0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 566 vistas12 páginasCamilo Zambra
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vate cyento trata de una familia de grandes abolengos, Jo CAMILO
“rial hacta que fuera cada dia més orgullosos, menos la
as hija nica, que se destacaba por ser buena Y bbonda-
sa.»
EI 5 de julio de 2013 es hoy. Mi madre ya no ene
psters en la pieza conyugal pero sigue pendiente de Paul
Poon, Esta mafiana, por teléfono, hablamos sobre él so
Dae como sera su vida ahora, si habré encontrado @ no fa
fulfeidad con Edie Brickell. Yo le aseguré que sh, pordue
jue yo también seria feliz con Edie Brickell
pienso
Soy el Camilo!, me grité desde la reja, abriendo los
brates, como si nos conociéramos: el ahijado de tu paPl-
Me parecid de Jo més sospechoso, como una aricast=
ra del peligeo, ya estaba grande para eaer en €s8 clase de
trampas. Y e308 lentes oscuros, como de ciego, en un dia
vailedos ¥ esa chaqueta de mezclilla, con parches ne-
* de bandas de rock. Mi papa no esta, fe respond
puerta sin despedirme, y no di el recadoy se me
ks de noche, siempre es de noche al final de los textos
Releo, cambio frases, preciso nombres. Intent recordar
mejor mas y mejor. Corto y pego, agrando Ja leera, cam-
bie la tipograila, el incerlineado. Pienso en cerar ee 2°
chive y dejatlo para siempre en la carpeta Mis documen-
os, Pero vay 2 publicarlo, quiero hacerlo, aunque no
ble terminarlo.
terminado, aunque sea imposil
gro:
cere
olvidd,
Peo era verdad, mi papa habia sido muy amigo del
‘Camilo, Camilo grande: jugsban fiebol juntos en
ve Renca. Hay fotos del bautizo, con el nino
Jorando y los amigos mirando solemnemente ala cimara.
Durante algunos afios todo estuvo bien, mi padre era un
ppadrino presence, se preocupaba del nito, per» hubo una
Frelea y més tarde, unos meses después del golps, Camilo
prande cay6 preso y luego parci6 al exlio el plan era g¥
July y Camilito se reunieran con él en Paris, pero
hho quiso y el matrimonio, de hecho, cermin As que
extrahando a su padre, esperandolo, jun
Y un dia, cuando acababa de
Mi pace era un computador, mi madre una miquina
de escribir.
Yo era un cuadera papi de
10 vacio y ahora soy un libro.
Ja selecci6n
lito crec
Jo dinero para ira verlo.
29cumplie dicciocho, decidié que sino podia ver a su padre
al menos debia encontrar a su padrino,
Todo cso lo supe la primera vez que Camilo tomé once
con nosotros, @ quinds lo fui sabiendo de a poco. Quiero
decir aqui algunas palabras con claridad y me confundo.
Pero recuerdo que esa tarde mi padre se emocioné al com:
probar que el ahijado se parecfa mucho a su antiguo amigo
“tienes la misma cara, le dijo, lo que no era necesariamente
un halago, porque eta una cara anodina, dificil de recordar,
y aunque Camilo usaba varios productos para peinarse a la
moda, su pelo tieso soliajugarle malas pasadas.
A pesar de mi desconfianza inicial, de inmediato com-
prendi que Camilo era una de las personas més divertidas
imaginables. Rapidamente se convirtié en una presencia
benéfica y protectora, un tipo luminoso, un verdadero
hermano mayor. Cuando partié a Francia, cumpliendo el
sueiio de su vida, yo pensé eso, que se me iba un hermano.
Fuc en enero de 1991, eso puedo decirlo con precisién.
Fsa fascinacién por Camilo la compartiamos todos.
Mi hermana mayor estaba totalmente enamorada de él, y
mi hermana menor, que era incapaz de mantener
cién mas de dos segundos en nada, cuando él venia se
quedaba mirandolo fijo y celebraba cada una de sus sali-
das. Ni qué decir mi mamé, con quien hablaba en broma
pero también en serio, porque en ese tiempo Camilo esta-
ba -en sus propias palabras~ lleno de censiones religiosas,
Y aunque mi mamé no era ninguna beata, le causaba tanto
asombro que alguien no ereyera en Dios que terminaba
escuchéndolo embobada.
