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Jaime Sabines: Vida y Legado Poético

Este documento proporciona información biográfica sobre el poeta mexicano Jaime Sabines. Detalla que nació en 1926 en Chiapas y estudió medicina y literatura. Tuvo una prolífica carrera como poeta, ensayista y político. Recibió numerosos premios y reconocimientos por su obra poética. En 1994, el Senado de México le otorgó la Medalla de Honor Belisario Domínguez por su destacada trayectoria en las letras y como servidor de México.

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Jaime Sabines: Vida y Legado Poético

Este documento proporciona información biográfica sobre el poeta mexicano Jaime Sabines. Detalla que nació en 1926 en Chiapas y estudió medicina y literatura. Tuvo una prolífica carrera como poeta, ensayista y político. Recibió numerosos premios y reconocimientos por su obra poética. En 1994, el Senado de México le otorgó la Medalla de Honor Belisario Domínguez por su destacada trayectoria en las letras y como servidor de México.

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1994
• •Jaime Sabines Gutiérrez
Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926. Su infancia y gran parte de su
adolescencia las vivió en su tierra natal, donde tuvo sus primeros encuentros con la poe-
sía. Realizó sus estudios en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas y, posteriormente,
pasó a la Ciudad de México e ingresó en la Escuela Nacional de Medicina (1945). Estudió
ahí hasta 1947, año en el que abandonó su carrera y regresó a su Estado. Volvió a la capital
de la República para cursar la licenciatura en Lengua y Literatura Castellana en la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (1949) e incluso
cursó materias de maestría y doctorado.
De 1952 a 1959 radicó nuevamente en Chiapas. En 1959 obtuvo el premio literario
que otorga el Gobierno del Estado de Chiapas. En 1964 y 1965 fue becario especial del
Centro Mexicano de Escritores. En 1965 viajó a la Habana, donde formó parte del jurado
que otorga anualmente el Premio Casa de las Américas. Ese mismo año, su voz fue graba-
da en la colección Voz Viva de México, con una antología de su obra poética.
El poeta, ensayista, orador, político y destacado humanista chiapaneco fue merecedor
de toda una gama de reconocimientos y premios: en 1962 recibió el Premio Sourasky de
Letras; en 1966 se le confirió la presea Juchimán de Plata en Letras y Artes; en 1972 le fue
otorgado el Premio Xavier Villaurrutia; en 1983 recibió el Premio Nacional de Lingüística y
Literatura; y en 1991 fue galardonado con la presea Ciudad de México.
Como representante popular fue Diputado Federal por el Estado de Chiapas durante
el periodo de 1976 a 1979; el mismo cargo desempeñó al resultar electo por el distrito de
la capital de la República durante el trienio de 1988 a 1991. En su labor como integrante
de la L y LIV Legislaturas de la Cámara de Diputados, Jaime Sabines destacó como un

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Tomo II

crítico defensor de las causas y necesidades de su pueblo y como un firme impulsor de la


cultura a través de la Comisión de la cual formó parte.
Su obra poética ha sido incluida en diversas antologías y ha rebasado las fronteras
nacionales al ser traducida a varios idiomas, entre los que podemos mencionar el inglés,
francés, búlgaro, holandés, yuguslavo y chino. Dentro de su producción destacan los li-
bros Horal, escrito en 1950; La Señal, en 1951; Adán y Eva, en 1952; Tarumba, en 1956;
Diario semanario y Poemas en prosa, en 1961; Recuento de Poemas, en 1962; Yuria, en
1967; Mal tiempo, en 1972; Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, en 1973, poema me-
diante el cual evoca el deceso de su padre; Poemas sueltos, en 1983 y Nuevo recuento de
poemas, en 1987, que recoge toda su obra poética publicada hasta entonces.
Jaime Sabines abordó temas como el amor, la muerte y la desolación, con un lenguaje
directo y claro, adueñándose de la realidad con un profundo sentido sensual. De él, Carlos
Monsiváis escribió: “Con equilibrio insólito Sabines junta la imprecación, la duda, la ternu-
ra, la blasfemia, la anarquía, la celebración de la soledad. Insiste en la desesperanza, se em-
borracha para llorar, se revela torpe y lúcidamente ante la muerte de los seres queridos.”
Poeta del amor y de la muerte, humilde y generoso, ha sido honrado con diversos
reconocimientos y homenajes: la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto
Nacional de Bellas Artes realizaron un magno reconocimiento a su obra poética en 1986,
de donde surge Jaime Sabines en sus sesenta años.
En 1994, el Senado de la República le otorgó la Medalla de Honor Belisario Domín-
guez. Murió el 19 de marzo de 1999.

DISCURSO DEL C. SENADOR NETZAHUALCÓYOTL DE LA VEGA GARCÍA


Con su venia, Senador Presidente.
Honorable Asamblea, 28 de enero de 1953. En un acto de justicia, reconocimiento y
de exaltación de los valores, el Congreso de los Estados Unidos Mexicanos crea la Medalla
de Honor Belisario Domínguez del Senado de la República para premiar a los hombres y
mujeres mexicanos que hayan distinguido por su ciencia, por virtud en grado eminente,
como servidores de nuestra Patria o de la humanidad, y dispone que se imponga el 7 de
octubre de cada año, en sesión solemne, para conmemorar el sacrifico del mártir.
Han transcurrido 40 años. Fiel a la tradición, está sigue siendo la ceremonia con mayor
significado del Senado de la República; su recinto se convierte en el escenario donde se
integra el Supremo Poder de la Federación; el Presidente de la República; el Presidente de
la Suprema Corte de Justicia de la Nación; los Presidentes de la Gran Comisión de las Cá-
maras que integran el Congreso General; los Tres Poderes, que en un ejercicio republicano
hacen de este acto, una demostración más de unidad y de respeto, sean bienvenidos.
En este marco se conmemora el sacrificio del Mártir de la Democracia -así lo califica
el Decreto- y para perpetuar su memoria ingresa un nuevo miembro a la orden de la me-
dalla que lleva su nombre. Este año, el pleno de la Cámara ha otorgado el honor a Jaime
Sabines Gutiérrez, quien forma parte ya de ese grupo de mexicanos que personifican las
cualidades más apreciadas por la sociedad.
Rafael de la Colina; Fidel Velázquez; María Lavalle Urbina; Salvador Zubirán; Andrés
Serra Rojas; Gonzalo Aguirre Beltrán; Ramón G. Bonfil; Andrés Henestrosa, todos servidores
eminentes de la Patria y la humanidad.
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Belisario Domínguez

Jaime Sabines -dice el dictamen- poeta, ensayista, orador, político y sobre todas las
cosas humanistas, ejemplo de superación para las presentes y futuras generaciones, esen-
cialmente es un mexicano excepcional que ha enriquecido las letras mexicanas con su
perseverante y bella labor como poeta.
Nació el 25 de marzo de 1926; estudió en el Instituto de Artes y Ciencias de Chiapas
y más tarde en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de
México. Esa es la biografía que contiene el dictamen del Senado de la República.
Pero ¿Quién es Jaime Sabines Gutiérrez?, además del poeta, del ensayista, del político,
¿Quién es el hombre? Efectivamente, Jaime Sabines nació en marzo del 26 en la capital
de Chiapas; su infancia y gran parte de su adolescencia la vivió en su tierra natal; su en-
cuentro con la poesía sucedió desde temprana edad. Cuenta Jaime que de niño recitaba
poemas; en la secundaria era el orador oficial; sabía de memoria del Declamador sin Maes-
tro, aquel viejo libro que seguramente algunos en esta sala recuerdan, surge en Sabines
la intención de escribir; publicó sus primeros textos en un periódico estudiantil y recibe
los primeros elogios al describirlo como un futuro gran valor de las letras chiapanecas, y
así principia la historia.
A los 68 años de una vida intensa, plena, Jaime deja de ser el futuro gran valor de
las letras chiapanecas para, con su talento excepcional, convertirse en un ciudadano del
mundo; con una obra poética editada y vuelta a editar con función mundial; con una
colección de preseas y homenajes otorgados por sus textos, traducidos lo mismo al inglés
y al francés que la búlgaro, holandés, yugoslavo y chino.
Pero ¿Quién es en verdad Jaime Sabines? El estuvo aquí, es esta tribuna. Siendo Di-
putado Federal, él estuvo aquí; habló en una sesión como ésta; habló y dijo: “El anatema
de Don Belisario Domínguez contra la usurpación y el crimen de Huerta, es un anatema
contemporáneo; no sólo es una condena permanente a la tradición, donde quiera y como
quiera que se manifiesta, sino una defensa lúcida de la ley, del orden de las instrucciones,
de todo lo que el hombre ha creado para vivir en una sociedad humana.” Ese es Jaime
Sabines, el poeta de La Vida y la Muerte, el escritor, el político, el humanista; enamorado de
la vida, enemigo de la violencia, ferviente defensor de la paz, de la prudencia del diálogo.
El primero de enero de 1994, México amanecía con la noticia del levantamiento de
indígenas de Chiapas. Días después, el poeta habló de los que sucedió en la tierra, y dijo:
“Lo único que deseo es que esto acabe; que acabe lo más pronto posible para evitar más
muertes, más sufrimientos. Espero que se dé una solución pacífica donde terminen los
balazos, termine la sangre, termine el dolor humano.” Esa no sólo era la preocupación del
poeta, era el deseo de toda Nación.
Usted, Señor Presidente, así lo entendió. Y para asombro del mundo, en un conflicto
que muchos suponían que se convertiría en un problema bélico de largo plazo, fue su
impulso; con su impulso se encontró el camino del diálogo, de la atención a las carencias
que sirvieron de motivación formal y ahora tenemos la confianza, señor, que muy pronto
se concretará el proceso de una paz duradera que finalmente en lo único que anhelamos
los mexicanos.
El 23 de marzo, otra noticia conmovía a México, el asesinato de Luis Donaldo Colosio,
otro dolor para el alma del poeta, y decía, “en realidad estoy muy triste, muy triste por él,
por su mujer, por sus hijos, por sus padres y por México. Al crimen se le puede calificar con
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Tomo II

muchos adjetivos, de exacerbable, abominable, cobarde y todo lo que se quiera. Este es


un atentado contra todo México.” Sin embargo el hecho se repite el 28 de septiembre con
el artero ataque a José Francisco Ruiz Massieu provocando la repulsa colectiva.
El 29 de septiembre, en la sesión extraordinaria del Senado, tres partidos políticos,
aquí en esta tribuna, condenaron el cobarde atentado. Víctor Tinoco Rubí, del Revolucio-
nario Institucional, decía: “La República nos llama a reflexionar; a reflexionar con rigor so-
bre un crimen que ensombrece la vida política del conjunto de los mexicanos: la condena
del crimen es unánime -seguía diciendo- es unánime y enérgica en nuestra sociedad por-
que la violencia nada construye, ni propicia avance alguno, sólo deja atrás de sí su cauda
de dolor y frustración.” Víctor Tinoco Rubí, del PRI.
El Senador Porfirio Muñoz Ledo, del Partido de la Revolución Democrática, agregó:
“Para nosotros -estoy cierto- para todos los mexicanos, la exigencia del esclarecimiento de
este asesinato es fundamental. El pueblo mexicano ha optado en su activa participación
por vivir en un clima de paz de seguridad. No podemos responder -decía- a las esperanzas
de ese pueblo con la improvisación y la tolerancia de la violencia.
Y el Senador Héctor Terán, de Acción Nacional, culminó: “Los mexicanos debemos
asumir nuestra responsabilidad en estos momentos sin claudicar; sin que nos quedemos
intimidados ante el proditorio asesinato, que eso no nos desaliente; que no nos haga
perder la esperanza, sino que todos, independientemente de nuestras creencias y convic-
ciones, non unamos en este momento de la historia política nacional para que logremos
hacer un México más grande, más generoso y más unido.” Tres partidos políticos que asis-
tían en el Senado que unían sus voces en una condena colectiva.
Ciudadano Presidente de la República; Señor Presidente de la Suprema Corte de Jus-
ticia; señores Presidentes de las Grandes Comisiones de la Cámaras de Diputados y Sena-
dores; señores Gobernadores de Chiapas; ciudadano Jefe del Departamento del Distrito
Federal; señores Secretarios de Estado; señores Procuradores; amigos todos: Ante la más
alta representación del país hacemos un llamado a la conciencia de todos los mexicanos
sin excepción. Actos como esos no admiten tolerancia. Para ello están las leyes que tanto,
Diputados y Senadores, hemos hecho y que deben cumplirse cabalmente. La violencia
trunca el desarrollo y el futuro de muchos mexicanos; la violencia no puede ni debe ser
parte de nuestras vidas; evitemos que estos actos criminales se lleguen a ver por nuestra
sociedad con naturalidad y hasta con indiferencia como consecuencia de la cotidianidad;
unámonos por encima de nuestras diferencias, como hizo aquí en el Senado; hagamos
un frente común, un frente unido contra la violencia. México se lo merece y nuestros hijos
también. “Si queremos realmente construir una democracia más cierta y verdadera -ha
dicho el poeta Sabines - no aprovechemos nuestra libertad para destruir la libertad; no la
palabra contra la injuria; no la credulidad para el engaño; no los ánimos para el escándalo;
no los esfuerzos para la demolición.” Así se expresó Jaime Sabines.
Señoras y señores; amigos todos; ese es Jaime Sabines, el poeta de La Vida y la Muerte,
el escritor, el político, el humanista enamorado de la vida, enemigo de la violencia, fervien-
te defensor de la paz, de la prudencia y el diálogo.
Por su tiempo y por su atención, muchas gracias.

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Belisario Domínguez

DISCURSO DEL POETA JAIME SABINES GUTIÉRREZ


Señor Presidente del Senado; Señor Presidente de la República; señoras y señores:
Fuimos tres los candidatos a recibir la Medalla Belisario Domínguez este año. Yo agra-
dezco cumplidamente que el Senado haya decidido otorgármela a mí, pero quiero decir
que la comparto emocionalmente con aquéllos que la merecen tanto o más que yo: Don
Alfonso Tarácena, el historiador y Don José María de los Reyes, el maestro.
Recibir la medalla es, desde luego, una distinción que halaga, pero es también una
responsabilidad que compromete. Nos obliga a pensar en la vida y en la muerte de Don
Belisario Domínguez, en su conducta irreprochable, en su sacrificio ejemplar, meditado,
lúcido, increíble. El suicidio lento de Don Belisario es un suceso que asombra: me refiero
a esos días, después de su segundo discurso, en que espera en el hotel pacientemente,
como si se tratase de otro, el zarpazo del crimen sobre sí mismo. Don Belisario lo sabía
pero no trató de huir. Lo sabía pero quiso quedarse, quiso inmolarse, quiso marcar con
fuego, con el fuego de su propia sangre, la usurpación de Huerta, su traición y su engaño.
Y logró eso y mucho más: logró que lo llamemos cuando la libertad está en peligro, y que
él nos llame a cada rato cuando se olvida la justicia.
Recibir esta medalla -y en este año precisamente- de manos del Presidente Salinas, a
mí me enorgullece y me hace más solidario que nunca con sus propósitos de transformar
al país haciéndolo más real, menos ficticio, más maduro y más actual.
Si el sexenio salinista ha de caracterizarse por el fortalecimiento de la economía -des-
de el arreglo de la deuda externa y el combate decidido a la inflación, hasta dejar firmes
las bases para un desarrollo sustentable- es preciso señalar también que, con la partici-
pación cada vez más activa de la sociedad, dentro y fuera de los partidos políticos, se ha
desarrollado la vida democrática y se seguirá desarrollando con las vías del diálogo, del
respeto a las diferencias y del entendimiento de nuestra pluralidad.
Si el suceso trágico de la semana pasada -la muerte obscena y aberrante del Li-
cenciado Ruiz Massieu- repitió la conmoción del 23 de marzo y alertó nuevamente a la
conciencia nacional, es preciso decir a sus autores, sean quienes sean, narcotraficantes,
o revanchistas, o políticos topos, subterráneos o aviesos, es preciso decirles que están
equivocados. A quienes corresponda: están equivocados. Pueden, es cierto, segar la vida
de un mexicano prominente, pero no podrán destruir nuestras instituciones, que tanto
esfuerzo del pueblo de México han costado, no podrán desviar el rumbo del país, no
podrán evitar la transición democrática que esperamos, no podrán jamás, hacer que la
Nación se ponga de rodillas.
El 21 de agosto está presente. Y la voluntad expresa de nuestra sociedad, su voto pre-
ciso y contundente fue un voto por la paz, fue un voto por el cambio dentro de la paz, fue
un voto por el crecimiento y por el desarrollo, fue un voto para construir y para progresar.
Fue un voto para entendernos, para respetarnos, para perdonarnos incluso, y para poner
el interés nacional por encima de todos.
¡Sí!, nos han lastimado. ¡Sí!, probablemente, han hecho daño emocional al mismo Pre-
sidente de la República; pero después de todo, finalmente, el Presidente Salinas entregará
el poder con la conciencia del haber cumplido y en medio del aplauso convencido de los
mexicanos.

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Tomo II

Pero volviendo a la medalla: ¿Qué hubiera hecho Don Belisario Domínguez de haber
vivido en nuestros días? ¿Habría pensado en ahorrar vidas humanas y hubiese retado al
comandante Marcos a un duelo personal, en una especie de ruleta rusa, como lo hizo con
el Presidente de San Cristóbal en su tiempo? ¿O sólo habría susurrado al oído de Javier
López Moreno, el Gobernador: ten paciencia y escucha, se prudente y actúa para todos
porque serás llamado el apagafuegos, honrosamente?.
No lo sabemos a ciencia cierta. Pero sí sabemos que Don Belisario, presente ahora
como nunca, apoya las demandas sociales de los indígenas porque son justas, repudia la
violencia porque es estéril y procura la unión de todos en la libertad porque es creadora.
En esta circunstancia, recibir la medalla que lleva su nombre es una responsabilidad
que me supera. Confieso que la agradezco profundamente como un regalo que me da la
vida y que no podré pagar.

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