Recursos para Autoconocimiento Infantil
Recursos para Autoconocimiento Infantil
Ideas clave 4
9.1. Introducción y objetivos 4
9.2. El lenguaje: un recurso muy poderoso 6
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
A fondo 43
Test 46
Esquema
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Nuestra función docente, como hemos visto en temas anteriores, requiere que,
respetando las características propias e individuales del alumno, sepamos orientarlas
de forma positiva. Para ello es indispensable, además de nuestra formación, actitud
y de la imprescindible inteligencia emocional de niños y alumnos, contar con recursos
que nos ayuden a lograrlo. Muchos de ellos los utilizamos habitualmente en el aula,
como los cuentos, el movimiento, el juego… pero no siempre somos conscientes de
la capacidad que tienen recursos muy comunes con los que contamos en las aulas
para ayudar a los niños a que se conozcan mejor, reconozcan sus emociones y puedan
tener un buen autoconocimiento y una sana autoestima.
A lo largo de este tema iremos desarrollando los recursos que nos parecen más
relevantes y que están más a nuestro alcance en el aula para que podamos ser más
eficaces apoyando el desarrollo emocional de nuestros alumnos.
Los objetivos, por tanto, que nos planteamos cubrir en este nuevo tema incluirían:
Desarrollar una escucha activa que facilite aún más la comprensión de los
alumnos, de sus particularidades y necesidades.
Ayudar a los alumnos a comunicarse de forma eficaz con los otros, teniendo en
cuenta sus propias necesidades y las del grupo de iguales.
El lenguaje es una de las habilidades propias del ser humano más complejas y a través
de ella podemos comunicarnos con otros y con nosotros mismos, expresar vivencias,
emociones, pensamientos, aprendizajes… Es por tanto una herramienta de trabajo
fundamental para el docente que va mucho más allá de la mera transmisión de
conocimientos o consignas.
La comunicación con los niños nos permite expresar y conocer qué sucede en el aula,
qué sienten los alumnos, qué sienten los docentes como profesionales y como
personas, y también a través del lenguaje devolvemos una información muy valiosa
a los niños acerca de su comportamiento, de las conductas que se consideran
aceptables y las que no, de sus características, cualidades, fortalezas, debilidades…
En definitiva, la información que transmitimos también afecta a su
autoconocimiento y autoestima, muy dependiente de nuestra opinión en estas
edades en las que no se cuestionan las opiniones o actuaciones de los adultos sino
que las dan siempre por ciertas.
El lenguaje es, por tanto, un «súperpoder» que debe utilizarse de forma consciente
para que no perjudique el desarrollo del niño, sino que lo potencie. En este sentido
nuestra función de fomentar una relación de calidad con los alumnos que les permita
experimentar y aprender, ofreciéndoles una información sencilla y un modelo
adecuado que oriente su aprendizaje y apoye su autoconocimiento y autonomía
requiere de una buena utilización del lenguaje verbal, gestual y corporal.
Hennings, en 1975, hablaba de los diferentes tipos de estímulos que deben tenerse
en cuenta en la comunicación e incluía tanto los estímulos verbales (palabras
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
pronunciadas), como los vocales (que tenían en cuenta el volumen, la velocidad, las
inflexiones utilizadas), como los estímulos físicos asociados (gestos, movimientos,
expresiones faciales) y los que él llamaba situacionales y que hacían referencia al
contexto en el que se desarrolla, a los medios y a los recursos.
La postura y los gestos también indican interés o rechazo. Unos brazos y piernas
abiertos implican aceptación mientras que cerrados es posible que indiquen rechazo,
miedo (protección) o inseguridad. La orientación de nuestro cuerpo hacia otras
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
El lenguaje corporal junto con nuestra voz tiene más importancia que las
palabras que decimos. Como docentes debemos prestar atención a utilizar
nuestra voz adecuadamente, a situarnos corporalmente y físicamente cercanos
a nuestros alumnos, utilizando nuestra mirada y nuestra sonrisa para afianzar
nuestro discurso, respetando su espacio y reforzando con nuestros gestos lo
que queremos transmitir.
Transmitir interés por el aprendizaje, por las iniciativas de los niños, reforzando
su motivación hacia lo que están aprendiendo y animándoles a volver a intentarlo
cuando no consiguen el resultado esperado.