aten-
30
En cuanto a mi papd, yo pienso que para él, mas que
un ahijado, Camilo se transformé en un compafiero, en
un amigo, si incluso dejaba que lo rutcara. Se quedaban
en el living hasta tarde conversando sobre cualquier cosa,
excepto sobre la existencia de Dios, porque mi papd no
admitia que eso se cuestionara, y tampoco sobre fitbol,
porque Camilo fue el primer hombre que conoci al que
no le gustaba el fitbol. A mi, que adoraba el fiitbol, eso
me parecia tan divertido, tan exético: Camilo ni siquiera
centendia las reglas del juego. Era célebre el relato del tini-
o que habia jugado en su vida, a los cinco aitos,
;nasio de San Miguel: como todo lo que enton-
ces sabia de fitbol venia de los restimenes de goles en la
tele, esa tarde se dedicé a correr en cualquier direccién ce-
lebrando goles inexistentes y saludando al ptiblico con ale-
gria, enteramente desencendido de la pelota,
Mi telacién con mi padre, en cambi
mente relacionada con el ftbol. Vefamos o escuichahamos
los partidos, a veces
0s, al mediodia, lo acompafaba a unas canchas en La
rfana —jugaba al arco y era realmente bueno, lo recuer-
slo suspendido en el aire, agarrando Ia pelota con fas dos
anos y atenazéndola contra el pecho. Nunca dejé de
pensar, Sin embargo, que sus comparieros lo odiaban, por-
era la clase de arquero que se pasa dando instruc:
nies todo el partido, ordenando a la defensa, ¢ incluso al
mediocampo, a grito pelado. Baja, huevén, baja, técala,
pisamela, suéhala, baja, huevén, baja: cudntas veces escu-
é esas drdenes en boca de mi padre, pronunciadas en
amos al estadio, y todos los domin-
31tono de suprema alarma. Si alguna vez me gritd, no fue
tan fuerte como esos alaridos que sus compafieros tecibian
con fastidio, 0 al menos eso creia yo, pues no podia ser
agradable jugar con esa permanente alharaca de fondo.
Pero era respetado, mi papa. Y era muy bueno, insisto. Yo
me ponia detrés del arco, con una Bilz 0 un Chocolito, a
veces él me miraba rdpidamente, para comprobar que se-
guia ahi, y otras veces me preguntaba, sin darse vuelta,
qué habia pasado, porque ese era el gran problema de mi
papé como arquero, de hecho por ¢s0 no habia podido de-
dicarse al fitbol profesionalmente: su miopia era tan gran-
de que vefa sélo hasta la mitad de la cancha. Sus reflejos
eran, en cambio, extraordinarios, lo mismo su valentia,
que pagé con dos fracturas en la mano derecha y una en la
izquierda.
En el entretiempo me gustaba pararme en ef lugar del
arquero ¢ invariablemente pensaba en lo inmenso que era
dl arco, una y otra vez. me preguntaba cémo era posible
que alguien, por ejemplo, detuviera un penal. Y mi pap
atajaba penales, claro que si. Uno de tres, uno de cuatro:
nunca se lanzaba antes, siempre esperaba, y si la ejecucién
era algo menos que perfecta, atajaba.
Recuerdo un viaje al campo, cuando Camilo descu-
brid que yo pestatieaba entre los postes de luz. Todavia lo
hhago, incluso cuando manejo, no puedo evitarlo: apenas
‘empieza la carretera pestaiteo con cuidado intentando
acertar el punto medio entre dos postes. Aquella vez, ape-
Jotonados con mis hermanas en el asiento trasero del Che-
vette, Camilo se dio cuenta de que yo estaba tenso, con-
32
centrado, y luego empezé a pestafiear al mismo tiempo,
sonriéndome. Me puse nervioso, porque no queria come-
ter errores, pensaba fervientemente que sélo si pestafieaba
entre los postes estariamos a salvo,
Ahora no tienen importancia, pero cuando nifio mis
rarezas me angustiaban hasta hacerme insoportables las ac-
tividades mis simples. Supongo que era medio © compl
tamente toc. Como tantos nifios, evitaba escrupulosamen-
ce las rayas entre los pastelones, y si llegaba por error a
pisar una entraba en un estado de desesperacién incomu-
nicable: me encerraba en mi mismo, me invadia un senti-
miento de fatalidad y sin embargo pensaba que era algo
demasiado ridiculo para decirlo. Tenia también la mania
de equilibrar las partes del cuerpo -si me dolia una pierna
me pegaba en la otra para igualarlas, 0 movia el hombro
derecho al ritmo de los latidos de mi corazén, como si
quisiera tener dos corazones~ y la predileccién por ciertos
rndimeros y colores, y sobre todo algunas rutinas realmente
caprichosas, como subir y bajar nueve veces la empinada
escalera que iba de la piscina a la plaza, lo que no era tan
raro, podia parecer un juego, pero yo procuraba que no lo
pareciera, disimulaba escrupulosamente: me decenia des-
ués del Gltimo peldafio, movia la cabeza como descu-
briendo que habia olvidado algo, y s6lo entonces volvia
sobre mis pasos.
Si menciono todo esto es porque Camilo siempre se
\ostr6 dispuesto a ayudarme. Aquella vez, en el Chevette,
cuando entendié que yo estaba nervioso, me hizo un cari-
» en el pelo y me dijo algo que no recuerdo, pero estoy
seguro de que fue una frase tremendamente calida, solida-
avy sutil. Tiempo después, cuando comencé a relatarle
cexcentricidades, él me decia que todos éramos distin-
s, que esas cosas raras que yo hacia quizds eran notma-
33les. O que no lo eran, pero daba lo mismo, porque la gen-
te normal era apestosa.
