0% encontró este documento útil (0 votos)
26 vistas18 páginas

Derechos de Voto y Participación de Invidentes

Este documento trata sobre la sentencia T-473/03 de la Corte Constitucional de Colombia. Aborda temas relacionados con los derechos políticos de las personas invidentes, especialmente su derecho al voto secreto y la implementación del sistema Braille en las tarjetas electorales.

Cargado por

Laura Neira
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como RTF, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
26 vistas18 páginas

Derechos de Voto y Participación de Invidentes

Este documento trata sobre la sentencia T-473/03 de la Corte Constitucional de Colombia. Aborda temas relacionados con los derechos políticos de las personas invidentes, especialmente su derecho al voto secreto y la implementación del sistema Braille en las tarjetas electorales.

Cargado por

Laura Neira
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como RTF, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Sentencia T-473/03

DERECHO DE PARTICIPACION CIUDADANA-Fundamental

DERECHOS POLITICOS-Alcance

DERECHO AL VOTO-Principal mecanismo de participación ciudadana

DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD-


Alcance

DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD-


Reconocimiento de autonomía e individualización
El reconocimiento que el Estado debe hacer de la facultad natural de toda
persona de ser como quiere ser de acuerdo con sus querencias, es decir, al
reconocimiento de su individualidad y de su autonomía sin restricciones
indebidas, hace parte de la esencia del derecho al libre desarrollo de la
personalidad. El libre desarrollo de la personalidad implica la posibilidad
que tienen todas las personas desde el punto de vista físico y moral de una
realización autónoma e individualizada, de tal manera que no sean aplicados
por parte del Estado y de las demás personas, imposiciones y controles
injustificados “a menos que exista una obligación legal o contractual legítima
o un deber social o cuando las respectivas acciones atenten contra los
derechos de las demás personas o quebranten el orden público o contraríen
una disposición jurídica que tenga la virtualidad de poder limitar válidamente
el ejercicio del derecho aludido.
DERECHO AL VOTO-Secreto
DERECHO AL VOTO DE INVIDENTE-Restricciones injustificadas
No es justo, ni constitucional, que los limitados físicos, en la práctica, vean
restringido su derecho al voto. Esto conlleva a que se presente,
excepcionalmente, la posibilidad de que ciertas personas voten en compañía
de otra que les facilite el ejercicio del derecho político. Lo anterior se
fundamenta en que una medida de prevención en contra la manipulación del
votante, como lo es el modo de ejercicio del derecho al voto, no puede llegar
al extremo de significar, en la práctica, la total denegación del derecho a
elegir y ser elegido libremente.
DERECHO A LA IGUALDAD DEL DISCAPACITADO-Concreción

DERECHO A LA PARTICIPACION POLITICA DE INVIDENTE-


Vulneración por no expedición de tarjetas electorales en sistema braille

VOTO SECRETO DE INVIDENTE-No vulneración por acudir con


acompañante
No se vulnera la calidad del voto secreto por el sólo hecho de que una
persona acompañe al votante invidente para que pueda ejercer este derecho,
dado que es razonable que si el mismo sufragante lo escoge libremente, es
porque confía plenamente en ella dadas sus condiciones personales o
profesionales, ya que es precisamente su idoneidad para tal efecto lo que lo
convenció libremente de que fuese su acompañante. Debe resaltarse además
que, no es el acompañante del votante disminuido quien decide por cuál
candidato votar, sino que directamente lo hace quien va a ejercer el derecho
al sufragio, pues el hecho de ser acompañante no equivale a votar por el
invidente, ya que el sufragio es un derecho subjetivo de este último.
VOTO SECRETO DE INVIDENTE-Libertad para elegir sistema
braille o acompañante
Los ciudadanos invidentes son los facultados directamente para decidir si se
apoyan en un acompañante a efectos de ejercer el derecho al sufragio; así
entonces, una vez ubicados en el sitio de votación pueden escoger la forma
como van a votar, es decir, si por el sistema Braille o si utilizan la ayuda del
acompañante,
REGISTRADURIA NACIONAL DEL ESTADO CIVIL-Publicidad
para votar con el sistema braille

La Registraduría Nacional del Estado Civil debe hacer publicidad con el fin
de que los invidentes que quieran utilizar el sistema Braille hagan conocer su
interés de votar con ese sistema a la Organización Electoral; debe también
hacer acopio de la información del número de personas invidentes, con las
organizaciones o asociaciones de invidentes que existan, diseñar una política
y un programa que le permita identificar a los usuarios del sistema Braille u
otro con el que se pueda determinar las personas invidentes que deseen votar
sin acompañante, con el fin de establecer la cantidad de personas que
ejercerán su derecho al voto por este sistema y tendrá un plazo máximo de un
(1) año contado a partir de la fecha de esta sentencia para ponerlo en
ejecución respecto de todos los invidentes que no han sido actores dentro de
esta sentencia.

REGISTRADURIA NACIONAL DEL ESTADO CIVIL-


Implementación del sistema braille en tarjetas electorales

Reiteración de Jurisprudencia

Referencia: expediente T-700912

Acción de tutela incoada por Hermes


Armando Cely Ocaña contra el Consejo
Nacional Electoral y Registraduría
Nacional del Estado Civil.

Magistrado Ponente:
Dr. JAIME ARAÙJO RENTERÍA

Bogotá, D. C., nueve (9) de junio de dos mil tres (2003).

La Sala Primera de Revisión de la Corte Constitucional, en ejercicio de sus


atribuciones constitucionales y legales, específicamente las previstas en los
artículos 86 y 241, numeral 9, de la Constitución Política y en el Decreto
2591 de 1991, ha proferido la siguiente

SENTENCIA

Dentro del proceso de revisión de los fallos dictados en el asunto de la


referencia por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca Sección Segunda
Subsección B. y por la Sección Quinta del Consejo de Estado.

I. ANTECEDENTES

1. Hechos.

El ciudadano Hermes Armando Cely Ocaña, formuló demanda en acción de


tutela en contra del Consejo Nacional Electoral y la Registraduria Nacional
del Estado Civil, alegando la violación de sus derechos al voto secreto, a la
igualdad, a la dignidad humana, al libre desarrollo de la personalidad y a la
participación, solicitando al efecto se ordene la elaboración de tarjetas
electorales en sistema Braille, necesarias para ejercer el derecho al voto en las
elecciones del 26 de mayo de 2002.

El actor sostiene que sufre de limitaciones físicas (Ceguera) y que en las


elecciones del pasado 10 de marzo de 2002, fue agraviado por la omisión de
los demandados al no tener disponibles los tarjetones electorales en sistema
braille, a diferencia de anteriores jornadas electorales y que a consecuencia de
ello, no pudo ejercer su derecho al voto secreto. Así mismo aduce que el
Registrador Nacional del Estado Civil manifestó en el noticiero de televisión
(Noticias Uno), que a las personas invidentes no se les vulneró tal derecho ya
que ellas podrían dar su voto a través de un acompañante. Considera el
demandante que tal situación es imponerle el ejercicio al voto a otra persona y
por tanto se coarta su posibilidad de elegir dentro del ámbito de su autonomía
y su dignidad, en abierto desconocimiento de la Constitución Política que
justifica la existencia del Estado con la realización de fines tales como
garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes establecidos en
el ordenamiento constitucional y de facilitar la participación de todos en las
decisiones que los afecten, en la vida económica, política, administrativa, y
cultural de la Nación.
Además, el Señor Cely Ocaña aduce que en nuestro ordenamiento jurídico
constitucional el voto es secreto, es un derecho fundamental, y por tanto el
voto acompañado es una opción para los invidentes, pero no una imposición,
pues con ello se obliga a que el mismo no sea secreto, y que limitar este
derecho es vulnerar la constitución y la ley.

2. Pretensiones.

Solicita el demandante que se le tutelen los derechos al voto secreto, a la


igualdad, a la dignidad humana, al libre desarrollo de la personalidad y a la
participación.

3. Contestación del Consejo Nacional Electoral.

El demandado por medio de apoderado alegó que el ejercicio de la acción de


tutela es improcedente contra el Consejo Nacional Electoral de conformidad
con lo establecido en el artículo 266 de la Constitución Política y en el
artículo 25 del decreto 1010 de 2000. Pues la dirección y organización de las
elecciones es de competencia exclusiva de la Registraduría Nacional del
Estado Civil, entidad que tiene autonomía administrativa y presupuestaria, y
en virtud del articulo 265, numeral 7, de la Constitución Nacional, a esa
entidad le corresponde efectuar el escrutinio de toda votación nacional,
realizar la declaración de la elección y expedir las credenciales a que haya
lugar.

4. Contestación de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

El demandado a través del jefe de su oficina jurídica, estimó que en votaciones


anteriores se había ordenado la impresión de tarjetas en sistema Braille, pero a
raíz de la promulgación de la ley 163 de 1994 se suspendió tal practica, ya que
la ley faculta a las personas con limitaciones físicas y a las mayores de 80
años para que ingresen a los cubículos de votación acompañados, y que la
razón primordial para no poder entregar las tarjetas electorales es
precisamente la de que no se vulnere el mandamiento del voto secreto, dado
que los jurados de votación y los testigos electorales puede determinar por
quién votó el ciudadano invidente, por lo cual la organización electoral
consideró más oportuno que estos ciudadanos pudiesen votar acompañados de
una persona de su entera confianza; concluyendo que el secreto del voto no se
protege utilizando el sistema Braille, sino que se preserva mejor con la
implementación del articulo 16 de la ley 163 de 1994.

5. Pruebas que obran en el expediente.

. Folios del 22 al 24 del expediente contestación de la tutela por parte del


Doctor Daniel Fernando Espinosa Silva, apoderado del Consejo Nacional
Electoral.
. Folios del 27 al 28 del expediente contestación de la tutela por parte del
Director de la Oficina Jurídica de la Registraduría Nacional del Estado Civil,
Doctor Alvaro Monterrosa.

. Folios del 30 al 39 del expediente fallo de Mayo 9 de 2002 proferido por el


Tribunal Administrativo de Cundinamarca Sección Segunda Subsección B, en
la cual se concedió el amparo solicitado.

. Folio 44 del expediente Impugnación del fallo proferido por el Tribunal


Administrativo de Cundinamarca por parte del Director de Gestiones
Electorales de la Registraduría Nacional del Estado Civil, Doctor Jaime
Tamayo.

. Folios del 45 al 47 del expediente Impugnación del fallo proferido por el


Tribunal Administrativo de Cundinamarca por parte del Director de la Oficina
Jurídica Doctor Alvaro Monterrosa.

. Folios del 57 al 66 del expediente fallo del 5 de Diciembre de 2002 proferido


por el Honorable Consejo de Estado Sala de lo Contencioso Administrativo
Sección Quinta.

II. SENTENCIAS OBJETO DE REVISION.

1. PRIMERA INSTANCIA

El Tribunal Administrativo de Cundinamarca Sección Segunda, Subsección B,


conoció del caso en primera instancia, concediendo la tutela deprecada por el
actor mediante sentencia de 9 de mayo de 2002.

