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Camilo Zambra

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vate cyento trata de una familia de grandes abolengos, Jo CAMILO “rial hacta que fuera cada dia més orgullosos, menos la as hija nica, que se destacaba por ser buena Y bbonda- sa.» EI 5 de julio de 2013 es hoy. Mi madre ya no ene psters en la pieza conyugal pero sigue pendiente de Paul Poon, Esta mafiana, por teléfono, hablamos sobre él so Dae como sera su vida ahora, si habré encontrado @ no fa fulfeidad con Edie Brickell. Yo le aseguré que sh, pordue jue yo también seria feliz con Edie Brickell pienso Soy el Camilo!, me grité desde la reja, abriendo los brates, como si nos conociéramos: el ahijado de tu paPl- Me parecid de Jo més sospechoso, como una aricast= ra del peligeo, ya estaba grande para eaer en €s8 clase de trampas. Y e308 lentes oscuros, como de ciego, en un dia vailedos ¥ esa chaqueta de mezclilla, con parches ne- * de bandas de rock. Mi papa no esta, fe respond puerta sin despedirme, y no di el recadoy se me ks de noche, siempre es de noche al final de los textos Releo, cambio frases, preciso nombres. Intent recordar mejor mas y mejor. Corto y pego, agrando Ja leera, cam- bie la tipograila, el incerlineado. Pienso en cerar ee 2° chive y dejatlo para siempre en la carpeta Mis documen- os, Pero vay 2 publicarlo, quiero hacerlo, aunque no ble terminarlo. terminado, aunque sea imposil gro: cere olvidd, Peo era verdad, mi papa habia sido muy amigo del ‘Camilo, Camilo grande: jugsban fiebol juntos en ve Renca. Hay fotos del bautizo, con el nino Jorando y los amigos mirando solemnemente ala cimara. Durante algunos afios todo estuvo bien, mi padre era un ppadrino presence, se preocupaba del nito, per» hubo una Frelea y més tarde, unos meses después del golps, Camilo prande cay6 preso y luego parci6 al exlio el plan era g¥ July y Camilito se reunieran con él en Paris, pero hho quiso y el matrimonio, de hecho, cermin As que extrahando a su padre, esperandolo, jun Y un dia, cuando acababa de Mi pace era un computador, mi madre una miquina de escribir. Yo era un cuadera papi de 10 vacio y ahora soy un libro. Ja selecci6n lito crec Jo dinero para ira verlo. 29 cumplie dicciocho, decidié que sino podia ver a su padre al menos debia encontrar a su padrino, Todo cso lo supe la primera vez que Camilo tomé once con nosotros, @ quinds lo fui sabiendo de a poco. Quiero decir aqui algunas palabras con claridad y me confundo. Pero recuerdo que esa tarde mi padre se emocioné al com: probar que el ahijado se parecfa mucho a su antiguo amigo “tienes la misma cara, le dijo, lo que no era necesariamente un halago, porque eta una cara anodina, dificil de recordar, y aunque Camilo usaba varios productos para peinarse a la moda, su pelo tieso soliajugarle malas pasadas. A pesar de mi desconfianza inicial, de inmediato com- prendi que Camilo era una de las personas més divertidas imaginables. Rapidamente se convirtié en una presencia benéfica y protectora, un tipo luminoso, un verdadero hermano mayor. Cuando partié a Francia, cumpliendo el sueiio de su vida, yo pensé eso, que se me iba un hermano. Fuc en enero de 1991, eso puedo decirlo con precisién. Fsa fascinacién por Camilo la compartiamos todos. Mi hermana mayor estaba totalmente enamorada de él, y mi hermana menor, que era incapaz de mantener cién mas de dos segundos en nada, cuando él venia se quedaba mirandolo fijo y celebraba cada una de sus sali- das. Ni qué decir mi mamé, con quien hablaba en broma pero también en serio, porque en ese tiempo Camilo esta- ba -en sus propias palabras~ lleno de censiones religiosas, Y aunque mi mamé no era ninguna beata, le causaba tanto asombro que alguien no ereyera en Dios que terminaba escuchéndolo embobada. aten- 30 En cuanto a mi papd, yo pienso que para él, mas que un ahijado, Camilo se transformé en un compafiero, en un amigo, si incluso dejaba que lo rutcara. Se quedaban en el living hasta tarde conversando sobre cualquier cosa, excepto sobre la existencia de Dios, porque mi papd no admitia que eso se cuestionara, y tampoco sobre fitbol, porque Camilo fue el primer hombre que conoci al que no le gustaba el fitbol. A mi, que adoraba el fiitbol, eso me parecia tan divertido, tan exético: Camilo ni siquiera