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Grupos Nómades en Patagonia y Chaco XVIII

Este documento compara los grupos nómadas de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII, analizando sus identidades, espacios territoriales, movimientos y recursos económicos ante el contacto con los colonizadores. Describe los diferentes grupos indígenas, como los tehuelches y mapuches en Patagonia y los abipones y mocovíes en el Chaco, así como sus territorios y circuitos de movilidad estacionales o ampliados debido a la incorporación del caballo. Examina también cómo se relacionaron con

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Grupos Nómades en Patagonia y Chaco XVIII

Este documento compara los grupos nómadas de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII, analizando sus identidades, espacios territoriales, movimientos y recursos económicos ante el contacto con los colonizadores. Describe los diferentes grupos indígenas, como los tehuelches y mapuches en Patagonia y los abipones y mocovíes en el Chaco, así como sus territorios y circuitos de movilidad estacionales o ampliados debido a la incorporación del caballo. Examina también cómo se relacionaron con

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LOS GRUPOS NÓMADES DE LA PATAGONIA Y EL CHACO EN EL SIGLO XVIII: IDENTIDADES,

ESPACIOS, MOVIMIENTOS Y RECURSOS ECONÓMICOS ANTE LA SITUACIÓN DE CONTACTO. UNA


REFLEXIÓN COMPARATIVA
Nacuzzi

• las cuestiones que sirvieron como disparadoras del mayor control por la corona se encuentran (en regiones como Pampa-
Patagonia) el control de una buena cantidad de cabezas de ganado caballar y vacuno y (en otras y sumado a lo anterior, como
el Chaco austral oriental) el establecimiento de pueblos de reducción.
• Los pueblos indígenas que no habían podido ser sometidos al control del estado colonial hasta ese momento, debido
precisamente a su condición de nómades, para el siglo XVIII se habían relacionado exitosamente con las colonias españolas y –
ampliando su radio de acción– con más pueblos indígenas, habían reformulado sus circuitos económicos en razón de estas
nuevas relaciones interétnicas, incorporando nuevos bienes y replanteando sus pautas de movilidad, los espacios que
ocupaban y la obtención de recursos económicos.
• predominaron las relaciones con lo que prefiero denominar enclaves fronterizos, ya fuera que se tratara de instalaciones
explícitamente defensivas como el Fuerte del Río Negro en el norte de Patagonia o pueblos de reducción a cargo de la
Compañía de Jesús en el litoral del río Paraná. Estos enclaves tenían la característica de ser aislados –como el caso del fuerte
mencionado– o pueblos de indios que habían sido creados –como fue el caso de las misiones– para proteger a una incipiente
ciudad cercana del avance de otros indígenas de la región.
• en este último caso (lugares aislados o pueblos de reducción creados como cordón defensivo), el contacto no se dio
únicamente provocado desde y por el grupo colonizador. Los grupos indígenas fueron protagonistas muy activos: adoptaron
y/o adaptaron diversos bienes, negociaron, intercambiaron, brindaron y exigieron servicios a “los blancos” en una relación
bastante igualitaria
• los reducidos desarrollaron una manera de vivir en esa condición que se adaptaba a sus pautas anteriores y les permitía
flexibilizar la inmovilidad que hubiera supuesto la vida en un pueblo de reducción.
• Los grupos indígenas del norte de la Patagonia y la Pampa, como los del Chaco austral oriental, desarrollaron espacios de
acción y comunicación con los europeos, incorporaron bienes de la otra sociedad, entrecruzaron sus prácticas e improvisaron
formas de actuar e intervenir en diversas esferas de la vida social y política. En el oriente del Chaco austral, los jesuitas
establecieron a partir de 1743 varias reducciones de indios mocovíes o abipones bajo la jurisdicción de las ciudades de Santa
Fe o de Asunción
• los funcionarios españoles, temerosos de posibles desembarcos ingleses, enviaron expediciones a la costa patagónica para
establecer allí cuatro fuertes, de los cuales el de Nuestra Señora del Carmen fundado en 1779 por Francisco de Viedma fue el
único que prosperó.

El Escenario y sus Habitantes

• los grupos indígenas supieron aprovechar la vegetación exuberante para refugiarse, aunque también recorrían las extensas
llanuras semidesérticas y ocupaban los bosques abiertos y los montes, que prometían mejores recursos para la caza, la pesca y
la recolección. Tenían una gran variedad de animales silvestres disponibles para la caza de los que aprovechaban
mayormente: ciervos, tigres, jabalíes, yacarés, puercoespines;
• La región pampeano patagónica es predominantemente mucho más árida y seca, El guanaco y el ñandú eran las únicas presas
grandes disponibles para la caza y las especies vegetales eran escasas aunque aprovechadas intensivamente por los indios
como alimento, materia prima y tinturas.
• En Patagonia los diferentes nombres tendieron a englobarse bajo dos rótulos dominantes: “tehuelches” o “patagones” y
“mapuches” o “araucanos”
• En el Chaco se mantuvieron las numerosas designaciones desde la primera clasificación de Kersten (1968) realizada en 1905:
abipones, mocovíes, tobas, mbayás y payaguás –de una familia lingüística– y lules y vilelas
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Nacuzzi
• Según esa bibliografía, mocovíes y abipones habrían pertenecido a la
familia lingüística Guaycurú y muchas veces, bajo ese rótulo, aparecen
descripciones que no los diferencian.
• se reconoce la bipartición que señala a grupos nómades por un lado,
como los tehuelches, abipones, tobas y mocovíes y, por el otro, a grupos
más sedentarios y con prácticas agrícolas como los mapuches, lules y
vilelas.
• El caso de los tehuelches del norte de la Patagonia los primeros
exploradores y viajeros (tehuelches, aucas y pampas) fueron
adaptándose y convirtiéndose en nombres étnicos que no conllevaban
en casi ningún caso un reconocimiento de identidad por parte de los
grupos,

