DF AM 014 - Esparta
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pejismo que todavía sigue muy vivo en nuestro imaginario, sirve en este número como colofón a un recorrido crono.
lógico por esa historia. Y es que pensamos que, antes de abordar el relato de las glorias militares espartanas, es bueno
ponerlas en perspectiva y rebajar la, a menudo excesiva, carga épica con que muchos relatos actuales las distorsionarL
Por euo también incluimos una descripción somera de la sociedad y la vida espartanas, marcadas por una dureza
bien ejemplificada por lo que un habitante de Síbaris dijo tras probar las "delicias culinarias" de la mesa común -b
famosa "sopa negra"-: "No me extraña que los espartanos sean los hombres más valientes del mundo, cualquiera en
sus cabales preferiría morir diez mil veces antes que vivir así" (Ateneo, Bcmqwefe cíc Jos er#di.fos 4.138d).
Con ese punto de partida vamos a recorrer medio milenio de historia, desde la conquista y subyugación de la ve-
cina Mesenia, que en buena medida condicionará la mentalidad espartana en los siglos venideros, hasta el postrer in-
tento de Cleómenes 111 por revivir el poderío espartano. Repasaremos pues cómo cambia la guerra y las panoplia;
desde los primeros albores del hoplita hasta la falange macedónica que dicho monarca introdujo en Esparta, pasando
por los hoplitas "canónicos" de nuestra portada o los del siglo IV a. C. Quizás los lectores echen de menos que no ha-
yamos abordado los momentos de máxima pujanza laconia, la§ Guerras Médicas y del Peloponeso, pero hemos en-
tendido que son conflictos con entidad suficiente para ser tema de futuros números y hemos preferido optar par
momentos menos célebres pero indispensables para conocer el devenir de la polis del Eurotas. Y, como con los homJ
bres, la verdadera fibra de una nación se conoce mejor en la derrota que en la victoria: por eso como batallas aparecén
Leuctra y Selasia, dos aplastantes debacles a las que, sin embargo y aunque muy disminuida, Esparta pudo sobrevivir.
Y es que, por dura y despiadada que con parámetros actuales podamos considerar a la sociedad espartana, uno no
-
puede sino admirar su tenacidad y capacidad de sacrificio. ¡Con el escudo o sobre él, disfrutad de este número!
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partana. También se
Su escaso armamento defensivo los ponía en desventaja frente al ho-
apre{ian, en el (entro plita en el cuerpo a cuerpo.
de la vitrina, dos El número y la ventaja táctica del ejército persa acabaron con la
PumA§ DE LAHZA
menguada hueste griega, y como postrer testimonio de su sacrificio
con sendos REGATO-
lIE§. probablemente
quedó el epitafio que se escribió sobre su tumba:
de lanza§ griega5.
Museo Arqueológico
Caminante> infoma a ]os lacedemonios que aquí yacemos
Nacional de Atena!. por haber obedecído sus mandatos` (HeródotcL 7. 228)
¡COMPLETATUCOLECCIÓN •1` L'
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a Esparta de los siglos VIIl y VIl a. C. nos es bastante des- Estalegislaciónnosólodefiniólasatribucionesdelasdiversas
cirse la falange hoplítica, que dio un gran protagonismo a un gran curgo también se preocupó de dotarles de un rígido conjunto de
militar en derechos políticos y en la tenencia de tierras y recursos cuerpo cívico homogéneo y solidario, liderado por los reyes y los
con los que sustentar su equipamiento bélico, lo cual trajo más éforos.
> Busto de una e§tatua en{ontrado en el santuario de Atenea Chalkioiko§, E§parta, y que por su data{ión, (. 470 a. C., se ha interpretado como una representa(ión pó§tuma del rey
LEÓNIDA§ 1. Destacan las (arrilleras de su casco -pamgnaí/.deL de(oradas (on (abezas de carnero. Mu§eo Arqueolósi{o de E§parta.
con plenos poderes sino que, además, la concibió como dual. Esta metido y matar a cuanto hilota encontrasen, sin duda para man-
ardua labor fiie llevada a cabo por dos únicas familias: los agíadas tener el terror entre los mismos. Estas acciones represivas fiieron
y los euripóntidas. Parece ser que los reyes, al menos durante el fiindamentales, sobre todo tras el terremoto que asoló Esparta en
Arcaísmo, habrían podido declarar la guerra según su voluntad; el 464 a. C. y que propició la rebelión de los hilotas mesenios. Asi-
esta situación habría cambiado a partir del siglo V a. C., cuando mismo, tras este difícil momento, los éforos empezaron a contro-
debían tener el beneplácito de la asamblea. Lo que sí está claro es lar las costumbres y el correcto modo de vida de los propios
que el rey que tuviera más peso en el momento de la declaración ciudadanos espartanos. Respecto al ámbito militar, pasaron a de-
de guerra se convertía en el comandante en jefe absoluto del ejér- cidir, junto con la asamblea, todo lo referente al reclutamiento y
cito. En tiempos de paz, los diarcas también tenían un papel fiin- a la movilización del ejército. Por otro lado, ya en campaña, dos
damental en el desarrollo de la vida cotidiana y lideraban las éforos acompañaban al rey que en ese momento liderara el ejér-
celebraciones religiosas. Asimismo, el Estado les asignaba tierras cito, para fiscalizar sus acciones y dirigir las actividades cotidianas
personalidad que llevó a la institución a encontrarse bajo cons- parte de la misma. En Esparta el número de miembros era muy
tante control. Por otro lado, la Segunda Guerra Médica supuso pequeño, pues su participación estaba reservada a un exclusivo
un acontecimiento sin precedentes en Esparta. Al esfiierzo bélico segmento de población: los espartiatas. Eran los éforos quienes,
se sumaba el hecho de contar con un rey menor de edad, Plistarco, una vez al mes, convocaban la asamblea, que decidía sobre cues-
hijo de Leónidas 1, y otro que no despertaba demasiadas simpa- tiones relativas a la guerra y la paz (como por ejemplo, qué diarca
tías, Leotíquidas, cómplice de muchas de las acciones de Cleóme- dirigiríaalejército),ratificabalasleyesyelegíaaloséforosydemás
nes. El exilio del segundo y el despotismo del regente Pausanias, magistrados. En esta asamblea, sólo los éforos, los reyes y los ge-
vencedor en Platea, provocaron finalmente que muchos de los rontes tenían derecho a hacer uso de la palabra, y los votos a favor
poderes de los reyes, como la prerrogativa que tenían sobre las o en contra de tal o cual disposición se estimaban por el volumen
declaraciones de guerra, pasaran a manos de la asamblea de ciu- de los gritos que generaban: la asamblea simplemente aclamaba
dadanos y, sobre todo, de los éforos. o no las propuestas presentadas por los éforos, 1os reyes y los ge-
Los cinco éforos eran elegidos por la asamblea de forma anual, rontes.
pero desconocemos cómo se efectuaba dicho proceso, así como La gerusía, compuesta por veintiocho gerontes, los diarcas y
la extracción social de los mismos. Tenían plenos poderes para los cinco éforos, eran una reminiscencia del consejo del rey ho~
investigar las actividades de los diarcas e incluso mandarles a pri- mérico. Los gerontes propiamente dichos eran elegidos por la
sión si se probaba que actuaban contra los intereses de Esparta. asamblea, y debían ser espartiatas mayores de 60 años de moral
Como hemos dicho, los desmanes de reyes como Cleómenes de- ejemplar. Y es que este órgano era el principal tribunal de justicia
bieron de ser una señal para las familias aristocráticas espartanas, del Estado y decidía sobre aquellos casos que conllevaban pena
quienes decidieron volcar parte de los poderes reales en una ins- de muerte, exilio o pérdida de los derechos ciudadanos.
titución tan prestigiosa y antigua como el eforado. Además, por Estas eran las particulares instituciones espartanas que, por
ser varios y por tratarse de un cargo anual, no se corrían dema- medio de la dominación y la educación, modelaron a su conve-
siados riesgos por otorgarle grandes poderes. Sus fiinciones abar- niencia los diversos sectores sociales que se encontraban dentro
caban todos los ámbitos de la vida política espartana. Vigilaban del territorio lacedemonio.
las actividades de todos los ciudadanos y se encargaban de que en
la polis reinaran la paz y la seguridad. Uno de los mecanismos de UNA SOCIEDAD POR Y PARA EL ESTADO
control más destacados de los que eran responsables era la Sólo los residentes de la misma Esparta, los espartiatas, eran con-
k7ypíeí.cz, la declaración de guerra anual que se hacía a los hilotas siderados ciudadanos, podían participar en la asamblea y ser ele-
cuando los éforos tomaban posesión de su cargo. Los éforos lla- gidos como éforos o gerontes. Dentro del territorio de la polis
maban a los jóvenes lacedemonios a adentrarse en el territorio so- constituían un porcentaje muy pequeño de la población, lo que
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acabó pasando factura al Estado, que fue quedándose, literal- tiatas debían haber participado de la agoge, el sistema educativo
mente, sin ciudadanos. Las bajas causadas por las continuas gue- ymoralquetransmitíaygarantizabalacohesiónysolidaridaddel
rras no eran fácilmente repuestas, debido al carácter tan exclusivo cuerpo ciudadano y que los distinguía del resto de elementos so-
de la ciudadanía espartana; además, su estatus también dependía metidos al Estado.
de la propiedad de un lote de tierra, el kJaros, que debían conser- La iniciación comenzaba con siete años; a esa edad se aban-
var. A lo largo del siglo IV a. C., sin embargo, muchos espartiatas donabaelhogarfamiliaryseintegrabaalniñoenunadelasczgeJa!.,
que no podían mantener sus terrenos los regalaban o entregaban compañías de jóvenes que eran adiestrados en el arte mi]itar y la
como dote (la compraventa estaba prohibida, al menos en teoría), obediencia ciega al superior. También se les inculcaba el arte de
por lo que la tierra fiie, poco a poco, pasando a manos de unos la música, la sencillez en las costumbres y a ser totalmente auto-
pocos espartiatas. En los siglos 111 y 11 a. C. la situación era insos- suficientes. Apenas se les proporcionaba ropa (contaban con la
tenible, y apenas había unos mil ciudadanos. Diversos reyes in- misma túnica para todo un año), siendo habitual que fiieran prác-
tentaron poner fin a esta situación, aunque, como veremos más ticamente desnudos. Además, se les ejercitaba en el sigilo y se les
adelante, ffacasaron. exigía un gran ingenio. Para ello, la prueba ideal era la participa-
Enlíneasgenerales,lavidadelespartiatadiscurríasingrandes ción en la krwfe!.ci, donde contaban únicamente con un cuchillo,
que conllevaba la existencia de un ejército perfectamente adies- y la sagacidad, puesto que el ser descubierto suponía un duro cas-
trado. El armamento era hoplítico, si bien los espartiatas mostra- tigo consistente en latigazos. Era en el templo de Artemis Orthia,
banalgunaspeculiaridadespropias,comoelcabenolargo,espadas divinidad tutelar de la educación de los jóvenes, donde tenían
máscortasquelasdelrestodelosgriegosycapasrojas,delascua- lugarlosconstantescastigosfisicos.Lafiguradelp".cío7mmos,res-
les se decía que eran ideales para no mostrar la sangre de las he- ponsable de las compañías de jóvenes y administrador de la dis-
ridas. Entraban en batalla al son de flautas y, sin duda, debían de ciplina, también era particular en Esparta. En el resto del mundo
ofrecer una imagen temible al enemigo. La vida civil se dividía griego, lo normal era que el preceptor fiiera un esclavo experto
entre el entrenamiento fisico, la participación en la asamblea de en letras, mientras que en este caso el puesto estaba reservado a
ciudadanos cuando alcanzaban la mayoría de edad (30 años) y los los espartiatas más respetables.
banquetes comunales, las syssz.f¡.as. Participar en los mismos no La división de los jóvenes según su edad era fundamental.
sólo era un derecho sino una obligación, puesto que subrayaba el Desde los 12 años su estatus cambiaba: pasaban a ser e!.re#es o e/e-
carácterigualitariodelosciudadanosespartanos,quehabían,ade- bos hasta los 20 años. En este arco de edad también estaban sepa-
más, contribuido con el mismo número y cantidad de alimentos, rados por años, subrayándose así el vínculo entre los nacidos el
rativo, que gozaban de una gran libertad, atribuyendo esta situa- sus propias cosechas, viviendo al límite de la subsistencia. Asi-
ción a que las continuas guerras situaban a los hombres lejos de mismo, acompañaban al ejército espartano en campaña, como ser-
la polis. En los momentos de declive del número de espartiatas, vidores personales de los espartiatas, infantería ligera (psz.jo7.) e
ellas fiieron las administradoras de los terrenos agrícolas, puesto incluso como hoplitas. Objeto de la krwíe¡.c¡, los hilotas no tenían,
que mediante la aportación de lotes de tierra como dote podían como era de esperar, mucha estima por Esparta, y las revueltas y
disponer de los mismos. sublevaciones, como la del 464 a. C., fiieron bastante comunes.
Gozaban también de una educación distinta a la del resto de El dramático descenso del número de espartiatas y la concen-
mujeres griegas. Practicaban ejercicios gimnásticos, competían tración en pocas manos de los lotes de tierra fueron la causa de
entre ellas y aprendían, al igual que sus compañeros masculinos, que tres reyes de época helenística, Agis IV, Cleómenes 111 y Nabis,
música. Por otro lado, la mujer espartana era una servidora más efectuaran una política reformista, basada en el reparto de tierras
del Estado, pues su función era proporcionar al mismo niños entre los espartiatas sometidos a causa de las deudas e, incluso,
sanos y fiiertes, y como en el resto de Grecia, carecía de derechos entre periecos e hilotas. Nabis fiie, sin duda, el más radical en la
cívicos. aplicación de sus reformas, llegando a conceder la ciudadanía es-
partana a los hilotas y mercenarios que le eran fieles. Pero cuando
SOMETIDOS Y CASTIGADOS: PERIECOS E se lanzó a la conquista del resto del Peloponeso para garantizar el
Otros muchos grupos de población carecían de derechos políticos romana aplastaron a Esparta. La que fue la rival por antonomasia
de Atenas y uno de los estados más poderosos de la Grecia clásica
y, de hecho, estaban sometidos al Estado espartano. Uno de ellos
eran los periecos, "los que viven alrededor", situados en un punto quedó integrada en la Liga, y más tarde, en el Estado romano. Las
intermedio entre los espartiatas y los hilotas. Vivían en pequeñas particularidades políticas y sociales, la particular forma de vida y
la grandeza de estos que se consideraron los mismísimos descen-
poJez.s, diseminadas por todo el territorio laconio, excluyendo el
área más próxima a Esparta, propiedad de los espartiatas. La agri- dientes de Heracles son aún hoy en día célebres.
ejército espartano. Salvo por episodios aislados, mostraron una [artlBdgB. F'. (ZÜD3): 7bg £paríans. An fp/.c H/.síor/. LondDn.
gran lealtad a Esparta y llegaron a participar en la opresión física Domínguez, A.J.; F]asBual, J. (1999): fsparía / Aígnas gn g/ s/.g/o Va.J. Ma-
e ideológica de los hilotas.
drid.
Como antes hemos señalado, Esparta halló la solución a sus
DUBst, J. (I"E).. Spartan Edui:EitiDn: yt]uth @nd SDciBty in thB BIEissical pB-
problemassocialesmediantelaconquistamilitardeMesenia,cuya
r/.ad. [lassi[al F'rEss Df WalBs, SwEinsEa.
población tenía, en su gran mayoría, el estatus de hilota; a diferen-
Hliva, P. (1983): fsparíí7 / sus pm4/gms soc/.a/gs. Madrid.
cia de los periecos, este colectivo estaba absolutamente sometido
al Estado espartano. Debían trabajar las explotaciones agrícolas > Eiblíügrafía BümplBta En www.dBspBrtafe"-Bdi[iDnEs.cDm
tifiChudiaV.AlonsoMorenoeslicenciadaenHistoriaporlaUniversidadAutónomadeMadrid,dondeseespecializóenHistoria
•-i` ;.. Antigua y Arqueología de Grecia. Ha sido en este país donde ha completado su formación en diversos centros de investigación y
`;::enelyacimientoarqueológicodeTirinte.Actualmenteestáreatizandosutesisdoctoralsobrelatransicióndelmundomicénicoal
~.¢ Arcaísmo en la Universidad Autónoma de Madrid.
m i DESPERTAFERRn
LAS
GUEkRAS
NESENI^S
Por Adolfo J. Domínguez Monedero
Universidad Autónoma de Madrid
ITOME.
on estas palabras el poeta Tirteo, que compone sus po- de esto es el testimonio de Pausanias, que escribe en el siglo 11
pendiente, Mesene, en el país hasta entonces sometido a Esparta. y Mesenia. Podemos empezar diciendo que, en el s. VIIl a. C.,
A pesar de que la historia de los mesenios, griegos sometidos cuando en otras poJe¡.s griegas los problemas del acceso a la tierra
y esclavizados por otros griegos, resultó muy atractiva en la An- de parte de la población se resolvían mediante la colonización
tigüedad y ello ha proporcionado muchas informaciones, las en ultramar, en Esparta se optó por la conquista del territorio
mismas no aportan siempre datos que los historiadores moder- que limitaba al oeste con el suyo, al otro lado del Taigeto, la cor-
nos puedan utilizar con garantías. Especialmente significativo dillera que separaba Lacedemonia de Mesenia. Si a veces las em-
DEspERTAFERRn | M
> E§te relieve del Mu§eo Arqueológico de Esparta, Íechado entre 575-550 a. C. muestra a los Dló§CURO§, (á§tor y Pólux. (omo divinidade§ guerreras armada§ con lanza. Muy vinculado§
a E§parta, hasta el punto de que sus reyes §e hacían a{ompañaí de §iis e!tatuas a la guerra, también re{ibieron {ulto en Me§enia. §egún algu" tradi{ione§, Íueron la§ oíensas de lo§
me!enios las que provocaron la ira de los Dió§cuÍo§. lo§ {uales permitieron la de§truc(ión del país y la esclaviza(ión de §u§ habitante§. Habría que e§perar al s. lv a. C. para que esto§
personajes se le apare{ieran en §ueño§ a Epaminonda§ y le hicieran §aber que su odio ha(ia Me§enia ya había Íinalizado, lo qiie le permitió al general tebano la fundación de la
ciudad de Me§ene en la Me§enia liberada. Eía fre(uente que en Me§enia lo! Dióscuro§ recibiesen oírenda§ de arma§.
presas coloniales no resultaban sencillas, o incluso fracasaban, habrían dispuesto en un primer momento de mercenarios cre-
ante la resistencia de las poblaciones que residían en las tierras tenses y luego de aliados corintios, mientras que los mesenios
que elegían los griegos para asentarse, en el caso de Mesenia, recibieron apoyo de argivos, arcadios y sicionios. A pesar de al-
con más motivo, la empresa de conquista no iba a resultar sen- gunas victorias, en el vigésimo año de la guerra, y tal y como
cilla. Aunque no es demasiado lo que sabemos, no hay por qué aseguraba Tirteo, los mesenios desalojaron su ciudad en el
dudar de que el nivel de desarrollo económico, social e, incluso, monte ltome, que fue ocupada y destruida por los espartanos.
poli'tico de Mesenia en esos momentos no fuese muy diferente Es difícil pensar, para el siglo VIIl a. C., en una guerra tan siste-
del que poseía Lacedemonia. Durante las fases Protogeométrica mática y combatida, además, por hoplitas en un momento en el
y Geométrica la población había empezado a concentrarse en que este sistema de combate aún no se ha consolidado en Grecia;
centros proto-urbanos, uno de los cuales se hallaba al pie del del mismo modo, las alianzas entre los contendientes responden
monte ltome, en la zona en la que en el siglo IV a. C. surgiría la más bien a situaciones geopolíticas del Peloponeso en siglos pos-
ya mencionada ciudad de Mesene. Del mismo modo, ya en el s. teriores y recuerdan mucho a las que existían en la época de la
VIIl a. C. se rendía culto a Zeus ltomata en la cima de esa mon- fundación de Mesene en el 369 a. C. Por último, Pausanias uti-
taña emblemática para los mesenios. Este desarrollo, paralelo al liza fiientes muy tardías y, en todo caso, posteriores a la creación
que estaban experimentando otros territorios griegos, se vio cor- del estado mesenio en el siglo IV a. C., lo que hace que en las
tado de modo brusco por el expansionismo espartano. mismas se hayan introducido no pocos anacronismos. No obs-
Aunque las causas de la guerra fueron explicadas por sus tante, tampoco hemos de rechazar de pleno el peso que las tra-
protagonistas en claves mítico-religiosas (ofensas a los dioses, diciones orales puedan haber jugado en la elaboración de una
actos de soberbia, etc.) el pasaje de Tirteo que reproducíamos identidad mesenia que parece haberse mantenido durante los
al principio da la clave principal para explicar la guerra: Mesenia siglos de opresión y en la que puede haber algún retazo de rea-
es un territorio extraordinariamente fértil y con unas llanuras lidad.
de gran extensión y, tal vez, con una población menor y quizá Si el final de la primera guerra de Mesenia significó la ocu-
percibida como menos organizada por sus ambiciosos vecinos, pación completa de todo el territorio y la conversión en hilotas
lo que la hacía, en teoría, presa fácil de una Esparta donde las de los mesenios o, tan solo, en tributarios o si, por el contrario,
diferencias sociales hacían complicado acceder a la tierra a parte Esparta solo logró ocupar una parte de la región, es algo que
de su población. tampoco podemos saber con certeza.
