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Educación y la Identidad Humana Moderna

El documento discute la naturaleza cambiante del ser humano en la era moderna y posmoderna. Describe cómo la modernidad ha dado lugar a una "liquidez" donde las identidades individuales y sociales son fluidas e inestables en lugar de sólidas. El autor Zygmunt Bauman analiza cómo esta liquidez ha disuelto los lazos sociales tradicionales y ha dejado a las personas solas e incapaces de resistirse a las fuerzas del mercado. Asimismo, argumenta que las nuevas generaciones tienden a preferir lo desechable, rápid

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Educación y la Identidad Humana Moderna

El documento discute la naturaleza cambiante del ser humano en la era moderna y posmoderna. Describe cómo la modernidad ha dado lugar a una "liquidez" donde las identidades individuales y sociales son fluidas e inestables en lugar de sólidas. El autor Zygmunt Bauman analiza cómo esta liquidez ha disuelto los lazos sociales tradicionales y ha dejado a las personas solas e incapaces de resistirse a las fuerzas del mercado. Asimismo, argumenta que las nuevas generaciones tienden a preferir lo desechable, rápid

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A quien educar

7.1. El nuevo ser humano

“Antes de enseñar cualquier cosa a quien sea, al menos es necesario conocerlo. ¿Quién entra
hoy a la escuela, al colegio, al liceo, a la universidad?” (Serres, 2013). La educación es para
seres humanos y sus fines tienen que ver con proveer el camino ético y político, necesitamos
comprender las coordenadas que dan origen a los nuevos seres humanos. Como dice Serres, si
no hay claridad en las nuevas dimensiones humanas, la educación ni es real ni puede
responder al siglo XXI.

Ahora cada tiempo ha centrado el peso de sus ideas en lo que ha considerado humano, pero
vamos a escoger ciertos temas relevantes como los más importantes para darle el adjetivo de
humano a un ser.

[Link]. Liquidez

La modernidad y sus efectos no han sido superados como pretendió un tiempo cultural que
llamamos: posmodernidad. Vista desde sus efectos, la historia no ha tenido ni evolución ni
progreso en la construcción humana. No ha mejorado ni ha superado problemas: solo ha
profundizada los problemas y el tiempo actual es el resultado de la modernidad de siglos.
Zygmunt Bauman habla de “una modernidad líquida” o liquidez. Pero, ¿qué efectos tiene esta
liquidez?

El autor advierte que el hombre se halla solo. La desaparición de los lazos que proveen
pertenencia social al ser humano -al volverse independiente e individuo como esfuerzo
moderno-, lo desvincularon de sí mismo y de los otros, y lo convirtieron en un producto sin
forma. Explora la condición de ser individual y lucha por hallar su propia forma de ser y hacer;
pero no puede optar por una sola forma de ser y hacer, que parece ser regresar a las
identidades sólidas modernas que causan guerras y enfrentamientos.

[Link]. Fluidez

La identidad es como un líquido que fluye y se adapta a los recipientes que la contienen: “los
fluidos se desplazan con facilidad. “Fluyen”, “se derraman”, “se desbordan”, “salpican”, “se
vierten”, “se filtran”, “gotean”, “inundan”, “rocían”, “chorrean”, “manan”, “exudan”; a
diferencia de los sólidos, no es posible detenerlos fácilmente –sortean algunos obstáculos,
disuelven otros o se filtran a través de ellos, empapándolos–” (Zygmunt Bauman, 2009)

[Link]. Levedad

Hay líquidos que en pulgadas cúbicas son más pesados que muchos sólidos, pero de todos
modos tendemos a visualizarlos como más livianos, menos “pesados” que cualquier sólido.
Asociamos “levedad” o “liviandad” con movilidad e inconstancia: la práctica nos demuestra
que cuanto menos cargados nos desplacemos, tanto más rápido será nuestro avance (Zygmunt
Bauman, 2009).

[Link]. Disolución del carácter: No Identidad individual

“Derretir los sólidos” significaba, primordialmente, desprenderse de las obligaciones


“irrelevantes” que se interponían en el camino de un cálculo racional de los efectos” (Zygmunt
Bauman, 2009)

Esa intención requería, a su vez, la “profanación de lo sagrado”: la desautorización y la


negación del pasado, y primordialmente de la “tradición” -es decir, el sedimento y el residuo
del pasado en el presente-. Por lo tanto, requería asimismo la destrucción de la armadura
protectora forjada por las convicciones y lealtades que permitía a los sólidos resistirse a la
“licuefacción” (Zygmunt Bauman, 2009).