Podria llenar varias piginas demostrando la importan-
cia de Camilo en mi vida. Por lo pronto recuerdo que fue
1 quien, después de una conversacién ardua y ena de ar-
gumentos sofisticados, me consiguié permiso para ir por
primera vez a un concierto (fuimos juntos a ver a Aparato
Raro, en el colegio Don Orione, de Cerrillos), y también
fue él la primera persona que leyé mis pocmas.
Yo escribia poemas desde chico, lo que por supuesto
era un secreto inconfesable. No eran buenos, pero yo pen-
saba que si, y cuando Camilo los leyé me traté con respe-
to, pero enseguida me aclaré que ahora los poemas no te-
hnian rima, Me sorprendié eso, pues yo pensaba que un
poema era una cosa siempre igual, algo antiguo,
ble. Pero era una gran noticia, porque a veces me costaba
un mundo rimar, y era més © menos consciente de que no
podia usar siempre las combinaciones ficiles, ¥ sin embar-
go desconfié de lo que Camilo me decia, porque hasta ahi
nunca habia leido un poema sin rima.
Le preguné cual era la diferencia entre un poema y un
cuento, Estibamos en la piscina, echados al sol, en plena foro-
sintesis, como él decia. Me miré con ademanes pedagégicos y
me dijo que un poema era todo lo contrario de un cuento
los cuientos son fomes, a poesta es locura, la poesia es salvaje,
Ja poesia es un corrente de sentimientos extremes, dijo, o algo
asi, Es dificil, en este punto, no ponerse a inventar, no dejarse
llevar por el aroma del recuerdo. Dijo estas palabras: locura,
salvaje sentimientos. Torrente no. Crew que extrema
34
De vuelta en casa tome mi cuaderno y empez6 a escti-
bir poemas. Tardé quizés media hora en escribir diez 0
doce textos largos y después me los Ieyé. Yo no entendi
nada, le pregunté si la gente los entendia. Fl dijo que qui-
4s no los entendfan, pero que es0 no cra lo importante.
Le pregunté si queria publicar un libro. Me dijo que si
que seguro lo haria, pero que eso no ca lo importante. Le
pregunté qué era lo importante. Me dijo esto o esto fue lo
que entendi: lo importance es expresar los sentimientos y
mostrarse como un hombre apasionado, interesante, qui
24s un poco frigil, alguien sin miedo a nada, alguien que
acepta su lado femenino, Definitivamente esa fue la pri-
‘mera vez. que escuché la expresisn lado femenino.
Después, no sé cudnto tiempo después, me preguntd
si me gustaban los hombres 0 las mujeres. Yo me alarm:
porque habia hombres que me gustaban, como el propio
Camilo, sin ir mas lejos, aunque tenfa claro que me gusta-
han mis las mujeres, mucho més. Me gustan las minas, le
dije, me gustan mucho, las encuentro ricas. Ok, me
muy serio, y luego agregé que si me gustaban los hombres
no era problema, que eso también podia pasar.
Me acuerdo de Camilo, esa tarde, en el puente con
rma de arco de Providencia, fumando, Yo entendia que
eso no era un cigatro normal, pero tampoco sabia exacta-
re lo que era. Es demasiado fuerte para un nifio, me
disculpandose cuando le pedi, porque entonces yo ya
aba, de vez en cuando, Debe haber sido en 1986 0 a
vos de 1987, yo tenia diez u once afios. 1.0 sé por-
35que en ese tiempo atin no conocia bien el centro ni Provi-
dencia, y porque después fuimos a comprar True Stories,
de los Talking Heads, que entonces era todavia un disco
nuevo.
Tenemos que resolver tu problema, me habia dicho esa
mafana, mientras camindbamos al paradero. Le pregunté
cual, porque yo pensaba que tenia muchos problemas, no
solamente uno. Tu timidez, me respondié, a las mujeres
no les gustan los timidos. Y claro que era timido entonces,
estoy hablando de una timider genuina, verdadera, no
como ahora, que todo el mundo es timido, llega a dar risa.
Si alguien no saluda se dice que es por timidea, y si maté a
la mujer fue porque era timido, si estafé a un pueblo ente-
to, si se presenté a diputado, si se comié el iiltimo poco de
nutella que quedaba en el pote sin preguntarle a nadie: ti-
ido. Yo hablo de otra cosa: tartamudeos, inseguridad, in-
trospeccién, para no mencionar de nuevo mis manias.
Voy a ayudarte, me dijo Camilo, voy a darte una lec-
cidn, pero no te preocupes, no tienes que hacer nada, sim-
plemente acompafiame y no te muevas de mi lado, haga
Jo que haga. Yo asenti, con algo de vertigo. En la hora que
duré el trayecto estuvo contindome chistes, casi todos re-
petidos, pero ahora los decia en vor muy alta, al borde del
grito. Entendi que la leccién consistia en que yo me riera
igual de fuerte, lo que me costaba muchisimo, pero lo in-
tenté. Pero después, cuando bajamos de la micto, me dijo
que esa no era la leccién.
