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Ley de Reclutamiento Militar en España

El documento presenta un comentario conjunto de un decreto de 1912 sobre el servicio militar obligatorio en España y una imagen de un periódico titulada "A Cuba por no tener 6000 reales". El decreto establecía que el servicio militar debía prestarse personalmente y no podía redimirse económicamente. La imagen sugiere que anteriormente los hombres podían evitar el servicio pagando una cantidad, lo que afectó especialmente a los de menos recursos. Juntos, los documentos ilustran cómo la ley de reclutamiento impactó la vida de los ciudadanos espa

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Ley de Reclutamiento Militar en España

El documento presenta un comentario conjunto de un decreto de 1912 sobre el servicio militar obligatorio en España y una imagen de un periódico titulada "A Cuba por no tener 6000 reales". El decreto establecía que el servicio militar debía prestarse personalmente y no podía redimirse económicamente. La imagen sugiere que anteriormente los hombres podían evitar el servicio pagando una cantidad, lo que afectó especialmente a los de menos recursos. Juntos, los documentos ilustran cómo la ley de reclutamiento impactó la vida de los ciudadanos espa

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DEVA MENÉNDEZ GARCÍA – PEC 2 HISTORIA DE ESPAÑA I (1808-1923)

COMENTARIO CONJUNTO TEXTO E IMAGEN

El comentario seguidamente expuesto es un comentario conjunto de un texto legal del


Ministerio de la Guerra emitido en 1912 y la imagen del Diario el Motín, titulada "A Cuba
por no tener 6000 reales”. Ambos, especialmente de forma combinada, proporcionan una
ventana hacia un momento histórico crucial en la historia de España. En este comentario,
exploraremos las implicaciones y conexiones entre el contenido normativo del decreto y
la imagen, abordando cómo la ley de reclutamiento militar afectó la vida de los
ciudadanos españoles en el contexto de su compromiso con el servicio militar obligatorio.
Además, examinaremos el simbolismo y las emociones evocadas por la imagen del
soldado, destacando cómo estas dos fuentes se entrelazan para ofrecer una comprensión
más profunda de los sacrificios que enfrentaron los individuos y las familias en una época
de servicio militar “obligatorio” en España, particularmente en el contexto de conflictos
coloniales como la Guerra de Cuba.

En primer término, como sabemos, el texto corresponde a un fragmento de un Real


Decreto publicado el 21 de enero de 1912 en el número 21 de la Gaceta de Madrid. A su
vez, dicho fragmento fue publicado, como cita el propio texto, “cumpliendo lo dispuesto
en la ley de 29 de junio de 1911, por la que se encargó al Ministro de la Guerra la redacción
del articulado de la Ley en que se desarrollan las bases que aquella comprende para el
Reclutamiento y Reemplazo del Ejército”. La ley de Reclutamiento y Reemplazo del
Ejército fue una norma legal de España, cuyo articulado fue aprobado por Real Decreto
de 19 de enero de 1912 y promovida por el entonces presidente del gobierno, José
Canalejas durante el reinado del rey Alfonso XIII (1902-1923) (Moreno, 2009).

El texto del Real Decreto refleja la normativa legal que establece la obligatoriedad del
servicio militar para todos los españoles con aptitud para el manejo de las armas. Este
servicio militar se considera un título honorífico de ciudadanía y debe prestarse
personalmente de acuerdo con las condiciones especificadas en la ley. El artículo 4º
destaca que la prestación del servicio militar no puede redimirse económicamente, ni se
permite la sustitución o el cambio de número o situación militar. En este contexto, merece
la pena destacar la cuestión de la imposibilidad de redimir el servicio en términos
económicos, así como su obligatoriedad real. Dicha precisión remite a la historia de
España inmediatamente anterior.
DEVA MENÉNDEZ GARCÍA – PEC 2 HISTORIA DE ESPAÑA I (1808-1923)

El texto menciona que el servicio militar no se puede redimir económicamente debido a


la política de servicio militar obligatorio en vigor en ese momento en España y en muchas
otras naciones. Para servir en el ejército se requería ser español y varón. Como excepción
se preveía la existencia de unidades indígenas en los territorios coloniales. Únicamente
se podrían alegar cuestiones físicas o médicas a la hora de no realizar dicho servicio. Por
ejemplo, Moreno (2009) menciona que entre estas incompatibilidades o motivos de
exclusión física se encontraba “tener una altura inferior a 1,50 metros y un peso por
debajo de 48 kg” (pág. 56). La intención detrás de esta prohibición era garantizar que
todos los ciudadanos con aptitud para el servicio militar contribuyeran a la defensa de la
nación de manera equitativa y justa, independientemente de su estatus económico. Sin
embargo, en algunos momentos y contextos legales específicos, se permitió la redención
del servicio militar a cambio de un pago o una compensación económica

