TALLER PARA DOCENTES.
PRIMERA PARTE: DINAMICA DEL CUBO.
Separar en dos grupos, dos de ellos, se separan de su equipo y darán las
consignas vía wsp, solo por msj.
Materiales: palitos y plastilinas para armar el cubo. (12 palitos, 8, plastilinas por
equipo)
Al finalizar se dará una explicación en conjunto con los docentes acerca de la
importancia de tener una buena comunicación asertiva entre los agentes de la
institución educativa. “Trabajar en equipo se logran mejores resultados”.
Se iniciara con la presentación del power point.
LOS 4 PILARES DEL APRENDIZAJE.
Los 4 pilares del aprendizaje son indispensables para todas las construcciones
mentales que realizamos: si solo uno de estos pilares falta o es inestable todo
el edificio tambalea. A la inversa cada vez que necesitamos aprender y
aprender rápido, podemos confiar en ellos para optimizar los esfuerzos. Estos
pilares son:
- La atención, que implica la información sobre la que nos concentramos.
- El compromiso activo, un algoritmo que llamamos también curiosidad, y
que incita al cerebro a evaluar al cerebro constantemente a insitar
nuevas hipótesis.
- La revisión o feedback a partir del error, que compara las predicciones
con la realidad y corrige los modelos que elaboramos acerca del mundo.
- La consolidación, que automatiza y vuelve fluido lo que aprendimos,
especialmente durante el sueño
Lejos de ser exclusivamente de los humanos, estas funciones se comparten
con muchas otras especies animales. Sin embargo gracias a nuestro cerebro
social y habilidades lingüísticas, las aprovechamos de manera más eficaz que
cualquier otro animal, especialmente en nuestras familias y escuelas.
Prestar atención, involucrarse, poner a prueba lo adquirido y saber consolidarlo
son los secretos de un aprendizaje exitoso. Y estos componentes
fundamentales de la arquitectura cerebral se implementan con igual eficiencia
en la familia y escuela. El docente que logre movilizar estas 4 funciones en
cada uno de sus alumnos sin dudas potenciara la velocidad e eficacia con la
que aprenderá su clase. Todos deberíamos, entonces, aprender a dominarlas,
y con ese objetivo, necesitamos comprender bien cómo funcionan y para qué
sirven.
1. Primer pilar: LA ATENCIÓN:
El autor Willliam James refiere que, prestar atención implica “tomar posesión
usando la mente, en forma clara y vívida, de uno entre varios objetos o
cadenas de pensamientos simultáneos. Focalización y concentración de la
conciencia están en su esencia. Implica eliminar algunas cosas para ocuparse
de otras, y es una condición opuesta al estado de confusión, aturdimiento,
dispersión …”. La atención desempeña un papel tan crucial en la selección de
la información relevante que está presente en muchos circuitos diferentes en el
cerebro. El psicólogo Michael Posner diferencia tres niveles de atención.
Alerta: Indica a Cuando prestar atención y adapta nuestro nivel de
vigilancia
Orientación: Indica a qué prestar atención y amplifica cada objeto de
interés
Control ejecutivo: decide cómo procesar la información, selecciona los
procesos que son apropiados para determinada tarea y controla su
ejecución.
Alerta, el cerebro sabe cuándo prestar atención.
Si se acerca un depredador o nos invade una emoción fuerte, una serie de
núcleos subcorticales decide de inmediato aumentar la vigilancia. Las señales
de alerta, desencadenan el aprendizaje. Algunos neurotransmisores son
liberados como la serotonina, acetilcolina y dopamina nos dice cuando prestar
atención y parece forzar el cerebro a aprender.
Existen muchas formas de desbloquear los efectos del sistema de alerta sin
dejar de aprovechar el sentido social del cerebro. Los docentes que cautivan a
sus alumnos, los libros que dejan absortos a sus lectores, las películas o las
obras de teatro los sumergen en experiencias de la vida real, el uso de los
dispositivos digitales para abordar algún tema en el aula es sin duda, señales
de alerta igualmente poderosas para la plasticidad cerebral.
