Tema 6.- Precursores de la Enfermería Moderna.
1.- La Orden Hospitalaria de los Hermanos de San Juan de Dios (San Juan
de Dios). Siglo XVI.
2.- La Orden de las Hermanas de la Caridad (San Vicente de Paúl, Santa
Luisa de Marillac). Siglo XVII.
3.- La Orden de los Belemitas (Pedro de Betancurt). Siglo XVII.
4.- La Orden de las Diaconisas de Kaiserswerth (Theodor Fliedner). Siglo
XIX.
Bibliografía base: Nogales Espert, A. (1996): “La peste y las grandes
epidemias en Europa, escenario de la actividad de enfermería como respuesta
social”, pp. 113-120. En Hernández Martín, F. (1996): Historia de la Enfermería
en España (desde la Antigüedad hasta nuestros días). Editorial Síntesis, S. A.,
capítulo 9. García Martínez, Manuel J. y otros (1996): “Del Renacimiento al
Barroco: la génesis de la Enfermería moderna”. En Hernández Martín, F.
(1996): Historia de la Enfermería en España (desde la Antigüedad hasta
nuestros días). Editorial Síntesis, S. A., capítulos 10 y 11.
1.- La Orden Hospitalaria de los Hermanos de San Juan de Dios (San Juan
de Dios). Siglo XVI.
Su fundador fue Juan Ciudad (1495-1550), posteriormente San Juan de
Dios, patrono de los enfermeros. Nace en Montenor O Novo (Évora, Portugal).
Sale de su casa a corta edad y se cría con una familia haciendo tareas de
campo y ganadera. Posteriormente se alista en el ejército, formando parte de
los tercios españoles en Europa. Cuando se licencia viaja por varias ciudades
de Andalucía y norte de África (Ceuta). Después se dedica a varios oficios,
como vendedor de libros y estampas religiosas, estableciéndose en Granada.
Allí sufre una profunda crisis personal tras escuchar un sermón predicado por
Juan de Ávila; tras ello fue internado en un hospital para locos, y tras el alta
decide dedicarse al cuidado de los enfermos.
Desde esos momentos comienza una nueva etapa de su vida, viajando
por varias ciudades y visitando hospitales. De vuelta en Granada alquila en la
calle Lucena una pequeña casa para acoger a pobres y enfermos
desamparados; posteriormente compra otra mayor (1547), convertida
igualmente en un hospital. Ya cansado muere el 8 de marzo de 1550,
continuando su obra por toda España gracias a la labor de los Hermanos que le
siguieron. Hoy día existen centros de estos Hermanos por todo el mundo. En
Sevilla acaba de inaugurarse uno de ellos, concretamente en en Bormujos
(Aljarafe).
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2.- La Orden de las Hermanas de la Caridad (San Vicente de Paúl, Santa
Luisa de Marillac). Siglo XVII.
Esta Orden fue fundada por San Vicente de Paul, manteniendo su
importancia y plena actuación hasta nuestros días. Se creó en un momento en
que la miseria y la enfermedad causadas por las continuas guerras estaban
aniquilando Francia. La agitación política también era un factor a tener en
cuenta en esa época. San Vicente de Paúl ofreció soluciones para estos
problemas que eran, a la vez, revolucionarios y visionarios.
San Vicente de Paul -1576-1660- fue un sacerdote católico, franciscano,
francés, modesto, cuyas experiencias de juventud le prepararon para luchar
contra los sufrimientos de la humanidad. Fue capturado por los piratas
berberiscos y vendido posteriormente como esclavo a los turcos.
Posteriormente regresa a París, donde quedó impresionado por las condiciones
de vida de los pobres y los enfermos en una ciudad tan grande. Empezó a
ayudar a los Hermanos de San Juan de Dios cuidando a los pacientes en el
Hospital de la Charité de París. Pronto sus intereses se dirigieron hacia las
comunidades de provincias, y en 1617, se trasladó a la parroquia de Chatillon-
en-Bresse. Instituyó una sociedad de damas llamada La Confrérie de la
Charité (Dames de Charité), cuyos miembros visitaban a los enfermos en sus
casas para proporcionarles cuidados enfermeros y espirituales. Las once
mujeres de esta asociación no tomaron votos ni hicieron ningún tipo de
promesa. A partir de estos humildes comienzos, surgieron asociaciones en
numerosos pueblos y aldeas.
Al principio, todas las ramas estaban compuestas por mujeres, pero más
tarde se fundó una organización para hombres en Folleville. En los siglos que
siguieron a San Vicente la extensión de los servicios hasta los hogares, se
convirtió en un elemento regular de trabajo de ciertas comunidades. La
simpatía por los pobres se combinaba con el talento para la reforma
organizada, lo que dio lugar a un sistema de servicio social, un método para
que la gente pudiera ayudarse a sí misma.