Utilizar eficazmente nuestra voz, ya que el tono de voz también guía la respuesta
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
del niño. Un tono de voz firme lleva a la acción, un tono de voz relajado lleva a la
reflexión. Utilizar palabras que el niño conoce y que tienen sentido para él, en su
contexto, ya que en la primera etapa el niño está aún en pleno desarrollo del
lenguaje.
Utilizar el lenguaje para redirigir actuaciones más que para criticar las que están
realizando. Es más efectivo y no afectamos la autoestima de los niños.
Utilizar los silencios. El silencio ayuda a los niños a interiorizar y reflexionar sobre
lo que estamos trabajando y es una buena estrategia para aprender a escucharnos
sin atropellarnos.
Ayudarles a respetar los turnos de palabra, para que tengan en cuenta y escuchen
las opiniones de los demás.
Utilizar el lenguaje para que los niños cuenten lo que están haciendo o lo que van
a hacer, de forma que fomentemos el pensamiento y la reflexión sobre sus
actividades, frenando la impulsividad propia de la etapa. Utilizar también el
lenguaje para que los niños hagan predicciones, den explicaciones, relacionen lo
que han vivido con lo que están aprendiendo.
Utilizar las preguntas con criterio, preguntar es una forma de evaluar, por eso os
recomendamos no abusar de ellas. Esto es especialmente importante con los
menores de tres años, que, por su edad, deben activar las áreas cerebrales de
entrada de información y al hacer preguntas activamos áreas de salida. Recordad
que nuestra misión en Infantil no es tanto evaluar como contar, enseñar,
interesar… También es eficaz darles tiempo suficiente para que respondan cuando
les hacemos una pregunta, sin que se sientan presionados a responder
rápidamente sin reflexionar (impulsividad propia de la edad).
que utilizan los demás, de por qué las usamos y las consecuencias que tienen.
Comprobar también los gestos que utilizamos, comenzando por observar nuestro
propio lenguaje.
No dejarse afectar por las palabras de otros e incluso por nuestro propio lenguaje
negativo.
invitamos a los niños a que compartan con el aula lo que han aprendido, cómo se han
sentido o si hay algo que deseen agradecer (ver figura 2).
Para utilizar este lenguaje positivo tanto el profesor como cada niño debe elaborar
su propia lista de palabras, compartiendo los logros y adaptando esa lista a la forma
Inyectar motivación pizarra que resulte Propuesta: elaborar un libro con las frases más
en el aula. motivadora. Otros días motivadoras de todo el curso.
la pueden elegir los
alumnos.
Tabla 1. Resumen de las ideas sobre el uso del lenguaje en el aula. Fuente: adaptada de Castellanos (2017).
Doy las buenas noches a mi familia antes de irme a dormir y les dedico un
14
agradecimiento.
Al final del día, apunto tres agradecimientos diferentes en mi cuaderno (puede ser
15
la recopilación de los que he dado a lo largo del día).
El autor también incluye orientaciones para la familia que podemos recomendar a los
padres de los alumnos, así como el programa completo para lograr este lenguaje
positivo.
En el apartado A fondo encontráis un vídeo del autor en el que habla del estudio
científico que realizaron y que correlaciona un cerebro más sano y longevo con la
utilización de un lenguaje positivo.
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Este proceso simbólico es un proceso interno que guarda también relación con el
establecimiento del vínculo que hemos visto en otros temas, ya que la primera
separación del bebé se da con su figura de referencia (cuando es consciente de que
es una persona diferenciada de ella) y es esta separación la que inicia la formación de
su propia identidad.
El juego ocupa un papel muy relevante en el desarrollo del niño desde todos los
ámbitos. Y si bien la función principal del juego es divertirse, el juego ocupa también
un papel educativo fundamental, siendo para los docentes de Infantil una
herramienta muy útil para acceder al aprendizaje y también al mundo interior de los
niños. En este sentido es conveniente recordar que el juego en el aula no debe ser un
El juego es un estímulo para los niños, les ayuda a desarrollar sus habilidades e
incluso favorece el control de la inhibición (juegos de reglas) y la cooperación, cuando
es un juego compartido, en el que la interacción social con iguales es determinante.
Tanto el juego como los juguetes favorecen el desarrollo sensorial, motor, cognitivo,
afectivo, del pensamiento lógico y del lenguaje del niño.
