Tema 2
Intervención Psicológica en Tercera Edad
Tema 2. Modelos
psicosociales sobre el
envejecimiento
Índice
Esquema
Ideas clave
2.1. Introducción y objetivos
2.2. Aproximación general a los modelos psicosociales
sobre el envejecimiento
2.3. Perspectiva del ciclo vital
2.4. Teoría de la selectividad socioemocional
2.5. Teorías del desarrollo intencional y del control a lo
largo del ciclo vital
2.6. Otras propuestas teóricas
2.7. Referencias bibliográficas
A fondo
Teorías sobre la edad y el envejecimiento
Sabiduría y envejecimiento
Test
Esquema
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Tema 2. Esquema
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Ideas clave
2.1. Introducción y objetivos
En este tema se describen los principales modelos teóricos psicosociales o
hipótesis sobre el desarrollo adulto, que suponen un marco conceptual necesario
para contextualizar la evaluación e intervención psicológicas con personas mayores.
En primer lugar, se presenta la perspectiva del ciclo vital y, más concretamente, el
modelo de la optimización selectiva con compensación. Este, más que un
modelo, es un metamodelo o marco teórico en el que se han desarrollado y se
enmarcan algunos de los principales modelos psicosociales que explican el
envejecimiento, como es el caso de la teoría de la selectividad socioemocional.
Posteriormente se describen la teoría del desarrollo intencional y la del control a
lo largo del ciclo vital. Estas comparten con la perspectiva del ciclo vital la idea de
que el desarrollo emocional a lo largo del ciclo vital está profundamente influido por
los cambios biológicos, sociales y ambientales (contextuales) más o menos
normativos. Sin embargo, hacen hincapié en el papel de los procesos motivacionales
relacionados con el control y la autorregulación de las personas como factores clave
en el moldeamiento de las trayectorias individuales de envejecimiento.
Específicamente, en este tema los objetivos que se pretenden conseguir son:
▸ Aumentar el conocimiento respecto a los principales modelos teóricos psicosociales
utilizados para explicar el desarrollo adulto y el envejecimiento.
▸ Analizar los principales componentes implicados en desarrollo adulto y
envejecimiento en los diferentes modelos y teorías que se examinan en el tema
(perspectiva del ciclo vital, teoría de la selectividad socioemocional, teoría del
desarrollo intencional, teoría de control a lo largo del ciclo vital, entre otros).
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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
2.2. Aproximación general a los modelos
psicosociales sobre el envejecimiento
El siglo XX ha sido testigo de una revisión radical de las nociones sobre el desarrollo
adulto y el envejecimiento. Las primeras posiciones conceptuales sobre el desarrollo
adulto enfatizaban un proceso de desarrollo lineal de carácter universal (generalista o
nomotético) que, según la mayor parte de los teóricos, se desplegaba a través de
una serie de etapas que finalizaban en un estado concreto (principio epigenético).
En la vertiente pesimista, predominante en un primer momento, distintos autores
consideraban como meta final del envejecimiento la aceptación resignada del
declive inevitable asociado a este (Bühler, 1933) o la aceptación de la inevitabilidad
de la pérdida de poder inherente al envejecimiento y la necesaria desvinculación del
mundo social (Cumming y Henry, 1961).
Se trataba de una visión de la vejez como un período de declive en todos los
sentidos. Este comenzaría por el ámbito de funcionamiento biológico, pero llegaría
también al plano afectivo, en el que se pensaba que se producía un empobrecimiento
de la experiencia emocional en el sentido de disponer de un rango más limitado de
afectos y presentar menor reactividad emocional (Botwinick, 1973) o incluso mayor
negatividad emocional (Banham, 1951; Looft, 1972; Tomkins, 1962).
Esta visión «deficitaria» de la vejez implicaba asumir que las pérdidas y problemas
que aparecen en la última etapa de la vida son acontecimientos «normales» y
esperables del desarrollo y evolución de los organismos en la sociedad. En concreto,
la teoría de desvinculación de Cumming y Henry (1961) asumía que en la vejez se
produce un mutuo alejamiento entre la persona mayor y la sociedad debido,
fundamentalmente, a la conciencia de la inminencia de la muerte, que llevaba a la
persona a la autorreflexión y a una pobre regulación emocional con predominio de
estados emocionales negativos o, al menos, «planos».
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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
Dentro del pensamiento nomotético epigenético sobre el desarrollo adulto (que
asume una evolución o secuencia de etapas vitales comunes para todas las
personas), algunos autores plantearon visiones más optimistas, postulando como
cenit o cumbre del desarrollo estados psicológicos favorables como la consecución
de la sabiduría y de una humanidad completa, fusión de la masculinidad y feminidad
(Jung, 1933). Dos de estas visiones positivas son la teoría de las tareas evolutivas
(Havighurst, 1948; 1972) y la teoría de los estadios psicosociales de Erikson
(Erikson, 1968; 1984).
La teoría de las tareas evolutivas (Havighurst, 1948; Havighurst y Albrecht, 1953)
concibe el desarrollo adulto como un proceso que se despliega en seis fases. En
cada una de las cuales, existe una tarea evolutiva que la persona ha de afrontar de
modo adaptativo para pasar de forma satisfactoria a la siguiente fase y continuar
evolucionando de forma positiva o saludable.
Estas tareas evolutivas surgen de la interacción entre el desarrollo biológico, el
contexto histórico-social, la personalidad de cada persona y sus metas individuales.
Para Havighurst, la tarea correspondiente a la vejez sería la adaptación flexible a
los cambios asociados al envejecimiento, como el declive biológico o los cambios
sociales (jubilación, pérdidas afectivas…). Esta adaptación se realiza a través,
fundamentalmente, del mantenimiento de la actividad, el desarrollo de nuevos roles
(el rol de abuelo) y la potenciación de la relación con el grupo social al que el
individuo pertenece y que todavía está disponible (fundamentalmente, la familia).
Para Havighurst, la vejez exitosa de una persona se reflejaría en su satisfacción con
la vida, la madurez o integración de su personalidad y su capacidad para desligarse
de determinadas actividades o metas que ya no son alcanzables, pero manteniendo
niveles elevados de actividad (Cavan, Burguess, Havighurst y Goldhamer, 1949;
Williams y Wirths, 1965).
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Ideas clave
Dada la importancia que este modelo teórico confiere a la actividad de la persona y
de cara a contrastar esta visión positiva con la teoría negativa de la desvinculación
(Cumming y Henry, 1961), comentada anteriormente, esta teoría fue bautizada con el
nombre de teoría de la actividad.
Por su parte, la teoría de los estadios psicosociales de Erikson (Erikson, 1968;
1984) fue elaborada por este autor partiendo de una perspectiva freudiana y tuvo una
gran influencia en la historia posterior del pensamiento gerontológico, ya que
destacaba la importancia de los factores sociales y culturales en el moldeamiento del
desarrollo de las personas.
