EL CAMBIO CLIMÁTICO UNA AMENAZA PARA EL PINGÜINO EMPERADOR Y SU
HÁBITAT EN LA ANTÁRTIDA
Todos hemos visto a los pingüinos, esas aves marinas que conviven en
grupos en los paisajes helados. Un dato curioso sobre su comportamiento
es que son monógamos, tienen una pareja en toda su vida. Su tamaño
puede ser muy variable –desde el pingüino Azul de Australia y Nueva
Zelanda, con solo 30 cm de altura y un kilogramo de peso– hasta el
Emperador, que vive en la Antártida y puede alcanzar hasta 1.40 metros
de altura y 40 kg. Los pingüinos son animales muy gregarios; se
congregan en colonias donde construyen sus nidos, ponen sus huevos y
crían a sus pichones hasta que alcanzan la edad para independizarse y
alimentarse por sí mismos. Viven y se reproducen en diversos ambientes,
como desiertos, bosques, sobre hielo o roca descubierta, debajo de
arbustos e inclusive dentro de túneles de lava volcánica consolidada o
construidos bajo tierra por ellos mismos. Los pingüinos son aves que no
vuelan, pero son buenos nadadores. Algunas especies son grandes
migrantes, viajan miles de kilómetros nadando. La mayoría se alimenta de
krill, peces, calamares y otras formas de vida marina capturadas mientras
nadan bajo el agua, reporta BirdLife, una organización internacional
dedicada a la protección de las aves y sus hábitats.
Hay diversas organizaciones que se encargan de ayudar a estas especies
ante los peligros que enfrentan, procurando su conservación y reeducando
el estilo de vida de los humanos hacia el ambiente. Global Penguin Society
es una de esas organizaciones. Se dedica a la ciencia, al manejo y a la
educación de las 18 especies de pingüinos del mundo. Esta organización
se fundó en el 2009 en la Patagonia Argentina, en los años 80, Borboroglu
observó cómo morían varios pingüinos por la causa del derrame de
petróleo y así empezó a rescatar pingüinos empetrolados de las costas
para lavarlos. En 1991 y a partir de un gran derrame de petróleo —donde
murieron 17 mil pingüinos (cifra contada en playa)—, se inspiró a hacer un
centro de rehabilitación de estas especies y darles mayor visibilización en
el país sudamericano.
Es importante mencionar que el aire y los océanos están conectados, así
que todo lo tóxico que se desecha en las ciudades lejanas se va hacía las
aguas marinas y el hábitat de todas las especies, no solo estas aves no
voladoras, la ventaja de los pingüinos es que tienen una conexión natural
con las personas porque estos inspiran a que pueda haber un cambio en la
naturaleza, espera Pablo Borboroglu. Aunque los mexicanos estemos lejos
de ellos y no los veamos directamente, no olvidemos que las amenazas
que enfrentan estas aves son un indicador, ya que nos muestran un grave
problema ambiental, como dice el biólogo.