Los Grupos, sus Territorios y sus Movimientos

• Los tehuelches ocupaban la región patagónica desde el extremo sur


hasta, por lo menos, el río Colorado al norte, donde comenzaba las
región en la que se habían instalado los aucas o mapuches Aucas (o
mapuches) y pampas eran rótulos que se confundían habitualmente en
la nomenclatura de los europeos de los primeros contactos.
• Los abipones se encontraban en la zona del Chaco delimitada al suroeste
por el río Salado, al norte por el río Bermejo y al este por los ríos Paraná
y Paraguay, concentrándose mayormente en la zona austral cercana a las ciudades de Santa Fe y Corrientes. Los mocovíes
estaban en el extremo sur de esta región, compartiendo sus territorios con los abipones
• Estos grupos reformularon sus circuitos económicos haciéndolos más extensos y/o modificándolos para obtener bienes
ofrecidos o requeridos por otros grupos (ya fueran indios o españoles), lo que implicó modificar sus pautas de movilidad que,
en general, estaban adaptadas a espacios más cortos y eran estacionales. En el siglo XVIII se alargaron las distancias y
comenzaron a funcionar en torno al requerimiento de las colonias. Esto no hubiera sido posible sin la incorporación previa del
caballo a sus vidas
• los tehuelches, los del norte disponían de una mayor cantidad de caballos que les permitían movilizarse con mucha facilidad
hasta los campos del sur de Buenos Aires o hacia la región cordillerana se mantuvieron en espacios acotados e identificados
con los nombres de sus caciques.
• Lucaioli y Nesis (2005) afirman que “La movilidad espacial y territorial permitía a los grupos indígenas el despliegue de un
determinado tipo de producción asi como también la activación de un ciclo ritual anual [...] brindando oportunidades para el
establecimiento de alianzas, matrimonios, enfrentamientos y celebraciones”. Además, sabemos que los mocovíes delimitaban
muy bien los parajes de sus campamentos base con altos mojones donde colgaban las cabezas de sus enemigos tanto ellos
como los abipones, tenían una amplia movilidad gracias al caballo que usaban en partidas de caza, malones (apropiación
violenta de ganado) y viajes de intercambio,
• los accidentes geográficos importantes, como ríos anchos y caudalosos, actuaban como límites si no infranqueables, por lo
menos de vecinos “no amigos”. Esos ríos eran, entonces, demarcaciones territoriales entre grupos étnicos y/o parcialidades: el
río Bermejo, el Salado, el Paraná en el Chaco los ríos Colorado y Chubut en Patagonia
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• Esas posibilidades de desplazamiento contribuyeron para que, tanto a los grupos del Chaco como a los de Patagonia, la
literatura tradicional les atribuyera extensos territorios como ámbito habitual donde se establecían aleatoriamente, lo cual
estuvo asociado, también, al prejuicio de “grupos errantes” que “vagaban en busca de la caza” para sustentarse.
• los grupos de Patagonia nunca pudieron ser reducidos y los del Chaco, aun viviendo en pueblos de reducción, no cumplían con
el ideal de autoabastecimiento por medio de la agricultura como sucedía en los pueblos guaraníes, “las misiones” por
antonomasia. Unos y otros siguieron siendo considerados como “no civilizados” por los misioneros y la literatura etnográfica.
Sin embargo, los pueblos mocovíes adoptaron prácticas agrícolas y hortícolas, sembrando trigo y cuidando árboles frutales;
aunque es posible que estas novedades se hayan visto deslucidas porque los misioneros tenían que compensar a los grupos
que participaban de la cosecha con un permiso para salir a cazar por el mismo tiempo que les hubiera demandado esa
actividad
• Otra novedad introducida en las reducciones fue la cría de ovejas y las actividades que conllevaba su explotación: las mujeres
aprendieron a esquilar, hilar, teñir y tejer mantas o alfombras que pudieron enviarse a mercados como el de Asunción en un
número considerable de piezas la caza y la recolección continuaron siendo importantes actividades complementarias
• Entre tehuelches y abipones, en cambio, la adopción de bienes europeos estuvo más centrada en el ganado vacuno y caballar
que no requería disminuir la movilidad de los grupos. En realidad, ellos acentuaron sus desplazamientos para obtener y
trasladar ganado aunque a veces ese ganado les era proporcionado en el fuerte o en la misión a cambio de protección
implícita o explícita. Pero la mayor cantidad de ese ganado era obtenida en expediciones de saqueo o sangrientos malones
sobre los pueblos de la región de Buenos Aires o Asunción
• Nacuzzi (1991) pudo identificar entre los tehuelches del siglo XIX distintos tipos de “paraderos” que también parecen
encontrarse entre abipones y mocovíes del siglo XVIII
o el campamento base, asentamiento que duraba varios meses y donde muchas veces quedaban las
mujeres, los ancianos y los niños mientras los hombres salían en partidas de caza o de comercio
de duración variable
o los asentamientos próximos en áreas de aprovisionamiento, en las que abundaba algún tipo de
presa de caza (como el guanaco) o de frutos recolectables; estas áreas se visitaban en la
temporada adecuada, por cuatro o cinco días consecutivos sólo por hombres entre los de
Patagonia y por todo el grupo familiar entre los grupos del Chaco
o los asentamientos transitorios donde permanecían un día o una noche cuando los traslados eran
largos y rápidos, por motivos comerciales o por movimientos estacionales
o los grandes asentamientos múltiples (en el sentido de reunir grupos étnicos que se identificaban
como diferentes o, por lo menos, respondían a diferentes caciques), con gran cantidad de
unidades familiares que se reunían durante la primavera o el verano, por motivos económicos o
políticos, preferentemente en territorios de contacto entre unos grupos y otros
• los ciclos anuales de movilidad les permitían explotar diferentes recursos: en el invierno se dispersaban en grupos pequeños
de sólo unas 50 personas y se dedicaban a la caza en territorios separados para no perturbarse, y en primavera y verano se
reunían 200 o más unidades familiares (aproximadamente 2.000 personas para el caso de Patagonia) en espacios acordados
previamente; allí intercambiaban bienes, se dedicaban a la recolección de algunos vegetales o frutos y al consumo en
conjunto de las bebidas que obtenían de ellos o resolvían cuestiones políticas y sociales, como alianzas o matrimonios.
• Para el caso de los grupos mocovíes, ya antes de su establecimiento en reducciones, durante los primeros años del siglo XVIII
encontramos indicios que dan cuenta de un proceso de intensificación (cuando se produce un mayor conocimiento del ciclo
vital de las especies o se manipulan los recursos de modo que aumente su rentabilidad) preparación de diversos alimentos
secos como charque (carne salada y secada al sol), langostas tostadas y frutas desecadas para su almacenaje y harinas de
diversos frutos como la algarroba, contaban con elaborados sistemas de almacenaje y transporte construidos con maderas,
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fibras vegetales y cueros. Por lo tanto, deberíamos pensar que estos grupos habían desarrollado diferentes estrategias para
hacer frente a posibles situaciones de escasez.

