Anexo 1
Tomado de las páginas 120 a la 125 del documento Aprendizajes Clave para la educación
integral. Plan y programas de estudio para la educación básica. (SEP:2017)
PLANEACIÓN Y EVALUACIÓN DE LOS APRENDIZAJES
Los procesos de planeación y evaluación son aspectos centrales de la pedagogía porque
cumplen una función vital en la concreción y el logro de las intenciones educativas. En este
sentido, la planeación didáctica consciente y anticipada busca optimizar recursos y poner en
práctica diversas estrategias con el fin de conjugar una serie de factores (tiempo, espacio,
características y necesidades particulares del grupo, materiales y recursos disponibles,
experiencia profesional del docente, principios pedagógicos del Modelo Educativo, entre
otros) que garanticen el máximo logro en los aprendizajes de los alumnos.
Por su parte, la evaluación tiene como objetivo mejorar el desempeño de los
estudiantes e identificar sus áreas de oportunidad a la vez que es un factor que impulsa la
transformación pedagógica, el seguimiento de los aprendizajes y la metacognición.
La planeación y la evaluación se emprenden simultáneamente; son dos partes de un
mismo proceso. Al planear una actividad o una situación didáctica que busca que el
estudiante logre cierto aprendizaje esperado se ha de considerar también cómo se medirá ese
logro. Dicho de otra forma, una secuencia didáctica no estará completa si no incluye la forma
de medir el logro del alumno.
Un reto clave para el profesor es tener control de ambos procesos. Por ello ha de lograr
que ni la planeación ni la evaluación sean una carga administrativa, sino verdaderos aliados
de su práctica, vehículos para conseguir los fines educativos.
LA PLANEACIÓN DE LOS APRENDIZAJES
El proceso de planeación es una herramienta fundamental de la práctica docente, pues
requiere que el profesor establezca metas, con base en los Aprendizajes esperados de los
programas de estudio, para lo cual ha de diseñar actividades y tomar decisiones acerca de
cómo evaluará el logro de dichos aprendizajes.
Este proceso está en el corazón de la práctica docente, pues le permite al profesor
anticipar cómo llevará a cabo el proceso de enseñanza. Asimismo, requiere que el maestro
piense acerca de la variedad de formas de aprender de sus alumnos, de sus intereses y
motivaciones. Ello le permitirá planear actividades más adecuadas a las necesidades de todos
los alumnos de cada grupo que atiende.
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Como ocurre con toda planeación, la puesta en práctica en el aula puede diferir de lo
originalmente planeado, porque en el proceso de enseñanza hay contingencias que no siempre
se pueden prever. En la dinámica del aula se aspira a la participación de todos y cada uno de
los alumnos del grupo y por tanto no es posible anticipar todo lo que va a ocurrir en la clase,
pero esto no debe desalentar al profesor ni desencantarlo del proceso de planeación. La
planeación se debe entender como una hoja de ruta que hace consciente al docente de los
objetivos de aprendizaje que busca en cada sesión y, aunque la situación del aula tome un
curso relativamente distinto al planeado, el saber con claridad cuáles son los objetivos
específicos de la sesión le ayudará al docente a conducir el proceso de aprendizaje de los
estudiantes. Sin la brújula de la planeación, los aprendizajes de los estudiantes pueden ir por
caminos diversos, sin un destino preciso. El destino lo componen los Aprendizajes esperados
y el proceso de planeación pone en claro las actividades y demás estrategias para alcanzar
dichos aprendizajes.
Es preciso destacar que, a diferencia de Programas de estudio anteriores que estaban
organizados por bloques bimestrales, este Plan brinda al docente amplia libertad para planear
sus clases organizando los contenidos como más le convenga. Ningún Aprendizaje esperado
está ligado a un momento particular del ciclo escolar, su naturaleza es anual. Se busca que al
final del grado cada alumno haya logrado los Aprendizajes esperados, pero las estrategias
para lograrlo pueden ser diversas.
Esta flexibilidad curricular es necesaria y responde a la diversidad de contextos y
circunstancias de nuestras escuelas. En definitiva, todos los alumnos de un mismo grado
escolar tienen los mismos objetivos curriculares, pero la forma de alcanzarlos no tiene por
qué ser única.
