Filosofía, Integradora
1) La filosofía es un constante pase del mito al logos. Lee el siguiente texto y a partir del
establecer las semejanzas y diferencias entre mito y logos (filosofía).
Hace un instante, les decía que filosofar era el esfuerzo por adquirir certeza acerca de lo fundamental.
Pero debo apresurarme a reconocer que eso, sin más, no es filosofar. Nuestros remotos abuelos
ibéricos, los que decoraban las paredes de la cueva de Altamira, y todos los humanos, desde la oscura
frontera de su aparición, han hecho ese esfuerzo porque el hombre es un ser inseguro, y ciertamente,
no filosofaban. El intentar obtener un saber, un conocimiento adecuado de las cosas, para actuar
adecuadamente sobre ellas de manera ajustada a sus propósitos, es algo que el hombre hace desde que
lo hay. La filosofía consiste, sí, en eso mismo, pero rechazando ciertas formas y técnicas de
conocimiento y sustituyéndolas por otras. El hombre se halla siempre dotado de ciertas creencias que
recibe de su entorno, es por ello constitutivamente un ‘heredero’, y confía –es decir, cree- en
determinados procedimientos como los más acreditados para orientar su existencia. Pues bien, la
filosofía surgió en el ánimo de algunos hombres cuando se sintieron en desvío respecto a las creencias
entonces vigentes, y tuvieron la audacia incomparable de atreverse a sustituirlas por otras nuevas: la
fe en el poder esclarecedor de la propia razón humana como método superior de conocimiento, la fe
en la mera razón como intérprete de la enigmática realidad que nos rodea.
(Paulino Garagorri. Introducción a Ortega)
En Grecia es la filosofía quien inventa el Conocimiento como modo de pensar riguroso, el cual se
impone al hombre haciéndole ver que las cosas tienen que ser como son y no de otra manera.
Descubre el pensamiento necesario o necesitativo. Al hacerlo se da perfecta cuenta de la diferencia
radical entre su modo de pensar y los otros que en torno de ella existían. ¿Qué otras formas de actitud
mental ante la Realidad había a la vista? La religión, la mitología, la poesía, las teologías órficas. El
pensar de todas estas ‘disciplinas’ consiste en pensar cosas plausibles, que acaso son, que parecían
ser; pero no en pensar necesidades, cosas que no dependen de nuestro albedrío reconocer o no, sino
que, una vez entendidas, se imponen sin remedio a nuestra mente.
(José Ortega y Gasset. La idea de principio en Leibniz)
2) A partir el texto analiza cual es la función de la filosofía. Relacionar con él cuente “Historia
de un buen Brahamin” visto al inicio de clase.
Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta
se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras
preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para ‘entristecer’. Una
filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez,
hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento
bajo todas sus formas.
¿Existe alguna disciplina, fuera de la filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones,
sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no
podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma
también la asombrosa complicidad de las víctimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo
agresivo, activo y afirmativo. Hacer hombres libres, hombres que no confundan los fines de la cultura
con el provecho del Estado, la moral o la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que
ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios. ¿Quién, a excepción de la
filosofía, se interesa por todo esto? La filosofía como crítica nos dice lo más positivo de sí misma:
empresa de desmitificación. Y, a este respecto, que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la
filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza, serían aún mayores si no subsistiera un
poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que querrían, que respectivamente les
prohíbe, aunque sólo sea por el qué dirán, ser todo lo estúpida y lo baja que cada una por su cuenta
desearía. No le son permitidos ciertos excesos, pero ¿quién, excepto la filosofía, se los prohíbe?
¿Quién les obliga a enmascararse, a adoptar aires nobles e inteligentes, aires de pensador?
