GUIA DEL
PEREGRINO
1
PEREGRINAR ES:
Caminar por Cristo
hacia el Padre,
a impulsos
del Espíritu Santo,
con la ayuda de María
y de todos los Santos,
llevando consigo
a los hermanos.
2
A TI,
que llevas el alma llena de angustias y de
ilusiones:
a tí, a quien el mundo fascina y atrae, que
aspirando a mucho sientes en tus miembros la
ley de la carne;
a tí, que notas que el mundo te disgusta y
aspiras a algo más;
a tí, que no te resignas a una vida mediocre, y
eres peregrino que no encuentra en la tierra
una ciudad permanente,
y te sabes caminante de un más allá;
a tí, vanguardista de un ideal se te dedican
estas páginas.
Quien las escribió, creyó haberlas escrito en
nombre de
TU SEÑOR
3
4
ORACIONES DE LA MAÑANA
OFRECIMIENTO DE OBRAS
5
6
I. ORACIONES DE LA MAÑANA
EL SALMISTA CANTABA:
"YO DEDICO MIS OBRAS AL REY"
Dedica tú tus obras, cada día, al Señor que
alegra tu vida.
Recuerda la frase de San Francisco de Borja:
"NO QUIERO SERVIR A SEÑOR QUE SE ME
PUEDA MORIR".
Sirve tú al Rey inmortal de los siglos, el único
que merece tu entrega total.
CADA MAÑANA
antes de ir al taller, a la oficina, al estudio o al
trabajo, ofrécele a Dios tu día con tu:
7
OFRECIMIENTO DE OBRAS
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.
Todos: Al Rey de los siglos, inmortal e invisible.
Al solo Dios, honor y gloria por los siglos de los
siglos. Amén.
Lector: Señor, Dios omnipotente, que nos has
hecho llegar al principio de este día, fortaléce-
nos hoy con tu virtud para que no caigamos
durante el día en pecado alguno, sino que todas
nuestras palabras, pensamientos y obras se
dirijan a practicar tu santa ley. Por Nuestro Se-
ñor Jesucristo.
Todos: Amén.
Todos: Unidos por la gracia, a todos los miem-
bros de tu Universal Iglesia, te ofrecemos, Se-
ñor, nuestro ser y nuestro obrar, nuestro pen-
sar, sentir y querer, a fin de que sirvan a tu glo-
ria en la obra de la dilatación de tu Reino.
8
Lector: Que toda nuestra vida sea una continua y
progresiva conversión.
Todos: Y que todos nuestros actos sean un en-
cuentro contigo, Señor, y con los hombres, nues-
tros hermanos.
ORACIÓN
Lector: Dígnate, Señor, Dios del cielo y de la tie-
rra, dirigir y santificar, regir y gobernar en este día
nuestras almas y nuestros cuerpos, nuestros senti-
dos, palabras y obras, según tu ley y por el camino
de tus preceptos, para que, aquí y en la eternidad,
por tu ayuda, merezcamos ser salvos y libres,
Salvador del mundo, que vives y reinas por los
siglos de los siglos.
Todos: Amén.
Lector: El Señor omnipotente dirija en paz nues-
tros días y nuestras acciones.
Todos: Amén.
Lector: También sabemos, Señor, que te gusta
que te pidamos las cosas por medio de tu Santísi-
ma Madre.
9
Todos: Santa María, danos un corazón impa-
ciente para amar a Dios como Padre, para amar
a todos los hombres como hermanos, para
amarte a Tí, maravillosa Reina y dulce Madre.
CONSAGRACIÓN
Todos: ¡Señora y Madre mía! Yo me ofrezco
del todo a Tí. Y, en prueba de mi filial afecto, te
consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi
lengua, mi corazón, en una palabra todo mi ser.
Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guár-
dame y defiéndeme como cosa y posesión tuya.
Amén.
10
ÁNGELUS
Lector: El Ángel del Señor anunció a María.
Todos: Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Lector: Dios te salve María...
Lector: He aquí la esclava del Señor
Todos: Hágase en mí según tu palabra.
Lector: Dios te salve María...
Lector: El Verbo se hizo carne.
Todos: Y habitó entre nosotros.
Lector: Dios te salve María...
Lector: Ruega por nosotros, Santa Madre de
Dios.
Todos: Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Cristo. Amén.
11
ORACIÓN
Lector: Rogámoste, Señor, infundas en nues-
tras almas tu gracia, para que, habiendo conoci-
do, por la embajada del Ángel, la encarnación
de Cristo, tu Hijo, lleguemos por su pasión y su
cruz, a la gloria de la resurrección. Por el mis-
mo Cristo, nuestro Señor.
Todos: Amén.
Lector: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Todos: Como era en el principio, ahora y siem-
pre, por los siglos de los siglos Amén.
(Se repite tres veces el” Gloria al Padre”)
Durante el tiempo Pascual, en vez del “Angelus”
se reza el:
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REGINA COELI
Lector: Reina del cielo, alégrate.
Todos: Aleluya.
Lector: Porque el que mereciste llevar en tu
seno.
Todos: Aleluya.
Lector: Resucitó, según lo había predicho.
Todos: Aleluya
Lector: Ruega por nosotros a Dios.
Todos: Aleluya.
Lector: Gózate y alégrate, Virgen María.
Todos: Aleluya.
Lector: Porque resucitó en verdad el Señor.
Todos: Aleluya.
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Lector: Oh Dios, que has alegrado al mundo
por la resurrección de tu Hijo nuestro Señor
Jesucristo; te rogamos nos concedas que, por
la intercesión de la Virgen María su Madre, al-
cancemos los goces de la vida eterna.
Todos: Amén.
AL ÁNGEL DE LA GUARDA
Todos: Ángel de Dios, bajo cuya custodia me
puso el Señor con amorosa piedad; a mí, que
soy tu encomendado, alúmbrame hoy, guárda-
me, rígeme y gobiérname. Amén.
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MEDITACION
15
16
¿No sabes el por qué de tus tropiezos?
¿No sabes por qué dudas en el camino del
bien?
¿Ignoras por qué eres de aquellos que le dicen
al Señor como el poeta:
«Mañana te abriremos, para lo mismo respon-
der, mañana»?
¡Es porque no conoces a Cristo!
Y porque no le conoces, no le amas.
Si quieres, de veras... ¡Ya es hora!
Toma tu libro predilecto, toma tu Evangelio, y
haz tu
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II. MEDITACIÓN
ORACION PREPARATORIA
Lector: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu
Espíritu y todo será creado.
Todos: Y renovarás todas las cosas.
Lector: Padre Dios, que iluminaste los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a tu Espíritu,
para gustar siempre del bien y gozar de su consuelo. Por
Cristo nuestro Señor.
Todos: Amén.
Todos: Creo, Señor, que estás aquí presente. Aunque mis
ojos no te vean, te siente mi fe. Aparta de mí los pensamien-
tos extraños. Haz que comprenda las verdades que en esta
meditación quieres enseñarme. Que me decida a practicarlas.
Tu siervo te escucha. ¡Habla, Señor, a mi alma!
Todos: Santa María, medianera de todas las gracias,
ayúdame para que escuche y que siga la voz del Señor.
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ACCIÓN DE GRACIAS A LA MEDITACIÓN
Todos: Te doy gracias, Padre por los buenos
pensamientos y propósitos que me has inspira-
do en esta meditación. Te ofrezco como res-
puesta el compromiso de ser fiel a lo que me
has pedido, concédeme las gracias necesarias
para llevarlo a la práctica.
Santa María, Madre de Dios, ruega por noso-
tros ahora y en todo momento. Amén.
19
20
EUCARISTIA
21
22
III
SANTA MISA
1. La palabra “Misa” significa: misión—
envío, despedida. Se le llama también
«Eucaristía» que significa: Acción de
Gracias. Se le llama «Celebración Eu-
carística», o «Eucaristía» o «Acción de
Gracias».
La celebración Eucarística o Misa es el acto del culto
más importante que el cristiano rinde a Dios.
El Concilio Vaticano II afirma: “nuestro Salvador, en la
última cena, la noche que lo traicionaba, instituyó el
sacrificio Eucarístico de su cuerpo y sangre, con el
cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el
sacrificio de la cruz, y a confiar así a su Esposa, la
Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección:
Sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de
caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como
alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos
da una prenda de la gloria venidera”. {S. C47}
23
2. La Santa Misa tiene cuatro fines:
Reconocer el dominio del Señor. Su
señorío.
Alabar, bendecir y agradecer al Señor
todas sus bondades.
Pedir perdón por todos los pecados co-
metidos personal y comunitariamente,
los de la Iglesia y los del mundo.
Hacerle súplicas al Señor, pedirle favo-
res por vivos y por difuntos.
3. La presencia de Cristo en la santa Misa es
cuádruple:
En la comunidad reunida en su nombre:
«cuando dos, o tres, se reúnan en mi
nombre ahí estoy yo» {Mt 18-20}.
A través del sacerdote celebrante que
actúa «in persona Christi». Es una pre-
sencia muy pobre porque el sacerdote
es un mortal, un pecador como todo
cristiano, pero en ese momento hace las
veces de Cristo.
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En las lecturas bíblicas o liturgia de la
palabra. Las lecturas bíblicas hacen pre-
sente a Dios porque son Palabra de
Dios. En ese momento es Dios que en-
seña y nosotros que escuchamos, que
aprendemos, que somos sus discípulos.
En la consagración o liturgia de la Euca-
ristía. Es el momento cumbre, es cuan-
do, por las palabras de la consagración,
el pan se convierte en el cuerpo de Cris-
to y el vino en la sangre del Señor. {S.C.
7}
La Santa Misa rinde toda su eficacia y todo su
fruto, si el cristiano recibe la sagrada comunión.
Y solamente se puede recibir la sagrada comu-
nión si se está en estado de gracia.
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4. Las partes de la Misa.
Según la instrucción general para el uso del Misal
Romano, «la Santa Misa consta de dos partes»: la
Liturgia de la Palabra {lecturas} y la Liturgia Eucarís-
tica {consagración}, tan estrechamente unidas entre
si, que constituyen un solo acto de culto, ya que en la
Misa se dispone la mesa, tanto de la palabra de Dios
como del Cuerpo de Cristo en la que los fieles en-
cuentran el mensaje y alimento cristiano. Otros ritos
pertenecen a la apertura {liturgia penitencial} y con-
clusión de la celebración {bendición y despedida}.
No hay Redención sin el sacrifico de la cruz. Y sin
Misa el sacrificio de la cruz no puede revivirse y per-
petuarse. La Misa es el gran encuentro entre Dios
Salvador y el hombre salvado por medio de Cristo.
Nota: Se sugiere que esta catequesis se
haga antes de la primera Misa del Cursillo.