[Link]. Disolución del carácter socia y las relaciones no estables

La disolución de la identidad destrababa toda la compleja trama de las relaciones sociales,


dejándola desnuda, desprotegida, desarmada y expuesta, incapaz de resistirse a las reglas del
juego y a los criterios de racionalidad inspirados y moldeados por el comercio, y menos capaz
aun de competir con ellos de manera efectiva (Zygmunt Bauman, 2009).

[Link]. Gente que cree en lo desechable, no estable y rápido

En resumen, la generación milenio y centinial están integradas por gente que ama lo
desechable y lo inmediato: si no funciona en segundos, se deja y se pasa a otra forma o se
intenta romper el modelo social o personal y adaptarlo a la normalidad (Zygmunt Bauman,
2017). Es gente digital y táctil, es visual y de una atención muy limitada: incapaz de
concentrarse en un punto y vive en la riqueza. Es gente de poca memoria, pero gran capacidad
de búsqueda (Zigmunt Bauman, 2007).

[Link]. Disolución del carácter socia y las relaciones no estables

La disolución de la identidad destrababa toda la compleja trama de las relaciones sociales,


dejándola desnuda, desprotegida, desarmada y expuesta, incapaz de resistirse a las reglas del
juego y a los criterios de racionalidad inspirados y moldeados por el comercio, y menos capaz
aun de competir con ellos de manera efectiva (Zygmunt Bauman, 2009).

[Link]. Gente que cree en lo desechable, no estable y rápido


En resumen, la generación milenio y centinial están integradas por gente que ama lo
desechable y lo inmediato: si no funciona en segundos, se deja y se pasa a otra forma o se
intenta romper el modelo social o personal y adaptarlo a la normalidad (Zygmunt Bauman,
2017). Es gente digital y táctil, es visual y de una atención muy limitada: incapaz de
concentrarse en un punto y vive en la riqueza. Es gente de poca memoria, pero gran capacidad
de búsqueda (Zigmunt Bauman, 2007).

7.2. Educación moral y ética

Es papel fundamental de la educación colaborar en la moral y la ética. Partamos de una


aclaración básica: Aristóteles pensó y planteó el discurso ético y político con la finalidad de la
felicidad del individuo y de la ciudad, es decir, del pleno desarrollo de todas las notas
distintivas, las facultades, los bienes que se incluyen en la excelencia humana a nivel personal y
colectivo.

El campo de la ética y de la política, como disciplinas del pensamiento humano, pertenecen -en
esta consideración occidental- al mundo humano sin restricción ni extensión. Sin restricción:
todo ser que alcance la categoría humana entra en este nivel. Sin extensión: la ética y el
derecho por su misma definición no pueden extenderse a sujetos diferentes de la humanidad
misma, dado que su diseño no permite esta epiqueya.

La educación juega un papel fundamental en la configuración de la ética y de revisión de la


moral. Y desde allí juega un papel determinante en la consideración del futuro en tanto
política. Revisemos temas a considerarse en la educación desde esta visión:

7.2.1. Configuración social de la moral y la tradición moral

la moral se aprende por ósmosis, se genera en el primer diálogo educativo con las instancias e
instituciones centrales de la sociedad. La generan los responsables del cuidado del infante y
del niño. Se configura en la sociedad a través de:

Tradición

En ciertas épocas, fue fácil -o al menos se creía- para los adultos educar, dirigir, aconsejar,
prevenir a las nuevas generaciones desde las normas sociales aprendidas.

Parámetros establecidos

Lo bueno o lo malo, parámetros básicos morales, estaban medianamente consensuados y


dirigían a un modelo de vida personal compatible con el sistema colectivo.

Sociabilidad normalizada

La comunidad estaba establecida desde dinámicas que propiciaban la interrelación en todas


sus facetas.
Podemos definir la moral como el conjunto de los principios de conducta que hemos adquirido
por asimilación de las costumbres y valores de nuestro ambiente, de los agentes de
socialización, de la historia, del entorno, donde vivimos nuestra cotidianidad y nos sirven para
la supervivencia.

