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Hazte La Vida Fácil

Este documento presenta un resumen de tres capítulos del libro "Hazte la vida fácil" de Christiane Northrup. En el primer capítulo, la autora comparte cómo descubrió su interés en lo espiritual desde una edad temprana. En el segundo capítulo, describe cómo integró estos conocimientos espirituales en su práctica médica a pesar de las limitaciones de la medicina convencional. El tercer capítulo explica que el libro pretende enseñar al lector a conectarse con su parte divina para guiarse a través de

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Hazte La Vida Fácil

Este documento presenta un resumen de tres capítulos del libro "Hazte la vida fácil" de Christiane Northrup. En el primer capítulo, la autora comparte cómo descubrió su interés en lo espiritual desde una edad temprana. En el segundo capítulo, describe cómo integró estos conocimientos espirituales en su práctica médica a pesar de las limitaciones de la medicina convencional. El tercer capítulo explica que el libro pretende enseñar al lector a conectarse con su parte divina para guiarse a través de

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HAZTE LA VIDA FÁCIL

Christiane Northrup

HAZTE LA VIDA FÁCIL


Guía sencilla para vivir una vida
divina e inspirada

URANO
Argentina – Chile – Colombia – España
Estados Unidos – México – Perú – Uruguay – Venezuela
Título original: Making Life Easy – A Simple Guide to a Divinely Inspired Life
Editor original: Hay House, Inc.
Traducción: Núria Martí Pérez

1.ª edición Octubre 2017

La presente obra contiene consejos e información relacionados con el cuidado de la salud física y
emocional. La información contenida en este libro en modo alguno puede sustituir el consejo de un
profesional de la medicina. Siempre se debe acudir a un facultativo antes de poner en práctica cualquier
programa o tratamiento. El uso que los lectores hagan de la información contenida en este libro es
responsabilidad de los mismos. Ni la autora ni la editorial asumen ninguna responsabilidad de las
consecuencias médicas por los actos emprendidos por los lectores.

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización


escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la
reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento,
incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de
ejemplares mediante alquiler o préstamo público.

Copyright © 2016 by Christiane Northrup. M. D.


All Rights Reserved
© 2017 de la traducción by Núria Martí Pérez
© 2017 by Ediciones Urano, S.A.U.
Aribau, 142, pral. – 09036 Barcelona
www.edicionesurano.com
ISBN: 978-84-16990-77-1
Fotocomposición: Ediciones Urano, S.A.U.
Para todos los que han tenido el valor de pensar por sí mismos y de vivir la
verdad que sienten en su corazón.
Índice
Introducción
1. Eres un ser divino viviendo en un cuerpo humano por un tiempo
2. Eres un ser eterno con un alma inmortal
3. Comunicándote con lo Divino
4. Aprende a interpretar los mensajes del universo
5. Pensamientos y sentimientos:
Los elementos básicos de tu realidad
6. El poder de dar y recibir
7. Una fe inquebrantable
8. Los reproches, la culpabilidad y la vulnerabilidad
9. Tu cuerpo, tu templo
10. Come saludablemente y cuida tu jardín interior
11. Cuida tu fuerza vital
12. El poder de la comunidad
Epílogo
Recursos
Agradecimientos
Sobre la autora
Introducción
Si has leído cualquiera de mis libros anteriores o seguido mis actividades,
probablemente pienses que soy una ginecóloga y obstetra con una formación
en medicina convencional, y una cirujana que lleva décadas ofreciéndoles a las
mujeres buenas alternativas a los fármacos y a las intervenciones quirúrgicas.
Pero también he ayudado a la gente a ver su salud y su cuerpo de una forma
más empoderada. Lo que quizá no sepas es que desde que era una adolescente
me ha fascinado el mundo de lo espiritual y lo metafísico: las fuerzas invisibles
que nos influyen profundamente. Aunque las conversaciones sobre los
ángeles, la reencarnación y los guías del Espíritu no sean corrientes en los
hospitales y en las clínicas donde he trabajado durante décadas, he llegado a la
conclusión de que vivir sin conocimientos espirituales, sobre todo cuando nos
enfrentamos al dolor o a una pérdida, es durísimo. A no ser que entendamos
que en este mundo existe algo superior que exige fe, acabaremos sintiéndonos
como víctimas indefensas a merced de fuerzas incontrolables. Empezaremos a
creer poco a poco que «la Vida es despiadada y perderemos las ganas de vivir».
Pero la vida no tiene por qué ser así. No tiene por qué ser tan dura como la
mayoría hacemos que sea. Todo cuanto necesitas es cambiar tu punto de vista,
verlo todo con una visión más amplia. Lo he sabido durante años —quizá
durante vidas enteras—, y por fin ha llegado el momento de compartir lo que
siempre he intuido, para hacerte la vida más llevadera. De esto es de lo que
trata el libro.
La esencia de todo cuanto aprenderás en estas páginas se resume en lo
siguiente: para hacerte la vida fácil, sintoniza con tu parte Divina. Déjate
guiar por ella. Lo cual no es lo mismo que esperar a que alguna clase de fuerza
divina externa te rescate de súbito de tus problemas. La cosa no funciona así.
Tienes que esforzarte para cambiar tu vida. Pero, cuando te alineas con la
voluntad de Dios, puedes mover montañas.
Buena parte de lo que te enseñaré en este libro no es lógico, y lo más
probable es que al hemisferio izquierdo de tu cerebro, que se rige por la
lógica, le cueste aceptar esta información como válida. Esta parte tuya
siempre quiere una prueba científica. Pero la vida no funciona así. Hemos
venido a este mundo para desarrollar la fe, la fe en lo que nuestros cinco
sentidos no pueden ver, tocar, oír o sentir, y en lo que el intelecto no puede
demostrar. Nos han enseñado a creer que los estudios controlados
aleatorizados de doble ciego nos mantendrán sanos y salvos y nos dirán lo que
debemos hacer. Pero aferrarnos a un modo de pensar lógico y lineal es lo que
nos está complicando la vida. Esperar a que alguna autoridad que no sea la de
nuestra conexión Divina nos diga lo que debemos hacer nos mantiene
atrapados en el victimismo y el sufrimiento.
Considera este libro como un manual para traer el cielo a la tierra. Cuando
aprendes a sintonizar con tu parte Divina, la vida se vuelve mucho más fácil.
Accedes a una guía interior que te lleva por el buen camino. Tomas las
decisiones que más te convienen. La vida empieza a fluir sin más y te sientes
feliz y lleno de paz.
Mi viaje relacionado con lo Divino empezó años atrás. Cuando tenía doce
años, mientras hacía de canguro para unos amigos de mi familia, abrí sin
permiso una cajita que llegó de correos. En la caja, procedente de un lugar
llamado Christward Ministry, figuraban las palabras Natives of Eternity. Llena
de curiosidad —de una curiosidad incontenible—, no pude evitar abrirla.
Sabía que estaba mal hecho, pero el deseo de descubrir lo que guardaba me
superó.
Dentro de la caja había un libro titulado Natives of Eternity de Flower A.
Newhouse, una mística cristiana. Trataba de ángeles. Y de espíritus de la
naturaleza. Y de deidades del viento, el agua y el aire. Contenía descripciones
e ilustraciones al óleo de los seres que se ocupaban de las plantas, del viento,
del nacimiento, de la muerte e incluso de la música.
Algo en él me llamó la atención. Ese libro confirmaba todo lo que yo
siempre había sabido. Me indicó que llevaba razón al creer que la vida era
mucho más de lo que se podía ver con los ojos y oír con los oídos. Me señaló
que el reino de los cielos está a nuestro alrededor, deseando ayudarnos con la
vida en la tierra. Cada una de sus páginas era increíble. El libro me enganchó
desde el principio.
Cuando volví a casa, le conté a mi madre lo del libro y que había estado
fisgoneando en la caja. Preocupada por mi indiscreción, pero contenta por mi
entusiasmo, llamó a Gretchen, que me había contratado como canguro. Lo
hizo para disculparse y conocer, a la vez, más detalles sobre el libro. Al poco
tiempo ya disponía de mi propio ejemplar, me lo regaló Gretchen, y ella
también me hizo otro regalo. Me sugirió que fuéramos a comer para charlar
de lo que yo había aprendido del libro. Gretchen había estado en el
Christward Ministry de California en muchas ocasiones y conocía a la
reverenda Newhouse. Así fue cómo Gretchen y yo empezamos a reunirnos
para pasar unos ratos deliciosos hablando de ángeles, de espíritus de la
naturaleza y de las maravillas de la vida.
Con cada reunión el reino de lo invisible me fue atrayendo más si cabe.
Empecé a leer cualquier libro que cayera en mis manos sobre este tema.
Descubrí la reencarnación y cómo nuestras luchas se habían estado repitiendo
en otras vidas pasadas a modo de lecciones, y no como castigos por haber
obrado «mal». Y que estaban concebidas para que evolucionáramos como
almas, llevando la luz a la oscuridad.
También aprendí lo de la naturaleza verdadera del yo, cómo nuestra
identidad está formada por el ego, el Espíritu y el alma. Somos un alma en un
cuerpo, pero la conexión que mantenemos con lo Divino siempre está ahí, a
nuestro alcance, dispuesta a guiarnos.
Aprendí el poder que tiene la mente para cambiar nuestro cuerpo y nuestra
vida. Que los pensamientos se manifiestan en resultados físicos. Que tenemos
el poder de insuflar el Espíritu a la materia.
Mis encuentros con Gretchen y mi exploración del mundo de lo invisible
continuó hasta que ingresé en la facultad de Medicina. Todo lo que había
aprendido en aquella época se consolidó en el profundo conocimiento interior
acerca de que la vida es mucho más profunda de lo que nos han hecho creer y
que el cuerpo, la mente y el Espíritu están conectados. Ninguna parte de
nuestro ser se curará del todo hasta que las otras partes también lo hagan.
Sin embargo, cuando ingresé en la facultad de Medicina no podía hablar
abiertamente de todo este conocimiento interior innato. Ni tampoco confiaba
en él por completo. Sí, en el fondo siempre he sabido que era cierto, pero a un
nivel superficial no es fácil ser fiel a estos principios cuando van en contra de
todo lo que vivimos en la vida cotidiana.
La medicina occidental convencional se basa en la mentalidad obsoleta del
antiguo modelo newtoniano de la causa y el efecto. Estamos expuestos a un
germen, por lo que enfermamos. Es una fórmula. No contiene magia alguna.
La medicina moderna se basa en las estadísticas y en las grandes poblaciones
para crear este tipo de fórmulas, y nos trata según la demografía y la
«mentalidad gregaria». Si estás en la cincuentena, necesitas una colonoscopia,
porque es la edad en la que el colon empieza a deteriorarse. Ve el cuerpo
como una máquina que no está ligada a los pensamientos, las emociones o el
Espíritu de uno. Si la mantenemos en buen estado, funcionará hasta que deje
de hacerlo. Porque, como somos máquinas, nos estropearemos un día. Y no
hay nada que podamos hacer al respecto.
Es la idea que me inculcaron en la facultad de Medicina, durante la
residencia médica y al inicio de mi carrera. Intuía que esta idea era falsa, pero
no era fácil argumentarla cuando me sentía agotada y baldada por estar
estudiando y trabajando sin descanso.
Pero, con el tiempo, ya no pude seguir ignorando la vocación que sentía en
el fondo de mi ser. Si quería tener la conciencia tranquila, me resultaba
imposible seguir enmascarando los síntomas con medicamentos o cirugías.
Quería una mejor solución para mis pacientes. Tenía que recuperar lo que
siempre había sabido: ninguna parte de nuestro ser se curará del todo hasta
que todas las otras también lo hagan. El Espíritu, la mente y el cuerpo no se
pueden separar.
Si quieres estar sano en tu cuerpo físico, tienes que ocuparte también de tu
salud emocional y espiritual. Así, cada parte de tu vida empezará a fluir con
agilidad y naturalidad. Este libro no trata más que de esto, de hacerte la vida
más fácil.
En estas páginas descubrirás que el Espíritu, la mente y el cuerpo están
conectados y que al ocuparte de una parte de tu ser te estás ocupando también
de las otras. Te enseñaré, por medio de ejercicios sencillos y consejos
prácticos, a estar de lo más sano físicamente, no solo llevando una dieta
saludable y haciendo ejercicio con regularidad —aunque esto también es
importante—, sino además escuchando la voz de tu Alma y aprovechando la
guía Divina.
Tienes el poder de hacer que tu vida fluya a todos los niveles. El secreto
para traer tu cielo personal a la tierra es dejar que tu Espíritu te guíe. Así,
sabrás crear la vida que quieres. Pero si crees que careces de poder, que tus
problemas vienen de la mala suerte, de la mala genética o de haber nacido en
la familia inadecuada, a la larga la vida no te irá demasiado bien.
Aplicar el mensaje de este libro es fácil y sencillo. El único problema es que
el ego quiere llevar las riendas en lugar de dejar que sea la parte Divina de tu
ser la que lo haga. Pero esto es lo que el libro te enseñará. Exige un poco de
disciplina y concentración. Sin embargo, cuando lo consigas no te imaginas lo
maravilloso que será para ti.
1
Eres un ser divino viviendo
en un cuerpo humano por un tiempo
El cuerpo humano es la mejor imagen del alma humana.

LUDWIG WITTGENSTEIN

En la adolescencia leía cualquier libro de Edgar Cayce que cayera en mis


manos. Cayce, al que ahora se consideraría un médico intuitivo, era conocido
como el Profeta Durmiente por entrar de repente en trance y adivinar el
nombre y la dirección del paciente, diagnosticándole la dolencia que padecía y
sugiriéndole el tratamiento adecuado, y esto sucedía casi siempre después de
que todas las otras alternativas hubieran fracasado. Cayce nació en una granja
de Kentucky en 1877 y carecía de conocimiento alguno sobre medicina o
anatomía, por lo que no era el candidato más adecuado para dar consejos
médicos. Solo había hecho el bachillerato, y la Biblia era el único libro que
había leído. Trabajaba de fotógrafo. Pero a los veinticuatro años perdió la voz.
Intentó recuperarla con distintos especialistas, pero al ser todo en vano
decidió probar la hipnosis como último recurso, que en aquella época se
estaba volviendo popular. Cayce describió bajo hipnosis lo que les ocurría a
sus cuerdas vocales y cómo curar su dolencia. Y, al despertar, recuperó la voz.
Cayce y su familia se quedaron pasmados. La noticia de la curación se
propagó como la pólvora, y al poco tiempo Cayce ya estaba ayudando con sus
diagnósticos y poderes curativos a miles de pacientes a recuperar la salud.
En 1923 Cayce pasó de dar solo consejos médicos a responder preguntas de
mayor calado, como: «¿Cuál es el sentido de la vida?», «¿Cuál es la verdadera
naturaleza de los seres humanos?» y «¿Por qué hemos venido a este mundo?»
Las respuestas se basaban en varios miles de «lecturas de vidas», es decir, la
información recibida sobre las vidas pasadas de distintas personas. Cuando le
pidieron que contara con más detalle de dónde obtenía toda su información,
dio dos fuentes. Una era el inconsciente o el subconsciente de la persona a la
que le estuviera leyendo la mente en ese momento. Y la otra, lo que Carl Jung
llamaba el Inconsciente Colectivo, o los Archivos Akásicos. Las reflexiones de
Cayce sobre la vida y la muerte le llevaron a extraer poderosas conclusiones
sobre la salud física:
El Espíritu es Vida
La Mente es la Constructora
Lo Físico es el Resultado

La cita de Cayce me llegó al alma y esta verdad siempre me ha estado


guiando, mientras estudiaba medicina, hacía la residencia médica, ejercía
como doctora y, más adelante, en la vida. Entré en la facultad de Medicina
sabiendo que las enfermedades no salen simplemente del armario y se
abalanzan sobre nosotros. Hay en juego fuerzas mucho mayores. Fuerzas
Divinas. Saberlo condicionó totalmente mi forma de tratar a los pacientes que
venían a verme por problemas de salud y también mi forma de vivir la vida. Si
no somos conscientes de estas fuerzas —fuerzas que el intelecto no llega a
penetrar—, la vida en este planeta puede transformarse fácilmente en un
espantoso infierno en el que estemos siempre preocupados por nuestra salud.
Y también en una lucha constante para que el cuerpo «se comporte» como es
debido. Un infierno en el que acabamos creyendo que no podemos confiar en
el cuerpo, que somos en cualquier sentido vulnerables a todo lo que «ocurre»,
y que tenemos que estar haciéndonos controles médicos constantemente —y
tomando medicinas— para conservar la salud. Y que la muerte siempre es un
fracaso.
Esta mentalidad basada en el miedo nos lleva a tener grandes dudas y
frustraciones en otros aspectos de la vida. No aceptar el poder de lo Divino
hace que nos quedemos atrapados en situaciones dolorosas que van en contra
de todo aquello en lo que creemos. En trabajos que detestamos. En relaciones
que nos amargan la vida en lugar de hacérnosla más agradable. Nos sentimos
perdidos, sin saber por dónde tirar.
Pero siempre hay otra alternativa. Una mucho mejor. Cuando somos
conscientes de nuestra parte Divina —de Dios viniendo a nosotros a través
nuestro—, ya es otro cantar. La vida nos funciona. Si fluimos y cocreamos
con lo Divino —nuestra Alma y nuestro Espíritu—, la misma vida se
convierte en la aventura fabulosa y apasionante de traer al Espíritu a lo
material y revelarlo en nuestro cuerpo físico, sabiendo que no somos el
cuerpo. Dejamos de ser víctimas ignorantes de nuestras circunstancias. ¡Nos
convertimos en participantes poderosos en el juego de la vida! Creamos vidas
plenas, felices, saludables, dichosas y radiantes. Somos conscientes de estar
encarnados en un cuerpo sabiendo que en el fondo somos inmortales e
ilimitados.
¿Cómo se aplica esto a nuestra vida? ¿A qué me refiero al decir que «la vida
nos funciona»? Pues a que llevamos una vida consistente en todos los
sentidos, en el físico, el emocional y el espiritual.
A nivel físico y emocional, cuando vivimos desde esta perspectiva sabemos
que los síntomas físicos y las emociones que nos hacen sufrir son señales del
Alma. Están intentando llamarnos la atención, pedirnos que miremos en
nuestro interior para ver lo que está realmente ocurriendo. Son el secreto para
llevar una vida más plena y significativa, y ¡no un «castigo» por haber obrado
mal en el pasado!
A nivel espiritual, cuando la vida nos funciona, tomamos decisiones
acertadas tanto mental como físicamente. Al estar en contacto con nuestra
esencia verdadera, nos dejamos llevar por lo que nos apasiona e irradiamos
amor y luz a cualquier persona y situación que surja en nuestro camino. El
trabajo, las amistades, las actividades…, todo nos lleva a un nivel más elevado
y nos permite vivir una vida extraordinaria.
Cuando la vida nos funciona sin más, vivimos más años. El cuerpo y la
mente funcionan mejor. Estamos sanos y somos felices. Vemos lo que es
importante de verdad en la vida para vivir sin tener que arrepentirnos de nada.

Del miedo a la fe: el secreto para hacerte la vida fácil


En nuestra búsqueda de la felicidad y la salud llevamos mucho tiempo
ignorando la unidad del cuerpo, la mente y el Espíritu. Recurrimos a la
medicina occidental para estar sanos, la cual se basa en un modelo
reduccionista y obsoleto que trata los síntomas como algo negativo,
enmascarándolos con medicamentos o, a veces, con cirugías. Esta actitud se
aprecia en las estadísticas alarmantes sobre la prescripción de fármacos en
Estados Unidos. Investigadores de la Mayo Clinic han descubierto que el 70
por ciento de estadounidenses toman por lo menos un medicamento recetado,
y muchos, más de uno. Los más recetados son los antibióticos, los analgésicos
opioides y los antidepresivos. El sistema de creencias según el cual «la vida
mejora con los fármacos» está tan arraigado en nuestra cultura que, cuando
personas como mi madre, de noventa años, o como Gladis, una doctora
amiga mía de noventa y cinco, van al médico, ¡el personal no se puede creer
que no tomen ningún medicamento! Están seguros de que debe de ser un
error. Cuando a la mayoría de la población le recetan medicamentos, salta a la
vista que hay algo que va muy mal en nuestra sociedad. Medicar los síntomas
por sistema es como tapar con cinta adhesiva las luces indicadoras del
salpicadero de tu coche en lugar de levantar el capó para ver qué es lo que el
motor te está diciendo que necesita.
Cuando aceptamos que tanto nuestros pensamientos, creencias y
circunstancias como lo que nuestra alma ha planeado para nosotros influye
enormemente en nuestra salud física y mental, vemos el poder de cada pieza
del rompecabezas descrita por Edgar Cayce: el Espíritu, la mente y el cuerpo.
Fluir con el inmenso poder de lo Divino es como tener prácticamente las
llaves de nuestro propio reino.
Entender plenamente la relación entre cuerpo, mente y Espíritu es ver que
forman una unidad. Estas partes de nuestro ser se influyen unas a otras, y,
cuando intentamos mejorar una, las otras están más sanas y se sienten mejor.
No podemos fijarnos solo en la salud física. O en la salud mental. O en la
salud espiritual. Debemos ocuparnos de todas. Para vivir plenamente, estar
sanos y ser felices, debemos llevar cada parte de nuestro ser a su estado más
elevado.

El Espíritu es Vida
Vamos a analizar la primera pieza de la filosofía de Cayce: El Espíritu es Vida.
A mi entender, se refiere tanto al Alma como al Espíritu. Aunque estos dos
términos se suelan usar indistintamente, son en realidad dos aspectos muy
diferentes de lo Divino, pero ambos forman parte de tu esencia Divina. El
cuerpo físico no es más que una pequeña parte de la inmensidad de quien
eres, como una gota de agua en el océano. El Alma habita el cuerpo y está
conectada con el Espíritu. El Espíritu, en cambio —o lo que algunos llaman
el ser interior o el yo superior—, vive fuera del reino material. Conectar con lo
Divino es conectar con nuestra parte más elevada. Todos formamos parte de
Dios. Le llamemos como le llamemos: Poder Superior, Buda, Dios, Jesús,
Alá, la Diosa o el Gran Espíritu. Depende de cada uno. No hay solo un
nombre «correcto». Independientemente del nombre que le des, para acceder
a tu parte Divina tienes que elevar tu vibración y empezar a recordarla y a
comunicarte directamente con ella. Pero sin complicarlo demasiado. Sé
simplemente consciente de formar parte de Dios.
El Espíritu es para mí como la parte iluminada de nuestro ser que «siempre
está en la luz», la parte inmaterial que no se encuentra en el cuerpo, sino
vibrando en un estado más elevado. El Espíritu lo sabe todo y lo ve todo. Es
crucial conocer esta parte de nuestro ser. El Espíritu lo observa todo desde
arriba sin meterse en los berenjenales de la vida; nos ofrece percepciones
interiores, pero sin participar en el dolor y el sufrimiento que conlleva vivir en
un cuerpo humano.
El Alma, en cambio, está encarnada en un cuerpo. Se encuentra abajo, en la
tierra, y en nuestro interior. El Alma nos lleva al interior del cuerpo y nuestro
cuerpo está allí donde se realiza la tarea del Alma. El Alma nos habla a través
del cuerpo. Y nosotros aprendemos sus lecciones por medio de él de muchas
formas, como el sufrimiento y la enfermedad. Estas vivencias no son un
castigo por haber obrado mal, sino las oportunidades que nos ofrece el Alma.
El Alma es la intermediaria entre el Espíritu y el ego.
El ego es responsable de nuestra voluntad personal, es la parte de nuestro
ser que debemos desarrollar lo bastante como para levantarnos cada mañana y
realizar las tareas que nos asignan, o para despegarnos de la silla e ir a hacer
ejercicio. Sin la voluntad personal, no llegaríamos nunca a hacer nada valioso
en la vida. Y, aunque es innegable que debemos desarrollar esta parte de
nuestro ser, tenemos que hacerlo con cautela. El desarrollo de la voluntad
personal juega un papel muy importante en por qué hemos nacido en este
mundo. Sin embargo, nuestra voluntad debe fluir con la voluntad de lo
Divino, los planes del Alma ya estaban decididos antes de nuestro
nacimiento.
Alinear el Espíritu, el Alma y el ego es uno de los secretos para crear una
vida que funciona. Si sabes trabajar adecuadamente en tu Alma y tu Espíritu
en el plano terrenal, controlarás los pensamientos y las emociones que pueden
llevarte a tu propio cielo o a tu infierno personal.

La mente es la constructora
«Todos los impulsos mentales tienden a manifestarse en su equivalente
físico.» Esta cita procede de Napoleon Hill, que escribió Piense y hágase rico,
un clásico en su género, publicado en 1937. Y también explica aquello a lo
que Cayce se refería al decir: «La mente es la constructora». Los
pensamientos que albergamos acaban, con el tiempo, afectando enormemente
todos los aspectos de nuestra vida. La calidad de nuestros pensamientos crea
la calidad de la vida que vivimos.
Todos entendemos que los pensamientos y las emociones pueden hacernos
sentir fatal, pero hemos aprendido que también afectan la salud del cuerpo.
Cada pensamiento acarrea una emoción, y cada emoción produce una distinta
bioquímica en el cuerpo. Los pensamientos alentadores, amorosos y positivos
nos hacen sentir bien, por lo que nos suben las defensas y bajan los niveles de
hormonas del estrés que nos desgastan físicamente. Y los pensamientos de
venganza, tristeza o rabia nos hacen sentir mal. Van ligados a la larga a
sustancias bioquímicas que provocan inflamación celular en el cuerpo, el
origen de la mayoría de las enfermedades degenerativas. Es bastante sencillo
de entender.
Pero no solo afectan al funcionamiento hormonal. Un pensamiento
recurrente se convierte en una creencia. Y las creencias acaban convirtiéndose
en nuestra biología. Nuestras creencias tienen el poder de afectar nuestra
expresión genética. Los cambios biológicos y neuroquímicos del cuerpo
asociados a esas creencias determinan cuáles serán los genes que se expresarán
y los que seguirán latentes. Tenemos más control sobre nuestra propia
biología del que nos han hecho creer.
Muchos expertos han documentado exhaustivamente la relación entre los
pensamientos, las emociones, las creencias y la biología de uno. Como el
doctor Bruce Lipton en su libro La biología de la creencia, y como el doctor
Mario Martinez en su obra The MindBody Code, donde también describe los
efectos biológicos demoledores de la humillación, el abandono y la traición.
Lo esencial es que, en lo que atañe a los pensamientos, siempre podemos
elegir el que nos haga sentir mejor. Y esto es más fácil de hacer cuando
fluimos con nuestro Espíritu y nuestra alma. Cuando decides tener
pensamientos que están en armonía con tu naturaleza verdadera, en lugar de
estar basados en el miedo, siempre estás eligiendo la opción más
empoderadora. Y, como los pensamientos, las emociones y la biología están
muy unidos, es vital adquirir esta habilidad.

Lo físico es el resultado
Nuestras creencias y pensamientos crean nuestro cuerpo, al margen de si están
alineados o no con el Espíritu. Pero fijarnos en nuestros pensamientos no
basta para crear un cuerpo físico que nos permita hacernos la vida fácil. No
basta con tener una práctica espiritual o incluso con conocer a fondo nuestra
Alma y nuestro Espíritu. Para progresar de verdad debemos fijarnos también
en nuestro cuerpo, cuidarlo y satisfacer sus necesidades. Por más que recemos
o que meditemos, necesitamos comer de todos modos. Y para crear el mejor
cuerpo que nos haga la vida fácil debemos saber cómo ejercitarlo, descansar e
hidratarnos. Métodos sencillos para hacer actividad física y comer
saludablemente nos ayudan a conservar los tejidos del organismo y del cerebro
en buen estado.
El cuerpo, al igual que los otros aspectos que nos hacen la vida más fácil, no
solo está estrechamente ligado a nuestra vitalidad, sino también a la misma
fuente creadora del universo que nos sustenta.

Trabajar en el cuerpo, la mente y el Espíritu


Durante años me han fascinado las experiencias cercanas a la muerte y la
información sobre el cielo procedentes de quienes las han vivido. También me
han impactado las recuperaciones físicas milagrosas que siguieron a
experiencias cercanas a la muerte y a enfermedades que deberían haber sido
mortales. Estas recuperaciones se dan al conectar con lo Divino y acceder a la
información necesaria para volver a la vida y recuperar la salud. Pero no hace
falta ver la muerte de cerca para alcanzar la verdad sobre nuestra Alma y
nuestra conexión con lo Divino. Es posible conseguirlo mientras estamos en
este mundo.
Por esa razón he escrito este libro. Te enseñaré a trabajar en todas las partes
de tu ser —cuerpo, Alma, mente y Espíritu— para que crees tu propio cielo
en la tierra, disfrutes de verdad de la vida y la vivas al máximo. Es decir, te
ayudaré a hacerte la vida más fácil en todos los sentidos. A partir de ahora.
2
Eres un ser eterno
con un alma inmortal
Somos viajeros en un viaje cósmico, polvo de estrellas que gira y baila en
los inagotables remolinos del infinito. La vida es eterna… Nos hemos
detenido un momento para encontrarnos, conocernos, amarnos,
compartir. Es un momento precioso, aunque transitorio. Un pequeño
paréntesis en la eternidad.

DEEPAK CHOPRA

Lo primero que necesitas saber si quieres hacerte la vida fácil de verdad es que
tú eres mucho más que un cuerpo. Eres, en realidad, un Alma que ha vivido
muchas vidas y que vivirá muchas más. Te has estado reencarnando una y otra
vez para aprender a traer al Espíritu a la materia. Tu parte Divina con una
vibración elevada está aprendiendo a bailar en el lodo al haber entrado en la
sustancia más densa del universo: la materia. La meta principal es convertirte
en un cocreador Divino en esta tierra. Tu Alma es la que establece el camino
para conseguirlo y llevarte más cerca de la Fuente. Cada vida vivida nos
enseña lecciones nuevas para que aprendamos a unirnos con nuestra parte
Divina, que es Dios. Todos acabamos al final alcanzando la meta de la
iluminación, pero existen distintos niveles de conciencia actuando en la tierra.
Entender del todo que somos inmortales y que nuestra experiencia actual
no es más que una continuación para nuestra Alma nos permite captar mejor
lo que es necesario para hacernos la vida fácil. Nos ayuda a comprender por
qué afrontamos ciertos retos y qué podemos hacer para superarlos. También
hace que nos abramos para conectar con el camino del Alma y ver qué es lo
que nos permitirá progresar en nuestro viaje a la iluminación, y a la unión con
Dios. Estas dos cosas nos ayudan a estar sanos y serenos en esta vida actual.

Este no es tu primer rodeo


Empezaré con la reencarnación, porque cuando aceptamos su existencia
nuestra vida mejora en todos los sentidos.
Muchas personas han cuestionado la reencarnación, pero hay tantos
ejemplos extraordinarios de su existencia que cada vez es más difícil negarla.
La hija mayor de una amiga mía murió en un incendio a los ocho años. Al
cabo de varios años, mi amiga tuvo otra hija. Cuando la niña aprendió a
hablar, le dijo: «Soy Kayla y morí en un incendio. Ahora he vuelto». Madres
que sufrieron abortos han oído frases parecidas de boca de sus hijos: «Cuando
vine para nacer contigo y con papá no era el momento, pero ahora sí lo es».
Hay montones de historias de niños que recuerdan sus vidas pasadas.
Lo importante sobre la reencarnación, a nivel emocional, es que nos ayuda a
entender, afrontar y resolver las situaciones difíciles de esta vida, como los
retos que tienen que ver con la posición social, la familia, la muerte de seres
queridos y la salud. Tu Alma ha elegido cada una de esas circunstancias de tu
vida para ayudarte a avanzar hacia la iluminación.
Todos hemos vivido miles de vidas. Y las personas que te rodean han estado
contigo en otras existencias, sobre todo los miembros de tu familia, que
suelen ser los que nos plantean los mayores retos. Mi amiga, la doctora
Gladys McGarey, lleva mucho tiempo dando a conocer la reencarnación y la
labor de Edgar Cayce. En una ocasión en la que dos de sus hijos se estaban
peleando, les dijo: «Recordad que ambos habéis elegido esta familia». A lo
que uno de ellos repuso apuntando con el dedo a su hermano: «Sí, pero ¡no
sabía que ÉL iba a estar aquí!»
Entender los retos y las situaciones dolorosas que estás viviendo —sobre
todo aquellos que el intelecto no llega a comprender— no hará que dejes de
sufrir, pero les dará un sentido, ayudándote a afrontarlos con más serenidad.
Una vez oí a un maestro budista enseñar que hay una legión de Almas
haciendo cola para gozar del privilegio de nacer reencarnadas en un cuerpo en
la tierra. No existe otro lugar en el universo en el que se dé un escenario tan
profundo para el «Espíritu entrando en la materia» donde podamos practicar
el llevar la luz a la oscuridad. Imagínate una cola larguísima de Almas
esperando anhelantes vivir lo que tú estás viviendo en este mundo. Por más
doloroso que sea. Para hacerte la vida fácil, no olvides que vivir en un cuerpo
en la tierra, aunque estés enfermo o tengas a tu cargo a alguien que ha
perdido la salud, no es una especie de castigo que un Dios enjuiciador
separado de ti te ha impuesto por haber obrado mal. Esta forma de verlo es
un gran error.
Las situaciones desgarradoras, como la muerte de un bebé justo antes de su
nacimiento, un cáncer infantil o la pérdida de un padre o una madre en la
niñez, son sumamente traumáticas cuando no tienen ningún sentido. Pero, al
darles un significado profundo, transformamos mucho mejor el dolor y la
tristeza de las pérdidas inevitables que forman parte de la condición humana.
Si no intentas encontrarles un sentido, te pasarás la vida flagelándote lleno de
rabia y de reproches. Por ejemplo, hace poco, mientras visitaba el lugar donde
viví de pequeña, fui a ver el cementerio donde la familia Northrup está
enterrada, y oí una historia sobre un familiar mío que murió a una edad muy
temprana a inicios del siglo XX. Ese niño era el único hijo de uno de mis
antepasados y había muerto cuando solo tenía un año. Su padre se pasó el
resto de su vida culpando a Dios de esta pérdida. Nunca la superó.
Nuestro corazón y nuestra mente no pueden darle un sentido a esta clase de
pérdidas a no ser que les pidamos a nuestra Alma y a Dios que nos ayuden a
ver más allá de la situación. De lo contrario, acabaremos creyendo que nuestro
destino depende de la buena o la mala suerte que tengamos en la vida. Y esta
actitud, francamente, hace que la vida en esta tierra sea un verdadero infierno.
Si no vemos las cosas desde una perspectiva más amplia, no aprenderemos las
lecciones que se supone que debíamos aprender en esta vida, y entonces
tendremos que volver a reencarnarnos para aprenderlas, lo único que la
próxima vez serán más duras.
Cualquier cosa que afrontes tiene una razón de ser. Tu Alma te está
mostrando el trabajo emocional que necesitas realizar para traer la luz a tus
aspectos oscuros. Has venido a este mundo para aprender a vivir en la tierra y
elevar tu vibración. Y, si no le pides ayuda a lo Divino (a Dios), no lo
conseguirás. No le encontrarás un sentido a la vida.

Encontrar consuelo
Entender que somos Almas en lugar de cuerpos le da un sentido distinto a la
muerte de un ser querido. Cuando hacía mi residencia en la especialidad de
Ginecología y Obstetricia en Boston, recibí una llamada telefónica que hizo
que el mundo se me viniera abajo. Cindy, mi hermana pequeña, había muerto
en un accidente de tráfico de vuelta a casa, después de dar una clase de
educación física en Buffalo, Nueva York.
Cyndy tenía 23 años y se acababa de sacar el título de Educación Física en
la Universidad de Alaska. Era un espíritu libre que había estudiado en tres
universidades distintas sin preocuparle en lo más mínimo la mala impresión
que esto causaría en su currículum. Después de hacer con ella el viaje por
Europa con el que llevábamos soñando durante tanto tiempo, yo ingresé en la
facultad de Medicina y Cindy volvió a Alaska para trabajar en la construcción
del famoso oleoducto Trans-Alaska. Vivía en la caja de embalaje de un
buldócer adaptada como cabaña. Nos alegraba la vida contándonos historias
de cómo se deslizaba por las tuberías recién construidas de los oleoductos
echada en uno de esos carritos equipados con ruedas que los mecánicos usan
para reparar la parte baja de los coches, con la música de Pink Floyd
retumbando a todo volumen por los altavoces colgados a ambas bocas del
conducto. Era un ser muy luminoso y divertido, su muerte nos dejó
consternados a todos.
Al poco tiempo de la muerte de Cindy, mi madre se encontraba en el
aparcamiento de una iglesia espiritista de la amiga de una amiga. Tal como
ella lo cuenta, apenas sabe cómo acabó allí. Cuando asistió al oficio religioso,
la pastora, que se comunicaba con los espíritus, dijo desde el altar: «Hay
alguien aquí cuyo nombre empieza por C. Quiere decirle a su madre que está
bien. Y que su abuela estuvo con ella en el coche». (La madre de mi madre —
mi abuela— había fallecido de un infarto mientras sacaba con una pala la
nieve de la entrada de la casa nueve meses antes de la muerte de mi hermana.)
Mi madre se sintió tan aliviada por esta afirmación que le pidió a Margarete
Haney, la pastora de la iglesia, que fuera a su casa para hacer una sesión de
espiritismo. En aquella época yo estaba en Boston, pero mi hermana Penny
vio a la señora Haney entrando en trance con las facciones y la voz totalmente
transfiguradas. Se puso a hablar con voz masculina. Se presentó como el
doctor Andre y él nos habló de la muerte de mi hermana. Nos dijo que no
había sufrido y que no estaba sola cuando murió. También nos comunicó que
ahora estaba a salvo y feliz en el más allá. Mi familia grabó la sesión y nunca
olvidaré lo que sentí al escucharla. No cabe duda de que el cuerpo de la señora
Haney fue poseído por el Alma de un ser llamado doctor Andre con el fin de
enseñar y curar a la gente. El doctor Andre nos ayudó a superar la pérdida de
mi hermana y a ver que en realidad no había muerto, solo había abandonado
su cuerpo.

Sentir la presencia del pasado


Aceptar la existencia de la reencarnación no solo nos ayuda a afrontar el dolor
y las pérdidas, sino también a darle un sentido a las cosas inexplicables que
nos pasan en esta vida. Por ejemplo, cuando se publicó la primera edición de
mi primer libro Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer, solía despertarme gritando
en mitad de la noche, sin duda había alguien en mi casa que quería matarme
con una pistola. Mis hijas pueden dar fe de ello. Estaban aterradas. Pero no
tanto como yo. Acabé concluyendo —probablemente como muchas lectoras
— que en más de una ocasión me habían quemado viva en una hoguera,
acusándome de bruja. Por suerte, en esta vida no me han matado por mi
enfoque holístico de la salud femenina, aunque he tenido mis escaramuzas
con figuras de autoridad en mi profesión. La mayoría de las cuales fueron
también mis inquisidores en el pasado.
He hablado con innumerables mujeres que habían sentido un «miedo
irracional» al decir lo que pensaban ante figuras de autoridad. A veces
bromeamos sobre todas las formas en las que hemos sido silenciadas. Y no es
una fantasía. Después de todo, nueve millones de curanderas y comadronas —
y también los hombres que las apoyaban y los que eran sanadores— fueron
quemadas vivas en la hoguera en la primera década del siglo XV, después de
que dos inquisidores publicaran en la Edad Media el Malleus Maleficarum (en
latín, El martillo de las brujas), un texto infame que señalaba quiénes ejercían
la brujería. Y, por lo que sé, se trataba de cualquier mujer (u hombre) que
usara las propiedades curativas de la tierra o su propio don para curar a la
gente.
¿Cómo hace irrupción el pasado en el presente? El famoso biólogo
británico Rupert Sheldrake habla de un «campo mórfico» de energía e
información más allá del tiempo y el espacio. En este espacio queda registrado
todo cuanto ha ocurrido en el planeta. A veces esta información se manifiesta
en nuestra vida como miedos, ansiedad o incluso enfermedades. Por suerte, si
eres capaz de reconocer la influencia del pasado, los síntomas que estás
experimentando pueden llevarte a la curación y a la limpieza del campo
mórfico.
Hace muchos años mi madre sufrió un dolor abdominal intermitente. En
lugar de ir al médico —intuía que de nada le serviría—, sintió que debía
cruzar el país en coche para visitar a mi hermana. Necesitaba hacer ese
peregrinaje, aunque no sabía por qué razón.
Mientras conducía, el dolor de estómago fue aumentando de intensidad.
En un momento dado, le dolía tanto que tuvo que detenerse en la cuneta para
acuclillarse. Incluso creyó haber escupido sangre. Pero descubrió que no era
así. Y de súbito —retrocediendo en el tiempo— tuvo una visión tan real que
parecía que le estuviera ocurriendo en ese momento. Era una vikinga
empuñando una espada. Y se la clavó a una mujer embarazada en el vientre,
matando al bebé y a la madre a la vez. En ese momento —del presente— se
dio cuenta de estar viviendo tanto la experiencia de la perpetradora (la
vikinga) como de la mujer a la que ella había matado con la espada. Se la
había clavado precisamente en el lugar que ahora tanto le dolía. Lo que había
hecho, cuando era una vikinga, le perturbó muchísimo.
El sentimiento de culpa y los remordimientos siguieron torturándole. Al
llegar a la casa de mi hermana, hizo un ritual con un chamán del lugar.
Escribió en un papel todo lo que se le ocurrió sobre el incidente. Y luego, en
una noche de luna llena, lo quemó hasta reducirlo a cenizas. Después durmió
muchas horas de un tirón. Cuando despertó, el dolor abdominal y la pena que
sentía habían desaparecido. De algún modo había «limpiado» la energía del
pasado, purificando una parte de su karma. Mi madre me dijo que sabía, sin
la menor duda, que si no se hubiera permitido experimentar todo ese proceso,
desde el principio hasta el final, habría acabado desarrollando una dolencia
gastrointestinal mortal. Estoy segura de que tiene razón.
Curiosamente, mientras cruzaba el país de camino de vuelta a casa, se
detuvo para ir a ver a un pariente. Durante la visita, él la llevó a su dormitorio
y le dijo que quería darle algo. Le regaló una estatua de casi un metro de
altura. Era de un vikingo. Con una espada.

Limpiando el campo mórfico del pasado


En los círculos médicos convencionales nunca se ha escrito sobre esta clase de
historias. Sin embargo, con el paso de los años he aprendido que la salud, las
enfermedades, los traumas y las recuperaciones son mucho más misteriosos de
lo que nos han hecho creer. Si crees que lo único que nos hace enfermar son
los gérmenes o las lesiones, recapacita. El campo mórfico es una atracción
magnética. Es la ley de la atracción en la que lo similar atrae a lo similar. O la
de «Dios los cría y ellos se juntan». Es una ley universal constante, y en
nuestra vida seguirán dándose las mismas circunstancias una y otra vez hasta
que las transformemos por medio del amor y la comprensión. Solo entonces el
campo mórfico cambia, al igual que el punto de atracción.
Para hacerte la vida más fácil es esencial cerrar las heridas del pasado, tanto
si has sido la víctima como el verdugo (porque todos hemos sido ambas
cosas). Las enfermedades y las sensaciones inexplicables no se pueden tomar a
la ligera. Pueden ser señales del Alma indicándonos que ha llegado el
momento de curarlas. El Alma siempre está intentando sanar nuestros
patrones negativos, de ahí que los saque a la luz para que los liberemos y
abandonemos. Algunas veces lo hacemos tomando una decisión en un
determinado momento, y otras dedicándonos a aquello que vinimos a hacer
en este mundo. En una ocasión fui a ver a una mujer que ayudaba a la gente a
curarse y a lidiar mejor con los problemas de la vida combinando la
numerología, la astrología y un sistema místico hebreo conocido como cábala.
Mientras le contaba lo maravilloso que era el cirujano pélvico que iba a
extirparme un fibroma del útero —yo había mandado a muchas de mis
pacientes a verle y él había hecho todo lo posible por curarles los órganos
pélvicos en lugar de extirpárselos—, me dijo: «Me pregunto qué le habrá
hecho él a las pelvis en una vida pasada». Se estaba refiriendo a que su
sorprendente dedicación en esta vida a la salud de los órganos pélvicos
femeninos era para reparar o contrarrestar lo que habría hecho en el pasado.
Considerar que los problemas de nuestra vida actual vienen de lo que
hicimos en nuestras vidas pasadas es un gran paso para muchas personas, pero
esta idea se está aceptando cada vez más. Durante muchos años la han estado
viendo como una posibilidad, pero no han compartido la información por
miedo a que les tacharan de locos. Recuerdo que hace años leí los relatos del
doctor Raymond Moody sobre niños que habían vivido experiencias cercanas
a la muerte. Muchos adquirieron facultades extraordinarias, como una
memoria fotográfica prodigiosa o la capacidad de componer música
extraordinaria. O un vínculo de por vida con un espíritu que les guiaba. Sin
embargo, la mayoría de las veces, cuando compartían lo que les había
ocurrido, les decían que «se lo estaban imaginando». Por lo que decidían dejar
de compartir sus vivencias y guardárselas para ellos. En nuestra cultura se han
perdido muchas experiencias maravillosas por creer solo en lo que se puede
ver con los ojos y percibir con los cinco sentidos.
Pero, tarde o temprano —y espero que sea pronto en lugar de en un futuro
lejano—, todos veremos que nuestra Alma siempre ha sido la que nos ha
estado guiando divinamente. El Alma es una fuerza mayor que la del
intelecto. Tanto si la llamamos una guía interior como un presentimiento o
una sensación que nos pone la carne de gallina, sea cual sea el nombre que le
demos, debemos recurrir a ella para que nos guíe y ayude. Hemos nacido con
esta guía interior y siempre estará ahí, dirigiéndonos para que alcancemos lo
que nuestra Alma vino a alcanzar en este mundo. La llamemos como la
llamemos, hay unas formas muy concretas con las que podemos aprender a
trabajar con esta voz del Alma.

LAS REGRESIONES A VIDAS PASADAS

Una de las herramientas más poderosas que he descubierto para conectar con las experiencias
de vidas pasadas y sanar la vida actual es la de las regresiones. Si lo deseas, puedes hacerlas
por tu cuenta con audios concebidos para este fin, como los del famoso terapeuta Brian Weiss,
un psiquiatra que estudió en Harvard, experto en este tipo de regresiones. También se han
publicado muchos buenos libros sobre el tema, como los del doctor Weiss. David Wells, de
Portsmouth (Inglaterra), un gran astrólogo y cabalista, también ha escrito varios libros
excelentes sobre cómo trabajar con las vidas pasadas. El libro extraordinario Repetition: Past
Lives, Life, and Rebirth de Doris E. Cohen es muy útil para ir atando cabos y descubrir la historia
de tu vida pasada al advertir las pautas que se repiten en tu vida actual.
Mi colega Bob Fritchie, fundador del World Service Institute y autor de Being at One with the
Divine y de Divine Love Self Healing: The At Oneness System, señala que las personas que no
responden al sistema curativo habitual del Amor Divino (del que hablo en el siguiente
capítulo) están estancadas por lo que les ocurrió en su vida anterior. El miedo les impide a
muchos mirar en el pasado, pero podemos acceder fácilmente a él sin temor alguno si
sintonizamos con nuestro Espíritu y el Amor Divino. Para hacerlo, cierra los ojos y haz esta
petición, que encontrarás en Divine Love Self Healing: «Con la ayuda del Espíritu interior y del
Amor Divino, retrocederé en el tiempo hasta la vivencia o las vivencias que expliquen
totalmente mi problema actual (nómbralo)». Después de hacer esta petición, respira hondo
por la nariz. Retén el aire contando hasta cuatro y exhálalo luego como si lo soplaras por la
nariz. Normalmente rememorarás imágenes de las situaciones que te están causando el
problema. Y, como Fritchie apunta, el problema viene casi siempre de un acto cruel tuyo del
pasado que te separó de lo Divino. Esa separación se convierte en la deuda del Alma que
tienes en esta vida. Puedes saldar esa deuda del Alma abandonando los reproches y las
críticas, y reemplazándolos por la autoaceptación y el amor.
Hacer este trabajo interior es muy positivo, pero trabajar con un terapeuta experto en
regresiones a vidas pasadas también es útil. Para encontrar uno, te sugiero que preguntes a las
personas de tu entorno si conocen alguno. Deja que alguien te recomiende uno. Muchas
veces, en cuanto sientes que estás listo para esta clase de experiencia, alguien te presenta de
pronto al terapeuta adecuado. La vida es así de fácil cuando sintonizas con tu Alma y con lo
Divino.

El plan original de tu Alma


Verte como un Alma que se ha estado reencarnando a lo largo de muchas
vidas como parte de un viaje más importante no solo le da un sentido a tu
sufrimiento, sino que además te ayuda a ser consciente del viaje de tu propia
Alma. Saber que estás intentando alcanzar algo y entender que sigues un
camino te permite observarlo para recorrerlo con más destreza. Una carta
astral —interpretada por un buen astrólogo— es una de las herramientas más
prácticas que conozco para ello.
Tu carta astral es un mapa de lo que los cielos estaban haciendo cuando
naciste, y tu Alma eligió ese preciso momento antes de que aspiraras la
primera bocanada de aire. Es también el mapa del viaje de tu Alma a lo largo
del tiempo. Te permite hacerte una idea muy completa de lo que has venido a
ser y a hacer en este mundo.
Tu carta astral contiene las posiciones planetarias en el cielo —tanto por
encima como por debajo del horizonte— en el momento de tu nacimiento.
Describe tus tendencias, características, retos y potencial. También te
proporciona información muy concreta sobre los retos de tus vidas pasadas y
aquello que tu alma ha venido a hacer en esta vida. Esta información se
encuentra en lo que se conoce como los nodos lunares: los nodos del norte y
del sur. Los del sur te indican dónde has estado. Y los del norte, a dónde te
diriges y a lo que has venido a especializarte en este mundo.
Cabe tener en cuenta que la astrología a la que me refiero no es la de los
horóscopos de los periódicos y las revistas. Esos horóscopos representan el
signo zodiacal de cada uno, que no es más que una parte interesante de la
astrología. Las secciones de la prensa con la interpretación de los signos
zodiacales empezaron a publicarse en el siglo XX para vender más periódicos.
Pero tu signo zodiacal no es más que un aspecto de tus características
astrológicas, y no te aportará demasiada información a no ser que conozcas el
resto de tu carta astral.
Una carta astral completa contiene el signo lunar, el signo solar, el
ascendente, una serie de planetas, los nodos lunares y, a menudo, algunos
asteroides. Tu signo zodiacal (Libra, Aries, Géminis) no es más que una
pequeña parte de tu horóscopo. Pero, con todo, te indica varias cosas. El
astrólogo Daniel Giamario llama a nuestro signo solar el «combustible» que
usamos para alcanzar nuestro objetivo en esta vida. De modo que, si eres
Capricornio, lo más probable es que seas una persona práctica y realista,
dependiendo de dónde se encuentren los otros planetas y de las influencias
que estén recibiendo.
Hay muchas clases distintas de astrología —evolutiva, zodiacal, chamánica,
védica y de la estrella venusiana—, para nombrar unas pocas, y cada una nos
ayuda a conocer algo distinto sobre nuestro periplo en la tierra.

NO DEJES QUE LA ASTROLOGÍA TE INTIMIDE

Mucha gente, al consultar su carta astral o su horóscopo, pregunta: «¿Es malo?» Pero esta
pregunta es innecesaria, porque la respuesta siempre es «no». La astrología no es más que una
herramienta, no tiene más poder que el que le demos. Es como consultar el tiempo que hará
para ver si debemos llevar el impermeable. No nos muestra nuestro destino. Este depende
totalmente de cada uno. Un horóscopo sugiere la trama de la obra de teatro en la que estamos
actuando. Pero no nos indica cómo representar nuestro papel, lo que llevaremos puesto, ni
cómo acabará.
Lo que la astrología nos da es una hoja de ruta para el viaje de nuestra Alma. Está concebida
para ayudarnos a acceder lo máximo posible al plan original del Alma. Cada carta astral
contiene sus retos y sus dones. Pero no existen cartas astrales «malas».

Aunque la astrología como guía siga teniendo mala fama, este estigma ha
ido disminuyendo paulatinamente a lo largo de mi vida. Hace años, la
astróloga que interpretó por primera vez mi carta astral me dijo que un día
ella celebraría una fiesta y que invitaría a todos los médicos —mis colegas—
que iban a verla con regularidad. Me dijo: «Te quedarías de piedra si supieras
quién ha estado aquí». A partir de ese día, me enteré de que muchas personas
muy famosas y exitosas usan la astrología. Lo que pasa es que no hablan del
tema.
Una y otra vez, nuestra sociedad intelectualizada en exceso nos aleja de las
cosas que tienen el poder de reforzar el camino de nuestra Alma y que le dan
sentido a la vida. Durante muchos años, en las editoriales que publicaban mis
libros me decían: «Por favor, no hables de astrología, a los lectores no les
gusta». Así que no hablé de ella (sobre todo) durante los años en los que
«intenté no salirme del molde». Pero esos años han quedado atrás.
Muchos de quienes hablan mal de la astrología no han investigado sobre
ella. Rob Brezsny, astrólogo y autor de La pronoia es el antídoto para la
paranoia, afirma brillantemente: «No han leído a astrólogos inteligentes como
Dane Rudhyar, no saben que el influyente astrónomo Johannes Kepler era un
gran astrólogo, ni que el eminente psicólogo C. G. Jung hacía horóscopos y
creía que «la astrología representa el resumen de todo el conocimiento
psicológico de la antigüedad». Lo único que los «escépticos» fraudulentos
hacen para intentar entender el antiguo arte de la astrología es echar un
vistazo a la sección del horóscopo de la prensa amarilla. Su despreocupación
es como si yo pasara con el coche por delante de un centro comercial y
declarara que la profesión de arquitecto es superficial y decadente».

La interpretación de la carta astral


Como he comentado al empezar a hablar de astrología, la carta astral es muy
útil cuando la interpreta un buen astrólogo. Ojalá pudiera decir que puedes
interpretarla por tu cuenta, pero entender de verdad lo que revela una carta
astral exige años de estudio. Es todo un arte. Por eso, lo mejor para
aprovechar la sabiduría de la astrología es ir a ver a un astrólogo que te hayan
recomendado. Uno que lleve años interpretando cartas astrales. No entres
simplemente a una tienda esperando vivir una gran experiencia. Guíate por las
recomendaciones. Investiga.
Cuando busques un astrólogo de confianza, evita a los catastrofistas. Ese
tipo de personas tiende a compartir la información de un modo que te quita la
fuerza. Demasiados clientes han sido «hechizados» por astrólogos que
interpretan cartas astrales como si fueran advertencias divinas. Un astrólogo le
dijo a una amiga mía que no trabajara en grupo porque no tenía ninguna
habilidad en este aspecto. Pero en su carta astral no había nada que indicara
esta incapacidad en lo más mínimo, te lo aseguro. Parte del viaje de tu Alma
consistirá en descubrir a astrólogos, videntes y otros guías que te ayuden a lo
largo del camino.

LOS TRÁNSITOS: SATURNO, URANO Y QUIRÓN

Si bien es mejor que sea un buen astrólogo el que te interprete la carta astral, hay algunas
verdades universales reflejadas en la astrología que te ayudarán a entender los retos que
afrontas en determinados momentos de tu vida. Ciertas alineaciones planetarias nos afectan a
todos por igual y suelen darse en momentos concretos de la vida. Las más poderosas que
debes tener en cuenta a medida que pasan los años son las de Saturno, Urano y Quirón.

Saturno: Saturno tiene que ver con respetar los límites y las fronteras y tenerlos en
cuenta. El retorno de Saturno, que se refiere al momento en que el planeta Saturno
vuelve al lugar donde se encontraba cuando naciste, suele ocurrir entre los 28 y los 32
años, y más tarde a los 58. El retorno de Saturno significa que es hora de crecer. Que la
adolescencia ya ha quedado atrás. Es hora de ser un adulto y de averiguar cómo
sobrevivir por ti mismo. El primer retorno de Saturno suele ir acompañado de alguna
clase de pérdida o de trauma que nos obliga a despertar. Algunas personas no
consiguen superarlo. Existe incluso el llamado Club de los 27, que se refiere a un grupo
de músicos que murieron a los 27 años. Como Kurt Cobain, Jim Morrison, Janis Joplin,
Brian Jones y Jimi Hendrix. El segundo retorno de Saturno es cuando nuestra Alma nos
anima a entrar en modo de supervivencia para progresar en la vida.

Urano: a Urano se le conoce como el gran despertador y tiene que ver con traspasar los
límites. Nos da la oportunidad de elevarnos en lugar de caer en picado. De romper las
reglas y salir de lo establecido. La oposición de Urano suele aparecer a los 42 años y es
cuando el «influjo familiar» en el que crecimos empieza a desmoronarse y nuestra Alma
nos dice: «¿Es esto todo cuanto hay?» La oposición de Urano es un gran toque de
atención para que vivas tu propia vida y no la que tus padres o tu jefe han elegido para
ti. En nuestra cultura se conoce como la «crisis de los cuarenta». Y muchas mujeres,
simplemente, la achacan a la menopausia. Pero es mucho más profunda que esto. Es un
despertar espiritual orquestado por el Alma y el universo. Urano vuelve a aparecer a los
21, los 63 y los 84 años aproximadamente. Aunque estos tránsitos nos presenten
episodios concebidos para liberarnos de la situación actual, la oposición de Urano es el
mayor acontecimiento relacionado con este planeta.

Quirón: el retorno de Quirón —el Sanador Herido— también es muy importante.


Ocurre alrededor de los 52 años y nos presenta una situación que nos pone a prueba en
el aspecto de nuestra vida en el que tenemos una gran habilidad para aplicarlo a los
demás, pero en el que somos unos negados a nivel personal. Ese episodio nos hace
sentir como si nos estuviéramos muriendo. Y así es. Estamos muriendo a nuestra
antigua forma de ser. Y, si intentamos aferrarnos a ella, lo más probable es que
enfermemos. Durante el retorno de Quirón es el momento de confiar en nuestra Alma y
de seguir adelante con fe.

El viaje del alma


Entender tu verdadera naturaleza inmortal, que tu Alma está realizando un
viaje a lo largo de muchas vidas, es una gran herramienta para hacerte la vida
fácil. Saber que hay unas fuerzas universales que nos afectan sin que las
podamos controlar nos ayuda a darle sentido a la existencia. Trabajar con esas
fuerzas, mediante prácticas como las regresiones a vidas pasadas y la
astrología, nos permite llevar una vida que nos llena y enriquece al máximo.
Nos permite aprender las lecciones que necesitamos aprender. Y esas
lecciones son muy sencillas: traer el amor, el perdón y la comprensión a los
aspectos de nuestra vida en los que brillan por su ausencia. Y también dejar de
vivir con miedo. Lo cual incluye amarnos y perdonarnos a nosotros mismos.
Todos estamos avanzando para unirnos con lo Divino y, sin embargo,
existimos en este plano mortal. El plano de lo material. El lugar más denso
del universo. Cuando traemos más luz y amor a este mundo, cambiamos el
universo entero, le ayudamos a evolucionar. ¡Qué servicio tan colosal hacemos
a «todo cuanto existe»! Fusionar estas dos realidades y trabajar hábilmente en
ellas es la labor más importante, gratificante y práctica que podamos jamás
realizar.
3
Comunicándote con lo Divino
Comunicarnos con Dios es la experiencia más extraordinaria imaginable,
pero al mismo tiempo es la más natural, porque Dios está presente en
nosotros a todas horas. Es omnisciente, omnipotente, personal…
y nos ama incondicionalmente. Estamos conectados como Uno a través
de nuestro vínculo divino con Dios.