Recoge tus sacrificios de este día, los pecados de tu
pueble, las ansias de tu familia, el anhelo de toda la
humanidad
y VIVE TU
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MISA
RITOS INICIALES
La finalidad de estos ritos es hacer que los fie-
les reunidos, constituyan una comunidad, y se
dispongan a oír, como conviene, la Palabra de
Dios, y a celebrar dignamente la Eucaristía.
Canto de Entrada
Entre otros puede cantarse el siguiente:
¡Qué alegría cuando me dijeron;
«Vamos a la Casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Saludo al pueblo
S. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo.
T. Amén.
27
Fórmulas de saludo autorizadas.
Primera
S. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el
amor del Padre y la comunión del Espíritu
Santo, estén con todos ustedes.
T. Y con tu espíritu.
Segunda
S. La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre
y de Jesucristo, el Señor, estén con todos
ustedes.
T. Bendito es Dios, Padre de Nuestro Señor
Jesucristo.
o
Y con tu espíritu.
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Acto penitencial
Con él tratamos de convertirnos al Señor, que
preside nuestra asamblea.
Puede usarse cualquiera de las tres fórmulas
siguientes:
Primera
S. Hermanos, antes de celebrar los sagrados
misterios, reconozcamos nuestros pecados.
(Breve pausa en silencio).
Sacerdote y Pueblo.
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante uste-
des, hermanos, que he pecado mucho de pensa-
miento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por
mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a
los Angeles, a los Santos y a ustedes hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
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S. Dios todopoderoso tenga misericordia de
nosotros, perdone nuestros pecados y nos
lleve a la vida eterna.
T. Amén.
Segunda
S. Hermanos: antes de celebrar los sagrados
misterios, reconozcamos nuestros peca-
dos.
(Breve pausa en silencio)
S. Señor ten misericordia de nosotros.
T. Porque hemos pecado contra ti.
S. Muéstranos Señor tu misericordia.
T. Y danos tu salvación.
S. Dios todopoderoso tenga misericordia de
nosotros, perdone nuestros pecados, y
nos lleve a la vida eterna.
T. Amén.
30
Tercera
S. Hermanos: antes de celebrar los sagrados
misterios, reconozcamos nuestros peca-
dos.
(Breve pausa en silencio)
S. Tú que has sido enviado a sanar los cora-
zones afligidos: Señor, ten piedad.
T. Señor, ten piedad
S. Tú que has venido a llamar a los pecado-
res: Cristo, ten piedad.
T. Cristo ten piedad.
S. Tú que estás sentado a la derecha de
Padre para interceder por nosotros: Señor,
ten piedad.
T. Señor ten piedad
S. Dios todopoderoso tenga misericordia de
nosotros, perdone nuestros pecados y nos
lleve a la vida eterna.
T. Amén
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KYRIE
Se omite si para el Acto Penitencial se ha utili-
zado la tercera fórmula.
S. Señor, ten piedad.
T. Señor, ten piedad.
S. Cristo, ten piedad.
T. Cristo, ten piedad.
S. Señor, ten piedad.
T. Señor, ten piedad.
32
GLORIA
Sacerdote y Pueblo.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los
hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendeci-
mos, te adoramos, te glorificamos, te damos
gracias.
Señor Dios, rey celestial, Dios Padre todopode-
roso.
Señor Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Corde-
ro de Dios, Hijo del Padre: Tú que quitas el pe-
cado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú
que quitas el pecado del mundo, atiende a
nuestra súplica; tú que estás sentado a la dere-
cha del Padre, ten piedad de nosotros.
Porque sólo tú eres Santo, sólo Tú, Señor, sólo
Tú altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en
la gloria de Dios Padre. Amén.
33
Primera oración o colecta
Después del «Oremos» se hace un silencio,
durante el cual el sacerdote y fieles ofrecen sus
peticiones particulares a Dios.
La oración es propia de cada Misa.
LITURGIA DE LA PALABRA
LECTURAS
(Sentados)
Son propias de cada Misa. Al terminar la lectura
el lector exclama:
L. Palabra de Dios.
T. Te alabamos Señor.
34
SALMO RESPONSORIAL
El pueblo se asocia a la recitación que hace el
lector con la siguiente o con otras respuestas:
Quien escucha mi palabra, pasa de la muerte a
la vida, dice el Señor.
Si hay segunda lectura, sigue a ésta el canto
del Aleluya, que puede suprimirse, Si no se
canta, el pueblo contesta con la siguiente u otra
aclamación:
¡Aleluya, aleluya!
Quien te sigue, Señor, no camina en tinieblas.
¡Aleluya, aleluya!
35
EVANGELIO
(De pie)
El sacerdote se prepara para la proclamación del
Evangelio con la siguiente oración que reza en
secreto:
Purifica, Señor todopoderoso, mi corazón y mis
labios, para que pueda anunciar dignamente su
Santo Evangelio.
S. El Señor esté con ustedes.
P. Y con tu espíritu.
S. Lectura del Santo Evangelio según San N.
P. Gloria a Tí, Señor.
(Se lee el Evangelio del día, terminada la lectura,
el sacerdote dice:)
S. Palabra del Señor.
P. Gloria a Tí, Señor Jesús.
36
(Se sientan todos si hay…)
HOMILIA
El sacerdote comenta y explica la Palabra de Dios
o el significado de la fiesta del día o algún otro
tema de carácter espiritual o formativo.
PROFESION DE FE
(De pie)
Sacerdote y Pueblo.
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero;
37
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza que el Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres
y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en los tiempos de Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras.
Y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo;
38
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.
39
ORACION DE LOS FIELES
Durante el Cursillo pueden prepararse
cada día especiales oraciones de los fieles.
Entre otras, pueden recitarse las siguiente:
S. Oremos, hermanos, a Dios todopoderoso,
por Jesucristo, su hijo, e Señor, en la unidad
del Espíritu Santo.
L. Por la santa Iglesia de Dios, que lucha en la
tierra contra el mal, para que Dios Padre todo-
poderoso perdones sus debilidades, ponga fin a
sus divisiones, disipe sus temores, acreciente
su audacia, robustezca su fe y haga que su
testimonio se extienda por toda la tierra, rogue-
mos al Señor.
T. Te rogamos, óyenos.
L. Por nuestra ciudad (pueblo) y nuestra nación;
por nuestras autoridades y gobernantes; por
nuestros hogares y nuestras escuelas; por
nuestros sufrimientos y trabajos; para que Dios
nos ayude y bendiga, roguemos al Señor.
T. Te rogamos, óyenos.
40
L. Por los que buscan y no encuentras; por los
que luchan y se desesperan; por los que están
abatidos o vacilan en su fe; por los que están
tentados o se olvidan de Dios en la prosperidad,
roguemos al Señor.
T. Te rogamos, óyenos.
L. Por cuantos estamos aquí reunidos; por nues-
tros hermanos ausentes, por los que han pedi-
do nuestras oraciones; para que Dios nos guar-
de en la fe, y nos reúna, al fin de los tiempos,
en el reino glorioso de su Hijo, roguemos al
Señor.
T. Te rogamos, óyenos.
Pueden ofrecerse las propias peticiones.
S. Escucha, Dios todopoderoso, las oraciones
de tu pueblo, y concede abundantemente lo
que merecen nuestras súplicas. Por Jesucris-
to nuestro Señor.
T. Amén.
41
LITURGIA EUCARISTICA
Presentación de las ofrendas
(Sentados)
La presentación de las ofrendas precede a la
celebración de la Eucaristía. El pan y el
vino que hemos recibido de Dios, lo pre-
sentamos también al Señor, como primicia
y símbolo de nuestra ofrenda personal y la
de todo el universo restaurado en Cristo.
Conviene que los fieles manifiesten su partici-
pación, haciendo la entrega del pan y del
vino para la celebración de la Eucaristía, o
de otras ofrendas útiles para los pobres.
42
Presentación del pan
Si el Ofertorio no se canta, el sacerdote puede
hacer en alta voz la presentación delas ofren-
das, diciendo.
S. Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este pan, fruto de la tierra y del trabajo
del hombre, que recibimos de tu generosi-
dad y ahora te presentamos: él será para
nosotros pan de vida.
T. Bendito seas por siempre, Señor.
Presentación del vino
El sacerdote vierte un poco de agua en el cáliz,
diciendo en voz baja:
S. Por el misterio de esta agua y vino, sea-
mos partícipes de la divinidad de Aquel
que se dignó hacerse partícipe de nuestra
humanidad.
43
El sacerdote hace la presentación en voz alta,
diciendo:
S. Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este vino, fruto de la vid y del trabajo
del hombre, que recibimos de tu generosi-
dad y ahora te presentamos: él será para
nosotros bebida de salvación.
T. Bendito seas por siempre, Señor.
El sacerdote en secreto reza:
S. Mira, Señor, la humildad de nuestras al-
mas y el arrepentimiento de nuestros cora-
zones, y haz que nuestro sacrificio se re-
alice hoy en su presencia, de forma que te
agrade a Tí, Señor Dios.
Mientas se lava las manos, dice también en
secreto:
S. Lava, Señor, mi delito y limpia mi pecado.
44
Oración sobre las ofrendas
S. Oremos, hermanos, para que este sacrifi-
cio, mío y de ustedes, sea agradable a
Dios, Padre todopoderoso.
T. El Señor reciba de tus manos este sacrifi-
cio, para alabanza y gloria de su Nombre,
para nuestro bien y el de toda su santa
Iglesia.
(La oración sobre las ofrendas es propia de cada
Misa.)
PLEGARIA EUCARISTICA
El sacerdote, representando a Cristo, realiza lo
que Cristo encomendó a su Iglesia en la última
Cena:
Pronuncia la gran Plegaria de Acción de Gracias -
Eucaristía -; conmemora, y repite sacramental-
mente la obra redentora del Señor. Participamos
en la Acción Santa con todo nuestro corazón.
45
Prefacio
S. El Señor esté con ustedes.
T. Y con tu espíritu.
S. Levantemos el corazón.
T. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
S. Levantemos el corazón.
T. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El prefacio, que es variable, termina con la aclama-
ción:
Sacerdote y Pueblo.
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
[Link] eres en verdad, Señor, y con razón de alaban todas
tus creaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor Nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu
honor un sacrifico sin mancha, desde donde sale el sol
hasta el ocaso.
46
(De rodillas)
Por eso, Señor, te suplicamos que santifiques,
por el mismo Espíritu, estos dones que hemos
separado para Tí, de manera que sean Cuerpo
y + sangre de Jesucristo Hijo tuyo y Señor
nuestro, que nos mandó celebrar estos miste-
rios.
Relato de la institución de la Eucaristía
Consagración del pan
Porque El mismo, la noche en que iba a ser
entregado, tomó el pan, y dando gracias, te
bendijo, lo partió y lo dio a su discípulos dicien-
do:
Tomad y comed todos del él, porque esto es mi
cuerpo que será entregado por vosotros.