Son normas que se imponen con base en la tradición y constituyen los imperativos de nuestros
ancestros, recibidos pasivamente, sin cuestionamiento y nos ayudan a precautelar la
identidad.

El campo de acción de la moral

Los parámetros morales son dos: BIEN y MAL. Marcan el devenir de construcción de lo que
llamamos normalidad. Guían los comportamientos afianzados en nosotros y nos ayudan a
realizar las acciones diarias como las harían los demás.

La moral se refiere a cuestiones de valor, es decir, a lo que consideramos mejor o peor


(valioso): con ellos distinguimos lo que debemos aprobar, alabar o estimular de lo que
debemos reprobar, condenar o tratar de evitar.

Ethos: núcleo de la moral

Es el conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad


de una persona o una comunidad (DRAE). El término griego ἔθος (ethos) originalmente
significó «lugar de residencia», «domicilio», o, tratándose de animales, «pastizal», «establo».

A ese primer significado arcaico se agregaron después otros, de algún modo vinculados a los
primeros pero distintos: «hábito», «uso», «costumbre», y aún más, en una tercera derivación,
«carácter», «modo de ser» (Echeverría, 2013).

Constituye el núcleo de la moral y acoge los valores, las tradiciones, las celebraciones, la
historia, la vestimenta, la culinaria de un pueblo y a través marca su singularidad. El ethos de
una cultura provee de identidad a un pueblo.

7.2.2. Configuración ética del individuo

La ética se produce en la decisión libre del ser humano. Ética es disciplina, parte del
pensamiento de la filosofía, que se ocupa del arte de vivir, el saber vivir, de la construcción de
la vida buena, es decir de:

La práctica que construye la identidad de un individuo: el carácter.

Se encarga del análisis de consistencia y coherencia de las normas de la conducta humana y


social frente a las decisiones propias.
El objeto que construye y estudia la ética se llama vida buena. Implica la construcción de un
proyecto de vida propio, único y original, que con el uso de la libertad, forma su carácter. Es el
proceso de convertirse en individuo con la dirección de la felicidad: es la ejecución del
proyecto que hace la identidad.

Esta vida buena se basa en un proyecto de vida. El proyecto es la dirección racional que el ser
humano se marca en su vida, a partir del conjunto de valores que ha integrado y jerarquizado
vivencialmente, a la luz de la cual se compromete en las múltiples situaciones de su existencia,
sobre todo en aquellas en que decide su futuro (Guillén Parra, 2006).

Felicidad

El objetivo de la ética es la felicidad. Es la actualización completa, que no le falta nada y es el


fin de todos los fines que reúne a todo un proyecto de vida. Es aquello que acompaña a la
realización del fin propio de cada ser vivo (Aristóteles, 1993).

La felicidad es la realización de la actividad de un individuo que le es más propia y cuando la


realiza de un modo perfecto: es descubrir y realizar todas las potencias propias. Tiene que ver
con un modo de ser que motivará, moverá y explicará todas sus acciones, pensamientos e
incluso omisiones de toda la vida.

Formación del carácter

El objetivo de la educación es la formación del carácter.

Es la respuesta individual y única que cada individuo le da a la vida cuando le plantea la


pregunta: ¿Qué es ser humano?

El carácter es la identidad construida en un proceso continuo de búsqueda, adaptación.

Es el hilo conductor; es la versión que cuenta el personaje central de una historia y es la clave
de lectura de la vida.

La formación del carácter tiene un carácter narrativo. La vida humana no es solo una vivencia
efímera ni un evento presente que se evapora en el transcurrir del tiempo: es un artificio que
se construye como una narración. Esa narración da sentido e inteligibilidad a todas las acciones
de un proyecto de vida. “Todo vivir es un interpretar; toda acción requiere ver el mundo como
una cosa u otra. Así que en este sentido ninguna vida es algo ‘en bruto’ y, a lo largo de nuestro
vivir somos, de alguna manera, creadores de ficciones” (Nussbaum, 1992).