centendia las reglas del juego. Era célebre el relato del tini- o que habia jugado en su vida, a los cinco aitos, ;nasio de San Miguel: como todo lo que enton- ces sabia de fitbol venia de los restimenes de goles en la tele, esa tarde se dedicé a correr en cualquier direccién ce- lebrando goles inexistentes y saludando al ptiblico con ale- gria, enteramente desencendido de la pelota, Mi telacién con mi padre, en cambi mente relacionada con el ftbol. Vefamos o escuichahamos los partidos, a veces 0s, al mediodia, lo acompafaba a unas canchas en La rfana —jugaba al arco y era realmente bueno, lo recuer- slo suspendido en el aire, agarrando Ia pelota con fas dos anos y atenazéndola contra el pecho. Nunca dejé de pensar, Sin embargo, que sus comparieros lo odiaban, por- era la clase de arquero que se pasa dando instruc: nies todo el partido, ordenando a la defensa, ¢ incluso al mediocampo, a grito pelado. Baja, huevén, baja, técala, pisamela, suéhala, baja, huevén, baja: cudntas veces escu- é esas drdenes en boca de mi padre, pronunciadas en amos al estadio, y todos los domin- 31 tono de suprema alarma. Si alguna vez me gritd, no fue tan fuerte como esos alaridos que sus compafieros tecibian con fastidio, 0 al menos eso creia yo, pues no podia ser agradable jugar con esa permanente alharaca de fondo. Pero era respetado, mi papa. Y era muy bueno, insisto. Yo me ponia detrés del arco, con una Bilz 0 un Chocolito, a veces él me miraba rdpidamente, para comprobar que se- guia ahi, y otras veces me preguntaba, sin darse vuelta, qué habia pasado, porque ese era el gran problema de mi papé como arquero, de hecho por ¢s0 no habia podido de- dicarse al fitbol profesionalmente: su miopia era tan gran- de que vefa sélo hasta la mitad de la cancha. Sus reflejos eran, en cambio, extraordinarios, lo mismo su valentia, que pagé con dos fracturas en la mano derecha y una en la izquierda. En el entretiempo me gustaba pararme en ef lugar del arquero ¢ invariablemente pensaba en lo inmenso que era dl arco, una y otra vez. me preguntaba cémo era posible que alguien, por ejemplo, detuviera un penal. Y mi pap atajaba penales, claro que si. Uno de tres, uno de cuatro: nunca se lanzaba antes, siempre esperaba, y si la ejecucién era algo menos que perfecta, atajaba. Recuerdo un viaje al campo, cuando Camilo descu- brid que yo pestatieaba entre los postes de luz. Todavia lo hhago, incluso cuando manejo, no puedo evitarlo: apenas ‘empieza la carretera pestaiteo con cuidado intentando acertar el punto medio entre dos postes. Aquella vez, ape- Jotonados con mis hermanas en el asiento trasero del Che- vette, Camilo se dio cuenta de que yo estaba tenso, con- 32 centrado, y luego empezé a pestafiear al mismo tiempo, sonriéndome. Me puse nervioso, porque no queria come- ter errores, pensaba fervientemente que sélo si pestafieaba entre los postes estariamos a salvo, Ahora no tienen importancia, pero cuando nifio mis rarezas me angustiaban hasta hacerme insoportables las ac- tividades mis simples. Supongo que era medio © compl tamente toc. Como tantos nifios, evitaba escrupulosamen- ce las rayas entre los pastelones, y si llegaba por error a pisar una entraba en un estado de desesperacién incomu- nicable: me encerraba en mi mismo, me invadia un senti- miento de fatalidad y sin embargo pensaba que era algo demasiado ridiculo para decirlo. Tenia también la mania de equilibrar las partes del cuerpo -si me dolia una pierna me pegaba en la otra para igualarlas, 0 movia el hombro derecho al ritmo de los latidos de mi corazén, como si quisiera tener dos corazones~ y la predileccién por ciertos rndimeros y colores, y sobre todo algunas rutinas realmente caprichosas, como subir y bajar nueve veces la empinada escalera que iba de la piscina a la plaza, lo que no era tan raro, podia parecer un juego, pero yo procuraba que no lo pareciera, disimulaba escrupulosamente: me decenia des- ués del Gltimo peldafio, movia la cabeza como descu- briendo que habia olvidado algo, y s6lo entonces volvia sobre mis pasos. Si menciono todo esto es porque Camilo siempre se \ostr6 dispuesto a ayudarme. Aquella vez, en el Chevette, cuando entendié que yo estaba nervioso, me hizo un cari- » en el pelo y me dijo algo que no recuerdo, pero estoy seguro de que fue una frase tremendamente