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Antítesis Nómos-Physis en Grecia

El documento explora la antítesis entre los términos griegos "nómos" y "physis" que fueron comúnmente considerados opuestos en los siglos V y IV a.C. "Nómos" se refiere a costumbres, leyes y convenciones establecidas, mientras que "physis" se refiere a la naturaleza o realidad subyacente. Los sofistas y otros pensadores de la época usaron esta antítesis para cuestionar aspectos de la moral, la política y el cosmos, incluyendo si los dioses,
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Antítesis Nómos-Physis en Grecia

El documento explora la antítesis entre los términos griegos "nómos" y "physis" que fueron comúnmente considerados opuestos en los siglos V y IV a.C. "Nómos" se refiere a costumbres, leyes y convenciones establecidas, mientras que "physis" se refiere a la naturaleza o realidad subyacente. Los sofistas y otros pensadores de la época usaron esta antítesis para cuestionar aspectos de la moral, la política y el cosmos, incluyendo si los dioses,
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El mundo de los sofistas 65

los hombres», los cuales, a diferencia de las bestias, debían participar de la


justicia. Esta concepción persistia en la época sofista. Incluso el racionalista
Tucídides pudo referirse, en su tiempo, a los que obraban movidos por los
egoísmos políticos de partido, más como copartícipes de un crimen, que como
observadores de la ley divina 3. Y asimismo, en las «leyes no escritas» de la
Antígona de Sófocles, se atisba que son divinas y eternas y que ningún mortal
puede desafiarIas con éxito, como Creonte aprende demasiado tarde (v. 1113;
sobre las «leyes no escritas», cf. infra, págs. 123 y sigs.). Pero, cuando la
creencia en los dioses se erosiona y ya no es «moneda corriente» (nómisma) 4,
IV
esa aplicabilidad universal deI nómos deja de existir. Entonces la expresión
«leyes no escritas» adquiere un nuevo significado un tanto avieso y menos uní-
LA ANTÍTESIS NÓMOS-PHYSIS EN MORAL Y POLÍTICA voco, apropiado al realismo político de la época.
La historia temprana de los términos nómos y physis es interesante, pero
ha sido ya encontrada en más de una ocasión 5. Ahora nos encontramos en
el punto en que una nueva generación ha separado nómos y physis, como lo
1. PRELIMINARES que es artificial de lo que es natural, y a veces como lo que es falso (aunque
comúnmente creído) de lo que es verdadero. Este último sentido de nómos
Los dos términos nómos (pI. nómoi) y physis son palabras clave deI pensa- lo hemos encontrado en filósofos contemporáneos de los Sofistas: en Empédo-
miento griego que en los siglos v y rv sería posible considerar como un eslogan. cles, cuando niega el nacimiento y la destrucción (o muerte), pero confies a
En los escritores antiguos no aparecen necesariamente como términos incompa- que él mismo se adapta al nómos al usar esos términos, y en Demócrito, cuan-
,tibles o antitéticos, pero en el entorno intelectual deI siglo v llegaron a ser do declara que las cualidades sensibles existen solamente en el nómos 6. Sin
comúnmente considerados como opuestos y mutuamente excluyentes: lo que embargo, entre los Sofistas, historiadores y oradores deI momento (y en el
existía «por nómos» no lo era «por physis», y viceversa. Es este uso de ambos trágico Eurípides, otro portavoz deI nuevo pensamiento) la antítesis era más
términos el que principalmente consideraremos ahora.
El significado de physis debiera haber quedado suficientemente claro en 3 Tuc., III, 82, 6. Incluso Gorgias, que creía en la adaptación de su retórica a la ocasión
nuestros dos volúmenes anteriores. Puede traducirse sin temor a equivocarse (KlllpÓÇ), pudo hablar de los héroes de las guerras como observantes dei 9E1Ó1:Il1:0V Klli K01Vàv
por «naturaleza», aunque, cuando aparece juntamente con nómos, el término VÓ!J.Ov (fr. 6).
«realidad» pueda a veces marcar el contraste con mayor claridad 1. Para los 4 Aristóf., Nubes 248, juega con las dos acepciones de la palabra. La relacionada con «acuna-

pertenecientes a la época clásica, nómos era algo en lo que nomídsetai, es decir, cióo» es la más común, pero respecto a la otra, ver Esqu., Siete 269; Eur., I. T. 1471. Pind.,
fr. 203 Bowra (infra, pág. 136).
algo en lo que se cree, algo que se practica o que se da por bueno; primitiva- 5 EI tratamiento más amplio se encuentra en Heinímann, Nomos und Physis, 1945, reimpr.
mente, algo que németai, algo que es repartido, distribuido o dispensado 2. 1965. En una reseiia de la reimpresión en L 'Ant. C/asso de 1965, E. des Places menciona algunos
Presupone, por tanto, un sujeto activo -creyente, practicante o dispensador-, trabajos sobre el tema aparecidos en ese intervalo. EI artículo de Pohlenz con el mismo título,
una mente de la que el nómos emane. Naturalmente, y en consecuencia, los en Hermes, 1953, constituye una abierta critica al trabajo de Heinimann. Su articulo <<Nomos»,
diferentes pueblos tenian diferentes nómoi; pero, en tanto que la religión se en Phi/ol., 1948, se ocupa brevemente de la etimologia y el desarrollo semántico dei término.
Sobre nómos, ver también Ehrenberg, Rechtsidee, págs. 114 y sigs.
mantenía como una fuerza efectiva, la mente legisladora podía ser la de Dios, 6 Empéd., fr. 9 (vol. II, pág. 167); Demócr., fr. 9 (vol. II, págs. 447-448 y n. 147). Hay
y asi era posible que existieran nómoi aplicables a toda la humanidad. «Las reminíscencias de Empédocles· en Hipócr., De victu I, 4 (VI, 476 L.) Õ VÓ!J.oç yàp Tij QlÚcrEl 1tEpi
leyes humanas (nómoi) se nutren de una única ley, la divina», decía Heráclito 1:0Ú1:WV EVIlV"tÍOÇ, donde 1:0Ú1:WV se refiere a la identidad dei devenir y dei perecer con la mezcla
(cf. 114, voI. I, pág. 401), y para Hesíodo (Trab. 276, repetido·en el mito relata- y la separación o disgregación. Cf. también Morb. sacro 17 (VI, 392 L.): los sentimientos, apetitos,
do por Protágoras, Platón, Prot. 322d) Zeus había dictado «una ley para todos afectos ... y el conocimiento tienen su sede en el cerebro; QlP&VEÇ (literalmente «diafragma», pero
utilizado en el griego ordinario para significar mente o sentidos) es un nombre que se debe al
azar y al nómos y no se corresponde con la realidad. En este sentido, el par VÓ!J.C!l-ETtJ:J o VÓ!J.oç-
1Ver vol. I, págs. 88 y sig., y vol. II, págs. 359-360 y n. 15. Eóv (o àÀ.!Í9Etll, cf. SÓf., fr. 83.3 N.) se aproxima en el sentido a la expresión comÚD À.Óy<tl !J.EV ...
2Ver Pohlenz en Philol., 1948, pág. 137 = K/. Schr., vol. II, pág. 335, y las referencias &py<tl õe: En Hdt., IV, 39, I, À.Óy<tl podría reemplazar a VÓ!J.<tl sin detrimento dei sentido ni dei
en Ehrenberg, Rechcsidee, pág. 114, n. I. lenguaje (cL IV, 8, 2).

mosoFÍA GRIEGA, m. - 5
66 Historia de la filosoFa griega, III El mundo de los sofistas 67