Entonces subimos al puente, nos quedamos en la mi
tad. Camilo fumaba en silencio, yo miraba cl agua turbia
y répida de un caudal menos escaso que de costumbre.
Me concentré en [a corriente, y no sé cémo sucedié: mira-
ba tan fijamente, estaba can absorto en la imagen, que
tuve la sensacién de que el agua estaba quieta y que iba-
36
‘mos en un barco, aunque entonces yo nunca habfa estado
en un barco. Me quedé asi un rato largo, quizds quince
minutos, veinte, no lo sé. Vamos en un barco, le dije a
Camilo, y le expliqué lo que habia descubierto, Me costé
explicarle, no me entendia, pero de pronto también lo vio,
y lanzé una exclamacién de asombro profundo y crecien-
te, muy de volado, Seguimos mirando la corriente mien-
tras él decta incretble, increible, incretble.
Después, cuando caminabamos hacia Providencia, me
que ahora me respetaba, y agreg6, ceremonioso: me
caias muy bien, me caes muy bien, pero ahora ademas
te respeto, Cuando Hegamos a una esquina, quizis la de
Carlos Anviinez, me hizo un gesto sutil y cortante con la
cabeza que queria decir abora, se echd al suelo agarrindose
la guata, y empezé a reir destemplada, escandalosamente,
De inmediato se irculo en toro de nosotros, yo
no queria estar ahi, pero entendia que esa era la leccién,
Cuando terminé de reit habia cinco carabineros pidiéndo-
le explicaciones. Camilo se dio tiempo para hacerme un
esto aprobatorio, habia permanecido junto a él, y me hs-
reido un poco también, como si fuera el amigo timido
del reidor, pero no Jo suficientemente <
avergonearse. Yo miraba las caras de los pacos, impertur-
hhables y severos, mientras Camilo hilvanaba, en absolute
desorden, una explicacién en que hablaba de mi, de mi ti-
midez, y de por qué era necesario darme esa leccién, para
que yo pudiera, les dijo, crecer. Habia alrerado el orden
fico, estdbamos en dictadura, pero Camilo consiguié
wwencer a los policfas, y nos marchamos con Ia extrafia
mesa de no reir nunca mis en la via publica,
‘oy voladisimo, me dijo después, © quizds lo dijo
mo, un poco preocupado. Fuimos a unas gale-tinta a las que yo conacia, todo me resultaba lujoso 0 ex-
dlusivo. Cuando el vendedor nos pas6 True Stories Camilo
tradujo para mi el comienzo de «Love for sales, aunque
quizs se catrileaba un poco, porque no sabia inglés.
‘Tomé el vinilo, miré la carétula blanca y roja, y le devolvi
el mismo gesto leve: ahora. El alcanzé a mirarme como
con panico, pero yo sin més sali corriendo con el disco en
las manos, y seguimos corriendo y esquivando a la gente
mucho rato, riendo como locos, a toda velocidad.
Esa tarde habia un partido, no recuerdo cual, pero era
de la seleccién, Y Camilo se qued6 a verlo con nosotros.
Mi papa se extrait, le pregunté por qué. No tengo papa,
ui eres mi padrino, debes enseftarme algo de fiitbol, le
dijo. Y si no -le advircid, cerrandome un ojo~ me hago
maricueca,
Se volvié una costumbre que Camilo viera los partidos
con nosotros, pero no sé si mi papé lo disfrutaba, porque
las preguntas que hacia el Camilo eran tan bisicas y des-
pistadas que répidamente nos ganaba el tedio.
E14 de diciembre de 1987 comeri un pecado mortal.
Los Prisioneros acababan de lancar La cultura de la basura,
su tercer disco, y me moria de ganas de comprarlo, pero
no tenia un peso, Pensé en robar de nuevo, pero no me
consideraba capaz, lo de los ‘Talking Heads habia sido ape-
nas un momento de inspiracién, Se me ocurrié una mejor
idea: como la salida del disco coincidia con la Teletn,
pedi dinero para ayudar a los nifios lisiados, parti a
ray compré el disco.
38
Lo pasé pésimo. Me encerraba a escuchar el disco en la
pieza, y al principio cada cancién me sonaba ligada, de un
modo u otro, a mi fechorfa, Decidi confesarme, pero me
daba miedo la reaccién del cura. Confiésate conmigo, qué
vas a andar conténdole cus cosas a un cura, Ademds, ce
digo al tito: masturbarse no es pecado, yo creo que hasta
Jestis se corria unas pajitas pensando cn Maria Magdalena.
