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LIBRO MULTIPLICACION - PDF Versión 1

El documento describe cómo un grupo de creyentes en Argentina se reunieron para orar y buscar orientación sobre cómo evangelizar de manera efectiva. Al estudiar las palabras de Jesús sobre hacer discípulos, comenzaron a cuestionar sus propios métodos y mensaje. Revisando las Escrituras, se dieron cuenta que su comprensión del evangelio estaba incompleta y que necesitaban predicar el mensaje de Jesús con mayor profundidad y claridad. Este descubrimiento transformó su predicación y la iglesia.

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LIBRO MULTIPLICACION - PDF Versión 1

El documento describe cómo un grupo de creyentes en Argentina se reunieron para orar y buscar orientación sobre cómo evangelizar de manera efectiva. Al estudiar las palabras de Jesús sobre hacer discípulos, comenzaron a cuestionar sus propios métodos y mensaje. Revisando las Escrituras, se dieron cuenta que su comprensión del evangelio estaba incompleta y que necesitaban predicar el mensaje de Jesús con mayor profundidad y claridad. Este descubrimiento transformó su predicación y la iglesia.

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MULTIPLICACION

ID…. HACED DISCIPULOS

IVAN M. BAKER

Multiplicación 1
Multiplicación 2
MULTIPLICACION
ID …. HACED DISCIPULOS

Multiplicación 3
IVAN M. BAKER

MULTIPLICACION
ID …. HACED DISCIPULOS

Multiplicación 4
Multiplicación 5
Multiplicación 6
PROLOGO

Corría el año 1967. Había transcurrido ya un Año desde que


el Señor derramara su Espíritu Santo sobre la pequeña iglesia
rural en Isidro Casanova, provincia de Buenos Aires. Por
muchos meses la atención de todos había sido dirigida hacia
adentro, intensamente ocupados en poner en orden “la
casa”, pero ahora sentíamos un fortísimo deseo de volcarnos
hacia afuera para que otros pudiesen recibir aquello que el
Señor estaba derramando a raudales sobre nosotros. ¡¡
Queríamos evangelizar!!
Pero sentíamos un temor, una duda, algo que nos detenía: si
antes, aunque seguros de nuestros conceptos, habíamos
Multiplicación 7
estado tan equivocados en cuanto a cosas cardinales como el
bautismo en el Espíritu Santo y los dones, ¿no estaríamos
necesitados de una nueva orientación en cuanto a nuestros
conceptos de la evangelización?

Por supuesto, ni se nos pasaba por la mente que hubiera


error en el mensaje, tal cosa nos resultaba inconcebible;
admitíamos más bien que tuviéramos que hacer algunos
cambios en cuanto a la forma y los métodos. Temíamos
volver a los viejos e ineficaces moldes.

Pensando en esto, nos propusimos destinar un tiempo para


la oración. El clima espiritual que vivíamos y las múltiples
experiencias que habíamos tenido nos aseguraban que el
Espíritu Santo nos daría puntualmente las indicaciones
precisas que estábamos necesitando. Así fue que un sábado
nos propusimos pasar la tarde en oración.

Confieso, como dije antes, que en nuestro corazón


estábamos ciertos que no podía existir falla en lo que
habíamos aprendido acerca del mandato del Señor y el
mensaje que debíamos comunicar. Sin embargo aquí
estábamos orando y diciendo: “. . . si tienes algo que
enseñarnos. . . si hay algo que no hemos comprendido . . . si
tienes algo que corregirnos . . . estamos abiertos, sensibles . .
. como niños . . . “Realmente estábamos abiertos y

Multiplicación 8
preparados para cualquier corrección, con tal que venga del
Señor.

Habíamos entendido que hay que orar y esperar que el Señor


hable; así que después de orar una hora o más, nos
dispusimos a escuchar. Pregunte si alguno tenía algo para
decir. Después de un prolongado silencio, un joven se puso
de pies y repitió las palabras de Cristo a sus discípulos: “venid
en pos de mí, y les hare pescadores de hombres” (Mateo
4:19)

La iluminación del Espíritu Santo comenzó desde ese


momento a penetrar en nuestros corazones. ¡Esas palabras
se nos presentaban como un mensaje directo del Señor a
nosotros – allí mismo – en el lugar donde nos
encontrábamos! Aunque confieso que en ese momento no
percibimos todo lo que estaba ocurriendo.

Comenzamos por estudiar la frase. En forma espontánea las


palabras del Señor presentaban dos consideraciones: A) “. . .
Les hare pescadores de hombres. . . “, era el objetivo, y B)
“venid en pos de mí. . .”, subrayaba la condición que debían
llenar los que pretendiesen cumplir ese objetivo. A primera
vista estas palabras del Señor describían admirablemente
nuestro deseo y nos brindaban un excelente punto de
partida: ¡queríamos “pescar hombres” y ese era el propósito

Multiplicación 9
de Dios en la evangelización! Pero ya nos preguntábamos:
“¿Hemos llenado las condiciones requeridas por el Señor?
¿Qué contienen esas palabras “venid en pos de mí. . .”?

No tardamos en acobardarnos a revisar las escrituras para


encontrar otros pasajes que esclarecieran lo que significaba
“seguir a Cristo”, “ir en pos de Él” En San Juan 10:26-28 se
destacaba la condición indispensable para pertenecer a “su
rebaño”. Nos impactó la manera sencilla pero elocuente con
que El Señor reconoce a los que son suyos: “oyen mi voz –
me siguen. . . “ . Otros pasajes ardían con letras de fuego
ante nuestra vista: Marcos 8:34-38; Lucas 9:23; 14:25-33.

¡De repente toda nuestra atención se fijó, no ya en la


evangelización, sino en el producto de ella, es decir, en lo
que es a los ojos de Dios un discípulo! Comenzamos a
inquietarnos y atemorizarnos. Un discípulo a los ojos del
Señor era muy otra cosa de lo que había sido un producto de
nuestra predicación. Saltaba a la vista que Cristo predicaba
otra forma. . . ¡tenía otro mensaje! El signo “creer para ser
salvos” comenzaba a revertirse de nuevos matices y un
cumulo (conjunto) de preguntas ya bombardeaba nuestras
mentes.

Procuramos en vano hallar base en las enseñanzas de Cristo y


de sus apóstoles, para el evangelio “liviano” que Habíamos
estado predicando. Aun versículos clave que habían sido
Multiplicación 10
pilares de nuestra predicación, se revestían de otro
significado cuando recuperaban su justo valor dentro de su
contexto. Estábamos descubriendo ahora los fundamentos
del mensaje de los siglos – el antiguo y único evangelio de
Jesucristo – el Evangelio de poder transformador con que se
habían forjado las primeras comunidades por medio de la
predicación de los apóstoles. Estábamos sacudidos,
aturdidos, en cierto modo confusos, aunque una inmensa
felicidad comenzaba a embargarnos mientras la verdad, cual
torrente impetuoso, iba llenando nuestros canales
espirituales. ¡Era justo decir: “antes bien sea Dios veraz, y
todo hombre mentiroso. . . “!

El jueves siguiente predique mi primer sermón sobre “El


Evangelio que debemos creer y el Evangelio que debemos
predicar”. El efecto fue tan tremendo que muchos se sentían
perdidos. Fue muy formidable. Ese mensaje en días
venideros estaba destinado a transformar nuestra
predicación y la fisonomía (rostro) de nuestra iglesia.

Vivimos en un tiempo cuando el Espíritu Santo se está


moviendo como un viento recio a lo largo y ancho de todo el
mundo para restaurar la iglesia. La primera obra del Espíritu
Santo es la re reparar sus cimientos: es el punto esencial de
partida. Pero Él no puede establecer correctamente sus
cimientos si los siervos del Señor no tenemos una clara
comprensión del mensaje que Cristo nos envió a predicar a

Multiplicación 11
las naciones. De ese conocimiento se desprende
fundamentalmente “el llamado” del Señor y sus demandas,
que El establece con igualdad para todos los que pretenden
seguirle. Además, es esencialmente por medio de este
conocimiento que se echan las bases sobre las cuales Cristo
edifica su iglesia. De modo que es imposible hablar de
redimidos o de iglesia, si se carece de un claro conocimiento
del mensaje que Cristo nos envió a predicar. Es también de
igual importancia conocer como el Señor quiere que sea
predicado.

De ahí la razón de los capítulos que siguen, que se brindan


con el ferviente deseo de que sirvan, en las manos del Señor
y por medio del poder iluminador del Espíritu Santo, para
contribuir a ese conocimiento.-

Iván M. Baker

Multiplicación 12
JESUCRISTO es Espíritu Vivificante, es vida que fluye y
comunica vida a los están espiritualmente muertos.
Esta revolución espiritual se realiza por medio del poder del
Espíritu Santo encarnado en los que siguen a Jesús: ellos son
el punto de contacto entre esa Vida y los que están muertos.
Si el plan de Dios para salvación del mundo no ha cambiado y
tampoco ha menguado el poder de Jesucristo, ¿Por qué
tantos de los que profesan seguirle, carecen de esa fuente de
poder? Una consideración seria de esta cuestión nos conduce
a revisar nuestros métodos de evangelización y aun el
mensaje mismo.

Multiplicación 13
INTRODUCCION

En nuestro afán de evangelizar nos hemos esforzado en


estudiar muchas formas y métodos, desde aquellos que se
dirigen al individuo, como ser el “evangelismo personal”,
hasta los que se emplean para las grandes campañas que
abarcan ciudades enteras y aun naciones. Por cierto nos falta
muy poco por descubrir en cuanto a métodos.-

Algunos se sienten animados y dispuestos a seguir haciendo


funcionar la “maquinaria evangelistica”; otros expresan con
franqueza que están desalentados. Lo que desconcierta es la
desproporción que existe entre el enorme esfuerzo realizado

Multiplicación 14
de hombre, tiempo y dinero y lo limitado del fruto que
permanece. No solo son motivos de preocupación las
grandes campañas sino también los esfuerzos locales y aun la
predicación desde el pulpito en las iglesias.

Queriendo salvar la dificultad, muchos de nosotros hemos


echado mano al evangelio personal como recurso más
directo para comunicar el mensaje. No hay duda que el
resultado ha sido más satisfactorio y que gran parte del fruto
que permanece de los esfuerzos masivos ha dependido,
sustancialmente, de la labor personal de los creyentes. Sin
embargo aún en este campo no hemos hallado la ansiada
cosecha.

Los datos estadísticos que podemos recabar nos dejan


asombrados, pues después de tanto esfuerzo, muestran no
solo la ínfima (baja) cantidad numérica de creyentes con
relación a las poblaciones, sino también que esta
desproporción, lejos de absorberse, aumenta tomando en
cuenta la rapidez del crecimiento demográfico. ¡Es imposible
considerar con sinceridad estos factores sin alarmarse!

Algunos se consuelan con decir que “estrecha es la puerta. . .


y pocos son los que la hallan”; pero, ¿será tan estrecha?
¿Serán tan pocos. . .?

Multiplicación 15
Nos intranquiliza el recuerdo de esa primera comunidad en
Jerusalén. ¿Qué había en esos cristianos que les dio tan
abundantes frutos y de tan buena calidad? ¡En poco tiempo
esos cristianos produjeron una gigantesca expansión que
lleno todo el mundo conocido con el evangelio!

Para muchos, todo esto resulta un suceso histórico,


irrealizable en tiempo presente. Algunos opinan que el éxito
se debió en gran parte a las condiciones político – sociales de
la época. Otros opinan que era voluntad de Dios el obrar así
en aquellos tiempos – algo así como la inauguración de su
programa de evangelización – pero que en estos tiempos,
nos toca aceptar irremediablemente las condiciones tal como
se dan. Estos no pueden encontrar la renovación y
avivamiento de la iglesia en este tiempo y si lo encontraran,
no los reconocerían como tales, por estar, según ellos, fuera
de época: tales cosas no caben en sus definiciones teológicas
para estos tiempos.

Otros piensan que solo bajo un clima de persecución se


pueden obtener esos resultados. Sin embargo durante esta
última década hemos visto padecer a la iglesia similar
persecución en varios países, pero no se ha notado el mismo
resultado. Las persecuciones en estos últimos tiempos han
sido provocadas más bien por razones ideológicas y políticas;
en cambio en el tiempo de los primeros cristianos, ¡fueron
resultado de la acción misma de la iglesia! Era una fuerza

Multiplicación 16
arrolladora que desafía la estabilidad de la religión hipócrita
y aun proponía echar las bases de un nuevo orden social. Era
una guerra directa entre Cristo y diablo. ¡Los poderes de
satanás se movilizaron porque el Cristo resucitado y
triunfante estaba presente en su pueblo con todo su poder!

Amontonamos excusas para justificar la frustración en que


nos hallamos; como el avestruz buscamos donde meter la
cabeza y olvidarnos del asunto. Sería muy serio tener que
enfrentar la responsabilidad y reconocer que estamos en
grave falta, que hemos descuidado el mayor de todos los
“negocios”; que hemos cometido el grave pecado de ser
“siervos negligentes (descuidados)”. La iglesia sectarista se ha
complacido a si misma con bellos y suaves discursos, ha
pulido sus métodos y ha dignificado a sus predicadores: sus
arcas están llenas y con satisfacción ostenta (muestra o hace
patente algo) su gran organización y sus magníficos edificios.
En medio de este mundano oropel (cosa de poco valor y
mucha apariencia) se escucha “un rumor”. Alguien nos
pregunta: “hijitos, ¿tienen algo de comer?” “¿Qué
contestamos?”.