Para este autor, el desarrollo psicosocial implica el paso de la persona por ocho
etapas distintas, en cada una de las cuales se produce una crisis que la persona
debe resolver. Estas crisis son de naturaleza psicosocial porque implican un
conflicto entre las necesidades de la persona y las de la sociedad.
Cada etapa y, dentro de esta, cada crisis, puede ser resuelta de forma satisfactoria
por la persona, dando lugar al crecimiento psicológico o desarrollo sano de la
personalidad (adquisición de virtudes básicas o fortalezas del yo). Sin embargo, las
crisis también pueden ser mal resueltas, lo que daría lugar a un bloqueo en el
desarrollo, un desarrollo patológico o disfuncional y a problemas emocionales y en el
sentido del yo o identidad.
Para el tema que nos ocupa, resultan especialmente interesantes las dos últimas
etapas del ciclo vital, que se presentan en la tabla 1. La resolución satisfactoria de la
última crisis desemboca en la consecución de un estado de integridad del yo, de
sabiduría y paz psicológica.
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Ideas clave
Tabla 1. Últimas etapas del desarrollo psicosocial y crisis asociada. Fuente: Erikson, 1968.
Las hipótesis iniciales universalistas sobre el envejecimiento cuentan con
importantes limitaciones, tanto desde el punto de vista teórico (por ejemplo,
problemas de operativización de sus constructos) como metodológico (escasa
investigación empírica que las sustente).
Además, como vimos en el tema «La Psicogerontología: conceptos fundamentales»,
la evidencia empírica disponible en la actualidad, que avala la enorme
heterogeneidad de la población mayor y la presencia de múltiples líneas o
trayectorias vitales, es incompatible con modelos universalistas y secuenciales de
desarrollo, como los representados por formulaciones como la de Erikson.
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Ideas clave
Sin embargo, debe reconocerse el importante papel que han tenido estos
primeros intentos de analizar y explicar la vejez con éxito. Y es que se presentan
como puntos de partida inspiradores de los subsiguientes pasos dados en la
investigación sobre desarrollo emocional adulto.
Estas concepciones se han ido sustituyendo progresivamente por modelos más
integrativos y multidimensionales de desarrollo. Estos, con mayor flexibilidad, se
caracterizan por resaltar el papel del contexto y de la interacción entre el individuo y
el entorno en el moldeamiento de los patrones individuales de cambio y estabilidad.
Estas nuevas conceptualizaciones de desarrollo, si bien postulan leyes o
mecanismos básicos del mismo, aceptan la multiplicidad de trayectorias
evolutivas posibles, ajustándose mejor a la enorme variedad de experiencias de
envejecimiento humano.
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Ideas clave
2.3. Perspectiva del ciclo vital
El modelo de la optimización selectiva con compensación (OSC o SOC) (Baltes y
Baltes, 1990) constituye la representación más paradigmática de la perspectiva del
ciclo vital (lifespan).
Se trata de un metamodelo teórico (Baltes y Carstensen, 2003), puesto que ofrece
un esquema de conceptos fundamentales sobre el desarrollo humano general a
lo largo del ciclo vital, en base al cual se han articulado posteriormente numerosas
formulaciones más concretas y aplicadas a áreas específicas del funcionamiento en
la edad avanzada.
Puede resaltarse una serie de principios básicos de este metamodelo:
▸ Existe una gran variabilidad en las trayectorias de desarrollo adulto y envejecimiento
(envejecimiento normal, patológico y óptimo).
▸ Si bien el envejecimiento implica una disminución en la capacidad de reserva o
adaptación de las personas, esta capacidad continúa existiendo en las personas que
envejecen.
▸ A lo largo del desarrollo se producen pérdidas y ganancias, siendo el balance entre
estas cada vez más negativo (inclinándose a favor de las pérdidas).
▸ El conocimiento personal y social y la experiencia adquirida a lo largo de la vida
(inteligencia cristalizada) pueden compensar las pérdidas en otros procesos
implicados en la inteligencia y adaptación (inteligencia fluida).
▸ La persona es un agente activo de su proceso de desarrollo, resultando
fundamentales los procesos de afrontamiento y regulación que despliega ante las
pérdidas y desafíos del envejecimiento.
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Ideas clave
Según el modelo OSC, los elementos integradores del proceso de desarrollo humano
son la biología (procesos maduracionales y de envejecimiento biológico), la cultura
(procesos de socialización y aprendizaje social) y el propio individuo en desarrollo,
cuyas elecciones y cursos de acción, guiados por sus objetivos y metas (procesos
volicionales o motivacionales), tienen un papel principal en el moldeamiento de su
propio desarrollo (Staudinger y Lindenberger, 2003) (se puede ver un esquema de
los mismos en la figura 1). Puedes conocer el marco conceptual explicativo del
envejecimiento desde el modelo biopsicosocial en el primer recurso disponible en la
sección A fondo.
Figura 1. Elementos integradores del proceso de desarrollo adulto a lo largo del ciclo vital. Fuente:
Staudinger y Lindenberger, 2003.
Estos elementos se encuentran claramente influidos por dos factores clave para la
comprensión del desarrollo a lo largo de la vida de las personas: los factores
históricos o características del momento de la historia en que se desarrolle la vida
de la persona y la edad cronológica o momento del ciclo vital en el que se
encuentre una persona y los acontecimientos normativos asociados a este. Y es que,
dependiendo del momento histórico concreto y de la edad de la persona, la cultura y
la biología tendrán distintos efectos sobre su desarrollo.
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Ideas clave
En cuanto a los factores de tipo histórico-contextual, es evidente que los
cambiantes contextos sociohistóricos y culturales en los que los individuos de
distintas generaciones se han desarrollado (con sus distintas normas, valores y
estándares sociales) han ido moldeándolos de forma diferente. Estas diferencias en
los contextos históricos y de socialización, denominadas genéricamente diferencias
o efectos de cohorte, son, en muchas ocasiones, las que explican las diferencias
entre personas de distinta edad documentadas por numerosos estudios.
Por otro lado, la edad cronológica o momento del ciclo vital en el que se encuentra
la persona se asocia a acontecimientos normativos de tipo biológico y social. En
cuanto a los factores normativos de tipo biológico, los cambios físicos y
neurofisiológicos que acompañan al envejecimiento tienen claras influencias sobre el
repertorio de conductas de las personas. Pero no solo los factores genéticos,
también cualquier factor que implique el funcionamiento biológico (nutrición, hábitos
saludables frente a los tóxicos, etc.) moldea de forma considerable la trayectoria de
envejecimiento de la persona y su capacidad adaptativa en la vejez.
En relación con la influencia de factores de tipo social, hay que resaltar el papel de
las variables sociales normativas, que enmarcan el envejecimiento de las personas y
lo moldean.
El ciclo vital está dividido en períodos en los que se espera que ocurra un
determinado tipo de eventos y no otros (por ejemplo, en la vejez se asume que las
pérdidas de seres queridos son frecuentes). Además, las personas que se
encuentran atravesándolos se caracterizan por tener determinados derechos,
responsabilidades y roles. Es lo que conocemos con el nombre de «agenda vital».
