo abrumadoras de las pruebas a que habíamos estado -Sí -pensé yo entonces- si vuelve hermosa como antes... ¡pero si
sometidos, y confesaré que sentí mucho el golpe a la sazón. volviese como está ahora!...16
Parecióme perfectamente natural que el pobre Job hubiera muerto. En seguida nos fuimos. Nos marchamos dejando a los dos
Cuando Leo volvió en sí de su desmayo, lo que hizo gimiendo y con cadáveres en presencia de la propia fuente de la vida, unidos por la
un temblor d todos los miembros que le duró como diez minutos, le helada compañía de la muerte... ¡Cuán solitarios aparecían yaciendo
lije que Job había muerto, y me replicó meramente: allí, y cuán mal apareados! Aquel pequeño bulto había sido durante
- ¡Ah! dos mil años la más sabia, bella y activa de las criaturas -no me atrevo
Repárese que no podía ser esto por indiferente porque él y Job se a llamada mujer- de todo el universo. Malvada también fue, mas a su
querían mucho, y ahora habla a menudo de él con la mayor pena y manera, y ¡ay!, tal es la fragilidad del humano corazón, que su maldad
afecto. Era simplemente una prueba de que los nervios sufren hasta un no disminuía su prestigio, y no sé en verdad si, al contrario, no lo
límite nada más. Una arpa no puede ser más que una sola Cantidad de aumentaba. Después de todo, su maldad fue de talla grandiosa, que en
sonidos, por fuertemente que se la pulse. Ayesha nada hubo que mezquino fuese.
Púseme, pues, a auxiliar a Leo, y cuando lo hube conseguido y se Y Job, ¡el pobre!... Ciertos resultaron sus presentimientos: allí
sentó en la arena, noté otra posa atroz. Cuando entramos en aquella estaba muerto... ¿Y qué, después de todo?... ¡Peregrino sepulcro
caverna, su cabello tenía color de oro algo rojizo; pero ahora era gris y tiene!... Ningún campesino de Norfolk tuvo nunca otro semejante ni lo
cuando salimos afuera luego, se había tornado blanco como la nieve. tendrá jamás... ¡Algo es reposar en la misma sepultura con los restos
Además, el aspecto de su rostro era el de un hombre de cincuenta tristes de la imperiosa Hiya!
años. Dímosle a los dos una última mirada, así como al resplandor
- ¿Qué haremos ahora, viejo mío? -díjome con voz ronca y rosado en que yacían, y con el corazón demasiado atribulado para que
apagada, cuando su inteligencia le aclaró un poco y le volvió la pudiésemos hablar más, los abandonamos con el espíritu desolado,
memoria de lo que habíamos visto. quebrantados por entero hasta el punto de que renunciásemos a la
-Tratar de salir de aquí, me parece -repliqué-. A no ser que quieras probabilidad de una existencia inmortal, puesto que cuanto hacía valiosa
entrar ahí -le dije, señalándole el pilar de fuego que entonces estaba la nuestra nos había sido arrancado, y bien sabíamos que al
girando otra vez. prolongarla sólo prolongaríamos nuestra miseria.
-Entraría si estuviese seguro de que me mataría -dijo él, con una Ambos sentíamos, sí, ambos, que habiendo contemplado una vez
extraña sonrisa-. ¡Mi maldita resistencia ha sido la causa de todo! Si los ojos de Ayesha no podríamos olvidarla jamás, jamás, en tanto que
no hubiera demostrado temor, ELLA no habría pensado en darme el nuestra memoria y personal identidad se conservaran. Ambos 1l
ejemplo... ¡Pero qué sé yo! Quizá el fuego a mí me haría inmortal, y amábamos para siempre; grabada estaba, esculpida en nuestros
yo, querido amigo, no tengo la paciencia de esperarla durante dos mil 16 Qué reflexión tan atroz es la de que, dígolo de paso, casi todo el profundo
años a que vuelva, como ELLA me esperó a mí... Prefiero morir amor que
cuando me llegue la hora, y no me parece que esté muy distante, para tenemos a las mujeres, que no son de nuestra sangre, se fonda
correr no sé a dónde en su busca... ¿Y tú, no entras tampoco? principalmente, de todos
Moví la cabeza negativamente. Mi anterior excitación estaba modos, en su apariencia personal. Si perdemos de vista a la que bella
muerta como el agua de un charco; mi repugnancia a la ampliación de amamos, y la
mi existencia mortal me ha vuelto con más fuerza que nunca. Además, encontramos después de aspecto horrible, aunque sea la mismísima mujer,
ninguno de nosotros dos sabía cuales podrían ser los efectos del fuego. ¿la amaríamos
Los producidos en ELLA no eran como para animarnos a que como al principio?
probáramos... corazones, y no era posible que ninguna otra mujer borrase su
-Entonces, muchacho, no podemos quedarnos aquí a esperar que impresión espléndida.