Con base en el contexto de cada escuela y de las necesidades e intereses particulares
de los alumnos de un grupo, el profesor podrá seleccionar y organizar los contenidos —
utilizando como guía los Aprendizajes esperados que estructuran cada programa de
estudios—, con el fin de diseñar secuencias didácticas, proyectos y otras actividades que
promuevan el descubrimiento y la apropiación de nuevos conocimientos, habilidades,
actitudes y valores, así como de procesos metacognitivos. Estos últimos tienen el fin de que
cada estudiante identifique la forma en la que aprende, que varía de un estudiante a otro.
Los profesores aplicarán su creatividad y podrán recurrir a su experiencia en la
planeación de cada sesión de cara a tres momentos, durante el ciclo escolar, para la
comunicación de la evaluación a las familias:
NOVIEMBRE: del comienzo del ciclo escolar, en agosto, al final de noviembre.
MARZO: del comienzo de diciembre al final de marzo de cada ciclo escolar.
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JULIO: del comienzo de abril al fin de cada ciclo escolar.
Resulta indispensable garantizar que cada estudiante vaya progresando a lo largo del ciclo
escolar y que alcance los Aprendizajes esperados al final de este, por lo que la libertad y
creatividad de los profesores, tanto en la planeación como en su práctica docente, deberá
contemplar de manera organizada y coherente los Aprendizajes esperados que se plantea
cada programa de estudios.
La planeación en el contexto educativo es un desafío creativo para los docentes, ya
que demanda de toda su experiencia y sus conocimientos en tanto que requieren anticipar,
investigar, analizar, sintetizar, relacionar, imaginar, proponer, seleccionar, tomar
decisiones, manejar adecuadamente el tiempo lectivo, conocer los recursos y materiales
con los que cuenta, diversificar las estrategias didácticas y partir de las necesidades de
los alumnos.
Para planear de manera consistente en relación con los principios del Modelo Educativo
y de este Plan, los docentes han de tomar en cuenta que el trabajo en el aula debe
considerar lo siguiente:
PONER al alumno en el centro.
GENERAR ambientes de aprendizaje cálidos y seguros.
DISEÑAR experiencias para el aprendizaje situado.
DAR MAYOR IMPORTANCIA A LA CALIDAD que a la cantidad de los aprendizajes.
LA SITUACIÓN DEL GRUPO. ¿Dónde está cada alumno? ¿Adónde deben llegar todos?
LA IMPORTANCIA DE que los alumnos resuelvan problemas, aprendan de sus errores y
apliquen lo aprendido en distintos contextos.
DIVERSIFICAR las estrategias didácticas, como preguntas detonadoras, problemas
abiertos, procesos dialógicos, juegos, trabajo por proyectos, secuencias didácticas,
estudio de casos, dilemas, debates, asambleas, lluvia de ideas, etcétera.
LA RELACIÓN con los contenidos de otras asignaturas y áreas del currículo para
fomentar la interdisciplina.
SU PAPEL como mediador más que como instructor.
LOS SABERES previos y los intereses de los estudiantes.
LA DIVERSIDAD de su aula.
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MODELAR con el ejemplo.