La posibilidad de redimir el servicio militar a menudo se asociaba a la existencia de un


sistema de reclutamiento alternativo basado en el pago de una cantidad específica de
dinero al estado, en lugar de prestar servicio activo. Por ejemplo, siguiendo a Guerrro
(1992), ya en la Constitución de 1812 se establecieron algunos cambios en el Ejército,
entre ellos la existencia de un servicio militar obligatorio, aunque se preveía la posibilidad
de evitarlo con un pago en metálico, lo que enlazaría con la imagen del Diario El Motín.
Este fue una publicación de finales del siglo xix y principios del siglo xx. Entre sus
objetivos se encontraban cuestiones como la crítica a los conservadores, la defensa de la
unidad del partido republicano y la lucha contra el poder del clero.

De forma específica, esta imagen hace alusión al término comúnmente conocido como
“Redención en Metálico”. Este fue un mecanismo contemplado en las regulaciones
legales que establecían el proceso de reclutamiento en España durante la vigencia del
sistema de las "Quintas". Este sistema estuvo en funcionamiento desde la primera mitad
del siglo XVIII hasta 1912 y permitía a los individuos “eludir la obligación de prestar
servicio militar personalmente a cambio de un pago económico” (Guerrero, 1992, pág.
325). Siguiendo las ideas de Rodriguez (2010), el concepto de redimir el servicio militar
a través de un pago en efectivo tiene su origen en Francia durante la época post-
napoleónica. Inicialmente, esta posibilidad se limitó a la nobleza, permitiéndoles cambiar
el servicio militar por una suma específica de dinero pagada al estado. Merece la pena
clarificar que a lo largo del tiempo han existido 3 métodos generales para alistarse en el
ejército: voluntarios, forzosos y las quintas o sorteos (Rodriguez, 2010). En España, un
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precedente de la redención en metálico se encuentra en el artículo 25 de la Real


Instrucción Adicional de 26 de noviembre de 1817, que estableció por primera vez la
opción de redimir el servicio militar, aunque esta alternativa estaba restringida
exclusivamente a “los hidalgos y requería el pago de una cantidad significativamente alta
en ese período, 20.000 reales de vellón” (Marugán, 2014, pág. 23). Posteriormente, la Ley
de Reemplazo del Ejército del 2 de noviembre de 1837 vino a poner fin a los sistemas de
reclutamiento que habían caracterizado al Antiguo Régimen (Guerrero, 1992). Así
quedaron derogadas todas las disposiciones anteriores y se pusieron las bases de una
nueva forma de alistamiento militar: la redención. También, a este primer método, se le
sumó en 1851 la figura de la “sustitución” con la promulgación de la Ley de Reemplazo
Militar.

Respecto a la redención, en un principio, el monto a pagar se fijó en 6.000 reales, y este


dinero debía ser depositado en el Banco Español de San Fernando (Rodriguez, 2010).
Además, estaba destinado a ser utilizado de manera obligatoria en la contratación de
sustitutos, lo que permitía a las personas cumplir con sus obligaciones militares mediante
la contratación de otra persona para servir en su lugar. En este sentido, incluso fue muy
habitual la contratación directa que personas sustitutas (método de sustitución). Además,
si bien “el monto total a fecha de 1856 era de 6.000 reales, este fue subiendo hasta los
8.000 en 1875” (Rodriguez, 2010, pág. 80). Posteriormente, merece la pena señalar que
se hicieron algunos cambios al respecto. Destaca en 1877 la Ley de Reclutamiento y
Reemplazo que fijaba el pago en 2.000 pesetas, siempre que la persona acreditara que
había terminado o ejercía algún tipo de carrera u oficio. De este modo, se le suponía una
“función social” que subsanaba el hecho de no acudir a prestar servicio. Siguiendo con la
cronología realizada por Guerrero (1992), de forma similar, en 1882 encontramos la Ley
de Reclutamiento y Reemplazo, que fijaba el pago en 1.500 pesetas. Sin embargo, esta
última únicamente eximía de la realización del servicio militar, aunque la persona se
comprometía a ser reclutada en caso de guerra. En este caso, no habría que realizar
obligatoriamente la formación en materia militar, pero en caso de ser necesario por una
circunstancia de naturaleza bélica, el individuo sería, igualmente, reclutado. Podemos
decir que se trataría de una especie de “reserva”. Si bien mejoraba la situación individual,
no aseguraba el hecho de no acudir a combate.
DEVA MENÉNDEZ GARCÍA – PEC 2 HISTORIA DE ESPAÑA I (1808-1923)

