Ética y Filosofía de Sócrates
Temas abordados
Ética y Filosofía de Sócrates
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EDAD ANTIGUA
SÓCRATES (- 470 a - 399)
Filósofo griego, ateniense. Pese a que no dejó ninguna obra escrita y son escasas las ideas que
pueden atribuírsele con seguridad, Sócrates es una figura capital del pensamiento antiguo,
hasta el punto de ser llamados presocráticos los filósofos anteriores a él. Rompiendo con las
orientaciones predominantes anteriores, su reflexión se centró en el ser humano,
particularmente en la ética.
Con los bienes que le dejó su padre al morir pudo vivir modesta y austeramente, sin
preocupaciones económicas que le impidiesen dedicarse al filosofar. Se tiene por cierto que
Sócrates se casó, a una edad algo avanzada, con Xantipa, quien le dio dos hijas y un hijo.
Cierta tradición ha perpetuado el tópico de la esposa despectiva ante la actividad del marido y
propensa a comportarse de una manera brutal y soez. En cuanto a su apariencia, siempre se
describe a Sócrates como un hombre rechoncho, con un vientre prominente, ojos saltones y
labios gruesos, del mismo modo que se le atribuye también un aspecto desaliñado.
La mayéutica
Al parecer, y durante buena parte de su vida, Sócrates se habría dedicado a deambular por las
plazas, mercados, palestras y gimnasios de Atenas, donde tomaba a jóvenes aristócratas o a
gentes del común (mercaderes, campesinos o artesanos) como interlocutores para sostener
largas conversaciones, con frecuencia parecidas a largos interrogatorios. Este
comportamiento correspondía, sin embargo, a la esencia de su sistema de enseñanza, la
mayéutica.
El propio Sócrates comparaba tal método con el oficio de comadrona que ejerció su madre: se
trataba de llevar a un interlocutor a alumbrar la verdad, a descubrirla por sí mismo como
alojada ya en su alma, por medio de un diálogo en el que el filósofo proponía una serie de
preguntas y oponía sus reparos a las respuestas recibidas, de modo que al final fuera posible
reconocer si las opiniones iniciales de su interlocutor eran una apariencia engañosa o un
verdadero conocimiento.
En sus conversaciones filosóficas, al menos tal y como quedaron reflejadas en los Diálogos
de Platón, Sócrates sigue, en efecto, una serie de pautas precisas que configuran el llamado
diálogo socrático. A menudo comienza la conversación alabando la sabiduría de su
interlocutor y presentándose a sí mismo como un ignorante: tal fingimiento es la llamada
ironía socrática, que preside la primera parte del diálogo. En ella, Sócrates proponía una
cuestión (por ejemplo, ¿qué es la virtud?) y elogiaba la respuesta del interlocutor, pero luego
oponía con sucesivas preguntas o contraejemplos sus reparos a las respuestas recibidas,
sumiendo en la confusión a su interlocutor, que acababa reconociendo que no sabía nada
sobre la cuestión.
Tal logro era un punto esencial: no puede enseñarse algo a quien ya cree saberlo. El primer
paso para llegar a la sabiduría es saber que no se sabe nada, o, dicho de otro modo, tomar
conciencia de nuestro desconocimiento. Una vez admitida la propia ignorancia, comenzaba la
mayéutica propiamente dicha: por medio del diálogo, con nuevas preguntas y razonamientos,
Sócrates iba conduciendo a sus interlocutores al descubrimiento (o alumbramiento) de una
respuesta precisa a la cuestión planteada, de modo tan sutil que la verdad parecía surgir de su
mismo interior, como un descubrimiento propio.
La filosofía de Sócrates
Tomado de:
Esta obra debe su importancia al hecho de haber sido Avicebrón el primer expositor
sistemático del neoplatonismo en Europa, llevando a cabo de esta manera una función
análoga a la que mil años atrás otro judío, Filón de Alejandría, había ejercido como
intermediario entre la filosofía helénica, especialmente la platónica, y el mundo oriental.
Ambos tuvieron una influencia escasa en los ambientes judíos, y notable en cambio sobre el
cristianismo primitivo (Filón) y sobre la escolástica cristiana medieval (Avicebrón).
Fuente de la vida toma la forma de un diálogo filosófico entre maestro y discípulo y consta
de cinco tratados que desarrollan los siguientes temas: la materia y la forma en general y su
relación en las substancias corpóreas; la substancia que sostiene la corporeidad del mundo;
pruebas de la existencia de substancias simples, intermediarias entre Dios y el mundo físico;
pruebas de que estas substancias simples o inteligibles también están constituidas de materia
y forma; y, por último, la materia universal y la forma universal. La tesis dominante es que
todos los seres creados están constituidos de materia y de forma, no sólo las substancias
corpóreas, sino también las simples o espirituales, que sirven de eslabón entre la substancia
primera (Dios) y la substancia que se divide en las nueve categorías (el mundo físico). La
materia y la forma se encuentran siempre en la relación de quien sostiene y quien es
sostenido, de calificado y cualidad, substrato y atributo: la misma materia se da en todo el
universo, desde las más altas formas de la espiritualidad a los más bajos límites del mundo
físico; pero cuanto más se aleja la materia de su primer origen, menos espiritual es.
La materia universal es el substrato de todo lo que existe. Esta universalidad de la materia es
la aportación más original de la filosofía de Avicebrón. Todo lo que existe se puede reducir a
tres categorías: substancia primera, materia y forma, mundo. La voluntad de Dios, su palabra
creadora, no hace de intermediario; no es ni atributo ni substancia separada. Se ha dicho que
con esta teoría, mezcla de platonismo, empedoclismo y monoteísmo judío, Avicebrón se
proponía reconciliar esta última concepción con el neoplatonismo, pero hay que observar que,
contrariamente a la escolástica (incluso a la escolástica judía, para la que la filosofía era la
criada de la teología), Avicebrón mantuvo su especulación filosófica inmune a toda
contaminación teológica y bíblica.