Orientación, el cerebro sabe a qué prestar atención
Este sistema decide a qué prestar atención. Selecciona entre los millones de
estímulo que nos bombardean, aquello a que adjudicarle recursos mentales,
porque evaluamos que es algo atractivo, relevante. La orientación de la
atención amplifica aquello que está en su foco, Esta atención selectiva
amplifica la señal seleccionada, pero también, reduce drásticamente aquellos
que se consideran irrelevantes. Por tanto, atención consiste en suprimir
información no deseada, al hacerlo el cerebro se expone al riesgo de quedar
ciego a lo que elige no ver. ¿ciego de verdad?, Si, de verdad. El termino es
correctamente apropiado y una experiencia lo demuestra.
A continuación, se les solicitará a los docentes que miren el video en la que hay
dos equipos de basquetbolistas, vestidos uno de negro y otros de blanco, se
hacen pases. La propuesta consiste en contar el número de pases del equipo
blanco, (ver video: https://www.youtube.com/watch?v=7HtoaJdHIck). treinta
segundos después contestan de modo triunfal, con el numero correcto. Pero he
aquí se le hace la siguiente pregunta. ¿”Viste el gorila’”? – al rebobinar el video
se encuentran con la sorpresa de que aparece alguien que siempre estuvo ahí.
Es un actor disfrazado de gorila que ingresa en la escena, la cruza y se golpea
el pecho. Es probable que no lo vieran, fue porque, al estar concentrados en
los jugadores del equipo blanco, estaban inhibiendo a los personajes vestidos
de negro… ¡gorila incluido! Su espacio de trabajo mental, ocupado con la tarea
de contar los pases del equipo blanco, fue incapaz de tomar conciencia del
gorila,
Esta experiencia, nos deja un claro mensaje: para ver hay que prestar atención.
Si los estudiantes están distraídos o no comprenden a que deben prestar
atención, permanecen ajenos al mensaje de su maestro, simplemente no lo ven
y lo que no se ve no puede aprenderse. Los maestros deben elegir con sumo
cuidado hacia donde quieren dirigir la atención de los niños, porque solo los
elementos que están en el foco atencional se representan en el cerebro con
fuerza suficiente para lograr un aprendizaje eficaz.
Control ejecutivo; el cerebro sabe cómo procesar la información.
Este determina como se procesa la información seleccionada, implica regiones
como la corteza prefrontal (detrás de la frente), es el que nos permite
supervisar las operaciones mentales y tomar conciencia de los errores, es
encargado de asegurar el correcto desarrollo de una serie completa de
operaciones mentales pertinentes.
En este nivel las operaciones mentales son lentas y trabajan en serie: este
sistema procesa una porción de información por vez, ya que es incapaz de
operar dos operaciones al mismo tiempo. Aunque, a veces tengamos la
sensación de estar realizando dos tareas distintas a la vez, eso es pura ilusión.
Debido, a este efecto severo de distracción, aprender a concentrarse es un
ingrediente esencial en el aprendizaje. No le podemos exigir a un niño que
aprenda dos cosas a la vez. Aprender exige dar prioridad a una tarea precisa, y
por lo tanto enseñar requiere a prestar atención a los límites de la atención.
Cualquier acción lentifica a nuestros esfuerzos: si intentamos varias cosas a la
vez.
Por ejemplo, los estudios de campo demuestran que un aula excesivamente
decorada distrae a los niños y les impide concentrarse, cuando a los
estudiantes se les permite usar el teléfono en clases, su rendimiento se ve
afectado, incluso meses después, cuando el examen se refiere
específicamente al contenido trabajado ese día. Para un aprendizaje optimo, el
cerebro debe evitar cualquier distracción.
Docentes: la actitud y la mirada cambian por completo el mensaje que reciben
nuestros estudiantes. Captar su atención con el contacto visual y verbal
garantiza que compartirán su atención y multiplicará por igual las posibilidades
de que retengan la información que ustedes buscan transmitirles.
2. Segundo Pilar EL COMPROMISO ACTIVO
El compromiso activo es el segundo pilar del aprendizaje: un organismo
pasivo no aprende. Aprender con eficacia entraña rechazar la pasividad,
comprometerse, explorar con curiosidad, generar activamente hipótesis
y ponerlas a prueba.
Un organismo pasivo no aprende, para aprender, el cerebro debe, en un
comienzo, formarse un modelo mental hipotético del mundo exterior, y
luego proyectarlo sobre su entorno y comparar sus predicciones con lo
que recibe de los sentidos. Esto implica una postura activa,
comprometida, atenta. La motivación es esencial: solo aprenderemos
bien si tenemos una idea clara del objetivo que queremos alcanzar y nos
involucramos plenamente.