comúnrnente invocada en las esferas morales y políticas. Aquí sus acepciones de si los dioses existían por physis -en la realidad- o solamente por nómos;
más importantes son dos: 1) usos o costumbres basados en creencias tradicio- el de la organización política, sobre si los Estados surgieron por ordenación
nales o convencionales sobre lo que es recto, justo, bueno o verdadero; 2) divina, por necesidad natural o por nómos; el deI cosmopolitismo, en torno
leyes formalmente formuladas y aprobadas, que codifican el «recto uso» y lo a si las divisiones dentro de la especie humana eran naturales o solamente un
elevan a norma obligatoria respaldada por la autoridad deI Estado. La primera asunto de nómos; el de la igualdad, acerca de si el dominio de un hombre
más antigua, pero nunca se perdió de vista, de tal forma que, para los griegos, sobre otro (esclavitud) o de una nación sobre otra (imperio) era natural e inevi-
la ley, por mucho que estuviera formulada por escrito y reforzada por la auto- table, o solamente por nómos; etc. Todo esquema implica un riesgo de solapa-
ridad, seguía dependiendo de los usos y de las costumbres. «La ley -escribió miento, que debe controlarse; pero, un poco, puede incluso ser deseable, para
Aristóteles (PaI. 1269a20)- no tiene otra fuerza para compeler a obediencia mostrar cómo las diversas cuestiones estaban imbricadas en el pensarniento de
que el uso.» En cierta medida, esto es verdad en cualquier sociedad. Como la época. Este capítulo explicará la antítesis misma con más detalle, y cómo,
ha escrito H. L. A. Hart (Law, Liberty and Morality, pág. 51): «Es bastante una vez establecida, llevó a estimaciones muy diferentes deI valor relativo de
claro (y una de las ideas más antiguas de la teoria política) que la sociedad physis y nómos en el campo moral y político.
no habría podido existir sino una moralidad que reflejase y complementase la >.)
proscripción legal de la conducta injusta e injuriosa para otros.» En la sociedad Se ha discutido con frecuencia qué cuestión pudo ser, en primera línea,
primitiva la diferencia, si la había, entre ambas, era muy pequena, porque responsable de la distinción; pero tal vez no fuese ninguna o que, al menos,
la costumbre misma tenía fuerza vinculante. La codificación sólo se hace nece- no admitía unarespuesta avalable por los datos que tenemos. Aristóteles consi-
saria en un estadio de civilización bastante avanzado. De aquí, en su origen, deró la distinción como el tópos más extendido y el medio más idóneo, recono-
la oscilación deI término entre ambas acepciones. Sin embargo, dado que ya cido por «todos en la antigüedad», de atrapar al oponente en una paradoja
están separadas para nosotros, y no hay ninguna palabra en castellano que (Ref. sof. 173a7). Heinimann cita un pasaje deI hipocrático De aere aquis loeis
tenga la misma cobertura, será mejor mantener el término griego. Servirá para como el documento más antiguo, pero la formulación atribuida a Arquelao
recordamos que, ya que el mismo término nómos expresa ambas acepciones, de la distinción (A 1 y 2 DK) es probablemente más antigua y, en cualquier
«la distinción entre lo que es legalmente aplicable y lo que es moralmente bue- caso, la primera mención conocida dentro de un contexto ético 8. La yuxtaposi-
no estaba mucho menos definida entre los griegos de lo que lo está entre' ción ligeramente cómica de lo ético y lo físico en la versión de Diógenes Laer-
nosotros 7. cio (<<Dijo que los seres vivos surgieron primero deI lodo, y que la justicia
y la injusticia no existen. por naturaleza sino por convención») se debe, induda-
Trataremos, oportunamente, en diversos apartados los tópicos o temas que, blemente, a la ingenuidad deI compilador, y no nos cabe que Arquelao expresa-
por lo común, son considerados como diferentes, pero no sin antes llevar a ra su pensarniento con estas palabras; pero puede legítimamente recordarnos
cabo, primero, un sumario examen de la antítesis nómos-physis (cuyos efectos la conexión histórica entre las teorías evolucionistas físicas y el orjgen conven-
y características han sido delineados de forma introductoria en el capítulo ante- cional de la moralidad y de la ley. Arquelao era contemporáneo de Demócrito.
rior), implicando como implica (y vamos a ver) a la mayoria de las cuestiones
debatidas en la época. El debate de la religión se orientó hacia la cuestión • Heinímann, N. U. Ph., págs. 13 y sigs. EI testimonio que nos permite conocer el pensamiento
de Arquelao se remonta, con bastante seguridad, al estudio específico que hizo Teofrastro de
él, en su obra 7t&pi -rwv 'APX&À.áou, mencionada por D.L. (V, 42). En el escrito médico, el contex-
7 Dodds, Gorgias, pág. 266. Heinímann (H. U. Ph., pág. 78) cita pasajes de Hdt. para demos- to es antropológico y éticamente neutral: describirá las diferencias entre las diversas razas, débanse
trar que, en su tiempo, no habia una distinción nítida entre los dos sentidos o acepciones, uso a VÓI-LOC; o a <jlúme;. En cuanto a la fecha, Arquelao tuvo que ser más viejo que Sócrates, e Hipó-
o costumbre y ley. La coincidencia originaria entre costumbre y ley (observada por Pohlenz en Crates era, probablemente, algunos afios más joven, a pesar de la afirmación más bien vaga de
Hermes, 1953, pág. 426) se relaciona obviamente con la cuestión de las <<leyes no escritas». El Aulo Gelio, N. A. VII, 21 (RE, vol. VIU, coI. 1803; Jones, en Loeb, Hipócr., 1, XLIII). Heini-
verbo derivado vOI-Líçetv tiene un alcance similar, aunque el sentido de legislar es más raro, y mann fecha De aere... poco antes de la Guerra deI Peloponeso; Pohlenz (que pensaba que era
el más común es el de creer. Los dos sentidos aparecen juntOS en Jen., Rep. Jac. 2, 4: Licurgo deI mismo Hipócrates), después deI 428, y por la forma en que se introduce la distinción, deduzco
&VÓI-L,ç&V É:vi. íl-Lo:riC(l o,' it-roue; 7tpoo&SiÇ&oSat, vOI-Liçwv oü-rwe; ... ãI-L&tvov àv 7tap&oK&uáoSat. Sig- que debia de ser ya familiar. Se inclina por Arquelao como su autor o formulador. Ver su artículo
nifica «hacer prácticas rituales de» en Hdt., IV, 59, 2: los escitas VT]OUC; ou v0I-LiÇOUOt 7totciv en Hermes, 1953; y, para Arquelao en general, nuestro vol. II, págs. 346 y sigs., y Heinímann,
-no es su n6mos. En el mismo capitulo aparece con el sentido de «creer em> (dioses) y «creer págs. 111-14. Era un ateniense der siglo de Pericles, contemporáneo de la primera generación
que» (Gea es la esposa de Zeus). lnfra, pág. 235, n. 29, se muestra que, en la acusación de de Sofistas. Su interés tanto por el origen de la vida como por el de la sociedad y las leyes humanas
Sócrates, S&OUe; ou VOI-LiÇwv indicaba una incredulidad real. EI sentido de «establecer, instituir», recuerda a Protágoras, pero es imposible senalar una prioridad entre ellos, al margen de afirmar
aparece en Tuc., II, 38, y cL Arist., PaI. 1275b7. con una cierta seguridad que Protágoras era, de los dos, el mayor.
68 Historia de la filosofia griega, III El mundo de los sofistas 69
Estamos entrando en un mundo en el que no sólo lo dulce y lo amargo, lo A medida que avancemos, nos iremos encontrando con toda una serie de refe-
caliente y lo frío, existen meramente en la creencia, o por convención, sino rencias a la conveniencia o al interés ("to crulL<PÉpOV) como norma, especialmen-
también la justicia y la injusticia, lo bueno y lo malo 9. Las dudas acerca deI te en Tucídides. En la esfera política, Untersteiner cita un curioso 12 ejemplo
or4en y la estabilidad deI mundo físico en su conjunto, y el destronamiento de Lisias: «La primera cosa que hay que tener en cuenta es que ningún hombre
de la divinidad en favor deI azar y la necesidad natural como causas, fueron. es por naturaleza oligarca o demócrata, sino que cada uno procura que se
suscitadas por los defensores de la relatividad de las concepciones éticas y llega- establezca el tipo de constitución que sea ventajoso para él.»
ron a constituir la base de su argumentación. Para compro bar que fue así, Con esta negación deI carácter absoluto de la ley y de los valores morales,
no necesitamos más que dirigir la mirada hacia adelante, al lapso de tiempo o de un lugar para ellos en la naturaleza permanente de las cosas, se ha prepa-
en que Platón salió a la palestra contra ellos: para combatir sus molestas teo- rado la escena para una controversia entre los dos puntos de vista, pero la
rías mo rales se vioobligado a construir toda una cosmogonía en la que se constatación deI contraste no decide por sí mlsma el resultado. Ellugar conce-
otorgaba el primer lugar a la inteligencia y a la intencionalidad consciente. dido a la ley y a la tradición, al menos en Grecia, no estaba en absoluto deter-
Ha sido, dice, la idea de que el cosmos 'es el resultado deI azar la que ha minado por la inicial constatación de que fuesen artificiales o convencionales,
hecho posible la negación de los modelos absolutos deI bien y deI mal (infra, y que los que conviniesen en ello pudiesen, no obstante, extraer conclusiones
págs. 120 y sig.). prácticas diferentes. Simplificando, se pueden distinguir tres posturas principa-
La ley, por tanto, y las normas morales reforzadas por la opinión pública, les: prevalencia deI nómos frente a la physis, prevalencia de la physis frente
no son dadas por Dios como se creía antes. Son algo impuesto por el hombre al nómos, y una actitud de realismo práctico o pragmático que, sin pronunciar-
a sus iguales o, en el mejor de los casos, creadas por un acuerdo para ponerle se en ningún sentido, declara que el más poderoso siempre se aprovechará deI
límites a la libertad de cada individuo. De esta manera, más débil, y dará el nombre de ley y justicia a todo lo que establezca o dictami-
ne en favor de sus propios intereses, manteniéndole el nombre todo el tiempo
el manejo de la historia y la experiencia ayudaron a desarrollar una muy dife-
que retenga el poder.
rente serie de valores y normas, no basadas en la bondad o maldad según
la moral tradicional, sino, simplemente, en el éxito o el fracaso, la convenien-
cia o la inconveniencia ... Ningunas normas o leyes eran absolutamente rígidas 2. Los DEFENSORES DEL «NÓMOS».
o invariables: siempre tenian que ser adaptadis a las cambiantes circunstan-
cias ... Lo~ viajes de los descubrirnientos ... revelaron numerosos sistemas de a) Teorias antropológicas deI progreso.
moralidad diferentes ... A ninguno de esos usos y costumbres, tan numerosos
en contenido y diversidad, se les podíaatribuir una «aplicabilidad permanen- l.Qué es este pacto, sino los medios por los cuales el hombre, que es una
te». En consecuencia, la idea de una ley moral universal estaba, en este senti- criatura relativamente débil e indefensa, puede mantener su status biológico,
do, declinando, y llegó a hacerse pari passu más verosímil el contemplar las cosa que de otra manera no podría nunca lograr?
leyes y normas morales como meramente consuetudinarias y relativas, y como (H. G. BAYNES, «Psicological Origins of..Divine Kingship», Folklore,
que se habían desarrollado para responder a las necesidades de cada pueblo 1936, pág. 91.)
en concreto en un espacio y un tiempo determinados. Eneste sentido, el <<Ínte-
Ya hemos tenido ocasión de referimos a las teorías deI progreso de la hu-
rés» era lo que parecía subyacer a los valores morales, una actitud que fácil-
mente derivó hacia una especie de interpretación hedonistica o utilitaria.
manidad que, en el siglo v, como un corolario natural de las teorías físicas
de la evolución de la vida a partir de la materia inanimada, comenzaron a
Este pasaje, que tan bien describe el cambiante clima de pensamiento en reemplazar a la idea mítica de la degeneración desde una perfección original
el siglo v de Atenas, fue en realidad escrito sobre el siglo XVII de Inglaterra !o, (ver voI. II, pág. 480). Pueden encontrarse en Demócrito, y aparecen en los
y podría aplicarse con casi igual propiedad a la «ética situacional» actual 11. más diversos autores, lo mismo en Esquilo que en Eurípides, el Corpus Hippo-
craticum, el Sofista Protágoras, el aristócrata Critias y, algo más tarde, el poe-
ta trágico Mosquión. Aunque Sófocles no describió el estado salvaje original,
9 Esta yuxtaposición de lo físico y lo moral corno igualmente subjetivos, Platón la relaciona
su elogio deI progreso técnico deI hombre en Antigona presupone el mismo
con Protágoras, Teet. ·171e-l72a.
10 Greenleaf, Order, Empiricism and Po/itics, fragmentos de las págs. 197-199.
11 Cf. Time Magazine (22 abril 1966): «Los valores tradicionales están cediendo el paso a 12 Curioso porque recuerda al soldado raso Willis de Iolanthe, con cuya fe en la naturaleza,

una 'ética situacional' -lo que significa que nada es intrinsecamente bueno o malo, sino que como árbitro de la lealtad política ai partido, el orador no estaba de acuerdo. La cita es de Lisias,
se debe juzgar de acuerdo con el contexto, sin pensarlo.» Apol. oro 25, 8 (Untersteiner, Sof., fasc. IV, pág. 74).
70 Historia de la filosofía griega, III El mundo de los sofzstas 71
orden de cosas. El que figure o no aquí Prometeo, «Pre-pensamiento» o «Pre- que de estos avances, hay documentos que hablan de la domesticación de ani-
pensador», parece de poca importancia. En Esquilo figura, pero sólo como males y de la adquisición de habilidades o destrezas técnicas. Se edificaron
el que dotó a los hombres de inteligencia y les ensenó a utilizar sus propias casas y ciudades, el uso dei fuego hizo posible la cocina y condujo a la extrac-
mentes. En Eurípides, el benefactor es desconocido (cualquier dios pudo ser ción y forja de los metales, se botaron naves y se desarrolló ei comercio a
el que nos dotas e por primera vez de inteligencia), y en Sófocles es el hombre través de los mares, y se contuvo la enfermedad. Los médicos griegos conside-.
mismo quien, por su pro pio esfuerzo, llega a convertirse en la maravilla dei raron el mantenirniento de la salud, en gran medida, como dependiente de
universo. Mosquión, aunque más tarde 13, refleja una indiferencia ya evidente una dieta correcta, y, para el autor, perteneciente al siglo v, de Sobre la medici-
en el siglo v, cuando escribe que el autor dei proceso fue el tiempo rnismo, na antigua (cap. 3; I, 576-8 L.), la medicina comenzó cu ando los productos
bien ayudado por Prometeo o por la Necesidad, o bien, simplemente, a impul- alimeiJ.ticios cultivados, las comidascocinadas y una dieta equilibrada sustitu-
sos de la experiencia o de la naturaleza. yeron al régimen al modo animal dei hombre primitivo, proceso que, ensu
Según estas concepciones, los primeros hombres vivían como animales, sin opinión, cubrió un largo período de tiempo y fue llevado a cabo [no por Escu-
vestidos ni casas, en grutas, cavernas o madrigueras. No albergaban la más lapio, sino] por la «necesidad».
mínima idea de unirse entre sí, sino que andaban dispersos por el campo ali- Estos escuetos datos racionalistas dei desarrollo progresivo de la humanidad
mentándose de lo que encontraban e, incluso, recurriendo al canibalismo. Mo- contrastan fuertemente con las viejas concepciones religiosas de una degenera-
rían en grandes proporciones víctimas dei frio y de las enfermedades causadas ción desde una época de perfección -Ia «Raza Áurea» de Hesíodo o la «Esfera
por un régimen de cornidas crudas, así como por los ataques de las fieras salva- dei Amor» de Empédocles- en que la bondad dei hombre corría pareja con
jes. Hasta que sus rnismas dificultades y apuros imprirnieron en ellos la necesidad la favorable abundancia de la naturaleza 16. Las coincidencias, tanto de pensa-
de agruparse para sobrevivir y, junto con la necesidad de una comunicación miento como de vocabulario, de varios autores 17, sugieren imperiosamente una
racional, fueron poco a poco aprendiendo a convertir sus gritos inarticulados fuente común, que muy posiblemente pudo haber sido Jenófanes, el longevo
en lenguaje. También llegaron, desde una etapa de almacenamiento de produc- poeta y filósofo que probablemente sobrevivió hasta cerca dei 470 (vol. I, pági-
tos silvestres para el invierno, al laboreo dei suelo y al cultivo de los cereales nas 342 y sig). AI menos los versos (fI. 18) en los que dice que «los dioses
y las vides. Esto marcó el comienzo de la vidá civilizada en comunidades, así no revelaron todas las cosas a los hombres desde el principio, sino que, con
como el dei reconocirniento de los derechos de los demás y el de los rudi- el paso dei tiempo, investigando progresaron ellos en sus descubrirnientos»,
mentos de la ley y el ordeno Deméter, otorgadora de los cereales, fue también ponen de manifieslo que fue un creyente en el progreso, no en la degeneración,
Tesmófora, fundadora de la ley. Después de todo, como oportunamente obser- y parecen prefigurar las detalladas exposiciones dei avance de la civilización
vó Rousseau, lquién cometería el absurdo de emplearse en cultivar un campo, que encontramos en escritores más recientes 18. Desarrollara o no sus afirma-
si el estado de la sociedad fuera tal que pudiera verse despojado de su cosecha ciones en esa línea, ciertamente hizo circular la idea, que cuadraba bien con
por el primero al que se le antojase? 14. Esto se pone de manifiesto, particular- sus diatribas contra la perspectiva religiosa de Homero y Hesíodo 19, y que,
mente, en la pretensión de los atenienses de ser los iniciadores tanto dei cultivo
cerealista como de las leyes y dei gobierno constitucional IS. AI rnismo tiémpo
y 29: ií~"pov i3íov, asi como Diod., XIII, 26, 3; los atenienses compartian su -rpo<Piíe; 1Í~Épou
con otros griegos, y los llevaron cle; ií~EpOV Kai ôlKaíav cru~i3íúlcrtV .-Sobre las relaciones entre
eEcr~óe; y vó~oe;, ver Ehrenberg, Rechtsidee, cap. 3, especialmente pág. 123.
13 Posiblemente, el siglo II a. C. Ver Diehl, en RE, voI. XXXI, coI. 345. EI autor dei hipocráti- 16 Una descripción más detallada que la que puede darse aqui, junto con algunos interesantes
co De vet. medicina (cap. 14; I, 600 L.) dice que, aunque la medicina sea un arte puramente intentos de combinar ambas concepciones, como el de Dicearco en el siglo N, se podrão encontrar
humano, desarrollado por la investigación racional, sus inventores consideraron que merecía ser en mi In the Beginning, caps. 4 y 5.
atribuido a un dios, como comúnrnente se pensaba (cllcr Kai vo~íÇ&-ral); Edelstein, Idea of Progress, 17 Ver las traducciones infra, págs. 87 y sigs. asi corno las notas, que llaman la atención sobre
pág. 54, n. 71, es susceptible de corrección en este PUnto.
14 Origin of Inequality, ed. Everyman, pág. 188. Cf. la cita de Grocio sobre «Ceres Legisla-

trix» , en pág. 217.