47
Consagración del vino
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz;
dando gracias te bendijo y lo pasó a sus discípulos
diciendo:
Tomad y bebed todos del él, porque este es mi cáliz
de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada por vosotros y por todos los
hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto
en conmemoración mía.
Aclamación
(De pie)
Este es el Sacramento de nuestra fe.
T. Anunciamos tu muerte, y proclamamos tu resu-
rrección. ¡Ven Señor Jesús.!
Oblación del Sacrificio
[Link]í, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de
la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resu-
rrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su
venida gloriosa., te ofrecemos, en esta Acción de
Gracias, el sacrificio vivo y santo.
48
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y
reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación
quisiste devolvernos tu amistad, para que , for-
talecidos con el Cuerpo y Sangre de tu Hijo, y
llenos de su espíritu Santo, formemos en Cristo
un solo cuerpo y un solo espíritu.
Conmemoración de lo Santos.
Que El nos transforme en ofrenda permanente,
para que gocemos de tu heredad junto con tus
elegidos: con María la virgen madre de Dios, los
apóstoles, los Mártires, San… y todos los San-
tos, por cuya intercesión confiamos obtener
siempre tu ayuda.
Intercesiones
(Por los fieles vivos)
Te pedimos, Señor, que esta Víctima de recon-
ciliación traiga la paz y la salvación al mundo
entero.
49
Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia,
peregrina en la tierra; al Papa Benedicto XVI, a
nuestro obispo N., al orden episcopal, al clero, y
a todo el pueblo redimido por Tí.
Atiende los deseos de esta familia que has con-
gregado a tu presencia. Reúne en torno a Tí,
Padre misericordioso, a todos tus hijos, disper-
so por el mundo.
(Por los fieles difuntos)
A nuestros hermanos difuntos y a cuen-
tos murieron en tu amistad, recíbelos en
tu Reino, donde esperamos gozar todos
juntos de la plenitud eterna de tu gloria,
por Cristo nuestro Señor, por quien con-
cedes al mundo todos los bienes.
En las misas de difuntos, en lugar de la prece-
dente oración, se puede decir:
Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste
(hoy) de este mundo a tu presencia.
50
Concédele que, así como ha compartido la
muerte de Jesucristo, comparta también con El
la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga
surgir de la tierra a los muertos, y transforme
nuestro cuerpo frágil en cuerpo gloriosos como
el suyo.
Y a nuestros hermanos difuntos y a cuantos
murieron en tu amistad recíbelos en tu Reino,
donde esperamos gozar todos juntos de la ple-
nitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágri-
mas de nuestros ojos, porque, al contemplarte
como tú eres, Dios nuestro, seremos para siem-
pre semejantes a Tí, y cantaremos eternamente
tus alabanzas, por Cristo nuestro Señor, por
quien concedes al mundo todos los bienes.
Conclusión de la Plegaria Eucarística
Por Cristo, con El y en el, a Tí, Dios Padre om-
nipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo
honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
T. Amén.
51
RITO DE LA COMUNION
Estamos celebrando la cena pascual.
Siguiendo el encargo de Señor, queremos co-
mer ahora su Cuerpo, que es verdadera comi-
da, y beber su sangre, que es verdadero bebi-
da.
Todos los que comemos de un mismo Pan, nos
hacemos un solo cuerpo (1 Cor. 10, 17). Nues-
tra unidad y nuestra caridad serán el mejor sig-
no de nuestra auténtica comunión con Cristo.
Oración al Señor.
S. Fieles a la recomendación del Salvador y
siguiendo su divina enseñanza, nos atre-
vemos a decir:
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que
Cristo nos enseñó:
52
O bien:
El amor de Dios ha sido derramado en
nuestros corazones con el Espíritu Santo
que se nos ha dado; digamos con fe y
esperanza:
O bien:
antes de participar del banquete de la Eu-
caristía, signo de reconciliación y vínculo
de unión fraterna, oremos juntos como el
Señor nos ha enseñado:
Sacerdote y Pueblo:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santi-
ficado sea tu Nombre; venga tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo; danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a los que nos ofen-
den; no nos dejes caer en tentación, y
líbranos del mal.
53
S. Líbranos de todos los males, y concédenos
la paz en nuestros días, para que ayudados
por tu misericordia, vivamos siempre libres
de pecado y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida de
nuestro Salvador, Jesucristo.
T. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por
siempre, Señor.
Rito de la paz
S. Señor Jesucristo, que dijiste a los Apóstoles:
«Mi paz les dejo, mi paz les doy».
No mires nuestros pecados, sino la fe de tu iglesia
y conforme a tu palabra, concédeles la paz y la
unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los
siglos.
T. Amén.
S. La paz del Señor sea siempre con ustedes.
T. Y con tu espíritu.
54
A continuación el sacerdote invita a todos a
darse la paz:
S. Démonos fraternalmente la Paz.
Todos os asistentes participan de rito de la Paz.
Fracción del pan
El sacerdote, al fraccionar la Hostia, reza en
secreto: Esta mezcla del Cuerpo y de la Sangre
de nuestro Señor Jesucristo nos sirva, a los que
la tomamos, para la vida eterna. Amén.
T. Cordero de Dios, que quitas el pecado del
mundo, ten piedad de nosotros.
T. Cordero de Dios, que quitas el pecado del
mundo, ten piedad de nosotros.
T. Cordero de Dios, que quitas el pecado del
mundo, danos la paz.
55
Comunión
Preparación privada
El sacerdote se prepara a la Comunión con una de
las dos oraciones siguientes, que dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por volun-
tad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, vivifi-
caste el mundo por medio de tu muerte; por tu
santísimo Cuerpo y Sangre, líbrame de todos mis
pecados y de todos los males; y haz que siempre
permanezca fiel a tus mandatos, y no permitas
que nunca me separe de ti.
La Comunión de tu Cuerpo, Señor Jesucristo, no
sea para mi ocasión de juicio y de condenación
sino, según es tu piedad, me aproveche para pro-
tección del alma y del cuerpo y para alcanzar la
salvación.
Invitación a los fieles.
T. Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del
mundo. dichosos los llamados a la Cena del Señor.
56
Sacerdote y Pueblo.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Comunión del sacerdote
Mientras toma la Hostia y el Cáliz para comulgar,
el sacerdote dice:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida
eterna.
La Sangre de Cristo me guarde para la vida
eterna.
Comunión de los fieles
El sacerdote presenta la Hostia a los fieles que
van a comulgar, diciendo:
S. El cuerpo de Cristo.
T. Amén
57
Antífona de la comunión
Durante la distribución de la Comunión, se canta la
Antífona correspondiente o algún himno apropiado.
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE
COMULGAR
ACABAS DE COMULGAR
Ya tienes en tu alma al Maestro que te adoctrina.
Ya tienes al Redentor que quiere Salvarte.
Al Señor que debe regir tu vida.
Ha llegado a tí en apariencia de pan.
¿Vas a levantarte sin agradecérselo?
Todo canta su gloria ¿Callarás tú?
Háblale más con el corazón que con tus labios.
58
ALMA DE CRISTO
Lector Todos
Alma de Cristo santifícame
Cuerpo de Cristo sálvam e
Sangre de Cristo embriágame
Agua del costado de Cristo lávame
Pasión de Cristo confórtame
¡Oh, buen Jesús! óyeme
Dentro de tus llagas escóndeme
No permitas que me aparte de Tí
Del enemigo malo defiéndeme
En la hora de mi muerte llámame
Y mándame ir a Tí para que con tus Santos te
alabe. Por los siglos de los siglos.
Amén.
(De pie)
59
Oración después de la comunión
(Es propia de la Misa del día).
RITO DE DESPEDIDA
S.- El Señor esté con ustedes.
T.- Y con tu espíritu.
S.- La bendición de Dios todopoderoso;
Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda
sobre ustedes.
T.- Amén.
S.– Pueden ir en paz. La misa ha terminando.
T.– Demos gracias a Dios.
60
ORACIÓN
A JESÚS CRUCIFICADO
Todos: ¡Oh, mi amado y buen Jesús! Postrado
en tu santísima presencia te ruego con el ma-
yor fervor imprimas en mi corazón vivos senti-
mientos de fe, esperanza y caridad, verdadero
dolor de mis pecados y propósito finísimo de
enmendarme; mientras que yo, con todo el
amor y con toda la compasión de que soy ca-
paz, voy considerando tus cinco llagas. Tenien-
do presente aquello que dijo de Tí, ¡oh, buen
Jesús!, el Santo Profeta David: «Han taladrado
mis manos y mis pies, y se pueden contar todos
mis huesos».
(Indulgencia Plenaria después de comulgar,
rezando un Padre Nuestro por el Papa).
61
ORACIÓN POR LOS QUE NO CONOCEN A
CRISTO
Todos: ¡Señor Jesucristo! Tú, que en los mo-
mentos más angustiosos de tu Pasión, manifes-
taste una sed ardorosa de almas, haz que se
comunique a nosotros aquella tu sed. Danos luz
para formarnos en el conocimiento de tu pala-
bra y fuerzas para que, colaborando en la predi-
cación de ella en todos los momentos de nues-
tra vida, llevemos a Tí, a través de tu Santa
Iglesia y por intermedio de tu Santa Madre, tan-
tas almas como viven alejadas de la verdad,
para que contigo, por Tí y en Tí, se reconcilien
con tu Eterno Padre, en unión del cual, y con el
Espíritu Santo, vives y reinas por eternidad de
eternidades. Amén.
(Un Padre Nuestro por los que todavía no cono-
cen a Cristo).
62
SANTO ROSARIO
63
64
IV.-SANTO ROSARIO
«Las diversas formas de piedad hacia la Ma-
dre de Dios honran a la Madre y hacen que el
Hijo sea más conocido, más amado y más
glorificado y que se cumplan sus Mandamien-
tos Divinos».
Una de esas formas es el Rosario. Ha sido la
devoción Mariana por excelencia. Los Papas
insistentemente lo han pedido.
La misma Virgen urgió en Fátima a toda la
Cristiandad.
Para remozar antiguas costumbres que
quizás esperen tu impulso vigoroso, con de-
voción ferviente y filial, con la convicción pro-
pia del que conoce su importancia, su gran-
deza y su eficacia, sabiendo que vas a hablar
un rato con tu Madre,
reza tú:
65
ROSARIO
La devoción al Santo Rosario consiste en rezar
el Acto de Contrición, un Padre Nuestro, diez
Aves Marías y un Gloria, cinco veces.
Meditando cada Misterio.