Al respecto afirmó que las funciones de organización y dirección de los


procesos electorales, así como la gestión presupuestaria y administrativa
requerida para los mismos, corresponden a la Registraduría Nacional del
Estado Civil, que para todos los efectos legales debía considerarse como la
parte demandada. Que en lo referente a las elecciones del pasado 10 de marzo
de 2002, se trata de un hecho consumado; sin embargo, la demanda planteada
debe considerarse como un mecanismo precautelativo para futuras elecciones,
dado que la decisión de no imprimir tarjetas de votación en sistema Braille
restringe y limita el ejercicio de los derechos políticos del demandante, por
cuanto el articulo 16 de la ley 163 de 1994 no está dirigido a todos los
discapacitados sin distinción, sino a aquellos que no pueden valerse por si
mismos de acuerdo con su condición sico-física, a quienes efectivamente se
les autoriza para tener un acompañamiento a los cubículos de votación, y que
otros discapacitados como los limitados visuales, no mayores de 80 años, bien
podían llegar a las mesas de votación sin necesidad de acompañante, siendo
entonces necesaria la tarjeta en sistema Braille para ejercer en forma
autónoma y secreta el derecho al voto.
Agrega además el a quo que, el propósito del voto secreto es asegurar que al
momento de votar el elector goce de plena autonomía y capacidad para
escoger las diversas opciones políticas que aparecen enlistadas en la tarjeta
electoral, por lo que resulta insustancial la alegación de la Registraduría
Nacional del Estado Civil, en el sentido de que los jurados de votación
conocieran el voto del invidente; lo fundamental en estos casos es que se
garantice que el voto sea una decisión libre y soberana del ciudadano, sin
influencias externas en el momento de depositar el voto, lo cual no se
garantiza con un acompañante.

Para el juez de primera instancia es claro que el Estado debe garantizar la


igualdad de oportunidades a los limitados físicos y si no les facilita su plena
participación en la vida política no solo desconoce su derecho a no recibir
tratamientos discriminatorios, sino sus derechos a elegir y ser elegido, soporte
fundamental de la democracia participativa y pluralista; y la obligación de
asistir a las mesas de votación con un acompañante era, en muchos casos, un
agravio a la dignidad humana y a la autonomía del votante, que constituía una
de las manifestaciones al desarrollo de la libre personalidad, por lo cual el
Estado debe facilitar y crear las condiciones para que las personas con
limitaciones físicas puedan ejercer plenamente y sin obstáculos sus derechos
políticos.

2.2 SEGUNDA INSTANCIA

La Sección Quinta del Consejo de Estado, revocó la sentencia de primera


instancia proferida por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca Sección
Segunda, Subsección B, mediante sentencia del 5 de diciembre de 2002.

Al respecto adujo que anteriormente la Registraduría Nacional del Estado


Civil imprimía tarjetas electorales en sistema Braille, pero a raíz de la
promulgación de la ley 163 de 1994 se suspendió esa práctica, pues la
organización electoral consideró, dando cumplimiento al articulo 258 de la
Constitución Nacional, que se preserva mejor el secreto al voto permitiendo
que los ciudadanos limitados visualmente se acercan al cubículo de votación
acompañados de una persona de su confianza, y así ejercer su derecho, en vez
de que los jurados de votación y los testigos electorales pudieran determinar a
favor de quién había sido depositado el voto en el caso de utilizar aquellas
tarjetas.

El articulo 16 de la ley 163 de 1994 estableció que los ciudadanos que


padecen limitaciones y dolencias físicas que les impidan valerse por sí mismos
y las personas mayores de 80 años, pueden ejercer su derecho a votar
acompañados de una persona de su confianza, y las autoridades de policía y
electorales les prestarán toda la colaboración necesaria y darán prelación en el
turno de votación a estas personas.

Para el ad quem, la Registraduría Nacional del Estado Civil no está obligada a


elaborar tarjetas en el sistema Braille, pues la ley 163 de 1994 determinó para
los limitados físicos, los mayores de 80 años y los que padezcan problemas
avanzados de la visión, que puedan tener un acompañante hasta el interior del
cubículo para ejercer su derecho al voto. Por tanto, siendo que la acción u
omisión no se produce contra derecho, sino en cumplimiento de la ley, no hay
lugar a la tutela que reclama el peticionario.

III. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS DE LA CORTE.

1. Competencia.

La Corte Constitucional es competente para revisar el fallo de instancia


proferido en el trámite de este proceso, en virtud de los artículos 86 y 241 de
la Carta Política; Al igual que en cumplimiento del Auto de Selección No. 2
del 27 de febrero de 2003.

2. El problema jurídico planteado.

En el presente caso la Sala debe determinar si con la conducta de los


demandados se está violando los derechos al voto secreto, a la igualdad, a la
dignidad humana, al libre desarrollo de la personalidad y a la participación,
invocados por el demandante por considerar que al abstenerse de imprimir
tarjetas electorales en sistema Braille, los demandados vulneran tales
derechos.

3. El derecho de participación ciudadana como derecho fundamental. El


voto como derecho y como deber.

Prescribe el art. 40 Constitucional: “Todo ciudadano tiene derecho a


participar en la conformación, ejercicio y control del poder político. Para
hacer efectivo este derecho puede:

1. Elegir y ser elegido.

2. Tomar parte en elecciones, plebiscitos, referendos, consultas populares y


otras formas de participación democrática.

3. Constituir partidos, movimientos y agrupaciones políticas sin limitación


alguna; formar parte de ellos libremente y difundir sus ideas y programas.

4. Revocar el mandato de los elegidos en los casos y en la forma que


establecen la Constitución y la ley.

5. Tener iniciativa en las corporaciones públicas.

6. Interponer acciones públicas en defensa de la Constitución y de la ley.

7. Acceder al desempeño de funciones y cargos públicos, salvo los


colombianos, por nacimiento o por adopción, que tengan doble nacionalidad.
La ley reglamentará esta excepción y determinará los casos a los cuales ha de
aplicarse.