Aplicando las ideas de Chacón (2008) acerca de la actividad lúdica de los niños y
relacionando estas con el desarrollo de la autonomía, el autoconocimiento y la
autoestima podríamos decir que:
Los niños juegan por el propio placer de jugar, es voluntario y libre. Los niños que
no participan en los juegos o que son de alguna forma forzados a realizarlos
pueden ser susceptibles de tener dificultades de relacionarse con otros, de
sentirse inseguros, etc.
El juego implica actividad y para el desarrollo del juego es conveniente que los
niños tengan una buena autonomía y un buen control de su cuerpo que les
permita participar sin limitaciones en él en función de su edad y desarrollo. El
propio juego fomenta esas adquisiciones y las afianza.
Durante el juego simbólico los niños están desarrollando una realidad ficticia que
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Mientras los niños juegan viven situaciones emocionales que pueden expresar,
pueden proyectar sus miedos y conflictos, lo que puede ayudarles a reducir su
Cuando el juego tiene reglas les ayuda a comprender algunos roles adultos y a
aceptar normas y reglas sociales, a respetar turnos y a dialogar con otros para
llegar a acuerdos.
Gran parte de la etapa infantil que nos ocupa, estaría enmarcada, siguiendo a Piaget
en el periodo preoperacional (entre los 2 y los 7 años) en la que predomina el juego
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
simbólico, pero antes de esta podemos hablar de una etapa pre simbólica con cuyos
juegos el niño también ponen de manifiesto su incipiente individualidad.
Juegos presimbólicos
Para Abad (2001) es razonable pensar que, dado que el niño a través del juego
expresa sus vivencias, en esta etapa exprese sus experiencias de unión y separación
(de permanencia y desaparición de objetos y figuras de referencia).
Entre los juegos más relevantes en esta etapa por la relación que guardan con la
autonomía y el inicio de la identidad encontramos:
Otro de los juegos previos a la etapa simbólica son los juegos sensoriomotores,
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Jugar a esconderse. Este es uno de los juegos en los que está más presente la
situación vivida por el niño de presencia/ausencia, de unión/ separación. Es uno
de los juegos preferidos por los niños que además se inicia muy pronto y se
prolonga hasta la segunda etapa de Educación Infantil aumentando su dificultad.
Juegos como el «cucú tras» que es útil para favorecer el desarrollo de la
permanencia del objeto y facilitar la vivencia del sentimiento que provoca la
ausencia del adulto de referencia.
Jugar a ser perseguido. A través de este juego el niño se siente autónomo para
poder escapar, encontrar un refugio seguro, ensayando para enfrentarse al miedo
(ser perseguido) y saliendo victorioso, ya que en esta etapa no se coge al niño o
cuando se le coge se le hacen cosquillas o el juego termina de una forma
placentera.
«El juego simbólico permite al niño fallar sin miedo» (Abad y Ruiz, 2011, p. 111).
El juego simbólico, además de cumplir con los objetivos que hemos detallado
anteriormente, cumple según Piaget funciones compensatorias, ya que durante el
juego puede realizar lo que no puede hacer en otras situaciones, compensa
situaciones desagradables facilitando su asimilación y acepta situaciones que le
provocan miedo ya que puede anticipar lo que va a suceder. También contribuye a
liberar las pulsiones y canalizar conflictos, admitiendo las equivocaciones sin
penalizarlas y convirtiéndolas en parte del juego. Este juego es una proyección de su
mundo interior en la que el niño aprende a actuar en una situación mental y no real.
Es un espacio en el que poner a prueba las cosas, en el que combinar pensamiento,
lenguaje y fantasía, que integra la inteligencia, la afectividad, la competencia
lingüística, el conocimiento y el desarrollo social. Por eso se considera al juego
simbólico como una forma muy eficaz de impulsar el aprendizaje (Tejerina, 1994).
Nuestra recomendación es utilizar las actividades plásticas para que los niños
se expresen, decidan qué materiales van a utilizar (ofreciendo variedad y no
necesariamente cantidad) y actúen en consecuencia sin que exista ningún
resultado incorrecto. Todas las creaciones deben ser valoradas y después de su
realización podemos preguntarles qué han plasmado para acceder a lo que
pensaban o sentían en ese momento. Para ello hay que evitar que los niños
hagan dibujos o creaciones en el aula solo cuando les «sobra tiempo» o que
utilicen siempre los mismos materiales para evitar que este tipo de actividades
les aburran y se conviertan en algo obligado, como «colorear». Los niños
también deben ser los protagonistas en estas actividades, y en ellos deben
poder plasmar su creatividad, imaginación, sus miedos, alegrías, etc.