calida, solida- avy sutil. Tiempo después, cuando comencé a relatarle cexcentricidades, él me decia que todos éramos distin- s, que esas cosas raras que yo hacia quizds eran notma- 33 les. O que no lo eran, pero daba lo mismo, porque la gen- te normal era apestosa. Podria llenar varias piginas demostrando la importan- cia de Camilo en mi vida. Por lo pronto recuerdo que fue 1 quien, después de una conversacién ardua y ena de ar- gumentos sofisticados, me consiguié permiso para ir por primera vez a un concierto (fuimos juntos a ver a Aparato Raro, en el colegio Don Orione, de Cerrillos), y también fue él la primera persona que leyé mis pocmas. Yo escribia poemas desde chico, lo que por supuesto era un secreto inconfesable. No eran buenos, pero yo pen- saba que si, y cuando Camilo los leyé me traté con respe- to, pero enseguida me aclaré que ahora los poemas no te- hnian rima, Me sorprendié eso, pues yo pensaba que un poema era una cosa siempre igual, algo antiguo, ble. Pero era una gran noticia, porque a veces me costaba un mundo rimar, y era més © menos consciente de que no podia usar siempre las combinaciones ficiles, ¥ sin embar- go desconfié de lo que Camilo me decia, porque hasta ahi nunca habia leido un poema sin rima. Le preguné cual era la diferencia entre un poema y un cuento, Estibamos en la piscina, echados al sol, en plena foro- sintesis, como él decia. Me miré con ademanes pedagégicos y me dijo que un poema era todo lo contrario de un cuento los cuientos son fomes, a poesta es locura, la poesia es salvaje, Ja poesia es un corrente de sentimientos extremes, dijo, o algo asi, Es dificil, en este punto, no ponerse a inventar, no dejarse llevar por el aroma del recuerdo. Dijo estas palabras: locura, salvaje sentimientos. Torrente no. Crew que extrema 34 De vuelta en casa tome mi cuaderno y empez6 a escti- bir poemas. Tardé quizés media hora en escribir diez 0 doce textos largos y después me los Ieyé. Yo no entendi nada, le pregunté si la gente los entendia. Fl dijo que qui- 4s no los entendfan, pero que es0 no cra lo importante. Le pregunté si queria publicar un libro. Me dijo que si que seguro lo haria, pero que eso no ca lo importante. Le pregunté qué era lo importante. Me dijo esto o esto fue lo que entendi: lo importance es expresar los sentimientos y mostrarse como un hombre apasionado, interesante, qui 24s un poco frigil, alguien sin miedo a nada, alguien que acepta su lado femenino, Definitivamente esa fue la pri- ‘mera vez. que escuché la expresisn lado femenino. Después, no sé cudnto tiempo después, me preguntd si me gustaban los hombres 0 las mujeres. Yo me alarm: porque habia hombres que me gustaban, como el propio Camilo, sin ir mas lejos, aunque tenfa claro que me gusta- han mis las mujeres, mucho més. Me gustan las minas, le dije, me gustan mucho, las encuentro ricas. Ok, me muy serio, y luego agregé que si me gustaban los hombres no era problema, que eso también podia pasar. Me acuerdo de Camilo, esa tarde, en el puente con rma de arco de Providencia, fumando, Yo entendia que eso no era un cigatro normal, pero tampoco sabia exacta- re lo que era. Es demasiado fuerte para un nifio, me disculpandose cuando le pedi, porque entonces yo ya aba, de vez en cuando, Debe haber sido en 1986 0 a vos de 1987, yo tenia diez u once afios. 1.0 sé por- 35 que en ese tiempo atin no conocia bien el centro ni Provi- dencia, y porque después fuimos a comprar True Stories, de los Talking Heads, que entonces era todavia un disco nuevo. Tenemos que resolver tu problema, me habia dicho esa mafana, mientras camindbamos al paradero. Le pregunté cual, porque yo pensaba que tenia muchos problemas, no solamente uno. Tu timidez, me respondié, a las mujeres no les gustan los timidos. Y claro que era timido entonces, estoy hablando de una timider genuina, verdadera, no como ahora, que todo el mundo es timido, llega a dar risa. Si alguien no saluda se dice que es por timidea, y si maté a la mujer fue porque era timido, si estafé a un pueblo ente- to, si se presenté a diputado, si se comié el iiltimo poco de nutella que quedaba en el pote sin preguntarle a nadie: ti- ido. Yo hablo de otra cosa: tartamudeos, inseguridad, in- trospeccién, para no mencionar de nuevo mis manias. Voy a ayudarte, me dijo Camilo, voy a darte una