EDISON LEANDRO LORENZO
SM-2022-00126
EDUCACION SEXUAL EN LA FAMILIA
Hoy en día la familia ha evolucionado con los tiempos, con un resultado de
nuevas familias (en plural). De igual modo, el hecho de la paternidad también ha
cambiado con los nuevos tiempos. Un discurso abierto y emergente sobre ser
hombre o ser mujer en la actualidad. Con nuevas responsabilidades, con nuevos
roles que se reescriben con nuevos compromisos.
Familia, familias y paternidad
Hay muchos cambios sociales y culturales que han afectado a nuestro medio
ambiente; algunos han cuestionado el modelo clásico de la institución familiar.
De hecho, la familia, que actualmente parece desnaturalizada, parece haber
inducido a una enmienda al desarrollo de las relaciones educativas y de las
comunicaciones entre padres e hijos en relación con la educación sentimental,
emocional de los niños.
La pregunta que surge es: ¿Cómo es ser hombres y mujeres en la familia, cómo
ser padres y madres, y en qué modelos afectivo-sexual y sentimental educamos
a los hijos?
Si hoy se cortó el velo de la obviedad que categoriza la constitución de la familia
(madre, padre, hijos) no hay, sin embargo, la unicidad de la definición de los
planes de la sexualidad y de generación, así como la educación familiar,
emocional y sexual.
Se convierte en problemático entender qué identidad sexual y afectivo-
sentimental representan a los padres para los hijos en la familia cuando se divide
el ser macho y hembra biológica del padre y de la madre por género y por la
relación sentimental-amoroso ligado a la generatividad, que ha sido hasta ahora
el binomio sobre el que la familia se ha basado.
Se abren nuevos escenarios sociales en los que a los dos géneros, macho y
hembra, se complementan con muchos otros, como es requerido por las
asociaciones LGBTQ (Lesbianas, Gay, Bisexuales, Transgénero, Queer) y
aquellos que no aceptan la idea de que hay una orientación sexual definida y
luego proclamar la indeterminación. “El gobierno australiano ha identificado 23
géneros, mientras que la red social Facebook incluso 56, cada uno con múltiples
variaciones.
Sin embargo, está claro que uno de los fenómenos que subyacen a la crisis de
la relación interpersonal está constituido precisamente por la renuncia de la
identidad sexual y la función sexual en favor de una absoluta fluidez de la
identidad misma y de las funciones, con el consiguiente abandono de la
responsabilidad en la relación y a sus características generativas”.
De hecho, hoy aún las familias “tradicionales” parecen dudosas en los modelos
de la afectividad y de la sexualidad para crecer en la misma. Sin embargo, una
cosa es el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo, de nuevos
derechos sexuales, o la des patologización de diferentes trastornos de identidad
de género, otra cosa es lograr la eliminación de “límites” o diferencias de los
cuerpos para poder reproducir “hijos en laboratorio” “criados de acuerdo a los
proyectos de los padres en las redes de relaciones sociales entre los más
heterogéneos”.
«Ser hombre, ser mujer, ¿cuáles son los términos de la disputa? ¿Con que están
relacionados la feminidad y la masculinidad? El primer paso de su distinción es,
por supuesto, la anatomía, pero es solo un primer peldaño, después hay una
escalera completa que subir. [...] ¿Quién es en realidad masculino, qué es en
realidad una mujer? Todos somos hijos de la complejidad y todos nosotros -
como una persona constantemente iluminada por su singularidad - tiene una
forma diferente de expresar su personalidad.
La educación sexual en la familia: una cuestión antropológica
En apoyo del recorrido de educación sexual en la familia es su contratación de
un determinado modelo antropológico, que puede referirse “al enfoque de género
(o revisionista) o al enfoque personalista” (Zanardo, 2015: 21 y ss). Para el
primero, el cuerpo está sujeto a diversas manipulaciones, o incluso para ser
usado como màscara, y puede variar dependiendo de las contingencias sociales.
La diferencia sexual no afecta a la identidad personal de género, ya que es
también el resultado del condicionamiento social. Según la visión personalista
del cuerpo sexual es, sin embargo, una parte integral de la identidad personal.
Con respecto a esto, no está aún explorado a fondo si su hijo/niño viene privado
en su crecimiento de la experiencia de la diferencia relacional de la madre y el
padre, como hombre y mujer, presentan, así no solo la generosidad, sino también
la diversidad que cada uno trae en la relación con su hijo. Es una manera de
tomar conciencia de su propia ‘falta’ y luego prepararse para una comunicación
afectiva-sexual y emocional que tiene en cuenta las diferentes formas de aplicar
los espacios relacionales.