Entre las actividades de dramatización que podemos utilizar con los niños de estas
edades se encuentran según Delgado (2001):
• Los títeres, que permiten expresar a través de una marioneta lo que por
inseguridad o temor a los niños les cuesta proyectar; les ayudan a expresar
emociones que no son suyas pero que vive el personaje, favoreciendo la
empatía.
La música. Forma parte de la vida de los niños desde antes del nacimiento y es un
lenguaje universal, una forma de comunicación que está presente en todas las
culturas y que también nos identifica en muchas ocasiones. La música nos ayuda
a expresar emociones, sentimientos, existiendo una estrecha relación entre
La música puede servir como elemento que nos active, que nos relaje, y también
es una potente herramienta para expresar cómo nos sentimos a la que suele
acompañar el movimiento de nuestro cuerpo. Además, facilita la escucha activa e
incluso la cohesión grupal si la utilizamos no como un acompañamiento en
algunas actividades, sino como una actividad principal con objetivos claros y
fundamentados.
La música nos sirve para autorregular las emociones y cambiar nuestros estados
de ánimo desde la edad preescolar, como se ha comprobado incluso en la etapa
de bebés en la que diferentes audiciones pueden provocar cambios fisiológicos y
diferentes reacciones emocionales en los más pequeños.
• Para fomentar recuerdos positivos, ya que al igual que sucede con los olores,
la música se asocia con facilidad a recuerdos y situaciones emocionales
intensas. De esta forma, si la asociamos a actividades alegres, divertidas, estas
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
En el apartado A fondo hemos incluido un libro «Cuerpo, espacio, lenguaje» que favorece
el autoconocimiento de los más pequeños de su cuerpo y posibilidades utilizando
diferentes juegos sencillos, así como otras actividades que benefician la lateralidad y la
orientación espacio- temporal.
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
No siempre es fácil para los adultos, y tampoco para los docentes, dejar que los niños
se enfrenten a aprendizajes emocionales que pueden resultar dolorosos o difíciles,
pero como ya hemos visto en temas anteriores, evitar o negar lo que los niños sienten
no va a ayudarles a dejar de sentirlo, y al invalidar sus emociones también dañamos
su autoestima y negamos sentimientos que igualmente existen.
Nuestra función docente no debe pues evitar estos obstáculos sino acompañar a los
niños en ese proceso emocional que comienza por no juzgar lo que sienten (aunque
nos parezca incoherente o impensable), validar todas las emociones (aunque no
necesariamente sus manifestaciones) y crear un nexo entre su experiencia interior y
el mundo real.
Los cuentos son una estupenda manera de crear esos enlaces, ya que recogen
emociones que nosotros no siempre nos permitimos o que inconscientemente
evitamos por considerarlas «malas». En concreto los cuentos tradicionales ofrecen
muchas de esas emociones que en cambio no siempre es tan infrecuente sentir: los
celos de las hermanas de la Cenicienta, la envidia de la madrastra de Blancanieves, el
miedo de Hänsel y Gretel a no volver a casa, la naturaleza del lobo que quiere
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
comerse a los cerditos… Gracias a los cuentos, los niños pueden identificarse con los
diferentes personajes y poner en orden sus emociones y reflexionar sobre ellas sin
que les dañen, ya que no las están viviendo en el mundo real y en cambio les ayudan
a ordenar su mundo interior.
Pero, además, los malos de los cuentos o las situaciones conflictivas que los niños
viven a través de ellos, les permiten expresar sus emociones que tienden a esconder,
también les permiten identificarse con los «buenos», con los valores positivos. E
incluso muchos de los cuentos les permiten hacer elecciones, elegir el final, lo que
puede hacer el protagonista, y esas elecciones apoyan el desarrollo de su identidad y
de su asertividad.
