El desván había cambiado mucho, aun seguía conservando aquellas paredes rosas que tanto le
había costado diseñar en su adolescencia, pero ahora su antigua habitación había sido
reemplazada por cajas y más cajas, algunas pertenecientes a simples cosas sin utilizar y otras
de recuerdos, de sus padres y también de ella.
Marinette recorrió aquel sitio con cierta nostalgia, habían pasado 4 años desde que había
entrado por última vez a ese lugar y ahora era cuando miles de memorias invadían su mente,
más aún cuando en una esquina, casi imperceptible frente al montón de cosas, halló su baúl,
aquel baúl en el que había sido un mes tras otro, elaborando regalos para el que consideraba
su primer y único amor.
Aún lo hacía...
Pero de solo recordar lo mal que había salido esa última reunión entre ambos, intentó con
todas sus fuerzas evitar hurgar en el pasado, uno en el que era consciente de que le había
costado mucho dejar atrás. Pero el tiempo había hecho mella también y tal y como se lo había
dicho al rubio dos noches atrás, ella no le guardaba rencor, simplemente la magia se había
perdido y sería muy difícil encontrar en ese sentimiento dulce y cálido que tuvo por él en la
adolescencia. Adrien no había tomado bien esto, pues según sus palabras él aún conservaba la
misma sensación de profundo amor cada que se encontraba con sus ojos azules. Pero de cierto
modo, Marinette había abierto una brecha entre ambos, no deseaba volver a sufrir.
Más es bien sabido que lo que piensa nuestra mente, nuestro corazón ignora, fue así como
terminó abriendo aquel baúl, revisando de a poco los regalos que había seguido haciendo, aún
en el tiempo en que no tuvo más que la ausencia de Adrien. De repente, ahí, justo en el fondo,
se percató de un objeto rojo, bordado finamente con la más ferviente dedicación a la par que
su base blanca. Era un gorro de navidad, aquel que hace muchos años estuvo dispuesta a
entregar personalmente al Agreste, más no encontró el modo de hacerlo sin que eso le causara
desdicha, pues lo que en realidad deseaba no era entregar aquel gorro, sino pasar esa fecha
tan especial en su compañía.
Tomó aquella prenda entre sus manos, la abrazó contra su pecho y casi como si de repente le
faltara el aire para evitar derramar lágrimas, buscó de modo desesperado salir a aquel balcón
en donde tantas noches había estado en soledad con sus pensamientos y sentir.
¿Qué hubiera pasado si realmente se hubiera animado a entregar aquel gorro a Adrien hace 5
años? ¿Habría cambiado en algo la lamentable situación por la que atravesaban en la
actualidad? No podía asegurar nada, lo único de lo que estaba segura era que no quería volver
a sufrir, ese era el principal motivo por el cual prefería evitar los sentimientos nuevamente
confesados por parte del rubio. Era mejor si solo regresaba a su Instituto finalizando la semana
y seguía con su vida como si ese viaje de vuelta a sus recuerdos jamás se hubiera dado.
La brisa suave que recorría desde ese punto de su casa siempre había sido tan reconfortante.
La víspera de invierno estaba cerca pero no tanto como para opacar el magnífico resplandor
que tenía la luna esa noche. Aun mantenía el gorro entre sus manos, más debido a un golpe en
seco que se oyó a sus espaldas casi lo deja caer por el balcón.
— ¿Quien...? —sus ojos se abrieron en sorpresa. — ¿Chat Noir?
No podía dar crédito a quien yacía frente a ella. Si había algo que había extrañado mucho más
que estar de vuelta en su ciudad, eso era volver a ver a su gatito. Su cuerpo se movió casi por
inercia, arrojándose a los brazos del héroe gatuno.
— No creí que me hubieses extrañado tanto, princesa.
— ¡Por supuesto que si, gato tonto! No sabes lo que es vivir lejos de aquí y no enterarme de las
hazañas de uno de mis héroes favoritos.
— ¿Uno? —preguntó incrédulo. —¿acaso hay alguien aparte de mi?
— Claro que si. Ladybug —dijo con una sonrisa de autosuficiencia.
— Ah, esa pequeña puntitos hace mucho que no se deja ver por aquí. Casi el mismo tiempo
desde que tu te fuiste ¿Curioso, no?