Me llegé a dar vértigo de la risa. En la vida habia escu-
semejante. En cl living, sobre la mesa
del comedor, habia una imagen de Jestis y en adelante ya
no pude mitarlo sin imaginarme que esa era su cara des-
pués de eyacular. Por lo demds, nunca senti que la mastur-
bacién fuera pecado, Cuando le conté a Camilo fo que ha-
bia hecho, me dijo que no me preocupara, que la Teletén
camplia su meta con los puros auspiciadores, y que quizis
yo necesitaba ese disco, que quizés era justo lo que habia
hecho. No entiendo, le dije, Bueno, sentencid: si sigues
con culpa, rérate esa oracién donde se pegan en el pecho.
AY tu madrina? ;Has visto a tu madrina?, le pregunté
2 maftana ~en ese tiempo solia quedarse a dormir en el
1g, se levantaba temprano y volvia del mercado con
una sandia, porque era verano, Respondié que si, que se
ia siendo la mejor amiga de su madre. :¥ tit? {Tienes
wlrinos?
Si, pero son mis tios, los hermanos de mi mamé.
‘0 no sitve, respondié, La idea es que no sean fami-
luares. Los tios igual te van a dar regalos. Pienso que mi
i puede set tu padrino, me dijo muy serio. Cuando
1 verlo le voy a pedir que sea tu padrino.
39en que le ensefidramos fitbol y a veces jugiba-
mos a los penales en el pasaje. Pero mi papa se cansaba,
decia que Camilo no se concentraba, que no era serio su
interés. Igual fuimos los tres al Estadio Santa Laura, a un
Programa doble, de preliminar jugaba la U con Rangers,
Camilo, para irvitacién de mi papa y mia, habia decidido
que era de la U, que era el equipo de su padte, aunque por
supuesto ni siquiera sabia cémo se llamaban los jugadotes.
Le gusté que en el estadio todo el mundo gritara y recla-
mara, pero le sorprendié que se ensafiaran con el arbitro,
asi que decidi6 defenderlo, y aunque al principio la gente
se lo tomé a mal, también daba risa escuchar a Camilo,
que cada vez que el arbitro cobraba una falta 0 mostraba
una tarjeta, se ponia de pie y decfa a viva vor: muy bien
hecho, sefor, excelente decisién.
Después vino un partido de Colo Colo con Audax
(creo). Me gustaban en especial el chino Hiss, el pil
Vera, Caszely y Horacio Simaldone, y odiaba a algunos
también: a Cristién Saavedra (no sé por qué) y sobre todo
a Mario Osbén, porque mi idolo principal en ese tiempo
eta Roberto Rojas, e inexplicablemente Pedro Garcia, el
entrenador, los hacia alternar en la ticularidad. Me daba
rabia, me indignaba tanto ver al Céndor en la banca, que
cuando iba al estadio bajaba a la reja a gritarle a Garcia, lo
tapaba a garabatos. En casa tenia prohibido decir garaba-
tos pero en el estadio habia manga ancha.
Admirar al Céndor Rojas era inevitable, todos los chi-
lenos lo admirabamos. ¥ era también un modo apenas so-
lapado de admirar a mi padre. Por lo demés, yo conocta a
la perfeccién el pucsto, sabia de memoria los movimien-
tos, y consideraba que la labor del arquero era sin duda la
40
ms dificil, A veces también yo jugaba al arco, intentando
parecerme al Céndor Rojas 0 q Ps padre (en todo
salvo en los gritos). Y sin embargo, el tiempo que entrené
en las inferiores de Cobresal, en la misma cancha donde
un quinceafero Ivan Zamorano empezaba a convertirse
en un crack, me probé como mediocampista y no como
arquero. Me daba miedo, quizés, no estar ala altura,
Por qué Camilo pasaba tanto tiempo con nosotros?
Porque lo queriamos, seguro. Y porque en su propia casa
no lo pasaba bien, Quizis decia exo, entte dientes. Peleaba
con sti madre, por la crisis religiosa, y por la situacién po-
Iivica, Antes del plebiscito Camilo fue a todas las concen-
traciones a favor del NO y eso provocé peleas muy fuer-
tes, El queria que ganara el NO porque odiaba a Pinochet
pero también porque pensaba que de ese modo su padre
volveria a Chile. Pero su padre no queria volver, 0 eso le
dlecfa la da July a Camilo todo el tiempo —cu papa tiene
covra familia, tiene otro pais, ni siquiera se acuerda de ti
10 el padre de Camilo le escribia siempre, le enviaba di-
10, y lo llamaba de vez en cuando. :
La tia July era dura. ¥ sin embargo nos traté muy bien
tinica vez que fuimos a su casa. Nos dio pastel de pan y
leche con phitano mientras jugsbamos Moctezuma’s Re-
«¢ con los hermanastros de Camilo. Era raro ver al Ca-
como fuera de sitio. Recuerdo que entré a su habita-
y parecia que no vivia ahi. A mis hermanas y a mi
1 regalaba pésters y pergaminos, pero en su pieza no ha-
ida de eso: me impresioné ver esas paredes blancas,
«ias, oi siquiera un clavo para colgar una foro.
aAh, cqueé est Camilo?
en la UTEM, que entonces
Ingenieria en Ejecucién en
se llamaba IPS. Quedé en
¥ ademas no era necesario, Vampoco
au si: Creo que esa vez, cuando me heblo
vo ad nd a Rimbaud y a Baudelaire, los poetas
i aellos, pero mencion6 algunos autores
» Pienso ahora, desde este lugar tan sos-
Pechosamente estable que es el presente Camilo era in-
maduro. Pero no. No lo era. O. tenia también ese otro
!ado intuitivo, gencroso, perspican.