Los cuentos facilitan que los niños puedan experimentar con todas las emociones, se
puedan poner en la piel de todos los personajes, puedan empatizar con ellos o
rechazarlos, pero siempre en un entorno seguro en el que al final siempre todo va a
acabar bien. Y esas emociones que suelen trabajar los cuentos, suelen ser las que más
se correlacionan con los miedos infantiles: el miedo a no ser querido, a la separación,
a perderse, a seres malvados, rechazados… El hecho de que los cuentos,
especialmente los tradicionales, utilicen fundamentalmente personajes humanos,
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
hace que los niños puedan empatizar con mayor facilidad con ellos y la intensidad de
los problemas que muestran también crea una fuerte vinculación emocional que
hace que el niño pueda movilizar sus emociones y darles salida personificándolas en
el papel de los personajes. Incluso el hecho de que los finales de los cuentos
tradicionales suelan ser agresivos o impactantes y en ocasiones podamos sentirnos
Igualmente, para esta autora, aunque los cuentos conlleven objetivos didácticos en
sí mismos, es preferible dejar que los niños de estas edades simplemente los
disfruten de forma inconsciente y que el docente solo les muestre habilidades para
comunicarse mejor o expresar sus emociones pero sin pretender que sean
conscientes de su mundo afectivo y emocional, ya que necesitan unos recursos
internos que aún no tienen. Es decir, que el objetivo del cuento sea, en esta etapa,
disfrutar del cuento.
Y como cierre de este apartado os invitamos a ver el siguiente vídeo en el que Paula
Sánchez Alarcón, psicóloga y autora de diferentes cuentos, nos habla de cómo se
pueden trabajar la autoestima, los conflictos y las emociones a través de los cuentos.
«No se me ocurre un regalo mejor para un niño que ser acompañado por un
educador que se ha convertido en un sabio y amoroso héroe que ha sabido
aprender de los caminos de flores y también de la oscuridad del bosque»
(Martínez Pardo, 2017, p. 23).
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
En este último apartado del tema vamos a comentar y referenciar algunos juegos y
actividades que podemos utilizar en el aula para favorecer el autoconocimiento de
los niños, su autoestima y diferentes competencias y habilidades sociales que
favorecen la educación emocional de los más pequeños.
Para los niños más pequeños, de primer ciclo, las actividades más relacionadas con el
autoconocimiento son aquellas en las que parten de conocer su propio cuerpo y
posibilidades de acción y que se realizan de forma habitual en las aulas de Infantil de
forma acorde a cada momento de desarrollo. Para los niños de 2 a 6 años el libro
«Cuerpo, espacio y lenguaje» de Ancín, y del que ya hemos hablado (lo tenéis en A
Pero además una vez que los niños ya son más conscientes de su propio cuerpo
podemos avanzar hacia otro tipo de actividades que refuercen su identidad y
refuercen su cohesión de grupo. A continuación, os mostramos algunos ejemplos:
Dejando huella. Con los más pequeños podemos trabajar su propia identidad no
solo con las fotos o símbolos de aula, sino también haciendo un mural grande en
el que cada niño pinte su huella con pintura y la estampe en el mural, después
observaremos que todas son diferentes y que esa diferencia nos enriquece.
Hacer un collage decorativo en el que cada niño plasme lo que le gusta hacer,
lugares a los que han ido, sus sueños, sus proyectos… utilizando dibujos, recortes,
imágenes, fotos y que después podemos utilizar para decorar el aula y poder
hablar sobre lo que le gusta a cada uno de ellos. Con niños más pequeños la familia
puede participar en el collage del pequeño utilizando fotos o imágenes que
colocaremos en el aula a la altura de los ojos de los niños para que todos puedan
ver el suyo cuando lo deseen.
Autorretrato. Juegos para que cada niño del aula dibuje o diga una característica
positiva de cada uno de sus compañeros, y que de esta forma cada uno de ellos
tenga un «recuerdo» de sus puntos fuertes y se sienta importante en el grupo.
También pueden pintar su autorretrato y que sea otro de sus compañeros, el que
cada uno elija, para presentárselo a la clase.
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Vamos a vendernos. Los niños más mayores también pueden jugar a realizar un
eslogan publicitario que les sirva para darse a conocer y «venderse» de forma
divertida. Para ello podemos ponerles en situación diciéndoles que qué dirían de
«Si fuese…». También son divertidos para conocernos los juegos del «si fuese…»,
que consiste en que cada uno de los niños vaya respondiendo, por turnos, a las
preguntas del profesor de «si fuese una flor/un animal/un árbol/un país/un
instrumento musical/un personaje de Disney/un superhéroe, sería…». Pudiendo
después, solo si los niños lo desean, aclarar sus respuestas, comentar las
coincidencias entre los niños si las hubiera, decir qué comentario nos ha
sorprendido más, etc.