De ahí que su obra se convirtiera en manzana de discordia entre los franciscanos platónicos y
los dominicos aristotélicos, dirigidos por San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino.
Guillermo de Auvernia habla de él como del más noble de todos los filósofos cristianos; y
Alejandro de Hales y San Buenaventura aceptaron su doctrina de la constitución de las
substancias espirituales de materia y forma; su más celoso defensor fue Juan Duns Escoto,
para llegar más tarde a Giordano Bruno. Santo Tornás de Aquino se opuso a tres de sus
teorías: la universalidad de la materia, la pluralidad de las formas en un ser físico (pues
admitía "formas separadas" desprovistas de materia) y el poder de actividad de las
substancias físicas, afirmado por Avicebrón y rechazado por Santo Tomás. Jourdain escribió
que la filosofía del siglo XIII no es inteligible sin conocer la filosofía de Avicebrón y su
influencia.
TOMADO DE:
Biografia de Selomó ibn Gabirol [Avicebrón] (biografiasyvidas.com)
Saulo (tal era su nombre hebreo) nació en el seno de una familia acomodada de artesanos,
judíos fariseos de cultura helenística que poseían el estatuto jurídico de ciudadanos romanos.
Después de los estudios habituales en la comunidad hebraica del lugar, Saulo fue enviado a
Jerusalén para continuarlos en la escuela de los mejores doctores de la Ley, en especial en la
del famoso rabino Gamaliel. Adquirió así una sólida formación teológica, filosófica, jurídica,
mercantil y lingüística (hablaba griego, latín, hebreo y arameo).
No debía, sin embargo, residir en Jerusalén el año 30, en el momento de la crucifixión de
Jesús de Nazaret; pero habitaba en la ciudad santa seguramente cuando, en el año 36, fue
lapidado el diácono Esteban, mártir de su fe. En concordancia con la educación que había
recibido, presidida por la más rígida observancia de las tradiciones farisaicas, Saulo se
significó por aquellos años como acérrimo perseguidor del cristianismo, considerado
entonces una secta herética del judaísmo. Inflexiblemente ortodoxo, el joven Saulo de Tarso
estuvo presente no sólo en la lapidación de Esteban, sino que se ofreció además a vigilar los
vestidos de los asesinos.
La conversión
Los jefes de los sacerdotes de Israel le confiaron la misión de buscar y hacer detener a los
partidarios de Jesús en Damasco. Pero de camino a esta ciudad, Saulo fue objeto de un modo
inesperado de una manifestación prodigiosa del poder divino: deslumbrado por una
misteriosa luz, arrojado a tierra y cegado, se volvió a levantar convertido ya a la fe de
Jesucristo (36 d. C.). Según el relato de los Hechos de los Apóstoles y de varias de las
epístolas del propio Pablo, el mismo Jesús se le apareció, le reprochó su conducta y lo llamó
a convertirse en el apóstol de los gentiles (es decir, de los no judíos) y a predicar entre ellos
su palabra.
Tras una estancia en Damasco (donde, después de haber recuperado la vista, se puso en
contacto con el pequeño núcleo de seguidores de la nueva religión), se retiró algunos meses al
desierto (no se sabe exactamente adónde), haciendo así más firmes y profundos, en el silencio
y la soledad, los cimientos de su creencia. Vuelto a Damasco, y violentamente atacado por los
judíos fanáticos, en el año 39 hubo de abandonar clandestinamente la ciudad descolgándose
en un gran cesto desde lo alto de sus murallas.
Aprovechó la ocasión para marchar a Jerusalén y ponerse en contacto con los jefes de la
Iglesia, San Pedro y los demás apóstoles, no sin dificultades, porque estaba todavía muy vivo
en la Ciudad Santa el recuerdo de sus actividades como perseguidor. Le avaló en el seno de la
comunidad cristiana San Bernabé, que lo conocía bien y quizá era pariente suyo. Regresó
después a su ciudad natal de Tarso, en cuya región residió y predicó hasta que hacia el año 43
vino a buscarlo Bernabé. A consecuencia de una carestía que atacó duramente a Palestina,
Pablo y Bernabé fueron enviados a Antioquía (Siria), ciudad cosmopolita donde eran
numerosos los seguidores de Jesús (allí se les había dado por primera vez el sobrenombre de
"cristianos"), para llevar la ayuda fraternal de la comunidad de Antioquía a la de Jerusalén.
A Pablo se debe, más que a los otros apóstoles, la oportuna y neta separación entre el
cristianismo y el judaísmo; y es falso que tal separación se alcanzara mediante la creación de
un sistema religioso especial, que habría sido elaborado bajo la influencia de la filosofía
griega, del sincretismo cultural o de las numerosas religiones de misterios. En el curso de sus
viajes evangelizadores, Pablo propagó su concepción teológica del cristianismo, cuyo punto
central era la universalidad de la redención y la nueva alianza establecida por Cristo, que
superaba y abolía la vieja legislación mosaica. La Iglesia, formada por todos los cristianos,
constituye la imagen del cuerpo de Cristo y debe permanecer unida y extender la palabra de
Dios por todo el mundo.
