COLISEO ROMANO
1. Introducción
La experiencia de ingeniería que adquirieron los romanos en el uso de arcos y bóvedas y su experiencia práctica
en la utilización del hormigón les permitió crear edificios de formas y dimensiones que los griegos jamás habrían
soñado. Los anfiteatros eran edificios exentos. Los romanos utilizaron ingeniosamente las hileras de arcos de
hormigón para construir el equivalente a una ladera de colina sobre la cual descansarían los asientos del
auditorio. De este modo pudieron edificar teatros y anfiteatros en cualquier sitio, incluso en las zonas más llanas
del desierto.
El coliseo es una muestra clara es esta habilidad de ingeniería y tema principal que se explayará en el siguiente
trabajo producto de una minuciosa investigación bibliología
2. Los anfiteatros
Los teatros romanos aparecieron por primera vez al final del periodo republicano su diseño se basaba
fundamentalmente en el tipo griego. Constaban de un alto escenario junto a un foso semicircular (orchestra) y un
área circundante de asientos dispuestos en gradas (cávea). A diferencia de los teatros griegos, situados en
pendientes naturales, los teatros romanos se construyeron sobre una estructura de pilares y bóvedas que fueron
posibles gracias a una nueva manera de construir y, de esta manera, pudieron ubicarse en el corazón de las
ciudades. Los teatros fueron populares en todos los lugares del Imperio.
Los espectáculos romanos variaron bastante en comparación con los que se hacían en la Grecia más antigua,
ahora no necesitaban de una direccionalidad intrínseca. Las luchas sangrientas de gladiadores o de hombres
contra animales salvajes o de animales salvajes entre si, como cualquier corrida de toros o los partidos de fútbol
actuales, no tenían por qué verse desde una dirección. Por lo que mediante un razonamiento y mostrando el
genio y civilización la ingeniería romana, se dispusieron dos teatros uno de espaldas al otro, para así formar un
anfiteatro (literalmente, teatros dobles). El área de la exhibición fue abrazada por los asientos y la base tomo la
forma de una planta elíptica con una pista (arena) central, donde se celebraban combates entre gladiadores,
luchas de bestias salvajes y otros espectáculos cuyo origen quizás es de la antigua Campania y fueron
introducidos a Roma tal vez por los etruscos, quienes conocían estos juegos. Además tenían un graderío
alrededor similar al de los teatros. En un principio, los anfiteatros se construyeron originalmente de madera, y
después de piedra. El primer anfiteatro se construyó es el de Pompeya el 75 AC por el máximo pontífice romano
Gaius Scribonius Curio. El primer anfiteatro de la piedra parcial se construyó en 30 AC por Augusto, antes de que
él se volviera emperador de Roma primero.
En Roma, la capital del Imperio, dada la fama de los espectáculos y la satisfacción que el pueblo lograba al
presenciarlos, se hizo necesario hacer un anfiteatro cuando él que existía había sido destruido por un incendio. El
nuevo edificio debía tener la capacidad y la magnificencia para entretener al pueblo y al Cesar, por lo que se
mando a construir el Anfiteatro Flavio, más conocido como Coliseo.
3. El anfiteatro Flavio
El gran anfiteatro Flaviano, denominado hoy Coliseo (probablemente por el recuerdo de la colosal estatua de
Nerón que hubo en las cercanías del anfiteatro), fue construido por Vespasiano después de la guerra con Judea el
año 72 dC. Se emplazó en medio de la ciudad de Roma, en un sitio completamente llano, precisamente en el sitio
que se conocía como Stagnum Nerons, que era una especie de laguna artificial construida por una orden de
Nerón bajo su mandato. Vespasiano, a pesar de su empeño, no pudo ver terminada esta colosal obra, y Tito la
inauguró el año 80 de nuestra era, aunque se presume que aún no se terminaba tal como se había proyectado en
un comienzo, por lo que se piensa que su construcción finalizó durante el reinado de Domiciano. La fiesta de
inauguración del edificio duro 102 días, en los que se mostraron una gran cantidad de espectáculos de distinta
índole.
