MARGARITA CABELLO BLANCO
Magistrada ponente
STC20214-2017
Radicación n.° 11001-02-03-000-2017-02695-00
(Aprobado en sesión de veintinueve de noviembre de dos mil diecisiete)
Bogotá, D. C., treinta (30) de noviembre de dos mil
diecisiete (2017).
Comoquiera que este asunto fue remitido1 al despacho
de la suscrita magistrada en tanto el proyecto otrora
presentado fue derrotado por la mayoría de esta Sala,
decídese la acción de tutela instaurada, mediante letrado, por
Inversiones Palermo y Compañía Limitada en frente de la Sala
Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín,
integrada por los magistrados José Omar Bohórquez Vidueñas,
Ricardo León Carvajal Martínez y Martín Agudelo Ramírez.
ANTECEDENTES
1.- La empresa querellante depreca la protección
constitucional de su derecho fundamental al debido proceso,
presuntamente vulnerado por la colegiatura recriminada dentro
del juicio ejecutivo singular que le adelantó al Consorcio
1 Mediante auto de 22 de noviembre del año que avanza (fol. 476).
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Saneamiento C. R. (integrado por las empresas Coninsa
Ramón H. S. A. y Rodar Limitada Construcciones).
2.- Arguyeron, como sustento de su reclamo, en suma, lo
siguiente:
2.1.- Tras ser librada, con base en sendas facturas
cambiarias, la orden de apremio en el sub lite, su contraparte
formuló recurso reposición contra dicho proveído
argumentando «que no existía la firma del creador del título valor »;
asimismo, propuso las excepciones perentorias
denominadas «inexistencia del título valor, las derivadas del negocio
jurídico y cobro de lo no debido».
2.2.- En tanto el mentado medio impugnativo horizontal
no prosperó, el trámite litigioso prosiguió hasta ser agotadas
las etapas procedimentales correspondientes.
2.3.- De ese modo las cosas, el Juzgado Décimo Civil
del Circuito de Oralidad de Medellín emitió sentencia
estimatoria adiada 11 de julio de 2016, en que dispuso
proseguir la ejecución.
2.4.- Apelada como fue por el extremo ejecutado, tal
fue revocada por fallo de 13 de julio de hogaño que dictó el
tribunal querellado, disponiendo en su lugar finalizar el
pleito coercitivo sub examine.
2.5.- Asevera que la providencia ut supra aludida
incurrió en anomalía, por cuanto soslayó apreciar el materia
probatorio obrante, en particular la circunstancia de que los
instrumentos cartulares arrimados como soporte de las
pretensiones «se encuentran firmad[o]s y con sello de recibido», amén
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que si para el consorcio que fungió como su contradictor
procesal «la firma» estampada en aquellos no correspondía a
la de su representante legal del Consorcio Saneamiento CR o
al de las sociedades integrantes del mismo, debió proponer
la respectiva tacha de falsedad, mas no lo hizo.
3.- Solicita, conforme a lo relatado, que se deje sin efecto el
fallo confutado y se emita otro ajustado a Derecho.
RESPUESTA DE LOS ACCIONADOS
El tribunal querellado, en breve, instó denegar el amparo
rogado al predicar que su providencia está ajustada al
ordenamiento legal, más aún por cuanto la afincó en decisiones
de esta Sala.
CONSIDERACIONES
1.- La reiterada jurisprudencia ha sostenido, en línea de principio,
que este amparo no es la senda idónea para censurar decisiones de índole
judicial; sólo, excepcionalmente, puede acudirse a esa herramienta, en los
casos en los que el funcionario adopte alguna determinación «con ostensible
desviación del sendero normado, sin ecuanimidad y apoyado en el capricho o en la
subjetividad, a tal punto que estructure ‘vía de hecho’», y bajo los supuestos de que el
afectado concurra dentro de un término razonable a formular la queja, y
de que «nodispongade mediosordinariosy efectivos paralograrlo»(ver entre otras, CSJ
STC, 3 de mar. 2011, rad. 00329-00).
El concepto de «vía de hecho» fue fruto de una evolución pretoriana por
parte de la Corte Constitucional, en razón de la necesidad de que todo el
ámbito jurídico debe respetar los derechos fundamentales como base de la
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noción de «Estado Social de Derecho» y la ordenación contemplada en el artículo
4 de la Carta Política. Así hoy, bajo la aceptación de la probabilidad que
providencias desconozcan prerrogativas esenciales, se admite por salvedad
la posibilidad de amparar esa afectación siempre y cuando se cumplan los
siguientes presupuestos: l. Generales: «a) Que la cuestión que se discuta resulte de
evidente relevancia constitucional; b) Que se hayan agotado todos los medios ordinarios y
extraordinarios de defensa judicial al alcance de la persona afectada, salvo que se trate de
evitar la consumación de un perjuicio ius fundamental irremediable; c) Que se cumpla el
requisito de la inmediatez; d) Cuando se trate de una irregularidad procesal; e) Que la parte
actora identifique de manera razonable tanto los hechos que generaron la vulneración como
los derechos vulnerados y que hubiere alegado tal vulneración en el proceso judicial siempre
que esto hubiere sido posible y f) Que no se trate de sentencia de tutela» y, 2. Especiales:
«a) Defecto orgánico; b) Defecto procedimental absoluto; c) Defecto fáctico; d) Defecto material o
sustantivo; e) Error inducido; f) Decisión sin motivación; g) Desconocimiento del precedente y
h) Violación directa de la constitución» (C-590/2005, reiterada, entre otras, SU-
913/2009 y T-125/2012).
2.- Observada la censura planteada resulta evidente que la
industria reclamante, al estimar que el colegiado entutelado obró
con desprecio de la legalidad por supuestamente incurrir en
causal específica de procedibilidad por defecto fáctico, enfila su
inconformismo contra el fallo infirmatorio que tal dictó el día 13
de julio de 2017.
3.- Obran como acreditaciones que atañen con el asunto
que ahora concita la atención, entre otras, las siguientes:
3.1.- Libelo demandatorio que origino el sub lite, junto con
la documental que soportó el pretenso recaudo.