Ciertamente existe una mixtificación específicamente filosófica; la imagen dogmática del
pensamiento y la caricatura de la crítica lo demuestran. Pero la mixtificación de la filosofía empieza a
partir del momento en que ésta renuncia a su papel desmitificador, y tiene en cuenta los poderes
establecidos: cuando renuncia a detestar la estupidez, a denunciar la bajeza. Es cierto, dice Nietzsche,
que actualmente los filósofos se han convertido en ‘cometas’. Pero desde Lucrecio hasta los filósofos
del siglo XVIII debemos observar estos cometas, seguirlos todo lo posible, hallar su camino
fantástico. Los filósofos cometas supieron hacer del pluralismo un arte de pensar, un arte crítico.
(Gilles Deleuze. Nietzsche y la filosofía)
3) A partir de los siguientes textos señala las semejanzas y diferencias entre ciencia y filosofía
Entrevimos que la verdad científica, la verdad física, posee la admirable cualidad de ser exacta, pero
es incompleta y penúltima. No se basta a sí misma. Su objeto es parcial, es sólo un trozo del mundo y
además parte de muchos supuestos que da sin más por buenos; por tanto, no se apoya en sí misma, no
tiene en sí misma su fundamento y raíz, no es una verdad radical. Por ello postula, exige integrarse en
otras verdades no físicas ni científicas que sean completas y verdaderamente últimas. Donde acaba la
física no acaba el problema; el hombre que hay detrás del científico necesita una verdad integral y,
quiera o no, por la constitución misma de su vida, se forma una concepción enteriza del Universo.
Vemos aquí en clara contraposición dos tipos de verdad: la científica y la filosófica. Aquélla es exacta
pero insuficiente; ésta es suficiente pero inexacta. Y resulta que ésta, la inexacta, es una verdad más
radical que aquélla –por tanto y sin duda, una verdad de más alto rango– no sólo porque su tema sea
más amplio, sino aun como modo de conocimiento; en suma, que la verdad inexacta filosófica es una
verdad más verdadera.
(José Ortega y Gasset. ¿Qué es filosofía?)
La filosofía como pensar necesario era ‘el’ Conocimiento, era ‘el’ saber. Propiamente no había otro
que ella, y en su propósito se encontraba sola frente a la realidad. Dentro de su ámbito, como
particularización de su ‘modo de pensar’, comenzaban a condensarse las ciencias. Se ocupaban éstas
de partes del Ser, de temas regionales: las figuras espaciales, los números, los astros, los cuerpos
orgánicos, etc.; pero el modo de pensar sobre estos asuntos era el filosófico. Por eso todavía
Aristóteles llama a las ciencias los conocimientos dichos en parte o particulares. Es preciso que los
hombres de ciencia actuales se traguen, velis nolis, y de una vez para siempre, el hecho de que el
‘rigor’ de la ciencia de Euclides no fue sino el ‘rigor’ cultivado en las escuelas socráticas,
especialmente en la Academia de Platón. Ahora bien, todas esas escuelas se ocupaban principalmente
de Ética. Es un hecho claro, que el método euclidiano, que el ejemplar ‘rigor’ del more geométrico,
tiene su origen no en la matemática, sino en la Ética. Que en aquellas lograse –y no por acaso– mejor
fortuna que en ésta es otra cuestión. Las ciencias, pues, nacieron como particularizaciones del tema
filosófico: pero su método era el mismo de la filosofía, modificado mediante un ajuste a su asunto
particular.
(José Ortega y Gasset. La idea de principio en Leibniz)
4) Lee el siguiente texto y realiza un análisis crítico respecto al mismo. La idea es que cada
integrante del grupo realice su propio análisis (es el único punto que se hace de manera de
individual), vinculando el cuento con el problema del conocimiento según lo visto en las
ultimas clases.
Funes el Memorioso y la Inteligencia
Artificial
Noviembre 18, 2023 4:22 am
“Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer”; escribía Jorge Luis Borges (escritor y pensador
argentino y universal), en “Funes el Memorioso”, a propósito del protagonista de uno de sus cuentos más
ingeniosos.
El tal Irineo Funes, era un tipo uruguayo que había sido “volteado” por “un redomón en la estancia de
San Francisco, y que había quedado tullido, sin esperanza”, pero con una memoria prodigiosa, capaz de
recordar cada momento y cada detalle de su vida, al punto de que tardaba más de un día en rememorar lo
que había hecho el día anterior. La caída del caballo le hizo perder la conciencia, pero cuando la recobró
“el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más
triviales”. Funes, entonces, no perdió la memoria al ser “volteado” por un caballo, sino el “olvido”.
De esta manera, “en el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”. Aunque
había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín; no “era capaz de pensar”, porque
no era capaz de abstraer y de olvidar.
Recordaba Borges, quizás, al propio Federico Nietzsche, quien, en su capítulo Sobre la utilidad y el
perjuicio de la historia para la vida, recalcaba: “Imaginemos el caso extremo de un hombre al que se le
hubiera desposeído completamente de la fuerza de olvidar, alguien que estuviera condenado a ver en
todas partes un devenir. Ese hombre no sería capaz de creer más en su propia existencia… Es posible
vivir casi sin recuerdos, e incluso vivir feliz…, pero es imposible vivir sin olvidar”.
A este propósito, cabe preguntarse si el exceso de datos, la minería de los mismos, y los algoritmos
infinitos, que nos regalan Google y sus sucedáneos, al ser incapaces de discernir, de abstraer y de
“olvidar”, ¿no terminarán siendo como la memoria de Funes: “un vaciadero de basuras”, donde el
almacenamiento de imágenes y de datos en la memoria de nuestras computadoras, tabletas y celulares
será más importante que el pensamiento?
[…]
Cuando oímos la expresión ‘inteligencia artificial’, destacamos lo de ‘artificial’. Esto último nos queda
relativamente claro, es la contrapartida de la inteligencia ‘natural’ (la que ostentamos presumidamente
los seres humanos). Será aquella inteligencia construida por nosotros (‘hecho por mano e inteligencia del
hombre’), pero que se independiza y piensa por sí misma (‘no natural’, para usar una de las acepciones
del Diccionario de la Real Academia).
Queda entonces preguntarlos por la primera parte de la expresión. ‘Inteligencia’ según el mismo
Diccionario supone la “capacidad de entender o comprender” “de resolver problemas”, de
“conocimiento, comprender y entender”, o de “habilidad, destreza y experiencia”.
Bajo esa tesitura, la “inteligencia artificial” sería la capacidad no natural de entender, comprender y
resolver problemas, o si ustedes quieren, aquella “disciplina científica que se ocupa de crear programas
informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el
aprendizaje o el razonamiento lógico.”
Si el ChatGpt y sus sucedáneos nos ayudan a entender, comprender y resolver problemas, entonces
habremos avanzado significativamente, pero si en lugar de ello, aumentan los problemas y nos
confunden aún más, entonces habremos perdido algo en el devenir histórico y creado una máquina
distópica. La clave para lograr lo primero es que sepamos hacer uso de esos instrumentos maravillosos,
producto de la propia inteligencia humana, para que esa nueva inteligencia nos permita mejorar nuestra
propia condición. Esto es, que nuestros derechos humanos sean respetados y desarrollados, no
avasallados o desnaturalizados.
Queda esperar que la inteligencia artificial logre ser más inteligente que los datos que la alimentan. Esto
es, que sea capaz de “discernir”, “abstraer” y “olvidar” toda esa información infinita que la Web tiene
almacenada sin distinguir la calidad y utilidad de cada expresión o tema que contiene y que le
consultamos, poseídos por esa vana ilusión de que memorizar es conocer y de que conocer es pensar;
cuando, más bien, pensar es abstraer, discernir y olvidar.
No soy tan optimista, pero me atengo a la prueba: ¿será la inteligencia artificial capaz de olvidar?
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