I.
algunas de las frases o pala bras-clave repetidas.
Para un comentario exhaustivo (tal vez demasiado extenso) de estos versos, ver Edelstein,
Idea of Progress, cap. 1.
15 Ver, esp~~;~ente, los pasajes de Mosquión, Diodoro (XIÍI, 26: 3) e Isócrates, injrã. 19 Una palabra que tenia que haber figurado en el original, por derecho propio, era e"pt<Ílõ"e;
págs. 89, 90, 91. La agricultura implica, por supuesto, el cambio desde una forma de vida nómada (cf. infra, pág. 88, n. 49). Hubiese sido en perjuicio de la extensión hexamétrica pura que presenta
a otra sedentaria, aunque no se mencione expresamente en nuestras fuentes. Favorecían esa cone- el contexto dei fr. 18, pero podia haber cabido en alguno de sus poemas yámbicos o mixtos.
xión las asociaciones de la palabra ií~EpOe;, que significa: a) cosecha cultivada, como opuesta Habria que ai\adir, por lo demás, que la idea dei progreso corno una conquista humana puede
a silvestre, b) cortés o civilizado, como opuesto a salvaje, combinación que no se da en ninguna remontarse a comienzos dei siglo VI. Ver O'Brien, Socr. Paradoxes, págs. 59 y sig., sobre los
palabra de nuestro idioma. Cf., especialmente, Mosquión, fr. 6, 23 Nauck: Kapnôe; 1Í~Épou -rpo<Piíe;, relatos de Foroneo y Palamedes.
I
i'
I
72 Historia de la filosofía griega, III EI mundo de los sofistas 73
viniera de donde viniera, consiguió amplia difusión en la atmósfera secular
deI siglo v.
1 la arquitectura o la construcción naval, los atenienses sólo aceptarían el consejo
de un experto, pero que en lo que atane a política general le permiten a cual-
Los partidarios de estas teorías históricas estaban obviamente de parte deI quiera dar consejos, y ello,evidentemente, porque no piensan que sea ése un
nómos y rechazaban, al mismo tiempo, cualquier idea deI nómos como algo asunto técnico que requiera adiestramiento o aprendizaje; b) que los mejores
innato en la naturaleza humana desde el principio o como un ordenamiento hombres de Estado y los más sabios se consideran incapaces de transmitir sus
divino. Critias, Isócrates y Mosquión, todos, mencionan a los nómoi como los excelencias políticas a otros, incluidos sus propios hijos. Protágoras se ofrece
medios de elevación de la vida humana por encima deI nivel de las bestias. a llevar a cabo su demostración ya sea en forma de argumentación razonada,
El clímax deI coro de Ant(gona es la declaración de que las conquistas técnicas o bien relatándoles un mito, y, cuando su auditorio lo deja a su elección, esco-
en sí mismas no son ni buenas ni malas: pueden llevar al hombre tanto al ge el relato de un mito, por ser más apropiado para producirles placer, lo
mal como al bien. Lo esencial es que observe los nómoi y participe de la justi- que, por así decirlo, nos advierte de· que la introducción de los dioses no debe
cia. A diferencia de los personajes de Critias y Mosquión, el Teseo de Eurípides ser tomada en serio, sino que puede obviarse como un simple adorno deI rela-
es piadoso: atribuye el progreso de la humanidad, desde un estado confuso to. Platón sabía bien que Protágoras era un agnóstico religioso (cf. Teeteto
de brutalidad a la civilización, a un dios no nombrado, aunque por indicios 162d) y que no tenía intención de enganar. De hecho, el mito va seguido de
hallados en otros lugares se puede dudar de que Eurípides, en efecto, no lo una explicación racional de los puntos principales, explicación de la que los
nombrara. En cualquier caso, su moraleja es la misma: evitar el orgullo (-ró agentes divinos están totalmente ausentes.
'Y(lUpóv); el hombre ideal es el ciudadano de clase media que «mantiene el Protágoras tenía que defender un punto de vista difícil, y lo hace con una
kósmos que el Estado impone» (vv. 244 y sig.). asombrosa habilidad. Si admitía que la virtud (por emplear la traducción caste-
llana más corriente de areté) era un don natural de toda la especie humana,
b) Protágoras: sobre el estado original dei hombre. antes que algo adquirido por aprendizaje, se declararía a sí mismo «en par~»,
Un defensor de la teoria deI progreso que puede afirmarse de pleno derecho porque la ensefianza de la virtud era precisamente lo que él proclamaba como
filósofo es Protágoras, el primero y más grande de los Sofistas. En la lista su métier. Por otra parte, se ha comprometido a justificar el principio subya-
de sus obras aparece un título: De la organización primitiva, que cabe entender cente a la democracia ateniense, de que las cuestiones de política general no
que versaba «sobre el estado original deI hombre» 20. Ya desde aquí asumimos·
que, cuando Platón pone en su boca un discurso sobre este «tópico», está a favor pueden aii.adirse: Heinimann, N. U. Ph., pág. 115; Schrnid, Gesch. gr. Lit., 1.3.1,
reproduciendo sustancialmente las propias opiniones de Protágoras, y, lo más pág. 17, n. 10; Versényi, Socr. Hum., pág. 23, y Bignone, Studi, pág. 22, n. 2; y a los que
probable, tal como aparecían en la referida obra. El pasaje en cuestión es Prot. están en contra: Capizzi, Protagora, pág. 259. Cf., también, von Fritz en RE, XLV Halbb., 917.-La
320c sigs. Protágoras ha hecho profesión de ensefiar areté política (cL supra, oposición de Havelock se basa, en buena medida, en el siguiente cuestionamiento retórico (L. T.,
pág. 88): «"Por qué ... un genio tendria que tomarse la molestia de hacer publicidad, en sus propios
págs. 48 y sig.), y Sócrates ha expresado sus dudas sobre si puede ser ensefia- escritos, de un sistema ya en circulación y dado a conocer por alguien que representaba a una
da 21. Objeta a) que en temas que se consideran ensefiables y aprendibles, como escuela de la que él desconfiaba?», lo cual, a su vez, se apoya en su creencia general de que
«ningún filósofo, en su sano juicio, se tomaria la molestia de exponer con fidelidad histórica
ideas u opiniones que él, intelectualmente, no pudiese aceptan) (pág. 165). Lo que él hace es
20 1tepi TIjc; ev à.P;Ôl Kct'ta01:áaeroc;, D.L, IX, 55. EI título seria inadecuado para una cosmo- un «examen críticO» de ellas. Ahora bien, no se explica cómo se pueden criticar adecuadamente
gonia, aun desconociendo que el principal interés de Protágoras residiese en la humanidad. (Lesky unas ideas o unas opiniones sin tomarse, primero, la molestia de exponerlas con precisión. Es
lo traduce también como referido al hombre, HGL, pág. 345.) A veces se comparacon las palabras posible pensar de los filósofos de un modo algo mejor que ése. Los libros publicados en la excelen-
de Demócrito en el fr. 278: se cree que el tener hijos es una necesidad para el hombre cmo cpúatoc; te serie Pelican de estudios históricos, por separado, sobre filósofos del pasado, están escritos
Kai Ka-raa-rámóc; -rtvOC; à.pxaillC;. Más apropiado es, al.respecto, el enunciado de Mosquión (fr. por filósofos «en activo» que, ciertamente, no suscribirian todas las opiniones de suS personajes.
6, 2) de que va a explicar à.P:d1v I3po-reiou Kai Ka-ráa-ramv l3iou, que parece un eco de Protágoras. Un cuestionamiento retórico puede contrarrestarse, normalmente, con otro, en este caso con el
Nestle sugeria, plausiblemente (VMzuL, pág. 282), que el original era una lectura pública (emôet- siguiente de M. Salomon (Savigny-Stift, 1911, pág. 136): «"Qué interés podia haber tenido Platón,
<;tC;), e, incluso, que habria adoptado la forma mitica, como la Elección de Heracles, de Pródico, que habla con no poco respeto de Protágoras, en atribuirle opiniones que hubieran distorsionado
de la cual dice Jenofome (Mem. II, I, 21) 1tÃEia-rotc; bnôEÍKvu-rat. Nótese que también el Sócrates y falsificado nuestra imagen de él?».-La cuestión se ha discutido exhaustivamente, y no merece
de Platón habla de Protágoras como -roaaü-ra emÔet<;áJ,LEVOC; (Prot. 328d). Ver también infra, la pena replantearla. Hay dos argumentos, usados contra la autenticidad, que deben desecharse
pág. 308. de una vez por todas: 1) las inconsistencias internas, ya que, como demostraremos ai analizar
21 Ésta es la opinión de una amplia mayoria de especialistas. Para un resumen de las opiniones, el contenido, no hay ninguna de peso; 2) la pretensión de que se trata de una parodia o distorsión
ver Untersteiner, Sophs., pág. 72, n. 24, que está de acuerdo con ella, y Havelock, L.T., destinada a desacreditar al Sofista, ya que una lectura imparcial dei mito y dei lógos que le sigue
págs. 407-409, que no lo está; también O'Brien, Socr. Paradoxes, págs. 62 y sigo A los que están sólo dejan a uno sentimientos de profundo respeto por su autor.
74 Historia de la filosofía griega, III El mundo de los sofistas 75
son en absoluto técnicas, de tal forma que el consejo de un herrero o un zapa- más compleja, que viene a ser una combinación de pudor, recato y respeto
ter o puede ser tan bueno como el de cualquier otro, lo cual parece implicar a los demás y que no está lejos de lo que se entiende por «conciencia». Estos
que las virtudes necesarias son innatas en todo hombre y no transmitidas por dones no deben restringirse sólo a unos cuantos individuos selectos, como en
la ensefianza. Ambas posiciones se mantienen en el mito y en la explicación las artes, en las que uno es médico, otro músico, etc., para muchos, dado
que le sigue 22. que la vida hay que llevarla sobre un principio de división deI trabajo. Todos
La sagacidad (sabidúría o habilidad) técnica (ÉV'têXVOÇ c;oq>ía) es innata han de ser partícipes de ellos, porque «nunca podría haber ciudades, si, como
en el hombre desde el principio, atendiendo a que en el mito está concedida en las artes, sólo unos pocos participasen de estas virtudes». Sin embargo,
por Prometeo en el momento mismo en que los primeros hombres van a surgir ni el propio Zeus puede asegurar que sean universales, ya que no formaban
a la luz. Sólo que con otra expresión, la de «inteligencia práctica» (C;úvêC;tÇ parte de la naturaleza original humana, y por eso decreta que, si alguien se
en Eurípides), es el primer don divino en Eurípides y Esquilo. También fue demostrara incapaz de adquirirIas, se le deberá eliminar como si fuera un tu-
originario, al decir deI mito, el instinto de adoración, porque los hombres «par- mor canceroso en el cuerpo político.
ticipan de la divinidad». Y participaban tanto en el sentido de que la razón Los decretos de Zeus representan lo que en las antropologías no míticas
fue el regalo de Prometeo, un ser divino, como también porque la posesión· (y en la mente de Protágoras) eran la acción deI tiempo, la amarga experiencia
de la razón era considerada una sefial de semejanza o parentesco con los dioses. y la necesidad 2S. El relato ensefia dos cosas acerca de las «virtudes políticas»:
Puede que el propio Protágoras reconociera en la adoración algo peculiar deI a) en el mundo civilizado son poseídas en algún grado (á!léõç yÉ 1tCüç, 323c)
hombre, y tal vez necesario, para él, sin comprometerse a sí mismo en la exis- por todos, pero b) no son innatas en el hombre desde el principio. En la expli-
tencia de su objeto 23. cación que sigue aI mito se ocupa Protágoras de ambos puntos. El primero
Sirviéndose de su natural ingenio, los hombres pronto se proveyeron de justifica el que los atenienses exijan competencia en las artes técnicas pero no
alimento, casas y vestidos, y aprendieron a hablar; pero todavia vivÍan «disper- en el arte de la política, para la que los primeros requisitos son justicia y mode-
sos», sin ciudades, puesto que, aunque tenían el «arte manual deI artesano» 2\ ración. Todo el mundo cree, de hecho, que de estas virtudes deben participar
carecían deI «arte de la política». En consecuencia, muchos eran víctimas de todos. Un hombre completamente desprovisto de un don artístico -por ejem-
las bestias salvajes, contra las cuales la única defensa para la especie humana, pIo, el de la música- es un caso frecuente, pero un hombre sin ninguna cuali-
físicamente más débil, consistía en un actuar de consuno. Temiendo, pues, dad moral no podría llevar una vida humana, y a cualquiera que declarase·
que sucumbiera toda la especie humana, Zeus (en el relato) envió a Hermes ser ése su propio caso se le tendría irremisiblemente por loco (322a-c). Si alguna
para que les llevase a los hombres dos virtudes morales, aidÓs y dz7ce, «a fin vez Sócrates se encontrase a alguien semejante -el cuaL ex hypothesi debería
de hacer posible el orden político y crear un lazo de arnistad y unión» (322c). vivir aislado, sin educación, tribunales de justicia, leyes o cualquiera otra de
Dzke es el sentido de bondad, rectitud o justicia, y aidÓs una cualidad moral las obligaciones y necesidades impuestas por la vida civilizada-, le cabría tener
aI más empedernido criminal de Atenas por virtuoso al lado de él. En segundo
lugar, sin embargo, aunque los atenienses, como cualesquiera otros, pensaban
22 Lo que viene a continuación se basa en la exposición más amplia !levada a cabo por mí
que todos participaban en alguna medida de las virtudes políticas, no las consi-
en ln the Beginning, págs. 85 y sigs.
23 Protágoras no negó la existencia de los dioses, sino que rehusó discuúr la cuesúón apoyán-
deraban innatas o espontáneas sino susceptibles de ser adquiridas por la ense-
dose en que, ciertamente, era imposible hacerlo (fr. 4, y Platón, Teet. 162d-e). Su.amigo Pericles fianza y el ejercitado esfuerzo (323c, consecuentemente, éstas se correspon-
decía que nuestra creencia en los dioses se apoyaba en los honores que se les tributaban, asi dían, en realidad, con los decretos de Zeus en el mito). La educación comienza
como en los beneficios que concedían (Estesímbroto, ap. Plut., Per. 8). Protágoras, probablemen- desde la infancia, con la madre, la nodriza y el padre, y es prolongada por
te, consideró esos datos escasamente suficientes. Asi Nestle, ed. de Prot., págs. 19 y sigs. Ver
los maestros en la escuela, y en la edad adulta por el Estado, cuyas leyes esta-
infra, págs. 231 Y sigo Un lenguaje similar aparece en Jenofonte, Mem. I, 4, 13 (el hombre es
la única raza que adora a los dioses) y IV, 3, 14 (el alma deI hombre "toü 9siou J.LS1:&Xst). blecen pautas de cómo vivir. Además, los ciudadanos se estimulan unos a oiros,
24 ÕllJ.LtOUPY1-Kit 1:ÉXY11, 322b. Una comparación con êLps"tiiç ... ÕllJ.LtOuPY1-Kiiç en el 322d propor- ya que interesa que nuestros prójimos comprendan las regIas de la vida social
ciona una sorprendente demostración de las asociaciones y connotaciones prácúcas de aretê y expli-
ca el modo, más bien, ilógico (para un lector actual) como el texto parece tratar las habilidades
técnicas y las cualidades mo rales como si se tratara de la misma clase de cosas. La pericia deI 2S AI escribir lo anterior, he podido comprobar que esta observación, que aun abora se les