El estaba con nosotros, frente ala tele, cuando el Cén-
dot Rojas fingié la herida en cl Maracas No podiamos
ct lo que vefamos, Camilo tambign extabe consternado.
Brasileios culiaos, dije yo muy fueree, ara ver si me reca-
ban, pero nadie me reté. Mi papa se sumié en un silencio
absoluto, estaba triste, furioson Camila partid al tito al
arated, ie Parte del gentio que reclamd frente 4 acm
bajada de Brasil. Yo quise acompanerle Pero no me deja-
rom y tuve que comerme la rabia,
Tiempo después, cuando el ter na se sey
do y Roberto Rojas declaraba
do entrevistas donde asepuraba
& comer y dijo que ya no creia
dor. Ya entonces cortia el rumor Pero tanto yo como
‘mi papa lo considerébamos tuna infami
Papa lo mird con desprecio,
echo a opinar,
dad crees que el
hacer eso? Poco despucs,
en la tele declarindose c
fa debatien-
ante la FIFA y scgufa dan-
su inocencia, Cam
42
nronces le pedimos disculpas a Camilo, pero él no le
importancia
que era imposible, Pero
¥ tuvimos que dejar de admirar al Condor
Rojas y yo también dejé de acompaiar a mi papa a sus
partidos. Y poco después mi papi sufris su ultima factors
en Ia mano derecha. Y el médico le pidié que nunca ran
jugara fitbol,
empo pass, y
A mediados de 1990 sucedié un hecho lumtinoso: des-
pués de una década solicicando una linea telefEnien noe
concedieron, Nos dieron el niimero 5573317. La mannan
en gue lo vinieron a instalar estibamos solos con mi
amd, Lo primero que ella hizo fue llamar a une amiga, y
después me dijo que Hamara yo aalgin amigo, pero no te-
nia el telefono de ninguno, Asi que llamé « ¢
une de es0s periodos en que inexplicablemente dejaba de
“isitarnes, Sonaba contento, le pedi que viniera a vernos,
Aparecié a los pocos dias.
Esa vez quiso ensefiarme a interactuar con las mujeres
Ja catorce aos, habla dado algunos besos, pero
icamence mi relacién con las nitias seguia sienda diff,
que acababa de conocer a Loren.
que se habian acostado. Me explicé
tat a las mujeres en la cama (shay que
iedad>, creo
¢mos teléfono, me propuso:
Y tt escuchas por el telefono de la
4%vie de tu mama. Asi te vas a dar cuenta de cémo seducir
a las mujeres. Camilo no se estaba pavoneando, no. Real-
mente queria enscfiarme.
Hola, Lorena, habla Camilo, le dijo, con voz profunda,
Ah, cémo estis ~era dulce su vor, dulce y un poquito
ronca.
Bien, pero necesito verte.
Ella se quedé callada cinco segundos antes de soltar
cesta frase que nunca olvidaré:
Bueno, si ya es una necesidad, lo dejamos hasta aqui
-y colgé. .
Fui.a la cocina, puse la tetera y le preparé un té a Ca-
milo. Creo que fue la primera vez que le preparé un té a
alguien. Le puse mucha azticar, como entendia que se ha-
cia cuando alguien estaba triste,
Gracias, me dijo Camilo, con un gesto resignado.
Pero no importa. Estoy contento. El préximo verano va a
pasar algo importance.
iQue?
‘Que no va a ser verano para mi. Va a ser invierno,
EI didlogo era perfecto, pero no lo entendi,
me dio pistas. Qué tonto. coer
_ Que me voy a Francia, a ver a mi padre, dijo, con la
ilusién nitidamente dibujada en la cara
Me salto muchos afios. Puedo ser més exacto:
dés, Es noviembre de 2012. Estoy en Amsterdam, en un
encuentro con chilenos, converso con algunos, Ja mayoria
exiliados, algunos hijos de exiliados, otros estudiantes. Y
ahi esté Camilo grande, Camilo padre. Alguien nos pre-
senta y al escuchar mi apellido noto el interés en sus ojos.