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre Verdade-
ro, Creador, Padre y Redentor mío, por ser tú
quien eres y porque te amo sobre todas las
cosas, me pesa de todo corazón haberte ofen-
dido. Propongo firmemente no pecar más, apar-
tarme de toda ocasión de ofenderte, confesar-
me y cumplir la penitencia que me fuere im-
puesta.
Te ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en
satisfacción de todos mis pecados y confío en
tu misericordia infinita, me perdonarás y me
darás gracia para enmendarme y perseverar en
tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
66
El Rosario meditado se hace teniendo en conside-
ración lo que se llaman los «Misterios del Rosario»,
que se dividen en cuatro grupos que son los si-
guientes:
MISTERIOS DE GOZO
(Lunes y Sábado)
Primer misterio: La encarnación del Hijo de Dios
(Lc. 1, 28-38).
Segundo misterio: La visitación de María Santísi-
ma a su prima Santa Isabel. (Lc. 1, 39-45).
Tercer misterio: El nacimiento de nuestro Señor
Jesucristo en el portal de Belén. (Lc. 2,7).
Cuarto misterio: La purificación de la Virgen
María. (Lc. 2, 22).
Quinto misterio: El niño Jesús perdido y hallado
en el templo. (Lc. 2, 42-49)
.
MISTERIOS DE DOLOR
(Martes y Viernes)
Primer misterio: La oración de Cristo nuestro
Señor en el huerto de Getsemaní. (Lc. 22, 41-4).
67
Segundo misterio: La flagelación de nuestro Señor
Jesucristo. (Jn. 19,1).
Tercer misterio: La coronación de espinas. (Mt. 27,
29).
Cuarto misterio: Jesús con la cruz a cuestas (Jn. 19,
17).
Quinto misterio: La crucifixión y muerte del Redentor
(Lc. 23, 33 Jn. 19, 30).
MISTERIOS DE GLORIA
(Miércoles y Domingo)
Primer misterio: La triunfante resurrección de nues-
tro Señor Jesucristo. (Rom. 6,9).
Segundo misterio: La admirable ascensión de Jesu-
cristo a los cielos. (Lc. 23,51).
Tercer misterio: La venida del Espíritu Santo sobre
el colegio apostólico. (Hech. 2, 1-4).
Cuarto misterio: La asunción de la santísima Virgen
a los cielos.
Quinto misterio: La coronación de María Santísima
como Reina y Señora de los cielos y la tierra.
68
MISTERIOS DE LUZ
O LUMINOSOS
(Jueves)
Primer misterio: Su bautizo en el Jordán
(2Cor. 5, 21 y Mt 3, 13-17).
Segundo misterio: Su autorevelación en las
bodas de Caná. (Jn. 2, 1-12).
Tercer misterio: Su anuncio del Reino de Dios
invitando a la conversión (Mc. 1, 15); (Mc. 2, 3-
13); (Lc. 7, 47-48).
Cuarto misterio: Su transfiguración. (Lc. 9, 28-
35).
Quinto misterio: Institución del sacramento de
la Eucaristía. (Jn. 13, 1); (Mt. 26, 26-29)
Se termina rezando un Padre Nuestro, tres
Aves Marías, y la siguiente Oración:
69
SALVE REGINA
Todos: Dios te salve, Reina y Madre de miseri-
cordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios
te salve, a Tí clamamos los desterrados hijos de
Eva; a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en
este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora aboga-
da nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos. Y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen
María!
Todos: Ruega por nosotros, Santa Madre de
Dios.
Lector: Para que seamos dignos de las prome-
sas de Cristo.
70
Letanías de María Santísima
Lector: Señor, ten piedad de nosotros
Todos: Señor, ten piedad de nosotros
Lector: Cristo, ten piedad de nosotros
Todos: Cristo, ten piedad de nosotros
Lector: Señor, ten piedad de nosotros
Todos: Señor, ten piedad de nosotros
Lector: Cristo, óyenos
Todos: Cristo, óyenos
Lector: Cristo, escúchanos
Todos: Cristo, escúchanos
Lector Todos
Dios Padre Celestial Ten piedad de
nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo, “
Dios Espíritu Santo, “
Santísima Trinidad
que eres un solo Dios, “
71
Santa María Ruega por
nosotros
Santa Madre de Dios “
Santa Virgen de las vírgenes “
Madre de Jesucristo “
Madre de la divina gracia ”
Madre purísima “
Madre castísima “
Madre virgen “
Madre inmaculada “
Madre amable “
Madre admirable “
Madre del buen consejo “
Madre del Creador “
Madre del Salvador “
Virgen prudentísima “
Virgen venerable “
Virgen laudable “
Virgen poderosa “
Virgen clemente “
Virgen fiel “
Espejo de justicia “
Trono de la sabiduría “
Causa de nuestra alegría “
Vaso espiritual “
Vaso honorable “
Vaso insigne de devoción “
72
Rosa mística Ruega por
nosotros
Torre de David “
Torre de marfil “
Casa de oro “
Arca de la alianza “
Puerta del cielo “
Estrella de la mañana “
Salud de los enfermos “
Refugio de los pecadores “
Consoladora de los afligidos “
Auxilio de los cristianos “
Reina de los ángeles “
Reina de los patriarcas “
Reina de los profetas “
Reina de los apóstoles “
Reina de los mártires “
Reina de los confesores “
Reina de las vírgenes “
Reina de todos los santos “
Reina concebida sin culpa original “
Reina llevada a los cielos “
Reina del santísimo rosario “
Reina de la paz “
Reina de la familia “
73
Lector: Cordero de Dios que quitas los pecados del
mundo.
Todos: Perdónanos Señor.
Lector: Cordero de Dios que quitas los pecados del
mundo.
Todos: Óyenos Señor.
Lector: Cordero de Dios que quitas los pecados del
mundo.
Todos: Ten piedad de nosotros.
Lector: Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
Todos: Para que seamos dignos de las promesas de
Cristo. Amén.
ORACIÓN
Lector: Te suplicamos Señor y Dios nuestro, que
nosotros tus hijos, gocemos siempre de salud de
alma y cuerpo; y por la intercesión de la gloriosa San-
ta María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este
mundo y concédenos las alegrías del Cielo.
Todos: Amén.
74
SABATINA
75
76
V. FELICITACIÓN SABATINA
A LA VIRGEN INMACULADA
¿Concibes a un hijo que no ame a su madre?
¿A un caballero que no honre a la dama de sus
sueños?
¿A un súbdito que no reverencie a su reina?
MADRE, SEÑORA, REINA DE LOS
APÓSTOLES, eso es la Virgen María.
¿Flaqueas? ¿Resbalas? ¿Lloras?
¡He ahí a tu Madre!
¿Quieres salvar al mundo?
¡No lo conseguirás sin la Virgen!
Llámala a todas horas.
Ámala a todas horas.
Amala con frenesí.
Pídele en todas tus cuitas.
Encárgale tus cosas.
¡Es Madre! ¡Es tu Madre! ¡Nunca falla!
El sábado que es su día,
practica en su honor, la
77
FELICITACIÓN SABATINA
A LA VIRGEN INMACULADA
Lector: A tu protección nos acogemos, Santa
Madre de Dios. Acepta estas súplicas que te
dirigimos en nuestra necesidad. Guárdanos,
Señora, Virgen gloriosa y bendita.
Oración de San Bernardo
Todos: Acuérdate ¿oh piadosísima Virgen Mar-
ía! Que jamás se ha oído decir que ninguno de
los que han acudido a tu protección, implorando
tu asistencia y reclamado tu auxilio, haya sido
abandonado de Tí.
Animado con esta confianza, a Tí también acu-
do, ¡Oh Virgen, Madre de las Vírgenes!, y aun-
que gimiendo bajo el peso de mis pecados, me
atrevo a presentarme ante tu presencia sobera-
na. No desprecies mis súplicas, oh Santa Ma-
dre de Dios; antes bien, escúchalas propicia y
dígnate acogerlas favorablemente. Amén.
78
INVOCACIONES
Lector: ¡Virgen y Madre Inmaculada! Míranos
con ojos propicios.
¡Señora! A nosotros, amadísimos hijos tuyos,
nos falta fe, humildad, caridad, piedad, amor a
la Eucaristía, amor a la Iglesia, amor a nuestra
propia dignidad de auténticos católicos, espíritu
de sacrificio, espíritu de abnegación.
Díselo a tu Hijo. Interpón tu intervención valiosa
y se obrará el milagro de nuestra santificación.
Danos piedad verdadera, amor intenso a Jesu-
cristo y a la Santa Iglesia, al Papa, al Obispo, a
la Parroquia; haz que nuestras comuniones
sean fervorosas; nuestras visitas a la Eucaris-
tía, frecuentes; la práctica del bien constante;
haznos amantísimos de Jesucristo y de Tí,
nuestra excelsa Madre Inmaculada.
Te lo pedimos por la dignidad única y augusta
de ser la Madre de Dios.
Todos: Dios te salve, María…
79
Lector: ¡Virgen y Madre Inmaculada!
Somos tus hijos, pero sentimos la fascinación
de los sentidos y la debilidad de nuestras fuer-
zas. Danos castidad de vida y pureza de cos-
tumbres.
Con tu mano maternal apártanos siempre de
aquellos lugares y reuniones que Tú no honra-
rías con tu presencia santa.
Infúndenos limpieza de pensamientos y de sen-
timientos, y haz que nuestras acciones sean las
propias de un hijo predilecto de la Virgen.
Te lo pedimos por tu Concepción Inmaculada y
por tu pureza sin mancha.
Todos: Dios te salve, María…
80
Lector: ¡Virgen y Madre Inmaculada!
Hay quienes en nuestras parroquias descono-
cen a tu Jesús y te desconocen a íi. Faltan
apóstoles que les hablen de la verdad, y que les
hagan sentir y vivir la vida cristiana, única vida
que ennoblece y dignifica.
Nos ofrecemos a Tí para que formes en noso-
tros un corazón nuevo, y lo llenes de fervores y
deseos encendidos de trabajar por la salvación
de tantos cristianos ingratos, indiferentes y des-
creídos.
Que en nuestras cristiandades, Señora, haya
apóstoles.
Que los dirigentes sean trabajadores abnega-
dos, verdaderos apóstoles para llevar muchas
almas a nuestro Señor Jesucristo y salvar a
nuestro pueblo.
Te lo pedimos por los dolores que padeciste por
nosotros, junto a la Cruz del Redentor.
Todos: Dios te salve, María…
81
CONSAGRACION
Todos: ¡Señora y Madre mía! Yo me ofrezco
del todo a Tí. Y en prueba de mi filial afecto, te
consagro en este día: mis ojos, mis oídos, mi
lengua, mi corazón; en una palabra todo mi ser.
Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guár-
dame y defiéndeme como cosa y posesión tuya.
Amén.