nos suceda lo que a esos dos -dije, mirando el pequeño Multo cubierto En cuanto a mí, y en esto consiste la amargura de mi herida, no
por las ropas blancas y el cuerpo de Job, que se iba poniendo rígido-. tengo derecho ninguno para pensar en ELLA con amor. Como me dijo
Y si nos vamos a ir, vale más que nos vayamos en seguida. Pero un día, nada era yo para ella, y nada seré a través de las insondables
veamos si el aceite de las lámparas no se ha terminado. profundidades del Tiempo, a no ser que varíen las actúales
Tomé una que, efectivamente, ya no se podía utilizar. condiciones y que llegue un día en que dos hombres puedan amar a
-Hay más aceite en la vasija, si es que no se ha roto - dijo Leo con una misma mujer, y ser, los tres, prácticamente felices... Esta es la
indiferencia. única esperanza de mi corazón despedazado... Esperanza bien frágil,
Examiné la vasija: estaba intacta. Llené las lámparas con ¡ay de mí!... Pero no tengo otra. He consagrado a esa esperanza cuanto
temblorosa mano. Afortunadamente, todavía quedaba sin consumir un me es caro, cuanto aquí en el mundo valgo, cuanto valga después, y
poco de la mecha de lino. Encendílas con nuestros fósforos de cera. ELLA será mi único galardón si se realiza.
Mientras lo hacía, oímos el rumor del pilar de fuego que se Leo es más feliz. Veces sin cuento he envidiado su dichosa fortuna,
aproximaba en su interminable periodicidad, si es que era en verdad el porque si ELLA no se equivocaba, si su penetración y gran sabiduría
mismo fuego el que volvía en cada ciclo. no le faltaron en sus últimos instantes, lo que no puedo creer, a juzgar
-Contemplémoslo una vez más -dijo Leo-; no volveremos a ver por sus antecedentes, él tiene derecho a esperar algo en la tiniebla del
cosa igual aquí en la tierra. futuro. .
Quizá fuera esta una curiosidad ociosa, mas yo participaba de ella, ¡Yo no tengo nada que esperar y hablaba de esperanzas!... Empero,
y aguardamos a que después de retumbar y girar lentamente sobre su nótese la debilidad, la locura del humano corazón..., y que el prudente
propio eje, se desvaneciera, mientras meditaba yo en los miles de años que lea aproveche la lección; yo no quisiera que las cosas hubieran
que el fenómeno se estaría verificando así en las entrañas de la tierra y resultado de diferente manera. Quiero decir con esto que me alegro de
en los miles más que duraría aún. Pensé también si ojos humanos lo haber dado lo que di, y que siempre tendré que dar, para recoger en
verían después de los nuestros, y si oídos humanos serían en otra pago las migajas caídas de la mesa de mi adorada, la memoria de unas
ocasión estremecidos y amedrentados por su majestuoso son. Yo no lo cuantas palabras bondadosas, la idea de que, en algún día del futuro no
creo. Creo que nosotros seremos los únicos mortales que habrán de soñado, me sonreirá agradecida una o dos veces y me mostrará su
contemplar este espectáculo tremebundo. Cuando se disipó, nos gratitud por la devoción que le tengo a ELLA... y a Leo.
volvimos para irnos. Si esto no es lo que constituye el verdadero amor, qué sé yo lo que
Pero antes, fuimos hacia el cadáver de Job, y tomándole las manos será. Sólo añadiré que la disposición de ánimo en que me-encuentro es
se las estrechamos. Ceremonia fatídica ésta, mas no teníamos otra muy inconveniente para un hombre que ha pasado de los cuarenta y
manera de expresarle nuestro respeto al fiel servidor y amigo, ni de cinco.
celebrarle exequias fúnebres a su cadáver. No osamos acercarnos al
bulto cubierto por las blancas vestiduras. No queríamos volver a ver
CAPITULO XXVII yacíamos ensordecidos, sucedió una cosa que, por más que fuese una
UN SALTO mera coincidencia, no dejó de estremecer de nuevo a nuestros
SIN gran dificultad atravesamos las cavernas, mas cuando llegamos torturados nervios. Se recordará que antes de que pasásemos por la
a la senda pendiente del cono invertido, dos muy grandes tuvimos que tabla, cuando nos encontrábamos del otro lado, sobre el espolón, y que
vencer. Era la primera la labor de la subida, y la segunda la extrema Ayesha iba guiándonos, una racha le arrancó de encima de sus
indecisión para hallar el buen camino. Y por cierto que, si no hubiese hombros su capa negra, y se la llevó por la oscuridad del abismo, sin
sido por las notas mentales que afortunadamente había tomado de la que viésemos adónde. Pues bien, y no quisiera contar el hecho, que no
forma de muchas peñas y de otros detalles; jamás hubiéramos acertado me creerán quizá por peregrino, otra racha nos trajo del seno de la
á salir de las entrañas del apagado volcán, y habríamos muerto allí de sombra, entonces, la misma capa, memoria de la muerta, y cayó de
debilidad y desesperación. Y con todo, varias veces nos equivocamos, modo que le envolvió a Leo todo el cuerpo de pies a cabeza.