Otra variedad más sencilla de este juego, para los más pequeños, y que también
desarrolla contenidos, es que cada niño pinte una hoja con su color favorito. Una
vez que todos los niños hayan pintado y elegido su color se desplazarán por el aula
mostrando su color y buscando a otros compañeros cuyo color sea el mismo;
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Tengo miedo de… Al igual que en el juego anterior se trata de mostrar algunas de
nuestras debilidades. Cada uno de los niños, y también el docente, para hacer de
modelo, dirá algo a lo que tenga miedo. Cuando todos los niños lo han hecho
podemos hablar de los miedos, de qué hacemos para superarlos, si los evitamos y
de cómo el miedo, aunque no es agradable, cumple una función como todas las
emociones: nos protege del peligro (real o imaginario).
Lo mejor y lo peor. Cuando finalice la jornada, podemos hacer que los niños
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
reflexionen sobre ella preguntándoles cuál ha sido el mejor momento del día para
ellos y cuál ha sido el peor. De esta forma también los docentes obtenemos mucha
información de qué actividades han resultado más interesantes para ellos y qué
aspectos debemos corregir, de lo que sienten los niños, etc.
Muchos de los juegos que hemos propuesto en el apartado anterior también facilitan
la autoestima, los objetivos que nos proponemos para favorecer la autoestima en el
entorno del aula pasan por fomentar la desinhibición para reconocer delante de los
compañeros cómo somos, qué cosas se nos dan bien y cuáles pueden dársenos peor,
así como fomentar el conocimiento de cada uno de los niños a través de los mensajes
que les hacen llegar sus iguales, potenciando la seguridad en sí mismos y
descubriendo que no pasa nada por equivocarse o por tener debilidades, admitiendo
que es algo que nos sucede a todos.
Sé que puedo/ sé que podré. En esta ocasión se trata de que, con todos los niños
sentados, se vayan levantando de uno en uno diciendo una cosa que sepan que
pueden hacer y otra que aún no puedan pero que vayan a lograr. Con este juego
se trata de que los niños sean conscientes de sus fortalezas y también de sus
limitaciones, pero sintiéndose competentes para hacerlo en el futuro.
Los tres saltos. Pedimos a tres niños que se ofrezcan voluntarios para jugar a
saltar. La primera de ellas se coloca de pie con los pies juntos. Colocamos una señal
en la punta de sus pies y le pedimos que adivine hasta donde cree que llegará
dando un salto fuerte con los pies juntos sin tomar carrera y colocamos una señal
en el lugar donde dijo que llegaría. Cuando el niño salta ponemos una marca en el
lugar a donde llegaron las puntas de sus pies. Analizamos lo que sucedió, si se
cumplió su previsión, y repetimos con los otros dos niños. Cuando hemos
terminado la actividad reflexionamos sobre que hemos descubierto (qué
expectativas teníamos, si se han cumplido o no, si se han superado, si eran
alcanzables…). Otra versión de esta actividad es que salten por parejas para ver si
el salto es mejor o no, si se han sentido más seguros… (al saltar por parejas el salto
es menor, pero quizá sea más seguro, quizá hay algunas cosas que es mejor hacer
solo, qué cosas hacemos mejor acompañados…). La idea es sacar jugo a esta
actividad reflexionando con los niños.
Estos juegos tienen mucho que ver con los juegos cooperativos, en los que el
resultado final depende de la participación de todos los niños con un objetivo común:
confiar en los otros.
El lazarillo. Como ya habréis imaginado este juego consiste en que por parejas y
turnándose, un niño lleve a otro por un recorrido establecido con los ojos
cerrados. De esta forma tendrán que confiar unos en otros.
La gallinita ciega. En este caso solo uno de los niños se venda los ojos y tiene que
encontrar al resto después de cantar una pequeña canción y dar tres vueltas. El
objetivo en este caso es confiar en las propias capacidades de cada uno para, con
los ojos cerrados, encontrar al grupo. Podemos hacer que además deba
diferenciar al niño que va pillando tocándole, haciéndole reír… para fortalecer el
sentimiento de grupo y el reconocimiento de las cualidades de otros compañeros.