El vigor y la riqueza de su palabra están atestiguados por las catorce epístolas que de él se
conservan. Dirigidas a comunidades o a particulares, tienen todos los caracteres de los
escritos ocasionales. En ningún caso pretenden ser textos exhaustivos, pero siempre son una
poderosa síntesis de la enseñanza evangélica expresada en sus más claras verdades y hasta
sus últimas consecuencias. Desde el punto de vista literario, debe reconocérsele el mérito de
haber sometido por primera vez la lengua griega al peso de las nuevas ideas. Su educación
dialéctica asoma en algunas de sus argumentaciones, y su temperamento místico se eleva
hasta la contemplación y alcanza las cumbres de la lírica en el famoso himno a la caridad de
la primera Epístola a los corintios.
Los escritos de Pablo adaptaron el mensaje de Jesús a la cultura helenística imperante en el
mundo mediterráneo, facilitando su extensión fuera del ámbito cultural hebreo en donde
había nacido. Al mismo tiempo, esos escritos constituyen una de las primeras interpretaciones
del mensaje de Jesús, razón por la que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo
teológico del cristianismo (debido a la inclusión de sus Epístolas, se atribuyen a San Pablo
más de la mitad de los libros que, junto con los Evangelios, componen el Nuevo Testamento).
Proceden de la interpretación de Pablo ideas tan relevantes para la posteridad como la del
pecado original; la de que Cristo murió en la cruz por los pecados de los hombres y que su
sufrimiento puede redimir a la humanidad; o la de que Jesucristo era el mismo Dios y no
solamente un profeta. Según Pablo, Dios concibió desde la eternidad el designio de salvar a
todos los hombres sin distinción de raza. Los hombres descienden de Adán, de quien
heredaron un cuerpo corruptible, el pecado y la muerte; pero todos los hombres, en el nuevo
Adán que es Cristo, son regenerados y recibirán, en la resurrección, un cuerpo incorruptible y
glorioso, y, en esta vida, la liberación del pecado, la victoria sobre la muerte amarga y la
certeza de una futura vida feliz y eterna. También introdujo en la doctrina cristiana el rechazo
de la sexualidad y la subordinación de la mujer, ideas que no habían aparecido en las
predicaciones de Jesucristo.
En llamativo contraste con su juventud de fariseo intransigente, cerrado a toda amplia visión
religiosa y celoso de las prerrogativas espirituales de su pueblo, Pablo dedicaría toda su vida
a "derribar el muro" que separaba a los gentiles de los judíos. En su esfuerzo por hacer
universal el mensaje de Jesús, Pablo lo desligó de la tradición judía, insistiendo en que el
cumplimiento de la ley de Moisés (los mandatos bíblicos) no es lo que salva al hombre de sus
pecados, sino la fe en Cristo; en consecuencia, polemizó con otros apóstoles hasta liberar a
los gentiles de las obligaciones rituales y alimenticias del judaísmo (incluida la circuncisión).
TOMADO DE:
Biografia de San Pablo de Tarso (biografiasyvidas.com)
REPRESENTANTE ÁRABE:
AVERROES
Averroes fue conocido en Occidente como "el Comentador" por haber traducido y divulgado
las obras de Aristóteles. De entre sus numerosas obras, destacan precisamente los
Comentarios a Aristóteles, de los cuales existen el Comentario mayor (1180), en el que
explica frase por frase el corpus aristotélico; el Medio, en el que explica el conjunto de los
textos, y el Pequeño comentario o paráfrasis (1169-78), que resumía su significado general.
También comentó La república de Platón.
Entre las grandes inquietudes de Averroes destacó la de delimitar las relaciones entre
filosofía y religión. Para Averroes, la religión verdadera se encuentra en la revelación
contenida en los libros sagrados hebreos, cristianos y musulmanes. Pero libros como el
Corán, aun siendo base de la religión verdadera, están dirigidos a todos los hombres, y no
todos tienen la misma capacidad de comprensión. La verdad auténtica sólo la alcanzan los
filósofos, que basan sus conocimientos en demostraciones rigurosas y absolutamente lógicas.
Es obligación de los filósofos descubrir, más allá del sentido literal del libro sagrado, la idea
oculta bajo las imágenes y los símbolos.
Así, el Corán ofrece una religión natural, de acuerdo con las enseñanzas de la experiencia
común, y capaz de ser entendida por la mayoría de la gente que no va más allá de la
imaginación en su forma de entender. En este contexto se ubican las dos pruebas sobre la
existencia de Dios propuestas en el Corán. Primera: el mundo no puede deberse al azar, sino
que es obra de un creador, porque todo él está adaptado y ordenado para mantener la vida del
hombre, de los animales y de las plantas. Todo lo que existe está orientado al servicio del
hombre. La segunda: la admirable disposición y coordinación de todas las cosas entre sí exige
un creador. Esto constituye la religión natural a la cual podrían haber llegado los hombres a
través de las cosas sensibles, con la sola fuerza de su razón, aunque con mucho trabajo,
después de largo tiempo y con riesgo de muchos errores.
Pero el Corán ofrece también otras doctrinas reveladas, y su originalidad respecto a otros
libros sagrados consiste en que ha expuesto los tres principios esenciales de toda religión en
un lenguaje asequible a todos los hombres; es decir, en el nivel de la imaginación. Esos tres
principios son: la creencia en Dios creador del mundo, la creencia en la existencia de los
ángeles y en la misión de los profetas, y la creencia en la vida del más allá con el premio o
castigo correspondiente a cada uno. Esta enseñanza se dirige a todos los hombres. Pero a los
filósofos y científicos no les ofrece ideas concretas, sino "sugerencias" en torno a una
realidad suprasensible que deben desarrollar.