3.2.- Auto de 26 de noviembre de 2014, por el cual el
Despacho Décimo Civil del Circuito de Oralidad de Medellín
libró mandamiento de pago.
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3.3.- Resolución fechada 15 de febrero del año próximo
pasado que desató adversamente el recurso horizontal
enfilado contra la orden de apremio.
3.4.- Escrito contentivo de las excepciones de fondo
entabladas por el extremo ejecutado.
3.5.- Disco compacto contentivo del fallo estimatorio de
primer grado.
3.6.- Disco óptico contentivo de la sentencia revocatoria
de 13 de julio de 2017, proferida por la colegiatura acusada.
4.- En cuanto concierne con el rebate planteado en punto
de la decisión anotada en el numeral inmediatamente anterior,
dictada por el tribunal cuestionado, ha de señalarse que contrario
sensu a lo manifestado por la sociedad disconforme, la misma no
alberga la abierta y ostensible anomalía que es menester para que
se imponga, prima facie, la perentoria salvaguardia deprecada.
4.1.- Lo apuntado en vista que aquella sobre el particular
sostuvo, citando jurisprudencia, entre otras reflexiones, que la parte
ejecutada cuestionó todas las «facturas cambiarias» arrimadas para
soportar el cobro, esto es, las numeradas 3349, 3360 y 3370, mismas
que no se erigen en títulos ejecutivos complejos ya que «todos los
documentos adicionales de cara a la acción ejecutiva que se presentan con tales
instrumentos son inanes», comoquiera que «lo que nos importa pura y simplemente
es el título valor objeto del recaudo», siendo que «todos los requisitos» que la ley
precisa para que se le pueda tener por tales han de estar «satisfechos en
cada uno de los instrumentos» aportados, de cara al «principio de incorporación».
Así las cosas, de conformidad al precepto 774 del Código de
Comercio, en armonía con su par 621-2º ejusdem, surge que los
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documentos arrimados para soportar el cobro adolecen de la «firma del
creador», lo cual de inmediato depara que como «la ausencia de la firma del
creador de los instrumentos objeto de recaudo», entendida esta como «un acto
personal, sin que pueda tenerse como tal el símbolo y mero membrete que aparece» en
los documentos aportados ni tampoco la rúbrica a título de «recibido» del
«receptor o uno de sus dependientes», comporta que los mismos «no pueden ser
tenidos como títulos ejecutivos», lo propio así habrá de declararse, siendo que,
valga decirlo, lo anunciado «no afecta el negocio causal y para eso sí son útiles
todos los documentos anexos y que intentaron soportar tales instrumentos».
Reafirmó, de seguido, que como los «membretes preimpresos en las
facturas no se pueden tener como firma», ello implica la infirmación del fallo
recurrido en alzada pues «la ausencia de la firma del creador» hace que se
hubiere inobservado «un requisito propio del título valor».
4.2.- Al abrigo de dichos argumentos y otros de similar perfil
adoptó la providencia objeto de censura.
4.3.- Bajo esa perspectiva, emerge diáfana la inviabilidad de
la protección extraordinaria exigida, en la medida en que, itérase,
no está demostrada la causal específica de procedibilidad por
defecto fáctico enrostrada, ya que de la transcripción enantes
vista, independientemente que la Corte la prohíje en su totalidad
por no ser este el escenario idóneo para lo propio, surge que las
pruebas obrantes en el plenario fueron apreciadas conforme
lo imponen las reglas probatorias, amén que la exposición de
los motivos decisorios al efecto manifestados se guarecen en
tópicos que regulan el preciso tema abordado en el litigio
planteado.
Esto es, que respecto a los requisitos exigidos por la ley
mercantil para establecer que determinado documento es, en
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virtud al cumplimiento de los mismos, un título valor, ha de
verse que estos se dividen en generales o comunes no
suplidos por ley -positivados en el artículo 621 del Código de
Comercio-, y en particulares o especiales para cada caso en
concreto, mismos que para las facturas cambiarias de
compraventa se establecen en el canon 774 ibidem, siendo
que aquellos se traducen en la obligación de que la
documental presentada cuente con, entre otras cosas, la
firma de su creador, memorada rúbrica esta que hace derivar la
eficacia de la obligación cambiaria según lo enseña la regla 625
ejusdem, y dado que tal no obra en ninguno de los
documentos aportados para sustentar el pretenso cobro, es
que, a la luz de dicho aserto, no había lugar a continuar con
el recaudo deprecado en el sub examine, máxime cuando los
«membretes preimpresos en las facturas no se pueden tener como firma», razón por
la que con base en ello infirmóse la sentencia estimatoria de primer
grado, hermenéutica respetable que desde luego no puede ser
alterada por esta vía, todo lo cual no merece reproche desde la
óptica ius fundamental para que deba proceder la inaplazable
intervención del juez de amparo.
Ha de predicarse que en un asunto que guarda simetría con
el ahora auscultado, la Corte tuvo ocasión de señalar, sobre el
particular tema que ahora concita la atención, que:
[… N]o ocurre lo mismo con la [excepción de fondo] planteada
[como] “inexistencia de firma del creador”, de los instrumentos
veneros de la ejecuciones, puesto que la consideración del tribunal
de tener como firma de Distracom S. A., creador del título, la
impresión previa de su razón social en el formato de cada factura
no se acompasa con lo previsto en el numeral [2] del artículo 621
del Código de Comercio, en concordancia con los artículos 826 y
827 ibidem, en la medida en que el membrete no corresponde a un
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“acto personal” al que se le pueda atribuir la intención de ser una
manifestación de asentimiento frente al contenido de esos
documentos, como lo ha entendido esta Corporación en casos
análogos al que ocupa su atención.