Si bien los historiadores modernos suelen hablar de tres o
cuatro Guerras Mesenias, el panorama entre los antiguos es algo LA SEGUNDA GUERRA
más complejo. Muchos pensaban que, antes de la guerra del 464 Aunque, como decíamos antes, muchos autores antiguos redu-
a. C., la mejor documentada, solo había habido una, la del siglo cían a una sola guerra y a un solo momento la ocupación espar-
VIIl a. C., aunque hoy día se suele pensar, antes de esta última, tana de Mesenia, parece bastante claro que una parte importante
en dos o tres. Es posible que la primera guerra tuviese lugar du- de los poemas de Tirteo, en especial aquellos de más encendido
rante el último tercio del siglo VIIl a. C. porque, según pensaban belicismo y patriotismo, parecen tener como objetivo motivar
los propios antiguos, la fimdación de la colonia espartana de Ta- a los espartanos en un nuevo enfrentamiento con los mesenios.
rento en el sur de ltalia, que tuvo lugar hacia el 706 a. C., habría En efecto, esta segunda guerra habría tenido lugar durante la se-
tenido lugar poco después del final de la guerra. Ya la gran du- gunda mitad del s. VIl a. C. y se habría provocado por el des-
ración de la guerra, que Tirteo cifraba en veinte años, daría contento de los mesenios ante las duras condiciones que tenían
cuenta de su dureza, la cual se agravaría porque, en algunas tra- que soportar. El instigador y uno de los principales protagonis-
diciones, los espartanos habrían jurado no regresar a su patria tas de esta guerra es el mesenio Aristómenes de Andania, con-
hasta haber finalizado la misma lo que, en todo caso, resulta sos- vertido en la Mesenia renacida del siglo IV a. C. en un auténtico
pechoso y recuerda demasiado al ejemplo de la fabulosa guerra héroe nacional, lo que contribuyó no poco a alejar su imagen de
de Troya como para ser convincente. lo histórico para pasar a lo mítico. La guerra se inició con buenos
Según Pausanias, esa primera guerra habría conocido seis presagios para los mesenios, que consiguieron plantar cara, aun-
grandes batallas; tras los primeros reveses, los mesenios habrían que no derrotar, a un ejército espartano gracias al valor de Aris-
abandonado sus ciudades para buscar refiigio en el monte ltome tómenes. Poco después se inició la intervención en esta guerra
contra el que se centrarían los intentos de los espartanos. Ambos también de los aliados de ambos bandos, los habituales arcadios,
bandos habrían contado con aliados externos; así, los espartanos argivos y sicionios entre los mesenios a los que se unieron los
iz i OESPERTAFERRn
eleos, y los corintios y los lepreatas del lado espartano. También correrías. Prefigurando ya el carácter heroico de Aristómenes,
se menciona a los descendientes de los mesenios que habían los mesenios narraban historias de capturas y milagrosas salva-
abandonado su patria al final de la primera guerra. Los dos ejér- ciones de su héroe; sin embargo, los dioses habían decretado la
citos así compuestos se habrían enfrentado en un lugar llamado ruina de Mesenia, aunque también su recuperación posterior y
el ``Túmulo del Jabalí'', situado en Esteniclaro. Los espartanos al final los espartanos ocuparon ese último reducto. Aunque
suffieron allí una derrota sin paliativos que ponía en grave riesgo Aristómenes se salvó, acabó muriendo en Rodas siguiendo el
su dominio sobre Mesenia al tiempo que, entre los mesenios, se destino de muchos otros mesenios que consiguieron exiliarse;
reafirmaba el liderazgo de Aristómenes. por su parte, los que permanecieron en Mesenia acabaron con-
Es probable que, ante la situación de desesperación en Es- vertidos en hilotas de los espartanos, que se habían repartido el
parta, el poeta Tirteo haya compuesto algunos de sus poemas territorio obligando a sus antiguos habitantes a cultivar las tie-
más célebres, incluyendo aquél con el que comenzábamos este rras para ellos. Los mesenios recordaron siempre este hecho
trabajo, recordándoles a los espartanos sus obligaciones para puesto que, cuando Epaminondas fundó la Mesene indepen-
con la polis y exhortándoles a reemprender con más ánimos la diente en el 369 a. C. tras liberar a Mesenia de Esparta, se le hizo
guerra. No obstante, y antes de que reaccionaran, tuvieron que saber que habían transcurrido 230 años desde su definitiva ocu-
sufrir distintas razias en su propio territorio dirigidas por Aris- pación.
tómenes con el apoyo de unos mesenios envalentonados por la Si para la primera guerra puede haber más dudas, en la se-
victoria. En el tercer año de la guerra tuvo lugar la batalla deci- gunda parece claro que los mesenios pudieron oponer a los es-
siva en un lugar llamado la "Gran Fosa", quizá cerca de Andania. partanos un ejército homologable al suyo, quizá ya de tipo
Allí la victoria fue espartana aunque la tradición era unánime al hoplítico, con grupos de tropas selectas a las órdenes directas de
asegurar que la misma se consiguió no tanto por su valor sino Aristómenes y dispuestas a ejecutar las acciones más arriesgadas;
porque habían sobornado al rey de los arcadios, los cuales trai- se nos informa asimismo de que estas tropas bien adiestradas
cionaron a los mesenios. Tras una gran matanza entre estos, de- fueron las empleadas para llevar a cabo numerosas correrías y
cidieron abandonar Andania y retirarse al monte Hira, cerca de golpes de mano durante los once años en los que los mesenios
la frontera con Arcadia, desde donde, y durante once años, lle- resistieron en el monte Hira. No obstante, la ocupación espar-
varon a cabo una guerra de guerrillas contra la Mesenia ocupada tana de Mesenia, en la que colaboraron también grupos de alia-
y Lacedemonia, llegando a veces hasta la propia Esparta en sus dos asentados en el territorio como periecos, acabó cerrando el
> No dejó de advertir el atrida Menelao, (aro a Ares, que Patíoclo había su(umbido en
É la lid a ma" de los troya"; y, armado de luciente bronce. §e abrió camino por
los combatientes delanteros y empezó a mover§e en toi.no del (adáver para deíen-
mente. porque antes ignoraba lo que era el parto, de §emejante manera bullía el
Patroclo a(ontece
en un enírenta-
cerco en torno a esa última posición hasta que los mesenios se por autores antiguos contemporáneos o próximos a los hechos
vieron obligados a abandonarla. como Tucídides. La oportunidad vino dada por el desencade-
Esta segunda guerra, que habría concluido hacia el 600 a. C., namiento de un gran terremoto en ese año, que devastó profiin-
selló, durante los siguientes siglos, el destino de Mesenia. Los damente Esparta y que provocó levantamientos de hilotas, en
peligros corridos por Esparta y la necesidad vital que la gran especial los de Mesenia, ante los graves daños y el gran número
polis lacedemonia tenía de ese territorio para llegar a ser, en el de víctimas que sufrió la ciudad. La sensación de que Esparta
siglo siguiente, la gran potencia del Peloponeso forzaron, como podría ser derrotada la percibieron los propios espartanos, que
es bien sabido, cambios importantes en la estructura política y llamaron en su ayuda a sus aliados, incluyendo a los atenienses,
militar de Esparta. En cuanto a los mesenios, y aunque no pue- aunque estos fúeron despedidos pronto porque los espartanos
den descartarse eventuales levantamientos, no parece que hayan pensaron, quizá no sin razón, que su propósito era más ayudar
planteado graves problemas hasta el año 464 a. C. Algunos au- a los mesenios que a ellos mismos. Es posible que el grueso de
tores hablan de una tercera guerra de Mesenia entre finales del los rebeldes se concentrara, como habían hecho en la Segunda
s. Vl e inicios del s. V a. C.; la única información directa de ella Guerra, en Esteniclaro y allí eliminaron a un grupo de trescien-
se debe a Platón, que justifica la ausencia de los espartanos en tos espartanos, dirigido por Arimnesto, un héroe de la batalla
la batalla de Maratón (490 a. C.) porque, según el filósofo, había de Platea que había acudido a sofocar la revuelta. No conocemos
estallado una guerra con los mesenios. De esta guerra, sin em- demasiados detalles de esta guerra pero parece que los esparta-
bargo, no tenemos más datos y si, de hecho, esa fiie la causa de nos consiguieron rechazar a los mesenios hasta el monte ltome,
la incomparecencia espartana en esa batalla, quizá deberíamos donde resistirían durante diez años. No obstante, y ante la in-
pensar sobre todo en algún levantamiento más o menos aislado capacidad para desalojarlos, establecieron un pacto con ellos,
que en una guerra; sin embargo, quizá este estado de cierta efer- garantizado por Zeus ltomata, que les permitía conservar su li-
vescencia podría explicar la guerra que se desencadenaría años bertad si abandonaban con sus mujeres e hijos Mesenia y no re-
después.
gresaban más.
Es difícil saber qué capacidad militar podían haber tenido
LA TERCERA GUERRA los mesenios si, como parece, habían constituido una población
Por lo ya visto, la última de las Guerras Mesenias, la tercera, ha-
bría sido la que estalló en el año 464 a. C., bien documentada
el orden de batalla e§ má§ fluido del que luego será la falange. como demuestra la
sometida desde el final de la Segunda Guerra; la victoria sobre
la fiierza de Arimnesto se justifica por el exiguo número de los I
aparición Írecuente de MQU[RO§ junto a HOPU"l en la cerámica arcaica con e§ce-
nas de (ombate. E§te arquero cretense al servicio lacedemonio combate con un arco
go7ÍoJ e§citas. junto a él (ombate un guerrero e§partano con un casco corintio ar-
(aico, me" elegante que modelo§ posteriore§, y con una {oraza de bronce de cam-
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espartanos y por la gran concentración de mesenios. Sin em- Estos exiliados fueron acogidos por los atenienses, que los
bargo, la mayor preparación de los espartanos en campo abierto establecieron en Naupacto, ciudad que habían conquistado en
debió de notarse pronto y eso llevó a los mesenios a refugiarse el 456 a. C., y en donde jugaron un papel fundamental en las
en zonas de difícil acceso donde pudieron resistir largo tiempo, futuras guerras con Esparta, en especial en la Guerra del Pelo-
aunque sin esperanzas de poder imponerse a sus enemigos. Es poneso. Estos mesenios, una vez que los atenienses se hicieron
posible que, tal y como había ocurrido al final de la Segunda con la isla de Esfacteria, se infiltraban en la Mesenia ocupada
Guerra, desde el ltome pudiesen haberse dedicado a hacer co- y contribuyeron, junto con los mesenios que allí residían, a
rrerías sobre la llanura circundante que, aunque no peligrosas mantener ocupados a los espartanos ante la amenaza de nuevas
para los espartanos, sin duda eran molestas. No cabe duda de revueltas, favoreciendo así el esfuerzo de guerra ateniense. Tras
que fue ello lo que propició el acuerdo entre ambas partes, que la derrota ateniense tuvieron que abandonar Naupacto y em-
se saldó con la marcha de los sublevados. prender de nuevo el exilio; pocos de ellos vivirían para retornar
DE§pERTAFERRn | 15
LGOS
© I Territi)rio lacedemoniD
mesenios llevaron a cabo durante la Guerra del Peloponeso,
apoyados por los exiliados de Naupacto, no pueden conside-
rarse una auténtica guerra sino tan solo tareas de desestabili-
zación de la retaguardia. Al final, y a pesar de su resistencia y
I
nion su oposición al dominio de Esparta, no fueron ellos quienes
0
|___ ___ | TerritoriDmE!senio consiguieron recuperar su libertad sino que hubo que esperar
ma
a que una nueva coyuntura internacional lo favoreciera. En
Ti!rriti]rio argivü (siglo Vll a.[.) efecto, fue Epaminondas quien, tras derrotar a Esparta en
esIon Leuctra (371 a. C.), y como medio de mantener controlada a
```--,'''' Vi'as dBcomunii:ai:iúni3nlaÉpoca
su enemiga, decidió devolver la libertad a los mesenios y fun-
dar una ciudad, al pie del emblemático monte ltome, que ser-
viría de centro del nuevo estado. Esta ciudad, Mesene, creada
según los más avanzados cánones urbanísticos del momento,
nZEi ha sido objeto de abundantes y modélicas excavaciones y res-
tauraciones que han hecho de la misma uno de los más inte-
Kilómetros resantes y mejor conservados parques arqueológicos de toda
/1 TyFs Grecia.
La creación de Mesene propició el desarrollo de un com-
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Mgmry. [ambridgE.
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BgdBn. D. (1"[).. AristomBnBs i]f MEssBnE!: LegBnds of SpartB's NemBsis.
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0 SwansEa.
F'arkEr. V. (1991): "The DatEs Df thE MÉssenian W@rs". 4Á/.ron ZI. pp. Z5-47.
a su patria liberada por los tebanos, aunque muchos de sus F]ritBhEtt, W. K. (1985): "The TDPDgraphy Df Tyrtaios and thE MEssEnian
Con la expulsión de los mesenios sublevados hacia el 452 - BibliDgrafía GDmplEtE En www.dBspertafBrm-Edi[iDms.cDm
`Adolfto J. Domínguez Monedero es Catedrático de Historia Antigua en la Universídad Auíónoma de Madrid. Entre los varios
temas que han ocupado su atención en los últimos años está el estudio de la Grecia arcaica, en especial desde la perspectiva de las
colonizaciones, así como las interacciones entre los griegos y otras poblaciones del Mediterráneo. Es autor de varios libros y de
numerosos artículos de investigación y de alta divulgación, y además ha participado en múltiples congresos nacionales e interna-
cionales.
EGÓLATRA PARANOICO 0 ESTADISTA GENIAL ES EL DILEMA QUE A PRIORI ASALTA A LOS HISTORIA-
DORES QUE SE ASOMAN A LA COMPLEJA PERSONALIDAD DE ESTE REY ESPARTANO QUE, EN BUENA
MEDIDA, CATALIZÓ LA POLÍTICA INTERNA Y EXTERNA DE SU POLIS A FINALES DEL ARCAÍSMO
LA ARcm ATENIENSE QUE NAcló DE LAS MlsMAs, PARA RENACER cON RENoVADos BRÍOS TRAs LA
VICTORIA EN LA GUERRA DEL PELOPONESO, BAJO LA ÉGIDA DE LISANDRO Y AGESILAO 11.
leómenes 1 de Esparta (h. 520-h. 488 a. C.), diarca de tenemos que la intensa actividad diplomática y militar desple-
general a finales del siglo Vl y comienzos del V a. C. serva a la institución real. Si a ello sumamos detalles truculen-
En el párrafo introductorio hacíamos referencia a la "com- tos como el consumo de vino en estado puro -sin mezclar con
pleja" personalidad del rey Cleómenes. Y es que, de una parte, agua, según la costumbre griega- y quizá hasta de cannabis,
DE§FIERTAFERRÜ | 17
> Figurillas votiva§ de HOPLITA§ en plomo del templo de Artemisa Ortia, Esparta, (. ó50-500 a. C.
hábitos ambos que el rey habría tomado de visitantes escitas y trucción del templo délfico sufragada por la aristocrática fa-
que habrían alterado de manera significativa su comporta- milia ateniense de los Alcmeónidas, expulsada de Atenas por
miento (Heródoto 6.84), se comprende que en la figura de Cle- los Pisistrátidas, motivó que todos los espartanos que consul-
ómenes converjan elementos propios del mito y el folclore taban el oráculo recibieran de la agradecida pitia el encargo de
popular que impiden aprehender la auténtica dimensión his- liberar Atenas de la tiranía, incluso si esta mantenía unos lazos
tórica del dinasta agíada. Con todo, no cabría entender el con- de amistad con el estado lacedemonio. De esta última afirma-
tinuado prestigio y autoridad de que disfrutó Cleómenes ción del historiador de Halicarnaso se infiere que, como en el
durante los casi tres decenios de duración de su reinado sin caso anterior de los samios, los tiranos atenienses mantenían
pensar que tanto su persona como su dirección política y mi- seguramente vínculos de x€#7.fl (hospitalidad, amistad rituali-
litar gozaban de amplio favor en las demás instancias de poder zada) con prominentes familias espartiatas. Así pues, la excusa
y en los diferentes estratos de la sociedad lacedemonia. de satisfacer el mandato délfico animó la expedición marítima
De entrada, su ascensión al trono espartano no estuvo conducida en 512 ó 511 a. C. por un tal Anquimolio, quizá el
exenta de problemas. A la muerte de Anaxándridas hacia 520 primer navarco (almirante) de la historia de Esparta, que acabó
a. C., la ley sucesoria en Esparta establecía que el trono agíada en un rotundo fracaso -incluida la muerte del propio Anqui-
pasara al ``primogénito en la púrpura", Cleómenes, aunque su molio- merced al apoyo prestado a los atenienses por la caba-
hermanastro Dorieo contestó la sucesión aduciendo poseer llería tesalia. Una nueva tentativa, esta vez por tierra y con
mayor a#czragaf#!.c¡ ("virtud", especialmente el valor en com- Cleómenes a la cabeza, tendrá lugar en 510 a. C. Después de
bate) ante ciertos síntomas de desequilibrio mental que pare- sitiar la acrópolis ateniense, la fortuna quiso que cayeran en
cían manifestarse en Cleómenes. Naturalmente el sus manos los hijos de los Pisistrátidas, que sólo fueron libe-
nombramiento de Cleómenes supuso la inmediata salida de rados cuando los tiranos emprendieron el camino del exilio a
Esparta de Dorieo, quien se dirigió primero al norte de África Sigeo (Heródoto, 5.63-65).
con el propósito de fundar una colonia, pero fue expulsado por Depuesta la tiranía, en Atenas se estableció una lucha por
la población indígena. Cuando más tarde repitió el intento en el poder entre los aristócratas lságoras y Clístenes. Como este
Sicilia, murió en el curso de uno de los frecuentes conflictos último contaba con el respaldo del cíemos ateniense, Iságoras
entre ciudades griegas (Heródoto, 5.42-48). apeló a Cleómenes, que era su xe#os o huésped (aunque las
En este período de cambio de siglo, Atenas y Argos se con- malas lenguas decían que el rey frecuentaba la casa de lságoras
vierten en los ejes fundamentales que capitalizan la política ex- para verse con la mujer de este); Iságoras invocó asimismo la
terior lacedemonia, mientras el interés por el área impiedad cometida hacía más de un siglo, en 632 a. C., por
minorasiática queda relegado a un segundo plano. De esta miembros del ge#os Alcmeónida ("familia" en sentido lato a
forma, Cleómenes. que es presentado por Heródoto recibiendo la que pertenecía Clístenes) al dar muerte a los seguidores de
personalmente a las delegaciones diplomáticas, una función Cilón, acogidos como suplicantes en el altar de Atenea tras el
que cabría esperar desempeñase la Gero#sÍ.ci o Consejo de An- fracaso en la intentona de erigir a su prosíc¡Íes (líder) en tirano
cianos, rehusará sucesivamente conceder ayuda militar contra de la ciudad. Llegado a Atenas en 508 a. C., y dado que Clíste-
los persas a Meandrio de Samos, a los embajadores escitas y, nes había huido, Cleómenes expulsó a setecientas familias hos-
por último, a Aristágoras de Mileto, que representaba a los jo- tiles a lságoras e intentó disolver la Bo#jé o Consejo de los 500
nios sublevados en 499 a. C. y que tentó al rey con las grandes para sustituirlo por otro de 300 integrado por los partidarios
riquezas que le aguardaban en Asia (Heródoto, 3.48; 5.49; de lságoras, pero ante la resistencia ofrecida optó finalmente
6.84). Por el contrario, nada más comenzar su reinado, en 519 por tomar la acrópolis. Esta imprudente medida levantó en su
a. C., Cleómenes consolida el poder de Esparta y de la liga del contra al conjunto del demos ateniense, que rodeó la acrópolis
Peloponeso con la incorporación de un nuevo aliado estraté- y obligó a rendirse a Cleómenes, Iságoras y sus seguidores;
gico, Mégara, cuyo privilegiado emplazamiento en el istmo de aunque los espartanos pudieron regresar a su patria, los ate-
Corinto permitía controlar las rutas hacia y desde la península. nienses encontrados en el recinto fueron ejecutados (Heró-
doto, 5.70-72).