lec- cidn, pero no te preocupes, no tienes que hacer nada, sim- plemente acompafiame y no te muevas de mi lado, haga Jo que haga. Yo asenti, con algo de vertigo. En la hora que duré el trayecto estuvo contindome chistes, casi todos re- petidos, pero ahora los decia en vor muy alta, al borde del grito. Entendi que la leccién consistia en que yo me riera igual de fuerte, lo que me costaba muchisimo, pero lo in- tenté. Pero después, cuando bajamos de la micto, me dijo que esa no era la leccién. Entonces subimos al puente, nos quedamos en la mi tad. Camilo fumaba en silencio, yo miraba cl agua turbia y répida de un caudal menos escaso que de costumbre. Me concentré en [a corriente, y no sé cémo sucedié: mira- ba tan fijamente, estaba can absorto en la imagen, que tuve la sensacién de que el agua estaba quieta y que iba- 36 ‘mos en un barco, aunque entonces yo nunca habfa estado en un barco. Me quedé asi un rato largo, quizds quince minutos, veinte, no lo sé. Vamos en un barco, le dije a Camilo, y le expliqué lo que habia descubierto, Me costé explicarle, no me entendia, pero de pronto también lo vio, y lanzé una exclamacién de asombro profundo y crecien- te, muy de volado, Seguimos mirando la corriente mien- tras él decta incretble, increible, incretble. Después, cuando caminabamos hacia Providencia, me que ahora me respetaba, y agreg6, ceremonioso: me caias muy bien, me caes muy bien, pero ahora ademas te respeto, Cuando Hegamos a una esquina, quizis la de Carlos Anviinez, me hizo un gesto sutil y cortante con la cabeza que queria decir abora, se echd al suelo agarrindose la guata, y empezé a reir destemplada, escandalosamente, De inmediato se irculo en toro de nosotros, yo no queria estar ahi, pero entendia que esa era la leccién, Cuando terminé de reit habia cinco carabineros pidiéndo- le explicaciones. Camilo se dio tiempo para hacerme un esto aprobatorio, habia permanecido junto a él, y me hs- reido un poco también, como si fuera el amigo timido del reidor, pero no Jo suficientemente < avergonearse. Yo miraba las caras de los pacos, impertur- hhables y severos, mientras Camilo hilvanaba, en absolute desorden, una explicacién en que hablaba de mi, de mi ti- midez, y de por qué era necesario darme esa leccién, para que yo pudiera, les dijo, crecer. Habia alrerado el orden fico, estdbamos en dictadura, pero Camilo consiguié wwencer a los policfas, y nos marchamos con Ia extrafia mesa de no reir nunca mis en la via publica, ‘oy voladisimo, me dijo después, © quizds lo dijo mo, un poco preocupado. Fuimos a unas gale- tinta a las que yo conacia, todo me resultaba lujoso 0 ex- dlusivo. Cuando el vendedor nos pas6 True Stories Camilo tradujo para mi el comienzo de «Love for sales, aunque quizs se catrileaba un poco, porque no sabia inglés. ‘Tomé el vinilo, miré la carétula blanca y roja, y le devolvi el mismo gesto leve: ahora. El alcanzé a mirarme como con panico, pero yo sin més sali corriendo con el disco en las manos, y seguimos corriendo y esquivando a la gente mucho rato, riendo como locos, a toda velocidad. Esa tarde habia un partido, no recuerdo cual, pero era de la seleccién, Y Camilo se qued6 a verlo con nosotros. Mi papa se extrait, le pregunté por qué. No tengo papa, ui eres mi padrino, debes enseftarme algo de fiitbol, le dijo. Y si no -le advircid, cerrandome un ojo~ me hago maricueca, Se volvié una costumbre que Camilo viera los partidos con nosotros, pero no sé si mi papé lo disfrutaba, porque las preguntas que hacia el Camilo eran tan bisicas y des- pistadas que répidamente nos ganaba el tedio. E14 de diciembre de 1987 comeri un pecado mortal. Los Prisioneros acababan de lancar La cultura de la basura, su tercer disco, y me moria de ganas de comprarlo, pero no tenia un peso, Pensé en robar de nuevo, pero no me consideraba capaz, lo de los ‘Talking Heads habia sido ape- nas un momento de inspiracién, Se me ocurrié una mejor idea: como la salida del disco coincidia con la Teletn, pedi dinero para ayudar a los nifios lisiados, parti a ray compré el disco. 