TEMA 5. LA POESÍA DE 1939 A 1975.
CLAUDIO RODRÍGUEZ
En los años anteriores a la Guerra Civil, la poesía española había alcanzado altos
niveles de creatividad pero la guerra supone un corte profundo en la evolución
natural de la literatura española y, por supuesto, de la poesía. A ello contribuye la
muerte de alguno de los poetas más destacados, como Machado y Lorca, el exilio
de la mayor parte de los poetas del 27, el encarcelamiento y la muerte de Miguel
Hernández y, sobre todo, el inicio de la dictadura franquista, que marca un nuevo
tiempo presidido por el aislamiento internacional y la censura interna política e
ideológica.
A) La situación de nuestro país en los AÑOS 40 es de desolación. Se percibe una
total falta de libertad política y la sociedad está cercada por la miseria y el hambre.
En la literatura, y en la poesía en particular, solo hay dos caminos: aprobar la
nueva situación o reflejar la desesperanza en el presente y en el futuro. Estas
posturas son definidas por Dámaso Alonso como “literatura arraigada y literatura
desarraigada”, respectivamente:
• LA POESÍA ARRAIGADA, cultivada por autores de la llamada “Generación del
36”, complacientes con el régimen de Franco. Adopta una forma clasicista
(sobresalen los sonetos al estilo de Garcilaso). Se alejan de toda innovación
formal y ofrecen una visión épica de la realidad y un optimismo que contrasta
con la pobreza y la desilusión en que vive la mayoría. Es también una poesía
intimista que canta al amor, al paisaje y al sentimiento religioso. Los poetas
escriben en revistas, entre la que destaca la llamada Garcilaso. Algunos poetas
destacados son Luis Rosales, con La casa encendida, Dionisio Ridruejo, con
Sonetos a la piedra o Luis Felipe Vivanco, con Tiempo de dolor.
• LA POESÍA DESARRAIGADA. Resurge con ella, una poesía rehumanizada,
centrada plenamente en los sentimientos y acorde a las circunstancias en las
que se crea. Esta poesía desarraigada, al contrario que la anterior, refleja la
vivencia individual del ser humano en tiempos de angustia y dolor, de continua
zozobra interior y exterior, y de falta de fe en el futuro. Abordan temas que son
verdaderas preocupaciones existenciales, como la muerte, la tristeza, la soledad
y la desesperación por un lado, y la búsqueda de la fe o el amor, por el otro.
Estos poetas se aglutinan en torno a la revista Espadaña. Las dos grandes
obras que originan la renovación de la poesía del momento son Sombra del
paraíso de Vicente Aleixandre y la obra de Dámaso Alonso, Hijos de la ira,
libro capital en el desarrollo de esta tendencia, que presenta una visión
angustiada de la realidad, un mundo dominado por el odio y la injusticia, en el
que Dios está ausente. Escrita en versículos contiene imágenes que recuerdan
al surrealismo, pero al mismo tiempo utiliza un léxico coloquial y antirretórico.
Unidas a estas dos tendencias, encontramos otras minoritarias, pero también
significativas, como son el grupo Cántico, con una poesía sensual, intimista y de
gran fuerza expresiva y el llamado postismo, (abreviatura de postsurrealismo), que
se propone rescatar y continuar la poética surrealista con un lenguaje de imágenes
nuevas, lúdicas y sorprendentes. Reivindica, ante todo, la libertad creadora.
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Además, completa el panorama poético la poesía en el exilio con figuras como
algunos poetas del 27 y Juan Ramón Jiménez, que, con estilos diferentes,
comparten el mismo tono nostálgico al abordar temas comunes como la patria
perdida, la lucha o la derrota, y más tarde, la nostalgia o el deseo de regresar.
Podemos destacar aquí a León Felipe con una poesía combativa, en un tono
vehemente, con obras como Español del éxodo y del llanto.