ATENAS Una cuarta invasión del Ática en 506 a. C., lejos de tener
Es posible que el mismo objetivo de llevarla a la coalición im- más éxito, trajo una serie de consecuencias importantes para
pulsara al rey a conducir en diversas ocasiones expediciones Esparta tanto en el orden institucional interno como en su re-
al Ática y a interferir en los asuntos internos de Atenas, un es- lación con los demás miembros de la llamada liga del Pelopo-
tado que comenzaba a descollar en el tablero geopolítico he- neso (nombre que los historiadores modernos aplican a una
leno, mas lejos aún de ser el gran imperio naval en el que se serie de alianzas bilaterales tejidas por Esparta que los antiguos
convertiría en el siglo V a. C. Según Heródoto, la rica recons- designaban simplemente como "los lacedemonios y sus alia-
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loponeso. Acto seguido hizo lo propio Demarato, el
otro rey espartano, poniendo de manifiesto las desa-
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nar a cuál de los dos le corresponderá la dirección de
una expedición parece ser a partir de entonces una
Lna
prerrogativa de los éforos, según se deduce de Heró-
'Celenderis? .'.
doto (9.10) y Plutarco (Mora/!.a 215 C-D). Matices ju-
II TErritnrin laEEdEmi]niu
® [ampañadE SEPEa,añD494a.[.
ZD | OESPERTAFERRO
admisible para los la(edemonio§, ya que pretende§ Ilevarlos a tre§ meses nuevo movimiento espartano contra la Atenas clisténica, esta
camino del mar", pero Íue Íinalmente el (onsejo de §u hija Gorgo el que vez con el fin de reponer en el poder a Hipias, a la sazón exi-
evitó que el mile§io convenciera al e§partano:"Padre, §i no te alejas de
liado en la corte persa. Heródoto atribuye el movimiento a los
aquí. el extranjero acabará por §obornarte" (Heródoto, 5.49-51; traducción
lacedemonios en general, aunque, a tenor de lo visto más
de (arlos §{hrader). CLÍOMEHE§ I aparece ataviado con el Ír/.óon, la típica
{apa espartana, (omo lo haría (ualquier ^omo/.oj -"[. . .] los rico§ ll¢van arriba, sin duda fue Cleómenes su instigador. La explicación
ropas que {ualquier pobre podría procurar§e", según Ari§tótele§ (Po/. 4.
que ofrece el historiador es doble: por un lado, los espartanos
1294b)-, y lleva el cabello largo, otro rasgo distintivo del adulto e§partiata,
habían sabido del soborno de los Alcmeónidas a la pitia; por
que, §egún un di(ho de Li{urgo:"[. ..] a lo§ bien parecido§ lo§ ha(ia má!
otro, temían que Atenas se hiciera poderosa bajo un régimen
hermoso§, y a lo§ feo§ mucho má§ espanto§os" (Plutar{o, {/.cMgo, 22.2). El
rey e§partano enseña el mapa de bronce de la o/.Aumene, §eguramente rea- democrático. Quizá para evitar que se repita una humillante
lizado por el geógraío Hecateo de Mileto basándo§e en el elaborado por el desbandada como la de Eleusis, los espartanos convocan una
también milesio Anaximandro, a su hija
asamblea de la liga del Pelopo-
GORGO, de s años -futura mujer del
tillo ,ep/OJ.
DESFIERTA FERRÜ | Zl
primera noticia de su existencia- que determine si se organiza de los hilotas, un acto execrable y sacrílego; en segundo lugar,
una campaña militar contra Atenas; sin embargo, el proyecto Cleómenes justificó su conducta diciendo que, durante la sub-
no prospera debido a la oposición de los aliados, abanderada siguiente consulta en el Hereo argivo, tras haber mandado azo-
de nuevo por los corintios, cuyo emisario, Sosicles, pronuncia tar al sacerdote de Hera que trataba de impedírselo, vio brotar
un memorable discurso sobre los males y peligros de la tiranía, una llama del pecho de la estatua de la diosa, prodigio que in-
un régimen que los corintios habían padecido con los Cipséli- terpretó como desfavorable para su empresa (Heródoto, 6.81-
das (Heródoto, 5.90-93). 82). Descartada lógicamente la pía justificación de Cleómenes,
La convocatoria de la asamblea de aliados ha sido conside- permanece la incógnita de por qué no se apoderó de la ciudad
rada por la historiografía moderna como el acto fundacional y acabó de una vez por todas con el peligro argivo en el Pelo-
de la liga del Peloponeso, la carta de naturaleza que sanciona poneso. La razón tal vez se encuentre en que Argos era una
esta red de alianzas con un begemo# único, al mismo tiempo ciudad de considerable tamaño y dotada de un sólido circuito
que el reconocimiento de un cierto derecho de veto a los alia- de murallas, dos particularidades que se erigían en obstáculos
dos sobre previsibles excesos de cariz imperialista por parte de casi insalvables para la rudimentaria poliorcética griega ante-
Esparta. Naturalmente este "veto", como otras manifestaciones rior a las innovaciones macedonias de mediados del siglo IV
de disconformidad ejercidas por los aliados, será más o menos a. C. (hasta entonces y salvo raras excepciones una ciudad de
efectivo de acuerdo con el poder militar espartano en ese mo- cierta entidad sólo podía ser tomada por sorpresa, por traición
mento y era susceptible de entrañar futuras represalias contra o tras un largo asedio). De hecho, los relatos de Pausanias
aquellos que lo ejercían. (2.20.8), Plutarco (Mora/Í.c!, 245C-F) y Polieno (Esírciíagemas,
8.33), aunque tardíos con respecto a una fuente primaria como
ARGOS es Heródoto, confirman que Cleómenes avanzó contra la ciu-
El otro polo de la geoestrategia espartana abanderada por Cle- dad y que incluso llegó a trabar combate con las mujeres argi-
ómenes en el cambio de siglo fue Argos, la ancestral antago- vas que la defendían (luchas en las que desempeña un papel
nista y rival por la hegemonía en el Peloponeso. En este teatro nuclear la poetisa argiva Telesila).
bélico, al frente de un ejército exclusivamente espartiata, el rey
será capaz de asestar un duro revés a las ambiciones argivas en LOS PERSAS
la batalla de Sepea, cerca de Tirinto, en la Argólide, donde los En este contexto se van gestando lo que conocemos como gue-
argivos dejan en el campo nada menos que seis mil hoplitas; la rras médicas. Hacia el año 491 a. C. la idea de que el rey persa
fecha de 494 a. C. es suministrada por un doble oráculo que Darío ha forjado planes para la conquista de Grecia empieza a
sincronizaba la debacle argiva con la toma de Mileto por los tomar cuerpo a los ojos de los griegos, con el envío de emba-
persas (Heródoto, 6.76-80). La derrota argiva fue de tal mag- jadas a diferentes ciudades para reclamar ``la tierra y el agua'',
nitud que el cuerpo cívico y militar necesitó toda una genera- es decir, la sumisión y el reconocimiento de su soberanía sobre
ción para recuperarse, un lapso de tiempo conocido como territorio heleno, plasmados ambos en la exigencia de tributo.
i.#fcrrcgnwm durante el cual el gobierno de la ciudad pasó a Sin reparar en la protección que el derecho de gentes helénico
manos de esclavos, según Heródoto (6.83) o, más plausible- confiere a embajadores y heraldos, Heródoto cuenta la dudosa
mente, de periecos que habían accedido a la ciudadanía, como historia de que en Atenas los enviados del Gran Rey fueron
dice Aristóteles (PoJÍ'fí.cc!,1303a6-8). Además, el estado argivo arrojados por la sima del Z7arc!fhro#, como se hacía con los
puso como excusa las secuelas que había dejado Sepea para de- condenados, mientras que en Esparta acabaron en un pozo.
"Para que ellos mismos tomaran la tierra y el agua", sentencia
clararse neutral durante la invasión persa de Jerjes en 480/79
a. C., una solución airosa para encubrir su más que evidente el de Halicarnaso (7.133). Pero otros muchos estados griegos
medismo. acogieron solícitamente a los persas, entre ellos Egina, una isla
Cleómenes no hizo intento alguno de asaltar la ciudad, que de gran importancia estratégica, sobre todo para la vecina Ate-
había quedado indefensa, una decisión que le supuso ser acu- nas, que arguyó temer su utilización como base naval por la
sado de corrupción a su regreso a Esparta a través de un pro- flota persa para invocar la ayuda de los espartanos, bien que
ceso judicial que, según todos los indicios, fue orquestado por posiblemente la extenuante guerra que mantenían con los egi-
el otro diarca y a la sazón adversario político, el rey euripóntida netas desde hacía algunos años tuviera mayor peso en la deci-
Demarato. No obstante, los éforos decretaron su absolución sión ateniense.
ante las alegaciones del rey de que, en primer lugar, el oráculo Animado por la perspectiva de integrar a Atenas en la liga
que predijo que tomaría Argos se había cumplido al incendiar del Peloponeso, Cleómenes decide intervenir en Egina solici-
un bosque sagrado que portaba el nombre del héroe epónimo tando que conspicuos ciudadanos se entreguen como rehenes,
de la ciudad, el mítico rey Argos, nacido de Níobe (Pausanias, una medida que trata de condicionar la futura actuación de los
3.4.1 ), y quemar vivos a los argivos que allí habían tomado re- eginetas; pero estos, aleccionados por Demarato, se niegan a
fugio como suplicantes (asyJ¡.a) cometiendo, aunque por mano obedecer "a un solo rey espartano", aduciendo que no se trata
Z2 | DESF'ERTAFERRD
de una empresa oficial y que Cleómenes ha sido sobornado otra cosa- un asesinato que librara al Estado de un personaje
incómodo que no sólo conspiraría con los aliados arcadios,
por los atenienses (Heródoto 6.48-50). Al igual que en Eleusis,
aflora la rivalidad y el conflicto de poder entre los diarcas es- sino quizá también con los hilotas mesenios, que según una
alusión de Platón (Leyes, 692d y 698e) se sublevaron en 490 a.
partanos, a la cabeza de sus respectivas facciones y proyectos
C. Cabe recordar en este sentido que los estudiosos que defien-
políticos.
Cleómenes regresa entonces a Esparta y, con la conniven- den la llamada ``hipótesis Riano", sitúan en este año 490 a. C.,
cia de la pitia délfica y del ambicioso Leotíquidas 11, primo de y no a mediados del siglo VIl a. C., la rebelión mesenia acau-
Demarato, hace deponer a su colega en el trono por presunta dillada por Aristómenes y narrada por Pausanias el Periegeta.
ilegitimidad, poniendo en duda que Aristón fuera realmente El levantamiento hilota invocado por Platón sirve al teorizador
su padre, un argumento al que los espartanos parecen espe- para justificar el retraso espartano en llegar a la batalla de Ma-
cialmente sensibles (Heródoto, 6.65-66). Demarato toma el ca- ratón, en respuesta a la petición de ayuda de los atenienses. La
mino del exilio, con destino a la corte persa, donde gozará de demora, sin embargo, es explicada por Heródoto (6.106.3 y
un alto prestigio y de propiedades en Frigia. Su trono será ocu- 120) en virtud de una razón muy diferente, de índole religiosa:
la celebración de las fiestas Carneas en honor de Apolo, que
pado por Leotíquidas, muy receptivo a la política de Cleóme-
nes, a quien acompañará a Egina para exigir, ahora con éxito, no finalizaban hasta el plenilunio. Sea como fuere, después de
la entrega de diez rehenes a los atenienses (Heródoto, 6.73). hacer el camino al Ática en tres jornadas, los dos mil hoplitas
Como consecuencia del empecinamiento de Cleómenes, los espartanos llegaron al día siguiente de la batalla, sólo para ver
eginetas no colaborarán en la defensa de Grecia, pero tampoco los cuerpos de los persas muertos y felicitar a los atenienses
en su invasión, ya que se acogieron a un estatuto de neutrali- por su victoria. La teoría de una revuelta hilota en este mo-
dad. mento descansa en la combinación de una serie de pequeños
Sin embargo, la manipulación del oráculo délfico por Cle- indicios que por sí solos no poseen valor alguno, pero, lo que
ómenes en el asunto de la destitución de Demarato acabó por es más importante, ninguno de ellos vincula a Cleómenes con
descubrirse ese mismo año, previsiblemente gracias a los nu- los hilotas, sino que la asociación es producto de una parte de
merosos partidarios que el rey euripóntida conservaba en Es- la historiografía moderna interesada en hacerlos coincidir en
el lugar y en el tiempo. En cualquier caso, no puede negarse
parta, con lo que la pitonisa Perila dejó de serlo y Cleómenes
tuvo que abandonar Esparta. Tras su paso por Tesalia -algunos que extrañas circunstancias rodean la muerte de este hábil y
autores proponen Selasia, la ciudad perieca al norte de Esparta, autoritario rey, quien al no contar con descendencia masculina
como enmienda al manuscrito de Heródoto-, Cleómenes se será sucedido hacia 488 a. C. por su hermanastro Leónidas, el
establece en Arcadia, donde aprovecha el incipiente naciona- héroe de las Termópilas, que había desposado a Gorgo, 1a in-
lismo arcadio para organizar la revuelta de este pueblo contra teligente hija de Cleómenes.
iba golpeando con su cetro a cada espartano con que se encon- [arliEr, P. (lgE7): "La viB pnlitique a SpartE sÜLi§ 18 regnE de [lÉnmÉnE 1".
traba, un acto infamante habida cuenta de que el cuerpo de un EssBi d'intErprÉtBtiDn", Átéma Z, pp. BEi-84.
ftomoi.os era intocable; como fuera encadenado, el rey conven- [awkwell, B. (1993): "[leomBnEs", Mngmos/»E46. pp. ioE-Eiz7.
ció al hilota que lo vigilaba para que le entregase una espada
Eriffiths, A. (1989): "Was Kleo"nes Mad?". E!n A. F)owEll (Bd.), 4/ass/.4a/
con la que se automutiló hasta la muerte (Heródoto, 6.74-75).
SpBrta:TechniquBsbBhindhBrSuBBBss.LDr\drgs,r]r].E^-]B.
Si bien algún especialista como Forrest cree sinceramente
Hendriks. l.H.M. (198D): "ThE B@ttlB Df sEpeia". Mngmos/n£ 33. pp. 34D-34E.
que tal comportamiento se ajusta al perfil de un esquizofrénico
> BibliDgrafía [DmplBta en www.despBrtafBrm-Bdi[imes.Büm
paranoide, otros muchos han expresado sus dudas acerca de
tan oportuno suicidio, intuyendo -las fuentes no permiten
\ésarForrisesDoctorenGeograftaeHistoriaporlaUniversidadComplutensedeMadridyenlaactualjdadProfiesorTitular
e Ílistoria Antigua en la Universidad de Sevilla. Entre las distintas directrices de investigación desarrolladas, el estudio de las
':.S%`:eM%.esst:rríí:gd¿'cyíeennc%ret']Cnun]%ce.:anessopbarTet;an8r::t:C%sa%,ya°dce%a:sudne'sue:a:,neu#beraor.d:aotdrtoT:gp.rdo°ytercetso:ry°gyre:tp°ossddee%vees:%ac::o:n
de ámbito autonómico. Es autor de cinco libros, coeditor de dos más y ha escrito casi un centenar de artículos entre congresos y
rwistas especializadas
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AL[AÑiz FRE5NDi
SOLDADOS
m ES KÑA
EL UNIFORME MILITAR ESPAÑOL DESDE LOS
REYES CATÓLICOS HASTA JUAN CARLOS I
Facsímil de la publicación de 1978 -revisada y ampliada-, donde José María Bueno nos deleita de nuevo con un excelente
trabajo de recopilación e ilustración, en este caso de los uniformes militares españoles desde la época de los Reyes Católicos
hasta los años noventa del siglo pasado. Las láminas que componen esta obra, eminentemente gráfica y en color, reúnen el
mayor número posible de figuras y se acompañan de un breve texto clarificador de la organización de cada Arma, en el que se
recoge la evolución de las disposiciones referentes a uniformidad.
sta afirmación encierra, sin embargo (y por lo que res- Con todo, las dudas de Tucídides son una clara invitación
cimiento en ocasiones de primera mano sobre su organización. la información aportada por las fuentes principales (Heródoto
Las campañas y expediciones espartanas ocupan una parte de Halicarnaso, Tucídides y Jenofonte) no es siempre cohe-
sustancial de las obras de ambos. Por otro lado, durante la época rente y a menudo es de hecho conflictiva, por no decir deses-
clásica prácticamente todas las ciudades griegas, tanto las gran- perantemente escasa en ciertos aspectos; sabemos mucho
des potencias como las pequeñas comunidades, tuvieron en un sobre las campañas de los espartanos pero sorprendentemente
momento u otro experiencia y conocimiento del modo de com- poco sobre la estructura y organización de su ejército. En se-
batir de los espartanos, ya fuese como aliados o como enemigos gundo lugar, el ejército espartano era un organismo vivo y di-
de Esparta, una experiencia en algunos casos (como el de Co- námico que experimentó cambios durante la época clásica,
rinto) reiterada a lo largo de décadas. evolucionando constantemente; por ello, el ejército de las Gue-
DESF]mTAFERRD i z5
i Re(on§tru(ción de un ÁJP{J-"escudo"-dedicado como troíeo de guerra en el §antuario > «A/« en bronce. §. Vl a. (., Mu§eo de Olimpia,
de Zeus en Olimpia. segunda mitad del §.Vl a. (., Mu§eo de Olimpia. §obre §u reconstruido El hoplita §ujetaba el ajpí.j mediante una abra-
cueípo de madera §e aprecia un reborde en hoja de bronce, así como el GOAGÚwf/OW zadera, /orpax, por la que pa§aba el antebrazo
apotropai(o que lo decoraba, también en una fina hoja de bron(e: §e trata de una re- izquierdo -y que probablemente iri'a a{olchada
presentación mon§truo§a con cola de pez y garra§ de león y to{ada {on un (a§(o con en la parte por donde pa§aba el brazo-, y un
cimera (probablemente elaborado en un taller de la Magna Grecia). §e ha di§(utido la asa, aní/./aóe', que agarraba con la mano. §e ha
utilidad prácti(a de los re{ubrimiento§ en bronce de lo§ ajp/.deJ, ya que §u e§(aso §ostenido que esta pe{uliar Íorma de sostener el
grosor pare(e haber aportado poco como protección. §iendo quizás simple de(oración. e§cudo §olo tiene §entido para el (ombate en fa-
> Ca§{o CORINTIO, §.Vl a. C., Museo Arqueológi{o dc Atenas. Lo§ primero§ modelos de e5te
tipo de ca§(o §e remontan al §.Vlll a. C., para convertirse en el má§ popular de los
{ascos griego! ha§ta {omienzos del s.V a. C, cuando §u iiso decayó. Realizado en bron(e,
evitar que el metal !e abollase sobre el cráneo. La flexibilidad de sus (arrillera§ permiti'a
qiie, ante§ del (ombate, el hoplita lo llevara levantado, !obre la parte !uperior de la
(abeza.
:¥##`
-ffloít+ del Ílanco derecho e§partano §obre el ala derecha ate-
íoe§t:e:[:n::aa:¥±L=T
ijnuaíjí;na:ieijjñi;;i;TÉ-:::r,,c:;emj,-;,Je,,"E#::o?Íni:::n::ií#nednos:loes
JTnge.„s_"d:É= £ .,+=
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f-j-. t+
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3r
ko!., "habitantes del entorno"), poblaciones de las comunidades sus aliados de la Liga del Peloponeso. En esos casos, Esparta es-
de Laconia (principalmente, y en menor medida de Mesenia) taba representada por el ejército ciudadano al mando de uno de
dependientes de Esparta. Eran hombres libres que carecían de los reyes. En los escenarios secundarios, sin embargo, Esparta
derechos cívicos en Esparta, y que en su condición de población destinaba ejércitos integrados casi exclusivamente por hilotas,
los periecos están presentes. Por último, Esparta también mo- para auxiliar a Siracusa contra el asedio ateniense (415 a. C.), él
vilizaba frecuentemente a los hilotas, comunidades que habían era el único espartano de nacimiento en una tropa de 700 hom-
sido reducidas a la esclavitud durante el período de expansión bres, mientras que el general Brasidas operó en Tracia en la dé-
cada de los 20 del siglo V a. C. con un ejército formado
y consolidación de la polis espartana. Los hilotas servían nor-
malmente como asistentes a cargo del equipaje de los soldados, íntegramente por #eodc!mode!.s.