(..).”

De la disposición transcrita se desprende que nuestra Carta Política consagró


el derecho de participación como derecho y como deber, al establecer que todo
ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control
del poder político, que se concreta pudiendo elegir y ser elegido, tomando
parte con el sufragio en las elecciones, plebiscitos, referendos, consultas
populares, entre otras formas de participación en la democracia. De esta
manera se asegura el derecho de todo ciudadano de participar en las decisiones
que a todos incumbe, y que se convierte en la misma razón de ser de nuestra
organización como república democrática, participativa y pluralista
( preámbulo, artículos 1, 2 y 103 C.P).

De la misma manera, nuestro ordenamiento jurídico interno da prevalencia a


los tratados y convenios internacionales sobre derechos humanos, una vez
hayan sido ratificados por el Congreso, prohibiéndose inclusive su limitación
en los estados de excepción. De tal manera que la interpretación de los
derechos y los deberes consagrados en la Carta Política de 1991 debe
adecuarse a los tratados internacionales sobre derechos humanos que hayan
sido ratificados por nuestro país (art. 93 C.P).

En este sentido, tanto el artículo 2.2) del Pacto Internacional de Derechos


Civiles y Políticos, como el artículo 23.1), (b) de la Convención Americana de
Derechos Humanos (ratificados ambos por Colombia mediante la Ley 74 de
1968), contemplan los derechos políticos, así:

La primera de las disposiciones citadas en el párrafo anterior dispone que,


"Todos los ciudadanos gozarán, sin ninguna de las distinciones mencionadas
en el artículo 2º, y sin restricciones indebidas, de los siguientes derechos y
oportunidades:b) Votar y ser elegidos en las elecciones periódicas, auténticas,
realizadas por sufragio universal e igual y por voto secreto que garantice la
libre expresión de la voluntad de los electores".

Por su parte, en el artículo 27 de la Convención Americana de Derechos


Humanos, en el capítulo de suspensión de garantías se determina que, "En
caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia que amenace la
independencia del Estado Parte.....
2- La disposición precedente no autoriza la suspensión de los derechos
determinados en los siguientes artículos... 23 (derechos políticos" (subrayas
fuera del texto).

Nótese cómo es de tal relevancia el derecho al sufragio que aún en los estados
de excepción son vinculantes los derechos políticos, los cuales están
garantizados por el ordenamiento jurídico.

De otra parte, la interpretación constitucional ha sostenido que, el derecho de


participación democrática, “es un claro desarrollo del Preámbulo y los
artículos 1 y 2 del Estatuto Fundamental, en los cuales el Constituyente
expresamente le señala al Estado colombiano un "marco jurídico,
democrático y participativo", con la finalidad de, entre otras, "facilitar la
participación de todos en las decisiones que los afectan", lo cual guarda
estrecha relación con el aspecto político del Estado, consistente en las
múltiples relaciones de poder que se desenvuelven en el interior de la
comunidad. Luego, la participación de los gobernados en los procesos de
toma de decisiones y en el fondo de estas mismas, es una de las tantas
manifestaciones del derecho fundamental al que se alude en esta oportunidad,
derecho amparable por medio de la acción de tutela cuando, por acción u
omisión, se ve amenazado o ha sido efectivamente vulnerado, siempre que, la
vulneración o amenaza subsistan en el momento de pronunciarse el juez
constitucional." (Sent. T-235/98. Mag. Pon. Dr. Fabio Morón Díaz).

En lo que al derecho al voto se refiere, dispone el artículo 258 de la


Constitución de 1991: "El voto es un derecho y un deber ciudadano. En todas
las elecciones los ciudadanos votarán secretamente en cubículos individuales
instalados en cada mesa de votación, con tarjetas electorales numeradas e
impresas en papel que ofrezca seguridad, las cuales serán distribuidas
oficialmente. La organización electoral suministrará igualitariamente a los
votantes instrumentos en los cuales deben aparecer identificados con claridad
y en iguales condiciones todos los candidatos. La ley podrá implantar
mecanismos de votación que otorguen más y mejores garantías para el libre
ejercicio de este derecho de los ciudadanos".

Esta Corte ha manifestado que el derecho al voto es una clara manifestación


"de la libertad de expresión en materia política, al tiempo que se le considera
como un "deber cívico" inspirado en el principio de solidaridad. En ese
sentido se advierte que el sufragio es un deber ciudadano que forma parte de
aquel deber más amplio de contribuir a la organización, regulación y control
democrático del Estado (C:P: art. 95-5). Pero de igual manera, es un
derecho, que le permite participar en la conformación, ejercicio y control del
poder político, en virtud de lo cual puede elegir y ser elegido, tomar parte en
plebiscitos, referendos, consultas populares y otras formas de participación
democrática"(C.P. art. 40). (sentencia T- 1078 DE 2001 M.P Jaime Araujo
Rentería).

Así, el derecho al voto se convierte en el medio mas importante de


participación ciudadana, lo que apareja necesariamente (junto con las demás
normas constitucionales y legales que facultan a los ciudadanos para el
ejercicio del sufragio), la obligación correlativa por parte de “las autoridades
electorales a hacer posible el ejercicio de tal derecho, que halla su opuesto en
el no - derecho de los demás - particulares y autoridades -, a impedirles que
lo hagan con entera libertad."

