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Definición y Rol de los Profetas

El documento presenta una lección sobre la introducción a la profecía. Define profeta como alguien inspirado por Dios para predecir el futuro y dar sentido a fenómenos inexplicables. Explica que la palabra profeta deriva del griego y hebreo y significa mensajero o portavoz de Dios. Describe el papel protagónico de los profetas en la historia de Israel, guiando al pueblo cuando los sacerdotes fallaban y denunciando la idolatría. Finalmente, sitúa a los principales profetas en el contexto histó
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Definición y Rol de los Profetas

El documento presenta una lección sobre la introducción a la profecía. Define profeta como alguien inspirado por Dios para predecir el futuro y dar sentido a fenómenos inexplicables. Explica que la palabra profeta deriva del griego y hebreo y significa mensajero o portavoz de Dios. Describe el papel protagónico de los profetas en la historia de Israel, guiando al pueblo cuando los sacerdotes fallaban y denunciando la idolatría. Finalmente, sitúa a los principales profetas en el contexto histó
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República Bolivariana de Venezuela

Asambleas de Dios de Venezuela

Instituto Bíblico de Oriente

Cd. Bolívar- Edo. Bolívar

Catedra: Introducción a la Profecía.

El profeta, etimología y
señales
DE Los
Profetas.

Profesora:

Carmen de Acuña.

Pastora Estudiante:

Yonaicis Infante.

C.I.: 16500789.

Ciudad El Chaco- Ecuador, domingo 26 de Febrero 2023.

A) Defina Profeta.
Profeta es una persona que predice o interpreta hechos a través de la inspiración de las
sagradas escrituras. Aunado a esto logra entender y dar sentido a fenómenos inexplicables
para la mayoría, pero consigue ver el futuro, ya que es el que mira a través de Dios.
Los profetas en las religiones monoteístas judía, cristiana y musulmana, son considerados
siervos, instrumentos y representantes de Dios, en la tierra. Son los elegidos para dar la
revelación de los secretos divinos y así guiar, a través de las predicciones, al resto de los fieles.

Los antiguos profetas eran considerados videntes o voceros de los dioses. Las predicciones
hechas por los profetas son llamadas profecías.

B) Etimología del termino Profeta.

La palabra profeta deriva del griego profetes que significa mensajero o portavoz.

El significado bíblico de profeta deriva del hebreo compuesto por los vocablos nabí que indica
al que es inspirado por Dios y roéh que significa vidente.
La palabra proviene del latín propheta, tomada del griego prophetés, que a su vez, se derivó
de prophanai ‘el que habla antes’, ‘el que pronostica’, formada con el prefijo pro- ‘que está
antes en el tiempo o en el espacio’ y phanai ‘hablar’, ‘decir’, proveniente del
indoeuropeo bha- ‘hablar’.

C) Protagonismo de los Profetas.

Los profetas ocupan las páginas de la historia de Israel. Moisés fue el profeta de Dios usado
para rescatar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y para guiarlos posteriormente a la
tierra que Dios les había prometido. Una y otra vez, estas personas se alejaban de Dios. Moisés
fue el primer portavoz de Dios para traerlos de nuevo a una relación con el Señor. En los libros
de historia del Antiguo Testamento (Josué, Jueces, 1 y 2 de Samuel, 1 y 2 de Reyes, 1 y 2 de
Crónicas, Esdras y Nehemías), algunos profetas tales como Débora, Samuel, Natán, Elías,
Eliseo, Hulda y otros se levantan para hablar la palabra de Dios a un pueblo rebelde.

La adoración religiosa de Israel estaba organizada alrededor de la labor de los sacerdotes,


primero en el tabernáculo y luego en el templo. La descripción del trabajo diario de los
sacerdotes radica en sacrificar, descuartizar y asar los animales del sacrificio que traían las
personas para realizar la expiación por sus pecados como pueblo. Sin embargo, la tarea de un
sacerdote iba más allá del duro trabajo físico de encargarse de miles de sacrificios animales. Un
sacerdote también era responsable de ser un guía espiritual y moral para el pueblo. Aunque
con frecuencia el sacerdote era visto como el mediador entre el pueblo y Dios en los sacrificios
en el templo, su tarea más grande era enseñarle al pueblo la ley de Dios ( Lv 10:11; Dt 17:8–
10; 33:10; Esd 7:10).

Lev. 10:11 Y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehova les ha dicho por
medio de Moisés.