La situación descrita permaneció sin variación hasta 1912, momento en el que la figura
de la redención en metálico fue suprimida al entrar en vigor Ley de Reclutamiento y
Reemplazo del Ejército (cuyo fragmento nos encontramos analizando). Sin embargo,
merece la pena aclarar que, si bien la ley supuso un avance en la “injusticia” que planteaba
la situación anterior, siguieron existiendo algunos resquicios legales que favorecían a
ciertos sectores sociales. Tal es así que, el término “redención en metálico” fue sustituido
por el del “soldado de cuota” (Rodriguez, 2010, pág. 81). Este implicaba el pago de una
cantidad dinero que suponía la realización de un servicio militar más corto, así como un
mejoramiento en las condiciones de este en cuanto a servicios, trato, tareas a realizar, etc.
Si bien la duración general del servicio activo se establecía en tres años, con el abono de
mil pesetas, el servicio se reducía a diez meses y con el pago de 2.000 se limitaba a solo
cinco meses. Debido a ello siguió siendo la fórmula más elegida por las clases sociales
acomodadas para eludir la realización del servicio militar tanto como la ley lo permitiese.

Por su parte, encontramos también el método de sustitución, ya mencionado. Según la


Ley de 1837, los sustitutos debían cumplir ciertos requisitos. Estos sustitutos tenían que
ser “solteros o viudos sin hijos menores de 25 años que fueran considerados aptos para el
sorteo en la misma provincia” (Rodriguez, 2010, pág. 85). También se permitía que fueran
licenciados del Ejército o milicias provinciales, siempre que fueran solteros y menores de
30 años, o viudos mayores de 30 años con un historial positivo en sus licencias y sin estar
involucrados en procesos judiciales (Marugán, 2014). Cabe destacar que los sustitutos
asumían la responsabilidad de quienes ocuparan su lugar en el servicio militar. Si los
sustitutos desertaban antes de cumplir un año de servicio, el individuo originalmente
destinado al servicio militar debía incorporarse al Ejército como soldado. Finalmente, lo
que inicialmente era un acuerdo entre particulares experimentó numerosas
modificaciones a lo largo del siglo XIX debido a su impacto social. La práctica de la
sustitución se extendió por todo el país, especialmente en las zonas rurales, donde los
propietarios campesinos “no dudaban en comprometer sus viviendas y tierras como
garantía para obtener préstamos o hipotecas necesarios para financiar la sustitución del
servicio militar” (Guerrero, 1992, pág. 325). Esto refleja la relevancia de la sustitución en
la sociedad de la época y cómo las reformas se realizaron en respuesta a sus implicaciones
en las comunidades y en la vida de los ciudadanos. Posteriormente, la Ley de 1856
introdujo una modificación importante en el sistema de sustitución militar. Esta ley
permitió el cambio de número entre los jóvenes sorteados en la misma provincia durante
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el año del reemplazo o en los dos años anteriores. Este cambio tenía como objetivo que
un sustituto cumpliese el servicio militar en lugar del individuo originalmente destinado
a ello. Esta modificación permitía cierta flexibilidad en el proceso de selección de quienes
cumplirían el servicio militar, siempre y cuando estuvieran en el mismo ámbito
geográfico y período de sorteo. Sin embargo, según Moreno (2009), las Leyes de 1872 y
1882 impusieron restricciones adicionales al uso de la sustitución. La primera limitó la
sustitución hasta los parientes de cuarto grado, lo que restringió considerablemente
quiénes podían actuar como sustitutos. La segunda ley, promulgada en 1882, permitió la
sustitución solo entre hermanos, reduciendo aún más las opciones disponibles para evitar
el servicio militar a través de esta práctica. Estas restricciones reflejan la evolución y la
regulación cada vez más estricta de la sustitución militar, en respuesta a las necesidades
y políticas militares cambiantes en España en ese período.