EBEN ALEXANDER

Durante siglos nos han hecho creer que solo unos pocos elegidos podían
hablar con Dios. Solo los que tenían experiencias místicas o los que
conversaban con zarzas ardientes. Los simples mortales no tenían esta
facultad. Y de este modo unos pocos han estado controlando a poblaciones
enteras, aprovechándose la mayoría de la confianza de la gente. Como es
evidente de quiénes estoy hablando, no entraré en detalles.
Pero podemos comunicarnos directamente con Dios, y nuestra relación con
Él es la forma más importante de hacernos la vida fácil. Conectar
directamente con Dios, el Creador, nos da el apoyo que no recibimos en
ninguna otra parte. Nos ayuda a avanzar en el viaje del Alma y nos ofrece algo
a lo que recurrir cuando las cosas parecen no tener solución o estar fuera de
nuestro control.
Recuerdo que hace años llamé una noche a Dios con todo mi ser.
Pero primero te pondré al día para que te hagas una idea de la situación.
Mis colegas y yo habíamos empezado en la década de los ochenta Women to
Women, un modelo nuevo de atención médica dirigido a las mujeres. Antes
de crear Women to Women, el modelo de atención médica en el que
trabajábamos no se centraba en la curación como medida de éxito. Aunque
todos mis colegas fueran médicos dedicados, el sistema sanitario se centraba
en la cantidad de cirugías que hacíamos y en el número de pacientes que
atendíamos. Descubrir la causa de un problema de salud —por ejemplo, los
abusos sexuales sufridos— no era lo esencial, porque el sistema sanitario no
estaba diseñado (ni aún lo está) para tratar con estos asuntos con rapidez.
Una de mis colegas se rompió la cadera mientras trabajábamos en este
ambiente, y durante su convalecencia dibujó una viñeta que resumía a la
perfección el dilema con el que nos enfrentábamos. En la viñeta aparecía una
lápida con las palabras «Aquí descansa JCG» (no son sus iniciales reales).
Debajo se enumeraban las estadísticas oficiales con las que se medía nuestro
«valor» y nuestra productividad como profesionales de la salud: PMI
(primeras visitas médicas): 9.326; NPO (nuevas pacientes de obstetricia):
7.390; Cesáreas: 4.500. La imagen de la viñeta era un chocante resumen del
sistema de creencias que regía nuestra vida cotidiana.
Sabía que algo debía cambiar. Tuve una visión de una clase nueva de
práctica médica que honraría la sabiduría del cuerpo femenino. Y también la
vi realizándose en un ambiente hogareño donde las mujeres se sintieran
cómodas y donde se valoraran las historias de su vida. Dos enfermeras habían
empezado el Women to Women original en un lugar cercano y decidimos
unir nuestras fuerzas, invertir nuestro dinero en aquello que defendíamos en
lugar de protestar contra el sistema, y crear una nueva clase de atención
médica. Adquirimos una casa victoriana antigua y transformamos los
dormitorios en consultorios y los armarios en zonas para cambiarse de ropa.
Y, cuando las mujeres venían a vernos, se sentaban en los sofás del consultorio
y rompían a llorar aliviadas. Por fin se encontraban en un lugar donde se
valoraba y escuchaba a su cuerpo, su mente y su Espíritu, es decir, a todas las
partes de su ser.
El problema no era solo que ninguna de nosotras supiera dirigir una
empresa, sino que habíamos adoptado esta visión nueva sin desprendernos de
nuestras antiguas creencias. Y la mentalidad de nuestras pacientes tampoco
había cambiado demasiado. Lo cual creó unas expectativas poco realistas
sobre nosotras como sanadoras. ¿No había una pastilla o procedimiento que
curara el dolor de los abusos sexuales, los divorcios, el miedo al cáncer o la
humillación? No era de extrañar que el modelo antiguo recompensara a los
médicos por hacer más cirugías. O por recetar medicamentos. Es decir,
descubrimos que, a no ser que volviéramos a gran parte de lo que habíamos
intentado abandonar, tendríamos problemas para pagar las facturas y, sobre
todo, para ganarnos la vida.
La noche que llamé a Dios había estado trabajando sin parar y no acabé la
pila de informes médicos acumulada sobre mi escritorio hasta el anochecer.
Estaba harta de los rigores de la práctica médica, de las noches de guardia y
de que muy pocas pacientes parecieran querer saber hasta qué punto estaban
conectados la mente, el cuerpo y el alma. Solo querían que les diera una
pastilla para sus males. Temía que mis colegas convencionales y el consejo de
médicos desaprobaran lo que estaba haciendo. En aquella época, ni siquiera
mi propio marido veía el valor de mi contribución.
Plantada en la oscura entrada de nuestro centro médico, dije en voz alta,
mirando las estrellas: «¡Ayúdame a hacerlo bien esta vez! No quiero volver y
tener que repetirlo». Le estaba suplicando a Dios que me ayudara a resolver el
dilema, que me mostrara cómo aprender la lección que había venido a
aprender y contribuir en lo que había dicho que haría antes de nacer. En
aquel tiempo no sabía cómo comunicarme directamente con el Creador. Pero
estaba segura de que era posible. También sabía que rezarle a Dios y pedirle
que me apoyara y ayudara era el único modo de resolver el dilema. Sabía que
mi Alma era sobre todo la que había elegido mi labor. Le había prometido
que enseñaría lo que sabía que era cierto en esta vida. Pero no era una tarea
fácil. En lo más mínimo. Mucha gente no quería oír mi verdad. Pero saber
con absoluta certeza que mi fuerza y la ayuda que necesitaba yacían en mi
conexión con el Creador en lugar de en mí lo cambió todo.
Al día siguiente, plantada ante la mesilla de noche de mi dormitorio, dije en
voz alta una oración inspirada en Florence Scovel Shinn. Era la siguiente:
«Espíritu Infinito, mándame una señal. Muéstrame el siguiente mejor uso que
puedo hacer de mis dones y aptitudes». Esto tenía lugar a las 11 de la mañana
de un viernes. A las 2 de la tarde del mismo día me llamó por teléfono un
agente literario amigo mío. Me dijo: «Creo que deberías escribir un libro».
¡Bingo! El problema ya se estaba empezando a resolver.
Y el libro Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer no solo articuló un lenguaje de
la salud femenina —todo cuanto es bueno para el cuerpo de una mujer—,
sino que además me permitió llegar a millones de lectoras de todo el mundo
para comunicarles lo que sabía que era cierto. Y la información ayudó
enormemente a muchas personas. La respuesta fue un milagro. También me
llevó a un mundo de dicha y plenitud mucho más maravilloso del que hubiera
podido crear sin Dios.

Conectando con Dios


Conectar con el Creador puede ser tan sencillo como exclamar: «¡Ayúdame!
¡No sé qué hacer!» cuando te encuentras ante un dilema de cualquier tipo y no
sabes por dónde tirar. Pero para conectar con Dios no hace falta encontrarte
ante un dilema, basta con decir «Gracias» cuando veas una puesta de sol
magnífica que te hace arrodillar maravillado. Muchas veces he notado la
presencia de Dios en la sala de partos cuando un recién nacido rompía a llorar
por primera vez. Todos los presentes se quedaban impactados por la belleza
de aquel momento mágico.
Puedes conectar con Dios rezando, diciendo algo como «Acepto el Amor
Divino» o pidiéndole que te mande una señal —como yo hice— y observando
lo que ocurre a continuación. También puedes conectar con el Creador
participando en un oficio religioso con otras personas con una mentalidad
afín a la tuya. Pocas cosas hay en la vida más sagradas que cantar alegremente
cantos de alabanza a Dios a voz en cuello en compañía de otros feligreses.
Sobre todo cuando los músicos son buenos. Pero tampoco hace falta conectar
con Dios de esta manera. En absoluto. No dejes que nadie te diga lo
contrario.
Tal vez creas que Dios no es tan importante como los otros aspectos de tu
vida. Pero nada es más importante que Él. En su magnífico libro Outrageous
Openness: Letting the Divine Take the Lead, Tosha Silver escribe: «¿Y si la
historia tratara de Dios?» A decir verdad, Dios, del que todos formamos
parte, es lo más importante de nuestra vida. Y cuando la relación que
mantenemos con esta parte Divina de nuestro ser es lo primordial, todo lo
demás cobra sentido. Cuando esta relación es lo principal para nosotros,
gozamos de una seguridad, una guía interior y una sabiduría que siempre
están ahí ocurra lo que ocurra en nuestra vida. Nada puede sustituir la
relación directa que mantenemos con la Fuente que nos creó. Nada. Ni la
fama, ni el dinero, ni un amante. Nada. Nuestra relación con Dios es lo único
que no nos fallará. Y es lo único que seguirá haciéndonos maravillar. Y
sorprender. Y sentirnos seguros y felices. Todo lo demás es pasajero.

El ego
En el capítulo uno he hablado un poco del ego. Puede ser nuestro amigo o
nuestro enemigo. Es lo único que puede entrometerse en nuestra relación con
Dios. Es la voz incrédula y fastidiosa de santo Tomás en nuestra cabeza, que
se inventa cualquier excusa para no conectar con Dios. Sin embargo, en
cuanto entendemos cómo manejarlo, nos ofrece el secreto para crear un cielo
en la tierra. Se convierte en nuestro socio cocreativo en la vida.
No me cansaré de decir que el ego no es malo. Sin embargo, en los círculos
espirituales está muy mal visto. Nos enseñan que debemos en cierto modo
trascenderlo o zafarnos de él. Que es el responsable de todo nuestro
sufrimiento. Y, aunque esto sea verdad en cierto modo, necesitamos al ego
para desarrollar el Yo. ¿A qué me refiero? El Yo —en mayúscula— significa
nuestra naturaleza verdadera y única. Cada aspecto tuyo, tanto el Divino
como el del plano terrenal. Incluida tu personalidad. Tu ego aúna esta
singular combinación del Espíritu y el Alma en una unión muy concreta
concebida para crear tu experiencia vital. Para que seas tú mismo. No puedes
librarte del ego; lo necesitas para vivir en tu estado reencarnado actual, como
un individuo distinto del resto.
El ego empieza a formarse en la infancia con los premios que recibimos, lo
que aprendemos de nuestros padres, aquello a lo que nos dedicamos, la edad
que tenemos, los kilos que pesamos y otros factores parecidos. El ego piensa
en términos de lo bueno y lo malo. Aunque parezca mantenernos a salvo —y
así es en cierto modo—, también nos hace creer falsamente que nuestros
problemas se resolverán si nos rodeamos de las personas adecuadas, ganamos
más dinero, conseguimos el amante perfecto, adquirimos la casa de nuestros
sueños, vamos a la última moda y gozamos de muchos otros objetos
materiales. También cree que ha de poder resolverlo todo por sí mismo, y que
en el caso contrario es un negado. Por eso se dice que el ego es el acrónimo en
inglés de «Edging God Out»; es decir, de «Arrebatarle el Lugar a Dios».
El ego desempeña, pese a todo, una función muy importante en nuestra
vida. Su verdadera labor es seguir el camino del Alma para crear nuestra
versión personal del cielo en la tierra. Si no tenemos un ego lo bastante sano y
fuerte como para asumir la tarea por la que hemos nacido en este mundo, no
llegaremos demasiado lejos en el viaje del Alma. Pero, si dejamos que el ego
siga las órdenes del Alma, lo más probable es que nos encontremos con
situaciones mucho más satisfactorias que las que el ego podría haber creado.
Es decir, si hubiera ido por su cuenta prescindiendo de Dios.

Haz que tu ego coopere


¿Qué debes hacer en tal caso? No olvides de dónde viene el ego y lo que
realmente representa. La actitud más compasiva, afectuosa y práctica hacia el
ego que he encontrado procede de Matt Kahn, maestro espiritual, una
persona sumamente empática y autor de Ama todo lo que surja. Matt Kahn
señala que el ego surge de una hiperestimulación del sistema nervioso.
Cuando nacemos, nuestra conciencia es puro amor y el sistema nervioso
está en calma. (De ahí la frase «Duerme como un bebé».) Cuando un niño
pequeño recibe un nuevo estímulo, se echa a llorar. Al igual que cuando nota
el pañal mojado o cuando tiene hambre. Los movimientos, los sonidos y las
lágrimas son las formas con las que el sistema nervioso asimila las situaciones
estresantes de la vida. No solo les ocurre a los bebés, sino que los animales
también reaccionan de este modo automáticamente. Cuando una gacela burla
el ataque de un león, se echa a temblar. Después de dar a luz, una mujer se
pone a temblar. Estos temblores nos calman y consumen el exceso de
hormonas del estrés.
Con cada estímulo recibido, el sistema nervioso de un bebé experimenta un
subidón de energía y luego su conciencia vuelve al estado natural de puro
amor. Pero, con el paso del tiempo, esos subidones de energía se vuelven más
frecuentes debido a las experiencias nuevas e inevitables de la vida, y el
subconsciente toma una decisión. Para conservar la energía y mantener un
estado más estable, al sistema nervioso le resulta más fácil vivir estimulado al
máximo. Y en ese momento nace el ego, y es cuando adquirimos hábitos
mentales e ideas para mantener ese estado de estimulación más elevado en
respuesta a las circunstancias. Por desgracia, al entrar un bebé en ese estado
más elevado de hiperestimulación, su conciencia ya no vuelve fácilmente al
estado de puro amor. Con el tiempo, el subconsciente decide que ese estado
de hiperestimulación sea lo «normal», un estado alterado que nos aleja de
nuestro estado original de puro amor. Así es como el ego se consolida. Va
formándose para protegernos y ayudarnos a superar los obstáculos de la vida.
La formación del ego depende del ambiente en el que crecemos. Todos
formamos parte de una tribu, de un grupo de personas que comparten
creencias y valores. Algunos le parecen útiles al Alma, pero otros son para ella
totalmente erróneos. Sin embargo, debemos adaptarnos para sobrevivir. Y si
no encajamos en nuestro ambiente nos arriesgamos a que nos humillen, nos
abandonen o nos traicionen. Estas tres heridas son, según la investigación
realizada por el neuropsicólogo Mario Martinez, las tres heridas atávicas que
todas las tribus del mundo usan para castigar a los miembros que no acatan
los sistemas de creencias tribales. Si una creencia tribal va en contra de lo que
nuestra Alma sabe que es cierto, vivir esa mentira para encajar en la tribu
estimula todavía más el sistema nervioso, fortaleciendo con ello las creencias
del ego sobre el mundo. Como, por ejemplo, la de: «En nuestra familia
siempre hemos sido abogados. Si quieres dedicarte a la música, no esperes que
te apoyemos». El Alma de la joven música no concuerda con los dictados de
la tribu. Y por eso se arriesga a dejar de ser ella misma y a no seguir las
exigencias de su Alma para que su tribu la acepte. Pero, en cuanto decide fluir
con lo Divino, el amor y el poder que siente en su interior la empujan a seguir
su corazón y los dictados del Alma. (A la tribu esto no le gusta, pero el Alma
¡se alegra enormemente!)
También existen los dictados de una religión. Tal vez a alguien le ocurran
dos cosas en su juventud: (1) sabe que es gay, y (2) le están recordando a todas
horas que ser gay es un pecado contra Dios. Imagínate la hiperestimulación
que le producirá esta dicotomía en el sistema nervioso. Se ve obligado a
mantener su inclinación sexual en secreto. Se avergüenza de su identidad.
Empieza a creer que es un error de la naturaleza.
Nuestro ego desarrolla estrategias para protegernos contra el dolor de la
renuncia de nuestra naturaleza auténtica cuando tratamos de encajar en
nuestras tribus. Con el paso del tiempo, el hábito de la hiperestimulación va
limitando nuestra conciencia, como, por ejemplo, cuando el sistema nervioso
elimina cualquier cosa que contradiga las creencias más arraigadas sobre lo
que necesitamos para sentirnos seguros y aceptados en la tribu.
Como se puede ver, nuestra tribu no solo contribuye al fortalecimiento del
ego emocionalmente, sino también en el sentido físico. La humillación, el
abandono, la traición que esa persona siente en su interior van creando
pequeñas cantidades de sustancias bioquímicas inflamatorias por el cuerpo.
Por lo que, desde la infancia, el sistema nervioso, el sistema endocrino y el
sistema inmunológico están en un estado hipervigilante. Debido a ello esa
persona acaba enfermando, lo cual influye y condiciona quién cree ser en el
mundo.
Según mi experiencia, la propensión a enfermar depende en gran medida
del programa de nuestra Alma. Cuando no escuchamos los dictados del Alma
con regularidad, esta nos hace enfermar para llamarnos la atención. Es como
si nos dijera: «Si no me escuchas a la primera, recibirás un mazazo». Pero no
significa que nos esté castigando por haber obrado «mal». No es más que la
manera del Alma de recordarnos el papel que estamos representando en esta
vida.

Todo esto tiene una finalidad divina


La buena noticia es que, a medida que la conciencia se ensancha, nos vamos
desprendiendo de las antiguas creencias y se nos revela una nueva vida. Ya no
necesitamos sufrir enfermedades o accidentes a modo de toques de atención.
Pero, si nos llega a ocurrir, no significa que hayamos hecho algo mal y que
seamos culpables de ello. Sin embargo, es lo primero que el ego quiere
hacernos creer, y si nos lo tragamos nos complicamos la existencia. Tal vez
durante muchas vidas.
No hay que olvidar que el desarrollo del ego, e incluso las heridas de la
niñez, tienen una finalidad divina. El sistema nervioso hiperestimulado de la
infancia actúa a modo de capullo psicológico que protege, como si fuéramos
una mariposa en estado latente, nuestra inocencia original. Mientras tanto, el
ego nos ayuda a adquirir las habilidades y la experiencia necesarias para
alcanzar la misión del Alma, la aventura Divina en la que estamos
participando. En cuanto vemos a nuestro sistema nervioso hiperestimulado
por lo que es, dejamos de tomarnos a pecho lo que nos ocurre en la vida. Lo
observamos sin más. De manera incondicional. Y nos quedamos fascinados
por cómo el mundo se despliega, sin perder la calma. Como una flor, pétalo a
pétalo. De forma natural, a su propio ritmo.
Matt Kahn escribe en Ama todo lo que surja: «Por más años que hayamos
estado inmersos en un discurso espiritual, la viva realización de la verdad no
se revelará por completo hasta que el sistema nervioso se relaje. Incluso a nivel
místico, el grado en el que el sistema nervioso se relaja determina también
quiénes ven ángeles, fantasmas, dimensiones paralelas o reciben incluso
mensajes intuitivos».
En el capítulo cinco te enseñaré cómo manejar tus emociones y por qué las
emociones son tan esenciales para hacer que el ego te sirva en lugar de
esclavizarte. Pero te daré una pista: cuando te sientas invadido por las
lágrimas, la ira o la risa, ten en cuenta que esto te indica que tu sistema
nervioso se está relajando. A muchas personas les han enseñado a reprimir las
emociones fuertes. Y sí, hay un momento y un lugar para expresarlas. Pero no
te quepa la menor duda de que cuando algo te emociona es una señal
innegable de estar yendo por el buen camino.

La base de una buena comunicación


Ahora que entiendes el obstáculo que supone el ego para ti, es hora de entrar
en contacto con lo Divino. Mientras intentas comunicarte con Dios, recuerda
que es una presencia afectuosa, mediada a través del Espíritu y del Alma.
Todos y cada uno podemos comunicarnos directamente con Dios, como si
estuviéramos tomando un café con Él. Es así de sencillo.
Como ya has aprendido, el Espíritu y el Alma son dos aspectos tuyos que
son en realidad Dios en tu interior. Otra cosa que es útil saber es que gran
parte de quien eres ¡no se encuentra siquiera en tu cuerpo físico! Así es, gran
parte de ti es inmaterial. Cuando estableces una relación con Dios, lo que
estás haciendo en realidad es hablando con tu aspecto inmaterial. Con la parte
de Dios que sale de ti como tú. Con el Yo, por así decirlo. O con el Yo
Supremo o el Poder Supremo. Estás estableciendo una comunicación entre el
Yo, que está en la tierra en un cuerpo, y el Yo más Elevado, que te está
guiando por este curso de maestría que es la vida.
Probablemente has oído la frase «Pedid y se os dará», ¿verdad? Pues así es
cómo funciona la comunicación con Dios. Primero le pides con sinceridad y
honestidad que te ayude. Y luego dejas de resistirte a la respuesta, porque la
respuesta siempre te está esperando. La razón por la que no siempre la
reconocemos es porque las respuestas suelen vibrar en un plano superior al del
plano en el que nos encontramos cuando hacemos la petición. No lo olvides.
Si estás en un estado de vibración baja como la ira, la tristeza y el miedo, no
podrás recibir la inspiración de una fuente más elevada. Para hacernos la vida
fácil tenemos que dejar de ser un obstáculo para nosotros mismos cuando
intentamos conectar con el Creador. Esta es ante todo la tarea principal de
vivir en un cuerpo. Por medio de la oración le pedimos algo a Dios. La
intuición, o la guía interior, es la respuesta que Él nos da.
Pídele algo a Dios y luego escucha. Envía tu plegaria y confía en lo que te
llegue como respuesta. No dejes que el ego bloquee la comunicación. Naciste
con un canal que va directo a la Fuente, pero el ego se puede interponer. Y el
ego se vuelve más fuerte con los años. Hay una historia de una madre que oye
por casualidad a su hijo mayor decirle a su hermanito, que no es más que un
bebé: «Cuéntame cosas de Dios, por favor. Estoy empezando a olvidarle».
Recuerda que la formación del ego viene de un sistema nervioso
hiperestimulado y de una mente que crea historias sobre uno mismo y sus
circunstancias. Esas creencias actúan en el nivel subconsciente. El nivel
consciente no puede detectarlas fácilmente, pero, con todo, siguen
gobernando nuestra vida. Por ejemplo, si mi madre fuera una alcohólica y no
supiera amarse ni apreciarse a sí misma, y a mí menos todavía, yo decidiría
que no me merezco que me quieran porque ella no estuvo a mi lado cuando la
necesitaba. Pero esto no es cierto. Solo me lo habré inventado para encontrar
un sentido lógico a las circunstancias de mi vida. La única forma de superar
este dilema común y otros similares es conectar deliberadamente con nuestra
Divinidad.

Libérate del ego con amor


Cuando conectas con lo Divino a través de la oración o de otros medios y le
escuchas para recibir su guía o apoyo, lo más probable es que te preocupe que
la voz que oigas en tu cabeza sea la del ego y no la de tu Alma. Por lo que
dudarás de la información que te llegue. ¿Estoy escuchando de verdad a Dios?
¿Quién soy yo para hablar con Él? Estas dudas son inevitables. Vienen de haber
crecido en una cultura que, por lo general, nos enseña que no podemos
dejarnos guiar por el Alma y que son los especialistas en este campo los que
deben hacerlo.
Cuando empieces a comunicarte con Dios probablemente creas que eres tú
el que se inventa las respuestas. Pero no es así. Dependiendo del ambiente en
el que creciste y de tus condicionamientos, tal vez te lleve un tiempo creerlo.
Cuando te invadan las dudas, o si empiezas a machacarte, recuerda que el
ego está intentando protegerte de la mejor forma que sabe, normalmente
sugiriéndote que te lo estás «inventando» tú o que «no estás a la altura», o con
cualquier otro condicionamiento trillado al que estés acostumbrado por ser el
de tus padres o de otras figuras de autoridad. No intentes luchar contra él.
Cuando te vengan pensamientos negativos a la mente, di simplemente: «Te
quiero por tener este pensamiento. ¡Eres adorable!» La negatividad del ego no
puede vivir en un ambiente de humor, aceptación y luz. Se desvanece como el
rocío del alba bajo el sol de la tarde.
No olvides que la voz del ego está llena de miedo, dudas, autodesprecio,
críticas, vergüenza y culpabilidad. La guía divina nunca contiene estas
cualidades. Y la única forma de desmantelar al ego es por medio del amor y
de la confianza en Dios. Lo cual se consigue a base de tiempo con la
intención. Amando simplemente tu inocencia innata al igual que amarías a
cualquier niño que estuviera sufriendo.
La guía que recibes cuando pides ayuda a través de una petición o una
oración es Dios hablándote. Con el tiempo, aprenderás a confiar en ello. Yo
siempre oigo su voz en mi oído izquierdo. Aprende a ser un buen secretario.
Repara simplemente en las palabras alentadoras y afectuosas que Dios te
transmite. Cuando te asalten las dudas, reconócelas, agradécele al ego su
ayuda, tómatelo con humor y luego deja que se vayan. Menea también el
cuerpo. Literalmente. Moverte físicamente te ayudará en estos casos.
Ahora hablaré de algunas formas más concretas de comunicarte con Dios.
Las peticiones de Amor Divino, las oraciones de Cámbiame y hablar con los
ángeles son mis prácticas favoritas para comunicarme con Él. Pero hay, como
es natural, muchas otras.

Peticiones de Amor Divino


En el capítulo dos te he presentado brevemente a Bob Fritchie y sus
peticiones de Amor Divino para ayudarte a observar el pasado, pero ahora
profundizaré en este proceso curativo porque las peticiones de Amor Divino
son la forma más universal y práctica con la que he aprendido a conectar con
el Creador. Bob ha estado trabajando durante años para perfeccionar el
Proceso Curativo del Amor Divino, y los testimonios que aparecen en su web
sobre curaciones, desde la obesidad hasta el cáncer pancreático, ¡son
sumamente inspiradores!
Bob, un ingeniero que ha realizado extensas investigaciones sobre la
curación energética, puntualiza que el cuerpo es una batería, un campo
electromagnético lleno de potencial. El Amor Divino se difunde por el cuerpo
casi al instante a través de la matriz cristalina de los tejidos conjuntivos. Una
petición de Amor Divino consiste básicamente en el proceso de pedirle al
Espíritu que dirija el Amor Divino a un tema en concreto y luego en observar
lo que ocurre. Cuando le haces esta petición a Dios y le pides ayuda, la
recibes. El proceso se resume en el siguiente apartado.

PETICIONES DE AMOR DIVINO

Usa este método para pedir guía, curación o ayuda en cualquier aspecto que necesites. Adapta
simplemente la petición al problema que quieras solucionar.

1. Siéntate cómodamente sin cruzar los brazos ni las piernas y sácate cualquier alhaja
que lleves.
2. Prepárate para inspirar por la nariz justo después de decir tu petición.
3. Di lo siguiente en voz alta: «Con la ayuda de mi Espíritu y de los ángeles [nombra un
ángel en concreto si lo deseas], me concentro en el Amor Divino propagándose por
mi cuerpo. Le pido a mi Espíritu que identifique cualquier causa o situación que me
esté separando del Creador. Y que con el Amor Divino las elimine, según la voluntad
de Dios».
4. Inspira por la nariz y retén el aire contando hasta cuatro. Esto lleva tu petición al
cuerpo.
5. Espira como si estuvieras limpiándote la nariz. Esto libera la petición al universo.
6. Sentado inmóvil, concéntrate en el timo —la glándula endocrina— situado justo
debajo del esternón. Date en este lugar del pecho unos golpecitos con el pulgar
exclamando: «¡Vaya!» El Amor Divino se propaga por el resto del cuerpo a través de
esta glándula.
¿Qué notas? La mayoría de las personas sienten un hormigueo en el pecho, en
las manos o en alguna otra parte del cuerpo. Algunas experimentan una
sensación de gran paz.
Si sientes algún tipo de dolor o empiezas a toser, vuelve a expulsar el aire como
si estuvieras limpiándote la nariz. Y envía Amor Divino a la zona donde sientas la
molestia.
Ahora estás conectado con el Creador.
7. Lo siguiente, es muy sencillo. En silencio, hazle una pregunta y escucha
simplemente, o pídele algo en concreto para que te ayude a encontrar la solución.
«Con la ayuda del Espíritu y de los ángeles, traigo el Amor Divino a todo mi cuerpo,
soy consciente de [nombra tu problema] y pido que me muestres, Dios mío, lo que
necesito saber sobre este tema, según tu voluntad.»
Inspira por la nariz. Retén el aire y luego espíralo por la nariz como si te la
limpiaras. Sigue sentado en silencio un minuto más o menos. Imagínate una
puerta o una ventana abriéndose y mostrándote lo que necesitas saber. Confía en
la imagen.
Si no recibes una respuesta, ¡pide que desaparezcan los bloqueos que te
impiden obtenerla!
8. «Con la ayuda del Espíritu y de los ángeles, le pido al Amor Divino que me muestre
lo que necesito saber. Y también que resuelva este problema con el Amor Divino,
según la voluntad del Creador.»
Bob Fritchie sugiere que te mantengas conectado con el Amor Divino
proponiéndote volver a conectar con Él cada vez que vayas al lavabo. Di: «Ahora
conecto con el Amor Divino», y espira el aire por la nariz como si te la limpiaras.
¡Así conectarás de nuevo con el Amor Divino! Lo cierto es que nos encanta
conectar con el Amor Divino cada vez que la fastidiosa hiperestimulación del
sistema nervioso hace acto de presencia. Y cada vez que nos asustamos o
enojamos. Por eso debes practicar el conectar con el Amor Divino.

Cuando hago la petición de Amor Divino, activo el temporizador del móvil


para que suene a los dos minutos. Luego me siento en silencio y observo las
imágenes que me vienen a la mente o las canciones que oigo. Sí, para mí las
canciones son una parte muy importante de mi guía interior.
Puedes usar la petición de Amor Divino en cualquier aspecto de tu vida en
el que necesites orientación o resolver un problema vinculado con la salud, los
negocios, las relaciones o cualquier otra cuestión. Di simplemente en voz alta
lo que pides.
Llevo más de tres décadas trabajando con mi socia Diane Grover. Fue la
primera enfermera que contraté y ahora es la que dirige el negocio. Tenemos
una conexión anímica muy profunda. Cuando tuve a mi hija pequeña, Diane
soñó que ella daba a luz y luego fue a la consulta para cancelar las visitas de
los pacientes ese día porque sabía que yo estaba de parto. Cuando mi hija
pequeña tuvo su primer bebé (mi primer nieto), Diane se despertó sintiendo
retortijones en el estómago, y no cesaron ¡hasta que mi hija trajo al mundo a
la pequeña Penelope!
Cada día laborable, Diane y yo nos reunimos en mi consulta —situada en
un edificio centenario que fue una escuela en el pasado— y practicamos el
llevar el Amor Divino a nuestro negocio. Y a veces también lo hacemos
pensando en los amigos y la familia.
Empezamos con un aspecto del negocio en el que necesitemos recibir
orientación o que nos preocupe por algún motivo. A lo largo de los años
hemos descubierto que a cada una nos vienen a la mente imágenes muy
concretas y útiles que nos ayudan a tomar decisiones relacionadas con nuestro
negocio. Y también limpiamos la energía del pasado con regularidad. Usamos
las peticiones de Amor Divino para decidir si nos embarcaremos o no en un
determinado proyecto.
Hacemos la petición más o menos del siguiente modo: «Con la ayuda de
nuestro Espíritu y de los ángeles, nos concentramos en propagar el amor
Divino por nuestro cuerpo. Sabemos que pronto viajaremos a Denver [por
ejemplo] y pedimos que Dios guíe nuestro viaje y que el viaje de nuestra Alma
se realice sin ningún problema. Con el Amor Divino, según la voluntad del
Creador». Después, espiramos por la nariz como si nos la limpiáramos y nos
quedamos sentadas dos minutos, y a continuación compartimos lo que hemos
«visto» en nuestra mente. Y también la canción que hemos oído. A menudo
oímos pasajes bíblicos importantes, ya que ambas crecimos en la tradición
cristiana y estos textos nos resultan familiares.
Con el paso del tiempo, nuestra capacidad intuitiva ha ido aumentando
enormemente gracias a esta práctica, y además nos permite seguir nuestra
verdadera misión en este planeta sin distraernos con todos los tesoros del
mundo, que en el fondo son intrascendentes. En algunas ocasiones, cuando
preguntamos sobre un determinado proyecto, aparece la palabra NO en la
pantalla de nuestra mente. Y en otras, extraemos una lección cuando un
proyecto no nos sale como nos habría gustado. Por ejemplo, estuve trabajando
cerca de dos años —invirtiendo una buena cantidad de dinero— para intentar
llegar a un acuerdo legal con un grupo de empresarios que querían que yo
fuera su portavoz para un producto que vendían. Sería la «imagen» para
promover el producto. Y al principio me sentía halagada y entusiasmada con
la idea. Pero, como una de mis lecciones vitales es el desarrollo del ego, este
plan estaba destinado al fracaso. En su lugar, su objetivo era enseñarme a
valerme por mí misma, y al final acabé montando mi propia empresa
vendiendo un producto similar.
No recibir siempre las respuestas que el ego quiere oír no significa que
estemos haciendo mal las cosas.

Las capas de la cebolla


Curar con el Amor Divino es como ir sacando las capas de una cebolla.
Cuando se trata de la salud o de problemas emocionales peliagudos, lleva su
tiempo relajar el sistema nervioso y descubrir la causa del problema. Pero el
Amor Divino nos ayuda enormemente mientras lo llevamos a cabo.
Cuando Bob Fritchie enseña el Proceso Curativo del Amor Divino,
muestra la foto de una cebolla inyectada con tinte azul. Al sacarle las capas a
la cebolla, vemos que el tinte ha penetrado hasta las capas más profundas.
Con la curación ocurre lo mismo. Va dándose por capas. Por ejemplo, el
verano pasado me empezó a doler la rodilla izquierda cuando me agachaba.
Pero no tenía ninguna lesión física en ella. Lo sé porque podía hacer mis
ejercicios de Pilates como de costumbre. Por ser médico, sabía que si hubiera
tenido un problema estructural en la rodilla no habría podido realizar este
tipo de ejercicios. Sin embargo, las múltiples sesiones con estiramientos
fasciales, que son excelentes para los problemas de rodilla, e incluso la
acupuntura, no me sirvieron de nada. El dolor no se fue pese a mis numerosas
peticiones de Amor Divino, ni siquiera cuando trabajé con Bob directamente
en este problema. Un día resbalé por culpa de una fina capa de hielo y me
hice daño en la pierna derecha. Esta pierna me dolía mucho por la caída.
Ahora no tenía ninguna pierna sobre la que apoyarme. Sabía, literalmente,
que esta situación era muy simbólica. Así que pedí dejar atrás mi antigua
manera de avanzar por el mundo, añadiendo que había decidido abandonar
este hábito por voluntad propia. El dolor de la pierna derecha desapareció casi
en el acto. La molestia de la rodilla izquierda también disminuyó, pero no se
fue del todo.
La razón de ello es que estaba aprendiendo a avanzar por la vida de una
manera completamente nueva con relación a las mujeres de mi vida y a mi
forma femenina de ser. (La parte izquierda representa la madre, las mujeres
de nuestras vidas y, también, nuestro lado femenino.) Estaba
desprendiéndome poco a poco, pero con firmeza, de los años y años de
programación que había en mi cuerpo en este sentido. Capa por capa.
Si has leído cualquiera de mis otros libros, sabrás que en la perimenopausia
desarrollé un fibroma de grandes dimensiones en el útero. Por mi práctica
como ginecóloga y obstetra durante años, a esas alturas ya era toda una
experta en salud y curación. Hasta sabía que los fibromas representaban la
«creatividad que aún no había nacido». Pero lo que ignoraba era que también
estaban relacionados con invertir la energía creativa en un trabajo o en una
relación sin porvenir. En mi caso, mi Alma —a través del útero— me estaba
dando un ejemplo muy tangible de esto precisamente. El fibroma alcanzó el
tamaño de un balón de fútbol. Cuando me lo extirparon quirúrgicamente, le
pedí al anestesiólogo que dijera, mientras me encontraba bajo los efectos de la
anestesia: «Y cuando te despiertes, el hábito que ha creado el fibroma se habrá
ido de tu cuerpo». Dos años más tarde, era una mujer soltera. Había estado
quitándole las capas a esa cebolla en particular durante unos seis años antes de
captar del todo el mensaje. Y las relaciones de cualquier tipo han sido mis
maestros (y las capas de la cebolla) toda mi vida. Hasta que al final me
entregué a la verdad que aparece en este libro. Mi relación principal tenía que
ser ante todo con Dios. ¡Todo lo demás era secundario!

Oraciones de Cámbiame
Mi buena amiga y colega Tosha Silver, cuyo libro fundamental Outrageous
Openness: Letting the Divine Take the Lead les ha cambiado la vida a muchas
personas para mejor, creó las oraciones de Cámbiame y ha escrito un libro
titulado Change Me Prayers: The Hidden Power of Spiritual Surrender.
Básicamente, una oración de Cámbiame es una plegaria del ego hacia nuestro
Yo Divino. Tosha dice que es la respuesta a la pregunta: «¿Cómo puedo
cambiar un hábito arraigado que he intentado en balde dejar de mil y una
maneras?»
Una oración de Cámbiame es más o menos así:

Dios mío, cámbiame en alguien que esté dispuesto a recibir.


Dios mío, cámbiame en alguien que esté dispuesto con toda su alma a
someter su voluntad a la TUYA y que CONFÍE en que Dios tome el
mando.
Dios mío, cámbiame en alguien que conozca de verdad su importancia
y su valía. Soy tuyo, eres mío, somos Uno.

Las enseñanzas de Tosha sobre «dejar que Dios tome el mando» nos
transforman la vida. Pero en una cultura demencial que nos inculca creer que
podemos manifestar cualquier cosa que queramos si creamos la lista adecuada,
emprendemos las acciones correctas y pronunciamos las afirmaciones idóneas,
al ego le cuesta una barbaridad soltar las riendas. Yo lo llamo la enfermedad
del «hacedor». Después de todo, nos han estado enseñando desde una edad
temprana que el éxito, el amor, la salud y la felicidad dependen de hacer lo
que nuestra cultura nos dice que hagamos. Aunque vaya en contra de los
dictados de nuestro corazón.
Las oraciones de Cámbiame son enormemente útiles y prácticas para
aprender a confiar en uno mismo y a burlar las trampas del ego. Lo esencial
es: Dios tiene un plan para cada persona. Ese plan es tu destino. Lo elegiste
antes de nacer. Dios está dentro de ti, hablándote constantemente. Tu labor
es sintonizar con ese plan y dejar que te guíe. Pero son muy pocas las personas
a las que les han enseñado a escuchar esta guía interior. Lo fundamental en
una oración de Cámbiame es esto: «Cámbiame en alguien que confíe en la
parte Divina que hay en mí».
Lo conseguirás a base de práctica. Y con el tiempo descubrirás que
funciona.
Una cosa más: dejar que Dios tome el mando no significa quedarte de
brazos cruzados y esperar que Él se ocupe de todo, sino estar receptivo a los
mensajes y a las sugerencias interiores que recibes, y luego actuar de acuerdo
con ello.

La ayuda angelical
Desde el día en que a los doce años leí entusiasmada Natives of Eternity, la
presencia de los ángeles se ha vuelto habitual en mi vida y esto es realmente
un don del cielo. Autores de peso como Doreen Virtue y Kyle Gray, que
representan a los ángeles de una manera muy distinta a la que se muestra en
las Escrituras, han estado fomentando la popularidad de esos guías. Estos
maestros tratan el tema con una energía maravillosa y un punto de vista muy
fresco. Por ejemplo, Kyle señala que los ángeles no siempre son pequeños
seres angelicales. También pueden ser feroces y poderosos. Artillería pesada,
por así decirlo. Los ángeles se están convirtiendo en elementos de apoyo en
libros que tratan de temas mucho más amplios. Anthony William ha ayudado
a curar a miles de personas escuchando una voz en su cabeza llamada Espíritu
Supremo, el cual se ha definido ante Anthony como «la palabra viviente de la
compasión». Anthony dedica un capítulo entero a la ayuda angelical en su libro
Médico Médium, donde enumera 21 Ángeles Esenciales que están en la tierra
para ayudar, y también cita que hay 144.000 ángeles desconocidos a los que,
además, podemos recurrir. Anthony sugiere que llamemos a tres o cuatro
ángeles a la vez para cualquier problema que tengamos.
Siempre he creído en el poder de la ayuda angelical y lo he experimentado
en mi propia vida. Tenemos ángeles de la guarda que nos guían llevándonos
de la mano aunque lo ignoremos. Siempre podemos contar con que nos
conducirán por el buen camino si decidimos escucharlos. También podemos
llamarlos para que nos ayuden, basta con que se lo pidamos. ¡Pero para
conectar con la ayuda angelical debemos pedírselo en voz alta! Ya que la voz
de cada uno tiene una propiedad y resonancia especial que los ángeles oirán.
Bob Fritchie añadió las palabras «y con la ayuda de los ángeles» a las
peticiones que creó porque vio que de ese modo se volvían mucho más
poderosas.
Cuando te enfrentes a algo que no sepas cómo manejar, pide ayuda. ¡Por
qué no ibas a hacerlo! Así es como te haces la vida fácil. Como creas tu propio
cielo en la tierra. Y, como el difunto Peter Calhoun, un sacerdote episcopal
que acabó siendo chamán, dijo una vez en un taller al que asistí: «Cuando la
situación os sobrepase por lo poderosa que es, recurrid a la autoridad más
elevada». ¡Y los ángeles, sin duda, lo son!
4
Aprende a interpretar
los mensajes del universo
Lo que buscas te está buscando.

RUMI

La comunicación con lo Divino no es una comunicación unilateral, tú hablas


y Dios te responde. Y tú no eres siempre el que inicia la parte divina de la
conversación. El universo nos habla de formas maravillosas a diario. Estos
mensajes tal vez aparezcan en respuesta a una petición, o quizá nos los hayan
enviado para decirnos algo sobre nuestro viaje.
¿Cómo se comunica el universo con nosotros? Por medio de signos y
símbolos que nos indican si vamos por el buen camino. Son como Dios
animándonos, diciéndonos que hemos tomado la dirección correcta,
insinuándonos lo que debemos hacer a continuación, y a veces señalándonos
que hemos de detenernos y girar en redondo. Por ejemplo, ayer una amiga
mía me llamó riendo. Presionada por una sensación de culpa y obligación,
había aceptado dar una charla sin apetecerle lo más mínimo y se arrepintió
enseguida. Me llamó mientras se dirigía en coche al lugar de la charla. El viaje
suele tomar una hora, pero ella tardó tres en llegar. Se había producido una
inundación. Y las señales de tráfico luminosas parpadeaban con advertencias
como: «REDUZCA LA VELOCIDAD. NO SE AHOGUE» y «NO SIGA CIRCULANDO
POR ESTE LUGAR. TENGA CUIDADO CON LA INUNDACIÓN. PELIGRO EXTREMO».
Me contó que había entendido las señales perfectamente. Sabía que nunca
olvidaría ese viaje, en especial en el futuro, cuando estuviera a punto de decir
sí cuando en realidad quería decir no.
Las señales aparecen por todas partes; solo tenemos que estar receptivos
para verlas. Una mañana, mientras estaba trabajando en el primer manuscrito
de este libro, decidí hojear el libro Oraciones a los ángeles de Kyle Gray para
que me inspirara antes de ponerme a escribir. Me había llegado por correo el
día anterior y aquella noche lo dejé sobre la mesilla del dormitorio. A la
mañana siguiente, al abrirlo al azar, apareció la página sobre el arcángel
Metatrón. En ella ponía: «Metatrón está muy relacionado con los cambios y
las transiciones planetarias. Por el momento, nos está enseñando a dominar
las energías nuevas que el universo nos ofrece. Yo lo llamo “el ángel que
conecta el cielo con la Tierra”». Sonreí de oreja a oreja, complacida; había
captado la magia de esa conexión. En primer lugar, no sabía que Metatrón se
ocupaba de conectar el cielo con la tierra. Saltaba a la vista que Metatrón era
la «señal» perfecta para que empezara a escribir este libro, que trata de traer el
cielo a la tierra para crear nuestro propio cielo en la vida cotidiana. ¡A partir
de ese día, le he estado dando las gracias a diario por inspirarme mientras
escribía este libro! Unos meses más tarde, hice el ritual de las 13 Noches
Sagradas que celebro cuando finaliza el año, a partir de Nochebuena hasta la
noche del día 6 de enero. En Nochebuena medito, elijo una carta oracular y
recibo la guía para el año siguiente. El ángel que elegí al azar (de la baraja de
Ángeles de Kyle), como influencia predominante en el 2016, el año en el que
se publicó este libro, fue Metatrón. ¡Por supuesto!
Otro caso del universo comunicándose conmigo me ocurrió recientemente.
Grabé dos vídeos en los que aparecían unos orbes diminutos luminosos
rebotando, no los vi hasta que publiqué esos vídeos en Internet. Varios
seguidores míos de Instagram me contaron que esas esferitas de luz eran
hadas que me visitaban. Ya sé que parece increíble, pero puedes comprobarlo
por ti mismo. Muchas personas las descubren saliendo en sus fotos…, son
señales inexplicables de energía Divina. Cuando era pequeña, fabricaba hadas
de papel y jugaba con ellas en medio de las lilas del jardín. Esta clase de
energía etérea propia de las hadas que está ahora apareciendo en mi vida es la
confirmación de que mi sistema nervioso se está relajando de nuevo, por fin,
al estado natural de puro amor.
Esta «casualidad» de ver el símbolo que necesitaba para inspirarme —me
refiero a Metatrón y las hadas— no es más que una de las formas concretas y
prácticas con las que Dios se comunica con nosotros. Dios está justo aquí para
ti. Para que Dios se comunique contigo no necesitas pasarte décadas siendo
un «buscador» espiritual. Dios está dentro de ti. Solo necesitas saber cómo
funciona este tipo de comunicación y dejar que la venda de la incredulidad se
desprenda de tus ojos.
El problema que tiene la mayoría de la gente a la hora de reconocer que el
universo se comunica con nosotros es que nuestra cultura, por lo general
reduccionista, y la clase de ciencia que practicamos nos hacen dudar de estas
cosas. El tema del que estoy hablando en este capítulo —conocido como
«pensamiento mágico»—, e incluso nuestra capacidad para comunicarnos
telepáticamente con los demás —y con la inteligencia del universo—, se ha
estado demostrando repetidamente. Por lo que he visto, el universo —y el
Alma— se sirven de cualquier medio posible para conectar con nosotros. Las
señales pueden venir de todas partes: matrículas, señales de tráfico, canciones
radiofónicas o incluso señales elegidas al azar, como las de las cartas del tarot.
Aquí tienes algunas de mis favoritas y cómo las puedes usar.

Sueños
El mensaje más directo, consistente y poderoso que recibirás del Alma viene
directamente de los sueños. Por eso es importante para ti que les prestes
atención e intentes interpretarlos. Y, como ocurre con todo, es una disciplina
que vale la pena.
Los sueños contienen inspiración, advertencias y vaticinios sobre el futuro.
En su libro El secreto tolteca: prácticas ancestrales para comprender el poder de los
sueños, Sergio Magaña, cuyo linaje tiene 1.400 años de antigüedad, puntualiza
que hay dos realidades distintas: la del nagual (de donde vienen los sueños) y
la del tonal (la vida de vigilia). Afirma que la del nagual es cuatro veces más
importante que la del tonal porque todo lo que nos ocurre en el estado de
vigilia ha aparecido antes en un sueño.
Aunque esto no significa que lo que te ocurra en un sueño te vaya a pasar
inevitablemente en la vigilia. Lo esencial es captar el mensaje para cambiar el
resultado si es posible. Incluso puedes hacer este cambio en el nagual
volviendo a entrar en el sueño y cambiando el final.
Magaña dice que los que no se fijan en los sueños son como muertos
vivientes. He acabado comprendiendo la sabiduría de esta afirmación.
Tanto Sigmund Freud como su discípulo Carl Jung —padres de la
psicología moderna— conocían el poder de los sueños como mensajes del
Alma y escribieron sobre ello. Los alumnos del Instituto Jung de Suiza
aprenden a fondo a interpretar los sueños. Marion Woodman, escritora
prolífica y psicoanalista, trabajó con el asombroso poder práctico y curativo de
las imágenes oníricas y escribió sobre él. Sus libros son un clásico en su
género.
Un colega amigo mío me contó una experiencia que le hizo reconsiderar el
poder de los sueños. Tuvo un vívido sueño en el que se estaba desangrando
por una hemorragia rectal. Decidió hacerse un chequeo médico y, como era
de esperar, le encontraron un cáncer incipiente en el colon. Se lo extirparon y
desde entonces se encuentra perfectamente. Asegura que el sueño le salvó la
vida. El doctor Larry Burk, radiólogo y autor de Let Magic Happen, ha llevado
a cabo extensas investigaciones sobre los sueños y ha publicado un estudio
sobre los sueños relacionados con el cáncer de mama como una herramienta
fiable de diagnóstico. Los sueños pueden ser muy útiles y exactos, ¡qué
curioso que la profesión médica los ignore!
Empecé a estudiar en profundidad mis propios sueños con la psicóloga
clínica Doris E. Cohen, autora de Repetition: Past Lives, Life, and Rebirth en
el 2012, cuando mi ego se estaba desintegrando por la pérdida del hombre al
que tanto amaba. Doris E. Cohen me enseñó que el subconsciente es muy
eficiente y que usa cualquier cosa que esté ocurriendo en nuestra vida para
transmitirnos un mensaje. Incluso se sirve de las imágenes de un programa o
de una película que hayamos visto recientemente por la televisión. Aunque
esto no significa que el programa televisivo nos haya hecho soñar lo que
hemos soñado. El subconsciente usa simplemente ese personaje para
comunicarnos algo. Por ejemplo, una vez soñé con Jake Ballard, el personaje
de ficción de la serie Scandal. Lo que él representaba era la lealtad, la
integridad y la destreza, las cualidades que me gustan en un hombre. No soñé
con Jake Ballard en sí mismo. Creo que una de las razones por las que las
celebridades son tan adoradas en nuestra sociedad es porque representan
papeles sociales y nos identificamos con ellos. En este sentido, son muy útiles
para nuestra psique.
Si no hubiera usado los sueños y mi aprendizaje con Doris E. Cohen a
modo de salvavidas, me habría hundido en la desesperación y la amargura.
Pero superé mi dolor y escribí Las diosas nunca envejecen, el título que Doris
me sugirió mientras asistía a una de sus sesiones de interpretación de sueños.
Y ese libro ha inspirado y animado a miles de mujeres de todo el mundo. Y
ocurrió por haber seguido los dictados de mi Alma y por estar dispuesta a
transformar mi dolor.

CÓMO USAR, RECORDAR E INTERPRETAR LOS SUEÑOS

1. Proponte recordar tus sueños. Di en voz alta o para tus adentros algo como: «Dios
míos ayúdame a relajarme y a recordar mis sueños esta noche». Deja encima de la
mesilla de noche un bolígrafo, una hoja de papel, una linterna o una grabadora.

2. Haz la pregunta que desearías que te respondieran en tu sueño. Pide que la imagen
sea fácil de entender e interpretar. Y luego olvídate de ello y concilia el sueño.

3. Si te despiertas en medio de la noche por un sueño, probablemente te está


transmitiendo un mensaje importante. Asegúrate de escribir al menos unos pocos
detalles para recordarlo por la mañana. En tu estado de duermevela, cuando el
sueño es muy vívido, creerás que no se te olvidarán los detalles. Pero, si no anotas
algunos, se te habrán borrado de la memoria al despertar. Hazme caso. A mí me ha
ocurrido docenas de veces.

4. En cuanto te despiertes, quédate en la cama un momento, recordando los detalles


del sueño antes de que se te olviden. Escríbelos. Yo los grabo con mi iPhone como
un mensaje de voz. Y más tarde los tecleo en un archivo de Word reservado para los
sueños que tengo cada mes y lo guardo en el ordenador.

5. Ponle un título al sueño, como si fuera el titular de un periódico. Resumirá la


sabiduría presente en el sueño y en el futuro hará que lo recuerdes con todo lujo de
detalles.

6. Fíjate en si se dan temas recurrentes en tus sueños. Y también si aparece cualquier


animal. Me encanta cuando aparecen animales en mis sueños. Siempre son muy
simbólicos. Cuando me ocurre consulto lo que simbolizan al día siguiente. Animal,
Chamán: la sabiduría y los poderes mágicos y espirituales del mundo animal, de Ted
Andrews, es mi libro favorito para ello. También uso Las cartas de la medicina de
Jamie Sams y David Carson. Puedes además buscar en Google escribiendo el
nombre del animal y la palabra «significado»; por ejemplo, «significado de gorila».

7. Otros símbolos y temas habituales y comunes son la ropa y los zapatos, que
representan los papeles que desempeñamos en la vida. El cabello simboliza los
pensamientos en tu cabeza, de modo que un color de pelo o un peinado nuevos
indican una nueva manera de pensar. Los coches representan el Yo avanzando por
la vida. Las casas simbolizan el Yo, y un sótano representa el inconsciente. Cuando
descubres en los sueños habitaciones que ignorabas que estuvieran allí, significa
que te estás abriendo a nuevos aspectos de tu Ser.

8. El doctor Larry Burk sugiere que te preguntes: «¿Qué quiere transmitirme este
sueño?» Detente y observa el primer pensamiento que te venga a la cabeza.
Escríbelo. Larry Burk te aconseja que consideres seriamente que el mundo espiritual
tal vez tenga una pregunta que quiere que le respondas.

9. Comparte el sueño con alguien. A menudo, al volver a contar el sueño en voz alta a
un amigo de confianza o a un terapeuta, su significado sale a la luz por el mero
hecho de haberlo compartido.

Advierte la frecuencia con la que recuerdas un sueño de la noche anterior. Pero hazlo mucho
después, a lo largo del día, como por ejemplo por la tarde. Intenta averiguar qué es lo que te lo
ha hecho recordar a esa hora. Escríbelo. No le quites importancia. Doris, mi terapeuta de los
sueños, afirma que solemos soñar con las mismas cosas cientos de veces antes de captar el
mensaje. ¡El Alma es de lo más compasiva!
Si un sueño saca a la luz un tema sin resolver o molesto en cierto modo, cierra los ojos
durante el estado de vigilia y procura volver a soñarlo. Cambia el final. No olvides que el
universo está lleno de posibilidades. Puedes cambiar tu futuro cambiando el presente. Y, sea
cual sea la imagen que aparezca en un sueño o en una meditación, todas vienen del mismo
lugar.

Canciones
Como ya he mencionado, suelo oír canciones en mi cabeza cuando estoy
haciendo meditaciones sobre el Amor Divino y siempre son importantes. La
música es un modo de penetrar el Alma directamente, y por eso escuchar una
canción en particular puede servir a modo de oráculo. Por ejemplo, en su
autobiografía iconoclasta, Kevin Hancock, propietario del Hancock Lumber,
en Maine, escribe lo que le ocurrió cuando salía en coche del camino de
entrada de la casa de su amiga Rosie, una mujer que vive en la Reserva India
de Pine Ridge, en Dakota del Sur. Después de que una interpretación
evolutiva de su carta astral le ayudara a entender la razón por la que había
perdido la voz debido a una enfermedad conocida como disfonía
espasmódica, se ha estado sintiendo atraído inexorablemente por ese lugar.
Llevando su lejano pasado al presente, Kevin escribe elocuentemente sobre su
imperioso deseo de ir al Oeste. Una y otra vez. A lugares que le resultan
familiares pese a no haberlos visitado antes. A lugares donde se siente como
en casa. Kevin escribe: «Cuando circulaba por el serpenteante camino de
grava de la entrada de la casa de Rosie, empezó de pronto a sonar «Hogar», la
canción de éxito de Phillip Phillips, en la emisora de la KCNB de Chadron
(Nebraska). La letra trata de estar perdido y de encontrarte a ti mismo y
sentirte por fin en casa».
¡Pues sí, Dios incluso se presenta en una banda sonora!
El viaje de Kevin a Pine Ridge y a las zonas de los alrededores fue —a nivel
del Alma— como volver a su hogar. Estaba volviendo a casa, a una parte más
profunda de sí mismo de la que se había alejado en su vida cotidiana. Y,
además, estaba volviendo a un lugar importante de su vida pasada. Las señales
y los signos nos muestran simplemente el camino, a modo de balizas a lo
largo del viaje de nuestra Alma. A todos.

Matrículas, señales de tráfico, relojes


Como he observado antes, las señales están por todos lados. Incluso en los
lugares más insospechados. Mi amiga Tosha Silver, autora de Change Me
Prayers, comparte notas deliciosas en los medios sociales, y en sus libros y
seminarios, sobre los mensajes que Dios nos presenta con frecuencia. A
menudo, a través de matrículas, señales de tráfico u objetos fortuitos tirados
en la acera. Desde que soy consciente de esta clase de oráculo —y que veo las
divertidísimas imágenes que Tosha publica en su Facebook— estoy fijándome
mucho más en este tipo de cosas en mi propia vida. Y con frecuencia me
choca la precisión del mensaje procedente del coche que va delante del mío.
Por ejemplo, un día, cuando me dirigía a Portland para asistir a una clase de
tango, me sentía un poco deprimida. Incluso había estado considerando
cancelar la lección. De pronto, vi un coche un poco más adelante con una
matrícula en la que ponía «DIVERTIDO», y me hizo recuperar al instante el
buen humor que me caracteriza. Fue como si Dios me dijera, mirándome:
«¡Eh, las clases de tango son divertidísimas! ¡Venga, anímate!»
Otra de mis señales favoritas me llegó el año pasado a finales de marzo al
ver algo en el camino de entrada de mi casa que parecía basura. Cuando fui a
cogerlo, descubrí que era un globo flotando a ras de suelo. Estaba decorado
con las palabras «SÉ MI PAREJA DE SAN VALENTÍN». ¿Cómo diantres había
estado flotando en el aire hasta ir a parar en medio del camino de entrada de
mi casa, si el 14 de febrero había quedado atrás hacía ya varias semanas? No
tengo idea, pero era la señal perfecta para el año. Le saqué una foto y se la
mandé en un mensaje de texto a Tosha. Y en ese mismo instante, en la otra
punta del país, en San Francisco, un chico pasó corriendo junto a ella con una
camiseta que ponía «MI PAREJA FANGOSA DE SAN VALENTÍN», el lema se refiere
a una carrera anual en la que los participantes han encontrado al amor de su
vida. Tanto Tosha como yo habíamos estado muy interesadas en encontrar
una auténtica pareja en todos los aspectos de nuestra vida, empezando por el
interior. Ambas sabemos que la insistencia de nuestra cultura en encontrar la
«plenitud» con el amor sentimental está plagada de peligros, hasta que
encontramos esa plenitud en nuestro interior. ¡El globo de «SÉ MI PAREJA DE
SAN VALENTÍN» y la camiseta de «MI PAREJA FANGOSA DE SAN VALENTÍN»
apareciendo simultáneamente en ambas costas de Estados Unidos eran los
guiños de Dios asegurándonos que íbamos por buen camino!
Una de las señales que suelo recibir de Dios es cuando, al consultar el
móvil, veo que la hora es un múltiple de 11. El once representa en
numerología el camino de la maestría espiritual. También significa que los
ángeles se encuentran cerca. Ver que el reloj marca las 11.11, 4.44 o 3.33 al
consultarlo es otro guiño de Dios. Sea lo que sea lo que esté haciendo en ese
momento, es como si Dios me diera su beneplácito, y entonces sé que voy
hacia la dirección correcta.
La próxima vez que consultes el móvil y descubras un múltiple de 11, sonríe
y haz una captura de pantalla, sabiendo que vas por buen camino. Y observa
lo que estás haciendo en ese momento. ¿Te diriges a una reunión? ¿Vas a
conocer a una persona nueva? Asocia la señal del reloj a lo que está ocurriendo
en tu vida en ese momento.
A mí me ocurrió un día mientras escribía este libro, exactamente a las 4.44
de la tarde. Iba a enviarle un correo electrónico a un amigo para decirle que
no podría ir al lugar adonde habíamos planeado encontrarnos para hacer un
viaje juntos. Temía que se llevara una decepción, pero la hora 4.44 era justo la
señal que necesitaba para saber que mi decisión era correcta. ¡Le envié el
correo enseguida! Se llevó un buen chasco. Varias semanas más tarde se
rompió la pierna esquiando, o sea que de todos modos no podría haber hecho
aquel viaje conmigo. La guía divina es un proceso que se adelanta en el
tiempo, significa que te lleva al futuro sin explicarte la razón. Solo lo acabas
de entender en retrospectiva, al mirar atrás.
Cartas oraculares, lecturas del tarot, videntes
Algunos de los métodos más habituales de la gente para ver señales que les
muestren que van por buen camino son las cartas oraculares, las lecturas del
tarot y los videntes. Estas formas de comunicación son muy conocidas. Tengo
unas veinte barajas distintas de cartas oraculares guardadas cerca del comedor.
Las que más uso son las cartas adivinatorias del Mapa encantado de Colette
Baron-Reid, las cartas de Respuestas angelicales de Doreen Virtue, Las cartas de
la Medicina de Jamie Sams y David Carson y las cartas oraculares de Oraciones
a los ángeles de Kyle Gray. Elijo una carta al azar a modo de guía para un
asunto en particular. O hago lecturas relacionales en las que elijo una carta
para mí, otra para el tema en cuestión (o la otra persona) y una tercera para
poner entre medio, y así me hago una idea de cuál es la situación.
Cuando uses las cartas oraculares a modo de guía sencilla, formula la
pregunta que desees, baraja las cartas y elige una. Esta carta te ayudará a ver lo
que necesitas saber sobre la situación en la que se centra tu pregunta. Para
entender mejor el significado de la carta, la mayoría de barajas oraculares van
acompañadas de un manual en el que se explica detalladamente el significado
de las cartas.
Además de las cartas oraculares, llevo siempre en el bolso las cartas del tarot
en formato mini para viaje. A lo largo de los años he descubierto que me
resulta de gran ayuda consultarlas cuando tengo que tomar cualquier tipo de
decisión, desde el restaurante que elegiré para pedir comida para llevar hasta
si aceptaré o no una oferta laboral. Cuando se trata simplemente de obtener
un «sí» o un «no» como respuesta, uso las cartas del tarot y dos trocitos de
papel que llevo con ellas. En uno pone «SÍ» y en el otro «NO». Los llevo
doblados para no saber cuál es cual. Para decantarme por un «sí» o un «no»,
pongo los dos trozos doblados de papel encima de la mesa, conecto con Dios
y luego elijo al azar una carta del tarot para cada uno. En cuanto he elegido
las cartas, desdoblo los papeles del «sí» y el «no» y observo las cartas del tarot
asociadas con ellos. Conozco lo suficiente el simbolismo del tarot como para
hacerme una buena idea del asunto cuando necesito tomar una decisión. Los
distintos matices y sugerencias que reflejan son muy útiles.
Si el asunto no puede responderse solo con un «sí» o un «no» —si hay una
serie de opciones—, uso también un método parecido. Escribo cada opción
en un trocito de papel, los doblo, me conecto con Dios y luego elijo al azar
una carta del tarot y la dejo boca arriba encima de cada papel. Esto me da la
información sobre una elección que está más allá del alcance del ego y del
intelecto. También suelo hacer una tirada de tarot en particular a modo de
«previsión del tiempo» para ver mi situación. Si mi manera de pensar no es la
más acertada, se refleja casi siempre en las cartas.
Hay muchos tipos de barajas del tarot, desde la Rider-Waite-Smith, una de
las más usadas, hasta mi preferida, la Motherpeace Round. La mayor
diferencia en gran parte de las barajas son las ilustraciones. Generalmente
tienen un tema, como la naturaleza. Las cartas del tarot se dividen en dos
clases: los arcanos mayores y los arcanos menores. En las barajas más
corrientes, los arcanos menores se componen de bastos, espadas, copas y
círculos (discos o pentáculos) y están numerados o contienen imágenes de la
corte, como la sota, la reina y el rey. Por lo general, hay 56 cartas de arcanos
menores, aunque esto varía según la baraja que adquieras. Los arcanos
mayores se componen de 22 cartas numeradas del 1 al 22 o del 0 al 21.
También llevan el nombre de ideas como «La rueda de la fortuna», «La
muerte», «El diablo», «El mago», «El sol», etcétera. Estas cartas representan
principios cósmicos más universales.
Cada carta del tarot tiene un significado y una lectura; las cartas de los
arcanos menores tienen que ver con las sutilezas y los detalles relacionados
con las situaciones. Son las cartas «menores», que revelan los elementos
personales de la lectura. Las cartas de los arcanos mayores indican algo de
mayor envergadura, expresan ideas y arquetipos universales.
En este libro no puedo enseñarte a leer el tarot porque, al igual que ocurre
con la interpretación de las cartas astrales, es todo un arte. Por suerte, la
mayoría de barajas del tarot van acompañadas de un manual para aprender a
leerlo en el que se incluye el significado de cada carta. Te sugiero que consigas
una baraja del tarot y empieces a conocer las cartas y las tiradas. También es
una gran idea ir a ver a un buen tarotista para que te eche las cartas.

CÓMO TOMAR UNA DECISIÓN CON LA AYUDA DEL TAROT

Hay muchas formas de obtener información de las cartas del tarot, y, aunque no pueda
ahondar en detalles en este libro, el siguiente método es uno de mis preferidos:

1. Entiende el problema: cuando escribía este libro estaba intentando decidir si


incluir o no apartados (como este). Los apartados tienen sus pros y sus contras: por
un lado presentan una información fácil de localizar visualmente, pero por el otro
interrumpen la narrativa del capítulo, por lo que la cualidad del texto cambia. Yo me
decantaba por los apartados, pero no estaba segura de que fueran lo más acertado
para este libro.

2. Ve con claridad las opciones: en mi caso, las opciones eran incluir o no los
apartados. Aunque este ejemplo sea muy básico, pueden darse una serie de
opciones, depende de la decisión que necesites tomar.

3. Escribe las opciones: escribí «con apartados» y «sin apartados» en dos trocitos de
papel y los doblé para no saber cuál era cual.

4. Formula la pregunta: pregunté: «¿Cuál de estas opciones es la más indicada?»

5. Echa las cartas: elije una carta al azar para cada opción que hayas escrito y ponla
encima. A mí me salió «El diablo» para la opción de «sin apartados». Un mensaje
muy claro. «El diablo» no siempre es una mala carta, solo representa estar
desconectado de la Divinidad. Salta a la vista que opté por los apartados.

Aunque usar las cartas del tarot de esta manera parezca complicado, ya que cada una tiene
un significado distinto, he descubierto que con el paso de los años cada vez me resulta más
fácil interpretarlas. A base de práctica, te volverás todo un experto en el tarot. Y, en cuanto
conozcas a fondo tu baraja, las cartas te hablarán. Y recibirás mucha más información de la que
representan. No olvides que las cartas del tarot proceden de las profundas pautas arquetípicas
de la conciencia humana que se han estado transmitiendo a lo largo de los siglos.

Cuando uses las cartas del tarot recuerda que no tienen ningún poder en sí
mismas ni por sí solas. La gente teme una lectura «negativa» del tarot, igual
que les pasa con la astrología. Pero este miedo viene de un mal uso de las
facultades intuitivas para sacar dinero que se suele vincular con el mundo de la
videncia. Para divertirme, en ocasiones voy a ver al tipo de videntes que se
anuncian con rótulos de neón que se ven de lejos desde la calle, y pocas veces
me han sido de gran utilidad. Cuando te leen las cartas, o bien te dejan con
los ánimos por los suelos, sin esperanza alguna, o bien te lo pintan todo de
color rosa. Este proceder solo crea mala energía, y, como la mayoría solo
vamos a ver a un vidente cuando nuestro ego quiere desesperadamente que se
haga realidad algo (un trabajo, un amante, una decisión), necesitamos que nos
lo confirmen. Las lecturas del tarot son muy útiles si proceden de un buen
tarotista.
No olvides que el hecho de ser vidente y ver otros reinos no significa que la
información que obtenga de ellos vaya a ser provechosa, exacta o incluso algo
en lo que debas implicarte. Como les digo a los que saben contactar con los
difuntos: «Que estén muertos no significa que estén iluminados». Solo porque
alguien sea vidente o esté dotado de una intuición prodigiosa no significa que
tenga poderes curativos. A veces, los videntes tienen una energía poco limpia
y usan sus facultades para exprimir a los clientes. Cualquiera puede desarrollar
lo que se conoce como poderes sobrenaturales si se lo propone. No te dejes
embaucar por los que los usan para obtener poder. Ser una fuerza de luz y de
curación no tiene nada que ver con eso. La actitud más espiritual en cualquier
situación es dar a los demás el beneficio de la duda y ser bondadoso, generoso
y tolerante. Incluso cuando alguien no se lo merezca.
Cuando le leo el tarot a otra persona (o a mí misma) y me sale alguna carta
problemática —como «El diablo» o una del palo de espadas—, le señalo que
la carta solo refleja lo que ella piensa sobre el tema en ese momento. Un poco
más tarde le vuelvo a tirar las cartas para mostrarle que, al ver de otro modo el
asunto, la lectura también cambia. ¡Bingo! Esa persona recupera su poder. Y
las cartas vuelven a ser lo que son: ¡una herramienta para averiguar lo que uno
está realmente pensando o sintiendo para cambiar su forma de pensar para
mejor!
Sincronicidades orquestadas divinamente
Una de mis formas preferidas de comunicación procedente de Dios son, sin
duda, las sincronicidades, las situaciones que parecen ocurrir por «casualidad»,
pero que están tan cargadas de significado que es imposible creer que sean
obra del azar. Las sincronicidades siempre están orquestadas por una fuerza
misteriosa que escapa a la comprensión del ego. Forma parte de la magia.
En el verano del 2015 viví la más sorprendente serie de episodios
orquestados por una fuerza divina. Me quedé anonadada. Antes de entrar en
detalles, me gustaría explicar su importancia hablando del año 2012, cuando
hice realidad mi antiguo sueño de ir a Buenos Aires a bailar tango. En el viaje
viví varios momentos maravillosos; sin embargo, mi sueño no fue como yo
esperaba.
Al segundo día de llegar al país, cuando caminaba alegremente por una
calle soleada repleta de gente con un compañero que también bailaba tango,
un amigo que había visitado la ciudad muchas veces y que hablaba castellano
con fluidez —me había afirmado lo seguro que era ese lugar—, de repente un
tipo, arrimándose a mi espalda, me rodeó el cuello con las manos y me
arrancó el collar de un tirón. Ocurrió en milésimas de segundo. Aterrada, me
quedé temblando con el cuello arañado y magullado. Ese momento estableció
el tono de mi aventura de tres semanas. El ladrón no solo me robó un collar
antiguo, sino que, además de ser caro, era el collar de oro de una Diosa en
forma de luna creciente. Un grupo de amigos íntimos me lo habían regalado
colectivamente en mi cumpleaños y era, sin duda, mi joya preferida, una pieza
de autor que siempre llevaba puesta.
Cuando me ocurrió, lo conté en Facebook para recibir el apoyo de mis
seguidores. Tosha Silver, a la que apenas conocía en aquella época, me envió
un mensaje muy significativo diciéndome que muchas veces la propia Diosa
exigía un sacrificio como parte de la curación de uno. Tal vez fuera un buen
augurio después de todo.
Aunque siga echando de menos el collar y le haya sugerido al universo que
me gustaría que le pasaran una serie de cosas al ladrón, también sé que el robo
fue sumamente simbólico.
Parte del viaje de mi vida ha consistido en aprender y aceptar que mi alma
gemela auténtica no está fuera, sino dentro de mí. En mi interior. Cualquier
intento de buscarla en el exterior no funcionaría a la larga. (Créeme, lo he
intentado todo, incluso buscar pareja en Internet. Pues sí. Lo llegué a hacer.)
Pero esto no significa que no prefiriera una relación de pareja. Lo que ocurre
es que debo realizar este trabajo interior. Es el matrimonio interior para el
que he nacido.
Cuando fui a Argentina todavía no había aceptado esta parte de mi viaje
vital. Estaba llorando la pérdida de una relación, creía que era «la definitiva».
Pensaba que él era mi media naranja. Pero lo cierto es que todos tenemos
dentro la energía masculina y la femenina, y si queremos ser felices en la vida
debemos equilibrarlas en nuestro interior. Ninguna fuerza exterior nos hará
nunca sentirnos completos. Pero una cosa es entenderlo intelectualmente —
siempre lo he sabido— y otra muy distinta ser puesta a prueba al perder al
hombre que crees que es el amor de tu vida. El robo del collar me hizo ver
que debía dejar de buscar el amor fuera de mí y centrarme en equilibrar la
energía masculina y la femenina en mi interior.
Entre el 2012 y mi viaje en el 2015 me dediqué sin tregua a la meta de
equilibrarlas. Francamente, cualquier otra cosa era demasiado dolorosa para
mí. Y, como no consumo drogas ni alcohol, ni siquiera intenté evadirme de
mi dolor; sabía que mi vivo deseo y mi desesperación no se esfumarían por
más cosas que hiciera. Pero en la primavera del 2015 una buena amiga me
invitó a un viaje especial al que solo se podía ir por medio de una invitación,
donde visitaría un lugar sagrado que siempre le había fascinado. Muchos de
mis colegas también iban a ir. Todo lo que tuvo que ver con aquel viaje —
desde su planificación hasta las paradas que haríamos a lo largo del camino—
fue como un asentimiento de Dios en el que reconocía que yo estaba haciendo
bien mi labor. Iba por buen camino.
La sincronicidad del viaje comenzó a darse desde que lo planificamos.
Nuestras conversaciones sobre él empezaron cuando Marte (un planeta
masculino) y Venus (un planeta femenino) estaban ejecutando la danza más
inusual que tiene lugar en el espacio, aproximándose tres veces, algo inaudito.
El mismo viaje, que también ocurrió durante la danza de Marte y Venus,
consistió en realizar un retiro en el monte Shasta, donde se dice que hay uno
de los centros energéticos más poderosos del planeta. En ese punto se nota la
elevada vibración telúrica y la pureza del lugar. Y la mayoría de las veces
tampoco hay cobertura para el móvil.
Allí estuve en un paraje llamado Stewart Springs, donde, entre otras cosas,
puedes bañarte en aguas termales ricas en minerales. Me enteré de la
existencia de un manantial macho y otro hembra que brotan del mismo lugar.
El manantial hembra deja un rastro rojizo por el alto contenido en hierro de
sus aguas, y el macho, uno blanco procedente de la calcita. En los baños
termales y en las piscinas donde la gente se sumerge después de haber ido a la
sauna se usa el agua del manantial macho. Por lo visto, el agua del manantial
hembra «se come» las tuberías y no se puede usar.
En el lugar donde brotan los dos manantiales de la tierra, se alza un
mirador con una cúpula transparente desde donde uno puede contemplarlos.
También hay un gran altar de piedra al aire libre, en el que los visitantes dejan
notas, cristales, fotografías y diversos objetos sagrados como una especie de
homenaje a este lugar tan especial, donde las energías de lo masculino y lo
femenino manan una al lado de la otra de las entrañas de la tierra.
Me encantaba estar en el mirador y dejé una ofrenda encima del altar, junto
con una oración y la intención de unir la energía masculina y la femenina en
mi interior. Y de nuevo, por milésima vez, le entregué a Dios mi vivo deseo
de encontrar a mi media naranja. Sentí que me hallaba en ese lugar del
planeta y en ese momento en especial gracias a una orquestación divina.
Curiosamente, cuando estuve en el monte Shasta, me enteré de que solo
hay otro lugar en la tierra donde un manantial masculino y un manantial
femenino brotan del mismo lugar: Glastonbury, en Inglaterra. Decidí ir a
visitar aquel pueblo al cabo de un mes, durante otro encuentro de Marte y
Venus en el espacio. Me quedé alucinada. ¿Era posible que hubiera sido una
casualidad? Para nada. La guía divina había orquestado el peregrinaje más
profundo para mí a los dos únicos lugares sagrados donde la energía
masculina y la femenina brotaban de las entrañas de la tierra, en el momento
en que esas energías estaban danzando en lo alto del cielo.
En Glastonbury visité el Manantial Blanco masculino que discurre por el
interior de una construcción gótica de piedra, complementado con piscinas de
aguas medicinales y altares dedicados a la Diosa y al Dios Astado. Es decir,
Venus y Marte. Cantamos una canción a la Diosa y dejé varias ofrendas para
los aspectos masculino y femenino de la Divinidad. Después, visitamos el
Manantial femenino del Cáliz y sus hermosas representaciones de la Vesica
Piscis en la pasarela que conduce a este manantial sagrado y en la entrada del
mismo. La Vesica Piscis son dos círculos entrelazados que simbolizan la
unión del Espíritu y la Materia, o de lo masculino y lo femenino. Llené varias
botellas con el agua del Manantial del Cáliz para llevármelas a casa, y sumergí
diversos cristales en las aguas medicinales para que se impregnaran de su
energía.
Los viajes al monte Shasta y a Glastonbury fueron transformadores para mí.
Me hicieron ver más si cabe lo importante que era ser consciente de mi valía y
de mi poder. Y me permitieron reflexionar sobre lo lejos que había llegado
desde que la Diosa había reclamado su collar en Buenos Aires.
La buena noticia es que mis vivos deseos de encontrar mi media naranja y
mi desolación forman parte del pasado. Ahora soy más feliz y me siento más
llena de lo que jamás me he sentido, mi vibración ha subido una barbaridad.
Me da la impresión de haber «alcanzado» por fin algo que llevaba muchas
vidas persiguiendo.

La magia está por todos lados


En Glastonbury decidí también visitar la capilla de Santa Margarita, una
parte de la zona enorme donde se alza la abadía de Glastonbury. Quería
hacerlo porque había estudiado obstetricia en la antigua Maternidad de Santa
Margarita, situada en la cima de la colina de Dorchester, en Boston. Santa
Margarita de Escocia, a la que se asocia con el principio Divino Femenino,
consagró su vida al prójimo, amando a todo el mundo incondicionalmente.
En la Maternidad de Santa Margarita, la hermana Anna empezaba el día
leyendo unas oraciones matutinas que se escuchaban por los potentes
altavoces, oraciones que oíamos por todos los rincones del hospital, incluso
mientras estábamos realizando una cesárea difícil o reanimando a un recién
nacido. Esas oraciones siempre me reconfortaban.
En la pileta donde nos lavábamos las manos, también había una placa con
una oración dedicada al Arcángel Rafael, el gran sanador, que yo siempre leía
antes de practicar una cirugía. Aunque no recuerdo las palabras exactas, venía
a decir que rezábamos para que el Arcángel Rafael actuara a través de
nosotros mientras operábamos a las pacientes para que fuéramos una fuerza
curativa. Me encantaba saber que no estaba sola en la sala de operaciones, que
unas fuerzas más grandes que yo me estaban ayudando. Al sentarme en la
capilla de Santa Margarita, en Glastonbury, encendí una vela y le hice una
ofrenda a la santa. Le agradecí todo lo que había hecho en la tierra cuando
vivía en un cuerpo humano, y todo lo que seguía haciendo ahora en su
condición de Espíritu.
Durante mi formación como obstetra en la Maternidad de Santa Margarita
tuve que aprender a ser una experta en cirugía, anatomía y nudos quirúrgicos.
Para aprender un oficio o una profesión, sea cual sea, no hay atajos; exige
dedicación, disciplina y tiempo. No hay otra. Pero, cuando invitamos a la
Gran Magia en nuestra vida, descubrimos al cabo de poco la existencia de
unas fuerzas mucho más poderosas que el intelecto a las que recurrir para que
nos ayuden en cualquier aspecto de nuestra vida. Y entonces cualquier cosa,
desde las matrículas de coches hasta los encuentros casuales, nos mostrarán
que vamos por buen camino. No hay nada más estimulante.
5
Pensamientos y sentimientos:
Los elementos básicos de tu realidad
Los pensamientos se materializan… Elige los buenos.

MIKE DOOLEY

Ahora dejaré el tema del Espíritu y analizaré el poder que tiene la mente para
hacerte la vida fácil. Lo primero que debes entender del reino de la mente es
que la cualidad de tu vida depende de la cualidad de los pensamientos que
acostumbras a tener. Los pensamientos son en el cerebro episodios
electromagnéticos poderosos que crean un torbellino de energía tanto a tu
alrededor como en tu interior. Lo que piensas se refleja en lo que sientes, y lo
que sientes se refleja en tu vibración. Y tu vibración determina lo que atraes
en la vida. Los pensamientos positivos tienen una vibración alta, y los
negativos una vibración baja. Cada pensamiento que te viene a la mente crea
cambios sutiles en el sistema inmunológico, el sistema endocrino y el sistema
nervioso central.
Los pensamientos positivos van acompañados de cambios positivos en la
bioquímica de nuestro cuerpo. En cambio, los negativos debilitan el sistema
inmune y nos bajan el ánimo. Y no hay que olvidar que ambas clases de
pensamientos atraen a sus equivalentes físicos. Por eso, advertir la cualidad de
nuestros pensamientos diarios —y elegirlos con más deliberación y atención
— es una herramienta poderosa para hacernos la vida fácil.
Parece sencillo, ¿no? Y lo es. El problema está en que se estima que
tenemos unos 60.000 pensamientos al día. Y de entre ellos, el 80 por ciento
son negativos y corrientes, como por ejemplo: «Ya soy demasiado mayor para
[rellena el espacio en blanco]». O «Mi padre tenía razón. Nunca conseguiré
nada en la vida». Y otros parecidos. Los pensamientos, como los genes, se
transmiten de familia a familia y de tribu a tribu, y se contagian con suma
facilidad. Por ejemplo, si creciste en una familia que cree que los ricos son
mala gente, lo más probable es que pienses lo mismo. Pensar de distinta
manera a como piensa tu tribu se considera una traición. Y, como recordarás
del capítulo anterior, las tribus castigan lo que consideran una traición con la
humillación y el abandono. Como la humillación y el abandono son
dolorosos, la mayoría de la gente no quiere arriesgarse a cambiar su forma de
pensar, y menos aún a no encajar en su tribu. Estoy incidiendo en este tema
para que, cuando sientas la inevitable resistencia a cambiar tu forma de
pensar, sepas que ¡vas por buen camino!
Por suerte, todos podemos cambiar nuestro modo de pensar. En su
magnífica charla TED, el doctor Joe Dispenza explica con todo lujo de
detalles cómo los pensamientos, y los sentimientos que acarrean, cambian los
patrones neuronales del cerebro. Los pensamientos y los sentimientos
repetitivos de alegría o de compasión crean nuevas conexiones en el cerebro, y
las antiguas —de depresión y tristeza— acaban desapareciendo. Pero solo se
consigue a base de constancia y dedicación. Lo que ahora se sabe sobre el
cerebro es que se vuelve un experto en aquello que más practica. Los
pensamientos repetitivos crean rutas neuronales más rápidas y extensas en el
cerebro, al igual que los senderos naturales de los bosques son más fáciles de
recorrer y seguir cuantos más caminantes los usen. Como dice el axioma
popular: «Las neuronas que se activan juntas, se conectan entre sí». La
capacidad del cerebro para cambiar sus redes neuronales al pensar y actuar de
distinta manera se conoce como neuroplasticidad. Y esta cualidad la
conservamos toda la vida, lo que significa que nunca es demasiado tarde para
cambiar de chip y para que tu vida mejore gracias a ello.
Cambiar de pensamientos exige constancia, amor propio, optimismo,
paciencia y disciplina. Cuando empezamos a fijarnos con afecto en nuestros
pensamientos —por más negativos que sean—, poco a poco los vamos
cambiando por otros más positivos de manera natural. Nuestra vida acaba
mejorando. Los pensamientos y las sustancias bioquímicas que generan
afectan al cuerpo y nos benefician en lugar de ir en nuestra contra. Veamos
ahora algunos métodos probados para cambiar nuestro modo de pensar.

Ama tu inocencia interior


El maestro espiritual Matt Kahn señala que lo que se conoce como «la
sombra» es, en realidad, el niño que llevamos dentro y nuestra inocencia
interior, ya que, como los hemos estado ignorando y censurando durante
tanto tiempo, harán lo que sea por llamarnos la atención. Para recalcar este
punto en una de sus charlas publicadas en YouTube, contó el momento de su
vida en el que se hizo patente el poder de su niño interior. Mientras se estaba
comunicando con grandes maestros y con otros guías espirituales de
vibraciones elevadas, oyó una voz en su cabeza diciéndole: «¡Que te den!» Era
la voz de su niño interior, cuyas necesidades había estado ignorando. Por lo
visto, a nuestro niño interior le encanta soltar esta palabrota para
recordárnoslo.
Cuando lo oí, lo vi con claridad. ¡Claro! Prácticamente todos, yo incluida,
solemos cobijar la arraigada idea de que aquello que tenemos para decir o para
aportar al mundo no es lo bastante bueno. Esta idea viene del sistema
nervioso hiperestimulado —y de creencias inconscientes derivadas de él— de
nuestro niño interior. Y del niño interior de nuestros padres, y del de los
padres de nuestros padres, y así sucesivamente.
No conseguirás cambiar tus pensamientos, y menos aún tu conducta, hasta
que no ames esa parte de ti. Ámala como si fuera un niño de cinco años
sufriendo. Cuando te descubras teniendo pensamientos negativos, dile ante
todo a tu niño interior, que está mostrándote cómo se siente: «Te quiero. Eres
bello. Te aprecio. Te perdono. Eres valioso». Dilo en voz alta poniéndote una
mano sobre el corazón. Sintiéndolo de verdad. Porque si solo dices «elegiré
los pensamientos que me hagan sentir mejor» de boca para fuera, sin tener en
cuenta el sufrimiento de tu niño interior, no te funcionará. Tienes que amar a
tu niño interior y este no parará de pedírtelo hasta que le prestes atención. Así
entenderás que esos pensamientos negativos solo vienen de un aspecto tuyo
que necesita recibir amor. Ocúpate primero de esta parte de tu ser y observa
luego lo fácil que te resulta cambiar de pensamientos.

Reduce tu exposición a la negatividad


Además de amar a tu niño interior, hay una serie de cosas que puedes hacer
para cambiar tu forma de pensar. La primera es reducir las influencias
negativas del ambiente. Como las que recibimos a diario de los medios de
comunicación, la música, los videojuegos e Internet, y evitar además cualquier
persona tóxica que te chupe la energía. No olvides que nuestra cultura se basa
en alimentar al ego y en llenarnos de miedo. Nos están bombardeando
continuamente con mensajes que nos mantienen atrapados en el miedo y en la
negatividad. Elimina de tu vida, o al menos reduce al máximo, cualquier cosa
que fomente el miedo, la rabia, el cansancio o una sensación de impotencia.
Pongamos, por ejemplo, las noticias del telediario. Estar al tanto de lo que
ocurre en el mundo es positivo. Y, francamente, tendríamos que vivir debajo
de una roca para no escuchar las noticias emitidas a todas horas, los siete días
de la semana, por los medios de comunicación y por Internet. Pero sé sensato
respecto a los medios de comunicación y conoce las fuentes de donde
proceden. En las noticias diarias emitidas a todas horas se eligen las
situaciones más extremas del planeta, y encima las acompañan de una música
poderosa y evocadora, y de escenas de dolor, rabia y caos. Las noticias diarias
son un negocio patrocinado por anunciantes con un punto de vista en
particular. Los programas televisivos más comerciales, por ejemplo, están
patrocinados por la industria alimentaria y la industria farmacéutica, y el
contenido que fomentan es afín al mensaje que quieren hacernos creer. Si lo
tienes en cuenta y sabes cómo funcionan los medios de comunicación,
estupendo. Así no te impregnarás de la negatividad que transmiten sin darte
cuenta.
Soy una persona alegre y optimista por naturaleza, pero cuando miro, por
ejemplo, el telediario siempre me deprimo. Por eso no miro las noticias del
día. ¿Por qué? Porque no hay ningún sistema nervioso, endocrino o inmune
del cuerpo humano que esté diseñado para asimilar las noticias negativas
internacionales que nos llegan al comedor de nuestra casa a diario.
Francamente, la mayoría ya tenemos bastante con las frustraciones del
trabajo, el vecindario y la familia como para añadirles las del planeta entero.
Evitar la negatividad es tan importante, entre otras razones, porque esta nos
desconecta de nuestro poder para hacer cambios positivos en el mundo y en
nuestra vida. Produce precisamente el efecto contrario. Nos insensibiliza y
desempodera. ¿Cómo íbamos a hacer una diferencia en el mundo ante
tamaño sufrimiento y destrucción? Vivir en ese estado vibracional tan bajo es
paralizador. Debemos intentar a toda costa que nuestra vibración alcance la
frecuencia más elevada posible, la propia del optimismo, la esperanza y la
alegría
Cuando conectas con tu parte Divina, fluyes con el poder de la pura energía
positiva. Y esta pura energía positiva genera un campo magnético que atrae
más pura energía positiva. Es la clase de energía que crea inspiración y levanta
los ánimos de los demás. Es una energía constructiva en lugar de destructiva.
Es justo lo opuesto de la energía que produce vandalismo y brotes de
violencia. Fluir con la pura energía positiva te inspira a pasear en plena
naturaleza, sonreír a los desconocidos y ser una fuerza benefactora. Y esa
energía pura y positiva es lo que mejora y cura al planeta. De manera
poderosa. Es un hecho científico.

El poder de las afirmaciones


Lo más probable es que hayas oído que las afirmaciones positivas son útiles
para cambiar los hábitos mentales negativos arraigados. Pero ¿qué son
exactamente las afirmaciones y cómo se usan?
Afirmar significa asegurar algo —con energía y públicamente— y/o sentirlo
emocionalmente. Una afirmación es declarar con contundencia, de viva voz o
por escrito, un hecho que nos apoya emocionalmente para materializar y
recalcar algo que deseamos en la vida. Un ejemplo de una afirmación es: «Soy
libre, feliz y estoy sano. La felicidad es mi derecho natural. He nacido para
estar alegre».
Para usar afirmaciones, solo hay que pronunciarlas. Mirándote al espejo,
dilas en voz alta. De este modo estarás creando, literalmente, nuevas redes
neuronales en el cerebro. No ocurre de la noche a la mañana, pero recuerda lo
que he mencionado al principio del capítulo: tu cerebro se vuelve un experto
en aquello que practica a menudo. Tómate el tiempo que haga falta y
asegúrate, además, de que afirmar algo te resulte agradable de por sí. Las
afirmaciones pronunciadas por obligación y despreocupadamente no harán
que las cosas cambien demasiado en tu vida.

¿EN QUÉ CONSISTEN LAS AFIRMACIONES?

Las afirmaciones son declaraciones contundentes, realizadas en presente, que expresan algún
resultado deseado en tu vida. Por ejemplo: «La vida me apoya de todas las formas». O «Estoy
sano y totalmente libre de dolor». Es muy sencillo, ¿no?
Sin embargo, en las afirmaciones puedes caer en un par de errores. Es importante no
sabotearte con una afirmación que te quede demasiado grande. Como, por ejemplo: «Gano
felizmente un millón de dólares netos al año». Si estás cargado de deudas y ganas un sueldo
relativamente bajo, esta próspera y nueva realidad es un salto demasiado grande para tu
cerebro. Y lo más probable es que tu cuerpo y tu mente se rebelen.
Hay que tener en cuenta además que las afirmaciones tampoco deben ser demasiado
detalladas o concretas, como: «El amor de mi vida, que tiene un gran trabajo, gana mucho
dinero, se lleva de maravilla con su familia y es compasivo con todos los seres, ya está aquí».
Tosha Silver lo denomina «Dar a Dios una lista de la compra», una expresión que le va como
anillo al dedo. Es mucho más eficaz hacer una afirmación amplia y general sobre cómo quieres
sentirte. Un buen ejemplo sería: «El amor de mi vida, que me hace sentir viva y feliz, ya está
aquí». Cuando le damos a Dios una «lista de la compra» de lo que queremos en concreto, limita
lo que puede hacer a través de nosotros. Y, créeme, es preferible que nuestra parte Divina lleve
las riendas, porque Dios sabe lo que necesitamos mejor de lo que nuestro intelecto limitado lo
podría saber.
No olvides que las afirmaciones, en realidad, no hacen que las cosas ocurran, sino que
elevan tu vibración para que estés más receptivo al resultado deseado.

Siempre me ha interesado la conexión entre nuestros pensamientos, la salud


y las circunstancias. Durante los primeros años que ejercí como obstetra,
siempre tenía guardado en el cajón del escritorio de la consulta Sana tu cuerpo,
el librito azul —un clásico en su género— de Louise Hay sobre las causas
mentales de las enfermedades físicas. Lo consultaba a menudo para saber
relacionar lo que mis pacientes experimentaban en su cuerpo con sus hábitos
mentales. Vi que los hábitos mentales y las manifestaciones físicas de esos
pensamientos estaban muy vinculados.
Si bien siempre he entendido cómo actúan los pensamientos respecto a la
salud, mi auténtica prueba de fuego sobre el poder de los pensamientos para
cambiar la realidad tuvo que ver con el tema del dinero. Cuando me estaba
divorciando me aterraba perder la casa y no ser capaz de ofrecerles a mis hijas
una buena educación universitaria. Como tantas otras mujeres, había dejado
la economía en manos de mi marido, segura de que él manejaría este tedioso
tema mucho mejor que yo. Pero ahora estaba atravesando una crisis. Si quería
una estabilidad económica para mí y mis hijas, no me quedaba otra. Lo
primero que hice fue leer Piense y hágase rico de Napoleon Hill, todo un
clásico, publicado en 1937, sobre la relación entre nuestros pensamientos y
nuestros ingresos. Leí el libro e hice cada ejercicio como si mi vida dependiera
de ello. Al mismo tiempo, leí Las leyes dinámicas de la prosperidad de
Catherine Ponder. Otro clásico.
Quería adquirir la clase de mentalidad que atrae la abundancia. Y debía
hacerlo lo antes posible. Además de leer los libros, creé algunas afirmaciones
para atraerla. No tenían que ver solo con el dinero, aunque algunas sí que se
centraban en él, sino con la prosperidad en todos los ámbitos de mi vida. Con
cómo deseaba sentirme. Con cómo quería vivir. Con cómo deseaba
interactuar con el mundo. Algunas de mis favoritas eran las siguientes:

Ahora estoy gozando de una salud perfecta, una prosperidad


abundante y una felicidad completa e inmensa. Es cierto, porque el
mundo está lleno de gente encantadora que me está ayudando
afectuosamente en cualquier sentido.
Ahora estoy rodeada de la compañía de innumerables ángeles.
Ahora estoy llevando una vida maravillosa, interesante y satisfactoria,
sumamente provechosa en todos los sentidos.
Gracias a la mayor riqueza, salud y felicidad de la que gozo, ahora
puedo ayudar a los demás a llevar una vida maravillosa, interesante y
satisfactoria, sumamente provechosa en todos los sentidos. Mi
bienestar —nuestro bienestar— es universal.
Hoy he renacido espiritualmente. Dejo atrás mi antigua forma de
pensar y traigo Amor Divino, luz, salud, alegría, riqueza, éxito, placer,
prosperidad y abundancia a mi vida de maneras concretas y claras.
Me elevo por encima de los problemas y los obstáculos mientras
avanzo triunfalmente para reclamar mi derecho Divino natural a gozar
de una riqueza, una salud, un amor, una prosperidad y una abundancia
ilimitados.
Acepto solo la armonía, la paz mental, una salud radiante, el amor
personal y una abundancia económica desbordante como mi estado
natural en la vida cotidiana.
Hay un gran poder en mi alegría, mi placer y mi visión de una vida
maravillosa.

Pronunciaba estas afirmaciones en voz alta, cada día, una y otra vez,
mientras andaba con brío en la cinta. Lo hacía con mucho entusiasmo para
elevar mi vibración al máximo, quería que mi cuerpo se impregnara de esas
palabras. Las afirmaciones me ayudaron a ser un receptáculo mucho más
sólido del que había sido antes. Poco a poco, día a día, me dieron la energía y
la inspiración que necesitaba para conocer lo esencial sobre la prosperidad y
ser toda una experta en finanzas.
El poder de las afirmaciones en mi propia vida es incuestionable. Te sugiero
que crees algunas para que cambies lo que necesites cambiar. Y que añadas
otras afirmaciones nuevas con regularidad. Empieza cada mañana diciendo
algunas. Y pégalas en un pósit al espejo del cuarto de baño. Si lo deseas,
puedes inscribirte en mi web (www.drnorthrup.com) para recibir a diario
afirmaciones en tu correo electrónico.

Escritura propioceptiva: escribe lo que te venga a la cabeza


La escritura propioceptiva es otra manera poderosa de cambiar de
pensamientos. Nunca olvidaré el día en que la conocí por primera vez, hace
años. Me encontraba en la sala de partos y vi en el hospital un anuncio de un
taller de algo llamado escritura propioceptiva. Conocía la propiocepción
muscular, que nos permite saber —incluso con los ojos cerrados— dónde se
encuentran nuestros brazos y piernas en el espacio. Pero no tenía idea de
cómo esto se podía aplicar a la escritura.
En aquella época tenía un problema con la redacción de textos; por eso,
probablemente, el anuncio me llamó la atención. Me costaba una barbaridad
escribir cualquier texto científico. En mi cabeza siempre había un jefe de lo
más despiadado diciéndome que no tenía idea de lo que estaba haciendo. Que
era una negada. Y que no valía para nada. Mis años de estudios universitarios
y de formación en la facultad de Medicina habían aumentado la voz de la
inseguridad en lugar de mitigarla.
Decidí ponerme en contacto con Linda Trichter Metcalf, la persona que
dirigía el taller, y le pregunté si el curso me ayudaría. Linda, que por aquel
entonces también enseñaba lengua inglesa en el Instituto Pratt de Brooklyn
(Nueva York), me aseguró que su método era indicado para cualquier persona
que deseara expresarse mejor por escrito, incluso en la redacción de informes
médicos. Estando embarazada de mi segunda hija, me apunté al taller de fin
de semana. Y me cambió la vida. Me ayudó a limpiar el manglar de mis
pensamientos y creencias condicionados de una forma tan asombrosa que
acabé descubriendo mi singular voz como escritora. Me encontré a mí misma.
Me ayudó a distinguir la voz de mis padres, mi profesión, mis hermanos y mi
marido de lo que yo realmente pensaba y creía. También me permitió escribir
el primer libro y —francamente— todos los que le siguieron.
La escritura propioceptiva, que nos ayuda a explorar a fondo nuestras
creencias básicas, fue un salvavidas que me conectó a mi Yo. A mi Alma. Este
método funciona porque te ayuda a identificar lo que de verdad crees sobre un
tema al escribir los pensamientos y las reflexiones que te provocan con
empatía y compasión. Puedes hacerlo sobre cualquier tema. Por ejemplo, si
escribes sobre la palabra madre, la escritura propioceptiva te ayuda a ver lo que
tu mente piensa de esta palabra. Descubrirás que te vienen a la cabeza todo
tipo de remembranzas sobre tu madre que no sabías que recordabas. Mientras
escribes, ves con claridad lo que de verdad piensas en lugar de lo que te han
condicionado a pensar y lo que se supone que debes pensar. Y cuando
reconoces tus creencias auténticas, sin juzgarlas, puedes empezar a cambiarlas.
Como Linda dice en su página web:

La escritura propioceptiva es un elemento importante en las artes


curativas. Nos enseña a expresar lo que pensamos sin juzgarnos, a
reflexionar sobre nuestros sentimientos sin culparnos ni avergonzarnos y a
vivir las emociones sin dejarnos agobiar por ellas, el primer paso para la
salud emocional.

La escritura propioceptiva combina simultáneamente el intelecto, la


imaginación y la intuición. Y lo lleva a cabo como un ritual. Se suele hacer
escuchando música barroca (Mozart, Bach, Vivaldi y otros compositores
barrocos), porque se ha demostrado que esta música favorece enormemente la
creatividad. También se pueden escuchar ragas indias, aunque estas provocan
una experiencia distinta.
A medida que practiques este tipo de escritura, descubrirás que tus
pensamientos son valiosos. Que siguen un orden. Y que se dirigen hacia la
resolución y la curación. Lo cual es sumamente tranquilizador para aquellos
de nosotros a los que nos han formado sin tener en cuenta nuestra propia
genialidad singular. Como Linda afirma: «Los que se sienten atraídos por la
escritura propioceptiva son los que desean ser ellos mismos, llevar una vida
que no parezca la de otra persona».

CÓMO PONERLA EN PRÁCTICA

El proceso de la escritura propioceptiva es muy sencillo. Simplemente, eliges un tema y


escribes sobre él prestando atención a tus sentimientos, sin juzgar lo que te viene a la cabeza.
Aquí tienes un resumen, paso a paso, de cómo hacerlo, para que te resulte lo más sencillo
posible.

1. Reúne el siguiente material: un bolígrafo, una vela, cerillas, hojas DIN-A4 y una serie
de música barroca que dure cerca de 20 minutos. Este tipo de música tiene una
vibración determinada que favorece la función cerebral, se conoce como el efecto
Mozart. También puedes probar con otras clases de música si lo deseas.

2. Coge unas veinte hojas y escribe la fecha en la primera página, en la parte superior
derecha. Numera cada página a medida que escribes, pero solo por un lado, porque
solamente usarás una cara.

En cuanto dispongas del papel, pon la música y enciende la vela.


Respira hondo y empieza a escribir.
A los veinte minutos, termina de escribir sobre el último pensamiento que
hayas tenido.
Hazte luego las siguientes preguntas: «¿Cómo me siento?» y «¿Qué historia
estoy contando?»
Escribe las respuestas. Tómate todo el tiempo que necesites.
Normalmente, solo te hará falta de una a tres líneas para expresarlo.
Lee ahora lo que has escrito en voz alta.

Recuerda: cuando escribas, escucha la voz en tu cabeza, la del yo observador. Anota lo que
oigas. A modo de secretario. Eso es todo. Escribe todo cuanto te venga a la mente, aunque
parezca no tener sentido. Cada pensamiento tiene su significado y su importancia.
Fíjate también en si escuchas cualquier palabra «cargada» de significado, y cuando te ocurra
(como valioso o decepcionado), analízala a fondo haciéndote la pregunta propioceptiva de: «¿A
qué me refiero con [rellena el espacio en blanco]?» Escribe lo que hayas oído. Recuerda que
estás actuando a guisa de secretario, anotando los pensamientos que te vienen a la mente.
La escritura propioceptiva es poderosa cuando la haces por ti mismo, pero
hay una forma de aumentar sus efectos todavía más. A mi entender, no hay
nada más significativo, sagrado o curativo que hacer la escritura propioceptiva
en grupo. O, al menos, con otra persona en la que confíes.
Después del proceso de escribir, lee en voz alta lo que has anotado. Los
demás pueden responder escribiendo lo que les ha conmovido o impresionado
del escrito. De esta manera te oyes reflejado a través de los demás. Este
método es sumamente fortalecedor a medida que aprendes a confiar en tus
pensamientos y los cambias para que reflejen más positivamente tu parte
Divina. Yo lo he hecho muchas veces con los amigos y la familia y siempre
nos ha unido más. Y también refleja cómo somos de verdad a los demás. La
mayoría de personas se quedan alucinadas de lo que ocurre cuando dejan su
mente libre y se desprenden del jefe interior que les dice continuamente que
lo están haciendo todo mal.

Meditación
Se ha demostrado que las distintas clases de meditaciones favorecen la salud
física, bajan la tensión arterial, eliminan la depresión, reducen los actos de
violencia y fomentan un mayor bienestar y felicidad. Al aquietar los
pensamientos por medio de la meditación, recuperamos de manera natural la
vibración más elevada que teníamos de bebés, antes de que el ego se formara
debido a la tensión crónica del sistema nervioso. El doctor Herbert Benson,
que estudió en Harvard, fue un pionero en el estudio de la meditación y
acuñó el término respuesta de relajación para describir lo que ocurre en el
cuerpo a nivel físico, emocional y mental durante la meditación. Esta
respuesta es la causante de los numerosos beneficios que experimentan los
meditadores.
Una de las ventajas de la meditación es que hay un gran abanico para elegir.
Meditar andando consiste, sencillamente, en avanzar con lentitud prestando
atención a las sensaciones producidas por los movimientos. Meditar sentado
se basa en concentrarnos en un mantra o en la respiración. El mindfulness es
otro tipo de meditación en el que nos centramos en el momento presente en
cualquier situación, sin juzgar nada, aceptando cualquier pensamiento y
sensación que surja. Son algunas de las distintas clases de meditación, y al
disponer de tantas opciones seguro que encuentras una que te atraiga.
Hace muchos años aprendí meditación trascendental e incluso estudié con
el difunto yogui Maharishi Mahesh, el fundador de esta técnica. Practiqué
esta meditación religiosamente durante muchos años y me convertí en toda
una experta en calmar el cuerpo y la mente, pero para beneficiarte de la
meditación no es necesario ir a ningún centro para aprender a meditar. Solo
tienes que cerrar los ojos y seguir la respiración.

MEDITACIONES SENCILLAS

Meditación respiratoria: meditar utilizando la respiración es una de las clases de meditación


más sencillas. Para realizarla, siéntate cómodamente. Activa el temporizador para que suene a
los 15 minutos. Cierra los ojos. Inspira contando hasta cuatro. Retén la respiración. Y, luego,
espira contando hasta cuatro.
Hazlo hasta que suene el temporizador. Si no quieres usar un temporizador, sigue
simplemente la respiración durante un rato. Descubrirás que te sientes más tranquilo. Y que tu
vibración sube.

Proceso de realización: recientemente he trabajado con un tipo de meditación llamado


«proceso de realización». Este proceso, creado por Judith Blackstone, se basa en observar los
tejidos del propio cuerpo, empezando por los pies. Prueba lo siguiente: cierra los ojos. Inspira
contando hasta dos y luego espira contando también hasta dos hasta que tu respiración se
vuelva relajada y fluida. A continuación, lleva la atención a los pies. Relaja el arco de los pies.
Siente cómo es estar en los pies. Totalmente. Ve subiendo ahora poco a poco por el cuerpo,
permaneciendo en los pies, pero incluyendo a la vez las piernas. Y luego, las rodillas. Las
caderas. La pelvis. El torso. El pecho. El cuello. Y, por último, el centro de la cabeza. Dedica un
rato a llevar la atención a cada área. Permanece simplemente en ellas.

Como puedes ver, hay muchas clases de meditación. No importa la que


decidas practicar, todas se centran en llevarte al presente, ayudándote a
percibir y aceptar tus pensamientos. Aquietando la mente. Y aportándote una
sensación de paz y calma. A medida que practicas la meditación, los patrones
negativos de tu mente y tu cuerpo van desapareciendo con el tiempo.

Curación personal, curación global


Al sanar nuestros pensamientos, no solo estamos enderezando nuestra vida,
sino yendo mucho más allá. Matt Kahn, maestro espiritual y sanador, observa
que, cada vez que afrontamos nuestra ira, decepción o tristeza con amor,
cambiamos el mundo. Hay más de sesenta estudios publicados en revistas
científicas validados por especialistas, como el Journal of Conflict Resolution,
que demuestran que, cuando solo un uno por ciento de la población cambia la
cualidad de sus pensamientos habituales con prácticas como la meditación
trascendental, se da un descenso visible en los crímenes violentos, los robos y
el malestar de todo tipo.
El Instituto HeartMath está realizando también una investigación
colaboradora a través de la Iniciativa de Coherencia Global, que consiste en
aplicar sensores en distintos lugares del planeta para medir el campo
electromagnético sutil de la tierra. Aunque parezca increíble, se ha
descubierto, mediante los registros de los sensores, que las emociones y los
pensamientos colectivos humanos afectan el campo magnético terrestre.
Cuando una gran cantidad de personas crea en su corazón estados de bondad
amorosa y de compasión, los campos electromagnéticos alrededor de la tierra
que benefician a todo el mundo —a plantas, a animales y al mismo planeta—
se vuelven más coherentes. La razón es el círculo de retroalimentación que se
da entre los seres humanos y los sistemas energéticos/magnéticos de la tierra.
Cada persona influye en este campo global porque todos estamos
interconectados con los campos magnéticos generados por el sol y la tierra y
recibimos su influencia. Y cada célula de nuestro cuerpo está impregnada
tanto en el ambiente interno como en el ambiente externo de las fuerzas
magnéticas invisibles fluctuantes.
Las investigaciones sobre la meditación y el proyecto de la Iniciativa de
Coherencia Global son ejemplos perfectos de lo que Albert Einstein dijo en
1946 después del lanzamiento de la primera bomba atómica en Japón, y ante
la posibilidad de la destrucción del planeta: «Si la humanidad quiere
sobrevivir y avanzar hacia un nivel superior, necesita un nuevo modo de
pensar». ¡Ser conscientes de que la cualidad de nuestros pensamientos y
emociones es muy importante —para todos— es realmente una nueva forma
de pensar!

Ama todo lo que surja


En Ama todo lo que surja, Matt Kahn sugiere que cuando aparezca un
pensamiento o una situación dolorosa en nuestra vida digamos simplemente
«Gracias», lo cual es un acto de fe en sí mismo porque el ego tiende a juzgarlo
todo como bueno o malo. Al decir gracias, estamos aceptando que se está
dando una mayor sabiduría que el ego no puede identificar. Kahn también
sugiere que nos digamos a nosotros mismos «Te quiero». De todo corazón.
Porque los pensamientos poco sanos y la negatividad que conllevan vienen de
la falta de amor y de la desconexión con nuestra Fuente. Es más, esos
pensamientos y emociones desagradables no solo están creando negatividad
en nuestra vida, sino también en la de los demás. A medida que reparamos en
ellos los vamos eliminando. Para todos. De modo que, cuando tengas esos
pensamientos negativos, no olvides que necesitas irradiar más y no menos
amor. Tu poder yace en advertir que estás sintiendo ira, tristeza o frustración
y en ver que esas emociones representan oportunidades para darte las gracias y
quererte en lugar de juzgarte. Tienes el poder de decir: «Te quiero, en ese
instante. En medio de la agitación interior». La parte enfurecida y
desconectada de tu ser desparece entonces, porque has escuchado su mensaje.
Le has prestado atención y le has dado el amor que necesitaba.
Cuando dejamos de luchar contra nosotros mismos, cuando dejamos de
maltratarnos al decidir no vernos como poco valiosos o imperfectos, cuando
fluimos con lo Divino y nos queremos a nosotros mismos, estamos
fomentando vibraciones superiores en todos. Y, como los pensamientos, las
emociones y el propio planeta están conectados, podrías perfectamente estar
contribuyendo con esta actitud a que llueva en lugares asolados por la sequía.
O ayudando a una mujer a concebir al hijo que tanto desea. O propiciando
que las abejas encuentren flores para polinizarlas. Sí, nuestros pensamientos y
emociones —cuando están conectados con lo Divino— son capaces de hacer
todo esto y mucho más.
6
El poder de dar y recibir
Hasta que no lo recibamos todo con el corazón abierto, no estaremos
dando nada de verdad de todo corazón. Cuando juzgamos la ayuda que
recibimos, juzgamos la ayuda que ofrecemos sabiéndolo o sin darnos
cuenta.

BRENÉ BROWN

Estoy segura de que has oído el viejo refrán acerca de que es más gratificante
dar que recibir, ¿verdad? Y, aunque dar nos haga sentir bien, no hay alegría
alguna en dar a no ser que el que lo reciba sea generoso. Tanto dar como
recibir, si se hace con amor, alegría y sinceridad, es un bálsamo para el alma
agotada. Si quieres que tu vida fluya y sea fácil de verdad, lo mejor es aprender
a dar y recibir con generosidad y alegría.
A la mayoría de la gente le han cortado las alas a una edad temprana, sobre
todo a las mujeres. Y nos han condicionado para excedernos en lo que se
refiere a dar. Tenemos que equilibrar esta tendencia femenina, porque de lo
contrario estaremos siempre estresadas y agotadas.
Las fiestas navideñas lo ilustran a la perfección. Los regalos de Navidad se
han convertido en una carga tan grande que asociamos estas fiestas con el
estrés. Y esto es ridículo. El espacio de tiempo a partir del día de Acción de
Gracias hasta el Año Nuevo tiene que caracterizarse por ser una época para
reflexionar sobre el año anterior y disfrutar del verdadero significado de las
fiestas. Pero en su lugar se ha convertido en: «¿Estás preparado para el frenesí
navideño?» Cuando trabajaba en el hospital, tenía pesadillas recurrentes en las
que soñaba que me levantaba de la cama para ir a comprarle a mi hija los
regalos de Navidad a una tienda que está abierta las veinticuatro horas,
porque me sentía culpable por pasar demasiado tiempo en el trabajo. No
puede decirse que en aquella época de mi vida mantuviera un buen equilibrio
entre dar y recibir.
Ahora que todos somos adultos, hemos reducido los regalos navideños
obligatorios para no estresarnos. Y nos hemos quitado un gran peso de
encima. Ahora nos dedicamos a reunirnos, a preparar comidas, a disfrutar de
nuestra compañía y a elegir un regalo para el juego del amigo invisible.
Siempre es divertido. Lo esencial es dar de una forma que no nos estrese y
recibir el amor de los demás.
Te harás la vida más fácil y crearás tu propio cielo en la tierra, en ese mismo
instante, si aprendes a equilibrar el dar y el recibir. Puedes dar y recibir de una
manera totalmente nueva que honra y valora al Yo y te protege de los que
toman mucho más de lo que dan.

El poder de dar
He decidido hablar del poder de dar porque pocas cosas hay en la vida más
gratificantes que ser capaces de dar de todo corazón sin esperar nada a
cambio. Este tipo de dar trae realmente el cielo a la tierra a todos cuantos te
rodean. Y no solo me estoy refiriendo a objetos materiales. Ofrecer el regalo
de tu tiempo y tu atención es un regalo inestimable para los hijos, las
mascotas y cualquier otra persona. Cuando mi hija tuvo a su primer hijo el
año pasado, la generosidad de sus amigos la dejó sin palabras al descubrir que
se habían organizado para cocinar para ella y su marido. Ambos disfrutaron a
diario de los platos caseros que les estuvieron dejando ante la puerta de su casa
durante varios meses. Y a aquellos de nosotros que preparamos las comidas
nos encantó hacerlo. Ofrecer tu tiempo y atención a los que lo necesitan —o
darlo, sin más— te produce una sensación fantástica cuando te sale de dentro.
A mí me encanta organizar una buena fiesta para celebrar un gran logro o
un nacimiento. Y se me da muy bien crear un ambiente cálido entre la gente.
Es lo que Alexandra Stoddard, autora de Living a Beautiful Life, llama «un
espacio libre», refiriéndose a una especie de habilidad o don natural que surge
de manera espontánea. Cuando damos desde nuestros «espacios libres», no
nos cuesta nada. Nos revitaliza. Estamos dando desde una taza llena.
En cambio, cuando ofrecemos los regalos de nuestro tiempo y atención por
obligación, nos sentimos agotados. A menudo nos sentimos culpables cuando
no tenemos el tiempo o la energía para colaborar como voluntarios o
dedicarnos a una «buena» causa. Pero la generosidad empieza por uno mismo.
Tenemos que ofrecernos los medios para sentirnos llenos y renovados. De lo
contrario, el manantial se acabará secando. Y, al final, acabaremos
sintiéndonos resentidos. Y quizá más amargados que antes.
Para dar de corazón, tienes que entrar en contacto contigo mismo. Solemos
aceptar una petición a la que deberíamos habernos negado por no querer
afrontar las consecuencias de nuestra negativa. Nos preocupa que, al
negarnos, decepcionemos a alguien al que queremos complacer. O quizá no
valoramos lo suficiente nuestro tiempo y energía, y anteponemos las
necesidades de los demás a las nuestras. O nos preocupa que nos tachen de
egoístas si no aceptamos lo que nos piden. O tal vez olvidamos que nuestras
necesidades son tan importantes como las de otra persona.
Pero a veces tenemos que decir que no para no perder la salud. Fijar límites
saludables en cuanto a nuestra generosidad y no seguir dando cuando
notemos que estamos a punto de traspasar esos límites. Podemos responder
con delicadeza diciendo: «Gracias por proponérmelo, pero esta vez me temo
que no podré». No hace falta que des muchas explicaciones. Di solo: «Me
resulta imposible». Como el doctor Mario Martinez explica: «Unos límites
saludables son el punto medio entre el resentimiento (por haber sido
demasiado generosos) y el sentimiento de culpa (por no haber colaborado lo
suficiente). Este punto medio por excelencia nos permite cuidar de nosotros
mismos sin ignorar las necesidades de los demás. Es un acto que tiene que ver
con lo que en el budismo tibetano se conoce como «compasión inclusiva: tú
también te incluyes en el acto compasivo». ¡Qué solución más estupenda!
EL PROCESO SALUDABLE DE DAR

Cuando te pidan que des algo —ya sea un regalo material, dinero, un servicio o tu tiempo—,
asegúrate antes de estar dando desde un estado saludable.
Ante todo, observa tu primera reacción cuando te lo piden. Si sientes en las entrañas la
reacción de: «¡claro que sí!», adelante, hazlo sin más. Pero si lo que sientes es un inequívoco
«¡qué lata!», olvídate del asunto. Si no captas una reacción clara en tus entrañas, hazte algunas
preguntas más. En ese caso, responde simplemente: «Ya te lo diré. Deja que me lo piense».
Si no estás seguro de si te apetece, hazte las siguientes preguntas: «¿Cómo me hace sentir si
decido hacerlo? ¿Me resulta gratificante de algún modo? ¿O lo hago por obligación? ¿Por qué
he estado a punto de aceptarlo? ¿Por qué he estado a punto de negarme? ¿Me siento cansado
y exprimido cuando pienso en prestarme a ello?»
Lo esencial de estas preguntas es ver cómo el dar afectará tu acto de generosidad. ¿Te
produce más desagrado que placer? Piensa a largo plazo. No tiene que ver solo con este caso.
Anteponer siempre las necesidades de los demás a las tuyas repercutirá en tu salud y, al final,
será peor para todos. Francamente, a no ser que cuando te piden el favor sientas en tus
entrañas la reacción de: «¡claro que sí», lo más probable es que debas negarte. La mayoría de
las veces es así, aunque no siempre. Sabes en tus entrañas lo que necesitas, y las dudas que
sientes al respecto suelen venir del intelecto entrometiéndose antes de darte tiempo a notar lo
que deseas de verdad.

El lado oscuro de dar


Dar es una experiencia maravillosa, pero también tiene su lado oscuro. En la
cultura occidental, dar equivale a poderío. Dar nos hace sentir especiales, y,
cuando somos generosos con regularidad, podemos llegar a creer que estamos
por encima de los que se benefician de nuestra magnanimidad. Esto se ve en
familias muy acaudaladas.
El patriarca o la matriarca tienen todo el poder en sus manos, y sus hijos, y
a menudo los hijos de sus hijos, están a su merced. Los hijos renuncian a su
poder esperando un día heredar los bienes de sus padres. Hay muchas
historias de adultos que han vivido en el limbo toda su vida sin desarrollar sus
facultades ni talentos con la esperanza de heredar en el futuro los bienes de su
familia. Pero sus padres han seguido conservando su posición de poder
incluso hasta la muerte al dejar escrito en el testamento quién se quedará con
una buena tajada y quién no.
Cuando planificaba hace varios años la economía de mi hogar, leí el libro
Beyond the Grave de Gerald y Jeffrey Condon. Las historias de lo que les
sucede a las familias con las herencias son reveladoras y sumamente trágicas.
Familias unidas y cultas se rompen cuando un hermano recibe más que otro,
tanto si tiene que ver con la tutela del perro de la familia como con el anillo
de compromiso de la madre. Conozco a una mujer que se quedó desolada
porque su hermana había heredado más joyas de su difunta madre que ella,
¡pese a heredar ambas una fortuna!
Ten en cuenta que el que da suele estar en una posición de poder. Si eres el
que recibe, conserva sobre todo tu poder. No renuncies a él para recibir algo.
Y, si eres siempre el que da, no olvides ser generoso de corazón para difundir
alegría y prosperidad en lugar de hacerlo con la intención de controlar a los
demás.

Has nacido para recibir


Es evidente que dar te llena de energía mientras este acto te salga de dentro.
Al igual que ocurre con recibir. Por desgracia, muchas personas no saben
recibir en la vida, aunque hayan dependido totalmente de ello mientras se
desarrollaban en el vientre materno, alimentándose a través del cordón
umbilical de los nutrientes transportados por la sangre de la placenta. Este
cordón umbilical siguió dándoles oxígeno cuando experimentaron al nacer los
grandes cambios para que los pulmones y el corazón trabajaran por sí solos.
Después de todo, estuvimos recibiendo alimento y calor del cuerpo de nuestra
madre, que actuó a modo de una placenta exterior. Recibir nos permitió vivir.
Pero muchas personas han perdido la capacidad de recibir. En la adultez no
debemos olvidarnos de saber recibir con plenitud y alegría.
Saber recibir con alegría funciona en cualquier aspecto de nuestra vida,
energéticamente hablando. Veamos un ejemplo físico de ello. Aprieta la mano
izquierda en un puño tan fuerte como te sea posible. Hasta que los nudillos se
te pongan blancos por la falta de circulación. Mantenlo apretado contando
hasta 10. Con la mayor fuerza posible. Abre ahora la mano —con la palma
hacia arriba— y siente la sangre volviendo a circular. ¡Qué sensación más
agradable!, ¿verdad? Tu mano está ahora en modo de recibir. Está recibiendo
oxígeno, glucosa, células inmunológicas, electrolitos y todos los otros
elementos que transporta la sangre. Tal es el poder de recibir.
Aunque sea un ejemplo físico, cualquier otro tipo de dar produce la misma
sensación agradable.
¿Recuerdas cuando de niño estabas tan excitado por la llegada de los Reyes
Magos o de tu cumpleaños que apenas podías conciliar el sueño? La alegría de
recibir es así de intensa. Esas experiencias de la infancia eran muy puras.
Todavía no te habían enseñado a dejar de sentir esa alegría con tanta pasión.
Lo más probable es que fueras tan pequeño que tu alegría aún no había
menguado al llevarte un gran chasco en la vida por no conseguir lo que
anhelabas. Aún no habías aprendido que para recibir algo tenías que
ganártelo. Muchas vivencias distintas pueden arruinar nuestra capacidad de
recibir sin más.
A lo largo de los años nos han enseñado a no tener «grandes expectativas»
para que no nos llevemos una gran decepción en la vida. Nos dieron esos
consejos tan desacertados con la intención de que no sufriéramos, pero en
realidad son un reflejo del dolor irresuelto de quienes nos los ofrecieron. Y los
hábitos mentales también se heredan de una generación a otra, por lo que
acabamos viviendo con la mentalidad de «no te alegres ni entristezcas
demasiado». Es una actitud templada, sin grandes tristezas ni decepciones,
pero también sin grandes alegrías. Aprendemos a no esperar demasiado de la
vida, y esto se convierte en nuestra realidad cotidiana. Y con el paso de los
años concluimos que no nos merecemos recibir nada y, por lo tanto, no lo
recibimos. Como Amanda Owen escribe en su libro The Power of Receiving,
«quienes tienen problemas para dar atraen a quienes tienen problemas para
recibir. Los que no saben recibir se sienten atraídos por los que no saben dar.
Es decir, el problema no es sentirse atraído por los que no saben dar, sino no
saber recibir».
Y lo peor aún es que a muchas personas les han enseñado que no se
merecen recibir nada si no dan algo a cambio. Como ilustra el refrán: «Al que
quiere celeste, que le cueste». Esta actitud nos está diciendo que
intrínsecamente no valemos nada, lo cual es totalmente falso. A lo largo de
mis años de profesión médica, he visto incontables ejemplos en los que una
mujer solo recibía el apoyo, la atención y el cariño de su marido y de sus hijos
cuando enfermaba. Es fácil adivinar lo que ocurría en esa coyuntura. Ella
enfermaba (aunque lo hiciera inconscientemente) para recibir la atención y el
cariño que tendría que haber recibido, de todos modos, estando sana y no solo
cuando caía enferma. También he conocido a muchas pacientes que de niñas
tenían que enfermar para que su madre les prestara atención. ¡No es de
extrañar que nos cueste tanto recibir en la vida! Nos han inculcado que
debemos ganárnoslo a pulso. Realizando tareas que acrecientan nuestra valía.
O sufriendo problemas de salud o accidentes. Sí, así es. Los estudios
científicos demuestran que incluso los accidentes suelen estar precedidos de
ira o de tristeza, emociones que traslucen la presencia de necesidades
insatisfechas. ¿Cómo podemos aprender a recibir, si nos han metido en la
cabeza esas ideas tan arraigadas sin darnos cuenta?

Lo básico de recibir
Por suerte, podemos aprender a recibir y vale la pena hacerlo. Ser capaces de
recibir nos permite llevar una vida mucho más plena, maravillosa y dichosa de
lo que jamás nos podríamos imaginar.
Empezar a ponerlo en práctica es muy sencillo. Lo único que has de hacer
es aceptar los halagos. Cuando alguien te diga: «¡Oh, me encanta tu vestido!»,
responde simplemente: «Gracias». Y nada más. Agradéceselo ¡y punto! No
añadas: «Me costó muy barato en las rebajas». Esta explicación le quitaría
importancia al cumplido y subvaloraría el regalo que acabas de recibir.
Resístete también al impulso de devolver el cumplido diciendo algo como:
«¡Oh, el tuyo también es muy bonito!» Cuando alguien te hace un cumplido
no tienes por qué devolvérselo con otro. Al limitarte a darle las gracias, lo
estás recibiendo alegremente. Estás avanzando con paso lento, pero seguro,
hacia el objetivo de sentirte cómodo recibiendo.
Cuando empieces a aceptar los cumplidos te ocurrirá algo muy curioso. Al
principio, tal vez te sientas incómodo y vulnerable por falta de práctica.
Cuando notes que te sientes incómodo, dite: «Te quiero». Esa parte de ti que
se siente incómoda necesita que la quieras más, y no menos.
En cuanto te sientas más a gusto recibiendo cumplidos —o incluso
mientras trabajas en ello—, puedes pasar a prácticas más avanzadas de recibir.
Por ejemplo, en su libro Change Me Prayers, Tosha Silver apunta que
podemos decir una oración de Cámbiame para modificar las rutas neuronales
del cerebro y aprender así a recibir. Puedes decir: «Dios mío, cámbiame en
alguien que esté dispuesta a recibir. En alguien que sepa lo que vale. En
alguien que reciba agradecida todo cuanto tienes para ofrecerme. Cámbiame
en alguien que dé a los demás dichosa por lo que he recibido de Ti».
En el apartado siguiente encontrarás una de mis prácticas favoritas de
recibir. Y estoy segura de que tú también puedes crear las tuyas. No olvides
que, cuanto más lo pongas en práctica, mejor se te dará. Y recuerda que, si
tienes problemas para recibir, es porque tu niño o tu niña interior sigue
creyendo que no se lo merece. Dedica un tiempo a amar esta parte de ti.
Porque es todo cuanto desea.

CUMPLIDOS DEL MUNDO NATURAL

Hice este ejercicio hace años mientras contemplaba desde la habitación del hotel donde me
alojaba el monte Rainier, cerca de Seattle, en el estado de Washington. Intentaba prepararme
para bajar a reunirme con un grupo de desconocidos en un encuentro médico. Pero para
realizar el ejercicio no hace falta tener una montaña imponente cerca. Piensa simplemente en
un paraje natural que te encante. En las montañas, en los árboles y en los espacios naturales
hay grandes presencias angelicales relacionadas con el mundo de la naturaleza.
Imagínate aquel árbol, montaña o flor hablándote. Te está diciendo lo maravilloso que eres.
Escúchale simplemente mientras te lo dice.
Eres bello.
Eres inteligente.
Eres delicioso y encantador.
Vales mucho.
Y eres irresistible.
Estás sano.
Cuando digas estas afirmaciones, inspira. Recíbelas en tu corazón. En tu esencia. Y, cuando
te sientas lleno, prepárate para el día que te espera. Pero repara en lo que ocurre.
Al salir de la habitación del hotel para encaminarme al encuentro médico, descubrí que la
gente me trataba de distinta manera. Mejor. Y que recibía una atención más positiva de la que
había recibido antes.
No sé con certeza si la situación en la que me encontraba cambió demasiado, pero creo que,
como mis músculos de recibir se relajaron (en la privacidad de la habitación del hotel), pude
recibir de verdad lo que me estaba aguardando. El cambio me dejó estupefacta.

Nunca olvidaré la primera vez que recibí una calurosa ovación del público
tras dar una charla. Me sentí como si fuera a caerme entre bambalinas. Estuve
a punto de echarme a llorar. No sabía qué hacer con toda aquella energía que
recibía de la gente. Al volver a casa me metí en la bañera y tomé un largo
baño. En aquella época apenas sabía recibir. Y mi formación médica —en la
que se fomentaba rendir sin descanso sin apenas alimentarme como es debido
— todavía empeoró más las cosas. Desde entonces, he procurado
mantenerme firme y recibir algo por completo. Aceptarlo de verdad. Abrir mi
corazón. Sé con certeza que, cuando una persona del público o un amigo se
emocionan con mis palabras, es porque se identifican con ellas. Muchas veces,
cuando hablo en público, estoy expresando lo que los demás siempre han
estado creyendo y sintiendo, aunque no lo hayan sabido articular. Mi
capacidad para recibir sus elogios nos beneficia a todos. Al recibirlos, animo y
honro a quienes me los hacen. Y el círculo se cierra. Todas nuestras
vibraciones se elevan juntas y el mundo se convierte en un lugar más
luminoso.

Recibiendo de la naturaleza
Cuando pienso en la relación entre dar y recibir alegremente sin esperar nada
a cambio, me fijo en la naturaleza. La generosidad de la Madre Naturaleza es
infinita e ilimitada, y todos nos beneficiamos de sus regalos. Esta mañana al
levantarme he descubierto que hacía un día cálido, algo inusual en otoño, y he
salido con el albornoz puesto a caminar descalza por el jardín para recibir los
iones negativos de la tierra. Sé que permanecer veinte minutos descalza en
contacto con la tierra reduce la inflamación celular del cuerpo. La Madre
Naturaleza nos da este regalo sin esperar nada a cambio. Y yo lo he tomado.
Agradecida. Y luego he contemplado el paisaje al otro lado del río y he
recibido el esplendor de la naturaleza, sabiendo que los cálidos días otoñales
se acabarían pronto para dar paso a la nieve y el hielo.
Antes de volver a entrar en casa, me he detenido para dar las gracias a una
begonia rosa alzándose junto a la puerta. Esta planta me ha estado ofreciendo
su belleza todo el verano. Y, por alguna razón, no ha dejado de florecer
durante semanas, pese a haber dejado atrás hace mucho las devastadoras
heladas. El rincón en el que está la ha estado protegiendo. Le he dado las
gracias por ofrecerme tanto color y alegría durante muchos meses. He
recibido el amor que me estaba dando.
Antes de ponerme a escribir, me he quitado las lentillas y he ido a pasear
por el bosque para que la luz otoñal me entrara directamente al cerebro a
través de la retina. Mientras caminaba, me he detenido para recibir los rayos
del sol. Incluso he dicho una oración de agradecimiento al Ángel del Sol.
«Gracias, querido Ángel del Sol, por bañarme con tu luz. Ayúdame a recibir
la luz magnífica y revitalizante del sol en cada célula de mi cuerpo.» He
contemplado, con la vista relajada, las hojas doradas de los árboles y he dejado
que los bastoncillos y los conos de la retina, responsables de la visión,
recibieran las vibraciones de sus colores. He gozado de la suave brisa en mi
piel, así como de las travesuras graciosísimas de dos ardillas luchando y
jugueteando por el camino. Mi paseo se ha basado en recibir todo lo que la
Madre Naturaleza tenía para darme ese día. He advertido que los manzanos
han dado su generosa producción de frutas a la tierra para regenerar el suelo y
alimentar a ciervos y ardillas. La Madre Naturaleza, cubierta bellamente de
manzanas, rebosaba de munificencia.
La Madre Naturaleza nos está dando sin cesar. Podemos aprender a ser
como ella si sintonizamos con sus regalos y los recibimos con alegría. Una
puesta de sol, la salida de la luna, una flor, una bandada de pájaros, una vista
magnífica… Solo hace falta estar receptivos para recibirlos.

RECIBE CONSCIENTEMENTE LOS REGALOS DE LA NATURALEZA

El difunto Peter Calhoun, el sacerdote episcopal que dejó los hábitos para convertirse en
chamán del que he hablado en un capítulo anterior, enseñaba cómo pasear en plena
naturaleza para recibir sus regalos. Tuve la suerte de asistir a uno de sus talleres varios meses
antes de su muerte. Nos enseñó lo siguiente: mantén los ojos relajados. Muévelos muy
despacio. Cuando te cruces con un árbol que te llame la atención, detente. Y quédate plantado
ahí. Decía que los espíritus salen parsimoniosamente del árbol. Y que no están acostumbrados
a que los humanos les presten atención. Pero la atención humana acelera su evolución.
Plantado junto al árbol, ámalo. Y deja que él te ame a su vez. Recibe lo que el árbol tiene para
ofrecerte. Plenamente. Sin reservas. Si lo deseas, regálale varios cristales o monedas. Peter
observó que a los espíritus de la naturaleza les encantan este tipo de regalos. Puedes hacer lo
mismo con las piedras, las rocas y la vegetación. Y también con el agua. Cuando elevas tu
vibración en plena naturaleza, toda la Creación canta contigo.

El sacerdote Matthew Fox escribió un libro titulado La bendición original


(en contraste con la doctrina del pecado original). En él habla de cómo los
niños —por más maltratados o solos que se sientan— suelen ir a un lugar en
especial de la naturaleza para recibir su energía curativa: un pedrusco enorme,
un árbol especial, un barranco… Todavía sienten el poder curativo que la
tierra les ofrece. Y saben cómo recibirlo, ocurra lo que ocurra en su vida.
A medida que tomas conciencia de tu valía y tu capacidad para recibir,
empieza aceptando las maravillas de la Madre Naturaleza. Ella nunca te
defraudará.

El regalo de la gratitud
Antes he señalado que para recibir algo no hace falta ganártelo, y es cierto.
Cuando te hacen un cumplido, no tienes por qué corresponder con otro. Sin
embargo, recibir plenamente y con alegría te permite recibir otro regalo más:
el regalo de la gratitud. Cuando le das las gracias a la persona que te ha hecho
un regalo, vuestras vibraciones se elevan. Además, fomentas saludablemente
el ciclo de dar y recibir. Al agradecérselo y decírselo de corazón, llevas luz y
calma a lo que a veces es un tema difícil.
Una de las formas más rápidas de perderte lo bueno que te ofrece la vida es
no saber apreciarlo. En cambio, agradecer lo que ya tienes es una manera
infalible de recibir más cosas. La gratitud es un modo de ser. Eleva tu
vibración de manera natural y te permite atraer la prosperidad en tu vida,
porque al apreciar la abundancia de la que disfrutas te conviertes en un imán
para atraer más de lo mismo. Empieza agradeciendo lo que das por sentado:
un cuerpo sano, comida en la nevera y un móvil que funciona siempre que
haces una llamada. Cuando adquieres el hábito de la gratitud, empiezas a
prestar atención y a ver los regalos y las cosas buenas de tu alrededor.
En el día de Año Nuevo me sentí inspirada por un mensaje que leí en el
Facebook del doctor Joe Dispenza. Lo escribió una mujer que había
empezado a llevar un diario de agradecimiento, decidida a sacar cada día,
durante un año entero, una foto de algo que agradecía. Al terminar el año,
había transformado la relación con su marido y con su vida, descubriendo
hasta qué punto su actitud del «vaso medio vacío» había estado condicionando
su vida de antemano. Su hashtag fue #365grateful. Mucha gente siguió su
ejemplo. Fue tan inspirador que decidí que sería divertido publicar un vídeo
corto en Instagram a diario sobre algo que yo agradeciera en mi vida. Como el
2016 fue un año bisiesto, mi hashtag de Instagram ha sido #366gratitude.
Esta práctica me ha encantado. Y he descubierto lo fácil que es encontrar
cosas en mi vida para grabar mientras explico en un vídeo de corta duración
por qué las agradezco. Un paseo por el bosque, una puesta de sol, mi gato, mi
armario ordenado, mi nieto y su familia, la leña…, la lista no se acaba nunca.
Y no hay nada tan gratificante como documentarlo y compartirlo con los
demás para elevar nuestra vibración colectiva. Así fue cómo descubrí, en esos
videos que cito en el capítulo cuatro, lo de las hadas visitándome bajo la forma
de orbes danzarines de luz. Muchas otras personas también lo están haciendo
en las redes sociales. La gratitud es contagiosa. Y es ideal para disipar la
negatividad crónica. Pruébalo. Lleva un diario, saca una foto cada día o
escribe una nota para agradecer las cosas buenas de la vida. Tú también
empezarás a descubrir lo celestial que puede ser la vida en la tierra.
7
Una fe inquebrantable
La fe es creer en lo que no vemos y la recompensa a esta fe es ver lo que
creemos.

SAN AGUSTÍN

De todas las cualidades que nos hacen la vida fácil, la fe es la más importante,
y reconozco que además es la más difícil de adquirir. Como ya he
mencionado, nuestra vida actual procede de un campo mórfico de energía e
información creado en el pasado que atrae las circunstancias de nuestras
experiencias actuales. En esta vida retomamos las lecciones del Alma allí
donde las dejamos en la anterior. Y la fe es lo que nos da la fuerza para seguir
avanzando en nuestro viaje. Es algo que aprendemos y ganamos a lo largo de
la vida.
Hace muchos años, cuando empecé a ejercer la medicina, tuve lo que a mí
me pareció un gran acto de fe al intentar crear el nuevo modelo de atención
médica del que antes he hablado. Quería empoderar a la gente en el cuidado
de su propia salud, pero para lograrlo tuve que desprenderme de todo lo que
conocía y emprender una manera de trabajar totalmente nueva.
La decisión de llevarlo a cabo me vino de un taller sobre el empoderamiento
dirigido por David Gershon y Gail Straub, los autores de Empowerment.
David y Gail se han pasado la vida empoderando a personas de todo el
planeta y ayudándolas —en cualquier circunstancia— a aprovechar la fuerza
interior para crear la vida de sus sueños. En ese taller fue cuando oí hablar por
primera vez de las leyes universales del universo, sobre todo de la ley de la
atracción, la cual se ha estado divulgando ampliamente desde entonces a
través de libros como El Secreto.
Gail y David nos pidieron que creáramos afirmaciones sobre cada aspecto
de nuestra vida, como el de la salud física, la profesión, las relaciones, la
familia y otros. Las leyes de la manifestación y la atracción tenían mucho
sentido para mí. Me identifiqué con ellas, como cuando descubrí el libro de
Edgar Cayce y la realidad de los ángeles. Estaba convencida de que creamos
nuestra propia realidad a través de los pensamientos que tenemos y de los
sentimientos que acarrean.
Era una doctora que acababa de terminar su internado provista de las
herramientas para crear mi propia realidad. ¡Qué sencillo!, ¿no? Si decía la
afirmación adecuada, se manifestaría la vida que deseaba. Era pan comido.
Pero no fue tan sencillo como parecía. Dije las afirmaciones. Actué como si
todo fuera como debería ir. Y, sin embargo, el centro médico que habíamos
fundado no progresaba como esperábamos. Ni por asomo.
Fue entonces cuando aprendí el poder de la fe. Había hecho un acto de fe
con un resultado en mente. Pero al poco tiempo vi que la fe auténtica
consistía en soltar las riendas. Debía confiar en la parte de mi ser que estaba
orquestando las circunstancias de mi vida desde una perspectiva superior. Esta
parte de mí no era la misma que la del yo pequeño que estaba en la tierra
manejando los problemas del día a día, lidiando con hijos que lloraban,
permaneciendo toda la noche en vela cuidando de pacientes enfermos e
intentando dormir las horas suficientes. Con todo, vivir teniendo presente la
verdad de la ley de la atracción y cómo los fenómenos se manifiestan —
aunque fuera ingenuamente— me dio el valor para dejar la práctica médica
convencional y cocrear una forma nueva de practicar la medicina.

Pídele a Dios que te ayude


Hay básicamente dos formas de vivir. Una es con fe. Y la otra, con miedo. La
sociedad nos enseña a tener miedo a todo. Miedo a envejecer, a engordar, a la
soledad, a contraer un virus, a no llevar la ropa adecuada, a la pobreza, a la
enfermedad y, por último —el verdadero monstruo agazapado debajo de la
cama—, ¡a morir!
Como ya he mencionado, hace mucho que me fascinan las personas que
han vivido experiencias cercanas a la muerte. El último relato que me llegó al
alma aparece en el libro Health Revelations from Heaven and Earth. Se trata
del de Tommy Rosa, un antiguo lampista del Bronx que «murió» a los
cuarenta años arrollado por un conductor que se dio a la fuga. Tommy pasó
un tiempo maravilloso en el cielo con un maestro muy sabio que resultó ser
Jesús, como más tarde él mismo le revelaría.
Durante su estancia en el cielo, Tommy fue llevado a un mar espectacular
de aguas de un azul purísimo. Dijo que todo era muy vivo y luminoso y que su
Alma se sintió como en casa. Pero, mientras flotaba en posición vertical en el
agua con su Maestro, vio de pronto varias sombras enormes y oscuras
dirigiéndose hacia él. Eran unos tiburones blancos descomunales con las
fauces abiertas de par en par mostrando unos dientes gigantescos. Su Maestro
desapareció de repente y Tommy sintió un pánico espantoso mientras los
tiburones empezaron a rodearle. Sabía que aquellos monstruos lo
despedazarían vivo. Y, en el momento en que creyó que iba a morir
inexorablemente, oyó una voz fuerte, clara y serena en su cabeza diciéndole:
«No temas».
Tommy repuso en su fuero interno: «Es fácil decirlo. Pero me has dejado
aquí para que muera».
Oyó de nuevo la voz en su cabeza, aunque esta vez con más fuerza: «No
temas».
Tommy cerró los ojos e intentó recuperar la paz y la calma.
Unos momentos más tarde, abrió los ojos y, para su gran alivio, los
tiburones habían desaparecido. Sin más.
Suspiró aliviado, y en ese preciso instante su Maestro se materializó a su
lado y se dispuso a enseñarle el impacto de la energía negativa generada por el
miedo.
En resumidas cuentas, lo esencial de esta lección es que atraeremos aquello
que más miedo nos da en la vida. Si nos da miedo enfermar, lo atraeremos. Si
nos da miedo la soledad, la atraeremos hasta que lo superemos. Si nos da
miedo morir, nunca viviremos con plenitud y alegría.
A un nivel puramente físico, el miedo baja nuestra vibración y hace que
seamos más vulnerables a los virus y las bacterias. El estado bioquímico
creado por el miedo nos baja las defensas y aumenta nuestra propensión a
contraer los virus y las bacterias patógenos del entorno. Por ejemplo, la
mayoría de personas tienen en el sistema respiratorio la bacteria responsable
de la pulmonía. Pero esta no se activa hasta que nuestra vibración baja de
algún modo. Lo mismo ocurre con todas las otras bacterias o virus a los que
nos han enseñado a temer.
A nivel emocional, el miedo nos impide intentar alcanzar la vida con la que
soñamos. Un ejemplo sería una mujer que, como no quiere volver a
enamorarse por haber sufrido un desengaño amoroso, se queda encerrada en
casa lamentando lo ocurrido y sin el valor para arriesgarse a cambiar.
El miedo —sea de la clase que sea— viene de una falta de fe, no hay vuelta
de hoja. Cuando te dejas arrastrar por el miedo, no estás confiando en Dios.
La única forma de desarrollar el músculo de la fe es recuperando la calma y
confiando en Dios. De ahí la frase: «Déjalo todo en manos de Dios».
Transformar el miedo en fe exige paciencia y compromiso. De nada sirve
decirle a alguien que deje de tener miedo y haga gala de una fe inquebrantable
en cuanto a llevar la vida con la que sueña, sobre todo si su sistema nervioso
está condicionado por un trauma de la infancia.
Solemos heredar los miedos de nuestros padres y el de los padres de sus
padres —impregnándonos de ellos con la leche materna—, incluso cuando
aún no podemos precisar la razón de nuestros temores. Se ha documentado a
fondo que los bebés ya empiezan a contagiarse del miedo de su madre estando
en el útero.
La ansiedad, como la depresión, su prima cercana, es hereditaria. Al igual
que todos los miedos que la mantienen. Tengo un buen amigo que estaba
sintiendo recientemente mucha ansiedad y miedo por su carrera, y hace poco
descubrió que sus padres se medicaban para la ansiedad. Le dije que la
ansiedad no era genética, sino un hábito mental que le habían inculcado en la
infancia. Pero lo esencial es que le señalé que tenía el poder de dejarlo atrás. Y
así lo ha hecho, al reemplazar constantemente su miedo por la fe.
Si quieres de verdad fluir con la vida, haz simplemente lo que haga falta
para activar nuevas pautas cerebrales basadas en la fe.

Cómo la fe remodela el cerebro


La misma remodelación cerebral que se da al elegir los pensamientos que nos
hacen sentir mejor ocurre también cuando empezamos a vivir movidos por la
fe y no por el miedo. Se trata del principio de que «las neuronas que se activan
juntas, se conectan entre sí». Los pensamientos basados en la fe en los que nos
sentimos sanos y salvos nos moldean el cerebro y el cuerpo, por lo que
estamos más tranquilos y serenos. Y, cuanto más tengamos y repitamos estas
clases de pensamientos, más desaparecerán las antiguas conexiones neurales
de miedo y terror. Solo hay una cierta cantidad de sustancias químicas,
conocidas como factor de crecimiento neuronal, que les permite a las
neuronas conectarse en redes neuronales. Cuando empezamos a crear
conexiones neuronales que tienen que ver con pensamientos positivos («Me
siento sano y salvo, conectado con el poder curativo del Amor Divino»), los hábitos
mentales negativos («Me aterra enfermar de cáncer como mi madre»), comienzan
a debilitarse y a desaparecer. Es más, empezamos a atraer las circunstancias
que reflejan estas nuevas creencias. El bienestar se empieza a hacer palpable
en nuestra vida.
En una cultura y una profesión médica impulsadas por el miedo a que
cualquier cosa salga mal, y en la que tantos acontecimientos giran en torno a
«buscar un remedio», no es poca cosa seguir activando nuestras conexiones
cerebrales positivamente. Pero el resultado de afrontar el miedo con fortaleza
habrá valido la pena por más esfuerzo que exija. Vivir con fe es infinitamente
más placentero y productivo que lo contrario.

Miedo: la táctica del ego para protegerte


Para entender el miedo, necesitamos entender ante todo el papel del ego.
Recuerda que en el capítulo uno he mencionado que el ego es la parte de tu
ser resultante de las situaciones estresantes en la niñez y de las creencias
subconscientes que adquiriste en esa etapa de la vida. Tu ego no es tu Yo
auténtico, la parte que está conectada directamente con lo Divino. El ego
surgió para protegerte, y también para darte las habilidades y el criterio
necesarios para hacer lo que has venido a hacer en este mundo. Tu ego actúa
como actúa para protegerte del dolor, las pérdidas, el miedo y la aflicción. Y el
miedo es su principal manera de actuar. No se puede luchar contra el ego; de
lo contrario, las situaciones que tememos siempre se acabarán presentando. El
primer paso para vivir con fe es no luchar contra el miedo cuando aparezca en
nuestra vida. Ni sentirnos mal por haberlo sentido.
En su excelente libro Libera tu magia: una vida creativa más allá del miedo,
Elizabeth Gilbert habla de que el miedo no se separará de nosotros hagamos
lo que hagamos, en especial si queremos llevar la vida que el Alma quiere que
llevemos, en lugar de la que los padres o la sociedad eligen para nosotros.
Debemos acostumbrarnos a convivir con él. Gilbert sugiere verlo como un
miembro de la familia en un viaje por carretera. Tiene que viajar en el asiento
trasero. (Puedes decidir si le obligas a abrocharse o no el cinturón.) Y deberá
mantener la boca cerrada. Y no podrá elegir la ruta que seguiréis. Ni cambiar
la emisora de la radio. No le dejes tampoco beber demasiada agua, de lo
contrario tendrás que estar haciendo paradas constantemente para que vaya al
lavabo. ¡Estoy bromeando!
La falta de fe nos hace creer que no valemos nada. Que no somos
merecedores de amor, aceptación, atención o comprensión. Tommy, el
lampista del que he hablado antes, pasó un tiempo sorprendente y lleno de
detalles en el cielo con su Maestro. Lo que aprendió fue inestimable, sagrado
y profundo. A decir verdad, le cambió la vida. Y, sin embargo, ocho años
después de haber vuelto a la vida, engordó más de cincuenta kilos y desarrolló
una insuficiencia cardíaca. Al parecer, le vino de no quererse. Dijo que su ego
no aceptaba que se mereciera la clase de amor y compasión que le habían
demostrado en el cielo. También tenía miedo de que se burlaran de él si
compartía lo que había aprendido. Más tarde, se dio cuenta de que el ego era
el que le hacía pensar así. Cuando le entrevisté en mi programa de radio, me
confesó que, al principio, al compartir con el párroco su experiencia cercana a
la muerte, este le dijo a su madre que él necesitaba ayuda psiquiátrica.
Nuestros miedos vienen de vivencias reales, pero debemos transformarlos.
La mayoría de la gente piensa que el ego es lo que nos hace ser engreídos y
prepotentes. Pero, tanto si se nos suben los humos a la cabeza como si
tenemos la autoestima por los suelos, es el ego avivado por el miedo el que
nos hace sentir así. Y la única forma de superarlo es tener más fe en Dios y en
lo Divino que en nuestro ego. Este dilema tiene mucho que ver con lo que
hemos venido a aprender en la tierra. Y superamos la prueba solo cuando la fe
vence al miedo.

Controla el miedo antes de que se embale


Hay una serie de métodos para reprogramar las redes neuronales del miedo, y
dentro de poco hablaré de ellas, pero todos necesitamos aprender a controlar
el miedo antes de que nos supere. O frenarlo a tiempo cuando notamos que
empieza a surgir. Lo último que necesitamos es dejar que el miedo nos quite
las riendas de las manos. Al igual que un coche que empieza a descender una
bajada, tienes que frenarlo a tiempo antes de que descienda a toda velocidad.
Esto es lo que hago cuando advierto que estoy sintiendo miedo. Ante todo,
lo reconozco. Luego, detecto en qué parte de mi cuerpo lo siento. Por lo
general, es en el plexo solar. A continuación, le digo a mi miedo: «Te quiero.
Eres valioso. Sé que estás asustado. Me ocuparé de ti». Esto rompe al instante
el influjo del miedo.
Después respiro hondo, inspiro lentamente por la nariz, retengo el aire un
par de segundos y espiro poco a poco por las fosas nasales, dejando que la
espiración sea más larga que la inspiración. Lo repito tres veces, y entonces
descubro que he desactivado la respuesta del cuerpo de «lucha o huye». He
entrado en el modo de «descansa y nutre» del sistema nervioso parasimpático.
Es un método muy sencillo.
Aprender a ser resiliente al miedo
Dejar de vivir con miedo para vivir con fe exige mucha concentración. Sí,
ahora puedes dejar de tener miedo de golpe cuando este te tome por sorpresa,
pero esta habilidad por sí sola no cambiará las redes neuronales de tu cerebro.
Es un gran comienzo, pero no basta para cambiar tu modo de pensar.
El maestro espiritual Abraham responde por conducto de Esther Hicks a
un gran número de preguntas de personas que piden ayuda solo cuando están
en plena crisis. Abraham los compara a alguien que, al saltar de un avión y
descubrir que el paracaídas no se abre, pregunta desconcertado: «¿Qué hago?»
La respuesta más corriente es: «No te preocupes. Pronto todo habrá
terminado». Es mucho más fácil prevenir una crisis que manejarla cuando
estás metido hasta el cuello en ella. El secreto es percatarte de tu miedo
cuando lo empieces a sentir y ocuparte de él.
Hay muchas formas de impedir que el miedo se apodere de ti. He
descubierto que las tres formas que mejor me han ido son practicar el coraje,
la oración y el tapping.

Practica el coraje
Cuando estés aprendiendo a vivir con fe, no te sabotees a ti mismo intentando
manejar el peor miedo de tu vida. Por ejemplo: «Tengo 39 años y aún no he
conocido al hombre de mis sueños. Quiero tener un hijo. Pero temo que, por
mi edad, se me está haciendo tarde». No empieces apuntando tan alto.
Pongamos que te da miedo el rechazo o pedir ayuda. En este caso, imagínate
mentalmente una escena que te produzca esta clase de miedo para trabajar
con las emociones ligadas a él.
Pongamos, por ejemplo, el miedo al rechazo. Imagínate entrando en una
cafetería. Ves a un hombre o una mujer deslumbrante ante la barra a punto de
pedir su consumición. Parece una persona abordable. Imagínate que te acercas
y la saludas. Solo tienes que decir «Hola». Eso es todo. Imagínate esta escena
y visualízala varias veces en tu cabeza. Imagínate distintas clases de personas
ante ti.
¿En qué has reparado sobre el ejercicio? ¿Te han empezado a sudar las
palmas de las manos? ¿Se te ha agitado la respiración? ¿Tienes la boca
pastosa? ¿Te han rechazado? ¿O te has llevado una grata sorpresa?
Repite el ejercicio a diario durante siete días. Solo te llevará quince
segundos. Confía en mí, tienes tiempo de sobra para realizarlo. Una semana
después de haber estado «practicándolo» en tu cabeza, hazlo en la vida real.
Entra en una cafetería. O en una tienda, o dondequiera que suelas ir. Y dile
«hola» a un desconocido. A ver qué ocurre.
Si tienes miedo de pedir ayuda, puedes hacer lo mismo. Imagínate a alguien
a quien podrías llamar por teléfono para pedirle que te eche una mano. ¿Cuál
es la primera persona que te viene a la cabeza? ¿Hay alguna otra? Anota sus
nombres.
Escribe ahora una lista de las actividades en las que te gustaría que alguien
te echara una mano si el mundo fuera un lugar perfecto y no temieras el
rechazo. Puede ser cualquier cosa: limpiar el sótano, ir al supermercado, hacer
la colada, ir de compras, asistir a un concierto, hacer un viaje en coche
contigo, escuchar un poema que has escrito, ir a comer a un restaurante o
cualquier otra actividad.
Elige ahora una. Después, coge el móvil y finge que llamas a alguien para
pedirle ayuda. Intenta que la escena sea lo más real posible. Escribe lo que le
dirás. Por ejemplo: «Hola, Joe. Me gustaría que me echaras una mano, pero
me da mucho corte pedírtelo». Y luego explícale de qué se trata. «¿Podrías
ayudarme a llevar varios objetos pesados de mi casa a un punto verde? Sé que
sueles ir a las instalaciones municipales de reciclaje. ¿Podrías pasarte por mi
casa para recogerlos?
Ahora que lo has practicado, intenta pedírselo a alguien de verdad. Te
sorprenderá lo dispuesta que está la gente a colaborar cuando se lo pides. No
siempre es así, pero la mayoría de las veces lo harán.
Estos pequeños triunfos que te demuestran que puedes confiar en los demás
o en Dios te permiten desarrollar el músculo de la fe.
El poder de la plegaria
El doctor Larry Dossey, internista y autor de Palabras que curan: el poder de la
plegaria y la práctica de la medicina, ha documentado lo eficaz que es la oración
para ayudarnos a mejorar el estado de nuestra vida cotidiana e incluso la salud.
Se ha demostrado que la oración, entre otras muchas cosas, aumenta la tasa
de embarazos en parejas infértiles y reduce la estancia de los pacientes
infartados en la unidad de cuidados intensivos. Incluso ayuda a las plantas a
crecer mejor. En general, no hay nada que la oración no mejore.
Existen más de trescientos estudios validados por expertos sobre el poder
curativo de la plegaria y, por lo visto, la oración es eficaz independientemente
del sistema de creencias o de la religión de uno. Cualquier oración es válida.
Lo esencial es el deseo sincero de conectar con lo Divino.
Hace un tiempo leí uno de los libros de Anne Lamott. Recuerdo que decía
que las dos mejores plegarias que conocía eran: «Ayúdame, ayúdame,
ayúdame» y «Gracias, gracias, gracias».
En su magnífico libro Oraciones a los ángeles, Kyle Gray observa que siempre
empieza sus oraciones diciendo: «Gracias, [ángel], por ayudarme en [este
asunto]». Pongamos que quieres pedirle ayuda al Arcángel Rafael, conocido
por su poder curativo. La oración sería: «Gracias, Arcángel Rafael, por
enviarme tu energía curativa y por ayudarme a tener fe en mi capacidad para
salir adelante en la vida».
Las oraciones de Cámbiame de Tosha Silver también van de maravilla para
librarnos de las nefastas garras del miedo y tener más fe en la ayuda Divina.
Sobre todo en lo que se refiere a los grandes temores que nos mantienen en
vela por la noche. Los que parecen insuperables, por más que intentemos
vencerlos.
Las oraciones de Cámbiame para reducir el miedo y acrecentar la fe pueden
ser muy sencillas. Por ejemplo: «Cámbiame, Dios mío, en alguien que confíe
en que mis necesidades serán satisfechas». O: «Cámbiame, Dios mío, en
alguien con una fe inquebrantable. Para que mis miedos se desvanezcan como
el rocío bajo los rayos del sol. Fortalece mi fe en Ti y en el hecho de que todo
se resolverá bien en mi vida. Siempre».

Supera el miedo con el tapping


Superar el miedo con el tapping, dando suaves golpecitos con las yemas de los
dedos en los puntos de acupuntura, es otro método sumamente eficaz
también conocido como Técnica de Liberación Emocional o TLE. Dado que
el miedo genera un campo electromagnético que atrae aquello que tememos,
debemos cambiar de algún modo este campo. Así es como el tapping actúa.
Nos ayuda a relajar la tensión neuromuscular de una determinada zona del
cuerpo creada por el miedo, tanto de manera consciente como inconsciente.
Como el tapping nos ayuda a liberar el miedo del cuerpo, las hormonas del
estrés se reducen.
Para hacer la TLE, ponle primero un nombre a tu problema y ve diciendo
luego una afirmación positiva mientras das suaves golpecitos con las yemas de
los dedos en los puntos de acupuntura basados en los doce meridianos
energéticos principales del cuerpo. Son los mismos puntos que la acupuntura
tradicional ha estado usando durante más de 5.000 años.
Cuando la energía vital está bloqueada y no circula bien por los meridianos,
también se bloquea en el cuerpo físico. Al dar golpecitos suaves con las yemas
de los dedos en los puntos de acupuntura relacionados con un órgano o un
sistema en concreto del cuerpo, la energía vuelve a circular por ese meridiano.
La amígdala, la parte primitiva del cerebro que tiene que ver con la respuesta
de lucha o huida, también se calma. La formulación de una afirmación
positiva, como «Tengo todo cuanto necesito dentro de mí para sentirme sana
y salva, y amada», desbloquea los meridianos y elimina cualquier
estancamiento emocional del sistema bioenergético del cuerpo, lo cual nos
permite recuperar el equilibrio.
El tapping no es solo indicado para vencer el miedo (aunque suele ser la
causa de nuestras aflicciones), sino para más cosas. Sea cual sea el problema
—tanto si se trata de enfermedades, pena, dolor, miedo, dificultades
económicas o sobrepeso, como de si solo quieres fijar y alcanzar mejor tus
metas—, el tapping te ayudará en ello. Consiste simplemente en reconocer el
problema y luego en trabajar sobre las situaciones o las emociones ligadas a él.
Para practicar la TLE, sigue los siguientes pasos:

1. Sácate las gafas y las alhajas. Si es posible, sácate las gafas y las
alhajas para hacer tapping sin trabas. Sobre todo ciertas gemas, ya
que interfieren electromagnéticamente en tu intento de equilibrar
la energía del cuerpo.

2. Averigua qué problema tienes. Antes de empezar el tapping,


averigua qué estás intentando resolver en tu vida. Por ejemplo,
estás hecho un manojo de nervios por un futuro viaje en avión. O
te da miedo pedirle ayuda a alguien. O tal vez sufres un dolor tan
fuerte que te impide llevar una vida normal.

3. Evalúa tu grado de malestar físico o emocional. Cuando hayas


identificado el problema, califica en una escala del 1 al 10 su grado
de intensidad, es decir, el 1 significa que apenas te afecta y el 10
que te está creando muchos problemas. Asegúrate de evaluar tu
grado actual y no el pasado. No te preocupes demasiado sobre la
cifra. Observa simplemente la que te venga a la cabeza. Esta
evaluación la harás antes y después del tapping para saber si estás
progresando.

4. Di la afirmación. Empieza siempre la sesión de tapping diciendo


una afirmación positiva para disipar cualquier pensamiento
negativo subconsciente. Usa la siguiente frase: «A pesar de
[nombra tu problema o situación], me quiero y acepto totalmente».
Si temes, por ejemplo, no poder devolver un préstamo
universitario, di: «Aunque tema no poder devolver el préstamo, me
quiero y acepto totalmente». Si no te sientes a gusto diciendo que
te quieres, concluye la afirmación con: «Me siento bien». Sé lo más
concreto posible. Intenta nombrar la causa de la emoción o de la
situación que te está haciendo sufrir.

5. Elige una palabra o frase que resuma tu problema. Mientras haces


tapping, no uses la afirmación entera. Elige solo una palabra o frase
que la resuma. La versión corta del problema que deseas resolver
hará que tu mente se mantenga atenta y centrada. Por ejemplo,
para el problema de pagar la deuda universitaria, elige una frase
como: «este préstamo» o «este miedo».

6. Usa las yemas de los dedos. Por la punta de los dedos pasan una
serie de meridianos energéticos. El tapping se suele hacer con el
índice y el dedo del corazón.
Empieza a hacer tapping en el canto de la mano, la parte que los
karatecas usan para romper tablas. Repite mientras tanto la
afirmación que has elegido varias veces.
Usando ahora una sola mano o ambas, da con firmeza golpecitos
suaves, de cinco a nueve veces, en cada punto del cuerpo, en el
siguiente orden, mientras repites la palabra o frase que sintetiza tu
problema. Haz dos rondas de la siguiente secuencia básica:

Entrecejo: en el espacio entre las cejas, situado encima de la


nariz.
Rabillo del ojo: la parte externa del rabillo del ojo, antes de la
sien.
Debajo del ojo, encima del hueso de la cavidad orbitaria.
Debajo de la nariz: justo por encima del labio superior.
Barbilla: en la hendidura entre la boca y el mentón.
Clavícula: debajo de la clavícula, en medio de uno de los
lados.
Debajo del brazo: en la línea media, donde estaría un tirante
del sujetador
En la coronilla: en el centro
7. Evalúa de nuevo tu grado de malestar. Después de dos rondas de
tapping, consulta el grado de molestia que sentías al principio.
Fíjate en si la ansiedad, el dolor o cualquier otra molestia ha
disminuido. Normalmente, ocurre enseguida. Si ha bajado mucho,
significa que el tapping ha funcionado. Pero, si solo se ha mitigado
un poco, haz varias rondas más. Si desde que empezaste sientes
alguna otra nueva molestia, haz tapping en esa parte del cuerpo.
Por ejemplo, tal vez al principio tenías miedo, pero después del
tapping te sientes muy triste. En este caso, tendrías que ocuparte
de la tristeza con el tapping. Si sientes la molestia en la zona donde
has hecho tapping, di la frase: «A pesar de que todavía [nombra tu
problema], me quiero totalmente a mí mismo».

8. Escucha y advierte. Cuando hayas terminado la sesión de tapping,


respira hondo, siéntate en quietud y escucha. Seguramente notarás
alguna clase de guía interior que no oías cuando estabas sumido en
la ciénaga del miedo. Un ejemplo podría ser algo como lo
siguiente: «Aunque me aterraba no poder devolverle el préstamo al
banco, ahora recuerdo que puedo recurrir a una fuente extra de
dinero. Me siento más aliviado. Y me alegro». Muchas veces, la
respuesta o la solución afloran de pronto del fondo de nuestro ser.
Ocurre al cabo de un par de minutos de haber hecho tapping.
Fíjate en cómo ahora ya no te sientes atrapado ni desvalido. El
tapping te saca de la «cabeza» para que escuches tu corazón y tu
propia sabiduría.

Si estás haciendo tapping por tu cuenta, puedes acceder a todo tipo de


recursos para conocer mejor esta técnica. Busca en Google «tapping» o
«TLE»; encontrarás más información de la que probablemente desees, como
videos gratuitos de tutoriales y toda clase de series de tapping que puedes
poner en práctica. Sé que mucha gente ve videos de tapping en YouTube
antes de practicarlo, para hacerse una idea del proceso.
Si estás interesado en recurrir a un profesional de TLE (o de EFT, las
siglas en inglés), busca en Internet un terapeuta titulado. Lo más probable es
que diseñe para ti una serie de tapping pensada para tu problema en
particular.
Lo esencial es recordar que la curación por medio del tapping no sigue unas
reglas estrictas. No te preocupes por que se te ocurra la afirmación idónea.
Asegúrate solo de no estar negando lo que necesitas para resolver tu
problema. Y, aunque no haya una sola técnica o procedimiento que le
funcione siempre a todo el mundo, los estudios han revelado que las personas
que tratan problemas específicos con el tapping mejoran notablemente. Y sus
niveles de cortisol también caen en picado. Eso, por sí solo, ya hace que el
tapping haya valido la pena, porque el cortisol se asocia con la inflamación
celular, y la inflamación celular es la causa principal de prácticamente todas
las enfermedades degenerativas crónicas, como la artritis, la diabetes, las
cardiopatías y el cáncer.
Si decides usar el tapping para superar miedos que tienen que ver con el
dinero, la salud, las relaciones o cualquier otro aspecto de tu vida, recuerda
que los problemas vienen casi siempre de creer que no valemos nada o que no
somos dignos de amor. A mí me ocurrió en todos los aspectos de mi vida,
desde el del dinero hasta el de las relaciones. Por eso he cambiado mis
creencias. Y tú también puedes hacerlo. No lo conseguí de la noche a la
mañana. Pero, a medida que mis miedos afloraban con el paso de los años,
poco a poco los he ido dejando atrás a base de confiar en mí misma y
quererme. Y esta transformación me ha traído un mundo nuevo de amigos,
diversión y conocimientos financieros. Y ahora tengo más fe que nunca.

La entrega y el desprendimiento
Es relativamente fácil vivir teniendo fe cuando no nos ha pasado nada
demasiado terrible en la vida. Pero tarde o temprano todos acabamos lidiando
con una situación que pone a prueba nuestra fe. Descubrimos que nuestra
pareja nos es infiel, que nuestra casa ha ardido hasta los cimientos y lo hemos
perdido todo o que nos han diagnosticado una enfermedad terminal a
nosotros o a un ser querido. La lista no se acaba nunca.
Esta clase de incidentes son los que diferencian a las personas con una fe
inquebrantable de las temerosas.
Estas situaciones tan dolorosas las ha orquestado muchas veces el Alma
para que tengamos fe en lugar de miedo en la vida. Es sumamente
enriquecedor ver que, a algún nivel, todo lo que nos ha sucedido está
concebido para que evolucionemos espiritualmente. Pese a las dificultades y la
oposición con las que me he topado a lo largo del camino, el objetivo de
cambiar cómo las mujeres ven su cuerpo y su salud ha valido la pena. Pero ha
exigido esfuerzo. Y compromiso. Al fin y al cabo, hacernos la vida fácil o
complicárnosla depende sobre todo de cómo gestionamos las pérdidas, el
fracaso, los accidentes, la humillación, los conflictos y las enfermedades.
¿Vas a permitir que una pérdida o un accidente te anulen emocionalmente
el resto de tu vida? ¿O los usarás para desarrollar una fe inquebrantable?
Todas las emociones dolorosas tienen alguna ventaja. La pena nos libera de
una carga. Nos hace sentir más livianos si nos permitimos llorar a lágrima
viva. ¿Es molesto? ¡Claro que lo es! ¿Vale la pena? Sí. De ti depende si
decides recibir el regalo de lo molesto y lo desagradable. Y tu decisión te
ayudará a crear un cielo en la tierra o lo contrario…, te hará descender a la
baja vibración de la desesperación y la impotencia de vivir un infierno.
Confiar en que todo sucede por una razón es la única manera de seguir
adelante. Yo he perdido a dos hermanas. La primera la perdí en la infancia, a
los cinco años. Y la segunda, cuando hacía la residencia médica. Al enterarme
de que había muerto en un accidente de tráfico de camino a casa, tras dar una
clase de educación física, me quedé totalmente desolada. Me sentí como si un
rayo me hubiera partido la vida por la mitad. Ya nunca volvería a ser la
misma. Pero también sabía que era el momento de practicar lo que siempre
había predicado. Debía entregarme a un plan superior y recordar que el Alma
es inmortal, que no morimos. Sabía que volvería a ver a mi hermana un día. Y
esto me hacía sentir mejor y le daba un sentido a la pérdida. Pero seguí
llorando a lágrima viva a mi hermana durante meses hasta quedar exhausta.
Mi madre tardó mucho más en aceptar la pérdida, aunque dijo en una
ocasión: «No creo que nunca la supere del todo. Y no pasa nada».
Cuando luchas contra el miedo cerval o la pérdida atroz que te atenazan, te
aseguro que sientes emociones muy intensas: rabia, pena, tristeza, miedo. Y,
como dijo mi madre, no pasa nada. No pasa nada, es la única forma para el
Alma de hacer lo que vino a hacer en este mundo. Pero no debemos
quedarnos anclados para siempre en la amargura, la ira o la pena crónicas.
Mientras estamos en esta tierra, tenemos que llevar la vida que hemos venido
a llevar, ocurra lo que ocurra. Es lo que estipula el contrato.
La labor de Tosha Silver en esta vida consiste en enseñar a los demás a
ofrecérselo todo a Dios. Todo. Significa que le dices a Dios: «Vale, soy tuya.
Y la relación amorosa que me está volviendo loca también es tuya. Te lo
ofrezco todo, incluido mi cuerpo, mi salud y la pareja que me acaba de dejar».
La forma de no apegarte a nada es ver que nada te pertenece. Le pertenece a
la parte Divina de tu ser. Tosha cuenta la historia de una mujer que tuvo que
dejar su hogar por un incendio forestal que se extendió por la zona. Estaba
muy apegada a su casa y a todo lo que contenía. No creía llegar a soportar
perderla. Pero durante los días siguientes, mientras los bomberos intentaban
apagar el incendio y ella se alojaba en casa de una amiga, no cesó de repetir:
«Mi casa es tuya, Dios mío. No me pertenece. Te la doy a Ti. Ayúdame a
desprenderme de ella». Estuvo varios días repitiéndolo sin cesar, hasta superar
su apego a la casa. Más tarde, descubrió que el fuego se había detenido justo
delante de su hogar. Había estado dispuesta a ofrecérselo a Dios y a aceptar el
resultado del incendio, pero entonces ya no fue necesario hacerlo.
¿Acaso no nos ha pasado muchas veces en la vida? Acabamos aceptando
que tenemos que desprendernos de algo y de pronto descubrimos que, al estar
dispuestos a hacerlo, el problema se esfuma como por arte de magia. Lo que
ocurre es que, al tener fe y dejar de sentir miedo, nuestra vibración ha
cambiado. Nos hemos despojado de nuestro apego. Se lo hemos ofrecido todo
a Dios. Las últimas palabras de Jesús en la cruz fueron: «Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu». Todos podemos hacerlo. Es un proceso y no un
episodio. No es algo intelectual. Y exige amor y paciencia.
En la filosofía yóguica hay el concepto de los samskaras, o apegos, de los
que debemos liberarnos. Hay muchos métodos que nos ayudan a hacerlo. El
proceso de abandonar antiguos apegos —como el que sentimos hacia la pareja
que nos ha dejado— es increíblemente doloroso. Nos sentimos como si nos
estuviéramos quemando vivos. Pero lo que ocurre es que son los apegos que
nos impedían progresar los que se están consumiendo.
Cuando te entregas de verdad y se lo ofreces todo a Dios —una y otra vez
—, acabas descubriendo una gran espaciosidad y paz tanto fuera como dentro
de ti. Has transformado tu miedo en fe.
8
Los reproches, la culpabilidad
y la vulnerabilidad
¿Qué ocurre cuando abrimos nuestro corazón?… Que nos sentimos mejor.

HARUKI MURAKAMI

Uno de los factores emocionales más fuertes de nuestra vida que nos impide
traer el cielo a la tierra es aquello a lo que yo me refiero como el nudo de
reproche/culpabilidad. Estas dos emociones vienen de algo que forma parte
de nuestra sociedad: el avergonzamiento.
En nuestra cultura, el avergonzamiento se transmite de una generación a
otra. El avergonzamiento que nos produce nuestra posición social, la talla
corporal, la edad, el vestuario, el sueldo, el acento y nuestros orígenes son muy
comunes. No hay forma de pasar de los 12 años sin que alguien nos haya
hecho sentirnos avergonzados por algo. Esta táctica se suele usar para
controlar la conducta de alguien y mantenerlo en vereda. Frases como: «Los
hombres no lloran» y «¿Eres maricón?» pueden hacer que nos acabemos
odiando y maltratando a nosotros mismos. Los chicos que han sufrido esta
clase de comentarios tienden a volverse fanfarrones y las chicas tienden a
encerrarse en sí mismas, por lo que acaban sufriendo depresiones o trastornos
alimentarios o pecando de perfeccionistas.
El avergonzamiento que sentimos suelen provocarlo personas que
supuestamente quieren protegernos. La mayoría crecimos en tribus que solo
nos recompensaban si seguíamos ciertas normas de conducta: «Todos los
Gómez son médicos. Esperamos que tú también lo seas». O: «¿Pero quién te
crees que eres, doña Perfecta? En esta familia nadie ha ido a la universidad.
¿Te crees mejor que nosotros?»
Tu tribu te mantiene a salvo mientras creas lo que sus miembros creen y te
comportes como ellos se comportan. En la antigüedad, las tribus vivían en
reductos, y sus miembros estaban protegidos mientras no salieran de aquel
espacio. Pero, en cuanto algún miembro «salía de los confines», la tribu dejaba
de protegerlo. Como el doctor Mario Martinez ha documentado tan
excelentemente en su libro The MindBody Code, cuando tenemos el valor de
«salir de los confines» de nuestra tribu, sus miembros nos hieren con el
abandono, la traición o la humillación para protegernos y seguir teniéndonos,
a la vez, bajo su control. Por desgracia, las normas de la tribu no suelen
coincidir con los dictados de nuestra Alma, y acatarlas puede destruirnos la
autoestima. Si nuestra tribu y nuestra Alma están en desacuerdo, todos
podemos salir perdiendo.
Recientemente he estado trabajando con una artista que descubrió su
afición por la peluquería a los 12 años. Se le daba tan bien que sus amigas la
visitaban a menudo para que les hiciera un nuevo corte de pelo. Pero su padre,
un católico estricto, pensó que dedicarse al acicalamiento personal —o incluso
a la creación artística— era una pérdida pecaminosa de tiempo. De modo que
ella decidió ocultarle su talento artístico. Si su padre la pillaba cortándole el
pelo a una amiga en el jardín (no se atrevía a hacerlo en casa), la humillaba
por perder el tiempo. Y la reprendía por desobedecer sus deseos. La
desaprobación de su padre en cuanto a sus dotes y talentos le hizo creer que
no valía nada. Por suerte, al final escuchó los dictados de su Alma y se fue de
casa. Ahora se ha convertido en una artista de éxito y es consciente de su
propia valía.
Muchas familias imponen tácitamente esta clase de normas y regulaciones.
Y los hijos solo las descubren cuando traspasan la línea, una línea de la que
nunca han oído hablar antes. El estudiado sistema de las familias alcohólicas
es un gran ejemplo de ello. Este sistema impone unas reglas tácitas que se
supone que los hijos deben intuir sin que nadie se las explique. La hija, por
ejemplo, nota un ambiente enrarecido por el secretismo de la familia. La
madre se emborracha a diario y la hija sabe que algo va mal. Pero, como los
adultos no hablan del tema, la hija se culpabiliza y acaba sacando su
frustración destructivamente —consumiendo más tarde drogas o alcohol en la
vida—, o pecando de perfeccionista.
Cuando de niños nos hacen sentirnos avergonzados, interiorizamos ese
sentimiento. Acabamos pensando que somos imperfectos y que no nos
merecemos la conexión que estamos buscando desesperadamente. Como nos
sentimos tan a menudo avergonzados y poco valiosos, experimentamos la
necesidad insaciable de que los demás aprueben lo que hacemos, necesitamos
sentirnos integrados. Y es muy fácil vincularnos con los demás no desde
nuestras virtudes y nuestro esplendor, sino desde las partes de nuestro ser que
nos han hecho sentir como víctimas: nuestras heridas, nuestras enfermedades,
nuestras debilidades.
Esta sensación de avergonzamiento nos empuja a vivir en un mundo
plagado de reproches, ira y culpabilidad, y vivir en ese ambiente nos
desconecta de nosotros mismos y nos hace sentir que no valemos nada.

El narcisismo y los trastornos de personalidad


Las relaciones —ya sean de pareja o de amistad— tienden a avivar el ciclo de
la humillación, la ira y la culpabilidad. Hay una clase de relación que crea —
mucho más que cualquier otra— un mar de humillación y culpabilidad: las
relaciones con personas con trastornos de personalidad.
Los narcisistas, los que tienen un trastorno límite de personalidad o los
antisociales les hacen mucho daño a las personas con las que se relacionan.
Aunque cada uno de estos trastornos de personalidad se defina de distinta
manera, tienen el narcisismo como punto en común. Hasta la persona más
brillante se puede sentir como una inepta y demente si su progenitor, pareja,
familiar, jefe o hermano es un narcisista. Curiosamente, las personas más
brillantes —y las más empáticas— son las que tienden a atraer a esos
vampiros humanos. La investigación de Sandra Brown, autora de Women Who
Love Psychopaths: Inside the Relationships of Inevitable Harm with Psychopaths,
Sociopaths & Narcissists, ha descubierto que esto se da, especialmente, en las
mujeres con «grandes cualidades» de empatía y profesionalidad. Estas
mujeres, que suelen ser abogadas, doctoras o ejecutivas de compañías de altos
vuelos, se sienten atraídas por individuos narcisistas porque creen que
conseguirán cambiarlos. ¿Y por qué no? Son un fenómeno en todo lo demás.
Pero se llevan una gran decepción. Los sujetos con trastornos de personalidad
no cambian. Nunca. Bueno, tal vez alguien lo haya hecho en alguna parte,
pero en el único lugar donde se ve sistemáticamente es en las películas. En la
vida real, los narcisistas no hacen más que buscar a su siguiente víctima para
«recibir su ración de narcisismo». Sandra Brown se centra en las mujeres, pero
he conocido a muchos hombres que mantienen relaciones con mujeres
narcisistas o con un trastorno límite de personalidad. Por más que lo intenten,
a esos hombres les es imposible contentar a sus parejas, que los exprimen
económicamente hasta dejarlos secos y luego los sustituyen por otros.
Los abusos narcisistas son muy comunes en nuestra sociedad. A decir
verdad, Sandra Brown los cataloga como el principal problema de salud
pública no reconocido en nuestra época. Y, para ser sinceros, los profesionales
de la salud mental tienden a pasarlo por alto, probablemente por no haber
ningún tratamiento fiable ni efectivo para el narcisismo. Pero es necesario
sacar a la luz este problema, porque refuerza el nudo de reproche/culpabilidad
en los que lo viven en carne propia.
El blanco de los narcisistas son las personas que más se sienten atraídas por
la espiritualidad. Son unos camaleones encantadores y seductores que
aprovechan las heridas de sus víctimas y les dicen, exactamente, lo que las
víctimas están deseando oír. «¿Dónde has estado toda mi vida? Eres la mujer
más guapa [el hombre más atractivo, fuerte] que he conocido.» Usan sus
encantos y su labia para dar la impresión de ser la pareja «perfecta». Pero, al
cabo de un tiempo, la personalidad falsa que han creado desaparece, el ego no
puede mantener esta máscara más de un par de años. Y entonces sale a la luz
su carácter real y no hay forma de contentarlos. Las personas empáticas
cometen el error de creer que los narcisistas tienen la misma empatía y
remordimientos que ellas. Piensan que, con amor y cariño, su pareja acabará
cambiando. Pero no es así.
Las personas maltratadas por los narcisistas suelen echarse la culpa de los
problemas de la relación y siguen «autoanalizándose» para intentar que la
relación funcione o que su pareja cambie. Creen que si él (o ella) lee este libro,
va a esa conferencia o lee aquel artículo, lo «entenderá» y cambiará. Pero esta
mentalidad solo deja a la persona empática sin una gota de energía, mientras
su pareja narcisista se la absorbe dándole justo lo suficiente para que siga con
él. La persona empática piensa: ¡Oh, ahora «lo ha entendido»! Está
mejorando. Pero lo único que ha «entendido» su pareja es que debe fingir que
lo ha «hecho» para que la relación no se vaya a pique.
Los narcisistas destruyen a su pareja, sumiéndola en el sufrimiento, la
humillación y la culpabilidad. Dejan secas a sus víctimas, las traicionan y
hacen que empiecen a dudar de su propia valía. Los narcisistas son fáciles de
identificar en una relación. Lucen un aspecto físico envidiable; en cambio, su
pareja empática (la víctima de la que se alimentan) se ve desmejorada y
agobiada. Si tu relación de pareja es de este tipo, cuanto antes lo reconozcas,
mejor. Para hacerte la vida fácil, aprende a reconocer a un narcisista y deja de
centrarte en por qué tu pareja tiene esos rasgos. Deja de intentar ayudarle,
porque le estás «dando tu sangre» en lugar de vivir tu propia vida. Los
narcisistas tienen su propio Poder Superior. Pero tú no estás incluido en él.
Dicho esto, hay que tener en cuenta que una parte de ti —tu Alma— atrajo
a esos individuos a tu vida para ayudarte a descubrir y defender tu propia valía
y tu poder personal. En cuanto reconozcas a un narcisista y te recuperes de
sus maltratos psicológicos, descubrirás que la vida es mucho más fácil y
divertida de lo que jamás creíste. Pero es un proceso y no un acontecimiento.
Y la sociedad lleva siglos protegiendo a los narcisistas, muchos de los cuales
son sujetos sumamente brillantes en su profesión. De ahí que se les excuse de
cómo tratan a los demás.
Cuando tomes conciencia de los maltratos de un narcisista, tal vez esta
realidad te impacte y no quieras aceptarla. Pero tienes que asumirla y hacer lo
que haga falta para no seguir en manos de ese narcisista y vivir tu propia vida.
De lo contrario, seguirás atrapado en el nudo de reproche/culpabilidad que te
impide hacerte la vida fácil. En la sección de recursos encontrarás una lista de
medios excelentes para ayudarte.

En busca de sentido
Cuando hemos llevado una vida en la que nos han estado humillando, nos
cerramos en banda y desconectamos de nuestra parte Divina. El ego que
creamos para protegernos del dolor de esta desconexión y del alejamiento de
nuestro estado innato de unicidad toma el mando. Intenta darle un sentido a
la humillación sufrida, y una forma de hacerlo es identificándose con uno de
los tres papeles arquetípicos predeterminados: víctima, verdugo o salvador.
Las víctimas no se responsabilizan de sus actos y achacan lo que les pasa en la
vida a los demás o a las circunstancias: «Yo no tengo la culpa de mi sobrepeso,
es por la genética». Los verdugos asumen la responsabilidad de sus actos,
aunque con crudeza: «Tengo sobrepeso por mi culpa. No debería comer
tantos pasteles. Soy una bola de sebo». Y los salvadores se evaden de la
situación volcándose en ayudar a los demás en sus problemas: «¿Estoy gordo?
Olvídate de ello, tengo que centrarme en este proyecto para construir un
colegio en África».
Ninguno de estos roles afronta los problemas de manera sana, cada uno
busca una excusa para no resolverlos. Sin embargo, nos ofrecen un lugar en la
vida. Un propósito. Un sentido.
En diversos momentos de la vida, todos hemos desempeñado uno de esos
papeles. Forma parte del ser humano. Pero para traer el cielo a la tierra tienes
que abandonarlos y verlo todo desde un punto de vista más amplio. La
mayoría de personas se identifican a la menor ocasión con el papel de víctimas
o de salvadores. Pero son muy pocas las que están dispuestas a no hacerlo y a
admitir que a veces han sido los verdugos. No conozco a ningún padre o a
ninguna madre, yo incluida, que no se hayan desfogado verbalmente con sus
hijos y les hayan herido de algún modo. Recuerdo como si fuera ayer que en
una ocasión, sintiéndome al límite después de una larga jornada laboral, no
conseguía hacer que mi hija mayor (tenía en aquella época seis meses de edad)
dejara de llorar. Llorando yo también, le grité, zarandeando la sillita en la que
la llevaba en el coche: «¿Qué quieres de mí?» Pues sí. Ya le pedí perdón.
Decantarnos por el papel de víctima o de salvador y evitar sistemáticamente
el de verdugo, y negar haber herido alguna vez a alguien o a nosotros mismos,
no nos hace ningún bien. Todos alguna vez hemos sido duros con alguien y le
hemos «echado» de nuestra vida, dejando de contactar con él, excluyéndole de
una fiesta o decepcionándole de algún modo. Y, por más que intentemos
explicar nuestra postura, nos seguirán viendo como «el malo de la película».
No hay vuelta de hoja.
Mientras adoptes crónicamente una de estas tres posturas, no tendrás
ningún poder para cambiar nada en tu vida. En la década de 1980, Caroline
Myss, una famosa practicante de la medicina alternativa, me hizo una lectura.
Me dijo: «Eres adicta a ser una salvadora, ¿me oyes? Tu ritmo cardíaco ha
cambiado desde el año pasado. Tienes que dejar de comportarte así». Yo
sabía, en el fondo de mi corazón, que tenía razón. Había adoptado el papel de
salvadora, olvidando a menudo que todos tenemos un Poder Superior, un Yo
Divino que nos permite acceder directamente a nuestra singular guía interior.
A veces olvidaba, por mi formación médica, que yo no era el Poder Superior
de mis pacientes. Porque, indudablemente, ser una salvadora mañosa que
siempre tiene la solución para los problemas de los demás es creerte el centro
del universo. Es una actitud tan poco sana como la de ser siempre una víctima
o un verdugo.

