Bosquejo 42 - Cómo le afecta a usted el Reino de Dios
¿Qué es la felicidad? Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por
gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno.
Antes de comenzar, quiero preguntarle. ¿Qué le hace falta para ser feliz?
¿Será el dinero, tener una casa lujosa, tener un auto de ultimo modelo, el celular de ultima
generación? Para que usted diga que realmente es feliz, y diga tengo todo lo que quisiera
tener. ¿Cuál de estas cosas mencionadas serian?
Probablemente en su interior esté pensando, no yo no pienso asi, yo con lo necesario mientras
tenga que comer y estar con mi familia, soy feliz.
Pero lo cierto es que vivimos en tiempos en la que la clase social lo es todo.
Por ejemplo, como dicen un dicho, dime con quien te juntas y te diré quien eres.
Cuando una persona pasa mucho tiempo con otra y esa persona habla que su prioridad es
tener muchas cosas materiales y muchas posesiones, pasar muchas horas en su empleo para
costear sus viajes, pudiéramos empezar a adquirir ese mismo modo de pensar, tal vez
lleguemos a admirar a los que llevan una vida con las mejores comodidades.
Pero noten que el propósito de este discurso es, ver más allá de lo material. Enfocarse en algo
mucho más importante, LA BIBLIA.
Hermanos, personas que probablemente nos estén visitando en esta ocasión.
Vamos a estar analizando algunos puntos muy interesantes y queremos que se beneficien de
gran manera, vamos hablar de algo que el solo escucharlo nos llena de mucha alegría.
EL REINO DE DIOS
como cristianos, nos llena de esperanza tener presente este hecho, y si usted es
nuevo, ha llegado al sitio correcto, me gustaría plantearle la siguiente pregunta:
¿ORA usted el padrenuestro? Si lo hace, entonces, como muchos otros millones de
personas, repite las siguientes palabras
vamos a dirigirnos a la Biblia y buscar el siguiente texto bíblico:
9 ”Ustedes deben orar de esta manera: ”‘Padre nuestro que estás en los cielos, que
tu nombre sea santificado. 10 Que venga tu Reino. Que se haga tu voluntad, como
en el cielo, también en la tierra. 11 Danos hoy nuestro pan para este día; 12
perdónanos nuestras deudas, como nosotros también hemos perdonado a
nuestros deudores. 13 Y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del
Maligno’. (Mateo 6:9-13)
Vamos a pausar y pensar. ¿Se da usted cuenta plena de lo que ora cuando dice
estas palabras? E igual de importante: ¿Realmente quiere usted que venga ese
reino?
La Biblia dice que el régimen venidero del reino o gobierno de Dios efectuará
cambios drásticos, nada menos que un glorioso y pacífico paraíso aquí en la Tierra.
Esto, por supuesto, es el resultado final. Pero primero considere cómo se hará que
venga esta condición.
Tal vez por su mente surgan dudas, y el escuchar sobre un paraíso probablemente
le resulte algo muy difícil de creer.
Tan solo piense en este hecho, cuando un candidato para la presidencia lo escogen
como presidente, ¿Qué tuvo que decir para convencer a las personas y de esa
manera votaran por el?
¿No es cierto que se le viene a la mente que tuvo que hacer promesas? Promesas
para beneficiar a las personas de ese país, de lo contrario no hubieran votado por
el.
Pero que ocurre con el tiempo, lamentablemente esas promesas en su mayoría no
logran cumplirla, y los ciudadanos pierden la esperanza en que muy pronto se
terminen sus problemas.
Otra cosa que ocurre es que en muchos casos Los gobiernos se mantienen sobre
todo gracias a los impuestos de sus ciudadanos. Manejan tanto dinero que muchos
funcionarios se sienten tentados a robarlo; otros aceptan sobornos de individuos
que esperan a cambio una reducción de impuestos. El resultado es que el gobierno
tiene que elevar los impuestos de todos para compensar las pérdidas, pero eso
genera más corrupción. El círculo nunca acaba y la gente honrada es la que
termina pagando los platos rotos.
¿Pero que ocurrirá con el Reino de Dios?
El poder del Reino de Dios proviene de Jehová, el Dios todopoderoso (Revelación
11:15). * Él no necesita cobrar impuestos para llevar a cabo su programa de
gobierno. Puede cubrir de sobra las necesidades de sus súbditos con su
generosidad, su gran fuerza y su poder (Isaías 40:26; Salmo 145:16).