La narración actualiza y objetiva -le da carácter- la vida humana desde la interpretación que
hace de ella. La vida adquiere el carácter de novela en la que un personaje central y una
historia eje reúne a otros personajes e historias en torno a sí. De esta manera, además de actor
de su existencia, el hombre es autor y en gran parte coautor.
La vida es narración. “La narrativa no es la obra de los poetas, dramaturgos y novelistas, que
refleja acontecimientos que no tienen orden narrativo anterior al que les es impuesto por el
vate o el escritor; la forma narrativa no es un disfraz ni una decoración. Bárbara Hardy ha
escrito que ‘soñamos narrativamente, imaginamos narrativamente, recordamos, anticipamos,
esperamos, desesperamos, creemos, dudamos, planeamos, revisamos, criticamos,
construimos, cotilleamos, aprendemos, odiamos y amamos bajo especies narrativas’(…).
Porque vivimos narrativamente nuestras vidas y porque entendemos nuestras vidas en
términos narrativos, la forma narrativa es la apropiada para entender las acciones de los
demás. Las historias se viven antes de expresarlas en palabras, salvo en caso de las ficciones”
(MacIntyre, 2001).

Internet tienes usos confesionales: ha adquirido una serie de procesos autobiográficos en la


que el yo se muestra incansablemente en la red y se vuelve autor, narrador y personaje
(Sibilia, 2009). La dinámica es contribuir en el proceso de ser responsable como narrador;
coherente, realista y verdadero. Es un artista responsable. La vida no se vuelve simulacro, sino
una narración creíble y bien construida. Pero muy alejado de las instituciones políticas
tradicionales.

Por esta razón, el individuo no existe sin ética. El proceso educativo debe garantizar la ética. Y
para esto trabajar porque cada ser humano sea libre.

[Link]. La libertad como eje de la educación

“Lo que llamamos libertad es, pues, indistinguible del ser de la ‘realidad humana’. El hombre
no es primeramente para ser libre después: no hay diferencia entre el ser del hombre y su ‘ser-
libre’” (Sartre, 2004). Solo somos humanos porque somos libres. Es más, estamos condenados
a ser libres. El hombre es libre y debe tomar decisiones por sí mismo para ejercer esa libertad
sobre su propia construcción vital y realizar su proyecto. Lógicamente, puede equivocarse al
tomarlas; por este motivo necesita un “saber vivir” para acertar e implica el miedo y el riesgo
de ser libre.

La libertad es un eje de toda la tarea educativa. Sin esta posibilidad, no hay humanidad, mucho
menos educación. El escenario educativo se enmarca en dos claves para conseguir un
desarrollo de la libertad:}

Clave 1: El ser humano es el actor principal de su propia vida

El hombre aparece como un texto, formado a partir de narraciones y de contextos,


circunstancias, momentos entramados. En la narración, el sujeto se encuentra y se reconoce
como una elaboración constante, que puede recomponer los relatos que lo constituyen:
elabora secuencias y se autoorganiza para constituir un personaje y un escenario de acción
(aunque parte de ese escenario ya lo ha proveído de antemano el mundo social) en donde
actúa ese personaje: se hilan conductas y patrones de comportamiento desde elementos
disímiles reunidos en la ficción que actúa y narra a los demás (Maldonado Cisneros, 2000).

La narración de la vida implica a otros; esa narración es una representación, pero la magia es
autodescubrirse como el personaje central.

Clave 2: Coherencia narrativa

La construcción de la identidad asume una situación en su complejidad particular, sin olvidar la


obra de conjunto. El actor puede situarse en el conflicto y solventarlo sin violentar su propio
proyecto de vida(Maldonado Cisneros, 2000).

El actor se acerca a una norma flexible que va de la contingencia, fragilidad y vulnerabilidad a


una construcción propia, pero coherente. La nueva perspectiva tiene una agudeza visual que le
permite ver más motivos y trazados, más matices y consideraciones en una decisión que define
un curso de acción, pero que no pierde el norte de la coherencia vital.

Estas claves determinan las dinámicas que cualquier educación debe integrar para que consiga
posibilitar un individuo auténtico, que sea realmente humano. Cada uno de estar dinámicas
depende de la anterior y son interdependientes. No importa la teoría educativa, pero la
reflexión misma del sentido de la educación nos lleva a:

Dinámica uno: Aceptar y promover la diversidad

La felicidad humana es naturalmente diversa y diferente. Se debe explorar la identidad como


un proceso agrícola de “crear condiciones” para que una persona sea, y nunca que se
estandarice o se adapte a normas generales (Robinson & Aronica, 2014).

Deberíamos buscar un sistema conciliador y enriquecedor que explore las posibilidades de la


ciencia, el arte, el movimiento, la reflexión, el deporte y los integre en un proyecto mayúsculo
llamado vida buena.