Sobre el particular, en sentencia de 15 de diciembre de 2004,
expediente 7202, se dijo que la suficiencia de la rúbrica en un
negocio jurídico “o en cualquier otro acto público o privado, no
depende, ni jamás ha dependido, de la perfección de los rasgos
caligráficos que resulten finalmente impresos en el documento,
sino que su vigor probatorio tiene su génesis en la certeza de que
el signo así resultante corresponde a un acto personal, del que,
además, pueda atribuírsele la intención de ser expresión de su
asentimiento frente al contenido del escrito. Así, la sola reducción
permanente o temporal de la capacidad para plasmar los carácter
caligráficos usualmente utilizados para firmar deviene
intrascendente si, a pesar de ello, no queda duda de que los
finalmente materializados, aún realizados en condiciones de
deficiencia o limitación física emanan de aquel a quien se
atribuyen, plasmados así con el propósito de que le sirvieran como
de su rúbrica”.
En el mismo sentido, en sentencia de 20 de febrero de 1992
[Gaceta Judicial, tomo CCXVI] se indicó que es inaceptable que
por firma se tenga “…el símbolo y el mero membrete que aparece
en el documento anexado por la parte actora con el libelo incoativo
del proceso” (reliévase; CSJ STC, 19 dic. 2012, rad. 2012-
02833-002).
4.4.- Esta Corporación ha sostenido, de una parte, que «el
juez de tutela no es el llamado a intervenir a manera de árbitro para determinar
cuáles de los planteamientos valorativos y hermenéuticos del juzgador, o de las
partes, resultan ser los más acertados, y menos acometer, bajo ese pretexto,
como lo pretende la actora, la revisión oficiosa del asunto, como si fuese uno de
instancia» (CSJ STC, 7 mar. 2008, rad. 2007-00514-01) y, de otra,
2Tal determinación fue revisada y confirmada por la Corte Constitucional, mediante
Sentencia T-727 de 2013.
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que «la adversidad de la decisión no es por sí misma fundamento que le allane
el camino al vencido para perseverar en sus discrepancias frente a lo resuelto
por el juez natural» (CSJ STC, 28 mar. 2012, rad. 00022-01), entre
otras cosas, «pues lo que en últimas pretende la accionante es que por esta
vía constitucional se reviva una discusión suficientemente ventilada ante la
justicia ordinaria, en la que se debatieron las excepciones propuestas en la
contestación de la demanda, además, quien acudió a esta sede, contó con las
posibilidades de contradicción y defensa en las dos instancias autorizadas por
la ley» (CSJ STC, 2 may. 2011, rad. 00012-01).
5.- De acuerdo con lo discurrido, no se otorgará la
protección reclamada.
DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en
nombre de la República y por autoridad de la ley, NIEGA el
amparo constitucional solicitado.
Comuníquese telegráficamente lo resuelto en esta
providencia a los interesados y, en caso de no ser impugnada,
oportunamente envíese el expediente a la Corte
Constitucional para su eventual revisión.
Notifíquese
LUIS ALONSO RICO PUERTA
(Presidente de Sala)
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MARGARITA CABELLO BLANCO
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
SALVAMENTO DE VOTO
Radicación n.° 11001-02-03-000-2017-02695-00
Con el respeto profesado hacia las decisiones de la
mayoría, paso a exponer los motivos de mi disenso.
Inicialmente compendiaré las bases del reclamo
constitucional formulado, posteriormente las razones de mi
voto negativo.
1. La tutelante reclamó la protección del derecho al
debido proceso, quebrantado por la Sala Civil del Tribunal
Superior de del Distrito Judicial de Medellín.
Se queja constitucional por cuanto inició proceso
ejecutivo contra el Consorcio Saneamiento C.R., integrado
por las empresas Coninsa Ramón H.S.A. y Rodar Ltda.
Construcciones y en la decisión final se desconocieron sus
derechos fundamentales.
Agrega que la parte ejecutada formuló reposición contra
el mandamiento de pago, indicando “que no existía la firma
del creador del título valor”; y propuso las excepciones de
mérito: “inexistencia del título valor, las derivadas del negocio
jurídico y cobro de lo no debido”.
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Arguyó que al no prosperar esos remedios, el 11 de julio
de 2016 dispuso el a quo seguir adelante con la ejecución,
pero la decisión fue revocada por el Tribunal querellado,
finalizando el coercitivo.
En lo medular, acusó al ad quem de incurrir en defecto
fáctico, por no apreciar que las facturas soporte de las
pretensiones “se encuentran firmadas y con sello de recibido”;
agregó, si para el convocado a ese juicio, “la firma” estampada
en los instrumentos contentivos de la obligación no
correspondía a la del representante legal del Consorcio
Saneamiento CR o al de las sociedades integrantes del
mismo, debió proponer la respectiva tacha de falsedad;
empero, no lo hizo.
Agrega que las facturas base del recaudo sí cumplen
con los requisitos exigidos por el legislador para ser
catalogadas como títulos valores; exigió entonces, dejar sin
efecto la decisión confutada y emitir otra, ajustada a derecho.
2. Razones principales para disidir del todo con la
mayoría
Son las mismas del proyecto que inicialmente presenté
y luego fue derrotado. La primera tiene que ver con la firma
del creador del título valor, por tratarse de una
interpretación restrictiva y formalista que otorga la Sala a
este requisito; y la segunda, por cuanto si se concluyó que la
ausencia de título valor, al estar probada la existencia de un
título ejecutivo debió sostenerse la sentencia de primera
instancia dictada en el proceso ejecutivo censurado,
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invalidando la del Tribunal para en su lugar proveer amparo
para los derechos denunciados como infringidos.
2.1. Sí aparece la firma del creador del título valor. La
interpretación que se otorga a la firma del creador por parte
de la Sala mayoritaria es restrictiva
La sentencia constitucional realiza una exégesis formal
y litúrgica de las normas que disciplinan los títulos valores,
especialmente en lo concerniente a la “firma del creador”,
prevista en el artículo 621 del Código de Comercio. Claro, son
requisitos de la existencia de un instrumento negociable, la
aludida firma, así como la mención del derecho que en él se
incorpora.
La firma como elemento central, es una exigencia cuya
satisfacción puede establecerse no solamente del hecho de
que en el título mismo, se plasme la rúbrica autógrafa del
creador; también puede inferirse de la propia hermenéutica
del canon 621 del Código de Comercio, cuando se imprime
mediante una contraseña o un símbolo.