B) EN LA DÉCADA DE LOS 50, la literatura existencialista desemboca en el
llamado “REALISMO SOCIAL”. Los escritores salen de su angustia interior y
contemplan lo que sucede en la calle. Su punto de vista cambia, e intentan
presentar con objetividad la vida colectiva española y sus conflictos, hasta alcanzar,
poco a poco, un tono de testimonio, protesta o denuncia de la situación social.
Exigen un cambio en la sociedad y creen que la literatura puede ser el motor de
esa transformación.
El concepto de poesía se plasma en tres características: la poesía es
comunicación y ha de dirigirse a la inmensa mayoría (expresión con la que Blas
de Otero se enfrenta al lema de Juan Ramón, “a la inmensa minoría”); la poesía es
testimonio y ha de reflejar la realidad de la calle y por último, la poesía es una
herramienta de transformación que ayuda a construir una sociedad más justa.
Los temas tratados son, por lo tanto, la denuncia de la marginación, el paro o la
falta de libertad política y social, la exigencia de la justicia y la paz para todos.
También retoman el tema de España con raíces noventayochistas.
En cuanto al estilo, emplean un lenguaje transparente, a veces coloquial, que llega
incluso a acercarse a la prosa. Tienen predilección por el verso libre, las rupturas
rítmicas y las construcciones sintácticas simples o yuxtapuestas. Los mismos poetas
existencialistas de los años 40 derivan ahora hacia la poesía social:
Victoriano Crémer: Su obra poética de acento desgarrado y tremendista, es
primero existencialista en libros como Nuevos cantos de vida y esperanza y se
acerca luego a la poesía social en Con la paz al hombro.
José Hierro: También sus primeras obras son existencialistas, Tierra sin nosotros
y más tarde se integra en la poesía social con Quinta del 42 o Cuanto sé de mí
Gabriel Celaya: muestra un enérgico compromiso con la realidad y un gran papel
en la difusión de la poesía social. De su primera etapa existencialista es Las cosas
como son y en su etapa social, encontramos su obra fundamental Cantos íberos.
Blas de Otero es el gran poeta de la época. Se distinguen en su obra tres etapas
que coinciden con las de la poesía española: la primera, existencialista y
estremecedora por su tono desgarrado, se centra en la búsqueda angustiosa de
Dios, del amor y del sentido de la existencia humana, en libros como Ángel
fieramente humano. Una segunda, con la poesía social, comprometida y solidaria
con los problemas de España, con obras como Pido la paz y la palabra y Que trata
de España. Y una tercera etapa que supone un cambio importante en la forma, casi
cercana al experimentalismo en Hojas de Madrid
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C) AÑOS 60: POESÍA DEL CONOCIMIENTO. Al finalizar los 50, comienzan a publicar
un grupo de poetas a los que se les da el nombre de “Generación del 50” o
“Generación del medio siglo”, que marcan el camino de la renovación que llegará
en los 60. Creen que el poema revela al poeta la experiencia que quiere comunicar
y es, por tanto, un medio de conocimiento.
En cuanto a la temática, comparten con los anteriores la visión crítica de la realidad,
unas actitudes éticas comunes y una similar atención a los problemas de la
colectividad y además, vuelven a los motivos eternos como la intimidad, el paso del
tiempo, la evocación de la niñez, la familia, el amor y el erotismo, la amistad, la
soledad y la muerte.
En el plano formal, sin embargo, pretenden dignificar el lenguaje poético, por lo que
muestran un mayor esmero en el cuidado del lenguaje y de las formas poéticas que
los anteriores. Para ellos, la poesía debe estar relacionada con los problemas
sociales pero tratándolos de un modo menos explícito y más evocador. En la
métrica predomina el verso libre, aunque no descartan las estrofas clásicas.
Retoman, también, algunos elementos estéticos y juegos de palabras cercanos al
vanguardismo.
