LUCAS 16.
EL CONTEXTO
Este capítulo comienza con la Parábola del Mayordomo Deshonesto (vv. 1-13), la
lección del Evangelio de la semana pasada. Esa parábola dice “haceos amigos de
las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas
eternas” (v. 9). Su proximidad a versículos 19-31, nuestra lección de esta semana,
refuerza el hecho de que debemos cuidar a los pobres y vulnerables.
En versículo 14, Lucas estableció que fariseos eran amantes del dinero y que
respondían a la enseñanza de Jesús sobre el dinero con burla. Su teología
deuteronómica les alentaba a pensar que riqueza era señal de bendición de Dios y
pobreza señal de su descontento. Pensaban de personas como Lázaro
merecedora de su sufrimiento – culpable de algún pecado atroz. Jesús retó esta
creencia con la declaración que “lo que los hombres tienen por sublime, delante de
Dios es abominación” (v. 15).
Jesús habló de la ley, los profetas, y la proclamación del reino de Dios (v. 16)
avisando, “empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un
tilde de la ley” (v. 17). Su advertencia sobre el divorcio (v. 18) se dirige a los
hombres que diezman lealmente (11:42) pero dejan a sus esposas de lado sin
pensarlo y sin provisiones. No solo ignoran a los pobres y vulnerables, pero
también crean pobreza y vulnerabilidad.
Aunque esta parábola parezca ser de dinero, verdaderamente se trata de valores.
Es posible ser rico y disfrutar del favor de Dios – Abraham, David, y Salomón son
unos ejemplos. La cuestión no es si tenemos dinero o no, pero si amamos nuestro
dinero (1 Timoteo 6:10) – si compartimos la preocupación de Dios por los pobres y
vulnerables – si estamos tan distraídos con preocupaciones personales que no
nos damos cuenta de los Lazaros a nuestro alrededor.
Esta parábola retó a Albert Schweitzer y le impulsó a dejar su vida confortable en
Europa para establecer el Hospital Lambarene en África (Buttrick, 289).
LUCAS 16:19-21. HABÍA UN MENDIGO ECHADO Á LA
PUERTA DE ÉL
19Había un hombre rico (griego: anthropos de tis en plousios – había cierto
hombre rico), que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete
con esplendidez. 20Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba
echado á la puerta de él, lleno de llagas, 21Y deseando hartarse de las migajas
que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
“Había un hombre rico” (v. 19a). Porque Lázaro es nombrado (es la única
persona que recibe nombre en todas las parábolas de Jesús), algunos eruditos
consideran ésta una historia verdadera en vez de parábola, pero la presencia del
griego tis – “cierto” hombre rico – sugiere que es una parábola.
Jesús establece hasta donde llega la riqueza del rico y la ostentosidad de su estilo
de vida. “Se vestía de púrpura y de lino fino” (v. 19b). Púrpura simboliza
riqueza y poder. El tinte de color purpúreo es caro, restringiendo aún más su uso.
El hombre también lleva lino fino – otra marca de riqueza.
“y hacía cada día banquete con esplendidez” (v. 19c). La imagen es de un
banquete servido a diario. Hoy, no necesitamos ser ricos para participar en este
tipo de indulgencia propia. Ejecutivos con cuentas de gastos a menudo festejan de
manera suntuosa, y menús de come-todo-lo-que-puedas y porciones súper
grandes nos tienen a todos ganando peso.
“Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la
puerta de él, lleno de llagas” (v. 20). La puerta sirve ambos para mostrar la
riqueza del hombre y para hacer de barrera para visitantes no queridos – aislando
al hombre rico de las realidades duras del mundo al otro lado de su puerta. La
puerta también simboliza la distancia que separa a Lázaro del mundo de este
hombre rico. Lázaro no tiene puerta – ni siquiera tiene una casa. Echado justo a la
puerta del hombre rico, pocos metros físicos le separan a él de la casa del hombre
rico, pero el mundo del hombre rico no es más accesible que la luna. ¿Cómo ha
de sentirse Lázaro al ser tan pobre rodeado de tanta riqueza? Hoy, riqueza y
pobreza a menudo coexisten en proximidades cercanas, creando gran
resentimiento por parte de gente que no tiene dinero ni esperanza.
Lázaro es la única persona nombrada en todas las parábolas de Jesús. Su
nombre es una variación de Eleazer, que significa “Dios sana” o “Dios ayuda.”
Mientras que el cuerpo del hombre rico está cubierto de púrpura y lino fino, el
cuerpo de Lázaro está cubierto de llagas.
“Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico” (v. 21a).
La condición de Lázaro es exactamente opuesta a la del hombre rico. Está
enfermo – cubierto de llagas. Tiene hambre – desea hartarse de las migas que
caen de la mesa del rico. En banquetes, gente se limpia la grasa de las manos con
un pedazo de pan y lo tira al suelo. Desear este pan sucio es señal de suma
miseria – de degradación. Nos recuerda al hijo pródigo, que deseaba comer los
desperdicios que se les daba a los cerdos.