A la media noche, las soñolientas vírgenes despertaron, dice


el Señor. ¿Será esta la hora de despertar? ¿Tenemos nueva
provisión de aceite para nuestras lámparas? ¿Hay recursos
para despabilar las mechas? En medio de la noche ¿ardera
nuevamente y con fuerza la luz del testimonio?

Multiplicación 17
Si nos humillamos y confesamos, nuestro Amado oirá; si
clamamos, Él nos perdonara y “sanara la tierra”. Quizá esto
sea lo que ya ha comenzado a suceder en todo el mundo.
¡Aleluya! Los ilimitados recursos de nuestro fiel Padre
celestial aún están a disposición de los que El ama. Hay
aceite fresco para las lámparas. Pero aun así, necesitamos
aclarar ciertas cosas. . .

Multiplicación 18
1

Resulta difícil considerar le predicación del evangelio sin


traer a consideración el mandato que el Señor dio a sus
discípulos en el monte de Galilea inmediatamente antes de
su ascensión a los cielos. San Mateo, San Marcos y San Lucas
nos presentan distintos aspectos de esa plática, y es a la
conjunción de estos tres testimonios que se ha llamado “La
gran comisión”. Marcos destaca el alcance universal del
llamado y la atención que el Señor coloca sobre “toda
criatura”, mientras describe las señales que seguirían a la
predicación. Lucas, entre otras cosas, subraya el
arrepentimiento y el perdón de los pecados.

Multiplicación 19
La generalidad de los creyentes está más familiarizada con
las palabras de Marcos: “Id por todo el mundo y predicad el
evangelio a toda criatura. . . “, pero mateo quien nos da la
clave para este estudio. Dice:

“Jesús se acercó y les hablo diciendo:


Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por
tanto, id y haced discípulos a todas las naciones,

bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del


Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las
las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con
ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Amen”

(Mateo 28:18-20)

La clave la encontramos en tres cortas palabras que expresan


un mundo de verdad que la iglesia parece haber olvidado:
“Id. . . haced. . . discípulos”. Al re descuidarlas, una multitud
de pastores y líderes de todo el mundo está hallando una
formidable revolución que les está devolviendo el sabor del
evangelio de los primeros tiempos y aquella simple pero
inmejorable y fructífera manera de predicarlo.

Primeramente, consideremos la palabra:

Multiplicación 20
ID
Esta es la manera en que hallamos la palabra traducida en la
mayor parte de las versiones del Nuevo Testamento, aunque
algunos traductores, entre ellos Stephns, la traduce “yendo”.
Stephns le otorga a la palabra mayor dinamismo, ya que da a
entender que el hacer discípulos debe ser una tarea continua
de los seguidores de Jesucristo. Es como si se nos dijera:
“Mientras ustedes atienden sus labores de cada día. . .
¡hagan discípulos!”. Esto armoniza con el concepto del
evangelio ya que, fundamentalmente, para hacer discípulo
necesitamos estar en contacto con los hombres, y ningún
contacto será mejor que el que nos brinda el convivir diario
con nuestros semejantes.

Pero, ya sea que usemos la palabra “id” o la palabra “yendo”,


hay un punto esencial en que estas dos expresiones
coinciden: ambas indican acción por parte de los enviados
del Señor. Estos, movidos por su mandato, van en busca de
los necesitados.

Esta actitud revoluciona completamente el concepto que


generalmente se tiene; en lugar de querer atraer a las
personas a nuestros lugares de reunión; ¡debemos dar un
giro completo y aprender a “llevar la reunión a las personas”!

Multiplicación 21
En realidad, se dejamos de querer mover a la gente y
entendemos que somos nosotros los que debemos
movernos, ¡habremos dado el primer paso hacia el
verdadero evangelismo y obediencia al mandato del Señor!
Es más, de esta manera también salvaremos gran cantidad
de problemas. En lugar de afanarnos por lograr los medios,
cada vez más complicados y costosos, con que atraer a la
gente a nuestros cultos, nos resultará mucho más simple
movernos nosotros hacia ellos, ya que al fin somos los que
podemos y debemos hacerlo.

¿Acaso pueden ellos venir a nosotros? ¿No somos nosotros


los que hemos sido preparados por Dios para ir a ellos? Al
entender lo que Dios nos dice acerca de la condición de los
perdidos, ¡quedaremos convencidos de que ellos no pueden
venir a nosotros!

Tres cosas concretas se nos declaran acerca de ellos:

1) Que están cautivos (Lucas 4:18)


2) Que están ciegos (2ª corintios 4:4)
3) Que están muertos (Efesios 2:1)
¡Resulta un trabajo harto difícil querer mover a un preso o a
un muerto; o querer hacer leer a un ciego! Nos damos
cuenta de que la mayor parte de nuestro esfuerzo fue
encausada erróneamente. Comprendemos ahora el porqué
Multiplicación 22
de nuestro minúsculo fruto. Evidentemente hemos
tergiversado el mandato: ¡hemos malentendido la base
misma del evangelio! Ya en el primer paso nos hallamos en
grave falta y perdimos el sentido de dirección. El
insignificante fruto de nuestra labor ha sido producto de la
excepción y no la regla. Ha sido como pescar con la mano y
no con anzuelo y carnada. O como quien echa el anzuelo en
la fuente de la plaza y no en el mar.

“Asistían a nuestro culto”. . . “vengan a la reunión”. . .


“Asistan a nuestra campaña especial”. . . “vengan a escuchar
a nuestro cantor”. . . “a nuestro coro”. . . “al conjunto tal o
cual o a tal o cual predicador”. . . son las clásicas y gastadas
frases que hemos arrojado a los oídos de las gentes, ¡SIN
PENSAR QUE ELLOS NO PUEDEN VENIR Y QUE EL SEÑOR
TAMPOCO NOS HA DICHO QUE LES OBLIGUEMOS A VENIR A
NOSOTROS!

La consigna es otra, el mandato es otro; el plan de Dios no


guarda relación alguna con el nuestro. Admitámoslo y
aprendamos la sencilla regla:

¡El que está libre, va hacia el cautivo para librarle!

¡El que recobro la vista, va hacia el ciego para abrile los


los ojos!

Multiplicación 23
¡El que resucito, va hacia el muerto para resucitarlo!

Si colocamos las cosas en sentido inverso nos encontraremos


ante una situación ilógica e imposible. Pero nosotros hemos
pretendido hacer eso: lo ilógico, lo imposible. Estamos
durmiendo; soñolientos seguimos a la multitud, a las voces, a
la costumbre. . . ¡no estamos oyendo al Señor!

Sin embargo hay señales, en todo el mundo, de que el ruido


de la “maquina evangelistica” esta menguando y el oído del
pueblo de Dios comienza a percibir nuevamente el clamor de
su Maestro diciendo: “id”, y “OS HE PUESTO PARA QUE
VAYAIS. . . “(San Juan 15:16).

Pero el Señor no solo nos ha dicho que debemos ir, sino que
ha dejado más claro ejemplo de ello: sus pies se movieron
incansablemente. Él llegaba al lugar mismo donde se hallaba
el pecador; era allí, frente a frente, cara a cara que
pronunciaba su mensaje: “venid a mí. . .” El Señor predicaba
en las calles, en las plazas y en todo lugar público; de esta
manera el evangelio llegaba al oído de los pecadores en el
mismo lugar donde estos se hallaban.

Los apóstoles y discípulos del primer siglo imitaron al


Maestro y desde el mismo día de Pentecostés el mensaje
salió del aposento alto y comenzó a saturar los lugares
Multiplicación 24
públicos. El templo (en día sábado, día de aglomeración), en
las calles, el pórtico de Salomón y los caminos constituían el
común escenario de las predicaciones. Ellos enfrentaban a
individuos, grupos y multitudes en el mismo lugar donde
ellos, por voluntad propia, se hubieran reunido. En ninguna
ocasión les vemos gastar tiempo, energías o dinero para
procurar atraer a las gentes a algún lugar por la iglesia;
esperaban que esto ocurriera después cuando ya fuesen
salvados.

Excepcionalmente podremos esperar que algunos asistan a


nuestras reuniones, ¡PERO NUNCA ESTO PODRA SERVIR
COMO BASE PARA LA EVANGELIZACION, SI DESEAMOS LA
APROBACION DEL SEÑOR!

¿QUIENES DEBEN IR?

La palabra encierra otra consideración de vital importancia:


¿a quienes está dirigido el mandato del Señor? ¿Quiénes
deben ir?

Si pidiéramos una opción, nos serian dadas diversas


respuestas, mostrando que existe una gran confusión sobre
este punto. Unos opinarían que a los evangelistas les
corresponde el llamado; otros, que además de ellos, a los
pastores y maestros. Algunos sentirían que también cada
Multiplicación 25
creyente debe ir, pero si pedimos base escritural tendrían
dificultad en dárnosla. Lo lamentable es que se “opina”, “se
siente”, pero la mayoría de las veces no se tiene una sólida
convicción. En un asunto de tanta importancia no es
suficiente sentir de una manera u otra; tiene que haber
claridad completa.

Si los “hijos de este siglo” se moviesen en sus empresas como


la iglesia en predicación, ¡casi todos los comercios del mundo
estarían en bancarrota! Bien ha dicho el Señor: “Los hijos de
este siglo son más sagaces. . . que los hijos de luz” (Lucas
16:8). Es extraordinario verles revisar constantemente sus
métodos y controlar minuciosamente la marcha de sus
empresas. ¡Ellos han descubierto que SIN DEFINICION NO
HAY OBRA! Revisemos, entonces, este punto esencial, con
sumo cuidado.

En primer lugar debemos comprender que la iglesia, en un


sentido total, está llamada a la evangelización, por ser:

NACION O PUEBLO DE SACERDOTES

Israel estaba formado por sacerdocio y pueblo. La iglesia, en


cambio, está formada integralmente por sacerdotes: es una
nación de sacerdotes. Como sacerdotes, nuestra misión es
doble: la de “ofrecer sacrificios espirituales” al Señor (1ª
Multiplicación 26
Pedro 2:5) y la de hacer reconciliación a favor de los
perdidos; no con sacrificio de animales y ofrendas hechas
ante un altar, sino por medio de la obra vicaria (eclesiástica)
de Cristo. La predicación de la cruz es la base de este
ministerio (2ª Corintios 5:18-20). Pongamos bien en claro,
entonces, estos dos principios básicos establecidos por el
Señor:

1) CADA REDIMIDO ES UN SACERDOTE. Si es redimido,


pertenece al pueblo de Dios y si pertenece al pueblo de
Dios, es sacerdote; sea hombre o mujer, haya sido salvo
mucho o poco tiempo. Su condición de sacerdote nada
tiene que ver con otros dones y ministerios que el
Espíritu le haya conferido. Al nacer en la familia de Dios,
¡ya es un sacerdote, esto lo ha determinado el Señor! “.
. . vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación
santa, pueblo adquirido por Dios. . .” No puede haber
nada más claro y definido.

2) CADA SACERDOTE ESTA PUESTO PARA ANUNCIAR EL


EVANGELIO DE CRISTO. Así lo explica Pedro al decir “. . .
para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamo de
las tinieblas a su luz admirable” Notemos el termino de
conclusión: “para que”; aquí Pedro da la razón de este
sacerdocio que es de anunciar a Cristo.

Multiplicación 27
De manera que anunciar el evangelio no es obra de
evangelistas solamente, sino de TODO EL PUEBLO DE DIOS,
DE TODA LA IGLESIA. . . y por consiguiente, ¡DE CADA UNO
DE LOS REDIMIDOS! Los que tienen el don de evangelistas
tendrán una función destacada en la predicación, pero hay
una función básica del Cuerpo y es común a todos los
miembros del Cuerpo y es a esta función que se refiere
Pedro. Los discípulos en Jerusalén entendieron bien; para
ellos la predicación no dependía de lo que pudiera hacer
Pedro o Felipe. ¡Toda la masa de los redimidos se movía para
evangelizar!

Nunca debemos perder de vista la naturaleza de los


redimidos; ¡el más pequeño de ellos no es menos que un

Escogido,
Santo,
Adquirido por Dios
Y sacerdote!

Sería un error confundir los dones del Espíritu, o las


diferentes funciones de los miembros del Cuerpo, con
jerarquías o castas, haciendo diferencias entre los que Dios
formo con una sola naturaleza, como un solo cuerpo.

Multiplicación 28
Por supuesto. No podemos cometer el desatino de reconocer
virtudes donde no las hay. El nivel espiritual muchas veces es
tan bajo que no sabemos cómo relacionar lo que Dios con la
clase de creyente que son, en gran parte, miembros de
nuestras congregaciones. Esto debería llamarnos a reflexión.
Cuando esta es la situación, la responsabilidad recae sobre
los pastores más que sobre la grey (conjunto de individuos
con un carácter común). En tales circunstancias seria
impropio hacer “ajustes doctrinales” para aceptar la
situación, aduciendo “mal de la época” o que estamos
viviendo en tal o cual “tiempo profético”. Aunque cueste, es
mejor dar la cara al problema y volvernos al trono de Dios
para obtener “el oportuno socorro”. Nuestra misión, si somos
pastores de la grey, es formar un pueblo lleno del Espíritu
Santo.
La nube de gloria ha desaparecido de tantas congregaciones
porque se ha perdido el reconocimiento de que para hacer
las obras de Dios es indispensable tener el sobrenatural
poder del Espíritu Santo. Procuramos producir hijos para Dios
y siervos de Jesucristo por medios humanos. Trabajamos por
años para formarlos, hacemos grandes gastos, poseemos una
indiscutible sinceridad y entusiasmo, pero cuando hemos
llegado al fin de la obra nos damos cuenta que hemos
producido “algo” que está lejos de poseer las virtudes
necesarias para funcionar para Dios.
Démosle otra vez la oportunidad al Espíritu Santo y pronto
tendremos en ejército de verdaderos discípulos llenos de
vida y autoridad, capaces de servir al Señor.