El eje de la filosofía de Averroes es la diferenciación entre el conocimiento humano y el
divino. El conocimiento humano, basado en las cosas sensibles, es de los sentidos y de la
imaginación; no es un conocimiento objetivo, el cual se define como "unidad e identidad
perfecta bajo todo aspecto entre el sujeto y el objeto". El conocimiento humano mantiene
necesariamente una inevitable pluralidad al no estar nunca los inteligibles totalmente
desligados de las formas imaginativas. Además, es incompleto, porque no capta la esencia de
las cosas, sino sólo los "accidentes" de las sustancias.
El conocimiento divino intuitivo, por el contrario, no depende de las cosas exteriores a la
mente, sino que las cosas dependen de su conocimiento, que es la causa y razón de la
existencia de ellas, y abarca la infinidad de todas juntas. No se basa en la multiplicidad
debida a la clasificación de los seres, sino en la unidad orgánica de la esencia de los seres, en
cada uno de los cuales se manifiesta la sabiduría divina, unidos entre sí según un orden y
coherencia. Dios, conociéndose a sí mismo, produce las cosas, y ese conocimiento es en sí la
concreta realidad objetiva del mundo.
Al doble conocimiento corresponden dos modos en la realidad. La realidad nouménica del
universo es el objeto del conocimiento intuitivo divino. Ese conocimiento divino es a la vez
idéntico a Dios, porque la actividad cognoscitiva de Dios es la misma actividad productora
del mundo. En esta realidad nouménica el mundo es una creación continua de la fuerza
inmanente en él.
El otro modo es la realidad fenoménica, objeto del conocimiento discursivo cuya mayor
realización se da en la filosofía griega con Platón y Aristóteles. Según Averroes, el mérito de
estos filósofos está en haber reconocido la necesidad de la existencia de una realidad
nouménica superior (principio supremo, Dios), pero erraron al hablar de ese primer principio
en términos derivados del conocimiento empírico. No se puede pensar en la voluntad divina
al modo de los agentes de la realidad fenoménica. Averroes señala su posición al respecto en
esta escueta afirmación: "Dios conoce las cosas no porque tenga un determinado atributo,
sino porque éstas son producidas por él en cuanto él las conoce". O sea, que la actividad
cognoscitiva de Dios es por sí misma creadora del mundo.
Siendo el conocimiento de Dios el origen del mundo está claro que éste, lo mismo que su
hacedor, no puede tener principio ni fin. Es nuestra mente quien concibe el principio y el fin
del mundo, al considerar la realidad bajo la categoría subjetiva del tiempo. Averroes trata el
problema de la distinción entre tiempo verdadero (tiempo-duración) y tiempo abstracto
(tiempo-medida) en su breve tratado Solución al problema: creación o eternidad del mundo.
El tiempo verdadero no se compone de momentos temporales separados por un principio y un
fin. Debe ser considerado, más bien, como una circunferencia en la que todo punto es al
mismo tiempo principio y fin de un arco. El tiempo abstracto es el tiempo abstraído de la
realidad del mundo, que se le aplica como medida, y es representado como línea recta (ya sea
ésta finita o infinita).
Averrroes sostuvo además el monopsiquismo, es decir, la existencia de una sola mente (alma)
supraindividual y universal, de la que la inteligencia (psique) sería una simple y provisional
manifestación. Es decir: el hombre no posee un alma propia, sino que participa, hasta que
muere, del alma colectiva. Contrariamente a las enseñanzas del cristianismo y del islam,
desde el punto de vista del individuo no existe ninguna esperanza de eternidad: el alma
individual está destinada a morir con el cuerpo.
Nociones como ésta valieron a Averroes una condena de exilio (en 1195) y suscitarían la
sospecha de herejía en el averroísmo latino, orientación filosófica difundida después de 1270
en Occidente y muy particularmente en París, gracias a las enseñanzas de Siger de Brabante.
En 1277, el arzobispo Stefano Tempier condenó 219 tesis sostenidas por aristotélicos
averroistas, empezando así una polémica filosófica que no terminaría hasta el Renacimiento.
La orientación averroísta que elevaba a Aristóteles a la categoría de auctoritas incluso por
encima de la Biblia se difundiría a partir del siglo XIII entre las magistri artium, los
profesores de formación laica que controlaban en las universidades la enseñanza de las
scientiae (aritmética, música, geometría) y de la scientia prima, la metafísica aristotélica. El
choque entre estos intelectuales y la ortodoxia religiosa alcanzó su cima con el Tomismo,
pero a pesar de la influencia de Santo Tomás de Aquino (para quien Averroes había
desfigurado las enseñanzas de Aristóteles), el espíritu del Averroísmo sobrevivió en la
tradición aristotélica del Renacimiento (en particular en Pietro Pomponazzi). Su llamada a la
superioridad de la razón sobre la fe, al valor de la filosofía natural (la práctica científica) en
oposición a la teología, se convirtió en un importante regulador de la mentalidad científica
moderna. En Oriente, en cambio, la filosofía de Averroes pasó prácticamente desapercibida.
TOMADO DE:
EDAD MODERNA:
Immanuel Kant
Según Kant nuestra razón tiene que buscar cuáles son los requisitos, los ingredientes de lo que
consideramos una acción moral, una acción correcta. Kant, se va a encargar de analizar cuál es la
forma de la acción moral. La idea de forma es importante en la ética kantiana, ya que, a Kant no le
importa decir: esto está bien, esto está mal, no le importa darnos consejos sobre cómo ayudar a los
demás o aconsejarnos que nos lavemos las manos, utilicemos alcohol y barbijo en tiempos de
pandemia, por el contrario, a Kant le importa la forma que tienen en común todas las acciones que
decimos que son buenas. Es por ello que, una de las ideas principales de la ética kantiana es lo
formal, porque estudia la forma de la acción moral.
A este deber lo podemos llevar a cabo de diferentes maneras, una de ellas, es actuar conforme al
deber. Por ejemplo, estoy conduciendo y me encuentro ante un semáforo en rojo y detengo el auto,
estoy actuando conforme al deber, ya que, el deber dice que ante el semáforo en rojo debemos
parar.
Lo que le preocupa a Kant es el deber, la acción moral, el interior de la conciencia, entonces quizá
me detuve en el semáforo en rojo porque quiero evitar las consecuencias negativas que trae saltar el
semáforo en rojo, ponerme una multa. Por lo tanto, actuar conforme al deber no es suficiente para
considerar una acción moral, lo importante es la intención. Más allá de actuar conforme al deber, la
acción moral es una acción POR MOR del deber, porque entiendo interiormente que es mi deber,
por lo que no se trata de actuar según lo que dice la ley, sino de actuar cumpliendo la ley porque
entiendo que cumplir la ley es mi deber.
La Buena Voluntad
Según Kant ni en el mundo ni fuera de él, es posible pensar en algo mejor que la Buena Voluntad. La
Buena Voluntad es la intención que va ligada a una acción, cuando la realizamos sin esperar
beneficio, cuando entiendo que esa acción está bien más allá de sus consecuencias. La Buena
Voluntad toma la acción como fin en sí misma, no como un medio para conseguir otra cosa.
Kant nos diría que hagamos la acción que queremos, pero pensemos por qué motivo la realizamos.
Una acción es correcta porque se hace por deber, no por tener como fin último la felicidad por
medio de virtudes y hábitos o para hacer feliz a la mayor cantidad de gente posible. ¿Por qué a Kant
no le importa la felicidad? Porque las personas actúan interesadamente y eso no es una acción
moral, sino que usamos la acción como medio para obtener otra cosa.
Para Kant una acción es buena, incluso, cuando tiene acciones negativas para mí, estoy demostrando
que actúo por deber, independiente de las consecuencias positivas o negativas que esa acción pueda
tener para mí.
Imperativo categórico.
La idea de actuar deontológicamente, con deber, con Buena Voluntad, se expresa en el imperativo
categórico. Imperativo es un mandato, una orden. Categórico significa que se debe cumplir en todo
lugar, en todo caso, sin admitir excepciones. Es la regla que tenemos que pensar para decidir si una
acción es moral o no lo es.
Máxima: “Obra según aquella máxima de la que puedas querer que se convierta en ley universal.” La
idea de Kant es que actúe por motivos que puedan se interpreten como ley universal. Hay que
pensar qué pasaría si todo el mundo actuaría igual que yo.
Máxima: “Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de los
demás, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca como un medio.” Para Kant hay que tratar a
las personas respetando su dignidad, su valor de seres humanos, no debemos tratarlas como
instrumentos. Los seres humanos son fines en sí mismos, no medios.
Si aplicamos este imperativo en tiempos de nazismo a una familia que oculta judíos en su casa o en
tiempos de dictadura a alguien que oculta estudiantes o militantes políticos en su casa y viene la
Gestapo o los militares y preguntan si los ocultan, al responderle que no, están faltando al deber,
que es no mentir, por tanto, habría que decirles que sí e indicarles en qué lugar están, esto lo que
haría es violentar los Derechos Humanos de aquellos que se ocultan.
Para establecer el segundo imperativo categórico Kant empieza con el siguiente argumento:
supongamos ahora que hay algo cuya existencia tiene en sí misma un valor absoluto, algo que como
fin en sí mismo podría ser la base para determinar leyes; entonces en él y sólo en él, habría el
fundamento para un imperativo categórico – es decir, para una ley práctica. Concluye que el
hombre, y, en general, cada ser racional, existe como un fin en sí mismo y no como medio para el
uso arbitrario por esta o aquella voluntad. Él debe, en todas sus acciones, ya sean dirigidas a sí
mismo o a otros seres racionales, verlos siempre como fines en sí mismos. El ser racional, nos dice,
se denomina persona porque su naturaleza ya lo establece como fin en sí mismo – es decir, como
algo que no debe ser usado como medio – y consecuentemente impone un límite a todo trato
arbitrario que se le dé. De ahí concibe el imperativo categórico que expresa:
«Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro,
siempre como un fin y nunca solamente como un medio.»
Por eso, Kant propone como definición de libertad legal, «el derecho de no obedecer ninguna ley
externa, aparte de aquella a la que he dado mi consentimiento». Esta definición reconoce que el
individuo es persona, un fin en sí misma, y que, gracias a su razón, puede establecer sus propios
medios y fines, y que la conducta correcta es que la determine según el principio de autonomía
donde, aunque él hace la ley universal, él también se rige por estas leyes.
De la misma manera define la igualdad legal en un estado como «aquella relación entre ciudadanos
en la cual ninguna persona puede obligar legalmente a otra, si no se somete al mismo tiempo a la ley
por la que a la vez, podría ser obligado de la misma manera por otra persona». Esta definición
reconoce el imperativo categórico de universalidad que dicta: «obra sólo según una máxima tal, que
puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal sin contradicción».
En su libro La Paz Perpetua, Kant explica que la única sociedad política que es moral es aquella cuya
constitución es republicana, porque reconoce los derechos individuales y se funda, primero, de
acuerdo los principios de libertad de los miembros de la sociedad (como seres humanos), segundo,
conforme a los principios de dependencia de todos sus miembros a un sistema común de leyes
(como súbditos), y tercero, conforme a la ley de igualdad de sus miembros (como ciudadanos). Esta
es la única sociedad política de vínculo contractual, donde la cooperación social se da en virtud de
contrato y coordinación voluntaria. Aquí la relación entre los individuos cooperantes es simétrica en
lugar de hegemónica. A esta organización Kant la llamó “Rechtsstaat”, que quiere decir, Estado de
Derecho.