La participación activa no significa que el niño deba moverse todo el
tiempo en clase. Estar activo y comprometerse no quiere decir que el
cuerpo deba moverse. Es en la cabeza, no en los pies, donde hace su
trabajo el compromiso activo. El cerebro aprende bien únicamente si
está atento, concentrado y en plena actividad de generación de modelos
mentales. Para digerir mejor lo que aprende, un estudiante activo lo
reformula permanentemente en sus propias palabras o en sus
pensamientos. Un estudiante pasivo, o peor aún distraído, no aprovecha
ninguna clase, ya que su cerebro no actualiza sus modelos mentales del
mundo. En esto no incide que estén quietos o se muevan, los dos
pueden estar inmóviles, pero presentan diferencias radicales en el
movimiento interno del pensamiento: uno sigue activamente la clase,
mientras que el otro se desconecta. Sin atención, sin esfuerzo, sin
reflexión profunda, la lección se desvanece sin dejar mucho rastro en el
cerebro.
El procesamiento profundo deja una huella más fuerte en la memoria se
debe a que activa áreas de la corteza prefrontal, que están asociadas al
procesamiento consciente de las palabras, y por qué estas regiones
forman potentes bucles con el hipocampo, que almacena la información
en forma de recuerdos episódicos y explícitos.
El compromiso activo de estas regiones, reflejo directo de la profundidad
con que las palabras y las imágenes viajaron dentro del cerebro, predice
la fuerza del recuerdo. Una imagen inconsciente puede entrar en las
áreas sensoriales, pero solo crea una onda de actividad muy pequeña
en la profundidad de la corteza prefrontal.
La atención, la concentración, la toma de conciencia, y el
procesamiento en profundidad transforman esa pequeña onda en un
tsunami neuronal que invade la corteza prefrontal y maximiza la
memorización.
No existen estrategias, métodos o milagros únicos, sino una generosa
gama de actividades que obligan o incitan al estudiante a reflexionar por
sí mismo: actividades prácticas, discusiones en que cada cual interviene,
trabajos en pequeños grupos, o docentes que interrumpan su clase para
plantar una pregunta difícil sobre la que dejan a los alumnos reflexionar
sobre un largo rato.
El compromiso activo enuncia que es crucial que el estudiante este
motivado, activo, involucrado en el aprendizaje. El docente debe
responder a esta demanda aportando un entorno de aprendizaje
gradual, estructurado, explicito, concebido para guiarlo lo antes posible
hacia la cumbre. Las estrategias pedagógicas más eficientes son
aquellas que alientan a los estudiantes a asumir un compromiso activo,
pero están guiadas de cerca por el docente. Montessori: no dejan a los
niños a la deriva sin hacer nada, sino que les proponen una serie de
actividades racionales, que fueron objeto de escrutinio minucioso por
parte del docente antes de ser realizadas por los niños de manera
autónoma. Compromiso, placer y autonomía acompañados por una
pedagogía explicita basada sobre un material estimulante.
Una de las bases del compromiso activo es la curiosidad, el deseo de
aprender, la sed del conocimiento. Estimular la curiosidad de los niños
significa haber ganado ya la mitad del partido. Una vez que su atención
se moviliza y su mente está en busca de una explicación, no queda otra
opción más que guiarlos hacia allí. Lograr mantener la curiosidad de los
niños, entonces, es uno de los factores claves de una educación exitosa.
La curiosidad, es la expresión directa de la motivación de los niños para
comprender el mundo y para intentar construir un modelo de él. Se
desencadena cada vez que el cerebro detecta un desfase entre lo que
ya conocemos y lo que nos gustaría conocer, una zona de aprendizaje
potencial.
La curiosidad nos guía hacia lo que no parece que podremos aprender,
mientras que nos aleja de aquello que ya sabemos. La curiosidad no
tiene una relación directa con el grado de sorpresa o novedad. No
sentimos curiosidad alguna por aquello que ya vimos mil vece, tampoco
sentimos ni una brizna de atracción por las cosas demasiadas nuevas y
confusas.
La meta cognición desempeña un papel determinante en la curiosidad.
En efecto ser curioso, es querer saber y eso supone también saber lo
que todavía ignoramos.