Marinette casi se atraganta con su propia saliva al oír aquello, si bien sabía que su ida de la
ciudad causaría suposiciones contraproducentes para con su vida alterna como heroína, no
creía que precisamente Chat Noir fuera el primero en percatarse de ello. Por lo que solo le
resto bromear.
— Te recuerdo que no solo ella desapareció, sino también tu, felino mañoso. —repuso la
pelinegra.
— Así que entonces es momento de echarnos en cara el tiempo que dejamos de proteger París
¿Mhm?
— Por supuesto que no, da igual si ya no siguen siendo el dúo protector de la ciudad, lo
importante es que al menos tú has vuelto.
Su sonrisa se expandió un poco más en sus labios, pero esta se cortó al instante en que se
percató de aquel gorro en manos de la ojiazul.
— ¿Un obsequio de bienvenida?
— Oh, ¿esto? No, no. Es solo... Algo que acabo de encontrar. —Chat Noir pudo percatarse del
tono nostálgico de su voz.
— ¿Algún obsequio no entregado? —instó con cierto afán, tomando asiento en uno de los
muebles sin usar que habían sido llevados hasta allí.
— Algo así. Era para... No, olvidalo. Da lo mismo.
La reticencia de Marinette a hablar del tema hizo que Adrien tras la máscara del héroe de París
se le formara un nudo en la garganta. ¿Podría ser para él acaso?
— De acuerdo, princesa. No tienes que decirme si no lo deseas.
— No es eso. Es solo que... —lanzó un suspiro. —forma parte de un pasado que ya ha sido
superado y no quiero volver a él.
Un pasado superado...
El corazón de Adrien dolió en el instante en que le oyó decir aquellas palabras. ¿Tanto
resentimiento guardaba su azabache para con él? Ahora se preguntaba como es que había
tenido el valor de llegar hasta allí y atreverse a hablarle, cuando noches atrás había sido él
quien había dado por finalizada aquella cena para luego llevarla a casa de sus padres sin
intercambiar más palabras que un seco "Buenas noches, Marinette". Estaba más que
justificado el enojo por su parte o al menos eso creía, pero jamás se había puesto a pensar si
eso era lo mismo que sentía Marinette por él ¿Qué era tan siquiera lo que sentía por él?
— ¿Chat?
— ¿Si? —despabiló en cuanto oyó su voz de nueva cuenta.
— Nada. Solo que te quedaste muy pensativo, creo que no oíste mi pregunta.
— No lo hice. Perdón, princesa ¿es mucha molestia si te pido que la repitas?
— Para nada. Solo estaba... Quería saber como habías superado el hecho de que Ladybug se
fuera luego de años de que París no presentara ningún villano. Seguramente te habló de lo que
haría.
— Solo lo necesario. No podemos decir más allá de lo justo, comprometería nuestras
identidades. Pero si... Tuvimos una plática antes de que me comentara lo que deseaba hacer,
también le compartí que tenía el mismo deseo y un par de meses luego me vi en la necesidad
de imitar su acción, pues me era imposible permanecer patrullando junto a ella hasta que se
decidiera por seguir sus sueños. Así que digamos que fui el primero en dejar todo.
— ¿Ella te lo perdonó? —cuestionó con curiosidad. — ¿Te le perdonaste el que no volviera a
aparecer incluso cuando tu ya pudiste hacerlo?
— No es cuestión de perdonar, princesa. Si no de saber sobrellevar la ausencia de ese otro que
te complementaba y quedarte con lo bueno que te dejó. No importa donde estemos, Ladybug
y yo siempre seremos un equipo.
Aquellas palabras hicieron que las ganas de llorar volvieran a aparecer, esta vez sin poder
evitarlo más, Marinette se aferró a aquel gorro y dejó caer libremente de estas.
— Marinette ¿Qué sucede? —la voz dulce de Chat no estaba ayudando a que pudiese
calmarse.
— Chat... Me siento tan confundida, asustada. No quiero volver a sufrir la ausencia de nadie
más en mi vida y menos aun de alguien a quien amo.
— ¿El dueño de este gorro?
El leve asentimiento de la pelinegra en compañía de sus lagrimas hizo que él mismo quisiera
llorar, pero no podía hacerlo, no sin dejar al descubierto su identidad.