y en una por poco no caemos en una sima enorme. Penosísima era la De pronto no supimos lo que era, más por el tacto, al fin o
ascensión en la densa obscuridad y silencio, saltando de peñasco en comprendimos, y entonces el corazón del muchacho no pudo soportar
peñasco, arrastrándonos entre ellos, teniendo que examinarlos uno a más, y oí los grandes sollozos que daba allí tendido sobre la roca en
uno a la débil luz de las lámparas para tratar de recordar la forma. medio de la negrura. Prendióse sin duda la capa en alguna punta
Hablábamos muy poco; sentíamos demasiado para que hablásemos, y saliente del murallón del precipicio, quedando sostenida, pero otra
sólo tropezábamos al andar, hiriéndonos de continuo. El hecho es que ráfaga la descolgaría tornándola al lugar donde estábamos. De todos
nuestras inteligencias estaban abrumadas, nuestros espíritus apagados modos, el incidente fue de lo más curioso y conmovedor que pensarse
y poco se nos daba lo que pudiera acontecernos. Sólo íbamos a salvar pueda:
la vida, si era posible, y yo creo que únicamente el instinto de A todo esto, súbitamente, sin el menor aviso previo, la gran cuchilla
conservación obraba en nosotros, sin que de ello nos diéramos cuenta. roja de luz atravesó la tiniebla de parte a parte, rozando la movible
Así anduvimos durante tres o cuatro horas, según creo, pues nuestros piedra sobre la que vaciamos y dando de punta contra el espolón del
relojes se habían detenido. Durante las dos últimas, nos extraviamos frente.
del todo, y ya empezaba yo a temer que nos hubiéramos entrado en -Mira -díjele a Leo-, ¡ahora o nunca!
algún otro cono volcánico, cuando de pronto reconocí una gran piedra Levantámonos y nos desperezamos, contemplamos los jirones de
que había parado al bajar con Ayesha. Maravilloso fue sin embargo, el niebla, teñidos sangrientamente por el rojo rayo que subía de las
que hubiera podido reconocerla; ya la habíamos cruzado en ángulo vertiginosas profundidades, y luego el espacio vacío que quedaba
recto al camino propio, cuando se me ocurrió volver y examinarla otra entre nuestra losa moviente y el vibrante espolón...; oprimírsenos el
vez. Esto fue lo que nos salvó. corazón; nos dispusimos a morir. No podríamos saltar aquello, sin
Subimos luego por la escalera rocosa natural sin mayor traba o y duda, por desesperados que estuviéramos...
nos encontramos al fin en la pequeña habitación donde el misterioso - ¿Quién es el primero? - pregunté.
Noot había vivido y muerto. --Tú, viejo mío -contestó Leo-. Yo me pondré en la otra parte de la
Pero entonces un nuevo terror nos asaltó. Se recordará que, debido losa para que esté quieta. ¿Debes tomar carrera larga para ganar
al miedo y torpeza del desdichado Job, la tabla; que nos había servido bastante impulso; y salta alto, sabes?..., y que Dios te ampare.
para pasar del espolón a la piedra movediza, se había hundido en el Consentí a cuanto me aconsejaba con movimientos de cabeza, y
abismo. ¿Cómo, pues; habríamos de pasar sin ella? luego hice una cosa que no había hecho desde que Leo dejó de ser un
No había más que un remedio: saltar, o sino, quedarnos adonde niño. Volvíme hacia él, le rodeé el cuello con mi brazo, y lo besé en la
estábamos hasta que pereciéramos de hambre. La distancia que frente. Muy francés será esto, pero la verdad es que yo necesitaba en
habíamos de franquear no era gran cosa; en verdad, unos once o doce aquel instante despedirme eternamente de un hombre al quería más
pies, al parecer, y yo recordaba que Leo, en la Universidad, saltaba que si hubiera sido mi propio hijo.
hasta diecinueve pies cuando muchacho; pero ahora las condiciones -Adiós, muchacho -exclamé-. Espero verte de nuevo adondequiera
variaban. Tratábase de dos hombres agotados moral y materialmente, que sea el lugar a que vayamos
y uno de ellos en la época declinante de la vida; el punto de arranque Lo cierto es que no esperaba estar vivo dentro de un minuto.
del salto era una piedra que se movía, y el de caída la punta vibrante En seguida me dirigí a la parte más retirada de la losa; aguardé a
de un espolón de roca, y en torno había un insondable y oscurísimo que hubiese pasado una de las rachas, y encomendando a Dios mi
abismo azotado por constante y deshecha tempestad. Dios sólo sabe alma, corrí por todo el espació de la gran piedra, que era de unos
cuán grave era nuestra posición. Cuando se lo consulté a Leo, redujo treinta y tres o treinta y cuatro pies, y salté al abismo atroz...
el caso a dimensiones mínimas contestándome de este modo: ¡Oh, qué tremebundos terrores me asaltaron al lanzarme hacia
-Por desconsolador que sea el dilema, no vacilo en escoger: prefiero aquella pequeña punta de roca, y qué horrible, qué horrible la
matarme de una vez a morirme de hambre lentamente. sensación de desesperanza que atravesó mi cerebro al comprender que
Nada, por supuesto, pude argumentarle en contra. Pero era evidente había saltado corto!