Santa Luisa de Marillac (Mlle. Le Gras) -1591-1660- fue la primera
supervisora de estas enfermeras comunitarias. Era mujer de buena familia, que
acababa de enviudar cuando se unió al trabajo de San Vicente. En 1629 y 1631
fue enviada a recorrer las asociaciones provinciales para investigar su trabajo y
ayudarlas a mejorar sus cuidados. En 1633 se fundó una orden de enfermería
seglar llamada Les Filles de Charité, o Hermanas de la Caridad, de la que
santa Luisa fue la superiora. Al principio, las Filles de la Charité no estaban
bajo ninguna regla escrita, sino que simplemente se atenían a unas cuantas
normas elaboradas por esta supervisora. Se reclutó a jóvenes solteras, a las
que se les exigía inteligencia, refinamiento y un interés sincero por los
enfermos pobres. Se elaboró un programa de preparación que incluía
experiencia en el hospital, visitas a domicilio y cuidado de los enfermos. Este
fue el comienzo de las Hermanas de la Caridad, aunque debería llamárseles
Hijas de la Caridad, porque San Vicente se refería a ellas como “Filles”, es
decir, Hijas.
El 25 de marzo de 1634, un año después de que se formara dicha
comunidad, Santa Luisa hizo el voto formal de dedicarse a esta vida. Así, se
convirtió en la primera Hermana o Hija de la Caridad de San Vicente de Paul.
En 1642, las cuatro primeras Hermanas hicieron los votos, que son anuales.
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Esta Orden representó una tremenda innovación, dado que era activa pero no
de clausura. La preparación espiritual de las Hermanas quedaba a cargo de
San Vicente, quien les daba una conferencia cada semana. Estas charlas las
escribía Santa Luisa, conservándose en la actualidad unas 160. Pueden
considerarse como clases de ética enfermera. En 1809 las Hermanas se
introdujeron en América por medio de la madre Elizabeth Seton (1774-1821), la
primera persona americana de nacimiento que fue canonizada. Se estableció
una comunidad en Emmitsburg, Maryland, tras haber conseguido de Francia la
Regla de la casa madre. No fue hasta 1815 cuando la madre Mary Aikenhead
organizó una comunidad en Dublin.
Las Hijas de la Caridad se instalan en España por primera vez en el
Hospital de la Santa Cruz, en Barcelona, en 1790. En 1799 organizan y prestan
cuidados a los niños en la Inclusa de Madrid. En 1803, se establece en Madrid
el Real Noviciado, que era el centro para formar a las futuras Hijas.
Posteriormente, se extienden por toda España: Barcelona, Lérida, Reus,
Madrid, Pamplona, Tortosa, Valencia, Segovia...
En 1917 ve la luz la primera edición del Manual de la Carrera de
Enfermeras para el uso de las Hijas de la Caridad Españolas, en Madrid.
Atendían niños abandonados, enfermos mentales, enseñaban en escuelas,
colaboraron en guerras y desastres naturales.
En resumen, esta Orden ocupa un lugar preferencial como precursora de
la Enfermería moderna, encargándose de prestar cuidados tanto en hospitales
como en casas particulares, sembrando los principios de la enfermería
domiciliaria y del servicio social. Crean, asimismo, escuela en la organización
de la asistencia y desarrollo de los cuidados.
3.- La Orden de los Belemitas (Pedro de Betancurt). Siglo XVII.
Fundada por Pedro de Betancurt, que nació en Tenerife en 1626, tuvo su
principal área de actuación en la América hispana, especialmente en
Guatemala. Hace pocos meses ha sido santificado por el Papa Juan Pablo II.
Desde 1667 hasta 1716, la Orden vive su época más fecunda, aumentando las
vocaciones de manera notoria y fundando varios hospitales. Actualmente sólo
queda una rama femenina de la Orden, pues desaparece en el siglo XIX. Ésta
redactó un Manual para novicios, en donde se recogía el trabajo enfermero.
4.- La Orden de las Diaconisas de Kaiserswerth (Theodor Fliedner). Siglo
XIX.
El nacimiento de la Enfermería moderna en los países anglosajones.
Una vez comentada la evolución histórica de la Enfermería en países
católicos y protestantes, desde la Reforma hasta el siglo XVIII, vamos a tratar a
continuación el siglo XIX. Los países que habían vivido el Aperíodo o etapa
oscura de la Enfermería@ encuentran en este siglo su, digámoslo así,
Arenacimiento@ (Anacimiento de la Enfermería moderna@) y en ello jugó un
papel muy importante el Instituto de Diaconisas de Kaiserswerth, creado en
1836 por el pastor Theodor Fliedner (1800-1864).