La ausencia de la firma física, clara y expresa del
emisor, no desvirtúa por sí sola la condición de un título
valor. Las propias disposiciones mismas autorizan su
sustitución. En efecto, la norma en cuestión señala: “La firma
podrá sustituirse, bajo la responsabilidad del creador del
título, por un signo o contraseña que puede ser mecánicamente
impuesto”.
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Esa circunstancia fáctica se halla satisfecha en el caso
concreto con el logotipo de la empresa emisora del título,
como creadora de las facturas objeto del cobro, el cual se
halla impreso en ellas, como expresión de su identificación
personal; y por tanto, como manifestación de su voluntad; de
no tener otra explicación, no existiría razón alguna, para el
hecho demostrado de que la misma empresa emisora del
título haya formulado la acción ejecutiva aduciendo aquéllos
documentos, y ahora accione en sede constitucional.
La firma sustitutiva cuenta con una decantada historia
del derecho nacional con asiento en la ley y en la doctrina.
Víctor Cock, por ejemplo, expresó en su oportunidad:
“La exigencia de que el instrumento conste por escrito queda cum-
plida no sólo si aparece manuscrito, sino también en el caso de
que el texto del instrumento haya sido escrito en máquina o
impreso. Asimismo el requisito consistente en que esté firmado
por el que lo extiende (otorgante en el caso de un pagaré
negociable) o lo gira (girador de una letra de cambio o de un
cheque), queda cumplido aunque no aparezca el nombre propio
del que lo suscribe sino con una firma comercial o con un nombre
convenido (artículo 21 de la Ley sobre Instrumentos Negociables),
siempre que el que así firma tenga la intención de obligarse en
los términos del instrumento y use tal firma como sustituto de su
nombre. Así los autores anglo-americanos acostumbran citar el
caso de un endoso firmado "i, 2, 8", que fue declarado válido.
(Véanse Crawford, The Negotiable Instruments Law, y Hirschl,
Business Law, II, pág. 357, N9 24.) Es principio general que
domina la materia el de la certeza de las partes que intervienen
en un instrumento negociable; mas por lo que hace al otorgante o
al girador de un instrumento negociable el requisito de la certeza
en relación con tales personas puede quedar cumplido aún en la
forma que se acaba de mencionar” 3 (Resaltos para destacar).
3COCK, Víctor. Derecho Cambiario Colombiano. Segunda edición. Librería Siglo XX.
1949. Págs. 44-45.
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Dispone el artículo 826 del Código de Comercio que por
“firma” debe entenderse:
“(…) la expresión del nombre del suscriptor o de algunos de los
elementos que la integran o de un signo o símbolo empleado como
medio de identificación personal (…)”.
Las facturas cambiarias objeto de cobro, precisamente
incorporaron signos, símbolos que representan a la persona
ejecutante, y que permiten darle autenticidad como
creadoras de ellas, certidumbre avalada por la conducta
procesal y extraprocesal de la acreedora, con los actos
positivos que ejecutó para exhibirlas y demandar su cobro.
En realidad, la de la firma, se trata de una definición
amplia ya expuesta por Robledo Uribe, en los siguientes
términos:
“Firma en sentido estricto es el nombre de una persona escrito de
su puño y letra, empleado como medio de autenticación. Pero en
un sentido más amplio es cualquier signo o símbolo que
represente a la persona y que le sirva para darle
autenticidad al acto. En ese sentido puede ser firma el nombre
de una persona grabado en un sello, su nombre impreso, y aún
cualquier signo convencional, como una cruz, una rúbrica, una
estrella, etc., que se empleen con tal objeto” 4.
La autorización expuesta en el artículo 826 del Código
de Comercio es completada por la regla 827, ibídem, a cuyo
tenor: “La firma que procede de algún medio mecánico no se
considerará suficiente sino en los negocios en que la ley o la
costumbre lo admitan”.
4 ROBLEDO URIBE, Emilio. Instrumentos Negociables. Pág. 205.
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Justamente, esta Corte, en fallo dictado en sede de
casación, apuntala la tesis aquí defendida:
“Ahora bien, la suficiencia de la rúbrica en un negocio jurídico como
el que compromete este juicio o en cualquier otro acto público o
privado, no depende, y jamás ha dependido, de la perfección de
los rasgos caligráficos que resulten finalmente impresos en el
documento, sino que su vigor probatorio tiene su génesis en
la certeza de que el signo así resultante corresponda a un
acto personal, del que, además, pueda atribuírsele la
intención de ser expresión de su asentimiento frente al
contenido del escrito. Así, la sola reducción permanente o
temporal de la capacidad para plasmar los caracteres caligráficos
usualmente utilizados para firmar deviene intranscendente si, a
pesar de ello, no queda duda de que los finalmente materializados,
aún realizados en condiciones de deficiencia o limitación física,
emanan de aquél a quien se atribuyen, plasmados así con el
propósito de que le sirvieran como rúbrica (…)” 5 (Resaltos fuera
del original).
Se colige, entonces, la ausencia de la firma autógrafa y
expresa de la emisora de las facturas, no desvirtúa por sí sola
la condición de título valor de ellas, por cuanto el mismo
ordenamiento tiene por autorizado en reemplazo elementos
equivalentes que permiten inferir la autoría del creador, sin
discriminar cuáles signos o símbolos pueden actuar o no
como sucedáneos válidos.
2.2. La firma como expresión de la voluntad negocial.
Ratificación tácita o implícita
Ciertamente el artículo 621 del Código de Comercio
exige la firma de quien crea el título valor como requisito
esencial. No obstante, debe tenerse en cuenta que ella
constituye el signo, la muestra, el indicativo de la expresión
5 CSJ. SC. Sentencia de 15 de diciembre de 2004. M.P. César Julio Valencia Copete.
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de la autonomía de la voluntad de una persona que se
exterioriza desde el punto de vista jurídico en un acto, en un
documento, en la aceptación o en la aprobación de cuanto
contiene una declaración con efectos jurídicos.