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Te escucho. Este juego trata de escuchar activamente a otro, para ello los niños se
colocarán por parejas y deberán responderse uno a otro a cuestiones como: qué
me gustaría ser, cuál es mi fiesta favorita, qué es lo que más me gusta hacer, qué
parte de mi cuerpo me gusta menos, qué se me da muy bien, qué se me da muy
mal y cuál es el castigo que no soporto. Una vez que cada uno conozca las
respuestas del otro deberá contar las de su compañero al resto del grupo. De esta
forma, además de trabajar la escucha activa también conoce más a sus
compañeros.
¿Y tú qué harías? Con este juego se trabaja tanto la empatía como la asertividad.
Consiste en que un niño voluntario cuente una situación que le ha sucedido y que
le ha hecho sentir mal y los niños que lo deseen puedan contar qué habrían hecho
ellos en su lugar. También podemos hacerlo con supuestos que inventemos o con
situaciones de conflicto que se hayan producido en el aula. Evitaremos juzgar las
decisiones que toman los niños, pero podremos hacerles preguntas para entender
porque toman una u otra decisión.
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Esto es un abrazo. Los niños se sientan en un círculo grande y el primer niño (A)
que empieza a jugar le dice al de su derecha: «esto es un abrazo», y le da un
abrazo. El niño que ha sido abrazado (B) le contesta: ¿un qué? Y el primer niño
Con este juego afianzamos los lazos afectivos entre los niños a través del contacto
físico, la empatía, el afecto…
Estos son solo algunos ejemplos de juegos y recursos que se pueden utilizar en el aula
y que favorecen de una forma lúdica el autoconocimiento de los niños, la empatía y
el entrenamiento en recursos que les ayuden a reflexionar sobre cuáles son sus
habilidades, sus debilidades, sus fortalezas, miedos, cómo se encuentran sus
compañeros, cómo reaccionarían en diferentes situaciones… pero todos ellos deben
personalizarse en función de los alumnos reales de nuestra aula.
Abad Molina, J. y Ruiz de Velasco Galvez, A. (2011). El juego simbólico. Barcelona: Grao.
Martínez Pardo, E. (2017). Bajo la piel del lobo. Acompañar las emociones con los cuentos
tradicionales. Barcelona: Grao.
Casamérica (9 de junio de 2016). La ciencia del lenguaje positivo: cómo nos cambian las
palabras que elegimos, Luis Castellanos [archivo de vídeo]
[Link]
Ancín Echarri, T. (2012). Cuerpo, espacio, lenguaje: Guías de trabajo. Madrid: Narcea pp.
17-55.
5. Abad (2001) establece semejanzas entre los juegos presimbólicos que realizan los
niños y sus experiencias de unión y separación de objetos y figuras de referencia,
por ello:
A. Jugar a destruir les ayuda a sacar las emociones que le produce separarse de las
figuras de referencia y las frustraciones que les provocan los conflictos con otros
niños.
B. Los juegos sensoriomotores les ayudan a poner a prueba sus capacidades motoras,
favoreciendo su autonomía.
C. Los juegos de escondite les ayudan a sentirse seguros al buscar un lugar donde
encuentran una sensación de bienestar lejos del adulto.
D. Todas son correctas.
7. Para favorecer que la expresión plástica sirva a los niños para expresar su mundo
interior es conveniente:
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
A. Que tengan mucha cantidad de materiales para elegir de forma que puedan ser
más creativos.
B. Que establezcamos tiempos diarios para que los niños puedan expresarse de
forma plástica.
8. Los cuentos son útiles como recursos para desarrollar el mundo emocional de los
niños y favorecen su autoconocimiento e identidad, ya que:
A. Permiten que se identifiquen con los personajes buenos y aprendan valores
positivos, pero también con los personajes «malos» para expresar sus
frustraciones.
B. Permiten que el niño pueda vivir en un espacio imaginario sus conflictos internos
sin sentirse juzgado.
C. Crean un nexo entre su mundo interno y su mundo real.
D. Todas son correctas.
intrapersonales.
10. Si todos los días recibimos a los niños en el aula de una forma afectuosa y personal,
con un abrazo, un choque de manos o similar, estamos favoreciendo: