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Los dos testigos
(Ap 11:3-6) "Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de
cilicio. Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la
tierra. Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno
quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a
fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en
sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran."
1. Su misión y su duración
Juan introduce de repente a dos testigos que tendrían la misión de profetizar: "Y daré a mis dos
testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio".
El Antiguo Testamento terminaba anunciando que Dios enviaría a un mensajero especial
preparando la llegada del día del Señor.
(Mal 4:5) "He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible."
Ahora bien, en nuestro pasaje en Apocalipsis se nos dice que hay "dos testigos", y no uno solo. Esto
tampoco sería de extrañar, ya que el Señor mismo, durante su ministerio terrenal, envió a sus
discípulos a predicar de dos en dos a las ciudades a donde él debía ir (Lc 10:1), y también, porque
según decía la ley, para que un testimonio tuviera valor legal debía ser corroborado al menos por
dos testigos (Dt 17:6). Por lo tanto, el doble testimonio de estos dos testigos debía ser tenido en
consideración por quienes les escucharan.
Estos dos testigos tenían la misión de profetizar. Esto significa que tenían que anunciar la Palabra
de Dios. Seguramente sea correcto relacionarlo con el mandato que el mismo apóstol Juan acababa
de recibir para que profetizara "sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes" (Ap 10:11). En su
caso, el mensaje que debía transmitir tenía que ver con la inminente venida del día de Jehová tal
como la habían anunciado los profetas de la antigüedad (Ap 10:6-7). Y no sería descabellado pensar
que la predicación de estos dos testigos fuera similar a la de Juan.
La misma vestimenta de los dos testigos reflejaba de alguna manera que el contenido de su mensaje
tenía relación con esto. Se nos dice que estaban "vestidos de cilicio", una vestimenta que indicaba
lamentación y duelo. Y sería muy apropiada si estaban denunciando el pecado de los hombres y
anunciando el día de la ira de Dios.
Y aunque la mayoría de los comentaristas parecen tener un interés especial por descubrir cuál es la
identidad de estos dos testigos, la Palabra de Dios sólo nos proporciona datos sobre su misión. Por
ejemplo, se nos dice que duraría "mil doscientos sesenta días", que es el equivalente a los "cuarenta
y dos meses" en los que el templo estaría en funcionamiento en Jerusalén mientras la "santa ciudad"
y el patio del templo eran hollados por los gentiles. Por lo tanto, es muy probable que estos testigos
estuvieran profetizando en Jerusalén durante ese mismo período, en la primera mitad de los siete
años finales de los que habló el profeta Daniel. Como más adelante veremos en este mismo capítulo,
su testimonio terminará cuando aparezca la bestia y haga guerra contra ellos y los mate, quedando
sus cadáveres expuestos en la plaza de Jerusalén. Con este acto se daría comienzo a la segunda
parte de estos siete años finales.
2. "Dos olivos y dos candeleros"
Como acabamos de decir, no se revela la identidad de estos testigos, pero a cambio se nos dan
numerosos detalles sobre su obra, todos ellos relacionados con otros personajes del Antiguo
Testamento. En esta ocasión son descritos simbólicamente como dos olivos y dos candeleros: "Estos
testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra".
Evidentemente este simbolismo es tomado del profeta Zacarías (Zac 4:1-14).
En la visión de Zacarías, los dos olivos proveían el aceite para que la lámpara que estaba en medio
de ellos pudiera alumbrar. Allí los dos olivos son identificados como "los dos ungidos que están
delante del Señor", en una referencia a Zorobabel, el gobernador civil, y a Josué, el sumo sacerdote.
Recordemos que en la antigüedad, tanto los reyes como los sacerdotes eran ungidos con aceite, de
ahí probablemente la relación con los dos olivos. En cuanto a su contexto histórico, ellos vivieron en
los días en que Israel acababa de regresar de su cautiverio en Babilonia, y tenían la difícil misión de
reedificar el templo y restaurar la vida religiosa de la nación para que volviera a ser un testigo
resplandeciente del Señor en medio de la oscuridad de las naciones paganas. Su misión no era fácil,
puesto que en ese momento eran muy pocos y estaban rodeados de numerosos enemigos que con
frecuencia apelaban al gran poder imperial persa con el fin de hacerles cesar de su misión. En ese
contexto, el profeta Zacarías recibió una visión del Señor que debía transmitir a estos dos ungidos
para animarles a seguir adelante con su tarea.
Como Zacarías explica, el poder necesario para llevar a cabo esa obra, no estaba en ellos mismos,
sino en el Espíritu Santo: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los
ejércitos". Este mensaje fue de mucho ánimo para el pueblo que finalmente concluyó la tarea de
reedificar el templo.
La labor de estos dos testigos que encontramos en Zacarías, que ejercían su autoridad como
representantes delegados por Dios mismo, son ahora asociados con los dos testigos de Apocalipsis.
Y aunque en este último caso no se nos ofrecen más detalles sobre ellos, el Espíritu Santo espera
que por medio de esta asociación nos demos cuenta de que ellos también tenían una misión similar
a la de sus antecesores. Ellos también serían pocos, estarían rodeados de poderosos enemigos, y sin
embargo, tendrían que animar al pueblo de Israel para la reconstrucción del templo y de la vida
religiosa de la nación.
