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Apatridia y Derecho a la Nacionalidad

1) Un hombre mayor en Vietnam reveló su deseo de tener un certificado de defunción para probar que existió, ya que había vivido como apátrida durante 35 años sin poder tener propiedades, educar a sus hijos o comprar una motocicleta. 2) La apatridia afecta a millones de personas en el mundo que no pueden ejercer derechos básicos como educación, atención médica o trabajo. 3) El cambio climático podría aumentar el número de apátridas si países islas quedan deshabitables, amenazando la sober
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Apatridia y Derecho a la Nacionalidad

1) Un hombre mayor en Vietnam reveló su deseo de tener un certificado de defunción para probar que existió, ya que había vivido como apátrida durante 35 años sin poder tener propiedades, educar a sus hijos o comprar una motocicleta. 2) La apatridia afecta a millones de personas en el mundo que no pueden ejercer derechos básicos como educación, atención médica o trabajo. 3) El cambio climático podría aumentar el número de apátridas si países islas quedan deshabitables, amenazando la sober
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ARTÍCULO 15: EL DERECHO A LA NACIONALIDAD

En las afueras de la capital vietnamita, en la ciudad de Ho Chi Minh, un hombre mayor reveló
su más ferviente deseo: “sólo tengo una esperanza – que cuando muera pueda tener un
certificado de defunción, para probar que alguna vez existí.” Al ser un apátrida, no había
existido legalmente durante los 35 años que había vivido en Vietnam – incapaz de tener una
propiedad, mandar a sus hijos a la escuela o incluso comprar una motocicleta.

Este anciano, un antiguo refugiado camboyano, había caído en un limbo legal, sin capacidad
para renunciar a su ciudadanía camboyana como le era requerido para poder adquirir la
ciudadanía vietnamita porque Camboya ya le había retirado su ciudadanía.
Afortunadamente, en 2010 Vietnam cortó ese nudo gordiano y otorgó la ciudadanía a unas
6,000 personas en esta situación.

La mayor parte de las personas en este planeta dan por sentado el derecho a la nacionalidad
garantizado en el artículo 15 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH). La
mayoría de nosotros podemos adquirir un documento de identificación, un pasaporte o
cualquier otro documento, sin ningún problema. Pero en el mundo, alrededor de 3.9
millones de personas carecen oficialmente de nacionalidad, y la Agencia de la ONU para los
refugiados estima que la cifra real podría ser tres veces mayor.

Los apátridas sufren profundamente, condenados a una vida de marginación sin esperanza
y a menudo transmitiendo dicha condición a sus hijos, de tal manera que generaciones
enteras pueden ser condenadas a la apatridia.

“Ser despojado de la nacionalidad es ser despojado del mundo; es como regresar a los
parajes de las cavernas o de los salvajes…”
-Hannah Arendt,Los orígenes del totalitarismo

La Declaración Universal declara que todos los seres humanos nacen con los derechos que
ésta establece. Por esta razón, a muchos no les gusta la afirmación que hace Hannah Arendt
de que la nacionalidad es el “derecho a tener derechos.” Pero sin una nacionalidad, es
prácticamente imposible ejercer muchos otros derechos – ir a la escuela, obtener
tratamiento médico, obtener un trabajo de forma legal, denunciar un delito, cruzar
fronteras y, como se lamentaba el hombre vietnamita, incluso que tu familia pueda tener
un certificado de defunción cuando mueras.

Algunas personas son apátridas por la desintegración de Estados o imperios, hace


generaciones. Otras no tienen, o han perdido, su nacionalidad involuntariamente por leyes
mal elaboradas o que entran en conflicto con otras dentro de un Estado – o incluso (cuando
los padres son de diferentes nacionalidades) entre Estados. Incluso cambios en las prácticas
administrativas pueden arrojar a las personas, por error, a un limbo legal debido a alguna
peculiaridad en su nacimiento, matrimonio o herencia.
Otras personas son convertidas en apátridas deliberadamente – porque se les ha negado o
se les ha despojado de su nacionalidad como parte de un proceso de persecución racial,
política o étnica, y a menudo han sido posteriormente forzadas a huir a otro país donde es
posible que permanezcan como apátridas durante muchos años. Los Rohingya de Myanmar
son un claro ejemplo, como también lo es la filósofa judía alemana Hannah Arendt – que
fue tanto apátrida como refugiada, primero en Francia y luego en Estado Unidos.

Ya en 2010 – siete años antes del último episodio de violencia, posiblemente incluso
genocidio, que estalló en el Estado de Rakhine en Myanmar – la Relatoría Especial de la
ONU sobre Myanmar alertaba de que “el problema de la apatridia” – incluyendo la negación
de emitir certificados de nacimiento a muchos niños musulmanes desde 1994 – era la “raíz
de hostigamientos crónicos” sufridos por los Rohingya. Más recientemente, en su polémico
informe de septiembre de 2018, la Misión de Investigación de la ONU en Myanmar apuntó
que “la negación de nacionalidad se basa en fundamentaciones raciales prohibidas.”

Desde que la DUDH fue adoptada hace 70 años, ha habido un creciente reconocimiento del
asunto de la apatridia. En los últimos años, ha habido un esfuerzo coordinado para
resolverla y prevenir su aparición de raíz. Uno de estos esfuerzos fue el informe anual sobre
privación de la nacionalidad que el Secretario General de la ONU entregó a la Asamblea
General.

“Los últimos 10 años he perdido todos mis derechos: no podía estudiar, ni trabajar ni
conducir. No puedo estar con mi marido. ¿Acaso no puedo tener una vida y una
nacionalidad tras 17 años como una apátrida? ¿Es demasiado pedir?”
-Mujer de 24 años detenida porque sus padres infringieron las reglas migratorias cuando
ella era una niña.

A menudo la apatridia puede ser resuelta de un metafórico plumazo – un simple cambio en


las leyes, por ejemplo, para eliminar la discriminación de género que evita que las mujeres
puedan transmitir su nacionalidad a sus hijos. La expedición de certificados de nacimiento
también es un paso vital para prevenir la apatridia.

Desde que la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, lanzó una campaña en 2014
para terminar y prevenir la apatridia, más de 166,000 apátridas han adquirido o visto
confirmada su nacionalidad y 20 Estados han accedido a las Convenciones sobre la
Apatridia. Nueve Estados han establecido o mejorado los procedimientos de determinación
de apatridia y seis Estados han reformado sus leyes sobre nacionalidad, entre otros
progresos.

A pesar del progreso, ha surgido un debate sobre si el cambio climático podría añadir
millones de personas a las filas de la apatridia. Hay académicos del Derecho que ya están
explorando soluciones en caso de que algunos Estados que hoy son islas en el mapa queden
sumergidas por completo dado el aumento en el nivel del mar – aunque no todos están de
acuerdo en que esto resultara en que sus ciudadanos se convirtieran en apátridas.
Un joven líder de Kiribati, uno de los países a menor altura del mundo, dijo al Consejo de
Derechos Humanos en 2017 que todo su pueblo – en el peor de los casos – podría tener
que irse por el aumento en el nivel del mar, la erosión o los ciclones y que “la reubicación
significa no tener ningún hogar al cual regresar.”

“Significa dejar tu tierra y tu país para siempre y cortar los lazos con todo lo que es
importante para ti como pueblo. Tal movimiento amenazaría nuestra soberanía, nuestra
cultura, nuestra identidad y todosnuestros derechos humanos fundamentales”, añadió Rae
Bainteiti, de 27 años de edad.

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