En conclusión, el compromiso activo es involucra al máximo la
inteligencia del niño, tenerlo alerta con preguntas y observaciones que
estimulen su imaginación, y que despierten sus ganas de ir más allá. No
se trata de dejar que el alumno descubra todo por sí solo, lo ideal es
proponer una pedagogía estructurada, pero que aliente con la
creatividad del niño, haciéndole saber que aún quedan mil cosas por
descubrir.
Suscitar el compromiso activo de los niños va de la mano de otro
imperativo: tolerar el error y corregirlo con rapidez. Este será el tercer
pilar de aprendizaje.
3 Tercer Pilar: EL ERROR ES PRODUCTIVO Y DAR UN BUEN
FEEDBACK ES GARANTÍA DE MEJORES APRENDIZAJES.
Los errores desempeñan un papel crucial en el aprendizaje. Cometer errores
es la forma más natural de aprender: así, aprendizaje y error se tornan casi
sinónimos, porque cada equivocación ofrece una oportunidad.
Es cierto que resulta casi imposible progresar si no empezamos por fallar.
Siempre que recibamos un comentario sobre cómo mejorar, siempre que
tengamos una señal que nos indique el camino correcto, los errores tienden a
disminuir. Por ello, lograr un buen feedback, - vale decir, una devolución
amable que detecte, explique y corrija el error - es el tercer pilar del aprendizaje
y crucial en la velocidad con la cual aprendemos.
Feedback no es sinónimo de castigo.
Para que un niño o un adulto aprenda de modo eficaz, es necesario que el
entorno le proporcione, con la mayor rapidez y precisión posibles una
devolución. Es importante comprender que este feedback sobre el error no
tiene nada que ver con una sanción. No se aplica un “castigo”, sino que
simplemente se le informa en que se equivocó, ofreciéndole una señal lo mas
informativa posible sobre el carácter de sus errores
Investigaciones, demuestran que la calidad de los comentarios que reciben los
estudiantes es uno de los determinantes de su éxito académico. Fijar metas
claras para el aprendizaje y permitir que los estudiantes lo encaren
gradualmente, sin dramatizar los errores inevitables, son las claves del éxito.
Los docentes, deben encontrar, con cuidadoso esmero, las palabras acertadas
para reconfortar, tranquilizar y restaurar la confianza en si mismos de sus
alumnos, a la vez que les permiten corregir sus representaciones mentales
erróneas. Están allí, a disposición, para decir la verdad, no para juzgar. Por
eso, démosles una devolución lo más neutra e informativa posible. Evitemos
confusión entre corregir y castigar.
La calificación, ese penoso sucedáneo del feedback
De acuerdo con la teoría de aprendizaje, la nota es una señal de recompensa
(o de castigo). Sin embargo, esta desprovista de precisión, no proporciona
suficiente información ya que por si sola no permite saber por qué uno se
equivocó o cómo puede corregirse. Por ende, la nota, sin acompañamiento de
apreciaciones detalladas y constructivas, constituye en un pobre feedback. No
solo se equivoca, sino que suele llegar con varias semanas de demora, cuando
el alumno ya olvidó de qué motivó ese error. Por añadidura, la nota puede
resultar rotundamente injusta en especial para los alumnos que no logran
ponerse al día porqué el nivel de exigencia de los exámenes no deja de
aumentar semana tras semana.
Con mucha frecuencia, en la escuela, “la nota sirve como una sanción. No
podemos ignorar sus enormes efectos sobre el sistema emocional del cerebro.
Numerosas investigaciones realizadas en personas y animales confirman: el
estrés y la ansiedad son nocivos para el aprendizaje, el condicionamiento del
miedo bloquea literalmente la plasticidad neuronal. Por el contrario, si se le
inserta en un ambiente enriquecido, estimulante, la plasticidad neuronal se
reabre y las neuronas recuperan su movilidad, como si se tratara de un
reingreso a la infancia.
Por ende, asignar una mala nota mientras se le presenta como una sanción
equivale a multiplicar el riesgo de inhibir los progresos del niño, ya que, el
estrés y el desaliento le impedirán aprender. Sus investigaciones sugieren que,
a igual desempeño, la mentalidad tiene gran incidencia en el aprendizaje.