38 Lo pasé pésimo. Me encerraba a escuchar el disco en la pieza, y al principio cada cancién me sonaba ligada, de un modo u otro, a mi fechorfa, Decidi confesarme, pero me daba miedo la reaccién del cura. Confiésate conmigo, qué vas a andar conténdole cus cosas a un cura, Ademds, ce digo al tito: masturbarse no es pecado, yo creo que hasta Jestis se corria unas pajitas pensando cn Maria Magdalena. Me llegé a dar vértigo de la risa. En la vida habia escu- semejante. En cl living, sobre la mesa del comedor, habia una imagen de Jestis y en adelante ya no pude mitarlo sin imaginarme que esa era su cara des- pués de eyacular. Por lo demds, nunca senti que la mastur- bacién fuera pecado, Cuando le conté a Camilo fo que ha- bia hecho, me dijo que no me preocupara, que la Teletén camplia su meta con los puros auspiciadores, y que quizis yo necesitaba ese disco, que quizés era justo lo que habia hecho. No entiendo, le dije, Bueno, sentencid: si sigues con culpa, rérate esa oracién donde se pegan en el pecho. AY tu madrina? ;Has visto a tu madrina?, le pregunté 2 maftana ~en ese tiempo solia quedarse a dormir en el 1g, se levantaba temprano y volvia del mercado con una sandia, porque era verano, Respondié que si, que se ia siendo la mejor amiga de su madre. :¥ tit? {Tienes wlrinos? Si, pero son mis tios, los hermanos de mi mamé. ‘0 no sitve, respondié, La idea es que no sean fami- luares. Los tios igual te van a dar regalos. Pienso que mi i puede set tu padrino, me dijo muy serio. Cuando 1 verlo le voy a pedir que sea tu padrino. 39 en que le ensefidramos fitbol y a veces jugiba- mos a los penales en el pasaje. Pero mi papa se cansaba, decia que Camilo no se concentraba, que no era serio su interés. Igual fuimos los tres al Estadio Santa Laura, a un Programa doble, de preliminar jugaba la U con Rangers, Camilo, para irvitacién de mi papa y mia, habia decidido que era de la U, que era el equipo de su padte, aunque por supuesto ni siquiera sabia cémo se llamaban los jugadotes. Le gusté que en el estadio todo el mundo gritara y recla- mara, pero le sorprendié que se ensafiaran con el arbitro, asi que decidi6 defenderlo, y aunque al principio la gente se lo tomé a mal, también daba risa escuchar a Camilo, que cada vez que el arbitro cobraba una falta 0 mostraba una tarjeta, se ponia de pie y decfa a viva vor: muy bien hecho, sefor, excelente decisién. Después vino un partido de Colo Colo con Audax (creo). Me gustaban en especial el chino Hiss, el pil Vera, Caszely y Horacio Simaldone, y odiaba a algunos también: a Cristién Saavedra (no sé por qué) y sobre todo a Mario Osbén, porque mi idolo principal en ese tiempo eta Roberto Rojas, e inexplicablemente Pedro Garcia, el entrenador, los hacia alternar en la ticularidad. Me daba rabia, me indignaba tanto ver al Céndor en la banca, que cuando iba al estadio bajaba a la reja a gritarle a Garcia, lo tapaba a garabatos. En casa tenia prohibido decir garaba- tos pero en el estadio habia manga ancha. Admirar al Céndor Rojas era inevitable, todos los chi- lenos lo admirabamos. ¥ era también un modo apenas so- lapado de admirar a mi padre. Por lo demés, yo conocta a la perfeccién el pucsto, sabia de memoria los movimien- tos, y consideraba que la labor del arquero era sin duda la 40 ms dificil, A veces también yo jugaba al arco, intentando parecerme al Céndor Rojas 0 q Ps padre (en todo salvo en los gritos). Y sin embargo, el tiempo que entrené en las inferiores de Cobresal, en la misma cancha donde un quinceafero Ivan Zamorano empezaba a convertirse en un crack, me probé como mediocampista y no como arquero. Me daba miedo, quizés, no estar ala altura, Por qué Camilo pasaba tanto tiempo con nosotros? Porque lo queriamos, seguro. Y porque en su propia casa no lo pasaba bien, Quizis decia exo, entte dientes. Peleaba con sti madre, por la crisis religiosa, y por la situacién po- Iivica, Antes del plebiscito Camilo fue a todas las concen- traciones a favor del NO y eso provocé peleas muy fuer- tes, El queria que ganara el NO porque odiaba a Pinochet pero también porque pensaba que de ese modo su padre volveria a Chile. Pero su padre no queria volver, 0 eso le dlecfa la da July a Camilo todo el tiempo —cu papa tiene covra familia, tiene otro pais, ni siquiera se acuerda de ti 10 el padre de Camilo le escribia siempre, le enviaba di- 10, y lo llamaba de vez en cuando. : La tia July era dura. ¥ sin embargo nos traté muy bien tinica vez que fuimos a su casa. Nos dio pastel de pan y leche con phitano mientras jugsbamos Moctezuma’s Re- «¢ con