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Bienes Públicos y Minerales Espaciales

Este documento discute tres alternativas para asignar la propiedad de los minerales espaciales: como bienes públicos propiedad de un Estado, como bienes privados propiedad de una empresa o individuo, o como res communis de libre acceso. Considera que tratarlos como bienes públicos o privados violaría principios internacionales al beneficiar solo a un actor y generar desigualdad. Ambos enfoques también plantearían problemas en la relación entre intereses públicos y privados. Concluye que se necesita una solución que equilibre estos intereses y mant
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Bienes Públicos y Minerales Espaciales

Este documento discute tres alternativas para asignar la propiedad de los minerales espaciales: como bienes públicos propiedad de un Estado, como bienes privados propiedad de una empresa o individuo, o como res communis de libre acceso. Considera que tratarlos como bienes públicos o privados violaría principios internacionales al beneficiar solo a un actor y generar desigualdad. Ambos enfoques también plantearían problemas en la relación entre intereses públicos y privados. Concluye que se necesita una solución que equilibre estos intereses y mant
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Bienes públicos

Hellen Marinho Amorim *, Carlos Henrique Reis Rochael **

La segunda alternativa de asignación es como bienes públicos33, colocando a un


Estado como propietario.

Un Estado es la representación legal de un país, lo que lo convierte en una agencia


de control centralizada —aunque local— que, a través del gobierno soberano,
representa los intereses de los habitantes de un determinado espacio territorial
terrestre; o que representa, en general, los «intereses nacionales». Como se
observa en varios países, los minerales se clasifican como activos de dominio
público y, en tanto recursos básicos para su desarrollo económico, pertenecen al
Estado, no al propietario del suelo, lo que elimina la posibilidad de que se les
imponga algún régimen de derecho privado.

Este precedente legal hace que la concepción de los minerales espaciales como
bienes públicos sea menos laboriosa en la práctica que la concepción de la res
communis. Después de todo, el Estado es en sí mismo una agencia centralizadora
bien establecida, eliminando la necesidad de crear otra desde cero.

Sin embargo, para que sea efectivo, el enfoque de bienes públicos debe partir de la
suposición de que los minerales en el espacio ya serían, previamente, propiedad de
algún Estado «genérico» y que solo estarían esperando que el representante de ese
país aterrice en el objeto celeste donde se encuentran para que se apropie de ellos.
En este sentido, la lógica de la conquista permanecería en el espacio: el primer país
que llega toma los recursos de la ubicación extraterrestre, que es de libre acceso
para todos.

Esta idea es problemática por una razón sustancial: incluso si trata a los minerales
espaciales como cosas aparte de los objetos celestes, la violación de los
fundamentos de P1 es patente. No existe un interés común que se sostenga si los
minerales se tratan como propiedades anteriores de un Estado cuyos usos,
disfrutes, disposiciones y reivindicaciones beneficiarán económicamente a una sola
nación.

El daño futuro también debe considerarse para los Estados que no desarrollarán la
minería espacial en esta etapa temprana, ya sea porque no tienen las condiciones
presupuestarias para conducirlo o porque sí la tienen, pero no tienen planes
inminentes para esta actividad. Estos Estados dependerían de los «Estados
conquistadores» para obtener sus recursos minerales, lo que generaría un amplio
margen de desigualdad en el terreno internacional.

Tal desigualdad, sin embargo, no solo sería entre Estados, sino que también
afectaría la relación público-privada. En efecto, los intereses públicos prevalecerían
sobre los privados, especialmente pensando en un futuro en el que la minería
terrestre fuera reemplazada gradualmente por la minería espacial y,
eventualmente, totalmente reemplazada. Este escenario podría aplicarse al antiguo
espacio, porque los Estados fueron los principales actores en su exploración, pero
no coincide con el nuevo espacio, el período de incorporación de empresas en el
negocio espacial.

IV.1.1.3. Bienes privados


La tercera alternativa de asignación es considerar a los minerales espaciales como
bienes privados, colocando a una empresa o a un individuo como propietario.

Al igual que el Estado, la compañía sería una agencia de control centralizada local,
pero representaría los intereses de un grupo de individuos reunidos para perseguir
ciertos fines económicos. En cuanto al individuo, la expresión «agencia» no es
apropiada, aunque no se puede negar que, dado que se ocupa específicamente de
la minería espacial, inevitablemente posee grandes activos acumulados —es decir,
todavía hay algo centralizado en sí mismo, el poder económico34—.

Como se ve, en algunos países, los minerales son extraídos por empresas privadas
que obtienen gran parte de los poderes de los derechos de propiedad: uso, disfrute
y disposición, principalmente. Y, como en el escenario anterior, ello representa un
precedente legal en el que el enfoque de los bienes privados debe basarse en la
presuposición de que los minerales en el espacio ya serían, previamente, propiedad
de alguna entidad privada «genérica». Por lo tanto, solo estarían esperando que el
representante de esta compañía o individuo aterrice en el objeto celeste en el que
se encuentran para apropiarse de ellos, siguiendo la lógica de la conquista espacial:
la primera compañía o el primer individuo que llega toma los recursos.

Estas similitudes apuntan a los mismos problemas anteriores: evidente violación de


principios internacionales —el interés común se vería comprometido si todos los
beneficios económicos fueran solo para una empresa o un individuo—; daños
futuros a empresas posteriores; y desigualdad económica entre empresas.

Además, se reanuda el problema de la relación público-privada, pero en la dirección


opuesta: los intereses privados prevalecerían sobre los intereses públicos. En este
sentido, uno debería pensar en países que no tienen tales compañías privadas y
necesitarían la representación estatal para obtener algún beneficio de la minería
espacial: en este caso, los Estados estarían sujetos a los requisitos de las empresas
o individuos, lo que podría conducir a una condición de dominación no deseada.

Por lo tanto, aunque este escenario se adapta mejor al nuevo espacio, debe
considerarse la necesidad de encontrar una solución al problema público-privado,
de modo que los principios rectores del derecho espacial permanezcan estables.

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