En el siglo IV a. C., el reclutamiento del ejército ciudadano
pero podían servir también como tropas ligeras, fuera de la fa-
langeydestinadoshabitualmentealosflancosoalaretaguardia, se hacía por grupos de edad: los hombres en edad militar (entre
cuando acompañaban al ejército espartano, e incluso combatir los 20 y los 60 años) eran fácilmente movilizados nombrando
armados con equipamiento pesado. simplemente los grupos que tomaban parte en ella. En Leuctra,
Naturalmente, no todos estos contingentes se reclutaban por ejemplo, estaban presentes espartíatas ``hasta 35 años a partir
siempre y en la misma proporción. Los espartíatas y periecos de la madurez", es decir, 35 grupos de edad o ciudadanos entre
eran movilizados para las campañas espartanas en los escenarios los 20 y los 55 años. Este sistema puede retrotraerse sin duda al
siglo V, aunque se desconocen las circunstancias en las que se
principales, y especialmente cuando Esparta llamaba también a
implantó definitivamente. No hay información exacta sobre el tes, por desgracia muy conflictiva, hace referencia únicamente
reclutamiento de los demás grupos, pero lo más probable es que a la organización de las unidades ciudadanas.
los periecos fuesen movilizados por sus propias comunidades En el siglo IV a. C., y de acuerdo con la reconstrucción más
hasta cumplir con el cupo establecido en cada movilización, plausible, el ejército ciudadano espartano estaba compuesto por
mientras que los hilotas serían seleccionados por los espartanos seis regimientos denominados "moras" (morfl!., "partes"), cada
de acuerdo a la función que irían a desempeñar: los hilotas des- una de ellas al mando de un oficial llamado polemarco. Dentro
de las moras las subunidades se organizan en un estricto es-
tinados a servir como asistentes serían posiblemente esclavos
domésticos que acompañarían a sus señores, mientras que aque- quema jerárquico: cada mora consta a su vez de dos unidades
llamadas Jocho!., al mando de un Jocftagos; cada jochos contiene
llos destinados a servir como tropa serían tal vez movilizados
cuatro pe#fekosfys, dirigidas por oficiales llamados pentecoste-
en bloque en las distintas comunidades hilotas repartidas por
res; y cada pe#Íekosfys contiene cuatro enomotías, al mando de
Laconia y Mesenia.
un enomotarco cada una. La enomotía es la unidad básica, que
en su máxima capacidad cuenta con 40 hombres, tal vez repre-
TROPAS, ESTRUCTURA Y MANDO sentantes de los distintos grupos de edad. Hay serias dudas sobre
La espina dorsal del ejército espartano estaba formada, por si había dos o cuatro enomotías en cada pe#fekosíys, y la cuestión
tanto, por infantería pesada de origen principalmente ciuda- es crucial porque implica doblar el número total de efectivos del
dano, complementada con contingentes de periecos. Los hilotas, ejército espartano. Asumir que había cuatro enomotías por pen-
junto con unidades de mercenarios denominados "peltastas» Íekosfys tiene la ventaja, sin embargo, de ofrecer cifras totales
(vz.d. z.rz/rfl), constituirían la infantería ligera. La escasa informa- que encajan mejor con las cifras que las fuentes aportan para
ción disponible sobre la estructura de esos distintos contingen- campañas o batallas concretas. Así pues, el ejército ciudadano
28 | DESF'ERTAFERRD
> PUN" DE LANZA en hierro, §,Vl a. mente muy reducido, y Jenofonte, al hablar de los preparativos
(„ Museo Arqueológico de Atena§.
para la batalla de Leuctra, apunta que era de muy mala calidad,
La lanza era el principal arma oíen-
extraída de entre los individuos más débiles y menos ambicio-
§iva del hoplita, de una longitud de
lugar más expuesto y por tanto de mayor prestigio. a. (., Mu§eo Arqueológi(o de Atenas.
mado "hiparmosta". El número de efectivos en cada mora xiliar en (aso de que la punta pro-
que el ejército dispusiese de unidades plenamente operativas convencidos de la victoria en caso de enfrentamiento directo,
hasta en el nivel más bajo, pero, al contrario que los centuriones pues eran conscientes de su mejor preparación y entrena-
de la legión romana, los enomotarcos y pentekosteres rara vez miento, lo que Tucídides denomina ``experiencia" o "habilidad"
Más infrecuente y característico de los espartanos según de la falange, nombrando los grupos de edad que debían tomar
las fuentes era su costumbre de avanzar al encuentro del ene- parte en ella. Las filas designadas, ``hasta 10 o 15 años a partir
migo a paso lento y al ritmo de flautas. Esta práctica era no de la madurez" por ejemplo (los hombres entre 20 y 30-35 años),
sólo una exhibición de disciplina y autocontrol, pues lo normal cargaban repentinamente a la carrera para desbaratar la forma-
era que las falanges recorriesen los últimos metros a la carrera ción del enemigo. Sin embargo, esta táctica se empleaba contra
como válvula de escape a la presión y el miedo (aunque tam- unidades móviles, como caballería o infantería ligera enemiga,
bién con el fin de evitar los proyectiles enemigos y ganar im- y nunca contra otra falange.
Tucídides afirma (5.73.4) que, tras la batalla, los espartanos
pulso para la colisión), sino también una decisión táctica que
no realizaban una persecución muy larga del enemigo, sino que
buscaba mantener el orden en las filas y calcular la mejor dis-
se aseguraban de haberlo puesto convenientemente en fuga y
posición con respecto a la falange enemiga antes del choque.
ocupaban el campo de batalla. Hay ocasiones en las que esa
El avance lento y rítmico favorecía sin duda la maniobra de de-
norma se cumple, especialmente cuando el ejército ciudadano
riva hacia la derecha, y facilitaba por tanto la correcta realiza-
está involucrado, pero ejércitos espartanos integrados por levas
ción de la kyk/osz.s.
de hilotas o mercenarios podían presionar por más tiempo en
Durante la Guerra del Peloponeso y especialmente a lo
la persecución, igual que otros ejércitos griegos. En líneas ge-
largo del siglo IV a. C. los espartanos comenzaron a introducir
nerales, las tácticas espartanas en combate seguían el impera-
algunas innovaciones tácticas. Estas innovaciones están lógi-
tivo básico de la batalla campal griega: proteger la infantería
camente conectadas con las moras del ejército ciudadano, que
pesada integrada por irreemplazables ciudadanos.
han seguido el entrenamiento específico de los espartíatas. En
Para comprender el funcionamiento y organización del
dos ocasiones (en las batallas de Mantinea y Leuctra), asistimos
ejército espartano es preciso tener en cuenta que no se trataba
a una maniobra destinada a desplazar unidades desde un
simplemente de una maquinaria militar, sino de la aplicación
flanco al otro con el fin de reforzarlo y corregir la posición de
a la guerra de una estructura eminentemente social, política y
la falange. Para ello era necesario crear un hueco en el flanco
económica que evolucionó y se transformó con el tiempo. En
débil, transferir tropas hasta allí por la retaguardia, y cerrar el
eso Esparta era similar a cualquier otra ciudad-estado griega
hueco creado en el flanco fuerte. La inmediatez con la que se
de la época. La naturaleza, las características y las prácticas del
ordena la maniobra en ambos casos indica que los espartanos
ejército espartano se explican, por tanto, por la compleja orga-
confiaban en poder realizarla y que posiblemente la habían nización de la sociedad, las relaciones de poder y dependencia,
practicado previamente; la desastrosa ejecución en las dos oca- la distribución de la riqueza y los mecanismos de toma de de-
siones, sin embargo (con derrota aplastante en Leuctra y casi cisiones, que en Esparta cristalizaron en una serie de tradicio-
derrota en Mantinea, negativa de los oficiales implicados in- nes e instituciones fuertemente peculiares y originales. En esas
cluida), indica que tal vez no eran realmente capaces de reali- tradiciones e instituciones es en lo que Esparta y su ejército se
zarla en combate, o al menos no en las circunstancias en las diferenciaron de las restantes ciudades-estado de su época.
que se llevó a cabo.
Otras maniobras relacionadas con el ejército espartano in-
cluyen, por ejemplo, la posibilidad de abrir huecos en la falange
para dejar pasar al enemigo por ellos. Esta maniobra, atribuida BIBLlnERAFÍA BÁsl[A
al rey Agesilao en la batalla de Coronea (394 a. C.), es en realidad
AndBrsDn. J.K. ((FIHr+).. Military Theory and F'racticB in thB AgB of XBnophon.
bastante polémica, pues aparece mencionada por fuentes muy
BBrkEIEy.
es la táctica, desarrollada al final de la Guerra del Peloponeso, SBkunda, N. (1998): 777p §parfBn 4m/, ElitE SEriEs #EO, Dsprey Publishing.
FemandoEcheverriaReyesinvestigadorcontratadoRamónyCajaleneldepartamentodeHistoriaAntiguadelaUníversidad
Complutense de Madrid. Doctor en Historia Antigua y licenciado en Filología Clásica, centra su investigación en la historia
mi.Ji.far de /a an£Í.g#fl Greci.a. Es awfor de Ciudadanos, Campesinos y Soldados: el Nacimiento de la Pólis Griega y la Teoría de
la Revolución Hop\ita (2008), y entre sus artículos más recientes destacan "Tiactiké techne: the neglected element in classical
hoplitebattles"(AncientSociety,2011)y``HopliteandphalanxinarchaicandclassicalGreece:areassessment"(C+asstcalPhjiLohogy,
2012). Sus líneas de investigación incluyen literatura e iconografta griegas, así como el estudio de las emociones relacionadas con
la experiencia del combate.
> Estela {on |lNETE BEO{10 en-
da¡.
ARROLLA A PARTIR DEL AÑ0 404 A. C., LOS ANTECEDENTES CERCANOS A LA BATALLA DE LEUCTRA,
LIBRADA EN EL VERANO DE 371 A. C. ENTRE LOS TEBANOS Y PARTE DE LOS BEOCIOS CONTRA LOS
LACEDEMONIOS Y SUS ALIADOS, DEBEN BUSCARSE EN DICIEMBRE DE 379 A. C., CUANDO UN GRUPO
PHOCIS
© •o:cu©;,:
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Bleúmbroto `"."-€+
EiE-
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I.í J:E
E±
|ConfederaciónBeocia(año371a.C.)
L Epamirmdas,.posición iniciai
111111111111.
ymovimientos
Cleómbroto, posiciffl inicw
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Haliartus
ippotai? 8EB:eEumésú"Ta©na8ra\``~`¿ogus.L=
Thespiae
Plateae
= "©#Ba#n#dg8`oN°".Si6"parnesM.
\ " ,s m ü
K- * EC ^Ris-. '%o€^ ^TTIC^
federación. Entonces, todos los griegos, excepto los tebanos, sus- bablemente Cleómbroto estaba pensando en este último caso en
cribieron la paz. Atenas no intervendría y Tebas tendría que en- mantener abiertas sus comunicaciones terrestres y navales con el
fientarseahora,conlaescasaayudaquepudieranprestarleelresto Peloponeso y no quería dejar una escuadra a sus espaldas. Tras
de los beocios, a Esparta. Pocos griegos dudaban del destino que esto, el rey se volvió hacia el interior, llegó a la llanura de Leuctra,
aguardaba a los tebanos (Jenofonte, HeJé#¡.cas, 6.3.1 -20). a unas cuatro horas de marcha desde Creusis y a solo una de Tes-
pias, y acampó en la ladera de las colinas que se alzaban al sur del
LA MARCHA HASTA LEUCTRA llano.
Una de las cláusulas del tratado de paz establecía que los firmantes En una brinante maniobra de flanqueo, Cleómbroto había su-
debían retirar todas sus guarniciones y desbandar sus contingen- perado a los beocios, desbaratando, como veremos, sus disposi-
tes militares. El rey Cleómbroto, que se hallaba con el ejército es- ciones defensivas, obligándoles además a moverse de su posición,
tacionado en la Fócide, la región al oeste de Beocia, para evitar y les había infligido sensibles daños con la pérdida de un batallón
completo, la ocupación de su puerto y la incautación de doce tri-
precisamente una incursión de los tebanos y del resto de los beo-
cios, pidió instrucciones a Esparta. A pesar de algunas voces dis- rremes, capaces de transportar a 2.400 hombres. Había obtenido,
cordantes, Agesilao convenció a la asamblea de que no se en suma, una indudable victoria estratégica que le permitía ame-
licenciara el ejército y que se ordenara además a Cleómbroto que nazar directamente a la propia ciudad de Tebas.
invadiera Beocia (Jen. HeJ.6.4.l-3). Por su parte, como dijimos, los beocios establecieron una
Cleómbroto estaba estacionado en el valle del Cefiso. Desde primera posición en Coronea. Epaminondas, que era en mi opi-
allí penetró en Beocia y se situó en Queronea. Los beocios se es- nión el beotarco que ejercía el mando supremo, situó a Cereas
tablecieron en Coronea, entre el monte Helicón y la orilla meri- y su batallón al sur, a unas tres horas de marcha del grueso del
dional del Lago Copaide, a poco más de 20 km al suroeste ejército, con la evidente intención de vigilar los movimientos de
(Diodoro 15.52.6-7). En Queronea, Cleómbroto comprendió que Cleómbroto. Envió además al beotarco Baquílidas, quizá con
los beocios sostenían una fuerte posición, vedándole el paso a unos 500 o 1.000 hombres, a guarnecer el monte Citerón, en la
Tebas, el verdadero objetivo de la expedición, y se volvió nueva- frontera entre Beocia y el Ática, el territorio de Atenas, para el
mente hacia la Fócide, esta vez en dirección a la ciudad de Am- caso de que se presentara un segundo ejército enemigo proce-
broso, con la intención de flanquear a los beocios y obligarles de dente del Peloponeso. Cereas sacrificó su destacamento con la
este modo a retirarse en dirección a la ciudad o a quedar cortados finalidad de avisar a Epaminondas y de darle tiempo para que
de la misma. se retirara. Cuando los beocios comprendieron que Cleómbroto
Desde Ambroso, Cleómbroto se dirigió hacia el este, a la ciu- les había rodeado y que Tebas quedaba indefensa a sus espaldas,
dad focidia de Estiris, que distaba unos 5 lm y avanzó dejando a se volvieron hacia Tespias y bajaron a Leuctra, acampando en
su izquierda la ladera meridional del monte Helicón. Pasó por el la línea de colinas que se extiende al norte de la llanura, inter-
lugar de la moderna Kyriaki, a una docena de kilómetros de Es- ceptando así a Cleómbroto. Como se vio claro entonces que no
tiris, y, ya en Beocia, en la zona del pueblo actual de Koukoura acudiría ningún ejército del Peloponeso, los beotarcos que hi-
(posiblemente la antigua Hipotas), aplastó a un pequeño contin- cieron regresar a Baquílidas, que debió llegar el día anterior a la
batalla.
gente tebano que, al mando de Cereas, posiblemente un JocJtczgos
o comandante de batallón (/ocftos), defendía esta ruta. Llegó luego
a Tisbe, en el sur de Beocia, y de ahí marchó a Sifas, la moderna LOS EJÉRCITOS ENFRENTADOS
Aliki, en la costa del golfo de Corinto. Se encaminó entonces en Plutarco ( Vz.dcz de PeJóp!.cJas, 20.1) indica que el ejército de los la-
dirección a Creusis, el puerto de Tebas en el golfo. Lo ocupó cap- cedemonios y sus aliados incluía 10.000 hoplitas y 1.000 jinetes.
turando doce trirremes (Pausanias 9.13.3-4; Jen. HCJ.6.4.3). Pro- Sabemos además que en el cuerpo expedicionario formaban tam-
DESFIERTAFERRD | 3=
bién un buen número de tropas ligeras, y, de este modo, Cleóm- tallón sagrado" o #z.eros /ocftos, compuesto por trescientos jóve-
broto debió tener bajo su mando en Leuctra a 10.000 hoplitas, nes que combatían por parejas y estaban unidos por vínculos
unos 1.000 jinetes y un número indeterminado pero amplio de homosexuales (Plut. Pc/op.18-19), plenamente aceptados en la
tropas ligeras, por lo que el conjunto del ejército pudo acercarse sociedad tebana, que les impediría cometer en el campo de ba-
quizá a los 20.000 hombres. talla, y delante de su amado, un acto tachado de vergonzoso. Se
El ejército reunía a los aliados del Peloponeso y Grecia central
trataba de un cuerpo profesionalizado y permanente, mantenido
pero, como es obvio, su núcleo estaba formado por el contingente a sueldo por la ciudad, una magnífica unidad de combate que
lacedemonio, compuesto, como veremos, por periecos y espar-
reunía las ventajas de un cuerpo mercenario, profesionalización
tiatas. En 371 a. C. el ejército lacedemonio estaba formado por
y adiestramiento, al patriotismo y fidelidad de la milicia ciuda-
seis resLmientos o moras (Jen. Hel.2.4.13, 6.4.L2; Constitución de
dana y que obviaba las desventajas de ambos. En Leuctra, Peló-
/os /czccc!emo#Í.os,11.4), cuatro de las cuales comparecieron en
Leuctra. Las morc!s incluían tanto a los espartiatas, ciudadanos de pidas, uno de los líderes más importantes de la Tebas antigua,
era precisamente el JocJ!agos del batallón sagrado.
pleno derecho del estado lacedemonio, como a los periecos,
miembros de las comunidades dependientes sometidas. Cada Todos los autores antiguos coinciden en destacar la capacidad
morfl comprendía 576 hoplitas al mando de un polemarco y se de la caballería tebano-beocia, reputada, junto con la tesalia, como
subdividía en dos o cuatro /ochoi. (el número es dudoso), ocho la mejor de Grecia. Bajo el mando de un hiparco, la caballería se
pe#íekosíyes y dieciséis enomotías. Cada enomotía constaba de dividía en escuadrones o ilas, de unos treinta jinetes cada uno, a
36 hombres al mando de un enomotarco. las órdenes de un ilarco. Una veintena aproximada de estos es-
No es fácil conocer el porcentaje de espartiatas y periecos cuadrones combatieron también en Leuctra.
que formaban en una morc!. A Leuctra se desplazan 700 espar- Una característica sumamente peculiar de Beocia fue la aso-
tiatas, lo que implicaría que únicamente un 30%,175 hoplitas ciación a los jinetes de una infantería ligera auxiliar, los Aam7.ppo7.
de cada mora, eran espartiatas. Y este es el número máximo por-
Pezoi., que combatía pie a tierra al lado de su jinete y podía hostigar
que tal cómputo no tiene en cuenta la posible (o segura) com-
y desmontar a la caballería enemiga. Asimismo los beocios dis-
parecencia en Leuctra de la guardia real (hc.ppe¡.s) que
ponían de una infantería ligera propia, los denominados ps!./o!.,
encuadraba a 300 hoplitas espartiatas. Es posible por tanto que,
en número equivalente al de los hoplitas.
en cada morc2, hubiera únicamente un centenar de espartiatas,
Finalmente, todo el ejército beocio era mandando por siete
lo que nos deja un número que oscilaría entre 1.600 y 1.900 ho-
beotarcos que formaban un consejo de campaña en el seno del
plitas para los periecos. A cada regimiento se le añadía también
cual se discutían la estrategia y las tácticas a seguir y se tomaban
un cuerpo de 100 jinetes. Esta caballería regimental estaba al
mando de un hiparmosta y se dividía en dos ow/amoí., destinadas las decisiones mediante votación. Posiblemente en el seno de este
evidentemente a cubrir los flancos del regimiento, que se aline- consejo un beotarco tebano tenía la comandancia suprema. Al
aban en diez filas de cinco jinetes en fondo. Cada una de las filas menos cuatro de ellos parecen haber sido tebanos en 371 a. C. En
se denominaba pempfls y estaba al mando de un pempadarco. contra de la costumbre habitual de enviar dos beotarcos en cada
Dos filas formaban además una dekc¡s al mando de un deca- expedición, en Leuctra están presentes todos, lo que nos indica la
darco. La caballería lacedemonia constituía un arma muy ende- importancia excepcional de esta batalla.
ble, apenas entrenada y sin valor combativo, en la que formaban
aquellos que, por su debilidad, habían sido descartados para for-
v Nuestra ilu§tración recoge la brutal carga del BATALLÓH "GRAD0 contra la§ líneas la(e-
mar entre las filas de la infantería. demonias, en el momento en que los guerrero§ tebanos están a punto de alcanzar y
Por lo que se refiere al ejército beocio es posible que en Leuc- herir de muerte al rey üIÓMBROTO. §e ha llegado a la Ía§e del choque de Íalange§ que
la§ fuente§ denominan OJ7r"t}{ ``empujón", que para mu{ho§ estudio§os se asemejaíia
tra estuvieran presentes entre 6 y 7.000 hoplitas, unos 4.000 de los
a una brutal melé en la que, escudo contra espalda, las Íila§ posteriores empujari'an a
cuales debían ser tebanos, y de unos 600 a 700 jinetes §u§ compañeros delantero§ para intentar abrir bre(ha en la Íormación enemiga. A la de-
(Diod.15.52.2). A ellos podemos añadirles la infantería ligera be- re{ha. los hoplita§ tebano§, {uya alineación en 50 hombre! de fondo §e intuye por la §u-
ocia (ps!./o!.) con unos efectivos quizá similares a los hoplitas y un cesión de Íila§ y el bo§que de lanza5 que las {ierra, §on distinguibles por lo§ blasones de
§u§ ajp/.def la clava de Hér(ule!, patrón de su poli!. y iina §erpiente, como la qiie
cuerpo de infantería ligera auxiliar de la caballería (hc}m¡.ppoÍ.