PLEGARIA FINAL
Lector: ¡Virgen Inmaculada! Recordando con el
mayor agradecimiento tus bondades, nos pos-
tramos ante tu altar.
Te aclamamos Reina y Señora, y te pedimos
humildemente sigas derramando sobre noso-
tros, tu favor y tu bendición copiosa.
¡Señora! Danos fuerza y valor. Queremos cum-
plir nuestras promesas con fidelidad.
82
Viviremos en gracia para merecer las bendicio-
nes de Dios. Nos desviviremos para que todos
los hombres conozcan el don de Dios.
Queremos que Cristo reine en los hogares, en
el trabajo, en las diversiones. Que sea el centro
de la vida humana.
Haced, Señora, que todos los católicos de ac-
ción, aunadas nuestras fuerzas a las órdenes
de la jerarquía, transformemos este mundo de
selvático en humano y de humano en divino.
Irradiando amor, trabajaremos para ganar para
Cristo a nuestros hermanos.
Acoge, Señora, estas promesas y anhelos.
Danos valor y fuerza y ansias de apostolado
para cumplir con fidelidad. Ofrécelos al Señor,
tu Hijo.
Reina, Virgen bendita sobre nosotros. Se, Tú,
nuestra Reina y Señora. Madre amadísima,
ámanos y bendícenos siempre.
Amén.
83
SALVE REGINA
Todos: Dios te salve Reina y Madre de miseri-
cordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios
te salve, a tí clamamos los desterrados hijos de
Eva; a tí suspiramos gimiendo y llorando en
este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora aboga-
da nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos. Y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen
María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para
que seamos dignos de las promesas de Cristo
84
Lector: Omnipotente, sempiterno Dios, que con
la cooperación del Espíritu Santo preparaste el
cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre
María, para que fuese merecedora de ser mora-
da digna de tu Hijo, concédenos que, pues cele-
bramos con alegría su conmemoración, por su
piadosa intercesión seamos liberados de los
males presentes y de la muerte eterna. Por el
mismo Cristo Señor nuestro.
Todos: Amén.
85
86
VISITA AL SANTISIMO
87
88
VI. VISITA AL SANTÍSIMO
¿Cómo hablas con el amigo? Con naturalidad y
sencillez. Así háblale ahora al Señor: cuéntale
tus cosas, tus ilusiones, tus necesidades y pro-
blemas... confía en Él. Sabes que te escucha
con interés, con amor. Tienes ahora ocasión de
testimoniarle, en su presencia, cuanto ansía tu
corazón.
Porque te quiere, porque lo necesitas, porque
es tu Amigo, quiso quedarse en el Sagrario
entre nosotros. («Misterio de fe»).
La Eucaristía, que es el centro de la vida litúr-
gica, ha de ser también el centro de tu pie-
dad.
Pero hay que escucharlo, porque Él nos habla,
y lo hace a través de los acontecimientos de la
vida diaria y de los hermanos.
Él tiene palabra de VERDAD y de VIDA.
89
Él sabe dejar esperanzas en nuestros corazones.
Ante la presencia real del Maestro, del Señor,
de tu Amigo, ábrele tu corazón.
Pídele por todos.
90
ORACIONES DE LA NOCHE
Y EXAMEN DE CONCIENCIA
91
92
VII. ORACIÓN DE LA NOCHE Y
EXAMEN DE CONCIENCIA
San Agustín llegó a descifrar el remedio de
todo mal; “Conózcate a Tí, Señor, y conózca-
me a mí”.
A Él le conoces por tu meditación de la maña-
na. A ti te conocerás por el examen de concien-
cia.
Haz cada noche tu radiografía espiritual.
“Confronta con el Evangelio tu vida de hoy...
Examina tu acción apostólica”.
Estudia con sinceridad y valentía la causa de
tus fracasos.
¡Conócete a ti mismo!
Para ello, haz cada noche tu examen de con-
ciencia.
93
EXAMEN DE CONCIENCIA
ORACIÓN PREPARATORIA
Todos: Creo, Señor, que estás aquí presente.
Te adoro. Te amo. Dame luz para conocer mis
desviaciones y gracia para dolerme de ellas.
JESUCRISTO TE HABLA
Lector
Hijo mío: pasa revista a tus posiciones y a tus
disposiciones interiores.
Tus pensamientos… tus aspiraciones… tus
palabras… tus obras…, ¿han sido dignas de un
Apóstol mío?
Y «aquello», es decir, tu pasión dominante. ¿Te
ha dominado también hoy? ¿Cuántos descala-
bros has sufrido? Y ¿Cuál ha sido la causa?
Piénsalo bien.
94
Revisa también los medios que YO te gané con
mi Sangre y que diariamente te ofrezco para
aumentar en ti mi gracia: Ofrecimiento de
obras…, Meditación…, Rosario…, Misa…, Co-
munión…, Visita al Santísimo…,: ¿Has dejado
de poner en práctica alguno ¡o algunos! de es-
tos medios de santificación?... ¿Por qué?
Y de tu apostolado ¿qué? ¿Verdad que podías
haber sido más generoso… más valiente… más
sacrificado…, y hasta más alegre?
Con un poco más de espíritu, ¿no podías haber
eliminado los obstáculos que has hallado en el
camino?
¿No has tenido tiempo de ser apóstol? Óyeme:
¿no te parece que, para lo que te preocupa de
veras, sabes buscar lugar, hallar lugar, «hacer»
lugar? YO que soy tu Dios, casi me conformaría
con que me trataras, como tratas a cualquier
amigo.
95
Porque, ¿qué has hecho hoy para que se Me
conozca y se Me ame más?
¿Recoges o desparramas? ¿En tu trabajo…, en
tus estudios…, en tu profesión…, en tus diver-
siones…, has sido mi apóstol? ¿Quisieras
haberme encontrado allí?
Ten presente que las infidelidades de los
«fieles» son las que más hondamente hieren mi
corazón. ¡YO CUENTO CONTIGO! ¡CONTIGO!
Y, tú ¿con quién o con qué cuentas?
Hijo mío, no pongas los medios a medias. Bus-
co tu ardor, tu brío y tu entrega. Un cristiano
tiene derecho al entusiasmo. Si quieres, pue-
des. Dime francamente; «Por más que cueste,
precisamente porque cuesta, viviré en tu gracia,
Señor» ¡Todo depende de que quieras en serio!
AHORA, HABLALE TU AL SEÑOR
96
Todos: Pésame, Dios mío, y me arrepiento de
todo corazón, de haberte ofendido. Pésame por
el infierno que merecí, y por el cielo que perdí.
Pero mucho más me pesa, porque pecando,
ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como
Tú. Antes querría haber muerto que haberte
ofendido, y propongo firmemente no pecar más
y ahuyentar las ocasiones de pecado. ¡Jesús
mío, misericordia!
ORACIONES DE LA NOCHE
Todos: Antes que termine el día pedimos,
Creador excelso, que por tu clemencia seas
custodio y defensor nuestro.
Vayan lejos los fantasmas de la noche y malos
sueños; y a nuestro enemigo enfrena, porque
no manche los cuerpos.
Hazlo, Padre piadosísimo, y tú, su igual Unigé-
nito, que reinas con el Espíritu Santo por siglos
eternos. Amén.
97
Lector: Tú estás en nosotros y tu santo nombre
ha sido invocado a nuestro favor; no nos aban-
dones, Señor y Dios nuestro.
Todos: Demos gracias a Dios.
Lector: En tus manos, Señor, encomiendo mi
espíritu.
Todos: Nos redimiste, Señor, Dios de verdad.
Lector: Sálvanos, Señor, mientras velamos,
guárdanos mientras dormimos, porque velemos
con Cristo y descansemos en paz.
Todos: Amén.
Lector: Cuídanos, Señor, como la pupila de tus
ojos.
Todos: Ten piedad de nosotros, Señor; ten
piedad de nosotros.
Lector: Bajo la sombra de tus alas, protégenos.
98
Todos: Venga, Señor, tu misericordia sobre
nosotros, conforme a la esperanza que tene-
mos en Tí.
Lector: En Tí, Señor, he esperado no seré
jamás confundido.
Todos: Señor, oye mi oración, y mi clamor lle-
gue a Tí.
Lector: Te suplicamos, Señor, que visites esta
casa y apartes lejos de ella todas las asechan-
zas del enemigo; habiten en ella tus Santos
Ángeles, que nos guarden en tu paz y tu bendi-
ción permanezca siempre con nosotros. Por
Jesucristo Nuestro Señor.
Todos: Amén.
99
100
ACCIÓN DE GRACIAS
Te damos gracias Señor por esta jornada que
termina.
Y también por los obsequios que recibimos de los
hermanos, invisibles unos, los de la comunión de
los santos, y visibles otros, envueltos en tanta
bondad.
¡Sí! es justo y necesario. Es nuestro deber el ser-
te agradecidos.
Por la vida que siguió acompañándonos hoy, por
el aire que respiramos, por el alimento, hasta por
lo que no nos hizo bien, por las espinas, por las
debilidades y miserias.
Por todo Padre, te damos gracias.
Y también te ofrecemos retomar nuestras decisio-
nes con pulso firme, con esperanza cierta.
101
DE LA MANO DE MARIA
Lector: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Ma-
dre de Dios. No desprecies nuestras plegarias en
la necesidad y de todo peligro, ¡líbranos siempre!
Todos: Santa María, Madre de Dios, ruega por
nosotros ahora y en todo momento.
Así sea.
BUENAS NOCHES SEÑOR
Como resumen, es la hora del encuentro, de la
intimidad, de la confidencia con el amigo, que com-
prende, que alienta, que cura heridas y que olvida.
Y así, en la compañía y en la placidez del reposo, a
soñar con nuevas rutas y con tareas inéditas, que
llegarán mañana y que ya empezamos a preparar
con el descanso.
Lector: Bendíganos y guárdenos el Omnipotente
y misericordioso Señor. Padre, Hijo y Espíritu
Santo.
Todos: Amén.
102
SACRAMENTO DE LA RECONCILIACION
(Confesión)
Es la segunda tabla de salvación después del
Bautismo.
Todos somos pecadores, y pecando ofende-
mos a Dios, a los hermanos y a la Iglesia.
Es Sacramento de la Penitencia nos «obtiene
el perdón de Dios y, al mismo tiempo, nos re-
concilia con la Iglesia. La Iglesia, con caridad,
con ejemplos y oraciones nos ayuda a la con-
versión».
Saborea el contenido profundo y consolador
de la reconciliación.
103
EXAMEN PARA PREPARAR UNA BUENA
CONFESION
Deberes para con Dios
¿Has descuidado totalmente la oración?
¿Rezas, siquiera, al levantarte y al acostarte?
¿Has faltado, con culpa, a Misa, los domingos y
días festivos? ¿Llegas tarde al Santo Sacrificio
voluntariamente?
