UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANO DOMINGO
(UASD)
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
ESCUELA DE DERECHO
MATERIA: DERECHO PROCESAL CIVIL II
(DER3508-3)
SECCIÓN: 10
PROF: MARIA ANTONIA MATOS CRUCETA
RESUMEN TEMA I: EL PROCESO
BRYAN OLAF PUENTE
100058972
SANTO DOMINGO, REP. DOM.
FEBRERO 11, 2024
EL PROCESO
Cuando un asunto no se puede resolver amigablemente entre las partes, éstas
están obligadas a acatarse a la autoridad de los tribunales, quienes decidirán
quién tiene la razón, como consecuencia de la prohibición de concluir los
conflictos sin ordenamiento jurídico. Un conflicto entre interesados, o sea un
litigio, debe ser procesado cuando se somete a los tribunales.
La naturaleza jurídica del proceso es muy controvertida en doctrina y
apreciada en jurisprudencia.
Hay autores que entienden que el proceso sólo se produce entre los litigantes.
Otros opinan que el proceso se establece entre el Estado, en una parte, y los
litigantes, en otra parte. Unos más el proceso como una relación trilateral entre
el demandante, el demandado, y el Estado.
Estos argumentos no se acercan a la realidad del concepto del proceso,
instrumento jurídico con el cual se dirime una Litis. Es, más que una relación
jurídica, un conjunto de ellas.
Es mejor considerar el proceso como una situación jurídica que nace a
cuando a un tribunal lo apoderan del conocimiento de un litigio entre
particulares. Es una situación jurídica, porque el derecho objetivo ha regulado
su existencia entera, desde que se origina apoderando al tribunal, hasta que
concluye con la sentencia. El proceso es un conjunto de pasos para obtener de
los tribunales y cortes la solución de un litigio. El proceso tiene un carácter
orgánico: sus actuaciones se escalonan y enlazan unas a continuación de otras,
se cumplen dentro o a la expiración de ciertos plazos, de acuerdo con un plan
preestablecido por la Ley.
Relaciones jurídicas procesales. El proceso conlleva tres tipos de
relaciones: la., entre las partes y el Estado; 2a., entre las partes; 3a., entre las
partes y el Estado y ciertos terceros.
En la doctrina clásica se estimaba que el proceso es asunto exclusivo de los
litigantes, y que solamente se generan relaciones jurídicas entre ellos, y
ocasionalmente entre ellos y algunos terceros. Otras doctrinas modernas
contemplan el proceso genera relaciones exclusiva o principalmente entre las
partes y el Estado. Ambas concepciones son exclusivas y unilaterales: un
análisis realista del proceso muestra que se necesitan ambas clases de
relaciones, y, además, la posibilidad de relaciones entre las partes y ciertos
terceros, y entre el Estado y ciertos terceros. El juez tiene que cumplir, a
requerimiento de las partes, o de oficio, los deberes de diversas clases que la
ley le impone: despachar ciertos trámites previos al conocimiento de la causa;
oír a las partes o a sus representantes; ordenar medidas de instrucción; dictar
sentencia. El derecho de las partes al cumplimiento de estas diversas
obligaciones del juez son primordialmente relaciones de derecho público,
realizaciones del derecho objetivo tendientes a la administración de la justicia
social. Si el juez fallara en dichas obligaciones, se le aplicaría sanciones
penales y disciplinarias y, en ciertos casos, una acción en responsabilidad
civil.
A las partes, el proceso les genera relaciones jurídicas variadas, derechos
reales subjetivos de cada una de ellas frente a las otras. El demandado tiene la
obligación de comparecer en juicio. Si no comparece, el juez podría fallar a
favor del demandante en defecto. El demandado tiene derecho a conocer las
causas y pruebas de la demanda, durante o posterior a ésta. Igual el
demandante tiene derecho a conocer los argumentos y hechos que defenderán
al demandado. La parte que pierde en el juicio, está obligada frente a la parte
ganadora a pagar los gastos legales. Todos estos derechos y obligaciones
tienen un carácter puramente privado: las partes pueden renunciar al beneficio
de esas reglas de procedimiento; y, por consiguiente, pueden cumplir sus
obligaciones procesales en otra forma que la establecida por la ley.
El proceso crea efectos jurídicos, de carácter privado, entre las partes y el
Estado, por un lado; por otro lado, de carácter público, con terceros
interesados, que son los testigos que son llamados a declarar en juicio sobre
los hechos. Una vez citados, los testigos están obligados dar una declaración
honesta y clara, tanto al juez como a la parte que lo citara. De no ser así, el
testigo incurre en responsabilidad tanto civil, frente a las partes, como penal,
frente al Estado cuando sus faltas revistan el carácter de un perjurio.
Su carácter entre las partes. Hace tiempo que se está admitiendo que las
relaciones jurídicas, generadas por el proceso, tienen un carácter contractual:
el proceso es una convención intervenida entre demandante y demandado, con
objeto de dirimir el litigio mediante una sentencia; es el contrato judicial,
mencionado frecuentemente en la doctrina y la jurisprudencia, para denotar
tanto la convención consentida ante el juez por las partes litigantes, lo que
constituye un modo conecto de expresarse, como el proceso mismo, lo que
evidentemente es un error. Esta perspectiva, falsa en el derecho moderno,
tiene una relativa explicación en la persistencia del concepto peculiar de la
naturaleza del proceso que predominó en el derecho romano hasta el período
del procedimiento formulario inclusive, menos justificadamente después de
ese período. Ya en el período del procedimiento extraordinario, en que el
litigio era sometido a jueces cuyas competencias jurisdiccionales emanaban
exclusivamente del Estado, esta manera de considerar el proceso no se
ajustaba enteramente a la realidad; pero aún se consideraba el proceso como
una relación de naturaleza contractual. Tradicionalmente, la idea de que el
proceso tiene un carácter contractual se ha conservado hasta hoy,
especialmente en la jurisprudencia.