Las contingencias ambientales, en forma de presión ambiental, van moldeando al
individuo en desarrollo a través de mecanismos de refuerzo y castigo,
conduciéndole a comportarse de la manera adecuada a su edad (Haan, Millsap y
Hartka, 1986; Hogan, 1996).
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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
En la vejez, se producen notables transformaciones o transiciones en importantes
roles sociales, como son el laboral, el marital o el parental (por ejemplo, la jubilación
o convertirse en abuelo). Estas transformaciones generan cambios motivacionales
que, a su vez, pueden modificar los patrones de comportamiento de las personas.
Es importante señalar que, mientras que la «agenda vital» establece de forma
bastante clara lo que se espera de las personas situadas en grupos de edad más
jóvenes, no ocurre lo mismo en relación con las personas mayores. Y es que en esta
etapa de la vida está más claro «lo que no se espera» de ellas (en forma de
«castigos» o consecuencias negativas de determinados comportamientos) que lo
que se espera.
Existe pues, todavía, en muchas de nuestras sociedades, un «vacío normativo» en
la vejez, que se manifiesta en una falta de incentivos para desarrollar actividades y
roles significativos (útiles) y en una limitación importante en los escenarios y las
oportunidades que se da a estas personas para ejercerlos. Esto supone un gran
desafío para las personas que envejecen, quienes, si quieren disfrutar de salud y
bienestar psicológicos en esta etapa vital, van a tener que adoptar un papel activo,
fundamental en su desarrollo.
Como ya se comentó al principio de este apartado, esta idea de que las personas
s o n agentes activos en su desarrollo que juegan un papel fundamental en la
selección y moldeamiento de sus ambientes (los cuales, a su vez, afectan de forma
fundamental los repertorios de conducta de las personas [Caspi y Moffitt, 1993]) es
un pilar teórico fundamental del modelo OSC.
En este sentido, la edad también se asocia a una acumulación tanto de conocimiento
y experiencias de aprendizaje personal o vicario como de procesos de
autobservación y reflexión a partir de las propias experiencias (por ejemplo, una
persona deprimida que acude a terapia aprende a observar y conocer los
determinantes de su conducta para poder moldearla de forma adaptativa). Esto está
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muy relacionado con su capacidad de autorregulación e influye claramente en el
moldeamiento de su trayectoria evolutiva particular.
Esta capacidad de autorregulación va a resultar fundamental para hacer frente al
desafío del «vacío normativo» de una manera satisfactoria, lo que dará como
resultado la adaptación de la persona a su nuevo entorno y circunstancias.
Como también se comentó al inicio de esta sección, otro postulado central en la
perspectiva del ciclo vital es que la capacidad adaptativa de los individuos o la
capacidad para la consecución exitosa de sus metas va cambiando a lo largo del
tiempo, a través de procesos que pueden implicar pérdidas, ganancias,
mantenimiento o transformaciones en las distintas funciones responsables de
dicha adaptación (Baltes, 1997).
Si bien se asume una relación dialéctica entre pérdidas y ganancias (cualquier
pérdida, a cualquier edad, implica alguna ganancia y viceversa), se reconoce que el
envejecimiento conlleva un incremento de las pérdidas (restricciones en los recursos
tanto biológicos como sociales y personales) con respecto a las ganancias.
Sin embargo, la adaptación es posible también en la edad avanzada. Las personas
mayores pueden conseguir alcanzar sus metas significativas incluso en presencia de
progresivas pérdidas y restricciones en sus recursos. Este proceso de envejecer con
éxito o alcanzar de forma satisfactoria metas personales significativas está
orquestado por tres procesos básicos que facilitan la adaptación a la progresiva
limitación de recursos que implica el envejecimiento: los procesos de selección, de
compensación y de optimización (Baltes y Baltes, 1990). La tabla 2 ofrece un
esquema descriptivo de estos procesos.
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Tabla 2. Esquema descriptivo de los procesos de selección, compensación y optimización
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Modelo de los dos componentes del desarrollo intelectual a lo largo del ciclo vital
Una concreción muy relevante del modelo SOC es la teoría o modelo de los dos
componentes del desarrollo intelectual a lo largo del ciclo vital, en la que se
distingue entre la mecánica y la pragmática del funcionamiento cognitivo (Baltes,
Staudinger y Lindenberger, 1999).
La mecánica de la cognición se refiere a los procesos cognitivos básicos asentados
en la biología y vinculados al desarrollo biológico y del cerebro: el hardware de la
inteligencia (Villar, 2005). Por su parte, la pragmática de la inteligencia hace
referencia al funcionamiento intelectual «en contexto», esto es, enmarcado en
escenarios de conocimiento y experiencia. En palabras de Villar (2005), se trata de
«conocimientos moldeados por las metas y entornos culturales que la persona
experimenta a lo largo de su vida, conocimientos que permiten afrontar y adaptarse a
las situaciones reales. Desde la metáfora informática, representaría el componente
de «software cognitivo».
Uno de los procesos pragmáticos más paradigmáticos es la sabiduría, definida
como un sistema de conocimiento experto e integrado sobre la vida y las personas
que refleja una coordinación equilibrada entre mente (razón) y emoción, permitiendo
el buen juicio y la dirección del desarrollo y evolución de la persona hacia el bienestar
y la excelencia (desde el punto de vista humano), al tiempo que busca el bienestar
colectivo (Baltes y Staudinger, 2000). En el segundo recurso disponible en la sección
A fondo puedes profundizar en el constructo de sabiduría y su relación con la edad.
Es fundamental diferenciar entre estos dos componentes, dado que el
envejecimiento no parece afectarlos del mismo modo. Mientras que parece que la
eficacia del funcionamiento de la mecánica cognitiva experimenta un declive
importante a partir de la juventud, la pragmática cognitiva parece mantenerse e
incluso podría mejorar a lo largo del ciclo vital, incluyendo la vejez. La figura 2 ilustra
este modelo.
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Tema 2. Ideas clave
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Ideas clave
L o s estudios sobre los efectos de la edad en el funcionamiento cognitivo
proporcionan apoyo empírico sólido a este modelo. Si bien parece bastante
respaldado por la evidencia empírica el declive asociado al envejecimiento en la
eficacia de procesos cognitivos relacionados con la velocidad de procesamiento y la
inteligencia fluida, también es un hallazgo robusto que este declive se atenúa
enormemente cuando los procesos cognitivos se miden en contextos ricos en
significado y que requieren de destrezas pragmáticas o «de experiencia», como la
solución de problemas sociales o prácticos (Berg y Klaczynksi, 1996; Marsiske y
Willis, 1998), social cognition (Blanchard-Fields y Hess 1996), la memoria en
contextos colaborativos (en equipo) (Dixon y Gould 1996; Hess y Pullen, 1996) o la
habilidad para jugar a las cartas (Charness y Bosman, 1990).
Aunque los estudios no permiten afirmar que exista una relación significativa entre la
edad cronológica y la sabiduría, la buena noticia es que el envejecimiento no afecta
negativamente a esta condición, que es igualmente alcanzable por personas de
cualquier edad, incluidas las personas mayores.