La Adopción de Bienes Exóticos

• Complementariedad como la posibilidad que algunos de los grupos tenían de acceder a bienes que no producían por sí
mismos a cambio de otros más accesibles o que podían producir con excedente. Se daba una tercerización: grupos que
obtenían –por intercambio– bienes que no producían, pero no lo hacían para consumirlos o utilizarlos, sino para entregarlos a
otros grupos que los demandaban. Con el ingreso de bienes exóticos a los circuitos económicos indígenas, estas acciones de
intercambio y tercerización aumentaron notablemente, aparte de que había aparecido un nuevo sujeto en la demanda: la
sociedad colonial.
• Los indios del norte de la Patagonia les vendían a los españoles del Fuerte del Río Negro ganado vacuno y caballar robado en
los campos de Buenos Aires. Recibían a cambio: harina, tabaco, aguardiente, bayeta, sombreros, yerba mate. Estos mismos
indios recibían en Valdivia frenos, cuchillos y lanzas a cambio de ponchos que, a su vez, obtenían de otros grupos, los aucas o
mapuches de la Pampa. Además, por caballos y cueros de guanaco podían obtener piñones y ovejas que criaban grupos más
sedentarios como los pehuenches de Neuquén.
• Los grupos tehuelches de más al sur les entregaban cueros de guanaco (muchas veces de guanaco nonato) a cambio del
preciado caballo que, entre ellos, usaban muy pocos personajes
• Los indios del Chaco entregaban a los misioneros jesuitas caballos a cambio de agujas, cuchillos, anzuelos, tabaco, pan y yerba
mate El jaguar (como el guanaco nonato) tenía una notable demanda en las ciudades que bordeaban el espacio indígena de
abipones y mocovíes. Tanto, que sus pieles (que integraban el precio de la novia) se comenzaron a utilizar para el intercambio
y en el precio de la novia comenzaron a aparecer caballos
• Cuando los mocovíes y abipones fueron reducidos en pueblos, desarrollaron nuevas prácticas económicas. Algunas estuvieron
relacionadas con la subsistencia y otras con el intercambio comercial que desarrollaban en las ciudades aledañas. De hecho,
las reducciones facilitaron la comercialización de algunos productos (ganado en pie, cueros, miel, plumas) a la vez que
permitieron el desarrollo de nuevas actividades comerciales y productivas, la cría de ovejas, el cultivo de trigo y algodón, etc..
• Para la región pampeana, Mandrini (1985) ha descrito el “ciclo del toldo” y el “ciclo del ganado” que abastecían la economía
doméstica y la del intercambio, respectivamente, y dan por supuesto la generación de un excedente en la producción. Para el
Chaco, Saeger (2000) menciona un mercado local y otro regional que se amplió ante las demandas de la sociedad hispano-
criolla. Paz (2003), sostiene que los grupos del Chaco participaban de amplias redes comerciales gracias a que el
aprovechamiento de los recursos cubría sus necesidades de subsistencia y generaba un excedente.
• el caballo hizo posible para ambos grupos indígenas una mayor movilidad, más facilidad para la caza de animales y la
realización de malones y un efímero mejoramiento de la vida cotidiana. También les habría permitido desarrollar una fuerte
resistencia frente a las presiones coloniales
• en el norte de Patagonia, el caballo les permitió desplazamientos tan amplios como los que realizaban desde regiones muy
cercanas a la Cordillera hasta los campos de Buenos Aires
• Entre los grupos del sur de Patagonia, los caballos eran menos numerosos, pero ellos también realizaban incursiones desde
San Julián, por ejemplo, hasta Buenos Aires y su rica zona de ganado cimarrón
• Los bienes requeridos por las colonias españolas –sobre todo cueros– eran cargados y trasladados a caballo. En los
movimientos realizados por un número considerable de individuos para trasladar un campamento, por ejemplo, el caballo
servía para cargar la vivienda desarmada y todos los enseres domésticos y, a la vez, la caravana de mujeres y caballos cargados
participaban del cerco que facilitaba a los cazadores, también montados, encerrar a las presas de caza
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• el caballo posibilitaba realizar malones y saqueos sorpresivos para conseguir más caballos o ganado vacuno y arrear ese
ganado por rutas muy conocidas hacia grupos intermediarios que estaban cercanos a la Cordillera
• Para los grupos del Chaco, algunos autores sostienen que “la introducción del caballo promovió la formación de conjuntos