Las manifestaciones físicas del avergonzamiento,


los reproches y la culpabilidad
Dejar el papel de víctima, verdugo o salvador no es solo bueno para ti
emocionalmente, sino necesario para tu buena salud física. Sentirte
avergonzado por algo y no poder hablar del tema ni explayarte a gusto
produce una sustancia química inflamatoria en el cuerpo conocida como
interleucina-6 (IL6). La inflamación celular procedente de esta sustancia
química proinflamatoria, y de otras similares, favorece todo tipo de
enfermedades degenerativas, como el cáncer, las cardiopatías y la artritis. Y,
como ya has visto en mi propia situación, desempeñar el papel de salvadora
todo el tiempo me estaba afectando negativamente la salud. Mi impulso de
salvar a pacientes de histerectomías, cesáreas y de todo tipo de otros
procedimientos médicos innecesarios me estaba literalmente dañando el
corazón.
A lo largo de mis numerosos años de práctica clínica he descubierto un
modo de ayudar a los pacientes a conectar con su poder interior para curarse,
lo cual implica hacer que participen todas las partes de su ser: cuerpo, mente y
Espíritu. El primer paso es liberarse de la sensación de avergonzamiento. De
lo contrario, no aceptarán que tienen el poder para crear una realidad más
sana. El ego tomará el mando y volverán a caer en sus papeles. Se convertirán
en víctimas exclamando que no han tenido nada que ver con sus
enfermedades o con sus circunstancias, lo cual significa también que no
pueden cambiarlas. O se convertirán en verdugos, aceptando que son
responsables de su propia vida, regodeándose en su supuesta incapacidad para
cambiar. O adoptarán el papel de salvadores y se evadirán de la situación.
Cuando el ego es el que lleva las riendas, se irritará siempre que alguien nos
sugiera que tenemos el poder para crear nuestra propia realidad. Sobre todo
en lo que se refiere a nuestra salud, sobre la que nos han estado diciendo que
no tenemos ningún control. Y es comprensible. El ego intenta protegernos.
El problema es que también nos impide acceder a nuestro poder para
progresar de verdad.
La parte de nuestro ser que está creando la enfermedad o el desequilibro no
es la parte que tiene que afrontarlo en una vibración más baja aquí en la tierra.
Es una combinación del sufrimiento irresuelto de la infancia y de las lecciones
del Alma que hemos venido a aprender.
Para resolver cualquier problema de salud que tengas o cualquier
negatividad que sientas, debes estar dispuesto a observar a fondo las creencias
y conductas que te han llevado a tu situación actual. Debes ver la situación
desde una cima a 3.000 metros de altura que te ofrezca una visión
panorámica.
Tu poder para cambiar se encuentra siempre en el momento presente.
Cuando sabes que tienes el poder para cambiar tus pensamientos, emociones
y conductas y, por lo tanto, para cambiar tus circunstancias —e incluso tu
salud—, te empoderas. Todos tenemos el poder enorme de mejorar nuestra
vida si estamos dispuestos a abandonar la actitud de impotencia del papel del
ego.

A vista de pájaro
Observar la situación desde un punto ventajoso a 3.000 metros de altura nos
permite descubrir la mayor verdad en cualquier situación, y comprender que
todas las situaciones son una oportunidad para crecer espiritualmente.
Recuerda que esas circunstancias de tu vida las estableció tu parte Divina
antes de que nacieras. Por ejemplo, una de las situaciones más aleccionadoras
—y liberadoras— de mi carrera médica tuvo que ver con un cirujano general
que llevó mi caso a la Junta de Vigilancia de la Profesión Médica por no
gustarle que yo disintiera de su opinión de que su paciente necesitaba una
operación de cáncer de colon. Había estado ocupándose de Helen, una
paciente suya que había empezado a padecer dolores abdominales y un
estrechamiento de las heces. El cirujano estaba seguro de que su paciente
sufría un cáncer de colon porque apenas había podido insertarle el
sigmoidoscopio a través del recto, y le aconsejó que se operara lo antes
posible. Helen vino a verme para una segunda opinión, porque después de
haber empezado una dieta macrobiótica sus síntomas habían desaparecido.
Hacía años que no se sentía tan bien. Le dije que conocía un caso muy
documentado de un cáncer de colon en fase 4 que se había curado con una
dieta macrobiótica, pero que no podía asegurarle que no tuviera cáncer.
Aceptó seguir con la dieta macrobiótica y volver a hacerse una nueva serie de
pruebas médicas en un par de meses en otra institución. Le escribí a su
cirujano, explicándole lo que habíamos acordado. Furioso, escribió una carta a
la Junta de Vigilancia del hospital donde yo trabajaba en la que preguntaba:
«¿Acaso en Maine la práctica médica habitual es tratar el cáncer de colon con
una dieta macrobiótica?»
Está de más decir que me sentí aterrada. Aunque mi paciente escribiera a la
Junta de Vigilancia asegurándole que estaba totalmente de acuerdo con el
método en cuestión, yo no estaba tan segura de que mis colegas aprobaran el
derecho de Helen a elegir esta opción. Durante semanas tuve un nudo en la
boca del estómago. Y recé, sabiendo que, si resolvía esta situación en mi
interior, lo más probable era que se resolviera en el exterior. (Recuerda la
sección «La entrega y el desprendimiento» del capítulo siete.) En aquella
época, la Junta de Vigilancia se reunía cada tres meses para ocuparse de las
quejas. Yo sabía que el «veredicto» que emitirían sobre mí llevaría un tiempo.
Durante semanas viví con el miedo en el cuerpo, temiendo que me
inhabilitaran como médico. Después de todo, en aquel tiempo cualquier
médico que sugiriera siquiera que la nutrición estaba relacionada con la salud
era considerado un matasanos. Pero me mantuve firme en mi convicción de
que tenía que ejercer una medicina que apoyara el derecho de los pacientes a
ser dueños de su propio cuerpo. Y, además, había visto muchas curaciones
milagrosas causadas por un cambio en la dieta y en el estilo de vida en
pacientes que habían dejado de recurrir a la profesión médica por no tener
esta ya nada más para ofrecerles.
Un día en el que estaba haciendo escritura propioceptiva para afrontar este
tema con más claridad, serenidad y lucidez, me puse a escribirle sin más una
carta al cirujano que me había denunciado. Sentí una oleada de compasión y
comprensión. Y le perdoné. Le dije que entendía que lo hubiera hecho por el
bien de Helen, por considerarlo lo más correcto y adecuado. Y, al terminar de
escribir la carta, la sensación de pavor que sentía en el plexo solar desapareció.
Algo había cambiado en mí. Ya no era una víctima. Al día siguiente, cuando
fui al hospital me encontré con un colega en la cafetería. Era miembro de la
Junta de Vigilancia de la Profesión Médica. Y me anunció: «¿Te has enterado
de la noticia? La junta ha decidido cerrar el caso. El cirujano se excedió. Tu
paciente tenía todo el derecho a elegir el tratamiento que prefiriera». Huelga
decir que sentí un gran alivio. También me alegré al enterarme de que los
resultados de las nuevas pruebas que Helen se había hecho eran normales. No
se apreciaba la menor evidencia de un cáncer de colon.

Responsabilízate de tu vida
Como he mencionado antes, el primer paso para deshacer el nudo de
reproche/culpabilidad es dejar de sentirnos avergonzados. De lo contrario,
volveremos a desempeñar los papeles arquetípicos de víctima, verdugo o
salvador que nos quitan el poder de ser dueños de nuestra propia vida.
Supongo que recordarás la historia del capítulo siete de Tommy Rosa, el
lampista que tuvo una experiencia cercana a la muerte de lo más hermosa y
tranquilizadora. Tal vez creas que después de ir al cielo, saber que en realidad
no morimos y de que Jesucristo, uno de los maestros más importantes de
todos los tiempos, le llevara a dar una vuelta por los alrededores, Tommy
regresó a la tierra y desde entonces había llevado una vida maravillosa,
¿verdad?
Pues lo cierto es que Tommy todavía cargaba con el programa mental del
avergonzamiento sufrido en la niñez. ¿Quién era él para haber vivido una
experiencia tan increíble? ¿Cómo iba a valer lo bastante como para que un
Maestro tan excelso y bondadoso como Jesús le transmitiera una información
tan increíble sobre la salud y la curación? La experiencia cercana a la muerte
no le había curado la sensación de avergonzamiento que acarreaba de la
infancia. Tenía que volver a la tierra y transformarla él mismo.
John, otro buen amigo mío, «murió» de una sobredosis de un medicamento
que le habían recetado para calmar el dolor de una lesión en el hombro. John,
que tenía un largo historial de drogodependencia y alcoholismo, estuvo sobrio
durante un año, pero ese medicamento le hizo volver al acto a las andadas. Y,
cuando se presentó en el hospital sabiendo que necesitaba ayuda, su corazón
se paró. Dos veces. Y tuvieron que reanimarlo. Le vi al poco tiempo y estaba
realmente iluminado por dentro. Era otra persona. Era como si su Espíritu
despidiera luz, literalmente.
Y me dijo: «El Arcángel Miguel me ha salvado la vida». En aquella época él
apenas conocía al Arcángel, pero estaba seguro de que le había salvado.
Pese a haber sido salvado literalmente a las puertas de la muerte por el
Arcángel Miguel, y de haber estado sintiendo después su poderosa presencia
durante meses, a John le costaba lo indecible aceptar el merecer que le
salvaran. ¿Por qué yo? ¿Por qué este poderoso ser me ha salvado? Haber crecido en
un ambiente católico irlandés y la falta de cariño de sus padres en la niñez
había contribuido a que John se sintiera avergonzado y menospreciado.
La vergüenza prospera en la oscuridad, en el secretismo. Es una vibración
baja y lenta que nos mantiene atrapados en la creencia de no valer lo bastante.
De no pertenecer a ningún lugar. De ser seres llenos de imperfecciones. Es
como la protagonista de la novela El color púrpura de Alice Walker, que ha
sufrido violaciones y maltratos físicos durante años. Gracias al amor de otra
mujer, empieza a sentirse valiosa y se da cuenta de que no se merece que la
maltraten y de que nunca se lo mereció. Al verlo, el hechizo se rompe y
encuentra el valor para liberarse de los maltratos. Lo único que ha cambiado
es ella. Nada más. Solo ella. Lo mismo le ocurrió a Tina Turner cuando
decidió por fin dejar a Ike, su marido maltratador, pese a contar solo con 10
céntimos en su cuenta bancaria.
El poder que tenemos en nuestro interior para cambiar es mucho más
grande del que nos han hecho creer. Y todo empieza cuando nos hacemos
responsables de nuestra vida. Como Brené Brown escribe:
«Responsabilizarnos de nuestra propia vida a veces cuesta lo suyo, pero no es
ni por asomo tan difícil como pasarnos la vida evitando hacerlo». Para
deshacer el nudo de reproche/culpabilidad y traer el cielo a la tierra debemos
estar dispuestos a hacernos responsables de nuestros actos y de nuestras
circunstancias. Y, si ahora somos conscientes de algo que antes no sabíamos,
tenemos que aplicarlo y resolver que lo hay que resolver si es posible.
Uno de mis ejemplos favoritos procede de mi niñez. Crecí en una población
pequeña. Un día, un tendero del vecindario llamó a mi padre por teléfono
para decirle que mi hermana le había robado varias golosinas de un centavo.
Como la había pillado con las manos en la masa, mi hermana tuvo que pasar
el bochorno de devolverlas, pero también aprendió lo que está bien y lo que
está mal en la vida. Aprendió que había actuado mal, pero que ese acto no
tenía nada que ver con su valía como ser humano. También aprendió que a
veces debemos responsabilizarnos de nuestras obras para enderezar las cosas.
Mis padres manejaron la situación de un modo positivo, centrándose en el
acto en sí y no en la valía intrínseca de mi hermana, pero mucha gente no
reacciona de la misma forma. Si creciste en el seno de una familia poco
afectuosa que hacía que te avergonzaras sistemáticamente por tu conducta, lo
más probable es que te hicieran sentir que no valías nada en lugar de centrarse
en el acto en sí.

LIBÉRATE DE LA VERGÜENZA

Piensa en algo de lo que te avergüences. En algo que no le hayas contado a nadie. En algo,
según tú, tan horrible que no lo puedes compartir. Tal vez robaste algo en la infancia y nunca
se lo confesaste a nadie. O te descubriste sintiendo placer cuando te acosaban sexualmente. O
fuiste adicto a la pornografía. O en el colegio formaste parte de un grupo de bravuconas que le
hacíais la vida imposible a otras compañeras. O quizá te avergüenzas de una parte de tu
cuerpo. O de tu familia. Tal vez te avergüenzas de tus padres. Sea lo que sea, sé consciente de
que, cuanto más te lo guardes para ti, más daño te hará.
Es muy fácil llevar más amor allí donde sentimos vergüenza. Di simplemente en voz alta
aquello de lo que te avergüenzas. Hazlo ahora. Di simplemente: «Me avergüenzo
enormemente de mí mismo por [rellena el espacio en blanco]». Mírándote ahora al espejo, di
en voz alta: «Te quiero tal como eres». Esto lleva el Amor Infinito de tu Yo Divino a la oscuridad
y el aislamiento de la vergüenza que sientes. Y la ilumina transformándola en Amor.
Para que este ejercicio funcione incluso mejor, repítelo con un amigo de confianza. Cuéntale
aquello de lo que te avergüenzas. Y pídele que te diga: «Te quiero tal como eres». La sensación
de vergüenza se desvanecerá como el rocío bajo los rayos del sol. Y además el niño asustado
de tu interior que no se atrevía a decir nunca la verdad habrá «crecido».

Responsabilizarte de tu historia te permite dejar de avergonzarte y sentirte a


la vez más valioso. Dar un paso adelante y decir que obraste mal cuando fue
así es mucho más edificante que ponerte a la defensiva y dejar que al ego se le
suban los humos a la cabeza. Hace un tiempo, por ejemplo, el doctor Bernie
Siegel, autor de Amor, medicina milagrosa, y yo éramos copresidentes de la
Asociación Médica Holística Americana. Se suponía que sería presidenta
cuando finalizara el plazo que le correspondía a Bernie serlo, pero él estaba
mucho tiempo fuera viajando, y un día me ocupé de las tareas diarias de la
Asociación. Bernie recorría todo el país para animar e inspirar a miles de
personas con sus poderosos mensajes creativos, y me dije que aquello era lo
mínimo que yo podía hacer. Como supuse que estaba ocupado y que no le
interesaría llevarlo a cabo, me tomé la libertad de corregir un artículo que
Bernie había escrito para el boletín informativo. Y no se le comuniqué. La
cuestión es que no le gustaron mis cambios. Pero yo sabía lo que debía hacer.
Le llamé por teléfono y le dije: «Soy la única responsable de las correcciones.
Nadie más lo es». Y, al oírlo, me dijo que ahora confiaba en mí más que
nunca. Porque no había intentado parapetarme detrás de nadie ni fingir que
no era responsable de lo ocurrido.
Con el paso de los años, he descubierto que la misma honradez me ha
servido una y otra vez en la vida. Y cada vez me resulta más fácil ser sincera.
Como afirma mi hermano John: «Siempre digo la verdad. Así no necesito
recordar lo que ha salido de mi boca».

Aprende a afrontar la vergüenza con resiliencia


Además de dejar de sentirte avergonzado y de responsabilizarte de tu vida,
intenta afrontar el avergonzamiento en cuanto lo sientas. Lo esencial es
abordarlo con resiliencia, para no sufrir más de la cuenta y acabar con la
autoestima por los suelos.
Como vivimos en una sociedad que nos hace sentir avergonzados, debemos
ser conscientes de la sensación de avergonzamiento y disiparla con amor
siempre que la advirtamos, tanto en nuestra vida como en la vida de los que
nos rodean. El otro día colgué en Internet una fotografía en la que
aparecíamos mi buen amigo Noah Levy y yo firmando libros. Frente a
nosotros había tres botellas grandes de una marca de agua mineral muy
conocida. Alguien publicó inmediatamente en Internet: «¡No me puedo creer
que bebáis eso! Es veneno». Era evidente que había un par de activistas a
favor del agua entre el público. Me sugirieron que viera Tapped, un
documental sobre el agua embotellada, para que me diera cuenta de todo lo
que estaba haciendo mal. Mi primera reacción fue ponerme a la defensiva. Yo
no había comprado el agua. Los organizadores del evento la habían dejado
allí. Yo no tenía nada que ver. Pero me contuve. La cuestión es que solo
quería publicar un mensaje de agradecimiento para quienes habían asistido a
la firma de libros, en lugar de enzarzarme en una perorata sobre el agua
embotellada.
Suelo manejar esta clase de situaciones, sobre todo en las redes sociales,
aprovechando la oportunidad para educar a la gente sobre la importancia de
no hacer sentirse avergonzados a los demás. Respondo algo como: «En este
lugar no hay cabida para hacer que nadie se sienta avergonzado. Puedes
compartir tu opinión, pero, cuando te metes conmigo para insultarme, me
estás haciendo sentirme avergonzada. Y, lo creas o no, esto también es malo
para ti. Pero, cuando yo me defiendo, mis defensas también suben. (Este dato
se basa en la labor científica del doctor Mario Martinez.) Te pido que no me
critiques ni me hagas sentirme avergonzada a mí ni a ninguna otra persona en
esta página». Después, fijo unos límites. Si la persona persiste, le doy a
«bloquear contacto» y la elimino de mi página. La cuestión es que meterse
con la conducta de otro nunca funciona. Y, además, tampoco resuelve la
situación en ningún sentido.
Más tarde, aprendí otro método de mi maestro espiritual Matt Kahn que te
hace sentir mucho mejor. Matt dice que, simplemente, marques con un «me
gusta» todos los comentarios del muro de su Facebook, pongan lo que
pongan. Y luego envía Amor Divino a cualquiera que critique y victimice a
otras personas. Lo hace porque dice que esas personas tratan a los demás
como las han tratado a ellas. Cuando reconoces que esa persona está sufriendo
y que por eso actúa como actúa, ayudas a romper el patrón de
víctima/opresor. Y la otra persona lo percibe a algún nivel. También puedes
hacerle un cumplido o desearle mentalmente lo mejor. Esto hará que el ego
deje de manejarla a su antojo.
Pero no me malinterpretes. No estoy sugiriendo que sigas manteniendo una
relación abusiva con alguien (ni siquiera en las redes sociales) que te critica y
se mete contigo sistemáticamente. Cuando alguien se muestra
extremadamente desagradable conmigo, sigo dándole a «bloquear contacto».
Pero reconocer el sufrimiento de otro y enviarle amor (en persona o en las
redes sociales) evita que su crueldad te afecte. También impide que tu
vibración baje a la misma frecuencia que la de la suya. Eso es lo que las
personas emocionalmente sensibles (como tú y como yo) hacemos cuando nos
topamos con el ego dominante y seguro de otra persona. Eleva simplemente
en tu vibración sintiendo amor, con confianza, sabiendo que la luz siempre
vence a las tinieblas. No hay nada que anule más deprisa al ego que amar lo
que surja en la vida, sin hacer sentirse avergozado a nadie ni criticarlo y sin
creer ser superior moralmente.
La próxima vez que alguien intente hacerte sentirte avergonzado, haz algo
radical. Di simplemente: «Gracias». Y no solo eso, ve más allá aún, halágale o
deséale mentalmente lo mejor. De todo corazón. Y luego ocúpate de la parte
de ti a la que ha avergonzado. Di lo siguiente en voz alta ante el espejo,
mirándote afectuosamente a los ojos: «Eres mi niño querido, estoy encantado
contigo».

QUÉ HACER CUANDO TE CULPAN


O TE HACEN SENTIRTE AVERGONZADO

Cuando te culpan de algo, tanto si es con razón o sin ella, te sientes avergonzado o enfurecido.
Lo primero que debes hacer es detenerte. No te defiendas. Céntrate simplemente tu cuerpo.
¿Dónde te sientes avergonzado? Respira hondo desde ese lugar. Percibe la sensación de
avergonzamiento, culpabilización o enfado, y ama la parte de ti que la está sintiendo. Ten en
cuenta que esta parte de tu ser es la que necesita recibir más amor. Esto por sí solo obra
maravillas. El niño herido e incomprendido de tu interior está recibiendo tu amor y atención.
¡Estupendo! Y, después, toma cartas en el asunto.
Pongamos que te reprochan haberte olvidado de comprar leche en el supermercado de
camino de vuelta a casa. En este ejemplo, pregúntate si el reproche es justo. ¿Dijiste que
comprarías la leche y no lo has hecho?
Si la acusación es justa, asume tu acto. Acepta que dijiste que la comprarías, admite que
te has olvidado y ve a comprarla.

Si la acusación no es justa, intenta averiguar la lección que puedes extraer. Por ejemplo,
si tu mujer solo te mencionó que apenas quedaba leche y no te pidió que fueras a
comprar más, no puede esperar de ti que lo hayas hecho. Solemos repetir los hábitos de
la infancia para darnos cuenta de cuáles son nuestras necesidades y para cerrar las
heridas de la niñez y aprender las lecciones del Alma. Si tu padre esperaba cosas de ti sin
expresártelas y te metiste en problemas por no estar a la altura de sus expectativas, lo
más probable es que te hayas casado con alguien que actúa de la misma forma. En
cuanto detectes este hábito tuyo y ames esa parte de ti que se siente acusada, tu
autoestima empezará a subir. Tu niño interior empezará a sentirse valioso. Y, al cabo de
un tiempo, ya no aceptarás que te culpen por un rasgo del carácter de tu pareja que tú
no puedes cambiar. También tienes la oportunidad de hablar con ella sobre la
necesidad de que te exprese las cosas con claridad. No la consideres un caso perdido.
Dale el beneficio de la duda.

De supervivientes a recuperar la buena salud


El poder de dejar de sentirte avergonzado y de no caer en la sensación de
impotencia del ego se aprecia en aquello a lo que mucha gente se refiere como
un milagro: la curación de muchas distintas clases de cánceres terminales.
Cuando la doctora Kelly Turner era una estudiante de posgrado, empezó a
interesarse por este fenómeno. Se dio cuenta de que había más de mil casos
ampliamente documentados de este tipo enumerados en PubMed, una base
de datos de Internet de estudios médicos validados por especialistas. Cuando
comenzó a leer los casos clínicos, le impactó que en cada uno de ellos la causa
de la curación se definía como «desconocida». Se fijó el objetivo de localizar a
algunos de esos pacientes y averiguar qué habían hecho para curarse por
completo. El resultado fue su libro Las 9 claves de la curación natural del cáncer
y otras enfermedades: los nueve factores que comparten los pacientes de cáncer que
han sanado totalmente y contra todo pronóstico. En él, identificaba nueve cosas
que los supervivientes de cáncer habían hecho para recuperarse. No todos los
que sobreviven a un cáncer terminal han hecho las nueve. Pero la mayoría
ponen en práctica al menos un par. Los nueve factores son los siguientes:

1. Cambio radical en la dieta


2. Ocuparse de su propia salud
3. Dejarse llevar por la intuición
4. Usar plantas medicinales y suplementos
5. Liberar las emociones reprimidas
6. Aumentar las emociones positivas
7. Aceptar el apoyo social
8. Profundizar la conexión espiritual
9. Tener fuertes razones para vivir

Hay que tener en cuenta que ninguna de esas personas que recuperó la
buena salud acató el papel del ego. Ninguna. En su lugar, descubrieron su
propio poder interior para llevar una vida plena y saludable.
Y lo más interesante es que no se identifican con la etiqueta de
«superviviente de cáncer». Ni tampoco se regodean en el «mito de la
singularidad de un enfermo terminal» creyendo que nadie puede entender, ni
por asomo, lo mal que se sienten emocionalmente.
Dejan de ponerse etiquetas que limitan su capacidad para ser personas
increíbles, como la de superviviente. Etiquetas como esta les incluirían en un
grupo centrado en una enfermedad, lo cual dificultaría su curación. Este tipo
de grupos se centran en el problema en lugar de mirar hacia el futuro
prometedor y saludable que tienen por delante. Sí, hay un tiempo y un lugar
para los grupos de apoyo que les ayudan a «afrontar» su problema. Pero vivir
demasiado tiempo en modo de «víctima» o de «superviviente» es una
invención del ego.

El perdón: el mejor remedio para los reproches


y la culpabilidad
El perdón es el componente clave que deshace el nudo del
reproche/culpabilidad. El perdón se suele entender erróneamente como
aprobar las maldades que nos hicieron. O las que les hicimos a los demás.
Pero el perdón no es esto. El perdón significa no dejar que el pasado sea la
razón para no progresar en el presente. El doctor Mario Martinez llama al
perdón «ser libres de las trampas que nos tendemos a nosotros mismos»
Cuando me estaba divorciando, lo primero que se me pasó por la cabeza era
que les había arruinado la vida a mis hijas. Pero, con el tiempo, comprendí
que, al dejarme llevar por los dictados de mi Alma, había moldeado algo muy
distinto para mis hijas. Les había mostrado que mi vida y mi felicidad (y, por
lo tanto, también la suya) eran importantes. Y que no era una buena idea
seguir durante demasiado tiempo en una situación que dejaba mucho que
desear.
Cuando sabemos lo que nos conviene, actuamos mejor. Machacarnos por lo
que ignorábamos en el pasado nos mantiene anclados en los reproches y la
culpabilidad. Y esta situación puede alargarse durante años y más años.
Cada uno de nosotros tiene algo en el pasado que debe perdonar. Y no hay
nadie a quien tratemos con tanta dureza como a nosotros mismos y a quien
más nos cueste perdonar. Sé afectuoso contigo mismo y empieza a amar
aquella parte de ti que te parece impropia e imperdonable.
Al igual que ocurre con la humillación, para perdonarte tienes primero que
reconocer lo que necesitas perdonar y luego pedir perdón. A ti mismo. A
Dios. Al universo. Recita una oración de Cámbiame: «Dios mío, libérame del
peso de la culpa en mi corazón y en mi vida. Libérame de la culpabilidad y la
humillación. Y cámbiame en alguien que se sienta valioso y completo. En
alguien que se sienta totalmente perdonado y libre». Además de pedirle a
Dios que te ayude, te sugiero que también te ayudes a ti. Di en voz alta:
«Ahora me deshago del peso de la culpabilidad y la humillación».
Perdonarte también significa quererte y satisfacer tus necesidades. El
difunto Marshall Rosenberg, autor de Resolver los conflictos con la comunicación
no violenta, se pasó la vida enseñando a los demás a satisfacer sus necesidades
con la comunicación no violenta. Señaló que cada emoción que sentimos
refleja una necesidad.
Recuerdo la primera vez que hice un ejercicio usando el inventario de las
«necesidades» y las «emociones» de Rosenberg. El grupo se dividió en grupos
más pequeños de tres personas. Una contaba una historia de su vida. Y las
otras dos intentaban captar el sentimiento y las necesidades que reflejaban las
emociones. Lo hicimos observando una serie de emociones individuales
escritas en tarjetas que dejábamos frente a nosotros, como por ejemplo rabia,
tristeza, amargura, irritabilidad, alegría y felicidad. Mientras escuchábamos la
historia, sosteníamos en alto de pronto una tarjeta y le preguntábamos al que
nos contaba la historia si esa era la emoción que estaba sintiendo. ¿Te sientes
enojado? ¿Triste? ¿Frustrado? En cuanto confirmábamos las emociones,
consultábamos las tarjetas de las necesidades (comida, descanso, aprecio,
reconocimiento, contacto humano, etcétera) y sosteníamos una en alto con la
necesidad en concreto que creíamos captar al escuchar la historia. Nuestra
tarea era reflejar la necesidad insatisfecha que transmitían las emociones de la
persona que contaba la historia.
Esta experiencia fue toda una revelación para mí. Y la manera más poderosa
de que una comunidad corroborara mis emociones y necesidades. Fue la
primera vez que sentí que mis necesidades eran auténticas y no algo que debía
negar o intentar no tener. Antes de esta experiencia, había estado juzgando
mis necesidades (y emociones) como inadecuadas o malas. O como algo que
debía superar de algún modo. Me decía que si hubiera sido un ser humano
más maduro o desarrollado no las habría tenido. ¡Qué sistema de creencias
más absurdo! Encontrarás el inventario de las necesidades y las emociones en
www.cnvc.org. Vale la pena echarle un vistazo.
Tras haber aprendido que nuestras emociones reflejan necesidades
auténticas, estaba deseando conocer las cinco A de David Richo de su libro
Cómo mantener relaciones estables y duraderas: las claves para amar y convivir
toda la vida. Estas son las cinco A:

Atención
Aprecio
Afecto
Aprobación
Aceptación

Las cuatro primeras son evidentes, pero la quinta, admitir/permitir, requiere


un poco de explicación. David Richo se refiere a que debemos seguir los
dictados de nuestra Alma sin dejarnos condicionar por lo que los demás creen
que «deberíamos» hacer.
Estas cinco A son necesarias para construir nuestro yo esencial en la niñez y
también para sentirnos felices y satisfechos de adultos en las relaciones
amorosas y en otros aspectos de nuestra vida. Se aplican a la relación que
mantenemos con nosotros mismos, con lo Divino y con cada otra persona del
planeta. Por suerte, podemos ofrecernos estos cinco aspectos del amor para
llegar a recuperarnos y perdonarnos nuestras indiscreciones del pasado. Las
cinco A son lo que todos necesitamos a una edad temprana y en la niñez, pero
también son los requisitos para la intimidad en la adultez, en nuestra relación
con nosotros mismos y con las personas de nuestro alrededor. Richo escribe:
«En la espléndida economía del desarrollo humano y espiritual, las mismas
llaves abren todas nuestra puertas evolutivas».

Sobre ser vulnerable


Superar la sensación de humillación y no desempeñar el papel del ego nos
ayuda a cultivar la conexión y la intimidad, que son esenciales para llevar una
vida significativa. Pero, si estás buscando el superalimento de la conexión,
debes centrarte en la vulnerabilidad y en nada más. Pese a lo que nos hayan
dicho sobre que no mostremos nunca nuestro dolor o que no dejemos que
nadie vea que lo estamos pasando mal, la vulnerabilidad es un superpoder si lo
usamos de manera consciente y con un sentido de la identidad bien
desarrollado. La vulnerabilidad se ve con malos ojos en nuestra cultura porque
se asocia a debilidad, sobre todo en los hombres. La propia palabra significa
«capaz o susceptible de ser herido, como la lesión que inflige un arma. O
abierto al ataque moral, las críticas o la manipulación». No es de extrañar que
nos hayan enseñado a protegernos con tanto celo.
Pero la vulnerabilidad es, en realidad, encontrar la fuerza interior para
permitir que los demás vean y sientan nuestra plena humanidad, con nuestros
defectos e imperfecciones. Nuestra vulnerabilidad es conmovedora. Es lo que
nos hace humanos. Brené Brown nos recuerda, en su charla TED pionera
sobre el poder de la vulnerabilidad —vista hasta ahora por más de veintiséis
millones de personas—, que la conexión —la capacidad de sentirnos
conectados— es la razón por la que estamos en este mundo. Ser vulnerables
forma parte de sentirnos conectados. Es lo que le da sentido y significado a
nuestra vida. Cuando estamos dispuestos a arriesgarnos a ser vulnerables y
plenamente humanos, nos abrimos a nuestra humanidad y a nuestra parte
Divina a la vez. Sabemos cuál es nuestra naturaleza esencial. Y sentimos que
nos merecemos al máximo lo mejor que la vida tiene para ofrecernos.
¿Por qué nos cuesta tanto ser vulnerables? Porque el ego intenta
protegernos del dolor de la humillación. Pero, si conseguimos que no lo haga,
viviremos la vida mucho más plenamente.
Hace varios años, después de divorciarme, una amiga vino a verme y yo
estuve siendo muy censuradora con mi exmarido. Ella me dijo que, si quería
volver a disfrutar del amor en la vida, tenía que superar mi amargura y mi
rabia. Me sugirió que le escribiera a mi exmarido una carta de amor
contándole todo lo que me había fascinado de él. Sabiendo que llevaba razón,
decidí seguir su consejo. Y ese mismo año, durante una noche de luna llena de
enero, el mismo mes en el que nuestro matrimonio se había ido a pique
abruptamente varios años antes, puse una música conmovedora de fondo,
encendí una vela y empecé a escribirle una carta.
Mientras le contaba por escrito lo mucho que me había gustado su cortejo
en la facultad de Medicina y lo que significó para mí aprender de él a hacer
nudos quirúrgicos, me inundó de nuevo el amor que había sentido por aquel
hombre. Había sido mucho más divertido iniciarme en los casos quirúrgicos
con alguien de quien estaba locamente enamorada. (Había sido mi tutor en
cirugía interna cuando yo era estudiante. ¡Qué romántico!). Agradecía que
hubiera sido mi marido durante los años difíciles de la residencia médica y el
padre de nuestras dos hijas. Me sorprendió lo mucho que lloré mientras
escribía la carta.
Más tarde, incluso di un paso más y le leí la carta por teléfono. Se acercaba
el día de San Valentín. Él se había vuelto a casar, tenía otro hijo y vivía en el
extranjero. Pero en ese momento, cuando le leí la carta, el tiempo se paró.
Entre nosotros no fluía más que amor. Estábamos en dos países distintos —
con un océano de por medio—, pero en ese instante éramos dos Almas
inmortales libres de la carga del ego y de la personalidad. Recordando,
simplemente, el amor, todo lo que aún sentíamos.
Ese acto fue para mí muy emotivo y curativo. Y te recomiendo vivamente
que hagas algo parecido en tu vida si aún sientes rencor, amargura o ira hacia
alguien. Al menos, escríbele la carta. No hace falta que se la leas ni que se la
envíes. La puedes quemar si quieres. Pero, hazme caso, su Alma lo notará. Y
no es necesario que sea una carta de amor. Puede ser una diatriba furiosa para
que saques todo lo que tienes que sacar de dentro.
Recientemente hice algo parecido con otro hombre al que había amado,
pero con el que la relación no funcionó. Por más que lo intentaba, no
conseguía superarlo. Necesitaba poner fin a esa relación. Como quería
comunicarle algo, le pedí que viniera a mi casa. No lo hice por él, sino por mí.
Le pedí que me ofreciera el regalo de su presencia y le indiqué que no era
necesario que hiciera nada salvo escuchar. Después, con mi alma al
descubierto, le pedí que se sentara a la mesa de la cocina y le conté que
siempre le había amado. Que aún le seguía amando. Y que, como la vida es
muy corta, no quería que creyera que estaba enojada con él por cómo había
terminado lo nuestro. Que le perdonaba por todo lo ocurrido, y que también
me perdonaba a mí misma por ello. Incluso por cómo había acabado todo.
Después de decírselo, le abracé. Al día siguiente, te aseguro que ese peso que
había estado notando en mi corazón durante los últimos años se había ido.
Era libre. ¡Por fin! Y desde aquella noche ya no le he vuelto a ver ni he
hablado con él.
Este es el gran poder de la vulnerabilidad. Te arriesgas a desnudar tu alma y
vas con el corazón en la mano. Te expones a las críticas y al ridículo. Y, al
final, descubres que no importa. Porque tu yo Divino es inmune a todo esto.
Ves, para tu sorpresa, que la vulnerabilidad es una gran medicina. Una
medicina fabulosa y poderosa. La verdad te hace libre, te aligera el corazón y
sana tu mundo.
9
Tu cuerpo, tu templo
Las mínimas partículas rojas que llevo y que tú llevas, los huesos y la
médula de los huesos, la sensación deliciosa de la salud; afirmo que estas
cosas no solo son los poemas del cuerpo, sino también del alma, afirmo
que son del alma.

WALT WHITMAN

Creo que a estas alturas ya ha quedado claro que eres un Alma. Tú no eres tu
cuerpo. Pero tienes uno. Y tu tarea es ocuparte de él hasta que lo abandones.
De la misma manera que te ocupas de tu casa o de tu coche. Es tu
responsabilidad, no la de tu médico, tu pareja ni tu madre. Es así de sencillo.
Ocuparte de tu cuerpo significa, ante todo, tener un sistema de creencias
sano sobre lo que es posible físicamente, sobre todo a medida que vas
acumulando años. Y, en segundo lugar, hacer las actividades necesarias para
mantener en forma tu parte física.

Creencias sobre el cuerpo y la salud


El cuidado óptimo del cuerpo empieza con tus creencias. Es importante saber
que tu cuerpo está diseñado para gozar de salud, vitalidad y bienestar toda la
vida. Sin embargo, la mayoría de la gente cree que el cuerpo empieza a
deteriorarse con el tiempo a partir de los veinticinco años. He oído a personas
de treinta y dos años quejarse de dolor de espalda y de que el cuerpo les está
traicionando debido a la edad. El cuerpo no nos traiciona. Ni tampoco tiene
por qué deteriorarse con el paso de los años. No es más que un sistema de
creencias popular tan común en nuestra cultura que está por todas partes.
Pero cuando empieces a cambiar tu idea de lo que es posible en cuanto a la
salud y el cuerpo físico, sea cual sea tu edad, comenzarás a notar los cambios
positivos más deprisa de lo que te imaginaste que fuera posible. Los estudios
han demostrado, por ejemplo, que la fuerza muscular y la movilidad de las
personas de más de noventa años mejora enormemente con el entrenamiento
muscular.
Escribí un libro sobre cómo reconocer y cambiar las creencias negativas de
mucha gente sobre lo que le ocurre a su cuerpo a medida que envejece. Se
titula Las diosas nunca envejecen: la fórmula secreta para sentirte radiante, vital y
disfrutar de bienestar a cualquier edad. El mensaje principal de dicho libro es
que nuestras creencias son más poderosas que los genes. Es cierto. Tus
creencias son, sin duda alguna, el factor más importante que determina lo que
le ocurrirá a tu cuerpo y a tu salud. Ya he tratado este tema al hablar del poder
de los pensamientos y los sentimientos, pero quiero volver a analizarlo desde
una óptica física. A continuación descubrirás cómo los pensamientos afectan a
tu salud.
Como ya sabes, cada pensamiento que te viene a la cabeza va acompañado
de señales bioquímicas que se propagan por el cuerpo. La serotonina, la
dopamina y la epinefrina son neurotransmisores que afectan a todo el cuerpo,
y su producción depende de lo que pensamos y sentimos. Los pensamientos
estresantes llenos de cólera, miedo o tristeza aumentan los niveles de las
hormonas del estrés en el cuerpo, lo cual acaba llevando a la inflamación
celular, la causa principal de la osteoporosis, la depresión, la diabetes, las
cardiopatías, la artritis y el cáncer.
Pero esta no es la única forma en la que los pensamientos afectan la salud.
Pueden determinar literalmente qué genes serán los que se expresarán. Los
genes en el ADN de una célula están regulados por una multitud de
moléculas conocidas como factores epigenéticos. Estas moléculas responden a
las influencias del entorno silenciando ciertos genes y activando otros cuando
es necesario.
La conexión mente-cuerpo
El poder de los pensamientos sobre la salud lo demostró de manera excelente
la pionera del mindfulness Ellen Langer en la década de 1990. Langer tomó a
dos grupos de hombres, de 70 a 87 años de edad, y los apartó de sus vidas
cotidianas durante diez días. Ambos grupos se sometieron antes a una serie de
pruebas médicas para determinar la audición, la visión, la frecuencia cardíaca,
la función pulmonar y la tensión arterial en estado basal, así como el peso y el
aspecto físico.
A un grupo se le dijo que llevaran la vida habitual de siempre. Y al otro, que
viviera como si fueran jóvenes de nuevo. En las paredes del lugar donde
residían los participantes de este último grupo se colgaron fotografías de
cuando se encontraban en la «flor de la vida» (entre los 40 y los 50 años).
También disponían de revistas de aquella época. Y de programas de televisión
de aquel tiempo.
Al terminar los diez días les volvieron a hacer las pruebas médicas. Todos
los parámetros de los hombres que habían vivido como si fueran jóvenes de
nuevo habían mejorado. Su ritmo cardíaco era más saludable, al igual que la
función pulmonar. Mejoraron en todo aquello que creemos que se deteriora
con la edad. Además, parecían haber rejuvenecido diez años. Los hombres
que vivieron como si volvieran «a la juventud» incluso se pusieron un día a
jugar a fútbol americano. Los del grupo de control, en cambio, no mejoraron
en lo más mínimo. La doctora Langer ha realizado desde entonces muchos
otros experimentos para demostrar hasta qué punto nuestras creencias
influyen en el funcionamiento del cuerpo. En su libro Atrasa tu reloj: el poder
de la posibilidad aplicado a la salud encontrarás más información sobre el
experimento.
La demostración más poderosa de cómo las creencias afectan al cuerpo
físico procede de la investigación del doctor Mario Martinez y de su labor con
los estigmas, las marcas que les aparecen en el cuerpo a los que creen
profundamente en las heridas sufridas por Jesucristo durante la crucifixión y
que se identifican con ellas.
Los estigmas son dolorosas heridas físicas en el cuerpo que simbolizan el
sufrimiento de Jesús. El doctor Martinez, con la colaboración del Vaticano,
estudió a personas con estigmas. Algunos casos son fraudes. Y otros, reales.
El padre Pío es una de las personas más famosas a las que estudió. Una mujer
en particular, en Ciudad de México, mostraba una cruz muy dolorosa en la
frente. Le sangraba a diario. Y, cuando la gente la iba a ver para que les
curara, se curaban. Enviaron al doctor Martinez para que estudiara aquel caso.
Analizó una muestra de las heridas de la frente de la mujer y descubrió que
eran estériles. Sin bacterias. Sin infección. Y no había la menor evidencia de
que las heridas se debieran a una autolesión. Eran, definitivamente, una
manifestación física de sus creencias.
Le preguntó si deseaba dejar de sufrir. Ella le respondió que sí. Y juntos
trabajaron en el sistema de creencias que le había provocado las heridas en el
cuerpo. La frente se le curó. Pero entonces los que iban a verla dejaron de
mejorar. Sin los estigmas, no sanaban. Ella y el doctor Martinez llegaron a un
acuerdo factible. La cruz le volvería a salir en la frente, pero sería un veinte
por ciento menos profunda, dolorosa y sangrante. Su sufrimiento se redujo
notablemente, pero no desapareció del todo. Y, al ver la cruz en la frente de
nuevo, los creyentes que la visitaban volvieron a curarse.
Esta experiencia fue una de las muchas que llevó al doctor Martinez a crear
el Instituto de la Ciencia Biocognitiva, la ciencia que estudia la profunda
conexión entre nuestras creencias y la salud física.
A todos nos han inculcado creencias familiares y culturales sobre la salud,
como «No te lo comas que ha caído al suelo. Está lleno de gérmenes y
enfermarás». O «He estado expuesto al virus de la gripe. Siempre pillo todos
los virus de la oficina. Sé que me voy a enfermar». O «A mi edad soy
demasiado mayor para [rellena el espacio en blanco]». Las creencias producen
profundos efectos bioquímicos que cambian la expresión genética. La ciencia
de la epigenética ha demostrado que el cuerpo responde a nuestro entorno,
como a la dieta, los pensamientos, la actividad física y las emociones. Como
una creencia no es más que un pensamiento repetitivo, se puede cambiar. Y la
salud mejora gracias a ello.
La fascia: el lugar donde las creencias viven en el tejido
conjuntivo
Si bien el proceso de los cambios bioquímicos basados en los pensamientos se
empieza a aceptar cada vez más, en el cuerpo hay otro sistema de
comunicación y de información que se pasa por alto en gran medida. Se trata
de una estructura del tejido conjuntivo que se extiende como una red por todo
el cuerpo, conocida como fascia. Conecta la piel con los músculos,
revistiéndolos y atravesándolos, y además conecta los músculos con los huesos
y con los órganos del cuerpo en una envoltura continua e ininterrumpida.
Cuando se despelleja a un pollo, el pellejo viene a ser las capas fasciales que
conectan la piel con el musculo que hay debajo.
Como toda la fascia está conectada, lo que ocurre en una parte del cuerpo
afecta la fascia de las otras. En cuanto lo vemos, nos damos cuenta de lo
limitadas que son las especialidades médicas cuando no tienen en cuenta que
los sistemas del cuerpo forman un todo.
La red fascial es un sistema nervioso secundario sin fibras nerviosas
sensibles al dolor. Actúa como un sistema de transmisión eléctrico cristalino
que envía información a través del cuerpo con suma rapidez. Los meridianos
de acupuntura discurren en este sistema, y, cuando las agujas se insertan en
determinados puntos de esos meridianos, se registran efectos en los órganos
vinculados con puntos específicos. Pongamos, por ejemplo, los pies. La fascia
empieza en los pies y se extiende por el cuerpo hasta el cuero cabelludo, de
una sola pieza. Cuando recibimos un tratamiento de reflexología en el pie o
alguien nos da un buen masaje en él, es tan relajante que no podemos pensar.
Incluso es posible que nos quedemos dormidos. Esta reacción se debe a que la
estimulación de la fascia en los pies —donde los meridianos del cuerpo se
originan hasta cierto punto— afecta cada órgano del cuerpo, incluido el
cerebro. Positivamente. Por eso, cuando los pies nos duelen, es como si nos
doliera todo el cuerpo.
El tejido conjuntivo del cuerpo puede volverse espeso, cicatricial y grueso
debido al estrés físico, emocional o mental. El estrés favorece la inflamación,
y más tarde la aglutinación y el engrosamiento del tejido conjuntivo a medida
que las fibras se van pegando. Con el tiempo, el cuerpo va acumulando fascia
espesa y cicatricial en los músculos y las articulaciones, lo cual acaba
produciendo dolor, una amplitud limitada de movimientos y el andar
desgarbado y rígido asociado a la vejez. Pero no solo limita el movimiento
físico. Por el área cicatricial afectada deja de circular libremente la
información, las sensaciones o la sangre. Se aísla del resto del cuerpo. Y las
posibilidades con las que nacimos de gozar de una buena movilidad y
expresión física, emocional y espiritual también se reducen con el tiempo.
Bob Cooley, el descubridor de una técnica de estiramiento fascial conocida
como flexibilidad-resistencia, fue a los veintiocho años arrollado por un coche
que circulaba a 130 kilómetros por hora. Le fracturó la pelvis, le aplastó la
pierna izquierda, le dislocó el hombro y le desgarró la parte superior del brazo
izquierdo. También sufrió una conmoción cerebral y permaneció inconsciente
durante un tiempo. Como es lógico, las secuelas del accidente le dejaron con
dificultades para caminar y con dolores.
Bob, que había dirigido una compañía de baile y era especialista en
biomecánica, se dedicó a experimentar en su propio cuerpo, y descubrió que
los músculos, cuando los estiramos, se contraen de forma espontánea. Cuando
estiraba y tensaba los músculos simultáneamente —como un perro o un gato
estirándose y tensándose a la vez al levantarse del suelo—, la amplitud de sus
movimientos aumentaba. Y, además, su dolor se reducía. Al final, descubrió
unos estiramientos para cada sistema de órganos, estiramientos basados en los
principios de la medicina china tradicional que imitaban las antiguas asanas de
yoga (posturas). Esos estiramientos también le ayudaron a eliminar la fascia
espesa y el tejido cicatricial de los músculos. No solo recuperó la función
normal de sus articulaciones y músculos, sino que además experimentó una
mejoría en la digestión, la capacidad pulmonar, las facultades mentales y la
salud en general. El cuerpo y la mente le funcionaban mejor ahora que antes
del accidente. Aunque hace mucho que conozco la conexión cuerpo-mente,
fue de Bob y de los profesionales que ha formado que aprendí que esa
conexión se encuentra en la fascia. La unidad del cuerpo, la mente, las
emociones y el Espíritu se manifiestan en el cuerpo físico. No es solo una idea
de la Nueva Era.
El estiramiento fascial me reveló hasta qué punto las creencias y las heridas
de la infancia condicionan cómo vivimos en nuestro cuerpo físico y nos
movemos. Este proceso lo expresó de una manera sumamente poética la
difunta Isadora Duncan, una famosa bailarina.

Hoy día apenas se conoce la magia que reside en los movimientos y la


fuerza de ciertos gestos. La cantidad de movimientos físicos que la
mayoría de la gente realiza en la vida es sumamente limitada. Al haber
restringido y disciplinado sus movimientos en las primeras etapas de la
infancia, se acostumbran a una serie de hábitos que raras veces son
variados. Sus actividades mentales también responden a una serie de
fórmulas que suelen repetir. Esta repetición de los movimientos físicos y
mentales va limitando su expresión, hasta que se vuelven como actores
que cada noche representan el mismo papel.

Tras estirar e «interpretar» mi fascia, Bob determinó que me había olvidado


de mí misma para intentar que mi madre superara la muerte de mi hermana.
Este trauma de la infancia, del que yo no era consciente, es lo que me empujó
a ser ginecóloga y obstetra, y a intentar salvar a muchas otras madres y bebés.
El trauma emocional de esta muerte y el hecho de que mi querida madre no
supiera cómo quererme (se le daban bien otras cosas), hicieron que mi
corazón se recubriera de una fascia espesa, mi «punto débil», como Bob la
llamaba. La rotura y la eliminación de la fascia gruesa en el meridiano del
corazón me permitió sentirme mucho más a gusto en mi propia piel. Como
Bob dijo: «Cuando acudiste a mi consulta por primera vez, tenías el aire de
una mujer que no se creía digna de amor». Me señaló que iba con la espalda
encorvada, anunciándole al mundo entero que me sentía como si no me
mereciera ser querida. En aquel tiempo era verdad. Pero ya no lo es. La otra
ventaja de haber liberado al meridiano del corazón de la espesa fascia que lo
recubría es que ya no siento tanto el impulso de salvar a la gente como antes.
¡Qué gran alivio! Ahora disfruto de mucha más alegría y libertad de
movimiento en mi vida.
Probablemente habrás notado que los hijos tienden a caminar como sus
padres. Y a moverse como ellos. Este hecho no se debe a la genética, sino a
querer encajar, a tender a imitar lo que vemos a nuestro alrededor. Cuando
nos dicen una y otra vez que bajemos el tono de voz o que estemos sentados
sin movernos, vamos reduciendo la gama completa de actividades. Con el
tiempo, este condicionamiento limita en gran medida lo que el cuerpo físico
es capaz de experimentar. También establece patrones de fascia espesa que
restringen el movimiento.
Pero, en cuanto empezamos a aprender a romper la fascia gruesa que
perpetuaba nuestras antiguas creencias y pautas de conducta, renacemos,
como quien dice. A cualquier edad.

Reestructura la fascia
Hay muchos sistemas para eliminar una fascia gruesa, como el yoga, el Pilates
y la acupuntura. Otras clases de métodos físicos, como el Rolfing, la Yamuna
Body Rolling1 y el método MELT,2 también son indicados para la fascia.
Incluso deslizar la planta del pie sobre una pelota de tenis sentado ante un
escritorio es un buen sistema para empezar a reestructurar la fascia. Mi
hermana se curó del «todo» de su trastorno del hombro congelado deslizando
la parte posterior de los músculos del hombro sobre una pelota de tenis
apoyada contra la pared, mientras la hacía rodar entre la pared y su cuerpo. Le
llevó un par de semanas. Pero ahora ha recuperado toda la amplitud del
movimiento. En YouTube encontrarás varios buenos vídeos introductorios
sobre estas técnicas. Cualquier método a base de estiramientos para ganar
flexibilidad es útil. La técnica de liberación miofascial de John Barnes
también ha ayudado a muchas personas. John ha formado a instructores de
todo el mundo en esta técnica.
Aunque estos métodos sean buenos, el proceso más rápido y avanzado que
he usado para reestructurar mi propia fascia es el sistema descubierto por Bob
Cooley. Los estiramientos de los que se compone ayudan a cualquier persona
a reestructurar la fascia y a adquirir nuevas pautas de bienestar emocional y
espiritual. En YouTube hay una serie de videos disponibles que muestran los
estiramientos. Si buscas en Google «Resistance Flexibility» los encontrarás.
En www.BendableBody.com también aparece más información. Muchos de
estos métodos han incorporado los principios de activar los músculos mientras
los estiras en las clases de yoga y en otras actividades. Recuerda: observa a un
gato o a un perro levantándose después de una siesta. O fíjate en cómo estiras
los brazos por la mañana por encima de la cabeza, tensando el cuello, la cara y
los hombros mientras bostezas. Los estiramientos con resistencia consisten en
esto. Si es posible, te recomiendo que alguien supervise tus estiramientos. En
muchos lugares también se imparten talleres. Asistir a uno te permitirá
trabajar directamente con un instructor experto en el método.

No te limites a sentarte: aprovecha la fuerza de gravedad


Movernos con regularidad —a diario— es totalmente esencial para estar
sanos y felices. El difunto doctor Paul Dudley White, fundador de la
Asociación Cardiológica Americana y creador de la cardiología moderna, lo
sabía muy bien. Recuerdo que de adolescente leí información sobre él y me
encantó la frase en la que dice que tenía dos médicos: ¡la pierna derecha y la
pierna izquierda! Fue en bicicleta a lo largo del río Charles a diario toda su
vida. También caminaba con regularidad.
La doctora Joan Vernikos, autora de Sitting Kills, Moving Heals, fue
directora de la División de Ciencias de la Vida de la NASA cuando John
Glenn, el famoso astronauta del Apolo que cumplía con los «requisitos»,
quiso volver al espacio a los setenta y siete años. Vernikos no tenía idea de si
era o no seguro permitírselo, y nadie tan mayor había viajado antes al espacio.
Pero, como Glenn aguantaba el mismo ritmo de entrenamiento que los otros
astronautas mucho más jóvenes, le dejaron formar parte de la tripulación del
Discovery. Ejecutó sus tareas con soltura, y al volver a la Tierra mostró el
mismo grado de debilitamiento que los otros astronautas. Pero todos,
independientemente de la edad, sufrieron los efectos de la ingravidez durante
un par de semanas. Como Vernikos señaló, esos efectos no eran nada nuevo.
Algunos de los efectos de la ingravidez son pérdida de equilibrio, disminución
de la frecuencia cardíaca, reducción de la densidad ósea y pérdida de masa
muscular, los mismos efectos adversos que Vernikos había visto y estudiado
en jóvenes totalmente sanos de veinte años que habían estado guardando
cama varias semanas para que los investigadores estudiaran los efectos de la
inactividad en sus cuerpos.
Las observaciones de Vernikos la llevaron a concluir que la ingravidez —no
mover con regularidad el cuerpo en el campo gravitatorio de la Tierra— era la
causa del deterioro conocido como «envejecimiento». Tanto si sufrimos los
efectos de la ingravidez, por haber estado en un ambiente ingrávido, como el
del espacio, como por estar postrados en cama o sentados muchas horas al
día, el efecto es el mismo.
Los efectos de la inactividad y de no mover el cuerpo en el campo
gravitatorio de la Tierra son tan nefastos que ahora el permanecer sentado se
conoce como «el nuevo tabaquismo». Estar sentado largo tiempo (más de seis
horas al día) aumenta el riesgo de cualquier enfermedad, como los infartos,
los derrames cerebrales, la diabetes, la obesidad y el cáncer. A decir verdad,
aunque hagamos ejercicio con constancia, estar sentados demasiado tiempo
anula notablemente los buenos efectos de la actividad física. También
empieza a producir fascia gruesa en las articulaciones de la cadera, un proceso
que puede iniciarse en la veintena. Mucho antes de que notemos un problema
de cadera, la falta de actividad física será el primer paso inevitable hacia un
posible deterioro.
No hay que olvidar que esto ocurre si no nos movemos con regularidad en
contra de la fuerza de gravedad. Cada vez que mueves el cuerpo en el campo
gravitatorio de la Tierra —incluso algo tan sencillo como subir y bajar
ligeramente el cuerpo apoyándote sobre los dedos de los pies—, el organismo
experimenta miles de cambios fisiológicos diminutos en la tensión arterial, el
intercambio de fluidos y la secreción hormonal, y la presión que ejerce sobre
los huesos y las articulaciones nos permite mantenernos sanos.
Estar de pie todo el día tampoco es la panacea. Crea el mismo problema.
La solución es mover el cuerpo por el campo gravitatorio de la Tierra. A
diario. Significa levantarte seis veces cada hora si estás sentado ante un
escritorio. Para obtener resultados positivos basta con que te pongas en pie y
vuelvas a sentarte. Pero, si te resulta imposible llevarlo a cabo, intenta moverte
de alguna otra forma, como estirando el cuerpo o doblando las rodillas. O
trabaja de pie ante el ordenador un rato y luego haz sentadillas con
regularidad. O sube y baja el cuerpo apoyándote sobre los dedos de los pies de
vez en cuando. O camina un poco cada quince minutos. Yo me siento sobre
una pelota de yoga mientras trabajo ante el ordenador y hago rebotar el
cuerpo con regularidad. Es decir, no estamos hechos para la ingravidez, sino
para movernos por el campo gravitatorio terrestre. Las camas elásticas son
perfectas para este fin. Puedes comprar una y usarla mientras miras la
televisión. Otra gran idea es rebotar sobre una gran pelota de yoga mientras
estás sentado ante el ordenador. Es divertido. ¡Y te mantendrá moviéndote
alegremente por el campo gravitatorio!

PRACTICA EL EQUILIBRIO

En medicina existe el siguiente gran debate: ¿Se rompió el paciente la cadera y se cayó al
suelo? ¿O, al caerse al suelo, se rompió la cadera? Sea lo que sea, no importa, el problema es
que cerca del cincuenta por ciento de sujetos que se rompen la cadera ya no vuelven a andar
nunca más. Y este accidente no tendría por qué ocurrirte si aprendes a mantener el equilibrio.
¿Recuerdas a los astronautas que perdieron el sentido del equilibro al estar en un espacio sin
gravedad durante un tiempo? Otra parte del problema es que no tenían un horizonte con el
que orientarse. Pero tú sí lo tienes. Si realizas el siguiente ejercicio, tu equilibrio mejorará de
manera extraordinaria:

1. Descálzate.
2. Mantente sobre un solo pie el máximo tiempo posible.
3. Cierra ahora los ojos.
4. Cambia de pie y mantente en esta postura el máximo tiempo posible.
Al cerrar los ojos ¿has tenido que apoyarte enseguida con los dos pies para recuperar el
equilibrio? Cuando empecé a hacer este ejercicio, me quedé horrorizada porque cada vez que
cerraba los ojos perdía el equilibrio. Seguí practicándolo, al menos tres o cuatro veces al día.
Mientras hacía cola en el supermercado para pagar la compra en la caja. Plantada ante la pileta
del lavabo cepillándome los dientes. Delante de la cocina preparando la cena. Y descubrí que a
las dos semanas podía mantenerme sobre un pie con los ojos cerrados durante treinta
segundos o más tiempo. Esta es la rapidez con la que el sistema vestibular, responsable del
equilibrio, se afina.
Hazte un favor: desarrolla el equilibrio con este ejercicio como parte de tu rutina diaria. Y, si
das un traspié, lo más probable es que recuperes el equilibrio. Es una medicina preventiva
excelente.

Disfruta moviéndote a diario


Si bien moverte por el campo gravitatorio de la Tierra a diario te previene de
todo tipo de males asociados al envejecimiento, no olvides que el cuerpo está
diseñado para moverse incluso más aún. Trepar a los árboles, correr, gatear,
bailar; todas estas actividades, además de mantenernos en forma, mejoran
nuestra salud física.
Muchas personas optan por el sedentarismo porque les cuesta ser activas
físicamente. No quieren hacer ejercicio. No hacen ningún deporte. Carecen
de coordinación. Creo que el sistema escolar tiene la culpa de que haya gente
que piense de ese modo por haberse centrado durante demasiado tiempo en
las habilidades deportivas. Y en la cultura deportiva en general. Los deportes
están bien si nos gustan. Pero para hacer actividad física no es necesario
interactuar con una pelota impulsándola con las manos, chutándola o
corriendo tras ella. Si te encantan el golf y el tenis, procura seguir practicando
estos deportes. Tengo muchos amigos que están en equipos de hockey de
adultos. Hombres y mujeres. Les apasiona. Y los mantiene activos. Pero no
todos estamos hechos para formar parte de un equipo deportivo. Mi madre se
ha pasado la vida esquiando. Mi hermana ha empezado a surfear. Mis dos
cuñadas se dedican a la doma ecuestre y montan a caballo.
Por fin estoy haciendo realidad mi sueño de la infancia de bailar. Un sueño
que se hizo pedazos cuando la única profesora de baile de la pequeña
población en la que yo residía se marchó la misma semana que mis zapatos de
claqué llegaron por correo. Pero, como el Alma no se rige por el tiempo
lineal, nunca es demasiado tarde. Y ahora he cambiado mis zapatos de claqué
por zapatos para bailar tango.
Para vivir bien tienes que moverte. No hay vuelta de hoja. Busca la forma
de hacerlo, solo o en grupo. Y pasa a la acción. O mantente fiel a ello. Y no
dejes nunca de hacerlo.