Multiplicación 29
¡Cuando sea el Señor el que “añada cada día a la iglesia los
que han de ser salvos”, cuando se pueda volver a decir con
verdad que los cristianos somos “hechura de Dios”, entonces
no será difícil para Dios reestablecer el ministerio en su casa
y producir un ejército evangelizante!

La regla divina es inalterable: cada redimido debe oír la voz


de su Señor diciéndole: “id”, por ser un SACERDOTE de Dios.
Pero cada redimido debe sentirse responsable de oír el
llamado del Señor a la evangelización, no solo por ser
sacerdote, sino también por haber sido constituido por Dios
como

TESTIGO DE CRISTO

El Señor había dicho a los suyos: “he aquí, yo enviare la


promesa de mi Padre pobre Ustedes; pero quédense ustedes
en la ciudad de Jerusalén, hasta que sean investidos de poder
desde lo alto” (Lucas 24:49).
El Señor iba a investir con poder de lo alto a sus siervos, y
para esto era necesario que aguardasen en Jerusalén.
Ahora nos interesa saber dos cosas fundamentales para
nuestro estudio:

1) ¿Quiénes deben recibir la unción? Y


2) ¿PARA QUE es la unción?

Multiplicación 30
1. ¿Quiénes deben recibir la unción?

Pedro, dirigiéndose a sus oyentes el día de Pentecostés, se


expresa de esta manera en cuanto al don del Espíritu Santo:
“. . . para ustedes es la PROMESA, (aquí, sin duda, se refiere a
lo mismo que fue dicho por el Señor según Lucas y que hemos
mencionado más arriba) y para vuestros hijos, y para todos
los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios
llamare”. Inferimos, entonces que la promesa de la
investidura del Espíritu Santo es para toda la iglesia, es para
CADA REDIMIDO.

2. ¿PARA QUE es la unción?


La respuesta a esta segunda pregunta la hallamos en Hechos
1:8 donde el Señor dice: “. . . recibirán poder, cuando haya
venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos. . .
hasta lo último de la tierra”. Es evidente, pues, que la
investidura de poder del Espíritu Santo es ¡PARA SER
TESTIGOS DE CRISTO!

Permitamos, entonces, que el Espíritu Santo revolucione los


conceptos que han oscurecido nuestra visión y que han sido
estorbo al Espíritu Santo. Permitamos que Dios ponga en
ejecución su perfecto plan; oigamos su voz “yo. . . os he
puesto para que vayáis. . .“ Cuando vayamos, vayamos
¡TODOS!

Multiplicación 31
“¡ De ovejas cuantas vagan! Del redil muy lejos van

en la montaña triste con frio y hambre están;


o en tenebroso bosque, en medio del zarzal,
o en peña peligrosa, expuestas a gran mal

Vayamos a buscarlas,
en el nombre del Señor,

y gran gozo habrá para quien podrá


atraerlas al Pastor.

¡Oh! ¿Quién ira a buscarlas? ¿Quién por la compasión

de Dios, ira a buscarlas, do están en perdición?


¿Quién se dará molestias, quien sufrirá dolor,
Por el gozo de encontrarlas, y traerlas al Pastor?

Felices nos haría al así poder hablar:


-Pastor, hemos salido tus ovejas a buscar;

y lejos las hallamos, después de pruebas mil,


y aquí te las traemos, que estén en tu redil-“

Multiplicación 32
2

Ya hemos considerado dos principios básicos que, de haber


sido entendidos, revolucionan el concepto que comúnmente
se tiene acerca de la evangelización. Pero debemos enfrentar
una tercera “revolución” al estudiar la próxima palabra
contenida en el mandato del Señor, la palabra

HACED

El acto de enseñar o adoctrinar es lo que se requiere para


formar discípulos. Si hasta aquí entendimos que cada uno de
Multiplicación 33
los creyentes debe “ir”, le toca también a cada uno enseñar,
adoctrinar: “HACER discípulos”. Esta es la consigna y en esta
ocupación celestial el Señor desea enrolar a cada redimido.

Pero me temo que a muchos nos resulta difícil entenderlo,


pues dista de lo que la mayoría de nosotros hemos
comprendido y practicado hasta ahora. Para la mayoría de
nosotros, “formar una vida” es tarea de teólogos. Según
nuestros esquemas, solo pastores y maestros pueden hacer
esto. Sin embargo en el principio no fue así. ¿Qué hubieran
hecho esos apóstoles y ancianos si no hubieran formado un
ejército de colaboradores?

Por otra parte vuelvo a insistir en que aun la acción de atraer


a los pecadores, es tarea de cada creyente. Debemos
considerar los grandes movimientos evangelisticos como
cosa extra y no como parte del proceso normal. ¡El trabajo
individual de los creyentes produce MEJOR Y MAS
ABUNDANTE fruto!

Quizá le encontremos ahora sentido a la declaración de


Pablo “. . . todo lo he llenado del evangelio de Cristo”
(Romanos 15:19). Él no dependía de la habilidad de sus
propios sermones, ni de lo que pudieran predicar los
pastores, maestros y evangelistas: él formo una iglesia que
predicaba, ¡LA IGLESIA MISMA ERA EL SERMON! “. . .

Multiplicación 34
partiendo de ustedes ha sido divulgada la palabra del Señor. .
. en todo lugar. . . de modo que nosotros no tenemos
necesidad de hablar nada” (1ª Tesalonicenses 1:8). Hombres
como Pablo podían ser encarcelados, pero el mensaje corría
sin impedimento. “. . . sufro penalidades, hasta prisiones. . .
más la palabra del Señor no está presa” (2ª Tesalonicenses
2:9). Así se expresaba Pablo, pero más que expresión era la
realidad que esas iglesias vivían: los creyentes eran “cartas. .
. escritas. . . conocidas y leídas por todos los hombres” (2ª
Corintios 3:2).

Sin embargo, esto que es tan lógico y tan bíblico, impone un


giro tan radical a la iglesia del siglo xx que necesitamos pasar
por una profunda crisis para entenderlo. Pero es
indispensable que lo entendamos ya que aquí se halla un
secreto, como una llave de contacto que puede encender
una fuente de poder, capaz de impulsar la evangelización
hasta lo último de la tierra. Este es un punto clave en el
perfecto plan de Dios.

Recordemos que estamos hablando de “HACER” discípulos,


lo cual significa instruir, adoctrinar, formar. Muchos de
nosotros creemos que porque hemos dado un “tratado” o
hemos llevado a una persona a la reunión y ha levantado la
mano en señal de “aceptar a Cristo” que ya está todo hecho
y que de allí en adelante solo falta que asista a las reuniones.
Esto es como tomar un bebé recién nacido y privarle de los

Multiplicación 35
cuidados de la madre: irremediablemente muere. La misma
naturaleza nos enseña esto; dar a luz hijos presupone
necesariamente el cuidado de un padre y de una madre y son
tantos los cuidados que requiere un bebé que no se pueden
tener muchos a la vez. En el orden espiritual es lo mismo:
Cristo formo solo a doce; tú y yo podremos ocuparnos quizá
de uno o dos a la vez.

Cuando proponemos un proyecto de esta clase


generalmente pensamos en fundar una escuela bíblica. Sin
embargo estamos descubriendo que la iglesia sería la más
razonable y poderosa de todas las escuelas bíblicas si
volviese a su cauce original. Por eso la iglesia en los primeros
tiempos se movía en las casas. No era una obra basada en
reuniones que se celebraban dos o tres veces por semana en
un lugar central, sino que todos los días y a toda hora, de
casa en casa se oraba, se predicaba la palabra y se formaba a
los discípulos según el ejemplo que les había dejado el
Maestro. ¡Pero esto solo es posible si enrolamos a toda la
congregación!

Es más, no solo el profesante necesita ser enseñado sino que


también el que enseña necesita ese ejercicio. Ningún
discípulo puede tener una vida espiritual sana si no cumple
su tarea específica y digna. Al asumir la responsabilidad de
formar otra vida, la suya también es formada. En realidad, no
hay instrumento más eficaz en las manos del Espíritu Santo

Multiplicación 36
para formar nuestras propias vidas, que el entregarnos a la
tarea de proveer los cuidados y alimentos para otra vida.
Quienes lo hacen “nunca se sienten aburridos, ni
desorientados; siempre tienen agua limpia y fresca en su
fuente y se gozan de poder ver y palpar las obras de Dios.
Son buena tierra que da fruto y su fruto permanece.

No debemos buscar motivos para esquivar la


responsabilidad. Cuando enfrentamos este asunto, muchos
armados de una falsa humildad, y sintiéndonos inútiles, no
reconocemos que somos el instrumento que él ha elegido
para llevar a cabo la obra. El “nada puedo, Señor” que
muchas veces invocamos, puede afectar la piedad y sin
embargo carecer de ella. Una cosa es decir: “Nada puedo,
Señor”, y otra muy distinta es decir: “Nada puedo, Señor. . .
¡pero todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” Cada
redimido puede declarar con verdad: “Nada puedo en mí
mismo, ¡PERO CRISTO ME HA CAPACITADO PARA HACERLO”!

Sabemos que nosotros, en nuestra carne, “no mora el bien”


(Romanos 7:18). Pero sabemos también que hemos sido
escogidos como “vasos” para morada del Espíritu y que por
tal motivo estamos perfectamente capacitados para servir al
Señor. Sería lamentable considerarnos capaces en nuestras

Multiplicación 37
fuerzas; pero sería igualmente lamentable disminuir o
desconocer la autoridad que tiene alguien que fluye con el
poder de Dios.

Lo primero sería presunción (vanagloria, jactancia), pero lo


segundo seria hacer a Dios mentiroso y anular por nuestra
incredulidad sus dones. Su deleite es que sus hijos crean en
su palabra y se valgan, resueltamente, de todos los recursos
y de la autoridad que él les ha dado. He aquí la fórmula de
poder:

Dios es el que envía y concede la autoridad y el poder.


Los enviados creen y obedecen las instrucciones con
sencillez de corazón, sin cuestionar, confiando en la
fidelidad de Dios que les ha enviado.

¡Lo que sigue no puede ser otra cosa que fruto abundante
que permanece! Permitamos que el Espíritu Santo grabe en
nuestro corazón la promesa del que nos envía: “Toda
potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y
haced discípulos. . . y he aquí yo estoy con ustedes todos los
días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20)

Ahora nos toca a nosotros actuar. Es más: SOLAMENTE A


NOSOTROS SE NOS HA ENCOMENDADO ESTA OBRA; no hay
otro ser en el universo que lo pueda realizar. ¿Es verdad
Multiplicación 38
esto? Sí, es verdad, así lo ha ordenado el Señor, es en vano
que tratemos de convencernos de que Dios se valdrá de
otros instrumentos para hacer la obra.

Se ha dicho que si nosotros calláramos las piedras


predicarían. Cristo dijo que “las piedras clamarían”, pero no
dijo que predicarían. Más bien se refiere a nosotros como “la
sal de la tierra. . . “y aclara: “Si la sal se desvaneciere –
perdiere su sabor- ¿con que será salada?” (Mateo 5:13). En
otras palabras, si la iglesia perdiere su poder, ¿de qué otro
medio podría valerse Dios para hablar al mundo? Dos cosas
hacen fuerte esta afirmación: la primera es que fue el Señor,
“que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”,
que así determino. Y en segundo lugar, en él no hay
variación, él no cambia.

Por consiguiente debemos aceptar que según la


determinación del Señor, recae sobre nosotros la
responsabilidad de la comunicación de su mensaje al mundo.
Somos sus atalayas y si fracasamos como tales, él se reserva
el derecho de demandar la sangre de los perdidos de
nuestras manos (Ezequiel 33:8). Muchos, en su intento
consciente o inconsciente de librarse de esta
responsabilidad, creen que cualquier omisión de la iglesia
será suplida directamente por el Señor y los ángeles; pero en
las sagradas escrituras hay ejemplos que prueban que para

Multiplicación 39
esta tarea el Señor ha escogido como medio exclusivamente
a sus redimidos. Veamos dos de esos ejemplos.

Uno de ellos es el caso del ángel enviado a Cornelio (Hechos


10:1-6). En este caso nos sorprende ver que el mensaje
traído por el ángel solo contiene el nombre y dirección de la
persona que tiene que ser traída para predicarle el evangelio.
Cabe preguntar: si lo que el Señor quería era que Cornelio
escuchase el mensaje de salvación, ¿no era más conveniente
que el ángel mismo le predicase? ¿Por qué enviar un
emisario angelical desde el cielo sólo para entregar el
nombre y la dirección de un predicador? Hay una respuesta
predominante: la comisión de predicar el evangelio del reino
de Dios no fue encargada a los ángeles, sino a los redimidos.