los hermanastros de Camilo. Era raro ver al Ca- como fuera de sitio. Recuerdo que entré a su habita- y parecia que no vivia ahi. A mis hermanas y a mi 1 regalaba pésters y pergaminos, pero en su pieza no ha- ida de eso: me impresioné ver esas paredes blancas, «ias, oi siquiera un clavo para colgar una foro. a Ah, cqueé est Camilo? en la UTEM, que entonces Ingenieria en Ejecucién en se llamaba IPS. Quedé en ¥ ademas no era necesario, Vampoco au si: Creo que esa vez, cuando me heblo vo ad nd a Rimbaud y a Baudelaire, los poetas i aellos, pero mencion6 algunos autores » Pienso ahora, desde este lugar tan sos- Pechosamente estable que es el presente Camilo era in- maduro. Pero no. No lo era. O. tenia también ese otro !ado intuitivo, gencroso, perspican. El estaba con nosotros, frente ala tele, cuando el Cén- dot Rojas fingié la herida en cl Maracas No podiamos ct lo que vefamos, Camilo tambign extabe consternado. Brasileios culiaos, dije yo muy fueree, ara ver si me reca- ban, pero nadie me reté. Mi papa se sumié en un silencio absoluto, estaba triste, furioson Camila partid al tito al arated, ie Parte del gentio que reclamd frente 4 acm bajada de Brasil. Yo quise acompanerle Pero no me deja- rom y tuve que comerme la rabia, Tiempo después, cuando el ter na se sey do y Roberto Rojas declaraba do entrevistas donde asepuraba & comer y dijo que ya no creia dor. Ya entonces cortia el rumor Pero tanto yo como ‘mi papa lo considerébamos tuna infami Papa lo mird con desprecio, echo a opinar, dad crees que el hacer eso? Poco despucs, en la tele declarindose c fa debatien- ante la FIFA y scgufa dan- su inocencia, Cam 42 nronces le pedimos disculpas a Camilo, pero él no le importancia que era imposible, Pero ¥ tuvimos que dejar de admirar al Condor Rojas y yo también dejé de acompaiar a mi papa a sus partidos. Y poco después mi papi sufris su ultima factors en Ia mano derecha. Y el médico le pidié que nunca ran jugara fitbol, empo pass, y A mediados de 1990 sucedié un hecho lumtinoso: des- pués de una década solicicando una linea telefEnien noe concedieron, Nos dieron el niimero 5573317. La mannan en gue lo vinieron a instalar estibamos solos con mi amd, Lo primero que ella hizo fue llamar a une amiga, y después me dijo que Hamara yo aalgin amigo, pero no te- nia el telefono de ninguno, Asi que llamé « ¢ une de es0s periodos en que inexplicablemente dejaba de “isitarnes, Sonaba contento, le pedi que viniera a vernos, Aparecié a los pocos dias. Esa vez quiso ensefiarme a interactuar con las mujeres Ja catorce aos, habla dado algunos besos, pero icamence mi relacién con las nitias seguia sienda diff, que acababa de conocer a Loren. que se habian acostado. Me explicé tat a las mujeres en la cama (shay que iedad>, creo ¢mos teléfono, me propuso: Y tt escuchas por el telefono de la 4% vie de tu mama. Asi te vas a dar cuenta de cémo seducir a las mujeres. Camilo no se estaba pavoneando, no. Real- mente queria enscfiarme. Hola, Lorena, habla Camilo, le dijo, con voz profunda, Ah, cémo estis ~era dulce su vor, dulce y un poquito ronca. Bien, pero necesito verte. Ella se quedé callada cinco segundos antes de soltar cesta frase que nunca olvidaré: Bueno, si ya es una necesidad, lo dejamos hasta aqui -y colgé. . Fui.a la cocina, puse la tetera y le preparé un té a Ca- milo. Creo que fue la primera vez que le preparé un té a alguien. Le puse mucha azticar, como entendia que se ha- cia cuando alguien estaba triste, Gracias, me dijo Camilo, con un gesto resignado. Pero no importa. Estoy contento. El préximo verano va a pasar algo importance. iQue? ‘Que no va a ser verano para mi. Va a ser invierno, EI didlogo era perfecto, pero no lo entendi, me dio pistas. Qué tonto. coer _ Que me voy a Francia, a ver a mi padre, dijo, con la ilusién nitidamente dibujada en la cara Me salto muchos afios. Puedo ser més exacto: dés, Es noviembre de 2012. Estoy en Amsterdam, en un encuentro con chilenos, converso con algunos, Ja mayoria exiliados, algunos hijos de exiliados, otros estudiantes. Y ahi esté Camilo grande, Camilo padre. Alguien nos pre- senta y al escuchar mi apellido noto el interés en sus ojos. Te pareces a tu padre, me dice. Y usted a Camilo, respon- do. Me pregunta cosas, vaguedades. Hablamos sobre las ‘marchas, sobre la vergonzosa negativa