Figura 2. Modelo de los dos componentes del desarrollo intelectual a lo largo del ciclo vital. Fuente:
Baltes, Staudinger y Lindenberger, 1999.
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2.4. Teoría de la selectividad socioemocional
Esta teoría, formulada por Laura Carstensen y colaboradores (Carstensen, 1987;
1993; 1995; Carstensen, Isaacowitz y Charles, 1999), se desarrolló desde el marco
de la perspectiva lifespan y puede ser considerada como una concreción de esta, al
estar específicamente centrada en el área del funcionamiento socioafectivo y
emocional de las personas.
Como su propio nombre indica, la teoría de la selectividad socioemocional (TSS)
explica los cambios asociados al envejecimiento (mayoritariamente adaptativos) en el
funcionamiento socioemocional, como resultado de la puesta en marcha de procesos
de selección y compensación, íntimamente relacionados con procesos
motivacionales y de regulación emocional.
Según la TSS, a medida que las personas se acercan al fin de su vida y van tomando
conciencia de su limitación temporal, se produce un importante cambio de
naturaleza motivacional. Y es que existe un desplazamiento del interés de las
personas desde metas relacionadas con el logro y la adquisición de conocimiento o
información, más típicas de la juventud y adultez temprana, hacia metas orientadas
a la obtención de significado, la satisfacción con la propia vida y la
optimización de las relaciones emocionales más importantes, habitualmente
representadas por la familia y los amigos de toda la vida.
Este cambio motivacional es el precipitante de los procesos de selección,
consistentes, fundamentalmente, en que las personas se impliquen activamente en
reestructurar su actividad social de modo que se maximice la frecuencia de
experiencias emocionales positivas.
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De este modo, las personas mayores seleccionan cuidadosamente sus relaciones
sociales, eligiendo pasar más tiempo e invertir más esfuerzo en aquellas que son
más significativas emocionalmente y desconectándose progresivamente de los que
son simplemente «conocidos», esto es, de relaciones más superficiales.
Diversos estudios avalan la selectividad social de las personas mayores (Lang,
Staudinger y Carstensen, 1998; Lansford, Sherman y Antonucci, 1998). Así, se ha
documentado una tendencia de las personas mayores a emplear más tiempo en
relaciones sociales emocionalmente significativas que en otro tipo de relaciones
(Fredrickson y Carstensen, 1990; Fung, Carstensen y Lutz, 1999; Fung, Lai y Ng,
2001) y a conceder gran importancia a metas relacionadas con la generatividad o
tendencia a buscar el bienestar de otras personas (Narushima, 2005).
Además, la TSS subraya que esta inversión selectiva en relaciones significativas
es una herramienta altamente útil en la compensación de pérdidas en áreas como
las sensoriales, ya que, en esos casos, es más probable que los familiares cercanos
adapten su discurso a la persona mayor con problemas auditivos (por ejemplo,
hablando de forma más clara o al oído bueno) a que lo hagan personas menos
cercanas.
En el ámbito de estudio de la cognición colaborativa (para una revisión ver Dixon,
1999), cada vez se acumulan más evidencias del enorme potencial adaptativo que
tiene la colaboración social con personas muy cercanas en tareas cognitivas de
la vida cotidiana (por ejemplo, memoria), colaboración que tiene un enorme
potencial compensatorio de posibles déficits cognitivos y sensoriales. Es presumible
que esta colaboración se realice exclusivamente con relaciones muy cercanas en las
que exista un alto grado de conocimiento mutuo.
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Como ya se ha sugerido, la TSS propone que la optimización de la experiencia
emocional, esto es, las metas relacionadas con la regulación emocional, ocupe un
lugar preferente en la jerarquía motivacional de las personas mayores. Esta mayor
importancia de la regulación emocional tiene una serie de consecuencias de distinta
naturaleza. Una de ellas es que las personas mayores presentan una mayor
tendencia a atender información relacionada con las emociones. Así, con la
edad, se produce un incremento en la relevancia de la información emocional y en la
importancia de las situaciones y estímulos emocionales, especialmente los
pertenecientes al contexto de las relaciones interpersonales más íntimas y cercanas.
La investigación ha encontrado que las personas mayores recuerdan mejor la
información de tipo emocional que de tipo neutral cuando se evalúa su memoria de
narraciones (Carstensen y Turk-Charles, 1994) o al desplegar estrategias de
afrontamiento centradas en la emoción para solucionar dilemas interpersonales
(Blanchard-Fields, Camp y Jahnke, 1995; Blanchard-Fields y Camp, 1990).
Además, el envejecimiento se ha encontrado asociado a una mayor eficacia en la
regulación emocional, la cual se refleja en distintas áreas del funcionamiento de las
personas. Existen bastantes estudios que han encontrado que las personas mayores
disponen de una mayor capacidad para controlar las emociones en comparación
con los jóvenes (Márquez-González, Izal, Montorio y Losada, 2008). Esta mejora en
la regulación podría explicar los datos que sugieren una menor reactividad del
sistema nervioso autónomo ante la estimulación emocional negativa y funcionar
como amortiguador de los efectos tóxicos de la excesiva reactividad cardiovascular
sobre la salud (Krantz y Manuk, 1984; Tsai, Levenson y Carstensen, 2000).
Otros estudios sugieren que los mayores emplean con mayor frecuencia que los
jóvenes la estrategia de reevaluación cognitiva (interpretar de un modo distinto las
situaciones) (John y Gross, 2004), siendo especialmente eficaces en la
reinterpretación positiva (Shiota y Levenson, 2009). Algunos estudios
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neurocientíficos que usan la metodología de resonancia magnética funcional (fMRI)
encuentran que la amígdala de las personas mayores presenta una menor activación
ante estímulos negativos (Mather et al., 2004).
Algunos autores (Cacioppo, Berntson, Bechara, Tranel y Hawkley, 2011) han llegado
a sugerir que el envejecimiento trae cambios en zonas cerebrales implicadas en la
generación de las emociones negativas. Este sería el caso de la amígdala, que
parece reducir su activación, dando lugar a una menor frecuencia de afecto y
emociones negativas en las personas mayores, como han encontrado algunos
estudios (Charles, Reynolds y Gatz, 2001).
De este modo, las personas mayores podrían ser especialmente eficaces en orientar
de forma selectiva su vida social y su procesamiento de la información (atención y
memoria) hacia la información estimular y los entornos que maximicen la
probabilidad de experimentar estados emocionales positivos y minimicen los
negativos. Esta tendencia se ha denominado sesgo de positividad y ha sido
identificada en estudios sobre procesos atencionales y de memoria (Charles, Mather
y Carstensen, 2003; Mather y Carstensen, 2003).
Así, las personas mayores atienden más a la información emocional positiva que a la
negativa, tanto en condiciones normales (Mather y Carstensen, 2003) como cuando
se encuentran en un estado de ánimo negativo (Isaacowitz, Toner, Goren y Wilson,
2008), lo cual podría tener la función de regulación del estado de ánimo.