Desafortunadamente, en la historia de Israel, era común que los mismos sacerdotes se


volvieran corruptos y se alejaran de Dios, llevando al pueblo a la idolatría. Los profetas se
levantaban cuando los sacerdotes fallaban en su tarea de gobernar el país con justicia. En
cierta forma, Dios llamó a los profetas y habló por medio de ellos, usándolos como
denunciantes cuando toda la nación israelita estaba al borde de la autodestrucción.
Una de las desgracias más impactantes del pueblo de Dios fue que continuamente adoraron a
muchos dioses de los pueblos vecinos paganos. Los reyes de Jerusalén que no hacían lo recto
hacían pecar a la nación de Israel con sus prácticas comunes de adoración idólatra a los
baales, quema de incienso, incluían ofrecer a sus hijos en el fuego para Moloc y la prostitución
en rituales con todas las prácticas obscenas imaginables “en los lugares altos, en los montes y
debajo de todo árbol frondoso” (2Cr 28:4). Pero una perversidad aún mayor al dejar a Yahveh
surgió en olvidar la estructura de Dios para la vida en comunidad como un pueblo santo y
apartado para Dios. El cuidado del pobre, la viuda, el huérfano y el extranjero en la tierra fue
reemplazado por opresión. Las prácticas de negocios derribaron el estándar de Dios para que
la extorsión, los sobornos y la deshonestidad se volvieran comunes. Los líderes usaban el
poder para destruir vidas y los líderes religiosos despreciaban lo que era sagrado para Dios.
Lejos de enriquecer a la nación, estas prácticas impías la llevaron a la ruina. Por lo general, los
profetas eran las últimas voces en la tierra llamando al pueblo al arrepentimiento y también a
que regresaran a Dios para que los santificara y bendijera.

2ª Cron. 28:2-4

2ªCronicas 28:2 Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes
fundidas a los baales.

2ª Cron.28:4 Asimismo sacrifico y quemo incienso en los lugares altos, en los collados, y debajo
de todo árbol frondoso.

Dios usó a los profetas para una tarea especial mientras que estaban en medio de sus demás
ocupaciones. Algunos profetas (como Jeremías y Ezequiel) eran sacerdotes y tenían las tareas
descritas anteriormente. Otros eran pastores, incluyendo a Moisés y Amós. Débora era una
juez que resolvía los conflictos de los israelitas. Hulda probablemente era maestra en el sector
académico de Jerusalén. La tarea de ser profeta se añadía a otro trabajo.

Situando a los profetas en la historia de Israel

Los registros de los profetas más antiguos están entretejidos en la historia de Israel en los
libros de Josué hasta 2 de Reyes, es decir, no se encuentran en un texto por separado.
Posteriormente, las palabras y hechos de los profetas fueron preservados en colecciones
separadas, que son los últimos diecisiete libros del Antiguo Testamento, desde Isaías hasta
Malaquías. Por lo general, estos son llamados los “profetas Mayores” otros son los “profetas
Menores.

Cuando el reino unificado se dividió en dos, las diez tribus del norte (Israel) se sumergieron
inmediatamente en la adoración a los ídolos. Elías y Eliseo, estos profetas, fueron llamados por
Dios a exhortar a los israelitas idólatras para que adoraran solamente a Yahveh. Los primeros
de los profetas literarios, Amós y Oseas, fueron llamados a exhortar a los reyes apóstatas del
norte de Israel, desde Jeroboam II hasta Oseas. Ya que tanto los reyes como el pueblo se
rehusaron a regresar a Yahveh, Dios permitió que el poderoso imperio de Asiria derrumbara el
reino del norte de Israel en el año 722 a. C. Los asirios, crueles e inmisericordes, no solo
destruyeron las ciudades y los pueblos de la tierra y tomaron su riqueza como botín, sino que
también tomaron prisioneros entre los israelitas y los dispersaron por todo el imperio con la
intención de destruir por siempre su sentido de nacionalidad (2R 17:1–23).
Amos 8: 4-6

Amos 8: 4 Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra,

Amos 8:5 diciendo: ¿Cuándo pasara el mes , y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos
los graneros del pan, y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con
engaño la balanza,

Amos 8:6 para comprar los pobres por dinero, y los necesitados por un par de zapatos, y
venderemos los desechos del trigo.

Mientras Israel se acercaba a su destrucción, la pequeña nación de Judá en el sur dejó de


adorar a Yahveh y comenzó a adorar a los dioses extranjeros. Los reyes buenos hacían que el
pueblo dejara la adoración de los dioses y las malas prácticas de negocios, pero los reyes malos
anulaban estas acciones. En el reino del sur (Judá), los profetas Abdías y Joel, fueron quienes
actuaron como denunciantes bajo el reinado de Jeroboam, Ocozías, Joás y la reina Atalía.

Isaías habló la palabra de Dios en Judá bajo el reinado de cuatro reyes Uzías, Jotam, Acaz y
Ezequías y Miqueas ( Miq. 3:9-12) también profetizó durante ese periodo. El sucesor de
Ezequías en el trono fue Manasés, de quien la Escritura dice que hizo más maldad a los ojos del
Señor que todos sus predecesores (2R 21:2–16).