El signo externo, la expresión manuscrita, o a veces, el
elemento criptográfico, es apenas esa exteriorización de la
voluntad interna; por lo tanto, en eventos como el presente,
la exigencia se torna deleznable, protocolaria, ritualista y
formalista al punto de socavar los derechos materiales,
cuando se razona o asienta la equivocada tesis, de que por
no aparecer la forma manuscrita del acreedor como creador
del título, no pueda reputarse la existencia de un título valor
ni la existencia de una voluntad con el propósito de obligarse.
En el caso concreto, no analiza la Sala, que frente a la
firma explícita que con ardentía se reclama por el juzgador
de segundo grado de la ejecución, son las mismas
disposiciones legales de los títulos valores las que autorizan
su existencia tácita o implícita, y por tanto, de la expresión
de voluntad del acto jurídico, sin que por consecuencia,
pueda negársele a esta modalidad sustitutiva de rúbrica, los
efectos que le otorgan las disposiciones jurídicas en variedad
de circunstancias. Esta segunda especie –firma o voluntad
implícita-, responde también a la agilidad del tráfico jurídico-
mercantil y al principio de circulación que gobierna los
títulos valores.
En efecto, la voluntad del creador del título, reflejada y
exteriorizada por regla general con la firma impresa en el
respectivo documento contentivo del acto obligacional, bien
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puede ser expresa o tácita. Esta última, la implícita, tiene
toda su eficacia legal cuando aparecen muestras claras de la
verdadera intención de la autoría y de creación del derecho
cartular.
Lo dicho halla corroboración desde el concepto de la
Teoría General de las Obligaciones y, más particularmente,
con la voluntad negocial y las formas como ésta puede
manifestarse.
Voluntad, proviene del latín voluntas, y se define como
la “potencia del alma que mueve a hacer o no hacer una
cosa”6. Equivale, esencialmente, al libre albedrio o la libre
determinación, a la expresión de la intención, el ánimo o la
resolución de actuar en el sentido deseado por el sujeto que
la emite.
La doctrina distingue entre la declaración de voluntad
(expresa) y la manifestación de la misma (tácita o implícita).
Con la primera se identifica el empleo de palabras,
pronunciadas o escritas; la segunda, el comportamiento que,
teniendo la misma eficacia jurídica de la declaración pero que
en forma indirecta o directa la muestran externamente;
consta de circunstancias o hechos concluyentes que la
expresan, acciones u obras hacia los demás que la revelan,
como la destrucción voluntaria del título valor por el
acreedor, la enajenación de un bien hereditario sin haber
aceptado la herencia expresamente, la reconducción tácita
de un contrato de arrendamiento al seguirlo ocupando el
6 DE CASSO Y ROMERO, Ignacio/CERVERA Y JIMÉNEZ ALFARO, Francisco.
Diccionario de Derecho Privado. Derecho Civil, Común y Foral, Derecho Mercantil,
Derecho Notarial y Registral, Derecho Canónico. Tomo II. 1950. Pág. 3997.
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arrendatario y cobrando el canon el arrendador; en fin se
trata de manifestaciones diversas a las palabras, mediante
abstenciones (asignatario constituido en mora para aceptar
herencia) u acciones, del comportamiento o la conducta del
sujeto7 que con su obrar la exterioriza.
“Hay modos de obrar –puntualiza Messineo- que valen como
declaraciones de voluntad, aun cuando quien obra así se proponga
cosa muy distinta de comunicar una voluntad suya a otro. La
existencia de la voluntad se arguye, sin embargo, del
comportamiento del sujeto, esto es, de un hecho positivo
concluyente y también unívoco (…).
“Estos modos de obrar se llaman declaraciones tácitas (o
indirectas) de voluntad, en antítesis con las declaraciones
expresas de voluntad (…)” 8.
La hipótesis en comento –firma-voluntad implícita,
firma-ratificación tácita-, está prevista en el artículo 642 del
Código de Comercio, de nuestro ordenamiento, y es la
expresión concreta de la presencia del requisito del artículo
621 del Código de Comercio tocante con la firma, por medio
de una voluntad implícita o tácita.
El artículo 642 citado, abre paso a este criterio, sin
dubitación. En su redacción, inicialmente señala: “Quien
suscribe un título-valor a nombre de otro sin poder para
hacerlo, se obligará personalmente como si hubiera obrado en
nombre propio”; sin embargo, continúa el texto de la norma,
para límpidamente autorizar, que esa suscripción o firma (en
principio no autorizada) podrá ser ratificada, para obligar al
mandante, al dueño del negocio o agenciado, al verdadero
7 MESSINEO, Francesco. Manual de Derecho Civil y Comercial. Tomo II. Doctrinas
Generales. Traducción de Santiago Sentis Melendo. 1954. Pág. 360.
8 MESSINEO, Francesco. Manual de Derecho Civil y Comercial. Tomo II. Doctrinas
Generales. Traducción de Santiago Sentis Melendo. 1954. Pág. 361.
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creador del título o al representado, cuando éste ratifica el
acto de quien obra sin poder, y de ese modo, surte efecto,
transfiriéndole todos los derechos y obligaciones.
En consecuencia, la ratificación de la firma según el
propio texto, será tácita o implícita cuando, “(…) resulte de
actos que necesariamente acepten la firma o sus
consecuencias” (artículo 642 ejúsdem, subrayas fuera de
texto).
La revalidación será expresa, mediante la manifestación
de la voluntad ejecutada o plasmada “(…) en el título o
separadamente”.
De consiguiente, si un acreedor cambiario presenta el
título que ha emitido, en primer lugar para su aceptación, o
en segundo lugar, para su cobro cuando el deudor no
reconoce el importe del mismo; cuando lo cobra extra o
judicialmente, el creador mismo en procura de obtener el
cumplimiento de la obligación contenida a su nombre, en el
correspondiente instrumento; está ejecutando conductas,
que sin vacilación, reflejan la existencia de una voluntad de
ese acreedor – girador, exteriorizada con todo el vigor y
eficacia jurídica.