Pau§anias describe para un e§ciido que vio en la iiimba de EPAMIHONDA§ y que parece
pezo¡.) en un número similar a los jinetes. Tendríamos así a unos habría adornado 1o§ aJp/.def de alguno§ nobles tebano§ en re(uerdo de los guerreros que
12 a 15.000 hombres para el total del ejército. na{ieron de lo! dientes de la §erpiente de Are§ sembrado§ por (admo. el Íundador míti(o
de Teba§. Lo§ es(udo§ e§partano§ van adomado§ por la /amóda de Lacedemonia. tal y
La infantería hoplítica beocia se dividía en JocAoz. (batallones)
(omo iabe" por un Íragmento del {omediógrafo atenien!e Eupolis con!ervado en el
cada uno bajo el mando de un Jocric¡gos. El número de hoplitas
£erí.íón de Focio. La panoplia hopli'ti(a, auí`que sigue manteniendo sus elementos bási(os
comprendidos en cada JocJ¡os era como mínimo de 300 y quizá -aíp/.j. ca5co, lanza-, se ha aligerado, ya que alguno§ guerrero§ pre§cinden ahora de otra
llegara hasta un máximo de 330. En Leuctra debieron combatir protección (orporal (omo pueden §er las armadura§ o grebas, tal e§ el (aso de los es-
una veintena aproximada de /ocho!.. partano§ qiie ve" en primer plano, ataviados (on §u típico e/om/.j rojo y un casco
{óni(o p/./oj il más (omún en la épo[a por §u facilidad de Íabrica(ión y bajo {o§te-.
Hacia 378-377 a. C. , sobre la base de precedentes anteriores
Otw hoplita§ §in embargo siguen {ontando {on grebas, //.noíAo^aAej e incluso (oraza§
(Diod.12.70.1 -2), los tebanos crearon un cuerpo de elite, el "ba- anatómicas de bron(e, y ve" también ca§co§ calcídi{o§ y ático§.
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3E | DEspERTAFEmD
LA BATALLA DE LEUCTRA (JEN. HEL. 6.4.4-32; cluso los veinticinco escudos en fondo que los propios tebanos
PLUT. PELOP.23.1-6; PAUS.9.13.6-12) habían empleado anteriormente en la batalla de Nemea en 394
La llanura de Leuctra , situada al sur de Tespias, se extiende unos a. C. Quedó así constituido un cuerpo de ejército prodigiosa-
cuatro lm en dirección este-oeste y está flanqueada por una línea mente compacto, fuerte de 4.000 infantes pesados, de unos
de colinas al norte y al sur. La planicie, completamente despro- ochenta escudos de ffente y cincuenta de profundidad. En el ex-
vista de árboles, es alargada y estrecha, ya que mide únicamente tremo del ala izquierda colocó al batallón sagrado que ocupari'a
un km en sentido norte-sur. Esta limitación latitudinal constitui- seis filas en su frente de ataque. El resto del ejército beocio pudo
ría precisamente uno de los factores principales de la batalla. La desplegarse en ocho o doce escudos en fondo de manera que la
llanura estaba atravesada por el río Permeso, hoy en día canali- línea de hoplitas beocios ocuparía algo más de 400 m de frente.
zado, que transitaba por la parte sur justo al pie de la ladera donde Las disposiciones de Epaminondas revelan claramente sus in-
se localizó el campamento lacedemonio. En las colinas al norte tenciones. Si las batallas hoplíticas se ganaban por una ruptura
del llano acamparon los beocios. de la línea contraria que dejaba básicamente al albur del des-
Antes de la batalla los mandos militares de ambos bandos se arrollo del combate, Epaminondas había planeado previamente
hallaban divididos acerca de la oportunidad de entablar combate. la ruptura por el método de aplicar una tremenda presión sobre
En el lado beocio, Epaminondas y otros dos beotarcos, Jenócrates un punto concreto de la línea. De este modo, haría pivotar su
y Malgis, consideraban que, si no se combatía, Tebas perdería el fuerza de ataque sobre un punto o centro de gravedad (sc#wer-
control de Beocia y la ciudad misma se volvería contra sus líderes. p%#kf) en el frente contrario y ganaría la batalla "aplastando la
Otros tres beotarcos, Damóclidas, Damófilo y Simángelo, sin em- cabeza de la serpiente" (Polieno, Esíraíc]gcmas, 2.3.15).
bargo, estaban a favor de retirarse, buscar un sitio mejor para pre- Mientras tanto, Cleómbroto comenzó también a formar el
sentar batalla o llevar a cabo la evacuación de mujeres y niños y ejército. Situó en el ala derecha los cuatro regimientos lacede-
prepararse para resistir un asedio. Además, algunos contingentes monios, con la guardia real y él mismo entre la primera y se-
beocios, particularmente los tespieos, eran reluctantes a combatir. gunda morc2 y los alineó con una formación de doce escudos en
El debate se zanjó cuando regresó el séptimo beotarco, que estaba fondo. Es posible que el resto del ejército adoptara una profun-
guardando los pasos del Citerón, Baquílidas, y votó a favor de didad similar, de manera que la línea de hoplitas se extendería
combatir. Una serie de estratagemas religiosas contribuyeron de 800 a 900 m, doblando la extensión del frente adversario.
también a elevar la moral (Jen. HeJ.6.4.7; Plut. PcJop.20-22; Cleómbroto tomó también la decisión inusual de hacer
Paus.9.13.4-5; Diod.15.53.4-54.4). avanzar a su caballería situándola en el centro de la formación,
Del mismo modo Cleómbroto dudaba. Era consciente pro- y no en los flancos como era costumbre, justo delante de su in-
bablemente de las dificultades que presentaba el campo de batalla fantería. Quizá, dada la limitación del campo de batalla, pensaba
y había hecho ya una notable demostración de fierza. Por otra cubrir con una pantalla al ejército mientras este formaba, para
parte, resultaba evidente el escaso entusiasmo que mostraban los retirarla después sin combatir del frente hacia los flancos, pero
aliados. Sin embargo, sus consejeros y oficiales le recordaron que resultó, como veremos, un error táctico fatal. Epaminondas ade-
no parecía haber hecho nunca la guerra a los tebanos con gran lantó también al centro su caballería, reforzada probablemente
ardor y que se exponía a una acusación de cobardía y traición, lo con los hamipos. El beotarco ordenó entonces avanzar a la ca-
que le debió decidir a presentar combate. El día siguiente, el 5 de ballería para enfrentarse a los jinetes enemigos, al tiempo que
agosto de 371 a. C. (aunque la fecha del 5 de julio es también po- dio instrucciones para que la falange se moviera oblicuamente
sible), justo veinte días después de que se firmara la paz en Es- o en sentido diagonal hacia la derecha del adversario, haciendo
parta, tendría lugar la batalla. progresar su ala izquierda mientras que la derecha, situada de-
La mañana de la batalla Epaminondas mandó que se retiraran trás de la caballería, se iba retrasando.
los acemileros y el resto del personal no combatiente y, como no Cleómbroto observó entonces la formación beocia y, mien-
confiaba en la lealtad de algunos beocios, especialmente de los tras el ejército se estaba alineando, decidió extender su derecha
tespieos, dio permiso para partir a todos los que lo desearan. Sin más allá de la línea de los tebanos con la intención de envolver-
embargo, los peltastas focidios, los jinetes aliados junto a las tropas los. Pero esta maniobra provocó la confusión en sus líneas, pro-
ligeras mercenarias del bando peloponesio, al mando del espar- bablemente desarticuló el frente de la formación y, sobre todo,
tiata Hierón, atacaron a este contingente y le obligaron a regresar abrió una brecha entre el contingente aliado y los lacedemonios
al campamento. El propio Hierón cayó en la refriega. que se estaban desplazando hacia la derecha. Cleómbroto nece-
Los ejércitos comenzaron entonces a desplegarse en la lla- sitaba tiempo para cerrar este hueco y completar la maniobra
nura. Epaminondas introdujo dos innovaciones fundamentales. de envolvimiento. Con tiempo la victoria hubiera sido posible,
Dispuso sus mejores tropas, los tebanos, no en el ala derecha, pero Epaminondas no estaba dispuesto a concedérselo y el
como era habitual, sino en el ala izquierda, directamente enfren- campo de batalla, tan estrecho, le beneficiaba.
tadas a los lacedemonios. Además, formó el contingente tebano La batalla entre ambas caballerías tuvo lugar antes de que
con una inusitada profundidad de cincuenta escudos en fondo, la infantería entrara en contacto. Los jinetes tebanos, con el
frente a los ocho, doce o dieciséis acostumbrados, doblando in- apoyo de los hamipos, derrotaron a la caballería enemiga, que
Eri
TrEitBndo dB Bxtender sus IínBas. IBs fiimB-
cit]nBs BspBrtanBs se desplazan hBcia la La caballBrlB Bspartana huye a tr"És DurBntB E!I BVEinBe dB lí]s formBBio-
derBBhB. mi]mento en quB sDn atacBdos por dB sus línEBs nes dE hapl.itBs estBs sB dBsplBzan
ll's tellBnos hBcÍB su dereoha
1
Cleómbroto
i mm \"R°erodl¡°Dinón 11 moro
Eü..j& tÉ_¥Tr_±=:±T__]______±
ó 1„ mo,o
a i i a d o..S ,P e ! e p o m
•ffiá=_i- ÉÉ_
y 'Ocid'i;s
s ,- o S
Bo'ollón
!Ogrodo^
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A lz\ i:arrerEi. Ia fuerza dB Élite
tBbEm chocB ci]mB hs fi]rmBcii]-
do E-
Pelopidas nes esiiBrtanBs a las qiie dBtienB en
-
su pri]gresilin
hoplitos tebono§
G-
Éíffi-ift±_± (obollerío beocio
Epaminondas :-él - .
Li]s jimtes bi:i]i:ii]s di3mtan a la
aliodos be :2f=ii--=ffi i:aballEría espartana y luEgo
Tras el E)tiEillún SBgrado
O`ios =. - ._--_ BubrE!n el flani:o de sLi formción
mEircha unii dBnsB fi]rmBción
dB batall@
de infanteriB tebiinB dBsti- ±= L'L_-_ '_--
volvió grupas cayendo sobre sus propios hoplitas aumentando dos -algunos se alegraban incluso de la derrota espartana-, de-
así la confusión. Probablemente huyeron por la brecha abierta, cidieron solicitar una tregua y pactar la retirada. Un ejército
lo que hizo imposible que los aliados pudieran rellenarla. Po- de socorro procedente de Esparta los recogió a la altura de Mé-
siblemente la caballería beocia permaneció en su lugar, pudo gara.
cubrir el ala derecha debilitada e impedir que contactara con Fue aquél el día más aciago en la historia de Esparta. Sobre
la falange enemiga. Entonces Pelópidas y quizá también el pro- los campos de Leuctra, no solo había sido abatido el mito de la
invencibilidad espartana, sino la propia hegemonía espartana
pio Epaminondas, viendo el desconcierto que reinaba en las
filas contrarias y la maniobra de envolvimiento de los lacede- en Grecia. Esparta no volvería a ser nunca más una potencia im-
monios, dieron orden al batallón sagrado de que se separase portante en el mundo griego. Su poder se había desvanecido
de la formación y atacara a la carrera, de manera que la punta ante las innovaciones tácticas tebanas, la concentración en el ala
de la vanguardia izquierda -como si de los tanques de la bJí.f- izquierda, el ataque en orden oblicuo y la cooperación entre las
distintas armas, que vieron multiplicada su efectividad por la
kr¡.eg de la Segunda Guerra Mundial se tratara-, cayó sobre la
derecha espartana antes de que esta pudiera completar el en- propia estructura del ejército beocio y que suponen, a mi juicio,
el punto culminante en el desarrollo de la milicia hoplítica de
volvimiento. Justo a tiempo, porque Pelópidas parece haber
las ciudades estado griegas.
golpeado sobre la guardia real o entre esta y la segunda morcz,
de ahí probablemente la muerte de uno de los polemarcos,
Dinón, que ocupaba el primer puesto en el extremo derecho
de su regimiento, cuando la primera mora había ya pasado. El BIBLlnERAFÍA BÁslEA
batallón sagrado destrozó la línea lacedemonia y aniquiló a los BUBklBr. J. (lESD): 7hg 7bp4an #£ggmny J7/-£fi? #£ [ambridgE.
que rodeaban al rey. Cleómbroto fue retirado mortalmente he- BUBklBr. Ll. (ZÜD3): Agggan 4+ggc£ /.n Íbg fourí^ fpníur/ FC, LBidEn.
rido y murió casi inmediatamente. Entonces se sumó el con-
LazEnby, J. F. (lE185): rhg £parían Amy, Warminster.
tingente tebano principal y todo el ala derecha lacedemonia,
RD[kwell N. R. (Z"8): 777g Bogoí/.an Am/.. 7bg Cow£rggncp oÍ Waríarg,
tras un violento enfrentamiento, resultó aplastada. Sucumbie-
F'i]litics, SoBiBty, and EulturB in thB ClassicEil AgB i]f BrBBCB,TBstis daB-
ron mil lacedemonios, entre ellos 400 de los 700 espartiatas
tDral Llniv. [alifDrni@, LDs ÁngElcs.
que figuraban en el ejército. El ala derecha beocia no llegó a
entrar en contacto con los aliados de los lacedemonios. Sekunda, N. (1999): 7bg §paríaA Am/, DxfDrd.
Tras la batalla, los polemarcos supervivientes, viendo la > BiblingrEfía cümplBta Bn www.dEspBrtafErm-Edi[ionEs.com
José Pascual González es Profesor Titular de Historia Antigua en la Universidad Autónoma de Madrid, donde imparte clases
desde 1986. Helenista, sus principales líneas de irwestigación se centran en el periódo clásico y helenístico en la Grecia central, es-
pecialmente Beocia, la Lócride Epicnemidia y los pueblos del entorno de las Termópilas; el federalismo griego; el faccionalismo y
j.`' la stasts en el seno de la pótiis, los estudios territoriales y los sistemas de infiormación geográfica y la historia militar. Como fruto
de esta dedicación pueden anotarse más de 70 publicaciones.
El hoplita espartano
por José Sánchez Toledo
usieron su firma y su leyenda en una de las batallas más libre como el pfl7qkrczfi.o# -de la que fueron excluidos en los jue-
persas en las Termópilas sabían que iban a morir. Pero para ellos,
gos debido a su peculiar estilo de victoria o muerte-, los es-
partanos contaban con una gran base técnica en materia de
contacto físico. La ejecución correcta de los diferentes modelos
los #!.ppez.s de la guardia, en consonancia con el patrón homérico tácticos de orden cerrado necesarios para el despliegue, replie-
de su mundo de héroes ese era su gran día. Habían sido paridos gue, contacto o gestión de refuerzos inherentes a la batalla ho-
y entrenados para ese momento. Murieron satisfechos y hasta plítica, precisaba de un altísimo grado de adiestramiento y
puede ser que felices. coordinación. Según cuentan las fuentes, la sola contemplación
del ordenado y perfecto despliegue de las fuerzas laconias in-
ENTRENAMIENTO Y COMBATE timidaba en tan gran medida a los oponentes que era muy fre-
En realidad lo que hacía diferente o superior al hoplita espar- cuente que estos emprendieran la retirada y abandono del
tano del resto de los griegos no era otra cosa sino el factor en- campo de batalla en ese mismo instante, dándose por termi-
trenamiento, entendido este como un oficio o trabajo técnico nada la misma sin ninguna baja.
realizado con constancia y habitualidad. Acostumbrados al Tenemos por una parte los entrenamientos de orden cerrado
combate cuerpo a cuerpo en disciplinas olímpicas de lucha para las maniobras de las distintas unidades y subunidades en la
DESPERTAFERRD | 39
> Así habría aparecido una UNEA D[ HOPU" de finales del §.Vl o (omienzo§ del V a. C. §e puede apreciar {ómo el hombre en el extremo dere(ho es el más expuesto, al no poder
{ubrir!e (on el lado izquierdo del ajpí.f de su compañero; de ahí que el puesto de honor en la falange fue§e el Ílanco derecho.Aparecen, de izquierda a dere(ha, los griipos de recreación
línea de frente y posiciones de refuerzo o flanqueo. Los hoplitas abierta la cara y presentar largas carrilleras. Entre los hoplitas
de Esparta solían aparecer en el campo de lid con sus JocJ!o!. for- espartanos de las Guerras Médicas es el casco corintio el más
mados en columnas, cuyas e#omof!.cH. (la unidas más pequeña del popular, datándose su origen alrededor del siglo VIl a. C. Rea-
ejército espartano), a la orden de "al lado del escudo", iban abrién- lizado con una sola pieza fina (alrededor de 1.5-2 mm) de bronce
dose hacia la izquierda para cubrir la línea de frente (Jenofonte, y un peso cercano al kilo, proporciona cobertura a casi toda la
Lc¡ Co#síj.f#cj.ó# cíe /os /acecJemo7?!.os, 11.8). La velocidad y destreza cara exceptuando los ojos y el cuello, auténtico punto débil del
mostrada en la ejecución de estas y otras maniobras solían dejar hoplita. Como inconveniente está la restringida visión y audi-
atónitos a sus enemigos. Fue el caso de la batalla de Coronea (394 ción, aparte de sofocar mucho con calor, lo cual hace necesario
a. C.) donde, al verse atacados en la retaguardia por los tebanos, llevar una cinta o pañuelo alrededor de la cabeza para evitar que
realizaron exitosamente la complicada maniobra conocida como las gotas de sudor entren en los ojos, con el escozor y molestia
a#asfropAc, haciendo girar rápidamente sobre sus espaldas la línea correspondiente así como la dificultad de visión en plena re-
de frente. friega. El yelmo calcídico es un desarrollo intermedio, sin nasal,
Por otro lado, el combate hoplítico a nivel individual presenta más cómodo y con bisagra en las carrilleras. Alrededor del 425
unas características no demasiado complicadas si tenemos en a. C. las modas cambian y se introduce el modelo p!.Jos sin ca-
cuenta que fue diseñado para que lo llevaran a cabo ocasional- rrilleras ni nasal, similar al típico gorro cónico espartano del
mente ciudadanos prácticamente sin formación militar. Con una mismo nombre.
actitud cuasi-defensiva y en ocasiones hasta de guerra ritual, La protección corporal genérica de los guerreros griegos de
donde lo importante no era la aniquilación del enemigo sino con- la época clásica consistía en el famoso /!.#ofAorax de diversas
seguir su rendición y abandono o entrega del campo de batalla. capas de lino prensado, en ocasiones reforzado con escamas de
En el caso de Esparta estas técnicas de combate se especializaron, bronce y que perviviría hasta la época helenística. Es una arma-
llegándose a un altísimo grado de dominio, desarrollo y profesio- dura cómoda y que aporta una buena protección contra cortes,
nalización, por lo que el estado laconio se convirtió en el referente aunque no tanta contra ataques punzantes. Al mojarse por el
militar a imitar de aquel momento. Es muy probable que ellos fue- sudor o la lluvia se sobrecarga de peso. La coraza de bronce, que
ran los que dotaran al arte de la guerra griego de un cariz más en la época arcaica presentaba un diseño campaniforme, se
agresivo, evolucionando y revolucionando en varios aspectos las vuelve más estética, imitando la musculatura humana. Su grosor
técnicas de lucha. Una pista clara de ello la tenemos en la xyphos no es considerable y al igual que otros elementos de bronce
espartana, más corta que las otras espadas griegas y que precisaba como el casco y las grebas, estaba pensada más para desviar tra-
de un contacto más cercano y letal. yectorias que para blindar a su portador. Ambas protecciones
El hoplita griego tenía en gran virtud el hecho de mante- solían añadir las lengüetas de cuero o lino en la cintura conoci-
nerse a pie firme en la primera línea de choque entre ambas das como píeryges. En el marco de la Guerra del Peloponeso se
falanges. La experiencia de esas luchas debió de ser aterradora, cree que por un aligeramiento general del equipo y unos esce-
sobre todo si lo contemplamos desde el punto de vista mo- narios bélicos más flexibles, el uso de la coraza se descartó alre-
derno. Aprisionado en una formación cerrada con los cama- dedor del 450 ó 425 a. C. (coetánea a la introducción del yelmo
radas empujando desde atrás y el enemigo en frente a unos dos p!.Jos). Se ha especulado mucho sobre si los hoplitas espartanos
metros o menos, sin poder moverte apenas entre un bosque de de esa época portaban armadura o iban ataviados tan solo con
afiladas lanzas que te pasan por la cara, los ojos o el cuello, bus- su exomi.s -túnica que dejaba el hombro derecho al descubierto-
cando un trozo de carne sin guarnecer para clavarse en él. Tan carmesí en batalla. Probablemente ello se deba a una extrapola-
sólo queda la protección de la coraza (de lino prensado o ción de acuerdo a los convencionalismos artísticos de la época,
bronce), el casco, las grebas y el czsp!.s, que sin lugar a dudas de- ya que tanto antes como después siguió usándose la coraza ya
bería moverse frenéticamente arriba y abajo parando o des- fuera de lino o bronce.
viando lanzadas. Además está el orden a observar, cubriendo Dando protección a las piernas el hoplita clásico portaba un
al compañero de la izquierda con parte del escudo y recibiendo par de grebas -k#cm¡.dcs-hasta por encima de la rodilla, de una
ataques por el oponente de enfrente y los más peligrosos, los sola pieza de bronce y que se ajustaban sin correas, como una
que provienen de las diagonales a derecha e izquierda, que ape- pinza, en la parte trasera de la pantorrilla. Para mayor comodi-
nas da tiempo a ver y esquivar. dad y para evitar las cicatrices del roce sobre el empeine, algunos
hoplitas griegos añadían un acolchado que se ataba en la con-
PANOPLIA DEL HOPLITA ESPARTANO junción pierna-tobillo.
