TIPOS DE BIENES
El ser humano enfrenta condiciones permanentes de escasez o limitación de los satisfactores
de sus necesidades, por lo que es imprescindible clasificarlos, establecer su importancia y
priorizar su utilidad para optimizar su aprovechamiento y que, de esta manera, cubran la mayor
cantidad posible de necesidades, tanto en cantidad como en calidad.
Por ello, resulta fundamental hacer una distinción de los satisfactores en función de su
naturaleza, ya que puede tratarse de bienes o de servicios. En el primer caso, se trata de
elementos materiales y, por tanto, tangibles, dentro de los cuales podemos considerar una
motocicleta o un alimento; en contrapar- te, los servicios son el conjunto de actividades
humanas destinadas a satisfacer necesidades, aunque éstas no se materialicen en la
provisión de objetos, por ejemplo, la educación, la cobertura de Internet o los servicios de
salud, entre muchos otros.
Asimismo, en función de su origen, los bienes pueden ser cla- sificados como libres (en los
casos en que su disponibilidad resulte ilimitada o, al menos, abundante, y no sean propiedad
de alguien en particular, como la luz solar o el aire, entre otros) o económicos (es decir, todos
aquellos que pertenecen a alguien o pueden ser apropiables, son escasos y susceptibles de
usos lucrativos).
En cuanto a la importancia o el tipo de necesidades que satisfacen, pueden considerarse
como bienes de primera necesidad (como en el caso de los alimentos, la educación, el calzado
o la vivienda) y bienes suntuarios o de lujo (que resultan prescindibles, como joyas o yates).
Otro criterio de clasificación está relacionado con la función que éstos cumplen, de acuerdo
con la cual pueden ser considerados como:
• Bienes de consumo todos aquellos que permiten la satisfacción directa e inmediata de las
necesidades humanas (por ejemplo, la vestimenta, cualquier alimento o un libro); asi mismo,
de acuerdo con el periodo durante el que pueden ser aprovechados para la satisfacción de
necesidades, es posible clasificarlos como bienes perecederos o de consumo inmediato, pues
permiten un consumo único y en periodos cortos (como en el caso de los alimentos), y bienes
de consumo duradero, los cuales permiten un uso prolongado de éstos (como aparatos
electrónicos o libros).
• Bienes de producción dentro de esta categoría se encuentran todos aquellos a partir de los
cuales es posible producir otros bienes (como la maquinaria o las herramientas de trabajo,
entre otros) y también son conocidos como bienes de capital o bienes de inversión.
Con base en su grado de elaboración, los bienes pueden ser considerados como intermedios
(todos aquellos que deben ser objeto de transformación para destinarse al consumo final,
como es el caso del acero o los recursos maderables) o bienes finales, es decir, aquellos que
ya han sido transforma- dos para cubrir las necesidades humanas de manera directa (como
podría ser cualquier mueble o utensilio de cocina).
De la misma forma, en función del grado de relación que mantienen entre sí, es posible
clasificarlos como bienes complementarios, cuando éstos no pueden ser consumidos o
utilizados de manera aislada, sino que es fundamental contar con otro bien que lo
complemente (por ejemplo, la electricidad es un bien complementario de una computadora o
cualquier aparato electrónico que no sea portátil); asimismo, podemos identificar a los
llamados bienes sustitutivos que, contrario a los complementarios, son bienes cuyo consumo
no puede realizarse de manera simultánea, pues recurrir a uno de éstos implicará,
inevitablemente, prescindir del otro (como en el caso del café y el té, el de la mantequilla y la
margarina, o el de la gasolina y el diésel, por mencionar algunos ejemplos).
Es también relevante identificar que, de acuerdo con su propiedad, podemos hacer referencia
a los bienes privados, cuando pertenecen a individuos particulares, quienes los aprovechan
de manera exclusiva, o bienes públicos, cuya propiedad ostenta el Estado, y están destinados
a satisfacer necesidades colectivas.