El segundo ejemplo se refiere al Señor en el momento en que


aparece Saulo en el camino a Damasco (Hechos 9:1-7):

- Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues? – es la voz que


oyó desde los cielos.
- ¿Quién eres, Señor?
- Yo soy Jesús, a quien tú persigues. . .
- Señor, ¿Qué quieres que yo haga?
- Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que
debes hacer.

Multiplicación 40
Notemos que el Señor no contesta su pregunta, ni le da
ninguna explicación. La da sólo una orden: ir a Damasco; allí
le dirían lo que deberá hacer. Luego el Señor aparece a
Ananías, le da todas las explicaciones que este necesita y la
orden de ir a la casa donde moraba Saulo para devolverle la
vista y para que sea lleno del Espíritu Santo.-

¿Por qué era tan importante la intervención de Ananías? ¿No


hubiera sido más simple si el mismo Señor hubiera hecho lo
que le encomendó a Ananías? ¿Por qué encomienda a un
hombre la tarea que él cumplió durante tres años y medio
aquí en la tierra? La respuesta es la misma: ahora somos
nosotros los encargados de llevar el evangelio, Dios se sujeta
a sus propios planes: hombres redimidos harán la obra.-

Algunos de nosotros queremos salvar la responsabilidad


aduciendo que es el Espíritu Santo el que “convencerá al
mundo de pecado, de justicia y de juicio”. Esto es correcto,
pero lo que no es correcto es concebir la obra del Espíritu
Santo separada de la iglesia. Tal obra no concuerda con las
escrituras. El Espíritu no se mueve separado de la iglesia: él
habla, pero es nuestra boca la que emite las palabras; él
camina, pero son nuestros pies los que se mueven. Esto es
porque nosotros somos el “cuerpo” y la “boca” del Espíritu.

Multiplicación 41
Nuestra falta de fe y sumisión a la voluntad del Espíritu esta
deteniendo el fluir del poder y la gracia del evangelio. Si por
la misericordia de Dios se nota un mover entre los “huesos
secos”, es porque los corazones se están abriendo y el
Espíritu está recuperando su lugar de autoridad en el
cuerpo.-

Pero, alguno dirá, ¿no era el Señor el que “añadía cada día a
la iglesia los que habían de ser salvos” (hechos 2:47)? Sí, es
cierto, pero si estimamos que él lo hacía como una obra
separada de su iglesia, volvemos a engañarnos. Es un
concepto erróneo pensar que la iglesia de Jerusalén
celebraba reuniones de oración mientras el Señor se movía
por otras partes anunciando el evangelio. Lo correcto es
aceptar los hechos tal cual están registrados con abundantes
palabras y ejemplos. Era la iglesia la que se movía y
predicaba la palabra en todas partes; como resultado de esto
“el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser
salvos”.-

Considerar que tenemos dificultad entre nosotros mismos


para hacer la obra sin el Espíritu, sería un lamentable error.
Pero sería igualmente lamentable pretender que el Señor
haga la obra prescindiendo del cuerpo. Nosotros somos el
“vaso”, adentro esta la fuente de agua viva; aunque somos
de polvo, nuestro cuerpo es “templo de Dios y. . . el Espíritu
de Dios mora en nosotros”. Al mover el vaso se mueve el

Multiplicación 42
templo. . . se mueve Dios. El Hijo de Dios se ha encarnado en
nosotros. ¡Que glorioso privilegio! Como iglesia somos el
Cuerpo y él (Cristo) es la Cabeza: ¿se moverá la cabeza sin el
Cuerpo?

Multiplicación 43
3

Hemos visto que el mandato del Señor nos impile (presiona)


a salir con el evangelio fuera de las puertas y enfrentarnos
con los pecadores en el lugar mismo en que ellos estén; se
trata de “llevar la iglesia a ellos” y no que ellos vengan a la
iglesia. Hemos visto también que esta comisión nos toca a
CADA UNO de los redimidos, sin excepción. Hemos
considerado la palabra “haced” y hemos descubierto en ella
una obra mucho más profunda que la de entregar un
“tratado” meramente, o dar un mensaje o una invitación
para asistir a una reunión, sino que el llamado de Cristo

Multiplicación 44
impone que cada uno de los enviados participe activamente
en la formación de la vida espiritualmente de los discípulos.
Al enviar a los redimidos les ha hecho participes, a cada uno,
de su gracia; sus dones y su poder. En consecuencia, a cada
uno le toca sentirse responsable de hacer la obra.
Finalmente, hemos hecho resaltar que todo incumplimiento
por parte de nosotros produce en la misma medida, un
debilitamiento y hasta una paralización de la obra, pues
solamente a nosotros se nos ha encomendado este
ministerio.

Ahora nos toca estudiar la tercera palabra del gran mandato


del Señor a su iglesia y nos encontramos otra vez ante otra
consideración igualmente revolucionaria.

Si hemos entendido bien quienes son los obreros, la


responsabilidad que los cabe y donde se debe realizar la
obra, consideremos ahora la obra en sí, ya que sin esta
consideración todo el resto de nada sirve. Sería como dar a
un carpintero las herramientas, el dinero y los materiales
necesarios, todo menos las indicaciones precisas de la obra
que debe realizar. Por más voluntad y entusiasmo que
despliegue, no podrá realizarla. Puede ser un obrero de
mucha capacidad y talento, pero si carece de instrucciones
precisas para conocer la índole (naturaleza) del trabajo que
se le ha encomendado, no podrá realizarlo por mucho que se
afane. Lo que un buen obrero pretende es que su obra sea

Multiplicación 45
aprobada y esto solo es posible si las indicaciones son bien
claras.

Ya hemos hablado acerca de tener definiciones claras, y


volvemos a recalcar que uno de nuestros grandes problemas
estriba (descansa) en nuestra falta de definición.

El Señor define la obra que deben realizar sus siervos con una
sola palabra:

DISCIPULOS

Un retorno a las escrituras para descubrir el verdadero


carácter de un discípulo nos deja sorprendidos; quedamos
impresionados por el alto nivel de conducta que el Señor
demanda de los que pretenden seguirle. Parece que lo que
nosotros consideraríamos excelente, a los ojos del Señor
seria apenas un discípulo sin muchos dones ni gracias y
estamos en peligro de haber calificado de “salvos” a muchos
que carecen de verdadera vida en Cristo.

Siendo tal la importancia de este punto, si nos proponemos


cumplir el mandato del Señor y hacer “DISCIPULOS”, es
necesario que con toda seriedad nos aboquemos a esta
consideración para librarnos de cualquier confusión o falsa
enseñanza. Urge que entendamos bien lo que es un
Multiplicación 46
“convertido” un “creyente” o mejor, un DISCIPULO, en el
concepto de Dios. Al fin, somos nosotros quienes tendremos
que entenderle a él y ponernos en orden con su plan, pues
jamás el Señor modificara el suyo para satisfacernos a
nosotros. El no modificara su plan por mas que hagamos
grandes e importantes nuestros pulpitos o movimientos
llamados cristianos, ya sean católicos, protestantes o de
cualquier otra rama. El plan de Dios es invariable: EL NO
CAMBIA. . . ¡TENDREMOS QUE CAMBIAR NOSOTROS!

El que nos sintamos fuertes y sabios, siempre fue un


problema para Dios. El prefiere vernos temblando ante su
palabra (Isaías 66:2). A menudo Dios ha tenido que soplar
sobre “nuestra teología”, sobre nuestros mejores libros y
sobre nuestros “grandes maestros”, que nos alejaron tantas
veces del vital contacto con Dios y del poder del Espíritu
Santo. Tantas veces, sin saberlo, hemos errado
sustituyéndole a él (Dios) por palabras, libros y maestros que
nos han hecho andar a tientas (palpando con las manos
cuando no se puede ver o a ciegas), sin poder hallar la salida.

A lo largo y ancho del mundo, en el pueblo de Dios hay un


sentir que en algún punto crucial se ha desviado del camino.
Se impone una profunda revisión.

Multiplicación 47
¿QUE ES UN DISCIPULO?
Este fue el nombre que se dio a los que seguían a Jesús. San
Mateo comienza a usar el término (capitulo 5:1) y sigue
usándose constantemente a través de los cuatro evangelios.
El mismo caso se da en la primer iglesia de Jerusalén; se
denominó “discípulos” a los que obedecían la palabra. Este
mismo caso se dio en las iglesias fundadas por los apóstoles.

Lo que es importante subrayar es que el termino discípulo se


emplea en las Escrituras para denominar lisa y llanamente lo
que después se dio en llamar “cristiano” (hechos 11:26; 1ª
Pedro 4:16). Debemos poner en claro el hecho de que el
término “discípulo” no puede confundirse con el de apóstol,
profeta, o con el de cualquier otro ministerio o don. Un
discípulo es un CREYENTE, uno que sigue A CRISTO, UN
SALVADO. El término no tiene relación alguna con una vida
espiritual superior o con algún servicio o ministerio en la
iglesia. Digámoslo otra vez: un discípulo no es ni más ni
menos que un CREYENTE, un SALVADO.

LO QUE CARACTERIZA A UN DISCIPULO

La palabra “discípulo” significa, uno que aprende. ¡Qué


importante es señalar esto! Esencialmente lo que se requiere
para ser discípulo es que tenga una disposición para
Multiplicación 48
aprender. En la enseñanza secular esta es la condición que se
exige a cada alumno; solo se le podrá llamar con propiedad
“discípulo”, si está dispuesto a aprender. Así como el
maestro debe ser apto para enseñar, el discípulo debe ser
apto para aprender.

Luego se requiere que el discípulo aprenda con el fin de


poner en práctica lo que aprende. En el orden espiritual esto
es verdad en un sentido imperativo (autoritario). Ejemplo de
ello es Jesús y sus discípulos: toda su enseñanza se dirige
hacia ese momento culminante en que podría decirles:
“Como me envió el Padre, así también yo os envió” (juan
20:21). El fin que perseguía el Maestro con su ejemplo y
enseñanza era que llegasen a ser semejante a él: caminar
como él caminó y hablar como él habló, para que pudieran
ser los continuadores de la obra que él había comenzado.

Y esta voluntad del Señor no es solamente para con los que


están puestos como pastores de la grey, sino para todos.
Juan lo expreso así: “¿El que dice que permanece en él, debe
andar como él anduvo?” (1ª Juan 2:6). Y Juan no se está
refiriendo a algo estático, sino a que cada uno de nosotros
debemos imitar la imagen dinámica de nuestro Señor y
Maestro. Así como él obedeció, amó, actuó, predicó y se
esforzó, así también nosotros, los que nos llamamos sus
discípulos. Baste, entonces, decir que un discípulo de Cristo
en uno que aprende, que vive lo que aprende y lo comunica.

Multiplicación 49
Estudiemos esta verdad bajo otro aspecto: veamos qué cosas
fundamentales caracterizan a un discípulo:

A. Es nacido del Espíritu

B. Es sujeto a su Señor y sufre por él


C. Lleva fruto

A. ES NACIDO DEL ESPIRITU


Quizá este sea el punto más conocido y aceptado de este
tema, pero digamos otra vez que jamás podrá ser discípulo
de Cristo quien no haya “nacido de arriba”. “Más a todos los
que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio
potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son
engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de
voluntad de varón, sino de Dios”. (Juan 1:12-13).

Si unimos esto con lo que nos dice Jesús en San Juan 3:6,
tendremos un cuadro completo: “lo que es nacido de la
carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es”.

Lo que es importante notar aquí es como el Señor contrasta


las dos naturalezas: carne y espíritu. No es que contenga el
espíritu sino que, según dice el Señor, “es espíritu”. Se ha
operado en él un nuevo nacimiento. Antes era terrenal,

Multiplicación 50
ahora es celestial; ya está convertido, ya está consagrado
porque el Espíritu Santo lo posee todo. Así como antes
presentaba su cuerpo para servir a la iniquidad, ahora para
santificación presenta sus miembros para servir a la justicia.

Es uno a quien Dios le ha cambiado la naturaleza, por lo


tanto considera cosa completamente natural presentar su
cuerpo como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. Para
esto mismo es que ha renacido, para esto es que Dios le ha
regenerado. Antes lo natural era buscar y practicar lo
humano, lo terreno, ahora sabe que su vida está escondida
con Cristo en Dios y por eso busca las cosas de arriba donde
esta Cristo.

El Espíritu Santo le ha introducido en la escuela de Dios para


ser aconsejado, exhortado y reprendido hasta que aprenda a
servir a su Señor. Pero este proceso no le pesa, para él es
natural, concuerda con sus deseos más íntimos: es su anhelo,
su pasión, su ideal. Está preparado para sufrir cargas, tener
inconvenientes, padecer perdidas por causa de su fe. Su
única pasión es extenderse hacia la meta, al premio del
supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Ya no vive
para sí, sino para aquel que murió y resucito por él. Esto es lo
que quiso decir el Señor cuando dijo: “lo que es nacido del
Espíritu, ESPIRITU ES”.