¿Has trabajado, sin necesidad, más de dos horas
y media los días festivos?
¿Has jurado sin verdad, sin justicia, sin necesi-
dad? ¿Has leído literatura impía o irreligiosa?
¿Alimentas culpablemente dudas contra la fe?
¿tienes sin cumplir alguna promesa seria e impor-
tante? ¿Estás dispuesto a cumplirla? ¿Eres su-
persticioso? ¿Te dejas vencer, en tus conducta
religiosa, por respetos humanos? ¿Has hecho
confesiones sacrílegas, por falta de sinceridad o
por falta de propósito? ¿Has hecho comuniones
sacrílegas en pecado mortal? ¿Has guardado las
normas del ayuno eucarístico?
104
Deberes para con el Prójimo
¿Atiendes debidamente a tus familiares?
¿Cumples con los deberes Sagrados del Matrimo-
nio?
¿Te preocupas por la educación católica de tus
hijos?
¿Has faltado al respeto a tus padres?
¿Has desobedecido a tus superiores?
¿Te has portado mal con tus iguales o inferiores?
¿Has hecho daño al prójimo en su bienes?
¿Has hecho daño al prójimo en su fama, mante-
niendo o revelando pecados ocultos?
¿Has realizado ganancias por medios ilícitos?
¿Has sido motivo de que otros pequen?
¿Odias a alguna persona? ¿Le has deseado
algún mal? ¿Has mentido?
Has herido o golpeado al prójimo? ¿Eres respon-
sable de la muerte de alguno?
105
¿Estás dispuesto a reparar el daño que hayas
causado al prójimo en sus bienes, en su fama o
con el mal ejemplo que le has dado?
¿Has descuidado tus deberes profesionales?
¿Has cometido acciones deshonestas con otra
persona? ¿Asistes a diversiones peligrosas?
¿Tienes voluntariamente ocasiones de pecar?
¿Estás dispuesto a evitarlas?
¿Has pecado con los ojos, leyendo libros des-
honestos, asistiendo a espectáculos inmorales o
de alguna otra manera?
¿Has tenido conversaciones deshonestas, e im-
propias de un Cristiano?
Deberes para contigo mismo
¿Te has embriagado asta perder la razón?
¿Acostumbras beber mucho aunque no hayas
llegado al extremo de le embriaguez?
¿Te deleitas voluntariamente con pensamientos y
deseos impuros?
106
¿Has cometido acciones deshonestas contigo
mismo?
Deberes para con la Iglesia
¿Has hablado mal de la Iglesia o de sus minis-
tros?
¿Ayudas con tu limosna al culto?
¿as dado ocasión a que otros se escandalizaran
ante tu conducta?
¿Respetas a los que viven de buena fe en otra
religión? ¿Pides y te sacrificas por su conversión?
¿as cumplido con el precepto pascual, confesan-
do y comulgando en el tiempo señalado?
¿Has cumplido con la ley de ayuno y abstinencia?
¿Perteneces a asociaciones o partidos enemigos
de tu fe?
ACTO DE CONTRICION: (Como en la página 66)
107
108
HORA APOSTOLICA
109
110
VIII. HORA APOSTOLICA
La hora apostólica es una hora en que los cris-
tianos tenemos la audiencia con Jesucristo. Y
nos empeñamos en que El nos conquiste.
Y «tramamos» con El la salvación del mundo,
ante el Sagrario, que es la fuente de Su Gracia.
Las rodillas son las grandes palancas del após-
tol.
Para penetrarnos más y mejor de lo que somos,
de lo que creemos y de lo que queremos,
para agradecerle la maravilla de la Gracia,
para arrancar de sus manos nuevos dones,
para impulsar a los hermanos en su camino
hacia Dios,
recemos juntos la
111
LA HORA APOSTÓLICA
I
Presentación al Señor
Lector: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espí-
ritu Santo.
Todos: Amén.
Lector: Incorporados a J E S U C R I S T O, glorifi-
quemos al PADRE, en la alegría del ESPIRITU SAN-
TO.
Todos: Gloria al P A D R E, y al H I J O, y al ESPIRI-
TU SANTO. Como era en el principio ahora y siem-
pre, por los siglos de los siglos. Amén.
Lector: Señor JESUCRISTO: tus Cursillistas de Cris-
tiandad, que, en su audacia, y fiados de tu ayuda,
quieren ser fermento vivo entre la Cristiandad de... se
postran reverentes ante Ti.
Todos: Queremos CONOCER a Jesucristo,
queremos AMAR a Jesucristo,
queremos AYUDAR a Jesucristo,
queremos SUFRIR por Jesucristo,
queremos VIVIR en Jesucristo.
112
Lector: Queremos ser tuyos, Señor, los tuyos
de veras: los que no duden, los que no titubeen,
los que no se desalienten, los que no conozcan
las medias tintas ni las posturas ambiguas, los
que lo den todo antes de traicionarte.
Por esto, en esta Hora Apostólica, en amigable
intimidad, te rogamos que nos ENSEÑES, que
nos FORMES, que nos VENZAS, y nos EN-
CIENDAS en santa valentía y en afanes apostó-
licos.
Todos: Señor: Eres nuestro DIOS Y MAES-
TRO, Sólo Tú tienes palabras de vida eterna.
¡Que conozcamos el don de Dios! Eres nuestro
HERMANO Y AMIGO: ¡Haznos amigos tuyos
fidelísimos! Eres nuestro único Señor, Señor de
todas las cosas, Señor de todas las gentes.
¡Haznos apóstoles de tu REINO miembros vi-
vos de tu Santa IGLESIA!
113
¡Que sintamos la alegría de ser apóstoles!
¡Danos el brío ilusionado de ser testigos tuyos
ante los hombres!
Lector: En esta hora apostólica permanecere-
mos al pie de tu Cruz, con tu Madre y Señora,
como San Juan el apóstol, el de la invencible
fidelidad.
Todos: Señor, nos acercamos a tu SANTA
Cruz adorando el misterio de tu Pasión.
Abrazamos tu cuerpo destrozado de tormentos
y ensangrentado de heridas.
Quisiéramos sentir en nuestras frentes culpa-
bles, la sangre que brota a raudales de tus lla-
gas.
Besamos tu rostro manchado de polvo, y de tus
labios entreabiertos recogemos aquel “TENGO
SED” que abraza tu alma de sed divina.
114
En firme vigilia, rodeamos tu Cruz sacrosanta
para ACOMPAÑARTE en tu hora suprema;
para orar contigo por la IGLESIA,
para OFRECERNOS contigo como víctimas;
para COMPARTIR tus dolores y anhelos;
para CONSOLARTE agonizante en la Cruz;
y CONSOLARTE en las presentes angustias de
tu IGLESIA;
para DESCARGAR nuestros pecados e ingrati-
tudes;
y para PAGAR por los pecados de todos los
cristianos y de todos los que no los son todavía,
de los cuales nos sentimos responsables ante
TI.
115
II
CANTICO
Tú reinarás, este es el grito que ardiente exhala
nuestra fe;
Tú reinarás, ¡Oh Rey Bendito! pues Tú dijiste:
Reinaré.
Reine Jesús por siempre, reine su corazón, en
nuestra Patria, en nuestro suelo,
que es de María la Nación;
en nuestra Patria, en nuestro suelo,
que es de María la Nación.
Lector: ¡Queremos que Cristo reine sobre no-
sotros!
Todos: Amén
Lector: ¡Alabado sea JESUCRISTO!
Todos: Amén
Lector: ¡Venga a nosotros tu Reino!
Todos: PADRE NUESTRO, VENGA A NOSO-
TROS TU REINO!
116
PALABRAS DE JESUCRISTO
(TRANSMITIDAS PRO EL SACERTOTE O
LEIDAS EN UN LIBRO)
III
PLEGARIA A JESUCRISTO
Lector: EL PECADO hiere el corazón de CRIS-
TO, priva al hombre de la VIDA DIVINA; le arre-
bata el mejor de los dones; ofende a la justicia
de Dios.
Pidamos al Señor su misericordia por nosotros,
por nuestros cristianos comprometidos, por
nuestros militantes de Cristiandad, por todos los
cristianos de...
Todos: Señor: Míranos con ojos de misericor-
dia y perdón. Sentimos horror de nuestras infi-
delidades, y las infidelidades de nuestros her-
manos, los cristianos de Monterrey que ante Ti
representamos. No mires la ruindad de nuestra
vida, sino el amor con que nos amaste en la
Cruz.
117
Lector: Por nuestras incomprensibles flaque-
zas, por el desprecio con que a veces oímos tu
voz.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por la tardanza en aceptar tus exigen-
cias. Por la tibieza con que andamos tu camino,
por los «peros» que ponemos a tu amor, por
nuestras cobardías ante una sonrisa cualquiera.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por no haber aceptado con la generosi-
dad que debiéramos, el plan de santificación
que te has formado sobre cada uno de noso-
tros.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por las INJUSTICIAS que hemos co-
metido con los que están en torno nuestro, des-
conociendo en ellos tu rostro y alimentado ne-
ciamente nuestro EGOISMO.
118
Todos: Perdón, Señor, Perdón
Lector: Por nuestros pecados de omisión: por-
que tienes hambre y no te hemos dado de co-
mer; estás desnudo y no te hemos procurado
vestido; estás enfermo y n te hemos visitado,
vives en chozas infrahumanas y no te hemos
dado techo seguro.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por nuestra falta de UNION con los
demás, que muchas veces ha hecho infructuo-
sos los esfuerzos evangelizadores de la Iglesia.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por la rutina en nuestras comuniones,
por el desaliento ante los sacrificios, por la pe-
reza en practicar el bien, por la debilidad en
arrancar nuestros defectos.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
119
Lector: Por nuestra falta de fe, de ardor en el
apostolado, por nuestra apatía en la conquista
de las almas, por no haber defendido los dere-
chos de tu Reino.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por los que corrompen a sus hermanos
con promesas de falsa felicidad.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por los que nos odian, nos hieren con
sus críticas y murmuraciones que encienden
enemistades.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por los jóvenes que entran a formar un
hogar sin hacerte SEÑOR de su hogar; por las
familias que viven al margen de tu ley; por los
padres que descuidan la cristiana educación de
sus hijos.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
120
Lector: Por los que se tienen por cristianos, y
no viven en GRACIA, y rehúsan ser apóstoles.
Todos: Perdón, Señor, Perdón.
Lector: Por todos nuestros pecados.
Por los pecados de la cristiandad de.... Por los
pecados de todos los hombres del mundo ente-
ro…
Todos: Perdón, Señor, Perdón (se repite tres
veces)
El lector entona: «¡Perdón, oh Dios mío!»
CANTO
Perdón, oh Dios mío.
perdón e indulgencia,
perdón y clemencia,
perdón y piedad.