El krfl#os, o yelmo, más común de la época arcaica era el diseño El escudo griego, o aspí.s, era un inteligente desarrollo pen-
conocido como ilirio, que se caracterizaba por tener totalmente sado para presentar una forma convexa en su exterior, de mayor
4n i DESFIERTAFERRn
> Do§ hoplitas (ombaten hombro con hombro. en di§po§i(ión de guardia con posi(ión de
AGARR[ BAJ0 DE LAHZA. El hoplita en primer plano cuenta {on una {oíaza anatómi(a
interior era cóncava, para albergar la caja torácica del guerrero, la iconografía artística ateniense era el arma malvada que repre-
sin asfixiarle en aquellas fases del offt!.smos en las que es empu- sentaba a los laconios.
Tras algunos estudios de reconstrucción de la esgrima con
jado por delante y por detrás. El anillo plano que circunda la es-
lanza o dory, como la llamaban los griegos, Javier Santana (Aulo
tructura refuerza la composición, cual si de una bóveda
Quinto Eliano, de cuya autoría son algunas técnicas de esgrima
arquitectónica se tratará, sirviendo también como elemento de
que se pueden ver en mi anterior artículo "El legionario del siglo
percusión en combate, al estar reforzado su canto. Sus dimen-
11 d. C." en el n.° 11 de DF), Eduardo Guillén (fundador del grupo
siones solían estar rondando los 100 cm de diámetro, con un
de reconstrucción Aíhe#ea Promak#os) y yo hemos llegado a la
peso aproximado y deseable de unos 7 kg y un grosor en la parte conclusión de que podría existir toda una amplísima gama de ata-
más ancha (el canto) de entre 12 y ls mm y de entre 10 y 11 mm
ques (punzantes y cortantes), desvíos defensivos y cambios en el
para la zona más estrecha (centro). Creemos que su armazón agarre o la distancia del mismo (para confundir el alcance), con
principal, según apunta acertadamente mi compañero recrea- diversas técnicas que a buen seguro los hoplitas espartanos y los
cionista Jonatan Prieto, estaba construido con listones de ma- contingentes mercenarios dominaban a la perfección. La lanza de
dera superpuestos, entrelazados y encolados, como se puede aquellos tiempos en madera de fresno, tenía una moharra de hie-
deducir por el interior de los áspides que aparecen en el vaso rro o bronce nervada, una longitud de alrededor de 2,40 cm y un
Chighi. La parte interna se forraba de cuero o lino y la externa regatón o sciwroíer de bronce.
Los distintos agarres, alto, medio y bajo, son la respuesta a di-
ferentes exigencias tácticas dependiendo siempre de la distancia
a la que se encuentra el oponente o la zona del cuerpo que se
quiere herir. Cuando una primera línea de hoplitas está enfrascada
en la posición de agarre alto o incluso usando la x#ftos, la segunda
línea puede muy bien herir en las piernas del contrario con la po-
sición de agarre bajo. Otra técnica factible y aplicable a el típico
escudo persa de mimbre -sparfl- es que la segunda línea percuta
abajo a la sparfl con la lanza para dejarle así abierta la guardia al
hoplita de delante, haciéndolo rotar sobre el eje de agarre central.
La primera línea puede hacer lo mismo en la parte superior del
escudo persa, dejando abierta la guardia abajo para un ataque in-
ferior a las piernas asestado por el compañero de atrás.
> AGARRE Ano de la dor/ a corta di§tan(ia del contrario, posición que permitía clavarla
apre(ia {ómo el diámetro del ajp/.f servía para proteger el costado deíe(ho del com-
> (uando §e llegaba en el oÍA/.fmof al choque e§cudo {ontra e§cudo, lo má§ operativo era
el u§o de la "ÚJ corta e§partana dado la e5casez de e§pa(io para esgrimir la lanza.
e§petó: "añád€Ie entonce§ una zancada" (Plutar{o, »o/a//.a 24lF). §e puede observar que
DE§DE LA QllE §E PODÍA COMBA" CON LA LANZA, que se §ostiene con agarre medio.
El que e§tá de espaldai ciienta (on una prote(ción en bronce para el hombro; se
puede apreciar cómo justo antes de entíar con espada o previendo que su lanza §e
quebrase, Ia x/f)^of debería estar ya preparada y (ogida tra§ el ajpí.j, de ahí que el
hoplita lleva§e el arma §uspendida de ese cordón libre a modo de tahalí. De otra
BIBLlüERAFÍA BÁsl[A
BB)Ems.D„KHloriasl..(T")..ThBrmDpyla84B0B[.ThEmostunBquBlbat-
EuüHamHbfflmMmmú«
MH++h".1. (1"1).. A storm of spEE]rs. UndBrstanding thB BrBBk Mmn«ffü m
hoplite Eil
José Sánchez Toledo es licenciado en C.C. Económicas y Empresariales Í)Ór la Uriversidad de Alcdá de Henares y CSS en Mar-
ketingporlaHarvardUniversity.HasídomiembrodelaasociacióndereconstrucciónhistóricaA:theneaPromakhosyesmiembro
de "span±a Roma¡na,, ha investigado con profusión la historia militar de Grecia y Roma, trabajando como asesor histórico en el
mundo de las miniaturas y con varias Publicaciones al respecto, entre las que destacan los libros T.mperium Leüion±s y CaLbaLlleros
medievales, la era de la Caballería.
4Z | oE§pERTAFERm
n declive cuyo comienzo indudablemente hay que tor que propiciaría la asignación de kJéro¡. entre los espartiatas
pero, más allá de la cifra de bajas, choca la cifra de 700 Jiomo!.oÍ. perio" espartano y del oro persa para incrementar sus propie-
cuando se comparan con los 5.000 que participaron en la batalla dades, lo que habría supuesto una relajación de las costumbres
de Platea (479 a. C.). lacedemonias, tal y como comenta Plutarco (Agi.s, V): "El prin-
El declive demográfico de Esparta fue un hecho que ya en la cipio de la corrupción y la decadencia de la república de los la-
Antigüedad llamó la atención, y así Aristóteles (Po/.11.1270) se- cedemonios casi ha de tomarse desde que, destruyendo el
ñaló que la oJz.gtzr!íhropz.a, la ``escasez de hombres", hizo que el es- lmperio de los atenienses, comenzaron a abundar en oro y
tado espartano fuera incapaz de sostener un solo revés, Leuctra: plata». Esta élite invertirá en tierra, sobre todo a partir de que,
"Los hechos mismos han demostrado bien claramente el vicio
desde finales del siglo V a. C., se pudieran realizar compraventas
de la ley en este punto; el Estado no ha podido soportar ni un ficticias enmascarándolas como donaciones o herencias. El em-
solo revés, y la falta de hombres ha causado su ruina". Para este pobrecimiento de una parte de los ftomo!.oi. habría imposibili-
fenómeno se han dado múltiples explicaciones, desde el infan- tado sus aportes a la mesa común, el sjíss¡.f¡.07¡, siendo expulsados
ticidio de los niños débiles a la flgoge con su secuelas de aversión de las filas de los iguales, algo de lo que podría ser reflejo la apa-
hacia las relaciones heterosexuales, pero para una explicación rición de grupos intermedios como los #eodflmoczez.s. Los resul-
coherente hay que mirar la evolución económica y social de Es- tados inmediatos de Leuctra y de la invasión tebana del siguiente
parta desde el siglo V a. C., y así diversos autores consideran el año, con las amputaciones territoriales, la defección de algunos
terremoto del 465-464 a. C. como un punto de inflexión. Se dice periecos y la secesión de Mesenia -donde estaban la mitad de
que hasta 20.000 espartanos murieron a causa del temblor de los kjéroi.-, adonde huiría buen número de hilotas, son factores
tierra -aunque evidentemente no todos serían homoi.o¡., ciuda- que se coadyuvan en ese mismo sentido. Así, a mediados del
danos de pleno derecho- al que siguió una revuelta hilota. La siglo 111 a. C.:
> Anverm de un tetradracma de plata de CLEÓMENE§ 111, (. 227-222 a. C., tocado (on diadema, atavío propio de los monar(a§ helenistico§.
Cuando Agis IV subió al trono en 244 a. C. trató de llevar a cabo política de su padre, pero en ese año, tras su aplastante victoria
una serie de medidas orientadas hacia la restauración del anterior en Ladocea sobre el ejército aqueo, comenzó a poner en prác-
tica un programa de reformas que continuaba y profundizaba
poderío de Esparta, eclipsado más si cabe por el ascenso de la
las de Agis, buscando la igualdad entre los espartiatas, dado
Confederación Aquea. Para ello constató que era necesario "res-
tablecer la igualdad y llenar la ciudad de habitantes" (Plutarco, que la "pobreza y la riqueza" (Plutarco, CJeóme#es, X), esto es,
las diferencias sociales, eran las pestes que se habían introdu-
Ag¡.s, VI), esto es, de ciudadanos capaces de incrementar su po-
cido en Esparta y la causa de sus males. Dejando a sus tropas
tencial militar. El monarca, pese a contar con uno de los mayores
ciudadanas, entre las que podía haber opositores a sus planes,
patrimonios de Esparta, recuperó el antiguo modo de vida lace-
en Arcadia, Cleómenes volvió en una marcha relámpago a Es-
demonio: "renunciando a todo lujo [...] empezó a hacer gala de
parta y ejecutó un golpe de estado: cuatro de los cinco éforos
la capa espartana y a gustar de las comidas, de los baños y del
fueron asesinados junto a diez de sus partidarios, y se envió a
modo de vivir lacónicos, diciendo que en nada tenía el reino si
otros ochenta opositores al exilio. Controlando ya todos los
por él no recobraba las antiguas leyes y las costumbres patrias". resortes del poder, procedió en primer lugar a la cancelación
(Plutarco, Agz.s, IV). de deudas, que ya llevara a cabo Agis. Como aquel, Cleómenes
Las medidas que Agis propuso a la gero#s¡.c! en 243 a. C. fiie- ofreció sus propiedades al tesoro común, y con él sus partida-
ron la abolición de las deudas y una división de la tierra, con la rios, para, acto seguido, llevar a cabo un reparto de 4.000 kJéro¡.
creación de 4.500 nuevos k/éroí. en el valle del Eurotas para los es- entre los homo¡.o¡. empobrecidos y entre periecos y mercenarios
partanos pobres y 15.000 lotes más en territorio perieco para a los que convirtió en ciudadanos. Se reinstauraron las syss¡.íz.a
aquellosperiecoscapacesdellevararmas.Además,deentreestos y la disciplina tradicionales, además de la agoge.
y de entre los forasteros adecuados por su preparación militar se Con esa ampliación del cuerpo ciudadano Cleómenes con-
escogerían nuevos ciudadanos para llenar las filas del po/i.£e%ma siguió reforzar la potencia militar de Esparta, equipando a
-"cuerpo ciudadano"- lacedemonio. Por último, se instituirían estas tropas a la macedonia -con sarz.ssa, una pica de alrededor
denuevolaagogeylascomidascomunales,mediosparacohesio- de 5,5 m y peJíe, pequeño escudo circular-, más de un siglo
naralpoJi.fe#mc},quehabíancaídoendesuso.Pero,peseahaberse después de la batalla de Queronea, lo que da idea del conser-
asegurado apoyos entre la élite espartana y a contar con el apoyo vadurismo espartano y su reticencia a las innovaciones. Este
delaapeJJa,laasamblea,queensumayorparteformaríanciuda- ejército renovado conseguirá una serie de éxitos contra las tro-
danos empobrecidos, estas medidas serán rechazadas por la ge- pas de la Confederación Aquea, destacando su victoria en 226
rows¡.a a instancias del otro diarca, Leónidas. Este hubo de exiliarse a. C. en Hecatombeon, por lo que se entablaron negociaciones
ante un "golpe de estado» de los partidarios de Agis, pero al año en las que Cleómenes se ofreció a integrar a Esparta en la Con-
federación a cambio de que le fuese entregado el liderazgo de
siguiente,aprovechandolaausenciadeljovendiarca,encampaña
la misma. Rotas estas por las maniobras de Arato de Sición, se
junto a las tropas de la Confederación Aquea, regresó. Leónidas
reanudaron las hostilidades, que fueron un paseo triunfal de
se hizo con las riendas del gobierno, para ejecutar a Agis antes de
Cleómenes por el Peloponeso septentrional, tomando Argos y
que sus partidarios se movilizaran.
pasándose a los espartanos ciudades como Fliunte o Cleonas,
ya que ``grande fue entonces la turbación de los aqueos, incli-
CLEÓMENES 111
nándose las ciudades a la rebelión; de parte de la plebe, porque
Ironías del destino, sería el hijo de Leónidas, Cleómenes 111 (r.
esperaba el repartimiento de tierras y la abolición de deudas,
235-222 a. C.), quien llevara hasta sus últimas consecuencias las
y de parte de los principales, porque les era molesto Arato, y
reformas de Agis. Desposado por su padre con la viuda de este, aún algunos habían concebido ira contra él porque les traía los
Agiatis,pareceserqueestahabríainfluidoeneljovenCleómenes macedonios al Peloponeso" (Plutarco, CJeómc#es, XVII).
con el recuerdo de las intenciones de su primer marido. Como Este párrafo de Plutarco indica, por una parte, cómo las es-
Agis, Cleómenes era consciente de la debilidad política y militar
peranzasrevolucionariasinflamadasporlaactuacióndelmonarca
de Esparta, cercada por una Confederación Aquea que había in- espartano habían contagiado al pueblo de muchas pojez.s pelopo-
tegradoaMegalópolis,enemigaperenne,yqueen229a.C.haría nesias y, por otra, cómo surgen disensiones entre los dirigentes
lo propio con Argos, otro de sus rivales seculares. Cleómenes de la Confederación Aquea, muchos de los cuales no verían con
buscó la alianza con la Confederación Etolia, rota la entente anti- buenos ojos las negociaciones de Arato con la archienemiga Ma-
macedonia de esta con la Confederación Aquea, y unió en una cedonia. Pero para Arato habría pesado más el miedo a la revo-
coalición a los aliados de la primera en el Peloponeso: Tegea, luciónsocialquelainquinacontraMacedonia,porloqueoffeció
Mantinea, Orcómeno, Cafis y Élide. Se desató así la conocida a su monarca, Antígono Dosón, la fortaleza del Acrocorinto -uno
como "Guerra de Cleómenes" (229/8 y el 222 a. C.). de los "grilletes de Grecia", posición clave que controlaba el
44 | DESFlmTAFERRD
o§(endor lo.olino de Evo§. le siguen 60~ {on 8.000 lalangitas pre{edidos poi 3.000
aqu®,] (ó.000).
r,onte Oli
huida
Monle Olimpo: (leómene§ ol mondo de
rme:`üesdo°dna¡."'Ob*§Grvor
1 Kilómetro
J':
nia. Cléomenes había bloqueado los pequeños pasos montañosos aqueos y 1.000 falangitas de Megalópolis. En el flanco izquierdo,
y esperó al enemigo en Selasia, en la ruta que sigue el curso del para asaltar el monte Olimpo, Antígono dirigiría personalmente
río Enunte hacia Esparta, un lugar donde el valle se estrechaba y al cuerpo de élite de 3.000 peltastas (pese a esta denominación
(unos 29.000 hombres frente a sus 20.000). Dos elevaciones do- de plata»-, precedidos por 3.000 mercenarios,1.000 galos y 1.000
minaban el paso, la colina de Evas, al oeste del río, y el montecillo agrianos. Para coordinar la acción en un frente tan extenso -con
Olimpo, al este. Fortificó ambas con un foso y una empalizada y una distancia de más de 2 lm entre un flanco y otro-, Antígono
dispuso a sus tropas de la siguiente manera: sobre el Evas se dispusoqueiliriosyc#aJkasp!.desdebíanavanzarcuandodesdeel
apostó su hermano Euclides al mando de unos 6.000 periecos y Olimpo se elevara un lienzo sobre una sflrí.ssa, mientras que la ca-
aliados peloponesios, seguramente armados como Íhwreophoro¡. ballería cuando el paño fi]ese rojo.