artesano exige aretái técnicas, y la deI hombre politico aretái poliúcas, que resultan ser virtudes escapa a muchos especialistas, ya había sido hecha hace úempo por Kaerst en Zeitschr. f. Pol.,
morales. CL 322b itÕiKOUV àÀ.À:rjÀ.Ouc; éi"te OUK Éxov"tSC; n,v ltoÀ.mKTtv "t&XY11v. Sobre el arte de 1909, pág. 513, n. I: «Der Umstand, dass im Mythos des Protagoras erst durch Hermes die õ(K11
gobernar como T&XY11 en el siglo v, hay recogido algún material interesante en O'Brien, Socratic und aiõwc; an die Menschen verteilt werden, soU natürlich nur die unbedingte Notwendigkeit der
Paradoxes, págs. 67 y sigs. AlIgemeinheit der Rechts- und Schamgefühle für das Bestehen des Staates veranschaulichen.»
76 Historia de la filosofía griega, III EI mundo de los sofistas 77
organizada (327a-b). En esteproceso continuo es difícil encontrar o distinguir tuación, las ventajas deI contacto con un padre excepcional no pueden tener
la clase de maestros de la virtud que aventajen a los demás, pero esto no de- tanto efecto como las aptitudes naturales deI hijo, que pueden ser muy inferiores.
muestra que no pueda ser ensefiada, como la falta de buenos maestros en nues- En cuanto a su autoproclamación como Sofista, concluye modestamente
tra lengua nativa probaria eso mismo deI lenguaje 26. qu.e, dado que la virtud puede ser ensefiada y que está siendo continuamente
En relación con esto, Protágoras propone su justamente celebrada teoria inculcada, mediante una infinita variedad de formas, simplemente por la expe-·
deI castigo, con su ilustrativo rechazo deI móvil de venga=a o de retribución riencia de criarse en un Estado bien gobernado, debemos mostramos conten-
compensatoria. Vale la pena citar elo pasaje completo (324a-c): tos, si nos encontramos con alguien mejor que los demás que nos conduzca
por el carnino de la virtud, y esto es todo lo que yo pretendo ser.
AI castigar a los malhechores, nadie se fija en el hecho de que un hombre
haya obrado inal en el pasado, ni lo castiga por ello, a menos que tome una
venganza ciega e irracional como una bestia. No, un hombre racional no infli- c) OtraS correspondencías de «nómos» con lo justo y lo recto o bueno.
ge un castigo por eI crimen que ha sido cometido (a fin de cuentas no se Para Protágoras, pues, el autocontrol, dominio de sí mismo o moderación
puede destruir el pasado), sino con vistas al futuro, para impedir que, este y el sentido de la justicia son virtudes necesarias para la sociedad, que es,
mismo hombre o cualquier otro, por la consideración deI castigo, pueda obrar a su vez, necesaria· para la supervivencia humana; y los nómoi son las líneas
mal de nuevo. Pero sostener tal opinión equivale a sostener que la virtud maestras o pautas establecidas por el Estado para ensefiar a sus ciudadanos
puede ser inculcada por la educación; en cualquier caso el castigo se inflige los límites dentro de los que pueden moverse sin quebrantarlos. Ni el n6mos
a efectos disuasorios.
ni las virtudes políticas son «por naturaleza», y una «vuelta a la naturaleza»
es lo último que se desea. EI estado de naturaleza era incómodo y salvaje,
La opinión de Protágoras sobre aretê, dOce y n6mos implica, ciertamente,
con cada hombre contra su prójimo, y hubiera llevado, de persistir, a la des-
que la naturaleza humana en su estado original contiene la posibilidad deI P:r:o-
trucción de la humanidad. Critias era de la misma opinión, si es que pueden
greso moral, pero que su realización es cuestión de experiencia y de educación.
tomarse las citas procedentes de sus obras como un reflejo de sus propias ideas 28.
Como Aristóteles dijo más tarde, «estamos equipados por la naturaleza para
Esto se ve claramente en el Sísifo (fr. 25), en tanto que en los interesantes
adquirir las virtudes, pero las· conseguimos solamente por la práctica (g60ç)>>
versos de su Pirítoo, en los que se minimiza la ley frente al carácter probo 29
(É.N. 11 03 a24). Protágoras mismo dice (fr. 3, DK): «La ensefia=a precisa
como garantía de recta conducta, sólo aparece a cuenta de su debilidad compa-
de la naturaleza [o disposición natural] y de la práctica [o ejercicio (ã.CJKllCJtç;
rativa. «Ningún orador podrá jamás pervertir a un carácter probo, pero a la
claro está que deI alumno)].» Es esta capacidad, aptitud o disposición previa,
ley a menudo la subvierte y deshonra con sus discursos.» En el Sísifo sefialaba,
que varía de un individuo a otro, la que invoca Protágoras contra la segunda
además, que las leyes, al contar con la sanción, podían evitar que se cometiesen
objeción de Sócrates, de que hasta los mejores hombres de Estado parecen
las infracciones en público pero no en secreto (fr. 25, 9-11) lirnitación que
incapaces de transmitir su virtud incluso a sus propios hijos 27. Si la virtud
también Demócrito puso de relieve (fr. 181). Demócrito fue otro defensor deI
estuviera repartida según el mismo principio que las diversas artes (326e sigs.)
nómos, deI que ofreció una concepción aún más elevada. La ley existe para
en las que por cada uno que las practica hay muchos profanos, el caso seria
beneficio de la vida humana, y al obedeceria nos damos cuenta de su excelencia
diferente, y eso que, los hijos de muchos artistas, adi estrados por sus padres,
(aretê). Cada cual deberia establecer «el n6mos en el alma», la ley deI respeto
no les llegan ni a la suela deI zapato (328c). Pero, de hecho, todo el mundo
tiene alguna disposición para la virtud y todos la desarrollan continuamente
por medio de variados, procesos educativos, a veces inconscientes. En esta si- 28 Esto se hace de ordinario sin cuestionar, e incluso se menciona el hecho de que los pasajes
relevantes están en boca de dramatis personae. La concepción de las leyes como obra de los hom-
bres, para reemplazar el «brutal desordem> por la justicia, es el preludio de una consideración
26 Reflejado en Eur., Supl. 913-915: atea de los dioses como otra invención humana sugerida por el impío Sísifo. Sólo Wilamowitz
observa (Glaube, vol. II, pág. 216) que, sin duda, él recibía más tarde en la obra (que se ha
1Í Õ' Euuvõpiu
perdido) el tradicional castigo. Pero, a pesar de todo, el motivo era, probablemente, el que Aecio
Õ1ÕUK'tÓC;, &inEp Kui !3pÉcpOC; Õ1ÕÓocrKE'tUl
atribuye al autor (que piensa que es Eurípides), es decir, la posibilidad de rehuir responsabilidades
ÀiYEtv o.KOÚElV 8' cllV 1J.á.et,OlV OUK éXEl.
por opiniones que realmente eran suyas. (Ver Aecio, I, 7, 2, DK, 88 B 25: Eurípides constituyó
27 En 326d, Protágoràs establece una comparación, al respecto con las líneas que se trazaban a Sísifo en defensor de sus opiniones por miedo al Areópago.)
en las tablillas de los niiios cuando se les ensei'laba a escribir. E. G. Turner, en BleS, 12 (1965), 29 Fr. 22 'tpónoc; Iii: XPTlcr'tOC; àcrCPUÃ.i:cr'tEPOC; VÓlJ.ou. El mismo contraste entre VÓIJ.OC; y 'tpónoc;