que no podíamos intentar el salto a obscuras. Teníamos que esperar el Así fue sin embargo; mis pies no tocaron tierra, hundiéronse en el
rayo de luz que atravesaba el abismo en las puestas del sol. No espacio..., sólo mis manos y mi cuerpo la tocaron... Di un grito salvaje
podíamos calcular a qué hora estábamos; sólo sabíamos que cuando el al tratar de agarrarme, mas falló una de mis manos y sujeto sólo por la
rayo se presentase no duraría más de dos minutos y que debíamos otra, dió una vuelta mi cuerpo y quedéme de cara al lugar de donde
estar muy alerta para aprovecharlo. Decidimos, por lo tanto, habla partido.
encaramarnos sobre la moviente losa y echarnos allí a esperarlo. Y nos Turbado, dominé el cuerpo con la mano y brazo de queme colgaba,
apresuramos, porque nuestras lámparas estaban ya agotadas: de una se y tanteando con la otra conseguí prenderla a una rugosidad de la
había consumido el aceite y la mecha por entero, y la luz de la otra peña...
estaba ando saltos como para concluir de alumbrar. Así es que, a su Así me vi en suspenso en el rastro rojo con miles de pies de abismo
luz indecisa, salimos de la pequeña habitación del sabio anciano y por debajo... Mis manos se crispaban a ambos lados de la parte
trepamos por un costado de la piedra. inferior del espolón, -de modo que con mi occipucio rozaba su punta...
Cuando llegamos arriba, la lámpara concluyó de apagarse. Por vigoroso que fuese, no podía subirme al espolón. Podría
Nuestra situación era ahora muy diferente. Abajo, en el cuartito, mantenerme colgado durante un minuto... ¡Caeria luego!... ¡Caería,
sólo oímos el ruido de la tempestad que pasaba por encima; arriba, caería en la insondable negrura!... Si alguien puede concebir una
echados de cara contra el peñasco que se mecía, estábamos expuestos posición material más espantosa, que lo diga...
a toda su furia cuando la gran corriente de viento colado en la Sólo sé que la tortura mía, que casi duró medio minuto, me volvió
hendidura enorme del volcán se inclinaba de nuestro lado, aullando al el juicio. Oí que Leo dió un grito en respuesta del mío, e
chocar contra el murallón y las aristas salientes del precipicio como si inmediatamente le vi en mitad del aire saltando como una gamuza...
fueran los gemidos de diez mil condenados del infierno. Hora tras Espléndido salto dió bajo la Influencia de su terror y desesperación,
hora transcurrió mientras que nosotros estábamos allí echados, llenos salvando el horrible abismo si no fuera nada, y cayendo
de tan gran terror y depresión de ánimo que no intentaré describir, admirablemente la rocosa punta.
escuchando los salvajes acentos de aquel Tártaro, que se respondían Arrojóse entonces de pecho contra ella para evitar un desliza
los tinos a los otros en la tiniebla, todos acordados al tono profundo miento.
del diapasón rocoso de la espuela que enfrente teníamos, y que Sentí el espolón que vibró bajo el choque de su caída, y al mismo
zumbaba como arpa dolorosísima. Ninguna pesadilla, ninguna tiempo vi que la enorme losa, violentamente inclinada hacia adelante
invención de novelista, por horrorosa que sea, podrá igualar jamás el por su salto, volvióse atrás con igual fuerza al verse libre de su peso, y
horror cierto que tenía aquel lugar y el de las fantásticas voces de la por primera vez tras tantos siglos perdió el equilibrio y cayó con el
noche que nos envolvía. Éramos como unos náufragos en la más grande crujimiento en el alvéolo que un tiempo sirviera de ermita
insondable y negra sima del espacio, asidos por milagro a una tabla. al filósofo Noot, sellando para siempre el camino que conducía al
Afortunadamente, no era baja la temperatura; al contrario, -era recinto de la Vida con las muchas toneladas de su peso.
bastante caliente el viento; si no, hubiéramos muerto. Y mientras allí Transcurrió todo esto en un segundo, y a pesar de mi terrible
posición, curioso es cómo pude hacerme cargo perfectamente de doscientas yardas. No es extraño que se horrorizara al vernos, porque
cuanto pasaba, por más que fuese sin la intervención de mi voluntad... deberíamos ofrecer un aspecto atroz. Los rizos dorados de Leo se
Y aun recuerdo que pensé a la sazón en que ningún ser humano habían tornado blancos como la nieve; sus ropas estaban todas
bajaría jamás adonde habíamos bajado nosotros, ni vería lo que desgarradas y colgantes en harapos, y su rostro y manos eran trusas de
vimos... carne indescriptible llenas de contusiones, heridas, sangre y basura;
Entonces sentí que Leo me prendía con ambas manos suyas la era lamentable ver cómo se arrastraba penosamente en tierra; y yo, sin
muñeca derecha. Tendido sobre el vientre en la punta saliente de la duda, no estaba mucho mejor que él.
roca, precisamente alcanzaba a agarrarme por donde me agarró. Cuando dos días después pude verme la cara en el agua, no me
-Debes soltarte y hamacarte bien a compás -díjome con voz reconocí a mí mismo. Nunca me distinguí por mi hermosura, pero
reposada y clara-. Entonces yo trataré de subirte cuando me parezca entonces encontré en mis facciones algo más que fealdad, y que aun
bien, o nos iremos los dos allá abajo. ¿Estás listo?... hoy no he perdido, algo así como ese aspecto de susto con que se
Para contentarle solté primero la mano izquierda, luego la derecha. presentan las personas a quienes se las despierta de repente de un
Mecióse, por consecuencia mi cuerpo fuera, saliendo de bajo de la profundo sueño. Y lo cierto es que no debe asombrar esto a nadie,
roca, y quedando todo colgante de los brazos de Leo... ¡Qué instante porque lo asombroso es que conserváramos la razón después de lo que
aquél!... nos había pasado.