Te pareces a tu padre, me dice. Y usted a Camilo, respon-
do. Me pregunta cosas, vaguedades. Hablamos sobre las
‘marchas, sobre la vergonzosa negativa oficial a que los chi-
Jenos en el extranjero puedan votar en las elecciones, Ha-
blamos sobre Piftera y de pronto somos dos compatriotas
deletreando Ja incompetencia del presidente. Y después:
cémo est el Hernan, me pregunta, Bien, le digo, y pienso
que hace tiempo que no hablo con mi papa. Me siento un
poco agredido, no entiendo bien por qué. Estoy helado.
Me doy cuenta: pienso en lo mucho que suftié Camilo
por su padre. Siento que, de un modo absurdo y oscuro,
hablar con Camilo padre estoy traicionando a mi ami
., mi hermano, Pero quiero hablar con ese hombre, sa-
1 quién es. Le digo que nos juncemos al dia siguiente,
Quedamos de vernos en un restorin mexicano que
da en Keizersgracht, Es una pequefia caminata desde
Llego casi dos horas antes, para ver el partido del
rcelona. Alexis esté en la banca. Desde hace décadas el
ol se transforms, para nosotros, en un deporte indivi-
Por culpa del Céndor Rojas no sélo quedamos fuera
Iralia 90, también de Estados Unidos 94. No tuvimos
remedio que concentrarnos durante afios en los triun-
1 y en los fracasos individuales de los pocos compattio-
1 que jugaban fuera, Fuimos del Madrid cuando estabaZamorano, y ahora somos de! Barca, con Alexis, mientras
dure (si es que dura). Y hemos sido y seremos de los equi-
pos donde jueguen Mati Femnénder 6 Arturo Vidal o Guy
Medel y los demas. Estamos acostumbradas a ese coma
ame importan los goles de David Villa y
Messi, el 24 0 con que termina primer oe Mi i
co interés es que pongan a Alexis, y si no brilla que al me-
nos no haga alguna chambonada.
Camilo padre también lle
én llega antes, Voy a ver un parti-
do con el papé de Camilo, pienso. aonan
Lo que yo sabia sobre Camilo padre, sobre su exilio,
era lo poco que me habia concado su hijo: que hal °
reso en 1974, que luego habia tenido suerte, por asi de-
cirlo, para salir de Chile, el afio 75: que habia llegado a
Paris, que a poco andar se habia casado con un in
afios en Holanda, primero en Lirecht, luego en Rotter-
dam y ahora en un pueblo cerca de Amsterdam. De pron-
to, como si yo fuera un policia que no quiere perder el
tiempo, acelero el relato, le pregunto qué pasé: por qué
cuando Camilo volvé a Chile estaba tan cambiade.
Yo no sé é El P:
ak 6 For gue die ua Pats a bce
venirse d ia que era chileno, ro-
pase que eudiara ac, le hale del plan de recares
Holanda. El me dijo que no le gustaba estudiar, ni en
Santiago ni en Europa. Y codo fue subiendo de tono. Me
dijo cosas hortibles. Le die cosas horribles. Y emper6 una
competencia, la competencia de quién decia las cosas mas
horribles. Y yo quedé con la sensacion de que él ha
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nado. Y él quedé con la sensacidn de que yo habia gana-
do. Todos esos aiios habiamos estado en contacto, yo me
preocupaba, le mandaba plata, no tanta, pero le mandab
Después, la primera ver que volvi a Chile, esty nm
tos, almorzamos varias veces, pero siempre peledbamos,
Eso fue el afto 92, le digo.
Si, responde.
‘A los quince minutos del segundo tiempo entra Alexis,
gue se ve lento, queda fuera de juego un par de veces,
pero tiene una pequea participacién en el 3 a 0 de Xavi
Después marcan Fabregas y de nuevo Messi, Alexis fall
un gol cantado en los minutos finals.
‘Qué piensas de Alexis, me pregunta Camilo ~que no
es mejor que Messi, le digo, y dl sonrie, Agrego que nunca
fue un goleador, que en Chile fallaba goles a cada rato,
pero que era excepcional, era ef mejor por las puntas. De
pronto lo pienso de nuevo: estoy hablando de fiitbol con
l padre de Camilo y siento una especie de estremecimien-
to. Una sensacién muy rara. Hablo sobre el Colo Colo
106, Hablo de Claudio Borghi, de Mati Ferninder, de
Chupete Suazo, de Kalule, de Arraro Sanhueza. Hablo de
final terrible en el Monumental, contra el Pachuca
Me siento torpe hablando asi. Ingenuo.
Camilo queria que usted fuera mi padrino, le digo
spués. Sonrie como sin entender, ¥ no lo explico. Insis-
que lo tute. Le digo que no. Me pregunta si mi pa-
y Camilo se tuteaban. Le respondo que si. ‘Tueéame
onces. Prefiero que no. Después intento que mi res-
sta suene cortés, pero lo tinico que me sale es un no
nmuado, murmurado.