"(...) 2.3. Resulta necesario insistir en que al Estado, en mayor grado, es


quien está en condiciones de proteger, auspiciar y fomentar el derecho al
sufragio, no sólo por cuanto a éste le corresponde, como fin esencial,
"garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados
en la Constitución", sino también porque el ejercicio y efectividad del
sufragio, dada su especial naturaleza político - jurídica de derecho - deber
(C.P. art. 258), corresponde a una responsabilidad aneja a la democracia, que
es un supuesto esencial del Estado Social de Derecho. Por consiguiente
corresponde al Congreso, de una parte, señalar las reglas que lo desarrollan
y definen sus límites y alcances en la vida democrática y, de otra, a las
autoridades electorales implementar los medios y organizar las estrategias
que permitan su efectivo ejercicio, y evitar las posibles desviaciones de la
voluntad de los electores (C.P. arts. 120, 150-23, 152-c, 265 y 266)."
(Sentencia C-337 de 1997, M.P. Dr. Carlos Gaviria Díaz).

4. Derecho al libre desarrollo de la personalidad.

Dispone nuestra Constitución Política en su artículo 16, que “ Todas las


personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más
limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden
jurídico”.

Esta Corporación ha manifestado que, con la consagración de lo regulado en


el articulo 16 de nuestra Constitución, se introduce por primera vez el derecho
al libre desarrollo de la personalidad. Predicándose Este derecho de todas las
personas naturales, siendo de gran relevancia sus dos connotaciones, "pues en
su parte positiva nos dice que la persona puede en principio hacer todo lo que
desee con su vida y en su vida. Y el aspecto negativo consiste en que la
sociedad y el Estado no pueden realizar intromisiones indebidas en la vida del
titular de este derecho más allá de un limite razonable que en todo caso
preserve su núcleo esencial (..)”. (sentencia T-420/92 M.P. Dr. Simón
Rodríguez Rodríguez).

Es por lo anterior que, el considerarse a la persona con total autonomía “tiene


sus consecuencias inevitables e inexorables, y la primera y más importante de
todas consiste en que los asuntos que sólo a la persona atañen, sólo por ella
deben ser decididos. Decidir por ella es arrebatarle brutalmente su condición
ética, reducirla a la condición de objeto, cosificarla, convertirla en medio
para los fines que por fuera de ella se eligen.(C-221/94. M.P. Dr. Carlos
Gaviria Díaz)

Así, el reconocimiento que el Estado debe hacer de la facultad natural de toda


persona de ser como quiere ser de acuerdo con sus querencias, es decir, al
reconocimiento de su individualidad y de su autonomía sin restricciones
indebidas, hace parte de la esencia del derecho al libre desarrollo de la
personalidad. “El fin de ello es la realización de las metas de cada individuo
de la especie humana, fijadas autónomamente por él, de acuerdo con su
temperamento y su carácter propio, con la limitación de los derechos de las
demás personas y del orden público.” (Sentencia T-594/93, M.P Vladimiro
Naranjo Meza).

Entender así el derecho al libre desarrollo de la personalidad implica la


posibilidad que tienen todas las personas desde el punto de vista físico y moral
de una realización autónoma e individualizada, de tal manera que no sean
aplicados como ya se dijo, por parte del Estado y de las demás personas,
imposiciones y controles injustificados “a menos que exista una obligación
legal o contractual legítima o un deber social o cuando las respectivas
acciones atenten contra los derechos de las demás personas o quebranten el
orden público o contraríen una disposición jurídica que tenga la virtualidad
de poder limitar válidamente el ejercicio del derecho aludido.

Si el derecho al libre desarrollo de la personalidad comporta la capacidad de


desplegar las aptitudes, talentos y cualidades de que dispone alguien para su
autoperfeccionamiento, sin restricciones ajenas no autorizadas por el
ordenamiento jurídico, se configura su vulneración cuando a la persona se le
impide, en forma irrazonable, alcanzar o perseguir aspiraciones legítimas de
su vida o valorar y escoger libremente las opciones y circunstancias que le
dan sentido a su existencia y permiten su realización como ser humano”.
(Sentencia 429/94 M.P Antonio Barrera Carbonell).

5. El carácter del voto secreto en relación con los disminuidos físicos o


sensoriales.

Concebido el derecho al voto como un derecho y un deber ciudadano, siendo


por esencia de carácter secreto, se impone la implementación de medidas
garantizadoras tales como: realizarse de manera individual y en cubículos
separados que deberán instalarse en cada mesa de votación, con tarjetas
electorales preimpresas en papel, etc. Las anteriores medidas deben ofrecer la
seguridad necesaria, de tal manera que no se presente coacción indebida sobre
el votante, o cualquier otra actuación que pudiese perturbar la libertad y
autonomía del mismo. Es por ello que la “organización electoral suministrará
igualitariamente a los votantes instrumentos en los cuales deben aparecer
identificados con claridad y en iguales condiciones todos los candidatos. La
ley podrá implantar mecanismos de votación que otorguen más y mejores
garantías para el libre ejercicio de este derecho de los ciudadanos.” (art. 258
CP).

Interpretado en su sentido literal el artículo 258 de la Constitución Política de


1991, parece que impone de una forma absoluta el ejercicio del sufragio de
manera totalmente secreta. “Tal acto tiene como titular al ciudadano, pero el
modo que se le impone al ejercicio del derecho al sufragio supone una
persona que pueda votar sin la ayuda o el soporte de otra persona.

No es justo, ni constitucional, que los limitados físicos, en la práctica, vean


restringido su derecho al voto. Esto conlleva a que se presente,
excepcionalmente, la posibilidad de que ciertas personas voten en compañía
de otra que les facilite el ejercicio del derecho político citado.

Lo anterior se fundamenta en que una medida de prevención en contra la


manipulación del votante, como lo es el modo de ejercicio del derecho al voto,
no puede llegar al extremo de significar, en la práctica, la total denegación
del derecho a elegir y ser elegido libremente. En efecto, si la delimitación del
marco de acción del derecho se hace tan reducida que anula su núcleo duro,
la esencia se desvirtúa, ocurriendo, entonces, la desnaturalización de la
figura. (Sentencia T-446/94. M. P. Alejandro Martínez Caballero).