-con escudo alargado, fJ¡wreos, y lanza-; cerrando el camino, Durante la noche los ilirios se desplegaron en las faldas de la
junto al río, dispuso a su caballería, que incluía tarentinos -caba- colina de Evas, y al despuntar el alba el flanco derecho de Antí~
llería ligera-, unos 1.000 hombres y, dándoles apoyo, parte de sus
gono comenzó a ascenderla con rapidez. Con tanta presteza avan-
mercenarios, unos 2.000 hombres de infantería ligera -arqueros zaronquesobrepasaronalacaballeríaytropasligerasmercenarias
cretenses, honderos, lanzadores de jabalina-; Cléomenes se esta- de Cleómenes que guarnecían el valle: las tropas ligeras vieron la
cionó en el monte Olimpo con sus 6.000 fflangitas y con el resto oportunidad y comenzaron a atacar la retaguardia de los aqueos
de sus mercenarios, unos 5.000. Se trataba de una disposición im-
que cerraban el flanco macedonio, para el que las perspectivas no
ponente: eran muy halagüeñas, atrapado entre las tropas de Euclides en la
cima y los mercenarios detrás. Sin embargo, la perspicacia de un
El aspecto de su posición se asemejaba a la guardia de los
joven comandante de caballería aqueo, Filopemén, salvó la situa-
buenos luchadores. No faltaba nada de lo necesario para ción: intentó persuadir a Alejandro, jefe de la caballería macedo-
el ataque o la defensa, sino que la línea era sólida ya fuese
nia, para que cargasen sin esperar a que se alzara el paño rojo que
para ofrecer batalla o para sostener una posición casi in- debía ordenar el avance, y ante su negativa tomó la iniciativa y se
vulnerable. (Polibio, 11.65)
lanzó con los 300 jinetes aqueos contra el enemigo. El resto de ca-
ballería macedonia no tuvo más remedio que seguirles, forzando
Antígono renunció al ataque y fortificó su campamento a
a los mercenarios de Cleómenes a volver sobre sus pasos para apo-
poca distancia, protegido por el riachuelo Górgilo. En los días si-
yar a su caballería. También la fdta de iniciativa de Euclides tuvo
guientesintentótanteareldispositivoenemigoenbuscadealgún mucho que ver, ya que en lugar de hacer avanzar sus tropas contra
puntodébil,sinencontrarlo,perofinalmentedecidióentablarba- los falangitas c#aJkasp!.des y los ilirios, aprovechando que debían
talla, probablemente fiado en su superioridad numérica y te-
ascenderporterrenoquebrado,esperóenlacimadelacolina,tras
miendoqueelfinaldelveranoobligaseadesbandarsustropassin
su empalizada. Cuando los enemigos llegaron allí prevaleció la
haber batido a Cleómenes. Este tampoco podía declinar el en-
profesionalidad y el empuje de la falange macedónica, auxiliada
cuentro: diez días antes un enviado de Tolomeo le había comu-
por los ilirios que asaltaron los flancos de la colina, y los periecos
nicado que aquel había decidido cortar el envío de los subsidios
laconios huyeron en desbandada por las abruptas faldas del Evas.
con los que el espartano pagaba a sus mercenarios. Curiosamente,
En el centro ambas caballerías chocaron, destacando la actua-
si Cleómenes hubiese podido dilatar unos días más el choque An-
ción de Filopemén, capaz de seguir combatiendo después de
tígonohubieratenidoqueretirarse,yaquepocodespuésdelaba-
arrancarse una jabalina que le atravesó ambos muslos. Y en el
talla fiie informado de que invasores ilirios habían penetrado en
monte Olimpo, Antígono avanzó hacia la cima donde Cléomenes
Macedonia y hubo de regresar a su patria.
tenía su campamento, aprovechando una cresta que salvaba las
Antígono dispuso a sus tropas de una manera no menos in-
laderas más empinadas. En primer lugar avanzaron sus galos,
teligente que su oponente. En su flanco derecho, para asaltar la
agrianos e infantería ligera, que chocaron contra los mercenarios
colina de Evas, alineó en vanguardia a 5.000 falangitas chc}Jkaspz.-
de infantería ligera enemigos. Allí combatieron a distancia, inter-
czes -``escudos de bronce''-, intercalando entre ellos grupos de
cambiando dardos, o 11egando al cuerpo a cuerpo, hasta que
fhLfrcophoro!. ilirios (un total de 1.600). Con esta disposición in-
tentaba que la rígida falange no se quebrara al ascender la colina, Cleómenes observó la debacle en el Evas y que abajo en el valle
con los ilirios dando flexibilidad a la formación, capaces de cubrir su caballería cedía. Temiendo que el victorioso flanco derecho ma-
los huecos que se produjeran durante el avance. Tras ellos mar- cedonio le atacará por la retaguardia, decidió jugarse el todo por
chaban infantes acarnanios, beocios y epirotas (unos 4.000 hom- el todo. Hizo salir de la empalizada a su falange y ordenó, me-
bres), probablemente también intercalando falangitas y diante toques de trompeta, que su infantería ligera se retirase. La
Íh#reop#oro!., y cerrando la marcha 2.000 Íft%reopftoroi. aqueos. enemiga hizo lo propio, y avanzó la falange macedónica distri-
En el centro, siguiendo el curso del río, dispuso a su caballería, buida en dos cuerpos con un frente de 250 hombres y una pro-
unos 1.200 jinetes, tras los que avanzarían 1.000 fhwrcophoroí. fundidad de 16. Un choque tremendo se produjo:
> Escaramuza de lo§ mercenario§ de Antigono Do§ón contra la iníantería ligera de Cléomene§ 111, en la PUGNA POR EL MOHTE 0LIMPO. A la izquierda vemo§
a lo§ prime", armados (omo Wüffúmmo{ con su§ escudo§ ovalado§,urobablemente introducido§ en Grecía por lo§ mercenario§ galo§ o tra§ las
campaña§ itálicas de lo§ reyes epirotas. Aunque esto§ e§cudos recibían §u nombre -ibu/£of "puerta" -, por su envergadura lo§ adoptado§ por lo§ ejército§
helenistico§ eran de menor tamaño qiie §u§ paralelo§ galos o itálico§. Combaten con lanza§ qLie podian §er tanto arrojadas como empleadas a corta
di§tancía, y aunqiie no cuentan con amadura corporal §í llevan ca§co§ de tipo antigónida y pilo§ con carrilleras. Frente a ellos, un grupo de ARQUERO§ Y
lloNDERO§ CRETEH§[§ descargan su§ proyectile§; dada la agilidad de movimientos con que debían contar §u única protección era un pequeño aJp/.J que
colgaban de §u e§palda al disparar, y que empleaban en el caso de tener que llegar al cuerpo a cuerpo. Alguno de ellos §e toca con el peíaJoj. sombrero
tradicional qiie podía evitar que el sol le de§lumbra§e al apuntar. En la di§tancia ve" a la§ do§ [ALAIIGE§ aguardar, a la izquierda lo§ peltasta§ y
argira§pide§ muA€doriios y en la cima de {olina la Íalange e§partana. u" y otro§ con §u§ peltas circulare§ y §u§ Ja/i.JJaí., di§pue§tos para el choque.
su combinación con tropas más ligeras -como los Íhwreopftoroj., ómenes puesto en la cruz vieron una serpiente bastante
capaces tanto de luchar en orden cerrado como de escaramucear- grande enroscada en su cabeza, y que le cubría el rostro
y de proyectil permitía que se desplegase en otros escenarios y de tal modo que ninguna ave carroñera podía acercarse a
cumpliese su cometido. comer sus carnes. [ . . . ] los de Alejandría. dieron en concu-
rrir a aquel lugar, invocando a Cleómenes como héroe e subvencionado por el Ministerio de Ciencia e lnnovación
hijo de los dioses. (Plutarco, C/eómcMes, 39) (IIAR2008-02612).
sus predecesores e intentando plantar cara a la Confederación [artlBdgE. P., SpawfDrth, A. (I9E9): #g//gní.sÍÍ.4 God«oman §paría. A Ía/£ o/
bargo, eran ya esfuerzos fútiles: si las viejas po/ez.s aún podían [awkwell, 6. L. (1983): "The DEBlim Df §parta". En Jh£ 4/ass/'4a/4uarígr/y
intentar mantener su autonomía frente a las nuevas confede- Mw §gr/.gs, VDl. 33, No. Z, pp. 385-4DD,
Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación OC- VDl. 8i, No. 3 (Jul., lEBl), pp. 3ZE!-33D.
AüiertoPérezesticenciadoenHistoriayenCienciaEmpresarialesporlaUA.M,MásterenHistoriayCienciasdelaAntigüedad
r:=§porlauAM/UCM,colaboradorhabitualdeAnc±entwar£areycoeditordeDespertaFerro.
.u:íj;
por Tomás Aguilera Durán
Universidad Autónoma de Madrid
LA FALSEADA IMAGEN QUE LOS AUTORES CLÁSICOS CREARON DE ESPARTA LA CONVIRTIÓ EN UNA
AUTÉNTICA LEYENDA. SU EDUCACIÓN MILITARISTA Y EXTREMA AUSTERIDAD, SU PRIMIGENIA OLI-
GARQUÍA Y LA SUICIDA GESTA DE LAS TERMÓPILAS HAN PROVOCADO A LO LARGO DE LOS SIGLOS
ocos enclaves históricos -quizá solo la propia Roma- han todo aquello que caracterizaba a Atenas -comercio, democracia,
jaron de la polis, aquella que la convirtió en leyenda desde la pro- una igualitaria casta oligárquica (tiomo!.o¡.) sustentada por una
pia Antigüedad. gran masa de semi-esclavos (¡.Jofas) y cribada por medio de un rí-
Por encima de todo, hay que tener en cuenta que la visión de gido sistema eugenésico: todo aquel recién nacido débil o enfermo
Esparta que nos ha sido transmitida es una visión exógena: no sería sacrificado en el monte Taigeto; los niños supervivientes se
proviene de los propios lacedemonios -de literatura casi inexis- enfrentarían a una brutal educación (agoge'), estatal y militarista,
tente-, sino que se formó básicamente a través de los ojos atenien- que les alejaría de sus familias para formarlos en la más absoluta
ses, sus más acérrimos enemigos. En ese sentido, los historiadores austeridad y el entrenamiento físico más extremo. Detrás de todo
y pensadores áticos la presentaron como el reflejo antagónico de ello estaba la nebulosa figura de Licurgo, el semi-mítico legislador
DESFIERTA FERRD | 49
> JEIIIIE5 FILJE5 §F""TES PR010QllNT DES GARPNS Edga!r Degas` 1860` Ndri\onti GflNk€ry. londres.
que creara el sistema en algún momento del pasado más remoto DE PROFETAS A COMUNISTAS
de la ciudad. En la Edad Media Esparta continúa siendo un modelo a seguir,
Esta recreación del mundo espartano, sin duda exagerada, sir- en este caso, como no podría ser de otra manera, desde una pers-
vió para degradarlo y ridiculizarlo como enemigo, pero no siem- pectiva cristiana y monárquica. Son especialmente abundantes las
pre fue vista como algo negativo. Fueron muchos los intelectuales referencias tardoantiguas y medievales a Licurgo: su labor legis-
pro-espartanos que se sintieron atraídos por esa realidad primitiva ladora se cristianiza, de manera que muchos religiosos vieron su
y la asumieron como modelo de rectitud moral al criticar los ex- régimen de extrema austeridad como un ejemplo del mensaje de
cesos y la degeneración de la propia Atenas. Esa idea será un lugar frugalidadyespiritualidadreveladoporDios.Elmododevidaes-
común en toda la literatura, historia y filosofía griega, pero quizá partano se identifica con la sencillez del cristianismo primitivo -
el caso más trascendente sea el de Platón, quien tomó a Esparta especialmente al criticarse los excesos de la lglesia de Roma- y
como referente para su modelo político ideal, oligárquico, rigu- Licurgo es considerado como el profeta que inculcó el mensaje
roso y tradicionalista, concebido como la única vía para evitar la divino en aquellos tiempos paganos. Al mismo tiempo se perpe-
corrupción de la democracia y la tiranía. Pero no solo fue exaltada tuaba la figura de Leónidas como el rey ejemplar, como el sobe-
su moralidad: la máxima expresión de sus virtudes se plasmaría rano justo y moderado que se sacrifica en la guerra por bien de
en sus extraordinarias cualidades bélicas y sus gestas militares; su pueblo, un estereotipo que nunca le abandonará.
entre otras, la resistencia de los 300 de Leónidas en las Termópilas No obstante, la idealización del mundo espartano alcanzará
se convertirá, desde Heródoto, en un símbolo universal de hero- su máximo esplendor cuando se incluya en los debates políticos
ísmo y sacrificio patriótico. de época moderna. Si Roma era un modelo de imperio y Atenas
La sugestiva sombra de Esparta y sus tópicos, cada vez más de democracia, para los grandes pensadores renacentistas como
mitificados, calarán profiindamente en el pensamiento del mundo Maquiavelo, el sistema espartano se convierte en el modelo aris-
romano. Uno de los ejemplos más célebres e influyentes es el del tocrático por excelencia. Era el ejemplo de cómo una pequeña po-
tencia puede alcanzar la gloria cuando está gobernada por los
griego romanizado Plutarco, quien escribió fascinado la biografía
de Licurgo y varios reyes espartanos. De acuerdo con la imagen mejores; la comparación coetánea es clara: desde el prisma rena-
heredada, Lacedemonia es vista por los latinos como una utopía centista, Esparta es vista como el prototipo antiguo de la poderosa
en la que el decadente imperio de Roma debería verse reflejado Venecia del momento.
El espejismo es contradictorio y cambiante, y el mito aristo-
pararecuperarlaesenciaypurezaperdidas.Sushazañasmilitares
contra los persas seguirían inspirando a historiadores y literatos; crático evolucionará de forma sorprendente. Durante los siglos
en su recuerdo se instaurarán juegos conmemorativos, se erigirán XVIl y XVIII, con la llustración, la crisis del Antiguo Régimen y
monumentos y se crearán recorridos ``turísticos" por la Grecia ro- las turbulencias políticas previas a las revoluciones, Esparta se
manizada, como sabemos por Pausanias. Esparta ya era un espe- transformará en un modelo de republicanismo. En aquel mo-
mento se estaban buscando sistemas constitucionales que sirvie-
jismo en el que se mezclaba fácilmente realidad y ficción, lo que
asegurará su pervivencia más allá de la Antigüedad. sen para controlar o sustituir a las monarquías absolutas. En esa
idea encaja -o se hace encajar- el sistema espartano
segúnelcuallosdosreyesdelaciudadestánlimitados
puesto sistema comunal espartano para justificar la expropiación dramáticos extremos. Más allá de la común consideración de la
y reparto de las propiedades de la nobleza. No obstante, el mito polis como un lugar utópico e incorrupto, ciertas ideas comen-
revolucionario no desaparece, pervivirá y resurgirá a lo largo de zarán a reforzarse de acuerdo con la mentalidad belicista y jerár-
todo el siglo XIX de la mano de las nuevas corrientes socialistas. quica de Prusia, la potencia que empezaba a imponerse política
Leroux, Cabet o Proudhon volverán a mirar hacia Esparta al ha- y culturalmente en el ámbito germano. De esta manera, se de-
blar de la abolición de la propiedad privada, referencias que lle- mostrará una especial atracción por nociones como la estricta
garán hasta la propia URSS. Paradójicamente, el emblema educación de la agoge', el sacrificio físico por la comunidad o el
cristiano y aristocrático se había transformado en un símbolo de sistema político basado en una élite de elegidos. Esas ideas cul-
la izquierda revolucionaria. minarán a finales del siglo XIX en grandes pensadores como
Nietzsche, que considerará la filosofía espartana como un refe-
DEL TAIGETO A AUSCHWITZ rente fundamental al desarrollar su idea del Superhombre, en
De forma paralela, a lo su búsqueda del equilibrio entre el desarrollo mental y fisico,
largo de los siglos en su exaltación de la violencia o en su rechazo de cualquier
XVIIl y XIX, se rastro de debilidad o compasión que lastrase el desarrollo de la
había ido des- humanidad.
arrollando en Al mismo tiempo, la simpatía alemana por el universo espar-
Alemania tano va a ir adquiriendo tintes racistas cada vez más evidentes.
una fuerte Desde que a mediados del siglo XIX se establecieran las primeras
simpatía por clasificaciones raciales, surgirá en Alemania la idea de que existía
Esparta; esa fascina- un íntimo parentesco entre la antigua Germania y la raza doria a
ción generalizada la que pertenecería Esparta, con lo que ambas naciones se creían
adquirirá allí unas unidas por un origen ario común. Ciertos autores, como Haeckel,
connotaciones parti- irán más allá y verán en la selección espartana de los recién naci-
culares que la lleva- dos un modelo a seguir para recuperar la pureza perdida de la
rán a sus más raza alemana; hasta el momento eran solo elucubraciones.
No obstante, tras la Primera Guerra Mundial, la exaltación del
militarismo y el nacionalismo alemán llevarán el mito espartano
hasta sus últimas consecuencias y las discusiones científicas, filo-
sóficas e históricas que se habían desarrollado previamente en
torno a Esparta se simplificarán y radicalizarán con la eclosión del
nazismo. De esta manera, el Tercer Reich se concibe en parte
como un resurgimiento de la antigua Esparta, como demuestra
la expresión "espíritu Nacional-Socialista-Espartano" (Na£¡.o#aJ-
sozialistische-spartanische natur) que se acuñaL en aquenos mo~
mentos. La idea de la educación espartana, su carácter
militarista y la obsesión por el desarrollo de la perfección fisica
se aplica por completo al sistema educativo nazi. El espíritu
de sacrificio de las Termópilas se traslada a sus mensajes be-
licistas y su culto a la muerte; nada tan simbólico como el
nombre Leoni.das con el que se bautiza a un escuadrón ka-
mikaze de la Luftwaffe. La identificación doria-germana se
convierteendogma,llegándoseahablardeuna``comunidad
racial greco-germana", y la teoría de Haeckel se lleva a la
mantaro§,19ó8.
DEspERTAFERRn | 51
nónimo de totalitarismo y crueldad; nada quedará en adelante de daría el espaldarazo definitivo. Estamos ante el rev¡.vci/ del mito
aquella visión utópica que vio en Lacedemonia una tierra de igual- popular de la Guerra Fría pero en un nuevo contexto cultural e
dadyjusticia. ideológico: su versión más reciente está vinculada con las nuevas
mente uno de los momentos álgidos del mito se encuentre en el polarización Oriente-Occidente desde el referente antiguo. Una
contexto de la Revolución griega contra el lmperio otomano que sola frase ilustra perfectamente la nueva deriva del mito: MOJo#
le dará su independencia (1821); el movimiento romántico filo- /az)e (``ven y cógelas"), la sentencia que pronuncia Leónidas
heleno, representado por intelectuales como Lord Byron, exalta- cuando los persas le piden deponer las armas, es el lema de moda
ron entonces la epopeya de Leónidas como símbolo del espíritu en EEUU entre los grupos partidarios del derecho individual a
del pueblo griego que ahora debía recuperar para salir de su le-
portar armas de fuego.
targo y liberarse de nuevo de la tiranía oriental.
Hoy sabemos que, al hablar de Esparta, tenemos que tener en
En los años 50 y 60 del siglo XX, la Guerra Fría resucitará el
cuenta que un extraordinario universo mítico e ideológico se ha
mito una vez más para convertirlo en el emblema de la resistencia
ido construyendo en torno a la polis, enmascarando su verdadera
de las democracias occidentales ante la amenaza soviética. Esta
historia: ni sus gestas fueron tan heroicas, ni sus instituciones tan
analogía tendrá un enorme éxito en la mentalidad estadouni-
originales, ni su cultura tan pura. Por encima de todo estamos
dense, fomentando a su vez, de nuevo, el nacionalismo de la pro-
ante un estereotipo que, formado en la Antigüedad y perpetuado
pia Grecia, último reducto democrático en la Europa del Este. Esa
simbiosis se materializaría en la erección del monumento a Leó- a lo largo de la Historia, se ha utilizado en cada momento para
nidas que se levanta en los sitios de las Termópilas (1955) y Es- inspirar y justificar determinados discursos. Por muy fascinante
parta ( 1968) con financiación estadounidense, o en la película 77% que sea el espejismo, poco tiene que ver con una realidad histórica
300Sparíc¡#s(1961),norteamericanaperorodadaenGreciaycon infinitamente más compleja.
la colaboración de su Ministerio de Defensa. Si bien los puntos
más oscuros del sistema espartano, ya inevitablemente asociados
con el fascismo, serán desde entonces obviados o suavizados, la BIBLll]ERAFÍA BÁSIEA
La caída del Muro propiciará un nuevo periodo de olvido; Thought: PDli[ics, History and [ulture, SwansBa, Hasstical FrBss ti
últimos tiempos. Proviene, de nuevo, del ámbito estadounidense rl"san, E. (lqEE).. The SpBrtBn trBdition in EuropBBn thought, Hx:hrd. Dx-
É:|Foo,?aáÁf,:::Ja"ea"?fl";:,;:::d/ao;e;;;.y;;Í#,oía'"j:,c;:,ds:dea"dHésoí:r;;"P,::s':íe"íC¢r;Í,#;:,:aaJ,ammea":;ae?,:s?:;;:;;z"fldd.o:z:;::
doctoral acerca de laformación y transmisión de estereotipos sobre los pueblos bárbaros de la Península lbérica en la Universidad
ALulónoma de Madrid.