121
IV
PRECES A JESUCRISTO REY
Lector: Bendice, Señor, a nuestra Santa Madre, la
IGLESIA CATOLICA.
Todos: Que Dios se digne pacificarla, unirla, cus-
todiarla en todo el orbe de la tierra, vivificándola
cada día, extendiéndola hasta los últimos confines
de la tierra, para que ella, a través de todos noso-
tros, sus miembros, glorifique a Dios Padre Omni-
potente.
Lector: Bendice a nuestro Santo Padre, el PA-
PA…, a los OBISPOS, sucesores de los Apósto-
les, a nuestro querido OBISPO de Monterrey, a
nuestros PARROCOS, que rigen el pueblo Santo
de Dios.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Bendice a nuestros SACERDOTES, a los
jóvenes de nuestros SEMINARIOS: ¡Que sean luz
y sal de nuestra tierra!
Todos: Te rogamos, óyenos.
122
Lector: Bendice a nuestros Religiosos y Reli-
giosas. A los noviciados y casas de formación.
¡Que sean fermento de vida evangélica en
nuestra patria!
Todos: Te rogamos, óyenos
Lector: Bendice a nuestro pueblo y a sus GO-
BERNANTES para que haya justicia dentro del
orden; para que haya Paz en la tierra.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Bendice nuestra sed de ser SANTOS,
nuestras ansias apostólicas, nuestra familia,
nuestros estudios, nuestros trabajos, todas
nuestras cosas.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Bendice las ORGANIZACIONES Y MO-
VIMIENTOS APOSTOLICOS de la Iglesia.
Todos: Te rogamos, óyenos.
123
Lector: Bendice a nuestros asistentes, a todos
nuestros DIRIGENTES Nacionales, Diocesanos
y Parroquiales.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Danos éxito espiritual en todas nues-
tras EMPRESAS APOSTOLICAS ¡Qué TODOS
los llamados sean SANTOS!
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Bendice los CURSILLOS DE CRIS-
TIANDAD.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Bendice las REUNIONES DE GRUPO,
forja de tus mejores. Despierta la inquietud de
los que, por descuidarlas perdieron a ilusión
apostólica de tu Gracia.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Bendice, Señor, nuestras ULTREYAS;
dales vida vigor y eficacia.
Todos: Te rogamos, óyenos.
124
Lector: Bendice las actividades que tienen en-
tre manos El SECRETARIADO DE CURSI-
LLOS; inspira y bendice las que debiera tener.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Infúndenos una piedad auténtica, ad-
hesión a la Jerarquía, alegría y simpatía en el
trato con los hermanos, ardor y brío apostólicos
para no cruzarnos nunca de brazos y trabajar
siempre más y mejor.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Haz que con tu Gracia, sintamos la
RESPONSABILIDAD de la gran misión Apostó-
lica que nos has confiado.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Que no necesitemos milagros para
creer y obrar, pero que tengamos tanta FE, que
merezcamos que nos los hagas.
Todos: Te rogamos, óyenos.
125
Lector: Danos cristianos que te amen sobre
todas las cosas; almas de Sagrario, adelanta-
dos de tu reino, fieles al lema: «AUNQUE TO-
DOS TE ABANDONEN, YO NO»
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por los que llevan el peso de nuestros
ambientes, por el más valiente y sacrificado.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por el más cobarde de nosotros, por el
que más necesita de tu Gracia; por el que cree
necesitarla menos; por el que de nosotros me-
nos trabaja y se sacrifica menos; por los que se
conforman con lo que han hecho.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por los que se empeñan en servir a dos
señores. Por los que se enfrían en tu Santo
Servicio, por el que más nos fastidia y santifica.
126
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por el primero que va a burlarse de noso-
tros, cuando le expongamos nuestro Ideal Apostó-
lico.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Para que sepamos superar con tu Gracia,
los FRACASOS, para que sepamos sacar de ellos
fruto apostólico; para que no nos envanezcamos
con los EXITOS.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por las almas que has vinculado a nuestra
generosidad; por las almas que, con tu ayuda,
CONQUISTAREMOS; Por las que te conocerían si
fuéramos más generosos.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por los que menos se interesan por tu
REINO; por los Cristianos que no te conocen; por
los que no nos comprenden; por los que nos
COMPADECEN.
127
Todos: Te rogamos, óyenos.
(Breve silencio para rogar por alguien en espe-
cial)
Lector: Bendice Señor a los enfermos, a los
pobres, a los presos, a cuantos SUFREN Y
PELIGRAN.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Bendice a los HERMANOS SEPARA-
DOS para que todos los que invocan tu nombre,
lleguen a la unidad en el seno de la única Igle-
sia.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Bendice a los PAGANOS, que sin co-
nocerte, te buscan; dales Señor Misioneros;
dales FE.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por nuestra intención particular.
128
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por los PLANES APOSTÓLICOS de
nuestro Secretariado de Cursillos.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por las intenciones del Señor OBISPO.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Por las intenciones del ROMANO
PONTÍFICE.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Lector: Medita ahora por un momento, la frase
que más se haya clavado como un dardo, en tu
corazón. ¿Qué quieres, Señor, de mí?
Todos: Habla Señor, que tu siervo escucha.
(pausa)
129
Lector: ¡ALABADO SEA JESUCRISTO!
Todos: Por siempre sea alabado.
Lector: Antes MORIR
Todos: Que separarnos de Ti.
130
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Pangue Lingua
Del cuerpo siempre glorioso
Canta ¡oh lengua! El gran misterio
Y de la sangre preciosa
Que se dio del mundo en precio
Y derramó el Rey del mundo
Fruto del virginal seno.
Tantum ergo
Veneremos pues humildes
tan augusto Sacramento
y a la antigua ceremonia
sustituya el rito nuevo;
Supla la fe más ardiente
de sentidos, el defecto.
Sea gozo y alabanza
al Padre y al Hijo excelsos,
salud, honor y grandeza,
y bendición y respeto,
y al que de entrambos procede
Sea igual loa y obsequio. Amén
131
V
CONSAGRACION A CRISTO REY
Todos: ¡Sagrado Corazón de Cristo Rey! Míra-
nos a tus plantas, adorando tu grandeza divina.
Con honda gratitud reconocemos que nos has
elegido entre muchos para ser los Apóstoles de
tu Reino
Queremos ser tuyos de veras, Señor, y
por mediación de la Virgen Santísima, nuestra
madre, nos consagramos a Ti. Queremos tener
el alma vestida siempre de gracia.
Danos fuerza para llevar la Cruz mien-
tras nos dure la vida. Aunque todos a nuestro
alrededor sean cobardes, queremos Señor, ir
contra corriente detrás de Ti, que eres el Cami-
no, la Verdad y la Vida. Jesús nuestro, haznos
apóstoles. Enséñanos a rezar. Danos el ansia
de la Sagrada Comunión. Enséñanos a predi-
carte con nuestra vida y con nuestra palabra.
Haz Señor, que abramos para todos los hom-
bres un ancho camino a Tu Gracia. Haz que el
mundo vuelva a Ti, aunque nos cueste la vida.
Amén.
132
BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO Y
PLEGARIA FINAL
Lector entona:
Cantemos al amor de los amores, cantemos al
Señor.
Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a
Cristo Redentor.
Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra,
bendecid al Señor.
Honor y Gloria a Ti, Rey de la gloria,
Amor por siempre a Ti, Dios del Amor.
ORACION
Sacerdote: Les diste el Pan del Cielo.
Todos: Que contiene en sí todo deleite
Sacerdote: ¡Oh Dios, que en este Sacramento
admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión!
Te pedimos nos concedas venerar de tal modo
los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu san-
gre, que experimentemos constantemente en
nosotros el fruto de su Redención.
133
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Todos: Amén
Sacerdote y Todos:
Bendito sea Dios.
Bendito sea tu Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verda-
dero Hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento
del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendito sea la excelsa Madre de Dios, María
Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su Gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
Bendito sea Dios en sus Angeles y en sus San-
tos.
134
CANTO
(Mientras se hace la Reserva)
Bendito, Bendito, Bendito sea Dios,
los Angeles cantan y alaban a Dios. (bis)
Yo creo Jesús mío que estas en Altar,
oculto en la hostia te vengo a Adorar,
oculto en la hostia te vengo a Adorar.
Bendito, Bendito, Bendito sea Dios,
los Angeles cantan y alaban a Dios.
(MOMENTO PARA ENTREGA DE CRISTOS)
PLEGARIA FINAL
DE LA MANO DE MARIA
Lector: Y ya para terminar nuestra celebración,
un último recuerdo a ella. A nuestra Madre,
Santa María, a la Señora.
135
También está comprometida con nosotros: Si-
gue necesitándonos en el doloroso alumbra-
miento del Cristo total; Cristo que, por voluntad
del Padre, hemos de formar todos los hombres.
Tomémosla de la mano, con seguridad. Y tam-
bién con ella iniciemos la marcha.
Así no faltará el Pan de la Fe en nuestros hoga-
res, ni el fuego del amor en nuestros corazones.
Todos: ¡Señora! Danos fuerza y valor. Quere-
mos cumplir nuestras promesas con fidelidad.
Viviremos en Gracia para merecer las Bendicio-
nes de Dios.
Queremos que Cristo Reine en los hogares, en
el trabajo y en las diversiones. Que sea el cen-
tro de la vida humana.
136
Haced Señora que todos los católicos de ac-
ción, aunadas nuestras fuerzas a las órdenes
de la jerarquía transformemos este mundo de
selvático en humano y de humano en Divino.
Irradiando amor, trabajaremos para ganar para
Cristo a nuestros hermanos.
Acoge Señora, nuestras promesas y anhelos.
Ofrécelos al Señor tu Hijo.
Danos valor y fuerza y ansias de apostolado
para cumplir con fidelidad.
Reina, Virgen Bendita, sobre nosotros.
Sé Tú nuestra Reina y Señora.
Madre Amadísima; ámanos y bendícenos siem-
pre. ¡Amén!
137
138
VIA CRUCIS
139
140
IX. VÍA CRUCIS
(del P. Llanos, S.J.)
Dice Cristo: «El que quiera venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz, y síga-
me» (Mt. 16, 24).
Y, desde entonces, la autenticidad de la vida cris-
tiana se mide por el modo de llevar la cruz.
La práctica frecuente del Vía Crucis te enseñará a
solucionar en cristiano los problemas (cruces) y te
dará fortaleza para abrazar el dolor.
Así completarás en ti lo que falta a la pasión de
Cristo.
Todos: Por la señal de la Santa Cruz + de nues-
tros enemigos + líbranos Señor, Dios nuestro + En
el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu San-
to. Amén +
Acto de Contricción (Pág. 66).