En la misma sentencia antes referida, esta Corporación sostuvo que, “por


mandato de la Constitución Política, artículo 13 superior in fine, el Estado
debe proteger especialmente a aquellas personas que por su condición física
se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta, como en efecto lo
están aquellas cuyo sentido de la vista se encuentra disminuido. Así mismo, el
artículo 47 de la Carta radica en cabeza del Estado la obligación de
adelantar una política de integración social para los disminuidos físicos. Es
lógico concluir que el aislamiento del ejercicio de derechos políticos de los
ciudadanos limitados físicamente, significaría soslayar las anteriores normas
constitucionales dado que el distanciamiento de la vida, en su dimensión
política, coloca en situación de discriminación a un sector deprimido del
pueblo. En ese orden de ideas, el aparato estatal debe crear el ambiente
propicio en el cual las personas con limitaciones físicas puedan desenvolverse
con la dignidad humana que las caracteriza.”

En esta medida, la Ley 163 de 1994, en su artículo 16 establece que, “Los


ciudadanos que padezcan limitaciones o dolencias físicas que les impidan
valerse por si mismos, podrán ejercer el derecho al sufragio "acompañados"
hasta el interior del cubículo de votación. Así mismo los mayores de ochenta
(80) años o quienes padezcan problemas avanzados de la visión.

Esta corte en ejercicio del control de constitucionalidad sobre la norma antes


transcrita, en sentencia C-353 de 1994 manifestó que la exigencia establecida
por la norma de que sea un familiar quien acompañe a quien padezca
limitaciones y dolencias físicas, o sea mayor de ochenta años, implica una
restricción desmedida e inaceptable del derecho al sufragio. Por ello, quien
padezca de tales limitaciones podrá, “si esa es su voluntad, pedir la ayuda de
alguien. Pero imponerle la presencia de un "familiar", es algo que limita el
ejercicio de un derecho, Además, la ley no define qué es un familiar, pues
jurídicamente debe hablarse de parientes.

Fueron los anteriores razonamientos los que llevaron a la Corte a declarar


ajustada a la Constitución la norma censurada, a excepción de las expresiones
“un familiar” “y sus familiares” (este último estaba contenido en el parágrafo
de la misma norma) que fueron declaradas inexequibles.

Sin embargo la Corte dejó abierta la posibilidad para que en el futuro el


gobierno implemente tarjetones en sistema Braille, a fin de que puedan ejercer
el derecho al voto, sin necesidad de acompañante, los ciudadanos que
padezcan limitaciones y dolencias físicas y los mayores de 80 años, o quien
padezca problemas avanzados de la visión siempre que el votante conozca
dicho sistema.

Las expresiones de la Corte al ejercer el control de constitucionalidad sobre la


norma acusada, “permiten concluir el carácter adjetivo de la forma de votar,
ante lo sustantivo de la conducta a proteger, la cual es la escogencia en forma
libre de la mejor opción para el elector. Es de mérito advertir que no es que se
haya creado una patente de corso para que cualquier persona pueda ser
acompañada al cubículo para ser auxiliada en el acto de votar. No, la
ocurrencia de la situación excepcional ya planteada debe obedecer
únicamente a brindarle colaboración a las personas que por su incapacidad o
dolencia física les sea muy difícil valerse por si mismas, perdiendo la
oportunidad de ejercer su derecho fundamental al voto. Además, la
incapacidad o dolencia física del ciudadano le deben generar, en la situación
concreta, obstáculos insalvables para la práctica del derecho político.

No escapa a esta Sala de Revisión la dificultad práctica de compaginar la


seguridad con la claridad, elementos del sufragio consignados ambos en el
artículo 258 C.P.. La multiplicidad de listas congestionan el tarjetón y genera
confusión. En otras legislaciones se utilizan mecanismos técnicos como el
color, el número constante para partidos reconocidos legalmente y la previa
ilustración del elector para lograr la conciliación entre la seguridad y la
claridad”.(Sentencia T-446/94. M. P. Alejandro Martínez Caballero).

Por su parte en la sentencia C- 559/01 M.P Jaime Araujo Rentería, al definir el


concepto de discapacitado se dijo que éste “surge a partir de las carencias
físicas o mentales que dada su relevancia ponen en el terreno de la
desigualdad real a quienes las padecen; imponiéndose por tanto a favor de
tales personas un trato especial, justamente encaminado hacia la verdadera
igualdad. Derecho que para su concreción en todo caso se halla sujeto a
múltiples variables que a partir de la Constitución, la ley y el reglamento,
pasan por la voluntad política y administrativa de los gobiernos, por los
programas y recursos públicos arbitrados al efecto, por las condiciones reales
de existencia de la comunidad, y desde luego, por la conciencia social misma,
todavía acantonada en la crucial lucha por la supervivencia.”
6. El Caso Concreto

El señor Hermes Cely formuló demanda en acción de tutela contra el Consejo


Nacional Electoral y la Registraduría Nacional del Estado Civil, alegando la
violación de los derechos al voto secreto, a la igualdad, a la dignidad humana,
al libre desarrollo de la personalidad y a la participación, solicitando al efecto
que se ordene la elaboración de tarjetas electorales en el sistema Braille,
necesario según el actor para ejercer su derecho al voto en las elecciones de
26 de mayo de 2002.

Frente a esta situación, el actor acudió al Tribunal administrativo de


Cundinamarca Sección Segunda, Subsección B, el cual despachó la tutela
favorablemente aduciendo que la demanda planteada debe considerarse como
un mecanismo precautelativo para futuras elecciones, ya que frente a las
elecciones de Senado y Cámara del 10 de marzo de 2002 se trata de un hecho
consumado, y con la decisión de no imprimir tarjetas de votación con el
sistema Braille restringe y limita el ejercicio de los derechos políticos del
demandante.