Incuestionable es, con esos actos materiales, el emisor
del título, acepta las consecuencias que se derivan de la
emisión de un título valor, cumpliéndose a cabalidad la
disposición cartular pretranscrita, que da por existente la
firma del creador, cuando se derive o “(…) resulte de actos
que necesariamente acepten la firma o sus
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11001-02-03-000-2017-02695-00
consecuencias”; y de consiguiente, no existe razón alguna
para anonadar el derecho objeto de cobro, por la aducida
carencia de firma del creador del título.
Claro, la tesis, parece inconsistente en principio, porque
la norma 642 alude al representante o factor que no cuenta
con autorización para crear o emitir el título valor y cuya
voluntad, luego es ratificada; empero, en el caso concreto, sí
aparece mucho más prístina y auténtica porque es, el mismo
emisor, el vendedor de las mercancías o de los servicios,
quien con su voluntad y acción directa está agenciando sin
el concurso de otro sujeto de derecho el cumplimiento de la
obligación dimanante del título valor que por su propia
autonomía emitió.
En la misma perspectiva de la regla 642 se halla el
artículo 665 del Código de Comercio, al autorizar el endoso
entre bancos, institución de la circulación crediticia, cuyo
elemento sustancial es la firma del endosante, y para el
efecto, autoriza que ésta pueda hacerse “(…) con el simple
sello del endosante”.
Los actos de creación de las facturas cambiarias de
compraventa, también fluyen cuando el vendedor las remite
al comprador o adquirente mencionando la prestación o el
derecho incorporado, para que éste como deudor acepte la
existencia y celebración del negocio real que contiene y al
cual ellas se refieren, para que como consecuencia, se
obligue cambiariamente, retornándole las copias o los
originales. En el punto, no se diferencia cuando desde mi
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11001-02-03-000-2017-02695-00
ordenador, remito el mensaje de datos, relacionado con la
firma electrónica o digital (Ley 527 de 1999).
En consecuencia, no se aviene a la estructura
constitucional la decisión del sentenciador de segunda
instancia que le restó eficacia legal a las facturas aducidas,
al señalar que no reunían a cabalidad los requisitos para ser
consideradas formalmente como títulos valores,
desconociendo por causa del exceso de ritual manifiesto, la
existencia de la obligación.
La interpretación de las normas adjetivas o de
procedimiento, debe estar dirigida a cumplir con el fin
supremo de hacer efectivos los derechos sustantivos de las
partes y la verdad material por encima de las formas, y con
mayor razón cuando estas, se verifican mediante las formas
sustitutivas autorizadas por la ley de los títulos valores.
Sería arbitraria la ley si se declara la prosperidad de una
excepción de falta de requisitos formales de un título valor
aducido como fundamento de la ejecución, cuando la
persona natural o jurídica ha aceptado la obligación
cambiaria, obligándose según es patente en las facturas
objeto de cobro; y a fortiori, cuando dentro de la oportunidad
respectiva la misma deudora no objetó el negocio causal.
Cuando se toma la senda de absolver al deudor, existiendo
sobrados motivos fácticos para dar por demostrada la
existencia de la firma del creador del título, se otorga patente
de corso a quien pretende burlar sus compromisos, so
pretexto de la no presencia de algunos requisitos litúrgicos
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11001-02-03-000-2017-02695-00
extremos, que como en el caso, la ley permite presumirlos, al
estar demostrados los supuestos de hecho.
La conducta elusiva de un demandado para
obstaculizar la concreción del mandamiento de pago, a los
ojos de la justicia, no puede servir de estribo para declarar la
prosperidad de la carencia de firma del creador del título,
pues ello es atentatorio, en el caso concreto, no solamente
del establecimiento de la verdad real, sino del principio de
economía procesal al obligar al titular del derecho personal a
adentrarse en una acción ordinaria que reviva el derecho
pecuniario contenido dentro de los acordados títulos
ejecutivos.
Sentencioso, sobre la fundabilidad de la obligación
viene al caso, el artículo 773 del Código de Comercio, inciso
tercero, cuando señala: “La factura se considera
irrevocablemente aceptada por el comprador o beneficiario del
servicio, si no reclamare en contra de su contenido, bien sea
mediante devolución de la misma y de los documentos de
despacho, según el caso, o bien mediante reclamo escrito
dirigido al emisor o tenedor del título, dentro de los diez (10)
días calendarios siguientes a su recepción”.
2.3. En las facturas exigidas hay presencia indubitable
de un título ejecutivo
Aceptando, en gracia de discusión, que la factura sin
firma no ostenta el carácter de título valor, es indiscutible,
compete al juez, y con mayor razón a una Corte de Casación
en el Estado Constitucional, hacer justicia material
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disponiendo continuar la ejecución u ordenando el pago de
las prestaciones debidas cuando de los documentos
aportados fluye la existencia de un título ejecutivo. Todo otro
razonamiento, amén de formal, niega la justicia material y el
derecho en el Estado Constitucional. Torna al juez y al
hombre en esclavo de la ley, y en vocero de una justicia
injusta, cuyo apotegma es la ley por la ley, sin importar,
principios, valores y derechos.
2.3.1. Desde esta otra perspectiva, expuesta como
subsidiaria a la argumentación principal de este disenso,
cabe observar, sin que lo expuesto antes resulte disonante o
contradictorio, las facturas que se arrimaron como base de
la ejecución son verdaderos títulos ejecutivos. Respecto de
las mismas, el artículo 772 del Código de Comercio,
modificado por la Ley 1231 de 2008, enseña: “(…) será[n]
título valor negociable por endoso por el emisor y lo deberá
conservar el emisor, vendedor o prestador del servicio”. No
obstante, el artículo 774 del Código de Comercio en el inciso
segundo del numeral tercero, para cuando no reúnan todos
los requisitos
“(…) No tendrá el carácter de título valor la factura que no
cumpla con la totalidad de los requisitos legales señalados
en el presente artículo. Sin embargo, la omisión de
cualquiera de estos requisitos, no afectará la validez del
negocio jurídico que dio origen a la factura.
En todo caso, todo comprador o beneficiario del servicio
tiene derecho a exigir del vendedor o prestador del servicio
la formación y entrega de una factura que corresponda al
negocio causal con indicación del precio y de su pago total
o de la parte que hubiere sido cancelada” (…)”. (Destacado
fuera del original).