Dinámica dos: Promover la imaginación y la curiosidad

Se necesita tener la chispa que no se quede en la conformidad de las respuestas vigentes, ni en


la solución estandarizada de los conceptos dados, sino en la búsqueda personal de los
horizontes en los que se puede basar la vida.

“Tenemos una cultura de cumplimiento, no de curiosidad” (Robinson & Aronica, 2014):los


seres humanos somos herederos de un proceso de creatividad, que tiene por misión hacernos
diferentes.
La posibilidad de expandir el horizonte del poder de la imaginación y la curiosidad viene desde
la elección. Nosotros creamos nuestra vida desde esas elecciones y la cambiamos conforme las
circunstancias cambian.

Dinámica tres: Darle oportunidad a la libertad

Solo se puede ser libre, si se toma opciones, se las hace propias y auténticas y se va hacia ellas.
Responder a las circunstancias, tomar una posición y buscar alternativas auténticas es la tarea
principal de la formación del carácter y no intentar ni pensar en una cultura de normalización y
de estandarización. Se debe matar al sujeto y los sistemas de sujeción y permitir que nazca el
individuo: autónomo, vivo, libre. Crear nuestra vida: darle sentido.

Para reflexionar: Este fragmento es parte de un famoso discurso de 1486 de Giovanni Picco de
la Mirandola: la libertad como tarea humana.

Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa


peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que conscientemente
elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La naturaleza definida de los
otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no
constreñido por estrechez alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he
consignado. Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente observes
cuanto en él existe.

No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y
soberano artífice de ti mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. Podrás
degenerar en los seres inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en
las realidades superiores que son divinas(Pico Della Mirandola, 2004).

7.3. Educación política

La ética conlleva directamente a la política. La existencia en tanto seres humanos está


supeditado a la posibilidad de crear relaciones con los semejantes que posibiliten a cada uno
ser quién quiere ser y a la vez construir en bien común (Aristóteles, 1988). Hay dos previos que
necesitamos educar para entrar en el mundo de lo político:

Vida buena y empatía

La vida buena ética genera empatía. Empatía (Del lat. simpathĭa, y este del [Link],
comunidad de sentimientos) es la inclinación afectiva entre personas, generalmente
espontánea y mutua. Es un modo de ser y carácter de una persona que la hacen atractiva o
agradable a las demás. Es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de
ánimo de otro. Para la vida buena es imprescindible un trato empático con los demás para
alcanzar la felicidad, es decir, los demás contribuyen en aspectos irremplazables(Maldonado
Cisneros, 2000). En pocas palabras, los demás son necesarios.
Vida buena y dignidad

El juego de relaciones en el que entramos trata de límites. Toda persona necesita ser tratada
por los demás como humana: el respeto básico a la dignidad humana y su correcto manejo
como seres vivos provee de condiciones de convivencia.

La ética se establece como el medio para saber lo que debe hacerse para darse la buena vida
en la coordinación con otras propuestas de vida buena. Hay que reflexionar sobre nuestras
propias actuaciones: cómo actuamos y cómo deberíamos actuar con nosotros mismos y con
nuestros semejantes.

La conciencia de lo político

El motor de la cultura moderna es el sujeto que encarna los ideales de la revolución francesa.
“El sujeto no existe como principio de análisis más que a condición de que su naturaleza sea
universal. Como la modernidad, que es su expresión histórica, reposa sobre dos principios
fundamentales: la adhesión al pensamiento racional y el respeto a los derechos individuales
universales; en otras palabras, aquellos que desbordan todas las categorías sociales
particulares. Históricamente, el sujeto moderno se encarnó primero en la idea de ciudadanía,
que ha impuesto el respeto a los derechos políticos universales más allá de toda pertenencia
comunitaria. Una expresión importante de esta separación de la ciudadanía y de las
comunidades es el laicismo, que separa el Estado de las Iglesias.” (Touraine, 2014) Si bien la
ética y la política eran partes integrantes inseparables en Grecia, la modernidad las hizo mucho
más necesarias, no solo para permitir su vida en sociedad, sino determinar que la conciencia
de lo político permite la vida buena propia y buscar las alianzas que protejan esa vida
individual y propia.