Favorecer el desarrollo de una mentalidad de crecimiento no significa decirles a
todos los niños que son mejores para aumentar su autoestima, sino, antes
bien, notar y señalar sus progresos cotidianos, alentar su participación,
estimular su atención, que deben esforzarse, que siempre hay que justificar
una respuesta, asumiendo el riesgo de cometer errores, y que equivocarse (y
corregir los errores) es la única forma de aprender.
Estrategias: Una vez el estudiante comprometido en el aprendizaje, es
necesario que genere una hipótesis (respuesta), aunque sea incierta,
luego, ofrecerle la información objetiva (no punitiva), que le permita
corregirse.” La Evaluación Periódica”, es una de la estrategia más eficaz,
evaluar periódicamente sus conocimientos. Este, fortalece su memoria,
como efecto de un compromiso activo y de un buen feedback acerca del
error. Alternar periódicamente el aprendizaje y la prueba los obliga a
permanecer activos y a recibir comentarios enriquecidos, vale decir, una
retroalimentación explicita.
Evaluarnos con regularidad es una de las mejores estrategias de
aprendizaje, porque nos hace tomar conciencia de nuestros errores. Es
preferible alternar los periodos de estudios y de evaluación. No obstante,
el sueño presenta un papel importante.
3. Cuarto Pilar LA CONSOLIDACIÓN
La consolidación es pasar de un tratamiento lento, consciente, laborioso
a un funcionamiento rápido, inconsciente, automático. Nuestro cerebro
nunca deja de aprender, incluso cuando domina una habilidad, continua
sobre aprendiéndola. Dispone de mecanismos de automatización que
¨compélanlas operaciones que utilizamos periódicamente a modo de
rutinas más eficaces. Las transfiere a otras regiones del cerebro, fuera
del área consciente, donde podrán desarrollarse con tal autonomía, sin
interrumpir las otras operaciones en pleno avance.
La consolidación es el cuarto pilar del aprendizaje. Al principio de
cualquier aprendizaje exige esfuerzos intensivos, y activa las regiones
parietales y frontales asociadas a la atención espacial y ejecutiva. Con la
práctica, el aprendizaje se automatiza: se vuelve rápido, paralelo e
inconsciente. Se pone en funcionamiento un circuito especializado, que
libera los recursos para otras tareas.
La automatización es importante, porque libera los recursos de la
corteza. Cuando se concentran en la realización de determinada tarea,
las demás decisiones conscientes se desaceleran o quedan a un lado.
Así, en la medida en que un aprendizaje no está automatizado, acapara
los preciosos recursos de la atención ejecutiva e impide que el niño se
concentre en cualquier otra cosa. Consolidar un aprendizaje es muy
importante, porque permite que los recursos del cerebro queden
disponibles para otros objetivos.
El aprendizaje se beneficia mucho cuando sucede a intervalos
irregulares, es preferible distribuir el aprendizaje en pequeños bocados y
disgustarlos en diferentes días, ya que todas las noches, nuestro
cerebro consolida lo que aprendió durante la jornada.
El sueño no es un simple periodo de inactividad ni de limpieza de los
desechos que las neuronas acumularon durante la vigilia. Todo lo
contrario, mientras dormimos, el cerebro repasa los acontecimientos
importantes que registro durante todo el día y, poco a poco, los muda a
un compartimiento más eficaz de nuestra memoria. El sueño mejora el
aprendizaje, el desempeño cognitivo y motor se incrementa luego de un
periodo de sueño. El sueño profundo permite la consolidación y la
generalización de los conocimientos (memoria semántica o declarativa),
mientras que en el sueño REM consolida el aprendizaje perceptivo y
motor (memoria procedural).
El sueño desempeña un papel crucial en la consolidación del
aprendizaje. Al despertar, el aprendizaje de la jornada precedente esta
mejor consolidado y automatizado. Nuestro cerebro, incluso puede
descubrir durante el sueño regularidades que se nos habían escapado
durante la vigilia.
Es por eso que es importante que los niños duerman una breve siesta
por la tarde, ya que mejora el aprendizaje de la mañana. Para obtener el
máximo beneficio, el sueño debe ocurrir en las horas inmediatamente
posteriores al aprendizaje. Sin embargo, no parece conveniente obligar
a los niños a dormir, sino tan solo dejar dormir los que desean hacerlo.
El cerebro regula naturalmente su necesidad de dormir de acuerdo con
la cantidad de estímulos nuevos que conoció durante la jornada.