GENEALOGÍA DE LA CIUDAD CONTEMPORÁNEA:
TEORÍAS E HISTORIA
1. INTRODUCCIÓN: DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y LAS CON-
SECUENCIAS SOBRE LA CIUDAD TRADICIONAL AL NACIMIENTO
DE LA CIUDAD BURGUESA
Desde el siglo XVIII la ciudad experimentó en apenas doscientos años una serie de trans-
formaciones que hicieron explotar la ciudad «finita». Las revoluciones de 1848 confirman la
obsolescencia de la ciudad amurallada, que a partir de ahora comienza a extenderse, convir-
tiendo los suburbios en las distintas alternativas a la ciudad histórica. Surge así el urbanismo
moderno, haciendo de la ciudad una cuestión teórica: la búsqueda de una nueva estética ur-
bana entre la razón y la naturaleza. La herencia ilustrada, así como la emergencia de las clases
burguesas, la Revolución Industrial y la consolidación de la estructura social proletaria serán
el caldo de cultivo de la nueva ciudad contemporánea.
1.1 La ciudad industrial
Es consecuencia del hacinamiento de las clases obreras en núcleos urbanos existentes. Se
concentraron en los llamados slums o guetos, lo que hizo que las ciudades crecieran exponen-
cialmente. Londres llegará al millón de habitantes a finales del XVIII. Los avances mecánicos
redujeron la mano de obra agrícola que tuvo que emigrar a la ciudad modificando una es-
tructura urbana de cinco siglos de
antigüedad. Estas trasformaciones
propiciaron la necesidad de cons-
truir nuevas arquitecturas capaces
de acoger nuevas industrias a gran
escala que debían estar conectadas
a los ríos y cursos de agua y a su vez
a la industria del carbón. Además,
estaban todas interconectadas por
la red ferroviaria.
Las mejoras en la alimentación y
Crecimiento de Londres entre 1682 y 1896
la sanidad propiciaron un descenso
acusado de la mortalidad en todo el
mundo industrial, lo que provocó, como es lógico, un gran aumento de la población. Los
antiguos barrios se convirtieron en nuevas barriadas o en polígonos de vivienda obrera, todos
cercanos a fábricas y centros de producción y con escasas condiciones higiénicas. La higiene
junto con la gran densidad de población en estas zonas aumentaba la propagación de
enfermedades como la tuberculosis o el cólera. Las autoridades se vieron obligadas a procurar
mejores condiciones.
De estas circunstancias surge la urbanística moderna lo que incentivó la especulación in-
mobiliaria. En Europa se tratará de combatir desde la conveniencia y el valor de las políticas
públicas, mientras que en Estados Unidos se gestionará de manera diferente, dando lugar a
diferentes tipos de ciudad.
La ciudad se convierte en una gran cuestión teórica, objeto de un intenso estudio. Se
entiende con un nuevo entendimiento entre lo natural y lo artificial y la propuesta de una
nueva estética urbana a medio camino entre la razón ilustrada y la naturaleza. Aparece la
arquitectura y urbanismo de paisaje en la que la naturaleza pasa a entenderse como técnica,
no como un instrumento al servicio del edificio a la manera de un dispositivo de embelleci-
miento positivo. Los cambios del siglo XVIII y XIX son el paso de la «ciudad monumento»
a la «ciudad servicio». Se revisaron los patrones domésticos y las formas de vida de una so-
ciedad que aumentó sus estratos con las emergencias de una nueva burguesía y una empo-
brecida clase obrera.
1.2. Las revoluciones de 1848 y el nacimiento de la ciudad burguesa
El aparato industrial asumió nuevas estrategias urbanas y formales, desde el edificio-fá-
brica anclado a una red de infraestructuras ferroviarias hasta los proyectos de comunidades
utópicas y prototipos resultado de las utopías sociales. En este contexto, América sirvió como
conejillo de indias sobre el cual poder aplicar el sueño de una nueva sociedad cooperativa.
Idelfonso Cerdà, plan de modificación y ampliación de Barcelona. 1859
No obstante, la separación entre el utopismo de la cultura urbanística y la rigidez progra-
mática de la cultura política provocaron el surgimiento de una política reformista que evitó
la presión excesiva ejercida sobre las instituciones. Consecuencia de ello fueron las reformas
urbanas de París, el trazado del Ring de Viena o el ensanche de Barcelona. Paralelamente, se
adecuó el poder político al económico y el sistema administrativo a la nueva composición
social, con el nacimiento de la ciudad burguesa.
También se plantea la confrontación entre el urbanismo puramente pragmático y econó-
mico y el que tiene más en consideración los principios estéticos. Se acusa de excesivamente
monótono el nuevo urbanismo y se pide la incorporación de ciertas cualidades de las ciudades
preindustriales con el fin de embellecer la ciudad. Se evita así el derribo sistemático de las
antiguas estructuras y se comienza a seleccionar cuáles deben permanecer en pie dentro de
la nueva estructura urbana.