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Como se desprende, para el codificador del derecho
mercantil patrio, las “facturas” que incumplan las
condiciones exigidas para tenerlas como títulos valores, no
son “cambiarias”, pero jamás evaporan el negocio jurídico
material que representan.
Entonces, pueden reputarse, como “facturas” comunes
(inciso 3º, numeral 3°, artículo 774 ib.), giradas como prueba
del negocio celebrado, que, como tales, quedan sometidas a
las reglas generales de los “documentos”; por lo tanto, en
relación al mérito probatorio que reflejan, pueden encarnar
un documento con pleno mérito ejecutivo. De consiguiente,
si no son cambiarias, indiscutiblemente deben ser juzgadas
de conformidad con las premisas contempladas en el
mandato 488 del otrora vigente Código del Procedimiento
Civil, hoy 422 del actual Código General del Proceso.
2.3.2. De las anteriores precisiones fulge claro el error
en el cual incurrió el Tribunal accionado, puesto que
verificado el contenido de los documentos aportados como
fundamento de la acción coercitiva, soporte de la presente
demanda constitucional, de no cumplir los elementos de
“facturas cambiarias”, representaban unas “facturas”
corrientes, y por lo mismo, no era aplicable a esos
instrumentos, la especial legislación de los títulos valores y
de las “facturas cambiarias”, preceptiva con base en la cual
la mencionada Corporación coligió su ineficacia para servir
como base del cobro perseguido.
2.3.3. Entonces, si eran facturas corrientes o
documentos diferentes, su examen para los fines del proceso
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11001-02-03-000-2017-02695-00
compulsivo en cuestión, debió hacerse a la luz de la regla
común estipulada en el canon 488 ibídem (sustancialmente
idéntico a la prevista ex artículo 422 del Código General del
Proceso), en vigor para cuando se inició el comentado pleito;
es decir, tomando los títulos tal y como fueron
confeccionados, para verificar si de ellos se desprendían
obligaciones claras, expresas y exigibles, provenientes del
deudor.
Nadie discute, y a eso responde el artículo 422 del
Código General del Proceso, que sólo pueden cobrarse
ejecutivamente las “(…) obligaciones expresas, claras y
exigibles que consten en documentos que provengan del
deudor o de su causante y constituyan plena prueba contra él
(…)”.
Se trata ésta de una norma que, en sus orígenes, se
remontaba ya a los albores del Siglo XIX, cuando mediante
Ley 14 de 1842, artículo 1º, estableció:
“El juicio ejecutivo es de procedimiento breve i sumario, i tiene
lugar siempre que el demandante promueva su acción con algún
documento ú acto judicial de los que conforme a la lei presten
mérito ejecutivo”9.
En franco desarrollo de dicha disposición, el artículo
1008 del Código Judicial10 de 1892, mandaba:
“Cuando a un Juez competente se le presente por parte legítima
un documento o acto judicial de los que, conforme a este Código,
traen aparejada ejecución, y se pida que se decrete la de la
9 Consultable en: MORENO ORTIZ, Luis Javier. Recopilación de Leyes de la Nueva
Granada. Vol. I. 2012. Págs., 276-277,
10 RODRIGUEZ PIÑERES, Eduardo. Código Judicial Colombiano y Leyes Vigentes que
lo Adicionan y Reforman. 1917. Pág. 174.
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obligación que él expresa, el juez, sin citar ni oír al deudor, debe
decretarla dentro de veinticuatro horas”.
La aparición normativa, alusiva a la claridad,
expresividad y exigibilidad de la obligación, data de 1907,
cuando mediante Ley 40 (artículo 47) de esa anualidad, se
expresó:
“Deberá decretarse ejecución cuando del documento exhibido
resulte una obligación expresa, clara y exigible de pagar una
cantidad líquida de dinero o de otra cosa de género, o de entregar
una especie o cuerpo cierto, o de hacer (…)”11 (Resaltos para
destacar).
El Código Judicial (Ley 105 de 1931), reprodujo lo
plasmado en ese canon, disponiendo, ex artículo 982:
“Puede exigirse ejecutivamente toda obligación que conste en acto
o documento que provenga del deudor, o de su causante
constituya por sí solo, según la ley, plena prueba contra él, o que
emane de una decisión judicial que deba cumplirse.
Se requiere además, que del documento o la decisión judicial
resulte a cargo del demandado una obligación expresa, clara
y actualmente exigible de hacer, o de entregar una especie o
cuerpo cierto, o bienes de género, o de pagar una cantidad líquida
de dinero (…)”12 (Destacado fuera del original).
El artículo 488 del recientemente derogado Código de
Procedimiento Civil era de la misma línea:
“Pueden demandarse ejecutivamente las obligaciones
expresas, claras y exigibles que consten en documentos que
provengan del deudor o de su causante y constituyan plena
prueba contra él (…)” (Subrayas y negrillas para enfatizar).
11 Consultable en: RODRIGUEZ PIÑERES, Eduardo. Código Judicial Colombiano y
Leyes Vigentes que lo Adicionan y Reforman. 1917. Págs. 175-176.
12 ARCHILA, José Antonio. Código Judicial (Ley 105 de 1931) Editado, Concordado,
Comentado y Anotado. 1938. Pág. 217.
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En auto de 28 de octubre de 1940, la Sala de Negocios
Generales de esta Corte se pronunció, sobre este punto, así:
“Para librar ejecución se requiere, según mandato de la ley
procesal, que la obligación materia de la demanda sea expresa,
clara y exigible. La claridad de la obligación debe estar no sólo en
la forma exterior del documento respectivo, sino más que todo, en
su contenido jurídico de fondo. Pero como la obligación es un ente
complejo, que abarca varios y distintos elementos: objeto, sujeto
activo, sujeto pasivo, acción, la claridad de ella ha de comprender
todos sus elementos constitutivos (…)” 13.