LA EVALUACIÓN DE LOS APRENDIZAJES EN EL AULA Y EN LA ESCUELA
Actualmente, la evaluación ocupa un lugar protagónico en el proceso educativo para mejorar
los aprendizajes de los estudiantes y la práctica pedagógica de los docentes, especialmente
cuando se hace de manera sistemática y articulada con la enseñanza y el aprendizaje. Desde
esta perspectiva, evaluar promueve reflexiones y mejores comprensiones del aprendizaje al
posibilitar que docentes, estudiantes y la comunidad escolar contribuyan activamente a la
calidad de la educación. Este es el enfoque formativo de la evaluación y se le considera así,
cuando se lleva a cabo con el propósito de obtener información para que cada uno de los
actores involucrados tome decisiones que conduzcan al cumplimiento de los propósitos
educativos.99
Para los docentes, la articulación de la evaluación con su práctica cotidiana es un
medio para conocer el proceso de aprendizaje de sus alumnos e identificar el tipo de apoyos
que requieren para alcanzar los Aprendizajes esperados mediante nuevas oportunidades para
aprender. La información recabada en las evaluaciones y las realimentaciones les brinda un
reflejo de la relevancia y pertinencia de sus intervenciones didácticas y les permite generar
un criterio para hacer las modificaciones que atiendan las dificultades y obstáculos del
aprendizaje, así como potenciar las fortalezas de los alumnos, lo cual mejora la calidad de su
práctica pedagógica. A los alumnos, el enfoque formativo de la evaluación les permite
conocer sus habilidades para aprender y las dificultades para hacerlo de manera óptima. En
otras palabras, con los resultados de las evaluaciones, los alumnos obtienen la información
necesaria para tomar decisiones acerca de su proceso de aprendizaje para crear con la ayuda
de sus profesores, padres o tutores e incluso de sus compañeros las estrategias que les
permitan aprender cada vez más y de mejor manera. La posibilidad de que los estudiantes
desarrollen una postura comprometida con su aprendizaje es una de las metas de la educación
y para ello la realimentación que reciban como parte del proceso de evaluación, así como las
actividades de metacognición, habrán de ser una experiencia positiva.
99
Secretaría de Educación Pública, El enfoque formativo de la evaluación, Serie: Herramientas para la
evaluación en educación básica, México, DGDC-SEB, 2012.
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Con los resultados de las evaluaciones internas del aprendizaje, las autoridades
escolares obtienen información acerca de los avances en la implementación del currículo y
en la formación de sus alumnos. Al contar con ella durante el ciclo escolar, se tiene la
posibilidad de crear medidas para fortalecer los avances y afrontar las dificultades, o bien
solicitar apoyos externos para generar estrategias más adecuadas. Esta información, además,
permite focalizar los apoyos y distribuir las responsabilidades entre autoridades escolares,
docentes, padres de familia y alumnos con el fin de que cada uno, desde su ámbito, pueda
tomar decisiones y actuar en consecuencia.
Finalmente, la evaluación formativa comunica a los padres de familia o tutores los
avances en los aprendizajes de sus hijos y puede brindarles orientaciones concretas para dar
apoyo al proceso de la escuela, ya sea mediante el seguimiento a las actividades indicadas
por los profesores o simplemente acompañando a sus hijos y reconociendo sus logros, según
sea el caso.100
Con el fin de que la evaluación despliegue las potencialidades mencionadas es
necesario diversificarla. Esto implica incluir varios momentos y tipos de evaluación para
tomar decisiones antes de que los tiempos fijados para la acreditación se impongan. Por tanto,
las evaluaciones diagnósticas, del proceso y sumativas deben ser sistemáticas y combinarse
con heteroevaluaciones, coevaluaciones y autoevaluaciones de acuerdo con los aprendizajes
y enfoques de cada asignatura, así como con los grados y niveles educativos de que se trate.
Para ello se requieren estrategias e instrumentos de evaluación variados para, por un
lado, obtener evidencias de diversa índole y conocer con mayor precisión los aprendizajes y
las necesidades de los estudiantes y, por el otro, para que el proceso de evaluación sea justo.
Esto implica considerar los aprendizajes por evaluar partiendo de que no existe un
instrumento que valores, al mismo tiempo conocimientos, habilidades, actitudes y valores,
ya que la estrategia o el instrumento deben adaptarse al objeto de aprendizaje con el fin de
obtener información sobre los progresos alcanzados por los estudiantes.
En consecuencia, la evaluación de los aprendizajes en el aula y la escuela exige una
planeación que la articule con la enseñanza y el aprendizaje de manera sistemática para
contribuir con el propósito de la educación: conseguir el máximo logro de aprendizajes de
todos los estudiantes de educación básica.
Secretaría de Educación Pública (2017). Aprendizajes Clave para la Educación Integral. Plan y programas
de estudio para la educación básica. México: SEP. p. 120-124
100
Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, Opiniones y prácticas de los docentes de
primaria en México, México, INEE, 2011.
25