Los derechos de los individuos son sagrados, dice Kant y no deben violarse bajo ninguna excusa. Ni
aún motivados por las “mejores intenciones”, como cuando algunos políticos, para aliviar el
sufrimiento de unos, proponen violar los derechos de otros. Pretenden, por ejemplo, usando la
fuerza del Estado condonar las deudas que unos le tienen a otros por un año – bancos y empresas de
servicios –violando los derechos de éstos últimos. Pretender tener el derecho de violar el derecho de
otro es una contradicción. Aquello que es moralmente malo, tiene como característica, por su propia
naturaleza, el ser autocontradictorio y auto destructivo.
Si bien es cierto que el amor al prójimo y el respeto a sus derechos son obligaciones, dice Kant, el
primero es solamente un deber condicional, mientras el segundo es un deber incondicional, que
obliga absolutamente. Así que quien quiera disfrutar de la dulce sensación de hacer el bien a otros,
debe, insiste Kant, primero asegurarse completamente que no viola el derecho de otros.
Para el utilitarismo las consecuencias de una acción son determinantes a la hora de decidir si una
acción es moral.
El utilitarismo hace referencia a la utilidad que puede tener una acción. La utilidad es el mayor
beneficio posible para un mayor número de personas. Por ende, una acción es moral, es buena si
produce, si tiene como consecuencia un mayor beneficio para el mayor número de personas. A
mayor beneficio para un mayor número de personas, mejor será la acción, a un menor beneficio
para un menor número de personas, la acción será peor.
La ética utilitarista pone todo el foco en las consecuencias de la acción, en el beneficio o perjuicio
que pueda provocar una acción a terceras personas. Se trata de una ética consecuencialista, se basa
en ver cuál es el final, la consecuencia, lo que ocurra después de una acción, en función de esas
consecuencias determinaremos si una acción es moral o inmoral, correcta o incorrecta, buena o
mala.
Uno de los ejemplos a la hora de plantearnos los problemas de la ética utilitarista, suele presentarse
a partir de la siguiente imagen:
Bentham intentó establecer un cálculo de placer, de beneficios. Intentó hacer una formulación
matemática para establecer un cálculo matemático que pusiera en equilibrio el beneficio y el
perjuicio, obteniendo una guía matemática a la hora de establecer si una acción era buena o mala,
correcta o incorrecta. Aunque Bentham dedicó muchos años de su vida a buscar esa solución
matemática, nunca llegó a concluirla.
Este planteamiento utilitarista, planteado por Bentham, es completado por John Stuart Mill, el cual
añadió un componente muy importante en la ética utilitarista. Anteriormente, se marcó que
Bentham intentó realizar un cálculo matemático que sirviera de guía para determinar si una acción
es buena o mala, correcta o incorrecta. Para Mill, por el contrario, la utilidad no puede reducirse a un
número, por lo que introdujo un elemento cualitativo, no tanto cuantitativo a la hora de determinar
si una acción podía ser considerada correcta o incorrecta. Con la introducción del elemento
cualitativo, se ganan dos ideas interesantes a la hora de pensar el concepto de “el mayor beneficio
para la mayoría.” El primero es el siguiente: Mill entendió que los seres humanos somos seres
complejos y esta complejidad hace que, para obtener algún tipo de placer, deberemos pasar por
algún tipo de situación dolorosa o menos placentera. Por ejemplo, el placer que obtenemos al
aprobar un examen, raramente se da sin el dolor que nos proporciona tener que estudiar. Se trata
de ver que hay determinados tipos de placeres que son cualitativamente superiores a otros.
Además, Mill advirtió sobre la tiranía de la mayoría, el principio utilitario que buscaba el mayor
beneficio para el mayor número tiene el peligro de llevarse a cabo a costa de una minoría. Mill
introduce el concepto de individualidad, la búsqueda del beneficio para el mayor número de
personas, nunca podrá llevarse a cabo a costa de atropellar los derechos individuales, es decir, la
libertad de una persona termina cuando empieza la libertad de otra persona. Por ende, Mill
incorpora la vertiente cualitativa para indicar que algunos placeres están por encima de otros y para
ver que el número de la mayoría de las personas nunca puede tomar decisiones a costa de los
derechos individuales de otras.
Para Stuart Mill, la felicidad se identifica con el placer y la ausencia de dolor. Ante los que
piensan que el placer reduce al hombre al nivel de los cerdos, Mill sostiene que la acusación
tendría sentido si los seres humanos disfrutaran de los mismos placeres que los cerdos,
pero, puesto que el ser humano es distinto y superior a los animales, también serán
distintos y superiores los placeres a los que pueda aspirar. Mill, jerarquiza los placeres y
propone la moderación en el goce; distingue entre placeres superiores, los espirituales, y
placeres inferiores, los materiales. Sólo el ser humano puede gozar de un bello paisaje, de
un buen libro, de la buena música, y estos placeres deberán ser preferibles a los placeres del
cuerpo. Por supuesto, para poder disfrutar de esos placeres se necesita tener un cierto nivel
cultural, y a ello deberá apuntar la educación que tiene que tornarse accesible para todos.
En síntesis, una vida con placeres moderados, predominantemente espirituales; con pocos
dolores; en la que la solidaridad social y el compromiso político tengan un papel relevante,
podrá ser considerada una vida feliz y, por ende, una buena vida.