El Consejo de Estado en segunda instancia revocó la decisión recurrida por


considerar que anteriormente se imprimían tarjetones con el sistema Braille,
pero que con la expedición de la Ley 163 de 1994 se suspendieron dichas
tarjetas, pues la Organización Electoral consideró, dando cumplimiento del
artículo 258 de la Constitución Política, que se preservaba mejor el secreto al
voto permitiendo que los ciudadanos limitados visualmente se acerquen al
cubículo de votación acompañados de una persona de su confianza, a fin de
ejercer su derecho.

Para esta Sala es importante aclarar que si bien es cierto que las elecciones del
10 de marzo de 2002, de Senado y Cámara y las del 26 de mayo del mismo
año para elección de Presidente de la República, en las que el actor no pudo
ejercer el derecho al sufragio, ya pasaron, como quiera que existen otros
procesos electorales o de participación ciudadana donde se ejerce el derecho al
voto y persistiendo la calidad de ciudadano del tutelante, la amenaza del
derecho fundamental continua, pues con la decisión de no imprimir tarjetas de
electorales con el sistema Braille se restringe abierta e injustificadamente los
derechos de participación democrática del demandante.

Tal y como quedó expuesto en párrafos anteriores, el derecho de participación


democrática encuentra sustento constitucional en el propio preámbulo, y en
artículos 1, 2 y 103. En lo que al derecho al voto se refiere, como uno de los
medios más importantes para el ejercicio de la participación ciudadana, lo
encontramos ubicado en los artículos 40, 103 y 258 de nuestra ordenamiento
superior. La última norma a la que hemos hecho referencia califica el derecho
de votar como una manifestación libre de la voluntad del ciudadano, actividad
que debe desarrollarse en secreto, con el lleno de unos requisitos especiales
para que tal cometido se cumpla; e indica que la ley podrá implantar
mecanismos de votación que otorguen más y mejores garantías para el libre
ejercicio del derecho al sufragio como derecho y deber ciudadano.
En desarrollo del anterior mandato constitucional, la ley 163 de 1994 en su
artículo 16 dispuso que los ciudadanos que padezcan limitaciones o dolencias
físicas que les impidan valerse por si mismos, podrán ejercer el derecho al
sufragio "acompañados" hasta el interior del cubículo de votación. Así mismo
los mayores de ochenta (80) años o quienes padezcan problemas avanzados de
la visión.

Debemos recordar que la anterior norma fue declarada ajustada a la


Constitución en sentencia C-353/94, con excepción de las expresiones “un
familiar” “y sus familiares” (este último estaba contenido en el parágrafo de
la misma norma) que fueron declaradas inexequibles, al considerar la Corte
que, la imposición de la compañía de un familiar al disminuido para el
ejercicio del voto, o a la persona mayor de ochenta años que no pudiese
valerse por sí mismo para tal efecto, era una restricción inaceptable.

Como se puede observar, con la decisión anterior, la Corte no solamente avaló


la constitucionalidad de la disposición censurada, sino que además, con la
declaratoria de inexequibilidad de las expresiones referidas, abrió la
posibilidad para que de una manera verdaderamente libre, el votante que se
encuentre en las condiciones establecidas por la norma, pueda escoger, de
acuerdo con su voluntad, la persona de su entera confianza que lo acompañe
en el ejercicio de este derecho constitucional fundamental.

Esta Sala encuentra que no se vulnera la calidad del voto secreto por el sólo
hecho de que una persona acompañe al votante invidente para que pueda
ejercer este derecho, dado que es razonable que si el mismo sufragante lo
escoge libremente, es porque confía plenamente en ella dadas sus condiciones
personales o profesionales, ya que es precisamente su idoneidad para tal efecto
lo que lo convenció libremente de que fuese su acompañante. Debe resaltarse
además que, no es el acompañante del votante disminuido quien decide por
cuál candidato votar, sino que directamente lo hace quien va a ejercer el
derecho al sufragio, pues el hecho de ser acompañante no equivale a votar por
el invidente, ya que el sufragio es un derecho subjetivo de este último.

De otro lado, esta Corporación ha sostenido que la igualdad se predica entre


iguales, de suerte tal que se vulneraría este derecho si no existiese dentro del
ordenamiento jurídico interno la posibilidad de que una persona disminuida
física en las condiciones en que lo establece el artículo 16 de la Ley 163 de
1994 (como en el caso concreto), al momento de ejercer su derecho al
sufragio, no pudiese escoger autónoma y libremente un acompañante para el
efecto. En similar forma se predicaría la vulneración sí solamente para los
disminuidos físicos (invidentes), que saben leer mediante el sistema Braille
con la finalidad de garantizar el derecho al voto, se implementara el sistema
Braille; dejando sin posibilidad de voto a los invidentes que no saben utilizar
ese sistema.

En síntesis, a los invidentes que saben leer por medio de ese sistema se les
debe permitir votar con él, además de ir acompañados. A los invidentes que no
manejen dicho sistema se les debe permitir que vayan también con un
acompañante, pero que el voto lo emita el invidente.

En esta medida, los ciudadanos invidentes son los facultados directamente


para decidir si se apoyan en un acompañante a efectos de ejercer el derecho al
sufragio; así entonces, una vez ubicados en el sitio de votación pueden escoger
la forma como van a votar, es decir, si por el sistema Braille o si utilizan la
ayuda del acompañante, de acuerdo con lo consagrado en el artículo 16 de la
Ley 163 de 1994.

