La agricultura tradicional son todos aquellos sistemas de producción agrícola para
la obtención de alimentos que han sido desarrollados en base a conocimientos
empíricos y experiencias, que se han ido aceptando y enriqueciendo a través de
generaciones en diferentes localidades. Dichos sistemas de producción nos sirven
ahora como un banco de conocimientos que podemos aplicar y revalorar en la
agroecología porque no causan impactos negativos en el ambiente, por el
contrario, buscan una armonía con la naturaleza. Los sistemas de agricultura
tradicional se caracterizan por su diversidad vegetal en el tiempo y en el espacio a
través de los policultivos y/o sistemas agroforestales. El desarrollo de estos
agroecosistemas no es casualidad, sino que está basado en un profundo
entendimiento de los elementos y las interacciones de la vegetación, guiada por
sistemas complejos de clasificación etnobotánica.
Para ello se empezó a emplear la agroecología que estudia cómo los diferentes
componentes del agroecosistema interactúan. Como un conjunto de prácticas,
busca sistemas agrícolas sostenibles que optimizan y estabilizan la producción.
Como movimiento social, persigue papeles multifuncionales para la agricultura,
promueve la justicia social, nutre la identidad y la cultura, y refuerza la viabilidad
económica de las zonas rurales. De acuerdo con la FAO, la agroecología es un
enfoque holístico e integrado que aplica simultáneamente conceptos y principios
ecológicos y sociales al diseño y la gestión de sistemas agrícolas y alimentarios
sostenibles. Trata de optimizar las interacciones entre las plantas, los animales,
los seres humanos y el medio ambiente, al mismo tiempo que aborda la necesidad
de sistemas alimentarios socialmente equitativos en los que las personas puedan
elegir lo que comen, cómo y dónde se produce. Durante el transcurso de los años
y por cuestiones de crecimiento poblacional la actividad agrícola y agropecuaria se
tuvo que reinventar una manera en la cual la productividad aumentara de una
mejor manera, debido a que antes se podía observar que la producción era
relativamente normal teniendo en cuenta la densidad poblacional a nivel global en
esas épocas, pero a medida que la civilización humana fue evolucionando y
aumentando su densidad poblacional se vio la obligación de buscar una alternativa
para garantizar la buena distribución de los alimentos a toda la población de
manera equitativa e igualitaria. Para esto se empezó en el año de 1960 la
industrialización de la agricultura dando lugar a un término llamado revolución
verde, que desde su introducción e implementación en el mundo y en Colombia en
la primera mitad del siglo XX, transformó la forma de hacer agricultura; ligando los
factores de producción a un conjunto de tecnologías integradas, que ofrecen
mayores rendimientos y aumentos de producción en terrenos más pequeños.
Con este objetivo se comenzaron a suministrar prácticas y estrategias que
buscaban maximizar el mayor uso de los recursos naturales como lo son la
implementación de agroquímicos, pesticidas, fertilizantes, mejora genética,
combustibles, sistemas de riego. Esto ayudo en gran medida a la producción
alimentaria triplicando las cosechas, pero teniendo un efecto perjudicial para el
medio ambiente. Puede que la revolución verde sea un buen factor para la
productividad, pero a la par que se implementan estas estrategias en nuestros
procesos de cosechas se están difiriendo otras causales letales en cuanto a la
contaminación ambiental, debido a que el uso de estos métodos genera por
consiguiente muchas más emisiones de gases contaminantes, construcción de
reservas de agua, demanda de petróleo que asimismo conlleva al des
escalamiento del suelo.
Ahora hay un efecto colateral de la revolución verde a la agricultura tradicional
campesina y fue principalmente el deterioro del terreno, el derramamiento de
petróleo, la contaminación en los ríos y las vertientes hídricas, mayor emisión de
gases contaminantes y mayor uso de fertilizantes y pesticidas que asimismo esto
conlleva a los más graves problemas ambientales que vemos en la actualidad
(Calentamiento global, efecto invernadero, deterioro en la capa en la ozono,
derretimiento de los polos, contaminación del agua). Por lo que decimos que la
revolución verde es un buen factor para aumentar la productividad, pero a un gran
costo, para esto en los procesos de cultivo en los que se emplea la revolución
verde se están utilizando principios de la agroecología que contribuyan a una alta
productividad, pero asimismo que cooperen con un desarrollo sostenible y el
cuidado del medio ambiente.
Dichos principios se pueden resumir en factores económicos, sociales y
ambientales que buscan la conservación de recursos naturales y agrícolas (agua,
capital, energía, suelo, y variedades genéticas), el uso de recursos renovables, la
minimización de productos tóxicos, el manejo adecuado de la biodiversidad, la
maximización de beneficios a largo plazo, la conexión directa entre agricultores, la
valoración de la vida rural y la implementación de sistemas alimentarios
resilientes. Como detalle a destacar podemos concluir entonces que la revolución
verde tiene efectos positivos como adversos en la agricultura tradicional, en lo
positivo aumenta la productividad para su mayor distribución y la eficacia en las
cosechas, pero se contrarresta esto a la hora de contaminar el medio ambiente y
deteriorar los suelos y el agua. Contribuyendo esto al calentamiento global y a los
gases de efecto invernadero.