págs. 67 y sig., probablemente tiene razón al referir las palabras de Protágoras a las lineas parale- aparece en la oración fúnebre de Pericles (Tuc., II, 39, 4 1J.1Í iJ.E'tà. VÓiJ.WV 'to nÃ.&ov f\ 'tpónwv
las y no al trazado de las letras mismas. àvõpsiaç e9tÃ.oiJ.sv K1VÕUVEÚElV).
I
78 Historia de la filosofía griega, III El mundo de los sofIStas 79
propio o de la vergüenza ante sí mismo, que hace imposibles las malas accio- existen «por naturaleza», por más que Sócrates arguya con empeno que la
nes, hasta en secreto. (Cf., además, voI. II, págs. 501 y sig.) esencia de la justicia consiste en observarIas, y que un Estado cuyos miembros
EI reconocimiento griego de la supremacia de la ley, en contraposición a obedecen las leyes es el más feliz, a la vez que el más fuerte 31.
la voluntad de un rey o un tirano, era algo de lo que los griegos estaban orgu- La observancia de las leyes engendra concordia, sin la cual ninguna ciudad
Ilosos. Y se ilustra con el conocido relato de Heródoto (VII, 104) de la respues- puede prosperar, y, desde el punto de vista individual, el que cumple la ley
ta dada por Demarato, eI depuesto rey de Esparta, a Jerjes, que le había pro- es el que más confianza inspira, el más respetado y el más querido como ami-
porcionado asilo. Antes de invadir Grecia, Jerjes, opinando personalmente que go. Más clarificadora aún es, al respecto, la escena deI Critón platónico
los griegos, dada su enorme inferioridad numérica y que no tenían un jefe en la que Sócrates basa su negativa a evadir la ejecución que ha sido decre-
supremo que pudiera empujarles a enfrentarse a tal superioridad, no lucharían, tada por las leyes de Atenas. «l.Piensas que puede sobrevivir y no ser destruido
le preguntó a Demarato si creía que no lo· harían. un Estado en el que las decisiones de la ley no tengan fuerza, sino que sean
invalidadas y anuladas por particulares? Aquí nuevamente su .espeto a las leyes
Son libres, en efecto, replicó Demarato, pero no completamente libres,
descansa sobre el acuerdo como único fundamento -no hay alusión a ningún
ya que tienen un senor, y este seno r es la Ley, a la que temen mucho más
aún de lo que tus súbditos te temen a ti. De hecho, cualquier cosa que este ordenamiento divino ni a obligación alguna dimanante de la naturaleza-; Só-
senor mande, la cumplen, y sus órdenes son siempre las mismas: no les permi- crates ha disfrutado toda su vida de las ventajas de dicho acuerdo, y romperIo
te huir en la batalla ante cualquier contingente, sino que les impele a permane- ahora demostraría una ingratitud degradante 32.
cer firmes en sus puestos para vencer o morir. Otro defensor dei nómos y la eunomía, de la ley y el orden, es el Ilamado
Anónimo de Jámblico, un autor al parecer de finales deI siglo v o de princi-
Como leal espartano, declara hablar solamente en favor de su propia ciudad pios deI IV 33. Sus consejos alcanzaron un éxito francamente universal y pueden
o Estado, per o Jerjes aplica su respuesta extendiéndola a los griegos en general, resumirse en estos términos: «la virtud es la mejor· norma». y «sé aqueIlo que
y el relato está contado con verdader9 orgullo helénico 30. Como expresión te gustaría parecer». Aprovechó una sugerencia de Sócrates que, según Jeno-
ateniense de orgullo por el nómos se podrían citar las palabras de Teseo en fonte (Mem. I, 7, 1), «siempre dijo que el mejor camino para conseguir el
Eurípides, Supl. 429 sigs., que comienzan: buen nombre o la fama era llegar uno a ser lo que querría que se pensara
de él». Sócrates, sin embargo, difícilmente hubiera incluido «la facilidad de
El mayor enemigo que puede tener un Estado es el tirano, bajo el cual,
ya de entrada, no hay leyes comunes, y domina sólo uno que tiene, contra palabra [o elocuencia]» entre las ambiciones que merecen la pena, ni hubiera
toda justicia, a la ley como cosa suya [bajo su arbitrio]. Pero, cuando hay considerado al buen nombre como un fin ni a la virtud tan sólo como un
leyes escritas, la justicia se aplica imparcialmente lo mismo al pobre que al medio para conseguirlo.
rico; el débil, si es insultado o difamado, puede contestarle en igualdad de Lo primero que hace falta para alcanzar el éxito, dice el escritor, es haber
condiciones al poderoso, y el de inferior categoría puede prevalecer frente nacido con lo que podrían denominarse disposiciones, capacidades o dones na-
al superior si su causa es justa. turales, cosa que no quiere decir que sea él un defensor aristocrático de la
cuna y ellinaje, ya que aftade inmediatamente que tales disposiciones dependen
Pericles pronunclO un elogio similar de la ley en su denominado «Discurso de la suerte, y que lo que realmente está en la mano deI hombre .es el demostrar
fúnebre» (Tuc., II, 37). que de verdad desea eI bien, y el dedicar el tiempo y el trabajo necesarios para
Sócr~tes estaba también entre los que opinaban que las leyes debían hacerse conseguirIo, porque a diferencia deI «arte de hablar», que puede dominarse
respetar en todas las circunstancias. En una conversación, empero, que Jeno- relativamente pronto, la aretê exige tiempo y esfuerzo. AI igual que Protágo-
fonte nos transmite como mantenida con el Sofista Hipias, convienen ambos ras, considera necesarias tanto la naturaleza como la práctica, pero, evidente-
inicialmente en que las leyes son convenios hechos por los ciudadanos mismos mente, no hubiera seguido a Protágoras en cuanto a considerar la téchni (arte,
en cuanto a lo que debe o no debe ser hecho, pero también en que pueden destreza adquirida) y la aretê como intercambiables (cf. supra, pág. 74, n. 24),
en cualquier momento ser enmendadas o derogadas. Consiguientemente, no y su infravaloración deI arte de hablar como algo en lo que «el alumno puede

30 Una apreciación más lírica dei episodio de Demarato puede encontrarse en Gigante, Nom. 31 Mem. IV, 4, 12 sigs. Cf. IV, 6, 6, donde Sócrates sostiene que los que saben lo que es

Bas., págs. 115-17. EI que los griegos lucharan mejor que los asiáticos por el hecho de que no -legal en los asuntos humanos, y lo hacen, esos tales son justos.
estaban gObemados despóticamente, es mantenido también en Hipócr., De aere ... 16 (XI, 64 L.), 32 Este magnifico pasaje se cita nuevamente, en relación con el pacto social, infra, págs. 144 y 147.

obra, posiblemente, de finales dei siglo v. 33 Sobre estos fragmentos y su autor, cf. infra, págs. 303 y sigo
80 Historia de la filosofía griega, III El mundo de los sofistas 81
en breve tiempo rivalizar con el maestro», es casi un ataque platónico a los a los hombres a agruparse para sobrevivir, y la vida en común es imposible
Sofistas, que hicieron de la retórica la base de su curriculum. La aretê, por sin la sumisión a la ley. De ahí el que la ley y la justicia deban primar entre
lo demás, es el producto de una larga educación, de un progresar y crecer los hombres, pues «su fuerza vinculadora está establecida por naturaleza» (DK,
evitando el mal de palabra y obra, y de perseguir y alcanzar el bien mediante 402.29 sig.). A primera vista, esto parece resolver la antítesis nómos-phjsis
mi prolongado y cuidado esfuerzo. A la aretê se le reconoce aqui el contenido al identificar ambos conceptos sobre la base de los mismos datos aducidos
moral que Sócrates y Platón le dieron 34. Consiste en emplear cualquiera de· por Protágoras; la propia naturaleza deI hombre (su debilidad fisica) le habría
los dones de la persona -la facilidad de palabra, la sabiduría o agudeza y llevado a éste a la destrucción sin la organización política; de aqui el que las
la fortaleza o poder- en interés de la leyy de la justicia; si se usan para leyes sean un ordenamiento de la (<TIaturaleza». Pero sólo una mente superficial
.:1
los fines contrarios, sería mejor no tenerlos. Para lograr la perfecta aretê hay puede aceptar esa reconciliación. Protágoras, como otros teóricos deI progreso
que ser útil o conseguir ventajas para el mayor número. posible de gente 35, humano más conscientes de la etapas de sufrimiento y de dura experiencia en
Y la mejor forma de lograr esto, no es con métodos torpes y de dudosos resul- la marcha gradual y dolorosa hacia la civilización, no podía considerar a la
tados, como la caridad indiscriminada, sino velando por las leyes y por la justi- ley en sí misma como una provisión de la naturaleza. La naturaleza sólo dio
cia, ya que ellas son el vinculo que congrega y mantiene unidos a los hombres a los hombres la inteligencia, que los capacitaba, como ulterior alternativa a la
en las organizaciones políticas. EI conseguir esto supone indiferencia para con destrucción, para organizarse a sí mismos de esa forma. No hay desacuerdo
las riquezas, el poder y la vida misma. EI premio consistirá en un buen nombre substancial entre ambos conceptos, y una genuina reconciliación entre nómos
indefectible 36. y phjsis sólo podría efectuarse, como hizo Platón, viendo en la naturaleza
EI considerar (continúa) el deseo de poder como una virtud, y la obediencia no una serie de sucesos imprevistos, sino el producto de los designios de una
a las leyes como una cobardía, es pernicioso. (Discrepa en esto deI punto de mente suprema 37.
vista representado por el Calicles de Platón, muy común también, por lo de- Supongamos, continúa el Anónimo, que pudiese existir un superhombre.
más, a finales deI siglo v, y que hailamos, asimismo, reflejado en la afirmación Concedámosle «un cuerpo y un alma como de acero», inmunidad a las enfer-
de Tucídides, III, 82, 4, de que, dentro de la general transmutación de valores medades de la carne, y una total falta de sentirnientos humanos. Ni siquiera
la audacia irreflexiva era considerada como valentia, y la moderación un dis- un ser asi podría perpetuarse impunemente como tirano, ya que todos los hom-
fraz para la cobardia.) La razón de ello la da Protágoras: la necesidad obligó bres se constituirían en enemigos suyos, y mediante su lealtad a la ley lo vence-O
rían uniendo sus fuerzas o sus técnicas. No son, como muchos creen, la fuerza
34 Pace Nestle,. que dice (VMzuL, pág. 425): «Está claro que Ctpe:'r1Í no tiene todavia en absolu-
y la violencia deI tirano las que lo llevan a éste al poder, sino la estupidez
to un sentido moral, por el mero hecho de que todas esas capacidades se pueden poner ai servicio de los ciudadanos mismos, pues sólo una ciudad que haya perdido ya su respe-
tanto de lo justo y lo bueno, como de lo injusto y lo maio.» Sus siguientes palabras suavizan to hacia la ley y el orden puede caer en sus garras. EI texto concluye con
a éstas considerablemente, y, de hecho, no es la Ctpe:'!:1Í sino la elocuencia o facilidad de palabra, un elogio de las ventajas de un buen gobierno. La confianza mutua (que Sócra-
la sabiduría y el poder lo que puede servir para esos contradictorios rmes (DK, II, 401.16). AI
tes vio también como el fruto de la obediencia y obserVancia a la ley) estimula
comienzo deI fragmento (ibid. 400, 3-4) se han dsitinguido entre esas capacidades y la à-pe:'!:1Í.
35 6 1t).,e:i<nmc; w<pÉ).,t).LOC; WV, DK, II, 401.23. Kaerst (Ztschr. f. Pol., 1909, pág. 516, n. 5)
el comercio y la libre circulación de la moneda, el rico puede disfrutar de su
compara esto con el principio de Bentham dei bien mayor para el mayor número. riqueza con tranquilidad y seguridad ylos pobres reciben la ayuda de los más
36 La equiparación de virtud y bondad con 'ro wqJÉ).,t).LOV, la .caracterización de otros «bienes» afortunados 38, los hombres gozan de la paz de espíritu y de la libertad necesa-
como indiferentes y, a la vez, capaces de servir a maios fines (DK, II, 401.16-23; cf. Platón, rias para pro seguir en sus ocupaciones privadas, no preocupados por la guerra
Menón 87e), y la descripción deI hombre bueno como .dueíio de sí mismo (eYl<pa'rerrtCl'rov), indife-
rente a la riqueza, ai poder e, incluso, a la vida (sobre la base de que nadie puede vivir eternamen-
te), hace imposible resistirse a la impresión de que el autor era un admirador de Sócrates y que
escribia después de su muerte. Es verdad que Sócrates habría puesto para si mismo, la e:uõoçía 37 Parece que también se intentó la reconciliación en un difícil e interesante pasaje de las Ba-
entre los bienes indiferentes, pero la reconocía como una aspiración humana general y legítima cantes (infra, págs. 119 y sig.).
(Platón, Simp. 208c), y su muerte pudo haber apoyado la opinión de que ello era, de cualquier 38 ·La idea dei rico que ayuda económicameme ai pobre en una situación de concordia y mutua
forma, algo que una vida de virtud lIevaria consigo. La frase de DK, II, 402.12, õcrnc; õÉ ecr'rw confianza, reaparece en Demócrito, fr. 255 (vol. II, pág. 501), Y sobre ello Cyril Bailey escribió
Ctv1i p à-).,lleGlC; Ctya8óc;, O\)'rOC; OUl< CtÀ.À.o'rpiC[) l<ócr).LC[) 1te:Ptl<e:t)J.ÉvC[) TIjv õóç,av 811pà'rat à-À.À.à. 1:ij (Gk. Arom. and E., pág. 212) que, «considerando el estado general dei sentido de c1ase en la
aÚ1:oü à-pe:1:ij, tiene un sello socrático. No puedo por menos de expresar con la mayor energia mayor parte de las ciudades griegas, éste es, tal vez, el más notable de los dichos de Demócrito».
mi desacuerdocon lo que dice H. Gomperz, en la pág. 84 de su Soph. u. Rher., sobre <<unertragli- Por otra parte, parece como si semejante postura contraria a la hostilidad de las clases se fuera
che Tautologie und Selbstverstandlichkeit», etc. En general, no parece sino que ha desarrollado haciendo común, ya que se repite también en Arquitas, fr. 3 (vol. l, pág. 319), y en lsócrates,
un prejuicio irracional contra este desafortunado autor. Areop. 31-2.
FILOSOFÍA GRIEGA, m. - 6
82 Historia de la filosofía griega, III El mundo de los sofistas 83
ni por disensiones internas, y protegidos de la tiranía. La ley, dice este simpati- gírico de Isócrates sugieren que uno de los dos imitó al otro, pero no es fácil
zante de la democracia, «beneficia a todo el pueblo». decir quién fue el imitador 41. En los §§ 18-19, el escritor, elOgiando a los
Muchos especialistas estarían probablemente de acuerdo con el veredicto antiguos atenienses, dice:
de W. C. Greene (Moira, págs. 251 y sigs.), de que el principal valor de este
Llevaron los asuntos de la ciudad con espíritu de hombres libres, por me-
texto reside en mostrar «hasta qué punto las ideas y los razonamientos caracte-
dio de leyes que honraban ai bueno y castigaban ai malo, ya que consideraban
rísticos de la época llegaban hasta las mentes menos fuera de lo común». Se
conducta propia de Ias bestias el que prevalecieran unos sobre otros por la
han detectado ecos no sólo de Protágoras, Sócrates y Demócrito, sino también vÍolencia; los seres humanos deberían hacer de la ley la piedra de toque de
de Pródico, Critias, Antístenes, Tucídides, e incluso de decididos oponentes lo que es bueno, y dei discurso razonado el medio de persuasión, supeditando
deI nómos, como Hipias y Antifonte. Muchas de las supuestas semejanzas son su conducta a estos dos poderes, con la ley como su rey y la razón como
lugares comunes (por ejemplo, la idea de que arriesgar la propia vida por su su inaestro.
país conquista la fama, repetida en Tuc., II, 43, 2, Y en otras muchas partes),
y poco más puede decirse de este texto salvo que han quedado reflejadas en 2) Entre los discursos de Demóstenes se incluye el Contra Aristogitón, I
él las ideas más ampliamente extendidas, si bien Protágoras y Sócrates, cierta- (núm. XXV), que, aunque algunos en el pasado defendieron su autenticidad,
mente, parecen haber estado entre los modelos. AI rnismo tiempo, el texto se le tiene generalmeJ?te por espurio 42. Detrás de ciertos pasajes de este discur-
ofrece algunos puntos interesantes que no han sido tratados en otras fuentes: so, Pohlenz (en Nachrichten ... Gesellschaft, Gotinga, 1924, cit. en adelante
el intento de reconciliación de nómos y physis, la idea deI «hombre como de NGG) pretendía haber descubierto, como su fuente, un único discurso perdido,
acero» y su destino 39, y la combinación de los ideales democráticos con el de autor desconocido, imponiendo la obediencia a las leyes desde fundamentos
horror al abandono multitudinario de las normas como terreno abonado para teóricos. Lo fechó a finales de siglo v, notando en particular que en él no
la tiranía. había vestigios de doctrinas platónicas o aristotélicas. Sus conclusiones consi-
Los pasajes precedentes son ilustrativos deI respeto y el orgullo con que guieron general aceptación, y el «Anón. n. VÓ!lCúv» fue citado profusamente
rniraban los griegos el imperio de la ley como algo firmemente arraigado en como tal, hasta que, en 1956, M. Gigante demostró (Nom. Bas., págs. 268-92),
sus mentes y, tal vez, de forma especial en las de los atenienses, con indepen- primero, que los pasajes en cuestión no podían aislarse deI resto deI discurso
dencia de que las leyes se considerasen como un producto de la naturaleza (que era indiscriminadamente ecléctico) ni asignarse a un único modelo, y se-
o en acusado contraste con ella. En este último caso, eran celebradas como gundo, que el orador, tanto aquí como en otros lugares, se revelaba conocedor
un triunfo de la razón sobre la naturaleza, como el símbolo de la capacidad de Platón, Aristótoles e, incluso, deI estoicismo, y que no podía fecharse antes
deI hombre para levantarse a sí rnismo con su propio esfuerzo sobre un «natu- deI 300. Su primera tesis es convincente, y debería llevarnos a acabar con el
ral» estado de mutuo conflicto y destrucción. Las leyes no eran «por naturale- <<.t\nón.» como un fantasma, pero la segunda está fundamentada con mucha
za» para Protágoras ni para Sócrates, y Herodoto fue plenamente consciente menor seguridad 43. El siguiente pasaje deI discurso guarda relaFión con el pre-
de la variedad y contradicciones entre los nómoi de diferentes sociedades. Otros sente tema:
dos pasajes que también se ocupan de esto y constituyen un nuevo testimonio
de su amplia difusión, los hemos dejado para ahora al final, debido a ciertas hermosa composiciófi», y que Cope estaba de acuerdo con él. Ver la ed. de Cope, The Rhetoric
dudas acerca de su autor y fecha, lo cual, sin embargo (al menos, en mi opi- of Arist., vol. III, pág, 120, n. l.
nión), no afecta seriamente a su valor para nuestro propósito. 41 Blass, pensando que el imitador era el Pseudo-Lisias, sitúa su discurso después dei 387,