El edificio tenía 527 metros de circunferencia y llegó a tener una altura de 57 metros. La base tiene una forma
elíptica, donde su eje mayor mide189 metros y su eje menor 156 metros. Estaba tan bien diseñado que todos los
asistentes (50.000 comúnmente) podían evacuarlo en pocos minutos. El secreto de esta cualidad residía en la
sabia disposición de las bóvedas de cañón y de los pasillos y escaleras que conducían a los asientos. Las bóvedas
de la planta baja tenían 80 puertas marcadas cada una con un número para facilitar que los espectadores
encontrasen su localidad. Es una obra de atrevida ingeniería y de grandes proporciones, donde los romanos
utilizaron con frecuencia el agregado de ladrillo embutido en una mezcla de la masilla de la cal con polvo de
ladrillo o ceniza volcánica incluyendo a esto el uso de la piedra (travertino) y el concreto que fueron la base del
Coliseo. Además, para aligerar el peso de las enormes estructuras, encajonaron a menudo tarros de barro vacíos
en las paredes. También utilizaron barras de metal como refuerzos en el concreto. Esto, junto a la combinación
de muros y vanos se hizo una constante en la arquitectura romana, la que más tarde sería a la base de estilos
como el gótico y el barroco. En el interior de las bóvedas, estaba decorada con fabulosos diseños en estuco, los
que se han perdido casi por completo a causa del tiempo.
El emperador Adriano celebró grandes fiestas en este anfiteatro, y bajo el reinado de Macrino, durante una
tormenta, un rayo chocó con el edificio e incendio toda la parte superior y sufriendo graves desperfectos el resto
de la estructura. La violencia del fuego y la imposibilidad de controlarlo hacen pensar que la cantidad de madera
utilizada en la construcción era muy grande. Una medalla con la efigie de Alejandro Severo recuerda que este
emperador inauguró de nuevo el Coliseo, que desde ese incendio no se había vuelto a utilizar por las grandes
faenas de reconstrucción que se hicieron, principalmente para sustituir la antigua y quemada parte de madera
por fabrica de mampostería. Amiano cuenta que el año 357 de nuestra era se vio el edificio en perfecto estado. Del
año 425 al 450, Lampridio, prefecto de Roma, hizo reparación en la arena, en el podium, en las gradas y en las
puertas. Las luchas de gladiadores fueron prohibidas hacia el año 404, continuando manteniendo la atención del
pueblo mediante luchas de fieras, las últimas que se menciona la historia en este anfiteatro, fueron durante el año
523. Algunos escritores cuentan también que el Coliseo aún se conservaba en excelentes condiciones durante el
siglo VIII.
En el Coliseo se ofrecían espectáculos como animales inteligentemente adiestrados y fieras hambrientas
devorándolos. También aparecían hombres tras unas jaulas de seguridad que tiraban flechas y lanzas a animales
hasta que agonizaran y murieran. Estos tipos de muestras donde participaban animales se denominaban venatios
(sacrificios animales) y entretenían al público durante las tardes con el auspicio de algún príncipe interesado en
ganar popularidad. Después de esto, seguían los sacrificios humanos (numeras), donde se asesinaban hombres
que estaban condenados a muerte. Al final de la jornada, venían las luchas a muerte entre gladiadores
(hoplomachie).
En vísperas del espectáculo un gran banquete (cena libera) entre gladiadores, que para muchos era su última
comida, reunía a los combatientes el día anterior. Esta cena era pública en el sentido que la gente podía dar
vueltas alrededor de la gran mesa para apreciar a los contendores y así ver a quien apostarían más tarde. Algunos
comensales fatalistas se echaban a los goces del momento, comiendo con glotonería. Otros, cuidaban su cuerpo y
su salud conociendo sus habilidades como guerrero dejaban de lado la buena mesa para comer lo justo. Los más
miserables, impresionados por el presentimiento de su muerte y paralizado su apetito por el miedo, preferían
dejar de comer y encomendar sus familias y su alma a los dioses.