Cr,
pectos menos relacionados con la faceta bélica, como el urbanismo púnico -que sirve para
imaginar Cartago-, la religión fenicia o los ritos funerarios, aunque también incluye un breve
pero acertado acercamiento a las marinas cartaginesa y romana durante sus enfrentamientos
ISBN: 978-84-96813-71 -7
en las dos primeras Guerras Púnicas. En el segundo bloque destaca la aportación de Pedro
Páginas: 537
Barceló, una aguda reflexión sobre la transformación de la guerra en Occidente hacia modelos
Autor: S. Remedios, F. Prados y
helenísticos, junto con otras sobre la familia Barca, los mercenarios ibéricos o la magistratura
J. Bermejo (Editores)
de Aníbal, sufeta en Cartago tras Zama. Que la arqueología nos seguirá deparando sorpresas
Editor: Ediciones Polifemo
Web editor: y ayudando a ensanchar el conocimiento histórico queda claro en los artículos del tercer blo-
www.polifemo.com que, tal como explica en el primero de ellos Manuel Bendala. Y que la memoria del genial co-
mandante cartaginés pervivió y ha impregnado buen número de manifestaciones culturales
europeas queda claro con los textos que ponen colofón a este volumen, imprescindible para
cualquier interesado en Aníbal.
que quieran conocer la pasta de la que estaba hecho el combatiente espartano: desde la inmi-
sericorde educación, directamente dirigida desde los siete años a forjar guerreros, su aparien-
cia y vestido o su panoplia -con algunas diferencias respecto a hoplitas de otras poJe!.s griegas-,
a su sistema de valores o ese comportamiento en batalla que tanto admiró a sus contemporá-
neos. Campbell no se limita a repetir conocimientos adquiridos, y se agradece por ejemplo la
ISBN: 978-1 -84908-700-1
aportación novedosa de cuestionar que la /cimbdci -A- de Lczkcdc#.mo# realmente adornara
Páginas: 64
los escudos espartanos; para él, la noticia que tenemos al respecto podría derivar de una gro-
Autor: Duncan 8. Campbell
sera broma del comediógrafo ateniense Eupolis con el verbo Jc#.kc!ze!.#. El aparato gráfico está
llustrador: Steve Noon
muy bien escogido y las láminas de Noon reflejan bien algunos momentos poco habituales -
Editor: Osprey
el sacrificio de un cabrón en Platea o la erección de un trofeo tras la victoria de Mantinea del
ldioma: Inglés
Web editor: 418 a. C.-que, además, muestran a los espartanos como eran: hombres, entrenados sí, pero
Autor: Paul Mortimer se divide en tres partes. La primera y más extensa constituye una minuciosa relación dedicada al ar-
Editor: Anglo Saxon Books mamento, tanto ofensivo como defensivo. Es muy de agradecer que, en lugar de centrarse exclusiva-
ldioma: Inglés mente en los hallazgos arqueológicos británicos, la obra abarque todo el ámbito de la cultura Vendel
Web editor: escandinava. Resulta especialmente útil poder contar con información detallada en inglés acerca de
~.asbooks.co.uk losajuaresfimerariosdeVendeloVdsgárde,puesnormalmenteestasóloseencuentraensueco,danés
Reseña: Yeyo Balbás o alemán. El segundo apartado, dedicado a la sociedad y la religión, ha sido realizado por un especia-
lista de la talla de Stephen Pollington, y estudia tanto las reuniones llamadas symbe/, esenciales para
comprender su estructura guerrera clientelar, como el entrenamiento y reclutamiento, el tamaño de
los ejércitos, las tácticas y la psicología en combate. Tampoco podía fáltar, al hablar de una actividad
tan íntimamente vinculada con la muerte como es la guerra, un estudio sobre los valores éticos y cre-
enciasreligiosasdelcombatientegermánico.Latercerayúltimaparte,acargodeNigelAmos,miembro
destacado de Reg!.a A#gJorwm, se titula elocuentemente "reviviendo la guerra" y nos aporta una inte-
resante perspectiva sobre el uso práctico del armamento, basada en la experiencia que este grupo re-
creacionista ha ido acumulando duante décadas.
La piratería en la Antigüedad
Es de agradecer que Renacimiento haya decidido publicar en castellano esta obra clásica sobre la pi-
ratería en la Antigüedad, que Henry A. Omerod publicara ya en 1924, y que pide ser leída sobre la
cubierta de algún bajel que surque el Egeo, con la sal en la comisura de los labios; como me temo
que para quienes esto leen, como para quien 1o escribe, eso queda en la categoría de los deseos, nos
quedan al menos estas páginas para soñar con esos mares que hasta fechas muy recientes -ihasta co-
mienzos del siglo pasado en dominios otomanos!-han estado poblados por piratas. Omerod conjugó
en este libro su enciclopédica cultura clásica -no en vano fiie profesor de griego en la Universidad
de Leeds y catedrático de Historia Antigua en la de Liverpool- con su conocimiento de la geografía
y la realidad antropológica del Mediterráneo oriental, que es donde principalmente tenemos cono-
cimiento de la piratería en época antigua, aunque el autor dedica también un capítulo a sus émulos
ISBN: 978-84-8472-668-5 de las costas occidentales de ese que aún nadie podía llamar Mare Nosír#m. El libro se lee de forma
Páginas: 320 ágil, y tiene un hálito romántico que engancha, pero si el lector no tiene en mente un esquema his-
Autor: Henry A. Omerod tórico con los principales acontecimientos que jalonan la historia antigua puede perderse; ayudan a
Editor: Renacimiento encontrar el rumbo los dos mapas que cierran el libro, reproducción de los de la edición original,
Web editor:
pero la traducción puede también nublar un poco el horizonte, ya que, a menudo, se han castellani-
www.editorialrenacimiento.com zado topónimos o gentilicios de una manera diferente a la habitual. En cualquier caso, un entretenido
libro sobre un fenómeno que sin duda ha acompañado al hombre desde que el primer osado decidió
lanzarse con una balsa sobre el Ponto vinoso.
E4 | DEspERTAFERRn
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LEGI0 HEROICA
egio Heroica es una marca italiana nacida en 2008 fruto y detalladas, placenteras de pintar y con las que se pueden
L de la pasión de Giuseppe Barbazeni que, tras 30 años como construir grandes ejércitos sin grandes estipendios, aunque
wargamer y coleccionista de miniaturas de 15 y 28 mm, decidió manteniendo el particular placer de maniobrar sobre la mesa
hacer realidad su sueño y de juego con figuras de metal.
Las gamas que actualmente
producir sus propios solda-
ditos de plomo. Giuseppe, comprende el catálogo de Legio
además de ser el escultor, Heroica cubren el periodo feudal,
las invasiones mongolas, la época
gestiona personalmente la
venta y la atención al cliente, de las cruzadas (con ejércitos tanto
cristianos como musulmanes), la
y ha sumado al proyecto co-
laboradores externos para la Roma tardoimperial, con sus res-
fundición (entre los que des- pectivos enemigos godos/germa-
taca el inglés Pete Brown, nos, la guerra de
Borgoña de 1475 y el
que se ha encargado de la
creación de los masters en ^JJpa^J.J otomano§ h .\ "' ! sitio de Viena de 1683,
metal). El objetivo de Legio del siglo Xvll para incluyendo turcos y po-
la gama "Vienna
Heroica es el de producir unas lacos. Además cuenta
l ó83".
modo que permitan a cual- (ito (ruzado, siglo liana, con figuras para
Xll.
los ejércitos piamontés y
quiera, independientemente de
su capacidad como pintor, poder desplegar sobre austriaco. En cuanto al
Giuseppe no se li-
mitan a la Edad Media, sino que abarcan muy distintos perio-
dos históricos.
La elección de Legio Heroica por la escala de 15 mm en un
momento de expansión del 25 mm como el que estamos vi-
viendo con la explosión del plástico se debe a su convicción de
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`
> Cabeza de la momia de §[QUENE" TM 11, según el C2Ía/ogue Cewa/Aní/.qu/.Íej £#pÍ/.ennej dv Mufee du í2/`m.. Íhe Ao/a/ Wumm/.€j de G. EIliot §mith,1912. Hallada en un e§condrijo
de Deir el-Bahar, las flechas señalan la§ {inco heridas que re(ibió en el cráneo, cuatro de ella§ mortales.
Actualmente, la llegada de los hicsos no se considera tanto que el ruido que hacen los hipopótamos en el estanque de Tebas
una violenta invasión como la culminación de un proceso de in- no le deja dormir en su palacio de Avaris, un mensaje de claro
migración asiática que se había ido produciendo progresiva- contenido político. Lamentablemente, el relato se interrumpe
mente en el Delta desde finales de la dinastía XII. Aprovechando antes de que se narren las disposiciones tomadas por Seque-
la debilidad de la monarquía egipcia durante la dinastía XIII, nenra ante este mensaje. Aunque obviamente no puede tomarse
ocuparon Avaris (Tell el Dab 'a) a mediados del siglo XVIl a. C. como auténtica fuente histórica, sí podría reflejar las tensas re-
Unos años después caería Menfis, antigua capital del lmperio laciones entre ambos monarcas y la posición de vasallaje que
Antiguo,yloshicsosacabaríanporcontrolartodoelDelta.Ava- tenía Tebas respecto a Avaris. En conjunto, la situación descrita
ris fue fortificada y amurallada, convirtiéndose en su capital. sería un preludio de la guerra que devendría posteriormente.
Además de la expansión hicsa por el norte, tropas procedentes Aparte del texto, no poseemos muchos detalles sobre las cir-
del reino de Kush (Nubia) atacaron a Egipto por el sur a finales cunstancias políticas de la época. Puede conjeturarse, sin em-
de la dinastía XIII, incendiando y reocupando las fortalezas que bargo, que Sequenenra emprendió la lucha contra los hicsos
se habían construido allí. Esto obligó a las guarniciones egipcias debido a la enorme presión que implicaba su situación geopo-
a replegarse de la frontera y a ceder el territorio perdido a los lítica y a las propias circunstancias de Tebas. Durante la dinastía
kushitas, quienes convirtieron la fortaleza de Buhen en su centro XVII, el Estado egipcio había llegado a reforzar el control sobre
de operaciones. su territorio, así como a perfeccionar su aparato militar. La lle-
De este modo, durante el Segundo Periodo lntermedio, gada de los hicsos propició que se incluyeran mejoras en el ar-
Egipto quedó dividido políticamente en tres zonas: al norte, el mamento, con la inclusión del arco compuesto y del carro de
territorio hicso (el Delta), con capital en Avaris; al sur, el reino guerra. Este último sería en adelante incorporado al ejército
nubio de Kush, con capital en Kerma; y, entre estas dos zonas, egipcio y usado en los enfrentamientos, si bien no se utilizaría
el territorio controlado por los monarcas egipcios, que se exten- de forma masiva hasta mediados de la dinastía XVIII.
día desde Cusae (en tiempos de Kamose) hasta Elefantina. Su Bajo el mandato de Sequenenra las fiierzas tebanas lograron
núcleo era la ciudad de Tebas, razón por la cual se suele hablar avanzar a través del Egipto Medio. No obstante, en el curso de
de "dinastías tebanas" para aludir a las que existieron en este pe- estos enfrentamientos se produjo la muerte del monarca. El la-
riodo previo a la reunificación de Egipto. mentable estado de su momia (que presenta en el cráneo cinco
Sabemos que, desde el principio, hubo muestras de resisten- heridas por hacha, maza y lanza) ha dado lugar a varias teorías
cia por parte de faraones como Neferhotep 111, quien aparente- sobre las circunstancias de su fállecimiento, que incluyen la con-
mente habría repelido con éxito un ataque directo contra Tebas. jura palacial y la ejecución a manos de sus enemigos. Sin em-
Sin embargo, la situación se tornó complicada para la indepen- bargo, la hipótesis más probable es que Sequenenra muriese en
dencia del Estado egipcio. Tenemos constancia de que en época suelo extranjero durante un enfrentamiento contra los hicsos.
del rey Khian (c.1625 a. C.) una guarnición hicsa se situó en Ge- Su cuerpo habría permanecido tendido durante un tiempo en
belein, al sur de Tebas; esto parece indicar que, en un momento el campo de batalla, propiciando la aparición del rz.gor moríí.s
dado, los monarcas tebanos tuvieron que rendir vasallaje a los que la momificación (realizada precipitadamente y sin la técnica
señores de Avaris. de la región tebana) no pudo paliar.
No obstante, pronto asistimos a una evolución del papel del
monarca tebano, cuya figura se fortalece y se vincula más al ejér- LA LUCHA DE KAMOSE CONTRA APOFIS
cito, preparándose para hacer frente a la tensa situación en la Su sucesor, Kamose, continuó la lucha contra los hicsos. Hijo
que se hallaba Egipto. Será este el comienzo de las llamadas de Sequenenra (o, según otra teoría, hermano de dicho mo-
"guerras de liberación" respecto a los hicsos, cuyo conocimiento
narca), será el último faraón de la dinastía XVII, y por tanto, del
procede de fiientes casi exclusivamente egipcias. Segundo Periodo lntermedio. El relato de sus acciones militares
contra Avaris se ha conservado en las dos EsíeJas de Kamose y
EL DESPERTAR DE TEBAS en la TabJ¡./Ja Car#flrvo# (una copia de la primera estela), que
El monarca que inició este proceso fue Sequenenra Taa 11 (c. constituyen una fi]ente indispensable sobre la situación geopo-
1565-1556 a. C.), llamado "el bravo", penúltimo rey de la dinas- lítica y los conflictos bélicos de este periodo.
tía XVII. La única referencia literaria que tenemos para este pe- Suponen ya desde el principio una justificación de la política
riodo procede de un texto literario tardío, La qwereJJa de Apoj.s que seguiría Kamose contra los hicsos y un medio para exaltar
y Seqe#c#ra, conservado en el papiro Sa/j!.er J, de época ramé- la figura del propio monarca. En la primera parte de la narración
sida. En él vemos cómo el rey tebano recibe un mensaje amena- vemos cómo, mientras los miembros de su consejo se inclinan
zante procedente del gobernante hicso Apofis. Este se queja de por una actitud pasiva e inmovilista, el rey se rebela contra la si-
EGIPTO
EMONÍAHICSAALAVICTORIATEBANA
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Fr?.n_t_B.a_l_@LV_@jn_B:B_j:!.:.n_0_, l:: !íc_S.0_S_Fr_B_S.B_n_t@n `\
La ÜBupaciún hi[sa dBI Bajo Egipto m fuB rBPBntina, sim quB si]brBvim lEnta-
mEntB, pasn a pasD, a mBdida quE IDs invasi]rBs tnmaban u snmBti'an una a una
ti]d@s y cada una dB l@s pDblaciDnes. FUB un proBBso que durú dÉi:adas pEm quE
una fai:hada irrEgular, En dundE 81 podEr
al finalizar lE!s pBrmitiú disfrutar dE la pnsEsiún de ti]do el i:aLicB del NilD hasta
BEntral, basadn Bn Avaris, dnmim snbrE un
Pathirys. PoEo dBspuÉs, inExpliBablEmEntB, B1 pDdEr hiBso sE fragmentú Bn 81
tBrritnrin rBpartido EntrB pndBrEs lnBalEs. la
DElta, al tiBmpo quB surgía En Tebas una nuBva dinasti'a Bgipcia, la Xvll. tiuB sErá,
mElyor parte Bgip[ios. Snn aquBIlos a lns quB
ci]n 81 tiBmpo, la quB BxpulsB dB Egiptn a lns hii:si]s.
hs farannE!s tEbani]s llamarán traidnrBs a
Eg.iph 5hahunn° ®
© 'án60 . .. _`_ _
[ün Ahmi]sB. sE [nnBluyE la larga gLiE!rra dB libEraciún. Los últi"s territi]rii]s
del delta B\n 81 que sB sostBnían son conquistadüs y su capital. Avaris. pargce
HIC505 / - -__-r,
®
v©Ü\\"pe:-"qi!flTg,,::::e) fqa:r:a#:A#i!o#Ei::Ei'i:a:'aiBBdsr::,t!a:C],U:d:an::::::t:Ü:e:sd::pÜ::rt###::Ei::isia::hi,tEso:!P:t,!
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-o,Íffuu#biíjá-óJ;,oo:::A,"-vB::,:j;,,",:,iJ;ff"\`-PD,ft,Caa@:::Ít\-iam`,BrnntnB,:Íast,,i:i:i-rivsíun7Pao:Bar,:::7Ban:Ti#,,`::ri"-,@
rEJZ 'Af.rar"/Uáen„,5!ii.;í:o:'.":'::;u;;.: t"n":ó;oiJ, ' -:§to--|a\f-ro-tBba-V::::nytE@,BB,a'nEZ:,oadhooFtar,:::asBudmEsas st
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-;a`* -qE:S:t'aÉ,:elaiEB#,Í:Íi::s,z::oiíoSss:t:BUÉs::as:É@Í.o
Terri[orio hicso
Buheno¥
2acatara.t?....
II
i:ial a travÉs dBl desierto duraba i:uarBnta di'as.
-
Ahmi]sB Ilevai.á la fmntEra hasta más allá di: la
Jmun (Hermópolis) © Kerma
Hermópolis: nombre qrieqo isla dE Sai. Li]s kushitas m reprBSBntarán ya una
3a Catarata
amt!naza para 81 lmpBrio.
fl ZDÜ
+++ tT ;
::N::r::::J:;e:::o,e:nes;uro::ifaíiia::,oi¥f;:u:e::¥.Ísa::::
este triunfo en Nubia, Kamose emprendió su camino\``
Lah:r:i::!:z:T@EBr::Ti::s:d:Bd,:aasd,ií:|:o:;B,So!:,#,!t:o::o:nr:ls" (\
al norte para enfrentarse a los hicsos, probablemente \i
en el último cuarto del año 3 de su reinado.
di3struidas pDr sus propio<s`Q[upantEs antBs dg la El primer acontecimiento importante de esta cam-
mtirada. La fmntEra retri]BBdió `éntoncBs hasta EIBfan-
Akuutd
momento procede de uno de los barcos a los que fiie destinado el nes ocupadas en tiempos de Kamose y colocó un gobemador en
soldado Ahmose. Su nombre, ``Aparición en Menfis" haría pro- la fortaleza de Buhen, organizando así la administración de la
bablemente alusión a la conquista de esta ciudad. zona. No obstante, sería su sucesor, Amenhotep 1, quien conclui-
En segundo lugar, la toma de Heliópolis, el último escollo ríalacampaña.Ahmosetodavíatendráquesofocardosrebeliones
antes de llegar a Avaris. Sabemos por el papiro matemático más: la del nubio Aata y la del egipcio Teti-An.
RJi!.#d que esta ciudad fue conquistada en el año 11 del go- Con el norte del país liberado del gobierno hicso y con el sur
-is bierno de un rey sin especificar, probablemente Khamudi. Tres pacificado, Ahmose I Uevó a cabo la reunificación del país. Esto
meses después, las tropas tebanas tomaron la fortaleza de Tjaru se expresa incluso en la propia titulatura del faraón: uno de sus
(Tell el Habua), cortando así la potencial vía de escape de los cinco nombres será CJ¡csíciwy, "Aquel que anuda las Dos Tierras",
hicsos por el norte del Sinaí hasta Palestina. Con esta última en clara referencia al Alto y el Bajo Egipto. Será recordado además
acción, la práctica totalidad del Delta se halló bajo el control como el fiindador de la dinastía XVIII, y su reinado de 25 años
de Ahmose y el monarca pudo emprender finalmente la con- inauguró un nuevo periodo de esplendor para la historia de
Egipto. Las "guerras de liberación" acabaron cimentando las bases
quista de Avaris. Según el relato de Ahmose, hijo de Ebana, la
capital hicsa fue sitiada gracias a un ataque envolvente por el del espíritu sobre el que se desarrollaría el lmperio Nuevo. A nivel
sur y el este en el que se combinó la acción de la flota con mo- militar, el uso del carro, el caballo y el arco compuesto aumentará
vimientos de tropas terrestres, que ya incorporaban carros. Pa- la eficacia de las tropas egipcias de cara a su expansión por Siria-
rece que el monarca consiguió disponer sus barcos en las aguas Palestina. A nivel ideológico, esta lucha dará lugar a un espíritu
del canal de forma que sus habitantes no lograron romper el imperialista e intensificará los lazos del monarca con el ejército.
cerco. Avaris fue conquistada después de un prolongado ase- En la siguiente etapa, el faraón se encontrará a la cabeza de la je-
dio, entre los años 18 y 20 del reinado de Ahmose. La ciudad rarquía militar, participando activamente en las campañas desde
fue saqueada y destruida, aunque en los años posteriores a su su posición de comandante en jefe. Este papel será ensalzado por
caída se construiría una nueva ciudadela. Durante el lmperio la propaganda en la figura del "rey guerrero», protagonista del
que cayó después de tres años de asedio. Esta campaña en Asia, EoedickB. H. (1995): £Íudí.gs a4ouÍ Áíamos£ dndMmo§g. Balti"rB, HalgD.
relatada por el soldado Ahmose, se ve confirmada también por la
HtidHtii.L. (YFIHT).. The SBcond Stela of KEimosB and his StrugglB against thE
biografia de otro oficial, Ahmose Pennekbeth, que combatió en
#/4so§ #Ü/Gr and h/.§ 4ap/.fa/. ADAIK 8. ElüBkstadt, J.J. Augustin.
la región de Djahy, es decir, la zona entre el brazo oriental del Nflo
MartinBz Bah6n. J. (T"S).. HistDria militBr dB Egipto durante 18 dinEistía
y el sur de Canaan. Esta expedición no solo eliminó la potencial
/V///. Barcelona, Museu Egipci de Bari:EIDna -Fundai:iú ArqugDlagiEa
amenaza desde el este, sino que además, gracias a ella, varios prín-
[lDS.
cipes locales solicitaron hacer tratados de amistad con Egipto.
Esto supuso notables ventajas comerciales y económicas y §ería Sp3linger, A, J. (ZqD=): War /.n An4/.gní fg/pÍ.. £/g Wgw Á7'ngdDm. Dxford,
Tras acabar definitivamente con el problema hicso, el ejército Í/.£. BrusElas, Fi]ndatii]n ÉgyptüIügique LmifüJ+m
de Ahmose se dirigió a Khenthennefer, al sur de la Segunda Ca-
tarata, donde derrotó a contingentes nubios. Reforzó las posicio-
Nerea T;arancón Huarte es licenciada en Historia por la UCM y Máster en Historía y Ciencias de la Antigüedad por la
UAMIUCM, con especialidad en Oriente y Egipto antiguos. Actualmente se encuentra en el inicio de sus estudios de doctorado y
su línea de investigación se centra en la historia militar de Egipto.
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