Le pregunto por qué mi padre y él se enojaron. Mi pa-
nunca quis contarme, ni a Camilo: siempre cambia-
a7ba el tema. Y nadie mas sabia, S is
fa. Suponiamos qu
muy grave. ee
Fuc en la semifinal, me dice Camilo padre, la tenia-
mos ganada, dos a cero: yo jugaba de backcentro, queda-
ban pocos minutos, yeu padre gritaba como loco ~le digo
ue lo sé, que lo vi jugar, que siempre me impresionaban
€80s gritos. Técala, técala, técala, Camilo, huevén. Llevi
bamos varios partidos peleando por eso. No me dejaba de.
cidir, Técala, técala. Y en ese tiempo el arquero si podia
tomar la pelora con la mano cuando se la devolvian,
Me acuerdo, le digo. No soy tan joven, le digo,
Eres muy joven, me dice,
Pedimos més cerveras. Contintia:
‘écala, Camilo, huevén, repetfa el Hernén u
vez. Yo estaba harto, de puro choro le pegué al angulo y
meti cl autogol -ahi tenis la pelota, conchetumare, le dij
Algunos s¢ rieron, otros me retaron, tu pap me mir con
ado. ¥ después nos empataron. Si hubiéramos ganado, si yo
‘no hubiera marcado ese autogol, habriamtos jugado la final
En eso llega mi amigo Luc, tiene que pasarme unos li-
bros. Le presento a Camilo, Se sienta con nosotros unos
minutos, le pregunta, en su extravagante espatio, si es exe
liado. Ya no, responde Camilo. O si. Ya no fo sé. Luc me
dice que nos vayamos, pero siento que debo quedarme. Le
digo que nos juncemos més tarde.
A mi no me hicieron nada, me dice Camilo, cuando
guedamos solos de nuevo, Le habia dicho a su hijo que
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nunca lo torturaron, a pesar de que estuvo preso varios
‘meses. Me torturaron, dice. Pero no quiero hablar de eso.
Me hicieron mierda, pero estoy vivo, Pude salit, empezar
de nuevo. Ambos guardamos un silencio trajinado. Am-
bos pensamos en Camilo, Yo recuerdo la disqueria, fa can-
cin de los Talking Heads, quirds la rararco mentalmente.
«L was born in a house with the television always on / Guess
| grew up too fast / And I forgot my name.»
Ahora caminamos por Prinsengracht, hace frio. Sin
quererlo empiez a contar las bicicletas que pasan raudas
por la calle. Cincuenta, sesenta, cien, El silencio parece
definitive. Siento que vamos a despedienos en cualquier
momento. Me voy a ir yendo, dice, justamente,
Dile a Hernin que me perdone, me pide. Le aseguro
que ya lo perdond, hace muchos afios, que no tiene im-
portancia. Le pedimos a un nifio que nos tome una foro
con mi telefono. Mientras posamos pienso que voy a Ila-
mar ami padre mafiana, que hablaremos largo sobre Ca-
lo padre, y también recordaremos, como hacemos a ve-
«es, la noche horrenda, a comienzos del afio 94, en que la
und para decirnos que habian atropellado a
lo, y la desgraciada semana en que estuvo a punto de
se pero no se salvé.
No sé por qué le pregunto al final cémo se enterd de
muerte de Camilo. Lo supe ocho dias después, me dice.
sabia cémo ubicarme, pero no quiso. Estamos de pie,
\do el suelo, en una esquina donde funciona una
ida de Limparas. He visto eso varias veces estos dias en
Amsterdam: vitrinas Henas de limparas prendidas en la
Estoy a punto de decirselo, para cambiar de tema.
wes él repite -por favor dile a Hernan que me per-
« por el autogol. Se lo voy a decir, respondo, Cuando
49nos despedimos me abraza y se pone a llorar con amargu
ra, Pienso que la historia no puede terminar asi, con Ca-
milo padre llorando por su hijo muerto, su
conocido, Pero asi termina.
RECUERDOS DE UN COMPUTADOR PERSONAL
casi des-
para Ximena y Héctor
Fue comprado el 15 de marzo del aito 2000, en cua-
trocientos ochenta mil pesos, pagaderos en 36 cuotas
sales. Max intenté acomodar las tres cajas en el ma-
letero de un taxi, pero no habia espacio suficiente, por lo
te hubo que usar pitillas y hasta un pulpo paca asegurar-
las, aunque cra un trayecto breve, sélo diez cuadras hasta
wva Italia, Una vex en el departamento, Max instal6 la
da CPU bajo la mesa del comedor, tendié los cables
forma mds 0 menos arménica y jugd como un nifo
las bolsas y plumavits del embalaje. Antes de
mnemente el sistema, se dio tiempo para mirarlo todo
detencidn, fascinado: el teclado le parecié impecable,
‘imonitor perfecto, y hasta pensé que el mouse y los par-
ntes eran de algiin modo, agradables.
Era el primer computador de su vida, a los veintitrés
1. ¥ no sabia con certeza para qué lo queria, si apenas
1 encenderlo y abrir el procesacor de texto. Pero era
io tener un computador, todo el mundo opinaba
én su madre, que le prometié ayudarlo a pagar
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