141
I Estación
JESÚS CONDENADO A MUERTE
Jesús frente a Pilatos. Hay una guerra a muerte
entre el mundo, representado por Pilatos y Cristo.
Hay que escoger bandera y partido. O con el
mundo, que se divierte condenando a Cristo, o
con Cristo que, por amar, es condenado a muerte.
Sé en qué partido estuve hasta el día de hoy. Me
duele. ¿Dónde voy a estar desde mañana?...
¡¡Señor!! ¡Dime que no soy del mundo; dime que
no es posible servir a dos señores! (Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
Padre Nuestro...
142
II Estación
JESÚS CON LA CRUZ CUESTAS
Recibe Él, con amor, el madero donde van mis
pecados y miserias todas. Las que cometí y no
pagué, porque las pagó Él. Las pagó Él... Fue-
ron sobre sus hombros.
Por eso fui su verdugo y no su discípulo.
Ahora quiero aprender de Él, y marchar tras Él
con la cruz mía: la que yo fabriqué y Él so-
portó...
Ahora prometo hacer penitencia, para pagar mis
deudas, para devolver amor...
¡¡Señor!! ¡Porque quiero ser tu discípulo, quiero
negarme y llevar mi cruz! (Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a
mí pecador.
Padre Nuestro...
143
III Estación
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
Y cayó porque le pesaba mi carga... Y cayó para
que yo no me desanime en mis caídas.
Si me pesa la vida, si caigo, acuérdeme, le pesa-
ba a Él mi cruz. Llevaba sobre sus hombros mis
pecados, mis incapacidades, mis fallos, mis impo-
tencias... Todo lo mío... Porque es mi hermano, y
conmigo avanza por la vida.
Él lleva mi vida y mis obras, hechas cruz, sobre
sus hombros.
¡¡Señor!! ¡Hazme tu yugo suave y tu carga lige-
ra!... (Silencio)
Adorámoste Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
(Canto)
144
IV Estación
JESÚS SE ENCUENTRA A SU MADRE
Siete espadas atraviesan el corazón de Ella... Se
las clavo yo, que llevo así a Jesús por las calles
de Jerusalén. Yo, que hice llorar a tantos, la hice
también llorar a Ella... Yo, que tengo el corazón
endurecido... ¡Qué bien sé cargar maderos en las
fuertes espaldas del Señor!... ¡Qué bien sé clavar
espadas en el blando corazón de la Madre!!...
¡¡Señor!! ¡Haz que mi corazón de piedra se haga
corazón de carne!... (Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
Padre Nuestro...
145
V Estación
EL CIRINEO AYUDA A LLEVAR LA CRUZ
Egoísta como el de Cirene, contemplo a Jesús
con su carga. A aquel hombre le obligaron los
soldados a salir de su indiferencia y tomar la cruz.
¿No será el amor, la contrición, los que me obli-
guen a mí a salir de mi abulia y cobardía, para
pedirle al Señor que me deje tomar parte de su
Cruz? Porque en ella está la salud y la vida, por-
que la necesito; porque me la merezco; porque
quiero llevar con mi Hermano la paga de mi vida.
¡¡Señor!! Dame tu Cruz. (Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
Padre Nuestro...
146
VI Estación
LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE
JESÚS
Cobarde, como todos aquellos que contemplan la
caravana; cobarde, yo no me atrevo a confesar a
Jesús ante los hombres; no me atrevo a salir al
camino como la Verónica y enjugar su rostro...
No me atrevo a ser piadoso ante los demás... No
me atrevo a ser misericordioso, enjugando el ros-
tro de los otros Cristos, de todos los que sufren...;
no me atrevo...
¡¡Señor!! ¡Desata mi cobardía para que ante el
mundo te proclame a Tí!... (Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos
Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
(Canto)
147
VII Estación
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
Humillado, cae a los pies de los soldados. No
había venido a ser servido, sino a servir.
Abyección de la plebe y oprobio de las gentes...
Jesús, pisoteado, para que yo pisotee las glorias
del mundo, sus vanidades y mis orgullos y mis
soberbias. Para que sea humilde, Jesús a los
pies de los Apóstoles; Jesús, a disposición de
todos, para que todos le comamos... ¡Y le segui-
mos pisoteando...!
¡¡Señor!! Tu discípulo no quiere ser más que su
Maestro... ¡Envíame fracasos y deshonras!
(Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
Padre Nuestro...
148
VIII Estación
JESÚS Y LAS MUJERES DE
JERUSALEM
Reprende el Señor aquellas lágrimas. Prefiere
una compasión más viril, la que florece en contri-
ción y penitencia. La que quiere de mí. Es fácil la
piedad sensible; rehuimos la piedad sacrificada, la
que hace de la mortificación y del seguimiento de
Cristo una profesión heroica... ¡Cuántos lloran al
paso de Jesús, y qué pocos le siguen!... ¡Cuántos
sarmientos secos en la viña, y qué pocos sarmien-
tos vivos y doblados por el peso de los frutos!...
¡¡Señor!! ¡Mírame; corrígeme!; sabes mi debilidad,
que me tiene al margen de tu camino; dime como
a Lázaro: «¡Levántate y anda!». (Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
Padre Nuestro...
149
IX Estación
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
Una vez más cae por tierra; y una vez más surge
y asciende para darme el Señor la lección de
heroica perseverancia. Porque el cansancio en el
camino de Cristo es de todos y es de siempre; es
mi enfermedad, mi vida; me canso de seguirle, me
canso de la virtud..., me canso..., me aburro...
Cristo cae y se levanta hasta el fin. Así Señor,
hasta el fin de mi vida, por duro que sea el cami-
no, por largo que sea, siempre levantándome,
siempre...
¡¡Jesús!! Cuando veas que me sumerjo perdiendo
la confianza..., que tus manos me tomen, que tus
labios me digan: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué
dudas? (Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos
Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
(Canto)
150
X Estación
JESÚS DESPOJADO
DE SUS VESTIDURAS
Despojado de todo, libre, sin las mil ataduras con
que los hombres nos atamos a la tierra.
Jesús despojado, sin nada, frente a mis concupis-
cencias de cosas, de mundo, de placeres, de cari-
ño... Jesús, pobre... Jesús solo... Yo, rico, yo,
espléndido; yo, mimado y querido...
Por mis culpas y mis malos deseos, y mis codicias
y mis injusticias, Jesús padece pobreza, deshon-
ra, soledad... y los sigue padeciendo en sus po-
bres, imágenes suyas, pedazos de su Cuerpo
Místico. Y lo sigue padeciendo en sus Sagrarios...
¡¡Señor!! ¿Aprenderé a vaciar mi corazón de tie-
rra, a entender lo que es pobreza, lo que es humil-
dad, lo que eres Tú? ¡Habla, Señor, que tu siervo
escucha!... (Silencio)
151
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
Padre Nuestro...
XI Estación
JESÚS ES CRUCIFICADO
Cae el martillo; traspasan los clavos la carne de
Dios; mis pecados golpean; mis pecados de carne
se ceban en la carne divina; mis lascivias hacen
llagas en el casto cuerpo de Jesús; mi lujuria en-
sangrienta su pureza.
Y quedan sus manos abiertas y sus pies clavados.
Y yo, enfrente, entre el mundo que ríe: ¡Bájate de
la Cruz! ¡Bájate de la Cruz!... Pero no, Señor, no
te bajes. ¿Qué sería de mí si dejaras tu puesto
que es el mío, el suplicio que yo me gané y que
Tú padeces?
152
No te bajes, Señor, y escóndeme en tus llagas
para que se duela allí mi espíritu y se haga casta
mi carne. (Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
Padre Nuestro...
XII Estación
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
Y habiendo dado una gran voz, inclinó la cabeza y
expiró. En las manos de su Padre había puesto su
espíritu; y en las de los hombres, su perdón, su
sangre y su Madre.
Todo lo había consumado. Nada más podía
hacer ya. ¿Me parece poco? ¿Nos parece po-
co?... Sin duda, porque aún seguimos pecando y
pecando, me parece poco la sangre y la muerte
de Dios.
153
Él lo sabía y desde su cruz me miró enternecido y
exclamó: «Tengo sed».
Aún le restaba amor y sed de padecer más por mí,
aún, todavía más... Y un día y otro, sigue su sacrificio
en los altares, a través de los siglos, y de los años, y
de los minutos... ¡Y yo aún sigo pecando! ¡¡Señor,
Señor!!, ¿Hasta cuándo?... (Silencio)
Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
(Canto)
XIII Estación
DESCENDIMIENTO DEL SEÑOR
Sobre el seno de María queda el cadáver de Jesús.
Ella, en silencio, contempla y llora... Es mi obra, la
que más cuidé, la que mejor concluí: ¡Señora, yo lo
hice; yo maté a tu Hijo, con mis crueldades y tibiezas,
con mis injusticias y cobardías, con mis impiedades;
yo fui, Señora!...
154
Tú me lo diste hecho vida, yo te lo devuelvo muer-
to... Es mi obra, lo único grande que hice en mi
vida, lo único eficaz... Ella, en silencio, contempla
y llora…
Jesús ha muerto. ¿Y yo, tras contemplar y pedir
perdón, volveré otra vez a empezar?...
(Silencio)
Adorámoste, Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
Padre Nuestro...
XIV Estación
JESÚS ES SEPULTADO
El sepulcro del Señor es urna de esperanza. Es
silencio prometedor de victorias. Es ansia de resu-
rrección...
155
Como el Sagrario, el pequeño sepulcro místico de
Jesús, con su puerta sellada y su silencio expresi-
vo, y sus promesas de vida…
Vigilaban los guardias, y yo vigilaré; esperaban las
mujeres y yo esperaré..., esperaré la aurora del
día, cuando venga mi resurrección y el verle cara
a cara, y el abrazo estrecho y divino, de duración
eterna...
¡¡Ven Señor Jesús, ven!! ¡¡Apunte la aurora de tu
vida: ven!! (Silencio)
Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí
pecador.
(Un Padre Nuestro por las intenciones del Roma-
no Pontífice).
156
INDICE
Oraciones de la Mañana …………………..… 5
Ofrecimiento de obras ……………………….. 8
Angelus ……………………………………….. 11
Regina Coeli ………………………………….. 13
Angel de la Guarda ………………………….. 14
Preparación a la meditación ………………... 15
Acción de gracias a la meditación …………. 19
Explicación de la misa ………………………. 23
Celebración eucarística …………………… 27
Santo Rosario ………………………………... 63
Felicitación Sabatina ………………………… 75
Visita al Santísimo … ……………………….. 87
Oraciones de la noche y Examen de
conciencia …………………………………….. 91
Acción de gracias del día …………………… 101
Sacramento de la Reconciliación ………….. 103
Examen para una buena confesión ……….. 104
Hora Apostólica ……………………………… 109
Vía Crucis …………………………………….. 141
157
158
159
160