— Hace algunos años, la persona con la que salía se fue. Tuvo que viajar lejos de París, para
hacerse cargo de los negocios que su padre fallecido había dejado inconclusos. Sin embargo,
esto se alargó por meses y meses y... —si poder evitarlo, Marinette se dedicó a abrazar a su
buen amigo. —Te juro que lo intenté, con todas mis fuerzas traté de soportar la lejanía que se
nos había sido impuesta, estaba al pendiente de sus llamadas, de no dejar de lado los detalles,
de recordarle día a día que lo amaba aún cuando solo lo viera a través de una cámara. Pero
esto se hizo cada vez menos frecuente, sus estudios en combinación con las decisiones
laborales eran demasiado para un chico que apenas iba a cumplir 18, yo simplemente... No
quería ser otra carga para él, no quería exigir más de lo que él podía darme. Así que acabé con
todo.
Adrien estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no derrumbarse frente a la mujer que
había amado durante tanto tiempo. Verla de ese modo tan vulnerable, con las lágrimas
bañando su bello rostro de porcelana, era demasiado para un corazón que la había anhelado
desde el momento en que había partido a Londres.
— Fueron meses. No, años en realidad los que me tomaron poder seguir con mi vida,
concentrándome de lleno en mis sueños. Este gorro... —esta vez pudo tener un vista a detalle
de aquella prenda. —Fue lo último que teji para él, planeaba viajar a dárselo, pero el colegio lo
hizo imposible y días después, todo acabó. Ahora él ha regresado y pese a que seguimos
teniendo una buena química como los buenos amigos que siempre fuimos, siento que algo se
rompió.
— ¿Y no has pensado que tan solo se trate de tu miedo a que él vuelva a marcharse?
Marinette sopesó aquella opción como si de una revelación se tratara. Realmente no lo odiaba,
no le guardaba rencor, pero si de algo podía estar segura es de que no quería volver a sufrir por
no tenerlo a su lado.
— Todos podemos tener miedo a perder a alguien, Marinette. Pero si la vida nos brinda
segundas oportunidades, no creo que haya que desperdiciarlas. En especial, si aquí... —apuntó
con su dedo en dirección al corazón de la ojiazul. —Sigue estando él.
Marinette se alejó de aquel abrazo por un momento, pudo percatarse del cambio en el tono de
voz del héroe, pero aun más atención habían ganado sus palabras. Chat Noir tenía razón.
Adrien seguía viviendo en su corazón y realmente era su miedo a perderlo de nuevo lo que no
le permitía poder empezar una vez más... A su lado.
— No te digo que vayan de una vez a oficializar todo. Pero si que al menos se den la
oportunidad de hablar. Sé sincera con él, así como lo has sido conmigo. Dile lo que sientes,
estoy seguro de que si lo haces, él entenderá tu sentir.
— ¿Y si nuevamente la distancia nos separa?
— ¿Y si no es así? ¿Y si él se queda aquí por ti? ¿Y si es lo único que desea? ¿Lo dejarías ir
nuevamente por aferrarte a tu miedo?
Una cortina de claridad se había abierto para Marinette, un sin fin de posibilidades que antes
no podía darse el lujo de tener, después de todo habían sido años de separación, habían
crecido, habían madurado y si había algo en lo que ella fuera buena era en aprovechar todo lo
que pudiera para resolver una situación complicada. Una vez más se lanzó a los brazos de Chat,
esta vez acompañándolo de un beso en su mejilla.
— ¡Sigues siendo el mejor gato! No sabes cuanto te extrañé. Pero ahora tendrás que
disculparme, debo apresurarme a hacer algo, antes de que sea demasiado tarde. Ven aquí
mañana, te prometo que tendré mejores noticias que hoy y quien sabe y te invite un chocolate.
La nueva sonrisa que Marinette había dibujado en sus labios antes de abandonar aquel balcón
era algo que le llenaba de dicha el alma entera, pero si las cosas serían como sospechaba era
mejor que se fuera ahora de vuelta a su casa, no dejaría pasar ni un instante si tenía la certeza
de que pese a todo, aun podía tener un nuevo comienzo con la mujer de sus sueños.