De este modo, la atención y la memoria de las personas mayores son procesos
activamente implicados en la regulación emocional. Sin embargo, es interesante
recalcar que el sesgo de positividad requiere de un esfuerzo y consume
recursos cognitivos, como demuestra el dato encontrado de que este sesgo se
produce especialmente en las personas mayores con un nivel adecuado de
funcionamiento cognitivo (funciones ejecutivas eficaces) (Mather, 2006).
Intervención Psicológica en Tercera Edad 21
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Ideas clave
Es importante resaltar que, de acuerdo con la TSS, el resultado de la optimización de
las estrategias de regulación emocional no es simplemente un incremento de los
niveles de afecto positivo y una disminución del afecto negativo. De hecho, las metas
de regulación no son exclusivamente de tipo hedonista, sino que también se
relacionan (y probablemente de forma especial en la vejez) con la consecución de
metas vitales y la extracción de significado de la propia vida, aunque ello
implique emociones negativas.
Sin embargo, la misma TSS sugiere que, en la mayoría de los casos, la mejora en la
eficacia de la regulación emocional acaba generando un balance hedónico-afectivo
favorable a los estados emocionales agradables o positivos. Aunque hay que
reconocer que este aspecto no se encuentra suficientemente clarificado en la teoría.
A pesar de que la TSS reconoce la importancia de las diferencias individuales
relacionadas con los recursos de afrontamiento personales y sociales de cara a
conseguir las metas emocionalmente significativas, esta teoría plantea que las
diferencias asociadas a la edad en la experiencia y regulación emocional son lo
suficientemente robustas y fiables como para sugerir que con el envejecimiento tiene
lugar un avance o ganancia adaptativa en el plano emocional que puede
considerarse un ejemplo de adquisición evolutiva de tipo normativo.
En este punto, resulta fundamental resaltar que la mayor parte de los estudios que
encuentran el sesgo de positividad en las personas mayores han sido realizados en
el contexto norteamericano (Estados Unidos). Pero también se han encontrado
patrones de resultados distintos en otros contextos (países), dadas las diferencias
culturales y educativas (diferencias de cohorte) existentes, las cuales pueden
moldear en gran medida estos procesos de regulación emocional (Márquez-
González et al., 2008).
Intervención Psicológica en Tercera Edad 22
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Ideas clave
En siguiente vídeo, Modelos teóricos gerontológicos aplicados a casos concretos, se
ahondará en la utilidad de los modelos teóricos expuestos para comprender la salud
psicológica y la adaptación en la vejez, ilustrando la aplicabilidad de los conceptos
propuestos a través de ejemplos concretos.
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2.5. Teorías del desarrollo intencional y del control
a lo largo del ciclo vital
Teoría del desarrollo intencional a lo largo del ciclo vital
La teoría del desarrollo intencional a lo largo del ciclo vital, también llamada teoría
dual del afrontamiento acomodativo y asimilativo (el modelo de Brandtstädter y
colaboradores [Brandtstädter y Greve, 1994; Brandtstädter y Rothermund, 2003])
sobre el desarrollo adulto, está basada de forma fundamental en los conceptos de
voluntad, intencionalidad y orientación a metas.
El postulado básico sobre el que estos autores construyen su modelo es que el
desarrollo humano es producto de las interacciones constantes entre el programa
ontogenético, las influencias históricas, el momento vital (edad e influencias
normativas de tipo biológico o social asociadas a esta) y la acción de las propias
personas en desarrollo, quienes, a lo largo del ciclo vital, intentan optimizar sus
perspectivas de desarrollo y mantener un balance favorable entre las ganancias y las
pérdidas asociadas a dicho desarrollo.
En otras palabras, el desarrollo intencional hace referencia al proceso de
crecimiento personal por el que una persona, intencionalmente, realiza acciones para
influir sobre su identidad, autoconcepto y personalidad (Brandtstädter, 2006). Este
proceso implica fundamentalmente el establecimiento de metas personales, el
diseño de planes de acción para alcanzarlas y la constante evaluación de su
grado de consecución.
Según estos autores, en cualquier momento vital las personas se enfrentan a dos
tareas adaptativas: mantener las metas y objetivos personales en presencia de
obstáculos o dificultades importantes para su consecución y ajustar la propia
jerarquía de metas y objetivos, así como los cursos de acción elegidos, ante
pérdidas o restricciones irreversibles.
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Dicho de otro modo, este modelo propone que existen dos formas de enfrentarse a
posibles obstáculos que pueden dificultar la consecución de las metas personales:
l a s actividades de tipo asimilativo, referidas a intentos activos por cambiar el
entorno para conseguir las metas y objetivos personales y las actividades de tipo
acomodativo, que reflejan los ajustes que las personas realizan en sus jerarquías de
valores y metas, en sus pensamientos o en sus emociones ante la presencia de
importantes bloqueos u obstáculos para la obtención de los resultados deseados.
De acuerdo con esta formulación, los procesos asimilativos son siempre
preferibles a los acomodativos, ya que las personas persistirán en la persecución
de sus metas mientras perciban tener control y eficacia sobre este proceso, los
recursos sean suficientes y el camino esté libre de obstáculos. Solo cuando los
recursos no son suficientes o las pérdidas irreversibles (las metas planteadas
resultan ser inalcanzables), entran en juego los procesos acomodativos.
Si bien estos dos pueden parecer procesos antagónicos, en realidad se
complementan mutuamente en numerosos sentidos, coordinándose habitualmente
para facilitar la adaptación de las personas. Numerosos problemas en la vida
(enfermedades crónicas, pérdidas afectivas, desempleo, etc.) requieren de la
activación conjunta de procesos relacionados con la persistencia asimilativa y otros
de flexibilidad acomodativa. De hecho, con frecuencia, la puesta en marcha de un
ajuste flexible de metas (flexibilidad acomodativa) favorece y garantiza el
mantenimiento persistente del esfuerzo asimilativo.
Pongamos el caso de un deportista que, debido a un accidente, pierde un grado
importante de movilidad en las extremidades inferiores. Obviamente, de cara a un
adecuado afrontamiento de esta pérdida, las metas concretas de ejecución de este
deportista tendrán que ser modificadas sustancialmente (reducir la intensidad de los
entrenamientos o correr menos kilómetros diarios).
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Será precisamente este ajuste flexible en las metas el requisito necesario para que
esta persona pueda volver a estar motivada por metas alcanzables y, por tanto,
vuelva a realizar acciones de tipo asimilativo (seguir entrenando) para alcanzarlas.
Según Brandtstädter y Greve (1994), habría otro tipo de mecanismos que participan
en la adaptación de igual modo que estos procesos, si bien lo hacen desde el nivel
de las representaciones cognitivas autorreferentes, esto es, del autoconcepto.
Concretamente, los denominados procesos de inmunización serían mecanismos
que moldean el procesamiento de la información de manera que las
autodescripciones de la persona permanezcan estables y a salvo de evidencias que
amenacen o discrepen del autoconcepto actual de la persona (por ejemplo, una
persona que se considera «en plena forma» niega que está fatigada al dar el paseo
habitual).