Miqueas 3:9 Oíd ahora esto, jefes de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que
abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho;}

Miqueas 3:10 que edificáis a Sion con sangre, y a Jerusalén con injusticia.

Miqueas 3:11 Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus
profetas adivinan por dinero; g se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No esta Jehová entre
nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.

Miqueas 3:12 Por tanto, a causa de vosotros Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá
a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque.

Manasés fue sucedido por el rey Josías, un buen gobernante que promovió una limpieza
exhaustiva del templo para librarlo de la adoración pagana. Las personas que estaban
limpiando el templo encontraron un rollo antiguo que declaraba juicio sobre la tierra, lo que
llevó al último avivamiento de adoración para Yahveh en Judá. En esta época, los profetas en
Jerusalén incluían a Nahúm, Jeremías y Sofonías (aunque el sumo sacerdote recurrió a la
profetisa Hulda para que interpretara el rollo para el rey). Los reyes que gobernaron después
de Josías tomaron decisiones políticas desastrosas que eventualmente hicieron que el
conquistador babilónico Nabucodonosor II se enfrentara con Jerusalén (2R 23:31–24:17). En el
año 605 a. C., Nabucodonosor llevó a 10.000 judíos al exilio en Babilonia. El
profeta Ezequiel hacía parte de esos cautivos, a diferencia de Habacuc quien se unió a Jeremías
y Sofonías en el trabajo profético en Jerusalén. Cuando el rey Sofonías hizo una alianza con las
naciones vecinas para luchar en contra de Babilonia en el año 589, Nabucodonosor sitió
Jerusalén por más de dos años (2R 24:18–25:21; 2Cr 36). La ciudad se rindió en el año 586,
principalmente por causa de la hambruna y fue arrasada, lo que incluyó la destrucción total del
templo y los palacios. Jeremías permaneció en Jerusalén haciendo su trabajo profético entre el
remanente empobrecido en Judá, hasta que fue llevado a Egipto. Mientras tanto, Ezequiel
continuó profetizando a los judíos exiliados en Babilonia.
Entre los judíos cautivos en la primera deportación (605 a. C.) se encontraba el joven Daniel, a
quien Dios usó en Babilonia en la corte de todos los emperadores babilonios. Cuando Babilonia
fue derribada por los persas en el año 539 a. C., el rey medo persa Ciro permitió que los judíos
regresaran a Judá a reconstruir su ciudad y su templo, primero con la guía de Zorobabel y
después de Nehemías. Las profecías de Daniel abarcan desde el tiempo del exilio en Babilonia
(Dn 1:1) hasta el decreto de Ciro que daba por terminado el exilio (Dn 10:1).

Los reyes persas diferían en su actitud frente a los judíos. Bajo el gobierno de Cambises (530–
522), la reconstrucción de Jerusalén se detuvo (Esd 4), pero bajo el de Darío I (522–486) se
completó el segundo templo (ver Esd 5–6). Allí, en el tiempo después del exilio, los
profetas Zacarías y Hageo confrontaron a los judíos: “Ustedes viven en casas artesonadas
mientras que la casa de Dios está en ruinas. Darío fue sucedido por Asuero (486–464), cuyo
reinado se registra en Ester 1–9. Luego de Asuero vino Artajerjes (464–423). Durante este
periodo, Esdras regresó a Jerusalén, en el año 458 a. C. (Esd 7–10) y Nehemías en el año 445 a.
C. (Neh 1–2). En este tiempo, Malaquías, el último profeta posterior al exilio, escribió su libro.

D) Señales de un verdadero Profeta.

1) Los profetas deben hablar de acuerdo a los mensajes de los anteriores profetas;

ISAÍAS 8:16 Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.

2) SUS PREDICCIONES DEBEN CUMPLIRSE (Deut 18:22). No es suficiente un 40% o 70%,


sus profecías deben cumplirse el 100%;

Deut.18:22 Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo,


ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal
profeta; no tengas temor de él.

3) El profeta debe todo lo que Jehová ordene hablar.

Deut. 18: 18 Profeta les levantare en medio de sus hermanos, como tu; y pondré
mis palabras en su boca, y él les hablara todo lo que yo le mandare.

4) El profeta debe dar buenos frutos, Por sus frutos se conoce, pues la vida del profeta debe
coincidir con lo que enseña y cree.

Amós 3:7 Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los
profetas.
5) Cuando los siervos del Señor hablan inspirados por el Espíritu Santo, la profecía es
como antorcha encendida.
2ª Pedro 1: 19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar
atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el
lucero de la mañana salga en vuestros corazones.

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