oficial a que los chi- Jenos en el extranjero puedan votar en las elecciones, Ha- blamos sobre Piftera y de pronto somos dos compatriotas deletreando Ja incompetencia del presidente. Y después: cémo est el Hernan, me pregunta, Bien, le digo, y pienso que hace tiempo que no hablo con mi papa. Me siento un poco agredido, no entiendo bien por qué. Estoy helado. Me doy cuenta: pienso en lo mucho que suftié Camilo por su padre. Siento que, de un modo absurdo y oscuro, hablar con Camilo padre estoy traicionando a mi ami ., mi hermano, Pero quiero hablar con ese hombre, sa- 1 quién es. Le digo que nos juncemos al dia siguiente, Quedamos de vernos en un restorin mexicano que da en Keizersgracht, Es una pequefia caminata desde Llego casi dos horas antes, para ver el partido del rcelona. Alexis esté en la banca. Desde hace décadas el ol se transforms, para nosotros, en un deporte indivi- Por culpa del Céndor Rojas no sélo quedamos fuera Iralia 90, también de Estados Unidos 94. No tuvimos remedio que concentrarnos durante afios en los triun- 1 y en los fracasos individuales de los pocos compattio- 1 que jugaban fuera, Fuimos del Madrid cuando estaba Zamorano, y ahora somos de! Barca, con Alexis, mientras dure (si es que dura). Y hemos sido y seremos de los equi- pos donde jueguen Mati Femnénder 6 Arturo Vidal o Guy Medel y los demas. Estamos acostumbradas a ese coma ame importan los goles de David Villa y Messi, el 24 0 con que termina primer oe Mi i co interés es que pongan a Alexis, y si no brilla que al me- nos no haga alguna chambonada. Camilo padre también lle én llega antes, Voy a ver un parti- do con el papé de Camilo, pienso. aonan Lo que yo sabia sobre Camilo padre, sobre su exilio, era lo poco que me habia concado su hijo: que hal ° reso en 1974, que luego habia tenido suerte, por asi de- cirlo, para salir de Chile, el afio 75: que habia llegado a Paris, que a poco andar se habia casado con un in afios en Holanda, primero en Lirecht, luego en Rotter- dam y ahora en un pueblo cerca de Amsterdam. De pron- to, como si yo fuera un policia que no quiere perder el tiempo, acelero el relato, le pregunto qué pasé: por qué cuando Camilo volvé a Chile estaba tan cambiade. Yo no sé é El P: ak 6 For gue die ua Pats a bce venirse d ia que era chileno, ro- pase que eudiara ac, le hale del plan de recares Holanda. El me dijo que no le gustaba estudiar, ni en Santiago ni en Europa. Y codo fue subiendo de tono. Me dijo cosas hortibles. Le die cosas horribles. Y emper6 una competencia, la competencia de quién decia las cosas mas horribles. Y yo quedé con la sensacion de que él ha 46 nado. Y él quedé con la sensacidn de que yo habia gana- do. Todos esos aiios habiamos estado en contacto, yo me preocupaba, le mandaba plata, no tanta, pero le mandab Después, la primera ver que volvi a Chile, esty nm tos, almorzamos varias veces, pero siempre peledbamos, Eso fue el afto 92, le digo. Si, responde. ‘A los quince minutos del segundo tiempo entra Alexis, gue se ve lento, queda fuera de juego un par de veces, pero tiene una pequea participacién en el 3 a 0 de Xavi Después marcan Fabregas y de nuevo Messi, Alexis fall un gol cantado en los minutos finals. ‘Qué piensas de Alexis, me pregunta Camilo ~que no es mejor que Messi, le digo, y dl sonrie, Agrego que nunca fue un goleador, que en Chile fallaba goles a cada rato, pero que era excepcional, era ef mejor por las puntas. De pronto lo pienso de nuevo: estoy hablando de fiitbol con l padre de Camilo y siento una especie de estremecimien- to. Una sensacién muy rara. Hablo sobre el Colo Colo 106, Hablo de Claudio Borghi, de Mati Ferninder, de Chupete Suazo, de Kalule, de Arraro Sanhueza. Hablo de final terrible en el Monumental, contra el Pachuca Me siento torpe hablando asi. Ingenuo. Camilo queria que usted fuera mi padrino, le digo spués. Sonrie como sin entender, ¥ no lo explico. Insis- que lo tute. Le digo que no. Me pregunta si mi pa- y Camilo se tuteaban. Le respondo que si. ‘Tueéame onces. Prefiero que no. Después intento que mi res- sta suene cortés, pero lo tinico que me sale es un no nmuado, murmurado. Le pregunto por qué mi padre y él se enojaron. Mi pa- nunca quis contarme, ni a Camilo: siempre cambia- a7 ba el tema. Y nadie mas sabia, S is fa. Suponiamos qu muy grave. ee Fuc