¿Puede Usted recordar algún momento en que se encontró mirando hacia dentro
desde afuera? – necesitando algo de comer – o alojamiento para refugiarse del
frío – un tanque de gasolina – una palabra cariñosa – y nadie le dio nada. Muchos
de nosotros, como el hombre rico en esta parábola, nunca hemos tenido una
experiencia así. Sin embargo, millones, como Lázaro, sufren a diario a causa de
este intenso deseo.
“y aun los perros venían y le lamían las llagas” (v. 21b). ¡Otro ejemplo de la
miseria de Lázaro! Las únicas criaturas que se dan cuenta de él son los perros
que vienen a lamer sus llagas. Lázaro los vería como un estorbo, y no pensaría
que están haciendo ministerio. No logra apartarles.
El hombre rico seguramente es consciente de que Lázaro está a su puerta, pero
no hace nada para ayudar. Puede considerar que es caritativo solo por no haberle
echado a la fuerza de su propiedad.
LUCAS 16:22-23. VIO Á ABRAHAM DE LEJOS
22Y aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de
Abraham: y murió También el rico, y fue sepultado. 23Y en el infierno alzó sus
ojos, estando en los tormentos, y vio á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno.
“Y aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de
Abraham” (v. 22a). No nos sorprende saber de la muerte de Lázaro. Gente pobre
y enferma sin acceso a cuidado médico muere pronto.
“y murió también el rico” (v. 22b). Sí nos sorprende saber de la muerte del
hombre rico, porque sus recursos le proveían acceso a buena comida,
alojamiento, y cuidado médico. Al final, sin embargo, todos morimos.
“y fue sepultado” (v. 22c). El hombre pobre murió, pero no aparece ninguna
mención de su entierro. En esa cultura, un entierro apropiado se consideraba algo
muy importante. No ser enterrado como es debido sería la última indignidad para
una vida llena de indignidad.
El hombre rico muere y es enterrado, seguramente con gran pompa y ceremonia.
No obstante, Jesús nos dice que el hombre pobre “fue llevado por los ángeles al
seno de Abraham.” ¡La Gran Reversa ha comenzado! (véase 1:46-55).
“Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos” (v. 23a). En
pensamiento judío, el infierno (Hades o Sheol) es el hogar de los muertos. De
todos modos, “Jesús no contó esta parábola para enseñarnos del Infierno. Nos la
contó para enseñarnos de la vida” (Wallace, 152).
El hombre rico “vio á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno” (v. 23b).
Durante su vida, el hombre rico no dio ninguna indicación de haber visto a Lázaro.
Aún ahora, ve a Lázaro como una figura subordinada, algo que observa solo en su
periferia.
LUCAS 16:24-26. UNA GRANDE SIMA ESTÁ
CONSTITUIDA
24Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía
á Lázaro que Moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque
soy atormentado en esta llama. 25Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste
tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí,
y tú atormentado. 26Y además de todo esto, una grande sima está constituida
entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no
pueden, ni de allá pasar acá.
“Padre Abraham, ten misericordia de mí” (v. 24a). El hombre rico está
acostumbrado a tratar con gente de influencia, por eso dirige su súplica hacia
“Padre Abraham,” la persona de alto estatus, en vez de a Lázaro, la persona de
quien espera recibir alivio. Sus palabras, “Padre Abraham,” nos recuerdan que,
antes en este Evangelio, Juan Bautista advirtió “Haced, pues, frutos dignos de
arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham
por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á
Abraham” (3:8).
“y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi
lengua; porque soy atormentado en esta llama” (v. 24b). El hombre rico conoce
el nombre de Lázaro. Nos preguntamos si conocía el nombre de Lázaro mientras
éste se encontraba a su puerta.
Aún ahora, encontrándose en sus circunstancias disminuidas, el hombre rico ve a
Lázaro solo como el hacedor de sus recados. Le pide a Abraham que mande a
Lázaro con una gota de agua. En versículo 27, le pedirá a Abraham que mande a
Lázaro para avisar a sus hermanos.
Existe ironía aquí. Lázaro una vez deseaba las sobras que caían de la mesa del
hombre rico. Ahora, el hombre rico desea una gota de agua del dedo de Lázaro.
“Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida” (v. 25a). Abraham
reconoce al hombre rico como su hijo, pero no puede ayudarle. Versículo 25 hace
pensar que el hombre rico es castigado por ser rico y el hombre pobre es
premiado por ser pobre. El pecado del hombre rico, sin embargo, no fue su
riqueza sino la dureza de su corazón. La presencia de Lázaro en su puerta le
rindió la oportunidad de cumplir un servicio importante, pero no sintió compasión ni
tomó ninguna acción.
“recibiste tus bienes en tu vida” (v. 25a). “Ahora aparece un nuevo equilibrio”
(Nolland, 832).
“y Lázaro también males” (v. 25b). De la misma manera, la pobreza de Lázaro
no es la clave de su salvación aunque, en este Evangelio, Jesús muestra un
profundo afecto hacia pobres y vulnerables.
“mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado” (v. 25c). Sus
circunstancias ahora han sido reversadas, pero hay algunas diferencias sutiles:
• En vida, la separación iba en una sola dirección. Lázaro no podía acercarse al
pobre pidiendo ayuda, pero el hombre rico tenía la libertad de ofrecerla. En
muerte, sin embargo, les separa una gran sima que corta acceso en dos
direcciones. Aún si Lázaro quisiera ayudar, no podría.
• En vida, el hombre rico quería evitar todo contacto con Lázaro. Ahora está
atormentado por el abismo que les separa. ¡Tened cuidado por lo que rezáis!
Fariseos no pueden ignorar que la parábola se dirige a ellos. Consideran su
prosperidad como premio de Dios por su buena conducta. En vez, la parábola
advierte que, si son como el hombre rico en vida, serán como él en la muerte
también. Relata una gran reversa, retando su teología que considera riqueza señal
de favor de Dios y pobreza señal de su descontento.
LUCAS 16:27-31. MAS SI ALGUNO FUERE Á ELLOS DE
LOS MUERTOS
27Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre; 28Porque
tengo cinco Hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á
este lugar de tormento. 29Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen:
óiganlos. 30El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de
los muertos, se arrepentirán. 31Mas Abraham le dijo: Si No oyen á Moisés y á los
profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.
“Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre” (v. 27). De nuevo
el hombre rico le pide a Abraham que mande a Lázaro en papel de criado – esta
vez para avisar a sus hermanos. Ya extinguida la posibilidad de ayudarse a si
mismo, finalmente empieza a pensar de otros – pero solo de sus hermanos. No
muestra ninguna preocupación por sus vecinos – y ninguna por los desapercibidos
que viven al otro lado de las vías.
“Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan
ellos también á este lugar de tormento” (v. 28). “El hombre rico tiene cinco
“hermanos” pero debía tener seis – el que no reconoció fue Lázaro” (Hoyer y Roth,
57).
“A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos” (v. 29). “Moisés y los profetas”
incluye numerosas provisiones que describen la necesidad de tratar decentemente
a los pobres y vulnerables:
• Judíos no han de maltratar desconocidos, viudas, o huérfanos (Éxodo 22:21-22,
23:9; Levítico 19:33; Deuteronomio 24:17-18).
• Han de dejar cosas para los pobres (Levítico 19:9-10; 23:22).
• Han de traer diezmas para apoyar levíticos, desconocidos, aquéllos sin padre, y
viudas (Deuteronomio 14:28-29; 26:12-15).
• Han de cancelar todas las deudas cada séptimo año y abrir las manos a los
necesitados (Deuteronomio 15:1-11).
• Han de incluir desconocidos, aquéllos sin padre, y viudas en sus celebraciones
(Deuteronomio 16:9-15).
• Han de observar justicia (Isaías 5:7-10; Miqueas 3:1-3).
• No han de explotar a los trabajadores (Isaías 58:3).
• Han de luchar por aquéllos sin padre y defender los derechos de los pobres
(Jeremías 5:25-29).
• Se les advierte contra el uso de pesas deshonestas (Óseas 12:7-9) y contra el
aprovecharse de los vulnerables (Amos 2:6-8; Malaquías 3:5).
“No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se
arrepentirán” (v. 30). El hombre rico protesta porque reconoce la improbabilidad
de que sus hermanos respondan a las escrituras de manera más fiel en el futuro
de lo que han hecho en el pasado. El uso de la palabra, arrepentirse, muestra que
comprende que su sufrimiento actual es consecuencia de su propia falta de
arrepentimiento.
“Si No oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se
levantare de los muertos” (v. 31). Podemos dar por hecho que estos hombres
han estudiado las escrituras desde su niñez. Si no escuchan la palabra de Dios,
no escucharán la palabra de un hombre que solo conocen como mendigo – aún si
regresa de la muerte para avisarles.
Lucas escribe este Evangelio muchos años después de la resurrección de Jesús.
Ha visto líderes judíos reaccionar a la resurrección de otro Lázaro, tramando para
matar a Jesús (Juan 11:1-53). Ha visto que, aunque Jesús resucitó de la muerte,
gente todavía se niega a creer. Los que se niegan a escuchar la llamada de
Moisés y los profetas para que cuiden a los necesitados y vulnerables son los
mismos que mataron a Jesús – y que continúan oponiéndose a la iglesia a pesar
de su resurrección.
Nos quedamos pensando como gente podría fallar la prueba de compasión tan
completamente – ¿cómo es que no puede responder a la resurrección – cómo
puede ser tan ciega por el amor al dinero? Entonces, se nos ocurre que no somos
Lázaro, sino el hombre rico. Nosotros también caminamos al lado de los
necesitados, pero sin verlos. También fallamos al no escuchar a Moisés y los
profetas. También fallamos al no poner plena confianza en la resurrección.
También amamos el dinero.
Esta parábola no es un cuento de niños, sino un aviso. Debemos preguntarnos si
estamos dispuestos a ver Lázaro a nuestro alrededor. Debemos preguntarnos qué
es lo que hemos hecho últimamente para proveer comida, ropa, alojamiento, y
caridad humana a los Lazaros que nos rodean.