Multiplicación 51
Este milagro sucede cuando el Espíritu Santo le identifica con
Jesucristo, operando en él, no solo su cruz sino también su
RESURRECCION. Es en la resurrección donde comienza la
vida. Es cierto que la vida espiritual halla su germen en la
muerte y sepultura de Jesús. Allí comienza el proceso de la
redención, pero solo se pone de manifiesto en su
resurrección: allí se confirma y tiene validez. De ahí que el
énfasis en el discipulado no sea sólo que “Cristo murió por los
impíos”, sino que también resucito para que “andemos en
vida nueva”. “Porque si fuimos plantados juntamente con él
en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la
de su resurrección” (Romanos 6:5).

Así los discípulos estamos unidos a Cristo en su muerte y


también en su resurrección, y es allí donde se opera el poder
de la regeneración y nacemos a vida nueva. De nada sirve
que pretendamos identificarnos solo con la crucifixión y
muerte de Cristo; esta es una parte indispensable en el
proceso de la redención, pero separada de la resurrección no
tiene ningún valor a los ojos de Dios. Su propósito no es solo
“crucificar nuestro viejo hombre” sino también “revestirnos
del nuevo”. El no solo desea dar muerte a esa vieja “ley de
pecado” sino que también opere en nosotros “la ley del
Espíritu de vida en Cristo Jesús” (Romanos 8:2). Es por su
resurrección que Cristo “saco a luz la vida y la inmortalidad”
(1ª Timoteo 1:10).

Multiplicación 52
¿Qué valor tendría la muerte y el sepulcro si no hubiera
habido una mañana de resurrección? “si Cristo no resucito,
vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados”, dice
Pablo (1ª Corintios 15:17)

No creo que el propósito de Dios con este nuevo nacimiento


sea devolvernos la imagen de Adán antes de su caída. ¡Creo
más bien que si Satán “cavo un pozo” para hundir la raza
humana, la respuesta de Dios no solo fue la de llenar el pozo
sino de constituir sobre él una montaña! La redención ha
significado y aun a glorificado aquello que Dios creó a su
imagen (Romanos 8:30; 1ª –corintios 15:45-49). Disfrutamos
ahora de una gloria que solo es comparable con la del Señor
mismo (Juan 17:22).

B. ES SUJETO A SU SEÑOR Y SUFRE POR EL

El sufrir del cristiano es un asunto poco comentado y menos


entendido. Muchos creen que el sufrimiento del cristiano es
algo optativo, que depende de, si decide “consagrarse” o no;
si tiene que pasar por persecuciones, etc. ¡Pero Cristo nos
enseña que el sufrimiento esta tan ligado a la vida de los que
le siguen que no puede existir esa vida sin sufrimiento! No
hay cruz sin padecimiento y no hay gloria sin cruz.

Multiplicación 53
Esto lo pone claro Pablo: “y si hijos, también herederos,
herederos de Dios y coherederos con Cristo, SI ES QUE
PADECEMOS JUNTAMENTE CON EL, PARA QUE JUNTAMENTE
CON EL SEAMOS GLORIFICADOS” (Romanos 8:17).

El Señor nunca engaño a sus oyentes con mensajes


atrayentes que prometían descanso, bienestar y prosperidad
mundana, más bien procuraba asentar claramente que él
demandaba un total renunciamiento, una entrega de todo y
que era un llamado a valientes, no a cobardes. Marcos
registra sus palabras: “y llamando a la gente y a sus
discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el
que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierde su
vida por causa de mí y del evangelio, la salvara” (Mateo 8:
34-35).

No hay duda que en el llamado de Cristo a sus discípulos está


involucrado un tipo de padecimiento; aunque tal
padecimiento es el mayor regocijo de sus discípulos y es una
concesión de amor que el Padre nos ha dado. “A vosotros os
es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino
también que padezcáis por él”, decía Pablo, (Filipenses 1:29).

Es necesario reconocer la enorme importancia de los


términos en que Cristo hace su llamado, ya que en ellos

Multiplicación 54
están contendidas las demandas del evangelio. Son las
condiciones es base a las cuales Dios trata con el pecador. Él
pone las condiciones, no nosotros. No cualquiera puede
seguir a Cristo, sino solo los que estén dispuestos a obedecer
las condiciones de su llamado. Sería ilusorio (engañoso)
pretender seguirle y no tomar en serio las solemnes palabras
con que Jesucristo nos invita a seguirle. Su demanda es clara,
no ha variado a través de los siglos y no admite acepción de
personas.

Hemos dicho que este es el llamado del evangelio; no se


trata de ciertos privilegios o demandas para los que ya son
salvos, sino que son las condiciones PARA LA SALVACION: “y
llamando a LA GENTE y a SUS DISCIPULOS, les dijo. . .” Luego
agrega “porque ¿Qué aprovecha al hombre si ganare todo el
mundo, y perdiere su alma?” El Señor no está presentando
una cuestión de grados en la vida espiritual sino que está
colocando a todos frente a la disyuntiva (alternativa entre
dos posibilidades por una de las cuales hay que optar) de
seguirle (si aceptamos sus demandas) o de no seguirle (si las
rechazamos). En otras palabras, se trata de salvación o
perdición.

Pero, ¿Cuál es

la cruz que deben llevar sus discípulos?

Multiplicación 55
No es la que llevo él; tampoco la de los padecimientos de la
vida que son comunes a todos los hombres: luchas por la
subsistencia, enfermedades, etc.; tampoco es la que el
discípulo pudiera cargar por su desobediencia. En cuanto a
esto Pedro aclara: “Pues, ¿Qué gloria es, si pecando sois
abofeteados, y lo soportáis?” (1ª Pedro 2:20).

Tampoco significa las cargas y sacrificios que nosotros


mismos nos imponemos con la excusa de “servir al Señor”.
Todo este trabajo es inútil (1ª Corintios 3:12-15). Entonces,
¿Cuál es la cruz que Cristo nos pide llevar?

Hay tres cosas que el Señor establece y que describen la


clase de padecimientos que deben enfrentar sus discípulos:

1. La negación de sí mismos, del propio yo,

2. Llevar su Cruz,
3. Perder la vida por causa de su Señor y del evangelio.

En realidad, la demanda de Cristo se puede concretar en


cualquiera de los tres conceptos: “negarse a sí mismos”;
“llevar su cruz”, o “perder la vida”. Es evidente que al llevar
nuestra cruz estaremos negándonos a nosotros mismos y

Multiplicación 56
colocando el valor total de nuestra vida a los pies de Jesús.
Cualquiera de las tres posiciones que tomemos involucra las
otras dos. Así que “la cruz” se expresa en aquello que
padecemos como resultado de nuestro andar obediente en
pos de Cristo. Es lo que padecemos porque somos sus
discípulos; es lo que padecemos por causa del reino de los
cielos. La vida normal de un discípulo fiel impone tal
padecimiento. Decía Pablo a Timoteo: “Tu, pues, sufre
penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2ª Timoteo
2:3).

Pero el Señor no envía a sus discípulos a padecer solos, mas


bien nos invita a:

Padecer juntamente con él.

Esta es la mayor gloria del discípulo. Pablo entendía esto


cabalmente; para él, “conocer a Cristo” implicaba “participar
de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su
muerte” (Filipenses 3:10).

Él no estaba hablando de sufrir la cruz de Cristo, sino de


sufrir las luchas, trabajos y privaciones como discípulos del
Señor. Pablo entendía que los discípulos estaban llamados a
completar la obra que el Señor había comenzado. Cristo
había puesto el cimiento y los discípulos del Señor eran los
Multiplicación 57
siervos, por medio de los cuales el Espíritu Santo completaría
la edificación: “Ahora me gozo en lo que padezco por
vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones
de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia. . . (Colosenses
1:24).

Esta es la cruz, el verdadero concepto del padecimiento. Esto


es lo que quiso decir Cristo cuando hacia su llamado a todos
los que pretendían seguirle.

C. LLEVAR FRUTO (1ª PARTE)

La tercera virtud que caracteriza a un discípulo de Jesucristo


es la de llevar fruto. Sería imposible poseer las otras dos y
carecer de esta. Recordemos que estamos aprendiendo a
hacer discípulos según el modelo que el Señor nos ha
trazado, y el fruto es parte inherente del discípulo, por lo que
debemos considerar este aspecto del estudio con suma
atención.

Comprendemos que el tema no es fácil y tendríamos que


trillar un campo bastante extenso ya que sobre este
particular hay tantas opiniones encontradas. Tampoco
creemos que con este breve estudio se contesten todas las
preguntas. Pero procuraremos hallar claridad y ser librados
de toda confusión, aunque nuestros conceptos tengan que
Multiplicación 58
sufrir cambios radicales. Tengamos los corazones abiertos,
dóciles a las correcciones que el Espíritu nos quiera imponer.
Así libraremos nuestras almas de cantar de “coronas” que
nunca ceñiremos y de “triunfos” que nunca se alcanzaran.
Zafémonos de toda posibilidad de errar al blanco y ser
descalificados como siervos del Señor. Consideremos,
entonces, algunas cosas fundamentales en cuanto al fruto
del discípulo.

Todo discípulo debe llevar fruto.


El fruto es la parte visible del discípulo, es su testimonio,
aquello que es manifiesto a todos y que lo califica como tal.
El Señor dice: “por sus frutos los conoceréis. . .” y es
precisamente por sus frutos que se conoce al discípulo. El
fruto es esa parte en él que nos hace saber que estamos ante
una vida aprobada por Dios.

A) Su unión con Cristo lo garantiza: El fruto en el discípulo


verdadero es consecuencia natural de su unión con Cristo, y
esa unión está garantizada a su vez por lo que hemos tratado
anteriormente; es decir, por haber nacido del Espíritu y por
su caminar en sujeción a la voluntad de su Señor.
Estar en Cristo es la condición indispensable para tener vida,
así que solamente los que están unidos a él son salvados y
entraran en los cielos. Pero también es esa misma unión la
que garantiza el fruto. De modo que aquí hay dos cosas que

Multiplicación 59
están unidas, ya que nacen juntas, de la misma fuente: vida y
fruto. Si hay vida, hay fruto; si hay fruto, hay vida; hay vida
porque hay comunión con Cristo, fuente de vida. Así que:

Unión con Cristo produce:


1) Vida espiritual: Salvación
2) Fruto.

O sea que VIDA + FRUTO = DISCIPULO. Si quitamos cualquiera


de los dos elementos nos quedaremos sin el producto que
Dios espera de nuestro ministerio. Pero subrayémoslo con las
mismas palabras del Señor:

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en


mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí
nada podéis hacer” (Juan 15:5).

Asentemos, entonces, este principio fundamental: que si vida


espiritual depende de unión con Cristo, y que a la vez, esa
unión es garantía de fruto, NO PUEDE HABER DISCIPULO
VERDADERO SIN FRUTO. ¿Nos damos cuenta de esto? Unión
con Cristo y fruto, son dos cosas inseparables.

Hay dos aspectos en que opera la cruz en cada discípulo:

Multiplicación 60
1) En su vida personal para mantenerle puro. En este caso
la cruz lo libera del pecado; la cruz se interpone
separándole del mundo y comienza la vida en el
Espíritu.
2) En el desarrollo del ministerio que Dios le ha dado. La
cruz garantiza su unión con la Fuente de toda vida y es
aquí donde comienza la fructificación.

Es precisamente para esta fructificación que el Señor ha


llamado a sus discípulos: “. . . os he puesto para que vayáis y
llevéis fruto. . .” (Juan 15:16). Entonces ellos no están
llamados a gastar todas sus energías para ocuparse de sí
mismos. En cuanto a la vida personal, el Padre ha prometido
libertarles de toda carga y afán. Esto lo hace para que
puedan servirle y llevar fruto. La vida de cada discípulo está
rendida a favor de otros. ¡Los discípulos como su Señor, no
están para ser servidos sino para servir!

Pero volvamos a subrayar este segundo aspecto en que


opera la cruz en la vida del discípulo: la cruz garantiza su
unión con la Fuente de toda Vida y ES EN ESTE PUNTO
DONDE NACE EL MINISTERIO QUE DIOS HA DADO A CADA
UNO DE SUS DISCIPULOS.

En esta unión vivencial del discípulo con Cristo es donde


nacen todos los ministerios y operaciones. No nacen de la

Multiplicación 61
dialéctica (técnica de conversación), la homotética (estudio
del sermón) ni de “profundos estudios de teología”; no
nacen de sistemáticos estudios bíblicos, ni de la psicología
cristiana ni de ninguna declaración de fe: NACEN DE CRISTO,
DE LA UNION DEL DISCIPULO CON EL. Este es el punto de
partida de Dios para todo el ministerio. Si todo lo demás
resulta de alguna ayuda usémoslo, pero si solo nos ayuda a
“hinchar” el intelecto, échemelos fuera porque estorbara al
discípulo para llevar fruto. Será como la armadura que el Rey
Saúl le puso a David: a los ojos de cualquier israelita era
indispensable para la guerra, pero a David le estorbaba. ¡Para
él era suficiente la honda, cinco piedras y la presencia del
Señor!

No hay duda de que hemos tocado aquí un punto básico,


esencial. Aquí es donde se dividen las aguas: o la abundancia
de vida y fruto si la unión es verdadera, o la mera religiosidad
estéril, llena de confusión, si es solo una pretendida unión. Si
vamos a formar discípulos esta es una consideración angular:
ellos tienen que aprender a permanecer unidos a Cristo. Por
eso cuidaremos esta condición más que cualquier otra; será
la medula de nuestro ministerio al formar discípulos. El fruto
de nuestra labor dependerá del éxito que tengamos en este
punto.