En cuanto a las implicaciones concretas de este modelo en la explicación del
desarrollo adulto, Brandtstädter y colaboradores (Brandtstädtdter y Greve, 1994)
postulan que, con el envejecimiento, y, asociadas a este, la acumulación de
eventos irreversibles y la disminución de los recursos de resistencia y reserva del
organismo, van cobrando un mayor protagonismo los procesos acomodativos
frente a los asimilativos.
Así, a medida que se van cumpliendo años, cada vez resulta más difícil continuar
rindiendo con la misma efectividad que en la juventud en multitud de áreas y los
costes de mantener los estándares del funcionamiento ideal empiezan a superar a
los beneficios. De este modo, los procesos acomodativos, que implican el ajuste y
remodelación de las metas personales y estándares de autoevaluación, van
cobrando relevancia, al tiempo que disminuye el empleo de estrategias relacionadas
con la persistencia tenaz en la consecución de metas.
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Las actividades acomodativas, como ya se ha introducido, implican básicamente la
capacidad de desconectarse de metas bloqueadas y el reajuste de las
aspiraciones personales. Para desengancharse de metas bloqueadas, se pueden
poner en marcha distintos mecanismos: intentar disminuir el atractivo de la meta
bloqueada («en realidad, no es tan importante para mí alcanzar esa meta»), valorar
positivamente el estado actual («no estoy tan mal») o hacer ambas cosas.
Para reevaluar positivamente el statu quo, una estrategia muy útil es la consistente
en cambiar (normalmente, rebajar o acercar a la realidad) los estándares de
autoevaluación, realizando, por tanto, comparaciones favorecedoras de la autoestima
(compararse con personas de su misma edad en lugar de con otras más jóvenes o
con personas que estén en una peor situación que uno mismo).
Según este modelo, el envejecimiento, además de implicar un predominio del modo
acomodativo, genera un cambio en el foco intencional de las actividades
asimilativas, el cual pasa de estar centrado en el crecimiento y la expansión de los
recursos a estarlo en objetivos de prevención de las pérdidas y mantenimiento de
los niveles actuales de funcionamiento (Brandtstädter y Rothermund, 2003).
El limitado cuerpo de estudios empíricos que avala esta teoría sugiere que muchas
personas mayores, especialmente las mayores «jóvenes», se ven a sí mismas como
agentes activos de su propio desarrollo y se plantean como algo fundamental el
establecimiento de metas y su implicación en ellas, así como la realización de
acciones para alcanzarlas (Bhattacharya, Gupta y Mehrotra, 2011).
Por otro lado, se ha encontrado evidencia de que, en comparación con las personas
más jóvenes, las personas mayores informan con mayor frecuencia de procesos de
«desenganches» de metas no realistas o difícilmente alcanzables (Frazier, Newman
y Jaccard, 2007), lo cual refleja ese ajuste flexible de metas planteado en este
modelo teórico.
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Teoría del control a lo largo del ciclo vital
Una línea teórica que surge de forma paralela al modelo de desarrollo intencional
(Brandtstädter y Greve, 1994), y que guarda profundas similitudes con este, es la
teoría del control a lo largo del ciclo vital (Heckhausen y Schulz, 1995; Schulz y
Heckhausen, 1997). En este caso, el punto de partida es la motivación por ejercer
control sobre el entorno, que es considerado por estos autores como el principal
objetivo que mueve la conducta humana desde la infancia hasta la vejez.
Esta motivación por ejercer control primario o por tener la capacidad de producir
contingencias conducta-consecuencias en su entorno, esto es, ejercer
manipulaciones efectivas del medio externo para satisfacer las propias necesidades
y optimizar su potencial de desarrollo, es un concepto muy cercano al de actividades
asimilativas, descrito en el marco del modelo del desarrollo intencional (Brandtstädter
y Renner, 1990). Cuando la posibilidad de ejercer control primario es muy baja o nula
debido a restricciones u obstáculos varios, entran en juego los procesos de control
secundario, dirigidos a modificar aspectos del propio individuo (metas, creencias,
expectativas o emociones), que se ajustan a las situaciones y a las restricciones
implícitas en estas.
De nuevo, puede constatarse el paralelismo entre este modelo y el de Brandtstädter
en la similitud entre el concepto de control secundario y procesos acomodativos
(Brandtstädter y Renner, 1990). A lo largo de todo el ciclo vital, el deseo o
motivación por ejercer control primario es la fuerza motivadora de la acción y
permanece constante, mientras que el control secundario se ejercería,
principalmente, cuando las oportunidades para ejercer el control primario sean
inexistentes (cuando un problema no es modificable, como cuando se produce una
pérdida afectiva). Así, control primario y secundario trabajan orquestadamente para
satisfacer la necesidad de control del individuo, optimizando su desarrollo a través de
procesos de selección y compensación de fallos.
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En este proceso, las emociones serían el «combustible» del sistema motivacional
descrito, actuando como recursos motivacionales básicos y mediadores en la
consecución del control primario (Schulz y Heckhausen, 1997). Concretamente, las
emociones moldean las acciones o estrategias de control de los individuos: el
afecto positivo tendría un valor reforzador de la consecución del control primario,
mientras que el afecto negativo sería instigador de un mayor esfuerzo para
conseguirlo cuando este ha fallado.
Centrándonos en el análisis de los cambios a lo largo del ciclo vital, es constatable
que, a medida que los organismos envejecen, las oportunidades y recursos para
ejercer control primario se ven reducidos a causa de la disminución de recursos
biológicos y los cambios sociales.
Ante dicha acumulación de obstáculos para ejercer el control primario, entran en
juego los mecanismos de control secundario, que van ganando relevancia con el
envejecimiento (cuando el control efectivo del medio no se puede ejercer, el sistema
debe acomodarse). Y es precisamente en estos procesos donde las emociones
tienen un papel protagonista, ya que el objetivo de estas estrategias de control es
acomodativo: cambiar esquemas, creencias o la jerarquía de metas para ajustarse a
las limitaciones impuestas por el entorno.
Es importante subrayar que el deseo de ejercer el control primario y lograr así una
adaptación al entorno permanece constante a lo largo de toda la vida, aunque la
capacidad para ejercerlo con acciones directas sobre el entorno se reduce. Esto es
compensado con una mayor optimización de las estrategias de control secundario.
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La figura 3 ilustra los postulados de esta teoría.
Figura 3. Evolución del control primario y secundario a lo largo del ciclo vital. Fuente: Heckhausen,
Wrosch y Schulz, 2010.
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2.6. Otras propuestas teóricas
Hipótesis sobre la reducción de recursos de procesamiento
E l envejecimiento lleva asociado cierto nivel de declive en determinadas
funciones cognitivas. En este apartado, se describen brevemente algunas
propuestas teóricas, específicamente desarrolladas para dar cuenta de los cambios
asociados al envejecimiento en el ámbito cognitivo, que están enmarcadas en el
marco teórico general denominado teoría de reducción de recursos de
procesamiento.