Tus pies, tu base


Ahora voy a hablar de los pies. Ya he mencionado que la planta de los pies
contiene un mapa de cada sistema de órganos del cuerpo. La salud de los pies
y de los dedos de los pies refleja directamente la salud del cuerpo. Prueba lo
siguiente: descálzate y separa los dedos del pie lo máximo posible. Tienes que
ver el espacio entre cada dedo. Si no los ves, significa que necesitas relajarlos y
separar los dedos descomprimiéndolos. Hay un accesorio llamado Yoga Toes
que se inserta entre los dedos del pie para estirar la fascia que hay entre ellos y
relajarlos. También puedes cogerte un pie con la mano contraria e ir
introduciendo cada dedo de la mano en los espacios del pie, intentando meter
los dedos hasta el fondo. Cuando hayas metido todos los dedos de la mano,
gira la parte delantera del pie trazando círculos. Cuando Hope Matthews, mi
profesora de Pilates, me enseñó este ejercicio por primera vez, sentí un dolor
insoportable. Pero seguí practicándolo. Y ahora puedo meter los dedos entre
los espacios del pie izquierdo y del derecho sin ningún problema. Y lo hago a
menudo —en la bañera—, sobre todo después de una noche de haber bailado
tango.
Hope Matthews muestra una serie de ejercicios en su página de Internet. A
mí me han transformado los pies. Consúltalos en www.sparhawkpilates.com.
En YouTube también encontrarás varias demostraciones de ejercicios de
Pilates para los pies.
Todos necesitamos liberar los pies de la tiranía de los zapatos a diario. Me
he dado cuenta de que los zapatos son complementos de moda muy bonitos y
sexis. Tengo un «altar» entero de zapatos de tango dedicado a la perfección de
unos zapatos bonitos. Pero solo me pongo zapatos de tango —o de tacón—
durante un tiempo limitado. Dos horas diarias como máximo. Una o dos
veces por semana a lo sumo. ¡Eso es todo! Como Katy Bowman señala tan
magistralmente en su libro Whole Body Barefoot, los zapatos son, literalmente,
como una escayola para los pies. Limitan muchísimo la acción de los
músculos y las articulaciones de los pies. Les impiden moverse a su aire. Y,
con el tiempo, acabamos desarrollando todo tipo de problemas totalmente
evitables. Como la fascitis plantar, los dedos en martillo, los juanetes, los
callos y la incapacidad de andar descalzos por la arena. Conozco a docenas de
pacientes a los que les han prescrito zapatos ortopédicos para los problemas de
los pies. Y han acabado con unos pies en tan baja forma y debilitados que ya
no pueden caminar sin los zapatos ortopédicos. La solución para tener unos
pies sanos y contentos es mantenerlos estimulados y fuertes.

AMA TUS PIES

Mantener tus pies en forma es fácil. Asegúrate solo de que puedan hacer toda clase de
movimientos. Camina descalzo con regularidad, sobre todo al aire libre siempre que sea
posible. Considera comprarte una esterilla de guijarros. Esta superficie irregular estimula la
planta del pie y el cuerpo entero. Ten a mano una pelota de tenis. Desliza el pie sobre ella a
diario. Ejercita los pies agarrando una toalla con los dedos de los pies y tirándola hacia ti.
Extiende luego la toalla alejándola del cuerpo a la vez que estiras y separas los dedos de los
pies. Cualquiera puede hacer estos ejercicios sencillos, y te sorprenderás al ver lo deprisa que
responden tus pies.

No olvides que los problemas de cadera y rodillas suelen venir de los pies y
de zapatos incómodos. Y, francamente, cualquier zapato, salvo los que son la
mínima expresión, son malos para los pies. ¿Recuerdas que las madres
enseñaban a calzarse a sus hijos en cuanto aprendían a andar? En teoría,
necesitaban llevar zapatos para mantener el pie sujeto. Pero, en cuanto calzas
a un niño pequeño, pierde el contacto con la tierra y empieza a andar como el
monstruo de Frankenstein, en lugar de corretear descalzo con ligereza. Sé que
lo has visto con tus propios ojos. Nos ha ocurrido a muchas madres.
Después de fortalecer los pies, usa un calzado que sea la mínima expresión.
Sin tacones. El tacón nos obliga a inclinarnos hacia delante, alterando la
alineación del cuerpo. Katy Bowman sugiere que veamos los zapatos de tacón
como un «postre». Está bien de vez en cuando. Pero no a diario.

Mueve el esqueleto, baila hasta el amanecer,


grita a voz en cuello
Todos nacemos con la capacidad de desahogarnos; es un mecanismo natural
de los mamíferos para relajarse, incluidos los humanos. ¿Recuerdas que en el
capítulo tres he hablado de los temblores físicos? Una gacela se echa a temblar
después de salvarse de milagro de un depredador. Una mujer se pone a
temblar tras dar a luz. Incontrolablemente. Se debe a que el cuerpo libera esas
emociones intensas. Otras maneras de desahogarnos son llorando y gimiendo.
Las lágrimas tienen toxinas. Y, cuando las derramamos, expulsamos las
toxinas. El movimiento, las lágrimas y los gemidos son como garfios que
enganchan la tensión crónica retenida en el sistema nervioso, los músculos y
la fascia para sacarla afuera.
Pero los temblores, las lágrimas o los sollozos no afloran hasta que nos
sentimos seguros. Hasta que podemos darnos el lujo de relajarnos.
Tengo un buen amigo que sufrió una conmoción cerebral importante al
caerle sobre la cabeza el pesado mástil de un barco. Es un tipo fuerte, un
competidor experimentado y un maestro en su oficio de constructor naval.
Como te imaginarás, ponerse a temblar y a llorar no es lo suyo. Pero, seis
años después de la conmoción cerebral, se descubrió viniéndose abajo y
sollozando descontroladamente durante un chequeo médico en el que tuvo
que contar los detalles del accidente. Le ocurrió un par de veces. Y no se lo
podía creer. Le tranquilicé diciendo que esta reacción era su cuerpo
sintiéndose, por fin, lo bastante seguro como para sacar la tensión crónica de
las células.
Es imprescindible que crees con regularidad un espacio seguro en el que te
puedas relajar y soltar, tanto si lo haces llorando como temblando, cantando o
bailando con toda tu alma.
Recuerda que el ego se desarrolla en la infancia de un sistema nervioso
hiperestimulado. El subconsciente se forma ideas —muchas de ellas han ido
pasando de una familia a otra— para que las experiencias vividas en la niñez
tengan sentido. Por ejemplo, si una madre deja «llorar» a su hija hasta que la
pequeña vomita a causa del estrés, la niña interpretará la situación como: No
puedo confiar en nadie. Es mejor que aprenda a valerme por mí misma. Y esta
creencia se almacenará en el tejido conjuntivo y lo más probable es que
condicione su modo de ver el mundo y de actuar, y a quien atraerá más tarde
en su vida.
Si sigue interpretando todas las experiencias y los estímulos a los que
responde del mismo modo, con el tiempo le resultará más fácil retener la
tensión en el cuerpo que intentar volver a relajarse en su estado de dicha
original. Ocurre porque, en cuanto esa niña vuelve a relajarse, le resulta
extremadamente irritante que la obliguen a dejar ese estado. Le es más fácil
vivir en una tensión crónica. Y al aferrarse a esta tensión es como empieza a
perder la flexibilidad innata de su ser.
Tuve la oportunidad de observar cómo funciona esto en mi nieta de corta
edad. Su madre (mi hija Kate) aprendió que a veces los bebés necesitan llorar
para relajarse de la tensión acumulada —como los adultos—, y también como
una forma de comunicar la necesidad de descansar más. (Todos estamos
irritables si no hemos dormido lo suficiente, ¿no?) Cuando la pequeña
Penelope necesita echarse a llorar, sus padres activan el temporizador para que
suene a los cinco minutos, y la sostienen en brazos mientras llora. Y le hablan.
A los cinco minutos, echan mano de lo que sea necesario (mecerla, hacerle el
caballito, cantarle) para que se calme si aún sigue llorando. Casi siempre —a
no ser que la cantidad de estímulos haya sido enorme, como un viaje en avión
—, deja de llorar a los cinco minutos y se transforma en un bebé muy
satisfecho y feliz que se duerme en un abrir y cerrar de ojos. Gracias a estos
cuidados tan afectuosos Penelope es, por lo general, un bebé contento.
Creo que lo mismo nos ocurre a todos, adultos incluidos. Si nos sintiéramos
seguros, si tuviéramos un lugar para llorar a lágrima viva cuando fuera
necesario y pudiéramos dormir cuando lo necesitáramos, nuestra fascia no se
volvería tan espesa y no tendríamos los problemas de salud que tenemos.
Las lágrimas sin derramar y el llanto contenido se van almacenando en el
cuerpo como presión en las células, y con el tiempo esta se revela como
inflamación celular. Muchos adultos, cuando notan que se les empañan los
ojos, reprimen las lágrimas enseguida para recuperar el control. Es lo que han
aprendido en la infancia. Sobre todo los hombres, a los que en nuestra cultura
se les enseña a no llorar nunca, o a no mostrar vulnerabilidad o debilidad en
público. Un método que va de maravilla para las emociones fuertes es evaluar
si el lugar donde estás en ese momento es seguro o no para manifestarlas. ¿Te
apoyarán si te vienes abajo? Si no es así, hazle saber a tu cuerpo que darás
rienda suelta a tus emociones más tarde. Y luego, cuando tengas un momento
libre, busca un lugar seguro y desahógate de tu dolor. Llora. Gime. Échate en
silencio en la cama hasta que rompas a llorar. Y ponte a temblar si tu cuerpo
siente el impulso de hacerlo. Llega hasta el fondo de tu corazón y sácalo todo.
Tal vez al principio creas que si te permites llorar desconsoladamente nunca
dejarás de sufrir. Pero lo que descubrirás es que el cuerpo tiene su propia
inteligencia. Como a un bebé que lo dejas que llore a sus anchas en un
ambiente seguro, el cuerpo también sabe desahogarse llorando. Cuando lo
hayas sacado todo, será como si te hubieras quitado diez años de encima. La
presión en tus células se habrá relajado. Te sentirás alegre y libre. Si te
permites llorar cuando el cuerpo te lo pide, tenderá mucho menos a
desarrollar una fascia espesa que limita tus movimientos.
Es un buen sistema, ¿verdad? Una forma natural del cuerpo de limpiarse.
Sin recurrir a la agresividad. Pruébalo la próxima vez que sientas que se te
empañan los ojos y notes un nudo en la garganta. Respirar hondo y despacio
también es de gran ayuda. Respira profundamente diez veces, inspirando y
espirando por la nariz cuando te sientas estresado o desees sentir un poco de
dicha. Este método hace maravillas. Y el cuerpo también te lo agradecerá con
creces.
1. Técnica terapéutica innovadora que consiste en rodar sobre una pelota diseñada para este fin,
armonizando el propio peso del cuerpo con la respiración. Al rodar sobre la pelota, los músculos
se relajan. (N. de la T.)

2. Método de autotratamiento para sentirse bien, eliminar el dolor crónico y borrar los signos del
envejecimiento. Reequilibra la regulación del sistema nervioso y fomenta la recuperación del
organismo. Por medio de unos movimientos sencillos y precisos, ayuda a eliminar el estrés
provocado por la vida cotidiana. (N. de la T.)
10
Come saludablemente
y cuida tu jardín interior
La auténtica reforma de la asistencia médica empieza en tu cocina y no en
Washington.

ANÓNIMO

Aunque seamos mucho más que lo que comemos, el cuerpo funciona mejor
cuando le damos el combustible de la mejor calidad posible. Cuando vamos a
repostar a una gasolinera tenemos dos opciones: gasolina de 95 o de 98.
Todos los coches funcionan mejor con gasolina de primera calidad. La
combustión es más limpia y deja menos residuos. Al cuerpo le ocurre lo
mismo.
Lo que comemos contiene los elementos que se convierten en los tejidos y
los órganos de nuestro cuerpo. Cuando me estaba formando en cirugía y
asistía a la sala de operaciones a diario, me sorprendieron los distintos grados
de calidad relacionados con la piel y los tejidos de los pacientes. Algunos
tenían unos tejidos conjuntivos resistentes y fuertes, mientras que en otros —
incluso en pacientes de dieciocho años— eran tan frágiles y de tan mala
calidad que podías separarlos con los dedos mientras hacías una incisión
abdominal, o apartabas distintos órganos de la zona. Pero los tejidos sanos los
tenías que separar usando las tijeras o el bisturí. Uno de mis profesores
llamaba a los tejidos de mala calidad «tejidos taco», refiriéndose a que
procedían, sobre todo, de una dieta a base de comida basura rica en
carbohidratos simples y pobre en verduras y proteínas.
Cuando los terapeutas manuales expertos tocan a los pacientes para
estirarles la fascia o les dan un masaje en los músculos, lo primero que notan
es la calidad del tejido del individuo. Y la calidad del tejido mejora
enormemente al llevar una dieta a base de productos integrales ecológicos. La
calidad de los productos integrales —cultivados en una tierra muy rica en
nutrientes— es vital no solo para estar sanos, sino también para recuperarnos
de una enfermedad. A mí me gusta decir que comer productos integrales
ecológicos es como si la misma Madre Tierra nos amamantara. Al igual que
nada supera en calidad a la leche materna, no hay mejor comida que la que
proviene directamente de la tierra o del mar.

¿Cuál es la mejor dieta?


Abundan los libros que nos dicen lo que debemos comer. El problema es que
suelen contener mensajes contradictorios. Durante un par de décadas se
estuvo exaltando las virtudes de una dieta vegana baja en calorías. Después
llegaron los entusiastas del crudiveganismo, que afirman que no debemos
cocinar nunca los alimentos porque el calor de la cocción destruye las
enzimas. Ahora nos hemos ido al otro extremo. La grasa ya no es la enemiga
de la salud, como se ha estado diciendo en los últimos cuarenta años. Ahora,
el nuevo enemigo es el azúcar refinado.
Durante décadas he estado a la vanguardia de los movimientos relacionados
con las dietas y la nutrición. He presenciado lo poderosa que es la comida
como medicina. He visto a pacientes curarse de manera espectacular al
cambiar simplemente de dieta. Y he hecho todas las dietas habidas y por
haber, desde la vegana baja en calorías y la macrobiótica hasta la dieta Atkins
y la cetogénica. Crecí alimentándome de productos ecológicos y de buenos
suplementos mucho antes de que se volvieran populares. He leído
prácticamente todos los libros publicados sobre alimentos sanos, recetas
saludables y dietas. Y he ayudado a miles de mujeres a recuperar la salud,
hacer las paces con su peso y aprender a disfrutar de comida deliciosa. Buena
parte de mi interés en la comida y la nutrición se debe, además de a mi papel
como doctora, al resultado de estar intentando durante décadas adelgazar,
creyendo siempre que tenía de cinco a diez kilos de más. Y no soy, ni por
asomo, la única a la que le ocurre.
Lo esencial en cuanto a las dietas es que no hay una ideal para todo el
mundo. A algunas personas les funcionan mejor unas determinadas dietas, y a
otras, otras. A algunas les sienta de maravilla una dieta vegana baja en
calorías, y otras en cambio engordan o se deprimen cuando la siguen.
Experimenta un poco para ver la que te funciona mejor. Dicho esto, hay
pocas reglas de eficacia probada para comer saludablemente aplicables a todo
el mundo.

Regla 1: sigue la regla del 80-20


Si gozas de salud, desearás que tu dieta se componga sobre todo de productos
integrales y naturales, y de verduras en su mayor parte, el ochenta por ciento
de las veces. Me estoy refiriendo a verduras, fruta, frutos secos y legumbres,
preferiblemente ecológicos. El consumo de alimentos de origen animal debe
ser esporádico. Y, cuando lo hagas, las proteínas animales deben proceder de
productos lácteos orgánicos, de pollos de granja, de ganado vacuno
alimentado con pasto, de cerdos ecológicos criados en un entorno natural y de
piezas de caza. La mayoría de las personas necesitan consumir un poco de
proteínas animales para estar en buena forma. Algunas, sin embargo, no
digieren bien ni los lácteos ni los huevos. A casi todo el mundo le sienta bien
consumir cereales en una cantidad limitada.
El otro veinte por ciento del tiempo, sáltate la dieta. Súmate a la fiesta y
disfruta a tus anchas. No te estreses sobre lo que estás comiendo. Al igual que
cuando te bajas de un avión donde no han servido ningún tipo de comida, te
estarás muriendo de ganas de saltarte la dieta y no podrás evitar pegarle un
bocado a lo primero que caiga en tus manos. Incluso un donut de chocolate.
No te machaques por ser humano. Por tus venas circulan miles de años de
evolución y tu cuerpo está programado para sobrevivir comiendo lo más dulce
y grasiento que puedas encontrar. La clase de comida que te permitirá
sobrevivir a un largo invierno o a un largo período de ayuno. Solo que no lo
hagas a todas horas. Aunque probablemente descubrirás que, a medida que
pasa el tiempo, no sientes el antojo de comer un solo bocado de comida
basura. Ya no te apetecerá.
Por suerte, cada vez es más fácil comer productos ecológicos gracias a los
mercados callejeros de alimentos orgánicos, los restaurantes «de la granja a la
mesa», que usan productos frescos y de temporada, y las empresas que te
llevan productos ecológicos a domicilio a un precio muy rebajado y en un
tiempo récord. Como los alimentos ecológicos pueden ser caros, una buena
alternativa es consultar en Internet cuáles son las verduras que se cultivan con
la mayor o la menor cantidad de pesticidas y de sustancias químicas nocivas
posibles. Si no puedes comprar solo productos ecológicos, sé inteligente y
compra el tipo de verduras que por su cultivo requieran menos pesticidas.
Cuando intentes comer saludablemente, el secreto está en la planificación.
Llena la despensa y la nevera con buenos productos. Dedica el domingo —o
el día que prefieras— a preparar comida para poder llevártela fácilmente. Es
bueno disponer siempre de comida preparada en la nevera; de lo contrario, te
resultará más fácil pedir una pizza por teléfono, un alimento que descompone
el azúcar en el cuerpo muy deprisa (¡es cierto!) y que no es un buen alimento
básico. Hay docenas de libros que te ayudarán a planificar tu dieta. Te
aconsejo sobre todo los de Kris Carr o de Mark Hyman. En Médico Médium
de Anthony William y en Always Hungry? de David Ludwig también
encontrarás información utilísima. Al igual que en Cerebro de pan de David
Perlmutter y en Sin trigo, gracias: libro de recetas de William Davis. The
PlantPlus Diet Solution de Joan Borysenko es mi libro favorito, porque analiza
la amplia variedad de diferencias individuales en cuanto a la dieta. Todos
estos libros contienen recetas deliciosas. Sí, presentan información
contradictoria, ¡pero una buena parte también coincide! Dispones de un
sinnúmero de recursos para ponerte manos a la obra.
MEJORA LA COMIDA CON AMOR

Cuando estés en un lugar donde sirvan comida que no suelas tomar, no hace falta que te
abstengas de comer. Transfórmala, simplemente, por medio del amor.
Acepta la hamburguesa, el sándwich de pescado, la ensalada o las patatas fritas de un local
de comida rápida bendiciendo antes la comida con el poder curativo del Amor Divino. Di algo
como: «Con la ayuda de mi Espíritu y de los ángeles, llevo el Amor Divino a esta comida. Pido
que se vuelva segura y sana para mí. Que así sea, según la voluntad del Creador». Luego inspira
por la nariz. Retén el aire un par de segundos. Y espíralo por la nariz.
La otra forma para transformar una comida poco sana a través del amor es ser consciente del
cariño con la que se ha preparado. Si te han invitado a comer en un hogar, la comida que te
sirven suele estar elaborada con amor, aunque no sea tu comida vegana sin gluten preferida.
Si necesitas seguir estrictamente una dieta especial, asegúrate de decírselo a tus anfitriones
antes de presentarte en su casa. Y hazles un favor llevándote tu propia comida. No esperes que
se tomen la molestia de prepararte un plato especial. Pero, si no estás enfermo y no corres
ningún peligro tomando su comida, puedes hacer lo siguiente. Pregúntate: «¿Han preparado la
comida con amor?» Lo más probable es que esté cargada del amor y el esmero de los que la
han cocinado para ti. Son los momentos en los que la comida es amor de verdad. Disfruta de
ella, sabiendo que está impregnada de la energía del amor y del esmero. Y, como siempre es
una bendición, lleva el Amor Divino a la Comida. Puedes decir esta frase abreviada: «Llevo el
Amor Divino a esta comida». Luego, respira hondo. Y disfruta del festín.

Regla 2: evita los aditivos alimentarios adictivos


La mayor parte de productos procesados y envasados están atiborrados de
sustancias altamente adictivas concebidas para que los consumamos en exceso.
El mayor culpable es el glutamato monosódico, o GMS. El GMS se
encuentra en muchos productos procesados y recibe muchos y distintos
nombres, quizás el que da más pie a confusión es el de «condimentos
naturales». El ochenta por ciento de los condimentos naturales —incluso los
que se encuentran en los productos de las tiendas ecológicas— contienen
GMS. Se debe a que en Estados Unidos se permite que los condimentos
naturales incluyan hidrolisatos de proteínas, que pueden llevar hasta un veinte
por ciento de GMS de porcentaje en peso. No confíes en un producto solo
porque esté etiquetado como «natural» o incluso como «ecológico».
El GMS enmascarado bajo sus numerosos nombres aumenta
espectacularmente los antojos de comida y la ingesta compulsiva, ya que es
una excitotoxina que estimula al cerebro a seguir comiendo. En los
laboratorios se usa para que los ratones se vuelvan obesos. Por desgracia, a los
humanos les produce el mismo efecto. Esta sustancia también puede provocar
dolor de cabeza, sudoración, taquicardia, dolor torácico, náuseas y una serie
de otras reacciones.

EL GMS ENMASCARADO BAJO SUS NUMEROSOS NOMBRES

Si ves cualquiera de los siguientes ingredientes en la lista de los componentes nutricionales de


un producto que estás considerando comprar, vuélvelo a dejar en el estante. Contiene GMS o
un ingrediente parecido que le produciría a tu cuerpo la misma reacción:

glutamato monosódico
glutamato
proteínas vegetales hidrolizadas
extracto de levadura
gelatina
hidrolizados de proteína
aromas naturales
Senomyx (un sustituto del MSG)

Prácticamente, el cien por ciento de los snacks elaborados


convencionalmente del supermercado están atestados de GMS. Por eso no te
contentas con comer solo uno, y no me estoy refiriendo a una pieza. Te comes
la bolsa entera y luego aún quieres otra. Aunque sepas que al día siguiente te
sentirás fatal. Lo sé de primera mano, créeme. Y saben cómo engancharte al
producto. Ahórrate el problema de intentar dejar este tipo de snacks
decidiendo no probarlos siquiera.
Otro culpable son los alimentos envasados que contienen grasas
parcialmente hidrogenadas para alargar mucho más la duración del producto.
El problema es que las grasas hidrogenadas son sustancias químicas fabricadas
en un laboratorio que alteran la membrana celular y la función cerebral. No se
encuentran en la naturaleza e interfieren en la función celular normal.
También están catalogadas como sustancias cancerígenas.
Otros aditivos alimentarios adictivos y perjudiciales son los edulcorantes
artificiales: el aspartamo, la sucralosa y la sacarina. La lista de enfermedades
ligadas al consumo de estas sustancias es demasiado larga como para citarla
entera, pero incluye trastornos como la hiperactividad, convulsiones, dolores
de cabeza, ataques de pánico, alucinaciones, náuseas, diarrea y muchos otros.
También es posible que estos edulcorantes favorezcan la obesidad y problemas
asociados como la diabetes, ya que alteran el equilibrio de las bacterias
intestinales. Básicamente, no son saludables, así que evítalos.
Como los alimentos envasados pueden ser perniciosos para la salud, la
mejor solución es leer las etiquetas. Pero también hay algunas reglas de oro
que te orientarán en tu compra.

Cuanto más salado sea un alimento procesado, más probable es que


contenga GMS.
Cuanto más procesado sea un alimento, más probable es que contenga
GMS. Prácticamente, todas las sopas en polvo convencionales están
repletas de GMS. Al igual que los cubitos de caldo.
Cuantos más ingredientes contenga un alimento envasado, más
probable es que el GMS esté presente.
Si algo es dulce y bajo en calorías, lo más probable es que tenga
edulcorantes artificiales.
Los alimentos de régimen bajos en calorías y sin azúcares
probablemente contienen edulcorantes artificiales.
Cuanto más larga sea la lista de ingredientes, más probable es que el
alimento no sea bueno para ti.

Regla 3: sé listo sobre el gluten


Por todas partes donde miremos vemos productos hechos con harina. Pero la
harina ya no es lo que era. En su libro Cerebro de pan el cardiólogo William
Davis señala que la harina que estamos comiendo en la actualidad apenas
tiene algo que ver con la de cincuenta años atrás; se ha modificado
genéticamente hasta tal punto que prácticamente no se parece en nada a lo
que era. La harina, y la mayoría de otros cereales con gluten, también llevan
una proteína llamada gliadina —junto con otras— que es tóxica para muchas
células del cuerpo. Cuando se ingiere la gliadina, parte de esta glucoproteína
penetra inevitablemente en el torrente sanguíneo. El sistema inmunitario la
marca entonces para destruirla, pero, como la gliadina se parece mucho al
tejido tiroideo, esta respuesta inmunitaria puede afectar adversamente la
glándula tiroides y también la gliadina. Por lo que se da una respuesta
inflamatoria que destruye el tejido tiroideo. Los que tienen problemas
tiroideos, como la enfermedad de Graves y la tiroiditis de Hashimoto, deben
evitar a toda costa el gluten. No solo un poco, sino por entero.
Una buena amiga mía ha tenido una larga historia de hipotiroidismo.
Siguió un plan dietético sin gluten durante un mes y perdió 10 kilos. Se sintió
fenomenal. Durante unas vacaciones familiares se comió un muffin. Y
engordó 5 kilos. En dos días. Tiene un doctorado en nutrición y es enfermera.
No se lo ha inventado. Ese único muffin le trastocó el organismo durante
meses. Aprendió que su cuerpo no tolera el gluten. Muchas otras personas
han descubierto lo mismo.
En el pasado se creía que la sensibilidad al gluten era muy inusual y solo se
diagnosticaba en los pacientes aquejados de celiaquía. Pero con todos los
cambios producidos en el trigo y en las dietas, y con la cantidad ingente de
harina refinada que tantas personas consumen a diario —bajo la forma de
pretzels, crackers, pasta y pan—, afirmaría que la mayoría de la gente no tolera
bien el gluten y que debería evitar consumir cereales lo máximo posible. Al
eliminarlo de la dieta suelen desaparecer problemas como el dolor articular, el
exceso de peso, la sinusitis y las alergias de todo tipo, y muchos otros más. El
neurólogo David Perlmutter ha demostrado, inequívocamente, lo malos que
son los cereales para el cerebro. En su libro innovador Cerebro de pan cuenta
toda la historia. Muchas personas se han curado por completo de la epilepsia
siguiendo una dieta sin gluten. El consumo de cereales también se asocia con
la demencia a la larga. En parte, se debe a que los productos hechos con
cereales se convierten rápidamente en azúcar en el cuerpo. Y ahora se sabe
que el alzhéimer es en realidad una diabetes tipo 3. Es cierto, está relacionada
con un nivel alto de azúcar en la sangre.
Aunque sientas de pronto el impulso de hacerte un análisis de sangre —
porque te encanta el pan y no te imaginas eliminándolo de tu dieta—, ten en
cuenta que la intolerancia al gluten no aparece en los análisis médicos
normales. No malgastes tu tiempo o tu dinero intentando descubrir si sufres
intolerancia al gluten. Confía en este consejo: elimina los cereales de tu dieta
durante dos semanas. Y, luego, inclúyelos de nuevo y observa qué ocurre.
Hay algunos cereales sin gluten, como el kamut y la quinoa, que son
deliciosos. Consúmelos simplemente con moderación y no como un alimento
básico. También puedes disfrutar de pasta hecha de alubias, como los
espaguetis de fríjoles negros ecológicos. Cuando eliminas el gluten de tu
dieta, se te abre un mundo nuevo de sabores y salud.
Sin embargo, cuando adquieras alimentos sin gluten ten en cuenta que,
dada la gran demanda en el mercado de este tipo de productos, las compañías
están elaborando alimentos sin gluten en los que sustituyen la harina por
fécula de patata o de tapioca. Al final, leí el contenido nutricional de un pan
sin gluten que me encantaba —afirmaba estar hecho de mijo y semillas de
chía— y descubrí que ponía en la etiqueta: agua, fécula de tapioca, harina de
arroz integral, clara de huevo, sirope de maíz, sirope de azúcar de caña, fécula
de patata, melaza deshidratada, harina de maíz y un puñado de otras
sustancias químicas. ¡Cómo no iba a gustarme tanto! Era como comer
chocolate. El pan estaba hecho sobre todo de azúcar o de alimentos que se
convertían rápidamente en azúcar.
Ahora, la mayor parte del tiempo ya no como pan ni cualquier tipo de
repostería sin gluten. Al igual que el pan que consumía, muchos otros
alimentos están atiborrados de azúcar. No cometas el error de comprar unas
galletas creyendo que son buenas para ti por el hecho de figurar en el paquete
«sin gluten». No es cierto. Hay otras opciones sin gluten más sanas, pero
muchas no se encuentran en los supermercados habituales. En una tienda de
mi barrio, he descubierto un delicioso pan recién horneado que consumo de
vez en cuando. Si en la etiqueta ves los siguientes ingredientes: harina
refinada sin blanquear, agua, harina de centeno molida a la piedra, levadura,
semillas de alcaravea y sal, ¡ya lo tienes! Es el pan más saludable que puedes
encontrar.

Regla 4: no todo el azúcar es malo


Todos hemos nacido siendo golosos. La leche materna es básicamente agua
con azúcar a la que la Madre Naturaleza le ha añadido todo tipo de
propiedades inmunológicas asombrosas. La misma energía del amor que nos
ha hecho golosos nos ha proporcionado también una forma sana y natural de
satisfacer nuestros antojos: la fruta. Párate un momento a pensar sobre lo
simbólicas que son estas palabras en el lenguaje cotidiano: Sus esfuerzos dieron
fruto. Sed fructíferos y multiplicaos. Y bendito el fruto de tu vientre.
Sí, ya sé que la fruta contiene azúcar. Pero no es lo mismo que el azúcar
refinado y concentrado que se le añade a todo, desde las sopas hasta las sodas,
creando unos alimentos que no se encuentran en la naturaleza. La fruta
contiene todo tipo de nutrientes antioxidantes y fibra que son buenos para
nosotros. Anthony William señala que el azúcar de la fruta se va del estómago
muy deprisa y penetra en las células para convertirse en energía.
En su libro Médico Médium, Anthony presenta un capítulo revelador sobre
los saludables beneficios de la fruta. También alaba las virtudes de las patatas,
aunque parezca mentira. No se refiere a las patatas al horno «repletas» de
nata, pedacitos de panceta y mantequilla, sino a las deliciosas patatas recién
cosechadas de todas partes del mundo, sobre todo las pequeñas de color rojizo
o multicolor, que son ecológicas. Hasta que no oí hablar a Anthony de la
fruta y las patatas, y de sus beneficios, las había estado evitando —a excepción
de los frutos del bosque y las manzanas que consumía ocasionalmente—
durante años, porque me preocupaba su contenido en azúcar.
Mi conocimiento intelectual sobre «todo el azúcar es malo y nos hace
engordar» estaba tan grabado en mi psique que hasta me daba miedo probar
el plan detox del libro de Anthony. Este plan para limpiar el organismo
consiste básicamente en consumir fruta y verdura cruda durante 28 días. Pero
al final hice mi propia versión de este plan, porque no toleraba lo fría que era
este tipo de comida durante el invierno en Maine. En la cena tomaba patatas,
cebollas y boniatos al horno, y una ensalada con una gran variedad de
hortalizas aliñadas con una salsa deliciosa hecha de aguacate, zumo de naranja
y cilantro. El resto del día comía alimentos crudos. Cada mañana empezaba la
jornada con un smoothie de arándanos congelados de Maine, plátano,
melocotón, fresas o frambuesas ecológicas, manzana y quizás un poco de
espinacas o de hierba de cebada en polvo. Y un par de dátiles. Con una pizca
de zumo de limón.
Descubrí que esta forma de alimentarme era tan nutritiva y deliciosa que no
quise dejarla y aún la mantengo. Solo que ahora incluyo ocasionalmente
pescado o pollo en mi dieta. Y platos a base de alubias. Todos mis antiguos
antojos de azúcar, cafeína, repostería y cereales han desaparecido. He
descubierto que Anthony tenía razón: cuando dejas que la naturaleza te
alimente con la fruta que ha elegido para ti, tu cuerpo dice: «Sí. Gracias». Mis
smoothies matutinos se han convertido ahora en un alimento básico en mi
dieta. Mis invitados también los dejan por las nubes cuando se los sirvo.
Ahora que sabes que la fruta no es tu enemiga, te preguntarás si los otros
azúcares y endulzantes tampoco son tan malos después de todo.
Pues algunos se pueden consumir, y otros no. Tomar un poco de miel o de
sirope de arce es saludable. Al igual que el azúcar de dátiles.
En cuanto a los endulzantes sin calorías, es mejor optar por un poco de
estevia. Un poco y nada más.
La estevia es un producto natural, se extrae directamente de la planta que
lleva el mismo nombre, y no produce efectos adversos. Sus hojas dulces se han
estado empleando durante siglos, y en la última década se comercializan todo
tipo de productos que contienen estevia, como la Zevia, un tipo de soda
endulzada con Truvia, un extracto de estevia. También puedes cultivar esta
planta en tu jardín fácilmente, lo cual te da la ventaja de ir controlando su
desarrollo.
Tal vez te preguntes por qué solo puedes tomar un poco de estevia si te
aporta tantos beneficios.
Mientras hablaba sobre la estevia con el doctor David Ludwig,
endocrinólogo y experto en obesidad, y autor de Always Hungry?: Conquer
Cravings, Retrain Your Fat Cells and Lose Weight Permanently, y con su mujer
Dawn, directora de una línea de productos integrales, me enteré de que el
dulzor intenso de la estevia puede ser el culpable de que muchas personas no
pierdan peso. Las células adiposas tienen «papilas gustativas» para monitorizar
el entorno. El simple hecho de sentir el sabor dulce en la boca aumenta la
producción de insulina, lo cual señala a las células adiposas que sigan
almacenando grasa.
Después de reunirme con los Ludwig, me sugirieron que eliminara la
estevia de mi dieta —y todos los otros edulcorantes, incluida la fruta—
durante dos semanas enteras para que mis papilas gustativas pudieran
renovarse. Me di cuenta de que estaba bastante enganchada al sabor dulce y
que me costaba una barbaridad seguir su consejo. Para ayudarme, me
sugirieron que aumentara mi consumo de grasas para que me sintiera saciada
con más rapidez. Accedí a regañadientes a despedirme de los dulces, y a las
dos semanas mis papilas gustativas se habían renovado de forma espectacular.
La fruta ahora me sabía muy dulce, mucho más que en toda mi vida. Y mi
deseo de añadir estevia al té helado y al café disminuyó drásticamente. Ahora
solo me echo una o dos gotas en lugar de todo el contenido del cuentagotas
que me echaba antes. Y estoy más sana gracias a ello. Además, mis antojos de
azúcar han desaparecido.
Aparte de los edulcorantes relativamente saludables que he enumerado, es
mejor evitar el azúcar, porque su consumo dispara los niveles de azúcar en la
sangre, algo que no es bueno para la salud. Los repetidos picos de azúcar en la
sangre provocan daños lentos e inexorables. Es la causa principal de la
inflamación celular, un trastorno que favorece todo tipo de problemas de
salud.
Hay que tener en cuenta que las dietas bajas en grasas pocas veces son las
que estabilizan el azúcar en la sangre. Las dietas pobres en grasas no son
demasiado satisfactorias, porque no saben bien. De ahí que normalmente se
les añada mucho azúcar para que sean más sabrosas y placenteras. Al igual
que ocurre con los productos sin gluten.

ANÁLISIS DE SANGRE PARA DETERMINAR LA ESTABILIDAD DEL AZÚCAR EN LA SANGRE

Para saber si tu nivel de azúcar en la sangre es estable, te recomiendo varias analíticas sencillas.

Test de resistencia a la insulina (también llamado prueba de tolerancia a la


glucosa): esta prueba mide el nivel de insulina una o dos horas después de consumir
una bebida con 75 gramos de glucosa. El nivel de insulina en ayunas es lo primero que
se descompensa si has llevado una dieta que hace que el azúcar en la sangre se dispare.
La prueba te mostrará que, si sigues comiendo de ese modo, acabarás teniendo
problemas mucho antes de que el nivel de azúcar en la sangre revele el riesgo de
volverte diabético. Es una advertencia temprana.
En lugar de hacerte la prueba, también puedes comprar un glucómetro económico
en una farmacia y medir tu nivel de glucosa en ayunas. Es fácil hacerlo. En cuanto te
levantes de la cama, mídete el nivel de azúcar en la sangre. Es tu nivel en ayunas y
debería ser entre 70 y 85 miligramos por decilitro (mg/dL). Dos horas después de
haber comido, vuelve a medírtelo. No debería superar los 120 mg/dL.

Hemoglobina A1C: esta prueba mide tu nivel promedio de azúcar en la sangre durante
las últimas seis semanas al medir el porcentaje de hemoglobina glicosilada, la parte de
la hemoglobina que se ha «caramelizado» con un exceso de azúcar en la sangre. Debería
ser de un 5,5 por ciento o inferior a esta cifra. Por encima de 6,0 significa que tienes
diabetes. Tu nivel de glucosa promedio en ayunas debería ser de 75 a 80 mg/dL.
Cualquier cifra superior es un factor de riesgo.

Si cualquiera de estas pruebas revela un nivel por encima del normal, es hora de reducir
seriamente el consumo de azúcar en tu dieta.

Evitar consumir azúcar puede costarte, porque a cualquier alimento


envasado se le ha añadido azúcar, incluso los que no considerarías dulces. ¿La
salsa de tomate? ¿Los aliños para ensaladas? Lee las etiquetas —cualquier
alimento podría contener azúcar—, y evita los alimentos que contienen en la
lista de ingredientes azúcar de caña o sirope de maíz. Consulta el recuadro de
la parte inferior para ver más ingredientes que debes evitar.
Ya he sugerido que evites consumir cereales, incluidos los típicos que la
gente toma para desayunar. Es impactante ver que todos los cereales
envasados populares infantiles, incluido el «desayuno de campeones», no
contienen prácticamente más que azúcar. Son tan adictivos como la heroína.
Incluso más aún. Infórmate a fondo. Lee las etiquetas. Evita estos alimentos
en el futuro.

AZÚCAR ENMASCARADO BAJO CUALQUIER OTRO NOMBRE

Al igual que el GMS, el azúcar se oculta bajo muchos distintos nombres. Si ves cualquiera de
estos ingredientes en la lista nutricional de un alimento, significa que se le ha añadido azúcar:

Dextrosa anhidra
Azúcar moreno
Jugo de caña
Azúcar glasé
Jarabe de maíz
Sólidos de sirope de maíz
Dextrosa cristalizada
Dextrosa
Endulzante de maíz evaporado
Fructosa
Concentrado de zumo de fruta
Néctar de fruta
Glucosa
Jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF)
Miel
Azúcar invertido
Lactosa
Fructosa líquida
Jarabe de malta
Maltosa
Sirope de arce
Melazas
Néctares (p. ej., néctar de melocotón, néctar de pera)
Sirope de panqueque
Azúcar
Jugo de la caña de azúcar
Azúcar refinado granulado

La epidemia de obesidad en Estados Unidos, y en el mundo entero, está


causada en buena parte por la cantidad enorme de cereales con azúcar añadido
que contienen los alimentos preenvasados y procesados, como la comida
rápida. Son alimentos baratos, de gran consumo y letales.

Regla 5: el meollo de las grasas


Las grasas no son las enemigas de la salud que nos han hecho creer.
Necesitamos consumir grasas saludables como la del aceite de coco, el
aguacate, las semillas y los frutos secos y, sí, incluso la de la mantequilla. Las
grasas saturadas de origen animal también son adecuadas si los animales han
llevado una buena vida, se han alimentado con pasto y no los han criado con
antibióticos. ¿Por qué necesitamos consumir grasas? Porque el cerebro y la
cubierta de los nervios se componen sobre todo de grasa. Si no alimentamos
el cuerpo con grasas, se degrada y los órganos que dependen de ella dejan de
funcionar bien. Por eso, los que siguen dietas muy bajas en grasas tienden a
deprimirse. Es como si la activación de sus neuronas se deteriorara.
Cuando el doctor William Davis, autor de Cerebro de pan, acudió a
Flourish!, mi programa radiofónico de Hay House, le pregunté cómo dejó de
ser un cardiólogo invasivo (practicaba angiogramas y estents) para dedicarse a
la pedagogía de la salud. Empezó contándome su experiencia personal. Me
contó que un día asistió a una conferencia de cardiología y escuchó a un
investigador muy conocido alabar las virtudes de una dieta vegana baja en
grasas. La charla fue tan impresionante que decidió seguir este tipo de dieta,
pero engordó 15 kilos y se volvió diabético. Se dio cuenta rápidamente de que
las grasas no eran las enemigas de la salud, y este descubrimiento le llevó a
investigar sobre la harina —Cerebro de pan se basa en este estudio—, que
vincula las subidas de azúcar en la sangre provocadas por la harina con su
mala salud. Las grasas que se han estado demonizando durante los últimos
cuarenta años no tienen nada que ver con el colesterol y las enfermedades
cardíacas; todo se inicia con la inflamación producida por los niveles
inestables de azúcar en la sangre. Como he mencionado en la última sección,
las dietas pobres en grasas no suelen ser demasiado satisfactorias. Pero si
añades grasas saludables a tu dieta, además de sentirte satisfecho, estarás
fomentando la salud del cerebro y del sistema nervioso.

GRASAS SALUDABLES

Incorporar más grasas saludables a tu dieta te dará los ingredientes necesarios para estar de
buen humor y mantener el cerebro en buen estado. Las siguientes grasas saludables son
algunas de mis preferidas.

Aguacate y aceite de aguacate


Aceite de coco
Aceite de linaza
Mantequilla de vacas alimentadas con pasto
Mayonesa hecha con aceite de aguacate
Aceite de oliva extra virgen ecológico
Mantequillas vegetales ecológicas de todo tipo

La clase de grasas que hay que evitar a toda costa son las grasas
parcialmente hidrogenadas, como las que se encuentran en muchos productos
envasados de repostería y en la margarina. Estas grasas no están presentes en
la naturaleza. Son grasas artificiales que no se vuelven rancias. Se usan en
muchos alimentos preenvasados porque alargan la duración del producto.
Pero ¿quieres consumir un producto que no caduca hasta después de que tú
probablemente lo hagas?
Otro factor que debes tener en cuenta es que cuando consumes grasas no
debes combinarlas con hidratos de carbono refinados. Significa que el queso
es indicado para ti. Pero no lo acompañes con galletas saladas. La fruta y el
queso, o las verduras y el queso, son opciones mucho mejores. O asegúrate de
que las galletas saladas estén hechas de legumbres o semillas. Los alimentos
hechos con azúcar y grasas son los peores para los humanos, y los más
comunes. Como los donuts, la bollería industrial y casi toda la repostería.
También incluye los helados. Aquí es donde debes recordar la regla del 80-
20. Yo procuro comer solo un par de helados de cucurucho cada verano. Y
también un poco de repostería. En especial, brownies. Y, además, bendigo
estos alimentos por medio del Amor Divino.

Regla 6: cultiva los gérmenes buenos


para mantener a raya los malos
Es una regla de peso: es crucial que todos aprendamos a cuidar y alimentar al
máximo nuestro jardín interior —la microbioma—, compuesto de billones de
células que recubren las paredes intestinales y que viven en las aberturas del
cuerpo para protegernos. Cuando nuestro microbioma es robusto y sano, evita
de forma natural que los gérmenes se vuelvan peligrosos. En realidad, las
bacterias saludables del cuerpo —como las probióticas procedentes de
alimentos fermentados y de unos intestinos sanos— contienen lo que se
conoce como bacteriocinas, las bacterias buenas que atacan las bacterias
patogénicas y lo mantienen todo bajo control. Un microbioma saludable es la
mejor protección contra las enfermedades. La salud de nuestro microbioma es
tan vital para la salud del cerebro que David Perlmutter, autor de Cerebro de
pan, ha fundado una sociedad médica totalmente nueva para estudiarla.
Nos encontramos en un momento crucial de la historia humana a medida
que dejamos atrás la era de los antibióticos y vemos que la «guerra contra los
gérmenes» ha tenido algunas consecuencias terribles no intencionadas.
En primer lugar, y ante todo, el abuso masivo de antibióticos en la
ganadería en todo el mundo para que las reses crezcan más y con mayor
rapidez. En realidad, la mayor parte de los antibióticos producidos van
destinados a la ganadería. Además, muchos médicos —a menudo debido a las
peticiones de pacientes desinformados— siguen recetando antibióticos para
achaques como un resfriado común solo porque los pacientes esperan
recibirlos. Por esta razón, ahora tenemos un problema mundial con las
«superbacterias», las bacterias presentes en la comida y en nuestro cuerpo
resistentes a cualquier antibiótico conocido, incluidos los más potentes,
usados como «último recurso». Dentro de poco, el milagro de la posguerra de
la Segunda Guerra Mundial, que salvó tantas vidas y que marcó el inicio de la
era de la medicina moderna, tendrá que experimentar varios cambios
radicales.
¿Cómo se puede contrarrestar esta guerra contra las bacterias?
Consumiendo alimentos ricos en probióticos, las bacterias que contribuyen a
que el intestino se mantenga sano al igual que el tracto genital, urinario y
respiratorio. Consume alimentos fermentados sanos —que contienen
probióticos— con regularidad en tu dieta. El yogur comercial contiene
demasiado azúcar añadido. Elige el yogur natural y endúlzalo con estevia y
frutos del bosque. El kéfir también es excelente, al igual que la col
fermentada, el té kombucha y el kimchi. Las variedades enlatadas no
contienen lo que tu cuerpo necesita. Elige productos que estén en la parte de
refrigerados del supermercado o elabóralos tú mismo. Hay tantos buenos
libros y páginas webs sobre cómo preparar alimentos fermentados que no
tendrás ningún problema en encontrarlos. Además, puedes añadir un buen
probiótico en tu dieta diaria para mantener tu microbioma en buen estado. Te
recomiendo sobre todo tomar probióticos cuando viajes, porque el estrés que
suele acarrear tiende a destruir las bacterias saludables.

ELIGE UN BUEN PROBIÓTICO

Cuando busques un probiótico para equilibrar tu microbioma y aumentar la cantidad de


bacterias beneficiosas en tu cuerpo, ten en cuenta dos cosas:
Diversidad de variedades: un buen probiótico debe contener al menos dos variedades
de bacterias saludables, como los lactobacilus y los bifidobacterium (por ej., B lactis, B
bifidum, B longum). La combinación de estas dos variedades favorece el buen estado
tanto del tracto gastrointestinal superior como del inferior.

Potencia: la potencia de los probióticos se mide en UFC (unidades formadoras de


colonias). Esta cifra debe aparecer en la etiqueta. 5.000 millones de UFC es, tirando por
lo bajo, la dosis diaria de mantenimiento. Te sugiero que busques uno más potente que
contenga de 12.000 millones a 50.000 millones de UFC. Y asegúrate de que esta
potencia esté garantizada hasta el día de la fecha de caducidad.

Además de consumir alimentos fermentados y de tomar probióticos, puedes


añadir bacterias saludables a tu dieta recurriendo a la Madre Naturaleza.
Come fruta recién cogida de un árbol o verduras recién recolectadas del
huerto. Antony William puntualiza que hay millones de bacterias saludables
en los productos recién cosechados de la tierra. Si te alimentas de productos
que coges directamente de la tierra estarás llenando el íleon, la tercera porción
del intestino delgado, de bacterias beneficiosas que son grandes protectoras de
la salud.

Regla 8: elige los suplementos adecuados


Además de los probióticos, tomo una serie de otros suplementos. Hace
décadas que lo llevo haciendo. No es posible obtener los nutrientes necesarios
solamente de la comida. Aunque consumas casi siempre alimentos ecológicos,
la tierra en la que se cultivan las verduras ya no está cargada de nutrientes
como antes, porque se ha ido empobreciendo. Los alimentos también pierden
nutrientes al exportarlos o almacenarlos. Tendrías que consumir una cantidad
enorme de comida para obtener los niveles óptimos de nutrientes.
Estos son los suplementos que creo que es necesario tomar:

Un buen multivitamínico/mineral: busca suplementos que lleven el


sello de calidad NSF GMP, y con un certificado farmacéutico que
garantice la potencia en la etiqueta. Evalúa tu suplemento basándote
en la fórmula CAPPS: Completitud, Absorbabilidad, Potencia,
Pureza, Seguridad. Personalmente, ya llevo años adquiriendo
productos USANA. He visitado el lugar donde los fabrican y conozco
a todos los científicos nutricionales que los elaboran. Me gustan tanto
que de hecho soy una distribuidora independiente de USANA. Pero
USANA no es la única buena marca que hay en el mercado. También
me gusta Metagenics. Si no puedes conseguir estas marcas, o si estás
usando otras y deseas averiguar si son de calidad, consulta la
Comparative Guide to Nutritional Supplements de Lyle MacWilliam.

Yodo: necesitamos cerca de 12,5 miligramos diarios. Si tienes


trastornos tiroideos, empieza con una cantidad baja y ve aumentándola
poco a poco. El alga dulce de la costa de Maine es muy rica en yodo.
También uso un tipo de yodo líquido llamado Survival Shield. La
dosis es de uno a dos cuentagotas llenos a diario (se puede adquirir en
Internet).

Vitamina C: Procura tomar de 1.000 a 5.000 miligramos por día. Yo


tengo siempre en casa un frasco grande con cápsulas de 1.000
miligramos de ácido ascórbico puro. Uso las de la marca Pure
Encapsulations. Esta vitamina es un antioxidante tan potente para
combatir las infecciones que se estuvo usando hace décadas como
remedio intravenoso para la polio.
Cuando noto que estoy pillando un catarro —o me siento agotada
en algún sentido—, cojo literalmente un puñado de cápsulas de
vitamina C. A veces tomo hasta 50 al día. Un signo de estar tomando
vitamina C en exceso es sufrir descomposición. Los intestinos de cada
persona la toleran más o menos. Algunas no pueden tomar más de
2.000 miligramos al día. Pero no olvides que una picadura de
mosquito hará que tu nivel de vitamina C en la sangre caiga en picado.
Al igual que ocurre si te fumas un cigarrillo o si eres un fumador
pasivo. ¡La vitamina C es una especie de medicina preventiva
multiusos en tu botiquín!

Vitamina D: necesitamos 5.000 UI (unidades internacionales) diarias


para mantener un nivel óptimo en la sangre de 40 a 85 ng/ml
(nanogramos por mililitro). A veces para mantener un nivel óptimo en
la sangre es necesario tomar mucho más de 5.000 UI al día. En
www.grassrootshealth.net, una página web que publica las
investigaciones más punteras a nivel internacional sobre la vitamina D,
encontrarás kits para medir tu nivel de esta vitamina en tu hogar.
Advertencia: los niveles óptimos de vitamina D reducen el riesgo de
padecer cáncer, enfermedades cardíacas y esclerosis múltiple (SM) ¡en
un 50 por ciento! Una exposición regular al sol —de 20 a 30 minutos,
tres veces a la semana, en la mayor parte posible del cuerpo, durante
los meses de verano— también reduce notablemente el riesgo de
padecer cáncer y otros problemas de salud. Treinta minutos de
exposición al sol harán que produzcas cerca de 10.000 UI de vitamina
D bajo la piel. Evita las quemaduras solares; las investigaciones revelan
que el mayor riesgo de cáncer de piel derivado de la sobreexposición
solar supera con creces los otros beneficios de tomar el sol. Y los
efectos negativos de evitar el sol son tan fuertes que la falta de sol se
ha comparado al tabaquismo como un factor de riesgo para
enfermedades que abarcan desde el cáncer hasta la tuberculosis.

Magnesio: la mayoría de las personas tienen un déficit de magnesio,


un mineral esencial para muchas distintas reacciones enzimáticas en el
cuerpo y para aportar energía a tus células. El magnesio también es
necesario para una transmisión óptima de los impulsos nerviosos.
Puedes tomar magnesio en forma de pastillas, de 1.000 a 2.000
miligramos al día. Las pastillas de glicinato de magnesio son muy
absorbibles. También puedes tomar este suplemento en una bebida.
Puedes adquirir magnesio envasado en sobrecitos que se toma disuelto
en el agua. Su sabor es muy agradable.
Hay muchos otros suplementos, pero los que he citado son los más básicos.

DATE BAÑOS PARA ESTAR SANO

Si te das un baño con sales de Epson estarás absorbiendo tu dosis de magnesio y el cuerpo y la
mente se te relajarán al mismo tiempo. Las sales de Epson son en realidad sulfato de magnesio
y se pueden usar a modo de suplemento de magnesio. Echa una o dos tazas de sales de Epsom
en una bañera llena de agua caliente y date un delicioso baño durante veinte minutos, un
espacio de tiempo más que suficiente para absorber el magnesio por la piel.

Las delicias de la comida y del comer


Las reglas que acabo de citar tienen que ver con los «qué» de la comida, con
qué debemos llevarnos a la boca para alimentarnos como es debido, pero
también hay una cierta magia en los «cómo» del comer.
La antigua costumbre de compartir el pan, es decir, de comer con alguien
—aunque no comamos pan— crea un ambiente de ceremonia, placer,
conexión y amor en el que incluso digerimos mejor la comida. ¿Qué te atrae
más, tomarte tu zumo de vegetales mientras te encaminas a toda prisa al
metro, o disfrutar apaciblemente de una taza de té y de una comida saludable
con los amigos? Los estudios han revelado que cuando comemos en
compañía, aunque sea de desconocidos, digerimos mejor la comida. El doctor
Mario Martinez señala que los rituales del placer —disfrutados a diario— son
elementos fundamentales en el estilo de vida de personas centenarias sanas;
algunas se dan incluso el gusto de fumarse un puro o de tomarse un whisky al
día.
Si asocias la comida con el placer y la salud, en lugar de con la culpabilidad
y la frustración, disfrutarás de las auténticas delicias del comer. En países
como España, Francia e Italia el comer es un arte. Y, cuando te centras en el
placer, eres feliz contigo mismo tal como eres. La sensación de plenitud en la
vida no está condicionada por la talla corporal, aunque muchas personas vivan
de ese modo.
Mi hija y su marido empezaron un programa de control de peso y llevaron
una dieta rigurosa seis meses antes de casarse. Tenían un aspecto espectacular.
Ambos lucían unos abdominales de infarto y un cuerpo atlético, nunca habían
estado tan en buena forma. ¿Qué aprendió mi hija? Que puede tener una
silueta como la de las modelos de las revistas. ¿Y qué más? Que mantener ese
cuerpo exigía muchas horas. Era una carrera. Significaba pesar y medir toda la
comida, y pasarse horas en el gimnasio cada día. Y no pedir nunca lo que le
apetecía en un restaurante. Tanto esfuerzo no valía la pena y no la hacía feliz.
Ahora tiene otro hijo y una nueva vida. Y un cuerpo fantástico. No es el
cuerpo perfecto de modelo que tenía antes, pero no le importa. Es feliz y está
sana.
El concepto del «peso ideal» se parece a la búsqueda de la felicidad. Todos
creemos que seremos felices cuando consigamos el trabajo adecuado, la pareja
perfecta y la casa de nuestros sueños. Pero lo cierto es que primero debemos
ser felices. Solo entonces estaremos en la tesitura de atraer a nuestra alma
gemela o de comer lo que nos nutre de verdad para gozar de salud. Es decir,
tienes que descubrir lo que te está «comiendo» por dentro. Cuanto te ocupes
de ello, sabrás por fin alimentarte de forma correcta. Y, si tu dieta se basa
sobre todo en alimentos integrales, no tienes por qué preocuparte.
Soy una mujer sana, con un peso normal, y prescindo de la báscula.
11
Cuida tu fuerza vital
De modo que, cuanto más sexi es una persona, más inventiva es. Mayor es
su inteligencia. Cuanto menor es la energía sexual, menor es la
inteligencia, y, a mayor energía sexual, mayor inteligencia, porque el sexo
es una búsqueda profunda para desvelar no solo los cuerpos, no solo el
cuerpo del sexo opuesto, sino todo lo que está oculto.

OSHO

Nuestra fuerza vital —conocida en sánscrito como shakti— es el impulso


creativo que surge de nuestros cuerpos, mentes y Espíritus como placer físico,
deseo, excitación sexualidad y curiosidad. Y se manifiesta como música,
diseños, relaciones, arquitectura, libros, inventos, grandes avances científicos y
proyectos creativos de cualquier tipo. A un nivel puramente físico, es la
energía que nos empuja a reproducirnos como especie.
Pero la fuerza vital es mucho más que esto. Esta fuerza, experimentada
como la conexión directa entre el Espíritu y el cuerpo, es el deseo de expresar
lo que somos, física, mental y espiritualmente. La fuerza vital anima a nuestro
cuerpo y nos permite implicarnos con la vida al máximo. Cuando estamos en
contacto con la fuerza vital, vivimos la vida como una gran aventura que vale
la pena. Son las «ganas de vivir» que desafían el pronóstico terrible de un
médico y hacen que el individuo viva muchos años más de los pronosticados.
Stephen Hawking, el conocido físico, es un gran ejemplo. Cuando le
diagnosticaron hace décadas una esclerosis lateral amiotrófica (ELA), le
dieron de dos a tres años de vida. Todavía no se conoce la causa de la ELA, ni
tampoco existe un remedio en la medicina convencional; sin embargo
Hawking ha tenido cuatro hijos, dos matrimonios y una carrera brillante. En
parte, ha llegado tan lejos por estar en contacto estrecho con su fuerza vital y
su sexualidad.
Debemos cuidar, contener, cultivar y dirigir nuestro fuego interior con
regularidad. Cuando esta llama arde con viveza, cuando tenemos unas ganas
inmensas de vivir o un objetivo en la vida que nos empuja a seguir adelante
con curiosidad y pasión, en este caso casi no importa el estado en el que esté
nuestro cuerpo físico. En cambio, cuando la llama se apaga, por más
vitaminas que tomemos o más ejercicio que hagamos, por más que los demás
quieran que vivamos, no nos impedirán que muramos, aunque sigamos
habitando nuestro cuerpo físico durante años.
La fuerza vital es el fuego que arde en tu interior. ¡Qué reconfortante es este
fuego cuando le sacas partido! Te mantiene caliente. Activa una buena
digestión (conocida como fuego digestivo). Te produce una sensación
agradable tanto dentro como fuera del cuerpo. Crea vínculos de placer que
potencian las relaciones. Básicamente, hace que la vida valga la pena en todos
los sentidos. Piensa en cómo te sentiste cuando conociste por primera vez a
alguien especial. En los comienzos de una nueva relación sentimental las
estrellas brillan más, te sientes satisfecho y no necesitas comer, y todas las
canciones de amor del mundo te parecen haberlas escrito tú. Así es la vida
cuando usas hábilmente tu fuerza vital.