Hombre vigoroso era él, bien lo sabía; pero, ¿podría tener fuerzas Pero entonces vi, para mi consuelo, que el viejo Billali corría a
para suspenderme hasta que yo pudiese agarrar la punta del espolón nuestro encuentro.
por encima, cuando, debido a su postura, tan poca energía le era dado - ¡Oh, Babuino! ¡Babuino, hijo mío! ¿Eres tú y es ése el León?...
desplegar? ¿Cómo se tornó su melena rubia como los trigos en blanca como la
Durante unos cuantos segundos me hamaqué contraído el cuerpo nieve?... ¿De dónde venís? ¿Dónde está el Puerco? ¿Y ELLA... Quien
todo, mientras él se recogía supremo esfuerzo. Oí entonces crujir debe ser obedecida?
todos sus músculos y tendones, y me sentí elevado por el aire como si - ¡Ha muerto, muerto! -respondí-. ¡Mas no me preguntes, danos
fuera un niño hasta que reposó mi costado y mi brazo sobre la peña. agua, danos de comer! ¿No nos ves las lenguas negras de sed?...
Lo demás era fácil; en dos o tres segundos más estaba arriba, ¡Danos agua!
echado junto a él, jadeantes ambos y temblando como hojas, mojada - ¡Ha muerto!... ¿Eso es posible?... ¡ ELLA que nunca muere!
toda nuestra piel por el sudor frío del espanto.
Súbitamente entonces la espada fulgurante se apagó como una vela
que se ahoga.
Como una media hora más quedamos tendidos allí mismo, y luego
empezamos a arrastrarnos a tientas como mejor podíamos en la
horrible oscuridad. Al llegar, sin embargo, al murallón de donde
arrancaba el espolón como una proa, pasó un rápido reflejo.
Abatiéronse un poco las rachas de viento y así pudimos andar mejor
hasta que penetramos en la boca del túnel Mas aquí se nos presentaba
una nueva dificultad.
Ya no teníamos aceite y nuestras lámparas, sin duda, estarían
hechas polvo bajo el peso del canto moviente. Ni teníamos tampoco
una gota de agua para aplacar nuestra sed, pues el último trago lo
habíamos bebido en él cuarto de Noot. ¿Cómo, pues, atravesaríamos
este largo túnel todo sembrado de pedruscos?
No teníamos otro remedio que confiarnos a nuestro sentido del
tacto, y cuanto más a prisa, mejor, para que el agotamiento no nos
abrumase antes de salir de él; si es que salir podíamos, antes de que
nos echásemos a morir donde estábamos.
¡Ay! ¿Cómo contaré los horrores de este túnel? Caíamos y nos
golpeábamos contra las rocas de que estaba todo lleno, hasta que la
sangre brotó por veinte heridas. No teníamos otro guía que la pared de
la caverna, que no cesábamos de tocar, y tan desorientados íbamos en,
la tiniebla que varias veces nos acometió la atroz idea de que
habíamos vuelto atrás y que estábamos perdidos. Adelantaríamos así,
cada vez más débiles, durante muchas horas, parándonos a cada rato,
agotados. Una vez caímos y nos echamos a dormir, y aun creo que
dormimos mucho, porque al despertar teníamos envarados los
miembros, y se había coagulado la sangre de nuestras heridas y
magulladuras, formando costras secas sobre la piel.
Arrastrémonos de nuevo hasta que al fin, cuando ya estábamos a
punto de ser presas de la desesperación, contemplamos otra vez la luz
del día, y nos hallamos fuera del túnel en el pliegue rocoso del
acantilado que, como se recordará, conducía a la caverna. Era la hora
del amanecer, lo que conocíamos por la dulzura del aire y el aspecto
del bendito cielo que habíamos creído no ver más. Según nuestros
cálculos, habíamos penetrado en el túnel como una hora después de la
puesta del sol, de modo que habíamos empleado toda la noche en
arrastrarnos por aquella tripa atroz de la montaña.
-Un esfuerzo más, Leo -murmuré-. Lleguemos a la falda donde nos
espera Billali. ¡Vamos! ¡No te rindas ahora!
El pobre joven se había echado de cara al suelo, no podía más.
Reanimóse a mi voz, sin embargo, y ayudándonos mutuamente
bajamos qué sé yo cómo los cincuenta pies poco más o menos, que
tenia el acantilado. La verdad es que no puedo decir cómo llegamos
abajo. Sólo sé que nos encontramos al pie de una montaña hechos
unos bultos inertes y que nos arrastramos después andando con las
rodillas y las manos en dirección al grupo de árboles adonde ELLA
había ordenado a Billali que se retirase a esperarnos.