1) El segundo discurso de Lisias, que pasa por ser una oración fúnebre pero ese argumento se puede utilizar de forma diferente. Ver Plóbst, en RE, XXVI, coI. 2537.
42 Desde la Antigüedad se viene discutiendo su autenticidad. Para las principales posturas por
en honor de los atenienses que cayeron en la guerra de Corinto, es una compo-
ambas partes, ver Gigante, Nom. Bas., pág. 269. A la parte negativa se pueden aiiadir los nombres
sición poco lograda, escrita tal vez como mero ejercicio retórico y con pocas de Untersteiner y dei mismo Gigante.
pro babilidades de que pertenezca a Lisias 40. Ciertas coincidencias con el Pane- 43 No pueden obviarse, por ejemplo, las definiciones inconsistentes de n6moi dei § 16, Y que
deban implicar necesariamente una fecha posterior; y Gigante es, adernás, proclive a apoyarse
39 Pero ver H. Gomperz, Soph. u. Rhet., pág. 86, n. 187. Existe una cierta confusión (que demasiado en palabras o frases sueltas, como cuando una mención de ClOO<PPOClÚYT1 le hace excla-
Gomperz habría mencionado), al menos tal como tenemos el texto en Jámblico, entre DK, 403.3 mar (pág. 281): "Socrate-Platone!» En otra ocasión dice que los párrafos no pudieron ser escritos
(ni siquiera un hombre como de acero podría subvertir las leyes) y 404.27 sigs. (el hacerlo, necesira- por un Sofista, puesto que la definición de ley como una Cluv81ÍKl1 no se prestaba a condenaria
ría un hombre como de acero, no de carne). como un complot de los débiles para defenderse frente a los poderosos, ni de éstos para oprimir
40 Dobson, Gk. Orators, págs. 92-4. Es cierto que tales juicios son subjetivos, y que, aunque. a aquéllos, y, de hecho, la definición misma presupone j«el conjunto dei Crit6m> y a Licofrón!
en este caso esté de acuerdo con ellos, habría que mencionar que Grote lo consid~ró «una muy En las páginas precedentes ha quedado suficientemente claro, no sólo que la d.efinición de ley
84 Historia de la filosofía griega, III EI mundo de los sofistas .. 85
[15] La vida toda de los hombres, sean sus ciudades grandes o pequenas, antigua creencia en el origen divino de los nómoi, otra más moderna según
está gobernada por la naturaleza y por las leyes. De estos dos principios, la la cual cada legislador las instituye en virtud de su particular perspicacia, y
naturaleza es una cosa desordenada [ã:tO-K'tOC;, como el primitivo estado de finalmente, la última y más comúrunente aceptada, según la cual todos los
naturaleza en Critias y Diodoro] y varia con cada individuo, mientras que nómoi deben su existencia a un acuerdo colectivo de la comunidad». Una ulte-
las leyes son algo común, [ordenado,] convenido y lo rnismo para todos. La rior consideración de estas concepciones nos dará una mejor idea de la mente
naturaleza puede corromperse [o desordenarse] y, con frecuencia, tener bajos helénica, y puede revelar que el llamarlas, como Pohlenz y otros hacen, «entre
deseos, por lo que hombres con semejante naturaleza los encontraréis obrando
sí excluyentes» sea exportar nuestro propio punto de vista más que entrar en
mal; [16] pero las leyes pretenden lo que es justo, bueno y beneficioso [o
el de los griegos. Estuvo poco afortunado Pohlenz al mencionar a Licurgo
conveniente]. Esto es lo que buscan, y cuando es hallado, se publica como
un precepto comútl, aplicándolo por igual e imparcialmente a todos, [y eso como ejemplo de la segunda concepción, ya que todos los griegos sabían que,
es la ley]. En consecuencia, hay muchas razones por las que [toda ley] debe aun siendo un ser humano,había recibido su constitución de Esparta de manos
ser obedecida por todos y, en especial, porque es una invención y un regalo de Apolo. EI interlocutor cretense, que al comienzo de las Leyes de Platón
o don de los dioses, una decisión de hombres sabios, un correctivo de faltas dice que las leyes de Creta y Esparta se debían a Zeus y Apolo respectivamente,
tanto voluntarias como involuntarias 44, algo establecido de común acuerdo no estaba negando la labor de Licurgo 4S.
por la ciudad en calidad de tal, con vistas a lo cual todo ciudadano deberia En cuanto a la creencia en el origen divino de las leyes (que élllama «uralt»),
regular su vida ... [20] Lo que voy a decir no es nada nuevo ni agudo ni origi- Pohlenz se refiere en una nota a pie de página (NGC, pág. 28 =KI. Schr.,
nal, sino lo que todos vosotros sabéis tan bien como yo. l,Por qué razón pág. 313, n. 2) a cinco pasajes de la literatura de los siglos v y Iv, pero sin
se reúne el Consejo, qué lleva al conjunto deI pueblo a la Asamblea, qué citar, ni mucho menos discutir, los textos. Examinémoslos y veamos hasta qué
hace que se llenen los tribunales, cuál es la causa de que los magistrados
punto indican una creencia generalizada en el origen divino de las leyes en
deI ano anterior dejen el puesto voluntariamente a sus sucesores y de que
cuanto tales.
todo encuentre su sitio, así como de que estén garantizados el buen gobierno
y la seguridad de la ciudad? Son las leyes, y el hecho de la general obedíencia a) Sófocles, E.R. 863 sigs. AquÍ el coro está hablando únicamente de los
a ellas. Abolidlas, dad a cada cual licencia para que haga lo que quiera, y nómoi que velan por la pureza religiosa (áYVEíuv ... cOv .VÓIJ.Ol 7tPÓ EtV'tUt), de
no solamente quedará abolida la constitución, sino que nuestra vida misma los cuales dice razonablemente que «el Olimpo es su único padre y ninguna
se verá reducida al nivel de la de las bestias. . naturaleza mortal los dio a luz». l,Qué tienen que ver estos nómoi con la cons-
titución de una pólis? Pertenecen a los llamados ordenamientos no escritos
EI triple carácter de la norma legal, tal como se describe en el § 16, ha (éi"{pu(jlu VÓlJ.tlJ.u), de los que Platón dice que no deberian, realmente, ser lla-
atraído naturalmente una considerable atención, y es criticada unánimemente mados nómoi 46.
como una yuxtaposición poco inteligente de tres concepciones deI «origen de b) Eurípides, Ión 442. Ión, el joven e idealista servidor de Apolo, repro-
la ley» contradictorias y entre sí excluyentes. Pohlenz las enumera como: «la cha. a su sefior, al enterarse de que éste ha enganado· a una mujer mortal.
La virtud ha de ir pareja con el poder. Si un hombre peca, lo castigan los
dioses. «l,Cómo va a ser bueno que vosotros, que nos habéis escrito los nómoi
como pacto era corriente en el siglo v. sino también que no todos los Sofistas la rechazaban
por ello. No consta que el propio Licofrón lo hiciera, como tampoco Protágoras una generación
a los hombres, seáis culpables de anarquía e ilegalidad?» Esto·llega a apoyar
antes. Cuando, tanto Jenofonte como Platón, retratan a Sócrates como sosteniendo que la ley más de cerca la generalización acerca de «un origen divino de los nómoi»,
era una auv6"!iK1l, la única conclusión sensata es que así lo hizo, no que Platón lo introdujera pero, aparte de las exigencias de la situación dramática, lo que se está cuestio-
gratuita y falsamente en el Critón. AI objetar que la distinción entre las faltas voluntarias y las nando es un principio moral más que una ley positiva. También esto, a pesar
involuntarias delata una influencia estoica, Gigante ni siquiera menciona la fuerte probabilidad, deI lenguaje metafórico sobre los dioses que «escribem> tales leyes, pertenece
observada por Pohlenz, de que el texto correcto dei discurso no la contenga. Su aplazamiento
de esta cuestión hasta cuatro páginas más adelante dice poco en su favor, y sus argumentos de
más bien a los «ordenamientos» no escritos» a los que verdaderamente se les
la pág. 276 no puede decirse que estén dei todo relacionados con la teoria de una glosa sostenida atribuía procedencia divina. Recuérdese la conversación entre Hipias y Sócra-
por Blass y por Pohlenz. tes, en la que las leyes positivas como pacto entre los hombres se distinguen
44 O bien «faltas de obra o de omisión». Asi, Pohlenz se sirvió dei texto alternativo ,ÕlV EtC;