Multiplicación 62
B) Su unión con Cristo garantiza ABUNDANTE fruto: Si el
discípulo recibe del Señor “vida. . . en abundancia” (Juan
10:10), será normal que todo su suceso este marcado por esa
abundancia. La escasez no es normal en la vida de los
discípulos de Cristo. Y así lo expresa el Señor: “En esto es
glorificado mi Padre, en que levéis MUCHO fruto, y seáis así
mis discípulos” (Juan 15:8). Esto es lo que marca el deseo del
Señor, y lo normal es que se cumpla su deseo ya que él ha
dado “en abundancia”.

Por supuesto, como ya hemos visto, este es un suceso donde


interviene el mismo Señor, él es Fuente de Vida y Vida
abundante, por eso todos los que están unidos a él, más que
procurarlo, no pueden detener las corrientes de vida que
fluyen de su interior. Debemos acentuar bien la verdad de
que Cristo no dijo: “. . . el que permanece en mí, y yo en él,
este lleva fruto”, sino que determina cantidad, exalta la
abundancia de ese fruto, diciendo: “. . . lleva MUCHO fruto”.

El fruto abundante no viene porque la persona del discípulo


sea excelente, sino por la excelencia de la persona de
Jesucristo a quien está unido. No es la rama lo importante
sino la vid de donde se nutre. El Padre desea que la unión
con Cristo y el discípulo sea perfecta; esto es lo que llena su
propósito, cumple su voluntad.

Multiplicación 63
Su plan está trazado sobre esta base que “. . . el que se une al
Señor, un espíritu es con él” (1ª corintios 6:17).

Quizá Pablo nos dé una de las mejores ilustraciones de esto:


su vida y su visión se conjugan en brindaros un elocuente
(conmovedor) ejemplo de uno que supo entender la
verdadera unión con Cristo. Incuestionablemente resultó de
esa unión un fruto en grande abundancia. Lástima que por
tenerse un concepto erróneo de lo que es ser un apóstol, su
ejemplo ayude a tan pocos cristianos. A muchos les parece
que Pablo estaba desencajado de la normalidad; le ven a él y
a los demás apóstoles como vidas para “un periodo que ya
pasó”, o bien de una “espiritualidad gigantesca” que no es
para todos. Pero Pablo se esforzaba por comunicar a todos
sus discípulos su misma visión y edificarlos de acuerdo con la
misma vida que el Señor le había impartido, porque sabía
que era la misma vida que el Señor quería impartir a toda la
iglesia.

En su carta a los Filipenses, capítulo 3, corre el velo para


dejar al descubierto el secreto de su profundo anhelo y
visión. Una sola cosa le interesaba a Pablo y por alcanzarla
había perdido todo, todo lo tenía por “estiércol”
(literalmente). Esa cosa era: CONOCER A CRISTO.

Multiplicación 64
Pero Pablo no era un monástico (estudioso religioso), un
místico que deseaba pasar su tiempo en estériles
contemplaciones; sus intenciones estaban cargadas de
propósito, tenía una intención definida. En el conocimiento
de Cristo había descubierto la dinámica de su vida, su meta
cierta. Dos cosas fundamentales le interesaba alcanzar con
ese conocimiento:

1) Revestirse de poder, por causa de su resurrección,


2) Participar de sus padecimientos.

Con estas dos cosas Pablo describe su concepto de lo que era


para él unirse a Cristo.

Pero Pablo también sabía que para conseguirlas necesitaba


ser “semejante a él en su muerte”. Pablo sabía que para
seguir a Cristo necesitaba “tomar su cruz”, “negarse a sí
mismo”. Cristo había muerto, su muerte en la cual Pablo no
podía participar personal y físicamente, pero podía participar
en su propia muerte, y ésta sí que era la muerte que le
tocaba morir, como nos toca morir a todos los que queremos
seguir a Cristo. En ese sentido Pablo quería asemejarse a la
muerte de Cristo. (Debemos distinguir entre “ser semejante a
él en su muerte” y “participar de sus padecimientos”. Esto
último lo desarrollaremos más adelante en este estudio).

Multiplicación 65
De esa “muerte de Pablo” nació su unión con Cristo; a esto
Pablo llama: “conocer a Cristo”. Para él, conocer a Cristo era
identificarse con Cristo, unirse a él, y es aquí donde se reviste
del “poder de su resurrección”.

Pablo describe esto claramente en Romanos 6:5 “porque si


fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su
muerte, ASI TAMBIEN LO SEREMOS EN LA DE SU
RESURRECCION”.

Para Pablo, la salvación no consistía en que Cristo había


muerto sino que también había resucitado. Para él, la muerte
de Cristo constituía la base legal sobre la cual Dios podía
perdonar al pecador, pero era la virtud de su resurrección
que otorgaba la vida, el poder para caminar y hacer las obras
de Cristo. Pablo no era un predicador de “religión”, un mero
adoctrinador, sino uno que se esforzaba por conducir a los
pecadores a vivir en unión con Cristo para que se llenasen de
su gracia y poder. En una palabra, que viviesen saturados de
la vida del Cristo resucitado y triunfante. El no esperaba otra
cosa de sus discípulos, y si tal vida no se manifestaba, él
dudaba de la verdadera unión de ellos con Cristo. Esto es lo
que Pablo enseñaba a todos y esperaba de todos; él se
esforzaba y luchaba sin cesar para que sus discípulos
abundasen en fruto.

Multiplicación 66
El Señor califica a los que creen en él diciendo que “de su ser
interior correrán ríos de agua viva”. “Ríos” no son gotas;
“ríos” habla de raudales (gran cantidad de agua que corre
con rapidez), de un fluir constante y en gran cantidad: habla
de abundancia. También él garantiza el abundante fruto de
sus discípulos cuando dice: “y todo aquel que lleva fruto, (el
Padre) lo limpiará, para que lleve más fruto”. Así se establece
una constante de fruto y más fruto que indefectiblemente
lleva mucho fruto.

Nuestro Señor sabía lo que decía; él no nos engañó, ni


tampoco exageró. El conocía la clase de vida que impartiría a
sus discípulos: ellos “tomarían de su plenitud” y de esa
plenitud glorificarían al Padre llevando MUCHO FRUTO. Pero
como la consideración del fruto es una cuestión cardinal en
nuestra misión de formar verdaderos discípulos de
Jesucristo, es necesario agregar otras consideraciones en
capítulo aparte.

C. LLEVAR FRUTO (2ª PARTE)

(1) ¿Cuál es el fruto del discípulo?


Podría parecer innecesaria esta consideración, sin embargo
es posible que sea esencial. Quizá todo lo que antecede en
este capítulo, para muchos no sea más que una manera
diferente de expresar las cosas; es posible que se halle el
Multiplicación 67
mayor escollo (dificultad) en procurar determinar el fruto del
discípulo.

Conviene recordar que la iglesia se ha vuelto estéril mucho


más por confusión en asuntos cardinales que por ninguna
otra cosa. La falta de claridad vez tras vez nos ha privado de
un sentido de dirección, nos ha hecho vacilar y nos hemos
vuelto confusos e ineficaces. Determinar claramente cuál es
el fruto que el Señor espera de sus discípulos, es una
consideración cardinal.

El fruto del discípulo, dirá alguno, ¿será vivir una vida santa?
Pero, ¿Qué significa vivir una vida santa? O, ¿Qué es
santidad? ¿Será un proceder recto y limpio? Pero, ¿no es que
hay muchas personas que sin conocer a Cristo viven vidas de
una ética intachable? ¿Será vivir llenos del Espíritu? Pero,
volvamos a preguntarnos, ¿Cuál será el fruto de una vida
llena del Espíritu? ¿Debemos dejar estas cosas
fundamentales sin explicación clara, o es que hay una
función definida, un trabajo específico que cada discípulo
debe desempeñar y que determinará su fruto? Veamos:

A) El fruto del discípulo no es lo que se recibe, sino lo que


se reparte: La vida del discípulo se proyecta
fundamentalmente en dos sentidos: hay un sentido
vertical que es hacia Dios, y un sentido horizontal hacia

Multiplicación 68
los hombres. El segundo sentido se divide a la vez en
dos aspectos: hacia la iglesia y hacia el mundo.
Expresémoslo con claridad:

1º Hacia Dios
2º Hacia los hombres
- En la iglesia

- En el mundo

Es importantísimo que observemos que estos sentidos que


marcan las áreas en las cuales el discípulo granjea y obtiene
su fruto, se complementan perfectamente, de tal manera
que sería difícil, si no imposible, quitar cualquiera de ellos sin
afectar seriamente a los demás. Preguntémonos, ¿Cuál de
estas áreas es menos importante?

Ninguno osaría (intentaría) quitar la primera ya que es obvio


que la vida misma del discípulo depende de su unión con
Cristo. Pero, ¿no sería igualmente peligroso atribuir total
importancia a la primera y restar importancia a la segunda? Y
en cuanto al ministerio de los hombres, ¿Cuál de los dos será
más importante, el ministerio a la iglesia o al mundo? Si el
discípulo dejara de comunicar la vida de Cristo a los perdidos,
pronto se terminarían las generaciones de discípulos, la
iglesia dejaría de existir en la tierra antes de ser completada.
Y si dejara de cuidar a los que nacen, ¿Cómo perseverarían y
Multiplicación 69
se formaría la iglesia? Volvamos a afirmar que el discípulo
obtiene su fruto:
1) Al recibir vida propia como consecuencia de su unión
con Cristo,
2) Al compartir esa vida con sus condiscípulos y
3) Al compartir esa vida con los que están
espiritualmente muertos.

Fundamentalmente, lo que el discípulo recibe en su caminar


con Cristo,

ES PARA REPARTIR,

para suplir la necesidad de los que le rodean. Así resulta fácil


entender que Dios llene el “vaso” de sus discípulos para que
ellos, a su vez, vuelquen el precioso contenido y bendición
sobre los que les rodean. Y no es menos importante
considerar que esto, además, ES LO QUE GARANTIZA QUE
SUS VASOS SEAN CONSTANTEMENTE LLENADOS.

Aquí aprendemos algunas lecciones importantes en el obrar


de Dios a través de los discípulos:

1) Que el sentido vertical está inseparablemente unido al


sentido horizontal. Lo que el discípulo recibe de Dios
debe repartirlo entre los hombres. Dios está deseoso de
Multiplicación 70
manifestarse a los hombres, y sus discípulos son los
canales por medio de los cuales lo hace.

2) Que el fruto del discípulo no es lo que recibe sino lo que


reparte. ¡DEBEMOS HACER UNA CLARA DISTINCION
ENTRE EL FRUTO DEL ESPIRITU (Gálatas 5:22) Y EL
FRUTO DEL DISCIPULO (Juan 15:16)! El primero está
representado por todo lo que el Señor da a los suyos, lo
cual él concede en forma de gracias, dones y
autoridades. Si se nos permite usar una alegoría, éstas
deben considerarse como “LAS HERRAMIENTAS DE
LABRANZA”. ¡El Señor no viene a buscar sus
“herramientas” sino EL FRUTO DE LA LABOR DE SUS
DISCIPULOS! De ahí la amonestación de Pablo a
Timoteo: “Te aconsejo que avives el fuego del don de
Dios que está en ti”. . . (2ª Timoteo 1:6)

Esta última consideración es cardinal y es el punto donde


debe girar la mente de muchos para adoptar una posición
nueva y revolucionaria. Quizá nos ayuden las palabras del
Señor; él dice “Os he puesto para que VAYAIS, y llevéis fruto. .
.” (Juan 15:16). Entonces, para el Señor, ¡el fruto del
discípulo ES EL QUE SE OBTIENE YENDO! Esto quita nuestra
atención de la persona del discípulo y nos pone en contacto
con su función, su andar. Si mi experiencia en Cristo sólo se
Multiplicación 71
concreta en lo que el Espíritu hace en mí, no podría el Señor
decir de mi experiencia cristiana: “de su interior correrán ríos
de agua viva”. . . “vosotros sois la luz del mundo”. . . “la sal
de la tierra”. . . “embajadores en nombre de Cristo”. . . “así
como el Padre me envió Yo os envío”. . . “recibiréis poder. . . y
me seréis testigos”, etc.

El siervo malo, en la parábola de los talentos, Mateo 25,


pensó guardar el talento; fue y lo escondió. Cuando vino el
Señor no esperaba la devolución de lo que había dado a su
siervo sino el producto, LO QUE HUBIERA OBTENIDO
GRANJEANDO CON EL TALENTO.

El siervo inútil tuvo palabras de reproche para su Señor:


“conocía que eres hombre duro, que siegas donde no
sembraste. . . por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu
talento. . .” Es extraño, pero al menos yo nunca he escuchado
a alguien dirigir estas palabras al Señor. Pero debemos
meditar solamente que aunque no estén en los labios de
nadie, son las palabras que el Señor lee en muchos
corazones. Porque estas palabras del siervo inútil, denotan
exactamente el intimo sentir de muchos que se llaman
siervos de Cristo. Hay un inconfesable sentir, y es el que Dios
ha impuesto una carga demasiada pesada: que “otros

Multiplicación 72
pueden, pero yo no puedo. . .”, el “temor” es cosa común en
los que se denominan cristianos: por temor no se actúa, no
se habla, no se predica, no se ministra. . . ¿y no será que
habrá otras cosas escondidas detrás de ese “temor”? ¿No
será esta una manera eficaz de “enterrar el talento”?
El Discípulo fiel sabe que su Señor “repartió” a cada uno
según su capacidad. Debemos aprender la lección y no
pretender “reservar” los tesoros que el Señor nos ha dado.