en la semifinal, me dice Camilo padre, la tenia- mos ganada, dos a cero: yo jugaba de backcentro, queda- ban pocos minutos, yeu padre gritaba como loco ~le digo ue lo sé, que lo vi jugar, que siempre me impresionaban €80s gritos. Técala, técala, técala, Camilo, huevén. Llevi bamos varios partidos peleando por eso. No me dejaba de. cidir, Técala, técala. Y en ese tiempo el arquero si podia tomar la pelora con la mano cuando se la devolvian, Me acuerdo, le digo. No soy tan joven, le digo, Eres muy joven, me dice, Pedimos més cerveras. Contintia: ‘écala, Camilo, huevén, repetfa el Hernén u vez. Yo estaba harto, de puro choro le pegué al angulo y meti cl autogol -ahi tenis la pelota, conchetumare, le dij Algunos s¢ rieron, otros me retaron, tu pap me mir con ado. ¥ después nos empataron. Si hubiéramos ganado, si yo ‘no hubiera marcado ese autogol, habriamtos jugado la final En eso llega mi amigo Luc, tiene que pasarme unos li- bros. Le presento a Camilo, Se sienta con nosotros unos minutos, le pregunta, en su extravagante espatio, si es exe liado. Ya no, responde Camilo. O si. Ya no fo sé. Luc me dice que nos vayamos, pero siento que debo quedarme. Le digo que nos juncemos més tarde. A mi no me hicieron nada, me dice Camilo, cuando guedamos solos de nuevo, Le habia dicho a su hijo que 48 nunca lo torturaron, a pesar de que estuvo preso varios ‘meses. Me torturaron, dice. Pero no quiero hablar de eso. Me hicieron mierda, pero estoy vivo, Pude salit, empezar de nuevo. Ambos guardamos un silencio trajinado. Am- bos pensamos en Camilo, Yo recuerdo la disqueria, fa can- cin de los Talking Heads, quirds la rararco mentalmente. «L was born in a house with the television always on / Guess | grew up too fast / And I forgot my name.» Ahora caminamos por Prinsengracht, hace frio. Sin quererlo empiez a contar las bicicletas que pasan raudas por la calle. Cincuenta, sesenta, cien, El silencio parece definitive. Siento que vamos a despedienos en cualquier momento. Me voy a ir yendo, dice, justamente, Dile a Hernin que me perdone, me pide. Le aseguro que ya lo perdond, hace muchos afios, que no tiene im- portancia. Le pedimos a un nifio que nos tome una foro con mi telefono. Mientras posamos pienso que voy a Ila- mar ami padre mafiana, que hablaremos largo sobre Ca- lo padre, y también recordaremos, como hacemos a ve- «es, la noche horrenda, a comienzos del afio 94, en que la und para decirnos que habian atropellado a lo, y la desgraciada semana en que estuvo a punto de se pero no se salvé. No sé por qué le pregunto al final cémo se enterd de muerte de Camilo. Lo supe ocho dias después, me dice. sabia cémo ubicarme, pero no quiso. Estamos de pie, \do el suelo, en una esquina donde funciona una ida de Limparas. He visto eso varias veces estos dias en Amsterdam: vitrinas Henas de limparas prendidas en la Estoy a punto de decirselo, para cambiar de tema. wes él repite -por favor dile a Hernan que me per- « por el autogol. Se lo voy a decir, respondo, Cuando 49 nos despedimos me abraza y se pone a llorar con amargu ra, Pienso que la historia no puede terminar asi, con Ca- milo padre llorando por su hijo muerto, su conocido, Pero asi termina. RECUERDOS DE UN COMPUTADOR PERSONAL casi des- para Ximena y Héctor Fue comprado el 15 de marzo del aito 2000, en cua- trocientos ochenta mil pesos, pagaderos en 36 cuotas sales. Max intenté acomodar las tres cajas en el ma- letero de un taxi, pero no habia espacio suficiente, por lo te hubo que usar pitillas y hasta un pulpo paca asegurar- las, aunque cra un trayecto breve, sélo diez cuadras hasta wva Italia, Una vex en el departamento, Max instal6 la da CPU bajo la mesa del comedor, tendié los cables forma mds 0 menos arménica y jugd como un nifo las bolsas y plumavits del embalaje. Antes de mnemente el sistema, se dio tiempo para mirarlo todo detencidn, fascinado: el teclado le parecié impecable, ‘imonitor perfecto, y hasta pensé que el mouse y los par- ntes eran de algiin modo, agradables. Era el primer computador de su vida, a los veintitrés 1. ¥ no sabia con certeza para qué lo queria, si apenas 1 encenderlo y abrir el procesacor de texto. Pero era io tener un computador, todo el mundo opinaba én su madre, que le prometié ayudarlo a pagar

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