Una de las consecuencias que se derivaban de esa teoría es que el proceso
producía un efecto novatorio respecto del derecho deducido en justicia con el
ejercicio de la acción: por consiguiente, si el proceso no llegaba a resolverse
con una sentencia favorable al demandante, la acción no podía ser nuevamente
intentada: Bis de aedem re ne sit actio.
En el derecho moderno no son sostenibles ni la concepción del proceso como
un contrato entre las partes, ni su consecuencia de producir novación en los
derechos del demandante. Hay que hacer constar, en primer término, que, al
someter sus pretensiones al tribunal, el demandante no propone contrato
alguno al demandado, sino que ejerce la vía de derecho para proteger su
interés jurídico. Por su parte, el demandado no está aceptando ninguna oferta
de contrato, sino sometiéndose al imperio de las normas legales que prescriben
que la contestación a la demanda revista ciertas formas preestablecidas.
En segundo término, el hecho de someter sus pretensiones al juez implica la
intención del demandante de que el proceso sea decidido mediante la
aplicación de las normas jurídicas correspondientes, no el de consentir en que
sus derechos sean sustituidos por el derecho nuevo que resultara de una
sentencia favorable. Admitir el efecto novatorio del proceso es contrario al
principio general de que la novación no se presume, y debe resultar
claramente del acto (art. 1273 del C. Civil). De aquí resulta que, si la instancia
es extinguida por la perención, el demandante ha conservado su derecho de
ejercer nuevamente su acción, mientras tanto no se cumpla el término de la
prescripción extintiva.
Si es infundada la teoría del contrato judicial para explicar la naturaleza de
las relaciones procesales entre las partes, mucho más infundada resulta la
explicación que pretende hacerlas derivar de un pretendido cuasicontrato
judicial. Contrariamente a esas explicaciones, se impone calificar las
relaciones procesales entre las partes como relaciones de orden puramente
legal, puesto que las facultades y obligaciones que nacen de la incoación de un
proceso, aunque son relaciones de derecho privado, tienen su origen en las
disposiciones legales que regulan la marcha del proceso: no son, pues,
relaciones de orden contractual o cuasicontractual. El proceso judicial es una
iniciativa privada del demandante; pero es la ley que impone las pautas para
hacerlo avanzar hasta su terminación por medio de la sentencia, indicando al
efecto lo que debe cumplir tanto el demandante como por el demandado. Las
partes pueden renunciar al cumplimiento de algunos de esos trámites; pero
esto no se debe a un supuesto contrato o cuasicontrato, sino al carácter
puramente dispositivo que tienen las normas que regulan esos trámites, por ser
materia de puro interés privado.
Es en el proceso arbitral en donde las relaciones jurídicas revisten un carácter
contractual, porque en este proceso las partes convienen en someter el litigio a
verdaderos jueces privados (art. 1003 y s., Código Procesal Civil).
Proceso y procedimiento. Generalmente se emplean estas expresiones como
sinónimas, lo que se explica naturalmente porque el procedimiento es el medio
o acto que sirve para iniciar el proceso e impulsarlo hasta obtener la sentencia.
Igual, algunos procedimientos que no sirven a ese fin, tienden a realizar fuera
de la intervención de los órganos jurisdiccionales, el derecho que una persona
tiene frente a otra. Se les llama procedimientos extrajudiciales o
extraprocesales. Son, pues, proceso y procedimiento dos cosas distintas: todo
proceso conlleva necesariamente uno o varios procedimientos; pero hay
procedimientos que no revisten el carácter de procesos.
Instancia y proceso. También se emplean indiferentemente la una por la otra
las palabras proceso e instancia. La instancia es cada fase o estación del
procedimiento del proceso, que se desarrolla ante cada uno de los tribunales a
que es sometido. En nuestro derecho el proceso puede recorrer normalmente
dos instancias ordinarias, la primera y la segunda o apelación. Por las razones
antes expuestas, a veces la segunda instancia es suprimida. Entonces que el
tribunal juzga sin apelación, o en instancia única. Además, un proceso puede
dar lugar a instancias extraordinarias.
Preliminares del proceso. A veces, antes de que el juez se encuentre
apoderado del conocimiento de una causa, la ley exige el cumplimiento de
algunos requisitos o formalidades previas, verdaderos preliminares del
proceso, la mayor parte de los cuales han sido enumerados al tratar de las
formalidades que preceden a la demanda en justicia (supra, libro IV, Tit. II).
Esos preliminares o formalidades previas serán examinados a propósito de
cada uno de los procedimientos a que se refieren.
Plan de exposición. Después que sean expuestos los temas relativos a la
estructura general del proceso, a las partes y al litigio, serán examinados los
diversos procedimientos que desarrollan el proceso en los tribunales de primer
grado: juzgado de primera instancia, Tribunal de Tierras de jurisdicción
original, juzgado de paz.