La mayoría de las personas consideran el mundo de la materia y, por tanto, también el cuerpo
físico como la única realidad, pues es el único que pueden percibir a través de los sentidos físicos
y captar con el raciocinio. Sin embargo, al ojo clarividente que mira a una persona se le abre un
sinfín de estructuras energéticas, movimientos energéticos, formas y colores, que se hacen
visibles dentro y alrededor del cuerpo físico.
Los chakras son los centros energéticos que reciben, asimilan y transmiten fuerzas vitales. Su
nombre viene de la Pal∴ en sánscrito cakra que quiere decir “rueda”. Cada uno de ellos regula
elementos específicos de nuestra salud física y de nuestro bienestar mental y espiritual. Además,
se puede decir que son unos puntos de energía desde donde se manifiesta la conciencia en
diferentes niveles. Todos los chakras son importantes para nuestro bienestar, para el desarrollo
de nuestro potencial humano, y para nuestra evolución espiritual.
Las fuerzas que regulan los chakras van desde la más densa tierra, hasta la más sutil conciencia
pura. Estas ruedas energéticas están dispuestas de abajo hacia arriba, comenzando por la base
de la Col.·. vertebral y hasta la corona de la cabeza. Los primeros chakras, de abajo hacia arriba,
están asociados con nuestro ser físico e individual. El cuarto chakra funciona como un puente que
conecta las dos dimensiones y los tres superiores se asocian a nuestro ser metafísico y universal.
EL CHAKRA FUNDAMENTAL. Muladhara o chakra de la raíz (Todo lo relacionado con la
supervivencia y las funciones básicas. Vitalidad. Energía. Instinto)
El primer centro, el radico o fundamental situado en la base del espinazo, recibe una energía
primaria que emite cuatro radios; y por lo tanto, dispone sus ondulaciones de modo que parezca
dividida en cuadrantes alternativamente rojos y anaranjados con oquedades entre ellos, de lo que
resulta como si estuviesen señalados con el signo de la cruz, y por ello se suele emplear la cruz
por Simb∴ de este centro, una cruz a veces flamígera para indicar el fuego serpentino residente
en este chakra. Cuando actúa vigorosamente es de ígneo color roji-anaranjado, en íntima
correspondencia con el tipo de vitalidad que le transfiere el chakra esplénico. En efecto,
observaremos en cada chakra análoga correspondencia con el color de su vitalidad.
EL CHAKRA ESPLÉNICO. Swadhisthana o chakra del sacro (Imaginación. Sensualidad.
Sexualidad. Creatividad)
El segundo chakra está situado en el bazo y su función es especializar, subdividir y difundir la
vitalidad dimanante del sol. Esta vitalidad surge del chakra esplénico subdividida en siete
modalidades, seis de ellas correspondientes a los seis radios del chakra y la séptima queda
concentrada en el cubo de la rueda. Por lo tanto, tiene este chakra seis pétalos u ondulaciones
de diversos colores y es muy radiante, pues refulge como un sol. En cada una de las seis divisiones
de la rueda predomina el color de una de las modalidades de la energía vital. Estos colores son:
rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul y violado; es decir, los mismos colores del espectro solar
menos el índigo o añil.
EL CHAKRA UMBILICAL. Manipura o chakra del plexo solar (Coraje. Ego. Pasión. Capacidad
de liderazgo)
El tercer chakra está situado en el ombligo, o mejor diríamos en el plexo solar, y recibe la energía
primaria que subdivide en diez radiaciones, de suerte que vibra como si estuviese dividido en diez
ondulaciones o pétalos. Está íntimamente relacionado con sentimientos y emociones de diversa
índole. Su color predominante es una curiosa combinación de varios matices del rojo, aunque
también contiene mucha parte del verde. Las divisiones son alternativas y principalmente rojas y
verdes.
EL CHAKRA CARDÍACO. Anahata o chakra del corazón (Amor Incondicional. Compasión)
El cuarto chakra situado en el corazón es de brillante color de oro y cada uno de sus cuadrantes
está dividido en tres partes, por lo que tiene doce ondulaciones, pues su energía primaria se
subdivide en doce radios.
EL CHAKRA LARÍNGEO. Visshuda o chakra de la garganta (Comunicación. Expansión.
Entendimiento de pasado, presente y futuro)
El quinto centro está situado en la garganta y tiene diez y seis radios correspondientes a otras
tantas modalidades de la energía. Aunque hay bastante azul en su color, el tono predominante es
el argéntico brillante, parecido al fulgor de la luz de la luna cuando riela en el mar. En sus radios
predominan alternativamente el azul y el verde.