El poder necesario para llevar a cabo su ministerio vendría únicamente del Espíritu Santo, y no de
sus recursos económicos o militares, y sería muy bendecido, no sólo en relación a Israel, sino
también como portadores de la luz de la verdad de Dios a todas las naciones. En relación a esto es
interesante que notemos que estos dos testigos "están en pie delante del Dios de la tierra", lo que
indica que cuentan con su aprobación y también que son sostenidos por su poder y autoridad.
Por lo tanto, lo que estamos viendo es que al final de los tiempos Dios levantará a dos testigos
especiales de dentro del mismo pueblo de Israel con el fin de hacer volver a la nación a su fidelidad
a Dios, y especialmente para prepararlos para la venida de su Mesías, el Señor Jesucristo. Porque
no lo olvidemos, sólo él podrá poner fin al "tiempo de los gentiles".
3. La protección divina sobre los dos testigos
Para que puedan desempeñar su misión en un mundo hostil, Dios los equipará con poderes
milagrosos para su propia protección: "Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y
devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera".
Ningún poder humano podrá detenerles. Como otros profetas en tiempos pasados, ellos también
serán preservados milagrosamente hasta que hayan cumplido su misión. Recordamos, por ejemplo,
cómo Moisés fue protegido frente a Faraón, o Elías frente a la malvada Jezabel.
Es más, todos aquellos que pretendan dañar a estos dos testigos, serán juzgados en el acto. El pasaje
dice que sale fuego de su boca que devora a sus enemigos. Otra vez el profeta Elías es un buen
ejemplo de esto, cuando dio la orden con su boca y cayó fuego del ciego sobre sus enemigos (2 R
1:10-12). Seguramente debamos entender el fuego que sale de su boca como un lenguaje figurativo
para aludir al poder real que en su caso tendrán sus palabras (Jer 5:14).
Podemos imaginarnos la ira de sus enemigos, que tendrán que escuchar el mensaje de la Palabra de
Dios sin poderlos silenciar de ninguna manera.
4. El poder sobrenatural de su ministerio
Pero el poder divino que les será concedido a estos dos testigos no sólo tiene como finalidad
protegerles de la hostilidad de sus enemigos, sino también acreditar su predicación: "Estos tienen
poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las
aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran". Una
vez más las referencias al Antiguo Testamento resultan evidentes.
Estos testigos estarán capacitados para realizar tres clases de milagros o señales:
"Tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía". Esta mención
nos recuerda inmediatamente a Elías en los días del rey Acab (1 R 17:1) (Stg 5:17-18).
"Tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre". En este caso la referencia es a Moisés,
quien fue dotado de un poder semejante (Ex 7:17-19).
"Y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran". Y nuevamente recordamos las plagas
en Egipto que vinieron por medio del ministerio de Moisés.
Como vemos, este tipo de milagros fueron propios de épocas de gran hostilidad contra Dios y sus
siervos. Hemos recordado el ministerio de Moisés ante Faraón en Egipto y el de Elías ante Acab y su
malvada esposa Jezabel. Pero no encontramos nada parecido en el Nuevo Testamento durante el
ministerio de los apóstoles. Esto nos indica que en el futuro que describe el libro de Apocalipsis
habrá nuevamente enemigos muy poderosos, y será necesario este tipo de milagros para vencer su
resistencia. Eso no quiere decir, por supuesto, que no se predique la gracia y el amor de Dios, pero
tal mensaje es muy probable que apenas logre tener alguna influencia sobre las personas. Aunque
como ya hemos visto en otras ocasiones, tampoco los juicios de Dios logran conseguir el
arrepentimiento de los hombres. En todo caso, el mundo impío no podrá pasar por alto el testimonio
de estos dos testigos.
Por último, aunque el pasaje no nos revela la identidad de estos dos testigos, como hemos visto,
mucho de lo que se nos dice de ellos se corresponde con lo que en el pasado hicieron Moisés y Elías.
De hecho, como más arriba hemos señalado, Elías debería venir preparando a los israelitas para "el
día de Jehová, grande y terrible" (Mal 4:5-6), y el mismo Señor Jesucristo confirmó que así debía ser
(Mt 17:11). No obstante, esta última profecía, como muchas otras, tendría un doble cumplimiento:
Elías aparecería antes de la primera venida del Señor y también de la segunda. Ahora bien, todos
sabemos que el primer cumplimiento tuvo lugar con la venida de Juan el Bautista, quien según nos
dice la Palabra, vino "con el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1:17). El Señor confirmó que fue así (Mt
11:10-14) (Mr 9:11-13). Esto quiere decir que Elías y Juan el Bautista eran personas diferentes, pero
que compartían el mismo espíritu y poder. Y apreciamos que efectivamente fue así cuando
comparamos sus ministerios. Por lo tanto, no debemos pensar que estos dos testigos que
encontramos ahora en Apocalipsis han de ser Elías y Moisés que regresarán del cielo para llevar a
cabo esta misión y morir después, sino que serán otras personas diferentes que compartirán el
mismo espíritu y poder que ellos tenían. Y como estamos viendo, la obra que realizarán estos dos
nuevos testigos, guarda notables paralelismos con la de sus predecesores.