Si solo nos enfocamos en las consecuencias para ver si una acción es correcta o no, no
vemos que haya una acción que por sí misma este mal, no vemos que haya una acción que
por sí misma este bien. Esto plantea un problema en casos concretos como los Derechos
humanos, ya que se parte de la idea de que la vida humana tiene valor, parten de la
dignidad humana que es su fundamento, la libertad de las personas debe ser respetada. Por
el contrario, el utilitarismo se preguntaría ¿si hay casos en los que limitar esa libertad es
beneficioso para la mayoría? ¿Qué pesa más, los principios o las consecuencias?
Para el utilitarismo el Bien tiene ver con las mejores consecuencias para el mayor número
de gente posible, si tiene hay buenas consecuencias, habrá felicidad, contrariamente a
Aristóteles, para el cual el Bien está asociado a la felicidad como fin último del ser humano.
EDAD CONTEMPORÁNEA
EMANUEL LEVINAS.
Terminada la guerra vuelve a Francia, tiene a su segundo hijo y sigue escribiendo, en este punto sus
obras contienen una forma de pensar distinta, marcada por lo vivido durante la guerra.
FILOSOFÍA
Para Levinas si no hay otro, no hay con qué contrastarnos. El otro nos permite ser algo que no
podríamos ser. Pensar al otro no es una opción, por el contrario, es necesario. Es en la mirada del
otro donde nos podemos ver a nosotros mismos, nos diferenciamos, nos igualamos, nos peleamos,
nos amigamos, por ejemplo.
¿Qué es lo que te hace ser lo que crees que sos? Nuestra existencia solo es, tiene sentido cuando es
reconocida por el otro. La idea que tenemos de nosotros/as mismos/as tiene mucho que ver con la
mirada y la relación con las personas que están a nuestro alrededor. Por eso, para Levinas es
importante la infancia porque es la mirada del otro la que hace que me vea de una o de otra
manera.
El otro, para el filósofo, no es algo que solo existe, sino que es algo que me cuestiona, que me obliga
a responderle. Para ello, utiliza una lectura de la Biblia, del Génesis: la pelea de Caín y Abel, donde el
primero mata al segundo y Dios le pregunta a Caín: “¿Dónde está tu hermano?” y Caín responde:
¿Soy yo, acaso, el guardián de mi hermano?”. Esta respuesta-pregunta de Caín es lo que le interesa a
Levinas para desarrollar su pensamiento porque es la pregunta que refleja mi postura ante el otro.
La respuesta del filósofo es que todos somos responsables de nuestros hermanos, de los demás, de
los otros. Es una pregunta, la de Caín, ética porque el otro me cuestiona porque nos hace
responsable el hecho de que haya otro, un rostro frente a nosotros.
Según Levinas, es una reflexión importante en nuestro tiempo porque tomamos muchas decisiones
pensando en el otro como una idea que tenemos de los demás: el extranjero, la viuda, el mejor y el
peor estudiante, el mejor y el peor profesor, el pobre, el rico, el que tiene COVID, el que no lo tiene.
Estas representaciones cognitivas lo que hacen es violentar al otro, es reducirlo a una idea y por
hermosa que esta idea sea es una reducción. Una reducción es una forma de violencia hacia los
demás.
Dice el filósofo, cuando veo una nariz, unos ojos, una frente, un mentón y puedo
describirlos, me vuelvo hacia el otro como hacia un objeto. La mejor manera de encontrar al
otro es la de ni siquiera darse cuenta del color de sus ojos. Cuando observamos el color de
los ojos, no estamos en relación social con el otro. (cara)
LA EXPERIENCIA DE LA MUERTE.
Como experiencia, la muerte es la interrupción, cesación de un comportamiento, procesos
fisiológicos, y de movimientos expresivos (porque si alguien muere la expresión de su cara
su desaparece). Aunque si alguien con quien yo me relaciono muere, la experiencia está más
allá de los procesos biológicos.
Si yo soy por la mirada de los otros, ellos dan sentido a mi existencia, y soy lo que ellos ven
de mí, es lógico que diga:
“El hecho de admitir que la muerte del otro es más importante que la mía es el milagro mismo de lo
humano en el ser: fundamento de todas las obligaciones.” (Dios, la muerte y el tiempo)
Por ello, sentimos ese vacío, no sentimos solos, a veces culpables por nuestro último
encuentro con aquel que murió, porque nos portamos mal o porque nos quedamos con un
pendiente, porque no le dijimos cuánto le queríamos, cuánto significaba para nosotros. Y así
me empiezo a relacionar con su muerte, porque ese alguien ya no responde y yo me quedo
con la culpabilidad del superviviente. Enuncia que la relación se reduce a una experiencia de
segunda mano, porque ya no tengo retroalimentación. Muchos hemos experimentado esto,
y es muy triste.
Si yo soy responsable por lo que le hago a los demás, Lévinas dice:
“Sea la mayor melancolía dejar esta vida sin poder reparar todo el daño que hemos hecho”
Morirse, sin reparar todo el daño que hemos hecho. Lo más duro cuando somos
responsables por lo que les hacemos a los demás.
Nos deja un mensaje acerca de la vida, tomar conciencia de esa responsabilidad que
tenemos para con los demás y actuar hoy, no esperar a la muerte, a que la persona ya no
pueda responderme.
Lévinas continúa:
“La relación con la muerte del prójimo no es saber sobre la muerte del otro, ni la experiencia de esta
muerte”
¿qué significa esto? Que no vivimos la muerte del prójimo, no la experimentamos igual que
él, más que las apariencias externas de un proceso (de inmovilización) en el que termina
alguien que, hasta ahora, podía expresarse. Recordemos que resalta que la muerte es
cuando se detienen los procesos fisiológicos y la expresión porque le importa esta relación
con el otro, y la retroalimentación la recibimos por las expresiones que nos dan.