EL CHAKRA FRONTAL. Ajna o chakra del tercer ojo (Intuición. Aprendizaje. Visualización.
Telepatía. Hipnosis)
El sexto chakra situado en el entrecejo, parece dividido en dos mitades, una en que predomina el
color rosado, aunque con mucho amarillo, y la otra en que sobresale una especie de azul purpúreo.
Ambos colores se corresponden con los de la vitalidad que el chakra recibe. Acaso por esta razón
dicen los tratados orientales que este chakra sólo tiene dos pétalos; pero si observamos las
ondulaciones análogas a las de los chakras anteriores, veremos que cada mitad está subdividida
en cuarenta y ocho ondulaciones, o sean noventa y seis en total, porque éste es el número de las
radiaciones de la primaria energía recibida por el chakra.
El brusco salto de diez y seis a noventa y seis radios, y la todavía mayor variación súbita de
noventa y seis a novecientos setenta y dos radios que tiene el chakra coronario, demuestran que
son chakras de un orden enteramente distinto de los hasta ahora considerados. No conocemos
todavía todos los factores que determinan el número de radios de un chakra; pero es evidente
que representan modalidades de la energía primaria, y antes de que podamos afirmar algo más
sobre el particular, será necesario hacer centenares de observaciones y comparaciones
repetidamente comprobadas. Entretanto, no cabe duda de que mientras las necesidades de la
personalidad pueden satisfacerse con limitados tipos de energía, en los superiores y permanentes
principios del hombre encontramos una tan compleja multiplicidad que requiere para su expresión
mucho mayores y selectas modalidades de energía.
EL CHAKRA CORONARlO. Sahasrara o chakra de la coronilla (Espiritualidad. Realización
espiritual)
El séptimo chakra en lo alto de la cabeza, es el más refulgente de todos cuando está en plena
actividad, pues ofrece abundancia de indescriptibles efectos cromáticos y vibra con casi
inconcebible rapidez. Parece que contiene todos los matices del espectro, aunque en el conjunto
predomina el violado.
Los libros de la India le llaman la flor de mil pétalos, y no dista mucho esta denominación de la
verdad, pues son novecientas sesenta las radiaciones de la energía primaria que recibe. Cada una
de estas radiaciones aparece fielmente reproducida en la lámina del frontispicio, aunque es muy
difícil señalar la separación de pétalos. Además, tiene este chakra una característica que no poseen
los otros, y consiste en una especie de subalterno torbellino central de un blanco fulgurante con
el núcleo de color de oro.
Este vórtice subsidiario es menos activo y tiene doce ondulaciones propias.
Generalmente, el chakra coronario es el último que se actualiza. Al principio no difiere en tamaño
de los demás; pero a medida que el hombre adelanta en el sendero del perfeccionamiento
espiritual, va acrecentándose poco a poco hasta cubrir toda la parte superior de la cabeza.
Otra particularidad acompaña a su desenvolvimiento. Al principio es, como todos los demás
chakras, una depresión del doble etéreo, por la que penetra la divina energía procedente del
exterior; pero cuando el hombre se reconoce rey de la divina luz y se muestra longánime con
cuanto le rodea, el chakra coronario se revierte por decirlo así de dentro afuera, y ya no es un
canal receptor, sino un radiante foco de energía, no una depresión, sino una prominencia erecta
sobre la cabeza como una cúpula, como una verdadera corona de gloria.
En algunos casos, los dos tercios de este chakra se representan en forma de bóveda, constituí da
por los novecientos sesenta pétalos y encima otra bóveda menor constituida por las doce
radiaciones del vórtice subalterno. El tocado de esta cabeza representa el chakra coronario con la
guirnalda de llamas que de él brotan, y es diferente de la representación del mismo chakra en la
cabeza de la estatua de Buda.
También se echa de ver dicha prominencia en la Simb∴ cristiana, como, por ejemplo, en las
coronas de los veinticuatro ancianos, quienes las echaban delante del trono del Señor.
En el hombre muy evolucionado, el chakra coronarlo fulgura con esplendor tanto, que ciñe su
cabeza como una verdadera corona; y el significado del antedicho pasaje del Apocalipsis es que
todo cuanto el hombre ha conseguido, el magnificente karma acumulado, toda la asombrosa
energía espiritual que engendra, todo lo echa perpetuamente a los pies del Logos para que lo
emplee en su obra.
Así una y otra vez, repetidamente, está echando ante el trono del Señor su áurea corona, porque
continuamente la restaura la energía dimanante de su interior.