culturalmente semejantes” (Braunstein 1983:21) y otros, que desarrollaron una “cultura del caballo”
• Poseer caballos era también una señal de prestigio y el mejor ejemplo es que entre los del sur de Patagonia –donde los
caballos escaseaban– estos animales estaban reservados para los caciques
• La carne de yeguas se consumía al principio en ceremonias que se realizaban por el ingreso a la pubertad de las jóvenes o por
la celebración de matrimonios, aunque luego su ingesta podría haber sido más generalizada. Ante la demanda de cueros de
guanaco por los mercados coloniales, el cuero de caballo lo reemplazó en la confección de la vivienda, al tiempo que
aparecieron riendas, lazos, cinchas y “botas” confeccionadas con cuero de caballo, más otras manufacturas como los estribos
y la montura de madera o las cunas de caña para transportar a los niños a caballo
• ¿qué rasgos se asociaron a la adopción del caballo entre los grupos del Chaco en el siglo XVIII? En principio, la caza no se vio
favorecida, dadas las características ecológicas del ámbito chaqueño: las áreas pantanosas y la densidad de la vegetación
dificultaron la caza a caballo, pero habría facilitado el transporte de las presas y la realización de saqueos y malones también
una movilidad más amplia y el establecimiento de tratos comerciales con diferentes grupos indígenas o criollos
• entre los grupos de Patagonia, algunos incorporaron el caballo sólo como animal de carga porque era un bien escaso, y otros
pudieron usarlo para otras actividades económicas y de la vida social
• los grupos mocovíes y abipones se insertaron en el mercado colonial comerciando caballos y vacas para estos grupos, los
autores destacan el fuerte entrelazamiento entre la adopción del caballo, el ganado vacuno y el hierro (Lucaioli 2005), una
ventaja para la caza proporcionada por el caballo y el hierro (Saeger 2000) y un aumento en el consumo de carne por la
incorporación del ganado vacuno en detrimento de los recursos obtenidos por recolección ocurrió también entre los grupos
del sur de Patagonia: ellos no consumían vacas pero incrementaron la obtención de carne de guanaco y, aparentemente,
dejaron de elaborar harinas
• Otra fue la demanda desde el mercado hispanocriollo de pieles (de jaguar en el caso del Chaco y de guanaco en Patagonia).
Entre los mocovíes, las pieles de jaguar integraban tradicionalmente el precio de la novia y fueron remplazadas por caballos
para responder a la demanda externa y porque los caballos estaban disponibles en número considerable (Nesis 2005). En el
caso de los abipones, las fuentes directamente informan que el precio de la novia estaba compuesto por caballos, vestidos de
lana, lanzas con punta de hierro y otros bienes exóticos (Lucaioli 2005). El guanaco y el jaguar, entonces, sufrieron una
matanza indiscriminada
• Para el Chaco, algunos autores mencionan que hacia el siglo XVIII se quebró el equilibrio ecológico (Saeger 2000) o que
especies como el ciervo habrían llegado a su casi total extinción como consecuencia de la intensificación de la caza para el
abastecimiento colonial, en la Patagonia la demanda de pieles de guanaco nonato hizo que estos grupos –tradicionalmente
cazadores que deberían cuidar a las hembras preñadas olvidaran cuidados elementales para la preservación de la
reproducción de los animales que les servían de sustento
• En cuanto a los contextos económicos que acompañaron la adopción del caballo, podemos diferenciar algunas situaciones.
Entre los grupo cazadores recolectores de Patagonia, que nunca estuvieron reducidos, el caballo fue muy importante en su
economía. Ellos estaban habituados a movilizarse por su hábitat para explotar más provechosamente los recursos económicos
disponibles y, en un principio, el caballo les permitió mejorar esa movilidad. Un segundo paso sería el de la preponderancia de
la caza –que resultaba tan provechosa– y el abandono de otras actividades que requerían más tiempo y proporcionaban
menos beneficios, como la recolección. Un tercer paso sería el cambio de las actividades tradicionales –incluida la caza– para
dedicarse a proveer a los mercados coloniales de los bienes que ellos requerían, obteniendo esos bienes de otros grupos
indígenas o no.
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Nacuzzi
• Con la adopción del caballo abipones y mocovíes ampliaron sus circuitos de desplazamiento (Lucaioli 2005). Esto les permitió