La muerte para Lévinas, además, es un misterio que nos da profundidad. ¿por qué? Porque
es una relación puramente emocional, que no se produce por la repercusión. Porque ni
nuestra sensibilidad, ni nuestro intelecto, saben previamente de la muerte. Dice que es una
emoción, un movimiento, una inquietud en lo desconocido.
JUDITH BUTLER
Uno de los principales problemas de las miradas binarias -que consideran que las personas nacemos
varones y mujeres- es que vinculan a la diferencia sexual genital de manera lineal con la identidad de
género y el deseo sexual y afectivo.
De acuerdo a este esquema, definido como heteronormativo, una persona que nace con vulva está
destinada a identificarse con el género femenino y a sentirse atraída por varones. Mientras que una
persona que nace con pene portará una identidad de género masculina y deberá sentirse atraída por
las mujeres.
Butler, por el contrario, nos quiere demostrar que todo se hace: los binomios sexo- género,
naturaleza –cultura.
En todos los binomios relacionados con género, identidad de género, orientación sexual,
culturalmente, no hay un elemento que sea previo al otro: el heterosexual se puede definir
porque existe el homosexual, van juntos y se necesitan para crear un marco, aunque ese
marco consista en elegir uno y prohibir otro.
Así como el género es cultural, también lo es el sexo porque es palabra, es lenguaje, siendo
asignado por un ser humano que vivió en sociedad.
PERFORMATIVIDAD DE GÉNERO: Al no haber identidad natural, el sujeto no expresa su identidad,
sino que actúa su identidad.
El dilema que plantea el utilitarismo respecto a los Derechos Humanos surge del enfoque en las consecuencias: si solo se analizan las consecuencias para determinar si una acción es correcta, se corre el riesgo de justificar acciones que vulneran principios fundamentales de Derechos Humanos bajo el argumento del beneficio para la mayoría. Esto se contrapone con la visión de que la vida humana y la dignidad son valores inherentes que no deben ser sacrificados por consecuencias externas .
Pablo de Tarso fue instrumental en la rápida difusión del cristianismo más allá del pueblo judío, extendiéndolo entre los gentiles. Durante sus viajes evangelizadores, difundió su concepción teológica sobre la universalidad de la redención y la nueva alianza en Cristo, que abrogó la antigua ley mosaica. Su obra adaptó el mensaje de Jesús a la cultura helenística, facilitando su extensión fuera del ámbito cultural hebreo, y contribuyó significativamente al desarrollo teológico del cristianismo .
Avicebrón concebía que la misma materia se da en todo el universo desde las formas más altas de espiritualidad hasta los límites más bajos del mundo físico. Según él, cuanto más se aleja la materia de su origen, menos espiritual se vuelve. Esta concepción universal de la materia como substrato de todo lo que existe es su contribución más original a la filosofía .
Averroes argumentaba que, aunque la religión verdadera se encuentra en las revelaciones de los libros sagrados, estos libros están dirigidos a todos los hombres, quienes tienen diversas capacidades de comprensión. Sostenía que la auténtica verdad la alcanzan los filósofos, basando sus conocimientos en demostraciones lógicas. Por tanto, los filósofos tienen la obligación de descubrir las ideas que se ocultan más allá del sentido literal de los textos sagrados .
Simone de Beauvoir influyó en la comprensión moderna del género al afirmar que "la mujer no nace, se hace," sugiriendo que el género es una construcción cultural. Esta idea enfatiza que los roles y comportamientos asociados al género se desarrollan históricamente, desafiando la percepción de que estos son inherentes o naturales. Sus ideas han influido en la crítica del binarismo de género y en el desarrollo de teorías que muestran el género como una construcción influenciada por el contexto cultural .
El utilitarismo de la acción, defendido por Bentham, sostiene que cada acción debe ser analizada por sus consecuencias específicas para determinar si es correcta o incorrecta. En contraste, el utilitarismo de la regla de Mill propone que se analicen las consecuencias generales de un tipo de acción. Esto implica que no todas las acciones correctas son tales por sí mismas, sino por sus resultados generales beneficiosos .
Judith Butler define la performatividad de género como la idea de que el género no es una esencia fija, sino una serie de actos repetitivos que constituyen su realidad. Estos actos dan forma al género a través del tiempo por la repetición de normas sociales establecidas, sugiriendo que lo que consideramos natural es, de hecho, una construcción cultural continua .
Pablo de Tarso reinterpretó las enseñanzas de Jesús para adaptarlas al contexto grecorromano, enfatizando la universalidad de la redención y el rechazo de la ley mosaica como condición para la salvación. Utilizó la cultura helenística para hacer comprensible el mensaje de Jesús al mundo no judío, incorporando conceptos como el pecado original y la divinidad de Cristo, facilitando así la expansión del cristianismo fuera del ámbito cultural hebreo .
Avicebrón mantuvo su especulación filosófica libre de influencias teológicas y bíblicas, contrastando con la escolástica que consideraba a la filosofía como subordinada a la teología. Su enfoque puramente filosófico hizo que su obra fuera controvertida entre los franciscanos platónicos y los dominicos aristotélicos. Se le critican algunas de sus teorías, como la universalidad de la materia y el poder de actividad de las sustancias físicas, que diferían de la ortodoxia teológica de su tiempo .
Averroes sostiene que la verdad filosófica se alcanza mediante razonamientos lógicos y rigurosos, y considera que solo los filósofos pueden descubrir las ideas ocultas que trascienden las imágenes y los símbolos de los textos sagrados. Para él, aunque la revelación es la base de la religión, las interpretaciones filosóficas permiten a los filósofos ir más allá de las enseñanzas literales y acceder a la verdad auténtica que no todos pueden comprender .