Para numerosos autores (por ejemplo, Salthouse, 2000), la tarea fundamental de la
investigación sobre envejecimiento cognitivo es detectar las fuentes primarias de
influencia en los cambios cognitivos asociados a la edad (cognitive primitives), esto
es, los procesos cognitivos básicos o «primitivos» que subyacen a todos los
cambios cognitivos asociados al envejecimiento. De este modo, se podría elaborar
una interpretación teórica que diera cuenta de todo el conjunto de evidencias
empíricas sobre el envejecimiento cognitivo.
Muchos de los efectos negativos asociados a la edad identificados en muchas y
diferentes variables cognitivas se relacionan íntimamente entre sí (no son
independientes). Las estimaciones de varianza compartida llegan en ocasiones al
100 %, indicando que en determinadas circunstancias los factores específicos de la
tarea pueden no estar añadiendo nada en la explicación de las diferencias asociadas
a la edad en concretas variables cognitivas. Entonces, ¿cuál es esa fuente común de
influencias que determina las diferencias asociadas a la edad en tantas variables
cognitivas?
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Las teorías que revisamos en este apartado parten de las siguientes premisas
básicas:
▸ El procesamiento cognitivo consume recursos, entendiendo estos como los
requisitos necesarios para el adecuado funcionamiento cognitivo.
▸ Los recursos de procesamiento son limitados.
▸ La cantidad de recursos de procesamiento disponibles y su eficacia se ven
reducidos con el envejecimiento.
▸ El declive cognitivo asociado al envejecimiento es el resultado de esa
reducción en la cantidad y eficacia de los recursos disponibles. Pero ¿cuáles
son estos recursos?
Distintos investigadores han especulado acerca de cuáles son las claves o los
procesos cognitivos «primitivos» que estarían en la base de la influencia de la edad
sobre tantas variables cognitivas. Se han realizado diferentes propuestas, planteando
como recursos de procesamiento la atención, la memoria y la velocidad en el
procesamiento cognitivo, principalmente.
No cabe duda de que las funciones cognitivas más afectadas por el envejecimiento
son la atención y la memoria, aunque no son unitarias, tienen múltiples facetas y no
todas ellas se ven afectadas de igual modo por el mismo.
Centrándonos en la atención, la faceta que parece estar más afectada por el
envejecimiento es la atención dividida o la capacidad para dividir la atención entre
varias tareas simultáneas (Glisky, 2007). Este tipo de atención está íntimamente
relacionada con el control flexible y la capacidad para cambiar el foco atencional
(atención fluctuante o alternante).
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Uno de los mejores ejemplos de actividad mental en los que se han observado
consistentemente amplias diferencias asociadas a la edad es en el procesamiento en
situaciones de doble tarea (Kramer y Larish, 1996).
No obstante, es importante subrayar que la investigación ha demostrado
ampliamente que el entrenamiento puede mejorar de forma significativa las
habilidades de atención dividida y control atencional en las personas (Bherer, Kramer
y Peterson, 2008; Kramer, Larish, Weber y Bardell, 1999).
La atención dividida y el control del foco atencional vertebran las llamadas
«funciones ejecutivas», que están implementadas fundamentalmente en el lóbulo
frontal del cerebro, una de las áreas más afectadas por el envejecimiento. Entre
estas funciones se encuentra la memoria de trabajo (working memory), cuya
capacidad y eficiencia parece verse reducida con la edad (Craik, 1986).
Estos hallazgos han dado lugar a la denominada teoría del córtex prefrontal sobre
el envejecimiento. Según esta, los cambios cognitivos asociados al envejecimiento
se deben al declive en el funcionamiento y la eficacia de los procesos
inhibitorios (por ejemplo, inhibir la atención y el procesamiento de estímulos
distractores) sustentados en el córtex prefrontal (Dempster, 1991; Harnishfeger y
Bjorklund, 1993; Hasher y Zacks, 1988; West, 1996), uno de los más claramente
afectados por el envejecimiento biológico (reducción del volumen de la corteza,
atrofia neuronal, pérdida de sinapsis, etc.) (Raz y Rodrigue, 2006).
Algunos autores señalan la insuficiencia de estas teorías basadas exclusivamente en
la atención y las funciones cognitivas.
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Y es que, según ellos, no son capaces de dar cuenta de los efectos negativos del
envejecimiento sobre procesos de memoria, como la capacidad reducida de
recuerdo y reconocimiento de información en tareas de memoria prospectiva
(acordarse de que tiene que hacer algo), la estimación retrospectiva de la frecuencia
de los eventos, la memoria episódica y la memoria de fuente (de dónde viene esta
información que tenemos, cuál es su fuente: experiencia propia, lo he leído, alguien
me lo ha dicho, quién me lo dijo, etc.) (West, 1996).
Finalmente, Salthouse (1985; 1988; 1991; 1996; 2000), partiendo de la constatación
de que la mayor parte de los efectos asociados a la edad se dan en las primeras
fases de la práctica de la tarea concreta que se les pida realizar, con tiempos de
presentación breves y en las versiones más simples de las tareas cognitivas (en
base a una serie de cuidadosos estudios experimentales realizados por él y su
equipo), deduce que las diferencias en rendimiento cognitivo asociadas a la
edad deben darse más a niveles básicos de procesamiento de información y no
tanto en los procesos cognitivos superiores.
Salthouse propone que un buen candidato a ser un crítico «primitivo cognitivo» que
permita integrar los hallazgos empíricos sobre el envejecimiento cognitivo es la
velocidad de procesamiento y ejecución de tareas cognitivas (Salthouse, 1996).
Según este, el factor principal en la explicación de las diferencias relacionadas con la
edad en muchas variables cognitivas es la reducción asociada a la misma en la
velocidad de ejecución de muchas de las operaciones. Y es que la velocidad de
procesamiento es particularmente importante para el funcionamiento cotidiano de las
personas mayores, su capacidad funcional y el mantenimiento de su autonomía y de
una buena salud.
Afortunadamente, la investigación ha demostrado que estas capacidades pueden
ser potenciadas (prevención de declive y potenciación de su eficacia) a través del
entrenamiento cognitivo específico, que consigue incrementar la velocidad de
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procesamiento de las personas mayores (Edwards, Vance, Wadley, Cissell, Roenker
y Ball, 2005; Roenker, Cissell, Ball, Wadley y Edwards, 2003; Ball, Edwards y Ross,
2007).
Gerotrascendencia
Propuesta por Tornstam en 1989, esta teoría de carácter marcadamente
fenomenológico arranca de una profunda crítica a la gerontología occidental por
su masiva aplicación a la conceptualización de las personas mayores de los valores
propios de la juventud y la mediana edad, tales como la productividad, actividad,
efectividad y autonomía. Este autor propone sustituir el énfasis en las
capacidades humanas orientadas a la ejecución y el logro, de tipo productivo,
por cualidades y valores alternativos como el descanso, la relajación, la calma, la
satisfacción, la creatividad o la sabiduría, entre otros.