Las primeras propuestas utópicas fundamentaron su razón de ser en las propias utopías
sociales que habían encontrado en el urbanismo y la arquitectura una herramienta ideológica
de gran valor. El «familisterio» de Fourier se ofrecía como una estructura social que contrastó
con los desarrollos inmobiliarios que bajo el amable paraguas de modelo de ciudad-jardín
pretendió colmatar los territorios suburbanos intersticiales de las ciudades. Esta teoría tendrá
gran influencia en procesos urbanísticos como las casas-comuna soviéticas. Así se establece
una clara relación de continuidad entre las utopías sociales del siglo XIX con los proyectos
de vivienda colectiva europea anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Así, la cuestión de la
vivienda colectiva ha seguido siendo un tema crítico en el desarrollo de las ciudades durante
la segunda mitad del siglo pasado. En muchos casos, estos proyectos y desarrollos han insis-
tido en las dificultades que el sistema de gestión del territorio proponía, haciendo del diseño
urbano y de la construcción de edificios ejercicios completamente independientes.
El concepto de ciudad-jardín influyó de manera importante en la construcción de los
suburbios jardín y las ciudades satélite del siglo pasado. Se planteaba el abandono de las
grandes ciudades en favor de una progresiva urbanización del medio rural. El planteamiento
se explica a través de su diagrama de tres imanes: «la ciudad» por un lado y su opuesto «el
campo» por el otro. El tercer imán sería «la ciudad-campo» con las ventajas de ambos y
ninguna de sus desventajas. Además, aparece como una garantía de inversión con suelo a
bajo precio y bien conectado con los centros de trabajo y la ciudad. Se reafirma, por tanto, el
principio de propiedad privada como estrategia operativa —de reclamo—. La puesta en prác-
tica del modelo acabó invadiendo el territorio europeo y americano conformándose en una
de las grandes propuestas del urbanismo del siglo XX, pasándose de la utopía a la distopía.
La ciudad-lineal fue un proyecto de filiación tardo-ilustrada de carácter antiurbano o, al
menos, pretendidamente alejado de aquellas teorías que entendían que el futuro de la ciudad
se encontraba en la renovación de los centros históricos heredados y no en la construcción
de paraísos utópicos alejados de las fuerzas productivas del mercado.
2. LA CIUDAD RACIONALISTA
En el periodo entre 1890 y 1914 se ataca al problema no resuelto de la vivienda y el alo-
jamiento. Se insiste en el saneamiento de los barrios insalubres y en la construcción de nuevos
desarrollos. Algunas de las propuestas son la puesta a disposición de las corporaciones locales
de préstamos en mejores condiciones y la simplificación de los procedimientos de expropia-
ción.
Destaca el modelo de Berlage de Ámsterdam. Plantea una ciudad en la que se ambiciona
mezclar densidades medias con densidades bajas. Debido a la escasez de suelo, proyectará
un nuevo modelo con densidades uniformes apoyado en calles formadas por intersección de
algunos motivos simétricos, aunque evitando las cuadrículas. Las calles eran anchas para ab-
sorber mejor tanto los tráficos rápidos como los lentos. La relación del nuevo barrio con la
ciudad histórica se confió a la utilización ejes de penetración como prolongación de los exis-
tentes. Las contribuciones heredadas de este modelo serán las de la Bauhaus, Le Corbusier y
el ideario urbano de los congresos internacionales de la arquitectura moderna (CIAM).
La Bauhaus eclosionará en Alemania, país severamente afectado después de la Gran Gue-
rra. Propusieron un modelo social y político desde las artes y diseño, desde la creación del
objeto artesanal a la producción en serie, desde la búsqueda de una nueva identidad nacional
a la propuesta de una metodología cuasi científica aplicable al proyecto de la ciudad moderna.
La llegada del nazismo provocará un éxodo principalmente hacia los Estados Unidos y ahí
por toda Latinoamérica.
Destaca el español Josep Lluís Sert, director del departamento de arquitectura de Harvard
y posteriormente Decano, presidente de la CIAM y se formó junto a Le Corbusier en París.
Su trabajo consolidó la arquitectura racionalista en España y muchos de sus proyectos tras-
ladaron los principios del urbanismo moderno.
La Bauhaus ambicionó extenderse a todo ambiente y a todo objeto que hubiera de ser
utilizado por la sociedad desde la planificación territorial hasta el diseño del picaporte, pa-
sando por el edificio, con el fin de controlar la totalidad del ambiente construido, conside-
rando que lo que cuenta es el acto de proyectar basado en la propia capacidad humana, más
que en los instrumentos técnicos puestos a disposición del proyectista. Racionalidad es, en
este contexto, la garantía de continuidad del núcleo de valores que el movimiento moderno
conserva del hundimiento del mundo antiguo.