De este modo nos arrastraríamos unas cincuenta o sesenta yardas,
cuando vimos salir de un grupo de árboles, por la izquierda, a uno de
los mudos de Ayesha, que estaria, sin duda, dándose un matutino
paseé, y que vino corriendo hacia donde estábamos para reconocer qué
clase de animales raros seríamos. Mirándonos estuvo un largo rato, y
al fin alzó horrorizado sus manos, y casi se cae al suelo.
Echó luego a correr al bosquecillo, que estaria a una distancia de
CAPITULO XXVIII lo necesitábamos, Dirigímonos luego a la fuente, donde nos bañamos,
SOBRE LA MONTAÑA y volvimos a nuestros montones de hierba a dormir de nuevo hasta la
LO demás que recuerdo fue la sensación que tuve de la más atroz tarde, en que despertamos y entonces comimos otra vez por cinco
tiesura, y una especie de vaga idea que pasó por mi mente medio hombres cada uno.
despertada, de que yo era una alfombra que acababan de sacudir. Billali estuvo ausente todo ese día, haciendo sin duda los
Al abrir los ojos lo primero que me encontré delante fue la preparativos para nuestro viaje, pues en medio de la noche nos
venerable fisonomía de nuestro anciano amigo Billali, que estaba despertó la llegada de un gran número de gente a nuestro pequeño
sentado junto al lecho improvisado en que yo había dormido y que campamento.
pensativamente se atusaba su larga barba blanca. Su vista me trajo el Al alba se presentó también el mismo Billali y nos contó que sólo
recuerdo de cuanto había sucedido, cuya noción se robustecía al ver al usando el nombre de la temible ELLA había conseguido, aunque con
pobre Leo echado frente a mí con la cara hecha una miseria, y sus gran dificultad, los hombres necesarios para cargar las literas y dos
hermosos rizos blanqueados17. Volví a cerrar los ojos y gemí. guías que nos condujeran a través de los pantanos, y que nos
-Bien has dormido, Babuino, hijo mío -dijo el viejo Billali. aconsejaba que partiésemos, desde luego, anunciándonos que él
- ¿Por cuánto tiempo, padre mío? mismo nos acompañaría para protegernos contra alguna traición.
-Una vuelta del sol y una vuelta de la luna, hijo mío; un día y una Me conmovió mucho este acto de bondad de tan astuto viejo
noche, y el León lo mismo... Mira, duerme aún. bárbaro hacia nosotros, que éramos dos extranjeros absolutamente
-Bendito sea el sueño -exclamé-, pues borró el recuerdo. indefensos. Un viaje de tres días, de seis, mejor dicho, pues tenía que
-Dime, ¿qué te ha pasado?... ¿Cómo es esa extraña historia de la volver a través de aquellos mortíferos pantanos, no era cosa cómoda
muerte de quien no podía morir?... Y piensa, hijo mío, en que si esto por cierto para un hombre de su edad, pero él lo hacía de buena gana
es cierto, el peligro que corres tú y el León es muy grande... La vasija para atender a nuestra seguridad. Lo que quiere decir que, aun entre
que os matará está ya roja, y hambrientos los estómagos que os esos amajáguers, que son, en verdad, por su carácter sombrío y sus
devorarán... ¿No sabes que estos amajáguers, mis hijos, te odian a ti y feroces y diabólicos ritos los más temibles salvajes de que yo haya
a tu amigo?... Os odian porque sois extranjeros, y más aún por los oído hablar, se encuentran personas de buen corazón.
hombres a quienes ELLA torturó por vuestra causa. Y de seguro que si Por supuesto que algún interés personal podría inspirar quizá su
saben de que ya nada tienen que temer de Hiya, de la terrible Quien conducta. Creería probablemente que ELLA, reaparecería a pedirle
debe ser obedecida, os matarán entonces con la vasija... Mas cuéntame cuenta de nosotros; pero, de todos modos, nos ofreció en aquella
lo, ocurrido, pobre Babuino. ocasión mucho más de lo que teníamos derecho a esperar de él, y
Con esta súplica empecé a contarle, no todo, por supuesto, cuanto afirmo que mientras viva guardaré la más afectuosa reminiscencia de
pasó, sino lo que yo creí conveniente de ello; que era cómo mi padre adoptivo, el anciano Billali.
17 Hace poco que empiezan a recobrar su color los rizos de Leo; es decir, que Comimos algo, luego montamos en nuestras literas y al cabo de
ahora se están algún rato empezamos a sentirnos en posesión de nuestra antigua
poniendo de un matiz amarillo pálido, y tengo la esperanza de que se pondrán energía física. Pero el estado de nuestras mentes lo abandono a la
de nuevo consideración de los que me lean.
como eran. - L. H. H. Empezamos, pues, la afanosa subida del monte. A trechos la
efectivamente ELLA ya no existía por haber caído en un fuego extraño ascensión era bastante natural, pero las más de las veces era por una
en el que se había abrasado. El no habría comprendido la verdad de senda en zigzag, practicada sin duda por los antiguos habitantes del
los hechos. También le conté los horrores por que habíamos país de Kor. Los amajáguers dicen que una vez al año llevan por allí a
atravesado para escapar con vida, y éstos le afectaron. pastar afuera sus ganados excedentes, y yo afirmo que ese ganado
Pero vi que no creía en la muerte de Ayesha. Creyó, sí, que debe tener los pies muy seguros. Las literas para nada nos servían en
nosotros nos figurábamos que había muerto, mas él se explicaba que a esos peñascales, y por supuesto, íbamos a pie.