Para esta Sala, el hecho de que el actor en las elecciones del día 10 de marzo
de 2002 y en las realizadas el día 26 de mayo de 2002, no hubiese podido
votar por no contar con las tarjetas impresas con el sistema Braille para tal
efecto, no obstante a que de acuerdo con la disposición antes citada tenia
también la posibilidad de escoger libremente a una persona de su entera
confianza para ejercer el derecho al sufragio, se configuró una violación a lo
dispuesto en los artículos 40, 103 y 258 de la Constitución Política de
Colombia, pues se restringió injustificadamente el derecho fundamental al
sufragio del actor.

A pesar de que el tutelante es tan solo una de las personas disminuidas


sensorialmente, pero considerando que otros invidentes pueden estar siendo
limitados en su derecho fundamental a votar y de conformidad con el artículo
segundo (2) de la Constitución Política, es deber de todas las autoridades
garantizar la efectividad de los derechos fundamentales, se hace necesario
extender los efectos de este fallo a todas las personas que se encuentren en la
misma situación del tutelante, con el fin de evitar la vulneración de su
derecho a la igualdad.

Son las propias disposiciones constitucionales (artículos 13 y 47), las que


imponen al Estado la obligación de brindar especial protección a aquellas
personas que por su condición física se encuentren en situación de debilidad
manifiesta, para lo cual, deberá adelantar políticas de integración social para
las personas que ostenten la condición de disminuidos físicos.

De lo precedente se concluye que, “el aislamiento del ejercicio de los


derechos políticos de los ciudadanos limitados físicamente, significaría
soslayar las anteriores normas constitucionales dado que el distanciamiento
de la vida, en su dimensión política, coloca en situación de discriminación a
un sector deprimido del pueblo. En este orden de ideas, el aparato estatal
debe crear el ambiente propicio en el cual las personas con limitaciones
físicas puedan desenvolverse con la dignidad humana que las caracteriza”.
(Sentencia T-446/94. M.P. Dr. Alejandro Martínez Caballero).

De esta manera, la Registraduría Nacional del Estado Civil debe hacer


publicidad con el fin de que los invidentes que quieran utilizar el sistema
Braille hagan conocer su interés de votar con ese sistema a la Organización
Electoral; debe también hacer acopio de la información del número de
personas invidentes, con las organizaciones o asociaciones de invidentes que
existan, diseñar una política y un programa que le permita identificar a los
usuarios del sistema Braille u otro con el que se pueda determinar las personas
invidentes que deseen votar sin acompañante, con el fin de establecer la
cantidad de personas que ejercerán su derecho al voto por este sistema y
tendrá un plazo máximo de un (1) año contado a partir de la fecha de esta
sentencia para ponerlo en ejecución respecto de todos los invidentes que no
han sido actores dentro de esta sentencia. El acopio de la información debe
iniciarse por la Registraduría Nacional del Estado Civil dentro de las 48 horas
siguientes a la notificación de esta tutela. En relación con el tutelante debe
hacerse efectiva a partir de la próxima votación.

Las anteriores razones son suficientes para que esta Sala, en la parte resolutiva
de esta providencia, ordene a la Registraduría Nacional del Estado Civil, para
que con miras a las elecciones futuras implemente el sistema Braille en los
tarjetones, de tal manera que se permita ejercer el derecho al sufragio a las
personas que necesiten de este medio sin necesidad de estar acompañadas;
permitiéndole al mismo tiempo a aquellos ciudadanos invidentes que no
deseen usar o que no conozcan dicho sistema, que sigan ejerciendo el derecho
al voto con un acompañante, en atención a lo afirmado por esta Corte en la
sentencia C- 353 de 1994.

Por los argumentos antes expuestos, esta Sala procederá a revocar la decisión
de la Sección Quinta del Consejo de Estado en sentencia de fecha 5 de
diciembre de 2002, para en su lugar, conceder el amparo solicitado por el
señor Hermes Armando Cely Ocaña.

IV. DECISIÓN.

Con base en las expuestas consideraciones, la Sala Primera de Revisión de la


Corte Constitucional, administrando justicia en nombre del pueblo y por
mandato de la Constitución,

RESUELVE:

Primero.- Revocar el fallo proferido por la Sección Quinta del Consejo de


Estado de fecha 5 de diciembre de 2002, y en su lugar conceder el amparo
solicitado por el señor Hermes Armando Cely Ocaña.

Segundo. Ordenar a la Registraduría Nacional del Estado Civil, que debe


hacer publicidad con el fin de que los invidentes que quieran utilizar el
sistema Braille hagan conocer su interés de votar con ese sistema a la
Organización Electoral; debe también hacer acopio de la información del
número de personas invidentes, con las organizaciones o asociaciones de
invidentes que existan, diseñar una política y un programa que le permita
identificar a los usuarios del sistema Braille u otro con el que se pueda
determinar las personas invidentes que deseen votar sin acompañante, con el
fin de determinar la cantidad de personas que ejercerán su derecho al voto por
este sistema y tendrá un plazo máximo de un (1) año contado a partir de la
fecha de estas sentencia para ponerlo en ejecución respecto de todos los
invidentes que no han sido actores dentro de esta sentencia. El acopio de la
información debe iniciarse por la Registraduría Nacional del Estado Civil
dentro de las 48 horas siguientes a la notificación de esta tutela. En relación
con el tutelante debe hacerse efectiva a partir de la próxima votación.

Tercero. Por Secretaría, líbrese la comunicación de que trata el artículo 36 del


Decreto 2591 de 1991.

Cópiese, notifíquese, comuníquese, publíquese en la Gaceta de la Corte


Constitucional y cúmplase.

JAIME ARAUJO RENTERIA


Magistrado Ponente

ALFREDO BELTRAN SIERRA


Magistrado

MANUEL JOSE CEPEDA ESPINOSA


Magistrado

MARTHA VICTORIA SACHICA MENDEZ


Secretaria General

También podría gustarte