Por tanto, el sujeto debe ser la medida en sus relaciones con los demás. A veces hemos creído
que el Estado debe gobernar, clasificar y establecer con normas y medidas a quién se salva y a
quién se pierde; hemos confundido la política con poder y dominación, es decir, se ha
constituido a través del “arte de gobernar” y se han fijado reglas: en lugar de buscar la ética de
cada uno se ha racionalizado sus maneras de obrar y se ha propuesto en cierto modo como
objetivo transformar el objetivo del Estado el mismo de la vida buena.

“El deber hacer del gobierno tiene que identificarse con el deber ser del Estado. Este último tal
como está dado, la ratio gubernamental, permitirá, de una manera deliberada, razonada,
calculada, hacerlo llegar a su punto máximo de ser. ¿Qué es gobernar? Gobernar, según el
principio de la razón de Estado, es actuar de tal modo que el Estado pueda llegar a ser sólido y
permanente, pueda llegar a ser rico, pueda llegar a ser fuerte frente a todo lo que amenaza
con destruirlo” (Foucault, 2008). Esta confusión ha alejado la política de las aulas. La formación
en política es necesaria.

Así, los seres humanos deber ser conscientes de lo político, ya que no solamente se enfrentan
a una razón de estado que los quiere asumir como normales y decirles qué hacer o entrar en la
dinámica que rescinde su decisión y su vida al gobierno quien creen debe proveerlos de todo.
Lo político es diferente: establece la libertad personal y que el otro también es libre. Y para
garantizar este objetivo de la política se estabiliza y se exigen instituciones que provean la
libertad de todos los ciudadanos y sirvan al fin de la política que es el bien común (Arendt,
1997).

Formación política

Las relaciones humanas buscan generar lazos. La cotidianidad exige continuamente relaciones
y compromisos. “El lazo ubica y estabiliza, el compromiso exige tareas, valores y búsquedas”
(Zygmunt Bauman, 2009). Más allá del examen de utilidad, las relaciones humanas definen la
identidad y garantizan la supervivencia. Entrar en el juego del ágora público, necesita la guía de
la educación. Buscamos que se diga la verdad propia, que los demás sean capaces de
cuestionarla y conocerla, y una vez reconocida, se permita crear un campo a la protección de
todos llamada bien común.

El carácter relacional se asume tanto desde la identidad como desde la alteridad, porque los
otros también piensan sus relaciones con la mismidad. “Lo que nosotros llamamos
instituciones, orden social, filiación y alianza se inscribe en el pensamiento de la identidad, de
la alteridad y de la relación” (Augé, 1995). La educación debe indagar los discursos del orden
político y buscar el contacto con el otro y generar acuerdos.

Los discursos de la generación hiperconectada del siglo XXI nos llevan a la pregunta hasta
dónde ha llevado la construcción de un individuo sin preparación política que no distingue lo
privado de lo público. La intimidad se ha vuelto un espectáculo que rompe la diferencia entre
público y privado. Está en medio de monstruos, máquinas y dioses que sin dejarle opción le
ponen delante el camino de ser lo que la máquina produce: la intimidad se convierte en un
continuo espectáculo (Sibilia, 2009). Parecería que el único foro político válido son las redes
sociales. La relación social de carácter real ha sido reemplazada por una construcción virtual
sin presencia ni espacio ni tiempo. No hay límites para el mundo personal, ni intimidad posible:
la información que se transmite a los demás es la manera de autoconstituirse. Pero solo se
existe en tanto se publica y la existencia se vuelve tan efímera como un “tweet”. La política
necesita relaciones reales con personas que existen.

El otro en la política

La construcción de la alteridad paso de la disposición divina a la regulación de normas


gubernamentales. En ese contexto se han ido produciendo, en las sociedades
contemporáneas, intentos de reafirmaciones de individualidad que acompañadas de
situaciones críticas de rechazo o acogida al “Otro”, han validado al supuestamente diferente, a
las alteridades étnicas culturales y sociales. El otro aparece como el conciudadano. Pero
también es el migrante, el refugiado, el pobre.

En la política hubo un intento de vincular a sujetos y ocultar su naturaleza barroca en lo físico y


lo sociocultural: quieren atrapar al individuo so pretexto de protegerlo ad intra bajo la égida de
la figura de la soberanía, pero eliminan su diferencia, su otredad. Por otra parte, se crean
instituciones -que clasifican, ubican, dividen a los individuos y les dicen quiénes son y dónde
pueden estar. La política necesita de diversidad y diferencias entre los miembros. La educación
busca individualidad en cada ser y, por ende, busca la construcción colectiva de diversidad.