El deseo sexual: por qué es tan apremiante


Supongo que has oído la expresión «el sexo vende», ¿no? La razón es porque,
a un nivel atávico, sabemos que el sexo tiene que ver con la fuerza vital.
Nuestro cuerpo físico fue concebido por medio del sexo y las representaciones
del sexo —sean de la clase que sean— nos recuerdan la fuerza que nos llevó a
vivir bajo una forma física. La expresión sexual y los sentimientos vinculados
con ella —estar caliente y excitado— no son más que indicadores físicos de la
fuerza vital. Cuando vemos un anuncio sexi o una película erótica, o cuando
leemos un libro lleno de erotismo, los mensajes que contienen nos recuerdan
nuestro poder creativo inherente y lo delicioso que es conectar con esa
sensación de pura vitalidad y éxtasis.
Cuando empezamos a sentir el poder de nuestra fuerza vital al sentirnos
atraídos por alguien, nuestro impulso sexual es tan fuerte que haremos lo que
sea para estar con esa persona y expresar nuestro deseo físicamente. Aunque
trabajemos a tiempo completo, tengamos obligaciones familiares y apenas
durmamos lo suficiente, se nos ocurrirá algo para salirnos con la nuestra.
La atracción sexual —y el colocón que sentimos de «no puedo comer, no
puedo dormir— están relacionados con una sustancia química cerebral
poderosísima conocida como DMT (dimetiltriptamina). La DMT se elabora
en la glándula pineal, conocida en los círculos esotéricos como el tercer ojo, o
a veces como el Ojo de Horus. Esta glándula se empieza a formar en el
cerebro a los cuarenta y nueve días de la concepción del feto, y es también al
cabo de este tiempo cuando en el budismo tibetano se considera que el Alma
entra en el cuerpo. ¡Qué símbolo más poderoso! Un símbolo que le va como
anillo al dedo al origen de esta poderosa hormona.
Curiosamente, la DMT es la sustancia psicodélica más potente conocida
por el hombre. Se ha descubierto que no solo hace expandir el tiempo, sino
que los que la fuman tienen profundas visiones religiosas. Si creen en ángeles,
ven ángeles. Lo mismo ocurre con Jesucristo o con el Buda. La DMT
sintetizada en un laboratorio se considera una droga altamente adictiva. Pero,
en los humanos, el cuerpo la crea de manera natural durante el
enamoramiento. También se produce en cantidades masivas durante el
orgasmo. Y, aunque parezca imposible, en el momento en el que morimos.
Después de la muerte, se da un espacio de tiempo de varios minutos en el que
todavía hay actividad cerebral, y durante ese tiempo la DMT circula por el
cuerpo, provocando visiones relacionadas con nuestras creencias más
profundas que parecen durar para siempre, y llevándonos supuestamente al
cielo o al infierno. Es curioso que los franceses llamen al orgasmo la petite
mort, «la pequeña muerte». Al igual que esos últimos minutos después de
morir, en el orgasmo perdemos conciencia de nosotros mismos —por unos
instantes— y nos liberamos de la jaula del ego para recuperar el estado de
beatitud de la conciencia primordial en el que nacimos.
La relación de la DMT con el sexo explica por qué este —y los distintos
tipos de pornografía— pueden ser tan adictivos, sobre todo cuando se usan
para evadirnos de la labor del Alma que hemos venido a realizar en este
mundo.

Sexualidad y espiritualidad
La estrecha conexión entre la sexualidad y la espiritualidad no radica solo en
las visiones religiosas inducidas por la DMT. En realidad, este vínculo ha
existido desde hace milenios.
En los textos llenos de sabiduría de la India, Egipto y de otros lugares se ve
que en la pubertad —cuando el deseo sexual se despierta con fuerza— es
cuando la energía espiritual conocida como kundalini empieza a subir por el
cuerpo. Los textos describen esta energía como una serpiente enroscada en la
base de la columna que va activando cada área —y chakra— por el que pasa.
Cuando la energía de la kundalini, tras haber estado circulando libremente
por los chakras, llega al de la coronilla, en ese momento se considera que
aquella persona se ilumina.
Para conocer otra visión más moderna de la conexión entre la sexualidad y
la espiritualidad, existe un estudio histórico titulado «La integración de la
sexualidad y la espiritualidad», dirigido por Gina Ogden, una investigadora de
Harvard. En este estudio, uno de los más extensos que se han realizado sobre
el tema, se descubrió que tanto los hombres como las mujeres viven su
sexualidad como una experiencia sumamente espiritual que les conecta con
Dios.
En su libro Angel Blessings, Kimberly Marooney explica los papeles de cada
uno de los numerosos ángeles que nos ayudan en la tierra, y las imágenes y la
terminología que usa son las mismas que se emplearían para el sexo. Por
ejemplo, describe cómo el ángel conocido como Natanael y sus ángeles Amfri
nos ayudan a preparar la mente al destruir nuestras creencias y limitaciones
autoimpuestas, a fin de que estemos listos para vivir la intensidad del fuego de
la fuerza vital. Marooney escribe: «Durante este bautismo, te sientes
embargado por el éxtasis del amor incondicional. Dejas que surja con fuerza
en una furiosa danza de pasión y éxtasis que estalla en placer con la magnitud
de su intensidad. Sentirás un agradecimiento tan inmenso en tu corazón, que
en tu pecho estallará un orgasmo y será como si tu cuerpo no fuera más que
un canal por el que se mueve esta energía».
Parece excitante, ¿verdad?

La sublimación del deseo sexual


Aunque sea fácil perder conciencia de ti mismo en el éxtasis del orgasmo, no
es una manera sana de vivir. La maravilla del deseo sexual es que no tiene por
qué manifestarse en sexo. Puedes transmutarlo cuando sea necesario,
canalizando la energía que crea en proyectos que den otros frutos aparte de
bebés o de orgasmos. En Piense y hágase rico de Napoleon Hill, un clásico en
su género, hay un capítulo titulado «El misterio de la transmutación del sexo
(El décimo paso hacia la riqueza)». El capítulo arranca explicando el
significado de la palabra transmutación. La transmutación es mudar o
convertir un elemento o forma de energía en otra. Hill escribe:

La emoción del sexo crea un estado mental. Debido a la ignorancia sobre


el tema y a las inadecuadas influencias a las que la mayoría de las personas
han estado expuestas en su adquisición de conocimiento sobre el sexo,
este estado mental generalmente se asocia con el físico, y las cosas
esencialmente físicas han predispuesto en gran medida la mente.

Hill explica a continuación que se le pueden dar tres usos constructivos al


sexo: (1) la perpetuación de la especie humana, (2) el mantenimiento de una
buena salud física y emocional y, por último, (3) la transformación de la
mediocridad en genialidad a través de la transmutación.
Por transmutación, Hill no se está refiriendo al celibato o a la represión de
los instintos naturales, sino a la capacidad de canalizar la energía sexual y el
deseo sexual en una gran imaginación, valentía, fuerza de voluntad y
capacidad creativa. Lo cual exige el deseo de dominar y reencauzar el impulso
sexual en una profesión o una vocación…, incluida la creación de riqueza.
Curiosamente, cuando el impulso sexual es nuevo —y la energía de la
fuerza vital de la kundalini empieza a despertar en la juventud—, la
transmutación de la energía sexual se convierte en el centro del universo en el
que los adolescentes viven. La mayoría de las culturas han creado estructuras
para ayudar a canalizar esta energía constructivamente, o al menos para hacer
que los adolescentes estén tan cansados que no les queden fuerzas para hacer
nada con ella. Durante gran parte de la historia humana, la gente se casaba al
poco tiempo de dejar atrás la pubertad, por lo que no tenían que transcurrir
años y más años en los que se esperaba que sublimaran su deseo sexual. En la
actualidad, los deportes, el baile y otras actividades extraescolares de cualquier
tipo están pensados para que los jóvenes expresen su energía sexual de otras
maneras más constructivas. Su finalidad es que con todas esas actividades,
deportes y obligaciones apenas les quede tiempo para hacer los deberes y
mucho menos aún para tener sexo entre ellos. Pero, como no vivimos en un
mundo perfecto, a veces esto no funciona en un sentido ni en el otro.
Si bien esta estructura evita un gran número de embarazos no deseados o de
otros lamentables percances de la juventud, no les enseña a los adolescentes lo
poderoso que es el impulso sexual en sí mismo, o cómo encauzarlo en otros
proyectos creativos. Les resultaría mucho más útil si en nuestra sociedad
hubiera una iniciación espiritual como la de la búsqueda de una visión, o una
ceremonia que marcara el paso de la adolescencia a la vida adulta a modo de
receptáculo para que canalizaran su fuerza vital de una forma más
significativa. Les ayudaría a entrar en el mundo de la mayoría de edad de un
modo estimulante, sano y empoderador.
Para sentirnos cómodos con el poder de la fuerza vital y de sus
manifestaciones como energía sexual, es necesario reconocer que la
adolescencia no es solo una época de caos en la que las hormonas están en
plena efervescencia, sino que es el momento en el que el cuerpo recibe un
torrente de energía espiritual-sexual. Para usar esta energía sensatamente, los
adolescentes necesitan recibir orientación y algún tipo de información
sustancial. Decirles: «No vengas a casa embarazada» no sirve de nada. Si bien
existen algunas ceremonias de este tipo, como la kinaalda de los navajo —que
marca cuándo una niña se convierte en mujer— y los bat mitzvahs y bar
mitzvahs de los judíos, en general en nuestra cultura no se ha realizado un
buen trabajo en cuanto a honrar el fuego creativo sexual y espiritual de los
adolescentes (o de los adultos). Las enseñanzas que les ofrecemos sobre la
energía sexual se centran en la vergüenza, las dudas y la turbación, por no
hablar de los abusos sexuales y los incestos que con tanta frecuencia se
transmiten en ámbitos familiares que necesitan vivir la sexualidad de una
manera sana. Debido a todos estos factores, la mayoría de la gente no sabe
transmutar su energía sexual demasiado bien. Hay tanto miedo, juicios,
incomodidad y malentendidos en torno a la sexualidad y la espiritualidad, que
todo este ambiente bloquea los canales del cuerpo. Y estos malentendidos se
van transmitiendo de una generación a otra en las familias, la religión y la
cultura.

Los bloqueos de la fuerza vital


Las situaciones en las que la gente no puede transmutar su energía sexual de
manera sana, para contener y dirigir con destreza su fuerza vital, pueden
acabar en un gran drama. No hay que olvidar que, como la fuerza vital es
poderosísima, puede hacer arder nuestra propia casa hasta los cimientos,
metafóricamente hablando. Por ejemplo, si tu marido tiene sexo con tu mejor
amiga, el fuego de esa pasión y los secretos, la rabia y el dolor emocional que
conlleva pueden romper tanto tu amistad como tu matrimonio, y afectar
negativamente a tus hijos en las generaciones futuras, dependiendo de cómo
se haya manejado la situación.
Casi todas las personas que conozco se han chamuscado con las llamas de
una fuerza vital que no se usó o manejó con sensatez. Tanto si fue por las
humillaciones bienintencionadas y protectoras de las que fueron objeto en la
adolescencia como por un incidente tan terrible como una violación o el acoso
sexual, los traumas relacionados con la fuerza vital se manifiestan en el
cuerpo. Lo más probable es que esa persona tenga algunos bloqueos en las
partes de su cuerpo que tuvieron que ver con la fuerza vital regeneradora: los
genitales, el ano y las nalgas. Gran parte de las zonas por debajo de la cintura.
Y en las mujeres también se incluyen los senos.
Estos bloqueos de la fuerza vital se aprecian en detalles como una vagina
entumecida, un pobre tono muscular pélvico y un dolor pélvico crónico.
Muchas mujeres sufren estos problemas. Las que han sido víctimas de abusos
sexuales tienden a retener su dolor —emocional y físico— en la fascia de la
pelvis. Y en el punto G en particular.
En los hombres he visto muchos problemas causados por el trauma de la
circuncisión, que médicamente es totalmente innecesaria. Este procedimiento
lo popularizó en Estados Unidos el mismo Kellogg que inventó los Corn
Flakes Kellogg, y la principal razón fue para que los chicos dejaran de
masturbarse. En el caso de las chicas, aconsejó echarles ácido carbólico sobre
los genitales. La circuncisión triunfó por la incomodidad que causa la
sexualidad en nuestra cultura. Y la situación no ha cambiado demasiado
debido a la gran ignorancia que todavía existe sobre el tema.
La cantidad de bebés circuncidados se ha ido reduciendo paulatinamente,
incluso entre los judíos. Pero a una gran cantidad de hombres todavía les han
extirpado sin anestesia la zona erótica del cuerpo conocida como el prepucio.
Y este procedimiento tiene consecuencias emocionales y físicas.
Ante todo, es una intervención de lo más dolorosa practicada sin el
consentimiento del afectado. Siempre que he hablado con un hombre
circuncidado sobre ello, ha clavado la vista al suelo y a menudo ha hecho
algún tipo de gesto inconsciente, como dar golpecitos con el pie en el suelo o
con los dedos sobre la mesa. Nuestro cuerpo se acuerda de todo. Y que te
hayan circuncidado crea resentimiento y rabia, sobre todo contra las mujeres.
En el reino físico, la circuncisión extirpa un tejido protector muy erótico. El
resultado es que la punta del pene se endurece y embota, en comparación a
como sería si conservara el prepucio. Cuando un hombre sin circuncidar tiene
relaciones sexuales con una mujer, el prepucio se pega a las rugas (los
pliegues) de la vagina de un modo que produce más estimulación e intimidad.
Lamento haber practicado tantas circuncisiones como parte de mi profesión
médica, y les pido perdón de todo corazón a los hombres a los que yo o mis
colegas hemos circuncidado.
Tanto si has sufrido abusos sexuales como si no lo más probable es que te
hayan humillado de algún modo. Y esto se queda grabado en el cuerpo e
impide que la fuerza vital fluya libremente. Mi primer libro, Cuerpo de mujer,
sabiduría de mujer, se inspiró en la relación entre estos traumas y la salud. Me
chocó ver que casi nadie hablara de que los problemas ginecológicos
habituales de tantas mujeres tenían que ver con sus propias experiencias
femeninas en una cultura patriarcal.

El placer es curativo
Muchas personas no pueden vivir la vida plenamente, tienen la fuerza vital
bloqueada. Se sienten deprimidas, vacías o en una tediosa rutina, y también
les cuesta conectar con su potencial erótico. Pero sentir el placer de nuestra
fuerza vital es importante y tremendamente curativo. Cuando afirmo que el
placer cura, no solo es una ilusión vana.
Cuando empecé a dar clases en la Escuela de Artes Femeninas de Mama
Gena, donde se enseña a las mujeres a usar el placer como poder, no sabía
nada acerca del potencial curativo del placer y de la fuerza vital ligada a él.
Pero, a medida que observaba el resplandor de las participantes, me di cuenta
de que lo que estábamos haciendo en la escuela estaba probablemente
produciendo un efecto físico curativo. Durante mi charla decidí preguntarles a
las alumnas si alguna se había recuperado de algún problema desde que había
empezado a asistir a la escuela. Se formó una hilera ante el micrófono que
llegaba hasta el fondo del aula. Las mujeres contaron que buscar el placer
deliberadamente y sentir su fuerza vital erótica las había ayudado a curarse de
todo tipo de dolencias, desde un cáncer de pulmón o de colon hasta
problemas ginecológicos o de infertilidad. Este descubrimiento me llamó la
atención a más no poder.
Como me gusta entender lo que ocurre, llevé a cabo varias investigaciones
al respecto y descubrí que el mecanismo de las curaciones se debía al óxido
nítrico. Este gas se produce en el tejido epitelial que recubre los vasos
sanguíneos durante actividades placenteras o saludables como el ejercicio
físico, el sexo, la meditación y el placer sostenible de todo tipo. La producción
de este gas estimula la circulación sanguínea en el cuerpo. Y, como el óxido
nítrico es un neurotransmisor potentísimo, equilibra la serotonina, la
dopamina, las endorfinas y otras sustancias químicas del bienestar fabricadas
en el cerebro y el cuerpo. El óxido nítrico es la molécula de la fuerza vital. Se
produce en grandes cantidades durante el orgasmo y también cuando el
esperma entra en contacto con el óvulo. Y, al igual que la DMT, también está
presente en grandes cantidades en el momento de la muerte. El cuerpo es un
organismo tremendamente impresionante.
Es impactante ver de primera mano el poder del placer. Cuando una mujer
se permite ser consciente de las partes de su cuerpo que la han hecho sufrir
tanto y sentir placer en ellas, rompe a llorar aliviada. Se dice que en la sangre
de la herida está el remedio. Para mí significa tener el valor de curar a través
del placer la parte del cuerpo bloqueada por el dolor y la humillación. Para los
hombres que mantienen una relación con mujeres que han sufrido abusos
sexuales es importante saber que el amor y la atención que les dedican son
tremendamente curativos para sus parejas. A decir verdad, el pene se conoce a
veces como la «varita de luz». En una relación afectuosa, este órgano puede
ser sumamente curativo para una mujer. Incluso una mujer me contó que,
cuando su marido le da un masaje en la frente con el pene erecto, a ella se le
va el dolor de cabeza. ¡Qué poderosa es la curación sexual!
Por suerte, todo el mundo puede sentir su fuerza vital a través del placer en
cualquier momento, independientemente del género o de la edad.

Conecta con tu fuerza vital


Para conectar con tu fuerza vital hay cuatro claves esenciales: (1) sintoniza con
la vida, (2) busca el placer deliberadamente, (3) exprésate sexualmente de
manera plenamente consciente de lo que está ocurriendo aquí y ahora, y (4)
conoce y domina tu anatomía erótica. Veamos cada uno de estos pasos.

Clave 1: sintoniza con la vida


Tu fuerza vital —lo que «te pone»— es una expresión tuya única,
independientemente de tu género, tu orientación sexual o cualquier otro
factor.
Para empezar, repara en lo que te excita. ¿Qué es lo que te hace sentir más
vivo? Esta sensación es tu fuerza vital activándose. Si notas cuándo te ocurre,
puedes usarla para guiarte en tu vida. Si algo te hace sentir más vivo,
aprovéchalo. Si te aburre soberanamente, acaba dejándolo atrás. Tal vez te
llene de vitalidad tomar el sol en la playa, cuidar las plantas de un invernadero
y oler el aroma de una tierra rica, echar un vistazo en una librería, recibir un
masaje en el cuerpo o en los pies, ir a clases de baile, escuchar música y bailar.
Curiosamente, las mujeres pueden usar su cuerpo como un barómetro para
saber lo que las excita. Cuando una mujer siente algo placentero, siente que la
vagina le palpita de un modo especial. Es lo que los investigadores del sexo
llaman amplitud de las pulsaciones vaginales (APV). Estos investigadores han
documentado las mediciones de la APV con un aparato, conocido como
fotopletismógrafo vaginal, que mide el flujo sanguíneo en la vagina. Lo más
fascinante sobre estas pulsaciones, a las que Naomi Wolf llama la conexión
cerebro-vagina en su libro Vagina, es que, en cuanto las mujeres lo saben, las
sienten fácilmente y notan cuándo la vagina les palpita con más intensidad.
La investigación de Wolf reveló que las mujeres las perciben con más fuerza
cuando están en situaciones en las que se sienten seguras emocionalmente y
valoradas sexualmente. Como, por ejemplo: «Las noté cuando mi marido me
apartó la silla para que me sentara», o «Se volvieron más fuertes cuando mi
chico sacó un pesado sillón de la camioneta». Es decir, notamos esas
pulsaciones —aquello que nos pone— cuando estamos con alguien que nos
demuestra su capacidad para cuidar de nosotras por medio de la fuerza o la
ternura.
También lo sentimos de una forma no sexual. Y aquí está el secreto. Las
pulsaciones vaginales también se sienten cuando contemplamos algo bello,
como un amanecer o un cuadro maravilloso. O cuando escuchamos música.
La relación de una mujer con su mente y su cuerpo es erótica mucho antes de
que se dé cualquier conexión sexual con alguien más. Nuestras pulsaciones
vaginales son nuestro barómetro interior y el indicador de nuestra fuerza vital.
Es una sensación que, además de hacernos saber que nos sentimos seguras y
valoradas, también nos conecta con la belleza y la alegría de vivir en un
cuerpo. Podemos confiar en estas pulsaciones, en esta fuerza vital.
Descubrirás que te produce un enorme placer y deleite.
Para ayudarte a sintonizar con «lo que te pone», independientemente de si
eres hombre o mujer, fíjate en tus genitales cuando notes cualquier sensación
de fuerza vital en acción, cuando te sientas vivo y vibrante. La energía fluye
allí donde llevamos la atención. Siente el área generativa de tu cuerpo.
Probablemente notes un hormigueo. Las mujeres quizá sientan esas
pulsaciones de la APV. Los hombres pueden sentir el principio de una
erección. Después de llevar la atención a los genitales, céntrate en el corazón.
Ve fijándote en una parte y en la otra alternativamente. Conecta de este modo
el corazón inferior con el corazón superior. Así, tu capacidad para excitarte
aumentará no solo en cuanto al sexo físico, sino a la vida cotidiana.
Aprenderás a hacer el amor con la propia vida.

Clave 2: busca el placer deliberadamente


La búsqueda deliberada del placer es algo que solemos pasar por alto en la
vida, pero es esencial si quieres gozar de vitalidad a lo largo de la vida. Busca
pensamientos, relaciones y experiencias que sean agradables. No te costará un
solo céntimo. Solo necesitas fijar un día para tener experiencias deliciosas.
Puede consistir en estar plantado descalzo sobre el césped diez minutos y
sentir lo refrescante que es la experiencia. O contemplar una puesta de sol con
asiduidad. O leer un buen libro. Sí, una frase elocuente es uno de los placeres
de la vida.
Lo importante es no esperar a «irte de vacaciones» para disfrutar de la vida.
Haz que sea una parte de tu estilo de vida. Fíjate en lo que te hace sentir bien
o en imágenes placenteras, no te tomará demasiado tiempo. Fíjate
simplemente en este tipo de cosas.
Cuando pensamos en el placer, lo primero que nos viene a la cabeza es el
sexo. Y, aunque el sexo sea muy agradable, descubrirás que toda tu vida —y
también tu vida sexual— mejora si te fijas en otras cosas agradables aparte del
sexo. La práctica de disfrutar de todo tipo de placeres te ayuda a estar
totalmente presente cuando eres sexi. Y descubrirás que llevarás todas esas
vivencias tan sensuales al dormitorio.
Bailo tango con regularidad y, como cuando lo hago me entrego en cuerpo
y alma a ello, es para mí una experiencia muy agradable y sexi. Mientras lo
bailo, le aporto mi fuerza vital —mi shakti— a mi compañero de baile, y él
también me aporta la suya. De vez en cuando hay parejas que vienen a bailar
tango, y uno de los miembros no quiere que su pareja baile con otra persona.
Es demasiado celoso o celosa. Esta actitud es malgastar la fuerza vital.
Siempre les digo a las parejas nuevas que bailen también con otras personas.
No solo serán mejores bailarines, sino que además su relación de pareja se
enriquecerá enormemente. Pueden llevar hasta la última gota de placer que
han sentido en la pista de baile a su hogar para compartirlo juntos.
La llamada «disfunción sexual» que más abunda en las mujeres es la falta de
deseo. Hace poco se aprobó un fármaco nuevo para tratarla, pero las mujeres
no necesitan un fármaco. Y, francamente, los hombres tampoco necesitan
medicamentos para aumentar la erección. Lo que todos necesitamos es
conectar con nuestra fuerza vital. Estar presentes y vivos en cada situación.
Pero no podemos estar presentes si nos pasamos el tiempo trabajando, o
preocupados, o resentidos por todo lo que tenemos que hacer. Fijarnos en lo
placentero y saber apreciarlo —empezando por las pequeñas cosas del día a
día— nos puede cambiar literalmente la vida.

Clave 3: exprésate sexualmente de manera mindful


Este aspecto es muy sencillo. Cuando hagas el amor con alguien, o incluso
cuando te des placer, mantente presente. No te hagas daño a ti mismo ni se lo
hagas a nadie. Respira hondo. Y siente lo máximo posible.
El fenómeno literario a nivel mundial de la trilogía de Cincuenta sombras de
Grey dice mucho de las distintas variedades de expresión sexual de las que
podemos gozar. Los libros de la trilogía también transmiten un mensaje
importante al final del relato: por más juguetes sexuales, posturas y chismes
que usemos, el amor, la solidaridad y la conexión auténtica siempre salen
ganando. No hay nada más poderoso que la combinación de amor y sexo,
aunque sin duda pueden existir, y existen, por separado.
Parte de las experiencias sexuales mindful consisten en asegurarte de que
eres feliz y te sientes a gusto, y la monogamia es, al fin y al cabo, una parte
importante de ello. Mis experiencias con miles de mujeres (y con algunos
hombres) es que esta expresión sexual tiende a ser más segura y creativa
cuando el recipiente es sólido. Significa estar solo con una pareja en cada
relación, una unión monógama. Aunque haya toda clase de formas de abrir
este recipiente —fiestas de sexo, comunidades poliamorosas, talleres tántricos
y muchas otras—, abrirlo con regularidad es como abrir la puerta del horno
una y otra vez para ver si el pan se está cociendo. El calor se va y la calidad del
pan baja.
Hay, por supuesto, individuos que aseguran ser muy felices viviendo en
comunidades poliamorosas en las que todos tienen sexo con el resto. Mi
experiencia con esta clase de comunidades es que las mujeres que viven en
ellas intentan obligarse a que les guste algo que en el fondo no les parece bien.
Pero quieren ser modernas. Y ser aceptadas. Y apechugan con la situación.
Sin embargo, en el fondo no son felices. Y además les da miedo que las
rechacen si dicen lo que piensan.
La terapeuta Pat Allen, autora de Getting to «I Do», llega incluso más lejos.
Señala que una mujer, básicamente, puede engancharse al hombre con el que
tiene sexo. Cuando una mujer deja que un hombre la penetre —en el coito—,
su cerebro produce grandes cantidades de oxitocina, una hormona que se ha
vinculado con toda clase de adicciones. Además, el cuello uterino es el área
vaginal que en reflexología se corresponde con el corazón. Cuando un hombre
penetra a una mujer le está, por lo tanto, estimulando literalmente el corazón.
Por lo que es más probable que acabe enamorándose de él.
Esto encaja con el deseo de monogamia que he visto. El compromiso en
una pareja es importante para las vivencias sexuales mindful. Allen enseña a
las mujeres que desean mantener una relación amorosa sólida que no
practiquen el sexo hasta que su pareja se haya comprometido con ellas. La
clase de hombre capaz de hacerlo es el que valorará y protegerá a su
prometida. Solo valorará a una mujer que se valore a sí misma lo suficiente
como para pedirle que se comprometa. Una de las lecciones más duras para
muchas mujeres es esta: debemos valorarnos lo bastante como para estar solas
hasta encontrar a una pareja que realmente nos aprecie, en lugar de seguir en
una mala relación para evitar estar solas. Para conseguirlo debemos aprender a
amarnos, apreciarnos y valorarnos antes que nada.
Durante los numerosos años que llevo trabajando en las primeras líneas de
la salud femenina, he comprobado que la gran mayoría de mujeres —y los
hombres que las aman— buscan esta clase de relación en lugar de relaciones
esporádicas o de orgías poliamorosas.
Por otra parte, también sé que existen toda clase de prácticas raras con
látigos, cadenas, dominadores, sumisos y todo lo demás de lo que la mente
humana es capaz. Y, en este caso, lo que importa es también la solidez del
recipiente en el que se realizan estas prácticas. En su libro esclarecedor Once
minutos —el título se refiere al tiempo que dura el acto sexual—, Paulo
Coelho cuenta la historia de una mujer que se dedica a la prostitución.
Cuando empieza a trabajar en un burdel, se preocupa de no acabar en el
mundo del daño físico y la degradación, aunque se lo pida uno de sus clientes.
La razón es que, cuanto más oscura es la dirección que tomamos, más oscura
se vuelve. Y el abismo no tiene fondo. Soportar el dolor físico y la humillación
para que otra persona se excite sexualmente crea una situación que puede
acabar haciendo mucho daño. Como ocurre con las adicciones, con el tiempo
uno necesita cada vez una mayor intensidad de la sustancia o del proceso
adictivo para obtener el mismo efecto. Dicho esto, si tu recipiente es estable,
puedes de manera segura mirar pornografía o participar en situaciones
sexuales que conlleven dolor, humillación y degradación. Pero sé selectiva si
eliges hacerlo. Y asegúrate de ser tú la que lo decide. Y de que tu vida mejore
y se enriquezca como resultado, en lugar de degradarse.

UNA NOTA SOBRE LA PORNOGRAFÍA

La pornografía es tan vieja como la raza humana. Cuando visitaba la ciudad antigua de Éfeso
en Turquía hace unos años, el guía turístico nos señaló unas imágenes pornográficas pintadas
en las paredes de los dormitorios en un hogar de la época del Imperio romano, descubierto en
una excavación arqueológica.
Pero Internet ha hecho posible ver más imágenes sexuales explícitas que nunca. La
combinación de mirarlas repetidamente y de excitarse puede cambiar la estructura del cerebro
y hacer que uno se vuelva adicto a la pornografía, la clase de pornografía en la que el objetivo
es que un hombre meta su pene enorme en la vagina, la boca o el ano de una mujer (o de un
hombre) lo antes posible para tener un orgasmo. La educación sexual de muchos jóvenes se
basa en la pornografía. Por eso no han adquirido la habilidad, la paciencia, el afecto y la
concentración para crear un sexo sumamente orgásmico y revitalizador. Por desgracia, cuanta
más pornografía ve la gente, más quiere ver para recibir el «chute» que anda buscando, sobre
todo si lo hace para evitar sentir con profundidad. Debemos ser conscientes de lo que
consumimos. Y de por qué lo hacemos. Y, recuerda, no juzgues tu vida sexual por lo que veas
en esas imágenes. No dejes que te persuadan a hacer algo que no quieras hacer.
Las películas eróticas auténticas intentan centrarse en la tensión sexual y en la fuerza
electromagnética que se va acumulando entre los protagonistas. Recuerdo que al ver la
película Bright Star, cuando el poeta John Keats le toca por primera vez la mano a la mujer que
le amaba, sentí literalmente una descarga eléctrica por todo el cuerpo. Me gustaría ver más
imágenes como esta. Son maravillosas. Renovadoras. Intensamente eróticas.

Clave 4: conoce y domina tu anatomía erótica


Hasta ahora he hablado largo y tendido de cómo interpretar, sublimar y
canalizar tu fuerza vital. Las instrucciones prácticas relacionadas con tu
anatomía erótica que te ofrezco a continuación te ayudarán a encender tu
fuego interior de una forma sumamente agradable y sana. El placer es muy
curativo y libera las partes del cuerpo bloqueadas, sobre todo la fascia. Tal vez
te intimide conectar con tu energía sexual, pero intentar «llegar ahí» vale la
pena. Te hará sentir física y emocionalmente más sana y feliz. Naomi Wolf lo
ha documentado de maravilla en Vagina, un clásico en su género.
Curiosamente, estimular tu fuerza vital también tiende a atraer más dinero a
tu vida. Lo más probable es que hayas oído la frase «activa tu fuente de
ganancias», ¿verdad? Si quieres que ocurra literalmente en tu vida, intenta
darte placer a solas o hacer el amor con alguien sobre un montón de billetes,
no estoy bromeando. Esto consolidará en tu mente esta poderosa conexión.
Observa lo que ocurre.
Te aconsejo que te des placer con regularidad usando la respiración y los
sonidos para aumentar las sensaciones placenteras. Lo esencial es enseñar a tu
cuerpo a sentir cada vez más recibiendo la menor cantidad posible de
estímulos. Hasta puedes tener un orgasmo acariciándote el lóbulo de la oreja.
Algunas personas incluso lo alcanzan pensando simplemente en escenas
agradables. Todos podemos sentir placer con mucha más facilidad de la que
nos han hecho creer.
Intenta hacerlo durante 30 minutos de dos a cuatro veces por semana.
Empieza con algo con lo que te sientas cómoda. Siempre puedes aumentarlo
más adelante. La relación sexual que mantienes contigo es distinta de
cualquier otra relación sexual en tu vida. Si tienes una pareja, deja que se una
a ti si lo deseas, pero deberá centrarse en tu placer. Si no tienes pareja, esta
práctica hará que te sientas lubricada, activando el flujo sanguíneo en tus
zonas erógenas siempre que lo desees. Y, cuando una pareja llegue a tu vida,
estarás en muy buena forma para recibirla.
La educadora sexual Sheri Winston señala que también podemos aprender
a ser virtuosos sexuales. Solo es cuestión de práctica. Tocar algo fácil en el
piano no cuesta nada. Pero interpretar un concierto en el Carnegie Hall
requiere concentración y práctica. Con el sexo ocurre lo mismo. Hacer que tu
cuerpo aprenda a activar la energía sexual/erótica para usarla a modo de
combustible vital no se consigue de la noche a la mañana. Los siguientes
consejos te ayudarán a aprender a darte placer.
Órbita microcósmica
Tanto los hombres como las mujeres se pueden beneficiar de la órbita
microscósmica. Esta práctica antigua la enseñan los expertos en sexualidad
taoísta para distribuir la energía por todo el cuerpo. Es muy sencilla:

1. Coloca la lengua en la parte superior del paladar, justo detrás de los


dientes frontales. Esto completa el circuito de la órbita
microcósmica que empieza en el perineo, asciende por la columna
vertebral y desciende por delante del ombligo.
2. Contrae el músculo pubocoxígeo (PC) varias veces; es el músculo
que usas para detener el flujo de la orina. No tenses las nalgas.
3. Inhala tu energía sexual para que ascienda por la columna, hasta
llegar a la cima de la cabeza. Luego hazla descender por delante de
la cara, hasta el ombligo.
4. Imagínate un caldero de energía sexual entre el hueso púbico y el
ombligo. Visualiza que almacenas la energía vital sexual en él cada
vez que haces el ejercicio. Esta práctica te permite ir acumulando
fuerza vital, en lugar de perderla.
5. Repite esta órbita varias veces.

También puedes hacer este ejercicio de la órbita microcósmica durante el


día, en especial cuando sientas deseo sexual. Usa tu imaginación para mover la
energía.
Te recomiendo vivamente el Sistema del Tao Curativo Universal de
Mantak Chia para aprender más técnicas como esta. En www.multi-
orgasmic.com encontrarás más información.
Date placer
Darte placer es una parte tan importante de conocer y dominar tu anatomía
erótica que quiero hablar en detalle de ello. Aunque mucha gente se refiera a
esta práctica como «masturbación», prefiero evitar esta palabra. Como la
peste. No me gusta nada porque está impregnada de vergüenza. Masturbación
viene de masturbari, que en latín significa «mancillar con la mano». ¿Cómo
pueden referirse a algo tan bonito de esta manera? Los taoístas de la
antigüedad llamaban al autoplacer «autocultivación», una palabra que me
parece mucho más adecuada para definir esta experiencia. Darse placer es una
parte esencial tanto de la salud física como de la emocional, de modo que
veamos cómo funciona.
Para los hombres: aunque no sienta que deba tratar muchos de los aspectos
técnicos del autoplacer masculino —ya que suelen ser muy mañosos en ello—,
hay un tema técnico del que me gustaría hablar. Se trata del punto G
masculino, situado en el ano. Algunos hombres lo evitan cuando se dan placer
porque les resulta «raro», pero en el ano hay una gran cantidad de
terminaciones nerviosas. Y el punto G se encuentra en el interior, en el lugar
donde las agujas del reloj marcarían las 12 en punto. Estimular el ano, sobre
todo el punto G, es muy placentero. También es muy saludable para la
próstata. Para encontrar las terminaciones nerviosas del ano te recomiendo
que uses uno de estos dos objetos. Uno es una «varita» de cuarzo rosa o de
otros minerales, y la otra un «njoy» de acero inoxidable, ambos concebidos
para el masaje interno. Los venden en Internet. Cuando los uses, asegúrate de
emplear bastante lubricante.
Si deseas más información sobre las técnicas para el autoplacer masculino,
Steve Bodansky habla en su libro Sobre el orgasmo de una variedad de ellas,
como la de presionar lo que él llama el «pene oculto», la prolongación interior
del pene que se encuentra debajo de los testículos, en el perineo. Al ejercer
una cierta presión en este punto estás masajeando la próstata. Presionar este
lugar también ayuda a controlar la eyaculación. Estimular esta zona con una
presión más ligera les permite a los hombres sentir más placer. Steve
Bodansky afirma que para la mayoría de hombres es más placentero tirar de
los testículos que empujarlos contra su cuerpo. Pruébalo sin lubricante y luego
usa esta sustancia para ver la diferencia.
Aparte de estos detalles técnicos, aprender a maximizar el orgasmo también
es muy saludable, y los hombres pueden practicarlo mientras se dan placer.
Retrasar la aparición del orgasmo intensifica la sensación de goce y aumenta
la energía sexual de manera espectacular. Para ello es muy importante
relajarse y respirar profundamente.
Los doctores Steve y Vera Bodansky, autores de The Illustrated Guide to
Extended Massive Orgasm, son pioneros en el estudio del orgasmo y del placer.
Han enseñado a cientos de personas a alcanzar su potencial orgásmico y a
sanar su relación con la sexualidad. Enseñan que la mayoría de hombres viven
el orgasmo tensándose de golpe y eyaculando. Pero este hábito les impide
sentir la fuerza vital y gozar de ella. No tiene por qué ser así.
Los hombres pueden acceder a un mundo de mayor placer si están
dispuestos a aprender a tener un orgasmo de otra manera. En este ejemplo, se
trata de llegar al orgasmo sin eyacular. Esta práctica alarga la sensación de
placer y también hace que se extienda por todo el cuerpo.
Para llevarla a cabo, el secreto está en relajarte, respirar hondo y notar el
momento en el que estás a punto de eyacular. Cuando lo sientas, contrae los
músculos PC varias veces, como en la práctica de la órbita microcósmica. La
excitación sexual se enfriará un poco. En ese momento, vuelve a acumularla.
Hazlo aplicando una presión ligera o mayor, o frótate el miembro con la
mano con movimientos en espiral. Deja que la energía sexual aumente, y
luego haz que baje de nuevo varias veces, hasta terminar eyaculando. Con el
tiempo, podrás prolongar a voluntad la erección durante períodos más largos.
Los hombres también pueden aprender a canalizar sus sensaciones sexuales
por todo el cuerpo para sentir placer en más áreas. Para conseguirlo, llega casi
al orgasmo —es decir, a un gran estado de excitación, pero sin cruzar el límite
de eyacular sin querer—, quizás a un 7 en una escala del 1 al 10. Contrae
luego los músculos PC y deja de estimularte. Respira hondo mientras realizas
un par de órbitas microcósmicas con la respiración y la imaginación. Empieza
ahora de nuevo. Hacer varias veces este ejercicio te enseñará a controlar mejor
la eyaculación y también te permitirá sentir placer en todo el cuerpo y no solo
en los genitales. Con el tiempo, a base de práctica, aprenderás a tener un
orgasmo sin eyacular. Y esto te permitirá durar mucho más cuando hagas el
amor.
Mantak Chia sugiere en sus enseñanzas multiorgásmicas masculinas que los
hombres exploren lo que él llama el «punto del millón de dólares», situado
entre los testículos y el ano, en el perineo. Presionar este punto ayuda a
detener el reflejo eyaculatorio y a activar el flujo sanguíneo en el pene. El
resultado es un placentero palpitar como el de las contracciones prostáticas de
la eyaculación. Es mejor estimular el punto del millón de dólares cuando uno
tiene una erección y está muy excitado, porque la excitación y el
agrandamiento de los tejidos se dan de la parte delantera del cuerpo a la
posterior.
Muchos expertos describen la autocultivación masculina como una
experiencia a medio camino entre el autoplacer y la meditación. Es muy
distinta de la tensión-relajación habitual de echar un «polvo» de dos o tres
minutos. Mientras disfrutas y aprendes a prolongar el placer que te das,
tómate todo el tiempo que necesites. De este modo estarás haciendo circular
por tu cuerpo una energía rejuvenecedora y curativa.
También te permitirá durar más cuando hagas el amor. Mantak Chia
afirma que los hombres capaces de alargar la erección y el autoplacer de 15 a
20 minutos pueden durar en el coito todo lo que les apetezca. El secreto está
en prolongarlo de 15 a 20 minutos. Y además disfrutarás mientras lo
practicas.
A los hombres interesados en conocer más a fondo cómo prolongar el
orgasmo, les aconsejo vivamente que lean El hombre multiorgásmico de
Mantak Chia y Douglas Abrams, Sobre el orgasmo de Steve Bodansky y
Succulent SexCraft de Sheri Winston y Carl Frankel.
Para mujeres: los detalles técnicos del autoplacer femenino son menos
conocidos debido a la humillación y los juicios en torno a la expresión sexual
femenina. En general, la práctica del autoplacer masculino es mucho más
frecuente que el femenino, salvo en algunas excepciones. Me gustaría hablar
de varios detalles sobre cómo disfrutar al máximo dándote placer para que te
beneficies al cien por ciento del poder de tu fuerza vital.
Crea un espacio agradable y atractivo: te aconsejo que crees un espacio
relajante y bonito para darte placer. Usa flores, velas, incienso, música
agradable y la bebida que te apetezca. Asegúrate de tener a mano un aceite o
una loción de buena calidad. Te aconsejo el aceite de granada, pero hay
muchas otras opciones. Si buscas en Google, encontrarás una variedad de
productos. Si lo deseas, deja a tu alcance un lubricante. Despeja el espacio.
Prepáralo como si estuvieras esperando a un visitante muy importante, porque
así es. Tú eres la invitada. Hónrate de este modo.
Empieza masajeándote los pechos: cuando te des placer, empieza dándote
un masaje en los pechos. Usa el aceite o la loción que tengas a mano y dedica
cinco minutos a tus senos. Haz lo que te resulte placentero o usa un método
estructurado como el ejercicio de la cierva que describo en el apartado de la
página siguiente. En Internet encontrarás muchos videos excelentes sobre
distintas técnicas para masajearte los pechos, incluida la del ejercicio de la
cierva.
A la mayoría de las mujeres les resulta muy agradable el masaje en los
pechos y la estimulación de los pezones. Como los implantes de seno reducen
enormemente la sensibilidad en los pezones, tenlo en cuenta antes de decidir
someterte a este tipo de cirugía estética.

EJERCICIO DE LA CIERVA

El ejercicio de la cierva, una práctica antigua taoísta, es excelente para aumentar la energía
erótica. También es beneficioso para la pelvis y la salud de los pechos. Se realiza de la siguiente
forma:

1. Siéntate con las piernas cruzadas sobre una almohada.


2. Coloca el talón de un pie contra la abertura de la vagina, presionando contra el
clítoris. Si no tienes la suficiente flexibilidad para adoptar esta postura, coloca una
pelota de tenis junto a tu pubis y presiónala con el talón.
3. Ejerciendo presión contra el clítoris, masajéate los pechos con movimientos
circulares. Empieza con las palmas debajo de los pechos, cubriéndolos. Ve ahora
rodeándolos hacia los lados, sube a la parte superior y vuelve a bajar hasta
completar el círculo.
4. Masajéalos de manera mindful y placentera de 10 a 60 veces. Luego, dales un
masaje con movimientos circulares hacia la dirección contraria. Como los pezones
son muy sensibles, evítalos de momento.
5. Respira lenta y profundamente.

Tal vez descubras que este ejercicio te empieza a excitar. Es posible que notes que la vagina
se te lubrifica.

Masajea el resto del cuerpo: ahora que te has dado un masaje en los
pechos, lo más probable es que te hayas excitado. Échate y empieza a
masajearte la parte interior de los muslos, el vientre y las áreas que te
produzcan placer. No te toques aún la zona del clítoris. En su lugar, juguetea
con el vello púbico y otras partes del cuerpo. Sigue respirando con lentitud y
profundidad. Si sientes el deseo de hacerlo, muévete gozosa y sensualmente.
Cuando hayan pasado de 10 a 15 minutos, busca tu clítoris, el único órgano
del cuerpo diseñado exclusivamente para producirte placer. Tiene 8.000
terminaciones nerviosas. Solo se ve la punta del clítoris, pero es como un
iceberg, el resto está oculto dentro del cuerpo. Alrededor de la uretra y del
ano hay también un tejido eréctil erótico. Las mujeres tienen la misma
cantidad de tejido eréctil que los hombres, pero se encuentra en el interior del
cuerpo.
El clítoris se compone de un sistema de tejido eréctil erótico en la pelvis
que se extiende en dos ramas a cada lado, llegando hasta el fondo del hueso
púbico y también hasta la uretra y el ano. Hay muchas ramificaciones del
nervio pélvico que inervan las distintas áreas de la pelvis y de la anatomía
erótica. El nervio pélvico nace de la base de la columna y se ramifica de
distintas formas que son únicas en cada mujer. Algunas tienen una mayor
sensibilidad nerviosa alrededor del clítoris, otras en la vagina o en el punto G.
Y algunas en el área perianal. Por eso es tan importante explorar tu cuerpo y
conocer tu anatomía erótica.
En el clítoris hay un punto, justo a la izquierda del centro, en la posición de
la una en punto (con el reloj de cara a ti), el punto más sensible para la
mayoría de mujeres. Empieza a masajear con lentitud y suavidad esta zona.
Mantén todas las partes del cuerpo muy relajadas. No tenses las piernas ni las
nalgas. Sigue respirando profundamente y disfrutando de la sensación. No
intentes tener un orgasmo, pero goza de uno si lo deseas. Mientras te das
placer, practica la órbita microcósmica para mover tu energía sexual.
Date placer tocándote el punto G si lo deseas. En las mujeres, el punto G
se nota cuando están excitadas, justo detrás del hueso púbico. Tiene el
tamaño de una habichuela. Si te pones en cuclillas e introduces en la vagina el
dedo índice o el corazón (o ambos) y los doblas hacia arriba, debajo del hueso
púbico, notarás el punto G como una zona ligeramente abultada y sumamente
placentera. La estimulación del punto G estimula la glándula pineal
energéticamente, lo cual a su vez produce DMT, esa maravillosa sustancia
química. En Internet encontrarás unas varitas de cuarzo rosa o de otros
minerales, que sirven para estimular esta área mientras te das placer. También
hay otro objeto para el masaje interno llamado «njoy». La estimulación del
punto G es lo que produce la eyaculación femenina. No me estoy refiriendo al
orgasmo, ya que este también aparece estimulando otras partes del cuerpo. La
eyaculación femenina se da al estimular el punto G. El fluido eyaculado,
liberado en grandes cantidades, se parece a la orina, pero en realidad su
composición es muy distinta. En los textos antiguos se lo conoce como
amrita, y se consideraba que consumirlo era muy beneficioso.
Sigue estimulándote el clítoris, el punto G u otras partes de tu anatomía
erótica de forma placentera para despertar tu cuerpo. Si te viene un orgasmo,
estupendo, pero no es necesario tenerlo. Lo esencial es que tu shakti fluya y
circule por todo tu cuerpo. Y, de paso, también lo estarás entrenando para
sentir más placer.
Advertencia: cuando empieces a estimular por primera vez el punto G, tal
vez notes que está embotado o incluso que te duele. Se debe a que en este
lugar las mujeres suelen almacenar dolor irresuelto de vivencias sexuales o
humillantes del pasado. No dejes que esto te desaliente. Sigue llevando amor
y atención a esta área de tu cuerpo. Acabará despertando y descubrirás el gran
deleite que te produce. Si mantienes una relación segura y comprometida,
puedes pedirle a tu pareja que te estimule esta zona mientras tú lo notas y
sientes placer. Hacerlo —sin el objetivo del coito— va de maravilla para la
salud de una relación.
BENEFICIOS DE LA PENETRACIÓN VAGINAL

Si eres una mujer sin pareja, te aconsejo que uses un consolador de vez en cuando mientras te
das placer. Los de silicona son los mejores en el sentido de que son más fáciles de limpiar.
Puedes usar un consolador en tus sesiones de autoplacer. Hay zonas vaginales que se
corresponden con los órganos principales del cuerpo, al igual que los puntos de reflexología
de las manos y los pies. Irlos estimulando cuando practicas el sexo o usas un consolador es
bueno para tu salud, ya que tonifica los órganos del cuerpo.
Durante tus sesiones de autoplacer, no te aconsejo que uses un vibrador porque con el
tiempo te hace perder sensibilidad en lugar de aumentártela. Y acabarías necesitando cada vez
más estimulación y sintiendo cada vez menos. El objetivo es entrenar tu cuerpo para que se
derrita de placer a la más ligera caricia erótica. O pensamiento.

Mantén tu anatomía erótica en buen estado


Me gustaría compartir una última información relacionada con conocer tu
anatomía erótica, aunque va dirigida solo a las mujeres. Como he señalado en
el inicio de este capítulo, muchas de mis pacientes tenían la vagina embotada
y el tono muscular del suelo pélvico debilitado. Por suerte, este problema
tiene solución. Puedes despertar tu vagina y mejorar el tono muscular del
suelo pélvico con un pequeño objeto llamado «huevo del yoni».
El huevo del yoni es un sistema antiguo para mantener en buena forma los
órganos sexuales femeninos, una práctica secreta de las familias reales de la
China de la antigüedad. Este sistema mantiene los músculos del suelo pélvico
en un estado excelente. También ayuda a prevenir la incontinencia urinaria
debida al estrés y el prolapso uterino.
Los huevos del yoni, que pueden ser de jade, cuarzo rosa, obsidiana o de
cualquier otro mineral, son unos objetos pequeños ovoides —con dos orificios
en la punta— concebidos para insertar en la vagina. La manera más sencilla
de usarlos es introducir por uno de los orificios un cordoncito de seda o hilo
dental para poder extraerlo con facilidad de la vagina. Ponte de pie y anda por
donde estás con el huevo dentro de la vagina de 15 minutos a 1 hora. Si el
huevo se te cae estando de pie, tiéndete y practica el mantener el huevo
dentro de la vagina mientras tiras un poco del cordón. Con el tiempo, tus
músculos vaginales se fortalecerán y podrás mantener el huevo dentro estando
de pie. Para aumentar tu fuerza y destreza vaginal aún más, ata un cierto peso
al cordón, como una bolsita de piedras. Inserta el huevo en la vagina y usa tus
músculos vaginales para sostenerlo. Camina por los alrededores con el huevo
dentro de la vagina durante una hora más o menos. El hecho de retenerlo
dentro, aguantando el peso de la bolsita de piedras, activa un poderoso
mecanismo de retroalimentación que fortalece automáticamente el suelo
pélvico y los músculos vaginales.
Hay muchas otras formas de usar un huevo del yoni, que en general se
vende acompañado de las instrucciones completas. Puedes conseguirlo en
Internet sin ningún problema.

Compartir el amor
Darte placer es importante para reponer tu fuerza vital, pero me gustaría
hablar además de la experiencia compartida de amor y sexo. Dar placer a la
persona que amas os renueva a ti y a tu pareja.
A lo largo de mi profesión como ginecóloga y obstetra he hablado con
muchos cónyuges y parejas, y lo más entrañable que he descubierto sobre casi
todos ellos es su gran deseo de darle placer a su pareja. Quieren ser amantes
generosos. También reiteraron lo que acabo de decir: disfrutan tanto dando
placer a su pareja como cuando tienen un orgasmo.
Una de las cosas interesantes que he descubierto, tanto de mi propia vida
como de la de mis pacientes, es que el placer que buscamos las mujeres no es
solo puramente físico. A la mayoría nos encanta que nos presten atención, y
lo necesitamos a diario de formas pequeñas e importantes. Cuando alguien se
fija en nuestro propio placer, como al admirar nuestro cuerpo, nos derretimos
de agradecimiento. Nuestra pareja nos lo puede expresar con palabras
sencillas: escribirnos un texto sexi para decirnos que está pensando en
nosotras o una nota breve en la que nos ponga que está esperando llegar a casa
para estar a nuestro lado va de maravilla tanto para la fuerza vital de nuestra
pareja como para la nuestra. La famosa novelista Isabel Allende escribió en
una ocasión que el punto G de una mujer se encuentra en sus oídos.
Cualquiera que lo busque en otra parte va muy errado. Es la pura verdad.
Lo más inteligente que un hombre puede hacer es aprender a amar bien a
una mujer, tanto con sus palabras como con su cuerpo. (Esto se aplica, por
supuesto, a todos los humanos, sean gais, heterosexuales o transgéneros.
Cambia los pronombres si lo deseas.) Una mujer recompensará a semejante
hombre viéndole como su héroe de tal modo que lo elevará muy por encima
de lo que de lo contrario sería. La razón es que las mujeres (o el miembro más
yin de una pareja) son el verdadero centro de poder. En el antiguo proverbio
«La mano que mece la cuna gobierna el mundo» hay una gran verdad, aunque
las mujeres no hayan gobernado siempre países o promulgado leyes. Sin
embargo, emocionalmente tienen un poder enorme sobre la felicidad de los
hombres y, por lo tanto, sobre la fuerza vital masculina. Se ha descubierto que
los hombres casados son, en general, más felices y están más sanos que los
solteros.
Una cosa más que debes saber sobre la experiencia compartida de placer es
que las expresiones físicas de la fuerza vital —estar excitado y caliente— son
contagiosas. La mujer caliente es la que excita a un hombre y viceversa.
Nuestro cuerpo capta la energía del cuerpo de los demás.
En un momento de mi vida, decidí trabajar directamente con los Bodansky,
los autores de The Illustrated Guide to Extended Massive Orgasm, para
revitalizar mis partes bajas. La energía de Steve y Vera como pareja, y el amor
palpable que sienten el uno por el otro, fue una inspiración para mí. Llevan
muchos años casados, y su fuerte recipiente como pareja comprometida les ha
permitido ayudar a los demás a alcanzar su potencial erótico de manera segura
dentro de unos límites saludables. También me impactó el hecho de que Vera
fuera veinte años mayor que Steve. Este detalle cambió mi idea de lo que es
posible en una relación comprometida, y me di cuenta de que la edad no
importa.
Lo primero que los Bodansky hicieron fue pedirme que les contara mi
historia sexual. Pero me indicaron que lo hiciera de un modo que les excitara.
Pues sí. Sabía que no podía fingir en esta tesitura. Tenía que sentir mi cuerpo
lleno de erotismo mientras se la contaba, conectando mis pensamientos con
mi anatomía erótica. Y entonces Steve me contó algo que no creo que sepan
muchas mujeres, porque yo lo ignoraba. Se ve que el pene de un hombre nota
si una mujer está excitada. Es como un barómetro sensual. Responde
literalmente a la fuerza vital poniéndose erecto. Esto también se aplica a las
mujeres y a la APV de la que he hablado antes.
A medida que intentas vivir sintiendo tu fuerza vital plenamente, deja que
tu cuerpo sea tu barómetro sensual. Deja que la vitalidad fluya a través de ti.
Gózala. Revélala. Es tuya. Poséela y úsala para vivir plena y gozosamente
como una fuerza para la prosperidad, el placer y la alegría.
12
El poder de la comunidad
Es imposible curarnos en la soledad, la curación es lo opuesto a la soledad.
La convivencia es curativa. Para curarnos debemos asistir con todos los
otros seres a la fiesta de la Creación.

WENDELL BERRY

Suelo decir que «comunidad» equivale a «inmunidad». Y es cierto. Todos los


humanos progresamos en un ambiente de una auténtica conexión, aceptación
e intimidad. Las interacciones con nuestros seres queridos, con nuestra gente,
nos influyen físicamente en gran medida. Somos seres gregarios, y, salvo unas
pocas excepciones, cuando mejor nos sentimos física, emocional y
espiritualmente es formando parte de una tribu que nos aprecia.
Existen cientos de estudios para demostrar lo crucial que es para nuestra
salud relacionarnos con los demás, pero mis favoritos son un par de estudios
que lo revelan a la perfección.
Un estudio realizado en la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, se
titula «Integración social y salud: el caso del resfriado común». Este estudio
demostró hasta qué punto nuestras redes sociales afectan la inmunidad y la
resistencia de nuestro organismo. La metodología fue la siguiente: reunieron a
un grupo de voluntarios y evaluaron su diversidad social, es decir, la calidad y
la cantidad de contactos sociales de los que gozaban. Como, por ejemplo, la
familia, la comunidad religiosa, los compañeros de baile, los compañeros de
trabajo, etcétera. Después administraron a los voluntarios unas gotas nasales
que contenían el virus del resfriado (rinovirus). Los investigadores pesaron
más tarde los pañuelos de papel que habían usado para sonarse la nariz, como
medida de lo fuertes que eran los resfriados. A lo largo del estudio,
descubrieron que los que tendían menos a manifestar los síntomas del
resfriado —pese a haber estado expuestos al virus— eran los que disponían de
unos contactos sociales más sólidos y diversos. Por eso, cuando alguien
exclama: «¡Oh, no quiero abrazarte porque estoy resfriada!», le digo que no
me preocupa en absoluto. Y es verdad. Nunca me preocupo en lo más mínimo
por si alguien me pega un resfriado, sé que hay muchos otros factores
relacionados con la inmunidad aparte de la exposición a los gérmenes. (Y, sí,
lavarnos las manos periódicamente reduce las posibilidades de propagar los
gérmenes por una facultad o un hospital.)
Otro estudio que me apasiona es el más largo que nunca se ha llevado a
cabo sobre lo que nos hace estar sanos y felices: el Estudio de Harvard del
Desarrollo Adulto. Este largo estudio se inició en 1938 con 724 varones
procedentes de dos grupos: los de Harvard y los de ambientes menos
privilegiados de Boston. Cerca de 60 hombres del grupo original seguían
viviendo en el 2014. El estudio, que en la actualidad está haciendo un
seguimiento a los hijos de los antiguos participantes, ha revelado que los que
tienen unas relaciones más sólidas —con amigos, familia y una comunidad—
son los más felices y sanos. Se determinó que no es la cantidad de amigos lo
que influye en la salud y la función cerebral, sino la calidad de esas relaciones.

Mucho más factores que el de los gérmenes


Como ya he señalado a lo largo del libro, la salud y las enfermedades no
dependen de si estamos expuestos o no a los gérmenes, sino que son mucho
más complejas. Al fin y al cabo, tanto dentro como fuera del cuerpo hay el
triple de gérmenes que de células. Es el microbioma del que he hablado antes.
El secreto para gozar de salud es vivir en armonía con las comunidades de
personas de nuestro alrededor, y también con las comunidades de
microorganismos de nuestro interior y del entorno. Estar en armonía con esas
comunidades es mucho más importante que los gérmenes que crezcan en
ellas.
En la primera década de 1800, los científicos Antoine Béchamp y Louis
Pasteur mantuvieron un argumento que acabó volviéndose famoso. Béchamp
sostenía que no era un germen determinado el que causaba una enfermedad,
sino el entorno en el que se encontraba. Pasteur alegaba que era el germen el
causante. Después de todo, se trataba del tipo que inventó el proceso
conocido como pasteurización. Pero, en su lecho de muerte, Pasteur admitió
que Béchamp llevaba razón. El entorno es más importante que el propio
germen. La mayoría de la gente ha olvidado esta verdad en nuestra era
extremadamente higiénica en la que rociamos a nuestro cuerpo, y todas las
superficies de nuestro alrededor, con desinfectante. Y en la que nos
inyectamos cada vez más vacunas por la creencia cultural de nuestra
vulnerabilidad universal a los gérmenes.
Lo cierto es que todos estamos expuestos a los gérmenes que producen
enfermedades a diario. Que enfermemos o no depende, sobre todo, de la
calidad de nuestras interacciones comunitarias, tanto dentro como fuera del
cuerpo.
Al final, el amor y la conexión siempre salen ganando, algo que demostró
otro de mis estudios preferidos sobre este tema. El estudio, realizado en la
Universidad del Estado de Ohio con conejos, reveló claramente el impacto de
la interacción humana sobre la salud, aunque pretendiera en un principio
investigar el proceso que lleva a las enfermedades cardiovasculares. En este
estudio participaba un grupo de conejos manipulados genéticamente para ser
sumamente propensos a las cardiopatías y al endurecimiento de las arterias.
Además, los alimentaron con diversas dietas que favorecían las enfermedades
del corazón.
Al final del estudio, sacrificaron a los conejos para examinar sus arterias por
el microscopio. Todos deberían haber mostrado signos de enfermedades
cardiovasculares, y la mayoría lo hicieron. Pero hubo un grupo que revelaba
unas arterias limpias y sanas. Nadie entendía por qué. Los científicos
repitieron el estudio. De nuevo obtuvieron los mismos resultados. ¿Cómo era
posible? Al poco tiempo, descubrieron que el grupo de conejos con las arterias
sanas y sin cardiopatías eran los que estaban en unas jaulas a las que podía
acceder fácilmente una estudiante de posgrado que los alimentaba cada noche.
Pero, además de darles de comer, los acariciaba y jugaba con ellos. Esta
interacción social es lo que hizo que estuvieran sanos, pese a sus genes y sus
pobres dietas. Cuando presento este dato en las charlas, me gusta añadir: «Si
vais a tomar una comida poco sana para la salud cardiovascular, incluid un
masaje en vuestra agenda».