Las órdenes de diaconisas que habían existido en la época de Cristo
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fueron reavivadas por las iglesias protestantes durante el siglo XIX. A ello
contribuyó, sin duda, el reconocimiento del papel de la mujer en la sociedad. En
ciertos casos, una motivación religiosa impulsaba a las mujeres a realizar un
servicio social, y el cuidado de los enfermos se convirtió en su principal deber.
Kaiserswerth se erigió en la principal organización de diaconisas
protestantes para el servicio de Enfermería. Se le atribuye la creación de
la primera orden moderna de diaconisas.
Este instituto se puso en marcha a nivel modesto, pedro dejó una huella
indeleble en toda la Enfermería, que lo seguiría. Influyó indirectamente a
personas como Florence Nightingale, quien permaneció allí durante un breve
período breve de tiempo. El pastor Fliedner, que había sido nombrado párroco
de Kaiserswerth en 1822, comenzó su labor social fundando la Rheinisch-
Westfälischer Gefängnisverein (Asociación de Prisiones de Alemania) en 1826,
pionera de su clase en ese país, estaba inspirada en las reformas
penitenciarias que se habían llevado a cabo en Inglaterra y Holanda. Fliedner
había conocido a Elizabeth Fry y quedó impresionado de su labor en la prisión
de Newgate.
En 1828 se casó con Friederike Münster (1800-1842), y la labor conjunta
de ambos para la reforma carcelaria se tradujo en la creación de un pequeño
refugio para presos liberados en 1833. A continuación, el matrimonio Fliedner
centró su atención en el cuidado de los enfermos y abrió un pequeño hospital
con una escuela de formación para diaconisas. Este hospital se puso en
marcha en una casa, y su primera diaconisa, Gertrude Reichardt, hija de un
médico, ingresó en 1836. A finales del primer año otras seis mujeres se le
habían unido para recibir formación.
Estas diaconisas no hacían votos sino que simplemente prometían
trabajar por Cristo. Aunque no recibían un salario, eran cuidadas de por vida,
acuerdo que se reconocía con el nombre de Asistema de casa madre@. Era
una réplica del sistema monástico y ofrecía seguridad, ya que las diaconisas
disponían de un hogar y protección permanentes. Se las enviaba a cumplir
tareas de distrito, hospitales o privadas, o bien a lejanos campos de misión. Su
atuendo consistía en una sencilla bata de algodón azul con un delantal blanco y
un gran cuello vuelto. Una cofia de muselina blanca con un volante alrededor
del rostro se ataba bajo la barbilla con un gran lazo blanco. En el exterior
llevaban largos mantos negros y tocas del mismo color encima de la cofia.
El movimiento del Instituto se extendió rápidamente, teniéndose que
ampliar para 1840 las instalaciones. En 1842 la capacidad total de camas ya
superaba las 200. La formación de las diaconisas se dirigía a prepararlas tanto
para la enseñanza como para la enfermería.
El programa de enfermería incluía una rotación por los servicios clínicos
hospitalarios (salas de hombres, mujeres, niños, enfermedades infecciosas,
diaconisas enfermas y convalecientes), formación en enfermería domiciliaria,
aprendizaje teórico y práctico del cuidado de los enfermos, conocimientos de
ética y doctrina religiosa y farmacia. Este programa de estudio duraba tres
años. Se subrayaba el principio de que las enfermeras debían cumplir
exactamente las órdenes del médico y que éste era el único responsable del
resultado.
En Kaiserswerth la estructura de organización evolucionó hasta
incorporar numerosas facetas de servicio, que se dividieron en cuatro áreas:
enfermería, ayuda a los pobres, cuidado de los niños y trabajo de auxilio a las
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mujeres presas y las AMagdalenas@. El Instituto adquirió tal renombre que
muchas personas acudían a él para estudiar sus métodos. La segunda esposa
de Fliedner, Caroline Bertheau (1811-1892), quien había ejercido durante tres
años como superintendente del departamento de cirugía de mujeres del
Hospital de Hamburgo, aportó su experiencia valiosa como enfermera al
Instituto, enriqueciéndolo notablemente.
La influencia de Kaiserswerth se extendió más allá de las fronteras
alemanas. En 1849, Fliedner acompañó a cuatro diaconisas a Pittsburgh,
Pennsylvania, donde asumirían la responsabilidad del Pittsburgh Infirmary (en
la actualidad Passavrant Hospital); también se fundaron ramas de la
organización en Jerusalén, Esmirna, Constantinopla, Beirut y Alejandría. Las
graduadas del programa se esparcieron por todos los rincones del mundo para
ayudar en el cuidado de los enfermos y necesitados. Estos comienzos sentaron
la base para la fundación de un nuevo sistema de enfermería por parte de
Florence Nightingale, cuyas reformas cambiaron radicalmente el cuidado de los
enfermos en todo el mundo.