Le Corbusier, ville contemporaine para tres millones de habitantes. 1922
Le Corbusier es el más reputado de los ideólogos de la arquitectura moderna. Su primer
proyecto de ciudad ideal lo proyecta el 1922. En el centro se encontrarían los rascacielos,
casas de seis plantas en la zona intermedia e inmuebles-villas en la periferia. El trazado es
ortogonal con diagonales. Los inmuebles-villas son el apilamiento en vertical de 120 vivien-
das unifamiliares dotadas de servicios comunes y una terraza con pista de entrenamiento y
solárium. En 1925 presenta un proyecto para el centro de París sobre el tejido existente su-
perponiendo un sistema de autopistas rectilíneas de gran capacidad y demoliendo una amplia
zona de la orilla derecha del Sena para emplazar rascacielos de planta cruciforme y edificios
lineales, conservando tan solo los monumentos históricos. Busca la prevalencia de la vivienda
sobre el trazado urbano, reduciendo a términos excesivamente simples el problema de la
relación entre ciudad racional y ciudad preindustrial.
Los CIAM eran plataformas de debate a través de las cuales los arquitectos modernos
podían discutir sus diferentes visiones. El ideal racionalista de ciudad se refleja en el estudio
de la vivienda y su agrupación como germen de la resolución del alojamiento de masas y su
repercusión sobre el crecimiento de las ciudades. En la carta de Atenas se llega a la conclusión
que las cuatro funciones básicas de la urbanística son: habitar, trabajar, circular y descansar,
siendo el núcleo básico la célula de habitación y su inserción en una unidad de habitación.
También se creía que el interés privado debía subordinarse al interés público. El plantea-
miento final no era una ciudad que funciones mejor, si no una ciudad que funcione para
todos.
Los CIAM a partir de la Segunda Guerra Mundial ya no están dominados por alemanes y
se tienen nuevas vías para entender el desarrollo de las ciudades. Se comienza a hablar sobre
el «corazón de la ciudad» y el planteamiento como «cura de todos los males». El corazón era
el espacio cívico capaz de construir identidades ciudadanas. Esto cuestiona las ideas de Cor-
busier que abogaba por la eliminación de los centros urbanos y se vuelve a un modelo par-
cialmente anterior.
En los últimos CIAM, los arquitectos más jóvenes denominados como el TEAM X cues-
tionan directamente las cuatro funciones básicas y los afirman que «el hombre puede identi-
ficarse fácilmente con su propio hogar, pero tanto con la población en la que éste se encuen-
tra situado. “Pertenecer” es una necesidad básica emocional y sus asociaciones son del orden
más simple. De “pertenecer” proviene el sentido enriquecedor de vecindad. La calle corta y
angosta del barrio mísero triunfa allí donde una redistribución espaciosa fracasa».
3. EL FRACASO DE LA CIUDAD FUNCIONALISTA Y LAS RESPUES-
TAS RECUPERADORAS
El modelo de mayor alcance e influencia fue el de las new towns inglesas que se basaban
organizativamente en la unidad vecinal, conjunto básico cuya agrupación origina el barrio,
siendo la ciudad la resultante de la reunión de varios barrios. Se promovió la integración de
la naturaleza en la ciudad reivindicando la preeminencia de la salubridad y el soleamiento,
consolidando la segregación de funciones, especialmente en lo referente al tráfico y traba-
jando cuidadosamente las dimensiones de las unidades básicas.
El modelo teórico funcionalista pasó a entenderse como agotado ya a finales de los años
60. La aplicación sistemática de la segregación funcional, las bajas densidades y la desapari-
ción de los centros urbanos clásicos provocaron las primeras reacciones contrarias. El TEAM
X participó en un sector de Londres que se trataba de recuperar después de los bombardeos
alemanes. Aseguraban que una gran densidad de población no acarreaba necesariamente una
menor calidad de vida. Las viviendas eran muy adaptables a los distintos tipos de núcleos
familiares. Es un ataque directo a la carta de Atenas y se ofrecen cuatro alternativas diferentes:
casa, calle, distrito y ciudad. Frente a la tabula rasa de Corbusier, se tratan de adaptar las nuevas
propuestas a la ciudad preexistente. En Holanda también se ensayan estas ideas. La propuesta
se aleja del modelo de expansión de la ciudad jardín, alrededor de un gran espacio común,
concentrando densidades sobre un anillo de circulación a modo de corredor elevado.
Se suceden muchas propuestas
que podrían considerarse como re-
flejo de las utopías del siglo XIX.