Al día siguiente los gladiadores desfilaban en una parada vestidos con ricos trajes púrpura y oro. Saludaban al
emperador con una lúgubre y trágica exclamación:
Ave Cesar, Morituri te salutan.
Cada gladiador tenía su instructor con la misión de entrenarlo, por lo que cada luchador recibía distintas
enseñanzas y de esta manera se especializaban en algún arma. Además, los instructores, debían evitar cualquier
trato entre combatientes y excitar al peleador durante la pelea con exclamaciones como ¡Golpea, quémalo,
mátalo! Y si era necesario, castigarlos a latigazos hasta que brotara sangre con el objetivo de que matara a su
contrincante, si el público lo pedía.
En tanto, el público hacía las correspondientes apuestas y experimentaba un extraño y bárbaro placer con la
victoria de sus favoritos. Muchas veces, por fogosos que fuese el combate, ninguno triunfaba; por robustos y
diestros que fueran los gladiadores, ambos caían al sueloo permanecían de pie. Entonces el match era declarado
nulo cuando el espectáculo perdía efervescencia. Pero lo más común era que hubiera un ganador y además el
perdedor algunas veces no era muerto, ya que si este, sabiéndose inferior, luchaba con esfuerzo, inteligencia y
dignidad, y además deponía las armaspara quedarse en la arena después de una caída, podía levantar su brazo
derecho hacia el cielo para solicitar la gracia del contendor ganador. Él que consultaba al emperador cual era la
decisión de los espectadores al tiempo que estos agitaban sus pañuelos, levantaban los pulgares o gritaban ¡Mitte!
(Sáquenlo); o, por el contrario, si el perdedor había merecido su derrota, la exclamación era ¡Ingula! (Mátenlo).
Entonces, el emperador tranquilamente apuntaba su pulgar hacia el suelo, de esta manera ordenaba la
inmolación del gladiador perdedor. A quien no le quedaba nada más que extender su cuello para ser decapitado y
morir sin dolor y honorablemente. El ganador era premiado con platos de plata cargados con piezas de oro y
preciosos obsequios. Llevando consigo los presentes, atravesaba corriendo la arena bajo la ovación de la
multitud. Inmediatamente las ventajas de la gloria se empezaban a sentir. Por su popularidad, los gladiadores
(que podían ser esclavos, ciudadanos o condenados del derecho común) pasaban a ser personajes de moda; las
mujeres les ofrecían sus encantos. Esto se prueba en un graffiti en una pared referido a un tracio llamado
Celadus, y que decía: " el hombre por quien suspiran las muchachas".
Los numeras (luchas de gladiadores) adquirieron tal desarrollo, que se sucedieron decenas de miles de parejas de
gladiadores en las sangrientas arenas del Coliseo. A veces se hacían liberaciones masivas de combatientes para
renovar el espectáculo. En crónicas de la época se asegura que durante el reinado de Trajano, quien tenía fama de
clemente, las cifras de gladiadores se elevaron de la siguiente manera: el 107 dC, el emperador hizo luchar a
10.000 guerreros; en el 113 dC ofreció una sportule, que duró tres días y presento 1.202 parejas. En 109 dC,
durante un festival que duró 117 días se liquidaron 9.824 luchadores. Muchas veces se pusieron en la arena a
personajes sin armas que se consideraban nocivos para la sociedad para que se simulara un combate, lo que en
realidad era un sórdido asesinato. Hasta el siglo III se conservo la costumbre de los numeras sinemissione, vale
decir, luchas en las cuales no escapaba ningún gladiador.
Séneca decía: "En la arena se amontonaba un montón de condenados, a menudo escogidos entre ladrones,
asesinos, incendiarios, que por sus crímenes fueron merecedores de morir en el anfiteatro". En estos casos se
hacía comparecer una primera pareja, compuesta por un hombre bien armado y otro vestido solo con su túnica,
el primero debía matar al segundo. Después de esto el ganador era desarmado y conducido ante un nuevo
contrincante, esta vez armado hasta los dientes. De esta manera se continuaba una inexorable cacería, hasta que
cayera la última cabeza condenada.