Como resulta comprensible, la existencia de un marco legal de estas características


durante una buena parte del siglo XIX tuvo importantes consecuencias a nivel social.
Entre ellas, multitud de protestas en torno a las características del sistema de “Quintas” o
“Sorteo de Quintos”. Este se encontraba muy en relación con la redención en metálico y
la sustitución y hace referencia a un sistema de reclutamiento, que implicaba un sorteo
para determinar quiénes debían prestar servicio militar activo. En términos generales y
siguiendo a Marugán (2014), fue un método para seleccionar a los reclutas de una manera
aparentemente aleatoria, lo que a menudo generó descontento y resistencia entre la
población, al igual que lo hizo el pago de los 6.000 reales. Tal es así que a lo largo del
siglo XIX existieron varios motines a lo largo de la geografía española en torno a la
problemática social asociada al descontento ciudadano derivado de este método de
reclutamiento. Entre ellos, se destacan los ocurridos en ciudades como Barcelona o
Valencia. En este contexto no podemos olvidar la dureza del propio servicio militar que,
entre 1856 hasta 1882 varió entre los ocho y doce años.
A pesar de las movilizaciones populares respecto a este tema, así como el intenso debate
político al respecto, la dinámica perduró. Incluso, según Illán (1998), en 1869, ante la
guerra de Cuba, se procedió a un nuevo alistamiento de 25.000 jóvenes por el sistema de
quintas. De hecho, podemos observar que la imagen analizada hace alusión directa a la
guerra de Cuba, momento de especial vulnerabilidad en este ámbito, tanto por el sistema
de Quintas como por la posibilidad del pago. Finalmente, una estructura de estas
características fomentaba que todo aquel que tuviese posibilidades económicas para no
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acudir a la guerra, no lo hiciese. De tal forma, los ejércitos estaban compuestos por
estratos sociales bajos, que no podían costear estos precios. En consecuencia, fueron estas
clases populares las que dieron la mayor parte de las bajas y heridos durante el periodo
bélico de las independencias las colonias.
Ya en el siglo XX muchas siguieron siendo las protestas ante la injusticia social que
suponían los sistemas de reclutamiento anteriores. Un ejemplo de ello sería la guerra en
Marruecos cuando, ante la falta de soldado en el frente, se tuvo que llamar a filas a 14.000
reservistas (que ya habían finalizado el servicio y tenían cargas familiares). Este
llamamiento provocó descontentos e incidentes en varios lugares de España, entre los que
destacan los acontecidos en la Semana Trágica de Barcelona (Rubí, 2011). Todos los
acontecimientos descritos fueron aumentando el descontento y la brecha social entre
población, Estado y, especialmente, ejército y favoreciendo la oposición social a los
conflictos bélicos que mantenía en gobierno. Tal es así, que desde el ámbito político, se
desencadenaron cambios en la presidencia con la salida de Antonio Maura, la entrada
provisional de Segismundo Moret (que permaneció poco más de tres meses) y la posterior
llegada de José Canalejas (Moreno, 2009). Fue finalmente, este, quien, como hemos
mencionado, impulsó la redacción de una nueva normativa que consiguió erradicar o, al
menos, mejorar la situación descrita, evitando que se volviesen a dar escenas como la
descrita en la imagen “A Cuba por no tener 6000 reales”.

Bibliografía

Guerrero, J. (1992). Ejército y sociedad: el rechazo popular a las quintas en la Málaga


de mediados del siglo XIX. Baética: Estudios de Historia Moderna y
Contemporánea(14), 313-326.
Illán, J. (1998). El Imparcial” ante la Guerra de Cuba. Historia y comunicación social,
3, 201-222.
Marugán, G. (2014). Élites y quintas: el debate parlamentario sobre el reclutamiento
militar durante el siglo xix. Valladolid: Universidad de valladolid.
Moreno, J. (2009). Alfonso XIII, 1902-1931. Restauración y Dictadura. Vol. 7 Historia
de España . Barcelona: Marcial Pons.
Rodriguez, M. (2010). Injusticia social y reclutamiento militar: La redención en
metálico. En M. A. (coord.), Construcciones y deconstrucciones de la sociedad
(págs. 77-86). Toledo : Asociación Castellano-manchega de Sociología.
DEVA MENÉNDEZ GARCÍA – PEC 2 HISTORIA DE ESPAÑA I (1808-1923)

Rubí, G. (2011). Protesta, desobediencia y violencia subversiva: la Semana Trágica de


julio de 1909 en Cataluña. Pasado y memoria(10), 243-268.

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