à,.J.<pÓ'EpCl. La idea de que ÉKouoíwv Kai àKOUO{WV à).LClP'1l).LÓ.,wv es una glosa de fiC; à).L(j)Ó'EPCl
es atractiva, ya que las palabras en si mismas parecerian ambiguas y desconcertantes (como lo
parecen aún). Una traducción alternativa es «ofensas tanto contra los dioses como contra los ., Para una ulterior discusión de este punto, con referencias a Tirteo, fr. 3, Diehl; a Hdt.,
hombres», que no encuentro tan increíble gramaticalmente como la encontró Pohlenz. (Ver NGG., l, 65; a Platón, Leyes 624a, ya Plutarco, Lic. 5 y 6, ver mi Gks. and their Gods, págs. 184 y sigo
pág. 29 = KI. Schr., vol. II, pág. 324.) .6 Leyes 793a; sobre ello Jebb lIama oportunamente la atención en n. ad loc., de su ed. dei Edipo.
86 Historia de la filosofia griega, III El mundo "de los sofistas 87
de las leyes no escritas sobre las que Hipias tiene la creencia de que son sancio- no le pareceria en absoluto incongruente a un griego, como nos lo parece a
nadas por los dioses (cL infra, págs. 123 y sigs.). ! nosotros, sino apropiada en boca de un orador. En cuanto al tercero de los
c) Euripides, Hip. 98. Un criado de Hipólito le pregunta si no piensa que pasajes de Pohlenz «entre sí excluyentes», ~qué incongruencia puede haber en
una naturaleza afable y cortés es preferible a otra soberbia y arrogante. AI establecer la verdad de que, aunque en una democracia como la de Atenas
asentir Hipólito, continúa: «~y crees que sucede lo mismo entre los dioses?» .
«Sí -replica Hipólito-, ya que nosotros los mortales adoptamos y seguimos
los nómoi de los dioses.» Esto no constituye sino un ejemplo más deI amplio
j una ley sólo pudiese entrar en vigor con el consenso de todo el dêmos, debía
inevitablemente haber tenido su origen en la propuesta de un solo hombre?
I Puede que el autor deI discurso Contra Aristogitón tuviese sus fallos, pero
alcance deI término nómos, porque claramente significa modos, maneras, cos- el ataque concentrado de los especialistas sobre éste como blanco es sorpren-
tumbres o usos más bien que leyes, y nada tiene que ver con el origen de la ley. dente. Para un ateniense deI siglo v que aún respetaba las· tÚl.diciones de su
d) Demóstenes, XXIII (Contra Aristócrates), 70, habla de «los que desde raza la ley justa era un regalo de la providencia, vehiculado a través de las
el comienzo fijaron esos usos [ni siquiera el término es nómoi, sino nómima], decisiones de sabios hombres de Estado, y ratificado por el consenso de toda
quienes quiera que fuesen, héroes o dioses». Esto es en sí bastante vago, pero, la ciudad.
deja de serIo considerando, la referencia en su contexto. Aparece ésta en un
ampuloso elogio que hace deI Consejo deI Areópago, en el que el orador co-
APÉNDICE
mienza mencionando «muchas tradiciones míticas» sobre dicho Consejo (§ 65),
por ejemplo, que los dioses mismos en otro tiempo tuvieron allí a bien tomarse ALGUNOS P ASAJES DESCRIPTIVOS DEL PROGRESO DE LA HUMANlDAD
y darse satisfacción en los litigios y actuar de jueces, como en la disputa entre
Orestes y las Furias. Se pone gran énfasis en el carácter religioso de esta anti- Esquilo, Prometeo encadenado 442-68, 478-506. (Esquilo murió en el 456 a. C. y
gua y venerable institución, y el pasaje termina con la distinción entre «nómoi el Prometeo fue probablemente su última obra. EI que habla es Prometeo.) «Pero escu-
escritos» y «nómima no escritos». chad los sufrimientos pasados de los mortales, cómo a ellos, que en otro tiempo estaban
e) Isócrates, Panat. 169. En este pasaje el dejar a los muertos sin sepultura desprovistos de entendimiento, yo los doté de él y los hice duefios de sus mentes ...
AI principio tenían ojos, pero no les servían para nada, oían pero no prestaban aten-
es condenable porque «menosprecia la antigua costumbre (é80ç) y el ancestral
ción. Como los fastasmas de un suefio vivieron durante largo tiempo su vida en total
nómos que todos los hombres observan desde siempre no como establecidos
confusión. No conocían las casas de adobes cocidos al sol, ni el trabajo de la madera,
por los hombres, sino como ordenados por el divino poder». Éste es el verda~ sino que vivían como las inquietas hormigas en los profundos y oscuros huecos de
dero pecado que la Antígona de Sófocles describe como transgresor· de «los las cavernas. No tenían ninguna sefial segura dei invierno ni de la florida primavera
seguros ordenamientos no escritos (nómima) de los dioses», contrastándolo con ni dei fructífero verano, sino que actuaban totalmente sin criterio hasta que yo les
la ley que ha establecido Creonte, jun mero gobernante humano! ensefié los ortos y oscuros ocasos de las estrellas. Les descubrí también para ellos los
La lectura de estos pasajes no es que «las leyes son de origen divino» sino números, esa suprema invención, y la escritura, que es la memoria universal y la madre
que hay ciertos ordenamientos estableci.ctos por los dioses (más frecuentemente de la cultura. Fui el primero en uncir las bestias al yugo·, para que cim sus cuerpos
designados como nómima, térmíno más vago que nómoz) que se refieren a sometidos a la coIlera relevasen a los mortales en sus más duros trabajos, y enganché
la observancia religiosa o de los principios morales y que son distintos deI gran los caballos, obedientes a las riendas, ai carro, para que fueran ornato de la riqueza
corpus de leyes positivas en una ciudad como Atenas· 47. La misma ley positiva, y el lujo. Nadie sino yo inventó las aIadas embarcaciones a vela de los marineros ...
Si alguien caía enfermo, no había mediéamentos, ungüentos ni pociones, y por falta
sin embargo, según lo muestran las tradiciones sobre Licurgo y otros legislado-
de eIlos languidecía, hasta que yo les ensefié a mezclar remedi os curativos para alejar
res, pOdría considerarse como la obra de un hombre inspirado por el cielo,
toda enfermedad. Yo catalogué los muchos sistemas de profecia existentes, fui el prime-
y de esa manera de origen tanto divino como humano. Ésta era una antigua ro en discernir qué suefios eran visiones verdaderas, y les di a conocer los secretos
creencia, que fue sometida, por cierto, a duros ataques en la época de la ilus- de los presagios y augurios encerrados en aquelIo con lo que uno se encuentra por
tración. No hay por qué suponer que, cuando Perides invitá a Protágoras a casualiad. Yo definí claramente el vuelo de las aves de corvas garras, los que son favo-
disefíar una constitución para su nueva colonia de Turios, alguno de ellos cre- rables y los siniestros, las costumbres de cada una de ellas y los odios, amores y encuen-
yera de verdad qu~ lo harían bajo el influjo deI consejo divino. No obstante, tros que tienen entre sí; también la tersura de sus entrafias, qué color de vesícula biliar
la combinación de «regalo o don de los dioses» y «decisión de hombres sabios» es más agradable a los dioses y la misteriosa formación deI hígado; y al asar los miem-
bros cubiertos de grasa, y los largos lomos, llevé a los hombres a un difícil arte y
les aclaré las os curas sefiaIes deI fuego. iTanto fue lo que hice! Y, en cuanto a esos
47 Se discuten ampliamente infra, págs. 122 y sigs. tesoros enterrados, tan útiles para la vida humana, el cobre y el hierro, la plata y el
1
1
!
88 Historia de la filosofía griega, III El mundo de los sofistas 89
oro, ~quién podría pretender haberlos descubierto antes que yo? Nadie, lo sé muy bien,
a menos que quiera hablar en vano. Podéis resumirlo todo en estas breves palabras:
\
I
Diodoro, I, 8, 1-7. (Para la fecha dei material de Diodoro, cf. vol. I, pág. 76,
n. 45, y vol. II, págs. 220, n. 190 y 350, n. 14. Este pasaje sigue a otro sobre cosmogo-
todas las artes se las deben los hombres a Prometeo.» 1
nía y sobre el origen de la vida por la acción dei calor en la humedad y la materia
putrefacta.) «Esto, en cuanto a lo que nuestros predecesores han dicho sobre el origen
Sófocles, Ant{gona 332-71. (Escrita ca. 430. Las líneas siguientes pertenecen a un
priIDigenio de todas las cosas. Por lo que respecta a las primeras generaciones humanas,
coro.) «Existen muchas cosas maravillosas y asombrosas 48, pero nada más maraVilloso
dicen que vivieron de forma desorganizada y parecida a las bestias, totalmente disper- .
ni asombroso que el hombre. Esta criatura se aventura sobre el grisáceo mar cuando
sos 52 por los campos y recogiendo las más apetitosas plantas y los frutos silvestres
sopla el tempestuoso viento dei Sur, cabalgando sobre las rugientes olas. Trabaja la
de los árboles. Atacados por los animales salvajes, la propia conveniencia les ensenó
tierra, la más noble de los dioses, imperecedera e inagotable, con el ir y venir de los
a ayudarse unos a otros, y al irse agrupando 53 por el miedo, fueron poco a poco
arados, afio tras ano, volteando el suelo con la progenie de los caballos. Caza y captura
dándose cuenta de sus respectivos papeles. A partir de gritos confusos y desprovistos
la despreocupada especie de los pájaros, y los rebafios de bestias salvajes, y las familias
de significado, fueron lentamente articulando 54 formas dei habla, y al ponerse de acuerdo
dei salado mar en las mallas de sus redes, el hombre, esa astuta criatura. Con sus
entre ellos sobre las expresiones para cada objeto, crearoiJ. un medio comprensible de
ardides domestica las bestias de campos y montes, obliga al caballo y al incansable
comunicación sobre cualquier cosa. Otros grupos semejantes de hombres se fODl1aron
toro montarai a doblar sus cuellos bajo el yugo. Ha aprendido el lenguaje, y el alado
a todo lo largo y ancho dei mundo habitado, de modo que no tenían todos un lenguaje
pensarniento, y las maneras de comportarse permitidas por las leyes en las ciudades,
y a refugiarse de los desapacibles dardos dei hielo inhóspito en la intemperie. Siempre
1 que sonara lo mismo, '):'a que cada grupo compus o sus palabras según le iban viniendo.
perspicaz e ingenioso, nunca el futuro lo coge desprevenido. Sólo de la muerte no puede i De aquí todas las clases de lenguaje que existen, y los primeros grupos que se formaron
llegaron a ser los arquetipos de todas las naciones.
escapar, pero ha encontrado remedios para las terribles enfermedades. Ingeniosas por 'i »Pero los primeros hombres, dado que no habían descubierto aún ninguna de las
encima de todo lo imaginable son las invenciones de su arte, o técnica, y las encamina
cosas útiles para la vida, llevaban una existencia penosa, desprovistos de ropas, desco-
unas veces hacia el bien y otras hacia el mal, según se .conduzca en el cumplimiento
de las leyes dei país y los justos decretos dei cielo, que ha jurado, orgulloso de .su
1 nociendo la casa y el fuego e ignorantes por entero dei alimento de cultivo. AJ no

I
saber cómo recoger y conservar los alimentos silvestres, no almacenaban frutos para
ciudadania. Pero desterrado sea aquel cuyo os ado espíritu le lleve a convivir con la
tiempos de escasez, y en consecuencia muchos de ellos morian en invierno de frío y
maldad.»
de hambre. Desde este estado, poco a poco fueron aprendiendo por experiencia a bus-
Eurípides, Supl. 201-213. (Escrita ca. 421. El que habla es Teseo, que representa carse cobijo en cavernas durante el invierno y a guardar los frutos que recogian. Una
a la humanidad ateniense, la democracia y el imperio de la ley frente a los intentos ~f vez que descubrieron el fuego y otras cosas útiles, gradualmente fueron inventando
de tiranía simbolizados en la persona dei heraldo de Creonte.) «Bendigo al dios que técnicas y todo lo conducente a la vida en común. En general, el maestro de los hom-
condujo nuestra vida dei estado de confusión propio de las bestias 49, al orden plantan- I bres en todo fue la pura necesidad, que instruía adecuadamente en todas las ramas
do en nosotros en primer lugar la inteligencia 50, concediéndonos después una lengua dei aprendizaje a cualquier criatura bien dotada por la naturaleza y que poseyese, para
que fuera mensajera de las palabras, de forma que el sentido de las mismas pudiera
comprenderse, y cosechas para sustentamos, y 'para las cosechas lluvia deI cielo, a fin
de hacer salir los frutos de la ti erra y procuramos bebida. También nos ha dotado
I asistirle en todo, manos, discurso racional e inteligencia perspicaz.»
Mosquión, fr. 6 Nauck. (La fecha de Mosquión es incierta. Ahora se cree que perte-
nece al siglo m a. C., pero este pasaje está, ciertamente, en el espíritu dei siglo rv
de defensas contra los rigores dei invierno, para protegemos deI frio deI cielo, y de
o finales dei v. El nombre de la obra y deI que habla son desconocidos.)
naves para viajar por mar e intercambiar con otros aquello de lo que carece nuestra
ccPrimero retrocederé y explicaré cómo la vida humana empezó y se estableció 55.
propia tierra 51. Y las cosas ocultas que no discernimos claramente, ios profetas nos
Hubo un tiempo en el que la vida de los hombres se asemejaba a la de las bestias.
las aclaran mirando al fuego y a los pliegues de las entranas victimarias o al vuelo
de los pájaros.» 1
1
Vivían en Ús cuevas y cavernas de las montafias y en ocultos barrancos, ya que aún°
no existían casas techadas ni grandes ciudades fortificadas con torres de piedra. Ni
los curvos arados hendian la renegrida tierra, criadora de cereales, ni el hacendoso acero
cultivaba las fructíferas hileras de báquicas vides, sino que la tierra estaba yerma. Se
48La palabra es deiná, sobre la cual ver supra, págs. 42 y sigo alimentaban de la carne de sus reciprocas matanzas. La ley tenía poca importancia
.9e."ptCÍlõouç. Tarnbién en Critias, fr. 25, 2; Diod., I, 8, 1; Hipócr., M.M. 3 (l, 576 L.);
lsócr. (Paneg. 28; Antíd. 254; Bus. 25), y Ditt., Sy/l. 704 (vol. II, pág. 333), tenernos e",ptCÍlõ."ç,
y en Mosqu., 6, 4: e."pcriv E:1J.<pe:pciç. En el himno homérico a Hefesto (XX, 4) los hombres vivieron S2 o1topáõ."v como en Platón, Prot. 322b, e lsócr., Paneg. 39.
en cavernas "Ü1:E 8iiPEÇ hasta que Hefesto y Atenea les ensenaron a superarse. Con m:<puPiJ.Évou, S3 à.SPOtÇOIJ.Évouç. aSpOiçe:OOClt en Platón, Prot. 322a.
cf. É<pupov e:tK1J míV1:Cl en el pasaje de Esquilo (v. 450). s. ÕtClpepOÜV. Asi tenemos <pcoVlÍv KCli OVÓIJ.Cl1:Cl Õt."epCÍloCl1:0 en Platón, Prot. 322a.
so crúVe:CHV. Prometeo dice en Esquilo EVVOUÇ i:e."KCl KClt <PPEv6iv &1tT(J3ó)..ouç (v. 444). ss à.pX1Ív J3po1:e:iou KClt KCl1:áo1:ClOtv J3iou. Cf. el título de la obra de Protágoras II. 1:i'iç &V
51 Cf. la referencia al comercio en Isócrates, Paneg. 42 (infra, pág. 9i), y la relación entre à.p:;(ij KCl1:Clcr1:áoe:coç. Mosquión comienza su relato con las palabras Tjv yáp 1t01:' CliCÍlv, y Protágo-
gobierno legal y comerCio en el An6n. de Jámbl. (DK II, pág. 403, 16-18; cf. supra, pág. 81.) ras el suyo en Platón .con Tiv yáp 1tO"tE Xpóvoç (320c).
90 ·Historia de la filosoj{a griega, III El mundo de los sofistas 91

para ellos y Ia violencia compartía el trono de Zeus 56. Pero, una vez que el tiempo 57, tir más tiempo ... Asi que, a partir deI trigo, después de trillado, aventado, mo lido
padre nutricio de todas Ias cosas, operó sus cambios ,en Ia vida mortal -bien a instan- y cribado, amasado y cocido, produjeron el pan, y de la cebada, tortas. Experimentan-
cias de Prometeo, bien por el aprernio de la necesidad o por la dilatada experiencia, do de esta forma con muchos otros alimentos, cocieron, asaron y mezclaron, combinan-
ejerciendo la naturaleza rnisma como maestra-, se descubrió eldon sagrado de Demé- do ingredientes fuertes y sin condimentar con otros más suaves, adaptándolos todos
ter, el alimento dei cereal cultivado y la deleitosa fuente de Baco. La tierra, en otro a la constitución y a la capacidad dei hombre.»
tiempo yerma, comenzó a ser arada por bueyes uncidos al yugo, erigieron ciudades
flanqueadas por torres, los hombres construyeron hogares resguardados y cambiaron Isócrates, Paneg(rico 28 sigs. lsócrates (436-338) formula aquí las teorías
sus vidas de costumbres salvajes por civilizadas. Desde estos tiempos se convirtió en deI progreso con una perspectiva patriótica: el mundo griego debe su civiliza-
ley el enterrar a los muertos o incinerar los cuerpos insepultos, sin dejar rastro visible ción a Atenas, porque Deméter, en agradecimiento por las atenciones que reci-
de sus antiguos banquetes impíos.» bió aquí mientras andaba errante buscando a su hija, le garantizó a la ciudad
Critias, fr. 25, 1-8 DK. (Critias encontró la IIÍuerte en el 403. EI fragmento es deI sus dos dádivas o dones: el cultivo de los cereales y la celebración de los miste-
drama Sísifo, y Sísifo es el que habla.) «Hubo un tiempo en el que la vida de los "~I
rios, con su esperanza de una vida futura. EI primer don aseguraba que ya
hombres era desordenada [sin ley] y semejante a la de las bestias 58, esclava de la fuerza no viviríarnos una vida «como las bestias», y prosigue (§ 32):
bruta, y en el que el bien no tenía recompensa ni castigo el maL Entonces, según parece,
Si dejáramos todo esto de lado y consideráramos las cosas desde el principio, en-
los hombres establecieron leyes para sancionar, a fin de que la justicia pudiera regirlo
contraríamos que los primeros hombres que aparecieron sobre la tierra no llevaban
todo y hacer de la insolencia su esclava, y si alguien delinquía era castigado.»
exactamente el rnismo género de vida que nosotros ahora, sino que se lo fueron procu-
rando gradualmente gracias a sus esfuerzos de consuno ... [38] EI primero de los benefi-
Sísifo expone a continuación la teoria de la religión como invención de cios debidos a nuestra ciudad fue el de encontrar para los [griegos] que lo necesitaban
algún antiguo legislador, inculcando el miedo a dioses que todo lo veían, para el sustento, que es lo que deben hacer quienes quieren que se lleve una vida ordenada
evitar que se cometiesen delitos secretos (cf. infra, págs. 240 y sig.). en los otros aspectos. Mas como pensaba que no valia la pena vivi~ una vida que fuese
Sobre la medicina antigua 3 (voI. I, págs. 574-8 L.) (Este tratado, probablemente, de mera subsistencia, se preocupó de lo restante, de manera que ninguno de los benefi-
pertenece a finales deI siglo v o principios deI IV. Ver G. E. R. Lloyd, en Phronesis, cios de los que gozamos hoy los hombres, y que nos debemos los unos a los otros,
1963. Su conclusión está en la pág. 125.) «La extrema necesidad fue io que Qbligó y no a los dioses, se consiguiese sin el concurso de nuestra ciudad, y ésta es la causa
a los hombres a buscar y descubrir el arte de la medicina ... Yo estoy convencido de directa de que se hayan logrado la mayor parte de ellos. [39] Se hizo cargo de los
que, al principio, los hombres utilizaban también la rnisma clase de alimento [se. que griegos que vivían en grupos dispersos, sin leyes, algunos bajo la opresión de la tirania,
las bestias] y de que nuestra actual forma de vida, [y de dietas] fue siendo desarrollada otros perecieron por falta de jefes, y los libró de estos males, tomando a algunos bajo
por clescubrimientos e invenciones a lo largo de un extenso periodo de tiempo. Muchos su protección y sírviendo de ejemplo a otros; porque ella fue la primera en dictar leyes
y terribles eran los sufrirnientos de los hombres a consecuencia de su dieta fuerte y y establecer una constitución ... [40] Igualmente sucedió con las artes y las técnicas,
pro pia de animales cuando vivían a expensas de unos alimentos silvestres, no condimen- tanto las que son útiles para las necesidades de la vida como las concebidas para el
tados y de grandes principios activos ... y es razonable suponer que, entonces, la mayor disfiute, es decir que unas fueron inventadas por nuestra ciudad y otras incorporadas
parte, al tener constituciones débiles, morían, mientras que los más fuertes podían resis- por ella, a fin de comunicarIas luego al resto de la humanidad para su uso ... [42] Ade-
más, no todo país es autosuficiente. Algunos son pobres, otros producen más de lo
que sus habitantes necesitan, y es un problema para ellos, en unos casos, el disponer
5. La lectura .ó.1Í no es absolutamente cierta (L1oyd-Jones, en JHS, 1956, pág. 57, n. 24), de sus excedentes y, en otros, el conseguir importaciones.· También Atenas les ayudó
aunque, en mi opinión, muy probable. La diferencia entre la era primitiva y la civilizada se ve en esta dificultad estableciendo el Pireo como emporio de Grecia, tan abundantemente
enfatizada por el tácito contraste que se establece aquí con la creencia tradicional de 'que es la provisto que aqui podia conseguirse cualquier cosa que en otro sitio seria muy difícil
Ley o la Justicia quien se sienta en eI mismo trono que Zeus: Hes., Trab. 259; Pind., 01. 21
de adquirir .
.ó.tàç çeviou 1tápeõpoç 0t~ltç; [Dem.], ln Aristog. 11 (cita de la literatura órfica) .ó.í K1lV.:.,1tupà
1:àv 1:0i) .ó.tàç 9póvov Ku9TII.L&V1lV; Oxy. Papo 2256, fr. 9 (A), v. 10 (Lloyd-Jones, loe; cit.,
págs. 59 y sig.).
Compárese con el pasaje precedente de lsócrates.
51 CL Filemón (Meineke, CGF, vol. IV, pág. 54; Filemón nació alrededor dei 361 y lIegó
a) Diod., XIII, 26, 3 (discurso de Nicolás de Siracusa pidiendo gracia para los
a centenario): cautivos atenienses deI 413 a. C.): «Los atenienses fueron los primeros que iniciaron
oClm 1:&;(VUt yeyóvuClt, 1:UÚ1:Uç, cD 1\o.;(1]ç, a los griegos en el empleo de los alimentos cultivados, que los habían recibido de los
1to.ClUç tõíõuçev Ó ;(PÓVOC;, OU;( Ó ÕtÕo.ClKUÀ.OÇ. dioses para ellos rnismos y se los ofrecieron a los demás para su uso. Ellos son, asimis-
58 El mismo par de palabras griegas que en Diod., I, 8, I; IÍ1:UK1:0C; de <púcnç, en [Dem.],
mo, los inventores de las leyes, gracias a las cuales nuestra vida comÚll se transformó
ln Aristog. 15 (cL supra, pág. ant.). de una existencia salvaje y malvada en una sociedad civilizada y justa.»

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