De modo similar a la teoría de la desvinculación de Cumming y Henry (1961), aunque
desde una perspectiva más positiva, esta teoría plantea que, a medida que
envejecemos, nuestra conciencia va cambiando de forma natural y se va haciendo
más «cósmica» y desconectada del mundo, entrando en una fase de sabiduría
caracterizada por los siguientes aspectos: una mayor experiencia de la trascendencia
y de la conexión con el universo; una nueva forma de percibir el tiempo, el espacio, la
vida y la muerte; un descenso del miedo a la muerte, del egocentrismo y del interés
en lo material y en las relaciones sociales superficiales y, finalmente, por un
incremento en la experiencia de afinidad y conexión con las generaciones pasadas y
futuras.
En definitiva, se propone que el envejecimiento va asociado a un incremento en
la «interioridad», esto es, la tendencia a replegarse hacia uno mismo, siendo las
personas mayores más reflexivas, filosóficas y orientadas al mundo psicológico
interior (Tornstam, 2005).
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Ideas clave
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Intervención Psicológica en Tercera Edad 41
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Intervención Psicológica en Tercera Edad 44
Tema 2. Ideas clave
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Ideas clave
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Intervención Psicológica en Tercera Edad 45
Tema 2. Ideas clave
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
A fondo
Teorías sobre la edad y el envejecimiento
Bengtson, V., Gans, D., Putney, N. M. y Silverstein, M. (2009). Theories about Age
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Recuperado de https://ps.b-ok.xyz/dl/975072/d69560
Este documento es la introducción a un manual de teorías sobre el envejecimiento.
En él se presentan los fundamentos de la teorización en este ámbito, un marco
conceptual en el que se explica el envejecimiento desde el modelo biopsicosocial y
una breve descripción de lo que se presenta en cada capítulo del manual.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 46
Tema 2. A fondo
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
A fondo
Sabiduría y envejecimiento
Krzemien, D. (2012). Sabiduría y envejecimiento: Una revisión conceptual y
operacional del constructo sabiduría y su relación con la edad. Anales de Psicología,
28, pp. 120-138. Recuperado de
https://revistas.um.es/analesps/article/download/140602/126692/0
En este documento se revisan las principales propuestas científicas sobre la
sabiduría, sus criterios de operacionalización y los avances propuestos sobre su
evaluación. Se analizan los factores que facilitan el desarrollo de la sabiduría en el
curso vital y se aborda la controvertida relación entre sabiduría y edad.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 47
Tema 2. A fondo
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Test
1. ¿Qué autor desarrolló una teoría evolutiva epigenética que confería una
importancia central a la actividad en la vejez?
A. Baltes.
B. Erikson.
C. Havighurst.
D. Cumming.
2. De acuerdo con Erikson, la tarea evolutiva correspondiente a la etapa de la vejez
es:
A. Conseguir la integridad del autoconcepto o «yo».
B. Desarrollar la generatividad.
C. Lograr aplicar los procesos de optimización.
D. Aumentar la mecánica cognitiva.
3. ¿Cuál de los modelos revisados en este tema puede considerarse, más bien, un
metamodelo, ya que ofrece una perspectiva o enfoque amplio en el que pueden
integrarse otras teorías gerontológicas?
A. La teoría del córtex prefrontal sobre el envejecimiento.
B. El modelo de desarrollo intencional (autorregulación) de Brandtstädter y
colaboradores.
C. La gerotrascendencia.
D. La perspectiva del ciclo vital de Baltes y sus colaboradores.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 48
Tema 2. Test
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Test
4. ¿Qué modelo teórico destaca la importancia de las influencias sociales
normativas que establecen una «agenda vital» para las personas?
A. El modelo de desarrollo intencional (autorregulación) de Brandtstädter y
colaboradores.
B. La perspectiva del ciclo vital de Baltes y colaboradores.
C. La teoría de la selectividad socioemocional de Carstensen y colaboradores.
D. La teoría de la desvinculación de Cumming y Henry.
5. Julia tiene 70 años y se ha apuntado a un curso de informática para aprender a
usar las nuevas tecnologías. De acuerdo con el modelo de optimización selectiva con
compensación (Baltes y Baltes, 1990), Julia está aplicando una estrategia de:
A. Selección.
B. Optimización.
C. Compensación.
D. Estancamiento.
6. El pianista Arthur Rubinstein seguía tocando el piano maravillosamente bien a
sus 80 años. Una de las estrategias que empleaba era la siguiente: como ahora le
costaba más ejecutar las partes rápidas de la melodía, enlentecía las secuencias
adyacentes o contiguas a estas de cara a producir, por el contraste, un efecto de
mayor rapidez. De acuerdo con el modelo de optimización selectiva con
compensación (Baltes y Baltes, 1990), esta estrategia de Rubinstein es una
estrategia de:
A. Selección.
B. Optimización.
C. Compensación.
D. Agenda vital.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 49
Tema 2. Test
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Test
7. ¿En qué modelo teórico se enmarca la investigación sobre el efecto de
positividad en el procesamiento de la información?
A. En los modelos sobre la reducción de recursos de procesamiento cognitivo.
B. La teoría de la selectividad socioemocional de Carstensen y colaboradores.
C. La teoría del control a lo largo del ciclo vital, de Heckhausen y Schulz.
D. La gerotrascendencia.
8. ¿Con qué hipótesis sobre el envejecimiento, basada en la reducción de recursos,
asocias a Salthouse y sus investigaciones?
A. Hipótesis que propone a la atención como «primitivo cognitivo».
B. Hipótesis que propone a la memoria como «primitivo cognitivo».
C. Hipótesis que propone a la velocidad de procesamiento como «primitivo
cognitivo».
D. Hipótesis que propone a la memoria visual como «primitivo cognitivo».
9. ¿Qué afirmación de las siguientes sobre los cambios psicológicos asociados al
envejecimiento es falsa?
A. El envejecimiento se asocia a un declive en la mecánica de la inteligencia,
pero estabilidad en la pragmática.
B. El envejecimiento se asocia a un incremento en el nivel de sabiduría de las
personas.
C. El envejecimiento lleva asociado un declive en la eficacia cognitiva en
tareas que dependen de las funciones ejecutivas.
D. En el envejecimiento las oportunidades y recursos para ejercer control
primario se ven reducidos.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 50
Tema 2. Test
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Test
10. ¿Con qué teorías asocias los siguientes conceptos, respectivamente: ajuste
flexible de metas, optimización de la regulación emocional y reducción del control
inhibitorio?
A. Teoría del desarrollo intencional, teoría de la selectividad socioemocional e
hipótesis de reducción de recursos de procesamiento.
B. Perspectiva del ciclo vital, teoría de la selectividad socioemocional y teoría
del envejecimiento cognitivo.
C. Teoría del control a lo largo del ciclo vital, perspectiva del ciclo vital y teoría
del envejecimiento cognitivo.
D. Teoría del córtex prefrontal sobre el envejecimiento, teoría del control a lo
largo del ciclo vital, teoría de la desvinculación.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 51
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