Nos equivocamos si pensamos que el fruto que el Señor


espera de sus discípulos está demostrado sólo por una
conducta piadosa. No es suficiente “ir a las reuniones”, “leer
la Biblia y orar”, “vivir una aparente vida cristiana. . .” No nos
jactemos diciendo: “Brilla ante mí la gloria. . .”; “Aleluya,
salvo soy. . .” Escuchemos las palabras con que el Señor
concluye la parábola: “Porque al que tiene, le será dado, y
tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será
quitado”.

Seamos entonces cuidadosos; al formar discípulos debemos


ayudarles a unir lo “vertical” con lo “horizontal”. Lo que el
discípulo recibe, debe aprender a repartirlo entre los
hombres. Y ese ministerio debe estar dirigido a sus
condiscípulos y al mundo. Es fundamental que entendamos

Multiplicación 73
que estas dos áreas se complementan de tal manera que
deben considerarse INSEPARABLES Y CONSTANTES.
Así que el discípulo obtiene su fruto al comunicar a otros lo
que recibe del Señor, o sea, fluyendo con la vida de Cristo
que está en él. Los que entran en contacto con él no deben
encontrarse con alguien que está llevado por las
circunstancias comunes de la vida, sino con alguien que tiene
unción, una vocación dada por Dios; alguien que ha recibido
una gracia para repartir bienes espirituales entre sus
hermanos, y que a la vez agoniza por la salvación de los
perdidos. Literalmente el discípulo tiene la facultad de
COMUNICAR A CRISTO a través de sí mismo; FORMAR A
OTROS A LA SEMEJANZA DE LA IMAGEN QUE EL CONTIENE.

B) El grano de trigo: Al caer en tierra, el grano de trigo


muere. ¿Cuál es el fruto del grano de trigo? ¿será el
tallo, las hojas? La respuesta no puede ser más simple:
otros granos. El grano de trigo que muere y lleva fruto
es una elocuente (conmovedora) imagen de la
admirable historia de la cruz. ¿Cuál es el fruto del Hijo
de Dios que muere? La respuesta no puede ser otra:
“habiendo de llevar muchos hijos a la gloria. . .”.
Este es el fruto: los hijos del reino. En otras palabras,
Cristo se multiplicó a sí mismo. El grano produjo otros
granos. . . el Hijo produjo otros hijos.

Multiplicación 74
Si aplicamos la lección para hallar respuesta a nuestra
pregunta, no nos equivocaremos al decir que el fruto de
un discípulo de Jesucristo es OTROS DISCIPULOS.

C) Características del fruto: Habiendo dicho esto,


asegurémonos de que este fruto sea producto de una
carga espiritual llevada con paciencia, constancia y
oración. No es cosa fácil; es dar a luz, es engendrar
espiritualmente (Juan 1:12-13 y Juan 3:6).

Al verdadero discípulo ni se le pasa por la mente


aceptar como producto de la cruz algo menos que un
regenerado, alguien que tiene unción y que está
preparado, como él, para llevar fruto. Dice el Señor “Ay
de los que a lo malo dicen bueno. . .” (Isaías 5:20). ¿No
será la razón de la pobreza de muchas iglesias?

Así que estos que él habrá ganado no serán estériles.


¿Por qué todo el trabajo de cuidar, corregir, enseñar y
nutrir? Porque los habrá preparado para que a su vez
produzcan el mismo fruto. Así se forma la cadena de
vida constante: vida que da vida, que da vida, que da

Multiplicación 75
vida. . . etc. Es como las aves, ¿a qué ave se le ocurriría
criar a otros pichones?

Recordemos que estamos hablando de producir discípulos y


no pastores, evangelistas, profetas o apóstoles. Cada uno
tiene autoridad concedida por Dios para impartir la gracia
que ha recibido. Pero creemos que la gracia de criar
discípulos es común a toda la iglesia y es a esta gracia que
nos referimos. Recordemos aquí lo que decíamos
anteriormente acerca de cómo Dios ha constituido a los
miembros del cuerpo: ninguno es menos que “testigo” y
“sacerdote”. Tal consideración quizá pasme a muchos ya que
está tan alejada de la realidad que viven hoy la mayoría de
las iglesias; sin embargo lo imposible para el hombre es
posible para Dios.

La experiencia que hemos señalado era común al vivir de los


primeros cristianos. Eran iglesias donde abundaba la vida y
los discípulos se multiplicaban grandemente. Estos entendían
y creían que literalmente el Hijo de Dios estaba en medio de
ellos; que él les había dicho: “toda potestad me es dada en el
cielo y en la tierra, por tanto id, y haced discípulos. . . y he
aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo” (Mateo 28:18-20).

Multiplicación 76
Dios puede demandar, porque él ha dado. ¡No sería más
difícil para un mendigo adquirir un automóvil que comprar
un kilo de pan, si le damos el dinero para hacerlo!

Recordemos que la clave de nuestro ministerio será que los


discípulos aprendan a “perseverar” unidos a Cristo. Si la vida
que nos impartió el Padre es la vida del Hijo, ¿Cómo
podemos tener esa vida y no caminar como camino él? Es
imposible poseer la mente de Cristo y el Espíritu de Cristo y
no sentir compasión por las multitudes perdidas. Al verlas
con los ojos de Cristo notaremos que están “dispersas como
ovejas que no tienen pastor”, pero también desearemos
ardientemente pastorearlas. Es inevitable, será una pasión,
un celo que nos consumirá como consumía al Hijo de Dios. Y
¡bendito sea el Señor que nos ha dado la habilidad para
hacerlo!

El ejemplo de Pablo:
Si volvemos al ejemplo de Pablo, encontraremos que él
fundamenta precisamente esta lección en forma
concluyente.

Decíamos hace poco que Pablo había renunciado a todo para


“conocer a Cristo. . .”, y señalamos dos cosas fundamentales
que él deseaba obtener como resultado de ese
conocimiento:
Multiplicación 77
a) Poseer la virtud de su resurrección; y
b) Participar de sus padecimientos. Es esta última que
nos da la clave para la consideración presente. ¿Qué
significaba para Pablo

Participar de los padecimientos de Cristo?

En la carta a los Colosenses, Pablo nos lo hace


meridianamente claro: “Ahora me gozo en lo que padezco
por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las
aflicciones de Cristo POR SU CUERPO, QUE ES LA IGLESIA”
(Colosenses 1:24).

En lo que sigue del pasaje Pablo exalta su ministerio que


queda concretado en “anunciar”, “amonestar”, “enseñar a
todo hombre”. . . “a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús
a todo hombre”. Y remata la declaración exaltando el poder
de Cristo que le ha sido dado para este precioso ministerio:
“para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de
él, la cual actúa poderosamente en mí” (colosenses 1:29). Es
decir que para Pablo, su misión se concretaba en una sola
cosa: PRESENTAR HOMBRES A DIOS, PERFECTOS EN CRISTO
JESUS. Su pasión era:

1º alcanzar con el evangelio a los perdidos, y luego


2º adoctrinarles, llevándoles a la perfección.

Multiplicación 78
Es por esta causa que luchaba y trabajaba, porque ¡para esto
precisamente era que actuaba poderosamente la potencia de
Cristo en él! Este era su llamamiento, su vacación, su servicio,
el motivo mismo de su existencia. Para esto era que el Señor
le había impartido vida, dones y poder. Y esto era lo que
produciría el fruto que el Señor demandaría de él.

Pero no hacia esto por ser apóstol. El llego a ser apóstol


porque fue fiel y creció en gracia. Pablo no comenzó siendo
apóstol, ni hubiera tampoco llegado a serlo si no hubiera sido
por su obediencia. El comenzó a hacer este mismo trabajo
cuando era discípulo raso, inmediatamente después de su
conversión en Damasco. Y Pablo se esforzaba en inculcar a
todos sus discípulos esta misma visión y labor.

Además, Pablo no podía hacer la obra sin la ayuda de los


discípulos que él había formado. La obra que hacía él
aumentaba y se multiplicaba no sólo por sus propios
esfuerzos sino también por LOS DEL EJERCITO DE DISCIPULOS
QUE HABIA ADIESTRADO. Estos estaban saturados de la
misma visión y estaban enrolados en la misma misión que
Pablo. Los ojos de Pablo incesantemente buscaban
“discípulos” y para ellos tenía una sola consigna: impartirles
su visión y enseñarles a poner la mano sobre el “arado” que
él mismo empuñaba.

Multiplicación 79
¿Qué era, entonces, para él “participar de los padecimientos
de Cristo”? ¿Eran las cárceles, azotes, las privaciones, los
ayunos, el hambre, los peligros? No, éstas eran “las marcas”,
las consecuencias de su labor; pero su labor era “cumplir en
su carne lo que faltaba de las aflicciones de Cristo por su
cuerpo, que es la iglesia”. Para Pablo, “Cristo sufrió la cruz
menospreciando el oprobio (deshonra publica)” “POR EL
GOZO PUESTO DELANTE DE EL”. Ese gozo de Cristo estaba
expresado en la palabra profética: “Anunciaré a mis
hermanos tu nombre, en medio de la congragación te
alabaré. . . he aquí yo y los hijos que Dios me dio” (Hebreos
2:12-13).

Pablo había entrado en este gozo de Cristo. Es como si el


Señor le hubiera puesto la mano en el hombro, y corriendo
un velo en los cielos, le hubiera permitido contemplar una
inmensa, incontable muchedumbre de seres que, perdidos
en medio de aquella gloria excelsa, cantaban, alababan y
servían al Señor, mientras éste le decía: “¿ves, Pablo? Este es
el gozo que me fue propuesto: para esto he padecido. Pero
viene la edificación y tú y tus hermanos serán los
edificadores. No temas, porque mi poder estará con todos
ustedes hasta el fin. Ahora debo padecer para la edificación
de la iglesia. . . pero ustedes padecerán conmigo. . .”

Multiplicación 80
Esta es la visión que saturó a Pablo, imprimió vida y
propósito a su ministerio; este es el blanco hacia el cual se
extendía valerosamente. Para él era sólo cuestión de ponerse
en línea con el propósito de Dios, y sabía que todo el poder
del cielo estaría con él.

Preguntémonos: ¿Cómo contestaría Pablo a nuestra


pregunta? ¿Cuál era para él el fruto de un discípulo? Sin duda
Pablo contestaría: ¡OTROS DISCIPULOS!

Si vamos a formar verdaderos discípulos, no estaremos


confundidos en cuanto al propósito de Dios para sus vidas.
Una pequeña confusión en cuanto a una cuestión tan
fundamental, nos haría perder el rumbo y alejarnos de los
verdaderos propósitos de Dios; careceríamos de la unción y
del poder del Espíritu y seriamos los más miserables de todos
los hombres. ¡Cuán horriblemente triste seria pretender ser
siervos de Dios pero estar confusos y desorientados en
cuanto a la meta, la visión, el propósito de nuestro
ministerio!

(2) El resultado de llevar fruto en la vida del discípulo.

No menos importante es considerar los extraordinarios


beneficios que el discípulo recibe como consecuencia de
esforzarse en rendir fruto para su Señor. Cuando el discípulo
Multiplicación 81
se esfuerza por llevar fruto, se está colocando una pieza
fundamental de su potente armadura cristiana: está
alcanzando los pies con “el apresto del evangelio de la paz”
(Efesios 6:15). Tal situación de hecho ofrece la cura para
muchísimos males que aquejan a la desvalida y desorientada
cristiandad de estos días. Cuando el discípulo aprende a
ejercitar la vida que hay en él con el fin de llevar fruto, ¡EN
ESE ESFUERZO SALUDABLE CONSERVA SU PROPIA VIDA!

Habría que escribir un capítulo entero sobre este tema, pero


aquí sólo haremos mención de algunos beneficios.

a) Se desarrolla espiritualmente al esforzarse por llevar


fruto: “bueno le es al hombre llevar el yugo desde su
juventud” (Lamentaciones 3:27). El discípulo nace con el
yugo del servicio sobre sí, e inmediatamente comienza
a esforzarse para producir el precioso fruto que su
Señor espera de él. Esto necesariamente le impone un
esfuerzo espiritual y pronto se sentirá envuelto en una
lucha contra los “gobernadores de las tinieblas” (Efesios
6). Aprenderá a usar las poderosas armas del Señor (2ª
Corintios 10:4); aprenderá a interceder en oración, a
ejercitar amor, paciencia y toda otra gracia que el Señor
haya puesto en él. Estas virtudes entran en operación
sólo cuando el discípulo se coloca en la situación y en el
propósito por el cual ha sido llamado.

Multiplicación 82
b) Aprenderá a redimir el tiempo: esto es indispensable
porque no podrá llevar fruto si no dedica tiempo para
hacerlo. Hay una parte esencialmente práctica en llevar
fruto. Volcar el “cántaro de vida” para que un sediento
sacie su sed, nos habla de:

Un determinado lugar,
Un determinado tiempo y
Una determinada persona.