Podemos citar a José Ángel Valente, Antonio Gamoneda y otros nombres como:
Ángel González. Su poesía alterna los contenidos comprometidos de la poesía
social con otros más íntimos y personales, unas veces con tendencia al estilo
coloquial e irónico, y otras al conceptismo ingenioso. Sus libros más importantes
son: Áspero mundo, Tratado de urbanismo y Palabra sobre palabra.
Jaime Gil de Biedma. Su poesía, irónica, sincera, cercana a lo cotidiano, pretende
desenmascarar las contradicciones de la burguesía y de su propia experiencia.
Entre sus libros sobresalen Moralidades y Las personas del verbo.
Francisco Brines. Cultiva una poesía grave y reflexiva que tiene como tema
principal el paso del tiempo con un tono elegíaco. Entre sus obras destacan:
Palabras de la oscuridad y El otoño de las rosas.
José Agustín Goytisolo. En su obra perdura la preocupación ética, pero también el
análisis de la propia conciencia y la exploración de la intimidad. El humor y la ironía
son dos de sus rasgos más apreciados. Es destacable su obra Palabras para Julia
y otras canciones.
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Pero si hay un poeta que quizá merezca la pena ser destacado entre los demás, ese
es CLAUDIO RODRÍGUEZ. Dos rasgos definen su personalidad: le gusta observar
y recrear los juegos infantiles, y los paseos por su ciudad (Zamora) influyen en sus
temas y ritmo poético.
Ajeno a escuelas y generaciones (aunque no falta en ninguna antología del grupo
del 50) y sin antecedentes claros, tuvo una vocación y una madurez poética
precoces, pues publica Don de la ebriedad, una obra que impresiona a Vicente
Aleixandre y que le otorgó el premio Adonais, a los diecinueve años. Es un
magnífico libro lleno de referentes rurales, desde las que llega a una reflexión sobre
la vida y el quehacer poético; sus versos equilibran lo racional y lo irracional, lo
narrativo y lo lírico; se trata de una poesía tierna, honda y reflexiva, con un tono
íntimo y sencillo, que expresa alegría y tragedia por habitar el mundo.
Su corta producción (un total de cinco libros escritos con largos intervalos entre uno
y otro) resulta trascendente ya que han sido constantemente editados.
En Conjuros, traduce en metáforas el paisaje castellano y convierte la vida de sus
pueblos en trascendental. Aparece la belleza de las cosas cotidianas y reflexiona
sobre la vida y el comportamiento del hombre, haciendo surgir la responsabilidad
ética y la posibilidad del remordimiento.
En Alianza y condena, el tema del conocimiento se plantea explícitamente como
problema: los textos abordan una indagación sobre la congruencia –o su contrario:
el desfase que se da a veces- entre los sentidos y las cosas, entre la realidad y la
apariencia.
En El vuelo de la celebración, remite a sus raíces más que nunca y el
conocimiento aparece como comunión contemplativa.
El último de sus libros, Casi una leyenda, integra el elemento biográfico, la vida del
propio poeta entendida en su doble vertiente de periplo vital y de imagen (leyenda)
para los otros. El volumen retoma los temas principales de su obra anterior. De ahí
que sean frecuentes las alusiones intertextuales a su propia obra, sobre todo a Don
de la ebriedad.
Claudio Rodríguez es un claro exponente de la generación a la que pertenece, una
generación que ha contemplado la deshumanización sistemática de la nueva
sociedad y que, por ello, ha sentido la soledad, y ansía amor y comunicación.
Dejando a un lado ya a Rodríguez y para finalizar este tema, se debe mencionar
que la renovación poética iniciada por estos autores culmina con la aparición, en
1966, de la obra Arde el mar, del joven autor catalán Pere Gimferrer, que supone
la aparición de los Novísimos, también llamados “Generación del 68” o
peyorativamente “Los venecianos”. Estos poetas supondrán un movimiento de
ruptura con la poesía anterior puesto que no creen que la poesía pueda cambiar la
realidad y rechazan los conceptos de compromiso, testimonio y solidaridad, tan
extendidos hasta ese momento.
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