Ella le había convenido desaparecer por algún tiempo. En una ocasión, Como hacia el mediodía llegamos a la meseta de la cima del monte
agregó, durante la vida de su padre, había hecho lo mismo, y no se acantilado, y desde ella obtuvimos un magnífico panorama de la
supo de ELLA durante unos diez años, y había una tradición en el país llanura de Kor, en cuyo centro pudimos distinguir con bastante
de que muchos siglos atrás había desaparecido durante una generación claridad los pilares de las ruinas del templo de la Verdad, por un lado,
entera, cuando de súbito se presentó de nuevo y fulminó a una mujer y por el otro el interminable y melancólico pantano que debíamos
que habla ocupado su puesto de reina. cruzar.
A todo esto que me dijo nada le contesté, pero moví tristemente la Este murallón de roca habría sido sin duda alguna el borde del
cabeza. ¡Ay! Demasiado bien sabía yo que Ayesha no reaparecería cráter, y tendría milla v media de espesor, todo cubierto de peñas
más; por lo menos, que Billali no la volvería a ver. vitrificadas. Ninguna vegetación crecía en aquel lugar, y sólo distraían
-Y ahora -concluyó él-, ¿qué vas a hacer, Babuino? la mirada de la monótona uniformidad de aquella superficie los
-No sé, padre mío, no lo sé. ¿No podríamos escaparnos de este charcos de agua de una reciente lluvia que se formaban en todos los
país? huecos y depresiones de las rocas. Atravesamos este plano superior de
-Es cosa muy difícil. Por Kor no puedes pasar porque te la enormísima muralla natural hasta que empezamos el declive del
descubrirían, y apenas te vieran solo esta gente feroz..., pues... -dijo lado opuesto, que si no era tan penoso como la subida, bastante
sonriendo y haciendo el ademán como de ponerse un, sombrero-. Mas comprometido era aún por lo abrupto de la vertiente. Esto nos ocupó
existe un camino sobre este monte del que ya te hablé una vez, por hasta la caída del sol. Aquella noche vivaqueamos en las faldas
donde se conduce el ganado para que paste por fuera. Y después de inferiores de la colina, que en ondulaciones iba a morir al gran
esos pastos hay tres días de camino a través de pantanos, y más allá de pantano.
ellos no sé lo que hay; pero he oído decir que a las siete jornadas se A la mañana siguiente, como a las once, continuamos nuestro
encuentra un gran río que corre hacia las grandes aguas oscuras. Si camino por aquellos horribles pantanos que ya hemos descrito otras
pudieras llegar a ellas quizá escaparías; pero, ¿cómo llegarás? veces.
-Billali -le dije-; una vez te salvé la vida. ¿Quieres pagarme ahora Y durante tres días más, entre hedores, lodazales y miasmas,
tu deuda, padre mío? ¿Quieres salvarme a mí y al León? Cosa marcharon nuestros conductores, hasta que llegamos a un terreno
agradable sería para ti pensar en ello cuando tu hora suprema llegase: abierto y ondulante y 'poblado por toda .case de caza. En este lugar, a
algo tendrías de bueno para colocar en la balanza frente a los malos la mañana siguiente, nos despedimos, no .sin cierta pena, el anciano
hechos que puedas haber cometido durante tu existencia, si es que los Billali, que atusándose con una mano la blanca barba, nos dió con la
has cometido. Y si es verdad que tienes razón, que ELLA volverá, otra su bendición solemnemente.
entonces te premiará por tu acción. - ¡Adiós, hijo mío, Babuino - dijo -, y adiós tú también, León! Nada
-Babuino, hijo mío, no creas que yo tenga mal corazón. Bien más puedo hacer en vuestro obsequio. Pero si tenéis la suerte de llegar
recuerdo que me salvaste cuando aquellos perros se mantenían quietos a vuestro país que os sirva de advertencia lo que habéis pasado para
mirando cómo me ahogaba. Te pagaré punto, por punto, y si salvarte que no os aventaréis de nuevo por tierras desconocidas; no sea que no
puedes, yo haré por que te salves. Escucha, mañana por la mañana podáis volver y marquéis con vuestros blanqueados esqueletos los
debes estar dispuesto, porque te haré atravesar el monte en litera, y límites de vuestro camino... ¡Adiós, una vez más! ¡A menudo os
también los pantanos que están del lado de allá. Esto lo haré diciendo recordaré, y tú, Babuino, no me olvidarás tampoco, que tu corazón es
que es por orden de ELLA, y el que no obedezca sus órdenes, pasto bueno aunque tu rostro sea tan feo!
será de las hienas. Y cuando hayas pasado los pantanos lo demás será Volviónos entonces la espalda, y se marchó, y con él se fueron los
de tu cuenta, y si tienes suerte llegarás con vida a la orilla de las altos y sombríos conductores.
negras aguas de que me has hablado. Mira, el León ya se despierta Observándolos estuvimos hasta que desaparecieron, sumiéndose en
también y vais a comer los alimentos que tengo preparados. las nieblas del pantano con sus literas vacías como si llevasen en ellas
La condición de Leo al despertarse fue tan mala como era de cadáveres recogidos en un campo de batalla, y cuando nos vimos
esperarse de su aspecto, y ambos comimos tan abundantemente como solos, abandonados en aquel vasto desierto, nos miramos con lágrimas
en los ojos.