Las luchas de los gladiadores tuvieron posiblemente un origen religioso, ya que en un principio, solo se
celebraban en caso de funerales de personalidades importantes. Más tarde, en el tiempo de los emperadores, esto
pasó a ser sencillamente un deporte sangriento que fascinaba a casi todo el mundo, ya que escasas fueron las
voces de protesta. Los gladiadores eran en su mayoría esclavos o condenados que eran adiestrados en escuelas
especiales con el único fin de dar un buen espectáculo al momento de combatir en la arena. Los gladiadores
podían obtener la libertad si sobrevivían y el público lo permitía así.
En cuanto a los subterráneos qué estaban bajo la arena del Coliseo y que aún se conservan, es muy difícil
concretar la época de su construcción, pero según un pasaje de Herodiano, parece que ya existían en el tiempo del
emperador Cómodo, quien vestido de gladiador, pasaba desde el palco imperial, por un corredor que comunicaba
con los subterráneos, para tomar parte en las sangrientas luchas. En todo caso, el dato que nos dice que los
emperadores Tito y Domiciano llenaran de águala arena del anfiteatro para simular batallas navales, llamadas
naumaquias, demuestra que el suelo en aquella época estaba más bajo que en el actual, pues de lo contrario el
agua hubiera invadido las partes bajas del edificio y hasta los pórticos, haciéndolos intransitables.
Ciudades en que estaba situado el Anfiteatro
Dimensiones del Anfiteatro Dimensiones de la Arena
Eje Mayor Eje Menor Eje Mayor Eje menor
Arles 137,47 107,29 69,5 39,35
Capua 169,89 139,6 76,12 45,83
Itálica 156,5 134 71,5 49
Nimes 132,26 101,38 69,14 38,34
Pola 137,8 112,6 70,1 44,8
Pompeya 135,65 104,05 66,65 35,05
Puzol 190,95 144,87 111,93 65,85
Roma (Coliseo) 187,77 155,64 76 46
4. Conclusión
En el Coliseo, como en ningún otro edificio, parecen haberse encarnado la grandeza y majestad del Imperio
Romano reflejadas en la imponente fachada exterior, en la grandiosa gradería del ovalo interior que circuye la
arena del circo, hasta en las venerables ruinas que hoy exciten.
El Coliseo fue creado para dar a conocer magnificencia, y ha logrado su objetivo muy bien, pues fue un
importante medio para que emperadores y personalidades se ganaran el cariño, aprecio y respeto del pueblo
romano a cambio del auspicio de una entretención algo morbosa y sangrienta.
También nos muestra es una obra que representa la manía edificadora de un pueblo que lo que quería era que
Roma fuera el centro del universo, haciéndolo, en cierto modo, a través de gigantescas y bellas creaciones
arquitectónicas. El Anfiteatro Flavio es una clara muestra de ello. Demostrando que los romanos eran una cultura
muy vanidosa y con ansiedad de fama, ya que sus preocupación era ser superiores a otras comunidades. Algo
parecido, quizás, al nazismo más contemporáneo.
Este edificio también nos muestra que la arquitectura romana se basa en un proceso de síntesis. Hombres
nutridos de tradiciones estéticas y técnicas de Grecia supieron resolver los problemas inéditos que planteaba la
nueva sociedad organizada por el genio de Roma. Su imaginación, servida del proceso técnico, creo formas
nuevas, en las que nunca dejaron de integrar las formas helénicas tradicionales. La posición que adoptan frente a
la construcción del Coliseo nos asombra por su acento moderno para la época, pero la ejecución que se
caracteriza ordinariamente por el afán de decoración, demuestra que nunca tuvieron conciencia de una ruptura
con el pasado. En este sentido, su ejemplo es para nosotros, doblemente fructífero, pues demuestra que la
audacia no es incompatible con el respeto a la tradición.