Tres cosas eminentemente prácticas, que muchos


parecen tener dificultad en relacionar con un concepto
de “vida espiritual”. Los hombres de negocio dicen; “El
tiempo es oro”, pero para el discípulo el tiempo es vida;
es el “cofre” donde está contenida toda su oportunidad
para vivir y llevar fruto para su Maestro. ¡Todos los
mejores deseos e intenciones mueren en el momento
que se declara: “no tengo tiempo”! Así que el discípulo
aprende a hacer tiempo para producir fruto.

c) Disfruta del cuidado de su Señor: El Señor ha


prometido cuidar a los que le sirven y prodigar (dar algo
en abundancia) sobre ellos sus favores y misericordias.
Ha prometido alimentarles física y espiritualmente, ha
prometido llevar sus cargas. El nunca prometió
bendición a los que no le sirven. Es el discípulo que goza
Multiplicación 83
de estos cuidados y favores, los cuales le confirman en
la fe y le hacen sentir la constante presencia del Señor.

De esta manera el discípulo palpa en sí mismo el correr del


agua de vida, porque ve a los sedientos saciarse; palpa la
efectividad de “llevar su cruz” al ver cómo otros nacen a la
vida en Cristo. Para él, “el grano de trigo que cae en la tierra
y muere y lleva fruto” es un hecho que palpa
constantemente, es algo vivencial. Esto le hace sentirse
aprobado y disfruta constantemente de la paz y el gozo de su
Señor. El gozo de llevar fruto y ser aprobado por el Señor es
algo que se comienza a disfrutar aquí y ahora.

(3) La Multiplicación

Ninguno que tiene un somero (superficial) conocimiento de


las Sagradas Escrituras cuestionaría el enorme interés que
Dios pone en la multiplicación; desde las primeras páginas
del libro le vemos moviéndose en este “negocio”. Concuerda
con su mismo carácter; su anhelo es realizar, crear,
multiplicar. El espera una cosecha de cada uno de sus
redimidos y esto no puede indicar otra cosa que
multiplicación. La primera iglesia se multiplicó grandemente;
ese fue el fruto que determino que tenía vida y que era
aprobada por el Señor.
Multiplicación 84
Estos últimos tiempos hemos fijado la mirada en los diversos
medios de comunicación en masa. Nos ha parecido que los
enormes recursos de nuestro siglo nos “aliviarían” el peso de
tener que caminar y hablar al modo de Cristo y los apóstoles.
Pero, evidentemente, el Señor nos abandonó a la merced de
nuestra complicada “maquinaria”. ¡Qué dura y costosa ha
sido la experiencia! Pero ahora estamos retrocediendo de
nuestros “maravillosos hallazgos” y volvemos a
preguntarnos: ¿Cuál será el método para alcanzar a los
perdidos?

Escuche personalmente a Billy Graham decir: “el que es


capaz de tener éxito en el trabajo personal habrá hecho más
que yo”. Si en cambio de “hacer trabajo personal” según el
criterio que comúnmente se tiene de esto, hiciéramos
discípulos como nos enseñó Cristo, seguramente habríamos
hallado la clave de la las asombrosa multiplicación.

¿Hemos hecho alguna vez la cuenta de las cifras que se


alcanzarían si cada uno de los redimidos solamente
produjera uno en un año, y que ese uno tuviera vida para
continuar la cadena? Aunque no hubiera ninguna iglesia en la
tierra y comenzáramos este año con solamente dos
discípulos; el segundo año serian cuatro; el tercero, ocho; el

Multiplicación 85
cuarto dieciséis, etc. En treinta y dos años habríamos
sobrepasado la totalidad de los habitantes de la tierra: cuatro
mil millones; y en cuarenta años habríamos alcanzado la cifra
de UN BILLON, o sea que sobrepasaría en doscientas
cincuenta veces los habitantes de todo el mundo.

Nos esforzamos haciendo estadísticas y nos asustamos al


comprobar que el crecimiento demográfico marcha a un
ritmo más acelerado que el crecimiento de los cristianos. No
hace falta preocuparnos tanto si aceptamos el simple y eficaz
método de Dios. En el cálculo que hicimos recién
comenzamos con sólo dos discípulos en la tierra para iniciar
la obra pero, ¿qué sería si el Espíritu comenzase a mover las
multitudes de creyentes que existen hoy?

Pienso que el Señor tiene su plan para esta hora. Mientras su


avivamiento se va desarrollando en todo el mundo ungiendo
a sus siervos con el aceite fresco de su Santo Espíritu,
también el Señor susurrará en el oído de millones de sus
siervos: “id, y haced discípulos. . .”

Multiplicación 86
APENDICE

Observaciones:

Por amor a quienes pueden tener dificultad en aceptar


algunos de los conceptos que se han vertido en este estudio,
creo que será bueno mirar por unos momentos algunas de
esas dificultades, sin pretender satisfacer todas las
preguntas.

1) ¿Toca este ministerio igualmente a las hermanas?

La respuesta es sí, ya que el hacer discípulo es la común y


constante ocupación de toda la iglesia. Recordemos que
estamos hablando de hacer discípulos y no pastores o
Multiplicación 87
maestros. Igualmente debemos recordar que el Señor ha
concedido a cada miembro del cuerpo, no sólo la facultad de
tener sino también de trasmitir. Para eso el Padre ha
prometido la unción de su Espíritu a cada uno de sus hijos
(Hechos 1:8), (Hechos 2:38-39), y en esto no hay diferencia
entre varón y mujer.

En realidad, es indispensable que toda la iglesia se considere


igualmente responsable de esta tarea. Los discípulos no se
pueden formar asistiendo a cultos, reuniones, etc. Es
necesario pasar horas adoctrinándolos en pequeños grupos y
en constantes encuentros personales. Siendo tal el caso, el
sexo representa serios inconvenientes si pretendemos que
los varones se aboquen a tales encuentros con las mujeres.
Pero es ideal que las hermanas lo realicen con las mujeres y
viceversa.

2) ¿Cuál sería la situación de uno que, aunque dice haber


conocido al Señor por varios años, no ha hecho un solo
discípulo?

En primer lugar debemos reconocer que tal situación es


anormal y siendo así, debemos buscar los motivos de esa
anormalidad en los obstáculos colocados por el “enemigo” y
que han conspirado contra su desarrollo espiritual.

Multiplicación 88
Fundamentalmente habría dos obstáculos de los cuales se
derivarían otros:

a) Que la persona no tuviera al Espíritu Santo: Por


supuesto, en tal caso no pertenece a Cristo: “Mas
vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu,
si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si
alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”
(Romanos 8:9). Esto no necesita explicación; las
Escrituras y la experiencia ponen de manifiesto tal
posibilidad.

b) Que fuera “niño”: Hay quienes permanecen “niños” y


por lo tanto son inhábiles para servir al Señor. A los
tales les toca la amonestación: “debiendo ser ya
maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de
que se os vuelva a enseñar cuales son los primeros
rudimentos de las palabras de Dios. . . todo aquel que
participa de la leche es inexperto en la palabra de
justicia (esto es, en conformarse a la voluntad divina en
propósito, pensamiento y acción: Versión Ampliada
T.L.F.) porque es niño” (Hebreos 5:12-13).

Pero nos conviene preguntarnos, ¿qué puede haber


producido ese estado de “niñez” espiritual? Al menos
podemos anotar dos motivos principales:

Multiplicación 89
No sabe porque no le enseñaron: en este caso, no se le ha
hecho saber la verdadera responsabilidad de un discípulo de
Jesucristo, no se le ha ayudado a investirse de la unción del
Espíritu, ni a revestirse de sus dones y autoridades
espirituales. El discípulo ha vivido en ignorancia de todas
estas cosas por falta de enseñanza y ejemplo. Tal como los
pastores, así los creyentes; la enseñanza y el tiempo vienen a
constituir el “medio ambiente” en que se desarrollan los
discípulos. Esta es una consideración fundamental y en este
caso, la responsabilidad la tienen los pastores y maestros.

No sabe porque es negligente: no ha prestado atención, el


ministerio que ha recibido no ha movido su voluntad. No
tiene la capacidad de pesar el valor de lo espiritual. La
enseñanza no le llega, no se siente aludido. Es subjetivo: tan
sobrecargado de sus propios problemas, planes e intereses
que no tiene oídos para oír no ojos para ver los problemas de
los demás. . .

¿Nos damos cuenta cuán grave es esto? Estamos en la


presencia de un corazón insensible a la voz del Señor. De ahí
a la incredulidad y la rebelión (o sea, un corazón no
regenerado) hay sólo un paso. . .

La situación se asemeja mucho a la descripta por el Señor en


la parábola del sembrador (Mateo 13), en relación con la

Multiplicación 90
semilla que cayó entre pedregales. . . y no tenía raíz; y la que
cayó entre espinos. . . y las espinas la ahogaron.

Completaría la consideración una lectura sin prejuicios de


Hebreos 5:12 al 6:12. Algunos de sus párrafos nos dicen:

“porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae


sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los
cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que
produce espinos a abrojos es reprobada, está próxima a ser
maldecida, y su fin es el ser quemada.

Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos


de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque
hablamos así. Porque Dios es injusto para olvidar vuestra
obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su
nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.

Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma


solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin
de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos
que por la fe y la paciencia heredan las promesas”.

Multiplicación 91
3) Si decimos que no hay discípulo sin fruto, ¿por qué el
Señor dice que algunos “serán salvos como por fuego”?

Tal pregunta se basa en las palabras de Pablo: “y si sobre este


fundamento (Jesucristo) alguno edificare. . . madera, heno,
hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el
día la declarará, pues por el fuego será revelada. . . si la obra
de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo
será salvo, aunque así como por fuego” (1ª Corintios 3:12-
15).

Algunos interpretan que “madera, heno, hojarasca”, indican


pecados de distintas clases y origen. Pero esto es contrario a
las claras enseñanzas de las escrituras donde se nos señala
enfáticamente: “sin la santidad nadie verá al Señor. . .”
(Hebreos 12:14); “¿No sabéis que los injustos no heredaran el
reino de Dios?” (1ª Corintios 6:9); “No améis al mundo, ni las
cosas del mundo, el amor del Padre no está en él” (1ª Juan
2:15): “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero
porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por
eso el mundo os aborrece” (Juan 15:19), etc.

Multiplicación 92
Será mejor aceptar la palabra tal como se expresa y admitir
que se trata de “edificar” sobre Cristo. Es decir que se trata
de obras que son hechas “en el nombre del Señor”. . . “para
su gloria”, pero que serán desaprobadas por el Señor porque
no son las que él mandó hacer. Será más saludable admitir
esta interpretación ya que es la única que armoniza con el
resto de las enseñanzas del Señor. Así estaríamos dispuestos
a admitir que este creyente al menos se esforzó por edificar,
procuró granjear para su Señor con su “talento”. No es el
caso del siervo “malo y negligente” que “enterró su talento”.
Sin duda lo que hizo lo hizo sinceramente, queriendo agradar
a su Señor: aunque sin entendimiento, y su obra fue
quemada

¡Es necesario advertir del cuidado que debemos tener de no


colocarnos voluntariamente en la situación de los “salvados
por fuego”! Muchos han querido encontrar en este pasaje
una puerta de escape, una especie de indulgencia para
descuidar su caminar en Cristo y a la vez, porque se tiene “fe
en él”, sentirse salvos. Nada es más peligroso. Sí
excepcionalmente alguno de los redimidos, a pesar de sus
esfuerzos por agradar al Señor, sus obras fueron
descalificadas, ¿de cuánta condenación seriamos pasibles si
pretendiésemos descubrir en un ejemplo semejante una
manera de zafarse de tener que rendir todo a Cristo y a la vez
heredar la vida eterna? ¡Esto sería literalmente “torcer las
Escrituras para nuestra propia perdición”! ¿Vemos claro
Multiplicación 93
esto? Sería como decir: “Me gusta este caso. Si él se salvó, yo
puedo hacer lo mismo. . . total, ¿qué me importa llevar fruto
para el Señor?. . . yo no deseo agradar al Señor, sólo me
interesa salvar mi alma. . .” ¿Cómo verá el Señor un corazón
así?

De la misma manera algunos toman las palabras de Pablo a


Timoteo: “Si fuéramos infieles, él permanece fiel” (2ª
Timoteo 2:13), pretendiendo que los infieles heredaran la
vida eterna. Da vergüenza decirlo, pero he conversado con
muchos creyentes quienes prácticamente basaban se
seguridad de su salvación sobre: “podré ser salvo así como
por fuego”. . . “si fuere infiel. . . él permanece fiel”. A esto
bien se lo podría llamar “la teología de Satanás”.

Algunos escuchan la Palabra de Dios para ser santos y


agradar al Señor, sirviéndole con temor y reverencia; otros,
por el contrario, desean agradarse a sí mismos. . . pero sin
perder la salvación. Procuran ir tan cerca del “precipicio”
como les sea posible, pero sin caerse. Tal cosa, ¿podrá ser
posible?

Cuando vamos a formar discípulos debemos colocarles


resueltamente en línea con la regla de Dios y no permitirles
hurgar en las excepciones. Este es un juego muy peligroso
Multiplicación 94
que fácilmente les hará correr la suerte de los hipócritas.
Debemos cuidarles de los profundos males que se originan
en los falsos conceptos. El diablo también se postula como
“excelente maestro de las Escrituras” ¡y ha engañado a
muchos!

Multiplicación 95

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