El diálogo y la educación sexual en la familia
La desestabilización de los códigos de la madre y del padre, la actual sociedad
‘excesivamente líquida”, han contribuido al final para hacer más débil la
propuesta de educación sexual de la familia, que debe basarse en la
‘persistencia’ y en la ‘estabilidad’. Los lazos afectivos y emocionales se basan en
las relaciones domésticas auténticas que necesitan tiempo y espacio adecuados
para expresarse y permitir el conocimiento profundo de los temas y el crecimiento
de los sujetos que forman parte de ella.
La transitoriedad con la que hoy se tiende a describir la familia, en el hacer y
deshacer, puede ayudar a debilitar lo que es el ubi consistam familiar, que es la
ternura y la educación.
En la familia es posible destacar dos formas de amor, el eros y el ágape. El
primero, que implica la pareja parental, indica el amor de una persona a otra, e
incluye para el hombre el instinto sexual transformado. El segundo podría
traducirse en la amistad y el sentimiento de los padres hacia sus hijos y viceversa
(Guitton, 1971).
Profundizando el primer significado, hay que preguntar qué forma de amor
expresan la pareja parental hoy, si la sexualidad es considerada un medio de
expresión del amor, como eros sublimado, o sea, sacrificado, hecho sagrado, o
si prevalece entre todo el eros narcisista y libertino, el lujurioso, utilizando las
expresiones de Guitton. Es necesario entender si el amor prevalece sobre los
instintos; si el amor nace de la sexualidad casi por accidente, o si el hombre tiene
como objetivo lograr el amor usando la sexualidad como medio para lograrlo.
La educación afectivo-sexual como propuesta de valor La naturaleza de la
educación sexual-sentimental en la familia, por tanto, parece ser capaz de confiar
en el ejemplo ofrecido por los padres y en la vida cotidiana de las relaciones
comunicativas y afectivas. En familia los niños experimentan la definición de las
funciones relacionadas con la identidad de género e identifican un código de
ética a la luz de los cuales ciertos comportamientos y acciones, la sexualidad y
el amor adquieren características ‘humanas’.
El diálogo también parece insuficiente para las diferentes formas de concebir los
valores por parte de los padres y de los hijos y se convierte en punto neutral,
basado en la vida cotidiana superficialmente. “Esto explica por qué los padres y
los hijos les resulta difícil sacar los aspectos de la vida asociados con las esferas
de la sexuales, políticos, religiosos (Pati, 2000: 108).
No se encuentra el tiempo para esa relación comunicativa, la estabilidad de las
responsabilidades de los adultos que los adolescentes buscan. La falta de
certeza de los jóvenes sobre la gestión de las emociones y su crecimiento
multidimensional también se debe a una falta de maduración de los adultos como
identidad personal y como pareja parental.
La pareja educa, repetimos, con su forma de hacer, poniendo de relieve la
coherencia educativa. Por lo tanto, el lenguaje de la ternura se produce en el
tono de voz y en los gestos de los padres hacia sus hijos desde su nacimiento,
en la capacidad de responder a las preguntas habituales que su hijo le pregunta
acerca de la sexualidad, poniendo de relieve las implicaciones afectivas-
sentimentales y éticos hasta que alcanza adolescencia y considerar de manera
especial la fase del enamoramiento del hijo, que insta a la educación en el amor
no solo como un ejercicio biológico de su sexualidad, sino también una expresión
de la persona moral.
A través del diálogo los padres pueden incluso ser capaz de entender los
temores y ansiedades que el hijo adolescente plantea, a veces indirectamente,
en silencio o con provocación, para ayudarle así a reconocer la naturaleza de los
diferentes cuestiones, que tienen diferentes grados de implicación emocional y
puede implicar aspectos de ética-moral o psicológica, o médico-biológico-
científico o social-espiritual religiosa.
Los padres están obligados a asumir nuevas modalidades dialógicas teniendo
en cuenta el diálogo sereno con los hijos y de recuperación de los valores
propuestos (Pati, 2000: 111) a través del cual se puede tratar de ordenar su
compleja identidad como una alternativa a la fluidez moral de hoy, que reina
incluso en relación con la conquista de la identidad sexual.
Por parte de los padres parece que no hay ninguna duda a la hora de abordar la
cuestión (Cicognani, 1991: 108-109), pero en general parece hacerse cargo de
los diferentes problemas de una manera fragmentada, justificando esta actitud
con el miedo de avergonzar a los hijos adolescentes o de entrometerse
indebidamente en sus vidas.
Probablemente, la familia nunca ha tenido la oportunidad de desarrollar un
diálogo real, que empieza por escuchar al otro de forma auténtica, que sabe
aceptar y acoger, ofreciendo aquello que hoy en día falta completamente a los
jóvenes y que lo hacen frágiles. Se inicia un diálogo superficial, neutral, que no
entra en cuestiones personales y profundas, para evitar desacuerdos.