Tres semanas atrás, poco más o menos, cuatro hombres habían
penetrado en los pantanos de Kor; dos de ellos habían muerto, y los
sobrevivientes habían corrido aventuras tan raras y tremendas que la
muerte misma no era más espantosa. ¡Tres semanas, tres semanas
nomás fueron!...
¡Ah, el tiempo debe medirse más por sus acontecimientos que por
sus horas!... Parecíame que hacía más de treinta años que habíamos
salido de nuestro ballenero.
-Hemos de ir ahora en dirección del Zambezi, Leo-. ¡Pero Dios
sabe si lo alcanzaremos!...
Leo se encogió de hombros sin decir palabra. Habíase tornado muy
silencioso. Empezamos, pues, nuestra marcha solos, sin más ropa que
la puesta, una brújula, los revólveres y rifles de precisión, y como
doscientas balas. Y así terminó nuestra visita á las ruinas de la
poderosa Kor,
En cuanto a las aventuras por que pasamos luego, por varias e
interesantes que puedan ser, he decidido, después de pensar en ello,
que no consten en estas páginas. En ellas sólo he tratado de dar cuenta
concisa y clara de un hecho que me parece único, y no con la idea de
que se publique inmediatamente, sino para aprovechar la memoria,
reciente aún, de los episodios y detalles de nuestro viaje y su
resultado. Me parece que será de mucho interés para el público el
conocerlos. Por ahora creemos que este manuscrito no se publicará
mientras vivamos Leo y yo:
Además, las aventuras que pasamos se parecen a todas las de los
viajeros del África Central. Baste decir que tras increíbles penalidades
y privaciones llegamos al Zambezi, que estaba unas ciento setenta
millas al sur del lugar en que nos abandonó Billali. Allí fuimos hechos
prisioneros por una tribu salvaje que nos tomó por seres sobrenaturales,
principalmente por el aspecto de Leo, tan joven con su cabellera
cana.
Escapamos al fin de este cautiverio, y atravesamos el Zambezi;
estuvimos vagando en dirección al sur, y un día que estábamos a
punto de caer muertos de hambre, topamos con un mestizo portugués,
cazador de elefantes, que persiguiendo a una manada se había
internado tierra adentro como nunca lo había hecho anteriormente.
Este hombre nos acogió con mucha hospitalidad, y luego, gracias a
sus auxilios, pudimos, entre sufrimientos y aventuras y innumerables,
llegar a la bahía de Delagoa, a los dieciocho meses justos de haber
salido de los pantanos de Kor.
Al día siguiente nos embarcamos en uno de los vapores que por el
cabo de Buena Esperanza van a Inglaterra.
Próspero fue nuestro viajé por mar de regreso, y pusimos la planta
en el muelle de Southampton a los dos años precisamente del día en
que salirnos de la patria en pos de nuestra peregrina y ridícula
investigación.
Y ahora mismo estoy trazando estos renglones postreros de mi
historia, que Leo lee por detrás de mi hombro, mi antiguo cuarto de
nuestro colegia de Cambridge, el mismo en que, hace veintidós años,
penetró vacilante mi pobre amigo Vincey la noche memorable de su
muerte, trayéndome la misteriosa arca de hierro.
¿Es realmente Leo una reencarnación del antiguo Kalikrates de que
habla la que trazó la inscripción? ¿O Ayesha quizá fue alucinada por
una semejanza extraordinaria de raza? Que el lector sobre esto, como
sobre muchos puntos de nuestra historia, forme la opinión que le
parezca más acertada. Yo tengo la mía, y es que Ayesha no se
equivocó...
Ya he llegado al final de nuestra historia; al menos en lo que a la
ciencia concierne y al externo mundo. En cuanto al fin que tendrá para
Leo y para mí, no puedo concebirlo. Pero sí tenemos el sentimiento de
que no ha llegado aún. La historia que comenzó hace dos mil años
puede extenderse largamente por el velado y remoto futuro.
Sentado a menudo y a solas en altas horas de la noche, fijo la mente
en la tiniebla del tiempo que no ha nacido aún, y me maravillo
meditando en el desarrollo y forma que tendrá nuestro drama en el
futuro, y en el teatro donde se representará su .final escena del último
acto... Y cuando, por último, ese acto y escena se desarrollen, de lo
que no guardo yo la más mínima duda, pues será en obediencia a un
sino que jamás se tuerce, a un propósito que jamás se altera, ¿cuál será
el papel que desempeñe aquella egipcia Amenartas,- la princesa de la
estirpe de Hakor de los faraones, por cuyo amor quebrantó sus votos a
Isis el antiguo Kalikrates, que, perseguido por la venganza inexorable
de la ultrajada diosa, huyó por la costa líbica hacia el sur a encontrar
su triste suerte en las entrañas de la tierra debajo de la ruinosa Kor?
Esta obra continua y finaliza en la titulada AYESHA