Son las utopías del urbanismo meta-
bolista o «tecnopop» en las que se
muestra gran fascinación por el mo-
vimiento y la tecnología diseñando
mega-estructuras capaces de dar so-
lución a los nuevos problemas a los
que se enfrentaba la ciudad. Destaca
el proyecto de una gran cúpula so-
bre Manhattan.
Buckminster Fuller, proyecto para una cúpula geodésica sobre
Manhattan. 1968 La ciudad moderna funcionalista
tiene a Lefebvre y a Jacobs como sus
dos grandes críticos. Lefebvre trata de buscar modelos alternativos al modelo capitalista do-
minante. Planteamientos como la falta de participación de los usuarios en el proceso de pro-
ducción de la ciudad son aún hoy valiosos. Jacobs reivindica a las ciudades clásicas; les da a
las calles una importancia fundamental y dota de contenido real a los jardines y al espacio
intersticial del tejido urbano. Era partidaria convencida del modo de vida urbano y apologista
de las megalópolis en oposición a las ciudades de provincias.
El abandono de los centros históricos hacía necesario un rescate urgente. El primero será
el de Bolonia. La estrategia se fundamentó en el estudio tipológico, arquitectónico y morfo-
lógico, la conservación del tejido urbano existente y la verificación del estado de conservación
de las edificaciones.
La arquitectura de la ciudad de Aldo Rossi supone un punto de inflexión teórica en la arqui-
tectura. Pone por delante de los principios económicos a los principios arquitectónicos,
dando a los monumentos un valor fundamental. Es también una crítica al funcionalismo
ingenuo. Robert Venturi por su parte, también plantea la contradicción y la complejidad en
la arquitectura frente a la pureza y abstracción visual de la arquitectura moderna. Propone
una estrategia de diseño basada en la pluralidad funcional y la ambigüedad significativa que
pueda materializarse mediante la utilización de rasgos no situados todos al mismo nivel de
eficacia comunicativa o visual, incluso vulgares. Finalmente, Jencks concluye que la arquitec-
tura estaba desde finales de la década de los 60 en una fase posterior que denomina «post-
modernidad». Define al espacio posmoderno como históricamente específico, convencional,
ilimitado y ambiguo en su zonificación, evolutivo y distorsionado.
4. LA CIUDAD GENÉRICA
Para Koolhaas «la ciudad genérica es todo lo queda de lo que solía ser ciudad. La ciudad
genérica es la post-ciudad que se está preparando en el emplazamiento de la ex-ciudad». Es
decir, la ciudad genérica no es sino el resultado del fracaso del urbanismo y del crecimiento
incontrolado al dictado del modo de producción capitalista del espacio urbano. Es lo inverso
a la clásica ciudad mediterránea, compacta, homogénea e identificable. Se presenta como una
ciudad sin historia, es igual en todas partes y es superficial. Alguna ciudad antigua y singular,
al simplificar excesivamente su identidad, se torna genérica. El modelo productivo que da
soporte a las ciudades ha ido cambiando y así las oficinas tienden a desaparecer porque en
breve plazo la gente trabajará en sus casas. Es una ciudad de sensaciones tenues y distendidas,
de emociones limitadas.
Es la ciudad del ciberespacio, lo contrario al idealismo, a aquellos valores impuestos por
la modernidad. Se organiza en torno a las infraestructuras y, sobre todo, al aeropuerto. La
globalización de la ciudad propicia la población multirracial y multicultural. Esto ha desen-
cadenado fenómenos como el turismo low-cost, que ha supuesto por un lado un incentivo a
las grandes capitales, pero, por otro, un conflicto para los beneficios de los habitantes de
dichas urbes. La conversión de los centros urbanos en parques temáticos junto con la con-
tradictoria presencia del automóvil ha acelerado la decadencia de las calles en el sentido tra-
dicional. El nuevo paisaje urbano es una mezcla de sectores ordenados y ordenaciones cada
vez más libres: en donde se pasa de la horizontalidad a la verticalidad, siendo el rascacielos
híbrido el modelo definitivo situándose a cierta distancia unos de otros y resultando una
suerte de densidad aislada. la imagen de la ciudad corresponde a un postmodernismo histo-
ricista ya que es un método de trabajo que produce resultados lo suficientemente rápidos
como para seguir el desarrollo de la ciudad genérica.
La otra cara de la ciudad genérica es el espacio basura que no es sino el espacio construido
por la modernidad, lo que queda al paso de la práctica moderna. Es el fruto del encuentro
entre la escalera mecánica y el aire acondicionado dentro de un espacio construido con ele-
mentos prefabricados de cartón yeso. Surge espontáneamente gracias a la exuberancia em-
presarial, o a la acción combinada de agentes temporales y burócratas.
La ciudad genérica representa la muerte definitiva del planeamiento al menos en su con-
cepción moderna. Lo impredecible es el rasgo más definitorio del desarrollo urbano.