incorporar el ganado vacuno a su dieta y el hierro a sus bienes. El hecho de disponer con seguridad de una cantidad de
cabezas de ganado vacuno y caballar periódicamente debe haber sido un factor de peso para que se avinieran a la vida en
pueblos de reducción
• siendo la reducción una prestación defensiva para la ciudad que estaba más cercana, hubo un condicionamiento sobre el tipo
de adoctrinamiento posible para estos indios, puesto que era necesario conservar sus hábitos guerreros. Aunque también la
presencia de los misioneros y las continuas quejas de las ciudades vecinas por las violentas incursiones, deben haber jugado
un papel moderador. De todas maneras, en el ámbito de la reducción los jesuitas alentaron la incorporación de nuevas
prácticas económicas (y ellas acrecentaron la inserción de estos grupos en el mercado) tales como la cría de ovejas y el uso de
su lana para realizar mantas prácticas nuevas como el cultivo del trigo y el algodón entre los mocovíes (Nesis 2005) o
tradicionales como la recolección de miel y la pesca entre los abipones (Lucaioli 2005) parecen haberse mantenido para cubrir
las necesidades internas de los pueblos reducidos.
• Lucaioli y Nesis (2005) afirman que el ganado que entregaban las ciudades o los jesuitas funcionaba como señuelo para
mantenerlos reducidos y disminuir las partidas de caza, esos animales eran preferiblemente vacas. En cuanto a los caballos,
Paucke (misionero entre los mocovíes) disponía de muchos de ellos y Dobrizhoffer (misionero entre los abipones) se quejaba
por su escasez. Si pensamos que los mocovíes habían resultado más receptivos a las nuevas pautas económicas que les
proponía la vida en reducción puesto que tejían en un volumen que les permitía participar en el mercado y practicaban la
agricultura de trigo y algodón (Nesis 2005) y los abipones, en cambio, criaban ovejas pero no producían para el mercado y
descuidaban continuamente sus cultivos (Lucaio-li 2005), podría ser factible mi hipótesis de que la entrega de ganado era
manipulada de alguna forma –por los misioneros o por los agentes del estado colonial– de manera que resultara un “premio”
para los grupos más dóciles, o que sólo alcanzara para asegurar la protección de la ciudad vecina y el abastecimiento de la
reducción, manteniendo los niveles de conflicto bélico interétnico razonablemente controlados.
• La apropiación violenta de ganado –el malón– ocurría cuando no se cumplían las entregas por parte de los misioneros o de las
ciudades de Santa Fe o Asunción. En el caso de la frontera de Santa Fe, los acuerdos fueron previos al establecimiento de la
reducción y los vecinos se comprometieron a entregar una cantidad de cabezas de ganado por mes ante el compromiso de los
indios de dejar de realizar malones en las estancias vecinas
• El malón también constituía una forma de debilitamiento del otro, ya que combinaba las necesidades económicas con las
aptitudes y el poderío bélico. Según Boccara (1998:275), el malón como una forma de guerra posible se cristalizó en un
complejo económico-bélico que puede entenderse en dos dimensiones: como forma institucionalizada de abastecimiento e
intercambio y como una manera de mantenimiento de la autonomía política de los grupos indígenas frente a las presiones
coloniales.
• Durante los malones, los grupos indígenas obtenían ganado, armas y cautivos. La circulación de cautivos y su fuerza de trabajo
era otro de los beneficios del malón. Muchos cautivos se incorporaron a la vida entre los indios, aunque lo hicieron con
estatus diferentes. En el sur, los cautivos llegaron a adquirir lugares importantes en la sociedad indígena: en el caso de las
mujeres, a través del casamiento con caciques o personajes de prestigio; en el de los varones, oficiando de lenguaraces,
secretarios, etc. En cambio, entre los mocovíes del Chaco los cautivos estaban segregados del resto del grupo, junto con otros
mocovíes que alguna vez habían sido cautivos de los españoles y no existía el casamiento con mujeres cautivas (Nesis 2005).
Entre los abipones, los hombres cautivos –españoles o de otros grupos étnicos– podían adquirir prestigio y transformarse en
líderes y casarse con alguna mujer respetable del grupo indígena; para las mujeres cautivas era imposible tanto el casamiento
como el cambio de estatus

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