Esa taxonomía llevo a intentos de rechazo de la propia condición y violentamente llevo a seres
solitarios a la búsqueda de pureza y de eliminar la diferencia o al menos ocultarla. Hay que
considerar, que las distancias virtualmente se reducen, quebrando el “aquí” y “ahora”,
condiciones de posibilidad del conocimiento moderno. Un discurso que permite la
multiplicidad de opciones simultáneas hace que la no comprensión del “otro” legitime un
discurso “fundamentalista” contra los monstruos o los que conformaran a Leviatán o que
parecen operar occidentalmente, tanto desde el punto de vista económico, como militar. Hay
que evitar racismos, machismos y todos esos monstruos que la educación debe hacer
conciencia en las personas.

Visión global política

Hay un intento por generalizar ciertas particularidades transformándolas en globales. Es una


manera de homogeneizar en la medida en que las particularidades de pensamiento,
económicas y militares se globalizan y no responden a búsquedas políticas sino a temas como
una mitología blanca que se opera imperializando las tecnologías de la comunicación y de lo
bélico: “La metafísica -mitología blanca- que reúne y refleja la cultura de Occidente: el hombre
blanco toma su propia mitología, la indoeuropea, su logos, el mythos de su idioma, por la
forma universal de lo que todavía debe querer llamar razón” (Derrida, 1989).

Es que las identidades y las alteridades son construcciones intelectuales que solo toman
sentido al ponerlas en relación la una con respecto a la otra. Pero el reto ético del siglo XXI
tiene su génesis en la bifurcación de posibilidades sin límites en un mundo sin fronteras donde
las intenciones vienen de miles de fuentes diferentes, en países sin fronteras reales.

7.4. Conclusión

La educación necesita volver a pensarse para funcionar en una realidad tan distinta y diversa.
En sí misma, sobre todo en el plano vital, la política ha sufrido transformaciones tan drásticas
que muchas veces se ha planteado la necesidad de su misma existencia y el sentido de aún
someterla a instituciones sólidas y estables. La educación del siglo XXI necesita plantearse
como propios, aquellos problemas que la humanidad descubrió en este siglo y nunca se le
habían ocurrido como posibles, que no han sido resueltos aún o no se puede ni siquiera
imaginar el volumen de algunos de ellos. Se trata de la necesidad de descubrir una forma de
ser en la que la educación es capaz de responder a los requerimientos apremiantes de la
destrucción de la humanidad como tal y la posibilidad de romper los círculos de libertad e
interdependencia. Recordemos que Jérôme Bindé concentra las preguntas de hoy, que la
educación debe buscar responder:
¿Qué debemos hacer frente a las amenazas para la supervivencia de la especie humana y de la
biosfera producida por la erosión del medio ambiente?

¿Avanzamos hacia un mundo mejor con la biotecnología o hacia el “mundo feliz” de Huxley?

¿Se podrá aprovechar la energía solar cuando se agote el recurso del petróleo?

¿Qué futuro tienen los derechos humanos?

¿Cuál es el futuro del movimiento de reivindicación de los derechos de la mujer?

¿Podemos domesticar la inteligencia artificial o nos convertiremos en sus esclavos?

¿La globalización estará acompañada de incertidumbre cultural y violencia?

¿Cómo representarnos los futuros posibles de la sociedad de la información; del ciberespacio,


de los medios de comunicación, de lo “virtual”?

¿Ha muerto la utopía o cuáles serán las utopías futuras?

¿Es una trampa la globalización?

¿Qué tipo de desarrollo podemos imaginar? ¿Se puede combatir la pobreza y la exclusión?

¿Estamos avanzando hacia un solo mundo?

Y finalmente, agregaríamos por nuestro lado ¿qué papel puede tener la filosofía en este
escenario? (Bindé, 2001)

Partimos de un reto inexorable que presentan estas preguntas a cualquier nivel de educación,
a todo currículo, a todo estilo de docencia y de estrategias de enseñanza para un mundo ético
y político. Las preguntas que se proponen comprenden una serie de problemas
interrelacionados y que deben ser incluidas como preguntas y como ejes de pensamiento de
todo docente.

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