2.3.4. El título ejecutivo, grosso modo, es definido como
(…) aquel emanado del deudor o su representante, que, por
tener consignada una obligación de pagar cantidad de dinero
líquida y exigible, permite al acreedor en virtud de texto
expreso de ley, promover el proceso ejecutivo” 14.
2.3.5. Recuérdese, el título valor desde su estructura
procesal, forma parte y es por esencia parte integrante del
género título ejecutivo; y éste, corresponde a toda obligación
clara, expresa y actualmente exigible que conste en un
documento que provenga del deudor o que constituya plena
prueba en su contra.
La expresividad de la obligación consiste en que el
documento que la contenga registre certeza, nitidez, que sea
inequívoca del crédito a favor del acreedor y de la deuda en
contra del deudor. Que los elementos de la obligación,
sustancialmente se encuentran presentes: Los sujetos, el
objeto y el vínculo jurídico. Tanto el crédito a favor del sujeto
13 Citada en: ORTEGA TORRES, Jorge. Jurisprudencia de la Corte Suprema y del
Tribunal Superior de Bogotá sobre Procedimiento Civil. 1946. Págs. 396 y ss.
14 COUTURE, Eduardo J. Vocabulario Jurídico. Cuarta Edición actualizada y ampliada
por Ángel Landoni Sosa. 2010. Pág. 702.
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activo, así como la deuda en contra y a cargo del sujeto pasivo
o deudor.
La claridad de la obligación, como característica
adicional, no es sino la reiteración de la expresividad de la
misma, de modo que aparezca inteligible fácilmente, sin
confusiones, que no haya necesidad de realizar
argumentaciones densas o rebuscadas para hallar la
obligación con sus puntales ejecutivos. La exigibilidad busca
comprobar que se halle vencido el plazo o cumplida la
condición o la modalidad para realizar el cobro respectivo, o
que siendo una obligación pura y simple al no estar sujeta a
plazo, condición o modo, permita exigirla inmediatamente,
sin contemplación al plazo, la condición o el modo, por no
estar sujeta a esas modalidades.
2.3.6. Si la Sala decantó por mayoría, que no existía
título valor, dejó la decisión incompleta, a mitad de camino,
anonadando el derecho, porque no avanzó a un estadio de
análisis necesario para no esquilmar el derecho del acreedor.
Esto por cuanto, con independencia de la existencia o no de
título valor, patentemente los instrumentos objeto de cobro
representaban en forma fidedigna “auténticos títulos
ejecutivos” con la plenitud de las características señaladas.
Este razonamiento halla asiento en las mismas facturas
materia de ejecución, respecto de las cuales, el legislador con
sabiduría inquebrantable, en el artículo 774 del Código de
Comercio, para salvaguardar el derecho material dispone:
“no tendrá el carácter de título valor la factura que no cumpla
con la totalidad de los requisitos legales señalados en el
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presente artículo. Sin embargo, la omisión de cualquiera de
estos requisitos, no afectará la validez del negocio jurídico que
dio origen a la factura”.
El artículo 422 del Código General del Proceso asienta:
podrán “(…) demandarse ejecutivamente las obligaciones
expresas, claras y exigibles que consten en documentos que
provengan del deudor o de su causante, y constituyan
plena prueba contra él, o las que emanen de una sentencia
de condena proferida por juez o tribunal de cualquier
jurisdicción, o de otra providencia judicial, o de las
providencias que en procesos de policía aprueben liquidación
de costas o señalen honorarios de auxiliares de la justicia, y
los demás documentos que señale la ley. La confesión hecha
en el curso de un proceso no constituye título ejecutivo, pero sí
la que conste en el interrogatorio previsto en el artículo 184
(…)”.
De tal modo que son dos las condiciones básicas para
la existencia de un título ejecutivo, la primera, la formal; la
segunda, la material o sustancial. La formal apunta, a la
calidad del documento que lo contenga, y que bien puede ser
simple (uno) o complejo (varios); que generalmente alude a:
1. La autenticidad.
2. Que emanen del deudor o de su causante, por vía de
documento público o privado.
En relación con la presunción de autenticidad que obra
en favor de todo documento presentado como título, está
contemplada desde la reforma introducida sobre el punto en
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el artículo 12 de la Ley 446 de 1998 y se conserva en el inciso
4º del mandato 244 del Código General del Proceso. De modo,
que si sobre el particular en el litigio nada se censuró, ese
requisito se hallaba suficientemente demostrado. Del mismo
modo el segundo, alusivo a la procedencia de la firma de la
obligada. Los puntos fueron pacíficos.
Las condiciones sustanciales apuntan a la existencia de
una obligación con sus contenidos esenciales. Es ante todo
la concerniente a la prestación materia de exigibilidad, que
obre en forma inequívoca, nítida y manifiesta; y en
consecuencia, clara, expresa y actualmente exigible. Este
elemento material, tampoco fue censurado por la obligada.
A simple vista, a golpe de ojo, sin rodeos, las facturas
objeto de exigibilidad procedían de la demandada, su propia
firma no la tachó de falsa, estaba demostrada su procedencia
y autoría. Aparece la firma de la parte obligada, y además, la
prestación es suficientemente clara, expresa y totalmente
exigible, al hallarse de plazo vencido.
En consecuencia, debió ampararse el derecho de la
accionante. Como de esa manera no se procedió, se convalidó
por la Corte una decisión injusta que constituye un culto a
la forma, al exceso rigor manifiesto, a las formas litúrgicas de
un derecho anclado en formas feudales que repugnan al
sentido de la justicia material que reclama incesantemente el
Estado Constitucional. Se dio prevalencia a la forma sobre el
contenido, a una conceptualización de un derecho inútil para
el reconocimiento de las prerrogativas e intereses
ciudadanos, a contrapelo de una época donde disminuye el
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influjo de los títulos valores tradicionales por el fuerte
impacto del mundo electrónico. Ignoró las nuevas
necesidades, los cambios originados como ciudadanos del
ciberespacio, de las firmas digitales, de la consensualidad, de
la buena fe, de la lealtad y de la justicia material.
En los anteriores términos dejo salvado mi voto.
Fecha ut supra,
LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
Magistrado
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