El precio de la falta de comunidad y conexión


Cuando mis hijas iban al instituto, les dije que los jóvenes consumían drogas,
fumaban y bebían alcohol en la mayoría de los casos debido a la infelicidad.
Usaban esas sustancias para evadirse del dolor. También les dije que no se
dejaran convencer por la presión de los compañeros. Si una chica se siente
mal y quiere encajar a toda costa, será susceptible a la presión de los chicos de
su edad para que haga todo tipo de cosas que no son sostenibles ni sanas. ¿Por
qué, si no, ibas a demostrar lo enrollado que eres consumiendo una sustancia
que contiene docenas de toxinas, destruye tu capacidad pulmonar y tapona las
arterias del corazón? Ningún mamífero sano lo haría nunca. Incluso conozco
perros que no se comen algunos de los alimentos de comida rápida más
populares porque el instinto canino les dice que esa comida no es sana.
El consumo de sustancias adictivas como los cigarrillos, las drogas y el
alcohol está muy extendido en todas partes. Y lo que he visto es que se
convierte en un auténtico problema cuando la gente de una comunidad carece
de vínculos sólidos.
Johann Hari, en su esclarecedora charla TED «Todo lo que crees saber
sobre la adicción es falso», cuenta los años en los que estuvo estudiando la
investigación sobre la adicción usada para justificar los tratamientos actuales
dirigidos a los adictos, que son en su mayoría punitivos. Apunta que las
drogas adictivas como la cocaína y la heroína no causan adicción. Si alguna
vez te has sometido a una intervención quirúrgica, lo más probable es que te
hayan administrado morfina o alguna otra sustancia derivada de la heroína.
No hay nada mejor para el dolor intenso postoperatorio. Pero no causa
adicción a no ser que ya exista un problema de fondo.
Nuestros modelos de tratamiento actuales para la adicción, simplemente,
no resuelven el problema de fondo: la sensación de alienación procedente de
nuestra vida, del trabajo, de la vida de los demás, y del sufrimiento emocional
que todo esto nos causa. El cerebro registra el dolor emocional y físico en la
misma área, y el dolor emocional puede ser tan doloroso como el físico. Las
personas con un dolor emocional persistente son las que corren el riesgo de
volverse adictas. Cuando a las ratas de laboratorio se las aísla en jaulas y se les
da la opción de beber agua con heroína diluida o agua sola, eligen siempre el
agua con la droga. Y acaban autodestruyéndose. Pero cuando se las pone en
unos entornos enriquecidos, donde gozan de una pila de juguetes y de
interacciones sociales, ignoran el agua con la droga. Tienen mejores formas de
pasárselo bien.
Las adicciones —ya sean al azúcar, a la cocaína, al trabajo o al sexo— están
ligadas al dolor emocional y a la sensación de vacío, y vienen de la falta de
vínculos sociales y de una autoestima baja. Y también de desconocer los
recursos inmensos y la guía que todos tenemos en nuestro interior. El adicto
utiliza la sustancia o el proceso al que se engancha como un remedio para su
dolor, pero no son los que lo causan. El doctor Vincent Felitti, que inició el
colosal estudio sobre las Experiencias Negativas de la Infancia (ACE), lo ha
documentado sin la menor sombra de duda. Cuanto más negativas son las
experiencias de la infancia —por ejemplo, divorcio, ver a un progenitor siendo
objeto de maltratos físicos o de gritos, pobreza, enfermedades mentales en la
familia, enfermedades crónicas y otros problemas—, más propenso es un
individuo a volverse adicto, sufrir emergencias médicas, enfermar y morir
prematuramente.
Wendell Berry dijo brillantemente en The Art of the Commonplace: «La
gente consume drogas, legales e ilegales, porque su vida es dolorosa o
deprimente de manera intolerable. Detestan su trabajo y no se relajan en su
tiempo libre. Están distanciados de sus familias y de sus vecinos. Es revelador
el hecho de que en las sociedades sanas el consumo de drogas sea una
actividad festiva, sociable y ocasional; en cambio, entre nosotros es una
práctica solitaria, vergonzosa y adictiva. Por lo visto, consumimos drogas
cuando sentimos que no nos tenemos los unos a los otros».
Johann Hari nos cuenta que, en un pasado lejano, en Portugal se decidió
despenalizar las drogas y los drogadictos, y en lugar de meterlos en la cárcel se
usó el dinero ahorrado para ayudarlos a volver a conectar con la comunidad y
a ganar un buen sueldo. El resultado fue una reducción, en un 50 por ciento,
de la cantidad de personas que consumían drogas. Es un ejemplo maravilloso
de cómo la compasión y no la humillación, y el amor y no la censura,
resuelven el problema de raíz. No siempre es así, por supuesto. Pero es
muchísimo más eficaz que el modelo humillador habitual.
He llegado a la conclusión de que la mayoría de la gente —al menos en la
cultura occidental— es adicta a algo en algún momento de su vida. La causa
de estas adicciones la describió a la perfección una amiga mía que asiste a las
reuniones de Alcohólicos Anónimos: «Por lo visto, creo que mi Poder
Superior está en cualquier otra persona y en todo lo de fuera, en lugar de
buscarlo dentro de mí». Por eso se ha estado diciendo que «la adicción es la
respuesta de Dios a la comunidad». En las reuniones de doce pasos o en los
grupos de apoyo, la gente puede mostrarse vulnerable y ser sincera. Los
resultados son una conexión y una intimidad auténticas.

Encontrando el amor
La difunta Elisabeth Kübler-Ross, una gran pionera en el estudio de la
muerte y del morir, dijo que en nuestra sociedad se enseña a los niños a
prostituirse desde pequeños al usar diversas versiones de «Te querré si [rellena
el espacio en blanco]». Este enfoque nos hace creer que somos imperfectos,
que no podemos confiar en nosotros mismos y que debemos buscar la
aceptación en el exterior. Nos olvidamos de que basta con lo que somos, y
superar esta creencia es una buena razón para haber nacido en este mundo.
Cuando observamos esta situación desde el punto de vista del alma, no hay
errores. No hay razón alguna para la acusación ni la humillación. Pero
debemos recordar que quienes somos es importante, y, a no ser que formemos
parte de una tribu que esté alineada con nuestra Alma, no nos sentiremos
bien en nuestra piel por más que los demás nos aprueben y acepten.
Lo ilustraré con un ejemplo. Diez años atrás contraje una pulmonía por
estar decidida a no someterme a la humillación tribal si me mostraba
vulnerable y frágil físicamente. Enfermé por anteponer las obligaciones
comunitarias a mi bienestar físico, algo que me inculcaron a la perfección en
la facultad de Medicina. A los médicos no nos permiten enfermar.
Me había comprometido a reunirme con un grupo de empresarios en la
ciudad de Nueva York para hablar de un posible proyecto. También me iban
a otorgar un galardón por ser una pionera en Medicina Funcional. Acababa
de volver de Denver pocos días antes, donde había participado en un grupo en
el que me sentí infravalorada y explotada. Cuando bajé a reunirme con los
empresarios, ya estaba resfriada. En el hotel hacía frío y me sentía
destemplada.
Cuando llegué a casa, me fui directa a la cama; sabía que mi recuperación
dependía de si descansaba al menos durante veinticuatro horas. Tenía
pensado ir a Nueva York al cabo de tres días. Si las cosas me salían como
había planeado, ya me habría recuperado del catarro. Pero anunciaron una
tormenta de nieve. Sabía que si no iba a Nueva York un día antes no podría
volar el día planeado, porque iban a cancelar los vuelos.
Decidí levantarme de la cama —mareada y dolorida— y volé a Nueva York.
Allí cumplí con mis obligaciones, pese a sentir que apenas podía con mi alma,
tosiendo y con una afonía que casi me impedía hablar. Al terminar, salí a la
calle cubierta de nieve, con el viento azotándome el rostro, intentando
inútilmente encontrar un taxi.
Cuando por fin llegué a casa, me desplomé en la cama con una pulmonía.
Creía poder vencer al resfriado si seguía con mi agenda contra viento y marea,
pero acabó venciéndome a mí. Mis pulmones tardaron un año en recuperarse
y desde entonces han estado delicados. Si hubiera escuchado mi cuerpo y me
hubiera cuidado más cuando necesitaba hacerlo, en lugar de poner mis
percibidas obligaciones tribales en primer lugar, nunca habría contraído una
pulmonía. Pero en aquella época, en mi tribu, a los que cancelaban algo por
estar enfermos se les tachaba de débiles y de inútiles. Recuerdo haber visto en
una ocasión a un marine llevando una camiseta que ponía: «EL DOLOR ES LA
DEBILIDAD ABANDONANDO EL CUERPO».
El sistema de creencias de mi tribu en aquel tiempo —que yo apoyaba
plenamente—, era que no valía la pena descansar para cuidar de mi cuerpo ni
de mi salud. Hacerlo habría sido un signo de debilidad y pereza. Para darte el
lujo de descansar tenías que estar a las puertas de la muerte, como quien dice.
En mi niñez, uno de los refranes preferidos de mi padre era: «No pidas un
saco más ligero. Pide una espalda más fuerte». Es un buen refrán. Pero no
siempre se puede aplicar.
Simone Weil describe de maravilla la tendencia humana a intentar encajar:
«El peligro no reside en que el Alma dude de si hay pan, sino en que,
engañándose a sí misma, se convenza de no tener hambre». Todos estamos
hambrientos de vínculos emocionales y de atenciones auténticas, y no los
alcanzaremos a no ser que encontremos la tribu de nuestra Alma. Si no la
encontramos, nos autodestruiremos buscando una adicción para enmascarar el
dolor o ignorando lo que necesitamos para estar sanos.

La aparición de una nueva tribu


En la actualidad nos encontramos en un punto crítico de la historia. La gente
está despertando por todo el planeta. Se están formando grupos espirituales
de toda índole donde sus miembros se unen para honrarse a sí mismos y
honrar al planeta. La forma de tribalismo milenaria en la que nos
separábamos en grupos pequeños y luchábamos los unos contra los otros, y en
la que sacrificábamos nuestros deseos más íntimos para encajar, está ahora
cambiando en otra clase de tribalismo. Un tribalismo en el que vemos cada
vez más que formamos parte de la humanidad y que la Madre Tierra es
nuestro sistema de apoyo. Somos parte de ella y ella es parte de nosotros. La
tierra no está dividida en distintas tribus. Todos somos uno. Al igual que los
ríos no están divididos en distintos países. Las cordilleras montañosas se
extienden por muchos territorios y países. Lo que nos une es mucho más
poderoso que lo que nos separa. Pese a lo que los medios de comunicación
quieren hacernos creer.
La investigación sorprendente de personas como Larry Dossey, autor de
One Mind, ha documentado que a un nivel básico todos compartimos la
misma mente, y lo que le ocurre a uno de nosotros nos afecta a todos.
Muchas personas han crecido en familias y en tribus que las han separado
de otras en lugar de unirlas. Les han enseñado que su Dios es el único
verdadero. Que su estilo de vida es el correcto y que los otros son erróneos. O
que el Creador es una fuerza agresiva y reprobadora que pensará forzosamente
que no valen nada. Por suerte, el antiguo modelo de los juegos de suma cero
(los recursos son limitados, mejor consigo los míos antes de que se acaben)
está cambiando por otro modo de pensar. Estamos empezando a ver que hay
suficientes recursos para todos en el mundo. No se trata de «el que muere con
más juguetes es el que gana». Están apareciendo nuevos modelos de
mercadotecnia y de servicios en los que todo el mundo prospera, en lugar de
ser unos pocos en la cima del poder los que se embolsan todo el dinero. Como
se aprecia en los grandes ejemplos del marketing digital y del marketing de
afiliación. Estos modelos funcionan a través de la cooperación y no de la
competitividad. También ofrecen ambientes donde se respira amistad e
intimidad.

Encuentra tu tribu verdadera


Durante esta etapa de transición del tribalismo antiguo al nuevo, es
extremadamente importante comprender las limitaciones de tu programación
cultural y abrirte a nuevas ideas y personas que te apoyen. Implica empezar
por uno mismo y hacer el trabajo interior necesario para crear una tribu más
solidaria. Muchas personas se encuentran entre dos mundos en este sentido.
Saben que su vida antigua no les funciona, pero todavía no han establecido
una nueva.
Recuerda la investigación del doctor Mario Martinez, que ha documentado
cómo las tribus hieren a los miembros que abandonan los confines del
poblado con la traición, el abandono y la humillación. Pregúntate si puedes
ser tal como eres en tu familia y en tu tribu original. Si no es así, ahora más
que nunca en toda la historia es el momento ideal para encontrar a la
verdadera familia de tu Alma, pese a todas las lecciones del Alma que has
tenido que aprender inevitablemente a lo largo de tu camino.
Diana Kirschner, coach especializada en relaciones que escribió Love in 90
Days, apunta que vivimos en una era en la que abunda el amor. La mayoría de
personas encuentran el amor a cualquier edad más que nunca gracias a los
portales de citas y a las redes sociales. Lo mismo ocurre con encontrar tu tribu
del Alma. Aunque procura no cometer el error de crear una tribu solo de una
herida compartida, como la del incesto, la pérdida de un hijo, el cáncer o
cualquier otra enfermedad. Si bien los grupos de apoyo al principio son
sumamente útiles, con demasiada frecuencia la herida emocional se convierte
en la única razón de su existencia. Y, si evolucionas hasta el punto de querer
llevar más alegría y luz al grupo, tal vez descubras que te rechazan de nuevo.
Hace años, cuando me estaba reinventando a mí misma después de mi
divorcio, pensaba que mi «tribu real», los que creían en la clase de cosas que
aparecen en este libro, estaban en otra parte. En cualquier sitio menos en el
lugar donde yo vivía. Sin duda, no se encontraban en mi ciudad. O ni siquiera
en mi estado. Como en aquella época me sentía de lo más sola, decidí ir en
busca de mi tribu verdadera. Significa que tuve que bajarme de mi pedestal
como «autoridad médica», porque esta identidad implica la tendencia a
mantener a los demás a raya al poseer todas las respuestas. No estaba abierta a
recibir lo que la gente tenía para darme. Quería amigos auténticos, no solo
personas que me llamaran cuando tenían un problema o buscaban un consejo.
En aquel tiempo empecé a ver que había docenas de personas como yo que
estaban buscando buenos conciertos y actividades como fiestas realmente
amenas, en lugar de los eventos en los que te limitas a emborracharte.
Encuentros en los que pudiéramos hacer ceremonias de la tierra en días
especiales como los solsticios y los equinoccios, y en las noches de luna nueva
y luna llena. Ceremonias que se han estado celebrando desde los albores de la
humanidad para honrar los ciclos de la tierra y la profundidad con la que las
estrellas nos afectan. Reuniones en las que pudiéramos llorar o reír viendo
películas juntos, sentados en el sofá e intercambiándonos masajes en los pies.
E incluso pasar el día mirando varias películas de un tirón. O hacer una
excursión en plena naturaleza durante tanto tiempo como nos viniera en gana.
Con el tiempo, a medida que dejaba que los muros que había erigido
alrededor de mi corazón se desmoronaran, fueron apareciendo más miembros
de mi tribu verdadera. Sorprendentemente, muchos habían estado viviendo
siempre en el mismo lugar que yo. No pude verlos ni apreciarlos hasta que mi
vibración fue afín a la suya. Me tuve que desprender de la armadura
profesional con la que me había parapetado el corazón y aprender a bailar en
un abrazo estrecho. Y lo hice. Literalmente. Al aprender tango. Nuestra
comunidad de tango era como un milagro en aquella época, y aún lo sigue
siendo. ¿Dónde, si no, personas de todos los estratos sociales y de todas las
edades se reúnen, se abrazan y se dejan llevar por el placer y la intimidad de
moverse al ritmo de una música romántica?
Además de la tribu de mi ciudad, también descubrí miembros de mi tribu
en Turquía, Inglaterra, Escocia, los Países Bajos, Noruega, Dinamarca,
Australia, Nueva Zelanda, Alemania, España, Francia, Italia, Argentina,
Croacia, México, Costa Rica, India, Tailandia, Taiwán, China, África y
Oriente Medio. Y de gran parte de otros lugares del planeta. Cuanto más me
liberaba de la antigua programación tribal de lo que se «suponía» que debía
hacer, decir y pensar para «encajar» en una forma de ser que nunca había ido
conmigo, más aumentaba mi tribu auténtica. Con estas personas, cuanto más
expreso lo que siento —con el corazón abierto, lleno de amor y de aceptación
por mí misma y por los demás—, más me aceptan.
Encontrar la familia de tu Alma es un proceso, pero al final vale la pena.
Para encontrar a tu gente, pregúntate lo siguiente: «¿Qué me interesa? ¿De
qué tema he querido siempre saber más cosas? O ¿Qué quiero ver y
experimentar? ¿Qué es lo que siempre he querido probar?» Y, luego, deja que
esta verdad te guíe. Aquello que buscas también te está buscando a ti.
El siguiente paso es el más difícil. Debes tener el valor para salir de tu zona
de confort. Casi todos recordamos los momentos en la escuela secundaria en
los que estábamos en la cafetería con la bandeja del almuerzo en la mano,
buscando un lugar donde sentarnos. Y todos acabamos alguna vez
sentándonos solos. Incluso de adultos. Puedes quedarte atrapado en ese
aislamiento si no estás dispuesto a probar algo nuevo. El problema es que la
mayoría de las personas de tu tribu actual no son las de la nueva tribu que
andas buscando. Tal vez te descubras suplicándole a una amiga que vaya
contigo a un lugar al que no quieres ir. Si te da miedo hacer por tu cuenta una
actividad que te gusta, es fácil descartarla al no conocer a nadie en el grupo
nuevo. Pero no te dejes llevar por este impulso.

PRACTICA EL ROMPER EL HIELO

¿Recuerdas la práctica del capítulo siete en la que te imaginabas que te ponías a hablar con un
desconocido en una cafetería? Ese ejercicio era básicamente para aprender a entablar
conversación con la gente. El mismo método te ayudará a vencer el miedo a dar el primer paso
y a conocer una tribu nueva.
Intenta imaginarte que participas en una actividad nueva excitante. Visualiza ahora que te
acercas a un desconocido y que, sonriendo, le dices «hola». Practica el romper el hielo hasta
que te resulte fácil. Recuerda en ese momento que, cuando intentamos conocer a gente
nueva, todos nos sentimos vulnerables. Intenta sentirte seguro cuando te imagines en el
escenario. Practica el tomar la iniciativa, aunque consista solamente en decirle a alguien que te
gusta la ropa que lleva.
En cuanto lo hayas practicado un poco, hazlo en el mundo real. Elige un acontecimiento,
aborda a alguien y preséntate. Te sorprenderá la rapidez con la que harás amigos nuevos en
un ambiente social si estás dispuesto a sonreír y a decir «hola». Es así de simple.

No olvides que una buena táctica para encontrar gente afín a ti es centrarte
en una actividad, como leer un libro, aprender a bailar, viajar en grupo, ir a
ver una obra de teatro o una película. ¿Estás interesado en ponerte en forma?
Encontrarás muchos grupos en el gimnasio de tu barrio. Las clases de yoga
son otro lugar ideal para conocer a gente. O, si te gusta estar al aire libre,
puedes reunirte con otras personas amantes de la naturaleza que disfruten de
los espacios abiertos. Los senderos y las playas siempre necesitan
mantenimiento. En nuestra área, los vecinos dedican un determinado día a
limpiar una playa o a mantener un sendero. Es una forma divertida de
conocer a gente y de colaborar con tu granito de arena al mismo tiempo.
Ten en cuenta que Internet te ofrece un sinfín de maneras de conocer a
gente. Los grupos de Facebook van de maravilla para encontrar a tu tribu. En
mi grupo de Facebook de la Ageless Goddess, por ejemplo, formado por
mujeres que han hecho mi curso virtual que lleva este nombre, muchas de
ellas se acaban conociendo al enviarse mensajes privados. También quedan
para ir a tomar un café o hacer otras actividades. Saben que son afines, porque
se han sentido atraídas por el mismo curso y por el apoyo continuo del grupo.
Me conmueve ver a mujeres descubriendo a sus tribus genuinas gracias a este
medio.
Tanto si se trata de un club de lectura como de clases de formación para
adultos o de clases de cocina, lo esencial es asegurarte de interactuar con gente
afín a tu Alma. Mientras el tema te apasione, lo más probable es que
descubras en este tipo de encuentros a un miembro de tu tribu íntima.
Puedes pertenecer a una serie de tribus. No es necesario que solo elijas una.
Pero, con el tiempo, lo más probable es que encuentres un grupo principal de
amigos y de familiares con los que te sientas más a gusto.
Tu tribu más íntima se compondrá de personas a las que puedes llamar si te
surge una emergencia o si necesitas ayuda: es la tribu de «en mitad de la
noche». Haz una lista de estas personas. Con el tiempo, probablemente irás
añadiendo más a la lista. Y eliminando a otras.
Encontrar un grupo de personas que le hablen a tu Alma solo sucede
cuando aceptas la verdad de quien realmente eres. Empieza haciéndolo en el
lugar donde estás. Sea cual sea.
A lo largo de mi vida he estado reuniendo la clase de conocimientos que he
presentado en este libro. Pero hasta ahora no me había atrevido a expresarlos
de viva voz o por escrito por completo. El momento ya ha llegado. Nos
encontramos en un punto decisivo en el que la forma antigua de actuar ya no
funciona. La información divina nos está llegando a raudales. Estamos
rodeados de muchos ángeles esperando a que les pidamos ayuda. Pero nada
cambiará hasta que lo hagamos. Hay un viejo refrán que reza: «La fe en Dios
mueve montañas. Trae una pala».
Es hora de que la vida te resulte fácil y de que te funcione. Y es posible
alcanzarlo. Mucho más de lo que nunca imaginaste. Pero tienes que dar el
primer paso. Bendito sea.
Epílogo
Ahora sabes cómo hacerte la vida fácil. Pero no aceptes mis palabras sin
comprobarlas. Descubre por ti mismo la verdad de lo que has aprendido. Es
el único modo de alcanzarlo. Al margen de lo que yo te diga —o de lo que
cualquier otra persona afirme—, tienes que poner en práctica esta
información en tu propia vida para entender lo poderosa que es.
A medida que empieces a usar las técnicas de este libro, tu mayor enemigo
será el miedo. ¿Y si las cosas no me funcionan? ¿Y si mi pareja me deja? ¿Y si
pruebo esta actividad nueva y fracaso estrepitosamente? ¿Y si me llevo un
chasco? Son la clase de pensamientos que nos complican la vida. Siempre. Y
no pasa nada. Al fin y al cabo, aceptar el miedo, la pena o una decepción es el
primer paso en el viaje para hacerte la vida fácil. Cuando el miedo haga acto
de presencia, acéptalo simplemente y di: «Está bien».
No olvides que el miedo también forma parte del plan Divino. Pero es
como lo Divino en la vibración más baja posible. Matt Kahn observa que lo
que llamamos «la sombra» es la luz de lo Divino bajo su forma más reprimida,
que es inevitablemente incómoda y molesta. Y es así por naturaleza. El
objetivo de la sombra y de tu miedo es hacer que te alinees con la forma más
expandida de lo Divino, en la que la vida se vuelve fácil.
Sentir miedo solo significa que todavía no confías en que lo Divino es la
Fuente más poderosa de amor y goce en tu vida. En que todo cuanto te ocurre
es por tu bien, pese a parecer lo contrario. Solo tienes que aprender a confiar
en esta verdad.
¿Cómo puedes liberar esta Divinidad reprimida y expandirla para hacerte la
vida fácil? Sintonizando con tus emociones. Quiérete y ama al niño que llevas
dentro sin juzgarlo, sea lo que sea lo que sienta y lo que ocurra. Ten también
en cuenta que lo Divino puede hacer mucho más por ti de lo que a ti se te
podría ocurrir. Pero tienes que fluir con esta parte tuya.
Nuestras emociones llevan al Yo trascendente y eterno al cuerpo físico.
Tienden un puente entre el Espíritu y el mundo material. Imagínatelo. En los
mismos sentimientos que te han dicho que controles, o por los que te han
humillado, se encuentra el secreto para hacerte la vida fácil. En cuanto aceptas
cualquier cosa que parece molesta, tu vibración se eleva y más te descargas en
el cuerpo tu parte Divina. El resultado es que ganas en salud, y también te
vuelves más afectuoso, tolerante y feliz.
Cada emoción es como tu Yo eterno recordándote lo que necesitas para
hacerte la vida fácil. Todos queremos sentirnos mejor. Todos queremos
disfrutar de más alegría, amor y goce en nuestra vida. Y todos podemos
alcanzarlo. En lugar de seguir el camino trillado de la desesperación en el que
a tantos nos dejaron al nacer, debemos elegir otro camino mejor. Necesitamos
tener la suficiente fe para adentrarnos en lo desconocido.
La buena noticia es que estamos viviendo una época muy especial en el
planeta. Ahora, la poderosa energía del Amor Divino se ha incrementado y
estabilizado hasta tal punto que cada uno de nosotros podemos aprovechar la
energía de esta Fuente como nos plazca. Es tan sencillo como decir «Acepto
el Amor Divino» e inspirar luego profundamente por la nariz, retener el aire
contando hasta cuatro y espirar también por la nariz. Es muy fácil, solo tienes
que hacerlo de corazón. Y el Amor Divino se ocupará del resto.
Cuando conectas con lo Divino, lo sientes. Y cuanto más lo sientes más
fácil te resulta repetirlo. Creas un sendero para que lo Divino te haga la vida
fácil.
No olvides conectar con lo Divino a diario; en realidad, conecta cada 10 o
15 minutos. Pídele al Creador que te guíe y ayude. Deja a menudo que tu
parte Divina dirija tu vida. Entrégate a esta Fuente. Ten el valor de hacerte la
vida fácil y de ser parte de la solución para el sufrimiento del mundo. Incluido
el tuyo. Tienes el poder para realizarlo. Has nacido para ello. Y honro esta
cualidad tuya. Bendita sea.
Recursos
Alimentación/Comer
Always Hungry?: Conquer Cravings, Retrain Your Fat Cells, and Lose
Weight Permanently, de David Ludwig

Anthony William, www.medicalmedium.com


Medical Medium: Secrets Behind Chronic and Mystery Illness and
How to Finally Heal. [Edición en castellano: Médico Médium: las
claves de curación de las enfermedades crónicas, autoinmunes o de
difícil diagnóstico, Arkano Books, Móstoles, 2016.]
Medical Medium Life-Changing Foods: Save Yourself and the Ones
You Love with the Hidden Healing Power of Fruits & Vegetables

Comparative Guide to Nutritional Supplements: A Compendium of Over


500 Products Available in the United States & Canada, de Lyle
MacWilliam

Doctor David Perlmutter, www.drperlmutter.com

Brain Maker: The Power of Gut Microbes to Heal and Protect Your
Brain-for Life. [Edición en castellano: Alimenta tu cerebro: el
poder de la flora intestinal para curar y proteger tu cerebro… de por
vida, Grijalbo, Barcelona, 2016.]
Grain Brain: The Surprising Truth about Wheat, Carbs, and
Sugar-Your Brain’s Silent Killers. [Edición en castellano: Cerebro
de pan: la devastadora verdad sobre los efectos del trigo, el azúcar y
los carbohidratos, Grijalbo, Barcelona 2014.]
The Grain Brain Cookbook: More Than 150 Life-Changing
Gluten-Free Recipes to Transform Your Health

Donna Schwenk, www.culturedfoodlife.com

Cultured Food for Health: A Guide to Healing Yourself with


Probiotic Foods
Cultured Food for Life: How to Make and Serve Delicious Probiotic
Foods for Better Health and Wellness

Environmental Working Group, www.ewg.org

Listas de «Dirty Dozen» y «Clean 15»: www.ewg.org/foodnews

Kris Carr, www.kriscarr.com


Crazy Sexy Diet: Eat Your Veggies, Ignite Your Spark, and Live
Like You Mean It!
Cracy Sexy Juice: 100+ Simple Juice, Smoothie & Nut Milk Recipes
to Supercharge Your Health
Crazy Sexy Kitchen: 150 Plant-Empowered Recipes to Ignite a
Mouthwatering Revolution

Doctor Mark Hyman, www.drhyman.com


The Blood Sugar Solution: The UltraHealthy Program for Losing
Weight, Preventing Disease, and Feeling Great Now!
The Blood Sugar Solution 10-Day Detox Diet: Activate Your Body’s
Natural Ability to Burn Fat and Lose Weight Fast

The PlantPlus Diet Solution: Personalized Nutrition for Life, de Joan


Borysenko

Alma/Espíritu/Ego y el inconsciente colectivo


Ask and It Is Given: Learning to Manifest Your Desires, de Esther y Jerry
Hicks
The Ego and the Id, de Sigmund Freud. [Edición en castellano: El yo y
el ello y otros escritos de metapsicología, Alianza, Madrid, 2010.]

Dancing in the Flames: The Dark Goddess in the Transformation of


Consciousness, de Marion Woodman y Elinor Dickson. [Edición en
castellano: Bailando entre llamas: la diosa negra en la transformación de
la conciencia, Luciérnaga CAS, Barcelona, 1999.]

The Game of Life and How to Play It, de Florence Scovel Shinn.
[Edición en castellano: El juego de la vida, Obelisco, Barcelona, 2010.]

Help, Thanks, Wow: The Three Essential Prayers, de Anne Lamott

Matt Kahn, www.truedivinenature.com


Whatever Arises, Love That: A Love Revolution That Begins with
You. [Edición en castellano: Ama todo lo que surja, Sirio, Málaga,
2017.]

Meet Your Soul: A Powerful Guide to Connect with Your Most Sacred Self,
de Elisa Romeo

Modern Man in Search of a Soul, de C. G. Jung.

Not for Sale: Finding Center in the Land of Crazy Horse, de Kevin
Hancock

One Mind: How Our Individual Mind Is Part of a Greater Consciousness


and Why It Matters, de Larry Dossey, M. D.

Traveling Mercies: Some Thoughts on Faith, de Anne Lamott

Ángeles y seres espirituales


Angel Blessings: Cards of Sacred Guidance and Inspiration, de Kimberly
Marooney
Doreen Virtue, www.doreenvirtue.com
Angels 101: An Introduction to Connecting, Working, and Healing
with the Angels. [Edición en castellano: Arcángeles 101: cómo
conectar íntimamente con los arcángeles Miguel, Rafael, Gabriel,
Uriel y otros para obtener sanación, protección y guía, Arkano
Books, Móstoles, 2013.]
How to Hear Your Angels. [Edición en castellano: Cómo escuchar a
los ángeles, Elesftheria, Barcelona, 2011.]
Signs from Above: Your Angels’ Messages about Your Life Purpose,
Relationships, Health, and More. [Edición en castellano: Lo que
nos dicen los ángeles: encuentra una respuesta espiritual a los
problemas cotidianos, Urano, Barcelona, 2012.]

Kyle Gray, www.kylegray.co.uk

Angel Prayers: Harnessing the Help of Heaven to Create Miracles


Wings of Forgiveness: Working with the Angels to Release, Heal and
Transform

Lessons from the 12 Archangels: Divine Intervention in Daily Life, de


Belinda J. Womack

Natives of Eternity: An Authentic Record of Experiences in Realms of


Super-Physical Consciousness, de Flower A. Newhouse

Astrología
Anne Ortelee: www.anneortelee.com y sus predicciones astrológicas
semanales en www.blogtalkradio.com

Astrology, A Cosmic Science: The Classic Work on Spiritual Astrology, de


Isabel M. Hickey

Pronoia Is the Antidote to Paranoia: How the Whole World Is Conspiring


to Shower You with Blessings, de Rob Brezsny. [Edición en castellano:
La pronoia es el antídoto para la paranoia, RBA libros, 2006,
Barcelona.]

The Only Astrology Book You’ll Ever Need, de Joanna Martine Woolfolk

The Shamanic Astrology Mystery School (shamanicastrology.com)


The Shamanic Astrology Handbook, de Daniel Giamario y Cayelin
Castell

Conexión entre cerebro-cuerpo y neuroplasticidad


Anatomy of an Illness as Perceived by the Patient: Reflections on Healing
and Regeneration, de Norman Cousins. [Edición en castellano:
Anatomía de una enfermedad: o la voluntad de vivir, Kairós, Barcelona,
2011.]

Bruce H. Lipton, Ph. D., www.brucelipton.com

The Biology of Belief: Unleashing the Power of Consciousness,


Matter & Miracles
The Honeymoon Effect: The Science of Creating Heaven on Earth
The Wisdom of Your Cells: How Your Beliefs Control Your Biology

Doctor Joe Dispenza, www.drjoedispenza.com


Breaking the Habit of Being Yourself: How to Lose Your Mind and
Create a New One. [Edición en castellano: Deja de ser tú: la mente
crea la realidad, Urano, Barcelona, 2012.]
Our Three Brains: From Thinking to Doing to Being, TEDx,
Tacoma, Washington: www.drjoedispenza.com/index.php?
page_id=Our_Three_Brains
You are the Placebo: Making Your Mind Matter. [Edición en
castellano: El placebo eres tú: cómo ejercer el poder de la mente,
Urano, Barcelona, 2014.]

Doctor Mario Martinez, www.biocognitive.com

The MindBody Code: How to Change the Beliefs that Limit Your
Health, Longevity, and Success

Curación espiritual/energética
Original Blessing: A Primer in Creation Spirituality Presented in Four
Paths, Twenty-Six Themes, and Two Questions, de Matthew Fox.
[Edición en castellano: La bendición original: una nueva espiritualidad
para el hombre del s. XXI, Obelisco, Barcelona, 2002.]

The Global Coherence Initiative, www.heartmath.org/gci/

Melanie Ericksen, Soul Play with Melanie, www.soulplay.us

Peter Calhoun

Last Hope on Earth: A Revolutionary Approach to Healing and


Wellness that Can Transform Your Life (con Astrid Ganz)
Soul on Fire: A Transformational Journey from Priest to Shaman.
[Edición en castellano: Con el alma en llamas, Sirio, Málaga,
2008.]

The Realization Process, creado por Judith Blackstone,


www.realizationcenter.com

Robert Fritchie, World Service Institute and the Divine Love healing
process, www.worldserviceinstitute.org
Being at One with the Divine: Self-Healing with Divine Love
Divine Love Self Healing: The At Oneness Healing System
Divine Love Healing Process (seminario online gratuito):
www.worldserviceinstitute.org/fhp-program.html
Sparhawk Pilates and the Center for Intuitive Movement Healing,
www.sparhawkpilates.com

Dar y recibir
Living a Beautiful Life: 500 Ways to Add Elegance, Order, Beauty and
Joy to Every Day of Your Life, de Alexandra Stoddard

The Power of Receiving: A Revolutionary Approach to Giving Yourself the


Live Your Want and Deserve, de Amanda Owen

Estiramiento y liberación de la fascia


Clear Passage, www.clearpassage.com, se especializa en liberación
fascial para las adhesiones quirúrgicas, las obstrucciones intestinales y
la infertilidad.

John F. Barne’s Myofascial Release Approach,


www.myofascialrelease.com

The Genius of Flexibility, www.thegeniusofflexibility.com

www.BendableBody.com

The Genius of Flexibility: The Smart Way to Stretch and Strengthen Your
Body, de Bob Cooley. [Edición en castellano: Flexibilidad: una forma
inteligente de practicar estiramientos y fortalecer el cuerpo, Paidotribo,
Barcelona, 2007.]

Sparhawk Pilates and the Center for Intuitive Movement Healing,


www.sparhawkpilates.com

Interpretación de los sueños


Doris E. Cohen, Ph. D., www.drdorisecohen.com
Doris realiza sesiones individuales centrándose en la
interpretación de los sueños y en cómo usar sus mensajes en la
vida cotidiana. También dispone de un guía determinado de los
sueños dotado de una visión asombrosa.

Memories, Dreams, And Reflections, de C. G. Jung. [Edición en


castellano: Recuerdos, sueños, pensamientos, Seix Barral, Barcelona,
2002.]

The Toltec Secret: Dreaming Practices of the Ancient Mexicans, de Sergio


Magaña. [Edición en castellano: El secreto tolteca: prácticas ancestrales
para comprender el poder de los sueños, Urano, Barcelona, 2015.]

The Undiscovered Self: With Symbols and the Interpretation of Dreams, de


C. G. Jung

Manifestación/Afirmaciones
Abraham-Hicks, www.abraham-hicks.com
Ask and It Is Given: Learning to Manifest Your Desires, de Esther
y Jerry Hicks. [Edición en castellano: Pide y se te dará: aprende a
manifestar tus deseos, Urano, Barcelona, 2005.]
The Law of Attraction: The Basic Teachings of Abraham, de Esther
y Jerry Hicks. [Edición en castellano: La ley de la atracción: el
secreto que hará realidad todos tus deseos, Urano, Barcelona, 2007.]

Recibirás afirmaciones diarias en tu correo desde mi web


www.drnorthrup.com

Louise Hay, www.louisehay.com

Heal Your Body. [Edición en castellano: Sana tu cuerpo: las causas


mentales de la enfermedad física y las formas físicas de superarlas,
Urano, Barcelona, 2016.]
Meditations to Heal Your Life. [Edición en castellano:
Meditaciones para sanar tu vida, Urano, Barcelona, 1995.]
Mirror Work: 21 Days to Heal Your Life. [Edición en castellano:
El poder del espejo: un programa en 21 días para transformar
nuestra vida gracias a una técnica muy sencilla: mirarnos al espejo,
Urano, Barcelona, 2016.]
You Can Heal Your Life. [Edición en castellano: Usted puede
sanar su vida, Urano, Barcelona, 2009.]

The Dynamic Laws of Prosperity, de Catherine Ponder

The Magic Path of Intuition, de Florence Scovel Shinn

Think and Grow Rich, de Napoleon Hill. [Edición en castellano:


Piense y hágase rico, Debolsillo, Barcelona, 2006.]

Medicina/Salud física
Amata Life, www.amatalife.com
Equilibrio hormonal para mujeres y hombres. Debido a los
beneficios asombrosos de la planta Pueraria mirifica de
Tailandia, la doctora Northrup fundó una compañía para dar a
conocer estos productos a nivel internacional. Amara Life, su
línea de productos, contiene un extracto patentado de Pueraria
mirifica. Es sumamente eficaz para los síntomas menstruales, los
síntomas perimenopáusicos y los síntomas menopáusicos
femeninos, y además protege la salud de la próstata masculina.
La línea para el cuidado de la piel y la hidratación vaginal han
ayudado a cientos de mujeres.

Anthony William, www.medicalmedium.com

Medical Medium: Secrets Behind Chronic and Mystery Illness and


How to Finally Heal. [Edición en castellano: Médico Médium: las
claves de la curación de las enfermedades crónicas, autoinmunes o de
difícil diagnóstico, Arkano Books, Móstoles, 2016.]
Medical Medium Life-Changing Foods: Save Yourself and the Ones
You Love with the Hidden Healing Power of Fruits & Vegetables

Christiane Northrup, M. D., www.drnorthrup.com


Goddesses Never Age: The Secret Prescritpion for Radiance, Vitality,
and Well-Being. [Edición en castellano: Las diosas nunca
envejecen: la fórmula secreta para sentirte radiante, vital y disfrutar
de bienestar a cualquier edad, Urano, Barcelona, 2015.]
Women’s Bodies, Women’s Wisdom: Creating Physical and
Emotional Health and Healing. [Edición en castellano: Cuerpo de
mujer, sabiduría de mujer: una guía para la salud física y emocional,
Urano, Barcelona, 2010.]
Mother-Daughter Wisdom: Understanding the Crucial Link
Between Mothers, Daughters, and Health. [Edición en castellano:
Madres e hijas: sabiduría para una relación que dura toda la vida,
Urano, Barcelona, 2006.]
The Wisdom of Menopause: Creating Physical and Emotional
Health During the Change. [Edición en castellano: La sabiduría
de la menopausia: cuida de tu salud física y emocional durante este
periodo de cambios, Urano, Barcelona, 2010.]

Counterclockwise: Mindful Health and the Power of Possibility, de la


doctora Ellen J. Langer. [Edición en castellano: Atrasa tu reloj: el poder
de la posibilidad aplicado a la salud, Ridgen Institut Gestalt, Móstoles,
2009.]

Edgar Cayce’s Association for Research and Enlightenment,


www.edgarcayce.org

Health Revelations from Heaven and Earth, de Tommy Rosa y Stephen


Sinatra

Katy Bowman, Nutritious Movement, www.nutritiousmovement.com

Katy Says, podcast


Move Your DNA: Restore Your Health Through Natural Movement
Whole Body Barefoot: Transitioning Well to Minimal Footwear

Let Magic Happen: Adventures in Healing with a Holistic Radiologist, de


Larry Burk, M. D.

Love, Medicine & Miracles: Lessons Learned about Self-Healing from a


Surgeon’s Experience with Exceptional Patients, del doctor Bernie S.
Siegel. [Edición en castellano: Amor, medicina milagrosa, Espasa,
Barcelona, 2010.]

Radical Remission: The Nine Key Factors That Can Make a Real
Difference, de la doctora Kelly A. Turner. [Edición en castellano: Las 9
claves de la curación natural del cáncer y otras enfermedades: los nueve
factores que comparten los pacientes de cáncer que han sanado totalmente y
contra todo pronóstico, Gaia, Móstoles, 2015.]

Sitting Kills, Moving Heals: How Everyday Movement Will Prevent


Pain, Illness, and Early Death-and Exercise Alone Won’t, de Joan
Vernikos, Ph. D.

Sparhawk Pilates and Center for Intuitive Movement Healing, con


Hope Matthews, www.sparhawkpilates.com

The Relaxation Response, de Herbert Benson, M.D.

The Tapping Solution, www.thetappingsolution.com

The Tapping Solution: A Revolutionary System for Stress-Free


Living, de Nick Ortner
The Tapping Solution, documental
The Tapping Solution for Weight Loss & Body Confidence: A
Woman’s Guide to Stressing Less, Weighing Less, and Loving More,
de Jessica Ortner

Yoga Toes, www.yogapro.com/products/YogaToes.html

Miedo y empoderamiento
Big Magic: Creative Living Beyond Fear, de Elizabeth Gilbert.
[Edición en castellano: Libera tu magia: una vida creativa más allá del
miedo, Aguilar, Barcelona, 2016.]

Brené Brown, www.brenebrown.com


Daring Greatly: How the Courage to Be Vulnerable Transforms the
Way We Live, Love, Parent, and Lead
The Gifts of Imperfection: Let Go of Who You Think You’re
Supposed to Be and Embrace Who You Are

Empowerment: The Art of Creating Your Life as You Want It, de David
Gershon y Gail Straub

Narcisismo y abusos narcisistas


Melanie Tonia Evans, www.melanietoniaevans.com

Sandra Brown, Institute for Relational Harm Reduction and Public


Pathology Education, www.womenwholovepsychopaths.com

How to Spot a Dangerous Man before You Get Involved


Women Who Love Psychopaths: Inside the Relationships of
Inevitable Harm with Psychopaths, Sociopaths & Narcissists

Understanding and Healing for Daughters of Narcissistic Mothers,


www.daughtersofnarcissisticmothers.com/narcissistic-personality-
disorder/

Oración/Conexión con lo Divino


Angel Prayers: Harnessing the Help of Heaven to Create Miracles, de Kyle
Gray

Healing Words: The Power of Prayer and the Practice of Medicine, de


Larry Dossey, M. D. [Edición en castellano: Palabras que curan: el
poder de la plegaria y la práctica de la medicina, Obelisco, Barcelona.]

Help, Thanks, Wow: The Three Essential Prayers, de Anne Lamott

Proprioceptive Writing with Linda Trichter Metcalf,


www.radix00.com/PWriting_Main

Robert Fritchie, World Service Institute and the Divine Love healing
process, www.worldserviceinstitute.org
Being at One with the Divine: Self-Healing with Divine Love
Divine Love Self Healing: The At Oneness Healing System
Divine Love Healing Process (seminario online gratuito):
www.worldserviceinstitute.org/fhp-program.html

Tosha Silver, www.toshasilver.com

Change Me Prayers: The Hidden Power of Spiritual Surrender


Outrageous Openness: Letting the Divine Take the Lead
También dirige The Forum, un grupo que incluye llamadas
semanales procedentes de Tosha y un grupo privado de
Facebook para los miembros.

Oráculos/Lectura del tarot


Angel Prayer Oracle Cards, de Kyle Gray
Goddess Guidance Oracle Cards, de Doreen Virtue

Medicine Cards: The Discovery of Power Through the Ways of Animals,


de Jamie Sams y David Carson. [Edición en castellano: Las cartas de la
medicina, Sirio, Málaga, 2014.]

Motherpeace Round Tarot Deck, de Karen Vogel y Vicki Noble

Uncharted: The Journey through Uncertainty to Infinite Possibility, de


Colette Baron-Reid

Wisdom of the Oracle Divination Cards: Ask and Know, de Colette


Baron-Reid

Reencarnación/vidas pasadas
Brian Weiss, www.brianweiss.com
Many Lives, Many Masters: The True Story of a Prominent
Psychiatrist, His Young Patient, and the Past-Life Therapy That
Changed Both Their Lives. [Edición en castellano: Muchas vidas,
muchos maestros, Club Círculo de Lectores, Barcelona, 2005.]
Same Soul, Many Bodies: Discover the Healing Power of Future
Lives Through Progression Therapy. [Edición en castellano:
Muchos cuerpos, una misma alma, B de Bolsillo, Barcelona, 2005.]

Denise Linn, www.deniselinn.com

Denise realiza regresiones a vidas pasadas, interpretación de los


sueños, limpieza astral de espacios y muchas otras clases de
curaciones
Past Lives, Present Miracles: The Most Empowering Book on
Reincarnation You’ll Ever Read… in This Lifetime!

Doris E. Cohen, Ph. D., www.drdorisecohen.com


La doctora Cohen realiza regresiones individuales a vidas
pasadas.
Repetition: Past Lives, Life, and Rebirth

Reincarnation & Karma, de Edgar Cayce

Robert Fritchie, Divine Love Self Healing: The At Oneness Healing


System, www.worldserviceinstitute.org/at-oneness-healing-
system.html

Sexualidad y fuerza vital


Amata Life, www.amatalife.com
Equilibrio hormonal para mujeres y hombres. Debido a los
asombrosos beneficios de la planta Pueraria mirifica procedente
de Tailandia, la doctora Northrup fundó una compañía para dar
a conocer estos productos a nivel internacional. Amata Life, su
línea de productos, contiene un extracto patentado de Pueraria
mirifica y es sumamente eficaz para los síntomas menstruales,
los síntomas perimenopáusicos y los síntomas menopáusicos
femeninos, y además protege la salud de la próstata masculina.
La línea de productos para el cuidado de la piel y la hidratación
vaginal han ayudado a cientos de personas.

Getting to «I Do»: The Secret to Doing Relationships Right, de la doctora


Patricia Allen y Sandra Harmon

The Illustrated Guide to Extended Massive Orgasm, de los doctores


Steve y Vera Bodansky

Love in 90 Days: The Essential Guide to Finding Your Own True Love,
de Diana Kirschner Ph. D.

Money, A Love Story: Untangle Your Financial Woes and Create the Life
You Really Want, de Kate Northrup

The Multi-Orgasmic Man: Sexual Secrets Every Man Should Know, de


Mantak Chia y Douglas Abrams. [Edición en castellano: El hombre
multiorgásmico: cómo experimentar orgasmos múltiples e incrementar
espectacularmente la capacidad sexual, Neo Person, Móstoles, 2013.]

Orgasm Matters, de Steve Bodansky. [Edición en castellano: Sobre el


orgasmo, Debolsillo, Barcelona, 2003.]

Regena Thomashauer, Mama Gena’s School of Womanly Arts,


www.mamagenas.com
Mama Gena’s School of Womanly Arts: Using the Power of Pleasure
to Have Your Way with the World
Pussy: A Reclamation

Sacred Success: A Course in Financial Miracles, de Barbara Stanny

Succulent SexCraft: Your Hands-On Guide to Erotic Play and Practice, de


Shery Winston y Carl Frankel

Tao Tantric Arts for Women: Cultivating Sexual Energy, Love, and
Spirit, de Minke de Vos

Think and Grow Rich, de Napoleon Hill. [Edición en castellano:


Piense y hágase rico, Obelisco, Barcelona, 2012.]

Women’s Anatomy of Arousal: Secret Maps to Buried Pleasure, de Sheri


Winston

Worthy: Boost Your Self-Worth to Grow Your Net Worth, de Nancy


Levin

Vagina, de Naomi Wolf. [Edición en castellano: Vagina, Kairós,


Barcelona, 2013.]
Fuentes sobre los huevos del yoni: www.jadeeggs.com y
www.etsy.com
Agradecimientos
Este libro es el que menos me ha costado escribir de todos, porque ahora
conozco y practico el mensaje que contienen sus páginas. Para hacerte la vida
fácil tienes que abrirte a la ayuda y la orientación que te ofrecen los demás.
Las siguientes personas me las han brindado con creces y se lo agradezco
humildemente.
Laura Gray, mi asistente editorial, tienes la agudeza de los neoyorquinos
combinada con la estabilidad de los del Medio Oeste. Te agradezco que hayas
sido la comadrona de este libro, has hecho que mis palabras suenen mucho
mejor.
Anne Barthel, mi editora de Hay House, ha sido un placer trabajar contigo
de nuevo, el proceso de la publicación del libro ha ido como una seda. Ha
sido alucinante.
Te doy las gracias, Patty Gift, por supervisar este proyecto desde el
principio, cuando no era más que una idea, hasta el final. Lo has hecho con
un gran estilo y sentido del humor. Como siempre.
Christy Salinas, tu ojo de artista ha creado otra gran cubierta. Has
orquestado la sesión fotográfica más divertida y productiva en la que he
participado, y te lo agradezco mucho. Eres una genialidad en el mundo visual.
Reid Tracy y Margarete Nielsen, teneros al mando de la editorial Hay
House combina lo mejor del negocio y de la familia. Me encanta trabajar con
personas tan visionarias, divertidas, expertas e intuitivas como vosotros.
Diane Ray y el equipo de la Hay House Radio, me apasiona Flourish!, mi
programa radiofónico semanal emitido en la Hay House Radio, y la
comunidad mundial de seguidores con la que interactúo con regularidad. Por
fin enseño lo que siempre he querido dar a conocer a los demás.
Richelle Fredsom, mi publicista de Hay House, eres, sin duda alguna, la
publicista más eficiente y encantadora con la que he trabajado. Seguiré tu
ejemplo dondequiera que esté.
Quiero dar las gracias al equipo de la editorial Hay House por apoyar mi
libro a todos los niveles con tanto entusiasmo y profesionalidad. Sois
maravillosos.
Hope Matthews, mi sanadora extraordinaria de Pilates y del Movimiento
Intuitivo, gracias a tu conocimiento del Pilates clásico y del impacto de las
emociones en el cuerpo has sido la catalizadora de mi transformación personal
durante muchos años, y también la has presenciado con tus propios ojos.
Gracias a la técnica de estiramiento fascial conocida como flexibilidad-
resistencia, siento que mi cuerpo se está volviendo más fuerte y flexible a cada
año que pasa. ¡Qué regalo tan increíble!
Julie Hofheimer, mi fisioterapeuta y sanadora intuitiva, has mantenido mis
músculos y mi espíritu flexibles y receptivos durante muchos años, y has
presenciado y documentado el renacer de mi cuerpo. Te lo agradezco
enormemente.
Paulina Carr, mi chica del Viernes, no puedo expresar con palabras cuánto
te agradezco que estés dispuesta a hacer todo lo posible para que mi vida y mi
negocio vayan sobre ruedas. Aunque ello exija una camioneta y muchos viajes
a correos. Gracias por todo lo que haces. Y por el sentido del humor con el
que lo llevas a cabo. Y también por ser una diosa intemporal de lo más
estilosa.
Janet Lambert, mi contable de confianza, gracias por ocuparte de la
economía de día y de noche. Y también los fines de semana. Eres una
auténtica diosa intemporal aficionada al esquí acuático, al buceo y al
paracaidismo. Eres una inspiración para mí.
Coulson Duerksen, mi editora de Internet para www.drnorthrup.com,
gracias por ser una escritora y editora tan fantástica que domina a la
perfección todo cuanto es sano y sostenible. Eres una gran incorporación para
mi equipo. Y un tesoro con el que trabajar.
Tosha Silver, llegaste a mi vida precisamente en el momento adecuado para
recordarme el Orden Divino y cómo usarlo. Mi vida y mi corazón han sanado
profundamente. Y ha empezado una nueva era. Para las dos. Y todo puede
dar un gran giro.
Bob Fritchie, gracias, gracias, gracias por tu dedicación al Amor Divino y
por crear un método práctico para que todo el mundo pueda conectar con él.
Te estoy muy agradecida por estar ahí siempre que mi familia y yo te hemos
necesitado. Gracias también por ser un amigo, guía y mentor tan
extraordinario. No te puedes imaginar cuánto te lo agradezco.
Doris E. Cohen, gracias por enseñarme el poder de los sueños. Y por llevar
esta magia a mi vida con constancia durante tantos años.
Deborah Kern, te agradezco tu amistad, tu efecto «espejo», tu presencia
Divina, tu luna en Piscis y tu transformación. Gracias por todo.
Melanie Ericksen, la fabulosa Mermaid Medicine Woman, no sabes cuánto
te agradezco las ceremonias realizadas en luna nueva y en luna llena que nos
conectaron de una manera tan deliciosa a la Madre Tierra, a nuestra
naturaleza lunar y a las alegrías de la amistad.
Priscilla Reynolds, gracias por ser mi amiga del alma, pese a los años que
hemos estado separadas. No te puedes imaginar hasta qué punto nuestros
periplos vitales y nuestras historias me alegran la vida. Y lo mejor está aún por
llegar.
Doy las gracias a todos los profesionales especializados y leales del plan de
asistencia para mi hogar. Stephen Meehan, has creado como quien dice un
cielo en la tierra en mi jardín con tu gran conocimiento de las plantas, las
flores y la belleza. Lo cual me produce una alegría y un placer inmensos. Mike
Meehan, tú y tu equipo habéis hecho un trabajo excelente en mi jardín,
arando, cavando la tierra y plantando árboles hasta las cinco de la madrugada.
Mike Brewer, hace muchos años que llevas siendo un encargado de
mantenimiento sumamente fiable y jovial. Carlo Dorio, gracias por salvarme
de cualquier emergencia relacionada con la fontanería y por ser tan
encantador. Vern y Mike Cassidy —padre e hijo—, mis geniales electricistas,
os agradezco mucho que mantengáis en buen estado todo lo que «ilumina»
este lugar. Charlie Grover, gracias por ser una presencia tan constante y
risueña durante décadas, soportando mi vida y mi negocio con tanta humildad
y humor. Y Pat McCabe, mil gracias por ser un ama de llaves tan diestra y
agradable, y por encantarte la serie infantil de Mr. Moon.
Quiero expresar mi agradecimiento a mis hermanos y a mis increíbles
cuñadas, John y Annie, Bill y Lori. Vuestro apoyo, amor y amistad son cada
vez más valiosos para mí. John, valoro mucho tus conocimientos
empresariales y financieros y tu apoyo. Debemos haber hecho algo bien en
una vida pasada para habernos conocido y disfrutar tanto el uno del otro.
Doy las gracias a mi hermana Penny y a su marido Phil (que nos llama sus
hermanas esposas), por los capuchinos, los desayunos de la dieta Budwig, las
sesiones de ejercicio físico y los paseos por la playa. Y por la colaboración y la
visión del Equipo Northrup. Ambos no solo me habéis dado inspiración,
amistad y risas, sino que también se las habéis ofrecido a cientos de otras
personas.
Mamá, gracias por ser un pilar en mi vida y por tu disciplina. Y también
por seguir siendo un ejemplo eterno para tantas personas. Que la vida te
resulte cada vez más fácil y gozosa.
Annie y Katie, mis preciosas hijas, sois los tesoros de mi vida. Me la habéis
llenado de belleza y alegría. Y de significado. Gracias por elegirme como
madre.
Penelope Ann, mi nieta, me tienes fascinada. Y espero con ilusión las
próximas aventuras que viviremos juntas. Empezando por las casas de las
hadas. También quiero darle las gracias a Mike, tu padre, por ser un papá tan
maravilloso.
Y, por último, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a Diane
Grover, mi jefa ejecutiva de Todo, la mujer detrás de la mujer. Me has
cuidado como una madre, me has consolado y has estado a mi lado mientras
yo aprendía a hacerme la vida fácil. Incluso seguiste al pie del cañón cuando
os complicaba las cosas. Con tu amor y tu apoyo. Eres un pilar y una
presencia deliciosa en mi vida. Haces que todo valga la pena. Y que sea
divertido. Eres una perla inestimable. ¡Ni se te ocurra jubilarte!
Sobre la autora
Christiane Northrup, M.D., ginecóloga y obstetra colegiada, exprofesora
clínica adjunta en la facultad de Medicina de la Universidad de Vermont y
autora de superventas en el New York Times, es una pionera visionaria de la
salud femenina. Tras llevar décadas en la vanguardia de su profesión como
obstetra y ginecóloga, en la actualidad se dedica a ayudar a las mujeres a
progresar en la vida aprendiendo a favorecer todo cuanto es beneficioso para el
cuerpo. La doctora Northrup es una de las principales defensoras de la
medicina que acepta la unidad de la mente, el cuerpo, las emociones y el
espíritu. Conocida internacionalmente por su método empoderador
relacionado con la salud y el bienestar femeninos, enseña a las mujeres (y a
muchos hombres) a ser felices en cualquier etapa de la vida y las anima a estar
sanas en todos los sentidos al escuchar su sabiduría interior.
Como propietaria de un negocio, doctora, excirujana, madre, escritora y
conferenciante, la doctora Northrup reconoce nuestra capacidad individual y
colectiva para el crecimiento interior, la libertad, la alegría y el equilibrio.
También está entusiasmada con su compañía Amata, una palabra tailandesa
que significa «intemporal» y «eterno». Esta compañía se dedica a elaborar y
distribuir productos que contribuyen a gozar de una salud radiante y de
bienestar a lo largo del ciclo vital (www.amatalife.com).
Cuando no está viajando, en su tiempo libre le encanta bailar tango,
mantenerse en forma con el Pilates y una técnica de estiramiento fascial
conocida como flexibilidad-resistencia, ir al cine, salir con las amigas, reunirse
con la familia para cenar, navegar, pintar su mundo interior a través del process
painting y leer.
Se mantiene en contacto con su comunidad internacional de seguidores a
través de Flourish! —el programa radiofónico emitido en Internet—,
Facebook y Twitter, y también por medio de la columna que publica
mensualmente en la Red y de su web www.drnorthrup.com.

Common questions

Con tecnología de IA

The document suggests reconciling scientific skepticism with spirituality by advocating for a balance between faith and the quest for empirical evidence . It challenges the reliance on strictly logical, empirical methods to understand life's complexities, arguing for the development of faith in unseen forces as a complementary perspective . The narrative stresses personal experience and inner guidance through one's divine connection as key to navigating life's challenges, proposing an inclusive approach that values both science and spirituality .

The document posits that activating one's 'erotic anatomy' through deliberate pleasure and mindfulness fosters personal well-being by releasing blocked vital energy and enhancing emotional health . Practices such as cultivating awareness of one's body and experiencing pleasure can lead to significant health benefits by improving circulation and reducing stress, contributing to both physical and emotional rejuvenation . This holistic view underscores the therapeutic potential of integrating sexual health with broader personal wellness .

Shame and guilt are identified as emotional constructs deeply embedded in societal norms, hindering the healthy expression and understanding of spirituality and sexuality . These emotions stem from intergenerational transmission of cultural taboos, leading to blockages in expressing vital energy . The entanglement of spirituality with feelings of reproach stymies personal growth and reinforces negative behavioral cycles, requiring conscientious effort to dissolve these emotional knots .

The author suggests that spirituality and metaphysical beliefs provide a framework for coping with life's challenges by aligning with a higher power and developing faith in what cannot be empirically measured . This perspective can transform an individual's experience from feeling like an 'helpless victim' to one where life flows more easily and purposefully, aiding in dealing with pain and loss . The author emphasizes the importance of tuning into one's 'Divine part' for inner guidance, leading to peace and contentment despite external circumstances .

The author suggests transforming fear into faith by repeatedly surrendering personal attachments and outcomes to a higher power, emphasizing the necessity of inner patience and acceptance . This process involves shifting focus from fear-based reactions to trusting in divine guidance, thereby altering one's vibrational state and reducing anxiety . The expected outcome is a sense of inner peace and spaciousness, allowing individuals to experience life more positively and lightly, free from the burden of fear and control .

Nitric oxide, produced during pleasurable or healthy activities like exercise and sexual activity, stimulates blood circulation and acts as a potent neurotransmitter, balancing chemicals such as serotonin and dopamine . This biochemical response is key in promoting healing, as increased blood flow and hormonal equilibrium support bodily repair and emotional wellness . The document suggests that mindful engagement with activities that produce nitric oxide can aid in physical and emotional recovery, enhancing overall vitality .

The document highlights the increasing recognition of gluten sensitivity beyond celiac disease, linking it to modern dietary habits such as excessive consumption of refined wheat products . The author suggests that gluten intolerance contributes to various health issues, including joint pain and brain disorders, framing it as symptomatic of broader dietary imbalances, including high sugar metabolism . This reflects a shift towards understanding diet's role in chronic illnesses and the potential benefits of gluten exclusion as a health intervention .

The author identifies cultural elements such as shame, judgment, and misunderstanding around sexuality and spirituality as inhibitors to the healthy expression of these energies . These elements are deeply rooted in family, religious, and societal traditions, creating blockages that negatively impact personal growth and interpersonal relationships . The document calls for awareness and transformation of these cultural patterns to liberate individuals, highlighting the need to confront and educate against these ingrained taboos .

The '80-20 rule' suggests that 80% of one's diet should consist of whole, natural foods rich in vegetables and minimally processed items, while the remaining 20% allows indulgence in less healthy foods without guilt . This approach supports maintaining health by prioritizing nutrition while accepting occasional deviations to prevent the diet from becoming a source of stress . It reflects an understanding of human dietary urges shaped by evolution and modern availability .

Tosha Silver explains that letting go of attachments involves offering everything to God, recognizing that nothing is truly one's own but belongs to the divine element within . This detachment process is exemplified by a woman who, after surrendering her fear and attachment concerning her home in the face of a wildfire, found that the fire ceased just before reaching it, illustrating that releasing fear changes one's vibrational state, potentially resolving issues . Letting go is not an intellectual exercise but one that requires inner patience and love .

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